viernes, marzo 24, 2017

Terrorismo de Estado, negacionismo y posmodernidad



[…] El pasado está ahí.
Cubierto por toneladas de escombros, todavía respira
Negado por el deseo de la Horda (el presente es Dios)
Humillado por la Ley
De una selva sin misterio (sálvese quien pueda)
Con labios de música, aún advierte:
Sin mí no habrá mañana cierta
Nada crecerá de buena eternidad
El pasado está ahí. No susurra: grita
Y sus alas quemadas golpean contra el olvido.

Vicente Zito Lema

"El pasado es aquello por lo que lo tomamos, y actúa en consecuencia", afirmó el pensador Gustav Landauer, allá por 1907, en su ensayo La Revolución. La idea del anarquista alemán, así expresada, suena un tanto exagerada, desmesurada, aunque no faltarán historiadores y filósofos posmodernistas dispuestos a romper lanzas por ella. Si la matizáramos diciendo el pasado es, ante todo, lo que es. Pero también resulta ser, en cierto modo, aquello por lo que lo tomamos, y actúa en consecuencia, creo que estaríamos más cerca de la verdad.
El golpe del 76 ocurrió, y puso en marcha una dictadura militar que, en nombre de la seguridad nacional, buscó disciplinar de raíz, drásticamente y según un plan preestablecido, a la sociedad argentina: suspensión de las garantías constitucionales, clausura del Congreso, proscripción de los partidos políticos, intervención de las provincias y los sindicatos, apertura de la economía a las importaciones, devaluación, congelamiento de salarios, desindustrialización, estatización de la deuda externa privada, prohibición del derecho de huelga, censura, quema de libros, persecución ideológica, represión paraestatal, etc. Todo esto no es cuento. Aconteció realmente.
Cabe la posibilidad, también, de creer y decir que el régimen procesista de Videla y sus sucesores nunca ocurrió, o que sus consecuencias fueron otras (por ej., hacer de la Argentina un lugar más pacífico e idílico que el pueblito Walnut Grove de La familia Ingalls). Pero el pasado, valga la redundancia, ya pasó. Fue como fue. Existió objetivamente, y de él nos quedan numerosos vestigios, evidencias, testimonios, indicios, pruebas tangibles de toda índole... No puede ser reducido a un entramado de relatos subjetivos, a una intertextualidad autorreferencial.
El pasado, además, es irreversible, imposible de alterar. Los grupos de tareas, los centros clandestinos de detención, el Plan Cóndor, los vuelos de la muerte, las fosas comunes, las tumbas NN, los menores apropiados, el accionar de la Triple A antes del golpe, nada de todo ese horror desaparecerá del escenario histórico sólo porque a la derecha argentina se le antoje pensar que no existió, como tampoco la Shoá se volverá un mito difamatorio sólo porque los neonazis insistan en negar su existencia.
El terrorismo de Estado no se convertirá mágicamente en una gesta como la Revolución de Mayo o el Cruce de los Andes por el mero hecho de que algunos nostálgicos de la dictadura crean fervientemente que lo fue.
Lo que sí se pude hacer, claro está, es cambiar la imagen que tenemos del pasado; y a partir de ese cambio, modificar la influencia que él ejerce sobre nosotros. Podemos, por ej., dejar de creer que el golpe se trató de una guerra sucia, o de dos demonios simétricos en pugna, y asumir que hubo terrorismo de Estado con todas las letras. Ese cambio en la relación con el pasado forzosamente generaría un cambio en nuestra relación con el presente: apoyaríamos los procesos de memoria, verdad y justicia que antes no habíamos apoyado. El pasado como tal nunca cambia. Lo que cambia es el vínculo con él, la interpretación que tenemos de él, y el modo en que ese vínculo, esa interpretación, repercute sobre nosotros, en nuestra conciencia y nuestra praxis.
Hay que tener entonces mucho cuidado con ciertas modas intelectuales de la posmodernidad (Hayden White, Paul Ricoeur, Arthur Danto, Frank Ankersmit, etc.). Si aceptamos sin más la tesis de que la historia es sólo una inmensa telaraña de discursos con pretensiones vanas de veracidad, si admitimos que el pasado como proceso objetivo nunca ha existido o (lo que en términos prácticos vendría a ser lo mismo) resulta incognoscible, quedamos indefensos ante la araña del negacionismo y su ponzoña: «quizás no hubo Shoá», «tal vez no hubo 30 mil desaparecidos», «a lo mejor los mapuches son chilenos invasores», etc. Si creemos que el relato de un troll que cita a Biondini, Cecilia Pando o Rolando Hanglin tiene la misma validez epistemológica que el relato de un historiador que se quemó las pestañas leyendo toneladas de libros, o que pasó buena parte de su vida haciendo investigación de archivo, estamos perdidos.
Sin duda, los ejemplos que di son extremos, casi caricaturescos. Pero válidos no obstante, y bien didácticos. Allanan la reductio ad absurdum que intento hacer aquí. Y una vez descubierta la falencia lógica, es fácil detectarla en casos más complejos, menos claros, más sutiles. No es mi intención simplificar el problema con chicanas y falacias de espantapájaros, sino plantearlo y visibilizarlo en toda su amplitud, profundidad y crudeza, radicalmente.
Los historiadores y pensadores mencionados algunas líneas más arriba no son ultraderechistas, en absoluto. Ninguno de ellos simpatiza con el neofascismo, ni ha buscado legitimar el discurso negacionista. Pero sin propónerselo, lo han dotado de cierta «respetabilidad intelectual». Como reza el refrán, de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno. La negación del Holocausto, de la preexistencia de los pueblos originarios, de los 30 mil desaparecidos, es el infierno. Como también es el infierno relativizar (so pretexto del mal menor, la guerra justa o la Aliyá sionista) la culpabilidad de EE.UU. en la destrucción de Hiroshima y Nagasaki, los crímenes de España en la conquista de América o los espantos de la Nakba palestina. El narrativismo a ultranza conduce, pues, a un callejón sin salida, aunque ésa no sea su intención, y aunque los narrativistas lo soslayen o desmientan.
Lo paradójico (y trágico) del asunto es que en ningún otro lugar el posmodernismo ha calado tan hondo como en el campo intelectual. Hay que hacerse cargo del problema. Hay que hacerse cargo del vale todo también en las malas, cuando juega en contra de nuestras propias certezas e intereses. Ser relativistas cuando nos agrada o conviene, y no serlo cuando nos genera fastidio o incomodidad, es, amén de un proceder incoherente, un acto de deshonestidad intelectual.
La objetividad absoluta no existe, estamos de acuerdo. Mucho menos existe la imparcialidad, pretensión fatua y sobrehumana si las hay. El conocimiento histórico jamás ha sido y jamás será la realidad histórica misma. Siempre habrá una brecha entre uno y otra. La verdad es inalcanzable. Pero la brecha puede ser más grande o más chica, y no debiera darnos lo mismo el tamaño que posea. Existen distintos grados de aproximación a la verdad histórica, a lo que realmente sucedió, y es nuestro deber tratar de acercarnos a ese umbral todo lo que, humanamente, nos sea posible, asequible.
Dijo de la utopía Eduardo Galeano: "Ella está en el horizonte. Yo me acerco dos pasos y ella se aleja dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve, para caminar". Pues bien: con la verdad histórica sucede algo parecido. Nunca se la alcanza, pero sirve para que el historiador camine, para que haga cada vez mejor su trabajo: contar y explicar lo que realmente pasó, y no lo que se le antoja que pasó, puesto que no es un novelista.
¿De qué depende el tamaño de la brecha entre la historiografía y el pasado? Básicamente, de dos cosas: nuestra honestidad intelectual y nuestro rigor científico. Si nuestra honestidad intelectual y rigor científico son altos, la brecha se reduce. Sin son bajos, la brecha aumenta. Tan simple como eso.
Permítaseme recordar algo que escribió Carl Sagan en Cosmos (1980), a propósito de la ciencia: "No es perfecta. Puede utilizarse mal. Es sólo una herramienta. Pero sin duda es la mejor herramienta que tenemos, se autocorrige, progresa y se puede aplicar a todo. Tiene dos reglas. Primero: no hay verdades sagradas; toda presunción debe ser examinada críticamente; los argumentos de autoridad no tienen valor. Segundo: lo que sea inconsistente con los hechos debe ser desechado o revisado. Debemos comprender el cosmos como es, y no confundir lo que es con lo que quisiéramos que fuera. Lo obvio es a veces falso, lo inesperado es a veces cierto". Nadie resumió con mayor claridad y sencillez el método científico. Método que es también, aunque a menudo se lo olvide, el de todo buen historiador que, consciente de las limitaciones deontológicas inherentes a su profesión, no puede darse el lujo de fabular como Edward Bloom, el adorable mitómano de El gran pez.
La ciencia histórica está más cerca de la verdad histórica (o menos lejos, si se prefiere) que la mitopoiesis religiosa, el sentido común o la ficción literaria. Admito de buen grado que la objetividad de todo historiador (Hobsbawm, por caso) es bastante relativa, que está limitada por su recorte temático, por su perspectiva teórica, por sus énfasis y omisiones, por su ideología... Pero si alguien pretendiera convencerme de que las opiniones históricas a bocajarro de un taxista oyente de Baby Etchecopar, que nunca agarró un libro en su vida, son tan verdaderas o legítimas como Historia del siglo XX, estaría perdiendo su tiempo.
Objetividad en el sentido fuerte de la palabra, objetividad plena, total, no existe. Ese es el medio vaso vacío. Objetividad en sentido más débil, una búsqueda que tiende hacia la verdad sin poseer nunca del todo la verdad, eso sí existe: es la honradez intelectual, el método científico, la racionalidad crítica, el apego minucioso a los datos, la solidez empírica que aportan las fuentes primarias, la exhaustividad heurística y la rigurosidad hermenéutica, la coherencia o consistencia lógica de los razonamientos, la profundidad del análisis y la amplitud de la síntesis, el espíritu crítico, la apertura mental al debate, el fair play, los puntos de consenso mínimo, el oficio de abogado del diablo... Ahí tenemos el medio vaso lleno que el posmodernismo, a la ligera, se empeña en ver totalmente vacío.
Quizás el saber verídico, el conocimiento certero, sea una gran ilusión, la mayor de las quimeras jamás inventadas. Pero de algo estoy seguro: la episteme es mucho menos ilusoria que la doxa. Es preferible ser tildado de «positivista anacrónico», de «cientificista obtuso», de «racionalista eurocéntrico» (aunque no se lo sea), y soportar la ignominia de ser intelectualmente incorrecto (aunque resulte injusta), que alimentar con retórica posmoderna al monstruo del negacionismo.
En su libro El paisaje de la historia, John Lewis Gaddis (a quien nadie podría achacarle ser un historiador refractario a la sensibilidad posmoderna) señaló:
No tenemos más remedio que esbozar lo que no podemos dibujar con precisión [...]. Pero esto no significa que nuestros modos de representación determinan cualquier cosa que representemos. […]
¿Qué sucedería [...] si concibiéramos la historia como una suerte de confección de mapas? Si el pasado fuera un paisaje y la historia la manera de representarlo, [...] esta metáfora nos permitiría acercarnos a la manera en que los historiadores saben cuándo están en lo cierto.
Pues en cartografía la verificación se realiza ajustando las representaciones a la realidad. Lo que tenemos en mente son razones para representar el paisaje: queremos encontrar nuestro camino a través de él sin tener que depender de nuestros sentidos inmediatos [...]. Y tenemos el mapa, que es el resultado de reunir lo que existe en realidad con lo que el usuario del mapa necesita saber de lo que existe.
El ajuste se hace más preciso cuanto más se investigue el paisaje. Los primeros mapas de territorios recién descubiertos suelen ser burdos esbozos de la costa, con muchos espacios en blanco, ocupados por monstruos marinos o dragones. A medida que la exploración progresa, los contenidos del mapa se hacen más específicos y las bestias tienden a desaparecer. Con el tiempo, habría muchos mapas del mismo territorio preparados con distintos fines, ya sea mostrar carreteras, ciudades, ríos, montañas, recursos, topografía, geología, población clima o incluso el volumen del tráfico [...].
La verificación cartográfica, por tanto, es completamente relativa: depende de lo bien que el cartógrafo consiga ajustar el paisaje que se representa y de las necesidades de aquellos para quienes se confecciona el mapa. Sin embargo, a pesar de esta indeterminación, no conozco a ningún posmodernista que haya negado la existencia de paisajes o la utilidad de su representación. [...] De la misma manera, sería muy imprudente para los historiadores deducir que, dado que no tenemos un fundamento absoluto para medir el tiempo y el espacio, es imposible saber nada acerca de lo que sucede en uno u otro.
La historiografía no es el pasado, cierto. No puede replicar el devenir histórico. Pero a diferencia de la novelística, tiene que ajustar o adecuar sus representaciones a él, a lo que realmente aconteció. Y ese ajuste, esa adecuación, impone límites objetivos no menores a la subjetividad del historiador, a su imaginación, a su discurso, a sus pretensiones y conveniencias ideológicas, a su política de la memoria. Así como ningún cartógrafo serio podría negar que el territorio de Andorra es mucho más pequeño que el de Rusia, ningún historiador serio podría negar que hubo terrorismo de Estado en Argentina. No hay objetividad absoluta, pero sí hay posibilidad de un ajuste creciente entre representación y realidad, entre historiografía e historia. Ese proceso de ajuste creciente, aunque inacabable, constituye una suerte de «semiobjetividad», algo que dista bastante de la objetividad, pero que de ningún modo resulta homologable al subjetivismo del vale todo.
Hace tiempo que me mantengo firme en esta tesitura: no aceptar ningún debate sobre la objetividad o subjetividad de la historiografía, a no ser que ese debate se dé a la luz de ejemplos cruciales, de casos suficientemente problemáticos a nivel ético o político. Es muy fácil equiparar, con ligereza, el estatus epistemológico de los relatos históricos cuando difieren en minucias como el lugar de nacimiento de Gardel, o la autenticidad de tal o cual anécdota sobre la vida privada de San Martín. Lo que ningún relativista está dispuesto a hacer es llevar hasta sus últimas consecuencias lógicas su relativismo, saliendo de su zona de confort.
El nieto de un hibakusha, ¿acaso se atrevería a negar la catástrofe de Hiroshima y Nagasaki? Una mujer que perdió un hijo en la tragedia de Cromañón, ¿aceptaría que la versión de los hechos del empresario Omar Chabán es tan válida como la suya? Un intelectual latinoamericanista, ¿sería capaz de decir que la prensa antichavista, en la crisis venezolana de 2002, fue tan digna de crédito como Le Monde diplomatique? Un antropólogo del CONICET, cuando denuncia las acciones de despojo y represión contra las comunidades wichí, ¿pondría en pie de igualdad veritativa su discurso científicamente fundado (basado en las evidencias del trabajo de campo) con los pretextos de los terratenientes y sus leguleyos a sueldo?
Conozco muchos relativistas progres, inteligentes y no tan inteligentes, de cátedra y de café. Pero sinceramente, no conozco ninguno que lo sea full time, sin grandes contradicciones y olvidos pro domo. Tarde o temprano, cuando las papas queman, sacan los pies del plato. A sabiendas o inconscientemente. Pero los sacan. Los relativistas progres no se atreven a extraer todas las conclusiones (teóricas y prácticas) extraíbles de su relativismo gnoseológico. Y si no se atreven, otros deberán hacerlo.
¿Los negacionistas de derecha? Felices y agradecidos con la moda del pensamiento light. No es para menos. Hacen su agosto. Hoy por hoy, posmodernidad mediante, un tweet «antisubversivo» de veinte palabras vale lo mismo que las 490 páginas documentadas del informe Nunca más. Son relatos diferentes, pero «igualmente respetables». De un lado, la narrativa de la guerra sucia o de la teoría de los dos demonios. Del otro lado, la narrativa que habla de terrorismo de Estado sin pelos en la lengua. Voces diferentes, antagónicas. Pero todas «legítimas»; ninguna «más verdadera» que la otra. Cerca de 30 mil desaparecidos, como estiman las organizaciones de derechos humanos (en base a una serie de cálculos nada descabellados que elevan la cifra original de la CONADEP), o bien, unos "9 mil a 12 mil", como aventuró nuestro ilustre presidente. Total, ¿qué más da? El posmodernismo no puede desentenderse de los monstruos que viene cebando con su prédica relativista.
Con epistemologías débiles (del norte o del sur), enfrentarse al negacionismo histórico es como luchar contra molinos de viento: un acto voluntarista condenado de antemano al fracaso. Es hora ya de recuperar nuestra confianza en el rigor de la ciencia crítica, en la capacidad de describir y explicar los procesos históricos con una fidelidad nunca total, siempre imperfecta, pero sí al menos respetable (o en cualquier caso, muy superior a la del sentido común). Y si la palabra «objetividad» nos da tanto escozor por sus connotaciones positivistas, porque equivocadamente le asignamos un sentido absoluto, o porque la confundimos a la ligera con la palabra «imparcialidad» o «neutralidad», pues bien, inventemos otra entonces. Que un prurito semántico no nos deje maniatados frente a la violencia simbólica del negacionismo histórico.
Un negacionismo histórico que busca ocultar o minimizar, con un cinismo e impudor inusitados, los horrores del terrorismo de Estado en Argentina. Y ya no sólo desde la tribuna del diario La Nación, sino también desde la mismísima Casa Rosada. Hay que terminar con "el curro de los derechos humanos", declaró Mauricio Macri cuando hacía campaña. ¿Qué contexto político más favorable podría tener este rebrote discursivo de la guerra sucia que un gobierno reaccionario que niega los 30 mil desaparecidos, en medio de una posmodernidad donde, como «la «objetividad no existe», se puede decir con impunidad cualquier cosa?

Federico Mare
Historiador y ensayista

Ilustración: Andrés Casciani

El Proceso de Reorganización Nacional y su repercusión hoy



Desarrollo acerca de la brutal política represiva del último golpe de Estado argentino y comparación con los métodos de Cambiemos y el FPV.

El 24 de marzo fue un día gris en la historia de la clase trabajadora argentina. No decimos pueblo porque es una vaga definición que puede accidentalmente englobar también a la burguesía nacional que sacó un enorme rédito de aplastar a una vanguardia que, con grandes experiencias acumuladas en la lucha que nos remonta a los 70 y antes también. A pesar de este corte histórico los trabajadores tuvieron y tienen grandes tendencias a la combatividad y a cuestionar el Estado en pos de sus derechos.

Isabelita

María Estela Martínez, Isabelita, asumió el cargo de presidenta de la nación el primero de julio de 1974. En un clima de desbarajuste económico prácticamente incontenible en el marco de la democracia capitalista, con una inflación que llegó al 700% luego del agresivo ajuste que emprendió el ministro de economía Celestino Rodrigo en el 75 y un descontento popular en ascenso en contra del Rodrigazo en las jornadas de junio/julio de ese mismo año, que encontró nuevamente a la clase obrera movilizada forzando a la CGT a dejar las negociaciones, llamar al paro nacional y al surgimiento de las coordinadoras fabriles en varias zonas del país. Lógicamente en este marco la burguesía nacional no podía alcanzar sus intereses, o al menos no como ésta se los planteaba, por lo tanto los rasgos reaccionarios del gobierno de turno fueron cada vez más notorios. Esto es patente con el aumento de la represión y la aplicación de la Triple A (Alianza Anti Comunista Argentina) el plan sistemático de aniquilación de las corrientes e individuos de ideología marxista que había empezado a ser implementado durante el gobierno de Perón antes de su muerte, al cual se irían incorporando las distintas bandas fascistas con apoyo del poder político de turno, que desde las sombras controlaba su mano derecha López Rega.
Naturalmente el gobierno no pudo preservar la vapuleada democracia ante la situación de inestabilidad nacional, guerra contra la subversión en el plano internacional apoyada por los Estados Unidos, en contra del bloque soviético, y el Plan cóndor que coordinaba las dictaduras de América del Sur. La última carta que le quedaba jugar a los grandes grupos económicos para preservar sus intereses de clase fue recurrir a un gobierno de facto.

El Golpe del 76

El 24 de marzo de 1976 se da finalmente el golpe de Estado y abre la etapa que conocemos como "Proceso de Reorganización Nacional". Ahora el enemigo ya no era el peronismo y la guerrilla, que estaba prácticamente liquidada debido a enormes fracasos en su estrategia y luego de una gran ofensiva del ejército en 1974/75. Los distintos grupos revolucionarios como el Partido Socialista de los Trabajadores pasaron a la clandestinidad en esta etapa. Directamente era toda persona que cuestionara el régimen. Y con la excusa de eliminar las tendencias subversivas se desató un arsenal represivo nunca antes visto en la historia de nuestro país.
La primera Junta Militar estaba integrada por las tres armas: El ejército con Jorge Rafael Videla a la cabeza, la marina de Emilio Eduardo Massera y la aviación de Orlando Ramón Agosti. Y si bien en un comienzo la orientación política fue la misma, pronto se empezaron a ver disputas por ver quién sería presidente provisional, sobre todo entre el ejército y la marina. Finalmente el encargado de desempeñar esa función fue Videla.
El cargo de ministro de economía lo ocupó un conocido referente de la ultranza liberal José Alfredo Martínez de Hoz. El apoyo por parte de los grandes grupos económicos como el Fondo Monetario Internacional no tardó en llegar con un crédito de 110 millones de dólares. La intención de esta lógica política era eliminar los resabios del anterior modelo de bienestar con la liberación de la economía, que naturalmente llevó a la destrucción de la industria nacional muy dependiente de la ayuda estatal. Se primarizó la economía intentando atraer inversiones en los sectores de producción que servían para integrarse en el mundo. Es decir el sector agropecuario y minero.
Lo que se logró en la práctica fue un rebote inflacionario que conllevó la eliminación total de los controles de precios y una reforma financiera que liberó las tasas de interés a los designios del mercado. No habían fábricas nuevas, tampoco renovación tecnológica. Si nuevas financieras y bancos.
Se le suma “La Tablita”. Devaluaciones de la moneda nacional pautadas. Como resultado de la estrepitosa caída del producto bruto interno y el aumento del 100% de la inflación. Grandes fugas de capital nacional y enorme toma de deuda que contribuyó a la bicicleta financiera. Durísimo golpe al bolsillo de la clase trabajadora.
Con el renacer de las disputas internas en la Junta, la resistencia del pueblo trabajador que solo menguó con el mundial del 78, el descrédito a nivel mundial del proceso dictatorial y la durísima derrota en la Guerra de Malvinas asestó el golpe definitivo a la última dictadura Argentina.
La proliferación de los centros clandestinos de detención como la Escuela de Mecánica de la Armada, un total de 610 en el país en el ´76, los vuelos de la muerte, y la brutalidad con la que se busco disciplinar a la clase trabajadora, el apoyo de la clase dominante, la iglesia y el visto buenos de los medios de en es entonces sumado al doloroso saldo de 30.000 compañeros y compañeras desaparecidos fueron las enormes tragedias que nos dejó este periodo que no puede repetirse.

La Situación Política Actual

Es necesario dejar bien en claro que la democracia que vemos hoy es la otra cara de la misma moneda que representa al sistema capitalista. Esto es un hecho patente si vemos que los organismos de contención de masas; la policía, el ejército y las demás fuerzas siguieron cumpliendo su rol. Con Alfonsín tuvimos la dura represión a la huelga de 15 días en la la Ford de zona norte. También estuvieron presentes durante la lucha que hizo huir a De La Rúa en helicóptero. También con el gobierno que se propuso rescatar una vez más del debacle del 2001 a este sistema, el kirchnerismo, que apaciguo al movimiento desocupados y de trabajadores precarizados con una cierta política de derechos humanos que permitió reabrir el juicio a los militares pero que encontró su límite en Milani, que ocupó el cargo de jefe del ejército durante ese gobierno y en la represión a los trabajadores de Lear en panamericana cuando la situación internacional se torno desfavorable.
La clase obrera nunca recuperó el poder adquisitivo que obtuvo con enormes luchas en el pasado. Menos hoy que un gobierno con un alto porcentaje de CEO ocupando importantes cargos se propone aplicar un duro ajuste y que lo pague el pueblo trabajador.
Hoy con Macri venimos viviendo el gatillo fácil, producto de la militarización de los barrios obreros que se viene acrecentando, los femicidios van en aumento, la depreciación del salario es palpable, quieren imponer una ridícula paritaria del 18% en 4 cuotas a los docentes que están por debajo de la línea de pobreza y por eso vienen dando una importante lucha aún en contra de una burocracia de claro signo político. Se le suma la inflación y los injustificados cierres de fábricas, como es el caso de la lucha de AGR-Clarín. Tampoco se quedan atrás los gobiernos peronistas, que se reclaman opositores, como es el de Alicia Kirchner en Santa Cruz donde policías disolvieron violentamente el acampe docente mientras cantaban el himno argentino.
¿Y por que ocurre esto? ¿Por qué el gobierno intenta borrar la historia de un plumazo ninguneando a los desaparecidos y restaurando la teoría de los dos demonios? ¿Por qué intenta a toda costa ajustar de esta manera?
Busca la reconciliación, entre el pueblo pobre, las clases dominantes y las fuerzas armadas. Por que sabe que las condiciones para acrecentar la ganancia de la clase capitalista, que le esta demandando un plan de austeridad, no están dadas. Y esto es gracias a la lucha que los trabajadores vienen dando.
No queda otra que atacar la propiedad capitalista, que la crisis la paguen los que la generaron, que no se repitan las actitudes represivas que conocemos muy bien al igual que la doctrina de un gobierno neoliberal.
Por eso, para repudiar la represión de ayer y hoy te invitamos este viernes 24 de marzo a marchar con la izquierda, con los que propulsamos el encuentro de Memoria Verdad y Justicia, con los que luchamos por la aparición con vida de Julio López, con los diputados que cobran como un docente, con el sindicalismo combativo y con los que proponemos un gobierno de la clase trabajadora de ruptura con el capital como única salida para los propios trabajadores.

Santiago Fucík

Conversando con: Ignacio Ramonet

Julio Antonio Mella y Tina Modotti



Crónica de otra fuga



La película se llamó Crónica de una fuga, la dirigió Adrián Caetano, se estrenó en abril de 2006 y es la adaptación del libro Pase Libre, de Claudio Tamburrini, uno de los protagonistas del hecho. En ella se relataba la huida de Claudio y otros tres secuestrados de un centro clandestino de detención que funcionó en Morón y que se conoció con el nombre de La Mansión Seré. El film hizo famosa aquella fuga. Pero hubo otra.

En la esquina porteña de Venancio Flores y Lacarra, frente a las vías del ferrocarril Sarmiento y a dos cuadras de la estación Floresta, funcionó entre mayo y noviembre de 1976 un centro clandestino por donde pasaron más de 300 detenidos. Conocido como Automotores Orletti, fue la base de operaciones del llamado Plan Cóndor, una estrategia de represión global que coordinaban las dictaduras de Argentina, Paraguay, Chile, Bolivia, Uruguay y Brasil.
En ese lugar el general Otto Paladino, entonces jefe de la SIDE, junto a la banda de la triple A liderada por Aníbal Gordon, Eduardo Ruffo y el general uruguayo Nino Gavazzo, secuestraron, torturaron, mataron y robaron todo lo que pudieron, hasta que un descuido y la audacia de dos militantes los sorprendió una mañana de noviembre de 1976.
Norma y José militaban en las FAL (Fuerzas Armadas de Liberación), una de las organizaciones políticas de izquierda que se fundó a fines de 1968.
Eran una pareja que tenía casi todo en común, hasta el barrio donde habían crecido. Los dos eran de Avellaneda, pero ella hincha de Racing y él de Independiente, diferencia que los unía en la pasión futbolera y en las bromas después de cada partido, festejando triunfos y lamentando derrotas de sus colores queridos.
En una casa de Haedo, ya clandestinos, comienza el drama. Hasta allí llegan las fuerzas represivas luego de ubicar y secuestrar al hermano de José, a su cuñada embarazada y a su padre. A pesar de que ninguno de los tres tiene militancia política, los llevan a Orletti y los torturan salvajemente hasta que logran la dirección que necesitan.
Cuando llega la patota, en la casa están la mamá de Norma con sus dos nietas pequeñas, hijas de Norma y de José. Interrogan y golpean a la abuela, mientras esperan la llegada de la pareja.
La que llega primero es Norma, la reducen a golpes y algunos se van con ella a Orletti, mientras los otros se quedan esperando a José, que vuelve por la noche y se traba en una pelea con los asesinos hasta que, entre cuatro, logran dominarlo y meterlo en el baúl de un auto.
Cuando José llega a Orletti ya están ahí su padre, su hermano, su cuñada y su mujer, que cuelga de una viga del techo, en la planta alta de ese taller que es una sucursal del infierno. Alcanza a ver a su padre tirado en un rincón, destruido por las torturas, y oye los quejidos de su hermano en otra celda cercana de la misma planta.
Los torturadores se ensañan con Norma que, colgada y lastimada, ve también a sus familiares agonizar en Orletti. Hasta que se hace la hora de cenar y los asesinos, hambrientos, deciden hacer una pausa.
Tienden la mesa en otro cuarto, casi al lado suyo, comen, toman mucho vino y de vez en cuando alguno se acerca a castigarla. Escucha sus risas, sus voces, sus gritos de borrachos, hasta que no oye nada más, sólo los ronquidos de las bestias durmiendo su borrachera.
Norma siente las ataduras flojas en sus muñecas y se decide. Está jugada. Con sus últimas fuerzas tira, se desata y cae al suelo. Alcanza las llaves de las esposas que cuelgan de un gancho en la pared y busca a su marido. Lo encuentra, lo libera y los dos toman las armas que los borrachos dejaron apoyadas en una columna. Hay un fusil y una ametralladora que ella no sabe manejar pero José sí.
Tira a ciegas la primera ráfaga de FAL y sacude la cortina de arpillera que hace de puerta de la sala donde duermen sus captores. Tira dos, tres ráfagas y se le traba el fusil. No importa, hay que escapar, deja el FAL y sigue tirando con la ametralladora. Los guardias vuelcan una mesa y se protegen detrás de ella. No se atreven ni a asomarse. José se acerca a su padre, pero el hombre no puede moverse: “Vayansé ustedes chicos, por favor vayansé”, ruega, casi le ordena su papá. El hermano está inconsciente y a su cuñada no la encuentra. Mientras sigue disparando la metralleta libera a otro compañero que prefiere no sumarse a la acción. Norma se escuda en su marido, pero una bala le atraviesa el hombro. Los dos desnudos bajan por la escalera. Otra ráfaga y la huida desesperada de un guardián les muestra la puerta de salida que no podían ubicar. Con las fuerzas que les quedan salen a la calle. Enfrente están las vías del Sarmiento, las cruzan justo antes de que pase un tren que detiene al resto de la patota. El tren los separa y les da los segundos necesarios. Doblan por Emilio Lamarca y a mitad de cuadra encuentran un camión de una empresa de entregas postales. Le sacan las llaves al chofer, que no opone resistencia frente a esos a dos fantasmas sangrantes, y se van. Se van. Se van.
Son las ocho de la mañana del 3 de noviembre de 1976 y acaban de escaparse del infierno.
José lleva a Norma a un refugio seguro donde curan sus heridas y luego prepara el regreso, junto a un grupo de compañeros, para copar Orletti y liberar a los que allí quedaron. Pero llegan tarde. La banda de Paladino y sus secuaces desmantelan el chupadero al día siguiente de la fuga.
Las marcas de las balas pueden verse hasta hoy en las paredes de Orletti. Los guías cuentan la historia de la fuga a quienes visitan ese centro clandestino de detención, convertido en Museo de la Memoria, y los vecinos de esa cuadra de Floresta también evocan aquella mañana de noviembre, cuando los despertaron los tiros y vieron a una pareja cruzar desnudos y heridos las vías del Sarmiento.
Norma sobrevivió y delegó en ellos el recuerdo de esta historia. José murió en 1978 en Nicaragua, luchando junto a las tropas sandinistas.

Hugo Soriani

De la dictadura genocida a la concentración y miserabilización actual

A 41 años del golpe criminal

A 41 años del golpe genocida del 24 de marzo de 1976 hay que hacer memoria y recuperar los objetivos entonces propuestos por las clases dominantes para considerar cuanto lograron y como los profundizan en nuestra cotidianeidad.
Con el terror de Estado se ejerció la “necesaria” violencia para reestructurar la economía, el estado y la sociedad, por eso, la cultura del miedo, represión explícita mediante, para obtener una férrea disciplina social. Por eso no debe sorprender la argumentación ideológica en el presente contra la movilización social en defensa de los derechos de los de abajo. Es la cultura represora de la dominación que defiende el derecho a circular junto a los de propiedad, contra los de las/os trabajadoras/res, sus salarios y las condiciones de empleo.
Hay matices en 41 años, sí, no es lo mismo la dictadura que los gobiernos constitucionales, no necesariamente “democráticos”; pero existen algunas regularidades institucionales que atraviesan todo el periodo.
La más importante es la ofensiva del capital sobre el trabajo y la flexibilización y precariedad laboral constituye una constante en el periodo. El tercio de irregularidad en el empleo es menos que la máxima hacia 2001/02, pero refleja la voracidad de la impunidad empresarial que deteriora derechos y condiciones de vida de las/os trabajadoras/es.
Producto de la ofensiva capitalista cambió la relación cotidiana entre trabajadoras/es y sus empleadoras/es, con la clara intencionalidad de restringir la capacidad de protesta y organización sindical, que no es mayor producto del empecinamiento de una cultura social y sindical en la Argentina, con tradición histórica en diferentes identidades político ideológicas anti capitalistas.
Los instrumentos de la ofensiva capitalista fueron variados, no solo para transformar la relación laboral, sino el tipo y función del Estado, por eso las privatizaciones y el incentivo a la iniciativa privada. Una lógica que hoy se reitera con la pretensión de normalizar la educación privada, mientras que en la escuela pública se “cae” por no haber alternativa para los más empobrecidos.
Con la mercantilización capitalista se organiza la cotidianeidad, en la salud y la educación, en la vivienda, la cultura, la seguridad o la justicia; pero a no olvidar que ese propósito formulado en tiempos dictatoriales se materializó con gobiernos constitucionales y persiste.
La deuda pública es un mecanismo en origen que se potenció en tiempos y turnos constitucionales, con una incambiada “ley de entidades financieras” que rige desde 1977 y cuyo objetivo de concentrar la banca se concretó con creces, más su extranjerización.
No puede pensarse en el modelo productivo actual, readecuado en estas décadas desde el propósito explicitado por el Plan de Martínez de Hoz en abril de 1976, cuyo eje rector tuvo impulso bajo la orientación de Cavallo con presidentes peronistas y radicales.
Los objetivos de la dictadura no solo se materializaron bajo condición de golpe de Estado, sino también con legislación aprobada por el Parlamento, sean las leyes de la impunidad o la ley antiterrorista, antecedente de cualquier protocolo de represión contemporáneo.
Este trayecto es el que permite explicar el 33% de pobreza y la concentración en pocos multimillonarios del petróleo, la construcción o las finanzas. Remito a Alejandro Bulgheroni, Eduardo Eurnekian, Alberto Roemmers, Gregorio Pérez Companc, Jorge Horacio Brito, Eduardo Costantini, o Marcos Galperin. Argentina replica lo que pasa en el mundo, con 8 fortunas individuales que tienen la misma riqueza que el 50% de la población mundial.
Resulta de interés recuperar la memoria, sí, pero también considerar las continuidades esenciales en tiempos constitucionales para hacer funcional a la Argentina al orden capitalista mundial, ahora desafiado en el marco de la crisis a su propio reordenamiento. Este se manifiesta en las críticas a la globalización capitalista desde sus propias clases dominantes, caso del BREXIT o el triunfo de Trump, o la expansión visible de las derechas mundiales que se ofrecen para reformar en su beneficio el capitalismo actual.
Son reformas para relanzar la lógica de la ganancia, de la acumulación y la dominación. Por eso hay que pensar en términos alternativos, lo que supone la crítica a los procesos de cambios que se procesaron o procesan en nuestra región y discutir la necesaria transición desde el orden actual hacia formas sociales de organización de la producción y la cotidianeidad colocando por delante los derechos humanos y los de la naturaleza.
La gigantesca manifestación de recuperación del acontecimiento que supuso el genocidio puede servir para construir subjetividad y propuestas programáticas para una crítica del pasado y el presente, junto al debate sobre el futuro cercano de emancipación social.

Julio C. Gambina

El 24 de Marzo de una Argentina movilizada



Cuando han transcurrido 41 años del nefasto golpe militar, Argentina se encuentra más que nunca carente de derechos- de derechos sociales, políticos y humanos.
Desde el poder político se vuelve a cuestionar el carácter genocida de la dictadura. Durante tres décadas y media, desde Alfonsín en adelante, esa operación ha estado signada por el objetivo de poner un fin al juicio y castigo de los culpables y, más allá, de eso a rehabilitar una función política a las fuerzas armadas. “Punto final y obediencia debida”; “indulto”; consagración de Milani, un jefe de Inteligencia, como comandante general del Ejército. Se cuestiona, con la objeción al genocidio, la existencia de un plan criminal, ignorando incluso su alcance continental –el Plan Cóndor y la intervención de servicios de espionaje extranjeros.
La urgencia para consumar este operativo está relacionada con la presión del Pentágono norteamericano para asignar a las fuerzas armadas de América Latina la supuesta función de ‘combatir al narcotráfico’, con todo lo que ello implica en materia de militarización de la vida civil. Gendarmería e incluso FFAA han sido involucradas en la ocupación de los barrios – en lugar de urbanizarlos y convertirlos en comunas con representantes electos, y la satisfacción del derecho al trabajo de su población. Esta ‘estrategia’ ha llevado, en México, a masacres inauditas y a reforzar la emigración; ahora, a enfrentar un Muro de mayor extensión. Mientras se cacarea contra el comercio de drogas, los gobiernos locales hacen la vista gorda al tráfico en los festivales – como ocurrió en Costa Salguero y en Olavarría, incluso se los autoriza si se adoptan recaudos como el abastecimiento de agua y la presencia de servicios médicos. La autorización a la libre salida y entrada de capitales y el anonimato de las operaciones financieras favorecen el lavado del dinero ilegal.
El “gatillo fácil” no ha cesado; es, según los informes mejor documentados, mayor que en el pasado. Quiere decir que la ‘limpieza’ que la gobernadora Vidal dice haber emprendido en la policía es un engaño. Los servicios de seguridad deben ser desmantelados y la libertad de la ciudadanía y los conflictos cotidianos debe quedar bajo la protección de fuerzas bajo control de los organismos de derechos humanos y de la población, y los fiscales y jueces deben ser electos y revocables por el pueblo.
La movilización de la mujer ha puesto de manifiesto la progresión de la violencia de género – no solamente en Argentina. Las políticas de ajuste, como salida a la bancarrota capitalista, han hundido irrevocablemente a las familias y promovido la violencia contra mujeres y niños e incluso el suicidio de los criminales. Esto no lo va solucionar el agravamiento de las penas en el código penal. El movimiento de la mujer ha presentado un conjunto de reclamos que el Estado se niega a atender. Debemos celebrar, entonces, el desarrollo militante de las mujeres y su organización independiente. La emancipación de la mujer de la opresión doméstica, de la descalificación en el trabajo, del abuso de género, o sea su completa realización humana pasa por tomar el poder. Es lo que va a ocurrir con un gobierno de trabajadores.
Los derechos sociales son derechos humanos. Los dos principales: al trabajo, a un salario mínimo igual al costo de la canasta familiar por ocho horas diarias de labor y al 82% para los jubilados. La ‘democracia’ ha seguido atacando estos derechos sin pausa. Los gobiernos del capital son violadores seriales de los derechos humanos. Argentina tiene hoy un millón y medio ¡de indigentes! Para remediar esta situación es necesario que gobiernen los trabajadores.
Por último y muy importante: la movilización de este 24 de Marzo tiene lugar en una Argentina que se moviliza. Docentes, obreros, mujeres, trabajadores precarios. Esta movilización no cuenta con el apoyo del sistema político, que – por el contrario – ha votado cien leyes enviadas por un gobierno que defiende y subvenciona al capital financiero y ataca el patrimonio público y el ingreso de los trabajadores. Tampoco por parte de la burocracia sindical, que ahora lanza un paro aislado para que la clase obrera “se desahogue” – según las públicas palabras del triunviro moyanista de la CGT. Sería un gran salto para Argentina que este cuadro político se clarifique, creando un polo político que agrupe al mundo del trabajo, forzando a los partidos tradicionales a representar sin engaños el polo del capital.
Esta es, en forma resumida, la estrategia del Partido Obrero, que vuelve a marchar este año con las banderas del Encuentro de Memoria, Verdad y Justicia.

Jorge Altamira

Jorge Bergoglio, la dictadura y los desaparecidos



El actual Papa tuvo una relación estrecha con los genocidas, que va desde avalar el secuestro de curas jesuitas hasta decir “no sé nada” cuando declaró como testigo en la megacausa ESMA en 2010.

El 13 de marzo de 2013 en Argentina se produjo un revuelo sin precedentes. Mientras en el Vaticano Jorge Mario Bergoglio era nombrado Papa, en su país natal se desataba un debate entre quienes siempre estuvieron a su lado y quienes luchaban contra el oscurantismo, la ideología reaccionaria y la complicidad con el genocidio de la jerarquía de la Iglesia católica.
Para muchos, como Cristina Fernández de Kirchner, el debate duró poco y nada. Al tiempo que la expresidente preparaba su viaje al Vaticano para arrodillarse ante “su santidad”, gran parte de sus voceros y aliados comenzaban una carrera frenética por hacer girar 180 grados sus opiniones previas y por borrar, en la medida de lo posible, hasta los tuits acusatorios de derechista, antipopular y misógino contra el arzobispo.
Hasta Página 12 dejó en soledad a Horacio Verbitsky y su investigación histórica sobre los crímenes de la Iglesia católica argentina, algunos de los cuáles tuvieron a Bergoglio y su generación de prelados como protagonistas. Incluso el diario al que algunos consideran “zurdo” dejó de publicar notas de periodistas que investigaban el encubrimiento de la Iglesia de Francisco a curas acusados de abuso sexual.

Secreto de confesión

Pero una ironía del tiempo obligaría a Bergoglio, antes de sacarse la lotería e irse a vivir a miles de kilómetros de Argentina, a sentarse en un juicio a responder preguntas por su relación con la dictadura cívico-militar-eclasiástica.
Fue el lunes 8 de noviembre de 2010, cuando el Tribunal Oral Federal 5 lo hizo testimoniar a pedido de las querellas en el marco de la causa en la que se investigaban, entre otros hechos, los secuestros de los curas jesuitas Orlando Yorio y Francisco Jalics por parte de una patota de la ESMA. Ese caso había dejado expuesto a Bergoglio por su complicidad con los represores.
Aquella fue la primera y única vez que Bergoglio declaró en un juicio sobre delitos de lesa humanidad, pese a haber sido mencionado en varias causas como cómplice de los genocidas. E incluso declaró, por su expreso pedido, en sus oficinas de la Curia porteña y no en Tribunales, como lo hubiera hecho cualquiera.
Entre quienes lo interrogaron aquella mañana estuvieron Myriam Bregman y Luis Bonomi, representantes letrados de la querella encabezada por Patricia Walsh, hija del escritor asesinado el 25 de marzo de 1977 Rodolfo Walsh, cuyo caso se trataba en el mismo proceso judicial.
A mediados de los 70 Bergoglio era el superior de la Orden de los Jesuitas. Jalics y Yorio fueron secuestrados en un megaoperativo en la Villa 1.11.14 del Bajo Flores el 23 de mayo de 1976. Los catequistas que colaboraban con ellos habían sido secuestrados algunos días antes. Durante años ambos curas sostuvieron que Bergoglio los dejó prácticamente a merced de los represores, habiéndolos sacado de la Orden e incluso quitándoles las licencias para dar misa. Sumamente expuestos, fueron secuestrados y llevados a la ESMA, donde permanecieron desaparecidos por casi seis meses.
Interpelado en 2010 por las querellas de la megacausa ESMA, Bergoglio intentó despegarse de cualquier responsabilidad por los secuestros de los curas. Sin embargo, muy a su pesar, algunas cosas dejó expuestas. Por ejemplo, aseguró que dos o tres días después del secuestro de Jalics y Yorio él ya sabía que estaban en la ESMA y que un tiempo después de esos hechos se entrevistó personalmente con Videla y Massera. Incluso confesó que cuando Jalics y Yorio fuero liberados le contaron que quedaba gente secuestrada en la ESMA y él “no hizo nada”.
Como plantearon Myriam Bregman y Luiz Bonomi en su alegato final del juicio, aquella de Bergoglio fue “una de las testimoniales más difíciles” que tuvieron que afrontar como abogados. “Decenas de referencias hechas a medias que demostraban un gran conocimiento sobre hechos que aquí se investigan pero también una gran reticencia a brindar toda la información”, concluyeron.

No mentirás

Quizás en el súmmum de la hipocresía, en aquella declaración testimonial Bergoglio dejaría grabada una frase para los anales de las mentiras y pecados de la Iglesia católica argentina. Consultado sobre cuándo había escuchado o sabido por primera vez de que en su país cientos de hijas e hijos de detenidos desaparecidos habían sido apropiados por los genocidas, el cardenal respondió “hace poco, hará diez años…”.
Bergoglio no intentaba convencer a nadie. Solamente pretendía que quienes buscaban la verdad histórica para señalar a los responsables del terror dejaran de preguntar de una buena vez. Bergoglio no sólo sabía, como el resto de la ciudadanía argentina, de la tenaz búsqueda de las Abuelas de Plaza de Mayo desde principios de los años 80. Bergoglio también sabía que familias enteras reclamaban por sus nietas y nietos, sobrinos y sobrinas, hermanas y hermanos durante los mismos años de la dictadura.
Es más, Bergoglio en 1977 recibió llamados y pedidos de intervención para recuperar a bebés desaparecidos. Y allí, como con Yorio y Jalics, tampoco hizo mucho.
En este diario Estela de la Cuadra relató pormenorizadamente cómo fue el peregrinar de su familia (empezando por su madre, una de las fundadoras de Abuelas) buscando a Ana Libertad, hija de su hermana Elena. Y cómo en ese peregrinar se cruzaron con el entonces jefe máximo de la congregación jesuita.
El testimonio de Estela es fundamental para entender el modus operandi de la jerarquía católica y sus funcionarios dentro del entramado represivo de la dictadura. Primero, tomar la denuncia de familiares que buscaban a sus seres queridos. Después, ponerse en contacto con militares, policías, penitenciarios y servicios de inteligencia para consultar qué decirle a esas familias. Por último, informar que no tenía sentido seguir buscando a determinada persona desaparecida, o que había que esperar con fe cristiana, o que tal o cual niño o niña ya estaba en manos, “gracias a Dios”, de una buena familia.
Eso hizo la Iglesia con Ana Libertad y su familia. Y allí estuvo Bergoglio cumpliendo de intermediario entre el terror y sus víctimas.
Estela de la Cuadra asegura que Bergoglio “aportó a oscurecer todo. Se encargó de ocultar sistemáticamente y de ser parte de ese manto que intentaron poner los militares”. Por eso, lejos de pedirle nada al hoy Francisco, lo que ella exige es “acceder a los archivos del Episcopado, del Vicariato Castrense y de todas y cada una de las instancias a las que podamos llegar”.
“¿Qué es lo que no sabía Bergoglio? ¿Cómo es que dice que ’no sabía nada’?”, se pregunta Estela indignada. Y recuerda justamente cómo en 2010, “para atestiguar en el juicio por los sacerdotes Jalics y Yorio y por el plan sistemático de robo de bebés, hizo que se armara el Tribunal en su oficina, con jueces, fiscalía y querellas. ¿De qué humildad me hablan? ¿De qué igualdad ante la ley? Nosotros, hasta el día de hoy, no somos iguales a ellos ante la ley”.
Sus palabras confluyen con lo dicho en los alegatos de la querella encabezada por Patricia Walsh y representada por Bregman y Bonomi. Allí se concluía que “mientras los padres Yorio, Jalics y las religiosas francesas eran secuestradas por la patota de la Escuela de Mecánica de la Armada, quedó en evidencia el rol que cumplió institucionalmente la jerarquía de la Iglesia Católica”.
“Algunos secuestrados vieron sotanas en la ESMA. Otros llegaron a presenciar una misa o les ofrecieron confesarse. Obispos, monseñores en el centro del horror fueron algunas de las imágenes que nos trajeron los sobrevivientes. Incluso se les adjudica la idea de los ’vuelos de la muerte’, por ser una ’forma cristiana de morir’”, sintetizaron los abogados.
Poco más de dos años después de aquella cita judicial en sus oficinas del Arzobispado, a Bergoglio le cambió la vida. Y pese a las evidencias históricas, su mudanza al Vaticano fue acompañada por una particular euforia clericalista de parte de muchos que prefirieron olvidar las viejas causas y abrazarse al Papa sudamericano y peronista.
Hoy, a 41 años del inicio de la dictadura cívico-militar-eclesiástica, es importante recuperar esta parte de la memoria y de la verdad. De lo contrario, no habrá posibilidades de realizar un completo homenaje a nuestros 30 mil detenidos desaparecidos. Y mucho menos de luchar consecuentemente contra las represiones y las impunidades del presente.

Daniel Satur
@saturnetroc

Los derechos civiles secuestrados por el ciberespionaje de la CIA

El mundo pos-Wikileaks

Lo más aterrador de la explosiva filtración de solamente uno por ciento del ciberespionaje de la CIA por Wikileaks ha sido la censura despectiva de los multimedia de Estados Unidos (EU), con sus microscópicas excepciones en redes y portales alternativos.
Ni el Congreso de EU, con mayoría del Partido Republicano, se inmutó, mientras James Comey, polémico director de la FBI, sentenció que no existe tal cosa como la privacidad absoluta (sic) en EU.
¿Como definirán los 17 organismos orwellianos de ciberespionaje en EU a la anticonstitucional privacidad relativa?
El cada vez más deslactosado Trump, quien tiene pleito comprado con el Deep State (Estado profundo) –que controla supuestamente a la macabra CIA y el flujo noticioso de los poderosos multimedia que definen en forma unilateral lo correcto y lo incorrecto para los intereses sectarios de las dinastías Bush/Clinton, más Obama y Soros–, mantiene un estridente silencio, mientras su vicepresidente Mike Pence declaró que “el tráfico de la información de Seguridad Nacional, como alega Wikileaks, es un delito muy serio” y compromete la seguridad del pueblo estadounidense.
Al riesgo de su defenestración legislativa/judicial (impeachment) y/o su asesinato, ¿se atreverá el deslactosado Trump a desmontar el letal centro de ciberespionaje de la CIA?
Un editorial del Washington Post (9/3/17), portavoz del establishment, arremetió contra “ Wikileaks que hace un gran favor a los enemigos de EU”, lo cual delata una defensa a ultranza de la CIA, en lugar de defender los derechos civiles de los ciudadanos afectados en todo el mundo.
El editorial alega que los principales beneficiarios de la filtración serán los terroristas del Estado Islámico, los hacedores de bombas de Norcorea, los espías de Irán, China y Rusia y otros (sic) adversarios de EU, y fustiga a los zelotes de la privacidad, quienes abogan el desarme (sic) unilateral de EU en el ciberespacio.
Julian Assange, fundador de Wikileaks, reveló que los expertos antivirus alegan que el sofisticado malware atribuido a Irán, China o Rusia, proviene de la CIA .
¿Resultó falsa bandera el presunto hackeo ruso de Hillary?
John Kiriakou, ex funcionario de la CIA entrevistado por Russia Today,comenta que la organización que dejó hace 13 años es irreconocible, ya que hoy se ha convertido en una organización parmilitar, una organización cibermilitar.
Kiriakou fustiga que la CIA se politizó en exceso desde la llegada de Barack Obama, quien colocó a sus partidarios en la cúpula del ciberespionaje.
Ha quedado al descubierto la legendaria duplicidad maligna de Obama.
Paul Craig Roberts –ex subsecretario financiero de Reagan– fulminó que los métodos para censurar a los medios independientes provienen todos de la CIA y señaló que el jefe de Google está en un comité intergubernamental para ayudar a determinar cómo la CIA puede controlar la información. Cuestiona por qué otros países no crean alternativas a Google y desarrollan su propia Internet. Sugiere que ahora es el mejor momento para que Rusia, China, India y todos los países de Sudamérica (sic) consigan su propio sistema de Internet para que GAFAT (Google, Apple, Facebook, Amazon, Twitter) deje de ser cautivo de la CIA.
El portal chino Global Times pregunta: ¿Vivimos en un panóptico en que nuestras vidas son observadas todo el tiempo, cuando nuestros datos no solamente son vigilados por el gobierno de EU, sino también por las empresas tecnológicas de EU con lo que han lucrado? Comenta que en las pasadas décadas EU ha perpetrado ataques a las redes de sus enemigos y ha paralizado los sistemas de información durante las guerras del Golfo, Kosovo e Irak, como reflejo de la hegemonía de la Internet por Washington.
El portal chino protesta que ningún país tiene el derecho de monopolizar la Internet y sugiere promover una revolución (sic) en la gobernación global de la red, por lo que China publicó la Cooperación Estratégica Internacional en el Ciberespacio que articula el principio de que toda soberanía cubre todos los aspectos de las relaciones de Estado a Estado, que también incluye el ciberespacio”, por lo que ningún país debe proseguir la ciberhegemonía que socava la seguridad nacional de otros países .
El portavoz de la cancillería, Geng Shuang, externó la oposición de China a “todas formas de ciberataques y urgió a EU de cesar el espionaje y el monitoreo contra China y otros países”.
El portal ruso Strategic Culture Foundation (SCF), que basa sus asertos en un artículo revelador del NYT , acusa a Obama de haber ordenado el abuso del espionaje para sabotear las políticas de Trump, en particular su acercamiento con Rusia: Obama ordenó a las agencias de espionaje coleccionar y distribuir información de contactos entre la campaña de Trump y Rusia con el fin de prevenir cualquier cambio en la administración Trump a la política hostil contra Rusia que la administración Obama instituyó. Esta intención fue también para proporcionar material de chantaje (sic) a los servicios de espionaje contra el equipo de Trump para prevenir cualquier cambio indebido (sic) y su independencia anárquica.
El portal SCF señala que, basado en los movimientos ilegales de la administración Cheney, Obama instaló y dio poder a instrumentos de espionaje: desde los peores días de J. Edgar Hoover, EU no había visto tal asalto doméstico a los políticos y a sus políticas.
Pero, ¿por qué no protestan y controlan los políticos a la CIA? ¿Tanto miedo tienen a la divulgación de sus fichajes extracurriculares?
El polémico ex asesor de Trump Roger Stone cree que la administración Obama sí interceptó las comunicaciones del actual mandatario antes de la elección presidencial y afirmó que no existen pruebas de la interferencia rusa en la supuesta intromisión. Asevera que Hillary Clinton había prometido al Pentágono y a la CIA la expansión de la guerra en Siria, lo cual ha rechazado Trump, quien prefiere la negociación a la guerra y cree (sic) que puede llegar a un acuerdo con el presidente Putin y tener la paz en Oriente Medio.
A juicio de Stone, Obama interceptaba las comunicaciones de Trump, lo cual representaría “un escándalo mucho mayor que el de Watergate, probablemente el mayor en la historia de EU”, y no descarta que Obama y algunos miembros de su gabinete comparezcan ante un gran jurado debido a “la peor forma de macartismo en 40 años”.
Rusia, también hackeada por la CIA, ya empezó a levantar el tono de protesta y la portavoz de su cancillería, Maria Zakharova, comentó que si el ciberespionaje de la CIA es confirmado, ello representaría un grave peligro para el mundo y la seguridad internacional.
El mundo impotente se encuentra en ascuas. ¿Cómo podrán los ciudadanos liberarse de la cárcel global del ciberespionaje de la CIA?

Alfredo Jalife-Rahme
La Jornada

Wikileaks y las Guerras de Cuarta Generación

Sin duda alguna los medios masivos de comunicación tradicionales como los nuevos, basados en las Tecnologías de la Información y la Comunicación, son herramientas claves e imprescindibles en las nuevas estrategias en la lucha por el control hegemónico y son la base de los nuevos modelos de guerras, basadas en desgastes, difusión de información falsa o generación de masa crítica tras la difusión de noticias falsas o tendenciosas mas los ataques cibernéticos concretos.
Las guerras de cuarta generación requieren de la combinación de estrategias en las que el control de los medios de comunicación, las redes informáticas tanto físicas: fibra óptica, cables, computadores y dispositivos electrónicos para el tráfico y generación de información, como las redes sociales como nueva herramienta de difusión, son objetivos claves. Vimos surgir la llamada “Primavera Árabe” con la inmolación de Mohamed Bouazizi, informático desocupado, vendedor de frutas, en Túnez en diciembre de 2010. Allí se dispararon herramientas de información y contra información basadas casi en su totalidad en las nuevas Tecnologías de la Información (TIC). Varios gobiernos bloquearon el acceso a las redes debido al poder de convocatoria que tuvieron las redes sociales, llevando a millones de personas a la calle a manifestarse. También vimos a Microsoft apoyando el “lock-out” petrolero en Venezuela en 2012, dando acceso a los computadores vía sus sistemas operativos para bloquear la salida de hidrocarburos y poner al país al borde del Golpe de Estado.
La propiedad y el control de las fibras ópticas submarinas que comunican al mundo entero, está en manos de corporaciones que responden a los diferentes ejes de poder político centrales. Entre ellas Telefónica, Google, China Telecom, etc. Las mismas potencias centrales poseen, por ejemplo, submarinos no tripulados capaces de realizar ataques físicos (cortar los cables) en pocos minutos lo que incomunicaría parcial o totalmente a la humanidad entera: el equipamiento industrial o médico, por ejemplo, depende de computadores y conexión a internet, el sistema financiero va camino a abandonar el papel moneda y manejarse exclusivamente con “dinero electrónico” que no es otra cosa que millones de transacciones por redes informáticas, desde dispositivos electrónicos, dependiendo en forma exclusiva de las redes informáticas y software para ello.
El “no tengo nada que ocultar” que ha impuesto el sistema y que oímos decir todos los días tanto a amigos como a altos dirigentes políticos, ha llevado a que toda la información financiera, militar y civil esté almacenada en computadores centrales alojados ¿donde? en su mayoría, ¡oh casualidad! en EEUU, Alemania o China. Y todo está diseñado para que sea mas simple, de lindos colores, de tocar un botón y subir a “la nube” el documento de síntesis del Congreso del Partido, la contabilidad de todos y cada uno de nosotros o la foto del gato sentado al sol. Todo guardado en grandes computadoras sin NINGÚN CONTROL por parte de nosotros, los usuarios o los Estados!
El estado de bienestar basado en ese cúmulo de servicios “gratis” es aplaudido por la mayoría de los ciudadanos del mundo entero. Un par de clicks y todo parecería estar resuelto! ¿Acaso alguien se pregunta quién paga los millones de dólares que requiere Google, por ejemplo, para mantener sus mega centros de datos donde almacena en forma “gratuita” nuestra información? ¿Porqué nos aparecen “mágicamente” publicidad en redes y servicios de correo de las cosas sobre las que hemos estado buscando en la internet o incluso chateando o “whatsapeando”? ¿Porqué el WiFi gratis ofrecido en espacios públicos de Montevideo por la firma “UNO WiFi”, sugiere publicidad sensible al contexto y los intereses del usuario? ¿Quién hace esas magias? ¿Quien paga y quien gana, en tanto vivimos en capitalismo puro y duro? Los “filántropos” como George Soros o Mark Suckerberg se sacan fotos con Pepe Mujica y Dilma Rouseff y pocos se preguntan ¿para qué?
El sistema ha logrado centralizar la información de la población mundial. Y con la capacidad de cortar la conexión en muy pocas horas, lo que llevaría al caos mundial, o tal vez a cosas imprevisibles como que misiles se dispararan solos o si un ataque a sus propias computadoras lo haría. También hay información semi pública que da cuenta de los países centrales “juegan” a sacarse de órbita satélites de comunicación o espías o a controlar su equipamiento militar exclusivamente desde las redes. La Soberanía ha pasado a ser un concepto cada día mas abstracto: en lo particular el término recientemente acuñado: Soberanía Tecnológica.
El único país que venía “salvándose”, irónicamente gracias al bloqueo, era Cuba: no podía conectarse con los cables de fibra submarina que en su mayoría TODOS pasan a pocos kilómetros de la costa de la mayor de las Antillas. Sus computadoras, redes, software y demás estaban todos dentro y con una única salida “al mundo” via satélite mas un cable de fibra que tendiera Venezuela gobernada por Chavez. En el pasado año se ha sabido de convenios Google-Cuba lo que no deja de preocupar y habla claramente de la intención, para nada velada, del gigante imperialista de conquistar ese gran mercado cuasi virgen pero fundamentalmente de entrar para poder agregar control a uno de los pocos puntos del mundo en donde aún no lo han logrado hacer.
Pero el mercado y el estado de bienestar nos hacen ver a cada instante de que somos dueños de nuestros dispositivos informáticos, al igual que el Estado lo es; que somos dueños de la tecnología y que la manejamos y utilizamos a nuestro total libre albedrío. La cruda realidad es que no somos mas que tristes dueños de un montón de fierritos, cables y chips, que por cierto nos los venden como si de oro en polvo se tratase. Pero en ningún caso somos dueños de la información y menos aún de los programas que corren “por debajo” de los que usamos a diario en nuestros dispositivos, que no los vemos ni sabemos que cosas hacen, no sabemos que existen, pero se ejecutan en nuestros computadores, consolas de juego o celulares para espiar, escuchar y controlar nuestro movimiento.
Gracias a las revelaciones, sobre vigilancia mundial de Edward Snowden en junio de 2013 se supo que, por ejemplo, la presidenta Dilma Rouseff así como la petrolera Petrobras, venían siendo espiadas por mucho tiempo. Objetivo político y económico en tanto Petrobras comenzaba las prospecciones petroleras que darían Soberanía Energética al “país continente”. Otros mandatarios han sido y son espiados todo el tiempo sin que tengan consciencia de ello. Pero también el “ciudadano común” en tanto el cruce de información analizado por imponentes sistemas informáticos hace que “cualquier monedita sirva” y que todos aportemos algo para ese gran sistema de control mundial. Se apunta a la agencia NSA como responsable de este espionaje.
Pero como indudablemente ha hecho mucho ruido mediático el pasado 7 de marzo de 2017 las filtraciones de WikiLeaks relacionadas a espionaje de la agencia norteamericana CIA, es bueno hacer una breve reseña de WikiLeaks, sus integrantes y el nivel de la información filtrada.
WikiLeaks (del inglés leak, «fuga», «goteo», «filtración [de información]») surge en el año 2006 es una organización mediática internacional sin ánimo de lucro, que publica a través de su sitio web informes anónimos y documentos filtrados con contenido sensible en materia de interés público, preservando el anonimato de sus fuentes. Se estima que su base de datos acumula 1,2 millones de documentos. Si bien no hay información pùblica de quienes son sus integrantes, se sabe que los hay periodistas, tecnólogos, cientìficos entre quienes aportan a la organización.
En términos técnicos es básicamente una Wiki, que utiliza el software de Wikipedia (Wikimedia) con algunas modificaciones y de acuerdo a los permisos de acceso que cada uno de los usuarios tiene, es el nivel cosas que se pueden realizar, es decir: puede ser solamente un lector, un editor, corrector, manejador de las bases de datos, como habitualmente sucede con cualquier sistema informático, máxime cuando lo es colaborativo.
En el año 2010 surgen las primeras filtraciones de información que generaron impacto mundial. Entre ellas se destacan en el año 2007 como desde un helicóptero Apache se tirotea a un periodista de la agencia Reuters junto con otros civiles, ninguno de ellos en posición de ataque o amenaza contra la aeronave de guerra norteamericana. En relación con la Guerra de Afganistán iniciada en 2001, en julio de 2010 los periódicos The Guardian, The New York Times y Der Spiegel hicieron públicos un conjunto de unos 92.000 documentos sobre la Guerra de Afganistán entre los años 2004 y 2009. Estos les llegaron a través de WikiLeaks sin compensación económica a la página. Lo mismo ha sucedido con los casi 400.000 documentos filtrados de la guerra de Irak entre los años 2004 y 2009, revelados también en el año 2010.
Los mas de 250.000 cables o comunicaciones entre el Departamento de Estado estadounidense con sus embajadas por todo el mundo, conocido como "Cablegate" y como la filtración de información de documentos de la historia, fue develado a fines del año 2010. A comienzos del 2012 Wikileaks realiza la filtración de archivos de correos electrónicos de la empresa Stratfor en 2012 y refiere a la publicación y difusión de correos electrónicos de carácter interno entre personal de la agencia de inteligencia privada y espionaje estadounidense Stratfor así como del personal de la empresa con sus clientes.
El pasado 7 de marzo de 2017, el portal Wikileaks aseguró haber obtenido los detalles de un programa de hackeo de teléfonos, ordenadores y televisores por parte del espionaje de Estados Unidos, y comenzó a filtrar miles de documentos relacionados que atribuye a la CIA. Incluyendo un programa llamado "Año Cero", que incluiría toda una serie de armas informáticas para poder hackear teléfonos y dispositivos producidos por compañías estadounidenses, como los iPhone de Apple, el sistema Android de Google, el Windows de Microsoft o los televisores Samsung con conexion a Internet, que se convertían en micrófonos encubiertos a través de los cuales espiar a sus usuarios.
Recordemos además que la cabeza visible de Wikileaks, Julian Assange, se encuentra asilado en la embajada de Ecuador en Londres. Guillermo Lasso, candidato por la oposición que enfrentará a Lenin Moreno el próximo 2 de abril de 2017 en la segunda vuelta electoral, aseguró el pasado 17 de febrero y con motivos de la primer vuelta electoral que, de llegar al poder, le daría un mes al fundador de Wikileaks para salir de la embajada de su país en Londres.
Aparentemente de las nuevas filtraciones se desprendería, en forma primaria en tanto son miles los documentos revelados, que la agencia de inteligencia CIA maneja “agencias clandestinas” en su seno, igual o mas potente y aceitada que la NSA. Incluso se ha dicho que unos espían a otros.
En todos los casos, las revelaciones de los últimos siete años, dan cuenta de la importancia que le dan a los inmensos ejércitos informáticos en EEUU, China, Israel, Alemania, Iran, etc. Se recluta a la par soldados e informáticos, como Mamram o Unidad 8200 del ejercito israelí.
Y hasta aquí ustéd podrá decir: Basta de relato!!, pese a notarse que habrían decenas de páginas para redactar respecto a filtraciones, espionaje, revelaciones,contraespionaje y pasar a preguntarnos: ¿Qué hacemos? Hemos escuchado a encumbradas figuras de nuestro gobierno decir “tenemos que hacer alianza con los EEUU” (y de allí, entre otras cosas, tal vez lo mas públicamente conocido ha sido el acuerdo del Plan Ceibal de Google, del que poco o nada se sabe hoy día).
Otros mas osados, fuera de los ejes de decisión, se preguntan “¿Y si hacemos alianza con China, comunista, potencia, que tiene buscadores y tecnología iguales o mas sofisticada que los EEUU?” y quizá los mas tozudos decimos: no queremos cambiar control norteamericano por control chino o de quien fuera; sencillamente NO QUEREMOS SER CONTROLADOS. Pero allí surge el nudo mas grande: para lograrlo, debemos tener nuestro propio hardware soberano, saber cómo se fabrica (computadores, celulares, tabletas, tomógrafos o cualquier dispositivo electrónico utilizado hoy dia), fibra óptica soberana y la capacidad de desarrollar y analizar nuestro software: programas de computadora y celulares, por ejemplo. En el caso de los programas, la única forma de lograr saber a ciencia cierta que es lo que hacen es utilizar Software Libre. Hacemos la analogía del término para denominar Hardware Libre a aquel capaz de ser analizado, modificado, compartido, cumpliendo las mismas premisas que el Software Libre.
Imposible pensar en el perimido concepto de Estado-Nación para resolver tan complejo asunto. Se requiere de cifras millonarias pero sobre todo de conocimiento acumulado durante mas de 20 años que ningún país por si solo tiene, a excepción de las potencias centrales.
En la región se han hecho interesantísimas propuestas. Anillo de Fibra Óptica UNASUR, Centro de Datos regional y distribuido, MERCOSUR, Grupo de Seguridad Informática MERCOSUR mas los intentos individuales de cada uno de los paises: en Brasil todo el correo electrónico del Estado alojado en servidores y con programas controlados 100% por Brasil, diferentes leyes como la Ley de Software Libre en Uruguay, de Infogobierno en Venezuela, etc. Todas estas propuestas, lamentablemente, han sido “saludos a la bandera” pese a que TODAS ELLAS fueran realizadas en momentos de gobiernos progresistas o de izquierda lo que hacía aún mas alentador animarse a pensar en que algo de eso funcionaría. No ha sido así: ninguno de los gobiernos progresistas parece haberle dado importancia o las potencias tienen mas fuerza. Con el actual retroceso en las correlaciones de fuerza en nuestro continente, parece aún mas impensable.
Quizá la propuesta pueda ser la reactivación de esos macro proyectos regionales, la posibilidad de reclutar a nuestros propios ejércitos informáticos, capacitarnos a la par de quienes hoy detentan el control, pero comenzando por poner estos temas en agenda, darles visibilidad. A no quedarnos en que “solo es un tuit, lo que importa es salir a la calle, como el 8 de marzo donde eramos como 300.000” (recordemos, sin ir mas lejos, el impacto que generó en las pasadas elecciones de EEUU, la filtración de correos electrónicos de Hillary Clinton, según dicen un “gesto” de Rusia para apoyar a Trump, algo que, quien escribe, no logra terminar de comprender a cabalidad), a poner pienso, recursos humanos y financieros para comenzar a armar redes regionales para pensar juntos en las mejores estrategias para salirnos de la lógica sistémica e ir camino a la Soberanía Tecnológica que se enmarca, sin duda alguna, en nuestras históricas luchas y compromiso por la Liberación.

Enrique Amestoy

¡Ya basta!

Asesinan brutalmente a la corresponsal de "La Jornada" en la capital del estado de Chihuahua

Este jueves 23 de marzo, nuestra corresponsal en la capital del estado de Chihuahua, Miroslava Breach Velducea, fue arteramente asesinada por un hombre armado. El criminal le disparó ocho balas con una pistola calibre 9 mm, cuando la periodista salía de su casa.
Miroslava tenía más de 20 años de trabajar en La Jornada. Antes había colaborado con el Diario de Chihuahua y el Norte de Ciudad Juárez. A lo largo de todo este tiempo, sus notas y reportajes documentaron fehacientemente la violación a los derechos humanos y la imparable influencia del narcotráfico en la entidad.
En los pasado comicios locales, Miroslava informó sobre la imposición de ediles por parte del crimen organizado en las listas del Partido Revolucionario Institucional (PRI) y del Partido Acción Nacional (PAN), en municipios serranos y en corredores de trasiego de drogas. En agosto de 2016 desmenuzó la bestialidad con la que el narco desterró a centenares de familias en la sierra de Chihuahua.
El homicida dejó una cartulina en el lugar de los hechos diciendo que la habían ultimado por “lengüona”. Inmediatamente después de su escrito sobre las expulsiones en la sierra recibió una amenaza anónima, a la que las autoridades no prestaron la debida importancia.
El asesinato de Breach Velduce se efectuó en el marco de dos hechos relevantes. La violenta escalada criminal en Chihuahua, en la que fue asesinado el dirigente rarámuri Isidro Baldenegro López, incansable defensor de los bosques y el territorio de su pueblo. Y la incesante agresión en contra de los periodistas en casi todo el país, que tiene como saldo trágico tres profesionales asesinados en menos de un mes: Ricardo Monluí Cabrera en Veracruz, Cecilio Pineda en Guerrero y Miroslava en Chihuahua.
La violencia en el estado de Chihuahua tiene tras de sí una larga historia, recrudecida a partir de la absurda guerra contra el narcotráfico de Felipe Calderón. No en balde, Ciudad Juárez fue bautizada como el epicentro del dolor. Termómetro de esta descomposición es un letrero colocado en una librería de la capital: Si la letra con sangre entra, México estará leyendo mucho.
Sin embargo, con la llegada a la gubernatura de la entidad de Javier Corral, la disputa de los cárteles por el territorio, las rutas y los mercados de la droga (ahora también por el crystal) ha rebrotado. No es un asunto de percepción sino de hecho. La imagen del gobernador jugando golf en Mazatlán mientras su estado se desangra, y de la ausencia de policías federales cuidando las calles ante verdaderas batallas (con vehículos artillados incluidos) entre bandas del crimen organizado, es una pésima señal a la ciudadanía.
El asesinato de Miroslava Breach muestra a un gremio periodístico cada vez más desprotegido ante los criminales. La impunidad que rodea las agresiones en su contra es un aliciente para que sus perpetradores sigan cometiéndolas. La violencia que sufren provoca que no se pueda informar de lo que verdaderamente está pasando en este país. Prácticamente no hay entidad que escape a ella. Cada vez es más peligroso decir la verdad.
Desafortunadamente, el peligro que se cierne sobre los periodistas no es exclusivo de los profesionales del ramo. Vivimos en un país en el que la inseguridad es la nota de todos los días para la inmensa mayoría de los ciudadanos, sobre todo de aquellos que no disponen de recursos para contratar seguridad privada o que no disponen de escoltas facilitadas por la administración pública.
Desde aquí, expresamos nuestra solidaridad con la familia de Miroslava Breach y con un gremio golpeado sin piedad por las mafias del crimen organizado. ¡Ya Basta! Queremos un país donde sus ciudadanos podamos vivir sin la amenaza de ser víctimas de la delincuencia, y en el que la prensa pueda informar con veracidad sobre lo que sucede.
Demandamos una investigación conforme a la ley, rápida, exhaustiva y certera. Queremos que se encuentre a los asesinos y no que se inventen chivos expiatorios. Exigimos verdad y justicia ¡Ya!

Editorial La Jornada

jueves, marzo 23, 2017

Zito Lema a 40 años de la desaparición de Rodolfo Walsh



El poeta, dramaturgo, periodista, docente y militante por los derechos humanos, Vicente Zito Lema, recuerda a Rodolfo Walsh a 40 años de su desaparición por parte de un grupo de tareas de la ESMA durante la última dictadura. Zito Lema habla de su experiencia en la revista Liberación junto Walsh y otras personalidades como Julio Cortazar. También recrea la experiencia de la defensa de presos político en los ’70 y el trabajo conjunto con Walsh. También realiza una mirada sobre la Carta Abierta a la Junta Militar y la experiencia de la Agencia de Noticias Clandestina (ANCLA), fundada por el autor de Operación Masacre.

Diario El Independiente, el Papel Prensa riojano



Durante la dictadura tres integrantes de la cooperativa fueron despojados bajo tortura del diario. Otro escapó de los genocidas. A muchos cooperativistas los “renunciaron” y el resto fue cómplice.

Plutarco Schaller fue fotógrafo y periodista del diario El Independiente de La Rioja y miembro fundador de la Cooperativa de Periodistas y Gráficos de La Rioja (Copegraf).
La noche del golpe los militares se lo llevaron secuestrado y sufrió siete años de cautiverio, donde vio entre otros genocidas a César Milani. La misma suerte correrían otros cooperativistas, Mario Paoletti subdirector y Guillermo Alfieri secretario de redacción, fueron secuestrados fuera del diario, el mismo día del golpe.
El director, Alipio “Tito” Paoletti, que por entonces se encontraba en Buenos Aires, después de meses de permanecer en la clandestinidad se exilió en España con su familia. El Batallón de Ingenieros 141 participó en el fraude a la cooperativa, que terminó con la apropiación del diario por parte de los militares.
Un breve repaso por la historia del diario, la noche del golpe, las torturas, la intervención del Ejército, la disolución de la cooperativa de trabajo con la complicidad de algunos de sus miembros con los militares. El testimonió de Schaller, en la Megacausa La Rioja.

Del primer diario riojano al primer medio cooperativo

Hasta 1901 La Rioja, de tan pobre, no contaba con un diario, pero el 25 de agosto de ese año Pelagio Luna fundó El Independiente, con el compromiso de ser “órgano de los intereses generales de la provincia”.
El diario en 1916 acompañó la formula de Yrigoyen, que se consagró a partir de un sistema electoral ampliado que cerró el ciclo de los gobiernos oligárquicos. La circulación de aquella primera versión del diario, bisemanal, llegó hasta 1933, momento en el que Hitler llegaba al poder en Alemania y en nuestro país el gobierno de Agustín P. Justo restablecía el fraude electoral.
En 1957 el diario fue reflotado por un grupo de jóvenes radicales. Eran tiempos de la Revolución Fusiladora y del avance de la resistencia rotagonizada por los obreros de base, procesos que empezaban a impactar sobre sectores amplios de la juventud.
La redacción estaba a cargo de los jóvenes Tito Paoletti y Daniel Moyano. El primero, con sólo 24 años, en 1959 quedó al frente de la dirección cuando su titular se retiró de la sociedad por problemas económicos. Comenzó así la edición semanal junto a su hermano Mario, Ricardo Mercado Luna y Moyano, con quienes constituyó una sociedad.
El diario fue ganando lectores, pero los socios solo percibían un salario y todo el excedente se invertía en mejorar la infraestructura para editar El independiente.
No contaban con manual de estilo de escritura, pero tenían pautas esenciales para el periodismo: buenas fuentes, rigor, concisión a la hora de redactar. Dedicaban mayores espacios a las secciones locales, y contaban con corresponsales fijos y espontáneos diseminados en la provincia.
Tras el golpe de Onganía de 1966 el diario se convirtió en vocero de la oposición del onganiato. En 1968 Angelelli fue nombrado obispo de La Rioja, visitó el diario y a partir de ahí comenzó una relación de amistad entre él y Tito Paoletti. Pese al ateísmo de este último, tenían muchas ideas en común.
Era un momento donde los curas identificados con la teología de la liberación confluían con quienes se reivindicaban del “campo popular”. Tito también trabó amistad con Arturo Jauretche, y juntos soñaban con la Patria Grande latinoamericana.
La línea editorial del diario adoptó esas dos miradas: la de los curas tercermundistas y la de la liberación latinoamericana. Reflejaba tanto el apoyo a la resistencia vietnamita, como a Cuba contra el bloqueo de Estados Unidos. A nivel nacional apoyaban la organización antiburocrática de los trabajadores y el diario adscribió al programa de la CGT de los Argentinos, redactado por Rodolfo Walsh en 1968.
Entre una población de 140 mil habitantes, el diario llegó a vender 13 mil ejemplares.
El 12 de octubre de 1970, cuando el diario cumplió once años de salida ininterrumpida, Tito propuso a los otros propietarios del diario conformarse en una cooperativa. Editorial Norte, nombre legal del diario, en 1971 transfirió en forma gratuita todos sus bienes de producción a Copegraf.
En esos años apareció un nuevo diario en la escena riojana, El Sol, vocero del Movimiento Popular Riojano, una fuerza política influenciada por el general Lanusse, luego alineado con la derecha peronista y más tarde al servicio de la dictadura militar.
Ante el llamado a elecciones en el año 1973, la asamblea de socios de Copegraf se reunió para fijar la posición de El Independiente, se inclinaron por apoyar la lista Justicialista encabezada por Héctor Cámpora.

La noche del golpe

En La Rioja la dictadura asaltó el diario, detuvo a trabajadores de prensa e impuso el terror en la cooperativa que lo editaba.
Oscar Schaller, querellante contra Milani, también formaba parte de la cooperativa, fue secuestrado meses después de su padre. “El día del golpe los editores estaban cerrando el diario con un tapa que daba cuenta de esto, cuando llegó el Ejército, intervino el diario y los obligaron a cambiar la tapa por una que decía ‘Pronunciamiento militar’. Les llevó poco tiempo desintegrar la comunidad que había entre gráficos y periodistas”, recuerda Oscar.
Plutarco Schaller, Mario Paoletti, y Guillermo Alfieri fueron secuestrados el mismo días del golpe, tiempo después otros cooperativistas fueron secuestrados, entre ellos Oscar Schaller y Ricardo Mercado Luna.
El modo en que se apropiaron del diario El Independiente de La Rioja es análogo al utilizado por los dueños de Clarín y La Nación para apropiarse de Papel Prensa. En ambos casos fueron expropiados bajo tortura. En el caso del diario riojano, otros socios cooperativos de las víctimas fueron cómplices de los genocidas y con los militares acordaron la continuidad del diario para ponerlo al servicio de la dictadura.
En abril de 1976 hacía un mes que Plutarco Schaller, Mario Paoletti y Guillermo Alfieri, sufrían torturas físicas, cuando uno de sus propios compañeros de la cooperativa del diario, puso delante de ellos los textos de sus renuncias. Américo Torralba pudo ingresar al lugar donde permanecían detenidos-desparecidos Schaller, Paoletti y Alfieri, una “excepción” a las normas.
Torralba puso ante ellos el texto donde no sólo renunciaban al diario, sino que declinaban ejercer el periodismo de por vida. El texto decía “al señor residente de la Cooperativa El Independiente Copegraf Ltda. De mi mayor consideración: no teniendo en absoluto interés ni propósito de en un futuro ser periodista, obrero gráfico o personal administrativo de gráfica, presento mi renuncia indeclinable a la función que ocupo en calidad de socio de El Independiente”.
Posteriormente los tres fueron “blanqueados” y pasados a disposición del Poder Ejecutivo e iniciaban un recorrido, que duró años, por distintas cárceles del país.
Nicolás Villafañe y Américo Torralba fueron nombrados directores interinos y el 30 de mayo de 1977 publican una solicitada dirigida a las Fuerzas Armadas, al Gobierno de la Provincia y a la Opinión Pública. En ella decían que “durante varios años el diario El Independiente estuvo manejado y orientado por directivos de ideología antiargentina”. Y agregaban que “a partir del 24 de marzo de 1976 se operó un definitivo cambio de orientación, erradicando de las publicaciones toda clase de apología marxista subversiva”.

Megacausa la Rioja

En septiembre de 2013, uno de los exdirectivos del diario, Plutarco Schaller, presentó en el Poder Judicial riojano una denuncia penal por la apropiación ilegítima de la cooperativa. Entre los militares denunciados están el jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, Luciano Benjamín Menéndez; el jefe del batallón de Ingenieros 141 de Ingenieros, coronel Osvaldo Pérez Battaglia; el subsecretario de Prensa y Difusión del gobierno de facto, e interventor del diario, el capitán Esteban Sanguinetti, condenado por la desaparición de Alberto Ledo.
La denuncia alcanzó a quienes se beneficiarios por la expropiación: Héctor Ártico, Amado Fernández, Jorge Antonio Flores, Nicolás Villafañe, Lucio Córdoba, López Alcaraz y Américo Torralba.
Plutarco Schaller fue secretario general en la provincia de la CGT de los Argentinos, y presidente de Copegraf, falleció el año pasado, pero antes de su muerte testimonio en varias oportunidades en la Megacausa La Rioja. Contó cómo fue su detención, que fue obligado a firmar su renuncia al diario bajo torturas y que vio a Milani cuando estaba detenidos en el hospital.
A la salida de la dictadura, en 1984, Schaller le reclamó a las nuevas autoridades del diario que los regresaran a la cooperativa. Amado Fernández le ofreció trabajo solo a él, algo inaceptable para Schaller quien pidió que por lo menos se retractaran de la solicitada publicada en 1977 en el diario. Su petición fue negada, así como les fue negada al resto de los socios volver a integrar la cooperativa.
Los apropiadores se ampararon en las “renuncias” que Paoletti, Alfieri y Schaller firmaron. Sobre Tito, a quien le fraguaron la firma en el texto de renuncia, fundamentaron su desvinculación en un “abandono voluntario de servicios”. La particularidad, es que todos los textos estaban redactado de idéntica manera.
Los apropiadores de El Independiente utilizaron argumentos similares a los esgrimidos por Clarín y La Nación para justificar la propiedad de Papel Prensa. El Grupo Graiver también, bajo tortura, fue expropiado. Para unos y otros apropiadores las “renuncias” o la “transferencia” de acciones fue un mero trámite legal.
El caso de El Independiente muestra que el Batallón 141 participó en las operaciones del terrorismo de Estado. Así lo denunció Oscar Schaller ante la justicia: “Milani miente, dice que en ese regimiento no había detenidos, pero mis padres y yo estuvimos detenidos ahí, y él lo sabe porque lo vi durante mi detención”.
Matías Aufieri, abogado de Schaller y miembro del Centro de Profesionales por los Derechos Humanos (CeProDH), asegura que “Milani puede mentir porque desde 1983 ninguno de los gobiernos constitucionales abrió todos los archivos de la dictadura”.

Rosa D'Alesio

¿Terrorismo de Estado o Estado terrorista?



Otro 24 de Marzo asoma en el horizonte y la actualidad sobre el debate acerca de la última dictadura militar vuelve a reflotar en un contexto cultural marcado por los medios de comunicación y los adalides de la represión de los 70.

Las editoriales –muchas veces anónimas- de La Nación, los cuasi-debates en programas televisivos de aire donde se aborda el tema desde la óptica de las víctimas del terrorismo (de la guerrilla). Los lugares comunes que con hipocresía se enarbolan con la “inocente” intención de mostrar las “dos caras” de la historia del periodo en cuestión. Uno de los últimos booms en la cual se perfila el ataque a la memoria colectiva ha sido poner en cuestión el famoso número de los 30.000 muertos y desaparecidos por la dictadura militar. Oscuros personajes como Lopérfido e incluso en cuestionado Gómez Centurión se pavonean y se dan el gusto de mancillar la memoria de miles de militantes muertos, desaparecidos, torturados y exiliados. También el presidente Mauricio Macri ha insistido en la “reconciliación de los argentinos” y de sanar las heridas abiertas. Los intelectuales de la hegemonía cultural abrieron la puerta a la discusión sobre las cifras y es necesario que aquellos que disputan dicha hegemonía den el debate pero con la altura necesaria. ¿Quieren debatir sobre cifras? Debatamos.
Solamente para tener una franja cronológica mas acotada por el espacio disponible en este artículo, voy a empezar con el recuento a partir del gobierno de Hipólito Yrigoyen en el año 1916, pero no debemos olvidar el origen del Estado Nación Argentino y su genocidio fundacional, la llamada “Conquista al Desierto”, el accionar del ejército en contra del desprendimiento político pequeño-burgués, el radicalismo, en las jornadas 1890 y la represiones a cientos de militantes anarquistas en la primera década del siglo XX. La primera década y media de la UCR en el poder recoge como episodios de terrorismo de Estado explicito, las matanzas de obreros coordinadas entre la policía y los grupos paramilitares (como la Liga Patriótica) en el año 1919 en lo que se dio a llamar la “Semana Trágica”. Tampoco podemos olvidar las jornadas de caza desatadas en las estepas patagónicas entre 1919 y 1921 donde patrones y ejército dieron muerte a 1.500 de obreros rurales. Hay evidencia también de torturas y mutilaciones en las tétricas comisarias de la ciudad de Buenos Aires, principalmente a militantes anarquistas. El norte de Santa Fe se vivió también, en 1921, la masacre de 600 obreros que habían entrado en huelga contra “La Forestal”, la compañía inglesa de producción de tanino (que se manejaba como un verdadero Estado independiente con moneda propia). La cifra total de estas matanzas suma cerca de 2.200 muertos por la acción directa del Estado burgués.
La década infame, quizás una de las menos estudiadas, también tiene sus muertos por persecución política. No podemos olvidar que los años 30 fueron uno de los más duros en las condiciones de vida, donde miles morían de hambre en las sucias calles de Buenos Aires, producto del modelo agroexportador y el desempleo de ingentes masas de desocupados.
Rápidamente podemos pasar a la primera década de gobierno peronista, donde la cifra de muertos asciende. Tenemos los casos del genocidio de los Pilagá con 750 muertos y cientos de huérfanos, heridos y desaparecidos en el año 1947 y de las persecuciones a militantes del Partido Comunista (la información se está empezando a recabar a partir de la reciente apertura de archivos de la SIDE).
La “Revolución Libertadora” asciende al poder con una matanza indiscriminada tras el bombardeo en Plaza de Mayo. En este periodo inicia lo que se llamó la resistencia peronista, donde apenas se registran heridos de las explosiones de “caños” y donde el Estado con el ejército a la cabeza se cargó a miles de detenidos y torturados –como fuera testigo Hernández Arregui en su primer paso tras las rejas-. En tres años asume la presidencia Arturo Frondizi y no se queda atrás en el clima de represión, con la aplicación del Plan CONINTES. Elección de Framini –peronista- como gobernador de la Provincia de Buenos Aires y nuevamente interrupción de un gobierno democrático. Illia asume tras una fantochada de acuerdo con el ejército, condicionando su gobierno pura y exclusivamente a la voluntad de los golpistas y así fue en 1966 cuando Onganía instala su dictadura militar nacionalista con el apoyo de la CGT burocrática. Detenidos, muertos en enfrentamientos clandestinos, desaparecidos en León Suarez, fusilados son los resultados de la dictadura más feroz hasta el momento. El año 1969 trae el asesinato de un estudiante en Corrientes, desatando una oleada de revueltas que liberan el ciclo revolucionario que irá en ascenso hasta 1976. En 1972 se hace pública la noticia del fusilamiento de detenidos políticos en Trelew tras un intento fallido de escape del penal de esa ciudad.
El tercer peronismo trae en 1973 la llamada masacre de Ezeiza (con 13 muertos) y el inicio del macartismo que se carga al Padre Mugica entre los principales referentes políticos de las villas de Buenos Aires en Mayo de 1974. Tras la muerte del líder, en julio de 1974, María Estela Martínez de Perón inicia la aniquilación de la guerrilla llevándose a la tumba a 150 militantes de izquierdas de forma completamente inconstitucional.
La dictadura militar arrastra según los cálculos del Batallón 601 en 1978 cerca de 22.000 personas. El problema suscitado en torno a la cantidad de casos denunciados en la justicia no termina de contemplar todos los casos que no fueron denunciados ante una endeble democracia en 1983.
La democracia trae consigo la masacre de los militantes La Tablada, unos 32 muertos en total. Menem con las políticas neoliberales arrastra a la pobreza a un 36% de la población, condenados a la muerte segura muchos de ellos. De La Rúa y su estado de sitio termina con 37 muertos en el 2001. Duhalde en su breve interregno se llevo a Kosteki y Santillán entre otros. La “década ganada” del kirchnerismo fue el final para Mariano Ferreyra, de 194 jóvenes en el infierno de Cromañón (producto innegable de la corrupción) y 51 muertos en la estación de Once. El Estado Terrorista, única estructura que pervive a pesar de los gobiernos, se llevó a 3.070 personas según los cálculos de CORREPI y el actual gobierno de Macri llevaba 259 a diciembre de 2016.
Toda esta trágica enumeración pone de manifiesto que en la historia argentina no existió solamente un momento de “Terrorismo de Estado” sino que ha sido una constante la muerte, no solo como forma de eliminar aquellos componentes despreciados por el Estado, sino también para ejercer su violencia pedagógica y aleccionadora al resto de la sociedad. Ya Lenin decía, apoyado en Marx, que la función única del Estado era la represión de las clases subalternas. En este sentido, la burguesía utiliza este aparato como una herramienta de dominación basada fundamentalmente en la violencia. El Estado es la representación máxima de la existencia de la desigualdad de clase, ya que una logra sobreponerse a otra y dominarla mediante el terror. La definición correcta de este aparato, por sus leyes fundamentales y su sentido de ser como hemos observado en este pequeño recorte de 100 años, es la de Estado Terrorista.

Pablo Javier Coronel
Director de Huellas de la Historia

Julieta Lanteri: “La mujer debe luchar para conseguir la realización de sus derechos”



Fundó un partido de mujeres, fue candidata a legisladora, organizó congresos, apoyó huelgas, se enfrentó al régimen conservador de la época y lo desafió.

Argentina. Primeras décadas del siglo XX. Las mujeres no votaban. Por ley, no estaban emancipadas de los varones, no tenían derechos civiles propios; aunque en la vida cotidiana sí se los ganaban a diario. No tenían derecho alguno sobre sus hijos, aunque si todas las obligaciones de la crianza. Tampoco podían estudiar libremente, ni ser intelectuales, ni científicas, ni abogadas, ni profesoras universitarias. Mucho menos candidatas.
Pero, otra vez, como a lo largo de toda la historia, la lucha también fue de las mujeres. Y como una de las indispensables, asoma el nombre de Julieta Lanteri, precursora del feminismo en nuestro país.
Inmigrante italiana, médica, especialista en cirugía, dirigente del movimiento feminista de la época, fundadora del Partido Feminista Nacional, primera sufragista del país y candidata a diputada en 1919.
Julieta sí que supo hacer historia. Y supo también marcar el camino para la lucha de las mujeres. Nunca mendigando derechos, sino que los conquistamos.

La sexta médica graduada del país

Julieta tenía un padre que había logrado hacerse de algunas propiedades que le permitían tener un dinero extra como para mandar a sus hijas a estudiar, tanto a la escuela secundaria, como a la universidad.
Pero la educación superior estaba reservada para los varones de las familias de clase alta, a las mujeres de esa misma clase se les enseñaba bordado, las tareas domésticas y algún idioma extranjero para ser buenas anfitrionas.
En un libro de texto escolar de nivel primario de la época podía leerse: “las mujeres debemos quedarnos en nuestras casas a zurcir medias, a remendar ropas, a barrer y a cocinar, mientras que los hombres se ocupan de política y de dictar leyes” (Bellotta, Araceli, “Julieta Lantieri: la pasión de una mujer”).
Por eso no le fue fácil a Julieta terminar el secundario, ni entrar en la universidad. Allí empezarían a forjarse sus ánimos de lucha.
Una revista de medicina de la época mostraba abiertamente su rechazo a las mujeres en la carrera y afirmaba que “la mujer médica no daría nada qué decir si a través de sus correrías por aulas y salas de disección pudiese conservar la dignidad que es el mejor adorno del sexo. La dignidad y el pudor” (Bellota, Araceli, op. cit.).
A esto se sumaba que luego, aún estando recibidas, no podrían ejercer sus profesiones y sí lo hicieran, no tendrían las facultades legales para disponer de su propio dinero. Sin ir más lejos, la Corte Suprema había declarado en 1891, que “mientras dure el matrimonio, la mujer carece de capacidad civil”.
A pesar de las trabas, Julieta no sólo logró graduarse y ser la sexta médica del país, sino que lo hizo con un promedio alto y automáticamente consiguió un trabajo en la salud pública.

La organizadora

Las poquísimas mujeres que accedían a la universidad y lograban recibirse de alguna profesión, tenían que seguir luego la batalla para que les permitieran ejercer. Por eso, Julieta junto a otras mujeres profesionales, fundan la Asociación Universitarias Argentinas. Luchaban para que nos las discriminaran en sus labores sólo por ser mujeres. Tiempo después sus preocupaciones saltaron los muros de la universidad.
En 1906 participa del Congreso Internacional de Libre Pensamiento, allí queda impactada por las palabras de María Abella de Ramírez, quien proponía leyes que garantizaran la vida de las mujeres y de los niños que nacieran producto de una relación extra matrimonial, adelantando de alguna manera el debate, tanto de los derechos civiles para las mujeres, como del derecho a no morir por aborto clandestino.
De aquel evento surgiría como organización el Centro Feminista. Julieta sería una de sus impulsoras. Esta experiencia la impulsó a fundar la Liga Argentina de Mujeres Librepensadoras, que sumó a su militancia en el Centro Feminista y a las Universitarias Argentinas.
Y a todas ellas les surgió una idea. Se avecinaba el centenario de la Revolución de Mayo, aprovecharían los actos, eventos y visibilidad que tendría el país para organizar un Congreso Femenino Internacional, como parte de la celebración de las fiestas patrias.
Como era de esperarse, esto generó un enorme revuelo. En medio de los festejos oficiales y con la presencia de la Infanta Isabel, tía del Rey de España, representando a la corona y mientras se reprimían las protestas de los obreros, Julieta y sus compañeras no se callaban la boca.
Las mujeres conservadoras también tendrían su espacio. En el Congreso Patriótico y en la Exposición del Centenario les respondían a las insumisas: “la acción de este congreso es pacificadora, educadora y controladora”, para afirmar que las mujeres no debían tener derecho a votar, por considerar que el sufragio era sólo cosa de varones.
Esto no las amedrentó. En el Congreso Femenino que presidió Julieta y que cerró su sesión el 24 de mayo de 1910, ellas debatieron horas y luego votaron a mano alzada, desafiando a cualquiera que sostuviera que las mujeres no eran capaces de hacer política.
Aquellas mujeres decidieron que lucharían por terminar con la prostitución; por sus derechos civiles y políticos; por la educación laica, mixta e igualitaria; por la igualdad salarial con los varones; por derechos laborales para las mujeres trabajadoras; por el derecho al divorcio y al sufragio.
Muchos de estos derechos serían conquistados varias décadas después.

La candidata de las mujeres

Mientras tanto, en el país se debatía la Ley Sáenz Peña, una reforma electoral que pretendía organizar comicios electorales libres y universales. Eso sí, dejando fuera a las mujeres.
Julieta nuevamente insistió, hizo presentaciones legales, fuente ante el juez y consiguió votar en las elecciones del año 1911. Pero, después de este acontecimiento, el Concejo Deliberante de la ciudad sancionó una ordenanza que prohibía explícitamente el voto femenino con el argumento de que para empadronarse era necesario el registro del servicio militar.
Pero esto no sería una traba. Julieta se disponía a luchar a fondo por los derechos de las mujeres.
“Siendo ciudadana argentina, no figura mi nombre en el padrón electoral (…) creo sin embargo que ello no constituye un impedimento para la obtención del cargo de diputado, ya que la Constitución Nacional emplea la designación genérica de ciudadano, sin excluir a las personas de mi sexo (…) la ley electoral no cita a la mujer en ninguna de sus acepciones”, le escribiría la médica feminista a la Junta Electoral.
Habían pasado sólo unos meses desde que el gobierno de Yrigoyen reprimiera brutalmente la huelga general que había comenzado con los obreros de los Talleres Vasena, en reclamo de mejores condiciones laborales. Y Julieta no era ajena a las luchas de los trabajadores.
El 14 de abril de 1919, se reunión por primera vez el comité ejecutivo que organizaría el Partido Feminista Nacional que la llevaría a Julieta como candidata a diputada nacional.
“En el parlamento, una banca me espera, llevadme a ella”, invitaban los carteles con los que desarrollaba su campaña. Habló en medios, dio conferencias, hizo actos. Su campaña se dirigía también a los varones y a los trabajadores, pero ella ya era la candidata de las mujeres.
Fue la única organización que presentó un programa para mejorar las condiciones de vida de las mujeres y de los trabajadores y los sectores más pobres. Proponían que “las obreras (pudieran) dejar de concurrir a las fábricas o talleres hasta los 30 días subsiguientes al alumbramiento, debiendo entre tanto guardarles el puesto” (Bellota, Araceli, “Julieta Lanteri: la pasión de una mujer”). También “un máximo de 6 horas de trabajo para las mujeres, jubilación y pensión para todos los obreros e igualdad salarial para mujeres y varones” (Ídem), algo por lo que aun hoy seguimos luchando.
Uno de sus reclamos centrales sería el derecho al voto de para las mujeres, recién concedido en nuestro país en 1947.
Finalmente Julieta llevó hasta el final su campaña, a pesar de recibir agresiones, críticas y burlas; incluso garantizó una fiscalización por las mesas electorales. De 155.000 votantes de aquellas elecciones nacionales, el Partido Feminista Nacional, con Julieta Lanteri como candidata a diputada, obtuvo 1730 votos.
Por eso Julieta es una de las indispensables, ejemplo de lucha para todas las mujeres.

Ana Sanchez