martes, enero 02, 2018

La Rusia soviética según George Orwell



Algunos de los historiadores que soportan mal el enorme prestigio de una obra como “Homenaje a Cataluña”, llegaron a escribir que este había sido sobrestimado gracias a la “guerra fría”, sin embargo, décadas después del final de esta, esta y otras obras de Orwell, lejos de caer en el olvido como ciertamente ha sucedido con otros autores, han sido revalorizadas y reinterpetradas. Una de las claves de su pensamiento fue la historia de la revolución rusa, tema de fondo de algunas de sus obras más celebradas.

En 1943, cuando el fin de la guerra parecía ya decidido, y Orwell perdía poco a poco sus ilusiones revolucionarias ligadas a la contienda, regresó a su añorado terreno de la novela y comenzó a escribir con rapidez y agilidad el primer libro del que se sintió plenamente satisfecho, “Animal Farm” (Rebelión en la granja). Con él consiguió tres años más tarde, la celebridad y la fortuna. Sin embargo, el libro no fue (ni mucho menos) bien recibido al principio y de ello era consciente Orwell ya desde su incubación como demostró en estas líneas escritas al profesor Gleb Struve: “Estoy escribiendo un librito que espero le divertirá cuando aparezca, aunque me temo no va a tener el visto bueno político y por ello no estoy seguro de que alguien se atreva a publicarlo. Tal vez por lo que le digo adivine usted el tema…” 1/.
Por aquel entonces las democracias occidentales se encontraban en plena luna de miel junto al régimen estalinista, con el beneplácito de una izquierda que se veía legitimada desde la burguesía y desde el «comunismo» oficial. Era el momento en que se iniciaba la política de pactos históricos para el reparto del mundo y nadie por lo tanto, fuera desde la derecha o desde la izquierda, se mostraba dispuesto a enturbiar el consenso con un libro que… aunque fuera una obra maestra, consideraban excesivo e injusto para un aliado tan sensible ante una sátira y ante el fantasma, quizá leve, del trotskIsmo.
Antes de aparecer por primera vez en Secker & Warburg, en agosto de 1945, el libro había sido rechazado por cuatro editoriales importantes. Estas negativas desesperaron particularmente a Orwell por todo lo que significaba para él y para las libertades. Durante un tiempo estuvo tentado de darle el original a un editor “trotskista” conocido por su integridad y audacia, pero quería que su libro tuviera la mayor difusión posible y no quiso aparecer como afín a la ideología del editor. También pensó en editarlo él mismo, “estaba dispuesto a pagar la impresión utilizando el cupo de papel que se le adjudicaba a la Whitman Press”. Destinado a esta edición frustrada escribió un prólogo titulado La libertad de prensa que luego fue olvidado en las diferentes ediciones que hicieron de este libro una obra famosa; en este prólogo se reflejaba detalladamente la posición crítica y desafiante de Orwell.
La primera puerta que se le cerró fue la de Victor Gollanz, que había publicado algunos de sus títulos anteriores y al que le ligaba un contrato preferencial. Gollanz se había declarado dentro del laborismo como abiertamente prosoviético –salvó durante un breve paréntesis de tiempo relacionado con el pacto entre Hitler y Stalin, y ya había rechazado en otra ocasión Homenaje a Cataluña. Orwell desconfiaba de su interés, por lo cual le advirtió en una nota: “Debo decirle que el texto es, creo yo, inaceptable políticamente desde su punto de vista (es anti-Stalin)”. Gollanz protestó por la actitud de Orwell, ya que según parece su prosovietismo resultaba suspecto para sus amigos comunistas, pero el hecho fue que no se atrevió a publicar el libro. Un segundo editor, de adscripción liberal, se echó atrás ante la observación «de un importante funcionario del Ministerio de Información“ 2/.
Ante esta respuesta Orwell se indignó particularmente tanto por el hecho de que un departamento ministerial tuviera atribuciones para censurar un libro como por la cobardía que se daba entre los editores, cobardía que le parecía exactamente igual a la que existía entre algunos periodistas que se mostraban incapaces de decir la verdad en contra de las fuentes oficiosas. 3/ George vio en ello una nueva demostración del “servilismo con el que la mayor parte de la intelligentzia británica se ha tragado y repetido los tópicos de la propaganda rusa“, Como ilustración de lo que pensaba escribió algunos ejemplos como los que siguen: “La BBC «celebró el XXV aniversario de la creación del Ejército Rojo sin citar para nada a Trotsky, lo cual fue algo así como conmemorar la batalla de Trafalgar sin citar a Nelson“; en relación a la última obra de Trotsky, una biografía de Stalin que estaba imprimiéndose poco antes de la guerra y que fue inmediatamente retirada, Orwell comentó “que no hubo .ni una sola palabra en la prensa británica, aunque la misma existencia del libro y su supresión eran hechos dignos de ser noticia“; 4/ otro caso fue el de la edición de la obra cumbre de John Reed, “Diez días que conmovieron al mundo“ y cuyos derechos había regalado al Partido Comunista británico, que más tarde “destruyó gran parte de la edición original, publicando después una versión amañada en la que se omitió las menciones a Trotsky, así como la introducción escrita por el propio Lenin. Si hubiera existido una auténtica intelectualidad liberal en Gran Bretaña, este acto de piratería hubiera sido expuesto y denunciado en todos los periódicos“. 5/
Recordó cómo la izquierda que siempre había estado en contra de la pena capital, apoyó los «procesos de Moscú», y cómo durante la guerra civil española se esgrimieron los argumentos más falsos para justificar la represión de la izquierda revolucionaria, Él, por el contrario, no había dudado nunca a la hora de defender la libertad de expresión, y citó como ejemplo lo ocurrido durante una conferencia en el “Left Book Club“, cuando algunos de los presentes discreparon de él por defender el fin de la prohibición del diario del Partido Comunista británico en 1940, el “Daily Worker“; sus adversarios le replicaron rememorando la actitud de este diario durante el período del pacto nazi-soviético, considerándolo por ello «un periódico de dudosa lealtad y por tanto no debía tolerarse su publicación en tiempo de guerra»; Orwell argumentó con furia que sus posiciones debían de combatirse con la razón y no con la censura 6/.
Otro editor que lo rechazó fue su admirado T, S. Eliot –admirado como poeta, porque Orwell nunca pudo transigir con un hombre que se sintió hasta cierto punto identificado con el franquismo y que llegó a apreciar a Salazar–, que en aquel momento coincidía curiosamente con el clima prosoviético existente en el país. La opinión de Eliot sobre la obra era bastante notable, reconocía que Orwell había logrado una «obra literaria perfecta», algo digno de Swift, pero no recomendaba la edición de un libro que fuera contra la corriente del momento. Para Eliot el compromiso editorial implicaba: “…(La adhesión) a las tesis del autor, tanto en lo que reclama como en lo que rechaza; y el punto positivo, que interpreto como «trotskista», no resulta convincente. Pienso que usted -Orwell- correrá el riesgo sin obtener en contrapartida el apoyo firme de algunos partidos–esos que critican a la URSS en nombre del comunismo puro yesos que, por el contrario, se preocupan por el porvenir de las pequeñas naciones–. y después de todo, sus cerdos son bastante más inteligentes que los otros animales, y, en consecuencia, están más cualificados para dirigir la granja –de hecho no habría Rebelión en la granja sin ellos–; lo que no necesariamente tiene por qué aplicarse al comunismo sino a unos cerdos dotados de un mejor espíritu público 7/.
Incluso su amigo, el laborista de izquierdas Aneurin Bevan, aunque no tuvo nada que ver con sus dificultades editoriales, expresó también su temor por las repercusiones políticas que podía tener su edición. Ésta fue la opinión generalizada de sus amigos políticos, entre los cuales ninguna voz significativa se alzó en su defensa. Curiosamente apenas ninguno de ellos dejó luego de respaldar la fobia anticomunista.
Como es sabido, “Rebelión en la granja“ es una fábula que protagonizan los animales de una hacienda, explotados de la misma manera que lo son los trabajadores. En ningún momento de la obra hay la menor concesión a los “hombres“, representantes de la burguesía. Este aspecto, que ha escapado a los que sólo ven en el libro una sátira “anticomunista“ (identificando el comunismo con su negación estaliniana), queda bastante explícito: los “hombres“ son brutales y despiadados, mienten descaradamente cuando omiten todos los avances colectivos de la Granja Animal atribuyéndole una situación anárquica y ruinosa, así como prácticas de antropofagia, etc.
Al final, los “hombres“ se avienen a una coalición con el dictador y reconocen la capacidad de éste para oprimir a los suyos de la misma forma que ellos lo hacen con sus «clases inferiores“. Al final de la obra Orwell sintetiza magistralmente su visión de la armonía entre unos y otros: “Doce voces estaban gritando enfurecidas, y eran todas iguales. No existía duda de lo que había sucedido a las caras de los cerdos. Los animales de afuera miraron del cerdo al hombre, y del hombre al cerdo, y nuevamente del cerdo al hombre; pero ya era imposible discernir quién era quién.8/.
Son los animales lo que debían comprender esta situación en la que no era difícil encontrar cierta similitud con reuniones como las de Potsdam y Yalta. Antes de la revolución estos animales vivían subyugados y sin ilusiones por nada. Llegaron a someterse a los abusos de los burócratas en gran parte por miedo a que volviera el señor Jones, o sea algo así como el Zar y los burgueses. Todo empezó a cambiar en la granja cuando Mayor, un anciano cerdo, los anima a la rebelión en un discurso en el que les hace tomar conciencia sobre su miserable condición, su falta de libertad, y les explica: “Pero ¿es eso realmente parte del orden de la naturaleza? ¿Es acaso porque esta tierra nuestra es tan pobre que no puede proporcionar una vida decorosa a todos sus habitantes? No, camaradas; mil veces no. El suelo de Inglaterra es fértil, su clima es bueno, es capaz de dar comida en abundancia a una cantidad mucho mayor de animales que la que actualmente la habita. Solamente nuestra granja puede mantener una docena de caballos, veinte vacas, centenares de ovejas; y todos ellos viviendo con la comodidad y dignidad que en estos momentos están casi fuera del alcance de nuestra imaginación. ¿Por qué, entonces, continuamos en esta mísera condición? Porque los seres humanos nos arrebatan casi todo el fruto de nuestro trabajo. Ahí está, camaradas, la solución de todos nuestros problemas. Está todo involucrado en una sola palabra: hombre. El hombre es el único enemigo real que tenemos. Quitad al hombre de la escena y el motivo originario de nuestra hambre será abolido para siempre“ 9/.
Los animales, animados por la arenga de Mayor, deciden insurreccionarse y hacer la revolución. Hay unanimidad entre ellos a excepción de una mula presumida y de un cuervo que representa evidentemente el clero. Éste había sido domesticado por el dueño de la granja y con su capacidad oratoria confundía a los animales. “Pretendía conocer la existencia de un país misterioso llamado Monte Caramelo, al que iban todos los animales cuando morían. “ Casi nadie le creía, pero tenía la virtud de desanimar y de pregonar las ventajas de un retorno de los dueños; naturalmente se pone del Iado de Napoleón y los cerdos que le rodean. Los principios de la revolución estuvieron marcados por la valentía –en la que destacaron Snowball y Napoleón—10/ y el entusiasmo revolucionario. Los primeros logros no tardaron en mostrarse y los animales juraron fidelidad a unos mandamientos que todos debían de respetar y que decían así: “1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo; 2. Todo lo que camina sobre cuatro patas o tenga alas es un amigo; 3. Ningún animal usará ropa; 4. Ningún animal dormirá en una cama; 5. Ningún animal beberá alcohol; 6. Ningún animal matará a otro animal; 7. Todos los animales son iguales”.
La generosidad de esta primera etapa de la revolución fue tal, que hasta las ratas, el animal más odiado por Orwell, fueron aceptadas por la colectividad que pronto descubrió que no era suficiente con derrocar a los opresores. Desde un primer momento, los cerdos se habían mostrado como la vanguardia de la revolución y también como los más aptos en cualquier situación. Fue entre sus dos dirigentes donde surgió la discordia. Todo el mundo consideraba a Snowball como el mejor y el más valiente, hasta que Napoleón, que siempre había mostrado cierta inclinación a oponérsele, le derrotó con un arma que había formado secretamente: una brigada de perros terribles que meneaban la cola delante de su jefe como lo hacían antes con el miserable señor Jones.
Desde aquel momento, todos los principios de la revolución comenzaron a ser distorsionados. Napoleón fue acaparando todo el poder hasta convertirse” en una especie de monarca absoluto que nunca se equivocaba y al que habían de adorar. Cambió la historia y se atribuyó todos los méritos de Snowball y del colectivo animal, y cargó sobre sus hombros todas las medallas y títulos pomposos. Snowball se convirtió en el jefe de la “quinta columna“, en la encarnación del mal, capaz de hacer las peores maldades contra los animales. Los disidentes fueron obligados a confesar crímenes tan horrorosos como descabellados. Las ideas de ser solidarios con otras granjas fueron desechadas, había que construir la Granja Animal a mayor gloria de su Líder Máximo.
De esta manera y ante el estupor de los animales más sencillos que no se encontraban capacitados para cambiar las cosas, Napoleón y sus sicarios fueron invirtiendo el significado de cada uno de los mandamientos de ayer. El jefe indiscutible comenzó separándose el mejor pienso, ya imitación de los odiados opresores, fue usando ropa, bebiendo alcohol, durmiendo en cama, andando erguido como los hombres y afirmando que, sí cuatro patas estaban bien, dos eran mejor. El asesinato de otro animal quedó admitido sí era justificado, o sea, sí servía a sus propósitos. Finalmente, después de menospreciar el exceso de igualitarismo, los animales terminaron siendo todos iguales solo que ahora unos eran más iguales que otros. Los nuevos animales que nacieron olvidaron la Rebelión y a Snowball. La Granja mejoró considerablemente sus bienes, pero esto no enriqueció a los animales, en general, sino a los cerdos y a sus perros.
La obra fue un éxito extraordinario, hasta el punto de afirmarse que “muy posiblemente no hay a habido en los últimos cincuenta años ninguna otra obra en Europa y Estados Unidos que haya influido tanto en las actitudes políticas de la gente de la calle» (Geoffrey Best). Para el mismo Orwell significó un cambio cualitativo en su carrera literaria: “Rebelión en la granja“ fue el primer libro en el que traté de fundir, con plena conciencia de lo que estaba haciendo, el propósito político y el artístico».
Orwell continuaba una rica tradición de literatura sobre animales, consiguiendo con gran maestría ilustrar sus ideas sobre el proceso revolucionario ruso. En su esquema no es difícil distinguir su conocimiento de algunas obras de Trotsky como “La revolución deformada“ y “La revolución traicionada“, 11/ aunque, como suele habitual, él asume los contenidos a su manera. En esta novela se puede encontrar la fuerza intuitiva y crítica del autor y, cómo no, algunas de sus debilidades políticas. En líneas generales la trama se atiene parcialmente a lo que fue en realidad el proceso de degeneración de la revolución rusa. Orwell describe con un extraordinario ingenio el irresistible ascenso de lo que Trotsky llamó el “Termidor soviético“, y es indudablemente más fiel a la historia que todas las versiones estalinistas que no soportan la menor constatación de la verdad. 12/.
La visión de Orwell fue la de un artista que trató, como pedía Trotsky ya en 1922: de satirizar un período histórico fundamental para la humanidad y cuya complejidad difícilmente podía abarcar en una obra de estas características. Sería quizás exigir demasiado a un autor tan personal como Eric Blair.
Con todo, y frente a los múltiples intentos de descalificar la revolución que se han dado en torno a la obra, hay que subrayar que nadie puede hacer un juicio sumario sobre la Rusia soviética con lo escrito por Orwell. Éste ofreció una versión llena de sugerencias e ironía, una sátira cruel contra el grupo dirigente. Pero obviamente, no realizó una obra científica que diese una versión seria del carácter de la revolución rusa –que se justificó por ser el primer acto de la revolución mundial–, sobre el drama que conllevó su aislamiento, y los desastres que tuvo que pasar a causa de una guerra civil que destrozó todas sus infraestructuras materiales y desmanteló en gran medida a la fracción más avanzada de la clase obrera y del partido. Napoleón-Stalin aparece así como el producto de la sed de poder y no como lo que fue. Tampoco queda demasiado claro el hecho de que a pesar de todos los pesares, algunas de las conquistas fundamentales de la revolución se mantuvieron.
Ulteriormente, diversos exegetas de Orwell –como el crítico literario liberal y antiguo “trotsko”, Lionel Trilling–no han dudado en cuestionar y considerar como abusiva la utilización de los cerdos para representar a una élite dirigente que había sido la vanguardia de la revolución. Desde luego, no fue la intención de Orwell descalificar a los revolucionarios, pero la imagen establece una contradicción, ya que la misma raza que patrocinó la revolución, es la que luego la traiciona. Teniendo en cuenta que la intención declarada por Orwell era dar su versión crítica de una revolución marxista traicionada y recuperar el nombre del socialismo rescatándolo de donde lo había hundido la burocracia, la imagen dual de los cerdos resulta, como hizo notar Eliot, contradictoria, ya que funciona a la perfección en la segunda parte, cuando va revelando el verdadero carácter de algunos “revolucionarios“, pero no ocurre lo mismo en la primera donde los cerdos son los mejores.
El contrapunto que ofreció Orwell entre la etapa utópico-revolucionaria y su degeneración subsiguiente, resultó bastante convincente con la excepción de esa imagen dual que ofrecen los cerdos de la obra. Difícilmente se puede mantener que la raza de los bolcheviques estaba predestinada a la traición, ya que Orwell no ignoraba que la casi totalidad de los compañeros de Lenin fueron sacrificados por Stalin en aras del acuerdo entre el imperialismo “democrático“ y la URSS. El giro copernicano radicó, en su opinión, en la sed de poder de unos dirigentes y no se planteó demasiado los denominados factores objetivos. De ahí que, desde el punto de vista histórico, se le pudieran hacer a Orwell diversas objeciones, aunque nadie puede pretender que sus valores literarios dependan exclusivamente de éstas. No obstante, no se puede olvidar que este esquema que reduce conflictos sociales de gran complejidad y amplitud a la cuestión del poder, el poder y el poder, merece ser advertido porque explica obras como “Rebelión en la granja“ y “1984“, y porque resulta ser el «talón de Aquiles» de ambas. Orwell carecía de la preparación y la perspectiva, intensamente contradictoria, de un Trotsky, un Isaac Deutscher o un E.H. Carr. Esto no sería grave sí sus dos últimos libros no hubieran sido manipulados, algo de lo que Orwell fue lejanamente responsable.
Naturalmente, antes del informe de Kruschev, difícilmente se podía esperar una actitud mínimamente abierta por parte de los partidos comunistas ante una obra como ésta: se trataba de un panfleto destinado a enturbiar las relaciones anglo-soviéticas, o cosas peores. Tampoco la derecha cultural fue mucho más seria. En particular en Estados Unidos –donde el libro obtuvo un gran éxito–, florecieron las opiniones de que se trataba de una fábula que demostraba que el socialismo podía ser muy bonito en teoría pero que era imposible en la práctica, ya que la revolución siempre terminaba devorando a sus hijos, etcétera, y se olvidaba que al fin y al cabo Estados Unidos había nacido de un parto revolucionario, lo mismo que la Inglaterra moderna. Ningunos llegaron a afirmar que el libro había sido escrito contra los laboristas y para ayudar a los conservadores en las próximas elecciones generales.
Este tipo de interpretaciones se consideraron muy raramente en Inglaterra, donde los críticos se mostraron obviamente mucho más rigurosos. La mayoría de ellos conocían la trayectoria socialista de Orwell y enfocaron sus análisis desde el esquema más correcto de la “revolución traicionada“. Pero los intentos de darle una interpretación reaccionaria no faltaron. Un crítico conservador, Robert Aickman, un poco más honesto con sus premisas antirrevolucionarias, entendió que la idea de la «revolución traicionada» no era consistente, porque, desde su punto d, vista, Orwell no había comprendido que «la propiedad privada es la condición esencial de la libertad individual; que la libertad individual es la condición esencial de toda otra forma de libertad; que la tentativa de vivir solamente de pan es el medio más rápido de encontrarse sin pan; que los expropiadores son expropiados; que la contrarrevolución comienza en el interior de la revolución…13/.
Entre sus críticos quizás valga anotar que su amigo el destacado novelista Ciryl Connolly, que conocía la afinidad de Orwell con Jonatham Swift, insistió –como la mayoría de los comentaristas– en la comparación con éste tanto por su sensibilidad y penetración como por la economía de palabras. Más adelante, Connolly desarrolló una apreciación también bastante antirrevolucionaria diciendo que, en definitiva, “toda revolución es traicionada, ya que la violencia necesaria para su realización puede implicar una admiración por esta violencia lo que facilita el abuso del poder“.
Otros amigos suyos le felicitaron; para Arthur Koestler la obra mostraba que no se podía ser antifascista sin ser al mismo tiempo antitotalitario; Herbert Read le hacía saber el entusiasmo que había levantado en su hijo de siete años y medio, y finalmente, el marxista William Empson le escribía: “Se trata de una obra de lo más impresionante, con toda una gama de sentimientos y una gran economía de medios, con un estilo de bella limpidez. Lo he leído con sumo interés. y no obstante, pensándolo de nuevo y, sobre todo, discutiéndola con la gente, se comprende que el peligro de ese género de perfección es que logra tener un significado diferente según el lector. Nuestro Mr. Julián (su hijo), el niño tory, dice que le ha gustado mucho y que se trata de una buena propaganda tory… Ya sé que tu opinión es clara, los animales deberían de haber compartido el poder en la granja. Pero el resultado es que este corral, con sus diferencias raciales insuperables parece referirse a una escena soviética que tiene diferencias sociales también insuperables –de esta manera la metáfora deja entender que la revolución rusa fue siempre una tentativa patética e imposible–. Cierto es que en la historia los cerdos llegan a ser hombres, pero nada indica que los demás animales no puedan llegar a serlo, también. Con esto no quiero decir que exista un – error en la alegoría…Pero creo necesario advertirte ( sin dejar de darte las gracias) que tendrás que esperar ser profundamente «incomprendido» con este libro; éste es un hecho que por sí mismo significa que el autor dice más de lo que quiere con una obra que no está suficientemente acabada. 14/
Las contradicciones de la Granja Animal exigían unos grados de matización, de sutileza y de rigor de los que carece. El mundo de la “revolución traicionada“ no es tan claro como él que denunció Swift, con el cual puede ser comparado… pero siempre como un discípulo aventajado, nunca como el maestro que fue el autor de Los viajes de Gulliver, una obra que, por cierto, siempre tuvo Orwell al alcance de la mano para leerla y estudiarla.
A la luz de lo que ha ocurrido posteriormente, la debilidad teórica del socialismo de Orwell creo que es manifiesta. Como he dicho, siempre se mostró reacio ante el marxismo y es evidente que la filosofía del materialismo dialéctico le pareció demasiado obtusa. Su racionalismo no le impidió caer en una metafísica del antipoder con la que no era posible comprender una realidad como la soviética en la que concurrían tantos factores. Le obsesionó el hecho de que en nombre del socialismo se pudieran hacer cosas tan aberrantes como las “purgas“ estalinianas y se estableciera un orden jerárquico basado en una obediencia ciega, que llegaba no sólo hasta los militantes comunistas sino hasta la intelligentzia liberal que también traicionaba sus principios de defensa de la libertad y de la crítica independiente. Vio la realidad a través de un tubo unilateral y pudo así ofrecer una visión subyugante de uno de los aspectos más determinantes del estalinismo, pero se le escapó lo que estaba fuera de ese tubo. Fue esta unilateralidad la que dio pie a que tanto Rebelión en la granja como 1984 fueran unas obras «incomprendidas» y utilizadas contra el ideal que le era más caro, el socialismo.
En cuanto a “1984“, esta fue bosquejada por Orwell mucho antes que “Rebelión en la granja“, pero necesitó de una mayor maduración. Entre ambas existe, por varios motivos, una estrecha relación y en gran medida se complementan, aunque el estilo literario entre una y otra sea divergente.

Pepe Gutiérrez – Álvarez

Notas

1/. Citado por Bernard Crick en el prólogo a la edición de Rebelión en la granja y 1984, Barcelona, Mundo Actual, 1981, p. 13.
2/. “La libertad de prensa», texto incluido en A mi manera, p. 18.
3/. Su opinión sobre los periodistas era radical. En su columna “A mi manera”, en el “Tribune“, escribió lo siguiente al comprobar la indiferencia de la prensa ante la batalla de Varsovia (en la que las tropas soviéticas permanecieron pasivas ante la aniquilación de la resistencia polaca): “Ante todo, un aviso a los periodistas ingleses de izquierdas ya los intelectuales en general: recuerden que la deshonestidad y la cobardía siempre se pagan. No vayan a creerse que por años y años pueden estar haciendo de serviles propagandistas del régimen soviético o de otro cualquiera y después volver repentinamente a la honestidad intelectual. Eso es prostitución y nada más que prostitución“.
4/. Este libro no fue publicado hasta finales de los años cuarenta, en plena “guerra fría”. Como Trotsky lo dejó inconcluso, la editorial Harper encargó a un tal Charles Malamud que llenara los vacíos de Trotsky con comentarios anticomunistas. La viuda de Trotsky lo desautorizó. Ahora se ha publicado una edición revisada que rectifica todas los desafueros de Malamud.
5/ Después del XX Congreso del PCUS se publicó una versión completa de este libro en la URSS, donde había permanecido prohibido durante la era de Stalin. Gran Parte de su contenido es rebatido por notas que explican cómo Trotsky, Zinóviev, etc., fueron siempre unos antileninistas declarados.
6/. Al comentar este hecho, Orwell dijo que los autores habían aprendido de los comunistas. Esto resulta bastante injusto, la intolerancia estalinista es una extraña versión de la intransigencia religiosa o burguesa que le antecedieron y le acompañaron en el tiempo.
7/. Bernard Crick: “George Orwell. Une vie”, Balland, París, 1982, . p. 397.
8/. Rebelión en la granja, Barcelona, Planeta, 1973, p. 188.
9/. Id., p. 13.
10/. Cuando Orwell se enteró que Stalin había permanecido firme durante la invasión nazi, rectificó la actuación de Napoleón haciéndole aparecer como un valiente.
11/. Editadas en España por Júcar y Fontamara respectivamente.
12/. En el transcurso del período estalinista, la historia de la revolución fue cambiando hasta que Stalin asumió la mayor parte de los hechos que en realidad habían protagonizado los principales dirigentes bolcheviques; en la versión postestalinista estos hechos se atribuyeron a un anónimo Comité Central Leninista. Ver, Ernest Mandel. “Treinta preguntas y treinta respuestas sobre la historia del PCUS”, en la recopilación “Sobre la historia del movimiento obrero“, Barcelona, Fontamara,1980.
13/. Bernard Crick, o.c..,p.425.
14/. Bernard Crick, o.c.,p.426

Elecciones en Cataluña: nueva fase de la crisis política en España



El resultado de las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña ha significado una derrota política para el gobierno Rajoy. Ha sido desalojado de Cataluña tanto por el voto mayoritario para el nacionalismo catalán, como por el voto al nacionalista español, Ciudadanos, que redujo al PP de Rajoy a un 3% de la votación. El gobierno central permanece en Cataluña en virtud de una intervención violatoria de la autonomía catalana y de la prisión de los jefes políticos del catalanismo. El artículo 155 de la Constitución, que autoriza esa intervención, fue dictada en 1978 por el franquismo. Rajoy ha instalado miles de guardias civiles e incluso naves militares frente a Barcelona. Naufragó la expectativa de la coalición española PP-PSOE-Ciudadanos, de obtener una victoria del centralismo monárquico. En una votación fue record (82% padrón), las fuerzas republicanas independentistas sumaron 70 diputados contra 65 de las que tributan, de uno u otro modo, a la estatalidad monárquica.
Aunque Ciudadanos, un nuevo partido de derecha surgido de la crisis y las corruptelas enormes del PP de Rajoy, salió primero en el recuento individual, sus socios monárquicos – el partido socialista y el PP, fracasaron en forma estrepitosa. También cayó el centroizquierdista Podemos y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. El desastre de Rajoy, el gran armador del golpe monárquico, y del socialismo, abre una crisis severa en el Estado y dentro de la derecha.
Del lado republicano, se colocó primero el partido del presidente Puigdemont, que se exilió en Bruselas luego de la disolución del Parlamento catalán. Segunda quedó Esquerra Republicana, que llevó como primer candidato al vicepresidente depuesto, Junqueras, preso en una cárcel de Madrid. Este resultado marca una derrota de la izquierda nacionalista frente a la derecha, cuando se esperaba lo contrario, dada la división enorme que la tentativa independista generó en la burguesía catalana y en la que opera en Cataluña. La CUP, calificada de ‘extrema izquierda’, se desmoronó de 10 a 4 diputados, contrariando las esperanzas de la militancia nacionalista que organizó comités barriales. El nacionalismo catalán necesita los cuatro votos de los diputados de la CUP para formar gobierno. El gobierno de Rajoy ya declaró que vetaría la asunción parlamentaria de los candidatos presos o con órdenes de arresto y que está dispuesto a mantener la intervención del estado central y llamar a nuevas elecciones para junio. Él mismo ya practicó durante largos meses este sistema de gobernar sin mandato, cuando no consiguió la mayoría parlamentaria en el Estado español. La permanencia de este régimen de excepción en Cataluña (gobierno intervenido) revela que a nivel del estado central y del PP no ha habido acuerdo para promover una reforma constitucional, que reclama el resto de la oposición, que establezca mayor autonomía política a las comunidades nacionales.
En su discurso de fin de años, Rajoy sostuvo que “la única sombra que se cierne (en España) es la inestabilidad en Cataluña”. Pavada de ‘sombra’, cuando es el primer estado en importancia económica y desarrollo industrial. España no ha recuperado el PBI anterior a la crisis de 2007, a pesar de las enormes subvenciones estatales y el derrumbe del ingreso de los trabajadores. Los indicadores (nivel salarial, desocupación, precarización laboral, etc.) están muy por debajo de 2007.
Rajoy se ha atrincherado en una posición ultimatista, porque una salida del PP del gobierno llevaría a la mitad de sus dirigentes a la cárcel por corrupción, y pondría fin a esa rémora del franquismo. Una elección constitucional por Cataluña sería seguida por elecciones generales en España. Rajoy se encuentra acorralado en su inmovilismo. Una salida excepcional lo podría ofrecer un acuerdo con la burguesía de Cataluña, ahora que la derecha catalana le arrebató la primera posición a la izquierda. Es lo que seguramente están discutiendo las grandes corporaciones y la Unión Europea. El triunfo del PdeCat sobre sus aliados nacionalistas destruye todas las ilusiones y la demagogia que ha desparramado la izquierda catalana acerca del carácter históricamente progresivo del nacionalismo catalán. Esta izquierda rompió el frente electoral con el partido de la burguesía con la certeza de que los resultados le darían la mayoría, por lo que el revés no podría ser mayor. Un gobierno de Puidgemont o el equivalente a él, será un gobierno de ajuste y guerra de clase contra los trabajadores, y de pacto con el estado central. Un desbarranque similar sufrieron Podemos y la intendenta Colau, los ex indignados que no han sido capaces de plantar batalla por la República para toda España.
Una parte significativa de la clase obrera habría votado a Ciudadanos, porque no está atada al romanticismo nacionalista: viene de otras partes de España y ha sufrido todos los ataques capitalistas de los gobiernos nacionalistas. Es claro que es víctima de una gran confusión política y de la ausencia de una alternativa política propia – Podemos no es más que una camarilla de arribistas universitarios. El voto anti-nacionalista de la clase obrera pone en orsai a los nacionalistas de izquierda como Izquierda Socialista o el MST, que caracterizaron a la crisis catalana como prerrevolucionaria y al nacionalismo como parte del campo progresista de la barricada.
La posibilidad de que la crisis en Cataluña derive en un planteo de reforma constitucional a nivel de todo el estado será una oportunidad para propagandear y agitar por una Asamblea Constituyente libre y soberana, el fin de la monarquía y el establecimiento de la República, el derecho a la autodeterminación nacional, la nacionalización sin pago de toda la banca y de todo el capital rescatado con fondos públicos; por la derogación de todas las contrarreformas laborales y previsionales, el salario mínimo igual al costo de la canasta familiar; la ciudadanía inmediata para los inmigrantes, por un una Federación Socialista de toda España.

Elecciones del 21/12/17 en Cataluña



Independentistas: JxC (34 bancas) +ERC (32 bancas)+CUP (4 bancas): Total 70 bancas
No Independentistas: C’s (37 bancas)+PSC (17 bancas)+En Comú (8 bancas)+PP (3 bancas):Total 65 bancas.
Para formar gobierno se necesita un mínimo de 68 bancas.

Rafael Santos

América Latina: ¿una ola de derecha sin freno?



Tras la victoria de Sebastián Piñera en Chile se suma un nuevo Gobierno de derecha al mapa del continente. ¿Es sinónimo de una nueva hegemonía?

Distintos medios describen al triunfo de Sebastián Piñera en las elecciones presidenciales de Chile como un nuevo paso firme en el avance de la derechización del mapa político del continente. Macri en Argentina, Temer en Brasil, Kuczynski en Perú, Juan Orlando Hernández en Honduras y hasta Lenin Moreno en Ecuador, son el resto de las cabezas de la Hidra que avanza sobre Latinoamérica. Si bien este corrimiento es real, dista de ser homogéneo y a pasos seguros. En estas últimas semanas, distintos hechos muestran las contradicciones y dificultades que atraviesan estos Gobiernos a la hora de querer aplicar una agenda neoliberal de ajustes y contrarreformas.
Terminado el ciclo de hegemonía de los gobiernos pos neoliberales con rasgos populistas y de centro de izquierda, las “nuevas derechas” del continente reafirmaban una supuesta hegemonía y tenían en el gobierno de Ceos de la Argentina la punta de lanza, junto con el golpista Temer en Brasil, para alinearse más abiertamente con Estados Unidos (como se demostró en los ataques a Venezuela) e inclinar más a derecha a distintos organismos como en la OEA y el Mercosur, o dejar en un papel testimonial a otros, como la Unasur (lo mismo se espera de Piñera cuando asuma su cargo).
Yendo unos meses atrás, las elecciones legislativas de finales de octubre en Argentina, tiñeron de amarillo el mapa político con la victoria del macrismo en la mayoría de las provincias. Con esto, cumplieron con el deseo del establishment que exigía revalidar el apoyo por parte de la población a través de las urnas para ir a una etapa más ofensiva y terminar con el “gradualismo” de ajuste. Y a su vez, también lograba reforzar su posición como uno de los principales Gobiernos de carácter neoliberal de Latinoamérica.
Sin embargo, más que una nueva hegemonía, lo que estamos viendo es un ciclo de gobiernos de derecha no asentados. Esto quedó más a la vista, luego del “triunfo” pírrico del Gobierno de Macri con la contrarreforma previsional. La ley impulsada por el Gobierno cuenta con un amplio rechazo de la población, millones fueron testigos del despliegue represivo contra las movilizaciones y creció la imagen de Cambiemos asociada a un “gobierno para los ricos” ya que mientras le roban a los jubilados hasta el momento el principal sector beneficiado con las políticas de Estado es el 0,8 % más rico del poder económico. Si este Gobierno es lo más “asentado” que había en la región, de ahi para abajo, el resto de los Gobiernos que tienen una inestabilidad aún mucho mayor, tienen que enfrentar un panorama mucho más contradictorio que el de una supuesta nueva derecha hegemónica.
En el marco de una crisis económica internacional que atraviesa el principal respiro desde el 2008, pero que aún sigue siendo de crecimiento débil donde lo hay y continúa primando el estancamiento de la economía en general, la economía continental está lejos de recibir una “lluvia de inversiones”. Según el informe publicado este mes por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), se espera que el crecimiento de la región sea de un “moderado 2,2 %” basado principalmente en el aumento de las materias primas y la exportación.
Además, agregan que dicha mejora estará “atada a algunos desafíos y riesgos latentes que pueden afectar la consolidación del crecimiento en el mediano plazo”. Es decir, que dependerá del desarrollo de las políticas proteccionistas de Estados Unidos y Europa, y de que no disparen las tasas de interés desde la reserva federal de los EE.UU.. Los magros resultados que tuvo la Cumbre de la OMC realizada en Argentina, son una muestra de estos “riesgos (muy) latentes”.

Contrarreformas en el cono sur

Lo que sí está en sintonía con el resto del mundo, es el plan de garantizar las ganancias a empresarios y de reducir los gastos del Estado a través de contrarreformas fiscales, previsionales y laborales que afectan directamente a la clase trabajadora. Pero es ahí donde colisionan todas las contradicciones. Lejos de ser la derecha que quisieran ser, siguen presos de continuar con parte de las medidas populistas de gobiernos anteriores para evitar estallidos sociales y maquillar su rostro tan pro empresarial.
Para la agenda de ajuste que quieren llevar adelante, no les alcanza con diluirla con discursos edulcorados ni slogans abstractos, a la hora de ir a lo concreto, se encuentran con una relación de fuerzas entre las clases sociales que se opone a ceder así nomás ante grandes ataques. Los rechazos contra las medidas de ajuste se han expresado en las calles a pesar del rol desmovilizador que juegan las direcciones sindicales y la oposición testimonial de los partidos del régimen como el kirchnerismo en Argentina o el PT en Brasil. Estás últimas semanas, con la importante resistencia popular que se vió en Argentina contra el saqueo a las jubilaciones y pensiones, dan cuenta de esta compleja situación intercontinental.
El Gobierno de Mauricio Macri logró aprobar la contrarreforma previsional en el Congreso Nacional, pero a un costo político muy elevado. Las dos sesiones de urgencia que trataron la ley, las tuvieron que hacer con un inédito despliegue de fuerzas represivas alrededor del Congreso ante un masivo rechazo popular que se manifestó en las calles resistiendo durante horas y que fue duramente reprimido.
Sin embargo, Michel Temer, presidente golpista de Brasil y vanguardia a la hora de aplicar la contrarreforma laboral en el continente, saludó este triunfo de Macri y lo considera como un ejemplo a seguir por el Gobierno brasileño que tiene en su agenda para el mes de febrero de 2018 el mismo ataque contra jubilados.
No será una tarea sencilla, lejos de asentarse un gobierno con fuertes rasgos de derecha, la figura de Temer cuenta con el nivel de aprobación más bajo de la historia brasileña: 3 %. Ante esta crisis de representación política, se espera un año de elecciones polarizadas entre el ultraderechista Jair Bolsonaro y la postulación de Lula. El ex presidente se propone traer la “paz y armonía” al país, quizás su ejemplo es la nula resistencia que ofrecieron las centrales obreras influidas por el PT y su discurso de poner el eje en las urnas en vez de hacerlo a través de la lucha en las calles, lugares de estudio y de trabajo como método para enfrentar realmente a la derecha.
Esto se vio, no solo ante los ataques del Gobierno de Temer sino que la propia Dilma había empezado a aplicar medidas ajuste, luego ante el impeachment primó la negociación con diputados para tratar de evitar la destitución de la ex presidenta y finalmente se adaptó al plan de la burguesía de conjunto que es utilizar a Temer para pasar todo tipo de ajuste posible y evitar que el costo político lo pagué el Gobierno que surja en el 2018.

Elecciones de diciembre: parlamento dividido por un lado, fraude por el otro

Sebastián Piñera, el nuevo presidente electo de Chile, pretendía sumarse con bombos y platillos al nuevo curso de Latinoamérica pero el resultado electoral estuvo lejos del triunfalismo que anticiparon. Piñera ganó tras ir a ballotage en el cual tuvo que moderar su discurso y correrse mas al centro, por ejemplo, dialogando con la exigencia de educación gratuita aunque sea a través de un programa de becas. Las elecciones contaron con un alto porcentaje de abstención y dejaron un parlamento dividido entre tres fuerzas políticas. Entre ellas, la sorpresa emergente de estas elecciones: el Frente Amplio. Con un discurso de ampliar la democracia al estilo Podemos del Estado Español, su votación obtenida es la expresión deformada del proceso de lucha por conquistas sociales abierto en el 2011 que tuvo una enorme demostración en las calles como lo fue la lucha por la educación gratuita y contra el sistema de pensiones privatizado llamado Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP). El resultado final: un Gobierno no muy fuerte que no podrá aplicar un ajuste sin tener que negociar en el parlamento ni sin esperarse un amplio rechazo por parte de la población.
Las contradicciones de la derecha para asentarse en el continente tiene su brutal expresión en Honduras. Sin mucho que envidiarle al golpe de Estado realizado en el 2009 (primer avance de la derecha que luego sería continuado con el golpe en Paraguay), las recientes elecciones presidenciales estuvieron envueltas en un escandaloso fraude y una escalada represiva que, según denunciaron varios organismos, ya lleva al menos 34 personas asesinadas por las fuerzas armadas, más de 1600 detenidos y un número incalculable de heridos.
El Tribunal Supremo Electoral (TSE) anunció al derechista Juan Orlando Hernández del Partido Nacional como ganador oficial de las elecciones, con un 42,9% de los votos por sobre el candidato Salvador Nasralla que obtuvo el 41,4%. Mientras amplias movilizaciones rechazan el fraude electoral, aún en medio de la ola represiva, Nasralla, del Partido Anti Corrupción y ex gerente de Pepsi Cola, apeló a la OEA y al Gobierno de EE.UU. para encontrar apoyo, es decir, en los mismos que orquestaron el golpe ocho años atrás. El resultado no podía ser otro, la administración de Trump dio por válidas las elecciones y reconoció a Hernández como el legítimo presidente del país centroamericano.

Corrupción y favores de clase

Uno de los puntos de apoyo del avance de la derecha ha sido su campaña contra la corrupción. En lo que respecta a negociados ilegales con las obras públicas impulsadas por los Estados, nadie se salva y en más de una ocasión el efecto termina siendo un bumerang. El presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski estuvo cerca de ser destituido por el Congreso a raíz de un pedido de inhabilidad moral por los pagos que recibió de parte de Odebrecht. Destituir a PPK era un arma de doble filo ya que el ala del fujimorismo (Kenji) también esta involucrado en casos de corrupción. Es muy fuerte la “sospecha” sobre que haya habido una acuerdo en la votación a cambio del indulto a Alberto Fujimori en las vísperas navideñas.
Entre estos dos sectores políticos, irrumpieron en las calles movilizaciones de milesen todo el país contra el indulto al ex presidente, Fujimori, quien cumplía condena en prisión por violación a los derechos humanos. Dichas movilizaciones no se hicieron esperar y salieron en la misma noche navideña y siguieron durante el 25. El escándalo de corrupción y este indulto a la oposición que tiene un largo prontuario en la historia peruana, hizo que se vuelva a escuchar en las calles el grito de “que se vayan todos”. Además, PPK sufrió ya la renuncia de tres congresistas, un ministro y otros funcionarios de alto nivel del ejecutivo, y una movilización convocada por la Confederación General de Trabajadores del Perú (CGTP).
Lenin Moreno, presidente ecuatoriano y miembro de Alianza País, tuvo en su momento un triunfo electoral basado en la “continuidad con cambio” que terminó siguiendo la línea que tuvo Dilma en su momento y la que pretendía hacer Scioli en Argentina, que es la de empezar aplicar ellos mismos el ajuste y mostrarse como una opción viable para el conjunto de la burguesía. Moreno, se viene comportando como un “gobierno no asentado de derecha”, llegando al punto tal de abrir una crisis en la propia Alianza País, alrededor de la detención del vicepresidente Jorge Glas, que fue sentenciado por recibir 13 millones de dólares en coimas de parte de Odebrecht.
En Venezuela, la derecha sigue apostando a un “estilo más clásico”, suplantando su debilidad con el apoyo de la injerencia extranjera y que a pesar de haber realizado meses de guerra callejera y caos social, no logra asentarse. El apoyo resignado al Gobierno de Maduro tiene bastante sustento en el rechazo a una oposición que lleva consigo un ADN golpista difícil de ocultar.

¿Una ola de derecha sin freno?

Es innegable el avance de la derecha a lo largo del continente. Pero el análisis no tiene que ser mecánico, adoptando una visión derrotista, dando a los hechos por consumados sin buscar explotar las contradicciones que tiene esta “nueva derecha” a la hora de querer implementar grandes medidas de ajuste que no podrán ser llevadas adelante sin aplicar importantes derrotas al movimiento de masas.
Este panorama de derecha no asentadas, tiene como hilo conductor el hecho de que no cuentan con mayoría en el Parlamento, por lo cual están obligadas a negociar con sectores opositores y que en varias ocasiones utilizan al poder judicial como factor de poder de presión. Lo que muestra que están lejos de Gobernar con consenso social.
Muchas de los que fueron variantes pos neoliberales siguen apostando a la negociación y dando una visión exagerada sobre la fortaleza de la derecha. El escepticismo de los sectores progresistas no es más que la otra cara de la moneda a su rol de dejar pasar los ataques de estos nuevos gobiernos. Muchos de ellos aún dirigen provincias y sindicatos que, más que ser una expresión de resistencia, han sido los propios aplicadores de los ajustes o han garantizado la paz social a través de su pasividad e inacción.
Las recientes jornadas del 14 y 18 de diciembre en Argentina, muestran que la victoria contra la reforma previsional era posible. Las más de 70 mil personas que se movilizaron contra el robo a los jubilados y el cacerolazo de la noche del 18 a pesar de la represión, muestran que hay una voluntad de lucha que puede poner en jaque a un Gobierno que no es hegemónico. En esta jornada fue clave el rol de la izquierda que apostó a desarrollar la movilización y la participación del movimiento obrero.
Fiel a su costumbre, la burocracia sindical llamó a un tímido paro con una hora de anticipación sin ningún tipo de preparación seria al igual que la oposición que apostó a lo parlamentario sin utilizar sus posiciones en los sindicatos ni su acumulación militante e influencia en las calles para torcerle el brazo al Gobierno. De cara a la contrarreforma laboral que se intentará aplicar en los inicios del periodo parlamentario del 2018, se abrirá una nueva prueba de fuego para la oposición, los organismos de masas y la izquierda. La fuerza desplegada el 14 y 18 tendrá su revancha.

Luigi Morris
@LuigiWMorris

Peronismo y kirchnerismo: ¿los senderos se bifurcan?



Un Gobierno que hace mucho ruido para ocultar su crisis. El diseño de una oposición y un peronismo a medida. El decorado kirchnerista y las posibilidades de la izquierda.

El repliegue desordenado del gobierno de Mauricio Macri en este fin de año es indiscutible. Logró dilapidar en veinte días, una parte considerable de los avances que había acumulado con el triunfo electoral de octubre.
Un escasamente difundido informe del Instituto Di Tella sentenció la semana pasada que el Índice de Confianza en el Gobierno cayó bruscamente un 20 % en diciembre. Los tres motores principales de la erosión fueron su actuación ante el asesinato del joven Rafael Nahuel en Bariloche, el pésimo desempeño ante la desaparición del submarino ARA-San Juan y, por supuesto, la desaprobación general y la crisis política generada por el recorte de los futuros haberes jubilatorios y las remuneraciones correspondientes a la Asignación Universal por Hijo.
La repentina puesta en escena de los “cuatro jinetes del Apocalipsis”, apodo acuñado por alguna mala lengua (Marcos Peña, Nicolás Dujovne, Luis Caputo y el domesticado presidente del Banco Central, Federico Sturzenegger) sumó inquietud e incertidumbre a la economía. El giro en el timón, con una minidevaluación de hecho y una confesión del fracaso de las “metas de inflación”, reveló el estancamiento que atraviesa el plan económico.
El reconocimiento de la imposibilidad de contener los precios (pese al planchazo que aplicaron sobre la economía) y el anuncio de los nuevos tarifazos al transporte y a los servicios en los próximos meses, echará leña al fuego de un verano caliente. Deberán pagar más los que recibirán menos ingresos y las paritarias implicarán la apertura de una temprana y dura batalla.
En medio de tanto humo de judicialización de la política que quiere ocultar esa realidad, algunos análisis comienzan a dar cuenta del giro. “Porque, se diga lo que se diga, hubo daño en la base de sustentación de Macri”, disparó un lapidario Ricardo Kirschbaum desde el estado mayor conjunto del periodismo de guerra (Clarín, 24-12).
José Natanson, que venía otorgando –en nuestra humilde opinión– exagerado crédito a la “hegemonía” macrista, escribe en el adelantado número de enero de El Dipló sobre la percepción popular en torno a la magra situación de los jubilados: “El blanco de la crítica es móvil: si hasta mediados de diciembre la responsabilidad recaía fundamentalmente sobre el kirchnerismo, es probable que a partir de ahora se vaya desplazando al macrismo, cuyo ascenso, por otra parte, se explica en buena medida por el apoyo de ese colectivo inorgánico pero numerosísimo que son los adultos mayores”.
El retroceso incierto del Gobierno se confirma por los datos y por los análisis, incluso de aquellos que le brindan un ferviente apoyo o consideraban que poseía una densidad superior.

Peronismo de diseño

Ante esta situación compleja del oficialismo, comienzan a moverse las piezas del tablero de la oposición en general y del peronismo en particular.
El empate catastrófico de la dispersión peronista impuso que un ilustre desconocido como el intendente de Merlo, Gustavo Menéndez (elegido en lista única como presidente del PJ bonaerense) oficie como vocero de los proyectos de reconstrucción del golpeado movimiento.
El empate se produce entre los que tienen los desgatados “fierros” (gobernadores, intendentes y sindicatos) y los que tienen mayor caudal electoral, fundamentalmente Cristina Fernández, que también posee el apoyo de algunos gremios menos gravitantes (se destacan bancarios y docentes) y un bloque considerable de diputados.
Si la inquietante aventura del país atendido por sus CEO sucumbe, no estaría mal tener a mano un peronismo que pueda continuar la obra y efectivizar un control de daños
Desde antes de asumir como presidente del PJ bonaerense, Menéndez viene trabajando para la unidad y “renovación” del peronismo. En una generosa entrevista para el programa Código Político del canal de cable TN, habló de la necesidad de comenzar a dialogar con todos y todas. Con los que se fueron del peronismo, como Sergio Massa o Florencio Randazzo; con la CGT, que debe “volver a ser la columna vertebral” y también con Cristina, que “es la dirigente del peronismo que conserva el mayor nivel de adhesión en la República Argentina”. Aunque, inmediatamente aclaró que “con Cristina no alcanza” y que Unidad Ciudadana y la reconstrucción del peronismo no son antagónicos. Se mostró comprensivo con los gobernadores que vienen de pactar el despojo a los jubilados porque “hay que entender que tienen realidades diferentes”.
Por las mismas horas, trascendió la foto que muestra a Menéndez, al randazzista “Bali” Bucca, el pejotista Diego Bossio y a los intendentes Martín Insaurralde (Lomas de Zamora) y Mariano Cascallares (Almirante Brown) relajadamente reunidos con el ministro del Interior, Rogelio Frigerio y con el jefe de la bancada del PRO en Diputados, Nicolás Massot, uno de los más rabiosos defensores del saqueo a los jubilados.
Es evidente que, con la bendición del santo padre que vive en Roma y el respaldo de ciertos movimientos sociales, la confluencia apuesta a darle impulso a lo que algunos bautizaron como un “peronismo de centro o racional” y lo que la propia Cristina calificó creativamente en su primer discurso en el Senado como “oposición de diseño”.
A las clases dominantes y a los dueños del país no les desagrada la eventualidad de la reconstrucción de un régimen con opciones de ese calibre, si la inquietante aventura del país atendido por sus CEO sucumbe, no estaría mal tener a mano un peronismo que pueda continuar la obra y efectivizar un control de daños.
El pequeño inconveniente que tienen todos estos sueños húmedos de los que habitan la parte de arriba del círculo rojo es la relación de fuerzas.
Como hemos señalado en múltiples ocasiones, el kirchnerismo como corriente de centroizquierda del peronismo que se volvió “hegemónica” durante una década, no podía explicarse sin su función pasivizadora del contencioso país pos-2001. La ayuda de la economía internacional y la recomposición social que la acompañó, configuraron una relación de fuerzas que, sin mediar crisis catastrófica ni derrotas cualitativas, se sigue manifestando. Pese al triunfo “pírrico” legislativo para el atraco a los jubilados, en las calles y en los cacerolazos volvió a expresarse, provocando la primera gran crisis del Gobierno.
El kirchnerismo quiere postularse como expresión de esa oposición social y los ataques judiciales, con el festival de detenciones preventivas, la acusación de “violentos” y la campaña permanente del aparato mediático oficialista, tienen por objetivo aportar a su subordinación dentro del nuevo peronismo de centro.

¿Decoración de interiores?

La cuestión es que la propia conducción del kirchnerismo se encamina, hasta ahora, voluntariamente a ser parte de esa “nueva mayoría” de un peronismo domesticado.
Con excepción de los rumores publicados en secciones serviciales de los diarios que hablan de la intención de algunos de transformar a Unidad Ciudadana en una especie de Podemos criollo, la respuesta unánime de todos los referentes de ese espacio apunta en otra dirección: un lugar bajo el sol de la gran casa peronista.
En los estridentes discursos legislativos en las sesiones que votaron el desfalco a los jubilados o a la Anses, los referentes kirchneristas se cuidaron prolijamente de criticar con nombre y apellido a los gobernadores que pactaron con el macrismo.
El dilema del kirchnerismo se reduce a una cuestión: convertirse en el decorador de interiores de un peronismo de diseño.
También fueron beneficiarios del encubrimiento quienes en la Legislatura de la provincia de Buenos Aires facilitaron la aprobación de los planes de reformas jubilatorias de María Eugenia Vidal (para los trabajadores del Banco Provincia) y hasta el Pacto Fiscal que habilita una abultada suma para la campaña electoral de la gobernadora. Entre los que pusieron su granito de arena para allanar el camino, estuvieron varios que llegaron por las listas de Unidad Ciudadana.
Ni hablar de la nula denuncia de los pejotistas que por acción u omisión, avalaron las represiones salvajes del jueves 14 y el lunes 18 de diciembre. Y nadie le dijo nada a Daniel Scioli, excandidato a presidente del FpV por la soberana borrada en la primera votación importante de la era Macri.
En el acto del Día de los Inocentes en Avellaneda, el intendente Jorge Ferraresi se jactó que no aceptar subordinarse desde su municipio a ese pacto por el canje del histórico Fondo del Conurbano (aunque después le retaceen fondos), en una crítica que bien podría apuntar a los otros intendentes o gobernadores, tanto como a Alicia Kirchner que firmó el acuerdo con Nación y le puso “color local” a la represión.
En ese mismo acto, Cristina prometió: “Voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para contribuir y lograr que el diez de diciembre de 2019 otro argentino esté en la Casa Rosada para conducir los destinos del pueblo”. Habló de una construcción “amplia y generosa” y de que no importan los nombres.
El dilema del kirchnerismo se reduce a una cuestión: convertirse en el decorador de interiores de un peronismo de diseño.

Nosotros, la izquierda

Los ataques a la izquierda y especialmente al Frente de Izquierda, incluidas las desopilantes acusaciones contra sus legisladores y referentes, tienen el objetivo de aislarla porque constituye un obstáculo para este intento de normalización. Nuevamente, el límite es la percepción popular y el amplio reconocimiento entre los trabajadores y jubilados por estar en la primera fila de la defensa de sus intereses. Además de la multiplicación de conflictos que siguieron a la crisis de la reforma como los protagonizados por bancarios de la provincia, trabajadores de la Línea B del Subte, obreros de los ingenios en el norte del país o aceiteros de la zona de San Lorenzo y Rosario en Santa Fe.
En un editorial publicado recientemente, el director del diario Perfil, Jorge Fontevecchia analiza las contradicciones del kirchnerismo y el peronismo para la reconstrucción de un régimen político corrido sensiblemente a la derecha y, en ese contexto, las perspectivas de la izquierda: “Pero un sistema político con un peronismo de centro y un Cambiemos de centroderecha dejará espacio para una izquierda que no sea electoralmente sólo un collar de partidos testimoniales sino que pueda crecer en su representatividad política”.
Es destacable el reconocimiento del volumen de la izquierda y en el mismo artículo habla de la capacidad de movilización en general y en los sindicatos en particular.
Pero no se trata de una cuestión de “espacios”, sino de la relación de fuerzas que le da configuración, aunque la nota no deja de señalar aspectos reales de las contradicciones del peronismo.
En síntesis, el Gobierno -y su poder judicial adicto-, intenta mostrarse a la ofensiva pero sus contorsiones no son más que la confesión de una desubicación crítica por los límites que va encontrando su plan y la pérdida de bases de sustentación. Esto no niega -sino que presupone- golpes como las detenciones ilegales, represión y persecución a manifestantes, pero no son, precisamente, muestras de su fortaleza. El peronismo y sus diferentes tendencias se reorganizan a su estilo para nuevo amoldamiento y una “oposición a su a majestad”. Y el Frente de Izquierda tiene oportunidades y desafíos que, a las puertas del 2018, lo habilitan a parafrasear: el presente es lucha y el futuro es nuestro.

Fernando Rosso
@RossoFer

Rumbo económico discriminador y concentrador

El año 2017 culmina con una nueva ola de despidos en el sector privado y en el Estado, con subas de precios, sean las prepagas, los peajes o el dólar, a lo que hay que sumar la quita de impuestos para los autos de gama media y alta.
Todo ello como resultado de las decisiones del Poder Ejecutivo y el Legislativo. El primero, no tuvo empacho de anunciar cambios en los objetivos de política económica con menos de un día de aprobado el Presupuesto 2018. Los legisladores indicaron unas metas que fueron corregidas horas después por el equipo de gobierno. En esta democracia devaluada no se escuchó una sola vos de parlamentarios ofendidos por la burla del oficialismo, evidenciando la complicidad de los poderes del Estado y la formalidad del republicanismo vigente.
La política hegemónica es una farsa. Parlamentarios electos por el voto no responden a sus electores y el Ejecutivo decide más allá del debate congresal, en un marco de cumplimiento de las normas constitucionales. Es un juego donde el soberano es soslayado y alguien podría remitir al dicho popular “los de afuera son de palo”, olvidando que no hay juego sin la participación electoral de la sociedad. El ejercicio de la soberanía popular es lo que debiera estar en discusión y sin embargo, lo que acontece es una burla a ese poder soberano del pueblo.
En conferencia de prensa, el Jefe de Gabinete, rodeado por los Ministros de Hacienda, el de Finanzas y el Presidente del BCRA anunciaron que había que “re-calibrar” las metas de inflación, que en lugar del 10% previsto para el 2018, lo esperable sería un 15%. En paralelo, el mercado disparó la cotización del dólar y readecuó las expectativas empresarias en el corto y mediano plazo. Difundieron así un discurso legitimador sobre lo que pretende el gobierno del Pro-Cambiemos para el 2018.
Algunos dijeron que se trataba de “realismo” contra la ortodoxia del BCRA, cuyo Presidente habría perdido la interna gubernamental ante los gradualistas en el gobierno. Es curioso pensar como los gradualistas confirman la tendencia al ajuste impopular de las cuentas económicas en un marco de represión acentuada ante la protesta social extendida.
¿Alguien duda sobre quiénes son los beneficiarios y perjudicados por las decisiones económicas en la Argentina?
Los despedidos buscarán reinsertarse laboralmente bajo condiciones más precarias, sea por las nuevas condiciones flexibles de trabajo o por remuneraciones menores, confirmando una tendencia a la pauperización de los ingresos salariales y peores condiciones de empleo para la masa de trabajadoras y trabajadores. Todo ello contribuye a deteriorar los ingresos de la seguridad social y una perspectiva malograda del sistema que atiende la previsión social y las compensaciones por vulnerabilidad social.
Con las subas de precios queda claro quiénes son los que dominan y pueden defender sus ingresos, sean los patrones de la salud privado o el Estado que recompone sus ingresos tarifarios, por peajes o tarifas de servicios públicos. Los usuarios de la salud privada deberán resignar otros gastos para mantener la cobertura o resignarse a unas menores prestaciones “cayendo” en la salud pública. Recordemos a Mauricio Macri señalando que los que no pueden acceder a una educación de calidad caen en la escuela pública. Lo mismo ocurre con los usuarios de servicios públicos, privatizados o no, que el mayor gasto en electricidad, transporte o lo que sea significa reasignación de escasos recursos propios para privilegiar lo que resulta insustituible.
El aumento del dólar favorece a especuladores y grandes productores o exportadores que venían reclamando devaluaciones para encarecer las divisas y mejorar sus rentabilidades. El destino de la cotización del dólar impacta en el conjunto de los precios, especialmente en un país con déficit comercial (se importa más de lo que se exporta), y en consecuencia se encarecen las importaciones, lo que abunda en la escalada de precios locales. No menor resulta el impacto en los tomadores de crédito hipotecario, con actualizaciones asociadas a la evolución del dólar y la inflación, lo que agrega inseguridad a quienes imaginan soluciones de vivienda.
La eliminación del impuesto que grava automóviles de media y alta gama favorece el consumo de sectores de altos ingresos y riqueza en un clara e impúdica demostración para quien se gobierna. Resulta una clara discriminación de una política económica que favorece el consumo suntuario para sostener la lógica de la ganancia a costa de las condiciones de vida e ingreso de la mayoría de la población.

Capitalismo de época

Ocurre que la Argentina transita una lógica económica y política coherente y convergente con la tendencia principal del sistema mundial.
Desde la ruptura de la bipolaridad en 1991 existe un reacomodamiento del poder mundial que afirma la discriminación social masiva y la concentración de la riqueza y los ingresos para agigantar la desigualdad en la sociedad contemporánea.
Es un ejercicio de violencia exacerbado que remite a momentos fundacionales del orden capitalista, sea la acumulación originaria en siglos de desposesión y apropiación privada de medios de producción o sucesivas refundaciones asociadas a los acontecimientos bélicos y de destrucción, especialmente en el Siglo XX.
La deriva autoritaria emergente en éstas últimas tres décadas explica el desorden del orden capitalista, con especulación y militarización, bajo administraciones impresentables en los principales países del capitalismo mundial, cuya imagen patética expresa Donald Trump.
El problema es el imaginario popular de un orden social alternativo, que animó las búsquedas en Nuestramérica en la primera década del Siglo XXI e inspiró procesos sociales y políticos en otros territorios del planeta. Bolivia, Cuba y Venezuela sostienen esas expectativas, no sin dificultades y problemas que amenazan la continuidad de esas experiencias.
Debe consignarse que existen límites en la construcción del nuevo modelo productivo y de desarrollo con perspectiva emancipadora, desplegado con matices no menores en esos tres países mencionados, pero la transición del capitalismo al socialismo continúa siendo una asignatura pendiente y el intento no debe ser combatido por más errores y horrores asociados a la ineficiencia o a la corrupción. No se puede ser imparcial a la hora de juzgar los procesos sociales con pretensión de transformación y más aún si apuntan en un sentido contrario y más allá del capitalismo.
Una aclaración necesaria apunta a considerar variados procesos de cambio político en convergencia con estos rumbos matizados de pretensión transicional mencionados, ya que siendo críticos con la tendencia hegemónica de liberalización explícita, nunca se propusieron superar el orden capitalista. Es el caso de los gobiernos de Argentina, Brasil, Uruguay o incluso Chile, entre muchos de la oleada “progresista” o como se la quiera llamar, que generaron expectativa en Nuestramérica.
Por ello es que resulta imprescindible mejorar el diagnóstico sobre el acontecer de nuestro tiempo y definir rumbos estratégicos para pensar en contra y más allá del capitalismo, en un año que conmemoramos el primer centenario del intento de revolución socialista y próximos a recordar en 2018 los 200 años del nacimiento de Carlos Marx.
El propósito civilizatorio por la revolución sigue vigente en las aspiraciones de millones de personas que mantienen el desafío por pensar críticamente la realidad y no resignarse a un presente como única posibilidad de existencia y claro, eso supone reanimar las expectativas y la alegría de una lucha por una sociedad sin explotación ni depredación. Ese es también mi deseo para el año que se avecina, con solidaridad, felicidad y sueños de un mundo emancipado.

Julio C. Gambina

lunes, enero 01, 2018

Louise Bryant: Seis meses rojos en Rusia



Acaba de aparecer la primera traducción (al catalán, un esmerado trabajo de Ángel Ferrero, nuestro más avezado “sovietologo”) del testimonio de Louise Bryant, Sis mesos rojos a Rússia. Tigre de Paper, 2017, inmortalizada en el cine por Dianne Keaton en “Reds”. La obra incluye una entrevista con Kerensky, a actitud de los primeros emigrantes rusos que regresan, una cena con ricos industriales contrarrevolucionarios o un enfrentamiento entre contrarrevolucionarios y marineros de Kronstadt en las calles, son algunas de las experiencias de la revolución relatadas desde el ángulo humano más directo. Representa las inapreciables experiencias vividas por la periodista norteamericana y amante de John Reed. Hasta ahora Louise es conocida por la película de Warren Beatty con la figura delicada y el rostro de Diane Keaton en su etapa post-Woody Allen.
El biógrafo de Reed, Robert Rosenstone la describe por su parte: “. . .era un buen número de cosas que Jack creía que era. En lo físico, sus encantos resultaban evidentes: su cuerpo esbelto, cabello oscuro, cintilantes ojos verdigrises, fogosa y temeraria, conducta que servía para enmascarar su férrea determinación de ganar renombre. Como en el caso de Jack, el desprecio por la fijeza tenía otra cara, una notable incapacidad para estar en paz, y el rechazo de las ataduras era una manera de decir que le resultaba sumamente difícil permanecer fiel. Sus relaciones y sus sueños eran hasta tal punto como los de Reed que amar a Louise era como amarse a sí mismo, envuelto en una forma femenina”.
La Louise encarnada por Diane Keaton responde vivamente a esos rasgos, tanto o más que como Warren Beatty responde a los de Reed. Diane Keaton (Los Ángeles, 1946) era la compañera del actor después de haber dado lo mejor de sí misma junto con su compañero anterior, Woody Allen (con el que volverá a trabajar años después). Beatty era a la sazón posiblemente el galán más envidiado de la historia del cine, y fue homenajeado irónicamente por Woody Allen, que proclamó que, de encarnarse de nuevo, le gustaría hacerlo como la yema de los dedos de Beatty. En la película, ella toma la parte del león, sobre ella descansa el movimiento básico de la trama, es la que abre y cierra su argumentación. Keaton ofrece una Louise Bryant sin fisuras, como una composición de una gran verdad humana que ha resistido la prueba del tiempo. Mientras que Reed es, en no poca medida, el “chico” que siempre está por encima de los acontecimientos, ella por el contrario es la que hace “crecer” la historia, duda, evoluciona, polemiza, no se conforma, pregunta, rompe, prueba, viaja, y desarrolla su propio proyecto.
Louise representa también una revolución, la feminista, y lo hace desde el plano más inmediato, el de las sufragistas (al que Emma Goldman descalifica desde su ferviente antiinstitucionalismo ácrata), y rompe con su medio en la lucha por disponer de su propio cuerpo y sus propios sueños; es una suerte de Madame Bovary que se realiza en unos acontecimientos que la superan. Quizás porque su historia es más “pequeña”, la película registra con mayor detalle cada paso en su evolución, de manera que comienza con su rechazo a un “buen matrimonio” y acaba enterrando a Reed. Sin pretender ninguna comparación con las crónicas de Reed, el testimonio de Bryan sobre el papel de las mujeres en la revolución de febrero merecería una mayor consideración. Este aspecto, el papel de las mujeres en el curso de la revolución, raramente ha sido registrado, fueron ellas las que comenzaron las jornadas de febrero y seguramente las que más padecieron el creciente peso de la burocracia, sin olvidar un detalle sobre el que algunos bolchevique críticos (Lenin y Trotsky sin ir más lejos), llamaron la atención: muchos obreros comunistas eran unos déspotas en sus casas.
En los momentos claves, Louise demuestra su integridad, como cuando responde desafiante a las preguntas de un congresista reaccionario. Louise no es pues, un personaje de toda una pieza, sufre contradicciones. Como las que la llevan a dejar a Jack al escuchar que éste le ha sido infiel, lo que responde plenamente a los hechos. Era mucho más frágil que Reed, no obstante su duro trayecto en busca de su compañero tiene todos los componentes de un viaje épico, aunque este hecho no responde estrictamente a la verdad histórica, y Rosenstone detalla diversos errores, como la emotiva escena del encuentro, cuando llega el tren asediado de Bakú, algo que nunca ocurrió; sin embargo este tipo de detalles no deforman la realidad de su relación, sólo pretenden hacerla más cinematográfica. Se puede afirmar que Reds gana enteros cuando Diane Keaton aparece, sobre todo porque es a través de ella que se establece claramente el propósito más reconocible de la película, se vuelve a anudar el hilo para un espectador más bien extraviado en unas vicisitudes que es más que posible que no conozca, y que no se le explican adecuadamente.
Como otras mujeres de vanguardia de la época, Louise era una feminista integral partidaria del amor libre, del control de la natalidad, del sufragio universal femenino, y claramente socialista, Louise, procedente de una baja extracción social, “creció” al compás de Reed en una relación en la que ella lo apostó todo. Quizás esto explique que después de la muerte de éste, su vida siguiera un curso errático, y falleciera tras un accidente de automóvil en París en la mitad de los años treinta, después de un tormentoso matrimonio con el millonario Willian Bullit, que sería embajador norteamericano en Moscú.
Sin embargo, su historial ulterior es más bien doloroso: arruinada físicamente por el alcoholismo y las drogas, Louise realizó su último trabajo periodístico con una entrevista concedida como una deferencia especial por un viejo conocido, León Trotsky, entonces exiliado en Francia con restricciones muy drásticas. No deja de resultar curioso que muchos denostadores izquierdistas de Reds no tomaran apenas en cuenta sus implicaciones feministas y que, como en el caso de Marc Ferro, reprocharan a Warren Beatty la excesiva importancia de Louise y del feminismo cuando lo realmente importante entonces en los Estados Unidos era la emigración, una temática sin duda apasionante pero que difícilmente se podía enfocar desde una aproximación a la vida de John Reed. Lo cierto es que el suyo fue uno de los primeros testimonios sobre el curso revolucionario y que sus apuntes resultan una aportación de prime orden como podremos comprobar gracias a esta edición que revela el creciente atractivo que está ejerciendo una revolución que el neoliberalismo ha querido enterrar en la ignominia.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

El último Ángel Pestaña



Se acaba de publicar el trabajo de Jesús Díaz Herrera, “EL liderazgo político de Ángel Pestaña. De la ortodoxia anarquista al posibilismo libertario” (Ed. Descontrol), una aportación necesaria ya que las aportaciones digamos “clásicas” como las del novelista y exégeta Ángel Mª de Lera “Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista” (Argos-Vergara, 1978) o la edición crítica de sus escritos efectuada por el otro Antonio Elorza, “Ángel Pestaña. Trayectoria de un sindicalista” (Tebar, 1974), quedan ya muy lejos. El asunto de la “ortodoxia” de Pestaña queda reflejado singularmente en sus “Setenta días en Rusia”, un testimonio sobre el que habrá que volver hablar ya, entre otras cosas en la obra colectiva “La revolución rusa pasó por aquí” (Laertes, 2017), se inserta un texto crítico de Andreu Nin que da para una buena discusión. De hecho, ya mantuvimos una en las tertulias organizadas por el Ateneu de Barcelona en la que se trató de todo lo que significó el anarquismo en la revolución rusa, y sus problemas con la Internacional Sindical Roja.
Creo que la línea posibilista de Pestaña se contextualiza en el marco de la Dictadura es uno de los miembros del CN revolucionario, pero se le relaciona con los episodios de Vera y Atarazona y es encarcelado hasta finales de 1926. Cuando sale de la cárcel comienza a encarnar posiciones claramente posibilistas, aunque mantiene su prestigio de anarquista de alto rango (García Oliver le dirá en 1928: “…Para que Seguí hubiese dado un rendimiento revolucionario, habría sido preciso que tú, por compartir el liderismo con él y por emulación mutua, hubieses levantado el verdadero edificio de la revolución. Tu papel era éste: todos lo sentíamos y creíamos. ¿No lo crees? Fíjate como, al contrario que él, a ti te rodeaba lo más y mejor del movimiento revolucionario español”).
Favorable a la legalización de la CNT frente a los que creen que su terreno es la clandestinidad, también confía en el cauce de los comités paritarios creados por la Dictadura como un medio de salvaguardar al sindicato; inclinaciones no muy lejanas a las de la UGT. Desde la temprana fecha de 1927 inicia su larga batalla contra el faísmo en nombre de la independencia sindical y de una estrategia de largo alcance contraria a la insurreccionalista. Durante la República emergerá como el rostro del sector “girondino” de la CNT, como el principal gestor del “Manifiesto de los Treinta”, comenzando entonces el retroceso de su influencia que culminará con expulsión en 1932. Entonces intentará recuperar el terreno perdido desde fuera, creando los sindicatos de oposición que llegaran a agrupar a más de sesenta mil trabajadores sobre la base de un sindicalismo más republicanas clásico, mejor avenido con las autoridades. Luego creara la Federación Sindicalista Libertaria, concebida como una especie de sindicato en oposición a la FAI, grupo al que acusa de instrumentalizar la CNT en su propio beneficio.
En esta época Pestaña escribe, El sindicalismo, qué quiere y a dónde va, obra en la que rechaza las fórmulas anarquistas y se orienta hacia un sindicalismo que se apoya en los municipios y en las cooperativas, conceptos que más tarde serán conceptuados por sus seguidores como autogestionarios. En 1934 se siente atraído por la Alianza Obrera auspiciada por los comunistas disidentes y por la izquierda del PSOE, pero sus planteamientos no pasan por la vía insurreccional y el frente obrero; no hay en esta época ninguna reflexión suya sobre cómo avanzar en la revolución o cómo detener el auge fascista. Tras una larga reflexión, Pestaña se decide dar el último paso en su evolución y constituye el PS del que será símbolo y figura indiscutida. Éste paso significa también la ruptura con el otro sector trentista que no se atreverá a dar el paso político.
Su opción le lleva hacia el posibilismo político de corte socialdemócrata que se trasluce por un entusiasmo por el Frente Popular en cuyas listas conseguirá un acta de diputado por Cádiz. Durante la guerra fue subsecretario general y reingresó en la CNT poco antes de morir; previamente se había negado a asumir un ministerio en nombre del sindicato. Pestaña, conocido a veces como el “caballero de la triste figura”, se convertirá post-mortem en una figura muy querida entre los suyos, en un modelo de desviación para el sector más intransigente del anarquismo, en tanto que su legado será reivindicado desde sectores políticos muy diversos que malvive en el seno de la CNT para reaparecer durante los años setenta bajo otras coordenadas. O sea no como expresión del movimiento libertario clásico sino en un estadio en el que según Federica Montseny, el pueblo que habían conocido había dejado de existir como tal.
Nos encontramos pues ante una obra necesaria para la recuperación de un personaje y de una corriente con mucha historia y en la que participó gente muy valiosa como Marin Civera, Jesús Pabón, Eduardo Pons Prades y otros y otras.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

La memoria de Tito



Según noticias la mayoría de los croatas quisiera ver la efigie del líder comunista yugoslavo Josip Broz “Tito” (1892-1980) en las monedas de euro cuando el país asuma la moneda única, según una encuesta de un portal informativo. Esto es lo que se desprende de un sondeo. El rostro del antiguo líder comunista fue elegido por el 48% de los encuestados para adornar la cara nacional de las futuras monedas croatas de dos euros.
Este hombre que se había convertido en símbolo de la resistencia al dominio del III Reich nació en una familia humilde en 1892 y murió recibiendo el homenaje esplendoroso de los estadistas más conocidos de su tiempo y de una impresionante multitud de trabajadores en 1980. Destacado militante obrero, movilizado en 1914 en el ejército austríaco es hecho prisionero en el frente ruso. En 1917 participa en la revolución de octubre y se integra en el partido bolchevique en 1920, de vuelta yugoeslava trabaja en la clandestinidad con el partido comunista y se forma políticamente bajo la dirección del viejo comunista Mosa Pijade.
Huyendo de la policía se exilia a la URSS, donde asiste -intentando no hacerse notar- a la práctica aniquilación de la dirección de su partido y acepta en su momento el mando para reconstruirla. Dócil estalinista inicialmente, Tito aprueba el pacto nazi-soviético pero, al mismo tiempo, se pone a trabajar en la preparación de la resistencia contra las tropas de Hitler y Mussolini les declara la guerra a ambos. Dos semanas después de la invasión alemana a la URSS, orientándose formalmente por la política de frente nacional con la burguesía que, empero, no llega a admitir nunca su total predominancia en una guerrilla compuesta prioritariamente por obreros y campesinos. Las contradicciones con Stalin se desarrollan ya plenamente en este período, éste presiona y maniobra a través de la ayuda militar –imprescindible- que no llega hasta febrero de 1944 una y otra vez intenta imponer a tito una subordinación a la burguesía “nacional”.
En 1945, el referéndum da el 85 % de los votos a los comunistas y los ministros burgueses son desplazados. Sus medidas se encaminan hacia el socialismo, debe negociar con la URSS que impone condiciones difíciles. En 1947 las negociaciones son rotas, los acuerdos económicos bilaterales no tienen lugar. Las posiciones independentistas de tito, sus criticas al partido comunista francés por no haber tomado el poder, etc. Con estas bases tiene lugar la ruptura 1948. La misma que lleva a todo el movimiento comunista internacional a desencadenar una campaña de calumnias contra tito, que tiene su culminación en la “caza de brujas” que acaba con numerosos dirigentes comunistas en los países del este acusados de la nueva herejía, el “titoismo”.
Para sobrevivir en un estado aislado y atacado por el capitalismo y por Stalin, Tito ha de apoyarse en la profunda base popular que conquistó en una lucha increíble y. desnivelada contra los nazis y en una nueva concepción política que reúne su tradición estalinista con ciertas innovaciones. Concluye la colectivización forzada de la agricultura y adopta el sistema autogestionario en la producción, que no en la política que sigue rigiéndose por el esquema vertical y monolítico. En otro terreno, el Partido Comunista yugoslavo reconocen los derechos a la autodeterminación de los pueblos con un desarrollo cultural específico, medidas que luego atemperarán. Su pretendido “retorno a Lenin”, tiene sus limites. Tito busca calentarse al sol capitalista y con ocasión de la guerra de corea se sitúa al lado del imperialismo y denuncia “la agresión norcoreana”. Su política internacional se desarrolla manteniendo un equilibrio entre la URSS -que cambia su actitud con Kruschev– y el imperialismo, reafirmando su «vía nacional» al socialismo frente a la voluntad de dominación soviética. En consecuencia, no se integró en los sistemas de alianzas del bloque soviético (COMECON y Pacto de Varsovia), entablando por el contrario relaciones comerciales con los países occidentales e impulsando un movimiento de países no alineados (junto con Nasser, Nehru y otros líderes anticolonialistas de la época y otros).
La independencia política que le daba el hecho de ser la única de las «Repúblicas Populares» de Europa Oriental que no había surgido de la intervención soviética le permitió construir un régimen socialista original, descentralizado y autogestionario. Sin embargo, tanto el modelo económico del socialismo autogestionario como el modelo político de la federación yugoslava fracasaron; y las dificultades económicas y los conflictos nacionalistas impulsaron a Tito a endurecer gradualmente su dictadura hasta que murió. Sus sucesores fueron incapaces de frenar la descomposición del país, que tardó poco en llegar a la guerra civil. Si obra teórica es prácticamente inexistente, pero en su tiempo se publicaron diversas biografías suyas En la obra sobre “La crisis del movimiento comunista” (Ruedo Ibérico, ), Fernando Claudín dedica unos sustanciosos análisis a la revolución yugoslava, al cisma de tito, así como a la represión oficial de los llamados “titoistas” que en el caso español-catalán tuvo, entre otros, los nombres como los de Jesús Hernández, Joan Comorera, José del Barrio…
Hubo un momento en los años cincuenta-sesenta que la llamada “autogestión” yugoeslava suscitó un cierto interés en las izquierdas heterodoxas, y no faltaron anarquistas que interpretaron dicha opción como una influencia de su pasaje por la guerra civil española como un cuadro de las Brigadas Internacionales.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

La participación de las masas obreras en la Revolución cubana



Frente a un nuevo aniversario de la Revolución cubana, recordamos el destacado papel que tuvieron los trabajadores a lo largo del proceso.

El movimiento obrero cubano contaba con una larga tradición de lucha y combatividad desde mucho antes del triunfo de la revolución del 59. Un ejemplo de ello es la histórica huelga general de agosto de 1933 que había tirado abajo a la feroz dictadura de Machado. Este movimiento huelguista había sido iniciado, en julio de ese año, por los trabajadores de ómnibus de La Habana y, al quinto día, se convirtió en una poderosa ofensiva contra el gobierno. Parecía una “ciudad sitiada” según la Foreign Policy Association (1935:367). El grupo trotskista encabezado por Sandalio Junco tuvo un rol muy importante llegando a dirigir el Comité de Huelga en Guantánamo.
En diciembre de 1955, los obreros de la zafra vuelven a llevar adelante una violenta huelga producto de las nefastas condiciones de vida que sufrían en el marco de la crisis azucarera arrojando a miles de trabajadores a las calles. Se centró en las ciudades de Santiago, Camagüey y Las Villas y llegó hasta las cercanías de la Habana. Si bien comenzó con demandas salariales se convirtió rápidamente en una acción política bajo la consigna era: “¡abajo el gobierno criminal!”.
En 1957 una nueva huelga general con epicentro en Santiago volvió a poner en el centro de la escena a las masas movilizadas y debilitó la confianza de la burguesía hacia el gobierno de Batista que hasta ese momento había sido apoyado y financiado por el imperialismo norteamericano. El espontaneísmo y la combatividad primaba entra las masas, esto generó la rápida militarización de la ciudad con altísimos niveles de represión y persecución.
Luego del triunfo militar en Santa Clara a fines del 58, el más importante de la guerrilla, se abrió el camino para que la huelga insurreccional de cinco días en enero de 1959 posibilitara la entrada victoriosa de Fidel Castro y del Ejército Rebelde en La Habana el 8 de enero, y el triunfo definitivo de la revolución. Las masas movilizadas, en el centro de la escena política nacional, terminaron de volcar la balanza a favor de los “barbudos” de Sierra Maestra y ejercieron una constante presión social sobre la dirección del M26, al punto de llevarlos a radicalizar sus posiciones como se verá en la incorporación de puntos programáticos fundamentales: la reforma agraria, la expropiación de empresas y los juicios populares a los militares responsables de la represión al movimiento cubano.
Estos ejemplos demuestran el rol que tuvieron los trabajadores cubanos del campo y la ciudad para el triunfo definitivo del proceso revolucionario y la posterior defensa de sus medidas más radicales. Como dice León Trotsky: “La historia de las revoluciones es para nosotros, por encima de todo, la historia de la irrupción violenta de las masas en el gobierno de sus propios destinos”.
La política del castrismo no fue desarrollar organismos de autoderminación de las masas (como fueron los soviets en la Revolución Rusa) instaurándose un Estado Obrero burocráticamente deformado.

Claudia Ferri

"La FEU de Cuba: 95 Años de Revolucionaria Historia"

Fernando Birri, la realidad social a través de una cámara



El cineasta murió a los 92 años en Roma.

Seguramente no sabía Fernando Birri que estaba fundando un nuevo cine al retratar a los niños persiguiendo al tren en Tire dié, su primera obra y, quizás, un punto de inflexión en las artes cinematográficas de Latinoamérica. Luego de haber estudiado en el Centro Sperimentale di Cinematografía en Roma, regresó a su Santa Fe natal para comenzar su tarea como director y desde un primer momento quiso retratar la realidad social con las cámaras. Tire dié fue presentada como una primera encuesta social filmada. La vida en las barriadas populares de Santa Fe era retratada mediante los niños que llevaban una parte del salario familiar con las monedas que conseguían al perseguir al tren y pedir a los pasajeros que tiren desde sus ventanillas alguna moneda de diez centavos: “Tire dié”, decían mientras se exponían al riesgo de las rieles y la altura. Así fue la primera incursión cinematográfica de Birri.
Birri transformó el cine argentino. Influido por el neorrealismo italiano y el registro documental, su primer film narrativo, Los inundados, fue premiado en Venecia como mejor ópera prima. En el film, que narra la subida de las aguas desde el punto de vista de las víctimas, fue una de las primeras intervenciones realizadas desde las provincias del interior con una mirada de clase.
En 1986 fundó junto a Fidel Castro, Gabriel García Márquez y el gran teorico y realizador cubano Julio García Espinoza la Escuela Internacional de Cine de San Antonio de los Baños, Cuba, que abriría sus puertas a una camada muy importante de realizadores del continente.Birri fue su primer director.
El cine comprometido con la realidad social y con el impulso a su transformación fueron no sólo parte de su marca estética –representada en esos rostros realistas de los que se enamora la cámara–, sino que fueron parte de su motor. Este jueves 28 murió en su casa en Roma. La exhibición de su obra lo mantiene vivo.
Birrilata una vuelta en tren sigue de gira. Fernando Birri montó el cohete de Melies para llegar a la luna. Se fue una de sus formas; muchísimas otras quedan.
Dejamos el link al documental que recorrió los rincones por los que el maestro fue dejando huella.
https://www.youtube.com/watch?time_continue=683&v=QS2eTbys_UA

Antonia Torrebruna

Libertad a Ahed Tamimi y a todos los presos políticos palestinos



Declaración internacional

Junto a decenas de miles de activistas y organizaciones nos sumamos a la campaña internacional exigiendo la libertad de la joven palestina de 16 años Ahed Tamimi y todos los presos políticos palestinos.

El martes 19 de diciembre las Fuerzas de Defensa Israelí (IDF) detuvieron en Nabi Saleh, localidad de Cisjordania, a la joven Ahed, a su madre Nariman y a su prima, Nour.
Estas detenciones se inscriben entre otras cientos que se han intensificado en los territorios ocupados como consecuencia de la decisión de Donald Trump de mudar la embajada norteamericana a Jerusalem, y reconocer a esta ciudad, tradicionalmente un símbolo multireligioso, como patrimonio exclusivo del Estado de Israel.
La decisión del imperialismo ha abierto una nueva crisis internacional. Los colonos que ocupan la zona ubicada a 20 kms de Ramallah desde 1977, los Halamish, vienen extendiendo su territorio con el apoyo del ejèrcito y ahora apalancados por el espaldarazo imperialista han avanzado sobre nuevas fuentes de suministro de agua en territorio cisjordano.
La viralización del video donde se ve a la niña Ahed Tamimi abofeteando a los soldados apostados en el patio de su casa, quienes el día anterior habían malherido a uno de sus primos disparándole en la cara, ha propinado un golpe a la imagen del poderoso ejército de israel. Los Tamimi son una familia de activistas palestinos y referentes de la nueva generación de luchadores que resisten la política de ocupación de Israel.
Ahed es el símbolo de la resistencia y del involucramiento de los jóvenes palestinos en la lucha por el reconocimiento nacional y contra las ocupaciones de territorio. Como cada viernes los habitantes de su aldea, con los niños como protagonistas, marchan para protestar contra la ocupación protegida por los soldados israelíes. De esas movilizaciones se registra la imagen de Ahed a los 11 años retando a un soldado armado hasta los dientes luego de que éstos fueran a arrestar a su hermano.
Las declaraciones del Ministro de Educación de Israel, Naftalí Benet, reclamando que las niñas terminen sus días en prisión, o las del Ministro de Defensa Avigdor Lieberman –un hombre que propugna una Israel sin palestinos– amenazó: “Todos alrededor suyo, no solo la niña, sino también sus familiares, no escaparán de lo que se merecen”, son el testimonio de la virulencia del imperialismo y del Estado de Israel para con el pueblo palestino desarmado y hambreado.
Ante esta nueva arremetida sionista contra el pueblo palestino es fundamental unir fuerzas a nivel internacional para exigir la libertad de Ahed y de todos los presos políticos.
Repudiamos la persecución y las detenciones arbitrarias a los palestinos por parte del gobierno israelí.
Fuera el imperialismo de Medio Oriente
Fuera Israel de Jerusalem y Palestina. Abajo el Estado racista y colonial de Israel
Libertad a Ahed Tamimi! Libertad a todos los presos políticos palestinos!

Partido de los Trabajadores (PT) y Plenario de Mujeres Trabajadoras - Uruguay
Partido Obrero y Plenario de Trabajadoras – Argentina
Partido Obrero Revolucionario (POR) - Chile
Partido Revolucionario de los Trabajadores (EEK) - Grecia
Partido Revolucionario de los Trabajadores (DIP) - Turquía
Socialismo Revolucionario - Bolivia
Tribuna Clasista - Brasil
MWL (MTL) –Finland

Balance de 2017: Se repite la historia de traicion y muerte



“El problema en América Latina es que la historia tiende a repetirse como tragedia”. Eduardo Galeano

Es famosa esta afirmación de Carlos Marx: “Hegel dice en alguna parte que la historia se repite dos veces. Le faltó agregar: primero como tragedia y después como farsa”. Este principio debería modificarse en América Latina en general, y en Colombia en particular, diciendo que acá la historia se puede repetir muchas veces, pero siempre como tragedia.
Y este presupuesto resulta de una importancia crucial a la hora de analizar lo que viene sucediendo con los acuerdos de La Habana entre el Estado colombiano y la insurgencia de las FARC, puesto que nuevamente, por enésima vez, se incumple en forma descarada lo que ha pactado el primero. Esa historia de incumplimientos y traiciones no es nueva, es más que bicentenaria, puesto que se hizo realidad por primera vez en 1781, cuando el régimen colonial español traicionó las capitulaciones que había firmado con el movimiento de los Comuneros y persiguió y asesinó públicamente y con saña a José Antonio Galán, el principal líder popular de ese levantamiento. En ese momento se originó lo que puede denominarse el síndrome del incumplimiento y de la traición por parte del Estado colombiano y las clases dominantes de lo que pactan y acuerdan con sectores de las clases subalternas. Ese síndrome viene acompañado de la persecución y muerte de los opositores políticos, como lo rubrica lo sucedido en los últimos 60 años de la historia colombiana.
En esta perspectiva lo que acontece hoy en día no es inédito, es simplemente la repetición, aparentemente mecánica de algo ya conocido, en cuanto a su resultado. Lo que aparece como diferente estriba en la suposición de una de las partes, las FARC, que esta vez el Estado si iba a cumplir, por las implicaciones que supone poner fin a una contienda armada de más de medio siglo. Los hechos han demostrado que al bloque contrainsurgente existente en nuestro país lo único que le interesaba era desarmar a la insurgencia de las FARC, como lo ha dicho sin disimulo Juan Manuel Santos. Esto quiere decir, sin necesidad de leer entre líneas, simplemente que no se va a cumplir nada de lo pactado y que los acuerdos no pasan de ser letra muerta, papel higiénico. Y a ese orden contrainsurgente le tiene sin cuidado que hasta la Organización de Naciones Unidas (ONU), garante de los acuerdos, critique ese incumplimiento.
Este es un incumplimiento en el que han participado los diversos componentes del bloque contrainsurgente: el ejecutivo, el parlamento, el sistema judicial, las fuerzas armadas, los medios de desinformación, los partidos políticos ligados al establecimiento, e incluso sectores políticos que se supondrían son de izquierda o alternativos (como el Polo Democrático-MOIR y los verdes, con Claudia López a la cabeza)…Todas a una, como en fuente ovejuna, han actuado al unísono, para torpedear lo pactado, que fue solemnemente firmado no en una sino en dos ocasiones, primero en Cartagena, antes del plebiscidio (suicidio plebiscitario) de octubre de 2016, y luego en el teatro Colon de Bogotá, tras introducir un sinnúmero de modificaciones, aceptadas por las FARC, que ya de por sí desnaturalizaban gran parte de lo acordado en cinco años de negociaciones en La Habana.
No se trata en esta reflexión de entrar a discutir –no porque no sea importante, sino porque ese no es el objetivo de este breve escrito– el alcance limitado de los acuerdos firmados en Bogotá en noviembre de 2016, alcance que ha sido presentado en forma exagerada por los voceros de la extrema derecha, desde el uribismo hasta el vargasllerismo, y sus voceros de prensa, encabezados por RCN, quienes sostienen con un cinismo extremo que esos acuerdos representan una entrega del país a lo que ellos denominan el castro-chavismo.
El trasfondo de este enunciado mentiroso, al estilo de Josep Goebbels, no es otro que ambientar el incumplimiento, como lo han logrado con éxito, y sobre lo que no debería haber duda, como lo demuestran algunos de los balances efectuados con motivo de cumplirse el primer año del acuerdo del Teatro Colón. Uno de esos balances sostiene que, en términos cuantitativos, el Estado ha cumplido solamente con un 18 por ciento de lo acordado, mientras que el cumplimiento de la contraparte, de las FARC, ha sido prácticamente del ciento por ciento. En efecto, mientras esta insurgencia ha entregado las armas, concentró sus frentes en zonas fijas, entregó un listado sistemático de sus haberes, los puntos básicos del acuerdo han sido irrespetados por el Estado.
Así, en cuanto al tema agrario –eje central del conflicto social y armado– no hay nada que permita vislumbrar que se va a efectuar alguna “reforma rural integral” que favorezca a los campesinos y pequeños productores. En cuanto al anuncio de entregar tres millones de hectáreas de tierras y de legalizar los títulos de otros siete millones, hasta ahora lo hecho es, por decir lo menos, absolutamente ridículo: se han entregado unas 69 mil hectáreas, sin saber cuántas corresponden a entrega y cuántas a restitución y “la Dirección de Acceso a Tierras reportó que durante 2016 compró 1.381 hectáreas, correspondientes a 33 predios, para entregarlas a organizaciones campesinas” (http://www.verdadabierta.com/procesos-de-paz/farc/6821-la-reforma-rural-integral-a-fuego-lento).
Respecto a la política antidrogas, donde se planteaba una solución integral a ese espinoso asunto, que no se concentrara en atacar al productor de hoja de coca y se tocaran los diversos eslabones de ese negocio multinacional, eso no ha pasado del papel. En la práctica se ha reafirmado el viejo criterio de la política anti-drogas hecha en Estados Unidos, y reafirmada ahora por el gobierno de Donald Trump, de golpear a los campesinos, como lo evidencia lo sucedido en Tumaco, con la masacre de pequeños cocaleros, llevada a cabo por miembros de los cuerpos represivos del Estado colombiano. Incluso, como van las cosas, no es de extrañar que en el corto plazo se vuelva a poner en práctica la criminal política de fumigación aérea con glifosato, como lo viene planteando el Fiscal General de la Nación, una ficha del orden contrainsurgente, quien es uno de los principales opositores al cumplimiento de lo pactado con las FARC.
En cuanto a la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), que fue presentada desde un principio como la “novedad” del acuerdo, y donde se planteaba abordar las responsabilidades de los financiadores de la guerra (los llamados “terceros”, como los empresarios, multinacionales, funcionarios públicos, gobernadores y alcaldes…), ha quedado hecha trizas, y ha terminado siendo un tribunal en donde se va a juzgar de manera exclusiva a las FARC.
Y con relación a la participación política lo hecho es vergonzoso, puesto que no ha habido ninguna reforma política ni tampoco se ha propiciado ni creado el ambiente para la participación no solo de las FARC, sino de otros sectores políticos de las regiones, como lo demuestra la decisión del Paramento (perdón, Parlamento) de negar la aprobación de las 16 Circunscripciones Especiales para la Paz, que debían facilitar la participación de las víctimas.
No se ha cumplido nada en lo esencial. Y no solo eso, lo peor de todo, es que avanza un nuevo genocidio: el de los excombatientes de las FARC. O cómo puede calificarse lo que está en marcha en Colombia, ante la mirada cómplice en algunos casos y complaciente en muchos otros de gran parte de la mal llamada “opinión pública” de este país, del asesinato a mansalva, desarmados y en estado de indefensión, hasta el momento en que se redactan estas líneas, de un poco más de 30 miembros de las FARC, a lo que se suma el asesinato de una decena de sus familiares.
El asesinato del primer miembro desarmado de las FARC, luego de la pretendida puesta en marcha de los acuerdos de La Habana no supuso ningún rechazo, como era apenas obvio, de los voceros del orden contrainsurgente, cuando ese hecho debió concitar la movilización masiva de la sociedad colombiana, para que ese no fuera el comienzo de un nuevo genocidio. Qué diferencia a lo sucedido en Argentina donde la movilización de importantes sectores de la sociedad ha impedido que se vuelva a legitimar la desaparición forzada, que se ha intentado imponer nuevamente como práctica de terrorismo de Estado con el caso de Santiago Maldonado. Es esa acción activa lo que obligó a que en forma relativamente rápida apareciera el cadáver de este dirigente popular, lo que desde luego es una noticia trágica, pero ese mismo hecho no hubiera sido posible sin una movilización que clama en contra de la impunidad de los crímenes de Estado.
El primer insurgente asesinado fue Luis Alberto Ortiz Cabezas, en Tumaco, el día donde fue vilmente ultimado en abril de 2017, solo quince días después de haber salido de la cárcel.
Y como fue una noticia más de la crónica criminal de este país, y una noticia muy secundaria, el asesinato de Luis Alberto Ortiz Cabezas, primer asesinado de las FARC, menos importante que los chismes y trivialidades de los famosos de origen colombiano (futbolistas que se divorcian o que estafan al fisco de diversos estados europeos, cantantes y actrices que exhiben como gran cosa sus asuntos personales en las mal llamadas redes sociales…), eso dio pie a que siguiera existiendo la impunidad plena de esos crímenes y de esos criminales, que directa o indirectamente están ligados al Estado y forman parte del orden contrainsurgente. Y que, además, se suponía que iba a dejar de existir luego de la desmovilización de las FARC. Pero qué va, los hechos han ido mostrando dolorosamente que en este país se sigue aplicando la lógica de la Guerra Fría, que nunca ha terminado en Colombia, de eliminar al que es declarado como enemigo, y no importa que para ello haya que esgrimir los argumentos más rebuscados y traídos de los cabellos, como los presentados recientemente por el Ministro de Defensa (sic) (mejor sería llamar Ministro de Ofensas), Luis Carlos Villegas.
Al respecto este personaje sostuvo que los asesinatos que se vienen dando en Colombia con una terrible asiduidad no son resultado de una persecución sistemática y planificada, sino que en su “Inmensa mayoría” "son frutos de un tema de linderos, de un tema de faltas, de peleas por rentas ilícitas". Dicho de otra forma, el Estado deja de cuidar la vida de los colombianos –que, según los cultores del supuesto “Estado de Derecho” que existiría en Colombia, sería una de sus responsabilidades principales- y expresa con cinismo algo así como que esos asesinados están bien muertos porque se lo merecen, al fin y al cabo, en algo debían andar, como siempre han dicho los asesinos, y sus cómplices mediáticos, cuando se asesina a un estudiantes, un campesino, un sindicalista o cualquiera que esté al margen de los verdaderos dueños de este país. No sorprende que los opinologos de la prensa, como Semana, ese órgano por excelencia del orden contrainsurgente, legitimen los crímenes diciéndoles a las FARC, por ejemplo, como lo hace un tal Mauricio Carradini, que “no abusen de la victoria (sic) y no se vayan a ahogar en la sangre de sus propias batallas”. (http://www.semana.com/opinion/articulo/mauricio-carradini-opinion-la-arrogancia-de-las-farc/547813)
Frente a lo que está aconteciendo con el asesinato de ex combatientes de las FARC, que repite además la trágica historia de Guadalupe Salcedo, Dumar Aljure, Toledo Plata y miles de ex guerrilleros asesinados luego de que distintos movimientos insurgentes firmaron acuerdos con el Estado (algo que modernamente comenzó en 1953), sí que resultan aplicables las palabras de Eduardo Galeano, cuando manifestó con claridad meridiana: “La amnesia implica impunidad, y la impunidad estimula el delito, tanto en términos personales como colectivos. No se necesita ser un gran jurista para saber que si yo mato a mi vecino, y todo sigue igual, termino matando al vecindario entero, porque la impunidad tiene un efecto estimulante sobre el delito”.
Lo acontecido en este 2017 con el acuerdo, el haberlo hecho trizas, no es algo de poca monta, porque tiene una trascendencia que va más allá de lo meramente coyuntural. Muestra, de un lado, que está en marcha un genocidio similar, y de pronto peor, que el de la Unión Patriota y A Luchar. Indica, de otra parte, que en este país se repite la historia de incumplimiento y muerte por parte del bloque de poder contrainsurgente, que supone sembrar las semillas de nuevos-viejos conflictos nunca resueltos, es decir, se están incubando nuevas guerras. De eso deben estar tomando nota el ELN, las mal llamadas disidencias de las FARC, y nuevos movimientos insurgentes que puedan formarse en el futuro próximo, para los que queda claro que en este país de cultura traqueta no se respeta la palabra empeñada.

Renán Vega Cantor