La revelación del semanario Brecha sobre la empresa Conexión Israel de Roni Kaplan no es un mero escándalo de “propaganda”. Es la exposición concreta de cómo el Estado sionista, brazo avanzado del imperialismo en Oriente Medio, compra voluntades, coopta dirigentes y fabrica “opinión pública” en América Latina con fondos públicos millonarios.
Kaplan, uruguayo de origen, capitán de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) y vocero en español de la ocupación, pasó del servicio militar activo al negocio privado de la hasbará (literalmente “explicación” o “esclarecimiento” en hebrero). En el contexto político e internacional se usa para referirse a los esfuerzos de diplomacia pública, y propaganda del Estado de Israel, y de organizaciones proisraelíes, destinados a justificar y promover las políticas y acciones del gobierno israelí ante la opinión pública mundial. Tiene una infraestructura propia dentro del gobierno, oficina del primer ministro, cancillería, ministerio de Defensa, y cuenta con presupuestos importantes, especialmente desde octubre de 2023.
La firma de Kaplan ha recibido al menos 10 millones de dólares de la cancillería israelí entre 2023 y enero de 2026, con perspectivas de otros 5 millones en el año en curso. Desde 2017, el total supera los 16 millones. Este caudal de dinero estatal no financia turismo: organiza delegaciones de políticos, periodistas, e influencers para que “descubran las facetas más atractivas” de Israel y regresen convertidos en agentes de influencia.
Tras el 7 de octubre de 2023, Israel declaró abiertamente el “octavo frente”: la batalla por las conciencias. Según lo ha planteado Benjamín Netanyahu quien ha descrito repetidamente el enfrentamiento desde el 7 de octubre de 2023 como una guerra en siete frentes militares o físicos contra Irán y sus aliados. El “octavo” es el no militar: la guerra de la información, la diplomacia pública y la disputa por el relato mediático e internacional.
Mientras bombardea Gaza y Líbano, multiplica el presupuesto de diplomacia pública hasta 730 millones de dólares solo para 2026. Kaplan es uno de los intermediarios privilegiados. Organiza itinerarios que muestran high-tech, playas de Tel Aviv y “convivencia” entre árabes y judíos, omitiendo sistemáticamente la ocupación, los checkpoints, los asentamientos y el genocidio en curso. El propio canciller Gideon Saar lo reconoce: se trata de un arma en la “guerra de conciencias”.
En Uruguay, esta operación ha sido particularmente exitosa. Yamandú Orsi, actual presidente por el Frente Amplio, viajó en septiembre de 2023 invitado por el Congreso Judío Latinoamericano y el Comité Central Israelita. La agenda la armó Conexión Israel. Orsi regresó entusiasmado: “disfruté tanto”, “no hay apartheid”, “convivencia normal”. Un año después, en privado, confesó que el viaje “cambió” su perspectiva. No es un caso aislado.
Brecha, vinculado estrechamente al Frente Amplio, viene desarrollando toda una campaña de denuncia contra el genocidio y las operaciones de encubrimiento que adopta en el país y la región. Una muestra de la crisis que atraviesa la propia centroizquierda. El semanario enumera una treintena de dirigentes de la oposición, periodistas de los principales medios (canales 12, 10, 4, VTV, El País, El Observador, el semanario Búsqueda), el pastor Jorge Márquez y su Iglesia Misión Vida, académicos y empresarios de la Cámara de Tecnologías de la Información también hicieron el mismo recorrido. Parte de estos viajes son financiados directamente por la cancillería israelí; otros, por organizaciones del lobby proisraelí. En todos los casos, la logística y el diseño propagandístico quedan en manos de Kaplan.
El Frente Amplio, que en la oposición denunciaba tímidamente los excesos de Netanyahu, en el gobierno absorbe a un presidente que ha sido moldeado por la hasbará. Más atrás en el tiempo el propio Fernando Pereira, hoy presidente del Frente Amplio, visitó Israel como representante máximo del PIT-CNT. Viajó invitado por la Histadrut (la principal “central sindical” israelí), junto a otros dirigentes sindicales uruguayos. Durante esa visita destacó aspectos de la organización sindical en Israel y la calidad de vida de los trabajadores. La complicidad con el sionismo viene de lejos.
No se trata de una “infiltración” misteriosa: Israel ofrece tecnología de vigilancia, armamento y, sobre todo, un relato que legitima la represión. Kaplan no es un simple emprendedor. Emigró, se enroló en las FDI, participó en la propaganda de la ofensiva de 2014 contra Gaza y luego monetizó esa experiencia. Su trayectoria ilustra la fusión entre el Estado sionista, el capital privado y la diplomacia imperialista. La hasbará no es un “exceso” ni una “desviación”: es inseparable del carácter colonial y genocida del Estado de Israel, fundado sobre la expulsión del pueblo palestino y sostenido por el imperialismo.
El incremento exponencial del presupuesto de propaganda israelí -de 25 delegaciones anuales a más de 400 en 2025- coincide con la necesidad de contrarrestar el aislamiento internacional de Israel tras el genocidio perpetrado desde 2023.
En Uruguay, el lobby pro Israel ha desatado una campaña contra toda movilización en apoyo a Palestina. El sionismo mantiene un control superestructural (partidos políticos de la derecha, prensa y el propio gobierno) pero ha perdido definitivamente la calle. El FA maniobra en ese contexto, buscando salvar al gobierno frente a su base con el argumento de "una cosa es el gobierno y otra la fuerza política". La ultima marcha realizada el 8 de octubre precisamente denuncia la complicidad del gobierno (“Que se ponga del lado de los oprimidos y no de los opresores”), ante lo cual el propio Fernando Pereira se desmarca, afirmando que apoya "algunas partes" de la proclama y no otras. El FA ha quedado embretado, no puede encabezar estas movilizaciones porque su gobierno mantiene el sometimiento al imperialismo, pero tampoco puede excluirse totalmente porque perdería toda influencia en este movimiento. La marcha reclamó la ruptura de relaciones con Israel. Orsi nombró a Marcos Carambula como embajador en Palestina, una figura vinculada al Partido Comunista, mientras mantiene su embajada en Israel, y las relaciones diplomáticas y comerciales (incluida la eventual compra de armas).
La lección es clara. No basta con denunciar el genocidio en Gaza. Hay que combatir la infraestructura política e ideológica que lo sostiene en nuestros propios países. Eso implica rechazar todo viaje de “familiarización”, denunciar a los dirigentes que se prestan al lavado de imagen, exigir la ruptura de relaciones diplomáticas y comerciales con el Estado sionista y organizar la solidaridad activa con la resistencia palestina.
Mientras los partidos patronales y la centroizquierda corrompida se dejan comprar o se acomodan, los trabajadores deben levantar la bandera de la unidad con los oprimidos de Palestina, Líbano, Yemen e Irán, y transformar la solidaridad en acción revolucionaria.
Camilo Márquez - Partido de los Trabajadores (Uruguay)
19/10/2026













