lunes, mayo 04, 2026

Adolfo Aristarain (1943-2026)


El cineasta argentino Adolfo Aristarain falleció este domingo en Buenos Aires a los 82 años. Su muerte representa el cierre de una trayectoria clave para el cine en castellano, tanto en Argentina como en España, donde elaboró parte de su carrera. 
 Desarrolló un total de 11 películas y en otras seis trabajó como asistente. Entre sus realizaciones hay clásicos como “Tiempo de revancha” (1981), filmada en plena dictadura militar; “Un lugar en el mundo” (1992) y “Martín (Hache)” (1997). Durante sus últimos 20 años, el director argentino no avanzó con ningún proyecto. En una entrevista a El País de España en 2024, Aristarain explicó los motivos por los que no se había abocado a una nueva filmación. “A partir de 2010 paré. Y más tarde desarrollé la idea de hacer una historia de [Astor] Piazzolla. Pero en 2019 me operaron del corazón y recién hace un mes terminé la recuperación (…) Cuando tenía que arrancar con la recuperación, empezó la pandemia. Fui sondeando dónde conseguir el dinero, pero no calculé que la película era demasiado cara”, destacó.
 Recientemente había recibido una importante distinción: la Medalla de Oro 2024 otorgada por la Academia de Cine por ser uno de los nombres fundamentales en la historia del cine en español. Aristarain, nacido en 1943 en el barrio porteño de Parque Chas, fue el primer realizador argentino en recibir este reconocimiento, que la Academia de Cine justificó por su contribución central al cine argentino y su destacado aporte a la cinematografía en castellano. Entre los galardones que resaltan en su carrera figuran el Goya a la Mejor Película Iberoamericana por “Un lugar en el mundo” y el Goya al Mejor Guion Adaptado por “Lugares comunes”. 
 El director reveló en varias oportunidades que su destino en el cine emergió después de aceptar que no podría convertirse en un buen trompetista, destino que imaginó durante años antes de dedicarse completamente al séptimo arte. Entre sus realizaciones, “Un lugar en el mundo” no sólo fue un éxito entre la crítica y público, sino que también quedó vinculada a uno de los sucesos más insólitos de los premios Oscar: la primera descalificación en la historia de los galardones otorgados por la Academia de Hollywood.
 Estrenada en 1992, “Un lugar en el mundo” obtuvo un recorrido internacional sobresaliente y representó a la Argentina en distintos festivales y premiaciones. Sin embargo, su sendero hacia los Oscar fue diferente. Para participar en la categoría de Mejor película hablada en lengua extranjera, cada país debe designar una única película como representante oficial. Ese año, la Argentina decidió postular otro filme (“El lado oscuro del corazón”, de Eliseo Subiela) por lo que “Un lugar en el mundo” quedó fuera de la selección local, a pesar de su reconocimiento en San Sebastián, por ejemplo, donde se quedó con la Concha de Oro y el premio OCIC. 
 “Una vez que ´Un lugar en el mundo´ quedó afuera, ¿qué hacía? ¿Me quedaba en casa a llorar?", explicó el director para quien, junto a los productores del filme, sabían que tenían una obra con mucho potencial entre manos. Y, en medio de la rabia, se les ocurrió un plan maestro: llevar su película al Oscar representando a Uruguay. La estrategia dio sus frutos al principio. La Academia de Hollywood aceptó la postulación y el filme progresó en el proceso hasta ser una de las oficialmente nominados. Sin esperar a que se desate una polémica, Aristarain decidió adelantarse y explicar la decisión. 
 La película no sólo tenía inversores uruguayos, sino que su mujer, Kathy Saavedra, coguionista y vestuarista, era uruguaya, por lo cual, en los papeles, podría caber su participación en los galardones de la Academia. Y aunque en un comienzo todo iba bien, la situación cambió repentinamente. Tras una revisión más puntillosa, la Academia concluyó que la participación uruguaya no era mayoritaria y que, en esencia, se trataba de una producción argentina. 
 Como cada país solo puede designar una película, y la Argentina ya tenía representante ese año, el filme quedó inmediatamente fuera de competencia. Más allá de ese episodio, la película ya había consagrado su prestigio internacional y con el tiempo pasó a ser uno de los títulos más emblemáticos de la filmografía de Aristarain. El relato, centrado en una comunidad del interior y sus tensiones sociales, trascendió la polémica y se mantuvo como una referencia del cine argentino. 
 En cierta oportunidad, Aristarain declaró que se divertía como loco filmando y que tenía ganas de filmar, si hubiera una historia que le interesara. Esa inquietud, profundizó, “es una mezcla de todo. Es el cine que ves como espectador. El que ves filmar. Todo lo que leés, novelas, cuentos, historietas, un mundo del que no salís. Estaba metido en eso, no hacía otra cosa. Veía y leía mucho. Dentro tuyo se forma un gusto particular que desemboca en esto. Pero no creo en el cine que no cuente nada.”
 Entre los nombres más convocados y admirados por Aristarain figuran actores y actrices como Federico Luppi, José Sacristán, Mercedes Sampietro, Eusebio Poncela, Aitana Sánchez-Gijón, Cecilia Roth, Juan Diego Botto y Susú Pecoraro. El director dedicó atención especial a sus intérpretes, convencido de que sin ellos “hubiera sido imposible hacer películas”. 
 Su respeto por directores como John Ford y Alfred Hitchcock se reflejó decisivamente en su estilo narrativo. Sin embargo, en cuanto a la actualidad del cine hollywoodense y la abundancia de efectos especiales, Aristarain puso el acento una vez más en la importancia de una buena historia. Sobre ese punto, en otra ocasión declaró que “el asunto de los efectos especiales me parece que no le mueve un pelo a nadie, porque llegó un punto en que pueden hacer cualquier cosa, terremotos, tsunamis, destruir una ciudad entera. Todo muy bien hecho, sí, pero ¿qué cuentan?”. 

 Sergio Escalas 
 28/04/2026

Luis Puenzo: luz, cámara, acción


Leopoldo Torre Nilsson, Fernando Birri, Juan José Campanella, Adolfo Aristarain, Pino Solanas, Leonardo Favio, Lucrecia Martel, Lucía Puenzo, María Luisa Bemberg, Clarisa Navas… y se podría seguir enumerando lo que el séptimo arte en Argentina ha dado y sigue recogiendo en la actualidad. A grandes nombres en el rol de la dirección, desde los clásicos hasta los más jóvenes. Pero por supuesto, el listado cometería una falta grave si no incluyera el nombre de Luis Puenzo, afamado director que falleció este martes a los 80 años. 
 En la memoria histórica que conserva el cine sin diferenciación de fronteras, el nombre de Luis Puenzo siempre estará vinculado con un tiempo, un lugar y una película. Como artífice de “La historia oficial” tuvo el objetivo de revelar al mundo desde la pantalla la oscura realidad que se impuso a sangre y fuego en nuestro país durante la última dictadura militar. Con “La historia oficial” alcanzó en su carrera la cima del reconocimiento artístico internacional, laureada en una fecha marcada por el destino (el 24 de marzo de 1986, diez años exactos después del último golpe de Estado en la Argentina) con el Oscar a la mejor película extranjera, reconocimiento que también lo tuvo junto a Aída Bortnik en una nominación al Oscar en la categoría de mejor guión original.
 Cuando subió al escenario para recibir el galardón, no había manera de evitar el tema. Puenzo tampoco quería eludirlo y, por otro lado, ya sabía que su discurso iba a resonar a nivel mundial. “Al mismo tiempo que estoy aquí, sobre este escenario, aceptando este honor, no puedo dejar de recordar que otro 24 de marzo, hace hoy diez años sufrimos el último golpe militar en nuestro país. Nunca olvidaremos esta pesadilla, pero ahora estamos empezando a tener nuevos sueños. Gracias”, expresó emocionado.
 Puenzo había comenzado a pensar la película en 1982, cuando las parcas sangrientas de verde oliva todavía estaban en el gobierno. El año del estreno de “La historia oficial” fue el mismo del Juicio a las Juntas. El filme, con el que el público definitivamente lo reconoció, cuenta con un elenco de primera magnitud, entre otros, Norma Aleandro, Héctor Alterio, Chunchuna Villafañe, Hugo Arana, Patricio Contreras y Chela Ruiz, en los roles centrales, más la niña Analía Castro, y Pablo Rago (el único actor que está en las dos películas argentinas que ganaron el Oscar, ya que también participó en “El secreto de sus ojos”, de Juan José Campanella) ganaba el premio más importante al que podía aspirar el cine argentino por primera vez en toda su historia.
 La trama de la icónica película se basa en el matrimonio que componían Alicia Marnet de Ibáñez (Norma Aleandro), profesora de historia de un colegio secundario, y Roberto (Héctor Alterio), un exitoso abogado. Ambos tienen una hija adoptiva, Gaby (encarnada por Analía Castro, que cuando la rodó tenía 4 años). Poco a poco, Alicia empieza a sospechar que Gaby es hija de desaparecidos. El relato abonó al dialogo con la lucha, desde sus inicios, de las madres y familiares de desaparecidos, aportando a la construcción de las libertades democráticas. 
 Luego de La historia oficial, Puenzo avanzó en su carrera con otros títulos: “Gringo viejo” (1989), adaptación de la novela del escritor Carlos Fuentes, una producción internacional rodada en México con capitales de Hollywood, que contó con las actuaciones de Jane Fonda, Gregory Peck, Jimmy Smits y Patricio Contreras, que estaba ambientada en los años de la Revolución Mexicana. 
 Le sucedió otra coproducción internacional, entre nuestro país, el Reino Unido y Francia. Se trató de “La peste” (1992), basada en la novela homónima de Albert Camus, donde Puenzo adaptó el guion y dirigió a un elenco encabezado por William Hurt (que encarnó al doctor Bernard Rieux), Robert Duvall y Raúl Juliá. La película rodada en San Telmo, La Boca y Monserrat, además de Constitución, Morón, Dock Sud y Chacarita, se trató de dos periodistas franceses que llegan a una ciudad sudamericana asolada por la peste en la que los enfermos se suman de a miles.
 La última realización de Puenzo fue “La puta y la ballena” (2004), largometraje rodado entre la Argentina y España, y que protagonizaron Leonardo Sbaraglia y Aitana Sánchez-Gijón junto a Miguel Angel Solá, Carola Reyna y Pompeyo Audivert. En los años siguientes se lanzaría más a su rol como productor en varios filmes argentinos dirigidos por sus hijos Lucía Puenzo (“Wakolda”, “El niño Pez”, “XXY”) y Nicolás (“Los últimos”), más “Infancia clandestina”, de Benjamín Ávila, “Planta madre”, de Gianfranco Quattrini, y “El faro de las orcas”, de Gerardo Olivares, con Maribel Verdú y Joaquín Furriel. 
 Además de su rol como autor y realizador, Puenzo tuvo participación activa en la política audiovisual argentina, ya que, en 1994 fue un actor decisivo en la redacción de la Ley de Cine (Ley Nº 24.377/94), que estableció la autarquía del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) y la forma de financiamiento, lo que dio un impulso a la producción de películas. También fue uno de los miembros fundadores de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina en 2004, mientras que, entre fines de 2019 y abril de 2022, se desempeñó como presidente del INCAA.
 Según declaró en alguna oportunidad, no fue a ninguna escuela de cine porque apenas terminó el secundario, pero le parecía que era necesario transmitir lo propio a otros. Se identificó, de este modo, con una generación de realizadores (integrada entre otros también por Adolfo Aristarain y Carlos Sorín) que se propuso el ejercicio de innovar mucho más desde los aspectos técnicos y menos a través de la estética, porque se dedicaron a honrar una gran historia. Subrayó, entonces, que el cine argentino es tan fuerte por su tradición de un siglo sin interrupciones y por eso mismo el más importante del continente. 
 Despedir a Luis Puenzo implica también volver a ver sus ficciones, no como piezas de museo, sino como intervenciones vivas. Como un ejemplo de ello, está un fragmento de “La historia oficial” en la que Norma Aleandro está callada durante toda la escena, con la mirada absorta, sin una línea en el guión, tan solo escuchando el monólogo de Chunchuna Villafañe en el que relata el horror, los vejámenes a los que había sido sometida a manos de los represores, en la piel del personaje que encarna, por medio de un solo plano. Lo central, era lo dicho y la escucha, como todo lo que ella le dice, le empieza a generar las dudas. 

 Sergio Escalas
 24/04/2026

El Fondo de Asistencia Laboral (FAL) pone en marcha la liquidación del sistema indemnizatorio


Al aceptar la apelación del Gobierno para que entren en vigencia los 82 artículos de la reforma laboral que estaban suspendidos, la Cámara de Trabajo abrió paso a que se ponga en marcha el FAL (Fondo de Asistencia Laboral).
 Aun cuando no tiene la reglamentación final, el FAL es, en bruto, una reproducción -a nivel nacional- de la Ley 22.250 vigente para los trabajadores de la Construcción, aprobada el 11 de julio de 1980 bajo el gobierno de Jorge Rafael Videla, gracias a uno de los más siniestros personajes de la burocracia sindical, Rogelio Coria. 
 El Fondo de Asistencia Laboral (FAL) estará destinado a financiar las indemnizaciones. El gobierno pretende ponerlo en marcha este próximo mes de junio, lo que desatará una feroz lucha intercapitalista entre las distintas aseguradoras por la administración de los fondos. Al igual que lo ocurrido con las AFJP, el gobierno se ilusiona con alimentar un ´mercado de capitales´ con los aportes destinados a financiar despidos, los cuales, en definitiva, se descontarán de la recaudación de la ANSES. Por eso dice La Nación (24/4), hay "clima de expectativa" en la City porteña. "Desde la eliminación de las AFJP en 2008, mismo año en el que estalló la crisis financiera global, el mercado de capitales argentino se quedó sin el principal demandante de activos de largo plazo. Para las sociedades de bolsa, esa dinámica podría cambiar con este nuevo instrumento, que inyectará al mercado entre US$2500 y US$4000 millones cada año". Inmenso botín que se embolsarán a costa de los trabajadores activos y jubilados y que además significará un golpe enorme perjudicial para la seguridad social del Estado ya que, como compensación, les van a reducir los aportes previsionales que hacen los patrones. 
 El aporte al FAL, calculado sobre las cargas sociales, será del 1% para las grandes compañías y del 2,5% para las pequeñas y medianas empresas (Pymes). La idea “liberticida” sobre el FAL es su sostenimiento a largo plazo.
 En un cuadro comparativo vemos que hoy la indemnización de un trabajador de la construcción es un 60% menos de lo que cobraba un metalúrgico con la ley recientemente derogada. Esta brutal reducción se produce porque a partir de ahora se calcularán las indemnizaciones en base al salario básico más alto del año, o sea sobre un salario sin premios ni aguinaldo ni vacaciones. 
 En la industria en general, el salario es un “conformado” que incluye premios de producción, de presentismo y otros adicionales que constituyen entre un 40 y 45% del sueldo que se percibe. 
 La burocracia sindical en este punto es la autora intelectual del FAL. El propio Milei tomó el modelo de la UOCRA para implementarlo. Esa es la “contribución” de Gerardo “Batallón 601” Martínez, el “representante de los trabajadores” en la OIT para reventar el sistema de indemnizaciones.
 Cuando se hicieron las AFJP y luego las ART, muchos sindicatos crearon sus propias aseguradoras. Hoy la UOCRA integra el IERIC, que es el fondo de cese laboral de ese sindicato, y, a su vez, también una “caja” de la UOCRA. No sería raro que aparezcan “fondos” asociados con la burocracia en otros sindicatos. 
 A las patronales las eximieron, a través de las ART, de pagar el costo de los accidentes o de las enfermedades laborales. Con el FAL, las eximirán de pagar un despido sin causa. Esto aumentará el poder de deshacerse de un trabajador más fácilmente.
 El FAL es la libertad absoluta para despedir sin causa, con el aval de la burocracia sindical, . La clase obrera deberá terminar con los engendros de las ART o los FAL. Milei y su “liberticidio” pueden ser un pasajero fugaz en la política argentina si emerge en el país una huelga general para reconquistar los derechos de los trabajadores. Seguramente esta sea una de las tareas más importantes de la clase obrera en este momento político.

 Juan Ferro
 30/04/2026

Trump alinea a toda América Latina en el asalto sobre Cuba


Sobre la llegada a la Argentina del jefe del Comando de Operaciones Especiales Sur de los Estados Unidos. 

 En el marco de los ejercicios militares conjuntos Daga Atlántica y Passex, que se realizaron en aguas de la zona Económica Exclusiva Argentina en el Atlántico Sur, Milei recibió al jefe del Comando de Operaciones Especiales Sur de los Estados Unidos, contraalmirante Mark A. Schafer. Schafer se encuentra al frente de dos buques militares y de los movimientos de adiestramiento, que son parte de una campaña más grande denominada Southern Seas 2026, la cual comenzó en el hemisferio Norte y ya tuvo paradas en México, Ecuador, Chile y la Argentina; posteriormente lo harán con Brasil. 
 El Daga Atlántica y Passex son ejercicios conjuntos intensivos, en los que participan unidades navales y aeronavales que realizan operaciones de comunicación, evoluciones tácticas, instrucciones en navegación y defensa aérea, que tienen como objetivo últim aceitar la operatividad conjunta para posibles escenarios de conflicto. Esto último se ve amplificado en el escenario de guerra imperialista, en la que Argentina se encuentra como país beligerante por el alineamiento de Milei con Trump y Netanyahu en la conflagración que se desarrolla en Medio Oriente.
 En ese intercambio, las unidades navales y aeronavales desarrollaron un programa intensivo conjunto. En los ejercicios recientemente realizados se incorporaron por parte de Argentina los 24 aviones F-16 comprados a Dinamarca a través de la intermediación de los Estados Unidos. 
 El gobierno liberticida, por medio del DNU 264/26, autorizó la entrada de tropas estadounidenses. En el DNU en cuestión se puede leer que estos ejercicios servirán para “mejorar la interoperabilidad y la integración doctrinal, fortaleciendo nuestra capacidad de operar en escenarios combinados, defendiendo espacios de jurisdicción nacional y áreas de interés estratégico, y además ayuda a estandarizar los procedimientos operativos, facilitando la participación de las Fuerzas Armadas argentinas en futuras operaciones multinacionales” y a su vez “fortalecen la imagen internacional de la Argentina como un socio confiable en materia de estabilidad regional y seguridad global”.
 Si bien el proyecto de ley fue enviado al Congreso para su tratamiento, la cámara baja no le dió tratamiento, convirtiendo a la oposición parlamentaria en cómplice necesaria de la entrada de tropas estadounidenses, lo que fue utilizado por el gobierno para recurrir al mecanismo excepcional del decreto de necesidad y urgencia. 
 En la mañana del jueves 30, Milei partió desde Aeroparque para luego arribar al portaaviones nuclear USS Nimitz, que se encontraba navegando en las proximidades de Mar del Plata, a fin de participar de una actividad conjunta organizada por el Comando de Operaciones Especiales Sur, como parte de los ejercicios navales de la operación conjunta Passex. Milei estuvo flanqueado por Karina Milei y el ministro de Defensa, teniente general Carlos Presti, y el canciller Pablo Quirno. También fueron parte de la comitiva el jefe del Estado Mayor Conjunto de las FFAA, almirante Marcelo Alejandro Dalle Nogare, y el jefe de la Armada, almirante Juan Carlos Romay. 
 Al frente del Comando de Operaciones Especiales del Sur se encuentra el contraalmirante Schafer, una extensión del Comando Sur de los Estados Unidos, que tiene bajo su égida la planificación y ejecución de los despliegues militares en la región, con operatividad en 31 países.
 En el buque de guerra, Milei se encontró con Schafer, el capitán Joseph J. Furco y el embajador estadounidense en la Argentina, Peter Lamelas. El liberticida recorrió la cubierta del portaaviones y participó de una operación aérea de aeronaves F-18 y helicópteros MH-60 Seahawk, que son parte del ejercicio Passex. Carlos Presti señaló en sus redes sociales que los ejercicios conjuntos "fortalecen la cooperación, la interoperabilidad y el trabajo conjunto entre la Argentina y Estados Unidos”. La “visita” de la delegación argentina funcionó como una ratificación del rabioso alineamiento de los liberticidas con los Estados Unidos y, en consecuencia, con Israel. 
 Los ejercicios se desarrollaron aprovechando “el tránsito de los buques de guerra por aguas jurisdiccionales” (La Nación, 30/4) y se extendieron desde el lunes hasta el jueves 30. El ejercicio Passex, del que participaron marines miembros de “grupos de batalla”, posibilitó que el portaaviones USS Nimitz y el destructor Gridley, ingresaran a aguas argentinas el lunes desde el Océano Pacífico y navegaran a través del Estrecho de Magallanes. 
 Desde el Ministerio de Defensa señalaron que “a medida que el grupo de combate aeronaval estadounidense avanzó hacia el Atlántico Sur y se aproximó al litoral marítimo argentino, comenzó el trabajo conjunto en aguas jurisdiccionales nacionales, mediante la ejecución del ejercicio Passex 2026”. 
 Al entrar en aguas argentinas se incorporaron al ejercicio dos helicópteros Sea Kimg, de la II Escuadrilla Aeronaval de Helicópteros y luego zarparon de Puerto Belgrano el destructor ARA La Argentina y la corbeta ARA Rosales, que a la altura de Trelew participaron de ejercicios con mayor grado de dificultad. Por su parte el avión P3Orion hizo un vuelo de exploración y se montó un escenario de defensa antiaérea. Luego, las unidades se acercaron a Necochea, donde los esperaban el destructor ARA Sarandí, la corbeta ARA Robinson y los patrulleros oceánicos ARA Cordero y ARA Storni, que se desplazaron a las cercanías de Mar del Plata (Ídem). 
 En paralelo se realizó la operación Daga Atlántica, que contó con la presencia de Fuerzas Especiales de EE. UU. y se llevaron a cabo en la Base Naval Puerto Belgrano, la Guarnición Militar Córdoba y la VII Brigada de la Fuerza Aérea, en la localidad bonaerense de Moreno, donde se hizo presente el contraalmirante Schafer, en una clara señal de la subordinación en la que el gobierno liberticida ha sumido a las FF.AA.. Reafirmando esta condición Peter Lamelas expresó en sus redes sociales que “Nuestros países son más fuertes cuando trabajamos juntos. La visita del contraalmirante Shafer reafirma el valor de la relación entre nuestras fuerzas de operaciones especiales y continúa fortaleciendo la cooperación en defensa entre Estados Unidos y la Argentina. Una Argentina más fuerte hace a toda la región más segura”. 
 Los movimientos militares de EEUU en el país y en la región tienen como estación final el control en regla del Atlántico Sur, que ha tenido como iniciativa la puesta en pie de una Base Naval Integrada en Ushuaia, fundamental para tender un puente a la Antártida y presentarse como el gendarme del Estrecho de Magallanes, en medio de la guerra comercial con China, para asegurar la vigilancia del corredor bioceánico. Pero en el corto plazo, los movimientos militares en toda América Latina apuntan a reforzar el asedio sobre Cuba y sumir a la isla en una crisis terminal, con el propósito de instaurar un protectorado de facto. Como alternativa a esta imposición, Trump ha amenazado con convertir el bloqueo en una invasión militar. Milei y todo el régimen político, que no ha denunciado los ejercicios militares ni lo harán, son responsables de asfaltar la política trumpista sobre Cuba, Venezuela y América Latina en su conjunto. 

 Lucas Giannetti 
 02/05/2026

domingo, mayo 03, 2026

Filosofía de la tregua, no se suspende la guerra cognitiva


Eso que denominaron “tregua”, promovida por Donald Trump —independientemente de su alcance táctico o su densidad diplomática— no impide, ni tiene la capacidad de impedir, la dinámica profunda de la guerra cognitiva. Porque esta no depende de ceses al fuego territoriales ni de acuerdos militares convencionales, su campo de batalla es la subjetividad social, su munición son los signos, y su objetivo estratégico es la colonización del sentido.
 Entendemos que la guerra cognitiva no tiene límites debido a que no se guía por los ritmos perceptibles del conflicto bélico, sino por la persistencia estructural de la contienda ideología. Aunque una tregua militar podría conllevar la suspensión temporal de bombardeos o incursiones, la ofensiva mediática —que comprende operaciones de desinformación, manipulación semántica, saturación simbólica y fabricación de consensos— se intensifica precisamente en esos intervalos, donde la apariencia de “paz” abre las condiciones idóneas para la reconfiguración del relato predominante. 
 En ese sentido, la tregua no es un paréntesis, sino un dispositivo. Funciona como signo político que reorganiza percepciones, reordena jerarquías de credibilidad y legitima actores. Bajo la lógica de la guerra cognitiva, todo anuncio de distensión puede convertirse en una operación de reposicionamiento discursivo: quién aparece como pacificador, quién como obstáculo, quién como amenaza latente. No se trata de hechos aislados, sino de una arquitectura semiótica donde cada gesto diplomático es simultáneamente un mensaje dirigido a audiencias múltiples. 
 En este punto se encuentra una contradicción esencial: mientras se declara la suspensión de hostilidades materiales, se intensifica la generación de narrativas beligerantes. La tregua, lejos de neutralizar la confrontación, la desplaza al terreno simbólico, donde los costos son menos visibles pero no menos decisivos. La guerra cognitiva no destruye infraestructuras físicas, pero desarticula tejidos sociales, erosiona la capacidad crítica y naturaliza relaciones de dominación. 
 Esta continuidad ofensiva se sostiene en aparatos mediáticos transnacionales que operan como verdaderas fábricas de sentido. No se limitan a informar, construyen realidades. Seleccionan qué acontecimientos existen públicamente, cómo deben interpretarse y qué emociones deben suscitar. En ese marco, la tregua puede ser narrada como victoria, como concesión o como engaño, dependiendo del posicionamiento ideológico de quien controla los dispositivos de emisión.
 Desde el punto de vista materialista de la semiosis, la guerra cognitiva no se considera un fenómeno secundario, sino que es un elemento constitutivo del modo de producción actual. La acumulación capitalista no sólo requiere plusvalor económico, sino también plusvalorsimbólico, adhesión, consentimiento, obediencia internalizada. La tregua, entonces, puede ser funcional a la reproducción de ese orden, al ofrecer una ilusión de racionalidad y control en medio de una estructura que sigue generando violencia sistémica. 
 No debe subestimarse el carácter disciplinador de estas operaciones. La tregua, presentada como gesto magnánimo, puede actuar como mecanismo de neutralización de la crítica. Quien cuestiona su autenticidad corre el riesgo de ser etiquetado como extremista o desestabilizador. Así, la guerra cognitiva no sólo produce relatos, sino que delimita los márgenes de lo decible. 
 Afirmar que la tregua no incluye la guerra cognitiva no es una denuncia coyuntural, sino una constatación estructural. Mientras exista una lucha por la hegemonía del sentido, mientras la producción simbólica esté concentrada en manos de poderes que responden a intereses de clase, la ofensiva mediática no sólo no se detendrá, se sofisticará.
 Porque la verdadera interrupción de la guerra cognitiva no puede decretarse desde arriba, ni firmarse en acuerdos bilaterales. Exige una transformación radical de las condiciones de producción del sentido, una democratización real de los medios y una praxis crítica capaz de disputar la semiosis dominante. Sin ello, toda tregua será apenas una pausa en el ruido de las armas, pero no en el murmullo persistente de la dominación. Una “tregua” no tiene precio fijo porque no es una mercancía homogénea, sino una relación de fuerzas en movimiento. Aun así, se puede construir una aproximación hipotética multidimensional que permita dimensionar órdenes de magnitud. Un gasto militar directo (lo que se deja de gastar o se redistribuye) puede fluctuar entre 100 y 500 millones de dólares diarios, en términos de combustible, logística, municiones, despliegues, inteligencia. 
Una tregua de 30 días implicaría, en apariencia, una “pausa” de entre 3.000 y 15.000 millones USD. Sin embargo, esto es engañoso: gran parte de ese gasto no desaparece, se reprograma (mantenimiento, rearme, reposicionamiento). También hay un costo de reposicionamiento estratégico (lo que se invierte durante la tregua). Las treguas suelen representar periodos de reestructuración intensiva. Entrenamiento, reabastecimiento, guerra electrónica, ciberoperaciones. Ese costo puede representar entre un 30 % y un 70 % del gasto bélico activo, es decir, miles de millones adicionales. La tregua no abarata necesariamente la guerra: la optimiza. Eso tiene impacto en mercados globales (energía, finanzas, seguros). Una tregua impulsada o capitalizada políticamente —como las asociadas a figuras como Donald Trump— puede mover mercados en cuestión de horas. Variaciones en petróleo y gas: 1 %–5 % diario, lo que implica decenas de miles de millones en capitalización; reducción temporal de primas de riesgo: beneficios financieros concentrados en grandes fondos.
 Y la tregua puede incluso incrementar la inversión. Campañas mediáticas, operaciones psicológicas, manipulación de redes, producción narrativa. Grandes potencias destinan a este frente cifras que, indirectamente, pueden estimarse en cientos de millones o miles de millones USD anuales. Durante una tregua, ese gasto no se detiene: se intensifica, porque es el momento de disputar el relato de la “paz”. Si se forzara una cifra agregada —con todas las reservas del caso—, una tregua de corto plazo en un conflicto de alta intensidad podría implicar: Entre 5.000 y 20.000 millones USD en dinámicas económicas directas e indirectas (no ahorro real, sino redistribución). Impactos financieros globales que pueden superar decenas de miles de millones en valorización o pérdida de activos. Un costo humano y simbólico incalculable, que es donde realmente se juega su sentido histórico. La conclusión es incómoda pero necesaria: la tregua no tiene un “precio” en el sentido clásico; tiene una función dentro del metabolismo del conflicto. Más que cuánto cuesta, la pregunta decisiva es quién paga, quién cobra y quién redefine el sentido de lo ocurrido. Porque ahí, en esa contabilidad no declarada, es donde la tregua revela su verdadera economía. Hay que transparentar el financiamiento de las guerras. 

 Fernando Buen Abad Domínguez | 14/04/2026

¿Sigue Cuba?

¿Cuál es el plan contra Cuba? ¿Bombardear, en medio de la noche, al pueblo que descansa? ¿Asaltar la residencia presidencial y secuestrar al mandatario? ¿Someterlo a juicio en Miami con cargos de “narco-terrorismo”? Amenazar a Cuba para que naturalicemos imágenes invasoras espectaculares tipo Rambo —bombardeos nocturnos, asaltos quirúrgicos, capturas teatrales— que condensan lo que, en la práctica,funciona como un bloqueo persistente, menos visible y, por ende, más eficaz. Se trata de una forma de coerción insoportable e inaceptable, que se manifiesta como una ingeniería del odio prolongado y que combina instrumentos bélicos con económicos, jurídicos, diplomáticos y comunicacionales. En ese marco, ¿la figura de Miguel Díaz-Canel es el centro de una operación de captura, para la sustitución de un dirigente y la reconfiguración de las condiciones materiales y simbólicas que sostienen el orden social revolucionario de Cuba? 
 Esa amenaza de Trump pertenece a un repertorio clásico de la guerra militar directa que implica costos geopolíticos, jurídicos y reputacionales que no serían gratis para nadie. La violencia no desaparece; la reconfiguran. Y la guerra comunicacional adquiere un papel estructural. No se trata de un complemento propagandístico, sino de un campo donde se disputa la naturalización misma de las agresiones. Ahora las dificultades económicas, agravadas por el bloqueo, se presentan como evidencia intrínseca de “fracaso” socialista; todo se minimiza; los conflictos internos son inventados y encuadrados en relatos que apuntan a la deslegitimación total. La operación consiste en convertir cada signo en argumento de guerra, cada carencia en sentencia, cada tensión en prueba definitiva. El objetivo no es informar, sino configurar un horizonte de sentido en el que la única salida concebible sea la capitulación. Balas, sangre y desolación. 
 Y la eficacia de la amenaza como plan de presión, depende de su capacidad para encontrar resonancia en las cabezas más desorientadas que han sucumbido objeto de esa presión. Por cierto, el bloqueo económico incide sobre esas condiciones, pero su traducción en descontento no está garantizada. Depende de la revolución, de la capacidad de las instituciones para responder a las necesidades, y, de manera crucial, de la conciencia que la población tenga sobre las causas de sus dificultades inducidas por el bloqueo. También son violencia las estrategias de asfixia económica, presentadas a menudo como alternativas a la acción militar; no obstante, producen sufrimientos concretos: deterioro de servicios, dificultades de acceso a bienes básicos, incertidumbre cotidiana. La distinción entre guerra y no guerra se vuelve, en este sentido, ambigua. 
Trump quiere ejercer la violencia además con explosiones; manipula el tiempo, se infiltra en la vida diaria, erosiona lentamente las condiciones de reproducción social. Y amenaza. Trump, luego de las canalladas perpetradas contra Venezuela y su presidente legítimo, amenaza con avanzar contra Cuba y bajo su peinado naranja esconde bombardeos, asaltos, capturas que operan como alegorías de su ego; condensan terrores históricos y experiencias reales de intervención. Hay que fijarse en ellas para no desviar la atención de un proceso más profundo y persistente. El “plan”, no se agota en un acto espectacular; se despliega en una trama de presiones múltiples que buscan, en conjunto, reconfigurar las condiciones de una experiencia política que ha sido ejemplo de dignidad y de futuro para la especie humana. Comprender esa trama es condición para cualquier respuesta que no se limite a reaccionar ante fantasmas, sino que enfrente, con lucidez y organización, las formas concretas que adoptan las amenazas en el presente.
 Cuál es el “plan contra Cuba” es una pregunta que sintetiza la historia imperial contemporánea que operará mediante irrupciones teatrales —bombardeos súbitos, comandos nocturnos, capturas espectaculares— que condensan en un instante la aberración burguesa y su pedagogía del miedo en su fase más sofisticada, que necesita ya exhibir su violencia en un acto único; la administra, la distribuye, la naturaliza. Anhela la destrucción inmediata como contra Nicolás Maduro, que es ya un laboratorio histórico de estas prácticas. Allí se asistió a una invasión militar directa, además de una combinación de sanciones económicas, bloqueo financiero, presión diplomática, desconocimiento institucional, operaciones de deslegitimación mediática y estímulo de fracturas internas.
 ¿Irán por Miguel Díaz-Canel?, para —convertir la política en un “drama de líderes”— que facilite la deslegitimación. Sin embargo, el objetivo de Trump no es un sujeto particular, sino la destrucción de larevolución social que él encarna. Con sabor a gusano. Y la guerra comunicacional actúa aquí como dispositivo de legitimación: produce las categorías a través de las cuales la intervención se vuelve aceptable, incluso deseable. Con la invención de acusaciones de alto impacto —corrupción, narcotráfico, terrorismo—, no persigue únicamente un efecto legal; busca fijar una imagen que despoje al socialismo cubanode toda legitimidad política. La figura del enemigo criminal esconde el odio al adversario ideológico. Este desplazamiento no es menor: permite justificar medidas macabras en nombre de la legalidad, al tiempo que clausura el reconocimiento de la naturaleza política del conflicto.
 Esa amenaza de Trump se distribuye en el tiempo, se infiltra en la cotidianidad, produce desgaste físico y simbólico. Es la guerra misma que deja de ser un evento para convertirse en un ambiente. Es una gramática macabra que privilegia la erosión del asalto, la legitimación de las bombas como imposición de la estulticia desnuda. ¿Anuncian bombardeos y comandos? Esa es su forma imperial de violencia que se ejerce hoy a través de mecanismos múltiples para dejar marcadas las huellas espectaculares de su pedagogía del terror.
 ¿Sigue Cuba? Vamos a ver cuánto más resisten nuestros pueblos este circo obsceno de amenazas imperiales. La resistencia no se libraráúnicamente en el plano militar, sino en la economía, en el derecho, en la cultura, en la comunicación. No será puramente defensiva; el “plan” contra Cuba es una advertencia que nos revela cómo una continuidad histórica de agresiones imperialistas no ha mutado de forma ni de finalidad: quebrar la autodeterminación de una sociedad que decidió, en condiciones adversas, no someter su destino a la lógica del capital. La resistencia no será un plan único, lineal ni dócil; es una constelación de operaciones que se adaptarán a las coyunturas, que probarán, corregirán y reconfigurarán sus instrumentos. Lo decisivo no es la espectacularidad de un acto, sino la persistencia de una estrategia revolucionaria. Y todos tenemos un lugar ahí. Nos va la vida. 

 Fernando Buen Abad Domínguez | 04/04/2026

Palantir, un salto cualitativo de la guerra cognitiva


Palantir coagula, en su manifiesto publicado por “X” el 18 de abril de 2026, titulado “La República Tecnológica”, un salto cualitativo en la economía política de la alienación al convertir la captura, procesamiento y modelización de datos en infraestructura estratégica para la conducción de la guerra cognitiva contemporánea. Tal es un fenómeno cuya inteligibilidad exige regresar a la crítica del orden informativo internacional formulada por la Comisión Internacional para el Estudio de los Problemas de la Comunicación en el célebre Informe MacBridede 1980.
 Palantir Technologies es una corporación estadounidense establecida en el año 2003 por Peter Thiel, entre otros. Se concentra en plataformas de integración y análisis de volúmenes enormes de datos destinadas a agencias estatales, fuerzas de seguridad, defensa y corporaciones transnacionales. Expertos en fusionar bases de datos heterogéneas, modelarlas y producir inferencias predictivas que orientan decisiones operativas: desde investigaciones criminales hasta logística militar o gestión empresarial. 
 No es una empresa del tipo “herramienta neutral”; su función se inscribe en la dominación de la economía política del dato y en la expansión de dispositivos de control social propios del capitalismo y sus extremas derechas al servicio de:
 1. Vigilancia masiva y criminalización selectiva con aplicaciones de Palantir que han sido utilizadas por agencias como ICE en EE. UU. para rastrear poblaciones migrantes. La represión social con ayudas algorítmicas. 
 2. Militarización del análisis de datos y contratos jugosos con el aparato de tecnología y guerra. La “guerra cognitiva” ya no se limita a propaganda: incorpora predicción de comportamientos colectivos y modelado de escenarios sociales. Esto se aproxima a una gestión preventiva del conflicto social, donde la protesta puede ser tratada como anomalía a neutralizar. 
 3. Fusión Estado-corporación porque Palantir opera en una zona híbrida donde intereses privados y funciones estatales se superponen y suplantan, como el complejo militar-industrial-financiero-mediático-clerical, ampliado hoy a un complejo militar-informacional.
 4. Ideología tecnocrática de elitismo con libertarianismo radical y críticas, incluso a la democracia liberal burguesa. 
 5. Naturalización del control como eficiencia de sus herramientas como soluciones “objetivas” para optimizar decisiones. No se optimiza la justicia social, sino la capacidad de gestión y control del orden capitalista existente. 
 Aquí no se demoniza la tecnología, se trata de interpelar su lugar en la lucha de clases. No reforzar asimetrías estructurales de poder: que concentran conocimiento estratégico en actores privados; que amplifican capacidades de vigilancia estatal. Que convierten la vida social en dato explotable. Estas capacidades están derivando en formas sofisticadas de autoritarismo, donde la represión, que no habitualmente adopta formas visibles, opera a través de la anticipación, la clasificación y la modulación de conductas. 
 Palantir no es una “anomalía” aislada con loquitos paridos por Silicon Valley; representa una fase avanzada del capitalismo informacional donde la dominación se vuelve predictiva y preventiva. Hablar de sus “perversiones” burguesas implica señalar que, bajo ciertas orientaciones políticas, estas tecnologías pueden profundizar prácticas dictatoriales de exclusión, control y desposesión simbólica, erosionando la autonomía colectiva. La cuestión estratégica consiste en disputar el control social de estas infraestructuras, evitando tanto la ingenuidad tecnófila como el rechazo abstracto, y situando el problema donde, realmente, pertenece: en la organización del poder, la propiedad de los medios de conocimiento y la conciencia de clase que se juega en ese terreno. 
 En el Informe MacBride de 1980, ya se advertía que la asimetría en los flujos comunicacionales no constituía un accidente técnico, más bien una expresión estructural de la división internacional del trabajo simbólico y de la concentración monopólica de los medios, diagnóstico que hoy adquiere una densidad inédita bajo el régimen algorítmico. Desde esta perspectiva, la plataforma Palantir no representa únicamente una empresa tecnológica; encarna una forma específica de subsunción del conocimiento al capital, reconfigurado mediante arquitecturas de datos que secuestran sentido de la vida social en tiempo real y reinyectan ese sentido distorsionado (manipulado) en dispositivos de control, predicción y direccionamiento conductual. Tal operación inaugura un salto cualitativo en la guerra cognitiva porque desplaza el campo de batalla desde la persuasión mediática clásica hacia la modulación continua de percepciones, afectos y decisiones a escala poblacional, integrando inteligencia artificial, vigilancia masiva y análisis predictivo en una misma matriz operativa. 
 Esto permite ver cómo Palantir simboliza una fase avanzada de la subordinación real de la conciencia al capital, donde la guerra cognitiva se institucionaliza como práctica permanente de gestión social. El reconocimiento de esta realidad impone la necesidad de articular un proyecto político-comunicacional capaz de disputar el control de las infraestructuras de datos, democratizar los algoritmos y reconstruir la esfera pública desde una perspectiva emancipadora. La vigencia del Informe MacBride radica precisamente en ofrecer un marco ético y político para esa tarea, recordando que la comunicación no puede reducirse a mercancía ni a instrumento de dominación; constituye un terreno decisivo en la lucha por la dignidad humana y la justicia social. 
 Por todo esto es referencia obligada el Informe MacBride (1980). Allí se estableció la necesidad de democratizar la comunicación para garantizar un orden informativo más justo, tesis que hoy se ve confrontada por una concentración sin precedentes en corporaciones capaces de integrar datos gubernamentales, militares y comerciales bajo una misma lógica de gestión. Plataformas como Palantir operan en la intersección de la transmutación entre Estado burgués y capitalismo imperialista, configurando un complejo militar-informacional que recuerda las advertencias de Dwight D. Eisenhower sobre el complejo militar-industrial, ampliadas ahora hacia el dominio cognitivo. 
 Porque la guerra cognitiva es ya la quinta dimensión del conflicto, junto a tierra, mar, aire y ciberespacio, lo cual implica que la conciencia de clase deviene terreno estratégico donde se disputa la capacidad de interpretar la realidad. Armand Mattelart, en La mundialización de la comunicación (1996), mostró cómo la expansión de redes globales responde a intereses geopolíticos concretos; la actualización de esa tesis permite afirmar que la analítica de datos constituye una nueva fase del imperialismo informacional, donde la dependencia tecnológica profundiza la subordinación de las periferias. Bajo este prisma, la guerra cognitiva no se limita a la manipulación de información; implica la expropiación de la capacidad colectiva de producir sentido, convirtiendo la experiencia en materia prima para circuitos de valorización capitalista.

 Fernando Buen Abad Domínguez | 02/05/2026

La incursión pirata de Israel contra la Flotilla Global Sumud pone de manifiesto la vergonzosa complicidad del Gobierno griego


La agresiva incursión de Israel en pleno Mediterráneo y a 600 millas al oeste de Gaza demuestra la audacia sin límites del Estado terrorista, pero también revela su dificultad para hacer frente a una misión de gran envergadura (más de 80 embarcaciones) cerca de sus costas, especialmente en medio de las operaciones militares en el Líbano y las tensiones con Irán. Sin embargo, el hecho de que el Estado sionista lanzara este ataque en una zona que considera segura para sus acciones —entre Creta y el Peloponeso, es decir, en una zona bajo jurisdicción griega (y no en zonas al este de Creta disputadas por otros Estados)— pone de manifiesto la vergonzosa complicidad del Gobierno griego. 
 El Gobierno se escuda en la afirmación de que el ataque tuvo lugar en aguas internacionales. Sin embargo, dado que se trató de una operación militar que duró horas y puso en peligro la vida de cientos de personas —que pidieron ayuda a la guardia costera griega sin obtener respuesta alguna—, es evidente que debió haber habido conocimiento previo y coordinación con Israel, con quien, al fin y al cabo, existe una alianza militar. Este es uno de los actos más humillantes del Gobierno y del Estado griego, especialmente cuando afirman garantizar la seguridad y el control de las fronteras de la UE, llegando incluso a cometer crímenes, como el hundimiento de un barco en el que se ahogaron 700 refugiados, cuya plena responsabilidad recae en la Guardia Costera griega, muy cerca del lugar donde también tuvo lugar el ataque israelí. 
 Además, el gobierno cómplice quedó al descubierto por una publicación del genocida ministro de Asuntos Exteriores de Israel, Gideon Sa’ar, quien asumió de hecho el papel de portavoz del gobierno griego. Sa’ar, tras afirmar que la operación de las FDI tenía como objetivo impedir la violación del «bloqueo naval legal de Gaza» (!), anunció: «En coordinación con el Gobierno griego, las personas trasladadas desde los barcos de la flotilla a un buque israelí desembarcarán en una costa griega. Agradecemos al Gobierno griego su disposición a acoger a los participantes de la flotilla». 
 Son visibles los signos de palizas en las personas que el buque de guerra pirata israelí «descargó» en un pequeño puerto de Creta, en Sitia: ropa manchada de sangre, ojos magullados. En total, 36 participantes fueron trasladados al hospital de Sitia y están recibiendo tratamiento. 
 Todo lo ocurrido demuestra que la coordinación no se refiere únicamente al desembarco de los secuestrados, sino a toda la operación. Igualmente provocadora es la postura de la Comisión Europea, cuyo portavoz declaró —mientras cientos de ciudadanos de los Estados miembros han sido secuestrados— que «¡no fomentamos las flotillas como forma de entregar ayuda»! Por supuesto, prefieren los bombarderos…
 La reacción del movimiento en Grecia y otros países fue inmediata. En Atenas, tras un llamamiento de March to Gaza y muchas organizaciones (entre ellas ANTARSYA y Communist Liberation), tuvo lugar una manifestación militante ante el Ministerio de Asuntos Exteriores. 

 La misión griega de la Flotilla Global Sumud zarpará, a pesar de la incursión pirata de Israel 

 La misión griega de la mayor Flotilla Global Sumud hasta la fecha tiene previsto zarpar el 3 de mayo desde Siros, a pesar de la incursión pirata de Israel. La salida irá acompañada de una serie de actos contra la guerra de dos días de duración en la isla, donde colectivos y activistas locales se reunirán con cientos de participantes de todo el Mediterráneo. 
 La misión tiene como objetivo transmitir un fuerte mensaje político de solidaridad internacionalista. Pantelis V. es uno de los que se preparan para zarpar hacia la martirizada Gaza. Junto con Christini D.L., son los dos miembros de Liberación Comunista que participan en la gran delegación griega de la Flotilla Global Sumud. Pantelis afirma: «La lucha palestina es la más justa de nuestro tiempo. Lo abarca todo: es anticolonial, antiimperialista, anticapitalista. Es la vanguardia de una barbarie que se está preparando para todos nosotros. Cuando hablamos de Gaza, hablamos del Líbano, de Irán y del futuro que se avecina. Nuestro país se lucra con la sangre de los palestinos: el año pasado se transportaron a Israel 57 cargamentos de petróleo de empresas griegas, material militar para Elbit pasa por nuestros puertos, el sector inmobiliario israelí invierte en nuestros barrios, soldados de las FDI descansan en centros turísticos griegos. La contradicción —la distancia entre el pueblo y la representación política burguesa— se ha intensificado. Todo el sistema (Nueva Democracia, SYRIZA, PASOK) o bien guarda silencio o bien apoya abiertamente a Israel; no expresa la voluntad popular. La gente lo sabe y se expresa con los medios a su alcance: banderas, consignas en las paredes, huelgas en los puertos. Las empresas israelíes están comprando masivamente propiedades en el centro de Atenas y en las islas, mientras que los trabajadores no pueden permitirse pagar un alquiler ni irse de vacaciones. La misma política que desplaza a los palestinos de Cisjordania y pretende convertir Gaza en una Riviera desaloja a los jubilados en Atenas y echa a los trabajadores de sus hogares debido al aumento de los alquileres. Las luchas están conectadas, aunque no sean idénticas. Nos dijeron que la “alianza estratégica con Israel trae seguridad”. ¿Pero seguridad para quién? Para las ganancias del capital naviero y los fondos israelíes que compran barrios atenienses, para la base de la OTAN en Souda, que se está convirtiendo en un centro militar estadounidense-israelí. Para nosotros, esta misma “alianza” significa involucrarse en una guerra más amplia en Oriente Medio. Nuestra respuesta es clara: un embargo de armas a Israel. 
Grecia fuera de la OTAN. Cierre de las bases estadounidenses. Ni un solo soldado, ni un solo kilómetro cuadrado de espacio aéreo para la matanza de pueblos.

 Un contundente mensaje de solidaridad con Palestina se expresó en las manifestaciones y protestas del Primero de Mayo en todo el país.

 Los trabajadores que participaron en las manifestaciones y protestas del Primero de Mayo en todo el país enviaron un mensaje de desafío obrero y lucha subversiva por el pan, el empleo, la paz, la libertad y la emancipación de los trabajadores de la explotación, al tiempo que expresaron un fuerte mensaje de solidaridad con Palestina. 
 En Atenas, la manifestación independiente de base, organizada por sindicatos de base y colectivos obreros en los Propileos, fue multitudinaria y combativa. El cartel que circulaba en Atenas hacía un llamado a la lucha por aumentos salariales, convenios colectivos y la paz. Se oponía al gobierno, la OTAN y la militarización de la UE, y abogaba por una sociedad sin guerras ni explotación. Miles de trabajadores y jóvenes participaron en la gran marcha hacia la plaza Syntagma [frente al Parlamento griego], poniendo de manifiesto el potencial de las fuerzas radicales de base dentro del movimiento obrero. 
 “Su peor pesadilla es que la clase trabajadora organice el poder que ostenta en sus propias manos”, subraya Liberación Comunista, que añade que “la izquierda anticapitalista-comunista es la única fuerza capaz de perturbar la política de consenso de los partidos burgueses y su servicio a los intereses del capital. Esto se debe a que está presente en las luchas desde su estallido y busca darles una perspectiva subversiva. Promueve la lucha común de todos los sectores combatientes. No teme afirmar que el capital debe perder riqueza y poder para que los trabajadores puedan vivir; por lo tanto, todos los bienes públicos y las empresas de importancia estratégica deben ser nacionalizados”.
 También se celebró una manifestación del Primero de Mayo de carácter clasista en Salónica. Cabe destacar la importante iniciativa internacionalista de Liberación Comunista, que formó un bloque conjunto con la organización Amanecer Socialista de Macedonia del Norte, enviando un contundente mensaje de acción obrera internacionalista en los Balcanes.

 Texto de Liberación Comunista (KA) de Grecia.

El atentado fallido en Estados Unidos y la “retórica de odio”


Artera campaña de la Casa Blanca y de Milei. 

 La Casa Blanca se lanzó a una campaña de victimización y descrédito contra la oposición y “la izquierda” –que en Argentina secundó el presidente Javier Milei- tras la irrupción de un hombre armado en la cena anual de corresponsales de prensa, en Washington, el sábado último, donde, según funcionarios estadounidenses, habría intentado agredir al presidente Donald Trump y otros funcionarios del gobierno presentes. 
 El atacante, un profesor de 31 años, llamado Cole Tomas Allen, oriundo de Los Angeles, traspasó un cordón de seguridad en el hotel donde se desarrollaba el evento y se tiroteó con agentes del Servicio Secreto. Todd Blanche, el fiscal general adjunto de Estados Unidos, asegura que Allen fue reducido antes de ingresar al salón de actividades. Tras la activación de un protocolo de emergencia, Trump y otros funcionarios fueron retirados del lugar. 
 El gobierno estadounidense sostiene que el agresor –al que Trump calificó como un “loco” y un “lobo solitario”- tenía un plan para atacar a miembros del gobierno y que habría enviado, inclusive, un documento previo a su familia explicando los motivos. Dicho documento, difundido por el diario New York Post, señala entre sus objetivos a “funcionarios de la administración priorizados desde el rango más alto hasta el más bajo”. Contiene algunas críticas, aparentemente dirigidas contra Trump (“no estoy dispuesto a permitir que un pedófilo, violador y traidor manche mis manos con sus crímenes”), y detalla parte de la logística de su plan, como el alquiler previo de una habitación en el Hotel Hilton. 
 Este lunes 27, la vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, responsabilizó al “culto de odio de la izquierda” y la oposición por el fallido atentado. “Esta violencia política surge de una demonización sistémica por parte de comentaristas, y eso incluye a parte de los demócratas y ciertos medios. Esta retórica de odio, constante y violenta, dirigida contra el presidente Trump día tras día, durante 11 años, ha contribuido a legitimar esta violencia y nos ha conducido a este momento sombrío”. También dijo que “aquellos que, de manera constante y falsa, tildan al presidente —y lo calumnian— de fascista o de amenaza para la democracia, comparándolo con Hitler con el único fin de obtener réditos políticos, están alimentando este tipo de violencia" (citas de El País, 27/4). El comunicado de la Oficina del Presidente del gobierno argentino y los tuits de Milei van en el mismo sentido: aluden a “la retórica violenta de la izquierda en todas partes del mundo que promueven este tipo de ataques”, o a que “la izquierda nunca podrá debatir (…) son violentos y prefieren atentar contra las personas que piensan distinto”, etc.
 La homologación que hace este discurso entre el autor del fallido atentado y la oposición estadounidense y la izquierda es completamente arbitraria y está en contradicción con las propias afirmaciones iniciales del magnate, quien habló de un “individuo perturbado”, de un “lobo solitario” y de “un creyente cristiano (que luego) se volvió anticristiano y experimentó un gran cambio”. No se conoce filiación política ni militancia alguna de Allen, más allá de un aporte de 25 dólares a la campaña de la demócrata Kamala Harris, en 2024. 
 ¿Cuál es, entonces, el propósito de los ataques contra “la izquierda”? Como ya ocurrió tras el atentado de otro “lobo solitario” contra el referente de derecha, Charlie Kirk, se busca pavimentar el camino desde el Estado para un silenciamiento y represión de la oposición. 
 Por lo demás, la vocera de Trump presenta las cosas exactamente al revés, porque el responsable de la creciente violencia política y social en Estados Unidos es el Estado, y en particular el gobierno actual, empezando por el discurso deshumanizante del magnate, las redadas brutales del ICE (que dejaron dos muertos en Minneapolis), el abuso policial y la guerra imperialista. 
 El fallido atentado despertó muchas suspicacias. Pero, más allá de la naturaleza del hecho, está claro el uso que pretende darle la Casa Blanca, en momentos en que cae la imagen de Trump, enfrenta serios obstáculos en Irán, sube el precio de los combustibles y se acercan las elecciones de medio término. 
 Por todo esto, es necesario repudiar las acusaciones del gobierno estadounidense y su ataque a las libertades democráticas, que son parte de una ofensiva imperialista global. Y lo mismo cabe decir de la réplica de ese peligroso discurso por parte del gobierno de Milei. 

 Gustavo Montenegro

La peregrinación de la CGT a Plaza de Mayo postula para Argentina una “Coalición de la Esperanza”


La movilización de la CGT cumplió su objetivo. Por la Plaza de Mayo desfilaron los aparatos de los sindicatos, de los intendentes del PJ bonaerense y de los movimientos sociales para manifestar contra “el régimen económico del Gobierno que perjudica la industria”. La movilización se hizo bajo el lema “El trabajo del Siglo XXI será con derechos o será esclavo”, una frase de Jorge Bergoglio, que admite la resignación de derechos. La intención original de la CGT era hacer una misa en homenaje al Papa Francisco, pero la Curia se negó a participar del acto. Lo hizo el arzobispo de la Ciudad en el festival de rock de Dante Gebel, un pastor evangelista que busca posicionarse como candidato a presidente de la Nación. 
 El objetivo de la jornada fue mostrar a la CGT como parte un gran frente nacional. El abanico va desde el Gobernador Kicillof hasta el pastor evangelista Dante Gebel, pasando por el presidente Macri, que dé una salida electoral ordenada al derrumbe del Gobierno de Milei. En ese sentido debe interpretarse el discurso contra el Gobierno cuando el secretario de la CGT, Octavio Arguello, proclama: “Le queremos decir basta a este Gobierno. Se terminó la paciencia, señor Presidente”. No se refiere a una huelga general sino al armado de un frente patronal.
 La movilización fue moderada. La convocatoria estuvo diseñada para ello: convocada para un día laboral, en horario de trabajo y sin paro. Los medios que cubrieron el acto destacaron los grandes claros que dejaba el acto. Incluso se colocó el palco frente al Cabildo de Buenos Aires, para evitar que las columnas que ingresen a la Plaza de Mayo muestren su escaso número.
 Horas previas al acto se corrió el rumor de que se coronaría con la convocatoria a un paro nacional. Voces más ‘aplomadas’ reclamaron “no almorzarse la cena”. Finalmente, el acto no convocó a nada. 
 La movilización estuvo precedida por el intento de negociar un comunicado con Paolo Rocca, el CEO de Techint, en defensa de la industria nacional. Los triunviros de la CGT se reunieron con Gebel. Salieron de la reunión con la expectativa de unas PASO 2027 de toda la oposición.
 El documento de la CGT plantea “No hay incentivos orientados al crecimiento de la matriz productiva, que permitan alcanzar la trilogía virtuosa de desarrollo, producción y trabajo”. Primero la patronal, el ‘derrame’ para los trabajadores. La burocracia cegetista denuncia el derrumbe de los salarios cuando la tinta de la paritaria de Comercio y Camioneros, por debajo de la inflación, todavía está fresca. 

 Pablo Busch 
 02/05/2026

sábado, mayo 02, 2026

Israel secuestra a 175 activistas de la flotilla Global Sumud en aguas internacionales frente a Grecia


Las más de 50 embarcaciones que integran la nueva expedición de la flotilla Global Sumud han sufrido el ataque de la Armada israelí, que no se ha adjudicado directamente el operativo, al secuestrar a más de 175 activistas de 22 embarcaciones distintas. Tripulantes de al menos una de las embarcaciones debieron ser rescatados por los buques que hacen de custodia -los de las ONG Open Arms y Greenpeace- debido a la destrucción de su motor. En la zona de la intercepción rige una alerta de tormenta, lo que expuso la integridad de la tripulación. Entre los detenidos figuran varios militantes argentinos de los partidos del FIT-U. 
 Los informes difieren en los motivos del desvío que se encontraba realizando la flotilla. Algunos aseguran que la decisión de desviarse hacia las costas griegas respondía a la alerta de tormentas, mientras que otros medios (como El País) aseguran que se encontraban realizando una actividad de desvío a un buque de la empresa israelí ZIM, un símbolo de la ocupación y las guerras del Estado sionista, que se encontraba trasladando material militar hacia Israel procedente de los Estados Unidos. El método de los bloqueos y los secuestros son la “nueva legalidad” habilitada por Trump, Netanyahu y su tropilla fascista. 
 La alerta de seguridad sobre posibles incursiones militares contra la flotilla había sido difundida entre las embarcaciones unas horas antes de los hechos. Hasta el momento se ha confirmado la detención de 22 de las 58 embarcaciones. Una cantidad de lanchas han logrado ingresar en aguas griegas, cuyo gobierno ha emitido un “alerta” por la presencia de las embarcaciones en sus aguas. 
 La detención en aguas internacionales constituye un crimen que el gobierno de Israel ha reiterado en diversas oportunidades contra las flotillas que pretenden romper el bloqueo ilegal contra la Franja de Gaza. En las transmisiones recibidas por los buques de Open Arms y Greenpeace, que fueron difundidos a la prensa, se escucha como las embarcaciones asaltantes se identifican como pertenecientes a las FDI (Fuerzas de Defensa Israelí), indicando a los tripulantes que dejen sus intenciones de llegar a Gaza y, en cambio, se dirijan al puerto israelí de Ashdod. Más tarde, el Ministerio de Exteriores israelí publicó un mensaje en X: “esta es la ‘ayuda médica’ encontrada en la flotilla de publicidad engañosa: condones y drogas”, acompañando el mensaje con un video y varios sobres plásticos.” (Página 12, 29/04)
 A diferencia de las excursiones organizadas en 2025, en esta ocasión los gobiernos se limitaron a emitir algunas quejas por el accionar israelí. El gobierno de España y de Turquía han convocado a una denuncia contra el gobierno de Israel por cometer piratería en aguas internacionales, sin embargo, no han movilizado a sus embarcaciones para garantizar la seguridad de la flotilla en aguas internacionales ni tampoco han emprendido acciones de mayor alcance para quebrar el bloqueo contra el pueblo palestino, iniciado en 2006, que sufre de una profunda hambruna desde 2023.
 La relatora especial para Palestina, Francesca Albanese, había desaconsejado en la reunión que decidió la nueva expedición por considerar un riesgo para los tripulantes y que el efecto de la flotilla no había logrado sobrepasar “la performance”. En su intervención convocó a operaciones coordinadas dirigidas a cadenas logísticas, puertos y suministros. Algo que fue descartado por los organizadores.
 En varias ciudades del mundo se han convocado movilizaciones y tribunas de denuncia contra este accionar de Israel, que incluso en el presente “cese del fuego” ha asesinado a más de 800 palestinos, según el último informe de la Misión para Palestina de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). A los cuales deben sumarse las masacres cotidianas en Cisjordania y Líbano. Es necesaria una movilización internacional contra la guerra imperialista, que ha penetrado en todos los continentes y países.

 Joaquín Antúnez 
 30/04/2026

Milei, entre Keynes y Palantir


El callejón sin salida de la economía académica, expuesto en el ex CCK. 

 Javier Milei llevó adelante su segunda jornada sobre “pensamiento económico”, acompañado del economista libertario Adrian Ravier y el profesor Juan Carlos De Pablo. Las “jornadas” han intentado darle una pátina de “conocimiento” a un régimen económico que viene sobreviviendo con el pulmotor del FMI y el Tesoro norteamericano. Esta vez, el sayo le cupo a John Maynard Keynes -anteriormente, le había tocado al economista escocés Adam Smith. Keynes ha sido el economista que diseñó una política de rescate a la depresión de los años 30 mediante el gasto y la inversión pública, y, paralelamente, produjo una ruptura con la economía neoclásica prevaleciente.
 Milei, como era de esperarse, estigmatizó a Keynes, al punto de llamarlo un “genio del mal”. Pero no consiguió desarrollar una crítica de las ideas del economista británico. Entre otras cuestiones, el actual presidente reivindicó la existencia de un equilibrio con “pleno empleo”, siempre que el valor de los salarios se fije “libremente”, o sea, que caigan hasta un nivel que atraigan inversiones y un mayor empleo. Para eso, fustigó el “inconveniente” que representa la organización colectiva de los trabajadores. De acuerdo a esta visión, en una economía de mercado “no trabaja el que no quiere” (desempleo voluntario). Los compradores y vendedores de fuerza de trabajo se enfrentarían en el mercado como iguales, sin importar que unos detenten el monopolio de los medios de producción y otros sólo puedan ofrecer su capacidad de trabajar. Milei defendió este punto de vista, que es el de la Argentina de la reforma laboral: aboliendo los convenios colectivos y las huelgas, los trabajadores se emplearían a un salario tan bajo como el que los patrones estén dispuestos a pagar.
 Esta fue la receta que aplicaron los gobiernos de Estados Unidos y Gran Bretaña inmediatamente después del estallido de la Gran Depresión de 1929. Pero la deflación general agravó la recesión, y por ende, el desempleo masivo. A partir de 1933, las principales potencias comenzaron a improvisar medidas de emergencia para reanimar el ciclo económico por medio del gasto estatal. En su libro de 1935, Keynes, no hizo más que teorizar sobre esos rescates en marcha, que él se había encargado de recomendar a sus gobiernos (Roosevelt en Estados Unidos; Mac Donald en Inglaterra). 
 El colapso de 1930 desmentía todo lo escrito por los economistas de las décadas anteriores, en relación a que la economía capitalista podría crecer de un modo armónico o en “equilibrio general”. Keynes buscó una explicación a la crisis y a sus desequilibrios: señaló que, cuanto mayor es el ingreso de las personas o de las familias, mayor es la proporción que le dedican al ahorro. Cuando esa abundancia de ahorro no pudiera ser colocada a una tasa de interés redituable, comenzaría a ser atesorada, es decir, a retirarse de la circulación económica y a disparar entonces la crisis. Keynes, entonces, atribuía la crisis a “un exceso de ahorro”, o sea a un déficit relativo de inversión. En cambio, los economistas tradicionales culpaban de la crisis a la insuficiencia de ahorro - el capital, en la visión de ellos, crecería a partir de la “austeridad” y de la contención del gasto inmediato. Keynes había sido educado en aquella tradición, pero en los años 30 defendió un camino antagónico: incentivar el consumo, y fomentar la intervención del Estado para “rebanar” el ahorro excedente, convirtiéndolo en gasto público. Cincuenta años antes de Keynes, Marx había señalado que el “exceso de ahorro” (de capital), empujaba a la tasa de ganancia a su declinación, demostrando que el limite del capital “era el capital mismo”. Keynes, el gran economista del capitalismo en declinación, buscó darle al régimen social que defendía una chance final, a través de la intervención del Estado. Los límites de esta terapia intensiva, como veremos enseguida, no tardarían en exponerse. 
 En su conferencia, Milei presentó a la teoría de Keynes como una superchería, sin poder explicar ni preguntarse siquiera acerca de las raíces históricas de sus ideas. Milei llegó incluso a criticar a uno de sus propios mentores y adversario de Keynes, el economista austríaco Frederic Hayek, por no haber sido “consecuente” en sus polémicas con Keynes en los años 30. Mientras que Keynes estimulaba la aplicación de inyecciones monetarias y crediticias a una economía en derrumbe, Hayek había defendido en 1931 exactamente lo opuesto: el emisionismo y el crédito público no eran el remedio de las crisis, sino más bien su causa. Para volver al equilibrio, sostenía Hayek, la depresión económica debía hacer su trabajo – la quiebra de los capitales más débiles. Milei dijo que Hayek se “deprimió” (sic) ante la indiferencia de Keynes por sus ideas, y no quiso continuar la polémica directa con él. Es más plausible pensar que lo que “deprimió” a Hayek fueron los resultados desastrosos de la deflación que él propugnaba. Para volver a terciar en el mundo de los economistas, el “austríaco” tendría que asistir, varias décadas después, al impasse del keynesianismo, en otro contexto económico.

 De Pablo le corta el boleto

 Al llegar su turno, De Pablo puso en vereda a Milei, al colocar en contexto histórico a las ideas de Keynes: “En medio de una desocupación del 30%, y un escenario dramático, Keynes actuó. Hayek y (Lionel) Robbins, en cambio, decían pelotudeces”, espetó, demostrándole a Milei que él también podía apelar a los insultos. De Pablo, otra vez, orilló el contexto histórico del keynesianismo cuando aludió a quienes, en los años 30, comparaban al derrumbe de las potencias capitalistas con la planificación de la "Rusia de Stalin" (sic). El profesor encontró una forma sinuosa de decir que la Gran Depresión y, más de conjunto, la inestabilidad que recorrió a toda la primera postguerra, desató una polarización social y política en las principales potencias. Keynes alertó por primera vez acerca de esta radicalización, en medio de la huelga general británica de 1926, desatada contra la decisión gubernamental de bajar el salario de los obreros mineros. Más adelante, Keynes, que era un pulcro afiliado al partido Liberal, le expresaba al premier británico Mac Donald su preocupación por las crecientes simpatías “con el comunismo” que mostraban sus principales discípulos en los claustros de la Universidad de Cambridge. El estatismo keynesiano, que Milei reputa de “socialista”, se erigió como una barrera preventiva contra la revolución socialista en Occidente. Keynes lo sabía mejor que nadie. Milei, en cambio, habla de lo que no sabe. 
 El New Deal -la batería de medidas sociales e inversión pública dispuesta por Roosevelt desde 1933- siguió la ruta de las recomendaciones keynesianas. Pero no bastó para hacer emerger a Estados Unidos de los escombros que había dejado la gran Depresión. La “salida” plena de la recesión sólo llegó con el ingreso de la potencia del Norte en la Segunda Guerra Mundial. En 1940, Estados Unidos alcanzaba el pleno empleo. No había bastado con disparar un gasto y una inversión desde el propio Estado: hacía falta, también, que la demanda hacia esa producción pública proviniera del propio Estado. Ese círculo cerrado y parasitario se alcanzó con la industria armamentista, de un lado, y la emergencia de la guerra, del otro. El keynesianismo, en su forma más acabada, construyó el “complejo industrial militar”, que se expandió ampliamente en la segunda posguerra y que fue financiado con dosis crecientes de endeudamiento público. Hacia 1971, el gasto militar -directo e indirecto- representaba el 25% de la demanda agregada. Más adelante, entre 2000 y 2017, los gastos de Defensa de Estados Unidos se duplicaron. Sólo cuando la espiral de endeudamiento llegó al paroxismo, el establishment se “acordó” de las recetas de Hayek o de Friedman. Pero cuando ello ocurrió, la purga sobre el gasto estatal no se aplicó a los contratistas militares, sino contra la clase obrera y el gasto social. Los Hayek y Mises, antecesores de Milei, revivieron al compás de sus asistencias técnicas a Margaret Tatcher, verdugo de los mineros británicos, o de Augusto Pinochet. 
 Milei ha recogido esa saga, bajo las condiciones de una crisis capitalista que, en sus alcances, podría superar a la pesadilla de la Depresión de 1930. Los rescates sucesivos de las corporaciones capitalistas con fondos públicos; la declinación de la economía norteamericana, que Trump pretende superar por medio de la violencia de una nueva guerra mundial; la expansión consiguiente del armamentismo, con presupuestos de guerra que le sustraen recursos a la educación y a la salud; la consiguiente desesperación de las masas, ante el avance de la crisis social. Este es el caldo de cultivo sobre el cual se yerguen los Trump o Milei.
 Keynesianismo y antikeynesianismo, en definitiva, son dos tendencias de una misma sociedad en decadencia histórica - el capitalismo. Pero se cruzan hoy en un vértice común - el de la guerra internacional. La oligarquía tecnológica de las “siete magníficas” lidera la provisión de recursos sofisticados para las masacres de civiles y la devastación de regiones enteras, como ha ocurrido en Gaza y ahora en Irán. Pero esta aristocracia digital y “libertaria”... es, en la actualidad, la más importante contratista del Estado norteamericano, a través de los presupuestos de guerra. Los idolos de Milei, en definitiva, viven de la mayor hipertrofia de gasto público presente; los “antikeynesianos” se nutren de la mayor consecuencia de las políticas keynesianas, que es la guerra. 

 Marcelo Ramal
 30/04/2026

Adorni en el Congreso: el lumpenaje libertario se exhibe completo


Enriquecimiento ilícito, coimas, estafas: un régimen de excepción a toda norma. 

Manuel Adorni ´canchereó´ al cabo de las dos horas que insumió su presentación frente al Congreso, pero es cierto que estuvo ´mudo´ durante los 35 días previos a la sesión y transitó semanas de ´coaching´ con dos equipos paralelos en la Casa Rosada, para la exposición y las respuestas en la Cámara de Diputados. En la propia sesión no se privó de pasar reiteradamente a cuarto intermedio para preparar sus respuestas en diferentes tramos. Para apuntalar al jefe de Ministros desembarcó en el Congreso la totalidad del gabinete nacional, encabezado por Javier Milei y su hermana, secretaria general de la Presidencia. Para un hombre avezado en materia de comunicación -tuitero procaz, periodista, vocero del gobierno antes de asumir como ministro en jefe- Adorni depositaba su confianza en las fuerzas sociales y políticas que lo sostendrían. No necesitó recurrir a respuestas audaces, pues siguió un guión y finalmente eludió las preguntas sobre su patrimonio y tren de vida refugiándose en la investigación judicial. Los libertarios celebraron el resultado. 
 La puesta en escena fue preparada con mucha antelación. Los alrededores del Congreso amanecieron vallados y controlados por un despliegue represivo propio de tiempos de guerra. El rol de cada bloque fue perfectamente pautado. Los aliados habituales del oficialismo pusieron el hombro para ayudar al gobierno. No tocaron el tema de la corruptela oficial en ningún momento. En el caso de los ´republicanos´ del PRO, su bloque permaneció literalmente mudo: sus diputados no hicieron uso de la palabra. De los radicales habló uno solo, para reclamar obras para su provincia, sin tocar otro tema. Algo parecido hizo el bloque de Provincias Unidas, con alguna excepción. 
 En cuanto al peronismo y la Coalición Cívica, acordaron evitar, ante todo, un ´desplante´ que pudieran justificar la retirada precipitada de Adorni, como ocurrió en alguna ocasión con su antecesor, Guillermo Francos. Miguel Ángel Picchetto, un aliado de Milei que hoy se propone articular un frente con kirchneristas y macristas, no concurrió a la sesión. Recordó, en cambio, el rol de ´fusible´ del Jefe de Gabinete, como había sido concebido en la reforma constitucional de 1994. Algo de eso tomó el kirchnerismo. “Hoy no tiene la confianza ni del Congreso, ni de la sociedad, ni de su gabinete. Para muchos usted es un lastre, un collar de melones. Y para la sociedad su palabra vale cero”, fue el planteo central de Germán Martínez, jefe de bloque de Unión por la Patria. Anticipó que impulsará una moción de censura que lo desplace del cargo - un mecanismo tortuoso. Falseó la realidad, además, pues todo el gabinete hacía de hinchada en las gradas del recinto. En el caso del FIT U, exhibía carteles contra la masacre de Gaza, el reclamo de las universidades y pedidos de juicio político a Milei. El protagonismo se lo llevó Myriam Bregman. Adormi brindó respuestas elusivas sobre el reguero de temas que le planteó la diputada (corrupción, Malvinas, financiamiento universitario), sin incomodarse. 
 A pesar de la expectativa, fomentada por los medios de comunicación, el oficialismo asistió a la sesión con la certeza de que cuenta con el respaldo ddel capital financiero y, sobre todo, de Trump. Finalmente, el ‘caso Adorni’ se suma a la lista que incluye los escándalos de las coimas de los laboratorios, la cripto estafa $Libra, los créditos de privilegio del Banco Nación, los vínculos con los narcos - una lista que no para de crecer. La lumpen burguesía ha organizado su ‘petit’ régimen político. 
 Milei y su pandilla se ocuparon de exhibir un respaldo granítico al Jefe de Gabinete. La ´foto de familia´ que difundieron momentos previos al inicio de la sesión mostró la unidad de todas sus camarillas -karinistas, caputistas- en este sentido. Su teatral llegada al palacio legislativo tuvo un reconocible aire mussoliniano. La trabajosa preparación de Adorni tuvo, a lo sumo, el propósito de sortear un nuevo traspié, cuando el gobierno está cayendo en la consideración pública. La pseudo oposición se prestó como red de contención. Para el gobierno, son circunstancias. La reforma electoral que ha presentado cuenta con la contemporización de los ‘opositores’.
 En este episodio, el gobierno se ha mostrado como lo que es: una banda fuera de la ley, determinada a construir un régimen de excepción, o sea un gobierno por decreto y vetos, auxiliado por el Poder Judicial. 

 Jacyn 
 30/04/2026

jueves, abril 30, 2026

El «viejo mundo» que muere: la metáfora del interregno


La crisis del neoliberalismo no es coyuntural, sino orgánica en el sentido gramsciano: el capital no puede ofrecer estabilidad, empleo digno, cuidados ni futuro ecológico 

 Desde los años 80, el capitalismo global consolidó un «bloque histórico» bajo hegemonía neoliberal: globalización de mercados, desregulación financiera, debilitamiento de los sindicatos... 
 A pesar de las promesas de desarrollo y aumento de la riqueza, el neoliberalismo produjo varias tendencias que llevaron a su propio agotamiento: crisis de representación de los partidos tradicionales, aumento de la desigualdad, y precarización de amplios sectores.
 En ese orden de cosas, el sistema desplazó la ganancia de la producción a la especulación, esto generó crisis cada vez más violentas. 
 Así, el capitalismo neoliberal no solo no logró estabilizarse, sino que transfirió riqueza de los trabajadores a los rentistas, las reformas laborales flexibilizaron el despido, se debilitaron los sindicatos, y crearon una masa de trabajadores precarizada. 
 Las corporaciones transnacionales dividieron el mundo en zonas de explotación máxima. Pero esta fase entró en crisis cuando la sobreacumulación financiera ya no pudo sostenerse sin rescates estatales masivos (2008). Como Lenin diría: el capitalismo agotó su capacidad de expandirse geográficamente; ahora solo se devora a sí mismo. 
 La localización productiva hacia China, México o el Sudeste Asiático multiplicó la oferta mundial de fuerza de trabajo, pero el desempleo estructural se reafirmó como una característica funcional. 
 El neoliberalismo acentuó la explotación irracional de la naturaleza: la privatización del agua, el agronegocio transgénico, la extracción minera a cielo abierto, los acuerdos de «libre comercio» que anulan regulaciones ambientales. 
 Recortaron los servicios públicos, las guarderías, la atención a ancianos, la sanidad, mientras las privatizaciones del agua, la electricidad, los ferrocarriles y correos en los 80 y 90 provocaron aumentos de tarifas, mala calidad y corrupción.
 Para rescatar al sistema financiero en 2008, los Estados endeudaron a las generaciones futuras, impusieron políticas de austeridad que no pagaron los bancos, sino los trabajadores; los países llamados «periféricos» quedaron sometidos al Fondo Monetario Internacional (FMI) y a los fondos buitres. 
 Estos elementos muestran que la crisis del neoliberalismo no es coyuntural, sino orgánica en el sentido gramsciano. El capital no puede ofrecer estabilidad, empleo digno, cuidados ni futuro ecológico.
 De ese modo, la precarización alcanzó incluso a sectores antes privilegiados de técnicos e ingenieros y parte de la clase obrera golpeada por la situación tendió hacia posiciones de extrema derecha. 
 Como señaló Lenin, esta no es una «radicalización» genuina, sino un reflejo desesperado de capas que pierden sus privilegios relativos sin adquirir conciencia de clase internacionalista. 

 LAS SOMBRAS DEL INTERREGNO 

 El «viejo mundo» se muere en cada nueva crisis, pero el «nuevo» aún no nace y en ese claroscuro aparecen los monstruos que canalizan el miedo y la rabia hacia soluciones regresivas. Entender todos los componentes de la crisis es la precondición para construir una salida socialista, para comenzar a edificar el futuro comunista. 
 El neoliberalismo pos-Guerra Fría soñó con un capitalismo global bajo la hegemonía de EE. UU.; no previó el ascenso de China como potencia económico-militar, que desafía el dominio tecnológico y la dictadura del dólar.
 La guerra comercial y tecnológica entre EE. UU. y China, la política de sanciones, el rearme europeo, la guerra de la OTAN y Ucrania contra Rusia, la agresión a Irán por parte de la entidad sionista de Israel y Estados Unidos, son reflejos de lo que Lenin enfatizó en reiteradas oportunidades, que el reparto desigual del mundo genera guerras imperialistas periódicas. 
 Para Lenin, estas contradicciones anuncian que el sistema ya no puede gestionarse mediante consenso: la guerra se convierte en un instrumento ordinario para reconfigurar la dominación. 
 De esta suerte, el preclaro líder de la Revolución Bolchevique analizó cómo la burguesía, cuando su dominación corre peligro por la lucha de clases, recurre a métodos abiertamente dictatoriales y demagógicos. 
 Las respuestas fueron, son y serán el bonapartismo y el fascismo, la disolución de los canales democrático-burgueses tradicionales, apelan a la pequeña burguesía y a sectores obreros desclasados con un discurso antiélite, mientras imponen ajustes antipopulares y preparan el terreno para una represión más abierta contra los movimientos populares. 
 Marx describió el bonapartismo como un poder ejecutivo que se sitúa por encima de las clases en lucha, equilibrando sus fuerzas al servicio del capital.
 El «líder» se presenta como «el defensor del pueblo trabajador» contra las élites, pero gobierna para los más ricos, transforma la crisis orgánica en chivo expiatorio: los culpables no son el capital ni el sistema, sino los inmigrantes, chinos o los «globalistas».
 De este modo, desplaza la lucha de clases hacia el terreno étnico-nacionalista. Es una forma de lo que Gramsci llamaría «revolución pasiva»: incorporan demandas, pero vaciándolas de contenido anticapitalista, reorientándolas hacia el odio al diferente.
 Los nuevos guías antiélites se apoyan principalmente en los pequeños empresarios y propietarios rurales –que ven amenazada su posición por las grandes cadenas y la competencia global–, los trabajadores de industrias en declive –que han perdido su organización sindical y su conciencia de clase–, y las capas medias empobrecidas –que temen caer en el proletariado. 
 A todos ellos, les ofrecen un «capitalismo con rostro nacional», no cuestionar la propiedad privada ni la explotación, sino ponerla al servicio de «los nuestros». 
 A diferencia del keynesianismo o la socialdemocracia, el marxismo-leninismo sostiene que la crisis del neoliberalismo es terminal para el capitalismo en su conjunto, no solo para una variante de él. 
 Frente a los monstruos, la tentación reformista es pedir «volver a la normalidad», la tentación es fuerte. ¿Para qué fomentar el caos?, es mejor esperar que la crisis genere automáticamente conciencia revolucionaria. 
 Mientras tanto, la burguesía seguirá ofreciendo monstruos, guerras y barbarie. La tarea de los comunistas es transformar la tribulación de las grandes masas en conciencia revolucionaria, aprovechando cada grieta del sistema para avanzar hacia la única alternativa: el socialismo.

 Raúl Antonio Capote | internacionales@granma.cu 
 30 de abril de 2026 07:04:54

Peter Thiel en Argentina | Informe de Lucia Alter en 14 Toneladas

Tarifazo permanente en el gas hacia el invierno, porque Vaca Muerta es para exportación


Modifican tarifas y rigen nuevos aumentos mientras las petroleras apuestan a la renta extraordinaria de exportar GNL. 

 El gobierno nacional avanza con el nuevo esquema tarifario para el consumo de gas, a aplicarse a partir del mes de mayo, con un rediseño de la composición de la tarifa con aumentos y una estructura del negocio del gas al servicio de las pretensiones de las petroleras de exportar la producción local, en un marco de suba del precio del gas por la guerra en Medio Oriente y de un gobierno que no impulsa ni una sola inversión ni obra pública para abastecer localmente la demanda interna.
 La medida impulsada por Enargas incorpora el Precio Anual Uniforme -que promedia el costo del gas para todo el año-, aplica ajustes vinculados a la revisión quinquenal y las “diferencias” acumuladas en períodos anteriores, con los tarifazos en las facturas de gas y luz y la disparada de los subsidios en beneficio de las petroleras. 
 Este tarifazo del gobierno, que se hará sentir en los próximos meses con el crecimiento de la demanda de la época invernal pese al nuevo PAU, ocurre al mismo tiempo de una desinversión en materia de abastecimiento local, cuando las obras y el gasoducto licitado recientemente se encuentran previstos para la exportación de gas y para los negocios de las petroleras, y no para abastecer una demanda local que todos los inviernos requiere de la importación de GNL. 
 Esto fue reconocido por la propia secretaria de Energía de la Nación, María Tettamanti, quien manifestó que la Argentina tendrá que importar más de 20 buques de GNL durante el invierno, debido a la deficiencia y falta de transporte local para utilizar la producción de Vaca Muerta que se encuentra en alza, afirmando a su vez que resultaría “poco eficiente” invertir en obras que garanticen el abastecimiento interno para la temporada invernal, por lo cual se terminarán pagando los sobreprecios internacionales. 
 La lógica de la secretaria de Energía es solo válida para los negocios capitalistas, donde toda la obra e inversión está puesta en función de la exportación de gas, justamente para beneficiarse de esos precios internacionales y del ingreso de divisa extranjera –como ocurre con las carnes y otros bienes y servicios-y no en función de las necesidades sociales y productivas del país. 
 Esto se pondrá aún más de manifiesto cuando el gobierno deba pagar los buques de GNL importado a través de Enarsa, logística que preveía privatizar y trasladar directamente a la factura de las familias trabajadoras y que en el marco actual de disparada de los precios tuvo que dar marcha atrás. Lo que resta por verse es si, de todas formas, trasladará la totalidad de estos sobreprecios a las facturas, si lo hará parcialmente o si continuará la política de subsidios. 
 De conjunto, tenemos que no existe ninguna orientación en defensa de los trabajadores y consumidores, que establezca como punto de partida cuál es el precio real de producción del gas por parte de las petroleras, para que el precio final está vinculado a los costos reales de producción y no a la especulación capitalista ni a las vicisitudes de la guerra en Medio Oriente u otras contingencias. 
 Los servicios siguen subiendo en sintonía con otros rubros, como el transporte que ascenderá un 5,4% en el mes de mayo: 2 puntos porcentuales por arriba de la inflación de marzo. Todo se encarece en al vida de los trabajadores, mientras los salarios se derrumban con los techos paritarios del 2%. 
 Evitemos que Milei y las petroleras nos transfieran la factura de los negocios capitalistas, ahora con el gas. Que se garantice la provisión de la alta demanda de gas del periodo invernal a un precio que surja del verdadero costo de producción, lo que requiere del control obrero para garantizar que esto se cumpla, junto con las obras y la inversión necesaria para que la producción local pueda satisfacer la totalidad de la demanda de gas en invierno en el futuro inmediato.

 Marcelo Mache