domingo, agosto 20, 2017

La historia del imperio Benetton, el dueño de la Patagonia



Luciano Benetton es el propietario de tierras más grande del sur argentino. ¿Como construyó su imperio económico?, ¿por qué el Estado argentino y la Gendarmería lo defienden?

La Patagonia es la región más extensa del país y también es la que mayor concentración de tierras tiene en pocas manos. Formada por enormes campos planos y bellos paisajes trasandinos fue repartida sin ningún tipo de control entre excéntricos millonarios extranjeros y corporaciones multinacionales con el aval del Estado y de la Justicia. El magnate Joe Lewis, dueño y señor de todas las tierras que rodean el Lago Escondido y anfitrión de la visita al sur que hicieron juntos Obama y Macri el año pasado, es uno de ellos. También forman parte de este selecto grupo el creador de la CNN Ted Turner, los Suchard (dueños de Nestlé), el inversionista húngaro George Soros, el actor Sylvester Stallone y, hasta hace pocos años, el hijo de uno de los fundadores de Pepsico, Ward Lay. Pero quien se lleva todos los premios al terrateniente del siglo es Luciano Benetton que entre 1991 y 1997 acumuló 900.000 hectáreas. Lo que equivale casi cuarenta veces a la superficie de la Ciudad de Buenos Aires.
La feroz cacería de la Gendarmería sobre la comunidad Pu Lof en el departamento de Cushamen en la frontera noroeste de Chubut que terminó con el secuestro y desaparición de Santiago Maldonado hace menos de dos semanas sin ningún tipo de respuesta estatal, se produjo dentro de las tierras que están hoy bajo el dominio de Benetton.
Aunque en su mayoría hayan sido compradas durante los 90, la entrega y el saqueo de las tierras patagónicas y de sus recursos nacionales por parte de empresas extranjeras viene de larga data, al igual que los reclamos y la lucha del pueblo mapuche por recuperarlas.

La historia de una ocupación

Benetton es el final de una larga cadena de negocios y expoliación de recursos nacionales que comienza en el último cuarto del siglo XIX.
Por aquellos años a pesar de lo que diga el candidato a senador por Cambiemos, Esteban Bullrich, en la Patagonia no hubo una “Conquista al desierto”. Lo que se produjo fue un genocidio a partir de la ocupación militar del territorio más austral del continente con el fin de extender las fronteras del Estado Nacional argentino (y de su mercado de materias primas en el mundo) que estaba en pleno proceso de conformación. A su paso aniquilaron a los habitantes preexistentes o los tomaron prisioneros para convertirlos en mano de obra barata destinados tanto para trabajar en los campos conquistados como en las zonas urbanas en tareas domésticas. Los pocos sobrevivientes fueron desarraigados y dispersos hacia la frontera cordillerana. Entre los pueblos masacrados estaban los mapuches, asentados en una extensa porción del noroeste de la Patagonia. No eran ni chilenos ni argentinos simplemente porque ambos Estados son construcciones históricas posteriores a la vida y desarrollo de estos pueblos.
Finalizada la campaña en 1885 (luego de la derrota definitiva del cacique Sayhueque), se inició el proceso de reparto y explotación de las tierras que hoy forman parte de las provincias de Buenos Aires, el sur de Córdoba, San Luis y Mendoza (las más antiguas) y las creadas a partir de la conquista: Neuquén, Río Negro, Chubut y Santa Cruz.
El Estado argentino regaló gran parte de estas tierras a más de cincuenta compañías inglesas que comenzaban a operar dentro del país para que las colonizaran. Tan sólo en Chubut eran dueños de 2.300.000 hectáreas. Gran parte de ellas fueron administradas por un fondo de inversión común llamado Compañía de tierras del Sud Argentino. En Ese ajeno Sur, Ramón Minieri cuenta que la “La Compañía”- como solía ser conocida- “explotó esas tierras durante casi un siglo en condiciones excepcionalmente favorables: pudo producir, importar, exportar y obtener utilidades, sin tener que pagar durante años derechos aduaneros ni otra clase de tasas, o beneficiándose con tipos de cambio preferenciales y aranceles reducidos” (pág 7). Pasaron más de 130 años y ningún gobierno tocó las bases estructurales de este modelo económico de rapiña.
En 1975 la firma “Great Western”, perteneciente a terratenientes de la burguesía argentina, compró el paquete accionario de “La Compañía” hasta 1991 cuando bajo el gobierno de Menem, Luciano Benetton se hace de esas tierras hasta la actualidad. A través del holding internacional del grupo Benetton, Edizione, el magnate italiano compró por 50 millones de dólares las casi 900.000 hectáreas ubicadas en un 98% en las provincias de Santa Cruz, Chubut, Río Negro, Neuquén y Buenos Aires donde se dedica a la producción de lana principalmente aunque ahora aparece un mercado nuevo para explotar y es el petrolero que se expresa en un yacimiento que también se encuentra en disputa territorial: Vaca Muerta.

La historia de un imperio globalizado: “el príncipe de los colores”

Look informal, la innovación en jersey de lana con fuertes colores y una industria textil de alcance mundial fueron la impronta del grupo Benetton desde sus orígenes. La empresa familiar formada por Luciano, Giuliana, Gilberto y Carlo se conformó en 1965. Cuatro años después inauguraba su primer local en París.
Tiene sede en una suntuosa mansión de Villa Minelli en la ciudad de Treviso (Italia). Con 20 años Luciano se convirtió en el presidente de la compañía. En los años siguientes se expandieron a las principales avenidas del mundo, las ganancias crecieron y sumaron nuevas marcas: Sisley, Playlife y Killer Loop. Hoy tiene tiendas en más de 120 países. Años más tarde invirtió en una escudería de la Formula I que compitió entre 1986 y 2001 y tuvo su momento de gloria cuando corrió Michael Schumacher. La familia también es dueña de 21 Investimenti un banco de inversiones inmobiliarias y es accionista del grupo Pirelli.
En pleno auge empresarial, Luciano también incursionó en el mundo de la política. Entre 1992 y 1994 fue senador de Italia por el Partido Republicano Italiano (PRI), el partido de Silvio Berlusconi. En 1993 la Justicia de ese país aprobó que se lo investigue y juzgue por corrupción, motivo que lo llevó a no presentar su reelección.
La industria textil es una de las más explotadoras del mercado y la que peores salarios tiene. Para reducir costos los Benetton, que facturan 11.000 millones de dólares al año, tercerizaron la producción en países donde la mano de obra es barata y abundante como por ejemplo en Turquía donde fueron denunciados por explotación infantil de niños de entre 9 y 13 años que fabricaban sus prendas. Otro caso que lo tuvo en el centro de la escena fue en 2013 cuando una fábrica textil en Bangladesh que producía tejidos para Benetton se derrumbó provocando la muerte de 1.132 trabajadores y dejó 2.500 heridos. Se negó a pagar cualquier tipo de indemnización pero producto del desprestigio que había generado su indiferencia, se vio obligado a hacerlo. Hoy el imperio familiar cuenta, según la revista Forbes, con aproximadamente 3,4 miles de millones de dólares.
Solamente en las tierras que posee en Argentina Luciano Benetton cuenta con 280.000 ovejas que producen 1.300.000 kilos de lana por año. A la explotación de las tierras de la Compañía de tierras del Sud Argentino se incorporó la explotación minera a través de Min Sud (Minera Sud Argentina S.A.) con sede central en Canadá, de yacimientos ubicados en la provincia de San Juan. Por muchos años expoliaron los recursos nacionales sin pagar cargas impositivas, no registrando las lujosas edificaciones que realizaban en sus tierras. Irónicamente los Benetton tienen un museo con piezas arqueológicas de culturas “autóctonas”, algunas de ellas con 13.000 años de antigüedad, ubicado en Leleque (Cushamen). Seguramente saqueadas del territorio de la comunidad mapuche, Tehuelches, entre otras.

¿Por qué el Estado y la Gendarmería defienden a Benetton?

Hace ya algunos años Carlos Marx terminaba con el mito de que el Estado defiende los “intereses comunes” de toda la población. Decía en el Manifiesto Comunista que el gobierno moderno era un comité que administraba los negocios de la clase burguesa, y no se equivocaba. El Estado es el guardián del orden y de la propiedad privada, pero no de cualquier tipo de propiedad privada sino la de los capitalistas que viven a costa del trabajo de una mayoría trabajadora. Ese “derecho que tenemos todos” de acceder a la tierra es una pantalla que esconde la concentración de la riqueza en pocas manos. Y para lograrlo intentan buscar algún tipo de consenso con la población o utilizan a las fuerzas armadas para garantizar que esas relaciones de desigualdad se sostengan y reproduzcan. El caso de la defensa de los intereses de Benetton por parte del Estado argentino es apenas un ejemplo de una relación histórica que es propia del sistema capitalista. La actuación de la gendarmería, en las tierras que el italiano reivindica para sí, reprimiendo desde hace meses a la comunidad Pu Lof (entre ellos mujeres y niños) y desapareciendo a Santiago Maldonado con la directa responsabilidad de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, su jefe de gabinete Pablo Noceti y del Estado, son la muestra más clara del carácter de clase que ejercieron las fuerzas armadas desde su creación. El gobernador de Chubut del PJ Mario Dan Neves también es cómplice del accionar represivo avalando el ingreso de la gendarmería al predio y demonizando a los mapuches a través de una campaña mediática que comenzó el año pasado mientras apretada al Juez Otranto para que encarcele a los dirigentes considerados sin ninguna prueba como “terroristas”.
Queda claro que todos los gobiernos legalizaron y legitimaron el avance latifundista a costa de la sangre de los pueblos originarios. Incluso el kirchnerismo que en 2011 impulsó la Ley de Tierras que limitaba la posesión extranjera de tierras a 1.000 hectáreas por propietario no era retroactiva, por lo tanto todos los magnates extranjeros que en los 90 se apropiaron de gran parte del territorio nacional podían quedarse tranquilos. Macri flexibilizó la ley dejando en claro cuáles son los intereses que defiende a ultranza el gobierno de los Ceo, pero en uno y otro gobierno la naturaleza del Estado es la misma. Seguramente en una de las cuatro visitas al año que hace Luciano Benetton al país vendrá a agradecerle en persona al presidente y los suyos por la efectividad en los servicios brindados.

Claudia Ferri

Trotsky y el cardenismo



Continuando con la presentación de sus elaboraciones sobre México, aquí nos referimos a su análisis del cardenismo.

En su exilio mexicano, Trotsky realizó una importante labor de actualización y profundización en torno a la teoría de la revolución para los países de desarrollo capitalista atrasado (como planteamos aquí). Fue fundamental para ello el análisis del cardenismo y sus principales acciones, que puede encontrarse también en el libro Escritos Latinoamericanos, compilación publicada por el Centro de Estudios y Publicaciones León Trotsky.

Comprendiendo al cardenismo

El 12 de mayo de 1939 Trotsky escribía “La industria nacionalizada y las administraciones obreras”, donde explicaba la política cardenista, donde planteaba:
En los países industrialmente atrasados el capital extranjero juega un rol decisivo. De ahí la relativa debilidad de la burguesía nacional en relación al proletariado nacional. Esto crea condiciones especiales de poder estatal. El gobierno oscila entre el capital extranjero y el nacional, entre la relativamente débil burguesía nacional y el relativamente poderoso proletariado. Esto le da al gobierno un carácter bonapartista sui generis, de índole particular. Se eleva, por así decirlo, por encima de las clases. En realidad, puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de una dictadura policial, o maniobrando con el proletariado, llegando incluso a hacerle concesiones, ganando de este modo la posibilidad de disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros. La actual política se ubica en la segunda alternativa; sus mayores conquistas son la expropiación de los ferrocarriles y las compañías petroleras [1].
Hay que decir que la reflexión de Trotsky va más allá de lo que sucedía en México, y busca proporcionar herramientas para comprender la dinámica “pendular” que asumen los acontecimientos en la región durante esos años. La idea de que “puede gobernar o bien convirtiéndose en instrumento del capital extranjero y sometiendo al proletariado con las cadenas de la dictadura policial”, puede asociarse al resultado que tuvieron varios de los procesos mencionados, con el ascenso de Anastasio Somoza o Fulgencio Batista. Ahora bien, es indudable que la riqueza conceptual de este escrito se ve en torno al cardenismo y constituye una aportación indudable a la comprensión de los regímenes políticos en los países semicoloniales y dependientes del imperialismo.
Esta conceptualización consideraba la relación dinámica que en nuestros países se establece entre las clases fundamentales de la sociedad y el imperialismo. Los movimientos del cardenismo no podían, para Trotsky, disociarse de un contexto donde las potencias imperialistas se dirigían a la próxima conflagración mundial y allí ponían todos sus esfuerzos. Y donde la estrella del imperialismo británico iba en declinación, en tanto que los Estados Unidos no contaban todavía con la hegemonía que construirían posteriormente, cuestión de enorme incidencia en América Latina. Esta situación fue la base que le permitió a Cárdenas, como dice Trotsky, “disponer de cierta libertad en relación a los capitalistas extranjeros”. Esto, por supuesto, combinado con el hecho de que contó con el apoyo de las organizaciones obreras y campesinas, todo lo cual le proporcionó importantes márgenes de maniobra para impulsar medidas como las expropiaciones petroleras de 1938.
Como muchos resaltaron antes, Trotsky evitaba el mecanicismo y el esquematismo vulgar. La Teoría de la Revolución Permanente y sus consideraciones sobre el estado obrero ruso dan cuenta de ello. La definición de bonapartismo sui generis surge de un análisis preciso y fino de la realidad internacional y nacional, la cual permite comprender el posicionamiento del cardenismo y sus giros, sin dejar de apreciar su carácter de clase ni de sostener una postura independiente.
Desde ese ángulo Trotsky explicaba las expropiaciones de los ferrocarriles y las compañías petroleras. Éstas, mientras “se encuadran enteramente en los marcos del capitalismo de estado”, representaban una medida “de defensa nacional altamente progresista” [2] ante el imperialismo. De allí el revolucionario ruso afirmaba que la clase obrera internacional debía defenderlas ante el ataque de la burguesía imperialista, sin condicionar esto al hecho de que la expropiación no fue bajo control de los trabajadores y se entregaron indemnizaciones a las empresas imperialistas.
Esto no se confundía con el apoyo político al gobierno. Trotsky no veía en las nacionalizaciones cardenistas y la reforma agraria “desde arriba” el camino para la construcción del socialismo. Por eso afirmaba que “para los marxistas no se trataba de construir el socialismo con las manos de la burguesía, sino de utilizar las condiciones que se presentan dentro del capitalismo de estado y hacer avanzar el movimiento revolucionario de los trabajadores” [3].
Su análisis del gobierno de Lázaro Cárdenas se distancia también de quienes buscaron un Trotsky cardenista. La crítica sobre la estatización de las organizaciones obreras lo muestra comprendiendo que Lázaro Cárdenas buscaba establecer un control férreo del régimen burgués sobre el movimiento obrero. La cuestión de los sindicatos es una de las más profundas discusiones que pueden encontrarse en los Escritos Latinoamericanos.
Allí afirmaba que en México los sindicatos “se han transformado por ley en instituciones semiestatales, y asumieron, como es lógico, un carácter semitotalitario” [4], criticando su estatización e incorporación al PRM. Y afirmaba que los gobiernos de los países coloniales o semicoloniales, asumen en general un carácter bonapartista o semibonapartista, determinado tanto por la presión del capital extranjero como por la acción de las clases sociales en pugna, siendo que “difieren entre sí en que algunos intentan orientarse hacia la democracia, buscando el apoyo de obreros y campesinos, mientras que otros implantan una cerrada dictadura policíaco militar” [5].
El carácter bonapartista de los gobiernos semicoloniales se expresaba también en la dinámica que adquiere la relación con los sindicatos:
… o están bajo la tutela del estado o bien, sujetos a una cruel persecución. Este tutelaje está determinado por las dos grandes tareas antagónicas que el Estado debe encarar: atraer a toda la clase obrera, para así ganar un punto de apoyo para la resistencia a las pretensiones excesivas por parte del imperialismo y, al mismo tiempo, disciplinar a los mismos obreros poniéndolos bajo control de una burocracia [6].
Y sostenía que la administración obrera de las empresas nacionalizadas auspiciada por el gobierno,
… no tiene nada que ver con el control obrero de la industria porque al final de cuentas, la administración se hace por intermedio de la burocracia obrera, que es independiente de los obreros pero por el contrario depende totalmente del estado burgués [7].
Trotsky ya no volvió a escribir sobre la deriva del cardenismo. Pero presenció su giro conservador, con la sucesión del candidato “moderado”, Manuel Ávila Camacho, al punto que Cárdenas dijo “El señor general Múgica, mi muy querido amigo, era un radical ampliamente conocido.Habíamos sorteado una guerra civil y soportábamos, a consecuencia de la expropiación petrolera, una presión internacional terrible. ¿Para qué un radical?”.
El movimiento “pendular” del cardenismo hacia el conservadurismo, y los aspectos analizados por Trotsky presentados antes, son muestra de los límites del nacionalismo burgués.
La caracterización y conceptualización marxista del cardenismo como una forma de bonapartismo sui generis, permitía comprender los zigs y los zags, y su carácter de clase. Y es una herramienta teórica política para aproximarnos -considerando por supuesto las diferencias existentes- a la experiencia de los gobiernos “posneoliberales” en América Latina, su ascenso y agotamiento. Así como para sostener una postura independiente frente a otras variantes burguesas “opositoras” que sostienen un discurso de reforma y humanización del capitalismo, como es el caso del Morena y Andrés Manuel López Obrador.
El análisis de los sindicatos en América Latina -que ilustra claramente su relación con el estado, y la política que tuvieron desde el cardenismo mexicano hasta el peronismo argentino- conserva toda su vigencia. Así como la postura de Trotsky sobre recuperar a los mismos como organizaciones para la lucha, conquistando su independencia respecto al estado y expulsando al charrismo.
Estas elaboraciones de Trotsky son parte fundamental del bagaje marxista para entender la realidad latinoamericana de ayer y de hoy, y enriquecen la estrategia política para su transformación revolucionaria.

Pablo Oprinari
Ciudad de México / @POprinari

Notas

[1] Trotsky, León, “La industria nacionalizada y la administración obrera”, publicado sin firma en Fourth International, agosto 1946. Tomado de Trotsky, ob. cit., p. 154.
[2] Trotsky, León, “México y el imperialismo británico”, en Trotsky, ob. cit., p. 98.
[3] Trotsky, León, “La industria nacionalizada y la administración obrera”, en Trotsky, ob. cit., p. 155.
[4] Trotsky, León, “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”, ob. cit., p. 158.
[5] Ibídem, p. 161.

sábado, agosto 19, 2017

W. Benjamin y la Comuna de París: la potencia de la amistad



W. Benjamin dedicó un apartado de su Libro de los Pasajes a la Comuna de París.

La Comuna de París fue el primer gobierno proletario de la historia. Un 18 de marzo de 1871 los trabajadores de la ciudad “museo” decidieron imponer un gobierno propio. Derrotados un 28 de mayo sus principales dirigentes fueron ejecutados en el Muro de los Federados en el Cementerio de Pierre Lachaise. La Comuna fue una interrupción de la Guerra Franco Prusiana. Gracias a mi amigo Sebastian Carbonell conocí dicho lugar: el Cementerio de Pierre Lachaise y fui, en 2011, a dejar algunas flores al centinela A. Blanqui. Siempre le agradeceré a Sebastián su amabilidad y cariño.
Volviendo, cuando Karl Marx supo del acontecimiento consideró que era precipitado, pero unos días después fue un fuerte partidario del primer gobierno proletario de la historia. Según Marx la Comuna era "un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a dentro de ella la emancipación del trabajo".
La Comuna decidió, entre muchas otras cosas, que la bandera de la ciudad fuera la roja (de la sangre obrera derramada en la guerra), que todo funcionario público ganara como un trabajador calificado, que los cargos fueran rotativos y revocables, la abolición del trabajo nocturno, supresión del ejército y la instauración de una guardia de obreros, separación de la iglesia del estado, ocupación de las fábricas por sus trabajadores.
La combatividad de los trabajadores de París llevó a Karl Marx a retomar su experiencia como el ejemplo central de la “dictadura del proletariado”. La principal actividad de la Comuna fue de las mujeres. Louise Michel fue una de sus más importantes cronistas. Jules Vallés uno de sus principales escritores. Aguste Blanqui el rehén del gobierno para negociar con los insurrectos.

Políticas de la fraternidad: en la lucha se sabe de la amistad

En el extraño Libro de los Pasajes, W. Benjamin dedicó un apartado a la Comuna de París. La ciudad museo, también era la ciudad de la insurrección la capital de la política. En la introducción “metodológica” titulada París capital del siglo XIX Benjamin señala:
“La barricada es resucitada durante la Comuna. Es más fuerte y segura que nunca. Se extiende a través de los grandes bulevares, a menudo alcanzando una altura de dos pisos, y protege las trincheras detrás de ella. Tal como el Manifiesto Comunista acaba con la era de los conspiradores profesionales, así la Comuna pone término a la fantasmagoría que reina sobre los primeros años del proletariado. Disipa la ilusión de que la tarea de la revolución proletaria es completar el trabajo de 1789 de la mano con la burguesía. Esta ilusión domina el periodo 1831-1871, desde el levantamiento de Lyon hasta la Comuna.”
Para W. Benjamin la Comuna de París derribó la idea de que el proletariado debía seguir a la burguesía en sus ansias de libertad. Dicho texto, Los pasajes, fueron escritos en los años treinta del Siglo XX mientras Benjamin la pasaba de biblioteca en biblioteca. Dicha afirmación hizo que el teórico inglés, Terry Egleaton, definiera exagerando “que lo que en Benjamin no fue más que una imagen, Trotsky lo convirtió en estrategia política.”
Pues para Trotsky, la Comuna de París mostraba que la burguesía ya no tenía un carácter civilizatorio, y confirmaba su papel abiertamente contrarrevolucionario y reaccionario: la libertad, la fraternidad y la igualdad cabía nada más en la boca de los obreros en Rusia en 1917, de allí (de la revolución en Rusia en 1905) nace la idea de la teoría de la revolución permanente.
Para Michael Löwy, Benjamin destaca la “participación femenina en la Comuna es también evocada en otro parágrafo del mismo texto de Aragón, que constata la presencia, en las Asambleas de la Comuna, frecuentadas por poetas, escritores, pintores y científicos, de las “obreras de París”.
Como se vio a propósito de los levantamientos populares de los años 1830-1848, el papel revolucionario de las mujeres es uno de los aspectos importantes, para Benjamin, de la “tradición de los oprimidos” en París. Para documentar este papel, no duda en recurrir a documentos reaccionarios, como un grabado que representa la Comuna como una mujer que cabalga sobre una hiena, dejando tras su paso las llamas negras de las casas que arden”.
Lo más fascinante de la reflexión de Benjamin es del papel de la barricada. Benjamin sugiere que la barricada es el germen de la sociedad futura. ¿Cuántas veces hemos pensado cual es el germen del mundo que viene? Dice Benjamin que la barricada es el ejemplo más fascinante del mundo por venir. En la lucha de clases, la barricada es un templo al trabajo apasionado: la solidaridad, la fraternidad, la amistad, la camaradería, la ayuda mutua es el centro del enfrentamiento urbano. La ciudad como el centro del enfrentamiento urbano invita a la confrontación.
Entonces, siguiendo el sentido de Benjamin: es la lucha de clases el germen del mundo que viene. Es la derrota del mundo que fenece y la anticipación del mundo que viene: y es que a mis mejores amigos los conocí en la lucha, en el conflicto, en la antagonía. Lo demás, son conocidos. En las huelgas, los paros, las acciones callejeras, en los enfrentamientos se generan amistades: el núcleo de la amistad es el germen de la sociedad futura. Es que la amistad que se hace en la lucha es una astilla del mundo que viene.

Sergio Abraham Méndez Moissen
México @SergioMoissens

El exilio de Trotsky en México



Este 21 de agosto se cumplen 77 años de su asesinato, ocurrido a manos de un agente estalinista en Coyoacán. Aquí, presentamos sus elaboraciones sobre México y la Teoría de la Revolución Permanente.

El 9 de enero de 1937, León Trotsky llegó al puerto de Tampico, iniciándose así su ultimo exilio, en México. Los años siguientes fueron prolíficos, de una intensa actividad política y de elaboración teórica, transitando desde la denuncia de los Juicios de Moscú hasta las discusiones sobre América Latina y México, que constituyeron una enorme aportación al marxismo del siglo XX y XXI, y a la comprensión de la historia y la actualidad de los países de la región.

Latinoamérica y la actualización de la Teoría de la Revolución Permanente

En los textos compilados en el libro Escritos Latinoamericanos, publicado por el Centro de Estudios y Publicaciones León Trotsky, se puede rastrear una verdadera actualización y profundización de la teoría de la revolución permanente, formulada a partir del conocimiento de la realidad de la región. En primer lugar, la comprensión de la importancia que reviste, en América Latina, la cuestión agraria. Así también la independencia nacional respecto a la dominación imperialista, el otro motor de la movilización revolucionaria, potencial que se expresó en momentos de la expropiación petrolera, con las acciones masivas que Trotsky presenció.
Trotsky partía de la incapacidad de la burguesía nacional para conducir la lucha por estas dos tareas fundamentales. Y desde allí afirmaba:
… la clase obrera de México participa, y no puede sino participar, en el movimiento, en la lucha por la independencia del país, por la democratización de las relaciones agrarias, etcétera. De esta manera, el proletariado puede llegar al poder antes que la independencia de México esté asegurada y que las relaciones agrarias estén organizadas. Entonces el gobierno obrero podría volverse un instrumento de resolución de estas cuestiones [1].
En México esto requería, como condición imprescindible, la alianza entre la clase obrera y el campesinado. Ya en La Revolución Permanente, Trotsky se había referido a esto, generalizando que en los países de desarrollo capitalista atrasado “El problema agrario, y con él el problema nacional, asignan a los campesinos, que constituyen la mayoría aplastante de la población de los países atrasados, un puesto excepcional en la revolución democrática. Sin la alianza del proletariado con los campesinos, los fines de la revolución democrática no sólo no pueden realizarse, sino que ni siquiera cabe plantearlos seriamente. Sin embargo, la alianza de estas dos clases no es factible más que luchando irreconciliablemente contra la influencia de la burguesía liberal-nacional” [2].
Partiendo de esta idea fundamental es que Trotsky consideraba que la clase obrera mexicana debía ser capaz de ganarse al campesinado. Introducía la idea de la “competencia” entre la burguesía nacional y el proletariado, así como que el apoyo campesino a la burguesía era el factor fundamental para la emergencia de los regímenes bonapartistas:
…durante el curso de la lucha por las tareas democráticas, oponemos el proletariado a la burguesía. La independencia del proletariado, incluso en el comienzo de este movimiento, es absolutamente necesaria, y oponemos particularmente el proletariado a la burguesía en la cuestión agraria, porque la clase que gobernará, en México como en todos los demás países latinoamericanos, será la que atraiga hacia ella a los campesinos. Si los campesinos continúan apoyando a la burguesía como en la actualidad, entonces existirá ese tipo de estado semibonapartista, semidemocrático, que existe hoy en todos los países de América Latina, con tendencias hacia las masas [3].
De esta forma, aún cuando existiesen medidas gubernamentales de enfrentamiento con el imperialismo –como las que se dieron en 1938 en México– era clave la independencia organizativa y programática, y por ende la construcción de una organización revolucionaria. Esto también lo había planteado Trotsky ante acontecimientos como la Revolución China de 1925/27, cuando afirmó “Sean las que fueren las primeras etapas episódicas de la revolución en los distintos países, la realización de la alianza revolucionaria del proletariado con las masas campesinas sólo es concebible bajo la dirección política de la vanguardia proletaria organizada en Partido Comunista” (cabe aclarar que en este periodo Trotsky todavía consideraba que los partidos comunistas eran “reformables”) [4].
Esta independencia era fundamental para que la clase obrera “competiese” con la burguesía nacional, se convirtiese en clase dirigente de la revolución socialista y resolviese las aspiraciones de las amplias mayorías. El giro conservador de los últimos meses del cardenismo fue la demostración de que estas aspiraciones no podían ser resueltas por el nacionalismo burgués. Como planteaba Clave, aunque la revolución empiece impulsada por las tareas democráticas más elementales, “en su conjunto, terminará con la toma de poder por el proletariado, se transformará sin solución de continuidad en revolución socialista” [5]. Este era el camino para, en palabras de Trotsky, “completar la obra de Emiliano Zapata” [6].

Pablo Oprinari
Ciudad de México / @POprinari

NOTAS

[1] “Discusión sobre América Latina”, 4 de noviembre de 1938. Resumen estenográfico de una discusión entre Trotsky, Curtiss y otros militantes, publicado originalmente en Trotsky, León, Oeuvres, Tomo 19, 1985. Tomado de Trotsky, León, Escritos Latinoamericanos, Buenos Aires, CEIP-Museo Casa León Trotsky, 2013, pp. 123-124.
[2] Trotsky, León, La teoría de la Revolución Permanente, Buenos Aires, CEIP Ediciones IPS, 2011, p.354.
[3] Ibídem, p. 124.
[4] Trotsky, León, La teoría de la Revolución Permanente, ob. cit, p.354.
[5] Fernández, Octavio, “¿Qué ha sido y adonde va la revolución mexicana?”, en Trotsky, ob. cit., p.279.
[6] Trotsky, León, “Algunas notas previas sobre las bases generales para el segundo plan sexenal en México”, en Trotsky, Escritos Latinoamericanos, ob. cit., p. 145.

Cinco libros para conocer el exilio de Trotsky en México



Los títulos que no puedes dejar de leer para conocer la vida y la obra en México de uno de los dirigentes de la Revolución Rusa.

Con Trotsky de Prinkipo a Coyoacán

El exilio de Trotsky narrado desde la mirada de uno de sus secretarios, Jean van Heijenoort. Un relato apasionante sobre las peripecias que vivieron León Trotsky y su compañera Natalia Sedova, incluyendo una amplia descripción de la vida y las actividades en México, el último exilio del revolucionario sin visado.
Imperdibles las narraciones sobre relaciones y encuentros que mantuvo el revolucionario ruso con importantes figuras: los escritores Georges Simenon y André Malraux, por ejemplo; André Breton y el pintor y muralista Diego Rivera–con quienes escribió el conocido Manifiesto por un arte revolucionario independiente–, Clemente Orozco, Waldo Frank, Pierre Naville, John Dewey, Simone Weil, André Gide y Frida Kahlo.
La edición del Instituto del Pensamiento Socialista cuenta además con una presentación de la escritora Tununa Mercado, escrito especialmente para esta edición, y un emocionante homenaje que le rinde a Van Heijenoort el historiador Pierre Broué (1926-2005), el mismo año de su muerte, 1986, en Francia.

El hombre que amaba a los perros

Se trata de una novela apasionante de Leonardo Padura, cuyo narrador es un personaje de ficción, Iván Cárdenas Maturell, un escritor cubano caído en desgracia ante la censura estalinista. Iván conoce a un hombre que dice haber sido amigo del asesino de León Trotsky. Éste es el punto de partida para una trama que atrapa y conmueve, en la que la vida de los personajes –muchos de ellos reales– está entrelazada todo el tiempo con los destinos de la Revolución y de la contrarrevolución.
Padura presenta uno de los mejores relatos novelados de la vida de Trotsky desde la Revolución de Octubre, a través de la Guerra Civil, cuando lideró el Ejército Rojo a la victoria contra 21 ejércitos de intervención extranjera, la lucha de la Oposición de Izquierda contra la burocracia estalinista, y los largos años de exilio en Turquía, Francia, Noruega y, finalmente, México.
El punto central de la historia es ni más ni menos que un relato histórico del asesinato de León Trotsky a manos de Ramón Mercader, un sicario estalinista. En sus páginas, se alza la casa de calle Viena, su jardín, sus resguardos que no pudieron evitar la infiltración del hombre enviado por la GPU para matar a uno de los principales dirigentes de la Revolución Rusa, de la que se cumplen 100 años.

Trotsky en México

Un estudio histórico de Olivia Gall que relata la estancia de León Trotsky en México entre 1937 y 1940. Expone la persecución que ordena Stalin –quien se encargó de bastardear la idea del comunismo y del socialismo- contra el revolucionario fundador del Ejército Rojo y, en 1938, de la Cuarta Internacional. El telón de fondo es el México de Lázaro Cárdenas, de la Expropiación petrolera, de los años en que el Partido Comunista Mexicano, mientras conspiraba para asesinar a Trotsky, sometía a los sectores de la clase trabajadora en los que tenía influencia a la subordinación al Estado mexicano. Un hecho cuyas nefastas consecuencias aun se sienten.
En la obra de Gall se aborda la relación directa o indirecta de León Trotsky con distintas personalidades de la época: Lázaro Cárdenas, Francisco J. Múgica, Vicente Lombardo Toledano, Diego Rivera y David Alfaro Siqueiros.

Trotsky revolucionario sin fronteras

Es una profunda investigación de Jean Jacques Marie, historiador especializado en la Unión Soviética, del Centre d´Étude et de Recherches sur les Mouvements Trotskystes et Révolutionnaires Internationaux (CERMTRI).
Se trata de última gran biografía de León Trotsky que va desde la fundación de la Internacional Comunista hasta la de la Cuarta Internacional y el asesinato del revolucionario ruso exiliado en México, construida a partir de testimonios provenientes de archivos rusos parcialmente abiertos a los investigadores.
Un recorrido exhaustivo por la lucha entre Revolución y la contrarrevolución entre las décadas de 1920 y 1940, que parte de la premisa de que el trotskismo es la continuidad revolucionaria de Marx, Engels y Lenin.
En este libro se revela la estatura política de Trotsky como hombre de acción y de ideas: desde ser electo presidente del Soviet en las dos revoluciones, la de 1905 y de 1917, presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo y comisario de Relaciones Exteriores, y el fundador del Ejército Rojo y su conductor durante la guerra civil y las guerras internacionales que siguieron a la victoria de la revolución soviética, hasta el duro combate por el socialismo, impensable en el estrecho terreno nacional por la interrelación de las relaciones económicas entre todos los países del mundo.
Jean Jacques Marie muestra la lucha de Trotsky –que recorre en profundidad sus exilios sucesivos, desde Turquía a México–, hasta su último hálito de vida, contra la idea reaccionaria del socialismo en un solo país, el sustento que llevó al estalinismo a traicionar heroicos procesos revolucionarios, como el del Estado Español entre 1930 y 1939, y a someter a los trabajadores a la tutela del Estado capitalista en cada país donde tuvieron cierta influencia, como en el México de 1930.

Escritos Latinoamericanos

Editado por el Centro de Estudios, Investigaciones y Publicaciones León Trotsky, este libro compila numerosos artículos, cartas y discusiones del revolucionario ruso y algunos otros autores cercanos a sus ideas. Muchos de ellos fueron publicados originalmente en la revista Clave / Tribuna Marxista, la publicación que editaron Trotsky y sus colaboradores en México, un faro para los simpatizantes de la Cuarta Internacional en Latinoamérica durante los difíciles años de la derrota de la Revolución Española y la Segunda Guerra Mundial.
Se abordan, entre otros temas, el análisis del cardenismo y otros movimientos nacionalistas burgueses y pequeñoburgueses, la expropiación petrolera de 1938, la interrelación de los países latinoamericanos con los países imperialistas, la situación de los sindicatos ante el Estado capitalista y la relación entre lucha nacional y lucha por el socialismo. Una compilación que muestra parte importante de las elaboraciones teórico-políticas que creó el revolucionario sin fronteras en las difíciles condiciones de su último exilio.
Escritos Latinoamericanos es una obra fundamental para quien se proponga luchar contra toda forma de explotación y opresión en Latinoamérica; pero también para quien busque conocer las posiciones del marxismo latinoamericano del siglo XX.

La Izquierda Diario México
@LaIzqDiarioMX

José de San Martín: controversias en la historiografía argentina



En 1850 fallecía en Boulogne-Sur-Mer José de San Martín. Una de las figuras más discutidas por la historiografía argentina, y reivindicada por distintos sectores que incluyen desde el ejército argentino hasta los populismos americanos.

Sobre él se han construido distintos epítetos como“el mejor estratega militar”, “el padre de la patria” y “el libertador de los pueblos americanos”.
De origen plebeyo y mestizo, como destaca el historiador Galasso marcando su perfil popular, San Martín nace en Corrientes y los primeros años de su adolescencia lo encuentran en España cursando el colegio militar. Un tiempo después formó parte del ejército español, combatió contra los moros en el norte de África y contra la invasión napoleónica al territorio español en 1808. Durante estos enfrentamientos estudió las estrategias del ejército napoleónico y defendió las posiciones liberales en las Guerras de la Independencia Española influenciado por la Revolución Francesa. Ambas experiencias recorrerán su vuelta al Virreinato del Río de la Plata en 1812.
Antes, en su paso por Londres, participó de la organización secreta la Gran Reunión Americana, que será un antecedente de la Logia Lautaro (1812) en el Virreinato del Río de la Plata, cuyos planes fueron la liberación de las colonias americanas con apoyo del gobierno británico (Gallegos y otras, 2006). De estas reuniones participaron además Francisco Miranda, Simón Bolívar, Carlos María de Alvear, Bernardo O´Higgins entre otros.
Sobre el regreso de San Martín al virreinato del Río de la Plata se han desarrollado distintas posiciones, algunas destacan la necesidad de expandir los ideales liberales en Latinoamérica a partir de los procesos políticos iniciados en mayo de 1810, otras que su regreso es consecuencia de la derrota de los principios liberales en España y que en la posible restauración monárquica de Fernando VII intentaría recuperar su colonias que caminaban hacia la independencia (Alejandro Horowicz).
Fue en el Virreinato del Río de la Plata donde San Martín desarrolló su actividad militar contra los realistas haciendo su primera experiencia en la Batalla de San Lorenzo (1814) y luego como jefe del Ejército del norte y, en menor medida en lo político, como gobernador de Cuyo. Nunca fue un político dirigente de la élite porteña o un representante político de los criollos. Su estadía en Europa lo distancia de los primeros gobiernos de las élites criollas y de los inicios del proceso independentista. Sin embargo es el Segundo Triunvirato el que le otorga los cargos militares y los directorios el de gobernador. Mientras en Europa avanzaban las restauraciones monárquicas luego de la derrota de Napoleón.
Como gobernador de Cuyo, San Martín exige al congresal al Congreso de Tucumán el pedido de independencia y ruptura luego de seis años desde el surgimiento de los gobiernos de criollos, con el orden colonial español.
Durante la segunda etapa de las luchas por la independencia, San Martín adquirió un importante rol en la lucha por la independencia americana bajo el dominio español. Hacia 1814 ya había planificado invadir el foco de resistencia española en el territorio central de los Andes del Sur. Para atacar el foco de gravedad realista, ideó un plan por mar. Organizó el cruce de la cordillera de Los Andes en 1817.
El cruce de los Andes estuvo coordinado por oficiales de ambos lados de la cordillera. Al llegar al actual territorio chileno, dos triunfos marcaron la derrota de los realistas: la batalla de Chacabuco (1817) y la de Maipú (1818). Kohan argumenta que estos triunfos se basaron en estrategias militares combinadas con insurrecciones populares. San Martín concebía la guerra a partir de la doctrina de pueblo en armas (José de San Martín: Instrucciones para Juan Antonio Álvarez de Arenales. Cuartel General de Pisco, 4/10/1820). El 12 de febrero proclamó la independencia de Chile, iniciando libertad que termina con la derrota del foco realista en 1820.
En ese año, San Martín parte hacia Perú donde bloqueó el puerto del Callao, iniciando el proceso de independencia, fue nombrado Protector de Perú. Una de las medidas más importantes que tomó fue la liberación de esclavos: “Todo esclavo que desde esta fecha llegase al territorio independiente del Perú quedará libre del dominio de su amo, por el solo hecho de pisarlo” (Decreto aboliendo la esclavitud. Lima, 24/11/1822). A pesar de otorgar estos beneficios a los esclavos, el modelo que sostenía San Martín para gobernar Perú fue una monarquía constitucional. Luego del encuentro con Simón Bolívar en Guayaquil en 1822, el Congreso de Perú dictó una constitución, otorgándole importantes poderes a los que luego renuncia y vuelve a Buenos Aires.
En 1824 se embarcó de Buenos Aires hacia Europa. Sobre el exilio de San Martín, se debaten distintas cuestiones: su enfermedad, el enfrentamiento con Rivadavia y los unitarios, el negarse a reprimir a los federales y los que ven en el exilio una negación a las guerras fraticidas. Por el mismo motivo, al regresar a Buenos Aires en 1829, prefiere permanecer en Montevideo.
Ya en París vivencia los sucesos de las revoluciones liberales de 1848, una París en insurrección, con barricadas, huelgas y enfrentamientos de clases. En una de sus últimas cartas expresó: “Casi ciego por las cataratas y con la salud arruinada, esperaba terminar mis días en este país, pero los sucesos ocurridos desde febrero han planteado el problema de dónde iré a dejar mis huesos, aunque por mí, personalmente, no trepidaría en permanecer en este país. Pero no puedo exponer a mi familia a las vicisitudes y consecuencias de la revolución" (Carta al mariscal Ramón Castilla, del Perú, 11 de septiembre de 1848). Estos sucesos son los que marcan su retiro junto a su hija a Boulogne Sur-Merhasta su muerte dos años después.

Hernán Perriere

Basilio Martín Patino, por la libertad y la verdad



Acaba de fallecer Basilio Martín Patino (1930-2017) puede considerarse como uno de los cineastas españoles más interesantes de la historia por su obra libre, abierta. En constante búsqueda de nuevos caminos expresivos y con una especial concreción en la temática de la guerra y la posguerra desde una perspectiva no comercial. Su trayectoria libertaria tiene no pocos paralelismos con la de Pepe Martínez, el hombre del “Ruedo Ibérico”. Antes de dedicarse al cine, Patino realizó estudios literarios y fue autor de Calle Toro, antes Generalísimo. En 1955 fue –junto con Muñoz Suay- el principal organizador de las célebres Conversaciones de Salamanca, que señaló un momento clave en la historia del cine español de la época. La falta de libertad y la obsesión por la anulación del libre albedrío, más en la fragmentación de la narrativa convencional lo formal, fueron las premisas que guiaron su cine desde su deslumbrante debut en Nueve cartas a Berta (1966) en la que ya aparece el contrate entre el exilio y la mediocridad dominante, hasta una suerte de epílogo documental con Libre te quiero (2011), su particular y entusiasta aportación del “hasta aquí hemos llegado” asambleario escenificado por el15-M.
Con la ayuda de José Luis García Sánchez y la producción del neófito Julio Pérez Tabernero filmó la que es considerada como su obra cumbre: Canciones para después de una guerra (1971). A pesar de su apariencia “inocente”, resultaba una radiografía implacable de aquella posguerra con la que la gente del pueblo tuvo que pagar una guerra que nunca quiso y que perdió a todas por todas. La célebre magdalena proustiana activaba sus sensaciones más profundas ante un torrente de imágenes más cine-verdad que nunca, ante un collage de signo naïf, rescatados de la escombrera del olvido: canciones de significados opuestos, desde las de vacua exaltación patriótica o religiosa repetidas hasta el agotamiento hasta las canciones populares que sentían por la radio pasando por los pliegues de la; escenografías del hambre, del miedo, de la desolación, del desprecio y el “usted no sabe con quien está hablando”. La reacción oficial fue tardía, según parece fueron algunas señoras principales las que encontraron el film insoportable. El rechazo se manifestó en diversos informes en los que podían leerse comentarios como los siguientes: “Nada se salva de la implacable sátira, ni la Monarquía, ni la Falange, ni la Iglesia. Hasta con Auxilio Social se ceba la saña rencorosa del autor”. “No aparece ni una sola de las conquistas y logros del régimen, sino todo lo que pueda malinterpretarse”. “Se socavan los cimientos mismos de la Patria”, y un largo etc. Desde entonces, Basilio quedó marcado no solamente para el régimen.
Pero en vez de escoger el exilio, se decidió a hacer cine lejos del control policial, Basilio rueda a lo largo del año 1974, Caudillo, el primer trabajo de montaje sobre el personaje cuando todavía le quedaban unas cuantas penas de muerte que firmar mientras los “reformistas” del régimen aplaudían o miraban hacía otro lado. Este documental de imposible distribución representó una ruptura en toda regla con el régimen, un ejemplo de lo que tocaba hacer. Basilio y su reducido equipo se aventuraron en una intensa búsqueda de imágenes y sonidos de archivos lejos de los organismos oficiales, parte de los cuales serán destruidos o secuestrados por la casta militar y la burocracia adicta interesada en borrar las “huellas del crimen”. (…) “La película fue para mí –declaró Patino a una revista madrileña- la necesidad de conocer la guerra civil. Más que una película sobre Franco, que sería origen del terror y la violencia. Y la hice como reto liberador, cuando creí que debía hacerla, en plena vida del dictador, para sentirme vivo, porque ya experimenté una vez hacer cine con miedo y prometí no volver a dejarme avasallar”. Caudillo significó un cierto paso atrás en relación a Canciones…, pero hay que descubrirse ante la constancia, la fe, el esfuerzo de su director por “ajustar cuentas” con el dictador que seguía controlando y dominando la realidad oficial española. Con este documental intenso, Patino se erigió como el representante más consecuente de un cine militante que ha quedado como triple testimonio por lo que trataba, cómo lo hacía y porque representaba un desafío del “Jefe de Estado”, al que nadie le puede discutir. Una triple desafío que no siempre se ha valorado, pero que representa una hazaña sin parangón en la historia el cine español, y con pocos paralelismos en el cine universal.
Con el material documental tan arduamente logrado, Basilio realiza una doble exposición de motivos Lo importante de Patino es que con la carga emocional de que disponía en imágenes no ha hecho un film de provocación, sino un film esclarecedor. Patino, desde luego, sabía de antemano la convocatoria de la que es capaz su película, y se ha responsabilizado de ello, al estar proscritos tras el conflicto suscitado en torno a su obra anterior, para organizarlos después de un modo particularmente imaginativo en la que no faltan momentos sublimes ni otros de humor con las inenarrables escenas familiares de propaganda dirigida a los ingleses que se rodaron en El Pardo; tampoco de romanticismo, a cargo de las Brigadas Internacionales, entra otras cosas porque el anarquismo de Patino es cualquier cosa menos doctrinario. La tragedia se da en unos pocos planos de Guernica. El autor no se olvida de unos toques de comedia musical, que corre a cargo de la Falange con sus grandes palabras y sus miserias. Luego está la epopeya, la del pueblo consciente que sufrió y murió heroicamente, víctima de los que no soportaban su desafío humano y cultural y trataron de aniquilar su identidad, la de la España insumisa.
En medio de este trayecto clandestino, Basilio se encontró a los tres verdugos que aún había en España aplicando el garrote vil. Nuevamente rodó desde las catacumbas y realizó con estos patéticos y esperpénticos protagonistas un retrato atroz que lo era al mismo tiempo del país: Queridísimos verdugos (1977) nos encontramos ante uno de los testimonios más inquietantes, audaces y por supuesto, surrealistas, sobre la aplicación de la pena de muerte en la historia del cine, con algo que sobrepasa por su verdad los mejores alegatos producidos por Hollywood de la talla de ¡Quiero vivir¡ (I Want to Live!, Robert Wise, EUA, 1958) Un documento único sobre la España franquista, heredera del 39, cruel, analfabeta, alcoholizada, desesperante para los “muertos de hambre”. Basilio ofrece nuevamente otro fresco goyesco cuyo valor e importancia no hace más que ampliarse con el paso del tiempo, y que como los anteriores, se tendría que difundir en los centros de enseñanza.
Ulteriormente, su interés por la cinematografía de no ficción le lleva a explorar los territorios del falso documental. El resultado son los siete mediometrajes que componen Andalucía, un siglo de fascinación (1996), en los que inventó con humor realidades como la reconstruye la matanza de campesinos libertarios en Casas Viejas, con más verosimilitud. Le siguió el telefilme La seducción del caos (1981), que plantea una crítica a la Transición, crítica reiterada Los paraísos perdidos (1987), una especie de segunda parte de Nueve…Realizada gracias a la llamada Ley Miró, lo vuelve a intentar con Madrid (1987), un film igualmente irregular en la que con la batalla de Madrid como transfondo, trata de combinar documental y ficción. Su última película, Octavia (2002), volvió a identificarle como un cineasta independiente, capaz de realizar una obra personal al margen de los mecanismos de la industria. Basilio ha sido un testimonio vivo en diferentes documentales, y cuenta con una Fundación que trabaja sobre su obra, con estudios sobre estas como el de Alberto Nahum García Martínez, El cine de no-ficción en Martín Patino (Letras de cine, 2008), amén de un documental Basilio Martín Patino La décima carta (Virginia García del Pino, 2014)

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Chile; El Winnipeg, 78 años después



“Que la crítica borre toda mi poesía, si quiere, pero este poema del Winnipeg que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie” (Pablo Neruda)

COMO SIEMPRE OCURRE, el tiempo se encarga de transformar en leyenda todo evento importante en el desarrollo histórico de una nación. De la leyenda al mito hay un par de pasos, y del mito a la fantasía anecdótica sólo un pequeño salto.
La epopeya del vapor Winnipeg no debe arrumbarse jamás en el arcón del olvido, aunque tampoco podemos permitir que comience a ser fraguada en las fuentes de las leyendas épicas, ya que se trató solamente de un trabajo bien hecho…muy bien hecho…solidario, valiente, oportuno, decidido y eficaz. Una labor con nombres y apellidos: Pedro y Pablo…Aguirre Cerda y Neruda, respectivamente.
Al comenzar el año 1939, Europa se debatía entre dos escenarios de ferocidad bélica sin igual. Por un lado, la Guerra Civil española que ya llegaba a su fin, y por otra parte, el régimen nazi de Adolf Hitler se preparaba para dar -el uno de septiembre de ese año- los primeros zarpazos al oriente de la frontera alemana desencadenando la Segunda Guerra Mundial.
En España, miles de personas huían hacia Francia desesperadamente, arrastrando hijos pequeños y esperanzas vanas, escabulléndose a como diese lugar de las tropas fascistas de Francisco Franco, triunfadoras en el sangriento conflicto y dueñas de un salvajismo sin límites aplicado contra los vencidos, a quienes juzgaban (cuando los juzgaban, ya que mayoritariamente no había juicios) en cosa de minutos para enviarlos directo al paredón o, en el mejor de los casos, a un calabozo en el que permanecerían el resto de sus vidas.
El mundo había sabido de algunos horribles entretelones de la guerra civil hispánica, conmoviéndose, entre tantos otros hechos, ante el vil e inútil asesinato del gran poeta granadino Federico García Lorca, amigo personal de nuestro vate inmortal, Pablo Neruda, el cual volvió a Europa en 1939, en calidad de Cónsul Especial para la Inmigración Española con sede en París, para organizar el legendario viaje que hoy recordamos luego de 70 años de su realización.
¿Por qué se interesó Neruda en regresar a España para poner sus esfuerzos en beneficio de algunos españoles prófugos de las hordas franquistas?
A comienzos de 1939, mientras Neruda está trabajando en Isla Negra, en el “Canto General”, recibe una carta de su amigo, el poeta español Rafael Alberti, quien le informa de los problemas que tienen los civiles partidarios de la República para escapar de la avanzada nacionalista. Neruda vislumbra la pronta caída de la capital española y pide ayuda al Presidente Pedro Aguirre Cerda.
El poeta es nombrado cónsul especial para la Inmigración y se funde en un duro trabajo de oficina en París, recortando fotos para pasaportes y recogiendo cientos de solicitudes de refugiados para poder ir a Chile.
Entre 1937 y 1939, la embajada chilena en Madrid acogió a una gran cantidad de refugiados. Cuando la capacidad del recinto no fue suficiente para los 700 asilados, las legaciones de Guatemala y El Salvador colaboraron.
Tras la victoria del bando liderado por Francisco Franco, y con las tropas nacionalistas en las calles de Madrid, 17 republicanos se refugiaron en la embajada chilena.
Carlos Morla Lynch, embajador y encargado de negocios, contactó al general Jordana, quien ejercía como ministro de RREE del gobierno franquista, para conseguirles salvoconductos de viaje. Pero la respuesta fue negativa y el nuevo gobierno español ordenó que los refugiados fueran entregados a las tropas fascistas, ante lo cual la embajada chilena se negó rotundamente, pero hubo de resistir una decena de ataques de los falangistas en busca de sus enemigos.
Chile recurrió entonces al tratado de Montevideo y todos los países sudamericanos apoyaron al Gobierno de Pedro Aguirre Cerda en esta lucha diplomática en defensa del derecho de asilo que asistía a los 17 republicanos refugiados en la embajada. Varios de ellos eran parte de la “Alianza Antifascista de Escritores”, y viajaron finalmente hacia el nuevo continente, América.
En ese grupo estaban los escritores Antonio Aparicio Herrero, Pablo de la Fuente y Antonio de Lezama, entre otros. Para pasar el tiempo en la embajada editaron un diario, ‘Cometa’, y una revista cultural llamada ‘Luna’, que era semanal, mecanografiada, con artículos a mano sobre poesía y artículos literarios. Llegaron a sacar 60 ejemplares por día. Analizaban la situación de España aunque estaba más enfocada a la literatura que a la política, para no comprometer a la embajada de Chile que les había proporcionado asilo.
Mientras, Neruda trabajaba afanosamente en procura de un navío, un carguero o una embarcación similar, que le permitiera salvar a dos mil españoles que se encontraban en un campamento de refugiados en Francia, país que, a objeto de ser sincero, no prestó mucha ayuda a los republicanos que ingresaron a sus fronteras solicitando un humanitario socorro pues veían amenazadas sus vidas (y las de sus familias) con el avance de las tropas franquistas.
Un año más tarde, la misma Francia sería fatal y cruelmente invadida por los ejércitos nazis de Hitler, socio del mismo Franco en la guerra civil hispánica, ya que había apoyado al general fascista enviando escuadrones aéreos de la “Luftwaffe” dirigida por Hermann Göring. Esos aparatos aéreos nazis fueron quienes realizaron el criminal bombardeo sobre la ciudad de Guernica.
Finalmente, Neruda logró arrendar el viejo carguero francés “Winnipeg” y comenzó la parte más difícil de su labor: seleccionar a los dos mil españoles que serían recibidos en Chile en calidad de refugiados. Obviamente, hubo más obreros y trabajadores que intelectuales a bordo del navío, y las historias personales de los socorridos por el poeta chileno podrían llenar las páginas de muchos libros.
Al morir el día 4 de agosto de 1939, el Winnipeg zarpa desde el puerto francés Trompeloup-Pauillac, cercano a Burdeos, con 2.365 personas a bordo, entre ellas iban los “300 niños de la guerra”, nombre que se les dio a los menores que viajaban junto a sus padres. La noche que el Winnipeg elevó anclas, Pablo Neruda escribió lo siguiente, recordado en sus Memorias:
“Mi poesía en su lucha había logrado encontrarles patria. Y me sentí orgulloso. Tuve la dicha de ofrecerles en mi patria el pan y el vino y la amistad de todos los chilenos. Que la crítica borre toda mi poesía, si quiere, pero este poema del Winnipeg que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”.
Al segundo día de viaje, frente al cabo Finisterre, nació a bordo de la nave salvadora la pequeña Agnes Winnipeg América Alonso Bollados, el primer bebé que llegó al mundo en medio de la tragedia de esos refugiados que venían en la cubierta y en las bodegas de la embarcación, convirtiéndose en símbolo de esperanza para quienes abordaron la nave obligados a dejar atrás a sus familias y su patria.
La travesía del Atlántico no estuvo exenta de tensiones, en especial para los tripulantes del navío, ya que decenas de submarinos alemanes acechaban a embarcaciones francesas e inglesas que surcaban esas aguas, pues el inicio de la Segunda Guerra Mundial estaba a escasas semanas de producirse y la posibilidad de terminar hundidos por un torpedo de un submarino nazi era una amenaza cierta. De hecho, con el Winnipeg navegando ya en aguas más tranquilas, el día 01 de septiembre Hitler ordenó a sus tropas la invasión a Polonia.
El día 3 de septiembre de 1939 el Winnipeg atraca en el puerto de Valparaíso. La tarea de Neruda llegaba a buen término. Al día siguiente desembarcan los españoles que fueron recibidos por las autoridades chilenas. Como una sentida forma de agradecer la generosidad de Chile, y en especial la del Presidente Pedro Aguirre Cerda, los inmigrantes cuelgan del barco un gran telón con el rostro del presidente pintado sobre él. El gesto era más importante aún, puesto que en Chile algunos sectores políticos (derechistas, para variar) se habían opuesto tenazmente a la tarea solidaria del gobierno de Aguirre Cerda, pero una vez arribado el navío a las costas chilenas esa oposición se fue difuminando, hasta desaparecer completamente al constatarse que los españoles del Winnipeg constituían un verdadero aporte intelectual y técnico para nuestro país.
La mayoría de los que desembarcaron del Winnipeg permaneció en Chile, integrándose plenamente a la sociedad criolla y colaborando de forma espléndida en el desarrollo de algunas artes y oficios.
El investigador chileno Julio Gálvez Barraza nos cuenta que: “médicos, ingenieros, químicos, electricistas, técnicos pesqueros, pescadores, obreros textiles, carpinteros, mecánicos, metalúrgicos, sastres, panaderos, mineros y de otras profesiones y oficios bajaron del barco con un equipaje compuesto de agradecimiento y esperanza en el futuro”.
La plástica chilena de nuestros días se ve encabezada por dos grandes pintores; Roser Bru y José Balmes, ambos pasajeros del Winnipeg y ambos, después, alumnos de tres grandes de la pintura chilena; Burchard, Camilo Mori y Perotti. Llegaron a Chile siendo casi unos niños. Roser Bru comenzó a estudiar acuarela y croquis como alumna libre en la Escuela de Bellas Artes. Fue una de las más destacadas integrantes del Taller 99, dirigido por Nemesio Antúnez y, desde hace mucho tiempo, su obra goza de un prestigio reconocido en los más importantes centros del arte contemporáneo.
José Balmes, el mismo mes de su llegada a Chile, con doce años, también ingresó en la Escuela Bellas Artes como alumno libre. El más chileno de los exiliados, según una propia definición, permaneció en ella hasta septiembre de 1973, cuando terminó como Decano. Sobre su acelerada “chilenización” el pintor, nacido en 1927, en Montesquiu, Cataluña, cuenta que estudió en el Liceo Barros Borgoño: “allí me chilenicé definitivamente, porque si no te chilenizabas en el Barros Borgoño, que era llamado la Universidad del Matadero, o los mal hablados le llamaban los matarifes, si no te chilenizas allí quiere decir que eres realmente estúpido”.
La excelente (y afamada) pintora Roser Bru, a los 16 años de edad había emprendido el viaje. “Los 16 años los cumplí en la frontera con Francia, de donde zarpó el barco. Yo venía con mi hermana. Nosotras dormíamos en las bodegas, en literas, y el día lo pasábamos en el segundo piso cuidando a los niños del barco, que se movía como una ballena. A Valparaíso llegamos de noche con esa luz maravillosa que parece colgada en los cerros del espléndido puerto. Bajamos, ahí nos vacunaron y tomamos un tren que iba pasando por diferentes pueblos, donde la gente nos lanzaba flores. Al llegar a la Estación Mapocho, nos llevaron al Centro Catalán, que quedaba en calle Moneda con Bandera, y ahí nos dieron una bienvenida con porotos y chorizos”.
Todos y cada uno de esos 2.365 españoles que arribaron a nuestro país un día 04 de septiembre de 1939, sin duda alguna, constituyeron un aporte magnífico para el desarrollo de esta hermosa república. Con el paso de los años, los ‘refugiados’ echaron raíces, tuvieron hijos entre el mar y la cordillera, se emocionaron con los colores de nuestro pabellón y amalgamaron cual crisol único las costumbres propias con las nuestras, engrandeciendo el currículo de esta tierra que, por bella y plácida, resulta envidiada en muchos lugares.
¿Y qué pasó finalmente con ese mítico barco? El Winnipeg, construido en 1918 para acarrear tropas en la Primera Guerra Mundial, luego de su viaje emblemático regresó a Francia a cumplir la misma labor para otras gentes y otras solidaridades, pero fue hundido en alta mar, en el océano Atlántico, por un torpedo de un submarino alemán. Aún no se sabe dónde están sus restos.

Arturo Alejandro Muñoz

Monseñor Romero: cura de los pobres, víctima de los paramilitares



Se cumplen cien años del nacimiento del arzobispo de San Salvador, asesinado en 1980 por “escuadrones de la muerte”

El 24 de marzo de 1980 le abatió un francotirador, de un disparo en el corazón, mientras oficiaba misa en la capilla del Hospital Divina Providencia de San Salvador. El asesinato de Óscar Arnulfo Romero perpetrado por “escuadrones de la muerte” no sólo representó uno de los grandes ejemplos de la barbarie ultraderechista, sino que abrió el camino a la guerra sostenida en El Salvador entre 1980 y 1992, con decenas de miles de muertos y desaparecidos. El pasado 15 de agosto se cumplió el centenario del nacimiento de Monseñor Romero.
Las palabras de su última homilía dominical, un día antes del asesinato, se han repetido en infinitos medios: “En nombre de Dios, en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno, que cese la represión”. Pero no ocurrió así. Una semana después del magnicidio, durante los funerales de Romero estalló una bomba frente a la catedral de San Salvador, donde se congregaban entre 50.000 y 100.000 personas según las fuentes. A la explosión siguieron disparos, atropellamientos, heridos y muertos. El Informe de la Comisión de la Verdad de Naciones Unidas, publicado en 1993, refiere entre 27 y 40 víctimas mortales y más de 200 heridos.
Nacido en Ciudad Barrios (departamento de San Miguel) el 15 de agosto de 1917, ordenado sacerdote en Roma y arzobispo de San Salvador desde febrero de 1977, este cura vinculado a los pobres denunciaba en las homilías las violaciones de los derechos humanos. En la misa del 23 de marzo hizo mención a un reciente paro laboral en el área metropolitana de San Salvador, organizado por la Coordinadora Revolucionaria de Masas; fundada en enero de 1980, en la Coordinadora se integraban organizaciones como el Frente de Acción Popular Unificada, el Bloque Popular Revolucionario o el Movimiento de Liberación Popular.
El paro contó con notable seguimiento en la ciudad y en el campo, pero el Gobierno respondió -entre otras medidas- con los patrullajes urbanos y el tiroteo de la Universidad de El Salvador; Monseñor Romero explicó al auditorio de feligreses que al menos diez obreros resultaron muertos en las fábricas por la protesta y tres trabajadores de la Alcaldía aparecieron sin vida, tras resultar detenidos por la Policía de Hacienda. El mismo día, agregó Óscar Arnulfo Romero, se produjeron otras muertes, entre 60 y 140 según las fuentes. “El paro representó un avance en la lucha popular y fue una demostración de que la izquierda puede paralizar la actividad económica del país”. Ciertamente la Coordinadora cometía errores, explicó el arzobispo, pero ello se debe a que son “perseguidos, masacrados y dificultados en sus labores de organización”.
El 17 de febrero de 1980 Romero dio cuenta de una carta que le dirigió a James Carter, presidente demócrata de los Estados Unidos entre 1977 y 1981. En la misiva señalaba su preocupación por el hecho de que la presidencia estadounidense pudiera apoyar la “carrera armamentista” en El Salvador con asesores y equipos militares; según informaciones periodísticas, se trataría de entrenar a tres batallones en logística, comunicaciones e inteligencia. El religioso afirmaba que las fuerzas armadas y cuerpos de seguridad salvadoreños “en general sólo han recurrido a la violencia represiva, produciendo un saldo de muertos y heridos mucho mayor que los regímenes militares recién pasados”. Pero aclaró que no estaba en contra de la institución de las Fuerzas Armadas.
El nueve de marzo, en otra de las homilías, el discurso de Romero fue todavía más directo. Las víctimas, que aumentaban a diario, mostraban el objetivo de “extinción violenta de todos aquellos que no estén de acuerdo, desde la izquierda, con las reformas propuestas por el Gobierno y propiciadas por Estados Unidos”. Entre otros ejemplos, el estudiante Rogelio Álvarez, quien murió tras las torturas y ser detenido “ilegalmente” por civiles. O el profesor José Trinidad Canales, acribillado a balazos; o los cuatro campesinos muertos, tras un ataque militar, en Cinquera (departamento de Cabañas). Además de la nómina de represaliados, también Óscar Arnulfo Romero reprodujo sus palabras ante el pontífice Woktyla: “En mi país es muy peligroso hablar de anti-comunismo porque el anticomunismo lo proclama la derecha, no por amor a los sentimientos cristianos sino por el egoísmo de cuidar sus intereses egoístas”.
En mayo de 1980 el militar Roberto D’Aubuisson fue apresado en una finca, junto a un grupo de militares y civiles por la presunta responsabilidad en el crimen. El informe de la Comisión de la Verdad señala a D’Aubuisson, exmayor y fundador en 1981 del partido derechista ARENA (Alianza Republicana Nacionalista), como sujeto que dio la orden de asesinar a Romero. Vinculado al paramilitarismo y a los “escuadrones de la muerte”, fue presidente de la Asamblea Constituyente de El Salvador en 1983 y diputado de la Asamblea Legislativa durante siete años. En el registro se hallaron armas y documentación que implicaban al grupo con la muerte de Óscar Romero y la financiación de los “escuadrones”.
Sin embargo, el informe resalta que ni D’Aubuisson ni sus cómplices fueron llevados ante el poder judicial. Que el intento de asesinato del juez Atilio Ramírez Amaya, asignado para la investigación judicial, tenía como fin que no se resolviera el caso. O que la Corte Suprema de El Salvador desempeñó un rol activo en impedir la extradición desde Estados Unidos del excapitán Saravia, otro de los militares implicados (en mayo de 2017 un tribunal de El Salvador reabrió el proceso contra Saravia, único acusado por el crimen del arzobispo; se anuló de este modo el sobreseimiento judicial ordenado en 1993). Tampoco los policías que en su día se personaron en la capilla, donde se produjo el magnicidio, mostraron diligencia alguna en la recopilación de pruebas.
El nueve de marzo de 1980 monseñor Romero dedicó el ritual a la evocación de Mario Zamora Rivas, Procurador General de Pobres asesinado el 22 de febrero. Al día siguiente se encontró tras el púlpito un maletín con una bomba, que no estalló. La derecha en todas sus variantes, gubernamental, civil y militar, tenía a Óscar Arnulfo Romero en el punto de mira. Era un “subversivo”. El informe de la Comisión de la Verdad recoge artículos de prensa que se hacen eco de estas acusaciones. Así, en un artículo del periódico derechista “El diario de Hoy” de El Salvador (febrero de 1980) se le califica como un arzobispo “demagogo y violento, que estimuló desde la catedral la adopción del terrorismo”; en otro texto del mismo periódico se dice que es conveniente “que la Fuerza Armada empiece a aceitar sus fusiles”.
Cuando se produjo el asesinato de Romero, regía los destinos del país la Segunda Junta de Gobierno, con el coronel Arnaldo Majano como presidente; le sucedió en la presidencia José Napoleón Duarte, a partir de diciembre de 1980, con quien empezó a caminar la Tercera Junta de Gobierno. A finales de 1980 se formó el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN).
¿En qué contexto se produjo el asesinato de Romero? La Comisión de la Verdad registró más de 22.000 denuncias de violencia “grave” entre enero de 1980 y julio de 1991, de las que más de un 60% correspondían a ejecuciones extrajudiciales, el 25% a desapariciones forzadas y en el 20% de los casos se denunciaron también torturas. El 85% de los testimonios imputaron las violaciones de derechos humanos a agentes del estado, “escuadrones de la muerte” y paramilitares. Socorro Jurídico Cristiano “Arzobispo Óscar Romero” contabilizó la muerte de 7.916 campesinos en 1981. La Comisión No-Gubernamental de Derechos Humanos de El Salvador informó en noviembre de 1981 de que en el lugar conocido como “El Playón”, podían visibilizarse las masacres, detenciones arbitrarias y desapariciones de los últimos meses: allí se habían arrojado los cadáveres de más de 400 personas. La Asociación Nacional de Educadores Salvadoreños (ANDES) dio cuenta de la ejecución de 136 maestros en el primer semestre de 1981.
Socorro Jurídico Cristiano “Arzobispo Óscar Romero” denunció el número de víctimas entre la población civil. 11.903, en 1980; otras 16.266 en el año 1981; y 5.962 víctimas, en 1982. Pero además de los balances estadísticos, es posible trazar un memorial de las masacres. En la de El Calabozo (agosto 1982), en el departamento de San Vicente, el ejército asesinó a más de 200 personas con el pretexto de “limpiar” la zona de guerrilleros. En el caserío El Mozote del departamento de Mozarán (diciembre de 1981) la cifra de campesinos asesinados podría alcanzar los 900; y en la masacre de Sumpul (Chalatenango), en mayo de 1980, el ejército de El Salvador y grupos paramilitares abatieron a no menos de 300 civiles desarmados (unos meses después el presidente José Napoleón Duarte afirmó que se trataba de “guerrillas comunistas”). Óscar Arnulfo Romero pensaba de otro modo: “Éste es el pensamiento fundamental de mi predicación: nada me importa tanto como la vida humana”.
La muerte de Romero no fue la única sufrida por religiosos. En diciembre de 1980 fueron violadas y asesinadas por agentes de la Guardia Nacional de El Salvador tres monjas norteamericanas y una misionera laica. En “El miedo a la democracia” (Crítica, 1991), el lingüista y politólogo Noam Chomsky afirma que los medios de comunicación en intelectuales “ignoraron en gran medida el asesinato del arzobispo Romero, que no mereció siquiera un editorial en The New York Times”. Chomsky reproduce las informaciones del sacerdote católico Daniel Santiago en la revista jesuita América, sobre las acciones de la Guardia Nacional salvadoreña y el efecto del adiestramiento militar por parte de Estados Unidos; por ejemplo, una mujer campesina que encontró, al retornar al hogar, a su madre, hermana y tres hijos decapitados. Úteros extirpados con los que se cubrían las caras de las víctimas o genitales mutilados e introducidos en la boca, se utilizaban como estrategia de intimidación.
El intelectual estadounidense recuerda el panorama siniestro de la época: fuerzas armadas que iniciaban la recluta a partir de los 13 años, y enseñaban rituales de las SS, incluidas las violaciones. Además, en ocasiones “el partido ARENA en el gobierno denominaba ‘ejército de salvación nacional’ a los escuadrones de la muerte; los miembros de este partido (incluyendo al presidente Cristiani) prestaban juramento de sangre al ‘líder vitalicio’, Roberto D’Aubuisson”, explica Chomsky. Casi una década después de la muerte de Óscar Romero, militares salvadoreños asesinaron en la sede de la Universidad Centroamericana en San Salvador a Ignacio Ellacuría y otros cinco jesuitas, además de una trabajadora del centro y su hija.

Enric Llopis

Primer round para el gobierno, vienen dos meses calientes



En las primeras horas del lunes, el capital financiero saludaba la victoria electoral del macrismo con una suba de la Bolsa y de los títulos públicos, y una valorización del peso. Las dimensiones de estas subas se encuentran lejos de ser espectaculares, pero señalan una prórroga de la confianza de la burguesía hacia el programa de guerra de clase que se empeña en desarrollar el gobierno nacional. O sea que anuncian nuevas medidas de ataque a los trabajadores, incluso por vía de decretos.

Polos

Los límites políticos y las contradicciones de los resultados, tomados en su conjunto, son claros: el oficialismo obtiene a nivel nacional solamente la tercera parte de los votos, pero consigue resultados políticos importantes en Capital, Córdoba y Mendoza, y por supuesto en San Luis y Santa Cruz. Ese tercio está acompañado por las victorias de ‘macropejotistas’ como Urtubey en Salta; Morales en Jujuy; la de los socios del macrismo en la Mesopotamia; en La Pampa (en Neuquén fue apuntalado por el MPN); y araña un primer lugar, cierto que módico, en Santa Fe. Aunque varios comentaristas ubican los votos de Massa en el campo opositor, desde el punto de vista de la política de conjunto de estos dos últimos años la caracterización más adecuada es de filo oficialista.
La victoria, incluso con estas características, refuerza la capacidad del macrismo para imponer adhesiones ‘opositoras’ en el Congreso y ejercer un gobierno por decreto. Es lo que ha hecho en los últimos meses, sea para ampliar los gastos del Tesoro y para continuar con el endeudamiento sin determinar adónde van asignados, sea para bloquear leyes aprobadas, o la discrecionalidad con que maneja el Banco Central. Incluso para expulsar a Venezuela, sin aval parlamentario, del Mercosur.
La tendencia de las Paso, incluso a través de resultados discrepantes en varias provincias, se ponen aún más de manifiesto en las elecciones bonaerenses. El macrismo logró eludir la derrota que le asignaban numerosas encuestas, incluidas las de bancos internacionales (ni qué hablar del bufón Artemio López). Ha sido aplastado, sin embargo, en los polvorines sociales como La Matanza, Quilmes, y en general en la tercera sección electoral. Las urnas han mostrado una polarización social impresionante entre las clases medias y altas, de un lado, y los obreros y sectores empobrecidos, del otro. El voto que consiguió el macrismo entre las clases medias es, de todos modos, inestable, porque está atado a una paciencia social que fluctúa y que se agota. Los voceros del oficialismo se han cuidado de no interpretar los resultados bonaerenses como un anticipo de una victoria en octubre. Pero ya han puesto en marcha los dispositivos para desarrollar una campaña muy caliente.

Clases en lucha

Las crisis políticas de arriba, como las que atraviesa Argentina desde que comenzara el agotamiento del kirchnerismo, no eliminan la capacidad de acción de las clases dominantes – atizan, por el contrario, su instinto y capacidad de acción. Es lo que ha ocurrido en estos dos años de macrismo, que unificó a la burguesía nativa y provocó una cruzada de apoyo del capital internacional y sus gobiernos y Estados. A Menem le llevó dos años estabilizar su gobierno, incluso por un tiempo limitado – hasta el inició de la crisis del ‘tequila’, a finales de 1994.
Colocados en un contexto más amplio, es decir internacional, los comicios de ayer han puesto de manifiesto que los trabajadores han asimilado en forma defectuosa el derrumbe de los gobiernos ‘nacionales y populares’ en América Latina, desde Venezuela, como es evidente, pero también Brasil, Uruguay, Paraguay y hasta Bolivia y, con vueltas y firuletes, Ecuador. Una parte del pueblo se ha resignado a tolerar una salida financiada con deuda internacional, la otra a seguir, sin perspectiva, el viejo relato en decadencia.
El vocero kirchnerista, Luis Bruschtein, no tiene la menor incomodidad en contar, en Página 12 (14.8), que “en el entorno kirchnerista se afirma que, cuando se incorpore, Cristina Kirchner no romperá el bloque de senadores”, es decir que formará yunta con quienes votaron todas las leyes del macrismo. La polarización social en el distrito bonaerense no tiene correlato, entonces, con la expresión política a la que entregó el voto y que anuncia que intentará insertarse como auxiliar del sostenimiento del régimen político entreguista. Bruschtein no lo ve de esta manera, pero se va por las ramas, y no tanto: “lo más probable”, titubea, “es que después de la elección de octubre se produzca un proceso de renovación de autoridades para que la nueva estructura (se refiere al bloque del pejotismo) sea más coherente con la situación que afrontará el peronismo en los dos últimos años del gobierno de Macri”. En resumen, ningún programa de lucha, pura ajetreo parlamentario, afán de resucitar cadáveres insepultos.
Si el ánimo ‘cristinista’ es este, el que reina en la CGT es fácil de imaginar: se dispone a ingresar en un inmovilismo sin vergüenza, mientras procura que el macrismo le conserve los privilegios. Al movimiento obrero clasista se le plantea el desafío de organizar un plan de defensa contra la ofensiva que las patronales no dejarán de aprovechar, apoyadas desde el Estado.

Los desafíos

El FIT se volvió a convertir en la opción excluyente, con alguna excepción, de los trabajadores en el campo de la izquierda. Podría mejorar para las generales de octubre, a partir del vacío que dejan corrientes que no superaron las Paso. Es necesario insistir que enfrenta una etapa de transición, una de cuyas características es la enorme confusión de las masas acerca de los alcances del agotamiento del ‘progresismo’ y del nacionalismo pequeño burgués, y por lo tanto de las conclusiones que se imponen. El FIT ha obtenido algunos resultados excelentes, en primer lugar en Jujuy, donde seguramente ha canalizado una parte de los votos que obtuvo la agrupación de Milagro Sala en 2015, y también en Santa Cruz, donde quedó como tercera fuerza, lo cual da una expresión política propia a la insurgencia popular en la provincia. Varios observadores destacan la “resistencia” del FIT a lo que caracterizan como un ‘oleaje’ macrista.
Otros tres resultados importantes han sido Mendoza, Neuquén y Salta, en el marco de parámetros obtenidos en elecciones anteriores. En Mendoza se plantea la pelea difícil para volver a ganar una diputación nacional. En Salta, el Partido de la Victoria, un aliado crónico de Urtubey, logró ponerse adelante del FIT, con una campaña ‘cristinista’. Tenemos una gran pelea en Salta de cara a las generales. Una elección muy buena realizó el FIT en Chubut, porque hacía un debut electoral, en el marco de conflictos y luchas en Aluar y petroleros, la lucha mapuche y el enorme deterioro urbano de Comodoro Rivadavia. Los partidos del FIT harán, en los próximos días, un balance detallado y más preciso, del conjunto de la participación en las Paso, incluido factores fundamentales como el nivel de movilización militante, organización del apoyo popular y número de fiscales. La lucha electoral, además de los votos, y a veces más que los votos, importa por la movilización que se ha logrado de la vanguardia de los trabajadores.

Octubre

En cuatro distritos – Capital, provincias de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe – queda una batalla ardua hacia las generales. Desde 2013, ha estado la expectativa de conseguir una representación al Congreso nacional en Caba y Córdoba, y aumentar la de Buenos Aires. En estos escenarios, el FIT enfrenta una pelea de fondo. En Córdoba, el FIT retrocedió medio punto respecto a las primarias de 2015; el frente Mas-Mst, a su vez, logró atravesar las Paso en el distrito. Un ‘cristinista’, Pablo Carro, salió tercero, aunque retrocediendo en el porcentual de votos.
Los dos meses a octubre se perfilan como singularmente críticos en varios sentidos – de un lado, por los altibajos de la situación económica y los ataques sociales y laborales del gobierno, del otro, por el diseño que desarrollarán las fuerzas políticas en presencia. Las Paso no han definido ninguna de las cuestiones políticas fundamentales, pero es lo que la gran burguesía y el gobierno intentarán definir de aquí en más. Se asistirá, seguramente, a una lucha política despiadada, incluida la guerra sucia, y a una reducción de las promesas retóricas. Asistiremos a una readecuación de las campañas. Tenemos por delante dos semanas de intensa elaboración política de parte del Frente de Izquierda y los Trabajadores.

Jorge Altamira

¿Quiénes son los Benetton, usurpadores de tierras patagónicas?



Los terratenientes del sur argentino, las luchas de los pueblos originarios y la desaparición de Santiago Maldonado.

La guerra de Macri contra el pueblo mapuche



"Esta es la nueva Campaña del Desierto, pero no con la espada sino con la educación, dijo Esteban Bullrich, entonces ministro de Educación y Deportes al inaugurar un hospital-escuela en septiembre del año pasado (goo.gl/JxD7Wl). Más allá de la brutalidad de las palabras del actual candidato a senador que compitió con Cristina Fernández en la provincia de Buenos Aires, la frase desnuda lo que piensan los de arriba de los pueblos originarios.
La Campaña o Conquista del Desierto fue un genocidio perpetrado por el Estado argentino entre 1878 y 1885, cuando arrebató grandes extensiones de territorio a los pueblos mapuche, ranquel y tehuelche. Los indígenas derrotados por las fuerzas comandadas por Julio Argentino Roca fueron deportados por la fuerza a campos de concentración, exhibidos en museos o trasladados para servir como mano de obra forzada.
El objetivo de fondo, ese que no se puede expresar en público pero es la fuerza motriz oscura de las acciones, fue la expropiación de sus territorios para incorporar tierras al mercado y expandir la república en zonas que, antes y ahora, son consideradas como desierto, porque son espacios poco fértiles para la acumulación de capital.
Los Bullrich (el candidato macrista y su tía Patricia, actual ministra de Seguridad) forman parte de una distinguida familia de la oligarquía argentina, que jugó un papel directo en la Campaña del Desierto.
El historiador Osvaldo Bayer mostró, con base en documentos de la Sociedad Rural, que entre 1876 y 1903 se otorgaron casi 42 millones de hectáreas a mil 800 familiares y empresarios amigos del presidente Roca. Algunas familias, como la del ex ministro de Economía de la última dictadura, Martínez de Hoz, obtuvieron gratis 2.5 millones de hectáreas.
Según un informe de la BBC, una buena parte de esas tierras pertenecen actualmente a Benetton, que posee casi un millón de hectáreas, siendo uno de los principales dueños de la Patagonia, en conflicto permanente con las comunidades mapuche, ya que la multinacional ocupa parte de sus territorios ancestrales (goo.gl/73JZTy).
El extractivismo es la continuación de la Campaña del Desierto. Según el periodista Darío Aranda, de los 40 proyectos mineros en estudios (en 2003), se avanzó hasta 800 proyectos (en 2015); de 12 millones de hectáreas con soya transgénica se pasó a 22 millones en el mismo periodo. Amnistía Internacional contabilizó un piso de 250 casos conflictivos, entre los que detectó un punto en común: detrás siempre hay empresas (agropecuarias, petroleras y mineras, entre otras) que actúan en complicidad, por acción u omisión, de los gobiernos (goo.gl/71ckCG).
Los medios hacen un trabajo sucio al vincular a los mapuche a las FARC, a grupos kurdos y a ETA, sin prueba alguna, sólo apoyados en declaraciones del gobernador de Chubut, al servicio del avance de la frontera extractiva. La ministra de Seguridad, Bullrich, dio un paso más al señalar que los mapuches son un problema para la seguridad nacional y acusarlos de terroristas, a la vez que asegura que enarbolan un proyecto secesionista.
No vamos a permitir una república autónoma y mapuche en el medio de la Argentina. Esa es la lógica que están planteando, el desconocimiento del Estado argentino, la lógica anarquista, dice quien en los setenta militaba en el entorno de la organización armada Montoneros (goo.gl/yp2hfU).
Detrás de todo este cacareo hay una realidad que es la que realmente molesta: en los últimos 15 años, luego de agotar la instancia administrativa y judicial, el pueblo mapuche recuperó 250 mil hectáreas que estaban en manos de grandes terratenientes, asegura Aranda. O sea, pese a la represión, la criminalización y la difamación, los mapuche están ganando.
El conflicto del Estado con la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia, en la localidad de Cushamen, provincia de Chubut, se intensificó en 2015 a raíz de la represión y criminalización de sus líderes. El lonko Facundo Jones Huala, autoridad mapuche de la comunidad, fue detenido el 28 de junio de este año, el mismo día en que se reunieron los presidentes Mauricio Macri y Michelle Bachelet, acusado por los gobiernos de terrorismo, incendios, robos, amenazas e, incluso, haberle declarado la guerra a Chile y Argentina (goo.gl/1khbBy).
El primero de agosto efectivos de la Gendarmería Nacional allanaron y quemaron instalaciones de la comunidad. En el marco de la represión desapareció el activista solidario Santiago Maldonado, cuando no pudo cruzar un río junto a sus compañeros perseguidos por los policías. Hasta ahora nada se sabe de su paradero, el gobierno se niega a responder mientras arrecian las marchas y concentraciones exigiendo su aparición con vida.
Hay tres hechos que desesperan a los de arriba y explican la brutalidad represiva.
Uno, el pueblo mapuche sigue vivo, no se rinde y recupera tierras, que es la base de su reconstrucción como nación.
Dos, la campaña nacional e internacional en su apoyo. Un centenar de organizaciones de pueblos originarios, Amnistía Internacional, el Servicio de Paz y Justicia y la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, emitieron un comunicado titulado La lucha indígena no es delito, donde dicen que el Estado privilegia los intereses de las petroleras y criminaliza al pueblo mapuche.
Tres, que los mapuche han construido las más diversas organizaciones, entre ellas la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), dedicada a recuperar tierras. Daniel Loncon, integrante de la Cátedra Libre de Pueblos Originarios, dijo que entre los mapuche algunos prefieren la vía diplomática, pero también hemos sido testigos de nuestros abuelos que se han muerto yendo de oficina en oficina buscando la legitimación de sus tierras. El RAM en ese sentido es una expresión del pueblo mapuche cansado de esta injusticia histórica, pero consciente de dónde está el poderío económico que maneja todo esto. Porque la recuperación no se hizo a un vecino, sino a una multinacional (goo.gl/GEqKq9).

¡Marichiweu!

Raúl Zibechi
La Jornada

viernes, agosto 18, 2017

Calentamiento global: el capitalismo y las catástrofes ambientales



Sobre el desprendimiento del Iceberg en la Antártida y la agonía de la gran barrera de coral australiana

El calentamiento global es un fenómeno que ocurre principalmente como producto de la emisión a la atmósfera de los denominados gases de invernadero (dióxido de carbono, metano, etc), que a partir de la revolución industrial fueron aumentando progresivamente en la atmósfera, como resultado principalmente de la quema de combustibles fósiles (petróleo, gas).
Estos gases atrapan la radiación solar reflejada por la tierra por lo que, al aumentar su cantidad, aumenta la retención de esa radiación, elevando la temperatura terrestre.
La mayor parte del planeta es agua, entonces el aumento de la temperatura terrestre implica también la elevación de la temperatura de los océanos. Por otro lado, el aumento en la cantidad de dióxido de carbono en la atmósfera tiene también como consecuencia el aumento de la acidez del agua.
La salida de Trump del (de todos modos inútil) acuerdo de París se produce de manera casi simultánea con dos fenómenos que evidencian el impacto a gran escala que el modo de producción capitalista está generando en el Planeta Tierra: por un lado, un iceberg de casi 6 mil kilómetros cuadrados (alrededor de 30 veces la ciudad de Buenos Aires) se desprendió de la Antártida, algo que constituye una tendencia (especialistas afirman que cerca del 80% de las barreras de hielo de la Antártida occidental se han perdido en los últimos 40-50 años). Por el otro, el fenómeno del blanqueamiento y posterior muerte de los corales de todos los océanos, y el más impactante, el de un gran porcentaje de la gran barrera de coral australiana, declarada patrimonio de la humanidad.
Los corales son animales marinos formados por pólipos que presentan simbiosis con microalgas que habitan en su interior y que realizan fotosíntesis. La elevación de la temperatura provoca la expulsión de esta microalga simbiótica de los pólipos de los corales (a diferencia de nosotros, la temperatura de la mayor parte de los organismos marinos depende directamente de la temperatura del agua). Además, el aumento de la acidez del agua dificulta la formación de la estructura del coral.
Determinar los alcances y las consecuencias de estos fenómenos es sumamente difícil por la complejidad del entramado de los ecosistemas. El desprendimiento del iceberg implica la aceleración progresiva del derretimiento de los polos (un cubo de hielo tarda más tiempo en derretirse que si uno tritura ese mismo cubo), lo que implica la elevación del nivel del mar y la desalinización del mismo dado que el hielo polar es de agua dulce.
Los corales, a su vez, son la base de ecosistemas marinos enteros. La gran barrera de coral, por ejemplo, tiene una superficie un poco mayor a la provincia de Buenos Aires. Sirve, por lo tanto, de hábitat y de alimento a una enorme variedad de especies marinas, que en muchos casos también son consumidas por los humanos. Como un castillo de naipes, retirar las cartas que están en la base, puede, en determinado momento, derribar toda la estructura.
La responsabilidad del imperialismo y de los gobiernos capitalistas es ineludible. El acuerdo de París, cuya cumbre fue financiada por muchos de los pulpos contaminantes (como Volkswagen), no fijó metas concretas ni obligaciones por país y buscó lavarse la cara frente a los movimientos ambientales. Es, a su vez, fuente de pujas intercapitalistas e interimperialistas, como lo demostró el reciente portazo de Trump.
Con la salida del acuerdo de París, Trump quiso congraciarse con el sector del carbón y el petrolero, pero chocó con los intereses de las compañías que han invertido en energías renovables, como las tecnológicas.
La depredación ambiental es inherente a un régimen social que consagra en el altar supremo a la ganancia capitalista, buscando disminuir el costo de la mano de obra, y, por supuesto, reducir a la mínima expresión cualquier costo que implique la preservación del medio ambiente. Y donde hay una aguda lucha por la supervivencia entre los grupos que dominan la economía mundial.
En nuestro país, el desmonte adquiere niveles que están dentro de record mundiales. El avance de la frontera de la soja y otros monocultivos impulsados por las grandes empresas, y sostenido desde kirchneristas hasta macristas, viene destruyendo los montes nativos, con su biodiversidad y sus habitantes.
Por otro lado, YPF y Chevron (empresa con la que el gobierno K realizó un acuerdo secreto que el actual gobierno mantiene vigente) están dentro del ranking de las 100 empresas con más responsabilidad en la emisión de gases de invernadero.
El catastrofismo, como método marxista de comprensión de las tendencias del capitalismo a su disolución y a la catástrofe social, como resultado de sus contradicciones internas, muestra toda su vitalidad ante la catástrofe ambiental. El régimen social capitalista debe ser reemplazado por una economía que esté planificada centralmente, en función de las necesidades de la población, y no del lucro capitalista, con toda la tecnología que la humanidad ha desarrollado y podrá desarrollar. Esto es posible, únicamente, bajo un gobierno de trabajadores. Manos a la obra, antes de que sea demasiado tarde.

Santiago Vasconcelos (Profesor de Biología, Miembro de TD)