sábado, marzo 26, 2016

Literatura infantil y censura en la dictadura



La última dictadura militar en Argentina censuró también a la literatura infantil.

Durante la última dictadura militar en Argentina, se utilizó un mecanismo de censura que consistió en perseguir y torturar autores, en la prohibición de libros y canciones, en el cierre de editoriales y vaciamiento de bibliotecas. A esta operación se la llamó "Operación Claridad". Muchos de los libros fueron censurados a través de decretos o incluyéndolos en listas negras, a través del Ministerio del Interior de Albano Hardindeguy, y a través del propio presidente de facto, Jorge R. Videla.
Los años ’70 marcaron un período de lucha y resistencia que tuvo repercusión directa en las creaciones de índole cultural, y los cuentos infantiles no fueron la excepción. Esto los llevó a generar sospechas por parte de los represores: se los creía difusores de ideas peligrosas que atentaban contra los valores de "la moral, la familia y la patria" que se pretendían imponer; por ello, se los prohibió.
Un ejemplo icónico es el cuento Un elefante ocupa mucho espacio de Elsa Bornemann. En él, un elefante de circo convence a sus compañeros de realizar una huelga donde finalmente ganan los animales, cansado de hacer el ridículo para que el dueño “se llenara los bolsillos de dinero”. Un fragmento central de la trama se desarrolla cuando en un momento de la medida, los animales ponen un cartel que dice: "CIRCO TOMADO POR LOS TRABAJADORES. HUELGA GENERAL DE ANIMALES".
O también el cuento El pueblo que no quería ser gris de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes. Aquí, un rey ordena a toda la ciudad a pintarse de gris, y “uno” (es la manera en que se señala en el cuento) la pinta de otros colores inspirado por una paloma que pasaba. Así luego se ridiculiza tanto a los soldados como al rey que no podían contener el contagio de que el pueblo progresivamente se pinte entero de rojo, azul y blanco, después de que ese “uno” lo haya hecho. Finalmente, ese contagio llega al pueblo vecino, gracias a una paloma y como dice el narrador “como pueden ustedes imaginar este cuento que acá termina por otro lado vuelve a empezar”.
Asimismo, el decreto que prohibió el cuento de Beatriz Doumerc y Ayax Barnes, también lo hizo con uno de Mario Lodi, La Ultrabomba, en donde un piloto de avión se niega a tirar una “ultrabomba” sobre un pueblo porque había niños y personas inocentes, de manera que vuelve al castillo y se la tira al rey y su socio.
Y… ¿Por qué?
Pero, ¿Por qué razón un gobierno de facto atraviesa el umbral de toda violencia conocida y ataca abiertamente hasta el patrimonio cultural de los más chicos? A esta habitual pregunta se puede contestar con una cita de León Trotsky: “El Estado no es un fin en sí mismo sino que es el más perfecto medio de organización, desorganización y reorganización de las relaciones sociales”.
La censura, la represión y persecución a artistas y escritores, la prohibición de circulación de libros, la tortura sistemática y los desaparecidos no son más que partes integrantes de toda una red de acciones tácticas que finalmente respondían a un objetivo mayor: disciplinar a la sociedad. La etapa de ascenso obrero y estudiantil de la década del ’70, que sentó su inicio en el Cordobazo, y combatió las más furiosas burocracias sindicales, el Gran Acuerdo Nacional, el Rodrigazo, a la Triple A y toda fuerza represiva estatal sólo encontró límite frente a la dictadura más brutal que haya visto jamás nuestro país, que no tuvo reparo ni le tembló el pulso siquiera para prohibir estos cuentos infantiles.
“A veces el exceso de pensamiento puede motivar estas desviaciones” opinaba el ministro de Bienestar Social, Julio Bardi respecto de los obreros y estudiantes ‘subversivos’. Lo que nunca van a decir, es que estos ‘subversivos’ fueron parte de una generación de militantes, intelectuales y escritores que soñaron y lucharon hasta las últimas consecuencias por un mundo más justo para todos.
Por eso este 24 de Marzo, a 40 años del golpe genocida tenemos una cita de honor, para gritar todos juntos: ¡30.000 compañeros detenidos-desaparecidos, presentes! ¡Ahora y siempre!

Nicolás Moreyra
(Estudiante de Letras)
Jorgelina González Conde
(Estudiante de Letras)

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