Nicolás Maduro Guerra, hijo del presidente encarcelado en Nueva York, asegura, en un intento de reclamar la paternidad de los acontecimientos, que la “apertura petrolera” anunciada por Delcy Rodríguez ya estaba en los planes de su padre. Maduro hijo ha reclamado que el giro de la política internacional en que se ha empeñado el “chavismo residual” debía llegar hasta la “reapertura de relaciones diplomáticas con Israel” (La Nación 19.1). La reivindicación del estado sionista, autor del genocidio palestino, que no ha cesado, es la manifestación más grotesca del alcance de la dependencia colonial que han decidido garantizar las autoridades venezolanas bajo la tutela de Trump.
Petróleo y confiscación nacional
El bloqueo naval y electrónico podría justificar el acatamiento de las órdenes del imperialismo, bajo coacción, pero de ninguna manera la colaboración política sin restricciones. Trump ha confirmado el anuncio de Delcy Rodríguez que Venezuela ha recibido 300 millones de dólares por los fondos de la primera tanda de exportaciones petroleras a los Estados Unidos. Pero Trump cifró públicamente esos despachos en 500 millones; o sea que el 40% de la recaudación ha quedado en manos de Trump, en un fondo destinado a satisfacer los reclamos de los acreedores internacionales de Venezuela. Trump se ha valido del asedio militar contra la República Bolivariana para vaciar los tanques de almacenamiento del crudo que no se podía vender por el bloqueo, para permitir de ese modo una reanudación de la producción. La “mordida” del 40% de los ingresos petroleros confirma la aseveración de Trump de que “nos llenaremos de dinero” (los Estados Unidos) con el petróleo venezolano.
Las exportaciones de estos días son de las empresas que venían operando en Venezuela, en asociación con la estatal PDVSA. Es el caso de la americana Chevron. Otras, como ExxonMobil, reclaman un “nuevo marco jurídico” – precisamente, el que acaba de poner en marcha el parlamento venezolano bajo el impulso de los hermanos Rodríguez, aprobando en primera instancia una reforma de La ley de Hidrocarburos-. La reforma elimina la participación mayoritaria de PDVSA en los consorcios con las compañías extranjeras; reduce las regalías a la mitad -del 33 al 15%- y abre la puerta para “arbitrajes independientes” en la resolución de eventuales conflictos, o sea, tribunales extranjeros. El parlamento discute también otorgar la “libre disponibilidad” de las divisas de exportación, es decir, su transferencia a cuentas en el exterior. Pero esta medida deberá pasar por el filtro, no de los ‘residuales´ , sino del propio Trump, que se arrogó la potestad sobre el destino de los ingresos de las exportaciones venezolanas.
El texto de la reforma petrolera está calcado de las propuestas que la derechista María Corina Machado llevó al Foro de la Energía de Houston en marzo pasado. Los seguidores de Machado han expresado su malestar por el ‘secuestro’ , por parte de Delcy Rodríguez, del programa petrolero de la ganadora del premio Nobel. Esta piratería programática confirma a Trump en su decisión de apoyar al gobierno que tiene los ‘fierros’ y no al que ha conseguido los votos hace dos años.
Los ‘nac & pop’, con Delcy Rodríguez
La cooperación estratégica del gobierno de los Rodríguez y Cabello con Donald Trump ha sido bendecida por el nacionalismo continental. La ex diputada del gobierno de De la Rúa-Cavallo, ex embajadora del kirchnerismo en Venezuela y abierta defensora del chavismo, Alicia Castro, calificó a la política de los Rodríguez y Cabello como “una brillante estrategia para mantener la institucionalidad en medio de estas dificultades tremendas e inéditas” (Perfil, 23.1). Según Castro, el chavismo se anotó “un logro” porque “Estados Unidos no logró el cambio de régimen”. El gobierno de Venezuela sigue funcionando” (id.). Pero el gobierno chavista continúa funcionando como poder subrogado de Trump, es decir, como agencia local del Protectorado ‘de facto’. La temperamental ex secretaria general de Aeronavegantes no se dio cuenta todavía que Venezuela se ha convertido en un ‘leading case’, que Trump quiere imponer al resto del mundo: Gaza, Irán e incluso Dinamarca y la Unión Europea, en lo referente a Groenlandia. El movimiento MAGA se opone a “poner soldados norteamericanos en el terreno”, de ahí que haya elegido gobernar por medio de vicarios. La derrota del régimen de vicecónsules ‘nacionales y populares’ significaría el derrumbe del ‘trumpismo’ y del imperialismo en su conjunto
La posición de Alicia Castro -presentar a los chavistas “haciendo lo que pueden”- es un salvoconducto. La libre disponibilidad de divisas que hoy discute el parlamento venezolano se la dieron Cristina y Kicillof a Chevron en 2012, por Vaca Muerta. Los gobernadores peronistas, que encabezaron las listas electorales de octubre pasado con el aval de Cristina Kirchner, colaboran con el cadete local de Trump para perpetrar la liquidación de los derechos laborales. La cooperación del chavismo residual con Trump es un episodio culminante del nacionalismo continental en descomposición. La conversión de Venezuela en un protectorado ‘de facto’ es mucho más que un cambio de régimen, entendido hasta ahora como cambio del personal político gobernante. Comporta la tentativa de una reorganización completa de la sociedad, que suplantaría a “los estados fallidos” (dixit Scott Bessent) por protectorados.
Venezuela, un “modelo”
La consumación de un Protectorado de facto en Venezuela, con un gobierno subrogante, es lo que planea en todo el mundo ante cualquier amenaza de Trump. Lo ha señalado la prensa internacional y se ha discutido a calzón suelto en la cumbre oligárquica de Davos. La llamada doctrina “Donroe” lo plantea para toda América Latina e incluso en el hemisferio norte – Canadá, como 51º estado de la Unión Americana. El servilismo del nacionalismo burgués latinoamericano ha llegado al extremo de que evita condenar el atropello de Trump contra Venezuela y se niega a movilizarse, para no ‘interferir’ en las maniobras y depuraciones del chavismo residual con el aspirante a fascista Donald Trump. Cuando el primer ministro de Canadá, Mark Carney, se refirió al ‘punto de inflexión’ de la situación histórica mundial, tenía presente al destino de su país, por supuesto, a partir de lo ocurrido en Venezuela.
Venezuela es descripta como un “modelo” de la ofensiva trumpista a escala global. Los protectorados ‘de facto’ representan un control económico y político (paraestatal) del imperialismo, donde un gobierno títere y sus fuerzas armadas se hacen cargo de la administración formal del Estado. Es una de las variantes que se discuten en estas horas para Groenlandia - un estado formalmente “autónomo”, que opere como agencia del gobierno norteamericano-. Los estados imperialistas de la UE le habían admitido a Trump avanzar con la militarización de Groenlandia mientras se mantuviera el actual status político. Pero en ese caso, Dinamarca y la UE se convertirían en las “Delcy” del Ártico. La tentativa de Trump de anexar Groenlandia había sido recibida, por parte de la UE, con una orquestada crisis contra la deuda pública norteamericana y el dólar; o sea como un acto de guerra. En cuanto a Irán, el departamento de Estado y la CIA estarían, de acuerdo al Financial Times (23.1) negociando un golpe de estado de parte de la Guardia Revolucionaria, en un ‘replay’ de lo ocurrido en Egipto, cuando el alto mando del actual presidente, Al Sissi, derrocó al gobierno clerical de la Hermandad Musulmana, electo por medio del sufragio universal. En el caso de Europa, es conocido el apoyo de Trump a la ultraderecha, con el concurso de la ultraderecha sionista, que acaba de reunir una conferencia fascistoide en Jerusalén – ¡para combatir el antisemitismo!
En definitiva, el asalto a Venezuela, con la cooperación del nacionalismo burgués continental, tiene un alcance histórico mundial.
Marcelo Ramal
23/01/2026

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