martes, julio 28, 2026

San Cayetano sin pan y sin trabajo, pero con el FMI


Javier Milei recibe a la directora general del FMI, Katherina Georgieva, “en el mejor de los mundos”, como si el gobierno libertario hubiera sacado los boletos para pagar los compromisos con los acreedores internacionales, FMI incluido. Pero con los papeles en la mano, las recomendaciones de Georgieva serán menos amables: por un lado, Argentina tiene que enfrentar vencimientos por 25.000 millones de dólares en 2027, de los cuales la tercera parte corresponde a pagos de capital e intereses con el propio Fondo Monetario. Caputo ha presentado un “dibujo” para afrontar esa hipoteca, que consiste en renovar las deudas en dólares con acreedores privados por otros dos años, emitir más deuda en el mercado local y tirar una botella al mar de los bancos multilaterales de crédito y del propio Fondo Monetario.
 Con ese esquema, Caputo y Milei apuestan a mantener el dólar cercano a los niveles actuales y pisar la inflación, asegurando que el ingreso especulativo de divisas continúe. Pero el FMI mira con recelo ese castillo de naipes, y redobla el reclamo de la “acumulación de reservas”. Para subrayar esa exigencia, Georgieva se tomará el avión a Vaca Muerta, donde radican las expectativas de un salto en las exportaciones para 2027. El yacimiento patagónico será exprimido con ese fin, aunque la infraestructura necesaria para sacar el gas está en veremos. Por eso mismo, el ojo del FMI para conseguir reservas volverá a posarse sobre el valor del dólar, para disgusto del mesadinerista Caputo. La reciente afirmación del vocero Ravier acerca de ubicar el dólar en 1.800 pesos “en los próximos meses” ha desatado una mezcla de pánico y furia en el gabinete económico. No obstante, el vocero puso en su boca lo que los especuladores financieros colocan en actos, al pasar sus acreencias a bonos de deuda invariablemente ajustados al tipo de cambio. Y también es lo que piensa y quiere el FMI, cuando le exige a Caputo que junte dólares a como dé lugar. 
 Georgieva también pondrá la lupa en el derrumbe industrial y comercial inducido por Milei-Caputo, por la sencilla razón de que el planchazo de la actividad económica ha tirado abajo la recaudación fiscal, otra ventanilla para el pago de la deuda pública. Lo que la jefa del Fondo colocará sobre la mesa es la exigencia de dos nuevos zarpazos a la clase obrera. El primero tiene que ver con la extensión del impuesto a las ganancias de la 4.ª categoría, hasta que paguen uno de cada cinco trabajadores registrados. La segunda cuestión es la reforma jubilatoria, para elevar la edad de retiro, suprimir los supuestos regímenes “especiales” (docencia nacional, universitarios, judiciales) y habilitar las jubilaciones “proporcionales” a los años aportados -es decir, un sistema de prestaciones adaptado a la precarización y a la inestabilidad laboral en aumento-. La tijera de Georgieva, finalmente, apunta al recorte de los subsidios a servicios públicos y combustibles, en medio del cimbronazo de precios provocado por la guerra internacional. 
 Además, Georgieva saludará el sablazo a los planes sociales de 78.000 pesos, y el ajuste a rajatabla sobre universidades, discapacitados, educación y salud. La rápida visita le evitará rozar un escenario social y laboral explosivo, que no tiene a Milei como único ejecutor. A la caída de salarios registrados y no registrados, que no ha cesado en este año, se suma el deterioro social imparable. Georgieva podrá celebrar el consumo de carne más bajo en las últimas tres décadas, el aumento de las enfermedades endémicas e infecciosas y de la tasa de mortalidad en adultos mayores. Los gobernadores, que han acompañado esta masacre social a cambio de participar en la privatización del suelo y sus recursos, ocupan su parte en esta agresión a las masas. El presidenciable Kicillof acaba de enviar a Estados Unidos emisarios que dan cuenta del “equilibrio fiscal” de su provincia, a costa de maestros, de trabajadores de la salud y de toda la infraestructura social. 
 La CGT ingresa en este agosto anunciando su participación en la marcha de San Cayetano, junto a las organizaciones sociales de la UTEP, por “pan y trabajo”. Disimula con ello que acaba de firmar con el Gobierno el engorde de los “aportes solidarios”, a cambio de dejar pasar la destrucción de los convenios colectivos. Como hiciera con la reciente marcha de los jubilados, la burocracia va a San Cayetano sin otro propósito que el de surfear una insatisfacción obrera que crece todo el tiempo, al compás de los cierres y despidos, en los reclamos salariales en la docencia y la salud; en la crisis universitaria que vuelve con el fin del receso. La burocracia forma parte del arco político que, de Milei al pejotakirchnerismo, nos ha dejado “sin pan y sin trabajo”, ambos sacrificados en el altar de los acreedores internacionales. La calle debe ser ganada, en este cuadro, por un salario mínimo y jubilaciones de 2.500.000 pesos, la ocupación de las fábricas que despiden, el rechazo a la entrega de tierras y a los desalojos. Por este programa, coloquemos en las calles la perspectiva de la huelga general. 

 Marcelo Ramal
 27/07/2026

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