lunes, febrero 26, 2018

La mirada de Eisenstein sobre el aborto



Entre la vasta y rica producción audiovisual de Serguei Esenstein se encuentra el casi desconocido cortometraje sobre el aborto "Miseria y fortuna de la mujer"

La familia sentada a la mesa. El padre apoya el rostro cansado sobre su manos, varios niños con la mirada perdida frente a platos vacíos, unas pequeñas manos sostienen un mendrugo de pan, la madre mira la escena desolada y lleva una mano a su vientre.
Una joven lleva a su marido el almuerzo al trabajo en una obra en construcción. Es una ocasión especial porque tiene una buena noticia. Luego de susurrarle algo al oído el hombre la abraza acercando la cara a su vientre. Celebran juntos y ella emprende su partida mientras el hombre sube una alta tarima sin protección.
Estas escenas corresponden al film Miseria y fortuna de la mujer, un cortometraje sobre el aborto realizado en parte por el cineasta ruso Sergei Eisenstein. Del film de 20 minutos producido por Lazar Wechsler, 12 fueron rodados por Eisenstein y sus colaboradores, Grigori Alexandrov y Eduard Tissé, el resto lo continuó un equipo de cine alemán respetando la estética planteada por el director.
La película muestra a mujeres que al tener que afrontar situaciones extremas deciden interrumpir su embarazo viéndose obligadas a hacerlo en forma secreta. Aborda también las graves consecuencias de realizar esta práctica en la clandestinidad con una escena en la que se muestra un contrapunto entre las terribles condiciones de salubridad y el sufrimiento de una joven a la que le practican un aborto puertas adentro de una casa particular y el instrumental, las condiciones necesarias y métodos de asepsia empleados en un hospital para el correcto cuidado de la mujer.
El film realizado en 1929 es una verdadera denuncia de los graves riesgos que corrían (y seguimos corriendo) las mujeres imposibilitadas de decidir sobre el propio cuerpo, enfrentando penas de cárcel o graves consecuencias para la salud que en muchos casos terminan con la muerte.
La actualidad que mantiene esta realización, podríamos decir que se trata de uno de los primeros materiales fílmicos sobre el aborto, se debe a que los padecimientos que en aquel entonces sacó a la luz se continúan hoy para millones de mujeres en el mundo.
Lo que no sorprende es que haya estado involucrado un director ruso como Serguei Eisenstein, uno de los más reconocidos cineastas de la revolución por sus innovadoras teorías sobre el montaje y películas como Octubre y El acorazado Potemkin.
Rusia fue el primer país del mundo en legalizar el aborto e instaurar su práctica gratuita en hospitales, en 1920 luego de la revolución bolchevique. El gobierno de la Unión Soviética aprobó un Código integral del Matrimonio, la Familia y la Tutela, verdaderamente revolucionario basado en la igualdad de las mujeres, se reguló el divorcio y la asignación de una pensión, entre otras cosas. La liberación de la mujer, posibilitar la igual de condiciones en el terreno laboral, en el seno de la familia y el ámbito social, se volvieron temas muy importantes para los revolucionarios a pesar de las contradicciones propias de una sociedad que venía de años de oscurantismo zarista. Por otra parte el control de la natalidad, los métodos anticonceptivos y la legalización del aborto era una necesidad imperiosa para las mujeres, un sector muy expuesto de la población, especialmente luego de la miseria y crisis que dejaron la Primera Guerra Mundial y la posterior Guerra Civil. Una expresión de éste problema fue el impresionante éxito que tuvo otra realización rusa en 1925, el film Abortion, película científica producida por Goskino, que superó ampliamente todos los éxitos extranjeros que eran hasta el momento las producciones más taquilleras. Sin embargo en 1936 bajó el régimen de Stalin, que significó un retroceso de los debates y leyes libertarias, el aborto fue nuevamente prohibido.
La película se estrenó en el cine Apolo de Zurich el 21 de marzo de 1930, causó un gran escándalo y luego fue prohibida. Las ideas que inspiraron este film se enmarcaron en un contexto profundamente revolucionario a nivel mundial en el cual los trabajadores con sus organizaciones se plantearon una transformación económica y material con el objetivo de acabar con la explotación y opresión para la construcción de una nueva sociedad sin antagonismo de clases revolucionando también la ciencia, la cultura y todas las relaciones sociales.

Gisele Lisak

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