miércoles, diciembre 11, 2019

La movilización en Colombia no se apaga



En Colombia continúa el proceso de movilizaciones contra el paquetazo de medidas ajustadoras y privatistas de Iván Duque. Este martes 10, hubo concentraciones en todo el país que añadieron a los reclamos un aumento del salario mínimo, dado que se está discutiendo su actualización anual. El 4, por tercera vez en veinte días, los trabajadores y la juventud colombiana desarrollaron un cese de actividades convocado por el comité nacional de paro (que nuclea a la CUT, la CGT y la CTC).
El rechazo a la gestión de Iván Duque alcanzó, según la encuestadora Invamer, el 70%. El país vive cacerolazos, marchas y “plantones” estudiantiles, y las organizaciones indígenas se han sumado también a la lucha. El domingo hubo un masivo festival musical, “Un canto por Colombia”, en el cual artistas muy conocidos expresaron su apoyo a las protestas. El clima se extendió incluso a las canchas de fútbol: durante el partido de América Cali-Santa Fe, la hinchada coreó al unísono “Uribe, paraco, el pueblo está berraco” (enojado). Alvaro Uribe, ex presidente conocido por sus vínculos con paramilitares (de ahí lo de “paraco”), es socio político de Duque.
El empuje de las masas ha obligado a las centrales sindicales a ir más allá de lo que deseaban. El titular de la CGT había planteado, tras el histórico paro y movilizaciones del 21, que debía “volver la normalidad” al país. Pero esa misma noche se produjeron cacerolazos masivos y en los días siguientes hubo nuevas protestas, en el curso de las cuales la represión criminal del Esmad (Escuadrón Móvil Antidisturbios) se cobró la vida del joven Dilan Cruz. Ante esta presión popular, las centrales sindicales debieron convocar nuevas medidas. Pero el propósito de desmovilizar y regimentar sigue intacto. Tras la jornada del 10, las centrales quieren suspender las medidas de fuerza por el resto del año. "Nosotros entendemos que esta es una época de fiesta, incluso de descanso", intentó justificar un vocero de la CUT (El Tiempo, 10/12).
Esto cuando la movilización ha planteado la posibilidad de derrotar a Duque.

Mesa de negociación

Como resultado de las gigantescas protestas, el gobierno derechista propuso una serie de diálogos con los partidos de la oposición y las organizaciones que llevan a cabo las protestas. Ya se han dado algunas reuniones con el comité nacional de paro, pero han fracasado.
El proceso de negociaciones no impide que Duque siga tratando de hacer pasar su paquete de ajuste. Ya avanzó en la constitución de un holding financiero, privatizando el sistema financiero público, y está buscando una mayoría en el Congreso para imponer una reforma tributaria que beneficia a los grandes capitalistas. En este punto, el partido de Duque (Centro Democrático) depende del apoyo de otras fuerzas (Cambio Radical, Partido de la U). En carpeta están una reforma laboral y previsional reaccionarias.
Con tan solo quince meses de gestión, Duque demostró ser un alfil del FMI y del imperialismo. Se alineó a la cruzada de Trump contra Venezuela y retomó la fumigación aérea con glifosato de los cultivos de coca. Los activistas sociales siguen muriendo a manos de las bandas paramilitares.

Luchar hasta vencer

Si bien desde hace meses los trabajadores se movilizan, el 21N marcó un punto de inflexión. El pueblo parió una rebelión inusitada, concordante con el resto de Latinoamérica (Haití, Ecuador, Chile, la movilización antigolpista en Bolivia), exponiendo su hartazgo ante la desigualdad social, el desempleo galopante y los constantes golpes a las reivindicaciones de la juventud. Se vuelve a demostrar que las recetas del FMI son contrarias a las necesidades de los trabajadores.
Por un congreso de bases del movimiento obrero y la huelga general para derrotar a Duque.

Álvaro Chust

La OTAN, 70 años de cuentear al mundo



La OTAN nació con el cuento de evitar que la URSS, país que nunca fue una amenaza para nadie y que sacrificó un alto porcentaje de su población para librar al mundo del yugo nazi-fascista, se apoderara de Europa. La OTAN se comportó relativamente bien mientras existió ese hipotético peligro, pero apenas la URSS se desintegró, comenzó una serie de guerras, que llamó humanitarias pese a que causaron millones de muertos y desplazados, la destrucción de cientos de ciudades y más secuelas fatales, todavía no superadas. En realidad, desató esas conflagraciones para apoderarse de los recursos de otros países luego de una sucia campaña de mentiras. Lo absurdo es que la OTAN siga existiendo pese a que ya no existe la Unión Soviética y el peligro del comunismo sea, por ahora, cero.
El 24 de marzo de 1999, la OTAN comenzó la guerra contra Yugoslavia, un Estado soberano. Le dio al Presidente Slobodan Milošević el siguiente ultimátum: ¡Abandona Kosovo! Y “salvaron Yugoslavia de la misma Yugoslavia” sin que les importen los acuerdos de Teherán, Yalta y Postdam, ni la existencia de la ONU. Se rompía así el orden mundial creado después de la Segunda Guerra Mundial. En ese entonces, la cabeza visible del imperio era el Presidente de EEUU, Bill Clinton.
Entre esa fecha y el 12 de junio de 1999, la OTAN lanzó un total de 420.000 proyectiles, 2.300 misiles crucero Tomahawk y su aviación realizó unas 38.000 misiones de combate, el 38% contra instalaciones civiles. Solamente sobre Belgrado, ciudad que pocos estadounidenses son capaces de señalar en el mapa, cayeron unas 1.000 bombas. Estos ataques criminales cobraron la vida de 2.500 personas, de ellos 89 eran niños, hirieron a 12.500, muchos de los cuales perdieron los brazos o las piernas, destruyeron unas 300 escuelas, varias maternidades y hospitales, unos 25.000 edificios residenciales, cerca de 600 kilómetros de vías férreas, 38 puentes y 470 kilómetros de carreteras y causaron pérdidas materiales por unos 100 mil millones de dólares, lo que la OTAN calificó de “daños colaterales”.
Estos crímenes se justificaron con el bulo de que querían “prevenir una catástrofe humanitaria en la provincia separatista de Kosovo”; el problema de esa región no está resuelto hasta ahora y es la principal fuente de inestabilidad en los Balcanes. El bombardeo de 78 días cambió la política del mundo y es testimonio de cómo las potencias occidentales usan falsos pretextos para ejecutar sus delitos. El Presidente Trump, cuando en el 2016 era candidato, sostuvo que “los serbios son gente buena y que estos bombardeos fueron un gran error. La administración de Clinton creó un caos en los Balcanes”. Esta cruel e injustificada guerra hizo factible que se desintegrara Yugoslavia; que Kosovo proclamara unilateralmente su independencia; que más de 200.000 serbios y otros “no albaneses” abandonaran la región; que la OTAN se aproximara a las fronteras rusas y actualmente sirve de precedente para las amenazas de guerra contra Irán, Venezuela, Cuba y Nicaragua.
Ahora bien, ¿qué mismo es la OTAN, organismo que se autodenomina la más exitosa alianza militar de la historia? Para celebrar el 70 aniversario de su creación sus lideres se reunieron en Londres este 4 de diciembre, pero lo hicieron en condiciones críticas que se han agudizado más aún. En sus entrañas, la atmósfera es lo menos festiva que alguien pudiera imaginar, porque nunca antes se había visto algo semejante a las rivalidades de ahora.
¿Qué festividad pudo haber cuando el Presidente Emmanuel Macron declara al The Economist que “lo que estamos viviendo es la muerte cerebral de la OTAN, por la falta de cooperación entre EEUU y Europa?” ¿Qué mismo oculta la metáfora de la muerte cerebral de la OTAN? Oculta una sutil realidad: EEUU desde siempre fue y es la mano derecha, y la izquierda también, de esta coalición militar, pero de repente llega Macron y propone un trasplante cerebral que da aire a la idea de una Europa libre de la ocupación estadounidense; Alemania, por ejemplo, tiene en su territorio ochenta mil soldados de EEUU y, para colmo, se da el absurdo de que le exigen pagar más aún por mantenerlos.
Esta declaración molestó al Presidente Trump que la calificó de “muy, pero muy desagradable, porque nadie necesita a la OTAN más que Francia. Francamente, quien menos se beneficia es en realidad EEUU. Somos los menos beneficiados, estamos ayudando a Europa. Cuando Francia hace una declaración como la que hizo sobre la OTAN, es una declaración muy peligrosa. Nosotros les ayudamos cuando eran pobres, ahora devuelvan el favor”. Y exige más dinero si quieren que EEUU les defienda, lo que hace que en Europa se pregunten, ¿de quién y de qué manera quieren defendernos?
Por su parte, la Canciller Merkel entró en abierta confrontación con Macron. Sostiene estar aburrida de recoger los trozos de las ta z as que los demás han roto algunas veces, sólo porque espera tener el chance de que todos juntos se sienten a tomar té. Macron le responde que no puede quedar sentado y aparentar que nada pasa. Pero no se trata solamente de que Macron rompe las ta z as que la señora Mekel debe soldar después, tampoco es una simple reyerta entre los casquivanos miembros de la OTAN, sino que existen problemas mucho más profundos, como la disconformidad de Europa con la actual estructura de la OTAN y la manera de financiarla; también hay una toma de consciencia de que las guerras del Medio Oriente, en las que EEUU la embarcó casi en contra de su voluntad, son la causa de los actuales líos migratorios y de la aparición de grupos terroristas contra los que le toca luchar sola.
Macron, verdadero crítico de la OTAN, cree que Europa vive momentos claves para liberarse del vasallaje y la tutela de EEUU, por eso sostiene: “La OTAN es una alianza colectiva de defensa. ¿Contra qué y contra quién pelea? ¿Cuales son nuestros temas comunes? Estas preguntas, que son estratégicas, requieren respuestas precisas. ¿Es hoy Rusia nuestra enemiga, como a menudo escucho? ¿Es China el objetivo de la OTAN? ¿Debemos declararlos nuestros enemigos? ¡No, no estamos de acuerdo! Hoy día nuestro enemigo común es el terrorismo, que ha mordido a cada uno de nuestros países”. Macron, siguiendo sin dudar las huellas del General De Gaulle, quiere ser el adalid intelectual de Europa, de una Europa que espera con impaciencia el nacimiento del mundo bipolar de EEUU y China. En estas circunstancias, Macron ve que Rusia, como mínimo, podría servirle a Europa de puente en sus relaciones con China.
Algo completamente diferente piensa la Canciller Merkel. Aspira a que todo siga igual a lo que hubo luego de la caída del Muro de Berlín. Sabe que eso no es posible, pero no lo puede ni lo quiere reconocer, lo comprende muy bien, pero desea no distinguir la diferencia entre el pasado no lejano, la unipolaridad, y la actual multipolaridad, pretende que nada cambie y por eso sostiene: “La conservación de la OTAN corresponde totalmente a nuestros intereses, más que en los años de la Guerra Fría o, por lo menos, en el mismo grado”.
Lo increíble es que la OTAN no determine todavía quien es su real enemigo o si verdaderamente tiene enemigos. Stotemberg, su Secretario General, dice “no tener la lista de enemigos de la OTAN y no ve que ninguno de sus miembros esté en peligro. Rusia es un país fuerte, está armada con técnica militar moderna, incluidas las armas atómicas, lo que rompe los convenios internacionales, pese a ello, no es enemiga de la OTAN… Nosotros le enviamos a Rusia una señal fuerte cuando estacionamos nuestras fuerzas en Polonia y países del Báltico; de esta manera evitamos un ataque, que es la finalidad de la OTAN”. Uno se pregunta, ¿si ninguno de sus miembros está en peligro, contra quién se arman? ¿Tiene sentido que el Presidente Trump exija a sus aliados de la OTAN incrementar los gastos militares?
Rusia, cuyo cerebro está bien vivo, recuerda que en 1941 toda Europa continental, bajo el mando de Hitler, se lanzó a conquistarla. Por eso, el Presidente Putin, que nunca come cuentos, expresó: “Hoy hay que partir de que la ampliación de la OTAN y el desarrollo de su infraestructura militar en las cercanías de la frontera rusa es una potencial amenaza a nuestro país, por lo que debemos dar la mayor atención a la modernización de la Fuerza Armadas de Rusia”. El peligro estriba en que la OTAN diga, como Rusia se arma, nosotros también nos armamos, y comience una absurda carrera armamentista. Ojalá, la racionalidad se imponga finalmente.

Rodolfo Bueno

Las sanciones perjudican a una tercera parte de la población del mundo

La guerra de Estados Unidos contra personas indefensas

La forma más insidiosa y omnipresente de guerra moderna emprendida por la acción coordinada de Wall Street y el Pentágono pasa muy desapercibida y sin que se le haga frente. Este ataque calculado está haciendo retroceder décadas a los progresos logrados en los ámbitos de la atención sanitaria, los sistemas de saneamiento, la vivienda, las infraestructuras esenciales y el desarrollo industrial en todo el mundo. Se ataca a casi cada país en desarrollo que intente ofrecer a su población algún tipo de programas sociales.
El imperialismo estadounidense y sus socios menores han convertido el estrangulamiento económico en un arma devastadora. Las sanciones en manos de las potencias militar y económicamente dominantes provocan actualmente más muertes que las bombas o las armas. Este arma frena el crecimiento de millones de personas jóvenes y provoca emigraciones desesperadas que desplazan a decenas de millones de personas.

"Un crimen contra la humanidad"

Las sanciones y los bloqueos económicos contra Venezuela, Cuba, Irán, Rusia y China son bien conocidos. Sin embargo, los efectos devastadores de las sanciones estadounidenses en la Palestina ocupada o en países ya empobrecidos, como Mali, Zimbabue, República Centroafricana, Guinea-Bissau, Kirgizstan, Fiji, Nicaragua y Laos, ni siquiera son detectados por los grupos de defensa de los derechos humanos.
La mayoría de las sanciones se ocultan intencionadamente y no generan una sola línea en las noticias. Algunas sanciones se aprueban rápidamente tras un repentino artículo de prensa acerca de una supuesta atrocidad. La población civil que las van a sufrir no tiene nada que ver con ninguno de los crímenes que los medios de comunicación corporativos utilizan como excusa. Lo que nunca se menciona son las concesiones económicas o políticas que buscan el gobierno o las corporaciones estadounidenses.
No se pueden plantear las sanciones como una alternativa a la guerra. De hecho, son la forma de guerra más brutal, que ataca deliberadamente a las personas civiles más indefensas (las jóvenes, las ancianas, las enfermas e incapacitadas). En un periodo de la historia de la humanidad en el que el hambre y la enfermedad tienen solución científica, privar a cientos de millones de personas de cubrir sus necesidades básicas es un crimen contra la humanidad.
La legislación y los convenios internacionales, como los Convenios de Ginebra y de Nuremberg, la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, prohíben expresamente atacar a personas civiles indefensas, especialmente en época de guerra.

Las sanciones provocan condenas

La sociedad industrial moderna está construida sobre una frágil red de tecnología esencial. Si los sistemas de bombeo y las vías del alcantarillado, los ascensores y los generadores no funcionan por falta de piezas de repuesto sencillas, ciudades enteras pueden verse desbordadas por ciénagas. Si se niega a las y los agricultores las semillas, los fertilizantes, el equipamiento y los medios de almacenamiento, y si se niegan deliberadamente la comida, los medicamentos y el equipamiento esencial, todo el país corre peligro.
El embajador venezolano ante las Naciones Unidas, Samuel Moncada, intervino en la XVIII Cubre del Movimiento de Países No Alineados celebrado en Baku, Azerbayán, el 26 de octubre. Se dirigió a los 120 países ahí representados y denunció la imposición de medidas arbitrarias, denominadas "sanciones" por Estados Unidos, como una forma de "terrorismo económico que afecta a una tercera parte de la humanidad con más de 8.000 medidas en 39 países". Afirmó que este terrorismo constituye una "amenaza para todo el sistema de relaciones internacionales y es la mayor violación de derechos humanos del mundo" (tinyurl.com/uwlm99r).
El Grupo de los 77 y China, un organismo internacional con sede en la ONU y que representa a 134 países en desarrollo, hizo un llamamiento a "la comunidad internacional para que condene y rechace la imposición del uso de estas medidas como medio de coacción política y económica contra los países en desarrollo". El Grupo explicó que "la criminal e inhumana política de atacar a poblaciones indefensas, que viola claramente la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional, se ha convertido ahora en la nueva arma de estos poderosos Estados debido a que se enfrentan a una fuerte oposición de la mayoría de su propia población a las interminables guerras de ocupación en las que ya están envueltos".

El poder de los bancos

No se comprende bien el mecanismo y la capacidad de un país o de un voto para destruir un país situado en el otro extremo del mundo.
El capital internacional utiliza el sistema dólar. Todas las transacciones internacionales pasan por bancos estadounidenses. Estos bancos pueden bloquear transferencias de dinero de transacciones menores y confiscar miles de millones de dólares pertenecientes a gobiernos e individuos que son objeto de sanciones. También pueden exigir que todos los demás bancos acepten las repentinas restricciones impuestas por Washington o puedan ser sometidos a sanciones ellos mismos. Es similar al hecho de que la Marina de Estados Unidos pueda afirmar tener autoridad para interceptar barcos e interrumpir el comercio en cualquier lugar, o de que el ejército estadounidense pueda atacar a personas con drones e invadir países sin siquiera una declaración de guerra.
En ocasiones un medio de comunicación corporativo, un grupo de "derechos humanos" financiado por Estados Unidos o una institución financiera acusa, a menudo sin fundamento alguno, de violaciones de los derechos humanos o de represión política, tráfico de drogas, financiación del terrorismo, blanqueo de dinero, infracciones de ciberseguridad, corrupción o falta de conformidad con una institución financiera internacional. Estas acusaciones se convierten en la puerta de entrada de una petición de sanciones como castigo.
Las sanciones se pueden imponer por medio de una resolución del Congreso de Estados Unidos o de una declaración presidencial, o pueden ser autorizadas por una agencia del gobierno estadounidense, como los departamentos del Tesoro, Comercio, Estado o Defensa. Estados Unidos podría presionar para conseguir el apoyo de la Unión Europea, del Consejo de Seguridad de la ONU o de una de las muchas organizaciones regionales de seguridad establecidas en Estados Unidos, como la Organización de Estados Americanos.
Un organismo corporativo estadounidense que quiera un acuerdo comercial más favorable puede influir en muchas agencias o políticos para que le beneficien. Agencias secretas del Estado, contratistas militares, organizaciones no gubernamentales financiadas por el National Endowment for Democracy [Fondo Nacional para la Democracia] y muchas fundaciones financiadas por corporaciones maniobran para crear problemas económicos y presionar a países ricos en recursos.
Incluso aquellas sanciones que parecen suaves y limitadas pueden tener un impacto devastador. Altos cargos estadounidenses afirmarán que algunas sanciones son solo sanciones militares, necesarias para bloquear la venta de armas. Pero bajo la categoría de un posible "doble uso" en la prohibición se incluye la clorina (que se necesita para purificar el agua), pesticidas, fertilizantes, equipamiento médico, simples baterías y todo tipo de piezas de repuesto.
Otro subterfugio son las sanciones que supuestamente sólo se aplican a altos cargos del gobierno o a agencias específicas. Pero, de hecho, mientras se realizan interminables indagaciones se pueden bloquear todas y cada una de las transacciones que llevan a cabo. Empleados de banco anónimos pueden congelar todas las transacciones en curso e inspeccionar todas las cuentas de un país. Cualquier forma de sanción, incluso contra individuos, aumenta el costo y el nivel de riesgo de los créditos y préstamos.
En la Lista de Personas Especialmente Designadas y Bloqueadas, una lista de aquellas personas que han sido sancionadas por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, constan más de 6.300 nombres. La OFAC describe de la siguiente manera su papel: "La OFAC administra varios programas de sanciones. Las sanciones pueden ser totales o selectivas, y se utiliza el bloqueo de activos y las restricciones comerciales para cumplir los objetivos de política exterior y seguridad nacional".
También existe una lista del Grupo de Acción Financiera Internacional y una lista del Reglamento Internacional del Tráfico de Armas.
El arma de las sanciones se ha vuelto tan importante que actualmente existe todo una legislación para guiar a las corporaciones y bancos estadounidenses a la hora de moverse entre ventas, créditos y préstamos. Es intencionadamente opaca, turbia y abierta a interpretaciones, sobornos y subterfugios. Parece que no existe una sola página web en la que conste una lista de todos los países e individuos sometidos a las sanciones estadounidenses.
Una vez que un país ha sido sancionado, entonces debe "negociar"con diferentes agencias estadounidenses que exigen medidas de austeridad, elecciones que cuenten con la aprobación occidental, recortes de los programas sociales y otras concesiones económicas y políticas para lograr que se levanten las sanciones.
Las sanciones son una parte fundamental de las operaciones de cambio de régimen de Estados Unidos, planeadas de la manera más cínica posible para conseguir el mayor coste humano. Hipócritamente se atribuyen al gobierno del país sancionado la repentina hiperinflación, los problemas económicos y la inesperada escasez. Se califica a los funcionarios de ineptos o corruptos.
Las agencias [estadounidenses] supervisan cuidadosamente la crisis interna que ellas crean con el fin de determinar el momento óptimo para imponer un cambio de régimen o crear una revolución de colores. El Departamento de Estado y las agencias encubiertas estadounidenses financian a muchas ONG y organizaciones sociales que fomentan la disidencia. Estas tácticas se han utilizado en Venezuela, Nicaragua, Irán, Siria, Libia, Zimbabue, Sudán y muchos otros países.

Un arma del imperialismo en decadencia

Han pasado los días de las promesas tipo Plan Marshall de reconstrucción, comercio, préstamos y desarrollo de infraestructuras. En este período de decadencia capitalista ni siquiera se ofrecen. El arma de las sanciones ahora es un instrumento tan omnipresente que apenas pasa una semana sin que haya nuevas sanciones, incluso contra aliados.
En octubre Estados Unidos amenazó con imponer duras sanciones a Turquía, que durante 70 años ha sido miembro de la alianza militar de la OTAN comandada por Estados Unidos.
El 27 de noviembre Trump anunció de pronto, por medio de un decreto presidencial, sanciones más severas contra Nicaragua, a la que calificó de "amenaza para la seguridad nacional". También calificó a México de amenaza "terrorista" y no descartó una intervención militar. Ambos países tienen gobiernos elegidos democráticamente.
Otras sanciones pasan por el Congreso de Estados Unidos sin votación nominal, sólo una ovación y un voto unánime, como las sanciones a Hong Kong en apoyo de las protestas financiadas por Estados Unidos.

Por qué no se puede sancionar a Wall Street

¿Hay alguna posibilidad de poder sancionar a Estados Unidos por las interminables guerras que ha emprendido según las mismas disposiciones con las que ha afirmado el derecho a causar estragos en otros países?
En noviembre de 2017 la Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional (CPI), Fatou Bensouda, solicitó a la Corte Penal Internacional, cuya sede está en La Haya, abrir una investigación formal sobre los crímenes de guerra cometidos por los talibanes, la red Haqqani, las fuerzas afganas, el ejército de Estados Unidos y la CIA. La mera idea de que Estados Unidos fuera acusado de crímenes de guerra llevó al entonces asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, a amenazar a los jueces y otros altos cargos de la CPI con detenciones y sanciones si contemplaban siquiera cualquier cargo contra las fuerzas estadounidenses en Afganistán. "Si la Corte nos persigue a nosotros, a Israel o a otros aliados de Estados Unidos, no nos quedaremos con los brazos cruzados", declaró Bolton. Señaló que Estados Unidos "está dispuesto a imponer sanciones financieras y cargos penales a los altos cargos de la Corte si proceden contra cualquier miembro del personal de Estados Unidos. […] Prohibiremos a sus jueces y fiscales entrar en Estados Unidos. Sancionaremos sus fondos en el sistema financiero estadounidense y los procesaremos en el sistema penal de Estados Unidos. [...] Lo mismo haremos con cualquier compañía o Estado que contribuya a una investigación de la CPI contra personas estadounidenses" (The Guardian, 10 de septiembre de 2018).
Bolton también citó las recientes gestiones de dirigentes palestinos para lograr que CPI procese a altos cargos israelíes por violaciones de los derechos humano. Los jueces de la CPI recibieron el mensaje. Dictaminaron que a pesar de que existe "una base razonable" para considerar los crímenes de guerra cometidos en Afganistán, había pocas probabilidades de poder enjuiciarlos. Una investigación "no serviría a los intereses de la justicia".
El Secretario de Estado Mike Pompeo revocó el visado estadounidense de la Fiscal Jefe Bensouda por proponer una investigación imparcial.
Las sanciones son un arma del mundo capitalista que utilizan los países más poderosos contra aquellos más que son más débiles y están en vías de desarrollo. Hace cien años, en 1919, el presidente [estadounidense] Woodrow Wilson defendió las sanciones como un arma silenciosa aunque letal que ejerce una presión que ninguna nación del mundo moderno puede soportar.
Las sanciones demuestran que las leyes capitalistas protegen el derecho de ocho multimillonarios a poseer más que la población de la mitad del mundo.

Washington exige sanciones a la ONU

Estados Unidos, que posee el mayor arsenal nuclear del mundo y 800 bases militares, afirma (a pesar de haber emprendido guerras en Irak, Afganistán, Siria y Libia) que la República Popular de Corea del Norte y la República Islámica de Irán son las mayores amenaza para la paz mundial.
Estados Unidos logró que el Consejo de Seguridad de la ONU impusiera nuevas sanciones y muy duras a Irán y a la República Popular de Corea del Norte amenazando, la víspera de unos "juegos de guerra", con aumentar las hostilidades hasta llegar a un ataque militar abierto. Esta amenaza bastó para conseguir que otros miembros del Consejo de Seguridad entraran en vereda y votaran a favor de las sanciones o se abstuvieran.
Estas tácticas de mano dura han tenido éxito una y otra vez. Durante la Guerra de Corea, cuando el ejército de Estados Unidos bombardeaba duramente este país, el embajador de Estados Unidos ante la ONU Warren Austin mostró una ametralladora ante el Consejo de Seguridad para exigir a este organismo más autoridad en la guerra.
En la década de 1990 el gobierno estadounidense utilizó las sanciones impuestas a Irak como un espantoso experimento social para calcular cuánto se podía reducir la ingesta de calorías, destruir la producción de cultivos y destrozar los sistemas de purificación de agua. El impacto de estas sanciones se divulgó ampliamente como amenaza a otros países. Cuando se le preguntó a la Secretaria de Estado de Bill Clinton, Madeleine Albright, acerca del medio millón de niñas y niños iraquíes que habían muerto a consecuencia de las sanciones que Estados Unidos había impuesto a Iraq, respondió: "Creemos que el precio vale la pena".
Hace 40 años que Estados Unidos impuso sanciones a Irán, desde que empezó la Revolución iraní. El bloqueo y las sanciones a Cuba se mantienen desde hace ya 60 años.

La campaña "Las sanciones matan"

Romper el silencio mediático y sacar a la luz este crimen supone un enorme esfuerzo político. Tenemos que poner un rostro humano al sufrimiento.
No se puede dejar que los países atacados luchen ellos solos de forma aislada, tiene que haber una solidaridad total con ellos. Hay que sacar a la luz la inmensa cantidad de países sometidos al hambre debido a sanciones impuestas por Estados Unidos. Y un paso para desafiar la injusticia de las relaciones de propiedad capitalista es atacar el papel criminal de los bancos.
Con un llamamiento a unas Jornadas Internacionales de Acción contra las Sanciones y la Guerra Económica del 13 al 15 de marzo de 2020, cuyas consignas son: "¡Las sanciones matan! ¡Las sanciones son la guerra! ¡Acabemos ya con las sanciones!", se ha iniciado una campaña para unir a la opinión mundial contra las sanciones por ser un crimen de guerra. Estas manifestaciones internacionales coordinadas son un primer paso fundamental. La investigación y el testimonio, las resoluciones de sindicatos, grupos de estudiantes, trabajadores de la cultura y organizaciones comunitarias, las campañas en las redes sociales y llevar suministros médicos y ayuda internacional a los países sancionados todo ello puede desempeñar un papel importante. Todo tipo de campaña política para sacar a la luz el crimen internacional de las sanciones es una contribución fundamental.

Sara Flounders
Workers World
Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

Para más información y dar apoyo, véase SanctionsKill.org.

Sara Flounders es una escritora y activista política estadounidense comprometida desde la década de 1960 en la lucha contra la guerra. Es codirectora del International Action Center (IAC) y miembro del Secretariado del Marxist-Leninist Workers World Party (WWP)

La falsa generosidad de los superricos, por qué Bill Gates es una amenaza para la sociedad



Bill Gates, segundo por la izquierda, posa con ejecutivos de los estudios de Hollywood en marzo de 1995 antes de la presentación del canal de televisión por cable MSNBC.

Si Gates representa una fuerza negativa neta en la política mundial, ¿por qué recibe tan buena prensa? Para empezar, hace importantes donaciones a una gran cantidad de medios de comunicación corporativos.

El mes pasado, el cofundador de Microsoft, Bill Gates, superó al CEO de Amazon, Jeff Bezos, para convertirse una vez más en el individuo más rico del mundo, según el índice de multimillonarios de Bloomberg. Animado por un enorme aumento del 48 por ciento en el precio de las acciones de Microsoft este año, Gates ha retomado el título que tuvo por última vez en 2017.
Ese resultado se debe en parte a los caprichos de Donald J. Trump. Recientemente Microsoft sorprendentemente derrotó la oferta de Amazon por un contrato de computación en la nube para el Pentágono extremadamente lucrativo de 10.000 millones de dólares que convertirá instantáneamente a la compañía en uno de los contratistas militares y de seguridad más importantes del mundo. Esta decisión - alega Amazon - se debió a la interferencia del presidente que guarda rencor personal contra Bezos, cuyo Washington Post ha mantenido una campaña de "resistencia" contra él.
Gates también apareció recientemente en las noticias atacando el impuesto al patrimonio que han propuesto los candidatos demócratas a la nominación presidencial Elizabeth Warren y Bernie Sanders. "Estoy totalmente a favor de los sistemas impositivos superprogresivos, pero cuando dices que debo pagar 100.000 millones, empiezo a hacer un poco de matemática sobre lo que me queda", dijo el nativo de Seattle . (Según registro, todavía tendría más de 6.000 millones).
En respuesta, Warren se disculpó y solicitó la oportunidad de reunirse con Gates para explicar cuánto pagaría en virtud del plan. "Prometo que no son 100.000 millones", dijo . Pero Sanders ha sido mucho más directo en su oposición a los superricos, declarando categóricamente "los multimillonarios no deberían existir".
En todos los medios Gates se presenta como uno de los "buenos multimillonarios", un filántropo de buen corazón dedicado a regalar toda su fortuna a causas necesitadas. Su organización caritativa, la Fundación Bill y Melinda Gates, es la más grande de su tipo en el mundo, con más de 50.000 millones de dólares en activos. Su visión y generosidad se enfatizan constantemente en los titulares, como lo demuestran los siguientes ejemplos.
"Bill Gates: filántropo", BBC , (2/1/10).
"Por qué Bill Gates piensa que acabar con la polio vale la pena", NPR , (5/8/13).
"Cómo Bill Gates pretende limpiar el planeta", The Guardian , (2/4/18).
"Lo que Einstein y Bill Gates nos enseñan sobre el viaje en el tiempo", NBC News , (5/10/17).
"Bill Gates y otros multimillonarios se comprometen a asumir el cambio climático", NPR , (30/11/15).
"Bill Gates sobre acabar con la enfermedad, salvar vidas: 'El tiempo está de nuestro lado'", Al-Jazeera , (27/04/19).
"Bill Gates da 4.600 millones de dólares a la caridad en la mayor donación desde 2000", The Guardian , (15/8/17).
Hay algunos problemas con esa narrativa. En primer lugar, si Gates está tan comprometido en regalar su dinero, ¿por qué sigue enriqueciéndose? Esta no es una pregunta trivial, su patrimonio neto ha aumentado de 75.000 millones de dólares en marzo de 2016 a la asombrosa cifra de 106.000 millones de dólares en la actualidad - según la revista Forbes- un aumento de más del 40 por ciento en solo tres años.
Lee Camp , un comediante político que cubre en su programa Redacted Tonight temas como la desigualdad rampante, dijo a Mint Press News:
“Es una enfermedad de nuestro sistema que incluso existan multimillonarios. La ONU estima que harían falta 30.000 millones de dólares para acabar con el hambre mundial por año. Gates o Bezos podrían acabar con el hambre en el mundo por varios años. Ni siquiera podemos comprender ese nivel de riqueza. Es una sociopatía. Así que no digo que Gates no haga cosas buenas a veces, pero no debe ser visto como un héroe. Todos los multimillonarios deben ser vistos como enfermos de la cabeza. Necesitan profesionales de la salud mental para trabajar con ellos antes de que sea demasiado tarde para la humanidad".
No existen los regalos gratis dice Linsey McGoey, profesora de sociología de la Universidad de Essex, Reino Unido y autora de No Such Thing as a Free Gift: The Gates Foundation and the Price of Philanthropy . Es profundamente escéptica sobre la filantropía en general, afirmando que en realidad y a la larga, puede dañar la democracia."La filantropía puede y se está utilizando deliberadamente para desviar la atención de las diferentes formas de explotación económica que sustentan la desigualdad global en la actualidad", dijo a Mint Press News.
“El nuevo 'filantrocapitalismo' amenaza la democracia al aumentar el poder del sector corporativo a expensas de las organizaciones del sector público, que enfrentan cada vez más restricciones presupuestarias, en parte al remunerar excesivamente a las organizaciones con fines de lucro para prestar servicios públicos que podrían prestarse de manera más económica sin participación del sector privado".
Por lo tanto, las grandes donaciones otorgan a Gates un enorme poder sobre la educación, la salud y las políticas sociales de países enteros.

¿A dónde van los miles de millones de Bill?

Como señaló el Departamento de Asuntos Exteriores, "pocas iniciativas políticas o estándares normativos establecidos por la Organización Mundial de la Salud se anuncian antes de que el personal de la Fundación Gates las haya examinado de manera informal y no oficial". En este sentido, su riqueza es extraordinariamente antidemocrática, lo que le otorga poder de veto sobre las decisiones y direcciones de las organizaciones que deberían ser tomadas colectivamente por los más altos representantes de la población mundial y no por un hombre muy rico. Y Gates está lejos de ser omnipotente, ya que sostiene muchas de las suposiciones condescendientes sobre los países en desarrollo y la mejor forma de organizar el mundo que uno esperaría que tuviera un rico friki de la tecnología estadounidense.
McGoey explica el problema con esta actitud corporativa hacia el desarrollo:
“La Fundación Gates lleva veinte años defendiendo implacablemente las 'soluciones empresariales' para la desigualdad y la pobreza. A través de este enfoque corporativo, el Sr. Gates personalmente y la Fundación Gates en general han mejorado el poder y la influencia de las corporaciones en todos los niveles de toma de decisiones, a nivel regional, nacional e internacional. La Fundación Gates ha ayudado a hacer de la filantropía una doncella para el poder corporativo en lugar de ayudar a que el sector sin fines de lucro actúe como un control sobre las ganancias corporativas y los abusos de poder". https://twitter.com/betty__cam/status/1196933769862643713
Un ejemplo de cómo la Fundación aumenta el poder corporativo es su estrecha relación con la muy controvertida farmacéutica y química gigante Monsanto Corporation, a quien ayudó a obtener una posición más fuerte en África. También supervisó un defectuoso ensayo clínico de la vacuna contra el VPH en India en 2009, donde 23.000 niñas pobres de entre 9 y 15 años estuvieron expuestas a medicamentos potencialmente letales sin el consentimiento de sus padres, provocando siete muertes. También está obsesionado por controlar la población de África a través de la planificación familiar, por temor a un aumento de la población . Como tal, parece estar más interesado en eliminar a las personas que sufren más que en la fuente del sufrimiento mismo.
Gates es también una de las personas más importantes que lidera el asalto a la red de educación pública estadounidense en forma de “escuelas chárter”. Dichas escuelas privatizan efectivamente el sistema de escuelas públicas, donde el público sigue pagando la factura de la escuela, pero no tiene influencia ni interviene en cómo se administra. No se ha encontrado que aumenten los puntajes de los exámenes, pero son muy populares tanto en el sector privado como en el derecho religioso, mientras que la gran mayoría de los maestros de escuelas públicas sindicalizados se oponen a ellas. Pero, como declaró Associated Press , "no hay un campeón más grande [de escuelas autónomas] que Bill Gates", que ha invertido enormes cantidades de dinero en el movimiento, incluso financiando el documental de escuelas autónomas Esperando a Superman.

Poder adquisitivo e influencia

Si Gates representa una fuerza negativa neta en la política mundial, ¿por qué recibe tan buena prensa? Una razón pueden ser sus importantes donaciones a una gran cantidad de medios de comunicación corporativos. Por ejemplo, la Fundación Gates suscribe toda la sección de Desarrollo Global de The Guardian y le ha dado al periódico británico más de 9 millones de dólares . Al estudiar su base de datos de donaciones, se deduce que también ha contribuido con más de 3 millones a NBC Universal, más de 4 millones al influyente periódico francés Le Monde, más de 4,5 millones a NPR, 1 millón a Al-Jazeera, y la asombrosa cantidad de 49 millones de dólares para el programa Media Action de la BBC, por nombrar solo algunos. El que paga al flautista -se dice- elige la melodía. McGoey afirma que el motivo de que los multimillonarios donen a las organizaciones de medios es principalmente "para ayudar a legitimar la idea espuria de que los grandes actores corporativos pueden rectificar los daños económicos y la desigualdad económica que a menudo sus prácticas han agravado".
Gates mismo es el jefe de un gigantesco imperio mediático. Ya confiamos a Microsoft las redes sociales (LinkedIn), entretenimiento (Xbox), hardware y software como Windows Phone y Windows OS. La compañía también posee participaciones en gigantes de los medios como Comcast y AT&T . Y la "MS" en " MSNBC " significa "Microsoft".
Es una historia similar a la de Jeff Bezos, quien, además de las innumerables empresas de medios de Amazon, posee el Washington Post, que el grupo de vigilancia de los medios Fairness and Accuracy in Reporting ha demostrado constantemente que desciende a poco más que un medio de propaganda para los intereses de su jefe. Parece que una vez que los multimillonarios han comprado todo el material mundano posible, lo único que queda por comprar son el poder y la influencia.
Si bien los medios de comunicación pueden estar llenos de historias que cantan las alabanzas de Gates, presentándolo como un buen multimillonario (a diferencia del presidente actual), la realidad es que un hombre con esa cantidad de poder, ya sea político (como Trump) o económico (como Gates y Bezos) tiene un efecto altamente corrosivo en la democracia y la sociedad en general.
Si bien son retratados como visionarios, los multimillonarios a menudo se ven de otras maneras muy importantes. Justo cuando aparecían informes sobre los bajos salarios de los trabajadores de Amazon y las impactantes condiciones de trabajo Bezos declaró que la única forma en que podía gastar los recursos financieros que acumulaba era explorando el sistema solar y más allá. Compartir las ganancias con su mano de obra asediada parece que realmente no se le ha ocurrido.
Si queremos avanzar hacia una sociedad mejor la filantropía de los superricos debe ser examinada, ya que con demasiada frecuencia lo que parece ser un regalo generoso es en realidad una acción calculada destinada a aumentar su poder, imagen o influencia. Como dijo el exprimer ministro británico Clement Attlee, “La caridad es una cosa fría, gris y sin amor. Si un hombre rico quiere ayudar a los pobres, debe pagar sus impuestos con gusto, no repartir dinero a su antojo”. Bill Gates no es solo un tipo rico que no está seguro de querer pagar más impuestos, es una amenaza para la sociedad.

Alan Macleod
Mint Press News
Traducido del inglés Para Rebelión por J. M.

Alan MacLeod es escritor del equipo de Mint Press, así como académico y escritor de Fairness and Accuracy in Reporting. Su libro, Bad News from Venezuela: Twenty Years of Fake News and Misreporting fue publicado en abril.

martes, diciembre 10, 2019

La “misa de la paz” y el abrazo de Macri y Fernández



La basílica de Luján fue el escenario donde, a menos de dos días del traspaso de mando presidencial, Mauricio Macri y Alberto Fernández posaron para sacarse una “foto de la unidad”. La misa “de la unidad y la paz social”, presidida por el titular de la Conferencia Episcopal Oscar Ojeda, buscó oficiar explícitamente de puntapié inicial del pacto social y dejar atrás la tan mentada grieta.
El llamado clerical a dejar atrás las confrontaciones y establecer compromisos básicos fue realizado con una preocupación precisa. El arzobispo de Mercedes-Luján, Jorge Scheinig, aseguró que en la Iglesia son “conscientes de lo que viene y lo que ya estamos viviendo en el mundo y América Latina”, en referencia al cuadro convulsivo que se vive en el subcontinente, sacudido por la rebelión chilena, la lucha contra el golpe en Bolivia, las huelgas en Colombia, en el marco de una situación internacional atravesada por levantamientos populares, desde Francia hasta Irán.
La presencia de Macri y Fernández, acompañados por toda la plana mayor de sus funcionarios, es una confesión de que la preocupación de la Iglesia es compartida por los dos grandes bloques políticos de la burguesía argentina. En ese sentido apuntan las declaraciones del presidente saliente sobre que liderará una “oposición responsable y constructiva”, copiando las palabras del kirchnerismo cuando fue desplazado del gobierno en 2015. En ambos casos, la “responsabilidad” es un eufemismo para respaldar (y llegado el caso votar en el Congreso) la política llevada adelante por el gobierno de turno, pero sin hacerse cargo de sus consecuencias.
Así fue cómo, durante los últimos cuatro años, el peronismo prestó el apoyo necesario para que se aprobaran año a año los presupuestos macristas de ajuste y megaendeudamiento. En efecto, fueron los propios personeros K quienes se jactaron de que si en Argentina no sucede lo que en Chile, con un 40% de la población en la pobreza, es gracias al papel de contención que han jugado desde la oposición. Es una reivindicación de la entrega de la CGT, la CTA y el Triunvirato Cayetano, que de la mano de la Iglesia se esforzaron por imponer el “Hay 2019” contra las tendencias a enfrentar los ataques del gobierno ajustador de Macri.
Ahora, el rol de “oposición constructiva” del macrismo aspira a no poner en crisis una transición ya de por sí signada por una bancarrota nacional y una brutal recesión. Al lado del cuadro latinoamericano, la enorme lucha de estatales y docentes de Chubut, cuando el conjunto de las provincias atraviesa una penosa situación financiera, o más recientemente la rebelión de los residentes y concurrentes de Capital que hizo retroceder al gobierno de Larreta, pasando por encima de la burocracia sindical, son severas advertencias.
El saludo de “unidad” con quienes terminan su mandato con millones de nuevos pobres y desocupados, desfalcaron al país y lo pusieron bajo la égida del FMI, solo augura que Fernández espera contar con sus servicios cuando las expectativas de pagar la deuda sin ajuste se vean defraudadas. El papel de la Iglesia cobra así todo su peso, a despecho del reclamo de las millones de jóvenes que ganaron la calle con la ola verde.

Iván Hirsch

El fracaso histórico del capital

Las manifestaciones de los últimos 12 meses en Chile, Ecuador, Perú, Haití, Irak, Irán, Hong Kong y hasta Francia han adquirido un carácter insurreccional por sus dimensiones y la amplitud de sus reclamos. Muchos pensarían que estos movimientos no tienen un hilo conductor y que todos obedecen a causas distintas. Los detonadores, en cada caso, parecerían ser muy distintos. Pero un análisis más cuidadoso permite identificar varias raíces comunes, en las que se mezclan las políticas de austeridad, una profunda desigualdad, el dominio del capital financiero y la concentración de poder de mercado en pocas corporaciones. Son los rasgos definitorios de esta etapa del capitalismo que se ha denominado neoliberalismo.
Las señales del fracaso y ruina del neoliberalismo se encuentran en todas partes. La creciente e intensa desigualdad es, quizás, la señal más poderosa. Proviene de muchas causas, entre las que destaca la contracción en los salarios desde la década de los años 1970. El estancamiento económico en que ha caído la globalización neoliberal es otro signo de que algo está muy mal en las entrañas del capitalismo mundial. Ponerle la etiqueta de estancamiento secular a este proceso de ralentización puede servir para calmar las conciencias y ayudarlas a ahuyentar los malos augurios. Pero cuando uno pregunta por las causas de este fenómeno, casi nadie se atreve a poner el dedo en la llaga: el estancamiento secular se debe a una caída en la inversión que, a su vez, está ligada a una baja en la tasa de ganancia.
El sector financiero, que en las primeras etapas del capitalismo le fue aliado fiel, hoy se ha convertido en una máquina que impone su racionalidad a la economía real y mantiene su rentabilidad a través de la especulación. La masa de liquidez que hoy ocupa su espacio de paraísos fiscales rebasa los 22 billones (castellanos) de dólares. Las prioridades de la política macroeconómica obedecen a los mandatos del capital financiero, mientras el desempleo y subempleo son la cicatriz de estas políticas. El deterioro de los servicios de salud y educación en la mayoría de los países desarrollados es un hecho bien documentado. Finalmente, todo esto se acompaña de un proceso destructivo en todas las dimensiones del medio ambiente. Cambio climático fuera de control, pérdida de biodiversidad, erosión de suelos y contaminación de acuíferos son sólo algunos de los aspectos más claros de este deterioro que hoy es una amenaza para toda la humanidad.
¿Cómo leer este proceso de ruina del capitalismo? Una posible respuesta es ver en esto el fracaso de una forma particular de capitalismo, el neoliberalismo, pero no del proyecto histórico planteado por el capital. Todo esto exige un análisis más cuidadoso de lo que constituye el neoliberalismo.
En la década de los años 1930 los economistas ultraliberales Ludwig von Mises y Friedrich Hayek buscaron inyectar nueva energía a la ideología de un liberalismo que no había sabido qué hacer con el ascenso del fascismo, que no estaba resolviendo los problemas económicos de su tiempo y que, además, veía en la teoría macroeconómica de Keynes una amenaza. Usaron toda la superchería de la ideología del mercado libre para lograrlo. El resultado fue un adefesio que el marxista Max Adler calificó por vez primera de neoliberalismo.
Tal como lo describieron Von Mises y Hayek, el nuevo sistema era la esencia del capital. En su mediocridad como economistas, estos autores develaron la esencia de la economía política burguesa y enseñaron la esencia del capital. Su actividad panfletaria sentó las bases de lo que después sería la agenda neoliberal en teoría económica y en política: privatizar todo, desregular la vida económica y dejar actuar a las fuerzas del mercado. En pocas palabras, en el neoliberalismo no encontramos una excrecencia del capitalismo, sino la expresión más pura de su esencia. Y desde esa perspectiva, la ruina del neoliberalismo es efectivamente el fracaso del capital.
El fracaso significa que el proyecto histórico del capital se ha agotado y hoy está en decadencia. A finales del siglo XVIII Hegel escribía: Una época se termina cuando hace realidad su propio concepto. Parafraseando esta idea, se podría decir que en este momento la esencia de la época del capital se ha hecho realidad concreta en todas sus especificaciones en y a través del neoliberalismo. Así se expresa en toda su objetividad el potencial esencial del capitalismo: en las especificaciones del neoliberalismo se concretiza el proyecto histórico del capital en su versión real más acabada. En consecuencia, con el fracaso del neoliberalismo hemos llegado al acabamiento del capital y a la terminación de su época.
Pero esto no es un punto de reposo. La fase crepuscular del capital durará todavía muchos años, pero serán años de grandes sacudidas políticas y sociales, dado que las contradicciones del capital explotarán en crisis prolongadas. La esencia de la nueva época ya no será el capital, sino la lucha por la libertad y la justicia.

Alejandro Nadal
La Jornada

Por qué la huelga general hará fracasar la contrarreforma neoliberal de las pensiones de Macron

La impresionante huelga general del 5 de diciembre y la continuación de las protestas contra la contrarreforma neoliberal del sistema de pensiones se ha convertido en la tormenta perfecta del régimen Macron en Francia. La convocatoria del sindicato CGT, a la que se han sumado FO y SUD-Solidaires, así como sectores de la CFDT como los ferroviarios, ha reagrupado y reavivado a las movilizaciones de los “chalecos amarillos” y de los estudiantes que llevan meses en la calle. Esta simbiosis de movilizaciones sectoriales con la aparición central de la clase obrera organizada se ha convertido en una alternativa social al proyecto neoliberal de Macron. Los cerca de 800.000 manifestantes en las calles de Francia y la convocatoria de una nueva huelga general el día 10 de diciembre abren una perspectiva que exige urgentemente una alternativa política de izquierdas frente al régimen bonapartista de Macron. Esa alternativa, desgraciadamente, no existe. Pero la unidad de acción de los sindicatos y movimientos sociales en un frente único crea las condiciones para su construcción. Seguiremos atentamente la evolución de los acontecimientos franceses, en los estrechos márgenes en los que se produce el choque de intereses sociales justo antes del inicio de una nueva recesión en la Unión Europea.
La fuerte movilización contra la reforma de pensiones marca el fracaso de la estrategia aplicada después del movimiento de los "chalecos amarillos" por Emmanuel Macron: comprar las reformas a base de recortes de impuestos, el sueño del crecimiento y bellas promesas.
El primer día de huelga interprofesional en Francia sobre la reforma de las pensiones fue un éxito por la gran cantidad de manifestantes en las calles. Esta movilización fue acompañada por el apoyo tácito de una gran parte de la población. Una convergencia que es la expresión de un profundo rechazo de la política del gobierno y sus objetivos, y por lo tanto de la estrategia de eludir a los movimientos sociales que ha implementado durante casi un año para alcanzar su objetivo final.
Este gobierno tiene un objetivo, que nunca ha abandonado, que es lograr lo que llama la "transformación" del país, en otras palabras, la aplicación de reformas neoliberales a las que el país se ha resistido demasiado -y durante demasiado tiempo- para su gusto. Este fue el único programa del candidato Macron y es, desde el comienzo de este quinquenio, el único motor de su acción pública. La crisis de los "chalecos amarillos" lo llevó a cambiar de táctica, pero no de estrategia.
Si, inicialmente, se dio prioridad a las reformas del mercado laboral y la tributación del capital y sus ingresos, con el ISF (Impuesto de Solidaridad sobre el Patrimonio) y el PFU (gravamen único a tanto alzado o " impuesto fijo"), pero una vez que estalló la indignación en las calles, el gobierno adoptó otra táctica: centrar los recortes de impuestos en los hogares para obtener su apoyo con beneficios importantes y rápidos. El anuncio sorpresa, el 25 de abril, de la disminución del impuesto sobre la renta, tuvo esta función, después de una primera ola de medidas adoptadas el 10 de diciembre. Jugar con la carga fiscal para liberar el poder adquisitivo tenía varias ventajas. Esta táctica, en primer lugar, permitió responder directamente a las reivindicaciones iniciales de los “chalecos amarillos", centradas en el bolsillo de los hogares, al tiempo que debilitaba los ingresos estatales y, en consecuencia, hacía necesarias reformas estructurales futuras.
Esta maniobra ya fue evidente durante el "gran debate", cuando los miembros del gobierno y el presidente repetían que no se podían pedir a la vez recortes de impuestos y el mantenimiento del actual sistema social. Se hizo evidente con la votación sobre el Artículo 3 del Proyecto de Ley de Financiación de la Seguridad Social, que sancionó el fin de las compensaciones de base de las nuevas contribuciones. Como resultado, la mayoría de las medidas de "poder adquisitivo" se han convertido en un déficit en el sistema general de seguridad social. Y, lógicamente, esto justificó la necesidad de nuevas reformas, incluida la de las pensiones.
Por lo tanto, nunca ha habido un cambio en la política del gobierno. Además, esto siempre se ha afirmado claramente, ya que nunca ha habido la intención de cambiar de rumbo. El ejecutivo está en una carrera contra reloj. Su verdadera prioridad es el cambio estructural, que implica desmantelar las formas de solidaridad. Esta es, para Emmanuel Macron, la verdadera batalla, porque estas reformas pueden reducir el gasto público en el medio plazo. Lo que algunos han descrito como una "renuncia" nunca ha sido tal.
La decisión de estabilizar el déficit fiscal para compensar parcialmente los efectos de la bajada de impuestos fue solo un medio temporal, diseñado para hacer aceptables las reformas y hacer tragar la píldora de las reformas pasadas, incluyendo los recortes de impuestos al capital. Porque, al pretender que hacía concesiones, el gobierno realmente reforzó su propia lógica. Pero también esperaba apaciguar el clima social con una inyección de mil millones de euros de poder adquisitivo.
En teoría, el tiempo se estaba acabando para el ejecutivo y el ejecutivo jugó con sus comisiones sobre la evasión de impuestos y sus promesas condicionadas sobre una evaluación general del ISF. La alineación de los planetas parecía perfecta: el debilitamiento de la economía mundial y el comercio internacional fueron oportunos. Como siempre en este caso, Francia, que puede contar con su colchón redistributivo anticíclico, estaba en una mejor posición que Alemania. El gobierno Macron, cuyo objetivo es limitar las transferencias sociales en beneficio de una competitividad ilusoria, podía tocar a arrebato que "los efectos de su política han dado sus frutos”, particularmente en el campo del empleo. Los discursos en Bercy han sido todos iguales durante meses:"fortalecer el crecimiento", "crear empleo" y "aumentar el poder adquisitivo".
Esta Santísima Trinidad parecía asegurar al gobierno un éxito fácil en la batalla de las pensiones. Dormidos por las delicias de Capua del aumento del poder adquisitivo y el consumo, los franceses parecían tener que contentarse con una apariencia de consulta, para aceptar sin dudar esta nueva reforma de las pensiones. Y, además, la enorme contrarreforma del seguro de salud anunciada en junio ha pasado como un mero aviso postal.
Pero como más vale prevenir que curar, el gobierno había tomado la precaución de diluir el debate durante meses, pretendiendo dudar sobre la misma reforma, mencionando una "cláusula del abuelo" para posponer los efectos de la reforma (pero todo ello acompañado inevitablemente de medidas sobre el sistema actual)... Todas estas triquiñuelas fueron lo suficientemente aburridas y técnicas como para que la opinión pública perdiese interés.
En resumen, el mecanismo parecía perfectamente engrasado. Nada debería ser capaz de bloquear una reforma clave del proyecto gubernamental. Y, sin embargo, la resistencia llegó rápidamente y ganó el apoyo de la opinión pública, en gran parte solidaria con la movilización y opuesta a la reforma. La batalla de la opinión se perdió incluso cuando la victoria parecía fácil. Es un Valmy para el gobierno, pero este último del lado prusiano. Al igual que el duque de Brunswick, el primer ministro Edward Philippe podía trazar planes sobre el alineamiento de los astros después de su inevitable victoria. Pero esta victoria se ha convertido en una derrota para la opinión.

El rechazo del proyecto neoliberal del gobierno

¿Qué pasó? Algunos sostienen que el gobierno hubiera querido hacer tres reformas en una: una reforma del sistema de pensiones para introducir los puntos, una reforma de los regímenes especiales y una reforma del gasto. En realidad, estas tres reformas son inseparables: el sistema de puntos no tiene otro interés que el establecimiento de un sistema universal que abarque a los regímenes especiales, que permita la gestión global por costes (terminar con los “beneficios establecidos”). Es una reforma típicamente neoliberal: la estatización conduce al debilitamiento de la posición de los futuros jubilados. Desde este punto de vista, cualquier progreso hacia la reforma pone sobre la mesa estas tres facetas. Y como ello ha conducido a un cambio de opinión, es bueno que esta rechace los elementos concretos de la reforma.
Por lo tanto, es necesaria otra hipótesis. La primera es que los franceses no han sido engañados. Para empezar, no se han dejado engañar por los pretendidos regalos del gobierno durante meses. Se han dado cuenta que el "crecimiento" era ilusorio, primero porque hay desaceleración, luego porque, debido a la política del gobierno, cada vez se distribuye peor. La explosión de la desigualdad en 2018 es una realidad que, naturalmente, lleva a los franceses a relativizar la creación de empleo, que, además, es bastante poco dinámica cuando observamos la tasa de desempleo (en el tercer trimestre de 2019 el 8, 6%) o la persistencia del "halo del desempleo" (personas que buscan trabajo, pero que no lo encuentran de inmediato). En resumen, el discurso triunfalista del gobierno ha encontrado la incomprensión de la opinión pública.
También se debe tener en cuenta que el aumento del poder adquisitivo como resultado de los recortes de impuestos no ha tenido el efecto esperado por el ejecutivo. ¿Por qué? Aquí nuevamente, podemos jugar con varias hipótesis. Primero, este aumento se percibió más como una "actualización", dado el shock fiscal de 2012-2014 y la presión salarial que siguió. En segundo lugar, toma la forma de una "limosna" con respecto a las ventajas otorgadas al capital y las empresas. La creciente desigualdad hace que estas medidas sean menos creíbles políticamente. Finalmente, los franceses sin duda se han dado cuenta de que esta repentina generosidad tuvo una contrapartida, que fue una mayor mercantilización del trabajo y, por lo tanto, de la vida diaria. Pero este desarrollo es profundamente rechazado en Francia y parece que no son unas pocas decenas de euros más cada mes lo que podría cambiar esta percepción popular.
Este es el punto esencial. La reforma de las pensiones refuerza la mercantilización, la competencia, el olvido de las necesidades a favor de la rentabilidad. Promueve una lógica contable que ejerce una presión permanente tanto sobre los trabajadores activos como sobre los pensionistas, abre la puerta a la necesidad inevitable de seguros privados y permite el mantenimiento de un "ejército de reserva" de trabajadores de más edad, que tendrán que trabajar en casa. Cualquier cosa para acumular puntos. Pero teniendo en cuenta toda la carrera para el cálculo de la jubilación, sin garantía de que se tenga en cuenta, la jubilación con puntos también permite situar a los trabajadores bajo una presión permanente, obligándoles a aceptar cualquier trabajo disponible. En este sentido, es una reforma complementaria a las del mercado laboral y el seguro de desempleo. Además, mercantiliza más el empleo, ejerce una presión negativa sobre los salarios y fortalece la individualización de la protección social.
Es una profunda contrarreforma para destruir el modelo social de 1945 y su futuro. Rompe el pacto no escrito según el cual los trabajadores franceses podrían aceptar un cierto grado de evolución neoliberal si tienen garantías para su vejez. Es este pacto el que se rompe al amparo de una fachada de universalismo. Porque si el Consejo Nacional de la Resistencia (CNR) soñaba con un sistema universal, era en el contexto de una nivelación por arriba. Aquí, la nivelación se realiza por abajo y lo universal será la competencia de unos contra otros, que se intensifica por doquier. El CNR quería acabar con la miseria generalizada de los "viejos", pero el sistema de puntos, junto con la "regla de oro" del equilibrio financiero del sistema, tiene la intención de reducir aún más el futuro nivel de vida de los pensionistas. Por eso la pequeña música de la "reforma justa e igualitaria" no gusta a nadie.
Mas aún porque el gobierno, a fuerza de comunicación, paralogismos y falsas promesas, perdió toda credibilidad. Por lo tanto, los intentos de tranquilizar sobre el nivel de las pensiones de los docentes han pasado desapercibidos lógicamente. A nadie engaña ya: el "al mismo tiempo" no existe o, en el mejor de los casos, es una forma de movimiento táctico. Este gobierno Macron es un gobierno neoliberal radical que quiere imponer unos cambios a la sociedad francesa que esta rechaza.
Las masivas movilizaciones y la huelga general de este 5 de diciembre sancionan el fracaso del intento de comprar el apoyo a las contrarreformas. Ha vuelto el cara a cara entre el gobierno y la calle, como hace un año. La respuesta violenta del Estado contra el movimiento del año pasado no es un buen augurio. Porque la mayoría actual no puede abandonar realmente este proyecto. Ganar el enfrentamiento con la calle es una medalla de honor para los líderes neoliberales. Si cede, Emmanuel Macron perdería de alguna manera su razón de ser política. Excepto que esta razón de ser es también la fuente de su debilidad. Por tanto, no tiene más remedio que huir hacia adelante, si es necesario endureciendo sus medidas. La gestión desastrosa de la manifestación de París el jueves 5 de diciembre parece ir en esta dirección. Cada vez mas, Emmanuel Macron y Édouard Philippe parecen unos sonámbulos que avanzan con paso decidido contra la corriente de la historia.

Romaric Godin
Cuarto Poder

lunes, diciembre 09, 2019

La guerra del Streaming: Netfix, Disney Plus y la concentración de medios



El reciente lanzamiento de la preanunciada plataforma de streaming, Disney Plus, propiedad de The Walt Disney Company, ha puesto al rojo vivo la pelea por el control del mercado de distribución digital de contenidos multimedia, hasta ahora dominado mayoritariamente por Netflix.
Disney lidera el negocio de medios de comunicación y entretenimiento, y se ha constituido, en la actualidad, como el conglomerado mediático más grande del mundo. Con su reciente adquisición de 21st Century Fox por la friolera de 71.300 millones de dólares, los brazos de Disney se extienden por todo el mundo del entretenimiento, televisión y multimedios. Con esta adquisición Disney incorporó los canales televisivos pertenecientes a Fox como Fox Networks Group, FX Networks y National Geographic. Además de todas las temporadas de Los Simpsons. A su vez es propietaria de los canales deportivos de ESPN y del total de las producciones de Marvel, Pixar, Star Wars y, obviamente, los clásicos de Disney. La compañía también se ha hecho con la mayoría accionaria de la empresa de streaming estadounidense Hulu, la cual se propone expandir.
El desembarcó de Disney en el terreno de las plataformas de streaming responde a las trasformaciones de mercado de multimedios de los últimos años. La audiencia se ha ido retirando progresivamente de las suscripciones a las señales televisivas y al dominio estructurado de las “guías de Tv” para dar paso a una modalidad más flexible de la mano de las plataformas de contenidos multimedia que ofrecen al espectador la posibilidad de armar su propio esquema de contenidos.

Competencia, endeudamiento y despidos

La pelea de las plataformas de streaming se disputa en el terreno de la cantidad, calidad y diversificación de contenidos que las plataformas de este tipo pueden ofrecer.
Netflix se encuentra actualmente al frente del mercado con un caudal de unos 150 millones de suscriptores y superando a toda la competencia en términos de horas de producción de contenido original. Sin embargo, empieza a enfrentar una tendencia a la independización de sus principales activos. The Walt Disney Company acaba de lanzar su propia plataforma, retirando todo su contenido de Netflix, y lo mismo se espera de las empresas WarnerMedia y NBCUniversal. Las series y películas de estas tres empresas representaron aproximadamente un 40% de los minutos visualizados en Netflix en 2018. A esta competencia se suman la competencia de Amazon Prime, HBO y próximamente Apple TV+.
Para combatir esta tendencia, Netflix invirtió unos 12.000 millones de dólares en 2018 y proyecta invertir 15.000 millones de dólares este año. El desafió de enfrentarse con un gigante con el soporte de Disney, le ha planteado reforzar la inversión en contenidos propios. A esto se debe en gran medida la reciente mega producción de El Irlandés, que implicó costos millonarios. Sin embargo, los sacrificios para mantenerse al frente del pelotón de las compañías del rubro no son menores. Netflix acumula una deuda que asciende a 12.000 millones de dólares y que paga intereses cuatrimestrales por 161 millones de dólares. Por el momento no se espera que la empresa afronte esta enorme deuda, sino más bien parece apostar a que la misma no colapse manteniendo y aumentando el caudal de suscriptores, única garantía de solvencia.
La pelea que empieza a desatarse entre estas compañías de multimedios altamente concentradas coloca a primera orden del día el problema de la rentabilidad del negocio en medio de la bancarrota mundial y un mercado finito, que tiende a su saturación. La disputa por el universo de usuarios, que ya empieza a entreverse por medio de tarifas diferenciadas para captar suscriptores de la competencia, también se expresa por medio de la liquidación del personal laboral sobrante. Según el analista Rich Greenfield de BTIG, el proceso de reestructuración de Disney para reducir gastos en 2.000 millones de dólares para 2021 plantea una cantidad de despidos que puede llegar a los 5.000 trabajadores.
Todavía resta ver que nuevas adquisiciones, fusiones y combinaciones, se darán en este explosivo mercado, con el propósito de acaparar un negocio millonario que se extiende por todo el planeta. Uno de los mercados que aun presenta dificultades para el ingreso de Netflix y Disney, es el de China, debido a sus restricciones en materia de contenidos de entretenimiento. Esto a pesar de que ambos han intentado realizar concesiones al respecto.
Este proceso de concentración y centralización de los conglomerados de multimedios es la expresión de las dificultades del capital para realizarse en una era de crisis y bancarrota económica. De eso se desprende la absorción de una empresa por otras y el funcionamiento de un negocio montado sobre altos niveles de endeudamiento y apalancamiento de la inversión, lo que preanuncia futuros desplomes de magnitudes monumentales.
A su vez este proceso trae aparejado el predominio y la imposición cultural de los contenidos de multimedia seleccionados por los principales grupos capitalistas, según las principales tendencias del mercado. Los medios están en manos de un selecto grupo de empresas que se ha hecho con el control de todo y que cimienta su edificación sobre bases muy endebles.

Marcelo Mache

Continua la farsa judicial contra Assange

La vista que decidirá en febrero su extradición a Estados Unidos se celebrará en la cárcel de alta seguridad de Belmarsh, sin público. Mientras una Suecia cómplice cierra el montaje de las violaciones , se confirma una disciplina sin fisuras con los designios de los perseguidores del fundador de WikiLeaks.
El 21 de octubre Julian Assange compareció ante el tribunal de primera instancia de Westminster. Debemos al ex diplomático británico Craig Murray, que logró estar presente en la sesión, una crónica absolutamente reveladora de lo que allá ocurrió . Murray, que fue embajador de su país en Uzbekistán, describe en ella lo que ya se conoce: que la persecución de Julian Assange con miras a encerrarlo de por vida en una cárcel de Estados Unidos, no es solo un escándalo político y un atentado a derechos básicos, sino que también es una farsa judicial en la que la justicia del Reino Unido actúa, tal como constata un manifiesto recientemente enviado a las cámaras del país y al Arzobispo de Canterbury, como “mero instrumento de la represión política ejercida por Estados Unidos”. Ya lo sabíamos, pero los detalles son jugosos.
Ese día de octubre Assange apareció débil y errático ante la jueza Vanessa Baraitser, una mujer “cuyas expresiones faciales pasaban del desprecio al sarcasmo o el aburrimiento” cuando escuchaba a la defensa, mientras se mostraba “atenta, abierta y calurosa” frente a las manifestaciones del fiscal.
La jueza denegó de un plumazo todas las alegaciones de la defensa que pedía más tiempo para preparar el caso, dadas las limitaciones que se pusieron a los abogados de Assange para ver a su cliente en prisión, la incautación de los documentos (por agentes de Estados Unidos) que éste tenía en la embajada de Ecuador, así como para poder atender otro frente: el que se ha abierto en Madrid a la compañía española de seguridad UC Global, a la que la CIA encargó la organización del espionaje del interior de la embajada ecuatoriana en Londres, con cámaras y micrófonos. Por todo ello, la defensa pedía posponer la vista que debe decidir la extradición de Assange a Estados Unidos convocada para el 25 de febrero.
Craig Murray explica en su crónica cómo el fiscal del caso, James Lewis, se opuso a cualquier postergación y cómo consultaba, en la misma sala, con tres funcionarios de la embajada de Estados Unidos que, según sus propias palabras, le daban “instrucciones”. La jueza aprobó todas sus peticiones.
El acuerdo de extradición entre el Reino Unido y Estados Unidos (2007) regula en su artículo cuarto que la extradición no ha lugar cuando su fundamento sea un “delito político”, concepto del que se excluyen toda una serie de supuestos ninguno de los cuales es aplicable al fundador de WikiLeaks. Conforme transcurría la sesión aumentó el número de manifestantes que protestaba en las afueras del edificio. Esa presencia explica que a media sesión entraran en la sala otros dos agentes americanos, estos armados.
Al final, denegadas todas las objeciones de la defensa, se decidió que la vista del 25 de febrero en la que se resolverá la extradición se realice no en la sede del tribunal, sino en la propia cárcel de alta seguridad de Belmarsh, en la que no hay más que seis plazas previstas para el “público”. Probablemente en febrero no tendremos ni siquiera una crónica sobre el evento como la de Craig Murray, que ningún gran medio de comunicación ha publicado. Murray cree que la decisión de la jueza para decidir este cambio “puede haber sido una iniciativa americana”.
Pero lo que más impresionó a Murray fue el estado de Assange: flaco, envejecido y desorientado en sus declaraciones. Lo mismo dice el veterano periodista John Pilger que le visitó hace unos días.
Es el resultado de su estancia en Belmarsh una prisión de alta seguridad en condiciones de aislamiento, con 23 horas diarias de soledad y 45 minutos para hacer ejercicio en un patio de cemento. Cuando Assange sale de la celda “todos los pasillos por los que pasa son evacuados y todas las puertas de las celdas se cierran para garantizar que no tenga contacto con otros reclusos”. “No hay ninguna justificación para que este régimen inhumano, utilizado contra grandes terroristas se le aplique a un periodista en prisión preventiva”, dice Murray.
Tampoco había ningún motivo para que la justicia sueca se negara radicalmente en su día a tomar testimonio telemático a Assange, sin necesidad de trasladarse a Suecia, o garantizándole que si accedía a viajar a ese país para testificar en un caso de falsa violación, no sería extraditado a Estados Unidos, explica su padre, John Shipton. El caso sueco llevó a Assange a refugiarse en la embajada de Ecuador, donde estuvo siete años. Un caso que ha sido cerrado en Suecia por falta de pruebas.
La justicia sueca, como la británica, ha sido cómplice de los fontaneros de la WikiLeaks War Room del Pentágono: 120 personas, analistas, agentes, trabajando 24 horas sobre 24, siete días a la semana para destruir la red de Assange y la persona de Assange, tal como explicaba hace años el secretario de prensa del Pentágono, Geoff Morrell.
El “caso sueco” fue un producto cocinado por el Pentágono. Su objetivo era desprestigiar a Assange con una cuestión de género -y lo han conseguido- y abrir una ruta alternativa a la extradición -no ha sido necesario- por si fallaba la del Reino Unido. Su viejo parlamento, recordémoslo, se cubrió de gloria cuando acogió con aplausos la noticia de la detención de Assange en la embajada de Ecuador el pasado abril, mientras los medios de comunicación establecidos de medio mundo nos intoxicaban con artículos denigratorios sobre el personaje que tuvo el atrevimiento de revelar los delitos y vergüenzas de la primera potencia mundial en sus criminales guerras. El caso da para toda una enciclopedia de la infamia.
El estado de salud de Assange es preocupante. Después de que el relator especial de la ONU sobre tortura Nils Melzer certificara como “tortura sicológica” la persecución de estado que sufre Assange desde hace casi una década, 65 médicos y especialistas de todo el mundo han firmado un documento en el que piden una intervención médica “urgente” para preservar la salud del prisionero trasladándolo a un hospital fuera del infierno de Belmarsh. Los estados europeos, indignos ayudantes del Sheriff, no se han inmutado con estas noticias.
En una conferencia de prensa celebrada la semana pasada en Berlín, el relator Nils Melzer explicó su última reunión con los responsables del departamento de derechos humanos del ministerio de exteriores alemán. Durante todo el mes de octubre algunos periodistas estuvieron preguntando al gobierno alemán su opinión sobre el informe del relator que califica de “tortura” el trato a Assange, sin obtener respuesta. En su reunión del día 26 con los funcionarios alemanes, éstos reconocieron abiertamente a Melzer que ni siquiera se habían molestado en leer su informe que lleva fecha de 31 de mayo. Paralelamente, en la lejana Australia, la patria de Assange, cuyos políticos se han desentendido por completo de cualquier iniciativa de defensa y han cooperando con la persecución, el diputado Barnaby Joyce, vio como se le retiraba la palabra en plena sesión parlamentaria cuando clamaba por la defensa de Assange en su doble condición de periodista y ciudadano australiano.
La mano del imperio es verdaderamente larga, pero por grande que sea su victoria el principio sigue ahí con su verdad inapelable: son los acusados o implicados en crímenes de guerra quienes deberían ser juzgados y encarcelados, y no los valientes que han aportado las pruebas de tales crímenes.

Rafael Poch de Feliu
Blog Personal

¿Qué hay que hacer para recuperar lo que nos robó Macri?

Alberto Fernández presentó a sus ministros y esbozó un rumbo. ¿Qué puede lograr en la renegociación de la deuda? Escenarios para lo que viene y las cuestiones que habría que encarar para efectivamente recuperar lo perdido.

A cuatro días de asumir, Alberto Fernández corrió el telón y confirmó a su equipo. La mayor incógnita, el ministerio de Economía, terminó confirmándose de acuerdo a los rumores de los últimos días. El sillón lo ocupará Martín Guzmán, académico muy reconocido que hace tiempo es colaborador del premio Nobel Joseph Siglitz.
Con esto se termina de confirmar que las vigas maestras del plan de la próxima administración serán las que analizábamos aquí semanas atrás. Los detalles empezarán a concretarse después del 10 de diciembre. Se va a tomar su tiempo; ya adelantó que en lo inmediato prorrogará el presupuesto votado para 2019. El mismo del “déficit cero”.
Pero los funcionarios confirmados el viernes, y lo que ha ido diciendo o sugiriendo Alberto Fernández desde que se impuso en octubre, permite delinear algunos puntos centrales. Veámoslos.
Reperfilamiento de la deuda en manos privadas, sin más ayuda del FMI.. Guzmán llegó a donde está por un claro motivo: su propuesta para la deuda se ajusta a las intenciones del presidente electo. Suspender pagos de la deuda (de capital pero también de intereses, lo que sería una novedad) por dos años, para “poder crecer”. Desde el punto de vista de los bonistas este no es el mejor acuerdo que podrían pretender (que sería un reperfilamiento durante el cual sigan cobrando intereses, es decir que solo se pospusieran los pagos de capital), pero estaría lejos de ser el más temido (una quita del 50 o 60 % sobre el capital e incluso sobre los intereses). Como la intención de Guzmán, según expuso hace unas semanas en Ginebra, sería “restablecer la sostenibilidad de la deuda” y no volver a tener una crisis de pagos en pocos años, puede ser que su propuesta incluya algún grado de quita. Pero no sería el componente central.
Una de las ventajas que tendría el planteo, es que Fernández podría hacer lo que hace algunos días manifestó que era su intención: no pedirle más plata al FMI. Estaría de todos modos obligado sí, a negociar plazos más extensos para devolver lo que recibió Macri. El grueso de los USD 44.000 millones que prestó el FMI, deben ser devueltos entre 2021 y 2024. No hay plan de “reperfilamiento” creíble sin prorratear en más tiempo esa devolución. ¿Podrá arreglarse esa extensión de plazos sin un nuevo acuerdo? No hay muchos precedentes para una alternativa de este tipo. Pero no por eso puede descartarse la posibilidad, siendo que el FMI viene de un gran traspié en su apuesta a Macri, que terminó en la caída del acuerdo a poco más de un año de que fuera implementado y después de múltiples revisiones. Además, no exigiría más dinero, sino solo prolongar los tiempos para recuperarlo. Hay entonces chances para que Fernández alcance un acuerdo de este tipo. Aunque no será una conversación sencilla, sobre todo porque los acreedores privados querrán sentar al FMI como garante de cualquier acuerdo más allá de que al mismo tiempo pelean con el organismo que es partidario de que la Argentina aplique una fuerte quita sobre la deuda en bonos, algo que ellos quieren evitar.
Pero no necesariamente la decisión final respecto del FMI sea mantenerlo alejado. Aunque esto dio a entender Fernández semanas atrás, el viernes en la conferencia de prensa sostuvo que "estamos trabajando silenciosamente con el FMI" y pidió que los argentinos que “estén tranquilos porque estamos ocupados en el tema”. Como si un acuerdo con el FMI (lo que puede dar a entender esta afirmación) pueda ser motivo de tranquilidad para quienes venimos padeciendo los efectos del programa económico aplicado en acuerdo con el organismo desde 2018.
Los tira y afloje a dos bandas no serán rápidos, y se llevarán a cabo al filo de la navaja: sin fondos frescos con los vencimientos actuales, el día D (de default) se ubica en algún momento de marzo o abril.
Más impuestos y, ¿recortes del gasto?. Cuanto menor sea la quita sobre el valor de la deuda con los acreedores privados (y la urgencia de los tiempos obliga a limitarla), mayor será el esfuerzo fiscal que estará obligado a hacer para que el plan sea sostenible. Este año cerrará con un déficit primario (antes del pago de deuda), cercano a 1 % del PBI. Para hacer creíble para los bonistas la renegociación de la deuda (es decir que opinen que cobrarán normalmente al menos los primeros años) el punto de partida tendría que ser un superávit de 1 % del PBI en 2020, y aumentarlo en los siguientes. Fernández ya dijo como hará la mayor parte de este esfuerzo: más retenciones a las exportaciones (se habla de aumentarlas del 25 % actual para la soja a 35 %, y 20 % para el maíz, el trigo y otros rubros) que podrían arrimar el equivalente a 1 % del PBI. ¿El resto? Podrán sumarlo Bienes Personales, impuesto que Macri bajó y podría volver a los niveles que tenía en 2015, aunque eso no aportaría más que unas décimas de punto porcentual de PBI, y contribuciones patronales a la seguridad social. Si el agropower puede poner el grito en el cielo por los derechos de exportación, las grandes empresas, muchas de las cuales apoyaban a Macri entre otras cosas por los beneficios concedidos en materias de costos laborales pero desde las paso fueron entusiastas a ayudar al vencedor, pueden reclamar por una de las mejoras más palpables que les dejó Macri: la reducción de los “impuestos al trabajo”, que es como los “dueños” del capital miran el aporte que están obligados a hacer a la seguridad social. Aun si llegara a imponer todo esto, no es claro que pueda alcanzar las metas fiscales. Aunque Fernández ha dicho lo contrario, puede verse obligado a echar manos a algunos recortes del gasto.
Plan “verano”. La idea de “poner plata en los bolsillos”, se encuentra determinada por los dos puntos anteriores: la renegociación de la deuda y lo que ello implica en materia de resultados fiscales que habrá que obtener. Esto impone los alcances que puede tener el “plan verano”, que según varias fuentes periodísticas estuvo diseñando buena parte de quienes serán responsables de las áreas económicas, desde Matías Kulfas (ministro de Producción) hasta Cecilia Todesca (vicejefa de Gabinete), pasando por el propio Guzmán o Miguel Pesce (Banco Central). Se calcula una inyección de fondos de $ 100.000 millones. Es decir, un 0,3 % del PBI, en este caso no de recortes sino de esfuerzo expansivo. Parte de estos fondos, según podemos concluir de lo que dijo ya hace unos meses Matías Kulfas y vienen pronosticando numerosos analistas, saldrá de la expansión monetaria lisa y llana. Eso que para liberalotes recalcitrantes como Milei es el peor veneno de la economía. Pero que esto puede hacerse después de la medicina de contracción monetaria que venía aplicando Sandleris hasta hace un tiempo atrás, y que podría ser expansivo, es algo que dicen hasta economistas ortodoxos, más inclinados hacia las ideas de Milton Friedman que a las de John Maynard Keynes o algún otro heterodoxo. Desde ya, estos mismos ortodoxos dicen que su efecto solo puede ser efímero, ponerle un arranque a la economía, pero advierten contra cualquier compulsión a “engolosinarse”, que podría traer sí las siete plagas que advierten Milei y sus secuaces como una inflación todavía más alta que la que deja Macri.
Acuerdo económico y social. Fernández planteó institucionalizar por ley esta instancia, que sería donde se concretaría el pacto social. El presidente de la misma será designado con acuerdo del Senado, según adelantó. ¿Una institución ad-hoc, cocinada en la cámara más aristocrática del Congreso, y en la que las cámaras patronales presumiblemente tendrán un peso decisivo de mínima para vetar lo que no les guste e impulsar su agenda? ¿Será aquí donde, además de buscarse un congelamiento de precios y salarios (después de devolverle a estos últimos apenas una parte de los más de 20 puntos porcentuales perdidos con Macri tomando el salario promedio), se tratará la “modernización” de los convenios laborales, eufemismo para evitar nombrar con nombre y apellido la flexibilización? Es altamente probable.

Escenarios

Las cartas que ha ido mostrando Fernández, confirman los tres posibles escenarios que definimos:
• Que no alcancen los tiempos para cerrar un nuevo acuerdo acuerdo con los acreedores y sobrevenga un default. Hay quienes evalúan que un escenario de este tipo no sería del todo inconveniente, ya que permitiría a Fernández contar con un tiempo de no pagar deuda, beneficio que tuvo Néstor Kirchner hasta 2005. Pero nada indica que quiera ser el presidente del default, más bien lo contrario. Por eso, esta amenaza puede inclinarlo a realizar más concesiones a los acreedores o a cambiar la estrategia y volver al FMI.
• Evitar el default, pero fracasar en reordenar la macroeconomía. La amenaza de una escalada inflacionaria es un riesgo elevado, ya que Macri la deja en un nivel más elevado que cuando asumió. El acuerdo político y social apunta a encausarla, imponiendo que tanto los empresarios como la clase trabajadora cedan parte de sus aspiraciones. Pero puede fracasar si el programa económico de conjunto no convence a los empresarios. El cepo que deja Macri puede ser por un tiempo un factor de contención de la inflación, pero que se irá debilitando si aumentan las brechas entre la cotización oficial y paralela. Puede ser que las políticas de estímulo (por la vía del gasto y baja de tasas) estimulen más los aumentos de precios de la actividad económica, que continúe así el deterioro por un tiempo más. Esto volvería cada vez más dificultosas las metas fiscales, generando un círculo vicioso que desemboca en más estrecheces fiscales y retroalimentación inflacionaria.
• Como los acreedores quieren cobrar, el FMI salir del entuerto que deja Macri, y el nuevo gobierno también buscará que los empresarios cedan algo, esto le puede dar espacio para renegociar la deuda aplicando algunos cambios en la política económica. Esto significaría que tendría de todos modos una difícil tarea de desactivar bombas, alcanzar superávit al mismo tiempo que sostener las prometidas políticas de estímulo a la actividad económica, pero ganando al menos algo de preciado tiempo para tratar de conciliar estos objetivos contradictorios. La economía, que hoy sigue cayendo, podría empezar a rebotar en algún momento de 2020 si logra evitar una disrupción financiera y ocurre alguna mínima inyección de fondos. El gobierno entrante aspira a reforzar esto con una gran apuesta a Vaca Muerta (extractivismo recargado) que aporte dólares frescos y algún modesto estímulo a la actividad, junto con el agro (a pesar de las retenciones). Seguramente, todo esto no alcance para que 2020 cierre con números positivos de actividad económica; ya el arrastre que deja este año la ubica con números negativos. Pero puede ser que en los meses finales del primer año de mandato de Fernández los indicadores de actividad arrojen comparaciones interanuales positivas.

¿Administrar la herencia de Macri o pelear por recuperar lo perdido?

Las distintas perspectivas trazadas más arriba, se desprenden de las intenciones que han ido manifestando el próximo presidente y los miembros de su equipo, y los límites que impone la situación de la economía y los compromisos heredados que definió como incuestionables, por empezar el de la deuda.
¿Debe pagarse a libro cerrado la hipoteca de la deuda pública que deja Macri, sin siquiera investigarla? Por supuesto que los voceros de los bonistas dirán que sí, y mencionarán todas las catástrofes que pueden ocurrir en la economía si se deja de pagar, argumento que ya tomaron como propio economistas del entorno del Frente de Todos como Emmanuel Álvarez Agis (que no consiguió finalmente ninguna cartera, porque no se la ofrecieron o porque prefirió continuar en el sector privado). Pero es al revés, los descalabros económicos que padeció la Argentina por crisis de deuda en las últimas décadas, fueron por haber hecho lo imposible para pagar hasta el último dólar, y no por haber repudiado soberanamente las deudas. Los default que tuvieron lugar, como el de 2001, fueron simplemente un reconocimiento de que ya no había con qué seguir pagando. Como expone Eric Toussaint en la entrevista que publicamos en esta edición, sobran los motivos para declarar como odiosa la deuda contraída durante la administración de Cambiemos, que en nada benefició al pueblo argentino. Esto sería el fundamento para un repudio unilateral soberano. ¿Por qué embarcarse en una renegociación sin beneficio de inventario, como la que ya tuvo lugar durante la administración de Néstor Kirchner en 2005 (reabierta en 2010 para incluir más bonistas)?
Según las últimas versiones que circularon, el “plan verano” se traduciría en aumentos para los salarios más bajos del sector público y las jubilaciones mínimas de hasta $ 7.000. No hay mayores precisiones de qué podría ocurrir con quienes reciben ingresos algo superiores. Para el sector privado, el gobierno podría exigir algún aumento equivalente, seguramente a cuenta de la próxima paritaria que es la única forma en que las patronales podrían aceptar, a regañadientes.
Habrá que ver si la propuesta final tiene este alcance o es incluso más limitada. Pero basta ver algunos datos para ver que se queda cortísima en relación a la promesa de “recuperar” lo perdido. Este año la paritaria de estatales (UPCN) cerró en 28 %, contra una inflación que se ubicará en 55 %. Los $ 7.000 no llegan siquiera a devolver el poder de compra perdido este año por el salario promedio del sector público. Mucho menos el 33,4 % de pérdida real que acumula desde diciembre de 2015 el poder adquisitivo de quienes trabajan en el sector público, según estimaciones difundidas hace unos días por la Junta Interna de ATE-Indec.
Para verdaderamente recuperar lo perdido, el salario debería aumentar hoy no solo por la diferencia entre la evolución de los precios y los aumentos pactados por los salarios de convenio en las paritarias de este año, que cerraron casi todas con aumentos de hasta 30 %, sin cláusula gatillo. Además sería necesario aumentos adicionales para devolver el 20 % de poder de compra que retrocedieron los salarios desde que asumió Macri. Esta es la pelea que deberían estar dando los sindicatos. En vez de eso, los burócratas que están al frente de los mismos se preparan para sentarse en la mesa del Acuerdo social, que más bien promete congelar los salarios después de los aumentos de fin de año y algún acuerdo que a lo sumo vaya en línea con la inflación prevista en 2020. Hugo Yasky ya dijo hace un tiempo que “el congelamiento de precios y salarios” es “absolutamente lógico y razonable”. Hugo Moyano dio a entender el miércoles que también estaría más que dispuesto a conversarlo. Es necesario pelear en cada gremio por la reapertura inmediata de las paritarias con el objetivo de recuperar todo el salario robado durante el gobierno de Macri.
Las tarifas de los servicios públicos es otro punto crítico. Su peso sobre la canansta se multiplicó al calor de los tarifazos de Macri. Luz, gas, transporte, agua, representaban en 2015 el 6 % del salario mínimo, en la actualidad llegan a 25 % del mismo. Alberto Fernández se refirió el viernes a esta cuestión, pero solo para hablar de las desigualdades entre lo que se paga por los mismos en el área metropolitana de Buenos Aires y otras regiones “beneficiadas” por subsidios, y el resto del país. ¿Esto significa que a lo sumo planean “igualar”, pero no revertir los tarifazos que aplicó Macri? Cuando eran oposición a Macri, en 2018, los legisladores nacionales que reportaban en la coalición que va a asumir el 10 de diciembre, presentaron un proyecto que eliminaba al menos parte de los incrementos establecidos por Macri. ¿Ahora que serán gobierno esto se transformará en papel mojado? La clase trabajadora, junto a otros grandes afectados por los tarifazos impuestos por Macri para favorecer a grandes empresarios, como los pequeños comerciantes y talleristas, las empresas recuperadas como Madygraf y Zanón, tenemos planteado pelear por anular los tarifazos, en la perspectiva de terminar con los servicios públicos como un negocio.
Si ninguno de estos puntos se pone en discusión, “recuperar lo perdido” no será más que un slogan. El saldo de la crisis que estamos atravesando, que aún no mostró sus capítulos finales, será entonces un nuevo salto en la degradación de la clase trabajadora y los sectores populares que viene dejando cada crisis desde hace décadas; el saldo de las mismas es siempre un piso más alto de pobreza, peores salarios, más precariedad y condiciones laborales más degradadas. Pero no podemos aceptar esto como una fatalidad incuestionable. Cómo estamos viendo en todo el mundo, desde Francia hasta Chile, la alternativa pasa por imponer a los burócratas sindicales romper con la pasividad y movilizar para pelear por estas reivindicaciones. Es la única manera de lograr que la crisis la paguen quienes la generaron, los fondos que tienen gran parte de los títulos de la deuda, los bancos y los grandes empresarios.

Esteban Mercatante

domingo, diciembre 08, 2019

Crisis en la cumbre de la Otan



Durante el 3 y 4 de diciembre del presente año se reunieron en el Reino Unido representantes de los 29 países que integran la Otan (Organización del Tratado del Atlántico Norte). Transcurridos los dos días de deliberaciones, cerraron la cumbre con la declaración de Londres en la que expresan que “un ataque a un aliado será considerado como un ataque contra todos”, según lo dicho por su secretario general, Jens Stoltenberg. Sin embargo, la cumbre mostró las fuertes tensiones entre sus potencias integrantes y marcó al mismo tiempo un salto en el belicismo, al incorporar -con eufemismos- a China como un peligro para la alianza atlántica.
El episodio más hilarante de la cumbre fueron las bromas de varios de los mandatarios presentes contra Trump, que motivaron el abandono prematuro de la cumbre por parte de este último. Durante su campaña electoral, Trump tachó a la Otan de obsoleta, señalando que Estados Unidos retiraría su protección a los aliados que no aporten a su sostenimiento. La exigencia del imperialismo norteamericano es que los integrantes de la misma aporten como mínimo el 2% de su PBI, demanda que solo cumplen Estados Unidos, Grecia, Estonia, Rumania, Polonia y el Reino Unido. Francia y Alemania no alcanzan ese porcentaje, y esta última ha sido objeto de ataques virulentos por parte de Trump por esa razón. Lo mismo ha sucedido en un intercambio entre Trump y Emmanuel Macron, presidente francés, “por sacar ventaja de la Otan (sin realizar el esfuerzo financiero para sostenerla), mientras también se beneficia comercialmente por la imposición en Francia de la tasa digital a los gigantes de internet”. Tras esta declaración, Trump amenazó con incumplir con el artículo 5 de la alianza militar, negando ayuda a los países miembros que fueran atacados. Es evidente que detrás de esta disputa entre las grandes potencias de la Otan está la lucha por el mercado mundial, una de cuyas manifestaciones más crudas tiene expresión en la que se libra entre el imperialismo norteamericano y la Unión Europea y que se traduce al interior de la Otan.
En octubre de 2019 la administración Trump comenzó a ejecutar medidas muy agresivas contra los países integrantes de la Unión Europea cuya consecuencia es la pérdida de 7500 millones de dólares por la imposición de aranceles a productos aeronáuticos.
Aunque la Otan no se ha roto, hay datos que expresan que atraviesa por un serio resquebrajamiento, y una potencial quiebra. Macron declaró durante el año 2018 que “Europa debe reducir su dependencia de los demás. Tenemos que protegernos de Rusia, de China, e incluso de Estados Unidos”. Estas declaraciones, lejos de ser una mera amenaza son el principio de una ruptura en el campo militar, que recién comienza. En efecto, los integrantes de la Unión Europea han fundado un organismo de defensa independiente de la Otan, no integrado por Estados Unidos, cuyo nombre es Cooperación estructurada permanente de defensa (PESCO) que ha constituido un aparato militar que ha adoptado la denominación de Fuerza Militar de Reacción Europea. Macron es su más enérgico defensor y el que expresa la tendencia más pronunciada a la ruptura de la Otan, a la que calificó en “estado de muerte cerebral”.
Otro punto de crisis han sido los roces con el presidente turco Erdogan, que le compra armas a Rusia, sin consultar con sus aliados de la Otan. Erdogan amenazó con sabotear el proyecto de defensa de los países bálticos contra Rusia (o, mejor dicho, el cerco imperialista contra ese país) si no recibía a cambio un respaldo en su ofensiva criminal contra las milicias y la población kurda. La guerra en Siria, donde se cruzan los intereses contradictorios de las potencias, se coló así en la cumbre.
Los hechos demuestran que la Otan es un tembladeral atravesado por choques diversos, de carácter económico, militar y geopolítico cuyo trasfondo es la guerra comercial feroz, que se ha trasladado al terreno militar. No es casual que la declaración final de la cumbre, que soslayó las exigencias turcas y disimuló las abiertas disputas en el interior de la alianza atlántica, haya hecho hincapié en China. Por eso es que la declaración señala de un modo taxativo la preocupación por el gigante asiático: “la Otan acordó ayer por primera vez reconocer la creciente influencia de China y sus políticas internacionales, que necesitamos abordar juntos como una alianza” (https:/abcblogs.abc.es).
Surge, a todas luces, que además de estar asistiendo a una quiebra potencial de la Otan, estamos en presencia del incremento de la carrera armamentista como manifestación de la tendencia a la guerra cada vez más pronunciada.
La tendencia contraria la encontramos en los levantamientos populares de todos los continentes (Argelia, Irán, Irak, Sudán, Francia, Haití, Ecuador, Chile, Colombia) que se ponen de pie luchando contra la expoliación del capital. La cumbre de la Otan no solo expresa la crisis de esa organización bélica del imperialismo, sino fundamentalmente la tendencia a la guerra y la barbarie. En este contexto histórico la lucha por el socialismo a escala mundial, y la construcción de un partido mundial de la clase obrera que lleve al triunfo las grandes rebeliones populares es la tarea fundamental.

Roberto Gellert