domingo, diciembre 15, 2019

Alerta roja



Ante las “emergencias” que se vienen.

La opinión pública está siendo intoxicada por un sinfín de versiones acerca de las medidas que se vienen, en particular de tres leyes de “emergencia”, económica, social y sanitaria. Y, como el país está quebrado, y ciertamente las familias trabajadoras argentinas están en total emergencia porque o no tienen trabajo o no llegan a fin de mes y carecen de todo tipo de cosas, entre ellas vivienda, lo de las “emergencias” podría sonar a un gobierno actuando a la altura de las circunstancias.
Sin duda habrá que conocer los proyectos para opinar sobre ellos. Claro está que llegarán con suerte el lunes a la noche para ser tratados por un plenario de comisiones el martes y votados por la Cámara de Diputados en pleno el miércoles. El olor a atropellada que trae la maniobra crece a cada hora, puesto que a cada minuto trasciende alguna posible medida más, de tipo económica, impositiva, salarial, del régimen jubilatorio, de contención social, etc.
Sabemos claramente una cosa, no presentarán un presupuesto, por lo cual se dotará al Poder Ejecutivo de instrumentos de gobierno para disponer discrecionalmente de gastos y recursos, la llamada “emergencia económica” que rigió desde 2002 hasta 2018, más precisamente llamada “superpoderes”, porque delega atribuciones del Congreso en el arbitrio del Jefe de Gabinete. Semejante rasgo bonapartista asesta un golpe al sistema político porque los representantes del pueblo que vendrían a ser los diputados, constitucionalmente hablando, quedan dibujados, y el Presidente y su gabinete dictan impuestazos, subsidios a empresas y grupos económicos, tarifazos y hasta endeudamiento.
Hasta el momento se está presentando la maniobra como una necesidad impuesta por la crisis social y se hace trascender que habrá aumento para salarios mínimos y jubilados, incremento en la AUH (Asignación Universal por Hijo), partidas especiales para vacunas de sarampión, postergación de tarifazos, contención de aumentos y gravámenes como el aumento de las retenciones y del impuesto a bienes personales. En palabras del Presidente se trata de medidas de excepción “para empezar por los últimos para llegar después a los demás”.
Para nosotros no es así. Desde estas páginas hemos caracterizado claramente que la no presentación del presupuesto es una clara concesión a los acreedores de la deuda y al FMI, para confeccionarlo cuando hayan llegado a un acuerdo sobre la cesación de pagos del país. En ese caso, los números del presupuesto responderán al objetivo de empezar a reunir los fondos para pagar en un plazo determinado una deuda que hoy el país no puede pagar, por eso se ha reconocido que estamos en “virtual default”.
Pero entonces ¿de dónde vendrán los fondos para “la solidaridad social y la reactivación productiva” como se llamaría uno de los proyectos de emergencia? El capital agrario se prepara contra un aumento de las retenciones que en realidad son mínimas, porque Macri las colocó fijas en pesos y las sucesivas devaluaciones las han ido licuando. En segundo lugar se viene el dólar turismo que desdobla aún más el mercado cambiario que ya tiene el contado con liqui, el dólar bolsa y el paralelo. Sabemos que esta es la senda de la devaluación y, por medio de ella, del financiamiento vía precios tanto para el Estado como para el capital privado, contra los trabajadores y consumidores.
Por otro lado se espera un aumento en el impuesto a los bienes personales que grava sobre todo a una clase media, porque los grandes patrimonios los empresarios los disimulan en sociedades y paquetes accionarios y hasta en sociedades especiales para evadir impuestos como ese.

Atentos jubilados

Pero el tema de alerta más grande para los trabajadores y jubilados, es la cuestión del sistema previsional. En dos líneas Clarín del viernes 13/12 desliza que “cambiaría la fórmula de ajuste”. Esta medida se estaría conversando secretamente con los gobernadores, que fueron firmantes del pacto fiscal y sus diputados peronistas quienes garantizaron a Macri el robo a los jubilados de fines de 2017. A los gobernadores se les “compensaría” las pérdidas de las últimas medidas de Macri que alteraron aquel pacto fiscal, liberándolos del compromiso de disminuir ingresos brutos y otros impuestos provinciales, con lo que tendríamos impuestazos de las provincias en puerta.
Pero volvamos al ajuste de las jubilaciones. En diciembre corresponde un aumento general a todos los jubilados del 8,75% por la inflación del segundo trimestre de 2019. Luego en marzo 2020 corresponde otro ajuste del tercer trimestre de 2019 de 11,56% y por fin, en junio del año que viene lo que corresponde al trimestre octubre/diciembre 2019 que está en curso. La inflación de este último trimestre no será nada menor porque ya lleva acumulado dos fuertes índices de octubre (3,1%) y noviembre (4,3%), y diciembre es un mes estacionalmente alto.
El “cambio de la fórmula de ajuste” que livianamente mencionan distintos periódicos, puede ser un robo gigantesco, disimulado tras el “aumento de emergencia” de los mínimos de “nuestros abuelos”, como gustan decirnos. Por menos que esto en Francia están en un estado de huelga general en numerosos gremios, después de un gran paro nacional que unió a los trabajadores con los chalecos amarillos.
Como corriente de la clase trabajadora y como socialistas tenemos que fijar clara posición. Los índices adeudados de los tres trimestres finales de 2019, deben ser pagados en su porcentual a la brevedad, adelantando su pago, no anulándolo. El mínimo jubilatorio debe alcanzar la canasta básica del jubilado, así como el salario mínimo la canasta básica general, ambas alrededor de los $38000 al 31 de este mes.
El financiamiento de estas reivindicaciones elementales debe salir de la anulación de la rebaja macrista de aportes patronales que determina hoy un mínimo no imponible de aportes de $7003 por trabajador y sería del doble a partir del 2020. En segundo lugar de la derogación de la ley de rebaja de aportes dictada en 2014 bajo el nombre de “blanqueo”. En tercer lugar con la reposición de los aportes patronales que rebajó Menem en 1994. En cuarto lugar mediante el blanqueo compulsivo de los trabajadores en negro.
Este programa elemental para los trabajadores conduce al debate de la investigación y no pago de la deuda y a la ruptura con el FMI que vendrá como en Brasil, como en Francia, como en Chile, por el sistema jubilatorio. Defendamos a los jubilados desde todos los sectores de la clase trabajadora. Abuelos son para los nietos, para nosotros son trabajadores que aportaron una vida y son saqueados por el capital financiero, el Estado y la clase capitalista en su conjunto.

Néstor Pitrola

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