lunes, julio 27, 2009

17 de julio: aniversario del asesinato de Marcelo Quiroga Santa Cruz


El 9 de julio Luis Arce Gómez, ex hombre fuerte de la sangrienta dictadura de García Meza, fue extraditado a Bolivia y dirigido a Chonchocoro donde transcurrirá el resto de sus días. Entre las 2258 víctimas, activistas sindicales y políticos, que el Observatorio de Derechos Humanos imputa a la dictadura de una en particular cae este mes el aniversario. Marcelo Quiroga Santa Cruz fue herido, torturado y asesinado el 17 de julio de 1980 junto al dirigente minero Carlos Flores mientras participaban a la reunión del Comité de Defensa de la Democracia en la otrora sede de la COB en El Prado paceño, donde ahora queda la sede nacional de la FSTMB. El paradero de sus restos sigue desconocido, los mandos militares hasta hoy niegan tener informaciones al respecto, pero Marcelo era el blanco de los militares golpistas quienes no le perdonaban haber levantado el juicio de responsabilidad a Barrientos por la Masacre de San Juan y al dictador Banzer. Era el blanco de la burguesía nacional y del imperialismo que veían con preocupación el rápido ascenso de su Partido Socialista 1, que entre 1978 y 1980 aunque aislado, sin financiamientos, ni ONGes ni apoyo internacional triplicó sus votos (120.000) siendo la 4ª fuerza política del país gracias a un programa revolucionario y socialista sostenido por el carisma del hombre.

Su trayectoria

Marcelo, hijo de un gerente de la Patiño Mines y Ministro del Gobierno Salamanca, fue socialista a pesar de su condición social, por convicción como el mismo decía. Nació escritor y cineasta. Su novela Los Deshabitados ganó el premio internacional Faulkner y es un clásico de la literatura nacional. Intelectual reconocido fue invitado por Comunidad Demócrata Cristiana a candidatear a los comicios convocados por Barrientos en 1966 y fue elegido. Inició un juicio de responsabilidad a Barrientos por la masacre de los mineros de Siglo XX en la noche de San Juan. Por esto sufrió el desafuero del parlamento y el confino en Madidi. Cuando Ovando asumió el gobierno llamó Marcelo a ser parte del mismo.

Su nacionalización

Las nacionalizaciones de la Gulf y de la Mina Matilde decretadas por Marcelo fueron los principales logros del gobierno Ovando. Se trata de nacionalizaciones autenticas que expropian y trasfieren al Estado maquinarias, activos, plantas, toda la propiedad de las multinacionales. ¿Es igual que la actual nacionalización de hidrocarburos? Pues NO considerando que ahora las multinacionales siguen determinando los volúmenes de producción, siguen manteniendo la propiedad de sus plantas y explotando los trabajadores que ellas y solo ellas contratan. Marcelo con gran inteligencia realizó una nacionalización en la cual un sofisticado mecanismo de compensación ventajoso para el Estado impedía que la Gulf pueda recurrir al arbitraje internacional mientras que Bolivia comenzaba a recibir los frutos de la total recuperación de su petróleo. Y demostró que YPFB podía hacerse cargo de explotar el petróleo. En cambio hoy bajo el pretexto que nuestra empresa petrolera no está capacitada para explorar y explotar el gas se ha aguado un proceso nacionalizador, lanzado en nombre de Marcelo, hasta la paradoja que tenemos que aumentar la importación de combustible por el saboteo productivo de las multinacionales. Se han indemnizado multinacionales comprando sus acciones a un precio superior a su valor perdonándoles deudas con el fisco y estas se atreven a llevar Bolivia al arbitraje internacional como el caso TRANSREDES ha evidenciado. Porque como escribió Marcelo cualquier norma reguladora de la inversión de capital privado en la explotación de nuestros hidrocarburos, por ventajosa que pareciera en términos de participación estatal, equivaldría a la desnacionalización del petróleo.

Su legado revolucionario

Lenin una vez escribió que la burguesía combate los revolucionarios durante su vida para hacer de ellos un inofensivo icono al momento de su muerte. Esta es la misma suerte que se quiere destinar a Marcelo. Su nombre es utilizado por nacionalizaciones en las cuales él no se reconocería y en su nombre se ha creado una distinción al merito que – con la oposición de la familia – ha sido utilizada para condecorar aquellos mandos militares de los cuales salieron sus asesinos. Marcelo fue un revolucionario que se acercó progresivamente a las ideas del marxismo, fundando un nuevo partido para representar las aspiraciones revolucionarias de las masas traicionadas repetidamente por el estalinismo y por el sectarismo porista. Su creación política, el PS-1, no sobrevivió a su muerte. El PS-1 se desarrolló sobre todo en exilio y en él Marcelo manifestó todos sus límites como organizador político. La cola de “Marcelitos” que han querido asumir protagonismo desintegrando el partido demostraron no haber entendido la principal lección de la vida de su dirigente, que es la lucha coherente y no sectaria por un nuevo modelo social basado en la propiedad y el control colectivo de los medios de producción, es decir el socialismo. Marcelo está junto a nosotros en la batalla para defender nuestro proceso revolucionario de las trampas de todos los reformistas que dentro del partido (MAS) y del gobierno pretenden convencernos que las condiciones no están maduras para el socialismo, que postergan u obvian las reivindicaciones del pueblo que Marcelo hizo suyas como la total recuperación de todos nuestros recursos, minas – grandes y pequeñas – e hidrocarburos. Porque como Marcelo dijo las condiciones para el socialismo no son algo que un partido revolucionario debe esperar contemplativamente como se espera el verano… Al PS lo que le interesa no es el gobierno para sus dirigentes y los puestos públicos para sus militantes, sino el poder político para la clase trabajadora y sus aliados. Esta es la enseñanza y el legado revolucionario de Marcelo que desde nuestra corriente levantamos con orgullo.

El Militante - Bolivia

La revolución española (1931-1939)


Primera parte del trabajo de Pierre Broué, La revolución española (1931-1939). Una reedición muy oportuna para recordar a este gran historiador y para distribuir de nuevo un texto de indudable interés

Introducción.

Pierre Broué y la revolución española

A vísperas del setenta aniversario de la Guerra Civil, reeditamos la primera parte del trabajo de Pierre Broué, La revolución española (1931-1939). Una reedición muy oportuna tanto para recordar la vida y trabajo de este gran historiador como para hacer disponible de nuevo un texto de indudable interés.
El año pasado Pierre Broué murió con 79 años. Dejó tras él una larga vida como historiador, profesor y militante revolucionario.
Broué participó muy joven en la resistencia contra los nazis como miembro de las Juventudes Comunistas. Pronto pasó a las filas del trotskismo, militando en la Organisation Communiste Internationliste hasta 1989. Después colaboró con la revista Démocratie et Socialisme. También fue el fundador y animador del Insitut León Trotsky y su excelente revista Cahiers Leon Trotsky.
Sus estudios sobre el movimiento comunista, desde su historia del Partido Bolchevique, pasando por la revolución alemana, los procesos de Moscú, la historia de la Oposición de Izquierdas hasta su magistral historia de la Internacional Comunista, han sido y son de referencia obligatoria para cualquier persona que quiera ir más lejos no solamente de las mentiras estalinistas sino también de los tópicos de la historia burguesa. Sobretodo su monumental biografía de Trotsky (todavía no traducida), producto de 30 años de trabajo, que probablemente sea su contribución más importante a nuestra comprensión del movimiento revolucionario en el siglo XX.
Aquí en el Estado español tenemos una deuda especial con Broué. Su historia de la Guerra Civil yRevolución (escrita con Emile Témime), editada en francés por primera vez en 1961 (en castellano en 1977), sigue siendo uno de los estudios de más valor sobre el tema. Su edición de los escritos de Trotsky sobre la revolución española, repleta de explicaciones contextuales, notas y un excelente apéndice documental, es de gran utilidad (a pesar de los lamentables fallos de edición). Igualmente imprescindible es su estudio sobre Stalin y la Guerra Civil española, a base, en parte, de los archivos soviéticos recién abiertos (desafortunadamente sólo se ha editado hasta ahora en francés, en 1993).
Reproducimos la primera parte del trabajo de síntesis de Broué sobre la revolución, que fue editado por primera vez en francés en 1973, y luego en castellano en 1977. La segunda parte del trabajo, que contiene una colección de documentos muy útiles para complementar el estudio escrito por el propio Broué y un capítulo de sumo interés: “Estado de la cuestión: problemas y querellas”, se puede consultar en nuestra página web (www.enlucha.org).

Para introducir el texto, nada mejor que recurrir a las palabras, escritas en 1971, del propio Broué:

Rogamos al lector que en ningún momento busque lo que no podría encontrar: ni una historia política de la última República española, ni una historia de la guerra civil. Hemos intentado solamente ajustar al máximo nuestro tema, la revolución, es decir, la lucha de los obreros y de los campesinos españoles por sus derechos y libertades, por las fábricas y las tierras y por el poder político finalmente.
La revolución. Éstas son las imágenes ya clásicas: manifestaciones, huelgas, asalto a las prisiones, milicianos en mono, barricadas, dinamiteros, ejecuciones sumarias y colectivizaciones. Pero éstas son también las exégesis contradictorias, los debates teóricos, las polémicas y los conflictos personales, las batallas de aparatos, las fracciones y las tendencias, en una palabra, todas las otras formas que revisten combates de ideas y conflictos entre fuerzas sociales.
Está también ante ella –a veces en sus propias filas y bajo la misma bandera– siempre presente hasta cuando, como aquí, no se le percibe más que como una silueta o un disfraz, la contrarrevolución.

En lucha, marzo 2006

1. La monarquía, una fruta madura

El 12 de abril de 1931 España votó para designar sus consejos municipales. Hacía más de un año que el general que gobernaba en régimen de dictadura desde 1923, Primo de Rivera, se había marchado, despedido por el rey Alfonso XIII, que antes no le había regateado su apoyo. Fue reemplazado por el general Berenguer y después por el almirante Aznar, que organizó estas elecciones —a pesar de los riesgos evidentes— para dar al régimen, frágil, duramente mermado por la crisis y el descontento general, una cierta base. El 12 de diciembre anterior, dos oficiales, los capitanes Galán y García Hernández intentaron en Jaca un pronunciamiento en favor de la República. Fracasaron, y Alfonso XIII insistió personalmente para que fueran fusilados, lo cual se hizo. Si el rey, sin embargo, corrió el riesgo de llamar a las urnas y de prometer el restablecimiento de las garantías constitucionales suspendidas bajo la dictadura es porque esperaba que las estructuras tradicionales —el reinado de los caciques— dieran la victoria electoral a los candidatos monárquicos. No era el único que esperaba tal resultado, ya que los dirigentes socialistas Largo Caballero y el republicano Manuel Azaña pensaban, como él, que estas elecciones serían “como las otras”: una razón suficiente a los ojos de los dirigentes socialistas para llamar a no tomar parte en unas votaciones a todas luces trucadas...
Ante la sorpresa general, estas elecciones municipales constituyeron una verdadera marea electoral: participación particularmente elevada en las votaciones y desbordante mayoría para los republicanos en todas las ciudades, sobre todo en Madrid y Barcelona. El hecho, ya previsto, de que en el campo salieran elegidos, poco más o menos en todas partes, los monárquicos, no cambiaba nada: estaba claro que la pequeña burguesía había votado en masa contra la monarquía. El principal consejero del rey, el conde de Romanones, uno de los mayores propietarios de tierras del país, fue el primero en sacar conclusiones políticas de estas elecciones: el rey debía marcharse. Esta era también la opinión del general Sanjurjo, otro amigo personal del soberano, director general de la Guardia Civil: se lo dijo sin rodeos. El desafortunado soberano vaciló un poco, pero debió rendirse a la evidencia: sus fieles más próximos, sus partidarios más encarnizados son unánimes al pensar que debía marcharse si no quería hacer correr al país el riesgo de una “revolución roja”, en otros términos, de una revolución obrera y campesina. Alfonso XIII hizo, pues, sus maletas y emprendió sin tambores ni trompetas el camino del exilio. La monarquía española se había desvanecido sin gloria. La historia de la Segunda República comenzó con esta sorpresa que algunos saludaron con asombro, un cambio de régimen obtenido por simple consulta electoral, la proclamación de una república que no había costado ni una sola vida humana...
Ya algunos meses antes, comentando la marcha del dictador Primo de Rivera, Trotsky, observador atento de los acontecimientos en España, había notado que en el curso de esta “primera etapa” la situación había sido resuelta “por las enfermedades de la vieja sociedad” y no “por las fuerzas revolucionarias de la nueva sociedad”1. Es decir, que España era una de las sociedades más “enfermas” de Europa, el eslabón más débil de la cadena del capitalismo. El avance adquirido por ella en el alba de los tiempos modernos se transformó en su contrario como consecuencia de la pérdida de sus posiciones mundiales al acabar el siglo XIX. La sociedad del Antiguo Régimen no había acabado todavía de descomponerse cuando la formación de la sociedad burguesa comenzaba ya a detenerse. El capitalismo no había tenido ni la fuerza ni el tiempo para desarrollar hasta el final sus tendencias centralistas, y el declinar de la vida comercial e industrial urbana, la disolución de los lazos de interdependencia entre las provincias reforzaba las tendencias separatistas cuyas raíces se hundían en la más lejana historia de la Península.
En lo esencial, la España de principios del siglo XX continuaba siendo un país agrícola donde la aplastante mayoría, 70% de la población activa, se consagraba a la agricultura con medios técnicos rudimentarios, obteniendo los más bajos rendimientos por hectárea de toda Europa, dejando sin cultivo, por falta de medios y de conocimientos, debido a la estructura social, más del 30 % de la superficie cultivable. En la totalidad del país, la tierra pertenecía esencialmente a los hacendados, los terratenientes que vivían en régimen de dependencia parasitaria de una masa rural pauperizada: 50.000 hidalgos rurales poseían la mitad del suelo, 10.000 propietarios poseían más de 100 hectáreas, de tal manera que más de dos millones de trabajadores agrícolas dependían, para vivir, del trabajo en los grandes latifundios, al igual que un millón y medio de propietarios de pequeñas fincas. Los ejemplos de estas propiedades inmensas son bien conocidos, la del duque de Medinaceli con sus 79.000 hectáreas, o la del duque de Peñaranda con sus 51.000... Es necesario matizar lo expresado anteriormente, indicar que en el norte y el centro el problema de las pequeñas propiedades —el de los minipropietarios, de los granjeros, de los colonos contratados en diversas condiciones— no era el de los latifundios del sur y de la gran miseria de sus trabajadores agrícolas, los braceros. Sea como fuere, la tierra de España pertenecía a un puñado de oligarcas y el campesino español profundamente mísero tenía hambre de tierra.
La Iglesia española ofrecía una imagen conformista a todo este mundo rural medieval. Al lado de la masa campesina que contaba con un 45 % de analfabetos, se contaban más de 80.000 sacerdotes, monjes o religiosos, lo mismo que alumnos de establecimientos secundarios, más de dos veces y media el efectivo total de estudiantes. Con sus 11.000 haciendas, la Iglesia española no estaba lejos de ser el mayor propietario de tierras del país ; por otra parte dominaba casi totalmente la enseñanza, con escuelas confesionales en las cuales habían sido educados más de 5 millones de adultos, y reflejaba en su jerarquía la manera de ser más resueltamente reaccionaria y prooligárquica. Su jefe, el cardenal Segura, arzobispo de Toledo, gozaba de una renta anual de 600.000 pesetas —contra una media de 161 para un pequeño propietario andaluz. Era, según la expresión de un historiador español, un “hombre de Iglesia del siglo XIII”, para el cual “el baño no era una invención de los paganos, sino del mismo diablo”2.
El ejército no era menos característico. Nacido en la época de las guerras napoleónicas, amparándose en la joven generación de las clases dominantes decadentes que lo esperaban todo del Estado, creyéndose depositarias de una misión nacional, el ejército era una fuerza social que buscaba el apoyo de una clase dominante herida de muerte, y su columna vertebral, la casta de los oficiales, justificaba, más que todos sus restantes privilegios, el de “pronunciarse”, es decir, ampararse en su propio provecho del control del Estado por el golpe de Estado militar.
A principios del siglo XX, particularmente en el período de la Primera Guerra Mundial, se reanudó, en parte, la industrialización. Sin embargo, quedó reducida a unas determinadas zonas geográficamente limitadas. La industria metalúrgica dEuskadi era la única en presentar los rasgos de una industria moderna concentrada. La industria textil de Catalunya, la más importante desde el punto de vista de la producción global, quedó desparramada en una multitud de pequeñas y medianas empresas. En el marco del mercado mundial, España no era más que una semi-colonia, que no ofrecía más que los productos —una pequeña parte— de su agricultura o de sus minas a cambio de productos industriales extranjeros, ampliamente abierta a los capitales extranjeros que habían colonizado durante algunos decenios todos los sectores rentables, las minas, la industria textil, la construcción naval, la energía hidroeléctrica, los ferrocarriles, los transportes urbanos, las telecomunicaciones... No existía una verdadera burguesía capitalista española: las acciones bancarias e industriales estaban repartidas entre las sociedades extranjeras y los más importantes terratenientes —los que verdaderamente daban un sentido más general al término de “oligarquía”. Entre el millón de éstos, que Henri Rabasseire llama “los privilegiados” —funcionarios, sacerdotes, oficiales, intelectuales, propietarios y burgueses—, y los dos o tres millones de obreros de las industrias y de las minas, se intercalaban “clases medias” que procedían tanto del Antiguo Régimen como de una sociedad moderna, un millón de artesanos urbanos, un millón de esas familias de intermediarios nacidos del desarrollo capitalista en los centros urbanos de las regiones más desarrolladas3.
Ahora bien, la unificación nacional no llegó a su término, y dos de estas regiones —bastiones de la industria—, Catalunya y Euskadi, manifestaron fuertes tendencias separatistas. Si el Partido Nacionalista Vasco y la Lliga Catalana, nacidos de las capas dirigentes de estas dos regiones, eran formaciones autonomistas de tendencia conservadora, léase reaccionaria, la “cuestión nacional” se convertía en una de las motivaciones esenciales que movilizó contra el centralismo castellano a la pequeña burguesía, y a una parte del proletariado, a través, por ejemplo, de la Esquerra catalana. Utilizada por las fuerzas conservadoras en el marco de la crisis que las destrozó, la opresión nacional de los vascos y los catalanes constituyó un elemento explosivo en el contexto de una crisis más general, la de la sociedad en su conjunto.
Tal era la situación a comienzos de este siglo: la que hizo en efecto de España uno de los eslabones más débiles del capitalismo. Todos los elementos se encontraban ya desde ahora reunidos para que se conjugaran estos diferentes movimientos que, ya en 1917, darían a la Revolución rusa su irresistible poder: la insurrección de los campesinos pobres, el levantamiento de los trabajadores industriales, el movimiento de emancipación nacional, los tres dirigidos contra una oligarquía que no tenía otra alternativa que la de luchar, por todos los medios, para mantener en una supervivencia precaria el sistema decadente que asegurara su dominación. Esta es la situación que condujo al rey Alfonso XIII a recurrir en 1923 a los servicios del general Primo de Rivera para la ejecución de un pronunciamiento, del que fue el inspirador al mismo tiempo que cómplice. Se trataba de imponer a las clases dirigentes divididas por la explosión de dificultades económicas, que se agudizaron con la vuelta de la paz, medidas de “salud” dictadas por una concepción del interés general permitiendo eventualmente atacar a ciertos privilegiados. Se trataba sobre todo de poner fin a la agitación obrera y campesina, de aprovechar la crisis interna, la división del movimiento obrero para apoderarse de las principales conquistas obreras, y en particular para destruir las libertades democráticas relativas que permitían en cierta medida la organización de los obreros y los campesinos.
Fue, pues, bajo el enérgico puño del ministro del Interior de la dictadura —el general Martínez Anido, célebre por haber lanzado a principios de los años 20 a sus asesinos, los “pistoleros”, contra los militantes de la CNT catalana— que el “directorio” de Primo de Rivera destituyó los consejos municipales, revocó los funcionarios, censuró los diarios, se apoderó de las condiciones de trabajo, violó alegremente la jornada de ocho horas, mientras una inflación galopante devoraba los salarios y el nivel de vida de los obreros, y mientras la abertura de España a los capitales americanos permitía buenos negocios y espectaculares especulaciones. Todo esto no aseguró a la oligarquía más que un breve plazo. La crisis mundial de 1929 debilitó profundamente la dictadura a la que los sonoros escándalos financieros habían desacreditado profundamente, incluso entre las capas sociales que le suministraban un apoyo, el ejército y la pequeña burguesía. Fue para proteger a la monarquía por lo que el rey se decidió finalmente a prescindir del general. Pero, de la misma manera, la oligarquía, menos de un año después, echaría a su vez a la monarquía, sin tener que fingir un pronunciamiento. No fue necesario, en efecto, en esta España de principios del siglo XX, que los obreros y los campesinos se pusieran en movimiento para inspirar temor: aun cuando estaban en apariencia ausentes de la escena política, fue a causa del peligro que representaba el que pudieran llegar a ser propietarios y políticos, y los acontecimientos de 1931 no sabrían explicarse sin recurrir a este factor, pasivo por el momento, pero potencialmente terrorífico por lo que representaba de amenaza a la propiedad y a la dominación.
Ya al día siguiente de la caída de Primo de Rivera, la agitación estudiantil contra el gobierno del general Berenguer constituía un signo anunciador de movimientos sociales infinitamente más decisivos. Observador lúcido, apoyado en la experiencia de las luchas revolucionarias a comienzos del siglo, Trotsky podía escribir a este respecto:
Las manifestaciones activas de los estudiantes no son más que una tentativa de la joven generación de la burguesía, sobre todo de la pequeña burguesía, para encontrar una salida al inestable equilibrio en el que se encuentra el país después de la pretendida liberalización de la dictadura de Primo de Rivera. Cuando la burguesía renuncia consciente y obstinadamente a resolver los problemas que se derivan de la crisis de la sociedad burguesa, cuando el proletariado no está preparado para asumir esta tarea, son a menudo los estudiantes quienes ocupan la vanguardia. Este fenómeno ha tenido siempre para nosotros una significación enorme y sintomática. Esta actividad revolucionaria o semirrevolucionaria significa que la sociedad burguesa atraviesa una profunda crisis. La juventud pequeño-burguesa, sintiendo que una fuerza explosiva se acumula en las masas, tiende a encontrar a su manera la salida a este callejón y llevar adelante el desarrollo político.4
Precisamente porque la acumulación de “fuerza explosiva en las masas” no era todavía la explosión misma, la oligarquía se benefició en 1931 de una prórroga y pudo buscar, con el régimen republicano, una forma nueva de su dominación que gozaba, en principio, de un prejuicio favorable tanto entre los trabajadores como entre la pequeña burguesía urbana que al filo de los años se había apartado de la dictadura. El cambio de la forma constitucional revistió aquí un verdadero relieve. En agosto de 1930, una conferencia de todos los grupos políticos, celebrada en San Sebastián, determinó la nueva orientación: católicos, conservadores como Alcalá Zamora y Miguel Maura, republicanos “de derechas” como Alejandro Lerroux o de “izquierdas” como Azaña y Casares Quiroga, el socialista Indalecio Prieto, el catalanista Nicolau d’Olwer, concluyeron el “Pacto de San Sebastián” en el que se pronunciaron en favor de la república, para la cual buscarían una espada y un general... Fue con Alcalá Zamora y Miguel Maura que los representantes del rey organizaron en abril la transmisión de poderes. Sobre este modelo “republicano” fue como quedó constituido el nuevo gobierno provisional de la república española presidido por Alcalá Zamora, con Maura en el Ministerio del Interior, tres socialistas en puestos claves, Prieto en el Ministerio de Finanzas, Largo Caballero en el Trabajo, el jurista De los Ríos en el de Justicia...
Lejos de estar acabada, la revolución española en realidad no hacía más que empezar. Entre el programa moderadamente reformador y profundamente conservador del equipo en el poder y sus posibilidades de inscribirse en la realidad se erguía un obstáculo terrible que la caída de la monarquía contribuyó por ella misma a mantener y desarrollar: la existencia de un movimiento obrero organizado, partidos y sindicatos arrastrando a las masas rurales, millones de trabajadores miserables de las ciudades, minas y campos, cuyas reivindicaciones elementales planteaban el problema de la revolución.

2. El movimiento obrero: “la hidra sin cabeza”

El movimiento obrero español era todavía joven, el proletariado estaba unido al mundo rural por múltiples lazos y compartía con él tradiciones y costumbres, el temperamento rural provocaba a la vez sentimientos de resignación y brutales explosiones revolucionarias. No se constituyó realmente por primera vez a escala de todo el país hasta los tiempos de la I Internacional, y, como ella, se dividió rápidamente entre socialistas y libertarios. Sin embargo, aquí, los anarquistas —los “libertarios”— tuvieron y todavía conservaban una influencia mucho más considerable que en los países industrializados de la Europa occidental. En 1930, la división del movimiento obrero español reprodujo la disgresión que existía a principios de siglo en Francia entre un sindicalismo revolucionario combativo, partidario de la acción directa, y un movimiento socialista reformista y doctrinario.
Fue a partir de 1910, y en parte además bajo la influencia de los sindicalistas revolucionarios de la CGT francesa, cuando se sentaron las bases de la central anarcosindicalista, la Confederación Nacional del Trabajo (CNT). Sus rápidos progresos, su devoción por la acción, le valieron en sus principios una dura represión, y esta última un gran prestigio. Desempeñó un papel de primer orden en la huelga general insurreccional de 1917. Las formas muy flexibles de su organización, su fidelidad a los principios de la acción directa, su adhesión a la lucha de clases; respondían bastante bien a las características del proletariado de la península, joven, mísero y poco diferenciado, marcado por el carácter distintivo del campesinado pobre, sensible a las acciones “ejemplares” de “minorías activas” que se esforzaban en sacudir al mismo tiempo el yugo de la opresión y su apatía. En este sentido es en el que se puede decir que la CNT —su perennidad, su arraigo a pesar de tantos avatares— era típicamente española, en la medida en que España había cambiado poco, en que las condiciones históricas que habían marcado su nacimiento persistían, apenas modificadas por los comienzos de la industrialización y de la concentración capitalista. Sin embargo, tanto para España como para la CNT, la historia mundial, a partir de la guerra de 1914, suministraría un contexto nuevo.
1917 fue, en efecto, al mismo tiempo que el año de la victoriosa Revolución rusa, el de una huelga general sin precedentes en España. El impacto de la Revolución rusa, el aumento de las contradicciones sociales, volvieron particularmente vigorosa en España la ascensión de la agitación obrera que revistió en 1919, a partir de la gran huelga de la Canadiense en Catalunya, el aspecto de una poderosa ascensión revolucionaria. Como todas las organizaciones del mismo tipo, la CNT sufrió profundamente el atractivo de la Revolución rusa, atestiguó el prestigio que revestía la victoria bolchevique a los ojos de los revolucionarios de todas las obediencias. En España, como en otras partes, las tropas anarquistas, anarcosindicalistas revolucionarias, habían aumentado por oposición a la práctica de un marxismo reformista, intentando adaptarse al marco democrático y parlamentario particularmente mediocre aquí. La victoria del Octubre ruso volvió a dar al marxismo su estallido revolucionario. Fue después de la huelga general que siguió a la de la Canadiense, en la cumbre de la ola de huelgas y manifestaciones, que el congreso de la CNT, por aclamaciones, y en un gran impulso que sin duda no estaba exento de segundas intenciones, decidió adherirse provisionalmente a la III Internacional. Uno de sus principales dirigentes, Ángel Pestaña, fue como delegado a Moscú, donde participó en los trabajos del II Congreso de la Internacional Comunista, y llevó la discusión con Lenin y los suyos. En 1921, una delegación de la CNT, conducida por los catalanes Andreu Nin y Joaquim Maurín, asistió al III Congreso de la Internacional y participó en la fundación de la Internacional Sindical Roja.
A pesar de todo, la coyuntura había cambiado. En España, el movimiento obrero decrecía. En Catalunya, los asesinos de los “sindicatos libres” del gobernador Martínez Anido y del policía Arlegui habían logrado por el momento detener la ascensión obrera asesinando sistemáticamente a los militantes revolucionarios. Además, la acción de los obreros y los campesinos después de la Revolución rusa no había conducido en ningún país a la victoria: el reflujo que comenzaba permitiría una estabilización provisional del capitalismo en Europa. Las dificultades de la Rusia soviética aislada, la represión por parte de los bolcheviques contra los militantes y organizaciones anarquistas, especialmente la de la insurrección de Cronstadt, fuertemente marcada por la influencia libertaria, proveyó a los mantenedores del anarquismo tradicional de argumentos contra el bolchevismo, y les permitió volver a recuperar el terreno cedido en 1919 ante el empuje de las masas. En febrero de 1922, en ausencia de Nin, que permanecía en Moscú, y de Maurín, que estaba encarcelado, un comité nacional puso fin a la adhesión “provisional” de la CNT a la Internacional Comunista: en junio del mismo año, la conferencia de Zaragoza confirmó su ruptura con la Internacional Comunista y con la Internacional Sindical Roja.
Sin embargo, en el intervalo, un gran número de militantes y cuadros de la CNT habían sido ganados al comunismo, y de ellos se hallaban en primera fila Nin y Maurín. Igualmente eran numerosos los militantes que, sin ser comunistas, rehusaban apartarse de la ISR, de la que Nin era uno de los secretarios. Bajo la impulsión de Maurín y de sus camaradas, se crearon los “comités sindicalistas revolucionarios” que se adhirieron a la ISR, celebraron, a finales de 1922, una conferencia nacional en Bilbao y fundaron el semanario “La Batalla”. Comunistas y sindicalistas constituyeron una nueva corriente, nacida del anarcosindicalismo, pero alimentada por la experiencia rusa, que rompió definitivamente con el anarquismo tradicional y en adelante siguió su propio camino: los militantes de los CSR se adhirieron lo mismo a la CNT que a la UGT, de tendencia reformista, lucharon por conquistar la mayoría en estos dos sindicatos de los que reclamaban la unificación. Fueron sistemáticamente expulsados tanto del uno como del otro.
Una corriente muy próxima a la de los sindicalistas comunistas continuó sin embargo manifestándose en la CNT en torno a uno de sus más populares dirigentes en Catalunya, Salvador Seguí. Este, de origen anarquista, se impuso cómo un dirigente obrero de primera línea en el curso de las huelgas de 1919, y pudo ser calificado de verdadero “sindicalista revolucionario”. En 1922, en la conferencia de Zaragoza, se situó entre los partidarios de la ruptura con la ISR, pero con argumentos propios. Se negó, en efecto, a la condenación, tradicional entre los anarquistas, de la “política”, y no dudó en pronunciarse en 1919 por “la toma del poder”. En Zaragoza inspiró la adopción de una “revolución política” dirigida contra los tradicionales tabús anarquistas. Muy preocupado por el problema de la unidad obrera, buscó sistemáticamente la unidad de acción con la UGT, y un comunista como Nin, su amigo personal, pensaba que se aproximaba al comunismo. Pero este organizador sin par, este combatiente obrero tan popular, era también la bestia negra de la patronal: fue asesinado por los pistoleros de Martínez Anido en el momento en que iba a concluir un acuerdo entre la CNT y la UGT contra la represión. Con él desapareció, al menos durante muchos años, la posibilidad de ver llegar al frente de la CNT una corriente sindicalista revolucionaria en plena evolución, que rompiera claramente con el anarquismo “puro”.
Prácticamente fuera de la ley desde 1923 y desde el inicio de la dictadura, la CNT conoció durante muchos años una crisis crónica. Entre los anarquistas tradicionales y una dirección nacional de tendencia sindicalista penosamente reconstituida en 1927, se situó en estos años de clandestinidad el pequeño grupo activista de los “Solidarios” animado por Juan García Oliver, Francisco Ascaso y Buenaventura Durruti, a quienes sus adversarios trataban de “anarcobolcheviques” porque volvían a adoptar la idea de la “toma del poder”, defendían la de una “dictadura” y la de un “ejército revolucionario” que estimaban necesarios. Sobre todo, a partir de 1927, se asistió a la constitución totalmente clandestina, en el seno de la CNT y a partir de sus propias organizaciones, de la omnipotente y muy secreta FAI (Federación Anarquista Ibérica), que emprendió la conquista sistemática de la central sindical a la que quiso convertir en el instrumento de su política putschista.
De hecho, la corriente dominante en la CNT reconstituida en 1931 fue, sin embargo, el neorreformismo que inspiraba Angel Pestaña. Suficientemente moderado para aceptar participar en el juego de los “comités paritarios” instituidos por la dictadura para imponer el arbitraje obligatorio de los conflictos de trabajo, no dudó, en los últimos meses de la monarquía, en hacer de la central anarcosindicalista una fuerza de punta en la coalición general que impuso la república. Dos representantes de la CNT tenían su asiento, en tanto que observadores, en la conferencia de San Sebastián de agosto de 1930, y prometían su apoyo a los republicanos y a los socialistas a cambio de la seguridad del restablecimiento de la libertad de organización y de la promulgación de una amnistía general. En noviembre, la dirección de la CNT negoció con el líder conservador Miguel Maura; en diciembre, apoyó la insurrección de los oficiales republicanos de Jaca. En las elecciones municipales del 12 de abril de 1931, por fin, abandonando la vieja hostilidad de principios del anarquismo a las “farsas electorales”, hizo votar en masa a sus partidarios por los candidatos republicanos. Con la proclamación de la República, la CNT reapareció, pero en su seno se enfrentaban las corrientes más diversas, desde el reformismo abierto de Pestaña y de sus compañeros al putschismo y al terrorismo de ciertos elementos extremistas de la FAI, pasando por las tendencias sindicalistas todavía vacilantes.
La corriente “marxista” también fue profundamente sacudida por los acontecimientos mundiales que sucedieron después de 1917. En el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), fundado por Pablo Iglesias según el modelo guesdista, apareció, después de la Revolución rusa, un ala izquierda, favorable a la adhesión del partido a la Internacional Comunista, un paso que las Juventudes Socialistas, con Juan Andrade y Luis Portela, fueron las primeras en franquear y fundar, en abril de 1920, el Partido Comunista Español. El Partido Socialista sufriría la escisión un poco más tarde, en abril de 1921, cuando su mayoría decidió rehusar las veintiuna condiciones de adhesión a la IC. La minoría fundó entonces el Partido Comunista Obrero Español que se fusionaría rápidamente con el PCE bajo la presión de la Internacional. Esta fusión se logró en 1921, pero era demasiado tarde para que el joven partido pudiera desempeñar el papel que le asignaban sus fundadores.
Un año después se produjeron por una parte el pronunciamiento de Primo de Rivera que arrojó al partido a la ilegalidad, y por otra parte la crisis del partido bolchevique que condujo, bajo el pretexto de “bolchevización”, la sumisión mecánica de los PC a la fracción victoriosa en la Unión Soviética. El partido perdió a uno de sus fundadores —Oscar Pérez Solís, que acabaría siendo falangista— y a muchos militantes. Aunque logró, en 1927, ganar un grupo importante de militantes de la CNT en Sevilla, con Manuel Adame y José Díaz, no cesó de debilitarse, tanto bajo los golpes de una represión sistemática como bajo los efectos de su propia política, y especialmente con expulsiones exigidas por la dirección de la Internacional cuya acción fue favorecida por las condiciones precarias de la acción clandestina. En el momento de la proclamación de la República, el Partido Comunista oficial no contaba apenas con más de 800 miembros en la totalidad del país, tras responsables que eran militantes desde fecha reciente y que fueron preferidos, a causa de su docilidad a las directrices venidas de Moscú, a los supervivientes de la “vieja guardia”. Cuadros enteros del partido fueron expulsados de hecho sin que se les diera ningún tipo de razones, ni argumentando los verdaderos motivos: así sucedió en la Federación Catalano-Balear que dirigían Maurín y Arlandis, en la Agrupación Madrileña de Luis Portela, en la Agrupación de Valencia, en la Federación Asturiana, todas orientadas por hombres que eran mucho más conocidos como dirigentes obreros que los dirigentes del partido oficial. El mismo Andreu Nin volvió a España en 1930. El antiguo secretario de la CNT, y después de la ISR, estaba ligado a la Oposición de Izquierda rusa, miembro de su “comisión internacional”, amigo personal de Trotsky. Con otros militantes —especialmente Juan Andrade y Henri Lacroix, que habían seguido, por su parte, el mismo itinerario— se dedicó a construir en España la oposición comunista de izquierda, buscando las vías de un acuerdo con Maurín para la unificación de los grupos comunistas de oposición.
En los medios comunistas, las reacciones ante la proclamación de la República eran igualmente muy diversas. El PC oficial recibió la orden de lanzar la consigna de “¡Abajo la república burguesa! ¡El poder para los soviets!”, cuando no existía en España, según dijo “Pravda”, la sombra de un soviet o de un organismo parecido. Maurín —que reconoció sin dificultad la influencia ejercida sobre él, en aquella época, por Bujarin y los “comunistas de derecha”5 y Nin —a quien vimos unido a Trotsky— llamaron, por el contrario, a la lucha por la realización de las consignas de la revolución democrática, de la que estimaban que sólo los trabajadores podían arrancarlas, y que su conquista constituía un elemento primordial en la lucha por la revolución socialista. Los dos hombres, sin embargo, se oponían a propósito de la cuestión nacional: igualmente catalán, partidario de la autodeterminación, Andreu Nin no aprobaba la posición de Maurín y de su organización en favor de la independencia de Catalunya, y le reprochaba su estrecha colaboración con la pequeña burguesía catalanista.6
Como en los otros países, la escisión que siguió a la fundación de la Internacional Comunista desplazó en España un poco más a la derecha al Partido Socialista, que había rehusado en 1921 las veintiuna condiciones de admisión a la Internacional Comunista. El PSOE y la central sindical que controlaba, la Unión General de Trabajadores (UGT), se pronunciaron en 1923 por una colaboración con la dictadura y aceptaron las promesas que les ofreció Primo de Rivera. El secretario general de la UGT, Francisco Largo Caballero, se convirtió en consejero de Estado. La UGT utilizó sistemáticamente durante la dictadura organismos de colaboración como los comités paritarios para hacer progresar su implantación en detrimento de la CNT, perseguida y dividida. Los socialistas, partidarios de la colaboración de clases bajo la dictadura de Primo de Rivera, eran resueltamente reformistas a fortiori, á partir de la proclamación de la República: uno de ellos, Indalecio Prieto, fue uno de los animadores del reagrupamiento de la oposición frente a la dictadura, luego, frente a la monarquía, uno de los principales organizadores de la conferencia de San Sebastián. La presencia en el gobierno provisional de ministros socialistas constituyó para el nuevo régimen una garantía sobre su izquierda, una protección contra las impacientes aspiraciones de las masas obreras y campesinas, al mismo tiempo que una promesa de “reformas” profundas y de leyes sociales para satisfacer algunas de las reivindicaciones más inmediatas.
Sería erróneo, sin embargo, no ver en él más que a una fuerza de orden. Su política reformista no era más fuerte que las ilusiones de los trabajadores hacia el nuevo régimen, además del miedo que temporalmente podían inspirar a una oligarquía inquieta. La verdad es que la proclamación de la República abrió la vía de las reivindicaciones obreras y campesinas que las clases en el poder no eran capaces de satisfacer. En definitiva, la revolución estaba a la orden del día. El problema era saber si podría organizarse en España la fuerza necesaria para su victoria: los elementos existían en todas partes, tanto en la UGT como en la CNT, en las filas de los “faístas”, y en las de los sindicalistas, en los comunistas oficiales o no, en los jóvenes que se despertaban a la vida política y se apuntaban en tal o cual organización política o sindical. ¿Cómo construir el marco que permitiría reunirlas? Tal fue el objeto de la discusión que se llevó entre comunistas, entre Maurín y Nin en Barcelona, entre Nin y Trotsky a través de cartas, en un círculo todavía reducido de militantes que no tenían por el momento más arma que la experiencia de las revoluciones del siglo xx, victoriosas o vencidas, y la convicción de que la hora de la revolución proletaria se acercaba en España de modo inevitable.


3. La imposible democracia

La composición del gobierno provisional era por sí misma reveladora tanto de las intenciones como de los límites de los fundadores de la República. El presidente, Niceto Alcalá Zamora, y el ministro del Interior, Miguel Maura, eran no solamente católicos fervientes y conservadores declarados, sino además centralistas decididos. Nicolau D’Olwer, ministro de Economía, era un liberal ligado a la banca de Catalunya. El ministro de Hacienda, Indalecio Prieto, además de líder socialista, era un hombre de negocios de Bilbao. Largo Caballero, secretario de la UGT, antiguo consejero de Estado bajo el régimen de Primo de Rivera, era ministro de Trabajo. Todos eran hombres de orden, deseosos de impedir y de tratar de combatir la revolución, y su alianza —sobre esta base negativa— era imposible frente a las tareas de la “revolución burguesa” que se imponía en España para salir de sus contradicciones seculares: el problema de la tierra y de la reforma agraria, la cuestión de las nacionalidades, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, el destino del aparato burocrático y del ejército de la monarquía, que estaba confiado al único hombre nuevo de este equipo, el republicano de izquierda Manuel Azaña.
Sus primeras iniciativas querían ser tranquilizadoras. En una primera declaración garantizó la propiedad privada dejando abierta la posibilidad de “expropiación” “por razón de utilidad pública y con indemnización”; afirmó de manera muy vaga que “el derecho agrario debía corresponder a la función social de la tierra”. Proclamó su intención de conservar las buenas relaciones con el Vaticano, proclamó la libertad de cultos sin hacer alusión a una eventual separación. Se opuso a la proclamación en Barcelona de la república catalana, a donde envió tres ministros que negociaron un compromiso, el restablecimiento de la Generalitat, vieja institución catalana, y la promesa de un estatuto de autonomía. No hizo ninguna alusión respecto a depuraciones del aparato de Estado o del ejército, manteniendo en sus funciones a los jefes de la policía y de la odiada Guardia Civil, cuyo jefe era el general Sanjurjo, y Alcalá Zamora recibía con gran pompa a los oficiales monárquicos que dirigían el ejército, con el almirante Aznar, último ministro del rey, en primera fila.
Las primeras semanas de existencia del nuevo régimen dan la clave de esta prudencia. Un hecho de extrema justicia fue el que no se conocieran el 14 de abril enfrentamientos sangrientos. Cuando ni los monárquicos ni los anarquistas parecían querer negar seriamente a la República, las primeras decisiones del gobierno provisional provocaron reacciones que permitieron medir la profundidad de las contradicciones. Los primeros decretos provenían del Ministerio de Trabajo : el dirigente de la UGT tenia un grave problema en el seno de su propia organización, una fuerte presión, la de los obreros agrícolas agrupados en la Federación de los Trabajadores de la Tierra, y debía darles al menos parcialmente satisfacción. Un primer decreto prohibía el embargo de pequeñas propiedades rurales hipotecadas, otro prohibía a los grandes propietarios emplear trabajadores ajenos al municipio mientras existieran parados, los ayuntamientos fueron autorizados a obligar a los grandes propietarios a poner en cultivo tierras dejadas en baldío. Por fin, el 12 de junio, el gobierno extendió a los obreros agrícolas el beneficio de la legislación sobre los accidentes de trabajo del que habían estado hasta entonces excluidos.
Por mal acogidas que fueran estas medidas en los medios de la oligarquía, no provocaron abiertamente una tempestad. Por moderadas que fueran, en cambio, las declaraciones de los proyectos del gobierno parecían intolerables amenazas en los medios dirigentes de la jerarquía y del mundo católico. Los grandes diarios que controlaban, “ABC” y “El Debate”, sostenían una dura polémica, destacando el carácter provisional del gobierno que oponían a la eternidad de la religión católica. Atacaban con violencia el decreto del 6 de mayo que dispensaba de la enseñanza religiosa a los niños de las escuelas públicas cuyos padres así lo desearan. El 7 de mayo publicaron una carta pastoral del cardenal Segura, verdadera declaración de guerra a la República y a su gobierno, en nombre de la “defensa” de los “derechos” de la Iglesia frente a la “anarquía” que amenazaba el país, llegando hasta a comparar al gobierno provisional con la república bávara de los consejos de 1919. Este texto provocador reforzó la agitación a punto de desarrollarse contra las congregaciones. Muchos dieron un apoyo abierto a los manejos reaccionarios, de los que la reunión de Madrid del “círculo monárquico” era la prueba más evidente. La reunión de este último, el 10 de mayo, provocó vivos incidentes y dio lugar a rumores alarmantes: se hablaba del asesinato de un taxista por los monárquicos. Durante la noche, seis conventos fueron incendiados en Madrid por jóvenes, conventos e iglesias fueron igualmente saqueados e incendiados en los días siguientes en Sevilla, Málaga, Alicante y Cádiz. La versión de una provocación, sostenida aún hoy por un historiador eminente como es Gabriel Jackson, ha sido a menudo expuesta para explicar estas violencias antirreligiosas. No ha sido probada. Lo que es cierto en cambio es que la Iglesia española encarnaba a los ojos de las más amplias masas, en vías de tomar conciencia de su condición de clase, toda la tradición reaccionaria del país y una servidumbre secular hacia los poderosos. El gobierno observó la mayor prudencia: la policía no intervino más que para asegurar la evacuación de los religiosos, y fue en vano —hasta el 15 de mayo— que el ministro del Interior reclamase la autorización para hacer intervenir a la Guardia Civil y para proclamar el estado de guerra. Los gritos de indignación de la gran prensa y de los prelados no disimulaban la total ausencia de reacción de la mayoría católica del país: el despertar de las masas trastornó los esquemas tradicionales.
El resultado de los incidentes de mayo fue en todo caso un endurecimiento de las posiciones: Segura, acusado de haber provocado la explosión popular, fue declarado persona non grata, y el gobierno se decidió a proclamar la libertad de cultos, añadiendo, bajo pretexto de higiene, la prohibición de poner imágenes religiosas en los nichos. Los obispos protestaron con indignación...
La cuestión religiosa estuvo igualmente en el centro de la primera crisis, después de la discusión por las Cortes de la Constitución y especialmente de su artículo 26. El proyecto, estrechamente inspirado en la constitución de Weimar, proclamaba una “república democrática de trabajadores de toda clase”, concentrando el poder en una cámara única, elegida por sufragio universal, directo y secreto, y en las manos de un presidente con extensas prerrogativas, elegido por siete años por un colegio electoral particular. La separación de Iglesia y Estado, prevista por el artículo 3, y las disposiciones del artículo 26 contra las congregaciones provocaron la primera crisis ministerial, la dimisión de Maura y Alcalá Zamora y la formación de un gobierno presidido por el anticlerical Azaña. Fue este mismo gobierno, de coalición republicano-socialista, quien volvió sobre los principios mismos de la constitución en materia de las libertades democráticas adoptando la “ley de defensa de la república”, que dio al Ministerio del Interior poderes exorbitantes para el mantenimiento del orden, y que sería más utilizado contra la agitación obrera y campesina que contra los manejos de la reacción.
Lanzados a la lucha contra la Iglesia católica, los republicanos fueron, sin embargo, mucho más prudentes en el terreno de las reformas sociales y ante todo en su aproximación a la cuestión agraria. La “ley de reforma agraria”, votada después de interminables debates, preveía la expropiación de los grandes dominios en las principales regiones de latifundios, pero su alcance era considerablemente limitado por las cláusulas de indemnización y, por consiguiente, por los créditos puestos a disposición del Instituto de Reforma Agraria. En efecto, para los primeros años, este último no disponía más que de sumas que permitían la instalación anual de 50.000 campesinos, abriendo la perspectiva de un plazo de medio siglo para una reglamentación definitiva del problema de la tierra. Y las resistencias de las clases poseedoras a nivel del aparato de Estado eran tales que el Instituto no gastaría en dos años más que el tercio de las sumas que le habían sido concedidas. Como los capitales se fugaban o se disimulaban, las dificultades económicas y sociales aumentaron en todos los sectores de actividad: el paro obrero alcanzó proporciones sin precedentes, y a éste vino a sumársele un alza continua de los precios que no detenían los aumentos de salarios obtenidos por las huelgas cada vez más numerosas a pesar de la multiplicación de las instituciones que las arbitraban. La agitación obrera reforzó la agitación campesina y viceversa. La represión, llevada por los cuerpos de policía tradicionales —especialmente la Guardia Civil—, exasperó, indignó y envenenó los conflictos. Mientras católicos y “laicos” se enfrentaban en las Cortes con grandes oratorias y se lanzaban a la cara amenazas apenas veladas de recurrir a la fuerza, obreros y campesinos españoles hacían en sus luchas cotidianas, la experiencia del nuevo régimen.
Ya durante la discusión de la constitución, estalló en Barcelona la huelga de los empleados de la compañía americana de la Telefónica, impulsada por los militantes de la CNT. Esta compañía, introducida en España en tiempos de Primo de Rivera, simbolizaba la penetración del imperialismo extranjero, denunciada antes por socialistas y republicanos, quienes, ahora en el poder, querían tranquilizar a los capitalistas extranjeros. Socialistas y anarquistas, militantes de la UGT y de la CNT, se enfrentaban, los primeros acusando a los segundos de desencadenar y extender la huelga bajo la amenaza de sus pistoleros. En respuesta a la represión gubernamental, la CNT lanzó en Sevilla la consigna de huelga general, a la que el gobierno respondió con el estado de guerra. En una semana fue restablecido el orden en la gran ciudad andaluza: el balance fue de treinta muertos y más de doscientos heridos. La prensa y los militantes de la CNT desencadenaron una campaña contra el gobierno: socialistas y anarquistas comenzaron a arreglar sus divergencias con las armas en la mano.
Seis meses después ocurrieron los trágicos acontecimientos de Castilblanco. Allí la Guardia Civil dispersó brutalmente una manifestación de campesinos organizada por la Federación de los Trabajadores de la Tierra, afiliada a la UGT. Cuatro guardias civiles que entraron en la Casa del Pueblo para impedir una manifestación de protesta fueron rodeados por las mujeres. Uno de ellos disparó: los cuatro serían linchados y descuartizados por una masa encolerizada. La represión fue dura: seis condenas a muerte conmutadas por prisión a perpetuidad. Unos días más tarde, la misma Guardia Civil abrió fuego sobre una delegación de huelguistas en la comarca de Arnedo: hubo seis muertos, entre ellos cuatro mujeres y un niño, y dieciséis heridos de bala.
Poco más o menos al mismo tiempo, militantes de la FAI desencadenaron una insurrección armada en la cuenca minera del Alt Llobregat, proclamando el “comunismo libertario” en estos pueblos miserables. Fueron aplastados en pocos días y un centenar de militantes anarquistas, entre ellos Durruti y Francisco Aseaso, deportados a las Canarias y al Sahara español. Sus camaradas protestaron con una nueva insurrección en Terrassa, el 14 de febrero de 1932, tomando el Ayuntamiento, asediando el cuartel de la Guardia Civil, y finalmente rindiéndose al ejército enviado contra ellos.
Unos meses más tarde fue la derecha la que tomó la iniciativa del recurso a los fusiles. Reemplazado en el mando de la Guardia Civil por el general Cabanellas, el general Sanjurjo intentó un pronunciamiento que la CNT y los trabajadores sevillanos cortaron en seco respondiendo con la huelga general inmediata, mientras que las tropas gubernamentales rechazaron la tentativa pobremente preparada por los elementos monárquicos en Madrid. El general faccioso fue condenado a muerte e indultado a continuación. Los bienes de los conspiradores —algunos de los cuales fueron deportados— fueron confiscados. Favorecido por el fracaso de este movimiento, el gobierno aprovechó para dar un ligero avance a la reforma agraria y hacer aprobar el Estatuto de Autonomía de Catalunya, que permanecía hasta entonces en suspenso. Pero no apartó del ejército más que a algunos de los conspiradores más conocidos.
En el mes de enero de 1933, los activistas anarquistas del grupo Nosotros —García Oliver, Durruti, antiguos miembros de los “Solidarios” apoyados en la FAI y los “comités de defensa” desencadenaron una nueva insurrección que arrastró a la CNT en numerosas localidades de Catalunya, de Levante, de la Rioja y de Andalucía. En esta última región, en Casas Viejas, un destacamento de guardias civiles prendió fuego a una casa en la que se habían refugiado una treintena de militantes anarquistas que serian quemados vivos, mientras que un oficial hizo ejecutar a sangre fría a catorce amotinados hechos prisioneros7. El autor de este crimen pretendió haber obedecido órdenes de Azaña. “Ni heridos, ni prisioneros. Tiros a la barriga.” Esta política de brutal represión, el arsenal jurídico que el gobierno se dio con la ley del 8 de abril de 1932 sobre el control de los sindicatos, la ley de orden público de julio de 1933, la ley sobre los vagabundos, permitiendo perseguir y disparar al mismo tiempo sobre obreros parados y militantes profesionales, la obligación de un anuncio de ocho días de antelación para toda huelga, la multiplicación de los arrestos preventivos, la protección acordada por la policía a los comandos antianarquistas, todo esto dio, en adelante, al nuevo régimen su fisonomía antiobrera, exasperó las contradicciones, avivó las divergencias y preparó reagrupamientos en el seno del movimiento obrero.
En cuanto a la CNT, después de la proclamación de la República, fue sacudida por una profunda crisis. Desde el mes de octubre, los elementos de la FAI consiguieron, en efecto, una explosiva victoria sobre sus adversarios sindicalistas eliminando de la dirección del diario cenetista “Solidaridad Obrera” a Joan Peiró, al que juzgaban oportunista. Algunos meses después, Pestaña fue expulsado del sindicato del metal. Un manifiesto firmado por treinta dirigentes de la CNT —los “trentistas”—, entre los cuales estaban Joan Peiró, Juan López, Pestaña, tomó posición contra el aventurerismo de la FAI y trazó un programa reformista8 que valdría a sus firmantes el ser expulsados de la Confederación, con numerosas organizaciones —en Valencia, Huelva y Sabadell especialmente—, que tomaron el nombre de “Sindicatos de la oposición”.
Sin embargo, la FAI se dividió ella misma, y los anarquistas puros, fieles al modelo tradicional, combatieron encarnizadamente a aquellos que llamaban anarcobolcheviques y que buscaban en la realidad del momento una respuesta a la cuestión que los “trentistas” rehusaban plantear: ¿Cómo hacer la revolución?9 El conflicto interno se tradujo de forma trágica a nivel de las contradicciones entre organismos responsables: en enero de 1933, en Catalunya, la federación local de la CNT lanzó la consigna de huelga general, veinticuatro horas después que la confederación regional hubiera tomado posición en contra. Pero reflejó en realidad una crisis política extremadamente profunda. Como subrayó entonces Andreu Nin, en notas repetidas hoy por el historiador César Lorenzo, si los anarquistas permanecían fieles a su viejo esquema de “gimnasia revolucionaria” destinada a adiestrar a los trabajadores, no harían más que un cambio radical que les pondría en contradicción con los principios anarquistas tradicionales, apoderándose, de hecho, del poder político e instaurando, a su manera, una dictadura que no era ciertamente la del proletariado, sino que era la de su propio poder revolucionario.10 Comentando la huelga de enero de 1933 y las “proclamaciones” de “toma del poder” por los comités anarquistas, Andreu Nin saludó esta nueva posición como un “paso adelante”: “Los dirigentes del movimiento han renunciado prácticamente a los principios fundamentales del anarquismo para acercarse considerablemente a nuestras posiciones.”11 Y esto no era evidentemente por casualidad, ya que al otro extremo del horizonte anarcosindicalista, Angel Pestaña rompía con el anarquismo para fundar un “partido sindicalista” destinado en lo fundamental a realizar por una vía pacífica y reformista un socialismo basado en la autogestión y el federalismo.
La colaboración de los socialistas en un gobierno republicano que se volvía tan claramente contra las reivindicaciones obreras y campesinas, la decepción provocada por los resultados concretos del cambio de régimen político, no podían, al menos en un primer momento, nutrir el desarrollo de la CNT, que conocía, a pesar de las dificultades, un desarrollo considerable de su organización y de su influencia durante los primeros años de la República, en los cuales aparecía como el polo de reagrupamiento ofrecido a los revolucionarios lo mismo que a la acción de clase de los obreros y campesinos. ...

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Bolivia: la balcanización descubierta


Las revelaciones, del periodista español Alonso, muestran la clase de oposición que enfrenta un proceso que, en democracia, se propone reparar siglos de opresión y exclusión. Lo que se pretende hacer de modo pacífico, es insensatamente resistido, socavando toda posibilidad de resolución democrática.
La insensatez provoca lo que reprocha: la violencia que condena es la violencia que ella misma estimula; si se le cierra el camino a una revolución en democracia, lo que abre, la misma derecha, es la apuesta por la violencia. De ese modo regresa a su condición: no es demócrata, es fascista.
Su modo de constitución son las dictaduras, en ellas se imagina una cáscara democrática para su dictadura prolongada; por eso, inevitablemente, ensucia la política, porque la convierte en la pura legalización de sus crímenes. En su apuesta reedita su carácter antinacional: está dispuesta a descuartizar su propio país, si ello garantiza su poder. La historia lo confirma: el que está acá sólo por la riqueza no ama esta tierra, su propio país se convierte en un medio para sus fines, por eso vive mirando para otro lado.
Su desarraigo le condena a la dependencia: se hace subalterno de otro poder al cual se inclina; por eso amenaza todo intento de liberación, porque su sometimiento no sabe sino someter a todos para someterse mejor: el miserable hace más miserables a los demás, para hacerse menos miserable. Porque en su miseria no puede consentir que sus víctimas le enseñen a ser libre; su desprecio es el que le impide reconocer a quienes luchan, hasta por él mismo: siendo libre gana menos, cuantitativamente, pero gana cualitativamente, se hace más humano.
La guerra no es nunca solución sino la imposibilidad de toda solución; quien cree que sale ganando con ella, no es iluso, es cínico. Por eso no pelea él mismo sino contrata a otro; en su arrebato, no mide consecuencias: cría cuervos que le sacan los ojos. El terrorista Rosza no venía a inclinarse ante nadie. Él era una criatura del terrorismo global, de la lógica suicida del capitalismo salvaje: morir matando a todos. La fuerza del terrorismo actual consiste en su predisposición al suicidio; su amenaza señala: si no hay alternativa, la única alternativa es matar toda alternativa. Su oficio se exhibe de modo fervoroso; su culto hacia la muerte destruye todo propósito. No lucha por ideología; la razón de su lucha es la lucha misma. Su lucidez consiste en haber renunciado a todo potencial de razón; no le interesa justificarse, su acción se justifica por sí misma. La guerra suspende toda apelación a la razón: la guerra se convierte, para
el terrorista, en un culto y matar, un acto de fe.
Los que le justifican son otros. Aquellos que ven en su imagen la medida de sus delirios. Por eso Alonso nos muestra, también, la calaña de prensa que padecemos a diario. Si el terrorismo es global, lo es también porque penetra en todos los ámbitos de la sociedad. El modo de penetrar todos esos ámbitos es, hoy en día, mediáticamente. La difusión del terror se estetiza, de modo que hasta el terror encanta; esto produce desequilibrio emocional, prototipo del individuo actual (el adicto no sabe por qué de su desequilibrio, porque pretende hallar la cura de su desequilibrio en aquello que le desequilibra). Prototipo del desequilibrio son los informativos de los medios privados; desde sus cortinas musicales hasta sus titulares, todo está diseñado para infundir pánico, sembrar incertidumbre en una población de fácil manipulación. Los conflictos se atizan en los medios y ayudan a producir individuos dispuestos a todo.
La prensa no es inocente; es, en gran medida, responsable de la violencia que retrata. Por eso no es casual su inclinación actual. La defensa que hacen de Rosza y la censura a Alonso retrata a quienes operan de ese modo. El terrorista parece poseer un sexto sentido que le permite reconocer a su semejante; si aquel dispara balas, estos lo hacen con mentiras, calumnias e infamias. El terror también se comunica: cuando se llena a la gente de mentiras, estos aprenden a escupir veneno. Defienden a Rosza porque defienden la garantía de la violencia que han ayudado a generar.
Los desastres que origina la guerra, son similares a los desastres que produce, en la conciencia, la mentira impune. Cuando desaparece el sentido de realidad, desaparece el sentido de vivir. La muerte impone el sinsentido. En tal caso, la política se vuelve guerra disfrazada y las oposiciones se hacen irreconciliables. Balcanizar se convierte en la salida: si ya no se puede recuperar el país, entonces hay que descuartizarlo. Si se pierde algo hay que hacer todo para que nadie gane nada. El país está de más. Así piensa la oposición: prefiere descuartizar su país, para no tener que compartirlo.

Rafael Bautista, autor de “OCTUBRE: EL LADO OSCURO DE LA LUNA” y “LA MEMORIA OBSTINADA”.

Colombia: la crisis económica se descarga sobre los trabajadores

Las andanzas especulativas del capital financiero internacional, la toma de los mercados internos de las naciones dependientes, el saqueo de sus materias primas, los tratados de libre comercio, en fin todas las políticas a que han recurrido las potencias imperialistas en su empresa de recolonización fueron causantes de la crisis económica mundial.
En Colombia a los efectos de esa crisis se le sumó los efectos de la aplicación a rajatabla de las políticas neoliberales provocando un verdadero desbarajuste de nuestra economía. Desempleo del 11,7%, trabajo informal del 57%, decrecimiento de la industria del 8%, caída de las exportaciones, disminución de la inversión extranjera, balanza comercial negativa, crecimiento del déficit fiscal, pérdida de la soberanía alimentaria, entre otras calamidades.
Y en la base de tan desolador panorama, están los trabajadores del campo y la ciudad que pierden sus empleos, les arrebatan sus convenciones o les destruyen sus organizaciones sindicales, como consecuencia de la actitud de patronos y gobierno de descargar sobre los hombros de los trabajadores y el pueblo los efectos de la crisis económica mundial y de la política privatizadora y de favorecimiento a las multinacionales y los grupos monopólicos que ha implementado Álvaro Uribe en sus siete años de gobierno. Las denuncias no alcanzan a ser registradas en su totalidad, la ofensiva contra el movimiento obrero y los daños causados a la producción no tiene precedentes.
Textiles Espinal, TEXPINAL SA, despidió 148 trabajadores cooperativos y entro en liquidación lo que implica el despido de 130 trabajadores convencionales, CI FATEXTOL de Ibagué, del mismo grupo económico, entró en liquidación y despidió a 450 obreros y para cerrar el negro episodio de las textileras del Tolima, Fibratolima del grupo de Fabricato, anunció trasladar su producción a Antioquia y cerrar la factoría de Ibagué votando a más de 250 trabajadores a quienes ya había obligado a renunciar a la convención y al sindicato para pasarlos a cooperativas de trabajo asociado. La Siderúrgica del Pacifico, Sidelpa, recién adquirida por Gerdau del Brasil y la única productora de aceros especiales del país ha cerrado y despedido a sus 300 trabajadores que tenían convención y sindicato con más de 40 años de existencia, para tal despropósito se apoyaron en supuestos daños al medioambiente. El ingenio San Carlos de Tulúa se aprovechó de una parada de mantenimiento y burlando la ley coaccionó a sus 360 obreros para que renunciaran a la convención y al contrato directo para trabajar por outsorcing. La Superintendencia de Servicios Públicos y el alcalde de Cali privatizaron Emsirva, acabando con la convención y el sindicato y tirando a la calle a 450 compañeros de esa empresa de aseo. Global de Pinturas, antigua Pintuco, en Guarne despidió ilegalmente a 80 obreros temporales y a 50 socios del sindicato. En la mina La Francia en Cesar, de la multinacional canadiense Coalcorp, los operadores Consorcio Minero Unido y Carbones del Cesar, despidieron 350 mineros sin permiso del ministerio y sin procedimiento legal alguno. Las empresas metalúrgicas de Boyacá han despedido en Belencito, Tuta y Sogamoso a más de medio millar de trabajadores alegando motivaciones de orden económico y caída de los pedidos. La industria del calzado en el Valle ha cerrado varias de sus factorías y por implementación de la mecanización del corte de la caña por los ingenios, se esta prescindiendo de 80 corteros de caña por cada cortadora y se calcula que adquirieron más de 30 de estas maquinas. La Occidental despidió en el segundo semestre del 2008 a más de 500 trabajadores de sus proyectos de ensanche en Arauca pretextando la caída en los precios del crudo. El alcalde de Barranquilla Alex Char hizo una reestructuración del Distrito y despidió a más de 3.000 trabajadores.
Son cientos de empresas grandes y medianas que sucumben ante las importaciones, el contrabando y el lavado de dólares, se trata de la destrucción del aparato productivo nacional como consecuencia de políticas oficiales que favorecen a las multinacionales y al capital financiero.
Ante semejante ofensiva los trabajadores debemos movilizarnos en unión con el resto de afectados por las políticas imperialistas para lograr un cambio de gobierno que restablezca la soberanía nacional, cambie radicalmente el modelo económico y devuelva los derechos económicos y las libertades democráticas a la población. La causa de nuestros males radica en el saqueo que las multinacionales hacen de nuestros recursos y trabajo, la perdida y achicamiento del mercado interno y en el autoritarismo y la exclusión con que gobierna la oligarquía lacaya. Por un país decente unámonos para lograr un verdadero cambio.

Gustavo Rubén Triana Suárez, segundo vicepresidente de la CUT.

Honduras y la SIP

La prolongación de la crisis en Honduras no tiene un efecto neutro pues juega a favor de los golpistas. El repudio y el asilamiento universales no conmueven a los usurpadores. Todo lo contrario: confirman su visión paranoica de un mundo dominado por comunistas, subversivos y revolucionarios que conspiran sin cesar para frustrar su patriótica empresa.
Tanto los militares como los civiles hondureños comparten ese delirio que sigue siendo alimentado, día a día, por el Pentágono, la CIA y buena parte del establishment político del imperio, para los cuales la guerra no ha terminado ni va a terminar jamás. Guerra sobre todo contra todo ese inmenso e inesperado movimiento social que se ha puesto en marcha a partir del golpe y que rebasa amplia –y tal vez irreversiblemente- los estrechos marcos de la mal llamada “democracia representativa” en Honduras. Bastó que aquél pretendiese honrar esa fórmula para que la santa alianza abandonase en tropel las cavernas y saliera a dar batalla: allí se juntaron, para unir fuerzas, los representantes militares y políticos del imperio con la corrupta oligarquía local, la perversa jerarquía de la Iglesia Católica, las diversas fracciones del patronato y el poder mediático que este conglomerado de la riqueza y el privilegio controla a su antojo, haciendo de la libertad de prensa una broma sangrienta.
No es casualidad que el sitio web de la benemérita Sociedad Interamericana de Prensa, siempre tan atenta ante todo lo que ocurra con los medios en Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador, haya ocultado arteramente lo que está aconteciendo en Honduras. La resolución mas importante sobre el tema de los medios, adoptada el 24 de Julio, es una condena ... ¡al presidente Rafael Correa por alentar el “incesante clima de confrontación y epítetos contra periodistas, propietarios de medios de comunicación y sus empresas!” Ni una palabra sobre Gabriel Fino Noriega, periodista hondureño de Radio Estelar, asesinado por fuerzas paramilitares, de la cual informa la Misión de la ONU enviada a investigar la situación de los derechos humanos en Honduras.
La misma delegación comprobó que en Tegucigalpa, Canal 36, Radio TV Maya y Radio Globo fueron militarizadas, constatándose asimismo el asalto a diversos locales de medios de comunicación y amenazas de muerte contra periodistas, el bloqueo de sus transmisiones o la interceptación telefónica y bloqueo de su acceso a Internet. La misión también corroboró el ametrallamiento de la cabina de transmisión de Radio Juticalpa en Olancho, y las amenazas de muerte producidas contra periodistas como el director del diario El Libertador, Johnny J. Lagos Enríquez así como contra el periodista Luis Galdanes. En la ciudad de Progreso los militares silenciaron las trasmisiones de Radio Progreso, siendo hostigado su director el sacerdote jesuita Ismael Moreno, detenido temporalmente uno de sus periodistas mientras otros recibían amenazas de muerte.
Otro caso es el de Canal 26, TV Atlántica, cuyo directivo declaró ante la misión de la ONU que los militares indicaron a los medios de comunicación del departamento que debían abstenerse de trasmitir otras versiones o informaciones que no emanasen del gobierno de facto. Ante la agresión sufrida por los periodistas de Telesur y Venezolana de Televisión -sin cuya valiente labor el mundo jamás se habría enterado de lo que ocurría en Honduras- la SIP se limitó a emitir un tibio comunicado lamentando los hechos; la resolución dura, en cambio, se tomó en contra de Correa.
Sería muy largo enumerar todas las violaciones a la libertad de prensa y los derechos humanos, aparte del asesinato de Noriega, que pasaron desapercibidas ante los atentos censores de la SIP y sus lenguaraces, Mario Vargas Llosa y la pandilla de los “pluscuamperfectos idiotas latinoamericanos”. Su silencio cómplice revela la descomposición moral del imperio, sus permanentes mentiras y la impunidad con la cual se mueven estos falsos defensores de la “libertad de prensa”. Y frente a este escenario, ¡la Secretaria de Estado Hillary Clinton se atreve a calificar como imprudente el gesto de Zelaya de viajar a la frontera de su país!!, al paso que su vocero, Philip Crowley, advertía contra "cualquier acción que pueda conducir a la violencia" en Honduras. Falta ya muy poco para que Washington comience a declarar que el verdadero golpista es Zelaya y que fue él y no otro quien arrojó a su país a un caos de violencia y muerte. La promesa de nuevas mediaciones a cargo de la Casa Blanca sólo servirá para desfigurar aún más la verdad e inclinar el fiel de la balanza a favor de los golpistas y sus mandantes.

Atilio A. Boron,director del Programa Latinoamericano de Educación a Distancia en Ciencias Sociales (PLED), Buenos Aires, Argentina.

Honduras: a los bifes


Después de una intencionada demora, el mediador Arias, presidente de Costa Rica, dio su fallo: Zelaya vuelve, sólo que no podrá nombrar a sus ministros, hacer consultas populares o convocar a una Constituyente. O sea que debería presidir su propio éxodo político.
Perfecto, Zelaya dijo sí, a pesar del rechazo que suscitó la propuesta en todas las organizaciones populares del país, pero la junta golpista dijo no. El mundo invertido de María Elena Walsh. Pero no tanto, cuando se tienen en cuenta los cálculos políticos. Zelaya debe pensar que su solo retorno es capaz de suscitar de inmediato un 17 de Octubre a la centroamericana, y los golpistas deben pensar lo mismo. Llegado a este punto, los contendientes confiesan que la diplomacia ya no tiene cabida y que hay que pasar a los hechos.
Para echar un poco de leña más a la hornalla, un comité del Senado de Estados Unidos decide que Venezuela se ha convertido en un narco-Estado, sin importarle un rábano las matanzas descomunales que se producen en ese monumento al estado de derecho que es México. En realidad, los yanquis han tomado nota de que los secuestros de drogas son más eficaces ahora en Venezuela que en el pasado, pero dicen que no pueden admitirlo porque no está verificado por la DEA.
Es decir que quieren volver a infiltrar a sus agentes, a despecho de que cuando éstos ‘colaboraban’ en Venezuela, el país caribeño era un queso gruyère para el narcotráfico. Por otro lado, para consolar al Pentágono por la pérdida de la base de Manta, en Ecuador, Obama consiguió que Uribe autorizara la instalación, no de una sino de tres bases norteamericanas en Colombia, para monitorear toda la región Caribe. Así es como se desenvuelve la política aterciopelada de Obama con sus vecinos. En una palabra, lo que ocurre en Honduras no tiene que ver con una cruzada de la OEA por la democracia, sino con una dura pelea para realinear el proceso latinoamericano, que se desmadró con los levantamientos venezolanos de 2002 y 2003, el boliviano de 2003, los acontecimientos mexicanos de 2006, y sus antecedentes ecuatorianos y argentino, y los que van juntando fuerza en Perú.
Hay que pasar a los bifes. Si Zelaya y los gobiernos que lo apoyan no quieren pasar a la historia como bufones, hay que largar el regreso del terrateniente venido a amigo del pueblo. Zelaya debe ingresar a Honduras ya y los gobiernos bolivarianos deben apoyarlo con los medios materiales adecuados. Hay una pelea que no se puede rehusar. Los pueblos de América Latina debemos salir a la calle en masa, y esto cabe por sobre todo a las organizaciones que reúnen un apoyo de masas. La Honduras de los contras y de sus asesores argentinos podría convertirse en el detonante de una nueva etapa de combates para toda América Latina.

Jorge Altamira

HOMENAJE A LAS VICTIMAS DEL FRANQUISMO EN LA TAPIA DEL CEMENTERIO DE GRANADA


Convocado por la Unidad Cívica Andaluza por la República

Familiares de víctimas del franquismo han hecho hoy una ofrenda floral y han colocado una placa conmemorativa en la tapia del cementerio de Granada, en memoria de los 2.400 republicanos fusilados por los franquistas durante la Guerra Civil. Esta es la segunda placa que colocan los familiares en el muro de los fusilamientos que aún conserva los impactos de bala. La primera placa fue arrancada por funcionarios municipales a los pocos días de ponerla. La Unidad Cívica Andaluza por la República, convocante del acto, ha pedido al gobierno municipal del Partido Popular que, por dignidad política y coherencia democrática, respete la placa colocada en la tapia que dice así: “A las víctimas del franquismo, fusiladas en esta tapia por defender la legalidad democrática de la República”. Durante el homenaje ha intervenido José María García Labrac, portavoz de UCAR:
“En nombre de la Unidad Cívica Andaluza por la República, quiero daros las gracias por estar aquí, honrando a estos mártires de la libertad y de la justicia social ¡Viva la Tercera República Española!”
Por su parte, Francisco Vigueras Roldán, periodista e investigador de la Guerra Civil, ha recordado cómo en la tapia del cementerio fueron vilmente asesinados alcaldes y concejales, médicos y abogados, profesores de Universidad y maestros de escuela, sindicalitas y trabajadores, es decir “la flor y nata de la sociedad granadina de entonces, lo que supuso no sólo un crimen contra la humanidad sino un daño irreparable para la ciudad de Granada del que aún no se ha recuperado”. Según Vigueras, los detenidos eran sacados de la prisión provincial de Granada, convertida en campo de concentración y exterminio, un recinto con capacidad para 400 reclusos, en el que se hacinaban más de 2.000. Los presos eran trasladados en los tristemente célebres “camiones de la muerte” que atravesaban de madrugada la ciudad, camino de la tapia del cementerio donde eran fusilados. La descarga de fusilería sonaba por toda la ciudad en el silencio de la noche, provocando el terror entre los granadinos, tal y como pretendían los militares golpistas.
La corporación municipal del 39 fue diezmada por los sublevados que fusilaron a varios alcaldes como Manuel Fernández Montesinos, José Palanco Romero, Constantino Ruiz Carnero o Luis Fajardo Fernández, y concejales como José Valenzuela Marín, José Megías Manzano, Juan Comino Alba, Rafael Gómez Juárez, Enrique Marín Forero, Juan Fernández Rosillo, Maximiliano Hernández Martínez, Rafael García Duarte, Antonio Dalmases, Manuel Salinas Pérez, Rafael Baquero San Martín y Virgilio Castilla , que llegó a ser presidente de la Diputación.
Durante el homenaje, se han leído las cartas de despedida, llenas de amargura y desesperanza, que algunos presos escribieron desde la cárcel a sus familias, antes de ser fusilados. Fue el caso de Luis Fajardo Fernández, que llegó a ser alcalde de Granada:
“A mi esposa, mis hijos y mis hermanos. Escribo estas líneas ante la perenne eventualidad de mi fusilamiento, de día en día más posible. … Escribo hoy viernes 7 de agosto de 1936 y son las ocho de la noche. No sé lo que me sucederá esta noche. Y por ello quiero dejar ordenadas mis cosas dentro de lo posible… Al suceder lo que espero, todos los días tened la seguridad de que mi último recuerdo será para vosotros. Os abraza vuestro esposo, padre y hermano. Luis”.
Los organizadores del homenaje han recordado, también, que los fusilamientos en la tapia del cementerio formaban parte de una matanza fríamente planificada, como demuestra la carta del abogado José María Bérriz, simpatizante de los militares golpistas:
“El camino es vencer o morir matando granujas… El Ejército quiere extirpar la raíz de esa mala planta que se comía a España. Y creo que lo va a conseguir. Funcionan día y noche los Juzgados Militares y las penas son severísimas….Siguen los fusilamientos. Directivos de los sindicatos, dirigentes, maestros y mediquillos de pueblo caen por docenas. La ciudad animada…”. Bérriz llega a escribir sin piedad ni remordimiento: “La cosecha no está nada mal para un solo mes de contienda”.

Los modestos resultados ratifican el optimismo y la confianza en que ¡si se puede!


Discurso pronunciado por el General de Ejército Raúl Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en el acto central en conmemoración del 56 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en la plaza Mayor General "Calixto García", Holguín, 26 de julio de 2009, "Año del 50 aniversario del triunfo de la Revolución".

Combatientes del 26 de julio de 1953 (Aplausos), del Ejército Rebelde, la lucha clandestina y las gloriosas misiones internacionalistas (Aplausos);

Familiares de los caídos;

Holguineras y holguineros (Aplausos); compatriotas:

Pudiéramos empezar haciendo una pregunta por pura curiosidad personal. Ustedes saben que yo soy de aquí (Aplausos y exclamaciones), y por lo tanto tengo el derecho de curiosear en el sentido de saber, si es posible, a qué comprovinciano se le ocurrió ponernos el sol aquí detrás (Risas), que a mí no me molesta, pero estoy seguro de que ninguno de ustedes me puede ver; verán, si acaso, una sombra: ese soy yo (Aplausos).
Por tales motivos, en esta conmemoración del 56 aniversario del asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes mi intervención será muy breve, atendiendo a las altas temperaturas que han caracterizado nuestro verano en este año, aunque comenzamos más temprano que lo habitual —a las 7:00 horas—, y sabiendo que desde las seis de la mañana ya se encontraban aquí todos ustedes, que la mayoría vino a pie desde sus respectivas viviendas (Aplausos), y que anoche, como pude ver brevemente por la televisión, estuvieron justamente celebrando este aniversario. Y, además, el sol ese que no se sabe quién se lo puso frente a ustedes.
Por tales motivos seré breve, repito, y en los próximos días, muy próximos, tendremos importantes reuniones que servirán de escenarios más propicios para extenderse a fondo en cuestiones complejas.
La primera será del Consejo de Ministros, pasado mañana, dedicada a analizar el segundo ajuste de los gastos previstos en el plan de este año, a causa de los efectos de la crisis económica mundial en nuestra economía, en particular la reducción significativa de los ingresos provenientes de las exportaciones y las restricciones adicionales para acceder a fuentes de financiamiento externo.
Como ustedes conocen, durante 11 días estuve recorriendo varios países del África amiga y participar, como presidente, hasta muy recientemente, del Movimiento de Países No Alineados y hacerle entrega de esa responsabilidad al Presidente de Egipto.
El tiempo de que dispongo es muy poco y apretado por estas reuniones e importantes temas que les estoy informando.
Al día siguiente de ese Consejo de Ministros, el 29 de julio, celebraremos el séptimo Pleno del Comité Central del Partido, en el cual, durante un día entero, según el programa y la agenda u orden del día a discutir, profundizaremos en asuntos vitales relacionados con la situación nacional e internacional.
Y, además, por último, el 1º de agosto está convocada la sesión ordinaria de la Asamblea Nacional del Poder Popular, ocasión en la que, entre otras cuestiones, será sometido a debate el proyecto de Ley de la Contraloría General de la República, órgano que contribuirá a elevar la exigencia en el cumplimiento de la legislación vigente y en materia de control por todas las estructuras de dirección del país.

PREMIO AL ESFUERZO Y AL TRABAJO REALIZADO

Este año la selección de la sede del acto central por el 26 de Julio no se ajustó estrictamente a los indicadores establecidos. Hubiera sido ilógico partir solo del grado de cumplimiento de esos índices, cuando desde septiembre, tras el paso devastador de los huracanes, resultó evidente que en gran parte del país, sencillamente era imposible alcanzarlos.
No olviden, como en su oportunidad informamos en nuestro Parlamento, que los destrozos, sin que quiera decir que estén perfectamente todos compatibilizados o contabilizados, alcanzaron la cifra de alrededor de 10 000 millones de dólares, el equivalente al 20% del Producto Interno Bruto, o sea, del valor de todo lo que hicimos en materia de trabajo y producción durante ese año pasado.
Por tales motivos el Buró Político, al determinar que Holguín fuera la sede y otorgar la condición de destacadas a Villa Clara, Granma y Ciudad de La Habana, puso en la balanza lo logrado en los primeros meses del año, en circunstancias más o menos normales, y sobre todo el esfuerzo de las provincias, primero para enfrentar los fenómenos meteorológicos con las menores pérdidas de vidas humanas y recursos materiales, y particularmente en las labores de recuperación.
En ello a Holguín le ha correspondido una gran responsabilidad. Es una provincia extensa, con más de un millón de habitantes y una incidencia apreciable en la economía nacional por la industria del níquel, el tercer polo turístico del país y otras importantes producciones. Es un premio al esfuerzo y al trabajo realizado.
Por tanto, felicitamos a las holguineras y holguineros (Aplausos); al compañero Miguel Díaz-Canel Bermúdez (Aplausos), primer secretario del Partido en la provincia en ese momento difícil y en los años previos, que también fueron de intenso trabajo. Hacemos extensiva esta felicitación al compañero Jorge Cuevas Ramos (Aplausos), procedente de Las Tunas, provincia también golpeada fuertemente por el huracán Ike y que desde su elección al frente del Partido en Holguín ha desplegado una entusiasta y activa labor.
Felicitamos igualmente a las provincias destacadas, sin dejar de reconocer el esfuerzo realizado por todas, a los compatriotas de Pinar del Río y la Isla de la Juventud (Aplausos), en el occidente, que afrontaron daños sumamente severos, así como a camagüeyanos y tuneros, en particular a los habitantes de Santa Cruz del Sur y Guayabal, poblados con afectaciones considerables, que en algunos casos, casi les ocasionaron la destrucción total (Aplausos).

UN PUEBLO EDUCADO EN LA GENUINA SOLIDARIDAD

Solo he mencionado algunos de los lugares que sufrieron los mayores destrozos. Realmente han sido meses difíciles y de arduo trabajo de un extremo a otro de la nación. En todo el país se ha puesto de manifiesto la capacidad de resistencia, organización y solidaridad de nuestro pueblo. Crecen los ejemplos de cómo debe trabajarse en estos tiempos.
Esa fue la conducta asumida por la inmensa mayoría de los compatriotas de esta provincia durante el paso del huracán Ike y en los meses posteriores. Así sucedió en todas partes.
Muchos compañeros han permanecido movilizados lejos de sus familias, incluso cuando no pocas de ellas también sufrían serias limitaciones, con frecuencia albergadas por haber perdido total o parcialmente sus viviendas.
Confiaron en la Revolución y cumplieron la tarea asignada, conscientes de su importancia y seguros de que sus seres queridos no quedarían en el desamparo.
Igualmente dice mucho de la calidad humana de nuestro pueblo, la masiva disposición de acoger en sus hogares a vecinos cuyas casas no ofrecían suficiente seguridad, actitud que se ha hecho cotidiana ante adversidades de diverso tipo.
En esos valores está educado nuestro pueblo, en la genuina solidaridad, comparte lo que tiene con sus hermanos, sean cubanos o de otras tierras, no lo que le sobra, que aquí no sobra nada, generalmente sólo problemas (Aplausos).
En esa misma medida el pueblo cubano agradece la ayuda, los gestos de generosidad y el apoyo recibidos desde múltiples rincones del planeta. Hago propicia la ocasión para reconocer la noble y digna labor de la fundación interreligiosa Pastores por la Paz (Aplausos), a su líder, el Reverendo Lucius Walker (Aplausos) y a los integrantes de la XX Caravana de la Amistad Estados Unidos-Cuba (Aplausos), así como a la Brigada Venceremos que arribó a su 40 aniversario, una representación de las cuales nos acompaña en este acto (Aplausos).


LOS DAÑOS A LAS VIVIENDAS SON UN ASUNTO MUY SERIO

Los daños a las viviendas son un asunto muy serio. Solo en esta provincia de Holguín resultaron afectadas casi 125 mil, de las cuales se han recuperado alrededor de la mitad.
A nivel nacional, si se agrega a las dañadas por estos tres ciclones, las pendientes de solución de años anteriores, sobre todo de principios del siglo por similares motivos de huracanes, sumaban a finales del 2008 más de 600 mil, por eso alerté en su momento que se requeriría tiempo para cambiar radicalmente esa situación.
Se ha hecho en realidad un esfuerzo digno de reconocimiento por entidades, colectivos laborales y los propios vecinos. Es significativo que hasta el 20 de julio estuviera solucionado el 43% de las afectaciones, o sea, más de 260 mil viviendas.
No obstante, resta muchísimo trabajo por hacer y además es necesario evitar que vuelvan a acumularse en el futuro esas enormes cifras, teniendo en cuenta que a consecuencia del cambio climático, se pronostica por muchos científicos que los huracanes podrían ser de mayor intensidad y con mucha más frecuencia.


ESTAR EN CONDICIONES DE PREVENIR Y ENFRENTAR LA SEQUÍA

Igualmente se trabaja para estar en condiciones de prevenir y enfrentar los efectos de los recurrentes períodos de sequía, cada vez más prolongados e intensos, mediante diversas medidas, entre ellas el trasvase de agua, incluso de unas provincias a otras.
Recuerden los tres años difíciles de sequía desde comienzos del siglo hasta el 2005, donde fue necesario en todo el país llevarles el agua hasta en ferrocarriles y en todo tipo de vehículos y vasijas a cerca de 3 millones y medio de cubanos (Aplausos).
Por eso estamos construyendo en diferentes lugares estos trasvases de agua estratégicos, que nos permitirán maniobrar con el líquido vital de unas provincias a otras.
Como se conoce, esta monumental obra comenzó aquí en Holguín, donde se presenta la paradoja de colindar la región en que más llueve en la isla —por allá en los límites de Baracoa, provincia de Guantánamo— con una de las más secas, lo que hace pocos años puso en peligro el abasto de agua a esta poblada urbe.
En los próximos días —lo íbamos a hacer hoy una vez concluido este acto, pero por los motivos anteriormente expuestos, al inicio de mis palabras, lo haremos en el transcurso del mes de agosto, más adelante—, dejaremos formalmente inaugurada la primera etapa del trasvase Este-Oeste (Aplausos), que comprende la conductora de la presa Nipe —allá por el río del mismo nombre, en el municipio de Mayarí— a la presa Gibara —no cerca de la ciudad de Gibara, más al norte, sino una que está aquí, más próxima a la ciudad de Holguín, al este de la misma.
O sea, presa Nipe a Gibara, desde allí, aguas abajo, por el río creo que del mismo nombre, al embalse Colorado, que está más al norte, y de este embalse Colorado vuelve para atrás, pero por el norte, mediante otra conductora ya construida, hasta la presa El Naranjo, de unos 11 ó 12 millones de metros cúbicos de capacidad y que muchas veces está seca, y que abastece esa zona y al polo turístico de Guardalavaca, en el cual en aquellos años de sequía fue necesario cerrar también algunos hoteles.
Esta costosa obra —y es solo el comienzo—, ya concluida y en uso, asegura el suministro estable de agua a la región norte de Holguín, incluida su capital.
La continuación del proyecto, que se encuentra en fase avanzada, incluye la construcción de la presa llamada Melones, que para ser más exacto, propongo denominarla Mayarí, por el río que la alimenta (Aplausos), cuya cortina —única en su tipo construida en Cuba con esa tecnología— terminará de cerrarse en abril de 2011, aunque comenzará a almacenar agua desde el próximo año 2010.
La presa Nipe, con alrededor de 130 millones de metros cúbicos, llevaba 25 años de construida sin darle valor de uso.
En ocasión de la inauguración mencionada, en el mes de agosto, de la primera etapa, de la que ya les hablé, o sea, del trasvase Este-Oeste, la televisión transmitirá un amplio reportaje acerca de esta obra de gran magnitud y suma relevancia, el que además explica todo el sistema de trasvases de agua entre provincias en ejecución.
Es un programa para el presente y sobre todo para el futuro, cuando el agua será cada vez un recurso más escaso, sobre todo en una isla larga y estrecha como la nuestra, donde el preciado líquido se pierde en rápidos vertimientos al mar.
Solo he mencionado una etapa de este programa, que abarca gran parte del país, desde Sancti Spíritus, en el centro de la isla, hasta Guantánamo. En esta última provincia, en el primer semestre del próximo año, concretamente el fértil valle de Caujerí, comenzará a recibir agua por gravedad a través de túneles que atraviesan las montañas —en este caso construidos por las fuerzas armadas—, lo que supone un considerable ahorro de combustible, al suprimirse su costoso bombeo.
También se trabaja en la rehabilitación de las redes de acueducto y alcantarillado de esta provincia, entre ellas las de los municipios de Cacocum, Urbano Noris y acciones puntuales en Frank País, Gibara y Banes. En la ciudad de Holguín se han ejecutado 114 kilómetros de redes, con 21 620 acometidas, hacia las casas, y una población beneficiada de 86 400 habitantes.
Con la llegada de nuevos equipos en los próximos meses, se incrementará el ritmo de estas obras en Holguín, donde ya existe una de las tres fábricas que produce las tuberías necesarias de diferentes tamaños. Como se conoce, se encuentra en ejecución además una costosa inversión que solucionará definitivamente el abasto de agua a la ciudad de Santiago de Cuba, la cual concluirá en el 2010. Y en el año 2011 se prevé terminar los acueductos de El Cristo y El Cobre en dicho municipio santiaguero, y se encuentra en proceso de estudio el de Palma Soriano.


VOLVERNOS HACIA LA TIERRA, HACERLA PRODUCIR MÁS

Pasando a otro tema, de los pocos que pienso tocar en la mañana de hoy, el 26 de julio del 2007, en Camagüey, me referí a la imperiosa necesidad de volvernos hacia la tierra, hacerla producir más. Entonces casi la mitad del área cultivable estaba ociosa o deficientemente explotada. Llamamos en ese momento a generalizar con la mayor celeridad posible y sin improvisaciones cada experiencia de los productores destacados del sector estatal y campesino, y estimular la dura labor que realizan, así como solucionar definitivamente los dañinos impagos por el Estado en el sector.
Avanza a ritmo satisfactorio la entrega de tierras en usufructo, aunque persisten insuficiencias, en unos municipios más que en otros. De las más de 110 mil solicitudes realizadas, se han aprobado hasta el momento cerca de 82 mil, que abarcan unas 690 mil hectáreas, o sea, el 39 por ciento del área ociosa.
Considero que es poco, no es cuestión ahora de salir corriendo a repartir sin control, es hacerlo más eficientemente, es hacerlo organizadamente, y que es una tarea de primera prioridad estratégica. Ya uno de los oradores que me antecedió en el uso de la palabra se refería a que es un tema de seguridad nacional producir los productos que se dan en este país y que nos gastamos cientos y miles de millones de dólares —y no exagero— trayéndolos de otros países.
¡La tierra está ahí, aquí están los cubanos, veremos si trabajamos o no, si producimos o no, si cumplimos nuestra palabra o no! No es cuestión de gritar Patria o Muerte, abajo el imperialismo (Aplausos), el bloqueo nos golpea y la tierra ahí, esperando por nuestro sudor. A pesar de que los calores son cada vez mayores, no queda más remedio que hacerla producir. Creo que estamos de acuerdo (Exclamaciones de: "¡Sí!" y aplausos).
Volando, sobre todo en helicóptero, a lo largo y ancho del país, a veces ordeno al piloto desviarse y darle una vuelta a cualquier poblado, ciudad, etcétera. Puedo asegurarles que en la mayoría de todos sobra tierra y de buena calidad, pegada a nuestros patios, que no se cultiva; y por ahí es por donde se está haciendo un plan para avanzar, con cultivos intensivos, poniéndoles riego donde sea posible que exista agua y que existan los recursos para ponerlo. Si un día faltara el combustible en este mundo tan cambiante y alocado, que la comida la tengamos cerca, que la podamos traer en un carretón con caballos, con un buey o empujándola por nosotros mismos (Aplausos).
De la tierra ya entregada se ha declarado libre de marabú y otras plantas indeseables cerca de la mitad y se han sembrado casi 225 mil hectáreas, es decir, la tercera parte.
No podemos sentirnos tranquilos mientras exista una sola hectárea de tierra sin un empleo útil y alguien dispuesto a hacerla producir esperando por respuesta.
Tierra que no sirva para producir alimentos, debe servir para sembrar árboles que es, además, una gran riqueza. Y quien les habla ha experimentado durante muchos años, y sobre todo en los últimos años, sembrando pequeños bosques, y he tenido el placer y la satisfacción de verlos crecer, y según el tipo de árbol, a veces en cinco años ya he formado un pequeño bosque con varios cientos de diferentes tipos; pero cada vez que hablamos del tema se aparecen los funcionarios del Ministerio de la Agricultura —del actual y de todos los demás anteriores ministros de Agricultura— con un listado interminable de millones de pesos o divisas solicitados para la tarea que se asigna, y si no aparece una bolsita de nailon no se puede sembrar. Yo no sé con qué diablo nuestros abuelos sembraban árboles (Risas y aplausos), y por ahí están, y estamos nosotros comiéndonos los mangos que sembraron ellos (Aplausos).
No educamos a un niño en el amor a los árboles y que siembren algunos —donde haya tierra, por supuesto— en el transcurso de su tránsito por la primaria, secundaria, preuniversitario. Me están oyendo aquí algunos dirigentes de la juventud; pero sembrar árboles pueden hacerlo jóvenes de la tercera edad, como yo, es decir que no es solo una tarea de la juventud (Aplausos).
Son estimulantes los resultados en el acopio de leche, que ha crecido en los últimos dos años en más de 100 millones de litros anualmente, pues de 272 millones en el 2006, se alcanzaron 403 en el 2008, y este año todo indica que el incremento será superior. De este tema hablé en el 2007 en Camagüey, un día como hoy.
He abordado muy someramente dos aspectos del decisivo tema de la producción de alimentos, que tiene gran importancia en la sustitución de importaciones, como les decía, y la reducción de los gastos en divisas del país.


NUESTRO PUEBLO ES CAPAZ DE VENCER TODAS LAS DIFICULTADES

El avance constatado, a pesar del déficit de recursos materiales y financieros, aunque insuficiente, confirma las enormes potencialidades que aún nos resta explotar en la agricultura y en todas las ramas de la economía.
Los modestos resultados nos ratifican, una vez más, el optimismo y la confianza en que ¡sí se puede!, y que nuestro pueblo heroico es capaz de vencer todas las dificultades, por grandes que sean (Aplausos).
Es sin duda un enorme reto, en medio del bloqueo económico y de muchas otras agresiones concebidas precisamente para impedir el desarrollo de la nación.
Nuestro pueblo no ha fallado nunca a un llamado de la patria. Invariablemente ha dicho presente desde los tiempos en que la tropa mambisa de Calixto García, el general de las tres guerras, de la estrella en la frente, al suicidarse antes de caer prisionero, el hijo de la madre heroica, enfrentó por estas tierras a muchos miles de soldados con un armamento muy superior, con creces, el mayor ejército que la metrópoli española envió a América.
Y junto al Ejército Libertador la población soportó, estoicamente y sin cejar en la lucha, las incontables penurias provocadas por la guerra y la cruel represión de las autoridades coloniales. Esa es nuestra estirpe y seguiremos siendo fieles a su legado (Aplausos).
Con la unidad monolítica de nuestro pueblo, su más poderosa arma, forjada en el crisol de la lucha bajo la dirección del Jefe de la Revolución Fidel Castro Ruz (Aplausos), por grandes que sean las dificultades y los peligros: ¡Seguiremos adelante! (Aplausos.)

¡Gloria a los mártires de la Patria! (Exclamaciones de: "¡Gloria!")

¡Viva Fidel! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

¡Viva Cuba libre! (Exclamaciones de: "¡Viva!")

(Ovación).