jueves, mayo 24, 2018

De la Revolución de Mayo al Cordobazo, pasando por los anarquistas



Mayo es Mariano Moreno y también Agustín Tosco.

Sobre el 25 de mayo de 1810 y sus vísperas, para no repetir las traumáticas muletillas que nos enseñaron mecánicamente en la escuela primaria, estuve rastreando en estos días documentos y escritos menos conocidos.
Y encontré de pronto un dato puntual que quiero compartir.
En 1807, el jefe de la segunda invasión inglesa a Buenos Aires se llamaba John Whitelocke. Esta invasión, igual que la primera que había comandado Carl Beresford, también fue rechazada y Whitelocke tuvo que irse con el rabo entre las piernas.
De regreso a Londres debió comparecer ante una Corte Marcial que lo declaró culpable y lo consideró "incapacitado e inmerecedor de servir a Su Majestad en ninguna clase de empresa militar".
Hasta aquí me parece que no hay nada sorprendente y creo que tampoco muy desconocido. Pero lo que sí me llamó la atención es la defensa que John Whitelocke hizo de sí mismo.
¿Qué alegó el militar británico ante el tribunal del imperio que lo juzgó?
Whitelocke arguyó que él no se sentía culpable de la derrota, porque consideraba que era imposible, absolutamente imposible, conquistar una ciudad como Buenos Aires donde todos los habitantes sin excepción habían salido a la calle a combatir.
Y no hacen falta demasiadas exégesis ni agregados para este episodio. Contra los ingleses en 1807 o contra la policía asesina del 19 y 20 de diciembre del 2001, la larguísima lucha librada por los sectores populares de esta urbe portuaria tan polifacética como contradictoria, sigue siendo no sé si la misma, pero por lo menos bastante parecida.
En esos tres o cuatro años que van de las invasiones inglesas al 25 de Mayo se fue desarrollando y profundizando la conciencia colectiva.
En estas horas recordamos la Revolución de Mayo de 1810, que como la revolución francesa ocurrida 21 años antes, en 1789, no fue una revolución de los más desposeídos. En el caso nuestro no tuvo como epicentro un levantamiento de los esclavos traídos por la fuerza desde Africa y desde otras latitudes, ni fermentó en el marco de una rebelión indígena, como la heroica revuelta de Túpac Amaru, sino que se conformó como una revolución iniciada por la burguesía porteña que había entrado en colisión con el oscurantismo godo e inquisidor de las huestes de Fernando VII.
Sin embargo, en las condiciones feudales que los colonialistas españoles habían impuesto a sus posesiones en el nuevo continente, el pronunciamiento del 25 de mayo de 1810 fue una auténtica revolución que planteó una nueva etapa, desencadenando una dialéctica y una dinámica que se prolongó con muchas luces y muchas sombras en las guerras por la independencia.
En el Cabildo Abierto del 22 de mayo ya habían quedado bien delineadas las dos posiciones.
El obispo Benito Lué y Riega, que era un incondicional de la Corona, opinó que el virrey Cisneros debía ponerse al frente de la situación, en tanto que el abogado Juan José Castelli, que estaba fuertemente inflamado por las ideas renovadoras de los enciclopedistas como Rousseau, manifestó a los gritos que el poder de la España colonial, de la España realista, había caducado y que el pueblo debía asumir los derechos de soberanía para constituir un nuevo gobierno.
Era la segunda década del siglo XIX.
Fue justo en ese momento histórico, al producirse una serie de coyunturas internacionales favorables, sobre todo la invasión de Napoleón a España, y, al abrigo del ocaso colonial que desencadenara el relevo de los comerciantes monopolistas ligados a la metrópoli por una burguesía de carácter nativo; fue justo en ese momento histórico que un sector importante de los habitantes de la margen occidental del Río de la Plata decidió tirar por la borda al régimen oprobioso del rey de España para asumir por sí solos la conducción de la cosa pública.
Durante la semana que va del 18 al 25 de mayo de 1810 los acontecimientos se precipitaron y, en medio de los avances y reflujos producidos por las distintas corrientes de opinión que convergían hacia la revuelta, el Cabildo —un verdadero parlamento donde estaban reprersentados los empleados civiles, alcaldes, cónsules, clérigos, profesionales, comerciantes, vecinos sin designación, etc.— decide en votación dividida que el poder de España había finiquitado.
Los que empujaban para adelante, los que no querían ninguna concesión y rechazaban cualquier posibilidad de negociar un gobierno compartido, triunfaron no sin sobresaltos, dejando atrás a los timoratos y agentes encubiertos de la monarquía española.
Fue sin duda un pronunciamiento popular que inició una nueva era en el continente. Buena parte de los habitantes, reunidos en la plaza pública y conducidos por las milicias populares que habían organizado French y Berutti bajo el nombre de "Legión Infernal", desbordaron a los indecisos para exigir a voz en cuello el cambio total.
Concretamente, desde la plaza, exigieron no solo que renunciara el virrey Cisneros sino también los demás. Textualmente dijeron en aquella jornada de 1810: "Si no se van, los resultados podrían ser fatales.
Con lenguaje actual diríamos: que se vayan todos, que no quede ni uno solo.
Y en realidad, en aquel 25 de mayo de 1810, pasado el mediodía, los regidores se prestaron a establecer la nueva Junta y la presentaron a la población para que fuera aprobada. También se agregaron una serie de disposiciones, como la obligación del nuevo gobierno de informar todos los días primero de cada mes sobre el estado de la economía y, también la obligación de invitar a representantes del interior.
Mientras tanto, simultáneamente en Europa, se producía el descalabro de la égida española y emergía victorioso el imperio napoleónico que, con su campaña política, diplomática y militar, dominando a todo el viejo continente, desde fines del siglo XVIII hasta 1815, intentó prematuramente organizar un gigantesco mercado europeo para contraponerlo al dominio marítimo y comercial internacional de Inglaterra.
Estos enconos interimperiales se vieron reflejados en el prisma de la revolución producida en Buenos Aires el 25 de mayo, ya que sus jornadas posteriores fueron agudizando los enfrentamientos entre la corriente conservadora de Cornelio Saavedra y la liberal jacobina de Mariano Moreno, fundamentalmente en el terreno económico.
En ese sentido la experiencia histórica mundial indicó siempre que sin un proteccionismo inicial no se ha desarrollado ninguna economía moderna. Es decir, que el factor inicial para cualquier proceso primitivo de acumulación —y esto fue válido para los países europeos en el comienzo del capitalismo—, es una activa intervención del poder poder político.
Mariano Moreno pareció intuirlo y, claramente, aludió a las funciones que el Estado debe cumplir para promover la economía, proponiendo la confiscación de bienes que le otorgue al poder político la posibilidad de "crear fábricas e ingenios y otras cualesquiera industrias, navegación, agricultura y demás, lo que produciría en pocos años un continente laborioso, instruido y virtuoso, sin necesidad de buscar exteriormente nada de lo que necesita para la conservación de los habitantes".
Esta verdadera plataforma de economía nacionalizada la planteó Mariano Moreno premonitoriamente con meridiana claridad.
Pero Mariano Moreno, a fines de 1810, se vio obligado a renunciar y, pocos meses después, cuando apenas tenía 32 años, fallecía en alta mar en circunstancias dudosas.
Con él desaparecería también su grupo, cambiando radicalmente la orientación revolucionaria.
A fines de 1813 ya había quedado estructurada una política económica caracterizada por la tendencia al libre cambio en las exportaciones e importaciones y las franquicias a los extranjeros para intervenir en el comercio exterior. La ecuación de la dependencia económica comenzaba a formalizarse.
Porque el triunfo industrial de Inglaterra, con su consiguiente poder económico y político, tuvo sin duda que ver con el hecho de que la revolución rioplatense, como la de todas las ex colonias, se redujese a la separación política sin cambio de las estructuras económico-sociales (salvo quizás los chispazos de Hidalgo y Morelos en México y de Artigas en la Banda Oriental).
De todos modos, el 25 de mayo de 1810 fue un gesto de rebeldía inicial muy serio. Pese a que el golpe de Estado que hizo caer a Moreno generó que la economía pasara de un patrón a otro. Pese a que ya en ese momento el aparato estatal comenzaba a dar los primeros pasos en la senda de una política exportadora de materias primas y consumidora de productos manufacturados de procedencia británica. Y, sobre todo, pese a que los sectores hegemónicos de la economía mundial de ese entonces se abalanzaron una vez más sobre estas playas.
Más allá de las edulcorosas transfiguraciones escolares, se trata de una fecha trascendente que representó un paso hacia adelante. Igual que las guerras populares libradas por San Martín, Güemes y tantos otros.
Cien años después, el 25 de mayo de 1910, cuando los conservadores en el poder montaron un gran circo con el Centenario, los anarquistas y buena parte de la clase obrera rechazaron la celebración y opinaron que se trataba de una fiesta de la burguesía que nada tenía que ver con la revolución proletaria.
Y no era para menos. La llamada "sociedad decente", con el patrocinio del gobierno oligárquico presidido por Figueroa Alcorta, convirtieron al 25 de mayo en una celebración de las clases altas, neutralizaron todo su significado de ruptura con el yugo colonial y hasta llegaron al límite de reducir la versión original del Himno Nacional prescindiendo de todas las estrofas revolucionarias y de confrontación.
Los trabajadores, en los primeros días de mayo de 1910, respondieron con una multitudinaria manifestación llevada a cabo en la Plaza Colón, detrá
La concentración congregó a unos 70.000 manifestantes (cifra altísima para la época) y la clase dirigente montó en cólera ante el temor de que los obreros les aguasen el festejo.
Entonces salieron a la calle las fuerzas parapoliciales de lo que después se autodenominaría Liga Patriótica, que incendió locales partidarios y sindicales, la sede del diario anarquista La Protesta y la redacción del matutino socialista La Vanguardia.
El 14 de mayo, en un club oligárquico, la Sociedad Sportiva Argentina, ubicada en la calle San Martín entre Lavalle y Tucumán, las patotas de la derecha, comandadas por el barón Demarchi, resolvieron salir esa misma noche para lo que ellos dijeron que era "darle una lección a los extranjeros subversivos y antipatrióticos".
Sin embargo, no obstante la feroz represión, con muchos sindicatos destruidos, clausurados, saqueados e incendiados, el 18 de mayo de 1910 se llevó a cabo la huelga general revolucionaria que se extendió por una semana.
La oligarquía pudo finalmente celebrar el Centenario con la infanta Isabel de España como invitada de honor, pero quedó con la sangre en el ojo y rápidamente elaboró nuevas leyes represivas, como la ley 7029 llamada de Defensa Social, que permitía castigar al movimiento obrero con o sin estado de sitio.
Cincuenta años después, durante el gobierno de Arturo Frondizi, el de la entrega del petróleo y del Plan Conintes (Conmoción Interna del Estado), la oligarquía también celebró la fecha que, en 1960, al cumplirse 150 años, fue denominada sesquicentenario de la Revolución de Mayo.
Entonces yo era muy joven y el 25 de mayo de 1960 participé de una multitudinaria movilización en el tradicional recorrido de Plaza Congreso a Plaza de Mayo organizada por la izquierda que coreó una consigna que mantiene hoy toda su vigencia: "Sesquicentenario sin Fondo Monetario".
Desde que el pronunciamiento popular de 1810 había derrocado al virrey, símbolo de la prepotencia inquisitorial de la metrópoli española, había corrido mucha agua bajo los puentes.
La burguesía, como en 1910, como en 1960 y, sobre todo, como en las décadas posteriores de creciente obsecuencia a los dictados imperiales, falsificó el significado de la fecha y trató de convertirla en una efemérides desprovista de contenido revolucionario. En el campo popular de todos los tiempos no faltaron los debates sobre el significado de palabras que son interpretadas en forma distinta de acuerdo a los intereses de la clase social que las pronuncia, como "patria" y "nacionalidad".
Y en el 2018, más allá de los cantos de sirena que pretenden otra vez hacernos pasar gato por liebre, y más allá de todos los objetivos de lucha coyuntural que nos siguen movilizando contra el régimen perverso de exclusiones y represión que nos agobia y oprime, también vale la consigna de luchar por la segunda independencia. Aunque hoy, además, hablemos de socialismo y revolución obrera.

***

Hasta aquí una de las fechas que recordamos hoy. Pero este trabajo está dedicado también al Cordobazo del 29 de mayo de 1969. Al Cordobazo de hace 49 años. Al Cordobazo de Agustín Tosco, de los estudiantes que se atrincheraron en el barrio de Clínicas de aquella ciudad, de los obreros de Luz y Fuerza y otros sindicatos que, en determinados lapsos, hicieron retroceder a los feroces represores de la policía montada.
Los grandes movimientos populares de la historia no se olvidan , a pesar de los ingentes esfuerzos del régimen por obturar la memoria colectiva.
Así como la toma del frigorífico Lisandro de la Torre por los trabajadores de la carne, a principios de 1959 en el barrio de Mataderos, y como tantos otros hitos en los que predominó la lucha obrera, el Cordobazo también fue escrito con la la sangre rebelde de los oprimidos.
En las postrimerías de la dictadura del general Juan Carlos Onganía, concretamente en mayo de 1969, cuando la combatividad popular en todo el país estaba haciendo tambalear a aquel gobierno integrista y preconciliar que en sus primeros tramos había contado con el apoyo de la burocracia sindical, los hechos se sucedieron en Córdoba sin solución de continuidad, poniendo en jaque el andamiaje trabajosamente montado por la oligarquía.
Los hechos principales de esos días fueron: la movilización de todos los trabajadores de IKA-Renault; el desafío de los estudiantes; el paro general del día 16 convocado por ambas CGT; el pronunciamiento de los alumnos de la Universidasd Católica que desafiaron a las autoridades de esa casa de estudios; la confrontación con la policía el día 23 en pleno centro de la ciudad y, finalmente, el repliegue hacia el tradicional barrio de Clínicas.
El 26, Agustín Tosco, el aguerrido dirigente de Luz y Fuerza enfrentado a los burócratas participacionistas del vandorismo, llamó a un paro activo para el 29, día en que millares de obreros y estudiantes convergieron hacia el corazón de la capital cordobesa.
El día anterior, al salir del despacho de Onganía, el gobernador de Córdoba, de apellido Caballero, declaró a los periodistas que se evitaría la violencia "a cualquier precio". Además, la policía amenazó al pueblo anunciando que no le temblaría el pulso para hacer uso de sus armas de fuego. Por su parte el jefe del III Cuerpo de Ejército, general Sánchez Lahoz, arengó a sus tropas con el típico cinismo de los militares, instándolas a mantenerse "firmes en busca del mundo tantas veces soñado de grandeza y felicidad".
Desde muy temprano, en aquella mañana del 29 de mayo, las fuerzas represivas se desplegaron en toda una amplia zona céntrica que rodeaba el local de la CGT con el visible propósito de impedir como fuere que los obreros llegasen al centro de la ciudad. Particularmente el objetivo más claro era obturarle el paso a los trabajadores de IKA-Renault, los tradicionalmente más combativos.
A las 11 de la mañana, justamente los obreros de las plantas de IKA-Renault, Grandes Motores Perkins, los empleados de la Empresa Eléctrica de la provincia (EPEC) y otros se encolumnaron hacia la ciudad.
Por lo menos 3000 trabajadores componían esta columna, que comenzó a desplazarse lentamente por la céntrica Avenida Vélez Sarfield.
Los estudiantes comenzaron a bajar desde el barrio Clínicas para converger con los obreros. Y a las 12, en el centro, el combate se había desatado y las contundentes respuestas obreras a la policía no se hicieron esperar.
Todavía hoy resulta más que emocionante observar la filmación de aquellos hechos, cuando la policía montada, ante el fervor conbativo de obreros y estudiantes, se vio obligada a retroceder.
Si hay un momento glorioso en la lucha popular de las últimas décadas que puede servirnos como referencia, es ése: cuando los policías tienen que darse vuelta y escapar.
Los manifestantes se habían dividido en numerosos y nutridos grupos, con una gran operatividad, sorprendiendo a la policía que dejó de usar gases lacrimógenos para utilizar en cambio pistolas Ballester Molina, calibre 11.25 milímetros, según testimonio de los diarios cordobeses. A las 13, cerca de la terminal de ómnibus, balearon a mansalva a los obreros, cayendo asesinado Máximo Mena, obrero de Santa Isabel, la principal planta de IKA.
La policía se retiró a lugares estratégicos, pero a la vez tiró a matar, segando la vida de varios trabajadores más. También a las 13, con el primer comunicado del III Cuerpo de Ejército, se inició una acción psicológica de los militares amenazando con la entrada a la ciudad si los manifestantes no se retiraban.
El alarido resultó inútil ante la decidida acción popular. Cincuenta manzanas del centro de Córdoba ya eran consideradas territorio libre de América y se encontraban en manos de los trabajadores y estudiantes, apareciendo las primeras barricadas en los barrios de Clínicas y Alto Alberdi. Algunos vehículos comenzaron a arder y en la Plaza Vélez Sarfield los manifestantes, sin armas, lograron derribar de sus cabalgaduras a los policías, quitándoles sus armas.
Mientras tanto, los obreros de Fiat formaban otra columna, logrando despejar el área de policías. No fueron pocos los uniformados que resolvieron abandonar sus armas en la calle y huir rápidamente ante el empuje del pueblo.
El diario cordobés Los Principios (31 de mayo de 1969) llegó a afirmar:
"Los periodistas extranjeros se asombran de la fuerza con que lucharon los obreros y estudiantes. Muchos de los hombres de prensa han estado en las más sangrientas escaramuzas que registran las últimas crónicas del mundo, pero no recuerdan una cosa similar...".
Varios edificios de empresas extranjeras y de grandes capitalistas locales fueron incendiados, igual que el Ministerio de Obras Públicas y la sede de Xerox de capital norteamericano.
Luego de asaltar el Banco del Interior nadie tocó un solo peso y los manifestantes se dedicaron a destruir el dinero, símbolo del sistema. En todas partes se multiplicaron las asambleas populares en las que oradores de todas las tendencias expusieron sus puntos de vista.
En el barrio Güemes cientos de vecinos y estudiantes se reunieron frente al Casino de Suboficiales. Uno de los oradores, un joven estudiante, habló de "esos" represores y parásitos que viven del trabajo ajeno, mientras el barrio, muy pobre, pasaba hambre.
Muchos de los vecinos opinaron que había llegado la hora de darle su escarmiento a esos enemigos del pueblo y, espontáneamente, asaltaron el Casino. A esta altura ya no combatían solo los obreros y los estudiantes. También sectores de clase media se habían sumado para levantar barricadas, organizar la defensa de los barrios, repeler a la policia desde los balcones de los departamentos, etc.
A la violencia policial, que en todo momento tiró a matar causando numerosas bajas en las filas obreras, se respondió con la violencia del pueblo. Nadie se acobardó y todos fueron al frente.
Sobre la media tarde, cuando la policía se había replegado en completa derrota, aparecieron los militares.
Por distintas vías llegaron a la ciudad efectivos de la Escuela de Tropas Aerotransportadas y una columna de vehículos militares con tropas del Regimiento 14 de Infantería, que empleaban fusiles ametralladoras.
Los aviones de la Escuela de Aviación Militar comenzaron a sobrevolar la ciudad alrededor de las 17.30, efectuando vuelos rasantes para intimidar a la población. Con las armas quitadas a la policía el pueblo repelió al ejército y a la fuerza aérea. Las tropas se encontraban con grupos de obreros que lucharon con gran fervor y organización.
Lentamente y armados hasta los dientes, los militares fueron conquistando el control de la ciudad, haciendo frente a la resistencia popular, particularmente en el barrio de Clínicas, donde los tiroteos continuaron hasta la madrugada siguiente.
Al amanecer, en su avance con los tanques para eliminar los últimos focos resistentes, el ejército tropezó con barricadas y con mucha gente que, pese a la abrumadora desproporción de fuerzas, no quería rendirse. Y, también, con miles de personas que, lejos de estar escondidas en sus casas, se dedicaron a escupir e insultar a los represores.
La noche del 30 todavía seguía la resistencia en el barrio de Clínicas. Muchos estudiantes disparaban con hondas y armas de pequeño calibre. Alrededor de las 22, después de casi dos días de lucha ininterrumpida, culminó la ocupación.
A la madrugada el Consejo de Guerra dictó su primera condena: tres años de prisión al dirigente obrero Varela. Mientras tanto Agustín Tosco fue apresado en la sede de su gremio y, posteriormente, condenado a ocho años.
"Córdoba ha vivido ayer un día terrible, peor que el 17 de octubre", diría al día siguiente La Prensa, el viejo diario oligárquico de los Paz, para añadir a renglón seguido: "Puede decirse que la Argentina no había sufrido hasta ahora una afrenta subversiva tan honda".
En todo el país se multiplicaron las acciones y las luchas. El sistema entró en pánico y la revista Periscopio llegaría a afirmar lo siguiente:
"Desde el punto de vista político el hecho primordial es la aparición de una izquierda subversiva que ya lame los flancos del peronismo, un seguro del viejo régimen, inflamando la imaginación popular".
Los tribunales militares constituídos después del Cordobazo siguieron juzgando y condenando a centenares de detenidos, pero las luchas fueron creciendo. Y se produjo la aparición de las organizaciones armadas populares —ERP, FAR, FAL, Montoneros, FAP, etc.—, que escribieron páginas inolvidables en la historia del campo popular.

***

25 de mayo de 1810. 29 de mayo de 1969. Está claro que no estamos hablando de cosas del pasado. Estamos hablando de las luchas de hoy. Inclusive de las luchas que se vienen en la Argentina neoliberal-fascista de Mauricio Macri.

Herman Schiller

Francisco conocía los abusos de Ilarraz, pero se calló la boca



La condena de 25 años por abusar de siete niños cuando debía educarlos puso a Justo Ilarraz en el centro de la escena. Pero ¿cuándo se condenará a los encubridores?

Ayer fue una jornada histórica en Paraná. Quizás Alicia Vivian, Carolina Castagno y Gustavo Pimentel, integrantes del Tribunal de Juicios y Apelaciones de la capital entrerriana, no imaginaron nunca tener que tomar una decisión tan reñida con las tradiciones (en este caso, con la impunidad para los actos aberrantes cometidos en el seno de la Iglesia católica). Pero así fue. Y lo hicieron como lo indica la corrección política, luego de largas audiencias que no dejaron el más mínimo margen para la duda.
Fue tanta la impunidad que se tejió durante décadas alrededor de las decenas de abusos sexuales cometidos por Justo José Ilarraz sobre niños de entre 10 y 14 años que tomaban clases con él en el seminario de Paraná, que ni siquiera la contundencia de las pruebas volcadas en el juicio dieron la seguridad a los sobrevivientes de que iba a haber una condena. Por eso, cuando pasado el mediodía el Tribunal dictó la sentencia, las lágrimas, la emoción y el sentimiento de cierta reparación estallaron tras largo tiempo contenidos.
Fue la propia jueza Vivian quien lo anunció. “El Tribunal, por unanimidad, resolvió”, dijo y todos callaron. “Primero, no hacer lugar a los planteos de vulneración del principio de congruencia y de prescripción de la acción penal formulados por la defensa”. El acusado, mirándola fijamente, apenas se inmutó.
“Segundo, declarar a Justo José Ilarraz autor material y responsable de los delitos de promoción a la corrupción de menores agravado por ser encargado de la educación”, en cinco de los casos tratados, “y abuso deshonesto agravado por ser encargado de la educación”, en los dos casos restantes. El acusado, con la mirada fija en la jueza, apenas movió su papada, como tragando saliva.
“Y por ende condenarlo a la pena de 25 años de prisión de cumplimiento efectivo”, concluyó la jueza. El acusado, sin perderla de vista, movió la cabeza en gesto de negación. Tal vez lo dejó un poco menos molesto el hecho de que los jueces resolvieron que, mientras se espera que la sentencia quede firme (lo que puede implicar un largo tiempo), pasará su detención en su casa “controlado” con una tobillera electrónica monitoreada por el Servicio Penitenciario de Entre Ríos.

Diócesis llena de pedofilia

La sala en la que se llevó adelante el juicio es muy pequeña. Nada casual. ¿Para qué iba a hacerse en una sala más grande si el Tribunal había decretado que las audiencias no fueran públicas? Por eso, cuando los jueces decidieron abrir las puertas para el día de la sentencia no se percataron que muchas personas, incluyendo varios medios de comunicación, quedarían afuera. O sí, y no les importó.
Tan pequeña era la sala que, tras la lectura de la sentencia, mientras Ilarraz salía custodiado por agentes penitenciarios a muy pocos metros Fabián Schunk, uno de los sobrevivientes y querellantes, era abordado por periodistas, cámaras y micrófonos.
“Hemos dejado que la Justicia pueda decir lo suyo y, en función de todo lo que se mostró en el juicio, se hizo justicia. Ya no hay nada más por decir, ¿no?”, fue su primera definición. Y agregó que “después de tantas pesadillas soñaba con este momento”.
Schunk recordó que “en el juicio apareció una octava víctima” de Ilarraz (que obligó a abrir una nueva causa en su contra) y deseó que esta condena aliente a muchos de sus excompañeros que también fueron víctimas a denunciar.
Respecto a la jerarquía eclesiástica, particularmente al Arzobispado de Paraná, Schunk pidió “que aprendan de una vez por todas. Esto no se puede esconder y acá tienen que seguir apareciendo los responsables. Nosotros tuvimos que romper el encubrimiento, la vergüenza y el silencio impuestos”, reflexionó con sus ojos brillosos.
Como era de esperar, a Fabián le preguntaron qué reacción espera del Papa Francisco tras esta condena. “Desde que esto empezó nosotros nos contactamos con Bergoglio pero nunca hemos tenido una respuesta. Él siempre tuvo nuestros teléfonos y nunca se comunicó. Yo lo único que espero es el abrazo de mi familia y nada más”, respondió con contundencia. Y agregó que “las altas esferas de la Iglesia de Entre Ríos son responsables” también en esta historia. “No es casual de que en esta diócesis haya tanta pedofilia”, afirmó al tiempo que sugirió que “el Papa debería echar mano a este clero e intervenir esta diócesis”.

“Un claro día de justicia”

La platense Julieta Añazco, referente nacional de la Red de Sobrevivientes de Abuso Sexual Eclesiástico, estuvo ayer junto a Schunk y el resto de quienes habían ido a buscar una sentencia ejemplar contra Ilarraz. En diálogo con la Izquierda Diario dijo que desde la Red están “muy felices” con esta sentencia.
“Es la primera vez en Argentina que una causa declarada prescripta se reabre, llega a juicio y se condena al acusado. Esto sienta un precedente muy importante para sobrevivientes que tenemos causas prescriptas, nos da un empujón anímico inmenso”, agregó Añazco. Precisamente la causa en la que es querellante contra el cura Héctor Giménez acaba de ser archivada por segunda vez. En 2004 lo había hecho el fiscal Marcelo Romero, amigo de Monseñor Héctor Aguer, y ahora fue el fiscal Marcelo Martini quien dice que la causa prescribió.
“Admiramos la lucha de Fabián, Hernán, Maxi y los demás compañeros que, pese a todas las trabas que le pusieron siguieron adelante”, dice Julieta con orgullo. Y agrega que la Red sabe “que muchas de nuestras causas quizás nunca lleguen a juicio. Por eso estamos felices de que este juicio haya sido favorable para los denunciantes”.
También viajó desde La Plata a Paraná Liliana Rodríguez, psicóloga que asiste desde su creación a varios miembros de la Red de Sobrevivientes. “Ayer fue un día de altísima emoción y nos queda la sensación de que se hizo justicia. Ayer en Paraná fue un claro día de justicia”, relata a este diario.
“Había mucha incertidumbre sobre lo que iba a pasar. Pero la sentencia fue contundente. Ilarraz estuvo todo el tiempo con la misma cara de piedra y frialdad que pudimos ver en Etchecolatz cuando fue condenado”, detalla la profesional, quien también estuvo presente en La Plata cuando se dictaron condenas contra el genocida.
Para Rodríguez “lo importante es el mensaje claro que se dio a una sociedad a la que por ahí le cuesta creer en los testimonios de los sobrevivientes que pasaron por eso y se animan a hablar después de mucho tiempo. No olvidemos esos mitos e ideas creados por la misma Iglesia de que se trata de campañas orquestada por los denunciantes que buscan dinero y demás. Este juicio echó por tierra con todo eso”.
Sobre el significado que tiene una condena como la de ayer, la psicóloga destaca “la reparación” que viven los sobrevivientes. “El Tribunal vio palpablemente las huellas y los daños psicológicos que aún quedan por haber vivido esas situaciones. Los jueces vieron los llantos y cómo se quebraban los testigos cuando relataban las secuelas que les quedaron en sus vidas”, recordó.
Para Rodríguez, “así como aquellas situaciones de abuso marcaron un antes y un después, esta sentencia también marca un antes y un después en las vidas de los sobrevivientes. No porque vayan a olvidarse de lo que vivieron sino porque ahora podrán reforzar o armar proyectos de vida diferentes”.
Desde Mendoza (donde sigue de cerca la causa del Instituto Provolo) Carlos Lombardi también habló con La Izquierda Diario. Para el abogado de la Red de Sobrevivientes y especialista en derecho canónico la jornada de ayer fue “exultante”.
“La pena que le aplicaron a Ilarraz es lo que se esperaba ya que es lo que había pedido la Fiscalía. Se ha hecho justicia. Y eso es lo que espera todo sobreviviente, algo que nunca se ha hecho hacia dentro de la propia Iglesia dado el grado de encubrimiento y complicidad que tienen para con estos tipos”, afirmó Lombardi.
El letrado saludó que con esta condena las víctimas estén felices. “Los profesionales que acompañamos también lo estamos, porque compartimos la misma lucha. Las víctimas deben ser escuchadas y en este caso las víctimas de Ilarraz fueron escuchadas. Esperemos que esta sentencia sirva para que las demás víctimas sigan denunciando y allí estaremos acompañándolos”.

¿No supieron qué hacer o hicieron lo que saben?

Muy pocas horas después de conocerse la sentencia contra Ilarraz, desde el Arzobispado de Paraná emitieron un comunicado plagado de hipocresía. Como si necesitara quitarse de encima una mancha que crece sobre su pulcra sotana, el arzobispo Juan Alberto Puiggari ordenó difundir un texto titulado “Iglesia: compromiso, verdad, justicia y sanación”.
Allí la Curia entrerriana asegura que “en su momento” no supo “encontrar los caminos más adecuados para dar respuestas ajustadas a las necesidades de las víctimas” de Ilarraz, a quien califican como alguien que “incumplió con su vocación y su promesa a Dios”.
Cínicamente Puiggari dice que Ilarraz no solo atentó “contra quienes eran merecedores de su cuidado y protección” sino que vulneró “la confianza de la institución que lo albergaba, la de sus pares y sus superiores, y también la de toda la sociedad”.
Tratando de eludir la más mínima responsabilidad, el texto aclara que si Ilarraz sigue siendo cura no es por culpa del Arzobispado (que astutamente se lo sacó de encima apenas conocidas las primeras denuncias) sino del Vaticano, ya que “la expulsión del estado clerical sólo puede ser impuesta por decisión exclusiva de la Santa Sede”.
Y en una respuesta velada a Fabián Schunk, para quien no es casual que la diócesis de Paraná haya tanta pedofilia, Puiggari destaca “el compromiso por la tarea pastoral y social que desarrollan los sacerdotes y todos los integrantes” de su arquidiócesis. “Los actos cometidos por unos pocos no pueden desacreditar ni desvalorizar la labor” que, según él “abnegadamente”, desarrollan los curas y las monjas bajo su mando.
El texto finaliza con una provocación: “Invitamos a toda la comunidad a encontrar, a través de la reflexión, la oración y la acción solidaria con el prójimo, los caminos de superación de los males que nos aquejan como sociedad, dejando de lado las suspicacias, el encono y el prejuicio, actitudes que dañan el espíritu y alejan a las personas de la verdad”.
Obviamente Puiggari sabe que, para condenar a Ilarraz, el Tribunal tomó en cuenta la declaración de su antecesor Estanislao Karlic, quien siendo arzobispo de Paraná recibió las primera denuncias contra el abusador hace más de veinticinco años.
¿Habrá juicio y castigo alguna vez para Karlic y Puiggari? ¿Declarará alguna vez Jorge Bergoglio todo lo que supo y todo lo que calló sobre este caso y tantos otros?

Daniel Satur

Lenin caracterizó al comunismo como el poder de los soviets más la electricidad



Lenin expresó su anhelo por industrializar toda Rusia, lo que fue visto por muchos críticos del régimen comunista como una utopía, sin embargo el revolucionario dio acción a su Plan: en febrero de 1920 se creó la Comisión Especial del Estado para la Electrificación de Rusia. Como señalaba Lenin, el comunismo es el “poder de los soviets” más la electricidad.

Para Vladimir Lenin las tareas de organizar un régimen social que “ayude al proletariado y a las clases trabajadoras a conservar el poder en sus manos” sólo podía alcanzarse sobre una sólida base sobre la que empezara a trabajar en condiciones nuevas lejos de las relaciones de explotación entre los hombres.
Así fue como expresó Lenin su anhelo por industrializar toda Rusia, lo que fue visto por muchos críticos del régimen comunista como una utopía, sin embargo el revolucionario dio acción a su Plan: en febrero de 1920 se creó la Comisión Especial del Estado para la Electrificación de Rusia. Como señalaba Lenin, el comunismo es el “poder de los soviets” más la electricidad.
A la cabeza del Plan de Electrificación quedó Gleb Krzhizhanovski, ingeniero de gran trayectoriExa revolucionaria junto a Lenin. En el proyecto trabajaron más de 200 ingenieros y científicos. El objetivo: electrificar Rusia en un período de 10 años.
En 1920 Lenin plasmaba las ideas de su ambicioso proyecto en la I Sesión del III Congreso de Juventudes Comunistas de Rusia: “Sabemos que es imposible edificar la sociedad comunista sin restaurar la industria y la agricultura, pero que no se trata de restablecerlas en su forma antigua. Hay que restaurarlas conforme con la última palabra de la ciencia, sobre una base moderna. Ustedes saben que esta base es la electricidad; que sólo el día en que todo el país, todas las ramas de la industria y de la agricultura estén electrificadas, el día en que realicen esta tarea, sólo entonces, podrán edificar, para ustedes, la sociedad comunista que no podrá edificar la generación anterior.”
Es así como Lenin se dirigía a las juventudes comunistas agregando: “La tarea que les corresponde es restablecer la economía de todo el país, reorganizar y restaurar la agricultura y la industria sobre una base técnica moderna, fundada en la moderna ciencia y técnica, en la electricidad. Ya comprenderán que la electrificación no puede ser obra de ignorantes, y que en esto harán falta algo más que nociones rudimentarias. No basta con comprender lo que es la electricidad; hay que saber cómo aplicarla técnicamente a la industria y a la agricultura y a cada una de sus ramas. Todo esto tenemos que aprenderlo nosotros mismos, y hay que enseñárselo a toda la nueva generación trabajadora.”
El plan de electrificación con su nombre en ruso “Plan GOELRO” fue, entonces, liderado por Krzhizhanovski, quien elaboró un informe del mismo que fue presentado en el VIII Congreso de los Sóviets en diciembre de 1920. El objetivo ambicioso a alcanzar: 1.75 millones de KW.
Este fue el primer plan soviético con miras al desarrollo económico y para eliminar la brecha entre el campo y la ciudad logrando llevar la energía a millones de hogares en su mayoría campesinos.

Natalia Brezina

Del Mayo del 68 a la contrarrevolución neoliberal



Mayo del 68 supuso un cuestionamiento en profundidad del régimen capitalista de opresión y explotación. Para combatir su espíritu, el capital tuvo que reinventarse y lanzar a finales de los años setenta la contrarrevolución neoliberal que todavía hoy padecemos.

Tras la Segunda Guerra Mundial, el capitalismo en “Occidente” se mostraba como un sistema próspero, capaz de superar las contradicciones que hasta el momento habían perturbado su equilibrio. La masiva destrucción de capitales y fuerzas productivas durante la guerra permitió generar las condiciones para el desarrollo del llamado “boom de posguerra” y la emergencia de los “estados de bienestar” en los países centrales. En los años sesenta, Francia era el país del gaullismo triunfante, todo parecía tranquilo, un valle de ganancias para los patronos y de lágrimas y opresión para los que sudaban en las fábricas. En la posguerra, el “eje de la revolución” se había trasladado a la periferia, a las colonias y semicolonias. La revolución parecía un sueño imposible en Europa.
Sin embargo, Mayo del 68 surgió de improviso como un vendaval, donde la unidad de los estudiantes en lucha y la insubordinación obrera pusieron en cuestión los cimientos mismos del Estado francés. Las manifestaciones, huelgas y batallas contra las fuerzas represivas parecían revivir los sucesos que casi un siglo antes habían sacudido París. El espíritu de los heroicos comuneros retomaba las calles y Francia se sacudió con los ecos de la Comuna de 1871.

Un cuestionamiento profundo del capitalismo

Mayo del 68 no fue sólo un movimiento contracultural “con un impacto psicológico absolutamente desproporcionado en relación con su verdadera significación”, como dijo Tony Judt en su libro “Posguerra: una historia de Europa desde 1945”. Una tesis que sostuvo también Eric Hobsbawm al considerar que “la rebelión de los estudiantes occidentales fue más una revolución cultural, un rechazo de todo aquello que en la sociedad representaban los valores de la ‘clase media’ de sus padres”, concluyendo que “no eran auténticas revoluciones, ni era probable que acabaran siéndolo”.
No hay análisis de la dimensión o profundidad de las luchas obreras, toda la importancia recae en los estudiantes, desvirtuando además su papel; como tampoco suele haber críticas ni cuestionamiento a la política del Partido Comunista Francés (PCF) y la Confederación General del Trabajo (CGT) en el conflicto. No es de extrañar, Tony Judt defendió (tal y como sostuvo en “Algo va mal”, uno de sus últimos ensayos) el modelo de “estado de bienestar” gris y burocrático que, precisamente, Mayo del 68 puso en cuestión. Y en caso de Eric Hobsbawm, difícilmente iba a plantear una crítica en profundidad al PCF cuando él era miembro del Partido Comunista de Gran Bretaña.
Como planteó Jacques Kergoat, historiador y militante de la LCR (Liga Comunista Revolucionaria): “La constatación es simple: el análisis de las luchas obreras en mayo y junio de 1968 interesó a poca gente. Quizás porque el carácter más espectacular de la revuelta estudiantil tentó más a periodistas y cronistas”. Sin embargo, el Mayo francés no fue sólo un movimiento contracultural, sino un cuestionamiento radical del capitalismo utilizando además los potentes medios de lucha de la clase obrera, como las ocupaciones de fábricas y las huelgas.
La unidad entre obreros y estudiantes lanzó juntas, como ha apuntado el sociólogo Luc Boltanski, las dos críticas tradicionales de la izquierda al capitalismo. La crítica que él ha llamado “social”, es decir, la que pone el acento en la desigualdad, la explotación y el egoísmo de un mundo que estimula el individualismo frente a la solidaridad; y la crítica “artística”, la que cuestiona la opresión en el mundo capitalista, la dominación del mercado, la disciplina de la fábrica, la uniformización en la sociedad de masas y la mercantilización de todo, y que valora un ideal de liberación y autonomía individual, la singularidad y la autenticidad.
La “crítica social” fue dominante en amplios sectores de la clase obrera más conservadora, y es en la que se apoyó la CGT para desmovilizar el movimiento (negociando con la patronal y el gobierno las mejoras salariales, reducciones de jornadas de trabajo, etc.). Mientras que la “crítica artística”, fue característica de los estudiantes y de la juventud, de los intelectuales, de los obreros y obreras más combativos, y fue tomada también por algún sindicato como la CFDT (Confederación Francesa Democrática del Trabajo).
El cuestionamiento era de tal profundidad que muchas veces la patronal se encontró totalmente desorientada por las reivindicaciones del movimiento obrero y estudiantil, porque la crítica iba contra el sistema capitalista mismo. El propio Luc Boltanski o Eric Hobsbawm han visto un problema de fondo en las motivaciones y reivindicaciones de la protesta, ya que, al ser la crítica tan amplia, carecía de objetivos concretos, lo cual redujo considerablemente las posibilidades de tener transcendencia política. Pero en realidad, el problema de fondo es que no existió una organización revolucionaria fuerte a la altura de las circunstancias que pudiera desarrollar la lucha y plantear objetivos revolucionarios concretos; el movimiento terminó bajo el control del PCF que se limitó a firmar acuerdos salariales con la patronal y a participar en las elecciones legislativas convocadas por el gobierno, llamando a la desmovilización y colaborando con la extinción de la llama del Mayo del 68

La contrarrevolución neoliberal

Mayo del 68 por lo tanto no fue sólo un movimiento cultural o contracultural, sino que supuso un cuestionamiento radical del capitalismo, dentro de un ciclo internacional que sólo concluyó con la derrota de la vanguardia juvenil y obrera, derrota física o política según los países. Las derrotas o desvíos del Movimiento del 68, donde debemos incluir el Mayo francés, pero también el otoño caliente italiano y el largo 68 que le siguió, la lucha antifranquista en España, el movimiento estudiantil alemán, la Primavera de Praga, el movimiento estudiantil mexicano, el Cordobazo argentino, el movimiento por los derechos civiles y contra la Guerra de Vietnam en EEUU, la Revolución Cultural china o el Zengakuren japonés, permitieron al capital lanzar en los años ochenta su contraofensiva neoliberal arrebatando la iniciativa al movimiento obrero y popular.
De hecho, el capital fue capeando el temporal durante los años siguientes a Mayo del 68 haciendo concesiones para satisfacer esa “crítica social” de la que hablaba Boltanski, concediendo mejoras salariales, reducciones de jornadas laborales, etc. Pero el capital entendió muy bien que Mayo del 68 no sólo reivindicaba mejoras salariales, sino que suponía una revuelta también contra las condiciones de trabajo y las formas tradicionales de autoridad (esa crítica “artística” de la que hablábamos). Así el capital se reinventó y emprendió una ofensiva neoliberal a finales de los setenta tratando de legitimarse de nuevo, en un proceso que llega hasta nuestros días.
El inicio simbólico de esta ofensiva neoliberal contrarrevolucionaria fue la llegada de Margaret Thatcher al poder en Reino Unido en 1979, y de Ronald Reagan en EEUU en 1981. Momento en el que comienza un nuevo ciclo de ataques en regla a los derechos laborales y a las organizaciones sindicales, el ciclo de privatizaciones de sectores públicos o las desregulaciones del mercado financiero y especulativo. Una verdadera etapa de restauración capitalista que tuvo el año 1989 y el desmoronamiento del muro de Berlín como fecha emblemática. Un proceso que constituyó una verdadera contrarrevolución-restauración que modificó la relación de fuerzas a favor del imperialismo y que, impuesto sobre la base de la derrota del ascenso anterior, pudo llevarse adelante con métodos esencialmente “pacíficos”, sobre la base de la extensión de la democracia liberal a amplias zonas del globo, en muchos casos directamente a partir de dictaduras.
Fue el surgimiento de modelos de empresa “menos rígidos”, con formas organizativas del trabajo distintas, siguiendo los modelos que fábricas japonesas como Toyota ya estaban implementando. Frente al modelo tradicional fordista rígidamente jerárquico, se introducen en las empresas modos de gestión más autónomos que antes sólo estaban reservados a los directivos y ejecutivos (grupos de trabajo, equipos autónomos, horarios flexibles, primas, salarios de eficiencia, etc.). Esto ha llegado en la actualidad a sus formas más obscenas en lo que se denomina “falsos autónomos” y “economía colaborativa”, donde se vende la moto de que puedes ser tu propio jefe y administras tu propio trabajo colaborando con las empresas. Pero que en realidad es una nueva forma de precariedad laboral, como ya denunciaron los trabajadores de Movistar o más recientemente los trabajadores de mensajería de Deliveroo o Globo. Sin vacaciones pagadas, sin poder cogerte una baja laboral y al final forzado a seguir los ritmos que te impone la empresa.
Esto fue acompañado de una política de deslocalización, llevándose muchas fábricas a otros países donde pudieran explotar mejor a los trabajadores, al tiempo que pusieron fin al modelo de gran empresa centralizada. A partir de ese momento las grandes empresas o las grandes fábricas fueron desgajadas con subcontratas, externalizaciones, etc. Así, el capital ha conseguido dividirnos a la clase obrera no ya sólo entre hombres y mujeres, nativos o extranjeros, sino a su vez en trabajadores fijos, temporales, de ETT, autónomos, etc. Nos han tratado de dividir tanto que hasta nos han hecho creer que la clase obrera ya no existe y que es una cosa del pasado.
Sin embargo, la realidad de la crisis nos está despertando de esta “ilusión”, de toda una ideología neoliberal que nos han ido inoculando desde los años ochenta. Todo el discurso de “ser emprendedor”, de tener éxito empresarial, de vivir experiencias “auténticas”, de estos bombardeos publicitarios apelando a las emociones, del esfuerzo individual para “triunfar”, etc. Todo esto viene de la contraofensiva reaccionaria que lanzó el capital contra la experiencia colectiva que supusieron movimientos como el Mayo del 68.
Ante esta ofensiva neoliberal tanto los grandes partidos de la izquierda, fueran socialdemócratas o estalinistas, así como los sindicatos mayoritarios, no han estado a la altura. No han querido enfrentar ni siquiera entender, la profundidad del ataque neoliberal que se nos vino encima en los años 80 y que dura hasta hoy, reduciendo su política a tratar de mantener conquistas sociales al tiempo que el capital ha desarticulado los espacios tradicionales de organización del movimiento obrero, las grandes fábricas y empresas. Luego, muchos intelectuales de izquierda, como Slavoj Zizek, tratan de explicarnos que como los estudiantes reivindicaron un ideal de liberación y autonomía individual, estaban allanado el camino a las políticas del neoliberalismo. En verdad, el triunfo del neoliberalismo es la consecuencia del fracaso del Movimiento del 68, su derrota.

Lecciones del Mayo

1968 supuso una gran experiencia histórica, con una movilización de masas a nivel internacional capaz de desafiar al poder. Los estudiantes franceses nos mostraron la importancia de que el movimiento estudiantil no se limite a reivindicar cuestiones corporativas de la educación, sino que debe luchar junto al movimiento obrero lanzando un cuestionamiento radical de un sistema capitalista sustentado en la explotación y la opresión. Los estudiantes lo tuvieron claro y unidos a la clase obrera, pasaron a la historia. La unidad de las luchas es fundamental para poder llevar adelante un movimiento combativo y revolucionario capaz de echar abajo las miserias del sistema capitalista actual. Es la gran lección del Mayo francés.
Sin embargo, hubo dos grandes ausentes en el Mayo francés. En primer lugar, las formas de autoorganización. Fueron muy pocas las fábricas en las que existieron realmente asambleas generales que agruparan a todos los trabajadores y trabajadoras donde se decidiera democráticamente y con comités de huelga con delegados elegidos y revocables en todo momento. Frente a esto la norma fue que los sindicatos mayoritarios controlaban las decisiones de la fábrica a través de comités dónde sólo participaba la burocracia sindical. Sin entender esto, no se entienden los mecanismos por los cuales la CGT impuso en el movimiento obrero la vuelta al trabajo y la claudicación de la lucha.
Por eso mismo es tan importante la autoorganización, los obreros y estudiantes deben tomar ellas mismas el destino de sus actos, en asambleas democráticas donde se elija a delegados y delegadas revocables. No siguiendo una lógica antisindical, es más, cuanto más sindicalizada esté la gente mejor; sino porque la clase obrera debe mantener una independencia política total. Debe tomar sus propias decisiones, y para eso es fundamental formas de autoorganización, al estilo de lo que significaron los soviets en la revolución Rusa de 1917 o los consejos alemanes de 1918. De hecho, no es casualidad que las fábricas donde se desarrollaron formas de democracia interna, fueran las más combativas y las últimas en retomar el trabajo.
Otro de los elementos ausentes fundamentales del Mayo fue la ausencia de una organización política fuerte y realmente revolucionaria. Hemos de tener en cuenta que las huelgas y las ocupaciones de fábricas surgieron como procesos más o menos espontáneos, pero siempre estuvieron dentro de una lógica sindical y controlados fundamentalmente por la CGT. Y en ningún momento la CGT y el PCF tuvieron como estrategia desarrollar el movimiento hacía una transformación real y revolucionaria de la sociedad, sino todo lo contrario. Sus esfuerzos se dirigieron a controlar la situación en las fábricas, precisamente para que la situación no avanzara. En ningún momento plantearon una huelga general política, todo lo contrario, trataron de asilar las luchas fábrica por fábrica y evitar la unidad en la lucha de obreros y estudiantes.
El resto de corrientes de la izquierda que sí plantearon estrategias más o menos revolucionarias, por su propia debilidad numérica y poca capacidad de maniobra, así como por errores políticos, no pudieron disputarle la hegemonía política al PCF y plantear una alternativa política.
Por eso es tan importante en la actualidad levantar una organización anticapitalista, feminista y revolucionaria para que en los momentos de auge de la movilización social y de la lucha de clases, pueda existir una alternativa política que desarrolle el movimiento social hacia un cuestionamiento profundo del sistema capitalista actual y de todas sus redes de explotación y opresión. Una organización revolucionaria capaz de superar los callejones sin salida y el desencanto en el que tantas veces hemos terminado a lo largo de la historia.

Jaime Castán

El affaire Galapagar, Podemos y el sueño clasemediero



La compra que hicieron Pablo Iglesias e Irene Montero de una casa de 660.000 euros se ha transformado en la mayor crisis política de Podemos. No es un problema privado ni una trampa de la derecha. Es la última metáfora de la liquidación conservadora de Podemos.

Pablo iglesias e Irene Montero, la pareja que hoy lidera los destinos de la formación morada, han comprado una casa de 660.000 euros (con una hipoteca a 30 años) en la coqueta zona de Galapagar. La noticia, filtrada el pasado miércoles por el execrable Eduardo Inda, ha desatado una polémica que hoy ocupa las portadas de toda la prensa.
En un intento de salir del atolladero, el secretario general de Podemos e Irene Montero, portavoz en el Congreso, además de su pareja, convocaron de urgencia este sábado una rueda de prensa en la que anunciaron que ponen a disposición sus cargos mediante un plebiscito. A la pregunta: “¿Consideras que Pablo Iglesias e Irene Montero deben seguir al frente de la Secretaría General y de la Portavocía de Podemos?”, la afiliación de Podemos deberá responder “Sí, deben seguir” o “No, deben dimitir y dejar el acta de diputados”, aunque la devolución del chalet no está contemplada.
Como era de esperarse, la derecha rancia y corrupta está utilizando el affaire para echar lodo sobre Podemos, mientras la pareja es perseguida por paparazzis y los neonazis de Vox cuelgan pancartas xenófobas frente al chalet. Pero las críticas no sólo vienen por derecha y ni siquiera son las más sangrantes. El sentimiento de estafa, rabia o desmoralización (o una mezcla de las tres), recorre a buena parte de las bases de Podemos y, mucho más, a las filas de sus votantes, que ven con impotencia y estupefacción un gesto que en modo alguno los “representa”.

Gesto político y contenido social

Los procesos de metamorfosis política por los cuales capas dirigentes de las clases subalternas se pasan al campo de la clase dominante son un fenómeno propio de la política burguesa. Gramsci identificaba este fenómeno con el concepto de “transformismo”.
En sus escritos sobre el Risorgimiento, el revolucionario italiano distinguía dos momentos: el transformismo “molecular”, que opera cuando “las personalidades políticas individuales elaboradas por los partidos democráticos de oposición se incorporan individualmente a la ‘clase política conservadora-moderada’”, y el “transformismo de grupos extremistas que pasan enteros al campo moderado”. El caso de Iglesias se corresponde con el primer momento.
Podemos se formó en 2014 alrededor de un discurso centrado en la denuncia a la “casta política”. Cuando sus diputados llegaron por primera vez al Congreso anunciaron que la “gente común” y “plebeya” entraba a las instituciones. Pablo Iglesias construyó su figura pública como vecino del popular barrio de Vallecas, profesor precario vestido en Alcampo y crítico de los políticos “pijos” que se “aislaban en un chalet”. Esta imagen, por momentos sobredimensionada como estrategia de marketing político, nutrió buena parte de su capital político. Pero “¿qué queda del viejo Pablo Iglesias?”, se pregunta Emmanuel Rodríguez en una ácida nota de opinión publicada en CTXT: “nada, o quizás la sensación de que todo fue una mentira.”
Aunque Iglesias siempre fue promotor de una estrategia gradualista (reflejo de su escepticismo en cualquier posibilidad de modificación radical de las relaciones sociales imperantes), en poco menos de cuatro años ha pasado de ser el “látigo de la casta”, el joven irreverente, representante de “los de abajo” y con un programa al menos tibiamente redistributivo (aunque lejos de un programa anticapitalista para terminar con el paro, la miseria y la precariedad), a mostrarse como un político con responsabilidad de estado, que promete ser buen gestor de negocios capitalistas y un fiel defensor de la democracia liberal del 78 (incluso contra los derechos democráticos elementales de los catalanes). En definitiva, a ser el epitome de una nueva casta “de izquierda”. Pero que es tributaria no sólo del programa, sino de las aspiraciones, los gestos, la ambición… y también los privilegios y el modo de vida de la clase media acomodada. Este es el contenido político y social que condensa el gesto de comprar junto a su pareja un casoplón de 660.000 euros en una zona reservada para los ricos… para “construir un proyecto de vida”. ¿O no es este acaso el sueño de las clases medias con “buen vivir”, que proyectan a futuro en un país que ha superado la “catástrofe” económica y pueden pensar en la “estabilidad” por más de tres décadas?
El transformismo de Iglesias, sin embargo, ha sido consustancial al de su propio partido (el segundo momento de la taxonomía de Gramsci). Aunque nadie puede acusar a Podemos de haber sido nunca un “grupo extremista”, si de haberse transformado rápidamente en una formación cada vez más anclada en sus posiciones institucionales en el estado capitalista y más alejado de la vida de la clase trabajadora y el pueblo.
Por ello, la compra del chalet de Iglesias y Montero, puede entenderse también como parte del giro político conservador de Podemos. El discurso “anticatastrofista” de Errejón, reivindicando los buenos vientos de la recuperación económica, el “orden” y la normalidad institucional, es complementario a un discurso que reivindica en abstracto el derecho a “vivir bien” y consumir como la clase media acomodada. Y es abstracto porque a la mayoría de la población trabajadora esa buena vida le está vedada inexorablemente por el sistema capitalista.
Iglesias y Montero han explicado que pagarán su casa en cuotas a 30 años, ayudados por ahorros familiares y con sus propios ingresos, diferenciándose de los políticos corruptos que se han enriquecido en base al robo del dinero público. Esto es cierto, pero, aun así, lo que genera malestar entre muchos votantes de Podemos es que la “gente común”, o más precisamente, la mayoría de los trabajadores, no pueden acceder ni en sueños a una casa las zonas donde viven los ricos pagando cuotas de casi 2000 euros mensuales.
Quien más claramente ha expuesto este relato para las clases medias con aspiraciones de prosperidad quizá ha sido Pablo Echenique. Para el actual secretario de Organización de Podemos es una cosa “normal” que Iglesias y Montero se hayan comprado un chalet de 660.000 euros. "Es algo que muchas familias españolas han hecho", argumentó en una radio. La idea de una “clase media decente” que puede tener “un buen sueldo y una buena casa y querer un país mejor en el que nadie lo pase mal” (Echenique) es la culminación de este relato.
Así las cosas, lo “normal” es que muchos comparen el “viaje” de Vallecas a Galapagar con el viaje de la casta socialista a principios de los años 80, comprando casas en Pozuelo y Las Rozas, el chalet como representación de un partido que abrazaba el consumismo de las clases medias acomodadas como “marca”. No se equivocan.
La decisión de Montero e Iglesias choca más en un panorama social donde la crisis no ha “pasado” para todos; para gran parte de los trabajadores y trabajadoras españoles ha dejado más precariedad, contratos temporales, reducciones salariales, hipotecas usurarias que han consumido a las familias o inestabilidad. Eso sin mencionar a los cientos de miles que han perdido sus casas y ahora luchan mes a mes contra el aumento de los alquileres, o los jóvenes que aun teniendo “dos másteres” no pueden abandonar la casa familiar porque no alcanza el dinero.
En este contexto, el que los dos principales dirigentes de un partido que se jacta de “representar” a los castigados por la crisis compren una casa de 2000 metros cuadrados para vivir como los ricos y privilegiados no sólo parece una estafa. Lo es.

Bonapartismo y “pequeña política”

Analistas de todo tipo y color sostienen que la consulta a todos los afiliados de Podemos por la compra del chalet con el órdago “o nos refrendan o nos vamos”, es un despropósito. Cuando Iglesias y Montero deciden convertir la compra de su casa en un referéndum personal no caen en ninguna trampa de la derecha, están ellos mismos convirtiendo a su partido en una maquinaria al servicio de legitimar sus ambiciones personales. Un nuevo gesto bonapartista del líder morado. No por nada el plebiscitarismo ha sido un sello de distinción de Iglesias desde los inicios de Podemos.
No es exagerado que se compare a la pareja con el matrimonio Kirchner, una pareja que siendo una fracción del principal partido burgués de Argentina, el peronismo, y parte de la casta política argentina, se enriqueció primero durante la dictadura y en una década aumentó su patrimonio de 7 millones de dólares a 82. Pues de esta gente Iglesias opina maravillas, como cuando en su reciente visita a Argentina reivindicó “las raíces peronistas de Podemos” y se quedó impresionado por la “personalidad” y “dimensión de liderazgo” de Cristina Kirchner.
Con ejemplos así Podemos no debería quejarse si las críticas, no ya de sus adversarios, sino de sus propias bases son demoledoras. Pero cada vez que hace alguna trapisonda, el procedimiento favorito de Pablo Iglesias, como en general de todos los reformistas -en especial los que tienen tendencias al bonapartismo- es identificar cualquier crítica como un ataque que le “hace el juego a la derecha”. Un mecanismo de victimización que no sólo trata a la opinión pública, y mucho más a sus militantes, como imbéciles, sino que desnuda la infinita capacidad de identificar sus intereses propios con los intereses comunes. Una mala costumbre liberal que ha nutrido sobremanera a la izquierda vernácula en general, y a Podemos en particular. “No se lo pongáis tan fácil a los poderosos”, brama Monedero. Pero quien más fácil ha puesto todo a los poderosos, no ahora, sino hace ya tiempo, ha sido Podemos.
“La política reserva los órdagos para asuntos importantes y no para una crisis del ladrillo tan peculiar que sólo afecta a dos personas. Lo que los aduladores llaman valentía es una mayúscula irresponsabilidad que traslada al partido una trivialidad disfrazada de trascendencia y que pretende convertir temerariamente a los inscritos de Podemos en jueces de la rectitud, cuando no en avalistas hipotecarios”, señala con tino Juan Carlos Escudier en un artículo de Público.
Hace poco escribíamos que Podemos era un partido hecho para la “pequeña política”, en el sentido gramsciano del término. Es decir, la política de parlamentaria, de corredores, de intriga, en oposición a una “gran política”, que se proponga destruir el orden existente para conquistar uno nuevo. Pero la realidad no deja de sorprendernos. El affaire Galapagar ha llevado el empequeñecimiento de la política podemita hasta el paroxismo.

Podemos, crisis y oportunidad

El plebiscito que comienza este martes (y durará hasta el domingo) tendrá seguramente como resultado la legitimación del líder y sus decisiones. Pero de aquí no se vuelve. Una vez cruzado este Rubicón plebiscitario, el camino hacia una mayor justificación de todo privilegio queda zanjado. Podemos está a punto de sancionar mediante referéndum que es el partido de las clases medias “decentes” que “viven bien”. Una nueva confirmación, por si hacía falta, de su rechazo a cualquier aspiración de cambio profundo. Porque justamente lo que buscan esos sectores sociales es “orden”, “estabilidad” y “propiedad”, aunque la mitad de la población se muera de asco… al menos para los próximos 30 años.
El viejo chiste de la derecha contra la izquierda, “a los 20 años radical, a los 40 empresario”, puede tener ahora una nueva forma popular: “a los 20 activista universitario, a los 30 diputado de Podemos, padre de familia y propietario en Galapagar”. Bien podría ser este el Communio de un Réquiem para Podemos.
No se puede descartar que la crisis de Podemos de lugar a un momento de desmoralización. Pero al mismo tiempo, la consolidación del bonapartismo reformista y clasemediero de Podemos crea las condiciones para que surja una nueva hipótesis. Allí esta el desafío. Construir otra izquierda, que sea de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud. Una izquierda orgullosamente de clase, anticapitalista, combativa, revolucionaria.

Diego Lotito
Madrid | diegolotito

La guerra imperialista y la crisis mundial // Jorge Altamira (FB Live)

Cartoneros



Solían ser llamados "cirujas", gente sucia que hurgaba en los tachos. Hoy son cartoneros o, incluso más profesional: recicladores. Llenan las calles de Buenos Aires, recogiendo cartón, papel, metales, vidrio y plástico de los contenedores de basura o de la vereda y lo llevan a los "centros verdes". Allí se clasifica y se vende para reciclar. Viven en villas, en los suburbios de la Capital. Hoy están protestando contra un proyecto de ley del gobierno de Mauricio Macri quien quiere acabar con la “ley de basura zero” para comprar costosas plantas de incineración de residuos en el exterior.
Anteriormente, Macri quería meterlos presos porque "roban la basura". Hoy, los cartoneros están integrados en el sistema de tratar los residuos de la Ciudad. Reciben un sueldo y uniformes y tienen una obra social. Una experiencia extraordinaria en todo el mundo - gracias a su organización y su lucha.

Elecciones en Venezuela 2018

Informe post-electoral

El segundo boletín oficial del Centro Nacional Electoral (CNE) venezolano anunció que, con 98,78 % de los votos escrutados y un nivel de participación del 46,02 %, el candidato y actual presidente Nicolás Maduro resultó ganador de las elecciones presidenciales (con 6.190.612 votos, seguido de lejos por Henri Falcón con 1.917.036 y Javier Bertucci con 988.761).[1]
Los resultados se emitieron durante la noche del 20 de mayo; sin embargo, horas antes los gobiernos de Argentina, Perú y Estados Unidos declararon no reconocerlos, en consonancia con el discurso que han mantenido desde la instalación del Grupo de Lima, en agosto de 2017. Por su parte, el principal candidato opositor, Henri Falcón, desconoció la contienda electoral minutos antes de que el CNE anunciara el primer boletín.[2]

La deslegitimación como estrategia

La deslegitimación de las elecciones presidenciales venezolanas por parte de la autodenominada “comunidad internacional” (el Grupo de Lima y la Unión Europea, dirigidos por Estados Unidos), ha sido una constante desde que se anunciara su realización. A nivel interno, una oposición con serias dificultades para acordar un proyecto de país que sirva para disputar con el chavismo en el terreno político se jugó las cartas del intervencionismo internacional y del llamado a la abstención por fraude y “falta de condiciones electorales”. Finalmente, las elecciones se dieron entre continuas sanciones por parte de Estados Unidos y la Unión Europea en el orden económico, ataques mediáticos y diplomáticos para instar al desconocimiento del árbitro electoral venezolano (con especial protagonismo del secretario de la OEA, Luis Almagro) y un llamado permanente a la abstención entre las filas opositoras lideradas por la coalición de partidos que fuera la Mesa de la Unidad Democrática, ahora Frente Amplio Venezuela Libre.
A pesar del llamado a la abstención como estrategia deslegitimadora, más de nueve millones de personas votaron en todo el territorio venezolano. Votaron en el marco de una grave crisis económica, con serias incidencias en la cotidianidad familiar. Por otra parte, las elecciones se efectuaron en un ambiente de paz, circunstancia que se maximiza al recordar los graves episodios de violencia (“guarimbas”) ocurridos justo un año antes.
Una vez dados los resultados, el discurso del ala radical de la oposición, abiertamente antielectoral, instala la idea de ilegitimidad con base en la participación del 46,02 % de la población. Cabe preguntarse que si el sistema electoral venezolano no es fiable, ¿cómo es que son válidos y reconocidos los cómputos acerca del número de participación y abstención? Sin embargo, al momento de comparar los votos que sacó el candidato Nicolás Maduro con su contendiente más cercano, Henri Falcón, la brecha de 37,8 % entre uno y otro sí es explicada por los voceros de la oposición como producto del fraude electoral y de la falta de condiciones. El doble estándar para medir situaciones y postular condenas ha sido una de las formas más reiterativas de atacar el proceso político venezolano en todas sus fases.
Por otra parte, es llamativo que se reproduzca la matriz de la baja participación como argumento para declarar no legítima una elección cuando, primero, no existe ninguna ley que respalde constitucionalmente tal afirmación y, segundo, muchos de los gobiernos voceros del discurso que desconoce las elecciones venezolanas, han sido electos con igual o menor nivel de participación (como son los conocidos casos de Colombia y Chile, ambos con tasas de participación en las últimas contiendas de 40,65 % y 46,7 %, respectivamente). Sin entrar en detalles sobre lo poco directo y participativo que resulta el sistema electoral de Estados Unidos, la elección del actual presidente, Donald Trump, estuvo empañada por reiteradas denuncias de fraude y una abierta brecha numérica de, al menos, tres millones de personas que votaron a la candidata opositora. Sin embargo, estos hechos no le impidieron el triunfo a Trump[3], en una contienda donde participó el 54,4 % del electorado
En los asuntos que atañen a las elecciones venezolanas, es usual que opinen y declaren voceros de muchos países y medios, lo que no ocurre con procesos similares en otras naciones como Hungría o Bulgaria, por citar solo un par. En este sentido, ¿qué ocurriría si el llamado nacional (e internacional) a la abstención fuese una constante en las elecciones de EEUU, Francia, Colombia o Chile? Cabe la duda de si la “comunidad internacional” lo permitiría, como ha ocurrido con Venezuela y, sobre todo, de cuál sería el nivel de incidencia que un pronunciado y permanente llamado a la abstención tendría en la participación electoral, tomando en cuenta que ya, en estos países, roza o está muy por debajo del 50 %.

La oposición en pedazos

Nicolás Maduro ganó con 6.190.612 votos, una suma clave considerando las circunstancias económicas que atraviesa la nación. Henri Falcón alcanzó menos de la tercera parte -una diferencia de 37,8 puntos- lo que muestra la poca capacidad que tuvo el candidato del partido Avanzada Popular para capitalizar el voto opositor. No obstante, tomando en cuenta el boicot que le hicieran sus propios compañeros de tolda e ideología de la MUD llamando a la abstención a toda costa, lo que restó fuerza política a Falcón no fue tanto el poco caudal de votos que sacara, sino el haberse sumado a las voces deslegitimadoras, incluso antes de que se conocieran los resultados oficiales. La perseverante defensa de la vía política que lo caracterizó durante la contienda quedó hecha trizas en minutos por su propia ambición personal.
Un rol de gran interés y atención a futuro lo ocupa el pastor evangélico Javier Bertucci, quien obtuvo el tercer lugar con 988.761 votos y aceptara finalmente el triunfo de Nicolás Maduro[4]. Bertucci fue el outsider de la contienda; en muy poco tiempo remontó un apoyo importante que puede significar una base de arranque para próximos eventos electorales. No es subestimable la fuerza política que han tomado las organizaciones neopentecostales en la región, con triunfos como el del actual presidente de Guatemala, Jimmy Morales, y aproximaciones importantes como la que ocurrió recientemente en Costa Rica con Fabricio Alvarado, quien estuvo muy cerca de alcanzar la presidencia.[5]
Por su parte, el Frente Amplio Venezuela Libre se atiene al discurso de la deslegitimación por abstención. En la última declaración que emitiera, horas antes de que se conocieran los resultados del CNE, el vocero de Primero Justicia, Juan Pablo Guanipa, hizo un llamado a las Fuerzas Armadas a que intervinieran por la poca participación[6]. Brillan por su ausencia en el podio los líderes más representativos de la MUD, Henry Ramos Allup de Acción Democrática y Henrique Capriles Radonsky de Primero Justicia. La fragmentación de la oposición venezolana parece haber alcanzado uno de sus momentos más graves.

Diálogo y recuperación

El discurso post resultados del presidente Nicolás Maduro fue enfático en la necesidad de alcanzar un gran diálogo nacional que ponga a trabajar en conjunto a diversos sectores de la sociedad para salir de la crisis económica y avanzar hacia la recuperación del país. De nuevo, el llamado al diálogo nace del lado del Gobierno, luego de la negativa de acuerdo por parte de la oposición en el último minuto de las mesas de diálogo llevadas a cabo en República Dominicana en 2017.
Maduro se enfrenta a un escenario difícil. La continua alza inflacionaria, la escasez de efectivo y las fallas en los servicios públicos juegan un papel protagónico en el día a día de la ciudadanía. Si bien el voto chavista le otorga un piso inédito en un país asediado económica y comunicacionalmente, el presidente electo debe administrar con precisión la victoria y lograr resistir la escalada de sanciones y bloqueos (justo un día después de las elecciones, Trump emitió otra orden ejecutiva que prohíbe operaciones de deuda entre EEUU y Venezuela)[7] y, a su vez, responder con medidas concretas que signifiquen una muestra de gobernabilidad y avance.
El chavismo ha demostrado ser una fuerza política que resiste al desgaste natural de dos décadas de gobierno y a los continuos ataques. Si la oposición radical sigue sin querer dialogar con el chavismo, en su empeño de negarlo, la fragmentación de la misma podría acentuarse. La vía del intervencionismo extranjero, si bien es un hecho, parece suspenderse en tanto el gobierno de Trump se empantana en el conflicto medioriental. El espectro internacional es mucho más amplio, y los gobiernos de Rusia[8] y China[9] reconocieron y felicitaron las elecciones venezolanas.

Giordana García Sojo
celag.org

@Giordanags

[1] http://www.cne.gob.ve/web/sala_prensa/noticia_detallada.php?id=3716
[2] http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-44192913
[3] http://www.lavanguardia.com/internacional/20180104/434058302921/trump-cierra-comision-creo-investigar-fraude-electoral.html
[4] http://globovision.com/article/javier-bertucci-denuncio-la-estrategia-implementada-bajo-el-soborno-y-la-manipulacion-con-los-puntos-rojos
[5] http://www.celag.org/iglesias-evangelicas-poder-conservador-latinoamerica/
[6] http://www.el-nacional.com/noticias/politica/frente-amplio-venezuela-libre-nadie-creera-que-anuncie-tibisay-lucena_236195
[7] https://actualidad.rt.com/actualidad/272367-trump-prohibir-operaciones-deuda-publica-venezuela-eeuu
[8] http://www.eluniversal.com/politica/9952/cancilleria-rusa-acuso-a-eeuu-de-injerencia%E2%80%9D-en-las-elecciones-de-venezuela
[9] https://www.telesurtv.net/news/china-exige-respeto-resultados-elecciones-venezolanas-20180521-0013.html

La lucha del textil en Bangladesh cinco años después de la tragedia de Rana Plaza

El derrumbe del Rana Plaza se cobró más de mil vidas y dejó al descubierto el desprecio de la gerencia por la seguridad de los trabajadores. Marienna Pope-Weidemann informa de la lucha por conseguir mejores condiciones para los trabajadores de la industria textil en Bangladesh.
Hace hoy cinco años, Rosina Atker llegó a trabajar, como de costumbre, con su madre y su hermana a las ocho de la mañana. Pero nunca volvió a casa. Rosina era trabajadora textil en el edificio Rana Plaza. Estaba embarazada de cuatro meses en ese momento. Cuando llegó al trabajo, su hermana le preguntó al encargado si se podían ir a casa; el edificio no parecía seguro y todo el mundo veía las grietas de los muros. Pero les dijeron que "no se preocuparan y siguieran trabajando".
De hecho, las autoridades locales habían recomendado el día anterior que se suspendieran todas las actividades de las fábricas. A los empleados del banco y las tiendas de las plantas bajas se les dijo que se quedaran en casa. Pero obligaron los trabajadores textiles a permanecer bajo amenaza de despido. Solo unas horas más tarde, el edificio se derrumbó y cientos de trabajadores quedaron atrapados en su interior. Los equipos de rescate tardaron cinco días en encontrar el cuerpo sin vida de Rosina entre los escombros. Ella fue una de las más de 1100 personas que murieron en el derrumbe del Rana Plaza.
La tragedia del Rana Plaza descubrió al mundo el coste real del desprecio de la industria de la moda por los derechos de los trabajadores. Pronto se supo que el derrumbe se podía haber evitado, que el peso de la maquinaria y el personal superaba en más de seis veces el peso que el edificio podía aguantar. Habían ignorado el peligro deliberadamente, no solo los jefes de las fábricas, sino también las marcas de moda que habían realizado auditorías del edificio.
Una ola de indignación se extendió a lo largo y ancho del mundo. Más de un millón de personas se manifestaron, protestaron y firmaron peticiones. War on Want [‘Guerra contra la Necesidad’, una organización con sede en Londres] trabajó con los sindicatos sobre el terreno para conseguir indemnizaciones para las familias de los heridos y muertos en el derrumbe del Rana Plaza y para movilizar a la gente en el Reino Unido. Más de 150 grandes marcas y minoristas, fuertemente presionados por la opinión pública, se adhirieron al llamado Acuerdo de Seguridad de Bangladesh, una iniciativa liderada por los sindicatos.
El Acuerdo de Bangladesh fue un acuerdo tripartito pionero entre el gobierno, las empresas y los trabajadores. Ha sido la primera vez que las firmas y los minoristas, que ganan miles de millones a costa de los trabajadores textiles, han aceptado una negociación colectiva con ellos.
En febrero de 2014, el acuerdo cubría a 1600 fábricas. Las fábricas estaban ya obligadas legalmente a someterse a inspecciones independientes y transparentes, a financiar las reparaciones que fueran obligatorias y el derecho de los trabajadores a negarse a trabajar bajo condiciones no seguras, a tener acceso a un sindicato y a emprender acciones colectivas cuando no se cumplieran los estándares de seguridad. Todos y cada uno de los puntos del Acuerdo daban un giro histórico a los pésimos antecedentes de la industria, conformados por acuerdos voluntarios sin poder y autoevaluaciones herméticas.
Pero la imagen de la ropa desparramada sobre un cementerio de hormigón roto no bastó para convencer a todo el mundo. Algunas marcas se negaron a aceptarlo. Las primeras fueron GAP y Walmart, empresa matriz de Asda. En su lugar, promovieron su propia iniciativa para competir con este acuerdo: un plan basado en el anterior enfoque voluntario que se centraba en la responsabilidad corporativa, en lugar de en los derechos de los trabajadores; el sistema que le había fallado a Rosina, a su hijo nonato y a otras 3600 personas que habían muerto o habían resultado heridas en el derrumbe del Rana Plaza. No estaban solos: el Gobierno del Reino Unido lideró a los países de la Unión Europea que se oponían a un tratado vinculante.
En enero de ese año, los sindicatos, en representación de los trabajadores textiles de Bangladesh, alcanzaron un pacto de 2,3 millones de dólares con una multinacional de la industria de la moda, de la que no conocemos su identidad, sobre los retrasos en las reparaciones de riesgos de seguridad en sus fábricas. Cinco años después de que se introdujera el acuerdo, se ha demostrado que merece la pena y el sindicato ha demostrado que es posible traducirlo en acciones que salvan vidas.
Aún así, conseguir aquel acuerdo les costó luchar durante dos años. Y además nos muestra una importante verdad: los acuerdos nunca serán suficiente si no van acompañados del derecho de los trabajadores a organizarse y a utilizar esos acuerdos para luchar por defender sus vidas y sustentos.
Ese objetivo aún está lejos de alcanzarse. En Bangladesh, el acuerdo ha conseguido que las fábricas sean más seguras, pero los derechos a constituir y unirse a sindicatos y a ponerse en huelga todavía se enfrentan con una represión brutal. El año pasado, miles de trabajadores salieron a las calles para exigir que se les doblara el sueldo y poder así acercarse a un salario digno. Se encontraron con que fueron detenidos y encausados, y miles de trabajadores acabaron en las listas negras de la industria. Los salarios de la industria textil de Bangladesh siguen siendo demasiado bajos como para cubrir las necesidades básicas y se sigue obligando habitualmente a los trabajadores, que aún no tienen derecho a sindicarse, a hacer horas extraordinarias.
Los trabajadores a los que afecta han respondido al reto de una forma innovadora. En los lugares en que se les niega que constituyan un sindicato, los comités de empresa de seguridad y salud laboral, introducidos por el Acuerdo de Bangladesh, se ha utilizado como punto de partida para que los trabajadores empiecen a organizarse y como base para la constitución de sindicatos.
En Sri Lanka, por ejemplo, en donde trabajamos en colaboración con Free Trade Zones and General Services Employees Union (sindicato de empleados de zonas de libre comercio y servicios generales), el gobierno y las empresas han contenido la formación de comités de seguridad y salud laboral, pero los trabajadores del textil han seguido adelante con "comités en la sombra". Apoyamos esos grupos informales, que participan en la formación en la fábrica no solo en lo relativo a la seguridad y salud laboral, sino también en lo relativo a los derechos de los trabajadores y en el derecho a constituir un sindicato. Y aunque no los reconozcan, los sindicatos están comenzando a emerger.
Es una vergüenza que la idea del respeto por los derechos humanos y laborales básicos sea opcional cuando las marcas de moda obtienen miles de millones de beneficios anuales. El Acuerdo ha sido un paso importante y el pacto al que llegaron en enero demuestra que se puede utilizar para obligar a las compañías a pagar por poner en peligro las vidas de sus trabajadores. Pero cuando se trata de anteponer las personas a los beneficios, ya sea en lo relativo a salud y seguridad o a un salario justo, estas empresas siempre se esfuerzan en proteger sus rendimientos.
Por ese motivo, el acuerdo por sí solo no va a proteger a los trabajadores. Es valioso siempre y cuando el trabajador de la fábrica lo haga cumplir y tenga el derecho organizarse para conseguir dignidad y justicia.

Marienna Pope-Weidemann

Murió Posada Carriles en Estados Unidos sin pagar deudas con la justicia



El mayor terrorista del Hemisferio Occidental, Luis Posada Carriles, murió este miércoles a los 90 años en Miami, sin pagar sus deudas con la justicia ni reparar a una sola de las víctimas.
Estados Unidos lo protegió hasta el último de sus días después de entrenarlo para poner bombas y atentar contra la vida de cientos de cubanos.
Según declaraciones a la prensa de su abogado personal, Posada Carriles murió durante la mañana de este miércoles en su residencia en Miramar, al norte de Miami. Aunque aún se desconoce con exactitud la causa, se había reportado antes que padecía cáncer de garganta.
Nació en Cuba el 15 de febrero de 1928, se incorporó a las fuerzas de la dictadura de Fulgencio Batista y luego participó en lo preparativos para la invasión mercenaria por Playa Girón, aunque no llegó a desembarcar.
Tras ser captado y entrenado por la CIA estuvo involucrado en varios intentos de magnicidio contra el líder de la Revolución Cubana, Fidel Castro.
Entre 1960 y 1974 fue enviado como asesor de seguridad de los servicios secretos de Argentina, Chile, El Salvador, Guatemala y Venezuela, donde organizó desapariciones forzadas y sesiones de tortura.
Autor intelectual de la voladura del avión de Cubana de Aviación en Barbados en 1976, donde murieron 73 personas, estuvo al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y fue uno de sus principales activos en la guerra sucia contra la Revolución Cubana.
Posada Carriles y Orlando Bosch (también fallecido) fueron detenidos en Caracas en 1976 por la policía venezolana, acusados de organizar el atentado contra el avión cubano. En 1985 escapó de la cárcel mientras esperaba la sentencia y se instaló en Miami.
Las autoridades norteamericanas lo acogieron a pesar de conocer su historial terrorista. Un documento de 1976 desclasificado por el Departamento norteamericano de Estado señaló a Posada Carriles como el autor más probable del atentado de Barbados.
Archivos revelados recientemente en Estados Unidos sobre el asesinato del expresidente John F. Kennedy contienen mucha más información sobre el terrorista, quien era considerado tan peligroso que la propia CIA lo mantenía vigilado.
Una de sus acciones más recientes fue el intento de asesinato contra Fidel Castro en el Paraninfo de la Universidad de Panamá, en el año 2000, en el marco de la X Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno.
En la planificación del atentado estuvo involucrada también la Fundación Na­cional Cubano-Americana (FNCA) y varios miembros de la mafia derechista de Miami.
Posada y sus colaboradores fueron detenidos ante las evidencias mostradas por la delegación cubana a su arribo a Panamá. Sin embargo, fue indultado escandalosamente por la expresidenta Mireya Moscoso al final de su mandato en el 2004, luego de recibir varios millones de dólares como soborno desde Miami.
En 2005 entró ilegalmente a Estados Unidos y fue encarcelado por esta acción, pero dos años después pagó una fianza y fue puesto en libertad pese a los llamados internacionales que reclamaban su extradición a Venezuela, donde era prófugo de la justicia.
Asimismo, en 2011 la jueza Kathleen Cardone lo libró del delito migratorio por considerarlo «viejo e inválido» y desde entonces radicó en Estados Unidos amparado por el Gobierno y sin dejar de participar en actividades subversivas.

Sergio Alejandro Gómez | sergio@granma.cu

José Martí: su misión estratégica cubana y "nuestramericana"

Se cumplen 123 años de su caída en combate

“Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso”

Al arribar a la Playita (de Cajobabo), el 11 de abril de 1895, José Martí confesaba: “La dicha era el único sentimiento que nos poseía y embargaba.” “(…) al fin me he sentido entero y feliz, por todas partes veo al hombre invicto que lleva íntegra en el carácter toda la honra del país.” “(…) Ya entró en mí la luz (…), y la salud que fuera de este honor buscaba en vano. El honor es la dicha y la fuerza”. “Sólo la luz es considerable a mi felicidad.”
Así eran el mundo íntimo y las emociones de Martí después de su arribo a la patria junto a Gómez, para poner en marcha a las fuerzas insurrectas que se levantarían secundando a todas las que ya se habían levantado en armas en la Isla desde el 24 de febrero, siguiendo las órdenes emanadas por él y Gómez, como máximos líderes respectivamente en lo político y militar de la Revolución. Desde el 1 de abril ya se encontraba, triunfante, el General Antonio Maceo en tierras cubanas después de su desembarco por Duaba.
Pero era también verdad que durante el tiempo transcurrido desde el mismo día del desembarco hasta el día 18 de mayo, -fecha en que en carta a Manuel Mercado desde el Campamento de Dos Ríos describe su situación-, Martí estaba consciente y reconocía: “ya estoy todos los días en peligro de dar mi vida por mi país y por mi deber –puesto que lo entiendo y tengo ánimos con que realizarlo – de impedir a tiempo con la independencia de Cuba que se extiendan por las Antillas los Estados Unidos y caigan, con esa fuerza más, sobre nuestras tierras de América. Cuanto hice hasta hoy, y haré, es para eso.”
De esta forma expresaba palmariamente su situación personal coyuntural y su misión estratégica cubana y nuestraamericana un día antes que le tocara librar su primer y último combate en Dos Ríos aquel aciago día. Ocurrió como había vaticinado: "Se ha de vivir y morir abrazado a la verdad. Y así, si se cae, se cae en una hermosa compañía..."
Ante un nuevo aniversario de su caída en combate, el 19 de mayo de 1895, a pesar del luto que llevaba implícita su muerte en fecha tan temprana de la guerra necesaria que organizara y desatara con la delectación y pasión de un artista de la política y la revolución redentora, .la figura e ideas de José Martí se erigen triunfantes en la patria, porque se hizo realidad en su pueblo lo que expresara como una convicción un año antes: “No hay más que un modo de perdurar, y es servir”.

Wilkie Delgado Correa

El nuevo presidente cubano transforma el estilo de gobierno

Durante su primer mes en la presidencia de Cuba, Miguel Díaz-Canel dio muestras de que para gobernar debe salir a la calle, escuchar a la gente y aprovechar, en vez de evadir, a los medios de comunicación, en su camino para ganar y mantener respaldo ciudadano.
En medio de un amplio despliegue de prensa, se le vio en reunión con el Consejo de Ministros, luego pasando revista a programas alimentarios y de energía renovable, valorando los planes de preparación de la Habana para celebrar en 2019 medio milenio de su fundación, o en un recorrido, los días 17 y 18, por barrios de la capital.
“La gente comenta que así es como se hace, conversando con las personas de a pie, que trabajan mucho y ganan poco. La esperanza es que continúe esas visitas, pero que sean sin aviso previo para que no lo engañen”, dijo a IPS una empleada de una tienda de la Habana Vieja, María Caridad, quien pidió no dar su apellido.
En las redes sociales, hubo quien recordó los tiempos en que Díaz-Canel, de 58 años, fue primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Villa Clara, una ciudad a 270 kilómetros de la Habana. “Cuando menos el pueblo se lo esperaba aparecía en bicicleta. Esa era su forma de actuar”, comentó el usuario Kamilo en un debate en un medio digital local.
A su vez, otro usuario, arturo@1975, consideró “muy importante que los principales dirigentes toquen los problemas con la mano, que vean con sus propios ojos lo que estamos haciendo y de ahí corregir el tiro para que las cosas vayan mejorando.” Carlos Crespo, por su parte, remató: “Eso es lo que hace un buen presidente”.
Tanto la agenda de trabajo de Díaz-Canel como las reacciones de la gente confirman que el principal desafío que enfrenta el nuevo gobierno es el de avanzar en las transformaciones destinadas a sacar al país de su crónica depresión económica.
En declaraciones a IPS en días previos al cambio presidencial, el 19 de abril, el analista político Carlos Alzugaray advirtió que “hay suficientes presiones sociales ante la demora en producir un socialismo próspero y sustentable como se ha prometido”, pues Cuba “no ha logrado la mayor parte de los objetivos previstos en los Lineamientos”.
En su opinión, la economía sigue siendo el reto principal. Es decir “la materialización de las promesas previstas en los Lineamientos (como se denomina oficialmente a las reformas iniciadas en 2011) sobre mayor prosperidad”, recalcó.
El accidente de aviación ocurrido el 18 de mayo, en el habanero aeropuerto internacional José Martí, interrumpió la agenda presidencial, que ese día se centraba en Meteoro 2018, un ensayo general que se realiza en todo el territorio cubano, previo al inicio, el 1 de junio, de la temporada de huracanes y tormentas tropicales.
Tras el accidente, Díaz–Canel estuvo entre las primeras autoridades en llegar hasta el escenario de la caída del Boeing 737 rentado a la compañía mexicana Global Air, con 107 pasajeros y seis tripulantes a bordo. El siniestro, cuyas causas se investigan, dejó hasta ahora 111 víctimas mortales y dos sobrevivientes en estado crítico.
Más tarde se le vio en el Instituto de Medicina Legal, donde se trabaja en la identificación de las víctimas, y en el hotel Tulipán, confortando a las familias, procedentes en su mayoría de la provincia de Holguín, a 734 kilómetros al este de La Habana, hacia donde se dirigía el vuelo siniestrado en su maniobra de despegue.
El domingo 20, el mandatario terminó su semana participando en la última jornada de Meteoro 2018, simulacro que se realiza anualmente para preparar órganos de dirección y de mando de todos los niveles y a la población en el enfrentamiento de sismos, huracanes de gran intensidad, sequías severas y otros desastres.
“Este (ejercicio) en particular ha tenido una prueba de la vida lamentable. Hubo que actuar en función de una catástrofe”, afirmó el gobernante, quien exaltó la capacidad de sus compatriotas para “compartir el dolor, sacar fuerzas de la adversidad y seguir avanzando”, según informaron los medios oficiales locales.
Díaz-Canel es el primer dirigente que no pertenece a la llamada generación histórica de la Revolución, encabezada por los hermanos Fidel y Raúl Castro, que asume el cargo de presidente de los Consejos de Estado y de Ministros.
Una razón por la que concentra actualmente las expectativas internas e internacionales sobre este país insular caribeño.
Alzugaray define al nuevo gobernante cubano como un político de gran experiencia, a quien además lo caracteriza, plantea, su discreción, cautela, modestia y lealtad al liderazgo histórico, “ante todo hacia Fidel (1936-2016) y en segundo lugar hacia Raúl Castro”.
En una breve entrada que compartió en la red social Facebook, el investigador cubano suma entre las condiciones políticas del actual gobernante “su organización y su capacidad de escuchar antes de tomar decisiones”.
Habría que “añadir su modernidad: es de los pocos dirigentes cubanos que maneja los conceptos clave de la revolución tecnológica y de la informatización y digitalización de la sociedad cubana y utiliza una tableta como instrumento de trabajo”, señaló Alzugaray.
El primer mes del presidente Díaz- Canel al frente del país tuvo además un importante avance diplomático, con la celebración el 15 de mayo en Bruselas de la primera reunión del Consejo Unión Europa (UE)-Cuba, el máximo órgano de dirección del Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación, suscrito por la nación caribeña y el bloque en diciembre de 2016.
La UE es el principal inversor de Cuba y también su primer socio comercial. Se prevé que el acuerdo contribuya al aumento del intercambio. “También nos permitirá apoyar mejor el proceso de reforma económica y social de Cuba y contribuir a su desarrollo sostenible”, indicó Federica Mogherini, alta representante para Asuntos Exteriores de la UE.
Mogherini y el canciller cubano Bruno Rodriguez firmaron un nuevo programa de cooperación en energías renovables para ayudar a Cuba a alcanzar su meta de obtener el veinticuatro por ciento de la electricidad del país a partir de fuentes de energía renovables, en tanto se prepara otro proyecto sobre seguridad alimentaria y agricultura sostenible.
Entre otros acuerdos, decidieron institucionalizar el diálogo sobre derechos humanos, “como un pilar clave” de la relación bilateral, que se basará en las consultas informales, iniciadas en 2015 en esta área.
El 16 de mayo, el canciller Rodriguez defendió, en Ginebra, el informe de Cuba al Tercer Ciclo del Examen Periódico Universal del Consejo de Derechos Humanos.

Patricia Grogg
IPS

Presentan nuevo sitio web de la revista Cuba Socialista



Coincidiendo con el Aniversario 200 del natalicio de Carlos Marx se presentó en La Habana el sitio digital de la Revista Cuba Socialista, publicación cuatrimestral del Comité Central del Partido Comunista de Cuba.

miércoles, mayo 23, 2018

Adónde va Venezuela



Los seis millones de votos que obtuvo Maduro en la elección del pasado domingo implican un fuerte retroceso respecto a la elección constituyente del año pasado – con la reserva de que muchos observadores señalaron que sus datos estaban inflados. Incluso si se tienen en cuenta las cifras oficiales, la caída del domingo pasado fue superior al 30 por ciento. La abstención fue elevada – la menor participación desde 1958. Sobre el total del padrón, los votos por Maduro no superaron el 35%: el “chavismo plebiscitario” es un recuerdo lejano. El resultado es todavía más pobre si se considera el despliegue del clientelismo punteril, en un país asolado por la necesidad. A pesar de la instalación de 12 mil “puntos rojos” a la salida de los comicios, para escanear “los carnets de la Patria”, que permiten el acceso a una canasta de productos racionados, el chavismo hizo la peor elección de su historia.
Incluso con estos resultados, el ‘madurismo’ es el único poder existente en Venezuela. Es un poder en manos casi exclusivas del alto mando militar. La alternativa opositora de la MUD se ha desvanecido, como consecuencia, en primer lugar, de la incapacidad para ofrecer una salida a las fuerzas armadas. El mando militar se encuentra acosado por denuncias de corrupción, a nivel internacional, pero más allá de esto debe cuidar que una salida traumática a la inmensa crisis por la que atraviesa Venezuela, no desate un estallido social y destruya la cohesión militar.
La oposición de derecha debería ofrecer, como alternativa política, la seguridad de un plan internacional de rescate de la economía venezolana, que se ha calculado en u$s200 mil millones, cuando lo que tiene enfrente son acreedores y fondos buitres que se han coaligado para obtener el lucro más alto para cuando se produzca el deseado ‘cambio de régimen’. Al mismo tiempo, Venezuela es un sitio privilegiado de la guerra económica internacional, debido a la necesidad que tiene de reestructurar y reactivar sus recursos petroleros. La Cuenca del Orinoco es disputada por las compañías norteamericanas, de un lado, y las europeas, rusas y las chinas, del otro. La última decisión de Trump, de prohibir la venta de activos venezolanos en el exterior, apunta a evitar que Maduro entregue a Rosneft – la petrolera rusa – la red de Citgo, la expendedora de petróleo de Pdvsa, en Estados Unidos. El tamaño de la crisis de Pdvsa se mide en el hecho que, de acuerdo a los especialistas, la suba espectacular del precio del barril del petróleo en los últimos meses, obedece a la caída de la producción de Venezuela, de 2,5 a 1.5 millones de barriles diarios. Cuatro de las cinco refinerías de Pdvsa se encuentran fuera de servicio y el servicio de la deuda con proveedores está paralizado.

Economía y política

Entre 2014 y 2017 la economía venezolana acumuló una contracción del 33,4%, por un lado por la caída fenomenal del precio del petróleo en ese período, por el otro por el desmadre de la gestión burocrática de la petrolera y del Estado; las denuncias de una corrupción fabulosa, vienen de afuera como de adentro del régimen político. Las expectativas para este año no son mejores, incluso a pesar de la suba de los precios internacionales del petróleo, debido a ese desmadre. Venezuela tiene la tasa de extracción más baja del mundo: solo es capaz de comercializar cada año el 0,5% de sus reservas probadas, a pesar de haber firmado acuerdo de asociación con el 95% de los monopolios internacionales. Más todavía que en Brasil, estos acuerdos son insatisfactorios para los monopolios – incluidos los rusos y chinos – debido a que reservan el control operacional en manos de la petrolera estatal. Las negociaciones de Maduro con Rosneft, acerca de la explotación de la cuenca del Orinoco, apuntan a poner fin a esta situación – como ya ocurre en el Arco Minero, donde las privatizaciones son irrestrictas.
PDVSA posee incumplimientos por 3 mil millones de dólares y acaba de perder un litigio por la nacionalización, hace varios años, de la empresa Conoco Philips, por dos mil millones de dólares. La misma situación atraviesa la industria minera: se les deben 1500 millones a compañías por expropiaciones no pagadas, algo que en el caso de la minera Rusoro ya tiene dictamen favorable en tribunales; a Crystallex, una minera canadiense y a otras como Gold Reserve se les debe cerca de 3.000 millones más.
Los acreedores internacionales no han salido a plantear la “aceleración” de los contratos de deuda, o sea su pago integral, como consecuencia del ‘defol’. Esto la habilitaría a pedir el secuestro de propiedades y/o cargamentos de petróleo en el exterior, o incluso el embargo de los más de 40 mil millones de dólares en activos que posee Venezuela fuera del país. EEUU y la Unión Europea han prohibido la colocación de deuda de Venezuela en los mercados internacionales, pero no la negociación de la deuda existente. Aunque sorprenda a muchos, esta deuda se transa en gran volumen y a un precio que se estima elevado (subió de 25 centavos a 33 desde febrero), debido a las expectativas en una caída del gobierno, que se calcula “en meses”. Esto sobrevendría de un embargo o bloqueo del comercio exterior de Venezuela. De acuerdo al corresponsal de La Nación (23.5), el continuismo de Maduro “echar(on) por tierra los acercamientos secretos de los últimos meses con la administración republicana”. Como parte de estos “acercamientos”, Maduro postergó las elecciones de abril a mayo y alentó la presencia electoral de Henri Falcón, un ex del chavismo, y luego fundador de la MUD.

La derecha y el imperialismo

La derecha se encuentra en un estado de desorientación política. Es el resultado de los fracasos de las intentonas golpistas e intervencionistas del pasado, por un lado; y de la incapacidad de hacerse una base popular para vencer en las urnas al chavismo, por el otro. Henry Falcón se presentó como una falsa salida a este impasse.
Una nueva pista para la derecha venezolana podrá aparecer como consecuencia del derrumbe del madurismo. Desde antes de la campaña electoral, el gobierno dio indicios de una salida a la crisis monetaria (hiperinflación), cuando lanzó el petro – una moneda digital que tenía como garantía el barril de petróleo. Aunque los críticos la denunciaron como un intento de fugar dinero o de negociar la deuda pública a pesar de las prohibiciones, señalaba un planteo de dolarización de la economía, algo que enseguida sería el eje de campaña de Falcón. El reemplazo del bolívar por el dólar debía ir acompañado con el cese de la financiación monetaria del Tesoro, por un lado, y de los cortes de gastos sociales y la privatización integral del petróleo, por el otro. En los ambientes financieros, muchos se preguntan si el aseguramiento de la reelección de Maduro no es, precisamente, el paso previo a la dolarización. Es un punto en el cual Putin y Xi Jing Pin estarían por completo de acuerdo. El FMI y los Tesoros de los países principales serían llamados a financiar el cambio de moneda y la reestructuración del Banco Central. Sería la contraseña para un reingreso de la derecha a la cancha, pero dividida. La dolarización dejaría al desnudo la inmensa confiscación que han sufrido los trabajadores de Venezuela, a manos del gobierno ‘nacional y popular’. Es la salida que impulsa la derecha continental, que vería acompañada con una probable elección en un plazo a pactar. El ecuatoriano Correa, un K, conservó la dolarización impuesta al país por gobiernos previos, asesorados por Cavallo.

La clase obrera y la izquierda

A pesar de luchas cotidianas y peleas de todo orden, la clase obrera de Venezuela es la clase más alejada a la hora de ofrecer una salida política. La confusión que ha creado el chavismo en sus filas, a la que suma el proto chavismo de la totalidad de la izquierda, en el ‘período revolucionario’ del régimen, ha sido pagada muy caro. La transición política que iniciará el giro de la crisis, deberá crear un nuevo escenario y nuevos realineamientos políticos. Las organizaciones obreras independientes del Estado tienen el desafío de ofrecer un programa transicional para la nueva etapa y convocar en torno a él al conjunto de la clase obrera. La crisis en Venezuela se desarrollará en un nuevo cuadro mundial y latinoamericano, como lo demuestran las crisis de Brasil, por un lado, y Nicaragua, por el otro – así como el naufragio del macrismo y las luchas obreras en Argentina.
Es necesario, como nunca, una conferencia latinoamericana de la izquierda que lucha por la independencia política de los trabajadores y por la dirección política de la clase obrera. Servirá para ofrecer conclusiones de conjunto para las masas en lucha y para abrir una perspectiva antagónica al capitalismo y sus crisis.

Martín Sánchez y Jorge Altamira