martes, junio 25, 2019

Irán: el recule de Trump y los tambores de guerra



No a la intervención imperialista

Trump anunció este lunes nuevas sanciones económicas contra Irán, tras un abortado ataque militar contra la nación persa que fue el colofón de una serie de incidentes en la zona, entre ellos los atentados contra buques mercantes cerca del Golfo Pérsico, los ciberataques contra objetivos militares y de inteligencia iraní y el envío de nuevas tropas yanquis a la región. Las cosas se venían calentando: Trump incorporó este año a la Guardia Revolucionaria iraní en la lista de grupos terroristas y reforzó las sanciones económicas (prohibición de compra del petróleo iraní, sanciones a la industria petroquímica), en tanto que Irán anunció que en pocos días superará los límites de enriquecimiento de uranio (y en unas semanas más, de agua pesada) establecidos en los acuerdos de Viena. En el medio, fracasó una mediación japonesa.
El imperialismo yanqui es responsable de esta escalada debido a sus provocaciones constantes en la región, donde tiene apostados decenas de miles de soldados (15 mil en Kuwait, 10 mil en Qatar, 9 mil en Irak, 7 mil en Bahrein y 5 mil en los Emiratos, según un informe de Resumen Medio Oriente del 30/1/18). Sobre el ataque a los buques, se apresuró en señalar a Irán sin ningún tipo de evidencia.
El recule de Trump en la agresión militar, cuyo pretexto era el derribo de un dron espía que invadió el territorio iraní, es expresivo de las vacilaciones, divisiones e inclusive las improvisaciones que caracterizan al gobierno yanqui en su política exterior. El propio magnate norteamericano ya había expresado públicamente sus dudas con la política de dos de sus halcones, el asesor de seguridad John Bolton y el canciller Mike Pompeo, proclives a un ataque militar.
Trump ha tratado de resolver esta tensión aumentando las sanciones y planteando, al mismo tiempo, que “todas las opciones están sobre la mesa”, al estilo de lo que suele decir sobre Venezuela.

Que sí, que no…

Las vacilaciones en el gobierno norteamericano traducen las dificultades que el imperialismo yanqui ha encontrado en el último período. En Afganistán se encuentra empantanado y en el conflicto sirio ha perdido influencia. En el caso de Venezuela, ha resultado un blef el patrocinio del golpista Juan Guaidó, quien protagonizó dos sublevaciones frustradas y tiene dos alfiles enredados en un escándalo de corrupción por la malversación de la ayuda extranjera para financiar a la disidencia militar. También en el terreno de la guerra comercial se topa el gobierno con todo tipo de obstáculos y disensiones internas.
Trump se retiró de los acuerdos firmados por Obama en 2015, suscriptos también por europeos, rusos y chinos, que habían establecido un límite en la carrera nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones económicas.
Detrás de la reinstauración de dichas sanciones, que implicaron un golpe a las inversiones europeas, y de la bravata belicista, Trump busca arrancar mayores concesiones de Irán respecto a su proyecto misilístico y que detenga el apoyo a Hezbollah, la milicia chiíta que juega un rol clave en Siria. Las monarquías del Golfo e Israel acompañan a los yanquis en este propósito. En Jerusalén se acaba de producir un cónclave Bolton-Netanyahu, que según algunos medios tenía como propósito discutir la erradicación de la ‘influencia iraní’ en la frontera sirio-israelí. Israel viene efectuando ataques, con decenas de muertos como saldo. Simultáneamente, Pompeo visitó Arabia Saudita y los Emiratos para aislar a la nación persa.
Trump está buscando un logro en política exterior que lo reposicione en el frente interno de cara a las próximas elecciones presidenciales.
Un conflicto militar entre Estados Unidos e Irán equivaldría a un incendio del Medio Oriente, puesto que uniría en un mismo tablero esa confrontación con la guerra siria y probablemente la de Yemen. Y tendría un hondo impacto en el precio del petróleo. Detrás del conflicto aparecen los intereses cruzados de los yanquis, las monarquías del Golfo, el sionismo, los turcos, los rusos, los chinos y el propio régimen teocrático.

Europa y Rusia

El gobierno iraní reclama el levantamiento de las sanciones económicas como condición para sentarse a negociar. Como parte de los intentos por forzar esa negociación, hizo los anuncios de enriquecimiento de uranio. Tras la ruptura de los acuerdos de Viena, el primer ministro Hassan Rohani, que llegó al poder a través de una coalición de “moderados” y “reformistas”, se vio obligado a endurecer sus planteos. Contradictoriamente, las sanciones amplían el margen de acción de la Guardia Revolucionaria Islámica y de los sectores más conservadores al interior del Estado.
Si bien las potencias europeas han rechazado las acusaciones de Trump sobre una mano iraní detrás de los ataques a los buques mercantes, y defienden el regreso a las negociaciones, también se colocan en el fondo en una línea de extorsión sobre Irán. Un editorial del diario madrileño El País (18/6) afirma que la “violación definitiva” del tratado, por referencia al traspase de los límites de enriquecimiento de uranio, “no les dejará más remedio” a los europeos que “volver a un estado anterior de sus relaciones con Teherán”. Incluso Rusia ha expresado su oposición al retome del plan nuclear.

Irán, puertas adentro

Las sanciones económicas, por lo pronto, van haciendo un trabajo de ahogo sobre el régimen de los ayatollahs y la población persa. La economía retrocedió el año pasado y se espera una contracción del 6% del PBI para 2019. Miles de fábricas han cerrado. El desempleo asciende al 27% en la juventud (según cifras extraoficiales es aún más alto). A esto se añade el brutal ajuste del régimen contra las masas (derrumbe salarial, privatizaciones, fin de los subsidios a los combustibles y alimentos, tercerización y precarización laboral). Pese al cuadro represivo, se han producido movimientos reivindicativos este año de maestros y azucareros, entre otros sectores. En enero del año pasado se produjo una revuelta. Las mujeres liberan su propia lucha contra la opresión teocrática.
Provisoriamente, Trump ha elegido acentuar las sanciones. Pero el ataque militar está en la paleta de opciones de su gobierno. Es necesario rechazar enérgicamente las sanciones y cualquier intervención imperialista en Irán. El imperialismo es el principal factor de desestabilización de la región. Dicho en otras palabras, es sinónimo de barbarie.

Gustavo Montenegro

El juicio por YPF, las vísperas de un nuevo pacto buitre



El Estado argentino sufrió ayer un revés en la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos, donde fue rechazado su pedido para que el juicio por la expropiación de la mayoría accionaria de YPF siga su curso en nuestro país. En el proceso, Argentina ya lleva dos fallos adversos en primera y segunda instancia en la justicia neoyorquina, que prefiguran la posibilidad de una sentencia que obligue a pagar entre 3.000 y 3.500 millones de dólares.
La demanda remonta a la expropiación del 51% de las acciones de YPF, que estaban en manos de la española Repsol, ejecutada en el año 2012. En mayo de 2014, el gobierno de Cristina Kirchner, con Axel Kicillof como intermediario, indemnizó a Repsol por US$8900 millones (si sumamos bonos e intereses), a pesar del enorme vaciamiento y los pasivos ambientales que el pulpo le dejó a la petrolera argentina. El reclamo actual parte originalmente del Grupo Petersen de los Eskenazi -que en aquel momento controlaba el 25% de la compañía- tras no recibir una compensación equivalente, ya que sus acciones no fueron expropiadas.

Una estafa contra el país

Toda la trama del juicio sirve para mostrar el carácter parasitario de la burguesía nacional y la completa subordinación del país a los intereses del capital imperialista.
Resulta que los Eskenazi (dueños ya del Banco de Santa Cruz) crearon en España las firmas Petersen Energía y Petersen Inversora, dos empresas fantasma sin activos ni actividad, para adquirir el 25% de la petrolera, en lo que Néstor Kirchner impulsó como la “argentinización de YPF”. Se apropiaron de esas acciones sin poner un peso, ya que en una maniobra fraudulenta utilizaron las propias utilidades de la empresa para pagar el préstamo que recibió por parte de un consorcio bancario y de la misma Repsol, que ni siquiera le pidieron garantías para otorgárselo.
Entre los años 2008 y 2011, Repsol y los Eskenazi se repartieron en concepto de dividendos $24.193 millones (unos u$s6.000 millones), mientras que las ganancias de la compañía fueron de $16.676 millones (u$s4.000 millones). Un desfalco en regla. YPF quedó sobreendeudada con un pasivo que saltó de 3.000 a 9.000 millones de dólares, su producción de petróleo cayó 21% y la de gas un 10%, las reservas netas se desplomaron un 24% y la exploración tocó el punto más bajo de su historia.
Todo ello fue el marco de una corruptela monumental. Recientemente fueron reveladas cartas enviadas en aquellos años por el presidente de Repsol YPF, dirigidas a Enrique, Sebastián y Matías Eskenazi cuando eran vicepresidente, CEO y director de la petrolera, donde queda demostrado cómo les otorgaba bonificaciones millonarias extra salariales que no eran aprobadas por la asamblea de accionistas. Esta relación carnal de quienes lucraban vaciando los recursos estratégicos del país pinta de cuerpo entero la impostura de la pretendida reconstrucción de la burguesía nacional, que Kirchner se trazó como norte al asumir la presidencia. Lo que hicieron fue beneficiar a los especuladores locales y foráneos.
Finalmente, luego de la expropiación a Repsol la gestión “nacional y popular” ejecutó un naftazo total de 230% desde 2012 hasta diciembre de 2015, y procedió a la entrega de Vaca Muerta a Chevron, otorgándole concesiones leoninas para permitirle inversiones mínimas y libertad para fugar dividendos. Más tarde, generalizaría esas cláusulas a todos los pulpos petroleros con la Ley de Hidrocarburos.

Buitres

Con todo, quienes hoy tienen en vilo al Estado argentino poco tienen que ver con el Grupo Petersen. Sus empresas se declararon en quiebra y el derecho a litigar fue comprado por un estudio de abogados inglés, Burford Capital. Adquirieron el 70% de los derechos por 15 millones de dólares en 2015, y revendieron parte de ellos obteniendo una ganancia de 236%. En caso de lograr efectivamente el fallo favorable a su demanda, embolsarían hasta un 500% sobre lo “invertido”. Un negocio tan redondo sólo es comparable al rendimiento que supieron conseguir los fondos buitre en 2016, tras el pacto infame que votó el Congreso Nacional por orden de un juez de Nueva York.
El juicio contra YPF es por todo esto una estafa contra el país, en beneficio de un fondo buitre que especula con la subordinación del Estado argentino a los tribunales internacionales. Cuando Burford se embarcó en esta operación, Kicillof ya ensayaba la política de “vuelta a los mercados” pagando todas las sentencias del CIADI contra Argentina, que sumaron 1.000 millones de dólares sólo durante los últimos años de gobierno de CFK.
El dato de color es el ocultamiento de quiénes son los propietarios del otro 30% de los derechos para litigar, que se asociaron a Burford en este megajuicio. Algunos medios vaticinan un escándalo de gran impacto en el plano local en caso que la jueza a cargo de la causa resuelva una investigación a fondo, que podría sacar al descubierto cuáles son los demandantes argentinos que especulan con este nuevo desfalco al Estado.
El panorama para Argentina es más complejo que la posibilidad cierta de un fallo que obligue a pagar 3.500 millones de dólares. Con ello, se fijaría un precedente para la causa que se está iniciando por el pasivo ambiental dejado por la norteamericana Maxus, que YPF compró en los ’90. La demanda, radicada también en Estados Unidos, es por 14.000 millones de dólares. A la deuda externa impagable, se le suman así nuevos juicios impulsados por fondos buitre que embolsan ganancias siderales.
Sólo quienes planteamos la ruptura con el FMI sostenemos el rechazo a esta estafa antinacional. Los que se candidatean para pagar al Fondo son quienes mantienen la colonización de Argentina, cuyo régimen jurídico, económico y político es ubicado por debajo de un tribunal municipal de Nueva York.

Iván Hirsch

López Obrador despliega 21.500 militares contra los migrantes



Es consecuencia del acuerdo con Trump. El despliegue para perseguir inmigrantes en ambas fronteras de México alcanza proporciones escandalosas.

El secretario mexicano de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, señaló que unos 21.500 efectivos de varias unidades ya "apoyan" al Instituto Nacional de Migración (Inami) en las fronteras.
En una conferencia de prensa con el presidente Andrés Manuel López Obrador en Cancún, estado de Quintana Roo, Sandoval indicó que en la frontera sur con Guatemala y Belice se desarrolla una operación de control migratorio "donde está implicada la Guardia Nacional, conformada con Policía Militar, Policía Naval, la Policía Federal y el Instituto Nacional de Migración".
"Estamos haciendo toda una cobertura en la frontera sur y ahí estamos coadyuvando con el esfuerzo del Instituto Nacional de Migración, que es quien tiene ahora la facultad para estar haciendo el aseguramiento (detención arbitraria) de personas", expuso el general.
Según las cifras aportadas por este funcionario militar, en la frontera sur y hasta el Istmo de Tehuantepec hay desplegados 2.000 elementos en funciones de la Guardia Nacional y 4.500 de otras unidades del Ejército y la Marina. En la frontera norte hay "un despliegue total entre Guardia Nacional (que entrará formalmente en funciones el 30 de junio) y unidades del Ejército de 14.000 a casi 15.000 hombres" desde Tijuana hasta Matamoros.
Sumando los 6.500 efectivos desplegados en la frontera sur, el número de efectivos dedicados hasta ahora a tareas migratorias asciende a unos 21.500.
Tratando de justificarse por la militarización de las fronteras y los estados adyacentes el general Sandoval argumentó que si se dejara esta labor en manos del Instituto Nacional de Migración no sería posible realizarla porque ese organismo no tiene suficientes efectivos.
"Hacemos la misma tarea apoyándonos en el (artículo) transitorio que nos permite trabajar en el ámbito de la seguridad pública, y podemos hacer esta coadyuvancia, considerando que la migración no es un delito, es una falta administrativa", abundó sin reconocer que aunque n sea delito, el trato que le dan a los migrantes centroamericanos es de delincuentes, manteniéndolos confinados, en malas condiciones de salubridad y alimentación.
El ministro no especificó a qué disposición se refería, aunque la Ley de la Guardia Nacional, publicada en el Diario Oficial de la Federación el 27 de mayo, menciona entre las atribuciones de este cuerpo la de "apoyar el aseguramiento que realice el Instituto Nacional de Migración y, a petición del mismo, resguardar las estaciones migratorias y a los extranjeros" que allí se encuentren.
Sandoval precisó que cuando los militares realizan la detención de migrantes los ponen "a disposición de las autoridades (migratorias)", las cuales "determinarán lo que se desarrolle en adelante para estos migrantes", es decir, organizarán su deportación.
El despliegue de la Guardia Nacional para el control migratorio forma parte de un acuerdo alcanzado con el 7 de junio con el gobierno de Estados Unidos a cambio de que el presidente de ese país, Donald Trump, retirara temporalmente su amenaza de imponer aranceles a los productos mexicanos si no se frenaba el flujo de migrantes hacia el norte.

La Izquierda Diario México
@LaIzqDiarioMX
Martes 25 de junio | 00:06

¿Estado de opinión o dictadura neo paramilitar?

Duque tiene hoy un 63% de desaprobación ciudadana y el desgaste crece después de un año de haberse posesionado en la Casa de Nariño como Presidente de la Republica, en un modelo hibrido de gobierno compartido con su principal promotor y jefe político, el caudillo asesino del Ubérrimo.
La coyuntura no es precisamente de coincidencias y ascendiente del gobierno y del Centro Democrático uribista sobre la opinión pública debido a la terrible y demencial tragedia que afecta a miles de líderes sociales, de los derechos humanos y de reincorporados de la guerrilla de las Farc, sometidos a una cruel y espantosa cacería por el neoparamilitarismo heredero de los escuadrones de la muerte constituidos en los gobiernos de Uribe Velez y Santos. A lo se debe agregar la explosiva crisis de gobernabilidad por el deplorable modo corporativo de la gobernanza implementada por Duque; el estancamiento económico; el fracaso de la ofensiva contra el gobierno del Presidente Maduro para derrocarlo e imponer una marioneta de la potencia trumpiana en declive geopolítico por la emergencia de otros polos de poder en el escenario global; y la destructiva agenda para hacer trizas, cuando no risas, los acuerdos de paz firmados con las Farc, no obstante ser los mismos una simple replica de los Manuales del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para promover una “paz liberal” y “neocolonial”, que en nuestro caso contó con la entusiasta colaboración de un sector de la guerrilla fariana, hastiado y agotado con sus principios y valores históricos antisistemicos (de estirpe marxista y leninista), deslumbrado con la democracia burguesa y sus ejes centrales, tanto políticos como económicos, particularmente con el mecanismo del mercado neoliberal y con las practicas del clientelismo y la corrupción para despojar los dineros públicos y colectivos; tal como lo hace Alape con los dineros para los proyectos productivos de los reincorporados, manejados como dineros de bolsillo y de cocina, en compadrazgo con Archila el de la estabilización del post conflicto; o como lo practica Granda convertido en nuevo rico, empresario y mecenas de imprentas y periódicos en bancarrota, los cuales repiten una conocida leyenda de coincidencias con la burguesía liberal parasita del Estado.
En vísperas de iniciarse a fondo la “guerra contra las drogas” con el uso del glifosato en extensas zonas rurales y urbanas y en la perspectiva de las elecciones locales para escoger alcaldes, concejales, gobernadores, diputados y ediles en las votaciones del próximo 27 de octubre, la estrella y cerebro del gobierno lanzo la propuesta de constituir un “Estado de opinión” en el que según este genio de la política neofascista occidental, quien prevalece es el pueblo con su opinión, que en realidad es la del caudillo mesiánico, protector de la masa, guía supremo y dueño absoluto de la nación y el Estado, a la manera como lo hacían Hitler y Mussolini.
Ese “Estado de opinión” ya tiene sus instrumentos y objetivos establecidos. Se trata de un referendo impulsado por las redes y fichas del uribismo para acabar con la Justicia Especial de Paz (JEP), revocar a todos los magistrados de las Cortes, reducir el tamaño del Congreso y crear una Corte única de justicia.
En la retórica reaccionaria del neofascismo criollo esa propuesta no es algo nuevo. Desde los años 30 con Silvio Villegas y su Estado racista y anticomunista; desde la Constituyente corporativa de Laureano Gómez en 1953; y desde el Estatuto de Seguridad turbayista en 1980, es una idea que ronda y alimenta el alma podrida del sector más violento de la clase dominante nacional.
Digamos que es la “tentación totalitaria y despótica” de los núcleos mas retardatarios del país, alérgicos a los derechos de los trabajadores, a las libertades democráticas y opositores cerrados del socialismo.
El “Estado de opinión” se propuso en los dos gobiernos de Uribe Velez (2002-2010) y en plena retaliación contra las Cortes, objeto de linchamientos e interceptaciones telefónicas para propiciar los montajes judiciales y la implantación de la parapolítica en el Congreso, el Das, el Ejercito, la Policía, el Ministerio de Hacienda y en múltiples órganos del Estado en todos los niveles. Fue la época del auge de la arbitrariedad, la persecución y los montajes judiciales como el que se me orquesto desde la Secretaria General de la Presidencia en el año 2007, para acusarme de ser parte de las redes financieras de las Farc a cargo de Raúl Reyes.
Todo eso ocurrió en el momento en que se desplego la mayor presión para cambiar la Constitución del 91 y facilitar la reelección perpetua del Caudillo de marras, por fortuna fracasada.
Digamos que hoy el “Estado de opinión” es una especie de significante vacío planteado para articular y acumular todas las perversas pretensiones de las facciones mas violentas de la oligarquía, incluido el asalto en octubre de las 1113 alcaldías y las 34 gobernaciones, mediante la configuración de alianzas con el viejo partidismo liberal (Gaviria) conservador (Pastrana), duramente cuestionado por la indignación ciudadana con el cinismo de los politiqueros que se las arreglaron para hundir uno de los proyectos anti corrupción mas emblemáticos como era el de sus pender el subrogado penal de la casa por cárcel para los atracadores del gobierno.
A partir del Referendo, de la consulta sobre la prohibición al consumo mínimo y de la oferta de una demagógica mesada salarial adicional a los trabajadores, lo que se pretende es dar el salto a una Constituyente aceitada a base de “mermelada”, al amaño del caudillo para remodelar el Estado social de derecho e implantar una dictadura neoparamilitar de excepción en el que se extirpe la verdad sobre los crímenes de quienes mediante masacres y asesinatos desplazaron en las últimas tres décadas, más de 8 millones de colombianos despojándolos de casi 7 millones de hectáreas rurales hoy en manos del gamonalato regional que añora la dictadura y la eliminación de la democracia y las libertades políticas; y en la que se profundice la masacre y el exterminio de los líderes sociales, de los derechos humanos y de los ex combatientes de las Farc dejados a la deriva por la cúpula colaboracionista y gobiernista de Timochenko.
De lo que se trata es de dar impunidad a los autores de la guerra, el exterminio y el desplazamiento mediante privilegios judiciales para los poderosos que monopolizan la maquinaria del Estado y la violencia por el acceso preferente al armamento de que dispone el mismo.
A Duque, en pleno extravió autoritario, la idea la cae de perlas para poder aplastar en su momento la inconformidad popular que ha tenido momentos de auge histórico en los últimos doce meses con la huelga universitaria y la Minga indígena y campesina. Inconformidad que sigue vigente y en disposición de expresarse con mayores bríos multitudinarios.
Acudir a al régimen de conmoción se contempló recientemente para la extradición exprés de Santrich. La idea se descarto por el amplio rechazo que provoco entre los partidos de oposición, los organismos internacionales y la sociedad civil.
Pero el objetivo sigue vivo, pues el recurso del régimen de excepción parece ser la única ruta para destrabar a Duque y a su endeble gobernabilidad, dando vía libre a un devastador régimen dictatorial neoparamilitar que sofistique el uso de la violencia para eliminar la resistencia democrática y popular aupada por el clima creado con los diálogos y acuerdos de paz.
El “Estado de opinión” de Uribe/Duque ciertamente es una grave amenaza para Colombia que debe ser denunciada en el marco de la actual campaña electoral para desenmascarar toda su carga fascistizante.
El “estado de opinión” es la herramienta convenida para aplastar la fractura en el aparato militar que se visibiliza y crece con el ingreso de decenas de oficiales, sub oficiales y soldados profesionales a la JEP para contar la verdad de los “falsos positivos”, las masacres y el auge del paramilitarismo promovido desde los gobiernos de Uribe, Duque y Santos. Para contar como los poderosos de la banca, la tierra, la ganadería, las multinacionales, las empresas petroleras, mineras, bananeras, la Embajada americana, financiaron y financian la violencia contra las organizaciones sindicales, populares, los partidos de oposición, la prensa independiente y los lideres sociales.

Horacio Duque

Raúl Roa García: Un canciller de armas tomar



Antológica es su oratoria en aquellas épicas ba-tallas verbales en la ONU y la OEA

Ya desde agosto de 1959, el Departamento de Estado de la administración Eisenhower buscaba, con la complicidad de algunos gobiernos del área, en las reuniones de Consulta de Ministros de Relaciones Exteriores de la Organización de Estados Americanos (OEA), la creación y perfeccionamiento de herramientas que serían claves en la aplicación de directrices contra Cuba en el seno de esa organización regional.
El recién entonces estrenado canciller cubano, Raúl Roa, alertaba por aquellos días a la opinión pública internacional: “El Gobierno de Cuba está convencido que todas esas acusaciones lo que pretenden es crearle a Cuba un ambiente internacional hostil, y organizar en Cuba una conjura internacional de tipo intervencionista, a los efectos de interferir, obstaculizar o malograr el desarrollo de la Revolución Cubana”.
Las palabras de Roa fueron proféticas. En la VII Reunión de Consulta, celebrada del 22 al 29 de agosto de 1960 en San José, Costa Rica, se adoptó una Declaración que en sus párrafos operativos 4 y 5 señalaba: “El Sistema Interamericano es incompatible con toda forma de totalitarismo y que la democracia solo logrará la plenitud de sus objetivos en el continente cuando todas las repúblicas americanas ajusten su conducta a los principios enunciados en la Declaración de Santiago de Chile y todos los Estados miembros de la Organización regional tienen la obligación de someterse a la disciplina del sistema interamericano, voluntaria y libremente convenida y que la más firme garantía de su independencia política proviene de la obediencia a las disposiciones de la Carta de la Organización de Estados Americanos”. De esta forma se establecían las condiciones necesarias, conforme a los términos yanquis, para imponer la exclusión del Gobierno cubano.
Convencido que en esa sesión de la OEA las denuncias de Cuba ante la inminente agresión de mercenarios pagados por la CIA nunca encontrarían eco, pidió la palabra para una cuestión de orden y anunció la retirada de su delegación: “Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de nuestra América”.
Oscar Pino Santos rememoraría años después: “Con Roa nos levantamos todos (los de la delegación cubana) y salimos… afuera había una multitud que gritaba: Cuba sí, yanquis, no. Y nos pusimos a cantar el Himno Nacional”. De ahí fueron a un restaurante, en la capital costarricense. Según testimonio del periodista y narrador deportivo Eddy Martin, “nos sentamos a comer y le dicen a Roa que Mario Ramírez, un periodista costarricense insistía en pasar. Lo manda a buscar y entra con equipos, trasmisores. Saca un micrófono y empieza a hablar: ‘Estamos en la Casa Italia con el Canciller de la Dignidad, que acaba de retirarse de la reunión de la OEA…’”.
A partir de entonces, con ese nombre lo conocerían en todo el orbe, desde Montevideo y Santiago de Chile, hasta El Cairo y Argel, en los barrios negros y latinos de Nueva York, en su Habana, cuando retornaba triunfal a la patria tras cumplir exitosamente con la defensa de Cuba en organismos internacionales.

Cuando le llamaban El Flaco

Al principio, en su adolescencia y juventud, era solo Raulito. O simplemente Roa. Según el autorretrato que ofreciera en entrevista concedida en 1968, “era larguirucho, flaco, intranquilo, boquigrande, orejudo, ojillos soñadores con relumbres de ardilla, a veces melancólico, jocundo casi siempre, lenguaraz a toda hora y más peludo que un hippie aunque ya antihippie por naturaleza”.
Quienes le conocieron, recordaban sus “mataperrerías” de barrio, siempre empinando papalotes, jugando a la quimbumbia, arañando las polvorientas calles con los patines o la bicicleta. Era un apasionado a la pelota y maestro en recoger short-bounds (tiros cortos) en primera base. Lector desenfrenado de Salgari, Julio Verne, Fenimore Cooper, Daniel de Foe, soñaba ser un mosquetero del Rey o un protector de huérfanas como Enrique de Lagardere, un ladrón de manos de seda al estilo de Raffles o un omnipotente Fantomas.
Fue muy buen estudiante. En 1926, entró en la Universidad. Era más hueso que carne y por eso le decían El Flaco. Ya desde entonces dominaba
en las asambleas a la audiencia con su oratoria. “Era el más greñudo de todos los greñudos, el más malhablado de todos los insolentes y el más ingenioso de todos los hidalgos”, solía decir su amiga de entonces, la escritora Loló de la Torriente.
Miembro fundador del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930, Roa escribió el manifiesto distribuido en la jornada revolucionaria del 30 de septiembre de ese año, de la que fue uno de sus organizadores y protagonistas. Por divergencias ideológicas con el DEU se separó de este y fundó con Gabriel Barceló, Pablo de la Torriente y otros el Ala Izquierda Estudiantil (AIE), de posiciones muy cercanas al primer Partido Comunista. Entre 1931 y 1933 sufrió cárcel dos veces y Machado lo internó en el tenebroso Presidio Modelo.

El profesor universitario

A la caída de la tiranía machadista, formó parte de la depuración de profesores y alumnos de la Universidad de La Habana. Mantuvo una posición crítica contra el Gobierno de los 100 días, pero fue de los pocos que supo diferenciar el nacionalismo revolucionario de Guiteras del demagógico reformismo de Grau. Se graduó en 1935 de doctor en Derecho y publicó Bufa subversiva, recopilación de sus trabajos más significativos hasta la fecha. Por su participación en la huelga de marzo de 1935, durante el régimen Caffery-Batista-Mendieta, tuvo que exiliarse. En 1940, obtuvo por oposición la cátedra de Historia de las Doctrinas Sociales en la Universidad de La Habana.
Opuesto al bonche y al pandillerismo universitario de la época, esgrimió el verbo para vapulear a la indolente FEU de aquellos tiempos. En 1949 apareció el primer tomo de su Historia de las Doctrinas Sociales, al que sucedieron otros dos títulos que recopilan sus trabajos periodísticos, ensayos y polémicas: Quince años después (1950) y Viento Sur (1953). Director de Cultura del Ministerio de Educación desde 1949, financió la publicación de importantes libros, subvencionó al Ballet de Alicia Alonso, echó a andar un movimiento de puestas teatrales, salones de plástica y humorismo.
Ante el golpe de Estado batistiano del 10 de marzo de 1952, integró la Triple A, dirigida por Aureliano Sánchez Arango, la cual aparentaba enfrentarse a la tiranía mediante la lucha armada. Cuando se percató de que el sátrapa dominicano financiaba la organización, se separó de ella. Luego se incorporó a la Resistencia Cívica, muy vinculada al Movimiento 26 de Julio.

El canciller

La Revolución en el poder necesitaba de una diplomacia de nuevo tipo, que en las confrontaciones internacionales se inspirara en el espíritu guerrillero de la gesta de la Sierra Maestra. No es de extrañar que apenas unos días después del triunfo se designara a Roa embajador en la Organización de Estados Americanos (OEA).
En su presentación como representante de la mayor de las Antillas, después de dejar claro “la profunda desconfianza del pueblo cubano” en la Organización, advirtió: “A la diplomacia de la Revolución Cubana corresponden deberes y responsabilidades congruentes con su naturaleza democrática, proyección continental y trascendencia universal”.
Ante las insuficiencias del primer canciller del Gobierno Revolucionario, se le encomendó a Roa sustituirlo como ministro el 11 de junio de 1959. Fidel tuvo en él a un intérprete idóneo de sus concepciones sobre la diplomacia revolucionaria. Y llevó la Revolución al Ministerio de Estado, que pronto cambiaría su nombre por el de Relaciones Exteriores.
A los antiguos funcionarios, sin vinculación con la tiranía, les fueron respetados sus puestos. Ellos ayudarían al nuevo canciller a adiestrar a toda la savia joven que en oleada inundó el Ministerio. A los jóvenes les advirtió de la necesidad de aprender de los veteranos, cuyas experiencias y conocimientos eran invaluables.
Como ministro, Roa estaba pendiente del chofer que no cobraba por insuficiencias burocráticas, de la trabajadora ingresada en un hospital, de las medicinas que requería alguien o la nieta de alguien.
Su sentido del humor le granjeaba la simpatía de todos y generó una serie de fabulaciones y leyendas no siempre exactas. Se cuenta que a un embajador foráneo que no cuidaba el protocolo en el vestir, lo recibió en camiseta y le espetó: “La próxima vez que usted venga en mangas de camisa, lo recibiré en calzoncillos”. Mientras se dirigía a los movilizados en un campamento agrícola, cayó un mango cerca de él. “Ese es mío, que yo lo vi primero”, dijo. En una reunión interparlamentaria, ante un diplomático yanqui que exigía con apuro que se le concediese hablar, apuntó: “Tiene la palabra el delegado de Estados Unidos, pero sin guapería”.
Antológica es su oratoria en aquella épica batalla verbal en la ONU, durante los días de Girón, contra la diplomacia yanqui, encabezada por Adlai Stevenson, a quien literalmente vapuleó. Roa refutó todas las mentiras estadounidenses, demostró fehacientemente que la invasión mercenaria había sido organizada y entrenada por la CIA, con la complicidad de los gobiernos títeres de Centroamérica. Hizo justicia, en esa batalla y las demás que librara en el escenario internacional, al apelativo que los pueblos de nuestra América y el mundo ya le daban: Canciller de la Dignidad.

Pedro Antonio García
Bohemia

Falleció en Cuba general de brigada Oscar Fernández Mell



El general de brigada de la Reserva Oscar Fernández Mell falleció hoy a la edad de 88 años, comunicaron familiares.
Fernández Mell nació el 24 de marzo de 1931 en la provincia central de Matanzas, donde estudió hasta matricular en la universidad, en la cual se graduó de médico.
A finales de la década de 1950 se incorporó al Ejército Rebelde bajo las órdenes de Ernesto Che Guevara, hasta ser designado para el III Frente Mario Muñoz.
Luego del triunfo de la Revolución el 1 de enero de 1959 ocupó varias responsabilidades, incluidas las de jefe de servicios médicos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.
Fernández Mell participó en la victoria sobre las tropas mercenarias en Playa Girón y por su destacada trayectoria mereció varias condecoraciones.
Además, combatió con el guerrillero argentino-cubano Ernesto Che Guevara en la misión internacionalista del Congo.

La Habana, 23 jun (Prensa Latina)

lunes, junio 24, 2019

Casi 71 millones de desplazados en todo el mundo por hambre, guerra y persecución



Según la ACNUR es la mayor cifrá de la historia moderna. Casi 37 mil personas por día abandonaron sus hogares, huyendo de la guerra o la violencia.

La guerra, el hambre, la represión o la violación de derechos humanos, son algunas de las principales causas que forzaron a millones de personas a migrar de sus hogares. El año pasado el desplazamiento de 2,3 millones de personas en todo el planeta llevó la suma a un total de 70,8 millones; el mayor número de la historia moderna.
La cifra fue dada a conocer por el informe anual de la ACNUR (el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados) difundido este miércoles, en vísperas del Día Mundial de los Refugiados, que se conmemora este jueves 20 de junio.
El reporte anual "Global Trends" publicado por la ACNUR incluye el número de refugiados y los solicitantes de asilo, además de los desplazados internos en todo el mundo algunos casos tras décadas viviendo lejos de su hogar.
Según la agencia de las Naciones Unidas, casi 70,8 millones de personas se vieron obligados a dejar sus casas hasta finales del año pasado, elevando la cifra que en 2017 alcanzaba unas 68,5 millones, y casi un 65% más que hace una década. Tres de cada cinco (más de 41 millones de personas) estaban desplazados dentro de su propia nación.
Además de crecer en tamaño, también ha aumentado en duración. Alrededor de cuatro quintas partes de las "situaciones de desplazamiento" han durado más de cinco años. En Siria, por ejemplo, su población siguen siendo la mayor entre personas desplazadas, con alrededor de 13 millones.
Los menores de 18 años componen la mita de la población de refugiados, en 2018, aumentando la cifra que en 2009 era de un 41 por ciento de 2009. Por los menos 138.600 menores se encuentran solos o fueron separadas de sus familias y sus hogares. Y 27.600 de estos niños pidieron asilo por su cuenta, sumándose a un total de 111.000 niños refugiados sin compañía, registrados el año pasado.
Una situación que se repite en varios países, alentada por la política antimigrantes de los gobiernos de las principales potencias. Una muestra clara ha sido la situación de los menores detenidos en los Estados Unidos. Las imágenes de menores separados de sus padres y detenidos en los centros de la patrulla fronteriza, en condiciones brutales, recorrieron el mundo mostrando la peor cara del imperialismo norteamericano.
La crisis tomó dimensiones planetarias y la respuesta de las principales potencias es redoblar la ofensiva contra los migrantes. Desde la política antiinmigratoria de Trump, la cara más brutal de las medidas antimigrantes de administraciones anteriores como la de Barack Obama, hasta el endurecimiento de medidas contra inmigrantes en Europa.
Son millones los que deben escapar de sus hogares, dejando atrás toda una vida, empujados por la miseria económica creada por la injerencia de las multinacionales y el capital financiero y las crisis y guerras donde las principales potencias internacionales intervienen directa e indirectamente.
La contracara a la brutal política de los gobiernos la muestran las movilizaciones en defensa de los inmigrantes y refugiados en Estados Unidos y varios países de Europa. En esos lugares, trabajadores, movimientos de mujeres y jóvenes se han movilizado contra los planes de austeridad y se solidarizan con los inmigrantes. Una de las últimas muestras de esa solidaridad se dio en Suiza, donde decenas de miles de mujeres se movilizaron en un día de huelga y entre sus demandas incluían la defensa de los derechos de las mujeres migrantes.
El desafío es doble enfrentar las políticas xenófobas de sus gobiernos y los planes de ajuste que buscan aplicar en favor de las grandes empresas en sus países y en el resto del mundo, la única salida para terminar con la inhumana situación a la que empuja el capitalismo.

Diego Sacchi
@sac_diego
Miércoles 19 de junio | 11:37

Por primera vez, Xi Jinping retrocede frente a la presión de la calle



El movimiento democrático en Hong Kong obtuvo una gran victoria durante el fin de semana pasado, al obligar a la jefa de Gobierno a suspender los planes para la extradición de sus ciudadanos al continente chino.

La suspensión de la ley de extradición por parte de la jefa de Gobierno de Hong Kong, Carrie Lam, fue una gran victoria del movimiento democrático de ese territorio. Luego de las movilizaciones multitudinarias de la semana pasada Lam se vio obligada a suspender los planes para promulgar una ley que habría permitido la extradición de sus ciudadanos al continente chino.
Recordemos que el líder chino Xi Jinping, no había hecho la menor concesión después de la “revolución de los paraguas” en 2014, que había paralizado el centro de la excolonia británica durante más de dos meses para exigir una elección democrática de las autoridades del territorio semiautónomo. Más aún, en 2017 había prevenido a los hongkoneses que toda tentativa de desafiar a la autoridad del gobierno central sería cruzar una línea roja. Ante la enorme oposición de la población, y también de los empresarios locales, así como la creciente crítica internacional, especialmente las amenazas de Estados Unidos; Pekín pidió a Carrie Lam que abandonara por el momento el proyecto. Lam, profundamente debilitada, se ha disculpado con la esperanza de que la creciente multitud, estimada en más de dos millones de personas, volviera a casa, cuestión que no ha logrado al tiempo que escribimos este artículo.

La creciente absorción de Hong Kong por Pekín

Hong Kong es hoy uno de los centros financieros más importantes del mundo, uno de los principales puertos del mundo para el tráfico de contenedores y la cabeza de puente de la República Popular hacia el oeste a nivel político. Según el modelo de "un país, dos sistemas" vigente hasta 2047, disfruta de un estatus político, económico y social especial, a la occidental, que comparado con el régimen de partido único de la República Popular otorga a sus ciudadanos mayores derechos, incluyendo por ejemplo el libre acceso a internet.
Este esquema ha permitido a China continental beneficiarse del consenso de los empresarios y sectores profesionales más importantes de la excolonia. Pero la autonomía es cada vez más estrecha. La existencia de un verdadero régimen democrático pondría en peligro la supremacía del PCCh y por ende la estabilidad del país. Es así, que la derrota de la “revolución de los paraguas” ha impedido que las autoridades de este territorio especial sean elegidas mediante el sufragio universal como era la demanda del movimiento.
Para liquidar hasta el final las aspiraciones democráticas de la población, Pekín ha recurrido a dos estrategias de largo plazo. La primera concierne a la intensificación de la integración económica y de infraestructura del área más amplia de la bahía del delta del río Perla, que consiste en Hong Kong, Macao y nueve ciudades de Guangdong (Guangzhou, Shenzhen, Zhuhai, Foshan, Zhongshan, Dongguan, Huizhou, Jiangmen y Zhaoqing). La aglomeración debería competir con los principales centros tecnológicos extranjeros y apoyar el plan Made in China 2025, con el cual la República Popular desea montar en alta gama a nivel industrial.
Por su parte, la integración de la infraestructura facilita la transferencia de los residentes de Hong Kong a China continental. Ya 50.0000 personas han renunciado a los beneficios de Hong Kong, atraídos por propiedades más baratas y más amplias de ésta última. En sentido inverso, las inversiones de los chinos ricos de la República Popular China en el puerto también están aumentando. Ambos movimientos, podrían eventualmente debilitar el sentido de pertenencia a la ciudad y fortalecer la soberanía de Pekín sobre ella, o al menos esta es la apuesta de la burocracia del PCCh. La segunda estrategia es relanzar a Hong Kong como un centro financiero bajo la iniciativa “Belt and Road” (B&R), la iniciativa de infraestructura y negocios promovida por Xi Jinping para aumentar las conexiones entre la República Popular y Eurasia.
El consenso de la élite económica local depende de la prosperidad de la región. De ahí la necesidad de garantizar a Hong Kong el estatus de “gran conexión” entre China y el resto del mundo. Hay que tener en cuenta que aunque la importancia del mismo ha disminuido como consecuencia de la integración de las ciudades de China continental en la economía mundial, los “privilegios” de los que aún goza (negociar con reglas más flexibles, absorber el capital extranjero de diferentes maneras y permitir el movimiento de ciudadanos extranjeros esenciales con mayor facilidades que China) lo convierten en un puente necesario entre China y el mundo, y perderla significaría perder un canal crítico para interactuar con la economía global. Pero si la burocracia china busca utilizar estos lazos a su favor, el capital internacional todavía ejerce una enorme influencia allí. Algunas de sus instituciones recicladas de los tiempos de la colonia, buscan o pueden servir para disciplinar al Estado chino y sus capitales en el sentido de una mayor liberalización como demanda el capital occidental.
En este marco, la fuerte oposición de los principales grandes capitalistas a la ley de extradición, lo que amenazaba con la estabilidad capitalista de la gran colonia fue un fuerte llamado de atención a Xi Jinping. Hasta el día de hoy, las pugnas entre unos y otros eran parte de una lucha de poder que se daba entre bambalinas. La aceleración de las prerrogativas de Pekín, abrió una brecha en la alianza del gobierno chino con los grandes capitalistas y una parte central de la clase media, alianza que viene gobernando Hong Kong desde la devolución al dominio chino desde 1997. Si el interés de los principales grupos locales como beneficiarios del desarrollo capitalista de Hong Kong es proclive al status quo, la consolidación del control de Pekín beneficiará al Estado y a los capitalistas chinos, pero no servirá en lo más mínimo a los intereses de las masas trabajadoras chinas.

Las protestas más grandes en la historia de la excolonia

Las movilizaciones actuales superaron ampliamente a las de 2014, siendo las más grandes en la historia de la excolonia. Las mismas son una continuación de ciertos rasgos de la “revolución de los paraguas” así como de su radicalización. De esto dan cuenta varios activistas y académicos.
El activista y analista Au Loong Yu plantea que: “En este movimiento de 2019, estamos presenciando la continuación de una tendencia ya muy visible en 2014, a saber, el fuerte sentimiento a favor de acciones descentralizadas y sin líderes. La revolución de la comunicación hace que la coordinación sea mucho más fácil ahora y que una organización rígida sea menos necesaria. Sin embargo, existe una especie de fetichismo de la espontaneidad entre los jóvenes activistas. Muchos simplemente ven la organización como superflua o necesariamente autoritaria. Incluso el relativamente nuevo Demosistō, fundado y dirigido por Joshua Wong (un activista de veintidós años que llegó a la fama durante la Revolución de los paraguas), parece no ser lo suficientemente atractivo para los jóvenes actuales. Hoy cualquiera puede ser un líder temporal y pedir acciones radicales sin sopesar los pros y los contras".
Por su parte, para Chun-Wing Lee, miembro del grupo socialista Left 21 y editor de The Owl: “El aumento del localismo y la desconfianza de las organizaciones, desde mi punto de vista, son las principales consecuencias negativas del Movimiento de los paraguas. Pero la experiencia de confrontar a la policía en las calles en 2014 claramente empoderó a muchos activistas, y más personas se han vuelto receptivas a las acciones radicales en las calles. Sin este cambio, que es en parte un legado del movimiento de los paraguas, los manifestantes probablemente no habrían podido ocupar el área fuera del Consejo Legislativo, forzando la cancelación de la reunión en ese consejo”.
Mas alejado ideológicamente que los anteriores, el corresponsal del diario francés Le Figaro hace la misma constatación : “Sin un líder, el movimiento se apoya sobre el poder horizontal de las redes sociales, incluyendo a la mensajería encriptada Telegram para compartir las informaciones y desplegarse, para ganarle de mano a la Policía. Una batalla high-tech tomada en serio por los hackers de Pekín quienes lanzaron un ataque sin precedentes contra la aplicación este miércoles, cuando los estudiantes rodeaban el edificio del consejo legislativo a fin de bloquear el tratamiento del rechazado texto. Una acción determinada que provocó una fuerte respuesta de parte de la Policía a golpes de gases lacrimógenos y de balas de goma. Una violencia poco común en esta ciudad que dejó conmocionado al establishment, hasta en el corazón del poder, alimentando al miedo de de un desenlace mortal. Este fuerte respuesta contrasta con el pacifismo defendido por los líderes del “movimiento de los paraguas”... Los “paraguas” se endurecieron, sellando entre bastidores la reconciliación entre ‘localistas’ partidarios de los métodos de choque que habían desplegado durante las manifestaciones en 2016, y el corazón pacifista del movimiento. ‘Decidimos dejar de criticarnos mutuamente. Somos complementarios. Cuando se trata de enfrentarse a la Policía, se ponen en primera linea. Mientras tanto, nosotros llevamos a cabo acciones de apertura para extendernos en la opinión”, explica Poly”.
En este marco, la ausencia del menor organismo de auto organización como consecuencia del culto a la espontaneidad, impide una discusión democrática de los objetivos y acciones del movimiento, así como su capacidad de luchar contra los provocadores tanto del gobierno de Hong Kong como de Pekín. La acción sobre el parlamento que ni siquiera estaba sesionando tenia evidentemente un carácter aventurero, y fue lo que desencadenó la brutal represión; pero lo sorprendente de ésta acción radical es que fue bien recibida por la gran mayoría de las masas por primera vez en décadas. El disgusto contra la Policía también se generalizó. Mas en general estamos asistiendo al nacimiento de una nueva generación política que se politiza y radicaliza a pasos agigantados. Como dice Au Loong Yu : “La generación de los paraguas representa una ruptura con la generación anterior en términos de identidad cultural: ahora es más probable que se identifiquen como chinos de Hong Kong que chinos, y detrás de esto está el vínculo emocional con Hong Kong, del cual carece la generación anterior. Lo que hace que la generación de los paraguas sea especial es que comenzaron a desarrollar tales compromisos y se politizaron cuando el gobierno rechazó su demanda de sufragio universal. Este año, el proyecto de ley de extradición de China politizó aún más a una generación más joven. Recuerdo que en el último día del movimiento de los paraguas, la gente colgó una enorme pancarta que decía: ‘Volveremos’. Esta profecía se hizo realidad".

Detrás la movilización democrática, un temor social y existencial creciente

La llegada masiva de habitantes provenientes de China continental ha modificado profundamente la estructura sociológica de la población. Muchos chinos ricos compran bienes raíces en Hong Kong para obtener un permiso de residencia y un pasaporte que les permite viajar sin visa a Occidente. Hoy, al menos uno de cada siete personas de Hong Kong nació en China continental. Todos estos movimientos han profundizado la desigualdad social ya presente en el territorio. Como dice Frédéric Lemaître, corresponsal en Pekin de Le Monde: “La adquisición de una vivienda se hace imposible para los hijos de la clase media. Contrariamente a lo que deja pensar el paisaje encantador de la bahía de Hong Kong, la vida es a menudo difícil y el futuro, tanto política como económicamente parece sombrío para muchos de sus habitantes. La crisis que vive Hong Kong es, entonces, bien existencial”. Es que estos no tienen los mismos medios que las clases altas para buscar soluciones por fuera del territorio disponiendo, por ejemplo, de un segundo pasaporte. El activista socialista antes citado confirma esta situación: “…la clase media más joven, especialmente los profesionales, se ha vuelto bastante descontenta con el gobierno. Si bien el temor de que el estilo de vida relativamente liberal en Hong Kong esté bajo amenaza es una razón importante, es innegable que el aumento de los costos de vida, especialmente la vivienda, es otro factor. Desde 2003, el gobierno chino ha tratado de estabilizar esta alianza aumentando los valores de los activos en Hong Kong. El capital de China continental es una de las causas del crecimiento del mercado inmobiliario y del mercado de valores. Pero esta estrategia de gobierno claramente ha resultado contraproducente, ya que cada vez es más difícil para los jóvenes comprar sus propias casas. La joven clase media y los estudiantes se han convertido en la piedra angular de las fuerzas de oposición en Hong Kong”.
Dicho esto, hay un importante límite de clase en el movimiento actual. Como dice Au Loong Yu: “La movilización callejera contra el proyecto de ley de extradición de China es de lo que se ocupan principalmente. Sin embargo, si no pueden desarrollar su política de forma democrática y orientada a la izquierda y superar su fragmentación, es posible que no puedan consolidarse en una fuerte fuerza progresista. En segundo lugar, el énfasis en las acciones orientadas a los medios, un legado de los pan-demócratas [alineación política en Hong Kong que apoya el sufragio universal del Jefe Ejecutivo y el Consejo Legislativo], todavía domina en gran medida entre los jóvenes activistas, al punto que no solo se descuidan los esfuerzos organizativos a largo plazo, sino que también existe una indiferencia hacia la situación de los trabajadores. Muchas personas ahora llaman a los trabajadores a la huelga, pero esto no ha tenido éxito. Simplemente tratan a los trabajadores como una especie de comida rápida; todo lo que se necesita es hacer un pedido y el camarero lo entregará de inmediato. La trayectoria histórica de Hong Kong hace que sea una ciudad hostil hacia los valores de solidaridad, fraternidad e igualdad. Una cultura social darwiniana, el resultado de ser un puerto franco durante más de 150 años, ha penetrado tanto en la población que es difícil que las fuerzas de la izquierda crezcan. Para que esto suceda, los jóvenes activistas deberán comenzar a abordar el problema de la clase.”

Hong Kong: una piedra en el zapato bonapartista de Xi

Desde el punto de vista del movimiento de masas las contradicciones son importantes, y las autoridades de Pekín no la tienen para nada fácil. Contra la visión interesada de sus líderes que transpiran un nacionalismo exultante, China hoy está en una posición muy diferente a la de hace una década. La crisis mundial de 2008 debilitó la posición de China como exportador. Desde entonces, se ha esforzado por aumentar el consumo interno, controlar su sistema financiero y gestionar un crecimiento más lento sin crear una crisis política y social mayor. La acumulación de poderes y los cambios de las reglas de sucesión -lo que le permite gobernar indefinidamente- han transformado a Xi Jinping en el dirigente con más poder y mayor capacidad para imponer su voluntad que cualquier otro líder chino desde Deng Xiaoping. Pero el bonapartismo a la china es una expresión de la dura transición que tiene por delante en los próximos años, en la que se va a haber obligado a tomar una serie de decisiones difíciles frente a la acumulación desenfrenada de deuda interna que van a ponerlo a prueba, así como al rol de China en el mundo.
Visto desde este ángulo, las masivas movilizaciones de los hongkoneses son la primera reacción significativa a su giro autoritario desde su llegada al poder en 2012. Constituyen una piedra en el zapato bonapartista de Xi. Como plantea Willy Lam, de la Université chinoise de Hong Kong: “Xi Jinping trata de proyectar la imagen de un supernacionalista. El caso Hong Kong desgasta esa imagen, el dirigente de 1.4 mil millones de chinos no puede controlar un territorio de 7 millones de habitantes”. Por su parte, los eventos en Hong Kong son prometedores para la presidenta del Partido Demócrata Progresista, Tsai Ing-wen, en su intento de reelección el próximo año en Taiwán. Ante la ausencia de alternativa de clase, éste partido es considerado por una parte importante de la población como un mal menor y su candidata - la actual presidente- es vista como la persona más viable para resistir a China. Este partido burgués experimentó una derrota masiva en las elecciones municipales como consecuencia de su política anti obrera desde que asumió el poder, pero los variantes populistas de derecha como Han Kuo-yu y el CEO de Foxconn, Terry Guo, ambos considerados como extremadamente pro-China y altamente preferidos por el PCCh, están perdiendo terreno. Una segunda victoria electoral del PDP significaría otra derrota para la estrategia de las autoridades de Pekín hacia Taiwán.
En lo inmediato y frente a la crucial negociación comercial de la próxima cumbre del G20 en Japón, los inesperados eventos de Hong Kong debilitan la posición china en su “guerra comercial” con los EE. UU. El nuevo uso de la bandera de los derechos humanos así como las concesiones económicas de los EE. UU. a éste territorio en la medida que mantenga el estatus actual, han sido blandidas por la administración Trump como nuevas amenazas frente a un poder chino crecientemente agobiado. Volviendo a Hong Kong, es la crisis política más grande desde la devolución a China, y está lejos de estar cerrada. Pekín no puede permitir que la victoria parcial de los manifestantes sienta un peligroso precedente al demostrar que una movilización masiva lo suficientemente grande puede hacer retroceder al gigante asiático. En Hong Kong, las masas envalentonadas quieren llevarse puesto al gobierno.
Si a pesar de la suspensión de la ley, la radicalización no se detiene como esperan las autoridades hongkonesas y chinas, Pekín podría inclinarse a una salida fuertemente represiva, con consecuencias impredecibles tanto a nivel local, en China y a nivel internacional. La reivindicación abierta de la masacre de la Plaza Tian’anmen a 30 años de su aniversario dejan pocas dudas de la probable actitud de las autoridades chinas. Pero en ese momento, Occidente de hecho miró para otro lado interesado en la apertura comercial china. En el nuevo contexto geopolítico de rivalidad estratégica entre Washington y Pekín las ecuaciones evidentemente no serían las mismas. Una estrategia obrera independiente deberá abrirse paso en el medio de todas estas contradicciones e intereses en juego. La conjunción entre la resolución de la cuestión de clase en la movilización de las masas hongkonesas, con el despertar obrero y democrático de las masas chinas frente al block out mediático de Pekín, será la única salida progresiva.

Juan Chingo
Viernes 21 de junio | 18:40

La Argentina del FMI: trabajadores pobres, jubilados indigentes



Los últimos datos suministrados por el INDEC sobre la situación social en la Argentina muestran un panorama de retroceso sistemático en las condiciones de vida del pueblo. Con una inflación que supera ampliamente los aumentos de salarios y jubilaciones, cada vez son más los trabajadores y jubilados que son condenados a vivir por debajo de la línea de pobreza y aún de indigencia.
Según el INDEC, un hogar necesita para no caer en la pobreza un ingreso mínimo de $ 30.337 y de $ 12.086 para no caer en la indigencia. El aumento de ambos índices de referencia estuvo por delante de la inflación general del país. Esto se debe a que la inflación para la población con menos ingresos es superior al resto, por el peso que los alimentos y otros productos básicos tienen en su consumo cotidiano.
Ahora bien, con el último aumento otorgado por la ANSES la jubilación mínima quedó establecida en $ 11.528, es decir, $ 558 por debajo de la llamada línea de indigencia. Peor aún están los que reciben quienes no han logrado jubilarse, pues cobran sólo el 80% del haber mínimo. De este modo tenemos que una parte muy considerable de los jubilados (casi un 40% del total) está no ya bajo la línea de pobreza sino de indigencia. Para tomar dimensión de la situación que enfrentan vale comparar con los índices que elabora la Defensoría de la Tercera Edad, que estableció la canasta del jubilado en un monto superior a los $ 30.000 mensuales.
La situación de los jubilados no dista de la del resto de los trabajadores. Sucede que en la actualidad el salario mínimo es de $ 12.500, apenas por encima de la línea de indigencia. Pero si incluso en un hogar tiene dos ingresos, lograrían sumar $ 25.000, quedando por debajo de la línea de pobreza fijada por el INDEC en $ 30.337. La referencia del salario mínimo sigue siendo vital para los trabajadores, sobre todo para quienes están en la informalidad. Un estudio recién publicado por la UCA arroja una información que confirma los datos antes señalados: el 49.3% de los trabajadores tiene empleo informal, y cuenta con un salario promedio de $ 10.283.
A la luz de lo expuesto, queda claro que la principal causa de aumento de la pobreza y de la indigencia es la caída en picada de los salarios y de las jubilaciones. Y que las víctimas directas de ello no son los sectores “excluidos”, como suele llamarlos la centroizquierda, sino los trabajadores activos y pasivos. En síntesis, el aumento de la pobreza y la indigencia es el resultado de la superexplotación de la fuerza de trabajo para incrementar la tasa de beneficio del capital.
Llama la atención, sin embargo, que tanto las cámaras patronales como la totalidad de los bloques políticos patronales, insistan en afirmar que el problema que tiene la Argentina para la creación de empleo sea el alto costo de la fuerza de trabajo. Pero el salario mínimo está por debajo de los 300 dólares, dando lugar a un retroceso histórico incluso si se lo compara con otros países de la región. Mientras el costo de la fuerza de trabajo cae suben los costos de la patronal, sea por las tasas de interés usuarias, las tarifas dolarizadas o simplemente por una tasa de beneficio que es superior a la internacional.
Frente a esta situación los planes sociales de contingencia para contener la crisis han fracasado, al punto que no han impedido el crecimiento de la pobreza y la indigencia. La salida pasa por otro lado: reorganizar la economía en función de los intereses de los trabajadores, para asegurar un salario mínimo igual a la canasta familiar y el 82% móvil para los jubilados. Una salida de este tipo requiere una transformación social integral, que parte de nacionalizar los resortes fundamentales de la economía, empezando por la banca, el comercio exterior y la energía, establecer el control obrero general y repudiar la deuda usuaria.
Este programa sólo es defendido por el Frente de Izquierda.

Gabriel Solano

Las apariencias engañan: los datos duros de la economía argentina

Mientras la propaganda oficial, seguida de voces oficialistas en los medios de comunicación, aún mayoría abrumadora, anuncian la mejora de la macroeconomía de la Argentina, los datos de la realidad son contundentes en los nefastos efectos sociales de la recesión.
La calma del dólar, la baja de la tasa de interés y la reducción del riesgo país remite a un discurso oficialista de estabilización con perspectivas de mejora de la actividad económica, fuertemente desmentida por los datos oficiales del INDEC. En efecto, el desempleo abierto volvió a los dos dígitos, con una tasa del 10,1% para el primer trimestre del 2019 y el PIB cayó en el mismo periodo un -5,8%.
Cruda es la realidad contra el dato propagandístico de contención de algunas variables. Lo concreto es que la baja de las importaciones se motiva en la cotización del peso contra las principales monedas en que se establecen los intercambios comerciales. Es sabido que la industria local es dependiente del ingreso de insumos externos y la recesión en el sector manufacturero resulta agobiante. Ante el cierre de empresas industriales, o ante la recesión productiva, la demanda de importaciones como bienes intermedios para la producción industrial se retrae. De hecho, en el primer trimestre del año las importaciones se redujeron un -24,6%. No se trata de que pretendemos estimular el ingreso de esos bienes, sino que la debacle es consecuencia de la política monetaria y cambiaria, sin un proceso de aliento y estímulo a un proceso industrial no subordinado, lo que requeriría de otro rumbo de la economía y la política en general.
Un aspecto clave del desarrollo capitalista pasa por las inversiones, el punto de partida de la producción y reproducción de la ganancia y del capital. Es harto conocida la expectativa gubernamental por el desembarco de inversiones externas para reactivas la economía local, sin embargo, para el primer trimestre del 2019, el INDEC señala que la inversión cayó -24,5% y se explica principalmente por la baja en el sector de maquinarias y equipos, con un registro de -31,5%. La construcción, sector que rápidamente activa la economía muestra una caída de la inversión de -9,9%. Sin inversiones, públicas o privadas, no hay posibilidad de recuperar la actividad económica y la política oficial confirma un escenario de recesión productiva, todo en aras de estabilizar la economía.
El resultado se concentra en la caída del consumo privado en -10,5, principalmente relativo a la baja del poder adquisitivo de los ingresos populares, afectados por la persistencia de la elevada inflación.
Recesión e inflación definen el cuadro de situación económico de la Argentina, aun cuando la propaganda oficial orienta la evaluación de contexto en la contención relativa de ciertas variables: precio del dólar, evolución de las tasas de interés y del riesgo país. Es cierto que este combo impacta en cierta “cultura económica” de la sociedad argentina, con predicamento en el sentido común que instalan los sectores dominantes vía medios de comunicación social.

¿Qué impacto tendrá la contradicción señalada en las elecciones de agosto (PASO) y octubre (primera vuelta)?

En rigor, la discusión remite a la prevalencia de un enfoque u otro en las opciones electorales de renovación presidencial, proceso en curso con la definición de listas de candidatos a partir de hoy.
Igual, hay que señalar que la respuesta política al interrogante puede no resolver la ecuación relativa a la reversión del impacto económico sobre la mayoría empobrecida de la sociedad.
Lo que pretendemos señalar es que, si la opción electoral confirma la continuidad del proyecto en el gobierno, el correlato será la aceleración del ajuste y la reestructuración comprometida en el acuerdo con el FMI.
Es cierto que como se vio a fines del 2017, como la política no son solo votos, la resistencia popular puede frenar cualquier intento de modificar regresivamente las relaciones laborales o el régimen previsional. El triunfo electoral de Macri en octubre de 2017, elecciones de medio turno, envalentonó y estimuló el proyecto de reforma laboral, postergado ante la inmensa movilización sindical y popular. Las elecciones sugieren una parte del consenso social, pero no todo el apoyo político para cambios estructurales regresivos.
Otra posibilidad es el triunfo de la oposición, con reales posibilidades en el acuerdo logrado por la fórmula de los Fernández y un amplio espectro de una veintena de partidos políticos.
No resulta menor impedir la continuidad del proyecto actual en el gobierno, restando las definiciones concretas sobre el futuro e inmediato rumbo económico. La expectativa estará en la respuesta a la situación recesiva e inflacionaria, con efecto social regresivo de estos años. Es una cuestión agravada con serios problemas que arrastra la economía local en el marco de la irresuelta crisis mundial del 2008.
En efecto, la situación mundial resulta muy distinta del momento de la recuperación operada desde el 2002 ante la recesión arrastrada desde 1998. Ni los precios internacionales de exportación ayudan en la coyuntura, ni el clima de época de la economía mundial favorece. Remito a la guerra comercial provocada por EEUU contra China y muchos otros conflictos de base económica que promueve la presidencia Trump desde 2016, que asociado al BREXIT implican un nuevo tiempo en el despliegue de las respuestas globales a la difícil situación del capitalismo mundial, con crecimientos ralentizados según todas las fuentes de análisis de sistema mundial. Situación exacerbada con los cambios políticos en Brasil y la ofensiva de las derechas en la región.
Interesa frenar la ola conservadora, de ajuste y reestructuración regresiva que supone el gobierno Macri, que intenta constituir una nueva representación política en la Argentina para habilitar una adecuación estructural del país a los tiempos y necesidades del capital más concentrado del sistema mundial, por eso las reformas empujadas y varias veces anunciadas en materia laboral, previsional e impositiva. Pero insistiremos que no alcanzará con frenar la reelección de Macri, el PRO y Cambiemos, ahora ampliado con la inclusión de Miguel Angel Pichetto en la formula presidencial, sino que el descontento y la protesta social deberá confrontar con cualquier escenario futuro en la Argentina y contrarrestar el fuerte condicionante de los acuerdos con el FMI.
Existe la incógnita sobre la respuesta social ante las elecciones, más aún ante el creciente descontento por la situación social y aún con protesta o desconformidad, interesa habilitar una discusión sustancial relativa al qué hacer, en Argentina, la región y el mundo para superar los límites en que se debate el orden capitalista contemporáneo. Son muy pocos las opciones que emergen en el debate actual para intentar un rumbo económico y político más allá y en contra del capitalismo. Un aliciente en ese sentido se expresó entre el 19 y 21 de junio en los debates por los 20 años de la red ATTAC en Argentina, cuyas deliberaciones apuntaron no solo a mirar el pasado, sino a considerar el horizonte temporal de las próximas décadas, que amenazan la continuidad de la vida a manos del modelo productivo y de desarrollo depredador del régimen del capital. Es una discusión que necesita extenderse más allá del activo militante y desplegarse en el conjunto de la sociedad con pretensión de constituirse en debate cultural por el cambio social.

Julio C. Gambina

Hong Kong, marchas masivas en los tiempos de la guerra comercial



Hong Kong vive por estos días un proceso histórico de movilizaciones. Hasta dos millones de personas, en una isla de siete millones de habitantes, se han lanzado a las calles contra un proyecto del gobierno que habilita las extradiciones a la China continental.
Si bien el gobierno ha suspendido el tratamiento del proyecto en el parlamento, los manifestantes reclaman su retiro definitivo, que no haya represalias, y en el caso de algunos sectores, la renuncia de la jefa de Estado, Carrie Lam, a la que sindican como una marioneta de la burocracia de Beijing.
Las movilizaciones han sido reprimidas duramente por el gobierno. En tanto, la burocracia china las anatematizó como instigadas por intereses extranjeros. En el curso de las protestas se ha destacado el movimiento estudiantil, que arrastra una experiencia en el combate callejero con las fuerzas represivas desde las protestas de 2014. Para la burocracia china, el movimiento plantea una amenaza de contagio al continente y un mayor distanciamiento con Taiwán, donde se refuerzan los partidos anti-chinos.
El movimiento aparece dirigido políticamente por un frente de organizaciones opositoras de cuño liberal. Estas han tratado de restringir los reclamos de la marea humana al retiro del proyecto de ley, que despierta resquemores en el sector empresario, que teme que sus inversiones puedan verse afectadas. “A los que hablé les preocupaba que el proyecto de ley de extradición ofreciera la posibilidad de incautación de activos y condenas por soborno”, testimonia un columnista del South China Morning Post (19/6). Los grandes inversores, explica otro artículo, “prefieren resolver sus disputas comerciales en la isla antes que en China continental” (La Nación, 13/6). Muchas patronales, informa uno de estos medios, dieron facilidades horarias a sus trabajadores para favorecer su participación en las marchas. También la Iglesia católica apuntaló las movilizaciones.
Estos sectores realizan un trabajo para domesticar las movilizaciones con un doble propósito. Por un lado, no romper todos los puentes con Beijing, considerando los vínculos del capital extranjero y la burocracia china; por otro, impedir que cobren relevancia las demandas de los trabajadores en un territorio en que el 20% de la población se encuentra en la pobreza, “el salario mínimo exhibe menos poder adquisitivo que hace ocho años” (Clarín, 15/6) y “el 10% del decil superior gana 44 veces más que el 10% inferior de la escala” (ídem).
Hong Kong, vieja colonia británica, fue transferida a China en 1997 como parte de un acuerdo que implicó un salto en la restauración capitalista (“un país, dos sistemas”). China conservó ciertas potestades políticas, como una incidencia clave en la designación del gobierno (domina políticamente el consejo que elige al máximo mandatario, y el primer ministro chino, a su vez, debe convalidarlo), pero el lugar se transformó en una meca del capital financiero.

Guerra comercial

Las protestas de Hong Kong formarán parte de la agenda del encuentro bilateral entre Trump y Xi Jinping en la cumbre del G-20, en Osaka, Japón, que estará surcada por el problema de la guerra comercial.
Hong Kong se ha transformado en una pieza de ese escenario. Si bien Trump fue llamativamente cauto a la hora de expresarse sobre las protestas, llamando a las partes a llegar a un acuerdo, voceros del Departamento de Estado amenazaron con revisar el estatus comercial especial del que goza la isla, un punto que despierta gran preocupación entre los empresarios que operan en ese territorio. La presidenta de la Cámara de Representantes del Congreso, la demócrata Nancy Pelosi, advirtió también que “el Congreso tendrá que reconsiderar si Hong Kong es lo suficientemente autónoma dentro de ese marco de ‘un país, dos sistemas’” (La Nación, ídem).
Es necesario que el movimiento de masas se abra camino en la crisis con sus propias reivindicaciones, para terciar como un factor independiente frente al imperialismo y la burocracia.

Gustavo Montenegro

El terrorismo será el pretexto de Trump para fabricar el casus belli contra Irán

Ya no cuelan las armas de destrucción masiva ni el envío de antrax a Estados Unidos en sobres, por lo que el Gobierno de Trump se está centrando en mostrar al mundo que Irán -otra nación reserva mundial de oro negro y con una ubicación estratégica- es el país más terrorista del planeta al que la especie humana debe aplastar para salvarse.
El Secretario de Estado Mike Pompeo ha confesado ante el Senado que los abogados están buscando vínculos entre Teherán y Al Qaeda: su objetivo es desempolvar la Ley de Autorización para el Uso de la Fuerza Militar (AUMF) – aprobada después del 11-S- que permite al presidente atacar a las fuerzas terroristas sin el consentimiento del Congreso. Da igual que estudios como el realizado por Nelly Lahoud en 2018 para el Think tank New America, y basado en unos 470.000 archivos desclasificados relacionados con Bin Laden, no hayan mostrado contactos entre la República Islámica (RI) y al Qaeda para cometer actos terroristas. El comandante general del Ejército británico de la coalición anti-ISIS, Chris Ghika tampoco ha visto provocaciones de Irán contra las tropas aliadas en Oriente Próximo. Y aun así, Trump ha incluido al ejército de los Guardianes de la Revolución Islámica (GRI) de Irán en su lista de grupos terroristas, por ende, objetivo de ataques militares.
Paralelo a los extraños y repentinos sabotajes a los intereses de Estados Unidos y de sus aliados en Oriente Próximo, Pompeo acusa a Teherán y los socios de haberlos cometido: es consciente de que la verdad la posee el primero que la cuenta y que los demás sólo podrán confirmarla o desmentirla. El exjefe de la CIA dispara primero e interroga después al cadáver. Así, ha vinculado a Irán con un atentado reivindicado por los talibanes con coche bomba el 31 de mayo que hirió a cuatro soldados de EEUU y mató a varios civiles afganos; otro con misiles a la sede de unas empresas estadounidenses en Basora, Irak; y, la guinda, el sabotaje con minas y torpedos a cuatro barcos en el Golfo de Omán de propiedad saudí, emiratí, noruego y japonés. Lo curioso es que Shinzo Abe -aliado japonés de Trump, que el día después del incidente estuvo en Teherán- ni siquiera lo mencionó en sus encuentros con las autoridades de la RI. Está por ver cómo un poderoso ejercito como el iraní, en vez de hundir dichos petroleros, envía a unos buzos para colocarles minas lapa, como si se tratase de unos terroristas aficionados. Sin embargo, uno de los buques había sido golpeado por un torpedo, no por una mina: ¡Que los satélites aclaren su procedencia! Es más, si aceptáramos la versión chapuza de Pompeo de los hechos, GRI sería un grupo terrorista nada al uso, por negar su participación. Pues dichas bandas siempre reivindican sus atentados justamente para mostrar su poderío y obtener algo del enemigo.
Afortunadamente, en estos incidentes no ha habido muertos, pero la coalición saudí-emiratí bombardea desde el 2015 y a plena luz del día no solo a los barcos de refugiados, hospitales, escuelas, mercados o viviendas de los yemeníes, sino que ha matado, en colaboración con EEUU y Reino Unido, a decenas de miles de ciudadanos del país, y los criminales de la guerra siguen impunes.

¿Habrá un megaatentado?

Los atentados de falsa bandera han sido muy recurrentes en la historia, aunque algunos han sido reconocidos y otros no: el incidente del Golfo de Tonkin, en el que EEUU simuló un inexistente ataque de fuerzas de Vietnam del Norte a su armada con el fin de justificar su invasión de Vietnam; la “Operación Susannah” (nombre de la novia de uno de los implicados) lanzada por Israel en 1954 contra el Egipto de Jamal Abdel Nasser, en la que puso bombas en las propiedades de Estados Unidos y Gran Bretaña (sí, ¡sus aliados!) en El Cairo, culpando a la organización Hermandad Musulmana. Su objetivo era arrastrar a dichas potencias a una confrontación bélica con Nasser y provocar una guerra civil en el país. Israel reconoció la autoría en 2005, o sea, 51 años después. El atentado más famoso, el 11-S, sigue siendo investigado por El Movimiento por la Verdad del 11-S (9/11 Truth Movement). Las mentiras utilizadas para apoderarse de los recursos y el suelo de Yugoslavia, Irak, Afganistán, Libia, Sudán, Yemen y Siria destruyendo decenas de millones de vidas, muestran hasta qué punto la verdad siempre es la primera víctima de las guerras.
Ahora hay que esperar la noticia. El régimen de Trump es consciente de que la única forma de reclutar la opinión pública de Estados Unidos en favor de otra terrible guerra es un gran atentado con víctimas mortales estadounidenses que muestre lo cruel y lo peligrosa que es la RI, no sólo para sus ciudadanos o para Oriente Próximo, sino para el mundo mundial. Atención al tuit del senador Lindsey Graham: “Está claro que en las últimas semanas Irán ha atacado a oleoductos y barcos de otras naciones y ha creado corrientes de amenaza contra intereses estadounidenses en Irak … Si se activan las amenazas iraníes contra el personal y los intereses estadounidenses, debemos ofrecer una respuesta militar abrumadora”. Por lo que, la (más) militarización del Golfo Pérsico no responde a una “diplomacia de cañonero” para disuadir a Irán; de hecho, la expulsión de Rex Tillerson del Gobierno, fue el fin de la diplomacia del Gobierno de Trump.
Sería la culminación de las guerras políticas, económicas e incluso cibernéticas -que podrán intensificarse- contra Irán: en 2012 el virus Stuxnet fue enviado a las instalaciones nucleares de Natanz, inhabilitándolas. Aquella ciberarma formaba parte de Nitro Zeus, un proyecto de un masivo ciberataque militar contra Irán (que no la República Islámica), que inutilizaría la red eléctrica del país así como su defensa aérea.

EEUU y la RI no siempre han sido enemigos

Es obvio que la República Islámica y EEUU tienen una percepción errónea mutua del otro. Trump ha convertido en su fuente de información a la secta religiosa-militar de extrema derecha Muyahedines del Pueblo, a la que Bolton -otro fanático religioso- prometió en 2018, llevar “antes del 2019”. Se ha eliminado a todas personas y figuras que podrán paliar los excesos de un presidente con una importante deficiencia no sólo política sino también de inteligencia, convirtiéndole en un peligroso hombre con poder ilimitado. Richard Nixon, el inventor de la Teoría Madman “el Presidente chiflado” (presentándose loco por imprevisible) para forzar a los soviéticos a ceder ante sus exigencias bajo la amenaza de apretar el botón nuclear, tenía a su lado a Melvin Laird, su Secretario de Defensa, moderando sus decisiones. Aquel Madman, deprimido por el Watergate y que abusaba del alcohol, mandó desplegar a los B-52 con carga nuclear rumbo la Unión Soviética. Hoy individuos como Bolton que ocupan "la trumplandia" son los que pueden empujar al mundo a una guerra total.
Estados Unidos ha provocado una enorme tensión con su salida del acuerdo nuclear, violando además el Artículo 2.4 de la Carta de la ONU que prohíbe amenazar la integridad territorial de otras naciones y poniendo en serio peligro la seguridad alimentaria de 80 millones de personas que viven de la venta de su petróleo, ¡y encima se hace la víctima!
Por su parte, el líder supremo de la teocracia chiita, el ayatolá Jameneí -persona que decide el destino de Irán, ignorando al presidente y al parlamento- analiza el mundo con el enfoque metafísico, considerándose un misionero infalible del mandato divino, que tiene garantizado el triunfo sobre el mal. Aun así no es ningún suicida, de hecho, no ha autorizado a los GRI a responder a los cerca de 200 ataques de Israel a las milicias proiraníes en Siria.
La RI, desde la realpolitik, ha entablado relaciones de interés muto con otros presidentes de EEUU, aunque casi siempre de forma secreta. Ya en 1985, recibió en Teherán al coronel Robert McFarlane (uno de los actores del escándalo Irán-contra), enviado por Ronald Reagan. El militar entregó a las autoridades islámicas una Biblia, un pastel en forma de llave (como símbolo del deseo de apertura), una propuesta de venta de equipamiento militar y de una relación estratégica, en un intento de evitar un acercamiento entre Moscú y el Gobierno islámico. La RI ya había cooperado con Reagan en 1980 saboteando la reelección del presidente demócrata Jimmy Carter, al no liberar los rehenes de la embajada de EEUU antes de las elecciones.
Pero, las autoridades de la RI no tienen la paciencia de Job, si no pueden exportar el petróleo y así mantener la paz social en Irán, impedirán que los árabes vendan el suyo y lo harán sin camuflarse. Sería la batalla final: “¡Que mueran conmigo los filisteos!”.

Nazanín Armanian
Público

Honduras: 10 años de golpes y neoliberalismo

Las movilizaciones populares se suceden en Honduras. En estos días, son 60.000 médicos y maestros en pie de guerra contra un sistema político que busca, por imposición del Fondo Monetario Internacional, la privatización de la salud y la educación. Las movilizaciones cuentan con tal grado de apoyo popular, que hasta la Policia Nacional se ha sumado al paro, forzando al gobierno de Juan Orlando Hernández (JOH) a desplegar a las Fuerzas Armadas en tareas de represión de las protestas populares.
Pero esta historia comienza hace 10 años, un 28 de junio de 2018, cuando 200 militares encapuchados entran con nocturnidad y alevosía en la residencia presidencial de Tegucigalpa y sacan en pijama al Presidente Mel Zelaya para, tras un breve paso por una base militar, deportarlo a Costa Rica, a pesar de que el artículo 102 de la Constitución prohíbe expresamente que ningún hondureño puede ser expatriado ni entregado a un Estado extranjero.
El argumento para el golpe de Estado era la intención de Mel Zelaya de colocar una urna en la siguiente elección, promoviendo un referéndum que diese paso a reformas constitucionales. Pero eso era la forma. El fondo era que Zelaya, un terrateniente que había ganado las elecciones con el apoyo del Partido Liberal, había dado un giro a la izquierda tras conocer las penurias del pueblo hondureño, sumido en la pobreza y violencia, e incluso, con la autorización del Parlamento, había incorporado Honduras primero a Petrocaribe, y luego al ALBA.
Ese fue el primer golpe exitoso contra los gobiernos del ciclo progresista, y lo fue contra su eslabón más débil, inaugurando un periodo de restauración conservadora a lo largo y ancho de América Latina, al que le sucedieron los golpes parlamentarios en Paraguay contra Fernando Lugo, o en Brasil contra Dilma Rousseff, al mismo tiempo que se desataba el lawfare, la guerra judicial contra líderes progresistas como Lula da Silva, Cristina Fernández de Kirchner, o Rafael Correa.
Pero Honduras vivió dos golpes más, en este caso electorales.
En 2013, y ya con Mel Zelaya de regreso en el país pero imposibilitado para presentarse, Xiomara Castro fue candidata presidencial del Partido Libertad y Refundación (Libre). La inxperiencia de Libre y su desigual implementación territorial llevó a que las elecciones fueran manipuladas en beneficio de Juan Orlando Hernández. Un solo dato: a la misma hora en que se producía el recuento, los magistrados del Tribunal Supremo Electoral estaban reunidos con la Embajadora de Estados Unidos en Honduras.
Pero fue en 2017 cuando el tercer golpe, segundo electoral, este ya no como tragedia, sino como farsa, consuma lo iniciado en 2009. En unas elecciones en las que Libre y el PAC de Salvador Nasralla enfrentaban la reelección de JOH, el comunicado de la nada sospechosa Secretaría General de la OEA sobre el resultado de las elecciones, arroja más claridad que cualquier análisis político que podamos escribir: Intrusiones humanas deliberadas en el sistema informático, eliminación intencional de rastros digitales, imposibilidad de conocer el número de oportunidades en que el sistema fue vulnerado, valijas de votos abiertas o sin actas, improbabilidad estadística extrema respecto a los niveles de participación dentro del mismo departamento, papeletas de voto en estado de reciente impresión e irregularidades adicionales, sumadas a la estrecha diferencia de votos entre los dos candidatos más votados, hacen imposible determinar con la necesaria certeza al ganador.
3 golpes de Estado en 10 años, uno militar y 2 electorales, es el balance de uno de los países más pobres y desiguales de América Latina, y todo con un objetivo muy claro, la imposición del modelo neoliberal mediante la violencia en un país clave, siempre fue su retaguardia estratégica, para las operaciones de Estados Unidos en Centroamérica. La impunidad con la que se asesinó a la defensora ambiental Berta Cáceres en un país que tiene al hermano del Presidente JOH acusado de gestionar las rutas y tráfico de cocaína hacia Estados Unidos, es problemente la mejor, y a la vez más terrible metáfora de como se ha instrumentalizado la doctrina del shock para disciplinar a la población civil.
Una doctrina del shock cuya consecuencia más dramática son las caravanas de miles de personas que son desalojadas de sus vidas fruto del despojo social neoliberal y dejan atrás familia y pertenencias para tratar de alcanzar el american way of life, aun a costa de arriesgarse a ser extorsionados, secuestrados o asesinados en el camino.
Es por ello que los hermanos migrantes centroamericanos en general, y los hondureños en particular, deben ser tratados como refugiados políticos de una dictadura, la del modelo neoliberal, y cuando los medios de comunicación masivos nos quieran hablar de Derechos Humanos o del drama migratorio en otras partes más lejanas, exijamos que vayan a Honduras y nos cuenten no solo lo que les sirve como reality show para ganar más audiencia, sino las causas reales de esta migración masiva.
Y para empezar a solucionar este drama, hagamos nuestro el comunicado de Libre del 20 de junio, firmado por Mel Zelaya el mismo día que las fuerzas armadas asesinaban al taxista Erick Peralta en El Pedregal, y por el que se declaran en lucha permanente contra la dictadura dirigida por Estados Unidos desde 2009, dejando muy claro: JOH debe irse YA.

Katu Arkonada

domingo, junio 23, 2019

La revolución en los libros. Una aproximación particular por el activismo editorial de los 60-70



La emergencia de diversos empeños editoriales “on line” como los de “Els Arbres de Farenheit o “La Cosecha Roja”, la “editorial” virtual de Kaosenlared-, conectan al menos en mi caso de setentón, con las memorias de una historia que tiene una dimensión especialmente atractiva para la militancia con inquietudes culturales. Inquietudes que por principio, tenía que forma parte de toda actividad por modesta que sea. Después del socavón que supieron las últimas décadas del siglo pasado, que fueron malos tiempos para la lírica y para la gente que no veía ningún motivo de alegría en la victoria del neoliberalismo, más bien todo lo contrario. Sin embargo, aunque muchos perdieron el norte y se acomodaron, lo cierto es que apenas una década después de la célebre caída del muro de Berlín (cierto, se han levantado otros no menos ignominioso, pero ningún se ha levantado en nombre del “socialismo”), los movimientos volvieron a resurgir, poco a poco, pero el ritmo de recuperación se ha acelerado en los últimos tiempos. Son muchas las muestras, pero una de ellas ha sido la proliferación de editoriales inconformistas, el paisaje pues, ha cambiado. Aún así, las dificultades son enormes, a la crisis general hay que sumarle la propia del libro. Está Internet con todas sus contradicciones, sus espacios libres y sus riesgos de banalización. También se señala que las nuevas generaciones leen menos. La consecuencia son editoriales instaladas en la crisis que muchas veces tienen que cerrar porque además no tienen lo que sí existió en los setenta: redes sociales en la que se “colocaban” los libros, también gente con la suficiente calderilla para comprarlos. Esta es una larga discusión que nos conecta con una de las actividades de todos los movimientos, la del conocimiento y la discusión, un terreno en el que los libros y las editoriales juegan un papel capital.
En nuestros lares, esta tradición que busca el encuentro entre la cultura y el pueblo ha sido desde siempre uno de los trazos más comunes del republicanismo en general, y del movimiento obrero español en particular, fue el de su apuesta apasionada por la escuela y la despensa, contra el analfabetismo y el peso del oscurantismo entre las masas. Esta apuesta por la extensión de la cultura como sinónimo de libertad y de autonomía tuvo su máxima expresión en la descomunal labor desarrollada por el movimiento libertario. Aquí podemos encontrar ejemplos tan intensivos como el que representaron la singular pareja formada por Juan Montseny quien decía que había que introducir los libros anarquistas hasta donde la Iglesia había llevado sus más recóndita ermitas, y por Teresa Mañé, continuada por su hija, Federica Montseny. Este combate que venía de lejos, comenzó a dar resultados palpables sobre todo en la segunda mitad de los años veinte, cuando se da un formidable encuentro entre el pueblo y la cultura, y producto del cual será el “obrero consciente”, pieza central –y raramente reconocida desde la historiografía liberal- en la odisea democrática y social española de los años treinta, y de toda la resistencia ulterior.
A principios de los años treinta se editaban más de dos mil libros por año, el doble de los que se hacían en 1923. En 1934 son ya casi cuatro mil, y con una presencia cada vez más creciente de una variada izquierda militante. Esta página no se podría escribir sin la CNT por supuesto, pero tampoco sin destacar las aportaciones de la oposición comunista. No en vano parte de sus personalidades más reconocidas como Juan Andrade, Julián Gorkin, Andreu Nin, Joaquín Maurín o (más calladamente) María Teresa García Banús, que se distinguieron por sus fructuosas relaciones con el mundo de las ediciones en todas sus vertientes. Nin es harto reconocido como traductor de los clásicos rusos (Tolstói, Dostoievski, Pilniak, amén de Lenin y claro está, Trotsky). Aunque menos conocidos, Juan Andrade, Julián Gorkin y Mª Teresa García Banús fueron responsables de la pródiga labor en este terreno, y todos ellos serán también autores de reconocidos (y en muchos casos, desconocidos) trabajos que abarcan tanto la acción política como la cultural. Entre finales de los años veinte y mitad de los treinta, se produce una labor editorial que en pocos casos sobrepasa la francesa. Estas aportaciones resultaron fundamentales décadas más tarde, en los años sesenta-setenta cuando se produjeron toda clase de reediciones de clásicos del socialismo (1).
Como es sabido, este combate por la cultura social y participativa se mantuvo como una de las señas de identidad de la República la “República de los libros”), incluso en las trincheras. De ahí que en el momento de la Victoria franquista, la llamada España nacional llevara a cabo una labor sistemática por borrar todas las huellas de cultura republicana y obrerista, su odio a “la rebelión de las masas” era tal que el mero hecho de que una persona trabajadora tuviese libros en su casa la convertía en suspecta de “auxilio a la rebelión armada”. Eso explica que en la mitad de los años setenta, mi barbero se tomara muy serio advertirme de que no fuera tan ufano con mis libros debajo del brazo; me podía costar muy caro.
En 1939 se puede hablar de un verdadero Fahrenheit. Al igual que los nazis, los falangistas quemaron todo lo que quisieron. En los años más oscuros, el franquismo aplicó su mayor furor represivo contra los resistentes, pero también contra maestros e intelectuales. El miedo a la cultura fue una de las características más persistentes del régimen que hasta el final no dejó de ejercer una censura sistemática, obviamente cada vez menos eficaz.
En la medida de sus pocas posibilidades, la izquierda antifranquista trató de mantener la llama cultural, del libre pensamiento, de mil maneras diferentes. A veces a la manera de la conocida obra de Ray Bradbury, guardando ejemplares para difundir, y hubo sobrevivientes que hicieron de esta difusión su principal cometido…En el exilio fueron numerosas las editoriales creadas desde el exilio en América Latina, valgan como ejemplos los casos de Losada, del Fondo de Cultura Económica y sobre todo, de la mexicana ERA, la más abierta a las heterodoxias, y especialmente activa en los años setenta. Está por estudiar el enorme esfuerzo cenetista en algunos países de América Latina y en Francia, pero un primer repaso de existencias nos indican que fueron especialmente prolíficos editando en condiciones muy difíciles sus aportaciones clásicas y presentes que creían más necesarias. Todos los libros prohibidos se comenzaron a difundir ilegalmente a través de los dobles fondos de librerías “progres” y/o de libreros de segunda mano, que ya sabían a quien vendérselos.
Sin duda la aventura editorial más audaz y más determinante del exilio fue la del libertario Pepe Martínez, el “alma mater” de Ruedo Ibérico, empresa titánica que tuvo una importante conexión inicial con el no menos legendario François Maspero, uno de los jóvenes comunistas que rompieron en carnet con la revolución húngara de 1956, y cuya imponente trayectoria editorial vendrá marcada por un compromiso “libertario” en el sentido más pleno y auténtico de un término que cuesta más practicar que enunciar.
Esta historia no se debe de escribir sin hacer una referencia a “La Joie de Lire”, situada en la rue Saint-Séverin, justo en la entrada del Quartier Latin, donde se encontraba “de todo”, en especial los “Cahiers Rouge”, la parte más divulgativa del potente combate editorial marxista revolucionario, y sobre los que se ofrece un breve y acertado apunte en unas escenas de la película Salvador (Puig Antich).
Ruedo Ibérico tuvo la virtud y la capacidad de atender y de alimentar una potente demanda, de producir una revista y una extensa colección de libros prohibidos que la distribuidora informa del Ruedo Ibérico conseguía que atravesaran rocambolescamente la frontera gracias a algunos de los vástagos subversivos de ciertos jerarcas del régimen. Ruedo incluso obligó a Fraga Iribarne a una apertura a partir de la segunda mitad de los años sesenta, en un momento en el que la “subversión” en las universidades estaba ya conectando con partes importantes de la juventud obrera. Todo esto sucedía también en una época en la que se estaba desarrollando otra pequeña “revolución”, la del libro de bolsillo, y las colecciones con rotunda vocación por la pasión política, cobraban vida hasta en las editoriales en principio más conservadoras como Alianza o Planeta.
Este alimento cultural militante se convertirá en uno de los elementos privilegiados de una joven resistencia que comienza a tener buenas bibliotecas. El “libro político” aparecía un poco por todas partes, el autor de estas líneas recuerda como estos copaban una parte destacada de los kioscos de las Ramblas de Barcelona. Se ha dicho que estos libros actuaron como “caballo de Troya” en la ya casi descompuesta base social de la dictadura. Esto sucedía en una época en la que flamantes renegados como Daniel Bell, por entonces convertido en “gurú” neoconservador, e intelectuales franquistas como Gonzalo de la Mora, estaban dictaminando sobre el “crepúsculo de los ideologías”, ambos se equivocaron tanto como los que recientemente dictaminaron el final de “la pasión política”.
Este fenómeno editorial resultaba además coincidente con una época de vindicación de casi todas las heterodoxias. De ahí que no fuese casualidad que Ruedo Ibérico se hiciera el abanderado del anarquismo, y por extensión del POUM, y del rescatado Trotsky (del que llegó a programar unas “Obras” que abarcaba un buen número de volúmenes aunque se quedó a mitad de camino). Lo mismo sucede entre las editoriales emergentes que luchan (a veces a vida o muerte ya que la censura no solamente podía arruinar una edición, también podía mandar a pique la empresa, e incluso encarcelar al editor, aunque este raramente sucedió) en el interior y dentro la legalidad vigente.
También cabría hablar de las esforzadas editoriales catalanas bilingües que editan tanto en castellano como en catalán, este fue el caso de Edició de Materials que traduce el «Stalin», de Isaac Deutscher o el «Hungría, 1956; socialismo y libertad», de François Fetjö, sin olvidar autores tercermundista como Frantz Fanon, Ben Barka o la autobiografía de Malcom X. Esta línea heterodoxa fue especialmente significada entre algunas editoriales ligadas al cristianismo de base, punto de partida de Nova Terra, que editó buena parte de las aportaciones críticas de lo luego se llamaría la “nueva izquierda” (André Gorz, Pierre Naville, Serge Mallet), y que publica en 1970 Proceso al desafío americano, de Ernest Mandel. En este espacio, resulta singular un episodio como el de Zero-ZYX que busca sus lectores en los movimientos. ZYX comienza apostando por los cristianos inconformistas, pero que termina publicando a autores de todas las izquierdas: Máximo Gorki, Julián Besteiro, Juan Gómez Casas, y un listado singularmente prolífico en los años setenta. Por su amplitud y variedad, la actividad de esta editorial desarrollada al compás de un proyecto militante, merecería ser reconocida y estudiada.
Dentro de este abigarrado entramado de editoriales, nos encontramos con una que será usualmente identificada con la corriente mal llamada “trotskista”. Se trata de Fontamara, nombre tomado de la inmortal novela de Ignazio Silone, y que fue creada por Emili Olcina, de adscripción consejista, Rafael Argullol, ligado entonces al PSUC, y Lluís Basset (el periodista de El País). El ideario se hizo presente con Lucho, un exiliado chileno de Pinochet, y con el inquieto y culto panameño José Eugenio Stoute, panameño y destacado militante universitario de la Liga junto con su compañera, la valenciana Yolanda Marcos que fue determinante en el amplio abanico de publicaciones feminista de la editorial. Situada en un piso del Carrer d’Entença de Barcelona, a dos pasos de la Modelo en tiempo ocupada por «els captaires de la Pau» de Xirinachs, Fontamara mantuvo desde sus inicios su vocación por la literatura más refinada (apartado sobre el que ya cabría un buen estudio), pero pronto se abrió de par en par al legado marxista en general y trotskiano en particular. Desde el entusiasmo clandestino, la militancia la llamaba “putamara” (putamadre en catalán).
Con Stoute ingresó también la militante valenciana Yolanda Marcos, responsable del potente apartado feminista que supuso en aquel momento la primera “puesta al día” del legado tanto en cuanto a autoras y/o autores clásicos (August Bebel, Alejandra Kollontaï o Flora Tristán), como par la traducción de las mejores aportaciones feministas del Socialist Worker Party (SWP), de autores como Evelyn Reed (La evolución de la mujer. Del clan matriarcal a la familia patriarca, Sexo contra sexo o clase contra clase), y Mary-Alice Waters (Marxismo y feminismo), de Jacqueline Heinen, que insistían en la exigencia de recoger las mejores tradiciones para trascenderla, sin olvidar las resoluciones de la IV Internacional al respecto…Durante un tiempo, el peso de las traducciones provenientes de la inquieta editorial del SWP, Pathfinder, es evidente. Se publican los primeros títulos feministas más emblemáticos de este grupo, como en especial de George Novack (Para comprender la historia, Democracia y revolución. Desde los griegos a nuestros días), como parte de una línea general de apertura hacia toda la izquierda radical que tenía algo que decir.
En la segunda mitad de los sesenta, Fontamara será un hervidero de ediciones. Ofrecerá una poderosa veta de clásicos recuperados empezando por Trotsky (se llegó a hablar de la edición de sus “Obras” tal como las publicó Broué en francés), de un proyecto de “Obras” de Andreu Nin en la que se insertaban todos sus títulos importantes más algunas antológicas preparadas por Pelai Pagès presente también en la recuperación de otros poumistas (de Juan Andrade, de los vascos, José María y José Luís Arenillas), un trabajo que se complementa con una valiosa antología de la mítica revista “Comunismo”, referente de otros empeños ulteriores en todas las familias trotskianas. El abanico se extiendió a la polémica entre Karl Kautsky, Edouard, Bernstein, y Rosa Luxemburgo (La doctrina socialista, El socialismo evolucionista y Reforma o revolución, respectivamente), y llega hasta Largo Caballero, Luis Araquistáin. Se trataba de ofrecer “materiales de reflexión” a la militancia, y para ello se trataba de recuperar todos los títulos “heréticos” de interés, autores como Roman Rosdolsky, «Los problemas de los pueblos “sin historia”. Esta última fue una obra muy importante que ayudó a ampliar el punto de mira sobre la cuestión de las nacionalidades oprimidas, sobre el que se registran títulos de Andreu Nin y Michael Löwy (con Gérard Haupt). Löwy contribuirá también al reconocimiento del “marxismo olvidado”. En su apogeo, Fontamara –hasta- publica autores comunistas oficiales como Luís Corvalán, pero sobre todo La cuestión comunista, de Enrico Berlinguer, con una primera edición exitosa pero con una segunda ruinosa.
La suma cuartista se extendía al chileno Luis Vitale (La formación social latinoamericana, Interpretación marxista de la historia de Chile, Historia y sociología de la mujer latinoamericana, Historia ecológica de América Latina), Alberto J. Pla (La historia y su método), británicos como Robin Blackburn (El pensamiento político de Karl Marx), Norman Geras (Masas, partidos y revolución. Expresión literaria y teoría marxista), Perry Anderson (Las antinomia de Antonio Gramsci), de una primera y potente aportación a la teoría marxista sobre ecología con La barbarie ecológica, de Harry Rothman, se preparan obras de Broué que, lamentablemente, no llegan a concretarse en parte por las malas relaciones con la corriente a la que éste pertenecía…Dedica una atención especial a la escuela cuartista francesa comenzando por Pierre Frank (El estalinismo), y siguiendo con Daniel Bensaïd (La contrarrevolución burocrática) y Jacques Valier, con los que se acuerda el ambicioso pero con la traducción de cuatro números de “Crítica de la economía política”, la revista de la “Ligue” francesa, provista de un vasto material analítico en la economía y en la filosofía…Especialmente activa fue la colección “Aportes” que seguía el modelo de los libritos de Anagrama, y que, entre otros muchos títulos, editó La cuestión homosexual, de Jean Nicolás, que respondía con audacia a un debate en el que algunos y algunas tenían muchas cosas que decir. En la última fase hay una apuesta por el Ernest Mandel más “militante” (el más “economista” lo publicaba ERA), tratando de convertir cada uno de sus libros en un evento, y en este sentido fue emblemática la presentación multitudinarias de Crítica al eurocomunismo en la Universidad de Barcelona.
Por entonces, Fontamara que había sobrevivido el tardo franquismo con algún que otro percance, como la irrupción de la Brigada Político-Social en la sede con gente detenida y libros requisados (un cargamento que me había costado sudores pasar por la Aduana), todo con la unificación entre LCR y ETA VI como trasfondo. El personal militante de Fontamara, aunque la consecuencia no pasó de la pérdida de un puñado de títulos “editables” que perdieron su oportunidad), como lo fue el estallido final de la otra LCR, la LC, comenzó una cuenta atrás que llevó a su desaparición en medio del estupor generalizado.
A finales de los setenta, intelectuales de la LCR madrileña crearon en Akal la colección “Materiales IV” en la que también se incide en unas “Obras” de León Trotsky que alcanza varios volúmenes. De esta empresa cabe destacar, La era de la revolución permanente, la antológica que realizó George Novack y que en la edición en lengua inglesa contaba con un espléndido prólogo de Isaac Deutscher, y que en la de Akal fue sustituido por otro de…Enrique Tierno Galván. Cabe señalar también la nueva traducción de La Internacional comunista después de Lenin, edición precedida por un elaborado prólogo de Mariano Fernández Enguita quien, junto con Julio Rodríguez Aramberri, tuvo una mayor implicación. Una obra emblemática de esta colaboración fue la de Livio Maitan, El ejército, el partido y las masas en la revolución china, una obra de casi mil páginas que hoy resultaría inabordable.
Desde el área más informal hay que hablar de las “Ediciones Rojas. Cuadernos de Poder Obrero” de formato parecido a los “Cahiers Rouge”, aunque de corte mucho más rudimentario, muy en línea de lo que se solía editar en la clandestinidad. Aunque tuvo la cobertura de la organización, la “empresa” corrió a cargo de un militante germano afincado en Cataluña y conocido como “Paavo” cuyo verdadero nombre era Wolrad Woode y fallecido hace unos pocos años. Durante la primera mitad de los años ochenta, “Paavo” se afincó como campesino en l’Empordà, en una masía en Agullana. Más tarde regresó a Alemania donde se dedicó a la edición con la misma orientación, y Roberto Massari me contaba que se lo encontró en un Congreso Internacional sobre…Charles Fourier.
Entre los cuadernillos publicados había cosas de Trotsky (la Conferencia de Copenhague, El marxismo de nuestro tiempo, El arte de la insurrección, un capítulo de la Historia de la revolución rusa), de Lenin (Los comunistas y el parlamentarismo), de Ernest Mandel (10 tesis sobre las sociedades de transición, La burocracia), creo que Trotsky marxista, de Denise Avenas, entre otros. Paavo trabajó en Leviatán, una librería identificada con la Liga en Barcelona, que como también lo fue la de Cuatro Caminos, la “librería del Leo”, en la que se hacía notar la presencia de Lucía González, en este rincón de Madrid, y otras que desconozco. Eran lugares de encuentro e inolvidables centros culturales activos.
Como se desprende de la variedad de títulos, el trabajo editorial militante de entonces se distinguió tanto por su pluralidad como por una amplitud temática que se extendió torrencialmente hacia otras fronteras como lo fueron el feminismo, la sexualidad, el cine, el teatro de vanguardia, la renovación pedagógica, la ecología y un largo etcétera. A mi parecer, también fueron muy importantes las aportaciones de críticas tanto a la socialdemocracia como al estalinismo, de hecho, fueron unos tiempos de una enorme renovación cultural de las izquierdas.
La idea motriz de que la revolución de Octubre había sido traicionada por una burocracia infame se extendió, arrinconando resistencias, como la animadas, sobre todo por la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT, maoístas de procedencia católica), que editaba la revista “El Cárabo”, dirigida por Joaquín Estefanía que editó un número especial titulado «Tiempo de Stalin», y que puede considerarse como el canto del cisne de la tentativa de rehabilitar el estalinismo historiográfico, y desde el cual se establece que Carr es un investigador incapacitado de «comprender» y Deutscher como un autor aplaudido por los universitarios anticomunistas. La ORT también editó la historia del PCUS dictada por el propio Stalin, en tanto que el PCE m-l, trató de publicar las “obras completas” de Stalin, una empresa enloquecida entre otras cosas porque se hizo en los años ochenta, cuando ya la palabra “estalinismo” era considerada como un insulto entre los propios militantes del PCE-PSUC.
La febrilidad activista cultural de estos años se justificaba en parte como una toma de posición de oposición, pero también como muestra de una ansiedad por superar los atrasos acumulados. Veníamos de la devastadora derrota republicana cuyas consecuencias todavía están lejos de haber remitido en los tiempos que corren. Entonces no pudimos tener maestros, de hecho la resistencia republicana lo fue pero con muchas dificultades. No pudo haber ninguna continuidad, demasiado terror y demasiado tiempo y cambios por medio. Esto explica que el infantilismo fuese una de las señas de identidad de las nuevas izquierdas. Se mostraba en el hecho de que mucha militancia buscara su con los “nuestros”, y que se reconociera en verdades reveladas por “hombres providenciales” como Mao, al que, por citar un ejemplo, un conocido biólogo de la Universidad de Barcelona atribuía capacidades de chamán.
Por más que se pretendiera, las vitaminas de las buenas bibliotecas no fueran suficientes para evitar las anemias culturales. El comprar y tener buenos libros no significaba necesariamente comprensión, ni el conocimiento de los clásicos –inmersos por lo demás en otras realidades- no garantizaban una capacitación para aquello del análisis concreto de la realidad concreta. De ahí la escasa presencia de una producción propia, incluyendo en nuestro caso que pertenecíamos a una fracción de reconocida vocación lectora y obsesionada por la formación permanente. De ahí que en los boletines de formación de la Liga se podían citar hasta 50 títulos de libros catalogados, todos ellos, como de “lecturas imprescindibles”.
En los ochenta, la historia comenzó un “desvío”, y nos quedamos fuera de los caminos de las mayorías. Lo que no había logrado el tardofranquismo, lo lograron con la Transición, y el desconcierto generalizado. El “felipismo” supo encontrar los puntos débiles de aquella izquierda, y no tuvo dificultad en coaptarla, sobre todo a los intelectuales que fueron los primeros en ocupar su lugar en los pesebres institucionales fuera de los cuales todo se fue reduciendo. Esta lógica de “normalización democrática” que abarcó todos los ámbitos, fue letal en todos los movimientos que se estaban forjando, y claro está en el terreno editorial. Todo se hizo súbitamente muy cuesta arriba, y un gesto, publicar una obra de Mandel por ejemplo, pasó a ser una empresa casi imposible. No fue hasta fechas recientes que ha podido ser reeditado.
El movimiento obrero pasó de “estar de moda”, los sindicatos dejaron de interesarse hasta de su propia historia, y el “vivir bien” pasó por encima de cualquier otra consideración. El tiempo que siguió se hizo agobiante. El escaparate mediático fue ocupado por los intelectuales “bonitos”, y fuera del escaparate el desconcierto era la nota dominante. No sería hasta finales del pasado siglo, que el viento comenzó a variar de dirección poco a poco, y nuevamente, con muchas dificultades, el “frente editorial” comenzó una nueva andadura. Ahora además, se podía hablar de una producción propia. No hubo apenas tiempo ni para realizar una valoración, y solamente se me ocurren detalles: en vez de adaptarse al cambio de época, la editorial trató de realizar “una fuga hacia delante” editando más títulos de los posibles (al contrario de los que hicieron otras editoriales abierta al “gauchismo” como Anagrama, seguramente la más seria en lo que se llamaba “ciencias sociales”. El final de Fontamara rememora el de muchas otras empresas editoriales de la época con su suma de previsiones fallidas, de contratación de más personal del que podía, sin olvidar las sempiternas desavenencias internas, en las que el principal perdedor fue el “alma mater”, Emili Olcina, que tuvo que apechugar con las deudas. Es lo que se puede llamar un final triste.
Parte de todo aquello se encuentra en Internet y esperemos recuperar unos cuantos títulos no disponibles. Pero esta es ya otra historia.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Nota

(1) Una extensa aproximación a esta cuestión es la de Manuel Aznar Soler, Pueblo y cultura República literaria y revolución (1920-1939) Renacimiento. Sevilla, 2 vls, 2011. 414 + 998 páginas.