domingo, febrero 04, 2024

Gaza: cuatro meses de genocidio


Cuando están por cumplirse cuatro meses, el conflicto no tiene un final a la vista. El triunfalismo inicial de Israel ha sido reemplazado por una sensación de estancamiento. El ejército israelí no ha podido dar con los líderes de Hamas ni tampoco ha sido capaz de liberar a la mayoría de los rehenes que siguen bajo control de la resistencia palestina, que ha demostrado una mayor capacidad operativa de la que se le asignaba originalmente. La red de túneles se ha revelado como un laberinto intrincado difícil de desmantelar. Las bajas sufridas por los combatientes palestinos -por cierto, sensibles- no han logrado, sin embargo, quebrar la estructura militar que asciende a 25.0000 combatientes. 
 Israel ha retirado muchas de sus tropas del norte de Gaza, dejando una división para buscar túneles e impedir que Hamas recupere un punto de apoyo allí. Una segunda división mantiene la línea entre el norte y el sur de Gaza, mientras que una tercera ha rodeado Khan Younis, en el sur de Gaza, lugar de intensos combates en los últimos días. Las hostilidades ingresaron en un terreno mucho más pantanoso y cruento de la guerra urbana. En este marco, era previsible -como está ocurriendo- que empiecen a incrementarse las bajas israelíes. En la última semana, 24 soldados israelíes fueron abatidos en lo que fue la mayor cantidad de víctimas sufridas por el sionismo en un día desde el inicio del conflicto. Pero lo que se silencia es que, aparte de las bajas, habría holgadamente más de 2.000 heridos.

 Regionalización 

Lo que comenzó en octubre como un enfrentamiento entre Israel y Hamas se ha ido trasladando a otros Estados de la región. Israel ha multiplicado su ofensiva contra el Líbano. A eso se agregan ataques selectivos en Siria y en Irak contra Irán y sus aliados, asesinando a miembros de su Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica en Siria y a comandantes de Hezbolá. 
 Las milicias respaldadas por Irán en Irak respondieron con una gran andanada de cohetes y misiles balísticos contra la base aérea estadounidense de Al-Asad en el oeste de Irak. El último capítulo ha sido el ataque con un dron que mató a tres soldados estadounidenses e hirió a 34 más en una base militar en el noreste de Jordania, en lo que constituye el episodio más cruento y con un saldo de víctimas mortales para las tropas yanquis asignadas en la región desde el 7 de octubre.
 Pero el foco principal de atención se ha desplazado a Yemen, donde los hutíes, rebeldes de país, vienen haciendo ataques en solidaridad con la lucha palestina contra las naves que circulan por el Mar Rojo. Las potencias occidentales lideradas por Estados Unidos vienen bombardeando Yemen. Biden admite que los ataques no han disuadido a los hutíes y ha anticipado que van a continuar.

 Salidas en danza 

El caos en el Mar Rojo solo ha causado daños económicos modestos a Israel. La mayor parte de su comercio marítimo pasa por puertos del Mediterráneo. Egipto, en cambio, ha pagado un precio mayor: ha visto una reducción del 40% en los ingresos del canal de Suez, una fuente vital de divisas. Esto se ha sumado a los temores de una posible cesación de pagos en un país que lucha contra la escasez de dólares y está enterrado bajo una pila de deuda pública (93% del PBI). La libra egipcia ha caído a alrededor de 60 por dólar en el mercado negro, frente al 50 el mes pasado. Para Abdel-Fattah al-Sisi, el presidente de Egipto, la única manera de que su canal vuelva a funcionar es un alto el fuego en Gaza. 
 El acuerdo que Egipto está promoviendo se produciría en dos etapas. La primera sería una liberación “humanitaria” de rehenes civiles a cambio de una tregua que podría durar varias semanas. Israel liberaría a cientos de prisioneros palestinos. La segunda etapa liberaría a los soldados israelíes cautivos a cambio de un alto el fuego total, una retirada israelí de Gaza y la liberación de unos miles de palestinos.
 Otros Estados árabes, a su turno, están promoviendo su propio plan para poner fin a la guerra, que consiste en crear un Estado palestino y están dispuestos a apoyar a la Autoridad Palestina, que gobierna partes de Cisjordania, si retoma el control en Gaza. La propuesta árabe está en la misma longitud de onda de Washington, que plantea una Palestina desmilitarizada. 
 El plan es una posibilidad remota, sobre todo porque Netanyahu, el primer ministro israelí, se opone desde hace mucho tiempo a la creación de un Estado palestino. El premier israelí está muy acorralado: su gobierno camina al borde la cornisa, atravesado por una severa crisis política interna y salpicado él personalmente por acusaciones muy comprometidas de corrupción. La situación ha provocado una división en el gabinete. Su ala más pragmática, encabezada por Benny Gantz, ex ministro de Defensa que se unió al gabinete de guerra en octubre, apoya una larga tregua para liberar a los rehenes. Esta ala quiere combinar eso con negociaciones para un nuevo gobierno en Gaza. Pero los socios derechistas de la coalición de Netanyahu se oponen. Es poco probable que el premier israelí haga algo que pueda ahuyentar a la extrema derecha, sin la cual no habría regresado al poder en diciembre de 2022. 

 La posición de Hamas 

Hamas también está dividido sobre el acuerdo. Sus líderes políticos están a favor de aceptar la propuesta árabe. Pero los líderes de Gaza quieren una retirada israelí antes de otra liberación de rehenes y el canje de rehenes por combatientes palestinos presos que participaron en la acción del 7 de octubre. Esto habla del potencial militar que aún conserva la resistencia palestina. Y tan importante como ello es la corriente de adhesión popular que, de acuerdo con los sondeos, sigue siendo mayoritaria en Gaza. 
 La corriente de adhesión a Hamas y demás organizaciones palestinas en lucha se ha reforzado en Cisjordania en forma proporcional al descrédito que tiene la Autoridad Palestina por la política de colaboración que ha tenido con Israel en estas décadas. La resistencia en Gaza ha incitado a la formación de nuevas milicias en Cisjordania, como la Guarida de los Leones, y revitalizado a otras más antiguas como la Jihad Islámica. 
 Israel contribuye también a la erosión de la Autoridad Palestina. Antes del 7 de octubre, el gobierno israelí casi había duplicado el número de batallones del ejército en Cisjordania. Desde entonces, el ministro de Seguridad nacional de extrema derecha, Itamar Ben-Gira, ha creado y armado escuadrones de seguridad comunitarios, en la práctica milicias de colonos judíos. La violencia de los colonos ha alcanzado niveles sin precedentes, con ataques que aumentaron de un promedio de uno por día en 2021 a cuatro por día el año pasado. Los soldados y colonos israelíes han matado a unos 350 palestinos en Cisjordania desde el ataque de Hamas. 
 El gobierno de Netanyahu también está estrangulando financieramente a la Autoridad Palestina. La Autoridad Palestina depende de Israel para recaudar los impuestos de importación en su nombre, lo que representa el 64% de los ingresos totales de esa organización. Israel ha prohibido la entrada de trabajadores palestinos a Israel. Las tiendas están cerradas. Los bancos dicen que pueden quebrar. 

 Quiénes son los aliados del pueblo palestino 

La experiencia recorrida, cuatro décadas después de los tratados de Oslo, muestra que es inviable la convivencia entre dos Estados. Israel, un Estado de colonos cuya existencia está basada en el despojo, expulsión y limpieza étnica de la población que residía en ese territorio, es incompatible con los derechos nacionales palestinos. La expulsión de los palestinos no es un exabrupto de los últimos años de los sionistas más recalcitrantes, sino que ha sido una constante en todo el tiempo, y patrimonio común de todas sus alas, tanto derechistas como progresistas. El avance de los asentamientos y la colonización, en la actualidad, está presente en Cisjordania, pero también en Gaza. En definitiva, el objetivo sionista es crear un Estado judío en toda Palestina -en el terreno inmediato- y asegurase una mayoría judía. El proyecto de un gran Israel adquiere aún más importancia en momentos en que se han descubierto en la zona abundantes y suculentos recursos energéticos. Los territorios palestinos disponen en su subsuelo de altas reservas, tanto de gas (offshore a lo largo de la Franja de Gaza) como de petróleo (en Rosh Haayin, Zona C). La explotación de ambas fuentes de energía ha sido asumida y controlada por empresas israelíes. 
 La política por parte de los Estados árabes es criminal, pues está dejando que se desangre la resistencia palestina en una lucha heroica, pero absolutamente desigual con el ejército sionista. Incluso Irán, que es la potencia regional más enfrentada a Israel, ha decidido hasta ahora no involucrarse en forma directa en el conflicto. Hezbolla, bajo su órbita de influencia, ha desistido de abrir un segundo frente. 
 La excepción son los rebeldes de Yemen. Hay evidencias que dicen que los hutíes, aunque se los pretende presentar como una sucursal iraní, actúan con autonomía y en relación a sus incursiones en el Mar Rojo han ido a contramano de las sugerencias de Teherán. Por lo pronto, China viene presionado a Irán para que frene los ataques hutíes. El Mar Rojo es estratégico para el intercambio comercial chino. No hay que olvidar, por otra parte, que China es el destinatario del 90% de las exportaciones del petróleo iraní. En este contexto, no puede sorprender que tanto China y Rusia se hayan abstenido en el Consejo de Seguridad a la hora de condenar los bombardeos de Estados Unidos y Reino Unido a Yemen, cuando cuentan con el poder de veto.
 Lo aquí expuesto pone de relieve que los verdaderos aliados del pueblo palestino son los trabajadores y los pueblos de todo el mundo. Es necesario reforzar la movilización internacional. Cuando más fuerte y más alcance tenga dicha movilización, más chance habrá para que entren en acción las propias masas árabes en el Medio Oriente, superando la política de contención y maridaje de los regímenes reaccionarios de la región.
 Abajo el Estado genocida de Israel. Todo el apoyo a la lucha del pueblo palestino. Por una Palestina única, laica y socialista, en el marco de la unidad socialista de Medio Oriente. 

 Pablo Heller

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