sábado, marzo 03, 2018

El país real vs. el país virtual del discurso de Macri



Mauricio Macri inauguró ayer el año legislativo con un discurso en el que, como suele corresponder en estas ocasiones, abundó el optimismo y las ponderaciones positivas sobre sus dos años de gobierno.
La ex presidenta Cristina Fernández había apelado durante su gobierno a la contraposición entre el país real y el país virtual, siendo este último el que vendían los medios, donde estaba todo mal. Pero no se privaba en sus discursos (así como en las estadísticas gubernamentales) de inventar otro país virtual tan alejado de la vivencia cotidiana de millones de trabajadores como el que pintaban Clarín y La Nación. La misma dualidad se puso en evidencia con el discurso de Macri de ayer.
En los comienzos de su discurso, el primer mandatario afirmó por enésima que “lo peor ya pasó y ahora vienen los años en que vamos a crecer”. Como los datos duros de la economía están cargados de ambivalencias (algunos indicadores de actividad suben pero otros siguen estancados o incluso se siguen deteriorando), el presidente apeló al concepto de “crecimiento invisible”.
Buscando destacar los datos positivos, Macri sostuvo que en “este enero tuvimos récord de venta de cemento, de asfalto, de autos, de autos usados, y de motos, de turismo y de vuelos de pasajeros, para citar algunos de los ejemplos más visibles”. Pero este fue también el mes en el que cayó 2 % el consnumo minorista, mientras que según la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL), la industria tuvo en enero una caída de 0,6 % en la comparación interanual, empujada por el desplome de la producción automotriz (18,3 %), que va a contramano del récord de patentamientos que marcha mano a mano con un crecimiento en el ingreso de vehículos importados.
Lo cierto es que según los datos conocidos el miércoles, la economía tuvo en 2017 un crecimiento de 2,8 %, con lo cual se limitó a recuperar lo perdido en 2016. Es decir, está igual que hace dos años atrás. Para este año, la sequía promete una caída en la cosecha que significará una caída en las exportaciones y más déficit comercial, y como resultado de esto algunas consultoras ya le restan hasta medio punto porcentual al crecimiento de este año.
“Las transformaciones que hicimos empiezan a dar frutos, a sentirse”, sostuvo Macri. En este caso hay que reconocer que lo que dice es al menos parcialmente cierto: los jubilados ya empezaron a sentir cómo sus jubilaciones pierden poder adquisitivo más rápido gracias a la reforma impulsada por el gobierno que los diputados aprobaron el 18 de diciembre en un Congreso vallado y en medio de la represión. En los primeros 6 meses de 2018 recibirán un aumento de 11,69 % (5,71 % en el primer trimestre y 5,66 % en el segundo), contra un incremento de 14,5 % que hubieran percibido de haberse aplicado la fórmula de actualización previa. Pero claro, no es a este tipo de impactos a los que el presidente quiso referirse. No sorprende que en su discurso no hubiera mención a la situación de los jubilados o a la contrarreforma previsional.
Macri celebró los impactos de la obra pública, ejemplificando con los casos de “una familia que no tenía agua ni cloacas y ahora las tiene”, o de “aquel trabajador que vuelve a casa, después de un largo día bajo la lluvia, y no tiene que embarrarse porque le llevamos el asfalto a su cuadra”. El mandatario no habló del opaco sistema de Participación Público-Privada (PPP) con el cual buscarían este año mantener el ritmo de los emprendimientos a pesar de la estrechez fiscal. Esquemas similares han despertado muchos cuestionamientos en otras latitudes, como es el caso de Gran Bretaña, país donde hace un mes entró en quiebra la empresa Carillion, principal contratista bajo este régimen. Demoras, sobreprecios, y maquillaje de las cuentas públicas, son algunos de los cuestionamientos a este sistema cuya implementación en el país marcha lenta, por ahora.

El relato del “gradualismo”

El presidente buscó ubicarse entre dos supuestos extremos, el de los que “piden un shock de ajuste” y el de “los otros nos piden que nada cambie”. Frente a ambos, reivindicó “el camino del cambio con gradualismo”, reivindicó “un Estado que ordena sus cuentas. No podemos gastar más de lo que tenemos”.
Un pequeño “olvido”, tanto de Macri como muchos de los que le piden que reduzca el déficit bajando el gasto mediante despidos de empleados públicos y baja de jubilaciones, es que el crecimiento del desequilibrio fiscal durante los dos años de gobierno de Cambiemos se agrandó gracias a que el Estado redujo sus fuentes de recaudación. Desde el regalo que hizo a las patronales agrarias a días de haber asumido con la reducción de retenciones para la soja de 35 % a 30 % (que este año se retoma con otra reducción de 5 puntos) y eliminación para el resto de los cultivos, hasta la reducción progresiva iniciada este año de las contribuciones patronales (y que para 2022 establece que los empresarios aportarán sólo por el monto de sueldo que supere los $ 12.000), pasando por la rebaja en las alícuotas de bienes personales. Todo esto para beneficiar a los empresarios y los sectores de mayores ingresos y riqueza.
No se trata tanto de que es lento el ritmo de reducción del gasto, sino de la contradicción que querer bajarlo al mismo tiempo que se reduce impuestos.
Pero la principal fuente en la persistencia del déficit fiscal (después del pago de deuda) está en el festival de endeudamiento, iniciado con el generoso pago a los buitres neoyorquinos a poco de asumir. Durante 2017 el pago de intereses de la deuda en el presupuesto aumentó nada menos que 70 %. Estos, que llegaron a $ 225.000 millones de pesos, superan con creces lo que el gobierno recortó de subsidios económicos durante 2017 (bajaron $ 65.000 millones de pesos).
Macri prometió que “vamos a dejar de endeudarnos”, pero en sólo dos meses colocó deuda por USD 15.000 millones, en el país y en el exterior, a lo que se suma el déficit creciente del Banco Central en su fracasada política monetaria.

Inflación y costo de vida

Sobre este último aspecto el mandatario afirmó que “La inflación del 2017 fue menor a la del 2016”. Es una verdad relativa: en 2017 los precios subieron 24,8 % a nivel nacional. Es un dato que resulta difícil contrastar con un equivalente porque recién en diciembre de 2016 el Indec empezó a publicar el índice nacional. Previamente, en abril de 2016 el organismo empezó a informar la inflación del Gran Buenos Aires (GBA). Si tomamos los datos de la Dirección de Estadísticas y Censos de CABA, en 2016 arrojó un 41 %. Esto es sustancialmente menor que el valor alcanzado en 2017, de 26,1 %. Sin embargo, no se encuentra muy alejado del nivel alcanzado en 2015, de 26,9 %. En síntesis, la inflación se desarecelera respecto del aumento que le imprimió Cambiemos durante su primer año de gobierno, pero mantiene niveles altos.
En febrero, según los pronósticos de varias consultoras, los precios volverán a subir por encima de 2 %.
Macri sostuvo además que en 2017 “los salarios le ganaron a la inflación”. Sin embargo, con eso no llegaron a recuperar lo perdido en 2016, el primer año de gobierno de Macri. A modo de ejemplo, de acuerdo a datos del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec), el salario docente en tiene en el promedio nacional un poder adquisitivo que es $1.600 inferior a cuando asumió Macri.

Reforma laboral en grajeas

Macri también anticipó que volverá a la carga con la reforma laboral, desmembrándola en varias leyes para facilitar su aprobación. “Tenemos que organizarnos para el trabajo del siglo XXI”, afirmó a tono con el relato “modernizador” al que apela para imponer las medidas de precarización de las condiciones de trabajo que demanda el empresariado. La primera iniciativa que aspira a implementar es el blanqueo laboral, un verdadero jubileo para los empresarios de deudas impositivas y previsionales.
Para destacar un costado positivo, el presidente señaló que como parte de sus reformas se propone cerrar la brecha salarial entre hombres y mujeres. Señaló que “según el INDEC, estas diferencias llegan hasta el 30 %. Y esto no puede seguir así. Tienen mi compromiso para que el salario igualitario que establecen nuestras leyes sea una realidad”. No aclaró si la nivelación será a la suba o a la baja. En un contexto de paritarias con techo de 15 % que pretenden imponer, esta última es la alternativa más probable.
Agregó también que impulsará “un proyecto de ley para extender la licencia por paternidad”. Este también integraba el paquete de reformas puesto a circular a fines de 2017.

La soga en casa del ahorcado

A pesar de la renuncia de Valentín Díaz Gilligan por las cuentas en Andorra, las offshore de Luis Caputo y el affaire del ministro de Trabajo por haber tenido una empleada no registra en su quinta familiar, a quien nombró en la intervención del SOMU y despidió en medio de maltratos, el presidente no se privó de descatar que bajo su gobierno rige “los funcionarios nos pusimos límites como nunca antes para garantizar que no estamos acá para beneficiarnos. reglas sobre cómo mostrar nuestro patrimonio”. No sabemos si se trató de una broma.

Esteban Mercatante
@estebanm1870

No hay comentarios.: