miércoles, agosto 20, 2014

"El levantamiento en Ferguson puede detonar levantamientos en las 150 ciudades más grandes del país"



El análisis radial de James Petras

Efraín Chury Iribarne: Recibimos como cada lunes a James Petras. Bienvenido a los micrófonos de CX36. ¿Cómo estás?
James Petras: Buenos días. Estamos muy bien, recogiendo grandes calabazas, para hacer sopa y calabaza a la parmesana.
EChI: Muy bien, buena cosecha entonces.
JP: Si, excelente.
EChI: Comencemos, hay muchos temas para abordar hoy.
JP: Empezamos por Gaza. Hay ahora una estimación de que los israelitas mataron 2016 palestinos, dejaron más de 10196 heridos y más de ocho mil casas destruidas; a lo que se suma el destrozo de los sistemas de abastecimiento de agua, electricidad y de aguas servidas.
Lo que pasa actualmente es que están negociando una tregua, pero Israel se niega a levantar el bloqueo que es clave.Porque con el bloqueo, Palestina está totalmente cerrada, es una cárcel, no tiene salida ni entrada; está sometido a todo el control israelí.
Los palestinos están dispuestos a llegar a un acuerdo de coexistencia pacífica con Israel siempre que Israel levante el bloqueo al país. Y como es una condición necesaria, Israel se niega a levantar el bloqueo, y se está preparando para volver a los asaltos y asesinatos.
A pesar de que millones de personas y varios gobernantes en el mundo entero han rechazado la política genocida, Israel está dispuesto a bombardear lo que queda de Gaza.
Estamos en el último tramo de las negociaciones e Israel sigue negando la apertura de un puerto, de una salida, una posibilidad de poder mejorar la condición permanente de los palestinos. En tanto, los palestinos sostienen que si no hay concesión sobre el bloqueo están dispuestos a volver al combate.
La tragedia es que aquí en Estados Unidos, los sionistas siguen presionando al gobierno estadounidense para que apoye a Israel si vuelve a la guerra. Hemos visto que las principales organizaciones judías siguen apoyando a Israel, incluso llamándolos a volver a la guerra, son más guerreristas que (Benjamín) Netanyahu en algunos casos.
Y hemos notado que en Francia y en Inglaterra y en América Latina, los sionistas siguen apoyando, pese a que varios individuos judíos han rechazado la agresión e incluso han formado grupos de críticos a la guerra israelita. En Israel mismo marcharon más de cincuenta mil personas contra la guerra pero en el porcentaje de la población, siguen siendo amplia minoría, un 10 o 15% como máximo, y no tienen ninguna influencia en el Parlamento y menos aún en el gabinete.
Tenemos una situación que va a profundizar.
EChI: ¿La situación en Irak sigue siendo compleja?
JP: Es compleja porque hay varios factores, pero los principal es que Estados Unidos vuelve a la guerra, vuelve a intervenir en Irak, usando el pretexto de ayuda humanitaria. Como hemos visto en el pasado, el pretexto de intervención humanitaria resultó en mayores muertos y heridos. Lo vimos en las primeras guerras contra Irak, donde Estados Unidos inventó un peligro de armas de gran potencia, para bombardear y matar a más de un millón de iraquíes. Usaron el mismo pretexto en Libia, inventando una masacre que no existía para agredir y bombardear el país. Lo mismo hicieron en Siria, inventando otra mentira sobre gas toxico para apoyar la agresión.
El resultado de toda intervención militar estadounidense es más muertes y peores circunstancias para la población que las que pudiera tener con cualquier gobernante existente.
El caso actual sigue siendo lo mismo. Hemos recibido noticias de que hay más de 1500 efectivos norteamericanos ya involucrados en el norte de Irak en combates.Sabemos que hay por lo menos dos docenas de aviones, más los drones, atacando las fuerzas sunníes insurgentes. El resultado de toda esta intervención es solamente para proteger los kurdos que tienen el control en el norte de Irak, son títeres de Washington, tienen poca independencia .Los Estados Unidos tiene sus funcionarios y asesores en todos los puestos del gobierno kurdo y operan en todos los niveles de la política del norte iraquí. Está bien colonizado.
La táctica actual es tratar de forzar a los de ISIS (1) a desplazarse hacia Siria. Es decir el bombardeo a los insurgentes sunníes y a los terroristas es desplazarlos hacia Siria para que hagan sus acciones contra el gobierno de Bashar Al Assad y los otros grupos que apoyan el gobierno actual.
Por tanto, con una bomba logran dos cosas: primero proteger a los kurdos y segundo desplazar a los terroristas a Siria, para que hagan más daño allá.
EChI: En Estados Unidos vuelven los problemas raciales.
JP: Si, es cada vez peor.
Bajo el gobierno de (Barack) Obama la situación ha empeorado, tanto por el tratamiento policial como por la situación económica y social. La segregación, la concentración de poder en los oficiales blancos, la marginalidad de los negros es cada vez más profunda.
En el caso actual, es que hay un levantamiento popular en Ferguson, Missouri, una protesta negra contra el asesinato de un muchacho desarmado por parte de la Policía. No sólo que lo mataron sino que inventaron un video supuestamente robando algo de menos de un dólar, pero que no es claro que se trate de ese mismo muchacho.
Pero en el medio de las protestas, han militarizado la Policía, están armados con todas las armas de guerra, con tanques, ametralladoras, balas de plástico, usan todo como cuando ocupan un país colonial. Y eso ha provocado más protestas y ahora hay una lucha callejera con cócteles molotov, que tiene potencialidades de incitar ciudades en otras partes de Estados Unidos. El miedo de las autoridades es que el levantamiento en Ferguson pueda detonar levantamientos en las 150 ciudades más grandes del país, donde la población negra enfrenta las mismas condiciones.
Aquí en Estados Unidos cualquier joven negro es sospechoso para la Policía.
El tratamiento judicial también es desproporcional.El mismo delito cometido por un blanco puede resultar en una sentencia más moderada que si lo cometiera un negro. El negro puede pasar cinco años en la cárcel pero el blanco pasa un tiempo haciendo servicios comunitarios.
Estas injusticias cotidianas están presentes en Ferguson.
Hoy en día el gobernador del Estado declaró Estado de Sitio, mandaron la Guardia Nacional a desplazar a la Policía .Y la Guardia Nacional llega armada a guerra. Podríamos decir que la situación es muy tensa, muy explosiva, y no hay justicia todavía. Los negros en Missouri dicen que Ferguson es igual que Gaza y que la Policía actúa igual que los israelitas.
EChI: ¿O sea que en materia de derechos de los negros no hubo cambios con Obama?
JP: No, es peor.
Es decir, en la cúpula, Obama nombró varios negros de la burguesía, pero en la política económica favoreciendo a Wall Street, favoreciendo las guerras externas, significa que hay menos gastos sociales para los pobres, y los más afectados son los negros pobres.
Más allá de so, la política de reconstruir las ciudades, significa desplazar a los negros de ciudades como Nueva York, Chicago y Los Angeles.
Como consecuencia de estas políticas -domésticas y externas- el costo lo han cargado más los negros y los latinos.
Obama no ha hecho nada más que nombrar oficiales negros en las cúpulas, pero estos negros son igual que los blancos en sus perspectivas a favor del gran capital y de las guerras externas. No hay que olvidarse que los oficiales negros en la Administración Obama, favorecieron la agresión en Libia contra los africanos, han apoyado el golpe militar en Egipto contra la población; han favorecido los ataques al pueblo en Somalia; etc. Entonces no hay ninguna correlación entre la cúpula negra y la política hacia los de abajo.
EChI: ¿Qué otros temas te han ocupado estos días?
JP: Quiero tocar el tema Ucrania, donde los títeres de Kiev están asaltando las ciudades de Donestk y Lugansk; bombardeando los sectores más poblados, causaron más de tres mil muertos y heridos en le último tiempo.
Los títeres de Ucrania demás, están bloqueando los camiones rusos que llevan ayuda humanitaria al Este. Incluso los grupos más militarizados del gobierno, que son lo que llaman Batallones Especiales –en su mayoría fascistas neonazis- que buscan eliminar a los no ucranianos, es decir, a los bilingües ruso-ucranianos.
Mientras tanto, la prensa supuestamente progresista, como La Jornada (México) y Página/12 (Argentina), sigue hablando a los demócratas en el Este como “pro rusos”; no quieren reconocer que están luchando por la democracia, por el federalismo, resistiendo a los fascistas. Siguen tachándolos de pro rusos para descalificarlos como ciudadanos ucranianos que luchan para la democracia, que sin embargo es la meta de su lucha.
Ese es un crimen de la prensa progresista, que otra vez toma partido por el imperialismo en lugares muy conflictivos.
Otro tema que quiero tocar brevemente, es el caso del muerto Eduardo Campos en Brasil, que la prensa burguesa aquí lo tienen como un mártir de Wall Street. Dicen que era un candidato importante, una influencia grande, un potencial presidente; pero en realidad no alcanzaba al 10%, más exactamente 9,2% en las últimas encuestas, estaba en el tercer lugar. Y no era nada socialista, era líder del Partido Socialista Brasileño pero su política era neoliberal, planteaba liberalizar los mercados, desregular la economía, privatizar las empresas públicas, invitar a los capitales extranjeros.
Yo no soy partidario de Dilma Rousseff pero el hecho es que ella encabeza las encuestas, con un margen de 30% arriba de Campos.
Ahora tratan de vender a Marina Silva como ambientalista, populista; pero Marina Silva dejó hace tiempo el ambientalismo, colaborando con Campos que era un notorio apoyante de los agrotóxicos. Ella obviamente es una oportunista que usa el discurso ecológico demagógicamente y está buscando el voto del gran capital que apoyaba a Eduardo Campos. Pero la van a presentar como mujer, cristiana, ecologista, porque quieren desplazar a Rousseff que ya no les sirve porque están cnasados de la coexistencia entre capital y trabajo;Están cansado de las regulaciones y de las coimas que tienen que pagar al PT para recibir los favores y los contratos. Buscan un cambio con un régimen menos regulacionista, menos intervencionista por parte del Estado; pese a que el gran capital ha ganado mucho dinero bajo el gobierno de Rousseff. Pero ellos quieren todo, no quieren repartir con el Estado nada.
Y esto me lleva al último punto que quiero tocar, que es la popularidad que tiene José Mujica, el Presidente de Uruguay. Las grandes publicaciones de la burguesía, como The Economist de Inglaterra, el Financial Times, The Wall Street Journal, New York Times, han publicado artículos muy favorables sobre José Mujica. Primero citan la vida simple, que tiene un viejo Volkswagen, que vive en casa humilde, que utiliza ropa popular. Pero más allá de esta simbología externa, Mujica es muy favorecido por la prensa financiera porque ha abierto las puertas a la inversión extranjera, los impuestos para los grandes dueños de plantaciones son muy bajos, entre los mas bajos de América Latina, las ganancias son muy altas y lo mejor de todo, los grandes capitalistas no tienen que repartir las ganancias con un Presidente corrupto. El hecho es que Mujica es muy honesto y eso implica que no está exigiendo un porcentaje de las ganancias para financiar una vida lujosa. Es decir, es la política de libre mercado sin pagar coimas. Y es el mejor mundo, los capitalistas que no pagan coimas, tienen un presidente honesto como Mujica, sienten mejores ganancias y mayor estabilidad que un gobierno que se define pro capitalista y es corrupto.
EChI: Petras, te agradecemos mucho este análisis. Nos reencontramos el próximo lunes.
JP: Muchas gracias.
Y quiero decir que Pepe Mujica es un amigo, pero discrepamos profundamente sobre su política económica en la Presidencia, un día cuando pase para otro lado, vamos a tomar un mate juntos y a discutir lo que debe ser la política en Uruguay.
EChI: Muy bien. Gracias Petras.
JP: Gracias. Chau.

Efraín Chury Iribarne
CX36 Radio Centenario

Escuche en vivo los lunes a las 11:30 horas (hora local) la audición de James Petras por CX36, Radio Centenario desde Montevideo (Uruguay) para todo el mundo a través de www.radio36.com.uy

Notas de la Redacción

(1) ISIS - Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL por sus siglas en castellano e ISIL o ISIS en inglés). Es un grupo insurgente de naturaleza islamista suní, autoproclamado califato, asentado en un amplio territorio de Irak y Siria controlado por radicales fieles a Abu Bakr al-Baghdadi, califa de todos los musulmanes. Aunque técnicamente el grupo se organiza como un Estado no reconocido, controla de facto varias ciudades como Mosul, Faluya o Raqqa, siendo esta última considerada su capital.

Jaurès, Trotsky y la Primera Guerra Mundial

El 31 de julio de 1914 Jean Jaurès era asesinado, justo tres días antes del desencadenamiento de la Primera Guerra Mundial. Madeleine Rebérioux (1920-2005), que dirigió la Sociedad de Estudios sobre Jaurès y la revista Le mouvement social presenta así a Jean Jaurès frente al capitalismo y la guerra:
“Para asumir estas responsabilidades, Jaurès solo cuenta con la Internacional. Ciertamente, ésta no tiene que dictar su conducta a los partidos nacionales, pero a sus ojos es más que un club de discusión, “una fuerza intermitente y superficial”. Necesita movilizar a la opinión pública y proponer reglas, medios de acción. En efecto, piensa que solo la clase obrera, internacionalmente organizada, puede poner término al proceso de degradación que muestra la historia contemporánea. Que los militares, en Marruecos, hagan odiar el nombre de Francia, que los radicales dedicados al mundo de los negocios dejen que se realice el robo de inmensas tierras en Túnez o mantengan en Vietnam monopolios aplastantes para los indígenas, que las civilizaciones más hermosas de Asia o África sean ignoradas, o despreciadas, por quienes deberían ser los portadores del universalismo del siglo XVIII, son asuntos que desesperan a Jaurès, pero considera todos esos problemas como internacionales.
“El capitalismo lleva dentro la guerra como la nube la tormenta”; la guerra puede surgir de las simas coloniales, la política de bloques puede desembocar en la masacre, la práctica del arbitraje puede fracasar. Nadie, hasta finales de 1912 al menos, hasta el congreso de Basilea y sin duda hasta 1914, vivió tan dramáticamente el acercamiento de la guerra y fue en el movimiento obrero donde buscó el apoyo decisivo.
De congreso en congreso, ante el Buró Socialista Internacional en los intervalos, intentó obtener de la Internacional el voto de mociones que precisaran los medios a emplear para impedir la guerra. La oposición de la socialdemocracia alemana hace fracasar en el congreso de Stuttgart (1907) y luego en el congreso de Copenhague (1910) el llamamiento a la huelga general obrera contra la guerra. Por otra parte, Jaurès sabía que se trataba de una pedagogía a largo plazo más que de una práctica inmediatamente eficaz. Jaurès murió en pleno fracaso: la democracia política, lejos de desarrollarse en democracia social, se había alterado en Francia, convirtiéndose la colonización en un asunto Dreyfus permanente, y con las fuerzas de la paz derrotadas. Pero el socialismo vivió unificado algunos breves años, las sectas se desectarizaron y se desarrolló la acción de masas. Hoy nos seguimos reclamando de Jean Jaurès.
Son innumerables las preguntas que se plantean y que versan menos sobre los hechos, sin embargo aún mal conocidos, que sobre la interpretación que se da o sobre supuestas intenciones. Por ejemplo, ¿qué habría hecho Jaurès en agosto de 2014? Su muerte en el momento de la decisión decisiva deja finalmente planear el misterio sobre su orientación”.
En 1915, Trotsky, entonces corresponsal de la Kievskaia Mysl (El pensamiento de Kiev), escribió el retrato de Jaurès que publicamos a continuación. Este texto fue vuelto a publicar en 1917, lo que explica la fórmula inicial “han pasado tres años”. Se ve en él el singular estilo de Trotsky, que hacía de él un retratista biográfico de una rara calidad (Redacción de A l´encontre).

Jean Jaurès

León Trotsky

http://www.marxists.org/espanol/

Han pasado tres años desde la muerte del más grande de los hombres de la Tercera República. El torrente furioso de los acontecimientos que se produjeron tras esta muerte no ha logrado oscurecer el recuerdo de Jaurès y sólo ha conseguido desviar parcialmente la atención de él. En la vida política francesa hay un gran vacío. Aún no han surgido los nuevos jefes del proletariado que reclama el carácter del nuevo período revolucionario. Los viejos no hacen más que recordar con énfasis que Jaurès ya no existe...
La guerra ha desplazado a un segundo plano no sólo a figuras individuales sino a una época entera: la época en que se formó y maduró la actual generación dirigente. Esta época, que ya pertenece al pasado, cautiva nuestro espíritu por el perfeccionamiento de su civilización, el desarrollo ininterrumpido de su técnica, de la ciencia, de las organizaciones obreras, y al mismo tiempo parece mezquina por el conservadurismo de su vida política, por los métodos reformistas de su lucha de clases.
A la guerra franco-alemana y a la Comuna de París sucedió un período de paz armada y reacción política en el que Europa, excepción hecha de Rusia, no conoció ni guerras ni revoluciones. Mientras que el capital se desarrollaba poderosamente, desbordando el marco de los Estados nacionales, expandiéndose a todos los países y dominando las colonias, la clase obrera construía sus sindicatos y sus partidos socialistas. Sin embargo, durante este periodo toda la lucha del proletariado estuvo impregnada del espíritu del reformismo, de la adaptación al régimen de la industria y el estado nacionales. Después de la experiencia de la Comuna de París, el proletariado europeo no planteo ni una sola vez prácticamente, es decir de forma revolucionaria, la cuestión de la conquista del poder político.
El carácter pacífico de la época marcó con su huella a toda una generación de jefes proletarios imbuidos de una ilimitada desconfianza hacia la lucha revolucionaria directa de las masas. Cuando estalló la guerra y el Estado nacional entró en campaña con todas sus fuerzas, apenas tuvo que emplearse para poner de rodillas a la mayor parte de los jefes "socialistas". De tal manera que la época de la II Internacional acabó con la quiebra irremediable de los partidos socialistas oficiales. Unos partidos que aún subsisten, es verdad, pero como monumentos de una época pasada, sostenidos por la inercia y la ignorancia y... el esfuerzo de los gobiernos. Pero el espíritu del socialismo proletario los ha abandonado y están condenados a la ruina. Las masas obreras que absorbieron durante decenios las ideas socialistas, hoy, en medio de los terribles sufrimientos de la guerra, adquieren el temple revolucionario. Entramos en un período de conmociones revolucionarias sin precedentes. Las masas darán a luz nuevas organizaciones revolucionarias y nuevos jefes tomarán su dirección.
Dos de los más grandes representantes de la II Internacional han abandonado la escena antes de esta era de tormentas y caos: Bebel y Jaurès. Bebel murió anciano, tras haber dicho lo que tenía que decir. Jaurès fue asesinado con apenas 55 años, en su plenitud creadora. Pacifista y adversario irreductible de la política de la diplomacia rusa, Jaurès luchó hasta el último minuto contra la intervención de Francia en la guerra. En algunos círculos se consideraba que la "guerra de revancha" no podía declararse más que sobre el cadáver de Jaurès. Y en julio de 1914 Jaurès fue asesinado en la terraza de un café por un oscuro reaccionario llamado Villain. ¿Quién armó a Villain? ¿Únicamente los imperialistas franceses? ¿Acaso buscando bien no descubriríamos igualmente la mano de la diplomacia rusa en el atentado? Esta es una cuestión que se ha planteado frecuentemente en los medios socialistas. Cuando la revolución europea dé buena cuenta de la guerra, nos desvelará también, entre otros, el misterio de la muerte de Jaurès [1].
Jaurès nació el 3 de septiembre de 1859 en Castres, en ese Languedoc que ha dado a Francia hombres eminentes como Guizot, Auguste Comte, La Fayette, La Pérouse, Rivarol y muchos otros. Rappoport, un biógrafo de Jaurès, dice que la mezcla de múltiples razas ha marcado favorablemente el genio de una región que ya en la Edad Media fue cuna de herejías y librepensamiento.
La familia de Jaurès pertenecía a la mediana burguesía y debía librar una lucha diaria por la existencia. El mismo Jaurès necesitó la ayuda de un protector para acabar sus estudios universitarios. En 1881, recién egresado de la Escuela Normal Superior, fue nombrado profesor en el liceo femenino de Albi y, en 1883, pasa a la Universidad de Toulouse donde enseñará hasta 1885, año en que es elegido diputado. Tenía solamente 26 años. A partir de entonces se entregará en cuerpo y alma a la lucha política y su vida se confundirá con la de la Tercera República.
Jaurès se inició en el Parlamento con problemas de instrucción pública. "La Justice", entonces órgano del radical Clémenceau, calificó de "magnífico" el primer discurso de Jaurès y deseó a la Cámara escuchar frecuentemente "una palabra tan elocuente y llena de ideas". Más adelante, Jaurès tuvo que dirigir esta elocuencia contra el mismo Cémenceau.
En esta primera etapa de su vida, Jaurès sólo conocía el socialismo de forma teórica e imperfecta. Pero su actividad iba acercándolo cada vez más al partido obrero. El vacío ideológico y la depravación de los partidos burgueses le repugnaban irremediablemente.
En 1893 Jaurès adhiere definitivamente al movimiento socialista y rápidamente conquista un lugar privilegiado entre el socialismo europeo. Al mismo tiempo se convierte en la más importante figura de la vida política francesa.
En 1894 asume la defensa de su muy poco recomendable amigo Gérault-Richard, procesado por ultrajes al Presidente de la República en su artículo "¡Abajo Casimir!". En su alegato, enteramente subordinado a un objetivo político y dirigido contra Casimir Périer, se revela la terrible fuerza de un sentimiento activo llamado odio. Con palabras de revancha fustiga al mismo presidente y a sus predecesores los usureros, que traicionaban a la burguesía, a una dinastía por otra, a la monarquía por la república, a todo el mundo y a nadie en particular y no eran fieles más que a sí mismos.
"Señor Jaurès", le dijo el presidente del tribunal, "va usted demasiado lejos... equipara la casa de Perier a un burdel".
Jaurès: "De ninguna manera, la considero inferior".
Gérault-Richard fue absuelto. Unos días más tarde, Casimir Périer presentaba su dimisión. De repente Jaurès ganó mucha estima entre la opinión pública: todos sintieron la tremenda fuerza de este tribuno.
En el affaire Dreyfuss, Jaurès se mostró en toda su plenitud. Al principio, como les sucede a tantos en todo asunto social crítico, se mostró dubitativo e inseguro, influenciable desde la derecha y la izquierda. Presionado por Guesde y Villain, quienes consideraban que el asunto Dreyfuss era una disputa de camarillas capitalistas ante la que el proletariado debía permanecer indiferente, Jaurès dudaba en ocuparse del asunto. El valiente ejemplo de Zola lo sacó de su indecisión, lo entusiasmó, lo arrastró. Una vez en movimiento, Jaurès llegó hasta el fondo. El gustaba de decir de sí mismo: "ago quod ago".
Para Jaurès, el asunto Dreyfuss resumía y dramatizaba la lucha contra el clericalismo, la reacción, el nepotismo parlamentario, el odio racial, la ceguera militarista, las sordas intrigas del Estado mayor, el servilismo de los jueces y todas las bajezas de que es capaz el poderoso partido de la reacción para conseguir sus fines.
La cólera desatada de Jaurès abrumó al anti-deyfrusiano Méline, que acababa de recuperar protagonismo con una cartera en el "gran" ministerio Briand: "¿Sabe usted, dijo, qué es lo que nos consume? Voy a decírselo bajo mi propia responsabilidad: desde el inicio de este asunto todos morimos por las medias disposiciones, por los silencios, por los equívocos, la mentira y la cobardía. Sí: por los equívocos y la cobardía".
"Él no hablaba, dijo Reinach, tronaba con el rostro encendido, alzando las manos hacía los ministros que protestaban mientras la derecha aullaba." Ese era el verdadero Jaurès.
En 1889, Jaurès logró proclamar la unidad del partido socialista. Pero se trataba de una unidad efímera. La participación de Millerand en el gobierno, consecuencia lógica de la política de Bloque de las Izquierdas, la destruyó y, en 1900-1901, el socialismo francés se escindió de nuevo en dos partidos. Jaurès se puso a la cabeza de aquél que había abandonado Millerand. En el fondo, por sus concepciones, Jaurès era un reformista. Pero poseía una sorprendente capacidad de adaptación, especialmente ante las tendencias revolucionarias de la época. Y en lo sucesivo lo demostraría en repetidas ocasiones.
Jaurès había ingresado en el partido, en la madurez, con una filosofía idealista enteramente formada... Pero eso no le impidió inclinar su poderoso cuello (era de complexión atlética) bajo el yugo de la disciplina orgánica y tuvo muchas ocasiones para demostrar que no sólo sabía mandar sino también obedecer. A su regreso del Congreso Internacional de Amsterdam que había condenado la política de disolución del partido obrero en el Bloque de Izquierdas y la participación de los socialistas en el Gobierno, Jaurès rompió abiertamente con la política del Bloque. El presidente del Consejo, el anticlerical Combres, previno a Jaurès que la ruptura de la coalición le obligaría a dimitir. Eso no detuvo a Jaurès. Combes presentó su renuncia. La unidad del partido, donde se fundieron partidarios de Jaurès y Guesde, estaba asegurada. Desde entonces la vida de Jaurès se identificó con la del partido unificado, cuya dirección había asumido.
El asesinato de Jaurès no fue producto de la casualidad. Fue el último eslabón de una confusa campaña de odio, mentiras y calumnias que mantenían contra él todos sus enemigos. Los ataques y las calumnias contra Jaurès ocuparían una biblioteca entera. "Le Temps" publicaba diariamente uno o dos artículos contra el tribuno. Pero debían limitarse a atacar sus ideas y sus métodos de acción: como personalidad era casi invulnerable, incluso en Francia, donde las insinuaciones personales son una de las armas más poderosas de la lucha política. Mientras se hacían insinuaciones sobre el poder de corrupción del oro alemán... Jaurès murió pobre. El 2 de agosto de 1914, "Le Temps" se vio obligado a reconocer "la absoluta honestidad" de su enemigo abatido.
En 1915 visité el ya célebre "Cafe du Croissant", situado a unos pasos de "L´Humanité". Es un típico café parisino: suelo sucio cubierto de aserrín, banquetas de cuero, sillas usadas, mesas de mármol, techo bajo, vinos y platos especiales, en una palabra aquello que sólo se encuentra en París. Me mostraron un pequeño canapé junto a la ventana: allí fue abatido de un tiro el más genial de los hijos de la Francia actual.
Familia burguesa, universidad, diputación, matrimonio burgués, una hija cuya madre hace tomar la comunión, redacción del periódico, dirección de un partido parlamentario: con este marco externo que no tiene nada de heroico se desarrolló una vida de una tensión extraordinaria, de una pasión excepcional.
En repetidas ocasiones se ha dicho que Jaurès era el dictador del socialismo francés, incluso a veces la derecha lo presentó como el dictador de la República. No se puede negar que Jaurès jugó un papel incomparable en el socialismo francés. Pero su "dictadura" no tenía nada de tiránica. Dominaba fácilmente: de complexión poderosa, espíritu enérgico, temperamento genial, trabajador infatigable, orador de maravilloso verbo, Jaurès ocupaba siempre de forma natural el primer plano, a tan gran distancia de sus rivales que no podía sentir necesidad alguna de conciliar sus posiciones por medio de intrigas o maquinaciones, en las que Pierre Renaudel, actual "jefe" del social-patriotismo, era maestro.
De temperamento tolerante, Jaurès sentía una repulsión física por todo sectarismo. Tras algunas vacilaciones descubría el punto que le parecía decisivo en cada momento. Entre este punto de partida práctico y sus construcciones idealistas, él mismo utilizaba fácilmente las opiniones que completaban o matizaban su punto de vista personal, conciliaba los matices opuestos y fundía los argumentos contradictorios en una unidad que estaba lejos de ser irreprochable. Por ello dominaba no sólo las asambleas populares y parlamentarias, en las que su extraordinaria pasión dominaba al auditorio, sino también los congresos del partido en los que disolvía los conflictos entre tendencias en perspectivas vagas y fórmulas flexibles. En el fondo era un ecléctico, pero un ecléctico genial.
"Nuestro deber es grande y claro: propagar siempre la idea, estimular y organizar las energías, esperar, luchar con perseverancia hasta la victoria final..." Jaurès se entrega por entero en esta lucha dinámica. Su energía creadora se agita en todas direcciones, exalta y organiza las energías, las empuja al combate.
Como bien dijo Rappoport, Jaurès emanaba bondad y magnanimidad. Pero al mismo tiempo poseía en sumo grado el talento de la cólera concentrada. No de la cólera que ciega, nubla el entendimiento y provoca convulsiones políticas, sino la cólera que templa la voluntad y le inspira las caracterizaciones más adecuadas, los epítetos más expresivos que dan directamente en el blanco. Más arriba se ha visto cómo caracterizó a los Périer. Sería necesario releer todos sus discursos y artículos contra los tenebrosos héroes del "affaire" Dreyfus. He aquí lo que decía de uno de ellos, el menos responsable: "Tras haberse entretenido en vacías construcciones sobre la historia de la literatura, en sistematizaciones frágiles e inconsistentes, el señor Brunetiere encontró por fin refugio entre los gruesos muros de la Iglesia; intentó entonces disimular su bancarrota personal proclamando la quiebra de la ciencia y la libertad. Tras haber intentado en vano sacar de su interior algo que se asemejara a un pensamiento, glorifica ahora la autoridad con una especie de admirable humillación. Y perdiendo, a los ojos de las nuevas generaciones, todo el crédito del que abusó en cierto momento, por su aptitud para las generalizaciones vacías, quiere destruir el pensamiento libre que se le escapa." ¡Desgraciado aquél sobre el que se abatía su pesada mano!
Cuando en 1885 Jaurès entró en el parlamento se sentó en los bancos de la izquierda moderada. Pero su tránsito al socialismo no fue ni un cataclismo ni una pirueta. Su primitiva "moderación" ocultaba inmensas reservas de un humanismo social activo que más adelante se transformaría de forma natural en socialismo. Por otra parte, su socialismo no tuvo jamás un neto carácter de clase y nunca rompió con los principios humanitarios y las concepciones del derecho natural tan profundamente impresos en el pensamiento político francés de la época de la gran revolución.
En 1889 Jaurès pregunta a los diputados: "¿Se ha agotado, pues, el genio de la Revolución francesa? ¿Es posible que ustedes no puedan encontrar en las ideas de la Revolución la respuesta a todas las cuestiones actuales, a todos los problemas que tenemos ante nosotros? ¿Acaso la Revolución no ha conservado su virtud inmortal, no puede ofrecer una respuesta a todas las dificultades siempre renovadas que flanquean nuestro camino?" El idealismo del demócrata, evidentemente, aún no se ha visto afectado por la crítica materialista. Más adelante Jaurès asimilará buena parte del marxismo, pero el fondo democrático de su pensamiento le acompañará hasta el fin.
Jaurès se estrenó en la arena política en el período más oscuro de la Tercera República, cuando ésta contaba apenas quince años y, sin una sólida tradición social, tenía en su contra poderosos enemigos. Luchar por la República, por su conservación, por su "depuración", fue la principal idea de Jaurès, la que inspiró toda su acción. Intentaba dotar a la República de una base social más amplia, acercarla al pueblo organizándolo en ella y hacer del Estado republicano el instrumento de la economía socialista. Para el demócrata Jaurès, el socialismo era el único medio para consolidar y consumar la República. El no concebía la contradicción entre la política burguesa y el socialismo, una contradicción que refleja la ruptura histórica entre el proletariado y la burguesía democrática. En su incansable aspiración a la síntesis idealista, Jaurès era, en su primera época, un demócrata dispuesto a aceptar el socialismo; en su última época se convirtió en un socialista que se sentía responsable de toda la democracia.
No fue una casualidad que Jaurès denominara "L’Humanité" al periódico que fundó. Para él el socialismo no era la expresión teórica de la lucha de clases del proletariado. Por el contrario, en su opinión el proletariado era una fuerza histórica al servicio del derecho, de la libertad y de la humanidad. Por encima del proletariado le reservaba un lugar prominente a la idea de "la humanidad" en sí. Pero al contrario que para la mayoría de los oradores franceses, que no ven en ello más que una frase hueca, Jaurès demostraba respecto a ella un idealismo sincero y activo.
En política Jaurès unía una gran capacidad de abstracción idealista a una viva intuición de la realidad. Ello se puede constatar en toda su actividad. En él la idea material de la Justicia y el Bien va acompañada de una apreciación empírica incluso de las realidades secundarias. A pesar de su optimismo moral, Jaurès comprendía perfectamente a los hombres y las circunstancias y sabía utilizar muy bien a unos y otras. Era muy sensato. Muchas veces se dijo de él que era un campesino astuto. Pero por el sólo hecho de la envergadura de Jaurès, su sensatez no tenía nada de vulgar. Y lo que es más importante aún, estaba al servicio de "la idea".
Jaurès era un ideólogo, un heredero de la idea tal y como la definiera Alfred Fouillé cuando se refirió a las ideas-fuerzas de la historia. Napoleón sólo sentía desprecio por los "ideólogos" (el término es suyo), y sin embargo él fue precisamente el ideólogo del nuevo militarismo. El ideólogo no se limita a adaptarse a la realidad, deduce de ella "la idea" y la lleva hasta sus últimas consecuencias. Cuando el momento es favorable conoce los triunfos que jamás podría obtener el pragmático vulgar. Pero cuando las condiciones objetivas se ponen en su contra conoce también fracasos estrepitosos.
El "doctrinario" se aferra a una teoría a la que ha desprovisto de todo espíritu. El "oportunista-pragmático" asimila los tópicos del oficio político, pero cuando sobreviene un transtorno inesperado se encuentra en la posición de un peón desplazado por la adaptación de una máquina. El "ideólogo" de envergadura no se encuentra impotente más que en el momento en que la historia lo desarma ideológicamente, e incluso entonces a veces es capaz de rearmarse rápidamente, asimilar la idea de la nueva época y continuar jugando un papel de primera fila.
Jaurès era un ideólogo. Deducía de la situación política la idea que implicaba y, en su servicio, no se detenía jamás a mitad de camino. Así, cuando se produjo el "affaire Dreyfuss" llevó hasta sus últimas consecuencias la idea de la colaboración con la burguesía de izquierda y apoyó vehementemente a Millerand, político empirista y vulgar que no tenía nada, y jamás lo tuvo, del ideólogo, de su coraje y su grandeza de espíritu. Jaurés se metió en un callejón sin salida y lo hizo con la ceguera voluntaria y desinteresada del ideólogo que está dispuesto a cerrar los ojos ante los hechos para no renunciar a la idea-fuerza.
Jaurés combatía el peligro de la guerra europea con una pasión ideológica sincera. A veces aplicó en esta lucha, como lo hizo en todos las que participó, métodos que estaban en profunda contradicción con el carácter de clase de su partido y que muchos de sus camaradas consideraban cuanto menos arriesgados. Tenía mucha confianza en sí mismo, en su empuje, en su ingenio, en su capacidad de improvisación. En los pasillos del Parlamento, sobrevalorando su influencia, apostrofaba a los ministros y diplomáticos abrumándolos con sólidas argumentaciones. Pero las conversaciones y conspiraciones de pasillo no casaban con la naturaleza de Jaurès y no las utilizaba por sistema pues él era un ideólogo político y no un doctrinario oportunista. Para servir a la idea que le arrebataba, estaba dispuesto a poner en práctica los medios más oportunistas y los más revolucionarios, y si la idea se correspondía con el carácter de la época era capaz como ningún otro de lograr espléndidos resultados. Pero también era el primero en las catástrofes. Como Napoleón, también tuvo en su política sus Austerlitz y sus Waterloo.
La guerra mundial hubiera enfrentado a Jaurès con las cuestiones que dividieron al socialismo europeo en dos campos enemigos. ¿Qué posición habría adoptado? Indudablemente, la posición patriótica. Pero jamás se hubiera resignado a la humillación que sufrió el partido socialista francés bajo la dirección de Guesde, Renaudel, Sembat y Thomas... Y tenemos perfecto derecho a creer que en el momento de la futura revolución el gran tribuno habría encontrado su sitio y desplegado sus fuerzas hasta el final.
Pero un trozo de plomo negó a Jaurès la más grande de las pruebas políticas.
Jaurès era la encarnación del empuje personal. En él lo moral se correspondía con lo físico: en sí mismas, la elegancia y la gracia le eran ajenas. En cambio sus discursos y actos estaban adornados por ese tipo de belleza superior que distingue a las manifestaciones de la fuerza creadora segura de sí misma. Si se consideran la limpieza y la búsqueda de la forma como uno de los rasgos típicos del espíritu francés, Jaurès puede no parecer francés. Pero en realidad él era francés en grado sumo. Paralelamente a los Voltaire, a los Boileau, los Anatole France en literatura, a los héroes de la Gironda o a los Viviani y Deschanel actuales en política, Francia ha producido a los Rabelais, Balzac, Zola, los Mirabeau, los Danton y los Jaurès. Es esta una raza de hombres de potente musculatura física y moral, de una intrepidez sin igual, de una pasión superior, de una voluntad concentrada. Es este un tipo atlético. Bastaba oír tronar a Jaurès y contemplar su rostro iluminado por un resplandor interior, su nariz imperiosa, su cuello de toro inaccesible al yugo para decirse: he ahí un hombre.
La principal baza del Jaurès orador era la misma que la del Jaurès político: una pasión vibrante exteriorizada, la voluntad de acción. Para Jaurès el arte oratorio carecía de valor intrínseco, él no era un orador, era más que un orador: el arte de la palabra no era para él un fin sino un medio. Por ello, el orador más grande de su tiempo -y puede de todos los tiempos- estaba "por encima" del arte oratorio, siempre superior a su discurso como el artesano lo es a su herramienta.
Zola era un artista -había comenzado por la imposibilidad moral del naturalismo- y de repente se reveló por el trueno de su carta "J’accuse". Su naturaleza ocultaba una potente fuerza moral que se manifestó en su gigantesca obra, pero que era en realidad más grande que el arte: una fuerza humana que destruía y construía. Igual sucedía con Jaurès. Su arte oratorio, su política, a pesar de las inevitables convenciones, revelaban una personalidad regia con una verdadera musculatura moral y una voluntad entregada íntegramente a la victoria. Él no subía a la tribuna para presentar las visiones que lo obsesionaban o por dar perfecta expresión a una serie de razonamientos encadenados, sino para unir a las voluntades dispersas en la unidad de un objetivo: su discurso influenciaba simultáneamente la inteligencia, el sentimiento estético y la voluntad, pero toda la fuerza de su genio oratorio, político, humano está subordinada a su principal fuerza: la voluntad de acción.
He oído a Jaurès en las asambleas populares de París, en los Congresos internacionales, en las comisiones de los Congresos. Y siempre me parecía oírlo por primera vez. En él no había sitio para la rutina: buscándose, encontrándose a sí mismo, siempre e incansablemente movilizando los múltiples recursos de su espíritu, se renovaba incesantemente y no se repetía nunca. Su empuje natural iba acompañado de una resplandeciente suavidad que era como un reflejo de la más alta cultura moral. Podía derribar montañas, tronar o estremecer, pero no se venía abajo jamás, siempre estaba vigilante, se aprovechaba admirablemente del eco que provocaba en la asamblea, preparaba las objeciones, a veces barría como un huracán cualquier resistencia que se interponía en su camino, otras hacía a un lado los obstáculos con magnanimidad y dulzura, como un maestro o un hermano mayor. Este gigantesco martillo-pilón podía reducir al polvo un bloque enorme o hundir con precisión un corcho en una botella sin romperla.
Paul Lafargue, marxista y adversario de Jaurès, decía que era un diablo hecho hombre. Su diabólica fuerza, o diríamos mejor "divina", se imponía a todos, amigos o enemigos. Y frecuentemente, fascinados y admirados como ante un fenómeno de la naturaleza, sus adversarios escuchaban expectantes el torrente de su discurso, que fluía irresistible despertando las energías, arrastrando y subyugando las voluntades.
Hace tres años que este genio, raro regalo de la naturaleza a la humanidad, murió tras haberse mostrado en toda su plenitud. ¿Acaso la estética de su fisonomía exigía tal fin? Los grandes hombres saben desaparecer a tiempo. Cuando sintió la muerte, Tolstoi tomó un bastón y huyó de la sociedad que despreciaba para morir como peregrino en una oscura aldea. Lafargue, un epicúreo con algo de estoico, vivió en una atmósfera de paz y meditación hasta los 70 años, decidió que ya era suficiente y se envenenó. Jaurès, atleta de la idea, cayó en la arena combatiendo el más terrible azote de la humanidad: la guerra. Y pasará a la historia como el precursor, el prototipo del hombre superior que nacerá de los sufrimientos y las caídas, de las esperanzas y la lucha.

Notas

1/ Trotsky pensaba que Villain había sido el instrumento de los "servicios", probablemente zaristas. Nada ha sido probado definitivamente en un sentido o en otro. Villain caerá abatido por milicianos obreros en las Baleares, donde vivía cuando estalló la guerra de España.

Escrito:1915 [Reedición rusa de 1917]

Primera Edición: Kievskaïa Mysl, 1915

Digitalización: Germinal

Fuente: Archivo francés del MIA

Esta Edición: Marxists Internet Archive, 2001

http://alencontre.org/

Traducción de Viento Sur

En defensa de las revueltas de Ferguson



Los manifestantes en Ferguson no son ni irracionales ni apolíticos. Están llamando la atención sobre sus necesidades básicas no alcanzadas.
El fin de semana la policía en Ferguson, Missouri, asesinó al adolescente negro Michael Brown. Mientras los detalles todavía están llegando a cuentagotas, lo que está claro es que durante un enfrentamiento con un coche patrulla a una manzana de la casa de su abuela, un policía disparó y mató al adolescente desarmado en medio de la calle. Los testigos dicen que Brown corría alejándose del policía y que tenía las manos alzadas justo antes de que el policía le disparara.
Ferguson es una ciudad con una gran concentración de población negra pobre bajo el control de unas instituciones abrumadoramente blancas. El asesinato inmediatamente tocó una fibra sensible. Manifestaciones y protestas estallaron mientras la gente tomaba las calles, lo que culminaría eventualmente en una revuelta. Las multitudes oscilaban desde gente que guardaba vigilia portando velas en el lugar de la muerte de Brown hasta otra que quemaba establecimientos comerciales y arrojaba cócteles molotov durante los enfrentamientos con la policía. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí?
Lejos de ser una muchedumbre violenta y descerebrada, la gente de Ferguson atravesó un proceso de elevación de su nivel de conciencia político que le llevó a la insurrección. Un vídeo grabado en la escena muestra a varios agitadores políticos hablando entre la multitud, convirtiendo la rabia momentánea en unidad política. Un orador en particular, un joven negro, ofrece un convincente análisis político que enmarca la injusticia que supone la brutalidad policial como un subproducto del desorden económico de la comunidad.
“Seguimos dándole nuestro dinero a esos blanquitos que están en sus complejos residenciales, y no podemos obtener justicia. Ni respeto. Ellos están dispuestos a echarte si no pagas una factura.... Es normal que uno este harto.”
Las revueltas, como otras formas de acción política, pueden construir solidaridad. Pueden crear fuertes sentimientos de identidad común. La indignación que se desató en Ferguson atrajo rápidamente a la personas pertenecientes a entornos marginales a lo largo de la región. Más que un hecho que lo ilegitime, la presencia de esos “foráneos” refleja el poder magnético del momento político.
Desde el comienzo, las manifestaciones antipoliciales que precedieron las revueltas tuvieron una clara dinámica “nosotros contra ellos”. En un punto de la manifestación, una mujer sosteniendo una cámara dice: “¿Dónde están los gamberros? ¿Dónde están las bandas callejeras cuando las necesitamos a todas?” y entonces la gente comienza a instar a las diversas bandas callejeras a abandonar la violencia “negro contra negro” y a unirse en la lucha contra la opresión. La comunidad estaba unida y preparada para emprender acción. La policía era el problema, y había que pararles los pies.
La muchedumbre que se congregaba no era ni irracional ni apolítica. Intentaban utilizar su oportunidad para abordar sus necesidades políticas que iban más allá. Sabían que la violencia interracial en la comunidad era tan sólo una de sus preocupaciones, y que en la mayoría de los casos quien perpetraba acciones violentas eran los propios niños, primos, amigos y vecinos de la comunidad. Aunque muchos arguyen que la población negra no se preocupa por la violencia dentro de sus comunidades, los llamados que se hicieron desde la gente para que las bandas callejeras se les unieran demuestra que los levantamientos antipoliciales abren oportunidades únicas para unir a la gente en formas que pugnan por resolver cuestiones de fondo como la violencia de las bandas.
Tras la insurrección, los participantes siguieron debatiendo sobre el levantamiento en términos políticos. DeAndre Smith, que estaba presenta en la quema del local de QuikTrip, dijo a las noticias locales,: “creo que están demasiado preocupados sobre lo que sucede en sus tiendas, comercios y todo eso. Pero no les preocupa el asesinato.” Un segundo hombre añade: “Yo simplemente creo que lo que sucedió fue necesario para demostrarle a la policía que ellos no manejan todo”. Smith concluye: “no creo que haya sido suficiente.”
En una segunda entrevista, esta vez con Kim Bell del St. Louis Post-Dispatch, Smith amplio su opinión acerca de las revueltas como una estrategia política viable.
“Esto es exactamente lo que se supone que tiene que pasar cuando una injusticia sucede en tu comunidad... Yo estaba aquí fuera con la comunidad, es todo lo que puedo decir... A decir verdad, no creo que esto haya acabado. Creo que lo que han recibido es una lección de lo que significa contraatacar, en el propio St. Louis, el último estado en abolir la esclavitud. ¿Acaso creen que aun ostentan el poder sobre ciertas cosas? Yo creo que así lo piensan.
Ellos obtienen dinero de la siguiente manera: negocios e impuestos, con la policía parando gente y multándola, llevándolos a juicio, encerrándolos, así es como ellos hacen dinero en St. Louis. Todo gira alrededor del dinero en St. Louis. Así que cuando uno frena este flujo de ingresos ellos lo tiene organizado...’nosotros vamos a comer, vosotros vais a pasar hambre’, gentrificación. Vete tú misma a un barrio y ve si eres capaz de soportar el hambre.... Esto no va a pasar aquí, no en St. Louis.”
Smith identifica lo que muchos que se autoproclaman como antiracistas e izquierdistas no comprenden, que el racismo no es una cuestión moral o de carácter. Él reconoce que el ordenamiento económico facilita y se beneficia de la opresión racial, y es por eso que busca vías para interferir en ese proceso y alterarlo. Este análisis no es solamente más real que cualquiera ofrecido normalmente por la izquierda, sino que ademas interviniendo en base a él es del único modo que se puede erradicar la jerarquía racial que está tan arraigada.
Lo que suele pasar cuando ocurren sucesos como la rebelión de Ferguson, es que gente bienintencionada se apresure en condenar a los participantes. Como mínimo, tachan y descartan las revueltas como no productivas y oportunistas, unas cuantas manzanas pueden arruinar el resto de la cesta. Esta actitud es precisamente la que Deandre Smith criticaba en su primera entrevista. Muchos de los detractores, de los cuales algunos son también negros, intentan vigilar estas comunidades con “políticas respetables”, un llamado a que la gente oprimida se muestre a sí misma en formas que sean aceptables para la clase dominante en un esfuerzo para conseguir réditos políticos.
Tal y como el científico Frederick Harris escribió en un artículo este año:
Lo que empezó como una filosofía promulgada por las élites negras para “elevar la raza”, mediante la cual se debían corregir los rasgos “malos” de la población negra pobre, ha evolucionado ahora en una que se ha convertido en uno de los sellos distintivos de la política en la era Obama, una filosofía de gobierno que se centra en controlar el comportamiento de la población negra dejada atrás en el marco de una sociedad que se vende como repleta de oportunidades.
Pero la política de la respetabilidad ha quedado retratada como una estrategia emancipadora que abandona los debates sobre las fuerzas estructurales que ponen trabas a la movilidad social de la población negra y de la clase obrera.
Mientras que las revueltas a menudo galvanizan los sucesos dentro de una comunidad con el potencial de desatar una energía política concentrada en dinámicas y direcciones impredecibles, las obsoletas políticas de la respetabilidad conducen tan sólo a más marginalización y desestructuración. Ahora bien, es posible no estar de acuerdo con la utilidad de la insurrección. Pero la forma en que las comunidades reaccionan a la opresión han de ser debatidas en términos políticos y no simplemente descartadas sin más.
Vivimos en un contexto de supremacía blanca y capitalismo neoliberal donde las políticas racialmente neutras están siendo utilizadas para mantener la explotación de clase y la jerarquía racial, y cualquier intento abierto de abordar el racismo es desarmado o ignorado. Estas políticas solamente intensifican la desestructuración económica y la pobreza y son aquellos que viven en los márgenes quienes las experimentan.
Lo que tanto los entrevistados por las noticias locales, como la gente que se amontonaba en el lugar donde murió Brown parecían entender, es que lo que se necesita es descoyuntar la interacción que existe entre opresión racial y capitalismo. Sentían que una manifestación o cualquier otra forma aceptable de indignación complaciente no abordaría sus necesidades políticas, y no se equivocaban.
Muchos de nosotros nos apresuramos en condenar estos tipos de alteraciones del orden normal porque estamos de facto satisfechos con la ilusión postracial neoliberal. En los escombros reducidos a cenizas del QuikTrip, alguien dejó un cartel que se dirigía a su “vecino empresario” con la esperanza de que el negocio regresara: “Querido vecino empresario, siento que haya ocurrido este acto de robo y violencia. Por favor vuelva pronto. Me pasaré por aquí 2 o 3 veces por semana”.
En la superficie, abordar los efectos de una revuelta es una cuestión importante. Poniéndose en el papel de consumidores que necesitan de su “vecino empresario”, es posible que esta persona no esté actuando motivada por la preocupación de que los trabajadores puedan perder sus empleos, que también son sus vecinos, sino por el miedo de ver alterada su rutina de consumo. Tal y como Deandre Smith observaba, nos identificamos más con ventanas rotas que con personas rotas.
Desde el Motín del Té en Boston hasta la Rebelión de Shays, las revueltas han moldeado para bien o para mal a los Estados Unidos. En el pasado, los blancos revoltosos tuvieron acceso al poder institucional, lo que permitió que algunas de sus demandas fueran legitimadas y resueltas políticamente, al menos en los términos posibles en una sociedad capitalista. La clave del levantamiento de Ferguson, como de cualquier otro momento político que no puede permanecer como tal eternamente, es la transición entre la indignación y desorden, y la creación de una organización política que actúe en un sentido constructivo. Es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pero este tipo de reacción es mejor que aquella que despacha las revueltas y que tan sólo pone trabas a la gente para llevar a cabo esta tarea hercúlea.
Malcolm X nos recuerda que los medios de comunicación son instrumentos claves para la opresión porque son los que determinan qué actos son respetables y que otros son extremistas y por ende ilegítimos. En vez de seguir ese guión familiar, rechacemos esas narrativas sobre los revoltosos como gentes vacías de política. Encontremos vías para observar y discutir de forma honesta sus necesidades políticas más que simplemente criticar la naturaleza de su respuesta a la violencia social.

Robert Stephens II
Jacobin

martes, agosto 19, 2014

Entrevista al comandante de las FARC-EP Timoleón Jiménez



"Muchas cosas tendrán que transformarse para que podamos considerar la página cerrada"

Timoleón Jiménez, comandante de las FARC-EP, habla de la posición insurgente frente al tema de las víctimas del conflicto, la relación con el ELN y la lucha gringa "antiterrorista" y por supuesto, sobre el futuro del proceso de paz: " el tema de la dejación de armas y el cese bilateral del fuego no van a ser sencillos" dice.
Pueblo pa’La Mesa: El presidente Santos dijo en su discurso de instalación del congreso que este era el año de la paz, las condiciones de La Mesa y los tiempos de negociación dan para terminar todos los puntos este año?
Timoleón Jiménez: Me temo que no. Desde luego que todos quisiéramos que las cosas se dieran lo más pronto posible, pero ello no excluye que las miremos con objetividad. La Comisión Histórica se encargará de elaborar la reconstrucción del conflicto en un plazo que está establecido en 4 meses a partir del 21 de agosto. Lo que ella produzca será insumo para la discusión del punto sobre víctimas en La Mesa. Así que si sólo tenemos en cuenta eso, es fácil concluir que los plazos para este año no dan. Debe tenerse en cuenta también que el tema de la dejación de armas y el cese bilateral del fuego no van a ser sencillos.
Pueblo pa’La Mesa: Sectores de derecha y de extrema derecha plantean que en La Habana se está negociando la impunidad en el tema de las víctimas. ¿Cuál es la visión del comandante de las FARC-EP sobre el ideal de tratamiento a las víctimas del conflicto independiente mente de quien los haya victimizado?
Timoleón Jiménez: El tratamiento a las víctimas debe partir de su reconocimiento como tales, lo cual significa que el Estado reconozca como víctimas del conflicto a todos los afectados por el mismo desde su comienzo, que se remonta muchas décadas atrás. Existe una tendencia, incluso establecida legalmente, a dejar por fuera de la condición de víctimas a muchas de ellas, como si el solo paso del tiempo bastara para restarles esa condición. Después habrá que explicarles qué pasó, por qué razón fueron tratadas de ese modo, y entonces deberán salir a la luz los responsables de ello. Las víctimas deberán tener la satisfacción de que se les explique lo sucedido, sean cuales sean las causas, y eso ha de quedar claro no solamente para ellas, sino para todos los colombianos.
La responsabilidad quedará determinada entonces. Lo ideal sería que las mismas víctimas participaran también en la definición de lo que se considere justicia, aunque en esto de la participación de la sociedad nuestra contraparte en La Mesa ha sido supremamente refractaria. En cuanto a la reparación y garantía de no repetición, confiamos en que el proceso sea capaz de producir los cambios institucionales necesarios para que tales componentes sean reales. Muchas cosas tendrán que transformarse en Colombia para que podamos considerar la página cerrada.
Pueblo pa’La Mesa: En los últimos meses se ha visto un acercamiento entre el ELN y las FARC-EP. ¿Hasta dónde va ese trabajo conjunto en temas de paz y cómo visualiza el desarrollo de los procesos de paz de las dos guerrillas? ¿Terminarán en una mesa conjunta?
Timoleón Jiménez: Es difícil hablar en nombre de las dos organizaciones cuando sólo se es vocero legítimo de una. Sabemos que de parte del ELN existe también plena voluntad de iniciar conversaciones de paz que pongan fin al conflicto, lo cual hace que nos identifiquemos al respecto. Hay dificultad en el sentido de que el Presidente Santos dejó pasar su primer período sin entablar diálogos con ellos, lo cual los enfrenta ahora a sumarse a nuestro proceso o entablar uno distinto con los tiempos que consideren adecuados.
Mal podemos nosotros considerar que deban vincularse así no más a La Mesa de La Habana, cuando ya hay acuerdos parciales sobre tres puntos y se avizoran avances sobre los demás. Sin duda que ellos también tienen mucho que decir y aportar para la construcción de la paz. De nuestra parte la voluntad de colaborar es plena, pero creo que ellos merecen todo el respeto como organización revolucionaria. Confiamos en que adoptarán las decisiones más beneficiosas para el país.
Pueblo pa’La Mesa: En las últimas semanas se ha intensificado la persecución contra los miembros del secretariado y otros altos comandantes de las FARC-EP que están en territorio colombiano. ¿La muerte o captura de uno de ellos haría que las FARC-EP dejaran La Mesa?
Timoleón Jiménez: A estas alturas el proceso de paz ha producido consecuencias que el Estado colombiano, el gobierno nacional, no puede considerar inexistentes pese a su continuo recordatorio de que nada está acordado hasta que todo esté acordado. Hemos insistido en la necesidad de establecer un cese el fuego bilateral, cosa que el gobierno Santos rechaza de plano. No tenemos la menor intención de asimilar la muerte de algún otro miembro del Secretariado, a menos que se trate de causas naturales. Imaginarlo siquiera resulta horroroso y comprenderá usted que no podemos construir respuestas lúcidas sobre tan nefastos supuestos. Responderle en un sentido u otro sería aventurado. Nuestra intención es no pararnos de La Mesa hasta conseguir un acuerdo definitivo. Pero no creemos que por eso nuestros adversarios deban jalar de la cuerda de tal modo.
Pueblo pa’La Mesa: ¿Cuál es el futuro de Rodrigo Londoño Echeverry en la Colombia en paz que todos los ciudadanos desean?
Timoleón Jiménez: Continuar trabajando por la construcción del sueño que nos condujo a las armas. Una Colombia en paz, democrática, soberana, en desarrollo pero con justicia social. Eso significa necesariamente hacer política, en la legalidad, al fin y al cabo ha sido eso la razón de nuestra vida.
Pueblo pa’La Mesa: El 11 de septiembre se cumple un nuevo aniversario de la catástrofe de las torres gemelas, ¿ese acontecimiento cambió en algo la dinámica de la lucha revolucionaria en América Latina y en especial en Colombia?
Timoleón Jiménez: Toda cosa tiene su contraria y no puede permanecer indiferente ante sus cambios y transformaciones. El 11 S representa sin duda un vuelco en el modo de combatir la lucha de los pueblos por parte del imperialismo. Es su resolución total por la violencia y la arbitrariedad. Usted sabe que a partir de entonces todo reclamo de los explotados pasó a llamarse terrorismo y en consecuencia a ser blanco de la guerra. Esa decisión necesariamente repercute de gran modo en la lucha por un mundo distinto. Los revolucionarios quedamos advertidos de que el gran enemigo de los pueblos del mundo no tendrá las mínimas contemplaciones con nosotros. Gadafi es un ejemplo de ello. Lo más urgente ahora es la conciencia, la unidad de los pueblos, allí reside la verdadera fuerza en el planeta, no en las armas nucleares y los drones.
Latinoamérica sufre también las consecuencias de esa decisión imperial, aunque ya tenemos una larga experiencia en eso. Paradójicamente, en coincidencia con la institucionalización del fascismo en el norte del continente, América Latina da pasos importantes hacia la independencia, la soberanía y la democracia. El imperio, al menos en un buen número de países, ya no cuenta con los gorilas de antaño para hacer su voluntad. En eso Colombia continúa siendo una vergonzosa excepción, su alineamiento con los Estados Unidos y la OTAN han llevado a la oligarquía colombiana en contravía del sentir de los pueblos latinoamericanos, lo cual hace sumamente peligroso el rol de su gobierno con relación a las luchas del entorno. Y a las del interior del país. Por fortuna el pueblo de Colombia también despierta y crece en la dirección de la dignidad.

Israel pone “a cero” la economía de Gaza

Al-Akhbar ha realizado una breve gira por una serie de instalaciones agrícolas e industriales de la Franja de Gaza, principalmente por las situadas en las regiones orientales y del norte. El panorama ofrecía una extendida destrucción tanto en las plantas industriales como en las granjas de ganado.
La famosa fábrica de productos electrónicos propiedad de la compañía de Ibrahim al-Yaru es ahora un montón de escombros. La granja ganadera Afaneh, situada en la carretera que discurre paralela a la franja fronteriza por el este, ha tenido un destino similar. Todas las vacas murieron cuando las bombas y los disparos de artillería atacaron la granja.
El director de la Federación Industrial Alimentaria en Gaza, Taisir al-Safadi, mantiene que la agresión israelí ha causado “pérdidas inmensas, valoradas en 150 millones de dólares” en la industria alimentaria.
“Las fábricas mejores y más grandes de la Franja están destruidas, solían proporcionar el 70% de las necesidades del mercado local”, dijo en un recorrido por las fábricas de la zona. “La ocupación atacó a propósito toda la infraestructura nacional. Bombardearon las mayores fábricas alimentarias para convertir Gaza en un mercado consumista e improductivo.”
Maher al-Tabaa Safadi hizo un llamamiento al gobierno de unidad nacional para que salve las fábricas y ayude a sus propietarios en la reconstrucción, así como a los del resto de negocios afectados “para evitar más desempleo en la Franja, enfrentada ya a una total carencia de oportunidades de trabajo”.
Según el portavoz del ministerio de agricultura, Fayez al-Sheikh, el sector sufrió 251 millones de dólares en pérdidas. Pero “las pérdidas indirectas suponen 150 millones más”, declaró a Al Akhbar.
Siguió adelante enumerando las pérdidas en diversas categorías agrícolas, que “incluían 131 millones de dólares en la producción, 56 millones de dólares en suelo y regadío, 55 millones en la ganadería y alrededor de 8 millones de dólares en el sector pesquero”.
Los sectores agrícola e industrial de Gaza estaban ya teniendo que enfrentarse a circunstancias desastrosas. Incluso antes de que empezara la agresión israelí del 7 de julio, la ocupación controlaba la cantidad y tipos de productos [que entraban en Gaza] a través del asedio impuesto contra la Franja, cerrando todos los cruces comerciales menos uno.
Según el Buró Central de Estadísticas palestino (PCBS), “la tasa de desempleo en Gaza ha alcanzado la cifra del 41%)”. “Hay más de 180.000 personas en paro debido a la intensificación del bloqueo y la interrupción del sector de la construcción”, añadió al-Sheikh.
También mencionó la “recesión comercial y la paralización de todas las actividades económicas”.
En el mismo contexto, los responsables de las instalaciones industriales en Gaza manifestaron a Al Akhbar que temían que las autoridades ignorarán la magnitud de la destrucción económica. Algunos indicaron que la reconstrucción –una vez que la guerra termine- se centrará de inmediato en los destruidos hogares. El sector económico tendrá menor prioridad.
Por otra parte, el gobierno palestino encabezado por Rami Alhamdulilah anunció la formación de un comité ministerial que controlará los planes para la reconstrucción de Gaza. El gobierno explicó en un comunicado que el comité supervisará la preparación de los planes para una pronta recuperación de la Franja.
El gobierno se está también ocupando de organizar la conferencia de donantes fijada para principios del próximo mes. Tratará de movilizar todos los apoyos necesarios para la reconstrucción, además de la financiación de su presupuesto.
Sin embargo, el experto economista Maher al-Tabaa dijo: “Esta vez, la guerra ha hecho tabla rasa con la economía palestina. Necesitamos urgentemente formar una entidad especial independiente para la reconstrucción de Gaza que incluya sectores públicos y privados y órganos especializados que coordinen y supervisen los proyectos de reconstrucción”.
“En esta ocasión el sector económico ha sufrido un golpe muy duro, con unas pérdidas valoradas en más de 3.000 millones de dólares”, declaró a Al Akhbar.
Como ejemplo, indicó que “la maquinaria bélica israelí destruyó docenas de fábricas, además de aniquilar zonas industriales enteras y atacar directamente las granjas avícolas y ganaderas y los puertos pesqueros”.
“Gaza pierde cinco millones de dólares al día, al haber quedado suspendidas todas las actividades económicas, además de las pérdidas indirectas relacionadas con la infraestructura”.

Bayan Abdel Wahad
Al Akhbar English

lunes, agosto 18, 2014

Uruguay: Habla el candidato presidencial de la izquierda anticapitalista



Entrevista con Gonzalo Abella de la Unidad Popular, aspirante al Ejecutivo charrúa para las elecciones de octubre de 2014.

"Volver a los 17 después de vivir siglo
es como descifrar signos sin ser sabio competente"
Violeta Parra

Cuando resta algo más de dos meses para las elecciones presidenciales y legislativas en la República Oriental del Uruguay, una vez más el periodista que escribe tiene la oportunidad de entrevistarse con el candidato de la Unidad Popular, fuerza de la izquierda anticapitalista y antiimperialista del país, el maestro, historiador y escritor, Gonzalo Abella. Paradójicamente en la última ocasión que hablamos (http://rebelion.org/noticia.php?id=170769), hace más de un año, se le notaba algo agobiado por la campaña. Ahora luce más delgado y radiante. "Hoy hago míos los versos de Violeta Parra de "Volver a los 17 después de vivir un siglo es como descifrar signos sin ser sabio competente". He dormido en la "cama dura" de mi pueblo", comenta Abella, manifestando su cariño por la cultura chilena y su humanista repertorio de conocimientos.
Sin embargo, trasluce su espanto frente al mal tiempo que lastima a los pueblos del mundo. "Uno mira con atención las tragedias que están pasando en el planeta y surge un equivocado sentimiento de impotencia. Llegan las demandas de lo que ocurre en Haití, que la llevamos en el corazón; del este de Ucrania con las repúblicas populares destruidas ante la indiferencia internacional; del campesinado paraguayo y el crimen por la defensa de sus semillas en manos de Monsanto; de cómo nos están matando el agua y la tierra. ¿Y qué decir de nuestro dolor por Palestina?"
-¿De dónde provienen los horrores?
"No de Obama, por supuesto, que es un simple peón, sino de los dueños del capital financiero del mundo. Ellos saben que este modelo de producir y de consumir es insustentable, pero no les importa porque su concepto es el de un "planeta cloaca" con pequeñas islas de beneficios para unos pocos privilegiados. Y los operadores políticos, como los Astori (actual Vicepresidente de Uruguay), creen que enviando a sus hijos a colegios privados donde aprendan un buen inglés obtendrán un puesto en la mesa diminuta de los privilegiados. Pero no hay lugar para ellos en el Arca de Noé. Después de usarlos, el poder les dará con los remos para deshacerse de ellos."

EL ARCA DE NOÉ VERSUS LA MULTIPLICACIÓN DE LOS PANES Y LOS PECES

-¿Cuál es el proyecto del Arca?
"Multitudes descerebradas, sirviendo en la limpieza, en la vigilancia, y los demás vegetando en la mayor miseria. Multitudes descartables en la época de la robotización y la automatización."
-¿Y la alternativa de la cual es parte la Asamblea y la Unidad Popular?
"Si en el Antiguo Testamento se habla del diluvio universal -que uno ya no sabe si es memoria o es profecía, con la subida del océano, la extinción de las especies y un Arca de Noé para unos pocos-, en el Nuevo Testamento hay otra propuesta que se resume en la multiplicación de los panes y los peces hecha por Jesús y cuyo último mensaje en la última cena fue explicar que su verdadera carne era el pan compartido. Por eso una de las grandes trampas que nos hacen los amos del mundo es intentar convencernos de que "ustedes, los que saben, ya son muy pocos y no hay nada que hacer. Traten de armarse una huertita orgánica para vivir con su familia porque el mundo es un lugar donde no vale la pena luchar". Y nos imponen como verdad que somos pocos. Pero para comprobar lo contrario basta pasar revista desde lo más visible -como la Selva Lacandona- hasta los heroicos Mapuche, observando los proyectos de Estados que intentan crear ese otro mundo posible, como Bolivia de Evo Morales, por ejemplo, el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil, la propuesta bolivariana."
-¿Y Uruguay en el sistema -mundo?
"Cuando a los pequeños productores se les ofrece el "celulón" (papel-dinero) para el desalojo pagado que exige la megaminería, ellos dicen "No. De aquí me sacan muerto y la última bala es para mí". Me refiero a la gente de Cerro Chato, de Valentines. Ojo que esas personas están en una zona del Uruguay donde el valor de la tierra se multiplicó por 100. O sea, podrían vender su pequeña chacra, comprarse 4 apartamentos en la ciudad provincial más cercana y vivir de sus rentas. Pero no. La tierra no se toca. Existe una vieja milonga oriental que la han convertido en su himno de resistencia. "No venga a tasarme el campo con ojos de forastero, / porque no es como aparenta, sino es como yo lo siento. / Yo soy cardo de estos llanos, totoral de estos esteros, / apinda de aquellos montes, piedra mora de mis cerros / y no va a creer si le digo que hace poco lo comprendo. / Su cinto no tiene plata ni pa' pagar mis recuerdos".
Cuando nosotros advertimos que desde Australia y Oceanía hasta el despertar de África; que la resistencia de los pueblos de Europa, desde el País Vasco hasta Ucrania, que la resistencia extraordinaria de Grecia y de tantos más, son realidad viva, en acción, entonces nos damos cuenta que no estamos solos. Y a cada cual le toca su trinchera."

FRENTE AMPLIO Y OPOSICIÓN BURGUESA: DIFERENCIA CERO

-¿Cuáles son las trincheras en Uruguay?
"Sólo ejemplos. Están en el territorio ambiental y se multiplican en el social. La herramienta política que estamos creando para organizar-liberando es la Unidad Popular. Porque algo pasó en la cabeza de algunos dirigentes del Frente Amplio (FA, coalición en la presidencia del gobierno nacional desde el 2004) cuando cayó el muro de Berlín. Ocurrió allí una inducción equivocada. Es decir, "Si esto se pudrió, por tanto, todo se pudre. Ahora hay que ver cómo nos plegamos al capitalismo y vamos a tratar de mejorarlo un poquito." De ese modo acabaron claudicando frente a algunas transnacionales y se les instaló la corrupción hasta contra su propia voluntad."
-Uno sabe que la corrupción es consustancial tanto al capitalismo, como a las formas burocratizadas del Estado que incluso quieren tomar distancia del capitalismo. Pero hay Estados donde ya funciona como una variable independiente y todopoderosa...
"Hoy la cúpula del Frente Amplio ultraliberal se ahoga en un océano de corrupciones vergonzosas y que la derecha tradicional usa en una campaña electoral curiosísima. La derecha tradicional no cuestiona el modelo impuesto por el FA. ¿Cómo van a cuestionar la entrega del país a las transnacionales? Lo que denuncia es la eficiencia, algunas leyes corruptas que tienen nombre y apellidos, particulares."

"EL OBJETIVO ES UN FUTURO DONDE VAMOS A MÁS"

-Entonces, ¿qué rol le asignas a la lucha electoral?
"La lucha no será en el parlamento. Es en la calle, en la conciencia, en la trinchera de ideas, en la organización popular para resistir la megaminería, en la tierra y en las rutas. Ahora bien, no es lo mismo que esas luchas se den con diputados del pueblo que sin ellos. En la Unidad Popular (UP) tenemos la convicción de que la lucha será por abajo. Así y todo, consideramos que es inteligente utilizar todos los intersticios de la institucionalidad con el fin de facilitar mejores contextos para combatir."
-¿En qué lugar sitúan las encuestas del poder a la UP?
"Los números de la burguesía nos ponen con un 1,5% de la intención de voto de la población uruguaya. Pero es muchísimo más que eso. Hasta los burgueses reconocen que vamos creciendo. Lo importante es el nudo de constelaciones de alianzas y articulaciones en el terreno social, en la gestión barrial, en las cooperativas obreras, en los intelectuales y académicos que no se venden. La creatividad en la dimensión del suelo social y sus resultados, ya nos ha instalado, incluso imaginando el peor escenario electoral, como propuesta genuina en el movimiento popular y ambiental uruguayos. A escala continental y en materia de proyectos viables constituye un hecho irreversible. Si hace unos años los que hoy formamos la UP andábamos tras un programa, en la actualidad el programa nos ha hecho re-nacer. Somos una organización real. No disolviendo en su seno a las agrupaciones preexistentes, sino que fortaleciendo esa diversidad y comprendiendo que el núcleo programático basado en la soberanía del Estado, soberanía alimentaria, dignidad del trabajador y poder popular hacia la liberación nacional, programa máximo de la UP, es también el programa mínimo de varias organizaciones que la integran. Es decir, grupos humanos que luchan por una sociedad donde concretamente de cada cual se exija según su capacidad y que cada quien este plenamente saciado según su necesidad."
-¿Cuáles son los aportes específicos de la UP uruguaya al continente y al mundo?
"La construcción de un programa y el método. El método interno de formación democrática y un método puesto a disposición de imaginar, en un cuadro de minoría parlamentaria y siempre apuntando hacia horizontes más amplios, cómo usar esa situación revolucionariamente inserta en los movimientos sociales y en la lucha extraparlamentaria. El objetivo es un futuro donde vamos a más.
Aprendimos internamente que es carísimo ser democrático y mucho más barato ser autoritario. Es un procedimiento largo, algo intrincado, pero que ya incorporado y sistematizado políticamente. Nos ofrece identidad, garantías y transparencia plenas.
Y está el qué hacer con tres diputados. En la aritmética parlamentaria, nada. Pero seleccionando como proyectos de ley los más sentidos e irrefutables, con las barras llenas, 100 mil personas rodeando el palacio legislativo y una opinión pública atenta, habrá que ver si continúan como minoría esos tres diputados. Y existen reformas constitucionales urgentes que la gente demanda. Nosotros queremos abolir el Senado. Un senador gana USD14.670 al mes. Queremos sólo diputados, representantes de los pueblos en el concepto de José Gervasio Artigas, que cesen sus funciones de acuerdo a la voluntad soberana de los electores y no cada 5 años. Necesitamos descentralizar la gestión de los recursos públicos para que los municipios tengan mucho más poder de decisión. Porque el poder popular, que también pasa por el control del representante local, es mucho más directo en su ejercicio colectivo que la supervisión a un parlamentario que se metió en los mármoles blindados de Montevideo y no se le ve hasta 5 años después.
Pero hay cosas mucho más sencillas de transformar. Uruguay tenía 16 millones de hectáreas de tierra fértil para los casi 4 millones de habitantes (un millón de uruguayos están fuera del país, esa es nuestra diáspora. Y aportan USD100 millones al mes a la economía interna). El censo habla de menos población para borrar la enorme cantidad de niños pobres. ¿Con qué fin? Para captar inversión extranjera es mucho mejor presentar la imagen de un país de viejos cuyo símbolo es la bonhomía de ese "anciano bondadoso" que es José Mujica, que un país donde se incrementan los pobres. Y 16 millones de hectáreas de tierra fértil dan para comer, dan para que no haya miseria. Ahora bien, de esas 16 millones de hectáreas, ya contamos con 4 millones afectadas por el monocultivo forestal, los venenos que dejó la parte de la soja transgénica que no hace rotación con sorgo que deja los blanqueales, sumado al envenenamiento de varias superficies de agua. Pero quedan más de 12 millones de hectáreas disponibles si realizamos una reforma agraria. Y medio millón de hectáreas son del Estado, espacio donde podemos hacer y ejecutar inmediatamente un proyecto de ley de reasentamiento de familias en el campo. Si comenzamos, como dicen nuestros profesionales y técnicos, a repoblar las hectáreas más próximas a los centros urbanos, demostramos que otra manera de producir es posible; que la plantación orgánica sí funciona, que sin intermediarios se forma mercado. Y el conocimiento necesario para ello es preciso incorporarlo a los programas educativos. A lo anterior se agrega que nuestros diputados destacarían gran parte de sus salarios a las luchas sociales. En el país de la corrupción, ello comportaría un golpe ético de alto impacto subjetivo en la comunidad. Esto es, se ampliaría la politización y masividad de la movilización popular sobre la base de sus intereses mayoritarios concretos e inmediatos. Podemos recuperar el "se puede". "
-¿Y qué ocurre con los militares uruguayos en Haití y su innoble papel jugado allí (http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article69420)?
"Los hermanos haitianos que arriesgan su vida denunciando en Uruguay los atropellos de los cascos azules, siempre son recibidos por nosotros en el Sindicato de Artes Gráficas de los compañeros anarquistas. A ellos, a los del voto en blanco, les comentamos sobre lo útil que sería que el reclamo contra los cascos azules, las violaciones, el siniestro papel de Naciones Unidas, lográramos presentarlo en el parlamento. Cambiarían muchas cosas en verdad, sin idealizar en absoluto a un parlamento nefasto, parte de una arquitectura de dominación que queremos y debemos cambiar."

LAS PRECAUCIONES SOLIDARIAS

-Un golpe de Estado, tal cual están las cosas no parece posible en Uruguay...
"Si gana Tabaré Vásquez, saltarían de inmediato los marines norteamericanos a salvarlo. Tabaré es la mejor opción para los intereses del imperialismo. El FA le ofrece a los inversores una garantía de la cual carece la derecha tradicional: la mansedumbre de la cúpula sindical que haciendo carrera política, aplasta la resistencia de los trabajadores. Lo que sí puede haber es una violencia muy selectiva. Ya la Unidad Popular ha sufrido algunos de esos embates (caso violencia en los estadios donde culparon a militantes de la UP sin pruebas). La otra violencia, más exitosa para ellos, ha sido simplemente silenciarnos. En fin, gane en octubre Lacalle o Tabaré Vásquez, requerimos con urgencia una red organizada lo suficientemente segura para tener voceros ante el mundo según lo que pase en el futuro próximo en Uruguay. Porque si hoy son capaces de negar hasta nuestra existencia, cuánto más van a ser capaces de hacer en un período donde ya se está profundizando la lucha social y política."

Andrés Figueroa Cornejo

Felipe, el socialista amado por la CIA



Comprar mitos facilones, sin muchos claroscuros, es una tendencia muy humana, que tiene un sector social como exponente destacado, la progresía. Su panteón de ángeles y demonios se alimenta de un pensamiento mecánico que se parece mucho al de ciertas iglesias milenaristas, que reducen los Diez Mandamientos a sólo dos: los buenos y los pecadores. Los buenos son parte del club, los réprobos son todos los otros. ¿Y, qué compra, sin mayor cuestionamiento, la progresía? Complejos personajes plenos de zonas oscuras, porque ejercieron el poder siendo humanos, personas, pero reducidos al afiche en blanco y negro. Esos afiches, esas caras para una camiseta, tienen poco que ver con la realidad, pero tranquilizan.
En esa exposición de buenos malos o malos buenos –a gusto del consumidor– se puede inscribir a John Fitzgerald Kennedy, Fidel Castro, Mahatma Gandhi, Che Guevara, Teresa de Calcuta, Juan Domingo Perón, Baltasar Garzón y sigue la lista, pero esta vez ponemos el ojo sobre otro astro mediático, el ex presidente del gobierno español y lobista del millonario mexicano Carlos Slim, Felipe González.
Por estos días, Felipe González, reconocido protagonista de la llegada socialista al gobierno de España, en lo que se conoció como una “transición modélica”, estuvo dialogando, en el Teatro Colón con el músico Daniel Barenboim sobre el tema del día, la búsqueda de la paz entre palestinos e israelíes.
Se puede suponer en Barenboim una cierta ingenuidad bien dispuesta, pero no es el caso de Felipe González. Sus antecedentes obligan a la odiosa pregunta: ¿qué quiso decir cuando dijo paz? En los últimos tiempos la desconfianza ha crecido entre los mismos que salieron a la calle para llevar al PSOE por primera vez al gobierno. ¿Porque la pobreza generalizada vuelve irritable a la gente, y se cabrea con la vida rumbosa de sus antiguos líderes? Sí, claro. Pueden llamarlo envidia, si no da para conciencia de clase.
Por eso la basura que aquellos socialistas, compañeros de ruta de Felipe, quisieron mantener bajo la alfombra –para no dar de comer a la derecha, viejo error largamente repetido– sale a la luz, se comienza a hablar en voz alta, y hasta se pone en negro sobre blanco, como en La CIA en España, del periodista Alfredo Grimaldos.
Sobre la participación del Departamento de Estado norteamericano en la construcción del liderazgo de Felipe González y su remozado partido queda mucho por decir, muchas alfombras por sacudir. Pero, aun poniendo todos los datos en cuarentena, la activa participación de Felipe González en las privatizaciones de empresas estatales argentinas, a favor de multinacionales con bandera de conveniencia, como los corsarios, debiera servirnos de advertencia. O en algún momento dejó de ser socialista o no lo fue nunca, es la divisoria de aguas que pone en tela de juicio no sólo a la transición; también a quienes estaban detrás del levantamiento militar que tuvo como protagonista a Antonio Tejero, disparando al techo del Parlamento el 23 de febrero de 1981.
Una pregunta que nadie contesta: ¿Por qué para el posible gobierno provisional, frustrado porque el golpe abortó, se contaba a Felipe González como vicepresidente para Asuntos Políticos? ¿Delirio del cuál González no sabía nada?
La cosa toma color y consistencia si se asume el punto de vista de La CIA en España, que demuestra lo que muchos saben y callan, que el guión para Felipe González se escribió en EE.UU., y se puso en marcha con el apoyo de Willy Brandt, cabeza de la socialdemocracia alemana, para asentar la corona y eliminar la “amenaza comunista”. El objetivo, bloquear al PC español, que, visto a la distancia y por los hechos posteriores, tal vez no era ningún problema real. Luego de los acuerdos de Yalta, donde quedó repartido el mundo y muy claras las fronteras entre países de la órbita soviética y de la órbita occidental, pocas posibilidades de acceso al poder tenían los comunistas españoles; y menos ganas. Sin embargo, que dirigentes como Santiago Carrillo y Dolores Ibárruri, La Pasionaria, tuvieran claro qué esperaba de ellos la URSS y aceptaran la monarquía arriando las banderas republicanas, no era suficiente. En el libro Sobre la gesta de los guerrilleros españoles en Francia, de Jean Ortiz –investigador de la Universidad de Pau, Francia, e hijo de un combatiente republicano–, dedicado al corazón español del maquis francés en los Pirineos, aparecen con claridad las diferencias entre los dirigentes en combate y exilio, tanto comunistas como socialistas, con los dirigentes que se allanaban a lo mandado o a lo posible.
Veamos. Felipe González se proyectó, sobre una dudosa imagen de combatiente clandestino –bajo el alias de Isidoro–, usando como uno de sus argumentos de campaña retirar a España de la OTAN. Sin embargo, a un par de años de su gobierno, maniobró un referéndum para afirmar esa integración. ¿Tenía antecedentes esa movida? Sí. En 1979, cuando era secretario general del PSOE, durante el XXVIII Congreso del partido, forzó la mano con una teatral renuncia, porque quería borrar el término “marxista” de la imagen partidaria. Entraba en colisión con su plan real –no el enunciado– que era claramente reformista, capitalista, y dirigido a pactar con la Iglesia y los sectores financieros que, ¿por amor al suicidio?, le dieron paso al poder sin protestar. Al mismo tiempo, renegar del marxismo desarmaba a los sectores internos que, desde la resistencia contra los nazis en la Segunda Guerra Mundial, seguían manteniendo ideas autogestionarias socialistas. Algo que encajaba perfectamente con el modelo ideológico del nuevo PSOE, la socialdemocracia alemana. Pero eso no es todo. Es un secreto a voces que Felipe González fue el “Señor X”, cabeza del Grupo Antiterrorista de Liberación (GAL), fuerza paramilitar semejante a las Tres A que, financiada por su gobierno, secuestró y eliminó a simpatizantes de ETA, antes de autodestruirse por sus propias chapuzas.
Todo esto sería historia antigua si no fuera porque Felipe González a veces mete la nariz en el ventilador. En 2013, los españoles que habían perdido sus trabajos y sus casas a manos de los bancos ocuparon la calle, ante los domicilios de políticos y banqueros, para señalarlos con el dedo. A esas movidas las llamaron “escraches”, tomando la palabra de actos similares en Argentina. La derecha, con su lógica natural y por su responsabilidad política en el desastre, no dudó en calificar de “nazismo” esas protestas. Lo que no era de esperar, al menos para los simpatizantes del PSOE, era que su antiguo líder, Felipe González, criticara duramente los escraches, “porque invadían” la privacidad de las personas y “podían traumar” a los hijos pequeños de los escrachados. Para decirlo suavemente, aquellos que habían sido desalojados de su único techo por la policía, que los arrastraba de los pelos delante de sus hijos pequeños, si alguna vez lo habían apreciado, dejaron de hacerlo.
Se puede argumentar en su favor que es su opinión, y en democracia ya se sabe. Sólo que para un país devastado económicamente, con millones bajo el índice de pobreza, hambreados y rabiosos, resulta inaceptable que un señor que es muñidor, cabildero, lobista de un millonario y muchas multinacionales, un señor que goza de playas exclusivas en medio mundo y nadie sabe cuánta mosca tiene, pero sí que es mucha, conserve el marchamo de socialista y critique a los que luchan –pacíficamente– por dar techo y comida a sus hijos.
Entonces el Colón. El gran Felipe González derrama paz, bondad y buenas intenciones hacia palestinos e israelíes, y el público asistente lo escucha con recogimiento. Dan ganas de ser crítico, el dilema es con quién, porque tal vez la culpa no la tiene el chancho, sino quien le da de comer.

Raúl Argemí

domingo, agosto 17, 2014

La masacre en Gaza y las palabras correctas



Ya muchos lo han dicho muchas veces: las palabras también son un arma. En las semanas pasadas los palestinos no sólo enfrentaban la poderosa máquina militar israelí, sino también la máquina mediática global que hacía todo para deshumanizar e invisibilizarlos. Sobre sus cabezas caían no sólo las bombas, sino también las palabras y a veces algo más letal: el silencio. Igual fue durante las otras masacres en Gaza.
Y mientras Israel desde hace años sigue con su política de limpieza étnica (por cierto, una de las palabras vedadas en los medios), repitiendo las mismas mentiras, nosotros sus críticos seguimos condenados a irlas desglosando una y otra vez.
Mientras sigue gozando de sus privilegios derivados del sufrimiento del pueblo judío, pudiendo hacer y decir todo –Norman Finkelstein demostró cómo el Holocausto se volvió el arma ideológica de Israel para pintarse de víctima y evitar toda crítica ( The Holocaust industry, 2000)–, nosotros a veces nos sentimos limitados por el manual de buena conducta.
Éste dicta, por ejemplo, que hay palabras imposibles de usar –vinculadas en su mayoría con las atrocidades nazis–, privatizadas por Israel y prohibidas.
Prohibidas no porque su pronunciación fuera a traer el Armagedón, sino porque su uso en el caso de los palestinos los humanizaría, los dotaría de derechos y les ganaría más simpatía.
¿Pero qué hacer si resultan las palabras más adecuadas para hablar de la vida y la muerte en los territorios ocupados? Rescatarlas. Usarlas.
Aquí hay algunas:
• Campo de concentración. El filósofo italiano Giorgio Agamben, para quien el campo de concentración es el paradigma de la modernidad, citando un poema de Celan que evocaba el exterminio de judíos escribía que la muerte ya no es el maestro en Alemania –como apuntaba el poeta–, sino en Israel, que hizo de Palestina el gran campo de concentración ( Il Manifesto, 3/6/10).
• Gueto. No es lo mismo que el campo de concentración, pero en Gaza los dos conceptos se funden creando uno nuevo, el gueto-campo, un producto original de la ingeniería represiva-militar israelí.
• Pogromo. Masacre de gente indefensa, término acuñado en Rusia para denominar los violentos ataques antisemitas, sirve bien para describir lo de Gaza y la atmósfera anti-árabe/racista en todo Israel.
• Genocidio. El acto de barbarie contra los civiles de Gaza atacados por pertenecer a determinado grupo étnico cae en la canónica definición de genocidio del polaco-judío Rafal Lemkin (1933). No obstante, el objetivo de Israel no es el exterminio de los palestinos: es tenerlos golpeados, reducidos a homo sacers, despolitizados y dependientes de la ayuda humanitaria/oenegera. Divididos entre varios guetos-campos (Gaza/Cisjordania) y mantenidos como una controlable amenaza y combustible para la política interna y el complejo militar-industrial israelí.
• Fascismo. Michel Warschawski, el veterano activista antisionista, por años se abstuvo de llamar a Israel un Estado fascista: pero si algo parece pato y camina como pato, entonces es un pato ( AIC, 29/5/12).
• Nazismo. Igual y no (recordemos la vieja fórmula: todo nazi es un fascista, pero no todo fascista es un nazi). El adjetivo nazi es mejor reservarlo para el nacionalsocialismo y sus crímenes, evitando su relativización.
El lugar desde donde hablo es particular. Por un lado los polacos tenemos nuestros propios pecados antisemitas. Por otro, junto con otros polacos-judíos sufrimos los horrores de la ocupación alemana. Es parte de nuestra identidad. Mi abuelo fue prisionero del campo de concentración en Dachau, por ser miembro de la resistencia. Crecí en los terrenos donde una vez estuvo el gran gueto de Lodz/Litzmannstadt.
Todo esto no otorga ningún derecho especial para hablar de esta historia, pero tal vez da un poco más de sensibilidad al significado y al sufrimiento detrás de las palabras en cuestión. En esto se basa la nada fácil decisión de volver a usarlas (o dejar algunas fuera).
Algo así, en mucho mayor grado, hace interesante la posición de Finkelstein, hijo de sobrevivientes de Auschwitz, quien también hace esta observación: en la sociedad israelí todos comparan a todos con Hitler o se tachan de nazis.
Incluso los más prominentes sionistas: “A Rabin lo llamaban ‘nazi’, Ben Gurión llamó ‘nazi’ a Jabotinsky, Jabotinsky llamó ‘nazi’ a Ben Gurión, Begin llamó ‘nazi’ a Ben Gurión…” ( Defamation, 2010).
En Israel, aunque hubo planes de criminalizar la palabra nazi, nadie se escandaliza tanto por eso (el mismo Finkelstein creció con este lenguaje en su casa en Estados Unidos).
Pero cuando alguien de afuera se atreve a hablar de un campo de concentración o gueto en Gaza, condenar el genocidio palestino o llamar al Estado de Israel fascista o nazi por las masacres de los palestinos –por ejemplo, Gianni Vattimo, filósofo católico y homosexual declarado, que igual por su propia condición acabaría en Auschwitz o Dachau, como gitanos, comunistas y tantos otros, no solo judíos–, los israelíes y el mundo liberal políticamente correcto quedan indignados. Lo denuncian como discurso de odio. Y –claro– como antisemitismo.
¿O será la palabra correcta para hablar de la hostilidad antijudía causada por lo de Gaza? Steven Beller, autor de Antisemitism: a very short introduction (Oxford, 2007), argumenta que no: otra vez es sólo el afán israelí de neutralizar las críticas ( Louis Proyect blog, 8/8/14).
El escritor Etgar Keret es la voz liberal en su país. A los críticos de Israel como Naomi Klein los llama (sólo) fascistas de izquierda ( Gazeta Wyborcza, 23/11/09).
Escribiendo de su padre, sobreviviente del Holocausto, que una vez les gritó nazis a unos skinheads noruegos que agredían a unos chinos, concluía: A veces es la palabra correcta ( The New York Times, 17/1/14).
¿Y qué serían las palabras correctas para hablar de lo que hicieron unos extremistas judíos que el mes pasado secuestraron en Jerusalén a un joven palestino, le echaron gasolina en la garganta y le prendieron fuego?
¿Y de la masacre en Gaza, en la que murieron más de mil 900 personas, la vasta mayoría civiles, incluidos 450 niños?
Sólo las más fuertes: pogromo, genocidio, fascismo.
El adjetivo nazi ya dejémoslo de lado.

Maciek Wisniewski, Periodista polaco

“Multipolaridad” si, pero anticapitalista

¿De que hablamos cuando hablamos de “mundo multipolar”?

Es crucial quebrar el dominio imperial de USA, y especialmente del Capitalismo, para que eso que llamamos hoy “multipolaridad” o “mundo pluripolar”, no se convierta en multiplicación de imperios. Quizá no pocos en la “Casa Blanca” echan sus barbas a remojar y se enteran de que el “mundo multipolar” avanza como una realidad irreversible. Por eso la estrategia de los yanquis es descarrilar, a cualquier precio, todo ascenso expresado por un conjunto de países llamados “emergentes”. No será el miedo a la obviedad lo que silencie las aclaraciones de combate.
En su defensa el imperio yanqui negocia todo pensando en los intereses suyos y los de sus secuaces, hasta darle a la “multipolaridad” el rumbo que el capitalismo requiera. Que todo cambie para que nada cambie. La “multipolaridad” de la que algunos hablan, sin adjetivos rigurosos, corre el peligro de ser sólo un maquillaje de ocasión para un sistema macabro que se sustenta en la hegemonía de la industria militar yanqui, en su crimen organizado y en sus máquinas de guerra ideológica. Y se sustenta, claro, con el servilismo y la complicidad de las jaurías asesinas que han secuestrado gobiernos en todo el planeta.
Un mundo “multipolar” en paz, sin explotados, sin hambre, sin clases sociales… sólo puede ser conquistado por quienes luchan para contribuir a enterrar al capitalismo y por quienes luchan por el reino de la justicia socialista. Es crucial tener muy claro, esclarecer, que debemos protegernos y atacar, al mismo tiempo, para defendernos de un colonialismo “multipolar” nuevo. Hay que romper sus paradigmas económicos y culturales que son vertederos de lógica imperial y arrogancia burguesa. Esclarecer es desactivar las formas del engaño por más “ilusionista”, “generoso”, “progresista”… que se disfrace, porque se trata de inoculaciones de “falsa conciencia” dirigidas contra los pueblos, en todo el mundo y, muy especialmente, contra las iniciativas emergentes del Sur, que deben asumir sin engaños el rol emancipador que están obligadas por exigencia de los pueblos.
Esa idea de lo “multipolar” a nivel planetario no se consigue sólo con “Bancos” nuevos; no se arregla entre “convenios de cooperación” ni con abrazos efusivos o apretones de manos diplomáticas. Está en medio el debate capital-trabajo y, de cómo se lo asuma y desde dónde, veremos la eficacia y la eficiencia de todas las intenciones que hoy se mueven con las banderas del a “multi” o de la “pluri” polaridad. Está la Historia horrenda y dolorosa a que ha sido sometida la humanidad por la barbarie y el despilfarro de las clases dominantes ahora multiplicadas, exponencialmente, por el capitalismo. Si la “multipoaridad” resulta ser un tapete nuevo debajo del cual se escondan todos los muertos del capitalismo; si opera como un silenciador térmico para desterrar del diccionario político de los pueblos la palabra socialismo o comunismo… entonces esa “multipolariad” corre, también, el peligro de ser un gran laboratorio de palabrería anestésica especializado en fabricar dosis de reconciliación de clase y desmemoria macabra, sólo que con fachadas “multi” o “pluri”. ¿Habrá que recordar que quien se olvida de la Historia es candidato a repetirla como comedia patética?
Ya con la retórica de la “globalización” nos tundieron sin clemencia y no seremos tan irresponsables de no exigirnos hoy explicaciones semánticas y políticas suficientes para que la “multipolaridad” no sea un espejismo burgués de género nuevo, ideado por los “think tanks” de moda en el “top ten” del saqueo y la explotación “revival”. Importa muy poco qué pasaporte posea el capitalismo, qué banderas flamee o qué himnos cante. Lo mismo da que sea yanqui, ruso, chino o brasileño. A cual más el capitalismo, en su fase superior, tampoco está muy interesado en parafernalias nacionalistas (aunque lo parezca) y mucho menos en detalles como las necesidades objetivas ni las identidades o las tradiciones épicas de los pueblos en lucha. En las guerras inter-burguesas no existen “buenos” y “malos”… todos son feligreses de la propiedad privada y de la acumulación del capital. Y la clase trabajadora aparece condenada siempre a pagar esa pachanga. No vamos a engañarnos.
Pero el peligro de la confusión (hasta no tener claro de qué “multipolaridad” hablamos o habla cada cual) no anula la necesidad de quebrar el dominio del imperio yanqui. Tampoco implica cancelar -o satanizar- cualquier iniciativa, así sea parcial, que permita dar pasos adelante hacia la soberanía concreta mandatada por los pueblos. Sólo hay que asegurarnos de que tales pasos se dirijan hacia donde los pueblos mandan y no aparezcan los piratas reformistas que siempre tuercen caminos y veredas hacia sus reinos burocráticos plagados con gerentes serviles al capitalismo. La gracia radica en no caer en las trampas semánticas de las burguesías. La gracia está en no ilusionarse con falacias ni hacerse esclavo de ellas. Ese error nos ha costado mucho.
Mejor que la “multipolaridad”, a secas, es la “Multipolaridad” de pueblos libres, la que nos permita mirarnos fraternal y solidariamente a los ojos y abrazar un internacionalismo revolucionario que sólo lo es si es de los pueblos, desde abajo y democrático. Mejor la “Multipolaridad” de la integración que no esclaviza, la que se hace rigurosa en el combate al hambre, a la explotación y al saqueo, la “Multipolaridad” que no depreda al planeta ni a los seres humanos. Es mejor la “Multipolaridad” que no esconde las vergüenzas propias como a la “loca de la casa”. Es mejor la “Multipolaridad que exhibe las heridas que el capitalismo le ha infligido y demuestra cómo se lucha contra los males endógenos y exógenos con un plan emancipador, desde lo económico hasta lo intelectual. Es mejor la “Multipolaridad” anticapitalista y antiimperialista que no esconde la explotación de los obreros ni en China, ni en Rusia ni en donde exista. Por esa “Multpolaridad” de los pueblos emancipados es que se lucha desde hace mucho tiempo, es la que anhelan quienes luchan por la unidad internacionalista del proletariado mundial y es la “Multipolaridad” en la que nada tenemos que perder. Saquemos cuentas.

Fernando Buen Abad Domínguez