lunes, enero 09, 2017

Borges: el hombre que volvió de la grieta



Pantallazo de la crítica a 30 años de la muerte del escritor argentino más reconocido, y más polémico, del siglo XX. ¿Todos unidos borgearemos?

Seguramente así sea durante este año de homenajes a uno de los autores argentinos más traducidos, citados y enseñados (quizás solo superado por Sarmiento, que acumula puntos por estadista y hace la comparación relativa). Una de estas actividades fue la “clase magistral” (escueta en conceptos aunque densamente aburrida) que impartiera Beatriz Sarlo en el Centro Cultural San Martín, donde repasó un tópico que ya había trabajado: el linaje que Borges se construye para sí en relación a lo que considera como “precursores”.
Entretanto se prepara la muestra dedicada al autor con que se va a reinaugurar el Centro Cultural Néstor Kirchner. Ironía del destino que sea justamente allí donde se celebre la figura del escritor, tan reconocido por sus poemas, cuentos, conferencias y ensayos, como por su acérrimo antiperonismo.
Sin embargo, en estos últimos años su figura ha sido punto de encuentro entre posiciones tradicionalmente enfrentadas, algo que visto históricamente es una rareza, porque Borges no solo participó de muchos de los debates que surcaron el panorama político y cultural de nuestro país, sino que suscitó alineamientos y detracciones durante la mayor parte de su carrera e incluso una vez fallecido (la propia Sarlo en su clase contó cómo, habiendo tenido la posibilidad de intercambiar con Borges como estudiante, no lo hizo por diferencias ideológico-políticas).
Una nota reciente de Osvaldo Aguirre en Perfil recuerda la lista de enconos que acumuló Borges desde que cierra su primera etapa “criollista”, en la que exploró originalmente la tradición de la gauchesca y los malevos y suburbios de la Buenos Aires de fines del siglo XIX y principios del XX, en inflexiones que podrían considerarse más populares y cercanas al yrigoyenismo, aunque pronto cobrarían los matices del conservadurismo aristocrático de la Década Infame, donde su criollismo cumpliría el rol de distinguir lo nacional de la ola inmigratoria percibida como amenaza.
Desde entonces su escritura forjó un nuevo tipo de literatura especulativa donde bibliotecas, laberintos y enciclopedias configuran un universo fantástico que fue, en las décadas siguientes, tan festejada como acusada de ser artificiosamente calculada, con métodos de laboratorio, extranjerizante y opuesta a la amplia tradición latinoamericana que se caracterizaba por los sesenta y setenta como apasionada y socialmente comprometida.
Muchas de estas críticas tenían un trasfondo político más que una real valoración de sus innovaciones literarias que, en algunos casos sotto voce, no dejaban de ser reconocidas local e internacionalmente. En declaraciones de gorilismo y macartismo explícito, Borges no se privó de ningún epíteto ni prejuicio, en arranques de desprecio que difícilmente puedan considerarse solo un desmedido resentimiento contra un régimen peronista que, por su parte, efectivamente lo hizo blanco de persecución a él y a su familia. Dedicatorias a Nixon, solicitadas patrióticas, elogios a Videla, a Pinochet y a Franco (repasa Viñas en 1976), completan el panorama de posicionamientos en décadas siguientes, sin el peronismo en el poder.
Durante los ochenta, su presencia como figura pública creció hasta convertirlo en el prototipo del escritor que, desbordante de genialidad literaria, peca de ingenuo y simplista frente a la cotidianidad, aunque las heridas por su apoyo a la dictadura argentina (del cual se retractó entonces), no habían aún cerrado. Quizás cumpliendo la máxima de que todos los muertos son recordados de forma benévola, el justo reconocimiento de su obra fue eclipsando en las décadas siguientes la incomodidad de sus declaraciones políticas. El nuevo siglo pareció haber consolidado este balance: si esas polémicas deben hoy ya “recordarse”, es porque finalmente la brecha parece haberse cerrado.
Todavía en el año 2000 Alan Pauls destacaba, en El factor Borges, que el nombre ya entonces más unánime de la literatura nacional no solo había polemizado con cuanto contemporáneo se le cruzara, sino que era partícipe necesario de la lectura polarizada de la que fuera objeto: la construcción para sí mismo de un linaje tensionado entre el heroísmo guerrero de familia materna (al que fustiga por bárbaro tanto como añora por vital) y el intelectualismo libresco de su herencia paterna (al que se pliega pero no sin nostalgia por la valentía de ser un hombre de acción), colaboró en la oposición entre literatura y vida que ubicó en distintos bandos a sus comentaristas.
No era difícil encontrar allí, además, ecos de la oposición entre civilización y barbarie que desde Sarmiento recorre el imaginario nacional reeditándose. David Viñas, que hizo de esta oposición un eje de su historia de la literatura argentina (que sin embargo excluye a Borges en sus versiones más célebres), había ya en 1976 propuesto una tercera vía crítica que, evitando el formalismo que descarta como mero sociologismo el contexto político y social en que se desarrolló su obra, eludiera también el mecanicismo en el trazado de estas relaciones. En 1981, provocadoramente, señala las relaciones posibles en una dupla que parecía abominable: la línea elitista-liberal de Borges y la nacional-populista de Perón intersectadas en un verticalismo tranquilizador para estos dos “grandes burgueses”, y ya para 2004 da pelea contra los intentos de “despolarización” del “borgismo” que congelan los contexto de producción literaria y cultural buscando evitar los riesgos de los juicios críticos –y que, en su estilo belicoso, no están exentos de ser también a veces simplificadores, aunque altamente más productivos que la prudencia de lo unánime–.
Pero para 2012, cuando en el debate intelectual ya estaba instalada “la grieta”, se ven síntomas de una nueva propuesta de lectura en el debate sobre el escritor que reúne en 678 a José Pablo Feinmann y Horacio González. Ambos reconocen como algo indiscutible su valía literaria e influencia en las siguientes generaciones de escritores (incluso en quienes fueron vistos como su contracara), aunque muestran distinta predisposición al evaluar qué hacer con sus posicionamientos políticos: mientras el primero los encuentra intolerables, el segundo hace hincapié en que su gorilismo no debería inhibir que nuevos lectores encuentren en su obra elementos para pensar tanto la política como la condición humana: un agnóstico que permite pensar lo impensado, explorar el reverso de lo que creemos ser.
¿Una nueva lectura “nacional y popular” de Borges? Consultado al respecto, Noé Jitrik recordaba en Ideas de Izquierda cómo muchos “secuaces de Borges, antikirchneristas a muerte”, tuvieron que aguantarse la inauguración que González hiciera en la Biblioteca Nacional de una estatua del escritor, e interpreta esta recuperación como una posibilidad construida alrededor del primer período de su obra, como un revival de Jauretche. Para Martín Kohan, Borges se presenta como un dilema para estos sectores: no solo se convirtió en “el” escritor nacional, sino que había contestado por anticipado y de forma brillante las impugnaciones que al respecto se le hicieran en "El escritor argentino y la tradición".
En 2013 la TV Pública y la Biblioteca Nacional encargarían un ciclo de clases sobre Borges a Ricardo Piglia (quien además de su trabajo como crítico y escritor, cuenta con la ventaja de no ser identificable ni con el liberalismo ni con el peronismo). Allí se repasarán la mayoría de los ejes críticos que desde los noventa hasta la actualidad ocuparon los estudios sobre Borges, no pocos del propio Piglia (aunque algunos de los conceptos planteados desdijeron parcialmente visiones previas).
El ciclo buscaba refutar algunas de las polarizaciones hechas sin negar sus aspectos problemáticos. Se cuestiona, por ejemplo, que las acusaciones contra un derroche de erudición lindante con el esnobismo olvidan que el saber al que apelaba Borges es el de quienes no tienen las fuentes y recurren a la enciclopedia; a aquellos que lo ubicaron en una torre de marfil les recuerda su trabajo en las redacciones de revistas populares abordando los mismos problemas que podía publicar en la revista Sur, a la vez que destaca su trabajo con géneros populares como el policial o la ciencia ficción.
En lo político, Piglia no rehúye denominar a Borges como un intelectual de derecha. Sobre todo le critica (y en esto acuerda el mismo González, invitado a debatir el tema) una tendencia a encontrar similitudes entre personajes y actitudes que se perciben como absolutamente opuestas, lo cual literariamente puede ser muy productivo, pero que éticamente resulta maniqueo: es el caso de identificar a un nazi con el judío al que tortura, por ejemplo, recurso que en el cuento "Deutsches Requiem" funciona inquietantemente, pero que puesto a funcionar en uno de sus artículos sobre el nazismo, resulta abiertamente reaccionario.
Aborda esta cuestión recientemente Gamerro en su Facundo o Martín Fierro, donde destaca que desde su canonización en los ochenta, se ha hecho difícil la crítica directa a su conservadurismo, del que muchas veces se intenta disculparlo cargándole el fardo a las malas influencias. Incluso pone en duda su reconsideración por la democracia de entonces, aunque reconoce que respecto a la dictadura el arrepentimiento es sincero. El balance de Gamerro culmina sentenciando que andando el tiempo, acusar a Borges de gorila será “tan ocioso como acusar a Dante de güelfo” (partidario de los papas en la Alemania del siglo XII).
Es válida tal conclusión contra un mecanicismo que busque leer en una obra el mero reflejo de las posiciones políticas del autor, o que base su evaluación estética en sus simpatías o enemistad con ellas. Pero también es cierto que desprender absolutamente la escritura de sus determinaciones sociales e históricas, puede llevarse consigo parte de la riqueza de la obra. Es posible que en el futuro la literatura de Borges siga siendo admirada mientras “el gorilismo” del autor requiera aclaración, como requiere hoy el güelfismo; pero es cierto también que con ello se habrán perdido muchos de los matices que cobran significación en el contexto en que fue escrita: buena parte de las definiciones del propio Gamerro no tendrían sentido sin esta reposición. El propio Borges ha hecho de la lectura en contexto algo no fijo, pero sin duda, significativamente productivo. ¿Qué otra cosa es el intento de Pierre Menard?
De por medio no está solo el paso del tiempo sino los mecanismos de canonización tanto académica como mercantil que Gamerro también mencionaba, y que pueden ser tan empobrecedores como el mecanicismo. Como señalaba Martín Kohan en la entrevista mencionada, Borges también se ha vuelto objeto de reducción a una fórmula.
Mientras la crítica literaria argentina parece haber alcanzado un consenso “maduro” sobre la figura de Borges, es su viuda la que mantiene una actitud belicosa ante cada posible retaceo de los derechos sobre la obra y la figura del escritor. En eso sin duda acertaba Viñas en 2004 cuando acusaba al “borgismo” de ser una especie de sociedad anónima encargada de cristalizar el canon que tiene a Borges como eje, y que este año hará no pocos dividendos.

Ariane Díaz @arianediaztwt

“El Capital” de Marx: 150 años



Hace 150 años, en una carta del 16 de agosto, un jubiloso Marx escribía a eso de las dos de la madrugada a Engels, su colaborador y amigo de toda la vida: “Querido Fred: Acabo de terminar la corrección del último pliego del libro”. Y enseguida añadía: “ ¡Solo a ti te debo que esto haya sido posible! Sin tu entrega personal, yo no habría podido por nada del mundo realizar este trabajo… ¡Te abrazo, lleno de gratitud!”.
El libro al que se refería Marx era ni más ni menos que el primer tomo de El Capital , del que este 2017 se conmemora el 150º aniversario de publicación de su primera edición.
La alegría y agradecimientos del revolucionario alemán no dejaban de estar justificados. Desde que iniciara su vida de exiliado en la segunda mitad de la década del 40 del siglo XIX, Marx y su familia tuvieron que atravesar por una serie de peripecias, la mayor parte de las veces originadas por una situación económica precaria fruto de la inestabilidad laboral de Marx. De ahí que Engels no solo cumpliera el rol de un colaborador intelectual que Marx siempre tuvo en estima, sino también de un sostén económico y afectivo de él y su familia.

EL CONTEXTO EUROPEO

Fuera de las dificultades que significó el exilio para Marx, éste le permitió hacerse de un profundo conocimiento del nuevo contexto político-social que se venía configurando en el continente europeo durante el siglo XIX. Seasistía a la consolidación en el plano político de la sociedad burguesa, lacual a su vez daba paso al surgimiento de un nuevo actor con potencialidades revolucionarias: la moderna clase trabajadora.
Con el reflujo de los alzamientos populares y su asentamiento definitivo en Inglaterra, Marx pudo dedicarse por completo al estudio de lanueva sociedad que tomaba cuerpo. Allí entró en contacto con una de las expresiones más avanzadas del pensamiento burgués de la época, la economía política clásica. En efecto, la teoría económica marxista arranca de los aportes realizados a la comprensión del capitalismo por dicho corpus teórico, y en particular por la obra de David Ricardo. Si bien Marx rompe en varios aspectos fundamentales con Ricardo, siempre reconoció la deuda intelectual que tenía con este economista.
El auge de la economía política en Inglaterra no era casualidad. Este país constituía la cuna del modo de producción capitalista, llegando a ser la primera potencia industrial del mundo. Este era por tanto el escenario perfecto para estudiar “los antagonismos sociales que resultan de las leyes naturales de la producción capitalista”, ya que en este sentido “el país industrialmente más desarrollado no (hacía) sino mostrar al menos desarrollado la imagen de su propio futuro”.

OBJETO, METODO Y ESTRUCTURA DE “EL CAPITAL”

En El Capital Marx se propone como objetivo último “sacar a la luz la ley económica que rige el movimiento de la sociedad moderna”. Precisamente acotar su objeto de estudio a los límites históricos de las sociedades capitalistas, es lo que hace que la obra cumbre de Marx conserve, 150 años después de publicada, toda su vigencia. De hecho, es a medida que las relaciones capitalistas se han ido extendiendo a todos los ámbitos de la economía (salud, educación y previsión incluidas) que las leyes descritas en El Capital cobran particular fuerza y relevancia.
Para alcanzar el objetivo propuesto, Marx se sirvió de un particular método para enfocar los problemas sociales que se instalaban una vez que laproducción pasaba a ser dominada por las relaciones capitalistas. Este método no era sino el desarrollado por Hegel -el gran maestro de juventud de Marx-, solo que esta vez era puesto sobre una base materialista: las relaciones deproducción. El método hegeliano -o dialéctico- pone el énfasis en el movimiento con base en contradicciones, y Marx fue el primero en aplicarlo al terreno de la economía.
Si bien lo anterior puede sonar complejo, su aplicación es bastante sencilla. La diferencia del enfoque de Marx con la actual ciencia económicasalta a la vista. Esta última nunca ha podido explicar convincentemente el conflicto que constantemente aflora entre empresarios y trabajadores si no es recurriendo a elementos “externos” a dicha relación (envidia, acción de agitadores, etc.); en cambio, en el enfoque marxista la relación misma es inherentemente conflictiva en la medida en que se basa en la explotación de los trabajadores.
Si bien el plan original de la obra estaba proyectado en tres tomos, Marx solo alcanzó a publicar el primero. Correspondió a Engels la publicación de los tomos restantes a partir de un enorme cúmulo de apuntes y borradoresdejados por su amigo al morir.
La idea de Marx en los tomos restantes era ir más allá de la relación capital-trabajo en el ámbito de la producción. Junto con develar el origen de la ganancia capitalista -objetivo del primer tomo-, se proponía lograr además una visión comprehensiva del proceso capitalista de producción, abordando en detalle las fases de la circulación del capital y cómo las distintas fracciones capitalistas se reparten finalmente, bajo diversas formas (intereses, renta, salarios gerenciales, etc.), los frutos de la explotación del trabajo.
Precisamente uno de los temas que son tratados en estos tomos no publicados por Marx, y que cobra particular relevancia para economías como la chilena, es la renta asociada a la explotación de los recursos naturales.

EL ORIGEN DE LA GANANCIA Y LA CRITICA DEL CAPITALISMO

Si bien Marx realiza una serie de progresos con respecto a la teoría del intercambio mercantil de David Ricardo, todo el edificio de la economíamarxista descansa sobre el descubrimiento del origen último de la ganancia capitalista: la plusvalía. Este es el gran aporte de Marx a la ciencia económica y al pensamiento social.
Como bien se sabe, el principio fundamental que guía la producción capitalista es el criterio de la ganancia, o sea el acrecentamiento constante del valor puesto en circulación por el capital. Explicar el origen de ésta no es sencillo ya que requiere ir al trasfondo mismo de la relación capitalista. Hasta el día de hoy la ciencia económica dominante recurre a las más fantásticas e inverosímiles explicaciones (abstinencia de los empresarios, capacidad innovadora, etc.), o simplementerecurre a las más burdas superficialidades.
Marx, en cambio, basa su explicación del origen de la ganancia capitalista en la explotación del trabajador, introduciendo la distinción clave entre fuerza de trabajo y trabajo.
Así, si en la superficie el mercado laboral se presenta como un intercambio igualitario entre pares, la desposesión de medios de producción por parte del trabajador obliga a éste a vender su fuerza laboral al capitalista que la pone a trabajar, apropiándose de un conjunto de mercancías que contienen un valor por sobre el que costó su producción (salarios incluidos). El mercado finalmente realizará la ganancia contenida en las mercancías, pero en ningún caso la crea.
Este enfoque provee una crítica radical del capitalismo, que se distancia de muchas visiones actualmente en boga en la misma Izquierda. Porejemplo, de aquellas que establecen como el problema principal del capitalismo contemporáneo la capacidad de los empresarios de coludirse y establecer precios “abusivos”, desplazando así el eje del conflicto desde la relación capital-trabajo a la de vendedor-consumidor.
La solución de los males del capitalismo en Marx no pasa en ningún caso por regular la conducta de las empresas o abogar por un comportamiento más “ético” de los negocios, sino por subvertir la relación capital-trabajo.

“EL CAPITAL” Y EL CAPITALISMO CONTEMPORANEO

Si bien El Capital de Marx establece las bases de una comprensión y crítica hasta ahora no superadas -y difícilmente superables- del capitalismo, e indispensables para cualquier acción revolucionaria, la obra, sin embargo, no agota el estudio de las sociedades burguesas y sus contradicciones.
Esto es imposible por dos razones. En primer lugar, por más grande que fuera la genialidad de Marx, no podía agotar un fenómeno tan vasto y complejo como es el capitalismo. No por nada su obra conserva un estado inconcluso, abierta a seguir profundizándose.
En segundo lugar, el mismo desarrollo del capitalismo ha puesto en juego nuevas contradicciones -así como también ha superado otras-, las que en la época de Marx apenas podían ser vislumbradas. Se trata de problemáticas como el deterioro ambiental y la subordinación de género, que abren espacios para la emergencia y constitución de nuevos actores con eventuales potencialidades transformadoras. El desafío radica en integrar la comprensión de dichos fenómenos en la lógica del análisis de las leyes de la acumulación del capital descubiertas por Marx. Se trata de llevarlos al terreno de la crítica marxista de la sociedad burguesa, y no dejarlos a merced de modas intelectuales carentes de perspectivas de transformación social de fondo o teorías abiertamente burguesas

Sebastián Zarricueta C.
Punto Final
Publicado en “Punto Final”, edición Nº 868, 6 de enero 2017, Chile.

domingo, enero 08, 2017

Rebelión en las barbas de Trump



La caracterización que resumía la actualidad de América Latina como un ocaso del ‘populismo’, no ha resistido la prueba de los hechos. Peña Nieto, una suerte de Macri con spray, está pagando las consecuencias. México se encuentra en un estado de sublevación popular, cuando la lucha de los maestros de Oaxaca o la movilización por la masacre de Ayotzinapa sigue viva en la conciencia de amplios sectores de las masas. Lo que se ha presentado como un gasolinazo es algo bastante más amplio, pues se extiende a aumentos del 30% promedio en la electricidad, el gas y numerosos servicios básicos - mientras la moneda sufre una desvalorización sin tregua. Peña Nieto ha decretado un tarifazo fenomenal cuando su mandato presidencial se extingue - de modo que no puede descargar responsabilidades en herencias recibidas.
El mazazo a los ingresos populares, vino enseguida después de una “reforma fiscal” (a la Dujovne), que aligeró a las patronales del costo de supuestas ‘cargas laborales’ y aumentó, para compensar, los impuestos al consumo. A esta mesa servida para la rebelión solamente le faltó la ‘desregulación’ del mercado de los combustibles, que prometía una caída de los precios de las naftas como consecuencia, claro, de una mayor ‘competencia’. Lo que emergió fue, sin embargo, de la privatización de la estatal Pemex ha sido la cartelización de las tarifas de los combustibles - como lo han hecho CFK, primero, y Macri en Argentina. Toda una advertencia astral de principios de año, para Dujovne, el sonriente Ratazzi y ni qué decir Macri - que lo miran desde el sur.
Peña Nieto supuso que alcanzaría con disimular el paquetazo en el arbolito de Navidad para pasar gato por liebre, nada menos que en México. El estado de Veracruz es donde la resistencia al tarifazo es más intensa, como lo demostraría una huelga indefinida del transporte, como ocurre también en Michoacán, y otras parciales en numerosos sectores. También hay huelgas en Guerrero. Hay ataques a comercios, supermercados y estaciones de servicios, en los cuales participan los mismos policías que acuden a reprimir a los atacantes. Varios diarios, sin embargo, han identificado operaciones en la red que alientan con noticias falsas los saqueos, con la intención de debilitar las manifestaciones políticas que reclaman la renuncia de Peña Nieto - en especial en la capital.
La Ciudad de México es el epicentro de la movilización política - como ocurrió en Buenos Aires en 2001. La burocracia de los sindicatos mexicanos desalienta los llamados a la huelga y los piquetes de camioneros y la población. Varios voceros patronales entienden que la policía no tiene capacidad para contener el movimiento y reclama la intervención de las fuerzas armadas - previa declaración de un estado de sitio. El ingrediente que falta para preparar un helicóptero sería una quiebra en el PRI, el partido de gobierno, algo que en Argentina estuvo a cargo de Alfonsín y Duhalde (convocados por Techint), luego de que se fuera ‘Chacho’ Alvarez. El ‘populista’ en estos acontecimientos es Andrés Manuel López Obrador, del PRD, de centro izquierda, primero en las encuestas para las elecciones de principios de 2018. AMLO denuncia al gobierno, como lo aconsejan los manuales, pero prefiere por sobre todo el cronograma electoral.
Una alternativa política que fuera encarnada por López Obrador pondría a las FFAA ante un dilema existencial: un golpe de estado o una reconversión al populismo (contener la crisis sin el peligro de una guerra civil). México pone a prueba la teoría de la “crisis orgánica del capitalismo”, una crisis que incluiría una “crisis de poder”, pero que no transforma esa crisis en “una cuestión de poder”. Toda crisis de poder plantea, si es realmente tal, una cuestión de poder - de lo contrario es una abstracción y una convocatoria, asimismo, a la neutralidad o a la pasividad. La debacle del plan económico de Peña Nieto y la respuesta de la rebelión popular, ha abierto una nueva etapa en México, que es potencialmente revolucionaria.
La fuerte originalidad del proceso mexicano es que se desarrolla en las vísperas de la asunción de Trump - que ha puesto a México en la mira de sus ataques. No ha tenido necesidad de prestar juramento para desatar una rebelión popular. La burguesía de EEUU ya está tomando nota del peligro estratégico que representa Trump para ella misma- más allá de los roces de éste con los servicios de seguridad de su país y el fingido coqueteo con Putin. Es que en forma simultánea al gasolinazo, Trump obligó a Ford a levantar un proyecto de planta de armado en México (maquila), para el compacto Focus, y se cruzó con GM y Toyota por motivos similares, y prepara confrontaciones con Nissan y Honda.
El ‘modelo’ mexicano, que funciona como apéndice de la cadena de producción de Estados Unidos, quedó amenazado de colapso a los ojos de todo el país. Trump ataca, en realidad, a los capitales de China y de Japón, que entran al mercado estadounidense por la vía de México, y seguramente pretende una renegociación del tratado de libre comercio de los tres países de Norteamérica para enfrentar esta rivalidad comercial. Como agente de los intereses petroleros (designó secretario de Estado al Ceo de Exxon), Trump tiene el ojo puesto en la privatización de Pemex y es por lo tanto un responsable directo del gasolinazo. La presidencia inminente de Trump ha acelerado la crisis en México y por lo tanto en Estados Unidos.
Peña Nieto ha reaccionado en forma definida a esta crisis de tres bandas - su gobierno, las masas y Trump. Ha repuesto, ahora como ministro de Relaciones Exteriores, a Luis Videgaray, secretario de Hacienda hasta hace un par de meses, que tuvo que dejar su puesto por la responsabilidad que le cupo en invitar a Trump a México, durante la campaña electoral estadounidense, mientras éste insultaba a rienda suelta al pueblo mexicano y aseguraba que le iba a hacer pagar a México la construcción de un muro entre los dos países, mediante un impuesto a la remesas de los mexicanos residentes en EEUU. La estadía de Trump acabó en un completo fiasco para Peña Nieto.
La reposición de Videgaray significa que el oficialismo ha decidido componer con Trump y someterse a sus exigencias. Es lo que seguramente había visualizado el Domingo Cavallo de Peña Nieto, el ex ministro de Economía, Carstens, cuando decidió poner fin a sus servicios bajo muchos gobiernos previos. El nombramiento de un ministro de Trump en el gabinete mexicano equivale a una declaración de guerra al pueblo de México, y ata a Trump al desenlace de la crisis mexicana. Con decenas de millones de mexicanos en EEUU, Trump ha logrado incorporar a México a la crisis política que su presidencia representa para su país. Es un escenario inédito en la historia de América Latina y el imperialismo yanqui.
Nos sumamos a la consigna de los trabajadores mexicanos, Fuera Peña Nieto, y planteamos una Asamblea Constituyente, que sea convocada por un comité de asambleas populares, sindicatos y comités de empresa combativos, las organizaciones campesinas y el movimiento estudiantil y de la mujer. Esa Asamblea Constituyente deberá aplicar de inmediato el programa de esas organizaciones, al mismo tiempo que desarma a las bandas paramilitares y militares, y arma a los trabajadores.

Jorge Altamira

“Eppur si muove”: la historia de un genio



Se cumplen 375 años de la muerte de Galileo Galilei, un genio que revolucionó la formas del conocimiento enfrentándose a los mayores poderes de su época.

“He amado a las estrellas con demasiado cariño como para tener miedo de la noche” es una frase atribuida al astrónomo, filósofo, físico y matemático italiano. Nacido en Pisa en el año 1564 en el seno de una familia de la baja nobleza. Su padre, Vincenzio Galilei era músico y matemático. De joven Galileo mostró interés por las letras y el dibujo. Su pasión por este último arte abrigó su deseo de convertirse en pintor. Sin embargo, su padre lo obligó a estudiar medicina con la esperanza de recuperar la condición económica de su familia. En 1581 ingresa a la Universidad de Pisa, donde luego de 4 años abandonó sus estudios médicos a pesar de que le permitieron entrar en contacto con los clásicos: Aristóteles, Platón y Euclides.
Sus anteriores preocupaciones artísticas se renovaron con los conocimientos relacionados a ella: la matemática y la geografía. Contradiciendo la voluntad de su padre se abocó hacia las matemáticas a través de las enseñanzas de un profesor amigo. A partir de allí se dedicó a ejercer como profesor privado en Florencia y Siena. Su pasión por Arquímedes lo llevarían a escribir dos estudios: un teorema sobre los centros de gravedad en los sólidos y un estudio sobre hidrostática. Estos manuscritos le valdrían un puesto en la Universidad de Pisa. En el año 1592 obtuvo un cargo similar en Universidad de Padua, donde junto a la geometría y la mecánica, sus enseñanzas abarcaba también a la astronomía.

El centro no es una cuestión menor

Las formas de conocimiento precapitalistas eran distintas a las modernas. Si hoy en mayor medida o menor medida podemos trazar una línea divisoria entre ciencia y religión; anteriormente los conocimientos, la religión y la filosofía se enraizaban en la misma carne. Entre ellas también se encerraba la cosmología y la comprensión del universo. Para la época de Galileo, existía una curiosa unión entre las ideas aristotélicas, la astrología ptolemaico y la religiosidad cristiana. Se concebía un universo finito y completo, es decir sin vacío, con una tierra en el centro del mismo, inmóvil, con los astros girando alrededor de ella. A la vez basándose en las ideas aristotélicas se comprendía un universo dividido en dos: El mundo sublunar y el supralunar. Cada uno de ellos tenía leyes diferentes. El mundo sublunar correspondiente a la tierra era un mundo imperfecto, mientras el supralunar era un mundo perfecto dominado por una quinta esencia de cualidades misteriosas.
Con el auge de las universidades a fines de la edad media, estas ideas son puestas en discusión. Si bien el método para hacerlo era un tanto particular. Se buscaba argumentos que contradijeran la inmovilidad con el fin de negarlos y confirmar el anterior sistema. Un ejemplo de ello es Nicolás Oresme. No obstante, esto permitía un legitimado clima de cuestionamiento. En 1543 se publicó póstumamente Sobre las revoluciones de los cuerpos celestes de Nicolás Copernico. Si bien el modelo heliocentrista (sol en el centro y tierra móvil) no era novedosa -ya en siglo III A.C. había sido propuesto por Aristarco de Samos con escaso éxito- su publicación generó un gran revuelo. Cierto es que el antiguo sistema no podía responder muchas preguntas sobre lo que se observaba en los cielos y se había añadido tantas complejizaciones para remediarlo que se había vuelto casi incomprensible.
Sin embargo, el propio sistema copernicano arrastraba elementos del anterior sistema como por ejemplo los epiciclos. Pero tal vez el mayor problema era un misterioso prefacio escrito por un tal Osiander que presentaba al sistema copernicano tan solo como una hipótesis matemática probable. El propio Galileo no se sintió atraído en un comienzo por este sistema. En unos de sus libros plantea que lo llevo a cuestionarse la importancia del planteo copernicano es que quienes abandonaba la antigua concepción jamás volvían a ella. Sin embargo, su confirmación llego a través de un elemento inesperado.
A principios de siglo XVII, llegó a sus oídos el rumor de que un holandés había inventado unos cristales que pretendían aumentar la visión. Galileo se las ingenió para acceder a ellos y luego los perfeccionó inventando el telescopio. Primero, presentó su invento a la aristocracia local el cual revestía un gran interés para la navegación. Pero Galilei tenía objetivos más ambiciosos y con su flamante instrumento observó los cielos. Sin saberlo estaba inventando la ciencia instrumental. Primero se dedico a observar la luna, allí descubrió que lejos de ser un astro perfecto, como planteaban los antiguos, esta presentaba montañas y depresiones semejantes a las terrestres. Luego estudió Júpiter revelando cuatros lunas que giraban a su alrededor, es decir, había astros que no giraban alrededor de la tierra. Publicó sus descubrimientos en El mensajero de los astros (1610) las leyes de los cielos y la tierra convergían.

Recepción y juicio: una nueva forma de comprender

Los descubrimientos fueron recibidos de buena forma en un primer momento, inclusive el cardenal Barberini, futuro Papa urbano VIII le escribió una carta de felicitación y un poema. Galileo profundizo sus investigaciones: estudió las fases lunares, analizo las manchas solares y concluyo que los planetas no producían luz sino que la reflejaban (hasta entonces se creía que los planetas eran estrellas móviles, planeta en griego significa justamente errante). Pero no se detuvo allí, tiró por la borda las antiguas concepciones aristotélicas sobre los objetos flotantes y el peso. Trajo consigo la novedosa idea de que la ciencia debía explicar los hechos.
Sin embargo, las cosas comenzaron a complicarse, frente a una objeción de la duquesa Cristina de Lorena, basada en las sagradas escrituras, Galileo respondió en una carta abierta que las mismas no se debían tomar de forma literal ya que ellas al igual que la naturaleza provienen de dios, y dios le había otorgado la razón al hombre para comprenderla. La Iglesia temerosa de un nuevo Lutero, cambió su actitud hacia Galileo. Tal fue el temor que despertó que el obispo de Fiésole ordenó el encarcelamiento de Copérnico que para su suerte había muerto setenta años antes. En 1616 se censuró el libro de Copérnico, y se buscó desacreditar el telescopio de Galileo. Se dijo que un artefacto construido en el mundo sublunar (imperfecto) no servía para entender el supralunar (perfecto), incluso sectores de la iglesia llegaron a afirmar que si dios hubiese querido que los hombres tengan un instrumento semejante para observar, simplemente hubiera otorgado tal poder a su visión. Galileo no se amedrentó y siguió produciendo descubrimientos, inclusive publicó Diálogos un libro donde discutían un representante de cada teoría y en el cual el defensor del sistema aristotélico-ptolemaico oportunamente llamado “Simplicio” quedaba ridiculizado. En 1633 es llevado a Roma para afrontar su juicio. Galileo temeroso de morir en la hoguera, como Giordano Bruno, es obligado a retractarse. El papa lo condenó a prisión domiciliaria de por vida, una vez escuchada su sentencia, Galileo declaró: “eppur si muove” (y sin embargo se mueve).
En prisión se las ingeniaría para escribir su última gran obra diálogos y demostraciones en torno a dos nuevas ciencias, estas dos eran la resistencia de los materiales y la dinámica, con la ley de caída libre y su aplicación a la trayectoria de los proyectiles. En 1992, la comisión que encargó Juan Pablo II, para la revisión del juicio y la disputa teórica, concluyó que Galileo no tenía suficientes elementos probatorios para el heliocentrismo y reivindico el proceder de la Iglesia. Por suerte, hombres más interesados en el conocimiento ubicaron a Galileo Galilei en el lugar que un genio de su talla merece.

Agustín Grubisíc
Estudiante de Historia UBA

Tostaditas



La costumbre de tomar sol no fue siempre una moda, en sus comienzos se trató de una marca que diferenciaba a una clase de otra: la burguesía, del proletariado.

Antes de la Revolución Industrial las trabajadoras rurales realizaban su labor a la luz del día por lo que siempre contaban con un bronceado pronunciado. Por el contrario, las burguesas de la ciudad procuraban no tener contacto con la luz solar y estaban más que blancas para diferenciarse de aquellas.
El tener una piel blanquecina era símbolo de distinción entre las clases altas, la aristocracia y familias reales (de ahí el origen del término “sangre azul”, ya que al tener la piel tan pálida dejaba ver las venas azules). Quienes pertenecían a estos sectores sociales siempre andaban resguardandose del sol bajo sus sombrillas y sombreros, procurando que ni un solo rayo del astro rey tocase por casualidad centímetro alguno de su piel.
Con los avances en la maquinaria, en las migraciones del campo a la ciudad, y el surgimiento de las fábricas, las mujeres del campo se trasladaron a la metrópoli y comenzaron su tarea como obreras donde trabajaban literalmente “de sol a sol”. Así es como estas trabajadoras ya no gozaban de tener la piel curtida y por el contrario estaban blancas. Las aristócratas, para volver a diferenciarse empezaron a tomar la rutina de tomar sol y así tener una piel más bronceada.
Pero no fue hasta el siglo XX cuando tomar el sol pasó de ser una cuestión de estatus a una moda, empezando por Coco Chanel. Esta mujer volvió con un buen bronceado después de un viaje en yate desde París a Cannes en 1923.
En esa época la práctica se apoderó de la sociedad y Coco era uno de los símbolos de mujer burguesa emprendedora. A partir de ese momento, la piel bronceada comenzó a ser símbolo de salud, riqueza, juventud y estatus social (a pesar de que ya en aquellos tiempos se advertía de los perjuicios de esta práctica de exceso de sol).
También la cantante y actriz Josephine Baker, la primera mujer afroamericana en protagonizar una película, ayudó a que muchísimas mujeres de todo el mundo tratasen de emular su tono natural de piel mediante el bronceado. Tanto es así que Baker era conocida como “la mujer de la piel de caramelo”.
Más adelante, después de la Segunda Guerra Mundial, en los EE UU estalló la segunda oleada de moda del bronceado, gracias a los soldados que procedían de guerras del sudeste asiático, del Mediterráneo o del Pacífico sur, donde los climas son cálidos y broncearse es fácil. Estos soldados volvieron con un aspecto saludable y fuerte, y rápidamente su aspecto fue adoptado como moda por sus conciudadanos y se abanderó como una supuesta lucha por la democracia.
El conflicto bélico supuso el principio de la industria de protectores solares. Estados Unidos recomendó a sus militares la utilización de petrolato rojo, un bloqueador solar para proteger su piel en esas jornadas.
Por último, la industria del bronceado y las cámaras de rayos ultravioleta estalló a finales de 1970 y dio su boom en 1980. Hacia 1987 los salones de bronceado disfrutaron de un gran crecimiento como negocios en EE.UU..
Decía Adorno en 1973: “El carácter fetichista de la mercancía se apodera, a través del bronceado del cutis (...) de los hombres mismos: los transforma en fetiches”.
Entre el fetichismo y la mercantilización, la burguesía transitó el camino del bronceado desde la diferenciación de clase hasta la moda impuesta, y dejaba así al descubierto, en ese hábito de tirarse al sol, un tiempo de ocio del que las trabajadoras no disponían.

Clarisa Anabel Pozzi

sábado, enero 07, 2017

2016: La muerte del liberalismo



El año 2016 terminó con dos nuevos sucesos dramáticos y sangrientos: el asesinato del embajador ruso en Estambul y el brutal asesinato de personas en Berlín que estaban disfrutando tranquilamente de los preparativos para la Navidad. Estos acontecimientos estaban vinculados a la ciénaga sangrienta de Oriente Medio y más específicamente a Siria.

La caída de Alepo representó un giro decisivo en la situación. Rusia, que se supone había quedado aislada y humillada por la "comunidad internacional" (léase Washington) ahora controla Siria y decide lo que sucede allí. Se convocó una conferencia de paz en Kazajistán a la que no fueron invitados ni los estadounidenses ni los europeos, seguida de un acuerdo de alto el fuego dictado según los términos de Rusia.
De diferentes maneras estos desarrollos expresaban el mismo fenómeno: el viejo orden mundial está muerto y en su lugar nos encontramos ante un futuro de inestabilidad y conflicto, cuyo resultado nadie puede predecir. El año 2016 representó, por tanto, un punto de inflexión en la historia. Ha sido un año marcado por la crisis y la turbulencia a una escala global.
Hace veinticinco años, después de la caída de la Unión Soviética, los defensores del capitalismo estaban eufóricos. Hablaban de la muerte del socialismo y del comunismo, y hasta del final de la historia. Nos prometieron un futuro de paz y prosperidad gracias al triunfo de la economía de libre mercado y de la democracia.
El Liberalismo había triunfado y por lo tanto la historia había llegado a su expresión final en el capitalismo. Ese era el significado esencial de la frase, ahora notoria, de Francis Fukuyama. Pero ahora la rueda de la historia ha dado una vuelta completa. Hoy en día, no queda piedra sobre piedra de aquéllas confiadas predicciones de los estrategas del capital. La historia ha regresado con venganza.
De repente, el mundo parece estar afectado por fenómenos extraños y sin precedentes que desafían todos los intentos de los expertos políticos para explicarlos. El 23 de junio el pueblo de Gran Bretaña votó en un referéndum salir de la Unión Europea –un resultado que nadie esperaba, lo que provocó una conmoción a escala internacional. Pero esto no fue nada en comparación con el tsunami provocado por el resultado de las elecciones presidenciales estadounidenses –un resultado que nadie esperaba, incluyendo el hombre que ganó.
A las pocas horas de la elección de Donald Trump, las calles de las ciudades en todos los Estados Unidos se llenaron de manifestantes. Estos acontecimientos son la confirmación dramática de la inestabilidad que ha afectado al mundo entero. De la noche a la mañana han desaparecido las viejas certezas. Hay un fermento general en la sociedad y una sensación extendida de incertidumbre, que llena a la clase dominante y a sus ideólogos de una profunda aprensión.
Los defensores del liberalismo capitalista se quejan amargamente del auge de políticos como Donald Trump, que representan la antítesis de lo que se conoce como "valores liberales". Para estas personas el año 2016 parece una pesadilla. Tienen la esperanza de que van a despertar y descubrir que todo fue un sueño, que el ayer retornará y que mañana verán un día mejor. Sin embargo, no habrá un redespertar para el liberalismo burgués ni ningún mañana.
Los comentaristas políticos hablan con pavor del auge de algo que llaman "populismo", una palabra que es tan elástica que carece de cualquier significado. El uso de una terminología tan amorfa significa simplemente que los que la usan no tienen ni idea de lo que están hablando. En términos etimológicos estrictos, "populismo" no es más que una traducción latina de la palabra griega "demagogia". El término se aplica con el mismo gusto con que un mal pintor revoca una pared con una gruesa capa de pintura para cubrir sus errores. Se lo utiliza para describir tal amplia variedad de fenómenos políticos que los vacía completamente de cualquier contenido real.
Los dirigentes de Podemos y Geert Wilders, Jaroslaw Kaczynski y Evo Morales, Rodrigo Duterte y Hugo Chávez, Jeremy Corbyn y Marine Le Pen –todos son barnizados con la misma brocha populista. Es suficiente comparar el contenido real de estos movimientos, que no son sólo diferentes sino radicalmente antagónicos, para darse cuenta de la futilidad de tal lenguaje. No está calculado para aclarar, sino para confundir, o más correctamente para encubrir la confusión de los estúpidos comentaristas políticos burgueses.

La muerte del liberalismo

En su editorial del 24 de diciembre de 2016 The Economist cantaba un himno de alabanza a su amado liberalismo. Los liberales, nos dice, "creen en las economías y sociedades abiertas, donde se fomenta el libre intercambio de bienes, capitales, personas e ideas y donde las libertades universales están protegidas contra el abuso del Estado por el imperio de la ley". A tal bella imagen realmente se le debería poner música.
Pero a continuación, el artículo concluye con tristeza que 2016 "ha sido un año de reveses. No sólo por el Brexit y la elección de Donald Trump, sino también por la tragedia de Siria, abandonada a su sufrimiento, y el apoyo generalizado –en Hungría, Polonia y más allá– a la "democracia intolerante". A medida que la globalización se ha convertido en un agravio, el nacionalismo, e incluso el autoritarismo, han florecido. En Turquía el alivio ante el fracaso de un golpe de estado fue superado por represalias salvajes (y populares). En Filipinas, los votantes eligieron a un presidente que no sólo desplegó escuadrones de la muerte, sino que se jactaba de apretar el gatillo. A la vez que Rusia, que dio de hachazos a la democracia occidental, y China, que justo la semana pasada se burló de EEUU al apoderarse de uno de sus drones marítimos, insisten en que el liberalismo no es más que una tapadera para la expansión occidental".
El hermoso canto de alabanza a los valores occidentales y al liberalismo ha terminado con una nota agria. The Economist concluye con amargura: "Frente a esta letanía, muchos liberales (del tipo de libre mercado) han perdido los nervios. Algunos han escrito epitafios para el orden liberal y emitido advertencias sobre la amenaza a la democracia. Otros sostienen que, con un pellizco tímido a la ley de inmigración o con un arancel adicional, la vida simplemente volverá a la normalidad".
Pero la vida no "retornará a la normalidad" simplemente –sino que, más correctamente, entraremos en una nueva etapa de lo que The Economist se refiere como una "nueva normalidad": Un período sinfín de recortes, austeridad y caída de los niveles de vida. En realidad, hemos estado viviendo en esta nueva normalidad desde hace bastante tiempo. Y de esto se derivan consecuencias muy serias.
La crisis mundial del capitalismo ha creado condiciones que son completamente diferentes a las condiciones que existían (al menos para un puñado de países privilegiados) cuatro décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Ese período fue testigo de la mayor fase de expansión de las fuerzas productivas del capitalismo desde la Revolución Industrial. Este fue el suelo sobre el que pudieron florecer los tan cacareados "valores liberales". El auge económico proporcionó a los capitalistas ganancias suficientes para otorgar concesiones a la clase obrera.
Esa fue la época dorada del reformismo. Pero el actual período es la época, no de las reformas, sino de las contra-reformas. Esto no es el resultado de prejuicios ideológicos, como imaginan algunos tontos reformistas. Es la consecuencia necesaria de la crisis del sistema capitalista que ha alcanzado sus límites. Todo el proceso que se desarrolló durante un período de seis décadas está ahora desenrollándose.
En lugar de las reformas y del aumento de los niveles de vida, la clase obrera de todo el mundo se enfrenta a los recortes, a la austeridad, al desempleo y al empobrecimiento. La degradación de las condiciones de trabajo, de los salarios, de los derechos laborales y de las pensiones recae sobre todo en los sectores más pobres y vulnerables de la sociedad. La idea de la igualdad de la mujer está siendo erosionada por la búsqueda implacable de una mayor rentabilidad. A toda una generación de jóvenes se la está privando de un futuro. Esa es la esencia del presente periodo.

El momento María Antonieta de la élite

A la clase dominante y a sus estrategas les resulta difícil aceptar la realidad de la situación actual y son completamente ciegos a las consecuencias políticas que se derivan de ella. La misma ceguera se puede observar en cada clase dirigente que se enfrenta a la extinción y que se niega a aceptarlo. Como observó correctamente Lenin, un hombre que permanece al borde de un precipicio no razona.
El Financial Times publicó un interesante artículo de Wolfgang Münchau titulado "El momento María Antonieta de la élite". Comienza como sigue:
"Algunas revoluciones podrían haberse evitado si la vieja guardia sólo se hubiera abstenido de la provocación. No hay ninguna prueba de un incidente del tipo "que coman tarta". Parece que esto lo dijo María Antonieta [La leyenda dice que ese fue el comentario de Maria Antonieta cuando le informaron que el pueblo salió a la calle exigiendo pan, NdT]. Suena real. Los Borbones eran difíciles de superar como la quintaesencia del establishment fuera de contacto con la realidad.

"Ellos tienen competencia ahora".

"Nuestro Establishment democrático liberal mundial se comporta de la misma manera. En un momento en que Gran Bretaña ha votado salir de la UE, en que Donald Trump ha sido elegido presidente de Estados Unidos, y Marine Le Pen está marchando hacia el Palacio del Elíseo, nosotros –los guardianes del orden liberal mundial– seguimos poniendo todo en riesgo".
La comparación con la Revolución Francesa es muy instructiva. En todas partes la clase dominante y sus "expertos" han demostrado estar completamente fuera de contacto con la situación real de la sociedad. Ellos asumían que el orden de las cosas que surgió del auge económico posterior a la guerra continuaría para siempre. La economía de mercado y la "democracia" burguesa eran los paradigmas incuestionables de la época.
Su complacencia petulante recordaba precisamente a la desafortunada María Antonieta, la reina de Francia. No es en absoluto cierto que su famosa frase fuera pronunciada alguna vez, pero refleja con precisión la mentalidad de una clase dirigente degenerada que no tiene interés en los sufrimientos de la gente común ni en las inevitables consecuencias que se derivan de ellos.
Al final María Antonieta perdió la cabeza y ahora la clase dominante y sus representantes políticos están perdiendo la suya. El artículo del Financial Times sigue:
"¿Por qué está pasando esto? Los macroeconomistas creen que nadie se atrevería a desafiar su autoridad. Los políticos italianos han estado desplegando juegos de poder desde siempre. Y el trabajo de los funcionarios de la UE es encontrar maneras ingeniosas de animar legislaciones y tratados políticamente complicados en las legislaturas nacionales pasadas. A pesar de la apetencia por el poder de la señora Le Pen, del Sr. Grillo y de Geert Wilders del partido de extrema derecha holandés Libertad, el establishment sigue actuando de esta manera. Un regente Borbón, en un momento inusitado de reflexión, se habría echado atrás. Nuestro orden capitalista liberal, con sus instituciones competentes, es constitucionalmente incapaz de hacer eso. Está programado para arriesgarlo todo.
"El curso de acción correcto sería dejar de insultar a los votantes y, más importante, resolver los problemas de un sector financiero fuera de control, de los flujos incontrolados de personas y capitales, y de la distribución desigual de los ingresos. En la zona euro, los líderes políticos encontraron apropiado improvisar con la crisis bancaria y luego con una crisis de la deuda soberana –sólo para encontrarse con que la deuda griega es insostenible y que el sistema bancario italiano está en serios problemas. Ocho años después, todavía hay por ahí inversores que apuestan a un colapso de la zona euro como la conocemos".
En 1938, Trotsky escribió que la clase dominante se deslizaba por un tobogán hacia el desastre con los ojos cerrados. Las líneas anteriores son una ilustración gráfica de este hecho. Y el Sr. Münchau saca la siguiente conclusión:
"Pero si esto está sucediendo es por la misma razón por la que sucedió en la Francia revolucionaria. Los guardianes del capitalismo occidental, como los Borbones antes que ellos, no han aprendido nada, ni han olvidado nada".

El colapso del centro

Contrariamente al antiguo prejuicio de los liberales, la conciencia humana no es progresista, sino profundamente conservadora. A la mayoría de las personas no les gusta el cambio. Se aferran obstinadamente a las viejas ideas, prejuicios, religión y moralidad con las que están familiarizadas, y lo que es familiar siempre es más reconfortante que lo que no lo es. La idea del cambio es alarmante, ya que es desconocido. Estos temores están profundamente arraigados en la psique humana y han existido desde tiempo inmemorial.
Sin embargo, el cambio es tan necesario para la supervivencia de la raza humana como lo es para la supervivencia del individuo. La ausencia de cambio es la muerte. El cuerpo humano cambia constantemente desde el momento del nacimiento; todas las células se descomponen, mueren y son reemplazadas por células nuevas. El niño debe desaparecer para que el adulto pueda nacer.
Sin embargo, no es difícil entender la aversión de la gente a cambiar. El hábito, la rutina, la tradición –todas estas cosas son necesarias para el mantenimiento de las normas sociales que sustentan el funcionamiento de la sociedad. Durante un largo período arraigan, condicionando las actividades diarias de millones de hombres y mujeres. Son universalmente aceptadas, al igual que el respeto de las leyes y costumbres, las reglas de la vida política y las instituciones existentes: en una palabra, el status quo.
Existe algo similar en la ciencia. En su profundo y penetrante estudio de La estructura de las revoluciones científicas, Thomas S. Kuhn explica cómo cada periodo en el desarrollo de la ciencia se basa en un modelo existente que es generalmente aceptado y que proporciona un marco necesario para el trabajo científico. Durante mucho tiempo este paradigma responde a un propósito útil. Pero finalmente las pequeñas contradicciones, aparentemente insignificantes, que aparecen conducen eventualmente a la caída del viejo paradigma y a su sustitución por otro nuevo. Esto, según Kuhn, constituye la esencia de una revolución científica.
Exactamente, el mismo proceso dialéctico se produce en la sociedad. Las ideas que han existido durante tanto tiempo y se han endurecido en prejuicios, entran finalmente en conflicto con la realidad existente. En ese momento, una revolución en la conciencia comienza a tener lugar. La gente comienza a cuestionar lo que parecía ser incuestionable. Ideas que eran cómodas porque proporcionaban certezas se hacen añicos sobre la roca de la dura realidad. Por primera vez, la gente comienza a sacudirse las viejas y cómodas ilusiones y a mirar la realidad de frente.
La verdadera causa de los temores de la clase dominante es el colapso del centro político. Lo que estamos viendo en Gran Bretaña, Estados Unidos, España y muchos otros países es una aguda y creciente polarización entre la izquierda y la derecha en la política, que a su vez es simplemente un reflejo de una creciente polarización entre las clases. Esto a su vez es un reflejo de la crisis más profunda que ha habido en la historia del capitalismo.
Durante los últimos cien años, el sistema político de los EE.UU. se basó en dos partidos –los Demócratas y los Republicanos– en el que ambos defendían el mantenimiento del capitalismo y representaban los intereses de los bancos y de las grandes empresas. Esto fue muy bien expresado por Gore Vidal quien escribió que "nuestra República tiene un partido, el partido de la propiedad, con dos alas de derechas".
Esta fue la sólida base para la estabilidad y la longevidad de lo que los estadounidenses consideraban como "democracia". En realidad, esta democracia burguesa no era más que una hoja de parra para ocultar la realidad de la dictadura de los banqueros y capitalistas. Ahora bien, este práctico dispositivo está siendo cuestionado y sacudido hasta la médula. Millones de personas están despertando a la realidad de la podredumbre del establishment político y al hecho de que están siendo engañados por aquellos que dicen representarlos. Esta es la condición previa para una revolución social.

Crisis del reformismo

Vemos una situación similar en Gran Bretaña, donde desde hace 100 años los Laboristas y Conservadores se alternaban en el poder, proporcionando el mismo tipo de estabilidad para la clase dominante. El Partido Laborista y el partido Conservador eran dirigidos por sólidos hombres y mujeres respetables en los que se podía confiar para manejar la sociedad en interés de los banqueros y capitalistas de la city de Londres. Pero la elección de Jeremy Corbyn lo ha puesto todo patas arriba.
La clase dominante teme que la llegada masiva de nuevos miembros al Partido Laborista pueda romper el dominio del ala derecha sobre el Laborismo. Eso explica el pánico de la clase dominante y el carácter virulento de la campaña contra Corbyn.
La crisis del capitalismo es también la crisis del reformismo. Los estrategas del capital se asemejan a los Borbones, pero los líderes reformistas son sólo una pobre imitación de los primeros. Ellos son los más ciegos de entre los ciegos. Los reformistas, tanto de las variedades de derechas como de izquierdas, no comprenden nada de la situación real. A pesar de que se enorgullecen de ser grandes realistas, son el peor tipo de utópicos.
Al igual que los liberales de los cuales no son más que un pálido reflejo, están suspirando por el pasado que ha desaparecido más allá de cualquier regreso. Se quejan amargamente de la injusticia del capitalismo, sin darse cuenta de que las políticas de la burguesía son dictadas por la necesidad económica del capitalismo mismo.
Es una ironía suprema de la historia que los reformistas hayan adoptado totalmente la economía de mercado, precisamente en un momento en el que se está desmoronando ante nuestros propios ojos. Habían aceptado el capitalismo como algo que está dado de una vez para siempre, que no puede ser cuestionado ni, ciertamente, derrocado. El presunto realismo de los reformistas es el realismo de un hombre que trata de persuadir a un tigre de que coma ensaladas en lugar de carne humana. Naturalmente, el realista que ha intentado realizar esta hazaña loable no tuvo éxito en convencer al tigre y terminó el interior de su estómago.
Lo que los reformistas no entienden es que si se acepta el capitalismo también deben aceptarse las leyes del capitalismo. Y en las condiciones modernas eso significa aceptar los recortes y la austeridad. En ninguna parte está la bancarrota del reformismo más claramente expresada que en el hecho de que ya no hablan de socialismo. Ni tampoco hablan de capitalismo. En su lugar, se quejan de los males del "neoliberalismo", es decir, que no se oponen al capitalismo en sí, sino solamente a un modelo particular de capitalismo. Pero el llamado neoliberalismo no es más que un eufemismo para el capitalismo en el período de crisis.
Los reformistas que imaginan ser grandes realistas están soñando con un retorno a las condiciones del pasado, cuando ese pasado ya ha retrocedido en la historia. El período que ahora se abre será completamente diferente. En las décadas que siguieron a 1945, la lucha de clases en los países capitalistas avanzados se atenuó en cierta medida como consecuencia de las reformas logradas por la clase trabajadora a través de la lucha.
Trotsky explicó hace tiempo que la traición está implícita en el reformismo en todas sus variedades. Con esto no quería decir que los reformistas traicionaran conscientemente a la clase obrera. Hay muchos reformistas honestos, así como un buen número de arribistas corruptos. Pero el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Si acepta el sistema capitalista –como lo hacen todos los reformistas, ya sean de derechas o de izquierdas– seguidamente deben obedecerse las leyes del sistema capitalista. En un período de crisis capitalista, esto significa la inevitabilidad de los recortes y ataques a los niveles de vida.
Esta lección tuvo que ser aprendida por Tsipras y Varoufakis en Grecia. Ellos llegaron al poder con un enorme apoyo popular con un programa anti-austeridad, pero muy rápidamente se les hizo comprender por Merkel y Schäuble que esto no estaba en la agenda. Al final capitularon y dócilmente llevaron a cabo el programa de austeridad dictado por Berlín y Bruselas. Vimos una situación similar en Francia, donde Hollande consiguió una masiva victoria prometiendo un programa anti-austeridad, y a continuación dio un giro de 180º y llevó a cabo recortes aún más profundos que el anterior gobierno de la derecha. El resultado inevitable ha sido el auge de Marine Le Pen y del Frente Nacional.

El capitalismo en un callejón sin salida

En países como los Estados Unidos cada generación desde la Segunda Guerra Mundial podía esperar una mejor calidad de vida que la que tenían sus padres. En las décadas de boom económico los trabajadores se acostumbraron a victorias relativamente fáciles. Los líderes sindicales no tenían que luchar mucho para obtener mejoras económicas. Las reformas fueron consideradas la norma. Hoy fue mejor que ayer y mañana sería mejor que hoy.
En el largo período de auge capitalista, la conciencia de clase de los trabajadores estuvo un tanto mitigada. En lugar de políticas socialistas de clase bien definidas, el movimiento obrero ha sido infectado con ideas extrañas a través de la correa de transmisión de la pequeña burguesía que ha apartado a un lado a los trabajadores y ahogado su voz con las declamaciones estridentes del radicalismo de la clase media.
La llamada corrección política con su mezcolanza de ideas a medio cocinar sacadas de la basura del liberalismo burgués, poco a poco ha sido aceptada incluso en los sindicatos, donde los dirigentes reformistas de derechas se aferran ansiosamente a ella como un sustituto de las políticas de clase y de las ideas socialistas. Los reformistas de izquierdas en particular, han jugado un papel nefasto en este sentido. Se necesitarán los golpes de martillo de los acontecimientos para demoler estos prejuicios que tienen un efecto corrosivo sobre la conciencia.
Pero la crisis del capitalismo no permite tales lujos. La generación actual de jóvenes se enfrentará por primera vez a peores condiciones de vida que las que disfrutaron sus padres. Gradualmente, esta nueva realidad está abriéndose paso en la conciencia de las masas. Esa es la razón del actual fermento de descontento que existe en todos los países y que está adquiriendo un carácter explosivo. Esta es la explicación de los terremotos políticos que han tenido lugar en Gran Bretaña, España, Grecia, Italia, Estados Unidos y muchos otros países. Es un aviso de que se están preparando acontecimientos revolucionarios.
Es cierto que en esta etapa el movimiento se caracteriza por una tremenda confusión ¿Cómo podía ser de otra manera, cuando esas organizaciones y partidos que deberían colocarse a la cabeza de un movimiento para transformar la sociedad, se han transformado en cambio en monstruosos obstáculos en el camino de la clase obrera? Las masas están buscando una manera de salir de la crisis, poniendo a prueba los partidos políticos, los líderes y los programas. Los que no pasan la prueba son arrojados a un lado sin piedad. Hay giros violentos en el frente electoral, tanto a la izquierda como a la derecha. Todo esto es el presagio de un cambio revolucionario.
En retrospectiva, el período de medio siglo que siguió a la Segunda Guerra Mundial será visto como una excepción histórica. Con toda probabilidad, nunca volverá a repetirse la concatenación de circunstancias peculiares que produjeron esa situación. Lo que nos enfrentamos ahora es precisamente a una vuelta al capitalismo normal. La cara sonriente del liberalismo, del reformismo y de la democracia va a ser echada a un lado para revelar la única fisonomía que tiene el capitalismo realmente.

¡Hacia un nuevo Octubre!

Un nuevo período se abre ante nosotros –un periodo de tormenta y tensión que será mucho más similar a la década de 1930 que al período posterior a 1945. Todas las ilusiones del pasado quedarán consumidas en la conciencia de las masas como en una plancha caliente. En un período como éste, la clase obrera tendrá que luchar duro para defender las conquistas del pasado, y en el curso de esta amarga lucha llegará a entender la necesidad de un programa revolucionario cabal. O el capitalismo es derrocado, o un terrible destino le espera a la humanidad. Esa es la única alternativa. Cualquier otro curso de acción es una mentira y un engaño. Es hora de mirar la verdad cara a cara.
Sobre la base del capitalismo enfermo no puede haber salida para la clase obrera y la juventud. Los liberales y reformistas están tratando con todas sus fuerzas de apuntalarlo. Ellos lloriquean sobre la amenaza a la democracia, ocultando el hecho de que la llamada democracia burguesa no es más que una hoja de parra tras la que se esconde la cruda realidad de la dictadura de los bancos y de las grandes empresas. Van a tratar de atraer a la clase obrera a alianzas para "defender la democracia", pero esto es una farsa hipócrita.
La única fuerza que tiene un interés real en la democracia es la clase obrera misma. La llamada burguesía liberal es incapaz de reacción de combate, lo que se deriva directamente del sistema capitalista en el que basan sus riquezas y privilegios. Fue Obama quien pavimentó el camino para la victoria de Trump, tal como fue Hollande quien ha allanado el camino para el ascenso de Le Pen.
En realidad, el viejo sistema ya está descomponiéndose ante nuestros propios ojos. Los síntomas de su decadencia son evidentes para todos. En todas partes vemos las crisis económicas, la descomposición social, transtornos, guerras, destrucción y caos. Es una imagen terrible, pero se deriva del hecho de que el capitalismo ha llevado a la humanidad a un callejón sin salida.
No es la primera vez que hemos visto este tipo de cosas. Los mismos síntomas se pueden ver en el período de la decadencia y caída del Imperio Romano y en el período de decadencia de la sociedad feudal. No es casualidad que los hombres y las mujeres en esos días se imaginaran que el fin del mundo se acercaba. Pero lo que se acercaba no era el fin del mundo, sino sólo al final de un sistema económico social particular que había agotado su potencial y se había convertido en un monstruoso obstáculo en el camino del progreso humano.
Lenin dijo una vez que el capitalismo es horror sin fin. Ahora vemos la verdad literal de esta afirmación. Pero junto a los horrores producidos por un sistema decadente y reaccionario hay otra cara de la moneda. Nuestra época es un tiempo de nacimiento, y un período de transición de un período histórico a otro. Dichos períodos se caracterizan siempre por los dolores, que son los dolores de una nueva sociedad que está luchando por nacer, mientras que la vieja sociedad se esfuerza por preservarse estrangulando al niño en el vientre materno.
El viejo mundo se está desplomando. Que está tambaleándose para caer lo indican síntomas inequívocos. La podredumbre se está extendiendo en el orden establecido de las cosas, sus instituciones están colapsando. Los defensores del viejo orden están atrapados por un presentimiento indefinido de algo desconocido. Todas estas cosas presagian que hay algo más que se aproxima.
Este desmoronamiento gradual a pedazos se acelerará por la erupción de la clase obrera en la escena de la historia. Aquellos escépticos que descartaron a la clase trabajadora se verán obligados a comerse sus palabras. Están acumulándose fuerzas volcánicas debajo de la superficie de la sociedad. Las contradicciones se están acumulando hasta el punto que no pueden aguantarse mucho más.
Nuestra tarea es acortar este proceso doloroso y asegurar que el nacimiento se lleve a cabo con el menor sufrimiento posible. Con el fin de hacer esto, es necesario lograr el derrocamiento del actual sistema que se ha convertido en una terrible barrera para el desarrollo de la raza humana y una amenaza para su futuro.
Todos aquellos que están tratando de preservar el viejo orden, de ponerle parches, de reformarlo, para dotarlo de muletas que le permitan renquear durante unos años o décadas más, juegan el papel más reaccionario. Están impidiendo el nacimiento de una nueva sociedad, la única que puede ofrecer un futuro a la humanidad y poner fin a la pesadilla del capitalismo existente.
El Nuevo Mundo que está luchando por nacer se llama socialismo. Es nuestro trabajo asegurar que este nacimiento se lleve a cabo tan pronto como sea posible y con el mínimo posible de dolor y sufrimiento. La manera de lograr este objetivo es construir una fuerte corriente marxista en todo el mundo con cuadros formados y con fuertes vínculos con la clase obrera.
Hace cien años tuvo lugar un acontecimiento que cambió el curso de la historia mundial. En un país semifeudal atrasado en los confines de Europa, la clase obrera se movió para cambiar la sociedad. Nadie esperaba esto, sin embargo. Las condiciones objetivas para una revolución socialista en Rusia parecían ser inexistentes.
Europa estaba en las garras de una terrible guerra. Los trabajadores de Gran Bretaña, Francia, Alemania y Rusia estaban matándose entre sí en nombre del imperialismo. En tal contexto la consigna: "¡Proletarios de todos los países, uníos!" debía parecer una expresión de amargo sarcasmo. La propia Rusia estaba gobernada por un poderoso régimen autocrático con un gran ejército, una fuerza policial y una policía secreta cuyos tentáculos se extendían a todos los partidos políticos –incluyendo los bolcheviques.
Y, sin embargo, en esta situación aparentemente imposible los obreros de Rusia se movieron para tomar el poder en sus propias manos. Ellos derrocaron al zar y establecieron organismos de poder democráticos, los soviets. Sólo nueve meses después el Partido Bolchevique, que al comienzo de la revolución era una pequeña fuerza de no más de 8.000 miembros, llegó al poder.
Cien años más tarde, los marxistas se enfrentan a la misma tarea que Lenin y Trotsky se enfrentaron en 1917. Nuestras fuerzas son pequeñas y nuestros recursos son escasos, pero estamos armados con el arma más poderosa: el arma de las ideas. Marx decía que las ideas se convierten en una fuerza material cuando se apoderan de la mente de las masas. Durante mucho tiempo, estuvimos luchando contra una poderosa corriente. Pero la marea de la historia fluye ahora firmemente en nuestra dirección.
Ideas que son escuchadas por unos pocos hoy serán recibidas con entusiasmo por millones en el período que ahora se abre. Grandes acontecimientos pueden tener lugar con extrema rapidez, transformando toda la situación. La conciencia de la clase obrera puede cambiar en cuestión de días u horas. Nuestra tarea es preparar a los cuadros para los grandes acontecimientos que se ciernen. Nuestra bandera es la bandera de Octubre. Nuestras ideas son las ideas de Lenin y Trotsky. Esa es la máxima garantía de nuestro éxito.

Alan Woods
Londres 5 de enero de 2017.

Un siglo de Peter Weiss



Estos días se cumple un siglo (6-XII-1916) del nacimiento del poeta, el dramaturgo y novelista Peter Weiss, alemán, nacionalizado sueco, uno de los grandes innovadores del teatro en los años sesenta-setenta, especialmente conocido entre nosotros por la escenificación que de su obra Marat-Sade realizó en su momento Adolfo Marsillach, que la planteó como un desafío y una acusación contra la dictadura/1.
Afincado en Suecia desde fines del año 1939, donde alternó la creación literaria con la pintura y el grafismo, Peter encontró en este país una nueva patria no solamente en el aspecto formal -había obtenido la ciudadanía sueca en el año 1945- sino en el más hondo de los afectos y de encontrarse con un ámbito de trabajo para sus inquietudes de intelectual polifacético. La compenetración con el medio sueco fue total, allí su figura fue querida y respetada, no solamente en el ambiente intelectual, sino también en los ámbitos políticos, aun por aquellos que no compartían algunas de sus opiniones, significadamente cuando por su obra Trotsky en el exilio rompió con el Partido Comunista sueco y desafío a las autoridades soviéticas que desde entonces prohibieron la difusión de sus obras.
De padre alemán, y madre judía, como tantos otros intelectuales de su época debió exiliarse cuando el ascenso del nazismo al poder. Antes de establecerse en Suecia residió en Praga entre los años 1936 y 1938 donde estudió arte en la academia de aquella capital. En Suecia se dedicó a la pintura -recientemente se había efectuado una exposición de sus cuadros-, a escribir obras de teatro y novela, haciendo incursiones también en experiencias cinematográficas a partir de 1952. Pese a que aprendió el idioma sueco hasta el punto de que tradujo al alemán La señorita Julia de Strindberg, escribía sus obras en alemán.
Aunque ya era conocido por su obra La indagación, que trata sobre las confesiones de los jerarcas nazis en el proceso de Nüremberg, Weiss obtuvo en 1965 su mayor celebridad con el estreno de Marat-Sade, celebrado en el teatro Dramaten de la ciudad de Estocolmo, que posteriormente fue representada en diversos escenarios del mundo con singular éxito. Como escritor comprometido con la realidad de su tiempo, que había sido marcado en su juventud por la experiencia del nazismo, Weiss tomó parte activa en el apoyo a los movimientos de liberación en los países del Tercer Mundo. La guerra del Vietnam, que tanta repercusión tuvo en los medios intelectuales de Suecia, contó con él como un decidido partidario de la causa del pueblo vietnamita. De esa época data su Discurso sobre la larga guerra en Vietnam, un alegato contra los sucesivos imperialismos que agredieron a dicho pueblo; fruto de ese compromiso fue también su artículo de homenaje póstumo a Ernesto Che Guevara, obras que le convirtieron un uno de los escritores más emblemáticos para la llamada “generación del 68”.
También escribió Estética de la resistencia, una novela en tres tomos, el primero de los cuales apareció en 1978 y el último recientemente. Se trata de una novela en cierta medida autobiográfica, en la que los personajes de ficción se mezclan con personajes históricos y en la que el autor expresa una cierta decepción ante la impotencia de la izquierda para superar antagonismos y oponer una barrera más sólida al advenimiento del nazismo. Si bien las referencias más concretas están hechas a la experiencia nazi, el análisis va bastante más lejos y abarca posteriores frustraciones de la izquierda intelectual europea. A pesar de que nunca abdicó de su espíritu crítico frente a distintas experiencias sociales como la revolución soviética, su crítica no le llevó nunca a situarse en campo enemigo y, en términos generales, se mantuvo consecuente con las; ideas socialistas. Entre sus proyectos a la hora de morir se encontraba una adaptación de La Divina comedia de Dante, situada en un presente con el que permaneció comprometido, ya que, por ejemplo, Weiss fue uno de los animadores del Tribunal Russell contra la guerra de Vietnam.
Se reconocía plenamente deudor de Bertolt Brecht cuyas premisas jamás abandonó, ni siquiera en su etapa más científica, una de las más decisivas y apasionantes indagaciones del teatro contemporáneo: la búsqueda de una salida para el dilema, con proporciones de enigma, sobre las conexiones entre la escena y la lucha de clases. Desde tiempo inmemorial se atribuía al teatro una secreta condición de incendiaria. Arte de masas, de arenga, de plaza pública, la agitación le acompañó a través de los siglos, como una estela negra que hizo de él un arte perseguido y que convirtió a los hombres de teatro en proscritos. Brecht partió de ahí en su indagación, de la oscura conciencia de que todo verdadero hombre de escena, cuando se descubre a sí mismo en el fondo de su trabajo, descubre a un delincuente, a un bandido en sentido noble, a un proscrito por el orden social dominante. Su obra más importante, Marat-Sade, fue representada en las principales capitales del mundo, y conoció una más que notable adaptación cinematográfica de la mano del audaz director de teatro británico, Peter Brooks/2.
Esta obra está considerada como primer drama contemporáneo donde la tensión entre conflicto escénico y conflicto social es presentada como una identidad y, en concreto, como una identidad existencial, que hay que situar en la propia conciencia del actor, del oficiante de la ceremonia. El llamado teatro social, banal corriente del naturalismo, que pretendía convertir al teatro en un testigo, y nada más, de las convulsiones sociales y políticas, quedó pulverizado de un mazazo con solo este hallazgo. El teatro no refleja, en la transparente óptica de Weiss, los conflictos de la sociedad en que surge, sino que los asume, los convierte en su esencia, en su materia. De ahí la radicalidad de su hallazgo: el teatro no refleja la lucha de clases, porque es en si mismo lucha de clases.
Erwin Piscator, en su enorme y colérica tarea al frente de la Volksbühne de Berlín, en los años treinta, talló en bruto esta formula de teatro dialéctico decantada, durante los primeros años sesenta, por Weiss en Marat-Sade, El fantoche lusitano, La investigación y, unos años más tarde, en Discurso de Vietnam y Trotsky en el exilio..3/. Sin embargo, en la concepción de Piscator -también probablemente a causa de las devastadoras urgencias del instante- los factores políticos dominaron sobre los existenciales y esto marcó su obra con una irremediable cojera formal, que solo Weiss enderezó más tarde.
Se ha escrito que tradición y revolución fueron aspectos complementarios en su obra. La obra de un hombre de talante literario clásico, con sus ideas primordiales entroncadas en el marxismo. Pero no fue un marxista al uso, ni hombre de obediencia de partido o adscripción política incondicional. En él el marxismo recuperó, de manera paralela a su envilecimiento oficial, su perdida dimensión crítica, su capacidad de respuesta global a la globalidad del engaño histórico con que Weiss y sus contemporáneos se enfrentaron. Pocos dramaturgos de este siglo han alcanzado, con armas literarias tan difíciles y, con frecuencia, tan abruptas, una repercusión como la alcanzada por Weiss.
En un momento en el que todas las tradiciones son requeridas para asumir los desafíos del presente, la tradición a la que perteneció Weiss se mantienen como uno de los referentes quizás más presente y asequibles. Por lo tanto, sería una pena que este centenario pasara desapercibido de los escenarios.

Pepe Gutiérrez-Álvarez

Notas

1/ Representada emblemáticamente en pleno 68, todo el mundo hablaba de “lo de Marsillach” (sin olvidar a Alfonso Sastre) como de un acontecimiento único. El ambiente estaba caldeadísimo y se reproducía en los coros de las resistencias.
2/ Peter Brook es uno de los más grandes directores teatrales de la segunda mitad del siglo XX. Sólo en contadas ocasiones se puso delante de una cámara para dirigir, pero las pocas veces que lo hizo creó maravillas como ésta: Marat-Sade (cuyo título completo es “Persecución y asesinato de Jean Paul Marat representado por el grupo teatral de la Casa de Salud de Charenton bajo la dirección del Marqués de Sade”) es una obra que Brook dirigió en teatro y que se decidió a adaptar al cine (Reino Unido, 1967) conservando una escenografía muy teatral y musical. El resultado es una joya que une teatro y cine, innovación formal y contenido crítico.
3/ Me remito a Peter Weiss (1916-1982) y su defensa de Trotsky, publicado en mi Facebook, https://www.facebook.com/

La caída de Alepo y la niebla de la guerra

Alepo ha caído. Después de cuatro años de sangrienta guerra de desgaste, el que era el centro comercial de Siria en el periodo anterior a la guerra civil y la ciudad más grande del país se halla de nuevo bajo el control total del régimen de Assad. Para los rebeldes y sus partidarios extranjeros esto representa un golpe humillante que tendrá consecuencias importantes tanto a nivel internacional como en el interior del país.
El precio de estos cuatro años de guerra ha sido miles de muertos, decenas de miles de mutilados y cientos de miles de habitantes expulsados ​​de sus hogares. Alepo resume la tragedia de la guerra civil siria. Una ciudad antigua, con un pueblo moderno, con una rica cultura, se convirtió en montones de escombros y polvo sangrientos. El efecto de los crímenes cometidos aquí será sentido por las generaciones futuras.
Desde el mes de agosto, el bastión rebelde de Alepo oriental estaba sitiado de facto. Durante el mes pasado, una operación meticulosamente planeada, dirigida por las milicias sirias, iraníes, libanesas, iraquíes y palestinas ha avanzado constantemente, con el apoyo aéreo de cazas y bombarderos sirios y rusos.
Día tras día nos repiten que los rusos y los sirios están cometiendo crímenes de guerra. Por supuesto, nosotros no tenemos ilusiones ni en Putin ni en Assad. Actúan enteramente por interés propio y con un total desprecio por los intereses del pueblo sirio. Pero al mismo tiempo hay un silencio atronador acerca de la conducta bárbara de los llamados rebeldes y los americanos, saudís y turcos que les apoyan.

Una historia de atrocidades e hipocresía

Para encontrar la verdad sobre esta guerra reaccionaria hay que cavar entre una montaña de mentiras, engaños e hipocresía hediondas. Los líderes del llamado "mundo libre" están todos en lágrimas, mientras los medios de comunicación vierten su desprecio sobre las brutales fuerzas rusas y sirias que han luchado en Alepo. Ellos condenan a Putin y Assad por bombardear, disparar y matar a la gente (en una guerra!). Sin embargo, no tienen problemas con que sus propias milicias "moderadas" hagan exactamente lo mismo, y con métodos en nada más humanos que los de Putin. Mientras que los medios de comunicación quedaron inundados con historias sobre el bombardeo del "último hospital de Alepo" una semana tras otra durante el último año o así, no se ha mencionado el bombardeo constante e indiscriminado de Alepo occidental o del barrio kurdo de Sheikh Maqsood. Sólo queda imaginarse cual sería la escala de horror y destrucción si las milicias de la oposición dispusieran de una fuerza aérea. Parece ser que el asesinato sólo es un crimen cuando es perpetrado por oponentes a las clases gobernantes occidentales.
Los crímenes de guerra del imperialismo occidental a lo largo de la historia son interminables: el asesinato de cientos de miles en Hiroshima y Nagasaki; el bombardeo de la población civil de Dresde en la Segunda Guerra Mundial, con casi 4000 toneladas de bombas matando a más de 25.000 personas; la asesina operación "Rolling Thunder", que mató a cientos de miles de civiles en Vietnam. Estos crímenes se silencian en los libros de historia o incluso se glorifican.
En la actualidad, el comportamiento de estas damas y caballeros en Oriente medio no es en absoluto mejor. Una investigación llevada a cabo por Physicians for Social Responsibility en 2015 concluye que "las guerras han matado, directa o indirectamente, a alrededor de un millón de personas en Irak, 220.000 en Afganistán y 80.000 en Pakistán, es decir, un total de alrededor de 1,3 millones. (...) El número total de muertes en los tres países ante mencionados también podría superar los 2 millones, mientras que una cifra inferior al millón es extremadamente improbable.” En su conjunto, los actos sangrientos de Assad, Putin e incluso de ISIS no alcanzarían los niveles de destrucción desatados por el imperialismo occidental en Oriente medio.
La guerra criminal en Irak, por su parte, desestabilizó completamente el país y la región y desató las fuerzas más atrasadas y reaccionarias. La tragedia va mucho más allá de los números - aunque enormes - de muertos.
Incluso hoy, el asedio y el bombardeo indiscriminado de Yemen por parte de aviones saudíes, apoyados por las fuerzas estadounidenses y británicas, ha dejado a más de la mitad de los 28 millones de habitantes del país en riesgo de hambre. Y sin embargo este desastre humanitario es convenientemente ignorado por los políticos y la prensa en Occidente. Una coordinadora humanitaria de la ONU en Yemen dijo que esta guerra es "probablemente una de las mayores crisis en el mundo, pero es como si fuera una crisis silenciosa, una situación silenciosa y una guerra olvidada"
Tampoco se menciona nada de las bajas civiles causadas por el asedio y ataque a la ciudad de Mosul, que cuenta con muchos más civiles que Alepo oriental. Irónicamente, algunos de los mismos grupos que en Alepo están siendo criticados por Occidente han sido contratados para hacer el trabajo sucio en Mosul con apoyo aéreo de Occidente.
Nuestros queridos líderes están llenos de preocupación por la difícil situación del pueblo sirio. Pero sus acciones cuentan una historia diferente. Un reciente informe interno de la ONU filtrado por The Intercept caracteriza las sanciones occidentales contra Siria como "uno de los regímenes de sanciones más complicado y de mayor alcance jamás impuesto". Informan que las sanciones estadounidenses son excepcionalmente crueles "con respecto a la provisión de ayuda humanitaria". Otra filtración de la ONU en la misma publicación señala estas sanciones como un "factor principal" en la degradación del sistema sanitario.
Además, es profundamente irónico que estos señores y señoras amantes de la paz hayan prometido enviar más armas y dinero a Siria después de la caída de Alepo.
Sí, nuestros queridos amigos demócratas son rápidos a la hora de señalar con el dedo. Pero son iguales de rápidos en olvidar el terror y la barbarie que han desatado y continúan apoyando en toda la región.

Siria

En Alepo, las últimas atrocidades podrían haber sido evitadas si EE.UU. hubiera acordado un alto al fuego con Rusia y el régimen de Assad hace tan sólo un mes. El acuerdo llegó después de que los aviones estadounidenses bombardearan y mataran a un centenar de soldados del régimen sirio que luchaban contra ISIS en el enclave sitiado de Deir Ezzor. Según el Middle East Eye, un informe reciente del mando central estadounidense "demuestra claramente que fueron altos oficiales de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en el Centro de Operaciones Aéreas Combinadas (CAOC) de la Base Aérea de Al-Udeid en Qatar, los responsables de la decisión de llevar a cabo el ataque aéreo de septiembre en Deir Ezzor:
"Se engañó a los rusos acerca de dónde Estados Unidos pretendía atacar para que Rusia no pudiera advertir de que el ataque estaba dirigido a las tropas sirias;
"Se ignoró la información y el análisis de inteligencia advirtiendo de que las posiciones que iban a ser atacadas eran del gobierno sirio y no del Estado Islámico;
"Un cambio brusco de un proceso de fijación de objetivos a un ataque inmediato en violación de los procedimientos normales de la Fuerza Aérea"
El resultado de este ataque no fue sólo el de romper el alto el fuego en Alepo, sino que también representó un golpe importante para las fuerzas sirias que habían estado sitiadas por ISIS por más de dos años.
Tras la ruptura del alto el fuego, la campaña de bombardeos aéreos ruso y sirio sobre Alepo se detuvo por un período de tres semanas, durante el cual se crearon ocho rutas de salida para civiles y militantes para abandonar Alepo oriental y ser transportados a zonas del régimen, donde a los rebeldes se les concedía la amnistía al depositar las armas, o bien hacia las áreas controladas por los rebeldes en Idlib, junto con sus armas ligeras (!). Pero la respuesta de los amigos "moderados" de Occidente en Alepo fue disparar y bombardear a cualquier persona que intentara salir de la zona. Las milicias de la oposición tomaron a todos los habitantes del este de Alepo como rehenes y los convirtieron en escudos humanos.
Sin embargo, los medios occidentales siguen apoyando a estos "rebeldes moderados", presentándolos como luchadores por la libertad que representan al pueblo contra el régimen de Assad. Pero, ¿quiénes son estos grupos moderados? No se mencionan directamente en ninguna parte por su nombre. Pero mirando a los grupos en Alepo, los más importantes eran: Jabhat Fatah Al-Sham (JFS), la rama siria de Al-Qaeda creada originalmente por lo que ahora es ISIS; Ahrar Al-Sham (AAS), que ha estado dirigiendo la gobernación de todo Idlib junto con JFS durante varios años, y con el cual casi se fusiona hace algunos años; y finalmente, el grupo Nour al-din al-zinki, que es un grupo islamista con vínculos estrechos con los Estados Unidos. El verano pasado, el grupo Zinki ganó fama internacional por decapitar a un niño de 14 años. En uno de los muchos videos de la ejecución, los hombres de Zinki se escuchan diciendo "somos peores que ISIS". Por lo tanto es posible que estos grupos sean "moderados", vale, - pero en relación a qué?
El caso es que los "rebeldes", como en muchas otras áreas urbanas de Siria, nunca disfrutaron de mucho apoyo dentro de la ciudad de Alepo, que sólo cayó inicialmente en manos de la oposición después de un ataque procedente del campo. The Guardian, informó en agosto de 2012:
"Los combatientes de la oposición – unos 3.000 - son casi los únicos que se mueven alrededor de la mitad oriental que el Ejército Sirio Libre ahora controla. El pequeño número de no combatientes que permanecen parecen prestarles poca atención. Pocos parecen darles abiertamente la bienvenida.
"Sí, es cierto", dijo el jeque Tawfik Abu Sleiman, un comandante rebelde sentado en la planta baja de su cuarto nuevo cuartel general - los otros tres fueron bombardeados. "Alrededor del 70% de la ciudad de Alepo está con el régimen. Siempre ha sido así. El campo está con nosotros y la ciudad está con ellos. Lo que decimos es que sólo estaremos aquí todo el tiempo que sea necesario para acabar el trabajo, para deshacernos de los Assad. Después de eso, nos iremos y podrán construir la ciudad que quieran ".
De hecho, una vez que la revolución inicial comenzó a desintegrarse y a convertirse en un conflicto sectario dominado por grupos islamistas, la inmensa mayoría de la población, muchos de los cuales simpatizaban con el movimiento inicial, volvieron a ponerse del lado del régimen.
Al ver la revolución que desestabilizó el régimen de Assad en 2011, el imperialismo occidental y sus aliados -Arabia Saudí, Turquía, Jordania y los estados del Golfo- comenzaron a canalizar miles de millones de dólares hacia grupos islámicos en Siria. Un informe revelador de la Agencia de Inteligencia de Defensa -la agencia de inteligencia del Pentágono- declaró en 2012: "Internamente, los acontecimientos están tomando una dirección claramente sectaria (...) Los Salafistas, los Hermanos Musulmanes y AQI [Al Qaeda en Irak y precursor de JFS e ISIS] son ​​las principales fuerzas que impulsan la insurgencia en Siria. Occidente, los países del Golfo y Turquía apoyan a la oposición; Mientras que Rusia, China e Irán apoyan al régimen (...) Existe la posibilidad de establecer un principado salafista declarado o no declarado en el este de Siria (Hasaka y Deir Ezzor), y esto es exactamente lo que los poderes que apoyan a la oposición quieren , con el fin de aislar el régimen sirio ... "

Inestabilidad

Esta es la verdadera razón que hay detrás de las protestas de Occidente. Todos sus planes para el país se han desmoronado. El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, un diplomático experimentado que mide sus palabras, dijo a los periodistas que estaba "cansado de oír estas quejas de nuestros colegas estadounidenses".
La caída de Alepo es una completa humillación para el imperialismo occidental. Mientras que la anexión de Crimea -en sí una gran humillación para el imperialismo estadounidense– tuvo lugar en el "vecindario" de Rusia, en Alepo vemos la humillación pública y el aplastamiento de los intermediarios de EEUU en medio de lo que Estados Unidos tradicionalmente han considerado como su dominio. Como era evidente en las guerras de Irak y Afganistán, el imperialismo estadounidense siempre ha pensado que podría hacer lo que quisiera en Oriente medio. Pero en Alepo las limitaciones del imperialismo estadounidense han quedado abiertamente expuestas. No es una coincidencia el que las negociaciones más serias que rodean Alepo se hayan dado entre Rusia y Turquía, sin participación estadounidense.
Cuando el Pentágono interrumpió el alto el fuego en octubre, fue desde una posición de arrogancia y desafío hacia Rusia. Pero luego, Rusia, Irán y Siria procedieron a aplastar a los intermediarios de EEUU, literalmente ante las narices de las fuerzas armadas estadounidenses (y turcas) que estaban estacionadas a unas pocas decenas de kilómetros, sin que los Estados Unidos pudieran hacer nada al respecto. Occidente y sus aliados, que están acostumbrados a llevar la voz cantante, quedaron reducidos a meros espectadores en Alepo.
No sólo invirtieron mucho en Alepo, sino que la caída de la ciudad significa que los rebeldes han sido expulsados ​​de todas las principales áreas urbanas de Siria. Si bien la guerra civil podría prolongarse durante años, es evidente que la amenaza al régimen de Assad ha sido destruida. La consiguiente desmoralización entre los rebeldes se sumará a esta consolidación del poder. Todos los planes de las potencias intervencionistas están en ruinas. Esto tendrá graves consecuencias.
La exhibición pública de la impotencia de EE.UU. significa que van a estar bajo la presión de una serie de potencias menores a nivel internacional, que pondrán a prueba los límites del imperialismo estadounidense y su "orden mundial". Estos "aliados" y enemigos comenzarán a asumir un papel que será más independiente de EE.UU. y sus intereses. Esto, a su vez, conducirá a una mayor inestabilidad a nivel internacional.
En Turquía, la caída de Alepo es un duro golpe para los planes neo-otomanos de Erdogan de dominar Oriente medio, dañando gravemente su prestigio y llegando justo en un momento en que la economía turca podría encaminarse a una grave crisis que a su vez podría dar lugar a un desarrollo explosivo de la lucha de clases. En Siria, Erdogan sólo obtiene algo de ayuda por el hecho de que Rusia ha permitido a Turquía una cierta presencia en el norte rural de Alepo - aunque incluso esta bolsa podría estar bajo presión en el próximo período. De hecho, todo lo que queda de la política de Erdogan en Siria es el objetivo utópico de derrotar al enclave kurdo de Rojava. Pero esto en sí podría ser en un determinado momento contraproducente y conducir a la ruptura de Turquía.
El golpe más grande, sin embargo, ha sido para Arabia Saudita, que está viendo como su posición internacional declina rápidamente. El reino reaccionario ya no tiene ninguna moneda de cambio significativa en Siria, con la mayoría de sus intermediarios confinados a su emirato islámico en la gobernación de Idlib donde no representan una amenaza para nadie. El fracaso de las intervenciones sauditas en Siria e Irak y la próxima derrota en Yemen tendrán importantes ramificaciones en el interior del reino, envuelto en una serie de crisis sociales, económicas y políticas.

¿Qué hacer?

Mucha gente está justificadamente indignada por la tragedia en Alepo. "¿Qué podemos hacer?", preguntan aquellos que muestran una preocupación genuina. Algunos proponen que se imponga una zona de exclusión aérea, como si una guerra sin bombarderos fuera de alguna manera más humana. Pero en la práctica la demanda de una zona de exclusión aérea es otra forma de pedir una campaña aérea de Occidente en apoyo de los rebeldes y contra el régimen de Assad. Lejos de ser más humano, significaría proporcionarles un apoyo aéreo a algunas de las fuerzas más reaccionarias del planeta. Tal intervención también aumentaría el apoyo al régimen de Assad entre la población siria.
Una intervención occidental no conduciría a nada progresista en Oriente medio. De hecho, es la raíz de toda la barbarie que vemos hoy en la región. Como lo demuestra la historia de las intervenciones occidentales, estos gobiernos no toman medidas por preocupaciones "humanitarias", sino por sus estrechos intereses imperialistas. Ellos maldicen los crímenes de Putin y Assad, vertiendo lágrimas de cocodrilo sobre la tragedia en Alepo; y al mismo tiempo barren sus propios crímenes de guerra en Yemen debajo de la alfombra.
Las intervenciones en Irak, Afganistán, Libia y Yemen no han conducido a la "democracia" y a la "libertad", sino que han destruido por completo los cimientos de la vida civilizada en esos países. Esto debería ser una indicación clara de lo que podríamos esperar de cualquier intervención occidental en Siria.
Si queremos hacer algo; si queremos hacer algún tipo de cambio, lo primero sería iniciar una lucha seria contra nuestras propias clases capitalistas e imperialistas - que han cometido los crímenes más graves de la historia de Oriente medio.
Lenin comentó una vez que "el capitalismo es horror sin fin ". Detrás de este aforismo hay una verdad profunda. La guerra y la inestabilidad son una parte inherente del capitalismo, un sistema que se basa en el egoísmo anárquico, la competencia y la búsqueda de beneficios, y sobre el cual nadie ejerce ningún control real.
En un período de crisis, cuando se agudiza la lucha de clases, la economía mundial se desestabiliza, y aumenta la competencia entre los distintos estados-nación, los conflictos internos y la inestabilidad general se intensifica. El hecho es que todas las potencias con intereses en Oriente medio quieren estabilidad en la región, pero sólo en sus propios términos, que siempre son antagónicos y en detrimento de las otras potencias. Para defender sus propias posiciones e intereses estrechos, están dispuestos a ahogar toda la región en un mar de sangre. La guerra en Siria, por trágica que sea, no será la última guerra de esta naturaleza. El capitalismo seguirá produciendo más guerras hasta el día en que las masas trabajadoras lo derroquen. Lo único que hay que hacer es preparar una fuerza revolucionaria que pueda acelerar la caída de este podrido sistema internacional.

Hamid Alizadeh