En la recta final de la lictación han quedado solo dos oferentes, las belgas Jan de Nul y DEME, que se han acusado mutuamente de tener vinculación con capitales chinos.
Jan de Nul, que conforma un consorcio con la argentina Servimagnus, ha llegado a esta instancia con con un mejor puntaje, según las pautas oficiales, y una oferta de peaje más barata. Pero para reafirmar su posición, desde Jan de Nul-Servimagnus presentaron un plan de acción que descarta cualquier instancia de intervención de capitales chinos, un exclusivo pedido de los Estados Unidos. Desde el consorcio belga-argentino aseguran que “no necesita dinero prestado de gobiernos extranjeros ni acepta intromisiones de otros Estados. Para asegurar esto, avisaron que van a contratar a proveedores tecnológicos de Norteamérica, una jugada que calza justo con la política exterior del actual Gobierno nacional” (Perfil, 27/5).
Desde Jan de Nul-Servimagnus aseguraron que utilizarán el Sistema de Monitoreo (SIMON), que consta de un escudo de ciberseguridad y datos en la nube, y la operatividad será dada por tecnología norteamericana, la que permitirá tener un seguimiento permanente de los barcos que naveguen el Paraná. Desde el consorcio se comprometieron a entregarle el código fuente de los programas directamente al Estado argentino, para que el gobierno pueda “fiscalizar” los movimientos, y de esta manera, salvaguardar la “soberanía” de los datos.
Luego de que se abrieran los sobres con las ofertas económicas el pasado 22 de mayo, los intereses norteamericanos acentuaron la presión para desterrar los “intereses malignos” de los capitales chinos de la licitación. El 23 de abril, el congresista republicano, enrolado en el trumpismo, Brian Mast, presidente del Comité de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes, envió una carta al secretario de Estado Marco Rubio para alertar sobre “un preocupante suceso relacionado con la influencia maligna de China en América Latina”. En la misiva, Mast alertaba a Rubio que Jan de Nul mantenía “vínculos profundos y permanentes” con entidades estatales de China a través de Servimagnus. La carta de Mast terminaba señalando que “otorgar el contrato a un consorcio respaldado por China sería inaceptable y dañino para la seguridad nacional de la Argentina, de Estados Unidos y para la relación bilateral.
”
Desde DEME, que opera asociada a capitales norteamericanos como KKR & Co., uno de los fondos de inversión más influyentes de Wall Street, Great Lakes Dredge & Dock Corporation, la mayor empresa de dragado de Estados Unidos, y Clear Street Group, enviaron su propia carta al Consejo de Seguridad Nacional del gobierno de Trump. El destinatario de la misiva era Michael Jensen, asesor especial y director para Asuntos del Hemisferio Occidental, un área clave de monitoreo de la Doctrina Donroe en América Latina. La carta denunciaba “condiciones desiguales” y un “claro sesgo contra la inversión respaldada por EEUU”, y pedía que Washington interviniera “antes de que la licitación avance hacia un resultado final” (Perfil, 23/5). DEME, que denuncia la influencia china detras de Jan de Nul, en su plan de monitoreo y videovigilancia para la navegavilidad propuso la implementación de 104 cámaras multiespectrales Raythink PM7S4, pertenecientes a una empresa que tiene sede en Shandong, China.
En una reunión que no tuvo trascendencia en los medios, realizada el pasado 21 de mayo, los directivos de Jan De Nul le aseguraron al embajador estadounidense Peter Lamelas, que las acusaciones sobre la presencia de componentes o empresas chinas en su proyecto eran totalmente infundadas y se mostraron “preocupados” por la intromisión de capitales chinos. A su vez le reafirmaron a Lamelas que sumarían tecnología e insumos nortaemericanos a la logística.
Por su parte, autoridades de la embajada china expresaron su “profundo rechazo a cualquier tipo de práctica discriminatoria contra las empresas chinas” y cuestionaron las “especulaciones infundadas” sobre la participación de compañías vinculadas a Beijing en la Hidrovía.
En la licitación de la Hidrovía también se cuece la interna entre las facciones “menemokarinista” y “caputista”. Jan de Nul, ademas de congraciarse con el capital norteamericano, tiene cercanos intereses con grupos de la burguesía vernácula.
Entre las firmas que aparecen como apuntadas para dar operatividad en la Hidrovía se encuentran el Grupo Neuss, de los hermanos Juan y Patricio Neuss, que se han hecho de varias licitaciones estatales durante el gobierno liberticida, en los sectores energético y petrolero. Los Neuss son muy cercanos a Santiago Caputo, quien aprovecho su reciente viaje a los EE. UU. para operar en favor de su propia facción. Detras de DEME, en cambio, se encuentra la pandilla encabezada por Martín Menem y Karina Milei. Días atrás, el periodista Marcelo Longobardi, que recogió estas versiones, calificó a la Hidrovía como el “estrecho de Ormuz” de Argentina.
El Gobierno busca dar por terminada la licitación para asegurar la cadena de suministros a los capitales norteamericanos y satisfacer las exigencias del capital agroexportador y de la “patria contratista”, quienes buscan reforzar el control del comercio, el contrabando y la apropiación de recursos naturales a manos de las grandes cerealeras y el Comando Sur, que ya opera en el río Paraná por medio de técnicos militares, dando cuenta de la importancia estratégica del Río Paraná en el cuadro de la guerra mundial.
Lucas Giannetti
02/06/2026














