¿Cómo describirían la situación política actual de la juventud de la clase trabajadora en su país?
En estos momentos la juventud trabajadora atraviesa una situación crítica. Tras 8 años de gobierno de gobierno del Partido Socialista (PSOE) no se han solucionado los problemas fundamentales de la clase obrera.
En el caso de la juventud asistimos a un desmantelamiento descarado de la educación pública. Por supuesto que quien está encabezando esta ofensiva son los gobiernos de la derecha y la extrema derecha como ocurre en la Comunidad Autónoma de Madrid o en la del País Valenciá. Pero también es una realidad que allí donde gobierna el PSOE la situación no es muy distinta, y que el Ministerio de Educación no ha puesto freno al proceso de privatización que ya está muy avanzado.
Es la lógica que vemos en todos los aspectos de la vida de nuestra clase. En el caso de la vivienda asistimos al dominio completo del capital financiero y el rentismo. Son estos parásitos los que provocan las subidas constantes de los alquileres, la gentrificación de nuestros barrios y los desahucios salvajes como el de Maricarmen, que ha dado la vuelta al mundo.
Es evidente que de esta situación no puede desprenderse que tengamos un futuro garantizado, al contrario. Este es el combustible que está alimentando la participación de miles de jóvenes en las movilizaciones que han sacudido el país: por el derecho a la vivienda, en defensa de la educación pública, en el movimiento feminista o contra el genocidio sionista; la juventud obrera ha puesto el sello en los acontecimientos.
¿Cómo sigue la lucha de la juventud por la causa palestina en España?
En el Estado Español el movimiento contra el genocidio sionista ha supuesto un punto de inflexión. En primer lugar, porque se ha convertido en una expresión extraordinaria del sentimiento antifascista que late en el seno de la clase obrera y la juventud. Levantar la bandera palestina implica golpear a la extrema derecha, que como en el resto del mundo no oculta su simpatía total con el sionismo genocida.
Pero no es solo eso. El movimiento por Palestina también ha desnudado lo que implica toda la retórica socialdemócrata sobre los derechos humanos. La clase obrera y la juventud no esperó a nada ni nadie para impulsar la solidaridad en las calles y exigir la ruptura inmediata de relaciones. Este proceso llegó a su cumbre en septiembre y octubre del año pasado. En aquel mes el Sindicato de Estudiantes convocamos 2 huelgas estudiantiles con un seguimiento masivo.
Evidentemente este movimiento hizo saltar todas las alarmas de la clase dominante, que trató de frenar las protestas con todo tipo de maniobras gubernamentales: aparte del tratado-farsa de paz para Gaza, el gobierno español anunció el embargo de armas al estado sionista. Un embargo que realmente no ha tenido repercusiones porque el comercio de armas y del resto de bienes ha continuado.
Esta es precisamente la política que está siendo de gran ayuda para esparcir la demagogia de la extrema derecha y que vaticinan un futuro triunfo electoral del PP y Vox
¿Qué continuidad esperan que tenga el proceso de lucha por la vivienda?
En primer lugar, es importante comprender que el movimiento por la vivienda ha supuesto un verdadero terremoto político. El desahucio de Maricarmen ha provocado un vuelco completo en la situación política y ha expresado un enorme salto en la conciencia.
Es evidente que este movimiento arrollador, que ha venido acompañado de grandes acampadas en la mayoría de las ciudades, no solo ha señalado al rentismo y a los gobiernos de la derecha (como el de la Comunidad de Madrid, donde fue desahuciada Maricarmen) que lo amparan y apoyan. Este movimiento también ha sido un verdadero misil contra la izquierda gubernamental. Esa izquierda, como el PSOE y sus socios de gobierno, que es extremadamente respetuosa con los negocios del capital financiero y la oligarquía pero que no duda en lanzar a la policía a reprimir duramente la protesta social.
Claro, la paciencia se ha acabado. Las medidas cosméticas, los parches y las reformas respetuosas con el gran capital y el rentismo son inútiles a ojos de millones. Por eso la idea de la expropiación de los grandes tenedores ha sido acogida con las dos manos por el movimiento. Lo mismo podemos decir de la consigna de la huelga general. Ante la presión irresistible de las masas la burocracia sindical no ha tenido más remedio que convocar la huelga general para el 11 de noviembre. No estaba en el guion: ha sido la acción de masas lo que ha arrancado esta convocatoria. Por lo tanto, sería muy ingenuo pensar que asistiremos a un paro simbólico o que este será el punto final de este estallido social. Las raíces de este levantamiento son muy profundas y el 11N será un gran paso adelante y en ningún caso el final.
Desde la perspectiva de su organización, ¿cuáles son los objetivos políticos a partir de la conferencia internacional de la juventud contra la guerra imperialista y cómo puede esta fortalecer nuestros esfuerzos colectivos?
La lucha contra el militarismo y la guerra imperialista es la obligación de toda la izquierda militante. La guerra imperialista no solo es sinónimo de muerte, destrucción y barbarie en el sentido más estricto de la palabra, también es sinónimo de represión, autoritarismo y racismo y xenofobia.
Es evidente que la clase dominante ya ha comprendido que la vía militar es lo único que puede sostener sus privilegios. La pugna por la hegemonía mundial entre el bloque estadounidense y el chino y los distintos choques materializados en guerras como en Ucrania o Irán son reflejo de esto mismo.
Europa está inmersa en esta dinámica. La fiebre militarista se ha apoderado de la burguesía europea. Bajo la excusa de que el gigante ruso es una gran amenaza se han impulsado todo tipo de políticas militaristas y de rearme: desde el retorno del servicio militar en países como Alemania hasta el programa ReArm con un presupuesto de 800.000 millones de euros. Nosotros decimos que todas las formas de justificar estos planes son una traición a la clase obrera. Que el Estado Español haya aprobado los mayores presupuestos militares a costa de seguir saqueando los servicios públicos demuestra hasta qué punto la izquierda gubernamental se ha plegado a los planteamientos de la Otan.
Rechazamos con todas nuestras fuerzas el militarismo, de la misma forma que combatimos el veneno de nacionalismo y racismo con una política de unidad y solidaridad de clase. Por eso mismo hemos participado en la conferencia juvenil del 25 de octubre con el resto de las organizaciones y por eso mismo también hemos convocado a la jornada europea de movilizaciones y huelga general estudiantil el 20 de noviembre contra la guerra imperialista y el futuro de la juventud. No hay salida para la clase trabajadora bajo el capitalismo: necesitamos organizaciones revolucionarias capaces de destruirlo y de construir una sociedad realmente socialista.
Ulises Russo













