miércoles, octubre 18, 2017

La caída de Raqa: la guerra civil en Siria después del Estado Islámico



Las Fuerzas Democráticas Sirias declararon definitivamente la caída de Raqa. Qué significado militar y político tiene en la guerra civil siria y la situación en la región.

Este martes 17 de octubre las Fuerzas Democráticas Sirias declararon definitivamente la caída de Raqa, la capital del califato proclamado por el Estado Islámico (EI) en 2014. Aunque la conquista de Raqa tiene un valor propagandístico, sobre todo para el combate de Estados Unidos contra el EI, su significado militar es limitado y en sí mismo no alcanza para poner fin a la sangrienta guerra civil siria, que ya está cursando su séptimo año.
La ciudad, hoy reducida a escombros tras una batalla despiadada que duró cuatro meses y se cobró la vida varios miles de civiles alcanzados por los bombardeos norteamericanos, fue el símbolo del horror del EI, donde se han llevado a cabo decapitaciones y ejecuciones de alto impacto público.
El Estado Islámico tomó el control de Raqa en marzo de 2013, desplazando y cooptando a diversas fracciones “rebeldes” del Ejército Libre Sirio y el frente Al Nusra (ligado a la red Al Qaeda) que habían derrotado a las fuerzas del régimen de Assad, en las etapas iniciales de la guerra civil.
Con la proclamación del Califato el EI alcanzó el pico de su ofensiva militar, atrajo a decenas de miles de combatientes a sus filas, provenientes de 84 países. Se calcula que unos 3.000 eran originarios de países europeos.
Sin embargo, desde comienzos de 2015 el EI entró en una decadencia sin retorno bajo la doble ofensiva de la alianza entre Moscú, Irán y el régimen sirio de Bashar al Assad, y de los aliados de Estados Unidos, en particular las milicias kurdas radicales nucleadas en las Unidades de Protección Popular, que luego de haber derrotado al EI en Kobane profundizaron su colaboración táctica con el bando norteamericano.
La derrota en Raqa fue precedida por la expulsión del EI de la ciudad de Mosul, tras una batalla sangrienta con el ejército iraquí. Hoy el califato virtualmente ha dejado de existir. Se calcula que las milicias del Estado Islámico han quedado en control de algunos pequeños territorios a lo largo de la frontera entre Siria e Irak y de bolsones ubicados al sur, en la provincia de Deir al-Zour, bajo el control del régimen sirio con apoyo de Rusia e Irán.
El debilitamiento del EI, lejos de poner fin al conflicto, puede abrir una nueva etapa en la multifacética guerra civil en Siria, caracterizada por alianzas cambiantes y contradictorias y por la injerencia de potencias y actores regionales que dirimen sus rivalidades a través de milicias locales.
La foto indicaría que por ahora el régimen dictatorial de Assad ha logrado sobrevivir con la ayuda de Rusia, Irán y las milicias de Hezbollah. Aunque no con el suficiente volumen de fuerzas como para dictar los términos de una eventual negociación de posguerra.
Aunque con su toque provocador personal, Trump ha mantenido en la esencial la política de Obama: priorizar la derrota del EI, aceptar de hecho la división de tareas con Rusia-Irán, intervenir con bombardeos aéreos y mantener en el terreno la alianza táctica con las milicias kurdas.
La película es más complicada. Irak la ha declarado la guerra a la independencia del Kurdistán iraquí, impulsada por el Partido Democrático del Kurdistán y refrendada en un referéndum realizado el 25 de septiembre. A la posibilidad de proclamar un Estado kurdo soberano se oponen varios actores, que por lo demás, están enfrentados en otros campos, entre ellos: la Unión Patriótica del Kurdistán, el otro partido kurdo de Irak, Irak, Irán, Turquía y Estados Unidos. En el mismo momento que las milicias de las YPG celebraban el triunfo en Raqa, el gobierno iraquí avanzaba con su ejército sobre la ciudad de Kirkuk, el centro del kurdistán iraquí y una de las zonas petroleras más ricas del país.
En Siria, pero sobre todo en Irak, la población sunita, marginada de la distribución de poder, alimentó milicias radicales como el Estado Islámico, aunque más no sea como medio para combatir a sus enemigos. De hecho varios análisis de la composición del EI indican que tenía una mayoría de oficiales del viejo ejército de Saddam Hussein en sus filas. Nuevamente entre las fuerzas que hoy controlan Mosul y Raqa –el ejército iraquí chiita y los kurdos- no hay sectores sunitas significativos.
Mientras tanto la reaccionaria guerra civil siria dejó una situación catastrófica: al menos 400.000 muertos, 12 millones de desplazados y una destrucción sin precedentes que paradójicamente, para los vencedores, significará un negocio de 226.000 millones de dólares. Y una herencia de terror que ha llegado al corazón de Europa occidental bajo la forma de atentados terroristas, que a su vez retroalimentan la xenofobia y las políticas antiinmigrantes de las derechas y extremas derechas europeas.
En última instancia, las condiciones que llevaron a la emergencia del Estado Islámico persisten y se han agravado. La ocupación norteamericana de Irak y su política de “cambio de régimen” exacerbó la guerra intra islámica entre chiitas y sunitas, utilizando a su favor este enfrentamiento. Trump ha revitalizado sus viejas alianzas con la monarquía saudita e Israel. El intento de Trump de degradar y eventualmente abandonar el acuerdo nuclear con Irán responde a estas opciones estratégicas, que incluye un creciente militarismo como forma de revertir la decadencia hegemónica norteamericana.

Claudia Cinatti

Después del 15O ¿qué puede suceder?

Los resultados de las elecciones regionales en Venezuela, celebradas este 15O arrojan un conjunto de enseñanzas, tanto para el Gobierno como a la oposición. Para el Gobierno, muestra la posibilidad de seguir navegando en el efecto portaviones de la convocatoria de la ANC y el impacto psicológico y anímico, tanto sobre sus seguidores como sus opositores. El resultado en unas condiciones que siguen siendo de apremio económico y alimenticio, de asfixia financiera internacional, muestra las fortalezas organizativas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) como maquinaria electoral. Es decir, estamos hablando de una estructura cuya organización tiene gran capacidad de movilizarse cuando las condiciones anímicas lo favorecen.
Los resultados de las elecciones del 30-J, cuando el PSUV obtuvo un total de 8.089.320 votos, que representó una recuperación en relación a su votación del 6-D de 2015, cuando sólo obtuvo 5.599.025 votos, significa que la maquinaria no está totalmente derruida, a pesar del efecto desencanto que se deriva de las condiciones de agobio económico y los propios errores de una burocracia ineficiente, permeada por prácticas esencialmente criticables desde el punto de vista ético. Que el PSUV haya ganado 17 de un total de 23 Estados, luego de pasar el acoso de la acción colectiva violenta entre abril y julio de 2017, es un verdadero milagro político, que revela que el soporte afectivo construido por el liderazgo de Chávez sobrevive, a pesar de los propios errores del PSUV y la inclemente campaña de desprestigio y desaliento desarrollada en el lapso 2013-2017, y cuyo efectos más claros fueron los resultados de las elecciones legislativas del 2015.
La jugada estratégica adelantada por el Presidente Nicolás Maduro, el 1 de mayo, al anunciar la convocatoria de la Asamblea Nacional Constituyente (ANC), demostró la posibilidad real que tiene el PSUV de “despertar” las afiliaciones e identificaciones carismáticas construidas en torno a Chávez. El cambio en la discursividad política implementado por Maduro, muestra que hay una organización política, que a pesar de sus carencias, es capaz de responder en momentos de apremio y reponerse sobre sus propias cenizas. El panorama político hoy en Venezuela no se parece en nada al escenario postelectoral del 2015, a pesar que en este proceso político el PSUV obtuvo menos votos que en ese entonces. Las elecciones que acabamos de presenciar, le arrojan al PSUV una votación (sin contar a Bolivar, cuyos resultados no se dan) de unos 5.294.065 votos, que representa unos 2.795.255 votos menos de los alcanzados hace 2 meses y medio. Debe decirse, que tradicionalmente las votaciones regionales en Venezuela, son menos concurridas que otros procesos electorales, y que si bien son procesos distintos, sirven de base de comparación.
Si lo vemos en el caso de la oposición a Maduro, nos encontramos que la pérdida electoral es también significativa. En 2015, la oposición obtuvo 7.707.422 votos, en el proceso comicial – sin supervisión- del 16-J 2017 obtuvo 7.186.170 votos, y ahora, en este acto electoral sólo alcanzó 4.644.344 votos, lo que representa una pérdida de 2.541.826 votos en un poco más de 2 meses y medio. Es decir, la oposición a Maduro perdió entre 2015 y 2017 un total de 3.063.078 votos. El PSUV y Maduro, en ese mismo lapso unos 304.960 votos. En números absolutos, insistimos en ello, dentro del contexto económico, la pérdida muestra un efecto no tan grande, reducido por los garrafales errores y el desvarió de las acciones políticas de la MUD.
Para la MUD, estas elecciones muestran los terribles efectos de una política incongruente, de marchas y contra marchas, aunado a una dispersión heterogénea de su liderazgo, entre cuatro (4) organizaciones políticas disímiles (Primero Justicia, Un Nuevo Tiempo, Voluntad Popular y Acción Democrática), que les hizo desaprovechar la oportunidad política generada por su triunfo de 2015. La capacidad – o mejor su incapacidad- para administrar el resultado electoral favorable es evidente. Pero no todo es malo para la MUD. Al haber pasado de sólo tres (3) Gobernaciones en 2013 a tener cinco (5) es un incremento nada desdeñable.
El PSUV, recupera Gobernaciones que habían sido opositoras como el estado Lara, Miranda y Amazonas, pero pierde tres (3) gobernaciones claves en términos geopolíticos: Zulia, Táchira y Mérida. La denominada “media luna”. Esos estados fronterizos con Colombia, son espacios que eran “ocupados” por autoridades cercanas al PSUV. ¿Cómo entender esa pérdida? La respuesta es múltiple y todas se vinculan con los errores cometidos por el centralismo político de la Dirección Nacional al escoger los candidatos de esos estados para estos comicios. En el caso de Zulia y Táchira, cuyos Gobernadores – dos exmilitares claves en el 4F- Francisco Arias Cárdenas y José Vielma Mora, pretendían repetir el resultado muestra el rechazo de las bases del PSUV con una gestión muy criticada por su accionar durante los meses de violencia colectiva, entre abril y julio de este año. Por otro lado, hay un voto castigo por el hecho innegable de los efectos del contrabando de extracción y la evidente incapacidad – ¿o complicidad?- de estos gobernantes de combatirla. La falta de apertura de la Dirección Nacional del PSUV al hacerse de oídos sordos ante las críticas y exigencias de las bases contra estos ex militares, tuvo su efecto, que puede generar mayores consecuencias a futuro.

POSIBLES ESCENARIOS ANTE EL RESULTADO DE LA OPOSICIÓN

En términos absolutos, los números indican que efectivamente el PSUV y el Gobierno de Maduro obtuvieron una mayoría significativa de Gobernaciones (75% del total). Que recupero estados controlados por la oposición (Lara, Miranda, Amazonas). Que domina gran parte del corredor electoral (estados con mayor votación) tal es el caso Miranda (2do), Lara (3ero), Carabobo (4to), Aragua (5to), Portuguesa (8vo), Monagas (9no) y Falcón (10mo). Ello le brinda estabilidad al Gobierno, pues en el eje central controla el epicentro (Aragua, Carabobo, Dtto Capital y Miranda). Esto en términos de la centralidad del poder político es importante, pero la pérdida que sufrió, en una lógica geopolítica, es muy peligrosa.
La frontera occidental, está formada por 2.218 km2 limítrofes con Colombia, que se ha transformado en uno de los socios militares más significativos de los EEUU en el mundo y el más importante en Nuestra América. Colombia es un país clave en la estrategia de desenvolvimiento del Comando Sur, principalmente por la existencia de bases militares que cuentan con personal y equipo de tropas y de transporte norteamericano. Un aspecto poco conocido, es el hecho que Colombia a través de sus Fuerzas especiales – entrenadas por EEUU- ha venido realizando ejercicios de entrenamiento de otras fuerzas especiales en todo el Continente. Con excepción de Cuba y Venezuela, todo el resto de los países han recibido intercambios de entrenamiento por las fuerzas colombianas. Estos entrenamientos, auspiciados por los EEUU, buscan crear vínculos de acercamiento entre los componentes armados, entrenarnos en estrategias de acción conjunta, pero sobre todo permiten un trabajo de inteligencia que facilitaría la “captación” de elementos militares para ponerlos a orbitar en torno a los intereses geoestratégicos de Colombia y por derivación, de los EEUU.
Conocido es el hecho que el Gobierno colombiano es una pieza vital en una estrategia de agresión militar contra Venezuela. El hecho que los gobernadores de la oposición que resultaron ganadores en los estados fronterizos, hayan estado relacionados con acciones muy violentas entre los meses de abril y julio, permite establecer un escenario prospectivo de alta conflictividad y avizora relacionamiento no oficial, entre estos gobernadores y fuerzas especiales encubiertas que se movilicen desde Colombia, con el objeto de desestabilizar.
La posibilidad de un plan secesionista, que tenga como epicentro estos estados fronterizos, que tienen enormes recursos estratégicos (agua, coltrán, petróleo, gas, bioma, entre otros) es más que cierta en estos momentos. Los estados Zulia, Táchira y Mérida, pueden transformarse en una punta de avanzada en un plan de separatismo que proponga el establecimiento de un “gobierno paralelo” en estos espacios, contando con la excusa de responder a una situación de crisis humanitaria en Venezuela. En este sentido, la “alegría” del Gobierno de Maduro, por el triunfo en las elecciones regionales debe ser revisitado muy seriamente.
El Gobernador electo por el partido Primero Justicia en el Zulia, Juan Pablo Guanipa, representa una perspectiva que insistiendo en la “particularidad” histórica y cultural de esa zona, ha apostado por un separatismo en ocasiones anteriores, durante el Gobierno de Oswaldo Álvarez Paz (1989-1993). Lo mismo ocurre con la Gobernadora electa en el Táchira, Laidy Gómez, del partido Acción Democrática (AD), quién ha manifestado la “necesidad de abrir la frontera con Colombia”, que significaría el incrementó del tránsito y presencia de grupos paramilitares en esa zona.
Ese triángulo geográfico (Zulia, Táchira y Mérida) serían vitales en cualquier operación militar que tenga como epicentro Colombia, que según el Director de la CIA, Mike Pompeo, está presta a colaborar en la “recuperación” de la democracia en Venezuela. La perspectiva de un plan articulado desde Colombia, contando con apoyo de fuerzas especiales del Comando Sur, que deriven en un “pronunciamiento” independentista contra el Gobierno de Nicolás Maduro es una realidad amenazante, más aún con los EEUU arreciando sus acciones para desestabilizar o forzar una transición política.
Lo que señalamos y con ello, advertimos a los órganos de inteligencia y contra-inteligencia de Venezuela, es que este resultado incrementa las amenazas a la seguridad y defensa de la integridad territorial del país, más aún si se considera, que Colombia ha expresado intereses estratégicos en el espacio del Golfo de Venezuela, donde hay petróleo extraíble superior a los 543.000 millones de barriles y reservas de gas superior a los 192 millones de pies cúbicos.
En tal sentido, hacemos una prospectiva donde estos gobernadores, recibirán soporte de inteligencia proveniente del Comando Sur con sede en Colombia, pueden llegar a propiciar una mayor penetración de fuerzas paramilitares en la zona, provenientes del vecino país, que pueden resultar claves en cualquier acción militar que se planifique contra la integridad territorial. En consecuencia, es necesario la activación de los mecanismos de prevención colectivos establecidos en la Ley Orgánica de Seguridad de la Nación.
No hay espacio para dejar que actores políticos internos o externos, actúen contra la república Bolivariana de Venezuela, en su esfuerzo por desmantelar toda la estructura del Proyecto Bolivariano levantado con tanto esfuerzo desde el triunfo de Chávez, en diciembre de 1998. La amenaza es real, y sin duda, tiene como epicentro Colombia y la cercanía del espacio fronterizo del occidente de Venezuela, ahora bajo control político opositor.

Dr. Juan Eduardo Romero, Director del Centro de Investigaciones y Estudios Políticos Estratégicos (CIEPES)
Asesor de la Secretaria del Consejo de Defensa de la Nación (SECODENA)

La mirada estratégica del presente desde el Che

La semana pasada se cumplieron 50 años del asesinato de Ernesto Che Guevara y estuve en La Habana participando de la III° Conferencia de Estudios Estratégicos “Transición hacia un nuevo orden internacional: desafíos, amenazas y oportunidades”, organizada por el Centro de Investigaciones de Política Internacional, CIPI.
Me tocó exponer en el panel especial: “La dinámica entre la Revolución y la Contrarrevolución en Nuestra América: algunas miradas en ocasión del 50 Aniversario de la inmortalización del CHE”, compartiendo la mesa con Hugo Moldiz de Bolivia, Darío Salinas de México y Luis Suárez Salazar de Cuba.
Junto a importantes debates pude visitar la sede de la Central de Trabajadores de Cuba, CTC y compartir diagnósticos y propuestas con los compañeros de relaciones internacionales de la central cubana, principalmente en la perspectiva estratégica del movimiento clasista, muy especialmente en lo relativo al Encuentro Sindical Nuestra América, ESNA, y los desafíos en la confrontación con la Organización Mundial de Comercio, OMC, que organiza la 11° Ministerial en diciembre próximo en Buenos Aires y se espera una importante semana de acción global entre el 10 y 13 de diciembre del 2017, pero también las acciones a desplegar en el marco de la coordinación argentina del G20 para el 2018.
Además, y al cierre de la semana, pude compartir con las autoridades de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba, la ANEC, el 2° Encuentro Internacional “Gestión y Dirección Empresarial”.
Sean los debates intelectuales organizados por el CIPI; el intercambio sobre el presente y el futuro del movimiento obrero en la CTC; o los desafíos de la organización económica en Cuba favorecido por la ANEC; todos ellos configuran un mapa intelectual, político, social y organizativo para discutir la transición del capitalismo al socialismo.
Eso creo es lo estratégico en mi opinión y es claro que muchísimos no coinciden con este planteo y sustentan que solo se puede hacer lo que es posible, que solo admite reparaciones sociales parciales en el marco de una brutal ofensiva capitalista.
Es muy curioso cómo se recupera al CHE al tiempo que se dice que solo hay lugar para algunas reformas en un presente de ofensiva del capital y defensiva del movimiento popular.
¿Qué pensaba el CHE en vísperas de la revolución Cubana?
¿Acaso estaban dadas las condiciones ideales para tomar el cielo por asalto?
¿En su experiencia militante y combatiente en África o Sudamérica, qué condiciones existían y cuáles aspiraba a crear?
En definitiva, ¿cuál es el momento para proponerse la confrontación con el capitalismo y continuar la experiencia del tránsito al socialismo brevemente ensayada en la Comuna de París hacia 1871, o a 100 años de la Revolución en Rusia?
Todo eso aún revuela en mi mente ante los intercambios en Cuba, con el CHE como trasfondo de la discusión.
El CIPI organizó la actividad académica en conjunto con CLACSO, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales, también a sus 50 años de existencia y por eso su Secretario Ejecutivo, Pablo Gentili, inició las reflexiones con un repaso de los problemas de nuestro tiempo con mirada regional, desgranando los efectos de la desigualdad y las restricciones a la democracia, con fresco repaso sobre los desafíos para el pensamiento y la práctica social e intelectual.

Presente y futuro cercano del mundo

Variadas opiniones sobre el presente y futuro cercano del sistema mundial se presentaron, destacando intervenciones relativas a EEUU, a China, a los cambios en la tecnología y el mundo del trabajo, el modelo productivo y de consumo, la especulación y militarización de la sociedad; las iniciativas políticas de las derechas y las clases dominantes en el mundo, tanto como el balance de la experiencia socialista por un siglo, especialmente Cuba y las iniciativas populares de carácter alternativo. Todo matizado a la luz del legado del CHE.
Elocuente resultó la presentación de José Luis Rodríguez, investigador del Centro de Investigación de la Economía Mundial, CIEM, de Cuba. Aportó datos sobre el horizonte hacia el 2030 en crecimiento de la población mundial a 8,500 millones de personas y necesidades incrementadas de un 30% más de agua, un 40% más de energía, un 50% más de alimentos. Una perspectiva en el marco presente del cambio climático y la disputa por los bienes comunes de la Naturaleza, que conlleva la militarización mundial con crecientes gastos militares y la muleta de la especulación desenfrenada de títulos, acciones y derivados. La conclusión alude a una desaceleración del ritmo del crecimiento mundial que del 1994 al 2006 era de 4% para la economía mundial y se reduce al 3,5% para el 2007-2015 y se pronostica del 2 al 3% para el 2016-2030.
Son condiciones para la aceleración de la disputa por el excedente entre pocos capitales altamente concentrados y la mayoría de la población mundial, algo que confirman todos los estudios de desigualdad.
Por su parte y ante ese panorama, el titular de la Sociedad Latinoamericana de Economía Política y Pensamiento Crítico, SEPLA, el haitiano Camille Chalmers recuperó la historia de las revoluciones en el continente, desde 1804 en Haití, pasando por Cuba en 1959 y reivindicando el proyecto boliviariano del 2004.
Con esos antecedentes reflexionó, en la Mesa organizada por la Red en Defensa de la Humanidad, sobre la combinación de una propuesta actualizada contra la esclavitud, el colonialismo, el capitalismo y el imperialismo, el patriarcalismo y toda forma de racismo y discriminación. Puso en evidencia la importancia estratégica de la región latinoamericana y caribeña en materia de recursos naturales y una legislación y política fiscal favorable a los paraísos fiscales y la especulación, destacando la historia y trayectoria del movimiento popular, muy especialmente en la perspectiva de articular las luchas en un proyecto unificador para la libertad y la emancipación social.
Lina Pedraza, Ministra de Finanzas y Precios de Cuba fue elocuente en el cierre de la actividad de la ANEC con relación a la respuesta cubana ante el desastre de los recientes huracanes, que contrasta con lo acontecido en otros países del Caribe ante la desidia de las clases dominantes y especialmente EEUU.
Fue la solidaridad y accionar conjunto del Estado, los empresarios locales y la población y sus organizaciones, quienes afrontaron cuidadamente, como es costumbre, la reparación de los daños materiales y la reconstrucción de la cotidianeidad aún en difíciles condiciones que supone el mantenimiento del bloqueo criminal y las restricciones de la inserción mundial de un proyecto de revolución que intenta abrirse paso con dignidad en el sistema mundial.
Una clara diferencia con la evidencia de un mundo que afirma valores afines al individualismo contra la solidaridad social.

Recuperar el proyecto por la transición

El CHE volvía en cada uno de estos debates y se habilitaba una discusión entre lo posible y lo necesario.
Alguien me consultó a propósito del CHE Sobre “el comportamiento de este mundo” en la coyuntura. Confieso que no resulta sencillo responder, aunque mi convicción está asentada en la respuesta del accionar colectivo y la construcción de un proyecto por la revolución.
En ese sentido recuperé en variadas discusiones la concepción del MITO en Mariátegui, que era la “revolución socialista” como objetivo para los pueblos de América hace casi un siglo. Es lo que asumió como propio Ernesto Guevara, cuando todavía no era el CHE y remitía a los problemas de Nuestra Mayúscula América, lo que dispararía su compromiso con la lucha por la liberación a la que entregó la vida.
Si con Marx descubrimos hace 150 años el motivo y la causa de la ganancia, la acumulación y la dominación capitalista; y con Lenin la disposición hace un siglo para liderar la causa humana por la revolución y la transición del capitalismo al socialismo; con Mariátegui el mito del socialismo y con el CHE, Fidel y la generación de la revolución cubana del 59 la materialidad de esos propósitos en la región Nuestramericana, la potencia de la lucha por el socialismo no es una quimera, sino una asignatura pendiente para las nuevas generaciones.
En definitiva, se trata de superar la crisis de alternativa política en nuestro tiempo, lo que abrió espacio a gobiernos de derecha y diversifica el mapa de las luchas reivindicativas, por lo que se requiere la unidad de acción junto a la unificación por un proyecto contra hegemónico hacia una nueva sociedad, contra la nueva normalidad de mayor flexibilización laboral, depredación natural y consumismo exacerbado.

Julio C. Gambina

El mito del descubrimiento de América



Standing Rock: la mayor movilización indígena en cien años, en defensa de territorio sagrado de la Gran Nación Sioux (confederación de los pueblos Lakota y Dakota). Se extendió varios meses (2016-2017).

Conocer la historia para poder transformar la sociedad

Un trabajador quita tinta roja de la mano de la estatua de Colón en Central Park, Nueva York, septiembre de 2017. El cuestionamiento de estatuas del navegante forma parte de un debate más amplio sobre monumentos a figuras históricas polémicas. Foto de Dave Sanders (New York Times)
"Suelen calificarse de 'racistas' o 'discriminatorias' las políticas y acciones del Gobierno de EE.UU. hacia los indígenas, pero raramente son analizadas como lo que son: casos clásicos de imperialismo y una forma particular de colonialismo... Los cimientos del Estado están formados por la ideología de la supremacía blanca, la práctica de esclavización de africanos junto la política de genocidio y robo de tierras... ¿De qué manera conocer la verdadera historia de EE.UU. puede servir para transformar la sociedad?"
-Roxanne Dunbar-Ortiz, historiadora, docente y activista.
La celebración del segundo lunes de octubre como “Día de Colón” comenzó en 1937 por decreto del presidente Franklin D. Roosevelt, quien elogió al “valiente navegante” y la “contribución que su descubrimiento significó para el mundo”. Pero la glorificación de la figura de Colón se remonta al siglo XVIII, cuando se usó por primera vez como figura poética el término "Columbia" (anglicismo del italiano Colombo) para designar a EE.UU. como la "tierra de Colón".
A nivel nacional se continúa celebrando el “Día de Colón”, aunque más de 50 ciudades y algunos estados han repudiado la conmemoración del genocidio y, en su lugar, celebran el legado cultural de los pueblos indígenas. La primera ciudad que reconoció oficialmente el “Día de los pueblos originarios” fue Berkeley, California, en 1991. Siguieron su ejemplo Fénix, Salt Lake City, Austin, Denver, Seattle, Los Ángeles y otras.
En ciudades como Nueva York o Chicago donde a pesar de la controversia se continúa celebrando oficialmente a Colón, desde hace años activistas de los pueblos originarios, de centros estudiantiles y otras organizaciones populares protestan contra el genocidio de los pueblos originarios iniciado con los viajes de Colón. Este año las protestas han adquirido una dimensión política global porque se han enmarcado en un movimiento nacional contra monumentos de figuras emblemáticas de la supremacía blanca y la esclavización, opresión y genocidio de los pueblos afroamericanos, indígenas y latinoamericanos. (El punto más álgido de esta polémica ocurrió en Charlottesville, Virginia, donde las autoridades municipales decidieron quitar la estatua del General Lee, máximo referente de los estados confederados del Sur esclavista; en respuesta, activistas de extrema derecha atacaron a manifestantes a favor de los derechos humanos, matando a una joven mujer.)
Tanto en Nueva York, como Chicago, al igual que en New Haven y Middletown (Connecticut) y otras ciudades las autoridades tuvieron que poner vigilancia las 24 horas del día para "proteger" las estatuas de Colón. El bronce centenario del almirante en Central Park (NY) había amanecido ya en septiembre con las manos manchadas de rojo sangre. En octubre, la imponente figura del navegante en Arrigo Park (Chicago) despertó bañada en tinta roja y en la base del monumento se podían leer los grafitis: "Genocida" y "No al colonialismo". En Middletwon reclamaron: "Muerte al colonizador".
Más allá de lo anecdótico y coyuntural, el hecho de que a más de cinco siglos de la llegada de los europeos a América y del saldo de saqueo y aniquilamiento de los pueblos indígenas se siga celebrando al "gran navegante" es ofensivo no solo para los pueblos indígenas sobrevivientes del genocidio sino para toda la sociedad, en particular los jóvenes que tienen el derecho a conocer la verdadera historia, en lugar del mito del descubrimiento.
En Lies My Teacher Told Me (Mentiras que mi maestro me contó), James Loewen examina las distorsiones y mentiras incrustadas en la enseñanza estadounidense de un suceso histórico tan importante como este. Señala que los textos escolares lo han reducido al cuento de un gran navegante que al mando de tres endebles carabelas navega por el océano Atlántico dos meses y logra llegar al Nuevo Mundo por su convicción y tenacidad, imponiéndose contra motines de aterrorizados marineros que creían que la Tierra era plana... Entre las principales omisiones del relato oficial, el autor menciona las exploraciones de navegantes africanos, fenicios, vikingos e irlandeses que llegaron a América del Norte mucho antes que las carabelas de Colón. Subraya la carencia de una valoración de los cambios ocurridos en Europa que hicieron posible la "Era de la Exploración", cambios que no solo propiciaron los viajes de Colón y los viajes de navegantes portugueses, sino que también crearon las condiciones para que Europa dominara el mundo durante varios siglos. Loewen sostiene que después de la invención de la agricultura, este sería el hecho de mayor repercusión en la historia de la humanidad, y sin embargo los textos escolares y la educación impartida en las escuelas está dominada por mitos tendientes a glorificar la supremacía europea y a despreciar las culturas originarias.
Loewen insta a que la enseñanza de la historia sea despojada de mitos, que se valore las condiciones socio-económicas y políticas, que se tengan en cuenta las fuentes primarias, como el testimonio de Fray Bartolomé de las Casas. Recordemos que su Breve crónica de la destrucción de las Indias, el obispo en su condición de testigo de los horrores denuncia: " Nuestros españoles por sus crueldades y nefandas obras han despoblado y asolado [estas tierras] que están hoy desiertas, estando llenas de hombres racionales, más de diez reinos mayores que toda España... Daremos por cuenta muy cierta y verdadera que son muertas en los dichos cuarenta años por las dichas tiranías e infernales obras de los cristianos, injusta y tiránicamente, más de doce millones de ánimas, hombres y mujeres y niños; y en verdad que creo, sin pensar engañarme, que son más de quince millones...". Continúa testimoniando que la muerte de los millones de indígenas son causadas por "guerras sangrientas y por la más dura, horrible y áspera servidumbre en que jamás hombres ni bestias pudieron ser puestas... La causa por que han muerto y destruido tantas y tales e tan infinito número de ánimas los cristianos ha sido solamente por tener para su fin último el oro y henchirse de riquezas..."

Doctrina del “descubrimiento”

Roxanne Dunbar-Ortiz señala: "Desde mediados del siglo XV hasta mediados del siglo XX la mayor parte del mundo no-europeo fue colonizado bajo la Doctrina del Descubrimiento, uno de los primeros principios de derecho internacional promulgado por las monarquías cristianas europeas para legitimar la exploración, cartografía y apropiación de tierras fuera de Europa. Se originó con una bula papal de 1455 que le permitió a la monarquía portuguesa apoderarse de África Occidental. Después del primer viaje de Colón de 1492, patrocinado por la monarquía española, una nueva bula papal le otorgó a España un permiso similar. […] Posteriormente otras naciones europeas reclamarían el mismo derecho para sus proyectos colonialistas… Según la Doctrina del Descubrimiento, las naciones europeas adquieren derechos de propiedad de las tierras descubiertas mientras que los pueblos nativos pierden su derecho natural con la llegada de los europeos. [En América del Norte] Bajo esta cobertura legal del saqueo, las guerras europeo-americanas de conquista y los asentamientos colonialistas devastaron a las naciones y comunidades indígenas que perdieron su territorio, que pasó a ser propiedad privada… Podrá parecernos arcaica, pero esta doctrina sigue siendo la base de las leyes federales todavía vigentes en EE.UU. que controlan la vida y el destino de los pueblos indígenas, e incluso su historia, distorsionándola."

"Esta tierra es nuestra tierra"

En Estados Unidos, más de quinientas naciones indígenas -conformadas por alrededor de tres millones de personas de los quince millones que vivieron en estas tierras antes de la llegada de los europeos- siguen en pie, sobreviviendo el genocidio y el despojo de sus territorios. Siguen luchando por la defensa de su tierra y su cultura. Siguen empecinados en ejercer su derecho a escribir su propia historia -desmontando los mitos del opresor- y su derecho a forjar un presente y un futuro más justo y en armonía con la tierra. "Esta tierra es nuestra tierra, esta tierra no es vuestra tierra, de California a las islas de Nueva York...", grita al viento el rapero Litefoot de la nación Cheroqui.

Silvia Arana

Bibliografía:

An Indigenous People's History of the United States, Roxanne Dunbar-Ortiz, Beacon Press, Boston (2014). (Fragmento traducido por Silvia Arana.)

Lies My Teacher Told Me: Everything Your American History Textbook Got Wrong, James Loewen, The New Press (1995).

martes, octubre 17, 2017

The Macri moment y la realidad



El Gobierno cree estar en su mejor momento y tuvo festejo anticipado con todos los empresarios. A una semana de las generales, discurso y realidad.

El Coloquio de Idea, la paqueta feria anual del empresariado tuvo lugar en un clima de exultante entusiasmo como hace tiempo no se veía. Por el escenario montado en Mar del Plata desfilaron referentes del periodismo adicto al Gobierno, políticos tradicionales que hacían esfuerzos sobrehumanos para exponerse como los mejores empleados del mes ante los dueños del país y el grueso de la genuflexa dirigencia sindical que fue a transparentar su patética sumisión a la celebración patronal.
La probable consolidación del resultado electoral de las primarias en las generales del próximo domingo, quizá con un avance de la coalición oficial, fue el motivo central del frenesí empresario.
En ese contexto, se produjeron los diálogos que combinaron la clásica charla motivacional del PRO, exigencias de ajuste, demandas de mano dura y pedidos desbocados de “vamos por todo”. En pos de ese objetivo, los dueños que volvieron a participar del encuentro (años anteriores enviaban a los mandos medios) protagonizaron lo que algunos calificaron como una sobreactuación de apoyo a Mauricio Macri.
El exitismo también se nutrió de los presuntos “brotes verdes” de una economía que dejó de caer a golpes de un feroz endeudamiento que habilita un clásico de los años electorales: el aumento del gasto público para obras y créditos que permitan hacer como si la economía se estuviera recuperando. Igualmente, no pudieron ocultar el “sorpresivo” crecimiento de la inflación que retomó su dinámica alcista cuando su contención era presentada como uno de los principales triunfos del Gobierno en materia económica.
La aguda crisis histórica y coyuntural del peronismo refuerza la apariencia de la fortaleza imparable de la administración cambiemita.
Embriagados en el clima triunfalista, representantes políticos y empresarios comenzaron a dar muestras de una patología que -en coyunturas como la actual- afecta a todas las clases dominantes y a sus referentes políticos: subirse al caballo.
Hubo tres exponentes sobresalientes esta semana: Paolo Rocca, Marcos Galperín y Elisa Carrió.
El amo y señor de Techint despotricó rabiosamente contra las protestas sociales y con la escasa gracia que lo caracteriza ridiculizó a los piquetes: “diez personas alrededor de un fogón” que impiden el funcionamiento normal de las plantas. El CEO de Mercado Libre afirmó sin sonrojarse que: “Si queremos salir del índice de 30 % de pobreza que tenemos y llegar a un dígito o menos, es imposible hacerlo con el marco laboral que tenemos”. La peculiar lógica implicaría que para sacar de la pobreza a una parte de la población hay que precarizar y empobrecer a la otra. El antropólogo Alejandro Grimson respondió al unicornio azul preferido de Macri con un argumento simple pero filoso: “Si la pobreza se bajara con flexibilización laboral en lugar de exigirla Techint, la reclamarían los pobres. Eso nunca sucedió en el mundo”. Finalmente, la inefable Carrió, no en el marco del Coloquio sino unos días antes en el debate de los candidatos a diputado por la Ciudad de Buenos Aires hizo una afirmación infame: aseguró que había un 20 % de posibilidades de que Santiago Maldonado esté en Chile y agregó “con el RIM”. Seguramente quiso decir con la RAM (Resistencia Ancestral Mapuche), pero le salió RIM que, como recordó María del Carmen Verdú, es la sigla del Regimiento de Infantería de Montaña. Muchas veces el inconsciente deja traslucir la indeleble marca de la gorra.
Luego del famoso 54 % del año 2011, Cristina Fernández, con el mismo timing comenzó a llamar “extorsiones” a las huelgas, a descalificar a los docentes y petroleros, a reclamar productividad y sintonía fina. La historia es conocida y la ruptura con Hugo Moyano producida casi inmediatamente después del triunfo fue la expresión deformada de una fractura social mayor con el movimiento obrero. Eran los años de la “fuerza propia” y de la sobreproducción de relato que intentaba reemplazar la carencia de política.
Cambiemos también cree estar dando su “batalla cultural” y tallando su narrativa sobre bases de granito: el manual de autoayuda colmado de lugares comunes en torno al esfuerzo, a la superación, al emprendedorismo; que habrían convertido a Marcos Peña, según el análisis de algunos impresionados, en el “último grito” en materia de estrategia política. El siempre agudo Martín Rodríguez le envió -un poco en serio un poco en broma- un telegrama vía Twitter: “Querido Marcos: lo que aprendimos estos años es que todos esos cambios culturales que creés que tallás en roca se los lleva el viento”.
Desde la misma trinchera del oficialismo, pero con una mirada crítica y de media distancia, el economista Pablo Gerchunoff realizó algunas interesantes observaciones en una entrevista para el diario El País.
“¿Usted cree que Argentina está cambiando de verdad?” le pregunta el periodista Carlos Cué y Gerchunoff responde contundentemente: “No, no todavía. Cambió muy poco, pero me parece bien ir poco a poco”. Hace un elogio de la prudencia y asevera que la “recuperación”, como mucho, volverá las cosas al estado (malo) de la economía en 2015, lejos de su mejor momento en 2011. Luego realiza un análisis histórico sugerente: “Hay un conflicto muy tenso entre una Argentina que quiere incorporarse a la globalización y un bloque social que no tiene fuerza para proponer un patrón de crecimiento distinto pero sí para impugnar el camino de la modernización. Argentina es eso. ¿Qué pasa cuando una fuerza irresistible se enfrenta con una resistencia incontenible? Es la Argentina del empate conflictivo”. Donde el economista afirma “camino de la modernización” debe leerse una solución neoliberal para la eterna crisis argentina con su correspondiente ajuste, esencialmente sobre aquello a lo que apuntó el conjunto del Coloquio de Idea: el salario y las condiciones de trabajo.
Finalmente hace un alerta de realismo capitalista sobre la posible pérdida de esa batalla: “Porque si la perdió un gobierno militar con todo el poder en el 76 - 83 y la perdió un poder democrático con mayorías parlamentarias como fue Carlos Menem en los años 90 (…)”. (El País, 6/10).
Estas cuestiones merecen dos reflexiones: por un lado, no debe entenderse que el Gobierno no haya avanzado en su ajuste, sino que aún no es el que reclama el universo patronal ni el que consideran necesario sus intelectuales orgánicos más lúcidos. En segundo lugar, está planteado un combate político para hacer de la crisis del peronismo una oportunidad y evitar que el “empate conflictivo” implique el retorno de una variante de mal menor para un ajuste posible que siempre representa el camino más corto hacia el mal mayor.
Pero el consejo del economista que se autodefine como "macrista crítico" parece ir en el sentido contrario a lo que exactamente están haciendo Cambiemos y su elite del círculo rojo. Ebrios de exitismo y con fiesta anticipada, incluso antes del resultado electoral y sobre todo de las batallas decisivas, avanzan arrebatados hacia una irresistible tentación siempre presente en la semicolonial burguesía criolla: desayunarse la cena.

Fernando Rosso

La izquierda ante el 17 de Octubre y el nacimiento del peronismo



La llegada de Juan D. Perón a la escena política argentina y, más concretamente, el ciclo abierto con el 17 de Octubre de 1945, representó un desafío mayúsculo para las izquierdas, en especial, para el Partido Socialista y el Partido Comunista. A 72 años de ese proceso histórico, resulta útil reexaminarlo.

¿Cuál era el panorama en ese entonces de la izquierda en la Argentina? El PS había insistido en la necesidad de un partido de la clase obrera, pero lo había hecho bajo una estrategia reformista, que priorizaba la táctica electoral, alejaba al partido de la lucha de clases y escindía la intervención política de la labor gremial. El PC, en tanto, se había proyectado desde los años veinte y treinta como una vigorosa corriente política, con inserción a nivel de base y en sindicatos industriales, promoviendo un curso combativo y clasista, pero acabó naufragando en su estrategia y concepciones político-programáticas. Desde 1935, éstas fueron cada vez más conjugables con la conciliación de clases, dada la línea del frente popular impulsada por la Comintern, ya dominada por la burocracia soviética y el estalinismo. Ambos partidos confluían en un proyecto de unidad con fuerzas sociales y políticas burguesas, detrás de un programa republicano antifascista de difícil conjugación con las demandas laborales de una clase obrera en ascenso numérico y movilizacional. El anarquismo se hallaba ya reducido a su mínima expresión y el sindicalismo había casi desaparecido como tendencia específica, tornándose más una concepción y una práctica reformista cada vez más extendida en el activismo gremial.

Perón y el régimen militar de 1943

El golpe del 4 de junio de 1943, que instauró una dictadura militar, declaró de inmediato el estado de sitio y recurrió a las detenciones masivas de centenares de cuadros sindicales y políticos. La tónica de quienes impusieron el nuevo gobierno de facto era abiertamente anticomunista. El PC, otra vez, sufrió los efectos de la represión, y de inmediato caracterizó al nuevo régimen como expresión de los sectores más reaccionarios y fascistas del país. La organización fue ilegalizada y debió actuar en la total clandestinidad. Centenares de sus cuadros obreros fueron confinados en las prisiones de Villa Devoto, Neuquén, La Plata y hasta en un campo de concentración montado en la isla Martín García. El PS conoció niveles de represión más bajos, pero también su actividad fue desarticulada.
Pero junto con la represión se desarrolló otro proceso clave: la acción de acercamiento hacia sectores del movimiento obrero desplegada por el coronel Perón, desde la Secretaría de Trabajo y Previsión (STyP). Existía una situación fiscal muy favorable para políticas de corte social. Perón advirtió al poder económico, social y político sobre el peligro que representaba la gravitante presencia comunista en los ámbitos laborales y acerca de la necesidad de erradicarlo. En función de ello, promovió la intervención estatal en la vida de las empresas, imponiendo la negociación colectiva, alterando las normas laborales y reparando “viejos agravios” por decreto (aumentos salariales, nuevas leyes sociales, generalización del sistema jubilatorio). Apelando a un discurso que retomaba aspectos de la doctrina social de la Iglesia, invitó a los empresarios a apoyar esta apertura laboral, intentando convencerlos de que sacrificando algo de su beneficio se evitaba una agudización de la lucha de clases.
Perón fue enhebrando relaciones con diversas conducciones sindicales. Varias procedían de las filas de la izquierda, sobre todo, del socialismo y del sindicalismo (dos vías de consagrar la separación o la exclusión entre lo sindical y lo político, y de entregar a los dirigentes obreros a la posibilidad de la cooptación estatal). Entre los comunistas, dicho ofrecimiento encontró un apoyo casi nulo, pues el partido siempre mantuvo un mayor control de sus militantes, quienes tendían a no escindir las lealtades sindicales de las partidarias. El encargado de la STyP alentó la creación de “sindicatos paralelos” en las ramas donde más presencia comunista existía, con el objetivo de incrementar su base de apoyo en el movimiento obrero y provocar un vacío o una competencia al PC.
Al mismo tiempo, Perón se lanzó a una lucha electoral que se presentaba como inminente. Inició contactos con políticos conservadores y radicales, para contar con maquinaria electoral, al tiempo que sumó el apoyo de muchos dirigentes sindicales. Esta inicial apuesta política se topó con el fracaso. La mayor parte de los sectores patronales recibieron hostilmente sus planes de apertura laboral. Los empresarios parecieron sentirse amenazados, no tanto por un movimiento obrero combativo o por una revolución social inminente (sin dirección, pues el PC ya no la proponía, dada su estrategia frentepopulista y de conciliación política de clases); su mayor temor en ese momento era la propia gestión del coronel, quien en nombre de la armonía social alentaba la movilización de las masas, otorgaba indebidas concesiones y quería detentar todo el poder político. La derrota se plasmó, cuando la oposición socio-política impuso la rendición incondicional del militar “díscolo”: el 9 de Octubre Perón fue despojado de todos sus cargos y el 12 de ese mismo mes fue encarcelado.

El inesperado 17 de Octubre

El 17 de Octubre una masiva marcha de trabajadores hacia la Plaza de Mayo forzó a una definición política distinta. Se trató de una movilización de masas impulsada desde abajo, gracias a la labor de agitación y propaganda de los cuadros sindicales, pero al mismo tiempo alentada por sectores de la burocracia estatal y policial. La manifestación acabó por convertirse en un punto de inflexión pues, al bloquear la estrategia de la oposición, redefinió el campo de las alternativas existentes. El acontecimiento logró algo inédito y difícilmente previsto por los adversarios del coronel, y entre ellos, casi toda la izquierda: retornarlo de la prisión, rescatarlo de su ostracismo y depositarle en sus manos otra oportunidad para ensayar un nuevo intento político.
La escasa capacidad de comunistas y socialistas para comprender la nueva realidad fue evidente. Ambos partidos caracterizaron la política social de Perón como demagógica, oportunista y al servicio de justificar una política fascista en el movimiento obrero. Ambos partidos denunciaron al coronel como el continuador más pérfido del régimen de 1943 y de las dictaduras totalitarias del Eje que estaban siendo derrotadas con el fin de la conflagración mundial. Los dos grandes partidos de la izquierda hacían este ataque olvidando que muchas de las conquistas laborales eran sentidas demandas de la clase obrera; incluso, rechazaron de hecho su aplicación, con lo cual quedaron desprestigiados frente a los trabajadores. No le dieron a esa denuncia un carácter socialista o de clase, explicando que detrás de esas medidas se hallaba una parte de la burocracia estatal, de la clase capitalista e incluso del imperialismo (Inglaterra), intentando recuperar o ganar influencia económica y en búsqueda de una maniobra de cooptación y de integración social. Más grave aún, propusieron ubicar al movimiento obrero y la izquierda en el otro bando en que se habían dividido las clases dominantes, el de la oposición republicano-liberal, que reunía no sólo a las entidades empresariales mayoritarias (UIA, Sociedad Rural, Bolsa de Comercio), sino al propio imperialismo norteamericano.
Además de opuesto a la independencia de los trabajadores, el planteo de la izquierda reformista resultó un error definitivo en la evaluación de la dinámica política. La multiplicación de los sindicatos paralelos, la orientación de otros ya constituidos hacia un acuerdo con el coronel, la irrupción popular inesperada del 17 de octubre y la creación del Partido Laborista por parte de la vieja guardia sindical dispuesta a realizar un acuerdo con Perón, son algunos de los hitos de un proceso que nos señala el éxito de la estrategia peronista por ganar la adhesión de los trabajadores y la derrota de la izquierda tradicional por impedir este intento.

Triunfo del peronismo y nuevo ciclo político

Las elecciones de febrero de 1946, en las que la Unión Democrática (alianza conformada por la UCR, el PS, el PC y sectores conservadores y liberales, con el apoyo del embajador yanqui Braden), fue derrotada por la coalición peronista, armada en base al Laborismo, sectores de la burocracia estatal-militar y elementos tránsfugas de distintos partidos, completó el proceso histórico. La tragedia de la izquierda y el movimiento obrero es que no pudo mantenerse independiente de los dos campos en los que se dividió la burguesía, acabando fagocitados entre uno y otro. El aún débil y fragmentado movimiento trotskista, que venía despuntando en el país desde hacía algo más de una década, fue la única expresión de izquierda que, a partir de este diagnóstico, comenzó a sacar conclusiones y actuar en consecuencia.
Con este éxito electoral de Perón emergió, finalmente, una nueva aunque breve fórmula de dominación política en el capitalismo argentino, la de un liderazgo plebiscitario y bonapartista de masas. La interpelación nacionalista popular y el accionar del estatismo redistribucionista introdujeron un bloqueo objetivo a la izquierda. La profundidad y radicalidad con la que irrumpió este fenómeno –quizás el de mayor alcance a escala latinoamericana– fue excepcional. En parte, ello explica las mayores dificultades de inserción obrera de la izquierda local en comparación con las de otros países de la región bajo experiencias populistas. El problema de cómo actuar bajo la conversión mayoritaria de la clase obrera al peronismo, es decir, de qué modo superar la conciencia política burguesa del proletariado argentino, constituyó de allí el desafío central a asumir por las nuevas izquierdas.

Hernán Camarero
Historiador, docente de la Universidad de Buenos Aires, Investigador del CONICET.

* Hernán Camarero es Doctor en Historia por la Universidad de Buenos Aires
Investigador Independiente CONICET. Profesor en las Facultades de Filosofía y Letras y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires. Esta nota fue publicada en LID, 17 de octubre de 2015.

Zama, víctima de la espera



Don Diego de Zama, aún en los paisajes más abiertos y más bellos, está encarcelado. Es víctima del sistema burocrático que él mismo ayudó a consolidar. Zama es un funcionario de la corona española durante los tiempos del virreinato del Río de la Plata, a fines del siglo XVIII, y pasa sus días junto a sus dominados, aborígenes y campesinos, esperando una carta que llegue desde España para de una vez por todas moverlo de ahí y volver a Buenos Aires. Por eso debe cuidarse y ser cauteloso para impedir que nada obstruya ese deseo.
La historia del triste burócrata es el tema de Zama, la última película de Lucrecia Martel, seleccionada para ir a los premios Oscar de la Academia de Hollywood en representación de Argentina y la nominada a mejor película Iberoamericana de los Premios Goya.
El gran desafío de Lucrecia Martel (Salta, 1966) fue narrar visualmente la espera de su personaje, mostrando cómo la ansiedad y la angustia pueden consumir la moral de un ser humano. Filmada en las provincias de Formosa, Corrientes y Buenos Aires, la película se construye a partir de paisajes en movimiento. El trabajo de fotografía, como la intensidad de las locaciones, le brinda a Martel una paleta de colores, brillos y oscuridades para llenar con sus personajes. Los detalles y pequeñas explosiones de acción componen un cuadro general donde se va hilando el lento pulso de la espera de Zama. Un trabajo íntegro, donde la fotografía, el guión, los vestuarios y las actuaciones se congenian a la perfección, para completar la fórmula de una película condenada a ser un clásico.
Directora de La ciénaga, La niña santa y La mujer sin cabeza, Martel vuelve a recurrir, desde otra perspectiva, a un tema que la obsesiona: los mecanismos sutiles y silenciosos de la opresión que, acumulados, estallan en violencia, como en una caldera. Sus películas son en apariencia lentas, porque es en la intimidad de cada personaje donde se agita la frustración.
Zama está basada en la novela homónima del escritor mendocino Antonio Di Benedetto, una obra central de la literatura argentina. El autor, que estuvo detenido durante la última dictadura por sus artículos periodísticos, se consagró con su novela como uno de los más grandes de la lengua española. El trazo sutil de su Don Diego de Zama parecía difícil o casi imposible de versionar cinematográficamente, pero Martel, que no se limita a reponer sin más la anécdota, logró con maestría añadir nuevas capas de sentido a un libro extraordinario. En ambos, con sus respectivos lenguajes, la parquedad y la sencillez se muestran como sensaciones extrañas, capaces de poner frente a un abismo a los espectadores.

Federico Cano

Los 15 motivos y objetivos de EE.UU. al salir de Unesco

Unos días después de la reconciliación entre Hamas y Al Fatah y el restablecimiento de la Autoridad palestina en Gaza (que potencia la posibilidad de la declaración del Estado Palestino), EEUU e Israel, anunciaron su retirada de Uneso por su “sesgo anti-israelí”. Se trata de la culminación de años de chantaje político y financiero de Washington contra la ONU y sus agencias. En 1983 el gobierno de Ronald Reagan se retiró de la Unesco, porque “servía a los intereses de la URSS”, y Barak Obama suspendió en 2011 su aportación financiera a Unesco por “admitir a Palestina como estado miembro”. Netanyahu, que compara Unesco con el ISIS, mientras apoya a la organización terrorista, celebra la decisión de Trump.
Es falso que la ONU y sus organismos sean anti-israelíes: EEUU e Israel confunden la crítica con la enemistad. Por ejemplo, la Resolución 2334, que condena la colonización israelí, fue una burla a los palestinos, ya que la ONU nunca ha tomado ninguna medida para forzar a Tel Aviv a cumplir con la legalidad internacional. Tampoco es “anti-japonés” por incluir la Masacre de Nanking (violaciones y matanzas de 300.000 civiles y prisioneros de guerra chinos por el ejército japonés en 1937) en el programa “Memoria del mundo”. Tokio también ha amenazado en retirar sus fondos.

Entre los “delitos” de Unesco según EEUU, están:

Considerar “sin valor jurídica” la anexión de Jerusalén oriental a Israel y exigirle la paralización de las excavaciones.
Declarar “potencia ocupante” a Israel.
Compararle con el régimen de apartheid de Sudáfrica.
Reconocer la antigua ciudad de Hebrón y la mezquita de Ibrahimi como patrimonio palestino.

Aunque, los motivos reales apuntan a:

Que las decisiones de una parte de los mandatarios de EEUU dependen de los “sobres” que reciben: se estima que el grupo “Configuración del Poder Sionista” (ZPC) ha regalado a los legisladores de EEUU unos 100 millones de dólares en los últimos 30 años. Decía Jack Straw, el diplomático británico que “Los grupos que desarrollan políticas en favor de Israel, como el AIPAC, cuentan con fondos ilimitados para canalizar la política de EEUU”, algo que el senador William Fullbrighth denunció en 1973:“Los israelíes controlan la política del Congreso y del Senado“. Cierto, el Senador Tom Cotton recibió cerca de 1 millón de dólares del Comité de Emergencia para Israel por firmar una carta abierta contra el acuerdo nuclear de Obama con Irán. La relación asimétrica entre EEUU e Israel es un caso singular en las relaciones internacionales. Existen numerosas leyes que condicionan la política de EEUU a los intereses del diminuto país y una de ellas restringe el apoyo de EEUU a los organismos de la ONU que reconocen a Palestina. ¿Se imaginan que España se retire de Unesco por sus críticas a Arabia o a Qatar?
El triunfo de “Israel first” en la administración Trump. Su representante en la ONU, Nikki Haley, prometió al Lobby pro-israelí de AIPAC ser “un nuevo sheriff”, en la defensa de Israel (en otro país hubiera sido acusada de “traidora y agente de un país extranjero”). Haley ha advertido al Consejo de Derechos Humanos de la ONU (UNHRC) que frene sus críticas a Israel por el bloqueo a Gaza, anunciando que la agenda del Consejo de Seguridad en sus debates mensuales sobre Oriente Próximo se centrarán en Irán, Siria, Hamas y Hezbolá, que no en Israel.
Que EEUU está haciendo un doble juego: mientars abandona la agencia (y conserva el puesto de observador) fortalece la posición de Israel: En marzo pasado, la jordana Rima Jalaf, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica y Social para Asia Occidental fue forzada a dimitir por negarse a retirar el informe que criticaba el trato de apartheid de Israel hacia los palestinos. De forma paralela, Unesco ascendió a Danny Danon, ex viceministro de Defensa israelí durante el ataque de Israel a Gaza en 2014 en el que murieron unos 500 niños palestinos, a la vicepresidencia de la Asamblea General de la ONU. Esta semana, la judía francesa Audrey Azoulay (e hija de un banquero) se convertía en la nueva directora de Unesco.
Rehabilitar a Israel en los foros mundiales, a costa de su propio prestigio. Trump está logrando que EEUU recupere el estatus de paria que ganó a pulso en la era de Bush.
Aunque no se atreve trasladar la embajada de EEUU a Jerusalén, Trump deja que Israel siga con sus proyectos. Él no hará reproches teatrales (al estilo de sus antecesores) contra su aliado.
Preparar el terreno para abandonar el acuerdo nuclear con Irán, que es a petición de Israel (y a Arabia Saudi), aunque perjudique a EEUU.
EEUU ya ha perdido la hegemonía en la agencia, ni siente necesidad en seguir en ella. La UESCO fue creada en 1945 por 37 naciones -sobre todo occidentales- con dos principales objetivos: la “desnazificación” de la educación en Europa y defender el sistema liberal capitalista frente al socialismo de la URSS. La situación cambia cuando en 1980 la mayoría de los cerca de 160 países que la componían eran de África y Asia y apostaban más por el bloque socialista que el capitalista. EEUU ya no veía utilidad en seguir pagando la factura de la UNESCO. Otro dato curioso: EEUU en 2003, mientras Bush era criticado por la invasión a Irak, regresó a la UNESCO tras 20 años de ausencia, como lavado de imagen. Ahora y en el aniversario del 11S, EEUU no ve necesidad de conciliarse con el mundo.
Seguir con la política de retirarse de los convenios colectivos. Trump ya salió de la Convención de Medio Ambiente de París en junio. Quizás pretende que los antiguos tratados internacionales se rehicieran a la medida de los intereses actuales de EEUU, aunque ello cueste un desorden a nivel mundial. Desprecia abiertamente el principio de cooperación internacional con el fin de imponer su arbitraria voluntad.
EEUU así aumenta la presión sobre la ONU para que se “reforme”, acatando sus políticas. Sin su dinero, la UNESCO tendrá que cortar programas y recurrir a los voluntarios. Hoy, la gran mayoría de sus empleados cobran un buen suelo y viven en Europa.
Poner en aprieto a otras potencias ‘pagadoras’: O se alinean con Trump o tendrán que cubrir el déficit presupuestario que deja Washington. Así es: ¡Quien paga, manada!
Trump aparenta cumplir con su agenda económica, ahorrando unos cuantos dólares para convencer a los contribuyentes su buen hacer, mientras les quita el pan para financiar sus vacaciones. Al salir de la UNESCO, Estados Unidos podrá negarse a pagar los 500 millones de dólares que le debe.
Israel aspira a tener un escaño en el Consejo de Seguridad. Sus sólidas relaciones con los BRICS -gracias al negocio de armas e intercambio de inteligencia- pueden hacer realidad este sueño, mientras los palestinos – más huérfanos que nunca– temen que los demás países les hagan responsables del colapso de las instituciones internacionales. Aun así, el gesto de EEUU e Israel se debe a su frustración: es una reacción a la resistencia palestina y a la sincera y creciente solidaridad internacional con este pueblo.

Nazanín Armanian
Público

¿Hacia dónde va Turquía?

Los siete pecados capitales del presidente Erdogan

Oriente Próximo está siendo devastado por múltiples guerras. Turquía se ha metido en medio de la mayor parte de estos conflictos regionales y ha terminado perdiendo.
Bajo la presidencia de Recep Tayyip Erdogan, Turquía ha intervenido en alianza con toda una lista negra de señores de la guerra, terroristas-mercenarios, expansionistas sionistas, potentados feudales y siniestros jefes tribales, que han acarreado desastrosas consecuencias económicas, políticas y militares para la nación turca.
En este artículo analizaremos la conducta y la política interior y exterior turca de los últimos diez años. Como conclusión, extraeremos lecciones que puedan ayudar a las potencias de tamaño mediano a tomar futuras decisiones.

Desastres en política interna del presidente Erdogan

Durante la primera década del siglo XXI, Erdogan se unió en alianza estratégica con una influyente organización semiclandestina, “Hizmet”, dirigida por el clérigo Fethullah Gülen, convenientemente autoexiliado en Estados Unidos y bajo la protección del aparato de inteligencia estadounidense. El objetivo de este matrimonio de conveniencia era debilitar a la oposición izquierdista, laica e influida por el nacionalismo de Ataturk. Armado con un tesoro oculto de documentos falsos gülenistas, Erdogan purgó al ejército de sus líderes nacionalistas seguidores del legado de Ataturk. Prosiguió marginando al partido republicano laico y reprimiendo a los sindicatos de izquierdas, a los movimientos sociales y a académicos de prestigio, periodistas, escritores y estudiantes activistas. Con el respaldo del movimiento de Gülen, “Hizmet” (“el servicio”), Erdogan celebró sus triunfos y revalidó su liderazgo en múltiples elecciones.
Al inicio, Erdogan no supo reconocer que el movimiento Hizmet actuaba como una organización política subversiva, penetrando en el aparato del Estado a través de una densa red de organizaciones burocráticas, militares, judiciales, policiales y de la sociedad civil, vinculadas con la CIA y el ejército de EE.UU. y que mantenían relaciones amistosas con los estrategas israelíes.
En 2013, Erdogan sintió una enorme presión por parte del Hizmet, que pretendía desacreditarle y derribar su régimen haciendo públicas las prácticas corruptas que le involucraban a él mismo y a su familia y llevar a cabo una “revolución de color turquesa”, una réplica de otros “cambios de régimen”.
Al descubrir su vulnerabilidad interna, Erdogan procedió a restringir el poder y el alcance de los medios de comunicación controlados por los gülenistas. Todavía no estaba preparado para lidiar con el enorme poder de las élites relacionadas con el Hizmet. En julio de 2016, los gülenistas dirigieron un golpe militar con el apoyo tácito del ejército estadounidense destinado en Turquía. El golpe fue desbaratado por una gran movilización popular con el respaldo de las fuerzas armadas.
A partir de entonces, Erdogan se dedicó a purgar concienzudamente a todos los seguidores del Hizmet del ejército, la administración pública, las escuelas, la prensa y las instituciones públicas y privadas. Amplió su purga para incluir en ella a dirigentes políticos laicos y nacionalistas que siempre se habían opuesto a los gülenistas y a su intento de golpe de Estado.
Como resultado del fallido golpe de Estado y la subsecuente purga, Erdogan fracturó y debilitó todos los aspectos del Estado y de la sociedad civil, para acabar controlando un Estado debilitado con un mundo empresarial, educativo y cultural degradado.
El golpe de Estado gülenista fue inspirado y dirigido por el líder supremo del movimiento, Fetullah Gülen, a resguardo en su finca privada “secreta” en Estados Unidos. Está claro que este país participó en el golpe, por lo que rechazó las demandas de extradición de Güllen por parte de Erdogan.
La subordinación de Erdogan a la OTAN ha debilitado sus intentos de llegar hasta las raíces del golpe de Estado y su estructura de poder interna y externa. Las bases de Estados Unidos/OTAN en Turquía siguen ejerciendo su influencia sobre el ejército.
Como secuela del golpe de Estado, el declive de la influencia gülenista en la economía contribuyó a crear un vuelco económico de las inversiones y el crecimiento. La purga de la sociedad civil y del ejército redujo la preparación militar del ejército turco y alejó al electorado demócrata. Erdogan casi perdió su candidatura a la presidencia tras su anterior purga en 2014.

Desastres en política exterior del presidente Erdogan

Un gobernante es perverso cuando debilita su ejército, reprime a sus ciudadanos y se lanza a una serie de aventuras arriesgadas en el extranjero. Eso es exactamente lo que Erdogan ha hecho en los últimos años.
En primer lugar, apoyó un levantamiento terrorista en Siria, suministrando armas, reclutando “voluntarios” extranjeros y permitiéndoles cruzar sin restricciones la frontera turca. Muchos de estos terroristas unieron sus fuerzas con los kurdos sirios, iraquíes y turcos y establecieron bases militares fronterizas.
En segundo lugar, Erdogan desarrolló una campaña electoral difamatoria entre los millones de turcos residentes en Alemania, violando la soberanía de aquella poderosa nación. Esto aumentó las tensiones con Alemania y la animosidad del país que había sido su mayor aliado en el proceso de integración de Turquía en la UE, poniendo de hecho fin al mismo.
En tercer lugar, Erdogan respaldó la invasión y el bombardeo de Libia por parte de la OTAN que supuso la muerte del presidente Gadafi, quien había sido una voz independiente y capaz de servir como posible aliado contra una intervención imperial en el norte de África.
En cuarto lugar, Erdogan manifestó su apoyo al breve gobierno de Mohamed Morsi y los Hermanos Musulmanes en Egipto tras su victoria electoral de 2012, posterior al levantamiento de la “primavera árabe” en 2011. Apoyaba una fórmula parecida a su propia política turca de exclusión de la oposición seglar democrática. Esto provocó un golpe de Estado sangriento encabezado por el general Abdel Sisi en julio de 2013, una lección no aprendida por Erdogan.
En quinto lugar, las buenas relaciones de facto de Erdogan con Israel –a pesar de sus críticas verbales– tras el asesinato por parte de Tel Aviv de nueve activistas no violentos que intentaban romper el bloqueo mortal de Gaza, debilitó sus relaciones con el mundo árabe propalestino y con los nacionalistas turcos.
En sexto lugar, Erdogan desarrolló unas lucrativas relaciones con el señor de la guerra kurdo-iraquí Masoud Barzani, facilitando el flujo de petróleo hacia Israel. Los negocios petroleros ilícitos del propio Erdogan con Barzani reforzaron la causa del separatismo kurdo y expusieron la corrupción generalizada de los negocios de la familia Erdogan.
En séptimo lugar, Erdogan provocó graves tensiones militares con Rusia al derribar un avión militar ruso en Siria. Este hecho dio lugar a un boicot económico que redujo los ingresos derivados de la exportación, devastando el sector turístico y añadiendo a Moscú a su extensa lista de adversarios: Irak, Palestina, Siria, Arabia Saudí, Estados Unidos, Alemania, Hezbolá e Irán.
Y, por si todo esto fuera poco, Erdogan ha apoyado a Qatar, el pequeño Estado petrolero del Golfo, enviando tropas y suministros para contrarrestar la amenaza de Arabia Saudí, las restantes monarquías petroleras y Egipto, aliados y seguidores de Estados Unidos.
A pesar de sus abundantes políticas desastrosas, tanto domésticas como exteriores, Erdogan no ha aprendido nada ni ha olvidado nada. Cuando Israel apoyó a los kurdos iraquíes a organizar el “referéndum” de independencia cuya meta, en último término, era anexar los ricos campos petrolíferos del norte de Irak, Erdogan resolvió no hacer nada a pesar de la amenaza que ello suponía para la seguridad nacional turca. Se limitó a amenazar verbalmente con cortar el acceso de los kurdos a los oleoductos de Ankara sin adoptar pasos concretos. Erdogan prefirió embolsarse los impuestos derivados del tránsito de petróleo, enemistando a Irak con Siria y fortaleciendo las relaciones entre el Kurdistán iraquí y sus homólogos secesionistas en Siria y Turquía.
Cuando Estados Unidos apoyó el golpe gülenista, Erdogan no fue capaz de cerrar sus bases militares en Turquía, por lo que el ejército turco sigue estando muy influido por la presencia estadounidense. Esto abre la posibilidad de un nuevo levantamiento.
La palabrería desplegada por Erdogan en torno al “nacionalismo” ha servido principalmente como instrumento político para la represión de los partidos y sindicatos democráticos y las comunidades kurdas y alevíes.
El apoyo inicial y posterior oposición de Erdogan a los grupos terroristas yihadistas que buscaban derribar el gobierno secular-nacionalista de Damasco ha provocado una “reacción” del yihadismo: células terroristas del ISIS han realizado atentados contra civiles en Ankara, provocando gran número de bajas.

Conclusión

La alianza inescrupulosa, oportunista y proimperialista de Erdogan con la OTAN demuestra la incapacidad de un aspirante a potencia regional emergente para encontrar su lugar en el Imperio Estadounidense.
Erdogan pensaba que su condición de fiel “aliado” de Estados Unidos protegería a Turquía de un golpe de Estado. No fue consciente de que se había convertido en un peón desechable dentro de los planes estadounidenses de establecer gobernantes más serviles (como los gülenistas) en Oriente Próximo.
Erdogan estaba convencido de que colaborando con Estados Unidos para derribar al presidente sirio Bashar al-Ássad conseguiría anexionar el norte de Siria a Turquía. En lugar de eso, Erdogan terminó prestando un servicio a los kurdos sirios, apoyados por EE.UU., vinculados a los kurdos turcos. Intentando fraccionar Siria y destrozar su Estado y su gobierno, Erdogan contribuyó a reforzar el expansionismo interfronterizo kurdo.
Erdogan no ha sido capaz de asumir la regla básica de todo gobierno imperial: No existen los aliados permanentes, solo los intereses permanentes. Erdogan creyó que si actuaba como sustituto de Estados Unidos, Turquía sería “recompensada” con una parcela de poder, riqueza y territorio en Oriente Próximo. En lugar de eso, Estados Unidos, actuando como cualquier potencia imperial, utilizó a Turquía cuando fue le convino y se deshizo después de Erdogan, como de un condón usado.
El antiimperialismo no es solo un ideal y un principio ético o moral; es una forma realista de enfocar la salvaguarda de la soberanía, las políticas democráticas y las alianzas significativas.

James Petras

lunes, octubre 16, 2017

Los hechos de octubre del 34: cuando se proclamó la República catalana



Haciendo gala de su ignorancia, el portavoz del PP Pablo Casado habló del 83 aniversario dels fets del 6 d’octubre de 1934. Pero, ¿qué sucedió realmente?

Los “fets” se sucedieron dentro de un contexto europeo en el cual el fascismo estaba tomando posiciones destacadas. Por un lado, hacía muy poco tiempo que Hitler ya era el canciller de Alemania. En Austria, el fascista Dollfuss también se había encaramado al poder recientemente. Los trabajadores, que veían con mucha preocupación el ascenso del fascismo, comenzaban a ingresar masivamente a los partidos socialdemócratas europeos.
Por otra parte, dentro del ámbito doméstico, el gobierno de Companys tenía un problema importante con el Gobierno del Estado español referente a la Llei de Conreus aprobada por el Parlament catalán. El Tribunal de Garantías Constitucionales declaró dicha ley como inconstitucional el 8 de junio. Unos días después el Parlament catalán volvió a aprobarla con el mismo texto. Este enfrentamiento estaba precedido por una fuerte ralentización de la cesión de competencias a la Generalitat.

Ascenso de la CEDA y huelga general

Es en este marco en que se da el fortalecimiento de las CEDA(1), que era el grupo de la derecha española. A principios de octubre, luego de muchos titubeos, se creó un nuevo gobierno presidido por Lerroux y con tres nuevos ministros de la CEDA. La clase obrera veía con mucha preocupación el ascenso del fascismo español puesto que muchas veces Gil Robles había dicho que había que aprovechar las instituciones para tomar el poder. De hecho el Partido Socialista, presidido por Largo Caballero amenazó con la huelga general para acabar con un gobierno derechista.
La huelga general comenzó el 5 de octubre en todo el Estado, aunque se realizó de formas diferentes. En primer lugar, porque Caballlero se negó a hacerla en frente único con el otro gran sindicato obrero, la CNT. En segundo, porque el PS y la UGT tardaron en convocarla y de hecho no la habían organizado dejando a los trabajadores a su libre iniciativa. Así tenemos que en Asturias se organizó una insurrección, en Cataluña la CNT se inhibió y en Madrid las movilizaciones obreras no estuvieron centralizadas y fueron castigadas duramente por la represión.
El 6 de octubre, por la tarde, el presidente de la Generalitat de Cataluña, Lluís Companys, proclamó la República catalana desde el balcón de la Plaza San Jaume.
Los días previos al 6 de octubre la movilización popular, la avidez de la sociedad y diferentes organizaciones se pusieron manos a la obra. En Barcelona, se había creado la Alianza Obrera que fue un organismo en el cual se reunían representantes de algunos partidos de la izquierda como el Bloc Obrer y de algunas organizaciones sindicales minoritarias, como UGT. La CNT dirigida por la FAI brillaba por su ausencia. La AO exigía armas al Gobierno de Companys pero sin obtener siquiera un cartucho de pólvora.
La agitación popular era realmente importante. Esquerra lo reconocía en un documento, llamado “número 1”, unos meses después: “En Cataluña se alzó en masa todo el país contenido hasta ese momento por la autoridad y la confianza en el gobierno de la Generalidad (…) la huelga persistía, absoluta, por doquier.” Desde Esquerra se reconocía que la agitación social era fortísima(2). El documento proseguía con “…en algunos ayuntamientos se había proclamado la república catalana, pero en otros se había proclamado el socialismo e inclusive el comunismo libertario, etc. creándose una situación difícil y anárquica…”.
Ante ésta situación, el Govern de la Generalitat tenía que tomar una decisión. Companys y su gabinete era temeroso del accionar de las masas, por ello en ningún momento cedió las armas. Además clausuró los locales de la CNT por las dudas que fuera el lugar de reunión del alzamiento de las masas. Esquerra en éste documento planteaba que el Govern “…tenía que abandonar el poder o reprimir por la violencia una protesta que respondía a los mismos sentimientos del Gobierno repetidamente manifestados”. En ningún momento se plantearon liderar la movilización social y enfrentar al Gobierno derechista de Lerroux y las CEDA. Tan solo declaró la República catalana dentro de una federación española y a esperar sentado.
Del lado de enfrente, se encontraba el Gobierno español presidido por el ultraconservador Lerroux. Éste habló con el general Domènec Batet dándole órdenes precisas de reprimir el alzamiento popular y la declaración de repúblicana catalana que Companys anunció desde el balcón de la Generalitat. Batet apenas necesitó desplegar algunas baterías, dar unos cañonazos y casi sin batalla consiguió asaltar el Palau de la Generalitat y acabar así con el “movimiento insurreccional” de Companys.
Casi sin batalla, porque Lluís Companys no solo no apoyó el movimiento popular que se estaba adueñando de diferentes municipios catalanes, sino que cuando hubo que enfrentar al Gobierno español y las tropas de Batet, la Generalitat no hizo uso de los 3000 policías. No hubo dirigente alguno que diese orden de abrir fuego. ¿Es que acaso creían que podían declarar la república catalana sin luchar? No, solo fue un gesto para ver si podían engañar a las masas, mientras alzaban inmediatamente la banderita blanca y se quejaban de lo “malo” que es el Gobierno.

¿Qué pasó con la CNT y la AO?

En Cataluña, la CNT –que era claramente la dirección de la mayoría de los trabajadores- se encontraba muy debilitada. Durante los dos años de la Conjunción republicano socialista se dedicó a hacer “insurrecciones” fracasadas y alejadas de las masas obreras. En el transcurso del año ’34 la CNT apenas si tuvo algo que ver con los conflictos obreros del resto del Estado y el conflicto del campo de junio del 34.
Una parte de la central anarquista, el grupo “Treintista” de Pestaña, se separó de la misma, por derecha, buscando algún entendimiento con la coalición republicano-socialista. Al mismo tiempo, el BOC que tenía influencias sindicales aprovechó la crisis para escindirse también de la CNT. Sería injusto no mencionar la fortísima persecución y represión a la que fue sometida la CNT, por parte de Companys y del Gobierno central. Todo esto incidió negativamente en la formación de la Alianza Obrera.
La CNT no participó de las Alianzas Obreras argumentando que el BOC, unos de sus máximos impulsores, había tenido una política sectaria respecto a la CNT y complaciente respecto a la Generalitat. El PS y la UGT, que no tenían tanta influencia entre los obreros, se sumaron a las AO, de la misma manera que lo hicieron en otros puntos del Estado. Es decir, formalmente, como cobertura, con un sentido utilitario, y, como siempre, sin convocar a sus afiliados obreros.
La CNT se negó a convocar la huelga general. El mismo Abad de Santillán lo reconoció: “Y, permanecimos pasivos.”(3). También el dirigente anarquista decía “…y se fue a un movimiento insurreccional prescindiendo de nosotros…”(4). Solo el día 6, la central anarquista, editó un llamamiento a la acción, aunque no decía claramente si había que sumarse a la huelga general(5). Y el día 7, algunos dirigentes de la CNT, entre ellos Joaquín Ascaso, llamaban por radio a que los trabajadores retornen a la faena(6). Incluso Abad de Santillán, quizás para justificar su pasividad, escribía “La insurrección de octubre pudo haber sido un movimiento triunfante si los republicanos de izquierda hubieran sido tales…”(7).
La acción política de las Alianzas obreras fue determinada por el Bloc Obrer i Camperol (BOC) liderado por Joaquim Maurín y por el grupo de Andreu Nin. La visión del BOC era que la pequeño burguesía debía liderar el proceso, es decir, Esquerra Republicana. Por ello esperaban que la Generalitat movilizara sus efectivos, les diera armas a la AO y así luchar contra las tropas de Batet. Maurín decía, “La Generalidad tiene en sus manos, pues, la posibilidad de que la contrarrevolución quede estrellada. El éxito o fracaso depende de la Generalidad”(8).
Sin embargo, como es sabido, ni Esquerra Republicana ni Companys movilizaron sus efectivos. Maurín esperaba formar “… un bloque revolucionario de obreros, campesinos y pequeña-burguesía con un gobierno de la Generalidad, la insurrección tiene casi absoluta seguridad de triunfar, porque la Generalidad cuenta con la organización militar: 3.000 policías armados…”. Era “difícil” formar un bloque revolucionario con el partido que se encargó de reprimir a los anarquistas una y otra vez. Companys se encargó de cerrar sus locales, prohibir sus prensas, encarcelar los dirigentes.
El BOC consideró que “La gran fuerza de la revolución residía en la Generalidad” (9). Y sus líderes entendías que “…la pequeña burguesía vacila entre la derecha y la izquierda, entre la contrarrevolución y la revolución, entre el fascismo y el socialismo. El proletariado ha de llevar a cabo una política inteligente para atraerla…”(10) . Sin embargo, los líderes de Esquerra Republicana nunca oscilaron, siempre fueron los firmes defensores de los dueños de las grandes empresas.

Las masas lucharon, fallaron los dirigentes

Companys “prefirió” rendirse y permitir que el Gobierno fascista de Madrid haga la tarea represiva, antes que enfrentarlo junto con los trabajadores armados. La AO mientras tanto estaba a la espera de que la Generalitat les dé armas o, al menos, que resista. La Alianza Obrera se comportó apenas como un apéndice (frustrado) de la Generalitat. Y, la CNT se inhibió.
Como aceptó Esquerra Republicana en el Documento número uno, las masas en múltiples ayuntamientos habían declarando la independencia de Cataluña o el socialismo o el comunismo libertario. Además, las AO fueron a la Plaça Sant Jaume pidiendo armas a la Generalitat para enfrentar al gobierno de la CEDA y Lerroux.
Lo que no supieron ver los dirigentes del BOC es que la “gran fuerza de la revolución” residía en la clase obrera y no en los abogados que defendían la propiedad privada. Por lo tanto las tareas democráticas, como el derecho de autodeterminación, no podía ser realizadas por el grupo de Companys, quien capituló sin dar batalla siquiera, sino que era necesaria una revolución obrera y popular.
Aprender del pasado es clave para emprender la lucha por los derechos democráticos y sociales. Hace décadas que la burguesía, incluso de países o nacionalidades oprimidas, no juega un rol progresivo en la conquista de derechos. Por el contrario, juego un rol reaccionario o, a lo sumo, moderado. La conquista de la independencia de Cataluña y la resolución de los graves problemas sociales serán realizados por los trabajadores y el pueblo en lucha contra la reaccionaria burguesía centralista y sus socios, las burguesías periféricas.

Guillermo Ferrari
Barcelona | @LLegui1968
Edició català

Notas

1. La sigla corresponde a Confederación Española de las Derechas Autónomas, dirigida por José María Robles.
2. Citado en: Munis, Grandizo. Jalones de derrota: promesa de victoria. Crítica y teoría de la Revolución Española (1930-1939). Zyx, Madrid, 1977. P. 176. También se pude ver una cita más extensa en: Maurín, Joaquim, Revolución y contrarrevolución en España. Ruedo Ibérico, París, 1966. Pp. 139-143.
3. Abad de Santillán, Diego. El anarquismo y la revolución española: escritos 1930/38. Editorial Ayuso, Madrid, 1977. P. 217/8.
4. Abad de Santillán, Diego. ¿Por qué perdimos la guerra? 1940. Ver en: [Consulta 13/10/2017]
5. Peirats, José. La CNT en la revolución española, tomo I. Edición Cali, Colombia, 1988. Pp. 101-102.
6. Bizcarrondo, Marta. Octubre del 34: Reflexiones sobre una revolución. Ayuso, Madrid, 1977. Pág. 71.
7. Abad de Santillán, Diego. ¿Por qué perdimos la guerra? 1940. ob. cit.
8. Maurín, Joaquín. Hacia la segunda revolución. Pp. 124 y 125. Citado en: Munis, Grandizo. Jalones de derrota..., ob. cit. P. 172. Se puede leer en línea la versión de Marxist.org
9. Comité Central del BOC y Comité Central de la Juventud Comunista Ibérica. "Las lecciones de la insurrección de octubre". En: Bizcarrondo, Marta. Octubre del 34 : reflexiones sobre una revolución. Ed.. Ayuso, Madrid, 1977. Pág. 238. Publicado el 1 de enero de 1935.
10. Ib. pp. 245 y 246.

Bernie Sanders y su anacronismo en la política exterior



Sanders dio su discurso más progresivo hasta ahora pero sigue lejos de oponerle una alternativa real por izquierda al imperialismo norteamericano

Este articulo fue publicado originalmente en Left Voice, parte de la Red Internacional de La Izquierda Diario.

En un reciente discurso en la universidad de Westminster, Bernie Sanders delineo una visión de la política exterior estadounidense mucho más profunda que sus anteriores propuestas. Durante la campaña por las elecciones primarias el año pasado, a Sanders se lo habìa acusado de no tener una plataforma de política exterior, una acusación parcialmente correcta. Muchas de sus propuestas sobre la estrategia de EEUU eran limitadas y difusas. Por fuera de su condena del voto de Clinton en favor de la invasión a Irak, Sanders siempre evadió este tipo de preguntas. Como bien dice el portal The Intercept, el sitio de campaña de Sanders no incluyó una plataforma de política internacional hasta varios meses después de su inicio.
La razón de este silencio no fue, como deslizaron desde el lado de Clinton, la inexperiencia. Fue, en todo caso, la incapacidad de diferenciarse de las estrategias de la era Obama o, incluso, de las de la ex secretaria de estado Clinton. Como ella, Sanders aprobó la invasión a Afganistán, el derecho de Israel de bombardear El Libano y los ataques de la OTAN a la ex Yugoslavia.
La presidencia de Trump le ofrece al senador Sanders la oportunidad de presentar una visión distinta del nacionalismo abierto del “America First”. En el discurso en Westminster, Sanders denunció el nuevo presupuesto militar de 700 mil millones de dólares (votado a favor por todos los senadores demócratas, incluyendo a su aliada Elizabeth Warren, con excepción de 4 senadores), los enormes niveles de desigualdad en el mundo y la decisión de Trump de abandonar los acuerdos climáticos de París. El senador por Vermont habló de las “consecuencias indeseadas” y la arrogancia de la intervenciones internacionales. Puso como ejemplo el derrocamiento de Mossadegh en Irán, el apoyo a la dictadura de Pinochet en Chile y la guerra de Vietnam. Sanders, que alaba a Churchill y Eisenhower, marca una diferencia entre un supuesto imperialismo bueno, que vendría a estar representado por el Plan Marshal, la ONU, etc y uno malo en vez de presentar una alternativa real antiimperialista.
Sanders asegura que en los años siguientes a la Segunda Guerra el imperialismo norteamericano jugó un rol progresivo en el mundo y pretende volver a él. Pero como bien sabemos, no existe tal cosa como un imperialismo progresivo.

El contexto de su giro

No hay duda de que este discurso es un claro giro a izquierda para Sanders, para entenderlo necesitamos comprender el contexto en que se da. El senador estuvo en Westminster dos días después de que Trump amenazara con “destruir completamente” la República Democrática de Corea y sugiriera que EEUU se iba a retirar del acuerdo nuclear Iraní en la ONU. El presidente delineó su visión de un mundo en el que cada vez menos organizaciones y acuerdos internacionales se interpongan en el camino de los intereses de los Estados Unidos.
Con el foco puesto en los cruces retóricos de Trump con Corea del Norte, Sanders se dio cuenta de que debe sentar las bases de su política internacional, más aún si quiere competir en las elecciones de 2020. Entonces, mientras el presidente continúa con su política belicosa contra un nuevo “eje del mal”, el senador y futuro contendiente intenta crear una plataforma que “defienda los valores de la libertad, la democracia y la justicia”.
En el frente interno, los eventos en Charlottesville pusieron sobre la mesa que la polarización política crece día a día. Los supremacistas blancos y la ultraderecha nacionalista, aunque sigan siendo fuerzas relativamente pequeñas, están envalentonados, llaman a actos públicos y atacan al activismo de izquierda, algo de lo que Sanders habló en Westminster. Al mismo tiempo, decenas de miles de jóvenes le dan la espalda al partido Demócrata y buscan otras organizaciones como los Antifa. Parte de este giro es el crecimiento que experimentó el partido Socialdemócrata Americano (DSA por sus siglas en inglés) que, aunque mantiene algunas ilusiones en los Demócratas, atrajo a miles de jóvenes a un partido que se autodenomina socialista, algo que no se ha visto en décadas en EEUU.
Pero la polarización no es solo un fenómeno estadounidense. En alemania la ultraderecha cosechó 13% de los votos y logró entrar al Bundestag (parlamento) por primera vez desde la Segunda Guerra. En el Reino Unido, Jeremy Corbyn terminó solo unos puntos por detras de la primera ministra May con un programa que incluía nacionalizaciones parciales, aumento de salarios y la baja de la edad para votar a 16 años, muy a la izquierda de las propuestas del Nuevo Laborismo (en referencia al Labour Party) de las últimas décadas.
Sería ingenuo pensar que Sanders desconoce esta dinámica. Más bien, un político experto y experimentado como él, sabe que tiene que presentar un programa “radical” si quiere contener al sector más radicalizado de la juventud.

¿Es Sanders una alternativa?

Sanders, por tanto, intentó postular una visión alternativa al imperialismo nacionalista de Donald Trump. El sitio The Nation alabó el discurso y dijo que era “el discurso sobre política exterior que habíamos estado esperando” mientras que The Interceptor dijo que la había dado al partido Demócrata una lección en política exterior radicalizada. Branko Marcetic, escribiendo para el sitio Jacobin, vió en el discurso una ruptura con el consenso de Washington. Entonces ¿qué es lo que conlleva la auto denominada estrategia socialdemócrata? Es evidente que difiere tanto del “America First” del presidente Trump como de la doctrina multilateral de los halcones del establishment demócrata. ¿Ofrece la posición de Sanders una alternativa para los pueblos oprimidos alrededor del mundo? Bueno, la respuesta es no.
Sanders llora los miles de muertos en Afganistán pero no llamá a aplicar la única medida que puede aliviar el sufrimiento del pueblo Afgano, el retiro inmediato de las tropas de ocupación. Continúa defendiendo su voto de 2001 autorizando la guerra mientras repite el mito de que EEUU estaba “cazando los terroristas que nos atacaron”. Durante la campaña Sanders estuvo virtualmente de acuerdo con Clinton asegurando que “no nos podemos retirar mañana” en referencia al retiro de las tropas que todavía están en Afganistán. El senador abogaba por un retiro gradual, una política que aún sostiene. Recordemos que Obama también prometía un retiro por etapas de todas las tropas pero, para el final de su mandato, todavía quedaban unos 8500 soldados.
Sanders llama legítimamente, a retirar el apoyo al régimen represivo de Arabia Saudí. Pero no hace mención a los muchos otros regímenes igualmente represivos que existen en el mundo gracias a la generosidad de EEUU como el de Erdogan en Turquía o El-Sisi en Egipto. Solo durante el año pasado, Erdogan encarceló más de 40000 personas y apuntaló su poder con un referéndum muy sospechado. El-Sisi, mientras tanto, continuó arrestando personas LGTB, periodistas y trabajadores huelguistas mientras tortura y asesina a sus opositores.
La más notoria omisión en el discurso de Sanders es la ocupación Israelí de Palestina, uno de los conflictos geopolíticos más importantes del mundo actual. De hecho, Sanders ni siquiera habla de Israel en las cerca de 5000 palabras de su alocución. En una entrevista con The Intercept, habla de una política más equilibrada en el conflicto y hasta desliza que EEUU podría suspender la ayuda militar si Israel no contribuye al proceso de paz, pero en la misma entrevista, rechaza la política de boicot, desinversión y sanciones (BDS por sus siglas en inglés). Además, junto con otros Republicanos y Demócratas, hizo un llamamiento a la ONU para “mejorara el trato que recibe Israel”.

Lo que está en crisis es el neoliberalismo

El problema con la nueva plataforma de Sanders es mucho más profundo porque caracteriza erróneamente la crisis global actual y por lo tanto, las propuestas son anacrónicas. En su discurso Sanders volvió a la era de la segunda posguerra en la que se estaba construyendo un nuevo consenso internacional, en lo que EEUU jugó un rol preponderante. Elogió a la ONU haciéndose eco de Eleanor Roosevelt a quien llamó “nuestra mayor esperanza para la paz futura”. También dijo que el Plan Marshall fue “radical” y que “no tuvo precedentes”.
Según Sanders, Trump y los nacionalismos emergentes pusieron en peligro el orden de posguerra. Por eso dice “Tanto en Europa como en EEUU, el orden internacional que ayudamos a crear durante los últimos 70 años, que puso gran énfasis en la democracia y los derechos humanos y promovió el comercio y desarrollo económico, está acumulando tensiones”.
Sin embargo, ese orden murió hace mucho con la caída del Muro de Berlin y la extensión del capitalismo sobre los ex estados obreros que ocupaban un tercio del mundo. La imposición del neoliberalismo se hizo conocida como “el fin de la historia”, la victoria inequívoca del capital en todo el mundo montada sobre derrotas masivas de la clase obrera con la ofensiva reaganiano-thatcherista.
Este es el orden que ha entrado en crisis, no con Trump y el ascenso de la derecha sino con el crack de 2008 que demostró una vez más que el capitalismo no es un sistema armonioso. La historia no terminó y los capitalistas aún tienen que recuperarse. Un sector de la clase dominante, ahora personificado por el presidente francés Macron, quiere continuar el camino del neoliberalismo y otro sector trata de imponer un giro más nacionalista, a la Trump. El ascenso de una derecha escéptica de las viejas instituciones como la ONU y la Unión Europea solo puede leerse a la luz de esta crisis. Es por esto que el remedio de Bernie Sanders no puede surtir ningún efecto, porque la crisis no es del mudo post Yalta, sino del neoliberalismo.

No se puede volver al pasado

El neoliberalismo se construyó sobre los cimientos de la era de la Guerra Fría cuando EEUU emergió como la superpotencia indiscutida, basada en parte sobre el complejo militar-industrial. Del otro lado solo estaba la URSS de Stalin, la que derrotó al tercer Reich. Más tarde, la revolución en China y el control soviético de los estados “satélite” configuró el mundo bipolar. Un mundo al que EEUU y la burguesía internacional querían controlar por completo.
De aquí nació la ONU, con el stalinismo jugando un rol contrarrevolucionario conteniendo las revoluciones alrededor del mundo. El acuerdo de los soviéticos de dividir el mundo entre capitalista y “comunista” no apaciguó a los “Americanos” que lideraron un esfuerzo internacional para aplastas las insurgencias obreras y los movimientos revolucionarios. La burguesía internacional, temerosa de su propio proletariado, cedió gustosa al nuevo rol de EEUU como el gendarme de la paz mundial.
El orden mundial que defiende Sanders surgió en momentos de crecimiento económico y unidad capitalista contra la “amenaza comunista”. Fue una utopía construida por políticas pensadas para una hegemonía estadounidense en ascenso, no en declinación como ahora. Este orden vió su fin con la caída del Muro y la disolución de la URSS, un fin que fue bastante favorable al capital que se extendió como metástasis en los ex estados obreros burocratizados. Ahora, el proyecto capitalista del mundo post soviético está en crisis y la burguesía busca desesperadamente una salida al estancamiento en que cayó la economía.
Pero, a diferencia de lo que cree Sanders, la era de la posguerra se construyó sobre la carnicería imperialista, la destrucción de Europa y la derrota de las revoluciones de occidente. No fue el consenso pacífico y la cooperación internacional sino la destrucción de los competidores imperialistas. Sanders asume ingenuamente que aún se puede llegar a un nuevo consenso sin mayores confrontaciones comerciales, conflictos inter imperialistas y hasta guerras.

El Plan Marshall y los golpes de estado

El error de Sanders va mucho más allá de un simple error histórico ya que plantea una supuesta diferencia entre el benévolo liderazgo estadounidense en la creación de la ONU y la implementación del Plan Marshall y el malvado imperialismo que apoyó los golpes de estado en Irán y Chile y fue a la guerra en Vietnam.
Este corte planteado por el senador es completamente arbitrario ya que EEUU siempre defendió los intereses de su propia burguesía, algunas veces a través de “ayuda” diplomática, otras directamente con la fuerza.
El ejemplo más claro es justamente el Plan Marshall, que se desarrolló para reconstruir la Europa que había quedado en ruinas después de la masacre de la Segunda Guerra Mundial. Mientras que Sanders lo describe como un acto de benevolencia sin precedentes, el plan fue central en garantizar ganancias a las compañías estadounidenses ya que la mayoría de los fondos dedicados el proyecto fueron usados para comprar bienes fabricados en los Estados Unidos. Además de esto, el Plan jugó un rol clave en la contención de las revoluciones de posguerra en los países que tuvieron que lidiar con la destrucción y la miseria. La CIA nació casi paralelamente con el Plan y recibió financiamiento de él para formar grupos en los países soviéticos y diseminar propaganda anti soviética. Harry Truman dijo en una entrevista en 1950 que “el Plan Marshall controló el peligro de la subversión comunista en Europa y, desde ese momento, logró un acercamiento entre los países libres y un fuerte lazo económico”.
Vemos entonces que el Plan Marshall que Sanders tanto defiende, compartía los objetivos con el golpe en Irán que derrocó al primer ministro Mossadegh en momentos en que se estaba acercando a la URSS y el golpe en Chile, donde Salvador Allende había expropiado sectores clave de la economía y amenazaba los intereses mineros estadounidenses. Los objetivos de estas intervenciones eran proteger las ganancias de las compañías de EEUU y derrotar los movimientos socialistas.

No hay humanidad bajo el capitalismo

Sanders termina su discurso diciendo “Nuestro trabajo es construir una humanidad en común y hacer todo lo posible para oponernos a todas las fuerzas, ya sean gobiernos o corporaciones irresponsables, que tratan de dividirnos y ponernos los unos contra los otros” en un claro ataque a la retórica racista de Donald Trump y la derecha xenófoba en todo el mundo.
De todos modos, el adornado lenguaje de Sanders es solo una cubierta para una política que no ataca los problemas más importantes del mundo actual. Las tropas en Afganistán, la ocupación ilegal de Palestina por parte de Israel y los regímenes dictatoriales que son aliados de EEUU. Las propuestas de Sanders reviven soluciones pensadas para un momento de crecimiento económico y unidad capitalista, muy lejos de la realidad política y económica actual. Y por sobre todo, Sanders falla en entender que la política exterior estadounidense, ya sea en 1947 o 2017, mediante ayudas o bombardeos, solo protege los intereses imperialistas de los capitalistas de Estados Unidos.

Robert Belano
Washington
Tatiana Cozzarelli