domingo, abril 26, 2015

Turquía sigue negando el genocidio armenio, con el guiño de Obama



A 100 años del genocidio armenio, Turquía sigue aferrándose al negacionismo, rechazando reconocerlo como “genocidio”. Obama también rehusó hablar de “genocidio” y se refirió a “masacres”, para no tensionar la relación con Turquía, aliado estratégico en la OTAN.

Desde hace varias semanas, Turquía está desplegando una intensa actividad diplomática para evitar que el centenario del genocidio Armenio se convierta en el centro de la atención mundial este 24 de abril. Todo indica que no lo ha logrado.
La tensión con el Vaticano, después de las palabras del papa Francisco hablando de “genocidio” llegó a cotas muy altas. Ankara dijo que el papa decía “estupideces”, que eran palabras “inaceptables” y que "la historia ha sido instrumentalizada con fines políticos".
Esta semana se repitió la escena, después de que el parlamento austriaco condenara de forma conjunta el genocidio armenio. El ministerio de exteriores turco llamó a consultas a su embajador en Viena y denunció lo que llamó “calumnias”.
"Turquía y la nación turca nunca olvidarán esta calumnia en contra de su historia", afirma un comunicado del Ministerio. "Está claro que esta declaración tendrá efectos negativos permanentes en las relaciones entre Turquía y Austria", señala la nota.

El negacionismo turco y la complicidad de los aliados de occidente

"¿Quién se acuerda de los armenios?", dijo Hitler para justificar el holocausto. Al día de hoy, 100 años después, Turquía sigue negando su existencia.
Numerosos historiadores han demostrado que el aniquilamiento de más de 1.500.000 armenios, junto a cientos de miles de sirios, griegos y otras minorías, fue parte de un plan sistemático del gobierno de los jóvenes turcos, con el objetivo de “homogeneizar” el nuevo Estado turco. Documentos del propio ejército otomano, con órdenes precisas, así lo prueban.
Sin embargo, hace un siglo que Turquía se aferra al negacionismo, rechazando que se pueda llamar genocidio a estas masacres. El relato “oficial” turco sostiene que las muertes y matanzas se produjeron como parte de una guerra, donde murieron armenios, griegos y también turcos.
En 2005 fue incorporado al código penal turco el artículo 301, que establecía penas de prisión de seis meses a tres años, por actos de “agravio” a la “identidad nacional turca”, al gobierno o a las instituciones como las fuerzas armadas.
La negativa de Turquía a reconocer el genocidio tiene motivaciones ideológicas (la preservación de la “identidad turca”), políticas, jurídicas y también económicas, para evitar masivos pedidos de indemnizaciones y restitución de propiedades.
Durante todo el siglo XX Turquía logró imponer que el genocidio armenio fuera un “genocidio olvidado”. Algo que solo fue posible con la complicidad de la mayoría de los Estados imperialistas.
Si bien en los últimos años una veintena de países han reconocido el genocidio, Estados Unidos sigue manteniendo una ambigüedad calculada sobre el tema.
La mayoría de los estados federales fueron reconociendo el genocidio, pero en el año 2010 la Casa Blanca intervino para evitar que un comité del Congreso de EE.UU. definiera los hechos con ese término. Este martes, el Ejecutivo de Obama, que necesita a Turquía como aliado en su política hacia Oriente Medio, omitió el término en una nota de prensa en la que informaba de una reunión con grupos armenios.
Obama había prometido en su campaña electoral del 2008 que reconocería el “genocidio”, lo que no cumplirá este viernes, generando malestar en grupos armenios norteamericanos.
Desde la Casa blanca justificaron esta cínica decisión: "Sé que hay algunos que esperaban escuchar un lenguaje diferente este año, y entendemos su perspectiva, pero creemos que el enfoque que hemos tomado en años pasados sigue siendo el correcto para reconocer el pasado y para nuestra capacidad de trabajar con nuestros aliados regionales en el presente", afirmó el portavoz adjunto de la Casa Blanca, Eric Schultz.
Israel también se niega a reconocer el genocidio armenio, en lo que históricamente influyó que Turquía fuera el primer país musulmán en reconocer el Estado de Israel, en fecha tan temprana como 1949, cuando se estaba produciendo la limpieza étnica sobre el pueblo palestino. El líder sionista Ben Gurión consideraba a Turquía parte de una “periferia estratégica”.
En las últimas décadas se retomó una relación “estratégica” entre ambos países, que a pesar de atravesar importantes tensiones diplomáticas, está sostenida en fuertes relaciones económicas. Turquía es uno de los diez socios comerciales más importantes de Israel.
A Israel le interesa, además, negar el genocidio turco para que no se hable tampoco de la limpieza étnica y ocupación en palestina, su propia “hazaña” fundadora del Estado.
Alemania hasta ahora ha omitido usar el término “genocidio”, para preservar sus relaciones con Turquía, y por el hecho de que en ese país viven más de 3 millones de personas de origen turco. Aunque este viernes el parlamento alemán aprobará finalmente una declaración de reconocimiento, 100 años después.
Turquía es un aliado estratégico para los países de la Unión Europea y Estados Unidos, por su ubicación geoestratégica en una de las” puertas de Europa”, su posición en el Mar Negro y sus fronteras con Siria, Irak e Irán. En Turquía se encuentra la base militar norteamericana de Incirlik, y desde 2012 se puso en marcha la misión de misiles Patriot en la frontera turca con Siria, donde participan fuerzas militares de países miembros de la OTAN. Actualmente se encuentran allí militares españoles.
Todo esto explica que, a pesar de algunas declaraciones cargadas de hipocresía que se pueden escuchar estos días, los países de la OTAN estén interesados en mantener en los mejores términos sus relaciones con Ankara, eludiendo la cuestión del genocidio armenio.

Jossefina L. Martínez

Historial de un suicida (El caso Erdosain y su pandilla)



El autor nos introduce en el mundo de Roberto Arlt, a través de un repaso de su segunda y tercera novela, adaptadas por Ricardo Piglia para la Televisión Pública.

Roberto Arlt, un escritor maldito en su tiempo, parece ser recuperado contra viento y marea de su propia historia. Esta mañana los lectores de diario Página/12 se toparán con la primera entrega de Los siete Locos-Los lanzallamas que, con prólogo de Guillermo Saccomanno y dibujos de Daniel Santoro, se podrán obtener junto con el diario todos los miércoles. Anoche, la Televisión Pública emitió el primer capítulo de Los siete locos, la serie televisiva que se emitirá de martes a viernes a las 22.30 horas. Adaptada por Ricardo Piglia, dirigida por Fernando Spiner y Ana Piterbarg, la serie cuenta con prestigiosos actores en el reparto: Pablo Cedrón. Carlos Belloso, Belén Blanco, Daniel Fanego, Diego Velázquez, Daniel Hendler, Marcelo Subiotto, Julieta Zylberberg, Fabio Alberti, Leonor Manso y Pompeyo Audivert
La secuencia que se abre con Los 7 locos y se cierra con Los lanzallamas es, seguramente, lo más logrado en la prolífica obra de Roberto Arlt. Es cierto que, de alguna manera, los temas centrales de estas dos novelas están esbozados ya en la primera, El juguete rabioso; así como también que el autor volverá sobre algunas temáticas en la siguiente (y su última novela), El amor brujo. Pero creo que es justo afirmar que es aquí en donde se desarrolla con mayor plenitud.
¿De qué se trata esta historia? Fue el propio Arlt quien primero la comentó. En una de sus clásicas Aguafuertes (“Los 7 locos”, publicada en El Mundo el 27/11/1929), dijo: “El plazo de acción de mi novela es reducido. Abarca tres días con sus tres noches, se mueven aproximadamente veinte personajes. De estos 20 personajes, siete son centrales (…) que culminan en un protagonista, Erdosain, verdadero nudo de la novela”.
Esta primera parte de la historia, entonces, se estructura a partir de tres días, en los cuales, uno de los personajes –el Astrólogo–, se propone organizar una sociedad secreta para revolucionar la sociedad. Ya veremos que esta logia es muy particular. O particularmente loca. Erdosain aparece como una pieza clave para ponerla en pie, ofreciendo la solución económica: propone secuestrar a un pariente suyo (que lo ha humillado) para obtener el dinero necesario con el cual comenzar a funcionar. Gregorio Barsut, el primo de Elsa, su mujer –asegura Erdosain– tiene una herencia de 20.000 pesos, de una tía por parte del padre, que murió en un manicomio.
Arlt construye sus ficciones con retazos que va recolectando de todos lados. Así, aquello que aparece a simple vista como una “locura imaginativa”, un “delirio”, es –sin embargo– extraído de las noticias periodísticas. La organización de una sociedad secreta en Estados Unidos, llamada La Orden del Gran Sello (con objetivos y dinámicas de funcionamiento similares a las que aparecen en la novela), fue noticia en distintos diarios por aquellos días, según remarcó alguna vez el propio autor.
Erdosain llega al Astrólogo porque piensa que él, tal vez, podrá prestarle el dinero que en la empresa donde trabaja le reclaman, puesto que lo descubrieron robando. Como en su primera novela, la importancia del robo es central en la narrativa arltiana.
Bien, entonces, detengámonos un momento a ver qué ha sido lo que llevo a Erdosain a transformarse en un “estafador”, un “ladrón de 600 pesos”. De alguna manera, podríamos decir, la esperanza de que acontezca algo extraordinario en su vida, algo distinto, inesperado, ya que se consideraba vacío, “una cáscara de hombre movida por el automatismo de la costumbre”. Inventor fracasado, al robar, Erdosain experimenta la alegría de un inventor. Casi como que se vio “obligado a robar”, dice. Convencido de que Barsut, por quien siente una profunda repulsión, ya que “amontonaba obscenidades sin nombre, por el sólo placer de ultrajar la sensibilidad del otro, convencido –decía– de que no iba a prestarle los 600 pesos, acude a “mangueárselos” al farmacéutico Erguera, el ex “gran pecador”, el que más conoce la biblia en Pico, un jugador preocupado profundamente por presentarle nuevamente las verdades sagradas a esa gente que no tiene fe, a los angustiados, “turros” fraudulentos (“rajá turrito… te pensás que porque leo la biblia soy un otario”, le dirá Ergueta a Erdosain ante el mangazo).
Así como suele sostener la crítica que, desde Oscar Massota (Sexo y traición en Roberto Arlt) es prácticamente imposible no hacer referencia al tema de la traición, lo mismo sucede con la condición del “humillado”, en este caso de Erdosain (el exponente más alto de los humillados, según el introductor de Lacan en nuestro país). Desde un primer momento este tema aparece con fuerza: cuando se menciona que Gualdi (el contador de la empresa donde trabaja), lo ha humillado en distintas oportunidades, (“a pesar de ser un socialista”), hasta el apartado titulado “El humillado”, pasando por distintas menciones a lo largo de las dos secuencias de la historia. “Él era el fraudulento, el hombre de los botines rotos, de la corbata deshilachada, del traje lleno de manchas, que se gana la vida en la calle mientras la mujer enferma lava la ropa en la casa”. Él, Remo Erdosain, sería humillado por su mujer, que se va con otro hombre. Y antes, como ya se ha dicho, fue humillado por sus patrones, y por Ergueta, y por Barsut…
Pero antes –mucho antes aun: de casarse, de ingresar en el mundo del trabajo–, Erdosain había sido humillado en su propia casa, siendo niño, y también en el colegio. Por su padre, quien –según le contará al capitán que se va con su mujer– lo inició en ese “feroz trabajo de la humillación”. Tanto en las amenazas, como en los actos de violencia y sus efectos.
En cuanto a las amenazas, porque era su padre quien, cuando él tenía unos 10 años y cometía alguna falta, le decía: “mañana te pegaré”, y entonces, atormentado, “dormía mal, con un sueño de perro, despertándose a media noche para mirar asustado los vidrios de la ventana y ver si ya era de día, más cuando la luna cortaba el barrote de la ventana, cerraba los ojos, diciéndome: falta mucho tiempo”.
También en los actos, porque era su padre, igualmente, quien lo obligaba a arrodillarse, con un golpe en el hombro, haciéndole apoyar su pecho en el asiento de una silla, con su cabeza entre sus rodillas… (“crueles latigazos me cruzaban las nalgas”). Y cuando lo soltaba, corría llorando a su cuarto, con el alma hundida en las tinieblas (“Porque las tinieblas existen aunque usted no lo crea”).
Y luego de las amenazas y de los actos de violencia sobre su cuerpo, los efectos en su subjetividad. Porque él sabía que a la mayoría de sus compañeros de aula no les pasaba lo mismo, y entonces, estando en la escuela, cuando los escuchaba hablar de sus casas, una “atroz angustia” lo paralizaba.
Y ahí, cuando se encontraba en esos momentos de tormento interior, si alguno de sus maestros lo llamaba, solía no escucharlos, y entonces… y entonces, ahí sí la angustia llegaba a su punto más alto. Porque solían retarlo sus maestros, provocando la risa de sus compañeros. Una vez, por ejemplo, un maestro le gritó: “¿Pero usted, Erdosain, es un imbécil que no me oye?”. Y luego de las risas, desde ese día, sus compañeros comenzaron a llamarlo “el imbécil”.
Seguramente por todo esto es que Erdosain, ya de grande, no retrocedía casi nunca hacia los tiempos de su infancia. “Ello quizás se debiera a que su niñez había transcurrido sin los juegos que le son propios, junto a un padre cruel y despótico que lo castigaba duramente por la falta más insignificante”. Un padre que “no lo besaba nunca” y, en cambio, “lo humillaba continuamente”.
Tal vez por esto, también, se sentiría luego humillado en distintos sitios. Aun, por ejemplo, en la nueva sociedad secreta. Allí Erdosain se sentirá humillado por el hombre a quien llaman El Buscador de Oro, quien, sabiendo que él se considera un inventor, cuando habla de la violencia necesaria para cambiar la sociedad, dice despreciar a los teóricos de la violencia, argumentando que el superhombre no surgirá del desorden sino de la obediencia, y pone el ejemplo de la disciplina castrense, y sobre todo, de la empresarial, rematando: “Ya ve, Erdosain, que nosotros no inventamos nada”.

Mariano Pacheco
@Pachecoenmarcha
Escritor y periodista. Ha publicado los libros De Cutral Có a Puente Pueyrredón, Darío Santillán, el militante que puso el cuerpo, Kamchatka, Nietzsche, Freud, Arlt y Montoneros silvestres (1976-1983).

España 14 de Abril de 1931: La esperanza frustrada y traicionada



Hoy se cumplen 84 años de la proclamación de la II República en España. Una de las mayores explosiones populares de esperanzas democráticas de la historia del Estado español. Y también el inicio de una revolución de tiempos largos, la española, que se extenderá hasta su derrota en mayo de 1937 en las calles de Barcelona.

Revisitar aquel 14 de abril en un momento como el actual es clave para recordar los profundos límites de la ilusión política. La caída de la Monarquía fue la culminación de la crisis del Régimen de la Restauración fundado en 1876 y que se basó en un bipartidismo férreamente controlado desde la Corona. Una crisis que arrancó con la debacle del imperialismo español en 1889 tras la pérdida de las últimas colonias de ultramar y que se agravó considerablemente con la irrupción del movimiento obrero desde comienzos del nuevo siglo.
Las dos centrales sindicales, CNT -sindicalismo revolucionario y anarcosindicalismo- y la UGT -socialista- fueron adquiriendo cada vez más fuerza. El proletariado español protagonizó grandes hechos de la lucha de clases como la semana trágica de 1909 contra la guerra en Marruecos, o el ascenso obrero posterior a la revolución rusa conocido como el “trienio bolchevique” (1918-20) en el que se produjo la primera huelga general revolucionaria en 1917.
La situación se volvió aún más insostenible con las crisis militares acaecidas en Marruecos y la emergencia de la cuestión catalana. Tanto que la burguesía, con el Rey Alfonso XIII a la cabeza, apoyó la implantación de una dictadura militar (1923-1931), con el general Primo de Rivera a la cabeza.
Una suerte de sobrevida del régimen que no pudo salvarlo. Con la caída de Primo de Rivera en 1929, su sucesor el general Berenguer tuvo que enfrentar grandes movilizaciones estudiantiles y obreras, e incluso un “pronunciamiento” militar republicano fracasado. Este ascenso de luchas es lo que precedió a la oleada de manifestaciones posteriores a la victoria en las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 de las candidaturas republicanas.
La situación llevó a que la burguesía se convenciera de que si quería “salvar los muebles” del peligro obrero, tenía que sacrificar al Rey y aceptar la implantación de una república.
Esa era la consigna que resonaba en las calles. Para millones el fin de los borbones y el cambio de régimen político era la puerta a resolver los grandes problemas sociales y democráticos del país. Las masas de obreros y campesinos irrumpían en la escena política, aún con una conciencia muy limitada que se plasmaba en el programa del movimiento y sus propias organizaciones. Arrancaba la revolución española.
Millones de trabajadores veían en la república una solución al paro, la miseria y las leyes antisindicales de la dictadura. Millones de campesinos veían en ella la oportunidad para acceder a la tierra, concentrada en un puñado de señoritos nobles, burgueses y la poderosa Iglesia. Y millones creyeron que el nuevo régimen resolvería demandas democráticas fundamentales que la burguesía española, emparentada política, social y sanguíneamente con las viejas clases feudales desde el inicio del siglo XIX, como la separación de la Iglesia y el Estado o el respeto de los derechos democráticos de las nacionalidades.
Estas ilusiones republicanas o democráticas eran alentadas y compartidas por las principales direcciones obreras. Los socialistas y un ala de los anarcosindicalistas se prestaron a colaborar con los burgueses republicanos, cediéndoles la iniciativa y dirección política. Otras fuerzas, como el pequeño por entonces PCE y el ala insurreccionalista del anarcosindicalismo, mantenían una posición ultimatista y de rechazo a las ilusiones democráticas de millones de campesinos y obreros. Esta posición, por un lado, no servía para desenmascarar la política de alianza con la burguesía de los reformistas; por el otro, dejaba muy aislados a sectores de la vanguardia obrera más combativa.
Solamente los trotskistas españoles, agrupados en el grupo de Nin que después constituiría la Izquierda Comunista de España, en colaboración con León Trotsky desde su exilio en Turquía, levantaron un programa y una política que partía de las hondas aspiraciones democráticas de las masas para articular un programa que ayudara a que la clase trabajadora se pusiera al frente con sus propios métodos de lucha por imponerlas, junto con todas las medidas necesarias para acabar con el paro, el problema agrario y la miseria.
Las promesas republicanas pronto se iban a demostrar un engaño. Las masas tenían por delante una larga y amarga experiencia. Los trotskistas nunca dejaron de advertirlo, pero al mismo tiempo planteaban la necesidad de pelear por unas verdaderas cortes constituyentes revolucionarias, impuestas desde la movilización obrera y popular, para lograr conquistar un programa que incluyese el reparto de la tierra a los campesinos, la independencia de Marruecos, el derecho a la autodeterminación para las nacionalidades, el gobierno barato, la separación de la Iglesia y el Estado, el fin de la reaccionaria casta de oficiales del ejército y la constitución de milicias de obreros y campesinos, la nacionalización y el control obrero de los grandes sectores estratégicos y un amplio programa de reformas sociales. La batalla para imponer unas cortes de este tipo y un programa así tenía que servir para poner a la clase trabajadora al frente de una lucha revolucionaria por el poder.
El de los trotskistas era el único programa realista que podía resolver los grandes problemas del país y que ninguna fracción de la burguesía, ni monárquica ni republicana, estaba dispuesta a llevar adelante. El programa más “realista” de los reformistas se iba pronto a demostrar un fraude. El de los trotskistas iba a ser puesto en práctica parcialmente en los momentos más agudos de la revolución, en la Asturias del 34 y el verano del 36. Los trabajadores demostrarían como sólo ellos eran capaces de resolver la cuestión agraria o eclesiástica de la noche a la mañana.
En los dos primeros años del nuevo régimen republicano, con el gobierno de coalición entre los republicanos progresistas y los socialistas, muchas de las esperanzas e ilusiones de ese 14 de abril se volvieron frustración, enfado y sentimiento de traición.
La coalición de los dirigentes reformistas con la burguesía republicana se estrenó en el llamado “comité revolucionario”, el primer gobierno provisional que a pesar del nombre estaba integrado por ex-ministros de la monarquía, burgueses de izquierdas, dirigentes obreros socialistas y presidido por Alcalá Zamora, un terrateniente andaluz, ultraconservador y de misa diaria que luego será el Presidente de la República hasta la guerra civil.
Durante la elaboración de la Constitución y en los meses posteriores de gobierno, la coalición republicano-socialista será incapaz de resolver los graves problemas pendientes.
El “el hambre de tierra” se encontró con una tímida reforma agraria que expropió a cuenta gotas y tras indemnizar tan pocas tierras, que se calcula que se tardaría unos 100 años en acabarla. Esto provocó que la frustración campesina prendiera pronto y se expresará en múltiples levantamientos agrarios. Cuando los jornaleros, hartos de esperar promesas vacías, cogieron la tierra por la fuerza como en Casas Viejas en enero del 33, donde fueron masacrados.
Tampoco la República consiguió mejorar las condiciones laborales y salariales de los millones de obreros, que confiaban en que el socialismo en el poder se las diera. De hecho el socialista Largo Caballero, que ya había sido ministro de la Dictadura, mantuvo el grueso de su legislación laboral y el Gobierno aprobó la represiva Ley de Defensa de la República con la que mantuvo una política de mano dura contra las huelgas, manifestaciones y los sindicatos que no se doblaban a la paz social decretada por los dirigentes reformistas.
La Iglesia mantuvo sus propiedades -salvo contadas excepciones- y privilegios. La obra de alfabetización republicana, si bien fue una de las reformas de mayor alcance, nunca llegó a disputar el casi monopolio de la educación que mantenían los curas y monjas. La casta de oficiales se mantuvo en sus puestos en su inmensa mayoría, y mientras que a los huelguistas se les trataba con puño de hierro a los golpistas como el General Sanjurgo se los trataba con guante de seda. No se cuestionó ni un momento el dominio imperialista sobre Marruecos, la progresista república española -incluida la del Frente Popular- mantuvo la opresión brutal contra nuestro pueblo vecino para sacar todos los recursos económicos posibles y mantener abierta la principal vía de promoción de los oficiales militares.
Tampoco se reconoció el derecho a la autodeterminación de las nacionalidades. La burguesía centralista defendió el modelo unitario opresivo. La catalana llegó a proclamar la república catalana, pero sólo para forzar una negociación autonómica con Madrid. En todo momento, en cuanto viera que sólo basándose en la movilización revolucionaria de las masas se podían defender los derechos democráticos nacionales de los catalanes, Companys preferirá la rendición.
Toda esta frustración creo el clima necesario para que las derechas ganaran las elecciones de noviembre del 33 y formaran gobierno. El compromiso de las principales direcciones obreras con el fraude de la ilusión republicana abría las puertas a las fuerzas reaccionarias, que amenazaban con imitar la gesta de Hitler.
Afortunadamente la clase obrera española estaba mucho más a la altura que sus direcciones. La reacción se verá incapaz de imponer una regresión en toda la línea y su gobierno naufragará prematuramente. Las ilusiones democráticas del 31 tendrán una reedición con un discurso más de izquierda en 1936 con la victoria del Frente Popular.
En ese momento se contará con el apoyo del PCE y el conjunto del anarcosindicalismo, y lamentablemente también una buena parte de los viejos compañeros de Trotsky, como Andreu Nin, ahora en el POUM, que rompían así con los acuerdos con el revolucionario ruso mantenidos en 1931.
Todavía estaban por delante los combates más valiosos de la revolución, y también las traiciones más pérfidas de sus direcciones. Pero esto ya sería tema para otro artículo.

Jorge Calderón

sábado, abril 25, 2015

Dos pasos positivos



Acaban de ocurrir dos hechos positivos dentro del triste desarrollo de nuestra llamada civilización.
El recuerdo, en primera fila, del genocidio armenio cometido por el gobierno y pueblo turcos con las minorías armenias y, en nuestro país, la marcha de las mujeres de los pueblos originarios para crear el Movimiento del Buen Vivir.
Ya con el reconocimiento de gran parte de los países del mundo, a un siglo, se ha recordado y puesto en la primera hoja de los diarios lo que comenzó en Turquía hace justo cien años: la destrucción de la vida y de la sociedad armenia. Pese al rechazo absurdo del gobierno actual de Turquía que con toda falta de coraje civil sigue desmintiendo los hechos a pesar de las miles de pruebas presentadas. Este proceder es una mezquindad nunca vista en la historia del mundo. Es que no reconoce el crimen porque tiene miedo de que luego venga el pago de reparaciones. Así de pequeño y egoísta es el proceder turco.
Son inmensas las pruebas. Ultimamente acaba de aparecer un film alemán que es indiscutible. Trae el testimonio de decenas de cartas documento de diplomáticos, militares y funcionarios alemanes que vivían en Turquía en 1915 y testimoniaron por escrito y con fotografías los horrores de la muerte armenia. A esas declaraciones leídas por actores y actrices, se suman también los documentos presentados por el entonces embajador norteamericano y profesores universitarios europeos que se encontraban en ese tiempo en Turquía.
Los cadáveres de los hombres colgados en horcas en las calles o muertos a palos, las mujeres y los niños muertos de hambre y sed por las carreteras donde eran obligados a marchar sin fin. Una de las peores circunstancias de la crueldad humana.
El Papa acaba de reconocer el genocidio armenio provocando una agresiva reacción del primer ministro turco Erdogan. La comunidad armenia en la Argentina agradeció al Papa su gesto y Eduardo Kozanlian, del Consejo Nacional Armenio de Sudamérica, expresó que “las valientes declaraciones del papa Francisco reconociendo oficialmente el todavía impune genocidio turco contra el pueblo armenio rompe la muralla de silencio que el Estado turco edifica con bases falsas desde hace un siglo”.
Los turcos no encontraron otro argumento que sostener que el Papa es argentino y la Argentina protegió a los nazis en 1945. Lo dijo el ministro turco de Asuntos Europeos, Vulkan Bozkit, con un de-sacierto total. Para él, entonces, todos los argentinos somos nazis. Y el propio primer ministro turco Recep Erdogan, refiriéndose al papa Francisco, dijo: “Cuando los políticos y religiosos asumen el trabajo de historiadores no dicen verdades, sino estupideces”. Una forma de insultar para esconder verdades. Pero todas estas reacciones quedaron tapadas cuando dos días después de esos ataques desesperados contra la verdad, el Parlamento Europeo reconoció el genocidio cometido contra los armenios y lamentó los esfuerzos turcos por negar la verdad. Más todavía, el Parlamento mismo aplaudió de pie la resolución papal. Y el legislador alemán Elmar Brock expresó: “Turquía tiene la obligación moral de reconocer esos crímenes tal como hizo Alemania con los de los nazis. Mi propio pueblo cometió genocidio”. Finalmente, el primer ministro turco Erdogan dio un paso atrás y declaró ayer “su pesar por la muerte de armenios durante la guerra mundial de 1914-18”. La verdad finalmente se impone.
Los hechos de los crímenes contra los armenios tuvieron un final destacable: un joven armenio esperó en Berlín al responsable del genocidio armenio, el turco Talat Pasha, y le dio muerte en octubre de 1918. La Justicia alemana no condenó al joven armenio, tomando en cuenta que se trataba del político que había permitido el horrendo crimen del genocidio armenio.
Y ahora, la Argentina. Se está produciendo un hecho de gran simpatía histórica: la marcha de las mujeres de los pueblos originarios hacia el Congreso de la Nación. La primera vez que ocurre. Una marcha sin reproches, sin protestas, mirando al futuro. La marcha de las mujeres de los pueblos originarios por el Buen Vivir. Nada menos.
Pensar que fueron las mujeres de los pueblos originarios las que más sufrieron en nuestra historia. Bastaría publicar los partes militares de Roca, los avisos de Avellaneda, las crónicas de los diarios de la época de la Expedición al Desierto para comprobar la traición que cometieron los argentinos a los principios de Mayo y al Himno Nacional en su estrofa: “Ved en trono a la noble Igualdad, Libertad, Libertad, Libertad”. Voy a reproducir una crónica del diario El Nacional de la época para demostrarlo: “Llegan los indios prisioneros con sus familias. La desesperación, el llanto no cesa. Se les quita a las madres indias sus hijos para en su presencia regalarlos a pesar de los gritos, los alaridos y las súplicas que hincadas y con los brazos al cielo dirigen las mujeres indias. En aquel marco humano, unos se tapan la cara, otros miran resignadamente al suelo, la madre india aprieta contra el seno al hijo de sus entrañas. El padre indio se cruza por delante para defender a su familia de los avances de la civilización”.
Está todo dicho. Eso lo hicimos los argentinos. Y hoy, las descendientes de aquellas víctimas quieren iniciar un movimiento por el “buen vivir”. Increíble. Para aplaudirlas. El primer grupo fue mapuche y ahora pertenecen a diversas etnias. Se reunieron junto al monumento a Roca, el genocida, como para demostrar que ellas viven y tienen proyectos. Forman una organización femenina que quiere trabajar en todos los sectores y enseñarles sus sueños y sus costumbres.
La convocatoria es sabia y explícita: creación del Consejo de Mujeres Originarias por el Buen Vivir. Presentaron el proyecto ante el Congreso. Esperan la respuesta. Deseamos que sea aceptada y se cree una organización de solidaridad en la sociedad. Los pueblos originarios nos han dado una lección.

Osvaldo Bayer

viernes, abril 24, 2015

Fidel Castro, internacionalista solidario



El padre de la Revolución Cubana ha tendido una mano generosa a los pueblos necesitados y ha ubicado la solidaridad y la integración en el centro de la política exterior de Cuba.

Basándose en la máxima de José Martí “Patria es humanidad”, Fidel Castro ha hecho de la solidaridad internacionalista un pilar esencial de la política exterior de Cuba. Así, La Habana brindó apoyo a muchos movimientos revolucionarios e independentistas en América Latina, África y Asia. Argelia fue la primera que se benefició de la ayuda cubana en diciembre de 1961. Mientras libraba su guerra contra el colonialismo francés, Fidel Castro respondió al llamado del Frente de Liberación Nacional e hizo llegar armas a los independentistas. [1]
Del mismo modo Cuba desempeñó un papel clave en la lucha contra el apartheid y mandó a cerca de 300.000 soldados a Angola entre 1975 y 1988 para hacer frente a la agresión del ejército supremacista de Sudáfrica. El elemento decisivo que puso fin al régimen racista apoyado por las potencias occidentales fue la estrepitosa derrota del ejército surafricano en Cuito Cuanavale, en el sureste de Angola, contra las tropas cubanas en enero de 1988. En el discurso que pronunció en Matanzas, Cuba, en 1991, Nelson Mandela rindió tributo a Fidel Castro:
Desde sus días iníciales, la Revolución Cubana ha sido una fuente de inspiración para todos los pueblos amantes de la libertad. El pueblo cubano ocupa un lugar especial en el corazón de los pueblos de África. Los internacionalistas cubanos hicieron una contribución a la independencia, la libertad y la justicia en África que no tiene paralelo por los principios y el desinterés que la caracterizan. Es mucho lo que podemos aprender de su experiencia. De modo particular nos conmueve la afirmación del vínculo histórico con el continente africano y sus pueblos. Su invariable compromiso con la erradicación sistemática del racismo no tiene paralelo. Somos conscientes de la gran deuda que hay con el pueblo de Cuba. ¿Qué otro país puede mostrar una historia de mayor desinterés que la que ha exhibido Cuba en sus relaciones con África […]? ¡Sin la derrota infligida en Cuito Cuanavale nuestras organizaciones no habrían sido legalizadas! ¡La derrota del ejército racista en Cuito Cuanavale hizo posible que hoy yo pueda estar aquí con ustedes! ¡Cuito Cuanavale marca un hito en la historia de la lucha por la liberación del África austral! [2]
ThenjiweMtintso, embajadora de Sudáfrica en Cuba, recordó la verdad histórica a propósito del compromiso de Cuba en África: “Hoy Sudáfrica tiene muchos amigos nuevos. Ayer estos amigos se referían a nuestros líderes y a nuestros combatientes como terroristas y nos acosaban desde sus países a la vez que apoyaban a la Sudáfrica del apartheid. Esos mismos amigos hoy quieren que nosotros denunciemos y aislemos a Cuba. Nuestra respuesta es muy simple, es la sangre de los mártires cubanos y no de estos amigos la que corre profundamente por la tierra africana y nutre el árbol de la libertad en nuestra Patria”. [3]
Henry Kissinger, secretario de Estado de Estados Unidos de 1973 a 1977, planificó bombardear a Cuba tras su intervención en África. “Si decidimos usar la fuerza militar debemos conseguir la victoria. No podemos hacer las cosas a medias”, declaró al General George Brow del Estado Mayor el 24 de marzo de 1976. Durante su encuentro con el presidente Gerald Ford, Kissinger se mostró más preciso: “Creo que vamos a tener que aplastar a Castro. Pero probablemente no podremos actuar antes de las elecciones [presidenciales de 1976]”. “Estoy de acuerdo”, replicó el presidente Ford. [4] Kissinger deseaba a cualquier precio proteger al régimen del apartheid: “Si los cubanos destruyen Rodesia, Namibia será la próxima en la lista y luego Suráfrica. Si realizan un movimiento hacia Namibia o Rodesia, tendremos que pulverizarlos”. Secretamente elaborado por el Grupo de Acciones Especiales de Washington, el plan preveía bombardeos estratégicos, minar los puertos y una cuarentena de Cuba. No obstante, a pesar de esa hostilidad, Kissinger no pudo contener su admiración hacia el líder histórico de la Revolución Cubana. Según él, “era probablemente el más genuino líder revolucionario entonces en el poder” [5] .
En efecto, durante décadas, Cuba fue el santuario de los revolucionarios del mundo entero, los cuales se formaron y se robustecieron en la isla. Fidel Castro también acogió a los exilados políticos de todos horizontes perseguidos por las dictaduras militares apoyadas por Washington. La Isla del Caribe también se convirtió en refugio de los militantes políticos acosados en Estados Unidos, como algunos miembros de las Black Panthers. [6]
Fidel Castro siempre hizo de la solidaridad humanitaria internacional un pilar fundamental de la política exterior de Cuba. Así en 1960, incluso antes del desarrollo de su servicio médico y aunque acababa de perder a 3.000 médicos (que decidieron emigrar a Estados Unidos tras el triunfo de la Revolución en 1959) de los 6.000 presentes en la isla, Cuba ofreció su ayuda a Chile tras el terremoto que destruyó el país. En 1963 el Gobierno de La Habana mandó su primera brigada médica compuesta de 55 profesionales a Argelia para ayudar a la joven nación independiente a enfrentar una grave crisis sanitaria. Desde esa fecha, Cuba ha extendido su solidaridad al resto del mundo, particularmente a América Latina, África y Asia. [7]
Hoy cerca de 51.000 profesionales de la salud cubanos, entre ellos 25.500 médicos de los que un 65% son mujeres, trabajan en 66 países del mundo. Desde el triunfo de la Revolución, Cuba realizó cerca de 600.000 misiones en 158 países, con la participación de 326.000 profesionales de la salud. Desde 1959 los médicos realizaron más de 1.200 millones de consultas médicas, asistieron 2,3 millones de partos, efectuaron 8 millones de operaciones quirúrgicas y vacunaron a más de 12 millones de mujeres embarazadas y niños. [8]
Por otra parte, Cuba ha formado a varias generaciones de médicos de todo el mundo. En total la isla formó a 38.920 profesionales de la salud de 121 países de América Latina, África y Asia, particularmente mediante la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) fundada en 1999. Además de los médicos que cursaron sus estudios en la ELAM en Cuba (cerca de 10.000 graduados cada año), La Habana contribuye a la formación de 29.580 estudiantes de medicina en 10 países del mundo. [9]
La Operación Milagro es emblemática de la política solidaria de La Habana. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), hay actualmente cerca de 285 millones de personas víctimas de deficiencia visual en el mundo, entre ellas 39 millones de ciegos y 246 millones que presentan una disminución de la agudeza visual. Casi el 90% viven en países del Tercer Mundo. Cerca del 80% de las deficiencias visuales son curables, señala la organización, y agrega que “la catarata sigue siendo la primera causa de ceguera”. Estas enfermedades oculares afectan en primer lugar (65%) a personas de más de 50 años (20% de la población mundial), un porcentaje que crecerá con el envejecimiento de la población, pero también a 19 millones de niños. [10] Frente a esta constatación, Fidel Castro decidió lanzar en julio de 2004 una amplia campaña humanitaria continental bajo el nombre de Operación Milagro con la ayuda de Venezuela. Consiste en operar gratuitamente a los latinoamericanos pobres que padecen cataratas y otras enfermedades oculares, pero que se encuentran en la imposibilidad de financiar una operación que cuesta entre 5.000 y 10.000 dólares según los países. Esta misión humanitaria se ha extendido a otras latitudes (África, Asia). La Operación Milagro incluye la participación de 165 instituciones cubanas. Dispone de 49 centros oftalmológicos en 15 países de América Latina y el Caribe (Cuba, Venezuela, Ecuador, Haití, Honduras, Panamá, Guatemala, San Vicente y las Granadinas, Guyana, Paraguay, Granada, Nicaragua y Uruguay). [11] Desde 2004, cerca de 3 millones de personas de 35 países recobraron la vista. [12]
Con respecto a la educación Cuba elaboró el programa de alfabetización “Yo, sí puedo” en 2003 a propuesta del propio Fidel Castro, con el fin de erradicar el analfabetismo en el mundo. Según la UNESCO hay en el mundo 796 millones de adultos analfabetos, o sea el 17% de la población mundial. Más del 98% se encuentra en los países del Tercer Mundo. Las dos terceras partes son mujeres. La UNESCO lanzó entonces un llamado para reducir en un 50% el número de analfabetos para 2015. El organismo de la ONU señala que los progresos realizados en este campo “fueron en el mejor de los casos decepcionantes y en el peor esporádicos”. Según la UNESCO, “para revertir esta tendencia es necesario que los gobiernos del mundo actúen con determinación”.No obstante la UNESCO revela una excepción: América Latina y el Caribe. Esta excepción se debe en parte al Programa Yo, sí puedo:
El programa Yo, sí puedo, que creó en 2003 el Gobierno cubano ha tenido amplios resultados […]. Aplicado en 12 de los 19 países de América Latina en 2008, forma parte de estrategias más amplias a favor de la alfabetización universal en el Estado Plurinacional de Bolivia, en Ecuador, en Nicaragua, en Panamá y en la República Bolivariana de Venezuela. [13].
Basado en la filosofía de José Martí resumida en la siguiente cita: “Todo hombre tiene derecho a educarse y en pago contribuir a la educación de los demás”, el Instituto Pedagógico Latinoamericano y Caribeño de Cuba lanzó el programa “Yo, sí puedo” en 2003, destinado a alfabetizar a los adultos iletrados. La adquisición de las capacidades de lectura, escritura y aritmética es indispensable para disfrutar de una plena ciudadanía. Constituye el primer baluarte contra la exclusión y la pobreza y lleva a la realización de lo que Martí llamó “la plena dignidad del hombre”. La UNESCO subraya que “la educación salva vidas: la tasa de mortalidad infantil baja cuanto más se eleva el nivel escolar de la madre”. Así, si todas las mujeres hicieran estudios secundarios se salvarían 1,8 millones de niños al año. Del mismo modo la salud de los niños estaría más protegida: “Es menos probable que los niños cuya madre ha hecho estudios manifiesten un retraso de crecimiento o una insuficiencia ponderal”. [14]
El programa “Yo, sí puedo” se aplicó con éxito en Venezuela, donde se alfabetizó a más de 1,5 millones de personas, en Bolivia, en Ecuador y en Nicaragua, que son las únicas naciones latinoamericanas que se han librado del analfabetismo en la última década, según la UNESCO. También se utiliza en otros países del continente y del mundo, como Nueva Zelanda, y se aplica en varios idiomas entre ellos el francés y los idiomas indígenas (guaraní, maorí).
El programa “Yo, sí puedo” se utiliza también en España. La ciudad de Sevilla pidió los servicios de los profesores cubanos, bajo la coordinación del Profesor Carlos M. Molina Soto, para enseñar a leer y escribir a sus ciudadanos. [15] Después de un estudio realizado por la alcaldía se descubrió que 34.000 de los 700.000 habitantes de la capital andaluza eran totalmente analfabetos. En dos años 1.100 adultos se alfabetizaron en los treinta centros de alfabetización que se abrieron en la ciudad. Otros municipios de España, país que cuenta con 2 millones de analfabetos, estudian las posibilidades de aplicar el método cubano en su territorio. [16]
En Australia el método de alfabetización se utiliza para las poblaciones aborígenes –el 60% son analfabetos funcionales– que aprenden a leer y escribir en tres meses. Además de la lectura, de la escritura y del álgebra de base, Cuba les ofrece la posibilidad de aprender a usar las nuevas tecnologías [17]. Sin embargo Australia ocupa el segundo puesto mundial en términos de desarrollo humano, justo detrás de Noruega. [18]
El programa “Yo, sí puedo” recibió el Premio de Alfabetización Rey Sejonh de la UNESCO en 2006 por su aporte a la educación de la humanidad. Irina Bokova, directora general de la organización de la ONU, alabó el método subrayando su carácter ejemplar de cooperación Sur-Sur. [19] En efecto, desde 2003, el programa permitió que nueve millones de personas de cinco continentes diferentes aprendieran a leer y escribir. [20]
En términos de solidaridad, Fidel Castro hizo de Cuba el modelo a seguir, demostrando que es posible contribuir a mejorar la suerte de los más desfavorecidos del planeta. Al ubicar la generosidad hacia los más humildes en el centro de su acción internacional, el líder de la Revolución Cubana se convirtió en el símbolo del internacionalismo desinteresado.

Salim Lamrani
Al Mayadeen

Notas:

[1] Cuba Defensa, «Misiones militares internacionalistas cumplidas por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de la República de Cuba», 2014. http://www.cubadefensa.cu/?q=misiones-militares (sitio consultado el 23 de febrero de 2015).
[2] Salim Lamrani, Cuba. Ce que les médias ne vous diront jamais, Paris, Editions Estrella, 2009, prólogo.
[3] Piero Gleijeses, «Cuito Cuanavale: batalla que terminó con el Apartheid», Cubadebate, 23 de marzo de 2013.
[4] The National Security Archive , « Kissinger Considered Attack on Cuba Following Angola Incursion”, 1 de octubre de 2014, George Washington University. http://www2.gwu.edu/~nsarchiv/NSAEBB/NSAEBB487/ (sitio consultado el 21 de febrero de 2015).
[5] Henry Kissinger, Years of Renewal, New York, 1999, p.785 in PieroGleijeses, “Carta a Obama”, Cubadebate, 3 de febrero de 2014.
[6] The Guardian, “New Jersey hopes Cuba-US relations thaw will help extradite former Black Panther”, 18 de diciembre de 2014.
[7] Roberto Morales, «África está urgida de la solidaridad internacional», Cuba Debate, 12 de septiembre de 2014. http://www.cubadebate.cu/especiales/2014/09/13/africa-esta-urgida-de-la-solidaridad-internacional/ ( sitio consultado el 14 de septiembre de 2014).
[8] Ibid.
[9] Ibid.
[10] Organisation mondiale de la santé, «Cécité et déficience visuelle», Aide-Mémoire n°282, octubre de 2011. http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs282/fr/index.html ( sitio consultado el 15 de febrero de 2013).
[11] Ministerio de Relaciones Exteriores, «Celebra Operación Milagro cubana en Guatemala», República de Cuba, 15 de noviembre de 2010. http://www.cubaminrex.cu/Cooperacion/2010/celebra1.html ( sitio consultado el 15 de febrero de 2013); Operación Milagro, «¿Qué es la Operación Milagro?». http://www.operacionmilagro.org.ar/ ( sitio consultado el 15 de febrero de 2013).
[12] Cubadebate, «Más de 3 millones de beneficiados con Operación Milagro en diez años», 1 de julio de 2014. http://www.cubadebate.cu/noticias/2014/07/01/mas-de-tres-millones-de-beneficiados-con-operacion-milagro-en-diez-anos/#.VOsmsWP7uu4 ( sitio consultado el 23 de febrero de 2015).
[13] Ibid. , p. 37, 76.
[14] Ibid ., p. 39.
[15] Correspondencia con el Profesor Carlos M. Molina Soto, 17 de noviembre de 2011.
[16] Antonio Rodrigo Torrijos, “Torrijos pregunta en el pleno del Ayuntamiento sobre el futuro de Yo, sí puedo”. Al pleno del Ayuntamiento de Sevilla”, 15 de septiembre de 2011. Véase también Cubainformación, «Alfabetización cubana en Sevilla », 7 de febrero de 2008. http://www.cubainformacion.tv/index.php?option=com_content&task=view&id=3286&Itemid=86 (sitio consultado el 12 de abril de 2008).
[17] EFE , «Un método desarrollado en Cuba enseña a leer y a escribir a aborígenes australianos», 1 de julio de 2012.
[18] Programme des Nations-unies pour le développement, «Indice de développement humain IDH, classement 2011», 2011. http://hdr.undp.org/fr/statistiques/ (sitio consultado el 15 de febrero de 2013).
[19] Granma, «Reconoce la UNESCO el método cubano de alfabetización», 25 de mayo de 2011. http://www.granma.cubaweb.cu/2011/05/25/cubamundo/artic02.html (sitio consultado el 15 de diciembre de 2011).
[20] Granma, «Nueve millones de alfabetizados con el programa cubano Yo, sí puedo», 21 de enero de 2015. http://www.granma.cu/cuba/2015-01-21/nueve-millones-de-alfabetizados-con-el-programa-cubano-yo-si-puedo (sitio consultado el 6 de marzo de 2015).

Salim Lamrani es Doctor en Estudios Ibéricos y Latinoamericanos de la Universidad Paris Sorbonne-Paris IV, SalimLamrani es profesor titular de la Universidad de La Reunión y periodista, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Su último libro se titula Cuba, the Media, and theChallenge of Impartiality, New York, MonthlyReviewPress, 2015, con un prólogo de Eduardo Galeano. http://monthlyreview.org/books/pb4710/ Contacto: [email protected] ; [email protected] Página Facebook: https://www.facebook.com/SalimLamraniOfficiel

El genocidio, base del actual Estado turco



Un genocidio donde no solo asesinaron a millones de armenios sino también a otros integrantes de minorías que habitaban el imperio otomano. Un proceso que se perpetró con una organización moderna y planificada y que permitió la conformación del actual Estado turco.

A un siglo del inicio del genocidio, sigue siendo una disputa actual el reconocimiento del mismo por el Estado Turco. Durante todo este tiempo han surgido múltiples pruebas para que no haya ninguna duda que lo que sucedió durante ese proceso fue un plan sistemático organizado por el partido Comité de Unión y Progreso (Ittihad ve Terakki Cemiteyi, también conocido como Partido de los Jóvenes Turcos), donde las prácticas sociales genocidas sirvieron de base para el actual Estado Moderno Turco, expulsando o aniquilando a las minorías que no formaban parte de la identidad turca hegemónica deseada.
Este negacionismo del Estado turco se sigue perpetuando en la actualidad, incluso con maniobras del actual presidente, Recep Tayyip Erdogan, para tapar los actos que se van a hacer a nivel mundial en homenaje al genocidio. Pero esta disputa por el reconocimiento hace también que muchos análisis sean parciales, perpetuando finalmente una revictimización de quienes sufrieron las consecuencias de estas prácticas genocidas.
Principalmente, el hecho de hablar de genocidio armenio para explicar este proceso, es inexacto, ya que el plan fue eliminar todas las minorías que habitaban en el declinante Imperio Otomano, y que iban en contra de la identidad “ideal” que pregonaban desde el gobierno. Por lo tanto no fue sólo un genocidio sobre las poblaciones armenias, sino también fueron victimas los griegos y los asirios principalmente; pero también albaneses, bosnios y hasta minorías musulmanas como los árabes y los kurdos, que en un principio fueron aliados a los turcos, finalmente también sufrieron persecuciones y matanzas. Justamente estos sucesos permiten observar que lo perseguido por los perpetradores del genocidio, no fue en el marco de una “guerra santa” ni un proceso de barbarie. Ni tampoco fueron “excesos” en el marco de la Primera Guerra Mundial como lo plantean desde la historia oficial turca.
El genocidio se perpetró con una planificación moderna que frente a la disolución del Imperio Otomano, donde Estados y fronteras estaban en constantes disputas, se buscó homogeneizar un tipo de identidad que caracterice al territorio (sobre todo en Anatolia, el corazón del imperio en ese entonces), y que sea base, para lo que después fue el Estado Moderno Turco. En ese sentido la organización e implementación fue llevada desde el gobierno, y que incluyó desde la dispersión y relocalización de los musulmanes no turcos (sobre todo kurdos y árabes), en zonas donde la población turca sea mayoritaria, y la aniquilación (bajo la apariencia de expulsión del territorio) de las minorías cristianas, es decir principalmente, armenios, griegos y asirios.
La organización socio económica de estas minorías tenían cierta autonomía frente al gobierno central. Estos pueblos, sobre todo en las zonas rurales, estaban agrupados en barrios separados bajo el sistema de vilayetos o millets. Éstos eran cuerpos autónomos en política, economía, religión, cultura, vida social, bajo la autoridad del Patriarca de Constantinopla en el caso de los armenios, el cuál era nombrado por el sultán. A su vez, hay que sumar como un elemento importante el aspecto económico, donde el capitalismo avanzaba sobre nuevos territorios, y donde las relaciones productivas casi feudales de algunas regiones del imperio, iban en contra de una burguesía turca moderna que estaba creciendo en las principales ciudades.
Justamente los millets con su organización propia iban en contra de una economía manejada desde un Estado centralizado. Es así que el genocidio fue la forma que tomó un plan de dominación política promovida por los ideólogos del Movimiento de los Jóvenes Turcos para garantizar la soberanía territorial y asegurar el aprovechamiento de recursos físicos y humanos en función de un proceso de acumulación capitalista.
A su vez los armenios eran la principal minoría, con una población aproximada de dos millones antes del inicio de genocidio, ocupando territorios estratégicos, sobre todo en el núcleo del imperio y en la frontera con Rusia, con una fuerte organización, y también con movimientos independentistas propios. Principalmente la Dashnak, la Federación Revolucionaria Armenia, que buscaba una independencia de los armenios (incluso formó parte de la Segunda Internacional), que sin llegar a ser masiva, sus militantes fueron los primeros perseguidos por el gobierno turco y utilizados como excusa para justificar las matanzas que luego perpetró el Estado Ittihadista.
Así fue como masacraron revueltas de estas minorías que reclamaban una igualdad en los derechos con los ciudadanos turcos; aniquilaron a los soldados que formaban parte del ejército del imperio; obligaron a convertirse al Islam a miles de cristianos; expropiaron las propiedades de las comunidades cristianas para fortalecer una naciente burguesía turca; y finalmente las deportaciones (donde largas caravanas sin resguardo ni alimentos hacían que miles caminasen por el desierto a ningún lugar especifico, con ningún otro objetivo más que la muerte) y el aniquilamiento de las poblaciones mencionadas, que involucraron desde banda paraestatales hasta el ejército y policías locales. Casi 2 millones de armenios, 250.000 griegos pónticos y otros 250.000 asirios fueron masacrados, sumados a los de otras minorías mencionadas y a los cientos de miles que fueron deportaron o huyeron a otras regiones.
Por lo tanto la conformación del Estado Moderno turco requería una reformulación de relaciones sociales en el territorio en disputa (en el contexto de la Primera Guerra Mundial, y anteriormente en las guerras balcánicas) con una cristalización de una identidad homogénea hegemónica turca, aniquilando tanto materialmente como emblemáticamente, a las minorías que habitaban el imperio otomano. Así como otros genocidios, este proceso que se conoce como genocidio armenio, aunque sería más preciso hablar de genocidio ittihadista (así como hablamos de genocidio nazi y no solo de genocidio judío), buscó desde una tecnología de poder de una clase dominante, eliminar al “otro” peligroso incluso borrando de la memoria colectiva la historia de estas minorías, e incluso teniendo que combatir actualmente para poder describir a todo ese proceso como lo que realmente fue: un genocidio que expulsó y aniquiló a millones de personas que habitaban el territorio de su propio imperio.

Patricio Ábalos Testoni

Historia de una (presunta) inconsistencia

La solución que ofreció Marx al enigma irresuelto por la economía política clásica, cómo se forma una tasa media de ganancia y por qué las contradicciones que esto tendría con las diversas tasas de excedente de los capitales es sólo aparente, fue transformada posteriormente en piedra de toque para atacar la consistencia de la teoría de Marx.

Valores y precios de producción

Marx realiza en El capital una construcción que se mueve del terreno más abstracto hacia niveles mayores de concreción a lo largo de la obra. Así, en el tomo I considera todo el tiempo que las mercancías se venden a sus valores. Es decir, que se cambian estableciendo una equivalencia según los tiempos de trabajo medio socialmente necesario que lleva producirlas. Por eso, cuando introduce la categoría de plusvalor, que surge del tiempo de trabajo que realizan los trabajadores bajo el mando del capital por encima del que les lleva reponer el valor de su fuerza de trabajo, considera a lo largo del tomo I que cada capital realiza íntegramente el plusvalor que extrae de sus obreros. Si las mercancías se venden a sus valores, cada capitalista realiza todo el plusvalor contenido en su mercancía. Sin embargo, sabemos que no es así como los fenómenos se producen a un nivel más concreto. Y esto, Marx lo anuncia en el tomo I:
Todo el mundo sabe que el dueño de una hilandería de algodón que, si nos atenemos a los porcentajes del capital total empleado, utiliza proporcionalmente mucho capital constante y poco capital variable, no por ello obtiene una ganancia o plusvalor menor que un panadero, quien comparativamente pone en movimiento mucho capital variable y poco capital constante [1].
Acá Marx nos presenta una “contradicción aparente”, para cuya resolución “se requieren aún muchos eslabones intermedios” [2]. Esos eslabones incluyen todo un desarrollo hacia lo concreto que va a completarse en el Tomo III, cuando Marx explique la igualación de la tasa de ganancia e introduzca los precios de producción.
Como señala Paula Bach, la economía política clásica se hundió por no haber logrado responder satisfactoriamente cuando se topó con esta “piedra del escándalo”. Por qué, si las masas de valor y plusvalor producidas por diversos capitales están en razón directa a las magnitudes de las partes variables de esos capitales, es decir, a la parte invertida en fuerza de trabajo viva –estando dado el valor de la fuerza de trabajo y siendo igual en todas las ramas el grado de explotación de la misma–, la masa de ganancia que alcanzan los distintos capitales tiende a ser una proporción del desembolso total de capital en todas las ramas, sin que importe en cada caso qué parte del mismo se gastó en la única mercancía que produce valor, la fuerza de trabajo, ni la tasa de explotación de la misma.
Marx introduce, para explicar la aparente contradicción, los precios de producción, que surgen de la distribución de la masa total de plusvalía entre el conjunto de los capitales. Si en el nivel más abstracto del tomo I, el supuesto de que las mercancías se venden a sus valores significaba que cada capitalista realiza el valor (y plusvalor íntegro) de su mercancía, en el terreno más concreto del tomo III, esto ya no es así. El precio de producción significa que a los costos de producción se le suma la tasa media de ganancia, uniforme para todos los capitalistas. A su vez, Marx introduce un tercer nivel, más concreto, que es el de los precios de mercado, que oscilan alrededor de los precios de producción.
Tenemos entonces tres niveles de concreción de una única realidad en curso: los valores, los precios de producción, y los precios de mercado.
Podemos ver gráficamente la explicación que ofrece Marx. Supongamos una economía integrada por cinco capitales. En todas las ramas el valor de la fuerza de trabajo y el grado de explotación son similares.
En todas ellas, el capital se distribuye de magnitudes distintas entre capital constante (medios de producción, “c”) y capital variable (fuerza de trabajo, “v”).



Suma global de capitales invertidos = 500

Suma global de producto producido = 610

En términos de valores, con los insumos que aparecen en la columna 2, y en todos los casos desembolsando un capital de 100, dividido en cada caso de forma distinta entre capital constante y variable, cada capital produce un valor diferente. Respectivamente, cada capitalista alcanza un valor de 120, 130, 140, 115 y 105.
Si se considera 500 como un capital global único y que I, II, III, IV y V solo constituyen partes alícuotas del mismo entonces, la composición media del capital sería 78c+22v. Si se toma cada uno de los capitales como un quinto (1/5) del capital global, entonces, a cada 100 le correspondería un plusvalor medio de 22 o una tasa media de ganancia del 22 %. Cada capital de 100, entonces, realizará su producción obteniendo una ganancia de 22. Acá surge el precio de producción, en este caso 122, que surge de cargar sobre el capital total adelantado la tasa media de ganancia. Los que tienen una menor composición orgánica (es decir una menor proporción de capital constante sobre capital variable) recibirán una masa de ganancia que será menor que la masa que plusvalía que extraen, y lo opuesto ocurrirá con los capitales que tengan una mayor composición orgánica. Marx va a sostener que esto es lo que ocurre.
Comoquiera que esté compuesto el capital industrial, así ponga en movimiento una cuarta parte de trabajo inanimado y tres cuartos de trabajo vivo, o bien tres cuartas partes de trabajo inanimado y un cuarto de trabajo vivo, así absorba en un caso tres veces más plustrabajo, o produzca tres veces más plusvalor que en el otro con un mismo grado de explotación del trabajo […] en uno y otro caso arroja igual cantidad de ganancia [3].
Haber planteado esta relación, entre plusvalor y ganancia, es decir entre valores y precios, es lo que le permitió a Marx articular de forma consistente una teoría del valor trabajo dando cuenta desde ella de los fenómenos en los que la manifestación concreta parece contradecirla.

Tomo I vs. Tomo III

Pero no había terminado de secarse la tinta de la impresión del tomo III, y ya los nuevos espadachines del último grito de la moda de la teoría económica burguesa de ese momento, la Escuela Austríaca, abrieron fuego contra el libro de Marx. Eugen von Böhm-Bawerk escribió en 1896, dos años después de que Engels entregara a la imprenta el tomo final de El capital, un libro titulado Karl Marx and the Close of His System. Allí mostró lo que según él eran inconsistencias en la teoría del valor trabajo y formuló contra ella el ataque más fuerte y hasta ahora el más exitoso: el argumento de redundancia. Los precios de mercado debían oscilar alrededor de los precios de producción, los que garantizan la misma tasa de ganancia a todas las ramas de la economía, mientras que para explicar esos precios el valor es innecesario. Es decir, la esfera más abstracta no tendría, según Böhm-Bawerk, ninguna incidencia sobre la más concreta de los precios de producción y los precios de mercado, que por lo tanto podrían explicarse prescindiendo de ella. Además, el hecho de que en las distintas ramas se requieran desiguales cantidades de valor de los medios de producción (distintas composiciones orgánicas del capital) con respecto al trabajo directamente empleado invalidaban, en su opinión, la teoría del valor trabajo estudiada en el tomo I de El capital.
No podemos tener dudas sobre la inspiración de su ataque, el autor había señalado muy claramente que la teoría de la explotación se basa en la teoría del valor y que desde el punto de vista de la clase dominante había que combatir a ambas [4].
Posteriormente Ladislaus von Bortkiewicz formuló matemáticamente el problema del vínculo entre valores y precios de producción. El autor sostiene que la transformación que realiza Marx es incompleta, ya que no solo debe ocurrir en la columna final, es decir, en la del nivel de ganancia de cada uno de los capitales según la ganancia media, sino que debe producirse de forma simultánea en los insumos, que según el autor están expresados en valores en la columna de composición de capital que vimos más arriba, deben ser también transformados a precios (tanto los “c”, como los “v” que aparecen en nuestra segunda columna, que el caso de los “v” expresan el valor de los bienes que los obreros consumirán con el salario que recibirán). Al no hacerlo, argumenta Bortkiewicz, el resultado de Marx produce una diferencia entre los precios de los insumos y los del producto final (por ejemplo, si el mismo bien está computado con un valor en la columna de insumos, y con un precio de producción distinto de este valor en la columna final). Al “corregir” esta “contradicción” desarrollando un modelo que elimina la diferencia entre valores y precios, el resultado es un sistema dual donde se generan discordancias entre valores y precios: las magnitudes de capital constante y de capital variable en el sistema de valores son distintas que en el sistema de precios. Sobre la base de esta corrección Bortkiewicz concluía que las teorías del valor y de la plusvalía y de la tasa de ganancia de Marx eran erróneas.
A comienzos del siglo XX fue Rudolf Hilferding quien encaró una defensa de la teoría de Marx frente al ataque de Böhm-Bawerk. Pero otros debates concentrarían las energías de los marxistas en tiempos de avance del revisionismo en las filas del marxismo, primero, y de choque abierto entre revolución y contrarrevolución, después: el debate sobre las crisis, la reforma versus la revolución, el imperialismo como fase superior del capitalismo, la economía de transición y sus leyes específicas desde la conquista del poder por el proletariado en Rusia; el crack del ‘29 y el destino del capitalismo.
Pero las tesis de Böhm-Bawerk y de Bortkiewicz serían retomadas varias décadas después. Uno de los que dispararon contra la teoría de Marx fue nada menos que el célebre economista keynesiano Paul Samuelson. También desde la denominada heterodoxia económica, el trabajo de Piero Sraffa originalmente concebido para criticar a la teoría neoclásica, ha dado lugar a la misma crítica arrojada a Marx. Aunque los argumentos poco agregaron a los de comienzos de siglo, la crítica ha sido exitosa en gran medida pues innumerables marxistas la aceptan como válida.

Respuestas marxistas al problema de la transformación

El retorno de este ataque a la teoría de Marx suscitó como respuesta numerosos esfuerzos por parte de autores marxistas por resolver el alegado problema de la inconsistencia.
Una de las primeras respuestas fue dada por Michio Morishima. Este buscó resolver la contradicción entre sistema de precios y de valores, buscando generar un sistema de valuación simultánea. Para eso construyó un modelo sustentado en la matriz insumo-producto de Leontieff, es decir la misma herramienta que había utilizado Sraffa en Producción de Mercancías por Medio de Mercancías para construir un modelo que parte de las unidades físicas para transformarlas en valores y precios. Es decir, una herramienta basada en el edificio conceptual en Ricardo y no de Marx. Este sistema produjo en ocasiones resultados paradojales (valores y plusvalores negativos pero precios y ganancias positivas); ofrece una “solución” sólo aplicable a algunos casos. Logra compatibilidad entre valores y precios, pero ésta es condicionada y no es válida para todos los casos, lo que de hecho niega la tesis de Marx.
Anwar Shaikh desarrolló de forma independiente una solución al problema de la transformación basada en un proceso iterativo [5]. Parte del procedimiento de Marx, pero en lugar de detenerse en el primer cálculo de los precios de producción, continúa en una segunda, tercera y sucesivas rondas, introduciendo en cada una de ellas los precios de producción obtenidos en las rondas anteriores como precios de insumos. El resultado es que los precios de producción, y la tasa de ganancia, convergen hacia los precios de producción y la tasa de ganancia calculados por medio del sistema de ecuaciones. Aun suponiendo que en el punto de partida del proceso los insumos estén en valores (en realidad, precios directamente proporcionales a los valores), a partir de la segunda ronda los capitalistas ya están comprando sus insumos a precios de producción, no a precios valores.
Otras respuestas dadas se engloban en lo que se conoció como “nuevo enfoque”, representado entre otros por Gérard Duménil y Duncan Foley, y en el sistema temporalista, entre los que podemos nombrar a Andrew Kliman, Alan Freeman y Alejandro Ramos. Sin embargo, en el primer caso, según manifestó el propio Duménil no se trataba en realidad de ofrecer una solución al problema de la transformación [6]. De hecho como sostiene otro autor este “nuevo enfoque” es un marco contable expresado íntegramente en precios: la tasa de plusvalía es la razón ganancia salarios para el agregado, la composición del capital es el valor monetario de los medios de producción dividido entre la masa de salarios y la tasa de ganancia se define como convencionalmente se hace a partir de agregados monetarios. No hay tasa de ganancia en valor, ni hay nada que suceda debajo de las decisiones capitalistas basadas en los precios [7].
El llamado enfoque temporalista argumenta que los planteos sobre la inconsistencia parten de considerar correctas ciertas ideas que no lo son, utilizan un enfoque estático mediante ecuaciones simultáneas y tratan con dos sistemas no conectados: el de valor y el de precio. Estos autores, por el contrario, construyen un sistema unificado. Y sostienen que, al contrario de lo que afirmaba Bortkiewicz, los insumos no deben ser transformados porque el capitalista compra a precios de producción. O más precisamente, a precios de mercado que oscilan en torno a los precios de producción. Así, el señalamiento de Marx de que los elementos del capital avanzado debieran medirse de acuerdo a sus precios de producción y no a sus valores, no debe ser entendido como hace Bortkiewicz, en el sentido de que estos deben ser retrospectivamente transformados a precios, al mismo tiempo que se realiza esta conversión para el valor del producto terminado del conjunto de los capitales.
Para Marx, cuando los precios de las mercancías ya no son directamente proporcionales a los valores, el capital constante y el capital variable pasan a ser precios que no necesariamente se corresponden con sus valores. “Los capitalistas adquieren el capital constante y los trabajadores sus medios de subsistencia en términos de precios” [8], observan Ramos Martínez y Rodríguez Heredia.
Como se ve, una vez introducida la variable temporal, que el (absurdo) enfoque simultaneísta de Bortkiewicz hace imposible, planteando la cuestión en los atemporales términos de la economía neoclásica, la cuestión de la transformación pierde sentido. El proceso de transformación se realiza impulsado por la competencia y la movilidad de los capitales, partiendo una y otra vez de insumos adquiridos a precios de producción, redistribuyendo en cada período la plusvalía generada por la nueva masa de capital desembolsada para realizar dicha producción. Los precios de los insumos no pueden ser transformados una vez que están incorporados al proceso de producción, porque para ese momento los capitalistas ya han pagado por ellos.
Estos resultados no impidieron que se instalara un consenso bastante extendido sobre la redundancia del valor y la inconsistencia en la teoría de Marx [9].
Lo peculiar es que, como observa Alejandro Valle Baeza, este convencimiento ocurría al mismo tiempo que varios trabajos que verificaban una de las predicciones de Marx que los valores resultaban el centro de gravedad que dominaba a los precios de mercado y mostraban las posibilidades explicativas de la teoría del valor trabajo[10].
Toda una serie de resultados que confirmaban la importancia teórica del valor, refutando la supuesta redundancia e irrelevancia teórica.

Esteban Mercatante

[1] Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política, tomo I, Siglo XXI, México DF, 1976, p. 372.
[2] Ídem.
[3] Karl Marx, El capital. Crítica de la economía política, Tomo 3, México DF, Siglo XXI, 1976, p. 214.
[4] Eugen von Bhöm Bawerk, Capital e interés, México, Fondo de Cultura Económica, 1986, p. 376.
[5] Un método iterativo trata de resolver un problema matemático (como una ecuación o un sistema de ecuaciones) mediante aproximaciones sucesivas a la solución, empezando desde una estimación inicial.
[6] Gérard Duménil, Dominique Lévy, The economics of the profit rate: Competition, crises and historical tendencies incapitalism, Edward Elgar, Londres, 1993, p. 48.
[7] Simon Mohun, “The Labour Theory of Value as Fundationfor Empirical Investigations”, Metroeconomica, v.55(1), enero 2004, pp. 93-94.
[8] Alejandro Ramos Martínez y Adolfo Rodríguez Herrera, “The transformation of values in prices of production: A different reading of Marx’s text”, en Alan Freeman y Guglielmo Carchedi, Marx and non-equilibrium Economics, Londres, Cheltenham, 1996, p. 60.
[9] Ver por ejemplo lo que afirma David Harvey en Los límites del capitalismo y la teoría marxista, Fondo de Cultura Económica, México DF, 1990, pp. 16-17.
[10] “La discusión reciente sobre el problema de la transformación de valores a precios de producción”, documento de trabajo, UNAM, México-DF, marzo de 2007.

Economía: ¿qué puede resolver la Expansión Cuantitativa?



La “expansión cuantitativa” (EC) ha sido el fenómeno “estrella” de la política económica mundial de los últimos años. Consiste en la compra masiva por parte de los bancos centrales de títulos de deuda pública y otros activos financieros a bancos y grandes empresas, para que vuelquen el dinero recibido en créditos e inversión productiva y relancen la actividad económica.
Tras su aplicación en EEUU, Gran Bretaña y Japón, el Banco Central Europeo (BCE) inició el 9 de marzo su puesta en marcha en la zona euro. Comprará mensualmente 65.000 millones de euros de bonos de deuda de diversos países europeos y deudas empresariales de alta calidad crediticia (no amenazadas de impago). Estas compras podrían prolongarse hasta septiembre de 2016, invirtiendo alrededor de 1,14 billones de euros.
Alemania ha mostrado abiertamente sus recelos a este plan. Por eso ha impuesto que el 80% de la deuda pública comprada a cada país sea avalada por los bancos centrales de dichos países, y no por el BCE, para no tener que responder con su dinero –siendo el mayor aportador del BCE– en caso de un eventual impago. Además, la compra de deuda pública queda excluida de países, como Grecia, sometidos a un plan de rescate.
Los efectos de estas medidas en EEUU –ya abandonadas– son discutibles. Aunque su economía creció en 2014 un 2,4%, frente al 0,9% de la zona euro, no está claro que se debiera a la EC. Las empresas y bancos destinaron lo fundamental del dinero recibido, no a la inversión productiva, sino a desendeudarse y a comprar sus propias acciones para incrementar su valor y obtener beneficios con la compra-venta de las mismas. Ciertamente, hubo una oleada de inversiones en negocios como la explotación de petróleo a través del “fracking”. Pero ahora este sector está en crisis por la bajada histórica del precio del petróleo, amenazando con la quiebra a multitud de empresas. Y aunque el desempleo en EEUU bajó al 5,8% oficialmente, en eso influyó que la población trabajadora descendiera al 62,7% de la población activa, el nivel más bajo en 37 años. Aparte, hay 6,7 millones de empleados forzados a trabajar a tiempo parcial, a los que se suman 2,1 millones que desisten de buscar empleo de forma activa. El empleo producido se ha degradado, con salarios bajos y precarios.
Ahora bien, ¿cómo podrá EEUU sostener su crecimiento económico? Europa y Japón están estancados –en este último país, la EC no tuvo ningún efecto– y las llamadas economías emergentes (China, Brasil, India, etc.) están reduciendo su crecimiento o en crisis.
El programa de EC en Europa puede crearle problemas adicionales a la economía norteamericana. El valor de las monedas oscila con su oferta y demanda. Al cancelar el banco central estadounidense –la Reserva Federal– la EC, y dejar de emitir dólares, éste lleva meses apreciándose con respecto al euro. En paralelo, la puesta en marcha de la EC en la eurozona, poniendo en circulación cientos de miles de millones de euros, está profundizando la devaluación del euro con el dólar. Así, las exportaciones estadounidenses se encarecen y los productos importados de Europa se abaratan, afectando negativamente a las empresas norteamericanas. Ya en marzo, se redujo bruscamente la actividad en EEUU, creándose la mitad de los empleos previstos.
EEUU tampoco puede retomar la EC, porque la Reserva Federal ya le destinó 4,8 billones de dólares anteriormente. Un endeudamiento suplementario de la Reserva Federal amenazaría su estabilidad, al poseer ya cerca del 30% de la deuda pública estadounidense. Además, en un entorno económico de estancamiento mundial, ese dinero volcado al mercado no iría a la actividad productiva, sino a la compra-venta de acciones de empresas y bancos, inflando artificialmente sus precios todavía más, que podrían desplomarse una vez que nadie quisiera comprar acciones a empresas con beneficios declinantes y ventas disminuidas.
Para la Eurozona, la amenaza es similar. El mercado bursátil ha experimentado la mayor subida desde 1998 con incrementos del 15%-22% en el precio de las acciones.
Aunque puede haber un respiro en la zona euro con el aumento de las exportaciones, sumado al ahorro de costes por la caída del precio de los combustibles, el entorno económico global es muy volátil ¿Esperarán EEUU y China impasiblemente agravarse sus problemas internos, con sus mercados inundados de mercancías europeas baratas?
El problema de fondo no es la falta de dinero para invertir –de ahí las limitaciones de la EC– sino la crisis de sobreproducción existente, que hace innecesarias inversiones significativas para abastecer a un mercado declinante. Esta crisis se ve agravada por el enorme peso de las deudas públicas que absorben una parte sustancial de la riqueza creada, que se escamotea al consumo y a la inversión. Ambos problemas están ligados al dominio de los grandes bancos y monopolios y, por tanto, son insolubles en la etapa actual de crisis orgánica del capitalismo.

David Rey

Vladimir Mayakovsky y el arte de masas



Muerte trágica

El poeta futurista soviético Vladimir Vladimirovich Mayakovsky (Bagdadi, Georgia, 7 de Julio de 1893) se quitó la vida el 14 de Abril de 1930, en Moscú, a la sazón capital de la URSS, disparándose con un revolver en el corazón. Se dice que la actriz Verónica Polonskaya fue la última persona en verle con vida, oyendo un disparo tras de sí al abandonar el apartamento del poeta; ellos sostenían una relación ilícita, pero la actriz se rehusaba a renunciar a su matrimonio. El día anterior, Mayakovsky le habría amenazado con segar su propia vida y ella no pudo creerle. No obstante, su suicidio sigue siendo, en muchas formas, el motivo de candentes controversias.
La nota suicida (escrita dos días antes), en la que pedía al “Camarada Gobierno” velar por su familia, fue interpretada a menudo como una ironía. Se rumoró que la bala extraída de su cadáver no se correspondía con el modelo de su pistola, además de que los vecinos reportaron haber oído dos disparos en vez de uno y el oficial a cargo de la investigación fue asesinado diez días más tarde. Su hija –naturalizada como norteamericana– Yelena Vladimirovna Mayakovskaya (llamada Patricia Thompson, profesora universitaria neoyorquina), aseguró en sus memorias que su padre había recibido una pistola en una caja de zapatos, que para la aristocracia rusa significaba una encrucijada entre la humillación y la muerte (Véase:.haaretz.com/weekend/magazine/the-raging-bull-of-russian-poetry-1.224897).
Según el marxista galés Alan Woods, el suicidio de Mayakovsky “ponía un epitafio en la tumba del arte revolucionario” (laizquierdasocialista.org/node/1726). El advenimiento del estalinismo había minado indefectiblemente no sólo la herencia política del bolchevismo, sino también a la pléyade de manifestaciones artísticas que se habían desatado tras la Revolución de Octubre. La libertad consciente de un arte ligado a la vida social, que había guiado la búsqueda de un arte genuinamente revolucionario, fue sustituida por el dogma propagandístico del realismo socialista. Ante un ambiente de creciente coacción ejercida por la ascendente burocracia sobre los artistas, durante una conferencia pública celebrada veinte días antes de su deceso, en la que relataba las crecientes dificultades que enfrentaba en su trabajo creativo, Mayakovsky advirtió a sus escuchas: “Tal vez hoy sea una de mis últimas veladas” (Una Bofetada al Gusto del Público, p.60).

Vida y Obra

El volumen titulado Una Bofetada al Gusto del Público (Mono Azul Ed., Sevilla 2009) recoge sendas conferencias de Vladimir Mayakovsky, que versan sobre la necesidad de hacer entender su obra a un público de trabajadores y la entrega de su vida entera a esa obra y a ese público. En “Los obreros y los campesinos no os entienden”, el poeta soviético reflexiona sobre las aparentes barreras que separan del arte de vanguardia al público con una educación artística escasa o acotada, la relación de éste con la vida de aquellos, su posición frente a la tradición artística aristocrática y burguesa, y la posibilidad de que los artistas desarrollen un arte auténticamente revolucionario y de masas. El arte de vanguardia sufre a menudo el rechazo de las capas amplias de la sociedad, que, azuzadas por los críticos de arte adversos a la vanguardia artística, lo reputan impúdicamente de incomprensible sin conocerlo realmente; nadie en sus cabales se enorgullece de ser ignorante de la ciencia y la cultura. ”Pero, sin complejos, gritan: ¡No comprendo a los futuristas!” (Ibídem, p.37).
Sin embargo, señala Mayakovsky, la incapacidad de comprender al arte de vanguardia no constituye por sí misma un juicio relativo a su validez. Antes de desahuciarlo, al menos sería pertinente desvelar el sinsentido que envuelve, no suponer —sin más— que por parecer incomprensible carece de sentido. Aun si dicho arte, por la dificultad que supone comprenderlo, se constituye en un arte accesible sólo a una minoría, no por ello habría perdido necesariamente toda su conexión con el conjunto de la sociedad. Hay un arte minoritario, asegura el poeta georgiano, que no tiene ningún provecho más que para aquellos pocos a los que está dirigido. Un segundo género de arte minoritario, en cambio, está dirigido a un público integrado por productores artísticos, que transmitirán su contenido al conjunto de la sociedad a través de su propio trabajo. “Estos libros serán la semilla y constituirán el esqueleto del arte de masas” (Ibídem, p.39).
Un arte que sea en pleno sentido un arte de masas no podrá producirse esquemática o mecánicamente, sino que será el resultado de un elaborado proceso que no sólo implicará el concurso de los artistas sino el de toda la sociedad. “El arte no nace siendo arte de masas, lo será después de mucho esfuerzo; después de realizar un análisis crítico que determinará si su utilidad es permanente y efectiva” (Ibídem, p.40). Un arte semejante puede incluso adelantarse a los tiempos, es decir, ocultar su sentido para revelarlo posteriormente, cuando el estadio de la conciencia social que preconiza sea actualizado por el curso de los acontecimientos. Pero, simultáneamente, sólo podrá emerger de su conexión con las condiciones sociales concretas. “De esta forma, la poesía contra la guerra por la cual en 1914 las masas se rasgaban las vestiduras engañadas por los patriotas, sonaba en 1916 como una revelación. Y viceversa” (Ídem).
La crítica arrojada desde el conservadurismo social y artístico contra el arte de vanguardia sólo por ser arte de vanguardia, por ser incomprensible, soslaya un hecho: que aun el arte tradicional, en sus manifestaciones más refinadas, es el patrimonio cultural de una minoría, de la clase social dominante. La actitud de Mayakovski ante la tradición artística era irreductible: sólo el arte de vanguardia sería la verdadera herencia del pueblo soviético. Empero, éste también llegaría a apropiarse de las manifestaciones clásicas del arte, y llegaría a comprenderlo por encima de sus determinaciones ideológicas y como parte del devenir histórico. Cuando el arte sea real y plenamente un bien social, y no sólo lo sean sus manifestaciones populares, esta nueva sociedad, si bien reconocerá lo humano en arte heredado por la vieja sociedad y se nutrirá de él, sólo podrá reconocerse plenamente en su propia expresión artística. “Los clásicos no serán las lecturas preferidas por el pueblo soviético. Lo serán los poetas de hoy y del futuro” (Ibídem, p.44).
No obstante, el propio Mayakovski padeció desde su trinchera artística las limitaciones que el régimen estalinista impuso, ya desde sus albores, a la vida socialista; los tirajes y la distribución bibliotecaria de la poesía futurista –y la difusión del arte de vanguardia en lo general– dependían del sector más conservador de la sociedad soviética: la burocracia. El arte vanguardista se vio privado desde el comienzo de los años 1930’s de su pleno potencial como educador de las masas de trabajadores que habían hecho la revolución a marchas forzadas y a partir de condiciones materiales y culturales extremadamente limitadas. Aunque el arte de vanguardia tenía gran acogida entre los trabajadores, los campesinos y los estudiantes, a través del esfuerzo de sus autores por mostrárselos en sus propias publicaciones periódicas y presentaciones públicas, dicho esfuerzo se veía superado, ante las titánicas dimensiones de la tarea, por la obstrucción de los burócratas que terminaron por imponer su gusto mediocre y sus intereses miopes; “la burocracia también es literatura. ¡Y con mucha mayor divulgación que la nuestra!” (Ibídem, p.53).
Poco antes de su trágica muerte, en “Veinte años de trabajo”, Mayakovsky relató de viva voz a su público las condiciones desesperadas en las que luchaba por construir un arte que perteneciera verídicamente a las masas. El poeta futurista encontró en su experiencia literaria que las más evidentes arengas, destinadas a inflamar el coraje revolucionario (las favoritas del régimen usurpador), caducaban rápidamente. Por eso dedicó su empeño más decidido como poeta a incomodar y provocar a su audiencia. “Mi actividad literaria (…) ha sido, para hablar con franqueza, un combate literario, una bofetada al gusto del público” (Ibídem, p.59). La belleza artificiosa y caduca de la vieja sociedad subsistía en la grandilocuencia de los poetas, que tan poco sabían en realidad de su nuevo público y de su vida, y se expresaban en un lenguaje que no era el de éste. Hostigado, se negó a renunciar a su carácter de escritor revolucionario partícipe de la construcción del socialismo; autor de una poesía más útil que bella, una que dibujara los problemas de su sociedad. Así inauguró el llamado Teatro de la Revolución de Octubre e incursionó en la sátira y los versos de agitación anti-religiosa, a menudo imprimiendo él mismo y llevando a cuestas sus propios tirajes, como un obrero de las letras, hasta ser asfixiado por el peso de los traidores de la revolución.
“Tras veinte años es fácil celebrar un aniversario. Se reúnen los libros, se elige una presidencia de barbas respetables, se pide a cinco o diez personas que alaben las virtudes de uno y se invita a los buenos amigos a que no le insulten más en los periódicos (…). Pero no se trata de esto, camaradas, se trata de que el viejo lector, el viejo público de los concurridos y viejos salones (…) ha muerto para siempre. Sólo el público trabajador, el proletariado y las masas campesinas que son hoy los que construyen nuestra nueva vida, edifican el socialismo y desean llevarlo a todo el mundo, ellos deben ser nuestros verdaderos lectores. Y por lo tanto yo debería ser el poeta de estos lectores” (Ibídem, pp.57&58).

Paco Lugo, FAD-UNAM

La desastrosa guerra de Arabia Saudí en Yemen

Han convertido el Yemen en caldo de cultivo para al-Qaida en la Península Arábiga

En lo que han sido tres décadas de guerras insensatas en Medio Oriente, la guerra de Arabia Saudí en Yemen puede ser la más insensata de todas. La “Operación Tormenta Decisiva” el nombre irónico de la campaña aérea de Arabia Saudí en Yemen, no ha conducido a nada decisivo más allá de asegurar que el país siga siendo un Estado fallido y un campo fértil para organizaciones como al-Qaida en la Península Arábiga (AQAP). Mucho antes del comienzo de “Operación Tormenta Decisiva”, Yemen, el país más pobre de Medio Oriente, enfrentaba una cantidad de problemas que iban de la grave escasez de agua, la inseguridad alimentaria y una economía moribunda a una antigua insurgencia en múltiples frentes. La guerra de Arabia Saudí en Yemen ha exacerbado todos estos problemas y podría ser el golpe de gracia para un Yemen unido y relativamente estable.
El martes 21 de abril, el Gobierno de Arabia Saudí anunció abruptamente que terminaba la “Operación Tormenta Decisiva” y que reduciría su campaña aérea en Yemen. La “Operación Tormenta Decisiva” será reemplazada por la “Operación Restauración de la Esperanza”, un nombre desafortunado para una operación militar dado que también fue el nombre de la intervención estadounidense destinada al fracaso en 1992-1993 en Somalia. No está claro qué se propone lograr la “Operación Restauración de la Esperanza”, sin embargo la primera fase de la guerra de Arabia Saudí en Yemen ha sido desastrosa.
Según la Organización Mundial de la Salud, más de 900 personas han muerto en Yemen desde el comienzo, el 25 de marzo, de la campaña aérea dirigida por los saudíes. Además 150.000 yemeníes han sido desplazados y la cantidad de personas afectadas de inseguridad alimentaria ha aumentado a más de 12 millones. Debido al continuo bloqueo de sus puertos –Yemen importa más de 90% de sus alimentos– los precios de los alimentos básicos han aumentado y existe una escasez generalizada. En Adén, donde las temperaturas aumentan rutinariamente a altísimos niveles, la mayor parte de la ciudad de más de 500.000 habitantes no tiene acceso al agua. En todo el país los suministros de gasolina y gas se han agotado. A los hospitales, que ya tienen problemas para enfrentar la falta de medicinas y suministros, les queda poco o ningún combustible para los generadores. Es probable que los pacientes de las unidades de cuidados intensivos de Yemen mueran, ya que las máquinas salvavidas dejan de funcionar por falta de electricidad.
Hasta ahora AQAP ha sido el único beneficiario de la guerra de Arabia Saudí en Yemen. En el sudeste de Yemen, en la gobernación de Hadramawt, al-Qaida en la Península Arábiga (AQAP) se ha apoderado de la quinta ciudad de Yemen, Mukalla, y también tomó el control del aeropuerto y del puerto de la ciudad. La “Operación Tormenta Decisiva” atacó a los huthíes, una milicia zaidí que es enemiga declarada de al-Qaida. El bombardeo de Arabia Saudí también se concentró en las Fuerzas Armadas Yemenitas, aliadas con los huthíes y el antiguo presidente yemenita Ali Abdullah Saleh. Esas mismas unidades militares, incluida la Fuerza Aérea Yemenita que ha sido destruida en gran parte, también eran críticas para combatir AQAP y sus aliados. La “Operación Tormenta Decisiva” ha neutralizado efectivamente dos fuerzas responsables de impedir el progreso de AQAP en grandes sectores del sur y del este de Yemen.
¿Qué esperaban lograr los saudíes con la “Operación Tormenta Decisiva”? El Gobierno de Arabia Saudí afirmó que había lanzado operaciones militares contra Yemen para restaurar al Gobierno exiliado del presidente yemenita Abd Rabbuh Mansur al-Hadi quien huyó de Yemen a Arabia Saudí el 25 de marzo.
Sin embargo la restauración del gGbierno de Hadi, que tenía poco apoyo antes de que él y sus ministros llamaran abiertamente a los saudíes y sus socios a bombardear su propio país, sigue siendo poco probable. Hadi, quien fue durante mucho tiempo el vicepresidente de Saleh, fue elegido para ese puesto por Saleh por un motivo: Hadi no tiene una base de poder en Yemen. Es un sureño que no tiene vínculos con las tribus perennemente poderosas del norte de Yemen y como sureño que apoyó a Saleh y al norte en la guerra civil de 1994, es considerado traidor por muchos del sur.
También es importante señalar que los partidarios de Hadi que combaten contra las milicias huthíes y sus aliados en el sur de Yemen lo hacen bajo la bandera de la República Democrática Popular de Yemen (PDRY). La mayoría de los que combaten en Adén y en otras ciudades del sur no combaten por Hadi, sino por la independencia del norte debido a una larga lista de agravios no solucionados. Hasta unos meses antes de su partida a Arabia Saudí los servicios de seguridad bajo el control de Hadi perseguían y arrestaban a miembros de al-Hirak, el Movimiento Separatista del Sur.
El segundo objetivo de la campaña aérea dirigida por los saudíes era obligar a los huthíes a desarmarse. Esto era tan poco probable como la restauración del Gobierno de Hadi. Los huthíes han librado seis guerras contra las Fuerzas Armadas Yemenitas desde 2004 y han rechazado exitosamente a las fuerzas saudíes en 2009-2010. Aunque la guerra aérea de Arabia Saudí indudablemente debilitó algunas capacidades militares de los huthíes y puede haber llevado a la pérdida de lo que ya se puede decir que es un apoyo limitado a los huthíes y sus aliados, de ninguna manera derrotó a los huthíes, que han resistido cosas peores con mucho menos recursos de los que tienen ahora.
Después de bombardear Yemen durante casi un mes y provocar lo que podría ser una prolongada guerra civil, el Gobierno de Arabia Saudí puede haber llegado finalmente a la conclusión de que el único camino hacia adelante en Yemen es mediante el diálogo y la negociación. Ningún partido o facción en Yemen es capaz de establecer el del país, incluso con el apoyo de una potencia regional, sea Arabia Saudí o Irán. El antiguo presidente yemenita Ali Abdullah Saleh, un maestro en política maquiavélica con un conocimiento enciclopédico de tribus y clanes de Yemen, nunca pudo ejercer un control total sobre el país. Durante gran parte de sus 33 años en el poder se refirieron burlonamente a Saleh como el “alcalde de Saná porque su poder no se extendía mucho más allá de la capital. En muchos aspectos Yemen puede describirse como un “asilo de libertad”. El poder se ha dispersado históricamente entre varias facciones. Esta dispersión del poder milita contra una fuerte autoridad centralizada.
En una entrevista del 19 de abril a Russia Today, Jamal Benomar, quien renunció como Consejero Especial de las Naciones Unidas sobre Yemen el 16 de abril, antes de que empezase el bombardeo afirmó que en Yemen había negociciones entre todas las partes y se acercaban a una exitosa conclusión provisoria. En su vago discurso del 19 de abril, el líder huthi Abdul Malek al-Huthi, prometió no rendirse pero también indicó que los huthíes se mantienen abiertos a negociar. El antiguo partido gobernante de Yemen, el Congreso General Popular, y su exlíder Ali Abdullah Saleh, han llamado a nuevas negociaciones.
Yemen tiene un abundante acervo de tradiciones que, si se permite que funcionen, pueden limitar conflictos y favorecer acuerdos negociados. Esas tradiciones se evidenciaron durante el propio levantamiento popular de Yemen en 2011, que aunque violento no condujo, entonces, al tipo de guerras civiles brutalmente violentas que han afectado completamente a Libia y Siria. La guerra de Arabia Saudí en Yemen, si continúa, podría destruir muchas de esas tradiciones y asegurar que Yemen sea la próxima Siria o Libia. La guerra ya ha causado la muerte de cientos de civiles, ha destruido infraestructura crítica, ha empobrecido a miles de yemeníes más y ha permitido que AQAP expanda drásticamente las áreas bajo su control.

Michael Horton

Cien años después, lo que plantea el reconocimiento del genocidio armenio

Este 24 de abril conmemoramos el 100 aniversario del comienzo del genocidio armenio. Frente a la negación del Estado turco, los historiadores han llevado a cabo una batalla para hacer triunfar una verdad hoy indiscutible: la destrucción de los armenios de Anatolia fue concebida, planificada y ejecutada metódicamente. Este artículo intenta analizar las causas de este genocidio y lo que está en juego actualmente en su reconocimiento.
El 22 de agosto de 1939, Hitler confiaba a los jefes de sus ejércitos que pretendía sembrar la muerte entre la población civil polaca, antes de añadir: “Después de todo, ¿quién habla hoy de la aniquilación de los armenios?”.
En efecto, tras los procesos intentados por Estambul contra los principales responsables de las políticas de exterminio, bajo presión de las potencias victoriosas, entre 1919-1922, el genocidio armenio cayó rápidamente en el olvido. Desde la fundación de la Turquía kemalista en 1923, la versión oficial de Ankara no ha variado: los armenios cayeron víctimas de los rigores de la guerra, de epidemias fatales y de actos de violencia aislados. Por tanto, el Estado otomano no tuvo ninguna responsabilidad en esta hecatombe.

La mecánica del genocidio

El verano de 1914, antes incluso de la entrada en guerra de Turquía el 26 de septiembre, numerosos datos plantean que los armenios de Anatolia estaban ya amenazados de aniquilación por el gobierno joven turco del Comité Unión y Progreso (CUP), en el poder desde 1908. La movilización general marcó en efecto el comienzo de una vigilancia generalizada de esta minoría, sospechosa de simpatías por el Imperio de los zares, mientras sus aldeas fueron sometidas a una opresión cada vez más brutal: impuestos arbitrarios, confiscaciones, registros, incautación de armas, en particular las de las organizaciones revolucionarias. En las zonas fronterizas con Rusia, unidades especiales, compuestas de refugiados musulmanes de los Balcanes y de delincuentes habituales, puestas en pie por el CUP y sometidas a las órdenes del ejército, se lanzaron a una primera ola de masacres y de deportaciones selectivas de armenios, acusados de colaborar con el enemigo.
La derrota de Sarikamis (NE de Anatolia) contra los rusos (fines de 1914-comienzos de 1915) provocó una radicalización extrema de esas políticas, siendo considerados los armenios como un obstáculo mayor para la resistencia común de las poblaciones musulmanas de origen turco contra la expansión rusa. En este contexto, en marzo de 1915, el CUP tomó la decisión de organizar la deportación y la aniquilación de la totalidad de la población armenia de Anatolia. En realidad, los gobernadores locales recibieron del Ministerio del Interior una orden cifrada que ordenaba la deportación de los civiles, mientras la dirección del partido les comunicaba oralmente la consigna de ejecutar sumariamente a los hombres que no estuvieran alistados en el ejército. Por su parte, los soldados fueron desarmados y asesinados, igual que los hombres más jóvenes o de más edad enrolados en los batallones de trabajo (cavadores, portadores, etc).
Es imposible enumerar las víctimas, forzadas a excavar su propia tumba antes de ser abatidas en las inmediaciones de sus aldeas, o embarcadas en el Mar Negro para ser ahogadas en él. La deportación sistemática comenzó en cambio en mayo-junio de 1915, en las provincias orientales, seguida por la de las provincias centrales y occidentales. Centenares de miles de armenios, huidos de las masacres in situ, se vieron obligados así a una larga marcha hacia el sur: quienes no fueron asesinados por el camino por los gendarmes o poblaciones hostiles, animadas a robar su escasos bienes, o no murieron de agotamiento o de hambre, fueron reagrupados en campos de concentración en la región de Alepo, antes de ser empujados al desierto donde les esperaba una muerte segura. Teniendo en cuenta los supervivientes en el exilio, los conversos por la fuerza y los que se escaparon, la estimación del número total de muertos oscila entre 0,5 y 1,5 millones (0, 8 millones según el Ministro del Interior de la inmediata posguerra), de una población total de unos 2 millones de individuos.

La racionalidad del genocidio

Desde el punto de vista del Estado otomano, el genocidio armenio respondió a una tentativa desesperada de salvar una entidad política “turca”, frente a los planes de partición del Imperio, que Rusia y las potencias occidentales contemplaban de forma cada vez más abierta. Tras las independencias nacionales griega (1830), búlgara, serbia, montenegrina, rumana (1878) y albanesa (1912), los territorios árabes amenazaban a su vez con escindirse, sin duda bajo la tutela colonial europea. Algunos años más tarde, inmediatamente después de la revolución de Octubre, las potencias victoriosas estudiarían repartirse territorios y zonas de influencia en la propia Anatolia, apoyando subsidiariamente una Armenia, incluso un Kurdistán, parcialmente independientes. En una hipótesis así, el Imperio podría verse reducido a un estado marginal turco, en el centro-norte de Anatolia.
Frente a este peligro, el CUP contempló la posibilidad de una expansión compensatoria hacia el Este, alimentada por un proyecto panturco o panislámico, en dirección al Caúcaso, Azerbaiyan, norte de Irak, noroeste de Irán, etc. Y con esta esperanza decidió entrar en guerra, en septiembre de 1914, al lado de Alemania y de Austria-Hungría. Este proyecto, sin embargo, quedaría rápidamente frustrado por las derrotas del ejército otomano frente a Rusia, desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial. Fue entonces cuando se desencadenó una batalla a muerte por el control de la Anatolia Oriental que el gobierno de Estambul llevó a cabo, en particular, deportando a la población armenia cristiana en beneficio de grandes propietarios y de colonos musulmanes. Desde la primavera de 1915, como hemos visto, esta política se generalizó a toda la Anatolia, dando lugar a un verdadero genocidio.

Las razones de una amnesia

En 1918, el Imperio había perdido el 85% de su población y el 75% de su territorio de 1878. El nuevo gobierno otomano, dominado ya por elementos hostiles al CUP, contaba, sin embargo, con evitar la partición de los territorios aún bajo su control, aceptando perseguir, juzgar y condenar a los responsables del genocidio armenio. En junio de 1919, tras la ocupación de Estambul por los ingleses, los franceses y los italianos, y luego la de Esmirna por los griegos, Mustafá Kemal reagrupó a las fuerzas nacionalistas en el centro de Anatolia, reuniendo a su alrededor a los militantes jóvenes turcos tras la disolución de su partido en 1918. Estableció, con ello, un segundo poder en Ankara sin por ello distanciarse inmediatamente de las acciones judiciales emprendidas por Estambul contra los dirigentes del CUP, responsables directos de las órdenes para el genocidio.
Así pues, durante un breve período, Estambul y Ankara aceptaron perseguir conjuntamente a los jefes unionistas y a los responsables gubernamentales, con tal de que solo las personas directamente implicadas en la planificación y la ejecución de las masacres fueran juzgadas, tuvieran que responder ante una jurisdicción nacional y de que la integridad territorial de Anatolia no fuera puesta en cuestión. Mustafá Kemal llegó entonces, incluso, a reconocer la cifra, presentada por Estambul, de 800 000 armenios muertos, atribuyendo sin embargo esta liquidación en masa a círculos gubernamentales muy restringidos.
En este contexto, la prioridad dada por las potencias europeas a los objetivos coloniales del Tratado de Sèvres (agosto de 1920), que preveía la partición del Imperio Otomano (incluyendo Anatolia), justificó a ojos de amplios sectores populares la fase ofensiva de la guerra de independencia turca, dirigida por Mustafá Kemal contra las fuerzas griegas desde comienzos del año 1921, con el apoyo de la joven Unión Soviética. Esto tanto más cuanto que los principales líderes europeos justificaron la partición de Anatolia por una voluntad de “castigar” a los turcos. Mientras tanto, la resistencia anatoliana también se radicalizaba políticamente, declarando abiertamente su adhesión a un proyecto republicano. Esto le llevó a promover por arriba, de forma acelerada, bajo el fuego del enemigo, las bases de un nacionalismo turco anatoliano, hasta entonces balbuciente, combinando pertenencias más amplias -islam, otomanismo, panturquismo- sobre un territorio arbitrariamente delimitado por las circunstancias, que se convertirá en Turquía.
Fue en estas condiciones particulares en las que el kemalismo abandonó muy rápidamente sus declaraciones iniciales a favor de un juicio de los responsables del genocidio o de los derechos de las minorías cristianas. Al contrario, la victoria final de sus tropas, en el otoño de 1922, abrió la vía a una actitud negacionista duradera del nuevo Estado en relación a la destrucción de los armenios de Anatolia. En efecto, la República se define desde entonces como un Estado homogéneo en los planos religioso, nacional y social. Es la expresión de una sola nación, en realidad mayoritaria (los kurdos son presentados como los “turcos de las montañas”) “representada” por su partido único. Sus ciudadanos pertenecen únicamente a la religión musulmana, aunque las manifestaciones sociales de ésta son ya entonces estrictamente codificadas por el poder. En fin, sus ciudadanos no conocen ninguna división de clase, lo que permite a su nueva burguesía de Estado, apoyada por el ejército, prohibir la formación de sindicatos y de partidos obreros independientes.

Reconocer el genocidio armenio: algo actual

Como ha señalado el politólogo Benedict Anderson, las naciones son siempre “comunidades imaginadas”. La de los turcos anatolianos lo fue en tiempo de guerra, en el marco del hundimiento de un viejo imperio multinacional, bajo la amenaza de un proyecto de partición colonial particularmente cínico, pretendidamente justificado, al menos en parte, por la “reparación” del genocidio armenio. Desde los años 1990, con la implosión de la URSS, y más recientemente, con el hundimiento de los vecinos Estados sirio e irakí, Turquía se ve enfrentada a una seria crisis de identidad. Es la razón por la cual el reconocimiento del genocidio armenio, así como de los derechos nacionales del pueblo kurdo, son de una importancia crucial para permitir a la sociedad de ese país desarrollar un orden democrático fundado en el ejercicio de los derechos populares, permitiendo con ello también la expresión de las reivindicaciones y de las aspiraciones de clase de las masas trabajadoras.
Para las izquierdas internacionales, la exigencia del reconocimiento del genocidio armenio es inseparable de la defensa intransigente de las libertades democráticas en Turquía, frente a un Estado siempre tentado por métodos autoritarios. Supone al mismo tiempo el apoyo incondicional a los derechos nacionales del pueblo kurdo, así como a los derechos políticos y sindicales de las masas trabajadoras del conjunto del país. Tales exigencias deberían también ir parejas a la denuncia de las intenciones imperialistas de los vencedores de la Primera Guerra Mundial, que tienen una responsabilidad indirecta en la comisión del genocidio armenio. Al mismo tiempo, el arreglo socialista de la “cuestión de Oriente” (nombre dado por las cancillerías occidentales del siglo XIX a sus rivalidades coloniales) es hoy inconcebible sin el triunfo de las aspiraciones democráticas y sociales de los pueblos del antiguo imperio otomano, desde Siria a Palestina, de Bahrein a Yemen, de Egipto a Túnez.
Por eso, las izquierdas y los movimientos populares internacionales deben apoyar sin reservas las movilizaciones revolucionarias de los pueblos del Medio Oriente y de África del Norte, que no disponen de ningún otro aliado frente a las fuerzas de la contrarrevolución: los imperialismos estadounidense, europeos y ruso, los Estados iraní y turco, Arabia Saudita y las demás petromonarquías, el islám político reaccionario y el yihadismo criminal. Para ello, tienen que abandonar una lectura de los conflictos reducida a la confrontación de Estados y de campos para partir ante todo de las contradicciones sociales fundamentales que los alimentan y de las fuerzas populares que, combatiendo a las diferentes formas de opresión, actúan verdaderamente por su emancipación. Como decía Rosa Luxemburg, en octubre de 1896, en un artículo en defensa de un punto de vista socialista independiente sobre las luchas nacionales en Turquía: “No es una casualidad si, en las cuestiones abordadas aquí, consideraciones prácticas han conducido a las mismas conclusiones que nuestros principios generales. Pues los objetivos y los principios de la socialdemocracia derivan del verdadero desarrollo social y se fundan en él; así, en los procesos históricos, debe resultar, en gran medida, que los acontecimientos aporten finalmente agua al molino socialdemócrata y que podamos ocuparnos de nuestros intereses inmediatos de la mejor forma posible, a la vez que conservamos una posición de principio. Una mirada más profunda sobre los acontecimientos hace pues superfluo ante nuestros ojos el hecho de que diplomáticos intervengan en las causas de los grandes movimientos populares y buscar los medios de combatir a esos mismos diplomáticos mediante otros diplomáticos. Lo que no es más que una política de café” /1.

Jean Batou
Viento Sur

Nota

1/ Rosa Luxemburg, “Social-démocratie et luttes nationales en Turquie”, octobre 1896, http://armeniantrends.blogspot.ch/2...