sábado, febrero 25, 2017

La primera presidencia de Perón (1946-1952)



Se cumplen 71 años desde que el general Perón asumiera su primer mandato presidencial. Un repaso por su carrera y las condiciones que posibilitaron su llegada al poder.

Juan Domingo Perón nace en 1895 en Lobos, Bs.As. Teniendo 15 años ingresa al Colegio Militar, destacándose en el área de deportes desde muy temprano. Para esta época el Ejército Argentino sufre importantes cambios: se moderniza y modifica la doctrina militar, y el papel de las fuerzas armadas en la sociedad comienza a tener mayor peso político. Perón participará de las represiones de la huelga de La Forestal entre 1917 y 1918, y al año siguiente, ya siendo teniente del ejército, será parte de la represión de “La Semana Trágica”, una huelga de trabajadores metalúrgicos de los talleres Vasena, que será un hito en la clase obrera Argentina de principios del Siglo XX.
La Argentina de esa época se caracterizará entre otras cuestiones por su papel de país “semicolonial”, donde las potencias imperialistas como Inglaterra (sobre todo) y EE.UU más tarde logran ejercer un dominio importante sobre la economía nacional. Para 1930 y 1940 la clase dominante se dividirá en un sector terrateniente ganadero, atado al imperialismo inglés, y otro sector representado por grupos financieros y sectores industriales, apoyados en el imperialismo norteamericano. Como destaca la historiadora Alicia Rojo “el peronismo surgió y se afirmó apoyándose en la vieja estructura económica Argentina y en oposición a la ofensiva del imperialismo norteamericano, aprovechándose de las brechas abiertas por la competencia interimperialista para lograr una ubicación más favorable en la división internacional del trabajo y una mayor autonomía del país” (1).
Los gobiernos conservadores de la década del 30 contribuyeron a una mayor (semi) industrialización en el país. Sus causas devienen del contexto internacional de la época, producto del impacto de la Crisis del 29. Milcíades Peña en su texto “Industrialización y clases sociales en la Argentina” será uno de los primeros en sostener esta posición, diciendo que a partir de 1935 se inicia una recuperación industrial luego de varios años de crisis y en el bienio 1939-41 se produce una mayor concentración industrial por la fundación de grandes establecimientos y con esto, un aumento de la productividad de mano de obra por renovación de maquinarias. Este proceso tomará el nombre de “sustitución de importaciones”, a causa de la disminución de las exportaciones argentinas, que hacía que se carezca de divisas para continuar importando bienes de consumo, que deben elaborarse a partir de entonces en el país. Una consecuencia de este hecho será la importante incorporación de masas trabajadoras que emigran del campo a la ciudad y su correspondiente proletarización.

El golpe de 1943

En junio del 43 los militares dieron un golpe de Estado y asumió luego de 3 días, el general Ramírez. Perón fue designado como Secretario de Guerra, y luego Secretario de Trabajo y Previsión. Desde acá comenzó una relación con los grupos sindicales que venían de tradiciones socialistas, sindicalistas y hasta comunistas. Apoyándose en sectores de los viejos dirigentes del movimiento obrero encabezó un cambio radical en las relaciones entre el Estado y los sindicatos. Llevó adelante una serie de reformas laborales a cambio de terminar con la autonomía de los gremios, con la intención de convertir a la CGT en una dependencia estatal: decretó la ley de paritarias que obligaba a las patronales a sentarse a discutir en paridad de condiciones con los representantes de los trabajadores, sus salarios; creó la Ley de Asociaciones Profesionales, que hará que desde el Ministerio de Trabajo se reconozca a cada sindicato por rama de oficio, otorgándole personería (institucionalizando definitivamente el movimiento sindical); ley de jubilaciones, beneficiando a más de dos millones de trabajadores, y otras como la aprobación de estatutos para los gremios, pago de vacaciones, aguinaldos, prevención de accidentes, etc.
Es el mismo Perón quien habló de sus objetivos para la clase trabajadora en agosto de 1944 en el famoso discurso de La Bolsa De Comercio. Este discurso tuvo el mérito de expresar como ningún otro documento el programa político que llevó adelante el peronismo desde hace más de 70 años. En él, decía “Yo llamo a la reflexión a los señores para que piensen en manos de quien estaba las masas obreras argentinas, y cuál podía ser el porvenir de esa masa, que en un crecido porcentaje se encontraba en manos de comunistas, que no tenían ni siquiera la condición de ser argentinos, sino importados, sostenidos y pagados desde el exterior”. Y más adelante sentenciaba: “Es necesario dar a los obreros lo que estos merecen por su trabajo y lo que necesitan para vivir dignamente, a lo que ningún hombre de buenos sentimientos puede oponerse… Es necesario saber dar un 30 por ciento a tiempo que perder todo a posteriori”.
Mientras tanto, en plano internacional se producía el desenlace de la Segunda Guerra Mundial. Argentina se mantuvo neutral desde su comienzo hasta marzo del 45, cuando le declaró la guerra al “Eje”. “La neutralidad argentina era una necesidad para Inglaterra debido a los requerimientos de alimentos y materias primas. Además, la declaración de guerra al Eje significaba el realineamiento de los países latinoamericanos detrás de los EE.UU. (…) La presión del imperialismo norteamericano sobre la Argentina recrudeció y el país tuvo que declararle la guerra al Eje” (2).
Un sector del ejército logra detener a Perón en Octubre de 1945 por su influencia en el movimiento obrero y como producto de las disputas de poder dentro de la clase dominante, un sector importante reclamaba su destitución. Pero quien lograría la liberación de Perón sería la fuerza social del movimiento obrero que irrumpe masivamente en la escena nacionala partir del 17 de octubre de ese año.

La emergencia del peronismo y su llegada al poder

Inmediatamente a este suceso, algunos sectores sindicales recorren todo el país, buscando afiliaciones para constituir el Partido Laborista, que propondrá como candidato a presidente al teniente general Perón. Este hecho de relativa autonomía será rápidamente destruido por Perón desde el gobierno y absorbido por la estructura del Partido Justicialista, como parte de su política de control de las organizaciones obreras. Los dirigentes que se opusieron a esta absorción por parte del Estado fue derrotado imponiéndose finalmente la conciliación de clases.
Este luego de impulsar las reformas laborales más significativas en los dos años anteriores y lograr una adhesión casi total en la clase trabajadora, llevará adelante su campaña en contra del candidato que apoyaba el departamento de Estado de los EE.UU, Spruille Braden, que a través de la publicación del famoso “Libro Azul” acusará a Perón de ser espía nazi y basará su campaña electoral en eso.
Perón con Hortensio Quijano en la vicepresidencia ganará las elecciones presidenciales por más de 60% y asumirá su primer mandato (que luego repetirá en dos oportunidades, siendo el único presidente elegido tres veces) el 24 de febrero de 1946.
Si bien el peronismo tuvo un papel decisivo en los años posteriores en el país hasta el día de hoy, en sus orígenes -producto de su política de conciliación de clases entre la burguesía y el proletariado- se podría afirmar que “La burguesía necesitaba acomodarse a la nueva situación internacional, frente al avance del imperialismo norteamericano y el debilitamiento del inglés, tradicionalmente dominante en el país y al que se encontraban profundamente ligados los sectores de las clases más fuertes de la economía Argentina. Intentó utilizar esa rivalidad dando origen a un régimen que puede definirse como bonapartismo “sui generis”, en tanto oscilaba entre las clases fundamentales de la sociedad, apoyándose en el proletariado bajo su control para negociar mejor con los imperialismos, en resguardo de las relaciones sociales de producción” o como hará en su segundo mandato, apoyándose más en el imperialismo y la burguesía para frenar las luchas del movimiento obrero.

Ricardo Farías
Docente | Corriente Nacional 9 de Abril | Lista Marrón L.de Zamora

Lectura recomendada: Cien años de historia obrera en la argentina 1870-1969. Una visión marxista de los orígenes a la Resistencia. Bs. As., Ediciones IPS, 2017.

1.Alicia Rojo, Josefina Luzuriaga, Walter Moretti, Diego Lotito; Cien años de historia obrera 1870-1969. Una visión marxista de los orígenes a la Resistencia, ed IPS (2016).
2.Ibíd.

Hollywood contra Trump



Este domingo se entregan los premios Oscar y todo apunta a que el lunes 27 los medios despierten hablando de Hollywood contra Trump.

Vuelven los premios Oscar, la 89 edición de los premios de la Academia de Hollywood donde según los criterios de los jurados de una elite premian a las "mejores" películas y actores del año que pasó.Una elección que deja cientos de valiosas películas por fuera, muy aceptadas por el público, mientras premian a los "tanques" bajo criterio comercial o de conveniencia.
Este año particularmente se está hablando de alguien que no está ni nominado ni invitado a la gala: Donald Trump.
La industria cinematográfica puso el grito en el cielo, tras las nuevas políticas que está llevando el nuevo presidente sobre el tema migratorio, y se prevé que esta edición tenga un contenido político en los discursos.
Ya desde la celebración del almuerzo anual de la Academia en honor a los nominados, el pasado 6 de febrero la presidenta de la institución, Cheryl Boone Isaacs, abordó sin tapujos la actualidad política. "Todos sabemos que hay algunas sillas vacías hoy en esta sala y eso nos convierte a todos en activistas", dijo en referencia a la ausencia del cineasta iraní Ashgar Farhadi, candidato al Oscar a Mejor película de habla no inglesa por The Salesman, que debido a las nuevas medidas contra la inmigración, no podrá acudir a la gala de entrega de premios, y la actriz iraní Taraneh Alidoosti (protagonista de la película de Farhadi) tachó esta medida de racista en su perfil de twitter asegurando que no asistiría a la ceremonia de los Oscar como protesta por las intenciones de Donald Trump. "El arte no tiene fronteras. Las sociedades fuertes no censuran el arte, sino que lo celebran. No podemos permitir que las fronteras nos detengan a ninguno de nosotros", declaró Cheryl.
También, en la pasada entrega de los Globos de Oro, Meryl Streep, con un encendido y apasionado discurso en defensa de los extranjeros, dijo : "El único trabajo de un actor es sacar a la luz la vida de personas diferentes (...) Si expulsan a los extranjeros solo veremos fútbol y artes marciales", y añadió que "la falta de respeto provoca más falta de respeto y la violencia invita a la violencia".
Los actuales discursos encendidos contrastan con el apoyo de estos sectores a la candidata demócrata Hillary Clinton y al gobierno de Obama que tuvo record de deportación de inmigrantes y violencia policial contra la comunidad negra.
Por su parte , el reconocido director Oliver Stone apuntó directamente a todo el sistema político. En los premios de la Asociación de Guionistas el domingo pasado declaró: “pueden ser críticos del gobierno y de la sociedad. No tienen por qué encajar. Hoy está de moda disparar contra los republicanos y Trump y evitar a los Obamas y los Clintons. Pero recuerden esto: en las trece guerras que iniciamos en los últimos 30 años los 14 trillones de dólares que hemos gastado, y los cientos de miles de vidas perdidas, no hubo un solo líder sino un sistema, republicano y demócrata”.
El realizador no se detuvo allí: “Hay que llamarlo como lo que es, un complejo industrial, militar, de dinero, de medios, de seguridad. Un sistema que se ha perpetuado bajo el disfraz de que estas eran guerras justificables en el nombre de nuestra orgullosa bandera”, “este país prosperó para muchos, pero en el nombre de esa prosperidad no podemos justificar nuestro sistema como el centro de los valores mundiales. Y continuamos creando caos y guerras. Hemos intervenido en más de cien países con invasiones, cambios de regímenes, caos económico o guerras alquiladas.
A fin de cuentas, se ha convertido en un sistema que nos conduce a la muerte de este planeta, a la extinción de todos nosotros”. El director señaló que “yo he luchado contra esta gente que practica la guerra durante buena parte de mi vida. Es un juego cansador, y la mayoría de las veces terminan pateándote el culo. Con todas las críticas e insultos que recibís, y las adulaciones también, es importante recordar que, si creés en lo que estás diciendo y podés mantener el rumbo, se puede lograr una diferencia”.
También numerosos actores apoyaron las multitudinarias Marchas de las Mujeres que se celebraron en Estados Unidos un día después de la investidura de Trump para rechazar las ideas machistas y xenófobas. Scarlett Johansson, Ashley Judd, America Ferrera, Joseph Gordon-Levitt, Jamie Lee Curtis o Miley Cyrus fueron algunos de los artistas que se dejaron ver en esas manifestaciones.
Este año Hollywood está politizado, Donald Trump toca sus intereses y esta guerra recién comienza. Lo cierto es que la película ganadora será lo de menos, se habla que darán un premio a The Salesman como modo de protesta, pero también la principal candidata es La La Land por su éxito comercial.
Punto aparte merecen las películas que no fueron ni nominadas y que tuvieron gran reconocimiento por el público, como Sing Street, Captain Fantastic y American Honey, entre otras.
Todo apunta a que el lunes 27 los medios despierten hablando de Hollywood contra Trump, junto al mejor vestido de la noche.

Jorge Galeano

Confirmado, Almagro es CIA



Luis Almagro, Secretario General de la OEA.

Las sucesivas actuaciones del actual secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, contra los procesos progresistas en Nuestra América confirman sus estrechos vínculos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos.
Almagro, máximo representante del “ministerio de las colonias de Washington”, dígase la OEA, recibe sumas importantes de dinero de la CIA para desde su cargo agredir a las naciones latinoamericanas y caribeñas donde se escenifican procesos revolucionarios.
El “agente” uruguayo al servicio de la mayor potencia extranjera cumple al píe de la letra las órdenes de su amo en la arremetida que desde territorio estadounidense se orquesta y materializa contra la soberanía y la integración de la Patria Grande.
El nuevo “palanganero” de la Casa Blanca, como igual bautizaron al expresidente español José María Aznar por su servilismo sin límites al exmandatario George W. Bush, se comporta como la principal punta de lanza del imperio para revertir la correlación de fuerzas desde el Río Bravo hasta la Patagonia.
El secretario general de la OEA, con residencia permanente en Washington, tiene como tareas muy bien remuneradas desestabilizar gobiernos progresistas y subvertir el orden regional, y al mismo tiempo respaldar a la derecha y a regímenes golpistas instaurados recientemente en Nuestra América.
Almagro la ha emprendido abierta o solapadamente contra Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua y otras naciones, mientras se hace de la vista gorda ante los actuales gobernantes neoliberales de Argentina, Brasil y Paraguay, por citar algunos.
Poco o nada le interesa al “palanganero” uruguayo la implementación de los acuerdos para el fin del conflicto en Colombia, y mucho menos que la Patria Grande sea definitivamente una Zona de Paz, como fue declarada por la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) en su segunda Cumbre celebrada en La Habana, Cuba, en 2014.
Claro que la CELAC, le hace sombra a la OEA y a los intereses de esa arcaica y agonizante organización manejada por EE.UU, y que insisten en resucitarla de cualquier manera.
Por cierto, hablando de Cuba, Almagro parece estar metido en las patas de los caballos, al pretender ser “actor” de una nueva acción subversiva contraria a la mayor de las Antillas, organizada desde el enclave terrorista norteamericano de Miami y por conocidos mercenarios pagados por la CIA.
Según reportes de prensa internacionales, el máximo representante de la OEA fue convidado a recibir un galardón en La Habana que han inventado “opositores” cubanos con el financiamiento miamense.
Por supuesto que las autoridades del decano archipiélago caribeño se arrogan el derecho de impedirle al “premiado” que entre en el país porque su postura constituye un acto contra la soberanía de Cuba.
Conociendo a los cubanos, es recomendable para el “agente” Almagro que deje a un lado su excesivo protagonismo, y servilismo a Washington. La Revolución del 1 de enero de 1959 liderada por el histórico Comandante en Jefe Fidel Castro y por el presidente Raúl Castro es experta en tratar a injerencistas como el ahora secretario general de la OEA.

Patricio Montesinos

Qué consiguió la Revolución Rusa y por qué degeneró



Este año se cumple el centenario de la Revolución de Octubre. Los apologistas del capitalismo, y sus fieles ecos en el movimiento obrero, tratan de consolarse con el pensamiento de que el colapso de la URSS significó la desaparición del socialismo. Pero lo que fracasó en Rusia no fue el socialismo sino una caricatura del socialismo. Al contrario de las repetidas calumnias, el régimen estalinista fue la antítesis del régimen democrático establecido por los bolcheviques en 1917.
"Independientemente de lo que se piense del bolchevismo, es innegable que la Revolución Rusa es uno de los mayores acontecimientos de la historia humana, y el gobierno de los bolcheviques un fenómeno de importancia mundial". John Reed, 1 de enero de 1919. (J. Reed, Diez días que estremecieron al mundo).
El colapso de la URSS fue presentado por los defensores del capitalismo como el equivalente a la victoria final de la "economía de libre mercado" sobre el "comunismo”. Hace 25 años esto produjo una ola de euforia entre la burguesía y sus apologistas. Se habló del fin del socialismo, del fin del comunismo e, incluso, del fin de la historia y, desde entonces, hemos presenciado una ofensiva ideológica sin precedentes contra las ideas del marxismo a escala mundial. Esta exuberancia irracional no tuvo límites.
El entonces presidente estadounidense, George Bush, anunció triunfalmente la creación de un "Nuevo Orden Mundial" bajo el dominio del imperialismo estadounidense. "La Unión Soviética ya no existe", escribió Martin McCauley. "El gran experimento ha fracasado... El marxismo en la práctica ha fracasado en todas partes, no hay un modelo económico marxista capaz de competir con el capitalismo". (M. McCauley: La Unión Soviética 1917-1991) "¡Ganamos!" Exclamaba el editorial de The Wall Street Journal (24/5/89). Francis Fukuyama lanzaba su famosa predicción: "El período de la post-historia ha llegado... La democracia liberal ha triunfado, y la humanidad ha alcanzado su más alta sabiduría. La historia ha llegado a su fin”.
Veinticinco años más tarde no queda nada de estas imprudentes ilusiones. El capitalismo ha entrado en la crisis más grave desde la Gran Depresión. Millones de personas se enfrentan a un futuro de desempleo, pobreza, recortes y austeridad. Las guerras y los conflictos estropean todo el planeta, cuyo futuro se ve amenazado por las depredaciones causadas por la incontrolada economía de mercado. Ahora, a la fría luz del día, esas proclamas triunfalistas parecen irónicas. La crisis global del capitalismo y sus efectos han puesto en duda las confiadas predicciones. Todas las grandes promesas de leche y miel de los líderes occidentales que siguieron al colapso de la Unión Soviética se han evaporado como una gota de agua en una estufa caliente.
El sueño estadounidense de dominar el mundo está enterrado bajo las ruinas humeantes de Alepo. Todos los pronunciamientos triunfalistas de los estrategas burgueses se han demostrado falsos. La historia ha regresado para vengarse. Los mismos observadores occidentales que exageraron todos los defectos de la economía soviética están ahora luchando desesperadamente por explicar el fracaso manifiesto de la economía de mercado. Reinan el colapso económico, la inestabilidad política, la incertidumbre, las guerras y los conflictos. La euforia anterior ha dado paso al pesimismo más negro.
Es por esta razón que el centenario de la Revolución Rusa será inevitablemente la ocasión para intensificar la viciosa campaña anticomunista. La razón no es difícil de entender. La crisis mundial del capitalismo está dando lugar a un cuestionamiento general de la "economía de mercado". Hay un renacimiento del interés en las ideas marxistas, que es alarmante para la burguesía. La nueva campaña de calumnias es reflejo, no de confianza sino de miedo.

Miedo a la revolución

La historia demuestra que no basta con que la clase dominante derrote a una revolución. Es necesario cubrirla con calumnias, ennegrecer el nombre de sus líderes y rodearla con una nube de malicia y sospecha, de tal modo que ni siquiera permanezca el recuerdo de ella para inspirar a las nuevas generaciones. No hay nada nuevo en esto. En el siglo XIX, el historiador Thomas Carlyle dijo, al escribir su libro sobre Oliver Cromwell, que antes de que pudiera comenzar tuvo que rescatar el cuerpo de Cromwell de debajo de una montaña de perros muertos.
Después de la Restauración de la monarquía en 1660, todos los recuerdos de Cromwell y la revolución burguesa inglesa tuvieron que ser borrados de la memoria colectiva. La monarquía restaurada de Carlos II fechó oficialmente su reinado desde el 30 de enero de 1649, fecha de la ejecución de Carlos I, borrando todas las referencias a la república y a sus actos revolucionarios. El arrogante Carlos II estaba tan imbuido por el espíritu de despecho, odio y venganza, que llegó a exhumar el cadáver de Oliver Cromwell, para luego colgarlo en público en Tyburn.
La misma malicia y el mismo rencor que nacen del miedo motivan los esfuerzos actuales para negar los logros y el significado revolucionario de la Revolución Rusa y oscurecer la memoria de sus líderes. La falsificación sistemática de la historia que está llevando a cabo la burguesía, aunque de forma algo más sutil que los linchamientos póstumos de los monarcas ingleses, no le otorga en absoluto más crédito moral. En última instancia, no resultará más eficaz. La locomotora del progreso humano es la verdad, no la mentira. Y la verdad no permanecerá enterrada para siempre.
Durante casi tres generaciones, los apologistas del capitalismo dieron rienda suelta a su rabia contra la Unión Soviética. No se escatimaron esfuerzos en el intento de ensombrecer la imagen de la Revolución de Octubre y de la economía nacionalizada y planificada que emanó de ella. En esta campaña, los crímenes del estalinismo fueron muy útiles. El truco era identificar el socialismo y el comunismo con el régimen totalitario burocrático que surgió del aislamiento de la revolución en un país atrasado.
El odio a la Unión Soviética compartido por todos aquellos cuyas carreras, salarios y ganancias derivan del orden existente basado en la renta, el interés y el beneficio, no es difícil de entender. No tenía nada que ver con el régimen totalitario de Stalin. Los mismos "amigos de la democracia" no tenían escrúpulos en elogiar regímenes dictatoriales cuando convenía a sus intereses hacerlo. La clase dominante "democrática" británica observaba complaciente la llegada de Hitler al poder, siempre y cuando aplastara a los trabajadores alemanes y dirigiera sus atenciones hacia el Este.
Winston Churchill y otros representantes de la clase dominante británica expresaron su ferviente admiración por Mussolini y Franco, hasta 1939. En el período posterior a 1945, las "democracias" occidentales, en primer lugar los Estados Unidos, respaldaron activamente monstruosas dictaduras, desde la de Somoza a la de Pinochet, desde la Junta argentina al carnicero indonesio Suharto que subió al poder sobre los cadáveres de un millón de personas con el apoyo activo de la CIA. Los líderes de las democracias occidentales se postran ante el régimen empapado de sangre de Arabia Saudí que tortura, asesina, azota y crucifica a sus propios ciudadanos. La lista de estas barbaridades es interminable.
Desde el punto de vista del imperialismo, estos regímenes son perfectamente aceptables, siempre que se basen en la propiedad privada de la tierra, de los bancos y de los grandes monopolios. Su hostilidad implacable hacia la Unión Soviética no se basaba entonces en ningún amor a la libertad, sino en el desnudo interés de clase. Odiaban a la URSS, no por lo que tenía de malo, sino precisamente por lo que tenía de positivo y progresista. Se oponían, no a la dictadura de Stalin (muy al contrario, los crímenes del estalinismo les convenían muy bien como un medio de manchar el nombre del socialismo en Occidente), sino a las formas de propiedad nacionalizadas que eran todo lo que quedaba de las conquistas de Octubre.
Esta reescritura de la historia recuerda a los viejos métodos de la burocracia estalinista que puso la historia del revés, convirtió a figuras importantes en no-personas, o las demonizó, como en el caso de León Trotsky, y sostuvo generalmente que lo negro era blanco. Los escritos actuales de los enemigos del socialismo no son diferentes, excepto que calumnian a Lenin con el mismo odio y rencor ciegos que los estalinistas reservaban para Trotsky.
Algunos de los peores casos de este tipo se encuentran en Rusia. Esto no es de extrañar, por dos razones diferentes: en primer lugar, estas personas han sido criadas en la escuela estalinista de la falsificación, que se basa en el principio de que la verdad es sólo un instrumento al servicio de la élite gobernante. Los profesores, economistas e historiadores estaban acostumbrados, con algunas honrosas excepciones, a adaptar sus escritos a la "línea" de turno. Los mismos intelectuales que cantaron las alabanzas de Trotsky, fundador del Ejército Rojo y líder de la Revolución de Octubre, pocos años después no tuvieron ningún reparo en denunciarlo como un agente de Hitler. Los mismos escritores que adoraron a Joseph Stalin, el gran Líder y Maestro, pronto saltaron al otro lado cuando Nikita Kruschev descubrió el "culto a la personalidad". Los hábitos son difíciles de cambiar. Los métodos de prostitución intelectual son los mismos. Sólo el amo ha cambiado.
Hay también otra razón completamente distinta. Muchos de los capitalistas en Rusia no hace mucho tiempo llevaban un carnet del Partido Comunista en su bolsillo y hablaban en nombre del "socialismo". En realidad, no tenían nada que ver con el socialismo, con el comunismo ni con la clase obrera. Formaban parte de una casta gobernante parasitaria que vivía una vida de lujo a espaldas de los trabajadores soviéticos. Ahora, con el mismo cinismo que siempre ha caracterizado a estos elementos, se han pasado abiertamente al capitalismo. Pero esta transformación milagrosa no puede consumarse tan fácilmente. Estas personas sienten una necesidad imperiosa de justificar su apostasía amasando maldiciones sobre lo que profesaban creer antaño. Por estos medios intentan tirar polvo a los ojos de las masas, mientras calman sus propias conciencias –suponiendo que posean tal cosa. Incluso al peor canalla le gusta encontrar alguna justificación para sus acciones.

Los logros de la Revolución

El régimen establecido por la Revolución de Octubre no fue ni totalitario ni burocrático, sino el régimen más democrático que se haya visto hasta hoy en la tierra. La Revolución de Octubre abolió radicalmente la propiedad privada de los medios de producción. Por primera vez en la historia, se demostró la viabilidad de una economía planificada y nacionalizada, no en teoría sino en la práctica. En más de una sexta parte de la superficie terrestre, en un experimento gigantesco y sin parangón, se demostró que era posible dirigir la sociedad sin capitalistas, terratenientes ni prestamistas.
Hoy en día, está de moda atenuar los resultados alcanzados, o incluso negarlos por completo. Sin embargo, el mínimo análisis de los hechos nos lleva a una conclusión muy diferente. A pesar de todos los problemas, las deficiencias y los crímenes (que, por cierto, la historia del capitalismo nos proporciona en abundancia), la economía planificada y nacionalizada logró los avances más asombrosos en la Unión Soviética, en un espacio histórico notablemente corto. Esto es lo que provocó el miedo y el odio que caracterizó la actitud de las clases dominantes de Occidente. Esto es lo que las obliga, incluso ahora, a caer en las mentiras y calumnias más descaradas y sin precedentes sobre el pasado (por supuesto, siempre bajo el disfraz de la más exquisita "objetividad académica").
Los burgueses tienen que enterrar de una vez por todas los ideales de la Revolución de Octubre. En consecuencia, el colapso de la URSS fue la señal de una avalancha de propaganda contra los logros de las economías planificadas de Rusia y Europa del Este. Esta ofensiva ideológica de los estrategas del capital contra el "comunismo" fue un intento calculado de negar las conquistas históricas que emanaron de la Revolución. Para estas damas y caballeros, desde 1917, la Revolución Rusa fue una aberración histórica. Para ellos, sólo puede haber una forma de sociedad. El capitalismo siempre había existido y seguiría haciéndolo. Por lo tanto, nunca se podría hablar de logros de la economía nacionalizada y planificada. Se dice que las estadísticas soviéticas eran simplemente exageraciones o falsedades.
"Las datos no pueden mentir, pero los mentirosos pueden falsear los datos". Todos los avances colosales en alfabetización, sanidad, cobertura social, se ocultaron bajo un mar de mentiras y distorsiones destinadas a borrar los verdaderos logros del pasado. Todos los defectos de la vida soviética –y hubo muchos- se han utilizado sistemática y desproporcionadamente para "probar" que no hay alternativa al capitalismo. En lugar de avanzar, hubo declive, se dice. Más que progreso, hubo regresión. "El nivel de atraso de la URSS en los ochenta con respecto a Estados Unidos equivalía al del Imperio ruso en 1913", escribió el historiador económico Alec Nove, quien concluía que "las revisiones estadísticas han jugado un papel político en la deslegitimación del régimen soviético..." (Alec Nove, Historia económica de la URSS).
Frente a esta campaña sin precedentes de mentiras y calumnias, es esencial que pongamos las cosas en orden. No queremos sobrecargar al lector con estadísticas. Sin embargo, es necesario demostrar sin lugar a dudas los enormes éxitos de la economía planificada. A pesar de los monstruosos crímenes de la burocracia, los avances incomparables de la Unión Soviética representan no sólo un logro histórico, sino que dan ante todo una idea de las enormes posibilidades inherentes a una economía planificada y nacionalizada, sobre todo si se desarrolla en líneas democráticas. Dichas posibilidades sobresalen si se contrastan con la crisis de las fuerzas productivas del capitalismo a escala mundial en la actualidad.

Avance sin precedentes

La revolución de octubre de 1917 provocó el mayor avance de las fuerzas productivas de cualquier país en la historia. Antes de la revolución, la Rusia zarista era una economía extremadamente atrasada y semi-feudal, cuya población era predominantemente analfabeta. De una población total de 150 millones de personas sólo había aproximadamente cuatro millones de trabajadores industriales. Eso significa que era mucho más atrasada que Pakistán en la actualidad.
Bajo la terrible situación de atraso económico, social y cultural, el régimen de democracia obrera establecido por Lenin y Trotsky comenzó la titánica tarea de sacar a Rusia del atraso sobre la base de una economía planificada y nacionalizada. Los resultados no tienen precedentes en la historia económica. En el espacio de dos décadas, Rusia estableció una poderosa base industrial, desarrolló la industria, la ciencia y la tecnología y abolió el analfabetismo. Logró avances notables en los ámbitos de la salud, la cultura y la educación. Esto sucedió en un momento, en la Gran Depresión, en que el mundo occidental se sumergía en un estado de desempleo masivo y colapso económico.
La viabilidad del nuevo sistema productivo pasó una prueba severa en 1941-45, cuando la Unión Soviética fue invadida por la Alemania nazi con todos los recursos combinados de Europa a su disposición. A pesar de la pérdida de 27 millones de vidas, la URSS logró derrotar a Hitler, y siguió, después de 1945, reconstruyendo su destrozada economía en un espacio de tiempo notablemente corto, transformándose en la segunda potencia del mundo.
Tales avances asombrosos de un país merecen una reflexión. Se puede simpatizar con los ideales de la revolución bolchevique, u oponerse a ellos, pero una transformación tal en un espacio de tiempo tan corto llama la atención de cualquiera.
En un periodo de 50 años, la URSS multiplicó su producto interior bruto (PIB) por nueve. A pesar de la terrible destrucción de la Segunda Guerra Mundial, su PIB se multiplicó por cinco entre 1945 y 1979. En 1950, el PIB de la URSS era sólo el 33% del de los EEUU. Ya en el año 1979 alcanzó el 58%. A finales de la década de los 70, la Unión Soviética se había convertido en una potencia industrial formidable que en términos absolutos ya había superado al resto del mundo en toda una serie de sectores clave. La URSS era el mayor productor de petróleo, acero, cemento, asbestos, tractores y muchos bienes de equipo. La producción industrial de la URSS era la segunda después de la de EEUU.
Pero el alcance de estos logros no se expresa sólo en estas cifras. Todo esto se consiguió prácticamente sin inflación ni paro. El desempleo como el que existía en Occidente era desconocido en la Unión Soviética. De hecho, era legalmente un delito (irónicamente esta ley sigue vigente hoy en día aunque no signifique nada). Podía haber ejemplos individuales fruto de una mala administración económica o de personas que entraban en conflicto con las autoridades y se les privaba de empleo, pero estos fenómenos no se derivaban del carácter de la economía planificada y tenían un mero carácter fortuito. No tenían nada en común ni con el desempleo cíclico del capitalismo ni con el cáncer orgánico que ahora está afectando al conjunto del mundo occidental y que actualmente condena a 35 millones de personas, sólo en los países de la OCDE, a una vida de ociosidad forzosa
Además, durante la mayor parte del período posterior a la guerra, hubo poca o ninguna inflación. La burocracia aprendió la verdad de la advertencia de Trotsky de que "la inflación es la sífilis de una economía planificada". Después de la Segunda Guerra Mundial, la mayor parte del tiempo se cuidó en asegurar que la inflación se mantuviera bajo control. Este fue particularmente el caso con los precios de los artículos básicos de consumo. Antes de la Perestroika (Reconstrucción, en ruso), a mediados de los años 80, la última vez que se incrementaron los precios de la carne y de los productos lácteos fue en 1962. El precio del pan, el azúcar y la mayoría de los alimentos había aumentado la última vez en 1955. Los alquileres eran extremadamente bajos, particularmente en comparación con Occidente, donde la mayoría de los trabajadores tenían que dedicar un tercio o más de su salario al pago de la vivienda. Sólo en el último período, con el caos de la Perestroika, esto se desmoronó. En la carrera hacia una economía de mercado, tanto el desempleo como la inflación se dispararon a niveles sin precedentes.
La URSS tenía un presupuesto equilibrado e incluso un pequeño superávit cada año. Es interesante señalar que ni un solo gobierno occidental logró este resultado (como lo demuestran las condiciones de Maastricht), así como no lograron el pleno empleo ni la anulación de la inflación, cosas que sí consiguió la Unión Soviética. Los críticos occidentales de la Unión Soviética se mantuvieron muy callados acerca de esto, porque demostró las posibilidades incluso de una economía de transición, no ya socialista.
De un país atrasado, semi-feudal, principalmente analfabeto, en 1917, la URSS se convirtió en una economía moderna y desarrollada, poseía un cuarto de los científicos del mundo, un sistema de salud y educación igual o superior a cualquiera de los países de Occidente, lanzó el primer satélite espacial y puso al primer hombre en el espacio. En la década de 1980, la URSS tenía más científicos que los Estados Unidos, Japón, Gran Bretaña y Alemania juntos. Sólo recientemente Occidente se vio obligado a admitir a regañadientes que el programa espacial soviético estaba muy por delante del de los Estados Unidos. El hecho de que Occidente todavía tenga que usar cohetes rusos para poner hombres y mujeres en el espacio es una prueba suficiente de esto.

Las mujeres y la Revolución de Octubre

El gran socialista utópico francés Fourier consideraba la posición de la mujer como el indicador más gráfico del progreso o no de un régimen social. El intento de introducir el capitalismo en Rusia ha tenido las consecuencias más calamitosas a este respecto. Todos los avances de la Revolución Rusa, que, por cierto, fueron iniciados por las trabajadoras textiles en el Día Internacional de la Mujer, están siendo sistemáticamente eliminados. La cara reaccionaria del capitalismo se revela gráficamente en la posición de las mujeres en Rusia.
La revolución bolchevique sentó las bases para la emancipación social de la mujer y, aunque la contrarrevolución política estalinista representó un retroceso parcial, es innegable que las mujeres de la Unión Soviética hicieron avances colosales en la lucha por la igualdad. "La Revolución de Octubre cumplió honestamente sus obligaciones en relación con la mujer", escribió Trotsky. "El joven gobierno no sólo le dio todos los derechos políticos y legales en igualdad con el hombre, sino que, lo más importante, hizo todo lo posible, y en todo caso incomparablemente más que cualquier otro gobierno, para asegurarle el acceso a todas las formas de trabajo económico y cultural".
La Revolución de Octubre fue un hito en la lucha por la emancipación de las mujeres. Antes de eso, bajo el zarismo, las mujeres eran consideradas como meros apéndices del hogar. Las leyes zaristas permitían explícitamente a un hombre usar la violencia contra su esposa. En algunas zonas rurales, las mujeres se veían obligadas a usar el velo y se les impedía aprender a leer y escribir. Entre 1917 y 1927, se aprobó toda una serie de leyes que daban a las mujeres igualdad formal con los hombres. El programa del Partido Comunista de 1919 proclamó audazmente: "No limitándose a la igualdad formal de las mujeres, el partido se esfuerza por liberarlas de las cargas materiales del trabajo doméstico obsoleto reemplazándolo por casas comunales, comedores públicos, lavanderías, etc."
Las mujeres ya no estaban obligadas a vivir con sus maridos o acompañarlos si un cambio de trabajo significaba un cambio de casa. Se les otorgó iguales derechos para ser cabeza de familia y recibir el mismo salario. Se prestó atención al papel de las mujeres en la maternidad y se introdujeron leyes especiales de maternidad, que prohibían largas horas de trabajo nocturno, así como permisos remunerados para el parto, subsidios familiares y guarderías. El aborto fue legalizado en 1920, se simplificó el divorcio y se introdujo el registro civil del matrimonio. También se abolió el concepto de hijos ilegítimos. En palabras de Lenin: "En el sentido literal, no dejamos un solo ladrillo de las leyes despreciables que colocaban a las mujeres en un estado de inferioridad en comparación con los hombres...".
Se realizaron avances materiales para facilitar la plena participación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social, económica y política: la provisión de comidas escolares gratuitas, leche para niños, alimentos especiales y pañales para niños necesitados, centros de consultas de embarazo, guarderías y otras instalaciones. Es cierto que la aparición del estalinismo introdujo una serie de contra-reformas en el ámbito social, que afectaron drásticamente la posición de las mujeres. Pero con la muerte de Stalin, el crecimiento económico de la posguerra permitió una mejora general constante: la jubilación a los 55 años, la no discriminación en la remuneración y las condiciones de empleo y el derecho de las mujeres embarazadas a trabajar en trabajos más ligeros con permiso de maternidad totalmente remunerada 56 días antes y 56 días después del nacimiento del niño. La nueva legislación en 1970 abolió el trabajo nocturno y el trabajo subterráneo para las mujeres. El número de mujeres en la educación superior como porcentaje del total aumentó del 28% en 1927, al 43% en 1960, y al 49% en 1970. Los únicos países del mundo donde las mujeres constituían más del 40% del total de los matriculados en la educación superior eran Finlandia, Francia y los Estados Unidos.
Hubo mejoras en la atención preescolar de los niños: en 1960, había 500.000 guarderías, pero en 1971 había aumentado a más de cinco millones. Los enormes avances de la economía planificada, con las consiguientes mejoras en la atención de la salud, se reflejaron en la duplicación de la esperanza de vida de las mujeres pasando de 30 a 74 años y en la reducción de la mortalidad infantil en un 90%. En 1975, el número de mujeres que trabajaban en educación había aumentado al 73%. En 1959, un tercio de las mujeres ocupaban puestos de trabajo donde el 70% de la mano de obra eran mujeres, pero en 1970 esa cifra había aumentado al 55%. En ese momento, el 98% de las enfermeras eran mujeres, al igual que el 75% de los profesores, el 95% de los bibliotecarios y el 75% de los médicos. En 1950, había 600 mujeres doctores en ciencias, pero en 1984 había subido a 5.600.
La restauración capitalista revirtió rápidamente los logros del pasado, llevando a las mujeres a una posición de esclavitud abyecta en el nombre hipócrita de la "familia". La mayor parte de la carga de la crisis se está colocando sobre los hombros de las mujeres.

¿Por qué colapsó la Unión Soviética?

A pesar de estos éxitos extraordinarios, la URSS colapsó. La cuestión que debe abordarse es por qué ocurrió esto. Las explicaciones de los "expertos" capitalistas son tan predecibles, como huecas. El socialismo (o comunismo) fracasó. Fin de la historia. Sin embargo, las explicaciones de los líderes obreros, tanto del ala izquierda y como del sector más derechista, no son mucho mejores. Los reformistas de derecha como siempre, simplemente repiten los puntos de vista de la clase dominante. De los reformistas de izquierda solo obtenemos un silencio embarazoso. Los líderes de los partidos comunistas de Occidente, que ayer apoyaban de manera acrítica todos los crímenes del estalinismo, ahora tratan de distanciarse de un régimen desacreditado, pero no tienen ninguna respuesta a las preguntas de los jóvenes y trabajadores ,que exigen explicaciones serias.
Los logros de la industria soviética, la ciencia y la tecnología ya se han explicado. Pero había otra cara de la moneda. El Estado obrero democrático establecido por Lenin y Trotsky fue sustituido por el Estado burocrático monstruosamente deformado de Stalin. Esta fue una terrible regresión, lo que significaba la liquidación del poder político de la clase obrera, pero no de las conquistas socioeconómicas fundamentales de Octubre. Las nuevas relaciones de propiedad, que tuvieron su expresión más clara en la economía nacionalizada y planificada, se mantuvieron.
En la década de 1920 Trotsky escribió un pequeño libro con el título: ¿Hacia el socialismo o el capitalismo? Esa fue siempre la cuestión decisiva para la URSS. La propaganda oficial proclamaba que la Unión Soviética se estaba moviendo inexorablemente hacia la consecución del socialismo. En la década de 1960 Jruschov se jactaba de que el socialismo ya había sido alcanzado y que en la URSS se iba a construir una sociedad plenamente comunista en veinte años. Pero la verdad era que la Unión Soviética se estaba moviendo completamente en otra dirección.
El movimiento hacia el socialismo debe significar una reducción gradual de la desigualdad. Pero en la Unión Soviética la desigualdad se incrementaba continuamente. Un abismo se abría entre las masas y los millones de funcionarios privilegiados y sus esposas y niños con sus elegantes trajes, cochazos, y apartamentos y dachas confortables. La contradicción era aún más evidente, ya que contrastaba con la propaganda oficial sobre el socialismo y el comunismo.
Desde el punto de vista de las masas, el éxito económico no puede ser reducido a la cantidad de acero, cemento o electricidad producida. Los niveles de vida dependen sobre todo de la producción de mercancías que sean de buena calidad, baratas y fácilmente disponibles: ropa, zapatos, alimentos, lavadoras, televisores y productos similares. Pero en aquellos terrenos la URSS estaba muy por detrás de Occidente. Esto no habría sido tan grave, pero el hecho era que algunas personas tenían acceso a estas cosas mientras que a la mayoría se les negaba.
La razón por la que el estalinismo pudo durar tanto tiempo a pesar de todas las patentes contradicciones que creó, fue precisamente el hecho incontestable que durante décadas la economía nacionalizada y planificada logró avances extraordinarios. Pero el control asfixiante de la burocracia dio lugar a la corrupción, a una desastrosa administración, chapuzas y despilfarro a una escala colosal. Minó las conquistas de la economía planificada. En la medida en que la URSS se desarrollaba a un nivel superior, los efectos negativos de la burocracia tenían consecuencias aún más perjudiciales.
La burocracia siempre actuó como un freno para el desarrollo de las fuerzas productivas. Pero mientras que la tarea de la construcción de la industria pesada era relativamente simple, una economía moderna y sofisticada con sus complejas relaciones entre la industria ligera y pesada, la ciencia y la tecnología no se puede ejecutar por decreto burocrático sin causar gravísimas interrupciones. Los costos de mantenimiento de un enorme gasto militar así como los gastos de mantenimiento del control sobre Europa del Este impusieron nuevas presiones a la economía soviética.
Con todos los recursos colosales que disponía, la poderosa base industrial y el ejército de técnicos cualificados y científicos, la burocracia fue incapaz de lograr los mismos resultados que Occidente. En los campos vitales de la productividad y los niveles de vida, la Unión Soviética se quedó atrás. La razón principal fue la carga colosal impuesta a la economía soviética por la burocracia –los millones de funcionarios codiciosos y corruptos que administraban la Unión Soviética sin ningún control por parte de la clase obrera.
Como resultado de esto, la Unión Soviética se estaba quedando atrás de Occidente. Mientras las fuerzas productivas en la URSS continuaban desarrollándose, la tendencia pro-capitalista era insignificante. Pero el estancamiento del estalinismo transformó por completo la situación. A mediados de la década de 1960, el sistema de economía planificada burocráticamente controlada llegó a su límite. Esto se expresaba gráficamente por una fuerte caída en la tasa de crecimiento en la URSS, que disminuyó continuamente durante la década de 1970, cercanos a cero bajo Breznev. Una vez que la Unión Soviética fue incapaz de obtener mejores resultados que el capitalismo, esto selló su destino.
Fue en este punto que Ted Grant llegó a la conclusión de que la caída del estalinismo era inevitable, una brillante predicción que hizo ya en 1972. Desde un punto de vista marxista, tal perspectiva era ineludible. El marxismo explica que en última instancia la viabilidad de un sistema socioeconómico determinado depende de su capacidad para desarrollar las fuerzas productivas. En el libro Rusia: de la revolución a la contrarrevolución explica todo el proceso con gran detalle, y muestra cómo en el período posterior a 1965, la tasa de crecimiento de la economía soviética comenzó a disminuir. Entre 1965 y 1970, la tasa de crecimiento fue del 5,4 por ciento. Durante el próximo período de siete años, entre 1971 y 1978, la tasa media de crecimiento fue sólo del 3,7 por ciento.
Esto era comparable al promedio de 3,5 por ciento para las economías capitalistas avanzadas de la OCDE. En otras palabras, la tasa de crecimiento de la Unión Soviética ya no era mucho más alta que el alcanzado en el capitalismo, una situación desastrosa. Como resultado, la contribución de la URSS a la producción mundial total disminuyó de hecho ligeramente, del 12,5 por ciento en 1960 al 12,3 por ciento en 1979. En el mismo periodo, Japón aumentó su participación del 4,7 por ciento al 9,2 por ciento. Toda la palabrería de Kruschev sobre alcanzar y adelantar al imperialismo americano se evaporaró en el aire. Posteriormente, la tasa de crecimiento en la Unión Soviética continuó cayendo hasta que al final del período de Brezhnev, (el "período de estancamiento", como fue bautizado por Gorbachov) se redujo a cero.
Una vez llegado a esta etapa, la burocracia dejó de jugar el todavía relativamente papel progresista que había desempeñado en el pasado. Esta es la razón por la cual el régimen soviético entró en crisis. Ted Grant fue el único marxista que llegó a esta lógica conclusión. Explicó que una vez que la Unión Soviética no podía obtener mejores resultados que el capitalismo, el régimen estaba condenado. Por el contrario, todas las otras tendencias, desde la burguesía a los estalinistas, daban por sentado que los regímenes aparentemente monolíticos en Rusia, China y Europa del Este iban a durar casi indefinidamente.
La contra-revolución política llevada a cabo por la burocracia estalinista en Rusia liquidó por completo el régimen de democracia soviética de los trabajadores, pero no destruyó las nuevas relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre. La burocracia gobernante se basaba en la economía nacionalizada y planificada y jugó un papel relativamente progresista en el desarrollo de las fuerzas productivas, aunque tres veces al costo del capitalismo, con tremendo despilfarro, corrupción y mala gestión, como Trotsky señaló incluso antes de la guerra, cuando la economía estaba avanzando un 20 por ciento al año.
Pero a pesar de sus éxitos, el estalinismo no logró resolver los problemas de la sociedad. En realidad, representaba una monstruosa anomalía histórica, el resultado de una concatenación histórica peculiar de circunstancias. La Unión Soviética de Stalin se basaba en una contradicción fundamental. La economía nacionalizada y planificada estaba en contradicción con el Estado burocrático. Incluso en la época de los primeros planes quinquenales, el régimen burocrático era responsable de pérdidas colosales. Esta contradicción no desapareció con el desarrollo de la economía, sino que, por el contrario, ésta se hacía cada vez más insoportable hasta que finalmente el sistema se derrumbó por completo.
Esto es asumido por todo el mundo. Sin embargo, ser sabios sobre el pasado es relativamente fácil. No es tan fácil predecir los procesos históricos de antemano, pero esto fue ciertamente el caso en los notables escritos de Ted Grant sobre Rusia, que trazaron con precisión gráfica la caída del estalinismo y predijeron su resultado. Sólo en estos escritos nos encontramos con un análisis exhaustivo de las causas de la crisis del régimen burocrático, que aún hoy en día sigue siendo un libro sellado con siete sellos para todos los otros comentaristas de los acontecimientos de la antigua URSS.

El análisis de Trotsky

El punto de partida del libro Rusia de la revolución a la contrarrevolución fue el brillante análisis realizado por León Trotsky en su obra maestra La revolución traicionada, escrita en 1936, que aún hoy en día conserva todo su vigor y relevancia original. Nadie que seriamente quiera entender lo que ha sucedido en Rusia puede pasar por alto este gran trabajo de análisis marxista. Sin embargo, por razones comprensibles, Trotsky no proporcionó un análisis acabado, de una vez y para siempre de la naturaleza de clase del estado soviético, pero dejó abierta la cuestión de qué dirección tomaría finalmente.
El gran marxista ruso entendió que el destino de la Unión Soviética estaría determinado por la lucha de las fuerzas vivas, que estaban a su vez inseparablemente conectadas con los movimientos a escala mundial: tales acontecimientos no se podían predecir de manera precisa. De hecho, la forma peculiar en que la Segunda Guerra Mundial se desarrolló tuvo un efecto decisivo en el destino de la Unión Soviética, que nadie anticipó. Trotsky escribió:
"Es imposible en la actualidad responder final e irrevocablemente la pregunta de en qué dirección las contradicciones económicas y sociales de los antagonismos de la sociedad soviética se desarrollarán en el transcurso de los próximos tres, cinco o diez años. El resultado depende de la lucha de las fuerzas sociales –no a nivel nacional, sino más bien a nivel internacional. En cada nueva etapa, por lo tanto, un análisis concreto es necesario de las relaciones reales y tendencias en su conexión e interacción continua” (Trotsky, La revolución traicionada, p. 49).
Trotsky tuvo la precaución de colocar un signo de interrogación sobre el futuro del Estado soviético. Su predicción fue que la burocracia estalinista con el fin de preservar sus privilegios, "inevitablemente, en las etapas futuras para asegurar su posición, restablecería las relaciones capitalistas de propiedad", se demostró que fue absolutamente correcta. El espectáculo repugnante de líderes, gerentes y funcionarios de toda la vida del Partido Comunista, rompiendo su carnet del partido para transformarse abiertamente en "empresarios", con la misma facilidad que un hombre pasa de un compartimento de un tren a otro, muestra hasta qué punto el régimen estalinista era ajeno al genuino socialismo.
Trotsky no esperaba que el régimen estalinista durará tanto como lo hizo. Es cierto que en su última obra, Stalin, sí sugirió que el régimen podría durar décadas en su forma actual, pero el libro estaba sin terminar en el momento de su asesinato, y no pudo desarrollar esta idea. La Unión Soviética emergió fortalecida enormemente de la Segunda Guerra Mundial. El régimen estalinista, que Trotsky consideraba como una aberración histórica temporal, sobrevivió durante décadas. Esto tuvo un efecto profundo, sobre todo, sobre la conciencia de las masas y de la propia burocracia.
Trotsky tenía la esperanza que el régimen estalinista sería derrocado por una revolución política de la clase obrera. Pero si esto no sucedía, se planteó la posibilidad en una cierta etapa que el proceso de contrarrevolución burocrática conduciría a la destrucción de las relaciones de propiedad establecidas por la revolución de octubre:
"La contrarrevolución se pone en funcionamiento cuando el motor de las conquistas sociales progresistas se empieza a desmontar. Parece que no hay fin a este desmontaje. Sin embargo, una parte de las conquistas de la revolución siempre se conserva. Por lo tanto, a pesar de las distorsiones burocráticas monstruosas, la base de clase de la URSS sigue siendo proletaria. Pero debemos tener en cuenta que el proceso de desmontaje aún no se ha completado, y el futuro de Europa y del mundo durante las próximas décadas, todavía no se ha decidido. El Termidor ruso, sin duda, abriría una nueva era de dominación burguesa, si esta no se hubiese demostrado obsoleta en todo el mundo. En cualquier caso, la lucha contra la igualdad y el establecimiento de diferenciaciones sociales muy profundas, hasta ahora, ha sido incapaz de eliminar la conciencia socialista de las masas o la nacionalización de los medios de producción y de la tierra, que eran las conquistas socialistas básicas de la revolución. A pesar de menospreciar estos logros, la burocracia aún no se ha aventurado a recurrir a la restauración de la propiedad privada de los medios de producción". (Ibid., Pp. 405-6)
La perspectiva de la restauración capitalista en Rusia y sus repercusiones fue explicado con una notable previsión por Trotsky en 1936:
"Un colapso del régimen soviético provocaría inevitablemente el colapso de la economía planificada, y por lo tanto la abolición de la propiedad estatal. El lazo obligado entre los trusts y las fábricas en el seno de los primeros, se rompería. Las empresas más exitosas tendrían éxito en su camino de independencia. Podrían convertirse en sociedades por acciones, o podrían encontrar cualquiera otra forma de transición de la propiedad tal como en la que los trabajadores participan en las ganancias. Las granjas colectivas se desintegrarían al mismo tiempo y con mucha más facilidad. La caída de la dictadura burocrática actual, si no se sustituye por un nuevo poder socialista, significaría por lo tanto un retorno a las relaciones capitalistas con una caída catastrófica de la economía y de la cultura". (León Trotsky, La revolución traicionada, pp. 250-1)
Lo que sorprende es la forma brillante en la que Trotsky anticipó las principales líneas de lo que realmente ocurrió en Rusia. En completo contraste con la claridad del enfoque de Trotsky vemos la quiebra teórica y práctica de la teoría del "capitalismo de Estado", que en diferentes formas ha ocupado las mentes de diferentes sectas ultraizquierdistas durante décadas. Después de la Segunda Guerra Mundial Ted Grant desarrolló y extendió el análisis del bonapartismo proletario de Trotsky, en particular La teoría marxista del Estado, la cual demolió totalmente la idea del capitalismo de Estado en Rusia.
De acuerdo con esta "teoría", el régimen de la URSS ya era capitalista hace mucho tiempo ¿Por qué, entonces, debían los trabajadores molestarse en defender las viejas formas de propiedad estatal (capitalismo de Estado) contra la burguesía naciente, ya que no hay diferencia entre ellos? Esta línea de argumentación, que desarma completamente a la clase obrera frente a la contrarrevolución capitalista, es un claro ejemplo de cómo una teoría falsa conduce inevitablemente a un desastre en la práctica.
La crisis del estalinismo no tenía nada en común con la crisis del capitalismo (o "capitalismo de estado"). Esto último es el resultado de la anarquía del mercado y de la propiedad privada. Pero no había nada parecido a una crisis de sobreproducción en el caso de la URSS, que se basaba en una economía nacionalizada y planificada, aunque afligida con todos los males de la burocracia, la corrupción y la mala administración.
A esto hay que añadir el carácter limitativo del Estado-nación, que ha sobrevivido a su utilidad y se ha convertido en una traba gigantesca para el desarrollo de las fuerzas productivas. Esto explica por qué todos los países, incluso la mayor superpotencia, están obligados a participar en el mercado mundial. Esto fue predicho por anticipado por Marx. Es también la razón por la cual la idea del socialismo en un solo país es una utopía reaccionaria.

Caricatura de socialismo

Lo que fracasó en Rusia y Europa del Este no fue el comunismo ni el socialismo, de la manera entendida por Marx o Lenin, sino una caricatura burocrática y totalitaria. Lenin explicó que el movimiento hacia el socialismo requiere el control democrático de la industria, la sociedad y el Estado por parte del proletariado. El verdadero socialismo es incompatible con el gobierno de una élite burocrática privilegiada, lo que inevitablemente se acompaña de colosal corrupción, nepotismo, despilfarro, mala gestión y caos.
Las economías nacionalizadas y planificadas de la URSS y Europa del Este lograron resultados sorprendentes en los campos de la industria, la ciencia, la salud y la educación. Pero, como Trotsky predijo ya en 1936, el régimen burocrático en última instancia, socavó la economía nacionalizada y planificada y preparó el camino para su colapso y el retorno del capitalismo.
¿Cuál es el balance de la revolución de octubre y el gran experimento de la economía planificada que le siguió? ¿Qué implicaciones tienen para el futuro de la humanidad? Y qué conclusiones pueden extraerse de éstas? La primera observación debe ser evidente por sí misma. Tanto como si se está a favor o en contra de la Revolución de Octubre, no puede haber ninguna duda de que este único acontecimiento cambió el curso de la historia del mundo en una forma sin precedentes, todo el siglo XX estuvo dominado por sus consecuencias. Este hecho es reconocido incluso por los comentaristas más conservadores y quienes son hostiles a la Revolución de Octubre.
Huelga decir que el autor de estas líneas es un firme defensor de la revolución de octubre. Lo considero como el mayor acontecimiento único en la historia humana. ¿Por qué digo esto? Porque aquí por primera vez, si excluimos a ese evento glorioso, pero efímero, que fue la Comuna de París, millones de hombres y mujeres comunes derrocaron a sus explotadores, tomó su destino en sus propias manos, y por lo menos comenzaron la tarea de transformar la sociedad.
Que esta tarea, en condiciones específicas, se desvió a través de canales imprevistos por los líderes de la revolución, no invalida las ideas de la Revolución de Octubre, ni disminuye la importancia de las conquistas colosales hechas por la URSS durante los 70 años que siguieron.
Los enemigos del socialismo responderán con desprecio que el experimento terminó en un fracaso. Contestamos con las palabras de ese gran filósofo, Spinoza, que nuestra tarea no es ni llorar ni reír, sino entender. Sin embargo, uno puede buscar en vano en todos los escritos de los enemigos burgueses del socialismo, una explicación seria de lo que ocurrió en la Unión Soviética. Sus llamados análisis carecen de toda base científica porque están motivados por el odio ciego que refleja claramente los intereses de clase.
No fue la burguesía degenerada de Rusia, que fue arrojada al basurero de la historia en octubre de 1917, sino la economía nacionalizada y planificada lo que condujo a Rusia a la era moderna, a la construcción de fábricas, carreteras y escuelas, a la educación de los hombres y las mujeres, creando brillantes científicos, edificaciones, el ejército que derrotó a Hitler y puso al primer hombre en el espacio.
A pesar de los crímenes de la burocracia, la Unión Soviética se transformó rápidamente de una economía atrasada semifeudal en una nación industrial avanzada, moderna. Al final, sin embargo, la burocracia no estaba satisfecha con la colosal riqueza y los privilegios que había obtenido a través del saqueo del Estado soviético. Como predijo Trotsky, la burocracia se pasó al campo de la restauración capitalista, transformándose de una casta parasitaria a una clase dominante.
El movimiento hacia el capitalismo ha significado un gigantesco paso atrás para el pueblo de Rusia y las antiguas repúblicas de la URSS. La sociedad retrocedió hacia un abismo y tuvo que aprender todas las ventajas de la civilización capitalista: el fanatismo religioso, la prostitución, las drogas, y todas las otras "bondades" del capitalismo. Por el momento, el régimen de Putin ha logrado consolidarse. Pero su aspecto de fortaleza es ilusorio. El capitalismo ruso, al igual que la cabaña en el cuento de hadas ruso, está construido sobre patas de gallina.
El talón de Aquiles del capitalismo ruso es que ahora está vinculado por un cordón umbilical a la suerte del capitalismo mundial. Está sujeto a todas las tormentas y tensiones de un sistema que se encuentra en una crisis terminal. Esto tendrá un impacto profundo en Rusia, tanto económica como políticamente. Tarde o temprano, los trabajadores rusos se recuperarán de los efectos de la derrota y pasarán a la acción. Cuando esto suceda se volverán a descubrir rápidamente las tradiciones de la Revolución de Octubre y las ideas genuinas del bolchevismo. Ese es el único camino a seguir por los trabajadores de Rusia y de todo el mundo.

Alan Woods
Londres 7 de enero de 2017

Fidel, a 3 meses de su partida

El día en que se conmemoraba la partida del Granma, exactamente en ese mismo día como seguramente lo quiso, Fidel partió en busca de nuevos horizontes de lucha. Lo hizo en la seguridad de que la siembra que hizo a lo largo de su vida ya había germinado. Que sus enseñanzas serían imperecederas. Que el capitalismo conduce a la humanidad a su extinción. Que sólo el socialismo y el comunismo le otorgarán condiciones para la sobrevivencia.de la especie humana. Que la lucha contra el imperialismo es un combate que se libra día a día, bajo diversas formas y que sólo finalizará con la derrota definitiva del monstruo. Que jamás éste admitirá la soberanía, la autodeterminación y la felicidad de los pueblos. Que apelará a cualquier recurso para mantenernos bajo su yugo. Que el socialismo y el comunismo son por definición internacionalistas y solidarios, como lo fue la Revolución Cubana bajo su inspiración. Y como lo seguirá siendo. Por eso Fidel vive en cada una y en cada uno que lucha sin descanso por un mundo mejor. Fidel se fue pero está como inspiración, ejemplo, estímulo. Como una vez también se fue Bolívar, y algunos hombres pequeños y mediocres pensaron que se había ido para siempre. No se dieron cuenta de que volvería, sólo que de otro modo, como lo asegura la bella poesía de Pablo Neruda. Como se fue el Che, para al poco tiempo regresar y estar presente en todas las luchas a lo ancho y a lo largo del planeta. Como lo está Chávez, eterno en el alma de nuestros pueblos. Y lo mismo ocurrirá con Fidel, más presente que nunca sólo que bajo otra forma. Iluminándonos como la reencarnación contemporánea del Quijote, ese amante de las utopías realizables que vivía para “Soñar el sueño imposible, luchar contra el enemigo imposible, correr donde los valientes no se atrevieron, alcanzar la estrella inalcanzable. Ese es mi destino.” Seguiremos por el camino que nos ha señalado, hoy más que nunca Comandante. ¡Hasta la victoria siempre!

Atilio A. Boron

Razonables

El diario La Opinión, bajo la mítica dirección de Jacobo Timmerman, funcionaba en la calle Reconquista, a pasos de Tucumán, debía ser más o menos a mediados de 1972. Uno de sus empleados, lo recuerdo como un chico algo extravagante de apellido Barraza, a quien había conocido cuando trabajábamos para que Arturo Frondizi fuera presidente, venía por la calle Tucumán desde el Bajo cuando fue interpelado, en pleno día, por un sujeto que, armado con una pistola que no apuntaba al vacío, le dijo, como si se tratara de un sainete porteño, “dame la guita”. Lo único que se le ocurrió decir no era el tradicional “no tengo nada encima” sino “Hermano, vos y yo somos víctimas de la injusticia social, te comprendo pero no te puedo ayudar”. El delincuente le respondió de inmediato, “No importa, dame la guita”. “Tenés que ser razonable, no es a gente como yo a la que tenés que sacarle la guita sino a otros. Así como yo te comprendo tenés que admitir que lo que te estoy diciendo es razonable”. “Estoy de acuerdo” respondió el otro “y me gustaría discutirlo con vos pero antes dame la guita”.
El episodio fue muy celebrado en el diario pero Barraza perdió lo poco que llevaba y la sarcástica inte retación que los oyentes hicieron no pudo no apuntar a una situación de fondo, vieja como la especie: el razonamiento, lo razonable, puede ser respetado pero los actos tienen motivaciones que pasan por encima sin piedad.
Sea como fuere, y antes de entrar en esas cenagosas profundidades, hay que decir, de una manera más simple, que cuando alguien apunta con un arma es por lo menos difícil que sea razonable, en general está excitado y apurado por cerrar el trámite o, en todo caso, puede llegar a serlo si el apuntado es eficaz en su explicación, cosa rara, pero eso no le impide que se salga de la suya aunque acepte que no es razonable. La situación del razonable Barraza, y por eso la evoco, es muy característica de una mentalidad que se difundió mucho en la década del 70, cuando era corriente explicar la relación entre delincuencia y explotación por las mismas razones. No se sabe si unos y otros, delincuentes y explotados, lo agradecían o si creían, más bien, en cierto fatalismo de la historia, ese mecanismo perverso que Michel Foucault explicó con mucha claridad en Vigilar y castigar.
Pero lo peor es la situación contraria, o sea cuando el que tiene el arma le sugiere al amenazado que sea razonable y afloje. Ejemplo impresionante y en una escala mayor: en la espléndida novela de Arthur Koestler, Oscuridad a mediodía, un viejo bolchevique acusado de traiciones al sistema que no cometió tiene que escuchar a un antiguo camarada que lo quiere convencer de que sea razonable y acepte esas acusaciones, que lo llevarán al cadalso. Lo logra, la revolución ante todo, ante la verdad inclusive, un dilema que no era tal y que dio lugar a numerosas reflexiones, la de Merleau-Ponty, las del propio Koestler, las de Victor Serge y así siguiendo: sobre esa particular razonabilidad se generó el estalinismo con las consecuencias conocidas, para qué abundar ahora.
Esto quiere decir que lo razonable va y viene pero en ambos casos, y con diferentes objetivos, se trata de que alguien acepte algo que no le conviene. El usurero, por ejemplo, o el banquero –es más o menos lo mismo– trata de que el ahorcado por el préstamo sea razonable y entregue su casa, sus muebles, su auto, su mujer y, por añadidura, de que quede convencido de que eso es razonable y que debe estar feliz y agradecido porque eso le esté pasando. Más o menos como pasa con un despedido: lo echan del empleo y lo quieren convencer que eso es lo mejor para él, que seguir en el mismo lugar es aburrido y frena sus posibilidades de desarrollo y que, a partir de ahí, se encontrará con su inventiva, gran satisfacción, y podrá acceder a un éxito que antes le era ajeno.
La razón, entonces, sirve para lo peor cuando fue creada por el ser humano para lo mejor. Es usada, como usan los financistas ciertos descubrimientos hechos por Carlos Marx cuando describió algunos aspectos de la dinámica del capital. ¿Cinismo conceptual?
¿A qué viene este tema en las actuales circunstancias? Por cierto ya no se habla tanto de despedidos, a quienes los echaron por su bien y no debían obstinarse en no comprenderlo; ni de la cárcel de Milagro Sala –a quien se le hace el favor de que acepte la prisión para que piense en la perversidad de lo que hizo cuando anduvo entregando casas y construyendo escuelas, piletas y esas cosas–; ni de nosotros respecto de los Papers que no comprendemos cómo el dinero puesto off-shore por la familia Macri es lo mejor que podía pasarnos; ni de las enfermas arcas del estado a las que las sanaron quitando las retenciones a las exportaciones; ni de las importaciones a mansalva, que frenarán, para bien de ellos mismos, a esos desaprensivos industriales argentinos, que no son razonables y no comprenden el bien que se les hace poniendo al día, razonablemente, el precio del agua, la luz, el gas, los impuestos, el transporte.
En realidad los razonables nunca hablaron de esas cosas, pero ahora han aparecido lenguaraces que tienen un discurso razonable mediante el cual explican con toda precisión que quienes los escuchan deben ser también razonables, “entendámonos. Antes una terrible dictadura impedía hacerlo, hagámoslo ahora”, con estrépito de pífanos final.
El principal es, qué duda cabe, el mismísimo Macri; con esa sonrisa puesta en su quijada y con una entonación entre melosa y gelatinosa, emplea, como si se dirigiera a niños que se van a dormir, diversos recursos para persuadir que todo va a pedir de boca: casi no hay inflación, los razonables aumentos a los servicios públicos levantarán el nivel de vida, estamos alcanzado el cero pobreza prometido.
A su sombra, y a su ejemplo, políticos y gremialistas, todos razonables, aceptaron ésos con muchas ganas llamados argumentos, lo cual se comprende, sobrevivir es la ley primera, pero fenómeno más excitante es el discurso de periodistas, pensadores y aun filósofos, genéticamente hablando, a los que Macri los ha estimulado para que sacaran la cabeza a fin de explicar a los obstinados que se emperran en no ser razonables, por qué debe estar bueno que nos vaya mal, cuánto nos conviene que nos quiten todo; supongo que sostienen que si Gramsci, nada menos, lo pensó todo en la cárcel, por qué no lo podríamos hacer nosotros, qué tiene de malo estar solo, mucho podemos esperar de Milagro.
Hablan con calma, como doctores que la han pensado mucho, ponderan, no gritan, casi no denigran, pesan y miden, evalúan y proponen. La palabra más adulterada de los últimos tiempo, “ley”, no se les cae de la boca, quién no se atiene a ella, de lo contrario es el caos; en ese tono razonable no falta la pizca de psicoanálisis, sobre todo en su aspecto comprensivo de “las cosas son como son y de nada vale que sean rechazadas”, “piense no sólo que no hay vuelta que darle sino que, razonablemente, le va a convenir admitirlo, es para su bien”; la crítica, sentencian, es antagónica de la sensatez y conduce a la soberbia y de ahí al error, la verdad está en la sensibilidad, un sentimiento que descarta reclamaciones, pedidos, derechos, no hay nada mejor que sentir; proponen, razonablemente, “mejorar” lo que estaría deficientemente encarado, lo real, “el real”, como dirían seguidores de Lacan en una mala traducción, está ahí, acéptenlo y corríjanlo pero sin modificarlo, lo razonable es un es como es.
En su intención inequívoca de convencernos de nuestra torcida manera de considerar eso que con desafiante prosopopeya llaman “gestión” siento algo así como el dulce cántico de las sirenas que intenta penetrar en los oídos de los marineros que somos todos en la barca argentina que viaja a los barquinazos hacia una tierra prometida de justa distribución. ¿Qué hacemos? ¿Consideramos que lo que dicen es atendible, razonable, y puede ser discutido o bien nos tapamos los oídos? El legendario Ulises optó por los tapones y pudo llegar a su casa. Me está pareciendo que es lo mejor que podemos hacer si alguna vez queremos llegar a la prometida tierra de una justa distribución.

Noé Jitrik

Brasil: radiografía de un régimen



Por un congreso de bases del movimiento obrero para enfrentar al ajuste

La brutal crisis capitalista que sacude a Brasil y que ya se prolonga por más de dos años tiende a una disgregación completa del Estado, a crisis políticas cada vez más acentuadas y a una enorme miseria social de su población.
Aunque los datos oficiales de la desocupación arrojen una cifra de 12 millones de desocupados, existen registros que elevan la cantidad a unos 20 millones si se computara a todos aquellos que han abandonado la búsqueda de un empleo por desaliento o realizan changas para sobrevivir (cifras de la Confederación Nacional de la Industria publicadas en el diario O Globo del 8/2). La contracara de esta situación es la de una clase obrera ocupada que está soportando niveles de súper-explotación y empobrecimiento intolerables que deberán agravarse en el futuro de aprobarse en el congreso las “Reformas Laboral y de la Seguridad Social” que contemplan la flexibilización laboral, la generalización de las tercerizaciones y el aumento de la edad jubilatoria a 65 años para ambos sexos.
Este plan de guerra contra los trabajadores es una exigencia de toda la clase capitalista golpeada por la crisis mundial. El parlamento votó a fines del 2016 un paquete de austeridad que congela los gastos del presupuesto para salud, educación y obras públicas por 20 años. Temer pretende rescatar a la quebrada economía capitalista sobre la base de ataques sin precedentes sobre las conquistas sociales y laborales de las masas trabajadoras pauperizadas. El gobierno de Dilma y el PT-PMDB ya habían implementando previamente una “Ley de Protección del Empleo” que habilitaba a las grandes patronales a reducir de la jornada laboral recortando el 30% del salario en aquellas empresas que adujeran estar pasando dificultades o crisis, mientras que, por otro lado, brindaban todo tipo de exenciones fiscales y subsidios estatales a esta misma industria pesada y a los terratenientes del agronegocio.
La creciente miseria popular hizo que la demanda por los planes sociales “Bolsa Familia” (paupérrimos 340 reales) haya saltado un 35% en 2016. Un reciente informe del Banco Mundial, al que no puede acusarse de ser catastrofista, señala que de no revertirse el cuadro recesivo del país “el número de pobres debe llegar a 21 millones de personas en el 2017 de los cuales 9.4 millones estarán en la extrema pobreza” (ídem, 13/2).
La recesión de los estados más industrializados del país llevó a sus PBIs a retroceder a los niveles de 6 años atrás. La construcción civil y la industria están paralizadas y los bancos con enormes carteras de créditos morosos e incobrables (57% de las familias brasileras están endeudadas y miles de empresas y comercios han ido a la quiebra con créditos impagos).

Crisis políticas, luchas y el recurso de la intervención militar

El régimen político que nació como producto de un golpe institucional se ve jaqueado a diario por la andanada de denuncias de corrupción y saqueo de las finanzas y empresas públicas que involucran al propio Temer (mencionado 43 veces en la delación premiada de ejecutivos de Odebrecht), junto a un tercio de los senadores y diputados de la nación que están siendo investigados. Vale recordar que en nueve meses en el poder temer perdió seis ministros por denuncias de corrupción y otros seis se encuentran procesados. El otrora poderoso presidente del Senado, Eduardo Cunha (PMDB), quien comandó el impeachment a Dilma, está preso por el desfalque a Petrobras. Desde los tres poderes del Estado se ha puesto en marcha un operativo de impunidad para frenar las investigaciones, proteger a los políticos imputados y amnistiar a los funcionarios y empresarios encarcelados.
Por otro lado, las masas golpeadas por las políticas impopulares de Temer intentan abrirse un rumbo: se ve en la huelga de un mes de trabajadores estatales en Florianópolis, en las periódicas manifestaciones en Rio por el salario y contra la privatización del agua, o como a fines del 2016 con las ocupaciones de 1.200 escuelas y facultades por los estudiantes contra el recorte presupuestario y las reformas (anti) educativas.
Frente a este cuadro convulsivo, Temer se apresta a firmar un decreto de “Garantía de la ley y el Orden” que le da atribuciones para tomar medidas de seguridad excepcionales como la de movilizar al ejército en el ámbito interno para que ejerza el control social, utilizar la represión cuando el orden se encuentre amenazado por personas, grupos u organizaciones, así como realizar tareas “inteligencia” e infiltración sobre estos. En el mismo sentido, el PT ya había implementado una “Ley anti-terrorista” en medio de las multitudinarias movilizaciones en contra del aumento del transporte público y el despilfarro del presupuesto en beneficio de las grandes constructoras.
Ante la amenaza de huelgas policiales en algunos estados y luego de las brutales masacres en las prisiones en el norte, Temer decretó la movilización del ejército, enviando 9 mil soldados a Rio, 3.200 a Espírito Santo y otros miles a Amazonas, Rondônia y Natal colocando a la intervención militar como único recurso disponible para afrontar cada crisis que se le abre en los estados colapsados por la bancarrota. Estamos en presencia de un régimen político extremamente débil y anti-popular (13% de aprobación ciudadana) que debe llevar a cabo un plan de guerra contra las masas y que para ello ha comenzado a emplear a las fuerzas armadas para amedrentar a aquellos que salen a luchar por salario, en defensa del empleo y contra la carestía de vida.
En varias ciudades están proliferando los temibles grupos de exterminio (Goiás, Pará, São Paulo, Bahía) y las milicias para-militares, como es el caso de Rio donde ya dominan parte del territorio capitalino.
La burguesía ha desatado una sangrienta guerra civil contra las masas empobrecidas que se cobró nada menos que la vida de 60 mil personas en el último año y mantiene en condiciones infra-humanas a 640 mil presos, la cuarta población carcelaria del mundo.

El PT

Lula ha comenzado una campaña dentro del PT para que se abandone la tesis “golpista” y así concentrarse en la campaña electoral del 2018 que lo llevaría a él mismo en la fórmula presidencial, eso si la operación Lava-Jato antes no lo lleva a él también a la cárcel. Otro de los cuadros partidarios, el ex alcalde de São Paulo Haddad, ya había manifestado a la prensa que “sostener que ha habido un golpe (de Temer) es un poco fuerte”. Esta posición se hizo pública en la última edición de la revista derechista “Veja”, donde en un reportaje al senador del PT y ex ministro de Lula, Humberto Costa, este confesó que existe un importante número de cuadros partidarios que proponen directamente “abandonar el discurso de la denuncia del golpe” y prepararse para las presidenciales del 2018 (Veja del 18/2). En el parlamento de Rio de Janeiro, diputados del PT aprobaron la privatización del agua a pedido del gobernador Pezão del PMDB.
Varios diputados del PT y el bloque de 12 diputados del PCdoB, su histórico aliado, votaron recientemente por el candidato de Temer, Rodrigo Maia (del oligarca DEM), para presidir la cámara de diputados. Maia es el hombre clave que comandará la votación en los próximas semanas de todas las reformas y medidas reaccionarias que el Ejecutivo envió al parlamento (laboral, jubilatoria, ajustes e impuestazos).
La CUT petista y el resto de las centrales sindicales ni siquiera amenazan con convocar a un paro nacional para enfrentar la catástrofe social que se ciñe sobre la clase obrera y las pocas medidas de lucha que convoca son aisladas y de aparato. Han dejado pasar millones de despidos sin inmutarse. De la bravuconada de su presidente Vagner Freitas de que irían a resistir con las armas en la mano el golpe contra Dilma pasaron a la más completa inmovilidad frente al ataque en regla del gobierno anti- obrero. A los trabajadores brasileños se les impone como una necesidad vital la recuperación de sus organizaciones sindicales para no continuar pagando la crisis del capital con sus sacrificios.
El PT, luego de ser arrojado del poder por sus aliados derechistas, aún pretende jugar actuar como un factor de estabilización política a través de sus parlamentarios “colaboracionistas” y de contención de los trabajadores por medio de las organizaciones sociales y sindicales que aún le son afines.

La izquierda

El Psol ha comenzado a negociar con el PT algún tipo de acuerdo político para la elección presidencial del próximo año. Su dirección lanzó un llamamiento el 12 de febrero a la conformación de un reagrupamiento de la izquierda sobre la base de un frente que ya existe y que ellos mismo integran, el “Frente Pueblo Sin Miedo”, que nuclea nada menos que a la CUT, a decenas de movimientos sociales cooptados en su momento con prebendas por el PT. Aquí también militan la juventud del PCdoB y el gremio estudiantil UNE por ellos dirigido. A este frente con los retazos del PT lo caracteriza como “una construcción de una herramienta amplia e innovadora”. Ya en las pasadas elecciones municipales el Psol de San Pablo llevó como candidata a Luiza Erundina, una ex ministra de Itamar Franco expulsada del PT por “neoliberal”, mientras que el candidato por Rio, Marcelo Freixo, llamaba a no “demonizar al capital privado”.
La consigna que hoy están impulsando es la de “Fuera Temer, por un plebiscito para pedir elecciones anticipadas”, una salida electora, cuando lo que correspondería ahora es llamar a levantar un congreso de trabajadores que discuta un plan de lucha nacional, llamar a ocupar las calles y lugares de trabajo, y exigir a las centrales sindicales a la huelga general para derrotar las reformas anti populares que se cocinan por estos días en el congreso reaccionario.
El PT, luego de co-gobernar por 15 años junto al PMDB y los partidos evangélicos, alimentando los grandes negocios del capital financiero, de la “patria constructora” e industrial como Odebrecht, Camargo Correa, Andrade Gutierres, Itaú, Bradesco, etc. (Lula reivindicó que “nunca los bancos ganaron tanto dinero como durante mi gobierno”), ahora propone armar un "frente de izquierda". Expulsados del poder mediante un golpe por sus ex aliados de derecha y con varios dirigentes presos por corrupción y otros desertando de sus filas, ahora buscan su sobrevivencia política mediante una alianza con los partidos de la pequeña burguesía como REDE (de la evangélica Marina Silva), del PDT (una parte de sus legisladores votaron contra Dilma en el impeachment) y del Psol.
La izquierda brasileña sólo podrá reconstruirse sobre bases socialistas y revolucionarias, delimitándose del PT y de los partidos democratizantes para plantearse como una alternativa política independiente, colocándose como tarea inmediata la convocatoria a un congreso de trabajadores que discuta un programa y medidas de acción para enfrente la catástrofe social capitalista que amenaza con la miseria y la barbarie a nuestra clase.
Esta es la radiografía de un régimen económico, social y político incapaz de ofrecer una salida a las masas trabajadoras, pobres y juveniles en el cuadro de la mayor crisis de la historia brasilera. Sólo un gobierno de los trabajadores de la ciudad y del campo pondrá un fin a esta catástrofe capitalista de violencia, desempleo y pobreza extrema.

Hernán Gurián

El Congreso de Podemos, un capítulo de la crisis



Podemos, el partido político español de la “nueva izquierda” que se proclamó sucesor del Movimiento de Indignados del 15 M, realizó el 11 y 12 de febrero su segundo congreso, denominado Vista Alegre II. El resultado del congreso ha sido la reelección de Pablo Iglesias como secretario general, el dominio del Consejo Ciudadano por su facción y la aprobación mayoritaria de su programa.
Lo primero a destacar es el aspecto burocrático y sin discusión política de este Congreso. Podemos, que se reclama expresión de una nueva forma de hacer política, reproduce los peores aspectos de los aparatos. Para ser miembro de Podemos y votar en el Congreso, basta con apretar un botón en Internet. Los círculos de base no tienen ningún poder ni autonomía; existen en el papel. El Secretario General hace y deshace según su voluntad soberana.
Es así como en el Congreso « votaron » 150.000 personas y la reunión final de 8.000 asistentes se limitó a un show de discursos y a la espera de que Internet diera los resultados.
En Vista Alegre I, hace 3 años, este montaje burocrático facilitó la construcción de una « máquina de guerra electoral ». Hubo éxitos importantes en las elecciones ; las últimas, sin embargo - junio del 2016, cuando Podemos se alió con Izquierda Unida (PC e Izquierda Republicana), dio lugar a un retroceso de 1.000.000 de votos.
La estrategia electoral de Podemos entró en un bloqueo; no pudo concretar su alianza con el PSOE ni proponer nada diferente. La forma de gobierno parlamentario está totalmente quebrada en España y todas las fracciones políticas de la burguesía exhiben su impotencia y su deblace. Esto incluye al PSOE, en primer lugar.

Crisis de conjunto

El retroceso de Podemos se explica por el pantano en el que se desenvuelven las tendencias de la izquierda democratizante en Europa y en España.
El Estado español es un eslabón débil de la crisis europea, con su sistema bancario quebrado que traga billones de dólares y la incapacidad de la burguesía de estructurar un gobierno que imponga la política de salvataje capitalista, la austeridad, la miseria de las masas, la eliminación de las conquistas obreras. Las reivindicaciones nacionales, un dato no menor, son a la vez un factor que debilita a la burguesía.
¿Cómo lograr una forma parlamentaria de gobierno en estas condiciones? Podemos anunció el milagro – la hipótesis de un gobierno junto al PSOE - y para ello diluyó su programa al máximo -nada de anulación de deudas, ningún ataque a la propiedad capitalista, estatizaciones para salvar al sistema, no a la ruptura con la UE. Portugal es el espejo. Un gobierno del PS es apoyado por el Bloque de Izquierda y hace marchar el plan de austeridad. A su vez, la dirección de Podemos se ha cuidado muy bien de criticar a Syriza y su acuerdo con la UE, una verdadera catástrofe para el pueblo griego.
En España, el PSOE retrocedió pero no se disolvió al nivel de Grecia. Sigue ocupando un lugar central en el juego electoral y parlamentario. Cualquier alianza institucional pasa por el PSOE. El anterior secretario general Pedro Sánchez estaba orientado a un acuerdo con Podemos pero fue liquidado en una maniobra de aparato. ¿Quiénes la promovieron? Nada menos que El País y otros voceros del capital, que lo acusaron de aventurero, reflejando que la burguesía no está de acuerdo hoy en un gobierno de frente popular para el enésimo ajuste que tiene planteado. Resultado : Podemos se quedó sin interlocutor, mientras la crisis en el PSOE se sigue procesando.
Entonces, ninguna de las cuestiones centrales del poder burgués en España está en vías de resolución: la aplicación de la austeridad, la crisis de la UE, las reivindicaciones nacionales, un gobierno que gobierne. Podemos se ha quedado en el aire, en sus diversas variantes. No se lo quiere como salida desesperada a la crisis y no puede avanzar en una fórmula normal.

La crisis de Podemos, fruto del impasse

La dirección de Podemos cosechó lo que había sembrado y mostró su verdadera cara: un núcleo que busca el poder sin programa, sin atención al movimiento obrero, a las movilizaciones, a la lucha por la emancipación. Errejón propuso lisa y llanamente profundizar la busqueda de las alianzas parlamentarias, esto es, llegar a un acuerdo cualquiera sean las condiciones. Iglesias quiere salvar el rol de Podemos como «último recurso» para evitar una crisis abierta y postula un mínimo de endurecimiento para asustar a sus futuros socios y llevarlos a una negociación.
Las diferencias dieron lugar a una multitud de maniobras y a un mínimo de debate y el resultado ha sido un Congreso que refuerza a Iglesias pero que no resuelve nada.
A lo largo del congreso, los asistentes se dedicaron a corear la consigna de Unidad Unidad, ante el clima de hostilidad abierta entre las dos principales fracciones y las amenazas de Pablo Iglesias de que en caso de que su lista no obtuviera la mayoría, dimitiría a todos sus cargos. Sin embargo, no se puede confundir el histrionismo con una verdadera voluntad de ruptura. Ninguno de los dos dirigentes enfrentados tiene la intención de abandonar el barco.

Una tercera posición

El Congreso registró una tercera posición en discordia, la de Podemos en Movimiento. Tuvo algo más de 13% de los votos para el Consejo Ciudadano (pero solamente 3% de miembros electos) y menos del 10% para su documento político. Se trata de la posición impulsada por Anticapitalistas, cuyo núcleo dirigente pertenece al Secretario Unificado de la IV Internacional. En una votación sobre cuestiones organizativas en diciembre, esta corriente había obtenido el 10%. Tiene figuras públicas reconocidas, como la diputada Teresa Rodríguez en Andalucía, pero el estancamiento y retroceso de Podemos afecta seriamente su estrategia.
La participación de Anticapitalistas en Podemos responde a la línea del SU de construir «partidos amplios», esto es, organizaciones con un programa apenas democratizante, basadas en los resultados electorales, con un buen aparato y un mínimo de militancia y de discusión política de los miembros.
En el primer congreso de Podemos, Anticapitalistas se diferenció casi exclusivamente sobre cuestiones organizativas. La total falta de democracia en Podemos amenazaba su existencia y entonces impugnó el documento organizativo. Podemos necesitaba una ala izquierda e Iglesias terminó por aceptar su existencia. Es fuerte en Andalucía y Madrid.
Para este Congreso de crisis se vio obligado a presentar un documento propio. Buscó el acuerdo con Iglesias (que se consumó en Madrid) pero no fue posible una línea política común.
¿Cuál es el balance del Congreso que hace Anticapitalistas? La dirección se muestra satisfecha (Manuel Gari). Dice que Vista Alegre fue mucho ruido y pocas nueces pero que los Anticapitalistas dieron una lección política. Un militante de Madrid se muestra más realista : «jugamos como nunca, perdimos como siempre» (Viento Sur, 14/2)
Las ideas revolucionarias no pueden progresar en el cuadro de Podemos, por la base política que lo define y la práctica organizativa, concebida para excluir a los militantes. Anticapitalistas puede sobrevivir solamente gracias a una permanente adaptación.
Fenómenos como Podemos deben ser seguidos, no por sus éxitos electorales sino porque su existencia y desarrollo se explican en parte por el apoyo y la intervención de activistas, de luchadores que ven en esta organización una continuidad de movilizaciones callejeras por reivindicaciones populares. Podemos pretende la continuidad con el movimiento del 15 M. En la crisis actual, Errejón indicó con claridad que esta herencia ya no se justifica y que tenemos que borrarla definitivamente.
Es la realidad. Podemos no es un cuadro militante y/o una estructura política en la que pueden avanzar las ideas de la lucha de clases. No es el caso de ciertos Partidos Socialistas en la década del 30, que se convirtieron en canales episódicos de la radicalización de masas – Trotsky aconsejó el entrismo en ellos, aún cuando sus programas eran abiertamente reformistas.
Podemos renuncia a la diferencia entre izquierda y derecha, no quiere saber nada con la lucha de clases. Anula toda energía que no sea electoral y de aparato. Es el balance más importante que hay que sacar de Vista Alegre II.

Carlos S. de Hortaleza y Roberto Gramar

Macri quiere superar a Menem

El presidente argentino Mauricio Macri ha hecho lo imposible por llevar al país hacia la dirección más extrema del neoliberalismo en beneficio de los grandes capitales, con la visible intención de superar al ex mandatario Carlos Sa úl Menem y convertirse en el campeón del rumbo capitalista para la región.
Macri desde que asumió el poder el 10 de diciembre de 2015 ha impuesto numerosos tarifazos que han provocado una constante inflación y la consecuente disminución del poder adquisitivo de los pobladores.
Entre las principales subidas de precios se encuentran la electricidad, agua, gas, transporte público, servicios de comunicación celular y peaje en las vías terrestres. Mientras aumentan en espiral el desempleo, los despidos laborales y se reducen las jubilaciones y las prestaciones sociales.
Los tarifazos macrianos, duplicaron los precios del transporte público y el 66 % del metro urbano; subieron en 500 % el costo de la luz; en más de 300 % el agua y gas, y 10 % de la gasolina. Esta administración se ha caracterizado por un ataque directo contra las masas más desfavorecidas
En Argentina las políticas neoliberales se iniciaron a principios de la década de 1980, tomaron impulso durante el mandato de Menem (1989-1999) y se extendieron hasta 2003 cuando comenzó la era de los Kirchner.
Carlos Menem al aplicar las directrices del Consenso de Washington a instancias del Fondo Monetario Internacional (FMI) abrió los servicios y la industria al capital extranjero y permitió la importación indiscriminada de mercancías lo que llevó al país a la debacle económica, pues la moneda argentina tenía el mismo valor del dólar. Por tanto, las mercancías importadas resultaban más baratas que las del país lo cual afectaba las producciones nacionales.
Esas incongruencias motivaron a finales de los años noventa, un profundo déficit comercial, que se remediaba con la venta de las entidades de producción y de servicios públicos. La entrada de capitales disminuyó al no existir empresas que privatizar y el país cayó en un endeudamiento comercial y público que paralizó todo y produjo en 2001 masivas manifestaciones populares.
Los bancos dejaron de funcionar, congelaron el dinero de los acreedores, la deuda externa se elevó a 95 000 millones, el desempleo llegó a más de 30 % de la población y el hambre y la miseria alcanzaron a la mitad de sus 40 millones de habitantes. Datos oficiales evidenciaron que en 2003, el 54 % eran pobres y el 27,7 % se hallaban en estado de indigencia.
Con la llegada de las presidencias de Néstor Kirchner (2003-2007) y de Cristina Fernández (2007-2015) se revertió la profunda crisis económica social.
Pero ahora Macri, al parecer superará con creces a su maestro Menem pues en los 14 meses de mandato, aumentaron el número de personas que pernoctan en las calles y los sitios de ollas colectivas populares para mal mitigar el hambre; creció la quiebra de negocios y la otrora pudiente clase media redujo su poder adquisitivo.
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) informó que a finales de 2016 las personas pobres se cifraban en 9 377 000 y los indigentes 1 905 000.
La última jugada que trató de realizar el presidente fue condonarle a su grupo familiar, una millonaria deuda que tenía con el Estado desde hacía más de una década. De esa forma intentó borrar de un plumazo el adeudo contraído desde los tiempos de Menem cuando éste puso en venta Correos Argentinos y Franco Macri (padre de Mauricio) lo adquirió en 1997 mediante una concesión de privatización.
El negocio concluyó después en forma ruidosa; los Macri lo declararon en concurso de acreedores, una especie de quiebra, y el grupo quedó en deuda con el Estado por alrededor de 300 millones de dólares.
En 2013, el ex presidente Néstor Kirchner la devolvió al Estado y comenzó un proceso legal por los montos adeudados la concesión del Correo. En ese año el Holding Macri presentó propuestas de pago del 7,7 % y 5,73 % de la deuda, o sea, condonaciones del 92,5 % y 94,27 % que fueron rechazadas por el Estado por abusivas y que enfrascó el caso en una larga guerra judicial.
Pero al llegar Mauricio Macri a la Casa Rosada, eso resultó una magnífica ocasión para hacerle un gran favor a la familia y terminar con el litigio. En junio de 2016 el Ministerio de Comunicaciones a cargo de la deuda con Correo Argentino, aceptó una nueva propuesta del Grupo Macri que se pagaría en pesos, en 15 años, con un interés del 7 % anual la más baja de todos los bancos del país.
De esa forma, se eliminaba más del 98 % (cerca de 250 millones de dólares) de la deuda que tiene la empresa con el Estado, la cual fue apelada. Los argentinos cada día comprenden mejor que su presidente pertenece a una de las familias más ricas del país que labora incansablemente por aumentar el capital familiar y el de sus coterráneos adinerados.
Ya esos regalos los había efectuado el presidente con anterioridad pues en 2016 modificó la ley de blanqueo que impedía que los familiares más cercanos a los funcionarios del Ejecutivo pudieran blanquear sus bienes y capitales no declarados.
Uno de los primeros beneficiados fue el amigo íntimo de Macri, Nicolás Caputo que recibió más de 80 millones de dólares por adjudicación de obras públicas de la empresa Nuclear Eléctrica Argentina controlada por el Estado.
Otro caso fue la adjudicación de una obra pública en un ferrocarril de la zona urbana de Buenos Aires a favor de Algelo Calcaterra, primo del presidente por valor de 3 000 millones de dólares.
Ante el escándalo por la condonación de la deuda familiar de Correo Argentino S.A., Macri debió de dar marcha atrás y una semana después, en conferencia de prensa, solicitó al ministro de Comunicación que se consulte a expertos internacionales, al Congreso y a la Auditoría antes de firmar un nuevo acuerdo con su padre, Franco Macri.
Claro, a modo de justificación, el mandatario dijo que no había sido informado del acuerdo firmado por el ministro de Comunicación, Oscar Aguad, y a la par defendió la actuación del funcionario: “Él actuó conforme a la ley”.
Con la marcha atrás, la compañía familiar podrá hacer la misma propuesta en la sede judicial, la cual sería supervisada por “expertos internacionales”, el Congreso y la Auditoría General de la Nación. Pero ya se da por seguro que la familia presidencial sacará un esplendido acuerdo.

Hedelberto López Blanch