sábado, julio 22, 2017

Trotsky ingresa al Partido Bolchevique



El ingreso de León Trotsky al Partido Bolchevique se concretó en el VI Congreso del Partido, llamado de Unificación y celebrado en la clandestinidad del 27 de julio al 3 de agosto de 1917. Junto a él se incorporó la Organización Interdistrital, con dirigentes de la talla de Joffe, Ryazanov, Lunacharsky y unos cuatro mil trabajadores, su fuerza militante en ese momento. Ya en abril, Lenin había llamado a constituir un partido con “los mejores elementos del bolchevismo”, un planteo que no se detenía en las fronteras del propio partido y llamaba a la unión a las organizaciones que habían adoptado un punto de vista internacionalista consecuente. El Congreso de julio fue expresivo de hasta qué punto el partido aún llamado socialdemócrata había recogido lo mejor del movimiento obrero revolucionario en función de esta política -una afluencia de “corrientes y arroyos”, diría Karl Radek-, que no debía ser anulada asimilándola simplemente a la fracción orientada por Lenin que comenzó a gestarse en 1903. Sólo un partido política y organizativamente preparado pudo canalizar el ingreso masivo del activismo obrero y juvenil, casi en las vísperas de Octubre. ¿Cuántos miembros componían a esta altura, el Partido Bolchevique? Según el informe de Sverdlov al Congreso, el partido había pasado de 80.000 militantes en la Conferencia de Abril a 240.000 a ese momento -es decir había triplicado sus fuerzas a pesar de los golpes recibidos en las Jornadas de Julio.
En este Congreso cristalizó una política que Lenin logró hacer aprobar en la Conferencia del POSDR de San Petersburgo -del 27 de abril al 5 de mayo. La resolución acerca de la unificación de los internacionalistas planteó “reconocer la necesidad de un acercamiento y de una unión con los grupos y tendencias que se colocan de hecho en el terreno del internacionalismo, indispensable como base para romper con la política pequeño burguesa de traición al socialismo” que, en ese momento, envolvía a los socialistas revolucionarios, mencheviques y socialdemócratas independientes. En su mayoría, estos últimos compartían la posición del “defensismo revolucionario” lo que significó apoyar la guerra imperialista (votaron por el empréstito para aprovisionar el ejército ruso y sostuvieron al Gobierno Provisional, ejecutor de esta política y agente del capital). A quienes rompieran con esta perspectiva, Lenin los llamó a sumarse al Partido Bolchevique. No mirar atrás, sino afirmarse en las coincidencias estratégicas del presente para sumar elementos conscientes al estado mayor de la revolución.

Lenin toma la iniciativa para sumar a Trotsky

En una nueva resolución (18 de mayo), el CC invocó aquel planteo votado en la Conferencia ratificando la necesidad de “un acercamiento y una fusión” con grupos y corrientes internacionalistas y, concretamente, en relación con los internacionalistas orientados por Trotsky, “que considera muy deseable la unión con los miembros de la Organización Interdistrital - mezhraionzi- y ha sometido a éstos las siguientes propuestas (…presentadas en principio sólo en nombre del camarada Lenin… pero que más tarde aprobó también la mayoría del CC): es de desear la inmediata fusión; se propondrá al CC del POSDR incorporar a la redacción de cada uno de los dos periódicos (el actual Pravda, que debe convertirse en un periódico popular para toda Rusia, y del órgano central que ha de crearse en un futuro cercano) un representante de la Organización Interdistrital”. Proponía, además, la creación de una comisión especial para convocar al VI Congreso con la participación de delegados de la organización liderada por Trotsky y extendió esta posibilidad a los mencheviques partidarios de Mártov si éstos rompían con el “defensismo revolucionario”. Tan o más importante que lo anterior es que los puntos en debate entre ambas organizaciones tendrían libre discusión por medio de hojas polémicas que serían publicadas por la editorial Priboi (afín al partido) y en la revista “Kommunist” -es decir que se haría en forma pública. ¿Que respondió la Organización Interdistrital? Que la unidad de las fuerzas revolucionarias pondría al proletariado a la vanguardia de la lucha para desbrozar el camino hacia el socialismo y que esta unión debía ser alcanzada, además, bajo las banderas de las Conferencias de Zimmerwald y Kienthal.
J.J. Marie relata que en la primera reunión formal para tratar la fusión con los bolcheviques, “Trotsky pregunta irónicamente a Lenin si sigue pensando que la revolución rusa es democrático burguesa” aludiendo a que la victoria completa de la revolución democrática en Rusia sólo era concebible bajo la dictadura del proletariado, secundada por los campesinos y que indefectiblemente pondría en el escenario no sólo las tareas democráticas sino las socialistas. Trotsky era quien más lejos había llegado en la caracterización de la naturaleza de la Revolución Rusa en esta época, aún en un terreno común con los bolcheviques en cuanto a denunciar la estrategia de los mencheviques de entregar las riendas de la revolución a la burguesía. En 1917, Lenin se vio obligado a alterar su perspectiva y abandonó el planteo de dictadura democrática de obreros y campesinos en abierto enfrentamiento con los viejos cuadros de su partido.
En su introducción a La Guerra y la Revolución (1922), Trotsky reconocerá que en relación con la Gran Guerra en curso, su organización rechazaba el derrotismo y que los bolcheviques temían que su planteo de “lucha por la paz” tuviera un contenido pacifista y le oponían la guerra civil. Pero, concluiría, “la Revolución de Febrero barrería estas diferencias”.

“Nada podría justificar… un fraccionamiento de fuerzas”

Es lo que sostendría el CC bolchevique en el final de la resolución sobre la organización liderada por Trotsky, dirigida no sólo a éstos sino a todos los que hubieran roto consecuentemente con el socialpatriotismo y el defensismo ante la guerra. Era la ejecución del método desenvuelto por Lenin en las Tesis de Abril. Llamado a la “fusión” a los internacionalistas, participación en el Congreso del Partido Bolchevique (incluso en su convocatoria), llamado a integrarse a la dirección y al consejo de redacción del periódico central. El nuevo CC surgido del VI Congreso es una prueba de esta conjunción de fuerzas bajo el liderazgo bolchevique: Lenin es elegido miembro con 133 votos sobre 134 posibles, le sigue Zinóviev con 132 y Trotsky y Kamenev con 131. De los 21 miembros, 16 son bolcheviques. Entre ellos, una única mujer, Alejandra Kollontai. Lenin es el más “viejo”, con 47 años, la edad promedio no llega a 40.
(Es el CC que va a dirigir la Revolución de Octubre y que veinte años después habrá sido asesinado en su inmensa mayoría por el estalinismo).
Broué relata que Trotsky deseaba un congreso fundacional y no insertarse en el Partido Bolchevique. “Lenin no puede aceptar tamaña concesión… está orgulloso del partido y de su tradición, tiende a salvaguardar también el amor propio de los bolcheviques veteranos que han sido considerablemente vejados durante las discusiones de abril y le reprochan su alianza con Trotsky…”.

Democracia interna

¿De qué partido hablamos? De un partido con escasa disciplina a los ojos externos. Lenin perdió las primeras votaciones de las Tesis de Abril; el 30 de mayo debió hacerse presente, mandatado por el CC, en la reunión del Comité de San Petersburgo para convencer a sus miembros de la inconveniencia de sacar su propio periódico. Perdió la votación (16 contra 12). Sólo trabajosamente y luego de una dura lucha política, Lenin logró una votación favorable en el CC sobre la insurrección -10 contra 2. Zinóviev y Kámenev se opusieron abiertamente, haciendo conocer públicamente su postura. La indisciplina puso en riesgo los preparativos de la toma del poder, Lenin los llamó “esquiroles” (rompehuelgas) y exigió su expulsión del partido denunciándolos en Pravda, que se convirtió en el vehículo de todo el debate. Finalmente, uno y otro quedaron fuera del CC y fueron conminados a no volver a tomar posiciones públicas contra lo resuelto por el partido. Lenin volvió a perder. El Partido Bolchevique tendrá un crecimiento aluvional que no interrumpirá el reflujo de julio y le permitirá multiplicar sus fuerzas en octubre del 17. El activismo fluía y fluía en el año de la revolución y el debate era en este tono y con esta fiereza. ¿Cómo vencer a un partido así, cada vez más multitudinario, cada vez más joven, cada vez más impertinente?
El contraste de este desarrollo tiene un parangón ominoso. En la XIII Conferencia, momento de la consolidación de la burocracia estalinista, a días de la muerte de Lenin, se resolvió la “Promoción Lenin” que sumó 200.000 nuevos obreros industriales. La ruptura con los métodos de Lenin fue total: “una leva casi oficial que se lleva a cabo en el ámbito de las fábricas, bajo la presión de los secretarios… los recién llegados carecen totalmente de instrucción o la poseen en un grado ínfimo” (Broué). En 1924, el propio Stalin reconoció que el 57% de los miembros del partido eran analfabetos. Molotov, funcionario de la burocracia, declarará: “El futuro desarrollo del partido se basará, sin lugar a dudas, en la Promoción Lenin”.

Christian Rath

Fuentes:

Varios autores, ver la saga A 100 años de la Revolución Rusa en www.por.org.ar
León Trotsky: Stalin, El Yunque, Buenos Aires, 1975
León Trotsky: La Guerra y la Revolución, CEHUS, Buenos Aires, 2016.
V.I. Lenin: Obras Completas, Tomo XXIV, Cartago, Buenos Aires, 1957.
J.J. Marie: Lenin, POSI, Madrid, 2008.
Varios autores: La Revolución Socialista en el Siglo XXI, Rumbos, Buenos Aires, 2008.
E.H. Carr: Historia de la Rusia Soviética, Alianza Universidad, Madrid, 1985.
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Los puntos de la reforma laboral en Brasil



Jornadas de hasta 12 horas, tercerización, trabajo precario, abaratamiento de despidos y liquidación de la negociación colectiva

La reforma laboral, auspiciada por el golpista Michel Temer y que acaba de aprobar el Parlamento brasileño significa un retroceso de características históricas para la clase obrera del país vecino.
Consagra un régimen de superflexibilización, dando “valor legal a los acuerdos negociados por sector o empresas aunque no se ajusten a la normativa vigente” (Página/12, 11/7). En base a esto, se habilitarían jornadas laborales de hasta 12 horas, la reducción del intervalo entre las jornadas y que las vacaciones anuales sean divididas hasta en tres veces. El asunto llega al punto de revocar los 15 minutos de descanso antes de las horas extra para las mujeres y de habilitar la negociación de los horarios de almuerzo (!).
También se prevé una ampliación de la tercerización; se introduce la "jornada intermitente", con el pago de salarios sobre una base horaria o por jornada, y no mensual; se elimina el pago de las horas de desplazamiento.
La liquidación de la capacidad de negociación colectiva está en el centro de la reforma. Se habilitan acuerdos por sector, se retira la obligación de negociar con sindicatos despidos colectivos y se crea una comisión de representantes de los empleados para negociar directamente con la empresa. También vuelve más costoso y dificultoso el acceso a la Justicia del Trabajo y limita los valores para indemnizaciones.
La reforma fue impulsada por Temer y por el ex presidente Fernando Henrique Cardoso, de acuerdo al libreto escrito por la Confederación Nacional de la Industria (CNI), la Confederación Nacional de Agricultura (CNA) y la Federación Brasileña de Bancos (Febraban). Con Temer en la picota, en medio de la discusión en Diputados sobre su posible suspensión para ser sometido a una investigación por corrupción y niveles de rechazo popular inéditos, sus posibles sucesores -empezando por el jefe de la Cámara de Diputados, el conservador Rodrigo Maia- declararon su compromiso a fuego con la reforma. El ataque a las condiciones laborales -junto a la reforma previsional en trámites y al congelamiento del gasto público por veinte años, votado el año pasado- es una prioridad para la burguesía brasileña.

La burocracia, entregada

El PT protagonizó una puesta en escena durante la votación en la Cámara Alta, siendo que ha permitido el avance del ajuste del gobierno golpista. Mientras la reforma laboral se discute desde noviembre, la CUT -central sindical vinculada con el partido de Lula-, se limitó a convocar a paros aislados sin ninguna perspectiva. Su horizonte está puesto en 2018. Por su parte, la otra central mayoritaria, la amarilla Fuerza Sindical, directamente se bajó del último paro general y agachó la cabeza frente a la reforma, a cambio de algunas prebendas.
La lucha contra el gobierno ajustador y sus avanzadas le plantea a la clase obrera brasilera una acción independiente, sacándose el lastre de la burocracia sindical.

Alerta, trabajadores argentinos

Ambito Financiero tituló: “La reforma laboral de Brasil acelera el cambio de rumbo en la Argentina”, en un artículo donde anuncia que Macri prepara “una reforma de cuño flexibilizador, con foco en las cargas sociales, el empleo joven y en convenios colectivos que la Casa Rosada y el Ministerio de Hacienda consideran disfuncionales al cambio de régimen económico que se busca” (14/7) para después de octubre.
Los capitalistas locales ya han aseverado que la reforma en Brasil atiza la necesidad de una similar en Argentina. De esta manera, "el Mercosur se convierte así en un instrumento para la flexibilidad laboral de los trabajadores de ambos países” (Prensa Obrera, 13/7).
Las reformas a la baja de los convenios colectivos de petroleros, lecheros y marinos mercantes, la instauración del presentismo entre los estatales, los acuerdos de flexibilidad con el Smata, la reforma ultraregresiva de las ART y la guerra declarada del gobierno de Macri contra la “industria del juicio” son anticipos en esta dirección.
La clase obrera argentina debe tomar nota de esta reforma negrera para preparar los combates por venir.

Tomas Eps

Dolor por la muerte de Liu Xiaobo, libertad para Liu Xia

La responsabilidad por la muerte prematura de Liu Xiaobo corresponde al gobierno del Partido Comunista Chino (PCC). Nadie debería ingresar en prisión, y mucho menos verse abandonado allí hasta pudrirse, por el mero hecho de ejercer la libertad de expresión. El PCC fue incluso tan lejos como para inmiscuirse en los preparativos de su funeral por parte de su familia y disponer que las cenizas de Liu se dispersaran en el mar sin el consentimiento expreso de su esposa, Liu Xia. Todavía más indignante es que el régimen siga manteniendo a Liu Xia bajo arresto domiciliario, tratando de asegurar que el legado de Liu no adquiera visibilidad. Quienquiera que siga pensando que el gobierno del PCC alberga de alguna manera cierto grado de “legado socialista”, como hacen ciertos “neoizquierdistas” chinos, deberían repensárselo. Lo que tenemos ahora en Pekín es uno de los regímenes de extrema derecha más bárbaros que hay en el mundo. Es este régimen el que debería ser llevado a juicio por el pueblo.
Basta recordar cómo el Kuomintang (KMT) trató al líder más conocido y atrevido de la oposición en la década de 1930 en comparación con la actitud actual del PCC. En 1932, el KMT buscó y detuvo a Chen Duxiu, quien había sido dirigente del PCC, que en la época ya había abandonado las ciudades para practicar la guerrilla rural. Pese a que Chen había sido expulsado del partido, todavía se le consideraba un peligro grave para el KMT. Por eso, Chiang Kai-chek quería al principio someter a Chen a un tribunal militar para poder disponer de su destino a su libre albedrío. Sin embargo, la noticia se propagó y de inmediato se lanzó una iniciativa nacional de apoyo a Chen Duxiu, secundada por personalidades del propio KMT, como Soong Ching Ling, Bai Wenwei, Cai Yuanpei, etc.
Chiang Kai-chek no tuvo más remedio que someter a Chen a un tribunal ordinario para que lo enjuiciara. Cai Yuanpei encontró rápidamente a un famoso “intelectual público”, Zhang Shizhao (más tarde un académico obediente bajo Mao), para la defensa de Chen. En el juicio, el fiscal acusó a Chen de “defender la idea de derrocar al Kuomintang y por tanto acabar con la República de China”. Zhang Shizhao se levantó y dijo que Chen Duxiu ya no era miembro del Partido Comunista y había formado su propio grupo, la Oposición de Izquierda, que no tenía nada que ver con la guerra de guerrillas del PCC y que por tanto suponía una ayuda efectiva para el Kuomintang. Chen Duxiu se levantó de inmediato y declaró que “la defensa de Zhang solo representa su punto de vista personal. En cuanto a mi posición política, está reflejada exclusivamente en mis documentos”. Entonces leyó su propio alegato de defensa, admitiendo abiertamente que seguía siendo un revolucionario pese a que esto pudiera acarrearle una sentencia grave, incluida la pena de muerte.
Lo que vale la pena señalar es que en la época del KMT, en la década de 1930, no todos los dirigentes y miembros del partido obedecieron al líder supremo para condenar al reo o guardar silencio, como ha ocurrido en el caso de Liu Xiaobo por parte del PCC, sino que algunos miembros destacados del KMT acudieron en ayuda de Chen para asegurar que tuviera un juicio justo. En contraste con el juicio farsa montado por el PCC, el KMT tuvo que organizar un proceso público para enjuiciar a Chen, por lo que las vistas y los interrogatorios del tribunal quedaron plenamente reflejados en la prensa, que no pertenecía al partido, sino que era independiente; algunos de los periódicos estaban dirigidos por intelectuales conocidos que creían sinceramente en la libertad de expresión.
En cambio, en la China actual no hay ni un solo periódico independiente. Por eso, mientras que la prensa reprodujo fielmente el alegato de Chen contra el KMT, la declaración pública de Liu Xiaobo, en que este afirmó que el PCC “no es mi enemigo”, fue censurada en la China del PCC. Además, el KMT también dio a Chen en la cárcel un trato mejor que el maltrato aplicado por el PCC a Liu. Pese a que miles de revolucionarios murieron en las cárceles del KMT, al menos Chen recibió un trato correcto. Le permitieron reunirse regularmente con su esposa en privado, incluso más allá del límite de tiempo oficial. Al final, mientras que Chen fue puesto en libertad en 1937 y pudo lanzarse de inmediato a la lucha contra la invasión japonesa y criticar la tibia guerra defensiva organizada por el KMT, Liu ha muerto bajo custodia y su esposa sigue siendo prácticamente una prisionera.
En la década de 1930, el KMT estaba en proceso de convertirse rápidamente en un régimen fascista. En nada se parecía a un “absolutismo benevolente”. Sin embargo, si comparamos el trato que dio a Chen con la manera en que el PCC ha tratado a Liu y muchos otros, todavía se puede ver una diferencia. Desgraciadamente, hay progresistas en el mundo que lo ven de otro modo.
Dicho esto, la afirmación de que Liu fue un gran pensador demócrata es un poco exagerada. Es un mártir y como tal un hombre de gran valentía moral, y así será recordado. Sin embargo, no fue un gran pensador demócrata. Políticamente mostró repetidamente cierta ingenuidad y se contradijo a sí mismo. Hay que apuntar en su haber que defendió ideas democráticas liberales que llevaron a su encarcelamiento y su muerte en prisión. Pero también fue un arduo defensor de la privatización de las empresas públicas y de las tierras agrícolas estatales, y cabe preguntarse qué tendría eso de democrático. Era conocido por su defensa de la no violencia, pero el cuadro completo es más complicado. Apoyó de todo corazón la guerra de Bush contra Irak en 2003 y condenó a la ONU por no apoyar la invasión por parte de EE UU y el Reino Unido, calificando al dúo de “representante del régimen de libertad y benevolencia”.
El hecho de que se ofreciera a Liu el premio Nobel de la paz fue como un intento de cuadrar el círculo. Pero no seamos duros con Liu en estos momentos, pues ni él mismo pretendió ser un “gran pensador” ni hizo nada para convencer al Comité del Nobel de Noruega de que le concediera el galardón. Esto es responsabilidad de quienes desean utilizar a Liu. Ahora debemos seguir centrándonos en exigir que Pekín libere a Liu Xia. Deberíamos plantearnos lanzar un boicot internacional contra el capitalismo burocrático chino con el fin de presionar al PCC a que respete los derechos humanos básicos y en particular a que libere a Liu Xia. Expresemos nuestro dolor por la muerte de Liu Xiaobo y solidaricémonos con Liu Xia.

Au Loong-Yu
Viento Sur

Au Loong-Yu es miembro del Movimiento sin Fronteras de Hong Kong.

Al menos 200 ecologistas fueron asesinados en 2016, en su mayoría en Latinoamérica



Al menos 200 activistas ambientales, una cifra récord, fueron asesinados en el mundo en 2016, el 60% de ellos en países de América Latina, indica un informe de la ONG Global Witness publicado este jueves.
El balance, que dobla el de hace dos años, es el más grave desde que la organización empezó a contabilizar los asesinatos de ecologistas en 2002.
Se trata del reflejo de una ola de violencia en la que "las empresas mineras, madereras, hidroeléctricas y agrícolas pisotean a las personas y al medio ambiente en su búsqueda de ganancias", lamenta la organización.
En 2016 los asesinatos de activistas ambientales se extendieron ademas geográficamente, hasta 24 países distintos, comparados con los 16 países de 2015.
Brasil, Colombia y Filipinas acaparan más de la mitad de los asesinatos, seguidos por India, Honduras, Nicaragua, la República Democrática del Congo y Bangladés.
"La despiadada lucha por la riqueza natural del Amazonas hace que Brasil sea, una vez más, el país más mortífero del mundo", con 49 asesinatos en un año, indica el informe.
Al mismo tiempo Honduras sigue siendo el país más peligroso por su número de asesinatos per cápita durante la última década.
El 60% de los asesinados tuvieron lugar en países de América Latina y el 40% de víctimas eran miembros de grupos indígenas, indica la ONG.
"La lucha por proteger el planeta se intensifica rápidamente y el costo puede ser cuantificado en vidas humanas. Más personas en más países se están quedando sin otra opción que plantarse en contra del robo de sus tierras o la erosión de su medio ambiente", lamenta Ben Leather, de Global Witness, citado en el informe.
De los asesinatos que han podido ser relacionados a una actividad en concreto, la minería es la industria más sangrienta, con al menos 33 asesinatos vinculados al sector.
Por su parte también aumentaron las muertes vinculadas a empresas madereras (de 15 a 23 en un año), mientras que hubo 23 asesinatos relacionados con proyectos de la industria agraria.

Récord histórico en Colombia

En el caso de Colombia, el número de asesinatos alcanzó un máximo histórico de 37, que Global Witness atribuye a las consecuencias inesperadas del proceso de paz, con las áreas que hasta ahora estaban bajo el control de las guerrillas convertidas de pronto en objetivo de "la codicia de compañías extractivas y paramilitares".
El informe también cita el testimonio de Jakeline Romero, una líder indígena colombiana amenazada por manifestarse contra El Cerrejón, un de las más grandes minas del mundo a cielo abierto.
"Te amenazan para que te calles. No me puedo callar", dice esta activista que lucha contra la mina, propiedad de las mineras suiza Xstrata, británica Anglo American y australiana BHP Billiton.
Proteger los parques naturales —donde actúan los cazadores furtivos para cazar elefantes y recuperar sus cuernos— también es una actividad peligrosa, como demuestran los nueve asesinatos de 2016 en la República Democrática del Congo.
La mayoría de la violencia está localizada en países tropicales, donde la falta de regulación del sector minero y maderero facilita la contaminación del agua, la confiscación de tierras y el desplazamiento de pueblos indígenas.
La corrupción y el abuso de autoridad llevan también a veces a los representantes de la ley a actuar en contra de los activistas de su propio país en vez de protegerlos, según Global Witness. La consecuencia es que policías y soldados han sido identificados como sospechosos en al menos 43 asesinatos en 2016.
"El asesinato es el resultado extremo de una táctica que consisten en silenciar a los activistas, incluyendo amenazas de muerte, arrestos, abusos sexuales, secuestros y agresivos ataques legales", indica la ONG.
El informe de 60 páginas reúne testimonios de activistas que se han visto enfrentados a la intimidación y a la violencia por protestar ante lo que consideran el pillaje de su tierra.
"Hemos realizado 87 marchas, exigiéndoles que respeten nuestros derechos y no hemos tenido respuesta. Como respuesta, solo hemos recibido balas", explica Francisca Ramírez, una nicaragüense de 39 años que se opone al proyecto de canal para conectar los océanos Atlántico y Pacífico.
En 2016 fueron asesinados en Nicaragua once defensores del medioambiente, lo que lo convierten en el país más peligroso del mundo en número de muertes per cápita este año.

La disputa China-EU fractura América Latina

Con sencillez y profundidad, Oscar Ugarteche y Armando Negrete, del Observatorio Económico Latinoamericano (Obela), trazan las nuevas fracturas tectónicas en la región en un breve y documentado artículo titulado Perspectivas de las economías latinoamericanas frente a la economía mundial (goo.gl/vGQV48).
El argumento central es que el giro proteccionista, en Estados Unidos con Trump y en Inglaterra con el Brexit, acelera los cambios económicos (y geopolíticos) en la región, donde las economías son cada vez más dependientes y están estructuralmente abroqueladas en el patrón de acumulación de la década de 1950, o sea, exportación de materias primas e importación de bienes industriales.
En este marco de profundización de la dependencia, la emergencia de China como actor central en el sistema-mundo ha provocado una fractura estructural en América Latina: Sudamérica ha virado hacia China y la cuenca del Caribe ha estrechado su histórica relación con Estados Unidos, sostienen Ugarteche y Negrete.
Para graficar esa fractura, muestran las tendencias comerciales de los países de América del Sur, por un lado, y los de América Central, México y el Caribe, por otro. El resultado es que México envía 81 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos, en tanto Brasil exporta sólo 12 por ciento y Argentina 5 por ciento a ese destino. El color de los gobiernos no es lo fundamental: el derechista argentino Macri ha renovado y profundizado los lazos con China, por razones estructurales.
El país que está en el centro de esta fractura es Venezuela. El párrafo decisivo, a mi modo de ver, es el siguiente: De un lado la inversión extranjera más importante de EU es de capital de PDVSA en la forma de CITGO, una de las principales empresas refinadoras y distribuidoras de gasolina después de Exxon. De otro, Venezuela le vende crecientemente a China y se endeuda con Rusia, lo cual crea un escenario bélico en la cuenca del Caribe, mare nostrum americano.
La conclusión es sencilla, aunque trágica: Por primera vez existe una posibilidad real de una guerra de alta intensidad propiamente dicho, frente a la eventualidad de problemas de pagos de deuda con PDVSA. Los miembros de Obela creen que es muy posible una quiebra de la petrolera y un cese de pagos, lo que generaría un problema internacional mayor.
En opinión de Ugarteche y Negrete, la solicitud de Colombia para ingresar a la OTAN se relaciona con el este futuro bélico, así como la declaración de Barack Obama de que Venezuela es una amenaza para Estados Unidos.
En este punto, vale recordar los análisis del brasileño José Luis Fiori, quien se apoya en Nicholas Spykman (1893-1943), el teórico geopolítico que tuvo mayor influencia sobre la política exterior de Estados Unidos en el siglo XX, para actualizar los debates latinoamericanos durante la transición sistémica en curso.
Para Spykman, señala Fiori, el Caribe, más Colombia y Venezuela, forman una zona de influencia donde la supremacía de Estados Unidos no puede ser cuestionada, ya que los consideraba un mar cerrado cuyas llaves pertenecen a Estados Unidos, lo que significa que quedarán siempre en una posición de absoluta dependencia (goo.gl/9ti7oW).
En esta mirada de la región, Fiori sostiene que Estados Unidos y Brasil se enfrentarán inevitablemente a lo largo del siglo XXI, ya que son los dos únicos países con capacidad de liderar la región con proyectos propios. Y concluye: El problema es que la posición de Washington es clara, pero no sucede lo mismo con la mayor parte de los gobiernos progresistas de la región.
Si la confrontación es inevitable; si la guerra es posible, deberíamos colocar esa perspectiva en los análisis de los movimientos antisistémicos para adecuar la organización y la conciencia ante esos escenarios. De allí se desprenden algunas consideraciones.
La primera es que la llamada crisis de la democracia, la desarticulación del Estado-nación y de las organizaciones que giran en torno a sus instituciones (desde los partidos políticos hasta las grandes centrales sindicales), son tendencias de carácter estructural que no puede ser revertidas por tal o cual caudillo, dirigente o administrador.
Tomarse en serio la democracia electoral, mientras la clase dominante le apuesta a la militarización y prepara masacres, es una irresponsabilidad para quienes queremos cambiar el mundo. Eso no quiere decir que se deba darle la espalda a las urnas, sino que el eje central debe girar en torno a la organización de los sectores populares y no en torno al apoyo a los representantes, porque éstos no pueden hacer gran cosa, aunque realmente quieran hacer algo.
La segunda tiene que ver con la guerra. Hace poco más de un siglo, cuando la socialdemocracia alemana votó los créditos de guerra y apoyó a su propia burguesía en la primera guerra mundial (1914-1918), el internacionalismo se hizo añicos y una profunda crisis carcomió las entrañas de las fuerzas revolucionarias. Alguna lección deberíamos aprender de aquella penosa historia.
Frente a quienes apoyaban a los gobiernos y los Estados, los rebeldes rusos delinearon una estrategia bien distinta: convertir la guerra interimperialista en guerra de clases para hundir a la burguesía. Las cosas hoy no son idénticas. Pero en los momentos de grandes virajes y conflictos mayores, no deberíamos caer en la trampa de apoyar a los gobiernos-Estados sino aprovechar el colapso institucional que sucede durante las guerras, para construir/expandir el poder de los de abajo.
Los grandes cambios en la historia de la humanidad suceden durante guerras. La historia del siglo XX debe persuadirnos de esa triste realidad.
El análisis económico de los miembros de Obela nos debería quitar la venda de los ojos y evitar que el pragmatismo oscurezca la ética. ¿Cómo nos estamos preparando para los momentos álgidos que se vienen? El paso fundamental se relaciona con la disposición de ánimo, lo que supone mirarnos al espejo para decidir a qué estamos dispuestos.

Raúl Zibechi
La Jornada

jueves, julio 20, 2017

Brasil: La reforma laboral es una agresión estratégica a los trabajadores



La reforma laboral produjo la satisfacción del conjunto de la clase capitalista. Establece el pago por debajo del salario mínimo y jornadas laborales de hasta 12 horas, consagra la preeminencia de los convenios por empresa por encima de los convenios colectivos de la industria, autoriza a tercerizar la actividad principal de la empresa y precarizar los trabajos, obliga a las mujeres embarazadas y lactantes a trabajar en lugares insalubres, habilita pagar según productividad y eliminar las protecciones al trabajador. (Ver nota: Los puntos de la reforma)
Sin embargo, este monumental ataque no asegura que Temer salve su pellejo; algunos señalan que sería echado una vez que se sancione la otra gran asignatura: la reforma previsional. La ofensiva judicial es impulsada desde el norte. La operación Lava Jato y las revelaciones de los hermanos Batista, fogoneadas desde Estados Unidos, han apuntado a quebrar la articulación industrial y financiera armada en torno de Petrobras y el sistema de contratos y concesiones otorgadas desde el Estado.
Odebrecht está haciendo un esfuerzo por salvar sus posiciones en Brasil, y procura negociar -a cambio de las revelaciones- la continuidad de sus negocios. Pero una destitución de Temer desbarataría todos los arreglos hechos en el último año con las constructoras y empresas coimeras y Brasil asistiría a una enorme transferencia patrimonial entre capitales extranjeros y nacionales.

La condena de Lula

Algunos comentaristas destacan que la “coincidencia” entre el anuncio de la condena de Lula y la sanción de la reforma laboral apuntó a cambiar el foco de atención de la opinión pública. El cerco judicial contra el ex presidente refuerza la presión de la burguesía para que el PT no saque los pies del plato. Más allá de la denuncia encendida contra la amenaza de proscripción de su candidatura, el PT y la CUT no promovieron una movilización contra la destrucción de los derechos laborales. Ambas organizaciones jugaron un papel clave para que el paro del 30 de junio tuviera un menor alcance que el del pasado 28 de abril. En lugar de impulsar la huelga general y la acción directa, el planteo del PT es esperar a las elecciones previstas para finales de 2018. La consigna de “directas” ha quedado cajoneada. Lula incluso cuestionó la validez de las acusaciones que activarían el juicio político contra Temer.
Un retorno de Lula, sin una movilización política de gran alcance, es inviable; en especial para operar como contención. Sería una carta que la burguesía reserva en caso de desmadre.

Los desafíos

¿Cómo responde la izquierda a este impasse, en medio de un ataque estratégico contra la legislación laboral?
El PSOL ha conformado recientemente un “Frente Amplio” con el PT y otros nucleamientos, para reclamar elecciones directas inmediatas. Pero ha quedado pedaleando en el aire, pues el PT ha arriado esa bandera.
EL PSOL tiene la apariencia de un frente de izquierda, pero es un aparato que se encuentra al arbitrio de una camarilla parlamentaria de viejos dirigentes del aparato petista. No se puede hablar de un “partido de tendencias”, pues las tendencias no deciden ni determinan la orientación del partido. En la mayoría de los casos, los candidatos centrales han sido hombres y mujeres que han participado de gobiernos capitalistas (como Erundina, ex alcaldesa de San Pablo).
En las elecciones estaduales del año pasado, en el segundo turno, el PSOL cerró un acuerdo con el PMDB (el partido de Temer) en Belén (capital de Pará) y el candidato del PSOL, en Cuiabá (Mato Grosso), fue el procurador Mauro, un evangelista contrario al derecho al aborto y al casamiento gay, entre otros. Ha tenido siempre una fuerte influencia clerical, consentida por el arco izquierdista. El candidato del PSOL, en Río de Janeiro, Marcelo Freixo, hizo campaña con el planteo de que “sería absurdo demonizar al capital privado”.
Esta política no ha sido un obstáculo para la colaboración de las diversas corrientes de la izquierda “radical”. Tal es el caso del MES (enrolada en el MST argentino), que ha apoyado entusiastamente las candidaturas más reaccionarias del PSOL y recibido incluso apoyo financiero de la siderúrgica Gerdau. La CST, corriente afín a Izquierda Socialista de la Argentina, denuncia estas candidaturas, mientras las acompaña en las listas. El Movimiento Revolucionario de Trabajadores (MRT-PTS) ha renovado el pedido de ingreso al PSOL. A este arco se ha sumado el Movimiento para una Alternativa Independiente (Mais), la fracción que rompió con el PSTU, favorable a una campaña por las ‘diretas’ con el PT. La supuesta “autonomía” para justificar la permanencia en sus filas sirve como excusa para desarrollar una complicidad política con un planteo y una dirección atada por toda clase de vínculos con las patronales y el Estado. El PSOL es, probablemente, la versión más derechista de los “partidos amplios” y “plurales’ que han fracasado en otras partes del mundo, como es el caso de la griega Syriza.

Congreso de bases

La cuestión inmediata de derrotar las reformas previsionales, laborales y fiscales -y dar continuidad a las dos huelgas generales últimas-, que amenazan socialmente al conjunto del movimiento obrero, plantean la necesidad de un congreso de bases de la CUT y Conlutas. Es necesaria una campaña de agitación en esta dirección y promover, al mismo tiempo, congresos regionales o por sindicatos y plenarios de activistas, para romper la atomización obrera que promueven el Estado y sus partidos. Tomada en su conjunto, la situación brasileña se encamina hacia crisis aún mayores que las que han tenido lugar hasta ahora. Son una oportunidad para impulsar movilizaciones de masas que pongan fin al régimen existente.

Pablo Heller

El lado oscuro-muy-oscuro y criminal de la ciencia servil del nazismo



Reseña del libro La ciencia del exterminio. Psiquiatría y antropología nazis (1933-1945), de Benno Müller-Hill

Sobre el autor: Benno Müller-Hell nació en Friburgo, la ciudad de la que fue rector en tiempos turbulentos Martin Heidegger, la también ciudad universitaria de Eugen Fischer, uno de los principales representantes de la antropología aria. El autor es actualmente profesor de Genética de la Universidad de Colonia e investigador científico, ámbito en el que es conocido por sus descubrimientos en torno al represor lac y la proteína precursora amiloidea.
Su preocupación e investigación política-cultural: estudiar el papel que jugaron los antropólogos y psiquiatras eugenésicos del Tercer Reich, sorprendido por la escasa bibliografía existente sobre la cuestión.
Su posición política general en el ámbito de la política científica: oposición radical y documentada hacia “la actual eclosión de los proyectos empresariales que, en nombre de la eugenesia positiva, alientan el control de los genotipos de la población”.
Sus ideas gnoseológicas y su pregunta central: Las ciencias naturales, sostiene, “tienen una historia de la formación de su estructura y una historia de sus efectos”. Toda persona dedicada al cultivo de las ciencias naturales, prosigue, “siente la inquietud de seguir la formación de las estructuras de su ciencia, pues incluyen belleza y verdad a un tiempo. Así, la historia de la genética es, por una parte, la historia del descubrimiento de la verdad de los organismos vivientes y, por otra, la historia de sus efectos”. Basta una ojeada a un puesto de venta en cualquierl mercado “para apreciar los hermosos frutos obtenidos por antiguos y modernos cultivadores…”. Lo mismo ocurre con las crías de animales. Pero la cuestión central: “¿qué ocurre con los efectos de la genética en los seres humanos?”.
Su posición humanista alarmada: “Cuando ahora pienso en la historia de los efectos de la genética en la antropología y la psiquiatría, contemplo desiertos de ruinas y destrucción. El derramamiento de sangre de millones de seres se olvidó con la mayor celeridad. La historia más reciente de los efectos de estas ciencias humanas vinculadas a la genética es confusa y está llena de actos delictivos; sólo es comparable a una pesadilla” (p. 13)
La estructura del libro, de un ensayo muy recomendable: 1. Prólogo. 2. Una cronología alemana. Cronología de la identificación, segregación y exterminio de los diferentes (¡vale la pena leerla con detalle!). 3. De la discriminación de los judíos a la esterilización de los enfermos mentales. 4. De la matanza de enfermos mentales a la matanza de judíos y gitanos. 5. El aprovechamiento de los desposeídos en la investigación psiquiátrica y antropológica. 6. Sobre el papel y la autojustificación de algunos antropólogos. 7. Nueve preguntas. 8. Advertencia y testimonios de gratitud. 9. Conversaciones.
¿Les interesa la relación entre ciencia, poder y fascismo?
¿Les interesa el papel de la ideología en el quehacer de los científicos en un marco irracionalista y antihumanista generalizado?
¿Les preocupa que se haya desvirtuado la realidad y los resultados obtenidos para complacer al poder y sus “verdades incuestionables”, mostrando todo ello como ciencia, como buena ciencia?
¿Les preocupa la responsabilidad de los científicos en el ámbito de las ciencias humanas?
¿Creen en la neutralidad de la ciencia sin numerosos y decisivos matices complementarios?
¿Somos conscientes de la importancia poliética de los científicos concernidos y comprometidos en coyunturas negras o muy oscuras? ¿De sus riesgos?
¿Podemos arrojar la verdad a la cuneta -¡todo vale!, ¡no hay verdades!- y situarnos en el ámbito de la posverdad como ahora se afirma y promueve?
¿Fueron ignorantes los científicos alemanes de la ignominia en la que estaban inmersas las ciencias que muchos de ellos practicaban?
¿Tenemos consciencia y recuerdo de los científicos y científicas que fueron capaces de resistir presiones y sobornos en circunstancias nada fáciles?
¿Llegaron a matar algunos científicos para obtener ojos, sangre y cerebros? ¿Fueron ayudantes suyos? ¿Colaboradores externos? ¿Prácticas “externalizadas” tal vez?
¿Fue una excepción el Dr. Mengele? ¿De verdad de la buena? Si lo fue, ¿qué tipo de excepción fue la suya?
¿Es justo el autor, hablando epistemológicamente, cuando escribe: “La objetividad abrió a los científicos la puerta a las mil barbaridades. Los alemanes dedicados a las ciencias físicas y naturales y a la medicina vivían en un mundo sin valores. Los de los judíos no les eran propios. Los de los cristianos tampoco eran reconocidos por ellos. Los de la Ilustración y la Revolución francesa nunca habían sido populares entre ellos. Así, por pura objetividad, los científicos y los médicos estaban dispuestos a todos” (p. 177)? ¿Por pura objetividad? ¿Vale, nos vale como explicación?
¿Fueron muchos médicos alemanes mensajeros del exterminio? ¿Por qué no se rebelaron? ¿Por qué consintieron? ¿Fueron sus prácticas, como las de antrópologos y psiquiatras, parte de un experimento funesto?
¿Como una mediocridad filosófica como Rosenberg pudo convertirse en un filósofo-pensador de referencia para muchos miembros de las comunidades científicas de uno de los países más avanzados científica y culturalmente del mundo?
¿Sinrazón de la ciencia o científicos con ideas irracionalistas? ¿Podemos hablar de una ciencia perversa, de una ciencia nazi? ¿Ninguna, osamos preguntar, de todas aquellas investigaciones, ideológicamente sesgadas, tiene validez científica?
¿Hablaron estos científicos después de 1945? ¿Justificaron sus acciones y omisiones? ¿Les cegó su ideología, el miedo, la situación? ¿Por qué los tribunales de la RFA decidieron que habían proscrito sus delitos? ¿Justifican los herederos, muchos de ellos científicos, las prácticas de sus progenitores?
¿Como se consiguió que el exterminio de enfermos mentales, de judíos, de opositores, fuera un misterioso secreto para la mayor parte del “pueblo alemán”, incluso para sus élites científicas?
¿Llegaron a sentir entusiasmo los psiquiatras y antropólogos cuando Hitler llegó al poder? ¿Le vieron como un promotor de sus ideas? ¿Es insensata esta última pregunta
¿Creían muchos científicos alemanes y en base a qué que los comunistas y los judíos eran los responsables de la derrota de Alemania en la I Guerra Mundial?
¿Los científicos, como señala el autor, subliman su sexualidad en la ambición y su instinto mortal -destructor- en el análisis? ¿Ya antes del nazismo antropólogos y psiquiatras “habían comenzado a despojar de toda sublimación su instinto de muerte”?
Hay muchas más preguntas, me quedo aquí.
¿Les interesan estas temáticas? ¿Les conciernen estas preguntas? Si es así, este es un libro absolutamente recomendable, estemos o no de acuerdo con todos los compases y notas de esta sinfonía aún inacabada, siempre inacabada probablemente.
Se echan a faltar un glosario básico y un índice onomástico y analítico. Poco más. Tal vez también, calibrar el inmenso horror que el nazismo y sus científicos causaron, específicamente, en las clases trabajadoras alemanas
Una recomendación complementaria sobre este asunto inagotable que deberíamos tener siempre muy presente: Alejandro Andreassi, El compromiso fáustico. La biologización de la política en Alemania, 1870-1945, Vilassar (Barcelona), El Viejo Topo, 2016.
No se lo pierdan. Tampoco este último.

Salvador López Arnal
El Viejo topo

Barcelona, editorial Dirección única, 2016, 308 páginas. Traducción de José María Balil Giró. Nota de la edición castellana: Falconetti Peña.
Fuente: El Viejo Topo, mayo de 2017

Venezuela, la oscura causa

La Pupila Asombrada - La Sal de la Tierra



#LaPupilaTV hace una aproximación al documental "La sal de la Tierra", sobre la vida y obra del fotógrafo Sebastião Salgado. Siempre con nuestras secciones "Aunque no esté de moda", "Pupila Ilustrada" y "Futuro inmediato

Las falacias en su centro

La verdad social puede ser escurridiza. No basta con pretenderla para hallarla. A diferencia de la manzana de Newton, no siempre cae hacia abajo. En gran medida su descubrimiento depende de nuestros ojos; y más que de los ojos, de nuestra mirada, o para ser más exactos, de nuestro ángulo de visión, de nuestra atalaya. Existe con independencia de los individuos; pero la guerra en torno a su legitimación expresa intereses. Las simplificaciones más comunes acogen extremos falsos: que la verdad está repartida entre todos, que es la suma de todos los ángulos de visión; que sin la verdad de los explotadores es parcial e incompleta la verdad de los explotados. Es curioso, pero los extremismos se ubican, paradójicamente, en la comodidad del centro.
Algunos textos de apreciados colegas que fueron publicados en medios digitales y la entrevista que Cubadebate me hiciera –aparecida también en las páginas de Granma–, todos sobre el supuesto centrismo de corrientes ideológicas que intentan asentarse en Cuba, provocaron un enorme revuelo en diversas plataformas digitales, algunas de abierto perfil contrarrevolucionario. Lo paradójico es que, al menos en las primeras jornadas, los aludidos y los que no habían sido aludidos –pero sintieron que podían serlo–, en lugar de discutir los argumentos, invirtieron los roles: nos acusaron de victimarios, de censores. La exigencia de que hablásemos de los problemas de la agricultura, o de la burocracia, o de cualquier asunto no resuelto, y no de tendencias ideológicas, paralizaba el debate. Pero la excusa es insostenible: ninguno de los problemas actuales que enfrenta el país podrá ser resuelto si perdemos la Revolución (1).
Iniciaré estas reflexiones, que pretenden rescatar el debate extraviado, con una breve referencia al artículo que Cuba Posible –principal plataforma en la web del más sutil pensamiento restaurador– coloca como primera respuesta a la denuncia de su intención desmovilizadora, e iré abriendo el análisis a otros tópicos. El autor del texto, Lennier López, acepta y reivindica el término desde el propio título: La centralidad del tablero es radical, demócrata, socialista e ilustrada. Para ello apela a dos o tres ideas muy simples, impracticadas e impracticables: hay que eliminar los “discursos polarizadores”, la “política de guerra”, porque según su aséptica comprensión, la política “es la administración efectiva del poder”, y no “una batalla desleal, sin reglas”, por eso propone sustituir el eje “izquierda-derecha” por “la centralidad del tablero (…) de una partida en desarrollo”. Todo esto, reconozcámoslo, dicho de forma elegante, desde una torre que llaman “laboratorio de ideas” –como se autodenomina esa Cuba que solo sería Posible si perdemos a Cuba–, construida, según declaración reciente de sus fundadores, para propiciar “una evolución gradual del actual modelo sociopolítico cubano”, mientras otros desde Washington, y desde algunas otras sedes alternas y subcapitalistas de América Latina, mueven en Caracas los hilos de la “política de guerra”, de la violencia, o alternan funciones en el reparto de zanahorias y garrotes para Cuba (Obama dixit).
Lennier insiste en la metáfora de la partida de ajedrez –empleada antes por el derechista Aznar, cuando era primer ministro de España y respondida por Fidel– para entender la política: “las piezas –dice el articulista citado– están dispersas ocupando columnas, diagonales y casillas en todos los sectores del tablero. La centralidad resulta, entonces, un intento de hacer política desde la transversalidad”. Viene al caso la respuesta de Fidel al político español: “hubo un caballerito que como en un tablero de ajedrez me dijo que si Cuba movía fichas, ellos movían fichas y yo le dije que el destino de un país no se juega en un tablero de ajedrez”. Lennier, desde luego, no pretende una discusión de pueblo, aunque la invoque y enumere deficiencias o carencias no estructurales, que cualquiera reconocería, para eludir los temas de fondo.
Hay señales de olor en el texto que atraen al público entendido, capaz de “degustarlo”; actitudes correctísimas, que prestigian mucho: Lennier defiende, por supuesto, la Razón y adopta el discurso de la Ilustración, el de la burguesía en ascenso, en una suerte de utopía reaccionaria, aunque se declara, a la vez, moderno, postmoderno y postestructuralista. Pretende estar en el centro, ser antidogmático, pero asume todos los dogmas de la derecha. Hay que reconocer que fue creativo al utilizar el término Centralidad… ¡qué hallazgo! Como me comentaba alguien que no respeta esa portentosa imagen: es un gato en el centro del tejado de zinc caliente. Y en un quejido lastimero declara: “¡Qué desperdicio para una nación el dejar fuera de la participación política a varios segmentos de sí misma!” ¡Sí, qué desperdicio, digo yo, que haya clases y lucha de clases, naciones opresoras y naciones oprimidas, patriotas y vendepatrias! Lennier es tan socialista como Felipe González.
Porque en lo común no se trata de perspectivas o de opiniones diferentes, sino de intereses contrapuestos. Repito y preciso: intereses de clase. El conflicto histórico de los Estados Unidos con Cuba, el que hoy todavía nos separa, nada tiene que ver con una diferente comprensión de los derechos humanos. Batista, Trujillo, Somoza, Pinochet, fueron socios –en el sentido cubano del término– del imperialismo (no hablo únicamente de los gobernantes estadounidenses). Donald Trump acaba de regresar de Arabia Saudita, adora a los jeques sauditas –el nombre del país se deriva del apellido de la familia real–, y les venderá armas con componentes israelíes. No se confundan: no es el abrazo final de árabes y judíos, es el abrazo de árabes ricos, judíos ricos y estadounidenses ricos en contra de sus respectivos pueblos. En los 70 del siglo pasado, los hippies enfrentaron al sistema con audacia y candor: “hagamos el amor y no la guerra”, decían y recibían una paliza tras otra como respuesta, mientras los B52 partían con sus armas químicas –ahora son drones o misiles “inteligentes”, la muerte se administra por computadora–, sordos de ira, hacia Viet Nam. La guerra imperialista en Indochina terminó porque el pueblo vietnamita expulsó con las armas en la mano a los invasores y a sus mercenarios locales ¿Es cosa del pasado?

¿Los frentes amplios de la izquierda son centristas?

Todo pareciera conducir en el mundo al centrismo: los movimientos revolucionarios construyen frentes amplios que incorporan a una militancia no tradicional, históricamente desmovilizada y descreída, que exige el cumplimiento estricto de la democracia burguesa. Ello es saludable, es un paso de avance y una estocada de muerte, ya que sabemos que en tiempos de crisis el sistema ni quiere ni puede cumplir con unas reglas que fueron concebidas para reproducir el poder burgués, no para socavarlo. Sin embargo, el proceso debe servir para educar a las masas, y sobre todo, a los dirigentes; la democracia burguesa solo los llevará al gobierno si está rota, si alguno de sus conductos de oxigenación está obstruido por la crisis, y aún así, nunca al poder; entonces, ya en el gobierno, tendrán dos alternativas: o mantienen un perfil anodino, de infinitas dejaciones y concesiones, de espaldas al pueblo, lo que desilusionará a los electores en la próxima ronda (y no evitará la cruenta demonización mediática) o intentan tomar el poder, es decir, radicalizarse.
Si anuncian que van a por más, que quieren el poder, el tigre (que no es de papel) saltará al cuello, a morder la yugular; y si lo anuncian y no se mueven, la pierden. Si, en cambio, permanecen en los límites precisos de la democracia burguesa y a pesar de ello entorpecen los proyectos de enriquecimiento trasnacional –de los que la viceburguesía antinacional obtiene siempre alguna ganancia–, el ALCA por ejemplo, el sistema judicial encargado de proteger a los ricos intentará castigarlos de manera drástica. Para eso existe la “separación” de poderes, todos en manos de una minoritaria clase social. Escoja usted la variante más eficaz: golpes de estado judiciales (Honduras, Paraguay, Brasil), procesos y condenas a expresidentes “indisciplinados” que conservan el apoyo de las masas y pueden regresar al Gobierno –nunca tuvieron el poder– (Dilma y Lula en Brasil, Cristina Fernández en Argentina).
Finalmente, si el frente amplio toma el poder, será declarado totalitario, antidemocrático, y populista (una palabra que despojan de sus significados históricos y concretos para reducirla a la acepción más grosera, la de demagogia). Y vaya paradoja, los restantes frentes que puedan existir en el mundo en lucha electoral, tendrán que moderar aún más el lenguaje, evitar hablar de los que consiguieron llegar, desmarcarse de ellos. Da igual, el sistema los acusará de ser sus cómplices o peor, sus seguidores: ahora por ejemplo está de moda espantar al electorado colonizado –y a los políticos “correctos”– con la amenaza de que la nueva izquierda quiere convertir el país en otra Venezuela, o en otra Cuba.
Así las cosas, mientras el sistema hace aguas en medio mundo, sus ideólogos intentan reciclarlo asfixiando revoluciones y retornándolas de vuelta al redil. Si le exigen a una Revolución en el poder que restaure la democracia burguesa (separación de poderes, pluripartidismo y medios de comunicación privados), porque esa democracia es importante (para que ellos puedan recuperar lo perdido, desde luego), y sitúan como ejemplo a quienes buscan el poder en países burgueses construyendo frentes amplios –a estos los acusan de ser como nosotros, a nosotros nos acusan de no ser como ellos–, ya sabemos lo que quieren.
Entiéndase esto: la única validación aceptable para el sistema de que hemos introducido correctamente esos instrumentos suyos, es que perdamos las elecciones, el gobierno y el poder. Venezuela es un ejemplo clásico: el respeto estricto a todos los códigos de esa democracia nunca obtuvo la certificación imperialista. Porque si esa “democracia” existe para impedir que la voluntad popular derribe el sistema de dominación, allí donde este ha sido derribado y en los siguientes cinco o diez años no ha logrado restaurarse –esto puede afirmarse de modo “científico”–, funciona mal.
En realidad queremos democracia, sí, eso son las Revoluciones, grandes saltos democráticos, y de lo que se trata es de echar a andar la nueva visión que tenemos de ella, no de restaurar sus viejos postulados. No estamos conformes con el nivel alcanzado en el ejercicio de esa nueva democracia, pero no porque queramos la otra, la que ya sabemos inservible: la comparación es y será con nuestros propios ideales. Porque, hay que recordarlo, en Cuba no pretendemos tomar el poder, ya lo tenemos.
Es cierto que Fidel, como Martí en el siglo XIX, fue el artífice de la unidad de todas las fuerzas revolucionarias. Fidel salvó para la Revolución a seres humanos honestos, que eran revolucionarios o que se hicieron revolucionarios con los acontecimientos o que nunca fueron contrarrevolucionarios, pero no integró de manera ecléctica diferentes tendencias ideológicas, ni incluyó a una sola persona pagada desde los Estados Unidos o Europa. Blas Roca como presidente y Raúl Roa como vicepresidente de la primera Asamblea Nacional, conformaron un dúo simbólico: ambos pusieron su talento y su capacidad creadora al servicio de la más radical de las miradas posibles, la de Fidel, la del Partido, que bajo su liderazgo todos contribuyeron a construir. Fidel no hizo pactos, construyó un nuevo consenso, el que emanaba de la justicia social postergada y anhelada por el pueblo. Rechazó el Pacto de Miami, en momentos en que parecía más necesario que nunca, con argumentos diáfanos: “lo importante para la revolución –escribió Fidel–, no es la unidad en sí, sino las bases de dicha unidad, la forma en que se viabilice y las intenciones patrióticas que la animen”. No adoptó el camino socialista porque el gobierno estadounidense fuera hostil, esa es una afirmación reductora, aunque sin dudas aquel fue un factor catalizador. En septiembre de 1961 escribió:
La Revolución no se hizo socialista ese día [16 de abril]. Era socialista en su voluntad y en sus aspiraciones definidas, cuando el pueblo formuló la Declaración de La Habana. Se hizo definitivamente socialista en las realizaciones, en los hechos económicos-sociales cuando convirtió en propiedad colectiva de todo el pueblo los centrales azucareros, las grandes fábricas, los grandes comercios, las minas, los transportes, los bancos, etc.
El germen socialista de la Revolución se encontraba ya en el Movimiento del Moncada cuyos propósitos, claramente expresados, inspiraron todas las primeras leyes de la Revolución.
El 16 de abril se reafirmó y se llamó por su nombre, lo que orientaba ya hacia el ideal socialista desde el día mismo en que, frente a las aspilleras de la fortaleza militar de Santiago de Cuba o en sus celdas de tortura y muerte o frente a los pelotones de criminales –que defendían un poder caduco–, daban su vida casi un centenar de jóvenes que se proponían lograr un cambio total en la vida del país. Y dentro de un régimen social semicolonial y capitalista como aquel, no podía haber otro cambio revolucionario que el socialismo, una vez que se cumpliera la etapa de la liberación nacional.
En su última alocución pública, que a la postre fue su despedida, frente a los delegados al Congreso del Partido –abril de 2016–, Fidel reafirmó su credo comunista: “A todos nos llegará nuestro turno, pero quedarán las ideas de los comunistas cubanos”, dijo.
No me sorprende que Arturo López Levy, uno de los asiduos ideólogos de Cuba Posible, en uno de los artículos más transparentes de la última semana, escribiera: “La pregunta central de este debate sobre opciones ideológicas no debe formularse en términos históricos, sino políticos [olvidemos la historia, pedía Obama]. No debe ser sobre lo que hubiese hecho Fidel Castro hoy (…) Cuba pertenece a las generaciones actuales de cubanos”. Este autor, que se declara socialdemócrata y sionista, coloca varias carnadas en su anzuelo, pero en un comentario al debate abierto en un blog, termina donde debe terminar: “El día en que se acabe el bloqueo/embargo, soy partidario de que se inicie un proceso hacia la instauración de una democracia multipartidista en Cuba, con libertades de prensa, asociación, y todas las otras recogidas en la Declaración Universal de Derechos Humanos, tal como se entienden por los comités que han estado a cargo de manejar su interpretación”. El título del artículo, sin embargo –que manipula una frase de Martí, el más radical de los cubanos– revela ya su sentido: La moderación probada del espíritu de Cuba. Volveremos a él.

¿Lo mejor de uno y otro sistema?

¿Por qué ha causado tanto escozor mi afirmación de que no es posible integrar “lo mejor” del capitalismo y lo “mejor” del socialismo? Tal manera de concebir la coexistencia (nada pacífica en términos sociales) de elementos de uno y otro sistema, algo que es inevitable, parece establecerlo como fin y no como punto de partida. Hablo desde la perspectiva de un revolucionario (que defiende los intereses de los desposeídos), que es diferente a la de un reformista (que le teme a las masas aunque las invoque mientras procura resguardar sus intereses). La prensa trasnacional hegemónica, al mencionar los cambios que el pueblo cubano decidió introducir, utiliza el vocablo “tránsito” –reiterado por Veiga, uno de los fundadores de Cuba Posible– como si fuese el inicio de un proceso de restauración capitalista.
La promoción de cambios no es per se revolucionaria; tampoco es reaccionaria o conservadora la intención de conservar algo. Todo depende de lo que se quiera cambiar y de lo que se pretenda conservar. En ambos casos, el punto determinante está en las necesidades de los más humildes (“con los pobres de la Tierra quiero yo mi suerte echar”, escribía Martí), solo en relación a ellos se es o no se es revolucionario. La condición del revolucionario no se mide ni por los métodos que se utilizan, ni por la intención de cambios; puede sintetizarse en dos cualidades: va a la raíz de los problemas (es radical) y siente como agravio personal la injusticia, donde quiera que se cometa. Pero aviso a los académicos burgueses (sordos, ciegos y mudos para la verdad): en el siglo XX lo que fracasó, definitivamente, fue el capitalismo. Y los que aman las estadísticas deberían saberlo: el un por ciento de la población mundial tiene tanto dinero como el otro 99 por ciento (datos de la ONG Oxfam divulgados por la BBC). Según RTVE, nada sospechosa de infidencia, el un por ciento de los españoles acumula tanta riqueza como el otro 88 por ciento, lo que significa decir que 466 mil personas poseen tanto como 37,3 millones de conciudadanos.
Algunos autores que desde una supuesta moderación abrazan la idea de “fundir” los dos sistemas, es decir, retornar al capitalismo, aseguran con cinismo que se preservarían las conquistas sociales y la soberanía nacional, aunque saben –claro que lo saben, y los que no, amigos, son unos ignorantes– que a la larga se perderían ambas, por eso exigen que se “profundicen” los cambios. Sabemos el sentido que tiene para ellos el verbo profundizar. Por eso en la entrevista que me hizo Cubadebate insistí en la necesidad de desentrañar la direccionalidad discursiva de cada discurso, no a partir de la posición que cada cual se atribuye, sino a partir de una pregunta simple, que Lenin usó con efectividad: ¿a quién sirve? La palabra cambio implica para los revolucionarios cubanos que se perfeccione el socialismo; para los contrarrevolucionarios, que se desarticule, que evolucione hacia su contrario. Esta no es una discusión teórica ajena a los intereses del pueblo: todas las dificultades, insuficiencias, errores, que hoy padecemos, tendrán solución o no, en la medida en que triunfe o fracase el socialismo cubano. Por eso, sin subestimar las contradicciones (antagónicas) que los elementos de capitalismo y de socialismo generan en Cuba, como en cualquier otro lugar, las preguntas claves son estas: ¿a cuál de los dos sistemas se subordinan?, ¿a cuál sirven?, ¿hacia dónde nos proponemos ir?
La Conceptualización del Modelo, discutida y aprobada por decenas de miles de cubanos en reuniones auténticamente democráticas, que recogían y clasificaban cada criterio, y en la Asamblea Nacional, con las enmiendas derivadas de esos debates, dice en su primer capítulo:
[Este documento] (…) sirve de guía para avanzar hacia la materialización plena de la Visión de la Nación: independiente, soberana, socialista, democrática, próspera y sostenible, mediante el Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social a largo plazo, y otras acciones.
Los objetivos estratégicos de la actualización del Modelo son: garantizar la irreversibilidad y continuidad de nuestro socialismo afianzando los principios que lo sustentan, el desarrollo económico y la elevación del nivel y calidad de vida con equidad. Todo ello, conjugado con la necesaria formación de los valores éticos y políticos, en contraposición al egoísmo, el individualismo y el consumismo enajenante y depredador.
Desde luego, la interacción y lucha de elementos capitalistas y socialistas en el mundo en el que vivimos es una realidad de múltiples aristas. De una parte, el capitalismo, en su guerra por la sobrevivencia, ha incorporado ciertos mecanismos y visiones socialistas de carácter colateral: las luchas sindicales, de género, las victorias anticolonialistas, las revoluciones del siglo XX, la existencia de experiencias, fallidas o no, de construcción socialista, han introducido elementos de justicia social, sobre todo en los países más ricos. No cometamos el error de atribuirle al capitalismo –en su versión de Bienestar Social, en países que fueron usufructuarios del sistema colonial y neocolonial, tuviesen colonias o no, y de la injusta división internacional del trabajo, o simplemente, a sus conquistas laborales–, los huevos de la nueva sociedad (uso de manera libre una imagen de Lenin), engendrados por la resistencia al capitalismo. El capitalismo, como sistema, es el mismo en todos los países ¿Por qué tomamos de ejemplo a los países nórdicos y no a los del Sur, que comparten nuestra historia de expoliaciones, y son, además, la mayoría? ¿Por qué el capitalismo en Cuba –si solo se tratara de copiar un sistema– nos llevaría a ser como Suecia, Suiza o Reino Unido y no como Honduras o Haití? Pero en Suecia, dicho sea también, hay elementos del nuevo orden socio-económico por el que luchamos, que niegan en alguna pequeña medida, el que allí existe.
Es decir, la superación del capitalismo ocurre por diferentes vías, de manera simultánea. Cuando los países latinoamericanos, por ejemplo, adoptan una posición común que se opone a la injerencia imperialista o rescatan la soberanía nacional –que solo puede ser defendida como valor regional–, más allá de sus razones puntuales, están golpeando al sistema. Si un sector de la burguesía argentina o de la brasileña decide reivindicar sus intereses y enfrentar la hegemonía económica y política del imperialismo, el golpe no es bilateral, es sistémico. Todo golpe al imperialismo es un golpe al capitalismo. Los sectores más radicales de esos países en ocasiones no perciben que ese gobierno burgués, a pesar de sí mismo, es un aliado de “lo nuevo que nace”. El imperialismo, por el contrario, sí lo percibe, y le declara la guerra.
Por otra parte, la cultura socialista (anticapitalista) existe como contracultura aún en los países donde hay gobiernos revolucionarios, e incluso en aquellos donde las transformaciones han sido más radicales, porque la cultura del capitalismo (hablo de sus modos de vida, de sus conceptos de éxito y de felicidad) es hegemónica. La base material que sustenta a la nueva cultura es aún débil, de resistencia, tiene un alcance limitado. Un partidario e incluso un protagonista de la revolución, puede ser también un adicto acrítico a los realitys shows de Miami o un reproductor de la cultura del tener, es decir, del capitalismo; puede trabajar durante toda la semana por la consolidación del Gobierno revolucionario, y reproducir en su vida privada, en sus sueños más íntimos, los valores del sistema que combate.
Como el triunfo en el capitalismo se asocia indefectiblemente al dinero, sin importar su origen, y el esfuerzo personal en el trabajo no suele conducir al éxito prometido, el sistema abre pequeñas válvulas de entrada, ajenas al aporte social del individuo: la herencia, el juego en todas sus modalidades, el matrimonio de conveniencia, lo mismo para la mujer que para el hombre, el robo de cuello blanco o de pistola en mano (siempre que el autor logre evadir la justicia). El mercado del deporte se convierte para los pobres en un camino a transitar. Ningún otro relato clásico expresa la esencia de este postulado como el de Cenicienta: un cuento recreado y actualizado de todas las maneras posibles. La corrupción es un subproducto del capitalismo. Si el origen del dinero no es importante, y su posesión establece el rango de éxito o fracaso social del individuo, las vías fraudulentas son un recurso tolerado. Decir que el socialismo genera también burocratismo o corrupción, significa reconocer que hay bolsones de capitalismo en su seno.

¿Qué supone la normalización de relaciones con los Estados Unidos?

Se ha dicho que quienes nos oponemos a las máscaras de centro, conformamos un grupo duro opuesto a la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y Cuba. Nada más ajeno a la realidad. Es una idea que reproduce el esquema que otorga una falsa paridad a los supuestos extremos de La Florida y La Habana: si bien el extremo floridano pudiera asociarse al terrorismo y a la politiquería anticubana, es decir, al lacayismo proimperialista ¿a qué se asocia el de La Habana?, ¿a la defensa de la Patria socialista? Ningún revolucionario cubano viajó en lanchas rápidas para ametrallar poblados floridanos, ni colocó o pagó para que colocasen bombas en industrias o centros recreativos de Miami. Ni siquiera quemó banderas estadounidenses. Pero existe un tercer elemento, que es decisivo: el imperialismo de ese país. Un blog contrarrevolucionario ya de capa caída, publicó hace algunos años un artículo esclarecedor de un tal Castillón:
Pocos luchan mejor por sus países de adopción que los inmigrantes. La historia norteamericana está llena de ejemplos […] Posada Carriles ha sido soldado estadounidense en tiempo de guerra y eso le da derecho a estar en Estados Unidos. Porque Posada, a pesar de haber luchado en un campo de batalla diferente, no es tan distinto de todos esos otros soldados. Porque aunque nos hayamos olvidado de ella y la hayamos relegado a ese cajón en que se guardan los recuerdos molestos, la Guerra Fría fue una guerra real. Una guerra en la que participaron numerosos exiliados en contra de los estados que dirigían sus naciones.
Es aquí donde aparecen las reminiscencias autonomistas y anexionistas. Ambos proyectos decimonónicos, que no conciben el desarrollo nacional sin la presencia dominadora de una potencia extranjera, empalman con el reformismo contemporáneo, gústele o no a López Levy. Evidentemente, no existe concordancia entre el extremismo lacayo y la defensa radical de la soberanía nacional. Permítaseme que me cite brevemente: “¿Qué significa ser extremista? –decía en el artículo La Patria posible–, ¿cuáles son los extremos del debate nacional? Para los revolucionarios cubanos, el extremista es quien adopta de manera irreflexiva consignas y frases hechas, cuyo fondo conceptual ignora o no comprende, y es incapaz por tanto de discernir qué es esencial y qué no lo es. El extremismo conduce al dogmatismo y a la doble moral. (…) Pero nada tiene que ver con la visión radical –que va a las raíces–, y a la postura revolucionaria frente a la realidad”.
Los revolucionarios cubanos (no pertenezco a ningún grupo) abogamos por unas relaciones “normales” entre vecinos civilizados; no obstante, lo que me parece más peligroso de esa suposición que se nos imputa es que revela lo que algunas personas entienden por normalización. Ya se sabe que el restablecimiento de relaciones diplomáticas es el primer paso, y que la normalización, tal como la proyecta Cuba, implica la derogación absoluta del bloqueo económico, comercial y financiero, la devolución de la Base Naval de Guantánamo y el cese de las actividades subversivas en el país. Sin embargo, López Levy es osado y –no puedo evitar la palabra– cínico, al escribir:
No caben dudas de que como priorizamos los intereses de desarrollo económico y bienestar del pueblo cubano, así como el alejamiento de un conflicto militar con Estados Unidos que puede ser devastador para Cuba, los “centristas” tenemos visiones distintas a las de Iroel Sánchez y Enrique Ubieta sobre las relaciones a buscar con Estados Unidos. Una política de distensión, incluso de acciones persuasivas de corte hegemónico, es preferible a la estrategia de coacción imperial por sanciones y financiamiento directo de opositores. (…) Este ambiente distendido permite, también, avanzar en reformas dirigidas a una economía de mercado y a una sociedad más plural en lo político, con afinidades a posiciones como las nuestras, pues Cuba tendría una interacción mayor con un mundo más favorable a ese rumbo.
De esa manera, casi al finalizar su artículo, el socialdemócrata López Levy declara abiertamente su respaldo al proyecto obamista de eliminar el bloqueo por ineficaz –en términos políticos– y no por inmoral y criminal, y sustituirlo por otra política igualmente injerencista, pero menos confrontativa, que reinstaure en Cuba el capitalismo (y la subordinación a Washington). Aceptamos el reto –creemos que este pequeño David puede batir a Goliat en el terreno de las ideas–, a pesar de que el articulista sabe, más por viejo que por diablo, que se trata de una guerra de baja intensidad, con financiamiento a proyectos subversivos de corte no confrontacional como Cuba Posible. Pero igual, cobren o no, el que intente retornar a Cuba a un pasado de capitalismo semicolonial, es mi enemigo. No creo en los centrismos; nadie, ni ellos mismos, creen que sea posible “estar en el medio”.

Enrique Ubieta
Cubadebate

Nota
(1) El debate en las redes sociales se aleja del debate. Es la fiesta de los asombros, cuando aparece, esta vez sí, un grupo. El “sabio” Pedro Monreal casi escribe un tratado para reivindicar la importancia de las estadísticas –Julio Carranza, antes o después que él, insiste en ello–, a partir de una lectura primitiva y/o tendenciosa de mi entrevista. Se quedan en los marcos de la puerta, sin entrar. Un tal Domingo Amuchástegui me endilga todas las culpas y desvíos del espíritu revolucionario, ocurridos desde mis tres años de vida y aún antes. En cambio, algunos de los protagonistas de esos desvíos, censores y adoradores de manuales, escriben largas peroratas sobre la flexibilidad del pensamiento y la dialéctica. Haroldo Dilla, expulsado de la politiquería dominicana por su desmedido oportunismo, propone que se me expulse del debate político de la Revolución cubana.

Lea la entrevista de Cubadebate a Enrique Ubieta:
¿Es posible unir lo mejor del capitalismo y el socialismo? Responde Enrique Ubieta (+ Video)

Enrique Ubieta Ensayista y periodista cubano. Director de la publicación “La calle del medio”.

miércoles, julio 19, 2017

Gobierno de Maduro y la MUD, entre la negociación y la confrontación



Se realizó el plebiscito de la MUD y el simulacro de la oposición. Aunque los números que dio la oposición son difíciles de corroborar, y era más que sabido que el gobierno los iría a cuestionar, lo más esperado era observar la demostración de fuerzas en este domingo y la tan mencionada “hora 0” con lo que alardeó la MUD.

En la doble jornada del domingo ambos sectores utilizaron la táctica del embudo, es decir, la entrada goteada a votar, lentificar todo el proceso y los pocos centros de votación si se compara con una elección normal, buscando mostrar una mayor concentración en importantes puntos. Y funcionó, pues alrededor de los mismos, se mostraron aglomeraciones importantes, pero en términos generales, la oposición se mostró más activa y con mayor dinámica de participación que el chavismo.
Los datos arrojados por la oposición sobre el referendo se declaró para sí más de 7 millones de votos comprobables, y la participación masiva del “ensayo” que declara el chavismo al que se "acudió por millones a sus centros electorales" en relación a los niveles históricos de votantes que ha tenido, que no pueden corroborarse, ya que en el caso del simulacro del chavismo, de hecho, no han dado aún ninguna cifra concreta”. Tanto unos como otros manipulan buscando mostrar fortaleza en la crisis política que vive el país.
Aunque es de destacar, como reportó La Izquierda Diario en un artículo pasadas las horas del mediodía del domingo, la importante participación en el plebiscito de la MUD en zonas populares de Caracas y otras ciudades, dando por descontando obviamente las zonas de clase media y alta donde mantiene un predominio. En el caso de Caracas, en parroquias como Catia, El Valle, Caricuao, Antímano, Petare, eran verdaderamente grandes las colas y la movilización. Si bien es cierto que el gobierno también mostró bastante participación en algunas de estas zonas, lo sintomático es que al contrario no ocurre, es decir, el gobierno no puede mostrar alta participación en su simulacro en las zonas de clase media y alta, y eso marcó en cierta manera la diferencia real en la doble jornada del domingo: que la oposición haya logrado arrastrar tras de su consulta a importantes franjas de las zonas populares donde históricamente el chavismo era hegemónico.
La oposición tanto en su declaración del final del día mostrando sus resultados, como al mediodía del lunes se mostró envalentonada, anunciando mediante el vicepresidente de la Asamblea Nacional, Freddy Guevara, e integrante del partido Voluntad Popular de Leopoldo López, el plan de "la hora cero", una serie de acciones contra el gobierno que comenzarán este martes con una agenda de cuatro puntos para esta semana, como antesala de lo que llaman histriónicamente la "escalada definitiva" para frenar la Constituyente convocada por el gobierno. De estos puntos, el que sobresale es su llamado a un “paro cívico” de 24 horas en todo el país pues realmente, si es capaz de paralizar efectivamente el país como declaran sería una verdadera demostración de fuerzas.
El otro, que a partir del miércoles comenzarán a “conformar un gobierno de unidad nacional”, no pasa de la propaganda, ya que más allá que no se pueda sostener en sí mismo es un agravamiento más de la crisis, pues estaríamos hablado de una especie de gobierno paralelo, que escalar más el conflicto, podrá incluso probar el reconocimiento de algunos de los países imperialistas, organismos internacionales o gobiernos de derecha de la región, así sea en el marco de presionar in extremis para una negociación; el resto de los puntos, como la elección de los magistrados para el Tribunal Supremo de Justicia hace tiempo que lo ha venido anunciando, y tampoco tiene manera de efectividad, aunque significaría una nueva vuelta de tuerca en la crisis institucional y de poderes, puesto que estaríamos hablando de duplicidad de magistrados del TSJ –estando los actuales reconocidos por el Gobierno-., agregándose a la duplicidad que ya hay de Vicefiscales generales, el que nombró la Fiscal y la que nombró el TSJ. Y el de que conformarán “asambleas populares en los más de 2.000 puntos de votación” del plebiscito está por verse si consiguen la concentración que piensan.
Maduro ya anunció que la convocatoria a su Constituyente se mantiene, declarando este mismo lunes que: "Así la convoco, a una Constituyente por la independencia y soberanía y que Europa diga lo que quiera decir, no nos importa lo que diga Europa", en alusión al llamado que hizo la Unión Europea a deponer dicha convocatoria en vista al resultado del plebiscito. Pero aún faltan trece días para el 30 de julio, y todos los escenarios están abiertos.
La dirigencia de la MUD alardea de “escalada definitiva” indicando confrontación, en el mismo tono que hace Maduro de que “truene, llueva o relampaguee la Constituyente sí va”, todos estos movimientos no pueden dejar de leerse como presión para negociar en mejores condiciones. Es que una salida negociada a la crisis está sobre el tapete como hemos venido escribiendo, y no es de extrañar que se estén realizando reuniones discrecionales. Es más, analistas políticos más afines a la oposición apuntan en este sentido, como declara Luis Vicente León: “así, convertir el plebiscito en el disparador de la masificación real de la protesta y lograr fracturar al adversario, lo que podría presionar una negociación política que lleve a una oportunidad pacífica de cambio. Ese creo que es el objetivo real del plebiscito.” Y entre “fracturar al adversario” obviamente se encuentran las Fuerzas Armadas, que con una mayor escalada de la crisis política termine de provocar alguna acción por parte de sectores de los militares o incidir en algún sector de ellos, conscientes de que es el sector castrense el que sostiene a Maduro en el gobierno. El propio dirigente de la MUD, Fredy Guevara, hizo alusión este lunes a la “discusión” y “negociación”, obviamente hablando de “condiciones” para ello.
Hay que considerar que el llamado a Constituyente por parte de Maduro está en crisis, solo se ha inscripto el propio chavismo, y el movimiento del simulacro de este domingo no revierte esta situación. El movimiento fue tanto del chavismo que hasta se pedía al ingreso al “ensayo” de las elecciones, el “carnet de la Patria” y al que no lo tuviera se le ofrecía sacárselo allí mismo. Si Maduro decide avanzar sí o sí en su Constituyente, que ha sostenido que será “plenipotenciaria”, concentrando todos los poderes bajo la tutela del gobierno, y nombrando nuevos integrantes de otros poderes públicos como el de la Fiscalía y obviamente anulando de facto la Asamblea Nacional, la única manera de imponerla, en estas condiciones, no puede ser otra que de la mano de un mayor autoritarismo, lo que solo se puede leer como un autogolpe sostenido con los militares.
No es de olvidar que el gobierno de Maduro hasta el momento ha ido concentrando cada vez más poderes políticos, incluyendo aquellos que no son de competencia del Ejecutivo, a la par de una creciente militarización del país, en lo que denominamos una mayor bonapartización con el apoyo de las Fuerzas Armadas y toda una burocracia política, militar, corrupta y antipopular, en el marco de una gran debilidad política y la decadencia del propio chavismo. Por lo tanto este último escenario de “autogolpe” no está descartado, disfrazándolo con la farsa de la Constituyente.
Pero tampoco es de descartar, si la oposición apunte a niveles de mayor escalada en su política de enfrentamiento al gobierno, terminar de lograr incidir en las Fuerzas Armadas o en sectores importantes de la misma, actuando por mutuo propio frente a una situación que se transforme incontrolable, lo que evidentemente sería de bienvenida por la oposición, donde los ruidos de sables terminarían de imponerse.
Como escribe Eduardo Molina en un reciente artículo, “la larga confrontación entre el gobierno chavista -que no logra contener su desgaste pero conserva el sostén de las FANB -con gran peso en la vida nacional y el manejo del Estado-, y la MUD - apoyada por la alta burguesía y las capas medias y con el respaldo imperialista-; se extiende sin resolver el “empate catastrófico” en la relación de fuerzas mientras se agravan las penurias entre los trabajadores y el pueblo, los más golpeados por la brutal crisis económica.
En este cuadro, de putrefacción de las condiciones objetivas sin irrupción obrera y de masas, los tiempos de la crisis se alargan preparando el terreno para una salida reaccionaria. A esto colaboran, con todas sus diferencias y disputas, el bonapartismo chavista y la oposición ‘republicana’ pro-imperialista de la MUD, que también comparten el temor a un “estallido social”, es decir, son enemigos de que las masas intervengan de manera independiente”. Por esto es el gran temor frente a fenómenos que comienzan a surgir de descontentos de sectores más empobrecidos, como se vio no hace mucho en la ciudad de Maracay, donde tanto la MUD como el gobierno de Maduro salieron a condenar. Esto puede ser también una fuerte presión para avanzar hacia una negociación o a una salida militar si el cauce de la confrontación llegue a situaciones que no puedan conjurar.

Milton D'León
Caracas @MiltonDLeon

Perú hace 40 años

Hace 40 años, el 19 de julio de 1977, el Perú vivió la que finalmente sería considerada una de las más trascendentes jornadas del siglo XX: el Paro Nacional convocado por la CGTP y decretado por el Comando Unitario de Lucha, al que se sumaron organizaciones sindicales independientes de las centrales existentes, pero activas en la acción reivindicativa de los trabajadores.
Hoy todos recuerdan el escenario concreto en el que tuvo lugar esta movilización que comprometió a más de un millón de peruanos, y que generó un giro político en el país. Pocos, sin embargo, habrán de situar los hechos en el nivel que les corresponde, como parte de un sugerente periodo de la historia nacional. Veamos:
Desde comienzos del siglo XX se dio en el Perú la lucha por más altos salarios y mejores condiciones de vida para los trabajadores. En el inicio de esta batalla, se sitúa la formación de las primeras organizaciones sindicales, la lucha por la Jornada de las 8 horas, y el Mensaje de José Carlos Mariátegui referido al 1 de Mayo y el Frente Único. En la circunstancia, el deslinde entre la prédica del anarco sindicalismo y el mensaje clasista de Amauta, resultó, sin duda, la piedra angular de una historia rica en trascendentes episodios.
La muerte de Mariátegui, en abril de 1930 y la sucesión de gobiernos fascistas en los años 30, sembró el camino de los trabajadores, de opresión y de miseria. Y dejó una estela de sangre que frustró las expectativas del pueblo. El fin de la dictadura de Odría -1956- abrió paso al dominio de administraciones formalmente democráticas, empeñadas en salvaguardar los privilegios de la clase dominante. Pero como tampoco para “los de arriba” la dicha es plena, asomó en 1968 el Proceso de Velasco.
Entre 1968 y 1975 –como certeramente lo resumiera Héctor Cornejo Chávez un memorable debate en el que hizo papilla a su contrincante de entonces, el hoy santificado Luis Bedoya Reyes- “el Perú vivió 7 años de Revolución sin crisis” en contraste con “los 2 años de crisis sin Revolución”, que significó el gobierno de Morales Bermúdez, entre 1975 y 1977.
En el Perú, en contadas ocasiones la clase dominante tuvo una clara sensación de miedo. Pero quizá la primera -y la que le dejó una huella que aún no se borra- ocurrió justamente cuando la voz ronca y tronante de “Juan Sin Miedo” abrió los ojos a las grandes mayorías nacionales e impulsó trascendentes reformas económicas y sociales de un claro sesgo anti imperialista y anti oligárquico. Quizá si el miedo comenzó en Washington, pero pronto se instauró en Lima, cuando la reforma agraria y la reforma de la industria, abrieron paso a una participación activa de campesinos y obreros en la construcción de un nuevo modelo social.
El Imperio se llevó la mano al cinto, al ver en el escenario continental a un núcleo de militares patriotas. “Los generales rojos” -dijo la Casa Blanca con voz trémula- cuando a Velasco no le tembló la mano para nacionalizar empresas norteamericanas. Y lanzó contra el Perú una lluvia de “Enmiendas” -la Hickenlooper, la Hollan, la Pelly- y amenazas que en lugar de intimidar a los gobernantes del Palacio Túpac Amaru -así llamó Velasco la antigua “Casa de Pizarro”-, los acicatearon para seguir en la brega.
El Proceso de Velasco significó también un conjunto de conquistas valiosas para los trabajadores. Pero ellas, no fueron tampoco, un obsequioso presente de los gobernantes. Ocurrió más bien que ellos abrieron campo a una confrontación social de amplio espectro, en la que los trabajadores pudieron –por primera vez en la historia- luchar sin tener las manos atadas. Así, una a una, lograron conquistas en fragorosos combates de clase.
El respeto a la organización sindical, al empleo, al derecho al trabajo, unidos a las mejores condiciones de vida para la población y los trabajadores; le dieron forma social a las transformaciones revolucionarias de entonces, y contra las que actuaron abiertamente la oligarquía y el Imperio. La caída de Velasco, fue producto de la acción concertada de una, y el otro; y abrió paso a un peligroso retroceso. Ese fue el significado del gobierno de Morales Bermúdez, que terminó entregando el Poder a los Partidos Tradicionales en los comicios del 80.
El Paro del 19 de julio del 77 no se hizo para restaurar el Perú Oligárquico. Ni para asegurar el dominio del capital financiero, ni preservar los privilegios de una clase envilecida y en derrota. Al contrario: se hizo para defender las conquistas sociales de los trabajadores y los avances del país, amenazados por la ya entonces creciente derechización del régimen. Por eso el Paro fue temido, y combatido por la reacción. Si alguien lo duda, podría revisar las páginas de la prensa reaccionaria de entonces: El Semanario de Alfonso Baella Tuesta -“El Tiempo”- hablaba de “El Martes Rojo”, y lo atribuía a la “iniciativa de los comunistas”.
El gobierno lo sintió del mismo modo. Por eso hizo uso de una estrategia extremadamente perversa: no se limitó a reprimir a sangre y fuego a los trabajadores dejando una dolorosa estela de 6 muertos y decenas de heridos; sino que –mediante los Decretos Legislativos 010 y 011- facultó a las empresas a despedir a más de cinco mil trabajadores.
De este modo el Gran Capital le cortó la yugular al movimiento obrero y desangró pérfidamente a los sindicatos. Todo el Estado Mayor de la Clase en todos sus niveles, fue seccionado. Todos los cuadros sindicales, esforzadamente forjados en la lucha y educados en una línea de clase por la CGTP, fueron dejados en la calle sin remordimiento alguno. A los gobernantes de entonces, y a los empresarios, les importó una higa el destino de los trabajadores y la suerte de sus esposas y de sus hijos.
Como lo acaba de recordar Francisco del Carpio aludiendo al tema de los Humala, el año 77, la burguesía fue “implacable y cruel”. El Odio de Clase lo expresó en disposiciones patronales, que fueron refrendadas -todas- por el Ministerio de Trabajo de entonces.
Esa fue, si se quiere, la lección histórica de la Jornada de Julio de 1977. Nos enseñó que de los explotadores, sólo puede esperarse castigo y venganza.
Recordar, entonces los episodios ocurridos hace 40 años en el Perú, nos debe llevar a enarbolar tres banderas: la defensa resuelta del proletariado, el rechazo categórico a la política de los patronos y la lucha sin cuartel contra toda forma de opresión y explotación.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de dirección de Nuestra Bandera.

Henry David Thoreau: 200 años de un maestro de la desobediencia



El 12 de julio de 1817 nacía Henry David Thoreau en Concord (Massachusetts, Estados Unidos), este año celebramos su bicentenario. Es un aniversario con dimensión internacional, que está permitiendo encontrar en las librerías sus textos reeditados, más allá de la oportunidad de celebrar una cifra redonda. A Thoreau se le suele conocer, especialmente, por dos episodios de su vida: el que le llevó a vivir poco más de dos años en el bosque y el que le llevó a pasar una noche en prisión por no haber pagado impuestos durante 6 años por no compartir la guerra contra México que libraban los Estados Unidos o la práctica de la esclavitud en su país. La vida en el bosque y la desobediencia ante el Estado. Los dos episodios son de una gran trascendencia en su vida y en su obra. Las que seguramente son sus dos obras más conocidas surgieron de esos momentos de su vida: La desobediencia civil (1849) y Walden o la vida en los bosques (1854). Pero su vida y su obra están llenas de otras aportaciones. Convendría ir más allá de los hechos puntuales para llegar a la persona que ha sido maestro o referente para tantos en estos 200 años desde su nacimiento y cuyo legado hoy sigue vigente.
Además de ser conocido como filósofo, poeta y escritor, Henry David Thoreau ejerció la profesión de maestro. Enseñó en la escuela pública de Concord y, al parecer, dejó de hacerlo porque no quería infringir castigos físicos a los estudiantes. Se marchó de la escuela y creó otra con su hermano John para poder desarrollar el tipo de enseñanza que consideraba más adecuado, pero enfermedad y posterior muerte de su hermano de tuberculosis contribuyeron a acabar con el proyecto. Thoreau dejó entonces la escuela, pero siguió una trayectoria vital que le ha hecho permanecer como maestro de muchas personas y en diferentes ámbitos.
Martin Luther King Jr (1929-1968), con motivo del centenario de la muerte de Thoreau, (1817-1862) escribió: “Ninguna otra persona ha sido más elocuente y apasionada al transmitir esta idea [de la no cooperación con el mal moral] que Henry David Thoreau. Como resultado de sus escritos y de su testimonio personal, somos los herederos de un legado de protesta creativa. Huelga decir que las enseñanzas de Thoreau están vivas hoy; verdaderamente, están mucho más vivas hoy que nunca antes. Ya sea expresadas en una sentada en una cafetería, en un viaje por la libertad en Mississippi, una protesta pacífica en Albany, Georgia, un boicot de autobuses en Montgomery, Alabama, se trata de una extensión de la insistencia de Thoreau en que el mal debe ser resistido, y que ningún hombre moral puede pacientemente adaptarse a la injusticia”. King, en su intervención, recuerda diferentes acciones de resistencia y desobediencia hechas por el movimiento de los derechos civiles que tendrían una inspiración directa en la defensa de la desobediencia y la resistencia ante el estado defendida por Thoreau desde sus posiciones morales. La exclusión de la población negra les llevó a organizar sentadas en cafeterías y restaurantes que no admitían la población negra o organizar los llamados viajes de la libertad en compañías de autobuses de diferentes localidades del sur de Estados Unidos que impedían su utilización para las personas negras.
En una sociedad injusta, el lugar de las personas justas es la cárcel. Esta es una idea básica de Thoreau, que afirmaba: “Bajo un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el lugar que debe ocupar un hombre justo es también la cárcel. Hoy, el lugar apropiado, el único lugar que Massachusetts ofrece a sus espíritus más libres y menos sumisos, son sus cárceles: se les encarcela y se les aparta del Estado por acción de éste, de la misma manera que ellos lo habían hecho ya por sus propios principios. Aquí es donde el esclavo negro fugitivo, el prisionero mexicano en libertad condicional y el indio que viene a interceder por los daños infligidos a su raza deberían encontrarlos: en este lugar separado, pero más libre y honorable, donde el Estado sitúa a los que no están con él, sino en su contra, donde el hombre libre puede permanecer con honor”.
A lo largo de su vida, Thoreau mantuvo diferentes posiciones sobre el tipo de resistencia o desobediencia a seguir. Se movía entre la no aceptación y la aceptación de la violencia. No quiso que causas que consideraba justas fueran cuestionadas y atacadas porque no habían encontrado otra manera de actuar. John Brown (1800-1859) promovió la resistencia armada y la insurgencia para acabar con la esclavitud. Brown fue sentenciado a muerte y ejecutado. Thoreau lo defendió públicamente.
Desde su concepción de la libertad, entendió que el ser humano no puede estar sometido a una organización estatal y gubernamental que actúa en contra de las necesidades de las personas, contra su naturaleza. Y ante estos ataques, ante estas agresiones, ante esta voluntad de sumisión, hay que responder. La ley debe ser cuestionada, decía: “La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que creo justo. Se ha dicho, y con razón, que una sociedad mercantil no tiene conciencia; pero una sociedad formada por hombres con conciencia es una sociedad con conciencia. La ley nunca hizo a los hombres más justos y, debido al respeto que les infunde, hasta los bien intencionados se convierten diariamente en agentes de la injusticia”.
Mohandas (Mahatma) Gandhi (1869-1948) explicó que fue después de la lectura de Thoreau cuando asoció la idea de la desobediencia civil a la movilización política que impulsaba. Gandhi la presentaba desde el concepto sánscrito de Satyagraha, que podríamos traducir como “la fuerza de la verdad”, la búsqueda de la verdad a través de la fuerza interior que conduce a actuar con conciencia. Y explicaba que no había encontrado ninguna buena traducción al inglés. Gandhi se reconoce como un lector que sacó mucho provecho de Thoreau. También King y muchas otras personas han leído y aprendido de Thoreau y su insistencia en la necesaria defensa de lo justo cuando la justicia actúa en contra de las personas como el esclavo negro, el indio que ha sufrido daños, el prisionero mexicano… En los textos y en la vida de Thoreau no encontraremos todas las respuestas, pero sí preguntas y planteamientos que hoy nos siguen ayudando a pensar en nuestro caminar por el bosque o la ciudad.

Jordi Mir García. @llambordes