sábado, octubre 25, 2014

Uruguay: Los partidos se preparan para el 26 de octubre



Este domingo aproximadamente 2,4 millones de uruguayos acudirán a las urnas. Se elegirán el presidente y vice de los próximos 5 años así como diputados y senadores que integrarán el próximo Parlamento nacional.

Junto a las elecciones de candidatos también se decidirá a través de un plebiscito sobre la iniciativa impulsada por la derecha que propone bajar la de edad de imputabilidad a los adolescentes de los actuales 18 años a 16, y contra la que el pasado 16 de octubre una multitud marchó por el centro de Montevideo.
Aunque parecía improbable algunos meses atrás, hoy es casi una certeza que ninguno de los candidatos logrará una mayoría del 50% de los votos necesarios para evitar una segunda vuelta, por lo que la fórmula ganadora se decidirá finalmente en un balotaje a realizarse el 30 de noviembre.
Distintas encuestadoras ubican al gobernante Frente Amplio (Tabaré Vázquez) con una intención de voto de entre 42 y 45%, seguido por el Partido Nacional (Lacalle Pou) con 31-34%, y luego del Partido Colorado (Bordaberry) con alrededor del 15%.
Más atrás aparece el Partido Independiente (Mieres) con un 3% de preferencias, cifra que le da posibilidades de llegar al Senado.
Y luego, y a la izquierda del FA, se ubican Unidad Popular (UP) y el Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI) con el 1% de posibles votos, lo que les da chances de obtener un diputado y el Partido de los Trabajadores.
Con este panorama también se abre la pregunta acerca de si el FA logrará gobernar con mayorías parlamentarias propias, como ha sido en estos últimos 10 años, o deberá negociar con blancos y colorados para lograr la aprobación de leyes. Esto hace a los posibles escenarios de gobernabilidad que todavía siguen abiertos y que serán importantes para encarar un gobierno que deberá pasar un ajuste contra las condiciones de vida de los trabajadores y el pueblo.

Cierre de campaña

El pasado jueves 23 la mayoría de los partidos que compiten en la carrera presidencial cerraron sus respectivas campañas electorales en diversos puntos de Montevideo y la zona metropolitana.
La movilización más numerosa fue la del Frente Amplio que reunió alrededor de 160 mil personas, cifra importante pero menor que en anteriores cierres de campaña. Estancados en las encuestas y sin lograr una ventaja clara Vázquez y Sendic intentaron estas últimas semanas entusiasmar a los simpatizantes frenteamplistas y convencer a los indecisos. Por primera vez en los últimos 50 años el FA no es mayoría entre los votantes jóvenes, todo un síntoma de cierto descreimiento ante la ausencia de cambios profundos luego de 10 años de gobernar el país. Si bien se percibe una mejor situación económica, esto parece deberse más a las ventajas que le ha dado al país el alto precio de las materias primas que a aciertos del FA. La distancia entre ricos y pobres se ha acentuado y abundan los “diez mil pesistas” (trabajadores que perciben un salario inferior a 10 mil pesos. Unos 400 dólares); alrededor de 800 mil uruguayos (un 40% de los trabajadores uruguayos) cobran menos de un tercio de la canasta familiar.
Además, los apoyos entre los sectores medios decrecen y buscan variantes más hacia el centro político. En lo que respecta a la clase trabajadora lo que prima es un clima de apatía pero de creencia de que el Frente Amplio aún si bien ya demostró no ser una herramienta para los cambios profundos, sí lo sería para mantener algunas conquistas que se alcanzaron en los últimos años.
El candidato a la vicepresidencia Raúl Sendic, centró su oratoria en temas de desarrollo productivo, industrial y tecnológico ilusionándose con que "vamos hacia un Uruguay industrializado" y con un mejoramiento y modernización de la infraestructura de puertos, carreteras, y ferrocarriles. Un discurso en el que intentó tomar los rasgos “neo-desarrollistas” de los gobiernos frenteamplistas que en 10 años han profundizado los lazos y la dependencia del capital extranjero, manteniendo las cuentas “ordenadas” y aplicando las reformas estructurales que habiliten más inversión extranjera.
Cuando todavía resuenan las declaraciones de Tabaré Vázquez de querer implementar el” voucher educativo” (siguiendo el modelo chileno de privatización de la enseñanza), lo que generó el inmediato rechazo de los trabajadores de la educación, su discurso en el acto de cierre estuvo centrado en resaltar que con el FA los trabajadores y el pueblo viven mejor que con los gobiernos de la derecha, haciendo hincapié en la importancia de los Derechos Humanos y en los logros alcanzados.
Los partidos opositores también realizaron sus actos de cierre de campaña. Luis Lacalle Pou del Partido Nacional, inesperado contrincante de Vázquez, reunió alrededor de 3.500 personas en la ciudad de Las Piedras (afueras de Montevideo) y los colorados de Pedro Bordaberry se movilizaron en un número similar por la costa montevideana.

"De reojo"

Estas elecciones se realizan prestando especial atención a lo que ocurra en Brasil. Apenas unas semanas atrás el conocido Semanario Brecha titulaba que allí se juega el destino del progresismo y que ese resultado va a repercutir directamente en la disputa uruguaya. Tanto el FA como el PT brasileño forman parte de los gobiernos "progresistas” que generaron expectativas e ilusiones en los trabajadores y el pueblo y expresan una nueva relación de fuerzas donde el neoliberalismo "puro y duro" ya no puede gobernar. Ambos actuaron como garantes de estabilidad durante la crisis de principio de siglo pero actualmente temen no poder mantenerse en el gobierno.
Aun así, para el proyecto de política exterior que impulsa Astori (figura clave del FA) e incluso el propio Vázquez, un triunfo de Aecio Neves no caería mal. Ambos tienen sintonía en proponer una flexibilización del MERCOSUR para acercarse hacia la Alianza del Pacífico. En contrapartida, sería un golpe importante para sectores como el Partido Comunista del Uruguay, o los ligados a Constanza Moreira que intentan mantener una retórica progresista de "unidad e integración latinoamericana" y "antiimperialismo" que recubre discursivamente por izquierda al Frente Amplio.
Una u otra opción aunque con formas y tiempos distintos reflejarán que el “fin de ciclo” de los gobiernos posneoliberales está en marcha, aún con triunfos de Dilma y Tabaré.

Walter Vidal - Montevideo
Hernán Yanes

Los atentados que sacudieron Canadá

En menos de 24 horas se produjeron dos atentados que han cobrado la vida de dos militares canadienses. El primero, el lunes 20 en la población de Saint-Jean-sur-Richelieu, en Quebec. El segundo, este miércoles 22 en la sede del parlamento federal en Ottawa. La situación política de este país ha cambiado en tan sólo unas cuantas horas.

Martin Rouleau, un joven de veinticinco años, atropelló a dos militares en un centro comercial de la región de Richelieu. Mató a uno de ellos y murió posteriormente bajo las balas de la policía luego de que su automóvil volcara en la huida.
Rouleau era vigilado por las autoridades luego de que intentara salir del país para llegar a Turquía.
El miércoles 22 de octubre, el montrealense de padre libanés y madre quebequense, Michelle Joseph Zehaf- Bibeau de 32 años fue abatido mientras irrumpía en el edificio del Parlamento federal con un rifle con el que hirió de muerte a un caporal del ejército.
A esa hora de la mañana, entre las diez y media y las once, sesionaban en distintas salas las bancadas de los tres principales partidos federales.
Hoy por la mañana despegaron los aviones de caza destinados por el gobierno federal a la lucha contra el nuevo enemigo declarado del Estado Islámico.
La relación entre estos tres hechos no es fortuita. Canadá se ha comprometido en una nueva alianza contra el terrorismo, como lo hizo antes para la invasión en Afganistán. Y es que los analistas más serios no dejan de señalar que los atentados son una respuesta simétrica a la nueva agresión a la que el imperialismo canadiense se ha sumado.

¿Qué se puede esperar de esta nueva situación?

Probable blanco del último atentado, el primer ministro Stephen Harper, líder del partido conservador, ha salido a decir que “no se dejará intimidar por la amenaza terrorista”.
Pero a pesar de todos los berridos de este tipo de la clase política y de los medios masivos, lo que se hace difícil explicar es cómo estos jóvenes canadienses se “radicalizaron” sin que se haya comprobado una relación directa u orgánica con el “islamismo radical”. Porque los actos no fueron ni planeados desde el exterior ni organizados por la susodicha amenaza terrorista internacional.
Para decirlo francamente: el gobierno federal va a utilizar estos atentados como justificación para lanzarse con fuerza renovada hacía la “cruzada contra los infieles extremistas”.
Al mismo tiempo, estos hechos podrían ser utilizados como excusa para una reducción o suspensión de los derechos y libertades individuales, siempre en defensa de la tan mentada democracia canadiense.
En el marco de que se vienen perdiendo las conquistas sociales ganadas con decenios de lucha y donde las libertades elementales vienen siendo limitadas por leyes especiales de fuerte inspiración bonapartista, esto no puede más que significar una profundización del ataque gubernamental hacia la lucha y la organización social.
La prensa no deja de señalar lo aislado del acto y el hecho de que se trata de jóvenes desubicados víctimas de la “propaganda del mal”. Sin embargo lo que se antoja es también un agotamiento del discurso triunfalista e infalible de las potencias mundiales, y también un anti-occidentalismo creciente en el mundo y en el seno del mismo monstruo imperialista.
Durante sus casi diez años de gobierno, Harper ha logrado una transformación del Canadá. De aquel país de “apariencia pacífica” y “vocación democrática” no queda nada.
Hoy Canadá es señalado por su beligerancia, por su protección a ultranza de las empresas trasnacionales (que tantos estragos han causado y causan en Latinoamérica, empezando por las mineras) y por su desdén de las cuestiones ambientales.
Y al mismo tiempo ha hecho todo para no dejar piedra sobre piedra del viejo estado benefactor, con la salud y la educación como objetivos centrales. Es en estas circunstancias donde se deben buscar la causa de la radicalización de estos jóvenes que acaban de protagonizar los atentados que están sacudiendo al país.

Erik Hurtado

Los problemas de la economía de Alemania, según The Economist

Ante la posibilidad de que Alemania entre en recesión, el semanario norteamericano The Economist explica algunas cuestiones estructurales de la economía alemana y su relación con el resto del mundo. Insisten en que el gobierno de Merkel impulse la inversión pública.

Un artículo reciente de The Economist afirma que en el segundo trimestre de este año, la economía alemana se contrajo un 0,2%. Los economistas esperan que se contraiga de nuevo en el tercer trimestre, lo que significa que la economía va a estar técnicamente en recesión. Algunos creen que la economía no crecerá hasta mediados del próximo año. Esta actuación ha tomado por sorpresa algunas personas cuando se suponía que Alemania era el centro neurálgico de Europa. El semanario norteamericano se pregunta, ¿Qué salió mal?
La economía alemana es impulsada por las exportaciones. Su balanza por cuenta corriente (la diferencia entre el dinero que recibe del mundo exterior por sus exportaciones y lo que entrega al extranjero por sus importaciones) es una de las mayores del mundo y representa el 7% del PIB. Es una economía abierta: la relación entre las exportaciones y el PIB es el doble de la de China. Por eso, cuando las exportaciones de Alemania caen un 6%, como lo hicieron en agosto, usted debe saber que es una mala noticia.
En los últimos meses la economía mundial se ha vuelto en contra de Alemania. Alrededor del 6% de las exportaciones alemanas van a China, sobre todo lo que los economistas llaman bienes de "capital", tales como la maquinaria pesada.
La economía de China se está desacelerando: en 2010 el crecimiento del PIB fue del 10%, pero este año será cercano al 7%. Lo que es más, China se está reequilibrando hacia el consumo, una actividad que requiere de menos bienes de capital que la inversión productiva.
Alemania también se ha visto afectada por un lento crecimiento en los otros 17 países de la eurozona, donde se envía el 40% de sus exportaciones. Para añadir a este lío, Rusia, que recibe un 3% de las exportaciones de Alemania, se enfrenta a una crisis económica con bajos precios del petróleo y las sanciones occidentales que la golpean.
Algunos alemanes consideran que nada es realmente malo. La economía mundial está pasando por una mala racha, dicen, y Alemania está en buenas condiciones estructurales. El desempleo está en menos del 5% en lo que pocos alemanes están con problemas de empleo.
Pero hay otros problemas. A raíz de la catástrofe nuclear de 2011 en Fukushima, el gobierno alemán decidió cambiar la energía nuclear hacia las energías renovables (conocido en Alemania como el Energiewende). Esta medida según Steen Jakobsen de Saxo Bank ha impulsado al alza aún más los precios de la energía para la industria, que ya eran las más altas de Europa. El encarecimiento de la energía ha llevado a algunas empresas a trasladarse. En 2013 BMW trasladó una fábrica de Alemania a Estados Unidos, donde los precios de la energía fueron 80% más bajos.
En agosto la producción industrial alemana cayó un 4%. Los alemanes deberían preocuparse por su economía al igual que el resto del mundo. En 2013 Alemania arrastró a la zona euro de la recesión; ahora por el contrario podría enviarla a la recesión.
The Economist insiste en que el gobierno alemán tiene que impulsar la inversión. Así afirma que aún con una estimación conservadora, el gobierno de la señora Merkel podría aumentar el gasto en infraestructura en al menos 0,7% del PIB en 2015 sin romper sus propias reglas fiscales. Ese dinero debe ser utilizado para acelerar los proyectos federales "-listos para comenzar", tales como la reparación de puentes y carreteras. La tasa de inversión pública es un mísero 1,6% del PIB de Alemania -uno de los más bajos de Europa y se ha reducido desde 2009.-
La exigencia de mayor inversión pública como la de estímulos monetarios forman parte de las políticas de presión de Estados Unidos en su disputa con Alemania por las áreas de influencia y negocios en Europa. Una puja que es parte de las tensiones geopolíticas que comenzaron con mayor crudeza desde la crisis de 2008 y que continúan sin garantía de solución.

Gastón Ramírez

Noé Jitrik: “Todas esas etiquetas son tentativas para empezar a hablar de algo de lo cual es difícil hablar”



Segunda parte de la entrevista al escritor y crítico Noé Jitrik, a propósito del centenario de Julio Cortázar y las Jornadas Internacionales “Lecturas y relecturas de Julio Cortázar”, realizadas en la Biblioteca Nacional.

Así como hay un “Cortázar escritor” también hay un “Cortázar comprometido”…
Sí; y esa es una formulación que yo hice, en relación con Cortázar, de algo que se habla inevitablemente, del compromiso político.
No pudo salvarse… Se le pide al escritor y al intelectual en general que se comprometa: que firme, que ponga su adhesión, etc. No se le pide al tipo común que anda por la calle. El tipo común va y vota, y ahí se para... El resultado de la elección ni siquiera mucho le interesa (que salga “el más mejor”, o sea: el más votado). Y todo lo demás no le importa. Pero pareciera que al escritor y al intelectual sí. Pero hay que hacer una distinción: una cosa es el intelectual, para el cual “lo político” es su objeto; otra cosa es el escritor, cuyo objeto es “el objeto imaginario”.
Entonces, hay que distinguir. Y es misterioso, porque al escritor, cuyo objeto es imaginario se le pide un compromiso con lo “real crudo” incluso mucho mayor que al intelectual, cuyo objeto es lo político. Hay ahí una especie de situación paradójica que de repente los escritores, muchos escritores empiezan a sentirse muy culpables porque no responden totalmente al pedido que se les está haciendo. Y a veces quieren responder, pero entonces se hacen la ilusión del “poder la palabra”. Entonces conté –ahí conté– el cuento de Platón. Platón era un intelectual muy reputado en su momento; como era muy bueno, muy famoso, genial, el tirano de Sicilia, llamado Dionisio el viejo, lo convoca para que lo asesore.
¡Y ya sabemos cómo le fue!
Como no le gustaron los consejos que le daba, lo vendió como esclavo. Alguien, un alma piadosa lo rescató, se volvió a Atenas –un poco… con una sensación probablemente de fracaso–, y resulta que Dionisio el viejo se muere y –como es un demócrata– hereda el trono Dionisio el joven, que también invita a Platón… Y Platón agarra otra vez.
Es decir: la idea que tienen ciertos intelectuales –o pensadores o filósofos o escritores– de que pueden incidir en el tipo que tiene el poder, hace que de pronto se obnubilen y que magnifiquen sus posibilidades de convencer o de dirigir incluso al político –y no pueden entender incluso por qué él está ahí y no el propio escritor–. Y le vuelve a pasar lo mismo: no le gusta lo que le dice Platón a Dionisio el joven y otra vez lo vende como esclavo.
Finalmente Platón volvió a Atenas, volvió a ese jardín que se llamaba Academus, a pasear por ahí y a pensar en lo que había dicho Sócrates acerca de temas tan intrascendentes como por ejemplo la poesía, la organización de la república, la ética… cosas menores en relación con la importancia que tiene lo político.
Y eso hace una tradición que llega hasta nuestros días; hay gente que se hace la fantasía de poder incidir, y terminan con una sensación de desdicha y de perplejidad, como fue el caso de Cortázar en Cuba. Cuando se produce el tema de [Heberto] Padilla, Cortázar no sabe qué hacer. No sabe qué hacer porque piensa –creo que piensa– que está muy mal lo que le pasa a Padilla –está muy mal que lo censuren; está muy mal que interpreten sus poesías como “contrarrevolucionarias”–, pero mucho más importante es “la revolución”, la salud, la enseñanza, etcétera.
Y entra en el juego estaliniano, de los “viejos bolcheviques” que terminaron por aceptar el cadalso –que los fusilaran– porque lo más importante era la revolución y no el error –el terrible error que se estaba cometiendo con ellos… la injusticia histórica espantosa–. Porque la disidencia no tiene que estar ligada a la muerte necesariamente.
Hay que ver de qué disidencia se trata. Pensar que un tipo como Bujarin –por ejemplo– podía ser terrible enemigo de la Unión Soviética… o Trotsky un “agente alemán” y cosas por el estilo es una aberración de una conceptuación del poder respecto a la cual el escritor que adhiere después es un alma desdichada; no ha podido hacer nada para evitarlo.
Hay como una expectativa para que se pronuncien; que no solamente nos brinden cuentos y novelas sino que también hablen de la realidad…
¡Y esa es una cosa que hay que explicar! Hay que tratar de explicarse el porqué de esa exigencia. Habrá una explicación. Y es que, para todo el mundo, lo simbólico es muy importante. El comercio simbólico. Y los escritores encarnan un poco ese mundo simbólico.
Es como las quejas que hay sobre la Iglesia: el cura de aldea, por ejemplo, no puede solucionar la miseria –en el caso de que la quiera solucionar–; pero se le exige. ¿Por qué? Porque el cura, como pareciera que habita el universo simbólico está obligado a hacer determinadas cosas, ya que lo simbólico actúa en las cabezas de la gente con una potencia extraordinaria. Y si vos admitís este argumento de lo simbólico, lo que podemos llamar la adhesión, e incluso el compromiso con determinadas causas, también pasa por eso.
Pensando en términos no espurios, digamos de decisiones legítimas: vos ves que el mundo es injusto, que el mundo está mal, que el sistema es perverso (“no lo soporto; quiero hacer algo para cambiarlo”; eso es legítimo), entonces, ¿por qué lo hacés? Bueno, porque esos valores que vos creés que hay que imponer son valores abstractos, en cierto sentido, que la acción tendería a concretar… Y entonces ahí está la adhesión, ahí está el compromiso que citábamos antes.
Por ejemplo Abelardo Castillo lo había “resuelto” en los ‘60 de una manera bastante sencilla –se podría decir–, al separar, cuando hablaba del “compromiso del hombre, no del escritor”.
Él era un típico representante del compromiso sartreano en ese momento. Era la manera que había encontrado Sartre para canalizar esa cosa.
Ligado al tema del “boom”, y quedándonos en las obras literarias, hay que señalar que también se lo filió a Cortázar al “realismo mágico” (o a “lo real maravilloso”, en palabras de Carpentier).
A mí mucho no me gustan esas etiquetas. A mí me parece que es literatura lisa y llana. Para dar un ejemplo extremo: hay un fenómeno, una cosa que para mí hay que considerar en una crítica sistemática a Cortázar que es el fenómeno de “recontextualización”. Las imágenes cambian el carácter y la función según el lugar donde se pongan. Entonces cualquier imagen, trivial, “la moto estaba estacionada en un lugar prohibido”, si la tomás así es una frase municipal, no tiene importancia. Pero si la ponés cerca de la descripción de un personaje que está a punto de cometer un robo o algo así, cambia de carácter.
Uno podría recontextualizar la guía del teléfono, y convertirla en relato; si no en su totalidad –ocuparía mucho espacio– en parte, con esa idea… Desde ya como un extremo, como un ejemplo grotesco de esto. Pero ese fenómeno de recontextualización es como si se produjera sobre algo que en otro lugar no tiene alcance literario, no tiene resplandor literario.
A mí lo que me interesa es el fenómeno de la recontextualización; yo puedo leer algo de la llamada “literatura realista”, o “fantástica” o “mágica” o lo que sea, de la misma manera siempre. Es decir: en tanto me diga algo. Me ilumine alguna cosa.
Yo no pienso “qué inteligente el tipo, que hizo que el príncipe se convirtiera en sapo, y el sapo en príncipe; me parece una maravilla”… ¿Lo tengo que llamar fantástico a eso? Eso es literatura. La literatura es eso. Como que todas esas etiquetas son tentativas para empezar a hablar de algo de lo cual es difícil hablar.

Demian Paredes

Noé Jitrik: “Cortázar fue leído con pasión, con entrega, con mucho interés”



A propósito del centenario del escritor argentino, del 25 al 27 de agosto se realizaron las Jornadas Internacionales “Lecturas y relecturas de Julio Cortázar” en la Biblioteca Nacional. El escritor y crítico Noé Jitrik intervino en la mesa de cierre “El rol del intelectual”. Conversamos con él sobre este evento y en general sobre el escritor. (Primera entrega de la entrevista)

¿Cómo fue el cierre y qué balance hacés en relación a las jornadas por el centenario de Julio Cortázar en la Biblioteca Nacional?
En la mesa que estuve yo –de cierre–, sobre el final, se discutió, ya que Cortázar tiene suerte post mortem… y no la tiene tanta.
Tiene suerte porque se habla de él hasta el exterminio. Es decir: por todas partes y por todos los recovecos que se puede imaginar uno en relación con un escritor, y eso es una suerte que no muchos escritores han tenido. Incluso se podría decir que la tuvo más que Borges en ese sentido.
Y la mala suerte es que la adhesión política de Cortázar –que fue muy evidente, que no se puede negar… por Cuba, por Nicaragua, contra la dictadura argentina– fue una actitud correcta, limpia, etc., y desbalancea el enfoque… Entonces, ¿qué es lo que queda? ¿Qué es lo que queda desde el punto de vista de la literatura? ¿Su obra o su adhesión política? Y hablar de la adhesión política –o de lo político– es desplazar el interés hacia lo político propiamente dicho.
De tal manera que por alguna intervención del público en la última sesión parecía que teníamos que discutir sobre Cuba sí o no, y no se trataba de eso, para nada: no era el lugar para hacer un examen o balance de si Cuba triunfó o no, si realizó o no, o si la revolución está al alcance de la mano o no…
Bueno, en ese sentido, balance: gran veneración. Grandes celebraciones. Mucho incienso, por todos lados, en relación con él. Una gran idealización de la obra de Cortázar y de la persona de Cortázar, y este desplazamiento, casi inevitable, hacia esa zona, política.
Eso es, también, en cierto modo, un balance.
El problema con la obra de Cortázar es ver si está vigente en su totalidad, por un lado; y si ofrece nuevas asperezas, rugosidades, como para ver las cosas de otro modo, o ver cosas nuevas que no se han visto antes.
¿Vos qué impresión tenés sobre si se lo lee actualmente a Cortázar, y quiénes y cómo lo leen?
Bueno, sobre eso hay informaciones casi te diría estadísticas. Es decir, cuando estábamos en París [en marzo de 2014], también hablando de Cortázar, la gerente o editora de Alfaguara dijo que Rayuela se está reeditando a 50.000 ejemplares por año. De manera que hay lectores. Quiénes lo están leyendo… Ahí hay un problema que a mí me interesó –hace rato– destacar, y es lo siguiente: cuando aparece la obra de Cortázar hay momentos, hay distintas temperaturas. Una cosa es cuando apareció Bestiario, que es una zona de silencio en torno al libro; es un pequeño hecho editorial aunque los textos son excelentes.
Pero es un pequeño hecho editorial más bien vinculado a la revista Sur, editorial Sudamericana y ese tipo de situaciones. Pero después que empieza a escribir novelas, que publica Los premios en Buenos Aires, ya empieza a ser visto de otro modo. Ya empieza a ser visto con una curiosidad mayor y la editorial se esfuerza por presentarlo con un aspecto novedoso.
Cuando aparece Rayuela es una explosión. Es decir, la gente se identifica mucho… los lectores corrientes… digamos de esta capa de clase, de esa burguesía ilustrada de Buenos Aires, se entusiasma mucho con Rayuela no necesariamente en virtud de un espíritu crítico muy refinado sino porque toca varias cuerdas Cortázar que son muy sensibles para esa clase media ilustrada, para ese grupo ilustrado de Buenos Aires, que es la relación con París, siempre inquietante: hay que ir a París; todo viene de París; qué pasa en París; qué les pasa a los argentinos en París. Desde el coronel Mansilla en adelante siempre se habla en la Argentina de París. Si alguien presenta la relación Buenos Aires-París, y hace la ligazón, eso impactó. Eso por un lado.
Por otro lado la representación de la vagancia: el tipo que anda suelto y que ve cosas, y le pasan cosas –tanto en París como en Buenos Aires–; eso también era como muy atractivo. Más ciertas idealizaciones: las mujeres… Todo ese conjunto hace un impacto en esa clase media, que hace después el fenómeno más fuerte de la recepción literaria, que es el “boca a boca”. Cuando salió Rayuela se hablaba de Rayuela todo el tiempo; lo mismo que cuando salió, algunos años después, Cien años de soledad de García Márquez. Eso cambió el estatuto de lectura. Es otro momento de Cortázar.
Instalado en esta situación, Cortázar, con cada cosa que va publicando, es objeto de interés.
Muy bien, hasta ahí está todo perfecto: así fue leído: con pasión, con entrega, con mucho interés.
Pero pasaron treinta y cuarenta años. En esos treinta y cuarenta años pasaron muchas cosas –en todo el mundo, numerosos cambios en todos los órdenes–; y también en el pensamiento. En esos años termina, fallece, el existencialismo. Nace y muere el estructuralismo. Hay una recuperación del marxismo. El psicoanálisis sienta plaza. La lingüística hace un aporte fundamental y aparece la mirada semiótica. Y esas corrientes, aunque los lectores ilustrados –siempre hablo de lectores ilustrados– no conozcan todo eso, ni se hayan comprometido con ninguno de esos movimientos… esos movimientos son maneras de ver que penetran en la capacidad, en el modo de la lectura.
Por lo tanto si todo eso pasó, debe haber generado –es posible que haya generado– modificaciones en la lectura de esos textos de Cortázar respecto de las miradas iniciales.
Yo creo que –y no lo puedo probar, porque tendría que hacer un trabajo que no me corresponde; me parece que es una hipótesis a tener en cuenta– la lectura puede haber cambiado. Y entonces esa lectura que cambió –o bien dio más cosas de las que se vieron antes en la obra de Cortázar–, o bien tiene un estupor frente a eso, en función de todos estos parámetros históricos que están gravitando, y no atina a ver nada nuevo sino a repetir sensaciones o respuestas anteriores. O bien a apartarse, también en función de que esta manera de ver impide quizás volver o acercarse a una obra de esa dimensión, como es la de Cortázar.
¿Y tu intervención en la Biblioteca Nacional planteó algo de todo esto que estamos charlando o planteó otras cosas?
Planteé varias cosas que me interesaba destacar como modos de ver. Por ejemplo: cuál es el contexto –literario– en que aparece la obra de Cortázar. Curioso eso. Es interesante señalarlo. Hay como tres líneas en ese momento 1940-1950.
Una, digamos las prolongaciones de Boedo, encarnadas en los escritores afiliados al Partido Comunista. Otra, la de gente como una prolongación remota –aunque no fiel– de Florida –ese viejo conflicto, de la década del ‘20–, en el Grupo Sur. Y hay una tercera línea, de los que no están ni en uno ni en otro caso, que son los de la “poesía pura”, por llamarla así, que es la Generación del ‘40, básicamente. Hay más cosas, pero esas son fundamentales para pensar.
La línea del PC; la línea de los escritores del PC culmina en el “realismo socialista” a la soviética; pero no necesariamente son tan fieles a la línea del “realismo socialista”. Obras como las de [Juan José] Manauta, [Alfredo] Varela… O Enrique Wernicke, o el propio González Tuñón, se escapan de eso. Pero en ellos hay como una especie de sentimiento de culpa respecto de la afiliación al PC. Y es que se obligan a ser [escritores] sociales, cuando en realidad, muchas ganas no tenían –no sé–. Por esa razón es una literatura que la teoría posterior que viene posiblemente del “compromiso” interpreta muy bien: ellos son “comprometidos” antes que se planteara la idea del compromiso. Y exactamente son fieles a esa idea sin conocerla. E ignorando quizás que esa idea tiene una historia: viene del existencialismo. El existencialismo viene de la fenomenología, y viene también de cierta inflexión que hizo de la fenomenología un tipo como Heidegger. Entonces, no es tan simple el asunto pero ahí está la idea del compromiso…
La otra línea, la que se agrupa en torno a Sur, es una línea literariamente más abierta –es decir: con mayor respiración–, atenta a lo que pasa en el mundo y sobre todo, lo que escritores que están ahí, concentrados, persiguen, es un rigor en la forma. Un rigor en la formulación. Un rigor en el pensamiento. Eso da un resultado muy importante para la historia de la literatura argentina; eso da el momento de mayor madurez de la expresión literaria. Si vos ponés ahí a Borges, a Bioy, a Mallea, a Bianco, a Cortázar… a varios más que andan por ahí... poetas como Girri… a Mujica Lainez –en los primeros libros–, hay rigor ahí, ¿no? Entonces ese rigor –y eso es lo que dije yo–, o esa manifestación de rigor, es lo que nos permitió, al hacer la Historia crítica de la literatura argentina, un volumen que se llama “El oficio se afirma”. Porque tenía ese sentido.
Los “cuarentistas” están metidos –digamos– en los vahos que brotan del Río Paraná por la tarde. Son así… parecen estar en las nubes, pero alguien hace el puente entre eso y el máximo compromiso que se podía pensar a partir del año ‘45, que es el peronismo. Eva Perón los concentra, los invita; hace unas peñas semanales con los poetas cuarentistas. Entonces imaginate vos… Pero ellos no bajan de la nube…
Ahora qué pasa con Cortázar…
La primera publicación de Cortázar es un libro de poemas…
Sí, un libro suelto, no por Sur.
Un producto muy muy claro de la revista Sur puede ser Silvina Ocampo, porque está cerca. María Rosa Oliver, también porque está cerca, están ahí. Pero Borges y Bioy Casares, que forman parte, están siempre reticentes con Sur, pero siempre dentro de ese programa –formal, si vos querés– que metafóricamente se puede poner en torno a la revista Sur: escribir bien; escribir con rigor; escribir con claridad sobre los géneros –no confundir–.
Trabajar la palabra, las ideas, los personajes…
Todo. La paradoja es que Cortázar, que empieza a formar parte de esa cosa aunque no esté totalmente en la revista Sur –eso es una manera de decir–, se ocupa en ese momento de literatura, hace ensayos literarios muy agudos…
Ahí está el “exuberante” libro sobre John Keats, por ejemplo.
Yo recuerdo algunos que publicaban en la revista Realidad, una revista que dirigía Francisco Romero en ese momento: me acuerdo de una cosa sobre Ricardo Güiraldes muy inteligente, admirable, pero siempre pensando en la palabra, la expresión, el rigor y todo eso.
Cortázar termina por publicar el Libro de Manuel, que es un libro… no “tipo PC” pero más o menos… Más bien “pro Monto”, ¿no? Vuelve un poco a eso. Por un camino sinuoso que habría que preguntarse por qué se produce.

Demian Paredes

Trotsky en la literatura



1.
Hablar de Trotsky y la literatura (y, especialmente, de Trotsky en la literatura) es, a estas alturas, un tema ya “clásico”, conocido, visitado… y –como se hará en esta nota– revisitado.
Podemos comenzar por él mismo: como se sabe, Trotsky fue un atento lector; un gran lector –además de escritor– tanto de escritores clásicos rusos (Tolstoi, Gogol) como de contemporáneos (Esenin,Maiakovsky, Céline, Malraux, Jack London…). Sobre ellos escribió –antes, durante y después de la Revolución Rusa de 1917–, y, con muchos, tuvo además encuentros y relaciones políticas. A esto debemos sumar sus conocidos trabajos comoLiteratura y revolucióny Problemas de la vida cotidiana, donde queda a las claras la atención que dedicaba a los temas del arte y la cultura –al igual que al por entonces novísimo psicoanálisis–. Trotsky fue un revolucionario marxista que, lejos de la manipulación del arte y sus expresiones –como hizo la burocracia stalinista con el tristemente célebre “realismo socialista”; política que luego copió Mao y sus seguidores–, tuvo una amplia mirada (y diversas propuestas políticas) sobre éstos, e incluso fue el autor, ya en el exilio, junto a André Breton(y el pintor y muralista Diego Rivera como firmante), en México, en 1938, del célebre “Manifiesto por un arte revolucionario independiente”, proclamando –en la medianoche del siglo, de fascismos y una inminente nueva guerra mundial– la necesidad de luchar por una completa libertad en el arte. Muchísimos escritos dieron cuenta de la potencia y la vigencia de muchos planteos de Trotsky en estos terrenos (ver Marxismo y crítica literaria (1978) de Terry Eagleton, por ejemplo), y por supuesto también de su vida revolucionaria y lucha consecuente contra el stalinismo y la degeneración del Estado obrero ruso.

2.
Se puede hacer rápidamente una “lista” (inevitablemente incompleta) de importantes escritores y escritoras que tomaron “la historia y vida de Trotsky”; de quienes lo abordaron desde diversos ángulos específicos las últimas décadas.
Tenemos por ejemplo La segunda muerte de Ramón Mercader, una novela “policial” (o “thriller político”, si se prefiere) del escritor español (ya fallecido) Jorge Semprún, donde se rememora, en un “vaivén narrativo” que va desde el presente, una historia de espionaje y contraespionaje en la “guerra fría”, a la historia: a los años revolucionarios de la Rusia pos 1917, con su “vieja guardia” bolchevique; no está sólo Trotsky sino otros “cosmopolitas” como Lunacharsky, quienes estaban –con todo su bagaje de teoría y cultura– a la cabeza de las esperanzas (mundiales) revolucionarias, asistían los magnos desfiles de obreros, campesinos y soldados rojos, etc. Semprún, que fue –además de guionista del conocido director de cine Costa-Gavras– del PC, y luego del PS, mantuvo sin embargo, siempre, un respeto enorme por la figura de Trotsky: años después, en Federico Sánchez se despide de ustedes –una de sus novelas autobiográficas donde relata los fracasos y desencantos de las opciones políticas que tuvo– rememora las visitas al museo-casa de Trotsky en México, con sus aires de “templo revolucionario”.
Está también Tres tristes tigres, la gran novela del (por supuesto también gran) escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, con una “sección” del libro dedicada a parafrasear a varios escritores, “parodiando” su estilo (en un ejercicio que recuerda al que hiciera Proust en El asunto Lemoine), y dando cuenta del asesinato de Trotsky como “hecho periodístico”.
Otro libro: En estado de memoria, con narraciones de Tununa Mercado, donde también se menciona al museo-casa de México como un sitio al que toda persona de izquierda, todo humanista y/o socialista no podía dejar de ir. (Además la escritora recuperó un libro de Roberto Amigo, El criador de conejos: un poema sobre Trotsky.)
Por su parte el escritor jujeño Héctor Tizón publicó, en No es posible callar, dos cuentos sobre el sicario stalinista Ramón Mercader (a quien intentó entrevistar –y no pudo– en la cárcel de México).
Silvia Molloy ofrece un relato –también sobre el museo-casa– en Varia imaginación.
La novela de Martín Kohan, Museo de la revolución, utiliza varios textos teóricos de Trotsky, imbricados en un cuaderno de estudios de un militante “setentista”, junto a otros de Marx, Engels y Lenin, analizando, elaborando, proyectando, los “cambios temporales” que se suceden con una revolución.
Varias novelas de Andrés Rivera, como Nada que perder y El verdugo en el umbral, hacen mención a Trotsky, (lógicamente) como oposición al stalinismo, y como referencia indudable, en las décadas de 1980 y 1990, cuando arreciaba el speech (fukuyamista-neoliberal) del “fin de las ideologías”, de la revolución, en un claro desafío al “espíritu de los tiempos” que se vivían entonces. (Vale recordar también que un tío de Rivera –que aparece en muchos de sus libros–, Físhale, era trotskista.)
Laguna, novela de la norteamericanaBarbara Kingsolver, tiene a Trotsky como protagonista (“periférico”) en la historia del protagonista, un escritor, nacido en EEU.U., de padre yanqui y madre mexicana, que termina como “aprendiz” y secretario del matrimonio Rivera (Diego y Frida) y se enamora de Jean van Heijenoort, uno de los principales secretarios del revolucionario ruso.
En Las genealogías, la escritora mexicana Margo Glantz tiene a Trotskymuy presente: cuando ella caminaba por las calles junto a su padre, por cierto “aire” (tenía anteojos, barba en la perilla), oía decir: “Mira, ahí van Trotsky y su hija”.
También está El profeta mudo, novela (hasta hace poco inédita) del escritor centroeuropeo Joseph Roth. Y a todo esto hay que sumar la (megafamosa) novela El hombre que amaba a los perros, del cubano Leonardo Pardura.

3.
Junto a esto no podemos dejar de mencionar los textos que produjeron el ensayista y sociólogo Eduardo Grüner, “Trotsky, un hombre de estilo”, y el escritor y crítico Noé Jitrik, quien nos ha dado unos 5 o 6 textos los últimos años, en muchos casos tomando como referencia o disparador publicaciones del CEIP “León Trotsky” y Ediciones IPS: Mi vida, la biografía de Lenin y El caso León Trotsky, entre otros.
Para finalizar podemos sumar un texto más: un capítulo sobre la “cuestión judía” en la autobiografía del escritor, ensayista y crítico George Steiner –llamada Errata–, quien, contra “la barbarie, la estupidez y la ignorancia” propone recordar un fragmento de “un tal Liev Davidovich Bronstein (también conocido como Trotsky). Un texto escrito en el fragor de batallas” “encarnizadas”:
“El hombre asumirá como propia la meta de dominar sus emociones y elevar sus instintos a las alturas de la conciencia, de tornarlos transparentes, de extender los hilos de su voluntad hasta los resquicios más ocultos, accediendo de este modo a un nuevo plano […]
El hombre será inconmensurablemente más fuerte, más sabio y más sutil; su cuerpo se tornará más armónico, sus movimientos, más rítmicos, su voz más, melodiosa. Los modos de vida serán más intensos y dramáticos. El ser humano medio alcanzará la categoría de un Aristóteles, un Goethe, un Marx. Y sobre este risco se alzarán nuevas cimas.”
Lo que cita Steiner es el final del libro Literatura y revolución, donde Trotsky proyecta, imagina, cómo será la vida del ser humano, una vez acabado el capitalismo –una vez terminado el régimen de explotación asalariada–, en la sociedad comunista. Un “sueño” de una gran potencia, que ha sido destacado una y otra vez –por ejemplo en la conocida trilogía biográfica de Isaac Deutscher– por su belleza y fuerza imaginativa.
Y cierra Steiner el capítulo que citamos diciendo: “Absurdo. ¿Verdad? Pero un absurdo por el que vivir y morir”.

Demian Paredes

"España es una colonia de sí misma"

Entrevista a Oriol Malló sobre el libro “El cártel español. Historia crítica de la reconquista económica de México y América Latina (1898-2008)”

Oriol Malló es periodista y autor, ha escrito varios textos sobre temas del pasado que marcan nuestro presente y dibujan nuestro futuro. Entre sus nueve libros destacan una aproximación a la guerrilla anarquista en el primer franquismo (La revolta dels Quixots, 1997) o un estudio sobre la relación entre Iglesia y totalitarismo (En tierra de fariseos, 2000). Ganador del premio nacional de periodismo de Cataluña en 1992 por sus reportajes sobre la guerra de Yugoslavia.
Para ir introduciéndonos en la investigación histórico-crítica realizada en el libro “El cártel español”, podrías definir qué propósitos e ideas fundamentales expone. Cuál era la intención a la hora de escribir la obra.
Primeramente era entender por qué en la campaña electoral de México en 2006 el aparato del estado español se volcó claramente con el candidato conservador, Felipe Calderón. Y por qué en aquel momento hasta Aznar vino a México a asentar cátedra sobre los períodos populistas. Inquietaba que tan naturalmente, incluso ante a una candidatura que finalmente no era ni siquiera un desafío al orden social −Manuel López Obrador en el partido de izquierdas− existiera una actitud tan determinada de rechazo por parte de España. En este caso fue la protección de intereses económicos, la posibilidad de que un candidato de izquierdas pusiera en cuestión o investigara mínimo una o dos empresas, o pusiera en cuestión el FOBAPROA (fondo equivalente al banco malo en España), y la forma como los bancos españoles consiguieron la privatización y control de bancos mexicanos.
Esas primeras preguntas pasan luego a la pregunta más profunda de qué es esto de la hispanidad, de qué manera las castas de poder en México se sienten criollas, tienen un “malinchismo” (identificación del extranjero como alguien superior), algo que cualquiera nota al principio. O como Darci Ribero dice, lo que son las capas primarias del poder, basadas en la historia. Cómo y por qué esto tiene tanta fuerza. Y por qué consiguió España tal penetración y poder siendo que su posición económica real en Europa es limitada y colonial. Cómo España siendo una colonia en Europa consigue ser sub-imperio.
Esa es la pregunta inicial que movió toda la investigación a partir sobre todo de los eventos de la campaña de 2006 en México, que fueron virulentos, y donde más o menos se podía observar toda la clase alta que se sentía criolla y malinchista al lado de España y de Estados Unidos. O sea, esas preguntas iniciales que tienen que ver con lo que uno siente cuando llega a un país de América Latina y empieza a descubrir cosas que desde España no se ven.
¿Cuáles son concretamente las acciones de este cártel? ¿Puedes situar algunos ejemplos?
Justamente de lo que se trata es de no ver la consecuencia o la secuela, que es la llegada de empresas españolas a toda América Latina desde Argentina en 1991, cuando empieza el desembarco. Sino por qué ese desembarco. Y ahí me fui dando cuenta de que hay un patrón histórico desde la pérdida de Cuba y Filipinas en 1898, de entender que España siempre quiso volver a su espacio natural, a su espacio colonial o poscolonial.
En el reparto del mundo en 1900, donde Estados Unidos ya tenía hegemonía sobre Latinoamérica, de alguna forma creo que la monarquía española y Alfonso XIII, el abuelo del Rey, entendió en los años 20 del siglo pasado la idea de que por un lado no había que ir contra la doctrina Monroe. La idea de que Estados Unidos era el enemigo de España −que aún puede ser el punto de la Guerra de Cuba− donde podía parecer que en aquel momento pues había una rivalidad, ya no venía al caso.
Otro factor a inicios del siglo XX es que toda América Latina estaba llena de gallegos, es decir, la inmigración de aquellos tiempos era brutal, quienes salían del puerto de Vigo. Cientos de miles partían de allí, fue brutal, en treinta años salió de España más gente que ahora. Pobres que poco a poco se fueron colocando en toda América Latina. Había pues una colonia española como no la hubo en toda la época virreinal. O sea, eso fue una novedad. Gente que luego se fue posicionando en el poder.
Así, Alfonso XIII tenía muy claro la idea de que la doctrina Monroe era buena porque nos protege de los bolcheviques −en los años veinte ya empezaba la Unión Soviética, ya tenía peso el comunismo, ya era real, instalado en Rusia− y por tanto Estados Unidos podía proteger lo que España no podía. Porque el poder del ejército español ya se había acabado en Cuba. Y al mismo tiempo de la protección militar, que se sacaba de Estados Unidos, nosotros teníamos la ventaja de la Iglesia, la religión, la hermandad compartida, y el hecho de que las clases dominantes de América Latina son hispanistas naturalmente. Alfonso XIII nunca fue a América, nunca viajó a América, pero “un borbón” tiene una idea muy clara de cómo funciona el mundo del hispanismo conservador, que él además representaba y simbolizaba. Esa comprensión de que ahí estaba el mercado natural, que podía ser el mercado porque las clases criollas −pese a que hubo unos arrebatos anti-hispanistas a partir de las independencias− entran en el poder, ya dejando el sentimiento del criollo contra el español, (ellos eran también eran españoles en la forma de tratar a las castas inferiores) España era un lugar donde naturalmente coincidían.
Esa operación inicia muy temprano. La primera prueba de que esto era posible la hizo la Real Academia Española, en el año 1919 ya empezaron varios artículos de Jaime Granados en Colombia. Acerca de cómo el español colombiano, que es un español totalmente puro y extraño, que es un invento digamos de la academia española que hacen que la gente hable un español que no tiene nada que ver con el español del que se habla por ejemplo en Venezuela, fuera la imposición de un modelo lingüístico como el que hablan en España. El idioma fue la primera prueba de que se podía controlar América Latina, porque la aceptación de la RAE, de los códigos lingüísticos que venían de España, por todos los académicos locales, con antecedentes en el siglo XIX, ya permitió entender que se podía, que las castas de América ya aceptaban esa nueva relación con la “madre patria”, que sigue siendo madre y no hermana.
Eso ya se observaba por tanto en la lengua. De hecho, en 1892 cuando Cuba aún era colonia española, hubo varios encuentros en Sevilla y en Madrid, filológicos, culturales, y donde todas las repúblicas latinoamericanas vinieron a España. Ni una sola se negó a venir por el hecho de que Cuba fuera colonia española, o sea realmente, esa recuperación de América Latina, ideológicamente, ya estaba hecha.
Poco a poco, a medida a que añadimos más elementos, se llegó al final del siglo XX, años 80 y 90, cuando ya es posible armar una política exterior, con empresas con mucho efectivo, y con la mediación directa de Felipe González con las élites políticas. Las empresas ya sabían el momento en el que los gobiernos Latinoamericanos iban a privatizar, qué iban a regalar, ya sabían cómo entrarle al negocio. Era una larga historia que venía de antes, que el estado no estuviera preparado durante muchos años, eso no quiere decir que un siglo atrás había una línea histórica de recuperación de mercado.
En cuanto a las acciones concretas, en el libro citas el caso del campo energético en Argentina, el caso de la construcción aquí en México o también en Centroamérica. Bueno, igualmente la acción de los bancos como Santander o BBVA. Hay casos concretos de empresas que aprovecharon esos antecedentes que se enmarcan en lo histórico.
De hecho, en el año 1991, que es cuando Menem entra al paquete de leyes de energía en Argentina. Se sabe que un año antes fue a Madrid y plantea a Felipe González [que hoy ocupa puestos en esas empresas a las que enchufó en Latinoamérica] de lo que va a hacer en Argentina y la posibilidad de, a través también de negocios, ofrecer digamos la joya energética de Buenos Aires, además del gas y la telefonía. Que se repartió entre el Cártel de las empresas españolas. Le ofreció Menen en bandeja a F.G. que las empresas españolas de la época tuvieran información privilegiada. Sabían que iba a llegar esa privatización. Esteban Serra, uno de los personajes del cártel, me contó que ya conocían América Latina, había vivido en Bolivia muchos años. Le mandaron para ver qué tal, qué pasaba. Había ya un desembarco de empresas. El grupo que llega a Buenos Aires, se encarga de vender a la matriz española que eso iba a va a funcionar.
Con el dinero que sacan de comprar esas estructuras que le dejan a precio de ganga, entran como cártel reinvirtiendo en todos los demás países de América Latina. Los capitales que van sacando lo reinvierten en Chile, en Brasil, porque a España no llega nada. No se van a España porque hacienda se queda su parte. Luego lo que se hace es reinvertir y evadir al fisco. Pero la primera inversión es lo que permitió las compras a su vez en Chile y Brasil. Así los monopolios empezaron, como Telefónica, y poco a poco el cártel fue subiendo a México. Que tardó mucho más porque el proceso de apertura del mercado mexicano es más complejo por el papel en él de Estados Unidos. Empieza con la época de Cedillo. Son compañías de energía como, Abengoa, Iberdrola, Gas Natural, Endesa.
Cuando Endesa es comprada por italianos es el principio del fin del cártel, pues éste se encuentra en decadencia, más después de la crisis de 2008. Pero esto no quiere decir que la gerencia cambie, la alta burguesía es la gerencia. El capital es de Europa del norte, la City, o de Wall Stret, sin embargo la gerencia es española. Como en el grupo PRISA, el capital es de Estados Unidos y francés, pero la gerencia es española. El coyote, es decir, quien le hace el juego a la empresa en América Latina, se entiende con el gerente español. El coyote es el que se encarga de mover contactos. Hay tres niveles, el capital, la gerencia, y el coyote que pone la empresa en América Latina.
Las redes por ejemplo, en México, vienen de asturianos, que tienen la gerencia de Coca-cola en México. Es el caso también de Lala, marca de lácteos, Bimbo, etc. Son grupos en los que sus abuelos eran españoles, identificados con la España más rancia, conservadora, católica. Lo que hace que exista una conexión. Es el caso de la cerveza Corona, Coronita en España. Los dueños acaban siendo igualmente embajadores en España, y de las relaciones hispano-americanas. Los orígenes españoles y de mentalidad hispanista se imponen e incluso son más importantes de lo que pensaba cuando escribí el libro. Es una fuerza brutal de contactos, palancas, enchufes, que van a permitir que el cartel español, en términos de estrategia, sepa por dónde tiene que meter el gol.
El origen de la fuerza de este cártel tú lo basas en un genocidio, cuál, cómo.
Lo colonial en España nunca se entendió. Y el caso fue el de los africanistas. En España se tiene una visión de América muy siniestra. Al indiano que llega de vuelta a Asturias, pues nadie le pregunta de dónde viene su dinero. Todo el mundo sabe que no inventaron nada, sino que algo robaron, o tuvieron una hacienda. No hay una historia bonita detrás del enriquecimiento de América.
Pero nadie hace esa conexión con los africanistas, quienes habían perdido la guerra en Cuba y se quedaron en el norte de África. El norte de África era todavía una colonia. Donde se tenía un manejo del gobierno, traficando con hachís ya en aquella época [recordemos el reciente caso del navío Sebastián el Cano]. Un mundo donde no se tenían que dar explicaciones a nadie. En España nadie quería saber nada de los africanistas, que eran violentos. Donde se confiaba que nunca iban a hacer nada en España. En África tenían regimientos. En contra de los moros. Fue también la guerra contra Abd El Crim que duró veinte años matando con técnicas modernas para acabar con la subversión. Es decir, llevaban 20 años matando gente. Llevaban sin matar apenas pocos años. Desde 1898 hasta 1921. Y su mentalidad era digamos de cruzada, de guerra, y de genocidio. Por tanto lo traían en la sangre y lo aplicaron de una forma inesperada. En España nadie imaginaba eso. Porque también había un racismo implícito, la guerra se hace a los negros en Cuba y a los negros en África, pero no a los españoles. Luego en el 36 ya la cosa no fue así.
De manera que la Guerra Civil se articula con las empresas del cártel durante el franquismo.
De hecho, había la idea de que el franquismo no tenía política para con Latinoamérica. Lo cual no es cierto. El nazismo cayó y Franco quedó aislado. Sin embargo la cultura hispánica se trabajó. En cada país hay el libro de Jara que ahora es doctor y profesor en la Universidad de Chile donde cuenta toda la cultura hispánica en Chile. La mayoría eran abogados, gente de empresa, muy ubicada desde Guatemala hasta Chile con los gobiernos de la época. Eran gente que por más que parecieran vejestorios eran personal ubicado en el poder. Por ejemplo en Chile Jaime Guzmán, presidente del Centro de Cultura Hispánica en Chile. Era gremialista, católico, se convirtió en el hombre de cámara de Pinochet. Para hacer otro genocidio allí. El genocidio del 74 después de destruido Allende. Matar primero, imponer un orden después, como en el franquismo. Para que llegue la democracia que llegó en el 88.
La relación entre el Chile de Pinochet y de la España de Franco está clara. España es el modelo, por eso Pinochet va al entierro de Franco y por eso Jaime Guzmán es el asesor de Pinochet. Luego entonces, el hispanismo que parecía una cosa rancia y antigua seguía estando presente. Y siempre hubo congresos, eventos en Madrid. Eso existió en la época de Franco, también con becas, en cultura, pintura. Igualmente en la Iglesia, con seminarios, comidas, etc. Es decir, el franquismo mantuvo una red cultural. Que luego aprovecharon las empresas que tomaron poder con el franquismo. Que a su vez se había basado en el genocidio en contra de republicanos.
Franco era un modelo de éxito. En los 60 “España ya va bien”, crecía, la industria iba de maravilla. Un modelo de tranquilidad social en donde el orden se impuso. España era un modelo para todo. A partir de los 70. Cuando llegan las dictaduras a América Latina, en España demostraba que la paz se imponía a base de degollar cuellos, después de esto, encima, en los años 80 España ya era democrática, recibiendo los exiliados de América Latina, para que “aprendiesen”, que así funciona la democracia también. De este modo, aprendemos que si en vez de hacer guerrilla, hacemos coexistencia con los poderes fácticos, el exilio vuelve. Eso lo que Felipe González enseñó al exilio Uruguayo, Chileno, etc. Sin ir a palabras tan feas como “expropiar”. Es decir, España fue modelo para el genocidio [de la Operación Cóndor] y fue modelo de transición democrática.
El modelo democrático de Felipe González fue una maravilla. España ya no era la España franquista, era la España de la movida, de la democracia, de la liberación sexual. En España entonces todo el mundo era feliz. Ergo entonces España siempre consiguió estar a la vanguardia de esto.
Otra clave más en las redes de poder fue que durante veinte años Cuba fue “el lugar”, o sea, desde la revolución cubana en 1959 hasta los 80, son veinte años donde Cuba es también una referencia y todo el mundo “se conoce en Cuba”. Digamos España aprovechó las sinergias creadas en Cuba y en México. El boom Latinoamericano, valiéndose del tema cultural, para poner bases para otra parte del cártel, las editoriales. Se creó durante esa época una atmósfera de igualdad con España, de sentimiento solidario, hermana e igual al resto de América Latina. Incluso me acuerdo que yo era joven, de que había una sensación de afinidad cultural absoluta. Entre América Latina y España. Esto se rompe cuando hubo el boom de la España “moderna”, “europea”, “democrática”, cuando entra el euro, bla, bla, bla.
Entonces hay un marco común en Latinoamérica y en España desde donde poder hacer la crítica a la oligarquía española, puesto que las redes coinciden para explotar a España y a América Latina a la vez.
Pero el problema es que si España se conectó durante 15 años. El hispanismo, es una forma de control español, también en la época de Franco. Cuando llegaba algún latinoamericano en los 40 y 50 a España, no necesitaban pasaporte. Porque si llegaba en avión eso quería decir que era rico, y nadie preguntaba nada. El latinoamericano era como el español, hermano, pero eran conservadores, católicos, decentes. También la izquierda se comparte en una comunidad, y no hay sentimientos de superioridad. Cuando eso se rompe, España vuelve al autismo natural, de la matriz imperial. O sea, En general, por norma, yo creo que sigue siendo lo que siempre ha sido, es decir, que Latinoamérica no existe. En el imaginario, sólo existe el pariente, el tío de América. La otra clave es “nosotros somos europeos” y “ellos son sudacas”, que sí existe. Aunque ahora más o menos pueda haber gente que vean las claves de los gobiernos puestos en América Latina, en general, entre la gente, no hay un pensamiento, una reflexión sobre América Latina. Hubo un momento de solidaridad con el Zapatismo, por ejemplo, muy fuerte. En Barcelona me acuerdo muy bien, pero ya en realidad, como algo muy “oenegero”.
Pero, tú dices, estructuralmente en la economía, los latifundios es una forma que coincide en Latinoamérica y en Andalucía y Extremadura. La explotación que pueda hacer la oligarquía de la energía, es la misma que hacen las empresas en la España del tarifazo. Quiero decir, ese cártel, no da tampoco ningún beneficio al pueblo español. Por tanto, es una oligarquía que establece un terreno de explotación tanto en España como en Latinoamérica.
Sí, pero nunca en Madrid se leerá el Excélsior [periódico mexicano]. Eso es ridículo pensarlo. El cártel es lo mismo: hay quién manda. Y El País sí se lee en Latinoamérica. La clave es que España, siendo la cola de ratón que es en Europa, tiene la conexión con América Latina. Son los españoles los que manejan esa relación. España no pinta nada en el nivel colonial internacional. Sin embargo, en el reparto de poderes España tiene la ventaja de sacar réditos. Aunque los españoles no sacan nada, es la oligarquía la que se enriquece.
Incluso en la gestión y no siendo los propietarios del capital. Pero la clave es que al menos la gerencia no se pierde del todo. El capital es gringo, alemán, francés. Pero los gestores son españoles. El poder que da la gerencia, le permite seguir manejando dentro de España como su cortijo. Botín, por ejemplo, tiene a la banca alemana detrás, los Botín no son dueños del Santander, pero garantiza que la deuda española se siga pagando. La gerencia está al servicio de los amos de verdad. Todos estos grupos han dominado y dominan.
PRISA es lo mismo, los sucesores están vendiéndolo todo. Pero la gerencia sigue siendo de ellos. Aunque sirvan a intereses de Estados Unidos, los que ponen el capital. Y por tanto, serán siempre de segunda. Pero cuidado, en México están los criollos hispanófilos. Que tienen la FEMSA, que es Coca-cola. Hispanomexicanos que están en México. Que son fieles a España, que le da una potencia. Es una España de la alta burguesía, la de siempre, la de toda la vida, la que mató, la que pagó la Guerra Civil. Pero es una red de relaciones que está muy bien compactada. Y que tiene una capacidad de maniobra muy importante, incluso, muchas claves. Cuando ocurrieron tensiones con Venezuela mandaron a Raúl Morodo, un tipo muy listo que siempre de alguna forma calmó a Chávez, y al final acaban haciendo los navíos en Cádiz. O en Cuba, por ejemplo, donde España siempre a base de no apoyar el bloqueo completamente, las empresas tienen un peso impresionante. Hacen de policía bueno. Y se basa en una red que España utiliza como formas de influencia, de imperialismo suave. Que sólo es posible en contextos como Cuba. Queda la alternativa de Miami o Madrid. Si es Miami, esto destruiría a Cuba, por eso también interesa tener la influencia de Madrid. Que no aprueba completamente el bloqueo.
Sin embargo, como dices, el cártel está en decadencia. Crees que eso puede llegar a pasar en España. Que la población española acabe teniendo, digamos, un papel parecido a los gobiernos Latinoamericanos que están expropiándolas, expulsándolas, haciéndolas cotizar más, etc.
Este caso sería peculiar, con el IBEX 35. Las empresas están en decadencia porque algunas están muy mal. Recapitalizadas por otros capitales. Rescatadas. Esta crisis, ha afectado a las cajas de ahorro, que han desaparecido. La banca las ha absorbido. Y nadie ha cuestionado el hecho de que ahora la banca se ha quedado con más de lo que nunca tuvo en España. Si hay un miedo creo que es a Podemos.
Miedo a un cambio que la banca no pueda acabar de controlar. Pero, por un lado hay un resorte importante que es Europa. Primero que no caiga Madrid. Que caigan ayuntamientos, que caigan comunidades autónomas. Pero que no caiga Madrid. O incluso cuestionar la deuda. O aplazarla, idea que también comparte Syriza. Ahí veremos cuál es el margen de acción de un gobierno que no está en el orden habitual. Ahí se verá también el pánico o no. La oligarquía lo que quiere es que esto se mantenga tranquilo. Que pase el tiempo y que se acepte el patrón de crisis habitual. Como en México, donde son ya 30 años de crisis. La crisis se vuelve estable. Por eso Podemos habla de “ventana de oportunidad”, donde la gente piensa en cambiar las cosas.
Todo el mundo sabe que es Alemania quien manda en España. Pero te construían las carreteras. Venían turistas, etc. Todo estaba perfecto. Sin embargo, cuando hablamos de salir del euro, la gente se espanta. Es el discurso de la corrupción, del “que se vayan todos” como en Argentina. Pero cae un poco en Holloway, quien dice que no hay que tomar el poder. O en Foucault, “todo es poder asqueroso” de manea que lo que tenemos que hacer es irnos a casa.
Y también está la idea de que Europa es la solución, que viene también de Franco. La única manera de evitar el populismo en el voto, es que la gente no vote. Y así ha sido en Europa, en donde los ciudadanos no votan nada. El franquismo siempre se vendió a Europa. Para mantener digamos, su poder absoluto, de rentistas. Pero nunca fueron patriotas de nada.
Los que financiaron la guerra en España, por ejemplo el caso de los que llevaban las empresas eléctricas, luego hicieron a Franco que eso no se nacionalizara del todo. Carrero Blanco se quejaba del poco nacionalismo de esas empresas, y de que en el fondo trabajaban también para otros. España no es Turquía, ni México, que mantienen quien más quien menos su soberanía. En España no, las empresas con capitales externos dominan como en un feudo. Por eso Carrero acabó volando por los aires. Nadie, por cierto, podía saber por dónde pasaba Carrero Blanco. En la España de Franco todo estaba controlado. No se hablaba ni en los taxis, todo el mundo sabía todo, los falangistas eran muy pocos pero eran los señores de las pistolas que controlaban todo. Como les hablaras de tú te apuntaban a la cabeza con la pistola. Usaban la pistola para tener poder. El PRI en México fue diferente, nacía de la gente, se volvían corruptos al pasar de los años, pero venían de la gente. En España no. Cualquier falangista sabía que su pistola era su poder y si no te callabas te mataban. Eran colonizadores. Cada uno de ellos se portaba como si estuviera en la colonia.
Todo esto también explica que haya un nacionalismo Vasco, Catalán, Gallego. Si no hubo república hubo sí, una nación fundada con la fuerza de una pistola contra la población. Así ganaron. Se hizo entonces una nueva casta burocrática y criminal que puede llegar a ser peor que la que mata. Pero siempre con la leña, leña, leña, por delante. Eran gente poderosa que tenían claro que había que vigilar a las masas. Igual que en la colonia. Como en Marruecos. Lo importante en el franquismo era saber quién manda y quien obedece. En esa parte España es una colonia de sí misma.

Diego Morollón. Estudiante de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Nacional Autónoma de México.

Acerca de los cubanos en EE.UU.

De acuerdo a los más recientes estimados demográficos resultado del Censo del 2010, el número de cubanos y sus descendientes nacidos en Estados Unidos que viven en este país se considera ser 1.8 millones. De éstos 1,044,000 (58%) son nacidos en Cuba y 756,000 (42%) son nacidos en este país. Representan el 3.6% del total de los latinoamericanos y sus descendientes que residen en EE.UU.
Los censos nacionales son aproximaciones las cuales son afectadas por un sinnúmero de factores, subjetivos y objetivos. Recientemente leí en un artículo sobre un estudio de poblaciones la siguiente afirmación introductoria del estudio, ¨las estadísticas son un espejismo organizado¨. Así hay que considerarlas. Las cifras citadas en este trabajo han sido tomadas de informes y estudios del Buró del Censo de Estados Unidos y del Pew Hispanic Center, institución altamente respetada.
En 2012 la población latinoamericana y sus descendientes que residen en EE.UU. se consideraba ser de 53 millones de personas de un total de 311 millones de personas residentes en este país. Los primeros cinco grupos nacionales latinoamericanos por sus números son: los mexicanos quienes sumaban 34 millones (65%); los puertorriqueños, 5 millones (9.5%); los salvadoreños, 1.950,000 (3.8%) y los cubanos 1.8 millones (3.6%).
Se estima que el 70% (1.2 millones) de todos los cubanos y nuestros descendientes que vivimos en Estados Unidos vivimos en el estado de la Florida, cuya población en 2012 era de 19 millones de personas. El 75% de los cubanos que vivimos en la Florida vivimos en el condado Miami-Dade. En cada uno de los estados de Nueva Jersey, Nueva York y California viven alrededor de entre 80 a 90 mil de nosotros. Le sigue Texas con alrededor de los 50 y pico mil. Entre los años 2000 a 2010 el crecimiento anual de la inmigración cubana se estimó ser de 17,300 personas. Nada ha cambiado desde entonces para hacer disminuir esta cifra.
La edad promedio de los cubanos y nuestros descendientes es de 40 años; la del resto de los otros latinoamericanos y sus descendientes es de 27 años; y la de la población general en el país es de 37 años. El 25% de los cubanos y nuestros descendientes en este país han obtenido una licenciatura universitaria; comparados con el 13% de todos los latinoamericanos que la han obtenido, y con el 29% de la población general que la ha podido obtener.
De acuerdo al más reciente estudio sobre estos asuntos, el del Buró del Censo con fecha de 2011, el salario promedio anual de la población cubana fue de $24,400; el del resto de los latinoamericanos fue de $20 mil, y el de la población general fue de $29 mil. El 19% de los cubanos vivían bajo el nivel de pobreza, comparados con el 26% de los demás latinoamericanos, y el 16% de la población general.
De acuerdo a la State of Florida Division of Elections (División de Elecciones del Estado de la Florida) 1.6 millones de latinoamericanos y sus descendientes estuvieron inscritos para votar en este Estado para las elecciones generales de 2012. Eran el 13.9% de los 11.9 millones de personas inscritas para votar en la Florida. El 32% de todos los latinoamericanos inscritos para votar eran cubanos y sus descendientes, mientras el 28% eran puertorriqueños. Se estima que el 60% de los cubanos, nacidos en Cuba, que viven en EE.UU. son ciudadanos de este país. El porciento de éstos que llegaron a EE.UU. antes de 1980 y que son ciudadanos estadounidenses alcanza el 90%; mientras que al porciento entre los que han llegado posteriormente y son ciudadanos estadounidenses es mucho más bajo.
Un estudio del Pew Research Center (Centro de Investigación Pew) de 2013, portento de significantes cambios, mantiene que el 47% de los ciudadanos de origen cubano inscritos para votar favorecían al partido Republicano (comparado con el 64% en 2003), y en esa misma fecha, el 44% de los cubanos inscritos para votar favorecían al partido Demócrata. Este estudio también mantiene que entre los cubanos inscritos para votar entre las edades de 18 a 49 años, el 56% favorecían al partido demócrata; mientras aquellos mayores de 50 años, sólo el 39% favorecían a este Partido.
El porciento de los cubanos y sus descendientes que votaron en las elecciones presidenciales de 2012 fue del 67%, comparado con el 48% del resto de los latinoamericanos que votaron. El porciento de la votación a nivel nacional fue de 58.2%. En la Florida el 49% de los cubanos y sus descendientes votaron por el presidente Obama y el 47% votó por el candidato republicano, Mitt Romney.
Espero que este pequeño trabajo haya podido ayudar en algo al mejor conocimiento de nuestra comunidad residente en Estados Unidos.
Acerca de los cubanos en EE.UU.

Andrés Gómez
Areito Digital

Alfred Rosmer: Muerte y funerales de Kropotkin



En el nº 136 de VIENTO SUR (1) se ofrecen diversos trabajos que suponen una tentativa de crear espacios comunes entre marxistas y anarquistas con ocasión del 150 aniversario de la AIT

Entre los diversos temas tratados se atribuye una importancia central a la revolución rusa en sus diversas fases. Mientras que, por lo general, los marxistas abordan Octubre y la URSS en sus contradicciones, el anarquismo ofreció dos visiones distintas. Una primera de abierto entusiasmo prolongada hasta el final de la guerra civil (2), y una segunda de total decepción con los acontecimientos de Kronstadt y de Ucrania como telón de fondo.
En algunos trabajos se trata de analizar este rechazo total y sus consecuencias ulteriores, muy marcadas por un análisis que atribuía a Trotsky la mayor responsabilidad en ambos casos. La lectura era que Trotsky ya actuó entonces como luego lo haría Stalin, una apreciación cuya consecuencia fue negar los fundamentos de la oposición comunista –trotskismo- al estalinismo, y por lo tanto desconfiar radicalmente de los grupos –el POUM sobre todo- y personajes –Victor Serge, Alfred Rosmer, Pierre Monatte, etc-, que tomaron parte de esta oposición. Un buen ejemplo sería Emma Goldman que hasta las vísperas del proceso contra el POUM reiteró esta acusación (estalinismo=trotskismo),hasta al presenciar dicho proceso se sintió obligada a cambiar de opinión.
Una de las pocas excepciones en este terreno fue la de Camillo Berneri que defendió al POUM desde el primer día…
Aparte de los acontecimientos citados, el anarquismo también utiliza los últimos años de Kropotkin para denunciar el “totalitarismo” bolchevique situando al autor de La ayuda mutua por encima de cualquier sospecha. Normalmente, los autores afines al anarquismo evocan esta parte de la biografía del príncipe anarquista como el ejemplo de un rechazo “libertario” al “autoritarismo”. Esto resulta patente en general, en obras como la de Richard Porton, Cine y anarquismo. La utopía anarquista en imágenes (Gedisa, Barcelona, 2001), o en la introducción que ha preparado Ana Muiño en la importante y muy cuidada reedición en castellano del clásico de Kropotkin, La Literatura rusa. Los ideales y la realidad (La Linterna Sorda, Madrid, 2014), que además obvian la actitud de Kropotkin durante la “Gran Guerra”.
Leyendo estos trabajos así como lo que se suele reiterar en la prensa anarquista cuando aborda este episodio histórico, parece que concibe la historia como un enfrentamiento entre buenos y malos y que los anarquistas, por el simple hecho de serlo, tienen garantizado el reino de los cielos. En realidad tendría que ser justo al revés, una opción tan idealista tendría que obligar a saber las dificultades que comporta así como la exigencia inherente de la crítica y la autocrítica.
Desde el Plural de VIENTO SUR hay una aproximación mucho más matizada por parte del historiador obrerista italiano Antonio Moscato en un artículo titulado, Anarquistas y bolcheviques en la revolución rusa. Moscato se apoya sobre todo en la obra magna de Victor Serge, Memorias de un revolución, un título 100X100 recomendable para quienes quieren comprender “el destino de una revolución” (título de otra obra suya editada por Los Libros de la Frontera y que incluye su “testamento” sobre 1917 y la URSS)…Serge no quiso ir a visitar a Kropotkin porque este murió convencido que la toma del Palacio de Invierno fue financiada por el gobierno alemán. También ofrece un análisis de los distintos grupos anarquistas. Una parte de los cuales, los más ligados a la tradición populista, iniciaron la lucha armada contra el régimen soviético que trataba de sobrevivir al cerco imperialista.
Tan rica y matizada como la obra de Serge es la de Alfred Rosmer, Moscú en tiempos de Lenin (versión castellana en ERA de 1970 siguiendo la primera edición francesada 1953 que fue prologada por Albert Camus), de la que ofrecemos el capítulo sobre Kropotkin y de la que habíamos publicado el referido a Kronstadt. Como se puede ver, la perspectiva es más compleja. En los esquemas partidarios de signo anarquista, Kropotkin aparece como alguien que aboga por la autogestión y el humanismo frente a un Lenin inflexible, aunque la realidad es muy otra. Por ejemplo, se desconoce que Kropotkin fue invitado por Kerenski a formar parte del gobierno provisional que tanto apoyaba, propuesta que rechazó porque ya estaba mayor y por las críticas de los propios anarquistas rusos. Como con tantos otros grandes revolucionarios rusos, Kropotkin figuró en primera línea del Partenón revolucionario, al menos hasta que Stalin se hizo con todo el poder. Le dedicaron plazas, calles, bibliotecas y un museo.
Resultará difícil sino imposible encontrar una línea de consenso sobre unos avatares tan inconmensurables y trágicos como los de la revolución rusa, sin embargo, habrá que tratar de comprender al menos las razones de los que hicieron la revolución, una revolución que fue para bien y para mal, determinante en el siglo que acabamos de dejar atrás.
Quizás ayude a comprender un poco lo sucedido el hecho de que la mayor revolución antiesclavista de la historia fue la de haitiana, liderada por Toussaint L´Ouverture que derrotó a las tropas napoleónicas en 1801, pero que acabó siendo traicionado. La revolución fue ahogada social y económicamente por las potencias imperialistas de manera que el mañana revolucionario nunca llegó y este país todavía está pagando las consecuencias de su atrevimiento. Si hay algo que la historia ha demostrado es queso quedan aisladas, las revoluciones se enfrentan a problemas descomunales que acaban reforzado a los sectores institucionales y burocráticos.
Pero, no puede ser que la historia haga imposible el diálogo y la necesaria cooperación en lo fundamental. Y lo fundamental no puede ser –en mi opinión- más que unir al mayor número de gente posible mediante la mayor participación democrática posible.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

1/ Este número ha sido coordinado por Pepe Gutiérrez-Álvarez y Jaime Pastor y contaremos con artículos de Michael Löwy, Antonio Moscato, Pelai Pagès, Laura Vicente, Ángel García Pintado, Julián Vadillo, Pepe Gutiérrez-Álvarez, y tiene el propósito de organizar debates para su presentación.
2/ Un buen estudio sobre la atracción (y la decepción) del anarcosindicalismo hispano ante la Rusia revolucionaria es el de Juan Farré Avilés, La fe que vino de Moscú (Biblioteca Nueva, UNED, Madfrid, 199). También ofrece amplio información sobre el llamado “trienio bolchevista” que explica como los campesinos andaluces recibieron las noticias de la revolución rusa.

Texto

Alfred Rosmer: Muerte y funerales de Kropotkin

Los anarquistas rusos estaban divididos en numerosos tendencias —divisiones que la guerra había acentuado aun más—, desde anarquistas comunistas hasta individualistas, como en todos los países, pero más aún que en otras partes, como lo demostró Víctor Serge, quien los conocía bien, en los artículos que les de­dicó. En junio de 1920, cuando llegué a Moscú, uno de estos gru­pos, el de los anarquistas-universalistas, disponía, de un vasto local en la calle Tvérskaiá donde tenían oficinas permanentes y celebraban reuniones. Yo no conocía a ninguno de ellos pero sí conocía bien a AIexandre Schapiro, perteneciente al grupo de los anarcosindicalistas, a quien vi muchas veces en Londres y estaba en contacto con La Vie Ouvrière. Fui a visitarlo a la sede de su grupo de los anarcosindicalistas, a quien muchas veces, especialmente en 1913 en el congreso sindicalista internacional; por entonces vivía habitualmente en Londres y estaba en con­tacto con la Vie Ouvriére. Fui a visitarlo a la sede de su grupo. “Goles Truda" (La Voz del Trabajo), un local en las cercanías del Teatro Bolshoi. Corno la mayor parte de los anarquistas, sus amigos y él ponían sus esfuerzos en la edición; poseían una pe­queña prensa que les permitía imprimir un boletín y folletos y, ocasionalmente, incluso algún libro. Me dio muchos ejemplares de los folletos eme acababan de publicar; textos de Pelloutier, de Bakunin, Georges Yvetot; su ambición era hacer la edición, rusa de la Histoire des Bourses du Travail, de Pelloutier. Pero sus medios eran mínimos, el papel faltaba.
Shapiro estaba particularmente bien informado de lo que pasaba en el mundo, puesto que .trabajaba en Asuntos Extranjeros a las órdenes de Chicherin. Er; el comisariado veía v traducía los despachos. Me pidió detalles sobre el movimiento sindical en Francia, sobre sus amigos; luego, naturalmente, hablamos del régimen soviético. Él no lo aprobaba, todo: sus críticas eran numerosas y serias, pero las formulaba, sin acrimonia y su conclusión era que se podía y se debía trabajar con los soviets. Uno de sus camaradas presentes en la entrevista, era más acerbo; estaba irritado por la manera estúpida -afirmaba— como los bolcheviques se comportaban en el campo, pero llegaba a la misma hicimos una cita para examinar juntos sus problemas, sus rela­ciones con el régimen, sobre todo con el partido comunista las condiciones en que tendrían la posibilidad de proseguir su tarea: las cosas fueron clara y francamente definidas por ambas partes.
Nuestra conversación había sido tan cordial, la solución nos parecía tan sencilla que se podía creer ya resuelto el problema. Entre los anarquistas. Con respecto al régimen, había habido actitudes diferentes conforme a las diversas tendencias, desde aquellos que se habían aliado con el bolchevismo, entrado en el partido comunista –entre ellos Alfa, Blanqui, Kraschenko-; otros ocupaban puestos de gran importancia –Bill Chatov, que había vuelto de Norteamérica, en los ferrocarriles, por ejemplo- pero permanecían fuera del partido; en el trabajo de reconstrucción de las capacidades y la dedicación encontraban muchos lugares en que emplearse; un anarquista a la cabeza de una empresa tenía enormes posibilidades y una gran independencia del poder central dejaba entonces libre juego a las iniciativas perfectamente satisfecho de ver las empresas bien dirigidas. Los anarcosindicalistas sabían es, pero querían algo más; el reconocimiento de su grupo y la garantíade poder continuar y desarrollar su trabajo de edición. Convenirnos, como conclusión de nuestra conversación, que redactarían una declaración en la que se precisarían su actitud con respecto al régimen y sus rei­vindicaciones, yque yo la sometería, al comité ejecutivo de la In­ternacional
Había emprendido este asunto por mi propia iniciativa: cuando le referí a Trotsky lo que había hecho, él expresó su satisfac­ción y me animó encarecidamente a proseguir mis esfuerzos para mi realización de un acuerdo. Yo mismo estaba muy confiado y meregocijaba anticipadamente de un entendimiento que tendría beneficiosos efectos en el movimiento sindical de todos los países. Pero nadie acudió .a la cita. A la hora fijada, una llamada tele­fónica me avisó que Schapiro y su amigo no vendrían Fue Sacha Kropotkin quien telefoneó y me dijo más ¿Por qué era ella la encargada de esta comisión? Yo no la conocía y nunca la ha­bía visto. Pero no era demasiado difícil imaginar lo que bahía sucedido. Habían discutido. Los distintos puntos de vista. y tendencias habían chocado: Ios amigos más íntimos de tenían quejas particulares más o menos fundadas y, finalmente, eran los más limitados, los más huraños, los más vengativos, los se habían salido con la suya. Decisión estúpida, puesto que los anarcosindicalistas estaban mucho más lejos de los individualistas que de los bolcheviques: si aquellos anarquistas, que estaban a pesar de todo muy cerca de los comunistas, y que en todo caso comprendían que resultaría en su propio interés apor­tar su esfuerzo a la construcción soviética, escurrían el bulto, ya no posible distinguirlos de los individualistas y otras sectas que predicaban la lucha implacable contra el régimen; su actitud privó a la revolución de una ayuda preciosa en más de un sentido, pero a ellos les perjudicó todavía más; en la lucha abierta, ellos estaban derrotados por anticipado, sin beneficio para nadie.
Kropotkin murió el 8 de febrero de 1921. Había regresado a Rusia después de la revolución de febrero para dar pleno apoyo al gobierno provisional, al débil régimen de Kerenski. Para él ésta era una consecuencia lógica de la adhesión total que había dado al comienzo de la guerra mundial, a uno de los grupos imperialistas, el de los aliados que combatían según ellos la guerra del derecho contra el militarismo prusiano. Solamente una pequeña minoría de anarquistas lo había seguida en esta extraña evolución; los otros. Malatesta a la cabeza, denunciaron a Kropotkin y a los suyos como “anarquistas del gobierno”. Consecuente con esta posición o tal vez demasiado comprometido para cambiarla, Kropotkin, apoyando en todo al gobierno provisional y al de Kerenski, se declaró adversario del régimen soviético.
Ese mismo día, Guilbeaux tenía cita con Lenin, en el Kremlin. Me propuso acompañarlo. Guilbeaux expuso primero su asunto personal y luego comenzó una conversación general que nos llevó muy pronto a Kropotkin. Lenin habló de él sin acritud; al contrario. hizo un elogio de su obra sobre la revolución francesa con el título La Grande Révolution). "Com­prendió y mostró muy bien el papel del pueblo en esa revolución burguesa —nos dijo.Lástima que al final de su vida se hundiera en un chovinismo incomprensible."16
Cuando nos despedíamos, Lenín nos preguntó, en tono de reproche, por qué no enviábamos artículos a L´Humanité y. dirigién­dose, a mí, me dijo: "Venga a verme de vez en cuanto; su movi­miento francés es bastante desconcertante, y la información tenemos suele ser insuficiente” “iOh! —-respondí-, ya le quito demasiado tiempo al camarada Trotsky." Pues bien, quíteme también un poco del mío.”
El cuerpo de Kropotkin había sido expuesto en la gran sala de la Casa de los Sindicatos —como lo había sido el de John Reed-— y velado por los anarquistas. La inhumación fue fijada 'para el siguiente domingo. La víspera," por la tarde, un secretario de la Internacional comunista vino a decirme que yo había sido elegido para hablar en nombre de la Internacional Comunista. La noticia me pareció inverosímil; fui a ver a Kobietsky; éste me con­firmó la decisión y cuando le hice observar que me parecía in­dispensable una discusión previa, al menos un intercambio de ideas, me respondió que eso se había juzgado inútil: "Se le tiene a usted confianza", se limitó a decirme.
Yo estaba dispuesto a hablar en nombre de la Internacional Comunista de un hombre al que los bolcheviques no habían cesado de combatir y que, por su parte había sido, hasta el fin adver­sario irreductible de la Revolución de Octubre, era una misión Ruy delicada. Sin embargo dos consideraciones me hicieron entrever mi tarea como menos difícil de lo que la había juzgado en el primer momento. .Recordé la conversación con-Lenin –verdaderamente providencial-, el tono en que había hablado de Kropotkin; su elogio de La Grande Révolution; y también algo que me había sorprendido en los primeros tiempos de mi estancia en Moscú. En un obelisco erigido a la entrada de los jardines del Kremlin podían leerse los nombres de los precursores del cqrnunismo, de los defensores de la clase obrera, ylo que me había impresionado fue el "eclecticismo” que había presidido la selección de los nombres; los “utopistas" estaban todos allí, y lo que no debía parecer mas asombroso, Plejanov estaba, también; la violencia de las polémicas y la aspereza de las controversias no impedía después en lo más mínimo reconocer la aportación, la contribución de adversarios de doctrina a la causa de la emancipación humana. Por último, había visto un ejemplo más de esta "tolerancia" Imprevista en los feroces bolcheviques. Al comienzo de la revolución de octubre, la exuberancia revolucionaria semanifestó en todas las formas y en todos los terrenos, especialmente en la pintura y la escultura; 1os pintores tomaron posesión de un tramo de la Tverskaia y, en 1920, todavía se podía ver, grabados en los muros, medallones de los grandes revolucionarios; el de Kropotkin se encontraba en buen lugar, en las cercanías del Teatro Bolshoi.
El domingo por la tarde, un largo cortejo se formó en la Casa de los Sindicatos para acompañar el cuerpo del difunto al cementerio de Novodiévich, situado en uno de los extremos de la ciudad. Las banderas negras flotaban sobre las cabezas y los cánticos emocionales se sucedían.
El domingo por la tarde un largo cortejose formó an la Casa de los Sindicatos para acompañar el cuerpo del difunto al cemen­terio de Noyodiévichi, situado en uno de los extremos de la ciudad. Las banderas negras flotaban sobre las cabezas y los cán­ticos emocionantes "se sucedían. En el cementerio, un incidente, breve pero violento, se produjo durante los primeros discursos. Un anarquista de Petrogrado hablaba desde hacía algún tiempo cuan­do empezaron a elevarse protestas, a la vez sordas y apasionadas; "¡Davolno! ¡Davolno!" (¡Basta! ¡Basta!). Los amigos más íntimos de Kropotkin no toleraban que en ese día de duelo se recordara lo que la mayor parte de los anarquistas si no es que todos debían considerar como su defección de 1914 (2)
¿Tal vez el momento era inoportuno y era preferible callarse? Era una cuestión a arreglar entre anarquistas, y también una advertencia para mí, si yo me hubiera sentido tentado de evocar ese periodo crítico. Pero yo había preparado mi breve discurso basándome en mis recuerdos personales, en lo que Kropotkin había sido para los hombres de mi generación, en Europa, en Amé­rica, en todo el mundo; en su importante contribución a la doctrina de la evolución con L'Entraide, en el personaje de Autour d' una vie por quien no se podía sentir más que un sincero apre­cio. Mis palabras pasaron sin tropiezos aunque yo sentía que no había a mi alrededor sólo simpatía: "Discurso conciliador", es­cribía mucho más tarde Víctor Serge por lo que concluía que las palabras que pronuncié tenían un significado político preciso, como si su contenido hubiera sido deliberado por el ejecutivo de la Internacional comunista. Ya hemos visto que no había nada de eso; sin embargo su apreciación no era únicamente personal; era también lo que había escuchado en torno suyo.3

Notas

1/ Según Sandomirsky —que aunque de opiniones totalmente contrarias siguió sin embargo en" relaciones íntimas y cordiales con él hasta el fin— 'fue el amor a Francia lo que impulsó a Kropotkin a las filas de la Entente, y luego a contarse entre los defensores de la Revolución de Febrero, en contra de los bolcheviques y la Revolución de Octubre. Sin embargo fue Inglaterra la que le concedió una acogida cordial y un refugio donde pudo trabajar libremente, mientras que Francia lo encarceló y luego lo expulsó. Pero, para él, la tierra de la libertad era igualmente Francia, y la idea de que pudiese ser aplastada bajo la bota prusiana le resultaba intolerable.
2/ Recordemos aquí cuál fue la actitud de Malatesta con respecto a Kropotkin, a quien lo ligaba una amistad de cuarenta años. En cuanto tuvo conocimiento de la adhesión pública dada por Kropotkin a la Triple Alianza para la guerra, Malatesta escribió un artículo titulado: “¿Han olvidado sus principios los anarquistas?", que apareció en noviembre de 1914 en italiano, en inglés y francés, en Volonte-Freedom bajo el título “Anarquistas de gobierno”, era una respuesta al “Manifiesto de los 16”, siendo los 16 Kropotkin y sus partidarios). Acerca de su ruptura ya inevitable, Malatesta escribió: "Fue uno de los momentos más dolorosos, más trágicos de mi vida (y puedo arriesgarme a decirlo, también déla suya) cuan­do después de una discusión extremadamente penosa, nos separamos como adversarios, casi como enemigos" (Kropotkin, Recuerdos y críticas de. un viejo amigo suyo,' Montevideo, Estudios Sociales, 15 de abril de 1931.)
3/ En el Álbum consagrado a los funerales de Kropotkin publicado en Berlín en 1922 por la confederación de anarcosindicalistas, se indica que yo hablé en nombre de la Internacional Sindical Roja; sin duda los editores no pudieron creer que fue la Internacional Comunista la que me delegó, talcomo lo muestra mi relato.

Brasil y Uruguay: dos procesos electorales de importancia continental

Este domingo, en la segunda vuelta de la elección presidencial brasileña y primera de la uruguaya, se juega mucho más que el futuro equilibrio político en los países respectivos.
Brasil, en efecto, es el país más extenso y poblado de toda la llamada América Latina, con sus 200 millones de habitantes, es una de las llamadas “potencias emergentes” que forman el grupo BRICS con Rusia, India, China y Sudáfrica, posee la economía más fuerte del MERCOSUR y de la UNASUR y es el centro de las inversiones chinas en la región y el principal socio comercial de la Argentina y un importante sostén para las economías cubana y venezolana. Uruguay, por su parte, a pesar de su pequeñez y de su escasa población de 3.4 millones de personas, desempeña en el MERCOSUR un papel de bisagra entre Brasil y Argentina, sus vecinos más poderosos y está más ligado a Brasilia que a Buenos Aires.
Tanto Brasil, en varios momentos de su historia, como Uruguay, han sufrido las presiones de las grandes potencias colonialistas y, desde el siglo pasado, de Estados Unidos, que buscaban utilizar a estos países (y a Chile) como peones contra la más díscola Argentina, que tiene fuertes tradiciones nacionalistas e incluso recurrentes veleidades de potencia regional.
Durante los ocho años (2003-2011) de gobierno de Luiz Inácio“Lula” da Silva, y de Dilma Rousseff, que cesará su mandato en el 2015 y se ha postulado para la reelección, el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) llevó a cabo una política económica de tipo neoliberal de alianza con el gran capital extranjero y el agronegocio, pero con ribetes asistencialistas y planes sociales que, ahora, cuando la crisis mundial aprieta también a Brasil, la oligarquía local y el gran capital consideran un despilfarro que afecta su tasa de ganancias. En el plano internacional, en cambio, y sobre todo en el sudamericano, Lula (y en parte también Dilma Rousseff) mantuvieron en cambio una política integracionista con sus vecinos, defendiendo su independencia.
El gobierno del PT ahora está siendo jaqueado por la derecha clásica que ha sumado a sus fuerzas importantes sectores de las nuevas clases medias conservadoras (desarrolladas por el mismo PT) y, a la izquierda, por el descontento social difuso y por una extrema izquierda inmadura y sectaria que condena la política conciliadora con el gran capital del gobierno del PT sin darse cuenta de que, al no ofrecer alternativas viables, trabaja en realidad para la derecha y lleva al país a salir de Guatemala cayendo en Guatepeor.
En Uruguay el primer gobierno del Frente Amplio, con el Gran Maestre masón Tabaré Vázquez como presidente de la República, fue más que moderado, tuvo una política extractivista lesiva para el ambiente y estuvo marcado por la tensión con Argentina y por los constantes intentos de firmar un Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos. El ala centroderechista presidida por Vázquez-Danilo Astori fue derrotada en el 2008 en el Congreso del Frente Amplio donde triunfó el centro, que impuso a José Mujica como candidato a presidente; éste también llevó a cabo una política una política antiambiental, impulsó la gran minería y chocó con los sindicatos pero amplió los derechos civiles y mantuvo una política latinoamericanista. Sin embargo, apoya ahora a Vázquez en su nueva candidatura que toma como modelo Bachelet u Hollande, es resistida por buena parte de los militantes frenteamplistas y que no despierta simpatías en los sectores urbanos más pobres, lo cual da posibilidades a la derecha histórica en caso de ballotage.
De modo que las amenazas a la continuidad de la integración latinoamericana y del apoyo a Venezuela y Cuba y al funcionamiento sin problemas mayores del MERCOSUR provienen de la posibilidad de un viraje a la derecha de los gobiernos del MERCOSUR, en lo inmediato en Brasil y en Uruguay y en octubre del 2015 en Argentina. Sin duda la crisis mundial y sus efectos en esos países contribuye poderosamente a este cambio político pero la derecha no está más fuerte porque crezca electoralmente (por el contrario, sus votos no aumentan e incluso disminuyen) sino porque las políticas neoliberales de los gobiernos “progresistas” han desilusionado a muchos de sus antiguos simpatizantes y desmoralizado y desmovilizado a otros.
En Brasil, Dilma probablemente ganará por unos pocos puntos y en Uruguay es muy posible que gane el Frente Amplio. En Argentina también es previsible que en el 2015 gane un candidato peronista mucho más a la derecha que el gobierno kirchnerista actual. Lo importante será saber si esos ganadores centristas y conservadores podrán contar con una mayoría parlamentaria sólida, como hasta ahora o si se abrirá una guerra de usura en el Congreso y una fase continua de negociaciones, empates y compromisos podridos y, sobre todo, qué capacidad de movilización popular podrá mantener el núcleo duro petista, frente amplista o kirchnerista, que conservaría un 25 por ciento de los votos a sus candidatos.
En efecto, si en Brasil hay una importante ultraizquierda sectaria reacia a hacer política, no hay en cambio una fuerte izquierda en el PT, que se burocratizó y desorganizó en el gobierno y lo mismo pasa en el Frente Amplio uruguayo y en Argentina. Ante la ofensiva social de una derecha débil, pero cuya fuerza principal consiste en el apoyo del gran capital extranjero y ante el vacío de ideas y propuestas para salir de la crisis capitalista por la izquierda, lo esencial es medir bien cuál es la situación y cuál es la real disposición de la mayoría de los trabajadores para combinar la resistencia a la inevitable ofensiva de la derecha con la construcción de poder popular y local y de una alternativa.

Guillermo Almeyra

Un Estado fallido planificado

El Estado se ha convertido en una institución criminal donde se fusionan el narco y los políticos para controlar la sociedad. Un Estado fallido que ha sido construido en las dos últimas décadas para evitar la mayor pesadilla de las elites: una segunda revolución mexicana.
“Vivos se los llevaron, vivos los queremos”, grita María Ester Contreras, mientras veinte puños en alto corean la consigna sobre el estrado de la Universidad Iberoamericana de Puebla, al recibir el premio Tata Vasco en nombre del colectivo Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en México (Fundem), por su trabajo contra las desapariciones forzadas. La escena es sobrecogedora, ya que los familiares, casi todas madres o hermanas, no pueden contener llantos y lágrimas cada vez que hablan en público en el XI Foro de Derechos Humanos.
Nada que ver con la genealogía de las desapariciones que conocemos en el Cono Sur. En México no se trata de reprimir, desaparecer y torturar militantes sino algo mucho más complejo y terrible. Una madre relató la desaparición de su hijo, un ingeniero en comunicaciones que trabajaba para IBM, secuestrado por el narco para forzarlo a construir una red de comunicaciones a su servicio. “Le puede tocar a cualquiera”, advierte, diciendo que toda la sociedad está en la mira y que, por lo tanto, nadie debería permanecer ajeno.
Fundem nace en 2009, en Coahuila, y ha logrado reunir a más de 120 familias que buscan a 423 personas desaparecidas, que a su vez trabajan con la Red Verdad y Justicia, que busca a 300 migrantes centroamericanos desaparecidos en territorio mexicano. “Daños colaterales” los llamó el expresidente Felipe Calderón, tratando de minimizar la tragedia de las desapariciones. “Son seres que nunca tuvieron que haber desaparecido”, replica Contreras.

Peor que el Estado Islámico

Un comunicado de Fundem, con motivo de la Tercera Marcha de la Dignidad celebrada en mayo, destaca que “según la Secretaría de Gobernación, hasta febrero de 2013, se contaban 26.121 personas desaparecidas”, desde que Calderón declaró la “guerra al narcotráfico” en 2006. En mayo de 2013, Christof Heyns, relator especial de ejecuciones extrajudiciales de las Naciones Unidas dijo que el gobierno reconoció 102.696 homicidios en el sexenio de Calderón (un promedio de 1.426 víctimas por mes). Pero en marzo pasado, tras 14 meses del actual gobierno de Peña Nieto, el semanario Zeta contabilizaba 23.640 homicidios (1.688 al mes).
La cadena informativa Al Jazeera difundió un análisis donde se comparan las muertes provocadas por el Estado Islámico (EI) con las masacres del narco mexicano. En Irak, en 2014, el EI ha acabado con la vida de 9.000 civiles, en tanto el número de víctimas de carteles mexicanos en 2013 sobrepasó las 16.000 (Russia Today, 21 de octubre de 2014). Los carteles llevan a cabo cientos decapitaciones todos los años. Han llegado a desmembrar y mutilar los cuerpos de las víctimas, para después exponerlos para atemorizar a la población. “Con el mismo propósito, los carteles también atacan a niños y mujeres, y, al igual que el EI, publican las imágenes gráficas de sus delitos en las redes sociales”.
Muchos medios de comunicación han sido silenciados a través de sobornos o intimidaciones y desde 2006 los carteles han sido responsables del asesinato de 57 periodistas. El Estado Islámico asesinó dos estadounidenses, cuyos casos ganaron los grandes medios, pero pocos saben que los carteles mexicanos asesinaron 293 ciudadanos estadounidenses entre 2007 y 2010.
La pregunta no es, no debe ser, quiénes son más sanguinarios, sino porqué. Desde que sabemos que Al Qaeda y el Estado Islámico han sido creados por la inteligencia estadounidense, bien vale la pregunta sobre quiénes están detrás del narcotráfico.
Diversos estudios y artículos periodísticos de investigación destacan la fusión entre autoridades estatales y narcos en México. La revista Proceso destaca en su última edición que “desde el primer trimestre de 2013 el gobierno federal fue alertado por un grupo de legisladores, activistas sociales y funcionarios federales acerca del grado de penetración del crimen organizado en las áreas de seguridad de varios municipios de Guerrero”, sin obtener la menor repuesta (Proceso, 19 de octubre de 2014).
Analizando los vínculos detrás de la reciente masacre de los estudiantes de Ayotzinapa (seis muertos y 43 desaparecidos), el periodista Luis Hernández Navarro concluye que el hecho “ha destapado la cloaca de la narcopolítica guerrerense” (La Jornada, 21 de octubre de 2014). En ella participan miembros de todos los partidos, incluyendo al PRD, de centro izquierda, donde militaba el presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, directamente implicado en la masacre.
Raúl Vera fue obispo en San Cristóbal de las Casas cuando la jerarquía decidió apartar de esa ciudad a Samuel Ruiz. Pero Vera siguió el mismo camino de su antecesor y ahora ejerce en Saltillo, la ciudad del estado de Coahuila de donde provienen varias madres que integran Fundem. Ellas no tienen local propio y re reúnen en el Centro Diocesano para los Derechos Humanos. El obispo y las madres trabajan codo a codo.
En 1996 Vera denunció la masacre de Acteal, donde 45 indígenas tzotziles fueron asesinados mientras oraban en una iglesia de la comunidad, en el estado de Chiapas, entre ellas 16 niños y adolescentes y 20 mujeres. Pese a que la masacre fue perpetrada por paramilitares opuestos al EZLN, el gobierno intentó presentarlo como un conflicto étnico.

Controlar la sociedad

Por su larga experiencia, sostiene que la masacre de Ayotzinapa, “es un mensajito al pueblo, es decirnos: vean de lo que somos capaces”, como sucedió en San Salvador Atenco en 2006, cuando militantes del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, que participaban en La Otra Campaña zapatista, fueron brutalmente reprimidos con un saldo de dos muertos, más de 200 detenidos, 26 de ellas violadas. El gobernador a cargo del entuerto era Enrique Peña Nieto, el actual presidente.
Esos “mensajes” se repiten una y otra vez en la política mexicana. El padre Alejandro Solalinde, quien participó en el Foro de Derechos Humanos, coordina la Pastoral de Movilidad Humana Pacífico Sur del Episcopado Mexicano y dirige un alberque para migrantes que pasan por México hacia Estados Unidos, asegura que recibió información de que los estudiantes fueron quemados vivos. Luego de ser ametrallados, los heridos fueron quemados, como le relataron policías que participaron en los sucesos y “reventaron por conciencia” (Proceso, 19 de octubre de 2014).
Si el modo de asesinar revela un claro mensaje mafioso, deben develarse los objetivos, hacia quiénes apuntan y porqué. La respuesta viene de la mano del obispo Vera. Destaca la íntima relación entre los carteles y las estructuras política, judicial y financiera del Estado, al punto que es imposible saber dónde comienza uno y acaba el otro. Constatar esa realidad lo lleva a asegurar que los dirigentes de su país “son el crimen organizado” y que, por lo tanto, “no estamos en democracia” (Proceso, 12 de octubre de 2014).
Pero el obispo enfoca su reflexión hacia un punto neurálgico que permite desatar el nudo. “El crimen organizado ha ayudado al control de la sociedad y por eso es socio de la clase política. Ellos han conseguido que el pueblo no se organice, no crezca”. Palabras más o menos, es lo mismo que ha señalado el subcomandante Marcos.
Por último, no se trata de una confluencia casual sino de una estrategia. Uno de sus constructores sobre el terreno, es el general Oscar Naranjo, quien fue uno de los más destacados “arquitectos de la actual narcodemocracia colombiana” bajo el gobierno de Álvaro Uribe, como lo denunciara Carlos Fazio (La Jornada, 30 de junio de 2012). Naranjo, un protegido de la DEA y “producto de exportación” de Estados Unidos para la región, se convirtió en asesor del gobierno de Peña Nieto.
Fazio destaca una información de The Washington Post donde el rotativo asegura que “siete mil policías y militares mexicanos fueron entrenados por asesores colombianos”. No hace falta hacer volar la imaginación para descubrir dónde se comenzó a fabricar el Estado fallido mexicano.
Pero hay más. “El gobierno de Estados Unidos ha ayudado a algunos cárteles a través de la Operación Rápido y Furioso”, por la cual “involuntariamente” dos mil armas fueron a parar a manos de los narcos, recuerda la página antiwar.com. Es posible, reflexionan sitios dedicados al análisis estratégico como el europeo dedefensa.org, que el caos mexicano sea favorecido por la creciente parálisis de Washington y la cacofonía que emiten sus diversos y contradictorios servicios. Sin embargo, todo indica que hay algo deliberado. Que pueda volverse boomerang a través de su extensa y porosa frontera, tampoco debería ponerse en duda.

Raúl Zibechi, periodista uruguayo, escribe en Brecha y La Jornada y es colaborador de ALAI.