El gobierno salió a celebrar las estadísticas que señalan un “crecimiento relativo” de la actividad económica, como si se tratara del despunte de un gobierno que no logra hacer pie económicamente y cuya política solo genera recesión, inflación, ajuste y despidos. El rebote estadístico de la economía solo es apreciable en la medida del desastre previo de la política de Milei, y no deja de representar un enriquecimiento preferencial en cabeza de los capitalistas exportadores y el capital bancario y financiero.
El entusiasmo oficial está asociado a los datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), donde la actividad agregada tuvo un crecimiento del 3,5% en marzo y una suba interanual del 5,5%.
El ministro de Economía Luis Caputo ubicó este proceso en los marcos de las iniciativas de Inocencia Fiscal y reforma laboral, reivindicando el blanqueo y lavado de dinero de los capitalistas, y haciendo apología de los despidos en el cuadro de una economía signada por los cierres de fábricas y lugares de trabajo y con largas colas de trabajadores pujando por un puesto de trabajo. Además de reivindicar otros beneficios del gobierno a los capitalistas, como la exención de impuestos y la disminución de cargas y contribuciones patronales, como “incentivo”.
Lo cierto es que nada de esto ha demostrado generar un punto de inflexión en la economía nacional, siendo los despidos, la precarización laboral y la recesión la tendencia que se impone claramente, gracias a la política que el propio Caputo festeja, de facilidades a las patronales negreras.
Los datos económicos que el gobierno celebra tienen más que ver con la debacle previa de la economía que con una realidad pujante y con la situación privilegiada de un puñado de capitalistas exportadores y del sector financiero que están haciendo negocios millonarios que sirven a “mejorar la estadística” pero que repercuten negativamente en la población trabajadora.
Es lo que ocurre con las exportaciones de carne, que generan ganancias para unos pocos pero encarecen el consumo local al punto de los prohibitivo; o las políticas oficiales para beneficiar y desgravar a los agroexportadores, que repercuten en un encarecimiento de los principales granos y materias primas locales; o las elevadas tasas de interés y negocios financieros incentivados por Caputo, que operan en el marco de un endeudamiento y una morosidad sin precedentes en las familias obreras, al tiempo que se sigue desplomando el consumo.
El “repunte” de la actividad económica está dado por una suba circunstancial de los precios internacionales, combinada con una política oficial de priorizar las exportaciones en detrimento de la población local, a la que a su vez se la condena a pagar precios internacionales y a sucesivos aumentazos y tarifazos.
La situación es indisimulable, al punto de que desde Industriales Pymes Argentinos (IPA) señalan que los concursos preventivos se dispararon más del 130% en el último año en CABA y que este año podría superarse el récord precedente de la pandemia de Covid 19: no parece ser este el escenario de un “repunte económico”.
Que la situación no es buena también lo pone de manifiesto los altos índices de endeudamiento familiar, particularmente para la adquisición de alimentos y bienes de consumo diario: una práctica que solo responde a necesidades económicas profundas y gastos impostergables. Esto junto al crecimiento del endeudamiento en términos usuarios de las fintechs, que en un corto plazo llegó a duplicarse alcanzando a más de 8,1 millones de usuarios, y con un crecimiento sin precedentes de los niveles de morosidad e impagos.
Milei no puedo dar cuenta de ningún desarrollo de la actividad económica que restablezca los puestos de trabajo –con 300.000 despidos desde que asumieron los “libertarios”- ni que reconfigure positivamente el mercado laboral, sino todo lo contrario: sus “logros” son en beneficios de unos cuantos capitalistas, con una transferencia inédita de los recursos de los trabajadores a manos de las patronales. La economía no crece, solo la casta capitalista.
Ningún crecimiento real puede venir de la mano de la actual política recesiva, de altas tasas de interés, depresión del consumo, ajuste, ataque de los salarios y despidos. Los trabajadores debemos enfrentar esta ofensiva y derrotar a Milei con la huelga general y la lucha de clases, para poner en pie un plan y un programa económico e industrial de la clase obrera, que reactive la industria y la economía sobre la base de la satisfacción de las necesidades urgentes de los trabajadores.
Marcelo Mache

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