miércoles, julio 29, 2015

François Maspero, notas para una biografía



François Maspero (París, 11-05-2015), representa la máxima expresión del 68 editorial, de una empresa militante en la que el compromiso con las ideas y con la edición supera cualquier otra. Durante muchos años, las ediciones Maspero se erigieron en referente de las demás editoriales militantes en una época en la que el desbordamiento activista y crítico hizo temblar el sistema, aunque no logró superar a su última barricadas, a los partidos comunistas de Francia e Italia que se habían establecido como una sociedad aparte en la que el aparato era quien tenían la última palabra.
Hombre modesto donde los haya, al biógrafo futuro no le será fácil seguir la pista de este hombre que también fue militante, librero, escritor…François Maspero era alguien que raramente concedía entrevistas, un militante de vocación anónima, un tipo discreto que pasaba tan desapercibido que mucha gente creía que lo de Maspero era una suerte empresa colectiva de izquierdas, sin un rostro detrás. Más allá de ciertos círculos, era desconocido incluso en su célebre librería, donde se le solía confundir con un empleado más…Y sin embargo, seguramente fue el editor más importante de los sesenta-setenta, alguien que dio voz a autores revolucionarios y movimientos de liberación como nadie lo había hecho antes, ni nadie lo haría después. Al menos que yo sepa.
El presunto biógrafo tendrá muchos hilos de los que tirar. Sí se atiene a la cronología podrá comenzar por la historia familiar. De familia judía muy culta, su abuelo, Gastón Maspero, es un nombre que sobresale en la historia de la egiptología. Sus padres, ambos pertenecientes a la resistencia, fueron enviados a campos de concentración nazi. Solamente volvió su madre, su padre, reconocido sinólogo, murió en el campo de Buchenwald. Su hermano fue asesinado por los nazis cuando peleaba junto a los norteamericanos, a los 19 años, el propio François se salvó “milagrosamente”. La tragedia familiar lo marcó de por vida. “Como si fuese una comadrona, puesto que tengo el privilegio de recordar mi nacimiento, recuerdo el rostro de un agente de la Gestapo”, escribe en un relato autobiográfico, Las abejas y la avispa. Para él había un antes y un después, dos nacimientos, el real, y el que lo arrojó al mundo, cuando fue separado de su familia por la brutalidad de los nazis.
Existen numerosas pistas en su obra literaria. En su novela, La sonrisa del gato, obra a medio camino entre lo autobiográfico y lo puramente imaginario, sitúa a un adolescente de 13 años en la primavera de 1944. “He buscado el momento en el que uno se plantea sus primeras preguntas”, dice, “porque después, si se es honesto, la vida será una manera de contestar a ellas”. A su parecer como novelista de vocación memorialista, la vida tiene algo de repetición de las primeras imágenes.
A finales de los años 1940 e inicios de los años cincuenta, la oposición a las guerras coloniales fue monopolizada por el PCF más gubernamental (Madagascar, primera guerra de Indochina,…), un partido de estalinismo incondicional (su secretario, Maurice Thorez, presumía de ser “el primer estalinista de Francia), distinguido por su apoyo a los procesos de Praga, de Budapest y de Sofía, por su descalificación del Octubre húngaro. En aquellos años, François se distinguió como uno de los jóvenes animadores de la tentativa del Rassemblement Démocratique Révolutionnaire (RDR), que agrupaba desde socialistas de izquierdas hasta trotskistas con Jean-Paul Sartre al frente, una historia fallida poco conocida en la que trabajó al lado de David Rousset (autor de El universo concentrionario), un fracaso que Francois atribuía en parte a las fracciones trotskistas más sectarias que ni hacían ni dejaban hacer.
Pero será al comienzo de la resistencia contra la guerra de Argelia que comenzará ser reconocido.
A lo largo de los setenta, se convirtió en uno de los jóvenes izquierdistas franceses que viajaron como voluntarios en “el primer territorio libre de América Latina”. Símbolo de la combatividad, de la valentía, del internacionalismo, del combatiente que, con sus medios, Maspero no retrocede y se le encuentra en las causas internacionalistas más diversas, por ejemplo es el editor de la revista de Tricontinental, el efímero proyecto de crear una internacional por la Cuba de los años sesenta, un proyecto en el que estaba comprometido el líder revolucionario magrebí Ben Barka, asesinado por la acción conjunta policial de su país y la CIA.
Se mantuvo como un independiente durante mucho tiempo, aunque en los años ochenta militó en la LCR de Alain Krivine y Daniel Bensaïd, pero no por mucho tiempo, apenas dos años. La vida organizativa no era lo suyo. Estaba con todas las corrientes del pensamiento crítico por más que pudiera tener una mayor afinidad con la “Ligue”, por citar un ejemplo, sin la ayuda de Maspero esta jamás habría podido editar su extensa y brillante colección de “Cahiers Rouge”, un proyecto que se encontró con el problema de que el grupo intelectual del grupo no era capaz de producir todo lo que se podía editar.
Como judío antisionista, François fue un fiel a sus principios, siguió militando hasta fechas recientes. Entre otras cosas, fue quien hizo posible la sesión del Tribunal Russell sobre Palestina, cuya última sesión como consecuencia de las masacres de Gaza tuvo lugar en Bruselas hace apenas menos de un año.
En 1959, en pleno combate por Argelia, crea la editorial Maspero cuyo primer título será el testimonio del socialista de izquierdas italiano Pietro Nenni sobre la guerra de España. Sus dos primeras colecciones, “Cahiers libres” y “Textes à l’appui” (Cuadernos libres y Textos de apoyo), se centraron particularmente en la Guerra de Argelia desde una perspectiva anticolonialista y en la contestación a la “ortodoxia” estalinista. Resulta especialmente significativa su apuesta por Los condenados de la tierra, la obra de Frantz Fanon (1961) por lo que fue censurado a pesar del célebre prólogo de Sartre, también tuvo problemas con L’An V de la Révolution algérienne . Maspero publicó otros testimonios que se referían a Argelia y al uso de la tortura por parte del ejército francés, los cuales también fueron censurados. Tras enfrentarse a los tribunales, tuvo además que verse como el objetivo de varios atentados. En esos momentos creó la revista Partisans (Partisanos), que se siguió publicando hasta 1973.
A lo largo de los años sesenta-setenta, Maspero editó libros políticos, de economía, sociología y antropología, testimonios de luchas antiimperialistas. Contribuyó a sacar del ostracismo de las editoriales minoritarias a una extensa lista de clásicos socialistas, por supuesto a Rosa Luxemburgo y a Trotsky, también a Walter Benjamín. Pero sobre todo a la larga lista de los marxistas y/o anarquistas galos que habían quedado arrinconados por el entramado cultural del PCF. En la lista se cuentan obras de Daniel Guérin (Fascismo y gran capital), Victor Serge (El año 1 de la revolución), Pierre Monatte (edición crítica de sus escritos), Alfred Rosmer (Moscú en tiempos de Lenin), Marcel Martinet (Tiempos malditos), Paul Nizan (Les Chiens de garde , Aden Arabie, también beneficiados por un prólogo de Sastre, que fue un cómplice incondicional de la editorial), Maurice Dommaguet (Historia del 1 de mayo) y un largo etcétera. Fue el primero que llevó a las librerías francesas los aportes de la antipsiquiatría…
Algunos historiados e intelectuales de renombre dentro de la izquierda insumisa también publicaron con la casa Maspero, como Pierre Vidal-Naquet, Georges Haupt, Michael Löwy, Jean Pierre Vernant, Philippe Jaccottet, entre otros. Un joven Georges Perec publicó por primera vez gracias a Maspero, en la revista Partisans.
Maspero se erigió como la punta de lanza de las voces del anticolonialismo, publicó al general norvietnamita Giap, a Ho Chi Minh, extensamente al Che Guevara y a Fidel Castro, dio a conocer a Regis; Debray y su polémico ensayo Revolución en la revolución, recuperó las memorias de Jomo Kenyatta, Mao Tsé-tung (así se escribía entonces, cuando muchos jóvenes como Jean-Luc Godard o Jordi Solé Tura creían que la “la gran revolución cultural proletaria” estaba restituyendo la democracia desde abajo, ¡qué fraude¡, ¡qué necesidad de creer en un milagro socialista¡)), aunque los “maos” no veían su “anarquismo” con buenos ojos. Pero François no hacía caso a las descalificaciones, su objetivo era dar la palabra a todas las voces del frente del rechazo al capitalismo, al imperialismo y a la burocracia, aunque por respeto a la pluralidad también editó textos del “pensamiento Mao Tse Tung”, que por entonces fascinaba a unas corrientes soi-dissant marxistas-leninistas que gozaban de gran predicamento en los medios universitarios, por ejemplo “hegemonizaban” las clases de l´Ecole Practique
En 1975, reeditó el clásico Historia del movimiento anarquista en Francia (1880–1914) de Jean Maitron, una obra enorme que sin embargo, resultó ruinosa. En 1983, la editorial se transformó en Éditions La Découverte, más tarde adquirida por Vivendi Universal Publishing que publicó preferentemente libros de viajes y descubrimientos coloniales, tal fue el caso de los viajes de Colon en una edición crítica de Michael Lequenne, en una edición realmente ejemplar.
Maspero fue criticado por los situacionistas, como Guy Debord, quien usó el término masperizar” para referirse a la falsificación o corrupción de un texto, por ejemplo borrado párrafos de una cita sin indicarlo. Ahora, vista en perspectiva, la obra editorial de Maspero solamente causa admiración.
Eran tiempos en el que títulos como Leer El Capital, de Louis Althusser, resultaban éxitos de ventas. Su ejemplo irradió por doquier, su nombre conecta con el de Ruedo Ibérico con el que colaboró estrechamente, con empeños como el del Feltrenelli izquierdista, inspiró editoriales como la mexicana ERA, en la que tuvieron mucho que ver los exiliados españoles. La mayor parte de sus libros fueron traducidos al castellano por todas aquellas editoriales que inundaron los tiempos más álgidos de las movilizaciones obreras y populares en la convulsa España de los setenta.
Durante esta fase tuvo problemas constantes con los sucesivos ministros del Interior. Estos trataron de cortarle las alas con múltiples multas y procesos, condenas y recursos y una constante vigilancia policial, sobre todo en aquellos deslumbrantes días del mayo del 68 francés que todavía resuenan con su seamos realista, soñemos lo imposible. Tampoco pudieron con él las duras adversidades sentimentales, una de las cuales le llevaron al borde del suicidio. Más sería fue la amenaza de los constantes robos de libros de los estudiantes que entraban a saco en sus librerías, forraban su cuerpo de libros y se iban sin pagar, a sabiendas de que los trabajadores no iban a llamar a los “flics” sin negar su propia fe. Los cogía, recuperaba los libros y los soltaban. Y así, esos mismos estudiantes de casi todas las nacionalidades, que teóricamente eran sus partidarios, sus lectores preferidos, se cargaron las librerías cuando François Maspero comprobó reiteradamente el déficit producido por tanto saqueo indiscriminado y llegado un momento, cuando la suma de eventos se le hizo insostenible, arrojó la toalla.
Este hilo nos lleva a otro, al de la librería Maspero abierta en 1955 años. En su momento llegó a ser uno de los lugares más emblemáticos del 68, situada en el corazón de las barricadas de la Rive Gauche. Su propia situación en el callejero tenía algo de pórtico de los escenarios más “calientes”, pasabas el puente, llegabas al Quartier Latine y allí estaba. Se entraba por Saint Michel, a la izquierda estaba la librería de literatura general repleta de autores “prohibidos”, y a la derecha la de pensamiento y ciencias sociales, lo nunca visto.
Quedar en Maspero era una manera de enterarte lo último que se editaba. Estaba casi siempre llena de gente, no había ningún problema si únicamente pasabas para hojear estanterías enteras. El personal estaba compuesta por amantes de los libros a los que podías consultar sin problemas, antes al contrario. El número de materias era enorme, sí había algo sobre la resistencia griega o sobre la represión en Guatemala, estaba allí y lo podía estar la semana próxima. La amabilidad era tanto que era impensable que el personal llamara a los “flics”, habría sido un contrasentido, precisamente la denuncia de la brutalidad policial era uno de los puntos que unía a toda aquel gauchismo… se había convertido en el lugar de encuentro de todas las corrientes gauchistes: anarquistas, maoístas, trotskistas, situacionistas, tercermundistas…
Nos citábamos “chez Masp” (en la casa de Masop) y allí estabas seguro de encontrar conocidos amén de los libros revolucionarios que podías leer. Era un lugar espacioso y bullicioso en el pasa un poco para repostar, para “cargar las pilas”, para descubrir un título especial o encontrarte con un imprevisto, pro ejemplo con otros exiliados. Otro aspecto importante era la defensa de la librería que era constantemente amenazada por los grupos fascistas de “Ordre Nouveau”.
En el local de ciencias sociales había un espacio –una parte del sótano- dedicado a temas españoles. Conviene recordar que el En aquel rincón destacaba la presencia de Ruedo Ibérico en cuya formación Maspero tuvo no poco que ver, todos aquellos libros que se editaban en América Latina y que aquí nos llegaban a través del doble fondo de algunas librerías. Durante un tiempo lo llevó Antonio Pérez, un personaje entrañable con el podías hablar largo y tendido relajadamente y que informaba de todo lo que llegaba. Maspero publicó literatura antifranquista, en especial un Romancero de la resistencia española que tuvo mucha repercusión. .En faceta de traductor del inglés (tradujo a John Reed y a Joseph Conrad), y del castellano que aprendió en Cuba como brigadista, vertió al francés a Arturo Pérez Reverte, Carlos Luís Zafón, Jesús Díaz, Álvaro Mutis, Luís Sepúlveda, Fernando Savater y Eduardo Mendoza.
Desde este punto de vista, el presunto biógrafo tendría que trabajar extensos apartados sobre Argelia, el africanismo América Latina, Cuba, etcétera.
En 1978, Maspero fundó la revista La alternativa, un espacio para dar voz a los disidentes de los países con un régimen de ‘socialismo real’, una plataforma de recuperación del socialismo democrático que dirigió hasta 1984. Los problemas judiciales y una inestable vida personal —tuvo a los 50 años un accidente de motocicleta y un intento de suicidio— hicieron que Maspero vendiera —por una cifra simbólica, más que un negocio era una cesión— su casa editorial a François Gèze, quien la transformó en La Découverte.
Dentro de su producción literaria, Maspero escribió novelas, como La sonrisa del gato (1984), La higuera —ambientada en la guerra de Argelia y cruzada de potentes resonancias militantes—, y Gerda Taro: La sombra de una fotógrafa (de la existe una versión castellana de La Fábrica Editorial, Madrid, 2006), una obra de ficción basada, sin embargo, en la vida de la fotógrafa y periodista alemana, pareja también del fotógrafo Robert Capa, quien documentó la Guerra de España, y murió durante sus trabajos como profesional de la fotografía. Su obra más conocida, La sonrisa del gato (1984), conoció un importante éxito editorial. Su traductor al castellano fue José Martínez, el animador de otra editorial mítica: El Ruedo Ibérico. Maspero cita a Martínez admirativamente, y otros nombres que recuerda son Jorge Semprún, José Á. Valente y Espriu (de estos dos últimos publicó sus poemas en la editorial).
Como escritor, Maspero era un estilista exigente Entre sus recuerdos de los periplos balcánicos y los que tratan, de forma también original, los suburbios parisinos, se nota un estilo muy particular que hace que incluso sin saber quién ha escrito esos textos, se pueda reconocer su autor.
Una de sus últimas apariciones públicas fue a finales de marzo, con ocasión de la presentación del documental del que es protagonista: François Maspero: Los caminos de la libertad. Espero que pronto lo podamos ver por estos andurriales.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

William Weitling, comunista y cristiano



Entre las grandes figuras del primer socialismo que acompañaron a Marx en la extraordinaria aventura de la Primera Internacional, es importante recordar el nombre de William Weitling (Magdeburgo, 1808-Nueva York, 1871), un obrero comunista alemán, sin duda la figura más importante del primer movimiento obrero germano. Hijo ilegítimo de la cocinera Christiane Weitling y de un oficial del Ejército napoleónico. Cuando su padre abandonó a su madre, ésta tuvo que cargar con todos los problemas de una madre soltera y pobre. Wilhem después de pasar por la escuela primaria aprendió el oficio de sastre que fue su oficio durante toda su vida. En 1828 escapó de Prusia para no hacer el servicio militar y con un pasaporte falso se dedicó a recorrer Alemania siguiendo la tradición de los «compañeros» y estudió a Fourier y Lamennais . En 1830 fue testigo de los acontecimientos revolucionarios de Leipzig y en 1835 se trasladó a París donde entró en contacto con los sansimonianos, los fourieristas y los seguidores de Babeuf.
En 1837 ingresó en las filas de la Liga de los Justos que trabajaba entonces en estrecha relación con la «Sociedad de Naciones» de Blanqui y Barbés. Pronto se convirtió en el dirigente más importante del grupo y en 1838 redactó su programa con el título de La humanidad cómo es y cómo debería de ser (1838), que significa un paso adelante en la historia del socialismo por cuanto hace una llamada revolucionaria a la clase obrera. Marx que le consideraba muy superior a «la mediocridad de la literatura política alemana» (incluso por encima de Proudhom), vio en él una «contextura de atleta»: «¿Cómo comparar, escribió en 1844, estas botas de siete leguas del proletariado en sus inicios con los pequeños zapatos gastados de la burguesía política alemana?. No se puede sino pronosticar una talla gigantesca a la Cenicienta alemana. Es preciso reconocer que el proletariado alemán es el teórico del proletariado europeo, igual que el proletariado inglés es el economista y el proletariado francés es el político». No obstante más adelante Marx situará a Weitling como el más avanzado representante del artesano, una clase que se debate entre el pasado y el futuro, lo mismo que Weitling se debatía entre el cristianismo primitivo y el comunismo basado en la acción proletaria. Luego definió su comunismo religioso en El Evangelio de un pobre pecador, donde asegura que Jesús fue el precursor del comunismo.
Convertido en un «militante profesional» Weitling se trasladó entre verano de 1840 y primavera de 1841 a Suiza para hacer agitación y propaganda. No tuvo influencia sobre los grupos de artesanos pero sí entre los obreros y logró fundar una sección de la Liga de los Justos en Ginebra y Lausana, llegando a crear «comedores comunistas» a los que quería convertir en ensayos para la nueva sociedad que soñaba. Expulsado de Suiza y de nuevo en París prosiguió su intensa actividad organizativa y fundó diversas revistas. Una de ellas fue La joven generación y sobre ella escribió Engels: «Si bien esta publicación está escrita por un obrero y destinada únicamente a obreros, supera desde el principio a la mayoría de publicaciones de los comunistas franceses». Durante este tiempo Weitling fue el comunista alemán más influyente y temido por las autoridades. En 1842 escribió su obra principal, Garantías de la armonía y la libertad , fue definida por Heine como «el catecismo de los trabajadores» y que levantó el siguiente comentario de Marx: «¿Dónde podría mostrar la filosofía alemana --incluida sus filósofos y sus eruditos-- una obra como la de Weitling?». La hostilidad policíaca llevó a Weitling a considerarse como un mártir semejante a Cristo, al que vio como un comunista que «predicó la igualdad de bienes».
En un proceso celebrado contra él en 1843 defendió su cristianismo diciendo: «No es una doctrina cualquiera la que puede poner en peligro la religión, sino las prerrogativas y privilegios que una minoría quiere eternizar por medio de formalismos religiosos... Cada hombre tiene el derecho de interpretar la Biblia de acuerdo con sus propias convicciones, pues su interpretación no es privilegio de una casta». Condenado en Suiza fue entregado a la policía prusiana. Una vez libre continuó su labor de militante. En 1846 entró en relación con Marx que trató de convencerlo de su programa vanamente. Weitling era reacio a los intelectuales y estaba convencido de que sólo un trabajador sabe lo que necesita la clase obrera. También lo era de cualquier intento de una sistematización científica de las ideas socialistas, y nunca dudó de Sus esquemas comunistas cristianos. Las diferencias entre ambos quedaron patentes con ocasión de la revolución de 1848, ante la cual Weitling no se planteó ningún problema teórico, ningún problema sobre la «transición» de Una revolución democrática a socialista...
Anotemos que e Alemania la forma económica capitalista se desarrolló durante la primera mitad del siglo XIX. El artesanado se vio en dificultades por la competencia extranjera, ante todo del capitalismo industrial inglés en expansión, y por el nacimiento de los talleres manufactureros que trabajaban de manera más racional. Al mismo tiempo nació un capital industrial y comercial. La situación social de amplios estratos del artesanado se caracterizaba por una creciente inseguridad existencial de la que se vieron afectados no sólo muchos maestros artesanos libres, sino también amplios estratos de campesinos. La «liberación de los campesinos», puesta en marcha por las medidas reformistas de Stein y Hardenberg, permitió a los latifundistas privar legalmente a numerosos campesinos de todo lo que poseían. Al mismo tiempo, los gremios se vieron amenazados en su existencia por la formación de una pequeña minoría de empresarios capitalistas en las ciudades que suministraban a los trabajadores las herramientas, las materias primas y organizaban la venta del producto acabado: a partir de antiguos trabajadores de los gremios, apareció un estrato empobrecido de proletarios productores que trabajaban en sus domicilios.
No obstante, las primeras sublevaciones de los trabajadores no tuvieron lugar entre los que producían en industrias familiares -los estratos más miserables y al mismo tiempo más desesperados-, sino entre los empleados en empresas de manufactura y con maquinaria; así, en 1826 protestaron los afiladores de Solingen y en 1828 los tejedores de seda de Krefeld. Su protesta se dirigía contra el inaguantable nivel salarial y contra el explotador sistema de retribución en especie. La revolución parisina de junio de 1830 originó también en Alemania nuevas acciones; así, por ejemplo, los trabajadores destruyeron máquinas y fábricas en Aquisgrán y Eupen; en Berlín los sastres protestaron delante de las ventanas del rey contra la competencia de las máquinas de coser; hubo tumultos en Leipzig y Dresde y en otros lugares. Finalmente, el ataque por parte de estudiantes demócratas contra la guardia de la dieta en Frankfurt desencadenó una ola de represión contra personas indeseadas y sospechosas para la autoridad.
Por entonces, as huelgas y tumultos aumentaron progresivamente hasta la revolución del 48. Mientras que durante los cuatro años de 1840 a 1843 sólo hubo ocho huelgas, en cada uno de los años 1844 y 1845 se produjeron trece huelgas. Pero las masas de los trabajadores se manifiestan contra la miseria reinante no sólo por medio de huelgas, sino también por medio de «tumultos» y concentraciones. Asimismo, el número de escritos sobre la situación de los trabajadores aumentó bruscamente después de la sublevación de los tejedores en junio de 1844. Mientras que en el período de 1840 a 1843 se publicaron unas cinco obras por año, en 1844 aparecieron ya 20, y en 1845 más de 30. En el año de la revolución, 1848, se alcanzó el punto más alto de las publicaciones políticas sobre la cuestión laboral, siendo su número superior a los cien tratados.
Al oficial de sastre Wilhelm Weitling se le ofreció una rica paleta de experiencias: por ejemplo, fue testigo de los acontecimientos revolucionarios del año 1830 ocurridos en Leipzig, donde estaba empleado. Esta fue, según dijo más tarde él mismo, una revolución en la que nadie sabía con certeza lo que quería y de qué se trataba, de tal forma que el pueblo pudo ser engañado por el gobierno. A Weitling podría llamársele, con bastante razón, el Blanqui alemán. Es el representante más importante del naciente socialismo alemán, en cuyas obras se manifiesta la explosiva mezcla de las escuelas francesas del período que precede a la revolución de febrero de 1848. Nacido en Magdeburgo en 1808, hijo natural de una cocinera alemana y de un oficial francés, llevó la vida ambulante propia de un oficial de sastre que huye del servicio militar. Durante su estancia en París entre 1835 y 1841 experimentó las principales influencias que determinarían su formación: como miembro activo de la Liga de los Justos, filial alemana de la secreta Sociedad de las Estaciones, dirigida por Blanqui, publicó en 1838 La humanidad tal como es y tal como debería ser que podría considerarse como la predecesora del Manifiesto Comunista y en cuyas palabras de presentación afirma:
Los nombres República y Constitución tan bellos como son, no bastan por sí solos;
el pobre pueblo tiene el estómago vacío, no tiene nada sobre su cuerpo y siempre debe trabajar; por eso la próxima revolución debe ser, si es para mejorar, una revolución social .
La siguiente obra de Weitling, El Evangelio del pobre pecador, le comportó la detención durante diez meses en una prisión en Suiza y la extradición a Prusia. Después Weitling se fue a Londres y en Bruselas se encontró con Marx y Engels. Sin embargo, diferencias estratégicas y tácticas les llevaron pronto a la ruptura: “Mientras que aquellos opinaban que el proletariado debería apoyar primero a la burguesía en su lucha contra la monarquía y el feudalismo, éste esperaba de la revolución venidera la realización inmediata del orden comunista”.
Nuestro hombre desconfiaba de la estrategia marxista, porque temía que -al igual que ocurrió en Francia- después de la consecución de la república burguesa en Alemania el proletariado se vería privado del goce de los frutos de la victoria sobre la monarquía. Por eso, el objetivo de la Liga de los Justos, aceptando la táctica de Babeuf, consistía en intervenir directamente mediante la propaganda y las acciones revolucionarias para realizar por fin la anhelada revolución social. Weitling, como Blanqui y sus compañeros de lucha, esperan de la revolución lo que Fourier esperaba de los ricos para la realización de su sistema, lo que Proudhon deseaba cambiar en el ámbito de la sociedad burguesa, lo que Louis Blanc aspiraba alcanzar con la administración estatal.
Weitling ve la causa de todos los males en la propiedad privad: y en el medio de su mantenimiento, el dinero. Su programa culmina en la reivindicación de la abolición «de cualquier dominio, basado en la violencia y en el privilegio, en cuyo «lugar debe, ponerse una simple administración que organice los distintos sectores de trabajo y distribuya sus productos». A causa de las poco desarrolladas condiciones alemanas, su concepto de clase todavía es relativamente estático: distingue, por una parte, los ociosos «los que comen gratis», sin hacer diferencias entre señores feudales y propietarios del capital y, por la otra, las masas trabajadoras los que carecen de propiedad, ya sean artesanos, campesinos o proletarios. El elemento aglutinador de las masas populares es sólo la miseria padecida en común; hacerla consciente, añadir la agudeza de la conciencia: aquí es donde Weitling ve su misión. En contraposición a los comunistas utópicos anteriores a Weitling, la sociedad comunista ya no aparece como un simple sueño, sino como el resultado de las acciones revolucionarias de las masas populares. La revolución es, para él, el único medio eficaz para la realización del progreso en la historia. También en este punto se distingue de los demás socialistas primitivos.
Mientras que Saint-Simon quiere eliminar la miseria por el dominio de la industria y la ciencia. Fourier espera la llegada de un poderoso que realice sus planes. Owen lo intenta mediante empresas modelo dentro de un ambiente capitalista. Proudhon sueña en conseguir la felicidad de la humanidad por medio de una banca nacional con créditos libres de pago de intereses para los trabajadores. Louis Blanc quiere desplazar a la vieja sociedad con talleres nacionales. Cabet se aferra a los principios del convencimiento pacífico y del ejemplo. Weitling por el contrario, espera del mismo modo que los neobabeuvistas en Francia, que la transformación comunista en Alemania venga por la revolución. Entiende por revolución la sublevación armada de los oprimidos que, aunque ciertamente debe ser preparada por una amplia agitación, no puede en cambio ser sustituida por ésta. La eliminación de la propiedad, objetivo principal de la revolución, exigiría el empleo de medios violentos, ya que no se podría contar con que los poseedores renunciasen libremente a su propiedad en favor de la mayoría: “Toda revolución social comenzará de una forma distinta a las realizadas hasta ahora...Si el pobre pueblo está harto del yugo y quiere acabar de una vez para siempre con esta situación, entonces no debe declarar la guerra a las personas, sino a la propiedad.
Como último recurso del alzamiento de las masas, Weitling aconseja una estrategia de conflicto no muy distinta de la guerrilla y de la guerra popular llevadas a cabo en los países en vías de desarrollo. En caso de que la explicación y la propaganda no conduzcan por sí solas a la revolución, y los estratos sociales oprimidos no lleguen a descubrir las causas de la pobreza de forma libre, aboga por llevar hasta las últimas consecuencias el desorden existente, es decir, debe incrementarse todavía más la miseria de las masas: Cuando, a pesar de todos los argumentos razonables, los gobiernos no toman medidas para mejorar la situación de las clases más numerosas y pobres, sino por el contrario se incrementa el desorden, entonces todos los que además de la comprensión de la situación todavía poseen valentía, deben dejar de oponerse a este desorden y, por el contrario, deben intentar llevar este desorden hasta las últimas consecuencias de tal forma que el pobre pueblo se alegre de este creciente desorden, como el soldado disfruta de la guerra, de manera que los opresores tengan que sufrir igual que los ricos durante la guerra.
Al parecer de Weitling, el «pobre pueblo» estará maduro para una acción revolucionaria cuando su desesperación haya alcanzado el punto más alto. Según él, el medio último y más seguro de agudizar el desorden hasta los últimos límites consiste en el robo organizado. Weitling busca el potencial necesario para esta operación en el lumpenproletariado urbano. Para estos estratos desarrolla una doctrina de justificación del robo, concebida como la moral de una anarquía social. Su pensamiento básico es: el robo del rico a los pobres es un crimen; sin embargo, el robo de los pobres a los ricos es una acción justa: “Quien roba y hurta a un rico para ayudar con lo robado y hurtado a los pobres, es un ladrón noble, judío; por el contrario, el rico que reduce el sueldo de los trabajadores mediante la especulación para dejar una rica herencia a sus descendientes es un ladrón despreciable y vulgar, un bandido sucio y egoísta"
La teoría revolucionaria de Weitling acaba pues en el «bandido generoso» que establece una «redistribución» a su manera, sangrando a los ricos para ayudar a los pobres. En consonancia con ello, sueña con un Mesías que se ponga al frente de los desesperados, como igual entre los iguales, para dirigirlos a la revolución. No obstante, no quiere esperar pasivamente su llegada, sino que desea ayudar activamente con su acción revolucionaria. El objetivo de que la tiranía de los poseedores y los dominadores sea abolida y de que se construya una nueva sociedad sobre las bases de igualdad y justicia es lo que une estrechamente a Weitling con Babeuf y Blanqui.
A Weitling le corresponde el mérito de haber elaborado una teoría original de la revolución con ayuda de los estímulos recibidos de los pre-socialistas durante su estancia en París. Por eso no es de extrañar que, cuando se hablaba de la contribución para la construcción de un socialismo independiente, proletario, Marx y Engels le alabaran, a pesar de todas las reservas que sentían frente a Weitling. Así, después de la aparición de la obra de Weitling, Garantías de la armonía y la libertad , Marx hace notar en sus Glosas críticas al margen del año 1844: “Por lo que respecta al nivel de formación o de capacidad de formación de los trabajadores alemanes, recuerdo los escritos de Weitling que en el aspecto teórico sobrepasan incluso a Proudhon, a pesar de ser inferiores en cuanto a su realización. ¿Dónde podría mostrar la burguesía?.contando a sus escritores y filósofos- una obra igual. . .que hiciera referencia a la emancipación de la burguesía, la emancipación política? Si se compara la mediocridad evidente y tibia de la literatura política alemana con ese grandioso y brillante debut literario de los trabajadores alemanes, si se comparan estos gigantescos comienzos del proletariado alemán con la pequeñez de la escuela política alemana de la burguesía, entonces debemos profetizar a la cenicienta alemana una figura atlética”.
Cuando en el prólogo inglés a la edición alemana del Manifiesto Comunista se dice que la «emancipación de los trabajadores debe ser obra de la misma clase trabajadora», esta frase programática hace referencia al propio sentido de la teoría comunista de Weitling. Pues para éste está fuera de duda que la clase proletaria no puede seguir yendo a remolque de movimientos pequeñoburgueses, sino que precisa de una organización independiente para prepararse para aquella lucha que Weitling llama revolución social.
La aparición de la obra Garantías y armonías de la libertad de Weitling constituyó también para otros contemporáneos de éste una importante experiencia intelectual. Así, por ejemplo, para Ludwig Feuerbach, quien en el mismo año en que Marx alaba la obra de Weitling, en 1844, reconoció en una carta a Friedrich Knapp: “¡Cómo me sorprendió el modo de pensar y el espíritu de este oficial de sastre! ¡Es un verdadero profeta de su estamento social...! ¡Cómo me sorprende la seriedad, la actitud, la formación de ese muchacho artesano! Cuál es la impedimenta de nuestros muchachos académicos frente a este muchacho¡”. También Feuerbach acumula, después de esta alabanza, nuevo valor que desemboca en un pronóstico de la futura revolución social: ..
Ciertamente pronto -pronto en sentido de la humanidad, no del individuo, pronto cambiará la cosa, poniendo lo de arriba abajo y lo de abajo¡, ¡arriba, los que dominan sentirán y los que sirven dominarán. Este será el resultado del comunismo; no el que espera. Nacerán nuevos linajes, nuevos espíritus y nacerán igual que antiguamente nacían de las rudas tribus germanas, de las masas humanas incultas, pero ansiosas de cultura. y ya actualmente tenemos ante nuestros ojos los comienzos teóricos y religiosos de esta inevitable metamorfosis. Mientras los príncipes se convierten en beatos y pietistas, los artesanos se hacen ateos, y ciertamente en ateos. . . en sentido. . . del ateísmo moderno, positivo, enérgico, religioso. Esto lleva a Engels a afirmar en 1885 en su obra Historia de la Liga de los Comunistas , que Weitling quería reducir el comunismo al cristianismo primitivo, no da en el núcleo de las intenciones de Weitling (1).
En la concepción de Weitling el cristianismo y la Biblia siempre fueron más un arma para el uso táctico, que él sabía utilizar a nivel de la formación de los artesanos para propagar la futura revolución proletaria y, lo que es más importante, para da! su justificación. Parece estar fuera de duda que precisamente con esta retórica teológica ejerció influencia no sólo sobre sus compañeros sastres que, como él, vagaban por toda Europa porque el clima político y filisteo de su patria, Alemania, los rechazaba. Lo que Engels criticaba no era tanto el velo teológico de las obras de Weitling, sino más bien la falta de matices de su teoría revolucionaria. Junto a esta razón fundamental quizá pudieran mezclarse también motivos triviales de competencia entre ellos, pues para Marx y Engels no fue fácil implantarse entre los «Straubinger» del comunismo artesanal, y mucho menos de hacer retroceder la influencia de las corrientes procedentes de Weitling, en favor de la suya propia.
Hay pues una teoría revolucionaria en Weitling que no es ni puramente blanquista, ni está influenciada por la cautelosa táctica de Marx. Es el resultado de experiencias amargas. Weitling está convencido de que con reformas no se puede cambiar nada de forma decisiva. Está convencido de que las reformas no tienen sentido hasta que se consiga una revolución social y que sobre esta base se pueda realizar un trabajo reformista. Del mismo modo no cree en el sufragio universal ni en las libertades burguesas para los trabajadores: “Primero, aquellos combatientes que hacen la revolución conquistan el derecho al voto provisional revolucionario, yen asambleas armadas eligen un gobierno provisional revolucionario y árbitros revolucionarios para establecer el nuevo orden. Sólo tiene derecho a voto aquel que esté ocupado en una actividad útil a la sociedad y dé pruebas de laboriosidad, capacitación y amor al orden. Estarán excluidos del derecho a voto: los capitalistas, comerciantes, sacerdotes, abogados, lacayos y otros elementos parasitarios...
Alcanzada la victoria, el ejército revolucionario anuncia que los principios del Movimiento de Liberación son aplicables a la administración del país. El proletariado es armado; los ricos malvados y los contrarrevolucionarios son desarmados; tribunales y policía son abolidos; el pueblo con derecho a voto designa a las personas que merezcan su confianza para ocupar los puestos que hayan quedado vacantes. Se proclama por ley la obligación universal al trabajo; se castiga como crimen el derroche y la ociosidad. Como dinero se utilizan certificados de trabajo: certificados del tiempo y calidad del trabajo que son canjeados en los almacenes públicos de mercancías por bienes del mismo valor. Toda la población capacitada para trabajar se agrupa en organizaciones por ramos y, para representar sus intereses, elige comités de ramo, cámaras de ramo, y un parlamento social de la Liga familiar democrático comunista. Estos comités determinan en todos los lugares el valor-trabajo de los diversos productos según su naturaleza y su cantidad. El gobierno provisional permanece en el poder tanto tiempo como dure la guerra social...Pero la guerra social durará mientras en algún rincón de la tierra gobiernen las coronas y los sacos de dinero y, con sus cómplices, emboben al pueblo para poder explotarlo mejor.
Weitling esboza aquí algo que se puede llamar una teoría de la dictadura del proletariado como gobierno de transición para llevar a cabo la revolución social. Aquí, por primera vez, un socialista alemán considera la fase de transición dictatorial al comunismo. Weitling parte de que a la dominación popular debe corresponderle, como fundamento social, la igualdad económica. Sin ella, cualquier intento de practicar la democracia estará condenado al fracaso. Detrás de este programa se oculta la duda en torno al esquema de Marx y Engels, quienes en el mismo período en que Weitling defendía la dictadura del proletariado propugnaban la táctica de que no debía hacerse propaganda secreta para la revolución en Alemania ni aspirar directamente a una dominación popular revolucionaria. Según ellos, en un país en el que la burguesía era todavía muy débil, se la debía apoyar primero a llegar al poder para, sobre la base de la república burguesa, ganar un punto de partida mejor para la revolución social del proletariado.
Antes de esta revolución Weitling se fue a Nueva York donde prosiguió su labor proselitista fundando la Liga de la Liberación, y publicando en inglés su Evangelio de un Pobre pescador . En 1848 regresó inmediatamente a Alemania participando en el Congreso de los Demócratas como delegado de la Liga que había fundado en el otro continente. Al fracasar la revolución volvió de nuevo a los Estados Unidos donde permaneció hasta su muerte fiel a sus premisas corporativas que le llevaron a combatir el sindicalismo obrero y la idea de un partido socialista. Decepcionado por sus fracasos se alejó del movimiento obrero en la década de los 60. Se casó ya mayor y tuvo varios hijos. Su honestidad fue proverbial. Pasando necesidades extremas se negó a seguir trabajando de escribiente en una oficina gubernamental en la que se animaba a los jóvenes alemanes a hacer el servicio militar. Cuando el consorcio Singer le plagió un intento para coser y quiso indemnizarle, Weitling rechazó el dinero.
Según el historiador Heleno Saña (Guillermo Weitling, en Líderes obreros (ZYX, Madrid, 1974), Weitling murió pobre y olvidado.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Notas

1) Friedrich Ludwig Weiding, socialista cristiano de Hesse (1791-1837), pastor protestante, rector del seminario de Butzbach y antiguo miembro de las Bunschenschaften. Era un erudito en temas italianos, escribió su doctorado sobre Vittorio Alfieri. Aunque hombre de carácter templado y moderado, sensible a las ideas socialistas, había comprendido que la lucha contra los gobiernos locales y contra la propia Confederación de Francfort, a la sazón dominada por Austria, sólo tenía sentido por los métodos revolucionarios. Colaboró con Becker y con Büchner en la organización de grupos secretos en las Universidades de Giessen y Darmstadt, así como entre los campesinos más pobres. Publicó un pequeño periódico, El Candelero y el Iluminador para Hesse y escribió numerosos opúsculos en los que utilizaba un lenguaje biblizante. Detenido en 1834, acabó suicidándose en la cárcel tras pasar tres años terribles.

La lógica colonial francesa

De los vascos a los argelinos, de la colonización “interna” a la “colonización externa”

El discurso sobre la República y los “valores de la República” volvieron de manera fulgurante al primer plano político y mediático con ocasión de los atentados de enero de 2015 y de su instrumentalización ideológica por parte de Manuel Valls. El relato nacional construido por la clase dominante como ideología de justificación y de legitimación de su poder se volvió a desplegar con sus conceptos farragosos y sus oposiciones binarias (universalismo contra particularismo, modernidad contra reacción, ilustración contra oscurantismo, asimilación contra comunitarismo, etc.). En varias ocasiones nos hemos explicado sobre los retos de esta secuencia histórica que fue “yo soy Charlie [i]". Hoy queremos centrarnos en lo que hace posible esta instrumentalización: la interiorización generalizada en una parte importante de la izquierda del mito de la “misión civilizadora” como herramienta de emancipación de los pueblos de Francia dentro del Hexágono*, y de los pueblos y naciones de Asia, África y América en el exterior de este. Así, las lógicas, objetivos y procesos que presidieron la colonización son de la misma naturaleza que los desplegados en lo que hay que denominar “colonización interna”.

La colonización como proceso de generalización de la relación social capitalista

En su histórico “Discurso sobre el colonialismo”, Aimé Césaire analiza el capitalismo como una “forma de civilización que en un momento dado de su historia se ve obligada de manera interna a extender a escala mundial la competencia de sus economías antagonistas” [ii]. Esta competencia y esta lógica extensiva son consustanciales al capitalismo. Primero se despliegan en las periferias cercanas a unos centros de emergencia del nuevo modo de producción capitalista antes de extenderse a unas periferias más lejanas.
Rosa Luxemburgo pone de relieve acertadamente que esta lógica extensiva supone y necesita la destrucción de las “economías naturales”, de las “economías campesinas” y de las culturas populares en las que se han elaborado históricamente [iii]. Marx describió precisamente el reto que supone esta lucha para el nuevo modo de producción capitalista: «Se había tenido una producción cuyo único excedente era valor de cambio y que se presuponía a la circulación; ahora se pasa a una producción que solo funciona en relación a la circulación y cuyo contenido exclusivo es el valor de cambio” [iv]. Por consiguiente, la lógica extensiva y la guerra contra las “economías” periféricas (primero de proximidad y luego más alejadas) no se despliegan por “maldad” o por “vicio”. Simplemente son la consecuencia lógica del nuevo modo de producción. Reducir la extensión colonial del modo de producción capitalista a una lucha contra el feudalismo ocultando que también es una lucha contra unas “economías naturales” y unas “economías campesinas”, por retomar las expresiones de Rosa Luxemburgo, lleva a la ceguera frente a la resistencia tanto pasada como actual, tanto en el Hexágono como a escala internacional, a la nivelación y a la uniformización capitalista. El Estado francés centralizador no ha sido sino una herramienta de guerra contra el feudalismo, pero también una máquina de destrucción de las economías anteriores y de las culturas que las portaban.
Al hablar de las periferias colonizadas de fuera del Hexágono, Aimé Césaire resume así las características que para el capitalismo constituyen unos obstáculos que hay que destruir: “Eran unas sociedades comunitarias, nunca de todos para algunos. Eran unas sociedades no solo antecapitalistas, como se ha dicho, sino también anticapitalistas. Eran unas sociedades democráticas, siempre. Eran sociedades cooperativas, unas sociedades fraternales” [v].
Por supuesto, hay una idealización asumida de estas sociedades por parte de Aimé Césaire porque su obra es una obra de lucha y denuncia, pero eso no merma en nada las principales características de estas “economías naturales y campesinas”. Recordar estos hechos no quiere decir que haya que construir el futuro por medio de una vuelta a estas formas del pasado. La historia no se reescribe borrando algunas de estas fases sino superándolas hacia un horizonte de emancipación.
Es esencial tener en cuenta esta base material de la colonización para no derivar a una oposición idealista (y, por lo tanto, impotente) a la colonización. Esta última está dotada de un movimiento histórico que le lleva a adoptar diferentes rostros en función de la relación de fuerzas. Los discursos sobre la nación, sobre la asimilación, sobre la integración, sobre el universalismo abstracto, etc., no son sino acompañamientos ideológicos de un proceso de sometimiento total de una periferia a un centro a beneficio de este último.
Estos discursos se mantuvieron primero en el marco de la construcción nacional francesa antes de extenderse a las naciones ultramarinas. Fueron unos instrumentos del establecimiento de la dependencia económica y de la asimilación tanto cultural como lingüística de las culturas del Hexágono antes de servir a los mismos objetivos (con unos medios aún más brutales) para los demás continentes. La colonización interior precedió e hizo posible la colonización exterior.

La asimilación como herramienta ideológica de la construcción nacional francesa

Frantz Fanon destaca pertinentemente que el proceso colonial es indisociable del racismo. Para desplegarse supone la emergencia y la interiorización de dos complejos: el complejo de superioridad para unas personas y el complejo de inferioridad para otras [vi]. El papel del aparato de Estado en Francia ha sido precisamente producir, favorecer y extender ambos complejos por todos los medios disponibles, desde la inculcación ideológica a la violencia abierta.
La cuestión de la cultura en general y de la lengua en particular adquiere una importancia particular en este proceso de sometimiento. Para justificar el sometimiento económico de una periferia a un centro se trata de jerarquizar las culturas y las lenguas. Así, el pensador ilustrado Denis Diderot lo plantea como una evidencia indiscutible: “En un Estado unificado políticamente es legítimo que haya una sola lengua y considerar las demás formas lingüísticas dialectos locales que se dejan al populacho de provincias” [vii]. La confusión entre lengua común compartida y lengua única impuesta revela el proceso de sometimiento y de colonización de las periferias. Al ser indisociable la lengua de la cultura de la que nació, la inferiorización lingüística es en el mejor de los casos una inferiorización cultural y en el peor una destrucción cultural. Hablamos de “mejor” y “peor” situándonos desde el punto de vista de las periferias puesto que para el centro “mejor” es la desaparición total de la alteridad, es decir, la asimilación.
Suzanne Citron puso de relieve la lógica de razonamiento que lleva a este mesianismo de destrucción de las alteridades. Se basa en la reducción de los protagonistas de la Revolución Francesa a una lucha binaria: burguesía contra feudalismo. Ahora bien, este binarismo es una simplificación de la realidad social de los habitantes del Hexágono. Elimina al tercer protagonista: el mundo campesino, sus pueblos y sus lenguas: “Arriba cultura aristocrática franca, monárquica, católica; abajo, cultura burguesa y urbana, cultura de la Razón, cultura de la Ilustración; el sistema de representación que la sustentaba no integraba al mundo rural, sus dialectos locales, sus solidaridades de pueblo” [viii].
Es evidente que esta actitud supone un complejo de superioridad del centro. Se trata ni más ni menos que de plantear el carácter universal de la lengua francesa otorgándole una superioridad de esencia. Así es como habla de ello Bertrand Barrère de Vieuzac, diputado en los Estados Generales y después en la Convención Nacional, para apelar a una guerra para erradicar las lenguas del Hexágono: “El federalismo y la superstición hablan bajo bretón; la emigración y el odio a la República hablan alemán, la contrarrevolución habla italiano y el fanatismo habla vasco. Acabemos con estos instrumentos de daño y de error […] Solo pertenecen a la lengua francesa que desde hace cuatro años leen todos los pueblos […], solo a ella le corresponde convertirse en la lengua universal. Pero esta ambición es la del genio de la libertad” [ix].
Esta lógica de pensamiento que ya era hegemónico en el momento de la revolución burguesa (la cual, recordémoslo, se despliega a la vez contra el feudalismo y contra las economías y culturas populares) continúa y su punto culminante es la Tercera República [francesa] que es a la vez la de la guerra contra la diversidad y la de la colonización interna. En consecuencia, la construcción nacional francesa se construye por medio de una negación de los pueblos del Hexágono (occitano, vasco, bretón, etc.) a través de una confusión entre la unidad política y la unicidad cultural, y de una guerra a la alteridad. Pero esta negación no deja de tener fundamentos materiales: se arraiga en la necesidad de imponer las relaciones sociales capitalistas a unas tierras que hasta entonces funcionaban según una lógica económica diferente. Por eso son indisociables liberación nacional y lucha de clases.

Liberación nacional y lucha de clases

Hablar de lucha de liberación nacional a propósito de los pueblos del Hexágono hace que en Francia se corra el peligro de ser acusado de reaccionario, de partidario de una vuelta al feudalismo. Por el contrario, consideramos que no hacerlo equivale a dejar campo libre a la extrema derecha que sabe muy bien canalizar unas revueltas legítimas para desviarlas de sus objetivos reales. Por consiguiente, convienen precisar de qué se trata, no en la abstracción pura sino en las condiciones concretas del capitalismo francés actual.
En nuestra opinión, abordar la lucha de liberación nacional sin vincularla a la lucha de clases es un disparate. De hecho, es un combate contra una clase social que jerarquiza el territorio en centros y periferias, que no puede sino hacerlo, que necesita hacerlo para mantener sus beneficios. Por ello limitar el combate a la cuestión lingüística solo puede producir impotencia política. Al contrario, contentarse con hablar de lucha anticapitalista sin anclarla en las consecuencias concretas de sometimiento económico y de opresión cultural lleva al mismo callejón sin salida. Este enfoque, que sigue siendo mayoritario entre la izquierda en Francia, lleva de manera consciente o no a una mirada despectiva sobre las formas de revuelta que emergen espontáneamente frente a la dominación.
Sin embargo, no seamos ingenuos. Nuestras luchas contemporáneas se despliegan en un marco preciso, el de la globalización capitalista y de una Europa que es uno de sus polos principales. Esta Europa está repleta de contradicciones y los Estados más poderosos quieren ocupar un lugar hegemónico en ella (Francia y Alemania en particular). Esa es la razón por la que en la Europa del Sur asistimos a una vuelta de los mecanismos coloniales, es decir, a una lógica de sometimiento de estas economías a los centros que son Francia y Alemania. Una expresión significativa de esto es el episodio griego que acabamos de vivir. En este nuevo contexto unas aspiraciones justas pueden ser instrumentalizadas, unas luchas legítimas pueden ser canalizadas hacia objetivos reaccionarios, unas reacciones a la opresión pueden ser manipuladas para asentar otras opresiones. Así es como en nombre de la defensa de las “minorías” se han legitimado varias guerras imperialistas contemporáneas en Oriente Medio y África.
En definitiva, la cuestión que se plantea es la de la lucha para acabar con el sometimiento colonial (y, por lo tanto, del capitalismo al que sirve) y de la concepción del Estado que la acompaña. En nuestra opinión, la solución no está en una vuelta al pasado sino en la invención de un futuro. Para hacerlo, mirar hacia otra parte pude ayudar a desarrollar un imaginario de la liberación. Bolivia, por ejemplo, y su “Estado plurinacional” puede ayudarnos a pensar el futuro.

Said Bouamama
bouamamas
Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos.

Notas

[i] Véase nuestros artículos:
1) Le discours des «valeurs de la république»: Un nouveau masque de l’idéologie dominante,
2) Les fondements historiques et idéologiques du racisme «respectable» de la «gauche» française,
3) La prise en otage des enseignants ou l’instrumentalisation de l’école publique,
4) Les premiers fruits amers de l’unité nationale: Guerres, peurs, humiliation, mises sous surveillance (traducción al castellano: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194713
5) L’attentat contre Charlie Hebdo: l’occultation politique et idéologique des causes, des conséquences et des enjeux, (traducción al castellano: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=194329) etc.,

https://bouamamas.wordpress.com/
* La Francia continental se conoce con el nombre de l'Hexagone ("el Hexágono") debido a la forma de su perímetro. (N. de la t.)

[ii] Aimé Césaire, Discours sur le colonialisme, Présence africaine, París, 2004 [rééd.], p. 9. [Traducción al castellano, http://www.alca-seltzer.org/descolonizacion/cesaire_libro_discurso_sobre_colonialismo.pdf]
[iii] Rosa Luxemburg, L ’accumulation du capital, tomo 2, Maspero, París, 1976, pp. 43-91. [Traducción al castellano, http://grupgerminal.org/?q=system/files/LA+ACUMULACI%C3%93N+DEL+CAPITAL.pdf]
[iv] Karl Marx, Fondement de la critique de l’économie politique, Anthropos, París, 1968, tomo 1, pp. 203-204.
[v] Aimé Césaire, op. cit.
[vi] Frantz Fanon, Racisme et Culture, in Pour la révolution africaine, La Découverte, París, 2001 [rééd.], pp. 37-53[Traducción al castellano, http://www.matxingunea.org/media/pdf/Fanon_Racismo_y_cultura_web.pdf]. Véase también Frantz Fanon, Peau noire, masques blancs, Seuil, París, 1952. [Traducción al castellano, Piel negra, máscaras blancas, Akal, 2009]
[vii] Denis Diderot, Langue, Œuvres, La Pléiade, París, 1946, p. 210.
[viii] Suzanne Citron, Enseigner l’histoire aujourd’hui. La mémoire perdue et retrouvée, Editions ouvrières, París, 1984, p. 67.
[ix] Bertrand Barrère de Vieuzac, Rapport au comité de salut public, in Michel Certeau, Dominique Julia et Jcaques Revel, Une politique de la langue, Gallimard, París, 1975.

Fuente: https://bouamamas.wordpress.com/2015/07/24/la-logique-coloniale-francaise-des-basques-aux-algeriens-de-la-colonisation-interieure-a-la-colonisation-exterieure/

martes, julio 28, 2015

El euro y Grecia en debate



Durante los últimos días, mientras continúa la consumación del plan de coloniaje aplicado a Grecia que evitó transitoriamente su salida del euro, los analistas mundiales debaten las causas y la durabilidad de la zona euro como proyecto de integración económico y político.

Hace días, mientras continúa la consumación del plan de coloniaje acordado entre los líderes de la UE, el FMI y el gobierno de Grecia hoy en mano del partido Syriza, a nivel mundial se discute sobre las consecuencias del acuerdo, los orígenes de las penurias griegas y sobre todo la funcionalidad (o no) de la zona euro.
Un primer punto a destacar al respecto tiene que ver con la diferencia que prima entre los países deudores y los acreedores, y la desventaja que esto conlleva – aun siendo parte de una comunidad del euro, donde algunos como Grecia sufren las consecuencias de un alto endeudamiento y otros como Alemania y Francia, son quienes marcan las reglas del “desendeudamiento” imponiendo medidas de ajustes.
Sobre esta relación desigual, muchos han dado su opinión. Desde estados Unidos, hace pocos días el periódico New York Times dedicaba una editorial a discutir la funcionalidad de ser integrante de la zona euro para algunos países, en un artículo titulado “¿Cómo el euro se convirtió en un trampa?”.
El artículo da cuenta que en 1999, cuando se introdujo el euro, los líderes europeos afirmaban que la moneda en común generaría una mayor integración económica y política entre los países miembros, y sentencia que eso es algo no tan creíble . Y continúa: “mientras Grecia evitó la salida del euro temporalmente, es difícil de creer como un acuerdo que incluye un mayor recorte del gasto (público), subida de impuestos y sólo vagas promesas de alivio de la deuda, sería capaz de recomponer a una economía paralizada lo suficiente como para mantenerla dentro de la zona euro.”
En el mismo sentido, la nota da cuenta de una polémica declaración del Ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schäuble, donde decía que Grecia estaría mejor si abandonará la moneda común por cinco años.
Otro aspecto resaltado en la nota tiene que ver con el objetivo de la zona euro, que no fue sólo económico, sino que se buscaba un marco de alianzas entre los países del continente. Dado que la unidad en la moneda común no fue combinada con una unión política y presupuestaria, se señala este aspecto como un punto problemático. De esa forma la moneda común (euro) fue más vulnerable frente a la crisis económica y sometida a la voluntad de los países más poderosos de la zona.

La costosa salida de la zona euro

La teoría del miedo recorre a los países endeudados que podrían seguir el destino de Grecia, como Italia, Portugal o España. La sugerencia por parte de Alemania (y también Finlandia y Eslovaquia), buscaría según la óptica del New York Times, generar miedo sobre esos países débiles para que acepte sus condiciones de rendición y ajuste. Aunque algunos “partidos más radicales” ya hablan de esa posibilidad en los países mencionados.
La pregunta que cierra el artículo “¿cuál es el costo de abandonar la zona euro?”, nos abre muchos otros interrogantes. Por un lado, a los países acreedores, como Alemania, les generaría una gran pérdida económica, dice el diario. Y agrega que Grecia debe alrededor de 300 mil millones de euros, mayormente a gobiernos europeos, el FMI y el BCE. Además un Grexit podría fortalecer el euro generado una caída en las exportaciones de la eurozona, debido al encarecimiento de sus bienes para el resto del mundo.
La concusión del periódico norteamericano, que evidentemente mira de cerca el futuro de Grecia y la zona euro – un importante competidor mundial- es recomendar a los acreedores un cambio en sus políticas económicas, que han convertido al euro en una trampa de la cual es muy difícil de escapar sin pagar un precio aún más caro.
Desde La Izquierda Diario sabemos que este análisis busca dar una opinión tendenciosa, pero no plantea ninguna salida progresiva para los trabajadores griegos, verdaderos protagonistas de las consecuencias aberrantes que generarán las decisiones que los “líderes europeos” y gobernantes de Syriza toman por ellos. Por ese motivo opinamos que un análisis completo de la realidad debe contemplar una salida real para los griegos, que sólo vendrá a partir de la organización independiente de los trabajadores y la juventud para enfrentar las consecuencias del ajuste.

Guadalupe Bravo
@GuadaBravo

Grecia: una capitulación humillante que no funcionará



El acuerdo impuesto a Grecia en la madrugada del 13 de julio tras una cumbre del euro que duró toda una noche sólo se puede describir como una capitulación humillante. En resumidas cuentas, Grecia ha entregado toda su soberanía a la troika a cambio de un nuevo rescate con duras condiciones y algunas promesas vagas de una restructuración de la deuda (pero no una quita de la misma) que tal vez serán estudiadas en un futuro. Este acuerdo no funcionará. Destruirá políticamente a Tsipras y a Syriza, y económicamente sumirá a Grecia aún más en la recesión. También ha revelado profundas fisuras en la Unión Europea.
Hace seis meses el pueblo griego votó en contra de la austeridad con la elección del gobierno de Syriza el 25 de enero. Hace poco más de una semana rechazaron de manera decisiva la austeridad con un voto del 61,3% por el OXI (NO) en el referéndum convocado por el primer ministro Tsipras el cinco de julio. Ahora, la troika ha impuesto un acuerdo mucho peor que el que se sometió a voto en el referéndum, y el cual Tsipras ha aceptado. Si hay una conclusión que debería quedar clara para todo el mundo en base a esta experiencia es que no es posible acabar con la austeridad dentro de la camisa de fuerza de una Europa capitalista sumida en la crisis.
Los detalles del acuerdo que se ha firmado son estremecedores. Son mucho peores que lo que el gobierno griego propuso el jueves 9 de julio, lo cual ya era un humillante arrodillamiento. El documento ha sido redactado con la colaboración de altos funcionarios franceses y es un reflejo de la enorme presión que ha venido de ciertas partes para evitar una expulsión de Grecia de la eurozona.
En este sentido, Francia ha actuado como el agente de los intereses de EEUU y del FMI, y también para tratar de contrarrestar el peso del poderoso capital alemán en la UE. Los últimos días han desenmascarado mejor que nunca la verdadera naturaleza de la UE. En vez de un “proyecto” para construir una Europa unida y fuerte, hemos visto riñas entre los estados miembros, con los intereses nacionales de cada país sobre la palestra.
También ha caído la máscara de los capitalistas “razonables y civilizados”, saliendo a la luz el verdadero monstruo que durante mucho tiempo se ocultó tras estos clichés. Esto quedó patente sobre todo en el caso de Wolfgang Schäuble, el ministro de finanzas alemán, que ha mostrado una clara determinación por aplastar al pueblo griego y un desprecio hacia sus aliados que trataron de llegar a algún tipo de compromiso para evitar la expulsión de Grecia del euro. Esto es una indicación de lo que está por llegar en términos de las tensiones entre los Estados miembros más poderosos de la UE, y no es un buen augurio para el futuro de la Unión en su totalidad, tanto en el sentido de su menguante influencia mundial y de su cohesión interna.
Los estadounidenses en concreto estaban aterrorizados por el potencial impacto que tendría sobre la frágil economía global un default griego desorganizado. Mientras la atención del mundo entero estaba posada sobre la crisis europea, la burbuja en el mercado de valores chino empezó a estallar. La situación de la economía mundial es tan precaria que cualquier bache la puede sumir en una nueva recesión. Por esta razón, los EEUU ejercieron una presión enorme para que se llegase a un acuerdo. Tal acuerdo debería incluir un alivio sustancial de la deuda. En cualquier caso, tal y comoel FMI admitió en un informe oficial, la deuda griega es inmanejable y nunca será devuelta en su totalidad. Una auditoría es necesaria.
Por supuesto, lo que exigían los EEUU era que el capital alemán acarrease el peso de tal reducción de la deuda, ya que Alemania es el país más expuesto a la deuda griega. Es fácil hacerse el listo con dinero que no es tuyo. Este era el verdadero significado de la propuesta francesa que el gobierno griego presentó al Eurogrupo de ministros de finanzas.
Esa propuesta ya hizo que el gobierno perdiese su mayoría en el parlamento, con 17 diputados de Syriza negándose, de diversas formas, a votar por ella, y otros 15 votando a favor pero protestando contra la decisión. El gobierno tiene una mayoría de 162 diputados (149 de Syriza y 13 de ANEL). Dos miembros de Syriza votaron abiertamente en contra, otros 8 se abstuvieron (incluyendo el ministro de energía y dirigente de la Plataforma de Izquierdas, Panagiotis Lafazanis, y el viceministro de Seguridad Social Stratoulis), otros 7 se ausentaron (aunque dos de ellos mostraron su conformidad con la propuesta) y 15 miembros de la Plataforma de Izquierdas votaron a favor pero emitieron un comunicado separadamente expresando su oposición a las medidas. El gobierno tuvo que apoyarse en los votos de los partidos de la oposición (PASOK, ND, To Potami) para que la propuesta fuese aprobada en la madrugada del 11 de julio. ¡De facto lo que estamos viendo es la creación de una coalición de “unidad nacional”!
El voto no se presentó como un respaldo a las propuestas en sí, sino como un voto para darle autorización al gobierno para que negociase con Europa en base a esas propuestas. Esto era una forma de ejercer presión sobre los diputados críticos de la Plataforma de Izquierdas con el argumento que se trataba de un voto de confianza a Tsipras. En realidad, la Plataforma de Izquierdas debería haber sido mucho más firme, votando en contra de manera unificada y convocando movilizaciones contra estas propuestas que son una violación directa del mandato que se dio en el referéndum.
Cuando las últimas propuestas griegas (es decir, francesas) llegaron a Bruselas fueron recibidas con la firme oposición de Alemania.Schäuble presentó una revisión escritaal documento griego exigiendo una rendición unilateral. Pedía que se llevasen a cabo inmediatamente más recortes y contrarreformas, culpaba a Grecia de cualquier estancamiento en las negociaciones, exigía que 50 mil millones de euros en propiedades del Estado fuesen puestas bajo el control de un fondo en Luxemburgo para ser privatizadas y, por último, planteó la idea de dejar a Grecia fuera de la eurozona durante cinco años (léase que “debería ser expulsada”).
La posición del capital alemán parte de su opinión de que en general la salida de Grecia del euro sería menos costosa (política y económicamente) que un nuevo rescate. Los motivos económicos están claros, en vez de seguir tirando dinero a un pozo sin fondo con pocas perspectivas de recuperarlo, es mejor soltar lastre y escapar, tal vez dando algo de dinero a Grecia en forma de ayudas humanitarias.
Las razones políticas ya las hemos explicado en otras ocasiones: no se puede aceptar que Grecia se desvíe de la austeridad para evitar que otros países sigan el ejemplo. Si se le permitiese a Syriza atenuar los recortes y la austeridad, eso hubiese reforzado a Podemos en España y hubiese debilitado notablemente a los gobiernos de España, Portugal, Francia, Irlanda y otros países que han estado llevando a cabo precisamente esas políticas. Además de esto, con el auge de partidos euroescépticos a su derecha, Merkel no quiere mostrarse blanda con Grecia.
A esto hay que añadir la irritación que produjeron las interferencias francesas en Alemania. ¡Cómo puede permitirse Hollande ayudar a los griegos a escapar de las garras alemanas! El capitalismo alemán es el más poderoso de la UE y por lo tanto tiene la autoridad.
Las exigencias alemanas, expresadas en el documento de Schäuble, eran tan escandalosas y arrogantes que parecían tener como objetivo empujar a los griegos fuera de la mesa de negociaciones. Les ayudaron los finlandeses, cuyo gobierno es rehén de euroescépticos de extrema derecha. No sólo era el lenguaje del documento, pero también la forma con la que se trató a Tsipras en la cumbre. Algunos periodistas burgueses han dicho que fue “crucificado”, otros que “se llevó a cabo una tortura mental”.

El contenido del “acuerdo” de la capitulación

Sorprendentemente, al final se llegó a un acuerdo que básicamente incluía todas las exigencias de Alemania.
El documento, que Tsipras ha firmado, es escandaloso, pisoteando abiertamente la soberanía nacional de Grecia y transformándola en resumidas cuentas en un protectorado de la troika.
Grecia deberá de aprobar leyes en relación a cuatro medidas, incluyendo aumentos en el IVA, recortes adicionales al sistema de pensiones y “recortes de gasto casi automáticos en caso de que haya desviaciones en los objetivos de superávit primario”. Todo esto ha de legislarse en 72 horas, para el 15 de julio. Luego otras dos medidas han de aplicarse para el 22 de julio.
Sólo tras la implementación de estas medidas y tras ser “verificadas por las instituciones y el Eurogrupo”, se “podrá” (nótese la condicionalidad) tomar la decisión de empezar a negociar el Memorando de Entendimiento (MdE).
Pero la cosa no acaba ahí. Para concluir el nuevo MdE, Grecia tendrá que llevar a cabo más recortes y de mayor calado “para compensar por el estado de deterioro económico y fiscal del país”. Esto significa: más recortes en pensiones, “reformas de mercado más ambiciosas”, la privatización de la red eléctrica (ADMIE). Además, se señala que el gobierno griego, al revisar los convenios colectivos y de despido no puede “volver a sus antiguas políticas que son incompatibles con el objetivo de promover (…) el crecimiento”. Esto quiere decir que el gobierno deberá desechar su promesa de reintroducir los convenios colectivos que fueron eliminados en los antiguos memorandos.
Y si estas imposiciones a nivel de la micro-gestión no eran suficientemente insultantes, hay todavía más. El documento también acepta el plan de Schäuble para establecer un fondo de privatizaciones de 50 mil millones de euros. La pequeña “concesión” es que el fondo no estará ya en Luxemburgo sino en Atenas. Sin embargo, esto no implica ninguna diferencia sustancial ya que estará “bajo la supervisión de las instituciones europeas relevantes”. Esto es una locura, incluso desde un punto de vista capitalista. Si sumamos las rentas ya obtenidas en privatizaciones con las que están siendo llevadas a cabo actualmente, obtenemos una cifra de 7 mil millones, y esto ya incluye los activos más valiosos. Es físicamente imposible aumentar siete veces esa cantidad en los próximos tres años.
Y como añadidura la troika (que es de lo que estamos hablando, ya que el documento exige a Grecia que “solicite una continuación de la ayuda del FMI), que estará de nuevo “sobre el terreno, en Atenas”, ¡se arroga el derecho a veto sobre toda la legislación pasada y futura en Grecia! Merece la pena citar literalmente el documento: “el gobierno tendrá que consultar y acordar con las Instituciones todos los proyectos de ley relevantes (…) antes de hacerlos públicos o presentarlos en el parlamento”.
Además de exigir el control sobre la legislación futura, la troika se da el derecho de cambiar leyes ya aprobadas: “con la excepción de la ley sobre la crisis humanitaria, el gobierno griego reexaminará la legislación aprobada contra el acuerdo del 20 de febrero dando pasos atrás en sus promesas programáticas”. Esto ata al actual gobierno griego, elegido por su oposición a los antiguos memorandos, a acatarlos y a cambiar cualquier ley que vaya en contra de sus principios. Eso por ejemplo derogaría la simbólica decisión de reincorporar a las limpiadoras del ministerio de finanzas.
La implementación de estos dictados ni siquiera garantiza el nuevo rescate, como afirma el documento: “los compromisos listados representan los requerimientos mínimos para empezar las negociaciones (…) sin embargo (…) el inicio de éstas no asegura que se llegue a un acuerdo final”.
La cantidad del nuevo rescate del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEE) ronda los 82-86 mil millones de euros, incluyendo 25 mil millones en recapitalizaciones a la banca.
¿Qué se le da a Grecia a cambio de esta capitulación total y su ofrecimiento de sus activos y del control sobre sus finanzas? En relación a la cuestión crucial que el gobierno griego siempre ha enfatizado, el alivio de la deuda, el documento es extremadamente vago. “El Eurogrupo se muestra dispuesto a considerar, si fuese necesario, posibles medidas adicionales (plazos de pago más largos) sobre la deuda griega”.
Este compromiso vago luego recibe un matiz oneroso: “estas medidas se considerarán en condición a la total implementación de las medidas acordadas en un nuevo programa y serán consideradas tras una primera compleción positiva de una revisión”.
La vaguedad de este compromiso contrasta completamente con la dura negativa de la siguiente línea: “la cumbre del euro subraya que recortes nominales de la deuda no se pueden llevar a cabo”, mientras que “las autoridades griegas han de reiterar su cometido unívoco a respetar sus obligaciones financieras a los tenedores de la deuda de manera total y puntual”.
El documento termina con un aliciente bastante dudoso a Grecia, diciendo que la Comisión “trabajará (…) para movilizar hasta 35 mil millones de euros (…) para financiar inversiones y actividades económicas”.
Claramente, Alemania no ha hecho ninguna concesión. Tsipras ha sido obligado a firmar todo a lo que se había opuesto hasta ahora. Mucho se preguntan, ¿cómo es esto posible? ¿cómo ha podido Tsipras firmar un acuerdo tan malo, sobre todo tras haber convocado y ganado un referéndum? Es imposible saber lo que está pasando por la cabeza de Tsipras. Ahora bien, una cosa sí que está clara. La línea de Tsipras y del grupo dirigente de Syriza ha mostrado ser completamente errónea en la práctica. Su estrategia se basaba en la idea de que era posible convencer a la troika para llegar a un acuerdo que permitiese aliviar a la austeridad, lo cual al final daría lugar al crecimiento económico y luego permitiría una devolución de la deuda. Nada por el estilo ha ocurrido.
Cuando convocó el referéndum, Tsipras insistió que un voto por el NO le pondría en una mejor posición en las negociaciones y llegar a un mejor acuerdo. Ha ocurrido lo opuesto.
Además, su insistencia en que mantenerse dentro del euro era la única opción posible le desarmó en las negociaciones, forzándole a hacer incluso mayores concesiones, y dando lugar al final a esta humillante capitulación. Parece no haber aprendido nada y estar dispuesto a firmar su propia ejecución.
Lo peor de esta capitulación es que no funcionará. El impacto que tendrá sobre la economía griega será desastroso. La incertidumbre de las negociaciones y los últimatums de la troika ya han acabado con lo que era una recuperación anémica, sumiendo al país de vuelta en la recesión. Ahora, las dos semanas de cierre bancario y de corralito (y se estima que éste durará cuatro meses), la han mandado de cabeza a una profunda depresión, con la mayor parte de la actividad económica paralizada.
Añadámosle a esto otro paquete de recortes y de austeridad, y el resultado es fácil de predecir. Estas políticas ya han sido implementadas en Grecia los últimos cinco años y han fracasado miserablemente. Han sido incapaces de cumplir su objetivo de reducir el ratio deuda-PIB. Éste ahora se sitúa en más de un 170%. Con estas nuevas medidas inmediatamente saltará a más de un 200%, haciéndolo incluso menos sostenible.
El panorama más probable es que este último “acuerdo” (o más bien imposición) será sólo una escala en el camino hacia una nueva crisis que llevará a un default y a la salida de Grecia del euro.
Desde un punto de vista político, el acuerdo significa el suicidio político del gobierno actual y de la propia Syriza. Ya hay voces en el grupo de Tsipras exigiendo las cabezas de los diputados y ministros que se oponen a su capitulación. El actual gobierno no puede durar ya que perderá su mayoría en las próximas 48 horas. Se están debatiendo diversas opciones, incluyendo un gobierno tecnocrático temporal encabezado por un “independiente” (posiblemente el gobernador del banco de Grecia), una coalición con To Potami etc.
Cualquiera que sea la forma específica que tome estamos hablando, en efecto, de un gobierno de unidad nacional para implementar un programa de ajuste salvaje. Esto cerraría el círculo, con el partido que fue impulsado por las masas al poder para poner fin a la austeridad aliándose con los partidos que fueron derrotados para llevar a cabo el programa de los vencidos.
La presión dentro de Syriza es tal que es improbable que Tsipras convoque una reunión del Comité Central al no estar seguro de que vaya a poder mantener su línea. Primero necesita aprobar estas medidas en el parlamento y para eso necesita una alianza de facto con los partidos burgueses.

¿Había una alternativa?

Sí, pero, ¿cuál era la alternativa? Criticando las propuestas del gobierno la semana pasada, la Plataforma de Izquierdas de Syrizaexpuso su punto de vista. Están a favor de un retorno a la moneda nacional, pero manteniéndose dentro de la UE (“una opción que ya está bien presente en países como Suecia o Dinamarca”) para implementar un programa que sólo puede describirse como de capitalismo nacional. Esto se basaría en exportaciones, la producción nacional, inversiones estatales en la economía y una “nueva y productiva relación entre los sectores público y privado para encauzar al país hacia el desarrollo sostenible”.
En realidad, este plan es tan utópico como el de Tsipras. Si bien no hay alternativa a la austeridad en el marco de la UE, es ingenuo pensar que una Grecia capitalista independiente sumida en la crisis pueda ser lo suficientemente competitiva como para salir de la crisis, enfrentada como está a naciones capitalistas mucho más poderosas. Parece ser que los compañeros respaldan la idea de que la austeridad es “ideológica”, es decir, la elección de malvados banqueros y capitalistas alemanes, en vez de la consecuencia inevitable de la crisis del sistema. La austeridad es un intento de hacer que los trabajadores paguen el precio de la crisis del capitalismo. Ese seguirá siendo el caso dentro o fuera del euro.
Esta perspectiva equivocada es una de las principales debilidades de la Plataforma de Izquierdas. El pueblo trabajador en Grecia tiene un miedo comprensible a las catastróficas consecuencias económicas que tendría un Grexit. Sus temores justificables no se pueden contrarrestar con el argumento de que “las cosas irán mal un tiempo, pero luego podemos devaluar nuestra moneda y construir un capitalismo nacional fuerte”. No resuelve el problema de un aparato industrial débil y menos productivo, incapaz de competir con el de países avanzados y altamente productivos como Alemania. Fuera o dentro de la UE y el euro, este problema sigue ahí. Y la idea de exportar más hasta salir de la crisis es totalmente utópico, considerando la crisis mundial en la que las economías débiles serán las primeras en caer.
La única alternativa es la “ruptura socialista”. Es decir, cancelar la deuda (que como una comisión parlamentaria oficial informó, es “ilegítima, ilegal y odiosa”), nacionalizar la banca y tomar los activos de los capitalistas griegos. En ningún otro momento ha quedado el “realismo” de los dirigentes reformistas de Syriza tan desacreditado como completamente utópico. En ningún otro momento ha sido más fácil argumentar la necesidad del socialismo, ya que coincide con la experiencia práctica de cientos de miles y millones de gente trabajadora griega en los últimos cinco años.
Sólo la reorganización radical de la sociedad sobre la base de la propiedad colectiva de los medios de producción ofrece una salida. Incluso esto no sería posible dentro de los límites de Grecia, un pequeño país en la periferia económica de Europa. Pero mandaría un mensaje poderoso a la clase trabajadora de toda Europa, empezando por España, Portugal e Irlanda.
Si los dirigentes de la Plataforma de Izquierdas adoptasen un programa genuinamente socialista y ofreciesen una clara oposición al memorándum, no sólo con palabras y comunicados, sino con acciones, podrían canalizar la creciente oposición.

¿Y ahora qué?

La humillante capitulación de un gobierno en el que las masas confiaban para poner fin a la austeridad tendrá un impacto profundo. El viernes, las últimas propuestas del gobierno fueron recibidas con incredulidad. Esto se está convirtiendo en rabia e indignación.
Una huelga general ya ha sido convocada para el miércoles 15 de julio por la federación de trabajadores públicos ADEDY. Es significativo que los sindicalistas afiliados a Syriza, junto con otros, jugaron un papel clave durante el voto en la ejecutiva sindical. Se han convocado también manifestaciones ese mismo día para oponerse al nuevo memorándum.
Es una cosa aprobar medidas en el parlamento, pero será difícil implementarlas en la práctica. Los electricistas, los trabajadores del puerto del Pireo, los pensionistas, la juventud que votó masivamente por el OXI… no van a aceptar esto de brazos cruzados. Se han sentado las bases para grandes batallas. La clase dominante europea y sus hermanos pequeños en Grecia esperan una gran mayoría en el parlamento, pero la correlación de fuerzas en la sociedad está girada masivamente contra ellos. Esto no se resolverá a través de métodos parlamentarios, sino a través de la lucha.
Por último, es importante enfatizar que la crisis griega sigue dando lecciones valiosas a todos esos partidos y movimientos en otros países que pueden tener la ilusión de que es posible oponerse a la austeridad y alcanzar un acuerdo con el capital europeo al mismo tiempo. Es posible luchar contra la austeridad, pero el único método efectivo de hacerlo es rompiendo con el capitalismo.

Jorge Martín

En las calles de Atenas con Frantz Fanon

Se impone recordar desde Grecia el nonagésimo aniversario del nacimiento de Frantz Fanon. El azar ha querido que me encuentre en este país en esta fecha y en estas circunstancias. En este país donde se está conduciendo fríamente a la sociedad hacia la miseria el punto de vista de Fanon sobre los movimientos del mundo se verifica implacablemente.
Al pie del Partenón, esta Europa que se reviste del humanismo y la ilustración que habría inventado para iluminar al mundo, se revela como la vio clínicamente Frantz Fanon en su brillante conclusión de Los condenados de la tierra. Una Europa cuyo corazón está en Fráncfort y su alma entera en el mercado bancario globalizado.
Esta Europa que nosotros, los de los lugares convenientemente denominados entonces el Tercer Mundo, encontramos ahora también en los círculos infernales de los negociadores de la deuda de los clubs de Londres y París, frente a los bellacos funcionarios de los ministerios de Economía neocoloniales y sus volubles banqueros centrales o de negocios y en las «asambleas generales» de los elegantes estafadores del FMI y el Banco Mundial.
Esta Europa usurera, tendera sin alma. Esta que, parafraseando al exministro de Economía griego Yanis Varufakis, «echa una mirada vacía» sobre los pobres, los desheredados, los que deben pagar para salvar a los ricos. Esta Europa de los tecnócratas serviles y las multinacionales financieras. La Europa según Goldman Sachs, que generaliza la precariedad en el desarrollo lógico de su colusión con los burgueses apátridas, de derechas o de izquierdas, que han forjado sus lazos de sujeción con los mercados financieros.
Fanon habría cumplido 90 años este 20 de julio si el destino lo hubiera querido y nadie sabe qué pensaría del correctivo infligido al pueblo griego. Pero es más que irónico ver la arrogancia de los comandos financieros alemanes (y de sus hipócritas colaboradores) pisoteando con saña a un país que fue la matriz, lejana y un poco oriental ciertamente, pero matriz reconocida de la Europa de los filósofos y de su cultura. ¿Qué pensaría Fanon de la fría indiferencia de los demás pueblos de esta Unión Europea? ¿Habría renegado de lo que proclamaba poderosamente al final de Los condenados de la tierra?
Es cruelmente revelador observar que los pueblos de Europa no muestran mucha empatía con sus «hermanos» helenos, lo que ilustra el carácter totalmente artificial de una construcción antidemocrática basada en el beneficio y la explotación. Sin embargo la dureza inflexible de las condiciones impuestas a Atenas debería hacerle reflexionar, porque hoy el laboratorio griego es el campo de ensayo de las medicinas que impondrán mañana al resto de Europa. También esto lo describió Fanon con su lucidez quirúrgica, basta con releer Los condenados…
Pero frente al poder del dinero y el cinismo de los enterradores de esperanzas hay que celebrar la valentía del pueblo griego y la solidaridad de los pueblos del Sur del mundo con los manifestantes de la plaza Syntagma. En efecto, aunque la falta de solidaridad de los pueblos del Norte es atronadora, el pueblo griego no está solo. Los que conocieron los programas de ajuste estructural, las renegociaciones, las reestructuraciones e incluso las «reperfilaciones» de la deuda –vocablo popularizado en Argelia a finales de los años 80 y principios de los 90- no ignoran nada de los sufrimientos y privaciones soportadas por los griegos. África y América Latina conocen por experiencia la religión del mercado y a los evangelistas criminales del ultraliberalismo.
La Europa de los mercados es un callejón sórdido que desemboca en el muro ciego de los populismos vulgares, de los nacionalismos criminales y en la omnipotencia del rey dinero. Más que nunca, Europa se repliega sobre los fracasos de su historia hasta la caricatura. Por lo tanto, sí, en nombre del humanismo universal y de la fraternidad humana hay que salvar a esta Europa de sí misma como invita Fanon en su última recomendación: « Por Europa, por nosotros mismos y por la humanidad, compañeros, hay que cambiar de piel, desarrollar un pensamiento nuevo, tratar de crear un hombre nuevo».
En las calles de Atenas con el pueblo griego.

Omar Benderra
Fondation Frantz Fanon
Traducido del francés para Rebelión por Caty R.

Omar Benderra fue responsable de la negociación de la deuda externa de Argelia de 1989 a 1991.

“Telesur permitió a la región contarse de otra manera”

Entrevista a Patricia Villegas, presidenta del canal multiestatal

En el 10º aniversario de la cadena multiestatal TeleSUR, su presidenta Patricia Villegas desmenuza en esta entrevista el significado histórico de esta inédita experiencia que marcó a fuego el campo comunicacional en América Latina y el Caribe. Villegas analiza también el escenario mediático en la región, signado por la disputa de sentidos frente a las grandes corporaciones, y destaca la trascendencia de “poner las cámaras en el lugar donde están las victimas y no los victimarios”.
– ¿Cuáles son los principales aportes que ha hecho Telesur en estos 10 años?
– Creo que Telesur puso nuevamente en el escenario público una discusión muy importante que es el derecho a la información, o la información como un derecho. Veníamos de una América Latina y el Caribe golpeada por la década neoliberal, los derechos fundamentales habían sido privatizados, y así como la salud o la educación son derechos, la información también lo es. Y el hecho de que Telesur considere a su audiencia no como consumidores sino como usuarios es un cambio que corresponde a esa mirada.
Otro tema no menor es que en América Latina, en medio de una fuerte desinversión por parte de los gobiernos neoliberales, le había sido entregada a los medios públicos fundamentalmente la labor de contar la cultura, el folclore, pero había desaparecido la noticia, la información, la opinión. Eso se le había entregado a los medios privados.
Estos dos elementos son fundamentales dentro de lo que Telesur instala en el escenario mediático continental en estos 10 años. Después hay otra cantidad de cosas ya desde lo concreto. Por ejemplo, que los profesionales de Telesur cuentan con las mismas herramientas tecnológicas que en los medios privados. La desinversión en los medios públicos había generado una gran diferencia en las posibilidades de contar. Telesur revierte esa tendencia, nosotros podemos contar nuestras historias teniendo las mismas oportunidades tecnológicas que los medios privados.
-¿Qué aspectos rescatan de experiencias anteriores de comunicación contrahegemónica y qué generó la irrupción de Telesur en la región?
– En una entrevista que le hicimos al Comandante Chávez en octubre de 2005, en los comienzos de Telesur, él me dice “estoy muy feliz Patricia. Es muy lindo ver la concreción de un sueño, de un sueño de mucha gente antes que tú, incluso de mucha gente antes que yo”. Obviamente que Telesur tiene unos antecedentes, de una comunicación diferente, una comunicación que pone las cámaras en el lugar donde están las victimas y no los victimarios, hay enormes antecedentes de eso.
De alguna manera, la irrupción de Telesur, que es hija de los procesos de transformación en América Latina y el Caribe, le ha permitido a la región contarse de otra manera. Durante el golpe de Estado en Honduras, por ejemplo, el relato habría sido otro si las cámaras de Telesur no hubieran estado allí en vivo. No se necesitaba ni siquiera interpretar lo que estaba pasando, era cuestión de subir una señal y mostrarlo, tener el coraje y la capacidad técnica para hacerlo. No es que creamos que tenemos la verdad revelada ni se trata de hacer coberturas espectaculares, sino de estar allí, del lado de las victimas, en el lugar donde se origina la historia, contando lo que está pasando. Yo me pregunto, por ejemplo, ¿qué habría pasado durante el Plan Cóndor si hubiera habido telesures?
Entonces, esto cambia el escenario de los medios en América Latina, hay propuestas y estrategias comunicacionales que surgen tras el nacimiento de Telesur y tras ver que nosotros íbamos construyendo ese otro relato, el de esta América Latina que estaba cambiando y que estaba siendo amenazada como lo sigue estando hoy.
Telesur, además, reivindica el periodismo desde lo local, por eso tenemos la red mas grande de colaboradores y corresponsales que cualquier agencia de noticias en esta parte del mundo. Tiene que ver con la concepción, con la génesis del proyecto, lo que ademas nos permite estar en la ofensiva y no en la reacción del relato.
– ¿Cómo analizas el mapa comunicacional actual en América Latina y la correlación de fuerzas frente a las grandes corporaciones mediáticas? ¿Cuál es la estrategia de Telesur para afrontar esa “batalla”?
– Por supuesto que los grandes monopolios siguen tendiendo la hegemonía y el desbalance sigue siendo enorme. Diez años son muchos para la vida de los seres humanos pero para un proyecto de transformación, que tiene que dejar atrás siglos de exclusión y de pobreza, son muy pocos. Obviamente que el escenario de los medios en América Latina sigue siendo hegemónico para los monopolios económicos, pero hace diez años no existían medios públicos como los que hay ahora en Bolivia o Ecuador o Argentina. Hay una consolidación de medios públicos. La sociedad tiene derecho a estar informada y la única posibilidad de que eso sea real es que el Estado participe de ello, como con tantos otros derechos que hemos ido conquistando.
Obviamente el panorama no es de triunfo para nosotros, pero hoy ocupamos un lugar. Cuanto tú tienes que contar la historia de América Latina y el Caribe, hoy necesariamente tienes que ver Telesur, como tienes que leer Nodal. Pero Telesur o Nodal son posibles porque hoy en buena parte de nuestros países hay una “inseguridad” sobre en los medios -como dice Ignacio Ramonet-, la gente duda de lo que le están diciendo los medios privados, incluso duda de lo que le dicen los medios públicos lo cual es muy bueno, y consulta distintas fuentes. Eso no sucedía hace diez años.
– En diferentes coyunturas políticas, la derecha mediática continental ha demostrado tener mecanismos muy eficaces de articulación en defensa de sus intereses. ¿Qué lectura tienes de los procesos de integración desde los medios públicos y populares y cuál es el aporte que viene haciendo Telesur en ese camino?
– Nosotros no nos dedicamos mucho a ver lo que está haciendo la competencia, no queremos ser la reacción a nada sino tener nuestra propia apuesta. Pero la batalla está allí, por supuesto, es una batalla enorme y hoy las batallas en buena medida se viven en los medios. En estos diez años hemos logrado apoyar la creación de otros medios, hacemos alianza con canales de otros continentes como Rusia Today o Al-Mayadeen. Hacemos parte de diversas redes, trabajamos con los movimientos sociales del ALBA, hacemos talleres para periodistas comunitarios, articulamos con las televisoras públicas, por ejemplo con el programa “De Zurda” durante el Mundial que se transmitía en simultaneo por la TV Pública argentina. También tenemos convenios con emisoras regionales, comunitarias, universitarias, construimos una enorme red que nos permite multiplicar el mensaje.
Es cierto que la derecha tiene mucha habilidad para publicitar sus acciones y sin duda todavía tiene la hegemonía comunicacional, siempre creo que podemos hacer mucho más y es una de las tareas en las que tenemos que seguir creciendo.
– ¿Cuál es el proyecto al que Telesur le viene poniendo más energías en esta etapa?
– Nuestro proyecto más importante en este momento es Telesur en inglés, que está cumpliendo un año. Nuestro camino es convertir a Telesur en una plataforma multilingüe, ya estamos produciendo 29 programas en inglés, hay una gran producción de contenidos en un idioma que es trascendental. La idea es poder contarle a todo el que habla inglés lo que está sucediendo en América Latina, que tenga otra fuente de información, pero también dar una visión alternativa desde el Norte, que la gente en el Norte pueda ver sus historias contadas de otra forma. Ese es el gran reto actual de Telesur. Y después tenemos en mente Telesur en árabe.
-¿Qué cosas habrían cambiado o habrían sido de otra manera si no hubiese existido Telesur?
– Creo que el caso mas emblemático es el que te comentaba de Honduras. También durante el intento de golpe en Ecuador en 2010, allí los medios hablaban de una “revuelta policial” cuando vivíamos incluso un intento de asesinato al presidente Rafael Correa. Y ahí estaban las cámaras de Telesur para mostrar los tiros sobre el carro de Correa. Lo que nos ha permitido construir otro relato no tiene que ver tanto con interpretar la realidad sino con poder mostrarla en vivo. No es sólo lo que hubiera sido diferente sino quién lo habría contado, como el Coronel no tiene quién le escriba… ¿Quién habría contado eso?
Otra situación emblemática fue en Trípoli, que supuestamente estaba siendo bombardeada por la aviación de Gadafi. Cuando nuestros equipos llegan ahí no había ningún rastro de eso, yo misma había sido victima de la desinformación dominante. Y eso lo desmontó Telesur. Entonces, hay historias que el relato oficial y popular habrían sido de otra manera si no hubieran estado las cámaras de Telesur. Creo que ese es el aporte maravilloso de este proyecto.
– ¿Cuál crees que será la huella que dejará Telesur en la historia de la comunicación?
– Es una pregunta difícil porque yo tengo una relación muy amorosa con Telesur, he aprendido a ser una ciudadana latinoamericana y caribeña trabajando en este proyecto. Me siento colombiana de nacimiento y me corre sangre colombiana en las venas pero me siento también argentina, boliviana, profundamente venezolana… Creo que hemos logrado que las audiencias sientan que a través de experiencias como Telesur se les ha permitido tener el registro de un nuevo derecho, el derecho a la información, a la comunicación. Eso es lo más trascendente: hoy la gente está viendo y leyendo los medios de otra manera.

Gerardo Szalkowicz
Nodal

lunes, julio 27, 2015

Los medios y la batalla por la democracia en América Latina



América Latina viene protagonizando, desde finales del siglo pasado, una tremenda batalla por construir una democracia digna de ese nombre. Esto quiere decir, algo que vaya más allá de la sólo alusión a la mecánica electoral y que se sintetiza en la tentativa de fundar sociedades más justas en este, el continente más desigual e injusto del planeta.
La experiencia enseña que mientras las democracias admitan resignadamente la injusticia, la desigualdad y la opresión sus gobernantes no tropezarán con obstáculos para su funcionamiento. (Claro, la pregunta es si a un tipo de régimen como ese le cabe el nombre de democracia). Pero si se propusieran acabar con aquellos flagelos, o hacer real la soberanía popular, allí comenzarían los problemas. Y tal como lo comprueba la historia, en tales casos la respuesta de las clases dominantes es brutal.
El caso de Grecia es ejemplarizador. Allí Syriza cometió un “error” imperdonable: honrar el proyecto democrático y consultar al pueblo ante una decisión crucial como el ajuste que le proponía la troika. En una jornada memorable aquel rechazó el ajuste con casi las dos terceras parte del voto. Pero Angela Merkel y sus mandantes respondieron con inusitada ferocidad, llamaron a Alexis Tsipras al orden, le obligaron a votar en el Parlamento griego un ajuste aún peor y, ante la sorpresa general, Syriza convalidó este atropello al mandato popular y degradó a Grecia convirtiéndola en un enclave neocolonial de la troika y, sobre todo, de la banca alemana.
En América Latina y el Caribe (ALC) conocemos desde hace mucho esa brutal y despótica actitud de las clases dominantes. El listado sería interminable: recordemos nomás algunos casos paradigmáticos como los de Jacobo Arbenz, en Guatemala; Juan Bosch en RD, Salvador Allende en Chile; Joao Goulart en Brasil; Omar Torrijos en Panamá; Jaime Roldós en Ecuador y Juan J. Torres en Bolivia. Salvo Bosch y Arbenz ninguno de ellos murió de “muerte natural”, seguramente que de pura casualidad nomás. Y la lista es incompleta: agreguemos a René Schneider, Carlos Prats, militares constitucionalistas chilenos, y también a Pablo Neruda y tantos más que no viene al caso rememorar en esta ocasión pero que atestiguan lo peligroso que puede ser en esta parte del mundo intentar construir una sociedad mejor.
Más recientemente, la reacción ante la oleada democratizadora puesta en movimiento con la elección de Chávez en 1998 no se hizo esperar, procurando arrancar la maleza de raíz y evitar su propagación. La reacción ante el nuevo clima político instalado en la región se tradujo en el golpe de estado en Venezuela, en Abril 2002, derrotado por la formidable respuesta de la población que evitó el magnicidio y restituyó a Chávez en el poder. Luego de eso, el paro petrolero que tanto daño hizo a la economía venezolana. Derrotada también esta intentona, en 2008 la coalición oligárquico-imperialista vuelve a las andadas en Bolivia: tentativa de golpe y secesión, frustrada por la decisión de Evo y la rápida reacción de la Unasur. En 2009 derrocan a Mel Zelaya en Honduras, uno de los pilares fundamentales de la estrategia antisubversiva de Estados Unidos en la región. Fracasan en el 2010 cuando, en septiembre de ese año, tratan de deponer a Rafael Correa en Ecuador. Se repliegan, toman aliento y vuelven a la carga en el 2012, liquidando al gobierno de Fernando Lugo en Paraguay, otro pilar de la estrategia norteamericana por su presencia en la gran base militar de Mariscal Estigarribia. Es que con “gobiernos amigos” en Honduras, Colombia y Paraguay se garantiza el éxito de la operación “Frog leap” (salto de rana) del Comando Sur concebido para concretar el rápido despliegue de sus tropas hasta el norte de la Patagonia en veinticuatro horas, en caso de que las circunstancias así lo exijan. Si no hay “gobiernos amigos” la logística de la operación es mucho más incierta y complicada.
Esto no debería sorprender a nadie si se tiene en cuenta que los lineamientos generales de la política de EEUU hacia ALC han permanecido invariables desde 1823, cuando fueran establecidos por la Doctrina Monroe: mantener la desunión a las repúblicas al Sur del Río Bravo; fomentar sus discordias y sabotear cualquier tentativa de unión o integración, directivas puntualmente seguidas desde el Congreso Anfictiónico convocado por Simón Bolivar en 1826 hasta nuestros días. Fiel a estas premisas, ante la institucionalización de la Unasur y la CELAC el imperio respondió con su más reciente táctica divisionista: la Alianza del Pacífico, que agrupa a un conjunto de países que casi no tienen vínculos comerciales entre sí para debilitar los proyectos integracionistas en curso y, de paso, neutralizar la presencia de China en el área. Ya el Libertador había advertido sobre estas maniobras en su célebre Carta de Jamaica de 1815.
Por lo tanto, gobiernos que se tomaron –o se toman- en serio al proyecto democrático se convierten automáticamente en mortales enemigos de los poderes establecidos. En la cosmovisión burguesa del mundo y la política la democracia nada tiene que ver con la justicia social. Es apenas el rostro hipócritamente amable de la dominación, y será tolerada siempre y cuando no ponga en riesgo a esta última. Si con sus “excesos”, su “demagogia” o su desvaríos “populistas” amenaza con poner fin a la dominación clasista y a la injusticia, su suerte estará echada y todas las fuerzas del imperio y sus aliados locales se pondrán en marcha para destruirla. Si no pueden derrocar por la vía rápida del clásico golpe militar al gobernante que tiene la osadía de cultivar tales propósitos lo que se hace es socavarlos y desestabilizarlos, hasta que se produce su derrumbe. Para esto se sirven de las recomendaciones del manual de Eugene Sharp sobre la “no violencia estratégica”, que en realidad es un compendio sobre la utilización racional, fría y calculada de la violencia. La historia reciente de países como Honduras, Paraguay y Venezuela ilustra con elocuencia que clase de “no violencia” es la que se emplea y cuán “blando” puede ser el golpe de estado en curso.
Desestabilización aplicada, en diferentes grados y apelando a distintas tácticas, contra los gobiernos progresistas de la región, no importa si se trata de sus variantes “moderadas” (como en Argentina, Brasil y Uruguay), o uno “muy moderado”, o “inmoderadamente moderado”, como en Chile, o de gobiernos como los bolivarianos (Venezuela, Bolivia y Ecuador, por estricto orden de aparición) cuyo horizonte de cambio provoca, a diferencia de los casos anteriores, la virulenta animosidad de las clases dominantes.

Condiciones de la democratización

La realización del proyecto democrático exige la presencia de una serie de factores que faciliten su pleno desenvolvimiento: a) la organización del campo popular a los efectos de constituir el nuevo “bloque histórico” contrahegemónico del que hablaba Antonio Gramsci porque sin él, sin la organización, la mayoría social representada por los pobres, los explotados, los excluidos carecerá de efectos políticos y mal podría alterar la correlación de fuerzas en su favor; b) la concientización, porque una mayoría social, aún organizada, puede convertirse en fácil presa de la minoría dominante que ha ejercido su dominio desde siempre. Un movimiento obrero altamente organizado pero sin conciencia de clase lejos de ser una amenaza es una bendición para la hegemonía burguesa. Ejemplos de este tipo abundan y no los examinaré aquí, porque no es el objeto de esta presentación. ¿Basta con esto para darle impulso a una democratización fundamental, no de forma? No. Se requiere, además, contar con un sistema de medios de comunicación que torne posible la circulación de las ideas “subversivas” de un orden social que debe ser subvertido porque condena a la humanidad y a la Madre Tierra a su extinción.
Por eso la creación de Telesur significó un valioso aporte en el proceso de avance y consolidación democrática en los países de ALC. Y esta también por eso que Telesur encuentra tantos obstáculos en países gobernados por la derecha, que no quieren que los contenidos de esa señal informativa circulen en el éter. No se la puede ver en Colombia, en Chile, en Brasil, en tantos otros países, excepto a través de la Internet. Y esto no es casual ni debido a problemas técnicos sino pura y exclusivamente por una opción política interesada en impedir –o en todo caso dificultar- el debate de ideas y alimentar todas las variantes del pensamiento conservador, manteniendo a esos países en la ignorancia de lo que ocurre en los vecinos, promoviendo el chauvinismo y la xenofobia, fomentando el consumismo y la imitación del “modo americano de vida”, satanizando a los líderes y procesos políticos emancipatorios y exaltando al capitalismo como el único sistema posible y racional para organizar la vida económica de las naciones. De ahí la centralidad de luchar en el plano de las ideas apelando a los instrumentos propios de nuestra época, desde la televisión hasta las redes sociales. Esta necesidad había sido precozmente detectada entre nosotros por Martí cuando decía que “trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras”.
Fidel, digno heredero de aquel, convocó hace más de veinte años a librar la “batalla de ideas”, al comprobar que el fracaso económico y político del neoliberalismo no se traducía en la conformación de un nuevo sentido común posneoliberal.
Desgraciadamente, la izquierda demoró mucho en tomar nota de todo esto. Pero el imperio, por el contrario, siempre tuvo un oído muy perceptivo para controlar la conciencia de sus súbditos y vasallos, tanto dentro como fuera de Estados Unidos. No de otra manera se puede comprender la importancia asignada a los estudios de opinión pública y comportamiento consumidor por la sociología norteamericana desde los años treinta en adelante. Estudios orientados a fines prácticos muy concretos: modelar la conciencia, los deseos y los valores de los individuos, en una escalada interminable que comenzó con investigaciones motivacionales para dilucidar los mecanismos psicosociales puestos en marcha en las estrategias de los consumidores en la sociedad de masas hasta llegar hoy a los “focus groups” para saber qué quiere escuchar el electorado y quién quiere que se lo diga y como y, de ese modo, garantizar que los personajes “correctos” triunfen en las elecciones fabricando candidatos con el perfil exacto de lo que quiere la amorfa mayoría.
Noam Chomsky y sus asociados estudiaron este asunto en gran detalle y a ellos me remito. Pero no pensemos que este esfuerzo es cosa del pasado. Como lo revelara hace un tiempo Gilberto López y Rivas en México, hay un multimillonario proyecto de investigación, llamado Minerva, por el cual el Pentágono encomendó a partir del 2008 el estudio de la dinámica de los movimientos sociales en el mundo con el propósito de neutralizar el contenido potencialmente revolucionario de organizaciones calificadas sin más como “terroristas”. Esto es la actualización del famoso proyecto Camelot que culminara con un escándalo a mediados de la década de los sesentas del siglo pasado.
Estos estudios fueron muy importantes para elaborar ciertos aspectos de la doctrina estadounidense en materia de política exterior. Desde finales de la Segunda Guerra Mundial EEUU identificó a dos actores claves para garantizar la estabilidad del nuevo orden imperial: los académicos, intelectuales y, más generalmente, los comunicadores sociales; y, por otro lado, los militares, reserva última en caso de que la labor de los primeros no produjese los frutos deseados. Todos los grandes programas de becas para estudiar en universidades norteamericanas, así como los numerosos programas de intercambio con jóvenes intelectuales y artistas, periodistas y comunicadores en general tienen esa misma fuente de inspiración. Lo mismo cabe decir de los voluminosos programas de “ayuda militar” que Washington administra a escala mundial.

Sobre el papel de los medios de comunicación

En esta “batalla de ideas”, emprendida por el imperio antes que por la izquierda, el papel de los medios de comunicación es de excepcional importancia en las sociedades de masas de nuestros días. Es por eso que en una audiencia ante la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de Estados Unidos un miembro informante del Pentágono decía que “en el mundo de hoy la guerra antisubversiva se libra en los medios, no en las junglas y selvas o en los suburbios decadentes del Tercer mundo. Ese es el principal teatro de operaciones.”
Las nuevas tecnologías de información y comunicación potenciaron hasta límites inimaginables esta operación de manipulación de conciencias y lavado de cerebros. Para calibrar los alcances de la misma es oportuno recorrer los principales hitos de esta historia. La prensa gráfica, el primer medio de comunicación de masas, veía recortada su influencia por el analfabetismo y los problemas logísticos de circulación los que, sumados a las restricciones económicas que podían afectar a sus lectores, hacían que llegara apenas a un sector muy pequeño de la población. La “opinión pública” era, en realidad, la de un sector privilegiado por su posición en la estructura social. Con la aparición de la radio se produjo un salto de enorme importancia, potenciando una vía de comunicación que superaba los obstáculos de los medios gráficos, lo que le permitía llegar a los más apartados rincones y, sobre todo, de ser eficaz vehículo de transmisión al alcance de quienes no sabían leer. La introducción del transistor y la aparición de la radio portátil multiplicó significativamente la eficacia comunicacional de este medio.
En el caso argentino es difícil comprender los primeros años del peronismo al margen del enorme impacto producido por los discursos transmitidos por radio de Perón y Evita que cautivaron a millones de radioescuchas y los impulsaron a participar activamente en la vida política del país.
Con el advenimiento de la televisión el sistema de medios alcanza una penetración y, sobre todo, una eficacia proselitista sin precedentes. La combinación de la imagen y el sonido, amén de la instantaneidad de los productos televisivos y sus continuos progresos tecnológicos (paso del blanco y negro al color, cable, HD, etcétera), hicieron de este medio el dispositivo por excelencia de la formación de la opinión pública.
Un hallazgo decisivo de los estudios de comunicación en Estados Unidos se produjo a raíz del primer debate presidencial televisado, en 1960, entre John F. Kennedy y Richard Nixon. Este era el candidato oficialista, que lideraba las preferencias. Sin embargo, en la elección fue derrotado, por un estrecho margen (aproximadamente un 1 %). ¿Qué fue lo que encontraron los investigadores? Que quienes escucharon el debate por radio decían que el ganador había sido Nixon, pero quienes vieron el debate por TV se inclinaban mayoritariamente por JFK. La radio transmitía un mensaje, la voz; la TV, la voz y la imagen, y esta resultó ser decisiva, porque a Nixon se lo vio mal en las pantallas televisivas, luciendo desprolijo y sudoroso, que contrastaba desfavorablemente con un apuesto y joven candidato.
Reflexionando sobre este tema, Giovanni Sartori, escribió en Homo Videns que:
En la televisión el hecho de ver prevalece sobre el hecho de hablar. Como consecuencia, el telespectador es más un animal vidente que un animal simbólico. Para él las cosas representadas en imágenes cuentan y pesan más que las cosas dichas con palabras. Y esto es un cambio radical de dirección, porque mientras que la capacidad simbólica distancia al homo sapiens del animal, el hecho de ver lo acerca a sus capacidades ancestrales, al género al que pertenece la especie del homo sapiens.
En otras palabras, la televisión nos hace retroceder en la escala animal, según este autor, produciendo un progresivo menoscabo de nuestras facultades de simbolización a favor de las más elementales de visualización. Puede parecer exagerado pero conviene tener en cuenta esta observación.
Ahora bien, el poderío manipulatorio de la TV creció paso a paso con un fenomenal proceso de concentración de la propiedad de los medios de comunicación. Es decir, con una deriva de signo claramente antidemocrático, por dos razones: (a) porque los medios se fueron agrupando en un pequeño núcleo de propietarios –que luego se transnacionalizó- dotado de una capacidad de chantaje y extorsión que puede coloca a gran parte de los gobiernos de rodillas ante su prepotencia; (b) porque tanto los contenidos que difunden los medios como su organización y las características de su inserción en el éter están fuera de cualquier tipo de control democrático. Sus propietarios se escudan detrás de la defensa de la propiedad privada, la libertad de prensa y de pensamiento para desbaratar cualquier intento de regulación democrática. Aducen, también, que al ser entidades de derecho privado esos medios se deben encontrar a salvo de cualquier clase de fiscalización estatal que pudiera erigir alguna traba a su derecho a disponer de sus medios de la forma que estimen más conveniente. Pero ocultan que son privados en cuanto al régimen de propiedad, pero por sus efectos y sus consecuencias son entes eminentemente públicos, y por lo tanto deben ser sometidos a control democrático. Cabe recordar aquí las incisivas observaciones de Antonio Gramsci sobre este tema, aplicado, en su caso, al papel público que tenían otras instituciones no-estatales, como la Iglesia, y la necesidad de la fiscalización democrática de sus actividades educacionales.
(Sobre el tema de la concentración, el libro de Mastrini y Becerra, “Periodistas y Magnates. Estructura y concentración de la propiedad de las industrias culturales en América Latina” arriba a la conclusión de que “Televisa de México, O Globo de Brasil y Clarín de Argentina constituyen, quizás, los ejemplos más emblemáticos de concentración de medios de comunicación que han atravesado muchos de nuestros países.”
En relación a esta tendencia hacia la concentración el cineasta y documentalista australiano John Pilger dice que este proceso remata en la instauración de un “gobierno invisible” e incontrolable, que no rinde cuentas ante nadie y que actúa sin ninguna clase de restricciones efectivas a su enorme poderío: “Hay que considerar cómo ha crecido el poder de ese gobierno invisible. En 1983, 50 corporaciones poseían los principales medios globales, la mayoría de ellas estadounidenses. En 2002 había disminuido a sólo 9 corporaciones. Actualmente son probablemente unas 5. Rupert Murdoch ha predicho que habrá sólo tres gigantes mediáticos globales, y su compañía será uno de ellos.”
Esto se relaciona con otra tendencia, íntimamente vinculada a la anterior: la aparición del llamado “periodismo profesional, objetivo, ‘independiente´”, términos muy utilizados en el debate político latinoamericano a la hora de justificar la ofensiva destituyente que los grandes medios lanzan sobre los gobiernos progresistas de la región. Pilger lo relata de esta manera: 

Fue hace casi 80 años, no mucho después de la invención del periodismo corporativo. Es una historia de la que pocos periodistas hablan o saben, y comenzó con la llegada de la publicidad corporativa. A medida que las nuevas corporaciones comenzaron a adquirir la prensa, se inventó algo llamado “periodismo profesional.” Para atraer a grandes anunciantes, la nueva prensa corporativa tenía que parecer respetable, pilares de los círculos dominantes – objetiva, imparcial, equilibrada. Se establecieron las primeras escuelas de periodismo, y se tejió una mitología de neutralidad liberal alrededor del periodista profesional. Asociaron el derecho a la libertad de expresión con los nuevos medios y con las grandes corporaciones.

Y la dependencia de este periodismo con el “pensamiento dominante” queda en evidencia cuando recuerda el caso de:
… numerosos periodistas famosos del New York Times, como por ejemplo el celebrado W.H. Lawrence, que ayudó a ocultar los verdaderos efectos de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en agosto de 1945. “No hay radioactividad en la ruina de Hiroshima,” fue el título de su informe, y era falso.
Se propalaba una horrenda mentira porque la creciente penetración de los intereses empresariales y de los gobiernos en las salas de redacción de la “prensa libre” (en este caso el NYT) hacía que ciertas noticias debían ser presentadas de un modo particularmente sesgado o, simplemente, no ser dadas a conocer al público. Tendencia que si ya era perceptible a fines de la Segunda Guerra Mundial lo es mucho más en la actualidad, cuando las noticias de los diversos frentes de guerra en que se encuentran las tropas de Estados Unidos son todas, sin excepción, censuradas previamente por el Pentágono.
Conclusión: no puede haber estado democrático, o una democracia genuina, si el espacio público, del cual los medios son su “sistema nervioso”, no está democratizado. Son los medios quienes “formatean” la opinión política, imponen su agenda de prioridades y, en algunos casos –no siempre- hasta fabrican a los líderes políticos (caso de Silvio Berlusconi en Italia) que habrán gobernar. La amenaza a la democracia es enorme porque con la concentración mediática se consolida en la esfera pública un poder oligárquico (en la Argentina es básicamente el multimedia Clarín y algunos otros de menor rango) que, articulado con los grandes intereses empresariales, puede manipular sin contrapesos la conciencia de los televidentes y del público en general, instalar agendas políticas y candidaturas e inducir comportamientos políticos, todo lo cual desnaturaliza profundamente el proceso democrático.
Es más, en la situación actual de América Latina cuando el virus neoliberal –para usar la gráfica expresión de Samir Amin- ha destruido a los partidos políticos y los reemplazó por heteróclitos “espacios” o camaleonescas y efímeras coaliciones, donde los políticos se convierten en verdaderos saltimbanquis que pasan del oficialismo a la oposición y viceversa sin mayores escrúpulos, como ha ocurrido recientemente en Argentina, en un fenómeno que en Brasil se llama “fisiologismo”, y cuando la labor disolvente del ideario neoliberal terminó por diluir los pocos componentes ideológicos que aún restaban, los medios hegemónicos -todos íntimamente vinculados a la dominación imperialista- han pasado a asumir las funciones de los partidos del establishment, convirtiéndose en los organizadores de la oposición de derecha ante los procesos transformadores en curso en la región. Son los grandes medios en los países de ALC quienes reclutan la tropa de la derecha, aportan las orientaciones tácticas de su accionar, establecen la agenda del proyecto y lo militan día y noche, y se esmeran por encontrar los líderes capaces de llevar a buen término estas iniciativas.
No puede ser casual que Maduro, Evo y Correa enfrenten virulentas campañas de desestabilización que ante la debilidad de la oposición política de derecha aquellas son orquestadas por la prensa. Y lo mismo ocurre en países como la Argentina, Brasil y Uruguay, en donde la voz cantante para erosionar la imagen de la presidenta argentina o a favor del impeachment a Dilma Rousseff en Brasil la llevan los grandes medios. Por el contrario, la prensa ha respaldado, con mayor o menor recato según los casos, a gobiernos como los de la Concertación en Chile; Fox, Calderón y Peña Nieto en México; Uribe y Santos en Colombia, Alan García y Alejandro Toledo en el Perú, para no citar sino los casos más evidentes. En Argentina y Brasil este papel “organizador” de la derecha partidaria adquirió en los últimos tiempos ribetes francamente escandalosos. ¡A eso se le llama “periodismo independiente”!

TeleSUR y la democratización del espacio público

De ahí la enorme importancia de TeleSUR, creada por obra de la sabia inspiración del Comandante Hugo Chávez Frías que percibió como pocos la gravísima amenaza que para el futuro democrático de Nuestra América representaban los medios controlados por una coalición absolutamente enemiga de cualquier proyecto democratizador. La situación exigía una lucha permanente en contra de esos bastiones del autoritarismo y la reacción, batalla que debía ser librada a escala latinoamericana.
En Argentina y Ecuador se han venido librando grandes batallas para asegurar que la democracia penetre en el ámbito de los medios de comunicación. En otros países, como Brasil, según el analista Denis de Moraes, la lucha apenas si ha comenzado porque el conglomerado mediático dirigido por la red O Globo tiene fuerza como para impedir la instalación del tema en la agenda pública. En Ecuador, una consulta popular convocada el año 2011 para decidir sobre diez temas que habían suscitado un intenso debate público aprobó una normativa mediante la cual las empresas periodísticas no podrán realizar negocios o inversiones en otras áreas de la economía, reduciendo significativamente la posibilidad de hacer que los órganos de prensa se conviertan en arietes para promover los intereses de grandes conglomerados empresariales bajo el ropaje del periodismo. Desgraciadamente esto es lo que ocurre en casi todos los países, pero afortunadamente está prohibido en Ecuador.
Por lo tanto, no habrá avances democráticos si no se democratizan los medios. Este es el objetivo de la Ley de Medios en la Argentina: facilitar “la promoción, desconcentración y fomento de la competencia, el abaratamiento, la democratización y la universalización de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación”. La implementación de esta norma se ha visto en parte obstaculizada por sucesivos amparos judiciales promovidos por el Grupo Clarín, mismos que hasta ahora impidieron avanzar en la desmonopolización del sistema mediático. Por otra parte, para que este se democratice será necesario que el estado nacional inyecte una importante cantidad de dinero para facilitar el desarrollo del tercio del espectro radial y televisivo reservado a las organizaciones populares y comunitarias, cosa que aún no ha ocurrido en las cantidades que se esperaba. Al mismo tiempo, en el tercio reservado para el sector público, es de fundamental importancia evitar que esos medios reduzcan su papel al de simples voceros del oficialismo. Sería altamente perjudicial, inclusive para el mismo gobierno, obrar de esa manera. Por otra parte, la autoridad de aplicación depende excesivamente de la Presidencia y del Congreso, con ningún influjo de la sociedad civil dado que, como lo establece la ley, 

“Su directorio estará conformado por un presidente y un director designados por el Poder Ejecutivo, tres directores propuestos por la Comisión Bicameral de Promoción y Seguimiento de la Comunicación Audiovisual, correspondiendo uno a la primera minoría, uno a la segunda minoría y uno a la tercera minoría parlamentarias; y dos directores a propuesta del Consejo Federal de Comunicación Audiovisual.”
En otras palabras, el organismo rector que debe garantizar la democratización del sistema mediático es conformado exclusivamente por la dirigencia política, lo que debilita la legitimidad popular que debería tener un órgano tan crucial como la AFSCA. Ahora bien, ¿cómo combatir a los poderes mediáticos? Como en tantas otras cosas de la vida pública no basta la ley. Es importante pero insuficiente. Pero lo decisivo es algo más: no reproducir en espejo, simétricamente, la agenda y la temática de los oligopolios mediáticos. No se combate a Clarín haciendo cada día un “anti-Clarín” ni se lucha contra O Globo o El Mercurio haciendo un “anti” de esos medios. La experiencia indica que esta táctica de lucha termina por producir un resultado exactamente opuesto al esperado.
Por otra parte, es preciso comprender que para torcerle el brazo a los conglomerados monopólicos se requiere algo más que ganar una batalla dialéctica. Es preciso antes que nada, en el caso de la Argentina, (a) hacer cumplir la nueva Ley de Medios desbaratando las argucias leguleyas que hasta ahora impidieron su plena aplicación; (b) favorecer la aparición de nuevas voces desde el campo popular y (c) avanzar en la desmonopolización de los medios, todo lo cual requerirá de nuevos recursos del estado nacional. De ahí la importancia de una reforma tributaria que asegure la sustentabilidad financiera de esta batalla comunicacional que es también una batalla económica y política crucial para el futuro de la democracia.
Lo anterior es suficiente para comprender la trascendental labor hecha por Telesur desde el momento en que apareciera, diez años atrás. No sólo estamos informados, cuando antes estábamos desinformados; sino que estamos bien informados, con periodistas que comparten nuestra cultura y nuestros sueños, que nos muestran lo que las oligarquías locales y el imperialismo no quieren que veamos, como las infames maniobras perpetradas durante el golpe en Honduras o los crímenes perpetrados por la OTAN en Libia. Con esto Telesur justifica con creces su existencia. Pero hizo algo más: fue un factor importantísimo en la consolidación de una conciencia nuestroamericana. Gracias a Telesur hoy somos más latinoamericanos que antes. El gran proyecto bolivariano, relanzado por obra de Chávez, encontró en esta señal de noticias un instrumento irreemplazable para acelerar su concreción. Por esto, ¡gracias Telesur! Felices diez años y por muchos más.

Atilio A. Boron
Transcripción de la ponencia presentada en el 
Congreso Internacional 
“Comunicación e Integración Latinoamericana desde y para el Sur
" -en el décimo aniversario de TeleSUR, CIESPAL, Quito, julio 22-23, 2015