jueves, mayo 28, 2020

Jornada de furia en múltiples ciudades de Estados Unidos por el asesinato racista de George Floyd



Se extienden las protestas luego de que la policía de Minneapolis asesinó a George Floyd el lunes 25. El terrible crimen, registrado en un video explícito de diez minutos, ha hecho rebalsar la bronca por un reforzamiento marcado de la política represiva contra la comunidad negra en Estados Unidos.
En Minneapolis los choques de la comunidad negra y otros manifestantes con la policía continuan desde hace 48 horas. El martes, los manifestantes que salieron a cantar “podría haber sido yo” fueron reprimidos con balas de gomas y gases lacrimógenos. El miércoles el alcalde demócrata, Jacob Frey, se decidió a despedir a los cuatro policías que detuvieron y lincharon a Floyd. La concentración que rodeó esa noche al destacamento central de la policía de Minneapolis fue aún más masiva que la primera noche, y fue recibida con gases, palos y balas de goma. Los choques con la policía, incluyendo incendios y saqueos de comercio, duraron toda la noche. La policía de Minneapolis había recibido desde esa noche los refuerzos de la delegación de la Guardia Nacional del Estado y de fuerzas policiales de ciudades vecinas.
Las imágenes de francotiradores policiales actuando contra los manifestantes y las horas de combates y persecuciones desmentían la idea de que el asesinato haya sido un caso aislado, y que el peso del Estado esté colocado en el procesamiento de los asesinos uniformados.
En la noche del 27 hubo manifestaciones también en Memphis, Tenessee, donde la policía local se pertrechó con armamentos antidisturbios frente a la protesta en la central de policía.
El jueves 28 manifestantes contra el asesinato de Floyd, que venían de concentrarse frente a los tribunales de Los Angeles, California, cortaron ambas manos de la enorme autopista 101. Cuando patrulleros policiales embistieron el piquete y los manifestantes reaccionaron rompiendo los vidrios de los patrulleros y subiendo a ellos.

La opresión insostenible de la comunidad negra

El impacto por el asesinato de Floyd sigue a la conmoción por otros casos bajo la pandemia, como el de Ahmaud Arbery el 23 de febrero en Georgia, asesinado por un policía retirado y su hijo, o el asesinato de la trabajadora de salud Breonna Taylor, el 13 de marzo, por la policía de Louisville, Kentucky, que entraron a su casa y le dispararon ocho veces, alegando haberla confundido con una persona buscada que ya estaba en custodia policial. Se trata de una política represiva profundamente sistemática. Uno cada mil hombres negros en EE.UU. muere asesinado por fuerzas policiales.
Es violento el contraste con el tratamiento recibido por los grupos anticuarentena armados derechistas (compuestos por blancos) que han ocupado edificios públicos y hecho otras acciones provocativas, sin ser reprimidos ni, en general, siquiera demorados por las fuerzas de seguridad.
La desesperación en la comunidad negra tiene otros agravantes. El impacto de la creciente desocupación y recesión es enorme, y el impacto sanitario del coronavirus también está reforzado por la pobreza y falta de atención sanitaria. Mientras, la población afroamericana, que compone el 13% de la población, ha sufrido por lo menos el 25% de las 100 mil muertes vinculadas al virus en el país (DemocracyNow, 28/5).

El complejo policial y carcelario, una política de Estado

Estas movilizaciones son un nuevo ascenso del movimiento en defensa de la comunidad contra la brutalidad policial. El movimiento Black Lives Matter surgió en 2014 luego del asesinato de Eric Garner asfixiado por policías neoyorkinos. Los gritos de “no puedo respirar” de Floyd remiten directamente a las últimas palabras de Garner.
Este movimiento de lucha pone en el banquillo de los acusados a todo un régimen político que viene reforzando el Estado policial y carcelario y defendiendo sus prácticas racistas. El discurso de odio de Trump lo promueve abiertamente, pero también se multiplicó el complejo represivo bajo los gobiernos de Clinton y Obama. El candidato demócrata Joe Biden se ha jactado hace unos años ser el autor original de la Ley de Control de Crimenes Violentos de 1994 (The Hill, 28/5) presentada por Clinton que dio lugar a un pico de encarcelamientos masivos sin juicios ni condenas, por el que incluso Clinton pidió perdón en 2015.
Los luchadores contra el imperialismo en todo el mundo apoyamos completamente a sus víctimas domésticas y su lucha contra el aparato de Estado racista y asesino que los oprime.

Guillermo Kane

Lacalle vs. Lacalle: Dos presidentes, un modelo

El apellido Lacalle forma parte de una de las familias patricias del Uruguay. Se puede rastrear al menos en 1873 cuando Luis Alberto de Herrera nació. Fue uno de los caudillos del Partido Nacional y como su apellido lo dice, fundó la línea que se denomina “herrerismo”, el ala más conservadora de este partido tradicional.
Su nieto, Luis Alberto Lacalle fue presidente en la oscura noche neoliberal de los 90. Precisamente entre 1990 y 1995. Este pasado 2019, su hijo, Luis Lacalle Pou ganó las elecciones en coalición con cuatro partidos más del arco de la derecha. Asume este 2020 en medio de una pandemia inusual pero que a pesar de ello sigue con su plan de ajuste y de transferencia de los de abajo hacia los de arriba.
Dos políticos que forman parte del mismo linaje, dos presidentes en escenarios distintos pero con un proyecto en conjunto.

Reminiscencias noventosas

Es difícil comparar un gobierno que finalizó con otro que apenas está llegando a su primer trimestre, pero podemos trazar puntos en común, porque la oligarquía uruguaya tiene un proyecto que trasciende a lo electoral, aún cuando –igualmente- la disputa del Estado es central en su camino.
Empecemos por caracterizar el gobierno de Luis Alberto Lacalle Herrera. Asumió el primero de marzo de 1990. El 39% del electorado votó al Partido Nacional pero solo el 22% optó por Lacalle. La ley de lemas de ese entonces le permitió ponerse la banda presidencial.
A los 15 días de haber asumido firmó una carta de intención con el Fondo Monetario Internacional (FMI). Según James Raymond Vreeland, especialista en economía política e instituciones internacionales, el caso del Uruguay de ese entonces fue único y raro. Luego de haber estudiado todos los países que habían firmado cartas de intención con el FMI desde 1952 al 2000, Vreeland llegó a la conclusión de que Uruguay no necesitaba hacer ningún acuerdo con esta entidad.
Dos curiosidades. La primera vez que Uruguay firmó una carta de intención con el FMI la hace en el primer gobierno del Partido Nacional en el año 1960. El negociador con el FMI en la década del 90 fue Ernesto Talvi que hoy se desempeña como Ministro de Relaciones Exteriores en el gobierno de Lacalle Pou.
Siguiendo con Vreeland, el gobierno de Lacalle Herrera se autoimpuso las condiciones de ajuste fiscal y no al revés como sucede generalmente entre gobiernos y el FMI.
Segun la pagina gobiernopartidonacional.com el PBI, en el quinquenio 1990-95, creció un 23,5%, pero no disminuyó la desigualdad social. Lacalle limitó el incremento salarial a 15% cuando la inflación era de 33%. Es más, a finales de 1990 un estudio de la CEPAL reveló que el 50% de los hogares uruguayos vivía en la pobreza.
En 1992 se produjo una huelga policial sin precedentes en Uruguay. En enero de 1993 se cometió el crimen de Eugenio Berríos ((bioquímico de la Dirección Nacional de Inteligencia chilena que habría inventado el gas sarín)). En el mismo estuvieron involucrados militares uruguayos en ejercicio. Uno de ellos integró una de las listas del novel partido de ultraderechas Cabildo Abierto.
En agosto de 1994 acontecieron los hechos en las inmediaciones del Hospital Filtro que popularmente es conocida como “la masacre del Filtro” donde la policía reprimió y el resultado fue de dos fallecidos y cientos de heridos. Hasta el día de hoy no hay condenados por estos hechos.
A grandes rasgos, el gobierno de Lacalle Herrera se dedicó a liberalizar la economía, recortar el gasto público, subir los impuestos, eliminar los Consejos de Salarios, buscó eliminar el derecho a huelga, reformar la seguridad social y privatizar las empresas públicas. Esto último fue revertido por votación popular en un referéndum que le dijo no a las privatización con un contundente 72% versus 23%.
Su gabinete estaba compuesto por personajes que mostraban el talante de ese gobierno. En el Banco Central, Ramón Díaz, el intelectual orgánico del neoliberalismo por excelencia de estas tierras. En inteligencia militar al General (r) Mario Aguerrondo, vinculado a la dictadur,a y para completar la plana, Enrique Braga al frente del Ministerio de Economía, un representante de la oligarquía financiera.
Punto aparte merece la larga lista de altos mandos del gobierno procesados: incluso el apellido Lacalle estuvo salpicado por casos de corrupción.
La pregunta que queda: ¿Lacalle Pou finalizará el proyecto inacabado de su padre Luis Alberto Lacalle?

Ayer es hoy

Llegamos a 2020. El proyecto del “bloque social de la restauración” como dice el periodista de Brecha, Victor Hugo Abelando, vuelve a tomar las riendas del gobierno luego de coaligar cinco partidos políticos para vencer al Frente Amplio.
Esta victoria fue vitoreada por la Asociación Rural del Uruguay, el movimiento social-rural “Un Solo Uruguay”, el diario conservador El País, las cámaras empresariales y los medios de comunicación privados. Son los mismos sectores que apoyaron al gobierno “blanco” de los 90.
Lacalle Pou ha definido la agenda de su gobierno como de Provida. En su investidura como Presidente asistió a una misa que brindó el Cardenal Sturla. La última vez que un presidente asistió a un evento como éste fue hace 100 años, en la misma época en la que el Estado se separó de la Iglesia.
Como agregado, en una de sus cadenas nacionales encubiertas de todos los días por la pandemia, dijo que los femicidios son “daños colaterales” de la cuarentena. El componente conservador se expresa claramente.
El primer mandatario empezó marcando la cancha desde un principio. El primero de mayo le negó la cadena nacional a la central de trabajadores PIT-CNT aduciendo que las mismas cayeron en desuso y son anticuadas. Pronto en las redes sociales, aparecieron tuits del presidente pidiendo por cadenas nacionales cuando era oposición.
La misma resolución tomó con respecto a la histórica Marcha del Silencio, manifestación convocada por los familiares de desaparecidos de la última dictadura todos los 20 de mayo. La negativa vino acompañada de que ese mismo día y a la misma hora el jerarca anunció el retorno a clases.
Esto no solo generó crispación en el colectivo de familiares sino en gran parte de la población. La indignación parece que llegó a las oficinas de la Torre Ejecutiva (de la Presidencia) y Lacalle Pou decidió posponer un día más el anuncio.
Todo esto nos lleva a presentar varias interrogantes. ¿El presidente no sabía de la Marcha del Silencio? En caso de estar al tanto, ¿no previó que su anuncio podía dividir la atención de la marcha con su conferencia de prensa? Si no estaba al tanto, es un mandatario al menos distraído.
Si estaba al tanto y realizó el retiro del anuncio, ¿fue para mostrarse como un mandatario con oídos abiertos y con capacidad de diálogo como una estrategia comunicativa duranbarbista? Los antecedentes lo condenan porque en más de una entrevista declaró que de ser por él no retomaría las excavaciones en busca de los cuerpos de desaparecidos durante la dictadura.
Ahora si, la cadena nacional para el Ejército este 18 de mayo pasado fue realizada. Quizá en corcondancia con su argumento. Una cadena nacional anticuada para una institución anticuada.

El mercado y el garrote

Este gobierno no solo posee la Biblia católica sino también la neoliberal. Por más que se ha mostrado flexible a otras ideas y autodefinido como pragmático y no ortodoxo, sigue a pie juntillas los mandamientos del Dios Mercado.
El gobierno se inauguró con un recorte de 15% del presupuesto estatal ejecutado con respecto al del año 2019. En esos primeros días el dólar aumentó más de seis pesos uruguayos junto con aumento de las tarifas de servicios básicos. Se suma a ello los más de 150 mil trabajadores enviados al seguro de paro debido a la caída de la actividad económica por la pandemia.
No hemos hablado aún del caballito de guerra del gobierno: la Ley de Urgente Consideración (LUC). No voy a hondar en los detalles de la misma pero sí creo pertinente analizar lo que es la LUC como movimiento táctico de un proyecto estratégico que implica que los capitalistas puedan elevar su tasa de ganancia quitando lo más posible la incidencia del Estado en sus negocios. Salvo cuando precisen ser asistidos en algún salvataje a la banca, o cuando el agro reclama por inundaciones o sequías.
La LUC es el proyecto del gobierno contenido en 501 artículos. ¿Se está guardando para el resto de los cuatro años? ¿La apuesta del gobierno será un all-in especulando que se aprueben la mayor cantidad de artículos?
Otro punto de conexión que podemos ver entre los últimos dos gobiernos blancos es que a poco tiempo de haber tomado las riendas, a través de distintos mecanismos, intenta generar políticas que cambien drásticamente por medio de un shock (la doctrina del shock como diría Naomi Klein) para conquistar sus objetivos.
Por si quedaban dudas de que viene a terminar con la tarea no acabada de la última década del siglo XX, es que ya para el 2021 el gobierno está preparando un proyecto de reforma de la seguridad social, tal como exigen los mandamientos neoliberales.

La reacción

Es necesario también separar el proyecto que tiene el Partido Nacional, ya que intentará poder repetir gobierno (cosa que nunca logró en su historia); del proyecto conservador que puede hacerlo, como resultó desde los inicios de nuestra República hasta el 2004 con la victoria del Frente Amplio.
En el 2024 es sumamente posible que el proyecto conservador repita gobierno, pero esta vez encarnado quizás en el partido de ultraderechas Cabildo Abierto. Es arriesgado aventurar el destino del país de aquí a cuatro años, pero cabe dentro del universo de lo posible.
La coalición es frágil y la une el espanto de “la izquierda”, “el comunismo” y “el chavismo”. Cabildo Abierto la usará como trampolín para llevar a cabo su proyecto. La paradoja en esto es que lo más conservador tiene un futuro prometedor en la arena política y va a desempolvar un proyecto moral-cristiano en el país más laico de América Latina.
“Está bueno cambiar”, rezaba el slogan del Partido Nacional en campaña. Cambiar con promesa de futuro, pero no se hizo más que retroceder treinta o cuarenta años en derechos conquistados. Las pistas ya las dejó el propio Presidente de su propia boca. Al ser consultado si poseía la misma ética y moral del padre, el mandatario expresó: “el fruto no cae lejos del árbol.”
Lo único que puede cambiar a Lacalle, es la calle…

Nicolás Centurión. Licenciado en Psicología, Universidad de la República, Uruguay. Miembro de la Red Internacional de Cátedras, Instituciones y Personalidades sobre el estudio de la Deuda Pública (RICDP). Analista asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, estrategia.la)

La escalada de contagios nos plantea nuevos desafíos a los trabajadores



Discutamos una orientación para intervenir

Con la apertura de gran parte de la actividad del país, y de mil industrias en la provincia de Buenos Aires, aún en la deteriorada cuarentena del área metropolitana, la cuestión de los protocolos de protección, los testeos masivos y las medidas para garantizarlos están pasando al primer plano.
La reapertura de una planta es un tema enorme para sus trabajadores, porque en ella se juega no sólo el sustento (deteriorado), sino la propia salud del compañero y la de su familia. Lo mismo ocurre en las villas, donde es imposible subsistir sin salir a ganar un mango y donde la cuarentena es poco menos que incumplible por las condiciones de hacinamiento y falta de alimentos, agua potable, cloacas, etc.
En los lugares de trabajo, los protocolos y medidas sanitarias no pueden depender de la voluntad o arbitrio de la patronal porque, a menudo, se retacea la inversión en control de la temperatura, en los costos que trae cambiar los métodos de producción para garantizar el distanciamiento, la división en equipos pequeños para evitar el contacto estrecho masivo, el reordenamiento de comedores, vestuarios y baños, en el licenciamiento de las personas de riesgo por edad y por múltiples patologías, lo que obliga al reemplazo de esos trabajadores en una línea o equipo de producción, en la garantización del transporte de todo el personal, en el pago del combustible en caso de movilidad propia, entre otras cuestiones que van surgiendo.
Ni hablar sobre estos protocolos cuando los llevamos a los centros de salud, donde se plantean otras cuestiones complejas como la separación de áreas de tratamiento según las patologías, el equipamiento extremo del personal que atiende a los contagiados o sospechosos de contagio, y también la formación de equipos diferenciados de médicos, enfermeros y otras profesiones, de manera de reducir al mínimo el contacto estrecho en la actividad cotidiana que al momento de un contagio restrinja al mínimo posible la expansión. Obviamente, en la salud, cada vez que va a cuarentena una especialidad se produce un grave vacío de atención a esas patologías, que no dejan de existir aunque haya menos concurrencia a los centros de salud. O el caso de los geriátricos, que constituyen otra realidad diferenciada para el cuidado de la población de más riesgo, que ha ocupado mundialmente la mayor tasa de letalidad. También en los refugios para la gente en situación de calle.
Cuando decimos que no pueden depender del arbitrio patronal es porque en la conducta empresaria prima la maximización del beneficio, la relación entre costos y precios de venta. Una tendencia agravada por la epidemia del Covid 19 y no atenuada, porque ha caído la facturación de todas las actividades, salvo excepciones como algunos sectores de la alimentación. De hecho, la enorme ofensiva empresarial contra la cuarentena expresa que la acumulación capitalista está por encima de la cuestión de la salud o de la vida para la clase social que maneja los resortes de la organización económica, social y, por supuesto política, del país y del Estado.
La tensión sanitaria está atravesada por una tensión de clase entre el trabajador que necesita la integralidad de su salario y la protección de su salud, y las leyes de la acumulación capitalista que rigen la sociedad y la conducta de los dueños de los medios de producción. Esa tensión solo puede alterarse mediante la intervención organizada de los trabajadores, superando su atomización individual, mediante asambleas, mandatando definidamente a los cuerpos sindicales donde los hay, eligiéndolos donde no los hay mediante comisiones electas para abordar estos problemas.

Testeos masivos

En este cuadro es que ha ganado lugar en el debate un tema que nunca dejó de estar presente desde que la pandemia empezó, incluso en el terreno internacional: los testeos masivos.
El protocolo escrito hasta ahora indica testeo de aquellos casos que presentan síntomas, solo se han precisado o ampliado los posibles síntomas. Pero con el estallido de los contagios en villas de la Capital y el Gran Buenos Aires se ha pasado al rastrillaje casa por casa, siempre para detectar casos (plan Detectar). Ahora, en Villa Itatí se da un paso más en la dirección de testeos a los contactos estrechos de los casos detectados. Algo que sostuvimos desde estas páginas y que sigue la ruta del virus. Naturalmente, ya se han reclamado testeos a todo el personal en cada centro de salud y aún en los supermercados, que suelen tener índices de infectados tan grandes como los hospitales, cuando se ha testeado a todos.
La cuestión no se agota allí, sin embargo. Si se logra el testeo de los contactos estrechos del compañero o compañera contagiada, como se ha exigido en distintos conflictos obreros (Papelera del Plata, Ferrocarril Roca, etc.), no es para que los negativos vuelvan a trabajar y abandonen la cuarentena que deben seguir los 14 días indicados. Sino para detectar otros contagios y proteger a su vez los contactos estrechos de los nuevos contagiados detectados. Además, a los siete días hay repetir el testeo de los encuarentenados por el período de evolución del virus, siempre sin interrumpir la cuarentena, porque la única arma de lucha contra el virus es el aislamiento.
Otro tema que surge es quiénes son contactos estrechos. Pues bien, ya sabemos que aquellos que tuvieron a menos de un metro y medio y más de 10/15 minutos. Pero ¿cuántos días para atrás de contacto estrecho? Al menos 5/7 días, según indican los expertos. Todo esto debe formar parte del debate, fábrica por fábrica. Lo mismo vale en las villas y barrios donde aparecen los casos.
¿Por qué vamos hasta este nivel de detalle? Porque ocurre que la tendencia patronal es a aplicar en los hechos la reforma laboral de flexibilización y superexplotación por la que toda la clase capitalista y el FMI vienen abogando.
Y la cuestión de los costos y el beneficio capitalista, como la reforma laboral de las condiciones de trabajo, van de punta contra una política de protección de la salud. Los kits para el testeo y el trabajo de los laboratorios tienen un costo elevado por ahora (2.200 pesos por test en los laboratorios privados más baratos) y hasta la presunta llegada de otros de menor costo. Pero ahí surge que esos costos son motivo de disputa entre las patronales, las ART, las obras sociales y el Estado, con el trabajador como conejo de indias.
En resumen, a las falencias en las medidas de Estado para sostener una cuarentena bombardeada por el empresariado y la derecha, a las falencias en la inversión en camas y respiradores, de elementos de protección en la salud, a la necesidad cada hora más imperiosa de un seguro al parado de 30.000 pesos para las 12 millones de personas que lo reclaman, de garantía de la integralidad del salario por parte de las patronales (o revisando las cuentas, donde corresponda que el Estado asista), se suma la cuestión de la inversión necesaria, garantizada por el Estado en test masivos siguiendo la ruta del virus, lo cual no garantiza controlarlo, pero sí combatirlo mejor.

La intervención de los trabajadores

Como se aprecia, esto no vendrá de la mano de los shows de militarización de Berni ni de las conferencias profesorales del Presidente, ni de la agitación anticuarentena de la derecha, cuando unos y otros se unen para priorizar la deuda y que no le toquen el bolsillo a las grandes rentas y fortunas.
Vendrá de una intervención de los trabajadores, organizados en cada lugar de trabajo y en cada barrio. Para ello defendemos el derecho de organización, de huelga y de manifestación, que ya están ejerciendo los propios trabajadores, cuidando las medidas de distanciamiento. Al servicio de ese objetivo está toda la elaboración y militancia del Partido Obrero, de nuestras agrupaciones sindicales, del Polo Obrero, de nuestra juventud y de la organización de las mujeres por sus derechos, que el 3J saldrán una vez más a la lucha, marcando la responsabilidad del Estado ante el crecimiento de la violencia contra ellas.

Néstor Pitrola

Deuda externa, ´cantemos victoria y tiremos la toalla´

La negociación de la deuda externa se parece cada vez más a una serie turca – al menos en duración. Los medios de comunicación se hacen eco de las versiones que les soplan los fondos internacionales y a veces de las que vienen del gobierno. Las operaciones políticas no solamente las vehiculizan los diarios, mucho más las propagan los ‘mercados’, que suben y bajan como montaña rusa, a la medida de los grandes intereses que los manejan.
Argentina acaba de dejar pasar un vencimiento de u$s503 millones sin que los acreedores gritaran ‘default’, pero el 28 de junio le cae otro por uSs650 millones, y nadie asegura que pase lo mismo. La discusión entre ambas partes gira en torno a lo que llaman “valor presente” de los títulos que se emitan en canje por los que tienen en la actualidad. Ese “valor presente” no sería otra cosa que la cotización a la que se venderían y comprarían los bonos que surjan de un acuerdo. Como se trata apenas de una especulación, los acreedores aseguran que la oferta del gobierno se traduciría en un “valor presente” bajo. Aunque el planteo inicial del gobierno se fundaba en otro criterio, a saber, qué oferta otorgaba sustentabilidad de pago a Argentina, de la lectura de los diarios oficialistas se desprende que ha entrado por el aro de los fondos internacionales, acerca de otro parámetro, arbitrario y manipulado por aquellos fondos, que cada uno calcula como quiere, como ocurre con el número de contagiados en Brasil – y no sólo Brasil.
Argentina no está en condiciones de asumir ningún compromiso de pago si se considera que tiene que pagar, más allá de la deuda externa del estado nacional con los fondos internacionales, la deuda externa de las provincias, la deuda de jurisdicción local (en pesos y en dólares), la deuda con el FMI y otros organismos internacionales, y la deuda (en pesos y en dólares) con Anses y el Banco Central y el Nación. Todo sumado, unos u$s400 mil millones. Si esto no fuera una carga suficiente, que no se puede re-negociar, Argentina ha perdido el superávit de comercio exterior e incurre en un déficit fiscal de u$s40 mil millones de dólares al año – unos cuatro billones de pesos. Esta carga financiera adicional a la deuda externa que se está discutiendo con los fondos internacionales da un “valor presente” de ella de CERO. Argentina necesita como mínimo un presupuesto aparte para desarrollar un sistema de salud y hospitalario, y la urbanización integral de las barriadas, que se han convertido en el tiro al blanco del Covid-19, como consecuencia de una miseria social largamente desarrollada por un capitalismo decadente.
La valorización de la cotización ´presente´ de la deuda externa exigiría un ajuste negativo de las condiciones sociales de Argentina, por eso se dice que un acuerdo con el FMI subiría el “valor presente” de la deuda mucho más que cualquier concesión acerca de sus plazos, su capital o los intereses. El macrismo hizo un ensayo en esa dirección y acabó en una catástrofe. Las perspectivas de conjunto de la economía mundial no lucen propicias para una recuperación de la economía de Argentina, para decirlo con ´moderación´. Las posibilidades de mantener en vida la cotización de la deuda externa depende de que pueda ser canjeada por el patrimonio estatal remanente, por la expansión de la frontera agro-industrial, y a cambio del sub-suelo minero de las tierras de la Patagonia y el suelo urbano-inmobiliario. El fondo BlackRock es un buen indicio de este desarrollo, porque se ha convertido en el principal accionista de numerosas compañías industriales internacionales de punta. Pero, de nuevo, ese ´canje´ masivo fue intentado por el macrismo, con el apoyo de la tres cuartas partes de quienes hoy integran el FdT, y así terminó. El sueño de subir al pico de la cumbre de Davos concluyó en pesadilla.
Con el macaneo del ´valor presente´, los fondos han impuesto su agenda al gobierno. Ocurre, sencillamente, que la ‘sustentabilidad’ de la deuda es una tesis insustentable. Página 12 (Alfredo Zaiat) dice que es al revés – que BlackRock capituló ante Guzmán y Stiglitz, su mentor universitario. Como dijo Kissinger ante la derrota de Estados Unidos frente a Vietnam - “gritemos victoria y vayámonos”. La oferta del gobierno, desde el comienzo, comprometía al pago entero del capital y a pagar intereses muy por arriba del promedio internacional. Sólo alargaba los plazos, como si en cuatro años Argentina se fuera a convertir en Japón. En la situación de Argentina hay una larga fila de países emergentes, entre los que ha comenzado a incluirse la posibilidad de default de Brasil, a pesar de contar con reservas internacionales brutas de más de u$s350 mil millones. La Argentina del capital no logra sustentar ni su propia decadencia.
De acuerdo a los mentideros financieros, Guzmán aceptaría, para no defoltear, desensillar en los plazos y convertir en capital los intereses del “período de gracia”. Para un gobierno que apenas hace mal un plan Detectar, sería una catástrofe. Los bonistas que se beneficiarían serían aquellos que vendan enseguida, porque el horizonte de pago de ese compromiso pinta negro. En un cortísimo plazo Argentina iría a un default, claro que si el gobierno sobrevive a la crisis política que desatará un arreglo de estas características.
El default, en el caso de los estados como de los negocios privados, es una expresión de una estructura económica y social, de unos y otros, que se ha convertido en inviable. Inviable también para el prestamista, que observa el default de su masa de clientes como el anticipo de su propia quiebra. Este es el estado en el que se encuentran hoy las principales corporaciones capitalistas y los propios estados que salen a su rescate, o sea la economía capitalista mundial en su conjunto.

Jorge Altamira
28/05/2020

Europa: de la crisis a las nacionalizaciones



La Unión Europea abre las puertas a una suerte de nacionalización generalizada de empresas en apuros, grandes y pequeñas, coticen o no en la bolsa. El Estado pasaría a tener una participación en el capital de las empresas.

Estamos frente a un giro respecto de la política que la Comisión Europea venía sosteniendo, que se circunscribía a facilitar las actuaciones de los Estados miembros a la hora de garantizar liquidez a las empresas (esencialmente mediante avales públicos a préstamos); conceder subsidios salariales; suspender o aplazar el pago de impuestos, u otorgar ayudas directas a los consumidores por los servicios cancelados a raíz de las medidas de cuarentena.
Lo que explica este cambio es que el colapso ha terminado por superar holgadamente los primeros pronósticos. Estamos frente a una insolvencia de las empresas que se viene extendiendo con una velocidad sin precedentes y plantea la amenaza de una quiebra en cadena.
Una de las cosas que no puede pasar desapercibida es que quienes vienen motorizando este nuevo esquema son las naciones líderes, empezando por Alemania y Francia. Esto nos da una medida del alcance del derrumbe de la economía europea y -agregamos mundial- que están ingresando en una depresión, sólo comparable con el crack del ’29. La crisis financiera de 2008 fue severa pero no llegó tan lejos y afectó especialmente al eslabón más débil de la economía europea. Ahora ha estremecido a las principales economías del continente y está en juego la sobrevivencia de corporaciones estratégicas.
Este proceso de salvataje ya ha comenzado sin esperar la aprobación de la nueva normativa. Italia, junto a España, uno de los dos países europeos más castigados por la pandemia, ya anunció la nacionalización de la compañía aérea Alitalia.
El ministro alemán de Finanzas, Olaf Scholz, lo llamó “bazuca”: 200.000 millones de euros en garantías del Estado que el banco público KfW (Kreditanstalt für Wiederaufbau -Instituto de Crédito para la Reconstrucción) ha puesto a disposición de las empresas en crisis por culpa del coronavirus, más otros 400.000 millones en avales. Adiós al schwarze null (rigor fiscal): Alemania ha dispuesto un programa de liquidez garantizada de hasta 1.000 millones de euros para cualquier empresa que terminara 2019 sin números rojos pero que haya resultado perjudicada por el coronavirus. El gobierno de Angela Merkel prevé que soliciten las ayudas unas 100.000 empresas. En cualquier caso, las patronales ya han pedido al Ejecutivo de Berlín que la garantía ascienda al 100% del préstamo e incluso que se les exima de devolverlo. También ha acudido al rescate de dos de las principales marcas de ropa deportiva del planeta, Adidas y Puma.
Por su parte, Francia, que ya es accionista de referencia en empresas clave de diferentes sectores estratégicos, como las energéticas Engie y AA, la teleco Orange, la automovilística Renault o la aerolínea Air France-KLM, ha reiterado que hará lo que sea preciso para salvaguardar a sus empresas más emblemáticas. La expansión de la epidemia no solo hundió en la tormenta a las pequeñas empresas sino también a los grandes grupos. Los gigantes de la industria automóvil, Renault y PSA (Peugeot), enfrentan serias dificultades, mientras Air France-KLM suspendieron la casi totalidad de sus actividades. Las capitalizaciones bursátiles sufrieron un serio repliegue y las caídas en las ventas de automóviles registraron niveles de hasta el 80% el mes pasado.
Una tendencia que abre el apetito de ciertos fondos de inversión extranjeros. Aquí mete la cola la guerra comercial, pues se abre el terreno para absorciones hostiles de las empresas europeas por parte de la competencia foránea. Esto incluye la amenaza que viene de las corporaciones norteamericanas, pero también de China. Por lo pronto, los países europeos han comenzado a dar marcha atrás con los compromisos para la instalación del sistema 5G en el continente por parte del gigante asiático. Las nacionalizaciones representan una acción preventiva para neutralizar ese riesgo.
La nueva normativa prevé que las naciones compren las acciones de las empresas en aprietos a precios de mercado, lo cual es engañoso, pues la decisión del Estado implica automáticamente una revaluación del capital corporativo que, sin ese socorro, se hubieran desplomado hasta llegar a precios de remate. El Estado apuntala una valorización ficticia de empresas con una inyección de fondos públicos sideral que es el que se sustrae y se niega a la hora de hacer frente en todos los planos la crisis sanitaria, económica y social. Si se examinan las ayudas que se han puesto en marcha, se advierte que los recursos destinados a la población más afectada (asalariados, precarizados, autónomos y cuentapropistas que están privados de ingresos a partir de la extensión de la pandemia) son residuales o marginales en relación con los que se aplicaron al salvataje empresario.
Viene al caso señalar que la emergencia del Estado no es inocua respecto de las condiciones laborales, pues va de la mano con avances en la flexibilización de las condiciones de trabajo e incluso de rebajas salariales. Ni siquiera se garantizan los puestos de trabajo. Las primeras víctimas son los trabajadores contratados y tercerizados, que se extiende, luego, a la planta principal, muchas veces en forma encubierta con retiros voluntarios. No se nos puede escapar que la crisis en curso, potenciada por la pandemia, es utilizada por las patronales europeas para avanzar en una reforma laboral en regla, que empieza, en muchos casos, aplicándose a través de convenios por empresa o gremio.
Esta racionalización es el punto de partida para luego proceder a una reprivatización de las empresas, una vez hecho el saneamiento a medida de las exigencias de los capitalistas. La Comisión Europea ha sido clara que la intervención del Estado sólo va a concretarse a pedido de los accionistas y que dicha participación tiene un alcance transitorio hasta que la situación se normalice y se recupere la empresa. “La Comisión advierte de que la presencia pública en el capital debería ser una opción de ‘último recurso’ dado su carácter ‘altamente distorsionador de la competencia entre empresas’. Bruselas también aboga por una permanencia temporal, lo más corta posible, del Estado como accionista”.

Disputas

Pero no todo lo que reluce es oro. En lo que se refiere al nuevo esquema, dista de haber una homogeneidad. Importa señalar que los fondos para este salvataje deben ser puestos por cada nación por cuerda separada.
Esto no es del agrado de España, pues quedaría relegada en la competencia desde el momento que no cuenta con los recursos ni la capacidad financiera de los países más poderosos. España, junto al pelotón de las naciones más frágiles, es partidaria de una respuesta a escala europea. La emisión de eurobonos, o coronabonos, respaldada por un fondo común de la Unión Europea, sin embargo, fue rechazada por Alemania, Holanda y las naciones más sólidas económicamente.
Alemania, Francia e Italia buscan ahora un margen mayor para recapitalizar a sus empresas sin pasar por el filtro de Bruselas, que fija en 100 millones de euros el umbral a partir del cual deben notificarse las inyecciones de capital en empresas individuales. Mientras que gobiernos como el francés defienden un incremento sustancial de ese techo, el Ejecutivo español no solo pide reducirlo aún más, sino también endurecer los requisitos para que las empresas accedan a la recapitalización.
Persiste, por lo tanto, una disputa por los fondos, por más que se pretenda exhibir un consenso y armonía que no existe. Los nuevos anuncios no disipan las violentas tensiones que se viven en el seno de la Unión Europea. Alemania no quiere asumir sobre sus hombros el costo del rescate de las naciones más débiles. No se priva de utilizar la emergencia actual para avanzar en una penetración y colonización mayor de las naciones del sur del continente. Ni qué hablar que estos enfrentamientos echan leña al fuego a las tendencias cada vez más agudas a la desintegración de la Unión Europea.

Perspectivas

En la crisis de 2008, la asistencia financiera se concentró en los bancos. Ahora el salvataje está dirigido a las empresas industriales y comerciales, pero eso no significa que el sistema financiero quede inmune. Por el contrario, está la amenaza latente de que este último sea arrastrado por el torbellino de la crisis mundial capitalista. Por lo pronto, el primer candidato en la materia podría ser la banca italiana, que cuenta con una elevada cartera de incobrables y morosos, que se ha multiplicado sensiblemente a partir de la pandemia. Por otro lado, la envergadura de la crisis en curso excede la capacidad de los Estados para hacerle frente, con lo cual no se está en condiciones de impedir un escenario de quiebras, aunque se lo está intentando neutralizar. Probablemente, asistamos en breve plazo -y ya está ocurriendo- a un encarecimiento del costo del endeudamiento de los eslabones más débiles de la cadena. El anuncio de la calificadora Moodys de bajarle la calificación a la deuda italiana es un anticipo de lo que se viene. La emisión del Banco Central Europeo no puede ser ilimitada y ya la ayuda de la Unión Europea, como acabamos de describir, dista de ser una canilla libre. Aún así, la emisión del BCE ya es gigantesca, de modo tal que no se podrá evitar una desvalorización el euro, que está llamado a provocar un descalabro en las relaciones económicas internacionales, en la medida que la divisa europea es reconocida como uno de los medios de pago a escala global.
A la política de rescate del capital a expensas de los trabajadores, que se pretende llevar adelante con los fondos públicos, es necesario oponerle las nacionalizaciones sin pago de la banca y de las corporaciones, garantizando la continuidad de su funcionamiento bajo control y gestión de los trabajadores, de modo tal de centralizar el ahorro nacional y los principales recursos y palancas estratégicas de cada país al servicio de las necesidades populares y de las prioridades que plantea la actual emergencia. Un planteo transicional que cobra especial relevancia en la actual coyuntura, como un aspecto de la lucha por la unidad socialista de Europa, a partir de gobiernos de trabajadores en todo el continente.

Pablo Heller

Espectacular colapso económico en el Líbano

Después de 2008, las élites oligárquicas del Líbano pergeñaron un boom financiero que alimentó la desigualdad y facilitó que los banqueros se forraran. Ahora su economía se ha desmoronado, haciendo que sea la clase trabajadora del país la que pague la factura.
El Líbano no pudo pagar su deuda soberana por primera vez en marzo de este año. Era algo cantado porque su modelo económico estaba fundamentalmente destrozado. Décadas de desmantelamiento de la mano de obra organizada mientras el poder iba concentrándose han convertido al Líbano en una de las sociedades más desiguales del mundo: el 50% de la parte baja de la pirámide gana casi lo mismo que el 0,1 por ciento del estrato superior, mientras que el 10% superior se lleva a casa casi el 60% de los ingresos. El 1% de la cima libanesa posee más riqueza nacional que sus homólogos en China, Rusia y Estados Unidos.
Antes de la crisis financiera de 2008, el Líbano era un enclave comercial, financiero y turístico que, en su conjunto, representaba aproximadamente un tercio de los ingresos. Junto con las remesas y transferencias, estos sectores de servicios casi financiaban las importaciones del exterior. Pero a diferencia de la mayoría de las economías de mercados emergentes con niveles similares de importaciones, el Líbano no exportaba prácticamente mercancías. La economía nacional se basaba en varios monopolios de mercado y los sindicatos habían sido diezmados. Por tanto, para financiar el gasto de las importaciones, se dependía de inversiones extranjeras directas y de exportaciones de servicios.
En los años anteriores a la crisis, se permitió que el banco central, el Banque du Liban, acumulara reservas extranjeras. Fluía más dinero hacia el país del que salía, incluso con un saldo comercial crónicamente negativo de alrededor del 30% del PIB cada año. También conllevaba que la economía era vulnerable a las conmociones externas. La economía se concentró en manos de unos pocos, de los que habían luchado para suprimir una propiedad amplia de la producción y habían emprendido escasas inversiones productivas a nivel nacional.
El crecimiento en Oriente Medio se estancó tras la crisis de 2008. Como los turistas se mantuvieron alejados y nadie quería servicios financieros, el dinero comenzó a agotarse. En lugar de reorganizar la economía para que no dependiera tanto de las importaciones, o ampliar la base impositiva, el Líbano recurrió a la financiarización para mantener un alto nivel de importaciones.
Para poder mantener el gasto sin muchos cambios, era necesaria una gran cantidad de financiación: casi el 20% del PIB cada año. Hay dos formas de financiar este déficit: reducir tus reservas extranjeras, si es que tienes algunas, o pedir un préstamo. Líbano hizo esto último, pasando a depender de los ahorros de otras personas intermediados por los bancos.
Esto funcionó durante un tiempo porque la moneda libanesa estaba vinculada al dólar estadounidense. Para atraer dinero del exterior, los bancos libaneses prometieron altas tasas de interés sobre los depósitos, y el banco central prometió cambiar las libras libanesas por dólares a una tasa fija. Parecía como un almuerzo gratis: no había riesgo cambiario porque el gobierno había prometido mantener la moneda vinculada. A cambio, quienes invertían dinero en los bancos recibían más del 5% en intereses sobre los depósitos. La tasa de interés era así mucho más alta que la que obtendrían los inversores si depositaban su dinero, por ejemplo, en los bancos de Estados Unidos. Fue un gran negocio para los inversores de la región, que acumularon dinero en los bancos libaneses. El dinero se podría haber utilizado para inversiones productivas pero se quedó en el sistema financiero. Ese fue el primer paso del “expolio”.
El segundo paso requería que los bancos, llenos de depósitos, dieran un giro y prestaran el dinero al gobierno a través del banco central. Los bancos habían prometido pagar una tasa de interés alta sobre los depósitos, pero el banco central prometió pagar una tasa de interés aún mayor a los bancos. Esto aseguraba que el sistema pudiera seguir adelante durante un tiempo. Los bancos dieron ese vuelco y prestaron mucho dinero al gobierno, embolsándose la diferencia entre las dos tasas de interés.
Los préstamos que los bancos otorgaron al gobierno eran (en general) de dos categorías. La primera aglutinaba el dinero depositado en el banco central. El banco central usó ese dinero para comprar valores, de los cuales una gran parte era del Ministerio de Hacienda. La segunda consistía en la compra de bonos gubernamentales emitidos tanto en dólares estadounidenses como en libras libanesas (ya sea directa o intermediada por el banco central). Ambos tipos de préstamos tenían altas tasas de interés que el gobierno pagaba a los bancos. Pero el gobierno necesitaba el dinero, y el tamaño del sistema financiero siguió creciendo.
Los ingresos del gobierno fueron bajos y el déficit presupuestario de alrededor del 10% la mayoría de los años. La imposición de impuestos a los ricos fue exigua. El gobierno optó por financiar su déficit vendiendo bonos del gobierno a los bancos. Mientras tanto, el banco central necesitaba depósitos para facilitar la vinculación monetaria y reemplazar el flujo de dinero de las escasas exportaciones. La nueva deuda que asumió el sistema colectivo superaba con creces cualquier activo nuevo, con el resultado de que el Líbano iba volviéndose un poco más pobre cada día.
Mientras el dinero fluía hacia el sistema financiero libanés con la promesa de altas tasas de interés, los bancos dieron un giro y financiaron los diversos déficit del gobierno. Sin embargo, al igual que con todos los esquemas tipo Ponzi, esto solo puede durar si entra dinero nuevo. El dinero dejó de fluir en 2019. Muchos factores ayudan a explicar por qué: el reconocimiento de que el sistema era insostenible; la desaceleración económica; el secuestro saudí del primer ministro Hariri; y la geopolítica. El resultado fue que el sistema no pudo continuar porque no llegaban suficientes depósitos nuevos a los bancos.
El banco central comenzó a gastar sus reservas de divisas para mantener la moneda estable frente a las salidas de efectivo, pero el dinero desapareció rápidamente. El gobierno tenía grandes necesidades de financiación todos los meses a causa de los déficit comerciales y fiscales. Solo el hecho de que se detuvieran las entradas de efectivo a los bancos fue suficiente.

Una economía en ruinas

El sector bancario libanés representó una especie de financialización con esteroides. Su tamaño era más de cuatro veces el de la economía total en 2019. La mayoría de los activos de los bancos estaban en forma de deuda pública y de depósitos en el banco central. Como el gobierno no podía pagar sus deudas, esto significaba que el sistema bancario era también insolvente.
Avance rápido hasta 2020: El gobierno no puede pagar su deuda en dólares estadounidenses porque ha agotado sus reservas de divisas. La deuda del gobierno en libras libanesas tiene una alta tasa de interés. La paridad deslizante supuso que las reservas extranjeras desaparecieran, y ahora la relación deuda/PIB del gobierno está en 175%. La deuda, que el gobierno no puede pagar, es con los bancos. Los bancos deben dinero a sus depositantes, que no pueden devolver, y nadie puede rescatar a los depositantes ordinarios.
Para empezar, la desigualdad era alta. Pero la financialización de la economía significa que hay pocas opciones inmediatas disponibles que sean buenas. A medida que la crisis se intensificó, la tasa de cambio del mercado negro se alejó de la tasa oficial. Ahora están vigentes ciertos controles de divisas, pero solo desde que las reservas de divisas se agotaron. El desempleo se ha disparado, el crecimiento se ha deteriorado y la inflación ha aumentado, dejando a los trabajadores mucho más pobres. El país todavía depende en gran medida de las transferencias del exterior para obtener algunos ingresos.
Finalmente, el gobierno dejó de pagar su deuda en dólares en marzo. Para entonces, gran parte de la deuda externa estaba en manos de fondos de cobertura y administradores de activos. Si las recientes reestructuraciones de la deuda soberana han demostrado algo, es que los tenedores de bonos, por lo general, consiguen que se les pague: miren a Argentina, donde los acreedores que se negaron a pagar extrajeron grandes sumas en un acuerdo posterior; Grecia, donde se pagaba a los tenedores de bonos en medio de un programa de austeridad; o Puerto Rico, donde los tenedores de bonos abogaron por reducir el tamaño del gobierno. Años apuntalando un sistema insostenible significa que los acreedores hacen círculos, mientras que la clase trabajadora se queda con la austeridad.
El modelo económico que depende de un sistema financiero excesivo para impulsar el crecimiento le ha legado la factura a la clase trabajadora libanesa. El establishment gestionó una economía rentista, sacó su dinero a tiempo y dejó la economía en ruinas. La crisis del Líbano demuestra que un sistema financiero no controlado que funciona en beneficio del establishment causa estragos en lugar de ayudar al desarrollo de una sociedad más justa.

Simon Hinrichsen

Fuentes: Jacobin
Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Simon Hinrichsen, estudiante de doctorado en historia económica en la London School of Economics. Su investigación se centra en las deudas de guerra, las reparaciones y la deuda soberana.

¿Por qué es invisible la cooperación cubana en Haití?



La iniciativa de solidaridad internacional más avanzada y masiva procede, sorprendentemente, de un país pobre del Sur. Son las brigadas médicas de Cuba. Para cuyo gobierno –nos asegura la gran prensa- serían un gran “negocio”.

Salamanca y Altamira: pesadillas bolivarianas



Para enfrentar la pandemia, Cuba ha enviado 2.300 cooperantes a 24 países. Pero el diario español “El Mundo” nos dice que sus brigadas médicas son “propaganda y negocio”. Y ¿qué es para este diario la verdadera “solidaridad”? Las donaciones del archimillonario Amancio Ortega, dueño de la empresa Zara. Sin comentarios.

miércoles, mayo 27, 2020

Uruguay: El ajuste en medio de la pandemia



El gobierno habla de nueva normalidad para referirse a la situación planteada en medio de la pandemia; pero lo que realmente vemos es un ataque a las condiciones de vida y un proceso de desmejoramiento que avanza y se hace sentir.

Luego de semana de turismo desde el gobierno se comenzó a utilizar el término “nueva normalidad” para referirse a una nueva etapa en la emergencia sanitaria decretada a partir del 13 de marzo.
En un primer momento, luego de conocida la aparición de casos de Coronavirus, se plantearon medidas de aislamiento y una situación cercana a la cuarentena que llevaron a una detención importante de la actividad económica.
A partir de mediados de abril, y en función del enlentecimiento del aumento de casos de Coronavirus, el gobierno comenzó a dar pasos hacia la reactivación de la economía.
Primero fue la construcción la que volvió al trabajo, y luego paulatinamente se fueron sumando otros sectores, entre ellos algunas áreas de la administración pública y el sector comercial.
A su vez, a nivel político el gobierno retomó su idea de presentar la Ley de Urgente Consideración (LUC) para su tratamiento legislativo. Ante las primeras señales de tener una situación sanitaria relativamente controlada, Lacalle Pou no perdió la oportunidad de reflotar su plan de gobierno y avanzar en su concreción.

Una situación social crítica en una economía en crisis

Las propias encuestas muestran que estos intentos de Lacalle Pou de poner en marcha sus reformas no son bien recibidas por la población.
Casi la mitad del país se opone al tratamiento en este momento de la LUC, dando cuenta de que existe una situación social muy crítica, y que esa es la situación urgente que hay que abordar y resolver.
En este periodo de pandemia solo se han tomado mínimas medidas, absolutamente insuficientes, frente al deterioro en las condiciones de vida. Lo que el gobierno ha priorizado es minimizar las pérdidas y ganancias de los empresarios y las patronales. El costo de este “salvataje” lo ha llevado el Estado; mientras que a su vez Lacalle Pou ya ha dicho claramente que no se plantea que los capitalistas aporten algún dinero.
Mientras tanto el aumento de los precios se ha acelerado y la inflación de abril fue de 2%, llegando a los 10,86 de variación en los últimos 12 meses. El rubro alimentos y bebidas, el que más impacta en los sectores más pobres, subió un 4,4 en el último mes y un 18,9 en el último año móvil. Dentro de este rubro, los alimentos sin procesar (carne, fruta, verdura, lácteos) subieron en los últimos 12 meses un 28,2%.
Producto del encarecimiento de los precios y la disminución de los ingresos se calcula que en el mes de abril entre 94mil y 127mil personas cayeron por debajo de la línea de pobreza. El estudio realizado por el Instituto de Economía de la Udelar revela además que considerando una caída de 3,5% del Producto Interno Bruto (PIB), la incidencia de la pobreza en la población trepa al 11,6% y que por cada 0,1% adicional de contracción del PIB se incrementa aproximadamente 0,21 % la estimación de la incidencia de la pobreza.
Según los autores del estudio las medidas paliativas implementadas por el gobierno significaron una transferencia de poco más de 1600 pesos por hogar, una verdadera limosna que no resuelve en lo más mínimo la situación de los sectores más pobres de la población
Por otra parte ya hay alrededor de 150mil trabajadores en el seguro de paro especial y alrededor de 350mil en la informalidad, situación que también explica que actualmente existan alrededor de 270 ollas populares en el país. La solidaridad popular es la que provee el sustento diario para decenas de miles de personas, mientras el gobierno no da respuesta.
A nivel económico las exportaciones de bienes medidas en dólares cayeron casi 20% en abril y en el año llevan una caída acumulada de 11%.

El gobierno del lado de los empresarios

Ante tal panorama el gobierno es incapaz de dar alguna salida que beneficie a los trabajadores y sectores populares.
Por el contrario Lacalle y sus socios toman la emergencia sanitaria como una oportunidad para implementar medidas que reclaman el sector empresarial. Ante la parálisis económica desde la coalición buscan bajar el costo laboral con reformas que impliquen mayor explotación de la mano de obra.
Con la amenaza del desempleo masivo de fondo, el gobierno chantajea con la baja de salarios como una fórmula que supuestamente permitiría mantener el nivel de empleo. La pronta recuperación que promete la ministra Arbeleche se basa en esta idea de mayor flexibilización laboral y menor costo de la mano de obra para captar inversores y reactivar la producción.
Esta es la “nueva normalidad" que intentan instalar desde el gobierno, y que en realidad es parte del programa que ya habían anunciado desde la campaña electoral.
Hace pocos días el presidente de la Cámara Nacional de Comercio y Servicios, Julio Lestido declaró que “Las empresas están muy golpeadas. Lo que nos interesa es conservar los puestos de trabajo” por lo cual sería muy difícil mantener los convenios salariales vigentes.
Precisamente en momentos en que cae en picada el nivel adquisitivo de los trabajadores, los empresarios pasan a la ofensiva para reclamar un mayor ajuste y la vez que el Estado les de mayores ventajas (subsidios, menos impuestos, seguros de paro para que las empresas no se hagan cargo de los salarios, etc.)

Es necesario un plan de lucha

Mientras las condiciones de vida de los sectores populares se agravan en medio de la pandemia y Lacalle Pou avanza en sus planes de ajuste, el PIT-CNT se mantiene en una posición pasiva y reproduciendo el discurso de unidad nacional que llega desde el gobierno.
Tal como hemos planteado acá, la crisis no es igual para todos y la única salida progresiva para los trabajadores y el pueblo es afectando las ganancias y beneficios de los empresarios.
Mientras el PIT-CNT persista en esta posición paralizante, estará dejando pasar el ajuste y allanando el camino al gobierno para avanzar en sus reformas antiobreras.
Se hace imprescindible entonces poner en marcha un plan de lucha discutido democráticamente desde las bases que sea capaz de frenar los planes del gobierno.

Hernán Yanes
Miércoles 13 de mayo | 20:34

El default y la recesión imponen un cambio en la producción y el consumo

Argentina ingresa al default de su deuda pública en cuotas, de hecho, y sin decisión soberana de confrontar ante una deuda sospechada en buena parte de odiosa, ilegítima e ilegal.
¿Por qué decimos en cuotas? El gobierno de Mauricio Macri “reperfiló” una parte de la deuda, imponiendo de facto un mecanismo unilateral de postergación de los vencimientos, anunciando la primera cuota de una decisión por la cesación de pagos.
Hace poco, el nuevo gobierno postergó para el próximo año la deuda en divisas de legislación nacional. Esa fue la segunda cuota de una realidad por el default. La tercera cuota o etapa acaba de cumplirse el pasado viernes 22 de mayo, luego de trascurridos los 30 días de plazo para cancelar un vencimiento por 503 millones de dólares.
Si no antes, para fines de junio se procesará una cuarta etapa. Los vencimientos involucrarán a los bonos renegociados en el 2005. Podrá haber sucesivas etapas o un abrupto final, pero el default es un dato cantado de la realidad, en cuotas o al contado.
Es cierto que todo se disimula porque se informa que se habilitaron negociaciones particulares y “confidenciales” con Fondos de Inversión, tenedores de títulos de la deuda, junto a demandas en ámbitos normativos del exterior para evitar la declaración formal de la cesación de pagos.
Para ser más precisos y como parte de la cesión de soberanía jurídica, se informó que sigue la negociación ante la “Security Exchange Commission”, la Comisión de Valores y Bolsa, agencia del gobierno de EEUU responsable de hacer cumplir las leyes federales estadounidenses sobre los mercados financieros y bolsas de valores, de opciones y otros mercados de valores electrónicos.
Allí están registrados los títulos argentinos y la propuesta de negociación, una práctica generalizada desde tiempos de la dictadura genocida, ratificada en todas las renegociaciones instrumentadas por los diferentes turnos constitucionales desde 1983.
El episodio Griesa no es un hecho anecdótico, que ahora con otros personajes puede reiterarse. El país se encuentra a días de poder ser demandado en tribunales de Nueva York, incluso de otras ciudades en otros países. Es lo que hemos denominado pérdida de soberanía jurídica.
Se arguye que, si no se establecen esas condiciones de prórroga de jurisdicción, no se obtendrían préstamos ni inversores (especulativos), algo sobre lo que no resulta imprescindible, según venimos insistiendo.
Tanto el gobierno como el FMI sostienen que la deuda resulta impagable, por eso se promovió la ley de sustentabilidad, aprobada por un amplísimo abanico político en el Parlamento. Resulta abrumador el consenso pagador entre la dirigencia política en el país.
Pese a la declaración de impagable, con gran esfuerzo fiscal y de reservas internacionales, y más allá de las postergaciones, muchos vencimientos se cancelaron, desperdiciando valiosos recursos necesarios para atender la emergencia sanitaria y económica, de una recesión que se agrava con el trascurso del tiempo.
No hay dudas de los desastrosos efectos sociales de la recesión y la vocación de pago de la deuda, aun con amplísimas políticas compensatorias asumidas desde el Estado.

Recesión

El INDEC informó los datos a marzo 2020, señalando una caída del estimador mensual de actividad económica (EMAE) de -11,5% respecto al mismo mes de 2019, y una baja de -9,8% respecto al mes anterior y -5,4% entre enero y marzo del presente año.[1]
Son datos preocupantes que agravan la tendencia construida de arrastre en el Gobierno de Mauricio Macri. Más aún si se considera que marzo solo incorporó 10 días de cuarentena, con abril y mayo que seguramente deteriorará aún más la capacidad de generación de bienes y servicios, con la continuidad del aislamiento social preventivo y obligatorio (aspo) que seguirá por lo menos hasta comienzos de junio.
Entre los principales afectados están los perceptores de ingresos fijos, trabajadoras y trabajadores en actividad, pasivos, regulares e irregulares, pero también los pequeños empresarios que asocian sus ingresos a la venta en el mercado interno. Quienes reciben ingresos fijos retroceden por mermas absolutas en variados casos (suspensiones, despidos, reducciones de salarios) y por impacto de la inflación de precios en la mayoría.
Resulta grave la situación de los jubilados, no solo de aquellos que no acompañan la suba de precios. Un 40% de los de haberes superiores percibirán actualizaciones por debajo de la evolución inflacionaria. Por su parte, los rangos más bajos de ingresos previsionales, reciben apenas un 40% de la canasta necesaria para una vida con mínimas condiciones de satisfacción y dignidad. La baja de los ingresos populares impacta en el consumo y por ende en esa masa de empresarios y comerciantes que vende a esa población.
Son millones que no consumen por escasos ingresos y otros muchos que no pueden producir y/o facturar, sea por la cuarentena o por lo escaso de los recursos de las familias de menores ingresos.
Aun cuando el Estado asegure parte de la nómina salarial, el costo por abrir algunas actividades hace insostenible su continuidad. Ni hablar de aquellos que pueblan la informalidad empresarial, por lo que no pueden sostener la actividad y los ingresos, agudizando el problema general.
En ese sentido debe inscribirse la lógica de 12 millones de personas que demandaron el Ingreso Familiar de Emergencia, cuando solo se aceptaron a 8 millones y no todos percibieron aún la primera paga de dos hasta ahora aprobadas. El presidente informa que por ahora percibieron el subsidio 6 millones de beneficiarios, restando aún dos millones para acreditar la primera de dos cuotas.
La cuarentena solo puede resistirla quien tenga suficiente ahorro o capacidad de endeudamiento, lo que demanda garantías suficientes. Una mayoría absoluta está afectada por las consecuencias de la emergencia en curso y con arrastre histórico de pérdidas de derechos e ingresos.
Aun así, muchas de estas empresas han solicitado y recibido la ayuda estatal, incluso con algunos beneficiados que son tenedores de títulos de la deuda en proceso de negociación. Varios de ellos figuran entre quienes hicieron parte del proceso de fuga de capitales que explicitó el BCRA el pasado 14/5. En ese informe se alude a una fuga entre fines del 2015 y del 2019 por 86.200 millones de dólares, agravada y de mayor volumen que los desembolsos del FMI por 44.100 millones de dólares.
La recesión de arrastre o la promovida por la emergencia ante el coronavirus no afecta por igual a toda la población y las políticas compensatorias, apenas disimulan un impacto regresivo que hace más desigual a la sociedad argentina.

¿Cómo seguir?

Hay que discutir la estrategia sobre la deuda pública, al tiempo que se discute las formas de atender la emergencia sanitaria sin agravar las desigualdades que potencian la concentración de ingresos.
Vale afirmar que la deuda pública no es solo un problema del país, sino que adquiere nuevas dimensiones como problema global ante la pandemia y el arrastre de la crisis no resuelta desde la explosión entre 2007-09.
Los Estados capitalistas más desarrollados sostienen con emisión de moneda y de deuda la estructura económica social de poder, a costa de un crecimiento impresionante del desempleo, el subempleo y la precariedad laboral.
Se impone el default soberano y cuidar los escasos recursos fiscales y de reservas internacionales para financiar un proceso de transformación productiva que reoriente el consumo en función de la satisfacción de las necesidades de la mayoría empobrecida.
Un proceso de cambio del modelo productivo y de desarrollo supone asegurar financiamiento para emprendimientos económicos sociales que actúen en la producción y reproducción de la vida de millones de familias, las que integran la zona de menores ingresos de la población, aproximadamente la mitad de los habitantes de la Argentina.
El financiamiento resulta imprescindible para el acceso a tierras, máquinas y equipos, materiales y materias primas, tanto como el estímulo a obras de infraestructura que potencien un sector social de la economía.
Por ello es que se deben suspender los pagos de la deuda, al tiempo que se organiza una auditoria con participación popular, enfocada en la determinación de la ilegitimidad, ilegalidad y el carácter odioso de la misma.
No alcanza con no pagar, por lo que se requiere una profunda reforma tributaria que descargue el financiamiento público sobre quienes se enriquecieron con la especulación, el endeudamiento o la fuga, información que se puede obtener cruzando la información del BCRA, de la AFIP, e incluso de las investigaciones sustanciadas en Poder Judicial.
Se le teme a la réplica del poder mundial por la suspensión de pagos. En realidad, el problema es seguir cumpliendo pagos o negociar pagos futuros, que agudizan la hipoteca de la sociedad. Una asignatura pendiente por décadas es la investigación de la deuda pública, que identifique a los responsables de tan importante condicionante sobre la economía y la sociedad.
Más grave para la sociedad será continuar lo que siempre se hizo al respecto, no solo sobre deuda pública, sino sobre la organización de la producción y la distribución de los ingresos y la riqueza. Si no se cambia profundamente, el horizonte es la vuelta a la “normalidad”, agravando la pobreza y la concentración.
Seguir pagando no asegura beneficios para la mayoría de nuestra sociedad, sino más de lo mismo. Confrontar con el poder local y global supone problemas, si, otros problemas, pero supone definiciones soberanas para culminar con años de decadencia que aumentaron las graves consecuencias sociales y económicas sobre millones de argentinos.
Los fondos acreedores seguirán presionando para aminorar la pérdida de ganancias y la sociedad tendrá que mejorar su iniciativa para imponer soluciones soberanas. Suena a revolución y que mejor homenaje en la víspera de los 210 años de la Revolución de Mayo.

Julio C. Gambina

Nota:

[1] INDEC. Estimador Mensual de Actividad, 20/05/2020, en: https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emae_05_207F634B218B.pdf

Julio C. Gambina. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP.

Prepararnos para la catástrofe que se avecina

La declaración de la Organización Mundial de la Salud considerando a América del Sur el nuevo epicentro de la pandemia (principalmente debido a su descontrol en Brasil, donde ya hay más de 22.000 muertos y 331.000 infectados), coincide en nuestro país con la constatación de que vamos a un escenario económico y social catastrófico. A diferencia del hemisferio norte donde, con la curva de contagios va en descenso y, con temperaturas más elevadas por la cercanía del verano, comienza el desconfinamiento de la población y un lento retorno de la actividad económica, en nuestra región todo indica que resta aún un largo trecho de convivencia con medidas de aislamiento más o menos duras y de continuidad de la parálisis económica.
En todo el mundo lo que el coronavirus ha desencadenado no es solo una crisis sanitaria sino también una crisis económica y social, cuyas consecuencias irán mucho más allá de la eventual contención de la pandemia. Una crisis que ya empezó a generar protestas contra el hambre en diferentes países, que muestran que las tendencias a las rebeliones populares previas al coronavirus van a incrementarse en respuesta al aumento del desempleo y al empobrecimiento de las masas.
Nuestro país entró en esta crisis después de cuatro años de terror, en los que el gobierno de Macri, con el apoyo de amplios sectores del peronismo, produjo una caída muy importante de salarios y jubilaciones, un aumento de la pobreza hasta casi un 40 % y un endeudamiento sideral y acelerado. Para una economía que venía ya bastante paralizada, la caída general de la actividad y el freno total para varias actividades que ha significado el aislamiento obligatorio está provocando un escenario de bancarrota. A esto hay que agregar el parate por la caída de los precios internacionales del petróleo de la actividad petrolera en Vaca Muerta, lo que era considerado ya desde los años de la presidencia de Cristina como la gran esperanza en la generación de dólares por las exportaciones. Aunque el precio subsidiado mediante el “barril criollo” limite las pérdidas del sector, no parece ser que vaya a recuperar dinamismo en un futuro más o menos próximo.
Los datos de la actividad económica de marzo, donde la parálisis causada por las medidas de Aislamiento Social Preventivo Obligatorio afectaron solo diez días del mes, ya indican la magnitud de la caída: un índice negativo del 11,5 %. En algunos rubros como la Construcción, altamente intensiva en utilización de puestos de trabajo, la baja superó el 45 %. Imaginemos abril, y mayo, afectados enteramente por el freno económico. Por su parte, el trabajo conjunto de la CEPAL y la OIT respecto a las consecuencias del Covid 19 en la región de América Latina y el Caribe es también lapidario respecto de lo que se viene. El PBI regional se contraería al menos un 5,3 % para finales del 2020 y en el segundo trimestre se perderían el equivalente a 31 millones de puestos de trabajo a tiempo completo. La pobreza en ascenso alcanzaría a 214,7 millones de personas y la pobreza extrema a 83,4 millones [1].
En nuestro país, según una encuesta realizada a las 100 principales empresas, aunque hasta el momento solo un 5 % tuvo despidos, un 33 % se apresta a implementarlos durante 2020. Es decir que al menos una de cada tres de las principales empresas, las que tienen mayor espalda económica, pretende dejar trabajadores en la calle [2]. Imaginemos la situación en empresas de menor tamaño. Para encontrar números semejantes al escenario que se está conformando, tenemos que remontarnos al año 2002, cuando el PIB a precios constantes se derrumbó un 10,9 %. Ese año la desocupación llegó en mayo a casi un 22 % y la pobreza al 57,8 % en octubre. Este es el horizonte que se avecina para el próximo período.

Ante tiempos convulsivos

Una encuesta reciente indagaba en el hecho aparentemente extraño de la alta popularidad que mantenía la figura presidencial (arriba del 80 %) en medio de índices económicos catastróficos. La conclusión a la que llegaba era que una mayoría de la población hasta el momento no culpaba al gobierno del empeoramiento de su situación económica personal y de la del país en general. Pero si la popularidad de las encuestas es en general un indicador muchas veces muy volátil qué decir en una situación tan cambiante como la que estamos viviendo actualmente en todo el mundo donde, como decían Marx y Engels, “todo lo sólido se desvanece en el aire”.
Hoy la buena imagen del gobierno es tan alta como endeble. Está ligada en particular a los números exhibidos en el combate a la pandemia, a partir del establecimiento temprano de las medidas de aislamiento obligatorio. Pero esta medida, que ha contado con el apoyo mayoritario de la población, fue tomada inicialmente sin estar acompañada de testeos masivos (que hubieran permitido focalizar la cuarentena) y sin garantizar un ingreso de emergencia que cubriera las necesidades de trabajadores, cuenta propistas y pequeños comerciantes que se quedaron sin recursos de un día para el otro, como propusimos desde el Frente de Izquierda con el “salario de cuarentena” de $ 30 mil para todo quien dejó de percibir sus ingresos. Tampoco se tomaron medidas para al menos aliviar el hacinamiento en los barrios populares o para limitar las condiciones de precariedad laboral en los geriátricos, dos focos del aumento de casos actuales. Peor aún, entre el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y AYSA se pasaron la pelota durante los doce días que tuvieron sin agua al Barrio 31 y que provocó el crimen social de Ramona Medina, la militante de La Garganta Poderosa que había denunciado esta situación, y otros habitantes del lugar. Con epicentro en el Barrio 31, los infectados en las villas porteñas ya representan alrededor del 35 % de los que hay en toda la ciudad.
Entrando en la décima semana de aislamiento obligatorio, aunque focalizado en el aumento de casos en AMBA (y en menor medida en Córdoba y Chaco), el aumento en el tiempo de duplicación ha comenzado a revertirse, esperándose una continuidad de esta dinámica en las semanas inmediatas. En solo 15 días en el AMBA se han quintuplicado los casos diarios detectados. Esta tendencia limita fuertemente cualquier hipótesis de mayor flexibilización de la cuarentena, sin descartarse que puedan revertirse aperturas anteriores. Esto ocurre al mismo momento que el ahogo económico se vuelve difícilmente sostenible para diferentes sectores. De ahí que podamos prever un crecimiento de los cuestionamientos al gobierno tanto por derecha como por izquierda. Por derecha, de sectores patronales a quienes nada importa la salud de sus trabajadores y de la población y empujan una política “a lo Bolsonaro”. Por izquierda, de trabajadores que no quieren ser quienes paguen los costos de la crisis con despidos, mayor precarización y rebajas salariales. O de aquellos que poco tienen y para los cuales los comedores populares no alcanzan y las medidas de aislamiento social son difíciles de llevar adelante por los niveles de hacinamiento existente.
El carácter económica y socialmente catastrófico que implica la crisis que estamos viviendo internacional y nacionalmente aún no es percibido por amplios sectores de las masas, especialmente entre quienes siguen recibiendo sus ingresos durante la cuarentena. Allí predomina la ilusión de que todo volverá a ser más o menos como antes una vez pasada la pandemia y que los padecimientos económicos y psicosociales actuales son un costo necesario a pagar para evitar que se disparen los contagios. La CGT y las direcciones burocráticas han puesto todos sus esfuerzos en lograr que los trabajadores acepten rebajas salariales y suspensiones. Sin embargo, este estado de ánimo puede cambiar bruscamente, especialmente producto de los golpes generados por el agravamiento de la crisis. En función de su orientación social (porque tendría más recursos si no hubiera pagado USD 5.000 millones de deuda, entre otras cosas), los recursos económicos de los que el gobierno dispone son cada vez más limitados, aún si solo continuara con el mismo esquema de gasto realizado hasta el momento. Como señalamos, los despidos y suspensiones con bajas salariales están en pleno crecimiento. En los barrios populares los comedores están cada vez más saturados y el IFE no compensa la pérdida de recursos de amplísimos sectores que quedaron sin su sustento. Los ahorros de las clases medias que perdieron sus ingresos o los vieron fuertemente disminuidos se van agotando (como expresan las protestas de comerciantes en La Plata, Mar del Plata y Córdoba). Una multitud de quiebras espera a la vuelta de la esquina. Rubros enteros de la economía (turismo, hotelería, gastronomía, las industrias del espectáculo y el esparcimiento, etc.) no se recuperarán aún cuando comience el descenso en la curva de contagios. Si no interviene en defensa de sus propios intereses y con un programa para ganar el apoyo de las clases medias arruinadas evitando que sean ganadas para salidas de derecha (como ya estamos viendo en el Estado Español o en Brasil), el panorama para el movimiento obrero será sombrío. Independientemente de las percepciones, tenemos que ser conscientes que la catástrofe está ante nosotros y, parafraseando a Lenin, se trata de cómo mejor prepararnos para combatirla.

Salvataje capitalista

Más allá de los discursos gubernamentales, hasta el momento los recursos destinados por el estado para tratar de contener los efectos de la crisis han tenido como principales destinatarios a los capitalistas. La principal medida de ayuda social, el IFE, solo $ 10 mil para una persona por grupo familiar, está por detrás de los 600 reales por tres meses para el 30 % más pobre de la población que votó por unanimidad el Congreso en Brasil y promulgó un gobierno ultraderechista como el de Bolsonaro. Además, los requisitos a cumplir para cobrarlo dejan afuera a muchos que se quedaron sin ingresos por detalles insignificantes y prácticamente sin posibilidad de reclamo. Esto contrasta con la facilidad con la cual las patronales accedieron al programa ATP, por el cuál es Estado se hace cargo del 50 % de los salarios privados pagando hasta dos salarios mínimos. Entre otros, obtuvieron el beneficio Techint, Clarín, La Nación o la Sociedad Rural Argentina. En muchos casos incluyeron aún a los principales gerentes entre el personal a subsidiar. Y en lo que hace a la SRA, se da cuando el sector agropecuario fue siempre considerado “esencial” y nunca paró su actividad. Mientras este beneficio llega a las patronales prácticamente en forma universal, no se le ha otorgado a las fábricas bajo gestión de sus trabajadores ni a las cooperativas en general, que solo reciben un subsidio de $ 6.400 (contra $ 33.700 que paga como tope el ATP, cuando en muchos casos tuvieron que frenar sus actividades). Para graficar la diferencia, de los aproximadamente $ 465 mil millones que han tenido de gasto fiscal las medidas tomadas desde la pandemia, un 70 % se destinó a las empresas y solo un 30 % para paliar la situación de los sectores más vulnerables. A esto debemos sumar el ataque a los jubilados, con aumentos por decreto muy inferiores a los que hubieran recibido de cumplirse con la movilidad jubilatoria. Nuevamente socialización de las pérdidas, privatización de las ganancias, una de las máximas preferidas en las que se sostiene este sistema. Esto ocurre además en el marco de la convalidación por parte del gobierno del pacto UIA-CGT estableciendo una ilegal (según señala la Asociación de Abogados Laboralistas) rebaja salarial y suspensiones al 75% aún en empresas que no demuestren crisis. Es en este marco que se dio el conflicto en la planta San Fernando de Mondelez (ex Stani), donde el Sindicato de la Alimentación (STIA) dirigido por Rodolfo Daer firmó un acuerdo a espaldas de los trabajadores de suspensiones con rebaja salarial en una empresa que estuvo trabajando amparada en el carácter “esencial” de la producción alimenticia. El acuerdo, que fue cuestionado incluso por Máximo Kirchner en la Cámara de Diputados, contemplaba la posibilidad de renovar las suspensiones más allá del mes estipulado y solo hacer ingresar a un sector de los trabajadores para favorecer el despido del activismo, cuestión que finalmente fue abortada por el reclamo y organización de los trabajadores a partir de la iniciativa de la Agrupación Bordó. De conjunto las patronales han aprovechado este tiempo para imponer una reforma laboral de hecho en numerosos sectores, rebajando salarios y modificando regresivamente condiciones de trabajo. Sin embargo, lo que tienen en carpeta es mucho peor, incluyendo despidos masivos en numerosas empresas.
Este salvataje capitalista no significa que no existan roces entre el gobierno y los sectores dominantes de la burguesía agrupados en la AEA. Más allá del carácter exiguo de lo que se propone recaudar y que aún no fue presentado en el Congreso el proyecto del Frente de Todos (que gravaría solo patrimonios y no las ganancias de los bancos, las multinacionales y a los terratenientes) , a las patronales no les agrada el solo hecho que se discuta un impuesto extraordinario a los grandes patrimonios. Rechazan también los condicionamientos que se les han impuesto a cambio de la entrada en el programa ATP de pago del 50 % de los salarios.
Independientemente del carácter limitado de estas medidas, la oposición de la burguesía a cualquier tipo de regulación a la evasión fiscal y a la fuga de capitales (esta última mutiplicada bajo el macrismo), prácticas generalizadas en nuestra clase dominante, es algo que no van a dejar pasar sin pataleo. Como señala un artículo de Francisco Olivera en La Nación:
Hay empresarios arrepentidos de haber aceptado la ayuda del Estado para pagar sueldos. Lo admiten en voz baja. Anteayer, ejecutivos de la Unión Industrial Argentina se lo transmitieron directamente al ministro de la Producción, Matías Kulfas: no están conformes con los requisitos que la AFIP exige a cambio de recibirla. Por ejemplo, no distribuir utilidades, no comprar dólares mediante operaciones con acciones y no hacer transferencias a socios relacionados con paraísos fiscales” [3].
Como siempre, la burguesía quiere todo a cambio de nada. Igualmente, estos son tironeos dentro de un salvataje en toda la línea, que ocurren mientras toda la patronal celebra el curso tomado por la renegociación de la deuda y la alta probabilidad de llegar a un acuerdo con los fondos de inversión tenedores de los bonos argentinos que vuelva a legitimar el fraude de Macri y los gobiernos anteriores.

Explicar pacientemente, intervenir audazmente

Las disputas por los recursos del estado anticipan, aún distorsionadamente, la agudización de las contradicciones sociales y políticas que tenemos por delante, algo que veremos expresarse incluso en el seno de la coalición gobernante, donde los rumores de cambios ministeriales dan cuenta de esas pujas. La aspiración de sectores de la clase dominante a que se mantenga más allá de la emergencia el cogobierno de los “moderados” entre Alberto Fernández y Rodríguez Larreta de estos tiempos de pandemia no parece tener base alguna. Pero, más allá de cómo el desarrollo de la crisis vaya reconfigurando el régimen político burgués y las coaliciones que lo conforman, la crisis que ya está en pleno desarrollo nos presenta un gran desafío para el PTS y el Frente de Izquierda. Los límites y contradicciones de la coalición peronista gubernamental quedarán en evidencia más temprano que tarde. Sin ninguna duda vamos a ver multiplicarse las expresiones de la lucha de clases, resistiendo los cierres, despidos, rebajas salariales y otros embates patronales. La juventud precaria, a su vez, ha comenzado a organizarse y ponerse de pie. Si este proceso se generaliza sería un cambio muy relevante para el conjunto del movimiento obrero: la entrada en escena de un destacamento que hasta ahora había estado predominantemente en situación de reserva debido a la acción combinada de la burocracia sindical, el despotismo patronal y la anuencia gubernamental.
Desde hoy mismo tenemos planteado intervenir con audacia en los procesos de organización y lucha de la clase trabajadora que se vayan desarrollando, partiendo de la experiencia de lucha acumulada en el período anterior, de la gesta de Zanon y las fábricas bajo gestión obrera del 2001 para mantener las fuentes de trabajo a los grandes combates de fábrica bajo el kirchnerismo y el macrismo como Kraft, Mafissa, Lear o Pepsico, o las jornadas de lucha contra la reforma jubilatoria de Macri en diciembre de 2017, que marcaron el inicio de su caída. Y también la revalorización de las distintas experiencias de coordinación y autoorganización (como fue en la crisis del 2001 la Coordinadora del Alto Valle en Neuquén, uniendo ocupados y desocupados) que, junto al empleo de la táctica del frente único obrero, serán centrales para superar a las burocracias sindicales y permitir a la clase trabajadora ir constituyéndose en “clase dirigente” del conjunto de los explotados y oprimidos.
Junto con esto tenemos planteado explicar pacientemente y difundir ampliamente nuestro programa de salida frente a la crisis en curso. Mientras levantamos las demandas inmediatas de las distintas luchas y exigimos medidas ante la emergencia (como el Impuesto extraordinario a las grandes fortunas, bancos y terratenientes presentado en el Congreso por el Frente de Izquierda) sostenemos que no hay forma de evitar otro salto en la decadencia nacional sin medidas de fondo contra el saqueo y los “dueños del país” [4]. Frente a la convalidación de la deuda fraudulenta que se apresta a hacer el gobierno, planteamos el desconocimiento soberano de la misma (no pago), no como una medida aislada sino como parte de un plan integral que tiene en la nacionalización del sistema bancario y el comercio exterior dos de sus pilares centrales, para evitar la fuga de capitales, la defensa del ahorro nacional y el constante drenaje de las reservas. Un programa que sostiene la nacionalización de todo el sector energético para terminar con el saqueo de las privatizadas y las petroleras. Que incluye la expropiación de los principales 4.000 terratenientes para volcar los recursos de la principal fuente de renta nacional al servicio de satisfacer las necesidades sociales y no seguir llenando los bolsillos de unos pocos. Una reforma urbana integral, para terminar con el hacinamiento y la falta de vivienda que hoy agobia a las tres millones y medio de familias que se encuentran en emergencia habitacional, y donde casi un millón de las mismas habitan en alguna de las 4.300 villas y asentamientos que hay en nuestro país. Que plantea el fin de toda forma de precarización laboral, la rebaja de la jornada laboral a 6 horas sin afectar el salario y el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados. Que el salario y la jubilación mínima cubran el costo de la canasta familiar, y estas últimas no estén por debajo del 82 % móvil de lo percibido en cada actividad. Es un programa que, obviamente, solo puede conseguirse con la más amplia movilización de la clase trabajadora y el conjunto de los explotados y que tiene como coronación la conquista de un gobierno de las y los trabajadores que termine con este régimen político y social.
Independientemente de la coyuntura actual tenemos por delante tiempos convulsionados en nuestro país y a nivel internacional. Nada de lo que ocurra está previamente definido. Dependerá del resultado de los combates de clase que tenemos por delante. Y de que estas ideas penetren en las amplias masas, para transformase en fuerza material que pueda transforman el orden de cosas actualmente existente.

Christian Castillo

Notas

[1] Ver Coyuntura Laboral en América Latina y el Caribe N° 22, mayo 2020: “El trabajo en tiempos de pandemia: desafíos frente a la enfermedad por coronavirus (COVID-19)”, CEPAL-OIT. Disponible en https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/45557/1/S2000307_es.pdf.
[2] Ver Despidos: una de cada tres empresas planifica echar gente cuando pase la cuarentena, El Cronista, 19-05-2020.
[3] Francisco Olivera, “El sueño del Estado omnipresente”, La Nación, 23-05-2020.
[4] Al respecto puede verse Christian Castillo y Pablo Anino, “Deuda y FMI: administrar la decadencia o terminar con la dependencia y el atraso”, Ideas de Izquierda, 23-02-2020.
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Minneapolis-EE.UU: Asesinato Policíaco-Racial Desata Furia Popular

“Enormes protestas tuvieron lugar en Minneapolis el martes por la noche. La policía con equipo antidisturbios disparó gases lacrimógenos y balas de goma contra la multitud” tras la muerte, la noche previa, a manos de un policía blanco quien “se arrodilló sobre su cuello mientras yacía en el suelo durante un arresto. Las imágenes del incidente mostraron a Floyd (el hombre asesinado finalmente por asfixia) gritando ´No puedo respirar´ y ´¡No me maten!´. Una multitud grande y diversa se había reunido al comienzo de la protesta, con algunos carteles que decían ´No puedo respirar´ y ´Asesino de la cárcel KKKops´ y cantando ´Enjuiciar a la policía´. Los activistas habían bloqueado el tráfico durante varias cuadras en todas las direcciones, y la multitud salió a las calles” (The Guardian, 27/5). Lo que más enardeció a los manifestantes es que en un video que se viralizó “se puede escuchar a los testigos gritando a los oficiales que se quiten del cuello de Floyd. Uno grita: ´¡Hermano, ni siquiera se está moviendo!´. Otro pregunta si ´¿te vas a sentar allí con la rodilla en el cuello?´. Luego en una conferencia de prensa, el martes, el departamento de policía de Minneapolis confirmó que ´murió poco tiempo después´ de un ´incidente médico´, luego de ser trasladado al hospital” (ídem).
La reacción popular fue de tal magnitud que 4 policías debieron ser arrestados. Minneapolis-Saint Paul es una de las áreas urbanas más importantes de EE.UU.: “ha visto varios años consecutivos de protestas contra los asesinatos policiales de hombres negros … la reunión del martes fue una de las más grandes que el área metropolitana haya visto” (ídem).
Desde el lugar del asesinato, “los manifestantes marcharon por el vecindario hasta el recinto policial de la ciudad, donde una pequeña pero enojada y persistente multitud se enfrentó durante horas con los oficiales que vigilaban el edificio. En el recinto, a medida que la lluvia caía fuerte, las ventanas se dañaron y los patrulleros fueron dañados con grafitis. Los manifestantes arrojaron botellas de agua y leche a los oficiales, gritando ´cerdos´ y ´cómo pudiste´. La policía disparó gases lacrimógenos verdes y granadas de aturdimiento para dispersar a la multitud que se acercaba a la estación” (ídem).
Trump no se dio por aludido, pero Biden en cambio salió de su letargo y junto al gobernador de Pensilvania, Tom Wolf, dijeron que los oficiales involucrados en la muerte de Floyd deben ser "más responsables". "Tenemos que llegar a la raíz de todo esto", dijo Biden (ídem).
Los afro-americanos nunca dejaron de ser discriminados en EE.UU. Ahora con la pandemia de coronavirus se estima que los negros han muerto en proporciones tres y cuatro veces mayor a los blancos y se encuentran entre las minorías más afectadas de EE.UU.
El levantamiento de Minneapolis puede ser el anticipo de un levantamiento a escala nacional. EE.UU. está en la antesala de un giro. La presión de Trump y la burguesía yanqui por quebrar la cuarentena, que el gobierno federal combatió siempre, está llevando a EE.UU. a un callejón sin salida: “a medida que la nación continúa con la reapertura, los datos continúan mostrando que dos docenas de estados de EE. UU. están viendo incrementos de nuevos casos de coronavirus” (ídem).

Norberto Malaj
27/05/2020

El debate político acerca de Villa Azul

El cerco policial sobre la Villa Azul ha sido mucho más riguroso y efectivo que las medidas de atención sanitaria y alimentaria que se dispusieron posteriormente. Los vecinos denuncian que los testeos tienen lugar a cuentagotas, a pesar de los reclamos de familiares y allegados de personas que debieron ser internadas con diagnóstico positivo. Es muy claro, a esta altura, que el cercamiento por dos semanas -que convierte al barrio en un ghetto- delata la incapacidad oficial para montar un operativo sanitario enérgico y certero sobre un barrio de tan sólo 3.000 habitantes. Es un operativo para que el virus no salga de la Villa, y no para proteger a sus vecinos. Una ‘cuarentena’ en el sentido antiguo de la expresión ha sustituido al ampuloso “aislamiento social preventivo obligatorio”.

‘Countries”, villas, democracia

Kicillof y el ministro de Salud, Daniel Gollán, justificaron el cerco a Villa Azul, porque lo mismo harían ante un “barrio cerrado o un consorcio”. Una cosa es, sin embargo, el control sanitario de la población que ingresa o sale de un barrio o un municipio – otra distinta es un encierro policial de una población por un período prolongado, renovable y trazado por encima de las disposiciones sanitarias, que los vecinos siguen reclamando. El carácter clasista del aislamiento de Villa Azul no se puede disimular – tampoco el método policial, que no está relacionado a decreto o ley alguna. La disposición a seguir con este procedimiento para el resto de las villas pone al gobierno al margen de la legalidad.
La derecha se sirve del cerco a Villa Azul para reforzar su agitación contra el aislamiento… obligatorio, como lo hacen Trump, Bolsonaro, Piñera; pero el chileno también ha cercado las comunas que rodean a Santiago, después de dos meses de fracasos con el método de ‘viva la pepa’. La corriente política que apoyó a todos los golpes y dictaduras, desde el 55, y en especial la última, vuelve a la consigna de todos los golpes: la “libertad”. Es la misma que agita Bolsonaro. Países que lideran el ranking de la pandemia están presididos por agitadores ‘liberales’. No cuesta ver que se trata de un planteo capitalista, para reanudar un proceso de explotación, ahora armados con billones de dólares de ‘asistencia’ estatal. También es un arma de agitación hacia la pequeña burguesía que vive de una tienda, con intenciones políticas fascistizantes, a sabiendas que la ‘reapertura’ no va a resolver nada mientras la pandemia no haya sido derrotada, y prosiga la ola de quiebras provocada por la bancarrota financiera y la recesión, que han irrumpido en forma paralela a la pandemia.

Sin barbijos ni testeos

La larga cuarentena que ha entrado en esta crisis ha sido diseñada por Fernández, Kicillof y Larreta. Fue calificada, de entrada, como ‘dinámica’, esto para justificar la improvisación, como si desconocieran el volcán social que es Argentina. Se han tomado dos largos meses para poner en marcha una serie de testeos erráticos -Detectar-, poco numerosos y precarios, sin reunir los medios para desarrollar un plan integral. La cuarentena concebida por el FdT y JpC, no fue aprovechada para superar o paliar carencias del decrépito sistema de salud, ni elaborar alternativas habitacionales. Pactaron una ‘reapertura’ que tuvieron que dar marcha atrás desde el día siguiente a su anuncio.
La existencia de barrios hacinados y sin agua no es, por cierto, un resultado de la presente pandemia, sino de un régimen social y político que ha gobernado, a través de todos sus partidos, a favor del acaparamiento privado del suelo. ¡Pero la pandemia no los ha apartado un milímetro de esa orientación social! No se han puesto a disposición los espacios necesarios -grandes hoteles, playas de centros comerciales, edificios desocupados- para descomprimir las villas y alojar a sus habitantes en peligro. Los slogans a favor de “quedarse en casa” no le dan respuesta a los millones de precarizados que no recibieron siquiera los 10.000 pesos del IFE, y que deben salir a exponer su vida y su salud para poder comer. Los rescates al capital funcionaron mucho más eficazmente que los escasos subsidios a la población sin trabajo.
Una cosa es la oposición al cercamiento de un barrio pobre y al encierro físico compulsivo de sus habitantes en nombre de un plan de testeos masivos, tratamientos adecuados, espacios para el distanciamiento, otra cosa es denunciarlo para reforzar la libertad de mercado y la explotación social, respaldada con subsidios a las patronales. El gobierno recurre a un método fascistizante, el encierro por la fuerza pública de una población que reúne características sociales comunes – pobreza, precariedad laboral, hacinamiento. Ese método no le da el carácter de fascista, porque es una salida desesperada a un fracaso político; no podrá aplicarlo a villas de decenas de miles de habitantes ni con la ayuda de las direcciones ‘sociales’ cooptadas. La tendencia a las dictaduras o fascismos hunde su raíz en el impasse capitalista, para cuando los Berni, de un lado, y las Bullrich, del otro, unan fuerzas para salvar el lecho común, el estado capitalista.
La posición de los socialistas es que se deben reunir todos los recursos para atender la salud de la población, incluida la expropiación bajo control obrero de las grandes compañías y bancos, y en especial empresas de salud y pulpos farmacéuticos, así como los grandes espacios habitacionales. Toda la producción debe estar dirigida al objetivo sanitario y alimenticio, en su sentido integral, lo que incluye la reconversión industrial. El francés Macron ha entregado miles de millones de euros a las automotrices para que fabriquen carros de lujo, que no interesan a la mayoría, o autos eléctricos, incluso cuando Francia carece de una red de energía urbana para atenderlos.
Las llamadas ‘pulsiones’ autoritarias, en el proceso político, no están determinadas por ‘reaperturas’, por un lado, o ‘aislamientos’, por el otro, que no pasan de ser circunstancias de un proceso. La crisis de conjunto del capital mina la capacidad de arbitraje de los sistemas parlamentarios y acentúa la polarización política. Los obreros deben tener en cuenta esta dinámica y concentrar los esfuerzos en desarrollar organizaciones obreras independientes del capital y partidos que señalen en forma sistemática y metódica la vía del derrocamiento del capital y la consagración de gobiernos de trabajadores.

Marcelo Ramal
27/05/2020