sábado, septiembre 21, 2019

Evocación de Elisée Reclús, geógrafo, anarquista



Apreciado en los medios libetarrios como uno de los “grandes” del pensamiento y la cultura, la obra de Jean Jacques Elisée Reclús (Sainte Foy La Grande, Gironda, 1830-Bruselas 1905), figuraba en Ateneos y sindicatos. Era considerado por José Peirats como el «teórico del anarquismo que (le) parece más actual y de experiencia más válida y aleccionadora para el presente», y añade: «Ni siquiera he tenido que esforzarme para encontrar la figura más ejemplar por sabia, modesta, sensible, erudita a la par que poética, revolucionaria al mismo tiempo que pacífica, y cuyo mensaje desafía el tiempo, todos los tiempos…» (Bicicleta, n º11).
Su familia era de convicciones protestantes pero al mismo tiempo liberal, y Elisée fue uno de los 14 hijos que tuvieron entre los que también cabe reseñar a Elie, que acompañó a su hermano en muchas batallas militantes y científicas, pero que, en opinión de Nettlau, era «demasiado escéptico para poder sentirse anarquista —su tesis universitaria de 1851, (Elies) había tratado del principio de autoridad (en teología)—, fourierista y asociacionista en espíritu, tomó parte en la empresa cooperativa “La Credit au Travail” y en las publicaciones L`Association y La cooperation, de París…». Embuído en sus ideas antipapistas y anticlericales, Reclús estaba en un principio destinado para pastor, pero su vocación natural fue la de geógrafo, disciplina que expondrá durante décadas en una obra extensa y múltiple, en la que se combina una profunda cultura, un amplio conocimiento de las aportaciones científicas que le precedieron así como una sugestiva riqueza expositiva y literaria. Junto con Kropotkin, Reclús tiene un lugar destacado en el pensamiento geográfico decimonónico (cf. Josefina Gómez Mendoza, Julio Muñoz Jiménez y Nicolás Ortega Cantero, El pensamiento geográfico, Alianza Universidad, Madrid, pp. 42-48).
Esta inclinación le vino en Berlín donde en vez de estudiar teología asiste a las clases de Ritter y Humboldt. Su evolución hacia el anarquismo comienza con la revolución de 1848. Por aquella fecha escribió: «…Durante diez años arrastróse por Francia un abominable espíritu de logro y egoísmo; al fin llegó la revolución del desprecio». Luego vendrá la lectura de Proudhom. Se considera ya anarquista en 1851. «Este año, escribe, de internado en mis estudios, he dado fin a todas mis vacilaciones y estoy firmemente decidido (…) a seguir la voz de mi conciencia. Jamás aceptará ninguna especie de consagración, sea pues no veo en ella más que un papismo disfrazado e intolerante ¿Cómo podría yo, que aceptó la teoría de la libertad de todo y por todo…? No quiero ser pastor. La decisión está tomada, de la herejía religiosa pasa a la herejía política. El Estado es como una Iglesia, un instrumento que rompe el equilibrio en las relaciones entre el hombre y el medio, engendra la desigualdad entre las personas y provoca las contradicciones de unos grupos sociales contra otros; el fin del Estado es por lo tanto el principio de toda revolución». Después de 18 Brumario de Louis Bonaparte, Reclús ha de coger el camino del exilio y viaja por Gran Bretaña, Irlanda, Nueva Orleans, Sudamérica… Su aventura en este continente resultara apasionante y fructífera —le subyuga el antecedente de Humboldt— para su carrera de geógrafo, aunque no faltan historiadores que le implican en el surgimiento o impulso de tendencias libertarias en Nueva Granada donde estuvo en los agitados conflictos de 1855. M. Segall sostiene que, durante años, Reclús actuó como consejero de la internacional negra en el continente y que, sin su contribución, el desarrollo de los grupos bakuninistas «hubiera sido incuestionablemente más lento».
Reclús volverá furtivamente a Francia en 1857 y comienza a trabajar con su hermano Onésimo en la investigación geográfica y al amparo de un protector que durante años les facilitó trabajo en la importante editorial Hachette. En 1864 trabó relaciones con Bakunin del que será, según su propia definición, «hermano independiente», y con él estará en los grandes debates de la Liga por la Paz y la Libertad, en la Alianza Socialista a la que ayudó decisivamente en Francia y en la AIT. No tiene una intervención constante, pero sus aportaciones brillan a gran altura. Delante de los reformistas de la Liga intentó demostrar que las «fronteras no son más que líneas artificiales impuestas por la violencia, la guerra, la astucia de los reyes y sancionadas por la cobardía de los pueblos». En relación a la cuestión del federalismo dijo: «…creo que con toda lógica, que después haber destruido la vieja patria de los chovinistas, la provincia feudal, el departamento y el distrito, máquinas de despotismo, el cantón y el municipio actuales, invenciones de los centralizadores a ultranza, no quedaba más que el individuo, y éste debería de asociarse como le pareciera». En 1871, Reclús fue uno de los «communards» trabajando como director de la Biblioteca de París y en plena euforia escribe: «¡Cuán bella es la humanidad! ¡No se la conoce, se le ha calumniado constantemente!». Con un fusil descargado luchó en las barricadas y su prestigio internacional le salvó de una muerte bastante segura. Es condenado a la deportación, pena que le es conmutada por la del exilio gracias a una campaña internacional en la que intervienen Charles Darwin, Herbert Spencer y otros famosos. Residirá en Italia y después en Ginebra donde funda, junto con Kropotkin, la revista Revolté. Una amnistía le abre de nuevo las puertas de Francia, lo que le lleva a intensificar desde entonces su labor científica, de una ciencia que entiende «no debe de ser monopolio de los profesionales: la ciencia tiene un sentido amplio y abarca el conocimiento que resulta de la experiencia de la vida y que se ha aprendido en la calle en el taller, etc. Todos debemos observar, aprender y transmitir lo que hemos aprendido en la gran escuela del mundo».
En 1892 ingresa en la «Societé Geográphique de París» y cinco años más tarde acepta un cargo en la Universidad Nueva de Bruselas protegida por el partido socialista belga. Angélica Balabanova, que sería discípula suya, escribe en sus memorias que esta Universidad la «habían creado los intelectuales radicales belgas en 1894 como campo de actividad para Reclús, cuya obra había iniciado una nueva era en los anales de la geografía científica (…) Era el típico intelectual anarquista de la época, Su propia vida era exponente cotidiano de sus ideas. Toda víctima de la desigualdad, fuese buena o mala, culpable o inocente, atraía su generosidad y coraje. Su mujer le asignaba unos centavos al día para sus gastos, porque sabía que daba todo lo que tenía al primer necesitado que le saliera al paso, muchos de los cuales abusaban de su buena fe y su bondad». Esta actitud cívica la mantendrá con coherencia, negándose, por ejemplo, a condenar los atentados terroristas con los que no estaba de acuerdo. Sobre este punto escribió: «Personalmente, cualesquiera que sean mis juicios sobre talo cual acto o tal o cual individuo, jamás mezclaré mi voz a los gritos de odio de hombres que ponen en movimiento ejércitos, policías, magistraturas, clero y leyes para el mantenimiento de sus privilegios». Se mantuvo en la «Université Nouvelle» hasta el final de su días dejando una impresionante obra científica y una menor obra militante. No siempre mantuvo una coherencia en su obra —por ejemplo justificó el centralismo nacional francés—, e intentó demostrar, entre otras cosas, que la «condición principal para asegurar el triunfo es deshacernos de la ignorancia…». Ya que se trata de «aprender (que) es la virtud por excelencia del individuo libre, emancipado de toda tutela autoritaria, tanto divina como humana». Porque está convencido de que la «ignorancia disminuye y entre los evolucionistas revolucionarios asociados para la obra común, el saber dirigirá pronto el poder. Este es el hecho capital que nos da esperanza en el destino de la humanidad».
Entre sus evocaciones biográficas destaca la que efectuó Max Nettlau. Reclús. La vida de un sabio justo y rebelde (Biblioteca de La Revista Blanca, BCN, 1928). Menos conocidas pero más elaboradas es la de Joseph Ishill, Elies and Eliseo Reclús -In Memoriam (Berkeley Heights, Nueva York, 1927), una aproximación familiar de Paul Reclús, Les Freres Elies et Eliseo Reclús ou du protestantisme a l´ anarchisme (Paris, 1964). Algunas de sus obras publicadas en castellano, son: La atmósfera; Las colonias anarquist; Mis exploraciones en América (todas en F. Sampere y Cia, Valencia), Nueva Geografia Universal. La Tierra y los hombres (El Progreso Ed., Madrid, 1888-1892), El porvenir de nuestros hijos (Ed. Presa), La montaña y el arroyo (Ed. Populares Iberia, Madrid, 1932). El hombre y la tierra (traducción de Anselmo Lorenzo, revisión de Odón del Buen, reeditada por Doncel, Madrid, 1975, 8 vol., prólogo de Carlos E. Rodríguez.), Evolución y revolución (Júcar, Madrid. 1978), y la antología La geografía al servicio de la vida, efectuada por un colectivo de geógrafos de la Universidad de Barcelona (Ed. 7 y 1/2, Barcelona, 1981). De fecha más reciente resulta La geografía contemporánea y Elisée Reclus Editorial: Publicaciones de la Casa Chata Lugar de publicación: México DF. 2011…
Como todos los clásicos del socialismo, Reclús estaba convencido de que el día de una civilización de la libertad y del trabajo, no estaba lejana. Es obvio que, como todos los demás, era optimista y subvaloraba la capacidad de la burguesía en reprimir e incluso en corromper a sus “enterradores”, pero esto no es menoscabo de la importancia de su vida y de su obra.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

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