¿Qué se puede escribir ante la muerte? ¿Qué se puede escribir ante la muerte de un ser querido, debería ser la pregunta? ¿Qué sensaciones expresar? ¿Qué cosas transmitir? ¿Cómo mostrar el dolor y la tristeza? ¿Qué es querer a alguien?
Hoy se cumplen tres años de la muerte de mi vieja. Hace un año escribimos (escribí debería decir) esto. Esas líneas se habían escrito (valga la redundancia) a pocas semanas de la muerte de mi vieja. Era una forma de decir cuánto la extrañaba y cuanta extrañaba sus condenas constantes a mi militancia. Cuanto extrañaba ese decir “no vas a ningún lado con eso que estás haciendo”. Una amiga me dijo que cargaban mucha tristeza. Es más que cierto.
Y a pesar de eso, de tanta crítica y de tanta condena, a veces -como le decía a mi compañera ayer- me siento con unas ganas enormes de ir a verla, de tomarme el colectivo, de llegar a Alta Gracia, hasta esa casa que ya no existe, o por lo menos no existe para nosotros (para mis hermanos y yo) y contarle algo. Algo. Lo que sea, cualquier cosa, desde la última materia de la facultad hasta que hace un calor de mierda.
Y la verdadera mierda es no poder hacerlo. La verdadera mierda es poder subirse al bondi, cruzar la ciudad, llegar a una puerta que no es la puerta de todos estos años y no verla. No encontrarla para decirle sólo una pavada.
Se pueden escribir muchas cosas sobre la muerte. Saramago escribió uno de los libros más geniales que leí en mi vida. Saramago nos hizo “querer” a la muerte. Ver su enorme “labor humanitaria”, su sentido, la irracionalidad de su ausencia. Serrat pudo escribir una de las canciones más bellas sobre la muerte. Uno mismo mirando a la muerte de costado. A la propia. A la que pisa nuestro huerto. Pero ese tipo de escritos sólo se reservan a genios de la talla de Saramago o Serrat.
Y sin embargo la muerte sigue siendo tan mierda en esta sociedad. Sigue siendo el fin. Sigue siendo el día a día para miles o millones que no paran de morir injustamente.
Hace pocos días se fue la vieja de un amigo. Imposible no sufrirlo, no sentirlo casi como propio. Hace casi veinte años que nos conocemos y compartimos más que amistad. Es mentira que veinte años no es nada. Una absoluta farsa. Y aunque casi no conocí a la Pocha, imposible no sentirla como propia por momentos, imposible no sentir que era mi vieja, o la vieja de muchos de nosotros. Esa vieja que, a pesar de todo, te “bancaba”. Esa vieja que te puteaba y te decía que estabas perdiendo el tiempo, pero te bancaba igual. Esa vieja que era de fierro y era re-frágil a la vez. Esa vieja que estaba, que estuvo.La Madre de Gorki sin llegar a serlo.
Se pueden escribir muchas cosas y ninguna sobre la muerte. Se puede decir de todo sin decir nada y escribir líneas y líneas sin afirmar absolutamente nada. Eso hacemos en este momento. Pero lo hacemos porque hace falta hacerlo. Lo hago para ser preciso. Siempre escribo en plural en este blog. Hoy no. Es mi vieja. Es la Pocha, pero no la de todos.
Se pueden escribir muchas cosas sobre la muerte. Como dijimos una vez, el problema es desde donde se escribe. Qué guía nuestra pluma, o nuestro teclado, o nuestros dedos.
Será por eso que acá escribimos sobre la muerte como escribimos sobre todo. Escribimos desde la izquierda, desde la revolución, desde la lucha, desde la loca idea de barrer con todo lo establecido. Desde ahí le damos al teclado.
Y por eso pensamos, o pienso (eso es lo correcto decir, porque este es un blog colectivo) la muerte como parte de la vida. Como lo que viene. No hemos visto muchas muertes. Vimos, sufrimos, sentimos, la de Mariano Ferreyra. Cada 20 de octubre nos llenamos de odio por esa muerte. Pero hemos visto, aún, pocas.
Trotsky escribió ante la tumba de su amigo Kote Tsintsadze que “Tsintsadze fue la viva negación del arribismo político, es decir, de la tendencia a sacrificar los principios, ideas y objetivos de la causa a los fines personales. Eso de ninguna manera se contrapone con la sana ambición revolucionaria. No, la ambición política cumple un gran papel en la lucha. Pero revolucionario es aquel que subordina totalmente su ambición personal al gran ideal, aquel que se somete y se hace parte de él. Durante toda su vida y en el momento de su muerte Tsintsadze repudió sin misericordia el coqueteo con las ideas y la actitud diletante hacia éstas por ventajas personales. Su ambición fue la inconmovible lealtad revolucionaria”.
Engels escribió, ante la tumba de Marx, que “Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. Y luchó con una pasión, una tenacidad y un éxito como pocos”
¿Cómo terminar un post que no es un post? No lo sé. Un blog tiene todas las ventajas de ser una especie de ventana propia al mundo. Uno puede escribir de política, como lo hace siempre, de ideología o de teoría. Puede escribir lo que sea, incluso esto, que no sabemos que es, salvo la expresión de profundos sentires que anidan ahí, adentro, en el cuerpo, en la cabeza, en donde sea.
Sólo una cosa sabemos (para ser más preciso, sé), escribimos desde la lucha, desde Marx y desde Tsintsadze. Somos luchadores, revolucionarios, trotskistas, bolcheviques. Y lo somos más allá de la muerte.
EC
Blog marxista destinado a la lucha por una nueva sociedad fraterna y solidaria, sin ningún tipo de opresión social o nacional. Integrante del Colectivo Avanzar por la Unidad del Pueblo de Argentina.
sábado, diciembre 28, 2013
Rosa Luxemburg, vida y obra revolucionaria

La Verdad Obrera entrevistó a Cecilia Feijoo, Julio Patricio Rovelli y Demian Paredes acerca de “Rosa Luxemburg. Vida y obra”, de Paul Frölich.
Cuéntennos sobre el libro que acaba de publicarse.
Julio Patricio Rovelli: Cuando proyectamos publicar junto con las Obras Selectas de Lenin un libro sobre los escritos políticos fundamentales de Rosa Luxemburg, sabíamos que era necesario preparar esa lectura con algún trabajo que pudiera acercar a los lectores a la atmósfera y situación en que escribió y polemizó. Así surgió la idea de editar primero esta biografía, que es un clásico, en primer lugar porque se escribe no desde una posición académica sino desde una perspectiva militante. Frölich era un militante comunista y es desde ahí que puede captar como nadie la vida de Rosa, que es la de una militante revolucionaria, desde su juventud en su Polonia natal hasta su asesinato en Berlín. Decidimos además proponerle a las compañeras que dirigen la Colección Mujer editarla como parte de ésta para marcar que Rosa Luxemburg fue una de las pocas mujeres que jugó un rol dirigente en la Segunda Internacional y fue fundadora de la Tercera, cuando este rol era un “exclusivismo” masculino.
El libro aborda debates como el del parlamentarismo y la cuestión del poder. ¿Qué importancia tienen en la actualidad?
Demian Paredes: Rosa Luxemburg interviene en debates fundamentales para una estrategia socialista y revolucionaria; uno de ellos es el debate con los socialistas franceses que llevaban a la práctica las tácticas reformistas que venía postulando Bernstein (cuyo lema era “el movimiento es todo, el fin es nada”). Para este sector de la Segunda Internacional lo importante era la obtención de conquistas “prácticas” porque el “fin de los socialistas”, que es la conquista de una sociedad sin explotados ni explotadores y un Estado de los trabajadores, no “era nada”. Era una salida pragmática al hecho de que después de la derrota de la Comuna de París en 1871 hubo 30 años donde la revolución social salió de escena, y para este sector se transformó en una “utopía”. Rosa Luxemburg discutió abiertamente contra el escepticismo que llevaba al abandono de la revolución como estrategia. Cuando los franceses decidieron que era mejor, para obtener “reformas concretas”, participar en un Ministerio del Gobierno de la República el debate se desencadenó en el seno de la Internacional. Para Rosa el “fin socialista” era un elemento actuante, no palabras para los días de fiesta. Entre muchas otras cosas está su afirmación de que a la socialdemocracia, por su “esencia”, le corresponde en la sociedad capitalista el papel de “oposición”, y solo puede ser gobierno bajo las ruinas del Estado burgués. Es decir solo puede ser “poder” vía métodos revolucionarios y no parlamentarios, y además para ella no solo se trata de obtener reformas sino de “cómo”, con qué métodos estas se obtienen; si se conquistan con métodos proletarios de lucha eso fortalece al partido y la revolución, pero si se obtienen con métodos parlamentarios o acuerdos gubernamentales fortalecen al régimen burgués. Creo que por el momento que está pasando nuestro partido, la emergencia del FIT y la conquista de posiciones parlamentarias el debate es muy útil para fijar parámetros teóricos y lógicas de intervención.
Cuando estalla la Revolución de 1905 en Rusia se produce un cambio en el debate. ¿Qué reflexiones aporta Rosa Luxemburg?
Cecilia Feijoo: La clase trabajadora rusa con la huelga general y la insurrección armada, con la conformación de los Soviet de Diputados Obreros, con el llamado al pueblo a derrocar al zarismo, fue una bocanada de aire fresco para el ala revolucionaria. Rosa Luxemburg vuelve a Polonia para participar, no puede llegar porque hay huelga general y los ferrocarriles están paralizados. Frölich cuenta cómo se cuela en un tren que lleva a las tropas que van a aplastar a la Varsovia revolucionaria, viaja en medio de sus enemigos, con un nombre falso, a oscuras en la noche, con el nerviosismo de los soldados que temen ser atacados por piquetes obreros. De esta experiencia escribe el debate sobre la huelga general política. La socialdemocracia europea estaba acostumbrada a las huelgas parciales y económicas, de hecho limitaba la acción huelguística a estos objetivos. La clase trabajadora rusa muestra para Rosa Luxemburg la potencialidad de la huelga como método de acción que puede ir más allá de la lucha económica parcial, que puede ampliar sus objetivos y transformarse en huelga política y es una acción revolucionaria de la clase trabajadora porque permite que los sectores más atrasados de los trabajadores, las mujeres y los trabajadores no sindicalizados, se sumen a la acción.
DP: Es un debate teórico y de estrategias porque Rosa Luxemburg quiere que la Segunda Internacional incluya la huelga general política en su programa de acción, y que la lleve a la práctica en el momento oportuno. Algo que la Internacional resiste anticipando su capitulación frente a la Primera Guerra Mundial en 1914. Cuando en 1910 se desencadena en Alemania una serie de manifestaciones de la socialdemocracia para conseguir el voto universal para los trabajadores Rosa Luxemburg propone que los parlamentarios y el partido hagan agitación de la huelga general política. Pero la socialdemocracia alemana se opone y es Kautsky el que responde con certezas: si el partido hiciera agitación parlamentaria sobre la huelga general significaría plantearla como una acción posible y este tipo de acción sólo se concibe como una preparación para “el derrocamiento” de la burguesía. Para Kautsky era muy peligroso, para el partido y sus conquistas; significaría jugarse al todo o nada. Era mejor optar por una “estrategia de desgaste”, avanzar en organizar a la clase obrera sindicalmente, aumentar el peso parlamentario y obtener conquistas hasta que el poder estuviese enteramente en manos de los obreros. Nuevamente el ala centrista y el ala revolucionaria se dividen y anticipan la crisis de la guerra y la Revolución Rusa de 1917.
¿Qué otro debate o reflexión permite el libro de Frölich?
CF: La vida de Rosa Luxemburg es vertiginosa, su posición revolucionaria frente a la guerra mundial la lleva a la cárcel. Lenin dice en 1916 que la Tercera Internacional, que aún no había sido fundada, vive en las cárceles por estos militantes que alzan su voz y defienden una posición internacionalista. El libro de Frölich es interesante porque nos muestra a Rosa Luxemburg como era: una militante de partido. Es una figura muy reivindicada desde distintos sectores porque su vida es de entrega y sacrificio, no busca un beneficio personal o una posición segura, tiene convicciones y no las abandona ante los obstáculos. Por lo general se la identifica como una libertaria o una “romántica”, pero ella es una militante consciente, profesional. Cuando estalla la Revolución Rusa se emociona, sufre en la cárcel el encierro, y reivindica a los bolcheviques como aquellos que se atrevieron a poner fin a la guerra y tomar el poder con métodos revolucionarios. El libro permite acercarse a esta experiencia en la cual se forjaron tanto las actitudes personales de entrega y pasión como los debates de teoría y estrategia que constituyeron al marxismo revolucionario del siglo XX.
30 años de democracia… al servicio de los ricos

¿Cuál fue el origen y qué tipo de democracia se instauró en 1983?
Para contestar esta pregunta tenemos que hacer un poco de historia.
Los medios de comunicación y el gobierno, han realizado actos, suplementos, programas especiales festejando los 30 años de democracia, mostrándonos que los militares entraron en crisis con la guerra de Malvinas (abril-junio de 1982), pero sin referirse a lo transcurrido hasta el 10 de diciembre de ese año, cuando Alfonsín ganó con el 52,8% de los votos.
La dictadura militar instaurada con el golpe del ’76 sobre 30.000 desaparecidos, miles de detenidos, torturados y exiliados, perseguidos, hijos apropiados, provocó un corte histórico con la experiencia que habían comenzado los trabajadores con el peronismo entre 1973-75. Este régimen militar que venía a parar este proceso e imponer el plan económico dictado por el imperialismo, fue una verdadera contrarrevolución. El movimiento obrero resistió a la dictadura desde 1977 y en abril de 1979 realizó un paro general. En ese año, la crisis económica, social y política se profundizó y en 1981-82, con la crisis económica mundial, la clase media comienza a pasarse a la oposición. El 30 de marzo de 1982, una movilización convocada por la CGT por reclamos salariales y contra la dictadura fue fuertemente reprimida. Luego de esta movilización, la dictadura planta bandera en Malvinas para represtigiarse frente a la población, sin contar con la reacción del imperialismo, de forma aventurera y sin tocar los intereses de las empresas imperialistas agresoras en el país. La derrota de Malvinas al mismo tiempo que fortaleció al imperialismo y significó nuevas cadenas para la opresión nacional, terminó de desprestigiar a las FF.AA. frente a las masas. Los sucesivos gobiernos no pudieron utilizarlas para reprimir a las masas hasta el 4 de octubre de este año, cuando en Río Gallegos, Santa Cruz, una fuerza coordinada de Gendarmería, Prefectura y la Armada (a quien pertenecían las tierras), encabezada por Berni, desalojó brutalmente a miles de personas carentes de vivienda.
La derrota en la guerra a manos del imperialismo, fomentó la ideología en la población de que “al imperialismo no se lo puede enfrentar” (luego reflejado, por ejemplo, en que “no se podía dejar de pagar la deuda externa”). Idea refrendada por la UCR que con Alfonsín trabajó por la “desmalvinización”, calificando a la guerra como un “carro atmosférico”.
El período ausente en relato de los medios y los partidos patronales es el transcurrido entre la derrota militar de Malvinas, las luchas de las masas contra la dictadura, la crisis de gobierno durante una semana y el pacto cívico-militar entre la Multipartidaria (formada por el PJ, UCR, la Democracia Cristiana, el Partido Intransigente y el PC) y los militares. Este pacto le permitió al genocida Bignone presidir la transición y que éste le entregue el poder “de forma ordenada” a un régimen democrático burgués, permitiendo salvar a la dictadura (con la ayuda de la burocracia sindical) de una caída abrupta en manos de los trabajadores y el pueblo.
Esta política de “transiciones a la democracia”, fue implementada por el imperialismo desde la revolución portuguesa de 1974, sobre todo después de la derrota de EE.UU. en Vietnam. De distintas formas se implementaron aperturas o desvíos de las dictaduras implantadas en los ’70 en Latinoamérica (ver Juan Chingo y Laura Lif, “Transiciones a la democracia”, EI Nº 18, 2000 y Gabriela Liszt, “Historia y balance del MAS argentino”).
El 16 de diciembre de 1982, la Multipartidaria convoca una movilización a Plaza de Mayo para ratificar que Bignone llamaría a elecciones para... octubre de 1983 (a la que no concurrió el MAS).
Del acuerdo cívico-militar surgió esta democracia para ricos, que intentó salvar a los militares de una debacle (como hizo Alfonsín con el Punto final en 1986 y en el ’87 en Semana Santa con la Obediencia Debida). Por otro lado, los partidos patronales tradicionales, el PJ y la UCR, necesitaban recomponerse, ya que habían quedado maltrechos por su participación con cargos durante la dictadura. Entre junio de 1982 y diciembre de 1983, hubo una transición pactada entre los partidos (menos el PST y el PO) hacia una “apertura democrática”. Es decir, crearon ilusiones en las masas que las elecciones democráticas instaurarían un régimen que resolvería sus problemas, y así desviaron las tareas que tenían que tomar los trabajadores en sus manos: terminar de derrotar al ejército, abrir los archivos de la represión, crear sus organismos independientes que tiraran por la borda a los partidos patronales, barrer con la burocracia sindical y levantar un programa de alianza entre los trabajadores y el pueblo. Una Asamblea Constituyente durante la crisis de la Junta militar hubiera sido un camino para ello. Pero ni siquiera la izquierda, aunque pequeña en ese momento, como el PST (antecesor del MAS), tuvo esta política ya que consideraba cumplida la “primera etapa de la revolución”, o Política Obrera (antecesor del Partido Obrero), que llamó a concurrir al acto (¡para cambiar su contenido!) donde Juan Pablo II pidió la “paz” a la Argentina, o sea, la rendición frente a Inglaterra.
Cualquiera que haya vivido esta “apertura”, sintió la diferencia entre la dictadura antes y después de Malvinas. Durante el gobierno de Bignone, comenzaron a abrirse locales partidarios a los que afluían militantes; las marchas de las Madres eran cada vez más grandes; el arte antes prohibido comenzaba a florecer. Pero no estaba dicho de antemano (aunque aún pesaba la derrota de 1976), que no se pudiera luchar en contra de este desvío levantando: ¡Abajo el gobierno de Bignone sostenido por la Multipartidaria! (ver “Historia…”, op. cit.) y que, por el contrario, se aceptara las elecciones llamadas por la burguesía como un triunfo de las masas (Ver Nahuel Moreno, “Argentina: una revolución democrática triunfante.1983”, Escuela de cuadros, Crux ediciones, 1992). De ese acuerdo cívico-militar surgió esta democracia al servicio de los ricos que garantizó y aumentó considerablemente el pago de la deuda externa al FMI y otras instituciones imperialistas a costa del pueblo.
Una democracia que impidió que se juzgaran a todas las fuerzas represivas del Estado, y que a través de la CONADEP (presidida por el escritor Sábato) se juzgara sólo a las tres juntas militares, en el marco de la teoría de los “dos demonios”. Es decir, se ponía al mismo nivel el terrorismo de Estado con los dirigentes guerrilleros que (a pesar de que no acordamos con sus métodos y estrategia) luchaban contra el orden existente. Todos los gobiernos desde entonces, intentaron reconciliar al pueblo con las FF.AA.
Para el PTS, 1983 fue el triunfo de la política del imperialismo de las transiciones a las democracias burguesas, que instauró una democracia que luego profundizó las derrotas del movimiento obrero y de masas con las políticas “neoliberales” (privatizaciones, fortalecimiento de las fuerzas represivas, pago de la deuda a costa de los trabajadores, etc.) que aunque en crisis, aún sufrimos hasta nuestros días.
Gabriela Liszt
La burocracia de la COB “suspende” el PT
“Se descarta la idea de crear una tienda política”- La frase, de un dirigente de la COB, fue dicha en las postrimerías del Ampliado de la central en Santa Cruz, a fines de noviembre.
La “suspensión” resuelta por el Ampliado es un eufemismo: al mismo tiempo decidió respaldar la candidatura de Evo Morales. La fundación del PT había obedecido a la orientación opuesta; se trata, claro, de una ‘recuperación’ política. La prórroga por un año del mandato de la actual cúpula sindical oficialista, encabezada por Juan Carlos Trujillo, apunta a bloquear una alternativa a esta capitulación.
La decisión fue festejada por los medios oficialistas y por el binomio presidencial. El vicepresidente García Linera la calificó de “histórica decisión” desde la cabecera de apertura en el VI Congreso del Partido de la Izquierda Europea, en Madrid. “Es un hecho histórico -dijo- que se hayan unido en un matrimonio indiscutible el guardatojo (casco protector del minero) y la montera, el casco (del obrero) y el llucho (el gorro tejido del indígena), el casco y la pollera…”.
El pacto entre la burocracia y el gobierno no se reduce a lo conocido. Existe una negociación por los cargos parlamentarios que el gobierno podría reservarle a la camarilla que dirige la central. “Una materialización del acuerdo se traducirá en la conformación de una vigorosa representación parlamentaria que seguramente no sólo expresará su carácter plurinacional, sino la naturaleza clasista del proyecto emancipador” (Cambio, 12/2).
La burocracia está lanzada, a partir del Ampliado, a una guerra sorda contra las departamentales que no le responden. Es el caso, entre otras, de Beni, de Potosí y de Oruro, donde busca desplazar a la conducción encabezada por Vladimir Rodríguez. Luego de una campaña de ahogo económico y persecución -22 mineros de Huanuni están procesados, acusados de haber volado un puente-, el gobierno logró imponer a una conducción afín, que prepara un acto en Huanuni con Evo para proclamar la “alianza política” entre el sindicato y el gobierno.
La destrucción de la COB
Antes del Ampliado de la COB, el gobierno anunció un doble aguinaldo para empleados públicos, de educación y salud, una concesión nada generosa -lo percibirán sólo dos de cada diez bolivianos. El apoyo orgánico de la burocracia a la reelección de Evo convalida la política de flexibilización, de trabajo en negro -hoy en el 60%-, de impulso a las cooperativas y a un régimen de pensiones que está sostenido casi exclusivamente por el aporte de los trabajadores.
Junto al epitafio del Partido de Trabajadores, debería figurar el del ampuloso Pliego Petitorio, que la burocracia aceptó votar en el congreso fundacional del PT -a condición de no comprometerse a plan de lucha alguno. Este fue luego demolido sistemáticamente a lo largo del año, en primer lugar con su traición a la huelga general por las pensiones.
Defender las organizaciones y los activistas
La cooptación de la COB y la ofensiva que se está desplegando a cuenta del gobierno plantea defender las departamentales del manotazo de la burocracia, exigir la nulidad de los procesamientos sobre los mineros de Huanuni, reconstruir un pliego de reclamos sobre la base de las reivindicaciones entregadas: salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, jubilación al 100%, derogación de los decretos que impiden la organización plena de los trabajadores.
El secretario general del sindicato Huanuni, Ronald Colque (desplazado por la burocracia y el gobierno), plantea que “hay que hacer un balance”. El PT nació bajo el control de la burocracia de la COB. Como denunciamos en su momento, el PT nació sin plan de lucha y reservó para la burocracia la elección de candidatos -quitando esa decisión a las asambleas de base. La izquierda, desde el vamos, saludó la creación del PT y abrió una expectativa en la burocracia de la COB, que acaba de “suspender” la creación que dejó correr.
La fundación del PT, dijimos, no resolvía la creación de un partido de la clase obrera en Bolivia ni abría una vía para su desarrollo.
Nuestro pronóstico se ha verificado por completo, contra lo que sostenía la izquierda centrista.
Christian Rath
La “suspensión” resuelta por el Ampliado es un eufemismo: al mismo tiempo decidió respaldar la candidatura de Evo Morales. La fundación del PT había obedecido a la orientación opuesta; se trata, claro, de una ‘recuperación’ política. La prórroga por un año del mandato de la actual cúpula sindical oficialista, encabezada por Juan Carlos Trujillo, apunta a bloquear una alternativa a esta capitulación.
La decisión fue festejada por los medios oficialistas y por el binomio presidencial. El vicepresidente García Linera la calificó de “histórica decisión” desde la cabecera de apertura en el VI Congreso del Partido de la Izquierda Europea, en Madrid. “Es un hecho histórico -dijo- que se hayan unido en un matrimonio indiscutible el guardatojo (casco protector del minero) y la montera, el casco (del obrero) y el llucho (el gorro tejido del indígena), el casco y la pollera…”.
El pacto entre la burocracia y el gobierno no se reduce a lo conocido. Existe una negociación por los cargos parlamentarios que el gobierno podría reservarle a la camarilla que dirige la central. “Una materialización del acuerdo se traducirá en la conformación de una vigorosa representación parlamentaria que seguramente no sólo expresará su carácter plurinacional, sino la naturaleza clasista del proyecto emancipador” (Cambio, 12/2).
La burocracia está lanzada, a partir del Ampliado, a una guerra sorda contra las departamentales que no le responden. Es el caso, entre otras, de Beni, de Potosí y de Oruro, donde busca desplazar a la conducción encabezada por Vladimir Rodríguez. Luego de una campaña de ahogo económico y persecución -22 mineros de Huanuni están procesados, acusados de haber volado un puente-, el gobierno logró imponer a una conducción afín, que prepara un acto en Huanuni con Evo para proclamar la “alianza política” entre el sindicato y el gobierno.
La destrucción de la COB
Antes del Ampliado de la COB, el gobierno anunció un doble aguinaldo para empleados públicos, de educación y salud, una concesión nada generosa -lo percibirán sólo dos de cada diez bolivianos. El apoyo orgánico de la burocracia a la reelección de Evo convalida la política de flexibilización, de trabajo en negro -hoy en el 60%-, de impulso a las cooperativas y a un régimen de pensiones que está sostenido casi exclusivamente por el aporte de los trabajadores.
Junto al epitafio del Partido de Trabajadores, debería figurar el del ampuloso Pliego Petitorio, que la burocracia aceptó votar en el congreso fundacional del PT -a condición de no comprometerse a plan de lucha alguno. Este fue luego demolido sistemáticamente a lo largo del año, en primer lugar con su traición a la huelga general por las pensiones.
Defender las organizaciones y los activistas
La cooptación de la COB y la ofensiva que se está desplegando a cuenta del gobierno plantea defender las departamentales del manotazo de la burocracia, exigir la nulidad de los procesamientos sobre los mineros de Huanuni, reconstruir un pliego de reclamos sobre la base de las reivindicaciones entregadas: salario mínimo igual al costo de la canasta familiar, jubilación al 100%, derogación de los decretos que impiden la organización plena de los trabajadores.
El secretario general del sindicato Huanuni, Ronald Colque (desplazado por la burocracia y el gobierno), plantea que “hay que hacer un balance”. El PT nació bajo el control de la burocracia de la COB. Como denunciamos en su momento, el PT nació sin plan de lucha y reservó para la burocracia la elección de candidatos -quitando esa decisión a las asambleas de base. La izquierda, desde el vamos, saludó la creación del PT y abrió una expectativa en la burocracia de la COB, que acaba de “suspender” la creación que dejó correr.
La fundación del PT, dijimos, no resolvía la creación de un partido de la clase obrera en Bolivia ni abría una vía para su desarrollo.
Nuestro pronóstico se ha verificado por completo, contra lo que sostenía la izquierda centrista.
Christian Rath
La Habana, Washington y el caso Alan Gross

Desde el 3 de diciembre de 2009, Alan Gross está encarcelado en La Habana. Era empleado de la Development Alternative, Inc (DAI), subcontratista de la Agencia Estadounidense para el Desarrollo Internacional (USAID), la cual a su vez depende del Departamento de Estado. Gross fue juzgado y condenado a 15 años de prisión por distribuir equipos satelitales, en el marco de un programa del Departamento de Estado de «promoción de la democracia en Cuba», cuyo objetivo es un “cambio de régimen” en la isla.[1]
Según Washington, Gross se encontraba en La Habana para ayudar a los miembros de la comunidad judía cubana a “a conectarse con otras comunidades judías del mundo”.[2] No obstante, la misma comunidad judía de La Habana contradice la versión oficial de Estados Unidos y de la familia Gross. Por su parte la Agencia estadounidense Associated Press señala que los “líderes de la comunidad judía de Cuba negaron que el contratista estadounidense Alan Gross […] hubiera colaborado con ellos”.[3] Del mismo modo, la Agencia Telegráfica Judía precisa que “los principales grupos judíos de Cuba han desmentido cualquier contacto con Alan Gross y cualquier conocimiento de su programa”.[4]
El reverendo Odén Marichal, secretario del Consejo de Iglesias de Cuba (CIC), que agrupa las instituciones religiosas cristianas así como a la comunidad judía de Cuba, también ha ratificado esta posición: “La comunidad hebrea de Cuba, que es miembro del Consejo de Iglesias de Cuba, nos dijo: ‘Nosotros jamás tuvimos relación con ese señor, jamás nos trajo equipo de ninguna clase. Negaron cualquier relación con Alan Gross'”.[5]
Wayne S. Smith, embajador estadounidense en Cuba entre 1979 y 1982 y director del Programa «Cuba» del Centro de Política Internacional de Washington, señala en cambio que “Gross estaba implicado en un programa cuyas intenciones son claramente hostiles a Cuba ya que el objetivo es nada menos que el cambio de régimen”.[6]
En efecto, Alan Gross violó la legislación cubana, particularmente el Artículo 11 de la Ley 88 cubana que estipula que “El que, para la realización de los hechos previstos en esta Ley, directamente o mediante tercero, reciba, distribuya o participe en la distribución de medios financieros, materiales o de otra índole, procedentes del Gobierno de Estados Unidos de América, sus agencias, dependencias, representantes, funcionarios o de entidades privadas, incurre en sanción de privación de libertad de tres a ocho años”.[7]
Este rigor no es específico de la legislación cubana. En efecto, la ley estadounidense prevé sanciones similares para este tipo de delitos. La Ley de Registro de Agentes Extranjeros (Foreign Agents Registration Act) sanciona a todo agente no registrado por las autoridades que “en Estados Unidos solicita, recolecta, proporciona o gasta contribuciones, préstamos, dinero u otro objeto de valor en su propio interés”, con una pena de cinco años de prisión y una multa de 10.000 dólares.[8]
La legislación francesa también sanciona este tipo de actuación. Según el Artículo 411-8 del Código Penal, “el hecho de ejercer, por cuenta de una potencia extranjera, de una empresa u organización extranjera o bajo control extranjero o de sus agentes, una actividad con el objetivo de conseguir o proporcionar dispositivos, informaciones, procedimientos, objetos, documentos, datos informatizados o ficheros cuya explotación, divulgación o reunión tengan la naturaleza de atentar contra los intereses fundamentales de la nación se castiga con diez años de cárcel y 150.000 euros de multa”.[9]
El New York Times recuerda que Gross “fue arrestado en diciembre pasado durante un viaje a Cuba en el marco de un programa semiclandestino de la USAID, servicio de ayuda extranjera del Departamento de Estado destinado a socavar al Gobierno de Cuba”. El diario neoyorquino subraya también que “las autoridades estadounidenses han reconocido que el señor Gross entró en Cuba sin visa en regla, y han declarado que distribuía teléfonos satelitales a disidentes religiosos”.[10]
Desde un punto de vista jurídico, esta realidad ubica de hecho a los disidentes que aceptan los emolumentos ofrecidos por Washington en una situación de agentes al servicio de una potencia extranjera. La Agencia USAID es consciente de que su política constituye una grave violación del Código Penal cubano. Recuerda entonces que “nadie está obligado a aceptar o formar parte de los programas del Gobierno de Estados Unidos”.[11]
El caso Alan Gross constituye un obstáculo mayor a una eventual normalización de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Parece vinculado a la suerte de los cinco agentes cubanos condenados a severas penas de prisión en Estados Unidos y encarcelados desde 1998. Después de una serie de atentados con bombas contra los centros turísticos de La Habana, el Gobierno cubano envió a los cinco agentes para que se infiltraran en los grupos terroristas anticastristas de Florida y recogieran información sobre sus planes. El FBI, tras recibir pruebas por parte de La Habana de la implicación de esos grupos en actos violentos contra Cuba, en vez de neutralizarlos procedió al arresto de los agentes cubano. Luego, la justicia de Estados Unidos los condenó a penas que van de 15 años de prisión hasta dos cadenas perpetuas, durante un juicio denunciado por numerosos organismos internacionales.[12]
Cuba ha hizo partícipe de su “inmediata disposición” a encontrar una solución humanitaria a estos dos asuntos[13]. Un intercambio de presos es perfectamente posible y permitiría dar un gran paso hacia la flexibilización de las relaciones bilaterales entre La Habana y Washington y resolver un conflicto de otro tiempo.
Salim Lamrani
Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, Salim Lamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba. Les médias face au défi de l’impartialité, Paris, Editions Estrella, 2013, con un prólogo de Eduardo Galeano.
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Contacto: lamranisalim@yahoo.fr ; Salim.Lamrani@univ-reunion.fr
Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel
[1] Jeff Franks, «Scenarios-U.S. Contractor Jailed in Cuba Still in Limbo», Reuters, 24 de octubre de 2010.
[2] Phillip J. Crowley, «Statement on Anniversary of Alan Gross’ Incarceration in Cuba», U.S. Department of State, 3 de diciembre de 2010; EFE, “EEUU insta a Cuba libertar de ‘inmediato’ al contratista Alan Gross”, 2 de diciembre de 2013.
[3] Andrea Rodríguez, «Judíos niegan haber colaborado con Alan Gross», The Associated Press, 2 de diciembre de 2010.
[4] Jewish Telegraphic Agency, «Cuba to Seek 20- Year Prison Term for Alan Gross», 6 de febrero de 2011.
[5] Andrea Rodríguez, «EEUU pide Iglesias de Cuba interesarse por contratista preso», The Associated Press, 2 de diciembre de 2010.
[6] Wayne S. Smith, « The Gross Case and the Inanity of U.S. Policy », Center for International Policy, marzo 2011. http://ciponline.org/pressroom/articles/030411_Smith_Intelligence_Brief_Gross.htm (sitio consultado el 5 de diciembre de 2013).
[7] Ley de protección de la independencia nacional y la economía de Cuba (LEY N˚. 88), Artículo 11.
[8] U.S. Code, Title 22, Chapter 11, Subchapter II, § 611, iii <
[9] Code Pénal, Partie législative, Livre, Titre Ier, Chapitre I, Section 3, Article 411-8.
[10] Ginger Thompson, « Wife of American Held in Cuba Pleads for His Release and Apologizes to Castro », The New York Times, 24 de octubre de 2010.
[11] Along the Malecon, « Exclusive: Q & A with USAID », 25 de octubre de 2010. http://alongthemalecon.blogspot.com/2010/10/exclusive-q-with-usaid.html (sitio consultado el 5 de diciembre de 2013).
[12] Salim Lamrani, « 50 vérités sur le cas des Cinq », Opera Mundi, noviembre de 2013.
[13] Agence France-Presse, « Cuba propone diálogo ‘inmediato’ sobre Gross y agentes cubanos », 3 de diciembre de 2013.
La depresión permanente – una crisis orgánica del capitalismo
Se constata a menudo que los analistas serios de la burguesía llegan a las mismas conclusiones que los marxistas, aunque con un ligero retraso. Una prueba de ello, sin ir más lejos, es el reciente artículo del economista Paul Krugman, ganador del Premio Nobel, titulado "¿Una depresión permanente?".
En este artículo, Krugman hace una hipótesis que los marxistas ya han explicado muchas veces desde el inicio de la crisis actual: que no estamos ante un período normal de recesión, sino que la depresión se ha convertido en la nueva normalidad para la economía mundial. Lo que estamos presenciando no es un fenómeno temporal, sino una crisis orgánica del sistema capitalista.
Krugman, quien dijera en unas famosas declaraciones en 2009 que la teoría económica dominante durante los últimos 30 años había sido "espectacularmente inútil, en el mejor de los casos; y sumamente perjudicial, en el peor", es uno de los economistas y comentaristas burgueses que empiezan a pensar que, en realidad, no se puede volver a los "viejos tiempos" de auge y crecimiento, y que el mundo se enfrenta ahora a décadas de estancamiento. En el New York Times (17 de noviembre de 2013), Krugman hace estas preguntas:
"¿Y si el mundo en el que vivimos desde los últimos cinco años es la nueva normalidad? ¿Y si las condiciones de depresión persisten, no durante un año o dos más, sino durante décadas?"
¿Y en quién se inspiró Krugman al hacer estas preguntas? En ningún otro sino en Larry Summers - ex Secretario del Tesoro, asesor económico clave del Presidente Obama entre 2009-10 y reciente candidato a presidente de la Reserva Federal estadounidense – que recientemente advirtió a los asistentes de una conferencia organizada por el FMI de la peligrosa posibilidad de "estancamiento secular [es decir, permanente]" en las economías de Estados Unidos y Europa. Krugman hace el siguiente comentario:
“Se podría pensar que esta clase de especulaciones son propias de un grupo marginal de radicales. Radicales, no hay duda; pero que son un grupo marginal, no tanto. Algunos economistas llevan tiempo coqueteando con este tipo de ideas, que ahora se han generalizado. De hecho, hace poco, en la más respetable de las sedes, la gran conferencia anual de investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI), se defendía con insistencia el argumento del “estancamiento secular”, un estado duradero en el que la depresión económica sería la norma, con episodios de pleno empleo escasos y distanciados entre sí. Y la persona que defendía el argumento no era otro que Larry Summers. Sí, ese Larry Summers.
Y si Summers tiene razón, todo lo que la gente respetable ha estado diciendo sobre política económica es erróneo, y seguirá siéndolo durante mucho tiempo.”
Gran estancamiento
Krugman continúa pasando revista a varios puntos claves del discurso de Summers:
"Summers comenzó con una cuestión que debería ser obvia, pero que muchas veces se pasa por alto: la crisis financiera que dio origen a la Gran Recesión ya ha quedado muy atrás. De hecho, según muchos criterios, acabó hace más de cuatro años. Sin embargo, la economía sigue deprimida.
“Acto seguido hizo un comentario relacionado con el anterior: antes de la crisis teníamos una enorme burbuja inmobiliaria y de endeudamiento. Pero incluso con esa gigantesca burbuja estimulando el gasto, la economía solo funcionaba a medio gas: el mercado de trabajo estaba bien, pero no era magnífico, y la expansión no llegó a ser lo bastante potente como para producir una presión inflacionaria significativa.
“Summers prosiguió extrayendo una enseñanza digna de mención: insinuó que tenemos una economía cuyo estado normal es de una demanda inadecuada —cuando menos, de una ligera depresión— y que solo se aproxima al pleno empleo cuando hay burbujas que la mantienen a flote.
“… las pruebas hacen pensar que el estado normal de nuestra economía es de una ligera depresión en la que los breves episodios de prosperidad se dan solo gracias a las burbujas y al crédito insostenible”. [el énfasis es nuestro]
En otras palabras, Krugman y Summers postulan que la crisis actual no es simplemente el producto de la crisis financiera de 2007-08, sino que en realidad es parte de un proceso que se remonta a décadas atrás. No estamos simplemente ante una "gran recesión", sino ante un "gran estancamiento".
Como ya hemos señalado en otros artículos, esta teoría está cada vez más extendida entre los economistas burgueses, que han mencionado, por ejemplo, la evidencia de que ha habido una desaceleración en el crecimiento de la productividad que nos retrocede a 30 o 40 años atrás, mucho antes de la crisis actual.
Los análisis planteados recientemente por Krugman y Summers son los mismos que han planteado los marxistas desde hace muchos años: el tamaño y la magnitud de la crisis actual es producto de la manera en que los capitalistas han tratado de evitar y retrasar - desde la crisis de los años 70, la aparición de una nueva crisis.
Por un lado, los capitalistas atacaron durante décadas los salarios reales para aumentar las ganancias, mientras que, por otra parte, permitieron a los hogares continuar consumiendo mediante el uso del crédito – a través de préstamos, hipotecas y tarjetas de crédito. En otras palabras, los capitalistas ampliaron artificialmente el mercado – es decir, la demanda efectiva, la capacidad de compra de los individuos – a través de una expansión masiva del crédito; lo que Krugman describe como una "enorme burbuja inmobiliaria y endeudamiento". En efecto, en otras partes del artículo, Krugman da datos que indican que el ratio deuda/ingresos de los hogares estadounidenses se duplicó entre 1985 y el comienzo de la crisis actual. En el Reino Unido, aumentó entre 3 y 4 veces en el mismo período, pasando de un promedio del 45% en 1980 a un 157% en 2005.
El uso del crédito para mantener artificialmente la demanda y evitar una crisis es un síntoma de las contradicciones del capitalismo: principalmente, la contradicción de la superproducción, debido a la naturaleza del capitalismo bajo el cual la producción está en manos privadas y es sólo con fines de lucro, lo que significa que – dado que el beneficio no es más que el trabajo no remunerado de la clase obrera – ésta (en su conjunto) no puede comprar (con su salario solamente) todo lo que produce.
La crisis actual es un reflejo de esta contradicción que se reproduce a escala global. Ahora, de aquellos polvos vienen estos lodos para los capitalistas, y ahora se enfrentan – y la sociedad en su conjunto – a una crisis orgánica del capitalismo y a una nueva normalidad.
Ya no quedan armas en el arsenal
Como señalan Krugman y Summers, lo único que impidió el colapso de la economía en las últimas décadas, fue una expansión insostenible del crédito. Ahora, con el estallido de la burbuja, la clase gobernante se ha quedado sin opciones en términos de cómo lograr que la economía funcione otra vez. Todos los métodos tradicionalmente utilizados por los capitalistas para salir de una crisis ya se han utilizado tratando de evitar la crisis actual en el período anterior. No hay más armas en el arsenal. Como Marx y Engels explicaron en El Manifiesto Comunista, los capitalistas siempre consiguen salir de una crisis, pero sólo "allanando el camino para crisis más extensas y más destructivas" y disminuyendo los medios para evitarlas.
Observemos algunos ejemplos modernos. En primer lugar, las tasas de interés, que normalmente se reducirían en una crisis con el fin de alentar a las empresas a invertir y a aquellos con ahorros a consumir. Pero las tasas de interés ya están cerca del 0% y no pueden reducirse más, las grandes empresas tienen montañas de dinero ocioso que se niegan a invertir; Mientras tanto, los hogares no aumentan el consumo, pero en cambio están tratando de pagar las deudas anteriores.
En segundo lugar está el estímulo (keynesiano), es decir, el gasto de los gobiernos para tratar de poner dinero en los bolsillos de los trabajadores y estimular la economía, como sucedió durante la Gran Depresión de la década de 1930. Como keynesiano confeso, son este tipo de medidas las que Krugman desearía ver. Pero hoy en día, los gobiernos de todo el mundo están ahogados por la deuda pública como resultado del rescate a los bancos y no hay más dinero para ningún estímulo keynesiano. En efecto, en lugar de gastar más, los mercados financieros están pidiendo a los gobiernos de todos los colores que recorten y apliquen la austeridad.
Uno sólo tiene que mirar el caso de François Hollande - el presidente del Partido Socialista Francés, que llegó al poder hace menos de 18 meses prometiendo "políticas de crecimiento" y más impuestos a los ricos, pero que más recientemente ha dado un giro y ahora está llevando a cabo recortes para "restaurar la competitividad" – como prueba de que todos los que hablan de medidas keynesianas se quedan sólo en eso: en palabras.
En Gran Bretaña, los líderes del Partido Laborista también han declarado que no pueden prometer dar marcha atrás a ninguno de los recortes. La realidad es que, bajo el capitalismo, no existe más alternativa que la austeridad. Y sin embargo – como muestran los ejemplos de Grecia, Portugal y España – la austeridad sólo conduce a una profundización de la recesión. Ésta es la contradicción insoluble a que se enfrentan los capitalistas.
Mientras tanto, en China, donde se ha emprendido el mayor experimento keynesiano de la historia en los últimos años para evitar una crisis, podemos ver el impacto de dicho estímulo: una burbuja de crédito enorme, una expansión masiva de la deuda y una exacerbación de la sobreproducción en China – y a escala mundial –en forma de un exceso aún mayor de capacidad en sectores clave, todo debido a este exceso en la inversión.
Con todos los métodos tradicionales para salir de una crisis utilizados, la clase dominante se ha visto empujada a tomar medidas cada vez más desesperadas, como la política de "flexibilización cuantitativa" – es decir, imprimir dinero – mediante la cual los gobiernos inundan la economía con nuevo dinero mediante la compra de bienes y valores. Pero no se puede sacar un conejo del sombrero por arte de magia bajo el capitalismo. De hecho, en el mejor de los casos, esa medida apenas ha servido para ayudar a la economía, dando pocas señales de aumento de la inversión. En el peor de los casos, la flexibilización cuantitativa ha sido desastrosa, alimentando el crédito y las burbujas inmobiliarias en las economías emergentes, contribuyendo de este modo a propagar la crisis a nivel mundial.
Ninguna solución bajo el capitalismo
Comentando el análisis de Krugman y Summers, un artículo del Yahoo Finance afirmaba lo siguiente:
"Otra razón que explica la escasa demanda es que los consumidores estadounidenses, que representan alrededor del 70% del gasto en la economía, están reduciendo ahora la cantidad de dinero que piden prestada en vez de aumentarla como lo hicieron durante las tres décadas anteriores a la crisis financiera.
"Ya que los consumidores no están gastando masivamente, las empresas no están gastando o invirtiendo masivamente. En cambio, están acaparando el dinero, reduciendo los costes y maximizando los beneficios a corto plazo.
"Los recortes del gobierno, por su lado, han reducido la 'demanda' del sector público, lo que está frenando aún más el crecimiento económico.
"La salida, que Krugman y Summers sugieren, es de alguna manera persuadir a los consumidores, las empresas y el gobierno a empezar a gastar masivamente.
"Pero, especialmente en el ambiente político actual, es obviamente más fácil decirlo que hacerlo".
Estas declaraciones reflejan con precisión el problema insoluble del capitalismo. Los gobiernos no tienen dinero para gastar; tampoco las familias trabajadoras, ya que tienen una montaña de deudas y se han enfrentado – y aún lo hacen – a una caída en los salarios reales. Y como hemos señalado en otras partes, las grandes empresas a nivel internacional poseen grandes cantidades de dinero ocioso – 700 mil millones en el Reino Unido; alrededor de 2 billones de dólares en EEUU y 2 billones de euros en la UE – que no invierten debido al exceso de capacidad y arsenales de materias primas existentes sin vender; en otras palabras, debido a la contradicción de la sobreproducción a escala mundial.
Al concluir su artículo, Krugman comenta que:
"En un sentido más amplio, si nuestra economía tiende persistentemente a la depresión, viviremos mucho tiempo según las reglas invertidas de la economía deprimida, donde la virtud es vicio y la prudencia, insensatez, y donde los esfuerzos por ahorrar más (incluidos los intentos de reducir los déficits presupuestarios) son perjudiciales para todos.
Ya sé que mucha gente aborrece este discurso. Ofende a su sentido de lo correcto, o para ser exactos, de la moralidad. Se supone que la economía consiste en tomar decisiones difíciles (a costa de los demás, naturalmente), y no en convencer a la gente de gastar más. Pero, como decía Summers, la crisis “no habrá acabado hasta que haya acabado” y la realidad económica es la que es. Y, al parecer, en este momento, es una realidad en la que las reglas de la depresión regirán aún mucho tiempo”.
Estamos de acuerdo con Krugman en que "la realidad económica es la que es". Pero la realidad es que se le ha pedido a personas comunes y corrientes que paguen una crisis que no provocaron – pagar completamente las deudas públicas a cambio de austeridad; a través de recortes de puestos de trabajo, de las pensiones y de los servicios públicos; y de ataques a sus niveles de vida. También hay un límite – no se puede exprimir sangre de una piedra. Y en cuanto a las grandes empresas, la realidad es que, bajo el capitalismo, no puedes "persuadir" a los capitalistas que inviertan – sólo lo harán si pueden obtener y generar beneficios.
Sin embargo, la solución salta a la vista: aprovechar la enorme riqueza que existe en la sociedad y ponerla al servicio público, sin fines de lucro; nacionalizar los bancos y los grandes monopolios y ponerlos bajo un plan racional y democrático de producción; para abolir la anarquía y el caos de la competencia y del mercado a través de la transformación socialista de la sociedad.
Esta es la única alternativa a una "depresión permanente"; a años de estancamiento económico; a décadas de crisis, austeridad y caída de los niveles de vida. Ésta – la alternativa socialista – es por la que luchan los marxistas de Socialist Appeal y de la Corriente Marxista Internacional en Gran Bretaña y a nivel internacional.
Adam Booth (Socialist Appeal-CMI Gran Bretaña)
En este artículo, Krugman hace una hipótesis que los marxistas ya han explicado muchas veces desde el inicio de la crisis actual: que no estamos ante un período normal de recesión, sino que la depresión se ha convertido en la nueva normalidad para la economía mundial. Lo que estamos presenciando no es un fenómeno temporal, sino una crisis orgánica del sistema capitalista.
Krugman, quien dijera en unas famosas declaraciones en 2009 que la teoría económica dominante durante los últimos 30 años había sido "espectacularmente inútil, en el mejor de los casos; y sumamente perjudicial, en el peor", es uno de los economistas y comentaristas burgueses que empiezan a pensar que, en realidad, no se puede volver a los "viejos tiempos" de auge y crecimiento, y que el mundo se enfrenta ahora a décadas de estancamiento. En el New York Times (17 de noviembre de 2013), Krugman hace estas preguntas:
"¿Y si el mundo en el que vivimos desde los últimos cinco años es la nueva normalidad? ¿Y si las condiciones de depresión persisten, no durante un año o dos más, sino durante décadas?"
¿Y en quién se inspiró Krugman al hacer estas preguntas? En ningún otro sino en Larry Summers - ex Secretario del Tesoro, asesor económico clave del Presidente Obama entre 2009-10 y reciente candidato a presidente de la Reserva Federal estadounidense – que recientemente advirtió a los asistentes de una conferencia organizada por el FMI de la peligrosa posibilidad de "estancamiento secular [es decir, permanente]" en las economías de Estados Unidos y Europa. Krugman hace el siguiente comentario:
“Se podría pensar que esta clase de especulaciones son propias de un grupo marginal de radicales. Radicales, no hay duda; pero que son un grupo marginal, no tanto. Algunos economistas llevan tiempo coqueteando con este tipo de ideas, que ahora se han generalizado. De hecho, hace poco, en la más respetable de las sedes, la gran conferencia anual de investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI), se defendía con insistencia el argumento del “estancamiento secular”, un estado duradero en el que la depresión económica sería la norma, con episodios de pleno empleo escasos y distanciados entre sí. Y la persona que defendía el argumento no era otro que Larry Summers. Sí, ese Larry Summers.
Y si Summers tiene razón, todo lo que la gente respetable ha estado diciendo sobre política económica es erróneo, y seguirá siéndolo durante mucho tiempo.”
Gran estancamiento
Krugman continúa pasando revista a varios puntos claves del discurso de Summers:
"Summers comenzó con una cuestión que debería ser obvia, pero que muchas veces se pasa por alto: la crisis financiera que dio origen a la Gran Recesión ya ha quedado muy atrás. De hecho, según muchos criterios, acabó hace más de cuatro años. Sin embargo, la economía sigue deprimida.
“Acto seguido hizo un comentario relacionado con el anterior: antes de la crisis teníamos una enorme burbuja inmobiliaria y de endeudamiento. Pero incluso con esa gigantesca burbuja estimulando el gasto, la economía solo funcionaba a medio gas: el mercado de trabajo estaba bien, pero no era magnífico, y la expansión no llegó a ser lo bastante potente como para producir una presión inflacionaria significativa.
“Summers prosiguió extrayendo una enseñanza digna de mención: insinuó que tenemos una economía cuyo estado normal es de una demanda inadecuada —cuando menos, de una ligera depresión— y que solo se aproxima al pleno empleo cuando hay burbujas que la mantienen a flote.
“… las pruebas hacen pensar que el estado normal de nuestra economía es de una ligera depresión en la que los breves episodios de prosperidad se dan solo gracias a las burbujas y al crédito insostenible”. [el énfasis es nuestro]
En otras palabras, Krugman y Summers postulan que la crisis actual no es simplemente el producto de la crisis financiera de 2007-08, sino que en realidad es parte de un proceso que se remonta a décadas atrás. No estamos simplemente ante una "gran recesión", sino ante un "gran estancamiento".
Como ya hemos señalado en otros artículos, esta teoría está cada vez más extendida entre los economistas burgueses, que han mencionado, por ejemplo, la evidencia de que ha habido una desaceleración en el crecimiento de la productividad que nos retrocede a 30 o 40 años atrás, mucho antes de la crisis actual.
Los análisis planteados recientemente por Krugman y Summers son los mismos que han planteado los marxistas desde hace muchos años: el tamaño y la magnitud de la crisis actual es producto de la manera en que los capitalistas han tratado de evitar y retrasar - desde la crisis de los años 70, la aparición de una nueva crisis.
Por un lado, los capitalistas atacaron durante décadas los salarios reales para aumentar las ganancias, mientras que, por otra parte, permitieron a los hogares continuar consumiendo mediante el uso del crédito – a través de préstamos, hipotecas y tarjetas de crédito. En otras palabras, los capitalistas ampliaron artificialmente el mercado – es decir, la demanda efectiva, la capacidad de compra de los individuos – a través de una expansión masiva del crédito; lo que Krugman describe como una "enorme burbuja inmobiliaria y endeudamiento". En efecto, en otras partes del artículo, Krugman da datos que indican que el ratio deuda/ingresos de los hogares estadounidenses se duplicó entre 1985 y el comienzo de la crisis actual. En el Reino Unido, aumentó entre 3 y 4 veces en el mismo período, pasando de un promedio del 45% en 1980 a un 157% en 2005.
El uso del crédito para mantener artificialmente la demanda y evitar una crisis es un síntoma de las contradicciones del capitalismo: principalmente, la contradicción de la superproducción, debido a la naturaleza del capitalismo bajo el cual la producción está en manos privadas y es sólo con fines de lucro, lo que significa que – dado que el beneficio no es más que el trabajo no remunerado de la clase obrera – ésta (en su conjunto) no puede comprar (con su salario solamente) todo lo que produce.
La crisis actual es un reflejo de esta contradicción que se reproduce a escala global. Ahora, de aquellos polvos vienen estos lodos para los capitalistas, y ahora se enfrentan – y la sociedad en su conjunto – a una crisis orgánica del capitalismo y a una nueva normalidad.
Ya no quedan armas en el arsenal
Como señalan Krugman y Summers, lo único que impidió el colapso de la economía en las últimas décadas, fue una expansión insostenible del crédito. Ahora, con el estallido de la burbuja, la clase gobernante se ha quedado sin opciones en términos de cómo lograr que la economía funcione otra vez. Todos los métodos tradicionalmente utilizados por los capitalistas para salir de una crisis ya se han utilizado tratando de evitar la crisis actual en el período anterior. No hay más armas en el arsenal. Como Marx y Engels explicaron en El Manifiesto Comunista, los capitalistas siempre consiguen salir de una crisis, pero sólo "allanando el camino para crisis más extensas y más destructivas" y disminuyendo los medios para evitarlas.
Observemos algunos ejemplos modernos. En primer lugar, las tasas de interés, que normalmente se reducirían en una crisis con el fin de alentar a las empresas a invertir y a aquellos con ahorros a consumir. Pero las tasas de interés ya están cerca del 0% y no pueden reducirse más, las grandes empresas tienen montañas de dinero ocioso que se niegan a invertir; Mientras tanto, los hogares no aumentan el consumo, pero en cambio están tratando de pagar las deudas anteriores.
En segundo lugar está el estímulo (keynesiano), es decir, el gasto de los gobiernos para tratar de poner dinero en los bolsillos de los trabajadores y estimular la economía, como sucedió durante la Gran Depresión de la década de 1930. Como keynesiano confeso, son este tipo de medidas las que Krugman desearía ver. Pero hoy en día, los gobiernos de todo el mundo están ahogados por la deuda pública como resultado del rescate a los bancos y no hay más dinero para ningún estímulo keynesiano. En efecto, en lugar de gastar más, los mercados financieros están pidiendo a los gobiernos de todos los colores que recorten y apliquen la austeridad.
Uno sólo tiene que mirar el caso de François Hollande - el presidente del Partido Socialista Francés, que llegó al poder hace menos de 18 meses prometiendo "políticas de crecimiento" y más impuestos a los ricos, pero que más recientemente ha dado un giro y ahora está llevando a cabo recortes para "restaurar la competitividad" – como prueba de que todos los que hablan de medidas keynesianas se quedan sólo en eso: en palabras.
En Gran Bretaña, los líderes del Partido Laborista también han declarado que no pueden prometer dar marcha atrás a ninguno de los recortes. La realidad es que, bajo el capitalismo, no existe más alternativa que la austeridad. Y sin embargo – como muestran los ejemplos de Grecia, Portugal y España – la austeridad sólo conduce a una profundización de la recesión. Ésta es la contradicción insoluble a que se enfrentan los capitalistas.
Mientras tanto, en China, donde se ha emprendido el mayor experimento keynesiano de la historia en los últimos años para evitar una crisis, podemos ver el impacto de dicho estímulo: una burbuja de crédito enorme, una expansión masiva de la deuda y una exacerbación de la sobreproducción en China – y a escala mundial –en forma de un exceso aún mayor de capacidad en sectores clave, todo debido a este exceso en la inversión.
Con todos los métodos tradicionales para salir de una crisis utilizados, la clase dominante se ha visto empujada a tomar medidas cada vez más desesperadas, como la política de "flexibilización cuantitativa" – es decir, imprimir dinero – mediante la cual los gobiernos inundan la economía con nuevo dinero mediante la compra de bienes y valores. Pero no se puede sacar un conejo del sombrero por arte de magia bajo el capitalismo. De hecho, en el mejor de los casos, esa medida apenas ha servido para ayudar a la economía, dando pocas señales de aumento de la inversión. En el peor de los casos, la flexibilización cuantitativa ha sido desastrosa, alimentando el crédito y las burbujas inmobiliarias en las economías emergentes, contribuyendo de este modo a propagar la crisis a nivel mundial.
Ninguna solución bajo el capitalismo
Comentando el análisis de Krugman y Summers, un artículo del Yahoo Finance afirmaba lo siguiente:
"Otra razón que explica la escasa demanda es que los consumidores estadounidenses, que representan alrededor del 70% del gasto en la economía, están reduciendo ahora la cantidad de dinero que piden prestada en vez de aumentarla como lo hicieron durante las tres décadas anteriores a la crisis financiera.
"Ya que los consumidores no están gastando masivamente, las empresas no están gastando o invirtiendo masivamente. En cambio, están acaparando el dinero, reduciendo los costes y maximizando los beneficios a corto plazo.
"Los recortes del gobierno, por su lado, han reducido la 'demanda' del sector público, lo que está frenando aún más el crecimiento económico.
"La salida, que Krugman y Summers sugieren, es de alguna manera persuadir a los consumidores, las empresas y el gobierno a empezar a gastar masivamente.
"Pero, especialmente en el ambiente político actual, es obviamente más fácil decirlo que hacerlo".
Estas declaraciones reflejan con precisión el problema insoluble del capitalismo. Los gobiernos no tienen dinero para gastar; tampoco las familias trabajadoras, ya que tienen una montaña de deudas y se han enfrentado – y aún lo hacen – a una caída en los salarios reales. Y como hemos señalado en otras partes, las grandes empresas a nivel internacional poseen grandes cantidades de dinero ocioso – 700 mil millones en el Reino Unido; alrededor de 2 billones de dólares en EEUU y 2 billones de euros en la UE – que no invierten debido al exceso de capacidad y arsenales de materias primas existentes sin vender; en otras palabras, debido a la contradicción de la sobreproducción a escala mundial.
Al concluir su artículo, Krugman comenta que:
"En un sentido más amplio, si nuestra economía tiende persistentemente a la depresión, viviremos mucho tiempo según las reglas invertidas de la economía deprimida, donde la virtud es vicio y la prudencia, insensatez, y donde los esfuerzos por ahorrar más (incluidos los intentos de reducir los déficits presupuestarios) son perjudiciales para todos.
Ya sé que mucha gente aborrece este discurso. Ofende a su sentido de lo correcto, o para ser exactos, de la moralidad. Se supone que la economía consiste en tomar decisiones difíciles (a costa de los demás, naturalmente), y no en convencer a la gente de gastar más. Pero, como decía Summers, la crisis “no habrá acabado hasta que haya acabado” y la realidad económica es la que es. Y, al parecer, en este momento, es una realidad en la que las reglas de la depresión regirán aún mucho tiempo”.
Estamos de acuerdo con Krugman en que "la realidad económica es la que es". Pero la realidad es que se le ha pedido a personas comunes y corrientes que paguen una crisis que no provocaron – pagar completamente las deudas públicas a cambio de austeridad; a través de recortes de puestos de trabajo, de las pensiones y de los servicios públicos; y de ataques a sus niveles de vida. También hay un límite – no se puede exprimir sangre de una piedra. Y en cuanto a las grandes empresas, la realidad es que, bajo el capitalismo, no puedes "persuadir" a los capitalistas que inviertan – sólo lo harán si pueden obtener y generar beneficios.
Sin embargo, la solución salta a la vista: aprovechar la enorme riqueza que existe en la sociedad y ponerla al servicio público, sin fines de lucro; nacionalizar los bancos y los grandes monopolios y ponerlos bajo un plan racional y democrático de producción; para abolir la anarquía y el caos de la competencia y del mercado a través de la transformación socialista de la sociedad.
Esta es la única alternativa a una "depresión permanente"; a años de estancamiento económico; a décadas de crisis, austeridad y caída de los niveles de vida. Ésta – la alternativa socialista – es por la que luchan los marxistas de Socialist Appeal y de la Corriente Marxista Internacional en Gran Bretaña y a nivel internacional.
Adam Booth (Socialist Appeal-CMI Gran Bretaña)
Los Nahua, 20 años después
Un documental del colectivo Alerta Amazónica
Perú, 2011
27 min.
El pueblo Nahua, aislada hasta el año 1984, vivió un dramático primer contacto a raíz de las actividades de exploración que realizaba la compañía Shell en la región de Camisea, donde encontraron mega-yacimientos de gas. Hoy, tras dos décadas, la tranquilidad se ve de nuevo amenazada al interior de la Reserva Territorial creada por el Estado por proteger los pueblos en aislamiento voluntario. El avance del consorcio Camisea (Repsol, Pluspetrol, Hunt, SK) hace patente la vulnerable situación de este y otros pueblos amazónicos ante el avance de la frontera extractiva selva adentro.
Más información: http://alertamazonica.wordpress.com
No Job Land ("Una tierra sin trabajo")
Hace cinco años, el dinero en España circulaba en abundancia y el cielo era el límite. Hoy, millones de ciudadanos desempleados se aferran a sus hogares y desesperados por el futuro exigen que su gobierno finalmente haga algo.
La crisis financiera mundial y una cultura de la especulación inmobiliaria fracasada ha tenido un efecto devastador sobre la otrora-rica España, donde ahora existen millones de ciudadanos desempleados, muchos de ellos al borde de la exclusión social. Hoy, se están autoorganizando y llevando su dolor a las calles, exigiendo al gobierno que adopte una posición para defender el futuro de sus familias.
Olmo Calvo, Eva Filgueira y Gabriel Pecot
Narratively
Entrevista a Santiago Alba Rico, filósofo, arabista y escritor
"La izquierda debe trabajar por la hegemonía cultural, pero desde el islam e incluso desde el islamismo"
Tres años después de que comenzaran los movimientos de la "primavera árabe", la situación en Siria y Libia sigue siendo dramática. El filósofo y escritor Santiago Alba Rico, colaborador entre otros medios de DIAGONAL, analiza en esta entrevista el estado de estos procesos.
¿En qué situación se encuentra Libia? Resulta difícil encontrar información sobre lo que está ocurriendo en el país tras el derrocamiento de Gadafi.
Sí, Libia está un poco olvidada. Incluso está olvidada por los propios Estados Unidos y por los propios países europeos que intervinieron militarmente para ayudar a derrocar a Gadafi. Libia se encuentra en una situación de caos donde es muy difícil construir un estado o una sociedad civil como consecuencia precisamente de la dictadura de Gadafi. En 44 años no fue capaz de generar una sociedad civil formada política y culturalmente ni de proporcionar servicios sanitarios o académicos. Gadafi dedicó sus 44 años de dictadura a negociar su supervivencia con los jefes tribales, cuando se había presentado tras derrocar al rey Idris como una figura progresista que iba a convertir Libia en un estado independiente y soberano. Hoy el Estado solo existe formalmente, y no controla la mayor parte del territorio. Se calcula que pueden estar armadas unas 250.000 personas, que es una barbaridad si se tiene en cuenta que la población de Libia es de tres millones y medio de habitantes. Es decir, que aproximadamente el diez por ciento de la población está armada. Son estas milicias las que controlan el territorio. En contra de lo que se piensa, y aunque en todo el mundo árabe el yihadismo o el islamismo radical próximo a al-Qaeda está recuperando terreno, en Libia la mayor parte de estas milicias no están alineadas ideológica o religiosamente. Son milicias locales que intentan negociar su participación en el poder con un gobierno central muy débil. Ahora mismo en Bengasi hay una situación de enfrentamiento muy fuerte entre la institución militar que representa al estado central en Bengasi y Ansar al Sharía, un grupo islamista radical próximo a al-Qaeda.
Hasta hace pocos días Libia no contaba con policía ni ejército. En Trípoli la milicia de Misrata, una de las más potentes, respondió a una manifestación con disparos; incluso con disparos de baterías antiaéreas, matando casi a 50 personas. Después de eso el gobierno llegó a un acuerdo para que esta milicia se replegara y permitiera entrar a un ejército que no sabe muy bien a quién representa ni de dónde ha salido. Hay que recordar que, al contrario de lo que ocurrió en Egipto o en Túnez, en Libia las elecciones no las ganaron la rama local de los Hermanos Musulmanes. Quienes llegaron al gobierno fueron los liberales --el grupo de Yibril--, y son ellos quienes están teniendo dificultades para controlar la situación. En cualquier caso, frente a lecturas muy reduccionistas, hay que decir que no son Estados Unidos o las potencias europeas quienes gobiernan Libia. Y que si bien hay un crecimiento importante del islamismo yihadista, no es cierto que domine el país.
En esta situación, la producción de petróleo se ha reducido al diez por ciento respecto a la época de Gadafi porque estas milicias lo primero que hacen es ocupar las refinerías, incluso minorías como la amazigh.
¿Y qué papel han jugado esas minorías en el derrocamiento de Gadafi?
Han jugado un papel fundamental. De hecho la batalla de Trípoli no la decidió exactamente la OTAN, sino que la decidieron los amazigh procedentes de Nafusa, quienes ya llevaban muchos meses combatiendo contra los partidarios de Gadafi con medios muy precarios. Estas milicias en cuanto liberaron zonas del régimen, crearon escuelas, editaron periódicos... Gadafi decía del pueblo amazigh lo mismo que decía Golda Meir sobre el palestino, que "no existía". Era lógico entonces que los amazigh apoyaran desde el principio el derrocamiento del régimen.
¿Su situación ha mejorado?
Ahora están en una situación de abandono muy parecida a la que se encontraban antes. Reclaman que se reconozcan sus derechos y su lengua en la futura Constitución, y como se dan cuenta de que la presión islámica y arabizante es muy fuerte están muy movilizados. Recientemente han ocupado una refinería gestionada por ENI para reivindicar sus derechos. Se puede decir que esa es la dinámica. Unos grupos, como los bereberes, defienden sus derechos culturales y étnicos; otros están más islamizados; otros defienden solamente sus intereses locales y territoriales.
¿De qué forma la arabicidad condiciona la percepción que se tiene sobre estos pueblos?
Esto es importantísimo. Si en algo han coincidido tanto el islam político como sus enemigos panarabistas ha sido en que la seña de identidad árabe --la lengua árabe y la cultura ligada a ella-- era el referente identitario a la fuerza de todos los ciudadanos, y esto ha generado situaciones de mucha injusticia en diversos pueblos. Especialmente entre los bereberes --en el norte de África-- y los kurdos --tanto en Iraq como en Siria--.
En Libia la identidad amazigh ha sido negada por principio durante décadas, y ahora, tras la revolución, han visto y ven frustrada la oportunidad de reivindicar sus derechos, a pesar de que sus reivindicaciones son bastante modestas. No quieren ser independientes, quieren que se reconozca su derecho a hablar su lengua en lugares públicos y a poder enseñarla en las escuelas. Lo mismo ocurre en el caso kurdo.
En Siria, el PYD, el partido de la izquierda kurda que controla parte de la frontera con Iraq, pide una autonomía. Para que veamos hasta qué punto son modestos, para muchos de sus dirigentes el modelo español es un referente válido. Quieren una autonomía con competencias lingüísticas y culturales, y por eso están enfrentados tanto al régimen de Bashar al-Assad, que siempre negó su existencia, como a los grupos próximos a al-Qaeda --como el frente Nusra--, quienes se niegan a aceptar otra cosa que no sea la lengua y la cultura árabe como referente identitario común. Y eso es un problema que hay que resolver. Mientras no se resuelva, jamás habrá una verdadera revolución democrática en el mundo árabe.
Túnez parece que es el único país donde aún podrían continuar este proceso revolucionario sin desembocar en un golpe de estado o en una guerra civil.
Las revoluciones árabes fueron algo muy parecido al caracazo venezolano de 1989. Había que dar tiempo. Si se daba ese tiempo, la posibilidad de introducir cambios, incluso a través de futuras elecciones que podría ganar la izquierda, era posible. Ahora nos encontramos en un retroceso. Va a tardar más en madurar ese proceso. No es imposible, pero en estos momentos la situación se ha complicado.
En Túnez, la izquierda --y esto lo digo con todo el cariño que siento hacia muchos amigos míos que militan en esta izquierda del Frente Popular-- se ha equivocado. Ha perdido varias ocasiones históricas de poder gestionar estos procesos. La primera ocurrió antes de las elecciones, cuando fue incapaz de mantener ese primer frente de izquierdas, el Frente 14 de Enero. La segunda, y puede que haya sido la más importante, aconteció después del asesinato de Chokri Belaid, cuando realmente tuvo en sus manos un capital simbólico y político muy poderoso que no ha sabido gestionar. Durante un cierto tiempo este frente siguió una estrategia que es la que a mí me parece más inteligente: se opuso a la derecha laica y a la derecha islamista apostando por incidir en el discurso económico y social en un país muy castigado por la crisis. Sin embargo, después del golpe de estado en Egipto optó por un atajo oportunista al sumarse al Frente Nacional, al lado de la derecha laica, de los propios restos de la dictadura, para tratar de derrocar por cualquier medio a Ennahda y al gobierno. Creo que es una estrategia que le va a costar muy cara en un momento en que tanto el malestar social como el desprestigio merecido de Ennahda convertían al Frente Popular, potencialmente, en la fuerza de futuro. A mi juicio tendrían que haber sabido manejar el malestar social con una combinación de esfuerzo y movilizaciones que no estuvieran orientadas solamente a derribar al gobierno por cualquier medio.
Ahora nos encontramos con un diálogo nacional fallido, que es en realidad un pequeño golpe de estado blando en la medida en que desplaza la soberanía de la Asamblea Constituyente a un acuerdo entre élites. Lo que está por ver es si la derecha islamista y la derecha laica se ponen o no de acuerdo con esa tercera fuerza que es la UGTT, que está tratando de presionar para que haya un diálogo entre ellas. ¿Qué queda fuera? Todos los sectores que hicieron la revolución durante los primeros meses de 2011. Hay todo un sector de la población muy castigado que no se siente representado ni por el gobierno, ni por la oposición. Con el creciente malestar social todo esto puede desembocar, como ya lo estamos viendo en Gafsa o en Kef, en protestas populares espontáneas mucho más violentas que las de enero de 2011, y en un terreno muy propicio para el avance de los yihadistas o de otros movimientos salafistas muy a la derecha de Ennahda.
¿La izquierda tunecina está dispuesta a entablar un diálogo con Ennahda?
La izquierda es muy reacia a negociar con fuerzas islamistas moderadas, pero sin su integración en estos procesos tampoco podrá haber jamás una verdadera revolución democrática. Pretender que la revolución solamente puede hacerse contra esas fuerzas islamistas es condenarnos a reproducir un ciclo de dictadura, criminalización, radicalización del islamismo y violencia, que es precisamente el que ha legitimado, a los ojos de las potencias occidentales, dictaduras como las de Ben Ali o Mubarak. Nadie puede pensar que las movilizaciones populares que empezaron a finales de 2010 en Túnez se hacían en condiciones en las que podía pensarse en una revolución socialista o en una transformación radical de las condiciones económicas. Lo que cabía esperar, y no era poco, era una normalización democrática del mundo árabe, normalización dotada simbólicamente de una potencia rupturista y revolucionaria enorme. Y esa normalización democrática pasaba por integrar a las fuerzas mayoritarias de esta zona del mundo, que no son al-Qaeda. De hecho, algo que hemos descubierto es que al-Qaeda estaba fuera de juego; verdaderamente representaba una minoría dentro de la juventud árabe.
Sin embargo no son pocos los medios de comunicación que aglutinan bajo la fórmula "islamismo radical" o "yihadismo" movimientos islamistas moderados. Incluso la propia izquierda tunecina parece mantener esta percepción.
Es un disparate volver a aquel discurso, es muy triste. La izquierda, que antes de la revoluciones árabes desmontaba estos clichés anti-islamofóbicos al considerarlos como un instrumento de dominación colonial, ahora vuelve a reproducirlos acríticamente. Una izquierda que antes tenía como referentes políticos a Hamás y a Hizbulá. Estos eran nuestros referentes anti-imperialistas.
Ese sector de la izquierda en estos momentos está demostrando una combinación de ignorancia y de islamofobia muy negativa frente a otros discursos constructivos. Este sector sostiene que, frente a los Hermanos Musulmanes, todo está permitido. Khaled Saghiya, antiguo redactor jefe del periódico libanés Al-Akhbar, decía que era muy curioso escuchar de pronto a una cierta izquierda anti-imperilista condenar y oponerse a la amagada intervención estadounidense en Siria utilizando los mismos argumentos que utilizó Bush para invadir Iraq: la guerra anti-terrorista contra al-Qaeda, los yihadistas malvados, el laicismo... Y eso es muy preocupante.
En tu artículo Egipto, ¿golpe de estado o revolución permanente? sostienes que es precisamente el anti-islamismo una de las cuestiones pendientes en la izquierda.
Hay gente muy inteligente a la que respeto y de la que he aprendido mucho, como Samir Amin, que considera que no hay ninguna compatibilidad posible entre el islam político y la democracia. Él, por ejemplo, apoyó la intervención colonial francesa en Mali y el golpe de estado en Egipto.
Quizás el riesgo de apostar por la integración de los islamismos moderados es grande, pero el otro riesgo ya lo conocemos. Son las décadas de dictadura que han caracterizado esta zona del mundo, siempre en detrimento de los pueblos. Entonces ¿qué es lo que ocurre? Yo lo que creo es que a veces se minusvalora la capacidad de corrupción que tiene el poder. Pensamos que el poder corrompe, y yo digo, sí, y a veces para bien. Lo estamos viendo ahora en el caso de Ennahda en Túnez. Mucha gente considera que es malo que sean ellos quienes negocien con el Fondo Monetario Internacional, y es cierto que tiene una vertiente muy mala, pero el hecho de que sean Ennahda o los Hermanos Musulmanes quienes se tengan que sentar a la mesa con primeros ministros, con Obama o con el FMI les obliga a dejar una parte de su extremismo y de su radicalismo. En este caso, a todos nos conviene. Porque no se trata de radicalismo marxista sino radicalismo reaccionario y religioso. Por eso digo que felizmente el poder corrompe. Si hay alguna posibilidad de integración democrática de estas fuerzas en el mundo árabe pasa precisamente por el hecho de que el poder las corrompa un poco. Como no tienen respuesta a los problemas económicos y sociales de la población, que se corrompan en el poder, por un lado, los modera, y por otro lado, a la larga, los va a dejar fuera de juego. Si nos empeñamos en convertirlos en una fuerza marginal, al margen de las instituciones, lo que vamos a hacer es alimentar sus señas identitarias más extremistas.
Tal vez esa forma de corrupción haya influido en la transformación del discurso de los Hermanos Musulmanes desde 2011.
Nos encontramos en una situación paradójica, lo vemos en Egipto y lo vemos en Túnez. Hace poco lo describía con cierto tono provocativo en un artículo titulado Islamismo y democracia. Dudo que Ennahda crea sinceramente en la democracia, pero ¿quién cree en la democracia? ¿los liberales? ¿la izquierda estalinista? No sé... En todo caso lo que sí creo es que, por razones pragmáticas, nos vemos de pronto en una situación en la que Ennahda y los Hermanos Musulmanes están defendiendo, y se están viendo obligados a hacerlo materialmente, un discurso democrático, mientras que los otros sectores están defendiendo un discurso golpista. ¿Qué podemos deducir de ahí? Que no se pueden ontologizar los procesos políticos.
La única manera de acabar con esos ciclos de dictadura, represión, violencia y radicalización islamista es integrando democráticamente a este tipo de movimientos. Además, la izquierda debe trabajar para desplazar la hegemonía cultural hacia su lado, pero desde el islam e incluso desde el islamismo. No contra la religión y la cultura popular. Lo que no podemos hacer contra él es recurrir a dictadores “ilustrados” y refugiarnos en tiranías presuntamente laicas. La única manera de acabar con eso es desplazando el bloque cultural, un poco como se ha hecho en América Latina. Chavez por ejemplo incorporó toda la tradición viva, tanto católica como evangelista, en el chavismo. La izquierda atea, la izquierda laica, lo que ha hecho siempre es despreciar la cultura popular, por eso se ha convertido en una fuerza elitista, pro-occidental, muy eurocéntrica y derrotada a la hora de introducir cambios estructurales en el mundo árabe. Por eso, como dice mi amigo Kacem Gharbi, no se trata de vaciar las mezquitas, sino de predicar el comunismo desde ellas.
Francisco Fernández
Diagonal
Tres años después de que comenzaran los movimientos de la "primavera árabe", la situación en Siria y Libia sigue siendo dramática. El filósofo y escritor Santiago Alba Rico, colaborador entre otros medios de DIAGONAL, analiza en esta entrevista el estado de estos procesos.
¿En qué situación se encuentra Libia? Resulta difícil encontrar información sobre lo que está ocurriendo en el país tras el derrocamiento de Gadafi.
Sí, Libia está un poco olvidada. Incluso está olvidada por los propios Estados Unidos y por los propios países europeos que intervinieron militarmente para ayudar a derrocar a Gadafi. Libia se encuentra en una situación de caos donde es muy difícil construir un estado o una sociedad civil como consecuencia precisamente de la dictadura de Gadafi. En 44 años no fue capaz de generar una sociedad civil formada política y culturalmente ni de proporcionar servicios sanitarios o académicos. Gadafi dedicó sus 44 años de dictadura a negociar su supervivencia con los jefes tribales, cuando se había presentado tras derrocar al rey Idris como una figura progresista que iba a convertir Libia en un estado independiente y soberano. Hoy el Estado solo existe formalmente, y no controla la mayor parte del territorio. Se calcula que pueden estar armadas unas 250.000 personas, que es una barbaridad si se tiene en cuenta que la población de Libia es de tres millones y medio de habitantes. Es decir, que aproximadamente el diez por ciento de la población está armada. Son estas milicias las que controlan el territorio. En contra de lo que se piensa, y aunque en todo el mundo árabe el yihadismo o el islamismo radical próximo a al-Qaeda está recuperando terreno, en Libia la mayor parte de estas milicias no están alineadas ideológica o religiosamente. Son milicias locales que intentan negociar su participación en el poder con un gobierno central muy débil. Ahora mismo en Bengasi hay una situación de enfrentamiento muy fuerte entre la institución militar que representa al estado central en Bengasi y Ansar al Sharía, un grupo islamista radical próximo a al-Qaeda.
Hasta hace pocos días Libia no contaba con policía ni ejército. En Trípoli la milicia de Misrata, una de las más potentes, respondió a una manifestación con disparos; incluso con disparos de baterías antiaéreas, matando casi a 50 personas. Después de eso el gobierno llegó a un acuerdo para que esta milicia se replegara y permitiera entrar a un ejército que no sabe muy bien a quién representa ni de dónde ha salido. Hay que recordar que, al contrario de lo que ocurrió en Egipto o en Túnez, en Libia las elecciones no las ganaron la rama local de los Hermanos Musulmanes. Quienes llegaron al gobierno fueron los liberales --el grupo de Yibril--, y son ellos quienes están teniendo dificultades para controlar la situación. En cualquier caso, frente a lecturas muy reduccionistas, hay que decir que no son Estados Unidos o las potencias europeas quienes gobiernan Libia. Y que si bien hay un crecimiento importante del islamismo yihadista, no es cierto que domine el país.
En esta situación, la producción de petróleo se ha reducido al diez por ciento respecto a la época de Gadafi porque estas milicias lo primero que hacen es ocupar las refinerías, incluso minorías como la amazigh.
¿Y qué papel han jugado esas minorías en el derrocamiento de Gadafi?
Han jugado un papel fundamental. De hecho la batalla de Trípoli no la decidió exactamente la OTAN, sino que la decidieron los amazigh procedentes de Nafusa, quienes ya llevaban muchos meses combatiendo contra los partidarios de Gadafi con medios muy precarios. Estas milicias en cuanto liberaron zonas del régimen, crearon escuelas, editaron periódicos... Gadafi decía del pueblo amazigh lo mismo que decía Golda Meir sobre el palestino, que "no existía". Era lógico entonces que los amazigh apoyaran desde el principio el derrocamiento del régimen.
¿Su situación ha mejorado?
Ahora están en una situación de abandono muy parecida a la que se encontraban antes. Reclaman que se reconozcan sus derechos y su lengua en la futura Constitución, y como se dan cuenta de que la presión islámica y arabizante es muy fuerte están muy movilizados. Recientemente han ocupado una refinería gestionada por ENI para reivindicar sus derechos. Se puede decir que esa es la dinámica. Unos grupos, como los bereberes, defienden sus derechos culturales y étnicos; otros están más islamizados; otros defienden solamente sus intereses locales y territoriales.
¿De qué forma la arabicidad condiciona la percepción que se tiene sobre estos pueblos?
Esto es importantísimo. Si en algo han coincidido tanto el islam político como sus enemigos panarabistas ha sido en que la seña de identidad árabe --la lengua árabe y la cultura ligada a ella-- era el referente identitario a la fuerza de todos los ciudadanos, y esto ha generado situaciones de mucha injusticia en diversos pueblos. Especialmente entre los bereberes --en el norte de África-- y los kurdos --tanto en Iraq como en Siria--.
En Libia la identidad amazigh ha sido negada por principio durante décadas, y ahora, tras la revolución, han visto y ven frustrada la oportunidad de reivindicar sus derechos, a pesar de que sus reivindicaciones son bastante modestas. No quieren ser independientes, quieren que se reconozca su derecho a hablar su lengua en lugares públicos y a poder enseñarla en las escuelas. Lo mismo ocurre en el caso kurdo.
En Siria, el PYD, el partido de la izquierda kurda que controla parte de la frontera con Iraq, pide una autonomía. Para que veamos hasta qué punto son modestos, para muchos de sus dirigentes el modelo español es un referente válido. Quieren una autonomía con competencias lingüísticas y culturales, y por eso están enfrentados tanto al régimen de Bashar al-Assad, que siempre negó su existencia, como a los grupos próximos a al-Qaeda --como el frente Nusra--, quienes se niegan a aceptar otra cosa que no sea la lengua y la cultura árabe como referente identitario común. Y eso es un problema que hay que resolver. Mientras no se resuelva, jamás habrá una verdadera revolución democrática en el mundo árabe.
Túnez parece que es el único país donde aún podrían continuar este proceso revolucionario sin desembocar en un golpe de estado o en una guerra civil.
Las revoluciones árabes fueron algo muy parecido al caracazo venezolano de 1989. Había que dar tiempo. Si se daba ese tiempo, la posibilidad de introducir cambios, incluso a través de futuras elecciones que podría ganar la izquierda, era posible. Ahora nos encontramos en un retroceso. Va a tardar más en madurar ese proceso. No es imposible, pero en estos momentos la situación se ha complicado.
En Túnez, la izquierda --y esto lo digo con todo el cariño que siento hacia muchos amigos míos que militan en esta izquierda del Frente Popular-- se ha equivocado. Ha perdido varias ocasiones históricas de poder gestionar estos procesos. La primera ocurrió antes de las elecciones, cuando fue incapaz de mantener ese primer frente de izquierdas, el Frente 14 de Enero. La segunda, y puede que haya sido la más importante, aconteció después del asesinato de Chokri Belaid, cuando realmente tuvo en sus manos un capital simbólico y político muy poderoso que no ha sabido gestionar. Durante un cierto tiempo este frente siguió una estrategia que es la que a mí me parece más inteligente: se opuso a la derecha laica y a la derecha islamista apostando por incidir en el discurso económico y social en un país muy castigado por la crisis. Sin embargo, después del golpe de estado en Egipto optó por un atajo oportunista al sumarse al Frente Nacional, al lado de la derecha laica, de los propios restos de la dictadura, para tratar de derrocar por cualquier medio a Ennahda y al gobierno. Creo que es una estrategia que le va a costar muy cara en un momento en que tanto el malestar social como el desprestigio merecido de Ennahda convertían al Frente Popular, potencialmente, en la fuerza de futuro. A mi juicio tendrían que haber sabido manejar el malestar social con una combinación de esfuerzo y movilizaciones que no estuvieran orientadas solamente a derribar al gobierno por cualquier medio.
Ahora nos encontramos con un diálogo nacional fallido, que es en realidad un pequeño golpe de estado blando en la medida en que desplaza la soberanía de la Asamblea Constituyente a un acuerdo entre élites. Lo que está por ver es si la derecha islamista y la derecha laica se ponen o no de acuerdo con esa tercera fuerza que es la UGTT, que está tratando de presionar para que haya un diálogo entre ellas. ¿Qué queda fuera? Todos los sectores que hicieron la revolución durante los primeros meses de 2011. Hay todo un sector de la población muy castigado que no se siente representado ni por el gobierno, ni por la oposición. Con el creciente malestar social todo esto puede desembocar, como ya lo estamos viendo en Gafsa o en Kef, en protestas populares espontáneas mucho más violentas que las de enero de 2011, y en un terreno muy propicio para el avance de los yihadistas o de otros movimientos salafistas muy a la derecha de Ennahda.
¿La izquierda tunecina está dispuesta a entablar un diálogo con Ennahda?
La izquierda es muy reacia a negociar con fuerzas islamistas moderadas, pero sin su integración en estos procesos tampoco podrá haber jamás una verdadera revolución democrática. Pretender que la revolución solamente puede hacerse contra esas fuerzas islamistas es condenarnos a reproducir un ciclo de dictadura, criminalización, radicalización del islamismo y violencia, que es precisamente el que ha legitimado, a los ojos de las potencias occidentales, dictaduras como las de Ben Ali o Mubarak. Nadie puede pensar que las movilizaciones populares que empezaron a finales de 2010 en Túnez se hacían en condiciones en las que podía pensarse en una revolución socialista o en una transformación radical de las condiciones económicas. Lo que cabía esperar, y no era poco, era una normalización democrática del mundo árabe, normalización dotada simbólicamente de una potencia rupturista y revolucionaria enorme. Y esa normalización democrática pasaba por integrar a las fuerzas mayoritarias de esta zona del mundo, que no son al-Qaeda. De hecho, algo que hemos descubierto es que al-Qaeda estaba fuera de juego; verdaderamente representaba una minoría dentro de la juventud árabe.
Sin embargo no son pocos los medios de comunicación que aglutinan bajo la fórmula "islamismo radical" o "yihadismo" movimientos islamistas moderados. Incluso la propia izquierda tunecina parece mantener esta percepción.
Es un disparate volver a aquel discurso, es muy triste. La izquierda, que antes de la revoluciones árabes desmontaba estos clichés anti-islamofóbicos al considerarlos como un instrumento de dominación colonial, ahora vuelve a reproducirlos acríticamente. Una izquierda que antes tenía como referentes políticos a Hamás y a Hizbulá. Estos eran nuestros referentes anti-imperialistas.
Ese sector de la izquierda en estos momentos está demostrando una combinación de ignorancia y de islamofobia muy negativa frente a otros discursos constructivos. Este sector sostiene que, frente a los Hermanos Musulmanes, todo está permitido. Khaled Saghiya, antiguo redactor jefe del periódico libanés Al-Akhbar, decía que era muy curioso escuchar de pronto a una cierta izquierda anti-imperilista condenar y oponerse a la amagada intervención estadounidense en Siria utilizando los mismos argumentos que utilizó Bush para invadir Iraq: la guerra anti-terrorista contra al-Qaeda, los yihadistas malvados, el laicismo... Y eso es muy preocupante.
En tu artículo Egipto, ¿golpe de estado o revolución permanente? sostienes que es precisamente el anti-islamismo una de las cuestiones pendientes en la izquierda.
Hay gente muy inteligente a la que respeto y de la que he aprendido mucho, como Samir Amin, que considera que no hay ninguna compatibilidad posible entre el islam político y la democracia. Él, por ejemplo, apoyó la intervención colonial francesa en Mali y el golpe de estado en Egipto.
Quizás el riesgo de apostar por la integración de los islamismos moderados es grande, pero el otro riesgo ya lo conocemos. Son las décadas de dictadura que han caracterizado esta zona del mundo, siempre en detrimento de los pueblos. Entonces ¿qué es lo que ocurre? Yo lo que creo es que a veces se minusvalora la capacidad de corrupción que tiene el poder. Pensamos que el poder corrompe, y yo digo, sí, y a veces para bien. Lo estamos viendo ahora en el caso de Ennahda en Túnez. Mucha gente considera que es malo que sean ellos quienes negocien con el Fondo Monetario Internacional, y es cierto que tiene una vertiente muy mala, pero el hecho de que sean Ennahda o los Hermanos Musulmanes quienes se tengan que sentar a la mesa con primeros ministros, con Obama o con el FMI les obliga a dejar una parte de su extremismo y de su radicalismo. En este caso, a todos nos conviene. Porque no se trata de radicalismo marxista sino radicalismo reaccionario y religioso. Por eso digo que felizmente el poder corrompe. Si hay alguna posibilidad de integración democrática de estas fuerzas en el mundo árabe pasa precisamente por el hecho de que el poder las corrompa un poco. Como no tienen respuesta a los problemas económicos y sociales de la población, que se corrompan en el poder, por un lado, los modera, y por otro lado, a la larga, los va a dejar fuera de juego. Si nos empeñamos en convertirlos en una fuerza marginal, al margen de las instituciones, lo que vamos a hacer es alimentar sus señas identitarias más extremistas.
Tal vez esa forma de corrupción haya influido en la transformación del discurso de los Hermanos Musulmanes desde 2011.
Nos encontramos en una situación paradójica, lo vemos en Egipto y lo vemos en Túnez. Hace poco lo describía con cierto tono provocativo en un artículo titulado Islamismo y democracia. Dudo que Ennahda crea sinceramente en la democracia, pero ¿quién cree en la democracia? ¿los liberales? ¿la izquierda estalinista? No sé... En todo caso lo que sí creo es que, por razones pragmáticas, nos vemos de pronto en una situación en la que Ennahda y los Hermanos Musulmanes están defendiendo, y se están viendo obligados a hacerlo materialmente, un discurso democrático, mientras que los otros sectores están defendiendo un discurso golpista. ¿Qué podemos deducir de ahí? Que no se pueden ontologizar los procesos políticos.
La única manera de acabar con esos ciclos de dictadura, represión, violencia y radicalización islamista es integrando democráticamente a este tipo de movimientos. Además, la izquierda debe trabajar para desplazar la hegemonía cultural hacia su lado, pero desde el islam e incluso desde el islamismo. No contra la religión y la cultura popular. Lo que no podemos hacer contra él es recurrir a dictadores “ilustrados” y refugiarnos en tiranías presuntamente laicas. La única manera de acabar con eso es desplazando el bloque cultural, un poco como se ha hecho en América Latina. Chavez por ejemplo incorporó toda la tradición viva, tanto católica como evangelista, en el chavismo. La izquierda atea, la izquierda laica, lo que ha hecho siempre es despreciar la cultura popular, por eso se ha convertido en una fuerza elitista, pro-occidental, muy eurocéntrica y derrotada a la hora de introducir cambios estructurales en el mundo árabe. Por eso, como dice mi amigo Kacem Gharbi, no se trata de vaciar las mezquitas, sino de predicar el comunismo desde ellas.
Francisco Fernández
Diagonal
USAID y ONG´s: La injerencia silenciosa en América Latina
La reciente expulsión de Bolivia de la ONG danesa IBIS abrió nuevas preguntas sobre el papel de las Organizaciones No Gubernamentales en los países de América Latina y el Caribe, en especial en relación a los gobiernos posneoliberales. A su vez, el anuncio de la salida de la Agencia para el Desarrollo Internacional de EE.UU. -USAID- de Ecuador, tras la cancelación de los proyectos que la misma estaba realizando en ese país, mostró los límites de la “cooperación” que el imperialismo pretende brindar en nuestros países.
¿Cuáles son las funciones que puede brindar una ONG en nuestros países? ¿Hasta donde se permite que las mismas puedan intervenir en asuntos internos, sin menospreciar la soberanía del pueblo y del gobierno en cuestión? Son preguntas que se han dado en estos días en Bolivia, a raíz de la decisión del gobierno de Evo Morales de expulsar del país a IBIS. Según declaró Juan Ramón Quintana, Ministro de la Presidencia, la ONG danesa “abusó de la hospitalidad de nuestro Estado y ya nos hemos cansado de que interprete de manera errada su papel en el país, el cual se limita al desarrollo de las comunidades”.
Quintana afirmó que esta no era una “decisión caprichosa”, al decir que el gobierno boliviano cuenta con pruebas fehacientes de los intentos de IBIS de incidir en la coyuntura política del país. “IBIS no estaba promoviendo el desarrollo, sino que operaba políticamente diciendo que el gobierno del presidente Evo Morales está extraviado, desorientando a las organizaciones sociales”, fueron sus palabras sobre esta ONG cuestionada, que ya había sido eyectada de forma similar -es decir, por los mismos motivos- de Ecuador. Las palabras de Quintana dejaron algo bien claro: en la decisión del gobierno boliviano primó un intento -casi instintivo- de salvaguardar la soberanía de un país (y un gobierno) que ha sido, durante estos años, de los más asediados de nuestro continente.
Al mismo tiempo en que sucedía esto, desde Quito se producían novedades relacionadas con la presencia de USAID en Ecuador. Es que, en estos días, llegan a su fin diversos programas de “ayuda económica-técnica” entre ambos, que habían sido firmados en el año 2007, durante la primer presidencia de Rafael Correa. De acuerdo a la información brindada por la agencia de noticias Reuters, USAID envió a Quito una carta para comunicar la cancelación de su ayuda por la imposibilidad de llegar a un acuerdo bilateral sobre su distribución. Según Reuters, USAID también habría aludido a la decisión de las autoridades ecuatorianas de no aceptar nuevos proyectos ni ampliar los ya existentes como razón para cancelar su ayuda.
El canciller Ricardo Patiño fue claro al respecto, al cuestionar los programas firmados, llamandolós “poco transparentes”. Incluso fue más allá, afirmando que “si USAID decidió irse, no les vamos a rogar que regresen”. Así, y sin mencionar directamente el caso, puso en consideración lo sucedido en Bolivia, al afirmar que “conocemos algunas malas experiencias que USAID ha tenido con algunos países hermanos, en donde ha habido clara intervención, participación de funcionarios de la entidad, en actuaciones de desestabilización”. Fue el 1° de mayo de este año cuando, en un acto público relacionado con el Día Internacional de los Trabajadores, Morales anunció la expulsión de USAID de Bolivia por “conspirar” contra su gobierno. Al justificar su decisión ante los medios, el mandatario boliviano había afirmado que "se trata de una cuestión de soberanía, de seguridad para el Estado" .
Como primera conclusión, una certeza: no es casual que ambos gobiernos adopten medidas similares frente a estos intentos de injerencia externa. Se trata de dos de los procesos de cambio social más radicales que tienen lugar en nuestro continente. Son, por esto mismo, experiencias por demás asediadas por un imperialismo que intenta avanzar sobre aquello a lo que no puede controlar. Las respuestas, por tanto, muestran una madurez creciente de estos procesos.
Quedan algunas preguntas: ¿Hasta que punto se pueden llegar a acuerdos con estos actores, visto y considerando los casos que mencionáramos en este artículo, sin dañar la soberanía nacional? ¿Cuál podría ser el interés de los gobiernos de América Latina y el Caribe en establecer, de acá en más, “cooperación” con agencias que, como vemos, presentan una difusa reputación democrática en nuestra región? ¿Pueden las ONG´s y agencias como USAID actuar “despojados” de un fin político que pareciera ser el fundamento de su propia existencia?
Los gobiernos posneoliberales de nuestro continente deberán analizar seriamente estos tópicos. Se trata, ni más ni menos, que de salvaguardar la soberanía de estos países, intentando evitar errores geopolíticos que puedan dar pie a una posible -y peligrosa- restauración conservadora en la región, para la que ya están trabajando firmemente los gobiernos de la Alianza del Pacífico.
Juan Manuel Karg. Licenciado en Ciencia Política UBA. Investigador del Centro Cultural de la Cooperación
¿Cuáles son las funciones que puede brindar una ONG en nuestros países? ¿Hasta donde se permite que las mismas puedan intervenir en asuntos internos, sin menospreciar la soberanía del pueblo y del gobierno en cuestión? Son preguntas que se han dado en estos días en Bolivia, a raíz de la decisión del gobierno de Evo Morales de expulsar del país a IBIS. Según declaró Juan Ramón Quintana, Ministro de la Presidencia, la ONG danesa “abusó de la hospitalidad de nuestro Estado y ya nos hemos cansado de que interprete de manera errada su papel en el país, el cual se limita al desarrollo de las comunidades”.
Quintana afirmó que esta no era una “decisión caprichosa”, al decir que el gobierno boliviano cuenta con pruebas fehacientes de los intentos de IBIS de incidir en la coyuntura política del país. “IBIS no estaba promoviendo el desarrollo, sino que operaba políticamente diciendo que el gobierno del presidente Evo Morales está extraviado, desorientando a las organizaciones sociales”, fueron sus palabras sobre esta ONG cuestionada, que ya había sido eyectada de forma similar -es decir, por los mismos motivos- de Ecuador. Las palabras de Quintana dejaron algo bien claro: en la decisión del gobierno boliviano primó un intento -casi instintivo- de salvaguardar la soberanía de un país (y un gobierno) que ha sido, durante estos años, de los más asediados de nuestro continente.
Al mismo tiempo en que sucedía esto, desde Quito se producían novedades relacionadas con la presencia de USAID en Ecuador. Es que, en estos días, llegan a su fin diversos programas de “ayuda económica-técnica” entre ambos, que habían sido firmados en el año 2007, durante la primer presidencia de Rafael Correa. De acuerdo a la información brindada por la agencia de noticias Reuters, USAID envió a Quito una carta para comunicar la cancelación de su ayuda por la imposibilidad de llegar a un acuerdo bilateral sobre su distribución. Según Reuters, USAID también habría aludido a la decisión de las autoridades ecuatorianas de no aceptar nuevos proyectos ni ampliar los ya existentes como razón para cancelar su ayuda.
El canciller Ricardo Patiño fue claro al respecto, al cuestionar los programas firmados, llamandolós “poco transparentes”. Incluso fue más allá, afirmando que “si USAID decidió irse, no les vamos a rogar que regresen”. Así, y sin mencionar directamente el caso, puso en consideración lo sucedido en Bolivia, al afirmar que “conocemos algunas malas experiencias que USAID ha tenido con algunos países hermanos, en donde ha habido clara intervención, participación de funcionarios de la entidad, en actuaciones de desestabilización”. Fue el 1° de mayo de este año cuando, en un acto público relacionado con el Día Internacional de los Trabajadores, Morales anunció la expulsión de USAID de Bolivia por “conspirar” contra su gobierno. Al justificar su decisión ante los medios, el mandatario boliviano había afirmado que "se trata de una cuestión de soberanía, de seguridad para el Estado" .
Como primera conclusión, una certeza: no es casual que ambos gobiernos adopten medidas similares frente a estos intentos de injerencia externa. Se trata de dos de los procesos de cambio social más radicales que tienen lugar en nuestro continente. Son, por esto mismo, experiencias por demás asediadas por un imperialismo que intenta avanzar sobre aquello a lo que no puede controlar. Las respuestas, por tanto, muestran una madurez creciente de estos procesos.
Quedan algunas preguntas: ¿Hasta que punto se pueden llegar a acuerdos con estos actores, visto y considerando los casos que mencionáramos en este artículo, sin dañar la soberanía nacional? ¿Cuál podría ser el interés de los gobiernos de América Latina y el Caribe en establecer, de acá en más, “cooperación” con agencias que, como vemos, presentan una difusa reputación democrática en nuestra región? ¿Pueden las ONG´s y agencias como USAID actuar “despojados” de un fin político que pareciera ser el fundamento de su propia existencia?
Los gobiernos posneoliberales de nuestro continente deberán analizar seriamente estos tópicos. Se trata, ni más ni menos, que de salvaguardar la soberanía de estos países, intentando evitar errores geopolíticos que puedan dar pie a una posible -y peligrosa- restauración conservadora en la región, para la que ya están trabajando firmemente los gobiernos de la Alianza del Pacífico.
Juan Manuel Karg. Licenciado en Ciencia Política UBA. Investigador del Centro Cultural de la Cooperación
Chomsky: "Israel y EE.UU. son felices viendo cómo los sirios se matan entre sí"
Ni Israel ni EE.UU. están interesados en la victoria de los rebeldes en el conflicto sirio, afirmó el famoso académico Noam Chomsky en una entrevista. A su juicio, estos países "son muy felices viendo cómo los sirios se matan unos a otros".
"Israel no ha mostrado ningún indicio de que quiera que los rebeldes ganen en Siria y, por cierto, tampoco lo ha hecho EE.UU.", dijo el académico y lingüista estadounidense al portal de noticias 'The Voice of Russia'.
Según Chomsky, esos dos países "son muy felices viendo cómo los sirios se matan los unos a los otros y nada parece indicar que deseen que la situación cambie".
En su opinión, si EE.UU. e Israel realmente quisieran derrocar al Gobierno de Bashar al Assad podrían tomar otras medidas aparte del envío de armas y los bombardeos. Sería suficiente, subrayó, que Israel movilizara a las fuerzas militares en los Altos del Golán.
"Si Israel movilizara a las fuerzas allí, el Gobierno sirio se vería obligado a mover las suyas al sur, aliviando la presión que ejerce sobre los rebeldes. Es algo muy simple que se podría hacer, pero no se habla de ello porque a Israel no le interesa que el Gobierno de Al Assad caiga", dijo.
¿Qué país amenaza con desestabilizar la paz global?
Durante la entrevista, Chomsky también habló acerca de la percepción de Irán en el mundo árabe. Occidente, EE.UU. y sus aliados "describen a Irán como la mayor amenaza para la paz mundial a causa de su programa nuclear, pero vale la pena tener en cuenta que se trata de una obsesión occidental", señaló el filósofo, que agregó que esta afirmación no la comparte buena parte del mundo.
Según explicó, es cierto que algunos "dictadores árabes se oponen a Irán y a sus políticas, pero la población de esos países tiene una opinión muy diferente sobre la nación persa". Además, declaró que el mundo árabe considera que EE.UU. e Israel son la verdadera amenaza, no Irán.
Chomsky afirmó que la cuestión de la proliferación nuclear en Oriente Medio podría resolverse únicamente mediante el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en esa región. La propuesta fue sugerida tiempo atrás por Egipto y apoyada por naciones de la región, pero nunca se materializó, lamentó el lingüista.
RT
"Israel no ha mostrado ningún indicio de que quiera que los rebeldes ganen en Siria y, por cierto, tampoco lo ha hecho EE.UU.", dijo el académico y lingüista estadounidense al portal de noticias 'The Voice of Russia'.
Según Chomsky, esos dos países "son muy felices viendo cómo los sirios se matan los unos a los otros y nada parece indicar que deseen que la situación cambie".
En su opinión, si EE.UU. e Israel realmente quisieran derrocar al Gobierno de Bashar al Assad podrían tomar otras medidas aparte del envío de armas y los bombardeos. Sería suficiente, subrayó, que Israel movilizara a las fuerzas militares en los Altos del Golán.
"Si Israel movilizara a las fuerzas allí, el Gobierno sirio se vería obligado a mover las suyas al sur, aliviando la presión que ejerce sobre los rebeldes. Es algo muy simple que se podría hacer, pero no se habla de ello porque a Israel no le interesa que el Gobierno de Al Assad caiga", dijo.
¿Qué país amenaza con desestabilizar la paz global?
Durante la entrevista, Chomsky también habló acerca de la percepción de Irán en el mundo árabe. Occidente, EE.UU. y sus aliados "describen a Irán como la mayor amenaza para la paz mundial a causa de su programa nuclear, pero vale la pena tener en cuenta que se trata de una obsesión occidental", señaló el filósofo, que agregó que esta afirmación no la comparte buena parte del mundo.
Según explicó, es cierto que algunos "dictadores árabes se oponen a Irán y a sus políticas, pero la población de esos países tiene una opinión muy diferente sobre la nación persa". Además, declaró que el mundo árabe considera que EE.UU. e Israel son la verdadera amenaza, no Irán.
Chomsky afirmó que la cuestión de la proliferación nuclear en Oriente Medio podría resolverse únicamente mediante el establecimiento de una zona libre de armas nucleares en esa región. La propuesta fue sugerida tiempo atrás por Egipto y apoyada por naciones de la región, pero nunca se materializó, lamentó el lingüista.
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“El pueblo ruso se siente engañado y estafado”

Rusia: Entrevista con Ramón Franquesa, a 22 años de la disolución de la URSS
Ramón Franquesa es profesor de Economía en la Universitat de Barcelona (UB), donde investiga la gestión de recursos naturales renovables, la economía social y los procesos de organización económica no capitalista. En la década de los ochenta participó en un programa de intercanvio de la Universidad Lomonosov de Moscú que le permitió ser testimonio de la disolución de la Unión Soviética y la rápida transición al capitalismo. Àngel Ferrero entrevistó a Ramón Franquesa para La Directa en el barrio de Gràcia de Barcelona. Esta es la transcripción íntegra de la entrevista.
¿Por qué motivo viajaste a la Unión Soviética?
Fui a finales de los ochenta por diversas razones, pero sobre todo porque trabajaba en un grupo de investigación de empresas autogestionadas y cooperativas de la Universidad de Moscú. En aquel momento se hbalaba de cómo se tenia que hacer la reforma económica, y, dentro de este debate, una de las cosas que se planteaban desde la izuiqerda era intentar ver cómo se podían transformar las empresas estatales, gestionadas por el Gosplan de manera muy poco eficiente, en un tipo de empresa más participada por los trabajadores, con más autonomía. El problema de partida era que la propiedad pública únicamente existía como propiedad estatal y eso condujo a que las empresas fueran poco eficientes y tuvieran poca capacidad de innovación. Éste era uno de los elementos que estaba llevando a la Unión Soviética a la pérdida de innovación y a perder, en cierto modo, la carrera económica con Estados Unidos.
El programa donde trabajaba era parte de un programa de intercambio universitario entre la Universidad Estatal de Moscú, la Lomonossov, y la Universidad de Barcelona, pero también era muy informal, porque no había dinero para financiar un proyecto como ahora. Lo que había era un acuerdo de intercambio de conocimientos. En la Lomonossov trabajaba en seminarios y grupos de investigación, pero no en las clases formales. Mi ruso era limitado y la Unión Soviética era un país cerrado en sí mismo. No se podía impartir en otra lengua que no fuera la rusa. Los catalanes que fuimos no tuvimos ningún tipo de retribución, el programa sólo cubría la estancia. Una parte del acuerdo era que yo no podía dejar mis obligaciones académicas en Barcelona. Gracias al resto de los profesores, podía concentrar las clases y eso me permitía tener largas estancias en la URSS.
¿Cuántos años estuviste?
Estuve cuatro años, pero ellos continuaron con el programa. Cuando se disolvió la URSS y se emprendió un camino claro de privatización, su esperanza quedó truncada. Se pasó de unas empresas estatales poco eficientes a unas empresas privadas en manos de grupos de mafiosos. Muchas veces los antiguos directores terminaron apropiándose de aquellas empresas.
Visitaste fábricas y centros de trabajo.
Parte del programa era mantener conversaciones con los trabajadores. El problema que vivia la URSS era técnico, desde el punto de vista económico, pero también político. Parte de un factor de desánimo, no sólo para mí, sino para mucha gente que trabajaba con nosotros, era observar que los trabajadores no entendían lo que estaba ocurriendo y cuáles serían las consecuencias de la privatizacion de las empresas. Sólo veían a corto plazo una relajación de las obligaciones y una tolerancia más grande hacia el mercado negro. Recuerda que en aquella época una parte importante de los ingresos de los trabajadores procedía de llevarse los productos de la fábrica para venderlos en el mercado negro. En estos años de transición, los directores de la fábrica que aspiraban a quedarsela compraron una cieta paz social a partir de la tolerancia hacia este hecho. Después, evidentemente, la situación se invirtió y pasaron a comportarse como verdaderos empresarios: desaparece cualquier concesión en la jornada laboral (hasta entonces el absentismo era frecuente) o en la tolerancia hacia el hurto.
Has explicado que una parte del proceso fue convertir a los obreros en accionistas y después presionarlos para convencerlos de que vendieran sus acciones.
Eso fue en la etapa final. Tienes que pensar que todo el proceso fue muy caótico. Se pretendía privatizar a las empresas, pero este proceso se hizo sin que existiera un sistema impositivo, porque en la URSS, donde todas las empresas eran propiedad del estado, no había beneficios empresariales. Una de las dificultades era que, al introducir un mercado –como instrumento de medida de la calidad–, tenían que introducirse, también, impuestos, mercados de materias primas, productos, etcétera. En este proceso se tenía que introducir un sistema fiscal. Este sistema, sin embargo, no se introdujo hasta más tarde y todavía hoy Rusia tiene un sistema fiscal más que deficiente. La evasión fiscal era (y sigue siendo) elevada y las empresas no tributaban lo que tributarian en un estado capitalista mínimamente avanzado. Los beneficios empresariales tributaban de manera muy deficiente o no lo hacían en absoluto. El estado se quedó rápidamente sin recursos. El único recurso que le quedó fue el de imprimir rublos y generar inflación. Eso provocó una pérdida del valor adquisitivo y la ruptura del acuerdo social que existía previamente. Todos los acuerdos sociales, salarios, pensiones, etcétera, dejaron de tener sentido. La inflación galopante obligó a los pensionistas a volver a trabajar y aniquiló toda la legalidad que se había acumulado durante la Unión Soviètica. Pero políticamente convenía, porque muchos de los empresarios no querían pagar impuetsos y porque era una manera de romper los acuerdos sociales que no podían cambiarse de un día para otro a golpe de decreto. El mecanismo para conseguirlo fue la devaluación de la moneda. Eso formaba parte del caso, que fue un caos planificado por determinados sectores sociales para desmontar la estructura administrativa del país.
¿Qué tipo de debates teníais con los trabajadores?
En este proceso, nuestro trabajo era intentar convencer a los trabajadores y sindicalistas que no vendieran su participación en la propiedad de la empresa, sino que la reinvidicassen para su colectivo laboral. En el momento clave de la transición, cuando Yeltsin llega al poder, el que hace es estimar el valor de todos los activos del país y dividirlo por el número de habitantes para asignar a cada habitante una participación en el valor del país. Este cálculo se hizo de manera fraudulenta. La gente recibió una especie de acciones y los directores de una empresa, si querían comprarla, tenían que reunir las acciones que valía para que el estado se la cediese. Lo que hicieron los empresarios fue comprar estas acciones a los trabajadores, mucho de los cuales llevaban dos mesos sin cobrar, sufriendo calamidades, y dispuestos a vender su participación a bajo precio, prácticamente los precios que les ofrecieron, porque así salían del brete en que se encontraban. La falta de perspectiva política y conocimientos económicos llevó a que la gente se desprendiese masivamente de estas acciones. La diferencia salarial en la URSS era de uno a seis. En este período surgió un núcleo de unas 200 ó 300 mil personas que, de repente, podían comprar el país. La única manera de que aquello fuera posible fue, evidentemente, a través del fraude, el robo y la extorsión.
¿Qué pensaban los trabajadores?
En la URSS la percepción de los trabajadores era que el director de la empresa no era una persona que los estuviera explotando (y, de hecho, era así), sino un intermediario entre ellos y un poder central que se encontraba muy lejos, el Gosplan, la oficina central de planificación en Moscú. Esta persona intermediaba entre el centro y ellos de manera paternalista. Por ese motivo muchos obreros pensaban que la transferencia a estos directores mejoraría todavía más su situación. Así que les vendieron sus acciones. Pero, obviamente, cuando esta persona pasó a tener la propiedad de la empresa ya no se comportó del mismo modo.
Uno de los problemas añadidos era que, si había una incultura económica entre los trabajadores, también la había entre esta clase burocrática. Eso contribuyó a la caída del país. Muchos de estos directores ni siquiera sabían actuar como capitalistas. El primer error que cometieron fue, una vez apropiadas las empresas, capturar como beneficio económico toda diferencia entre costes e ingreso. Es decir, no amortizaron la maquinaria. Es un error grave. Ningún gerente en un país capitalista es capaz de cometer un error así, no entender que algún día tendrá que reponer la maquinaria. Como que se trataba de empresas públicas, la inversión siempre la hacía el estado, no partía de una acumulación interna en la misma empresa. En algunos lugares, cosas como alguna reposición, reparar el techo o poner las bombillas podía correr a gasto de la empresa, pero en cualquier caso la gran inversión procedía del estado. Y estos gerentes que se apropian de las empresas que habían hecho funcionar durante decenios siguen actuando al día siguiente como lo hicieron durante todo aquel tiempo.
Durante la URSS, el Estado se quedaba antes con los beneficios. Había corrupción, pero vista la corrupción que hay hoy en día, la corrupción de aquella época nos parece de risa. Corrupción, en aquella época, quería decir que el director se llevaba a casa un televisor o dos botellas de champán. Era una corrupción que tenía efectos sobre todo en el plano moral. El drenaje de recursos se hacía en la infeiciencia y no porque nadie acumulase grandes cantidades de bienes materiales, entre otras cosas porque uno de los aspectos de la cultura, de la sociedad soviética (tampoco necesariamente demasiado sano, pero era parte de como era la gente) era la envidia. Si el vecino tenía demasiadas cosas, inmediatamente se generaba un entorno agresivo. Quien tenía, tenía que esconderlo y no hacer ostentación, porque de lo contrario tenía quedar explicacions de dónde había salido todo aquello. Era una sociedad que se vigilaba mutuamente y la corrupción estaba limitada.
Cuando llegó el cambio, esta corrupción ya no es de un televisor, sino de coches, casas, inversiones, dinero que se saca rápidamente al exterior. Estos supuestos empresarios se quedan con la empresa, pero la gestionan mal, no hacen, por ejemplo, ninguna inversión. Muchos se convirtieron en simples liquidadores de empresas. Es decir, compraron la empresa y vendieron la maquinaria como chatarra. Es cierto que la situación era muy difícil. Tal era el caos dentro de la Rusia post-soviética, que una fábrica de tejidos, por ejemplo, tenía muchas dificultades para conseguir algodón, porque los transportes no funcionaban o la materia prima se robaba durante el transporte. Al final muchos optaron por vender la maquinaria a los japoneses como chatarra a cambio de tener una cuenta corriente en Suiza, pongamos por caso. En muchos casos se vendieron los terrenos o los apartamentos que eran propiedad de la empresa. Estas liquidaciones no ayudaron a la economía, más bien todo lo contrario: mucha gente terminó en la calle y sin nada, ya que había vendido antes sus acciones de la empresa.
¿Qué papel jugó el capital extranjero?
Las empresas que aún se resistían se vieron forzadas a vender la propiedad a empresas extranjeras a precios muy bajos, la mayoría de las cuales tenía como objetivo cerrarlas para terminar con la competencia. Para evitar una catástrofe, en Polonia, por ejemplo, tuvieron que aprobar una ley excepcional que prohibía la compra de terreno por parte de alemanes. En Rusia, las “inversiones” fueron, sobre todo, estadounidenses. Durante toda la transición había un cierto papanatismo hacia la superioridad estadounidense. El pueblo ruso se ve en este momento derrotado por una potencia que económicamente parece mayor y más capaz, y por lo tanto, el país a imitiar se convierte inmediatamente en los EE.UU. Al menos para una parte de la sociedad. La otra se convirtió al antiamericanismo, que se irá reforzando con el paso del tiempo. En sus inicios había un elemento racional en todo esto, porque los directores rusos se habían limitado en su mayoría a liquidar empresas, pero esta esperanza se desvaneció rápidamente. Estados Unidos no optó por construir un aliado estratégico ayudando a su desarrollo, sino que intentó arruinar al país tanto como pudo. Se siguió vengando del enemigo de la Guerra fría en el pueblo ruso. No era un problema que tuvieran solamente los antiguos dirigentes del Kremlin, a algunos de los cuales los trató i sigue tratando muy bien, sino que era un conflicto que tenía con el pueblo ruso. Y el pueblo ruso ha pagado este odio de sectores influyentes de Estados Unidos y sus aliados. Si algún país ha sido beligerante con Rusia, ése ha sido EE.UU. Yo creo que a medio plazo el antiamericanismo jugará un papel fundamental en Rusia, porque el pueblo ruso se siente engañado y estafado. Todas estas empresas, en el mejor de los casos, se convirtierion en plataformas de distribución de mercancías del extranjero.
De hecho, la dependencia externa continúa siendo uno de los problemas de la economía rusa.
Rusia pasó de ser un país que tenía todo tipo de producción industrial a convertirse en un país exportador de materias primas. Lo que acaba salvando a Rusia es el gas y el petróleo. Pero, claro, eso no es propio de un país desarrollado, es propio de un país de la periferia que compensa todas sus deficiencias estructurales exportando materias primas: petróleo, gas, madera...
¿Qué explica la pasividad de la población rusa?
Hay diversos factores que explican este fenómeno. En primer lugar, políticos y culturales. La gente había delegado la política a los dirigentes. La idea general era que otro tomase las decisiones, porque tomar decisiones, después del estalinismo, era un asunto arriesgado. La URSS era una sociedad que teóricamente estaba en manos de los ciudadanos, pero éstos en realidad no participaban políticamente ni tenían cultura política. El efecto desmoralizador que supuso ver cómo estos dirigentes, que hasta hace cuatro días hablaban de socialismo, se convertían en los primeros ladrones, fue enorme. El péndulo pasó rápidamente de un lado al otro. El rico quería demostrar que era rico, entre otros motivos, para atemorizar a la gente que tenía a su alrededor. Yo no he visto en Occidente tanta ostentación como la que había en la Rusia de entonces: en coches, en vestidos, en escoltas (como el país había quedado en manos de mafiosos y la ley no se aplicaba, muchas cosas se solucionaban simplemente a tiros). Uno de estos “nuevos rusos” podía llevar una escolta de 20 personas armadas, con las armas visibles. Veteranos de Afganistán, mafiosos... Empujando a la gente por la calle en Moscú mismo. La sensación de impotencia ciudadana, en un país donde hasta entonces los policías ni siquiera llevaban pistola cuando patrullaban (casi nunca pasaba nada), augmentó considerablemente.
¿Cuál fue el proceso que llevó del entusiasmo al desengaño y después a la nostalgia?
Si la gente pudiera votar, lo haría a favor de volver a la situación anterior. Pero las estructuras han cambiado. Y los cambios no son fácilmente reversibles. Es un proceso largo, pero como todo proceso social, hay cosas que se van acumulando lentamente, hasta que en un momento dado explotan y después se aceleran inmediatamente.
¿De dónde venían los problemas? En los años veinte el estalinismo despolitizó a la sociedad. La participación política se transforma en una sumisión cuasirreligiosa. Las decisiones se van delegando en escalas superiores de la jerarquía, porque cualquier decisión podía hacerte terminar en un campo de concentración. La gente s elimitaba a cumplir estrictamente las órdenes. Eso empobrecía la sociedad. El estalinismo transformó un país agrario en uno industrial. En los treinta existe la sensación de que Rusia está asediada y de que en cualquier momento serán aniquilados. La sensación tenía una base real. Como estamos asediados, se piensa, hay que acabar con el enemigo en cualquiera de sus expresiones, entre ellas la disidencia.
La Segunda Guerra Mundial reactivó la sociedad por la sensación, nada equivocada, de que, o ganaban, o eran destruidos como nación. Se puso marcha de nuevo toda la creatividad revolucionaria: la gente no espera a recibir órdenes y toma la iniciativa para producir, para combatir, para improvisar la defensa. Pero terminada la Segunda Guerra Mundial, todo eso se termina. Después de la Segunda Guerra Mundial, la sensación de ser destruidos desaparece. Jruschov intenta corregir las desviaciones del estalinismo, pero el legado es demasiado grande. Después lo intentaron Kossiguin, Andrópov y, finalmente, Gorbachov. En la historia soviética hay un intento permanente de salir del modelo de socialismo estatalista para ir hacia un modelo descentralizado: en la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin, en el intento de reforma de Kossiguin o en la perestroika de Gorbachov. Pero la inercia siempre fue demasiado grande. Breznev destituye a Jruschov, y durante su mandato, que parece muy tranquilo, el estancamiento se extiende como un cáncer. Breznev hace, a grandes rasgos, una combinación para salir del brete: saca todos los elementos represivos del estalinismo, pero manteniendo sus funciones económicas, muy estatalizadas e ineficientes. No hay incentivos materiales, ni incentivos económicos. Los incentivos morales no tienen una duración estructural, sólo se mantienen en tiempos de crisis y guerra. ¿Por qué trabajaba la gente durante el estalinismo? Por miedo. El estalinismo era un sistema brutal e inmoral, pero, tristemente, que funcionaba económicamente. Con Breznev se mantiene la fachada ideológica a la vez que se eliminan los castigos, y el sistema, lógicamente, se va pudriendo, de manera que, cuando llega Gorbachov al poder años después, se encuentra con una productividad muy baja.
Te doy un ejemplo: durante una serie de visitas a una fábrica vimos a un hombre sentado en una silla sin hacer nada. Cuando preguntamos cuál era su función, nos respondieron que formaba parte de la plantilla. “¿Y por qué lo tenéis sentado?”, preguntamos. “Este hombre es un alcohoólico. Si lo ponemos en la cadena de producción nos causa problemas. Por lo tanto, preferimos tenerlo sentado y que no nos dé quebraderos de cabeza”, me respondieron. Eso tiene una parte humana importante (nadie se planteaba su despido), que forma parte de la ambivalencia moral de la URSS. Pero eso mismo destruía el país. Porque, a finale de mes, cuando aquella persona recibía su salario, era el mismo que el del obrero que había ocupado su puesto de trabajo de ocho horas, generando un sentimiento de agravio comparativo. Así que mucha gente comenzaba a plantearse por qué esforzarse si, en cualquier caso, cobraría igual. Todo eso hizo que la gente perdiese el interés y la motivación por su trabajo, y agravó la situación. Pero, ¿cuál era la situación? ¿Una vuelta al estalinismo, a la coacción? ¿Introducir mecanismos de incentivos salariales?
Muchos ven en la reforma de Gorbachov la brecha por donde se coló el capitalismo.
La reforma era necesaria. Pero en esta situación, la gran mayoría social era incapaz de tomar la iniciativa. No hubo ningún diálogo social para corregir este tipo de situaciones, apra encontrar soluciones justas en lugar de normalizar un hecho que no lo era. Era una salida complicada, que necesitaba mucha participación de la gente, porque en el momento en que se descentraliza la economía, la gente no acaba de entender la necesidad de un socialismo autogestionario. Todo el mundo ve que un socialismo estatalizado –y mucho más después de la experiencia soviética– retrae la iniciativa popular y tiene aspectos muy desagradables. Pero un socialismo descentralizado implica que la sociedad tiene que crear tipos impositivos, límites sobre qué nivel de desigualdad es aceptable, cuál es el salario base para que las personas marginales como la del caso anterior no queden en situación de riesgo de pobreza, etcétera. Y eso implica una gran participación social para reorganizar a la sociedad. Si la personas se retraen, si se niegan a participar, si se hace una asamblea de trabajadores y nadie habla, la reforma no es posible. Éste era el problema.
Quienes se apropiarion de los recursos también se apropiaron de la iniciativa política. Y buscaron la brecha, que fue efectivamente la reforma, para convertir lo que tenía que ser una reforma de carácter socialista en un paso en dirección al capitalismo salvaje en un período muy breve de tiempo. Se cuelan por esa brecha, pero no por la reforma en sí, sino por la pasividad política de la población. Una población que había perdido su protagonismo, que no entendía lo que sucedía después de años de escuchar que aquel socialismo en el que vivían era el correcto. Es una situación muy complicada. Esta misma tradición jugó en contra del cambio hacia un modelo de socialismo descentralizado.
¿Qué pasó con el Partido Comunista?
Todos los partidos posteriores salieron del Partido Comunista. Y no de cualquier sitio, sino de la dirección misma, del Comité Central. Después del golpe de estado de Yeltsin [en 1993], la misma persona que antes ocupaba un cargo seguia ocupándolo en el nuevo régimen, sin cambiar de despacho ni de teléfonos. Una pequeña parte de la gente continuó en el proyecto de transformación social, pero no fue el caso, obviamente, de la mayoría de dirigentes, todos los cuales procedían del PCUS. En el PCUS existía la sensación de que el negocio se había ido a pique y había que montar otro. Cada uno se montó su propio partido, buscando un pretexto ideológico. Para aquella gente, educada en la época de Brezhnev, donde cada vez había más diferencias entre lo que se decía y lo que se hacía, el ejercicio de la política era el ejercicio del cinismo y de la mentira. En lugar de hablar del pueblo soviético comenzaron a hablar del pueblo ruso y la iniciativa individual. Pero son las mismas personas, que a veces, con la fe del consverso, adoptan otro catecismo, con el mismo cinismo que tenía antes.
Recuerdo la siguiente anécdota: el alcalde de Bucarest tomó la decisión de destruir el monumento a Marx. Un socialismo fue a verlo para protestar contra el fanatismo de llegar a destruir una estatua de Marx, que no tenía culpa de nada, y pedirle que detuviera la demolición. La respuesta que le dio fue: “No te preocupes. Probablemente tengas razón. Pero ahora la gente nos pide que la destruyamos. Si consegues cambiar su opinión, ven a verme de nuevo para que la vuelva a poner.” La idea que había al detrás no es sólo la hipocresía de esta persona, sino que él se veía a sí mismo siempre como alcalde. Si para serlo antes tenía que colgar un retrato de Marx, ahora sólo tenía que cambiarlo por el de Milton Friedman. Y, si la gente cambiaba, entonces él sacaría el de Friedman y volvería a poner el de Marx.
El PCUS básicamente estalla en una serie de partidos políticos que después acaban convergiendo hasta lo que hoy es Rusia Unida. Tienen a algunos críticos con el gobierno soviético, pero básicamente se compone de antiguos funcionarios del partido y siguen funcionando del mismo modo que siempre lo habían hecho con sus aimgos, sus familias y sus círculos de influencia.
¿Y el núcleo duro del PCUS?
El PCUS se disolvió para disolver a la entidad que había designado a mucha gente en sus cargos. Al desaparecer esta entidad, nadie los podía echar, al menos tmeporalmente. Por ese motivo quien disuelve el PCUS es, básicamente, la misma dirección del propio PCUS. Y quieren una disolución rápida, no sea que haya otro golpe de estado y la nueva dirección los destituya a todos. Así se disuelve el organismo del cual, irónicamente, partía su legitimidad, en el que habían hecho carrera política y gracias al ocual ocuparon su cargo. El Partido Comunista restante se componía de una base social que, en buena medida, se sintió engañada, y que, adoptando una actitud nostálgica, lo reconstryue.
Pero sin ningún tipo de autocrítica y con un fuerte componente nacionalista.
La mayoría de dirigentes comunistas continua teniendo vínculos muy estrechos con el antiguo sistema. El Partido Comunista no ha jugado un papel radical de oposición a las medidas de liberalización. Juega un papel de acompañamiento, de “leal oposición”. Por otra parte, una parte de estos cuadros intenta recuperar la situación que tenía en el pasado.
Con el cambio de sistema se podía pasar de tenir mucho poder a quedar mal colocado. La gente que quedó mal colocada se quedó en el Partido Comunista, junto a muchos que seguían compartiendo le ideal socialista, pero es un ideal socialista que mira, sobre todo, al pasado. Para muchas deestas personas, el programa simplemente es volver a lo que había antes, a pesar de que la historia no vuelve nunca para atrás. Esta nostalgia hace muy difícil que a corto plazo pueda recuperar un papel relevante. Todo esto, en cualquier caso, es muy incierto, como lo son todos los procesos sociales. El Partido Comunista de la Federación Rusa (KPRF), que actualmente es el principal partido de la oposición, tampoco tiene propuestas serias.
¿De dónden surge el nacionalismo?
Surgen de la percepción, real, de que los están destruyendo...
¿Y fenómenos hasta entonces desconocidos, como la xenofobia?
No eran fenómenos desconocidos, ése es era el problema. Uno de los elementos que articula el estalinismo en los últimos años es el antisemitismo. Los judíos tuvieron el papel de chivo expiatorio de los problemas de la URSS, de lo que no funcionaba. Yo lo viví durante la época de Gorbachov, a quien también acusaban de ser judío sectores próximos a Yeltsin. La envidia hacia los judíos era muy grande, porque los judíos, perseguidos secularmente, vieron en la URSS la posibilidad de liberarse. Muchos de los dirigentes bolcheviques son de origen judío. ¿Por qué? Porque son un grupo perseguido y porque su tradición interna de grupo oprimido es muy importante, para sobrevivir en la sociedad, obtener una cualificación. En la URSS, cuando comienza a generalizarse el acceso a las universidades y academias, los judíos animan a sus hijos a estudiar. Como consecuencia, la representación judía en la intelectualidad era enorme. Eso se interpretó entre la población rusa como si los judíos se ayudasen entre ellos o incluso conspirasen contra los rusos étnicos. Yo recuerdo haber visto en Leningrado, poco antes de la disolución de la URSS, carteles que parecían propios de la Alemania nazi, con lemas como “los judíos están destruyendo a la Unión Soviética” o “los judíos nos roban”. El antisemitismo y el racismo fueron utilizados como válvula de escape para todo lo que fallaba en la URSS. A corto plazo, muchos judíos se marcharon del país, gracias también a la política de Israel, que favorecía su emigración, sabiendo perfectamente que se trataba de inmigrantes cualificados. Desde el punto de vista cuantitativo, puede que no fuera muy significativa, pero desde el punto de vista cualitativo sí que lo fue y contribuyó al declive del país.
¿Qué pasó con el resto de repúblicas soviéticas?
En general no tuvieron muy buen final. No olvidemos que en las repúblicas bálticas la población rusa continua sin tener papeles. Con el argumento de que no conocen las lenguas propias de estos países se les niega el pasaporte y el derecho a votar. Hablamos de familias que llevan viviendo en el territorio desde hace generaciones, cientos de años. Y la Unión Europea permite esta aberración. Eso ha dividido el país en dos campos, porque son culturas y lenguas muy diferentes. Los rusos no son reconocidos en ninguna de las repúblicas bálticas como minoría. Evidentemente, eso genera un aumento del nacionalismo panruso y una dinámica muy peligrosa de cara al futuro. Los rusos que viven en Lituania, desprovistos de papeles, se convierten en mano de obra a bajo precio, que a su vez presiona el mercado laboral a la baja. Y además está la historia: los nacionalistas lituanos apoyaron a los alemanes durante la Segunda Guerra Mundia. Y dos generaciones son pocas.
La población rusa vive marginada, no tiene derecho a voto y en las zonas donde viven hay una falta de inversiones consciente y buscada. Todo eso tenía que haberse terminado con la Unión Europea, que teóricamente no permite este tipo de discriminación. Pero no ha pasado nada. Se ha permitido que estos países sigan funcionando así. De hecho, lo ha empeorado, porque el nacionalismo báltico se ve legitimado para continuar y aumentar esta discriminación.
¿El grupo de investigación continuó?
Continuó con muchísimas dificultades, y, desde el punto de vista institucional, está en la marginalidad. En Rusia los sujetos políticos continuan muy anclados en el pasado. El KPRF es un partido con muchas particularidades, especialmente en la dirección. Muchos de ellos tienen vínculos con gente muy alejada políticamente del comunismo. Cuanto más lejos queda todo aquello, cuanto más dura es la realidad, cuanto más pasa el tiempo, más se olvidan los defectos que tenía el sistema y más se idealiza. Hasta que no haya un cambio generacional es difícil que puedan surgir cosas nuevas. La primera generación que no tiene recuerdos y no ha estado implicada en aquel proceso, y que, por lo tanto, no tiene trapos sucios que esconder, ahora comienza a participar políticamente. Ya veremos lo que pasa.
Àngel Ferrero
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