sábado, marzo 31, 2007

Mi padre.



La mejor biografía de un gran hombre es la que se escribe inmediatamente después de su muerte, si bien resulta difícil trazarla a quien le conocía íntimamente y le amaba. Sólo podré ahora escribir un compendio rápido de la vida de mi padre, limitándome a sucinta exposición de señalados hechos; no describiré sus grandes teorías y descubrimientos, fundamentos del socialismo moderno, y que están a punto de producir una revolución en la totalidad de la ciencia de la economía política.
Nació mi padre en Tréveris el día 5 de mayo de 1818, de padres hebreos. Su padre era hombre de talento, abogado, muy influido por las ideas religiosas, científicas y artísticas del siglo XVIII francés. Su madre descendía de una familia israelita húngara, que se estableció en Holanda en el siglo XVII. Sus primeros camaradas fueron los hermanos de Jenny von Westphalen. Del padre de éstos, el barón Westphalen, aprendió Marx a gustar de la escuela romántica. Mi abuelo paterno le hablaba de Voltaire y Racine; Westphalen orientaba sus aficiones hacia Homero y Shakespeare, que fueron siempre sus autores predilectos. En sus años de escolar, los camaradas de mi padre le tenían simpatía porque siempre guardaba una malicia oculta; le temían también porque sabían que lucía cierto talento satírico. Siguió la rutina habitual de los cursos escolares, y en las universidades de Bonn y de Berlín estudió Derecho por complacer a su padre; por su gusto personal y sus aficiones, se aplicó a la historia y a la filosofía.
En 1842 estuvo a punto de entrar en el profesorado de la Universidad de Bonn, pero el movimiento político que siguió en Alemania a la muerte de Federico Guillermo III, cambió el rumbo de su actividad. Los: jefes del liberalismo renano -Camphausen y Hansemann- fundaron con Marx en Colonia el periódico "Reimsche Zeitung". La colaboración de mi padre produjo sensación, especialmente unos trabajos de crítica brillante y audaz contra la Dieta prusiana. A los veinticuatro años le ofrecieron la dirección y empezó a luchar contra el despotismo prusiano. El censor no podía impedir la publicación de artículos que interesaban a la redacción. Intervino otro censor que llegó ex profeso de Berlín, pero siguieron viendo la luz repetidos trabajos subversivos, hasta que en 1843 suspendió el Gobierno la publicación.
Por aquella fecha se casó mi padre con su amiga y camarada Jenny von Westphalen, después de ser prometidos durante siete años, y el matrimonio se instaló en París. Con Arnold Ruge editó mi padre los "Anales Francoalemanes", iniciando sus escritos socialistas con una crítica de la filosofía hegeliana. Posteriormente publicó un trabajo sobre la cuestión hebrea. Cuando dejaron de publicarse los "Anales" colaboró en el "Worwaerts", de París, y hasta se afirma que fue editor de la publicación. Lo evidente es que el "Worwaerts" no tuvo nunca editor responsable, que colaboraron Heine, Overbeck, Engels y otros y que vivió siempre de manera precaria. Marx publicó inmediatamente la. "Sagrada Familia", en colaboración con Engels: una sátira contra Bruno Bauer y su escuela de idealistas hegelianos.
Sin dejar de estudiar preferentemente en aquella época la economía política y la Revolución francesa, siguió su lucha sin tregua contra el Gobierno prusiano, el que por mediación, según se ha dicho, de Alejandro de Humboldt, que vivía en París, pidió a Guizot que expulsara a mi padre de Francia. Guizot se mostró complaciente y Marx tuvo que ir a Bruselas, donde publicó en francés un "Discours sur libre echange". Como réplica a la obra de Proudhon "Contradicciones Económicas o Filosofía de la Miseria", escribió "Miseria de la Filosofía", en la que accedía al deseo de Proudhon, aunque con un vigor que éste no esperaba, ciertamente.
Por entonces fundó Carlos Marx la primera asociación de obreros alemanes en Bruselas y se adhirió con sus amigos al Partido Comunista. Animado éste por mi padre, creció hasta constituir un núcleo importantísimo para difundir los principios comunistas. Como las circunstancias eran adversas, la asociación era clandestina,. pero influía en los medios proletarios alemanes. Fue la primera organización internacional socialista y contaba con adherentes ingleses, belgas, húngaros, polacos, suecos, etc., y constituyó el núcleo inicial del Partido Socialdemócrata.
En 1847 se celebró en Londres el Congreso del Partido Comunista. Marx y Engels asistieron como delegados y se les encargó la redacción del que fue después célebre "Manifiesto Comunista", publicado poco antes de la revolución de 1848 y traducido después a todas las lenguas.
El Manifiesto estudia en primer término las condiciones de existencia de la sociedad moderna, demuestra el hecho de la desaparición de clases de la época feudal y que en la sociedad moderna sólo hay dos clases: capitalismo y proletariado; expropiadores y expropiados; burguesía, en posesión de la riqueza y del poder sin producir nada, y proletariado, productor de la riqueza que no posee. Después de servirse la burguesía del proletariado para derrocar el . régimen feudal, aprovecha el poder que acaparó para reducir a los trabajadores a esclavitud. A la acusación de que el comunismo se propone "abolir la propiedad" contesta el Manifiesto que se trata de abolir el régimen burgués de la propiedad, por el que las nueve décimas partes de la colectividad no poseen nada. A la acusación de que los comunistas tratan de "suprimir el matrimonio y la familia" opone el Manifiesto el razonamiento de que el "matrimonio" y la "familia" no son posibles en su forma más elevada entre los trabajadores, porque las condiciones precarias de la vida no lo permiten.
La burguesía ha revolucionado el mundo de la producción impulsando y perfeccionando la máquina a vapor, la construcción de vías férreas; pero su creación extraordinaria ha sido el proletariado moderno, cuya existencia es un desafío a la sociedad hasta el punto de que la caída de ésta se hace necesaria si los hombres tienen todos iguales derechos a la vida y al bienestar. El Manifiesto termina con estas palabras: "Los comunistas no se- rebajan a disimular sus opiniones y sus planes y proclaman abiertamente que no pueden conseguir sus objetivos más que destruyendo por la violencia el orden social tradicional. Tiemblen las clases dirigentes ante la idea de una revolución comunista. Los proletarios no tienen nada que perder más que las cadenas y pueden ganar un mundo. ¡Proletarios de todos los países, uníos!".
Como seguía Marx combatiendo al Gobierno prusiano en el periódico de Bruselas, los dictadores prusianos pidieron la expulsión de mi padre a las autoridades belgas; pero como la revolución de febrero provocó una agitación entre los trabajadores de Bélgica, el Gobierno de este país se aprovechó de ello para expulsar a Marx sin proceso previo. El Gobierno provisional de Francia, por mediación de Flocon, le invitó a ir a París y aceptó; pero después de la revolución de 1848 volvió a Colonia y fundó la "Neue Rheinische Zeitung", único periódico alemán que, después de las jornadas de junio, defendió a los insurrectos de París.
En vano los periódicos liberales y reaccionarios denunciaron la publicación de Marx y pidieron que se castigara a los autores de aquella hoja que atacaba las instituciones más sagradas y desafiaba a la autoridad en una ciudad fortificada; en vano se suspendió el periódico por la autoridad durante seis semanas, aprovechando el Estado de Sitio. La represión servía de vehículo a la difusión de las doctrinas, ante la mirada de la policía, y la "Neue Rheinische Zeitung" siguió apareciendo contra viento y marea. Tras el Golpe de Estado en Prusia (1848), la hoja publicó sucesivamente vibrantes llamamientos al pueblo, aconsejando que no pagasen los impuestos y que en caso de necesidad se contestara a la violencia con la violencia. Se celebraron dos procesos contra el periódico y fue éste absuelto. Después de la sublevación de las provincias renanas, de Dresde y de Alemania del Sur en mayo de 1848, la "Neue Rheinische Zeitung" fue suspendida sin consideraciones. El último número impreso en rojo, se publicó el 19 de mayo de 1849.
Volvió Marx a París poco después de la manifestación popular del 13 de junio de 1849. El Gobierno le indicó que abandonara el territorio francés si no quería vivir en Bretaña, y Marx fue a Londres, donde vivió treinta años.
Frecuentó asiduamente la biblioteca del "British Museum" después de la condena que siguió al proceso de los comunistas de Colonia, cesando de momento de ejercer toda especie de actividad política y dedicando sus afanes al estudio de los problemas económicos. Escribió editoriales para el "New York Tribune" y muchos folletos contra el Ministerio Palmerston, que llegaron a difundirse extraordinariamente por Inglaterra, gracias a David Urquart.
Los detenidos y fundamentales estudios de Marx en el Museo Británico produjeron óptimos frutos. En 1853 publicó su "Crítica de la Economía Política", exponiendo por primera vez la teoría de la plusvalía, desarrollada posteriormente de manera magistral.
En un periódico alemán que se imprimía en Londres, "Das Volk", publicó Marx un artículo sensacional en tiempos de la guerra de Italia, denunciando el bonapartismo, que disimulaba su verdadero carácter ostentando etiqueta liberal; atacó también a la política prusiana que, con pretexto de neutralidad más o menos benévola, procuraba pescar en río revuelto. Calumniado Marx estúpidamente por Karl Vogt, contestó a las calumnias en un trabajo "Monsieur Vogt", acusando a éste como agente de Napoleón III y afirmando que estaba a sueldo del Emperador. La afirmación de Marx quedó probada diez años después cuando el Gobierno de Defensa Nacional publicó los nombres de los agentes secretos de Napoleón III; entre ellos figuraba Vogt con una suma de 40.000 francos, que se le entregaron en agosto de 1859.
En 1867 publicó Marx en Hamburgo "El Capital", su obra maestra.
El movimiento obrero llegaba a tener tal importancia que Marx pensó en realizar el proyecto que tanto le interesaba: organizar una Internacional Obrera a base de los países más adelantados de Europa y América. En abril de 1864, los trabajadores de distintos países se reunieron para manifestar sus simpatías por Polonia. En aquel acto se acordó fundar la Internacional, llevándose a efecto en Saint Martin's Hall el día 28 de septiembre de 1864, bajo la presidencia del profesor Beesly. Se eligió un Comité o Consejo provisional y Marx redactó un llamamiento inaugural y unos Estatutos que no eran aún definitivos. En tal llamamiento pinta Marx la miseria de la clase obrera, miseria que se manifiesta incluso en épocas de prosperidad comercial, y pide la unión de esfuerzos a los obreros de todos los países. Como diez años antes en el "Manifiesto Comunista", el llamamiento contenía esta frase de Marx: "¡Proletarios de todos los países, uníos!"
Puntualizar la actividad de Marx en la Internacional, equivaldría a escribir la historia de ésta. Fue mi padre Secretario de las secciones proletarias de Alemania y Rusia en la Internacional y animador de los Congresos sucesivos. Los manifiestos, con excepción de uno o dos, desde el llamamiento inaugural a "La Guerra Civil en Francia", fueron redactados por Marx. Por cierto que en esta última obra explica Marx la verdadera significación de la Commune, "esfinge que intriga sobremanera el espíritu burgués”. Estigmatizó con frase magnífica al "Gobierno de la Derrota Nacional", que hizo entrega de Francia a los prusianos. Denostó a los miembros de tal Gobierno, a Favre el falsario, a Ferry el usurero, al infame Thiers, "monstruoso gnomo, limpiabotas del Imperio". Tras el penetrante contraste que establece Marx entre los horrores consumados por los versalleses y el sacrificio heroico de los obreros de París muriendo para salvar la República, cuyo Gobierno preside Ferry, concluye con estas palabras: "El París de la Commune será siempre como un precursor de la sociedad nueva. El recuerdo de aquellos mártires vivirá eternamente en la predilección de la clase obrera ... A los verdugos, la historia los clavará en la picota, y allí quedarán a pesar de los responsos de todos los clérigos”.
A consecuencia de una proposición hecha por Marx, el Congreso de la Internacional de La Haya (1873), trasladó la residencia del Consejo a Nueva York. La caída de la Commune colocó a la organización en trance difícil. Posteriormente, el movimiento ha tenido orientación nueva. El contacto permanente entre los trabajadores de todos los países - uno de los resultados de la Internacional- demuestra que la organización permanente no responde a las necesidades del momento actual. Se sigue actuando, aunque en forma distinta, y se intensificará, sin duda, con el tiempo.
La falta de salud impidió a Marx en algunos años consagrarse a su obra tal como hubiese querido, pero desde 1873 se entregó a ella por entero. El segundo tomo de "El Capital" lo editará en breve el más querido amigo de mi padre, el más antiguo camarada: Federico Engels.
Sólo me he propuesto consignar datos estrictamente históricos y biográficos de mi padre. Que hablen otros de su personalidad, de su ciencia, de su espíritu, de su suavidad de carácter y de su bondad, pero que se me permita decir aquí: Carlos Marx era uno de esos espíritus insólitos en los que se complace la Naturaleza: UN HOMBRE.

Eleonora Marx

La verdadera personalidad de Lenin.

Artículo escrito especialmente por Víctor Serge para La Batalla donde se publicó en 1937

Murió agotado por su labor sobrehumana el 21 de enero de 1924. Hacía dos años aproximadamente que la enfermedad le inmovilizaba en su sillón y tenía una terrible expresión de angustia, de la que algunas fotografías de la época dan prueba. Pero su inteligencia permanecía despierta y, de vez en cuando, se manifestaba en potentes llamaradas. En esos momentos expresaba su gran ansiedad. Los males del régimen que había fundado, y que veía con gran lucidez, le angustiaban. No hay nada más trágico que la historia de sus últimas luchas contra la enfermedad, con el pensamiento fijo en poder trabajar de nuevo, en buscar soluciones y aliados, en contener las amenazas. Y, sin duda alguna, si Lenin hubiera vivido algunos años más, el rumbo de la revolución se hubiese visto profundamente modificado en sentido favorable.
Es indudable que su gran autoridad y su vasta inteligencia hubieran intervenido eficazmente en el curso de las cosas. Tal vez hubiera podido orientar el Estado socialista hacia la inteligencia con los campesinos y moderar así, o incluso superar, las tendencias reaccionarias del interior. Tal vez hubiera sucumbido a la larga en este combate, como sucumbió otra inteligencia igual a la suya. La Historia recorre su camino sirviéndose, según las circunstancias, de los hombres de genio y de los mediocres. Después de Napoleón, creó el hombre de Sedán. El azar y lo inexorable van entremezclados. La suerte de las personas depende del azar, la resultante social de lo inexorable, y este inexorable arrastra y quiebra el azar... Tantas causas económicas e históricas han contribuido al desgaste de la Revolución que si Lenin hubiera vivido más tiempo, probablemente hubiera corrido una suerte parecida a la de sus compañeros de las grandes jornadas revolucionarias. Pero el régimen sería mejor.
Ese punto de vista no es, en manera alguna, pesimista. Para dominar la naturaleza, es necesario que el hombre la comprenda y se adapte a ella. Para construir el pararrayos, es necesario saber que el rayo va a caer y como ha de caer. No hay que contar con la plegaria para impedirlo. Para transformar la sociedad y discernir sus vías, hay que obedecer a la necesidad más fuerte, que es la necesidad económica. Así en la ciencia marxista, Marx y Engels, investigadores honestos, al analizar el mecanismo moderno de la producción, concluyeron en la necesidad del socialismo, aspiración de las masas a un mayor bienestar y a una vida más justa, pasando así de la utopía a la ciencia. Con Lenin, el socialismo pasó de la ciencia a la acción.
Poco antes de Octubre, las circunstancias simplificaban los problemas. La guerra lo reducía todo a algunas alternativas del género de ser o no ser. Pero se necesitaba valor para verlo y, después de haberlo visto, para actuar audazmente. Pero ya nos e podía ser ni vivir como en el pasado. Había que romper con él. Y esto suele ser lo más difícil para los hombres, que son generalmente prisioneros de sus rutinas y de sus ilusiones. Los escritos de Lenin revelan grandes riquezas. Pero jamás tuvieron tanto valor como en esos seis meses del año 1917 en los que él fue el único que se orientó con paso seguro en medio de acontecimientos tan caóticos, comprendiendo que se estaba en una situación inestable, entre dos dictaduras igualmente posibles, la de la reacción y la de la clase obrera y que, por tanto, no cabía más elección que entre la acción y el desastre. Su criterio no era fruto de la pasión revolucionaria, que podría haber sido ciega, como cualquier otra pasión, sino de la convicción del político y del economista, fundada en el análisis cotidiano de una situación dada.
Lenin lo tenía en cuenta todo: el estado de la producción, los cambios, las intenciones y las posibilidades de la burguesía, la mentalidad de los generales y de los abogados que estaban aún en el poder, las aspiraciones de las masas en la ciudad en el campo. Y, finalmente, llegó a la conclusión de que había llegado la hora. Estando refugiado en una cabaña de Finlandia, a orillas del mar, a principios de octubre, escribió el Comité Central del partido:
"Queridos camaradas: los acontecimientos nos fijan tan netamente nuestro deber que la espera resulta un crimen. El movimiento campesino se desarrolla con una fuerza creciente. Las tropas nos profesan una simpatía cada vez más viva. En Moscú podemos contar con el 99% de los votos de los soldados: las tropas finlandesas y la flota está en contra el gobierno. Unidos a los socialistas revolucionarios de izquierda, tenemos la mayoría del país... En estas condiciones, esperar resulta un crimen... ".
Y otra vez:
" La victoria es segura. Hay un tanto por ciento elevadísimo de posibilidades de que la obtengamos sin efusión de sangre ".
Le vi, en varias ocasiones un poco más tarde, en la fase más ardiente de su vida. Nadie era más sencillo que él. Nadie estaba más alejado de todo lo que fuera jugar al hombre de genio que verosímilmente era, el gran jefe, el fundador del estado soviético. Todas estas palabras dichas a propósito de él le hubieran indignado. Cuando se agravaban los desacuerdos en el partido, su mayor amenaza era: " presento mi dimisión al Comité Central, vuelva a ser un simple militante y a defender mi punto de vista en la base... ".
Llevaba aún sus viejos trajes de emigrante en Suiza. Cuando se quiso festejar su 50 aniversario, casi se enfadó: y solo estuvo 20 minutos en la velada íntima que celebraron algunos compañeros.
Cuando Kámenev le habló de editar sus obras completas, le contestó con cierta contrariedad: "Para que? ¡Pues no se ha escrito poco en treinta años! No vale la pena”.
No se creía infalible, y tampoco lo era. Cometió grandes errores. Y, a menudo, en el curso de su más justa acción, una parte de error no disminuía su extraordinaria perspicacia. En conjunto, su obra queda como un nuevo punto de partida en la historia, como un magnífico ejemplo de desinterese y de devoción a la clase obrera, como una aplicación vigorosa del pensamiento marxista la lucha de clases. Hacía ésta miramos nosotros hoy como hacia una luz, y no hacia sus lúgubres restos, embalsamados bajo un monstruoso mausoleo...

Víctor Serge
Edición digital de la Fundación Andreu Nin, marzo 2004

Aproximaciones de Manuel Sacristán a la obra de Antonio Gramsci.

.Antología mínima

[...] puede tal vez señalarse algún importante problema pendiente en el pensamiento socialista contemporáneo, problema identificado y abierto en la obra de Gramsci, y no resuelto en ella, probablemente porque todo auténtico pensador descubre problemas más allá de sus soluciones.
Manuel Sacristán Luzón (1967)

Gramsci ha sido, con interesante paradoja, un característico "filósofo de la práctica" y, al mismo tiempo, el clásico marxista más capaz de contemplación. Contemplación del mundo exterior y del interior.
Manuel Sacristán Luzón (1977)
Junto con José Mª Laso, Jordi Solé Tura y Francisco Fernández Buey, Manuel Sacristán (1925-1985) ha sido uno de los primeros y principales introductores del pensamiento del revolucionario sardo no sólo en nuestro país sino también en el ámbito hispanoamericano (recordemos la publicación de su Antología de Gramsci por Siglo XXI, en México, en 1970). Junto con Lukács y los dos grandes clásicos de la tradición, Gramsci ha sido uno de los pensadores marxistas que más ha influido en Sacristán: en su concepción de la propia tradición marxista, en su noción del intelectual comunista, en su compromiso militante, en la importancia que para su acción y su pensamiento político han tenido categorías como hegemonía, guerra de posiciones o bloque histórico, e incluso en su misma noción de la filosofía y del filosofar, sin olvidar, claro está, la profunda identificación de Sacristán con el hacer, con la vida, con la dignidad y resistencia militante, de alguien al que consideró un clásico y un revolucionario sin sombras.
La primera aproximación de Sacristán a Gramsci puede verse en la entrada “Filosofía”, publicada en el suplemento de 1957-58 de la Enciclopedia Espasa (actualmente recogida en el segundo volumen de Panfletos y Materiales: Papeles de filosofía, Icaria, Barcelona, 1984, pp. 90-219). En el apartado “Algunas personalidades destacadas”, Sacristán incluyó a J. D. Bernal, Mao Tse-tung y Antonio Gramsci. A este último dedicó las páginas 182-192. A este trabajo inicial, hay que sumar “La formación del marxismo de Gramsci” (1967) (Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona 1983, pp. 62-84), inicialmente publicado en Realidad y Nous Horitzons; la voz del Diccionario de Filosofía editado por Dagobert Runes, y cuya traducción Sacristán coordinó: “Gramsci, Antonio“ (1969) (recogida ahora en Papeles de filosofía, op. cit., pp. 414-416), su Antología (México: Siglo XXI, 1970), en la que destaca no sólo la magnífica selección realizada, sino su sustantiva advertencia inicial, sus tablas cronológicas y sus imprescindibles notas de traductor, y el que fuera uno de sus últimos escritos de mayo de 1985: “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel“, presentación de la traducción castellana de Miguel Candel de Antonio Gramsci, Introducción al estudio de la filosofía. Barcelona: Crítica, 1985 (reimpresa en Pacifismo, ecología y política alternativa. Barcelona: Icaria 1987, ed. de Juan-Ramón Capella, pp. 184-206).
Después del fallecimiento de Sacristán, Albert Domingo Curto ha transcrito, editado y presentado la introducción interrumpida de su Antología para Siglo XXI con el título El Orden y el Tiempo, Madrid: Trotta, 1998. Es obligado reconocer el magnífico trabajo realizado por Domingo Curto, así como el documentado texto que abre su edición: “A modo de presentación” (pp. 9-44).
Hay además, en tres entrevistas a Sacristán, interesantes aproximaciones a la obra de Gramsci: en la de 1977, para Diario de Barcelona: “Gramsci es un clásico, no es una moda”; en la de 1979 para El Viejo Topo, editada póstumamente, realizada por Jordi Guiu y Antoni Munné (ambas han sido recogidas en: De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, Los Libros de la Catarata, Madrid 2004, pp. 81-90 y 91-114, respectivamente, edición de Francisco Fernández Buey y de Salvador López Arnal) y en la de 1979 para Nous Horitzons (ahora recogida en Intervenciones políticas, Icaria, Barcelona 1985, pp. 280-283) donde Sacristán da cuenta de la importancia del programa gramsciano en el consejo de redacción de la revista.
En el fondo de Reserva de la Universidad de Barcelona, puede consultarse además un cuaderno “Gramsci” que contiene interesantes anotaciones de lectura sobre la mayoría de los escritos del autor italiano, al igual que el esquema detallado de una conferencia de mayo de 1977, impartida en la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Barcelona con ocasión de la conmemoración del XL aniversario de la muerte de Gramsci.
En uno de estos cuadernos allí depositados, puede verse una nota autobiográfica de finales de los sesenta en la que se lee: “[...] Durante un cierto tiempo, la vida de mis rentas científicas fue soportable porque, gracias a la ausencia de perplejidad histórica, o sea, gracias a la convicción de estar reflejando realidad, me era al menos posible conseguir formulaciones generales que implicaban un programa o un objetivo político-cultural y de política filosófica. Una pieza típica de esa situación es el prólogo al Anti-Dühring. Años antes lo había sido el prólogo a Revolución en España. El mismo prólogo al Heine tiene ese elemento (M.S., profesión traductor, prologuista). El estudio de Gramsci empezó todavía dentro de esa constelación. Pero es posible que durante ese estudio empezara a desarrollárseme la perplejidad deprimente sobre el destino del movimiento socialista”.
La breve antología que aquí se presenta no puede sino dejar insatisfecho al lector y al propio antólogo, y pide (incluso exige con cortesía) la lectura atenta y completa de los diversos textos de Sacristán. Los fragmentos aquí seleccionados se presentan divididos en los apartados siguientes: I. Su Gramsci, las consideraciones centrales de su aproximación. II. Vida: obra y acción, especialmente los años de encarcelamiento. III. Escritos: básicamente, sus escritos juveniles y los Cuadernos de la cárcel. IV. Conceptos gramscianos: bloque histórico, centro de anudamiento, filosofía de la práctica, consejos obreros. V. Matices, es decir, algunas reflexiones críticas, y, finalmente, VI. Empatía, donde se muestra la profunda identificación, no sólo intelectual, de Sacristán con el filósofo y dirigente italiano.
Al final de cada apartado, se dan las referencias correspondientes.

Salvador López Arnal

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I. Su Gramsci.

1. [...] Gramsci es un clásico, o sea, un autor que tiene derecho a no estar de moda nunca, y a ser leído siempre. Y por todos. Nadie tiene derecho a meterse un clásico en el depósito del coche...
2. La mejor manera de evitar las parcialidades monográficas o polémicas en la consideración de la vida y la obra de Gramsci consiste en satisfacer respecto de ellas el criterio que él declaró obligado para la comprensión de un hombre y de su obra: “la búsqueda del leit-motiv, del ritmo del pensamiento en desarrollo, tiene que ser más importante que las afirmaciones casuales y los aforismos sueltos”. Las varias dificultades que se oponen a esa tarea no impiden ver como motivo rector del pensamiento y la práctica del fundador de L´Ordine Nuovo el problema del orden de la vida de los hombres, el tema de la caducidad del orden viejo, y el de los tiempos con y en que puede aparecer el orden nuevo. Lo que ocurre es que no se podrá esperar de un hombre cuyo método de pensar y de hacer ha sido la autocrítica perenne -y expresa, además, en un escribir entrecortado y disperso por la brutalidad de las cosas, por el desorden del “orden” capitalista en su dilatada crisis- ninguna exposición inmutada y sistemática de los logros intelectuales y prácticos que haya arrancado al leitmotiv de su vida, sino más bien los sucesivos frutos, a veces orgánicamente contradictorios, de su forcejeo con aquella problemática.
3. Las personas viven en su época: por eso resultan cursis las presentaciones de Gramsci con halo de novela rosa política, como un iluminado que, en cuestiones de organización política, hubiera anticipado en 30 años y superado incluso el XX Congreso del PCUS.
4. Pero la veracidad y la franqueza con que Gramsci vive su problema van teniendo, como suele ocurrir, su premio. En materia de ideas lo estéril no suele ser la aceptación veraz de los problemas, por espectaculares que sean los cortocircuitos mentales que produzca ante una cuestión irresuelta la debilidad de los instrumentos intelectuales aplicados (en el caso de Gramsci, el difuso idealismo culturalista en que ha crecido).
5. Del mismo modo que Marx no ha sido ni economista, ni historiador, ni filósofo, ni organizador, aunque aspectos de su “obra” se puedan catalogar académicamente como economía, historia, filosofía, organización político-social, así tampoco es Gramsci un crítico literario, un crítico de la cultura, un filósofo o un teórico político. Y del mismo modo que para la obra de Marx es posible indicar un principio unitario -aquella “unión del movimiento obrero con la ciencia”- que reduce las divisiones especiales a la función de meras perspectivas de análisis provisional, así también ofrece explícitamente la obra de Gramsci el criterio con el cual acercarse a la “obra” íntegra para entenderla: es la noción de práctica, integradora de todos los planos del pensamiento y de todos los planos de la conducta.
En el caso de Gramsci la conveniencia de acentuar la unidad práctica de la “obra” parece obvia, porque las publicaciones antológicas en lengua castellana no se han beneficiado casi hasta ahora [1969] de la disponibilidad, desde hace años, de numerosos escritos políticos juveniles en los que se manifiesta inequívocamente la raíz de todo el hacer de Gramsci.
6. Yo no veo que en 1924 Gramsci tuviera ya en claro que el enemigo principal e inmediato fuera el fascismo. Creo que por esa fecha, aunque ya había comprendido que la revolución no estaba al alcance de la mano, seguía pensando en el fascismo como en cosa pasajera y no muy diferente de otras formas de dominación capitalista. No me parece que Gramsci haya podido rectificar ese eufórico error de la III Internacional antes de su prisión. En cambio, sí que lo tenía corregido en 1928, cuando el VI Congreso de la Internacional exacerbó ese error hasta lo catastrófico. Ése es el momento en que cuaja, en mi opinión, su mayor aportación: la explicación de la dificultad de la revolución en Occidente. El hecho mismo ya lo habían visto otros, principalmente Trotski y Lenin. Pero Gramsci coloca ese hecho en el centro de su reflexión, y descubre en él la vital complejidad del estado por así decirlo occidental, o sea, del estado capitalista que vive ya sobre base propiamente capitalista, arraigado en una sociedad que no tiene ya con él más contradicciones que las orgánicas a ese modo de producción. Dejémoslo en eso: me parece mejor mejor subrayar ese punto central que recitar una lista de méritos de Gramsci sin que nos podamos detener ante ninguno de ellos.
7. [...] No pretendíamos elaborar teorías. No en lo político, por las mismas razones que expuso para sí mismo Althusser, de manera inolvidable, en el prólogo al Pour Marx: la literatura política se nos aparecía en aquella época a los comunistas sólo como exposición de los clásicos para formación de militantes o como fundamentación, comentario y propaganda de la política del partido. Y tampoco teoría especulativa, porque ésta, afortunadamente, no gozaba de la simpatía ni de los assenyats catalanes de la redacción ni de los no-catalanes de ella, los cuales, aunque mucho menos assenyats, éramos gente de formación demasiado crítica, y hasta hipercrítica, para especular.
En cambio, sí que se aspiraba a elaborar y comprender realidad con la teoría disponible y con la crítica. Mucha realidad, toda la posible, igual la básica que la más sofisticada. Quizá parezca ridículo a la vista de los resultados, pero el hecho es que al menos la redacción de “Horitzons” en el interior quiso practicar desde el principio un programa gramsciano, un programa de crónica crítica de la vida cotidiana entendida como totalidad dialéctica concreta, como la cultura real. Este no es interpretación a posteriori: ese programa era explícito y querido por los redactores. Y su realización, por modesta que fuera, permitió a “Nous Horitzons” algunos aciertos que no da rubor recordar, por ejemplo, haber tratado en serio los problemas de la mujer cuando no eran muchas las mujeres (y menos los hombres) conscientes de esa problemática.

Referencias: 1. “Entrevista con Diario de Barcelona”, De la primavera de Praga al marxismo ecologista. Entrevistas con Manuel Sacristán Luzón, op. cit, p. 87 .2. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 86-87. 3. “La formación del marxismo en Gramsci”, Sobre Marx y marxismo, op. cit, p. 70 (nota 7). 4. Ibídem, p. 73. 5. “Advertencia”, Antonio Gramsci, Antología, p. XIII 6. “Entrevista con Diario de Barcelona”, De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, pp. 84-85. 7. “Entrevista con Nous Horitzons”, Intervenciones políticas, op. cit, p. 282.

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II. Vida: obra y acción.

1. Esas y otras contradicciones de la obra y el hacer de Gramsci se resuelven orgánicamente en la totalización de la una y el otro en su vida. No en el sentido de que la biografía sea el método adecuado para su comprensión. Aparte de que probablemente no lo sea para el pleno entendimiento de ninguna obra, parece, además, que la biografía en sentido tradicional tiene escaso interés para la comprensión de la obra y la acción de Gramsci, y hasta, paradójicamente, para la comprensión de su vida. Pues se trata de la vida de un pensador y práctico de la lucha política, de un hombre que fundó el sentido de su vida y las motivaciones de su consciencia en realidades extraindividuales, con lo cual, por cierto, no hacía más que aplicarse a sí mismo su propia concepción histórico-social y política de la persona. La clave de la comprensión de los escritos y el hacer de Gramsci, en su variedad y en sus contradicciones, no es, pues la biografía individual, pero sí la totalización quasi-biográfica de numerosos momentos objetivos y subjetivos en el fragmento de historia de Italia, historia de Europa e historia del movimiento obrero cuyo “anudamiento” bajo una consciencia esforzada pudrió el “centro” que fue Antonio Gramsci. En la organicidad de esa vida así entendida -no como oscura intimidad aislada, sino como línea recorrida por el “centro de anudamiento” de innumerables referencias objetivas- el preso, derrotado y moribundo Gramsci consideró no sólo resueltas, sino incluso salvadas las contradicciones, los sufrimientos, las catástrofes de su existencia. Lo ha hecho así implícitamente en sus múltiples negativas a capitular pidiendo gracia a Mussolini, a pesar de su grave estado; y lo había dicho antes explícitamente, añadiendo incluso una explicación, a su autoafirmación moral: la salvación por el “instinto de la rebelión”.
2. Si, pues -entre la primavera de 1922 y alguna fecha imposible de precisar, pero situada sin duda ente el otoño y el invierno de 1923-, Gramsci ha depuesto definitivamente su “inercia” política, ello ha de explicarse por la resolución de una nueva inflexión de su vida, en la cual han cambiado el orden proyectado y el tiempo de ésta, el ritmo de su acción. La causa que desencadena el proceso es una decisión del II Congreso del PCdI, que nombra a Gramsci representante del partido cerca de la Internacional Comunista (El Congreso ratificaba el Comité Ejecutivo anterior, todo él del grupo Bordiga, menos Terracini.) El 26 de mayo salía Gramsci para Moscú, acompañado por la delegación italiana a la II Conferencia del Ejecutivo ampliado de la IC: Bordiga, Gennari, Graziadei y Ambrogi. En Moscú iba a tener Gramsci las dos experiencias de las que arranca su acmé: el conocimiento directo de la Internacional y la relación con Julia Schucht.

3. Cronología: últimos años.

1927. El Tribunal Militar dicta mandato de detención contra AG. Ingreso de AG en la cárcel de San Vittore, de Milán. AG sufre insomnio; no duerme más de tres horas diarias. AG recibe visitas de su hermano Mario y de Piero Sraffa. AG pide libros de temas sardo y el Breviario di neolingüística de Bertoni y Bartoli.
1928. Las autoridades rechazan una solicitud de autorización para escribir, presentada por AG. Auto de procesamiento contra AG. AG ingresa en la cárcel de Regina Coeli, de Roma, en la misma celda que los coimputados Terracini y Scoccimarro. Vista de la causa contra la dirección comunista ante el tribunal especial. Veintidós acusados. Terracini: veintidós años, nueve meses, cinco días. Gramsci y Scoccimarro: veinte años, cuatro meses, cinco días. Informe médico oficial sobre AG al Ministerio de Justicia: “Periodontitis expulsiva debida a trastornos urémicos y a un ligero agotamiento nervioso”. Salida de AG para la cárcel de Turi (Bari). Llegada Turi en estado grave. Registro con el número 7.047. Trato amenazador del médico de la cárcel, Cisternino. AG, en celda individual. AG sufre un ataque de uremia que le impedirá andar durante tres meses. Tatiana Schucht acude a Turi.
1929. AG consigue autorización para escribir en la celda. Segundo plan de estudios de Gramsci. AG sistematiza y resume el plan de estudios del 9-II. La salud de AG empeora. Incapacidad de ingerir, dolores de cabeza y de riñón. Visita de su hermano Carlo Gramsci.
1930. Visita comprobada de Gennaro Gramsci a Antonio. Nueva visita de Tatiana Schucht. AG se beneficia de un indulto de un año, cuatro meses y cinco días. AG tiene noticia de que Julia Schucht está internada en un sanatorio. Primer vómito de sangre de A.G. AG empeora y es ya incapaz de masticar. Intensa crisis física y nerviosa de AG. Los presos comunistas de Turi proyectan un curso a la hora del paseo. Se suspende por roces entre Gramsci y otros.
1931. Visita de Carlo Gramsci. IV Congreso del P.C. d´I, celebrado entre Colonia y Düsseldorf. Se mandan noticias a AG escritas en tinta simpática, en una revista inglesa. Según testimonios de un posterior expulsado del P.C. d´I., Gramsci no se muestra de acuerdo. La información es probablemente verdadera, porque por otros indicios se ve a Gramsci elaborando ya una política de amplias alianzas con el objetivo primero democrático de la “Asamblea Constituyente”. AG recibe obras de Marx en la ed. Costes y artículos del Economist sobre el Primer Plan quinquenal soviético. En carta a Tatiana Schucht: “Como dicen en Cerdeña, doy vueltas por la celda como una mosca que no sabe dónde caerse muerta”. A la una hora (3.VIII), vómito de sangre. Carlo Gramsci y Piero Sraffa acuden a Turi, pero el último no consigue autorización para ver a AG. Dirige una carta a Mussolini reclamando se fijen las lecturas autorizadas. Carta a Tatiana Schucht pidiendo cuadernos pequeños. AG acusa recibo de los cuadernos pequeños.
1932. AG dice a Tatiana Schucht que está escribiendo unas notas sobre los intelectuales italianos. Visita de Carlo Gramsci. Perspectivas de un intercambio de A.G. por clérigos que se encuentran en la U.R.S.S. AG sufre dolores en el pecho. En carta a Tatiana Schucht: “El conjunto de la existencia se hace insoportable”. Tatiana presenta una instancia de revisión médica en favor de AG. La celebración de los diez años de fascismo reduce la pena de AG a doce años, cuatro meses. Eso permite a Piero Sraffa pedir la libertad condicional para Gramsci. Pero el régimen exige una petición de gracia. Gramsci se niega y el régimen le impone incomunicación (que los demás presos consiguen burlar, manteniendo el contacto con él). Muerte de la madre de AG (éste la ignoró hasta su muerte).
1933. AG sin dientes, padece insomnios, trastornos digestivos, tuberculosis pulmonar, arteriosclerosis, mal de Pott y abscesos. La dirección de la cárcel revoca la autorización para escribir. El camarada de Gramsci, Gustavo Trombetti, se instala en su celda para velarle. Visita del doctor Umberto Arcangeli, enviado por Tatiana Schucht una vez conseguida la autorización. Arcangeli establece el diagnóstico verdadero. Tatiana solicita el traslado de AG a una clínica. El gobierno admite la instancia de traslado a la clínica. Al mismo tiempo el Tribunal especial rechaza el recurso sobre libertad condicional. Traslado de AG a la clínica del doctor Cusumano, en Formia.
1934. El profesor Puccinelli, de Roma, visita AG. En el extranjero arrecia la campaña por la libertad de AG. Romain Rolland publica su folleto. Pacto de unidad de acción entre el PCI y el PSI. AG consigue la libertad provisional sin cambio en su situación material (Decreto del 25-X).
1935. Nueva crisis de la salud de Gramsci. Traslado de Gramsci a la clínica Quisisana de Roma. El 24/25 llega Tatiana Schucht, Carlo Gramsci y Piero Sraffa. Presunta, pero hoy discutida, interrupción definitiva de los Cuadernos de Gramsci.
El PCI presenta el programa de la Asamblea Constituyente.
1937: 21.IV: Gramsci cumple condena. 25.IV: Gramsci sufre una hemorragia cerebral. 27.IV: Dieciséis horas: muerte de Antonio Gramsci.

Referencias: 1. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 87-88. 2. Ibídem, pp. 162-163. 3. Tablas y datos de Antología, op. cit.

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III. Escritos

1. El joven Gramsci.
[...] Acaso por la urgencia periodística con que escribe, y también sin duda por la influencia de aquellos “burgueses auténticos como Garofalo y Croce” que han “impreso huellas imborrables” en el “desarrollo doctrinal del marxismo” (A 20-VII-1916, SM [Sotto la Mole] 203), Gramsci no puede aún seguir por aquella vía y resuelve por lo general su problema con Marx en esa época mediante mezclas sin sintetizar del principio revolucionario-idealista y el ”saber” histórico-económico de Marx. Un texto de 1915 (IGP 13-XI, SG 7) -escrito, por cierto, para comentar el Congreso de aquel año del Partido Socialista Obrero Español-, es característico de la situación general del pensamiento de Gramsci en la época: ”Para nosotros la Internacional es un acto del espíritu, es el conocimiento que tienen (cuando lo tienen) los proletarios de todo el mundo de que constituyen una unidad, un haz de fuerzas concordemente orientado, dentro de la variedad de las entidades nacionales, hacia una finalidad común, la sustitución del factor capital por el factor producción en el dinamismo de la historia, la irrupción violenta de la clase proletaria, hasta ahora sin historia o con historia sólo potencial, en el enorme movimiento que produce la vida del mundo”. La copresencia de conceptos económicos con una concepción de la historia tan idealista que estima fuera de ésta a las masas anónimas es realmente difícil y chirriante.
Cuando, al final de este período juvenil, Gramsci vuelve a tomar la fórmula interpretativa crociana para intentar definirse ante sí mismo su lectura de Marx, llega también a una combinación mecánica; Marx habría enseñado un determinismo histórico respecto del pasado, pero el hecho de que creara un movimiento revolucionario indicaría que no lo estimaba así para el futuro. En 1916 (A 22-V, SM 148) Gramsci se atiene a esa débil, adialéctica paradoja de “la historia, de la cual somos criaturas por lo que hace al pasado y creadores por lo que hace al porvenir”.
Gramsci ha nacido al socialismo sobre la base de la realidad por él conocida -la miseria rural y minera sarda- y de la inspiración culta de unos intelectuales -Croce, Salvemini, Gentile, Bergson, etc.- que no son ni dirigentes obreros ni intelectuales marxistas, sino “senadores”, “burgueses auténticos”, como dice él mismo. El positivismo mecanicista, economicista y antirrevolucionario de la interpretación socialdemócrata de Max le refuerza la tendencia idealista. Más tarde, el trato con dirigentes obreros e intelectuales marxistas en Turín le hace sentir la necesidad de entender a Marx de otro modo. El primer resultado del esfuerzo por conseguirlo es un compromiso tan mecánico como el pensamiento de los autores a los que se opone; Marx sería el científico socialista que suministra “cánones” para la interpretación del pasado. Pero no es el pensador del presente ni del futuro, porque, tal como lo ve la socialdemocracia, su pensamiento no es revolucionario, sino evolucionista, de expectativa: un dejar que actúen mecánicamente los factores interpretados por aquellos “cánones”. Tal es la situación del marxismo en el pensamiento de Gramsci -la de un mero magister vitae ex post- cuando la revolución rusa de febrero y luego la de Octubre someten ese esquema una crisis.

2. Anotaciones sobre “Nuestro Marx”.
“Il nostro Marx”, IGP 4-V-1918. E; SG 217-221 [A, pp. 37-41]
Profundización del primer intento de solución de su problema con Marx.
El papel de la organización: criterio de marxismo. La cuestión “¿Somos marxistas?” es necia oscuridad porque Marx no es un mesías. Revelador como entiende “-ista".
. “Único imperativo categórico, única norma: 'Proletarios de todo el mundo, uníos’ ” (E 217). Aun más revelador: para Gramsci Marx es el fundador del movimiento obrero organizado.
. Marx es la madurez [¿del movimiento obrero?] [¿O de la tradición revolucionaria idealísticamente interpretada? Más esto]
. Recuerda que la época de Marx coincide con la polémica Spencer-Carlyle. Marx no es ni el místico Carlyle ni el positivista Spencer, “es un historiador, es un intérprete de los documentos del pasado, de todos los documentos, no sólo de una parte de ellos" (E 218; A, p.38).
. Esa “totalidad de los documentos” va a ser la clave de la interpretación: 1) Defecto de las historias es la falta de esa totalidad. 2) Por lo que el hombre se concebía como "espíritu, como consciencia pura” (E 218; A, p.38). Con el error de coger además ideas ficticias y hechos anecdóticos.
Texto central básico en cuanto a interpretación de Marx. Con una debilidad: no hay cuestión genética, no hay crítica marxiana de la ideología de primer grado. Luego Gramsci acaso no sea capaz de criticar más que la de segundo grado. Además, posible dualismo. Y con una fuerza: no hay mecanicismo ni economicismo: “Con Marx la historia sigue siendo dominio de las ideas, del espíritu, de la actividad consciente de los individuos sueltos y asociados. Pero las ideas, el espíritu, se sustancian, pierden su arbitrariedad, dejan de ser ficticias abstracciones religiosas o sociológicas; su substancia está en la economía, en la actividad práctica, en los sistemas o relaciones de producción de intercambio. La historia como acaecimiento es pura actividad práctica (económica y moral). Una idea se realiza no en cuanto lógicamente coherente con la verdad pura, con la humanidad pura (que no existe sino como programa, como fin general de los hombres), sino en cuanto encuentra en la realidad económica su justificación, el instrumento para afirmarse” (E 219; A, p.39).
. Eso produce la consciencia de la necesidad de la división en clases.
. Y voluntad de clase, que es organización.
. Inutilidad del adverbio "marxísticamente”, que puede ser hasta equívoco (por los socialdemócratas, concluyentemente).

3. La revolución y El Capital.
[...] En el artículo más importante y más célebre de este período Gramsci ha escrito la siguiente lapidaria afirmación. “La revolución de los bolcheviques está más hecha de ideología que de hechos (Por eso, en el fondo, importa poco saber más de lo que sabemos ahora.) Es la revolución contra El Capital de Carlos Marx (...) Lo cierto es que lo esencial de su doctrina depende del idealismo filosófico y que en el desarrollo interior de esta doctrina se encuentra la corriente ideal en la cual confluye con adecuación histórica el movimiento proletario y socialista”.
La última frase de este texto da la clave de su totalidad, pero permite también adivinar la nueva problemática que la doctrina de un socialismo revolucionario por idealista va a significar para Gramsci. Da la clave de toda esa doctrina porque muestra su motivación: constituir la fundamentación ideal de la voluntad revolucionaria, contrapuesta a la pasiva espera del cumplimiento, por algún mecánico deus ex machina, de las “previsiones” del materialismo histórico. Y permite ver el nuevo aspecto de la problemática doctrinal de Gramsci porque la voluntad que positivamente ha realizado la revolución “contra El Capital” no se ha movido en absoluto por consideraciones filosóficamente idealistas, sino por una comprensión de los hechos que ella misma atribuye al análisis marxiano (...) La prisa del hacer periodístico le obliga casi a simultanear, o alternar al menos, formulaciones en los dos sentidos, en el de la reafirmación idealista y voluntarista, y en el de la reconsideración de su lectura de Marx. Así, por ejemplo, entre los dos artículos recordados, precisamente siete días después de la segunda edición de “La revolución contra El Capital”, Gramsci publica una nota interpretativa de la Revolución de Octubre que le muestra sumido en una reflexión acerca del pensamiento de Marx bastante menos simple que su “renegarle” de la semana anterior: “La nueva generación parece querer un regreso a la genuina doctrina de Marx, para la cual el hombre y la realidad, el instrumento de trabajo y la voluntad no están separados, sino que se identifican en el acto histórico”.
A eso siguen una versión mejorada de la idea del materialismo histórico como conjunto de “cánones” interpretativos y una conclusión digna de nota: los miembros de la “nueva generación” creen no que “la guerra ha destruido el materialismo histórico” al provocar una revolución contra El Capital, “sino que la guerra ha modificado las condiciones del ambiente histórico normal, por lo cual la voluntad social, colectiva de los hombres ha conseguido una importancia que no tenía normalmente” (Gramsci considera la “concentración” de los trabajadores de la ciudad y el campo “en las trincheras” que ha suplido la concentración “normal” en la gran industria). “Estas nuevas condiciones son, también ellas, hechos económicos, han dado a los sistemas de producción un carácter que no tenían antes”, por ejemplo, con la estatificación transitoria de la industria bélica y pesada en general. “La educación del proletariado se ha adecuado a ello necesariamente y ha llevado en Rusia a la dictadura”. Esa oscilación entre puntos de vista no aparece sólo en la alternancia de unos artículos que se suceden a escasa distancia de tiempo: ocurre incluso en un mismo artículo, y así documenta, con una claridad que sin duda el lector de hoy debe a la urgencia periodística de Gramsci, la situación de crisis del pensamiento socialista de éste. En el mismo artículo “La revolución contra El Capital” por ejemplo, a renglón seguido del cuadro de aquellos bolcheviques que renegaban de Carlos Marx, se lee: “Y, sin embargo, también en estos acontecimientos hay una fatalidad, y si los bolcheviques reniegan de algunas afirmaciones del Capital, no reniegan, en cambio, de su pensamiento inmanente, vivificador”.

4. Cuadernos de la cárcel.

A. Antonio Gramsci, el filósofo marxista más importante de la Europa Occidental, es sobre todo conocido por su obra póstuma (...). Se trata de los treinta y dos Cuadernos de la cárcel, unas tres mil páginas manuscritas (unas cuatro mil en la trascripción mecanográfica), escritas en la prisión desde 1929 hasta 1935, poco antes de su muerte. Al quedar excluido de la vida política por su detención, Gramsci se traza planes de estudio teórico que intenta desarrollar a pesar de las naturales dificultades del régimen carcelario, contra las cuales lucha tenazmente para conseguir material de estudio. Los editores del legado de Gramsci han recogido ejemplos de esa permanente tensión: en setiembre de 1930 el filósofo escribe al entonces jefe del gobierno italiano. “Para mí, que aun tengo que cumplir quince años de reclusión, se trata de una importante cuestión de principio: saber qué libros puedo leer”. Ya esa circunstancia basta para explicar la abundancia de notas sueltas, citas de memoria, etc., en los Cuadernos de la cárcel aunque éstos contienen también estudios largos. pero toda la obra del filósofo queda estructurada por su finalidad: “determinar un renacimiento adecuado” del marxismo, “levantar esta concepción que, por las necesidades de la vida práctica, se ha venido “vulgarizando, a la altura que debe alcanzar para la solución de las tareas más complejas que propone el actual desarrollo de la lucha; es decir, levantarla a la creación de una nueva cultura integral”.

B. Los Cuadernos que escribió Antonio Gramsci en la cárcel de Turi (cerca de Bari, en la Apulia) entre 1929 y 1933 y luego en clínicas de Formia y Roma desde aquella fecha hasta 1935, o quizá algo más tarde, fueron primeramente editados por Felice Platone, bajo la inspiración y con la colaboración de Palmiro Togliatti, a partir de 1948. Esa edición, que fue traducida al castellano en la Argentina, no reproducía los Cuadernos tal como son, sino que reagrupaba temáticamente los trozos para conseguir volúmenes relativamente monográficos. Eso hacía, sin duda, más fácil y agradable la lectura de los textos, pero alejaba de la real composición de los Cuadernos. En 1975 apareció la edición crítica de éstos tal como fueron escritos. Dirigió la edición crítica Valentino Gerratana, persona particularmente capacitada para la tarea, no siempre fácil. De esta edición existe traducción castellana publicada por la editorial mexicana ERA.
El proceso de Gramsci, que terminó con una condena a 20 años, 4 meses y 5 días de presidio, estaba destinado a destruir al hombre, como redondamente lo dijo el fiscal, Michele Isgrò "Hemos de impedir funcionar a este cerebro durante veinte años". Por eso los Cuadernos de la cárcel no valen sólo por su contenido (con ser éste muy valioso), ni tampoco sólo por su contenido y por su hermosa lengua, serena y precisa: valen también como símbolos de la resistencia de un "cerebro" excepcional a la opresión, el aislamiento y la muerte que procuraban día tras día sus torturadores. El mismo médico de la cárcel de Turi llegó a decir a Gramsci, con franqueza fácilmente valerosa, que su misión como médico fascista no era mantenerle en vida. El que en condiciones que causaron pronto un estado patológico agudo Gramsci escribiera una obra no sólo llamada a influir en generaciones de socialistas, sino también, y ante todo, rica en bondades intrínsecas, es una hazaña inverosímil, y los Cuadernos son un monumento a esa gesta.
Si no existieran en castellano varias antologías de textos de Gramsci, más la edición completa mencionada, la edición de un cuaderno aislado tendría sus inconvenientes. Pero como Gramsci tiene ya cierta presencia en nuestra lengua, este volumen va a ofrecer la gran ventaja de permitir la lectura seguida de un texto coordinado de Gramsci con la continuidad y la unidad con las que él lo concibió. Desde este punto de vista la elección del cuaderno 11º es muy acertada, por su contenido y por el hecho de que es uno de los cuadernos menos retocados y corregidos por Gramsci. (La crítica gramsciana distingue tres estadios de redacción en el conjunto de los Cuadernos y en cada uno de ellos. Pero la distinción no tiene prácticamente importancia para el cuaderno.)

C. El cuaderno 11º contiene escritos de madurez, en un sentido convencional y en el sentido, más preciso, de que Gramsci lo emprende inmediatamente después de su segunda hemoptisis, la que le llevó al borde de la capitulación. El asunto principal del cuaderno es el desarrollo de una visión filosófica marxista, o de “filosofía de la práctica” al hilo de una crítica del libro de Nikolai Bujárin sobre el materialismo histórico. Gramsci ha dedicado mucho tiempo a combatir el tendencial mecanicismo de Bujárin y su cientificismo un tanto ingenuo, porque veía en ese estilo de pensamiento la señal de la subalternidad y un grave riesgo de empobrecimiento y esquematización de las ideas socialistas originadas en Marx. A la vista de la rudeza filosófica de Bujárin y, sobre todo, pensando en la esclerosis del pseudomarxismo oficial posterior, parece evidente que Gramsci llevaba razón en su desproporcionado guerra contra el Manual de Bujárin. Pero la línea de pensamiento de Gramsci en la cárcel sobre estas cuestiones es la misma que siguió desde su juventud, a saber, un modo de pensar que, bajo la influencia del idealismo en que primeramente se formó tiende a comprender el marxismo como ideología. En su juventud había intentado armonizar su marxismo ideológico con la crítica de las ideologías por Marx. En los Cuadernos, también en el 11º, Gramsci da, con sólo alguna prevención, una noción positiva de ideología, proponiendo para el término “el significado más alto de una concepción del mundo que se manifiesta implícitamente en el arte, en el derecho, en la actividad económica, en todas las manifestaciones de vida individuales y colectivas”. La convicción de que esa comprensión de las concepciones del mundo ha de ser compatible con el materialismo histórico permite situar a Gramsci (por lo que hace a la tensión materialismo-idealismo) entre el mecanicismo de Bujárin y el idealismo o mentalismo del joven Lukács de Historia y conciencia de clase. Gramsci mismo parece sugerir su posición al respecto en un paso del cuaderno 11º:
Hay que estudiar la posición del profesor Lukács frente a la filosofía de la praxis. Parece que Lukács afirma que sólo se puede hablar de dialéctica para la historia de los hombres, pero no para la naturaleza pero si la historia humana se tiene que concebir también como historia de la naturaleza (incluso a través de la historia de la ciencia) ¿cómo se puede separar la dialéctica de la naturaleza? Tal vez Lukács, por reacción a las barrocas teorías del Ensayo popular [de Bujárin], ha caído en el error opuesto, en una forma de idealismo.
El ideologismo de Gramsci le lleva a concepciones culturales no menos objetables que las del mecanicismo más elementalmente dogmático. Convencido del carácter “orgánico” de cada cultura, según el símil biológico tan querido de vitalistas e historicistas, Gramsci no está dispuesto a admitir ninguna complementariedad entre el socialismo y otras tradiciones o productos culturales. En esto piensa exactamente igual que el joven Lukács idealista. La actitud se manifiesta muy claramente en el cuaderno 11º, por ser éste un cuaderno filosófico. Así se lee bajo el rótulo “concepto de 'ortodoxia":
precisamente es “evolucionaria” una teoría en la medida en que es elemento de separación y distinción consciente en dos campos, en cuanto es un vértice inaccesible para el campo adversario. Creer que la filosofía de la praxis no es una estructura de pensamiento completamente autónoma e independiente, en antagonismo con todas las filosofías y las religiones tradicionales, significa en realidad no haber cortado los vínculos con el mundo viejo, cuando no incluso haber capitulado [...] En el pequeño volumen de Otto Bauer sobre la religión se pueden hallar algunos indicios de las combinaciones a que ha dado lugar este erróneo concepto de que la filosofía de la praxis no es autónoma e independiente, sino que necesita sostenerse en otra filosofía, materialista o idealista según los casos. Bauer sostiene como tesis política el agnosticismo de los partidos y el permiso dado a sus miembros para que se agrupen en idealistas, materialistas, ateos, católicos, etc., esto es, para el oportunismo más vil y abyecto.
Aparte de que la evolución posterior ha discurrido en sentido opuesto, hay que observar ante todo que esa formulación de Gramsci es de un idealismo extremo que ni siquiera menciona la base material o social del movimiento y el pensamiento socialistas, las clases sociales, sus tensiones y sus luchas, sino que lo reduce todo al plano ideal, con el notable y lamentable resultado de un totalitarismo y un reduccionismo culturales. Vale la pena notar que, contra el difundido lugar común que imputa siempre el reduccionismo y el dogmatismo al materialismo, semejantes consecuencias han sido frecuentemente afirmadas por marxistas idealistas, como el joven Lukács y el Gramsci más ideólogo...

Referencias: 1. “La formación del marxismo de Gramsci”, Sobre Marx y marxismo, op.cit, pp. 66-68. 2. Cuaderno “Gramsci”, Reserva de la UB, fondo Sacristán. 3. El orden y el tiempo, op. cit, pp. 120-124..4.A. “Filosofía”, Papeles de filosofía, op. cit, pp. 186-187. 4.B. “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel “, PEYPA, op. cit, pp. 184-185. 4.C. “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel”. Presentación A. Gramsci, Introducción al estudio de la filosofía, pp. 23-25.

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IV. Nociones gramscianas

1. Centro de anudamiento.
En la concepción marxista de Gramsci la cuestión “¿qué es el hombre?” entendida como cuestión filosófica no pregunta por la naturaleza biológica de la especie sino por otra cosa que él formula del modo siguiente: “¿Qué puede llegar a ser el hombre? Esto es, si el hombre puede dominar su propio destino, si puede “hacerse”, si puede crearse la vida”. Piensa Gramsci que todas las filosofías han fracasado hasta ahora en el tratamiento de esa pregunta porque han considerado al hombre reducido a su individualidad biológica. Pero la humanidad del individuo comporta elementos de tres tipos: primero, el individuo mismo, su singularidad biológica; segundo, “los otros”; tercero, “la naturaleza”. El segundo y el tercer elementos son de especial complejidad: el individuo no entra en relación con los otros y con la naturaleza mecánicamente, sino ”orgánicamente” (con los otros) y “no simplemente (con la naturaleza) por ser él mismo naturaleza, sino activamente, por medio del trabajo y de la técnica” (incluyendo en este último concepto también los “instrumentos mentales”, esto es, la ciencia y la filosofía)” (...) Esas relaciones..., son activas, conscientes, es decir, corresponden a un grado mayor, o menor de inteligencia de ellas que tiene el hombre. Por eso puede decirse que uno se cambia a sí mismo, se modifica, en la medida misma en que cambia y modifica todo el complejo de relaciones del cual él es el centro de anudamiento. Con eso ultima Gramsci su reelaboración del concepto de “naturaleza humana” de Karl Marx: “que la “naturaleza humana” es el “complejo de las relaciones sociales” (como ha escrito Marx) es la respuesta más satisfactoria, ya que incluye la idea de devenir... Puede también decirse que la naturaleza del hombre es la 'historia´.”

2. Guerra de posiciones.
Soluciones “también para hoy” y para “los problemas generales italianos”: precisiones suficientes para mostrar que, a raíz de la experiencia internacional, Gramsci, por más que no lo teorice, tiene ya en su pensamiento político los elementos analíticos que lo diferencian de la escatología izquierdista y del maximalismo socialdemócrata. La lucha de clases ha entrado ya en la fase de guerra de posiciones, y hay que pensar en el gris aguante cotidiano en la trinchera y en el también gris esfuerzo por desgastar al enemigo día tras día, sin esperar de nadie la consumación de los tiempos. Y para posibilitar esa lucha corrosiva de ambos bandos hay que introducirse en todos los resquicios de las líneas enemigas, separar de ellas todos los sectores sociales cuyos problemas no sean resueltos por el poder capitalista, dar soluciones propias no ya sólo para los problemas de la clase obrera, sino para “los problemas generales italianos”. En este punto se funden la limitación y la perspectiva dilatada de la “guerra de posiciones” que Gramsci teorizará en la cárcel: la necesidad de expansión política para recoger todos los “problemas generales italianos”-necesidad vista como rebasamiento de la real limitación de la política seguida hasta entonces- es, por una parte, reconocimiento de que el partido no es en sí mismo la universalidad de la clase obrera, “el partido de la clase obrera” como dice el exaltado sectarismo, sino, según escribe Gramsci inmediatamente antes del texto últimamente citado, “una fracción orgánica del proletariado”; precisamente por eso ha de buscar en su política la universalidad que no tiene en su composición. Pero, por otra parte, esa expansión política es también indicio de que tras la gris o hasta negra cotidianidad de la guerra de trincheras se esconde la preparación de una futura fase de guerra de movimiento, definitiva a causa del desgaste sufrido por las líneas enemigas y a causa de la universalización política de los motivos propios.
Gramsci no dará sistemáticamente la doctrina de la hegemonía y de la alternancia de g. de p. y guerra de mov. sino en los cuadernos de la cárcel. Pero las ideas básicas de la misma están presentes en su práctica desde 1923. Lo están también en manifestaciones teóricas acerca de puntos parciales, señaladamente acerca del problema que es central en toda esta cuestión, el problema del partido revolucionario...

3. Bloque histórico
La idea de “bloque histórico” es otra de las afortunadas acuñaciones de conceptos a las que ya se ha hecho referencia y que son acaso el fruto más permanente de la obra teórica de Gramsci: como si en el forcejeo teórico Gramsci hubiera conseguido una agudización de la capacidad de percibir y nombrar el objeto esencial de sus esfuerzos. En este caso -”bloque histórico”- se trata de la totalidad y unidad concreta de la fuerza social, la clase, con el elemento cultural-espiritual que es consciencia de su acción y forma del resultado de ésta. El concepto -con ese nombre o con otro- es sin duda imprescindible para un marxismo verdaderamente dialéctico, que no entienda positivísticamente la historia como evolución fatal y lineal de los fenómenos económicos. Pero en la misma presentación del concepto se aprecia la causa por la cual Gramsci no pudo decidir nunca sino dentro del dilema “ideologismo-o-reformismo”. Las frases de Marx de cuyo vago recuerdo parte la reflexión de Gramsci son sin duda del tipo de la célebre “la teoría se hace fuerza cuando aferra las masas” (Die Theorie wird zur Macht, wenn sie die Massen ergreift).La formación idealista-culturalista de Gramsci le hace identificar “teoría”, la palabra usada por Marx, con “ideología”. Gramsci no ve pues la posibilidad de que la mediación entre la fuerza social (la energía de la clase obrera) y la intervención revolucionaria sea de naturaleza científica, de la naturaleza del programa crítico; para él, la única mediación posible es una nueva ideología, la adopción por el marxismo de la forma cultural de las religiones y de los grandes sistemas de creencias, sintéticos y especulativos, de la tradición. En la época anterior a su detención, Gramsci ha expresado eso sin reparos. He aquí un ejemplo. “Los socialistas marxistas no son religiosos: creen que la religión es una forma transitoria de la cultura humana que será superada por una forma superior de la cultura, la filosófica: creen que la religión es una concepción mitológica de la vida y del mundo, concepción que será superada y sustituida por la fundada en el materialismo histórico [...]” (A 26-VII-1920; SM 415). Ese categórico texto contiene -junto con la tesis marxiana de la caducidad de la religión- dos tesis incompatibles con la crítica de Marx (y de Engels) a la ideología: primera, la admisión de la validez futura de la filosofía como visión sintética o constructiva del mundo; segunda, la comprensión del materialismo histórico como un producto cultural funcionalmente idéntico a la religión, o sea, como un producto cultural ideológico.

4. La filosofía de la práctica
La “filosofía de la practica” de A. Gramsci no es un pragmatismo, sino un modo de pensar que historiza los problemas teóricos al concebirlos siempre como problemas de cultura, de hegemonía de las clases en la sociedad y de la consiguiente vida global de la humanidad a través del tiempo. “Lo que interesa a la ciencia” escribe Gramsci, “no es tanto [...] la objetividad de lo real cuanto el hombre que elabora sus métodos [...], que rectifica constantemente sus instrumentos materiales [...] y lógicos (incluidos los matemáticos); lo que interesa es la cultura [...], la relación del hombre con la realidad por la mediación de la tecnología. Incluso en la ciencia, buscar la realidad aparte de los hombres [...] [no es sino] una paradoja. “Para la filosofía de la práctica el ser no puede separarse del pensamiento, el hombre de la naturaleza, la actividad de la materia, el sujeto del objeto: si se practica esa separación, se cae en la abstracción sin sentido”.
La filosofía ha de entenderse en la práctica de la humanidad, o, como escribe Gramsci, “concretamente, es decir, históricamente”. Gramsci alude alguna vez a los precedentes de la filosofía de la práctica que cuajará en la obra de Marx: Tomás de Aquino, aún en línea con los griegos, pero con mayor énfasis, ha enseñado que “el entendimiento especulativo se hace práctico por extensión”. Leibniz y Vico se han visto, en el otro extremo, arrebatados por un activismo del pensamiento: “Las cosas más especulativas son las más prácticas” (Leibniz); ”Lo verdadero es el hecho mismo” (Vico). Hegel, por último, ha enseñado que “todo lo real es racional”. La filosofía de la práctica ha de poner esos atisbos en un terreno nuevo: no es que la especulación se haga práctica por extensión, o que sea paralela de ésta, o la disuelva en sí, sino que la realidad humana es práctica, hecha por el hombre, y conocerla es hacerla. Por eso el tema de] hombre es “el problema primero y principal de la filosofía de la práctica”.

5. Tercer organismo
Acaso mejor que el incidente en el IV Congreso sirva para documentar la creciente rotura de Gramsci con el sectarismo de la izquierda la experiencia de los “Arditi del Popolo”. Era ésta una formación para-militar de defensa del pueblo contra la creciente violencia fascista, apoyada por la policía. Los “Arditi del Popolo” eran, pues, una organización popular unitaria, un “tercer organismo” de nuevo, de los que Gramsci ha dicho siempre, junto al partido y el sindicato, para sostener y dirigir la lucha de la clase obrera. El 12 de julio de 1921 había publicado en L'Ordine Nuovo -y en primera página- una entrevista con el jefe de los “Arditi” Arrigo Secondari. El día 14 Bordiga replicaba en el mejor estilo sectario: un comunicado del Comité Ejecutivo del PCI, dominado por los izquierdistas, se oponía a la adhesión de los comunistas a los “Arditi del Popolo” porque “el encuadramiento militar del proletariado debe ser sobre la base del partido”, de un partido que conseguiría poco más del 3% de los votos en las inminentes elecciones. Al día siguiente aparecía en L'Ordine Nuovo un artículo de Gramsci en favor del movimiento. Y el 7 de agosto el CE zanjaba el problema, convirtiéndolo en cuestión de disciplina.

6. Consejos obreros.
Está claro que ‘consejo’ es traducción de soviet. Y está fuera de duda que Gramsci ha visto pronto en los soviets lo verdaderamente no particular de la Revolución rusa. “El hecho esencial de la revolución rusa es la instauración de un nuevo tipo de Estado, el estado de los Consejos (...). Todo lo demás es contingente (...)”. Y a finales del verano de 1920, cuando ya son manifiestas las dificultades de la lucha de los consejos obreros de Turín, su aislamiento respecto del país, y cuando Tasca desde la derecha y Bordiga desde la izquierda pueden avalar su oposición al teórico de los consejos turineses con la presumible tragedia final de éstos, Gramsci reafirma aún el origen soviético de su política de aquellos años. “¿Hay en Italia, como institución de la clase obrera, algo que pueda compararse con el Soviet, que tenga algo de su naturaleza? (...) Sí (...); es la comisión interna” (de fábrica). Pero si la concreta influencia rusa y leninista en la doctrina gramsciana de los consejos obreros está fuera duda, la tenacidad de Gramsci en este punto y la continuidad del motivo en todo su pensamiento -incluso, con formas diversas, en la cárcel- se debe a lo que antes se ha indicado como raíz de su leninismo: la coincidencia de problemática con Lenin, la cual da un fundamento muy sólido a la coincidencia (más o menos estrecha) en las soluciones. Los consejos son la concreción del orden nuevo ya en el seno del viejo orden relativo, o absoluto desorden capitalista. Por lo tanto, son algo distinto del sindicato -característica arma de lucha “corporativa” o “estamental” en el desorden de la sociedad burguesa- y también diferentes del Partido político, en cuyo origen el orden socialista no es más que aspiración. Vale la pena notar que la idea de un “tercer organismo” revolucionario -además del partido y del sindicato- aparece en la actividad de Gramsci muy pronto: por ejemplo, y como “club de vida moral”, en 1917. Pero cuando cristaliza en la tesis de los consejos de fábrica, la búsqueda, tan gramsciana, de los gérmenes del orden nuevo en el tiempo viejo, antes de tiempo, por así decirlo, y con consciencia de ello, va a suscitar el entusiasmo de los metalúrgicos de Turín y el desconcierto y la oposición de las que un día serán la derecha y la izquierda comunistas italianas.

Referencias: 1. “Gramsci, A.”, Papeles de filosofía, op. cit, pp. 414-416. 2. El orden y el tiempo, op. cit, p. 166. 3. “La formación del marxismo en Gramsci”, Panfletos y materiales I, op cit, p. 80. 4. “Corrientes principales del pensamiento filosófico contemporáneo”, Enciclopedia Labor, vol X, p. 798. 5. El orden y el tiempo, op. cit, p. 156. 6. Ibídem, pp. 126-127.

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V. Matices. Matiz es concepto.

1. Desgraciadamente, el romanticismo hegeliano y la influencia del positivismo se juntan para contagiar a algunos marxistas esta concepción insuficiente (y alienada) de la ciencia como mera técnica. Síntomas del contagio pueden ser encontrados incluso en un pensador tan grande como Gramsci.

2. Los temas que en los filósofos marxistas de corte tradicional componen partes principales del “materialismo dialéctico” (o sea, los temas procedentes de la “filosofía de la naturaleza” prerromántica y romántica), no se presentan prácticamente en la obra de Gramsci. El pensamiento de éste presenta, por otra parte, un punto que lo distingue característicamente de la filosofía marxista de orientación crítica, aún por examinar: se trata de su doctrina de las ideologías. Gramsci ha percibido que el hacer filosófico de Marx es sustancialmente crítica de las ideologías. Pero, por otra parte, Gramsci piensa que todo pensamiento relacionado con la práctica, como es el marxismo, ha de concluir construcciones más o menos ideológicas, mitos, como decía él mismo en sus escritos juveniles. En su edad madura no se decide ya a emplear esa palabra, pero tampoco a desideologizar completamente su concepción de] marxismo. Esto le obliga a distinguir entre “ideologías históricamente orgánicas. que son necesarias para una determinada estructura, e ideologías arbitrarias, racionalistas, queridas. En cuanto históricamente necesarias, tienen una validez que es validez psicológica, porque organizan las masas humanas, forman el terreno en el cual se mueven los hombres y adquieren conciencia de su posición, luchan, etc.” Con esa distinción Gramsci recoge su manera de leer a Marx desde su juventud. En 1918 había escrito: “Marx se burla de las ideologías, pero es ideólogo en cuanto hombre político actual, en cuanto revolucionario. La verdad es que las ideologías son ridículas cuando son pura charla, cuando se destinan a crear confusión, a ilusionar y a someter energías sociales, potencialmente antagónicas, a una finalidad que les es ajena”.

3. Sin duda este ambiente -sobre todo la completa doctrina intelectual de Croce- acarreó, en Gramsci como en toda la cultura italiana hasta hace poco, un desconocimiento casi total de otras corrientes de pensamiento representadas en la misma Italia, en Turín mismo y en aquellos años- por figuras como Valati o Peano. Y también es cierto que la educación preuniversitaria de Gramsci le predisponía a una formación humanista y culturalista ajena a algunos básicos problemas sociales y culturales del mundo moderno, entre cuyos datos dominan los científicos y tecnológicos (...) Todo eso ha contribuido a formar la imagen de un escritor irremisiblemente preso en una fase cultural cerrada, conclusa y en cierto modo provinciana: la fase que hegemonizó el idealismo culturalista y neo-hegeliano de Croce. Esa imagen se esgrime frecuentemente sin más finalidad que la polémica indirecta y con efectos bastante grotescos. “Hasta para el católico Orfei está condicionado Gramsci por su formación idealista y crociana”, ha respondido Giorgio Amendola, con justificado sarcasmo, a una de esas consideraciones puramente instrumentales del problema de la formación juvenil de Gramsci...

4. Gramsci y Lenin son dos pensadores de la sobreestructura. Ambos son excelentes -más Lenin- en la teoría del partido y la revolución. Ambos son excelentes -más Gramsci- en la teoría de la cultura. Ambos son deficientes en teoría de la ciencia, acaso porque ya en ellos obra la convicción de que la ciencia no es sobreestructura.

Referencias: 1. “Tres notes sobre l´aliança impia”, Horitzons 2, p. 22, n. 10 (próxima edición en: Manuel Sacristán Sobre dialéctica, El Viejo Topo, Barcelona (en prensa); ed. de Salvador López Anal). 2. “Corrientes principales del pensamiento filosófico contemporáneo”, Enciclopedia Labor, vol X, p.798 3. El orden y el tiempo, op. cit, p. 106. 4. Cuaderno “Gramsci”, Reserva de la UB, fondo Sacristán.

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VI. Empatía

1. Gramsci y Kuhn.
La misma orientación histórica y sociológica de la mirada, que a veces hace caer a Gramsci en ilogicismos historicistas y sociologistas, le permite también formular criterios que luego han aparecido en la filosofía de la ciencia académica de la cultura capitalista (sobre todo desde el libro de Th. S. Kuhn La estructura de las revoluciones científicas). Por cierto que Gramsci no es el único ni el primer marxista que ha destacado la importancia de la evolución histórica de las ideas y de los grupos de intelectuales en la ciencia (su denostado Bujárin lo había dicho en Londres en 1931, por ejemplo) pero lo ha hecho con la concreta eficacia de su estilo y con más planos de pensamiento que el internalista “kuhnismo vulgar” gracias a la práctica “dialéctica” de relacionar unos con otros los varios campos de la cultura, en este caso la ciencia y la evolución de las ideologías sociales.
La forma racional, lógicamente coherente, la redondez de razonamiento que no descuida ningún argumento positivo o negativo que tenga algún peso, posee su importancia, pero está muy lejos de ser decisiva: puede serlo de manera subordinada, cuando la persona en cuestión se halla ya en condiciones de crisis intelectual, oscila entre lo viejo y lo nuevo, ha perdido la fe en lo viejo y todavía no se ha decidido por lo nuevo, etc. Otro tanto se puede decir de la autoridad de los pensadores y científicos
Kuhn no dijo mucho más (filosóficamente) en su best-seller académico, pero la Academia que fue sacudida como por un terremoto por el escrito de uno de sus respetables miembros, ignora a un pensador como Gramsci. Eso tiene, sin duda, explicaciones inocentes, por así decirlo: la costumbre de la lectura especializada... Pero con ideas de Gramsci es posible descubrir también explicaciones un poco más penetrantes.

2. Digno de amor.
Supongo que no me equivoco en los factores que saltan a la vista. Por ejemplo: igual tanto la inhibición general de escribir como el cambio de temas tiene que ver con alguna pérdida de convicción sobre los esquemas clásicos del pensamiento político-cultural del movimiento obrero mayoritario, por lo menos, en Europa Occidental.
También sin necesidad de introspección, porque salta a la vista, recuerdo otro motivo de inhibición: el estudio de Gramsci en otras épocas, no ahora [1979]. Desgraciadamente tengo siempre la mala pata de estar siempre contra las modas. Cuando se pone de moda yo ya no estoy con el estudio de Gramsci. Pero en las años finales de los cincuenta y, sobre todo, en lo sesenta, he estudiado mucho a Gramsci, y estoy seguro de que uno de los factores de mi inhibición de escribir, de intervención política y cultural o político-cultural, ha sido la evidencia final para mí que Gramsci supo que todo era una derrota, que el proceso histórico-político en el que el había intervenido como protagonista se saldaba con una derrota total. Creo que su muerte, su larga enfermedad, su evidente neurosis y sus infinitas manías, sus auténticas manías persecutorias, por ejemplo, de las que hay pruebas fehacientes, son fruto de una enorme depresión. Creo que Gramsci ha muerto de depresión, de muerte psíquica, de catástrofe.
Eso tiene que contar mucho entre los factores de mi inhibición. A mí me parece que la historia de Gramsci es la historia de una catástrofe. Por eso, entre otras cosas, no me puedo poner ahora a cultivar la moda Gramsci. ¿Cómo va a haber esperanza de nada en la historia de una catástrofe? Uno puede tenerle mucho amor a Gramsci -yo se lo tengo, desde luego-, es un figura muy digna de amor, pero no porque sea una perspectiva de éxito del movimiento obrero, sino que, como cualquier mártir, es digno de amor.
Y, por último, hay un tercer factor de inhibición clarísimo. Así como llegué a la convicción de que la historia de Gramsci, por tanto, la historia de la III Internacional y, por lo tanto también y por anticipación, la posible historia del comunismo gramsciano, son historias catastróficas, tragedias, así también llegué a la convicción inhibitoria que la figura del intelectual y su papel es algo deleznable [...]
Otro factor fue la pérdida de fe en el esquema político del momento en el movimiento obrero, particularmente en el movimiento comunista de los años 64, 65, 66, 67 y también 68 (el 68 fue la traca final claro). Luego la generalización de eso. Ver que tenía que perder la fe no sólo en la coyuntura política del partido comunista, sino en toda la tradición de la III Internacional e, incluso, en la variante gramsciana.

3. Veracidad.
No sería erróneo, pero sí demasiado parcial, concluir un examen de la formación del marxismo de Gramsci anotando simplemente que ese marxismo ha sido siempre problemático en el sentido de que no ha conseguido nunca decidir sino dentro de la antítesis positivismo-ideología, de la irresuelta crisis entre el positivismo evolucionista de la social-democracia y una inconsciente escapatoria por vía ideológica. Eso sería injusto porque así se olvidarían, para empezar, los muchos conceptos valiosos que Gramsci ha conseguido arrancar al fecundo movimiento de su pensamiento entre los polos del viejo dilema; sería injusto también porque supondría ignorar el desarrollo que el principio de la práctica ha experimentado por obra de Gramsci -desarrollo que la limitación del tema excluía de estas líneas-; y sería injusto, sobre todo, porque equivaldría también a desconocer el valor que tiene la presentación veraz y honda de un problema real. Para el marxismo contemporáneo la insistencia en la inspiración crítica de Marx y, por tanto, la reanudación de su crítica de lo ideológico y la eliminación de especulación ideológica en el pensamiento socialista, es el programa más fecundo que puede proponerse. Es un programa de difícil realización, porque se encuentra amenazado por dos riesgos complementarios: ignorar el peligro de la moderna ideología “neocapitalista” del tecnicismo y del “final de las ideologías” -que es ella misma la ideología del fatalismo monopolista-; y ser confundido con esa ideología por parte de filósofos socialistas nostálgicos de los emocionantes megalitos hegelianos. Pero ése es el programa de la hora. Y el problema a que responde ese programa se encuentra expresado del modo más veraz y radical en la obra del hombre el trigésimo aniversario de cuya muerte de conmemora este año.

Referencias: 1. “El undécimo cuaderno de Gramsci en la cárcel”,Pacifismo, ecologismo y política alternativa, op. cit, pp. 205-206. 2. ‘”Una conversación con Manuel Sacristán”, por J. Guiu y A. Munné´, De la primavera de Praga al marxismo ecologista, op. cit, p. 93-95. 3. “La formación del marxismo en Gramsci”, Sobre Marx y marxismo, op. cit., pp. 83-84.

Edición digital de la Fundación Andreu Nin, febrero 2007

Sobre el estalinismo.

Esquema de la conferencia
Transcripción de la conferencia
Coloquio
Notas de Salvador López Arnal

El 23 de febrero de 1978 Sacristán participó, junto con Manuel Vázquez Montalbán, en una mesa redonda sobre el estalinismo celebrada en el salón de actos del convento de los padres Capuchinos de Sarrià (Barcelona), en el mismo lugar en el que años antes se había constituido el Sindicato Democrático de Estudiantes de Barcelona. Se presentan aquí el guión que Sacristán preparó para su conferencia y la trascripción de su intervención inicial y de una parte sustancial del coloquio posterior. No se han incluido, en cambio, las diversas intervenciones de Vázquez Montalbán.
En dicha mesa redonda también participó Wilebaldo Solano.
Otra trascripción de la inicial intervención de Sacristán fue realizada por Juan-Ramón Capella y publicada en mientras tanto, nº 49, 1990, pp. 147-157.
Esta conferencia ha aparecido publicada en: Manuel Sacristán, Seis conferencias. Sobre la tradición marxista y los nuevos problemas. El Viejo Topo, Barcelona, 2005 (prólogo de Francisco Fernández Buey, epílogo de Manuel Monereo y edición de Salvador López Arnal).
Trascripción y notas de Salvador López Arnal. Publicado con autorización de Salvador López Arnal y del editor de El Viejo Topo.

Esquema de la conferencia

1. Leninismo y estalinismo, a: rasgos comunes.
1.1. A menudo se oye hablar de estalinismo como de algo distinguible sin dificultad y situado en un tiempo bien delimitado.
1.2. Pero quienes se interesan por la cuestión saben que no es así.
1.2.1. Por ejemplo, el primer día de este ciclo alguien recordó hechos despóticos bajo Lenin: Majno, Kronstadt, X Congreso, todo en 1920, hasta la primavera de 1921.
1.2.2. Por lo demás, si se quiere buscar más lejos se encuentra la célebre frase de Engels y, sobre todo, los hechos históricos que ella recoge
1.2.2.1. Claro que se puede decir que Lenin no habría seguido así mucho tiempo.
1.3. Pero, de todos modos, todo eso debe impedir contentarse con el cuadro ingenuo de un leninismo bueno y un estalinismo malo.

2. Leninismo y estalinismo, b: diferencias muy visibles
2.1. Por otro lado, no faltan diferencias muy visibles.
2.2. La cantidad de poder acumulada en el centro del sistema estalinista: economía estatalizada fundida con poder estatal centralizado y con poder de partido único.
2.2.1. Lenin no tuvo nunca tanto poder.
2.3. La orientación fundamental del terror contra la vieja guardia bolchevique y
2.4. El apoyo en el nacionalismo ruso. Todo relacionado con
2.5. El cinismo ideológico.

3. Leninismo y estalinismo, c: la diferencia principal.
3.1. Hay que decir que también esos rasgos nuevos del período de Stalin tienen raíces, y hasta precedentes, anteriores.
3.2. No sólo ruso-zaristas, ''orientales" (Lenin).
3.3. Sino también aparecidos bajo Lenin, p. e.:
3.3.1. Concentración de poder por el militarismo subsiguiente a las guerras.
3.3.2. Incluso la tendencia a la deformación ideológica, porque aquello no era lo que entendían por socialismo ni revolución socialista.
3.3.2.1. Es verdad que en Marx había otra concepción posible, pero los leninistas lo ignoraban.
3.3.2.2. Lo dijeron muchos, y con tres tendencias: Kautsky, Gramsci, Pannekoek.
3.4. Pero éste es precisamente el punto de la diferencia
3.4.1. Lenin espera la revolución mundial, ve la novedad como desfase e incluso tal vez fracaso (después de error gordo). Al final:
3.4.1.1. Intenta una nueva concepción (Bujarin?)
3.4.1.2. Y se hunde en una enfermedad (muda)
3.4.2. Stalin canoniza el estado de necesidad forzándolo en las viejas palabras, que quedan violadas
3.4.2.1. "Comunismo en un solo país" (chiste Zinoviev); el socialfascismo; el pan no-mercancía; reducción de "socialismo".
3.4.2.2. En suma, pragmatismo, falsedad como teoría.
3.4.2.3. Falta de principios que explica también la diferencia de crueldad.

4. Sobre las raíces del estalinismo.
4.1. El viejo tema del atraso: verdad sustancial que se puede precisar.
4.2. La acumulación originaria "socialista" (Preobrashenski) no es socialista en el sentido de Marx ni tradicional.
4.21. En esto llevaba razón la vieja izquierda de los veinte.
4.3. Sin embargo, la acumulación originaria no se producía bajo la vieja clase dominante, sino bajo un nuevo grupo dominante que se va constituyendo.
4.3.1. En esto se equivocaba la vieja izquierda de los veinte, y aciertan críticos contemporáneos: Bettelheim, Martinet.

5. Sobre actualidad del estalinismo.
5.1. El análisis de Martinet para países tercermundistas.
5.1.1. Somalia es un ejemplo estupendo.
5.1.2. Tiene algo débil: la estatalización.
5.2. En Occidente, sus restos son ideológicos, de dos tipos:
5.2.1. Alucinados
5.2.2. Pragmatistas. Pues el socialismo sin destrucción del poder del capital y del estado es tan ideológico como el comunismo en un solo país.
5.3. La esperanza es que la revisión crítica del estalinismo haya sido el punto de partida de una revisión crítica de toda la tradición obrera marxista, recordando el dicho de Marx y el último Lenin (1).

Transcripción de la conferencia (2)

En el rato que dedicamos al tema cada uno de nosotros es claro que es imposible intentar una caracterización muy completa de un hecho histórico tan complicado como ha sido el estalinismo porque, aunque a menudo se oye hablar de estalinismo como si fuera un hecho fácil de delimitar, fácil de definir, del que se pudieran dar con exactitud o con aproximación fechas, de todo modos a mí me parece que toda persona interesada de verdad en el tema sabe, a poco que se haya ocupado de él, que las cosas no son así, que ni es fácil una delimitación del concepto de qué fue o qué es el estalinismo ni tampoco es fácil dar fechas.
Esto, en el primer día del ciclo, ya salió a colación. Uno de los que estaban intervino para recordar, por ejemplo, hechos despóticos, hechos digamos “estalinistas”, de los que se suelen calificar de estalinistas, bajo el gobierno directo de Lenin. Y se pueden recordar otros, incluso alguien de la mesa recordó algunos: los problemas con el movimiento de Majno, si no me equivoco, los recordó Solé Barberà, y personas que estaban abajo recordaron hechos como el de Kronstadt me parece, y también, en cierto sentido, el X Congreso del partido bolchevique, es decir, la prohibición de la organización de fracciones y tendencias.
Vale la pena decir que todo esto -los tres ejemplos que salieron el otro día y que yo repito ahora- ocurrieron en un lapso de meses bastante corto: todas esas cosas habían pasado a lo largo del año 20 hasta la primavera de 21. Y, por lo demás, no es nada difícil buscar también más lejos. Cualquiera que quiera buscar incluso más lejos de estos primeros años de gobierno soviético, se puede encontrar, en la generación anterior de clásicos del marxismo, con la célebre frase de Engels según la cual no hay nada más autoritario que una revolución. Y lo que es más serio: uno encuentra los hechos que hay debajo de esta frase de Engels. No sólo es su frase sino que está bien documentada históricamente por todas las revoluciones que conocemos.
Es verdad que ante todo este complejo de hechos que caen bajo el gobierno directo de Lenin y del viejo equipo bolchevique, y que reproducen esa especie de síntesis histórica que puede ser la frase de Engels acerca de que toda revolución es un hecho sumamente autoritario, se puede argumentar: pero, de haber seguido Lenin y los viejos bolcheviques en el poder soviético, eso habrían sido sólo fenómenos de la época revolucionaria, no se habrían eternizado como se eternizaron hasta muy cerca de nuestros días bajo el gobierno de Stalin y de su equipo. Y eso es verdad. Pero, de todos modos, el recuerdo que ya se hizo ayer de todos estos hechos de tipo despótico, y hasta en algunos casos crueles, antes de lo que con cierto sentido común se puede llamar “estalinismo”, debería por lo menos enseñarnos a no dibujar un cuadro ingenuo, contraponiendo por un lado una cosa perversa que sería el estalinismo, y, por otro, una muy pura e inocente que sería el leninismo histórico.
Dicho esto, de todas maneras hay que añadir en seguida que no faltan diferencias muy visibles entre el leninismo y el estalinismo históricos, entre el leninismo real, digamos, el que existió, y el estalinismo también real. Por limitarme también en este breve repaso a cosas que todos tenemos seguramente más o menos presentes, concentraría las diferencias más visibles en torno a éstas:
Por una parte, la cantidad de poder acumulado en el sistema estalinista. Cuando se puede considerar que el sistema estalinista está ya cuajado, es decir, al final de los años treinta, poco antes de que estalle la Segunda Guerra Mundial, el sistema estaliniano es, visto socialmente, una economía muy estatalizada, que al mismo tiempo está fundida indisolublemente con un aparato de Estado muy centralizado a su vez. Y para acabarlo de arreglar, además, ese aparato de Estado muy centralizado está prácticamente fundido con las instancias directoras del partido político único. La concentración de poder que sale de eso, cuando ya la economía está funcionando, es, desde luego, algo muy superior a lo que conoció Lenin en su vida. En la época leninista en sentido estricto, nunca se ha concentrado en manos del poder central una cantidad de fuerza semejante.
Ése sería el primer rasgo diferenciador de los muy visibles, de los que se aprecian ya a primera vista: la diferente concentración de poder.
El segundo [rasgo] que me interesaría subrayar, sin perjuicio de que se podría hacer con otros (lo que hago es abreviar, de modo que pueda recoger el mayor número posible de detalles), diría, pues, que otro rasgo diferencial es que aunque sin duda la Cheka se haya fundado bajo Lenin, aunque sin duda haya habido ya bajo Lenin, en el leninismo clásico, fenómenos tan dolorosos como el de Kronstadt, por ejemplo, y muchos otros, sin embargo, el terror bajo la época de Stalin se diferencia en que tiene como principal orientación el ser un terror contra la vieja guardia bolchevique, contra el mismo partido. No quiero decir con eso que me vaya a olvidar de los millones de simples ciudadanos soviéticos que sufrieron ese terror y que han vivido y muerto en los campos de trabajo de la época estaliniana, pero lo que sí quiero subrayar es que lo radicalmente nuevo del período estaliniano es que se puede apreciar claramente que todo ese terror tiene como punta más definida la liquidación de la vieja guardia bolchevique.
Esto los hombres de la época lo vieron muy bien. La gente que se salía asustada de alguno de los partidos comunistas en la época ha dejado recuerdos e imágenes muy impresionantes acerca de los nuevos funcionarios, de una temible joven guardia “con correajes de cuero nuevo”, según la frase de un célebre escritor de la época, cuya principal tarea en el seno del partido comunista ruso había sido el asesinato de los viejos bolcheviques, de los viejos bolcheviques o de la vieja dirección soviética, incluido Trotski (3), naturalmente y muy destacadamente.
Este sería el segundo rasgo: la represión, hasta llegar al terror, se ha ejercido además contra el mismo partido y, señaladamente, contra el equipo de los viejos bolcheviques.
El tercer rasgo sería, en mi opinión, el apoyo del estalinismo en el nacionalismo ruso. Al mismo tiempo que, en medio de una campaña de desprestigio, mueren bajo el estalinismo los miembros de la vieja guardia bolchevique, al mismo tiempo, sin embargo, el régimen busca y obtiene un apoyo en un elemento hasta entonces inverosímil en un partido marxista; a saber: en el patriotismo, en el nacionalismo de las masas no comunistas.
Todo ello está relacionado con un último rasgo que yo daría, muy diferenciador de cualesquiera que hayan podido ser las durezas y violencias de la época del poder soviético en vida de Lenin. Este cuarto rasgo se desprende un poco de los anteriores: es el cinismo ideológico, la completa despreocupación del equipo director estaliniano respecto de las cosas que dice. Esto lo detallaré un poco más adelante. Para él, la ideología y la teoría es una pura cobertura de cada momento de las necesidades prácticas, con un desprecio por la teoría que el equipo leninista jamás había sentido. Más bien el equipo leninista, si en algo había pecado en eso, era de todo lo contrario, de una costumbre, muy de intelectuales por lo demás, de estarse siempre fijando en todos los detalles de la teoría.
Hay que decir, de todas maneras, que esos rasgos diferenciadores, esos rasgos nuevos, propiamente estalinianos, tal como los he resumido hace un momento -repito que sin creerme con esto haber hecho nada ni definitivo ni completo, sino algo que pueda caber en media hora-, esos rasgos, a pesar de que los considero nuevos, reconozco, y creo que hay que reconocer, que tienen raíces y precedentes en el período anterior. No sólo precedentes zaristas, no sólo precedentes orientales, como decía Lenin, el cual él mismo ha notado ya antes de morir, en su propio período de gobierno, hasta qué punto se parecían algunas conductas de los nuevos funcionarios a las conductas de los viejos funcionarios, de los funcionarios zaristas, hasta qué punto eran los mismos en gran parte, y hasta qué punto se les parecían los que no eran los mismos.
Pero no me refiero sólo a eso. Me refiero a precedentes de esos rasgos estalinistas que no vienen de la Rusia zarista sino que han nacido bajo el gobierno de Lenin. Por de pronto, aunque antes he dado como un rasgo diferencial del estalinismo la enorme concentración de poder por comparación a lo que ha ocurrido en la época de Lenin, sin embargo, no se puede olvidar que la gran concentración de poder venía ya un poco predeterminada por la guerra civil y por la intervención extranjera. Un régimen que nace a través de una guerra civil y de una intervención extranjera tiene inevitablemente un predominio del aspecto militar del gobierno. Y ese aspecto militar, por otra parte, siempre ha sido predominante en cualquier revolución. Entonces, todo eso ha hecho que ya desde el primer momento haya habido una concentración del poder casi desconocida hasta entonces por las sociedades del Imperio ruso. Pero incluso la tendencia a la deformación ideológica -esto último a lo que me he referido, el cinismo ideológico-, a deformar la teoría, esto ya tenía si no precedentes en Lenin -creo que precedentes no- sí raíces en la situación de Lenin. ¿Por qué? Porque lo que los bolcheviques rusos, y luego todos los comunistas en la III Internacional, han vivido como revolución socialista no era en absoluto lo que hasta poco antes habían imaginado y pensado como revolución socialista.
Es verdad que en Marx mismo había otra posibilidad de entender la revolución socialista, en algunos escritos de la última época de su vida (4), pero, curiosamente, estos escritos de la última época de su vida no se han conocido hasta ya entrados los años veinte. Quiero decir que los bolcheviques de la época de la revolución no han conocido estos escritos de Marx que contemplaban otra posibilidad de paso al socialismo. Ellos no los han conocido. Por lo tanto, ellos han vivido en la incomodidad de estar llamando revolución socialista a algo que en su formación intelectual y en su juego de conceptos no era una revolución socialista.
Esto lo han dicho muchos, y lo han dicho muchos ya en la época, y lo han notado no en una sola tendencia sino miembros de muchas tendencias imaginables. Está, por una parte, la tendencia socialdemócrata, Kautsky y los socialdemócratas alemanes, que al no ver que se den en Rusia las condiciones que ellos conocían del Marx clásico, del Marx de El Capital, consideran que esa revolución no se tenía que haber hecho. Esto por una parte. Luego están, en cambio, los comunistas más de izquierda -por ejemplo, y señaladamente, Gramsci- que piensan que, efectivamente, como él ha escrito en un artículo célebre, esa es una revolución contra el Capital (éste es el título de un célebre artículo de Gramsci) (5), pero piensan que eso no importa porque ellos tienen una formación mucho más idealista que la de Marx y que con un esfuerzo de voluntad y de cultura eso se puede arreglar. Y, por último, hay toda una tercera tendencia que también piensa que esa revolución es anómala, o que se entiende mal, que es la de la extrema izquierda de la Internacional Comunista, lo que se llamó la izquierda consejista. Pero no sólo la izquierda consejista: Pannekoek, Korsch (6), autores así, de extrema izquierda, a los que Lenin consideraba izquierdistas. Estos lo que piensan es que Lenin y los bolcheviques rusos han hecho una revolución burguesa y lo que tienen que hacer es reconocerla como tal, como revolución burguesa, y, por tanto, organizar el poder y todo desde ese punto de vista aunque con una posibilidad de cambio social pero muy a la larga, dimanante de la naturaleza revolucionaria del poder político y que seguramente acarreará problemas muy nuevos.
Esta diferencia entre la teoría previa y lo que ha ocurrido allí, lo que se creía que era una revolución socialista, lo que ha ocurrido en Rusia y la teorización de eso, luego dará, en el estalinismo, lo que he llamado “el cinismo ideológico”, es decir, la falsificación abierta de la teoría y su utilización para justificar cualquier práctica, incluido -vamos a llamar a las cosas por su nombre tratándose del período estalinista- cualquier asesinato.
Pero, en este punto, aunque estuviera la raíz del vicio estaliniano, hay una diferencia importante con Lenin. Lenin sabe muy bien que la revolución que ha dirigido no cumple el esquema tradicional del marxismo de la Segunda Internacional, del marxismo procedente de una interpretación directa de El Capital. Y como la mayoría de los aquí presentes recuerdan muy bien, está esperando la intervención de un movimiento revolucionario mundial, o por lo menos europeo (al final, por lo menos centroeuropeo). Al no producirse la revolución en Occidente, hay un momento en el cual yo creo que hay que registrar en Lenin un tipo de ilusión que luego es característico del estalinismo: la ilusión que se puede cifrar en la célebre figura o frase retórica de que el comunismo serían los soviets más la electrificación. Pero esa ilusión no ha debido durar demasiado tiempo. Como es sabido, en los últimos tiempos de su vida, con muchas dificultades de salud, en esa curiosa enfermedad que los psicoanalistas de izquierda deberían analizar un poco: por qué tuvo entre sus consecuencias esa enfermedad final de Lenin la imposibilidad de comunicarse, por qué se hundió así en la enfermedad. No hago más que plantearlo, no puede uno atreverse en tan pocos minutos a decir nada sobre ello. Pero, aparte de eso, es conocido que ha intentado un replanteamiento en los últimos tiempos de su vida. Hay especialistas -yo no soy un historiador y no puedo atreverme a tener opinión al respecto, sólo lo digo como información- que piensan que, efectivamente, Bujarin (7) tenía muchos elementos del desarrollo que Lenin podía pensar ajustar.
En cualquier caso, lo que no hay, en la fase final de Lenin, es la glorificación del estado de cosas como si eso fuera lo que se había deseado y lo que se había buscado. Más bien hay una larga situación de crisis, por insuficiente que sea. No vamos a entrar en detallar si la autocrítica final de Lenin es suficiente o no lo es. En cualquier caso, la gran diferencia, desde mi punto de vista, es que en vez de tener esa consciencia final problemática, autocrítica de Lenin, el estalinismo consiste en canonizar como teoría justa lo que no es más que el estado de necesidad, el estado de necesidad del hambre, de la escasez, de la necesidad de represión, etc.
Así, en el intento de presentar la dramática situación del antiguo Imperio ruso como si fuera la realización del socialismo, y luego incluso, como veremos, del comunismo, el aparato de propaganda estalinista va forzando los viejos conceptos, las viejas ideas, hasta extremos a veces grotescos. Otras veces no, otras veces son hipótesis más o menos discutibles, seguramente con un elemento de realidad. Por ejemplo, la célebre y central tesis estaliniana -yo nunca he creído que fuera del todo falsa- según la cual a medida que avanza la construcción del socialismo se agudiza la lucha de clases. Tampoco es que la crea a pie juntillas, pero por lo menos, por lo que hace a la lucha de clases a escala mundial me parece que tiene cierta justificación. Pero otras veces la construcción de teoría para justificar la práctica -en este caso era claro que justificaba la práctica represiva interior- llega a ser casi de chiste, y si no hace el chiste se lo hacen sus colegas más directos. Por ejemplo, la idea del socialismo en un solo país, completamente ajena a la tradición marxista, luego llega a ser sustituida incluso por la frase increíble de comunismo en un solo país, la cual ya no se entiende lo que quiere decir. Es absolutamente incomprensible y parece mentira que haya aguantado durante años en la propaganda estaliniana. Zinoviev, que no sabía todavía lo que podía costar una cosa así, le hacía el chiste a Stalin de hablarle del comunismo en una sola calle, en una época en la que todavía no se sabía que esas cosas bajo Stalin se pagaban con la vida. Como lo pagó Zinoviev, desde luego.
No menos increíble era, por ejemplo, la idea del socialfascismo. Me he traído copiada la afirmación central de Stalin sobre el socialfascismo -esto es, la hipótesis de que los partidos socialdemócratas son partidos fascistas, son fascismo- porque leída hoy parece increíble, pero eso ha sido doctrina oficial. El trozo central, escrito por Stalin en la época del VI Congreso de la Internacional, dice así:
“No es verdad que el fascismo sea la organización militante de la burguesía sola. Es la organización militante de la burguesía basada en el apoyo activo de la socialdemocracia. El fascismo es la estructura política común a esos dos organismos fundamentales: la socialdemocracia y la burguesía. No son opuestos, sino gemelos”
Si se tiene presente que los muertos por el nazismo de la socialdemocracia, sin llegar probablemente a los 350.000 muertos comunistas de Alemania bajo el nazismo, deben rozar, según los cálculos más verosímiles, los 250.000, esto verdaderamente pone los pelos de punta. Aparte de que también pone los pelos de punta que entre marxistas se haya podido tolerar que el nombre de un partido -“socialdemocracia”- y el nombre de una clase social -“burguesía”- aparezcan en el mismo plano de análisis como organismos fundamentales ambos. Verdaderamente era un insulto para el cerebro de los marxistas de la época, pero es evidente que encajaron el insulto.
Incluso la noción de socialismo ha quedado falseada desde entonces. En la tradición socialista se llamaba socialismo a una determinada forma de vida. A partir del estalinismo, y durante muchos años, muchos -yo también, recuerdo cuando lo hacía- hemos usado “socialismo” para significar sólo la obtención de algunos instrumentos de lo que creíamos que era el socialismo; por ejemplo, estatalización económica, etc. La misma palabra “socialismo” ha quedado prácticamente afectada en este período.
En sustancia la gran diferencia, diría yo, entre todas las durezas que ha podido tener el período de Lenin y lo que es el sistema estaliniano es este pragmatismo, esta completa violación de las ideas, de los conceptos, usados para justificar cualquier práctica, incluso la más macabra. Ese pragmatismo ideológico explica también, en mi opinión, la diferencia de crueldad, la diferencia que hay entre la dureza política de Lenin y el asesinato de toda la vieja guardia bolchevique.
No querría terminar sin tocar un par de puntos más, aunque sea muy brevemente. Después de hacer dicho que lo que me parece esencial es ese pragmatismo, como esencia diferenciadora respecto del leninismo, querría gastar cinco minutos sobre las raíces del estalinismo y otros cinco o menos sobre posible actualidad del estalinismo (8)
[...] al equipo estaliniano yo creo que está cargado de verdad, yo creo que es substancialmente verdadero, y desde luego en Inglaterra no habría sido posible el estalinismo.
Esto se puede detallar un poco más. He cogido el ejemplo de Inglaterra con intención. Como seguramente la mayoría de los aquí presentes recuerda, el intento más serio de entender lo que estaba pasando en el antiguo Imperio ruso por parte de un viejo dirigente bolchevique es la tesis de Preobrashenski de la acumulación originaria socialista, que la primera tarea de aquel poder era obtener una acumulación de medios de producción como la que la burguesía había conseguido en la Inglaterra de los siglos XVII, XVIII y XIX. Esta acumulación originaria en Inglaterra, como es muy sabido, había acarreado a la población -principalmente, como es natural, a las poblaciones de las clases trabajadoras- una suma de dolores y de sufrimientos que, si se pudieran sumar los sufrimientos, seguramente no sería inferior, quizá todo lo contrario, a la suma de sufrimientos ocurrida en la Unión Soviética durante esa acumulación originaria socialista.
Lo que pasa es que esa acumulación originaria socialista, que decía Preobrashenski, muy probablemente no hay que verla como socialista. ¿Por qué socialista? Lo que ha conseguido es en gran parte lo mismo que consiguió la acumulación originaria burguesa, a saber, una civilización industrial. En esto -lo digo porque me parece bueno arriesgar la propia opinión- creo que llevaba razón la extrema izquierda de los años veinte, éstos a los que Lenin criticaba por izquierdistas. Yo creo que cuando Pannekoek (9) dice que lo que se estaba haciendo allí era lo mismo que en la revolución burguesa inglesa llevaba razón, una acumulación originaria de capital. Sin embargo, esa acumulación originaria se ha producido en la Unión Soviética no bajo el dominio de la vieja clase dominante sino bajo el dominio de una nueva clase, de un nuevo grupo -como se la quiera llamar- de una nueva agrupación de personas, los funcionarios del partido y del Estado, cosa en la cual no llevaban razón, creo yo, los izquierdistas de los años veinte. Es decir, esta nueva acumulación no produce exactamente una acumulación burguesa de capital al modo clásico estudiado por Marx. Es un nuevo grupo social, el de la dirección del Estado y del partido, el que domina esa acumulación, el que la dirige, como han puesto de manifiesto varios sociólogos contemporáneos. Este es un tema que, como seguramente es conocido por todos, está siendo objeto de mucho estudio actualmente (Precisamente por falta de tiempo no me dedico a recordar los precedentes de este análisis en el que ahora están empeñados sociólogos contemporáneos y cuyo primer origen está en la extrema izquierda de los años veinte y cuyo segundo eslabón teórico importantísimo es, como es sabido, Trotski) (10).
Por último -no pierdo tiempo sobre esto, no vale la pena, si no nos rebasaríamos con mucho el tiempo previsto sobre el par de minutos que quería reservar a la actualidad del estalinismo-, se suele decir también, igual que se suele creer que el estalinismo es un fenómeno muy delimitado en el tiempo, que eso es cosa del pasado y que hoy no hay estalinismo. Yo no creo lo mismo y querría sugerir un par de líneas de análisis simplemente, sin profundizar en ellas, acerca del estalinismo contemporáneo. Una se debe a un político, sociólogo y politicólogo francés muy capaz, Martinet (11), que había sido miembro de la III Internacional, y de los pocos que vieron muy pronto que aquellas historias de los años treinta tenían que ser mentira. Martinet ha hecho un análisis sociológico de mucho interés: el estalinismo, el estalinismo de Stalin quiere decir, el que existió en la Unión Soviética, se parece mucho a estos regímenes que se están produciendo hoy día en el Tercer Mundo: una cierta industrialización, una cierta acumulación de capital, no dominada por la vieja clase dominante, que era una clase colonial, que era un imperio (por ejemplo, Argelia; por ejemplo, Somalia estos días), sino dominada por una nueva élite, una nueva vanguardia, un nuevo equipo de técnicos y políticos que sin toda la ortodoxia estaliniana están recogiendo algunos elementos de esa tradición estaliniana: industrializar sobre la base de un régimen muy autoritario, apelando a lo que llaman, muy ideológicamente, “el socialismo científico”. El socialismo científico del señor Barre, o de Nasser, cuando vivía Nasser, o de los argelinos, es tan pretenciosamente ideológico como lo fue el de Stalin y se parece bastante socialmente. El punto quizá algo débil de este análisis de Martinet para considerar todo esto estalinismo contemporáneo es tal vez que la estatalización no suele ser en estos Estados tan intensa como en el caso del estado soviético, pero desde luego sí que es tan intensa como en algunas democracias populares, al menos en sus fases iniciales.
En Occidente, en los mismos países de metrópoli, yo creo que también se puede hablar de persistencia del estalinismo. Lo está por una parte en el dogmatismo alucinado de algunas personas, alucinado y poco capaz de comprender la realidad, pero lo está también en el otro lado, lo está también en mi opinión en el pragmatismo de muchos partidos obreros, porque, por decirlo brevemente y ahorrando tiempo, a mí me resulta tan pseudoteoría pragmática para falsificar una práctica del día eso de que se puede hacer el comunismo en un sólo país o de que el pan va a dejar de ser mercancía como llevaban los soldados soviéticos muertos en el bolsillo (una octavilla que decía eso durante la guerra mundial fue capturada por los alemanes y exhibida por todo el mundo), me parece tan pragmatismo pseudoteórico decir que es posible establecer el comunismo en un sólo país como decir que es posible el comunismo o el socialismo sin choque revolucionario violento con la clase dominante actual. Tan ideológico me parece una cosa como la otra, tan pragmatista y, en cierto sentido, tan estalinista, en el sentido, esto es, de la pseudoteoría para justificar la práctica. En un caso puede ser una práctica muy violenta, en otro caso puede ser una práctica parlamentaria. En los dos casos es una práctica muy poco revolucionaria, dicho sea de paso. Stalin siempre tuvo mucho cuidado de presentarse como el centro, nunca quiso jugar a izquierda.
Pero no querría terminar tampoco con una nota de poco optimismo, porque lo que resulta esperanzador, en mi opinión, es el que muchos, después de toda la larga experiencia -sin haber olvidado lo que ha sido la realidad de consciencia de clase el estalinismo, consciencia de clase ideológica, sin duda, sin duda falsa consciencia, sin duda autoengaño involuntario, pero tremenda consciencia de clase-, después de haber pasado por ello podamos decir estas cosas hoy tal vez signifique que la crisis en serio del estalinismo, la crisis un poco definitiva, puede ser el comienzo de una recuperación del pensamiento revolucionario no ideológico, no autoengañado ni por ilusiones pseudorrevolucionarias, alucinadas, como he dicho antes, ni por ilusiones de tipo parlamentarista, reformista, que son en Occidente, en este momento, las dominantes.
Ese pasado de consciencia de clase que estaba presente en la clase obrera estalinista -esto los que no han sido estalinistas ni han estado en partidos estalinistas tendrán que creerlo bajo palabra, pero los que sí han estado saben que es verdad- se traducía en reacciones seguramente muy primarias y, como he reconocido y subrayado, reacciones ideológicamente falsas, de falsa consciencia, pero muy auténticas. Por ejemplo, son historia las alusiones, las exclamaciones, el folklore obrero por el cual ante una injusticia, en algún país mediterráneo, en el sur de Italia concretamente, el hombre oprimido reaccionaba con la frase: “¡Ya vendrá el bigotudo!”, como expresión de su furia, su odio, su reacción de clase ante la injusticia sufrida. Hasta qué punto el estalinismo fue portador, con falsa consciencia, de la consciencia de clase lo sabemos todos los que hemos tenido que explicar a militantes comunistas que era verdad, que finalmente resultaba verdad lo que los burgueses habían dicho durante mucho tiempo, a saber, que el gobierno estalinista había asesinado a la vieja guardia bolchevique. Los que hemos tenido que encajar eso y contarlo, y hemos visto a los militantes llorar al oírlo, cuando no tenían más remedio que creérselo porque les dábamos los datos y les decíamos esto viene de aquí, esto pasó así y esto otro pasó así, sabemos muy bien que bajo aquella falsa consciencia hubo auténtica consciencia de clase, lucha de clase. Lo que hay que precaverse es que el resto ideológico, parlamentarista reformista, de pragmatismo, de estalinismo de extrema derecha, por así decirlo, bajo el que ahora vive una gran parte del movimiento obrero, no pierda, además de la consciencia real, como perdió el viejo estalinismo, incluso la ilusoria, pero al menos existente, consciencia de clase (12).

Coloquio

1ª pregunta: No se ha recogido en su totalidad y no se entiende bien en algunos momentos. Por la respuesta de Sacristán, la primera persona que intervino fue W. Solano, dirigente del POUM en los años de la transición, quien realizó una prolongada intervención o sobre la negatividad del estalinismo y sobre sus raíces sociales.

Yo no creo que haya nada que contestar porque, si se prescinde de pequeños detalles de forma, pues claro, no veo que haya ningún problema en eso. Intentando decirlo de otro manera lo que él ha dicho es: que no está de acuerdo con Stalin, yo tampoco; que -no sé si voy a reproducir el mismo orden- hay causas materiales del stalinismo, he intentado analizarlas; que está mal criticar a Stalin para ponerse a buenas con la burguesía, sí me parece que está muy mal (me parece, de todas maneras, que ya no van por ahí los tiros; ahora para congraciarse con la burguesía, hay que enfadarse con mucha más gente, no sólo con Stalin), y que los votos no aumentan la inteligencia de los dirigentes: yo ni soy dirigente ni tengo votos, por un lado, él que es dirigente, aunque no tenga votos, lo sabrá mejor.
Dirigiéndose al “compañero Sacristán”, Solano, después de dar detalles biográficos, señala un error en su intervención que le parece fundamental: el estalinismo no es Stalin, el estalinismo no sólo se ha producido en la URSS y no sólo en países poco desarrollados económicamente. Pensemos, por ejemplo, en Checoslovaquia. La hipótesis que formula Solano es que no es posible hacer un análisis del fenómeno sin hacer también “un análisis del estalinismo en España, con todas sus trágicas consecuencias”.
No he mencionado eso como no he mencionado muchas otras cosas. Aparte del gran interés que tiene para la historia de España lo que este compañero acaba de decir, hay, además, una cosa de bastante interés teórico en todo esto. En la difusión del estalinismo, sobre todo a Checoslovaquia (que además es donde los ejemplos resultan mejor historiables y de más ilustración con el proceso de Slánsky, Klementi, por ejemplo; no son cosas que ignore: no las he dicho pero no porque me parezcan sin importancia, tienen incluso, creo yo, importancia teórica), en la difusión del estalinismo, decía, el factor político ha sido infinitamente superior. A partir seguramente del VI Congreso de la Internacional, ha tenido una importancia superior a lo que podían permitir los datos de tipo básico, de tipo económico-social.
Estoy de acuerdo, sí. No lo he mencionado simplemente porque, aun con lo mucho que me he dejado en el tintero, he rebasado algo el tiempo de que disponía. Y el caso español es muy destacado desde ese punto de vista claro.

2ª: Se pregunta a la mesa por los cambios de política cultural, que el interviniente cree que son notables, entre las épocas de Lenin y Stalin, mucho más represiva en caso de este último.

No sé si Lenin llegó a tener una política cultural trabajada. No estoy nada seguro. Que él, al final de su vida, tenía una preocupación de no haberla tenido suficientemente eso está claro porque lo ha dejado dicho, que no había habido un intento de revolución cultural serio, coherente. Lo que sí ha habido ha sido bastante posibilidad de iniciativas. Dicho sea de paso, si yo no he tratado el tema, y supongo que Manolo Vázquez igual, es precisamente porque los temas del oficio son los que uno no quiere tratar cuando está fuera de la mesa de trabajo.
En cambio, en el caso de Stalin, sí que me parece comprensible la política cultural tan restrictiva. Fue una política cultural, por un lado, restrictiva, es decir, muy coactiva, con mucha censura, pero también vale la pena ver los contenidos. Los contenidos eran además muy tradicionales. Por ejemplo, en los planes de estudio, no sólo se produce una gran rigidez del estudio de acuerdo con el esquema tradicional alemán de enseñanza media y enseñanza superior, candidaturas, etc., todas las cosas de la vieja Universidad alemana, aunque con la gran novedad del elemento politécnico, del elemento ingenieril introducido en todas partes (pero en sustancia el esquema es ese esquema muy conservador) sino que los contenidos mismos de la enseñanza incluso dan marcha atrás. Hay campos en los cuales se cambian hasta los programas para enseñar la misma disciplina en términos mucho más tradicionales, en términos que en un país de Occidente europeo como es éste llamaríamos bastante de la última escolástica. Por ejemplo, en materias humanísticas y filosóficas se enseña con criterios sorbidos de la tradición aristotélica.
¿Por qué esa enseñanza conservadora de contenidos y muy rígida en las formas? Me parece que es bastante coherente con la percepción por el equipo de gobierno estaliniano de que lo que ellos tienen que hacer es una acumulación de capital, que tienen que hacer algo que está muy atrasado, que ya está pasado. Para lo que ellos tienen que hacer, dar pie a una producción de acero, a una producción de cemento, a una producción de carbón, es muy coherente una cultura burguesa del siglo XIX, que es la que ellos han puesto en los sistemas de enseñanza, en todos los años veinte, treinta y hasta la II Guerra Mundial.
Esto no quiere decir que no hubiera excepciones que estaban camufladas con una característica mala fe, con esa característica falsedad ideológica del período estaliniano. Había disciplinas modernas que se condenaban en la cultura pública como ciencia burguesa degenerada, pero que se practicaban bajo otro nombre y bajo el amparo de institutos de otra especialidad. Por ejemplo, la lógica simbólica moderna no existía y era condenada como un vicio burgués, pero en cuanto murió Stalin resultó que había un verdadero ramillete de grandes lógicos que hacían lógica simbólica en la Unión Soviética; entre ellos, uno de los principales de la segunda mitad del siglo, con toda una nueva teoría. Estaban camuflados en departamentos de física, en departamentos de química. Pero eran excepciones y además era el secreto, digamos.
La cultura oficial era una cultura atrasada como atrasada era la tarea económica-cultural que estaba realizando el país. Lo que no quita que fuera grandiosa. Coger a los quirguizes y pasarlos de la prehistoria a la vacuna contra la difteria es un paso verdaderamente grandioso. Sólo que para dar ese paso no hay por qué tener una cultura del siglo XX: basta con cultura de finales del XIX. Y esto caracteriza mucho la cultura superior soviética de la época.
Me parece que, además, esto interesa relativamente. Lo podíamos dejar así. Ha sido una política cultural restrictiva y sobre la base de contenidos anticuados (13).

3ª: Se pregunta por el interés de las críticas “reaccionarias” a la tradición marxista provenientes de los entonces llamados “nuevos filósofos” franceses.
Te pediría el retoque de la pregunta porque yo no tengo nada claro que porque un movimiento o una crítica sea reaccionaria no nos pueda ser útil. Ahí está Balzac y Marx.
Señala el interlocutor que es en ese sentido en el que hace la pregunta.
Que sea reaccionaria es una cosa, que sea intelectualmente inútil es otra. Que sea dañina socialmente es una tercera cosa que también creo.
Pero a pesar de que en hipótesis es descaradamente reaccionaria, a pesar de eso, ¿hay en esas críticas elementos aprovechables con los cuales volver a empezar una investigación?
Yo diría que, para la gente con una militancia en el movimiento obrero, en general, sí ; para el conjunto de la sociedad el episodio me parece más bien desgraciado, creo, hasta ahora, porque no tiene tampoco gran calidad. Tampoco en esto he hecho una lectura a fondo, en serio, pero lo que he visto hasta ahora, tampoco es que tenga gran calidad crítica. No creo haber aprendido de lo poco que he visto hasta ahora nada, salvo muestras de caradura tan sensacionales como la declaración de Levi [Bernard Henry] que él no había leído El Capital, que eso sí que es gordo.
¿Cree entonces que no aportan elementos nuevos?
Me parece que no, salvo en páginas que yo no haya leído todavía.

4ª: El interviniente habla sobre el dogma de “la revolución de la mayoría” y sobre la lucha por las libertades y el parlamentarismo. Aun teniendo en cuenta lo que tiene de reacción, de contrastación contra el estalinismo, esta lucha por la ampliación de las libertades parece aceptar el “marco político capitalista”. ¿No hay en ello un peligro de asimilación del movimiento obrero? ¿Es realmente esa vía un sendero de transformación socialista?
A mí me parece que la pregunta llevaba dos cuestiones dentro: la de aprovechamiento de legalidad y lucha por ampliación de libertades, que es una cosa, y eso no es nada nuevo, eso es tradicional, primero, del movimiento obrero y más en general de cualquier clase dominada que intenta ampliar, como es natural, las libertades de que pueda disfrutar, y la segunda cuestión es hasta qué punto por este camino se consigue una revolución. Desde mi punto de vista, hasta ningún punto. No se consigue, sencillamente. Una revolución es el acto más autoritario que existe, según la frase de Engels que repito ahora.
De todos modos, al margen de eso, aunque no estuviera explícita una tercera cuestión me parece que queda coleando: el desprecio a las libertades formales. Creer que esto es una cosa de izquierda y revolucionaria es una de tantas deformaciones ideológicas estalinianas, viene del período de Stalin. En el período de Stalin se han recortado las libertades individuales de los ciudadanos soviéticos, no por izquierdismo sino por derechismo abierto. La primera limitación, limitación todavía visible en vida de Lenin, en el X Congreso, en marzo de 1921, es una limitación de libertades que sirve para tapar el aplastamiento de la insurrección de Kronstadt y [para] la introducción de la NEP, es decir, sin juzgar ahora que fueron buenas o malas medidas -a lo mejor eran óptimas, yo no soy ningún economista competente, a lo mejor eran necesidades indiscutibles-, pero dejando aparte su valor técnico, desde el punto de vista político, eran un enorme bandazo a la derecha. Para dar un enorme bandazo a la derecha es para lo que ha recortado el poder soviético las libertades, entendámonos, porque cuando un poder es él de izquierda no va a recortar libertades de sus propios ciudadanos para seguir su camino, el camino previsto por su propia izquierda. Las recorta para irse a la derecha.
La identificación del recorte de libertades con la izquierda es una falsedad histórica en el movimiento comunista. Esto para empezar. Y la verdad, el poso de ideología estaliniana hasta dónde tiene que haber calado para que sea posible hablar de la palabra “libertad” despectivamente. Eso es monstruoso, eso es más o menos, supongo que si yo fuera teólogo (aunque me divierta estar con teólogos no lo soy), pues diría que eso es uno de esos pecados contra el Espíritu Santo, porque eso, tratar despectivamente la libertad, es llamar mal al bien. La libertad, primero, ni es derechas ni se puede despreciar.
5ª: Se pregunta a Sacristán y a Vázquez Montalbán por las condiciones que pueden posibilitar un cambio revolucionario real y por las formas de ejercicio del poder socialista (14).
A mí me produce cierto malestar este tipo de pregunta que tiene dos defectos graves que el querido Leopoldo [Espuny] me va a permitir que critique severamente. Primero, es un tipo de pregunta hipócrita porque es evidente que Leopoldo sabe lo que yo pienso sobre el asunto, no está haciendo una pregunta auténtica, está haciendo política en el mal sentido de la palabra, es decir, me está instrumentalizando. Esto es una critica que tengo que decir de salida. La digo porque claro, al mismo tiempo, como estoy en esta mesa, tengo que pagar la servidumbre de contestar, como es obvio. La cuestión de palabras es lo de menos pero tú sabes muy bien que yo pienso que no es posible un cambio de clase dominante sin ejercicio de coerción sobre la antigua clase dominante. Eso es evidente. Si le quieres llamar de otro modo, eso es lo que siempre hemos llamado “dictadura del proletariado”.
¿Cuáles eran las otras preguntas? ¿Si el stalinismo ha sido una forma de dictadura del proletariado? Aquí discrepo de ti a pesar de que has hecho el sutil inciso salvador, para que yo pudiera agarrarme, de que ha habido muchas formas de dictadura burguesa y así yo podía decir que también ésta había sido una forma de dictadura del proletariado. Digo que no: el estalinismo ha sido una tiranía sobre la población soviética, una tiranía asesina sobre el proletariado soviético y conservar la nostalgia de eso es estúpido y criminal.
Interrupción de L. Espuny que no está bien recogida. Sea como sea, rechaza y critica fuertemente estas últimas palabras de Sacristán.
Acepto sinceramente la crítica, de verdad, porque aunque mi intención no era llamar ni estúpido ni criminal a Leopoldo, eso desde luego, aunque mi intención no era ni mucho menos esa, comprendo que el camarada se haya podido enfadar. Lleva toda la razón en la crítica y se la agradezco.
Lo que yo sí consideraría poco inteligente, y también criminal, sería intentar alimentar una nostalgia estaliniana que no fuera la nostalgia por los combatientes del estalinismo. Cuando antes he hecho la alusión a los militantes a los que yo he visto llorar, está claro que no estaba riéndome de ellos. Sé la cantidad de autenticidad de lucha comunista que hay debajo del estalinismo. Debajo de aquella época, pero debajo. Los que estaban debajo no sólo merecen todos los respetos sino admiración y a muchos los quiero profundamente. Pero a los que estaban debajo. Es decir, el sistema mismo no puede ser objeto de nostalgia. De ninguna de las maneras, ni puedo admitir que eso fuera dictadura del proletariado. En absoluto. Eso fue un sistema de acumulación de capital, con crueldades incluso innecesarias. Pero en ningún caso una acumulación de capital para empezar una industrialización es dictadura del proletariado. Si eso hay que llamarlo “dictadura del proletariado”, la revisión del marxismo que hay que hacer entonces es muchísimo más enérgica, incluso ya prescindiendo de los rasgos tiránicos, limitándome sólo a los contenidos sociales de aquello. Una acumulación de capital no se ha llamado nunca dictadura del proletariado en nuestra tradición, en nuestro vocabulario.
Y en cuanto a que los dirigentes comunistas que prescinden de la expresión o del concepto de dictadura del proletariado lo hagan por motivos innobles, eso sería verdaderamente perpetuar el estalinismo que ellos mismos perpetúan en otro sentido, dicho sea sin ningún juicio moral, sin ningún juicio de valor. Lo que tiene de estalinista su conducta es, en mi opinión, lo que tiene de pragmática, lo que tiene de utilización de los conceptos teóricos para justificar, superficialmente, práctica [política]. Pero, en cambio, nosotros, los que no creemos eso, cometeríamos estalinismo en otro sentido todavía peor, en el sentido terrible por el cual Bujarin era un traidor, Zinoviev un terrorista, Trotski un traidor, continuaríamos en ese sentido el estalinismo si pensáramos que los dirigentes eurocomunistas dicen lo que dicen no porque lo piensen sino porque quieren vender esto o vender lo otro. No, a eso tampoco me puedo apuntar, francamente. Eso no es tener una visión de las cosas como la que estamos acostumbrados, una visión materialista.
Con esto no quiero despreciar la influencia innegable de ideología burguesa. Esto es evidente. Pero no es fácil tampoco sustraerse a ella. ¿Durante cuanto tiempo tú o yo hemos creído, por ejemplo, que el crecimiento incesante de fuerzas productivas tal como ocurre en el capitalismo es inocente y hasta un factor de socialismo? Yo lo he creído hasta hace pocos años. Ya no lo creo y comprendo que eso era pensamiento bastante burgués. Tampoco es tan fácil no pensar como los burgueses. Ellos son los que tienen el poder y las ideas dominantes.
Vuelvo a reconocer autocríticamente esto y siento que con esa intemperancia por mi parte pueda haber estropeado algo el clima de la reunión. Lo siento.

6ª: Se pregunta a la mesa sobre la herencia del estalinismo, sobre su continuación en la Unión Soviética. El intercolutor finaliza su intervención preguntando: “¿aquellos alumnos son hoy otros asesinos?”.
De la Unión Soviética sé lo que cualquiera de los aquí presentes que tenga fuentes de información no internas. Yo no he estado nunca en la Unión Soviética ni leo ruso. Conozco más o menos, por tanto, lo mismo que cualquiera.
Entonces, ¿qué diría? Lo que se ve por la información que aquí hemos podido estudiar sugiere un momento muy breve, 1956 y 1957, todo lo más, de cierto atrevimiento en el intento de terminar con los aspectos más crueles, más duros, del sistema de gobierno actualmente existente en la Unión Soviética. Se aprecian bastantes cosas pero también, creo yo, que se nota muy pronto el cambio. Creo que el cambio, es decir, la marcha atrás en aquel atrevimiento, que en aquella época nos dio la impresión que no se produjo antes del XXII Congreso, hoy creo que se había producido ya antes. Me parece que la presencia combinada de la crisis de Hungría y de la crisis del Canal de Suez, que tal vez recuerden los aquí presentes, fue una ocasión combinada que dio mucho poder en el gobierno soviético, me parece a mí, esto es ya interpretación, a los partidarios de bloquear el cambio porque les permitió contraponer a su intervención en Hungría lo que estaban haciendo las potencias burguesas en Suez. En aquel momento me parece producirse, en la correlación de fuerzas internacional, una especie de pacto, que tenía por objeto Hungría y Suez, y luego, en la situación interior de la Unión Soviética, un refuerzo innegable de los duros, por así decirlo, de los estalinistas de corte más ortodoxo. O un debilitamiento de los otros, como se quiera decir.
A partir de ese momento, a mí me parece que durante bastante tiempo lo que se llamó “la desestalinización” va perdiendo impulso en dos sentidos. Por un lado, en el sentido de que pierde velocidad. Las rehabilitaciones son cada vez menos, hay una resistencia a ultranza, por ejemplo, a rehabilitar los nombres de Bujarin y Trotski, cuando parecía que estaba en buen camino incluso la rehabilitación, y luego en el sentido de que se intenta compensar la falta de libertad con técnicas que manifiestamente el gobierno soviético reproduce de los países burgueses; es decir, las técnicas a las que el camarada se refería del tabaco, la pornografía no se puede decir, pero cosas parecidas: el tabaco, los bienes de consumo no absolutamente necesarios. Tal vez recuerden los aquí presentes, al menos los que tengan mi edad, lo deslumbrado que quedó Khrushev al ver la publicidad luminosa en colores en los Estados Unidos. En este doble sentido, creo yo, que se debilitó el impulso desestalinizador. Luego, además, los intentos de base, de búsqueda de un cambio de base productiva que permitiera también cambios políticos luego, fueron o muy débiles teóricamente o no se llevaron bien a cabo. Un economista sabría opinar mejor que yo sobre eso, sobre aquellos escritos de Libermann y todo aquel grupo de economistas.
Y así yo veo que eso se ha estancado. Siento que va a ser la segunda vez que diga cosas francamente pesimistas. Si uno coge el Sammisdav hoy día, es decir, la colección de escritos de disidentes, con un par de excepciones -Mevdeved, Opliush, algunos otros- uno queda bastante asustado porque si eso es la aspiración de libertad en la Unión Soviética, hay que decir que es una extraña aspiración a la libertad indudablemente protagonizada por reaccionarios. Son muy escasos los textos comunistas en el Sammisdav. Se reducen a un poco de resto trotskista, muy poco, mucho más en Polonia que en la Unión Soviética misma, y a unos conatos de tendencias que proceden del estalinismo pero que están superándose. Este es el caso de Mevdeved claramente. Y eso se ahoga en un mar de reacción emparentado en algunos puntos, por lo menos en el irracionalismo, con los nuevos filósofos franceses y con algunas otras muestras de irracionalismo contemporáneo.
Entonces, la verdad, es que yo no veo que la evolución sea muy buena. La represión se sigue ejerciendo más selectivamente. Parece claro que ya no hay campos de la dimensión de los campos de los años cincuenta, o cuarenta, o treinta por lo demás, y en cambio hay estas nuevas formas de represión que conocemos que son la mejor ejemplificación de algunas tesis de Foucault y de filósofos de países capitalistas, respecto de tratamiento, de represión indirecta del disidente, generalmente orientado hacia los intelectuales, es decir, hacia puntas de vanguardia de la sociedad.
Pero a pesar del pesimismo de fondo que me sugiere el hecho de que no vea corrientes renovadoras sino reacciones, muy naturales, muy sanas, pero reacciones, yo diría de todos modos que incluso en los países más cultos que la misma Unión Soviética en la totalidad de su territorio -por ejemplo, en Checoslovaquia o en Alemania del Este-, la impresión algo deprimente que da la situación respecto a la resistencia a eso, la resistencia a la superación, puede también ser fruto de nuestra pésima información. Y en todo esto, en último término, somos muy juguetes de falsificaciones y deformaciones. Recientemente aquí se ha recibido un texto de Alemania Oriental que parecía un texto de disidentes comunistas y parece ya claro que se trata de una falsificación.
En definitiva, sin poderlo demostrar mucho, mi juicio por el momento no es nada optimista. No voy a negar que ya los obreros no tienen que ir con la libreta del trabajo con la que tenían que ir en los años treinta y cuarenta, ni están sometidos a aquellas prohibiciones de empleo si no tenían certificado de que habían sido autorizados a dejar el empleo anterior.
[Breve interrupción] de todas aquellas tiranías contra la clase obrera que hace completamente imposible llamar a aquello dictadura del proletariado. Eso, según toda evidencia, [según] toda la información disponible, no existe hoy ya en la Unión Soviética. Pero existe ese otro tipo de represión selectiva por un lado y, por otro lado, esa falta, por lo menos, ese carácter minoritario de la resistencia o de la disidencia de izquierda. El conjunto, por tanto, no es muy halagador en mi opinión.

7ª: Se solicita a Vázquez Montalbán y a Sacristán su opinión sobre la primavera
praguense. Se señala el peligro que representaba de reinstauración del capitalismo o de histórica vuelta atrás.
La cuestión no es ésa. La cuestión es: claro que yo pienso que el experimento de Dubcek, cualquiera que hubiera sido su resultado, era lo que había que apoyar y modestísimamente lo apoyé. De las pocas cosas agradables de esos dramas es que papeles míos sobre Dubcek han circulado por Checoslovaquia entonces. Cualquiera que fuera el resultado digo, porque garantía no había ninguna.
Garantía no había ninguna lo que pasa es que si, como yo pienso, el rasgo característico malo de la tradición estalinista es precisamente la falsificación ideológica, entonces, por desgraciado que hubiera sido el resultado final de la experiencia de los comunistas checos mayoritarios, por lo menos iba a poner de manifiesto una verdad sociológica: se iba a saber de una vez qué era aquella sociedad. Es decir, se iban a ver manifestaciones de voluntad no reprimidas, de la clase obrera y de otras clases sociales claro. De modo que, aun en el supuesto de que hubiera salido mal, yo estaba a favor y creo que había que estar a favor.

8ª: Se pregunta si las nuevas generaciones siguen la política iniciada por Stalin.

Me parece que estoy obligado a decir: sí, yo creo que la Unión Soviética, el régimen que existe ahora, es un régimen, como he dicho, de naturaleza estalinista suavizado. Esto es lo que yo creo y lo que he dicho.
Interrupción del mismo interviniente no recogida en su totalidad. Se inicia del modo siguiente: “Un inciso. Luego entonces como se justifica que aquellos chavales...”
Puedes estar seguro, si lo piensas un rato, que el camino para la unidad del movimiento obrero consiste no en que cada cual se empeñe en defender las injusticias que él lleva a cuestas, y sus errores y sus falsedades, sino en darse cuenta de que ha cambiado la época, de que no se puede superar la división del movimiento obrero sin un baño de todo el mundo en la verdad y en la autocrítica. Es mucho más útil para la unidad del movimiento obrero que los que venimos del estalinismo examinemos qué ha sido el estalinismo y lo autocritiquemos, que sigamos empeñados en defender algo que significa, te repito, el asesinato de Bujarin, de Zinoviev, de Kamenev, de Trotski y, según los datos más modestos, de sesenta millones de rusos.
De varias personas del público asistente: “Y de Andrés Nin.”
De Andrés Nin, perdón, en este mismo país. Y de tantos otros.

9ª: Larga intervención de alguien que se define como comunista -”ni como estalinista ni como antiestalinista”-, que acaso que resumir así: a) Sobre la libertad y las formas de aproximación a una sociedad socialista b) ¿No ha criticado Sacristán más que la tiranía de Stalin la misma dictadura del proletariado en su forma no libertaria, en un país casi feudal como era la URSS en los años veinte? c) ¿Es Stalin el único responsable de las tragedias de la Unión Soviética o ha sido más bien el régimen dictatorial? Finaliza diciendo: “Quisiera que el camarada Sacristán me aclarase todo esto”.
En el supuesto de que yo sea capaz de aclarar tantas cosas, intentaré hacerlo así. Yo creo que al socialismo no se llegaba en libertad entonces ni en ningún momento. ¿Está claro? A mí, como he repetido varias veces, me resulta completamente iluminadora la frase de Engels según la cual la revolución es un acto particularmente autoritario.
Segunda cuestión, la de la dictadura del proletariado. En la Unión Soviética no podía haber dictadura del proletariado porque no había proletariado mayoritario. Esto para empezar. En segundo lugar, porque el poder se ejerció sobre el proletariado. Yo estoy por la dictadura del proletariado que considero imprescindible y estoy contra el estalinismo, fundamentalmente porque fue todo lo contrario de la dictadura del proletariado; a saber, la tiranía de una minoría burocrática, no muy inteligente por lo demás, que era una burocracia en gran parte nueva, sobre la clase obrera en particular y el pueblo en general.
No sé si había más preguntas, éstas son las dos esenciales. Hay otra cosa que quiero comentar de lo que has dicho, pero ¿preguntas había alguna más? Las preguntas son sólo éstas: si ataco al stalinismo o a la dictadura del proletariado; no, la dictadura del proletariado me parece un concepto irrenunciable.
Mismo interviniente: “Si realmente el camarada Stalin en una época determinada era un tirano, yo no comprendo qué hacia todo el comité ejecutivo y el comité central del PCUS”.
Ese es el tema que quiero comentar.
Mismo interviniente: Los comunistas, ¿qué somos? ¿Unos peleles o qué somos?
Los stalinistas, sí. Tú mismo lo has probado al decir que los que ensalzaron a Stalin lo hundieron después. ¿Qué clase de gente hizo el estalinismo qué eran capaces de eso? Otros dimitimos. Entendido.
Mismo interviniente: Yo no, jamás.
Pues ahí está.

10ª: Sugiere la conveniencia de hablar de lo positivo de la URSS. Señala que oyendo a Sacristán se acuerda de lo dicho por Angel María de Lera y lo siente. “Hay modos distintos de plantear las cosas. Fernando Díaz Plaja hablaba igual que Sacristán y lo siento”. Largo etcétera.
Dos cosas quiero decir sobre ello. Una que esto de la insistencia de la crítica positiva ha sido siempre lo que ha dicho todo hábito de poder. Todo hábito despótico quiere siempre critica positiva, nunca negativa, nunca critica de verdad. Razón por la cual, entre los stalinistas de verdad, cuando alguien dice que va a empezar una autocrítica todos los demás tiemblan. Lo primero que quería decir.
Lo segundo: que a mí, si digo la verdad, no me importa con quien coincida, como cualquiera que no tiene más objeto que decir la verdad. A mí no me importa que la doctrina de la lucha de clases de Marx le venga de un policía reaccionario prusiano, Von Stein, como le venía. Lo que importa es lo que se dice. En el momento en que se empieza a preguntar para qué sirve, quién lo inspira, en ese mismo momento, el que hace esas preguntas insidiosas es él, el que está escondiendo -muchas veces por pura defensa, sin saberlo y sin mala intención-, está intentando esconder la inseguridad de su propio ánimo porque él no se ha lanzado del todo a decir la verdad.

11ª: Propiamente es una larga intervención que discrepa del excesivo criticismo de Sacristán, pensando sobre todo en los jóvenes que le están escuchando y haciendo, a un tiempo, una valoración globalmente positiva de la URSS de aquellos años: “¿Dónde está el explotador? ¿Dónde está el que se queda con la plusvalía?¿O es que vamos a dar la imagen de que esos países son peores que los fascistas? Camarada Sacristán, dime cómo se va a construir el socialismo si no hay acumulación”. Le reprocha a Sacristán su dimisión -“Dimitiendo no vamos a ningún lado”-, aunque siente mucho que lo haya hecho. “Tenemos que estar en nuestros puestos”. Al final de la intervención se disculpa por el tono aunque cree que se ha destrozado la imagen del socialismo. La mesa, en su opinión, ha sido unilateral. “Se ha ido a un terreno que hace tiempo estoy combatiendo, se ha destruido la imagen del socialismo”. Hay que recomponerla con sus logros.
A ti, Salvadores, de verdad, pensando seriamente, concéntrate un momento que vale la pena, ¿es una elucubración mental sesenta millones de muertos en campos de concentración? Di: sí o no, di que tú estás dispuesto a...
Voces de protesta. “¿Quién venció a Hitler?”. Salvadores continúa: “Yo no estoy a favor de esos métodos, pero estoy a favor de que se diga de que el pueblo soviético también tuvo sus muertos en la lucha contra el hitlerismo y si no no estaríamos aquí.”
Pero, qué duda cabe, qué duda cabe sobre todo eso. Pero, ¿a qué has venido aquí? ¿Qué es lo que teníamos que hacer aquí? ¿Hablar e intentar aclararnos sobre el estalinismo o hacer la historia de la Unión Soviética? Si tenemos que aclararnos sobre el estalinismo, tú no puedes aducir, para entender el stalinismo, las heroicidades y los sacrificios del pueblo soviético, que en gran parte son sacrificios gratuitos impuestos por el estalinismo. Una cosa es hacer la historia de la Unión Soviética, otra cosa es intentar entender el estalinismo.
Lo que no puede ser es mecerse en una tranquilidad de puro acto de fe durante años y años, desempeñando un poder que transmite esas falsedades durante años y años, y creer que sólo hay esa forma de lucha. Una forma de lucha revolucionaria, yo diría por lo menos tan digna como ésa que haces tú, consiste, por ejemplo, en dimitir de ejercer y transmitir ese poder falsario, combatirlo e intentar aclarar entre los militantes comunistas cuáles son las falsedades de que han sido víctimas y qué tienen que hacer para intentar recomponer un movimiento revolucionario que no sea simplemente el peón de juego de una burocracia.
Salvadores: “Yo he confundido en tu intervención la crítica al estalinismo con la crítica al pueblo soviético. Hasta ahí ha llegado”. Pregunta, a continuación, sobre la línea política reformista del PSUC en la época del eurocomunismo y el resto que queda en ella, si es el caso, de tradición estalinista.
Queda y la digo: es lo que tú has dicho sobre la falta de perspectiva, sobre la política día a día, es exactamente lo que pensamos la mayoría de los no estalinistas. El estalinismo es eso: hacer cada día simplemente el reajuste de poder y por eso he considerado como una forma moderna de estalinismo lo que se está haciendo como política reformista. Eso es exactamente stalinismo: camuflar de comunismo una pura política cotidiana de poder. Es estalinismo siniestro cuando es con el número de muertos que repetidamente he citado porque no estoy dispuesto a ser amigo ni a pasar por alto nunca la adhesión a asesinatos, pero puede ser un estalinismo sin esas formas dramáticas cuando es sólo esa técnica de uso oportunista cotidiano del poder.

Manuel Sacristán Luzón

Notas

Creíamos que algo era bueno, tratamos de lograrlo y produjimos un desastre. ¿Deberíamos concluir, por ello, que lo que creíamos que era bueno, la igualdad y la comunidad, en realidad no era bueno? Tal conclusión, aunque es una a la cual se llega frecuentemente, es una locura. Las uvas pueden estar realmente verdes, pero el hecho de que la zorra no las alcance no nos demuestra que lo estén. ¿Deberíamos concluir, en cambio, que cualquier intento de producir este bien particular debe fracasar? Sólo si pensamos que sabemos que ésta era la única forma de hacerlo posible, o que lo que hizo fracasar este intento hará fracasar cualquier otro, o que, por alguna (s) otra (s) razón (es), cualquier intento fracasará. Creo, en cambio, que no sabemos ninguna de estas cosas. Desde mi punto de vista, la solución correcta es que lo hagamos de un modo diferente y mucho más cauteloso.
G. A. Cohen (2002), Razones para el socialismo.
Cuando a Einstein le preguntaban por qué, en su opinión, había sido posible descubrir los átomos, pero no la forma de controlarlos, respondía: “Muy sencillo, amigo mío: porque la política es más difícil que la física”.
Peter Galison, “La ecuación del sextante E=mc2“, Fórmulas elegantes. Grandes ecuaciones de la ciencia moderna, pp. 78-79.

(1) Como anejo a su intervención, Sacristán escribió una “Cronología de interés” en la que destacaba fechas y hechos como las siguientes: “20/12/1917: Decreto de constitución de la Cheka. 11/4/1918: Operación de la Cheka contra los anarquistas de Moscú, claro que todo en plena intervención. 30/8/1918 : Atentado de Fanny Kaplan. 4/9/1918: El Comisario del Interior Petrovsky proclama el "terror de masas" contra la burguesía”. Tiempo atrás, los días 8, 12 y 15 de noviembre de 1974, Sacristán había impartido tres conferencias con el título “Conmemoración de la revolución de octubre”. Es probable que fueran presentadas y discutidas, con militantes y próximos, en alguna organización de base del PSUC. Todos estos documentos pueden consultarse en Reserva de la Universidad de Barcelona, fondo Manuel Sacristán (RUB-FMSL).
(2) La grabación de la conferencia no es siempre la mejor de las deseables. Hay, además, algunas interrupciones que en ocasiones no parecen breves. En el coloquio, las preguntas no siempre quedaron bien grabadas y, en algunos casos, más que formulaciones de dudas, preguntas o comentarios críticos, son prolongadas intervenciones políticas a la antigua usanza. Las he resumido sucintamente. No se han recogido las respuestas de Manuel Vázquez Montalbán ni tampoco su intervención inicial.
(3) Breves referencias de Sacristán a Trotski, pueden verse en: “Checoslovaquia y la construcción del socialismo”, Acerca de Manuel Sacristán, Destino, Barcelona, 1996, p. 59; “Sobre el comunismo de Bujarin”, Sobre Marx y marxismo, Icaria, Barcelona, 1983, p. 264; El orden y el tiempo, Trotta, Madrid, 1998, p. 158 (edición de Albert Domingo Curto) y “Gramsci es un clásico, no es una moda”, Acerca de Manuel Sacristán, op. cit, p. 90. En una carpeta de apuntes de RUB-FMSL, puede verse esta anotación de Sacristán sobre el trotskismo: “La debilidad del trotskismo (ya en Trotski) respecto de la III Internacional es la de Gramsci: racionalismo y, sin embargo, permanencia en política en sentido clásico. Logicismo, dualismo, voluntarismo. Cuando reprocha senilización a Togliatti, se trata de esto. Togliatti dejó de ser “senil” cuando se supo representante de organización fuerte de clase”.
(4) En 1983, en el primer centenario del fallecimiento de Marx, Sacristán impartió una recordada conferencia en Madrid con el título: “Los últimos años de Marx en su correspondencia”. Se conserva el guión de su intervención y las numerosas fichas anotadas que la acompañaron (RUB-FMSL). Domingo Curto ha señalado la existencia de una grabación, hasta ahora no localizada, de esta intervención de Sacristán.
(5) Sobre este escrito de Gramsci, véase: Manuel Sacristán, El orden y el tiempo, op.. cit, pp. 120-124. En el cuaderno “Gramsci” de RUB-FMSL, puede verse esta anotación, probablemente elaborada durante la preparación de su Antología de Gramsci para Siglo XXI: ”Gramsci, "La rivoluzione contro il Capitale”, IGP 5-I-1918. E: SG 149-153. [Planteamiento explícito de su problema con Marx]. Es el primer artículo de Gramsci sobre “Octubre”. El mismo día (24-XI) había escrito acerca del “tercer órgano que faltaba -pero que no era aún los consejos, sino la Asociación de cultura. Desarrollo: 1) Los bolcheviques, hasta ahora fermento que ha evitado el estancamiento de la revolución rusa, se han hecho con el poder. 2) La revolución de los bolcheviques esta hecha de ideología más que de hechos. A eso sigue la frase: “Es la revolución contra El Capital de Carlos Marx” (E 150) 3) La explicación de cómo son y no son marxistas los bolcheviques. La interpretación de Marx: 1ª versión: las incrustaciones positivistas. 4) Segunda versión: Marx no podía prever la formación rápida anormal de voluntad popular ya por la guerra [Implícito: El esquema marxiano está hecho para la “normalidad”]. Luego lo dice explícitamente. La sensación es que admite la interpretación socialdemocrática de Marx, y por eso tiene el problema. 5) Tercera explicación: el pueblo ruso ha hecho la evolución “normal” con el pensamiento. Es de mucha importancia notar la oscilación de Gramsci. El tratarse de textos periodísticos es una suerte,permite verla fácilmente: en un libro habría eliminado contradicciones”.
(6) Sobre Korsch, véanse: “¿Para que sirvió el realismo de Lukács?”, Pacifismo, ecologismo y política alternativa. Icaria, Barcelona, 1987, pp. 176-177 (edición de Juan-Ramón Capella), y “Lenin y la filosofía”, Sobre Marx y marxismo, op.. cit, pp. 180-181. En una nota de su traducción de W. Abendroth, Sociedad antagónica y democracia política (p. 48), Sacristán apuntaba: ”Traduzco Betriebsverfassung por “constitución industrial” creyendo que el autor está pensando, aunque no lo diga explícitamente, en temas sugeridos en la tradición marxista alemana, por Karl Korsch a principios de los años veinte. Y el léxico histórico-teórico de éste (Arbeitsverfassung, etc.) recomienda versiones como “constitución del trabajo”, etc”. En RUB-FMSL pueden verse anotaciones de Sacristán sobre las siguientes obras de Korsch: Marxismo y filosofía; Karl Marx, texto mecanografiado del 27/10/1931, cit. apud. Rusconi; Einleitung a Das Kapital [Introducción a El Capital], 1932, y “Lenin und die Komintern, die Internationale”, Rusconi, XXX/XXXI.
(7) Sobre Bujárin, véase: M. Sacristán, “Sobre el comunismo de Bujárin”, Sobre Marx y marxismo, op.. cit, pp. 263-275. Se trata de la presentación de la traducción castellana, por él mismo realizada, de A. G. Löwy, El comunismo de Bujarin, Grijalbo, Barcelona, 1973. Al comentar la distinción entre ciencia de la ciencia y filosofía de la ciencia en sus clases de metodología de las ciencias sociales del curso 1983-1984, Sacristán hacía una referencia a Bujárin en los términos siguientes: “La expresión “ciencia de la ciencia” tiene un poco de historia y precisamente está en conexión con lo que se acaba de decir antes porque nace en conexión con el primer encuentro importante de filósofos de la ciencia occidentales y marxistas en el Congreso Internacional de la historia de la ciencia de Londres en 1931. Era un poco antes de las grandes purgas rusas, y aquí aparecieron por última vez intelectuales importantes de la revolución rusa que luego sucumbieron. Muy señaladamente Bujárin, que era quizá un personaje de los más finos intelectualmente del equipo bolchevique. Luego fue asesinado en 1938”.
Por otra parte, proseguía Sacristán, Bujárin tiene importancia en la historia de las ideas económicas. Acaso sería el viejo bolchevique de más digna lectura en una facultad de Economía. “Lo que pasa es que es uno de esos personajes malditos en la historia, porque de las tres grandes figuras sucesoras de Lenin, las otras dos han tenido su partido, sus fieles, sus continuadores que han defendido su fama. Trotski y Stalin han tenido cada uno sus seguidores y autores que han escrito sobre ellos. En cambio, Bujárin sucumbió sin dejar seguidores ni escuela y, consiguientemente, es el más enterrado de todos aquellos personajes del año 1917, el más olvidado. Pero era también el más culto y a él correspondía la presidencia de la delegación soviética de este congreso de historia de la ciencia en Londres, en 1931. Allí, él y otros soviéticos, pero principalmente él, pronunciaron un discurso que causó enorme impacto en Occidente”.
(8) La grabación presenta ahora lo que creo que es tan sólo una breve interrupción.
(9) Sobre Pannekoek, véase: M. Sacristán, “El filosofar de Lenin”,Sobre Marx y marxismo, op.. cit, pp. 141-142. En el fichero “Dialéctica” de RUB-FMSL, pueden verse anotaciones de lectura en torno a Lenin como filósofo. Entre ellas, las siguientes:
1. “El marxismo supera la religión con explicarla” (p. 45). MSL: Je.
2. “La condensación de una multitud de fenómenos en una fórmula breve, en la ley natural, es puesta por Mach como principio de la investigación con el rótulo de “economía del pensamiento”. Se podría pensar que esa reconducción de la teoría abstracta a la práctica del trabajo (científico) tendría que simpática precisamente a un marxista. Pero Lenin no ha entendido nada de ello...” (p. 93).
MSL: Yo también creo que Lenin no lo ha entendido, pero pienso además que no hay motivo para entusiasmarse con la idea de la economía del pensamiento como tesis sobre lo que es la ciencia. Es más programática que descriptiva (v. Bunge).
3. Corrige a Lenin de modo completamente injusto y con la misma sabihondería que reprocha a Lenin, pues éste no ha pensado nunca en reducir a los átomos la noción de ‘materia’, contra lo que dice P., en las páginas 99-100.
(10) En el fichero “Marxología” de RUB-FMSL, pueden consultarse anotaciones sobre Trotski y el trotskismo como las siguientes
“1. “La oposición de izquierda se propone como fin decir lo que hay” (“A la redacción de la revista Comunismo”, Comunismo 1, marzo de 1931). MSL: Es el comienzo más fundado y natural de la disidencia en un partido revolucionario. Melancólica comprobación.
2. “Sí, el fascismo avanza ahora en el mundo entero a paso de gigante ¿Pero donde está su fuerza? En la desorientación de las organizaciones obreras, en el pánico de la burocracia obrera, en la perfidia de sus dirigentes...” (Manifiesto de los comunistas al proletariado mundial. Por la IV Internacional. Comunismo, 1936). MSL: La subestimación de la causa del fascismo es aquí tan demagógica que parece provocación, en particular si se tiene en cuenta la estimación acertada del avance del fascismo.
3. “Si la organización de la III Internacional fue imposible sin antes depurar la doctrina de Marx del revisionismo, ahora la creación de partidos revolucionarios proletarios es inconcebible sin una depuración de los principios y los métodos del comunismo de las falsificaciones del centrismo burocrático” (Declaración de la Oposición Comunista de Izquierda Internacional. Comunismo, 28, 1933). MSL: La primera lectura es de risa: ¿qué revisión del marxismo habrá cometido Marx? Lo primero, naturalmente, es eliminar esta supraescolástica idealista que supone la existencia de una teoría en sí y eterna. Pero hay buen instinto: habla de las “incrustaciones positivistas” de las que habla Gramsci, del economicismo y del fatalismo: del reformismo, de la falta de alteridad suficiente. Hay algo inmutable: lo que no es ciencia. Claro que puede ser imperativos muy formales.”
(11) En RUB-FMSL, pueden verse anotaciones de lectura sobre B. Giuseppe Boffa e Gilles Martinet, Dialogo sullo stalinismo, Bari, 1976. Entre ellas, la siguiente: “1. B(offa): “Creo que en el desarrollo de la Rusia postrevolucionaria el “socialismo en un solo país” es el momento en el cual la componente nacional se impone a las demás, influyendo incluso en sentido reductivo en la significación misma de la palabra “socialismo”, que a partir de ese momento será usada en la práctica para indicar más bien la creación de algunos de los presupuestos del socialismo -la industria moderna, el progreso económico, la difusión de la instrucción- en vez del socialismo, tal como lo había concebido los pensadores marxistas” (p. 41). MSL: Quizás la mejor observación del libro”.
(12) En “Sobre el marxismo ortodoxo de György Lukács” (Sobre Marx y marxismo, op.. cit, p. 244), Sacristán comentaba: “En Lukács, como en cualquier comunista inteligente, crítica del stalinismo es autocrítica, porque no es sensato creerse insolidario de treinta años del propio pasado político, aunque uno tenga sólo veinte.”
(13) No fue recogida la siguiente pregunta y se interrumpió al poco la respuesta de Sacristán que se iniciaba del siguiente modo: “Que yo sepa, el primero que ha tenido la sospecha que se iba a plantear este problema ha sido Trotski. No es que yo sea suficiente conocedor del problema, ni mucho menos, pero me veo obligado a contestar. Lo bueno sería que alguien que fuera más conocedor del asunto lo hiciera. Yo digo lo que sé, que no es mucho, ni sobre todo es nada clarificador. Al final de su vida, Trotski parece haber admitido que si se producía la II Guerra Mundial, que él la estaba viendo venir...”
(14) En RUB-FMSL, puede verse un esquema no fechado que lleva por título “Proyecto de programa sobre el punto 7 de los discutidos. La posibilidad de cambio revolucionario en las presentes sociedades capitalistas avanzadas (= partícipes activas, en mayor o menor grado del capitalismo monopolista de Estado, o imperialismo)”. Probablemente fuera una reflexión sobre un punto -el 7º- del programa del PSUC de finales de los setenta. El punto 5º del esquema seguía el desarrollo siguiente: “5) Hipótesis conclusivas. 5.1. Acrecentada importancia de elementos revolucionario-culturales en la formación de la clase revolucionaria y su consciencia (clase o bloque revolucionario “en y para sí”). 5.2. Diferencias de la situación respecto de las sociedades capitalistas más atrasadas y de las sociedades colonizadas o de historia no-europea. 5.3. Perspectivas de las sociedades en que ha sido abolida la propiedad privada tradicional de la mayor parte de los medios de producción (los llamados “países socialistas”).”