martes, septiembre 08, 2026

Colombia: capturan y carbonizan al estado conocido.


Un timador profesional es impuesto como presidente de un país. Avalado y bajo las órdenes de los criminales más perversos de la historia, su objetivo es destrozar el país que dirige, entregar sus bienes naturales e imponer una ralea ultraconservadora, mafiosa y asesina que desangre y esclavice al pueblo.

 La resistencia popular tendrá que impedir que esto suceda, confrontar y expulsar al presidente enemigo y sus aliados. 
 Visto así, podría tratarse de la sinopsis de una ficción; sin embargo, se trata de una versión reducida de la realidad colombiana, que se incuba y podría avanzar hacia un escenario distópico. En las ficciones, la salvación o la victoria llegan por algún héroe provisto de habilidades enormes; en nuestra realidad, los caudillos son conniventes con los verdugos. Es absolutamente real que: ‘solo el pueblo salva al pueblo’.
 El ciudadano estadounidense impuesto como presidente de Colombia, es la representación de una conjunción de intereses alineados y agrupados hacia la ultraderecha, una especie de títere parlante elegido para representar y perpetrar una venganza contra las clases populares, por haberse atrevido a ‘poner en jaque’ a la oligarquía y probar que efectivamente puede y tiene cómo tomar el poder. 
 Pero más allá del personaje que lidera esta cruzada. Lo verdaderamente aterrador es el horizonte que se plantea para Colombia. En donde, totalmente al contrario de lo que se predica, se trata de carbonizar un Estado fallido y convertirlo en un lupanar de mafias y clanes narcotraficantes, serviles a los intereses de los Estados Unidos. Esto es desproveer al Estado de su razón de ser, que es la nación.
 Dicha proyección no se trata, de ninguna manera, de reemplazarlo por una nueva forma de organización nacional soberana, que apunte al bienestar de quienes se agrupan en él. Todo lo contrario, el desmonte del Estado se da para el sometimiento de la población y la entrega del país al interés extranjero. 
 No es la destrucción anarquista del Estado, que busca el nacimiento de una nueva forma de organización social y política, donde el bienestar colectivo se construye, sin la autoridad de esta institución. En este caso, más que la destrucción de las instituciones y el establecimiento todo, el proceso es convertirlas en formas de administración del saqueo de los recursos y la sumisión de toda la población, a una élite servil ungida por el amo del norte. 
 Estos procesos necesariamente despiertan el malestar y la respuesta popular. Un pueblo como el colombiano no se dejará imponer de manera sumisa y la legítima defensa crecerá. Nuevamente, una élite poderosa de ricos promueve y proyecta la guerra como única salida. Al igual que hace 80 años cuando decidieron matar al líder popular Jorge Eliécer Gaitán y luego imponer un Frente Nacional, teniendo como respuesta la organización popular armada y desde entonces, en Colombia crece la rebeldía y la resistencia al poder opresor. 
 Esta nueva etapa viene recargada y tratarán de utilizar todos los medios necesarios y posibles para doblegar al pueblo y su resistencia. Ya hicieron fraude e impusieron un presidente. Hablan todos los días por sus emisoras. Se autoalaban, pisotean e irrespetan hasta a los muertos. Este puede ser el momento para que la fuerza organizada y unitaria del pueblo confronte y logre cambiar este curso. Ellos le temen al poder popular y saben que un nuevo triunfo del pueblo será la derrota definitiva de ellos como clase. 

Sergio Torres

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