Pepe fue, ante todo, un activista comunista y trotskista. Su compromiso político comenzó muy pronto, en los años sesenta, en el contexto de la lucha contra el franquismo. Fue sindicalista de Comisiones Obreras, militó en la Ligue francesa durante su exilio en Francia entre 1968 y 1971 y, a su regreso, continuó su militancia clandestina y su actividad política vinculada a la Liga Comunista Revolucionaria.
Pero reducir a Pepe a sus organizaciones y militancias sería también injusto con él. Porque su manera de entender el compromiso político pasaba por algo más amplio: militar era también estudiar, recordar, escribir, discutir, divulgar, recuperar nombres y experiencias que otros querían borrar de la memoria.
Su formación fue fundamentalmente obrera y autodidacta. A lo largo de décadas escribió sobre Trotsky, el POUM, la revolución española, el movimiento obrero, el socialismo, la memoria histórica y numerosos personajes de la tradición revolucionaria. Fue autor de Memorias de un bolchevique andaluz, Retratos poumistas, Miniwatt-Philips, la memoria obrera, trabajos sobre Orwell, Mandela, John Reed, Tolstói y, naturalmente, sobre Trotsky.
Había en Pepe una preocupación permanente por rescatar las historias de quienes habían luchado antes que nosotros. No lo hacía desde una mirada de anticuario ni para construir una memoria congelada. La historia, para él, era una herramienta política: servía para comprender las derrotas, las contradicciones, las esperanzas y también las posibilidades que habían quedado abiertas.
Y junto a todo ello estaba el cine.
Pepe era un cinéfilo. Pero decir simplemente que le gustaba el cine se queda muy corto. Fue cineclubista desde los años sesenta y dedicó una parte importantísima de su actividad intelectual a escribir sobre películas, cineastas y la relación entre el cine y la historia. Publicó En nombre del padre y del hijo. El cine y la Biblia y Lo que aprendí del cine. Las memorias de un cinéfilo pobre, un título que dice mucho de la relación afectiva que mantuvo durante toda su vida con el séptimo arte.
Su cinefilia tampoco estaba separada de su mirada política. En sus textos podían encontrarse André Malraux y la Guerra Civil, Elia Kazan y Zapata, Visconti, Bogart, Bergman, el cine de Hollywood, el cine y la revolución. Escribía sobre películas, pero también sobre la sociedad que las producía, las luchas que representaban, las ideas que transmitían y las vidas que había detrás de ellas. En Sierra de Teruel, por ejemplo, hablaba del cine de Malraux y de la experiencia de la República y de quienes combatieron contra el fascismo.
Quizá por eso el cine encajaba tan bien en Pepe. Porque también las películas podían convertirse en memoria. También podían servir para recuperar una época, una lucha, una derrota, una esperanza. También podían ayudarnos a mirar de otra manera aquello que creíamos conocer.
Pepe escribió muchísimo. Y escribió durante muchísimo tiempo. En Kaos quedan todos sus artículos, una parte de ese enorme archivo que fue construyendo durante años y que ahora adquiere inevitablemente otra dimensión: la de una obra que podemos seguir leyendo.
Desde allí aparecen sus textos políticos, sus trabajos de memoria histórica, sus semblanzas, sus reflexiones culturales y esa extensa producción dedicada al cine que permite acercarse también a otra dimensión de Pepe. Entre sus artículos encontramos desde Trotsky, Marx, Orwell, Emma Goldman o el POUM hasta André Malraux, Elia Kazan, Humphrey Bogart o Van Gogh.
Kaos pierde a uno de sus compañeros. La izquierda pierde a un militante de una generación que dedicó buena parte de su vida a la lucha, a la cultura y a la memoria. Y quienes le conocimos y le leímos perdemos a Pepe.
Nos queda su obra.
Nos queda su memoria.
Nos quedan sus películas, sus libros, sus personajes, sus historias y sus debates.
Y, sobre todo, nos queda algo que Pepe practicó durante toda su vida: la convicción de que recordar a quienes lucharon antes que nosotros también es una forma de seguir luchando.
Hasta siempre, compañero.
Colectivo Kaosenlared
22 de agosto de 2026

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