El gobierno de Milei mandó al Senado una serie de proyectos de ley, entre ellos uno que implica la derogación de la ley de etiquetado frontal y de octógonos en los envases de alimentos. Es una medida reclamada por las patronales azucareras y las grandes empresas alimentarias que dominan el mercado, que quieren vender a toda costa sus productos ultraprocesados y de menor calidad en un cuadro de creciente pobreza entre los trabajadores.
La normativa vigente establece que las empresas incluyan en los paquetes de alimentos y envases de bebidas que comercializan sellos negros que indican que tienen exceso de azúcares, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías. El gobierno busca reemplazarla por una que implique la utilización de un sistema similar al de otros países del Mercosur, con referencias más complejas y menos visibles para el público.
El oficialismo y sus socios pretenden, además, levantar las restricciones para utilizar personajes infantiles, celebridades, dibujos animados, influencers y deportistas en los envases de los productos, a sabiendas del ascendente que poseen sobre los niños. Y también revisar las limitaciones para comercializarlos en establecimientos educativos. Con todo esto, las compañías capitalistas podrán encubrir aún más los ingredientes dañinos que usan para abaratar los costos de producción y aumentar su tasa de beneficio.
En su momento, el jefe de Gabinete del Frente de Todos, el cristinista Juan Manzur, junto a otros diputados peronistas y de Juntos por el Cambio, boicotearon la votación de la ley en defensa de los intereses sociales de estos grupos económicos. Manzur, por ejemplo, lo hizo en representación de las azucareras capitalistas de la provincia de Tucumán. El proyecto del gobierno libertario llega en momentos en que crecen problemas como la malnutrición, la caída en la calidad de la alimentación infantil y las enfermedades ligadas a ellos.
Según un informe del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (Cepea), “solo el 12% de los niños presenta una dieta de alta calidad, mientras que el 61% se ubica en un nivel medio y el 26% en un nivel bajo”. El 90% de los menores tiene un consumo “inadecuado” de verduras, frutas y legumbres, y la ingesta insuficiente de calcio afecta al 49% de los niños.
Un grupo de investigadores de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA presentó un estudio que evidencia que, mientras crecen los índices de sobrepeso y obesidad, también lo hacen los problemas ligados a la desnutrición y al retraso del crecimiento infantil. En las provincias del NOA y el NEA es donde más se observa este fenómeno, con niños que tienen una baja talla para su edad –un indicador asociado a la desnutrición crónica.
Argentina es uno de los países de América Latina con mayores índices de obesidad en niños y adolescentes. En octubre de 2025, según datos de la OMS y del Ministerio de Salud, cerca del 73% de las personas adultas del país presentaba exceso de peso y alrededor del 39% obesidad. “El impacto de la mala alimentación se traduce en enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como diabetes tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer, que ya son responsables de más del 70% de las muertes en el país” (El Litoral, 2025).
En el contexto de una caída sostenida del consumo masivo, las familias se ven obligadas a comprar una menor cantidad de productos básicos como alimentos y reemplazar otros por segundas marcas. Esto se ha expresado, por ejemplo, en la brutal baja del consumo de carne, que tuvo su nivel más bajo en 20 años. También en el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, que reveló que “uno de cada cuatro asalariados no come en el trabajo y el 83,5% restringe la cantidad o calidad de los alimentos por motivos económicos”.
Y, con todo, se estima que el 30% de los alimentos producidos en Argentina no llegan a ser consumidos (Infobae, 15/5). Es evidente que los problemas alimenticios de los trabajadores y sus hijos hunden sus raíces en la estructura de la sociedad burguesa, donde un puñado de capitalistas vive a expensas de la mayoría de la población. Ellos imponen los precios y deciden cómo se producen los alimentos que se consumen.
Por otra parte, la pobreza a la cual los capitalistas y sus gobiernos –con el de Milei a la cabeza- someten a la población representa una barrera que impide el acceso a alimentos de mayor calidad y a una alimentación sana en general. Las rebajas salariales y los despidos, a lo que se suma el recorte en el envío de alimentos a los comedores populares, son factores que contribuyen al desarrollo de este proceso. Con la eliminación de las retenciones promovida por Milei, esto se agravará.
Los productos que consumimos diariamente afectan nuestra salud. El etiquetado frontal muestra eso, aunque por supuesto no revierte la degradación constante de la alimentación de la población. Un salario mínimo equivalente a la canasta básica familiar, la restitución de la asistencia alimentaria a los comedores –con el reconocimiento de las personas que trabajan en ellos- y el control obrero y científico sobre la producción alimentaria son medidas de emergencia para atender la crisis nutricional en el país que exporta alimentos a todo el mundo.
Derrotar a Milei es una necesidad vital para los trabajadores.
Nazareno Suozzi

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