lunes, junio 18, 2018

EEUU-China, una guerra que no es solo ‘comercial’



Esta semana la prensa internacional informó la imposición de aranceles por parte de Trump a China sobre unos u$s50.000 millones en importaciones. La elevación de los aranceles a la importación de acero y aluminio, hace dos meses no fue el principal eje de disputa, pues las importaciones de estos rubros afectaban principalmente a Europa y Canadá.
Los aranceles afectan a una lista de 1.300 categorías de productos, desde productos farmacéuticos hasta televisores de pantalla plana y celulares. El núcleo del bloqueo son las exportaciones chinas vinculadas al llamado plan Beijing “Made in China 2025”, diez sectores de tecnología de punta, incluida la robótica, aeroespacial y automovilística (Financial Times, 13/06). A principios de año, el gobierno norteamericano había bloqueado asociaciones de China con empresas tecnológicas estratégicas de EEUU, como Qualcom, un líder en la producción de semiconductores.
En respuesta a la elevación de aranceles, China aprobó una medida ‘espejo’ sobre 659 productos estadounidenses por un valor de U$S 50.000 millones, que incluyen productos del sector agrícola (soja) y automotor, entre otros (Infobae, 15/06).

Guerra comercial y etapa

La guerra comercial en curso no es sino la continuación de la crisis mundial que inició en 2007, cuyos efectos y conclusiones históricas no han sido aún desarrolladas completamente. La crisis mundial en 2007 tuvo lugar tan sólo una década y media después de la apertura al mercado mundial de las economías de dos estados poderosos como Rusia y China. Esta apertura que operaba como una verdadera válvula de seguridad para el capitalismo, desató, paralelamente, las tendencias anarquizantes con una intensidad sin paralelo: las crisis asiática/rusa de 1997 y la crisis mundial de diez años más tarde. Esto forzó la intervención del Estado en China y en Rusia, y la aparición de gobiernos bonapartistas que arbitraran con el capital internacional, para evitar la desintegración de esos Estados. Fueron las primeras manifestaciones del antagonismo que aflora en la actualidad. La ilusión de un tránsito ‘pacífico’ entre economías estatizadas y dirigidas y la economía mundial capitalista en su conjunto, quedó sepultada.
La guerra comercial que propone Trump tiene lugar luego de una década de rescates bancarios y rebaja de tasas de interés, que han llevado a un endeudamiento excepcional de estados y empresas (refinanciaciones) y a un involucramiento excepcional de los bancos centrales. Fueron diez años de tasas de interés cercanas a cero y una inyección monumental de dólares al sistema financiero, que no elevaron ni la productividad, ni la inversión, ni menos los salarios. Las brutales desvalorizaciones bursátiles de febrero pasado afectaron incluso a las empresas tecnológicas y su tendencia de beneficios. El mentado plan de infraestructura de Trump y la aprobación de rebajas impositivas han acentuado la crisis de deuda de Estados Unidos. El retiro del financiamiento del Estado por parte de la Reserva Federal (QE) plantea un escenario de iliquidez internacional y de una guerra financiera y monetaria entre los estados más relevantes.
La elevación de los aranceles a los productos chinos, informan los medios, pretexta corregir un déficit comercial con China de U$S 337.000 millones, algo inviable y contraproducente. Se trata, en realidad, de un medio de presión para imponer la privatización y desmantelamiento de las empresas estatales de China así como la apertura al capital extranjero de las Bolsas y mercados de capitales. Es lo mismo que busca la burocracia china, pero a un paso y a un ritmo controlado, porque de otro modo puede producir una bancarrota incontrolable. Está en juego una liquidación de capitales que se han sobre-acumulado en forma ficticia (o sea sin contrapartida real) a nivel mundial. Expresa, asimismo, una reacción del capital norteamericano contra el retroceso relativo de EEUU en la economía mundial.
Trump, sin embargo, no cuenta con un apoyo político amplio. Encara esta política con una división excepcional de la burguesía norteamericana, sus partidos e instituciones; el gran capital agrario (el sojero en particular) rechaza las medidas, pues China es el mayor comprador de granos de soja -un 30% de la cosecha estadounidense; también se opuso el secretario del Tesoro Steven Mnuchin y sectores enteros del partido republicano y demócrata. La ausencia de una homogeneidad para encarar una guerra comercial, y por el contrario, el rechazo de importantes sectores de la burguesía y sus partidos abre un escenario de crisis a la tentativa bonapartista de Trump y un posible ‘impeachment’, que ya es planteado abiertamente por algunas voces.

La crisis financiera en China

La ofensiva de Trump se desarrolla en momentos en los cuales China se encuentra lidiando con una crisis financiera, y una menguante capacidad de intervención estatal. The Economist señala que nunca el mercado de bonos tuvo un trimestre peor –récord de créditos incobrables y aumento del costo, e insolvencia de empresas de infraestructura. Señala que China necesita desendeudarse: la deuda total en la última década se ha incrementado del 150% del PIB a casi 300% (The Economist, 15/06). El semanario propone liquidar las empresas estatales y capital sobrante, en particular el llamado sistema bancario ‘en las sombras’, que financia gran parte de la especulación inmobiliaria, sin regulación estatal.
La sobreproducción de acero y aluminio, por parte de China, representa la mitad de la oferta mundial. Busca liquidar parte de estas ramas, pero también aumentar la escala de valor como materia prima de nueva industrias (“Made in Beijing 2025”). La asociación que busca China con empresas tecnológicas estadounidenses o europeas tiene este objetivo, en especial para abreviar el tiempo de gestación del desarrollo de industrias de chips y semiconductores, para transformar la matriz tecnológica de los servicios industriales. La adquisición de tecnología, por parte de China, por medio de fusiones y compras de acciones de empresas, enfrenta obstáculos cada vez mayores, incluso cuando es solicitada por compañías de Estados Unidos y Europa, que necesitan ampliar sus recursos y avanzar en el mercado interno de China, sin resignar el control del capital. En este terreno se desarrolla una transición económica entre la ‘integración’ y la ‘competencia’; Europa, por ejemplo, teme una alianza chino-norteamericana que la pueda llevar a una situación económica semi-colonial. Esta es la base del choque entre Trump y la UE, por un lado, y al interior de la burguesía norteamericana, por el otro.

Perspectivas

La ‘guerra comercial’ de Trump contra el alegado proteccionismo industrial y financiero de China, apunta a resignarla a socio menor de una alianza, que apunta contra la burguesía con asiento en Europa. Sería una suerte de estadio final de la restauración capitalista, que abriría, sin la menor sombre de duda, un período revolucionario en ambos países y una acentuación de las perspectivas de guerras. Es lo que opera en la trastienda de las negociaciones de Trump con Kim Jong-un. La bancarrota del capital ha tetanizado por completo a la economía mundial.

Nicolás Marrero

Fernando Martínez Heredia, te fuiste para apurarnos

Siempre que alguien se ponía a la cabeza de una meta cuyo tamaño excediera las fuerzas propias –al menos las fuerzas conocidas y supuestas–, toda vez que una persona oponía su voluntad a valladares de semblante infranqueable, cuando cualquiera mostraba empecinamiento tras objetivos en desuso o mal usados, Fernando Martínez Heredia les apoyaba en el hombro un aserto: “Eres el anuncio de los tiempos que vendrán”. Quien lo afirmaba, sin embargo, no creía en destinos inexorables. Ningún tiempo llega solo. Ningún anuncio sin práctica puede traerlo. Tampoco, cualquier práctica.
Si asumimos bien las ideas que pasó la vida defendiendo, no haremos de ellas el fijador de un retrato suyo, el salvoconducto de algún capítulo de tesis, o la cita sin vocación, a la postre, traicionera. Si las asumimos bien tendremos que crearles instrumentos, sin confundir al instrumento con la idea; conducirlos, sin semejar la conducción con el monólogo; y desarrollarlos para que sigan dando de sí.
Anoto algunos principios que aprendimos en su voz entrecortada y tosedora:
1. Al plantearnos actuar en política debemos tomar en cuenta las condiciones de partida, no para someternos a ellas sino para trascenderlas –incluidas las condiciones creadas por la cuarta Revolución Cubana, de 1959. Esta superación mediante la práctica es el vector más importante de la reproducción ampliada de un proyecto de liberaciones y el modo de prefigurar un espacio futuro al cual referir las actuaciones del presente y sus promesas.
2. Para no ser cómplices de esa ganancia de la dominación que implica naturalizar los fenómenos sociales y los productos de la actividad humana, debemos estudiarlos –y comprenderlos– en su historicidad. No asumir como “dados” los procesos o relaciones que pudieran impedir la liberación de las personas y las sociedades, pero tampoco, los que pudieran ayudarnos a hacerla avanzar. En el primer caso, para no suponer una predestinación que después de largos períodos de procesos revolucionarios estos se rutinicen o, al cabo, terminen siendo vencidos, idea que ya Fidel Castro había planteado con audacia en 2005 [1]. En segundo lugar, para no creer(nos) que es un resultado evolutivo la sociedad de bienandanzas y emancipaciones por la que Fernando pugnaba. Hay que ganarla luchando.
La historicidad es también un valor para la asunción de los legados y del pensamiento.
3. Consecuente con los dos puntos anteriores, Fernando no fue nunca martiano, fidelista y marxista de forma mimética. En su concepción de la cultura y de la lucha cultural, por ejemplo, se pone de manifiesto su capacidad –que es la misma de todo pensamiento revolucionario– de concebir ideas superiores a las condiciones vigentes. Fue sin dudas un martiano histórico al entender que la posesión de cultura –“ser cultos”– aunque nos predispone a ser libres, puede predisponernos también a no serlo. Valga aclarar que “ser cultos” para Fernando no incluye únicamente los atributos que desde un sentido común decimonónico encasillan esa cualidad, sino implica –sobre todo en el mundo de hoy– ser convivientes de procesos culturales, portadores de significaciones diferentes y hasta contradictorias, y reproductores en escalas desiguales de la cultura que portamos.
Por ello siempre encontramos en Fernando un cuestionamiento de los contenidos de la cultura que se posee, y la apelación a apoderarnos de y crear una cultura determinada , donde no caben las discriminaciones de ningún tipo, ni las jerarquías que justifican la explotación, ni el tratamiento de las identidades –personales o nacionales– como muñecos de feria.
Cuando José Martí escribió en “Maestros ambulantes”, 1884, aquella idea famosa que todos citamos [2], la ignorancia era el principal instrumento de dominación. Desde mediados del siglo XX comenzó a serlo la cultura misma.
Armado de esa certeza, por haber estudiado a fondo aquel tránsito, es que Fernando aboga por una emancipación que debe serlo también –si aspira a la sostenibilidad– en los contenidos de la cultura, y rebasa la explicación de esta última como antónimo de ignorancia. Por eso puede decir, en la madurez de su concepción, “la rebeldía es la adultez de la cultura” [3]. Y al conferirle valor político, amplía sus predios, le asigna nuevas tareas. Porque mientras ella no es rebelde permanece infante, sujeta, minusválida, postrada por el fardo secular de la opresión, que en la medida en que fue sofisticándose utilizó a la cultura como vehículo de oscurantismo y sumisión.
4. El socialismo no es en Fernando Martínez Heredia un lugar “al cual” llegar sino “del cual” llegar, a otro superior –el comunismo–. Por tanto, siempre usó el concepto de “transición socialista” –y no de “construcción del socialismo”– para llamar la atención sobre dos aspectos decisivos: a) el carácter que debía tener la transición para conducirnos a cotas de libertad y justicia superiores, y b) la condición conflictiva e inacabada de un camino donde solo en la medida en que cambiamos la vida, las relaciones sociales y a nosotros mismos de un modo revolucionario, nos acercamos al horizonte comunista.
Delante de esta idea para Fernando va Ernesto Guevara, con su llamado de “(…) empezar a construir el comunismo desde el primer día, aunque nos pasemos toda la vida tratando de construir el socialismo” [4].
Una consagración total a ese propósito basta, para que como le ha sucedido al Che, Fernando no sea tampoco visto como un hombre del pasado histórico de la revolución, sino de su futuro.
5. Más referida al trabajo de ciencia social y pensamiento social, el autor de Cuba en la encrucijada nos deja una lección que refrendó con su propia obra: la objetividad está en el modo como encaramos los objetivos, pero no en la ausencia de estos. Dos principios lo sustentan:
a). Que todo trabajo de ciencia social –y todo científico social– persigue objetivos “extra científicos”, tiene intereses ideológicos. Lo que resta valor a la ciencia social es la pretensión de neutralidad e imparcialidad, y no las finalidades políticas que le animan.
b). Que, por lo tanto, el medidor de “cientificidad” no está en la “pureza ideológica” –inexistente e improbable– de la ciencia social, sino en la seriedad, rigor y honestidad intelectual con que el científico social encara o sustenta sus filiaciones al hacer ciencia [5].
6. La combinación entre militancia y libertad es necesaria no solo al hacer trabajo intelectual, sino a la hora de conducirnos como ciudadanos, de pensar con cabeza propia, de imaginar futuros para los cuales el pensamiento no puede tener ataduras. Es preciso “convertir los ideales en militancia y la militancia en ideales” [6].

Los revolucionarios no enviudan

La clausura del Departamento de Filosofía de la Universidad de La Habana (1963–1971) y de la revista Pensamiento Crítico (1967–1971) [7], fue un episodio duro. Tan bien lo comprendió Fernando que no pudo secarlo el ostracismo ulterior. No transigió con la “autocrítica” que le sugirieron. No pactó. Supo distinguir entre la revolución y sus usufructuarios. En el tiempo que sobrevino chocó a consciencia una y otra vez con la misma piedra –solo así las piedras ceden–.
Y jamás enviudó. Tampoco los de su grupo, los de su estirpe. A no enviudar le ayudó la idea de que “se gana mucho con la derrota si uno no se convierte en un derrotado” [8]. Los inmaculados no han vivido jamás revoluciones, aun cuando su ciclo vital transcurra dentro del ciclo histórico de alguna. O aun cuando supongan actuar en su nombre, administrar sus legados, conducir sus estructuras. Debemos desconfiar de aquellos a los que siempre les va bien en las revoluciones. Y desconfiar de la prevalencia del carácter revolucionario en procesos donde la estabilidad de la norma obsede más que el ejercicio de su interpelación.
Llena de abolladuras nos entrega Fernando su indumentaria. Ninguna es moral. Él ha estado en revolución. En brega por un socialismo que no llegue a homologarse con el pedacito de poder personal de un grupo [9]. O que, como gustaba repetir, citando a Lezama, no se vuelva tan pequeño “que quepa en la chapita de una botella”. Él jamás permutó del centro de una batalla para evitarle al pensamiento la humillación de “adorno” o “actividad permitida”. Allí se mantuvo para volverlo un prefigurador de caminos y un chofer de la política.
Los inmaculados, ¿qué indumentaria exhiben?, ¿cuáles abolladuras?

Profeta, periodista, historiador

Fue decisivo aquel curso que impartiera Fernando en el Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, entre el 3 de marzo y el 12 de junio de 2015: “El marxismo de Marx, problemas de su conversión en instrumento revolucionario mundial” [10]. Quince sesiones de cinco a seis horas los martes y catorce de ocho horas los viernes. Recesos fugaces, como este suyo de ahora.
Fernando, renqueante, trepaba hasta el salón. Su esperanza ardía con la misma intensidad sobre 26 personas que sobre siete. Bromeó el primer encuentro con aquella premonición de Máximo Gómez cuando las tropas bajo su mando salieron hacia Occidente en la invasión: “En estas filas que hoy veo tan nutridas, la muerte abrirá grandes claros”.
De Carlos Marx y La Gaceta Renana a José Martí y aquel opúsculo en La Edad de Oro donde Fernando nos enseñó a ver fundamentado el comunismo[11]. De las Cartas a Kugelmann [12] y Lenin pidiendo que todos las clavasen en las paredes de sus casas, al Che que desde Tanzania le dice a Armando Hart: “(…) ya hemos hecho mucho, pero algún día tendremos también que pensar” [13].
En tamañas travesías se nos fue revelando cuán preciso era Fernando en aquella forma jocosa de describirse: “Yo he sido a un tiempo profeta, periodista e historiador. Primero me ha tocado alertar: ‘va a pasar esto’; luego decir: ‘está pasando esto’; y por último contar: ‘pasó esto’”.
Entendimos en toda su complejidad personal y social el valor de esa tríada al abordar en sus clases el segundo intento de universalización del marxismo, que a diferencia del primero, aconteció en el tercer mundo hacia la segunda mitad del siglo pasado. Y en el fragor de ese segundo intento, desde la Cuba de los 60, descubrir al imberbe que se fuga con su revólver de una escuela emergente cuando ante la Crisis de Octubre llega la orientación a los alumnos de permanecer estudiando [14]; que, cuatro años y varias broncas después escribe la pieza fundamental de su profecía: El ejercicio de pensar [15]; que analiza los reveses –con optimismo histórico– mientras suceden, en ese testimonio de la resistencia y el pase a la ofensiva que es En el horno de los 90 [16]; y que en las dos décadas siguientes argumenta –andando en la historia [17]–, por qué seguir abrazado(s) a idéntico mástil.
Era el mismo Fernando que nos insistía: “Ustedes la tienen más difícil que nosotros: nosotros lo teníamos todo más claro, ustedes lo tienen todo menos claro”, y añadía: “Quizás porque está todo menos claro ahora”.
Rumiando las posibles causas de esa menor claridad, se me ocurre que una de ellas está asociada a que la lucha por el relanzamiento de la revolución en Cuba debe vérselas con un asunto muy serio: el de las propias creaciones de la revolución. ¿Cómo lograr que esas creaciones se trasciendan sin negarlas? O dicho de otra manera: ¿cómo convertir la superación en causa principal de su pervivencia? ¿Cómo evitar el drenaje de sus contenidos? Las respuestas supondrán encontrarles rápido a nuestros vehículos un nuevo modo de funcionar, porque ellos también nos conducen.

Allí donde renazca, hacerlo envejecer

Nos contaba Fernando que en algún momento de su ostracismo su hija Liliana le preguntó: “Papá, ¿tú eres el jefe de la generación del silencio?”, a lo que él no supo responder. Después bromeaba con un pensamiento que lo asaltó en sordina: “Caramba, si esta muchacha sigue avanzando tendré que matarla”.
Me regocija que la suya, la de sus compañeros, no haya resultado ser la generación del silencio.
Muchos atribuyen lo anterior al fracaso del “socialismo” en Europa del Este, que interpretan como la coyuntura que les dio la razón y los colocó otra vez en la palestra. Yo prefiero asociarlo a algo no coyuntural: la permanencia en ellos de la idea, los principios y una forma específica de defenderlos.
La generación a que pertenezco tiene entre sus peligros el de la repetición o el adocenamiento, lo cual a la larga terminaría convirtiéndola en una generación del silencio, pero de uno peor: antes de ser acallados luchando, enmudecer sin haberlo hecho.
Entonces, nos corresponde hablar donde quiera que se abra un espacio digno, y martianamente, con los actos: como mejor se habla. Ser conscientes de que tan perjudicial e indecoroso resulta servir a emisarios de lógicas empresariales, los que colocan la motivación fuera de la idea, como a la poda de las ideas en nombre de la custodia del socialismo. Darnos nuevos medios de expresión y salvar entre todos los que existen. Saber distinguir bien cuáles son las demarcaciones de nuestro campo, para ensancharlas y volverlo el campo más grande. Las revoluciones no se administran, se hacen.
Si es con ojos de funeral que en derredor miramos, Fernando deja un claro terrible en tropas menos nutridas que antes. Pero esos son solo ojos de cristal, de ver afuera. Los suyos, los de afilada cuenca y bolsón debajo, nos dicen que entró a movernos mejor, con esa forma de “orientar” –¿o debería decir “proponer”?– a la que una pedagogía política en la transición socialista no puede dar espalda.
Falleció el 12 de junio de 2017. El mismo día, dos años antes, cerraba el último seminario del curso que nos cambió la vida.
Acertó aquel compañero suyo cuando en uno de los homenajes póstumos inició así su intervención: “A Fernando no digo ‘donde quiera que esté’, porque ‘Fernando está en todas partes’”. Tenía que estarlo para el amigo de tanto trecho. Pero cuando apenas comenzaba a llenar partes de mi generación, se fue Fernando. Estoy por creer que para apurarnos.
Si ya provoca escándalo morirse a los 78 años sin geriatría, seguir siendo joven en la muerte es un bochorno para los vivos. Él sabe que volverá con frecuencia, pero quiere, necesita, regresar más viejo cada vez. Ayudemos al hereje. Ahora somos los responsables de su ubicuidad, que cambió el “don” por la conquista.

Alejandro Gumá
La Tizza

Notas

[1] http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f171105e .html
[2] “Ser culto es el único modo de ser libre” Martí, José (1884): “Maestros ambulantes” en José Martí. Obras completas — Edición Crítica, Centro de Estudios Martianos, 2016, p.124.
Nota del autor: Propongo la lectura completa y cuidadosa del artículo de José Martí para una mejor comprensión del uso que hace del concepto “cultura” y de los problemas específicos a que con él se enfrenta.
[3] http://www.juventudrebelde.cu/cuba/2007-10-07/che-expresion-viva-de-la-herejia-cubana
[4] Martínez Heredia, Fernando (2001): “El Che Guevara: los sesenta y los noventa”, en El corrimiento hacia el rojo , Editorial de Letras Cubanas, La Habana, pp. 254–255.
[5] Dos ejemplos clásicos paradigmáticos –y diferentes entre sí– son Karl Marx (1818–1883) y Max Weber (1864–1920).
[6] http://www.epoca2.lajiribilla.cu/articulo/4546/un-duelo-de-labores-y-esperanzas
[7] Para ahondar sobre las causas del cierre de ambos empeños, propongo la lectura de “Pensamiento social y política de la Revolución”, conferencia dictada por Fernando Martínez Heredia como parte del ciclo La política cultural del período revolucionario: memoria y reflexión, organizado por el Centro Teórico-Cultural Criterios. Puede verse en: Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio de pensar , Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
[8] Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio de pensar , Editorial de Ciencias Sociales, Ruth Casa Editorial, La Habana, p.76.
[9] Martínez Heredia, Fernando (2017): “No seamos siervos de ellas: trabajemos con ellas”, en: Cuba en la encrucijada , ob.cit., p.137.
[10] El curso está grabado en su totalidad y ya se edita para su publicación.
[11] “(…) y en que ha de parar el mundo, cuando sean buenos todos los hombres, en una vida de mucha dicha y claridad, donde no haya odio ni ruido, ni noche ni día, sino un gusto de vivir, queriéndose todos como hermanos, y en el alma una fuerza serena, como la de la luz eléctrica”, Martí José (1889): “La última página”, en La Edad de Oro , p.128, disponible en: https://elsudamericano.files.wordpress.com/2017/06/jose-marti-la-edad-de-oro .pdf
[12] Ver: https://www.marxists.org/espanol/m-e/indice .htm
[13] Carta del Che Guevara a Armando Hart Dávalos, Dar-Es-Salaam, Tanzania, 4 de diciembre de 1965, disponible en: https://www.rebelion.org/hemeroteca/argentina/filosofia310702 .htm
[14] Ver entrevista a Fernando Martínez Heredia en: Suárez Salazar, Luis y Dirk Kruijt (2015): La Revolución Cubana en Nuestra América: El internacionalismo anónimo , Ruth Casa Editorial, libro electrónico.
[15] Véase en: Martínez Heredia, Fernando (2010): El ejercicio …, ob.cit., pp.139–158.
[16] Martínez Heredia, Fernando (2005): En el horno de los 90 , Editorial de Ciencias Sociales, La Habana.
[17] Ver Martínez Heredia, Fernando (2009): Andando en la historia , Instituto Cubano de Investigación Cultural (ICIC) “Juan Marinello” y Ruth Casa Editorial, La Habana.

¿Qué significa para América Latina y el Caribe la (s)elección de Iván Duque en Colombia?

La perspectiva histórica

Hace exactamente cien años asumió la presidencia de Colombia Marco Fidel Suarez, quien acuño el lineamiento de política exterior llamado Respice Polum (“miremos al polo” o “hacia el Norte”) o Doctrina Suárez. Desde entonces, y con pocas interrupciones como la del general nacionalista Gustavo Rojas Pinilla (1953-57) y de manera menos estridente, en el período de Ernesto Samper (94-98), Colombia ha actuado subordinada a los intereses expansionistas de los EEUU limitando la soberanía de sus relaciones internacionales. Poco antes, Colombia perdía su provincia centroamericana, que se independizó como Panamá en 1903 por el interés de EEUU de construir el canal interoceánico. Suárez fue actor principalísimo en la ratificación del Tratado Urrutia-Thompson, firmado en 1914, por el cual se otorgaban algunas compensaciones a Colombia por su pérdida territorial e intentaba “normalizar” la relación quebrada con EEUU por la secesión panameña.
El Acta de Chapultepec de 1945, la firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca en 1947 y la creación de la OEA en 1948 - justamente en Bogotá - constituyeron la implementación luego de la segunda guerra mundial de la Doctrina Monroe, dando juridicidad a la hegemonía y la posibilidad intervencionista de los EEUU en la región.
A la muerte del tribuno liberal Jorge Eliécer Gaitán siguió la guerra interna.
El Frente Nacional (1958-1974) y la misma guerra interior, fueron escudo y excusa de la plutocracia aliada con los EEUU contra todo intento progresista o de izquierda para cambiar las cosas. El mismo objetivo de control militar y civil, bajo la apariencia de la lucha contra el narco, tuvieron la Iniciativa Mérida y el Plan Colombia.

¿Novedades en el frente? El actual enemigo principal de EEUU

En Enero de este año la administración Trump hizo pública la renovación de su estrategia de seguridad nacional – hasta ahora enfocada en la “lucha contra el terrorismo global” - poniendo como principales vectores de amenaza la competencia de Rusia y China en el tablero mundial. Lo que se quiere evitar es la pérdida de hegemonía estadounidense y el ascenso de Oriente como principal polo planetario.
EEUU ha logrado mejorar su posición geopolítica relativa en América Latina, luego de los golpes parlamentarios en Honduras, Paraguay y Brasil, la victoria de Macri y el partido colorado en Paraguay, la reelección de Piñera en Chile, el giro a la derecha de Moreno en Ecuador y el debilitamiento del gobierno del FMLN en El Salvador. El país del Norte ataca a Venezuela, a Nicaragua y a Bolivia para eliminar todos los focos de resistencia de izquierda a su hegemonía.
Sin embargo, la situación es precaria e inestable. En Perú ya echaron a PPK y el nuevo presidente Vizcarra está en posición endeble. En Brasil, el golpista Temer no cuenta con aprobación popular, lo mismo sucede con Juan Orlando Hernández en Honduras, reelecto en circunstancias fraudulentas. En Guatemala, se pide la renuncia de Jimmy Morales. En México, a todas luces va a ganar las elecciones el reformismo progresista de López Obrador. En Argentina, EEUU ha establecido un protectorado económico a través de fondos buitres y el FMI, lo que augura una enorme conflictividad social ante el ya evidente fracaso económico y social de Macri.

Colombia hoy

En Colombia, luego de los Acuerdos de Paz las acciones bélicas han disminuido, aunque continúan los asesinatos selectivos a líderes campesinos y sociales que protagonizan la oposición local al feudalismo terrateniente, a los megaproyectos extractivistas y de infraestructura.
Por otra parte, Colombia continúa siendo el principal proveedor de droga del mercado estadounidense, aumentando la superficie de cultivos de coca en los últimos años, a pesar de fumigación indiscriminada, guerra institucional y foránea. Lo cual muestra – como mínimo – la ineficacia de tales planificaciones. O acaso, que las intenciones no declaradas de dichos planes nunca contemplaron una reducción efectiva del narcodelito.
Más allá de la veracidad estadística o no de esta cifra, esto constituye una argumentación propicia para continuar la acción militar y de seguridad de EEUU en territorio colombiano. En la última visita a Colombia del ahora ex secretario de Estado de Estados Unidos, Rex Tillerson, el Gobierno de Colombia aseguró su voluntad de conformar una fuerza de tarea conjunta para combatir el narcotráfico. EEUU, por su parte, anunció la renovación de la cooperación – una continuidad del Plan Colombia concebido durante la presidencia del conservador Pastrana – por cinco años más. O sea, más de lo mismo.
Por si fuera poco belicismo, “el premio Nobel de la Paz” Santos sumó recientemente a Colombia como socio global de la OTAN, ofreciendo al país como cabeza de playa en Sudamérica.
En términos regionales, Colombia ha suspendido sus actividades en UNASUR y conspira abiertamente contra el legítimo gobierno bolivariano de Venezuela en conjunto con la docena de países nucleados en el grupo de Lima.

Entonces, ¿qué significa para la región el resultado de la segunda vuelta?

Si se mira el mapa de los actuales gobiernos, América Latina y Sudamérica están partidas, divididas por la influencia estadounidense, la propaganda de medios concentrados y una mezcla de acomodados y arribistas en cada país que se niega a solidarizarse con los sectores desposeídos y discriminados, la mayoría mestiza, negra y originaria de la región.
En este contexto y desde el punto de vista de la política exterior, el triunfo de Iván Duque representa un refuerzo de la actual política colombiana subordinada a EEUU, la elevación del riesgo de reavivar el conflicto social interno y de comprometer a Colombia en acciones bélicas contra Venezuela y en otras regiones del planeta.
La (s)elección de Duque por quienes lo respaldan, augura la permanencia de efectivos militares estadounidenses y el uso de bases colombianas por parte de EEUU, el retroceso de los procesos de integración soberanos y pone en riesgo la Declaración de América Latina como Zona de Paz lograda en la reunión CELAC de 2014.
Duque será un presidente débil en manos de la oligarquía y las fuerzas partidocráticas a su servicio, lo que producirá una acentuación del neoliberalismo y la propiedad concentrada de la tierra, las finanzas y los medios, alejando toda posibilidad de acotar o disminuir las enormes brechas de desigualdad.
En definitiva, en términos geopolíticos, todo indica que el nuevo presidente seguirá con la política del “partido único de dos cabezas” de ser apenas un satélite de los intereses estadounidenses en América Latina.
Petro, apoyado por gran parte del arco progresista colombiano - y sobre todo por mujeres y jóvenes, columna vertebral del activismo por la paz - hubiera constituido un fuerte impulso a conservar lo ganado en los Acuerdos de Paz y la posibilidad de una progresiva reconciliación. Hubiera sido el gobierno progresista que le faltó a Colombia, mientras otros países de América Latina avanzaban en la integración y las mejoras sociales con Lula, Cristina y Néstor Kirchner, Correa y aún más marcadamente con Chávez y Evo.
No hay dudas que en esta segunda vuelta triunfó la continuidad de la partidocracia, en cerrada coalición con la opinión de los medios de difusión hegemónicos, las iglesias retrógradas y la estrategia de la administración estadounidense. Ganó el candidato del bipartido único, de la oligarquía y la conservación.
Pero los guarismos muestran también que hay un importante sector de la ciudadanía que quiere una Colombia distinta. En este sentido, los ocho millones de votos conseguidos son una voz fuerte que sitúan a Gustavo Petro como líder de la oposición, quien junto a la resistencia ciudadana y rural dificultarán al nuevo gobierno ejecutar sin más su programa. Esto probablemente se hará manifiesto en la construcción territorial y en futuras elecciones municipales y nacionales. El poder no tiene asegurado el futuro.
La elección en Colombia puso de manifiesto, en coincidencia con procesos más generales, que el camino hacia una América Latina más humana es la articulación en la diversidad de las fuerzas humanistas de la izquierda y el progresismo social en el marco de una renovación de los proyectos transformadores y con el eminente protagonismo de las mujeres y los jóvenes.

Javier Tolcachier

El barco Aquarius y cinco muestras de la militarización del saqueo de África

Es falso que los inmigrantes vienen a Europa por razones económicas. Más del 80 % huyen de guerras. Sus parientes han sido asesinados y sus hogares destruidos. Así concluye un estudio realizado por la Universidad de Middlesex de Londres en 2015. Cierto. Es Asia el continente con más hambrientos del mundo, e India, con su capitalismo más “intocable”, cuenta con 200 millones de almas y cuerpos en la pobreza absoluta. Pero no se ven avalanchas de indios llegando al primer mundo en pateras.
Sólo una guerra (o sea, la muerte casi segura y violenta) es capaz de forzar a millones de familias a cruzar mares, montañas y desiertos, arriesgando la vida. Las cerca de 56 millones de personas que desde 1991 (el fin de la URSS) hasta hoy han tenido que abandonar su hogar en Oriente Próximo y África por las guerras de conquista encabezadas por EEUU no han elegido su destino, ya que no tienen control sobre ello: dependen de quienes los llevan y las tierras que les acogen.

El “caos creativo” para inventar una África a la medida

La misma procedencia de las 630 personas que subieron al Aquarius muestra el nexo directo de la actual migración con el nuevo saqueo militarizado de África llevado a cabo por la OTAN. Las economías occidentales en recesión necesitan recursos naturales baratos, y también nuevos mercados: “Proteger el acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia y garantizar que ningún otro tercero interesado como China, India, Japón o Rusia, obtenga monopolios o trato preferencial” es uno de los objetivos de la militarización de África, confiesa el director del Centro del Concejo Atlántico para África en Washington, Peter Pham. Mientras, la marca del “terrorismo islámico” de la CIA abre sucursales por el mundo como si fueran McDonald’s, alimentando a las compañías de armas y de recursos naturales. Bajo el pretexto de la “lucha contra el terrorismo”, “estabilizar la región”, “misión humanitaria “ o “mantenimiento de la paz”, el Comando de África de los EEUU (AFRICOM) ya ha instalado unas 50 bases militares por todo el continente, mientras aplasta los movimientos progresistas y anticapitalistas, apuntalando a los regímenes corruptos y dictatoriales que dirigen las formas más salvajes de gobernar una nación.

Caso Libia

Decenas de miles de ciudadanos de Mali, Sudán, Chad y del resto de África se dirigen a Libia para huir de guerras o en busca de trabajo, pero desconocen que aquel país próspero hoy es el centro mundial de la esclavitud, de la tortura y la violación. Antes de que en 2011 la OTAN planeara derrocar a Gadafi y ocupar Libia, unos dos millones de inmigrantes trabajaban en este país de 5 millones de habitantes, la primera reserva del petroleó de África. Ahora, además de los libios que huyen del país hacia Europa, también lo hacen aquellos inmigrantes si consiguen salir de aquel infierno.

Caso Nigeria

En el séptimo exportador mundial de petróleo, EEUU con la farsa de “salvar a las niñas secuestradas” vía militar, intenta instalar la sede de Africom, hoy en Alemania. Fue en Nigeria donde la petrolera angloholandesa Shell fue acusada de “complicidad en asesinato, violación y tortura” de los nigerianos cometidos por el ejército en la región petrolera de Ogoniland en la década de 1990. Las protestas para expulsar a Shell de Nigeria por el desastre ecológico que creó en la región y obligó a desplazarse a comunidades enteras, condujo a la petrolera a crear una unidad secreta de espionaje, que pasaba información sobre los molestos activistas a la agencia de seguridad nigeriana, a la vez que pedía al presidente-general Sani Abacha “resolver el problema”. Y él lo hizo: ahorcó a 9 líderes ecologistas, mató a más de 1.000 manifestantes y destruyó unas 30.000 viviendas en la aplicación de la política “tierra quemada”. Así, Shell podía llevarse un millón de barriles de petróleo al día con tranquilidad.
Las compañías occidentales que buscan el uranio, el oro, platino, diamante, cobre, tierras raras, coltán, petróleo, gas, o carbón de África, establecen un control sobre sus gobiernos de África mediante inversiones, préstamos, “ayudas al desarrollo” y el tráfico de influencia. No hay nada nuevo: simplemente estamos ante la actualización de la Conferencia de Berlín de 1884, que repartió África entre las potencias y de paso teorizó los lazos entre el colonialismo y el racismo (sistematizado por los británicos en el “apartheid”). Luego asesinaron a los líderes de los movimientos progresistas como Patrice Lumumba, Amílcar Cabral, Eduardo Mondlane, Samora Machel, Felix Moumie o Chris Hani, apoyando a las dictaduras más impresentables del mundo. Más adelante, creaban monstruos como Bin Laden pero llamaban “terrorista” a Nelson Mandela.

Caso Sudán

El mismo año de la destrucción de Libia, EEUU dividió al que fue el Estado más extenso de África: unas 50.000 personas (incluidos niños y niñas) fueron torturadas y asesinadas por los señores de la guerra que luego ocuparon el poder; otros dos millones de personas huyeron, ocultos en los islotes de los pantanos del Nilo, comiendo hierbas silvestres y buscando refugio en Etiopía o Uganda. Miles de niñas y mujeres han sido violadas una y otra vez, incluso en el campo de refugiados de Juba, la Capital de Sudan del Sur. Hoy la hambruna afecta a 4,6 millones de personas. La CIA ha vuelto a fabricar “rebeldes” armados para desestabilizar el país, ya que los líderes que impuso han convertido a Sudán del Sur en el único país de África con contratos de petróleo con China.

Caso Níger

Los ciudadanos de este país se enteraron de la existencia de una base militar de EEUU (ilegal por prohibición constitucional) sólo cuando cuatro de ellos murieron en una emboscada el mes pasado. El dictador Mamadu Issoufou fue el director de Somaïr, la compañía de minas de uranio del país pero bajo control de la compañía francesa Areva. Una quinta parte del uranio que alimenta la red eléctrica francesa proviene de Níger que es, paradójicamente (o no) el penúltimo país más pobre del mundo. Las empresas occidentales van a por su oro, uranio y petróleo. Issoufou es como el presidente turco Tayyeb Erdogan: ha cobrado ingentes millones de euros a la UE para retener a los inmigrantes.
Federica Mogherini, la comisaria de exteriores de la UE, viajó a Níger en 2015 expresamente para apoyar la llamada “Ley 36” del país, que prohíbe a los extranjeros viajar al norte de Agadez, la región donde EUU ha construido un megabase de drones de 6 kilómetros cuadrados por 110 millones de dólares, para desde allí controlar Mali, Argelia, Libia y Chad. Esta ley ha convertido el desierto en un gran cementerio para los migrantes africanos: en junio de 2017 unos 50 jóvenes, abandonados por los traficantes, murieron de sed en el desierto de Niger cuando iban a Libia. No es casualidad que la sede de la Organización Internacional para las Migraciones, financiada por la UE, esté en este país.

Caso Mali

Aquí la esperanza de vida es de 48 años y sus minas de oro están bajo el control del gigante británico Gold Fields. Tras destruir Libia, la OTAN miró a Mali: organizó un golpe de Estado en 2012 que derrocó al presidente Toumani Touré para sustituirlo por el capitán Amadou Sanogo, entrenado en EEUU. Luego, mandó a las corporaciones como URS y AECOM, (contratistas del Pentágono) construir nuevos complejos militares, para que la Fuerza de Reacción Rápida de EEUU en el Sahel amplíe su control sobre la región.
No esperen comprensión, solidaridad, piedad, ni caridad de las compañías de armas ni de las que buscan maximizar sus beneficios. Lean algo sobre el secuestro y la tortura de los niños para ser explotados en las minas de coltán de Congo y conocerán la verdadera naturaleza dichas compañías del “primer mundo”. ¿Y luego quieren que estas personas no huyan de sus tierras?

Nazanín Armanian
Público

domingo, junio 17, 2018

El techo de cristal y los subsuelos del feminismo liberal del PSOE



Las leyes de “igualdad” para las mujeres se han topado con la (des)igualdad de las reformas laborales y los recortes de servicios públicos que sumieron a la mayoría de las mujeres, las trabajadoras, inmigrantes, jóvenes a los subsuelos de la precariedad y la pobreza, muy lejos del techo de cristal de las mujeres del gobierno “feminista” del partido social liberal del PSOE.

El PSOE basa siempre sus discursos en proyectos de "leyes de igualdad" que se han colgado como medallas, como la Ley de Dependencia, la ley igualitaria en permisos por maternidad o la ley integral contra la violencia estructural de género desde Ministerios como el de Sanidad, Igualdad o Trabajo, entre otras.
Las masivas movilizaciones del movimiento de mujeres y feminista se fueron acrecentando, demostrando la “corta vida” de estas leyes, reformas laborales mediante y grandes derechos recortados a la mayoría de las mujeres. Un ejemplo, son los presupuestos del Pacto de Estado contra la violencia machista, recortados por el PP. Sin embargo Zapatero ya en el 2006 también utilizó las tijeras en los presupuestos para la prevención integral de la violencia de género.
Inéditamente, el PSOE se embarca en un recambio del bipartidismo (senil) bajo un “Gobierno feminista” que, según los socialistas, “ha roto con todos los techos de cristal”. Sin embargo, el subsuelo está más cerca, si hablamos de los derechos, para la mayoría de las mujeres, las trabajadoras, las pobres, inmigrantes y jóvenes. Los techos de cristal son, para ellas, inalcanzables.

Leyes que no “dignifican”: de extranjería o regulación de empleadas del hogar

Es conocida, aunque nada pronunciada por la memoria del nuevo Gobierno “feminista”, la Ley 2/2009 de Extranjería del PSOE respecto a las denuncias de violencia machista, que determinaba que si una mujer inmigrante en situación irregular era víctima de malos tratos y acudía a interponer una denuncia, la Ley colocaba un expediente de expulsión por ser extranjera irregular.
Esta no es más que la continuidad de la primera de las reaccionarias leyes de extranjería, la Ley Orgánica 7/1985 de Felipe González, que al regularizar a miles de personas inmigrantes dejó expuestos a otras miles como “ilegales” para su expulsión o sometidas a la explotación laboral.
Así ocurrió con miles de mujeres inmigrantes, en su mayoría empleadas del hogar, para quienes no era obligatorio ningún tipo de contrato ni cobertura a la Seguridad Social. Hasta que en el año 2011 el PSOE, en acuerdo con CCOO y UGT, estableció una nueva normativa para regularizar la situación de las empleadas domésticas, el Real Decreto 1620/2011 que entró en vigor a inicios del 2012. Con él se pretendía que las empleadas de hogar entrasen, paulatinamente, al Régimen General de la Seguridad Social, algo previsto hasta el año 2019.
Las condiciones de explotación y vulnerabilidad de las trabajadoras inmigrantes eran tales, que supuso algunas mejoras y muchas mujeres pudieron regularizar su situación, aunque en condiciones muy precarias y como trabajadoras de última categoría. En su momento, el ministro de Trabajo Valeriano Gómez, dijo que con esta ley se pretendía “dignificar la profesión”, sin embargo, como denuncian las propias trabajadoras del hogar:
“No tenemos acceso a derechos tan básicos como es la prestación por desempleo. No tenemos ningún tipo de protección si nos despiden, ya que ésta ley ampara el nombrado “despido por desistimiento patronal’’ que es totalmente arbitrario. Es legal que nuestro salario se pueda retribuir con “especies’’ (comida o alojamiento), que en la actualidad puede suponer un 30% del mismo. Mediante el tramposo concepto de “horas de permanencia’’ está permitido que se trabaje más de 60 horas semanales a pesar de que el contrato estipule una jornada de 40. Eso sin hablar de que aún son muchas las que ni tienen contrato, y que para las que lo tengan es habitual que no se respeten ni las mínimas condiciones estipuladas por el mismo”.

Conciliación, Igualdad y las Leyes de Dependencia: recortes y más precariedad

En los debates sobre la “conciliación”, la fórmula del PP ya planteada por Aznar, es la de "corresponsabilidad" de los hombres en las tareas domésticas y de cuidado. El PSOE plantea se deben garantizar las condiciones económicas y sociales para lograr la igualdad entre hombres y mujeres, bajo la fórmula "Conciliación más Igualdad”.
Pero estas fórmulas muestran sus límites cuando se enfrentan a la realidad de los recortes en la sanidad, "protocolos" que limitan los derechos para las embarazadas, la paralización de la Ley de Autonomía personal y los brutales recortes en la Ley de Dependencia como el copago en las prestaciones farmacéuticas y ortoprotésicas o el cierre de centros de atención diurna, ocupacionales y residencias. Aquella ley aprobada por Zapatero, bajo la que se desplegarían servicios y recursos públicos, se había vendido como un avance para ayudar a todos aquellos familiares (en un 93% mujeres) que ejercen las tareas de cuidados no profesional en su propio hogar.
Sin embargo, el fracaso de la Ley de la Dependencia es parte del desmantelamiento de la gran mayoría de los servicios públicos. La consecuencia es una mayor intensificación de las tareas domésticas y de cuidados para las mujeres, que suplen de forma gratuita porque el Estado se las quita de las manos. La residencias para personas dependientes son muy limitadas y las privadas son un verdadero negocio capitalista, un lujo impensable para las familias de la clase trabajadora. Esto provoca una verdadera traslación de estas tareas de lo público a lo privado, que lleva a que ancianos o personas dependientes retornen a vivir a los hogares, en condiciones de pobreza.
Por tanto, la posibilidad de conciliar la vida personal con la laboral es otra falsa ilusión del feminismo liberal, que quiere hacer creer que, una vez que “ya están todos los derechos conquistados”, sólo depende de la “elección individual” de las mujeres su libertad de actuación.
Pero la mayoría de las mujeres nos topamos con otra cruda realidad: la precariedad, el paro y la pobreza. El trabajo asalariado femenino es alto en sectores de alta precariedad, como el de servicios (66,6%) y en todas aquellas tareas vinculadas al cuidado de las empleadas del hogar (88,6%). De las personas ocupadas a tiempo parcial, el 73,86% son por mujeres; es decir, 3 de cada 4 empleos. Los abusos patronales de las contratas se cargan cuando pueden hasta los derechos de maternidad despidiendo ilegalmente a trabajadoras embarazadas.
Estas cifras actualizadas al 2017 no caen del cielo. Tienen su origen en el modelo laboral del capitalismo español configurado en las décadas del ’80 y ’90 tras diferentes políticas aplicadas por los gobiernos del PSOE y del PP, desde la llamada “reconversión industrial”, hasta privatizaciones de servicios públicos, reformas laborales, EREs, pérdida de decenas de miles de trabajos desviados hacia la contratación y subcontratación de servicios. Bajo el gobierno de Zapatero la precariedad laboral femenina había aumentado: los contratos temporales y a tiempo parcial superaban tres veces más al de los hombres y la brecha salarial llegaba al 26%.

Sánchez “feminista” asume como un buen ateo ¿Y la separación de la Iglesia y el Estado?

Pedro Sánchez es el primer presidente en asumir sin crucifijos ni biblias, autodefiniéndose como ateo y defensor de un Estado laico. Sin embargo, la alianza del PSOE con la Iglesia también estuvo tan sellada como con el PP.
Este año la Iglesia recibirá más fondos que nunca de parte de la Asignación Tributaria, ya que del ejercicio fiscal del 2016 la cantidad destinada alcanzó los 256,21 millones de euros, siete millones más que el año anterior. Se trata de la cifra más alta desde 2007 cuando se puso en marcha el modelo de financiación de la Iglesia ¿Diseñado por quién?, por el PSOE cuando fijó que el Estado le destinaría el 0,7 % de la cuota íntegra del IRPF de los contribuyentes voluntarios.
Este es el “Gobierno feminista” que sostiene alianzas con una de las instituciones más reaccionarias contra las mujeres o la diversidad sexual. La intromisión de la Iglesia católica en la política o en la educación, actúa como una cárcel contra los derechos más elementales y en la vida de las mujeres, con sus valores oscurantistas contra el aborto, la diversidad sexual y toda una larga lista de hipocresías.

Ni igualdad ante la ley, ni igualdad ante la vida para la mayoría de las mujeres

Ha sido la lucha histórica de las mujeres la que ha impuesto enormes conquistas como el derecho al aborto, leyes de maternidad, el matrimonio igualitario, entre otros. Sin embargo, esta ampliación de derechos de igualdad ante la ley siempre chocaron con la desigualdad ante la vida de la mayoría de las mujeres, frente a los recortes y ajustes que tanto el PSOE como del PP supieron garantizar como buenos amos de la Troika y el Íbex 35.
Bajo los subsuelos, la mayoría de las mujeres sólo pueden ver luz cuando salen a las calles, a luchar y organizarse. Como Las Kellys, “las que limpian los hoteles". A las que les duele el cuerpo de tanto limpiar como en una cadena de montaje donde las máquinas son las manos y las espaldas. Pero no tienen “derecho” a que se reconozcan esos males del cuerpo como enfermedades laborales, porque vienen tal vez de “algún mal extraño”. No queda otra entonces que vivir dopada con veinte pastillas al día. Es casi imposible conocer a la camarera de hotel que limpia la habitación de al lado, porque tiene sólo 15 minutos para dejarla impoluta y ya no hay tiempo para comer si lo que se pretende es lo que debería otro “derecho”: salir al horario establecido, porque las “extras” no las pagan. Y así no hay ni derechos básicos, ni artículo de la Constitución de igualdad ante la ley, que explique por qué no hay igualdad ante la vida.
Y el techo de cristal sólo lo alcanzan unas pocas. Porque no todas las mujeres somos iguales ¿O acaso son iguales las vida de las mujeres trabajadoras o inmigrantes que trabajan de internas, a las de Soraya Sáenz de Santamaría, Angela Merkel, Arrimadas o las mujeres del nuevo gobierno del PSOE? Suponer que un Gobierno constituido por mayoría mujeres, abstrayendo para qué intereses gobierna un partido social liberal como el PSOE, es caer en un reduccionismo biologicista inscrito en la ideología patriarcal dominante.
Siendo parte de las mujeres trabajadoras, las jóvenes precarias, inmigrantes, estamos las que luchamos de manera decidida para romper otros techos y todos los muros de esa alianza criminal, patriarcado y capital. Estamos las feministas socialistas anticapitalistas, que buscamos romper con las falsas ilusiones de que, bajo el sistema capitalista, es posible la conquista de derechos de manera gradual y evolutiva, de la mano de los mismos partidos, instituciones y leyes que los recortan y los quitan al mínimo descuido y abandono de la movilización y autoorganización del movimiento de mujeres junto a la clase trabajadora y la juventud.

Cynthia Lub
Barcelona | @LubCynthia

Trump anuncia aranceles por 50.000 millones de dólares sobre productos chinos



El presidente Donald Trump anunció el viernes aranceles a importaciones chinas por 50.000 millones de dólares y apenas horas después Pekín respondió con un plan para imponer tarifas sobre productos estadounidenses.
En un contexto en el cual muchas voces señalan a China como el mayor ganador de la cumbre entre Estados Unidos y Corea del Norte y en el que Trump salvó al gigante chino de comunicaciones ZTE –al que en un principio le había prohibido operar con empresas norteamericanas- el presidente de Estados Unidos contraatacó activando los aranceles que tenía preparados para el Gigante Asiático.
Trump presentó una lista de más de 800 productos de China estratégicamente importantes que estarían sujetos a gravámenes del 25% a partir del 6 de julio, incluyendo autos, en la última decisión comercial fuerte del mandatario estadounidense, ya enfrentado con sus aliados.
El Ministerio de Comercio chino anunció que respondería con aranceles "de la misma escala y fuerza" e invalidó cualquier acuerdo comercial previo con Estados Unidos. La agencia estatal Xinhua afirmó que Pekín impondría impuestos de 25% sobre 659 productos estadounidenses, que van desde la soja y autos hasta productos del mar.
La lista china fue aumentada en más de seis veces desde una versión divulgada en abril, pero el valor se mantuvo en 50.000 millones de dólares, debido a que fueron retirados algunos artículos de alto valor, como los aviones comerciales.
Trump afirmó en un comunicado que Estados Unidos impulsará aranceles adicionales si China emplea medidas de represalia.
Donald Trump, describió las tarifas como una herramienta para generar influencia en las negociaciones con los socios comerciales y señaló que "Estos aranceles son esenciales para evitar nuevas transferencias injustas de tecnología y propiedad intelectual de Estados Unidos a China".
La decisión final, que la administración Trump afirma que se justifica por el robo de larga data de la propiedad intelectual de las empresas estadounidenses, se habría producido el jueves en una reunión de los principales asesores comerciales de la Casa Blanca, de acuerdo con personas informadas sobre el resultado de la reunión.
La comunidad empresarial de Estados Unidos y muchos republicanos en el Congreso se oponen fuertemente a los aranceles, aunque existe un amplio consenso en los Estados Unidos sobre la necesidad de adoptar un enfoque más estricto respecto de China.
También se han opuesto hasta hace poco algunos dentro de la administración Trump, incluido el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven Mnuchin, que ha estado argumentando a favor de que las negociaciones con Pekín se lleven a cabo.
Durante una visita a Pekín este mes de Wilbur Ross, secretario de Comercio, los funcionarios chinos se comprometieron a aumentar las compras de las exportaciones agrícolas y energéticas de los Estados Unidos por un valor de aproximadamente 70 mil millones de dólares al año. Más adelante los representantes chinos dijeron que esas compras dependían de que las nuevas tarifas estadounidenses no tuvieran efecto. Por motivos similares se interrumpió la negociación de Estados Unidos con la UE, Canadá y México que terminó con la imposición de los aranceles al acero y al aluminio.
La aduana estadounidense comenzaría a cobrar aranceles sobre 818 categorías de productos chinos valorados en 34.000 millones de dólares a partir del 6 de julio. La lista fue reducida frente a una versión revelada en abril, retirando televisores chinos de pantalla plana, dispositivos de respiración médica y generadores de oxígeno y piezas de aire acondicionado.
Además la lista fue redirigida hacia exportaciones chinas vinculadas al plan “Made in China 2025”. El inventario de productos sujeto a aranceles incluye los pertenecientes a la industria aeroespacial, las tecnologías de la información y la comunicación, robótica, maquinaria, nuevos materiales y automoción.
Se sumaron aranceles a otros 284 productos, valorados en 16.000 millones de dólares, apuntando a semiconductores, un amplio rango de electrónicos y plásticos supuestamente beneficiados por programas de subsidio industriales de Pekín. Sobre estos últimos productos no hay fecha de entrada en vigor porque la Administración los someterá a consulta, ya que las empresas estadounidenses que reciben materiales y componentes de China serán las primeras perjudicadas por la medida.
Un funcionario de la Oficina del Representante del Comercio Internacional dijo que las tarifas buscaban crear un cambio en el comportamiento chino sobre su política de transferencia tecnológica y los enormes subsidios a las industrias que desarrollan alta tecnología.

La Izquierda Diario

Erupción del Volcán de Fuego, ¿desastre natural?

La reciente erupción del Volcán de Fuego recuerda nuevamente el tema de los llamados "desastres naturales", reabriendo la pregunta: ¿qué tan asesina es la naturaleza?
Un desastre es un cambio rápido y destructivo que sobrepasa la capacidad de adaptación del grupo afectado. Eventos naturales catastróficos ha habido siempre. Eso, de momento, es inmodificable: terremotos, maremotos, huracanes, erupciones volcánicas, inundaciones, tornados. Pero el grado de impacto que tienen sobre la población varía grandemente. Un terremoto escala 7.4 sacudió California en 1992 y produjo un muerto. En Nicaragua, en 1972, con un fenómeno similar, fueron 15.000 las víctimas mortales. El huracán Elena en Estados Unidos dejó 5 muertos. Un ciclón equivalente en Bangladesh, medio millón. En Japón, en 2011, un terremoto de magnitud 9 provocó 5,600 muertos; un año antes, en Haití, un terremoto menos intenso, dejó 316,000 fallecidos. Más que la naturaleza nos mata la pobreza. Dicho de otro modo: la forma en que están organizadas las sociedades.
Definitivamente estos fenómenos escapan a las manos del ser humano, pero no podemos quedarnos resignadamente con la idea de hechos "naturales": su ocurrencia y sus consecuencias deben considerarse en un contexto histórico-social, político: son circunstancias que influyen distintamente según el lugar y el momento en que se dan, de las que se sale con suertes muy distintas. Vistos desde una perspectiva global no son sólo naturales sino que, en todo caso, denuncian (catastróficamente) la forma en que las comunidades están organizadas y se relacionan con el medio circundante.
Estos "desastres de la Naturaleza" vienen a mostrar la "naturaleza del desastre" del modelo de desarrollo económico-social que presenta el capitalismo, exponiendo a situaciones de alta vulnerabilidad a grandes mayorías, que son siempre los pobres y excluidos (la mano de obra barata, dicho de otro modo). ¿Por qué la gente del club de golf pudo ser evacuada y los campesinos pobres de las aldeas cercanas al volcán no? Podríamos preguntar igualmente: ¿por qué en Japón las secuelas no son como en Haití, o por qué en Cuba –país con pocos recursos pero con un proyecto político humano– nunca hay víctimas con sus huracanes?
Las regiones más pobres son una elocuente demostración de esta exclusión. Las poblaciones más afectadas son las que históricamente viven en situación de mayor exclusión y vulnerabilidad: los sectores pobres de áreas rurales, los asentamientos precarios de las ciudades. ¿Por qué hay tantas comunidades viviendo en las faldas de un volcán activo? Porque el sistema necesita campesinos pobres para los cortes de los cultivos de agro-exportación. No hay otra explicación.
Las respuestas del Estado (con Jimmy Morales o cualquier administrador de turno) no pasan de planteamientos asistenciales centrados en la emergencia y el cortoplacismo, con politización de la ayuda, a veces con ribetes grotescamente proselitistas, a lo que se suman posibles hechos de corrupción en el manejo de la asistencia recibida.
La reconstrucción a mediano y largo plazo no cuenta. Para muestra, la vergonzosa situación de los damnificados con el desastre del Cambray, que recibieron sus nuevas casas casi 3 años después de la tragedia.
Pasado el momento de la emergencia no hay por parte de los gobiernos una clara propuesta superadora que comience a poner énfasis en la prevención y la futura mitigación de desastres. Todo indica que luego de la asistencia humanitaria inmediata, la ocurrencia de un nuevo fenómeno natural de magnitud puede volver a convertirse en tragedia por la precariedad en que seguirán viviendo las grandes mayorías, y la falta de voluntad política en modificar esa situación. Así, estos desastres naturales patentizan los desastres ocultos de las sociedades.
El tsunami asiático de 2004 mató a más de 150.000 personas en unos minutos; el hambre (primera causa de mortandad en el mundo: un ser humano cada 7 segundos) o la diarrea (segunda causa de mortandad: 11.000 muertos diarios a escala planetaria por falta de agua potable), no impactan tanto como las tragedias que los shows mediáticos nos presentan cada vez con mayor pomposidad. Pero producen más muertos, más dolor, más miseria. ¿Hasta cuándo vamos a permitir todo esto?

Marcelo Colussi
Material aparecido en Plaza Pública el 11/6/18.

La recuperación del Imperio y la desaparición de los trabajadores

Nerón tocaba la lira, Obama lanzaba canastas y Trump tuiteaba mientras sus imperios ardían.
Los imperios entran en decadencia o se expanden en función, básicamente, de las relaciones entre gobernantes y gobernados. Hay varios factores determinantes, entre los que se incluyen: 1) la renta, la tierra y la vivienda; 2) la evolución del nivel de vida; 3) el aumento o descenso de la tasa de mortalidad; y 4) la disminución o aumento de las familias.
A lo largo de la historia, los imperios en expansión han incorporado a la población al imperio, distribuyendo a las masas una parte de los recursos expoliados, proporcionándoles tierras, arrendamientos reducidos y viviendas. Los grandes terratenientes que tenían que hacer frente a los jóvenes veteranos a su regreso de las guerras evitaban una excesiva concentración de la tierra para evitar los disturbios en sus feudos.
Los imperios en expansión mejoraban las condiciones de vida, pues jornaleros, artesanos, mercaderes y escribientes encontraban empleo cuando la oligarquía daba rienda suelta a su consumo ostentoso y crecía la burocracia que administraba el imperio.
Un imperio próspero es causa y consecuencia del aumento en las familias y en el número de plebeyos sanos y educados que sirven a los gobernantes y son mantenidos por ellos.
Por el contrario, un imperio en decadencia saquea la economía interna y concentra la riqueza a expensas de la mano de obra, ignorando el declive de su salud y de su esperanza de vida. Como consecuencia, los imperios en decadencia ven crecer la tasa de mortalidad; la propiedad de tierras y viviendas se concentra en una élite de rentistas que viven gracias a una riqueza que adquirida inmerecidamente por herencia, fruto de la especulación o de las rentas, que degrada el trabajo productivo basado en la pericia y los conocimientos.
Los imperios en decadencia son causa y consecuencia del deterioro de las familias, compuestas a menudo de trabajadores adictos a los opiáceos que sufren el aumento de la desigualdad entre ellos y sus gobernantes.
La historia del Imperio Americano a lo largo del último siglo encarna a la perfección la trayectoria de la expansión y caída de los imperios. El último cuarto de siglo es un buen ejemplo de las relaciones entre gobernantes y gobernados en plena decadencia del imperio.
Las condiciones de vida de los estadounidenses se han deteriorado a toda velocidad. Las empresas han dejado de cotizar las pensiones y han reducido o eliminado la cobertura sanitaria de sus trabajadores, y han visto rebajados sus impuestos de sociedades, lo que redunda en una merma de la calidad de la educación pública.
En los últimos veinte años, los salarios que perciben la mayor parte de los hogares se han estancado o reducido; los gastos en sanidad y educación han arruinado a muchos, y han convertido a los graduados universitarios en esclavos de sus deudas a largo plazo.
En EE.UU., el acceso a la propiedad de la vivienda para menores de 45 años ha disminuido del 24% en 2006 al 14% en 2017. Al mismo tiempo, los alquileres se han disparado, especialmente en las grandes ciudades de todo el país, y en la mayoría de los casos absorben entre un tercio y la mitad de los ingresos mensuales.
Las élites empresariales y sus expertos inmobiliarios desvían la atención hacia las desigualdades “intergeneracionales” entre pensionistas y jóvenes empleados asalariados, en lugar de reconocer el aumento de la desigualdad entre altos ejecutivos y trabajadores y pensionistas, cuyos ingresos han pasado de 100 a 1 a 400 a 1 en las tres últimas décadas.
También han aumentado las diferencias en la tasa de mortalidad entre la élite empresarial y los trabajadores, pues los ricos cada vez viven más años sin perder la salud mientras los trabajadores sufren un descenso en la esperanza de vida ¡por primera vez en la historia de Estados Unidos! Gracias a los ingresos procedentes de beneficios, dividendos, aumento del interés, etc., los ricos pueden pagar el elevado coste de la medicina privada y prolongar su vida, mientras a millones de trabajadores se les recetan opioides para “reducir el dolor” y precipitarles una muerte prematura.
Los nacimientos han descendido como consecuencia de la carestía de la sanidad y de la carencia de guarderías y bajas por maternidad o paternidad remuneradas. Los últimos estudios han revelado que 2017 tuvo el menor número de nacimientos en 30 años. La supuesta “recuperación de la economía” posterior al derrumbe financiero de 2008-2009 ha tenido un sesgo de clase: las élites empresariales e inmobiliarias recibieron un rescate superior a los 2 billones de dólares mientras más de 3 millones de hogares de clase trabajadora eran desahuciados y desalojados de sus viviendas por los financieros que habían adquirido sus hipotecas. El resultado: un aumento acelerado de personas sin hogar, especialmente en las ciudades con mayores índices de recuperación de la crisis.
Probablemente, los factores que han producido este descenso de la maternidad y aumento de la mortalidad son la falta de vivienda y los desorbitados precios de los alquileres de apartamentos saturados, junto con los salarios mínimos.

El imperialismo se expande, el nivel de vida desciende

En las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial, la expansión en el extranjero estuvo acompañada en el ámbito interno por el abaratamiento de la educación superior, hipotecas a precios razonables que facilitaban la propiedad de una vivienda y mejoras en las pensiones y cobertura sanitaria a cuenta de los patronos. Sin embargo, en las dos últimas décadas la expansión imperial se ha basado en la reducción forzosa del nivel de vida.
El Imperio se ha expandido y las condiciones de vida han empeorado porque la clase capitalista ha evadido billones de dólares de impuestos a través de paraísos fiscales, precios de transferencia y exenciones fiscales. Por si fuera poco, los capitalistas han recibido inmensas subvenciones públicas para infraestructuras y transferencias gratuitas de innovación tecnológica financiada por el Estado.
En nuestros días, la expansión imperial se basa en la deslocalización de las multinacionales manufactureras con el fin de rebajar los costes de mano de obra, aumentando así el porcentaje de trabajadores de servicios mal pagados en Estados Unidos.
El empeoramiento de las condiciones de vida de la mayoría es consecuencia de la reestructuración del Imperio, la instauración de un sistema tributario regresivo y la redistribución de las transferencias de gasto público con fines sociales del Estado del bienestar a subvenciones y rescates al sector inmobiliario y financiero.

Conclusión

En sus orígenes, el imperialismo llevaba aparejado un contrato social explícito con la mano de obra: la expansión extranjera compartía beneficios, impuestos e ingresos con la fuerza de trabajo a cambio del apoyo político de los trabajadores a la explotación económica imperial en el exterior, el saqueo de recursos y el servicio de estos en las fuerzas armadas del imperio.
El contrato social venia condicionado por el equilibrio relativo de poder: la mayoría de los obreros fabriles, del sector público y los trabajadores especializados estaban sindicados. Pero este equilibrio de poder en las relaciones de clase se basaba en la capacidad de la fuerza laboral para participar activamente en la lucha de clases y, así, presionar al Estado. Es decir, el imperialismo y la estructura del bienestar se basaban por completo en una serie específica de condiciones intrínsecas del pacto social.
Con el tiempo, la expansión imperial tuvo que enfrentar limitaciones en el exterior procedentes de la oposición que presentaban grupos nacionalistas o socialistas, creando las condiciones para la deslocalización de su capital en el extranjero. Los rivales del imperio en Europa y Asia empezaron a competir por los mercados exteriores, obligando a Estados Unidos a aumentar su productividad, reducir costes laborales, deslocalizar en el extranjero o reducir beneficios. Estados Unidos eligió reducir las condiciones de vida internas y sacar su producción al extranjero.
Los dirigentes sindicales se distanciaron de otros movimientos generales de base y, al carecer de un movimiento político independiente, estar asolados por la corrupción y comprometidos con un acuerdo social en vías de desaparición, fueron reduciéndose en volumen, incapaces de formular una nueva estrategia combativa que sustituyera al pacto social. La clase capitalista adquirió control total de las relaciones de clase y, por consiguiente, empezó a decidir unilateralmente los términos de la política fiscal, el empleo, las condiciones de vida y, lo más importante, el gasto público.
Los gastos militares para el mantenimiento del imperio crecieron en proporción directa a la reducción de subsidios sociales. Los grupos rivales de poder se peleaban para conseguir su parte de los presupuestos capitalistas y decidir las prioridades político-militares. Los imperialistas económicos competían o se unían a los imperialistas militares; los neoliberales de libre mercado competían con los militaristas por los mercados exteriores en busca de la ocupación de más territorios, nuevas conquistas, mercados cerrados y clientes sumisos. Las estructuras de poder rivales competían para dictar las prioridades imperiales –las poderosas redes sionistas urdían guerras regionales favorables a Israel mientras las multinacionales intentaban impulsar su expansión político-militar en Asia (China, India y los mercados del sureste asiático).
Facciones rivales de las elites monopolizaban presupuestos, impuestos y gastos comprimiendo las condiciones de vida de la fuerza laboral. Las clases imperialistas pactaron entre ellas, la calidad y cantidad de trabajadores disminuyó. Pero los descendiente de esas élites asistían a las mejores escuelas y se aseguraban los mejores puestos en el gobierno y la economía.
Los privilegios y el poder no produjeron triunfos imperiales. China ha sabido integrar sus programas educativos y trabajadores cualificados en el trabajo productivo y sacar partido de ello. Por el contrario, los graduados estadounidenses trabajan en puestos financieros parásitos y lucrativos, no en sectores de la ciencia, la ingeniería y la asistencia social. Los graduados en la academia militar han creado redes de “comandantes” que perdonan los abusos sexuales, entrenan y ascienden a oficiales que lanzan misiles sobre centros de población y entrenan a capitanes de la armada especializados en colisionar sus buques.
Los graduados en la Ivy League* consiguieron copar altos cargos en el gobierno y han llevado a Estados Unidos a guerras interminables en Oriente Próximo, han multiplicado nuestros adversarios, enemistado a nuestros aliados y gastado billones de dólares en guerras que favorecen a Israel, en vez de dedicarlos a ayudas sociales y salarios más elevados para nuestros trabajadores. Y, sí, es verdad, la economía se está recuperando... pero a las personas les va peor.

James Petras
Rebelión
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

*Nota del traductor: Grupo de ocho prestigiosas universidades privadas de Estados Unidos, muy elitistas, entre las que se encuentran Harvard, Yale, Columbia y Princeton.

Los acuerdos de paz y de desarme

El camino de la conquista Imperial

Introducción

En años recientes, la estrategia imperial de EEUU ha tratado de reducir el costo de derrotar y derrocar a países independientes.
Los medios y el método son bastante sencillos. Campañas de propaganda mundial que demonizan al adversario; el alistamiento y la colaboración de aliados europeos y regionales (Inglaterra, Francia, Arabia Saudita e Israel); el reclutamiento, contratación, entrenamiento y equipamiento de mercenarios locales y extranjeros denominados "rebeldes" o "demócratas"; sanciones económicas para provocar tensiones sociales internas e inestabilidad política del gobierno; propuestas para negociar un acuerdo; negociaciones que no exigen concesiones recíprocas y que incluyen intercambio de armas estratégicas por promesas de poner fin a las sanciones, el reconocimiento diplomático y la coexistencia pacífica.
El objetivo estratégico es el desarme para facilitar la intervención militar y política que conduzca a la derrota, la ocupación y el cambio de régimen, y más allá de eso; las imposiciones al "régimen clientelar" que facilite el saqueo de los recursos económicos y asegure bases militares, la alineación internacional con el imperio estadounidense y un trampolín militar para futuras conquistas contra vecinos y adversarios independientes.
Aplicaremos este modelo a ejemplos recientes y actuales de las tácticas y estrategias de los constructores del imperio de EEUU en diversas regiones, centrándonos especialmente en el norte de África (Libia), Medio Oriente (Iraq, Palestina, Siria e Irán), Asia (Corea del Norte) y América Latina (FARC en Colombia).

Caso 1: Libia

Después de varias décadas de esfuerzos fallidos para derrocar al popular gobierno libio de Muammar Gaddafi a través de terroristas armados locales, tribales y monárquicos, y sanciones económicas internacionales, EEUU propuso una política de negociaciones y ajustes.
Estados Unidos inició negociaciones para poner fin a las sanciones, ofreció reconocimiento diplomático y aceptación en la "comunidad internacional" a cambio de la desmovilización de Gadafi y el abandono de las armas estratégicas de Libia, incluidos sus misiles balísticos de largo alcance y otros elementos disuasivos efectivos. Estados Unidos no redujo sus bases militares, listas y alerta, apuntando a Trípoli.
En 2003, Gaddafi firmó el acuerdo con el régimen de George W. Bush. Se firmaron los principales acuerdos petroleros libios de EEUU y los acuerdos diplomáticos. La consejera de seguridad estadounidense, Condoleezza Rice, visitó al presidente Gadafi como un símbolo de paz y amistad, incluso cuando la ayuda militar estadounidense se canalizó a clientes estadounidenses armados.
En febrero de 2011, los EEUU, liderados por el presidente Obama y la secretaria de Estado Hillary Clinton, se unieron a sus aliados de la Unión Europea (Francia, Reino Unido ...) y bombardearon Libia –su infraestructura, puertos, centros de transporte, instalaciones petroleras, hospitales y escuelas ... la UE y los EEUU respaldaron a los terroristas que tomaron el control de las principales ciudades y capturaron, torturaron y asesinaron al presidente Gadafi. Más de 2 millones de trabajadores inmigrantes se vieron obligados a huir a Europa y Medio Oriente o regresar a África central.

Caso 2: Irak

Irak, bajo Saddam Hussein, recibió armas y apoyo de Washington para atacar e invadir Irán. Este acuerdo de facto alienta al líder iraquí a suponer que la colaboración entre el Iraq nacionalista y el Washington imperial refleja una agenda común compartida. Posteriormente, Bagdad creyó que contaban con el apoyo tácito de Estados Unidos en una disputa territorial con Kuwait. Cuando Saddam invadió, Estados Unidos bombardeó, devastó, invadió, ocupó y dividió Iraq.
Estados Unidos respaldó la toma territorial de los kurdos en el norte e impuso una zona de exclusión aérea. Posteriormente, el presidente William Clinton participó en varios bombardeos que no lograron desalojar a Saddam Hussein.
Bajo el presidente G. W. Bush, Estados Unidos lanzó una escalada completa de guerra, invasión y ocupación, matando a varios cientos de miles de ciudadanos y desagradándole a millones de iraquíes. Estados Unidos disolvió el Estado secular moderno y fomentó guerras religiosas y étnicas entre chiítas y sunitas.
El intento de Irak de colaborar con Washington en la década de 1980 contra su vecino nacionalista, Irán, condujo a la invasión, el desmantelamiento del país, el asesinato de los líderes seculares, incluido Saddam Hussein, y la conversión de Iraq en un Estado vasallo del imperio.

Caso 3: Siria

El presidente de Siria, Bashar Assad, a diferencia de Gaddafi y Hussein, mantuvo un grado de independencia de las propuestas de Washington, incluso cuando intentó acomodarse a las incursiones de Estados Unidos en el Líbano y su apoyo a la oposición, en gran medida minoritaria, cristiana y prooccidental.
En 2011, Estados Unidos rompió su alojamiento tácito y proporcionó armas y financiación a sus clientes islámicos locales para un levantamiento que tomó el control de la mayor parte del campo y las principales ciudades, incluida la mitad de Damasco. Afortunadamente, Assad buscó el apoyo de Rusia, Irán y los combatientes libaneses de Hezbolá. Durante los siguientes siete años, los terroristas respaldados por Estados Unidos y la UE fueron derrotados y obligados a retirarse, a pesar del apoyo militar, financiero y logístico masivo de los EEUU, la UE, Israel, Arabia Saudita y Turquía.
Siria ha sobrevivido y reconquistado la mayor parte del país, donde Libia e Iraq fracasaron, porque pudo asegurar una alianza armada con aliados estratégicos que lograron neutralizar a los insurgentes locales.

Caso 4: FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)

Las FARC se formaron a principios de la década de 1960 como un ejército mayormente campesino que creció, en 2001, a casi 30,000 combatientes y millones de seguidores, principalmente en el campo. En efecto, predominaba un sistema de doble poder fuera de las ciudades principales.
Las FARC hicieron varios intentos de negociar un acuerdo de paz con el régimen oligárquico colombiano. A fines de la década de 1970, un acuerdo temporal llevó a secciones de las FARC a dejar las armas, formar un partido electoral, la Unión Patriótica y participar en las elecciones. Después de varios logros electorales, la oligarquía rompió abruptamente el acuerdo, desencadenó una campaña de terror, asesinó a 5,000 activistas del partido, a varios candidatos presidenciales y del Congreso y funcionarios electos. Las FARC regresaron a la lucha armada.
Durante las negociaciones posteriores, entre 1980 y 1981, el régimen oligárquico rompió el diálogo y allanó el sitio de la reunión en un intento de asesinar a los representantes de las FARC, que evadieron con éxito la captura. A pesar de los reiterados fracasos, en 2016 las FARC acordaron entablar “negociaciones de paz” ​​con el régimen colombiano del presidente Juan Manuel Santos, ex ministro de Defensa que fue una fuerza líder durante la campaña de exterminio en el campo y los barrios marginales urbanos durante 2001-2010. Sin embargo, importantes cambios políticos tuvieron lugar dentro de las FARC. Durante la década anterior, los líderes históricos de las FARC murieron o fueron reemplazados por una nueva cohorte que carecía de la experiencia y el compromiso de lograr acuerdos que avanzaran a la paz con justicia, conservando sus armas en la eventualidad de que el régimen oligárquico indigno de confianza, que había saboteado repetidamente las negociaciones, incumpliera el llamado "acuerdo de paz".
En la búsqueda ciega de la paz, las FARC acordaron desmovilizar y desarmar a su ejército revolucionario; no lograron asegurar el control de las reformas socioeconómicas, incluida la reforma agraria; cambiaron su seguridad por las fuerzas militares del régimen vinculadas a los terratenientes, a las siete bases militares de los EEUU y a los narco-escuadrones de la muerte.
El “acuerdo de paz” ​​destruyó a las FARC. Una vez desarmado, el régimen incumplió el acuerdo: docenas de combatientes de las FARC fueron asesinados y forzados a huir; los oligarcas conservaron el control total sobre la tierra de los campesinos desposeídos, los recursos naturales, el financiamiento público y las elecciones controladas por la élite; los líderes y activistas de las FARC fueron encarcelados y sujetos a amenazas de muerte y un aluvión constante de propaganda hostil de los medios públicos y privados.
El desastroso acuerdo de paz de las FARC condujo a divisiones internas, divisiones y aislamiento. A fines de 2017, las FARC se desintegraron: cada fracción siguió su propio camino. Algunos se reincorporaron a agrupaciones guerrilleras reducidas; otros abandonaron la lucha y buscaron empleo; otras oportunidades de colaboración con el régimen o se convirtieron en cultivadores de coca.
La oligarquía y los Estados Unidos aseguraron, mediante negociaciones, la rendición y la derrota de las FARC, lo que no lograron durante cuatro décadas de guerra militar.

Caso 5: Irán: el acuerdo nuclear

En 2016, Irán firmó un acuerdo de paz con siete signatarios: Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania, China, Rusia y la Unión Europea. El acuerdo estipulaba que Irán limitaría su fabricación de uranio enriquecido que tenía doble uso –civiles y militares– y lo enviaría fuera del país. Irán permitió la inspección occidental de sus instalaciones nucleares –que encontraron a Teherán en pleno cumplimiento.
A cambio, Estados Unidos y sus colaboradores acordaron poner fin a las sanciones económicas, descongelar los activos iraníes y poner fin a las restricciones al comercio, la banca y la inversión.
Los iraníes cumplieron plenamente. Los laboratorios de uranio enriquecido dejaron de producir y enviaron las existencias restantes. Las inspecciones obtuvieron pleno acceso a las instalaciones iraníes.
En contraste, el régimen de Obama no cumplió totalmente. Se levantaron las sanciones parcialmente pero se reforzaron otras, lo que restringió en gran medida el acceso de Irán a los mercados financieros –en clara violación del acuerdo. Sin embargo, Irán continuó manteniendo su parte del acuerdo.
Con la elección de Donald Trump, EEUU rechazó el acuerdo ("es el peor acuerdo de la historia") y cumplió con la agenda militar del primer ministro israelí B. Netanyahu, exigió el restablecimiento total de las sanciones, el desmantelamiento de las defensas militares enteras de Irán y su sumisión a los dictados de los Estados Unidos, Israel y Arabia Saudita en el Medio Oriente.
En otras palabras, el presidente Trump descartó el acuerdo en oposición a todos los principales países de Europa y Asia, a favor de las demandas de Israel de aislar, desarmar y atacar a Irán e imponer un régimen títere en Teherán.
El primer ministro francés Emmanuel Macron intentó “modificar” (sic) el acuerdo para incluir algunas de las demandas de Trump para asegurar nuevas concesiones militares de Irán, incluyendo que (1) abandone a sus aliados en la región (Siria, Irak, Yemen, Palestina, Líbano-Hezbolá y movimientos de masas islámicos), (2) desmantelar y poner fin a su sistema avanzado de defensa contra misiles balísticos intercontinentales, (3) aceptar la supervisión e inspección (israelí) de todas sus bases militares y centros científicos.
La postura del presidente Macron era “salvar” la forma del “acuerdo” al... destruir las sustancias. Compartió el objetivo de Trump, pero buscó un enfoque paso a paso para “modificar” el acuerdo existente. Trump eligió el enfoque israelí; un repudio frontal a todo el acuerdo, acompañado de amenazas manifiestas de un ataque militar si Irán rechaza las concesiones y se niega a capitular ante Washington.

Caso 6: Palestina

Estados Unidos fingió negociar un acuerdo de paz entre Israel y Palestina en el cual Israel reconocería a Palestina, terminaría con la colonización y buscaría un acuerdo de paz basado en una solución de dos Estados basada en los derechos territoriales e históricos anteriores a 1967. Los Estados Unidos bajo el presidente Clinton elogiaron el acuerdo y luego... procedieron a respaldar todas y cada una de las violaciones presentes y futuras de Israel. Más de 600,000 colonos de Israel tomaron la tierra y expulsaron a decenas de miles de palestinos. Israel invade regularmente Cisjordania y ha asesinado y encarcelado a decenas de miles de palestinos… Israel se hizo con el control total de Jerusalén. Los Estados Unidos respaldaron, armaron y financiaron la limpieza étnica israelí paso a paso y la judaización de Palestina.

Caso 7: Corea del Norte

Estados Unidos ha declarado recientemente que favorece un acuerdo negociado, iniciado por el presidente norcoreano Kim Jong-un. Pyongyang ha ofrecido poner fin a sus programas y pruebas nucleares y negociar un tratado de paz permanente que incluya la desnuclearización de la península y la retención de las fuerzas militares de EEUU en Corea del Sur.
El presidente Trump ha seguido una estrategia de “apoyo” a la negociación… al tiempo que ha endurecido las sanciones económicas y los ejercicios militares (en curso) en Corea del Sur. En lo que va de las negociaciones, los EEUU no han hecho concesiones recíprocas. Trump abiertamente amenaza con echar por tierra las negociaciones si Corea del Norte no se somete a la insistencia de Washinton de que Corea del Norte desarme y desmovilice sus defensas.
En otras palabras, el presidente Trump quiere que Corea del Norte siga las políticas que condujeron a la exitosa invasión de los Estados Unidos, la conquista y destrucción militar de Iraq, Libia y las FARC.
Las negociaciones de Washington para un acuerdo de paz en Corea seguirán el mismo camino que su reciente roto “acuerdo nuclear” con Irán –el desarme unilateral de Teherán y el posterior incumplimiento del acuerdo.
Para los constructores del imperio, como los EEUU, las negociaciones son desviaciones tácticas para desarmar a los países independientes con el fin de debilitarlos y atacarlos, como demuestran todos nuestros estudios de casos.

Conclusiones

En nuestros estudios hemos destacado cómo Washington usa las "negociaciones" y los "procesos de paz" como armas tácticas para mejorar la construcción del imperio. Al desarmar y desmovilizar adversarios, facilita objetivos estratégicos como el cambio de régimen.
Saber que los constructores del imperio son enemigos pérfidos no significa que los países deban rechazar los procesos de paz y las negociaciones –porque eso le daría a Washington un arma de propaganda. En cambio, los adversarios imperiales podrían seguir las siguientes pautas.
Las negociaciones deberían conducir a concesiones recíprocas –no a un solo lado, especialmente a las reducciones no-recíprocas de los programas de armamentos.
Las negociaciones nunca deben desmilitarizar y desmovilizar sus fuerzas de defensa, lo que aumenta la vulnerabilidad y permite ataques repentinos. Los negociadores deben mantener su capacidad de imponer un alto costo a las violaciones imperiales y, especialmente, a las reversiones repentinas de los acuerdos militares y económicos. El violador imperial duda en invadir cuando los costos humanos y nacionales son altos y políticamente impopulares.
Los oponentes imperiales no deberían permanecer aislados. Deben asegurar aliados militares. El caso de Siria es claro. Assad construyó una coalición con Rusia, Irán y Hezbolá que efectivamente contrarrestó a los “rebeldes” terroristas respaldados por Estados Unidos-UE-Israel-Turquía y Arabia Saudita.
Irán sí acordó desmantelar su capacidad nuclear, pero retuvo su programa ICBM, que puede tomar represalias para sorprender a los ataques militares de Israel o EEUU. Casi con seguridad, Israel insistirá en que Estados Unidos sufra el costo de las guerras en Medio Oriente, para ventaja de Tel Aviv.
Corea del Norte ya ha hecho concesiones unilaterales no recíprocas a los EEUU y en menor medida a Corea del Sur. Si no puede asegurar aliados (como China y Rusia) y si pone fin a su disuasión nuclear, invita a la presión para obtener más concesiones.
La eliminación de las sanciones económicas puede ser recíproca, pero no comprometiendo las defensas militares estratégicas.
Los principios básicos son la reciprocidad, la defensa estratégica y la flexibilidad económica táctica. La idea guía es que no hay aliados permanentes sino intereses permanentes. La confianza equivocada en los elevados "valores" imperiales occidentales y el reconocimiento no realista de los intereses imperiales puede ser fatal para los líderes independientes y destructiva para un pueblo, como fue claramente el caso de Iraq, Libia y Palestina y casi fatal para Siria. El ejemplo más reciente es el caso de Irán: Estados Unidos firmó un acuerdo de paz en 2016 y lo repudió en 2017.
Le corresponde a Corea del Norte aprender de la experiencia iraní.
El rango del tiempo imperial para repudiar el acuerdo puede variar; Libia firmó un acuerdo de desarme con los EEUU en 2003 y Washington los bombardeó en 2011.
En todos los casos, el principio sigue siendo el mismo. No hay un ejemplo histórico de un poder imperial que renuncie a sus intereses en cumplimiento de un acuerdo escrito. Solo cumple con los acuerdos cuando no tiene otras opciones.

James Petras
Traducción de Iván Montero, Centro de Estudios, Documentación y Análisis Materialista (CEDAM) cdamcheguevara.wordpress.com

sábado, junio 16, 2018

A cien años del comienzo de la Reforma Universitaria



Hace cien años estallaba un movimiento que resquebrajaría las estructuras universitarias con la irrupción del movimiento estudiantil como actor social y político: la Reforma Universitaria*.

La reforma y el derecho a la insurrección

Hace cien años estallaba un movimiento que resquebrajaría las estructuras universitarias con la irrupción del movimiento estudiantil como actor social y político: la Reforma Universitaria. A ella se liga otro centenario celebrado el año pasado, el de la Revolución rusa, que en el contexto de los “tiempos rojos” de la primera posguerra influenció al movimiento, abriendo la perspectiva de una convergencia potencialmente explosiva entre movimiento estudiantil y movimiento obrero que radicalizó el proceso reformista.
Si todas las gestiones universitarias y partidos como el radicalismo reivindican para sí el legado de la Reforma es en función de circunscribirla a una acción liberal-democratizadora. Tulio Halperín Donghi, exponente de esta lectura historiográfica, la postula como un movimiento institucional de democratización de las casas de estudio en el contexto de la modernización general de las instituciones estatales, donde la confrontación elites oligárquicas-fracciones liberales es el factor explicativo excluyente. Sin descartar la importancia del componente antioligárquico, no podemos reducir la Reforma a un acto de mera modernización institucional de las capas medias, a riesgo de marginalizar su profundo carácter insurrecto, que los reformistas reclamaron como derecho esencial en acto en la Reforma. Ante esta mirada, que veremos multiplicarse en cada homenaje oficial, se alza una recuperación de la Reforma en clave latinoamericanista, que pretende llevar agua al molino del apoyo a los gobiernos posneoliberales, que signaron el mapa regional en la década pasada, expresada en intelectuales kirchneristas como el filósofo y exdecano de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad Nacional de Córdoba, Diego Tatián.

La irrupción estudiantil en la Córdoba de frontera

Para las primeras décadas del siglo XX poco había cambiado el régimen político cordobés de aquella descripción que hiciera Sarmiento: la expresión cultural de una premodernidad monástica, con claustros de monjas y frailes en cada manzana y la escolástica como toda ciencia [1]. Desde 1916 la tradicional oligarquía ligada al imperialismo inglés había perdido peso en el dominio directo del Estado nacional y provincial de la mano del radicalismo, mientras la Universidad seguía dominada por los sectores más reaccionarios. De las cinco universidades que existían para 1918, la de Córdoba era la de mayor impronta tradicionalista y clerical. Mientras el resto impartía una formación más cientificista, en la UNC primaba un régimen reaccionario que dominaba el conjunto de las cátedras, imponiendo una fuerte tutela política e ideológica de la Iglesia a través de organizaciones como la secta religiosa “Corda Frates”. A esta tradición conservadora comenzó a oponerse otra que empezaba a echar raíces, la de una juventud de los sectores medios que disputaba la ampliación, democratización y laicización de la enseñanza universitaria, en el contexto de un ascenso de las luchas del movimiento obrero local, con el que no tardó en forjar lazos. De ahí que José Aricó propusiera una superación del imaginario sarmientino en la metáfora político-cultural de Córdoba como ciudad de frontera entre lo tradicional y lo moderno, lo clerical y lo laico, lo conservador y lo revolucionario [2], apareciendo la Reforma como el primer acto que reveló en su magnitud esa identidad socio-cultural contradictoria. No es casual que los primeros pasos del movimiento se dieran en 1917, particularmente conflictivo en la ciudad. A las luchas del movimiento obrero ferroviario [3], se sumaron conflictos en el sector del calzado y los tranviarios, que en octubre llevaron a las empresas privadas a ceder a las autoridades municipales el servicio de tranvías y luego a la propia renuncia del intendente Henoch Aguiar, jaqueado por la huelga tranviaria y de los jornaleros de la administración de la limpieza [4]. En este marco, se dio el primer ingreso en escena del movimiento estudiantil hacia fines de 1917, elevando petitorios en reclamo por la democratización del sistema de asignación de cátedras. Ante la inacción de las autoridades, en marzo de 1918 el movimiento amplió sus demandas al rechazo del régimen de asistencia, poniendo sobre la mesa la condición social del estudiantado: “Mientras la Universidad es manejada por una casta de abolengo, el 90 % de sus estudiantes se mantienen a sí mismos” [5]. Los estudiantes pusieron en pie el Comité Pro-Reforma, convocando a la huelga general estudiantil. Esta medida, que fue masiva y demostró una gran disposición del estudiantado a la lucha, tuvo sin embargo objetivos políticos limitados: la intervención del gobierno de Yrigoyen, quien frente a la masividad del movimiento la decretó inmediatamente, forzando la primera reforma estatutaria. Esta amplió parcialmente el demos universitario, posibilitando la intervención del conjunto del claustro docente en la elección de autoridades universitarias. En gran parte del movimiento estudiantil, que aún no había conquistado derechos políticos, primó la expectativa en que los sectores liberales de la docencia permitirían elegir autoridades ajenas a la Iglesia, lo que no tardó en revelarse ilusorio, abriendo paso al segundo momento de la Reforma. Este comenzó el 15 de junio, día de reunión de la Asamblea Universitaria para la elección de nuevo rector. Contra la expectativa estudiantil, la elección del candidato clerical Antonio Nores mostró que los docentes liberales se inclinaban por el candidato más conservador, rompiéndose la frágil alianza con los estudiantes. Estos, que habían puesto en pie la Federación Universitaria de Córdoba (FUC), cuyos principales referentes eran Deodoro Roca, Enrique Barros, Tomás Bordones y Saúl Taborda, respondieron pasando a la acción directa, enfrentando a las fuerzas de seguridad, declarando la huelga general, tomando la Universidad y convocando a movilizaciones callejeras. El movimiento reformista amplió no solo su extensión, llegando al resto de las Universidades del país y dando lugar al nacimiento de la Federación Universitaria Argentina (FUA), primera organización estudiantil nacional; sino su alianza social, articulándose con los sindicatos obreros de la provincia. Esto permitió una radicalización del movimiento en sus métodos y objetivos. En el primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios, convocado en Córdoba a fines de 1918, se aprobaron los reclamos de gobierno tripartito y paritario y docencia libre [6], mostrando una abierta disputa del estudiantado por la conquista de su derecho al demos universitario, contra la noción tradicional del profesorado como legítimo depositario de la autoridad. La dimensión social de sus demandas no tardaría en irrumpir.

El despotismo que ahoga a los desheredados

El movimiento reformista expresó un profundo viraje ideológico en sectores del estudiantado. Aquel que en el Centenario de mayo de 1910 había actuado como avanzada de los pogromos anti-judíos y antiinmigrantes, destacó hacia fines de la década sectores amplios que adoptaron como propias las demandas del movimiento obrero. Este giro respondió no solo al cambio en su propia composición social con el ascenso de las capas medias y su incrementada presencia en las universidades, sino a la influencia de un contexto político signado por la coyuntura de postguerra y la Revolución rusa, que llevaron a un ascenso de la lucha de clases hasta 1921. La toma del poder por los soviets radicalizó a franjas del movimiento obrero y del movimiento estudiantil e impactó en el mapa político local, poniendo en crisis la estrategia parlamentarista del Partido Socialista (PS) y dando nacimiento en 1918 al Partido Socialista Internacional (PSI), más adelante Partido Comunista. Lo propio sucedió con el anarquismo que, como señaló Pittaluga, hasta 1919 apoyó mayoritariamente la Revolución rusa, impulsando distintas acciones en solidaridad con el naciente Estado obrero [7]. Bajo este influjo, primó hasta 1921 el ala más pro-obrera dentro del heterogéneo movimiento reformista a través de su peso en la dirección de la FUC, lo que no tardó en revelar diferencias con la conducción de la Federación Universitaria de Buenos Aires. En Córdoba, la ruptura del PS debilitó su influencia al interior del movimiento obrero local, volcándose la mayoría de sus cuadros obreros de peso, junto a las Juventudes Socialistas, a las filas del PSI. En el contexto del ascenso en la movilización y organización entre los trabajadores ferroviarios, del calzado, la madera, sastres, escoberos, gráficos, tranviarios, cerveceros, albañiles, pintores, caleros y molineros [8], el PSI impulsó la creación de la Federación Obrera Local y luego la Federación Obrera Provincial (FOP) en base a la unificación de unos 40 sindicatos. Frente a la inflación y el avance de la desocupación en la inmediata posguerra, los reclamos más sentidos fueron aumento salarial, reconocimiento de las organizaciones sindicales, reducción de la jornada laboral y aplicación del sábado inglés. La FOP convergió con el movimiento reformista a través del Comité Pro Córdoba Libre, desde el que desplegó una importante unidad de acción con la FUC. Cuando ese mismo año el gobierno clausuró la Federación Obrera Cordobesa, la FUC ofreció a los obreros su local en la calle Rivera Indarte, donde trasladaron el comité de huelga. Al estallar la huelga del calzado en 1918, una de las más importantes del período por su combatividad, los estudiantes de la FUC se plegaron al paro:
…la juventud universitaria no puede ser indiferente ni permanecer extraña a las reivindicaciones de los oprimidos ni a las demandas que soportan tiranías y ansían la emancipación que ha de libertarlos de una vez por todas del despotismo que ahoga a los desheredados. La clase obrera de Córdoba cuando se desarrollaron los acontecimientos universitarios acompañó a los estudiantes con su adhesión enérgica y decidida en los momentos más arduos de la lucha [9].
El apoyo se manifestó en piquetes de huelga comunes que fueron reprimidos por el accionar policial. Además de reivindicaciones salariales, los obreros del calzado planteaban demandas relacionadas con el derecho al acceso a la educación, exigiendo “tener un tiempo libre para que se instruya para elevar su corazón y conciencia hacia los buenos sentimientos de verdad”10. Esa tendencia proletaria a la lucha por el dominio del tiempo para el acceso a la cultura, expresada en la realización por parte de los gremios de lecciones de teatro, idiomas, música, creación de bibliotecas, etc., los llevó a ver en el movimiento estudiantil un aliado con el que compartir experiencias no solo de lucha sino también de formación. No casualmente los reformistas comenzaron a incluir entre su ideario el planteo de la extensión universitaria, entendida como la puesta en práctica del conocimiento al servicio de los sectores explotados de la sociedad contra la cerrazón característica de las casas de estudio. “El universitario puro es una cosa monstruosa”, dijo Deodoro Roca. El precedente había sido la creación de la Universidad Popular de Córdoba por parte de Arturo Orgaz en 1917 para la formación de obreros, a la que se sumó después la inauguración de cátedras nocturnas para quienes trabajaban de día, mostrando una nueva dimensión social que amplió el horizonte inicial del movimiento reformista, que asumió como propia la lucha obrera contra el despotismo patronal y por la liberación de los pueblos latinoamericanos del dominio imperialista.

Las almas del reformismo

En función de esta ampliación del carácter del movimiento, Gregorio Bermann definió:
… el movimiento de la Reforma se enriquece en este contacto con el resto del pueblo […] Comienza a comprender que no es posible que ‘Córdoba se redima’ solamente con el derrumbe de su anacrónica Universidad, sino que también era necesario transformar el régimen económico y político que la apuntalaba [11].
Esta confluencia permitió a sectores del movimiento reformista superar sus ilusiones iniciales en el gobierno de Yrigoyen, lo que se expresó en la campaña y el paro general por 48 hs. lanzado por la FUC, la FOP y el PSI, denunciando la represión de la Semana Trágica por el que sufrieron la detención de sus dirigentes y la clausura de sus locales. Como destacó Natalia Bustelo12, los sectores más radicalizados del movimiento se reunieron en una breve Federación de Estudiantes Revolucionarios y tendieron a difundir una interpretación vitalista de la Revolución y la Reforma. Pero esta no fue la tendencia del conjunto del movimiento. La FUA mantuvo una posición contraria a la FUC y para la coyuntura crítica de enero de 1919 expresó:
… Acusaríamos ingenuidad o ceguera si sólo fuéramos a ver en los acontecimientos luctuosos de esta capital, simples reivindicaciones de la clase trabajadora en uso de legítimos derechos, cuando los propios medios empleados y las declaraciones de los gremios respectivos, están evidenciando la existencia de tenebrosos designios, que, a la sombra del obrero, pueden entrañar la anarquía y la revolución social [13].
El ala porteña del movimiento fue mayoritariamente conservadora, imponiéndose en la dirección de la FUBA los sectores más continuistas con la tradición del nacionalismo conservador de las guardias civiles anti-obreras. Por eso en 1919, aunque hubo alas izquierdas ligadas al PSI que apoyaron la huelga obrera, estas perdieron la votación por la cual la FUBA resolvió separarse de la FUA en protesta por las posiciones de la FUC. En el contexto del reflujo de la lucha de clases tras las represiones de Yrigoyen y la recomposición económica del gobierno de Alvear, estos sectores lograron predominio, mientras avanzaban mecanismos de contrarreforma con las intervenciones universitarias. Pero aún en el caso de los sectores radicalizados del movimiento reformista, la necesidad de “transformar el régimen económico y político”, aunque tuvo fuerza en la voz y pluma de dirigentes y la voluntad de sectores de la base estudiantil, no se articuló en un programa político. El ala izquierda del reformismo fue incapaz de ofrecer una salida obrera y popular sobre la que pudiera surgir un partido revolucionario como alternativa al reformismo socialista y la creciente stalinización a la que avanzaba el PSI, rápidamente convertido en PC. Esto se expresó primero en el retroceso del movimiento de lucha ante el gobierno de Alvear y sobre todo frente al golpe de 1930. Mientras la clase obrera fue maniatada por sus direcciones sindicales y políticas que se negaron a organizar la resistencia, el movimiento estudiantil jugó un rol reaccionario como base social del golpe. Partiendo por el radicalismo que tras enarbolar la bandera de la democratización reprimió salvajemente las huelgas obreras en la Semana Trágica y la Patagonia Rebelde, el rol de la izquierda reformista también fue clave en esta deriva. El PS (en cuyas filas entraron buena parte de los reformistas) profundizó su conservadurismo dejando correr el golpe y legitimando el régimen fraudulento basado en el “fraude patriótico”. Ante esto, lejos estuvo el PC de ser alternativa. A tono con su orientación de “clase contra clase”, se negó a consolidar el frente único obrero y cualquier alianza obrero-popular, virando hacia denunciar el movimiento reformista por su carácter “pequeño-burgués y contrarrevolucionario”. En estas condiciones, el ala del movimiento reformista decepcionada del yrigoyenismo no tuvo alternativa para superarlo revolucionariamente. El reformismo cordobés asistió al acto de bienvenida del interventor uriburista Ibarguren y hasta el propio Deodoro Roca reivindicó al fascista Uriburu como “un general victorioso, incorrupto, idealista” [14]. Rápidamente se arrepentiría de esta posición, mostrando los vaivenes de un derrotero contradictorio que mostró a su modo los límites más generales del movimiento y de las corrientes políticas que pretendieron animarlo.

Hacia un balance

Este conservadurismo se desarrolló a lo largo de los gobiernos peronistas y encontró al estudiantado cumpliendo un rol reaccionario de apoyo al golpe del ‘55. Con esta experiencia transcurrida, en el balance sobre el movimiento reformista que emprendió en los ‘70, Portantiero señaló como preocupación la escisión entre intelectualidad y “pueblonación” y cómo articularlos en un proyecto de diálogo entre el marxismo y la “tradición nacional”, reflexión enmarcada en la posición que desde su segunda edición en 1973 asumió la Revista Pasado y Presente, postulando al peronismo como punto de partida de la lucha socialista. Para Portantiero, la Reforma fundó la inconexión entre la pequeñoburguesía y el movimiento nacional, “que marcó las dificultades (…) para el encuentro entre las izquierdas marxistas y el pensamiento nacionalista democrático en América Latina” [15]. Paradójicamente, sitúa los límites del reformismo en la imposibilidad de articular ese diálogo. Pero cuando hubo una experiencia de gobierno de nacionalismo burgués, expresada en el peronismo, este intervino las universidades y en 1947 dictó una ley que buscó liquidar conquistas democráticas centrales de la Reforma. La ley estableció que “las universidades no deben desvirtuar en ningún caso y por ningún motivo sus funciones específicas. Los profesores y alumnos no deben actuar directa ni indirectamente en política, invocando su carácter de miembros de la corporación universitaria, ni formular declaraciones conjuntas que supongan militancia política o intervención en cuestiones ajenas a su función específica, siendo pasible quien incurra en transgresión a ello de suspensión, cesantía, exoneración o expulsión” [16], llevando a una expulsión masiva de docentes y estudiantes. Una verdadera contrarreforma. El prisma para mirar la experiencia reformista que hoy proponen intelectuales como Diego Tatián comparte con la lectura de Portantiero un horizonte de expectativas políticas comunes. En un discurso, planteó que si el latinoamericanismo es un rasgo del reformismo, en 1918 era más bien una expresión de deseos:
… es mucho más profundo actualmente, desde hace algunos años, y aunque ahora estemos bajo un reflujo conservador en la región. Resulta imprescindible continuar la inspiración reformista de crear instituciones para la integración latinoamericana y un desarrollo del vínculo Sur-Sur [17].
De esta manera, pretende legitimar con el legado reformista a gobiernos como el del kirchnerismo, el PT en Brasil o el chavismo en Venezuela que, no solo no modificaron las condiciones dependientes de las estructuras económicas latinoamericanas, sino que mantuvieron mecanismos de sujeción al imperialismo como el pago de la deuda externa, fuga de capitales, primarización económica, etc. Es en la potencialidad mostrada por el reformismo y los límites que impidieron explotarla hasta el final desde donde podemos retomar la experiencia y llevarla a un nuevo nivel. En primer lugar, el reformismo no superó la confusa ideología de las generaciones de Ortega y Gasset, que asignaba a la juventud en sí misma el papel de sujeto revolucionario por encima del carácter de clase de la lucha social: “la juventud vive siempre en transe de heroísmo. Es desinteresada, es pura. No ha tenido tiempo aún de contaminarse”. Esta concepción no permitía identificar los intereses sociales de cada proyecto político ni destacar las fuerzas motrices de una verdadera transformación de las estructuras económico-sociales dependientes. Desde esta concepción, los planteos antiimperialistas del movimiento no se articularon en torno a una estrategia que permitiera poner en cuestión el poder burgués y postular el poder obrero. Pero si Marx estaba en lo cierto y todos los fenómenos contienen el germen de su superación, la propia Reforma mostró que su radicalización dependió del carácter de su alianza de clases. Allí donde el movimiento avanzó en sus métodos y objetivos fue porque en lugar de confiar en la presión hacia los gobiernos asumió un papel en la lucha de clases junto al movimiento obrero. La organización democrática en asambleas, la tendencia a la acción directa con huelgas, piquetes, enfrentamientos abiertos con la policía, el cuestionamiento a la explotación capitalista, permitieron al movimiento sus mayores logros. Si el estudiantado de la segunda década del siglo XX, contando con un peso numérico muy débil, logró impulsar un movimiento de semejante envergadura que gravitó en la escena nacional y latinoamericana, en la actualidad la masificación de la universidad lo convierte en un actor potencialmente mucho más poderoso en la lucha de clases. En su alianza con el movimiento obrero, la juventud trabajadora y las mujeres, anida la posibilidad de superar la experiencia reformista homenajeando su mayor legado: su carácter insurrecto y cuestionador de la sociedad existente.

Paula Schaller
Licenciada en Historia - Conductora del programa Giro a la Izquierda

1. Sarmiento, Domingo, Facundo. Civilización y barbarie, Buenos Aires, Centro Editor de Cultura, 2009, p. 120.
2. Aricó, José, “Tradición y modernidad en la cultura cordobesa”, en Revista Plural N° 13, pp. 10-14, Buenos Aires, 1989.
3. Gordillo, Mónica, El movimiento obrero ferroviario desde el interior del país, Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1988.
4. La Voz del Interior, 19/12/1917.
5. Taborda Varela, Juan C., “Cien años de la Reforma”, en Revista Matices, abril 2018.
6. Ver El primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios reunido en Córdoba, Año 5, N° 6, diciembre de 1918, consultado el 14/4/2018 en revistas.unc.edu.ar.
7. Ver Pitaluga, Roberto, Soviets en Buenos Aires. La izquierda de la Argentina ante la Revolución en Rusia, Buenos Aires, Prometeo, 2016. Ver también Schaller, Paula, “Cuando los Soviets llegaron a Buenos Aires”, en IdZ 31.
8. Ver Pianetto, Ofelia, “Coyuntura histórica y movimiento obrero. Córdoba, 1917-21”, en Estudios Sociales, Universidad Nacional del Litoral, 1991.
9. “Intensa agitación obrera e intervención de los estudiantes”, La Voz del Interior, 6/9/1918.
10. Pianetto, Ofelia, ob. cit, p. 32.
11. Bermann, Gregorio, Juventud de América, Buenos Aires, Cuadernos Americanos, 1946, p. 43.
12. Ver entrevista a Natalia Bustelo en este mismo número.
13. Justo, Liborio, Nuestra Patria Vasalla. Historia del coloniaje argentino, Tomo IV, Buenos Aires, Editorial Grito Sagrado, pp. 192-193.
14. En El difícil tiempo nuevo Deodoro Roca reconoce que “sin la rebeldía de los universitarios el 6 de septiembre no habría sido posible”, Lautaro, 1956.
15. Portantiero, Juan C., Estudiantes y política en Argentina, México, Siglo XXI, 1987, p. 35.
16. AAVV, Cien años de Historia obrera en la Argentina 1870-1969. Buenos Aires, Ediciones IPS-CEIP León Trotsky, 2016, p. 322.
17. Discurso pronunciado en el acto de colación de egresados de la FFyH de la UNC, 2017.

* Nota publicada originalmente en Ideas de Izquierda N°42, Bs. As., abril-mayo 2018.