miércoles, mayo 06, 2015

Cien días del gobierno de Syriza



Este martes se cumplieron 100 días desde que el 25 de enero Syriza ganó las elecciones anticipadas en Grecia. La formación del gobierno, las negociaciones con la Troika, las relaciones con Rusia y China. Repasamos algunas fechas claves de estos cien días.

25 de enero: triunfo de Syriza

El triunfo de Syriza en las elecciones expresó el enorme descontento social con el gobierno de coalición entre Nueva Democracia y el Pasok, aplicadores de las políticas de la Troika que asfixiaron al pueblo griego.
La llegada de Syriza al gobierno se produce en el marco de la crisis capitalista que golpeó especialmente a Grecia, con una abrupta caída del nivel de vida de la población; por la profundidad de la crisis política -especialmente la crisis del PASOK- ; y por el fuerte ciclo de movilización social, con más de 30 huelgas generales, encierros, movilizaciones y huelgas parciales. Una resistencia obrera y popular de grandes dimensiones, pero que no logró hasta ahora derrotar los planes de la troika.

26 de febrero: formación de gobierno con los nacionalistas de Anel

Syriza pasó de plantear la necesidad de un “gobierno de izquierda” (2012) a un “gobierno anti austeridad”, pero finalmente formó lo que llamó un gobierno de “salvación nacional”.
Desde el año 2012 se profundizó un giro al centro, con la moderación de su programa político y su discurso. Para lograr mayoría en el Parlamento, Tsipras formó un gobierno de coalición con ANEL (Griegos Independientes), un partido nacionalista de derecha, xenófobo y pro capitalista, otorgándole nada menos que el estratégico ministerio de Defensa, máximo control civil de las fuerzas armadas de Grecia. A poco de asumir, Kamenos, ministro de defensa, se reunió con el secretario general de la OTAN, al que aseguró el compromiso de Grecia con la organización.
Esta coalición de gobierno marcó “el fin simbólico de la idea de un gobierno de izquierda anti austeridad”, como sostuvo Stathis Kouvelakis, integrante de la “Plataforma de izquierda” de Syriza. Uno de los argumento que se esgrimieron para justificar esta decisión de Syriza fue que se había desplazado el eje “izquierda/derecha” hacia una confrontación “dura” entre austeridad/anti-austeridad. Pero esto, además de justificar una opción política totalmente conservadora, demostró falso viendo el devenir de las negociaciones con la Troika.
Syriza “moderó” su enfrentamiento con la Troika, la cuestión de la deuda y la “austeridad”. Pasó de plantear una “auditoria de la deuda” y “dejar de pagar su parte ilegítima”, a sostener una quita parcial, una reestructuración y finalmente una refinanciación. Es decir, una política de “honrar los compromisos” contraídos y no plantear medidas “unilaterales” frente a los “socios” europeos.

Febrero-Mayo: chantajes y ultimátum de la Troika.

Desde el BCE, la Unión Europea y el FMI agitaron el fantasma del “caos” durante la campaña electoral, pero no consiguió evitar la victoria de Syriza. Desde el 25 de enero ha mostrado una y otra vez que a pesar de la voluntad del pueblo griego de terminar con las políticas de ajuste, no está dispuesta a conceder en nada. La Troika exige que se mantengan los planes de recortes, ajustes, privatizaciones y pago de la deuda.
Desde que Syriza asumió el gobierno, comenzaron los chantajes (como la negativa del BCE a otorgar liquidez a los bancos griegos), aprietes y ultimátum. “Grecia tiene que cumplir sus compromisos”, “Grecia tiene que hacer reformas estructurales”, escuchamos estos meses en boca de los representantes de la Unión Europea y el FMI.
Su negativa a flexibilizar las condiciones para Grecia tiene motivaciones económicas, pero también políticas. Temen al “contagio” de alternativas por izquierda en otros países, como en el Estado español, o nuevas crisis políticas en países que ya aplicaron los recortes.
La troika no está dispuesta a ceder, además, porque las negociaciones con Grecia se dan en un momento crítico para la propia UE, cuyo statu quo está siendo cuestionado por izquierda y por derecha, con el crecimiento de partidos euroescépticos. Una UE que viene siendo epicentro de la crisis capitalista hace más de seis años, y donde se escucha crujir sus cimientos.
Hoy las principales tensiones pasan por la cuestión de la deuda en Grecia, los enfrentamientos con Rusia por la crisis de Ucrania y otros problemas geopolíticos, como las crisis migratorias y la amenaza del Estado Islámico.

20 de febrero, acuerdo con el Eurogrupo

Tsipras y Varoufakis presentaron el acuerdo del 20 de febrero como un “triunfo parcial” que les permitía “ganar tiempo”, mientras seguían las negociaciones. Sin embargo, como dijo en un artículo el militante comunista griego y eurodiputado de Syriza, Manolis Glezos: “Cambiar el nombre de la troika por ‘instituciones’; memorándum por ‘acuerdo’ y el de los acreedores por ‘socios’, no cambia en nada la situación anterior”.
La estrategia de Syriza para las negociaciones fue derrotada en 3 niveles. En primer lugar, los “socios europeos” como Italia y Francia no apoyaron a Grecia, mientras de conjunto la Unión Europea busca imponer que Grecia “cumpla sus compromisos”. Esto confirma que no hay posibilidad de un “pacto social europeo” como anhelaban los dirigentes de Syriza.
En segundo lugar, se mostró que no era posible un pacto “conveniente para todos” como plateaba Varoufakis, ya que la Troika fue quien impuso sus condiciones. Y por último, la estrategia de moderar el discurso y hacer importantes concesiones, en vez de apelar a la movilización social, se mostró impotente.
El gobierno acordó seguir pagando a los acreedores, postergar hacia adelante el aumento del salario mínimo, mantener procesos de privatizaciones en curso, y lo más importante, se comprometió a no tomar ninguna “medida unilateral”.

18 de marzo, se aprueba ley de crisis humanitaria

La ley aprobada por el Parlamento griego el 18 de marzo es una de las pocas promesas de campaña que el gobierno de Syriza ha mantenido, aunque de forma limitada. La ley incluye una serie de medidas para garantizar la provisión de energía a familias sin recursos, y la emisión de vales de alimentos para los sectores con más necesidades. Pero mientras el proyecto inicial planeaba destinar 2000 millones de euros esta iniciativa, hasta ahora solo se han destinado 200 millones. El plan se redujo de 300.000 familias a 150.000.
En estos tres meses se aprobaron otras tres leyes; una amplia amnistía fiscal para morosos con hacienda, mejoras de las condiciones penitenciarias, y la restitución de la televisión pública. El aumento del salario mínimo, en cambio, se ha postergado hacia adelante, al igual que la ley anti desahucios, resistida por la Troika.
En el caso de las privatizaciones, que se prometía revertir, se han paralizado algunas, pero se mantienen otras muy importantes, como la del puerto del Pireo.

8 de abril, Tsipras visita Moscú

La relación de Tsipras con Rusia y China despertó incertidumbre en Berlín y Bruselas. La cita se produjo un día antes de la fecha en que el gobierno tenía que hacer frente a un pago de 450 millones de euros al FMI.
En medio de las negociaciones con la UE, el gobierno tendió lazos hacia Rusia y China, tratando de mostrar una carta más para la negociación y la posibilidad de un “plan B” si no se llegase a un acuerdo. Pero la complicada situación financiera de Rusia impide que esta sea una alternativa viable en este momento. Aun asi, Putin ofreció a Tsipras la posibilidad de que Grecia se conecte al nuevo gasoducto ruso-turco, que se proyecta construir bajo el Mar Negro para llevar gas ruso a Europa.
La “carta rusa” juega un papel en las negociaciones y en el nuevo tablero geopolítico, aunque no están claros sus alcances.

27 abril, negociaciones estancadas y presiones de la Troika

El Gobierno griego hace cambios en el equipo negociador, quitando protagonismo a Varoufakis, como un gesto para destrabar las negociaciones con la Troika. Las negociaciones están en un impasse hace unas semanas, por las presiones de la Troika para nuevas “reformas estructurales”, como una nueva reforma laboral y congelamiento de las pensiones.
Con el tiempo corriendo en contra, el gobierno griego sigue sosteniendo que es posible alcanzar un “buen acuerdo” con las Instituciones hacia fines de mayo. Hasta ahora, esto no está claro. La inflexibilidad de la troika, de un lado, y la política de conciliación con las instituciones europeas por parte de Syriza, no pronostican nada bueno para los trabajadores y el pueblo de Grecia. La movilización social y la solidaridad internacional con los trabajadores y el pueblo de Grecia son más necesarios que nunca.

Josefina L. Martínez

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