jueves, abril 26, 2018

A dónde va China



Entre la guerra comercial y la restauración capitalista

La escalada en la guerra comercial con China que viene fogoneando el gobierno estadounidense, con la elevación de aranceles a la importación de acero y aluminio, no es el principal punto de fricción en las relaciones entre los dos países. Las importaciones provenientes de China en estos rubros representan un porcentaje ínfimo del mercado norteamericano. Lo que está en juego es un paquete mayor, que quedó expuesto con las amenazas de Trump de ampliar la lista de productos, esta vez por un valor de 100.000 millones de dólares. La administración estadounidense apunta a la competencia china en la industria de alta gama, con más razón después de los anuncios del régimen de Xi Jinping para transformar a China en un líder tecnológico en áreas como la robótica, la inteligencia artificial, las comunicaciones y los productos farmacéuticos. Los teléfonos móviles manufacturados en fábricas chinas, los ordenadores y accesorios exportados a Estados Unidosascienden a la friolera de 150.000 millones de dólares, lo cual se considera como una amenaza directa para el dominio económico y militar de Estados Unidos.
El asesor comercial de la Casa Blanca, Peter Navarro, un arquitecto clave de las medidas de guerra comercial, afirmó: “Si ellos [China] básicamente se apoderan de ese terreno tecnológico robándonos, no tendremos un futuro como país en términos de nuestra economía y nuestra seguridad nacional”.
La acción de la Casa Blanca incluye también el bloqueo a numerosas asociaciones de empresas de China con el capital de compañías tecnológicas estratégicas de Estados Unidos. En esta línea, vetó la operación de compra de Qualcom, un gigante de los superconductores, por parte de una empresa de Singapur en cuyo capital influye Huawei, la productora de chips más importante de China. Asimismo, junto al Reino Unido, ha prohibido los negocios de la compañía de telecomunicaciones, ZTE, en ambos países, alegando motivos de “seguridad nacional”.

Apertura

Este juego de represalias y presiones tienen como propósito forzar la apertura de la economía china, para colonizarla y llevar hasta sus últimas consecuencias el proceso de restauración capitalista. Esto se da en medio del conflicto con Corea del Norte, el cual, como lo han destacado diversos analistas, es un tiro por elevación contra China, el país que sostiene vínculos más estrechos con el régimen norcoreano. El ataque contra éste ha sido utilizado por Estados Unidos para apuntalar su presencia militar en la región y por lo tanto, una advertencia por extensión contra Pekín.
El régimen chino viene dando señales de avanzar hacia una apertura. Así, presentó un calendario para levantar todas las restricciones de propiedad que afectan a los fabricantes de automóviles extranjeros que operan en China. En un máximo de cinco años se eliminará el actual límite que exige a las empresas extranjeras ser propietarias de como máximo el 50% de las empresas conjuntas (joint ventures) con los productores locales. En otras palabras, fabricantes como Volkswagen, BMW, Ford o Toyota podrán producir en China sin tener que compartir la operativa y los beneficios con sus socios locales. O al menos poseer una participación mayoritaria de sus filiales en el país.
Si bien el gobierno chino ha negado que el anuncio pretenda apaciguar la actual disputa comercial con Estados Unidos, algunos lo interpretan como un guiño a Trump, que se ha quejado de forma recurrente de los obstáculos de Pekín a la importación de vehículos estadounidenses (los grava con un arancel del 25%) y las condiciones que impone para fabricarlos en su territorio. China también eliminará las restricciones a la fabricación de aeronaves y de navíos por parte de empresas extranjeras en este 2018, sectores que se enfrentan a unas cuotas máximas de propiedad similares a las del sector automovilístico.

Reformas

Estas medidas están en sintonía con el plan de reformas que está promoviendo Xi Jinping. Una de sus prioridades es permitir la entrada de capital privado en las empresas de propiedad estatal (SOE, por sus siglas en inglés), que tienen en general altos niveles de endeudamiento y no son, en muchos casos, rentables. La deuda de estas compañías, que se han financiado en los bancos estatales a bajo costo fomentando un apalancamiento excesivo, es uno de los principales problemas de China. La economía china está sentada sobre una montaña de deudas: pasó de 7 billones de dólares en el año 2007 a 30 billones ahora, y representa el 282 por ciento del PBI. La mitad de las deudas de los hogares y particulares, de las corporaciones no financieras y del Estado están asociadas a la actividad inmobiliaria. La deuda corporativa china ha pasado a ser una de las más elevadas del mundo (125 por ciento del PBI) y abarca tanto las empresas del estado como las privadas. Esta situación se ha hecho insostenible y no se puede prolongar por mucho más tiempo. La anunciada “desregulación” supone que las firmas que no son competitivas sean desplazadas a través de cierres o absorciones, habilitando un proceso de concentración y copamiento del mercado por el gran capital. Un temor fundado que anida en las autoridades chinas es que esto provoque un retroceso importante del PBI y, junto con esto, una pérdida masiva de puestos de trabajo, lo cual, podría conducir a una reacción social incontrolable. Esto explica las vacilaciones de Pekín a la hora de ejecutar el plan. “A pesar de que las esperanzas están depositadas en los próximos movimientos de Xi, hay cierto escepticismo en torno a la velocidad y efectividad de sus reformas”.

Transición

En medio de este cuadro, la cúpula dirigente ha enviado a las células del Partido Comunista chino (PCCh) a controlar las empresas. A su turno, y de acuerdo a los trascendidos, se vienen multiplicando las detenciones y el encarcelamiento de capitalistas corruptos. Por otro lado, el aumento del desempleo que traerían aparejadas las reformas en carpeta es impracticable sin una red de contención social, lo que explicaría que las autoridades chinas estén estudiando una reforma del sistema de seguridad social.
Pero este intervencionismo es impotente para hacer frente a las contradicciones crecientes que va acumulando la política oficial. El Estado, en China, opera como unificador de los diversos capitales, públicos y privados. Ni en Rusia ni en China se ha desarrollado una burguesía como clase, pues en ambos casos ella está mediada por el Estado, el cual conserva gran parte de su estructura burocrática ‘pre-capitalista’. Xi Jinping, un bonapartista especial al cual se le han conferido facultades excepcionales al habilitársele la reelección indefinida, está obligado a conciliar la tendencia a la autonomía de sus proto-capitalistas con la necesidad de contener la desintegración de sus Estados. Las ex economías estatizadas han incorporado a sus contradicciones autárquicas, las más violentas aún, de la economía mundial. China ingresa a una fase más convulsiva de la restauración capitalista, lo que prepara el terreno para una intervención de mayor amplitud de la clase obrera.

Pablo Heller

PT, el gran organizador de derrotas



Foto: ex presidente Lula junto al gobernador de Minas Gerais, Fernando Pimentel

Tres acciones del Partido de los trabajadores, esta semana, causaron malestar en los sectores más radicales de la izquierda democratizante de Brasil.
El lunes, por orden del gobernador petista Fernando Pimentel, la Policía Militar de Minas Gerais reprimió con dureza a los profesores estatales en Belo Horizonte.
Ese mismo día, el ex intendente de Sao Paulo (y posible candidato a la presidencia por el PT, luego de la prisión de Lula), Fernando Haddad, se reunió con el caudillo desarrollista Ciro Gomes y el ministro de Finanzas de la dictadura, Delfim Netto, y con Bresser Pereira, el ‘padre’ de la reforma del Estado durante los dos gobiernos de Fernando Henrique Cardoso. El martes, la dirección nacional del PT impugnó la decisión del PT de Tocantins de componer una lista con el PSB para las elecciones especiales para el gobierno del estado, para apoyar a la ex presidenta de la Sociedad Rural, Katia Abreu, ex ministra de Agricultura de Dilma Roussef y miembro del PDT de Ciro Gomes.
La izquierda democratizante, que se encuentra en el PSOL, se solidarizó de inmediato con los profesores de Minas y criticó la reunión de articulación política convocada por Haddad. El PT parece haberle refrescado la memoria acerca de lo que representa realmente, incluso después de la prisión de Lula, la dirección del PT, con la cual ha firmado un acuerdo político, hace escasas semanas.

¿Sorpresa o hipocresía?

La reacción de esta izquierda democratizante con las movidas petistas suenan bastante hipócritas. Quienes se han embarcado en la política de Frente Popular del PT, o sea con partidos patronales, con la expectativa de heredar algunos votos a cualquier precio en las próximas elecciones de octubre, fingen ignorar el camino que están transitando.
Los gobiernos petistas son sinónimo de represión policial. Es posible citar una decena de ejemplos de las últimas décadas, pero alcanza con recordar la ‘participación’ de los gobernadores del PT durante las jornadas de junio de 2013. El ‘gaúcho’ Tarso Genro, de la izquierda petista, fue uno de los que mandó a la policía contra los manifestantes. Lo mismo ocurrió con Agnelo Queiroz, del distrito federal, Tiao Viana, de Acre, Jacques Wagner, de Bahia, Marcelo Déda, de Sergipe. Se puede decir, incluso, que la represión policial es compatible con el PSOL, ya que cuando el intendente de Macapá, Clécio Luis, aun se encontraba en el partido, atacó a los funcionarios municipales en huelga. Hoy en la REDE, Clécio sigue contando con el apoyo del PSOL en el municipio, como ocurre también con el PSDB y el DEM.
Delfim Netto e Kátia Abreu tampoco son extraños al PT – todo lo contrario. Delfim fue consultor económico de Lula durante todo su gobierno y llego a mantener sus columnas en la revista petista Carta Capital. Con la motosierra de oro de Tocantins y ex presidente de la Confederación de Agropecuaria de Brasil, Kátia Abreu, el PT fue más lejos – la nombró ministra de Agricultura. Leal al presidente durante el golpe contra Dilma, Kátia parece estar siendo recompensada ahora con el apoyo del PT a la gobernación de Tocantins, incluso para disgusto de los propios correligionarios del estado.

Es necesario otro camino

La política de Frente Popular ya fracasó una vez en Brasil y la crisis actual es el resultado de esa falencia. No sorprende que el PT quiera construir un nuevo Frente – aglomerar sectores para volver a formar gobiernos de conciliación de clases. Sorprende, en cambio, que sectores que otrora fueron opositores a esta política, ahora se sumen a ella indiscriminadamente. Como siempre, culpan a la coyuntura desfavorable y el crecimiento del conservadorismo en el país. ¿Pero hay un momento más propicio que el actual para presentar una política distinta, cuando tanto la burguesía como los partidarios de la conciliación de clases están perdidos políticamente? ¿Hay momento mejor que el actual para defender la necesidad de construir un gobierno de trabajadores?
Es mejor acumular fuerzas para una política clasista seria que buscar en forma desesperada la bendición de Lula que para conseguir algunos deputados a más. El camino del Frente Popular, solamente nos asegura que lo que “la primera vez fue una tragedia, la segunda naufrague como farsa”.

Mathias Rodrigues (Tribuna Classista)

Nicaragua: Macri debería poner las barbas en remojo

Apenas una semana antes de las manifestaciones populares masivas que se han desencadenado en Nicaragua, el gobierno de Daniel Ortega recibía el premio al “mejor proyecto de inversión extranjera” (Forbes, 11/4). El “reconocimiento” tuvo lugar en el “Annual Investment Meeting, en la ciudad de Dubai, Emiratos Arabes Unidos”. La distinción inusitada para un gobierno que publicita su condición “nacional y popular” no se redujo a una celebración ocasional, porque de acuerdo con la misma información, “el proyecto de Inversión Extranjera Directa más innovador en Latinoamérica y el Caribe”, responde al “programa de inversiones PRONicaragua”, que el gobierno sandinista promueve con recursos fiscales.
La reacción enorme que suscitó en la población y en especial en la juventud universitaria, la “reforma jubilatoria” que impuso por decreto Daniel Ortega hace casi una semana, debe ser caracterizada en este contexto. La reducción de las jubilaciones en un 5%, y el aumento de los aportes personales (de 6,25 a 7%) y patronales (de 19 a 22,5%) no solamente soliviantó a los sectores populares; también provocó una ruptura del pacto de gobierno que rige desde más de una década entre la gran patronal, nucleada en el Consejo Superior de la Empresa Privada, y el oficialismo. La “reforma”, sin embargo, había sido ‘recomendada’ por el FMI para cubrir un déficit de 75 millones de dólares de la Seguridad Social. La misma Seguridad Social que presta su fondo de garantía para subvencionar el “PRONicaragua” que saludan los inversores internacionales.
“Los manifestantes fueron convocados por el poderoso Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep)”, informan las agencias a Clarín y La Nación (24/4), “que fue aliado de Ortega en sus once años de gobierno, pero que luego de la reforma del sistema de pensiones se transformó en un ente opositor”. De este modo, la gran patronal, a la que se ha sumado la Unión de Productores Agropecuarios, se ha convertido en la dirección política de la movilización popular. Forzado por la rebeldía generalizada a derogar el decreto jubilatorio, Daniel Ortega convocó “al diálogo” a los empresarios -que se dieron el gusto de rechazarlo hasta que no “se libere a todos los presos”. La Cosep fue acompañada por el clero de Nicaragua, las universidades privadas y la Embajada norteamericana. “Les abrí mi corazón y me contestaron con la billetera”, ‘reflexionó’ hace treinta años Juan Carlos Pugliese, ministro de Alfonsín, ante un inconveniente similar. Nicaragua es uno de los objetivos codiciados por China, que ha ofrecido en su momento construir un canal entre el Caribe y el Pacífico, para desagrado, provisional, de Estados Unidos.
La dirección política de las movilizaciones no es disputada por ninguna otra organización fuera del frente patronal-clerical-universitario. Este es el meollo de la situación nicaragüense. Ese frente no exige la salida de los Ortega del gobierno, porque no ha armado aún una alternativa política de reemplazo. Ha quedado planteada una transición política crucial. Los medios de comunicación se esfuerzan por presentar como positiva esta acefalía de dirección, con la intención de evitar que se produzca una diferenciación política. El frente único entre la gran patronal, por un lado, y el pueblo en la calle, por el otro, oculta la contradicción entre la clase social que apoyó al orteguismo durante diez años y una masa de trabajadores y jóvenes que dieron rienda suelta a la indignación acumulada a lo largo de la década.
La brutalidad de la represión ejercida por el orteguismo, el cual, sin embargo, recularía enseguida derogando el decreto, ha dejado al desnudo el bandidaje político del sandinismo. Es que al lado de los ataques brutales de la policía y el ejército contra los manifestantes, operaron ‘milicias’ del partido oficial, que no tienen nada que ver, por supuesto, con “el armamento de las masas”. En los hechos, gobierna en Nicaragua un régimen de partido único. Estas ‘milicias’ no son el arma de resistencia ‘nac & pop’ a la ‘ofensiva neoliberal’, sino un instrumento contra las masas y contra el esfuerzo por desarrollar una alternativa obrera independiente al gobierno patronal que galardonaron en Dubai.
El derrumbe previsional de Nicaragua deja en evidencia el rasero que iguala a los gobiernos de diferente tendencia en América Latina: la crisis sin salida de la dominación política capitalista latinoamericana, en el marco del impasse económico y político mundial. El agotamiento de los Macri y los Ortega, de los Maduro y los Kuczinski, de los Piñera y los Lula tiene la base histórica común de la decadencia capitalista.

Jorge Altamira

miércoles, abril 25, 2018

Los "millennials" trabajaremos hasta los 80 años: moriremos trabajando



La actual situación del mundo del trabajo obliga a perder toda esperanza en las condiciones de vida.

La ofensiva neoliberal ha liquidado todo tipo de conquistas arrancadas por la movilización de los años sesenta y setenta.
Los millenials, generación del siglo XXI que hoy tiene menos de 35 años, hoy trabajan en condiciones del siglo XIX.
Una rara contemporaneidad de tiempos discordantes es paradójica: mientras el siglo XXI representó un avance en la técnica las condiciones de trabajo son más parecidas al del siglo XIX.
Me refiero a la fragmentación de los trabajadores, la falta de sindicatos democráticos, la preponderancia de los contratos de protección laboral, la imposibilidad de firmar un contrato estable, sin derecho a jubilación, seguridad social, pensión, retiro, créditos hipotecarios.
Nada: nos arrebataron todo. Esto tiene implicaciones en la generación: su estancamiento poblacional pues nadie quiere contraer matrimonio o tener hijos por la angustia del futuro que genera la precariedad.
Los "millennials" moriremos trabajando. En algunas décadas más veremos cómo estalla el problema en nuestra cara: la precariedad material de la actual ofensiva devendrá en un problema planetario.

La esclavización del mundo

Al mismo tiempo el capital usa las nuevas tecnologías para explotar nuestro trabajo de un modo más perfecto. En Amazon obligan a los trabajadores a colocarse pulseras que indican al patrón donde localizar a su fuerza de trabajo.
En las empresas se firma con el iris o la huella digital, se usan redes de WhatsApp para controlar a los trabajadores y los desempleados generar aplicaciones para vender su fuerza de trabajo.
Según datos de la OIT la actual generación "millennial" tendrá graves problemas para conseguir retiros, jubilación o pensiones. Los contratos de protección garantizan entonces que trabajaremos hasta los 80 años.
Según un estudio se normalizó dicho modo de empleos: cada vez más las personas de tercera edad se integran a la fuerza de trabajo.
La esperanza está en embargo. Y sin embargo, los trabajadores precarios tenemos la última palabra. Embargar nuestro futuro con la esperanza de llegar a fin de mes u organizarnos para detener esta cadena de agravios. Por mejores condiciones de trabajo, no más trabajo precario.

Sergio Abraham Méndez Moissen
México @SergioMoissens

Michel Foucault y el Mayo francés de 1968: marxismo y biopoder



¿Qué pensaba Michel Foucault del Mayo de 1968 en Francia?

El Mayo Francés, en el que obreros y estudiantes realizaron la más poderosa huelga general en la historia del país generó un ambiente de revuelta, esperanza y utopía. Tal vez, desde entonces, el espíritu de lucha había llegado a su cúspide.
Con el 68, que cumple 50 años, emergió de forma inesperada, imposible de predecir y difícilmente asimilable aunque realmente estaba ocurriendo, un movimiento en rechazo a la civilización capitalista: la familia, la escuela, el trabajo, la moda, la normatividad sexual, el estado, psiquiatría y la cultura dominante.
¿Qué pensaba el filósofo de la Locura en la época clásica sobre el 1968? El movimiento lo cuestionó todo. Incluso a él mismo. Según Michel Foucault, en sus pocas alusiones al tema, el 68 cuestionó la enseñanza media:
Los individuos sometidos a la enseñanza y sobre los cuales pesaban las formas más limitadoras del conservadurismo y de la repetición se pusieron a la cabeza de un combate revolucionario. En este sentido, la crisis de pensamiento que Mayo inició es extraordinariamente profunda. Dejó a la sociedad con una perplejidad y un aprieto tales que todavía no los ha superado. (1)

Vincennes: La Reforma Universitaria

Ciertamente hay que esclarecer que Foucault no participó del movimiento más radicalizado de la historia de Francia. Él se encontraba en Túnez. Ya para entonces su fama le convirtió en un filósofo importante en particular luego de la publicación de Las palabras y las cosas.
A diferencia de Jean Paul Sartre que vivió el movimiento con megáfono en mano y cerca de los combates callejeros, Foucault detestaba la jerga de izquierda. A diferencia de Guattari que fue un instigador de la ocupación del Opera Foucault estaba planeando una reforma universitaria... en los despachos de ministros gaullistas en medio de la escritura de Las palabras y las cosas.
Según su biógrafo “cuando escribía Las palabras y las cosas, Foucault no andaba preparando la revolución, ni pensando el barricadas. No. Estaba discutiendo, en los despachos de un ministro gaullista sobre el futuro de la enseñanza superior en Francia” (2) Foucault, es más, era violentamente anticomunista. Su paso en el PCF le llevó a detestarlo a la posteridad.
La Reforma de la Enseñanza de la Educación Superior de De Gaulle era una medida para desactivar el movimiento estudiantil: en ese instante Foucault fue electo en Vincennes.
Foucault fue cuestionado en todo momento por los estudiantes radicalizados y boicotearon sus aspiraciones lo que lo obligó a partir al College de France. Aún así la policía entró en distintas ocasiones a la escuela y llevó preso a Foucault en 1969.
¿Qué más podía oxigenar la aburrida escena de la vida académica sino invitar al filósofo del momento para escribir el plan de filosofía? Paradójicamente Foucault aceptó. Terminó en un fracaso. Aunque los cursos reflejaban mucho de la radicalización de la época el francés consideraba las protestas como, según su biógrafo, “sutiles delirantes sobre la revolución.”

Marxismo y biopoder

Era común que los estudiantes le cuestionaran con las frase “las estructuras no bajan a la calle” para cuestionar la historia estructuralista que encabeza el autor de Historia de la locura. Luciend Goldman, filósofo marxista, le remataba “la historia la hacen los hombres de verdad, no las estructuras”.
Invitó a Jacques Lacan a impartir un seminario y los estudiantes los abuchearon, lo interrumpieron y fue maltratado. El amigo de Foucault declaró “los jóvenes revolucionarios de hoy en realidad requieren un maestro, una autoridad”.
Ciertamente Foucault, mucho después se involucrará en política de izquierda del lado del grupo Izquierda Proletaria de formación maoísta, y su principal causa será la crítica a la institución psiquiátrica y penitenciaria.
La obra “foucaultiana” tiene su nodo en la categoría de biopoder. Esencialmente describe que el poder, como relación de dominio, no tiene centro, es más parecida a una red capilar.
Podemos decir que el biopoder, sistema de opresión capilar y omnipotente, emerge de la derrota de 1968 y eso explica que fuera asimilado por cierta “izquierda”. Así es que “la gestión de la vida del biopoder, diríamos que corresponde a la generalización teórica de las condiciones propias de la derrota del ascenso de masas internacional iniciado en 1968”, como plantean Emilio Albamonte y Matías Maiello acá.
Categorías como “biopoder” se producen en el contexto del reflujo del movimiento de 1968 y 1970. El “sujeto” había terminado y la destrucción de la soberanía del ser, o del albedrío, y fue reemplazado por el biopoder (forma capital de imposición de la disciplina) por medio de las instituciones y dispositivos. Esta concepción de poder, “post moderna”, remplazó la idea de cambiar el mundo por un “grado cero” del problema de la estrategia.
Foucault olvida el poder concentrado del estado capitalista, “monopolio de la violencia” en Karl Marx, y su pensamiento derivó en un escepticismo de la posibilidad de cambiar el mundo. El poder, como biopoder, disciplinario de los cuerpos aparece en la obra foucaultiana imposible de subvertir.
En todo caso la misión del intelectual es la de describir los mecanismos de opresión de las instituciones modernas: la clínica, la fábrica, la sexualidad, la escuela, la prisión. Pero de lo que se trata no es sólo de interpretar el mundo, sino de transformarlo.

Sergio Abraham Méndez Moissen
México @SergioMoissens

Notas:

(1) Foucault, M. et al., Conversaciones con los radicales. Barcelona, Kairós, 1975, 21-44, 31. (Traducción de J. Luis López). Edición original, C’est demain la veille, París, Éditions du Seuil, 1973. Texto original “Au delà du bien et du mal”, Actuel, 14 (1971), 42-47. Vid. “Más allá del bien y del mal” en M. Foucault, Microfísica del poder. Madrid, La Piqueta, 1978, 31-44. El texto de Foucault se trata de en unas declaraciones recogidas por Philippe Graine y Michel-Antoine Burnier.
(2) Eribon, Didier, Michel Foucault, Anagrama, 2004.

Bella ciao, el detrás de escena



Hoy 25 de abril Italia conmemora la liberación del fascismo. El autor de esta nota nos cuenta cómo la canción que se hizo famosa en la serie "La casa de papel" formó parte de esta historia.

La serie española “La casa de papel” logró lo que pocas veces sucede: convirtió en un hit de ranking internacional un tema con 70 años de historia, especialmente en lugares más lejanos de donde nació. Desde hace semanas, Latinoamérica tararea las notas de Bella Ciao como si fuera el último corte de difusión del cantante del momento, se hacen versiones bailables y suena una vez al día en la mayor parte de las radios comerciales. Quizás pocos sepan que su pegadizo ritmo y la repetición de una palabra cual si fuera estribillo, también fueron clave en su difusión y fama en el último medio siglo. Pero son su historia social y su contenido los rasgos más fascinantes.

“Una mañana me desperté y encontré al invasor”

Nadie sabe a ciencia cierta cómo nació Bella Ciao. Y eso que han habido decenas de investigaciones, artículos y hasta libros al respecto. Su letra no tiene autor. Se trasmite de boca en boca, es parte de la sabiduría popular. Del pueblo italiano primero, y del resto del mundo hoy. Se la escuchó por primera vez en algunas provincias del centro-norte de Italia durante el período de la Resistencia Antifascista.
Tras la firma del armisticio entre el Reino de Italia y los aliados angloamericanos el 8 de septiembre de 1943, la Alemania Nazi logró instaurar un Estado títere en el norte, dividiendo la península en dos: en el sur, lo que quedaba del Reino tras 20 años de dictadura fascista, controlado ahora en los hechos por los Aliados; y en el norte, la República Social Italiana –o República de Saló, como se la conoce internacionalmente también gracias a una excelente película de Pier Paolo Pasolini–, presidida por Mussolini pero controlada por el ejército alemán y militantes fascistas. Los ingleses y estadounidenses fueron bloqueados durante casi dos años por las fortificaciones ítalo-alemanas al sur de la ciudad de Bologna, y los italianos antifascistas tomaron las armas para liberar sus tierras.

“Oh partisano, llévame contigo que siento que voy a morir”

Socialistas, anarquistas, liberales y –especialmente– comunistas, dieron vida a una guerra de resistencia con connotaciones ya legendarias. Se convirtieron en “partisanos” –partigiani en italiano–, así llamados por tomar partido en lo que en Italia se dio en llamar la “guerra de parte”, es decir la del más débil contra el más fuerte. Escritores (como Italo Calvino), intelectuales, artistas pero especialmente campesinos y obreros formaron grupos clandestinos, organizados en brigadas por afinidad ideológica, y lucharon hasta 1945 contra la ocupación nazi-fascista.
Bella Ciao reconstruye esa historia, desde el momento íntimo en que el partisano decide abandonar su casa, su familia y sus afectos –de allí Bella Ciao, “adiós bella”– para ir a la montaña a combatir al invasor alemán.

“Y si yo muero como partisano, tú me tendrás que enterrar”

Entre las filas de la mítica Brigada Maiella, al parecer se escucharon por primera vez los versos de Bella Ciao. Durante una presentación del libro “La verdadera historia de Bella Ciao”, una anciana se acercó al escritor Cesare Bermani y le aseguró que esa canción la había escuchado por primera vez en “la República libre y partisana de Alba”, una de las primeras ciudades liberadas por la resistencia.
Contrariamente a lo que se cree, inclusive en Italia, Bella Ciao era un canto muy poco conocido en las filas partisanas. El alto grado de pertenencia ideológica que se respiraba en las brigadas, especialmente entre socialistas, anarquistas y comunistas, hacían que cada uno tuviera sus himnos, más bien ligados a su historia y tradiciones políticas. La fuerza de la canción y su popularidad vinieron más bien después de la guerra, cuando había que unificar todas esas tendencias en un solo proyecto para reconstruir el país.
Bella Ciao se prestaba como un gran himno al respecto. Su letra reflejaba los valores de la resistencia, de la entrega y la lucha de los partisanos, sin referirse a símbolos reconducibles a alguno de sus grupos.

“Me enterrarás en la montaña bajo la sobra de una bella flor”

Cuando el 25 de abril de 1945 las tropas partisanas entraron triunfantes en Milán y signaron la liberación de Italia del fascismo, muy pocos cantaban Bella Ciao. Se escuchaban más bien la Internacional, alguna versión en italiano de los cantos de los bolcheviques rusos y el himno nacional. El 28 de ese mes, Mussolini fue interceptado por un grupo partisano comunista mientras intentaba escapar hacia Suiza. Fue fusilado junto con su amante, Carla Petacci, y su cuerpo colgado de los pies en Piazzale Loreto, en el centro de Milán. Durante años, nazis y fascistas habían colgado en calles y plazas los cuerpos de partisanos o civiles sospechados de serlo. A cada uno le ponían un cartel que decía “Bandido”, otra palabra hoy resignificada por la cultura popular italiana y gritada muchas veces con orgullo en las huelgas y manifestaciones. Hacia finales de la guerra, los alemanes aplicaron inclusive terribles formas de represalia: por cada soldado alemán muerto por los insurgentes, ellos fusilaban diez civiles tomados al azar del pueblo más cercano. Inclusive así, los civiles siguieron ocultando, sosteniendo y ayudando a los partisanos, demoliendo las estrategias terroristas del ejército nazi.

“Y todos aquellos que pasarán me dirán ‘qué linda flor’”

Recién en los años cincuenta, Bella Ciao se convirtió en el himno de lo que había sido la Resistencia. Un himno cantado con potencia y rabia especialmente por los movimientos obreros y campesinos que habían creído que la Resistencia traería finalmente un cambio social profundo, un futuro de paz, derechos y participación política. Todas promesas que naufragaron luego en la crisis, la emigración o el trabajo agotador tras las máquinas de las grandes industrias del norte. Pero Bella Ciao se siguió cantando, en marchas, huelgas y asambleas, casi como reafirmación de que aquellos ideales de justicia social y liberación no habían sido olvidados. Esa herencia en forma de canción se escucha aún hoy en todas las manifestaciones de la izquierda italiana y europea, aun aquellas ya convertidas al reformismo de corte liberal.
En 1964, durante uno de los ya exitosos festivales de la canción popular italiana, una cantante ignota para el público, Giovanna Daffini, cantó por primera vez una versión totalmente desconocida de Bella Ciao. No se hablaba de partisanos ni de guerra, sino de trabajo, patrones violentos y arroceras. Daffini había sido mondina, cosechadora de arroz en el norte de Italia, y luego había participado activamente en la Resistencia. Ella aseguró que había aprendido esa canción durante sus larguísimas y masacrantes jornadas de trabajo, y que era común escucharla hacía décadas en su zona. “El jefe de pie/ con su bastón/ oh Bella Ciao/ y nosotros curvas a trabajar./ Pero llegará el día/ en que todas juntas/ oh Bella Ciao/ trabajaremos en libertad”.
La revelación de Daffini cargaba aún más de simbolismo una canción que ya era patrimonio de la cultura popular más humilde y combativa del país. Los partisanos, luchadores contra el nazi-fascismo, habían tomado una canción de trabajo y de denuncia de sus madres y abuelas resignificando la idea de lucha y libertad.

“Esta es la flor del partisano muerto por la libertad”

El testimonio de Daffini jamás pudo ser verificado. Muchos lo dieron por falso y emprendieron un largo estudio acerca del origen del canto. Carlo Pestelli, cantautor e investigador de Historia de la Lengua Italiana, en su reciente libro “Bella Ciao, el canto de la libertad”, sostiene que la raíz musical de la canción es difusa, pero que se pueden encontrar antecedentes. El más sorprendente es el de una grabación de 1919, realizada en Nueva York por un cantante judío, Mishka Ziganoff. Se trata de una canción de la tradición klezmer, cuya melodía es increíblemente igual a la de Bella Ciao. Es muy plausible pensar que ese sonido bailable, con reminiscencias de tarantella, haya sido llevado de los barrios de migrantes italianos a los senderos de montaña durante la guerra. Su letra, en cambio, es puro ingenio popular.
La fama internacional para Bella Ciao llegó por dos vías. Por un lado, los encuentros internacionales de las juventudes comunistas veían a los jóvenes dirigentes del PCI –entre ellos Enrico Berlinguer– enseñando su letra a los delegados de toda Europa. Por el otro, Yves Montand, famosísimo cantante popular francés, grabó una versión en italiano en 1963, con video incluido, y dio la vuelta al mundo.
Los años de las grandes movilizaciones populares y la lucha sindical en Europa llevaron nuevamente en auge la canción en las calles y plazas del continente. El internacionalismo expandió el mito de Bella Ciao al resto del globo, tanto como para que hoy haya traducciones al árabe, kurdo, turco, japonés, además de casi todos los idiomas europeos.
Y en la actualidad, sigue siendo un símbolo ligado a la lucha por la libertad. Se ha cantado en Turquía, en las manifestaciones del parque Gezi en 2013, en la Puerta del Sol en Madrid durante el 15M, en Atenas en 2015 –cuando Alexis Tsipras se convirtió en primer ministro abrazado de Pablo Iglesias–, durante las manifestaciones contra el G20 en Hamburgo en 2017.
Como fruto de mescolanzas migrantes, como canción de trabajo, de protesta o de resistencia, es innegable la raíz profundamente plebeya y rebelde del canto. Un aspecto que “La casa de papel” quiso aprovechar, al ponerla en los labios de estos supuestos ácratas del siglo XXI preocupados por la repercusión social de sus acciones y la denuncia del robo del sistema financiero europeo a sus ciudadanos. El intento quizás no quedó tan claro. Pero ahora tienen a medio Hispanoamérica tarareando esa canción.

Federico Larsen

El Valle de los Caídos y las vergüenzas de un Régimen



Esta semana se iniciaron los trabajos preliminares de exhumación en el Valle de los Caídos, generando gran expectación entre muchos de los familiares de los enterrados en la zona. Aunque finalmente la Guardia Civil impuso que nadie, a excepción de los peritos, accediera al lugar.

Se trata de uno de los grandes símbolos de la victoria del franquismo. Construida mayoritariamente por presos del bando republicano en condiciones de semiesclavitud. La idea del dictador era erigir una obra lo mas exagerada posible que rindiese honor a los que cayeron luchando en la "gloriosa cruzada" del 36.
Una gran parte de los que trabajaron en la construcción del Valle de los Caídos se dejaron la vida en la misma, debido a las extremas condiciones de trabajo a las que fueron sometidos. Según se acercaba la finalización de la obra, en 1958, el Régimen tuvo la iniciativa de recoger cadáveres procedentes de la Guerra Civil de distintos puntos del país. De esta manera la Basílica del Valle de los Caídos se convirtió en la mayor fosa común de España, con más de 34.000 cuerpos. Aunque se sospecha que este número se queda corto, debido al poco cuidado que se dieron a los restos.
Finalmente el mismo Franco fue enterrado en esta Basílica en noviembre del 75 con honores propios de un Papa. Desde entonces este complejo se convirtió también en una lucrativa fuente de negocios bajo gestión directa de la Iglesia, con ingresos provenientes de los turistas de alrededor de dos millones de euros al año.
Familiares de los que se encuentran enterrados en el Valle de los Caídos se empezaron a organizar y batallar judicialmente para poder recuperar y enterrar a sus muertos de forma digna. En el camino se han encontrado todo tipo de obstáculos, y aun a día de hoy no queda claro si finalmente podrán vencer la resistencia de la Iglesias, políticos y jueces.
Aunque el Valle de los Caídos es el lugar más simbólico de la represión franquista, toda la península se encuentra plagada de fosas comunes con centenares de miles de muertos. Se trata de un tema muy espinoso para el Régimen del 78 de conjunto, ya que deja al desnudo las vergüenzas de un pasado con el que nunca se quiso romper. Los partidos más abiertamente derechistas como el PP o Ciudadanos siempre han mostrado su fuerte desprecio a las víctimas del franquismo. Pero incluso para el PSOE y Podemos es un tema que resulta incómodo. Aunque los primeros durante la época de Zapatero sacaron adelante una limitada ley de memoria histórica, nunca tuvieron ningún tipo de voluntad de ponerla en marcha y al final ha quedado en papel mojado. Por su parte, Podemos siempre ha mantenido una posición solidaria con las víctimas del franquismo, pero sin llegar a cuestionar al actual Régimen.
Otro hilo de continuidad es el de algunas de las empresas más importantes de la actualidad, especialmente del sector de la construcción, que se beneficiaron directamente del plan de trabajos forzados de la dictadura franquista. Algunos ejemplos de esto son Sacyr Vallehermoso, ACS, ADIF o importantes familias que también lograron acumular gran parte de su fortuna por el trabajo de los presos políticos como los Entrecanales o los Villar Mir. Esto revela la naturaleza de clase del franquismo, que detrás de toda la parafernalia nacionalista y religiosa se encontraba la defensa mediante el terrorismo de Estado de los intereses privados de los grandes capitalistas españoles.
Según algunos historiadores fueron alrededor de 400 mil los presos políticos que el Régimen utilizo como trabajadores forzados. Esta práctica fue habitual en los países que cayeron bajo las botas del fascismo. Pero a diferencia de Alemania o Italia, en España estas empresas nunca fueron obligadas a reconocer y reparar económicamente a las víctimas que pasaron por esta situación. Por tanto muchos de los que actualmente deben sus grandes fortunas al trabajo esclavo franquista gozan hasta el día de hoy de una impunidad absoluta.
Pero no solo los empresarios se aprovecharon de la crueldad del franquismo. También, como no podía ser de otra forma, la Iglesia obligo a trabajar a muchos presos políticos en las obras de sus parroquias, iglesias, etc. El propio Valle de los Caídos es también un símbolo de la estrecha relación entre la dictadura y la Iglesia. Después de la muerte del dictador los privilegios del clero se mantuvieron. Esto quedó reflejado en los acuerdos entre la Santa Sede y el Estado español de 1979. De esta manera la gestión de la Basílica del Valle de los Caídos está a cargo de la Iglesia. Esto les permite decidir a quienes dejan entrar en ella, teniendo incluso la potestad de impedir las exhumaciones de los millares de cadáveres que hay en su interior.
En la actualidad una vez más se pone de manifiesto que el Régimen del 78 es heredero directo de Franco. Por eso a más de 80 años de iniciarse la Guerra Civil todavía ponen obstáculos a que los represaliados de la guerra y la dictadura sean identificados y tratados con dignidad. Aun después de todo este tiempo le resulta muy difícil al actual Régimen reconocer el nivel de represión que hubo durante la época de la dictadura. Y que esta solo sirvió para proteger los privilegios de una minoría parásita, que se sentía amenazada ante el avance de la clase obrera y el pueblo pobre cada vez más en franca rebelión contra un sistema social injusto. Para ello tuvieron que llevarse por delante a lo mejor de una generación y utilizar el miedo y el terror para doblegar al resto de la población. Pero es precisamente el recuerdo de esos miles de luchadores que no se arrodillaron lo que más temen.
Ahora cuando de nuevo estamos en medio de una fuerte crisis del Régimen del 78, el ADN franquista es más evidente que nunca. De esta manera en los últimos meses asistimos a una ola represiva que ha llevado a la cárcel a dirigentes independentistas, raperos, tuiteros, periodistas e incluso a líderes sindicales. En los últimos días la polémica volvió a saltar debido a la absurda persecución de banderas y símbolos amarillos, lo cual refleja el nivel de senilidad del actual Régimen.
Por otra parte muchas de las empresas y familias que sostuvieron y se beneficiaron del franquismo siguen a día de hoy gozando de una relación carnal con el poder político. En los grandes casos de corrupción como Gurtel, Barcenas, o los pelotazos urbanísticos estas empresas han jugado un papel central.
Por tanto es necesario asumir que nos encontramos ante un Régimen que es imposible reformar y al que hay que impugnar en su totalidad. Porque se construyó como heredero del franquismo, en el sentido de que su función es la de preservar los privilegios y el poder en manos de las mismas elites que dirigieron el país durante la dictadura de Franco. Por eso aun a pesar de ser formalmente más democrático, conforme su propia crisis avanza y la desafección es cada vez mayor, el Régimen del 78 muestra sus rasgos más reaccionarios.

Pablo Juárez

A 25 años de la muerte de Mario Moreno Cantinflas, el mimo de México



El personaje dejó una gran huella en la cultura mexicana e internacional. Incluso en el diccionario de la Real Academia Española donde cantiflear fue aceptada como un concepto.

Se cumplen 25 años de la muerte de Mario Moreno “Cantinflas” quien falleció un 20 de abril de 1993 en la Ciudad de México tras una lucha contra el cáncer. A su funeral arribaron miles de personas.

Con su personaje que se consagró en el cine retrató a la clase baja que busca sobrevivir, fue llamado el “Charles Chaplin de México”.
Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes nació el 12 de agosto de 1911 en la colonia Santa María la Rivera en la capital mexicana. Fue el sexto de ocho hermanos del matrimonio formado por el cartero Pedro Moreno Esquivel y María de la Soledad Reyes Guízar. De niño Moreno creció en Tepito.
El también llamado “el mimo de México” de joven buscó suerte en diversos oficios, zapatero, bolero, cartero, taxista, boxeador incluso torero profesional. Se intentó alistar al ejército mexicano pero su padre de opuso por ser menor de edad.
Pero fue en las carpas que abundaban en los barrios pobres de la ciudad donde Mario Moreno encontró su lugar. Empezó a trabajar haciendo pequeñas apariciones. En ese medio conoce a su esposa, la moscovita Valentina Ivanova Zuvareff con quien contrae nupcias en 1934.

Personaje

Es en el ambiente circense de las carpas de la capital y que recorren la república mexicana donde se forjará y de bautizará su personaje Cantinflas, un reflejo de las clases bajas que abundan en las urbes, que intentan sobrevivir con algo de picaresca en desarrollando diferentes actividades, con mucha mala suerte y pero con buen corazón.
En un principio el personaje tenía la cara pintada. Al pasar al cine le quitó esa característica pero mantuvo su atuendo que lo hizo característico; pantalones a la cadera por caerse sostenidos por un lazo o unos viejos tirantes, ropa arrugada y desgastada, viejos zapatos, una pañoleta deshilachada, un sombrero o cachucha en pedazos y un atisbo de bigote.
Mario Moreno ya había tomando características del habla mexicana, una entonación de barrio, donde ganaba las disputas más por confusión, este estilo lo hizo llegar al diccionario de la Real Lengua Española, que incluyó la palabra cantinflear en cuya definición reza "Hablar o actuar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada con sustancia."

Carrera cinematográfica

Sus primeras películas fueron No te engañes corazón (1936), del director Miguel Contreras Torres, siguieron Así es mi tierra (1937), y Águila o sol (1937), éstas de Arcady Boytler y El signo de la muerte (1939) de Chano Ureta.
Es con las cintas Ahí está el detalle (1940), de Juan Bustillo Oro, Ni sangre ni arena (1941) y El gendarme desconocido (1941), de Alejandro Galindo cuando logra contarse entre las estrellas del cine de la época de oro.
En 1946 firma un contrato con la Columbia Pictures, lo que lo llevó a trabajar en Hollywood en la película La vuelta al mundo en 80 días (1956) al lado de David Niven. Por este trabajo Mario Moreno obtiene el Globo de Oro.
Regresará a México, donde rodará su última aparición en la pantalla grande El barrendero (1981).

Sindicalismo

Mario Moreno entró en 1944 al Sindicato de Trabajadores de la Industria Cinematográfica (STIC), fundado en 1919 con el nombre de Unión de Empleados Confederados del Cinematógrafo.
Con el fin de mejorar las condiciones de contratación en los estudios encabezó una huelga al lado de Jorge Negrete y Arturo de Córdova. Con este último mantuvo una lucha por la dirección de la Asociación Nacional de Actores (ANDA) en un momento donde las luchas sindicales de dirimían a balazos.
El actor y empresario tuvo una visión conservadora, pero a favor de los desprotegidos. Se mostró contra el charrismo sindical, que manejaban el gobierno de un sólo partido el PRI. Moreno fue presidente de la ANDA y secretario general del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC). En su retiro el actor se dedicó a ayudar a los infantes por medio de asociaciones de beneficencia.
El matrimonio Moreno Ivannova no tuvo hijos biológicos pero en 1962 adoptó a Mario Arturo Moreno Ivannova. Al poco tiempo fallece Valentina Ivanova Zuvareff en 1966. Tras la muerte del actor Eduardo Moreno su sobrino entabla una demanda contra Mario Arturo Moreno por los derechos de 34 películas.
Finalmente los derechos de las películas se quedaron en manos de la Columbia Pictures.

Dante Gutiérrez

Revolución nicaragüense: las masas insurreccionadas hicieron historia



Dados los últimos hechos en Nicaragua, este artículo explica la relación entre las masas que hicieron la revolución del 1979 y la dirección del FSLN incluido Daniel Ortega, que desde su inicio frenaron la posibilidad de una nueva revolución socialista en el continente.

Fue uno de los procesos más ricos desde el punto de vista insurreccional en todo el continente, verdaderos levantamientos de masas donde, como lo reconociera Humberto Ortega, “fue la guerrilla que sirvió de apoyo a las masas”, y no lo contrario.

Así fue la historia…

El Estado somocista fue prácticamente una creación del imperialismo norteamericano, presente con sus tropas desde 1911 hasta 1933. Fueron ellos los que crearon el ejército genocida de la Guardia Nacional poniendo a su cabeza a Anastasio Somoza García, quien luego de un golpe militar y ratificado por fraudulentas elecciones, accederá en 1936 a la presidencia de la república, permaneciendo la familia Somoza en el poder durante 45 años.
Pero entrados los 60 comenzará a desarrollarse una diferenciación en las filas de la burguesía, por un lado la oligarquía aliada a la dinastía Somoza y por el otro, una burguesía beneficiada por la expansión económica de esos años, centralmente los sectores agro-exportadores, agro-industriales, industriales y de la banca, para quienes el gobierno de los Somoza se hará poco funcional. Por esos años surgirá el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), una organización guerrillera de carácter nacionalista pequeñoburguesa que se propone la caída de Somoza.
Durante la década del 70 una gran agitación del movimiento de masas se plasmará en las importantes huelgas de 1973 y 1974, que serán ferozmente reprimidas. Entre 1975 y 1976 la represión del gobierno será cada vez más cruenta, siendo asesinado el propio fundador del FSLN, Carlos Fonseca Amador. El descontento experimentará un gran empuje a partir de septiembre de 1977. En enero de 1978 es asesinado el famoso periodista Pedro Joaquín Chamorro, dando un viraje a la situación, llevando a la burguesía opositora a desafiar más frontalmente al gobierno. Pero a medida en que el movimiento de masas entraba en acción esta burguesía opositora buscará la conciliación y el compromiso con la dictadura.
En septiembre de ese mismo año, el FSLN, en medio de un aventurerismo lanza una ofensiva militar en diversas ciudades del país. El contraataque de la Guardia Nacional será brutal, desencadenando una masacre con un saldo de 10.000 trabajadores, jóvenes y estudiantes asesinados. Pero este siniestro golpe no doblegará las energías revolucionarias de todo un pueblo que contará con las fuerzas suficientes para redoblar su acción de masas pese a las acciones putschistas de la guerrilla.

La insurrección de las masas y la caída de Somoza

Las huelgas generales, las ocupaciones de tierra, los levantamientos urbanos, anunciaban la entrada en la escena política de las masas contra el régimen somocista en los primeros meses de 1979. El 4 de junio, las organizaciones de masas y el FSLN decretan una huelga general que paraliza a todo el país, dando origen en los días siguientes a insurrecciones que estallan en las ciudades de Chinandega, León, Matagalpa, Estelí, Masaya, Granada y Carazo. Pero lo que dará un giro decisivo a la situación será el movimiento insurreccional espontáneo del 10 de junio en los principales barrios populares de Managua, surgiendo en la capital “zonas liberadas”. Nicaragua está insurreccionada, se abre una crisis revolucionaria sin precedentes, la caída de Somoza está a tiro de fusil.
El imperialismo norteamericano viendo que se le escapa la situación recurre a la OEA para disfrazar una intervención directa con la propuesta del envío de “fuerzas de paz”. No obtiene respaldo internacional. Somoza se aísla cada vez más y sólo recibe el apoyo de las dictaduras latinoamericanas. El imperialismo espera que Somoza golpee ferozmente a los obreros y campesinos, para luego intentar un nuevo régimen burgués sin cambios bruscos. A este trabajo sucio se prestan los gobiernos de Venezuela, México, Costa Rica y Panamá, quienes hicieron lo que estaba a su alcance para evitar que el desarrollo de la guerra civil no rompiera la continuidad institucional. Así, en junio, se prepara la conformación de una Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional de Nicaragua (GRNN) que asumiría el control del Estado ante la inminente caída de Somoza. Estaba conformada por dos altos representantes de la burguesía, Violeta Chamorro (la viuda de Pedro Joaquín Chamorro) y Alfonso Robelo Callejas; dos representantes por el FSLN, Daniel Ortega y Moisés Hernán; y actuando como sector centro Sergio Ramírez Mercado, representando a sectores profesionales. Esta Junta había sido reconocida por los gobiernos latinoamericanos antes señalados, y estaba en su plan que un importante sector de la Guardia Nacional tuviera un lugar garantizado en el nuevo régimen fusionándose con las fuerzas guerrilleras del FSLN.
En el curso de la insurrección surgieron milicias populares espontáneamente a partir de los contraataques de la Guardia Nacional, pero luego eran encuadradas por los comandos regulares del FSLN. Las insurrecciones espontáneas, la encarnizada resistencia de la población, los ataques del FSLN hacían retroceder a la Guardia Nacional a tareas de estricta defensa de sus cuarteles y a la defensa del famoso “bunker” de Anastasio Somoza. Por fin Somoza abandona el gobierno, huyendo el 17 de julio, abriéndose la fase final del derrocamiento del régimen.
Tras la huida de Somoza, el diputado somocista, Francisco Urcuyo, según previo acuerdo, según previo acuerdo, debía transferir el poder a la Junta de Gobierno para lograr “un cambio en la continuidad”. Pero se le “ocurrió” llamar a las masas a deponer las armas al mismo tiempo que afirmaba que se quedaría hasta las elecciones de 1981. La revuelta de las masas fue completa. Los trabajadores, la juventud y los milicianos de los barrios populares invadieron el “bunker” de Somoza, repartiéndose las decenas de miles de armas de guerra que recuperaron, alzándose en un combate encarnizado. La Guardia Nacional estalló en pedazos ferozmente derrotada. El 19 de julio, las fuerzas del FSLN entran en la capital e instalan la Junta de Gobierno conformada conjuntamente con el personal de la burguesía opositora. Más de 40 mil muertos y 100 mil heridos fue el saldo de los enfrentamientos en este primer período de la revolución, donde el motor central fueron los obreros urbanos, el proletariado agrícola, el pueblo pobre, los semiproletarios del campo y los campesinos pobres. Como reconociera Humberto Ortega, “fue la guerrilla que sirvió de apoyo a las masas”, y no lo contrario.

La paradoja de la revolución nicaragüense

La gran paradoja de la revolución de Nicaragua es que los representantes del capital estaban presentes en la Junta de Gobierno, en los Ministerios, en el aparato administrativo del estado, en el Banco Central. Aunque se había expropiado prácticamente a todo el sector somocista, nacionalizado la banca y el sistema de seguros, un amplio control del sector financiero, nacionalización de la industria minera, un amplio control de las exportaciones y la distribución del mercado interno, y avanzado en conquistas importantes como las campañas masivas de alfabetización, sistemas de salud pública universal, el reconocimiento de las ocupaciones de tierras, y decretos de expropiación de tierras ociosas o no cultivadas.
Con el objetivo de integrar a la burguesía antisomocista a la tarea de “reconstrucción nacional” y para obtener créditos internacionales y de los gobiernos imperialistas, se hacen grandes concesiones a los industriales y a los propietarios. El desarrollo económico continúa dominado por la propiedad privada y el Estado propone el proyecto de una economía mixta. Se da inicio al desarme de la población, y el fortalecimiento de un ejército regular, el Ejército Popular Sandinista (EPS).
Pese a todo esto, el viejo sector de la burguesía presente en la Junta renunciará, pero se integrará otro sector en representación de ella, Rafael Córdoba, dirigente del Partido Conservador Democrático y miembro de la Corte Suprema de Justicia, y Arturo Cruz, antiguo colaborador del Banco Interamericano de Desarrollo. Luego vendrán diversos cambios en la Junta de Gobierno, producto de las grandes contradicciones de la revolución, donde el FSLN asumirá cada vez más el control y sostén del gobierno pero sin cambiar sus orientaciones estratégicas de colaboración de clases acentuando las características de un gobierno bonapartista pequeñoburgués sui géneris.
Pese a esto, tras la llegada de Reagan al gobierno de los EE.UU., se dará inicio a la contraofensiva imperialista, quien organizará los ejércitos mercenarios de la “contra” (contrarrevolución). Se asedia permanentemente la revolución con el accionar militar y los bombardeos a sectores claves de la economía, como los puertos del Pacífico. El gobierno sandinista le pide sacrificios a las masas en las tareas de la defensa y la reconstrucción del país, pero le hace concesiones a la burguesía. Las masas responden a los esfuerzos de guerra pero la burguesía boicotea la economía.
Pero el golpe más fuerte a la revolución de Nicaragua vendrá desde Cuba y la política de Fidel Castro, a poco tiempo del triunfo. Castro afirmará en un célebre discurso de Estado (puede leerse aquí la versión taquigráfica oficial) que Nicaragua no será una nueva Cuba: “Ahora hay muchos interrogantes, y hay mucha gente queriendo establecer similitudes entre lo ocurrido en Cuba y lo ocurrido en Nicaragua... Por eso, a las afirmaciones o temores expresados por alguna gente... de que si Nicaragua se iba a convertir en una nueva Cuba, los nicaragüenses les han dado una magnífica respuesta: no, Nicaragua se va a convertir en una nueva Nicaragua, que es una cosa muy distinta”. Esto significaba que no se expropiaría a la burguesía y que no se extendería la revolución, manteniendo aislado al país centroamericano.
Pero la tarea no se les hará fácil, pues el fortalecimiento de la revolución en El Salvador, dará un gran impulso a la revolución en Centroamérica. Pero con una política de frenar los procesos revolucionarios centroamericanos surgirán las negociaciones con las burguesías y el imperialismo en las famosas “salidas negociadas”, los acuerdos de paz como el de Contadora, de Esquípulas, de Chaputpec, entre otros, que terminarán de desmantelar la revolución de Nicaragua, El Salvador, y de Centroamérica en su conjunto.

Milton D'León
Caracas @MiltonDLeon

Las protestas contra Ortega y el FSLN: consecuencia natural de su carácter de clase



Hace casi 40 años, la movilización revolucionaria del pueblo nicaraguense provocó la caida del dictador Somoza, aliado a los Estados Unidos. Aquí presentamos un debate sobre el derrotero del sandinismo, que paso de dirigir la revolución de 1979 a lo que hoy vemos.

Aromas de revolución recorrían los años setentas. La “revolución de abril” de 1974 en Portugal tiraba a la dictadura de Marcelo Caetano. Como subproducto de esta “revolución de los coroneles”, Angola y Mozambique lograban su independencia nacional del colonialismo portugués.
En el Estado Español, un ascenso revolucionario apresuraba el fin de régimen del dictador Franco que moría en 1975. En Irán, en enero de 1979, el pueblo derrocaba a la tiranía del Sha Reza Pahleví que había sido impuesto por la CIA, lo que le dio un rasgo anti imperialista a la revolución islámica.
Mientras se desarrollaban procesos anti dictatoriales en El Salvador y Guatemala, en julio de ese año, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) y las masas de obreros y campesinos, derrocaban al sanguinario dictador Anastasio Somoza. Este proceso centroamericano tenía como telón de fondo el poderoso impulso de la revolución cubana que impactaba a la juventud y a los trabajadores en todo el continente.
Para muchos que vivimos esos momentos, la entrada triunfal del FSLN a Managua, hacía recordar la entrada de Fidel Castro y sus comandantes a Santiago de Cuba y a la Habana, iniciando enero del 1959. Es decir, que se abrían posibilidades para el surgimiento de una etapa pre-revolucionaria en el continente, cuyo punto más alto era la nicaragüense.
Sin embargo, el carácter de colaboración de clases (frente populista) del Gobierno de Reconstrucción Nacional formado por los sandinistas y sectores de la burguesía antisomocista (como los empresarios Violeta Chamorro y Alfonso Robelo), no apuntaba hacia un proceso que siguiera el curso que, en un principio desarrolló la revolución cubana.
Al negarse a levantar un programa anticapitalista que expropiara a todos los terratenientes para impulsar una verdadera Reforma Agraria integral, y que dotara de tierra a los campesinos pobres para acabar con la explotación del campo, el sandinismo dejaba claro el programa burgués de su gobierno y, que no estaba dispuesto a acabar con la miseria del pueblo.
Distinto a los que hicieron los revolucionarios bolcheviques en Rusia, que exigieron echar a los ministros capitalistas del Gobierno Provisional Revolucionario -que sucedió a la caída del Zar-, para avanzar en un gobierno obrero y campesino que tomara medidas progresivas que fueran eliminando las bases del estado capitalista.
Era un gobierno que, pese a haber desmantelado al ejército (la temible Guardia Nacional), que era el soporte fundamental de la dictadura somocista, no se propuso cambiar el carácter de clase de ese estado.
Salvo algunas medidas progresistas, protegió las propiedades de la burguesía antisomocista, expropiando a solamente a los sectores patronales más favorecidos por la dictadura. Por lo que, en vez de emprender una serie de reformas en el régimen de la propiedad que avanzaran hacia una economía planificada al servicio de la mayoría pobre, adoptó el sistema de “economía mixta” que permitía al capital nacional y las transnacionales, seguir explotando a la clase trabajadora de ese país.
Así Ortega y el FSLN, utilizando el prestigio ganado por ser la dirección que echó a Somoza del poder, durante sus distintos gobierno se fue adaptando a los planes neoliberales e impuso a la población el incremento del costo de la vida, el alza de los servicios y la reducción de prestaciones sociales; hasta llegar a la Reforma a la Ley de Seguridad Social cuyo impacto negativo caería sobre la población pobre.

Una dirección pequeñoburguesa que detuvo un proceso revolucionario

Una vez que la derechista Violeta Chamorro rompe con los comandantes -porque opinaba que eran socialistas-, y los desplaza del poder en las elecciones en 1990, el FSLN tuvo la posibilidad de fortalecer el proceso revolucionario que se desarrollaba en Centroamérica en ese entonces. Sin embargo frenó dicho proceso que enfrentaba los embates de gobiernos reforzados por el imperialismo.
En eso tuvo mucho que ver la política del comandante Fidel Castro que recomendó a los hermanos Ortega y al resto de la dirección del FSLN, “no hacer de Nicaragua otra Cuba”. Por lo que el gobierno recibió mucho apoyo de la socialdemocracia europea, defensora a ultranza del capital.
Contra la orientación que tomaba la revolución nicaragüense, un sector de marxistas (fundamentalmente trotskistas) que combatieron con las armas contra el régimen de Somoza, aunque independientes políticamente de la dirección sandinista (La Brigada Simón Bolívar), alentaron las expropiaciones de terratenientes y la creación de sindicatos independientes, así como tribunales populares que hicieron justicia sentenciando a los torturadores, y militares y militares asesinos.
Por estas medidas que podían que la contracara de los planes del sandinismo y de la burguesía con la que se alió, fueron expulsados de Nicaragua y reprimidos por el gobierno de Panamá que dirigía Omar Torrijos.
Sin embargo, esta orientación castrista -que después los sandinistas sugirieron al FMNL salvadoreño- frenó la revolución centroamericana que estaba en curso en ese entonces, y aisló a la revolución nicaragüense, al mismo tiempo que reducía en la región el apoyo político y material a la misma revolución cubana. Como se vería después, esa política fortaleció el aislamiento estadounidense sobre Cuba.
La mayoría de la izquierda reformista a nivel nacional e internacional, caracterizó como revolucionaria a la dirección sandinista y la apoyó políticamente. Un puñado de trotskistas, disintiendo también con sectores de –en ese entonces- nuestra propia corriente (el Secretariado Unificado), fuimos críticos de este gobierno de colaboración de clase y llamamos a construir una alternativa revolucionaria a esa dirección. Lamentablemente, tras la división por medio de esta corriente por esta diferencia estratégica, el tiempo nos dio la razón.

Mario Caballero

Cinco preguntas-respuestas sobre las elecciones presidenciales en Cuba

1. ¿Quién es el nuevo Presidente de Cuba y cómo fue elegido?

Se trata de Miguel Díaz-Canel, nacido el 20 de abril de 1960, o sea un año después del advenimiento de la Revolución Cubana, por lo tanto tiene 58 años. Después de conseguir su diploma de ingeniero fue profesor en la Universidad Central de Las Villas a partir de 1985. En 1994 fue elegido Primer Secretario del Comité Provincial del Partido Comunista de la provincia de Villa Clara. Adquirió rápidamente la fama de cuadro modesto, trabajador e íntegro. Diez años después, en 2003, ocupó el mismo cargo en la provincia de Holguín. Su balance positivo y el reconocimiento de los habitantes de la región le permitieron también entrar a formar partedel Buró Político del Partido Comunista de Cuba en 2003. De 2009 a 2012 ocupó el cargo de Ministro de Educación Superior. En 2013 ingresó al Consejo de Ministros como Vicepresidente encargado de la educación, ciencia, deporte y cultura. En 2013 el Parlamento cubano lo eligió Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, segundo cargo después de la Presidencia de la República.
Miguel Díaz-Canel es Presidente de la República de Cuba desde el 19 de abril de 2018. Fue elegido, por sufragio indirecto por los 605 diputados del Parlamento cubano por un mandato de 5 años, Presidente del Consejo de Estado y Presidente del Consejo de Ministros. Reúne los cargos de Presidente de la República y Jefe del Gobierno. Sucede a Raúl Castro, que gobernó de 2006 a 2018, y se convierte en el primer dirigente nacido después del triunfo de la Revolución en ocupar el más alto cargo del país.

2. ¿Por qué las elecciones presidenciales son indirectas en Cuba?

Para llegar al poder, Miguel Díaz-Canel primero fue elegidopor sufragio directo, universal y secreto como diputado del Parlamento cubano. Luego fue elegido por el Parlamento a la cabeza del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, es decir a la Presidencia de la República.
Los cubanos están convencidos de que para las elecciones presidenciales el sufragio indirecto es más democrático. En efecto, es materialmente imposible para un Presidente de la República elegidopor sufragio directo rendir cuentas a los electores, salvo de modo simbólico. En cambio, si el Presidente es elegido por el Parlamento, como es el caso de muchos países occidentales como España o el Reino Unido, éste puede ejercer un control sobre el jefe del poder ejecutivo. Es mucho más fácil exigirle cuentas al jefe de Estado, el cual se presenta ante el Parlamento para defender su acción y responder directamente a las preguntas de la representación nacional. Además un Presidente elegido por sufragio indirecto estará menos sometido al sentimiento de omnipotencia que caracteriza a veces a quienes reivindican una legitimidad directa de todo el pueblo. Un Presidente elegido por un Parlamento tiene menos poder que un Presidente elegido directamente por el pueblo.

3. ¿Acaso Fidel Castro y Raúl Castro dirigieron al país desde 1959?

Contrariamente a una idea preconcebida, la Cuba revolucionaria, es decir pos-1959, ha tenido no menos de cinco presidentes de la República. Manuel Urrutia fue el primero en ocupar el cargo de enero a julio de 1959. Osvaldo Dorticós tomó el relevo de julio de 1959 a diciembre de 1976. Luego, tras la adopción de la nueva Constitución de 1976, Fidel Castro ocupó el cargo de Presidente de la República de 1976 a 2006, sometiéndose al sufragio cada cinco años. Después de su retiro de la vida política en 2006 por razones de salud, o sea dos años antes del final de su mandato, Raúl Castro, entonces Vicepresidente del Consejo de Estado y del Consejo de Ministros, tomó el relevo hasta 2008, como lo prevé la Constitución. De 2008 a 2018, Raúl Castro fue elegido Presidente de la República y ejerció dos mandatos sucesivos. Durante su segundo mandato expresó su voluntad de no volver a presentarse, deseando limitar la duración de los mandatos ejecutivos a diez años como máximo. Esta medida debería integrarse en la próxima reforma constitucional. Así, Miguel Díaz-Canel es elegido Presidente de la República hasta 2023, con la posibilidad de realizar otro mandato hasta 2028.
Si la importancia de Fidel Casto en la historia de Cuba es innegable, hablar de la Cuba de los hermanos Castro es inexacto a nivel político. Fidel Castro ocupó la Presidencia de la República durante 30 años, tras ocupar el cargo de Primer Ministro durante 17 años. Por su parte, Raúl Castro fue Presidente de la República durante 12 años. Ningún otro miembro de la fratría Castro ocupó un cargo ejecutivo en Cuba. Fidel Castro tuvo siete hijos y Raúl Castro tiene cuatro. Ninguno de ellos ha ocupado nunca cargo alguno en el Gobierno.
En cuanto a la longevidad en el poder, a guisa de comparación, François Mitterrand fue Presidente de Francia durante 14 años. Felipe González fue jefe del Gobierno español durante 14 años. Angela Merkel, jefa del Gobierno alemán, cuando termine su cuarto mandato en 2021, habrá pasado 17 años a la cabeza de Alemania.

4. ¿Acaso se puede hablar de elecciones democráticas cuando hay un partido único?

En Cuba, contrariamente a otros países, el partido comunista no es un partido electoral. No propone candidatos a las elecciones. La legislación cubana es clara al respecto. Sólo los electores pueden proponer a los candidatos para las elecciones municipales, provinciales y legislativas. Está terminantemente prohibido para el PCC presentar a cualquier postulante a una elección. El procedimiento es el siguiente: antes de las elecciones, los ciudadanos se reúnen en asambleas públicas en las circunscripciones para proponer a los candidatos. Para cada elección, hacen falta al menos dos candidatos y un máximo de ocho. Una vez elegidos por la base, los currículos de los candidatos se exponen en las plazas públicas. Se prohíben estrictamente las campañas electorales. Para las elecciones municipales, provinciales y legislativas, el sufragio es universal y secreto.
Los cubanos están convencidos de que su sistema es más democrático que los de muchos países occidentales. Su punto de vista es el siguiente: en Francia, por ejemplo, donde existe un sistema multipartidista, en la inmensa mayoría de los casos, cualquiera que sea la elección, son los partidos políticos los que designan a los candidatos. Así, los ciudadanos franceses tienen la opción entre los diferentes postulantes designados por las diversas corrientes políticas. Ahora bien, en Francia menos del 5% de los ciudadanos son miembros de un partido político y tienen entonces la posibilidad de designar a un candidato. Así, el 95% de los electores no tienen absolutamente ninguna posibilidad de participar en la designación de los candidatos para las distintas elecciones. Su opción se limita a elegir tal o tal figura designada por los partidos políticos.

5. ¿Cuál es la composición del nuevo Parlamento cubano?

La composición del nuevo Parlamento cubano es globalmente representativa de la sociedad cubana en su diversidad étnica y social. Primero, la participación electoral fue del 85%. Cerca del 50% de los diputados (293 de 605) no son miembros del Partido Comunista ni de la Unión de Jóvenes Comunistas. Contrariamente a una idea preconcebida no todos pueden ser miembros del PCC, al revés. Para entrar en el PCC hay que ser propuesto por un miembro y pasar por un largo proceso de selección. La idea según la cual todos los cubanos tendrían la obligación de ser miembros del PCC es una fantasía. De los más de ocho millones de electores en Cuba (de una población de 11,2 millones de habitantes, sólo 800.000 son miembros del PCC, o sea apenas el 10% de los electores. Si agregamos a los 400.000 miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas, el total es de 1,2 millones de personas, o sea el 15% de los electores. Así, el 85% de los electores no son miembros ni del PCC ni de la UJC.
Más del 53% (322) de los diputados son mujeres. Más del 56% (338 diputados) de los diputados integran el Parlamento por primera vez. El promedio de edad es de 49 años y el 13% de las personas elegidas(80 diputados) tienen entre 18 y 35 años. Cerca del 90% de los diputados nacieron después de 1959. Más del 40% son negros o mestizos. El Presidente del Parlamento cubano, Esteban Lazo, es negro. Ana María Mari Machado, una mujer, ocupa la Vicepresidencia. Miriam Brito, otra mujer, dirige el secretariado del Parlamento.

Salim Lamrani
Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, SalimLamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, ¡palabra a la defensa!, Hondarribia, Editorial Hiru, 2016. http://www.tiendaeditorialhiru.com/informe/336-cuba-palabra-a-la-defensa.html Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

La izquierda selectiva frente a Siria

De ataques occidentales, dictadores locales y equivalencias tranquilizadoras

La crisis en Siria ha desnudado las atrocidades de Assad, los delirios de Putin y las actitudes violentas de Trump. Sin embargo, también ha revelado la existencia de una izquierda que acomoda los datos a sus esquemas ideológicos y que niega todo tipo de imperialismo que no sea occidental. Esta izquierda, complaciente con Assad y Putin, es incapaz de explicar el conflicto sin caer en posturas igualmente maniqueas a las de sus adversarios políticos e ideológicos.
Lo primero que se repitió -como si la guerra fuese una regla de tres simple- fue que el dictador sirio Bashar al Assad no usaría armas químicas contra sus enemigos porque iba ganando la guerra. La conclusión –que dejaba de lado que a Assad todavía le falta recuperar el 40% de Siria- solo podía ser digna de consideración si la utilización de armas químicas no se hubiera repetido periódicamente desde 2013. Lo cierto es que la dinámica utilizada no es compleja y replica un patrón de comportamiento ya dilucidado un año atrás cuando aconteció el bombardeo químico en Khan Sheikhoun: en esa oportunidad los rebeldes sirios habían rechazado una rendición, exactamente como pasó en Douma (suburbios de Damasco). Y, tanto antes como ahora, la situación se alteró después del ataque: los grupos rebeldes se rindieron luego de años de resistencia. Los ataques químicos siguen un patrón exitoso de acción y respuesta que le ha permitido al gobierno sirio recuperar parte del país y que, debido a la inacción de la comunidad internacional, es utilizado de forma permanente y con mínimo castigo. En una palabra, los ataques químicos acontecen porque funcionan. Los mismos producen que poblaciones díscolas se retiren, que los rebeldes se rindan, y que el gobierno pueda colocar en su lugar a ciudadanos adeptos al régimen. El problema de este curso de acción surge cuando la cantidad de víctimas es numerosa (como en el caso de Ghouta oriental en 2013, de Khan Seikhoun en 2017, o ahora con Duma), y los países occidentales no tienen más remedio que intervenir para tratar de limpiar sus conciencias dentro de un conflicto del que le vienen tratando de escapar desde 2011. Por lo tanto, la pregunta correcta sería: ¿Por qué Assad no utilizaría armas químicas contra su propia gente sabiendo muy bien que nunca ha pasado nada?
La utilización de armas químicas no es solo evidente por las imágenes y los testimonios de los médicos que atendieron a las víctimas. Lo es también por las idas y vueltas de los gobiernos de Siria y Rusia para camuflar el ataque. Primero, Siria afirmó que no había existido ataque alguno y más tarde aseguró que lo habían cometido los rebeldes sirios (como también lo hizo Rusia). Finalmente, los rusos modificaron de relato. Afirmaron ante la opinión pública que el ataque había sido coreografiado por los rescatistas sirios, aportando como prueba un video que contenía imágenes de una película de ficción. Ya como último recurso, el gobierno de Vladímir Putin terminó por apuntar a Gran Bretaña como la culpable de entregarle las armas a los rebeldes para que lo realicen (contra ellos mismos). La explicación, por supuesto, tenía ribetes rocambolescos. Sostiene que los rebeldes se «auto atacaron» al utilizar las armas contra sus propias fuerzas y población donde operan. Pero no es lógico preguntarse cómo es posible que los rebeldes hayan usado más de cincuenta veces armas químicas contra ellos mismos (números suministrados por Human Rigths Watch) y nunca contra su enemigo Assad. Además, el día en el cual los inspectores de las Naciones Unidas llegaron a Duma se les impidió el ingreso. Rusia argumentó «cuestiones de seguridad» a pesar de que son los rusos mismos los que están en control de la ciudad desde hace una semana luego de la rendición de los rebeldes sirios. Claramente, para Rusia todo es cuestión de tiempo y negación. Con tiempo consiguen que sea posible que no queden rastros de agentes químicos y, en caso de que vaya a haber algún informe que señale su uso, repetirán lo que ya hicieron antes en Khan Sheilkoun: desconocer resultado de los inspectores y descalificarlo como una «manipulación». Se sabe que pasarán semanas o meses antes de que surjan pruebas sólidas y, ya en ese momento, la atención mundial estará en otras latitudes. Asimismo, cabe recordar que tanto Rusia como China vetaron dentro de las Naciones Unidas que el órgano que se ocupa de monitorear el uso de armas químicas tenga la capacidad de esgrimir quien es el culpable de un ataque: pueden decir si se emplearon armas químicas pero no están autorizados a apuntar un culpable. Es lo que algunos llaman: «que parezca un accidente».
A pesar de que la excusa esgrimida por Putin era la erradicar al Estado Islámico (paradójicamente lo mismo que afirma Estados Unidos, que desde hace cuatro años bombardea exclusivamente a yihadistas y civiles en el país levantino), Rusia ingresó al conflicto sirio con la clara intención de sostener a Assad. Pero Moscú tiene también un objetivo más amplio: enviar el mensaje de que las revueltas populares destinadas a derrocar a los aliados rusos no tendrán éxito mientras mantenga al régimen de la familia Assad (que gobierna Siria desde hace 47 años) como su punto de apoyo en un siempre estratégico Medio Oriente. Si bien las intenciones rusas no sorprenden en lo más mínimo, lo que produce indignación es que analistas, pensadores y ciudadanos que han vivido la propaganda de guerra estadounidense durante décadas, no puedan despertarse ante el uso equivalente de una propaganda rusa supuestamente «antiimperialista». Así, un buen número de personas autodenominadas «de izquierda» refutan la descripción de Rusia en Siria como una suerte de imperialismo (allí los rusos poseen su única base con salida al Mediterráneo y han logrado jugosos contratos de petróleo y gas dentro de las zonas que ayudan a «liberar») con la excusa de que los rusos han sido invitados a intervenir en la guerra por el mismísimo presidente Assad. Sin entrar en detalle sobre el tipo de elecciones que se producen en Siria, conviene recordar que la misma justificación fue esgrimida por los estadounidenses durante su participación en la Guerra de Vietnam. Allí también habían sido invitados por un gobierno reconocido internacionalmente, que no controlaba todo el país y que había llegado al poder por medio no tan santos.
Al presidente estadounidense Donald Trump no le interesan los sirios: que solo 11 refugiados sirios hayan entrado a su país en lo que va de 2018 es una muestra clara de la nueva política estadounidense. A Trump tampoco le interesa que caiga Assad: ya dijo en reiteradas ocasiones que la única intención de su país en Siria era luchar contra el Estado Islámico, y está más que claro que Trump prefiere un carnicero con educación occidental (Assad) frente a yihadistas que amenazan EEUU. De esta manera, cuando EEUU atacó las tres instalaciones sirias que presuntamente albergaban material químico el 13 de abril pasado, quedó claro que el mensaje estadounidense era una alerta por el uso de armas químicas pero también una luz verde para que Assad continúe aniquilando a su pueblo con cualquier otro armamento “convencional”. La actitud no es diferente a la que adoptó su predecesor Obama, luego de que Assad desentrañara el tabú global contra las armas químicas, dando una clara demostración que el orden liberal internacional es una imagen traslucida si se tiene fuertes patrocinadores internacionales como Rusia o China.
Hay un dicho árabe que resume los bombardeos estadounidenses del viernes en Siria: «La montaña empezó a hacer trabajos de parto y cuando dio a luz, nació un ratón». Los ataques no hicieron nada para frenar la carnicería de civiles cometida por la tríada Assad-Putin-Khamenei. Los golpes no afectaron a Assad y no detendrán el curso de la guerra. Sin embargo, previo al ataque, los medios de comunicación se colmaron de alarmistas que pronosticaban una tercera guerra mundial entre Rusia y EEUU. Sin considerar que Putin será un matón pero carece de la imbecilidad necesaria para arriesgar su gobierno en un enfrentamiento con EEUU (y todo eso por los sirios), la voz «anti-guerra» pareció solo escucharse cuando los misiles estadounidenses se preparaban para partir. Nada se dijo sobre los casi 2.000 civiles masacrados por Rusia y el gobierno sirio en Guta oriental desde febrero. Nadie comentó que quedan hospitales o escuelas operando allí porque los ataques gubernamentales se han concentrado en esas instalaciones(como antes se hizo en Alepo) y nada se dijo de los más de 70.000 desaparecidos (denunciados por Amnistía Internacional) a manos de las milicias pro-Assad desde el inicio del conflicto. Solo se escuchó una perversa aritmética: la que indicó que los bombardeos de Trump a tres sitios vacíos eran un crimen aún más atroz que matar a miles de sirios inocentes con bombas de barril y gas venenoso o torturarlos hasta la muerte en cárceles u hospitales.
Si los intervencionistas se han visto obligados a tener que asumir todo lo que salió mal en Irak, los no intervencionistas deben hacerse cargo de los horrores de Siria. Cualquier política sobre Siria debe centrarse en la protección de los civiles. Esta preocupación prácticamente no existe entre los halcones de la guerra de derecha pero tampoco entre los antiimperialistas de izquierda que solo reconocen atrocidades por parte del imperialismo occidental mientras les dan carta blanca a Rusia e Irán. Como bien lo explica el egipcio Amro Ali a partir de un escrito de la escritora siria Leila Al-Shami: esa izquierda denominada antiimperialista (pero pro autoritaria en la práctica) parece ciega ante cualquier forma de imperialismo que no sea occidental. Combina una política de identidad, egoísmo y miopía intelectual. Todo lo que sucede es analizado a través de un prisma fundamentado únicamente en lo que esto implica para los occidentales. Así, solo ellos tienen el poder de hacer historia si la misma es terrible y sangrienta. Se trata de una mezcla de incredulidad histórica –que piensa que nada puede suceder sin el consentimiento de Occidente- y superioridad moral invertida que cree que los locales no son capaces de crear sus propios demonios.

Ezequiel Kopel
Nueva Sociedad

martes, abril 24, 2018

Trump - Kim Jong-un: la guerra por otros medios



El proceso diplomático entre las dos Coreas y Estados Unidos, especialmente, a partir de los Juegos Olímpicos en Seúl, reúne, en apariencia, todas las características de una cuadratura del círculo – y, por ciento, de la extorsión. Hasta poco antes del inusitado viaje de la hermana de Kim Jong-un, el presidente de Corea del Norte, y otro par de diplomáticos, a Corea del Sur, los titulares de la prensa internacional anunciaban repetidamente la inminencia de un ataque norteamericano contra las instalaciones nucleares y de lanzamiento de misiles de Norcorea, y el despliegue de portaviones de Estados Unidos. El Consejo de Seguridad de la ONU había votado sanciones económicas severas contra Corea del Norte, por unanimidad. Esta posición extrema, contradictoriamente, es el antecedente del giro que pegó la relación diplomática ulterior, porque la solución militar a la crisis no había madurado, sea en forma unilateral por parte de Estados Unidos, o en forma conjunta por parte de las Naciones Unidas. El impacto de las sanciones sobre la economía de Corea del Norte es objeto de discrepancias entre los observadores: mientras algunos sostienen que fueron las más amplias y mejor cumplidas de todas las anteriores, otros muestran un crecimiento del PBI del país, en ese período, para sostener lo contrario.

De un impasse a otro

La cuadratura del círculo que enfrenta la etapa diplomática que acaba de comenzar se pone de manifiesto en la incompatibilidad de las posiciones en pugna. El gobierno de Trump reclama la “desnuclearización” de Corea del Norte, además de la destrucción de las armas bacteriológicas y el desmantelamiento de su arsenal de misiles. Kim Jong-un interpreta la “desnuclearización” de un modo más amplio. Es así que reclama que se “desnuclearice” toda la península coreana y Japón, y el retiro de las tropas norteamericanas de la región. Una mayoría de analistas prevé que la negociación de estas posiciones en disputa será inusitadamente larga. A Trump lo condena el pasado, porque el libio Khadafi no salvó su régimen ni su vida cuando aceptó desmantelar su arsenal nuclear contra garantías de seguridad en el papel, ni Irán ha conseguido normalizar las relaciones económicas internacionales luego que firmara un acuerdo de contención nuclear por más de una década con seis estados, que incluyen a Alemania, Rusia y China – además de EEUU, Gran Bretaña y Francia, la banda que protege con bombardeos a las grupos financiados por Arabia Saudita y Turquía que operan en Siria. Tampoco sobrevivió la garantía de un status de no alineamiento y neutralidad para Ucrania, que comprometió Bush padre con Gorbachov – el ex primer ministro de Rusia.
Este impasse de partida para las prometidas negociaciones diplomáticas a tres bandas (EEUU y las dos Coreas) y una cuarta al acecho (China) impone la necesidad de una caracterización más general de las estrategia en juego. Es lo podría emerger potencialmente al cabo de un largo proceso de negociaciones – como ocurrió con las dos décadas, aproximadamente, que llevaron las tratativas entre Estados Unidos y China. O las más largas aún con Cuba, varias veces interrumpidas, y ahora en un relativo impasse.

Región sísmica

Una peculiaridad de la situación en el noreste de Asia es que Corea del Norte no fue arrastrada, como ocurrió con Vietnam y el resto de Indochina, a la ola de restauración capitalista iniciada por China y la ‘normalización’ diplomática con ‘Occidente’. Una razón fue la resistencia a caer bajo la órbita de Pekín o la resistencia de Rusia a esa posibilidad. Una restauración capitalista a gran escala por parte de Corea del Norte, bajo la dirección del Estado, hubiera desatado una competencia feroz en la península coreana y con Japón, y la disputa acerca de la hegemonía en una unificación de las dos Coreas. Es esta la consideración estratégica fundamental que preside la negociación actual, que al final del camino plantea una reorganización de Corea del Norte en términos capitalistas. Las alternativas que se presentan, son: una Corea del Norte de restauración capitalista, aliada a China; una unificación del Norte y el Sur, pero en cuáles condiciones; el lugar de Estados Unidos y de Japón en esta reestructuración, que tendría amplia incidencia en Asia Central y Rusia. Trump ya dejó claro que la presencia militar norteamericana en Japón y Corea del Sur no esa siquiera puesta en la mesa.
Lejos de una atenuación de las contradicciones y antagonismos, la tentativa de cambiar el escenario político en la región plantea una agudización en su conjunto. En las vísperas de las tratativas, Trump ha bloqueado numerosas incorporaciones de empresas de China al capital de compañías tecnológicas estratégicas de EEUU; iniciado una confrontación comercial; y presionado por una apertura de los mercados de capitales de China. Ha reforzado la presión contra Irán y el apoyo a la política de expulsiones del estado sionista. Llama la atención que Trump haya revisado su salida del Tratado del Transpacífico, concebido para competir con China, y pedido el reingreso. El caso de Japón es fundamental, porque enfrenta un enorme retroceso y crisis bancarias, en el marco de una deuda pública que es la mayor del mundo – un 300% del PBI. Las medidas contra las grandes compañías rusas han sido brutales – las ha excluido del mercado mundial, incluida la posibilidad de una quiebra (el pulpo del aluminio Rusal y otros doce monopolios). Cualquier arreglo que lo margine estratégicamente sólo acentuaría una crisis interna que se perfila enorme. Algo similar se podría decir para el futuro de Taiwán. De un modo más general, es posible advertir que una reorganización estratégica en la región deberá despertar un enorme interés político entre los trabajadores de todos los países envueltos.

“Ultraimperialismo” y guerra

Para varios estudiosos, una de las rutas de este proceso podría desembocar en un gran acuerdo internacional USA-China (Le Monde, 21/4), y serviría para evitar una guerra mundial. Algunos economistas aseguran que los bancos centrales de EEUU y de China ya han acordado una política monetaria común – el ‘gran acople’. Estaríamos en presencia un ‘revival’ del “ultra-imperialismo”, que teorizó el revisionista alemán, Karl Kautsky. En realidad, van primando los antagonismos, en especial en Asia Central, que se acaba de manifestar en la crisis que ha estallado en Armenia. Un ultra-acuerdo USA-China, inviable, desataría una crisis fabulosa en la Unión Europea.
Para varios politólogos norteamericanos, la decisión diplomática de Trump es poco menos que una improvisación, motivada por la necesidad de desviar la crisis política de su gobierno, acosada por denuncias judiciales de todo pelaje. Contradice, por otro lado, la demagogia nacionalista con la que quiere asentar su base social y electoral. La cuestión coreana, en definitiva, se juega en el terreno de la crisis capitalista mundial y las guerras.

Jorge Altamira

Estados Unidos: se extienden las huelgas docentes



A poco más de un mes de la gran huelga de West Virginia, los docentes del estado de Oklahoma sostuvieron un paro por aumento salarial y el incremento del financiamiento escolar en el Estado (reducido en un 30% en la última década) que se prolongó durante diez días. Se estima que participaron de la medida cuarenta mil trabajadores y hubo movilizaciones masivas dirigidas al Capitolio estatal.
A diferencia de la huelga de West Virginia, que conquistó un 5% de aumento, esta lucha fue desmontada unilateralmente por la burocracia de la Asociación Nacional de Educación y la Asociación de Educación de Oklahoma sin alcanzar ninguno de sus objetivos. El llamado de esta burocracia fue el puntapié que dio lugar al gobierno estadual para obligar a los maestros a volver a sus lugares de trabajo, sancionando a quienes no lo hicieran (WSWS, 19/4).
La orientación de esta burocracia, que juega un papel de contención y desmovilización en todos los conflictos, es la de dirimir el conflicto “en las urnas” durante las elecciones de medio término de noviembre, votando al Partido Demócrata. Esconden que la degradación de los salarios docentes y la debacle educativa tienen también entre sus responsables a la anterior gestión de Obama y a los gobernadores demócratas.
El reciente conflicto de West Virginia ha contagiado a los maestros de numerosos estados que liberan una batalla contra el magro presupuesto educativo y los salarios de miseria, que en múltiples casos los llevan a tener que tomar un segundo empleo para saldar deudas. En Kentucky también hubo un paro y en Colorado hubo protestas. En Arizona, los docentes desarrollan tres días de protestas que anteceden a un paro el próximo jueves 26.

Camila Pérez

Las Marielles de Brasil, un ejército de únicas

Después del asesinato de la concejal y activista, el movimiento feminista negro brasileño ha sido el más tocado, pero también el que está demostrando mayor coraje. “Hemos perdido mucho, incluso, el miedo”, dicen

Silencio. Sollozos. Y un inmenso vacío ha dejado entre ellas la muerte de Marielle Franco. El movimiento negro feminista brasileño perdió el pasado 14 de marzo un brazo o una pierna. Uno de esos miembros que, cuando falta, parece que el pilar se desmonta. Pero no, ellas mismas reconocen estar en “rehabilitación”.
Eso dicen las que se atreven a hablar. Un mes después de la muerte de su compañera, bien sea por miedo o como consecuencia de una “tristeza inabarcable” –nos dice Juliana Borges, una de las principales voces de Sao Paulo– quienes compartieron su lucha prefieren no hacer declaraciones. “Su muerte ha sido uno de los golpes más duros que hemos recibido. Somos muy pocas en la política institucional y ella representaba todo y a todos”, nos dice la periodista de Brasil de Fato y activista negra, Juliana Gonçalves.
Son muy pocas en todos los espacios. Si atendemos a las estadísticas, vemos que el 55% de las mujeres brasileñas son negras. Si echamos un vistazo a las instituciones, cargos públicos o de dirección, el porcentaje no supera la unidad. Marielle, abrazada a sus banderas era única en la Asamblea Legislativa del Estado de Rio de Janeiro (ALERJ). Thula Pires también es la única profesora negra de Derecho Constitucional de la Universidad Católica de Rio de Janeiro. Como la socióloga y profesora Alessandra Almeida lleva siendo la única negra del instituto privado en el que estudió becada, o la única examinadora en la banca de tesis doctoral de la Universidad de Sao Paulo, o la única en el restaurante caro, en el teatro, en la exposición…

El movimiento negro feminista de Brasil es un ejército de únicas

Esta legión de guerreras está acostumbrada a saltar obstáculos como si fueran Usain Bolt en la carrera de vallas. Hasta el pasado 14 de marzo Marielle Franco había negado todas las estadísticas que sellan el destino de estas mujeres. Fue madre adolescente, sí. Pero también universitaria. Nació en la favela, sí. Pero pudo hacerse un máster en Administración Pública. Era negra, sí. Pero consiguió un puesto en la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro: mujer, madre, negra, lesbiana, favelada y la quinta concejala más votada de la Ciudad Maravillosa. Más de una medalla colgaba de su cuello.
Pero a las 21.07 de la noche de aquel 14 de marzo el cuerpo de Marielle Franco pasó del calor del podio al frío de los números. A esas cifras heladas que recuerdan que la mayoría no llega. Esos porcentajes que dicen que una mujer negra tiene el doble de posibilidades de ser asesinada que una blanca. Que mientras en el último año asesinaron a un 7,4% menos de blancas, ejecutaron a un 22% más de negras. Que la ocupación que les espera es el trabajo informal, relacionado con servicio doméstico, lejos de sus casas.
Los trece disparos que atravesaron el coche en el que iba la concejala y activista, penetraron en el cuerpo de sus compañeras. Todas están convalecientes: “Ella era fundamental en nuestra lucha porque además de representar a todas las minorías, había conseguido ir más allá del activismo y darles voz en un plano institucional. Por eso la mataron”, nos dice Gonçalves.

“Yo puedo ser la próxima”

La muerte de Marielle Franco también ha dejado un escalofrío en la espalda. Un rumor que dice “la próxima puedo ser yo”, sigue la periodista de Brasil de Fato. El miedo ha entrado de lleno en el movimiento negro de mujeres, y entre los activistas de derechos humanos de Rio de Janeiro. Defensores que antes estaban dispuestos a hablar, hoy piden anonimato. Algunos han cambiado de casa, sus rutinas, sus horarios. Si mataron a una concejala qué les puede pasar a ellos, se preguntan líderes comunitarios de favelas que han pasado su vida denunciando la violencia que sufre su gente. Activistas que suelen estar desamparados salvo por el brazo de alguna ONG que les sustenta, y que hoy menos que nunca les garantiza seguir con vida.
El miedo también ha calado entre la propia Policía Militar. Esta fue la primera institución a la que se miró cuando se supo del atentado porque Franco había sido muy crítica con la violencia del Estado. Pero las pistas de las investigaciones lo han descartado, y las pocas pruebas que hay apuntan a las milicias, grupos paramiilatres que han vuelto a hacerse con parte del control de las favelas, formados por ex agentes del Estado, con fuertes vínculos con los diputados de la Asamblea Legislativa de Rio de Janeiro.
Pero lo que más repiten tanto el movimiento negro como los activistas cariocas en este momento es la palabra “precaución”. Son conscientes de que la llama puede volver a encenderse en cualquier momento dentro de una ciudad sitiada por una crisis económica y de violencia que no se veía desde los años noventa: “No podemos hacer acusaciones apresuradas porque se trata de un crimen muy serio que afecta a la esfera institucional y social de Rio de Janeiro. El asesinato de Marielle también es contra nuestra democracia”, nos dice Alice De Marchi, investigadora de la ONG Justicia Global.

Mujer y negra en Brasil

El movimiento feminista negro brasileño ha sido el más tocado, pero también el que más se manifiesta. Cuando se cumplieron dos semanas del asesinato, activistas de Sao Paulo cortaron diversas autopistas de la ciudad con neumáticos y colgaron sobre los puentes una misma pancarta con un claro mensaje: “Hemos perdido mucho. Incluso el miedo”.
Juliana Gonçalves, que pertenece a la Marcha de las Mujeres Negras de Sao Paulo, dice que el temor de poder ser la próxima no las invalida: “No podemos permitirnos dar ni un paso atrás, el mejor homenaje a Marielle es mantener nuestra lucha y seguir con la fuerza con la que venimos trabajando”, nos dice mientras distrae a su hijo de tres años que se empeña en saltar en el sofá.
Ser mujer y negra en Brasil significa estar en las peores estadísticas: “Estamos tocadas por la raza y el género, es decir, pertenecemos al último escalón de la sociedad”, nos explica Alessandra Almeida, también de la Marcha de Mujeres Negras de Sao Paulo y profesora de Ciencias Políticas. Son las que sufren mayor desempleo, o las que acceden a los puestos de trabajo con menor remuneración –el servicio doméstico está formado por un 80% de mujeres negras. También son las que tienen menos acceso a la salud, dependen de la sanidad pública que en la mayoría de los casos es sinónimo de escasez de recursos.
Pero para Alessandra Almeida lo más evidente de ser negra y mujer en Brasil es el abanico de violencias cotidianas que sufren a diario: “Ayer mismo esperaba un taxi en la Alameda Santos –calle de uno de los barrios nobles de Sao Paulo– y me paró un coche para preguntar cuánto costaba una hora conmigo”, nos dice la profesora Almeida, y a continuación nos da la explicación: “Una negra si está en un barrio rico tiene que ser porque es puta, así aparecemos en el imaginario del país”. Esta politóloga no recuerda el número de veces que le han dicho que recogiera alguna basura del suelo confundiéndola con alguien de servicio que debía mantener limpia la zona. O las veces que iba a trabajar en otras universidades y, si no la conocían previamente, la catalogaban como “la ayudante” o “la secretaria”. Y una cosa más que le irrita profundamente: “Cada vez que me llaman menina –niña. Tengo 43 años y me siguen llamando así porque es la manera de infantilizarnos y quitarnos el lugar de mujeres”.
Ser madre negra en Brasil es “vivir con miedo constante”, nos dice Juliana Gonçalves. Un joven negro de entre 15 y 29 años tiene un 80% de posibilidades más que un blanco de ser abordado por la policía. El 75% de los jóvenes asesinados por fuerzas del Estado son negros, tal y como recoge el informe del Atlas de la Violencia de 2017.
Para evitar que entren en las estadísticas, las madres no paran de darles consejos: “Les decimos que siempre salgan bien vestidos y con identificación por si les paran. Les pedimos que no corran por la calle para que no les confundan con criminales. Les decimos que no se pongan la capucha de la sudadera para que les puedan ver bien la cara. No hay consejos suficientes para tranquilizar nuestro miedo, pero tenemos que darlos y confiar en que tengan suerte”, nos dice la periodista y activista Gonçalves, que por ahora se centra en reforzar la belleza de su hijo: “Le digo constantemente que ser negro es bonito, que él es muy guapo y que su color de piel es precioso. Tengo que darle autoestima y fuerza para lo que se le viene encima”.
Autoestima y fuerza son los sustantivos que usa Almeida para recordar a Marielle: “Siempre llevaba su pelo afro, sus turbantes. Iba guapísima, maquillada, arreglada. Y eso también era político porque mostraba a una mujer negra que se aceptaba, que se reconocía en su cuerpo femenino y reivindicativo. Todo un ejemplo para las chicas más jóvenes que hoy se enorgullecen de la imagen black”, nos dice esta politóloga que asegura que fue a partir de los 35 años cuando empezó a sentirse segura con su cuerpo negro: “Entonces entendí que mi cuerpo también era político”.
Tanto Alessandra Almeida como Juliana Gonçalves dicen que entraron en el movimiento negro para recuperar su autoestima, reconocerse en las otras. Para dejar de sentirse únicas. “Hay diversos grupos por todo el país y funcionamos en redes. Nos damos apoyo las unas a las otras y eso nos ha fortalecido”, nos explica la primera. El año pasado la mismísima Angela Davis reconoció su trabajo: “En estos momentos el movimiento negro feminista en Brasil es mucho más fuerte que en Estados Unidos”, dijo tras una conferencia que dio en la Universidad Federal de Salvador de Bahía.
Alessandra y Juliana recuerdan esa frase con orgullo y aseguran que la muerte de Marielle, después de ser un luto, será un motivo nuevo para batallar y conquistar nuevos espacios: “Su asesinato nos ha hecho pensar que debemos reformular estrategias y aprender a protegernos mejor para no ser tan vulnerables”, dice Gonçalves, quien advierte: “Superaremos este golpe, por ella y por las miles de Marielles que están por venir”.

Agnese Marra
CTXT