domingo, diciembre 21, 2014

Karl Liebknecht, la conciencia de la socialdemocracia. Un perfil biográfico



Mientras que Jean Jaurés fue la conciencia pacifista de la Internacional Socialista, Liebknecht fue la conciencia antimilitarista y del que ofrecemos un retrato.
Creo que hay que insistir en la necesidad de recuperar nuestra memoria ética y revolucionaria, el orgullo y la dignidad del movimiento obrero cuando era un gigante que despertaba. En medio de la bárbara contienda inter-imperialista que fue la Primera Guerra Mundial, el ejemplo de Karl Liebknecht, votando en contra de los créditos de guerra y proclamando que “el enemigo principal está en nuestros propio país”, ha quedado como uno de los momentos estelares más digno del siglo XX…
Karl (Leipzig , 13 de agosto de 1871), era hijo de Wilhelm Liebknecht, el más importante junto con August Bebel de los leones que crearon la socialdemocracia alemana de la que apenas sí queda algo más que el rótulo. Cursó estudios de Derechoy participó en el movimiento socialista desde su juventud, no en vano figura en todas las enciclopedias como el principal impulsor de las juventudes socialistas, de la que tampoco queda mucho más que el nombre. Durante mucho tiempo, hasta los años setenta por lo menos, las juventudes socialistas actuaron como la conciencia del socialismo que entendía que el capitalismo era la negación de la democracia. Condenado a dieciocho meses de prisión por sus escritos en contra del militarismo alemán en 1907, Kart fue un ejemplo para los jóvenes que querían transformar el mundo y cambiar la vida. Estando encarcelado, consiguió unescañoen laCámara de DiputadosdePrusia(1908), por entonces, contó con el apoyo de la mayoría de un partido que se había convertido en el más implantado y organizado del movimiento obrero internacional. En un ejemplo para los socialistas del mundo. Como miembro elcto delReichstag(Parlamento alemán) en 1912, Kart se opuso a la intervención de Alemania en laI Guerra Mundial. Karl Liebknecht, junto con el olvidado Otto Rühle 8el autor de una maravilla titulada El niño proletario), ignoró la disciplina parlamentaria del SPD para votar de acuerdo con su conciencia. Fue elúnico voto en contrade los créditos para la guerra y desde ese momento, ligó su vida personal con la causa del internacionalismo, de los gritaban guerra a la guerra. Es muy triste que la colonización ideológica neconservadora haya permitido que esta gesta sea relegada y que se hable de la “Gran Guerra” en términos de gobiernos y batallas. Desde entonces su nombre permaneció ligado al de la socialista marxista polaco-alemanaRosa Luxemburgo. Esto haría que la importante obra teórica de Kart, tan importante al menos en capítulos como la juventud y el antimilitarismo, quedara solapada detrás de los escritos y de la propia obra de Rosa. El grupo que crearon junto con Leo Jogiches fue conocido como la Liga Esparaco y Kart firmó algunos de sus artículos con el nombre del líder antiesclavista. Expulsado del SPD el 1 de enero de 1916, poco después se le declaró culpable de “alta traición” por encabezar una manifestacióncontra la guerraen Berlín. Fue condenado a dos años de trabajos forzados y perdió sus derechos civiles, consiguió la libertad en octubre de 1918.
Liebknecht se negó a entrar en el gobierno que formó la mayoría socialdemócrata bajo la presidencia de Ebert y, fue uno de los fundadores del Partido Comunista Alemán o KPD) que fue conocido entonces como el partido de las tres L: Luxemburgo, Liebknecht y Lenin.Fue detenido en 1916 durante una manifestación contra la guerra en Berlín; y permaneció en la cárcel hasta que le liberó la revolución de 1918 que derrocó al emperador Guillermo II.
Tras la proclamación de laRepública y como miembro del Comité militar revolucionario, Kart fue uno de los líderes de la insurrecciónespartaquistacontra este gabinete en enero de 1919. Ebert y los socialpatriotas no dudaron entonces en emplear las fuerzas policiales y militaristas para neutralizar la revolución. Durante los combates callejeros, miles de trabajadores fueron asesinados; el 15 de enero de 1919 mataron a Karl Liebknecht enBerlín como también lo harían con Rosa y con Leo Jogiches. Esta actuación criminal por parte de los socialpatriotas fue un golpe terrible contra las posibilidades de unidad obrera y fue resaltada en su momento por el propio Adolf Hitler que fue su principal beneficiario.
La única ANTOLOGÍA DE ESCRITOS publicada en castellano de Karl Liebknecht fue la publicada por la editorial Icaria en Barcelona el año 1977, en cuyo tramo final cuentan que la Antologia fue traducida de la edición germana por L. Lalucat y J. Vehil, quienes en su presentación concluyen de esta manera: La "Selección de Escritos" que sigue ha sido tomada en su mayor parte de la edición de Karl Liebknecht: Reden und Ansfsalze in zwei Banden", publicada por Verlag Marxistische Blátter, Frankfurtam Main, en 1971 como conmemoración del centenario del nacimiento de su autor. Si bien la mayoría de escritos proceden de esa edición, algunos, reunidos como "Cartas, notas y comunicados de la Prisión de Luckau" proceden del tomo 9 de las "Gesatninelle Reden uns Schriften", Berlín, Diezt Verlag, 1974. La selección se presenta respetando el orden cronológico, subdividiendo los escritos en dos partes, antes y después de 1914.
La selección contiene predominantemente textos de carácter político, pero también podrán encontrarse algunas consideraciones de orden más personal. Para mayor claridad de las notas incluidas en esta edición las hemos diferenciado en tres tipos: sin pie, las que son del propio Liebknecht; con el pie NRA, las que provienen de la edición alemana (notas de la redacción alemana); y por último, las realizadas especialmente para esta edición se indican con el clásico Ndt (nota de los traductores).
El texto que sigue es la “introducción” escrita por ambos autores y supone el trabajo biográfico más extenso que se haya publicado entre nosotros sobre Karl Liebknecht.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Introducción

I

“Como victima de la bancarrota de la socialdemocracia frente a la guerra, el destino personal de Liebknecht encarna el futuro del proletariado alemán como clase” (1). Estas palabras, escritas por Rosa Luxemburgo en septiembre de 1916 expresan el profundo convencimiento de la izquierda socialdemócrata en la Alemania de la Primera Guerra Mundial. A saber, que el proletariado alemán se abriría paso hacia una solución revolucionaria al margen de sus dirigentes tradicionales encuadrados en la socialdemocracia, o que se vería encerrado en un callejón sin salida. Y es también cierto que las tensiones surgidas en el seno de la clase encontraban su expresión más clara y firme en la figura de Karl Liebknecht. Heredero de las más grandes tradiciones del socialismo alemán -recordemos que era hijo de Wilhelm Liebknech, amigo de Bebel y cofundador del partido socialdemócrata- se había convertido en el más brillante tribuno popular del momento. En todas sus obras sean éstas fruto de su labor intelectual o práctica, se respira el hálito de un proletariado a la búsqueda de soluciones revolucionarias frente al hundimiento de la Il Internacional.
Su popularidad se extendió por todo el movimiento socialista, sobre todo, desde el momento en que, rompiendo la unidad tradicional propia de la fracción parlamentaria socialdemócrata a la que pertenecía en el Reichstag alemán, elevaría su voz condenatoria contra la guerra y negaría su voto a los créditos militares que habían sido solicitados. Su imagen saltaría entonces por encima de las fronteras nacionales. Pocos años después defendería con entusiasmo la revolución rusa de 1917 y encabezaría las luchas del proletariado berlinés en las acciones alemanas de 1918 y 1919. Su compromiso práctico, su identificación total con unas ideas y una práctica harían de él objeto predilecto —junto a Rosa Luxemburgo— de la persecución contrarrevolucionaria, muriendo así asesinado a manos de tropas que se hallaban bajo las órdenes de un ministro socialdemócrata. Nuevas víctimas de la ola contrarrevolucionaria que daría paso a la débil República de Weimar. Tales acontecimientos harían exclamar a Gramsci: "Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht son más grandes que los grandes santos de Cristo. Precisamente porque la finalidad de su militancia es concreta, humana, limitada; los combatientes de Dios: las fuerzas morales que sostienen la voluntad son tanto más inmensas cuanto más definido es el objetivo propuesto a su voluntad.
Factores históricos de muy diversa índole han conducido a un cierto e inmerecido desconocimiento de su persona, y de su obra a lo que sin duda han contribuido de forma decidida la inexistencia de una publicación fácilmente accesible que reuniera sus principales escritos.

II

Karl Liebknecht nace en la ciudad alemana de Leipzig el día 13 de agosto de 1871. Su infancia y juventud conocería importantes acontecimientos históricos. La guerra franco-prusiana iniciada en 1970 había llevado, con la victoria alemana en Sedán, a la aceleración del proceso unificador que culminaría con la creación del II Imperio. Otto von Bismarck, primer ministro de Guillermo I desde 1862, alcanzaría con ello el punto culminante de su carrera política. Los estados del norte y del sur quedarían engarzados bajo el nuevo emperador, el hasta entonces rey de Prusia.
Pero el dramatismo histórico de estos hechos tendría especial significación para el socialismo alemán, y de forma especial para la familia Liebknecht. La guerra franco-prusiana que había sido aceptada entendiéndola como guerra defensiva, había cobrado un nuevo aspecto con la derrota y abdicación de Napoleón III. Los representantes parlamentarios socialdemócratas alemanes Wilhelm Liebknecht y August Bebel, se negarían a partir de ese momento a votar los créditos de guerra y solemnemente: "Como adversarios de principio de cualquier guerra dinástica, como socialrepubiicanos y miembros de la Asociación Internacional de Trabajadores, que combate a todos los opresores y que busca la unión de todos los oprimidos sin distinción de nacionalidades, no podemos pronunciarnos ni directa ni indirectamente a favor cíe esta guerra. Al mismo tiempo que reservarnos nuestro voto, manifestamos nuestra esperanza de los pueblos de Europa, alertados por los funestos acontecimientos que vivimos, se dispondrán a todos los sacrificios necesarios para conquistar el derecho a decidir sobre sí mismos y para acabar con el actual dominio militar y de clase causantes de todos los males estatales y sociales que padecemos" (3).
El fin de la guerra traería consigo acontecimientos de muy distinto signos. Por un lado, la anexión de Alsacia y de Lorena, zonas industriales codiciadas desde siempre por el capitalismo germano. Por el otro, la proclamación en Francia de la República arrastraría un fuerte movimiento popular que culminaría con la Comuna de París. Nuevamente, ambos socialistas alemanes se pronunciarían sobre estos hechos. Wilhelm Liebknecht efectuaría una afirmación de carácter premonitorio: “La anexión (de Aisacia y de Lorena) no nos traerá la paz, sino la guerra. Crea un auténtico peligro bélico y la consecución de la paz no hace sino fortalecer la dictadura militar en Alemania … (el imperio Alemán) ha nacido en los campos de batalla…es hijo de un golpe de. Estado, de la guerra y de la revolución desde arriba…Y esta condenado
A vagar de golpe de Estado en golpe de Estado de una guerra a otra hasta que desaparezca de nuevo en los campos de batalla o sucumba ante la revolución desde abajo. Esto es ley natural” (4)
Bebel, defendería" en mayo de 1871 ante el Parlamento la acción de los trabajadores franceses que habían proclamado dos meses antes la Comuna de París. Un año después, en 1872, ambos serían juzgados. De nuevo defenderían sus posiciones de principio y su credo socialista, siendo condenados a dos años de cárcel por supuesta preparación de alta traición.
Las autoridades del Reich creían haber asestado un duro golpe al avance de las ideas socialistas, pero un año después de cumplida su condena, tanto Liebkenecht como Bebel jugarían un destacado papel en la unificación de las dos principales tendencias en que se hallaba dividido el movimiento socialista germano. Por un lado, la corriente marxista que ellos misinos representaban. Por otro, la de los partidarios de Lasalle. El congreso de unificación y su programa merecerían, sin embargo, una dura crítica doctrinal elaborada por el propio Marx.
Un nuevo golpe sería preparado por Bismarck. Aprovechando una coyuntura favorable hizo aprobar por el parlamento unas leyes de carácter antisocialista por las que se disolvían las organizaciones de este signo y se prohibía su prensa. Este período de persecución se extendería desde 1878 hasta 1890. Wilhem Liebknecht nos lo relata de modo siguiente: "Nunca ha sido fácil nadar contra la corriente, y menos aún cuando año 1878, del año de la mayor vergüenza nacional, la vergüenza de las leyes antisocialistas. Millones eran aquellos que veían entonces un asesino y un criminal común en cada socialdemócrata, lo mismo que en 1870 solamente vieron en ellos más que un traidor a la patria y un enemigo mortal. No era una pequeñez nadar el nadar contra la corriente, ¿pero que otra solución quedaba? Lo que tenía que ser, tenía que ser. Y ello significaba apretar los dientes y dejar venir lo que viniere. No hubo tiempo para tener miedo”.
En este clima de persecución, pero también de extensión y crecimiento de la socialdemocracia alemana (5) sería en el que se iniciaría la educación de Karl Liebkenecht. Separado de su padre en dos ocasiones, la primera por la condena dedos años y la segunda por la declaración de estado de sitio en Leipzig en 1881, cuando contaba ya 10 años, ello no haría sino fortalecer los vínculos que le unían a él. Durante este tiempo, realizaría sus estudios de bachillerato, y a partir de 1890, con el traslado de toda la familia a Berlín, podrá dedicarse al estudio del derecho y de la economía política. Al final de sus estudios colaboraría con su hermano mayor en un despacho de abogado al tiempo que iniciaría sus actividades políticas en el seno del partido socialdemócrata, participando todavía en la polémica contra el revisionismo de Bernstein. Tras la muerte de su padre en 1900, comenzaría también a participar en las luchas electorales en diversas ocasiones y circunscripciones berlinesas.

III

Con los primeros años del siglo, se irían dibujando en el seno del movimiento socialista unas nuevas posturas de izquierda. La polémica contra el revisionismo había -hasta cierto punto—acercado a las diversas opciones críticas con respecto al pensamiento y a la práctica del ala derecha del partido. Pero con su condena formal se dejaba de hecho el campo libre para su actuación siempre que respetaran, al menos exteriormente, la unidad del partido. Y en estos mismos años, empiezan a manifestarse las posiciones de izquierdas en torno a dos problemas fundamentales: la huelga política de masas y la cuestión del militarismo.
Los dos primeros trabajos que incluimos en la selección de escritos de Karl Liebknecht hacen referencia al primer problema. Es cierto que el tema de la acción de masas no resultaba algo nuevo. A lo largo de la existencia de la Primera Internacional se habían venido oponiendo dos posiciones al respecto. De un lado, los anarquistas, defensores de la huelga general y de otro, los socialistas marxistas que apoyaban la huelga política de masas. El primer concepto comprendía la idea de la acción generadle proletariado, como factor desencadenante de la revolución social, y como algo opuesto a la lucha política cotidiana. Ya Engels había criticado fundadamente estos argumentos, y la socialdemocracia alemana los había asimilado plenamente. Ahora bien, esa misma adopción de los argumentos engelsianos frente a las posiciones anarquistas, se había integrado perfectamente en la expresión táctica defendida por el ala derecha del partido y por los dirigentes sindicales. Los primeros veían o entendían la política en la acción electoral y parlamentaria, mientras que los segundos identificaban la acción sindical con acción reivindicativa, relegando la cuestión política a una actividad tan solo propia del partido. Todo aquello que pudiera oponerse al quehacer parlamentario y a las reivindicaciones sindicales podía caer en "anarquismo". Pero sectores más abiertos en apariencia a los argumentos huelguísticos, acababan por criticarlos en razón de su inviabilidad. O bien el proletariado no poseía -ni poseería nunca- el suficiente Agrado de organización y conciencia como para llevar a cabo con éxito una huelga política, o bien estaba ya lo suficientemente organizado con lo cual, ésta dejaba de ser ya necesaria. De hecho, una argumentación como ésta había tenido también su utilidad, en tanto en cuanto había ayudado a introducir la labor política en el seno del movimiento obrero, frente al anarquismo. Sin embargo, los primeros años del siglo, y particularmente la Revolución rusa de 1905 encenderían de nuevo la polémica sobre la huelga de masas. En Alemania, los obreros textiles de Crimmitschau habían mantenido una huelga desde agosto de 1903 hasta enero del año siguiente, y tras la. Imponente acción del proletariado ruso en 1905, o paralelamente a ella, los mineros del Ruhr se habían movilizado en un número superior a los 200.000. Las huelgas de masas se extenderían por diversos puntos de Alemania, en Sajonia, Prusia y Hamburgo. Al año siguiente, 1906, los obreros de Hamburgo desatarían las primeras grandes huelgas políticas del proletariado alemán.
No resultará extraño, por tanto, que la izquierda socialdemócrata hiciera suyo el tema -y el problema- e intentara llevar su discusión trabajosamente a veces, a las reuniones y congresos del partido. Frente a las posiciones alternativas que habían anteriormente enfrentado a partidarios y adversarios de la huelga de masas, la nueva situación que se ha creado llevará el enfrentamiento a un nuevo terreno. Es interesante, o por lo menos ilustrativo el que Rosa Luxemburgoo calificara la revolución rusa de 1905 como “la liquidación histórica del anarquismo” (6), que llevara sus planeamientos sobre la huelga a un terreno en el que simultáneamente se condicionara la actividad –y entendimiento- del partido, los sindicatos y de las masas. La huelga de masas no podía ser ya opuesta a la lucha política y más concretamente a su versión parlamentaria. La acción podía no ser ya opuesta a la lucha política y más concretamente a su versión parlamentaria. La acción de masas política podía ser, a partir de entonces, una forma legitima de intervención política con que defender, en unos casos, los derechos políticos adquiridos y en peligro, o con que alcanzar mejores condiciones para la lucha política y parlamentaria de cada día.
En sus intervenciones, buscaría Liebknecht clarificar las concepciones sobre la huelga política para evitar que las posiciones de la izquierda pudieran ser simplemente borradas mediante los argumentos "clásicos" ya utilizados contra el anarquismo, que de hecho, estaban dirigidos a una concepción de fondo bien distinta. La defensa de las nuevas incluso la del Partido y a unos dirigentes sindicales que veían peligrar con tales privilegiadas la sociedad alemana. No podían ver en ello la representación de profundos cambios en las relaciones de clase y en las condiciones en que la lucha debería desenvolverse poco tiempo después.
Pero una nueva -y quizás última posición- parecía abrirse paso en torno a este problema en la socialdemocracia alemana: aquella que veía en la huelga política algo posible —y hasta realizable— pero siempre que lo fuera como resultado de una decisión meditada y adoptada por la dirección del partido, de acuerdo con la dirección e los sindicatos, perfectamente organizada hasta en sus más mínimos detalles y disciplinadamente seguida por todos sus afiliados. Una visión extraordinariamente precisa que resultaba en sí misma inviable y se convertía en un mero parapeto más que oponer a la izquierda del partido.

IV

El segundo gran tema en torno al cual se aglutinó la izquierda socialdemócrata se refiere al papel del militarismo y del antimilitarismo. También es esta una vieja cuestión en las disputas de la Primera Internacional y en los Congresos Internacionales de la Segunda.
El tema fue ya tratado en el Congreso de París de 1889, y en su resolución se habla de los ejércitos existentes como "la expresión militar de los regímenes monárquicos u oligárquicos-capitalistas” y como instrumentos para golpes de Estado reaccionarios y medios de opresión social".
Se los identifica también como órganos de políticas ofensivas y de guerras de expansión. Esta es posiblemente la ocasión en que los Congresos de la Internacional Socialista se ocuparon con mayor detalle de la caracterización del fenómeno a que nos referimos. En los Congresos posteriormente celebrados, en Bruselas (1891), Zurich (1893) y Londres (1896) el problema central será más bien derivado hacia el peligro de la guerra. El primero de estos congresos rechazó la propuesta de resolución presentada por Nieuwenhuis según la cual los socialistas de todos los países deberían responder ante cualquier intento de. guerra con la huelga general, aceptando otra debida a Vaillant y a Liebknecht según la cual se calificaba al militarismo cómo consecuencia inmediata del capitalismo y se señalaba que la única forma de impedir la guerra e imponer la paz pasaba por la edificación de un nuevo orden socialista. La Conferencia de Zurich se pronunciaría aprobando la declaración de Bruselas y enumerando formas concretas de afrontar la acción antimilitarista: desaprobación de los créditos militares, protesta continua contra los ejércitos existentes, agitación pro desarme y apoyo a todo tipo de uniones dedicadas a la salvaguardia de la paz mundial. El último de estos congresos, el de Londres, celebrado en 1896 explicitaría nuevamente ambos aspectos del militarismo, señalando como posibles orígenes de la guerra, las contradicciones económicas a las que se veían abocadas las clases dominantes de los diversos países en función a las leyes inherentes al sistema capitalista. La lucha antimilitarista se veía, por tanto, como parte integrante de la lucha contra el sistema, y la explotación.
El contenido explicitado por las declaraciones y recomendaciones de los tres congresos citados hallaría una última ratificación y mayor corrección, si cabe, en el Congreso de París de 1900. Recogiéndose el contenido de resoluciones anteriores, se haría un especial llamamiento a "la educación y organización de la juventud con el fin de combatir el militarismo". Este conjunto de resoluciones indica con claridad el camino seguido por los socialdemócratas en los últimos once años: una creciente clarificación de las causas de la guerra, de la función del militarismo tanto hacía el exterior corno hacia el interior de las fronteras de cada país, y también, de las medidas a tomar contra él. Liebknecht por entonces dirigente de las juventudes socialistas de Alemania, prestaría una atención preponderante al problema. Y ello por una convicción doble igualmente arraigada en él. La primera de orden estratégico en cuanto a los planteamientos de la socialdemocracia alemana: la necesidad de una solución al problema militar, ya que como él mismo dice en la Introducción a Militarismo. Y antimilitarismo: La cuestión socialdemócrata –en tanto en cuanto la cuestión política- es, en última instancia una cuestión militar (7] La segunda, por que, recurriendo una vez más a sus propios escritos: el que tiene la juventud, tiene al ejército (8). Es decir, la solución del problema militar, pasa e n gran manera por la conquista de la juventud, para la política socialdemócrata, por su educación socialista y por su organización.
Toda la obra de este período, y en particular el trabajo citado, que sería presentado primero como intervención en la Asamblea General de la Unión de Jóvenes Trabajadores de Alemania celebrada en. Mannheim el 30 de septiembre de 1906 y más tarde publicado en forma de un grueso folleto, está impregnada por el intento de ofrecer una alternativa coherente, es decir, teórica y práctica a la vez, al problema del antimilitarismo. Analizando sus raíces históricas y caracterizándolo socialmente establece Liebknecht las bases sobre las que edificar una propaganda y educación socialdemócrata dirigida a la juventud alemana. El interés de la obra radica por otra parte, también en que se trata de una de las principales elaboraciones de Liebknecht. Como punto de partida de su investigación señala que "la historia del militarismo es al mismo tiempo la historia de las tensiones políticas, sociales y económicas, así como culturales entre los estados y naciones, pero también la historia de las luchas de clases en el interior de cada unidad estatal o nacional" (9). Por ello, el análisis que le dedique recorrerá dos distintas vertientes, el militarismo exterior, como arma en la competición internacional entre estados capitalistas y poderes coloniales, pero también el militarismo interior, o su utilización contra el "enemigo interior" en la lucha de clases que discurre dentro de cada estado o nación. Y es también en razón de esto que el problema del militarismo tan solo puede ser resuelto incluyendo una política antimilitarista clara y firme.
Las numerosas intervenciones públicas de Liebknecht en el sentido expuesto, en la reunión juvenil de Mannheim, en actos públicos, en Congresos del partido, pero también su publicación en extractos y folletos, condujo a que a instancias del ministerio de la guerra se le abriera un proceso acusado de intento de alta traición. El juicio tendría lugar en Leipzig entre el 9 y el 12 de octubre de 1907. Allí mismo pondría en práctica su tratamiento del problema y que resumía en la frase: "Si vis pacen, para Belem, contra el militarismo” La condena no se haría esperar: un año y medio de prisión. El 21 de octubre conocería Berlín una imponente manifestación de protesta contra el veredicto. Durante su estancia en prisión, el 17 de julio de 1908, los trabajadores de su circunscripción electoral lo reeligirían en su cargo en el parlamento del "Land". En junio de 1909, cumplida su condena es recibido por una gran manifestación de simpatía organizada a su regreso.

V

Los dos trabajos de 1910 que incluimos en la selección insisten en dos temas fundamentales, no solo por la entidad propia que les corresponde, sino también por el hecho de presentarse unidos. Por un lado, la intervención de Liebknecht en el Congreso de Magdeburgo, en donde insiste repetidamente en la necesidad de mantener la unidad del partido, unidad que se había visto amenazada por la política colaboracionista de los sectores derechistas del partido en el Sur de Alemania, más concretamente en Badén. Estos habían aprobado en el parlamento del "Land" el presupuesto presentado por el gobierno, y ello contra una resolución del Congreso del partido en que se excluía tal tipo de acciones para comprometer la independencia del partido. En "Por un partido unido y resuelto" insiste Liebknecht en la necesidad de mantener la fidelidad a las decisiones tomadas en los congresos, pero insiste también en la fidelidad a las decisio0nes tomadas en los congresos, pero insiste también en la fidelidad a los principios. Es decir, mantiene la posición de defender la unidad –o si sí se prefiere…de la disciplina, reaparece en su intervención, dos días después, en respuesta a Leinert y titulada ^La lucha por el derecho electoral y la lucha de masas”. Al tiempo que exige disciplina en su intervención, disciplina libremente adquirida, argumenta en la línea de las posiciones de la izquierda socialdemócrata. La idea de unidad del partido se basa tanto en la necesidad de mantener su fuerza electoral —ello había llevado a la unificación con los lasalleanos- como en la necesidad de un instrumento unitario de clase, versión esta última más cercana a las posiciones de izquierda. Sin embargo, la existencia en el seno del partido de distintas fracciones —la parlamentaria, la sindical, y el propio aparato— se quería reducir en nombre de una imagen más deseada que real de un partido unido. La propia izquierda no estaba alejada de esta visión y esperaba conquistar nuevas posiciones, atraerse a los dirigentes a sus posiciones defendidas en reuniones y congresos. De aquí que pueda exclamar: "El punto de vista según el cual lo más importante es conseguir un acuerdo unitario es erróneo. El punto principal es que, de las discusiones y las disposiciones del congreso del partido, resulte, con una claridad sin lagunas, la mayor firmeza posible, la disposición a llevar a buen puerto la lucha por el derecho electoral por muy amargo que sea el camino.”

VI

La labor política y parlamentaria de Liebknecht se centraría en otro gran problema en los dos años siguientes: el crecimiento de la industria armamentista y de sus vinculaciones con los sectores políticos y militares. Formulado de forma más amplia, el tema que interesa y guía su actuación no es otro que el del imperialismo. Del imperialismo y del antiimperialismo, de las corrientes opuestas a él, desde una perspectiva sea esta o no proletaria. Se trata de luchar contra la amenaza creciente de la guerra. Y eso en todos los frentes, pero con radicalidad, es decir, con consecuencia: "si vis pacem, para bellum, contra el imperialismo". Por algunas circunstancias favorables consiguió en 1913 "iluminar el gabinete secreto del capitalismo" y pudo poner al descubierto una serie de relaciones entre el ministerio de la guerra y la firma Krupp basadas en la corrupción y el soborno, hasta el punto que la propia justicia imperial tuvo que intervenir aunque no fueran condenados más que elementos secundarios de la maquinación y directores de la firma denunciada. El valor de estos hechos estriban sobre todo en el carácter didáctico con que poner de manifiesto lo que no era sino prácticas habituales en el mundo de la política y de los negocios armamentistas. Denunciaría abiertamente el carácter cruel y sin escrúpulos de la industria bélica, sus conexiones políticas, sus presiones militares, pero no solo dentro de Alemania, sino también en sus conexiones internacionales. Como estas empresas se relacionaban entre sí y como repartían sus mercados, carecían de los más mínimos escrúpulos a la hora de vender su mercancía al mejor postor. Y el gran problema queda esbozado en abril de 1913: “¿Están dispuestos los partidos burgueses a colaborar…en el trabajo sagrado de la construcción de la paz europea? ¿Encontrarán los gobiernos y especialmente el gobierno alemán…la fuerza y el valor para liberar del enredo de los agitadores, de las camarillas de oficiales, de los Krupp y compañía?”.

VII

Ya hemos dicho anteriormente que el problema de la guerra venía preocupando al partido socialdemócrata y a la Internacional desde hacia mucho tiempo. El Congreso de Stuttgart de 1907 se había pronunciado claramente sobre el problema y sobre las medidas que deberían adoptar en tal caso los socialistas de todos los países. Se llamaba a oponerse a la guerra por todos los medios y a utilizarla para llevar la agitación a las más amplias masas populares. Las tradicionales divergencias que sobre estos temas se habían manifestado en los congresos internacionales tenían su reflejo —o su origen— en divisiones interiores. La postura de los sectores mayoritarios y minoritarios en la socialdemocracia alemana no era, ni con mucho, próximas en este punto. La posibilidad de responder con una huelga general era rechazada de plano por los sectores mayoritarios, y argumentaban que ello tan solo beneficiaría a los países políticamente más atrasados y pondría en peligro la existencia misma de aquel donde la socialdemocracia había alcanzado un desarrollo más notable.
Sin embargo, la declaración de guerra, presentada como una medida defensiva por el gobierno alemán frente a una agresión rusa, el 4 de agosto de 1914 cogió a los socialistas por sorpresa. La fracción parlamentaria socialista votará a favor de los créditos que se le solicitan argumentando que se trata de una medida defensiva y apoyando una acción que se dirige a acabar con el "sanguinario régimen zarista". Aquel mismo día se reunirá el ala izquierda intentando estimular una respuesta, pero deberán comprobar que se han visto reducidos a una minoría absoluta. Su posición ha quedado prácticamente anulada. Tan solo 14 diputados se habían manifestado en contra de votar los créditos, pero aceptarían la decisión de la mayoría. Sin embargo, esta situación adversa unirá más firmemente a los principales defensores de las posiciones de izquierda: Karl Liebknecht, Rosa Luxemburgo, Franz Mehring y Clara Zetkin.
Una situación similar volvería a crearse a fines de noviembre del mismo año. Liebknecht dirigió a los miembros de la fracción que se había pronunciado contra los créditos pero que no había querido romper la disciplina en el momento de las .votaciones. En vano. El 2 de diciembre se vería solo en su negativa a votar en la sesión parlamentaria en que se solicitaban nuevos créditos militares. En consecuencia es expulsado de la fracción parlamentaria.
Los primeros intentos por unificar fuerzas y criterios por parte de la izquierda se ven constantemente dificultados. La movilización de Liebknecht se va acompañada de la detención y encarcelamiento de Rosa Luxemburgo, que tenía pendiente de cumplimiento una condena anterior. Este hecho sería denunciado por Liebknecht en varias sesiones parlamentarias de marzo de 1915, frente a una actitud hostil que intentaba acallar su voz acusatoria. Sus argumentos quedan expuestos en "Las razones ocultas de la detención de Rosa Luxemburgo"


VIII

El proceso de unificación de la izquierda proseguía a pesar de las dificultades, y al mismo tiempo avanzada también la clarificación de sus posiciones. Desde marzo de 1915, la actividad organizativa llevó a hacer posible la edición de un órgano propio, "Die Internationale", y Rosa Luxemburgo, escribía desde la prisión un folleto que pronto sería conocido por el seudónimo que ella le pondría: "La crisis de la socialdemocracia" o "Folleto de Junius". Poco después, y con motivo de la entrada de Italia en la guerra, Liebknecht hará público un escrito que tendría importantes repercusiones y en el que se precisan ya con concisión y claridad las principales opciones políticas adoptadas por la izquierda. En ”EI enemigo principal está en nuestro propio país” destaca primeramente cuales son las causas de la guerra quienes tienen interés en ella. Pero también sobre que espaldas descansa todo el peso y sufrimiento que la guerra ha traído consigo. La consigna que deriva es clara: lucha contra el enemigo interior, contra las clases dominantes, rompiendo así la política de conciliación, de pez social que precolonizaba la dirección derechista de la socialdemocracia. El enemigo está en el propio país y allí debe ser combatido. Esta posición tendría también eco en la conferencia socialista de Berna del mismo año, donde proclamaría la consigna: ¡Guerra civil, no paz civil!.

IX

A partir de 1916,1a izquierda aparece ya con mayor claridad y regulariza la publicación de unas hojas que titulará como "Politische liriefe" (Cartas políticas) o posteriormente como "Spartakus Briefe" (Cartas de Espartaco). Es este el nacimiento, propiamente dicho, del grupo espartaquista. Pero al mismo tiempo, la oposición que se había ido formando en el seno del partido socialdemócrata encontraría su expresión en el voto en contra de 18 diputados en una nueva solicitud de créditos de guerra. Este nuevo grupo, encabezado por Haase y Ledebour, consumaría la ruptura con el partido tras la acción mencionada del 21 de diciembre de 1915. Prácticamente expulsados de la organización, decidirían la creación en marzo del "Sozialdernokratische Arbeitsgemeinschaft" (Grupo de trabajo socialdemócrata) y cuya intención inicial radicaba en una elaboración de sus posiciones parlamentarias. En su artículo "Los hombres de diciembre de 1915", saluda Liebknecht la posición adoptada por este grupo. Pero la distancia que separaba ya a la izquierda de los nuevos escindidos era ya muy grande. Por ello critica tanto los argumentos como la forma como habían llegado a oponerse a los créditos militares. Medidos con el nuevo rasero de la política de principios, los "hombres de diciembre" se pueden ofrecer ya garantías a los espartaquistas. Pero también la táctica los separaba. Contrarios a toda movilización de masas, los nuevos opositores no representaban sino la antítesis de los deseos espartaquistas. La ruptura con la dirección del partido había alcanzado ya la forma de una guerra abierta. Así, en "Juicio sereno y firme decisión " se dedican las más duras críticas, se los equipara a los partidarios de la guerra y se les niega cualquier tipo de representatividad socialista. Se exige su destitución, se denuncian sus manipulaciones de la organización y de la prensa del partido. Frente a la atribución que se les hace de "luchar contra el partido", exclaman, "nuestra lucha es por el partido para el partido".
Llegado a esta altura de la situación, Liebknecht siente la necesidad de explicarse la "traición" de los dirigentes socialdemócratas, el porqué de su actuación. Entre junio y noviembre de 1916 redacta una serie de notas manuscritas en que intenta aplicar un análisis sistemático al partido socialdemócrata, a las raíces de las oposiciones surgidas, a las causas de líneas tan dispares. El conjunto de estas notas, Diferencias de opinión y contradicciones de clase" es un documento de gran interés.

X

La misma opción manifestada por una línea de actuación basada en las movilizaciones populares, llevaría al grupo espartaquista a lanzar la consigna de una manifestación contra !a guerra y el gobierno que la nacía posible, para el Primero de Mayo de aquel año. Se ha discutido mucho sobre el número de manifestantes que se congregaron en la "Potsdamer Platz". Lo cierto es que la acción encabezada por los espartaquistas movió a las autoridades a detener a Liebknecht y a retirarle la inmunidad parlamentaria, para después someterlo ajuicio por y "preparación de alta traición". La condena sería a 30 ¡meses, y una amplia protesta se levantaría en Berlín, sino también algunas o tras ciudades. De su estancia en la prisión de Luckau se guardan numerosas cartas, notas y comunicados que muestran como la privación de libertad no suponía la marginación de la dirección del movimiento que había encabezado, ni la desconexión de los acontecimientos nacionales e internacionales que se sucedían. El transcurso de la guerra, la revolución rusa, la paz de Brest-Litovsk, son hechos que quedan reseñados en sus notas y reflexiones. Pero todos ellos, uno destaca de modo particular: la revolución bolchevique. Su importancia no puede ocultársele. Toda la perspectiva elaborada hasta entonces toma una nueva orientación. Todo parece cobrar un carácter distinto. A este factor exterior, cuya proyección sobre Alemania no se limitaría a sus consecuencias políticas en el marco de la guerra, se une el hecho palpable de un aumento del descontento popular. Acciones espontáneas empiezan a surgir en diversos puntos del país y el "Grupo de trabajo" decide constituirse en partido independiente consumando la escisión de la socialdemocracia alemana. Los espartaquistas, aún manteniendo todas sus reservas y autonomía de decisión, se adhieren al nuevo USP (Partido socialdemócrata independiente).

XI

Al llegar la liberación de Liebknecht, el grupo espartaquista gozaba ya de una clara situación política y unas conexiones que les permitían enlazar con diversos puntos de Alemania. La ocasión propicia para encabezar una situación de ruptura llegaría con el otoño. En octubre, la conciencia de la derrota militar era ya algo palpable, y el deterioro de las condiciones sociales entraba en un proceso acelerado. La tensión crecía incesantemente entre los obreros y soldados. El estallido no se hizo esperar mucho. En Kiel, estallaba la primera oleada revolucionaria y los marineros de la armada se extendían rápidamente por el Norte de Alemania amotinando a las poblaciones a su paso. Un movimiento similar era desencadenado también en el Sur, pero bajo dirección de un espartaquista. El 9 de noviembre se consumaría el hundimiento de Imperio, dando paso a una situación de agitación general. En Berlín, el grupo de los mayoritarios que encabezaban Ebert y Scheidemann consiguen sin embargo dominar el recién creado Comité de delegados populares, marginando a Independientes (USP) y espartaquistas. Y desde este puesto inician la reconstitución del viejo aparato estatal del Reich. En diciembre, el poder ejecutivo está dominado por ellos, pero a costa de pactar y apoyarse en los sectores contrarrevolucionarios que inician sus tentativas de "vuelta al poder". A lo largo de diciembre, estos intentos fracasan en Berlín, pero van-teniendo mejor fortuna en el resto de Alemania. El gobierno de Ebert y Scheidemann decide convocar elecciones para una Asamblea Constituyente y desplazar así el poder de los Consejos de obreros y soldados. Ellos habían proclamado la República y conseguido la paz, y querían culminar su obra en una constituyente que entregara el poder en sus manos. En este marco, se acentúa el proceso de disolución del USP, al tiempo que sus dirigentes se niegan a convocar un nuevo congreso. La alternativa está clara para los espartaquistas: separarse del USP y fundirse con otras fuerzas de izquierda, principalmente de Bremen. Y ello porque consideraban y así lo expresa Liebknecht, que la posición, ambigua del USP no constituía ya, sino un grave freno a su acción revolucionaria. Era necesaria una dirección clara y firme alcanzada al margen de estructuras superadas por los acontecimientos. Los objetivos de los espartaquistas quedan firmemente definidos en "Que quiere la Liga Espartaco", y la necesidad de un nuevo partido queda definida en "La crisis del USP" Este último documento narra con claridad el proceso de descomposición de este partido, y perfila cuales con los conceptos que pasarán a llenar y moldear la nueva organización. No es otra cosa que la fundación del KPD o Partido Comunista de Alemania. Llegado a este punto, el proceso había adquirido ya un carácter irreversible si no intervenían fuerzas poderosas que violentamente pusieran fin al mismo. Y eso llegaría semanas más tarde. El mismo día que se publicaba en el "Rote Fahne" el trabajo titulado "¡A pesar de todo!", Karl Liebknecht era asesinado junto a Rosa Luxemburgo por las tropas llamadas por el gobierno socialdemócrata para "devolver la paz a Berlín".

notas

--(1) R. Luxemburgo: Liebknecht En "Gesammeltr Werke", vol. 4, p. 216 Berlín.
Dietz Verlas. 1974.
--(2) A. Bebel: Aus meinen Leben 2ª parte, pg. 159, Berlin, 1953.
--(3) id., pag. H3
--(4) Citado por R. Luxemburgo en "Die krise der Socialdemokratie.". En: "Gesammelte
Werke", vol. 4. p. 150-151. Berlín, Dietz Verlag 1974
--(5) Entre 1881 y 1890 el número de votos socialdemócratas en las elecciones
--(7 ) K. Liebknecht: Mililarisiniis und antimilitarísmus. (subrayado de KL)
--(8 ) Id. (subrayado de KL.)
--(9) id.

Emma Goldman en Las Ramblas



Lo organizó la Fundación Andreu Nin y tomaron parte Sònia Turón, militante de la CNT muy ligada a la lucha por la “memoria histórica” y el historiador Ferran Aïsa, la presentación corrió a cargo del autor de estas líneas.
Lamentablemente, no son habituales los lugares de encuentro entre las diversas escuelas del socialismo. Afortunadamente, también existen excepciones. El debate sobre las apasionantes memorias de Emma Goldman, Viviendo mi vida (Capitán Swing-fundación Anselmo Lorenzo), es un buen ejemplo. Lo organizó la Fundación Andreu Nin y tomaron parte Sònia Turón, militante de la CNT muy ligada a la lucha por la “memoria histórica” y el historiador Ferran Aïsa, la presentación corrió a cargo del autor de estas líneas.
El acto celebrado en la Biblioteca Andreu Nin situada en Las Ramblas de Barcelona, fue minoritario pero muy animado.
Comenzó Ferran ofreciendo un breve recorrido sobre este primer volumen que concluye en 1911, haciendo especial hincapié en las relaciones de Emma con el anarquismo hispano, citando sus relaciones con Pere Esteve, refugiado en Nueva York con ocasión de la represión que siguió al oscuro atentado del Corpus en junio de 1896, después de cual numerosos militantes fueron inculpados y torturados. La campaña internacional de denuncia iniciada por el sitgetano Tárrida de Mármol, tuvo tanta repercusión en los Estados Unidos que cuando el anarquista italiano Angiolillo acabó con la vida del sanguinario Cánovas del Castillo, la prensa reaccionario norteamericana no dudó en encontrar los culpables…entre Emma Goldman y sus compañeros. Emma también sobresalió en la agitación que se desarrolló en contra del asesinato legal de Ferrer i Guardia, para convertirse luego en una de las animadoras de la Ferrer i Guardia School que llegaría a ser una de las entidades pedagógicas libertarias de mayor prestigio en el país del dólar.
Aunque las memorias de la Goldman no alcanzan la guerra y la revolución española, AISA recordó que esrta realizó tres viajes a España para observar de primera mano la revolución social más profunda que había tenido lugar en la historia. La selección de sus escritos aquí presentados no solo constituye una crónica de los debates, las luchas y el fervor revolucionario de la revolución española, sino que entablan también un elaborado diálogo sobre la revolución y el cambio social. Los textos abarcan el movimiento anarquista español; las colectivizaciones en industria, agricultura y educación; la colaboración con el gobierno republicano; el sabotaje comunista a la revolución propuesta por los anarquistas; la lucha contra el fascismo; las mujeres en la revolución española; y evaluaciones generales sobre la revolución española y el movimiento anarquista internacional.
Los lectores y las lectoras interesadas en la cuestión tienen sin embargo a la mano un libro interesante, Visión en llamas, de David Porter (El Viejo Topo, Mataró, 2012), desde el que se ofrece una cumplida muestra las luchas de Emma Goldman ante las contradicciones de la revolución española, y sus esfuerzos por mantener la integridad y sus ideas en el fragor del activismo político. Howard Zinn escribió que esta obra era “un tesoro histórico, una obra en la que las perlas de los comentarios personales y políticos de las cartas de Emma Goldman están salpicadas por las ricas notas contextuales de Porter. El libro es fascinante en cuanto a lo que revela, no solo sobre Emma Goldman y las ideas del anarquismo, sino también sobre la revolución española, y sobre las vidas de tantos extraordinarios individuos que participaron en aquel momento en la lucha por la justicia mundial.”
(Personalmente me remito a mi artículo aparecido en El Viejo Topo nº 293, junio 2012 pgs 63-70 con el título deEmma Goldman. El último combate, que fue reproducido en Kaosenlared.)
Sònia Turón comenzó denunciando el abandono (“por falta de presupuesto”) en el que se está condenando el extraordinario fondo documental sobre Emma reunido en la Universidad de Berkeley. Sònia ofreció un recorrido por las singularidad de esta mujer que fue militante de dos mundos, de los estados Unidos y de Europa, que escribió en ruso, inglés, alemán, yiddish francés, ya que era judía lituana, alemán. Se refirió a su contacto con Mother Jones, que fue la que le aconsejó a empelar la palabra, detallando que estas fueron, junto con Voltairine de Cleyre, las mujeres más sobresalientes del movimiento libertario made in USA.
Lo fueron en una fase histórica “reformista”, el que precede la “Gran Guerra” contra la cual se enfrentaron Emma y el extenso grupo de intelectuales radicales de la época entre los que se encontraban John Reed, Carlo Tresca, Elizabeth Gurley Flynn…Es la época en la que todos coinciden en el apoyo entusiastas a las luchas obreras lideradas por el IWW, en el soporte de la revolución mexicana, así como en la denuncia del imperialismo y de la guerra. Esta época acaba cuando el Gran Dinero considera que la agitación está llegando muy lejos. Es el momento de personajes tan siniestros como John EdgarHoover y su FBI, descrito en la famosa película de Clint Eastwood con Leonardo di Caprio. Su definición de Emma como “la mujer más peligrosa del mundo” se ha hecho célebre, aunque como apunta la película, la intención de Hoover fue sobredimensionar dicha peligrosidad para lograr expulsarla del país, una medida represiva que prosiguió hasta entrado los años veinte.
No fue posible tratar en hora y media todo lo que permitía el personaje sobre el que se añadieron algunos apuntes más, su feminismo autoemancipador y su influencia en la gestación de “Mujeres libres”; su controversia con Kropotkin cuando este apoyó incondicionalmente la causa de los Aliados en la Primera Guerra Mundial; sus concepciones sobre el curso tomado por la revolución rusa, así como su presencia en el proceso contra el POUM en 1937 y su solidaridad rotunda con los encausados. Se habló de la biografía que le dedicó José Pairats de la que existe una magnífica edición en La Linterna Sorda…
Algunos y algunas de los presentes nos volveremos a encontrar en enero para debatir sobre otras memorias, las expresadas por Kirk Douglas en yo soy Espartaco, obra igualmente editada desde capitán Swing.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

La vejez obrera: problemas y alternativas



Este artículo apareció en el número 7 de la revista “Mientras tanto”. Fue a petición de Paco Fernández Buey. Aunque han pasado unos cuantos años
Aunque han pasado unos cuantos años desde entonces, creo que, en sus trazos generales, el artículo tiene su interés, sobre todo porque abordaba una cuestión en absoluto tratada en los medios de la izquierda militante. Meses antes había publicado un libro con este título en la editorial Hacer…

Aunque nos parezca mentira, existe algo así como una «barrera invisible» que nos impide acercarnos a la problemática de la vejez en la sociedad actual. Y esto no es porque se trate de gente lejana, extranjera a nuestra cotidianidad. Se trata, por el contrario, de gente próxima, de nuestros familiares y amigos, de las generaciones que nos han precedido; tampoco se trata de una minoría exigua —como son por ejemplo los minusválidos—, pues vienen a significar en estos momentos más del 10 % de la población y serán más del 20 % en el siglo que se acerca y por lo tanto es en una gran medida un problema general. Sí es porque hemos interiorizado los prejuicios de la ideología dominante que subestiman radicalmente a la persona que no trabaja, a la que no puede competir, a la que no tiene sitio en la lucha por la vida.
Esta ideología se trasluce muy claramente en los medios de comunicación. Si tomamos el ejemplo de la prensa diaria es fácil comprobar —constatando colecciones de los periódicos más influyentes, sin ir más lejos El País—, cómo no se encuentran apenas referencias. No hay artículos, estudios, reseñas de libros, información sobre charlas y debates, notas sobre actos del movimiento de los jubilados y pensionistas, como los hay por ejemplo de las feministas, de los gais u otros sectores oprimidos. Esto vale también para la prensa especializada: seguidor durante años de las revistas de izquierda el autor de estas líneas no ha encontrado la menor referencia a la situación de la edad postrera.
La información no va más allá de algunas referencias de pasada, por ejemplo:
— En una breve nota publicada en El País durante el verano del ochenta, se daba la noticia de que en Santander había sido asesinado y torturado un anciano que dormía en la calle. Días después el cronista explicaba que la izquierda había querido tratar el asunto en el pleno municipal, ante la cual el alcalde ucedeo zanjó la propuesta arguyendo que cada uno era muy libre de morir donde quería. En el mes de diciembre de 1980, la UGT organizó un acto dedicado a los jubilados y pensionistas. Las agencias de prensa sólo notificaron una cosa: a saber, que Felipe González les había dirigido la palabra. Aunque existen contadas excepciones (por ejemplo El Diario de Barcelona de ahora ha tratado constantemente el problema),
se puede decir sin miedo al error que el único lugar que la prensa dedica a la vejez es el lugar que ella misma ha ocupado: el de las Cartas al director. En una de esas cartas lo explica muy bien uno dé ellos: «Yo creo que no hay semana que por dos o tres veces no se trate el tema de los jubilados en la sesión de Cartas de los lectores de La Vanguardia, lo que demuestra la gran importancia que tiene el tan debatido tema de la llamada tercera edad. De una manera continuada los jubilados escriben sobre sus preocupaciones personales o colectivas.
Estas cartas nos dan una muestra bastante fehaciente de sus graves problemas. Citemos para ser breves un par de ellas:
Trabajo en una gestoría laboral y tengo que decir que lo que está ocurriendo en este país respecto a las pensiones es una canallada, una crueldad sin parangón en los anales de las injusticias sociales. Son muchas las personas que se presentan en nuestros despachos con sus extremidades atrofiadas y Su organismo enfermo a causa de un duro y continuado trabajo, diciéndonos que están en la brecha desde la edad de doce años, y cuando recopilamos los datos para tramitar la pensión de invalidez, ya aprobada por el tribunal médico, resulta que los que han trabajado durante cuarenta años consecutivos tienen como máximo de ochocientas a mil cotizaciones.' Cuando les comunicamos la triste noticia, salen de nuestros despachos desconcertados, con la desesperanza y la amargura en el rostro.
Soy una señora casada de 76 años. Desde los diez años que mis padres me pusieron a trabajar no he dejado de hacerlo hasta los setenta y ahora me encuentro que no cobro ni jubilación, ni pensión ni nada porque nadie había pagado el seguro social cincuenta años atrás. Ya saben que los críos no contábamos para nada porque sólo éramos aprendices. A los quince años me pusieron a servir. También estábamos asegurados; después vino la guerra y todo se derrumbó.
Testimonios parecidos se «cuelan» a veces en la radio y aparecen excepcionalmente en la TVE (recordamos un programa de «Vivir cada día» conmovedor, entre otros salía una anciana abandonada por sus familiares en un asilo, era franquista, su marido había sido un «héroe» de guerra y así se le pagaba). Es quizás en la TVE donde se distingue más claramente la subestimación de la vejez, la verdad oficial y el cinismo gubernamental.
Diversos programas, como por ejemplo «Gente hoy», sacan a colación el tema para mostrarnos que la situación de nuestros ancianos es parecida a la de Europa, que los pequeños problemas que existen se van solucionando con un poco de buena voluntad... Aparecen pensionistas satisfechos, expertos gubernamentales que nos hablan de las Aulas dedicadas a la tercera edad, del estudio realizado sobre las casas suecas hechas para los abuelos, de los servicios que se les presta, etc. El gobierno no tiene el corazón de piedra, el ministro de Hacienda, señor Añoveros, ha explicado en distintas apariciones que el Gobierno soporta lo mejor que puede la «carga» de las pensiones y que uno de los grandes logros de la transición ha sido las constantes mejoras para los pensionistas. Ante estas muestras de cinismo nadie protesta, a excepción de algún abuelo que brama en una carta a la prensa.
Nadie habla sobre los viejos, muy pocos escriben sobre ellos. Debe de ser por lo que decía André Gide en Los falsos pasaportes: «¿Por qué hay tan pocas referencias a los viejos en los libros? Eso se debe, creo, a que los viejos ya no son capaces de escribirlos y cuando uno es joven no se ocupa de ellos. Un viejo no interesa a nadie». Razones parecidas ha encontrado el autor de este artículo en revistas y editoriales: «¿Un libro sobre la vejez? Muy bien, pero ¿a quién interesa? Los viejos no tienen dinero ni van a las librerías, los jóvenes pasan del tema».
Ciertamente, durante el período electoral no es difícil encontrar un interés redoblado de los partidos parlamentarios sobre esta franja de la población, tan importante a la hora del voto. Durante el tiempo en que dura la contienda electoral los partidos explican su programa sobre la vejez, luego lo olvidan una vez ésta ha transcurrido. Esto es tan evidente que hasta Fraga Iribarne se ha permitido ironizar sobre ello en las Cortes.
La hipocresía de la clase dominante es sobre esta cuestión escandalosa. En el programa de la UCD, como en los de Alianza Popular o Convergencia i Unió, se recoge no pocos de los principios reivindicativos del movimiento de pensionistas: desaparición de la marginación, control de sus propios asuntos, elevación y revalorización de las pensiones, creación de centros asistenciales, retiro voluntario, etc. Pero los hechos concretos caminan en dirección opuesta a estos programas.
La derecha ha promocionado en los aledaños del poder una llamada Asociación de la Tercera Edad, que representa a la vejez española en la ONU y demás organismos y actos internacionales. Sus «dirigentes» son funcionarios gubernamentales y sus cuadros viejos servidores del franquismo, entre ellos el general golpista Iniesta Cano y la académica Carmen Conde, la presidencia de honor la posee el padre del actual Monarca. En ningún momento el gobierno ha reconocido a las organizaciones de base; se ha opuesto a la democratización de los Hogares del pensionista —regidos todavía por leyes franquistas—, así como a la participación de representantes de los jubilados en los organismos de control de las Instituciones que le atañen...
Sus aumentos de las pensiones siempre ha favorecido a las más altas, oponiéndose a cortar el despilfarro que significan las gruesas pensiones de los antiguos testaferros del franquismo. Ha aumentado siempre en vísperas electorales y ha «inflado » su realidad. El caso es que más del 90 % de los pensionistas no alcanzan el salario mínimo interprofesional y que, entre ellos, más de la mitad no supera las cinco mil pesetas del SOVI, siendo una importante fracción —mujeres, campesinos, etc.— que no cobran absolutamente nada. No solamente ha legislado —mediante consenso, tal como ha recordado insistentemente el ministro de Hacienda— un Impuesto sobre la Renta en el que un jubilado que, manteniendo a su compañera, cobre 25.000 pesetas ha de pagar alrededor de las 20.000 al fisco. También ha legislado una medida según la cual no se pueden cobrar dos pensiones. Esta medida, que no afecta a las grandes pensiones, pero sí a una mujer que por el OVI y por viuda cobre dos pensiones no superiores en total a las 15.000 o 20.000 pesetas.
Es lamentable decirlo, pero nuestra izquierda parlamentaria tiene mucho de que avergonzarse en este aspecto. Está inédita en cualquier esfuerzo de envergadura para mejorar la situación de la vejez trabajadora. Ha votado afirmativamente en medidas como el Impuesto sobre la Renta, ha participado en la concesión de una pensión desorbitada al «honorable» Tarradellas, no ha presentado una batalla seria contra las pensiones escandalosas que se pagan a los «notables» del franquismo... Tampoco se queda manca ni en su programa mínimo —su programa socialista sobre este punto es inexistente, pero esto debemos de entenderlo como una coherencia—, ni en sus promesas electorales. Eso sí, efectúa propuestas en las Cortes de mejoras notables, pero invariablemente estas propuestas son «testimoniales»: no miran de hacerse fuerte mediante la movilización, no buscan el apoyo de las organizaciones de pensionistas, no tratan de unificar la izquierda...Estas propuestas, al margen de las intenciones de sus hacedores, tienen el valor de una coartada. Valen para decir al pueblo: mirad cómo nos hemos preocupado, pero la derecha es mayoría y claro, antes está la Constitución que los viejos... Justo es decirlo también, la izquierda revolucionaria tampoco ha hecho ni dicho nada significativo sobre todo esto.

En todo esto hay un trágico desconocimiento de nuestro futuro.

La vejez, decía Trotsky en su Diario, es la cosa más inesperada en la vida de una persona. Mientras el cuerpo aguanta, nos empleamos a fondo, vivimos para el momento y no asumimos ninguna reflexión, ninguna medida de cara a la última etapa de la vida que puede cubrir hasta los treinta años, o por lo menos quince o veinte. Durante nuestra vida como adultos nos desgastamos, hacemos de kamikazes. Trabajamos, descuidamos nuestra salud y pensamos siempre con las categorías de la juventud, con la filosofía del trabajo, de la fuerza y la competitividad. Si se nos plantea el asunto lo tratamos como algo que es de otro, como algo de lo que «más vale no hablar», o sobre el qué adoptamos una posición sentimentalista.
Mi pobre abuelo, mi pobre madre está fatal... Pero claro, son viejos y la vejez, por lo visto, lo explica todo. Esta concepción que reduce los problemas de la vejez a los años es lo que hace que se admitan para los viejos cosas y situaciones que jamás se permitirían entre las generaciones más jóvenes; Ésta es la base del extendido silencio y conformismo ante todo lo que ocurre: pensiones de miseria, subdesarrollo asistencial, marginación social, familiar y urbana, menosprecio de la sexualidad senil, indiferencia ante sus problemas específicos... La vejez se entiende como una especie de enfermedad incurable y por lo tanto irreversible, como una antesala de la muerte ante la cual poco cabe ya hacer.
Este abandonismo se trasluce en muchas de las frases hechas que se emplean en relación con la vejez: «ya estás viejo y no sirves para nada», «para la vida que me queda, qué más puedo hacer», «si yo fuera más joven», «parece mentira que una persona con sus años», «yo antes de llegar a viejo mejor preferiría morir», «los viejos no necesitan nada», «mis viejos se apañan con poco», «para la edad que tiene se encuentra muy bien», etcétera.
El sentimentalismo ocupa entre nosotros un lugar extraño. Resulta chocante y pan nuestro de cada día, que los mismos familiares que vuelven la espalda a los viejos no tengan más que palabras de sublimación hacia ellos: el «amor» a los padres, a los abuelos y demás seres queridos jamás es puesto en cuestión por quienes son redomados conformistas con la situación de esta gente. Resulta curiosa la reacción del público en los actos de agitación de los pensionistas, todo el mundo se siente turbado e indignado, pero luego la acción consciente queda en manos de una minoría esforzada. Lo mismo ocurre en esos momentos en los que un grupo coincide discutiendo sobre el asunto. Se muestra un hondo grado de sensibilidad que se explica por el conocimiento directo de alguna situación límite (la vieja viuda que no tenía a nadie y lloraba constantemente, el viejo enfermo desahuciado de la Residencia y abandonado en las puertas de los familiares, el reparto del padre entre los diferentes hijos en plazos cumplidos a rajatabla, los que recogen en las basuras, los que se mueren solos, los que sufren simplemente la vejez porque no se han hecho ni preparado para ella...), aparece el Espíritu de la Mala Conciencia, pero como viene se va...
La vejez más desvalida queda en manos de los «especialistas», su drama no tiene más eco que el de sus más allegados, no se plantea jamás como un problema social, político y humano que afecta al conjunto de la sociedad, detrás del cual existe una responsabilidad del sistema, del poder. Por todo esto es natural que los especialistas» más sensibles se puedan preguntar lo siguiente sobre su misión:
¿Cómo podemos tener los asistentes sociales tanto poder para hacer lo que queramos con los ancianos desvalidos que caen en nuestras manos? ¿Cómo es posible que nadie de su mismo barrio, de la sociedad, nos pida cuentas de lo que hacemos, a dónde enviamos y cómo son tratados los ancianos que están solos? Asumimos personalmente, cargamos sobre nuestras espaldas, paramos el golpe ante un problema en un momento más agudo, apartándolo del lugar donde estorba. ¿A quién pertenece ese anciano? ¿Quiénes somos nosotros, en función de qué, en nombre de quién y por qué hacemos de tapaagujeros, de bálsamo caritativo o inoperante, delante de un problema que atañe a la sociedad entera, a todos los gobernantes y profesionales? (Revista de treball social, n.° 66).
Escondidas detrás de esta maraña ideológica que identifica los males de la vejez con la condición de viejo, se encuentra la burguesía que después de exprimir durante décadas el individuo trabajador se desentiende absolutamente de él, está el Estado de la burguesía que después de recibir mediante diversas fuentes los beneficios de ese individuo trabajador trata de compensarle lo menos posible, ya que sus gastos son requeridos por la clase dirigente, se haya también la Santa Madre Iglesia, la Banca, y otras sacras instituciones que a cambio de un mínimo de favores tratan de capitalizar las angustias de la vejez para aumentar sus fieles, para acumular millones de pequeños «ahorrillos», para negociar en definitiva. Hasta el entierro se convierte en último beneficio económico que este individuo ha de aportar al círculo infernal que lo ha destrozado, lo ha convertido en un “viejo” y lo ha arrinconado en el desván de la vida.
Como veremos más adelante, el factor biológico es secundario en la configuración de nuestra etapa senil. Son las condiciones sociales, las leyes de trabajo, de vida y de salud que impone el capitalismo lo que hace que esta etapa conozca situaciones dramáticas e insoportables, lo que margina al ex trabajador. Está además comprobado que el lugar del anciano en las sociedades precapitalistas era —y es donde subsiste— mucho más prominente y humano. El viejo era reconocido por su historial y por sus actitudes, era acogido en la colectividad que lo acogía como una autoridad moral, como el historiador y el consejero de las nuevas generaciones. La Iógica del beneficio capitalista entra en contradicción con las necesidades del que no produce. Como explica Simone de Beauvoir, será «a partir del siglo XIX (que) el número de ancianos pobres se incrementa de manera notable, y a la clase dirigente le resultó imposible ignorar su existencia. Para justificar su brutal indiferencia se vio forzada a subestimarlo».
Una vez «jubilado» —o sea calificado como improductivo—, el trabajador sólo tiene una opción: acogerse a la protección familiar, retornar a la plena dependencia, en cierta medida a la infancia, a una infancia en la que no se invierte porque carece de futuro. Éste es un capítulo de la historia del movimiento obrero por escribir. Pero hasta donde sabemos podemos deducir una tendencia general en dejar las cuestiones de la jubilación fuera del cuadro reivindicativo general, los viejos no compensaban esta fatal inhibición con iniciativas propias. Así resulta que, a pesar de su pretendida proyección «social», los sindicatos han dejado mucho que desear en exigir pensiones dignas, adecuación de la asistencia, revalorizar 3a vejez... El corporativismo estrecho se ha pagado no sólo a la hora de la jubilación, sino desde el momento en que tuvo que ser la familia obrera la que «cargó» con el abuelo ya exhausto. Los logros conseguidos en los países capitalistas más avanzados no desdicen lo que decimos, incluso en los países nórdicos la cuestión de la vejez se plantea con gravedad.
Los más reconocidos especialistas sobre la cuestión de la vejez, consideran que concurren en ella dos aspectos que conviene diferenciar. El primero de ellos es el que se refiere a los rasgos biológicos que le son inherentes. A partir de una determinada edad, las personas tienden a perder energía vital, a perder y/o encanecer sus cabellos, se les arruga la piel, disminuyen las facultades visuales y auditivas, las enfermedades encuentran menos resistencia, se intensifica la posibilidad del morir, en particular a partir de los setenta años. Pero estos signos no pueden considerarse al margen de las clases sociales, sin tener en cuenta la vida que han llevado, el trabajo.
Es algo que los geriatras tienen muy claro: se envejece como se ha vivido. La vida, o sea, los factores ajenos a la biología son determinantes. Para Alex Confort vienen a ser algo así como el 75 % de los hechos que acondicionan la vejez, los que la hacen desgraciada. Han sido las condiciones de vida las que han hecho que la longevidad de la persona se remonte hasta los setenta años que actualmente tienen los países más adelantados. La diferencia entre esta edad y otras mucho más bajas estriba en las diferencias en la forma de vivir que hay entre estos países y otros, entre las mismas clases sociales de un mismo país.
No se puede decir, pues, viejo sin matizar. Viene a ser tremendamente curioso que con la edad que Reagan asalta la Presidencia USA, que Wojtyla es considerado corno un Papa joven, que muchos actores y actrices interpretan papeles románticos, que la prensa del corazón o de los negocios nos cuentan hazañas de los «protagonistas» de nuestro tiempo, con esa edad nuestros abuelos, después de toda una vida de trabajo y sinsabores se encuentran sin ningún incentivo futuro, sin ninguna clase de protagonismo, obligados a esconder sus necesidades sexuales, arrinconados de mala manera. ¿Dónde estriba el antagonismo de sus situaciones? En las condiciones de existencia. Si todos estos «protagonistas» de nuestro tiempo hubieran conocido una vida de trabajo sin cuento, de angustia y necesidad, de descuido sanitario y de complejo de «secundario», ninguno de ellos se habría asomado a donde está, ni siquiera a las proximidades.

Unos y otros son las dos caras de una misma moneda.

Todos estos convencionalismos infames coinciden en establecer además que la vejez ha de ser pasiva. Se da por supuesto de que en la edad augusta hay que ser moderado y conservador y que los prejuicios sólo existen por parte de los viejos respecto a los más jóvenes. En una obra memorable de Brecht, La vieja dama indigna, este supuesto es pulverizado. La «opinión pública» es conformista ante la situación de agobio de una anciana, pero no acepta el hecho de que esta misma anciana proyecte una fuga hacia adelante, se lance a vivir como una persona que quiere hacerlo, a conocer, experimentar, amar. Qué decir de todos estos jóvenes que se mofan de los viejos pasa, es un viejo derrotado. Ha sido esta derrota la que ha mantenido a la vejez al margen de los movimientos sociales. Hasta hace muy poco tiempo se desconocía cualquier movimiento de resistencia, y menos cualquier movimiento que cuestionara el lugar del anciano en nuestra sociedad. Al margen de ellos, tampoco lo había hecho nunca ningún partido o sindicato.
Pero las cosas han cambiado en este terreno. Desde finales de los años sesenta, distintas maneras de asociacionismo de la vejez —sindicatos, clubes, grupos de presión, etc.— fueron apareciendo en USA y en Europa asumiendo muchos de los aspectos de los movimientos auspiciados por la «nueva izquierda ». Se constituyeron a gran escala y tratan desde entonces de mejorar su suerte y de rectificar su posición en la sociedad. Uno de los aspectos más sobresalientes de este movimiento ha sido la defensa de la vejez militante, concepto que han glosado positivamente todos los especialistas sobre el tema. La militancia en cualquier concepto vale mucho más que la mejor medicina
En nuestro país, el movimiento de los pensionistas emergió con la conquista de las libertades. En el período de 1976 al 1978 protagonizaron diversos actos como manifestaciones y ocupaciones de edificios públicos que sorprendieron a todo el mundo. En los dos últimos años se ha estabilizado como un movimiento, diversificado por nacionalidades y regiones, sustentado en las Asociaciones de Vecinos, los clubes de pensionistas, los pueblos y en los sindicatos. Ha desarrollado diversos Congresos en los que ha mostrado su evolución ideológica, sobre todo en Cataluña, donde las ponencias trataban los puntos más variados —desde las pensiones hasta la posición de los partidos— y se ha establecido como una realidad viva que, a pesar de la modestia de sus efectivos actuales, modifica de manera muy especial la situación de la vejez. Nada se puede hacer ahora sin contar por lo menos con la protesta de un grupo reducido pero con indudable impacto moral, su programa llama la atención a la izquierda y está obligando a ésta a tomarse en serio el problema.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

André Breton y Benjamín Péret en Tenerife. (Con textos sobre la visita)

Hubo un tiempo en el que la cultura y el pueblo marchaban en la misma dirección. Esto fue especialmente cierto con las vanguardias que dejaron sus huellas en la revolución rusa, pero también en la República de Weimar, en la crisis francesa y en la española de los años treinta. Las expresión más avanzada de este encuentro fue el surrealismo, un movimiento artístico (socia, político, psiquiátrico, mágico, etc.), cuyo alcance ha sido comparado con el romanticismo por su amplitud y por la extraordinaria riqueza de sus aportaciones.
Dicho movimiento tuvo una peculiar traducción en Cataluña y en Canarias, donde sobresalió tempranamente la figura imponente de Oscar Domínguez que protagonizó una impactante exposición (óleos,gouaches, collages) en el “Círculo de Bellas Artes” de Santa Cruz de Tenerife en mayo de 1933, un vendaval pictórico que intranquilizó a la burguesía de la isla, enferma del “pánico social” que le provocaban un cambio radical que se respiraba en el ambiente.
No menos importantes fueron los componentes del equipo de redacción deGaceta de Arte, conocidos como “La facción surrealista de Tenerife”, en la que tomaron parte, entre otros, los poetas Domingo López Torres, Pedro García Cabrera, Emeterio Gutiérrez Albelo, a los que se unió, más tarde, el catedrático de literatura, Agustín Espinosa, autor deCrimen(1934), Eduardo Westerdahl, como director conciliador y respetuoso, más Domingo Pérez Minik, cosmopolita, crítico literario, siempre al día de todos los movimientos artísticos y que se conectaron con los surrealistas parisinos, siempre a través de Oscar.
Como cima de esta vocación propiciada por la suma creativa de esta “facción”, resultó que, inusitadamente, en el hecho que figura ya en la historia del Arte y la poesía, Santa Cruz de Tenerife se convirtió en 1935 en la sede de la Segunda Exposición Universal del Surrealismo. La ocasión fue suficiente para que fuesen invitados porGaceta de Arte, el llamado “papa negro” del surrealismo, André Breton, su compañera de entonces, Jacqueline Lamba y el segundo de a bordo del movimiento surrealista, Benjamín Péret, poeta y militante “trotskista” donde los haya,. También estaba prevista la llegada de Paul Eluard, que sin embargo no pudo viajar por enfermedad. Llegaron el 4 de mayo de 1935 y regresaron a París el 27 de mayo, después de tres semanas de una intensa actividad artística e intelectual.
Mientras se preparaba las maletas, André Breton en su libro más reciente,L’ air de l’ eau, Editions Cahiers d’Art, Paris, había publicado un poema invitación al viaje, en el que se podía leer:

Se me dice que allá abajo las playas son negras.
De la lava que marcha hacia el mar
Precipitándose al pie de un inmenso pico de humeante nieve.
Bajo un segundo sol de canarios salvajes.

No hay que decir que estos fueron inspirados por las conversaciones con Óscar Domínguez, que le describía la isla, los volcanes, los dragos y las arenas negras de sus playas, aunque a la hora de la verdad el imaginario surrealista se encendió por sí mismo con la contemplación del paisaje tinerfeño. El prólogo al viaje también permitió una cierta febrilidad por parte de los periódicos de Tenerife, en los que se trabajos de Agustín Espinosa, Domingo López Torres, Eduardo Westerdahl, Pedro García Cabrera y Domingo Pérez Mink sobre el surrealismo en los diariosLa Prensa y La Tarde, todo ellos tratando de predisponer al público isleño, tan permeable a las novedades, hacia el surrealismo que trataba de penetrar en los medios sociales más amplios. No en vano buena parte de ellos se habían afiliado al partido comunista, aunque ya por entonces habían tomado partido por León Trotsky en contra del estalinismo.
La Exposición Internacional del Surrealismo se inauguró el 11 de mayo en el Ateneo de Santa Cruz. Se mostraron fotos, libros y revistas surrealista y 76 cuadros de los siguientes artistas: Arp, Branner, Chirico, Dalí, Ó. Domínguez, Ernst, Hugo, Magritte, Giacometti, Miró, Picasso, Man Ray, Tanguy, Maurice Henry, Duchamp. Y a pesar de ser todos artistas consagrados y los precios bajos, no se vendió ninguna obra. Esta fue la respuesta comercial de la burguesía de la isla. El catálogo de la Exposición surrealista llevaba la portada de Jacqueline Lamba y prólogo de André Breton quien ofreció una conferencia con el título: “Arte y Política”, fijando la posición del surrealismo entre la libertad y el compromiso.
Benjamin Péret fue invitado por la “Agrupación Socialista del Puerto de la Cruz” a dar una conferencia y disertó sobre, “Análisis marxista de la religión”, un tema sobre el que tenía una enorme autoridad no en vano era incapaz de dejar pasar un cura sin insultarlos como farsante. Péret también leyó sus poemas junto con Breton. Otra acto importante para la proyección del surrealismo fue el intento de proyectar la películaLa edad de orode Luís Buñuel con lo cual pensaban obtener fondos para sufragar los gastos de la visita y la estancia de Breton, pero fue prohibida su exhibición pública, sólo se permitió el pase privado.
El Manifiesto Surrealista fue firmado en octubre de 1935 por Agustín Espinosa, Pedro García Cabrera, Domingo López Torres, Eduardo Westerdahl, Domingo Pérez Minsk, André Breton y Benjamín Péret y fue publicado en el nº 35 deGaceta deArte, septiembre de 1935 y simultáneamente en francés enCahiers d’Art, nº 5-6. Asimismo este Manifiesto Surrealista de 1935 constituye el nº 2 delBulletinInternational du Surrealismo(el nº 1 se publicó en Praga) y está escrito en español y francés y aparece editado entre los textos políticos más comprometidos del movimiento.
El texto recoge las ideas de Breton sobre el surrealismo oficial y su relación con el marxismo-leninismo y el psicoanálisis de Freud. Los firmantes del texto analizan el paisaje cultural del España y critican, tanto a la Generación del 98, que siembra su pesimismo habitual entre la juventud, como las manifestaciones culturales españolas de aquellos momentos. Y en las conclusiones toma posiciones contra la guerra, el fascismo, contra la patria, la religión y el arte de propaganda, contra la indiferencia política y contra los falsos valores del pasado.
Con este manifiesto se implantaba de una manera oficial, el surrealismo en España (“Tenerife es la isla surrealista”, dijo Breton); pero lo hizo en un momento terrible ya que al año siguiente el ejército colonial cuyos mandos estaban pagados por pe4rsonajes como Juan March, declaró la guerra a la República y al pueblo con la pretensión de instaurar un régimen fascista que exterminará toda protesta social, Por lo tanto, los firmantes españoles del manifiesto tendrán que afrontar, las consecuencias de tan valiente compromiso artístico y cívico. No fue por casualidad que la propia Exposición fue combatida por panfletos airados del nacional-catolicismo que consiguieron crear un círculo de miedo alrededor del un gesto que buscaba más luz, más luz. Todos sus protagonistas sufrieron duramente la irrupción del corazón de las tinieblas: Domingo López Torres ( el ‘Lorca’ canario) fue asesinado y arrojado al mar (1937) por los fascistas, Pedro García Cabrera tuvo que exiliarse, Óscar Domínguez se escondió durante la guerra hasta que logró marchar a Paris, Agustín Espinosa y Emeterio Gutiérrez Albelo, ambos funcionarios, tuvieron que dar un giro radical a su trayectoria ideológica presionados por los falangistas, además de sufrir la depuración correspondiente. Y no hay que decirlo, Gaceta de Arteen su nº 38 se deja de publicar por motivos obvios.
Esta pequeña historia ha dado lugar a numerosos encuentros, exposiciones, libros, charlas como la que el que escribe tenía que impartir a finales de diciembre en La Laguna, aunque en esta ocasión la naturaleza “se salió de madre” y la isla fue declara en Alerta Roja. Mis anfitriones tuvieron que dejarme ropa de invierno y, a pesar de todo, contra viento y marea, al menos tuve ocasión de aprovechar la amabilidad de los amigos del Centro de la Cultura Popular Canaria que me permitieron hablar largo y tendido desde su emisora de Radio San Borondon.
El año próximo se cumple el 80 aniversario del viaje de Breton, Péret y Jacqueline Lamba a la isla, una ocasión tan buena como otra para tratar que el extraordinario aporte del surrealismo vaya más de allá de los círculos universitarios para llegar a la gente que sueña con transformar el mundo y cambiar la vida.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

PD. Hojeando mis papeles he encontrado algunas de las cosas que escribieron y declararon Breton y Péret durante su estancia. Son textos extraídos de la obra de Lucía García del Carpi, La pintura surrealista española (1924-1936, pp. 434-438), Ed. Istmo, Madrid, 1986.

SALUDO A TENERIFE Al llegar a Tenerife me he lavado las manos, con jabón común que se asemeja al lapislázuli.

Me he lavado las manos de toda Europa. Y primero, de Francia, desde donde venía. Con el temblor de manos, todo salió. Este temblor, que no es sólo mío, es el de los hombres que sienten con angustia, en el noroeste de esta isla, que el mundo social debe ser cambiado si se quiere que los beneficios de la vida no se pierdan irremediablemente, que todavía hay un lugar en la existencia humana para el pensamiento, para la poesía, para el amor. La careta contra los gases, último modelo, cuyo horrible perfil toma aún en lo físico un carácter anticipado, no es solamente allá abajo un mal sueño, sino ya una realidad en el sentido moral. El viajero apenas puede recordarlo, en Santa Cruz, al cabo de unos días, bajo los árboles malvas, en el ir y venir de las mujeres más tentadoras, quiero decir, las más inconscientes, las más bellas.
Es para no creer que el hombre viva de nuevo en Francia, en Alemania, en todas partes, con la idea de que no se pertenece, que no puede evitar de un día a otro ser precipitado en una aventura sin salida posible, en una aventura cuya única salida no puede ser sino la supresión sin regreso, del mecanismo que la ha engendrado. Es preciso hacer aquí un llamamiento a la razón como en ninguna parte. El sistema de seducción, que desde lejos se organiza en derredor de las palabras Islas Canarias, sistema que yo puedo apreciar, ya más cerca, en su solidez, no puede hacerme perder de vista el sentido general del mensaje del que soy portador, y que es mensaje surrealista. Por la invitación de nuestros amigos de Gaceta de Arte, Benjamín Péret y yo nos proponemos dar cuenta, en una exposición de pintura, con la proyección de un film y de varias conferencias, de la actividad que, desde hace quince años y con el nombre de «surrealismo», con otros poetas y artistas, hemos mantenido en Francia, actividad a la que históricamente ninguna otra actividad artística colectiva se puede oponer, más viva que nunca, y que ya exige que empecemos a organizaría en un plan internacional. Esperamos demostrar que esta actividad es la única que puede desenvolverse racionalmente sobre las ruinas de una civilización que desde tiempo sabemos condenada a desaparecer, y de la que sólo intentamos preservar, para provecho del hombre futuro, lo que constituye realmente el tesoro cultural.
Si eligiéramos, casi de primera intención para explicarnos aquí, lo que no podemos olvidar, es lo que ha sido y lo que continúa siendo en el surrealismo la aportación de artistas españoles, la de Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luís Buñuel, Joan Miró, Osear Domínguez. Su interpretación del mundo resume y exalta milagrosamente todos los aspectos del pensamiento surrealista, a la manera como el Jardín Botánico de la Orotava agrupa las plantas más raras, nacidas bajo todas las latitudes. Su canto, a la caída del día en este mismo mundo, en la gran zozobra de este tiempo, pone su nota, entre todas, patética y brillante. Yo supe encontrar, por elección, su luz en los mismos colores de esta isla que es como un pájaro.

ANDRÉ BRETÓN

La Tarde. Santa Cruz de Tenerife, 9 de mayo de 1935.

ENTREVISTA REALIZADA POR LA REVISTA ÍNDICE A ANDRÉ BRETÓN

I. Existen, al menos aparentemente, en la historia del arte, dos comentes a que tienden a someterse las obras de una época: la primera, estrechamente ligada a las clases dominantes; la segunda, no conformista. De la primera, hacia mediados del siglo XIX, podría considerarse representativo a Ingres; de la segunda, a Daumier. Bajo este ángulo, ¿qué pensar de las dos tendencias contradictorias que se expresan en el arte de nuestros días: «pintura social» (Grosz, Dix, Kollwitcb, etcétera), «nueva objetividad» (Carra, Funi, etcétera)?
La coexistencia de esas dos corrientes no se puede negar, aunque aparezca claramente que a partir del siglo XIX el arte auténtico (aquel cuya influencia se ha revelado profunda y duradera) se inclina cada vez más al no-conformismo. Pero es excepcional que la obra de los artistas no-conformistas adopte un carácter social inmediatamente polémico, como la de Daumier. Poner por delante ese nombre es simplificar el problema, es dar demasiada importancia a una solución determinada: la sátira. En el siglo XIX, el no conformismo se expresa igualmente a través de las obras de Baudelaire, de Courbet, de Rimbaud, de Lautréamont, que escapan, la mayor parte de las veces, a toda dirección sistemática en ese sentido. Esas obras deben su extraordinaria difusión al hecho de que responden ante todo (y por excelencia) a la necesidad humana extendidísima que busca satisfacerse en el arte: 1.°) todo debe poder seguir siendo expresado; 2.°) la expresión debe ser renovada por el artista tan completamente como sea posible.
La imaginación artística debe permanecer libre. Debe hallarse Ubre por definición de toda fidelidad a las circunstancias, y muy especialmente a las circunstancias exaltantes de la historia. La obra de arte, so pena de dejar de ser ella misma, debe permanecer desligada de cualquier especie de fin práctico. Por ello sucede que la pintura «social» (de contenido revolucionario manifiesto) sea, a pesar de todo, un género secundario y que, cualquiera que sea el interés de gran actualidad de una obra como la de Georges Grosz (siempre en el plano satírico), ese género no pueda pretender someter en la actualidad a todos los demás. El problema plástico sigue enteramente planteado,
y se debe tomar en cuenta la actitud del artista para resolverlo. No puede desentenderse de él con una profesión de fe política. Ya hemos dicho qué lástima daba ver, en las exposiciones que proceden las organizaciones culturales de izquierda, tantas salidas de fábrica con la aparición de la hoz y el martillo entrecruzadas en el cielo. Un diario humorístico de Nueva Cork publicaba hace poco un dibujo burlándose de esta tendencia. Había, en un taller repleto de inmensas telas chapuceras de temas «sociales» (un hombre cavando, opuesto al burgués con un sombrero de copa, que tiene en una mano una copa y en la otra una mujer desnuda, manos blancas y negras vigorosamente estrechadas, personajes esquemáticos desplegando por encima de ellos una banderola: «Muera el capitalismo», policías golpeando a obreros, etc.), un pobre diablo ocupado en pintar cuidadosamente del natural en una pequeña tela una pera y un cuchillo sobre un plato. Tras él, el brazo extendido, vengativo, un crítico «de izquierda», que
acababa de sorprenderle: «¿Qué significa esto, Leo? ¿Te has convertido en un sucio burgués?»
Sin juzgar la última etapa de la evolución de Carra, creemos que el fundador de la pintura «metafísica» (nada más absurdo que ese término, y nada, por otra parte, más reaccionario) está poco calificado para hablar hoy de «nueva objetividad». No es, a priori, esa tendencia ya que nos sentimos inclinados a oponer a la anterior. Oponemos a la pintura de tema social aquella cuyo contenido latente, sin perjuicio del tema expresado, es revolucionario. Insistimos en el hecho de que hoy día, esta pintura no puede extraer sus elementos más que de la representación mental pura, tal como ésta se extiende más allá de la percepción verdadera, sin confundirse por ello con la alucinación. Si se pudiese hablar de nueva objetividad, sería más bien, nos parece, a propósito de esta pintura (y de su esfuerzo por sacar a la luz y al alcance de todas las manos el tesoro colectivo).
Está muy claro que el elemento social, en razón misma del factor emotivo considerable que hoy día va unido a él. puede representar un papel en la pintura, pero debe ser previamente asimilado por ella, no intervenir de una manera forzada. Precisamente, Picasso me contaba recientemente la idea que se le había ocurrido de que la representación corriente de la hoz y el martillo adolecía de una parte de la fuerza emblemática que podría tener si los mangos ele los dos instrumentos formasen un todo, que puede coger una sola mano. Esta observación da cuenta admirablemente de la necesidad de conciliar la necesidad de significación y la necesidad plástica, y no sería demasiado esperar de Picasso, que se lo ha propuesto, la realización práctica de este problema. Para que se hagan una idea del grado de conciliación a que debe llegar de esta forma, lo mejor que se puede hacer es mostrar como ejemplo otra obra de Picasso, el aguafuerte titulado; «la muerte de Marat», que ilustra el libro de poemas de Benjamín Péret: De derriere les fagots. Esa obra es actualmente, en el plano artístico, la que nos parece que domina revolucionariamente la situación.
¡1. El arte, en tanto que expresión del hombre sujeto a todos sus problemas, ¿es un medio para alcanzar fines comunes a todos los hombres?
Sí, toda la evolución histórica del arte nos lo garantiza. Para ello, el arte no debe de perder de vista que su objeto más amplio es «revelar a la conciencia los poderes de la vida espiritual». La agudización de los sentidos del artista —agudización que debe acrecentar por todos los medios posibles— le permite igualmente revelar a la conciencia colectiva lo que debe ser y lo que va a ser. La obra de arte no es válida más que en la medida en que pasen a ella los reflejos trémulos del futuro.
III. Ante una acción social inmediata, ¿puede el arte ponerse al servicio de una idea política determinada? Debe ponerse sin reservas al servicio de esa idea durante el período en que se transforme en acto, y en que ese acto, para llegar a su cumplimiento total, necesite ser exaltado de todas las formas posibles. Pasado ese tiempo, es indispensable que recobre su independencia, si el artista quiere escapar a contradicciones graves, objetivamente perjudiciales para la misma idea a la que quiere servir (suicidio de Mayakovsky).
IV. En otras circunstancias, ¿puede expresarla obra de arte una emoción de orden revolucionario? Ya hemos dicho que Picasso había probado que sí. E igualmente Max Ernst en telas como La Révolution la nuil, La Carmagnole de l'amour.
V. La ruptura del surrealismo con Aragón, ¿ha sido el resultado de diferencias profundas sobre los postulados esenciales del surrealismo?
Ha sido, sobre todo, el resultado de la imposibilidad del surrealismo para seguir confiando en un hombre a quien razones estrictamente oportunistas podían determinar de un día para otro a condenar por una orden toda su actividad anterior, y que Juego se mostraba incapaz de justificar en lo más mínimo ese cambio de opinión. El postulado esencial que ataca semejante actitud no es algo propio del surrealismo: es el postulado de la identidad del espíritu.
Un espíritu determinado no puede renunciar tan vanamente a toda su andadura, o debe dar inmediatamente una explicación pública en la medida en que su actuación lo ha sido también. En el caso contrario, no puede tratarse más que de una conversación o de una traición. Hay que decir que desde entonces Aragón se ha puesto a intentar sistematizar el reniego: «Llegará a contradecir su pasado [Víctor Margueritte) (el subrayado es del propio Aragón) y también entonces tendrá grandeza». Para quien ha conocido a Aragón, es muy fácil ver en ello la conclusión de las dos tendencias: «no poner sus actos en relación con las palabras» (Tratado del Estilo) y «escupamos, ¿quieres?, sobre todo lo que hemos amado juntos» (La Gran Alegría).
Uno no se contradice tanto como quisiera. Los dos últimos artículos que hemos leído de Aragón: «De Alfred Vigny a Avdeenko» (Commune, 20 de abril de 1935) y «Mensaje al Congreso de los Clubs John Reed» (Monde, 26 de abril), con la ausencia de todo escrúpulo con que se manifiesta, denotan en él un grave malestar. Tras una serie de declaraciones ambiciosas y de falsos testimonios —ya hablaremos más tarde de ello— se expresa una inquietud sintomática: la de ser víctima de su puja, que en la actualidad tiende a hacerle estar en desacuerdo con las consignas del Primer Congreso de escritores soviéticos, mucho más amplias que la de Jarkov.
VI, ¿ Cuál es la actitud del surrealismo respecto a las tesis más importantes del materialismo
dialéctico y del psicoanálisis contemporáneo? Hemos proclamado desde hace mucho nuestra adhesión al materialismo dialéctico, del que hacemos nuestras todas las tesis: primacía de la materia sobre el pensamiento, adopción de la dialéctica hegeliana como ciencia de las leyes generales del movimiento, tanto del mundo exterior como del pensamiento humano, concepción materialista de la historia («todas las relaciones sociales y políticas, todos los sistemas religiosos y jurídicos, todas las concepciones teóricas que aparecen en la historia no se explican más que por las condiciones de existencia material de la época en cuestión»), necesidad de la Revolución social como término del antagonismo que se declara, en una determinada etapa de su desarrollo, entre las fuerzas productivas materiales de la sociedad y las relaciones de producción existentes (lucha de clases).
De la psicología contemporánea, el surrealismo retiene esencialmente lo que tiende a dar una base científica a las investigaciones sobre el origen y los cambios de las imágenes ideológicas.
En ese sentido, concedemos una importancia particular a la psicología de los procesos del sueno de Freud y, de una manera general en este autor, a todo lo que es la exploración, basada en la exploración clínica, de la vida inconsciente. No por ello dejamos de rechazar la mayor parte de la filosofía de Freud como metafísica. Acordándonos de que tres grandes descubrimientos científicos (los de la célula, de la transformación de la energía y el descubrimiento darwiniano) permitieron la edificación del sistema materialista dialéctico de la naturaleza y, correlativamente, ayudaron a la comprensión de las leyes generales del desarrollo de la sociedad, estimamos que la consideración del movimiento científico actual es más provechosa que la del movimiento psicológico, siempre muy retrasado respecto al anterior. Entre todas las ciencias, la física moderna parece que debe retener especialmente la atención. Pero, de todos modos, conviene mostrarse muy circunspectos respecto a la adopción de sus conclusiones. Debemos guardarnos de contribuir a la formación de una nueva religión que sea, paradójicamente, la religión de la ciencia. índice. Santa Cruz de Tenerife, mayo de 1935.

ARTE Y POLÍTICA

(Fragmento de la Conferencia pronunciada por A. Bretón en el Ateneo de Santa Cruz de Tenerife, en mayo de 1935) Es sabido que la poesía y el arte verdaderos son función de dos factores esenciales; que ellos ponen en obra, en el hombre, dos medios muy particulares, que son; la fuerza de emoción y el don de expresión. No es un descubrimiento para nadie el revelar que todo gran poeta o artista es un hombre de una sensibilidad excepcional, y, en la búsqueda de las circunstancias biográficas por las cuales ha pasado, búsqueda empujada con frecuencia más lejos de lo razonable, el público acostumbra prestarle reacciones de una violencia proporcionada a su genio. Una gran sed de patetismo busca aquí satisfacerse de una manera algo teórica. El don de expresión excepcional de un Shakespeare, de un Goethe o de un Baudelaire, es cosa no menos universalmente reconocida. Los hombres de todas condiciones, de todas clases, que encuentran en sus obras una justificación brillante, y que de ella sacan una consciencia pasajeramente triunfante del sentido de sus dolores y de sus alegrías, no pierden de vista que un privilegio único permite, de tarde en tarde, a la subjetividad artística el identificarse con la verdadera objetividad; ellos saben rendir homenaje a la facultad individual que hace pasar un fulgor por la ignorancia, por la gran oscuridad colectiva. Pero si aparece, ,en general, muy claramente que la fuerza de emoción y el don de expresión exigen estar reunidos en el hombre para que pueda esperarse de él la obra de arte, se tiene, comúnmente, por el contrarío, una idea muy falsa de las relaciones que puedan mantener entre sí, en el artista-nato, estos dos grandes medios. El racionalismo positivista ha intentado luego hacer creer que el segundo tendía a ponerse directamente al servicio del primero: poeta, experimentad una emoción violenta la supongo de naturaleza íntima al curso de vuestra vida; es, os digo, bajo el golpe mismo de esta emoción, cuando vais a escribir la obra que permanecerá? No hay sino examinar de cerca esta proposición para constatar que es errónea en todos sus puntos. Aun admitiendo que un pequeño número de obras poéticas de valor haya sido realizado en estas condiciones (se encontraría, en Francia, algunos ejemplos en Hugo), es lo más frecuente que un tal método no llegue sino a actualizar una obra sin gran resonancia, y ello por la simple razón de que la subjetividad poética ha tomado la delantera, «por no haber sido conducida a este foco vivo desde donde solamente puede irradiar», desde donde solamente es susceptible de ganar en profundidad el corazón de los hombres. Es la determinación de este foco vivo lo que debería, a mí juicio, constituir el centro de toda especulación crítica a que el arte da lugar. Afirmo que la emoción subjetiva, cualquiera que sea su intensidad, no es directamente creadora en arte, que no tiene valor sino en tanto es restituida e incorporada al fondo emocional, del cual el artista está llamado a extraer. Éste no está generalmente divulgándonos las circunstancias en las cuales ha perdido para siempre un ente amado, aun a pesar de que su emoción esté en este momento en su plenitud, conmoviéndonos.
No está sino confiándonos, cualquiera que sea la moda lírica, el entusiasmo que desencadena en él tal o cual espectáculo —ya sea el de una puesta de sol o el de las conquistas soviéticas—, el cual levantará o alimentará en nosotros el mismo entusiasmo. De esto podrá salir una obra de elocuencia, pero nada más. Por el contrarío, si este dolor es muy profundo y muy elevado, este entusiasmo muy acusado intensificarán violentamente, por su propia naturaleza, el foco vivo de que hablaba. Toda obra ulterior, cualquiera que sea el pretexto, se engrandecerá por ello mucho más; se puede casi decir que, a condición de evitar la tentación de la comunicación directa del proceso emocional, ganará en humanidad lo que pierde en rigor. Cuando redactaba estas notas, hace unos días, en el campo, la ventana de mi habitación daba sobre un gran paisaje soleado y mojado del sudoeste de Francia, y encubría, desde el sitio donde me hallaba, un bello arco iris, cuya cola desaparecería cerca de mí, en un pequeño recinto cercado, a cielo descubierto, arruinado por la hiedra. Esta casa, muy baja y desde largo tiempo en ruinas, con sus muros que parecían no haber soportado nunca un techo, con sus vigas roídas, con sus musgos, con su sucio de escombros y de hierbas salvajes, con los pequeños animales que yo imaginaba agazapados en los rincones, me traía los más lejanos recuerdos, todas las primeras emociones de mi infancia, y me parecía muy bello que el arco iris partiese de esta casita para ilustrar en aquel momento lo que yo decía. Sí, este arco iris se me aparecía entonces como la trayectoria misma de la emoción a través del espacio y del tiempo. Todo lo que había experimentado en mí de mejor y peor se sumergía, se zambullía a placer en esta casita transfigurada, sobre la que comenzaba a descender el crepúsculo, sobre la que cantaba un pájaro. Y los colores del espectro no habían sido nunca tan intensos como al ponerse al nivel de la pequeña mansión. Era como si toda aquella irisación hubiese nacido verdaderamente en ella, como si todo lo que una obra análoga había significado para mí en otro tiempo
—el descubrimiento del misterio, de la belleza, del terror— hubiera sido necesaria a la inteligencia que pueda tener de mí mismo, en el momento en que intenté revelarme la verdad. esta pequeña casa era el crisol, el foco vivo que deseaba hacer ver aquí. En ella, todo lo que me había desesperado y encantado viviendo, se había fundido, se había despojado de todo carácter circunstancial. No existía allí sino yo, ante esta rueda luminosa y sin fin.

Gaceta de Arte, n.° 35. Santa Cruz de Tenerife, septiembre de 1935.

CARTA DE DESPEDIDA DE ANDRÉ BRETÓN AL ABANDONAR TENERIFE

«Cuando en mí último libro de poemas, / 'air de l'eau, me había propuesto ambiciosamente dar una réplica moderna a la gran llamada nostálgica que podemos ver en el verso de Goethe: «Kennst du bots landwo die Citronen Blüh :n» y en la estrofa de Baudelaíre: «Mon enfant ma soeur I Songe a la douceur / D'allerla has vivre ensemhle Aiftier a loisir / Aimer et mourir / Aupays quise ressemblet, era en las Islas Canarias donde yo había pensado, era una «Invitación al viaje» a las Islas Canarias lo que yo escribía entonces. Y es, más allá de toda espera, la realización de un sueño que he conocido en Santa Cruz de Tenerife, durante estos veinte días en que mi corazón no ha sido otro sino el de vuestro país encantado. Benjamín Péret y yo agradecemos a nuestros grandes amigos de Gaceta de Arte y del Ateneo su acogida inolvidable, que reúne, detrás del «San Carlos» en nuestro regreso a Francia, todas las alegrías de la inteligencia con las estelas de vuestras flores. Gracias a la prensa verdaderamente independiente de Santa Cruz, gracias a La Tarde que emprendió la labor de despejar lo mejor posible el sentido de nuestro tránsito y crear alrededor de nosotros una atmósfera de fiesta. No habrá un minuto feliz que no nos vuelva a traer lo más delicado del pensamiento y del aire de Tenerife.»

La Tarde. Santa Cruz de Tenerife, 1 de junio de 1935.

CARTA DE DESPEDIDA DE BENJAMÍN PÉRET

AL ABANDONAR TENERIFE Todo el mundo conoce esta angustia de la despedida, donde con el humo del tren el andén de la estación desaparece encubierto por un pequeño pañuelo de mujer que huye a todo vuelo como un pájaro asustado. Así es como hemos abandonado Tenerife, ayer noche, André Bretón y yo. La isla, que no hemos visto borrarse en el horizonte, penetraba a nuestro sueño y se desangraba en blanco como la cabellera del cactus de vuestras montañas y que será en adelante una amante, donde todos mis deseos intentarán fijarse. Las tres semanas que he pasado entre vosotros son para mí como el arco iris para el paisaje que recuerda el aguacero que acababa de recibir. Mi querido amigo Osear Domínguez me hablaba muchas veces de vuestro país, que
yo sabía ya maravilloso, y que admiro más todavía ahora que le conozco un poco mejor. Pero aún llevo a París un recuerdo magnífico de la gente que he encontrado aquí, los camaradas de Gaceta de Arte y ¿el Ateneo de Santa Cruz de Tenerife, y no quiero olvidar tampoco a la Prensa, cuya acogida cordial refleja una independencia que contrasta con la venalidad de los periódicos franceses. Y cuando ya metido en otra agitación yo regrese a estos días bañados de sol, es en Tenerife en quien pensaré, en su cielo, en sus flores y en sus mujeres que conejas rivalizan.

La Prensa. Santa Cruz de Tenerife, 1 de junio de 1935.