lunes, agosto 26, 2019

¿Cuál es el interés de Macron, Merkel y el G7 ante los incendios en la Amazonia?



Los intereses imperialistas en la depredación amazónica de Bolsonaro.

La crisis provocada por la devastación de la Amazonia producto de la sed depredadora de Bolsonaro y los capitalistas del agronegocio ha alcanzado nuevas proporciones. El tema ya tiene repercusión mundial e involucra un choque más directo entre el gobierno de extrema derecha en Brasil, por un lado, y algunas potencias imperialistas, en particular Francia, por el otro.
Emmanuel Macron, presidente de una de las más antiguas naciones colonialistas de la Tierra, está buscando en estos últimos días, apropiarse, en función de sus objetivos particulares, de la ira mundial desatada ante la destrucción de la mayor selva tropical del mundo a manos del agronegocio brasilero. En la reciente reunión del G7, que agrupa a las potencias líderes de la expoliación mundial, Macron sugirió tomar medidas sobre el desastre en curso. Medios alemanes como el Die Zeit, dicen que llegó el momento de aplicar sanciones contra Bolsonaro.

Acusaciones cruzadas

En la fase actual del conflicto, Macron acusó a su par brasilero de mentir al asumir compromisos en defensa del medio ambiente en la cumbre del G20 del pasado junio, y afirmó que esto haría inviable la ratificación del acuerdo comercial entre la Unión Europea y el Mercosur. Luego Irlanda se pronunció en la misma línea. Ese acuerdo comercial entre ambos bloques, un pacto de sumisión del Cono Sur a los intereses del capitalismo europeo, prevé eliminar de aquí a 15 años las tarifas de importación sobre casi el 90% del comercio bilateral. La consecuencia necesaria es la profundización del modelo agro exportador de Brasil y el aumento de la importación de manufacturas y alta tecnología.
Desde la cumbre del G20 Macron, con el visto bueno de la canciller alemana Angela Merkel, y Bolsonaro vienen protagonizando un enfrentamiento retórico echando mano a una verdadera constelación de hipocresías. El gobierno francés se muestra como “el mayor defensor de la biodiversidad y de la naturaleza”, escudándose en el Acuerdo de París de 2015, mientras que Bolsonaro llegó al colmo de presentarse como “combatiente por la soberanía nacional contra la mentalidad colonial de los europeos”.

Sumisión al imperialismo

Es imposible defender la biodiversidad y los recursos naturales amazónicos sin atacar profundamente los intereses de los capitalistas, tanto nacionales como extranjeros, que hacen arder la Amazonia (fundamental, entre otras cosas, para la regulación de la temperatura de la Tierra) entre el agronegocio y la voracidad imperialista.
En primer lugar, es preciso aclarar, por si quedaran dudas, que Bolsonaro, así como la cúpula de las Fuerzas Armadas, estructuralmente vinculadas a Estados Unidos desde la II Guerra Mundial, no tienen ningún objetivo de defensa soberana de los recursos naturales. Por el contrario, es un servidor dócil de Trump y Estados Unidos, literalmente un “lame botas” que entrega todo lo que puede, desde la base de Alcántara en la provincia de Maranhão, pasando por la privatización de innumerables empresas estatales con el objetivo de entregárselas a Estados Unidos (con la inestimable ayuda de la pro imperialista causa Lava Jato), hasta el permiso para que una empresa privada estadounidense monitoree la Amazonia en lugar del Instituto Nacional de Investigación Espacial (INPE).
Las medidas reaccionarias de Bolsonaro son ataques directos a los pueblos indígenas y descendientes de los quilombos (poblaciones negras rebeldes durante la época de la esclavitud), y a los medios de existencia de toda esa población en beneficio del agronegocio, los bancos y grandes empresarios.
Prueba de su descarada subordinación al imperialismo, es el propio acuerdo con la Unión Europea. Como dijimos, Bolsonaro y su gobierno firmaron un pacto de esclavitud de los trabajadores brasileños según los intereses de los grandes conglomerados empresariales de Alemania, Holanda, Bélgica y de la propia Francia cuya mentalidad colonialista dice combatir.

¿Cuáles son las causas más profundas de esta catástrofe ambiental?

Mientras tanto, los discursos de Macron, Merkel, o el británico Boris Johnson entre otros gobiernos imperialistas, sobre la “defensa de la Amazonia”, no pasan de eso: discursos demagógicos, cínicos y mentirosos. Ninguno tiene interés en la preservación del medio ambiente.
Son depredadores a gran escala. Sus mentiras sobre la defensa de la Amazonia nos ponen en alerta contra cualquier ilusión en que los mayores opresores del mundo puedan dar una salida progresiva a los problemas ambientales causados por el propio sistema capitalista que dirigen.
Hay tres grandes ejes de conflicto en la crisis en curso que revelan que la brutalidad de Bolsonaro no nos debe llevar a caer en la trampa de los voraces intereses del imperialismo y sus monopolios, eximios destructores de las riquezas naturales del mundo entero:

1. La guerra comercial entre Estados Unidos y China

Uno de los principales factores materiales que provocan la crisis ambiental es la postura de Brasil en medio de la guerra comercial de Trump y Xi Jinping.
El agronegocio brasileño quiere aprovechar la oportunidad que se abrió para la exportación de granos a China. Este país aplicó aranceles a la soja proveniente de Estados Unidos en represalia por los que Trump puso al gigante asiático. Esto encareció en unos 75.000 millones de dólares la soja estadounidense, por lo que crecieron las compras chinas de soja brasileña. Brasil se ha transformado en el mayor exportador de soja a China y al mundo.
En 2018, primer año de la guerra comercial, las exportaciones brasileñas a China crecieron 35% respecto a 2017, generando una balanza comercial positiva de 30.000 millones de dólares. La soja fue la más beneficiada con un crecimiento de 7.000 millones.
Los incendios criminales provocados por el agronegocio socio de Bolsonaro buscan la expansión de la frontera sojera, especialmente en el Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, cuyo aumento exponencial, en base a la destrucción medio ambiental, busca satisfacer la sed de ganancia de los capitalistas del agronegocio con más exportaciones a China.
Desde 1850 cuando el jefe del Observatorio Naval de Estados Unidos, Matthew Fontaine Maury, sugirió que su país evitase la guerra civil y continuase la expansión de la producción de algodón con mano de obra esclava, trasladando toda su estructura, incluyendo los esclavos africanos, a la región de la Amazonia brasileña (como relata Gerald Home en el libro “El Sur más distante”), desde entonces Estados Unidos tiene intereses materiales directos en la selva amazónica y no tiene nada que ver con su preservación. Son decenas de monopolios y fondos de inversión norteamericanos cuya cadena productiva está ligada al desmantelamiento, incluido BlackRock, el mayor gestor de activos del mundo y el Capital Group, productores de granos como Cargill y ADM, además de farmacéuticas (Johnson&Johnson e Pfizer), de ingeniería genética y de cosméticos los que explotan las riquezas de la región. Lucran con la destrucción de la Amazonia, muy bien monitoreada por el Pentágono y el ejército yanqui.
Ante esto, no sorprende que instituciones como la NASA divulguen información “preocupante” sobre el avance de la destrucción de la selva. No les preocupa la Amazonia o el medio ambiente, sino los intereses de Estados Unidos en la selva tropical más grande del mundo y aprovechar la guerra comercial de Trump.

2. El conflicto entre los intereses del imperialismo europeo y el agronegocio brasileño

Macron, como Trump, no tiene más interés en la Amazonía que proteger el negocio de sus monopolios. Algunas de las empresas que más deforestan la selva amazónica son francesas: los bancos Credit Agricole (el mayor banco minorista de Francia) y BNP Paribas, la institución financiera más rica de Francia, están vinculados a la deforestación, según un informe de Amazon Watch. Según el mismo informe, compañías como Guillemette & Cie y Groupe Rougier reciben regularmente toneladas de madera de la empresa brasileña Benevides Madeiras. La estadounidense Monsanto (que se fusionó con el gigante farmacéutico alemán Bayer) y Dreyfuss también tienen grandes negocios en la Amazonia. Lo consideran su patio trasero de explotación capitalista.
Al igual que Estados Unidos, Francia y Alemania, no desean que su territorio de explotación se vea afectado por el agronegocio local.
Como una vieja potencia colonial que sometió a los países oprimidos a una explotación salvaje, Francia también fue responsable de la liquidación de los recursos naturales y ambientales en los cuatro rincones del mundo. Basta citar la historia de la sangrienta colonización francesa de África en los siglos XIX y XX. Los procesos de descolonización entre los años 1950 y 1970 representaron una nueva fase en la extracción depredadora de la riqueza nacional africana, junto con el brutal exterminio de la población de países como el Congo, Guinea, Togo, Malí, Níger, Chad, Mauritania y especialmente Argelia, que experimentó sucesivas masacres de su población entre 1954 y 1962.
La demagogia de Macron no puede ocultar que Francia no tiene ninguna vocación de "respetar la biodiversidad": es uno de los países más destruyen la Amazonia.

3. La disputa entre Francia y Alemania en el acuerdo con el Mercosur

Otro conflicto inscripto en la crisis amazónica ocurre entre Francia y Alemania alrededor del acuerdo Mercosur - Unión Europea. Berlín y París comparten el objetivo de incrementar la explotación de los trabajadores latinoamericanos. Sin embargo, este acuerdo de sumisión del Cono Sur de América Latina a las potencias europeas no los favorece por igual. Los principales ganadores serían los exportadores de vehículos alemanes, que tendrían impuestos cero para la distribución de la producción automotriz. Mientras, Francia tendría a su sector agrícola considerablemente perjudicado debido al ingreso sin impuestos de los productos brasileños a los mercados europeos que ahora domina.
La política agrícola es uno de los pilares de la integración de la Unión Europea y es fundamental para Francia. Son los franceses los que manejan la agricultura para el resto del continente. Además de Francia, Irlanda también exigió insistentemente en el último período que la Unión Europea no fuese tan “generosa” en el sector agrícola, especialmente el de carnes. El acuerdo va en contramano de estas exigencias: incluye una cuota anual de 99.000 toneladas de carne con impuestos reducidos.
Por eso el presidente francés amenaza con cancelar el acuerdo, usando la crisis amazónica provocada por la sed de ganancia capitalista de Bolsonaro como coartada. Macron busca atender los intereses del agronegocio francés, sin con esto disminuir los acuerdos de explotación del Cono Sur. Así también el primer ministro de Irlanda, Leo Varadkar, anunció que "ante los acontecimientos" bloqueará la implementación del acuerdo.
Alemania, por su parte, defiende el mantenimiento del acuerdo comercial, en vista del escenario caótico de su economía, que presenta fuertes señales recesivas debido a la retracción del comercio mundial (efecto del roce entre Estados Unidos y China), que deprime su producción industrial, altamente dependiente de las exportaciones. El capital alemán necesita nuevas zonas para su producción, que no puede depender tanto de China y de la Unión Europea en crisis.
Este conflicto todavía está en curso y no tiene un final claro
Estos tres elementos se mezclan en la catastrófica crisis ambiental de Brasil. Lo cierto es que la saña de los terratenientes sojeros en Brasil por incrementar sus negocios con China se choca con la necesidad de los distintos imperialismos de preservar sus propios negocios en la Amazonia, lo que puede llevar a que la crisis se salga de control, en el marco de los peligrosos indicios de una nueva recesión mundial.
No podemos perder de vista la antipatía entre Trump y los gobiernos de Francia y Alemania. Golpear a Bolsonaro es un movimiento que sugiere indirectamente un ataque a Trump, que lo tiene como aliado central en América Latina. Tan es así que Trump anunció que habló por teléfono con Bolsonaro este viernes, indicando que la relación entre Estados Unidos y Brasil "nunca estuvo mejor".

Bolsonaro, agronegocio y G7: saquen sus manos de la Amazonia

Si es evidente que la expansión de la soja y los intereses del agronegocio brasileño -íntimamente vinculados al capital financiero y a los bancos- son una amenaza directa al medio ambiente, es cierto que la voracidad de los gobiernos imperialistas y colonialistas extranjeros no representa un peligro menor. Hablan de la Amazonia porque la quieren íntegramente para sus intereses monopólicos. Al luchar contra Bolsonaro, no podemos olvidar exigir que las grandes potencias capitalistas saquen sus manos de nuestros recursos naturales.
En diversas partes del mundo los jóvenes protagonizan incontables manifestaciones contra los cambios climáticos producto de la devastación ambiental, como los "viernes por el futuro" en Europa. En Brasil también son los jóvenes quienes están en la primera línea de los cuestionamientos a las políticas devastadoras de Bolsonaro. Es necesario un programa y una estrategia anticapitalista para que, junto a los trabajadores, esa joven generación pueda luchar por su futuro.
Es necesario imponer la suspensión inmediata de todas las transferencias financieras multimillonarias del plan Safra a los latifundistas y su aplicación inmediata en los planes de lucha contra incendios, reforestación y gestión forestal. Frente a los miles de millones de dólares exportados anualmente en soja, maíz y carne a costa de la devastación ambiental y humana, debe lanzarse una campaña de nacionalización sin indemnización de las grandes empresas del agronegocio y sus recursos financieros, logísticos y tecnológicos multimillonarios. Esto implica el monopolio estatal sobre el comercio de soja y otros productos, que permitiría que estas riquezas no sirvan solo a un puñado de imperialistas y terratenientes. Una empresa estatal, controlada por trabajadores, permitiría el uso de las últimas tecnologías, ahora empleadas con fines de lucro y devastación, para el desarrollo humano y establecer otra relación con la naturaleza y todos los pueblos tradicionales y originales.
Una reforma agraria radical, aboliendo el latifundio depredador, es una tarea democrática que en Brasil está indisolublemente ligada a la perspectiva de un gobierno obrero que rompa con el capitalismo. Los gobiernos del PT, de conciliación con la de derecha y el agronegocio, solo aumentaron los millones de hectáreas de grandes latifundios, que pasaron a representar casi el 25% del PIB en 2015. El proyecto de país del PT, respaldado por los que hoy son base de Bolsonaro, no es una alternativa a la catástrofe que nos lleva la extrema derecha.
Un programa como este, obrero y anticapitalista, sería una poderosa palanca en la lucha de los trabajadores de todo el país para tomar en sus manos la lucha con los campesinos, quilombolas y pueblos originarios para abolir esta herencia colonial y esclavista del latifundio, y entregar tierras, crédito y tecnologías para todos los que quieran trabajarla.
Es necesario impulsar con todas las fuerzas las acciones a nivel nacional contra la destrucción del medio ambiente por parte de los capitalistas, incluidos los que quieren disfrazarse con pieles de cordero para mejor explotar los recursos del mundo.

André Augusto
Natal | @AcierAndy
Sábado 24 de agosto

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