Cuando parecía que el gobierno de Javier Milei ya no podía exhibir un grado mayor de sometimiento al imperialismo, terminó avalando que en la semifinal frente a Inglaterra se impidiera el despliegue de banderas con consigna por las Malvinas, en un intento de censurar un sentimiento profundamente arraigado en el pueblo argentino y un reclamo nacional histórico. Pero el operativo fracasó. Tras la victoria argentina sobre Inglaterra, fueron los propios jugadores de la Selección Argentina quienes desplegaron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas”, dejando expuesto nuevamente al gobierno que reivindica a Thatcher y a la corona británica.
La Selección Argentina no solo se impuso sobre Inglaterra en la cancha, en una remontada histórica a puro juego y corazón, sino que además reivindicó una causa nacional que ningún protocolo ni ninguna prohibición pueden borrar. Mientras Milei hace profesión de fe de Margaret Thatcher y reivindica a quien condujo la guerra colonial contra nuestro país, la Selección expresó un sentimiento que recorrió las tribunas y las calles.
Consultado por las reiteradas expresiones de admiración de Milei hacia Margaret Thatcher, el vocero presidencial intentó reducirlas al terreno de la política económica, afirmando que el presidente solo reivindica su “programa de estabilización”. El argumento es insostenible: Thatcher no solo fue la principal responsable política de la guerra colonial librada contra la Argentina en 1982, sino también quien ordenó el hundimiento del crucero ARA General Belgrano, fuera de la zona de exclusión establecida por el propio Reino Unido, un ataque en el que murieron 323 tripulantes argentinos. También, fue la gran enemiga de la clase obrera británica: su gobierno descargó una ofensiva histórica de privatizaciones, despidos y destrucción de conquistas sociales, enfrentando con una brutal represión la histórica huelga de los mineros de 1984-1985. La admiración de Milei por Thatcher no puede separarse de ese legado: expresa su identificación tanto con una política de sometimiento nacional al imperialismo como con una guerra de clase contra los trabajadores.
La victoria fue celebrada masivamente como algo más que un triunfo deportivo, debido a que el enfrentamiento con Inglaterra remite inevitablemente a la guerra de Malvinas, al colonialismo británico y a la reivindicación de la soberanía argentina sobre las islas. Los cantos por Malvinas, las referencias al Diego y a la “Mano de Dios”, el homenaje a los excombatientes volvieron a resonar con fuerza entre miles de hinchas.
La causa por Malvinas no se trata de una cuestión meramente simbólica o histórica, sino que se enfrenta a profundos intereses imperialistas. Las Islas Malvinas ocupan hoy un lugar estratégico para el imperialismo. Los ingleses avanzan sobre la explotación de enormes recursos pesqueros, impulsan proyectos de extracción de hidrocarburos en la plataforma continental y mantiene allí una de las principales bases militares de la Otan en el Atlántico Sur, desde donde proyecta su influencia hacia la Antártida y controlan una región de enorme valor geopolítico.
El gobierno “libertario” marcha exactamente en el sentido contrario al sentimiento popular. Mientras el pueblo reivindica Malvinas, Milei se coloca la camiseta inglesa. Su alineamiento con Estados Unidos y Gran Bretaña no es una pose ideológica: expresa una política de entrega nacional, de subordinación al imperialismo y de renuncia a cualquier defensa de la soberanía argentina.
La causa de Malvinas debe ser defendida contra un gobierno que garantiza los negocios del capital extranjero. La recuperación de las islas no será obra de quienes pactan con el FMI, privatizan los recursos nacionales o subordinan el país a las potencias imperialistas. Algo que quedó reflejado en los festejos callejeros de la población, con bandera por las Malvinas y en defensa de otros pueblos oprimidos por el imperialismo, como el repudio al genocidio en Gaza y contra el pueblo palestino, que también ha estado presente en este Mundial.
La defensa de Malvinas forma parte de una lucha más amplia contra la dominación imperialista en toda América Latina. Reivindicamos la unidad internacional de la clase trabajadora para enfrentar la explotación y la opresión de las grandes potencias, al mismo tiempo que defendemos el derecho de los pueblos oprimidos a recuperar sus territorios ocupados.
La Selección Argentina hizo lo que Milei rechaza: levantar la bandera de Malvinas frente a Inglaterra. Mientras el gobierno quedó en offside, millones volvieron a cantar por los pibes de Malvinas, por el Diego –quien también enarboló esta causa en vida y en su victoria contra los ingleses y que es denostado por Milei- y por una causa que sigue viva. "Nosotros hacíamos culpables a los jugadores ingleses de todo lo que el pueblo argentino había sufrido. Contra Inglaterra jugué pensando en Malvinas. Estábamos defendiendo nuestra bandera, a los pibes muertos, a los sobrevivientes (...) Por eso, el triunfo tuvo ese sabor a justicia popular", Maradona, en Yo soy el Diego de la gente.
Fuera ingleses de Malvinas. Fuera el imperialismo de América Latina. Fuera Milei. Vamos Argentina.
Marcelo Mache

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