sábado, enero 26, 2008

El negro balance de la ocupación de Iraq



Guerra y ocupación en Iraq

Global Policy Forum

Global Policy Forum (www.globalpolicy.org), junio de 2007
IraqSolidaridad (www.iraqsolidaridad.org), 25 de enero de 2008
Traducido del inglés para IraqSolidaridad por Paloma Valverde


“Quienes iniciaron la guerra y la ocupación, especialmente EEUU y Reino Unido, deben asumir la responsabilidad de la muerte y la destrucción que han provocado, así como la quiebra del orden público, el surgimiento del sectarismo y el caos económico que su régimen ha provocado. Han destruido el Estado iraquí y ahora cosechan las consecuencias. Deben, además, asumir la responsabilidad del menoscabo de la legislación internacional y del debilitamiento de la cooperación internacional que la guerra y la ocupación han generado.”


"La paz no llegará a Iraq mientras la ocupación persista"

Introducción

Ayudaremos a los iraquíes a construir un Iraq unido, libre y en paz consigo mismo y con sus vecinos (…) que respete los derechos del pueblo iraquí y el imperio de la ley y esto se consigue a través de la democracia”
Condoleezza Rice, Consejera de Seguridad Nacional [1]

El 20 de marzo de 2003, Estados Unidos [EEUU] y Reino Unido junto con una coalición de aliados invadieron Iraq y derrocaron el gobierno de Sadam Husein. Afirmaron llevar la paz, la prosperidad y la democracia. Sin embargo, desde entonces, la violencia, la lucha civil, las dificultades económicas han envuelto el país. Miles de personas inocentes están muertas o han resultado heridas, hay millones de desplazados, muchas de las ciudades iraquíes están en ruinas y se han despilfarrado enormes recursos.

Se ha escrito mucho sobre la guerra y la ocupación pero no hay mucha literatura disponible que presente un panorama completo y una valoración de la responsabilidad de la Coalición. La mayor parte del debate público actual sobre Iraq —especialmente en EEUU— se centra en el conflicto interétnico entre los iraquíes, la guerra civil, la limpieza étnica, los ataques terroristas y temas similares. A menudo, los comentaristas atribuyen erróneamente esas tragedias a los odios ancestrales entre las tribus iraquíes, el extremismo del Islam o las violentas intromisiones de los países vecinos. Cualquier cosa menos la propia ocupación.

A pesar de que la ocupación es la realidad política esencial en Iraq, la influencia y la violencia de la Coalición desaparecen con demasiada frecuencia del discurso político occidental. Por ejemplo, cuando las fuerzas del Ministerio del Interior comentan otra atrocidad, pocos mencionan que cientos de asesores estadounidenses trabajan en el Ministerio y tienen gran influencia en cada paso que se da [2]. Resulta sorprendente que algunos comentaristas y dirigentes políticos hayan vuelto a dar la imagen de las fuerzas de la Coalición como agentes humanitarios a los que se debe permitir que continúen su trabajo de promover la paz y la estabilidad en el país desgobernado. El Grupo de Estudios de Iraq presentó tal punto de vista al igual que hacen los medios de comunicación más significativos y muchas figuras representativas de importancia.

Este informe valora la guerra y la ocupación después de cuatro años y las pruebas desde el punto de vista de la legalidad internacional. Centra su atención de manera exhaustiva en información que es de dominio público: informes de gobiernos, de Naciones Unidas [NNUU], de organizaciones de derechos humanos y de otras ONG, así como en informes periodísticos. Este estudio analiza el papel de NNUU, la legalidad de la ocupación que se está produciendo y las consecuencias humanas del conflicto. La información reunida presenta argumentos para terminar rápidamente con la ocupación y los cimientos para una post-ocupación pacífica en Iraq.

Este estudio contempla, sobre todo, las acciones y la responsabilidad de EEUU y Reino Unido, naciones poderosas que declaran defender y promover el imperio global de la ley. Como miembros permanentes del Consejo de Seguridad de NNUU se presentan a sí mismos como guardianes del orden y de la justicia en el mundo, insistiendo en el “imperio de la ley” y castigando a quienes la violan y quebrantan la paz. Ellos deberían respetar al máximo estas exigencias puesto que, de forma constante y virulenta, aplican esas normas a los demás.

Evidentemente, hay varias clases de responsabilidad respecto a la tragedia de Iraq. Sadam Husein fue un tirano que dejó un país fracturado y una sociedad debilitada. La terrible y larga guerra con Irán (1980–1988) y los 13 años de sanciones punitivas impuestas por NNUU incuestionablemente han pasado factura. Sin embargo, los gobiernos de EEUU y Reino Unido ayudaron a Sadam durante muchos años con armas y apoyo incluso cuando estaba cometiendo los peores excesos [3], y ellos ostentan la autoría de los 13 años de sanciones económicas absolutas de NNUU que hirieron al pueblo iraquí y dejaron a Sadam en el poder [4].

Al mismo tiempo que una abrumadora mayoría de iraquíes son víctimas inocentes del baño de sangre y de la violencia, algunos iraquíes comparten la responsabilidad de los recientes sucesos: han participado en actos reprochables colocando bombas en calles atestadas, atacando lugares santos, asesinando civiles inocentes y actuando con bandas para robar, secuestrar, extorsionar y asesinar. Iraquíes de dentro y fuera del gobierno han estado implicados en luchas sectarias, milicias, asesinatos, atentados con bombas y escuadrones de la muerte, así como en una gran corrupción.

Pero ninguno de esos actos realizados por iraquíes puede justificar los actos de la Coalición. Quienes iniciaron la guerra y la ocupación, especialmente EEUU y Reino Unido, deben asumir la responsabilidad de la muerte y la destrucción que han provocado, así como la quiebra del orden público, el surgimiento del sectarismo y el caos económico que su régimen ha provocado. Han destruido el Estado iraquí y ahora cosechan las consecuencias. Deben, además, asumir la responsabilidad del menoscabo de la legislación internacional y del debilitamiento de la cooperación internacional que la guerra y la ocupación han generado.

Los falsos argumentos para iniciar la guerra

Antes de la invasión, EEUU y Reino Unido presionaron al Consejo de Seguridad de NNUU para que autorizara el “uso de la fuerza” contra Iraq. Argumentaron que la fuerza era necesaria para evitar que el gobierno iraquí desarrollara o utilizara armas de destrucción masiva que podrían dirigir contra otras naciones. Declararon que Iraq “violaba de forma flagrante” las resoluciones del Consejo de Seguridad y presentaron pruebas al Consejo, especialmente durante la famosa reunión del 5 de febrero de 2003. Colin Powell, secretario de Estado, afirmó entonces: “[…] Lo que aportamos son hechos y conclusiones basadas en pruebas sólidas de los servicios secretos” [5]. Pero la mayoría de los miembros del Consejo se mostraron escépticos y no autorizaron la acción militar. Ahora sabemos que Iraq no poseía armas de ese tipo y que prácticamente todas se destruyeron en 1991, doce años antes de la invasión [6].

Antes de la guerra, los gobiernos de EEUU y Reino Unido, con sus famosos servicios secretos, estaban prácticamente seguros de que las pruebas de [la existencia de] armas de destrucción masiva en Iraq eran débiles o incluso inexistentes. Informes y otras consideraciones indican que a principios de 2001 los responsables del gobierno Bush tenían sobre la mesa la guerra de Iraq sin alusión alguna a las armas de destrucción masiva [7] y que el 20 de septiembre de 2001 el presidente George W. Bush y el primer ministro Tony Blair hablaron en la Casa Blanca del ataque a Iraq [8]. Según indicó Sir Richard Dearlove, jefe de los servicios de inteligencia británicos, en una reunión con el primer Ministro Blair en junio de 2002: “[…] El espionaje y los hechos fueron establecidos en función de la política” por dirigentes de Washington [9]. Pronto Londres se puso manos a la obra con una campaña paralela de declaraciones falsas y exageradas que incluyeron dos considerables ‘dosieres’ emitidos desde Downing Street [10]. Mas tarde, Colin Powel, secretario de Estado describió su propio discurso ante el Consejo de Seguridad como un ‘manchón en su historial’ [11].

Además, ambos países declararon que actuaban en ‘legítima defensa’ de acuerdo al artículo 51 de la Carta de NNUU. Sin embargo, ahora sabemos que Iraq no suponía una amenaza ni evidente ni inmediata respecto a una acción de ofensiva militar y los políticos lo sabían [12]. Carne Ross, el experto responsable de la misión británica de NNUU, declaró posteriormente que fue testigo del intercambio de información de los servicios secretos estadounidenses y británicos todos y cada uno de los días durante cuatro años y medio, y ni un solo informe sugería que Sadam tuviera armas de destrucción masiva de capacidad significativa o que supusieran una amenaza para Reino Unido o para cualquier otro país [13].

Washington también declaró que Sadam Huseín estaba dando apoyo a Al-Qaeda y auspiciando el terrorismo internacional que amenazaba a EEUU. Esto también era falso y quienes propagaron la acusación sabían que lo era. Una investigación en profundidad realizada por el Comité de Inteligencia del Senado estadounidense demostró posteriormente que esas afirmaciones fueron irresponsables y que no estaban basadas en hechos [14].

Para terminar, EEUU y Reino Unido esgrimieron argumentos humanitarios, tales como liberar al pueblo iraquí de la dictadura de Sadam Huseín y de sus terribles violaciones de los derechos humanos [15]. La guerra, argüían, llevará la libertad y la democracia a Iraq. Pero si Washington y Londres estaban tan preocupados por este tema, ¿por qué con anterioridad habían cooperado con Sadam dándole armas, ayuda militar y apoyo, e incluso protegiéndole de la censura de las instituciones de derechos humanos de NNUU? [16].

La guerra y la Coalición

A medida que se acercaba el momento del conflicto, Washington reunió una “coalición de siervos” para dar a su acción militar una mayor legitimidad y contribuir a la apariencia de un trabajo multilateral con apoyo amplio. Washington anunció que su ‘coalición’ había reunido a 49 países [17]; sin embargo, algunos de los miembros no contribuyeron con contingentes militares y otros participaron sólo de manera simbólica. En 2003, el contingente de Kazajastán era de 29 soldados, el de Moldavia de 24 y el de Islandia sólo de dos [18]. La fuerza militar que invadió Iraq estaba compuesta prácticamente en su totalidad por unidades de combate estadounidenses y británicas. El número total de fuerzas de tierra era de 300.000 apoyadas por grandes activos navales y aéreos [19].

Los bombardeos aéreos generalizados, para provocar “conmoción y pavor”, precedieron la campaña terrestre. EEUU utilizó armas prohibidas tales como Napalm, municiones de uranio empobrecido y bombas de racimo en un primer gesto de que la Coalición iba a tener pocos reparos morales o legales [20]. Las tropas de Sadam Huseín no igualaban la enorme capacidad militar desplegada sobre el terreno por EEUU. En sólo tres semanas, el 8 de abril, las fuerzas de la Coalición entraron en Bagdad. Aunque muchos iraquíes se alegraron de la caída del dictador ni lanzaron flores ni dieron la bienvenida a las tropas de la Coalición como algunos entendidos de Washington habían predicho. Muy pronto, el 2 de mayo, el presidente estadounidenses pronunció su alocución de “misión cumplida”en el portaaviones Abraham Lincoln.

La destrucción del Estado iraquí y el quebrantamiento del orden público

Durante los primeros días de la ocupación, la Coalición desmovilizó a las fuerzas policiales iraquíes y al ejército, dejando las ciudades iraquíes abiertas al saqueo y a la quema mientras el ejército de la Coalición miraba hacia otro lado. Se destruyeron 17 ministerios, incluidos los ministerios de Educación, Sanidad, Cultura e Industria, mientras las fuerzas de la Coalición únicamente protegían el Ministerio del Petróleo [21]. Los incendios destruyeron la mayoría de los archivos del gobierno, al tiempo que los ladrones destruían muebles, ordenadores y todo lo demás; incluso arrancaban de las paredes los cables para venderlos al peso. Simultáneamente, los saqueadores atacaban bancos, negocios e incluso los hospitales más importantes. Saquearon las principales instituciones culturales, incluido el Museo Nacional y la Biblioteca Nacional, y otros muchos fueron dañados por el fuego. Iraquíes responsables, investigadores del mundo y dirigentes humanitarios rogaron a los responsables y mandos del ejército de la Coalición que protegiera las instituciones de Iraq y sus tesoros. No lo consiguieron [22].

Sin ninguna autoridad civil, los robos, los secuestros, los asesinatos y los ajustes de cuentas con el antiguo régimen empezaron. El caos gobernaba los vecindarios y mucha gente buscó armas con las que defenderse. Una extraña despreocupación parecía haberse instalado en la dirección de la Coalición. “[…] Estas cosas pasan”, afirmó encogiéndose de hombros Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, en una rueda de prensa el 11 de abril a propósito del saqueo del Museo Nacional [23].

En mayo, la Coalición dio el paso final para desarticular el Ejército [iraquí] y suspender todas las pensiones militares, dejando a 400.000 familias sin su principal fuente de subsistencia [24]. Se puso en marcha una radical desbaazificación que depuró, de todos los puestos oficiales, a más de 30.000 miembros del antiguo partido dirigente sin hacer prácticamente esfuerzo alguno para exceptuar a quienes no habían cometido crímenes en el antiguo régimen [25]. Esto supuso el cese de las personas más cualificadas de los servicios estatales, lo que provocó un devastador efecto sobre lo que quedaba del antiguo aparato del Estado.

El peculiar papel del Consejo de Seguridad de NNUU en la posguerra

Después de la invasión, y tras haberse negado [inicialmente] a autorizar el uso de la fuerza, el Consejo de Seguridad modificó su postura de forma radical. Deseosos de evitar más tensiones con Washington y convencidos de que no había otras opciones alternativas disponibles, los miembros del Consejo acordaron varias resoluciones que daban legalidad a la ocupación y estipulaban la financiación a costa del petróleo iraquí. La resolución 1483 del 22 de mayo de 2003 reconocía a EEUU y Reino Unido como “autoridades de la ocupación” en un intento de asegurarse la adecuación a la ley humanitaria. Al mismo tiempo, la resolución también concedía a la Coalición el derecho a vender el crudo iraquí, a hacerse con los miles de millones de dólares de la cuenta de NNUU del programa petróleo por alimentos y a gastarlos como desearan en lo que “beneficiara a los iraquíes” [26]. La gran mayoría de los miembros del Consejo que estaban contra la guerra esperaban que, como la resolución reiteraba, NNUU jugaría un “papel fundamental” en Iraq, asumiendo finalmente su responsabilidad real. Pero esto fue una decepción. EEUU no tenía intención de ceder autoridad a NNUU y únicamente le permitió jugar el papel secundario.

Sergio Vieira de Mello, el enviado especial de NNUU en Bagdad, intentó reivindicar un papel independiente de NNUU pero el gobierno estadounidense en Iraq apenas le dejó margen de maniobra rechazando sus propuestas hasta [realizar] una ronda de consultas con los iraquíes de todas las tendencias políticas. El “papel vital” que el Consejo de Seguridad había imaginado nunca se materializó. El 19 de agosto de 2003, un coche bomba destruyó la sede de NNUU en Bagdad y mató a Vieira de Mello y a trece miembros de su equipo. Después de esto, la organización redujo drásticamente su presencia en el país y se trasladó desde Iraq a Amán (Jordania).

Sin embargo, en octubre de 2003 el Consejo de Seguridad dio otro paso nefasto con la resolución 1511. A cambio de las promesas de EEUU y de Reino Unido de que el proceso político desembocaría muy pronto en unas elecciones y en la devolución de la autoridad a los iraquíes, el Consejo otorgó el mandato oficial de NNUU a la ocupación convirtiendo la Coalición en una “fuerza multinacional”. EEUU y Reino Unido dieron un paso más allá al afirmar que actuaban en nombre de NNUU y que ésta les había dado la autorización legal para hacer lo que hacían.

Desde ese momento, y a pesar de las cuantiosas violaciones de la legalidad internacional perpetradas por la Coalición, el Consejo renovó dos veces el mandato [27]. No obstante, nunca ha realizado un control consecuente sobre la fuerza multinacional ni tampoco se ha producido un debate serio sobre Iraq. Unos pocos embajadores, como Juan Gabriel Valdés de Chile y Adolfo Aguilar Zinser de México, intentaron presionar sobre el asunto, pero Washington obligó a sus gobiernos a recordarles, dejándoselo bien claro, que no se iba a tolerar ninguna oposición [28]. Como otros embajadores han informado desde entonces con pesar, Washington ni siquiera permite preguntas cuando presenta sus informes periódicos ante el Consejo [de Seguridad] en nombre de la Fuerza multinacional [29].

EEUU gobierna Iraq

En sustitución del Estado iraquí, EEUU estableció la Autoridad Provisional de la Coalición [APC], una institución de gobierno sin participación iraquí, dirigida por Paul Bremer, que fue nombrado por el Pentágono [30]. Bremer se instaló en el antiguo palacio de gobierno de Sadam y dirigió el país con decretos y poder casi ilimitado. Para proteger a la impopular APC del creciente movimiento de resistencia iraquí, Bremer organizó una zona de seguridad de más de 10 kilómetros cuadrados en el corazón de Bagdad, conocido como ‘Zona Verde’, en la que la APC y el alto mando militar podrían vivir con relativa seguridad. Sin nadie que prácticamente hablara árabe y con un mínimo conocimiento del país, Bremer y su equipo de jóvenes y entusiastas republicanos de Washington se dispusieron a reconstruir Iraq de acuerdo con los principios neo-conservadores.

Bremer reestructuró de forma radical las instituciones públicas y la economía iraquí y emitió cerca de cien decretos de derogación. En una de sus primeras ‘órdenes’ derogó todas las tarifas, impuestos de aduanas y de importación, abriendo la economía de Iraq, tras años de proteccionismo, a los efectos del libre mercado. Entre tanto, la APC gastaba libremente las ganancias de la venta del petróleo de Iraq y los miles de millones de la cuenta de NNUU del programa petróleo por alimentos. El personal de la APC y los mandos militares repartieron millones [de dólares] en metálico con la esperanza de ganar amigos iraquíes e ‘impulsar’ la economía iraquí. La corrupción, empezando en la propia APC, pronto echó raíces. Halliburton, Parsons, Fluor y otras grandes empresas de construcción obtuvieron miles de millones de dólares en contratos de ‘reconstrucción’ [31]. La privatización de los fabulosos recursos del petróleo de Iraq, de los que las empresas estadounidenses y británicas —como Exxon, Shell y British Petroleum— esperaban enormes beneficios, se planificaba entre bastidores. Al mismo tiempo que Bremer daba amplia publicidad a la recién creada Bolsa iraquí, el sistema bancario de Iraq era ineficaz, la industria se desmoronaba e incluso el vital sector petrolero se hundía. El desempleo y la pobreza crecían a marchas forzadas.

Represión

Sin una policía local que actuara, las fuerzas de la Coalición se enfrentaban directamente con una población cada vez más descontenta. Las tropas eran absolutamente ajenas a la cultura local e incapaces de comunicarse con la gente en su propia lengua. Esos soldados sin preparación ni experiencia iban fuertemente armados y apoyados por un mortífero poder aéreo y de artillería de largo alcance. Su primer impulso fue tomar posiciones en el corazón de las ciudades iraquíes provocando un conflicto inmediato.

Muy poco después de haber tomado el control de Faluya, las fuerzas estadounidenses tomaron un colegio en el centro de la ciudad para usarlo como cuartel. Los habitantes de Faluya exigieron que se devolviera el edificio. El 28 de abril de 2003, justo cinco días después de que el ejército estadounidense se trasladara a la ciudad, varios cientos de manifestantes se reunieron delante del edificio. Fue la prueba clave de la disidencia democrática tras una dictadura. Los soldados estadounidenses, muy nerviosos, abrieron fuego contra la multitud con armas automáticas: asesinaron a 17 personas e hirieron a más de 70 [32]. Durante los tres días siguientes se produjeron dos incidentes sangrientos más. Faluya se convirtió enseguida en el centro de la resistencia contra la ocupación. Hechos similares se produjeron en Mosul y en otras ciudades.

Como los enfrentamientos de este tipo se extendieron rápidamente, la Coalición reaccionó aumentando la fuerza represiva. Escuadrones militares empezaron a asaltar y registrar viviendas, dando patadas a las puertas, destrozando el mobiliario, gritando órdenes en inglés y deteniendo a sus moradores [33]. En las redadas de los barrios, las tropas detuvieron rápidamente a cientos de iraquíes sometiéndolos después a interrogatorios humillantes. Enseguida, miles de iraquíes fueron encarcelados en prisiones de la Coalición y en campos de prisioneros sin acusación y sin derecho a la defensa en los tribunales [34]. Las torturas comenzaron en las primeras semanas [35].

La Coalición también empezó a realizar operaciones secretas con miles de fuerzas especiales, entre las que se encontraban los Rangers, el cuerpo de elite de la marina, la Fuerza Delta y el cuerpo de elite de la aviación británica [36]. Además estaban las unidades de la CIA y del MI6, grupos especiales de la inteligencia militar y otras fuerzas encubiertas. Con el pretexto de buscar a Sadam y perseguir terroristas, esas fuerzas que operaban en la sombra llevaron a cabo operaciones militares secretas, captura de sospechosos e interrogatorios de extrema brutalidad en campos secretos [37].

Finalmente, la Coalición trasladó a Iraq a un gran contingente de ejércitos privados, cuyo número pronto alcanzo las decenas de miles [38]. Algunos de ellos, como los empleados de Blackwater, DynCorp y CACI International, eran antiguos soldados de las fuerzas especiales estadounidenses, oficiales de policía, personal de los servicios secretos y elementos especializados en guerras encubiertas, interrogatorios, protección personal y asuntos similares. Iban fuertemente armados y estaban al margen de cualquier control, incluso del de los tribunales militares. Esos soldados de fortuna, altamente remunerados —que ya habían sido expulsados de muchos países además de EEUU y Reino Unido [39]— se les destinó a las prisiones de la Coalición, como interrogadores o guardaespaldas para los mandos de la Coalición en la Zona Verde, a unidades de “fuerzas de protección”, a escuadrones especiales de guerra como entrenadores de comandos iraquíes y a muchos otros puestos [40]. Representaban la violencia y la represión y la firme elección estratégica de las autoridades de la ocupación.



Milicias, comandos y escuadrones de la muerte patrocinados por la Coalición.

La Coalición creó —o incrementó— las fuerzas iraquíes irregulares. Antes de la invasión, EEUU y Reino Unido dieron apoyo secreto a los peshmergas kurdos, unas milicias partidistas tribales en el Kurdistán iraquí [41]. En 2003, sus combatientes sumaban decenas de miles. Los mandos de la Coalición anunciaron que los peshmergas podían quedarse con sus armas y mantener sus unidades puesto que se consideraba que actuaban “bajo supervisión de la Coalición [42]. Los peshmergas impusieron la ley kurda a las minorías no kurdas del norte y el mando de la Coalición los utilizó para atacar objetivos resistentes en el norte y en el centro de Iraq. Esta política promovió el separatismo kurdo e hizo crecer el resentimiento sunní y shií contra los kurdos.

Además, EEUU armó, entrenó y financió una considerable milicia del Congreso Nacional Iraquí bajo la dirección de Ahmad Chalabi, un iraquí en el exilio favorito del Pentágono por quien se inclinó como futuro Primer ministro. Esta milicia, denominada “Fuerzas del Iraq Libre”, se estableció en 2002 y consiguió fondos multimillonarios del Pentágono [43]. Muy poco después de la invasión, la fuerza aérea estadounidense trasladó a Chalabi junto con 600 milicianos a Nasiriya, en el sur de Iraq [44]. Un contrato multimillonario de la APC, en teoría para salvaguardar las instalaciones petroleras, financió la milicia —lo que se supo más tarde— al igual que la cantidad de 342.000 dólares al mes que el Pentágono pagaba al Congreso Nacional Iraquí (a Chalabi) [45]. Las fuerzas de Chalabi libraron batallas paralelas con sus rivales en Bagdad. Muchos los acusaron de robar coches, de fraude, del robo de propiedades de antiguos baazistas y de asesinatos en masa.

Los Escorpiones era otra fuerza irregular iraquí creada por la CIA y que desde un principio actuó en total clandestinidad [46]. Esta fuerza se dio a conocer fundamentalmente por la brutal paliza, con consecuencia de muerte, de un iraquí detenido bajo custodia estadounidense [el General de división Abed Hamed Mowhoush] en noviembre de 2003 [47].

En el otoño de 2003, Washington había decidido emprender una guerra sucia. Una ley de financiación de la guerra, propuesta por el Pentágono y aprobada por el Congreso en noviembre, incluía tres mil millones de dólares para las milicias iraquíes [48]. Hacia mediados de 2004, cada vez más la Coalición hacía uso de las fuerzas irregulares de Iraq así como de unidades especiales creadas bajo control nominal del Ministerio del Interior iraquí.

Fuentes del Pentágono y nuevos informes hablaban de esta política como la “Opción El Salvador”, haciendo referencia a las tácticas estadounidenses de la contra-resistencia estadounidense en América Central [49]. James Steele, un enviado especial en la embajada estadounidense que jugó un papel esencial en las guerras sucias de América Central, fue nombrado asesor de esas unidades [50]. Durante el verano y el otoño de 2004 se crearon nuevas unidades irregulares, incluida la Brigada Hilla Iraquí de Armas y Tácticas Especiales [Conocida por su acrónimo inglés SWAT], la Guardia Iraquí de la Libertad, la Brigada Amarah y los Comandos especiales de la Policía, conocidos como Brigada Lobo [51]. Muchas de ellas fueron armadas y entrenadas por la Coalición [52]; otras actuaban como escuadrones de la muerte llevando a cabo asesinatos selectivos. Muchos de los mandos iraquíes eran antiguos oficiales de la policía secreta de Sadam y de unidades especiales del ejército rehabilitados nuevamente tras la indiscriminada purga de desbaazificación [53]. Algunos de estos grupos intervinieron de manera extremadamente violenta y fuera de control; a veces actuaban como locos en saqueos, incendios, torturas y asesinatos.

La violencia se multiplicó; los grupos étnicos y religiosos, así como los partidos políticos, crearon milicias para su propia defensa o con fines políticos violentos. El Consejo Supremo de la Revolución Islámica de Iraq [CSRII], el partido político líder de la Shía, aumentó sus Brigadas del Badr, al mismo tiempo que el clérigo Moqtada as-Sáder, fortalecía su Ejército del Mahdi [54]. Los barrios y los dirigentes políticos contrataron guardas armados. Los miembros del gobierno utilizaban a la Policía y a las unidades del Ejército como milicias semi-independientes. Grupos armados se dedicaron a llevar a cabo lucrativos secuestros en las ciudades así como robos a mano armada y en las carreteras.

La Coalición, jugando la baza de las milicias, redobló la violencia en el país y desestabilizó el Estado.

‘Un Iraq libre y soberano’

Desde un principio, EEUU y sus aliados insistieron en que estaban creando un Iraq democrático, que muy pronto sería un modelo para el conjunto de la región. Sin embargo, en la práctica, impusieron su ley sin consultar y sin comprender ni al país ni a su gente. Durante un año, la APC gobernó Iraq desde sus confines de la Zona Verde con la promulgación de órdenes, decretos, memorandos y avisos públicos [55]. La mayor parte del personal de la APC trabajaba por periodos de seis meses y con escasas posibilidades de aprender nada sobre el país antes de regresar a su país [56].

Bremer y la APC establecieron un consejo de gobierno compuesto por iraquíes, colaboracionistas con la ocupación, elegidos a dedo por EEUU, [57]. Muchos de ellos estuvieron durante décadas en el exilio y tienen pocos vínculos con el Iraq contemporáneo. Algunos de ellos, como Iyad Allawi y Ahmad Chalabi, estuvieron durante años en la nómina de Washington [58]. Al constituir el consejo de gobierno sobre la base de la filiación sectaria, la APC resaltó la dimensión sectaria de los políticos iraquíes y ahondó en las rivalidades sectarias [59]. La táctica del ‘divide y vencerás’ parecía funcionar.

A finales de junio de 2004, la APC ‘devolvió’ la soberanía a los iraquíes y se disolvió. La Coalición anunció que un gobierno interino iraquí ‘soberano’ estaba al frente [del país] y que en Nueva York el Consejo de Seguridad se alegraba de la transición [60]. El nuevo gobierno interino fue nombrado a dedo por Bremer con la ayuda de Lakhdar Brahimi, el enviado especial de NNUU. Aunque en teoría estaba formado por tecnócratas, también había personalidades conocidas elegidas y nombradas, otra vez, según su identidad sectaria [61]. Allawi, relacionado con la CIA, fue el nuevo primer ministro. Bremer, finalmente, se marchó con la mayor parte de su personal pero se mantuvo una enorme presencia estadounidense.

La parafernalia de la soberanía estaba dispuesta. Iraq de nuevo tenía ministros, funcionarios, una fuerza policial incipiente y un ejército, además de cárceles, un ministro de Economía, e incluso unos servicios secretos y, desde luego, elecciones tuteladas por la Coalición como prueba del éxito y el máximo exponente de la democracia, pero la realidad era bien distinta. El embajador John Negroponte, sucesor de Bremer, siguió ejerciendo una enorme influencia en el país como cabeza de la embajada estadounidense más grande del mundo. Cada ministro tenía docenas de consejeros políticos estadounidenses [62]. El ejército estaba completamente bajo el mando estadounidense y el servicio de inteligencia bajo las órdenes (y en la nómina) de la CIA [63].

Las primeras elecciones para los 275 miembros de la Asamblea nacional iraquí se celebraron el 30 de enero de 2005. Debido a la peligrosa situación de seguridad, expertos internacionales supervisaron el proceso desde el exterior del país confiando en la información de los interventores iraquíes de los partidos políticos. La misión internacional para las elecciones iraquíes declaró que “[…] en general, los requisitos establecidos se habían cumplido” [64]. No obstante, los detractores se quejaron de que las elecciones se organizaron con planteamientos erróneos: con una sola circunscripción electoral y listas unificadas de candidatos, no había sido posible hacer una campaña significativa y las elecciones se habían celebrado en unas condiciones que violaban los requisitos exigidos por los derechos humanos internacionales [65]. Otro problema de las elecciones fue la participación extremadamente baja de los sunníes.

El proceso de redacción y aprobación de la nueva Constitución también fue problemático, y provocó un rencor sectario añadido. Las normas de las elecciones, estipuladas en la constitución provisional, se modificaron en el último momento antes de la votación del 15 de octubre de 2005 [66] y las irregularidades de las elecciones generaron una sombra de duda sobre los resultados [67]. A pesar del rechazo masivo, la Constitución fue aprobada. El resultado de las elecciones parlamentarias del 15 de diciembre dio el poder a bloques sectarios del Kurdistán y a los partidos de la Shía. El proceso político se había vuelto cada vez más sectario y la creciente violencia hizo prácticamente imposible la campaña electoral. Cuando, por fin, a primeros de 2006, se constituyó un nuevo parlamento constitucional, las pocas esperanzas generadas por las elecciones ya habían empezado a desvanecerse entre los iraquíes. Se necesitaron meses de maniobras políticas para conformar un gobierno. La dirigencia política, a cargo del primer ministro Nuri al-Maliki, era débil, sectaria e incapaz de unificar el país. El parlamento, simbólicamente situado en la fortificada Zona Verde junto a la gran embajada estadounidense, y los miembros del gobierno, tuvieron poco espacio de maniobra política. La corrupción floreció en los ministerios; las milicias se multiplicaron y la autoridad gubernamental apenas existía, dentro o fuera de la Zona Verde.

Un panorama de absoluta ilegalidad

En los capítulos siguientes, este informe examina el trágico panorama de la ocupación. Muestra en detalle cómo las fuerzas de EEUU utilizaron de manera indiscriminada armas especialmente dañinas y cómo la Coalición fue incapaz de evitar la destrucción de las instituciones culturales iraquíes y el legado cultural, los hospitales, las universidades, las bibliotecas, los museos y los yacimientos arqueológicos. Este informe también pone de relieve cómo la Coalición utilizó una extremada fuerza que dañó gravemente o destruyó una docena de ciudades iraquíes y desplazó a cientos de miles de personas.

Las fuerzas de la Coalición han detenido a miles de iraquíes de forma indefinida —sin acusación o juicio—; muchos de ellos han sido sometidos a interrogatorios humillantes y torturados. De manera habitual, las tropas de la Coalición asesinan civiles en los puestos militares de control, en los registros de domicilios y durante las operaciones militares de todo tipo; las tropas de la Coalición han cometido asesinatos y atrocidades. El programa de ‘reconstrucción’ ha dilapidado miles de millones de dólares de los fondos iraquíes mediante el robo, el fraude y la malversación.

Este informe documenta la manera en la que cientos de miles de iraquíes han muerto y más de cuatro millones han sido desplazados, entre los que se cuentan alrededor de dos millones que han abandonado el país. La pobreza es generalizada, la enfermedad y la mortalidad infantil extremadamente elevada, la carencia de alimentos crece sin cesar.

Los iraquíes se oponen contundentemente a las bases militares estadounidenses construidas con intención de permanencia y al gigantesco complejo de la embajada que simboliza hegemonía estadounidense. Por abrumadora mayoría, los iraquíes quieren que la Coalición se retire, como demuestran repetidamente las encuestas.

Para algunos lectores la mayoría de los temas tratados en el informe le resultarán familiares, pero los capítulos pretenden dibujar un panorama más complejo y profundo del que hasta el momento se ha tenido. Con la documentación de las muchas y graves violaciones de la legislación internacional, este estudio apela a la comunidad internacional para que se ocupe de la crisis de Iraq y encuentre alternativas para su futuro. La paz no llegará a Iraq mientras la ocupación persista.


Notas de los autores:

1. Casa Blanca, Press Briefing by National Security Advisor Dr. Condoleezza Rice, 4 de abril de 2003.

2. Yochi J. Dreazen y Christopher Cooper, “Behind the Scenes, US Tightens Grip on Iraq's Future”, Wall Street Journal, 13 de mayo de 2004. Véase también Bradley Graham y Robin Wright “Aid to Iraq Ministries To Shift to Pentagon”, Washington Post, 26 de septiembre de 2005.

3. Véase Mark Phythian, Arming Iraq: How the U.S. y Britain Secretly Built Saddam's War Machine, Boston, 1997.

4. Las sanciones se prolongaron durante muchos años contra los deseos de la mayoría de los miembros del Consejo de Seguridad porque EEUU y Reino Unido podían utilizar su derecho a veto para bloquear cualquier iniciativa de cara a terminar con el régimen de sanciones. Véase Global Policy Forum et al., Iraq Sanctions: Humanitarian Options y Implications for the Future, agosto de 2002.

5. Reunión del Consejo de Seguridad sobre Iraq [núm.] 4701, transcripción Verbatim S/PV.4701, 5 de febrero de 2003, p.5.

6. Véase US Central Intelligence Agency, Comprehensive Report of the Special Advisor to the DCI on Iraq's WMD, 30 de septiembre de 2004.

7. Richard Clarke, Against all Enemies, Nueva York, 2004. Clarke era el jefe del antiterrorismo y experto en el Consejo de seguridad nacional durante los primeros años del gobierno Bush.

8. Sir Christopher Meyer, DC Confidential, Londres, 2005. Meyer era, en ese momento, el embajador británico en Washington.

9. “Iraq: Prime Minister's Meeting, 23 de julio de 2002”. La memoria secreta de una reunión de funcionarios británicos y ministros en Downing Street se filtró al Sunday Times, que la publicó el 1 de mayo de 2005. Nunca se ha dudado de su autenticidad. Véase Walter Pincus, “British Intelligence ‘Warned of Iraq War'”, Washington Post, 3 de mayo de 2005.

10. Valoración del gobierno británico, Iraq's Weapons of Mass Destruction, 24 de septiembre de 2002, y Reino Unido, Downing Street, Iraq: Its Infrastructure of Concealment, Deception and Intimidation, 3 de febrero de 2003.

11. “Powell Calls Pre-Iraq U.N. Speech a ‘Blot' on his Record” Associated Press, 8 de septiembre de 2005.

12. Lord Goldsmith, jefe del gabinete jurídico del gobierno de Reino Unido, discrepó del argumento de autodefensa en el consejo privado que dio al Primer ministro el 7 de marzo de 2003, afirmando que sólo una resolución del Consejo de Seguridad autorizando el uso de la fuerza haría que la implicación del ejército de Reino Unido fuera legal de acuerdo con la legislación internacional.

13. Ross trabajó en la misión de Reino Unido para NNUU durante cuatro años y medio, desde diciembre de 1997 hasta enero de 2002. Su testimonio se ha mantenido en secreto y no se hizo público hasta 30 meses más tarde debido a la presión de los miembros del Congreso. Véase “Full Transcript of Evidence given to the Butler Inquiry, Supplementary Evidence Submitted by Mr. Carne Ross, Director, Independent Diplomat,” de fecha 9 de junio de 2004, publicado por The Independent, 15 de diciembre de 2006. Véase Colin Brown y Andy McSmith, “Diplomat's Suppressed Document Lays Bare the Lies Behind Iraq War”, The Independent, 15 de diciembre de 2006.

14. Senado de EEUU, congreso 109, 2ª sesión, Report of the Select Intelligence Committee on Postwar Findings on Iraq's WMD Programs y Links to Terrorism y How They Compare with Prewar Assessments, 8 de septiembre de 2006. Un informe del Inspector general del Departamento de Defensa, enviado al Congreso el 5 de abril de 2007, llega a la misma conclusión. Véase “Hussein-Qaeda Lind ‘Inappropriate,' Report Says”, Bloomberg News, 6 de abril de 2007.

15. Nota de prensa de La Casa Blanca, Remarks by the President to the Military Personnel y Their Families Marine Corps Base Camp Lejeune , North Carolina, 3 de abril 3 de 2003.

16. Véase DilipHiro, “Outside Powers,” The Longest War, New York, 1991, y Mark Phythian, Arming Iraq: How the US y Britain Secretly Built Saddam's War Machine, Boston, 1997. Véase también Human Rights Watch, Annual Report: Iraq, 1989.

17. Nota de prensa de La Casa Blanca, Iraq Coalition, 27 de marzo de 2003.

18. Véase por ejemplo, Oficina del Departamento de Estado, Oficina del coordinador para la lucha antiterrorista, “Patterns of Global Terrorism”, 29 de abril de 2004; US CENTCOM, “International Contributions to the War on Terror”, 10 de enero de 2005; Sewell Chan, “Rumsfeld Thanks Kazakhstan”, Washington Post, 26 de febrero de 2004; Globalsecurity.org, Iraq Coalition Troops, febrero de 2007.

19. Jim Garamone, “More than 100,000 Coalition Troops in Iraq”, American Forces Press Service, 31 de marzo de 2003.

20. Véase el capítulo de este informe sobre armas indiscriminadas y especialmente dañinas.

21. La página web de La Casa Blanca señala que el Ministerio de Sanidad estaba “totalmente saqueado”. Para saber más sobre el Ministerio del Petróleo, véase Andras Riedlmayer, “Yes the Oil Ministry Was Guarded”, Iraq War and Archeology, 7 de mayo de 2003.

22. Véase en IraqSolidaridad información detallada en el capítulo VIII: Destrucción del Patrimonio Cultural, Global Policy Forum (VIII): La destrucción del patrimonio cultural de Iraq .

23. Departamento de Defensa, News Briefing by Secretary of Defense Donald Rumsfeld and General Richard Meyers, 11 de abril de 2003. Véase Sean Loughlin, “Rumsfeld on Looting in Iraq”, CNN 12 de abril de 2003.

24. Véase Orden número 2 de la Autoridad Provisional de la Coalición, Dissolution of Entities, 23 de mayo de 2003.

25. Toby Dodge, “Staticide in Iraq”, Le Monde diplomatique, febrero de 2007.

26. En total, EEUU se apropió de más de ocho mil millones de dólares, los saldos de la cuenta de NNUU para el programa petróleo por alimentos.

27. Véanse las resoluciones del Consejo de Seguridad de NNUU UN S/RES/1637, de 2005 y S/RES/1723 de 2006.

28. Maggie Farley y Richard Boudreaux, “Mexico 's Envoy to UN Leaves, With Defiance”, Los Angeles Times, 22 de noviembre de 2003.

29. Comunicación privada con ex-embajadores del Consejo de Seguridad.

30. Bremer trabajó en el Departamento de Estado durante muchos años, desde 1989 hasta 2002, como director ejecutivo de Kissenger Associates. Su biografía le describe como un experto en antiterrorismo. Véase su biografía en la página web de la APC: http://www.iraqcoalition.org .

31. Véase en IraqSolidaridad el capítulo IX de este informe: Corrupción, fraude y delitos económicos, Global Policy Forum (IX): Corrupción, fraude y delitos económicos.

32. En otro suceso acaecido el 30 de abril, las fuerzas estadounidenses volvieron a abrir fuego contra una multitud: asesinaron a tres personas e hirieron a otras 16. Véase Human Rights Watch, Violent Response: the U.S. Army in al-Falluja, 17 de junio de 2003. Según Human Rights Watch, los manifestantes de Faluya también estaban indignados porque observadores estadounidenses situados en los tejados de las casas pudieran ver la intimidad de los hogares, deshonrando a las mujeres.

33. Véase en IraqSolidaridad el capítulo VII de este informe: matanzas, asesinatos y atrocidades por parte de los ocupantes, Global Policy Forum (VI): Matanzas, asesinatos y atrocidades por parte de los ocupantes.

34. Véase en IraqSolidaridad el capítulo III de este informe: Detenciones y cárceles: absoluta indefensión de los presos, Informe de 'Global Policy Forum' (III): Detenciones y cárceles: Absoluta indenfensión de los presos.

35. Véase en IraqSolidaridad el capítulo IV de este informe: Malos tratos y tortura a prisioneros, Informe de 'Global Policy Forum' (IV): Malos tratos y torturas a prisioneros

36. Seymour Hersh, “Moving Targets”, New Yorker, 15 de diciembre de 2003. Véase también Matthew B. Stannard, “Special Forces Have Scoped Iraq for Weeks”, San Francisco Chronicle, 21 de marzo de 2003.

37. Thom Shanker, “Special Operations in Iraq: High Profile But in the Shadow,” New York Times, 29 de mayo de 2007 y Human Rights First, “Command's Responsibility”, febrero de 2006.

38. La Oficina gubernamental de contabilidad calculó que hasta marzo de 2006 aproximadamente 181 empresas de seguridad privada con alrededor de 48.000 empleados trabajaban en Iraq. Véase oficina gubernamental estadounidense, declaración ante el subcomité de seguridad nacional, amenazas inminentes y relaciones internacionales; comité sobre la reforma del gobierno; declaración de William Solis, director de respuesta defensiva y organizativa, Rebuilding Iraq: Actions Still Needed to Improve the Use of Private Security Providers, 13 de junio de 2006.

39. Human Rights Watch, Private Military Contractors y the Law, 5 de mayo de 2004.

40. Véasé Jeremy Scahill, Blackwater, New York, 2007, y Amnesty International USA, Human Rights Responsibilities of Private Companies Operating in Iraq.

41. Véase, por ejemplo, Kenneth Katzman, “Iraq: US Efforts to Change the Regime”, Congressional Research Service, 22 de marzo de 2002; Scott Peterson, “Kurds Ready to Be Next N. Alliance”, Christian Science Monitors, 28 de marzo de 2002; “US Intelligence Teaming up with Kurds”, Houston Chronicle, 22 de diciembre de 2002.

42. Patrick E. Tyler, “U.S. May Let Kurds Keep Arms, Angering Shiites”, New York Times, 24 de mayo de 2003.

43. Oficina general de contabilidad de EEUU, informe en respuesta a las preguntas del Congreso, State Department: Issues Affecting Funding of Iraqi National Congress Support Foundation, abril de 2004.

44. Johanna McGeary, “Who Will Call the Shots?”, TIME, 14 de abril de 2003.

45. Knut Royce, “A Start-Up Company with Connections”, Newsday, 15 de febrero de 2004.

46. Dana Priest y Josh White, “Before the War, CIA Reportedly Trained a Team of Iraqis to Aid US”, Washington Post, 3 de agosto de 2005.

47. Human Rights First, Command's Responsibility, 8 de febrero de 2006, p. 8.

48. Robert Dreyfuss, “Phoenix Rising” The American Prospect, vol. 15, Issue 1, 1 de enero de 2004.

49. Michael Hirsh y John Barry, “The Salvador Option”, Newsweek, 14 de enero de 2005.

50. Peter Maass, “The Way of the Commandos”, New York Times Magazine 1 de mayo de 2005. Otro asesor de relevancia que estuvo implicado en la contra-revolución estadounidense en Latinoamérica fue Steven Casteel.

51. El Wall Street Journal identificó a seis de esas unidades. Véase Greg Jaffe, “New Factor in Iraq: Irregular Brigades Fill Security Void”, Wall Street Journal, 16 de febrero de 2005, y “Bands of Brothers New Factor in Iraq: Irregular Brigades Fill Security Void”, Wall Street Journal 23 de febrero de 2005. Véase esp. A.K. Gupta, “Let a Thousand Militias Bloom”, NYC Indymedia Center, 22 de abril de 2005, y A.K. Gupta “Iraq: Militias y Civil War”, Z Magazine, diciembre de 2006.

52. Lionel Beehner, “Iraq : Militia Groups”, Council on Foreign Relations, 9 de junio de 2005.

53. Michale Hirsch y John Barry, “Special Forces May Train Assassins, Kidnappers in Iraq”, Newsweek, 14 de enero de 2005 y Peter Maas, “The Way of the Commandoes”, New York Times Magazine, 1 de mayo de 2005.

54. Beehner, op.cit.

55. Entre mayo de 2003 y junio de 2004, Paul Bremer, gobernador de la APC, promulgó 100 órdenes, 12 decretos, 17 memorandos y 12 avisos públicos. Véase el sitio web de la Autoridad Provisional de la ocupación: http://www.iraqcoalition.org .

56. Inspector general para la reconstrucción de Iraq, Lessons in Human Capital Management, enero de 2006, p.14.

57. Regulación número 6 de la Autoridad Provisional de la Ocupación, Governing Council of Iraq, 13 de julio de 2003.

58. Véase, por ejemplo, Joel Brinkley, “Ex-C.I.A. Aides Say Iraq Leader Helped Agency in 90's Attacks”, New York Times, 9 de junio de 2004.

59. Raad Alkadiri y Chris Toensing, “The Iraqi Governing Council's Sectarian Hue”, Middle East Research and Information Project, 20 de agosto de 2003.

60. Resolución del Consejo de Seguridad S/RES/1546, 2004.

61. Coalition Provisional Authority Regulation Number 10, Members of Designated Iraqi Interim Government with Annex A, 9 de junio de 2004.

62. Yochi J. Dreazen y Christopher Cooper, “Behind the Scenes, US Tightens Grip on Iraq's Future”, Wall Street Journal, 13 de mayo de 2004. Véase también Bradley Graham y Robin Wright, “Aid to Iraq Ministries To Shift to Pentagon”, Washington Post, 26 de septiembre de 2005.

63. Ned Parker, “Divided Iraq Has Two Spy Agencies” Los Angeles Times, 15 de abril de 2007.

64. International Mission for Iraqi Elections, Final Report Assessment of the January 30, 2005 , Election Process, 2005.

65. Asian National Exchange for New Alternatives, Open Letter to UN Secretary General Kofi Annan on the Elections in Iraq, 6 de enero de 2005.

66. “UN Condemns Iraq Charter Change”, BBC, 4 de octubre de 2005.

67. Véase, por ejemplo, Dexter Filkins, “Vote Totals Under Inquiry in 12 Iraqi Provinces, Panel Says” New York Times, 17 de octubre de 2005; “Iraq Vote Counts ‘Points to Fraud'” BBC, 18 de octubre de 2005.

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