De principio a fin, la inauguración de la 50° edición de la Feria del Libro estuvo atravesada por fuertes cuestionamientos al gobierno de Javier Milei. El ajuste brutal sobre la cultura, los bajos salarios, la reforma de la Ley de Glaciares y la simpatía del oficialismo por la última dictadura militar fueron algunos de los tópicos de esas críticas.
Ya en el comienzo, durante el concierto de presentación que dio el músico rosarino Fito Páez, el público aplaudió, rabiosamente, la referencia a los “tiempos egoístas y mezquinos”, en su clásico “Al lado del camino”. Un indicio de lo que se venía. Páez interpretó algunos temas propios (como “11 y 6”, “Yo vengo a ofrecer mi corazón” y “Mariposa Tecknicolor”) y otros a modo de homenaje, incluyendo “Desarma y sangra” (de Charly García) y la zamba “Maturana” (de Manuel José Castilla y Gustavo “Cuchi” Leguizamón), la de aquel hachero desterrado que, si iba a voltear un quebracho, lloraba su sangre primero.
La cuestión se volvió mucho más directa en el comienzo de los discursos. Cuando el titular de la Fundación El Libro (FEL), Christian Rainone, anunció un acuerdo con el Ministerio de Capital Humano que conduce Sandra Pettovello (Chequelibro, un miserable plan de 60.000 bonos por 10.000 pesos cada uno, para alumnos de escuelas primarias, canjeables por algunos de los libros de la feria), estallaron los abucheos. No obstante, Rainone no pudo eludir una advertencia sobre la caída en las ventas, incluyendo las ventas estatales, que se desplomaron del 29% del total, en 2024, al 5% del año siguiente (citado por La Nación, 24/4). Una muestra más de la motosierra de un gobierno que se jacta de haber hecho el “ajuste más grande de la historia de la humanidad” (Milei sic).
El discurso del secretario de Cultura, Leonardo Cifelli, concentró los mayores silbidos y críticas. En actitud provocadora, con barra propia, el funcionario intentó desmentir que la cultura no sea una prioridad para el gobierno, y agradeció a Milei y a su hermana, Karina. Cifelli exigió a los presentes que bajaran sus carteles, algunos de los cuales cuestionaban la realización de la feria en el predio de la Sociedad Rural y repudiaban la complicidad con la última dictadura militar.
Tan tenso estaba todo que el jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, dijo, antes de seguir a Cifelli en el uso de la palabra, que “otra vez me dejaron el ambiente caldeado”. La intervención de Macri también fue seguida por cuestionamientos, que apenas se calmaron cuando el funcionario recordó a dos referentes del cine argentino recientemente fallecidos, Luis Brandoni y Luis Puenzo.
En contraste con los silbidos y abucheos que se llevaron los funcionarios, los cronistas de la feria coinciden en destacar la empatía y aplausos que cosechó la mesa con las escritoras Gabriela Cabezón Cámara, Selva Almada y Leila Guerriero, coordinada por la periodista María O’Donnell.
Cabezón Cámara leyó un texto contra la reforma de la ley de glaciares, hecha a medida de los pulpos mineros, y se refirió también al cuadro de deterioro salarial. “¿Cómo podríamos defender las librerías más que comprando libros o encontrándonos en las librerías? Es precioso, pero si los salarios promedio de los argentinos son de 800 mil pesos, entonces los libros resultan caros. Elevar los salarios sería una buena idea”, redondeó la autora de Las aventuras de la China Iron.
Por su parte, Almada indicó que “estamos en un tiempo en que la escuela pública está desmantelada, los sueldos de los docentes son miserables y todo eso vulnera el derecho a la lectura de niñas y niños”.
Es conocida la expresión de Roberto Arlt, en el prólogo de Los lanzallamas, donde planteaba que la literatura debe encerrar la furia de un “cross” a la mandíbula. La inauguración de la Feria tuvo algo de eso. Fue un golpe al gobierno de Milei.
Gabriel Martinez

No hay comentarios.:
Publicar un comentario