Una nueva oleada de amenazas contra Cuba lanzó el gobierno de Estados Unidos en boca del secretario de Estado Marco Rubio. La seguidilla de declaraciones se produce en el contexto de versiones cada vez más fuertes que lo sindican como el posible elegido por Donald Trump para sucederlo en 2028 de una terna de posibles candidatos republicanos que completan el vice JD Vance y el ahora desvalorizado por sus desaciertos en la guerra con Irán pero todavía no descartado secretario de Defensa Pete Hegseth. Nacido en Miami en 1971 en una familia gusana, la cuestión cubana es para Rubio un eje de agenda y a la vez un leit motiv propagandístico.
Desde el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, Trump y Rubio han impuesto al gobierno títere de Delcy Rodríguez el corte del suministro de petróleo a la isla, y la prohibición de hecho a todo el planeta de enviar combustible bajo amenaza de represalias. El 29 de enero se había firmado el decreto que permite a Estados Unidos imponer aranceles y sanciones a países que envíen petróleo o derivados, y este 1 de mayo Trump firmó una orden ejecutiva que amplía las sanciones a bancos y empresas extranjeras que financien el transporte de combustible a Cuba, e impone sanciones directas al conglomerado económico estatal GAESA y a la productora de níquel MOA. “A solo 90 millas del territorio estadounidense, el régimen cubano ha llevado a la isla a la ruina y la ha convertido en una plataforma para operaciones de inteligencia, militares y terroristas extranjeras”, señala la orden ejecutiva.
No sólo los gobiernos títeres de los yanquis como el venezolano o el argentino de Milei, acatan esta orden del gobierno de Trump. A esta imposición se han sometido también los gobiernos “progresistas” de América Latina. Claudia Sheinbaum ha interrumpido las exportaciones mexicanas, de unos 15 mil barriles diarios en 2025 por casi U$S 500 millones. El año pasado, según el Financial Times, México habría desplazado a Venezuela como principal proveedor de petróleo a Cuba. Ni el Brasil de Lula, noveno productor mundial de crudo, ni la Colombia de Gustavo Petro se han atrevido tampoco a desafiar la prohibición de Trump, y Putin apenas envió un barco con 700 mil barriles, que teniendo en cuenta los 35 mil barriles diarios de producción propia y el nivel de consumo de alrededor de 150 mil barriles, apenas alcanzaron para 6 días.
Luego de su reunión del jueves 7 con Trump en la Casa Blanca, Lula sostuvo que el mandatario yanqui descartó en la conversación una invasión a Cuba, aunque como puede verse en el video de su conferencia de prensa tampoco puso las manos en el fuego por tales dichos de Trump: “eso fue lo que dijo la intérprete”, declaró cautelosamente. Además, el mandatario brasileño se puso a disposición de Trump para facilitar las negociaciones con Cuba, “que quiere dialogar”, en un virtual ofrecimiento de mediación. Pero Cuba no necesita un mediador sino el fin del bloqueo agravado ahora por la prohibición al planeta entero de enviarle petróleo, una situación que el propio Brasil podría, como mínimo, aliviar.
Las razones inmediatas por las que tanto Sheinbaum como Lula le han capitulado a Trump están directamente relacionadas con la naturaleza capitalista de sus gobiernos. México se encuentra en vísperas de una nueva negociación del Tratado de Libre Comercio en las que Trump pretende imponer condiciones durísimas a México, y en el caso de Brasil ha trascendido la preocupación del gobierno de Lula por posibles caídas del valor de las acciones de la semiestatal Petrobras en Wall Street. Ninguno piensa siquiera en seguir un curso de choque con el imperialismo yanqui en sus propios países y, por lo tanto, tampoco en impulsar una verdadera política de solidaridad antiimperialista que es lo que realmente necesita Cuba.
Blanqueadas en el mes de marzo tanto por Rubio como por el gobierno de la isla, la burocracia cubana y el gobierno yanqui vienen desarrollando negociaciones desde hace meses. A mediados de marzo, el New York Times había publicado que Rubio exigía la salida del presidente cubano Miguel Díaz Canel para continuar con las negociaciones, lo que fue desmentido por el mismo secretario de Estado. Sin embargo, el contenido de esta nueva oleada de amenazas por parte de Rubio parece confirmar aquella versión acerca de la voluntad yanqui de forzar la salida de Díaz Canel como condición para continuar con las negociaciones: “Ese modelo económico no funciona, y la gente que está a cargo no puede solucionarlo”, señaló Rubio. “Lo único peor que un comunista es un comunista incompetente”, completó, en una alusión directa a Díaz Canel.
A pesar de que por lo menos desde 2021 el gobierno cubano viene profundizando reformas capitalistas cada vez más antipopulares, que son las que explican protestas populares como las del 11 de julio de aquel año, la opción militar sigue sobre la mesa del imperialismo. En un incremento de la presión militar sobre Cuba en vistas de una eventual futura invasión, Rubio se fotografió junto al jefe del Comando Sur (SouthCom), general Francis Donovan, con un mapa de Cuba detrás. En ocasión de la firma de la orden ejecutiva del 1 de mayo, Trump dijo que “Quizás de regreso de Irán, cuando terminemos esa misión, detendremos al portaaviones Abraham Lincoln, el portaaviones más hermoso que he visto en mi vida. Lo detendremos a unos cientos de metros de la costa [de Cuba]”
Por la movilización de la clase trabajadora de América Latina en defensa del pueblo trabajador de Cuba
Es evidente que la pasividad que promueven los progresistas como Lula con sus declaraciones “tranquilizadoras” acerca de las intenciones de Trump no sólo no son útiles sino que sirven a los fines del imperialismo de paralizar la organización de la lucha popular en defensa de Cuba. Viene al caso aquí, especialmente, aquel consejo del Che: “No hay que confiar en el imperialismo ni un tantico así”. La parálisis que promueven Lula, Sheinbaum y Petro se ve acompañada por la de las organizaciones políticas del conglomerado progresista y nacionalista burgués latinoamericano que no ha ejercido ninguna presión sobre esos gobiernos para exigirles el suministro de petróleo. En Argentina, el peronismo en sus diversas variantes ha guardado completo silencio frente a esta tremenda ofensiva del imperialismo yanqui contra Cuba.
En cambio, desde franjas del sindicalismo combativo y desde la izquierda independiente de los gobiernos progresistas, en primer lugar el FIT- Unidad, comienzan a promoverse iniciativas de solidaridad obrera y popular. En Brasil, desde el Sindicato Petrolero de Río de Janeiro (SindiPetroRJ) se está desarrollando una campaña contra el envío del petróleo de Brasil a Israel y a favor del suministro a Cuba. Es una iniciativa que debe ser apoyada, difundida y copiada en el resto del continente. En nuestro país, nuestro partido junto a organizaciones piqueteras, estudiantiles, de derechos humanos, de los partidos del FIT- Unidad y de la izquierda en general ha puesto en pie el Comité Independiente de Solidaridad Obrero- Estudiantil con Cuba, que el próximo jueves 14 realizará un acto en Plaza del Congreso y está planificando colectas populares para enviar ayuda directa al pueblo trabajador cubano.
Es ese camino, el de la lucha organizada de las organizaciones populares que no se ubican en el campo del seguidismo a la burocracia cubana, el único que puede abrir el cauce a la lucha de los pueblos de Latinoamérica contra los intentos del imperialismo yanqui de recolonizar Cuba.
Luis Brunetto

No hay comentarios.:
Publicar un comentario