martes, marzo 01, 2011

Los preparativos de la invasión a Girón


En febrero de 1961, hace medio siglo, la Agencia Central de Inteligencia dio inicio a una de las últimas fases preparatorias antes de lanzar la invasión mercenaria por Playa Girón, que se consumaría el 17 de abril de ese mismo año, y que sería derrocada por las fuerzas armadas cubanas en apenas 66 horas. Esta preparación consistió en la infiltración de hombres previamente entrenados para crear las condiciones subversivas que favorecieran la agresión, entre estos efectivos se encontraban radistas, expertos en explosivos y miembros de los Grupos de Misiones Especiales.
La operación comenzó con la entrada por el aeropuerto de La Habana del mercenario 2517 Manuel H. Reyes García con documentación e identidad falsas. Para incrementar la desestabilización interna los terroristas incendiaron el centro comercial El Encanto de Santiago de Cuba, un hecho que ocasionó daños de consideración.
El día 14 ya se había producido por la zona de Arcos de Canasí, en Matanzas, la infiltración de un grupo de misiones especiales de la CIA integrado por Félix Rodríguez Mendigutía, Segundo Borges Paz, José González Castro, el mercenario 2504 Javier Souto Álvarez Ríos y Edgar Sopo Barreto. Introdujeron varias toneladas de armas y explosivos.
El 26 de febrero un avión procedente de la Florida, como parte de la Operación Fantasma de la CIA, sobrevoló la ciudad de Los Palacios, en Pinar del Río y la granja Las Vegas del poblado de “Alonso Rojas” en Consolación del Sur, en la misma provincia, y lanzó propaganda subversiva incitando a la población a cometer actos de terrorismo.
El día 28 del mismo mes otro grupo terrorista colocó una bomba en la escuela de Secretariado Comercial Nobel Academy, que ocasionó varios heridos y grandes daños materiales. Este fue uno de los objetivos seleccionados para aterrorizar a la juventud cubana ubicado en la esquina de la concurrida Calzada del 10 de Octubre y la calle San Mariano, en el reparto La Víbora, de La Habana. Con ello intentaban sembrar el pánico entre maestros y alumnas, en los familiares y en todo el vecindario, con el propósito final de interrumpir el curso escolar.
Un poderoso artefacto explosivo, colocado en el servicio sanitario de varones por Roberto del Castillo Fernández, miembro del FRD, con la ayuda de Javier Altabás Pardo, de la organización terrorista Legión Democrática Constitucional, hizo explosión alrededor de las cuatro de la tarde, cuando un numeroso grupo de alumnas se encontraban en horario de receso en el interior del recinto escolar.
Una maestra y 7 jóvenes resultaron heridas. De estas, una perdió el ojo izquierdo. Las víctimas fueron la profesora de inglés Yolanda Morales Cepeda, de 36 años y las alumnas María Eugenia Echaniz, Silvia Sánchez Rodríguez y Sonia Brito, de 18 años, Olga Valle Díaz y María A. Pousa, de 17, María Victoria Rolda Romero, de 16 y Carmen Valenzuela Castrum, de 15. Además hubo cuantiosos daños materiales. El baño y dos aulas quedaron totalmente destruidos.
Este acto terrorista tuvo un fuerte impacto en la zona, pero a favor de la Revolución. La población de los alrededores se lanzó a la calle para ayudar en lo que fuera necesario. Después se organizó un mitin con el objetivo de repudiar el hecho y acusar a la contrarrevolución. En el portal de la escuela se improvisó una tribuna, en la que no faltaron pancartas y banderas. Allí se expresaron emocionadas frases de apoyo a la Revolución y odio hacia los enemigos del pueblo.
Ese mismo día fue incendiada la oficina del acueducto de Regla, donde murió un terrorista y resultaron heridas tres personas. El hecho ocasionó pérdidas por valor de 61 500 dólares.
Apenas transcurrida una semana en la escuela privada Academia Newton, de Secretariado Comercial, en la calle San Indalecio de la barriada de Santos Suárez, en el municipio 10 de Octubre, se produjo otro acto terrorista muy parecido. Hubo jóvenes heridos y cuantiosos daños materiales. Los vecinos del lugar respondieron con un mitin de repudio en el que se escucharon nuevas frases de apoyo a la Revolución.
El 4 de marzo, cuando se conmemoraba el primer aniversario del sabotaje al vapor francés La Coubre en el puerto de La Habana, fueron lanzados en paracaídas, en una finca ubicada en Santa Cruz del Sur, en Camagüey, los radistas de la CIA Adolfo González Mendoza, mercenario 2552, Jorge García-Rubio Rodríguez, mercenario 2542 y el agente Emilio Rivero Caro, jefe de células terroristas en Pinar del Río, con la misión de introducir armas y explosivos.
De esta manera se ponía en marcha la fase previa del vasto plan terrorista que antecedía a la invasión de la Brigada 2506. Los criminales entrenados en bases militares norteamericanas y en campamentos en Centroamérica, aparecían en el escenario nacional cubano con la tarea de preparar hombres para ejecutar sabotajes, organizar y entrenar a los grupos internos y contribuir a fomentar el pánico en la población.
Se había iniciado el fracaso de esta etapa agresora, después vendrían otros intentos igualmente frustrados para los enemigos de la Revolución.

Pedro Etcheverry Vázquez
José Luis Méndez Méndez

25 de febrero de 2011

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