domingo, septiembre 25, 2016

La guerra no tiene rostro de mujer: las combatientes del Ejército Rojo



Premio nobel de literatura 2015, Svetlana Alexiévich construye su obra con cientos de voces de mujeres que combatieron en el Ejército Rojo en la Segunda Guerra mundial. La guerra que no se contó.

“El manuscrito lleva mucho tiempo sobre la mesa… Llevo dos años recibiendo cartas de rechazo de las editoriales. Las revistas guardan silencio. El veredicto siempre es el mismo: es una guerra demasiado espantosa. El horror sobra. Sobra naturalismo. No se percibe el papel dominante y dirigente del Partido Comunista. En resumen, no es una guerra correcta…”
Svetlana Alexiévich presenta su libro sobre las mujeres que combatieron en el Ejército Rojo recordando la odisea que recorrió entre 1978 y 1985 para darle forma. Cientos de entrevistas en ciudades remotas, encuentros con mujeres que se abrían a relatar, muchas veces por primera vez, los sufrimientos y verdades de ‘su’ guerra. No la que aparecía en los libros, no la que transmitía la historia oficial, sino la que vivieron ellas, las mujeres que se alistaron, las que fueron al frente y combatieron.
La escritora nació en 1948 en Ucrania y se formó como periodista en la Universidad de Minsk. Ella denomina el género de su obra como “literatura de voces”, siguiendo el sendero del periodista narrativo Kapucinski.
En esas entrevistas, algunas veces después de algunas lágrimas, “las mujeres comienzan a hablar de su guerra, de una guerra que yo desconozco. De una guerra desconocida para todos nosotros”, dice Svetlana Alexiévich.
El libro se publicó después de la Perestroika y tuvo una tirada de millones. Las historias personales de esas mujeres y hombres, de la guerra que vivieron, comenzaban a circular recién entonces.
Lo que más sorprende en el libro de Alexiévich es su capacidad para acercase a la biografía de cada una de esas mujeres en pocas líneas, con testimonios que concentran en una anécdota o un pequeño relato, una sensibilidad, una historia de vida. Y a lo largo de las 360 páginas del libro aparecen cientos de voces, construyendo una historia coral sobre los acontecimientos, desde múltiples puntos de vista. Mujeres francotiradoras, enfermeras, conductoras de tanques, encargadas de las transmisiones.
“¿Adónde nos dirigíamos? No lo sabíamos. Y, al fin y al cabo, no nos importaba. Deseábamos llegar al frente. Todos luchaban, y nosotras también. Llegamos a la estación Schélkovo, cerca de allí se encontraba la escuela femenina de francotiradoras. Resultó que estábamos destinadas allí. A aprender. Todas nos alegramos. Ya era real. Dispararíamos.” (María Ivánovna Morózova, Ivanushkina, cabo, francotiradora)
La mayoría de esas mujeres se alistaron voluntariamente. No solo eso, su primera ‘pelea’ fue en casa, para lograr que el ejército las aceptara, escondiéndose en camiones para ir al frente, para que las dejaran luchar contra el avance de los nazis. En muchos casos se escapaban de sus aldeas, donde solo quedaban mujeres, ancianos y niños, después de haber perdido a muchos miembros de su familia.
Las historias de estas mujeres están cruzadas por la historia de la URSS en la Segunda Guerra Mundial: la dictadura estalinista, el peligro de expresar una oposición, las purgas estalinistas todavía frescas. Pero, al mismo tiempo, la voluntad y determinación de mujeres y hombres para combatir el avance del fascismo y defender lo que consideraban su pueblo.
“La conversación cambia de rumbo: hablamos de Stalin, de cómo antes de la guerra aniquiló al mejor personal de mando, a la elite militar. De la cruel colectivización y del año 1937. Del Gulag y de los exilios. De que el desastre de 1941 a lo mejor no habría ocurrido si en 1937 no hubiera pasado lo que pasó. No hubiéramos retrocedido hasta Moscú. Hablamos de que después de la guerra aquello se olvidó. La Victoria lo eclipsó todo.” (Conversaciones en el compartimiento de un tren).
Las mujeres cuentan su historia rompiendo el manto de silencio que se impuso al terminar la guerra, obligadas a volver a ocupar ‘su lugar’ en el hogar, alejadas del escenario político público, dominado por los hombres.
“No le confesábamos a nadie que habíamos combatido. Como mucho, manteníamos contacto entre nosotras, nos intercambiábamos cartas. Transcurrieron por lo menos unos treinta años hasta que empezaron a rendirnos honores… A invitarnos a dar ponencias… Al principio nos escondíamos, ni siquiera enseñábamos nuestras condecoraciones. Los hombres se las ponían, las mujeres no. (…) Nos arrebataron la victoria, ¿sabes? Discretamente nos la cambiaron por la simple felicidad femenina. No compartieron la victoria con nosotras. Era injusto… Incomprensible…” (Valentina Pávlova Chudaeva, sargento, comandante en una unidad de artillería)
La victoria fue muy contradictoria para ellas. Porque después de la Victoria llegaba la ‘vuelta a la normalidad’ y el coraje se transformaba en miedo ante el futuro.
“Me hice francotiradora. Podría haber estudiado transmisiones, es una especialidad útil, tanto en la guerra como en los tiempos de paz. Una especialidad de mujer. Pero me dijeron: ‘Hay que disparar’, así que aprendí a disparar. Yo era buena. Tengo dos órdenes de la Gloria y cuatro medallas. Son condecoraciones por tres años de combates.”
“De repente oímos el grito: ‘¡La Victoria!’. Nos anunciaron: ‘¡La Victoria!’. Recuerdo lo que sentí, sentí alegría. Y enseguida, en el mismo instante, sentí miedo. ¡Pánico! ¿Qué sería de mi vida? Mi padre había muerto en la batalla de Stalingrado. Mis dos hermanos mayores habían desaparecido sin dejar huella en los primeros meses de la guerra. Quedábamos solo nosotras, mi madre y yo. Dos mujeres. ¿Cómo viviríamos? Todas las mujeres reflexionábamos sobre esto…” (Klavdia S-va, francotiradora)
En el libro de Alexiévich, ‘la guerra no tiene rostro de mujer’, porque la guerra era cruel, sucia, implacable, monstruosa, mientras que a esas mujeres las habían preparado para ser lo opuesto: jóvenes enamoradas, hogareñas, cariñosas… La guerra no tiene rostro de mujer, porque esas mujeres combatieron y dispararon, enfrentaron a los nazis, pero cuando volvieron a casa no pudieron hablar de eso; lo que había sido fuente de orgullo se transformaba en vergüenza. La guerra no tiene rostro de mujer, porque al terminar la guerra las mujeres debían volver a callar: les habían “arrebatado” la victoria.
El libro de Svetlana Alexiévich permite acercarse a esta historia dentro de la historia de la guerra y el ejército soviético. La vida de esas mujeres que lucharon en el frente y jugaron un papel clave en fortalecer la moral de combate del pueblo soviético contra los nazis, pero que después fueron olvidadas y borradas de la foto, como el estalinismo solía hacer tan bien.

Josefina L. Martínez
Historiadora | Madrid

*La guerra no tiene rostro de mujer, Svetlana Alexiévich, Penguin Random House Grupo Editorial, 2015, Barcelona

El asesinato de Rucci



El 25 se septiembre de 1973 cayó bajo las balas de un supuesto comando montonero José Ignacio Rucci, líder de la CGT y hombre de confianza de Perón dentro del sindicalismo *.

Ese día Rucci se retiraba de uno de sus domicilios en Avellaneda 2953. El operativo que terminó con su vida fue conocido bajo el nombre de Operación Traviata. Así relataba entonces la publicación Descamisados los pormenores del atentado: “Cuando se dirigía en un Torino patente provisoria E 75885, que habitualmente lo trasladaba. (…) el operativo que eliminó a Rucci comenzó aparentemente cuando, desde la vereda de enfrente, le fueron arrojadas varias granadas, de las cuales una, al menos, no habría explotado. Tras las granadas, Rucci y Ramón Rocha –un guardaespaldas que llegó con él desde San Nicolás– se parapetaron detrás de la puerta abierta del automóvil. Entre tanto, desde la casa en venta de Avellaneda 2951, a través de un agujero efectuado al cartel del primer piso, se le efectuaban los disparos que le ocasionarían la muerte. En el Torino se encontraron 12 impactos de bala. Los demás acompañantes de Rucci, algunos todavía en la vivienda y otros sobre los otros dos automóviles que acompañaban al Torino, se quedaron paralizados por el terror. El líder de la CGT quedaba acribillado en el piso; Rocha, herido también durante el tiroteo, pedía a gritos ayuda a sus compañeros y Tito Muñoz, el chofer, con varios balazos en el cuerpo, aparecía como muerto. Luego se informaría que Muñoz estaba con vida, y, al igual que Rocha, sería trasladado a una clínica privada donde se le efectuaría una intervención quirúrgica de urgencia”.
La muerte de Rucci impactó fuertemente en el escenario político. En su velatorio Perón se lamentó: "Me mataron a un hijo” y ante el periodismo dijo que "estos balazos fueron para mí; me cortaron las patas”. No era para menos. Con Rucci se iba el dirigente que le había permitido a Perón recobrar su control sobre la CGT luego del asesinato del "Lobo" Augusto Timoteo Vandor. Este último había intentado disputarle al viejo caudillo la dirección del peronismo. Rucci era un soldado de Perón que se puso al hombro la tarea de salvar al régimen burgués controlando al movimiento obrero insurgente que había parido el Cordobazo en mayo de 1969.
Rucci fue uno de los firmantes del Pacto Social que desde 1973 congelaba precios y salarios y beneficiaba abiertamente a las patronales. Al firmar dicho acuerdo el líder cegetista declaró premonitoriamente “yo sé que con esto estoy firmando mi sentencia de muerte, pero, como la Patria está por encima de los intereses personales, lo firmo igual”. Lo cierto es que el interés de la “patria” para Rucci pasaba por liquidar a la vanguardia militante que disputaba las fábricas a la burocracia y amenazaba la dirección del peronismo oficial. Rucci fue uno de los jefes indiscutidos de la derecha peronista y como tal responsable de los crímenes de las bandas fascistas paraestatales, principalmente de la Masacre de Ezeiza contra la Juventud Peronista el 20 de junio de 1973. Por todo ello se ganó merecidamente el mote de traidor por parte de los luchadores obreros.
Los Montoneros coreaban en sus movilizaciones la consigna “Rucci, traidor, saludos a Vandor” autoadjudicándose el hecho. Una muestra trágica de la concepción de la izquierda peronista que buscaban disputar con la burocracia sindical mediante el método del atentado guerrillero y la negociación in extremis con Perón y no con la organización de la lucha de clases contra el Pacto Social y la independencia política de los trabajadores.
Después de la muerte de Rucci la burocracia sindical, como parte de las Tres A y con el respaldo de Perón, recrudeció su accionar contra los luchadores sindicales y los militantes de izquierda.

Facundo Aguirre

Lanzan una Ley de Mecenazgo contra los artistas y la cultura



Antes del “mini-Davos”, Mauricio Macri y Pablo Avelluto (titular de Cultura), junto a nueve gobernadores y veintitrés ministros de Cultura provinciales, lanzaron el proyecto de “Ley de mecenazgo”. Entre los mandatarios provinciales presentes estuvieron el formoseño Gildo Insfrán, el salteño Juan Manuel Urtubey y el tucumano Juan Manzur, hasta hace muy poco fervientes kirchneristas y espadachines de la “batalla cultural”.
La propuesta tiene su antecedente en la Ciudad de Buenos Aires, donde la ley permite que se pueda descargar hasta el 10% de Ingresos Brutos en aportes a “proyectos culturales”, una medida saludada por los capitalistas de la cultura: “Instituciones como el Museo Nacional de Arte Decorativo, la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes y la Fundación Proa, son algunos de los más reconocidos receptores de esos fondos” (El Cronista, 15/4/15).
La ley, acompañada por todo el arco político patronal y sobre todo por el justicialismo, incrementa los beneficios otorgados en la CABA y “propone a las empresas financiar proyectos culturales sin fines de lucro y, a cambio, ofrece una importante reducción en el impuesto a las ganancias sobre las utilidades en el ejercicio contable del año anterior. Ese descuento sería del 50% para proyectos a realizar en la ciudad de Buenos Aires; del 80% si son en el resto del país, y del 90% si se trata de iniciativas para zonas vulnerables o vinculadas a bienes patrimoniales…” (La Nación, 13/09).
El proyecto fue redactado por Juan Manuel Beati, el funcionario que llevó adelante el mecenazgo en la Ciudad y que actualmente está a cargo de la Dirección Nacional de Mecenazgo. Y tiene por objetivo, según Avelluto, financiar “dos mil proyectos por un millón de pesos cada uno promedio” (ídem). Los “benefactores” podrán depositar directamente sus “aportes” en las cuentas de los emprendimientos culturales, sin control de parte de los organismos estatales. Un premio con todas las letras a los evasores.
Ese mismo diario señala que la ley promoverá la libre circulación de capitales en el mercado del arte. Los controles locales hasta ahora dificultaban la incorporación de la Argentina al gran mercado mafioso de blanqueo de dineros sucios por medio de piezas de arte. El kirchnerismo había avanzado en ese sentido por medio de su director de Artes Visuales, Andrés Duprat, puesto por el macrismo al frente del Museo Nacional de Bellas Artes. Así continúan lo comenzado durante el menemato, cuando Cristina del Campo y Ruth Benzacar, de Christie’s, desarrollaron un proyecto parecido al que ahora se presenta a debate legislativo.
De esta manera, el llamado “mecenazgo”, además de permitir la circulación de capitales sucios procedentes de la evasión y de diversos tráficos ilegales, hará que la producción cultural quede en manos de pulpos empresariales como los de Fortabat o Costantini, a su vez piezas menores en el ajedrez movido por Christie’s o Sotheby´s, los grandes marchantes internacionales de contrabando de obras de arte y blanqueo de dinero. He ahí la “democratización de la cultura” pregonada al asumir por el ministro Avelluto: grandes negocios y blanqueo de plata sucia. Lejos de “democratizarse”, la producción artística se verá con esto más sometida aún a la dictadura de las galerías, de los grandes comerciantes del arte y de los pulpos imperialistas.
Esta perspectiva privatizadora exige que se le contraponga un programa. No a la Ley de Mecenazgo. Por la gestión estatal de la cultura bajo control de los trabajadores y sus beneficiarios. Por un impuesto progresivo a las grandes fortunas que financie la gratuidad de las producciones artísticas y de las creaciones culturales.

Ricardo Lusso

El giro “kirchnerista” de Macri



La realidad impone a Cambiemos avanzar hacia menos de lo mismo. El 2017 como la nueva madre de todas las incógnitas.

"El Presupuesto del año que viene no tiene grandes cambios respecto a la política populista de Cristina Kirchner", afirmó recientemente el economista Guillermo Nielsen en declaraciones a radio El Mundo.
Según varios analistas que reconocen granos de verdad en la sentencia del exsecretario de Finanzas de Roberto Lavagna, esta continuidad en el cambio se produce porque el Gobierno optó por subordinar la política económica a la contienda electoral de 2017. De ahí que el Presupuesto proponga más gasto en obra pública y un déficit fiscal similar al actual.
La realidad es que medido con su propia vara, el oficialismo está fracasando en todos los terrenos del plan original: no logró bajar el déficit fiscal, la inflación ahora moderada a golpes de enfriamiento terminará en un porcentaje alto cuando cierre el año y licuó parcialmente las supuestas ventajas “competitivas” de la devaluación, el salario real perderá alrededor de 10 puntos porcentuales promedio, pero la pauta fijada por el macrismo a principios de su gestión (25 %) fue superada. La principal medida de disciplinamiento fue el temor a los despidos, a partir de la campaña contra los estatales de principios de año y ataques varios en empresas privadas.
La propuesta más estratégica de un supuesto cambio de paradigma: del consumidor al inversor, fue un ostentoso relato que se desvanece con la realidad de los números crudos.
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, afirmó semanas atrás que desde la salida del default hubo anuncios de inversiones por más de 25 mil millones de dólares a desembolsarse en los próximos años.
El periodista del sitio Chequeado.com, Matías Di Santi, revisó ese dato en fuentes oficiales y constató que del ranking de los diez principales anuncios (que suman 17 mil millones de dólares), el 50 % se hizo antes del balotaje, el 23 % entre el balotaje y la salida del default y sólo el 27 % se produjo pos acuerdo con los buitres.
Para el consultor Dante Sica, cercano al macrismo, en Argentina "de 2008 a 2016, las inversiones promediaron 82.690 millones de dólares anuales, lo que representa el 16,4 % del PBI". Según Sica, el país necesita 131 mil millones de dólares para alcanzar un crecimiento más o menos equilibrado. Conclusión: faltan unos 50 mil millones anuales de inversiones nuevas. Lo anunciado es escaso para el “crecimiento equilibrado”. Último dato no menos importante: todavía son anuncios y todo el mundo conoce la distancia que puede separar a las palabras y las cosas en el universo del capital.
Cuando se apagaron las luces del esplendoroso Mini-Davos, se enciende el frío de la realidad argentina y cuando las promesas se pasan a valores se conoce la verdad que subyace al marketing.
Este contexto impulsó a Macri hacia un giro que configura un proyecto peculiar: la narrativa ortodoxa combinada con el reimpulso a una política económica “kirchnerista”, con la impronta de Cambiemos. Anclar el tipo de cambio, estimular el consumo y la obra pública como ariete para algún tipo de reactivación de una economía en recesión que acaba de ser confirmada por el propio INDEC (3,4 de caída del PBI en el segundo trimestre).
Esto da como resultado un déficit casi igual al de la administración anterior, con inflación más alta. La diferencia específica es que reemplaza la emisión monetaria por un violento endeudamiento. Toda semejanza con el plan de Daniel Scioli no es pura coincidencia (y ahí están sus asesores, Miguel Bein y Mario Blejer festejando los “éxitos” del plan de Cambiemos).
Hay cálculos que estiman que tras los canjes de deuda y luego de las sucesivas devaluaciones, en los últimos cuatro años la deuda pública total aumentó en 50.000 millones de dólares y subió de 38,7 % al 55,5 % del PBI. Nación, provincias y empresas iniciaron un nuevo festival de endeudamiento que hipoteca al país.
Para esto, Cambiemos usufructúa la “herencia recibida” de los pagadores seriales que entregaron cerca de 200 mil millones de dólares en una década y bautizaron el tremendo desembolso como un… “desendeudamiento soberano”. No se puede negar que fueron audaces en las licencias poéticas para hablar de economía.
Hay que tener en cuenta que este camino “al mundo” lo abrió el kirchnerismo a billetazo limpio con los acuerdos con el Ciadi, el pago indemnizatorio a Repsol y el acuerdo con Club de París. La “sintonía fina” (quita de subsidios para nuevos tarifazos) fue un intento frustrado de Cristina Fernández en 2012 y debió frenarlo por imposición de las circunstancias. En 2014, Axel Kicillof devaluó y produjo un alza inflacionaria y una pérdida del poder adquisitivo del salario (también despidos). Su ensayo de “lluvia de inversiones” se produciría en Vaca Muerta, para lo cual firmaron acuerdos secretos con Chevron.
El macrismo tomó el bastón de mariscal de las frágiles manos kirchneristas y aseguró al establishment que ellos sabían cómo hacer las cosas. Intentó una “sintonía gruesa” y la realidad le impuso una sintonía media (fallos judiciales mediante, que olfatearon el peligro del malestar social), pagó con generosidad a los buitres residuales, devaluó -como Kicillof en 2014- y congeló la economía con tasas por las nubes para controlar la inflación, que de todos modos superará el 40 % anual.
Otra diferencia específica es que abrió impetuosamente las puertas a las importaciones en los primeros meses y empujó a la crisis a una parte de la industria golpeada también por los tarifazos, la recesión, el bajón del consumo y el encarecimiento del crédito.
Incluso, el Estado “neoliberal” mantiene nichos de dirigismo estatal: un precio sostén para el petróleo (por arriba del precio internacional) y aprobó un aumento en el gas, mediante el método de una contabilidad creativa que dolariza la tarifa y triplica el valor real de extracción, producción y distribución. El Estado ausente está más presente que nunca a los pies de las petroleras.

El impasse y el 2017

Desde el punto de vista político, el macrismo aplica un clásico de los años kirchneristas: el bonapartismo de caja.
El republicanismo de Cambiemos utiliza el método de premios y castigos a los gobernadores e intendentes -además de la burocracia sindical-, quienes garantizan la gobernabilidad con la aprobación de leyes en el Senado y el control regimentado del conflicto social, que puede incluir o no un paro dominguero. La democracia del toma y daca, otra continuidad sin cambios.
Las causas de fondo que explican esta situación radican en que el kirchnerismo gobernó determinado por la impronta de la crisis y el contexto que dejaron las jornadas del 2001. Su intento de configurar un proyecto político que permitiese avanzar con el ajuste, cuando se agotaron las condiciones especiales que habilitaron su esquema, nunca pudo concretarse. Daniel Scioli fue el nombre de la última esperanza blanca que terminó en derrota.
Pero el macrismo tampoco pudo congregar las condiciones políticas para el ajuste que necesitan y exigen los dueños del país y el capital internacional. Cambiamos, pero no tanto.
Por eso, en la cumbre “económica” del Mini-Davos, la principal preocupación fue política: el mayor interrogante que invadía a los CEO que colmaron el Centro Cultural Kirchner, fue sobre la gobernabilidad y las eventuales alianzas para las elecciones del año que viene. El pliego de demandas patronales fue claro: ponerle el cascabel al gato del movimiento obrero y producir una baja significativa de las conquistas que garanticen una recomposición de la tasa de ganancia. El macrismo tiene proyectos para este objetivo, pero también debe ir con pie de plomo.
Para garantizar la continuidad de su proyecto político el año que viene y luego de varios traspiés, Cambiemos da un giro hacia menos de lo mismo.
La cuestión de fondo que expresa el debate sobre la gobernabilidad y las elecciones de medio término es que ni el kirchnerismo ni el macrismo, con las diferencias específicas por las fracciones empresariales que intentan representar, lograron cambiar cualitativamente la relación de fuerzas.
Por eso colocan al 2017 como la nueva madre de todas las batallas: unos (Cambiemos) para asentarse y apretar el acelerador del ajuste y los otros (los muchos peronismos) para “volver” con la promesa de terminar la tarea inconclusa.
El autor de la denuncia que encabeza esta nota (Nielsen) revista en las filas del Frente Renovador de Sergio Massa, de quien Cristina Fernández acaba de asegurar que “no es el enemigo” y mandó a borrar millones de tuits a todo el planeta K. Con su propuesta de amplia “nueva mayoría”, los nacionales y populares conducidos por la jefa llegan bancar hasta a los que corren por derecha a Macri.
Es claro que ninguna de estas dos opciones, de estos dos “partidos” expresados en diferentes coaliciones en construcción, será favorable a las mayorías obreras y populares que deben conquistar una alternativa, un “tercer partido” de la clase trabajadora, para evitar pagar los platos rotos de una crisis aún sin resolución.

Fernando Rosso @RossoFer

sábado, septiembre 24, 2016

Dos caras de una misma moneda.



La estrategia subversiva contra Cuba “cambia de tono”. La actual administración estadounidense, sus aliados ideológicos y los centenares de institutos, agencias, organizaciones y emisarios que se empeñan en desestabilizar el sistema socialista en la Isla, intentan promover nuevas fórmulas, una vez que quedaron atrás los desgastados planes y experimentos de diez inquilinos de la Casa Blanca, quienes lo probaron todo y nada les funcionó. Por eso pretenden mover los patrones de la ideología revolucionaria del pueblo cubano hacia otra tendencia, el “centrismo ideológico”. Académicos también lo llaman contrarrevolución “no confrontacional”.
El catedrático español Mariano Torcal Loriente[1], quien es considerado un experto en temas relacionados con el comportamiento político y electoral, ha realizado estudios acerca del significado y el contenido del centro ideológico en España, donde tradicionalmente partidos políticos se disputan el poder desde un extremo u otro. Este académico hace referencia a numerosas investigaciones que abordan temáticas asociadas a la relación izquierda-derecha; mientras otros análisis aluden al “centro ideológico” como un espacio de “no actitudes”, es decir, una opción elegida por individuos de escasos conocimientos políticos que encuentran fácil refugio en esas posiciones.
Algunos consideran que es un espacio de baja intensidad ideológica y de neutralidad en las preferencias políticas. Se ha llegado a señalar que esa posición ha constituido un refugio natural al creciente proceso de pérdida de interés por los conceptos izquierda-derecha. Es decir, al carecer de significado esas dos tendencias, los ciudadanos han decidido optar por el “centro” antes que dejar de ubicarse en alguna escala de ambos bandos. Lo cierto es que ese “medio” consiste en una “posición cómoda” para el que no quiere definirse ideológicamente. Prefiere ocultarse en la ambivalencia con el objetivo de no “determinarse” políticamente y lanzarse con transparencia a la batalla ideológica.
Esas tendencias, que han evolucionado a lo largo de los años en países practicantes de lo que denominan formas de gobierno democrático, se pretenden introducir en la conciencia del pueblo cubano. Muy sutilmente, a través de proyectos subversivos o como parte de la guerra cultural e ideológica que se nos trata de imponer. Una guerra que muchos teóricos del orbe denominan “guerra silenciosa”, porque va lacerando poco a poco los valores auténticos de una sociedad genuina.
Lo que está claro es que para los enemigos de la Revolución esa contrarrevolución tradicional que intentan unificar, solo se ha convertido en instrumento para campañas mediáticas contra Cuba. Esas formas de practicar el antagonismo ideológico no logró el impacto esperado. En la práctica, pierden su dinero. Millones y millones de dólares estadounidenses invertidos en una empresa que nunca ha fraguado. Precisamente, porque a esta altura de la vida, el ciudadano cubano común tiene dos maneras de definirse para todo. El cubano dice “eres o no eres”, no acepta términos medios. De ahí que en la historia de esta Isla las corrientes políticas reformistas o anexionistas no tuvieron éxito, aunque nunca dejaron de existir.
Debido a esos peligros en los escenarios actuales y perspectivos, Cuba tiene que afrontar desafíos complejos en defensa de su naturaleza política de izquierda, preservada por 57 años de batallar en contextos adversos.
Si se analizan los contenidos de los cientos de programas subversivos contra nuestro país, que se hacen públicos diariamente por el propio gobierno estadounidense, su Departamento de Estado y agencias, son perfectamente visibles los intentos por sembrar el “centrismo ideológico” en nuestra sociedad. Esos engendros exhortan a los ciudadanos a inmiscuirse en los problemas de su nación desde una posición hipercrítica y no desde la crítica constructiva. Pretenden demonizar al Estado y al Gobierno como elementos de una sociedad contemporánea incapaces de garantizar el avance socioeconómico.
Convocan a los ciudadanos a no involucrarse en la realidad de su país desde una perspectiva revolucionaria y evitar posturas reaccionarias. Es decir, a no polarizarse en el discurso político en ninguno de los extremos y mantener una posición de “neutralidad activa”.
De acuerdo con los planes de los adversarios ideológicos de la Revolución, esa posición será efectiva en el afán de lograr la pretendida “transición política” en Cuba o el gastado interés de lograr un “cambio de régimen”. Es simple para sus cálculos: desmovilizar gradualmente al pueblo en torno al proyecto socialista. Es el mismo plan que pretendieron instrumentar durante el cruento período especial en la década de los 90’, cuando acérrimos personeros del anticomunismo sumaban desesperadamente los días que le quedaban de vida a la Revolución, tras la caída de la URSS y el campo socialista en Europa Oriental.
En el caso de Cuba, habría que preguntarse: ¿Hacia dónde apuntan las intenciones de los círculos de poder imperialistas que hace más de cinco décadas desean alcanzar un objetivo final: desmembrar lo que tanto sacrificios ha costado a generaciones de cubanos, radicalizados en una conciencia revolucionaria sin precedentes? Precisamente apuntan hacia ese pueblo y dentro de él, a los jóvenes.
La juventud es un segmento consustancial en todos los proyectos anticubanos, por su presencia en todos los ámbitos del país: las artes, intelectualidad, prensa, estudiantil, hasta el sector no estatal de la economía. Nadie escapa de esa estrategia maquiavélica, muy bien estructurada y articulada en el terreno mediático, donde se aprovechan de las bondades de las infocomunicaciones.
Es necesario analizar con detenimiento lo que a nivel de discurso político sobre Cuba se está promoviendo en algunos sitios digitales presentes en Internet. Están lejos de promover la discusión crítica que necesita una sociedad en plena transformación. De manera suave, como golpes blandos, intentan penetrar en el terreno del debate periodístico y captar a algunos cubanos con un toque de subversión “invisible”, para sumarlos a “construir” una Cuba imposible para más de 11 millones de compatriotas, que nunca renunciarán a una Revolución, por la cual nuestra patria perdió a sus más valiosos hijos.
Los patrocinadores de esas plataformas comunicativas brindan “gentilmente” hospedaje en los grandes servidores controlados por Estados Unidos, que resultan ser laboratorios donde se alojan “auténticas” teorías sobre la “forma no confrontacional de subvertir”.
En algunos de esos medios digitales es común leer contenidos donde se intenta denigrar el papel del Estado Socialista y promover supuestas deficiencias en la gestión administrativa de las instituciones, ante un crecimiento exitoso del sector privado, como si este último no haya surgido de la voluntad soberana del gobierno revolucionario.
También, se encuentran contenidos acerca de una presunta crisis económica del país sin la visible salida a corto plazo; mientras otros defienden la necesidad de que los medios de comunicación cubanos se independicen del poder político, como si en las naciones capitalistas los partidos políticos de turno no controlaran los contenidos de los “grandes medios”, que representan los intereses hegemónicos de las clases más ricas y promueven la enajenación espiritual y cultural de los pueblos.
Iroel Sánchez en su artículo titulado “Estado, pueblo y medios de comunicación: ¿nos entregamos?”, publicado en el periódico Granma afirmó:
“Sacar a alguien de Cuba, prepararlo, asignarle un financiamiento no proveniente directamente del gobierno de EE.UU., declarar transparencia en el origen y uso del dinero y proclamar preocupación por asuntos ciudadanos como el derecho a la información y los problemas de la comunidad insuficientemente atendidos por instituciones gubernamentales, organizaciones de masas y la prensa cubana, era el procedimiento; pero necesitaban nombres sin pasado contrarrevolucionario y si estaban conectados con la academia, los medios de comunicación y la naciente comunidad de blogueros, mejor”.
Precisamente, se está materializando lo que el primero de enero del 2014 alertó el General de Ejército en su discurso pronunciado en Santiago de Cuba durante la conmemoración del triunfo de la Revolución, cuando dijo:
“(…) se afanan engañosamente en vender a los más jóvenes las supuestas ventajas de prescindir de ideologías y conciencia social, como si esos preceptos no representan cabalmente los intereses de la clase dominante en el mundo capitalista. Con ello pretenden, además introducir la ruptura entre la dirección histórica de la Revolución y las nuevas generaciones y promover incertidumbre y pesimismo de cara al futuro, todo ello con el marcado fin de desmantelar desde dentro el socialismo en Cuba”.
El Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros en aquella intervención advirtió sobre los desafíos que Cuba enfrenta y continuará afrontando en el terreno ideológico. En ese frente, el enemigo pretende indudablemente sembrar teorías centradas en la construcción de un hombre apolítico y en mayor medida, un cubano que prefiera el anexionismo mediante el simple viraje de los patrones ideológicos de izquierda hacia el “centro”; un centro político que a lo largo de las revoluciones sociales siempre ha demostrado estar más aliada a la derecha que a las causas justas.
¿Cuál es el objetivo de despolitizar y desmovilizar una sociedad mediante la promoción de esas corrientes de pensamiento? Los argumentos se pueden encontrar en la literatura escrita por Gene Sharp, académico estadounidense que creó el tristemente célebre “Instituto Albert Einstein”, experto en el desarrollo de teorías sobre la naturaleza del poder social para la lucha no violenta, instrumento empleado por las oligarquías para destruir gobiernos legítimos en todas las latitudes del planeta.
Sharp, autor de libros como “La política de la acción no violenta” (1973) y “De la dictadura a la democracia” (1993), refiere en sus fundamentos que los “aliados naturales del grupo de lucha no violenta, pueden ser, entre otros, estudiantes o jóvenes resentidos con sus sistemas políticos”. A la vez, los más fervientes seguidores de ese veterano académico dentro del “Albert Einstein Institution”, promulgan extensos textos llamando a que se “le brinde atención especial al sector juvenil como motores impulsores de conflictos no violentos (…) Ellos son la vanguardia de los movimientos por cambios sociales y lo hacen correctamente”.
Esos fundamentos, que parecen sacados de las experiencias vividas por decenas de revoluciones sociales opuestas a yugos coloniales, son precisamente teorías fabricadas en instituciones que se emplean como laboratorios para construir golpes suaves contra gobiernos progresistas, atacando esencialmente las raíces ideológicas que los sustentan. Manipulan y confunden a los pueblos, con el objetivo de pasar al bando neoliberal a grupos de ciudadanos que siempre defendieron proyectos sociales autóctonos. Ejemplos como Argentina, Brasil y Venezuela demuestran la implementación práctica de una concepción política sacada de los tubos de ensayo de esos centros de subversión.
Contra Cuba, que logró dignificar al hombre y ponerlo en el centro del desarrollo de una nación y un sistema social diferente, también pretenden aplicar el mismo traje. Para los enemigos de las revoluciones sociales auténticas como el señor Sharp y sus “aventajados discípulos”, no somos la excepción, somos un objetivo.
Ante esta disyuntiva: ¿Qué le corresponde a la juventud cubana junto al pueblo? ¿Dónde están las claves para librar la lucha que se nos presenta? En nuestro caso, no existe otra alternativa que emplear la cultura como arma y escudo, frente al hegemonismo imperial y la pretensión de borrar cualquier atisbo de pensamiento liberador; formar un ciudadano culto, atento, informado, conocedor de las realidades del mundo y capaz de discernir entre tanta mentira y pseudocultura.
Se requiere emplear todas las potencialidades con que cuentan las instituciones cubanas para brindar las respuestas adecuadas e inteligentes a fin de comprometer a la vanguardia de jóvenes estudiantes, profesionales y trabajadores en la lucha ideológica, quienes deben crecerse y multiplicarse en el crucial empeño de reforzar ese tejido espiritual indispensable para salvaguardar una Revolución, que es, sin dudas, el mayor suceso cultural en la historia de la nación cubana.
En ese empeño, el capital humano del país tiene el derecho a defenderse del permanente bombardeo ideológico, con el cual intentan dominar, imponer como único el modelo neoliberal y consumista; adormecer conciencias; borrar la memoria histórica; distorsionar esencias; desmontar cuanto nos hace fuertes: el antiimperialismo, la unidad, justicia social, espiritualidad, solidaridad y la dignidad, principios siempre enarbolados por el más grande de los estadistas del siglo XX, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, quien arribó a sus 90 cumpleaños, aquí entre nosotros.
Contra las conductas reformistas o anexionistas, tenemos que responder con los contenidos generados por miles de educadores, comunicadores, creadores, líderes sociales, dirigentes políticos y todas las personas sensibles y capaces de percibir el tipo de guerra que se nos está haciendo. Se requiere hacer un frente común articulado, fomentar alternativas y dar la batalla desde lo mejor y más auténtico de la ideología socialista, desde una Revolución que dejó de ser clandestina cuando llegó al poder en 1959 y su pueblo continuará defendiendo para vencer siempre.

Reydel Reyes Torres

Nota

[1] Mariano Torcal Loriente. Catedrático de Ciencia Política de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona, España. Es un experto en temas relacionados con el comportamiento político y electoral, y el estudio de actitudes políticas en las llamadas nuevas democracias, sobre los que ha publicado en diversas revistas nacionales e internacionales, así como libros vinculados a estos temas.

El mago Obama



Un hombre corre abrazado al monitor de una computadora por una línea fronteriza, un policía lo persigue hasta que lo atrapa y lo hace caer al piso. Pudiera ser la escena de una película, de un noticiario o de una serie policial pero para los cubanos y cualquiera que haya seguido las relaciones entre Estados Unidos y Cuba es el símbolo de algo muy concreto: La represión de las autoridades estadounidenses contra los Pastores por la Paz por su ayuda humanitaria a la Isla.
Hace años que escenas como esa no se producen pero los Pastores por la Paz han vuelto a ser golpeados, tal vez de un modo mucho más duro pero esta vez no habrá imágenes simbólicas de policías fronterizos persiguiendo activistas desarmados. Ha bastado retirar el estatus de organización no lucrativa que no paga impuestos para asestar un golpe mucho más demoledor que el de todos los policías fronterizos juntos persiguiendo las caravanas solidarias con Cuba que han recorrido durante décadas Estados Unidos y Canadá.
Si la administración de W. Bush regaló a la historia universal un grupo de secuencias simbólicas de la actuación imperial, desde los torturados en Abu Ghraib y la torpe persecución a los Pastores por la Paz a la cacería de una familia iraquí -incluyendo niños- por un helicóptero artillado o la célebre amenaza de atacar preventiva y sorpresivamente “sesenta o más oscuros rincones del mundo”, Barack Obama ha aportado el aséptico y casi siempre invisible fuego de los drones, el récord mundial de las irretratables multas a los bancos por transacciones financieras con Cuba o el cadáver inencontrable de Osama Bin Laden, acompañados de la culta retórica y la sonrisa inteligente de un profesor universitario. En las primeras planas negocia con Rusia el combate al terrorismo en Siria pero “por error” masacra 83 soldados sirios que combaten a Al Nusra y la noticia desaparece rápidamente.
Gracias a Obama hubo guerras en Libia, Siria y Ucrania pero él no será recordado por decir pomposamete en un portaviones “misión cumplida” sino por citar el Corán en la Universidad de El Cairo. Nadie dedicó tanto dinero de los contribuyentes norteamericanos a subvertir el sistema político cubano pero de eso no hay fotos ni videos como sí de sus paseos por La Habana en compañía de su familia y de los músicos del Buena Vista Social Club en la Casa Blanca.
Si con W. Bush hubo un solo golpe de estado exitoso en América Latina (Haití 2004), con Obama fueron tres (Honduras 2009, Paraguay 2012 y Brasil 2016) pero a diferencia de los uniformados que vimos actuar en Haití y Honduras, en Paraguay y Brasil han sido los parlamentos los encargados de poner en su lugar a quienes habían encabezado políticas molestas a Washington y sus aliados locales.
Reconozcámoslo: Obama ha sido un mago para desaparecer los símbolos de la injerencia y la violencia imperialista en todo el planeta, a la vez que ha aumentado la efectividad en el cumplimiento de sus metas. Cuando dijo que con Cuba cambiaba de métodos para lograr los mismos objetivos no hacía una excepción, como orgullosamente pudo pensar algún entusiasta, sino adaptaba a América Latina lo que ha sido su norma de comportamiento en todo el mundo desde que llegó al poder: el smart power.
En nada ha cedido de lo esencial reclamado por Cuba. Aunque ahora sean menos visibles gracias a la cortina de humo de una retorica menos agresiva y algunas medidas que, como el derecho de Cuba a utilizar el dólar, no se concretan, ahí están el cerco financiero, el cierre a las exportaciones cubanas, la base militar en Guantánamo, la política de pies secos-pies mojados, Radio y TV Martí, el apoyo y entrenamiento a los grupos “disidentes” y un sistema de medios privados afines a sus intereses que su embajada en La Habana respalda con becas e invitaciones.
Obama se ha limitado a aplicar solo lo que desde la Ley Torricelli de 1994 Washington consideró necesario para hacer más efectiva su política en Cuba: viajes y telecomunicaciones, aumentando las presiones sobre la economía estatal cubana que es la que garantiza los servicios básicos a la población, a la vez que busca convertir en instrumento de su nueva política el emergente sector privado de la Isla.
Ya no veremos más policías tratando de arrancar computadoras destinadas a las escuelas y hospitales cubanos de las manos de personas solidarias. Pero una vez más lo esencial es invisible a los ojos: los Pastores por la Paz tendrán menos recursos para hacer su labor, como le sucede al gobierno cubano por la desestabilización que fomenta Estados Unidos en Venezuela o las multas multimillonarias que impuso la actual administración a los bancos que se atrevieron a tramitar transacciones cubanas.

Iroel Sánchez

En persona el Cosmonauta Cubano



Si alguna vez quisiera expresarse a través de un solo ser humano a qué alturas llegaron los pobres de la tierra con la Revolución Cubana, seguramente el primer candidato a simbolizarnos a todos sería el primer cosmonauta cubano y latinoamericano, el hoy General de Brigada (r) Arnaldo Tamayo Méndez, Héroe de la República de Cuba

Vibrante elocución de Edgar Morin recordando “la Nueve” y a su amigo Solano



Edgar Morin (París, 1921) es una de las personalidades más reconocida del pensamiento y de la izquierda heterodoxa francesa Sociólogo y antropólogo, reconocido estudioso de la crisis interna del individuo, ha abordado la comprensión del “individuo sociológico” a través de lo que él llama una «investigación multidimensional», es decir, utilizando los recursos de la sociología empírica y de la observación comprehensiva. Fuertemente crítico con los mass-media, ha analizado asimismo los fenómenos de propagación de la opinión.
Militante comunista en su juventud, muy implicado en la solidaridad con la República española, Morin estudió en la Sorbona y en la Universidad de Toulouse. Licenciado en geografía e historia y en derecho en 1942, cursó posteriormente estudios universitarios de sociología, economía y filosofía, que se vio obligado a interrumpir por el estallido de la II Guerra Mundial. Fue militante de la resistencia francesa contra el movimiento nazi y, más tarde, miembro del Partido Comunista Francés hasta 1951, año en que fue expulsado por su antiestalinismo. Pese a que desde su abandono del PCF no militó en ningún partido, nunca dejó de interesarse y participar en la política. En los años sesenta fue el principal animador de la prestigiosa editorial Minuit, abierta al panorama del marxismo crítico, la plataforma en la que Pierre Broué publicó su celebrado estudio sobre la guerra y la revolución española, así como un cierto número de recopilaciones sobre León Trotsky, lo que entonces estaba considerado como “pecado mortal” por el PCF. que por entonces
Dirigió además la revista Arguments (1957-62) y Communications (1972). Investigador y miembro del Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) desde 1950, en 1970 pasó a ser director de investigación de dicho centro. Desde 1977 dirigió el centro de estudios interdisciplinares de la Escuela Superior de Ciencias Sociales, dependiente del CNRS. En 1970, antes de trasladarse a California, formó parte del llamado grupo de los diez, dirigido por el doctor Robin y que reunía a biólogos, cibernéticos, físicos y renombrados expertos en diversas áreas. En 1987 presentó en Estrasburgo Pensar Europa, un estudio sobre la pluralidad cultural y social del viejo continente. En dicho acto hizo un llamamiento a los intelectuales para que desempeñen “una misión catalizadora en una Europa cuyo nuevo enemigo es su desunión”. Edgar Morin defendió “la Europa de los pequeños espacios culturales”, afirmando que “la internacionalización y la particularización en la cultura son procesos antagónicos y complementarios”.
Como ensayista está considerado como uno de los grandes pensadores franceses actuales y es colaborador de numerosas publicaciones científicas. Autor de más de treinta libros, reflexionó sobre el marxismo en La autocrítica. En El espíritu del tiempo glosó los acontecimientos de mayo del 68, y en El espíritu del tiempo II (1975) respondió a las críticas recibidas por el primero. Sobre el estudio de los fenómenos de comunicación de masas, especialmente el cine, publicó El cine o el hombre imaginario (1956) y Las stars (1957). Entre sus ensayos antropológicos figuran El paradigma perdido, la naturaleza humana (1973), La naturaleza de la Naturaleza (1977) y La vida de la vida (1980). Sus obras El paradigma perdido y El método son utilizadas como textos de consulta por los estudiantes de filosofía. En 1994 recibió la Legión de Honor y el premio Internacional de Cataluña.
En líneas generales y en tono muy emotivo, Edgar Morin se refiere a su juventud, totalmente marcada por la lucha de la República española, siendo un joven comunista que rompió con el estalinismo, lloró con la caída de Barcelona. Se emocionó cuando reconoció las canciones anarquistas, cuando descubrió que los primero que entraban en la Liberación de París eran militantes, algunos pertenecientes al Columna de Durruti, que siempre mantuvo su fervor por los combatientes olvidas de la Nueve, especialmente a su camarada y amigo Wilebaldo Solano, secretario general del POUM (al que dedicó un breve ensayo que se puede encontrar en la Web de la Fundación Andreu Nin) que dedicó toda su vida a la rehabilitación de Andreu Nin. Que el homenaje que se la hacía ahora a la Nueva le rememoraba todo aquello, y suponía el encuentro con emociones que seguían vivas en lo más profundo de sus recuerdos.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Un autorretrato en dos palabras



Breve ensayo autobiográfico de un hijo de la segunda mitad del siglo XX, andalúz, catalán, internacionalista…

El que escribe, es hijo de Dolores Álvarez Vargas, a su vez, hija de Rosario Vargas, campesina que sabía leer, y hermana del primer alcalde socialista de La Puebla de Cazalla, y de Antonio Álvarez, campesino sin tierras, llamado el “Marchenero”, hombre áspero y muy de sus cosas; y de José Gutiérrez Núñez, a su vez, hijo de Ana Núñez Moreno, la mujer más de su casa que jamás he tenido noticias, católica que no era de misa, y de José Gutiérrez Romero, el más señorial, y el personaje con mayor historial de una familia cuyo principal afán era pasar desapercibida…Soy hermano de Rosario, Ana y Antonia, cuyos hijos e hijas nacieron lejos La Puebla de Cazalla…
Todos ellos son igualmente parte de una extensa familia de tíos, tías, director y “políticos”, más un extenso número de primos y primas, luego, todos ellos repartidos casi mitad y mitad entre el pueblo y la emigración, todos situados en unas circunstancias muy diferentes a la que conocieron nuestros padres y abuelos, gente trabajadora y humilde, con su código de conducta propia de cierto estoicismo laboralista y algo de ética protestante (rezar para uno, indiferencia ante la Iglesia), tan sencillo como veraz (vivir del trabajo, no explotar a nadie, no engañar, socorrer cuando se puede hacer, valor de la palabra, etc), y en lo posible, dispuesta sacar lo mejor de la vida tal como dios les dio a entender, aunque durante mucho tiempo, eso no fue posible, y había lo que había, y bueno, todo pasa.
En este cuadro cuentan también, dos compañeras, dos matrimonios, ambos con todas sus conexiones. Esta lista sería incompleta sin añadir una cantidad casi ilimitada de amigos y amigas más o menos cultivados, pero casi todos con un alto nivel de confraternidad, distribuidos en época, lugares y ámbitos, siendo la mayor parte de lo que los fascistas llamaban de “la cáscara amarga”: comunistas diversos, anarquistas múltiples, socialistas, cristianos de base, gente con sensibilidades socialistas pero sin adscripción partidaria concreta.
Hay una trayectoria que va desde finales de junio de 1946 hasta el presente, y de alguna manera, se podría interpretar una división de contextos con el que justificar una cierta división evolutiva coincidiendo con los cambios de década, o cuanto menos a mí me lo parece, o me lo quiere parecer.
En 1946, hacía muy poco tiempo que papá “había vuelto de la guerra”, en la que fue enrolado en agosto de 1936, con casi mil jóvenes más de un pueblo que había conocido intensas agitaciones agrarias, y un ayuntamiento mayoría socialista. En los recuerdos familiares, lo de la guerra y los “años de la jambre” se confunden, quizás porque la represión siguió, y también porque la postguerra se prolongó hasta la muerte del “Caudillo”, el equivalente hispano de “señores de la guerra” como el “Duce”, el “Führer”, y otros por el estilo. La fecha de mi nacimiento se relacionaba en el ámbito más cercano con la muerte de “Manolete” en la plaza de Linares embestido por un miura, lo cual era mentira, aunque según se mire, también era verdad. Mentira porque el evento aconteció más de un año después, en agosto de 1947. Verdad también porque tuve como un segundo nacimiento: mi vida se salvó “milagrosamente” de una tuberculosis, sobre todo gracias a un hijo de “la Condesa”, un “garbanzo negro” en una familia de “señores”. Primera lección: no todos los “señores” eran igual de malos. Mis recuerdos del resto de la década son muy difusos. Todavía tuve más suerte porque por estas fechas, ya había pasado lo peor de los “años de la jambre”.
Al principio de la década de los cincuenta, parecía que el tiempo estaba detenido en lo de siempre. La vida que daban vueltas como una noria: el pez grande se comía al chico (yo siempre me vi como el chico), donde hay capitán no manda marinero, y más valía pájaro en mano que cien volando, etc. España y yo somos así, señora, aquí no había nada que hacer, ya estaba hecho todo. Llegan ecos muy lejanos de la guerra de Corea con los norteamericanos de protagonistas, de la revuelta húngara en que los curas son perseguidos, y de la bomba atómica, a través de las conversaciones de los mayores, de los periódicos que a veces cojo de los suelos y de películas que me suenan, por ejemplo Corea, año cero, Paralelo 38.
En nuestra casa se vive bajo el agobio, pero, a diferencia de papá y mamá, puedo ir a la escuela, descubrir intensamente el cine, leer tebeos, y tener unos cuantos juguetes. Ellos no tuvieron nada de todo eso. Me siento un niño atribulado, acomplejado, sucio, torpe, desaliñado, piojoso, mocoso. El espejo me causa perturbación, ¿quién diablos es este que está ahí?. Era un “simple” que no acaba de enterarse que en esta vida, si no quieren que te coman vivo. Hay que tener mucha maldad, mucha picardía, y no poco de mala leche, y tú no la tienes. Menos mal que los abuelos paternos me cuidaron.
Me llenaron la cabeza de historias de todo tipo, incluyendo las de la “guerra”, y claro está, las familiares. Menos mal, porque otros con el abuelo materno en cabeza, me señalaban como un desastre, un “malaje”, un “tonto del culo”. Papá desesperaba conmigo, solo pensaba en jugar…Menos mal que estaba el cine, y también las lecturas al alcance. Todo parece triste y patético. Crecido, de cuerpo pero poco de cerebro, salgo mal de escuela, no sé que va a ser de mí, tan perdido. En la segunda mitad de la década, todo parece cambiar. La emigración se manifiesta con los que vuelven ostentando cosas que ante no podían tener. Entre los campesinos desesperados, se habla y mucho, de la revolución cubana: Fidel Castro había vencido al Franco cubano. El día del entierro multitudinario del abuelo Pepe, soy el único que no pone el pie en la Iglesia. Había asumido que lo de la imitación de Jesús era una cosa y la institución, otra muy diferente. Otra lección: me enfrentó a bofetadas limpias con todos los que me quieren “chulear”. Hasta allí llegó la buena fe. Algo ya se había movido cuando la mañana del 17 de julio parto con buena parte de la familia a Barcelona. Se podría decir sin exagerar, que acababa de nacer de nuevo. A diferencia de los mayores, tengo toda la vida por delante, y a diferencia de los más pequeños, en mi equipaje pesaba un trozo de la vida local y familiar, incluyendo algunos amigos como Pepito Guerrero, todo un señor con carta de nobleza con el que había hecho buenas migas hablando de fútbol.
En los años sesenta, todo se mueve. Serán los tiempos dorados de la “coexistencia pacífica”: Jruschev, Kennedy, Juan XXIII, del desarrollismo, y se habla de que el capitalismo ha sabido regular las crisis e integrar a un movimiento obrero bloqueado entre la socialdemocracia y el movimiento comunista, sin apenas oposición por la izquierda, pero fuera de este mundo, emergen las revoluciones anticolonialista: Cuba, Argelia, África…Luego todo esto se sintetiza en una palabra –Vietnam-, que será la medida básica del momento. La dictadura celebra los “25 años” de pax romana. Se habla de “apertura”, pero el mido se percibe por todas partes… Tres ramas se trasladan a L´Hospitalet, cada una en una habitación, pero al final, todos tenemos nuestro piso. Paso a ser un trabajador de entonces, a lo que caiga, sin oficio (el de sastre ya estaba en decadencia), sin estudios porque llega el “veneno” de la política. Esta llega con el contacto con los restos del antiguo movimiento obrero de republicanos diversos que no se han resignado (del todo) a la más devastadora de las derrotas. Antes le había dado las espaldas al fútbol para calentar los asientos de los cines de los programas dobles. La afición pasa a ser una pasión que me lleva a las revistas (Fotogramas, Nuestro Cine, Films Ideal), luego a los cine-clubs. Primero a todo el cine, después a las películas más “comprometidas”. El cine me lleva a los libros, al sueño liberador de la cultura. Es el tiempo de las grandes novelas (Pulga, Austral, Plaza&Janés), el paso siguiente serán los libros prohibidos, que no eran precisamente pocos. Las críticas espontáneas a la Iglesia y a los latifundistas que “nos habían expulsado de Andalucía”, preparan el terreno del antifranquismo radical. Conozco a mi primer maestro, Francesc Pedra. Después, el paso a la militancia será cuestión de poco tiempo. Con el libro de bolsillo, emerge una lista amplia de editoriales avanzadas (Ciencia Nueva, Zero, Ariel, Alianza), que irrumpen en el escenario en contradicción con la censura y de las que seré un contumaz consumidor. Colocado ya en la caja de reclutas, solamente encuentro trabajo en el vidrio, en Fresquerías Pedret, un viejo centro cenetista. Conozco la CNT derruida que no me convence, y paso a engrosar las Comisiones Obreras que se reunían en la Iglesia de Sant Medir, en Sants, luego en las “juveniles” que se forman en el “Centro Social La Florida” donde, en octubre de 1967 daré una conferencia sobre el 50 aniversario de la Revolución de Octubre en la que, el principal referente era Isaac Deutscher.
En 1967, junto con un grupo de jóvenes trabajadores (en contacto con un estudiante que se hacía llamar “Vidal”, por Germinal Vidal, secretario de las juventudes del POUM muerto en las jornadas de julio en lucha contra los golpistas en Barcelona), ingresamos en un grupo llamado “Acción Comunista”. Entre el tropel de documentación que manejamos, nos atrae especialmente los referentes de Hugo Blanco, Ernest Mandel, así como la revista “Avant-garde”, que publican los de la JCR francesa. Hay una caída policial que afectará, sobre todo a veteranos militantes comunistas hostiles al “trotskismo”, y que cortara esta evolución bisoña que tuvo su momento de mayor entusiasmo durante las jornadas de mayo del 68 en Francia. En octubre de 1968 llego a Paris dejando la familia con la boca abierta y el corazón encogido.
Conozco a parte del exilio, en especial a los veteranos incombustibles del POUM (Juan Andrade, “Quique” Rodríguez, Mª Teresa García, Wilebaldo Solano), amén de algunos de los veteranos de la Cuarta Internacional. Entiendo que lo importante es volcarse en el activismo de la “Ligue”, todo en la Renault como operario. Seré “le camarada Jacques”, también comparto con Jaime Pastor y Lucía González la movida que desde la “Ligue” trabaja de cara a una sección española de la Internacional. París será pues, una gran aventura militante y cultural, un punto de inflexión en mi retrato de joven obrero con inquietudes. La LCR fue toda una escuela militante especialmente ilustrada, y entre sus muchos maestros, Daniel Bensaïd, que me ayudó a dar más importancia al aquí y ahora, que a la tradición, al culto por la historia, que me atraía por inclinación natural. En cuanto al cine, viví a cinco minutos a pie de la Filmoteca francesa liderada por Henri Langlöis, un personaje justamente homenajeado por Bertolucci en Soñadores. En diciembre de 1970 regresé a Barcelona gracias a una amnistía. Sin duda fue un nuevo comienzo, entre otras cosas porque ya no tengo la menor duda de que, más tarde o más temprano seré testigo de la caída de la “dictadura asesina”, que era como la nombraba la LCR en sus fulgurantes y voluntariosas manifestaciones “ejemplares”.
En los setenta, todo se mueve, pero mucho más deprisa. El servicio militar transcurre durante casi año y medio, primero, en Campo Soto, San Fernando, Cádiz, y lo demás en Ceuta, uno de los restos de la ocupación colonial. Es un tiempo de aventuras mutantes bastante singulares, de conocimiento de las miserias morales del “ejército”, la “columna vertebral de la Patria”. Con ropa de solado me entero por el diario “Madrid” que se ha creado la LCR, y al poco de regresar, totalmente descolocado por cuatro años de ausencia, me encuentro con un cisma que dará lugar a dos “ligas” (al tiempo que anima a otros fraccionamientos menores todos “auténticos”). Trabajo en lo que cae hasta que encuentro un hueco en unas oposiciones a la Seguridad Social, con un horario intensivo, cerca e casa y con posibilidades de salidas.
En esta época, el 11 de septiembre de 1973, tiene lugar el asesinato de la Unidad Popular chilena a cargo de una banda armada y sin escrúpulos guiada por un entramado internacional llamado Trilateral, pero en abril de 1974 irrumpe en el escenario la más imprevista de todas las revoluciones, la portuguesa. Parece obligado dedicar bastante tiempo a reuniones y más reuniones, las mías eran llamadas “de dirección”, una actividad que no me cuadraba para nada. En medio de todo, me busco al mismo tiempo un espacio en el movimiento vecinal del barrio, en la Asociación de Vecinos de Pubilla Casas, que, liderada por un frente amplio de anarquistas y trotskistas que, en la práctica, han aprendido a desbordar el reformismo y su política de alianzas. Pongo un pie en la agrupación de la editorial Fontamara, la misma que reeditará a los clásicos antiestalinistas, y a la nueva hornada de teóricos marxistas abiertos con Mandel en primer plano, pero también a muchos otros, en particular “herejes” del pensamiento y de la literatura. Será una época activismo febril, sin idea del tiempo, ni de la amplitud de las regiones. Por ejemplo, cuando se celebraban, los comités centrales podían durar tres o cuatro días, perdidos allá en una vieja ermita, o en una casa de campo con alguna disparatada coartada. Después de apostar por mantener la línea rupturista que se dará de bruces con la realidad en 1977, formo parte del sector de la Liga Comunista que opta por la reunificación. Cuando esta llega, el optimismo parecía justificado, todavía se habla de crisis del sistema y de queda fase revolucionaria. En realidad, se mide el movimiento por lo que había sido, y no por lo que se estaba convirtiendo. En el tiempo que sigue, el duelo entre rupturistas y reformistas en los movimientos, se decanta rotundamente a favor de los segundos. En especial del PSOE que hasta entonces no había ocupado ningún espacio señalado en la clandestinidad. Ganan en el terreno electoral por supuesto, pero también en los sindicatos. Con los Pactos de la Moncloa se cierra un periodo de protagonismo central del movimiento obrero y social.
En Comisiones Obreras se inicia la marcha hacia atrás, y desde los despachos se irán desmontando los núcleos de autonomía y democracia obrera. En 1980, dejo de vivir en L´ Hospitalet donde había llegado veinte años atrás. Este sería igualmente, un final de época durante el cual el cual, uno parecía haber extraviado mi estabilidad emocional. La timidez me pesaba como una mala enfermedad, y me estaba provocando brotes depresivos cuya posible gravedad me perturbaba. Era cuando aceptaba bastante mal cualquier ironía sobre mi estado mental. En ello influía sin duda la percepción bastante clara de que estaba siendo testigo del desmoronamiento del principio esperanza. No obstante, conoceré un final feliz. Encuentro una chica que me gusta y me quiere. Después de escribir muchas notas en la prensa ciclostilada, publico mi primer libro. Ni que decir tiene, es un ensayo biográfico sobre Trotsky. Dudo que hubiera estado en condiciones de hacer otra cosa, y menos sin ayudas como la que me prestó Eduardo Rojo, un franciscano medio anarquista, luego devoto de Gaudí y de su obra.
Los ochenta señalan el fin de la ola de los mayos animados por la juventud obrera y escolarizada. Será la última oleada de grandes movilizaciones sociales que conmoverán en contra de las antiguas formaciones tradicionales, pero el viejo mundo solo cambiara muy parcialmente aunque la crisis se instala en el Este. El 23-F es coincidente con la creciente imposición de una restauración conservadora, la misma que mostrará toda su crueldad en Centroamérica. Sin embargo, las campañas de solidaridad serán muy insuficientes. Lo que antes se había llamado el “fascismo exterior” made in USA (en Cuadernos para el diálogo) se está haciendo “aceptable” en medio del descrédito creciente del “imperio soviético”, mejor morir en Nueva York que en Moscú dirá Felipe desde su irresistible ascenso. Con las victorias de los “nuevos conservadores” (Reagan, Thatcher, Kohl, etc), armados de una nueva estrategia ofensiva contra el “imperio del mal” (unos angelitos en comparación con lo que ellos representan), se abre una nueva fase histórica en la que todavía estamos, pero ahora bao el signo de la desolación y un creciente desprestigio.
Aquí la estrategia se traducirá a través de la izquierda verdaderamente existente –el PSOE siguiendo las trazas del modelo bipartidista alemán-, que se justifica como una vía europea frente a un pasado que siempre será peor, y una absurda alternativa ya que el modelo soviético es más bien un antimodelo que ni tan siquiera convence a los convencidos. Por Europa se interpreta el “Estado del Bienestar”, cuyos logros reformistas que se dan por sentados cuando, en realidad, ya comenzaban a entrar en crisis. En nombre de esta “vía centrista”, se impone con la ayuda de la policía un desmantelamiento industrial, el aumento del paro y una espiral de precarización laboral. Ya hemos llegado a donde hay que llegar, no había donde ir. Se da un creciente menosprecio hacia el “tercermundismo, entendiendo como tal el atraso y el provincianismo franquista, y en nombre de lo moderno, se desactivan cada vez los movimientos. Las ideales socialistas y democráticas-radicales son sustituido por lo “que es viable”. Se vive al día, a disfrutar que son cuatro días, no me calientes la cabeza con discursos y con tus “batallitas”. A la izquierda militante le espera una nueva travesía del desierto. En este cuadro, no puedo negar que a mi me tocaron –sin exagerar- los mejores años de mi vida. En primer lugar porque me siento querido y pruebo las mieles de un intercambio amoroso gratificante. Además, seguía manteniendo el mismo elan vital de antes, incluso más porque, según me decían los “colegas”, estaba “mejor follado”. Parecía que la vida me hubiera descontado diez años por los atrasos sufridos en la maduración. Ahora la vida casera fue adquiriendo contornos cada vez más atractivos. Ya apartado de mi “wilaya” vecinal, prioriza las actividades de la escritura aunque mantuve –ocasionalmente- mantuve un pie al servicio de causas como la de los jubilados al lado de Pedra, colaborando en campañas como la antiOTAN, la de Nicaragua o Sudáfrica (especialmente).
En la Sanidad, todavía hicimos algunas huelgas de las duras. Esto sin olvidar la aventura de “El Diario de Barcelona” en su fase más “autogestionaria”, y una considerable labor divulgativa que se concreta en todas las revistas de historia del país, en los “Cahiers León Trotsky”, y en el periódico y revista de la LCR. Tomo parte activa en la creación e impulso de la Fundació Andreu Nin que durante un tiempo, despliega una actividad considerable. Como no podía ser menos, el final de la década empero, conlleva otro punto final. En agosto de 1990, Carmen me revela su hartazgo del curso que había acabado tomando una relación en la que yo me había dejado llevar por la rutina, y en la que la subestimaba. Me descubría algo tan cierto y elemental como que el amor, como ocurre con la tierra, es para el que lo trabaja, y ella ya estaba trabajando otro. El momento es coincidente con el estado depresivo que me provoca un ascenso neoconservador que, según sus heraldos (sobre todo los de la infame colección de los “arrepentidos”), parece destinado a reinar por mil años. Todo aquello me llegaba como una ducha helada que recibía desde el primer acto de la mañana, consistente este en la lectura de “El País” (u otros diarios no menos “independientes”) que bajaba a comprar a la plaza de Sants antes de desayunar desde nuestro flamante piso nuevo donde casi me había recluido para militar con la máquina de escribir. Fue por estas fechas que me enteré que había una cosa que llamaban “ordenador”.
Los noventa comienzan bajo el signo de la desolación personal y general. Intervengo en la plataforma contra la primera guerra de Irak que España apoya porque –según el ministro de Asuntos Exteriores cuando en realidad lo es de la guerra-, los españoles vivíamos demasiado bien, y eso es lo que importa. Las actividades no dan en absoluto, los resultados apetecidos. Me viene a la cabeza una charla contra la guerra en la Universidad Autónoma de Barcelona, sin apenas asistencia. La unificación entre el MC y la LCR, que habían liderado la campaña antiOTAN, y buena parte del activismo del momento, por ejemplo una dura izquierda sindical en comisiones da lugar a un fiasco, y la propia Liga se desploma, “implosiona” según término acuñado por el paisano Kemal, y quedan pedazos aquí y allá. Me arrimo al de Barcelona, con un grupo de antiguos combatientes todavía en liza. También la Fundació entraría en crisis, los veteranos poumistas mueren, y a los actos no acude casi ningún joven. Se estrechan los márgenes de publicación en las revistas, los temas de historia social cada vez parecen interesar menos.
Entonces trato de buscar salidas en temas periféricos como el arte, en particular con el surrealismo, pero tampoco resulta. El campo editorial de izquierdas ya estaba en crisis desde tiempo atrás, pero ahora casi desaparece. Hasta cumplir los 40 fui celebrando los aniversarios, pero luego, ya no sentí igual, el pesimismo, y la sensación de anquilosamiento me corroía. Tenía que animarme previamente, decirme, conmigo no podrán, y sacar pecho. Comienzo una nueva relación, una nueva aventura emocional. Juntamos dos separaciones (a cual más traumática), y dos mundos que, tanto en el caso de ella como en el mío, tiene muy poco que ver con la aventura anterior, pero ponemos todas la carne en el asador, por entusiasmo que no quedara.
En 1991 nos instalamos en una hermosa casa en Sant Pere de Ribes, en el Garraf, con lo que consigo cumplir el sueño de vivir en un pueblo, con espacio, silencio, animales, y un paisaje agradable a la vuelta de la esquina. Pero el pueblo esta vida también me aleja considerablemente del lugar de trabajo (tenía que madrugar al máximo, coger un bus, el tren y luego el metro, y aún así, llegaba tarde). Y claro está, de la vida cultural y política. Durante casi toda la década apenas si publico algún compendio, y los artículos en las revistas y diarios se van espaciando, había que tensar la cuerda para que colocar trabajos sobre la Comuna o Panait Istrati, por citar un par de ejemplos. En la segunda mitad de la década, trato de insertarme en la vida local, y lo más próximo era Iniciativa per Catalunya (IC) en la misma época que algunos restos del naufragio se inserta en Izquierda Unida (IU), de la mano de Julio Anguita. Entre 1995 y 1999 dedicó buen parte de mi tiempo libre a los menesteres locales, hasta ocupo el cago de “regidor” de Urbanismo en una colación con la CUP local, la UM9, todo para hacer de puente con las nuevas generaciones. La mayoría pasamos de IC hacia EUiA, pero la apuesta de Anguita será derrotada, no hay espacio, hay que re-construirlo. Pero esto no era para nada fácil, de una lado estaban los veteranos a los que les cotaba dios y madre hacerse una composición de lugar, y los jóvenes eran muy pocos, y los obstáculos pudieron más que los alicientes. En un pueblo que cree sobre la base de un nuevo vecindario cada vez más ajeno a lo local, la marca registrada del PSC-PSOE, arrasa en las elecciones municipales. Pero también hubo páginas felices.
El éxito de Tierra y Libertad (como extensión del combate contra el thatcherismo de su autor, el colega Ken Loach). Compruebo una y otra vez que en las salas repletas, más de la mitad son jóvenes. Esos jóvenes que reanimaran el movimiento por la “memoria histórica” que resurge, y también, por supuesto, los de la “batalla de Seattle”, acto que inaugura un nuevo giro en el curso de la historia social. Conecto con “El Viejo Topo” que –simbólicamente- acaba de reaparecer, y consigo de nuevo publicar. Entrego unas “memorias” (con muchos olvidos) que será como una recapitulación generacional. Sus defectos y problemas no impedirán el inicio de una nueva fase que será tan personal como colectiva ya o habría tenido el suficiente ánimo de escribirlo y de llevarlo adelante, sin la presencia ya activa de un nuevo grupo de jóvenes que miara hacia atrás, hacia la LCR española, y hacia adelante, hacia la “Ligue” francesa que, al igual que la Liga portuguesa, está fraguando una nueva fase en la contestación general. Todo estaba cambiando, y hasta me sentía joven de nuevo.
En la última década, puedo apreciar un giro. Lentamente, todo comienza funcionar de nuevo, eso sí, bajo otra dinámica. Ya no estamos en la batalla de la “guerra fría”, ahora el capitalismo reina sin una oposición organizada, al menos como las de antes.
El altermundialimismo confirmara mucho más de lo previsto la gravedad de la crisis sistémica, sobre todo en el terreno de la ecología, y la historia parece haber puesto el acelerador. El “no hay alternativa” de la Sra. Thatcher -quien nunca olvidó que los servicios que el neoliberalismo debía a Pinochet no tenían nombre-, se podía traducir perfectamente por un no hay futuro, el modo de vida americano (que Bush senior considera como el “natural”) y la sostenibilidad de la tierra llevan lógicas opuestas.
Los desastres naturales de los más diversos tipos, se instalan en los informativos, y en nombre la crisis, el gran dinero acentúa su “guerra social” contra los de abajo. Pero también se revela la profundidad de la descomposición del movimiento obrero y de la izquierda tradicional…Pero se trataba solamente de empezar.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

La sociedad smartphone

El automóvil fue en muchos aspectos la mercancía emblemática del siglo XX. Su importancia deriva no del ingenio tecnológico o de la sofisticación de la cadena de montaje sino de la capacidad de reflejar y moldear la sociedad. Nuestras formas de producir, consumir, utilizar y normalizar los automóviles eran una ventana sobre el capitalismo de aquella centuria, un atisbo del entrelazamiento y la tensión entre lo social, lo político y lo económico.
En una era caracterizada por la financiarización y la globalización, en la cual la “información” es oro, la idea que una mercancía defina una época puede sorprender. Sin embargo, las mercancías no son menos importantes hoy y nuestras relaciones con ellas siguen siendo primordiales para comprender la sociedad. Si el automóvil es fundamental para comprender el siglo pasado, el teléfono inteligente (en adelante smartphone) es la mercancía que define nuestra época.
La gente pasa demasiado tiempo con sus teléfonos. Los revisan constantemente a lo largo del día y los mantienen cerca del cuerpo. Duermen con ellos, los llevan al baño y los miran mientras caminan, comen, estudian, trabajan, esperan y conducen. De los jóvenes adultos, 20 por ciento admite que lo consulta incluso durante sus relaciones sexuales.
¿Qué significa que las personas tengan un teléfono en las manos o los bolsillos donde vayan? Para dar sentido a nuestra supuesta adicción colectiva al teléfono, sigamos el consejo de Harry Braverman y examinemos la “máquina, por un lado, las relaciones sociales, por el otro, y la manera en que se unen en la sociedad”.

Máquinas portátiles

Informantes de Apple se refieren a la ciudad de ensamblaje de Foxconn en Shenzhen como Mordor –el infierno de la Tierra Media de J. R. R. Tolkien–. Como trágicamente develó una ola de suicidios en 2010, el apodo dramatiza apenas las condiciones de las fábricas en que jóvenes trabajadores chinos ensamblan iPhones.1 La cadena de suministro de Apple enlaza colonias de ingenieros de software con cientos de proveedores de componentes en Norteamérica, Europa y Asia Oriental: Gorilla Glass de Kentucky, coprocesadores de movimiento de los Países Bajos, chips de cámara de Taiwán, y módulos transmisores de Costa Rica canalizados en decenas de plantas de ensamblaje en China.
Las tendencias simultáneamente creativas y destructivas del capitalismo impulsan cambios constantes en las redes de producción global y, en éstas, nuevas estructuras del poder empresarial y estatal. En los viejos tiempos, las cadenas de suministro impulsadas por el productor, ejemplificadas por industrias como la automotriz y la del acero, eran dominantes. Personajes como Lee Iacocca y Bill Allen decidían qué hacer, dónde hacerlo, y en cuánto venderlo.2
Pero a medida que las contradicciones económicas y políticas del auge de posguerra se intensificaron en las décadas de 1960 y 1970, una cantidad creciente de países del hemisferio sur adoptaron estrategias de exportación para lograr sus metas de desarrollo. Surgió un nuevo tipo de cadena de suministro (en particular en ciertas industrias ligeras, como las de ropa, juguetes y electrónica) donde los minoristas llevan las riendas e expensas de los fabricantes. En estos modelos orientado-comprador, empresas como Nike, Liz Claiborne y los productos de diseño de Walmart imponen precios a los fabricantes y ganan a menudo más en la cadena de producción que con sus marcas comerciales.
Poder y gobierno se localizan en varios puntos de la cadena de smartphones. De manera simultánea, la producción y el diseño se hallan hondamente integrados a una escala mundial. Sin embargo, las nuevas configuraciones de poder tienden a reforzar las jerarquías de riqueza existentes: los países pobres y de ingresos medios intentan con desesperación entrar en los nódulos más lucrativos desarrollando infraestructuras y ofertas comerciales; las oportunidades innovadoras son escasas y distantes entre sí; el carácter global de la producción dificulta al extremo la lucha de los trabajadores para mejorar sus condiciones y salarios.
Los mineros de coltán congoleños están separados de los ejecutivos de Nokia por más que un océano: se hallan divididos por la historia y la política, por la relación de su país con las finanzas, así como por décadas de barreras de desarrollo que con frecuencia remontan hasta el colonialismo.
La cadena de valor de smartphones es un mapa útil para la explotación global, la política comercial, el desarrollo desigual y la destreza logística. Pero el verdadero significado del producto está en otra parte. Y para descubrir los cambios más sutiles introducidos e ilustrados por el smartphone en la acumulación, debemos abandonar el proceso de creación de celulares con máquinas para identificar el uso del teléfono mismo como máquina.
Considerar máquina el teléfono es en algunos aspectos inmediatamente intuitivo. De hecho, la palabra china para el teléfono móvil es shouji, o “máquina de mano”. Las personas utilizan a menudo sus máquinas de mano como cualquier otra herramienta, en particular en el centro laboral. Las exigencias neoliberales para disponer de trabajadores flexibles, móviles y conectados los hacen esenciales.
Los smartphones extienden el lugar de trabajo en el espacio y el tiempo. Los correos electrónicos pueden ser respondidos en el desayuno y revisados en el tren camino a casa, o las reuniones del día siguiente confirmadas antes de apagar las luces. Internet se convierte en el lugar de trabajo; y la oficina, sólo en un punto dentro del vasto mapa de posibles áreas laborales.
La dilatación de la jornada laboral merced a los smartphones se ha vuelto tan imperiosa y perniciosa que las organizaciones laborales responden. En Francia, los sindicatos y las empresas de tecnología firmaron un acuerdo en abril de 2014 que reconoce el “derecho a desconectarse” tras finalizar la jornada a los 250 mil trabajadores del sector. Alemania considera una legislación que prohíba correos electrónicos y llamadas telefónicas luego del trabajo. La ministra alemana del ramo, Andrea Nahles, explicó a un periódico que hay “una conexión indiscutible entre la disponibilidad permanente y los desórdenes psicológicos”.
Por otra parte, los smartphones han facilitado la creación de formas de trabajo y de ingresar en los mercados laborales. Empresas como TaskRabbit y Postmates, por ejemplo, han construido modelos de negocio para abastecer el “mercado de pequeños empleos” mediante la “fuerza de trabajo distribuida” por smartphone.
Task Rabbit conecta a quienes optarían por evitar la molestia de desempeñar sus tareas con gente exasperada por pequeños trabajos mal remunerados. Los que desean efectuar quehaceres –como el lavado de ropa o la limpieza luego de la fiesta de cumpleaños del hijo– se conectan con taskers3 mediante la aplicación móvil de TaskRabbit. Se espera que los taskers monitoreen continuamente sus teléfonos al acecho de posibles empleos; la demora en la respuesta determina quién lo tomará. Los consumidores pueden ordenar o cancelar un trabajador sobre la marcha; y tras completar con éxito la labor, el tasker puede ser pagado directamente a través de su teléfono.
Postmates –el favorito de la giga economy– es una nueva estrella en ascenso en el mundo de los negocios, sobre todo después que Spark Capital ganará 16 millones de dólares a inicios de 2015. Persigue a sus “mensajeros” en ciudades como Boston, San Francisco y Nueva York mediante una aplicación móvil en sus iPhones, mientras se apuran en la entrega de tacos artesanales y café lattes de vainilla sin azúcar a hogares y oficinas. La aplicación informa y envía el nuevo encargo al mensajero más cercano, quien debe responder inmediatamente y completar la tarea en una hora para recibir el pago.
Los mensajeros que no son empleados ni reconocidos por Postmates son menos entusiastas que Spark Capital. Reciben 3.75 dólares por entrega, más propina, y no están protegidos por las leyes sobre el salario mínimo, pues se les clasifica como contratistas independientes.
De ese modo, nuestras máquinas de mano encajan perfectamente en el mundo moderno del empleo. El smartphone facilita los modelos de empleo basados en la “fuerza laboral contingente” (contingent workforce), así como en la autoexplotación: vincular a los trabajadores y a los capitalistas sin los costos fijos y la inversión emocional propios de las relaciones de trabajo más tradicionales.
Sin embargo, los smartphones son mucho más que una herramienta de tecnología para el trabajo asalariado. Se han convertido en parte consustancial de nuestra identidad. Cuando utilizamos nuestros teléfonos para mensajear a amigos y a enamorados, publicar comentarios en Facebook o navegar en Twitter, no trabajamos. Estamos relajándonos, divirtiéndonos, creando. Sin embargo, a través de estos pequeños actos terminamos generando algo único y valioso, una mercancía sui géneris: nuestros seres digitales.

Selfis en venta

Erving Goffman, el influyente sociólogo estadounidense, se interesó en el “ser uno mismo” (self) y en cómo los individuos producen y presentan su self a través de la interacción social. Admitía su carácter un tanto shakesperiano: para el autor de La presentación de la persona en la vida cotidiana, “el mundo entero es un teatro (o escenario)”. Sostuvo que las interacciones sociales pueden considerarse actuaciones y que el proceder de las personas varían con su audiencia.
Realizamos esas actuaciones “en el escenario” para la audiencia –conocidos, compañeros de trabajo, familiares, críticos– que deseamos impresionar. Las representaciones confieren la apariencia de que nuestros actos “mantienen y representan ciertos estándares”. Convencen a la audiencia de que somos quienes decimos: personas inteligentes, morales y responsables.
Pero las actuaciones escénicas pueden ser inestables o frecuentemente perturbadas por errores: la gente se pone el pie en la boca, malinterpreta las señales sociales, tiene un trozo de espinaca atorado en el diente, o se le descubre en una mentira. Goffman estaba fascinado por lo duro que trabajamos para perfeccionar y mantener nuestras actuaciones en el escenario y con cuánta frecuencia fracasábamos.
Los smartphones constituyen un regalo celestial para encarar esas dimensiones dramáticas de la vida. Nos permiten administrar las impresiones provocadas en los demás con un nivel de precisión rayano en la locura. En lugar de hablar con el otro, podemos enviar mensajes de texto, planificar ocurrencias y estrategias de evasión de antemano. Podemos ostentar nuestro gusto impecable en Pinterest, nuestras habilidades en CafeMom y nuestro talento de “artiste en herbe” en Instagram; todo ello en tiempo real.
New York Magazine publicó un artículo sobre las cuatro personas más deseables en esa ciudad según OkCupid.4 Estos individuos elaboran perfiles de citas tan atractivos que son objeto de peticiones y solicitudes constantes. Sus teléfonos tintinean continuamente con mensajes de enamorados potenciales. Tom, uno de los cuatro elegidos, efectúa pequeños cambios periódicos en su perfil: sube nuevas fotografías y reformula su descripción. Utiliza incluso el servicio de optimización de perfil de OkCupid: MyBestFace.
Tom supone que todo ese esfuerzo es necesario en nuestra actual “cultura de likes”. Considera su perfil de OkCupid “una extensión de sí mismo”. Y se refiere a su perfil en tercera persona: “Quiero que se vea bien y limpio; así que le hago practicar abdominales y esas cosas”.
El asombroso alcance de los medios de comunicación social y su rápida adopción por las personas para producirse e interpretarse fomentan el surgimiento de nuevos rituales tecnológicamente mediatizados. En adelante, los smartphones son fundamentales para la “generar, conservar, reparar, renovar y, también… refutar las relaciones y resistirse a ellas”.
Los mensajes de texto desempeñan –con sus complejas reglas no escritas– un papel regente en la dinámica de las relaciones de la mayoría de los adultos jóvenes. Resulta innecesario ser un nostálgico fanático para conceder que los nuevos rituales tecnológicamente mediatizados desplazan o al menos, modifican las antiguas convenciones.
Conservar digitalmente, generar y discutir de relaciones a través de los smartphones difiere del uso de los teléfonos para completar tareas asociadas al trabajo asalariado. Nadie cobra por su perfil Tinder o por subir en Snapchat fotos de sus aventuras de fin de semana. No obstante, los seres digitales y rituales que producen se hallan sin duda en venta. Cuando una persona utiliza su smartphone para conectarse con otra o una comunidad digital imaginaria, resulta cada vez más posible que el producto de sus acciones amorosas sea vendido como una mercancía, aun cuando no fuese su intención.
Empresas como Facebook son precursoras en el cercamiento (enclosures) y la venta de seres digitales. Aquélla contaba con 945 millones de usuarios que ingresaron en el sitio a través de sus teléfonos inteligentes en 2013. De los ingresos en el mismo año, 89 por ciento provenía de la publicidad (la mitad de la publicidad móvil). Toda su arquitectura está diseñada para orientar la producción móvil de cada individuo-usuario a través de una plataforma que convierte sus seres digitales en mercancías vendibles.
He aquí la razón por la cual Facebook instituyó su política de “nombres reales”: “fingir ser cualquiera o nadie no está permitido”. Esa red necesita que los usuarios usen los nombres legales para adecuar seres reales y seres digitales, pues los datos producidos por –y conectados a– un ser humano real son más rentables.
Los usuarios del sitio de citas OkCupid acuerdan un intercambio similar: “datos para una cita”. Terceras empresas se sientan en el fondo de la página para observar las fotografías de los usuarios, sus puntos de vista políticos y religiosos y hasta las novelas de David Foster Wallace que dicen amar. Posteriormente, los datos son vendidos a los publicistas que idean anuncios personalizados.
El grupo de personas que tiene acceso a los datos de OkCupid resulta notablemente grande. OkCupid es, con compañías como Match y Tinder, propiedad de iac/InterActiveCorp, la sexta mayor red en línea del mundo. Elaborar un self en OkCupid puede llevar al amor, o no, pero produce sin duda ganancias para las corporaciones.
La toma de conciencia de que nuestros seres digitales son mercancías se extiende. Profesora en The New School, Laurel Ptak publicó recientemente el manifiesto Los salarios de Facebook. Asimismo, en marzo de 2014 Paul Budnitz y Todd Berger crearon Ello, una alternativa popular a Facebook.
Proclama: “Creemos que una red social puede ser una herramienta para el empoderamiento. No es una herramienta para engañar, obligar y manipular sino un lugar para conectarse, crear y celebrar la vida. Usted no es un producto”. Ello promete no vender sus datos a publicistas, al menos por ahora. Se reserva el derecho de hacerlo en el futuro.
Sin embargo, las discusiones sobre el tráfico de seres digitales en el mercado gris (gray market) de las empresas de datos y de los gigantes de la Silicon Valley no incluyen por lo general consideraciones respecto a las condiciones de explotación cada vez más pavorosas o el floreciente mercado para trabajos precarios y degradantes. Y lejos de constituir fenómenos separados, están estrechamente vinculados. Son piezas del rompecabezas del capitalismo moderno.

iMercantilización

El capital debe reproducirse y generar nuevas fuentes de ganancias a lo largo y ancho del tiempo y el espacio. Debe crear y reforzar constantemente la separación entre los trabajadores asalariados y los propietarios de los medios de producción, aumentar el plusvalor extraído de los trabajadores y colonizar nuevas esferas de la vida social para convertirlas en mercancías. El sistema y las relaciones que lo componen están en movimiento constante.
La expansión y reproducción cotidiana del capital y la colonización de nuevas esferas de la vida social no siempre son evidentes. En cuanto dispositivo que facilita y apuntala nuevos modelos de acumulación, la reflexión sobre el smartphone permite armar el rompecabezas.
La evolución del trabajo durante las últimas tres décadas ha sido dominado por una serie de tendencias: el alargamiento de la jornada y semana laborales, la disminución de los salarios reales, el decremento o la eliminación de las protecciones no salariales del mercado (como las pensiones fijas o las normas de seguridad y de la salud), la proliferación del empleo a tiempo parcial y el declive de los sindicatos.
Al mismo tiempo, cambian las normas que rigen la organización del trabajo. En particular, proliferan nuevas formas de labor temporal como los empleos-proyectos (project-oriented employment). Ya no se espera a que los empleadores ofrezcan una seguridad laboral o que regulen las horas de trabajo; por su parte, los empleados ya no cultivan ese tipo de expectativas.
Pero la degradación del empleo no es un parámetro objetivo. El aumento de la explotación y de la miseria son tendencias y no productos ineluctables de las leyes del capitalismo. Resultan de las batallas perdidas por los trabajadores y ganadas por los capitalistas.
El uso generalizado de smartphones para prolongar la jornada laboral y ampliar el mercado de empleos deplorables, de mierda (shits jobs), resulta de la debilidad de los trabajadores y de los movimientos de la clase a que pertenecen. La compulsión y disposición de un creciente número de trabajadores a interactuar con sus empleadores a través de sus teléfonos normaliza y justifica el uso de smartphones como herramienta de explotación. Opera como acicate de una constante disponibilidad convertida en requisito para obtener un salario.
El aumento constante de las tasas de ganancias de las grandes corporaciones desde finales de la década de 1980 hasta la Gran Recesión no sólo resulta del retroceso de la conquistas del movimiento obrero como resultado de la acción del capital (y del Estado). Se ha ensanchado y profundizado el alcance de los mercados globales, así como el ritmo de desarrollo de nuevas mercancías.
La reproducción y expansión del capital dependen del desarrollo de estas nuevas mercancías, muchas de las cuales emergen del acoso incesante del capital por cercar nuevas esferas de la vida social. O como resumió el economista político Massimo de Angelis: “Pongan [estas esferas] a trabajar para las prioridades e impulsos del [capital]”.
El smartphone es crucial en este proceso. Proporciona un artefacto físico que permite el acceso constante a nuestros seres digitales y abre una frontera aún desconocida para la mercantilización.
Los individuos no cobran salario alguno por crear y conservar seres digitales. Su paga consiste en la satisfacción que procura participar en rituales y ejercer cierto control sobre sus interacciones sociales. Ganan en la sensación de flotar en la gran conectividad virtual, aun cuando sus máquinas de mano median los lazos sociales, ayudando a la gente a imaginarse como colectivos mientras se mantienen separados como entidades productivas distintas. El carácter voluntario de estos nuevos rituales no los vuelve menos importantes o rentables para el capital.
Braverman decía que “el capitalista encuentra en [el] carácter infinitamente maleable del trabajo humano el recurso esencial para la expansión de su capital”. Los últimos 30 años de innovación demuestran la verdad de esta afirmación. El teléfono se ha convertido en uno de los principales mecanismos para activar, obtener y canalizar la maleabilidad del trabajo humano.
Los smartphones aseguran que producimos más y a lo largo de nuestra vida despierta. Borran los límites entre el trabajo y el ocio. De ahora en adelante, los empleadores disponen de un acceso prácticamente ilimitado a su plantilla de personal. De tal suerte, la disponibilidad permanente y el alistamiento del trabajador sirven de palanca de chantaje para mantener altos niveles de precariedad y salarios cada vez más bajos. Al mismo tiempo, esos dispositivos proporcionan a la gente un acceso móvil y constante a los bienes comunes digitales y a su filosofía transparente de conectividad, pero sólo a cambio de su ser digital.
Diluyen, los smartphones, la línea entre la producción y el consumo, entre lo social y lo económico, entre lo precapitalista y lo capitalista. El uso del teléfono, sea por trabajo o placer, se plasma cada vez más en un mismo resultado: beneficios para los capitalistas.
¿Es el smartphone el anunciante del momento debordiano 5 o “colonización [completa] de la vida social” por la mercancía? ¿En qué medida nuestra relación con las mercancías ya no es lo único que salta a la vista sino, más bien, “las mercancías son ahora lo único visible?”
Lo siguiente puede parecer un poco duro. El acceso a las redes sociales y la conectividad digital a través de smartphones ocultan sin duda elementos liberadores. Esos aparatos pueden ayudar a luchar contra la anomia, a promover cierto sentido de conciencia ambiental y, al mismo tiempo, facilitar la generación y conservación de relaciones reales entre las personas.
Una conexión compartida a través de seres digitales puede asimismo alimentar la resistencia a la jerarquía de poder existente, cuyos mecanismos internos aíslan y silencian a los individuos. Es imposible imaginar las protestas desencadenadas por Ferguson y la brutalidad policial [estadounidense] sin smartphones y redes sociales. Y, por último, el grueso de la gente no está obligado aun a utilizar smartphones en su trabajo ni a producir sus personas a través de la tecnología. La mayoría podría lanzar sus teléfonos al mar mañana si lo desease.
Pero no lo harán. Las personas aman sus máquinas de mano. La comunicación con smartphones se está convirtiendo en una norma aceptada a medida que una cantidad creciente de rituales son tecnológicamente mediatizados. La conexión constante a las redes sociales y a la información que llamamos “ciberespacio” se vuelve indispensable a la identidad. El porqué de este acontecimiento es objeto de especulaciones laberínticas.
¿Es simplemente otra manera de “evitar el vacío, la falta de sentido de la existencia”, como sugiere el experto en medios de comunicación y tecnología Ken Hillis? ¿O nuestra capacidad para manipular nuestros avatares digitales proporciona una solución para nuestro profundo sentimiento de impotencia ante la injusticia y el odio, según expuso recientemente la novelista y profesora Roxane Gay? ¿O todos nos estaremos convirtiendo en cyborgs –pregunta Amber Case, un gurú de la tecnología–?
Probablemente no, aunque la respuesta depende de cómo se defina al cyborg. Si éste es un ser humano que utiliza una pieza de tecnología o una máquina para restaurar las funciones perdidas o mejorar sus capacidades y conocimientos, entonces la gente ha sido cyborgs por mucho tiempo, y el uso de un smartphone no difiere del de una prótesis de brazo, de conducir un coche o de trabajar en una línea de montaje.
Si definimos una sociedad cyborg como una donde las relaciones humanas están mediadas y moldeadas por la tecnología, entonces nuestra sociedad cumple el criterio, nuestros móviles juegan un papel protagonista. Pero nuestras relaciones y rituales durante mucho tiempo han sido mediados por la tecnología. El auge de centros urbanos masivos –focos de conectividad e de innovación– habría sido imposible sin los ferrocarriles y los automóviles.
Máquinas, tecnología, redes e información no dirigen ni organizan a la sociedad. La gente lo hace. Creamos y utilizamos de acuerdo con la malla existente de relaciones sociales, económicas y políticas y del equilibrio de poder.
El smartphone –la forma en que moldea y refleja las relaciones sociales– no es más metafísico que las Ford Ranger salidas de la línea de montaje en Edison (Nueva Jersey). Es a la vez una máquina y una mercancía. Su producción es un mapa de poder global, de logística y explotación. Su utilización le imprime su forma y refleja la confrontación perpetua entre las tendencias totalitarias del capital y la resistencia del resto de nosotros.
Actualmente, la necesidad de los capitalistas de explotar y mercantilizar es apremiada por las formas en que se producen y consumen los smartphones. Pero las ganancias del capital no resultan seguras ni inatacables. Se deben renovar y defender a cada paso. Tenemos poder para impugnar y negar las ganancias del capital, y deberíamos. Tal vez nuestros teléfonos serán útiles a lo largo de ese camino.

Nicole Aschoff
jacobinmag.com

Publicado originalmente en la revista Jacobin, número 17. (www.jacobinmag.com)

1 Longhua, apodada “iPhone City”, es una urbe de la subprovincia china de Shenzhen. Aloja el mayor parque industrial de Foxconn, uno de los líderes mundiales en la fabricación de productos electrónicos.
2 Lido Anthony “Lee” Iacocca fue un ejecutivo comercial y, luego, alto directivo de Ford Motor Company entre 1946 y 1978. Se le atribuye el lanzamiento del modelo Mustang en 1964. William McPherson “Bill” Allen fue el máximo patrón de la industria aeronáutica estadounidense. Entre otros cargos, se desempeñó como presidente de Boeing Company entre 1945 y 1968.
3 Neologismo que hay que entender en el doble sentido de candidato a una tarea (task) determinada y de usuario de la aplicación TaskRabbit (del lado de la oferta de trabajo, o demanda de empleo).
4 http://goo.gl/IM47hu
5 En el sentido de Guy Debord.

* Nicole Aschoff, historiadora y editora de la revista Jacobin (https://www.jacobinmag.com/)