lunes, abril 24, 2017

Ni Le Pen ni Macron



La Corriente Comunista Revolucionaria, integrante del NPA (Nuevo Partido Anticapitalista), llama a la abstención en la segunda vuelta electoral el 7 de mayo.

Los resultados de la elección del domingo son impactantes: Le Pen a la segunda vuelta, Macron a la cabeza, los socialistas y Fillon eliminados en la primera vuelta.

El 7 de mayo no debemos elegir entre "la horca o la guillotina"

Esta noche no asistimos solamente a un remake del 21 de abril de 2002, cuando Jean-Marie Le Pen, padre de la candidata Marine Le Pen, le ganó al socialista Lionel Jospin y fue al balotaje con Jacques Chirac. La V República, seriamente afectada en sus fundamentos, hoy fue gravemente herida. Ni la izquierda socialdemócrata, refundada en Èpinay por François Miterrand, ni los gaullistas clásicos, en la persona de François Fillon, se encontrarán en la segunda vuelta.
El PS francés se encuentra al nivel del Pasok griego, o incluso al nivel de la SFIO de Gaston Deferre, hace 50 años. A la izquierda del PS, está Jean-Luc Mèlenchon que capitalizó enormemente el voto bronca contra un quinquenio de gobierno socialista al servicio de la patronal, sacando alrededor del 19% según los resultados provisorios. Philippe Poutou, por el NPA, pasó la barrera del 1%, mientras que Lutte Ouvrière recibió el 0,7% de los sufragios.
¿Significa esto, que frente a la extrema derecha, el peor enemigo de los trabajadores, hay que votar en la segunda vuelta por uno de los mejores amigos del capital, Emmanuel Macron?

El PS y la derecha le abrieron el camino al FN

Con Hamon, durante esta campaña, sucedió algo que ya se había previsto, su hundimiento. Al reconocer la derrota, hizo hincapié en el resultado de esta noche, con un Frente Nacional con más del 20%, lo que tiene sus orígenes en muchos años de políticas antipopulares. Sin embargo, el PS es también responsable de esta situación: los golpes del ultraliberalismo, con Hollande, un Emmanuel Macron en el Ministerio de Economía, golpes de la política de seguridad, incluyendo los puntos más críticos como el estado de emergencia… Esas políticas del PS le abrieron el camino a la extrema derecha.
El Frente Nacional con su discurso pseudosocial renovado y demagógico intentó ampliar sus bases y dotarse de un perfil popular, lo que es un verdadero engaño, un peligroso discurso que fue acompañado con una retórica de odio y exclusión dirigida contra la clase trabajadora. Por su parte, Emmanuel Macron puede ser “Brutus”, [exministro de Hollande que lo "traicionó"] pero sigue siendo el hijo espiritual de François Hollande.
Cuando se conocieron las primeras proyecciones, Gerard Collomb, alcalde de Lyon anunció el tono de la política que se puede esperar de Macron como presidente: Macron tendrá como objetivo “reformar la sociedad” y de “flexibilizar el trabajo”. Cuando se tiene en cuenta la ley que lleva el nombre de Macron [para flexibilizar los horarios comerciales e imponer a los trabajadores jornadas los días domingos] adoptada además por decreto, el panorama no puede ser más claro.

Un Frente Republicano “recargado”

A partir de las 20 horas, escuchamos desde los medios y en los diferentes candidatos un discurso de “Frente Republicano”, aunque con algunas disonancias, como en la derecha donde algunos abogan por un “ni-ni” que demuestra la tensión entre Los Republicanos y el Frente Nacional, lo que presagia un posible campo de explosión en la centro-derecha.
¿Contra la burguesía de Saint- Cloud se debe elegir al banquero Rothschild? [¿Contra Le Pen debemos optar por el liberal Macron?] Para la clase obrera, para la juventud y los sectores populares, la lucha contra la extrema derecha no puede desarrollarse sino es desde la lucha en las calles y las fábricas. Apoyar a Macron o votar por él no es frenar a la extrema derecha. Esa es la opción del Partido Socialista y el Partido Comunista Francés. Pero no puede ser la nuestra.

Ni "horca, ni guillotina", por un 1 de Mayo de lucha

Después de años, donde se nos dice que, para evitar la horca, hay que aceptar morir en la guillotina, finalmente, tenemos la horca y la guillotina, que se refuerzan mutuamente.
Contra estas dos alternativas capitalistas, todos los trabajadores y jovenes que luchamos contra la política del gobierno y la reforma laboral en la primavera pasada, necesitamos un Primero de Mayo, Dia Internacional de los Trabajadores, para reafirmar nuestra oposición a la política guerrerista y autoritaria de Hollande, que Macron pretende continuar y profundizar con o contra los nacionalistas nauseabundos de Le Pen, y que solo conducirá a más guerras en Europa y el mundo entero.
En esta ocasión, habrá que constituir un bloque independiente llamando a la abstención, para que desde el 8 de mayo nos volvamos a movilizar contra los decretos de Macron o contra los referéndums bonapartistas que promete Le Pen en caso de ganar.

La lucha continúa

Los sindicatos combativos, los trabajadores y las trabajadoras que luchamos contra la Ley del Trabajo y la extrema izquierda tenemos la oportunidad de continuar la lucha y la organización, mediante la unidad y la combatividad, para preparar para las batallas de mañana. Ese es el camino para derrotar a los capitalistas.
En relación a las elecciones de la segunda vuelta del 7 de mayo, en el marco del sistema electoral de la V república, llamamos a la abstención. Al mismo tiempo, impulsamos la movilización para el 1 de mayo y para los días siguientes.

Comité de Redacción de Révolution Permanente

Macron y Le Pen a segunda vuelta



Emmanuel Macron y Marine Le Pen encabezan las estimaciones de voto difundidas en Francia y disputarán la presidencia.

Según los primeros datos que difundieron los medios en Francia, Macron consigue el 23,7% en las estimaciones de voto, mientras que Le Pen se sitúa en el 21,7 %.
Diputando el tercer lugar se ubican el político de Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, y el conservador François Fillon, con porcentajes de apoyo que rondan el 19 % en ambos casos.
Si la tendencia se confirma, Macron y Le Pen se enfrentarán en la segunda vuelta el próximo 7 de mayo, tal como habían pronosticado las encuestas durante las últimas semanas.
El candidato conservador, François Fillon, realizó declaraciones en rueda de prensa sobre las 21 horas local, asegurando que va a apoyar a Macron en segunda vuelta.
Las encuestas también pronostican que es esa segunda vuelta entre Le Pen y Macron, éste último resultará ganador, convirtiéndose así en el nuevo presidente de Francia.
Macron es un candidato liberal, que se presenta por fuera de los partidos tradicionales, europeísta, y con un discurso crítico de las élites políticas. Pero está fuertemente ligado al establishment empresario como exgerente asociado del Banco Rothschild en Francia y exministro de economía de Hollande. Tuvo mucho que ver con la reforma laboral y otras medidas desreguladoras como la apertura de comercios los domingos (ley Macron).
En quinto lugar, a mucha distancia de los cuatro primeros, se está confirmando el hundimiento electoral del Partido Socialista francés, con su candidato, Benoît Hamon, arañando un 6 % de los votos. El candidato socialista ya declaró esta noche, al cerrar los colegios electorales, que apoyará en segunda vuelta al candidato liberal, Emmanuel Macron para "frenar" a la ultraderechista Marine Le Pen.
Es la primera vez desde la posguerra que ninguno de los dos grandes partidos de la V República francesa, socialistas y conservadores, participan de la segunda vuelta. La performance de los dos partidos tradiciones en estas elecciones ha sido calamitosa.
Por su parte, el candidato obrero y anticapitalista, Philippe Poutou, que ha realizado una campaña de independencia de clase denunciando a todos los partidos del régimen, estaría en el 1,1% de los votos.

IzquierdaDiario.es

Nuevo estándar de internet promueve el encerramiento de la información

Tod@s usamos internet y la teleraña mundial (WWW), y lo celebramos por haber nivelado el campo de juego de la información. Ha facilitado la comunicación no mediada entre pares (p2p), y colocado a todos los contenidos en un nivel de igualdad. Quienes inventaron la internet y la web lo ofrendaron al mundo para promover el bien común. Las entidades clave encargadas de establecer los estándares de internet, como la Internet Engineering Task Force y la World Wide Web Consortium (W3C), estaban igualmente preocupadas por salvaguardar los valores fundamentales de Internet de igualdad y apertura.
Pero internet ha evolucionado y, para quienes detentan el poder económico, se ha convertido también en una oportunidad clave para la dominación y la explotación. Las distintas entidades que ahora desarrollan los estándares de internet se encuentran hoy dominadas por corporaciones digitales transnacionales. No es de sorprenderse, entonces, que los nuevos estándares de la internet/ web respondan cada vez más a las necesidades de estas corporaciones, en lugar de las del público en general.
Motivadas por las demandas de los grandes proveedores de contenidos, como las empresas tradicionales de cine y televisión, los nuevos gigantes tecnológicos como Apple, Google, Microsoft y Netflix se ha coligado para desarrollar, a través del W3C, un nuevo estándar web que les permitirá acumular cada vez más poder sobre la vida cultural y económica de la humanidad.
En el meollo de este asunto se encuentran las “extensiones multimedia cifradas” (EME), una especificación técnica que fue desarrollada en la W3C y está a punto de ser publicada como Recomendación oficial de la W3C. El objetivo de las EME es permitir la implementación de los sistemas de Gestión de (restricciones de) los Derechos Digitales (DRM por sus siglas en inglés), a través de los cuales las casas editoriales podrán controlar lo que los usuarios finales pueden o no hacer con los contenidos que reciban a través de internet.
Las consecuencias del apoyo de la W3C a los DRM constituye una nueva forma de “colonialismo digital”, en el que una “caja negra” de código informático será instalado en todos los navegadores a nivel mundial para hacer cumplir las leyes de derechos de autor estadounidenses, como la Digital Millennium Copyright Act, sin el consentimiento de los usuarios y sin respetar legislaciones locales. A diferencia de los estándares web anteriores, éste implica socavar principios fundamentales de justicia social e igualdad de acceso a la información, así como principios fundamentales de la seguridad informática.
Como respuesta esta situación, la Coalición Just Net (JNC) ha enviado una carta abierta en la cual exhorta al W3C, y particularmente al inventor de la WWW, Sir Tim Berners-Lee (que tiene poder de veto en la W3C), a rechazar la EME.
Como dice Louis Pouzin, creador de varios elementos clave de la internet original: “Por supuesto los lobbies tienen los medios financieros y políticos para ignorar o distorsionar los estándares en sus productos, pero quieren más. Necesitan la garantía de una reputada institución de estándares o de individuos de renombre para impulsar la legalización de su estrategia de marketing”.
En la carta, JNC destaca que:
“Internet y la web no fueron inicialmente concebidas para transmitir material sujeto a copyright. Aún si ese material [cumpliera su amenaza de] ‘marcharse’, habremos salvado la internet/web abierta para lo que fue originalmente concebida: compartir y comunicar entre pares. Una internet/web abierta también permite a los negocios de contenidos utilizarla, siempre y cuando sus intereses no se impongan sobre los de las personas comunes. Los negocios de contenidos puede usar la internet/web abierta a través de modelos de negocios que funcionan con una web abierta. Si no, pueden proceder a desarrollar canales privados para sus consumidores, es su derecho. […] Es el poder de la gente, votando con sus pies, el que ha hecho de la internet/web lo que es hoy, y es ese mismo poder el que lo sostendrá. No se sostendrá sucumbiendo a las amenazas de los grandes propietarios de contenidos o aceptando acuerdos que solo les favorecen a ellos”.
“Al estandarizar las EME, la W3C estaría permitiendo una nueva forma de colonialismo digital que perpetuaría desigualdades estructurales, al bloquear contenidos de quienes más los necesitan y menos recursos tienen para acceder a ellos. Tendría el efecto, entre otros, de entorpecer la innovación y reprimir el intercambio de contenidos en la web, dificultando las contribuciones digitales efectivas de las personas, grupos y regiones con menos recursos a nivel mundial. Para los más desfavorecidos, el acceso a la información representa una importante tabla de salvación para salir adelante y realizarse a su máximo potencial. ¿Por qué obligar a la gente del mundo entero, a través de mecanismos tecnológicos, a pagar por contenidos a los que de otra manera tendría derecho a acceder de forma gratuita o a bajo costo, gracias a las negociaciones en su nombre por gobiernos, instituciones educativas y demás?”
La web está en una encrucijada y tu voz es valiosa para detener este encerramiento. JNC está buscando apoyo y endosos a esta carta transmitida a Sir Tim Berners-Lee y la W3C. Es particularmente importante contar con firmas desde los países del Sur global, que estarán entre los más afectados.
La carta abierta (en inglés) se encuentra en: www.justnetcoalition.org/2017/W3C_EME_objection.pdf
Los apoyos institucionales o individuales se pueden registrar en: http://justnetcoalition.org/against-eme

Coalición Just Net
alainet.org
Coalición Just Net (por una Internet justa y equitativa): www.justnetcoalition.org

¿Qué significa en realidad una política exterior “Estados Unidos primero”?

El lugar de las fuerzas armadas de Estados Unidos

¿De la disuasión al fin del mundo?

Introducción de Tom Engelhardt

Salteemos lo obvio. Dejemos a un lado, por ejemplo, que la decisión de Donald Trump de lanzar 59 misiles de crucero Tomahauwk contra una base aérea siria solo es otra demostración de lo que ya sabíamos: que las acciones bélicas son ahora la prerrogativa –y solo la prerrogativa– del presidente (o de los comandantes militares a quienes Trump ha dado más autoridad para actuar por su cuenta). ¿Verificaciones, contrapesos? En estos días, las únicas verificaciones escritas son las del Pentágono y “contrapeso” es un concepto que solo aplica a la gimnasia.
Mientras tanto, Donald Trump ha aprendido que cada derrota importante en el frente interno, cada intriga palaciega que haría ruborizar a un zar, puede resolverse... bueno, dejando caer 59 misiles de crucero –o su equivalente– en algún sitio remoto para salvar a los “hermosos niños” (olvidémonos de los niños que “sus” generales han estado matando). Dispara los misiles, envía los agresores, despacha los aviones, y conseguirás que todo aquel a quien destrozaste con tus tweets –incluyendo a Hillary, John, Nancy, Marco y Chuck te aplauda y elogie lo que tú haces–. A ellos se unirá la derecha oficial (aunque no la extraoficial), mientras los neocons y sus colegas te saludarán como el Churchill del siglo XXI. O al menos, todo esto será verdad hasta que deje de serlo (conversa sobre esto con George W. Bush y con Barack Obama); hasta el día después; hasta, ya sabes, el momento que hemos vivido tantas veces en los últimos 15 años de guerras estadounidenses, el momento en que de repente se hace patente (una vez más) que las cosas están yendo realmente mal.
En tanto esperamos, he aquí una sugerencia que viene a mi mente mientras leo las últimas reflexiones del colaborador habitual de TomDispatch, el teniente coronel de la Fuerza Aérea de Estados Unidos William Astore sobre el complejo militar-industrial en la era Trump: ¿no es tiempo acaso de darle el patrocinio corporativo de la guerra? Después de todo, hoy en día es difícil encontrar en la vida civil un objeto, un edificio, un museo, un estadio o un acontecimiento que no exhiba por todas partes –fuera y dentro– el nombre de su patrocinante corporativo. Por ejemplo, en la ciudad donde vivo el equipo de baseball de los New York Mets juega en el campo Citi, y el equipo de fútbol de los Giants y Jets hacen lo propio en el estadio MetLife. Teniendo en cuenta el papel que desempeñan los colosos de lo industria armamentística de Estados Unidos en nuestras guerras y la sorprendentemente exitosa forma de dar a conocer su mercadería en todo el planeta, ¿no es tiempo de que los cada vez más grandes poderes bélicos del comandante en jefe sean traducidos en una versión militar de patrocinio?
¿No debería acaso dársele el debido mérito a Raytheon, el fabricante de los 59 misiles que hace poco utilizó Donald Trump, de modo que la cobertura mediática del ataque pudiera hablar de ‘la molienda siria Raytheon Tomahawk’? ¿No debería acaso el próximo conjunto de ataques con drones en Yemen ser llamado ‘la cosecha del Reaper MQ-9 de General Atomics’? ¿No deberían acaso los futuros ataques con los sistemas de armas más caros de este –y cualquier otro– planeta ser rotulados ‘asalto conjunto del Caza Lockheed F-35 Lightning’? Estamos en una nueva era de realce corporativo. ¿No es tiempo ya de que la guerra se adapte a ella y de que al complejo industrial-militar se le conceda el crédito que tanto merece?

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Las fuerzas armadas de Estados Unidos primero y segundo y tercero

¿Qué aspecto tiene la política exterior “Estados Unidos primero” bajo el gobierno de Donald Trump? Para empezar, olvidemos el antiguo rótulo del ‘aislacionismo’. Después de los primeros 100 días de Trump, esa política se parece más a una llamada “las fuerzas armadas primero”, cuyo objetivo sería conseguir la hegemonía mundial, lo que significa que se trata de una máquina que quizá precipite la catástrofe total.
El candidato Trump juró que reforzaría de tal manera las fuerzas armadas de Estados Unidos que ya no tendría necesidad de utilizarlas, dado que nadie se atrevería a atacarnos... en una palabra; la disuasión. La realidad sobre el terreno (o en el aire) es muy diferente. Los generales del presidente Trump han comenzado a quitar el freno a esas fuerzas armadas de un modo que la administración Obama, muy poco tímida cuando se trató de bombardear o intervenir, que considera excesivo y arriesgado para los civiles. La semana pasado, 59 misiles de crucero estadounidenses (a un costo de 60 millones de dólares) golpearon una base aérea de Siria, un despilfarro de respuesta a un ataque con armas químicas realizado en ese país que podría llevar a una todavía mayor intensificación bélica. Mientras tanto, están a punto de venderse armas a las monarquías sunníes del golfo Pérsico con total despreocupación por la violación de los derechos humanos; así, se proporcionará a los saudíes aún más apoyo por el que claman para seguir su devastadora guerra contra los civiles de Yemen. Sin duda alguna, una escalada en las intervenciones militares en todo el Gran Oriente Medio está sobre la clásica “mesa” de Washington donde –supuestamente– se tienen en cuenta “todas las opciones”.
La mayoría de los estadounidenses cree que la intención de las fuerzas armadas de Estados Unidos es disuadir e impedir que se produzcan ataques en territorio estadounidense, sobre todo aquellos organizados por el “terrorismo islámico”. De hecho, vendido como disuasivo, de repente el sistema de la seguridad nacional de Washington se ha mostrado como algo que se parece cada vez más a un dispositivo para la guerra permanente. Impulsiva y grandilocuentemente e ignorando lo principios básicos de la estrategia militar, su actual comandante en jefe ha sido habilitado por sus belicosos asesores y el equipo al que él llama “mis generales”, quienes sueñan con una asignación presupuestaria de ilimitado crecimiento (ni siquiera la promesa de Trump de 54.000 millones de dólares para incrementar el gasto del Pentágono en el próximo año fiscal fue suficiente para algunos altos jefes militares).

Las realidades de la nueva era triunfal de Trump

Bienvenidos a la nueva era triunfal de Trump. En realidad no tiene nada que ver con terminar alguna guerra sino con el ejercicio pleno de la situación de “potencia mundial de alcance global” al mismo tiempo que se venden montañas de armamento. Esto promete extender o prolongar el caos en Iraq, Yemen y –posiblemente– Irán, entre otros países. En el Gran Oriente Medio las acciones bélicas conducidas por Estados Unidos han producido a un desmembramiento de Iraq que está rompiendo las costuras. Los ataques estadounidenses con drones y el apoyo a una incesante campaña aérea de Arabia Saudí están poniendo a Yemen al borde de la hambruna. Siria sigue siendo un desastre humanitario, desgarrada por una guerra aunque se han desplegado allí más soldados estadounidenses (el Pentágono no especifica cuántos y en cambio nos dice que está centrado en la “capacidad” antes que en las botas sobre el terreno). Más hacia el este, la eterna guerra de Afganistán está –en la jerga del Pentágono– “paralizada”, lo que quiere decir que en realidad el Talibán está ganando terreno mientras las nuevas acciones de Washington amenazan ser un viaje a ninguna parte. Si miramos hacia el oeste o hacia el sur, África es el último campo de juego de la comunidad de unidades estadounidenses de operaciones especiales mientras la administración Trump se prepara para, entre otras cosas, actuar en Somalia.
Para Trump y sus generales, un enfoque “Estados Unidos primero” a esta suerte de problemas en realidad significa poner a las fuerzas armadas en el primero, segundo y tercer lugar. A esto ayuda el hecho de que son incapaces de imaginar que las acciones de esas fuerzas armadas puedan ser desestabilizadoras (un posible titular futuro: “Para salvarla, Trump destruye Siria”). Por ejemplo, según el general Joseph Votel, jefe del Comando Central de Estados Unidos, el país de Oriente Medio que “plantea la mayor amenaza de desestabilización en el largo plazo” es Irán, una impresión que es compartida por el general retirado James Mattis, secretario de Defensa.
Puede usted disculpar a los iraníes, a los rusos y a los chinos, por pensar diferente. Para ellos, Estados Unidos es claramente la mayor entidad desestabilizadora del mundo. Si usted fuese chino o ruso o un musulmán chií, ¿qué otra percepción podría tener de las actividades de las fuerzas armadas de Estados Unidos?
* ¿Expansionistas? Acertó.
* ¿Consagradas a la dominación mediante un colosal gasto Militar y un intervencionismo a escala global? Acertó.
* ¿Comprometidas en una hegemonía económica e ideológica por medio de poderosos intereses en la banca y las finanzas que tratan de controlar los mercados internacionales invocando su “libertad”? Acertó.
Si bien resulta desagradable, ¿no sería esta una evaluación lógica? Para muchas personas ajenas a la situación, los líderes estadounidenses parecen los principales entrometidos armados (y traficantes de armas), una percepción respaldada por acciones militares en alza y el desplome de la diplomacia bajo Trump. Importantes recortes presupuestarios en el departamento de Estado, al mismo tiempo que se aumenta –una vez más– la asignación de dinero para el Pentágono. Para los observadores de fuera, las ambiciones de Washington son claras: dominación global, lograda y reforzada por esas “tan, tan, poderosas” fuerzas armadas que según el candidato Trump, jamás tendría que utilizar, pero ya está utilizando con entusiasmo, por no decir desenfreno.

Nunca subestimes el poder del complejo militar-industrial

¿Por qué la política “Estados Unidos primero” formulada por Trump desemboca en la de ‘las fuerzas armadas primero’? ¿Por qué el presupuesto del Pentágono, junto con el de las operaciones militares reales, aparece en el momento Trump?
Hace más de medio siglo, el sociólogo C. Wright Mills dio algunas respuestas que siguen siendo tan actuales como las noticias de esta mañana. En su ensayo La elite del poder*, diseccionó el “triángulo de poder” de la sociedad estadounidense. En ella estaban, explicó, los líderes corporativos, los más altos jefes militares y los políticos; todos ellos trabajando de consuno, pero también de un modo que fusionaba las agendas corporativas con los designios de las fuerzas armadas. Esa combinación, sugería Mills, estaba degradando la capacidad de los políticos de moderar y controlar las exigencias corporativo-militares (en el supuesto de que estos siempre quieren intentarlo).
“El orden de las fuerzas armadas [de Estados Unidos]”, escribió Mills, “que una vez había sido un estamento menor [funcionando] en un contexto de desconfianza del sector civil, se ha convertido en la parte más importante y dispendiosa del Estado; detrás de sus sonrientes oficiales de relaciones públicas está la oscura y tosca eficiencia de una enorme y descontrolada burocracia. El sector de mando de las fuerzas armadas ha adquirido una decisiva relevancia política y económica. La amenaza aparentemente permanente de las fuerzas armadas les concede un valor suplementario; en estos momentos, prácticamente todas las acciones políticas y económicas son juzgadas en términos de las definiciones militares de la realidad.”
Para él, el peligro era bastante sencillo: “la relación entre el poder militar y el sector corporativo es del tipo simbiótico: en ella, ambos términos se refuerzan mutuamente. El hombre o mujer meramente políticos acaban subordinados a ellos. No es el político partidario sino el ejecutivo corporativo el que más probablemente se siente con los militares para responder a la pregunta: ¿qué debe hacerse?”.
Pensemos en la composición de la administración Trump, una cuadrilla de milmillonarios y multimillonarios. Su secretario de Estado, el ex jefe ejecutivo de ExxonMovil Rex Tillerson, es posible que no tenga mucho de diplomático. Ciertamente, parece escasamente interesado en los consejos que pueda darle el personal de carrera del departamento de Estado, sin embargo conoce bien los caminos que llevan a las salas de junta corporativas. Tanto el asesor de Trump en materia de seguridad nacional como sus secretarios de Defensa y Seguridad Interior son generales en servicio o retirados hace muy poco tiempo. Por cierto, en el círculo íntimo de Trump, los ejecutivos corporativos se sientan codo a codo con los altos jefes militares para decidir qué es lo que se hará.
Muy pronto después de que Mills publicara su profética crítica de la elite del poder en Estados Unidos, el presidente Dwight D. Eisenhower advirtió del cada vez más peligroso complejo militar-industrial. Desde entonces, el complejo Ike no ha hecho más que extenderse. Con la creación, después del 11-S, del departamento de Seguridad Nacional y algunas agencias de inteligencia más (el último recuento dice que las más importantes ya son 17), el complejo continúa creciendo sin control ciudadano alguno. Su posición dominante en la estructura del Estado es prácticamente incuestionable. Metafóricamente hablando, es quien reina en Capitol Hill.
Es posible que el candidato Trump se haya quejado del despilfarro de billones de dólares en los últimos conflictos bélicos, invasiones y ocupaciones en el extranjero, pero muchas de las corporaciones estadounidenses se beneficiaron de esos “cambios de régimen”. Después de convertir en ruinas a países como Iraq, es posible rearmarlos. Y si no se les vende armas o se reconstruye sus destruidas infraestructuras, es posible explotar sus recursos. Las aparentemente interminables guerras de Iraq y Afganistán son la demostración de lo que acontece cuando los intereses corporativos se mezclan con los imperativos de las fuerzas armadas.
Aunque tanto Mills como Eisenhowr advirtieron acerca de esa evolución, incluso ellos se habrían asustado ante el Estados Unidos de 2017. Hoy por hoy, las fuerzas armadas profesionales posteriores al servicio militar obligatorio, es decir, las integradas exclusivamente por “voluntarios”, se han transformado en algo notablemente alejado –si no divorciado– de la población, una separación que se agrava por el actual culto al guerrero entre los soldados rasos. Los estadounidenses no solo están cada vez más desligados de “sus” soldados sino también de las guerras de Estados Unidos. Esas guerras siguen siendo libradas sin una declaración formal de guerra del Congreso y casi sin su supervisión. Si combinamos esto con la decisión del Tribunal Supremo llamada Citizens United, que traslada dinero directamente de las corporaciones al activismo político, y tenemos cada vez más el sistema de gobierno del 1 por ciento en el que un presidente milmillonario está al frente del gabinete más rico de la historia de este país en la que hoy es la capital de la guerra al mismo tiempo que el nexo corporaciones-fuerzas armadas –en continua expansión– da forma al más funesto de los temores de Mills y Eisenhower.
En estos momentos, la descontrolada maquinaria militar de Estados Unidos tiene muy poco que ver con la disuasión y mucho con la continuación de un estado de guerra permanente. Combinemos todo esto y tenemos la fórmula para el desastre.

Disuadiendo nuestro camino al fin del mundo

¿Quién puso el petróleo de Estados Unidos debajo de esos desiertos de Oriente Medio? Esta era la pregunta que los manifestantes contra la guerra con un poco de humor negro coreaban antes de la invasión de Iraq. Según la muy citada opinión de Trump, Estados Unidos debería haberse hecho con el petróleo iraquí una vez consumada la invasión de 2003. Sencillamente, dijo lo que muchos estadounidenses creían y lo que varias empresas petrolera multinacionales estaban tratando de hacer.
Pensemos en la difícil situación del ex presidente Jimmy Carter. Hace cerca de 40 años, instó a los estadounidenses a que moderaran sus apetitos, empezaran a ahorrar energía y se libraran de una paralizante dependencia del petróleo extranjero y el desenfrenado consumo de bienes materiales. Después de que algunas críticas calificaron su discurso de “enfermizo”, Carter cambió radicalmente de postura, aumentó el gasto militar y estableció la Doctrina Carter para proteger el crudo del golfo Pérsico por constituir un interés nacional vital de Estados Unidos. De todos modos, el pueblo estadounidense respondió eligiendo a Ronald Reagan. Y siguió disfrutando de un estilo de vida basado en el consumismo que devora aproximadamente el 25 por ciento de la producción mundial de combustibles fósiles (cuando apenas representa el 3 por ciento de la población global), y los entendidos de la Casa Blanca están trabajando febrilmente para abrir aun más grifos de combustible en el mundo. Billones de dólares están en juego.
Asombra poco que, al llegar a presidente, Trump se apresurara a urgir la construcción de nuevos oleoductos –que el presidente Obama había retrasado o rechazado– al mismo tiempo que destrozaba las protecciones ambientales relacionadas con la extracción de combustibles fósiles. La aceleración de la producción nacional y la cooperación de los saudíes –la reciente prohibición de entrada de musulmanes al territorio estadounidense se salteó cuidadosamente a un país del que provenían 15 de los 19 terroristas de los ataques del 11-S– harán que continúe el flujo de petróleo, el crecimiento de los beneficios económicos y el aumento del nivel del mar en el mundo.
Aquí va una información puntual: las fuerzas armadas de Estados Unidos, ellas solas, consumen más combustibles fósiles que toda Suecia. En relación con el consumo de energía, nuestras fuerzas armadas están en el segundo lugar de una lista en la que solo están ellas.
Con sus enormes reservas de crudo, Oriente Medio continúa siendo el caldo de cultivo de las actuales guerras por los recursos, como también de los conflictos religiosos y étnicos, todo ello exacerbado por el terrorismo y los desestabilizadores ataques de las fuerzas armadas de Estados Unidos. En estas circunstancias, cuando hablamos de un futuro desastre global es fácil imaginar que el Oriente Medio de hoy podría ser el equivalente de los Balcanes de la infamia que fue la Primera Guerra Mundial.
Si Gavrilo Princip**, el terrorista serbio de la “Mano negra” que actuaba en una muy disputada y desgarrada región, pudo incendiar el mundo en 1914, ¿por qué no podría hacerlo un terrorista del Daesh un siglo después? Pensemos en las innumerables líneas de fractura que hoy existen en esa región y en las potencias en ellas implicadas, entre otras Rusia, Turquía, Irán, Israel, Arabia Saudí y Estados Unidos, todas ellas ostensiblemente trabajando juntas para combatir al terrorismo aunque cada una se posiciona para maximizar su propia ventaja y menoscabar las del resto. En esas circunstancias, una sacudida política seguida de un sismo geopolítico –aunque indeseable– parece posible. Y si no fuera un sismo provocado por el Daesh seguido por un terremoto mayor en Oriente Medio, en un mundo cada vez más tenso no escasean otras posibles líneas de fractura –desde una respuesta a las bravuconadas de una belicosa Corea del Norte hasta un enfrentamiento por la islas artificiales construidas por los chinos en el mar Meridional de China.
Como historiador, he pasado mucho tiempo estudiando las fuerzas armadas de Alemania durante el siglo XX. En los años en los que se preparaba la Primera Guerra Mundial, Alemania estaba emergiendo como la superpotencia de la época, si bien –paradógicamente– se veía a sí misma cada vez más rodeada de enemigos, una nación circundada y oprimida. El temor de sus líderes se centraba especialmente en la emergente Rusia. Este temor les impulsaba a lanzar una ataque preventivo contra ese país (hay que reconocer que en 1914, el primer país atacado por Alemania fue Francia, pero esa es otra historia). Esa increíblemente peligrosa y costosa guerra, desencadenada en los Balcanes, fue un desastroso fracaso; aun así, 25 años más tarde, sería repetida a un nivel horriblemente mayor. Las consecuencias: decenas de millones de muertos en todo el planeta y una derrota total que puso un punto final a las aspiraciones alemanas de dominación mundial. Las fuerzas armadas alemanas, elogiadas por sus jefes como las “mejores del mundo” y vendidas a su pueblo como una fuerza disuasoria, durante esas dos contiendas mundiales se transformaron en una maquinaria para el fin del mundo que desangró a su país al mismo tiempo que procedía a la destrucción de importantes partes del planeta.
Hoy, del mismo modo, las fuerzas armadas de Estados Unidos se elogian ellas mismas como las “mejores del mundo”; incluso se sienten rodeadas de poderosas amenazas (China, Rusia, la nuclearizada Corea del Norte, y el terrorismo mundial, para comenzar la lista). Vendidas –durante la Guerra Fría– al pueblo estadounidense como una fuerza de disuasión, un baluarte de estabilidad frente el efecto dominó del comunismo, hoy en día se han transformado en una fuerza capaz de provocar su propia caída.
Recordemos que la administración Trump ha revalidado el objetivo de Estados Unidos de poseer una abrumadora supremacía nuclear. Esto requiere un “nuevo enfoque” de Corea del Norte y su programa de armas nucleares (más allá de lo que eso pueda significar, nada tiene que ver con la diplomacia). Sin preocuparse por la acumulación ni por lo arriesgado de su política, Washington continúa diseminado armas –es el mayor traficante de armas del siglo XXI por un amplio margen– y caos en todo el mundo como parte de la “guerra contra el terror” y las vende como la única forma de “ganar”.
En mayo de 1945, cuando cayó el telón sobre las últimas boqueadas de la dominación mundial de Alemania, el mundo tenía la fortuna de ser ajeno a las armas nucleares. Ahora es distinto. De ser algo, el mundo de hoy está excesivamente dotado de máquinas que pueden acabar con él; desde los artilugios nucleares hasta las emisiones de gases de efecto invernadero que provocan el calentamiento global.
Por eso es de vital importancia darnos cuenta de que las políticas de “Estados Unidos primero” no son otra cosa que el viejo y conocido aislacionismo del siglo XX; que su discurso de “volver a ganar” es la receta que garantiza guerras prolongadas creadoras de más caos y más países fracasados en el Gran Oriente Medio e incluso más allá; y que una de por sí peligrosa política de disuasión propia de la Guerra Fría, sea contra ataques convencionales o nucleares, podría haberse convertido en una máquina de eternización de la guerra que lograría –dada la belicosidad de Trump– conducirnos hacia algo semejante al fin del mundo.
O, planteada de otra manera, piense el lector en esto: en este momento, ¿es el norcoreano Kim Jong-un el único líder inestable con trastornadas ambiciones nucleares que actúa en el escenario mundial?

William Astore
TomDispatch
Traducción del inglés para Rebelión de Carlos Riba García

* Fondo de Cultura Económica de España, 1957. (N. del T.)
** El 28 de junio de 1914, Gavrilo Princip asesinó en Sarajevo al archiduque Ferdinando de Austria y a su esposa. Este hecho fue el comienzo de una sucesión de acontecimientos que acabarían desencadenando la Primera Guerra Mundial. (N. del T.)

William Astore es teniente coronel retirado de la fuerza aérea de Estados Unidos y profesor de historia; colabora habitualmente en TomDispatch. Su blogs es Bracing Views.

El proceso bolivariano desde adentro

Siete claves para entender la crisis actual

No es posible entender la crisis actual en Venezuela sin analizar en conjunto los factores que se desarrollan ‘desde adentro’, y que no son explicados en su conjunto por los principales medios de comunicación. Planteamos siete claves de la crisis actual en donde se resalta que no se puede comprender lo que pasa en Venezuela sin tomar en cuenta la intervención foránea y que el concepto de ‘dictadura’ ni explica el caso venezolano ni es una especificidad regional de ese país. A su vez planteamos que se están desbordando el contrato social, las instituciones y los marcos de la economía formal y que se está canalizando el devenir y las definiciones políticas de la actual situación por la vía de la fuerza y a través de un buen número de mecanismos informales, excepcionales y subterráneos. Proponemos que el horizonte compartido de los dos bloques partidarios de poder es neoliberal, que estamos ante una crisis histórica del capitalismo rentístico venezolano y que comunidades, organizaciones populares y movimientos sociales se enfrentan a un progresivo socavamiento del tejido social.
El trato que se le da a Venezuela en los grandes medios de comunicación internacionales es sin duda especial en todo el mundo. No tenga dudas que hay demasiadas tergiversaciones, demasiado maniqueismo, demasiados slogans, demasiadas manipulaciones y omisiones.
Más allá de las versiones cretinizantes de la neolengua mediática que interpreta todo lo que ocurre en el país en clave de ‘crisis humanitaria’, ‘dictadura’ o ‘presos políticos’, o bien de la narrativa heroica de la Venezuela del ‘socialismo’ y la ‘revolución’ que interpreta todo lo que ocurre en el país en clave ‘guerra económica’ o ‘ataque imperial’, hay muchos temas, sujetos y procesos que son invisibilizados, que ocurren mar adentro y que esencialmente constituyen el escenario político nacional. No es posible entender la crisis actual en Venezuela sin analizar en conjunto los factores que se desarrollan ‘desde adentro’.
El criterio de acción e interpretación basado en la lógica ‘amigo-enemigo’ responde más a una disputa entre élites de los partidos políticos y grupos económicos que a los intereses fundamentales de las clases trabajadoras y la defensa de los bienes comunes. Es necesario apostar por miradas integrales del proceso de crisis y conflicto nacional, que contribuyan a trazar las coordenadas para trascender o enfrentar la coyuntura actual.
Presentamos 7 claves para su comprensión, analizando no solo la disputa gobierno-oposición, sino también procesos que se están desarrollando en las instituciones políticas, en los tejidos sociales, en las tramas económicas, al tiempo que se resaltan las complejidades sobre el neoliberalismo y los regímenes de gobierno y gobernanza en el país.

I. No es posible comprender lo que pasa en Venezuela sin tomar en cuenta la intervención foránea

El rico y vasto conjunto de los llamados ‘recursos naturales’ del país; su posición geo-estratégica; su desafío inicial a las políticas del Consenso de Washington; su influencia regional para la integración; así como sus alianzas con China, Rusia o Irán; le otorgan un notable significado geopolítico a Venezuela. Sin embargo, hay sectores intelectuales y mediáticos que continuamente buscan obviar las muy fluidas dinámicas internacionales que impactan y determinan el devenir político en el país, donde resalta el persistente accionar intervencionista del Gobierno y los diferentes poderes fácticos de los Estados Unidos.
En este sentido, estos sectores se encargan de ridiculizar la crítica al imperialismo, y presentan al Gobierno Nacional como el único actor de poder en juego en Venezuela, y por ende el único objeto de interpelación política.
Sin embargo, desde la instauración de la Revolución Bolivariana se ha desarrollado un intenso intervencionismo estadounidense hacia Venezuela, el cual se ha recrudecido y tornado más agresivo a partir de la muerte del presidente Chávez (2013) y del contexto de agotamiento del ciclo progresista y restauración conservadora en América Latina. Vale recordar la Orden Ejecutiva firmada por Barack Obama en marzo de 2015 en la cual se declaraba a Venezuela como una amenaza inusual y extraordinaria para la seguridad nacional de los EEUU –‘an unusual and extraordinary threat to the national security and foreign policy of the United States’ [1] . Ya sabemos qué le ha ocurrido a los países que son catalogados de esta manera por la potencia del norte.
Actualmente, además de las amenazantes declaraciones del Jefe del Comando Sur, el Almirante Kurt W. Tidd (6 de abril de 2017), planteando que la ‘crisis humanitaria’ en Venezuela podría obligar a llevar adelante una respuesta regional –‘The growing humanitarian crisis in Venezuela could eventually compel a regional response’ [2] –, y de la evidencia de la agresividad de la política exterior de Donald Trump con el reciente bombardeo a Siria, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, encabeza junto a varios países de la región el intento de aplicación de la Carta Democrática para abrir un proceso de ‘restitución de la democracia’ en el país.
Los ideólogos y operadores mediáticos de la restauración conservadora en la región se muestran muy preocupados por la situación de Derechos Humanos (DDHH) en Venezuela, pero no logran explicar en sus análisis porque extrañamente no se hace ningún esfuerzo supranacional del mismo tipo frente a la espantosa crisis de DDHH en países como México y Colombia. En este sentido parece que la indignación moral es relativa y prefieren callar.
Sea pues, por razones de intencionalidad política o ingenuidad analítica, estos sectores despolitizan el rol de los organismos supranacionales desconociendo las relaciones geopolíticas de poder que los constituyen, que hacen parte de su propia naturaleza. Una cosa es una lectura paranoica de todas las operaciones impulsadas por estos organismos globales y otra muy diferente es una interpretación puramente procedimental de su accionar, obviando los mecanismos de dominación internacional y control de mercados y de recursos naturales que se han canalizado a través de estas instituciones de gobernanza global y regional.
Pero hay algo importante que agregar. Si hablamos de intervención, no podemos solo hablar de los EEUU. En Venezuela hay crecientes formas de intervencionismo chino en la política y las medidas económicas que se han ido tomando, lo que apunta a pérdidas de soberanía, incremento de la dependencia con la potencia asiática y procesos de flexibilización económica.
Una parte de la izquierda ha preferido callar estas dinámicas, dado que parece que la única intervención que merece ser señalada es la estadounidense. Pero ambas vetas de injerencia foránea se están desarrollando para favorecer la acumulación capitalista transnacional, la apropiación de ‘recursos naturales’ y para nada tienen que ver con las reivindicaciones populares.

II. El concepto de ‘dictadura’ no explica el caso venezolano

Casi desde el inicio de la Revolución Bolivariana se ha tildado a Venezuela de ser una ‘dictadura’. Este concepto sigue siendo objeto de amplios debates en la teoría política debido a que ha sido desafiado por las transformaciones y complejización de los regímenes y ejercicios de poder contemporáneos, sobre todo en la actual época globalizada, lo que plantea serios vacíos e imprecisiones en sus definiciones.
La ‘dictadura’ suele estar asociada a regímenes políticos o tipos de gobierno en los cuales todo el poder está concentrado, sin limitaciones, en una sola persona o un grupo de ellas; hay una ausencia de división de poderes; ausencia de libertades individuales, de libertad de partidos, libertad de expresión; e incluso en ocasiones el concepto ha sido vagamente definido como ‘lo opuesto a la democracia’.
El término ‘dictadura’ en Venezuela ha sido utilizado y masificado en la jerga mediática de manera bastante superficial, visceral y de una forma moralizante, prácticamente para plantearlo como una especie de especificidad venezolana, distinguiéndose así de los otros países de la región, donde en teoría sí habría regímenes ‘democráticos’.
El asunto es que en Venezuela en la actualidad difícilmente se puede decir que todo el poder está concentrado sin limitaciones en una sola persona o un grupo de ellas, debido a que en el país estamos ante un mapa de actores, que si bien es jerarquizado, es a la vez fragmentado y volátil –sobre todo después de la muerte del presidente Chávez–, en tanto la existencia de diversos bloques de poder que pueden aliarse o bien estar enfrentados entre ellos y que desborda la dicotomía gobierno-oposición.
Aunque exista un gobierno con un componente militar importante, con crecientes expresiones de autoritarismo y con cierta capacidad de centralización, el escenario es altamente movedizo. No hay dominación total de arriba hacia abajo, y hay cierta paridad entre los grupos de poder en disputa. En cambio el conflicto podría desbordarse, caotizando aún más la situación.
El hecho de que la oposición venezolana controle la Asamblea Nacional, la cual ganó contundentemente por la vía electoral, señala además que antes que una pura ausencia de división de poderes, hay en cambio una disputa entre ellos, hasta ahora favorable a la combinación Ejecutivo-Judicial.
Antes pues que hablar de un régimen político homogéneo, estamos ante una amplia y conflictiva red de fuerzas. La metástasis de la corrupción hace que el ejercicio del poder se descentralice aún más, o bien se dificulte su centralización por parte del Poder Constituido.
Lo que sí tiene que ver con el viejo concepto romano de dictadura, es que en este contexto el Gobierno nacional está gobernando por medio de decretos y medidas especiales en el marco de un declarado ‘estado de excepción’, que se oficializa desde principios de 2016. En nombre de la lucha contra la guerra económica, el avance de la delincuencia y del paramilitarismo, y los avances subversivos de la oposición, numerosas mediaciones institucionales y procedimientos democráticos están siendo omitidos. Destacan por su gravedad políticas de seguridad como la Operación de Liberación del Pueblo (OLP), que representan intervenciones de choque directas de los cuerpos de seguridad del Estado en diferentes territorios del país (rurales, urbanos, barrios periféricos), para "combatir el hampa", los cuales suelen tener polémicos saldos en muertes; la paralización del referéndum revocatorio; la suspensión de las elecciones a gobernación en 2016 sin todavía quedar claro cuando se realizarán; crecientes represiones y excesos policiales ante el descontento social producto de la situación en el país; y un incremento de procesos de militarización, resaltando las zonas fronterizas y las declaradas de ‘recursos naturales estratégicos’.
Este es el mapa político que, junto a las diversas formas de intervención foránea, configuran el escenario de guerra de baja intensidad que atraviesa prácticamente todos los ámbitos de la vida cotidiana de los venezolanos. Es este el marco en el que se desenvuelven las libertades individuales, la oposición y pluralidad partidaria, la convocatoria y realización de marchas, expresiones de disidencia y críticas en los medios de comunicación, entre otras formas de la llamada democracia en Venezuela.

III. En Venezuela se están desbordando el contrato social, las instituciones y los marcos de la economía formal

Si hay algo que podría definirse como una especificidad del caso venezolano es que su escenario socio-político actual está desgarrado, profundamente corrompido y altamente caotizado. Hemos sostenido que en el país estamos ante una de las crisis institucionales más severas de toda América Latina [3] , haciendo referencia con esto al conjunto de las instituciones jurídicas, sociales, económicas, políticas, entre otras, que conforman la República venezolana.
La crisis histórica del modelo de acumulación rentista petrolero, la metástasis de la corrupción en el país, severas vulneraciones al tejido social desde el ‘período neoliberal’ y en especial desde 2013, y la intensidad de los ataques y disputas políticas, han desbordado en su conjunto los marcos de las instituciones formales de todos los ámbitos de la sociedad, canalizándose muy buena parte de las dinámicas sociales por la vía de mecanismos informales, subterráneos e ilegales.
En el ámbito económico, la corrupción se ha transformado en un mecanismo transversal y motorizador de distribución de la renta petrolera, desviando enormes sumas de divisas a discrecionalidad de unos pocos, y socavando las bases de la economía formal rentista. Esto ocurre de manera determinante con PDVSA [4] , la principal industria del país, así como con fondos clave como el Fondo Chino-Venezolano o con numerosas empresas nacionalizadas.
El colapso de la economía formal ha hecho de la informalidad prácticamente uno de los ‘motores’ de toda la economía nacional. Las fuentes de oportunidades sociales, sea de ascenso social o de posibilidad de mayores ganancias, se encuentran con frecuencia en el llamado ‘bachaqueo’ de alimentos (el comercio ilegal, a altísimos precios, dirigidos al mercado negro) [5] u otras formas de comercio en los diversos mercados paralelos, sea de divisas, medicinas, gasolina, etc.
En el ámbito político-jurídico, el estado de derecho carece de respeto y reconocimiento por parte de los principales actores políticos, quienes no solo se desconocen mutuamente sino recurren a movidas políticas dispuestos a todo para vencerse el uno al otro. El Gobierno nacional enfrenta a las que considera las ‘fuerzas enemigas’ con medidas de excepción y conmoción, mientras que grupos de la oposición más reaccionarios despliegan operaciones violentas de vandalismo, confrontación y ataque a infraestructuras. En este escenario se ha mermado sobremanera el estado de derecho, haciendo muy vulnerable a la población venezolana.
Cada vez reina una mayor impunidad, la cual se ha expandido a todos los sectores de la población. Esto no solo hace que se enquiste aún más la corrupción, que luce indetenible, sino que implica que la población no espere nada del sistema de justicia, y cada vez más la ejerza con sus propias manos.
El colapso del contrato social genera tendencias de ‘sálvese quien pueda’ en la población. La fragmentación del poder también ha contribuido a que se generen, crezcan y se fortalezcan diversos poderes territoriales, como lo son los llamados ‘sindicatos mineros’ que controlan con armas minas de oro en el estado Bolívar, o bandas criminales que dominan sectores de Caracas como El Cementerio o La Cota 905 [6] .
El marco presentado implica nada más y nada menos que el devenir y las definiciones políticas de la actual situación en el país se están desarrollando en muy buena medida por la vía de la fuerza.

IV. La crisis de largo plazo del capitalismo rentístico venezolano (1983-2017)

El hundimiento de los precios internacionales del crudo ha sido determinante en el desarrollo de la crisis venezolana, pero no es el único factor que explica este proceso. Desde la década de los años 80 hay crecientes síntomas de agotamiento del modelo de acumulación basado en el extractivismo petrolero y la distribución de la renta que genera. La actual fase de caotización de la economía nacional (2013-hoy) es también producto del devenir económico de los últimos 30 años en el país. ¿Por qué?
Varias razones lo explican. Alrededor del 60% de los crudos venezolanos son pesados y extra-pesados. Estos crudos son económicamente más costosos y requieren mayor uso de energía y el empleo de procesamientos adicionales para su comercialización. La rentabilidad del negocio que alimenta al país va descendiendo con respecto a tiempos anteriores, cuando prevalecían crudos convencionales. Esto ocurre al mismo tiempo que el modelo exige cada vez más ingresos rentísticos y cada vez más inversión social no solo para paliar las crecientes necesidades de una población que sigue en aumento.
La hiper-concentración poblacional en las ciudades (más de 90%) promueve un uso de la renta orientado fundamentalmente en el consumo (de bienes importados) y muy poco en formas productivas. Las épocas de bonanza promueven el fortalecimiento del sector extractivo (primario) –los efectos de la llamada ‘Enfermedad Holandesa’– lo que vulnera notablemente a los ya débiles sectores productivos. Luego de finalizada la bonanza (como ocurrió a fines de los 70 y ahora desde 2014), la economía queda más dependiente y aún más débil para enfrentar una nueva crisis.
La corrupción socio-política del sistema también posibilita fugas y descentralizaciones fraudulentas de la renta, lo que impide el desarrollo de políticas coherentes de distribución para paliar la crisis
La creciente volatilidad de los precios internacionales del crudo, así como cambios en los balances de poder global en torno al petróleo (como la progresiva pérdida de influencia de la OPEP) tienen también significativos impactos en la economía nacional.
Mientras se desarrollan todos estos vaivenes económicos en el país, los recursos ecológicos se siguen socavando y agotando, lo que amenaza los medios de vida de millones de venezolanos para el presente y futuro.
La actual solución que impulsa el Gobierno nacional ha sido incrementar notablemente el endeudamiento externo, distribuir la renta de manera más regresiva para la población, expandir el extractivismo y favorecer al capital transnacional.
En suma, cualquiera de las élites que gobierne en los próximos años, tendrá que enfrentar, sí o sí, los límites históricos que se han alcanzado con el viejo modelo rentista petrolero. No bastará solo esperar un golpe de suerte para que los precios del petróleo suban. Se vienen trascendentales cambios y habrá que estar preparados para enfrentarlos.

V. ¿Socialismo? En Venezuela se está llevando a cabo un proceso de ajuste y flexibilización económica progresivo

En el país se está desarrollando un proceso de ajuste progresivo y sectorizado de la economía, flexibilizando previas regulaciones y restricciones al capital, y desmantelando paulatinamente los avances sociales alcanzados en tiempos anteriores en la Revolución Bolivariana. Estos cambios aparecen enmascarados en nombre del Socialismo y la Revolución, aunque representan políticas cada vez más rechazadas por la población.
Destacan políticas como la creación de las Zonas Económicas Especiales, las cuales representan liberalizaciones integrales de partes del territorio nacional, una figura que entrega la soberanía a los capitales foráneos que pasarían a administrar prácticamente sin limitaciones dichas regiones. Se trata de una de las medidas más neoliberales desde la Agenda Venezuela implementada por el gobierno de Rafael Caldera en los años 90, bajo las recomendaciones del Fondo Monetario Internacional.
También resaltan la paulatina flexibilización de los convenios con las corporaciones foráneas en la Faja Petrolífera del Orinoco; liberalización de precios de algunos productos básicos; creciente emisión de bonos soberanos; devaluación de la moneda, creándose un tipo de cambio flotante (Simadi); aceptación de algunos trámites comerciales directamente en dólares, por ejemplo, en el sector turismo; o el fiel cumplimiento de los pagos de deuda externa y los servicios de la misma, lo que implica un recorte en las importaciones y consiguientes problemas de escasez de bienes de consumo básico.
Se está impulsando el relanzamiento de un extractivismo flexibilizado, apuntando fundamentalmente hacia las nuevas fronteras de la extracción, donde destaca el mega-proyecto del Arco Minero del Orinoco, el cual plantea instalar como nunca antes la mega-minería en un territorio de 111.800 kms2 de extensión, amenazando fuentes de vida claves para los venezolanos, en especial para los pueblos indígenas. Estos proyectos suponen además el atornillamiento por largo plazo a los esquemas de dependencia que produce el extractivismo [7] .
Cabe destacar que estas reformas se combinan con el mantenimiento de algunas políticas de asistencia social, continuos aumento de los salarios nominales, algunas concesiones a demandas de las organizaciones populares y el uso de una narrativa revolucionaria e antiimperialista. Esto evidentemente tiene como uno de sus principales objetivos el mantenimiento de los apoyos electorales que quedan.
Estamos en presencia de lo que hemos llamado un ‘neoliberalismo mutante’, en la medida en la que se combinan formas de mercantilización, financiarización y desregulación con mecanismos de intervención estatal y asistencia social.
Parte de la izquierda ha estado muy enfocada en evitar la llegada de gobiernos conservadores al poder para así evitar la ‘vuelta del neoliberalismo’. Pero olvidan mencionar cómo gobiernos progresistas también avanzaron en varias medidas selectivas, mutantes e híbridas de perfil neoliberal, que finalmente afectan al pueblo y a la naturaleza [8] .

VI. ¿La alternativa? El proyecto de los partidos de la ‘Mesa de la Unidad Democrática’ (MUD) es neoliberal

La derechista ‘Mesa de la Unidad Democrática’ (MUD) es el bloque predominante de la oposición partidista al Gobierno nacional, aunque una oposición de izquierda haya venido creciendo lentamente y es muy factible que lo siga haciendo. Esta izquierda crítica, al menos la más definida, no se identifica con la MUD por lo que no articula políticamente con esta.
La MUD no es un bloque homogéneo, y en cambio existen sectores que van, desde influyentes grupos radicales de extrema derecha –que podríamos llamar ‘uribistas’–, hasta llegar a algunos sectores de conservadurismo light, y de liberalismo elitario con cierta tendencia distribucionista. Estos diversos grupos tienen una relación conflictiva entre ellos y con eventuales careos y desplantes mutuos.
A pesar de sus diferencias, a los diferentes grupos de la MUD los une al menos tres factores fundamentales: su matriz ideológica, las bases de su programa económico y su agenda reaccionaria ante el Gobierno nacional y ante la posibilidad de una profunda transformación de corte popular emancipatorio. Nos referiremos a las dos primeras.
Su matriz ideológica está profundamente determinada por la teoría neoclásica y por el liberalismo conservador, enalteciendo obsesivamente la propiedad privada, el fin de la ‘ideologización’ por parte del Estado y el auge de las libertades empresariales e individuales.
Estos pilares ideológicos son más claros en la programática de este bloque que en sus propios discursos mediáticos, donde la retórica es simplista, superficial y llena de consignas. La síntesis más acabada de su modelo económico se encuentra en los ‘ Lineamientos para el Programa de Gobierno de Unidad Nacional (2013-2019)’ [9] . Se trata de una versión neoliberal más ortodoxa del extractivismo petrolero, en relación al proyecto del actual Gobierno venezolano.
Destaca el hecho de que, a pesar de enarbolar la bandera del ‘cambio’ y la ‘Venezuela productiva’, su propuesta plantea llevar la extracción de petróleo en Venezuela hasta 6 millones de barriles diarios, poniendo énfasis en el incremento de las cuotas de la Faja Petrolífera del Orinoco. Aunque se acusen, riñan y señalen públicamente, las propuestas petroleras de Henrique Capriles Radonski (Petróleo para tu Progreso) [10] y Leopoldo López (Petróleo en la Mejor Venezuela [11] ) son gemelas, y consensuan con el ‘Plan de la Patria’ 2013-2019 impulsado por el Gobierno nacional. El cambio anunciado no es más que otro atornillamiento con el extractivismo, más rentismo y desarrollismo, y las consecuencias económicas e impactos socio-ambientales y culturales que conlleva este modelo.

VII. La fragmentación del ‘pueblo’ y el progresivo socavamiento del tejido social

En todos estos procesos de guerra de baja intensidad y caos sistémico, el principal afectado es el pueblo trabajador. La potente cohesión socio-política que se configurara en los primeros años de la Revolución Bolivariana ha sufrido no solo un desgaste sino una progresiva desarticulación. Pero estas afectaciones han llegado incluso a la propia médula de los tejidos comunitarios del país.
La precariedad para cubrir las necesidades básicas de la vida cotidiana; los incentivos a la resolución individual y competitiva de los problemas socio-económicos de la población; la metástasis de la corrupción; la canalización de los conflictos y disputas sociales por la vía de la fuerza; la pérdida de referentes ético-políticos y el desgaste de la polarización debido al descrédito de los partidos; la agresión directa a experiencias comunitarias fuertes o importantes y a líderes comunitarios por parte de diversos actores políticos y territoriales; hacen parte de este proceso de vulneración de los tejidos sociales que apunta a socavar los verdaderos pilares de un potencial proceso de transformación popular-emancipatorio o de las capacidades de resistencia de la población ante un mayor avance de fuerzas regresivas en el país.
Mientras tanto, diversas organizaciones de base popular y movimientos sociales a lo largo y ancho del país insisten en construir una alternativa desde sus territorios. Los tiempos dirán cual será su capacidad de resistencia, adaptación y sobre todo su habilidad colectiva para articularse entre ellos y disputar con mayor fortaleza el rumbo del proyecto político nacional.
Si hay una solidaridad irrenunciable que debería impulsarse desde las izquierdas en América Latina y el mundo, debe ser con este pueblo luchador, ese que históricamente ha cargado sobre sus hombros la explotación y los costos de la crisis. Ese que frecuentemente ha desbordado y se ha re-apropiado de las calles buscando que sus demandas sean escuchadas y atendidas. Ese que en la actualidad se enfrenta a los complejos dilemas que suponen los actuales tiempos de reflujo y regresiones. Este pareciera que es el verdadero punto de honor de las izquierdas. El costo de darle la espalda a estas contra-hegemonías populares en nombre de una estrategia de conservación del poder podría ser muy alto.

Emiliano Teran Mantovani
Caracas, abril de 2017

Emiliano Teran Mantovani es sociólogo venezolano, ecologista político e investigador en ciencias sociales.

[1] https://obamawhitehouse.archives.gov/the-press-office/2015/03/09/executive-order-blocking-property-and-suspending-entry-certain-persons-c
[2] http://www.southcom.mil/Portals/7/Documents/Posture%20Statements/SOUTHCOM_2017_posture_statement_FINAL.pdf?ver=2017-04-06-105819-923
[3] http://www.rebelion.org/noticia.php?id=207450
[4] http://www.correodelorinoco.gob.ve/impacto/maduro-hay-que-ir-a-sanear-profundamente-a-pdvsa-corrupcion-todos-ambitos/
[5] http://www.eluniversal.com/noticias/economia/leon-bachaquero-invierte-400-revender-gana-mil_21462
[6] http://efectococuyo.com/principales/van-al-menos-24-fallecidos-en-enfrentamientos-entre-cicpc-y-bandas-delincuenciales; http://www.radiomundial.com.ve/article/enfrentamiento-en-cota-905-deja-14-muertos-y-134-detenidos-audio
[7] http://www.alainet.org/es/articulo/175893
[8] http://www.alainet.org/es/articulo/172285
[9] http://static.telesurtv.net/filesOnRFS/opinion/2015/12/09/mud_government_plan.pdf
[10] http://www.eluniversal.com/noticias/politica/plan-petroleo-para-progreso-henrique-capriles-radonski_359574
[11] http://www.leopoldolopez.com/en-la-mejor-venezuela-duplicaremos-la-produccion-petrolera-para-impulsar-el-bienestar-y-el-progreso/

domingo, abril 23, 2017

Nuevos desafíos en el mundo actual: Rosa Luxemburg contra el capitalismo y los dogmas



La Rosa Roja de Kate Evans aparece en un momento de incertidumbre, crisis de los paradigmas del ciclo neoliberal y a 100 años de la Revolución Rusa. ¿Que tienen para decirnos los grandes revolucionarios del siglo pasado?

La Rosa Roja, nueva publicación de Ediciones IPS, se trata de una biografía gráfica apasionante y novedosa. Rosa Luxemburg, su protagonista, perteneció a una generación de marxistas que vivió los comienzos de nuestra convulsiva época. Tras las revoluciones del siglo XIX, en el cambio de siglo el capitalismo parecía que se desarrollaba en el sentido de un progreso pacífico y sin sobresaltos. Los éxitos electorales del Partido Socialdemócrata alemán y el surgimiento entre los trabajadores de un sector más privilegiado y con mayores conquistas, generó ilusiones también en el movimiento socialista, y se empezó a transformar en un sentido común la posibilidad de llegar al socialismo evolutivamente o por etapas.
En una época todavía mucho más conservadora y opresiva que la nuestra, salió al cruce a todas estas ideas una mujer, inmigrante polaca y judía con una voluntad y un carácter poco común también en los hombres. Rosa Luxemburg peleaba por una política combativa y revolucionaria en Alemania, cuando todos los dirigentes socialistas oficiales aconsejaban solo prudencia. Fue una teórica de fuste cuando las tareas intelectuales en general estaban abrumadoramente en manos masculinas. Blandió todas las armas de la crítica en el debate para demostrar la necesidad de la revolución socialista. Se enfrentó también a un poderoso aparato, el de la socialdemocracia alemana, corrompido, que apoyó la guerra imperialista. Bajo duras condiciones, encarcelada en 1916, puso la piedra fundamental de una nueva organización revolucionaria, e intervino en la revolución alemana de 1918-19, cuando fue asesinada por las tropas de asalto de la socialdemocracia en el gobierno.

Para brindar fundamentos profundos a la lucha contra el capitalismo

Vivimos en una época de crisis del relato neoliberal de los últimos 30 años cuyos paradigmas fueron el “pensamiento único”, la idea de que “no hay alternativa”: la perspectiva de un supuesto capitalismo humanizado parecía la única alternativa posible. Ríos de tinta se escribieron para identificar al marxismo con el estalinismo, a la revolución con el fracaso y presentarla como una concepción dogmática y repetidora de fórmulas preconcebidas.
Sin embargo, nada más alejado de la obra de Vladimir Lenin, León Trotsky y Rosa Luxemburg que por el contrario fueron considerados herejes, disruptivos y antidogmáticos incluso hasta dentro de la izquierda. Los tres se enfrentaron a las grandes ideas establecidas de su tiempo.
Sobre la base de la experiencia y tradiciones históricas, abordaron y pensaron con su propia cabeza los problemas de su época, actualizando las ideas marxistas en función de los cambios generales y de las realidades específicas. Sus ideas se forjaron en base a los hechos y las pruebas de la lucha de clases, en debate con las corrientes del momento. Dotaron de nuevos fundamentos sobre la teoría y la práctica, para seguir nutriendo al marxismo de bases científicas. Por eso, difícilmente haya una obra más fecunda para investigar y pensar el mundo actual que vuelve a poner sobre el tapete la vieja disyuntiva de reforma o revolución.
En este contexto, la labor editorial que venimos desarrollando desde el PTS hace más de veinte años recobra nueva vida al facilitar a las nuevas generaciones el legado de estos grandes revolucionarios. Ya que sintetiza grandes experiencias de la lucha de clases, que sirven de referencia frente a los desafíos actuales, impidiendo partir de cero.

Contra las ideas dominantes de nuestra época

Marx y Engels escribieron en 1845 que “Las ideas dominantes de una época son las ideas de sus clases dominantes”. Con los cambios que estamos viviendo, a partir de la crisis capitalista de 2008 y más aún con la asunción de Donald Trump al gobierno de la primera potencia mundial como expresión de la crisis de los partidos tradicionales, es la hora de los grandes temas y del debate alrededor de una alternativa al capitalismo.
Para aportar a ello, desde Ediciones IPS comenzamos a publicar libros de elaboraciones actuales y nuevas colecciones. Así, por ejemplo, el libro Cien años de historia obrera en Argentina (1870-1969) recientemente publicado enfrenta el relato que esconde el protagonismo de la clase obrera a lo largo del siglo y la mistificación del peronismo. Insurgencia obrera en Argentina, 1969-1976 interviene en las controversias actuales sobre el debate del ensayo revolucionario de la década de 1970, que tan presentes siguen en las discusiones políticas incluso en los grandes medios de comunicación. La salida de El marxismo de Gramsci, una lectura de los Cuadernos de la cárcel, fue parte en el debate que intelectuales como Eduardo Grüner y Horacio González alrededor de la relación entre peronismo, izquierda y clase obrera, reunido en la revista Ideas de Izquierda. La colección Mujer reúne libros que desarrollan la historia de los movimientos de mujeres, su tradicióny debates sobre la problemática de género y la emancipación. Comenzamos también una colección que aborda la relación entre el marxismo y los problemas militares y de estrategia una cuestión central para discutir hoy desde el lado de los explotados y oprimidos por el capitalismo.
Este año, a raíz del aniversario de la Revolución rusa, sobre la cual se vienen abriendo distintos debates en diarios, revistas y portales, sobre la actualidad y viabilidad del socialismo hoy, nuestra editorial está preparando una nueva edición mejorada del clásico Historia de la Revolución Rusa de León Trotsky que permite conocer la historia de parte de sus protagonistas.
Con la publicación de La Rosa Roja de Kate Evans nos proponemos llevar las ideas marxistas a más lugares de nuestro país y del mundo de habla hispana, incluyendo al público hispanoparlante de Estados Unidos. En un momento que se vislumbra apasionante y preñado de nuevos desafíos, donde ha quedado sepultada la idea del pensamiento único que hegemonizó las últimas décadas, queremos contribuir al desarrollo de una alternativa revolucionaria al capitalismo.

Guillermo Iturbide
Ediciones IPS-CEIP
Andrea Robles
@RoblesAndrea

La Rosa Roja: la biografía gráfica de Rosa Luxemburg, por primera vez en castellano



Las traductoras y editoras de la novela gráfica de Kate Evans sobre la vida revolucionaria de Rosa Luxemburg buscan apoyo en Verkami para publicar el libro en el Estado español.

La biografía de Rosa Luxemburgo está atravesada por tantos acontecimientos históricos, experiencias revolucionarias y momentos dramáticos, que podrían llenar el guion de varias películas. Rosa Luxemburgo vivó tiempos intensos: nació el mismo año de la Comuna de París y murió asesinada a los 47 años durante la insurrección alemana en 1919. Vivió su vida con los ojos abiertos, como una personalidad revolucionaria brillante. Fue al mismo tiempo una gran teórica marxista, una agitadora de masas y una revolucionaria integral, su lema era: “primero, la acción”, dotada de una fuerza de voluntad inquebrantable para transformar la realidad.
En La Rosa Roja, la escritora e ilustradora británica Kate Evans capta con emoción y creatividad algunos de esos instantes más emotivos y decisivos de su vida, a través de viñetas donde se mezclan diálogos personales, fragmentos de su correspondencia y sus trabajos teóricos. Un lenguaje gráfico muy actual que permite llegar a nuevas generaciones que se acercan por primera vez a la vida de Rosa Luxemburgo.
Durante lo que queda del mes de abril y el mes de mayo, la Agrupación de mujeres Pan y Rosas e Izquierda Diario, en colaboración con Ediciones IPS de Argentina, busca apoyos en la plataforma de crowdfunding Verkami para publicar la obra de Kate Evans por primera vez en castellano en el Estado español.
Tanto para quienes ya la conocen, como para quienes desean adentrarse por primera vez en la apasionante vida y militancia política de Rosa Luxemburg, La Rosa Roja es una excelente puerta de entrada. De manera cuidada y estética, con cautivantes dibujos y diálogos que van acompañando cada etapa de su existencia hasta su asesinato en 1919, la novela gráfica de Kate Evans transmite de un modo apasionante la voluntad inconmovible de la revolucionaria polaca por superar todos los obstáculos.
Ya desde niña, Rosa tuvo que enfrentar problemas físicos que le dejaron marcas corporales como una temprana renguera; la persecución rusa hacia los judíos en Polonia quitándole derechos básicos y que los obligaran a vivir en guetos; la opresión hacia las mujeres propia de la época, que les impedía estudiar y desarrollar sus destinos libremente; además de afrontar largos años de cárcel producto de su rechazo tajante a la Primera Guerra Mundial. Rosa se opuso a todos ellos con bravura, haciendo prevalecer sus más íntimos deseos y sueños, siempre asociados a la militancia revolucionaria y a las luchas de la clase trabajadora por su liberación.
Como plantean sus editoras y traductoras, Alejandra Crosta y Josefina Luzuriaga Martínez, en la presentación a la obra en castellano, Rosa Luxemburg fue “una de las figuras más destacadas del movimiento revolucionario internacional y la dirigente mujer más importante del movimiento socialista”.
“La autora representa con humor, ternura y pasión la vida de Rosa, su infancia, su sensibilidad ante injusticias de cualquier índole y su evolución política. Los dibujos y diálogos de Kate Evans logran transmitir ese espíritu revolucionario de Rosa en su actividad militante y su vida personal, sus amores, sus amistades, su pasión por la naturaleza, por la música o la poesía”, aseguran las editoras.
La obra refleja también parte de su actividad militante, en las que entre otras cosas Rosa sobresalió como polemista aguda. En La Rosa Roja, dicen Crosta y Luzuriaga Martínez, “podemos ver pinceladas de sus combates teórico-políticos más importantes”, como el que mantuvo contra Eduard Bernstein, para quien “el capitalismo había logrado superar las crisis generales y ya no eran necesarias las revoluciones ni la lucha de clases”. Recién llegada a Alemania, “Luxemburg comenzó una lucha contra el reformismo, enfrentando la teoría de Bernstein” y “blandió todas las armas de la crítica en el debate para demostrar la necesidad de la revolución socialista”.
Andrea D’Atri, fundadora de la Agrupación Internacional de Mujeres Pan y Rosas, en palabras alusivas redactadas especialmente para la edición, sostiene que Rosa Luxemburg “luchó contra monarquías, combatió al imperialismo, enfrentó a sus camaradas cuando se encaminaban hacia la traición y desafió todos los prejuicios de la época que pesaban sobre su vida libertaria, transformándose en la más grande dirigente femenina del proletariado mundial. Este libro posee el encanto de mostrarnos a Rosa, despojada del frío bronce de la Historia y más bellamente humana”.
Comenzando un nuevo proyecto editorial, desde Izquierda Diario y la Agrupación de mujeres Pan y Rosas, con la colaboración de Ediciones IPS de Argentina, tenemos el agrado de publicar para las y los lectores del Estado español, La Rosa Roja de Kate Evans, con el anhelo de que sea un aporte en la difusión del legado de la revolucionaria polaca que inspire las luchas de las trabajadoras y trabajadores, las mujeres y la juventud en nuestros días.

IzquierdaDiario.es

El país en el subibaja



Participación de los asalariados en el Producto Interno Bruto *, 2003-2016 ** (en %)

* La participación de los asalariados en el ingreso se estimó como el cociente entre 1) la adición de la masa salarial de los trabajadores registrados (calculado en base a información de SIPA y EPH-INDEC) con sus respectivos aportes patronales (AFIP) y la masa salarial de los trabajadores no registrados (EPH, sin considerar los ingresos imputados) y 2) el PBI en precios corrientes año base 2004 revisado en 2016.
** Primeros tres trimestres del año. Fuente: CIFRA, en base a INDEC, OEDE-MTEySS y AFIP.

Desde que asumió Macrì, los trabajadores perdieron más de 3 puntos del Producto Interno Bruto, equivalente a 16.000 millones de dólares. Al mismo tiempo se incrementó la respuesta represiva a los conflictos sociales y laborales, tanto en la Capital como en el resto del país. La apuesta electoral del gobierno no es reactivar la economía sino controlar la inflación. Pero el aumento de la tasa de interés y la contención salarial aceleran el círculo vicioso y sus consecuencias sociales.

Desde que la Alianza Cambiemos llegó al gobierno, la transferencia de ingresos de los trabajadores al capital llegó a 16.000 millones de dólares, lo cual implicó una caída en la participación de los asalariados en el ingreso del 37,4 al 34,3 por ciento del Producto Interno Bruto entre 2015 y 2016. La profunda recesión de 2016, que en los primeros meses de este año no da signos de haber concluido, fue acompañada por alteraciones sustanciales en el régimen económico y en la orientación del modelo de acumulación de capital. Estas son las principales conclusiones del informe de coyuntura N° 23 de CIFRA, el centro de investigaciones y formación de la CTA, que creó Eduardo Basualdo y hoy dirigen Mariano Barrera, Mariana González y Pablo Manzanelli. Al mismo tiempo, se observa un incremento de la respuesta represiva a los conflictos sociales desde mediados del año pasado, con un pico pronunciado en el primer trimestre de este año, tanto en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, como en el resto del país. Así lo consigna el estudio “Diálogo y Consenso. El lado B del Modelo”, realizado por el Observatorio de Conflictividad Socio-Laboral de CEPA (Centro de Economía Política Argentina). Los gráficos que acompañan esta nota permiten una fácil visualización de estos inquietantes fenómenos.

Lucha de fracciones

Esa impactante transferencia de ingresos se produjo por la suma de la devaluación, la quita o baja de retenciones a las exportaciones, el aumento de las tarifas de los servicios públicos, la apertura comercial, la liberalización del movimiento de capitales y la suba de la tasa de interés, entre otras medidas que comenzaron a aplicarse desde el primer día de gobierno. Pero esas intensas pugnas por la distribución del ingreso, en el marco de la aceleración inflacionaria de 2016, no se agotan en el subibaja entre el trabajo y el capital sino también entre fracciones del capital. En el primer caso la transferencia de ingresos se origina en la punción del salario real; en el segundo, es reflejo de las distintas rentabilidades sectoriales. Mientras unos pocos sectores pudieron aumentar sus precios relativos por encima del promedio de 41,6 por ciento, como el agro (83,9 por ciento), la intermediación financiera (60,9 por ciento), electricidad, gas y agua (57,4 por ciento) y minas y canteras (49,9 por ciento), quedaron por debajo de la media la industria manufacturera (39,7), el comercio (39,6 por ciento), transporte y comunicaciones (34,7 por ciento) y la construcción (30,5 por ciento). Las causas fueron la caída del consumo (que no se ha detenido), el incremento de los costos de los servicios públicos y la apertura comercial, que sólo en escasa medida fue compensada por la suba del tipo de cambio real. Esta modificación de precios relativos se desplegó en un marco internacional complejo, caracterizado por la intensificación de la lucha competitiva que se reflejó en una importante caída de los precios de las exportaciones argentinas, que además se reprimarizaron. De este modo, el eje ordenador de la economía argentina se desplazó de la economía real y el consumo hacia la especulación financiera. El único componente de la demanda agregada que creció en 2016 fueron las exportaciones, pero esto traccionado por las ventas de productos primarios. En cambio la caída del salario real y el aumento del desempleo redundaron en una merma del consumo privado y no es exagerado decir que la inversión productiva se derrumbó.

Haciendo bambolla

Por más que el gobierno repita que el crecimiento genuino se dará por el aumento de la inversión (lo cual evidencia el sesgo ideológico de que los incrementos del consumo no son una forma válida de crecer, como se lee en reiteradas declaraciones despectivas de funcionarios de primera línea) la tasa de inversión cayó del 16 al 13,9 por ciento del PIB entre 2015 y el último trimestre de 2016. El resultado fue mucho peor en la radicación de las tan apetecidas inversiones extranjeras directas, que se redujo a la mitad. El único diluvio en este rubro se verificó en el ingreso de capital especulativo (al cual el gobierno le quitó cualquier restricción) debido a los altos rendimientos en dólares que posibilitaron las Lebac y otras alternativas similares. En 2015, las inversiones de cartera habían sido negativas. En 2016 treparon a 44.585 millones de dólares, al mismo tiempo que la fuga de capitales al exterior (medida a través del método residual de la balanza de pagos) pasó de 7.505 a 11.666 millones de dólares. Como contrapartida de ominosa proyección futura la deuda externa pública se elevó del 13,3 al 23,4 por ciento del PIB. Tan marcado descenso de las inversiones orientadas a la economía real permite prever que, si hubiera alguna reactivación de la actividad este año provendría del denominado “rebote estadístico”, con escaso impacto en la economía real y el empleo y no sostenible en el tiempo. Pero ni siquiera eso se advierte en los indicadores de coyuntura más recientes, que no muestran un cambio de la declinante tendencia observada. En enero el nivel de actividad había registrado un incremento interanual del 1,1 por ciento, es decir comparado con el desplome del primer mes del gobierno de Macrì. Pero en la comparación mensual se contrajo 0,5 por ciento, interrumpiendo la tendencia de los meses previos. Por el lado de la oferta, en febrero la caída interanual de la industria superó a la de enero (-6 por ciento) lo mismo que la construcción (-3,4 por ciento). Por el lado de la demanda, el nivel de consumo, que no había tenido un buen desempeño en enero, profundizó su contracción en febrero en virtud de la aceleración inflacionaria, y las cantidades exportadas registraron caídas significativas. El informe llega hasta febrero, pero los datos de marzo oscurecieron esos grises. El único dato relativamente positivo fue el gasto en obra pública, que se duplicó en febrero y arrastró el incremento de los despachos de cemento en marzo. Pero su capacidad de tracción sobre el conjunto de la economía es bien escasa. Haciendo bambolla a la hora del fútbol mientras aún es para todos.
La política de incrementar las tasas de interés para secar la plaza y así restarle presión al dólar y al nivel de precios, condujo a una explosión de colocaciones de bonos (festival le llamó Roberto Lavagna en su portazo al gobierno de Alfonsín hace tres décadas) con un stock de Lebac de 774.000 millones de pesos, equivalente a las reservas totales del Banco Central. Los elevados vencimientos de cada mes señalan la posibilidad de que una modificación de las expectativas cambiarias induzca a los inversores privados a dolarizar su cartera. Incluso reaparece, por ahora con sordina, un debate que acompañó el final de los gobiernos de Carlos Menem y Fernando De la Rúa, entre quienes reclamaban una devaluación, que entonces implicaba romper el esquema de la convertibilidad, y aquellos que preferían la completa dolarización de la economía, algo que hizo Ecuador y que ni siquiera con una década de nacionalismo popular pudo revertir. Esto reduce el margen de maniobra del gobierno, cada vez más dependiente de las altas tasas de interés y el endeudamiento externo, una vez pasados los efectos extraordinarios del blanqueo de capitales. Esto realimenta el proceso de valorización financiera, que tan catastróficas consecuencias tuvo para la producción y el empleo hace dos décadas. El otro brazo de la pinza para constreñir el nivel de precios es la contención salarial. Por eso, CIFRA entiende que la negociación paritaria constituye la madre de todas las batallas, como se aprecia en el caso testigo de los docentes. Sus resultados dependen de las relaciones de fuerza y de la acción del movimiento sindical, al cual pretenden doblegar con políticas dirigidas a desprestigiar a su dirigencia más activa frente al ajuste económico. Pero no sólo con eso.

Dos por día

En el primer trimestre de 2017 los conflictos por despidos, readecuación salarial, cumplimiento de acuerdos, condiciones de trabajo y atrasos en los pagos llegaron a dos por día, según los datos del Observatorio de la Conflictividad Social. El gobierno nacional y el de la Ciudad Autónoma, no se centraron en resolver esos problemas sino en quitar sus efectos de las calles, mediante la represión por parte de las fuerzas de seguridad. Si se compara el primer trimestre de este año con el de 2016, el incremento de conflictos reprimidos fue del 133 por ciento, un porcentaje de crecimiento que no alcanzó ningún rubro de la economía. Esta estrategia ejemplificadora fue manifiesta en el conflicto docente, con la represión policial en la plaza de los Dos Congresos para evitar la instalación de la Escuela itinerante, la premeditada estigmatización de un sector gremial representado por el Secretario General de SUTEBA, Roberto Baradel, los descuentos por los paros realizados, el adicional para los docentes que no adhirieron al paro y las amenazas con multas y quitas de personería gremial. Los cambios en la oferta de la provincia de Buenos Aires fueron tan pequeños que impiden recuperar el poder adquisitivo perdido en 2016. El trabajo incluye una extensa tabla, imposible de reproducir en la extensión de esta nota, de todos los reclamos sociales o laborales, con o sin organización previa, al que las fuerzas de seguridad responden con algún grado de violencia física. Lo que sí puede incluirse es una síntesis de conjunto. El 26,51 por ciento de los conflictos con represión tuvo lugar en la Provincia de Buenos Aires y sobre todo en el conurbano. El 16,87 por ciento de los casos ocurrieron en la Ciudad de Buenos Aires y con 6 por ciento del total cada una siguen Mendoza, Jujuy, Santa Fe y Salta. El gráfico 1 muestra un incremento sustancial de la cantidad absoluta de los conflictos con represión en el segundo semestre de 2016 y los niveles superiores en el comienzo de este año respecto del mismo periodo de 2016, cuando el gobierno de Cambiemos recién comenzaba y disponía de mayor expectativa favorable. La línea de tendencia revela un incremento de los hechos represivos sobre el total de los conflictos registrados cada mes. El gráfico 2 incluye la cantidad de conflictos por mes en la Ciudad de Buenos Aires, en la Provincia de Buenos Aires y en el resto de las provincias. El aumento de conflictos con represión desde mediados de 2016 se centró en el interior del país pero hacia el final del período se desplazó a la Ciudad de Buenos Aires, que es donde más preocupa al gobierno nacional y que ha dado lugar a un reclamo público del presidente Macrì al intendente Horacio Rodríguez Larreta, no para que indague en las causas de cada reclamo (que en general el gobierno descalifica como una táctica desestabilizadora de adversarios políticos a los que niega representatividad) sino para que los corra de las calles de la Capital Federal y en especial del centro. Si en el promedio nacional, en el primer trimestre de 2017 los conflictos mensuales seguidos por represión pasaron de 3 a 7, en la Ciudad de Buenos Aires el incremento fue de uno a dos por mes, un promedio que no promete disminuir a medida que avance el cronograma electoral y que ha dado lugar a un patético show de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich para exhibir la parafernalia represiva adquirida. El jueves de esta semana, Macrì viajará a Estados Unidos para reunirse con su viejo socio de negocios y golf Donald Trump. Ambos gobiernos anunciaron en forma oficial la visita el miércoles 12. El comunicado de la presidencia argentina dice que Trump y Macrì se reunirán “para avanzar en un diálogo sobre distintos temas de mutuo interés y hacer un repaso de todos los asuntos que conforman la agenda bilateral”. El de la Casa Blanca es más preciso pero poco tranquilizador. “Intercambiarán puntos de vista sobre diversos temas bilaterales y regionales, incluyendo la expansión del comercio, la colaboración en el sector de seguridad y el deterioro de la situación en Venezuela”, dice. En este contexto, ¿qué se entiende por seguridad?

Horacio Verbitsky

Ni “populistas” ni “republicanos”: el Estado desde el punto de vista del marxismo



Macri habló del Estado como un “aguantadero”, en relación al ciclo kirchnerista. Frente a las versiones simplificadas del rol del aparato estatal, la concepción marxista propone una visión compleja.

Ayer Mauricio Macri definió al Estado bajo el kirchnerismo como un “aguantadero”. La definición no tiene nada de original viniendo del presidente. En última instancia repite la misma línea argumental que sostuvo cuando habló de “ñoquis” justificando los despidos en ese ámbito. La simplificación de Macri se inscribe dentro de su propia concepción de clase que considera al Estado como parte de su patrimonio.
Dentro de un universo de mayor complejidad conceptual que la expresada por el presidente se encuentra la concepción liberal clásica que ve al Estado como el órgano llamado a regir el conjunto de los intereses sociales. Eso que, sin más razones que las ideológicas, es llamado el “bien común”.
Desde el llamado “populismo”, en su amplitud múltiple, se elabora otra concepción del Estado. Aquella que, aceptando el conflicto social y la desigualdad que expresa el mismo, ve al Estado como un “corrector” de esa desigualdad, en función de las capas más empobrecidas.
En casos extremos, esas diferencias toman la forma de diferentes regímenes políticos. Sin embargo, cada vez más, aparecen como matices –a veces importantes- en la forma de gestionar las formas democráticas de un régimen que garantiza la continuidad del poder capitalista.
Si la primera de esas acepciones considera central la defensa de la “república” o de las “instituciones”; la segunda se centra en la defensa de una gestión que busque limitar el conflicto social por medio de atenuar la desigualdad existente.
Sin embargo, ni una ni la otra ponen en cuestión el dominio social de la clase capitalista. Republicanos y populistas, por igual, consideran sagrado la dominación del gran empresariado en la sociedad.

El marxismo y el Estado

Ya en el siglo XIX, el marxismo inauguró una concepción completamente original del Estado. La primera formulación ampliamente conocida de esa visión fue presentada por Marx y Engels en el Manifiesto Comunista.
El texto, que vio la luz casi al calor de las revoluciones de 1848 –la llamada “Primavera de los pueblos”- se convirtió en un documento histórico para la posteridad, marcando un punto de vista radicalmente nuevo sobre el conflicto social.
“Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases”. Así inicia el primer apartado del Manifiesto. A partir de allí es imposible deducir una concepción sobre el Estado por fuera de esa definición nodal.
Así, según se lee en el Manifiesto, “el Gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa” (Manifiesto Comunista. Ediciones IPS, pág.12).
Las revoluciones de 1848 mostrarán que la clase trabajadora debe conquistar su independencia política en el camino de su lucha por la emancipación social. Para Marx y Engels, también quedará en evidencia que el Estado burgués no puede ser, simplemente “ocupado” sino que se debe ser destruido. Los jóvenes autores del Manifiesto ya habían planteando la necesidad de que la clase obrera se elevara al terreno del poder político.
Esa conclusión se reforzará a la luz de la heroica Comuna de París, de 1871. En el prólogo de 1872 al Manifiesto Comunista, ambos autores afirmarán que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. Ese aparato del Estado debe ser demolido y reemplazado por uno nuevo. Marx dirá que se trata de la “condición previa para toda verdadera revolución popular en el continente”.
La Comuna sería, al decir de Marx, la forma política -"finalmente descubierta"- de la dictadura del proletariado. La clase trabajadora se elevaba al poder político por primera vez en la historia. Al hacerlo mostraba un nuevo tipo de Estado donde la burocracia política y las fuerzas armadas regulares eran destruidas y reemplazadas por la auto-organización del pueblo trabajador parisino.
En 1875, en la Crítica al Programa de Gotha, Marx polemizará explicando, una vez más, que “los distintos Estados de los distintos países civilizados, pese a la abigarrada diversidad de sus formas, tienen de común el que todos ellos se asientan sobre las bases de la moderna sociedad burguesa, aunque ésta se halle en unos sitios más desarrollada que en otros, en el sentido capitalista”.

Lenin, el Estado y la revolución

La derrota de la heroica Comuna de París dio lugar a proceso contradictorio. Durante las décadas siguientes la clase obrera se fortaleció social y políticamente, con la construcción de fuertes partidos socialistas en los países más importantes de Europa. Sin embargo, ese fortalecimiento tuvo lugar en los marcos de la ausencia de tendencias agudas de la lucha de clases o, directamente, revolucionarias.
Eso conformó partidos socialistas y organizaciones sindicales que, como resultado de esas presiones sociales, se amoldaron a sus propios Estados nacionales. Por ende, a sus propias clases capitalistas. Eso tendría su expresión más trágica en la Primera Guerra mundial, cuando las direcciones de esas organizaciones apoyarían a las fuerzas armadas de sus propias naciones.
Sería la Revolución rusa de 1917 la que volvería a poner la cuestión del Estado en escena, estrechamente ligada a la lucha de clases.
El magistral libro que se titula El Estado y la revolución fue escrito por Lenin al calor de la Revolución Rusa. Se trata de un texto apasionante cuya lectura resulta imprescindible para todos aquellos y aquellas luchadoras que se propongan una pelea seria para enfrentar al capitalismo.
Lenin volvería a poner en el centro del análisis del marxismo la relación entre el Estado, la lucha de clases y la revolución. En la presentación del libro señalará que “lo que ocurre ahora con la teoría de Marx ocurrió repetidas veces, en el curso de la historia, con las teorías de pensadores revolucionarios y dirigentes de las clases oprimidas que luchaban por su emancipación (…) en vista de la increíblemente extensa deformación del marxismo, nuestra tarea principal es restablecer las verdaderas enseñanzas de Marx sobre el Estado (Obras escogidas, Ediciones IPS, pág. 127).
Esas enseñanzas sobre las que considera necesario volver Lenin son aquellas que definen al Estado en función de su lugar en la lucha de clases. El dirigente del Partido Bolchevique dirá que "Engels explica el concepto de la ’fuerza’ llamada Estado, fuerza que surge de la sociedad, pero que se sitúa por encima de ella y que se divorcia cada vez más de ella. ¿En qué consiste, fundamentalmente, esa fuerza? Consiste en destacamentos de hombres armados que disponen de cárceles y otros elementos" (pág.129). El Estado capitalista es, en esencia, una banda de hombres armados al servicio del capital.
Eso no implica que Lenin no distinga las formas políticas de ese Estado. Formas que tiene una importancia fundamental a la hora de sustentar el dominio de clase. Así, también escribirá que "la república democrática es la mejor envoltura política posible para el capitalismo (...) esta envoltura óptima, instaura su poder con tanta seguridad, con tanta firmeza, que ningún cambio de personas, de instituciones o partidos en la república democrática burguesa puede conmoverlo" (pág.133).
La revolución rusa de 1917 pondría en escena nuevamente a los sóviets, la forma organizativa del movimiento de las propias masas de trabajadores, soldados y campesinos. El sóviet (consejo en idioma ruso) sería la base del nuevo Estado que surgiría de la revolución de Octubre, mostrando una nueva forma de poder político, organizando desde abajo por las propias masas en lucha.
En 1918, el mismo Lenin escribiría que "Los sóviets son la organización directa de los propios trabajadores y explotados que los ayuda, en todas las formas posibles, a organizar y gobernar su propio Estado" (Obras..., pág. 341).

Trotsky y la burocratización del Estado soviético

La Revolución Rusa no pudo extenderse de manera victoriosa al resto de Europa y el mundo. En ese límite hay que buscar una de las razones de la creciente burocratización del Estado nacido de la primera revolución de masas victoriosa.
Si los primeros años del régimen soviético están asociados a la libertad creciente de la clase trabajadora, la llegada del stalinismo implicará una asociación completamente contraria, identificado conceptos como el del comunismo con formas totalitarias y dictatoriales.
Ese cambio enorme desde el punto de vista político y social implicó una nueva reformulación de la teoría marxista del Estado. La misma sería llevada a cabo esencialmente por León Trotsky, el otro gran dirigente de la Revolución Rusa junto a Lenin.
La revolución traicionada será la obra de Trotsky que condensará el conjunto nodal de definiciones que hacen a la explicación del proceso de burocratización de la Unión Soviética.
Allí, explicando los límites del desarrollo del régimen soviético, el dirigente ruso dirá -entre muchas otras cosas- que "si la tentativa primitiva -crear un Estado libre de burocracia- tropezó, en primer lugar, con la inexperiencia de las masas en materia de autoadministración (...) no tardarían en dejarse sentir otras dificultades más profundas. La reducción del Estado a funciones de "contabilidad y control", mientras que las funciones coercitivas debían debilitarse sin cesar (...) suponía cierto bienestar. Esta condición necesaria faltaba. La ayuda de Occidente no llegaba" (Obras escogidas. Ediciones CEIP. Pág. 76).
La burocracia stalinista fue un producto histórico del fracaso de la revolución social en extenderse, no el resultado "necesario" de la concepción de Marx o Lenin, como se intentó presentarlo por parte de la intelectualidad liberal aliada a la clase capitalista. La dirección -por parte de esa misma burocracia- de la Internacional Comunista implicó enormes derrotas estratégicas para la clase obrera en todo el mundo, profundizando aún más las tendencias antes señaladas.
Aquí, el aporte teórico de Trotsky para comprender en profundidad esa dinámica del Estado soviético, se vuelve imprescindible. Por lo tanto, se trata también de una perspectiva teórica esencial para comprender el siglo XX en su conjunto.

El Estado, cuestión nodal de la estrategia revolucionaria

Aún hoy, la cuestión del Estado sigue siendo una de las cuestiones nodales de toda perspectiva que se proponga un horizonte emancipatorio. Durante el conjunto del siglo XX y el transcurso del siglo XXI, los debates sobre el Estado han ocupado un lugar central en la izquierda. La cuestión de su carácter, su composición y la posibilidad de transformarlo han surcado a las más diversas corrientes políticas de ese espectro.
El fracaso del último ascenso revolucionario de masas que tuvo lugar a escala internacional -entre fines de los años 60 e inicios de los 80- dio paso al desarrollo del neoliberalismo como tendencia mundial, con sus secuelas ideológicas en cuanto a la visión sobre el Estado y las formas del régimen democrático.
En los tiempos turbulentos que corren a nivel internacional, con crecientes tensiones geopolíticas y un desgaste constante de los partidos que ocuparon el centro de la escena durante las últimas décadas, resulta fundamental volver al estudio profundo de la concepción marxista del Estado.
Una concepción que fue forjada por Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo o Gramsci, entre muchos otros, al calor del desarrollo del capitalismo y de la lucha de clases que éste, inevitablemente, trae aparejada.
Una perspectiva así es imprescindible para quienes se proponen enfrentar al sistema capitalista y sus secuelas de opresión y explotación sobre millones.

Eduardo Castilla
@castillaeduardo