viernes, setiembre 28, 2007

La tragedia de Myanmar.



Las últimas noticias procedentes de Myanmar (Antigua Birmania) son que los soldados han disparado gas lacrimógeno contra la multitud de manifestantes. Ayer, otras noticias decían que al menos un manifestante había muerto y otros estaban seriamente heridos. Las fuerzas de seguridad han asaltado varios monasterios porque se han convertido en el centro de atención del actual malestar.
El régimen intenta contener a las masas con la fuerza bruta. En 1988, según todas las noticias disponibles, unas 3.000 personas fueron asesinadas en las protestas de masas. Por lo tanto, no puede haber ninguna duda de la brutalidad de este régimen ni de la intensidad que pueda alcanzar en sus intentos de contener la marea de protesta.
Lo que está aún por ver es si la actual correlación de fuerzas permite que esta situación se repita a la misma escala que antes. Desde 1988 han cambiado muchas cosas, en el pasado, el régimen se había basado en el modelo del estalinismo chino, pero la Unión Soviética desapareció y China ha tomado el camino del capitalismo, pero algo más importante ha cambiado dentro de la propia Birmania, y es precisamente el empeoramiento de las condiciones económicas y sociales.

La hipocresía del imperialismo

Después de las protestas de masas y de la amenaza de represión brutal por parte del régimen, George W. Bush y Gordon Brown, como era de esperar, han hecho sonar los tambores de la "democracia" y los "derechos humanos". A principios de esta semana el presidente Bush anunció nuevas sanciones norteamericanas a Myanmar, atacó al régimen militar por imponer un "reinado de terror que dura 19 años", negando cualquier libertad básica, discurso, reunión y culto.
En su reciente discurso ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York, dijo que los "estadounidenses están escandalizados por la situación en Birmania". La Unión Europea también ha añadido su voz a la protesta, el primer ministro británico Gordon Brown declaró: "Todo el mundo ahora observa a Birmania y su régimen, ilegítimo y represivo, debería saber que todo el mundo lo tendrá en cuenta. La época de la impunidad en el cumplimiento e ignorancia de los derechos humanos ha terminado". Los medios de comunicación occidentales publican un artículo tras otro sobre la ausencia de democracia en Birmania.
Gordon Brown, también ha defendido en el Consejo de Seguridad de la ONU una reunión para discutir la crisis, sin duda con la propuesta de que la UNU de pasos para resolver la crisis. Ha pedido que la ONU mande a un enviado a Myanmar.
Este llamamiento a la ONU es un intento de confundir las cosas y presentar a la "opinión pública" mundial la idea de que la ONU es un árbitro independiente que puede resolver este tipo de conflictos. Hemos repetido en muchas ocasiones que la ONU no puede jugar un papel independiente. No puede garantizar la paz ni solucionar conflictos importantes. La ONU sólo puede expresar los intereses de las grandes potencias, si éstas llegan a un acuerdo sobre una cuestión, entonces la ONU puede ser utilizado como una cobertura para demostrar "imparcialidad". Donde las potencias imperialistas no llegan a un acuerdo entonces la ONU es inútil, lo vimos con claridad en el caso de la guerra de Iraq y como la potencia más fuerte es la que decide. En el caso de Myanmar, si la ONU consigue hacer algo, simplemente será poner un sello sobre las decisiones adoptadas por las grandes potencial.

Un régimen brutal

Nadie puede tener alguna duda sobre la naturaleza brutal del régimen de Myanmar. Se trata de uno de los más brutales y corruptos del mundo, las masas tienen muchas razones para protestar. Sus condiciones de vida se han hundido a partir de un nivel ya muy bajo. Pero Bush y Brown no tienen capacidad para sentirse avergonzados o apenados, ni hacer declaraciones que expresen su indignación. Al mismo tiempo que desencadenan unas condiciones espantosas sobre la población de Iraq y Afganistán, mientras continúan apoyando a un golpe militar tras otro, de repente descubren un amor por la democracia en Myanmar.
Los verdaderos socialistas defienden el derecho de las masas de Myanmar a decidir s destino, a eliminar este régimen opresivo y sustituirlo por un gobierno que defienda sus intereses reales. Pero no lo van a conseguir de EEUU o Gran Bretaña, ni de la UE u otra potencia imperialista. La actual "oposición" tampoco cumplirá los deseos de la población. Simplemente explota el genuino descontento de las masas para, sobre sus espaldas, llegar al poder. No son los representantes de las masas.
Lo que tenemos es una lucha por esferas de influencia, particularmente entre EEUU y China. India también tiene una apuesta importante y compite con China para conseguir el control de las materias primas, en lo que Myanmar es rico. Como en Ucrania, Georgia y en otras muchas situaciones similares, EEUU ha maniobrado para conseguir poner en el poder a sus títeres, y el caso de Myanmar no es diferente. EEUU quiere marginar a China e imponer un régimen "democrático" que aplique las políticas del Banco Mundial y el FMI, es decir, la política dictada por el imperialismo que incluiría la extensión de las privatizaciones, los recortes del gasto social y un ataque general al ya miserable nivel de vida de las masas. Para comprenderlo sólo hace falta mirar lo que ha ocurrido en Ucrania después de la llamada "revolución naranja".
Por esa razón debemos hacer una distinción entre las genuinas aspiraciones de la población y los objetivos y pretensiones de la "oposición" apoyada por Occidente. Para conseguirlo necesitamos desenmarañar lo que ha ocurrido en Myanmar durante las décadas pasadas.

Antecedentes históricos

El régimen actual tiene sus orígenes en los acontecimientos ocurridos en 1962, cuando Ne Win dio un golpe de estado y siguió el modelo de la China maoísta, nacionalizó toda la tierra, la industria y el comercio, y creó un régimen totalitario de un solo partido. Incluso adoptó el título de "presidente". Se eliminó el capitalismo y se estableció la economía planificada. Que esto fuera posible sólo era un reflejo de la incapacidad de la entonces burguesía birmana para desarrollar la economía del país. También demuestra el papel del imperialismo británico en el pasado, cuando Birmania era su colonia. Tardaron 62 años en conquistar todo el país, entre 1824 y 1886, y después lo controlaron hasta 1948. Durante todo ese período no consiguieron desarrollar el país de forma significativa.
Incluso después de la independencia formal, siguió totalmente dominado por el imperialismo. En esas condiciones Ted Grant analizaba en 1964 los acontecimientos en Birmania y explicaba el proceso:
"Es la incapacidad de la burguesía, semi-burguesía, clases medias superiores, terratenientes y pequeña burguesía a la hora de resolver estas tareas lo que plantea el problema de la revolución permanente de una forma distorsionada. Si en las zonas coloniales del mundo hubieran existido partidos y tendencias marxistas fuertes, el problema se habría planteado de una forma completamente diferente. Se habría planteado desde una perspectiva internacionalista. Incluso más que en los países industrialmente desarrollados de occidente, el socialismo en un solo país o, se podría añadir, en una serie de países atrasados, es una quimera imposible. Sin embargo, las tareas del desarrollo de estos países se plantean de una forma imperiosa. Con la correlación mundial de fuerzas, con el retraso de la revolución en occidente, con la ausencia de partidos marxistas y con las clases sociales en estos países, es inevitable un fenómeno nuevo y peculiar.
"Con la poderosa revolución china en sus fronteras, los acontecimientos en Birmania, por ejemplo, han adoptado una forma peculiar. Desde el final de la guerra la sociedad birmana ha estado desorganizada. Las minorías nacionales han luchado constantemente por la autodeterminación y por la autonomía nacional en sus propios estados (Kachnis, Shans, etc.) y al mismo tiempo las diferentes fracciones del partido estalinista han llevado a cabo una terrible guerra de guerrillas. Un gobierno ha sucedido a otro, pero todos han sido incapaces de poner su sello en la sociedad. Como le ocurrió a la burguesía china antes, han sido incapaces de unificar la sociedad, dar cohesión social, satisfacer la sed de tierra de los campesinos o romper el poder económico del imperialismo. Un síntoma importante de los nuevos procesos que se darán en estos países atrasados es que todas las fracciones en Birmania se autodenominen ‘socialistas". El imperialismo dominaba la economía gracias a que poseía una gran parte de la industria y las principales fuerzas económicas como son las plantaciones de teca, el petróleo y el transporte.
"Con el ejemplo chino en su frontera, cada vez era más evidente para las capas superiores de la pequeña burguesía que por el camino de la sociedad burguesa no había salida para Birmania. Como en China, en las décadas anteriores a la revolución la burguesía fue incapaz de llevar hasta el final la guerra de guerrillas y asegurar el desarrollo de una sociedad estable, la inauguración de la industrialización y la creación de un estado moderno.
"Cada uno de los gobiernos sólo intentó débilmente desarrollar la economía. La debilidad del imperialismo, la correlación de fuerzas nacional e internacional, llevó a una situación donde la casta de oficiales se planteó el problema de encontrar cierta estabilidad dentro de la sociedad. En todos estos países el desarrollo de la revolución burguesa ¾ un estado democrático burgués y un proceso hacia una democracia burguesa moderna ¾ , teniendo en cuenta las relaciones de clase existentes, las fuerzas nacionales y la presión de la economía mundial, es imposible durante un largo período de tiempo.
"Consecuentemente, en Birmania era inevitable alguna forma de bonapartismo, alguna clase de estado policiaco-militar. La casta de oficiales se veía a sí misma en el papel de único estrato social que podría ‘salvar" a la sociedad de la desintegración y el colapso, ya que la débil burguesía obviamente no ofrecía ninguna solución. Por consiguiente, la casta de oficiales que había participado en una de las fracciones ‘socialistas" decidió que la única forma de avanzar era siguiendo el modelo de la China ‘socialista", el llamado ‘modelo birmano hacia el socialismo". Rápidamente han emprendido un camino familiar, un estado totalitario de un solo partido y la nacionalización de las propiedades extranjeras, incluido el petróleo, la teca, el transporte, etc. Han comenzado la expropiación de la burguesía indígena. Incluso amenazan con la nacionalización de los pequeños comercios. Se han basado en los campesinos y en la clase obrera. Pero no tienen un modelo de socialismo científico, todo lo contrario, su programa es el del ‘socialismo birmano y budista"". (Ted Grant. La revolución colonial y la disputa chino-soviética. Agosto 1964)
Birmania nunca fue "socialista" como dicen los medios de comunicación de la burguesía, era una horrible caricatura de socialismo, los medios de producción fueron expropiados pero el poder no estaba en manos de los trabajadores y los campesinos. El poder estaba en manos de una elite militar burocrática.
Deberíamos añadir que el régimen que llegó al poder, tenía una idea particularmente distorsionada de cómo se debería desarrollar la economía. No sólo nacionalizó los altos mandos de la economía, sino también la pequeña parcela de tierra o pequeño negocio. Los efectos de estas medidas lejos de ayudar a desarrollar la economía, en realidad contribuyeron a sofocar el desarrollo. EL régimen llegó incluso a cerrar las salas de baile, eliminar el turismo y expulsar a los extranjeros. Se convirtió en uno de los regímenes más autárquicos jamás visto, en muchos sentidos similar al régimen norcoreano.
Aunque se desarrolló algo la economía, las restricciones burocráticas finalmente ahogaron a la economía, particularmente la agricultura. Birmania era el mayor exportador mundial de arroz, pero a mediados de los años setenta apenas producía suficiente comida para alimentar a su propia población. El ingreso per cápita también cayó, de 670 dólares en 1960 a 200 dólares en 1989. La casta burocrática militar rápidamente se convirtió en un freno absoluto para el desarrollo de las fuerzas productivas. El que era un país potencialmente rico se convirtió en uno de los más pobres del mundo.
En los años ochenta la situación se deterioró más. En 1987 el régimen anunció que los billetes de banco ya no eran una moneda válida, esta medida destruyó los ahorros de la población y llevó directamente a la insurrección de 1988 que fue ahogada en sangre. En el mismo año, el viejo dictador retirado Ne Win y un grupo de generales tomaron el poder, apartando a codazos a la anterior fracción que tenía el control del Estado. Este nuevo régimen en 1989 cambió el nombre del país a Myanmar, abandonó el nombre anterior de: República Socialista de la Unión de Birmania, convocó elecciones libres en 1990, la Liga Nacional por la Democracia (NLD) de Aung San Suu Kyi"s consiguió una victoria arrolladora: el 80 por ciento de la población.
Las indicaciones son que, en la línea de lo que está ocurriendo en China, los jefes del ejército presionan al régimen para que abra la economía, pero no pueden soportar la idea de perder su control sobre ella, sus privilegios se basan en este control. No están en contra de la "liberalización", es decir, privatización y desmantelamiento de la vieja economía planificada propiedad del estado, pero sí quieren garantizar que mantienen el control y se convierten en los propietarios directos de los medios de producción. En este sentido, su modelo sigue al de China, un país donde el viejo aparato del estado sigue intacto pero la base económica del país gira hacia el capitalismo.
De esta manera, al mismo tiempo que se negaron a reconocer los resultados de las elecciones de 1990, dieron pasos a principios de los años noventa para abrir la economía y permitir cierto desarrollo del mercado, pero los imperialistas no tenían suficiente. ¡El régimen se detuvo a medio camino! Esa es la verdadera preocupación del imperialismo, no la ausencia de "democracia". Después de todo, tienen muy buenos negocios con China, donde un régimen totalitario de partido único aún está en el poder. La razón de su defensa de la "democracia" es que ven un régimen democrático burgués como algo más flexible y más fácil de presionar para que aplique su política económica.

Economía subdesarrollada

La realidad es que la economía de Myanmar sigue estando muy subdesarrollada. Después de la represión de 1988 y que los militares se negaran a aceptar los resultados de las elecciones de 1990, la mayor parte de la ayuda e inversión extranjera se agotó. En 2003, la presión económica extranjera se intensificó después de que el régimen atacara a un convoy de Aung San Suu Kyi, EEUU impuso nuevas sanciones que asfixiaron aún más a la economía.
Las estadísticas económicas de Myanmar no son fáciles de conseguir. Desde 1997, los generales no han hecho público un presupuesto formal, las cifras que dan no son de confianza. En el mismo período, las cifras de sanidad, educación, etc., son muy escasas. Pero según algunas estimaciones: "se cree que la junta militar gasta más del 40 por ciento de su presupuesto en armas y defensa", en cambio, gasta menos del 1 por ciento del PIB en sanidad y educación juntos.
Las estadísticas disponibles revelan el terrible sufrimiento de la población de Myanmar y también el bajo nivel de desarrollo de la economía. De una población cercana a los 50 millones, la fuerza laboral es de aproximadamente 29 millones, pero el 70 por ciento trabaja en la agricultura. Este sector supone el 50 por ciento del PIB, mientras que la industria sólo representa el 15 por ciento, se calcula que el desempleo supera el 10 por ciento. El PIB per cápita anual en 2006 era de 1.800 dólares.
Sin embargo, estos datos ocultan la distribución real de la riqueza. El 10 por ciento más pobre de la población consume sólo el 2,8 por ciento de la riqueza nacional, mientras que el 10 por ciento más ricos tiene el 32,4 por ciento (datos de 1998). Esta situación ha empeorado por que la inflación se disparó y superó el 20 por ciento. Eso explica por qué el 25 por ciento de la población vive por debajo del nivel de pobreza. Existe un riesgo muy elevado de enfermedad, sobre todo diarrea, hepatitis, fiebre tifoidea, dengue y malaria. El VIH se extiende, la esperanza de vida hasta hace unos años era de 62, pero ahora se calcula que estaría por debajo de los 50 años. Esta es una prueba del declive general de la infraestructura en estos últimos años.
En medio de esta decadencia económica u social general, la cuestión nacional se ha exacerbado aún más. La mayoría de la población es birmana (aproximadamente un 68 por ciento), pero el resto está formada por minorías étnicas: shans, karenni, rakhine, china, india, mons y otros grupos más pequeños. Hay conflictos, principalmente en las fronteras orientales y ofensivas del gobierno que han provocado un gran número de refugiados y desplazados, sobre todo, karenni, san, tavoyan y mon.
El grado de colapso de la economía y de la infraestructura general se puede ver en el hecho de que el tráfico de personas se convertido en la principal exportaciones del país, con hombres, mujeres y niños llevados al Este y Sudeste de Asia para la explotación sexual, el servicio doméstico y el trabajo forzoso. Muchos de los emigrantes de Myanmar terminan como esclavos laborales y las mujeres obligadas a ejercer la prostitución. Aunque el país es rico en materias primas, se ha convertido en el segundo productor mundial de opio. Esta situación es una absoluta condena de estos oficiales del ejército corruptos que están ocupados en acumular riqueza personal mientras millones sufren una abyecta pobreza.

Movimiento de masas

En esta situación ya desesperada, el régimen anunció en agosto medidas económicas severas, de repente retiró los subsidios al combustible. El 15 de agosto, sin aviso previo, el gobierno anunció que los precios del combustible subirían un 500 por ciento.
El precio del gas se multiplicó por cinto, el petróleo y el diesel se doblaron, el precio del autobús también dobló. El régimen adoptó medidas desesperadas para reducir el déficit estatal. Todo llegó de golpe sobre una población ya empobrecida, sólo hacía falta la chispa necesaria y los generales la proporcionaron con sus medidas económicas draconianas.
Estas medidas desencadenaron un movimiento que ha llevado a esta situación. El 19 de agosto unos 400 "activistas pro-democracia" organizaron una manifestación en Rangún contra el aumento de los precios. El régimen reaccionó como siempre, arrestó a 150 manifestantes. A principios de septiembre, el movimiento, con amplia participación de los monjes budistas, fue ganando fuerza con los días.
Los jóvenes monjes budistas llenaron el vacío y se convirtieron en el punto de atención del movimiento de masas, pero no tienen una expresión política propia. El 22 de septiembre, se manifestaron ante la casa de la líder de la oposición: Aung San Suu Kyi, lleva allí años bajo arresto domiciliario. El 24 de septiembre, 100.000 personas salieron a las calles de Rangún.

Divisiones dentro del régimen

En el momento de escribir este artículo, llegan noticias de nuevas medidas represivas con detenciones de masas y disparos. Sin embargo, también llegan noticias de que el régimen está dividido sobre la forma de proceder. Podrían optar por el escenario de 1988, pero a largo plazo para ellos no resolvería nada. En realidad, un intento similar podría desatar un movimiento aún mayor que podrían derribar al régimen y dejar en su lugar un enorme vacío de poder. Eso sería visto como una situación muy peligrosa tanto para el régimen como para la oposición burguesa.
Eso explica por qué algunos oficiales se inclinan más por iniciar un diálogo con Aung San Suu Kyi. Ella tiene autoridad moral para controlar a las masas, pero para conseguirlo, tendría que demostrar que puede conseguir algunas conquistas, eso significaría que el régimen debería iniciar algún tipo de transición hacia la "democracia". También tendría que combinarlo con algunas medidas económicas que alivien algo la presión sobre las masas.
Aquí los chinos pueden jugar un papel importante. Ellos tienen grandes inversiones en Birmania y no quieren ponerlas en riesgo. Según The FInancial Times (25/9/07): "En privado, en conversaciones con EEUU, y en público estas últimas semanas, aunque menos explícitamente, China ha pedido a Birmania que la premio Nobel en la actualidad detenida, Aung San Suu Kyi, reconozca directamente su mandato democrático.
"En septiembre, Tang Jiaxuan, anterior ministro de exteriores que fue utilizado como enviado por Pekín, señaló a los dirigentes birmanos que ‘China espera con entusiasmo que Birmania inicie el proceso democrático apropiado para el país.
"Xinhua, la agencia de noticias oficial, añadió que China, ‘como vecino amigo, espera con sinceridad que Birmania restaure la estabilidad interna lo más pronto posible, manejando adecuadamente todas las cuestiones y promueva activamente la reconciliación nacional".
"China teme que cualquier represión violenta sobre manifestantes pacíficos por parte de la junta, afecte negativamente a Pekín y se entienda como su voluntad a apoyar regímenes dictatoriales.
"China ha invertido mucho en los gaseoductos birmanos, a menudo en competencia con la India. También está construyendo un puerto en Kyauk Phyu, en Birmania, que estará conectado por una autopista de 1.950 kilómetros con Kynming, la capital de la provincia china de Yunnan".
El régimen chino es un factor importante en la situación, como se puede ver en estas citas. El hecho de que aproximadamente el 35 por ciento de las importaciones birmanas procedan de China, destaca la influencia que China puede tener sobre el régimen.
Si esto basta para cambiar la actitud de los generales lo veremos muy pronto. Una cosa sí está clara: los días del régimen están contados. Tarde o temprano caerá. Lo trágico de la situación es que las masas trabajadoras no tienen una alternativa real. Los trabajadores no tienen una voz independiente. Los fracasos del viejo régimen estalinista son utilizados por los medios de comunicación para desacreditar la idea del socialismo. Esta situación deja un enorme vacío que alguien debe llenar.

La naturaleza de la oposición

Como hemos visto, la dirección llegó al principio de los jóvenes monjes budistas, alrededor del movimiento de masas que se ha desarrollado, pero tampoco tienen voz política propia. Ante esta situación, ellos miran a Aung San Suu Kyi y a la Liga Nacional por la Democracia. Esta mujer, gracias a los años de arresto domiciliario ha acumulado una autoridad moral que la permite presentarse como "líder" del movimiento de masas.
Como ya hemos subrayado, ni ella ni su partido son los promotores de este movimiento. Este movimiento es una reacción a las terribles condiciones en las que viven las masas, sin embargo, aunque ella no ha promovido el movimiento, la más probable es que sea su principal beneficiaria.
Aung San Suu Kyi es la hija de uno de los "héroes de la independencia" de Birmania y se ha convertido en "el símbolo vivo de las aspiraciones birmanas de una vida mejor", como la describe The Financial Times. Sin embargo, algunos "hechos" históricos nos pueden ayudar a arrojar luz sobre los antecedentes de esta mujer. Su padre realmente colaboró con los japoneses contra los británicos durante la Segunda Guerra Mundial, y contó con la ayuda de Ne Win, el hombre que encabezó el golpe de estado de 1962. Cuando los japoneses se retiraron, estos dos "héroes" cambiaron de bando y se unieron a los británicos. Ese es el "antiimperialismo" de estos dos caballeros. Muchos años después, vemos a la hija de Aung San, Suu Kyi, utilizada como un instrumento de la política imperialista, en esta ocasión el imperialismo norteamericano.
El cinismo del imperialismo y sus estrategas a sueldo, se puede ver en el siguiente análisis publicado hace poco por The Financial Times:
"Kyaw Yin Hlaing, un profesor de política de la Universidad de Hong Kong, dice que algunas concesiones, incluidas medidas para aliviar las condiciones de vida cotidianas, podrían reducir el impulso de las manifestaciones. ‘La gente pide cambios", señala él. ‘La manera más fácil de tranquilizar la situación es hacer algo que les haga sentir que se han producido algunos cambios y que en el futuro habrá más".
"Medidas económicas limitadas sin la promesa de un cambio político fundamental puede que no basten para acabar con las protestas, dado el calado de la furia popular. Y ‘obtener un acuerdo pacífico negociado que permita un avance política, requiere un líder fuerte por ambas partes, que esté dispuesto al compromiso y que pueda controlar sus componentes", estas son las palabras de un diplomático en Bangkok y durante mucho tiempo observador en Birmania". (The Financial Times. 25/9/07).
Así que todo lo necesario es "ver" qué se puede hacer y quién controla a sus "componentes". Nada de un cambio real, ni de una mejora genuina de los problemas de las masas. Estas palabras no deben sorprendernos. La elite militar quiere mantener el poder por temor a perder sus privilegios. Quieren el capitalismo para sí mismos y así seguir como la elite de la sociedad. La oposición quiere un capitalismo en la línea de los intereses del imperialismo. Sobre esta base, ambas partes van en contra de los verdaderos intereses de las masas explotadas.

Perspectiva socialista

En 1988, el movimiento de masas habría podido derribar al régimen si hubiese tenido una dirección correcta, con una perspectiva socialista y verdaderamente revolucionaria. La solución no era sembrar ilusiones en el "mercado", sino arrebatar el poder al ejército y sustituirlo por un genuino poder obrero y campesino. Esta medida no implicaba la privatización, sino la economía planificada y estatal bajo el control democrático de los trabajadores y campesinos, a través de organismos elegidos democráticamente.
Como no existía tal dirección, entonces Aung San Suu Kyi y su parte han conseguido la autoridad y ahora pueden llenar el vacío. Esto significa que las masas de Myanmar tendrán que pagar un precio elevado. Si el movimiento finalmente es ahogado por la casta militar corrupta que está en el poder, será sobre la espalda de este movimiento como llegará al poder la oposición burguesa. Entonces acelerará las privatizaciones y abrirá la economía al mercado mundial. Los recursos del país ya son saqueados por las potencias extranjeras, en particular China. Este saqueo se multiplicará por mil y las masas de Myanmar no vivirán mejor.
En cierta etapa, las masas comprenderán la retórica vacía de la oposición Aung San Suu Kyi y la Liga Nacional por la Democracia perderán su brillo. En estas condiciones, una verdadera alternativa socialista podría ganar el oído de las masas, la tarea es construir esa alternativa.
Esta tarea se puede ver facilitada por los acontecimientos de los países que le rodean, sobre todo India y China, donde existe una clase obrera poderosa. Debido al extremo subdesarrollo de Myanmar, la solución de la crisis actual no reside sólo dentro de sus fronteras. Incluso un régimen socialista sano, con una verdadera democracia obrera sufriría una presión internacional inmensa. Si la democracia obrera que existía al principio en la Unión Soviética no superó el aislamiento de la revolución, cómo se puede esperar que Myanmar tenga mejor suerte.
La solución a la crisis actual está en la lucha por una Federación Socialista de Asia, dentro de la cual, los trabajadores y los campesinos de Myanmar encontrarían su papel. Los marxistas tenemos el deber de decir a las masas la verdad, no podemos caer en la trampa de crear ilusiones en la oposición que hoy existe en el país. Reconocemos la inmensa voluntad revolucionaria de las masas, apoyamos sus aspiraciones, pero también debemos decirle que sólo pueden basarse en sus propias fuerzas, tomar el poder y unirse a los trabajadores de la región para poder encontrar una solución duradera.

Fred Weston

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