domingo, julio 19, 2026

Con Raffaella Carrà… siempre al sur


Sus canciones, bailes y mensajes de libertad resonaron con fuerza en la Isla, donde el público la recuerda como un ícono de la música popular de los años 70 y 80 

 Entre los más jóvenes, muchos podrían desconocer el nombre de Raffaella Carrà (1943-2021), pero seguramente han escuchado contagiosos estribillos musicales que rezaban: «Para hacer bien el amor hay que venir al sur», o aquel otro de «Lucas, Lucas, Lucas, ¿qué te ha sucedido?». Canciones que, décadas después, siguen sonando en fiestas y reuniones. 
 En Cuba, toda una generación creció en las décadas del pasado siglo con las pistas de «la reina de la televisión italiana», cuya versatilidad le permitía interpretar sus canciones en inglés, español, francés y alemán, además de su lengua natal. 
 Esas melodías se perpetuaron en el subconsciente de los más jóvenes, y ¡vaya que la artista sigue siendo moderna!: sus canciones, convertidas en odas a la libertad, hablaron sin tapujos de homosexualidad, masturbación femenina, sadomasoquismo y otros temas polémicos para la época. 
 Fallecida el 5 de junio de 2021, hace cinco años, fue durante décadas protagonista absoluta de la televisión y de las listas de éxitos —no solo en Italia, también en España y en América Latina—. Nació el 18 de junio de 1943, en plena Segunda Guerra Mundial. Soñaba con ser coreógrafa y cursó algunos estudios de danza, pero debutó en el cine y se graduó de esta profesión en 1960. 
 Su nombre figuró en marquesinas de producciones italianas y extranjeras, y fue considerada apta para participar en varias películas de Hollywood, aunque decidió que esa no era su vida deseada. Se convirtió entonces en una máquina productora de éxitos año tras año. Algunos de ellos causaron escándalos, como aquel que decía: «Caliente, caliente: hace tiempo que mi cuerpo anda suelto y no lo puedo frenar, ¡y no lo puedes frenar!».
 Un periodista italiano dijo que Raffaella Carrà aportó más al feminismo que todas aquellas mujeres que quemaban sus sujetadores en los años 70. Y no le faltaba razón: aquellas pistas en apariencia «desenfrenadas» transmitían convicciones muy firmes sobre la libertad de la mujer y los prejuicios que entorpecían la igualdad de género. 
 La diva nunca tuvo hijos, pero, tras su partida, dejó huérfanos a millones de telespectadores y a una legión de incondicionales seguidores que encontraron en ella un símbolo de la libertad.
 A diferencia de su altisonante carrera, en su vida personal fue cauta y discreta. Siguió trabajando laboriosamente en sus últimos años y no hizo uso de las redes sociales. Tampoco gustaba de dar entrevistas ni se mostraba en público fuera de sus estrictos compromisos laborales.
Esa mujer de melena rubia y vestuarios brillantes sigue viva en la memoria de quienes la vieron brillar. Y, a cinco años de su muerte, su lección sigue vigente. Sobre todo, al sur. 

 Rafael Mena Brito | rafael@granma.cu 
 19 de julio de 2026 12:07:14

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