Ayer, primero de julio, millones de mexicanos salieron a votar, y si no hubo un fraude de Estado monumental, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) será el próximo presidente de la República. De no ocurrir nada extraordinario en el periodo de transición, el primero de diciembre próximo AMLO deberá asumir el gobierno. Pero en ese lapso, y aún más allá del mediano plazo, el poder seguirá estando en manos de la clase capitalista trasnacional.
Es previsible, también, que a partir de este 2 de julio, el bloque de poder (la plutonomía, Citigroup dixit), incluidos sus medios hegemónicos (Televisa y Tv Azteca, de Azcárraga y Salinas Pliego, ambos megamillonarios de la lista Forbes), y sus operadores en las estructuras gubernamentales (el Congreso, el aparato judicial, etcétera), escalarán la insurgencia plutocrática buscando ampliar sus privilegios y garantizar sus intereses de clase, y para seguir potenciando la correlación de fuerzas en su favor.
Más allá del ruido de las campañas, el proceso electoral transcurrió bajo el signo de la militarización y la paramilitarización de vastos espacios de la geografía nacional, y de una guerra social de exterminio (necropolítica) que elevó los grados de violencia homicida a límites nunca vistos en el México moderno, similares a los de un país en guerra (naturalizándose en vísperas de los comicios el asesinato de candidatos a cargos de elección popular).
Como recordó Gilberto López y Rivas en La Jornada, ese conflicto armado no reconocido es la dimensión represiva de lo que William I. Robinson denomina acumulación militarizada, cuya finalidad es la ocupación y recolonización integral de vastos territorios rurales y urbanos para el saqueo y despojo de los recursos geoestratégicos, mediante una violencia exponencial y de espectro completo que es característica de la actual configuración del capitalismo; el conflicto y la represión como medio de acumulación de la plutonomía.
Para ello la clase dominante hizo aprobar la Ley de Seguridad Interior. Y está latente, para su ratificación en el Senado, la iniciativa de Diputados de quitar el fuero al presidente de la República; la denominada estrategia de lawfare aplicada a Dilma Rousseff y Lula da Silva en Brasil, que implica el uso de la ley como arma para perseguir y destruir a un adversario político por la vía parlamentaria y/o judicial; una variable de los golpes suaves de manufactura estadunidense que podría revertirse contra AMLO.
Al respecto, y más allá de su giro hacia el centro y el rediseño de su programa de transición reformista −capitalista, democrático y nacional, con grandes concesiones al bloque de poder dominante−, la llegada de López Obrador al gobierno pudiera implicar, en principio, una ralentización o respiro (Galeano dixit) a la tendencia del mentado fin de ciclo progresista y restauración de la derecha neoliberal en América Latina.
El impulso de una nueva forma de Estado social, sin ruptura frontal con el Consenso de Washington, significará, no obstante, un cambio en la correlación de fuerzas regionales y tendrá tremendo impacto en los pueblos latinoamericanos. Por ello no es para nada inocente –o simplemente centrada en la profundización de las políticas de cambio de régimen en Venezuela y Nicaragua− la reciente gira neomonroísta del vicepresidente de Estados Unidos, Mike Pence, por Brasil, Ecuador y Guatemala.
Cabe recordar el inusualmente crítico editorial del Washington Post del 18 de junio, que asumió como suficientemente creíbles los nexos de colaboradores cercanos de López Obrador con los gobiernos de Cuba y Venezuela, y las declaraciones del senador republicano John McCain, tildando a AMLO como un posible presidente izquierdista antiestadunidense y las del actual jefe de gabinete de la administración Trump, general (retirado) John Kelly, quien afirmó que López Obrador no sería bueno para Estados Unidos ni para México.
Según asesores de política exterior de AMLO, ante Washington, su gobierno antepondrá la defensa a ultranza de la soberanía nacional; revisará el marco de la cooperación policial, militar y de seguridad (DEA, CIA, ICI, Pentágono, etcétera), y bajo la premisa de que la migración no es un crimen, incrementará la protección de los connacionales irregulares, como si fuera una procuraduría ante los tribunales de Estados Unidos. También revisará los contratos petroleros y de obra pública. Lo que sin duda traerá fuertes confrontaciones con la Casa Blanca y la plutocracia internacional.
Como dice Ilán Semo, en México la Presidencia de la República encierra potencialidades simbólicas insospechadas; una suerte de carisma institucional. No importa quién la ocupe, incluso a un inepto (pensemos en Vicente Fox), el cargo le trasmite un aura: es el Presidente. Tras la Independencia, la Reforma y la Revolución Mexicana, AMLO quiere trascender a la historia como el hombre de la cuarta transformación. Pero para ello se necesita un cambio de régimen e impulsar grandes saltos en la conciencia política de los sectores populares; sin un pueblo organizado y movilizado tras un proyecto de cambio radical y profundo, no hay carisma que alcance.
Carlos Fazio
La Jornada
Blog marxista destinado a la lucha por una nueva sociedad fraterna y solidaria, sin ningún tipo de opresión social o nacional. Integrante del Colectivo Avanzar por la Unidad del Pueblo de Argentina.
martes, julio 03, 2018
En la crisis todos dicen tener razón, pero la solución está en la fuerza

Alguna vez, Eduardo Duhalde afirmó que las crisis son aquellos momentos en los que “todos tienen razón”. Algo sabía el caudillo de Lomas de Zamora que es un experto en turbulencias críticas -tanto en generarlas como en contenerlas- .
La tormenta permanente que atraviesa el Gobierno de Macri se acerca bastante a un escenario de ese tipo.
A esta altura, la debacle excede la “mala praxis” económica o los errores forzados (o no) en el manejo de ese área, porque la incertidumbre está motorizada por el proyecto político de Cambiemos, las dudas sobre futuro y la disminución vertiginosa de su volumen político.
Eso es lo que perciben los “mercados” (es decir, los especuladores del capital financiero) que observan cómo se diluye el horizonte de Cambiemos hacia una eventual reelección en 2019 que hasta hace tres meses daban por descontada. Ahora, nadie descarta que todo este embrollo pueda terminar en un colapso y quieren hacer los negocios aquí y ahora, rápido y furioso.
El grupo Clarín tomó nota de la misma oscura perspectiva y presionó para que el Gobierno termine de aprobar la megafusión entre Cablevisión y Telecom, dando nacimiento a uno de los monopolios comunicacionales más importantes de la región. Como diría Margarita Stolbizer en un inolvidable spot publicitario: como sucedió cuando Néstor Kirchner autorizó la fusión de Cablevisión y Multicanal, hoy Clarín puede volver a repetir “yo ya gané”.
Lo mismo percibieron los dueños de la tierra, las patronales del campo, que están en pie de guerra ante la menor posibilidad de que se retoque el generoso cronograma de baja de las retenciones, cuyo destino divide al personal político del gobierno.
También las petroleras y las empresas energéticas se percataron de la fragilidad del Gobierno y presionan para que la dolarización de las tarifas vaya hasta el final y el oficialismo autorice los aumentos que habían pactado con el renunciado Aranguren. Más lo que impone el aumento del dólar y una devaluación imparable. Javier Iguacel es el encargado de rogarles a las empresas que “pierdan algo” o ganen menos, porque sino el año que viene, dice, pueden perder las elecciones y “perder todo”. El último recurso es el chantaje hacia sus propios empleadores, una paritaria del gobierno de los ricos, con los ricos en persona, una interna de los de arriba.
Por último, también la sociedad y especialmente los trabajadores y las trabajadoras pasan a la oposición al Gobierno y -cuando tienen una oportunidad- expresan sus exigencias con contundencia.
Así quedó demostrado el pasado 25 de junio en el tercer paro general que tuvo que enfrentar Macri desde que asumió el gobierno en 2015.
La adhesión y la masividad fueron indiscutibles. Fue el paro más importante de los últimos tiempos, al punto que el Gobierno no discutió ni rebatió los números, sino que relativizó su utilidad.
Hay que retroceder 17 años para encontrar un paro general tan elocuente que haya tenido el nivel de adhesión de la inmensa mayoría del arco sindical. El triunviro Héctor Daer lo recordó en la conferencia de prensa el mismo día de la huelga: habló de aquel paro del 19 de julio del 2001, un paro de 24 horas, sin movilización, convocado por la CGT oficial ( en ese momento conducida por Rodolfo Daer), la CGT “Disidente” (dirigida por Hugo Moyano) y la CTA (en ese momento unificada).
En el contexto hay diferencias: la crisis social en aquellos años era más grave, había movilizaciones y piquetes de los desocupados a lo largo y a lo ancho del país y todos los días, la desocupación superaba el 20% y fue el ante-último paro general antes de la caída de Fernando De la Rúa en diciembre del mismo año.
Aunque también hay similitudes: se produjo inmediatamente después de que el gobierno ratificara una rebaja salarial de empleados públicos y jubilados (13%), luego de haber solicitado un “blindaje financiero” y en el contexto de un nuevo ajuste inviable.
***
La diferencia entre todos aquellos que dicen “tener razón” y que grafica la crisis, es la “voluntad” que pone cada uno: mientras el capital financiero, los monopolios como Clarín o las patronales agrarias, muestran los dientes y exigen con decisión lo que consideran que le corresponde; la CGT y el grueso de la dirigencia sindical administra moderadamente la conflictividad y utiliza el paro para “descomprimir”.
El gobierno reconoce esa pasividad cómplice y al otro día del paro respondió con el despido masivo en la agencia de noticias pública del país: echó casi a la mitad de la planta de trabajadores y trabajadoras de Télam.
El paro evidentemente era necesario, pero no suficiente para el desafío que plantea el ajuste en curso.
***
En una crisis “todos tienen razón”, pero en general para la resolución de la crisis se impone la razón del que tiene más fuerza. El paro general demostró que hay fuerza...mucha fuerza. La cuestión es con qué voluntad se utiliza: en el emblemático conflicto de Télam, así como en otros similares, se juega esta encrucijada: si la fuerza que manifestó el paro impone la razón de las mayorías o si los dirigentes políticos y sindicales llamados “racionales” permiten que se imponga la minoría , es decir la fuerza de los otros.
Fernando Rosso
@RossoFer
lunes, julio 02, 2018
La centroizquierda llega al poder en México con López Obrador

En una elección con participación de casi 80% del padrón, un porcentaje histórico, Obrador triunfa con un amplio margen, de posiblemente 32 millones de votos. Capitalizó el repudio a las reformas estructurales y las políticas neoliberales de las últimas décadas, factores fundamentales en la crisis de los partidos patronales tradicionales.
Aunque todavía está en proceso el recuento de votos, encuestas de salida le dan a Andrés Manuel López Obrador un 50% del total, frente a sus competidores. Ricardo Anaya obtendría un 27% de los sufragios y José Antonio Meade un 15%, en tanto el candidato “independiente” Jaime Bronco Rodríguez Calderón no llegaría a los dos dígitos.
La elección de López Obrador fue muy alta en todo el país y favoreció al Morena en los demás cargos en disputa. Además de la zona centro y sur de México donde AMLO tiene un importante apoyo histórico, destaca el crecimiento en el norte industrializado del país.
Morena se estaría llevando además las gubernaturas de la Ciudad de México, Veracruz, Tabasco, Morelos y Chiapas. Mientras el frente encabezado por Ricardo Anaya triunfaría en Guanajuato y en Jalisco Movimiento Ciudadana se alzaría con la victoria. Están en disputa más cerrada Puebla y Yucatán.
El triunfo del Morena resalta aun más teniendo en cuenta que participaron por primera vez en las elecciones de 2015, pero ya en 2016, su segunda participación electoral se vio un importante crecimiento.
Su meteórico crecimiento estuvo impulsado por la profunda crisis abierta con la masacre de Iguala y la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, y la evidencia a los ojos de millones de la asociación entre los partidos patronales tradicionales y el crimen organizado, así como los innumerables casos de corrupción.
Esto se potenció con la crisis abierta en la relación de México con Estados unidos a partir del ascenso de Donald Trump, que puso en cuestión la gran empresa bandera del PRI y del PAN, el TLCAN y como consecuencia de esto se abrió una profunda crisis para el PRI, el PAN y el PRD que se reflejó en esta jornada electoral.
Estos son los principales perdedores de estos comicios. En particular, se ha hundido el PRI, el ala burguesa de la Revolución Mexicana, que por décadas llevó las riendas del poder en México y cuando el PAN estuvo en el gobierno fue su principal socio. El PRD, la centroizquierda histórica en México perdió su perfil “progresista” al aliarse con el PAN y acaba de sufrir una catástrofe electoral en la Ciudad de México, su principal bastión.
López Obrador atrajo el apoyo popular y el descontento con los partidos del Pacto con México. Sin embargo, su discurso y su política se ha ido moderando durante el transcurso de la campaña, centrado en la lucha contra la corrupción y un paquete asistencial para aliviar la miseria en la que viven millones pero sin atacar los intereses del gran capital.
AMLO se encargó de reunirse con los empresarios de México para tranquilizarlos y fue evidente que en las últimas semanas los principales medios imperialistas ya daban por hecho su acceso al gobierno. Aclaró en varias oportunidades que lejos de “ser un peligro para México” (como sus detractores dijeron en el 2006) pretende garantizar la estabilidad de los negocios capitalistas.
Sin embargo, esto puede chocar con las aspiraciones de millones que ven en su figura una alternativa de cambio y que ya han protagonizado importantes luchas en los años previos.
Bárbara Funes
Pablo Oprinari
Ciudad de México
Lunes 2 de julio
600 detenidas, entre ellas Susan Sarandon, en protesta contra la política xenófoba de Trump

Fue en una jornada de lucha el día jueves 28. Para el sábado 30 se espera una masiva acción nacional.
“Arrestada. Manténganse fuertes. Sigan luchando. LasMujeresDesobedecen” publicó la reconocida actriz Susan Sarandon en Twitter al ser detenida durante varias horas junto a más de 600 activistas, en el marco de una movilización en Washington al Senado Norteamericano contra la política de “Tolerancia Cero” de Trump contra los migrantes -con el procesamiento como criminales de miles de migrantes irregulares en la frontera sur con México y la separación de sus hijos, quienes son enjaulados y hacinados en campos de detención.
La movilización del jueves 28, organizada por la organización Women’s March (Marcha de Mujeres), contó con cerca de 2.500 manifestantes, que bajo el canto de “¿dónde están los niños?” y con pancartas que exigían el “fin de los campos de detención” fueron desde el Departamento de Justicia hasta uno de los edificios administrativos del Senado. Allí mantuvieron una sentada vestidas con mantas de aluminio similares a las que llevan los niños separados de sus padres, por la que fueron detenidas por las fuerzas represivas. Entre las arrestadas estuvo también la diputada demócrata Pramila Jayapal, organizadora del Women’s March.
Días atrás, las difundidas imágenes de los niños despertaron el repudio mundial y obligaron a Trump a decretar el fin de las separaciones familiares, pero según los datos de Seguridad Nacional solo se han reencontrado con sus parientes 538 niños, mientras otros 2.000 continúan recluidos. El magnate ha sostenido que no piensa dar marcha atrás con la “Tolerancia Cero”, y el Congreso discute proyectos de ley que refuerzan la persecución a los migrantes.
El Partido Demócrata ha salido a cuestionar a Trump por sus medidas en materia migratoria, pero no dice que su predecesor Obama fue apodado como “deportador en jefe” por la deportación masiva de inmigrantes durante su mandato.
La detención masiva de este jueves mostró ante la población mundial el impacto que está despertando en Estados Unidos está avanzada xenófoba: “la protesta del jueves contra la política de inmigración de Trump fue una de muchas en las últimas semanas”, señala el Huffington Post (29/6). Entre ellas se cuenta la acción organizada por la campaña “Las familias deben estar juntas” (Families Belong Together) el pasado jueves 14, que tuvo lugar en numerosos Estados –entre ellos California, Florida, Massachusets, Michigan, New York, Ohio, Oregon, Pennsylvania y Washington.
Tomás Eps (@tomaseps)
Nicaragua: la necesidad de otra revolución

El gobierno sandinista de Ortega ha venido llevando adelante un plan de ajuste contra el pueblo nicaragüense, en complicidad con el FMI. Una de sus últimas medidas -una reforma previsional, que aplicaba descuentos a trabajadores y a los propios jubilados, y aumentaba un tanto los aportes patronales para las cajas jubilatorias- provocó el inicio de una rebelión popular. Desde el 18 de abril, Nicaragua se encuentra en una situación de semi insurrección contra el gobierno, que ha apelado a una brutal represión con alrededor de 215 muertos, 1400 heridos y más de 500 detenidos.
Esto es consecuencia del desarrollo de la crisis capitalista mundial, que ha convertido a Centroamérica en un blanco preferido.
La rebelión popular ha forzado a la burguesía nica a romper, hasta cierto punto, con el gobierno, lo mismo que el clero. Ortega y su mujer han sido los campeones de la oposición mundial al derecho al aborto y a los derechos femeninos. a la oposición activa, toda vez que el gobierno bonapartista de Ortega, tocó tímidamente sus intereses (aumentar el aporte patronal a las cajas) temiendo que la profundización de la crisis económica pueda llevarlo a profundizar políticas ‘aventureras’. El gobierno sandinista fue hasta hace meses el ‘modelo’ del FMI que lo premió internacionalmente por ser el mejor alumno de sus recetas de ‘ajuste’. En realidad esto fue lo que lo llevo a la actual crisis.
Las movilizaciones están acompañadas por tranques y barricadas (piquetes) en barrios y en las rutas –en la Panamericana que sirve de nexo entre el sur y el norte centroamericano pueden avistarse largas filas de camiones bloqueados por la insurgencia popular.
Los estudiantes universitarios iniciaron la protesta popular, ocupando universidades y saliendo a las calles. Pero rápidamente se extendió a las masas pobres de las ciudades y a los campesinos (parte de ellos amenazados de erradicación por planes de construcción de un nuevo canal y procesos de concentración de tierras). La clase obrera está atomizada. No existen sindicatos regionales, los convenios son por empresa, los sindicatos existentes están muy regimentados y ni hablar de una Central Obrera. Por eso los trabajadores aparecen en esta rebelión dentro de la masa indiferenciada del pueblo
Las fuerzas policiales han sido desbordadas: “la policía no puede salir a la calle porque son linchados, el oficialismo optó por utilizar grupos parapoliciales que azotan a la población con miedo y balas”, nos dice Fausto Camperi, un corresponsal de PO. El régimen de los ‘grupos de tareas’.
El ejército sandinista –creado después de la victoria la revolución de 1979 se declara ‘neutral’, como ocurre, con otras variantes, en Venezuela, para acomodarse a cualquier salida– la sangrienta de Ortega o el compromiso que reclama el clero. Se preserva como recurso último del Estado.
Las cámaras patronales, la curia y la ‘embajada’ alientan una “mesa de diálogo” que no avanza en ninguna dirección. Fue aceptada, sin compromisos, por el gobierno de Ortega, para ganar tiempo y aplastar la insurgencia. Luego de alguna concesión (libertad de presos, etc.) el gobierno sandinista discontinuó este ‘diálogo’ incrementando la represión parapolicial que busca víctimas selectivas entre dirigentes y activistas de la lucha (uso de francotiradores, atentados, etc.). El acuerdo que busca la ‘mediación’ es adelantar las elecciones para marzo del 2019… dentro de 9 meses, con la expectativa de un retiro pactado, aunque deja abierta las puertas del continuismo. La ‘oposición’ y los yanquis buscan ‘encarrilar’ a las masas, pero sin ellas en la calle no obtendrá nada de Ortega. El frente patronal-eclesiástico-ONGs decretó un paro nacional para el pasado 14 de junio. Trump podría respaldar la continuidad de Ortega si consigue que el canal lo construyan los norteamericanos, en lugar de los chinos.
En realidad hay una dicotomía: la ‘mesa del diálogo’ con el gobierno, constituida por las cámaras patronales y la iglesia (con apoyo yanqui), por un lado, y el protagonismo de la rebelión en curso por el pueblo trabajador, por el otro.
Cualquier salida democrática elemental plantea profundizar la lucha por el derrocamiento del gobierno represor y antipopular y la convocatoria de una Asamblea Constituyente soberana, convocada por el liderazgo de la insurrección triunfante. Ese proceso serviría para que los trabajadores pueden avancen en la constitución de sindicatos y partidos de clase. Las masas deberán desarrollar una conciencia de sus objetivos en el transcurso mismo de la lucha. Es la carencia que procura explotar el bloque del capital y el oscurantismo.
A casi 40 años del triunfo de la revolución sandinista, asistimos a la degeneración fascista de una dirección nacionalista largamente entregada al imperialismo, y que cuenta, aún hoy con el apoyo del gobierno castrista.
Los gobiernos de Bolivia y Venezuela (así como sectores K, del FMLN de El Salvador, etc.) han dado su apoyo a Ortega contra las masas en lucha, aduciendo que hay en marcha un golpe de estado derechista. Es lo contrario, algo que el chavismo continental se ufana en ocultar y tiene la expectativa de poder emular, ligando su retorno al gobierno a un nuevo pacto con el capital internacional. Cuando la realidad evidencia que es al revés, hay un operativo imperialista-papal-burgués para salvar al sandinismo cambiando la figura de Ortega.
Nicaragua se incorpora al torrente de insurgencias obreras y populares que estallan contra la crisis del régimen capitalista.
Rafael Santos
Arrollador triunfo de López Obrador
Claudia Sheinbaum, de la coalición que encabeza AMLO, se convirtió en la primera mujer al frente de la alcaldía de la Ciudad de México
Andres Manuel López Obrador gana con amplia ventaja los comicios presidenciales celebrados hoy en México. Los números del conteo rápido de la autoridad electoral le concede un 53% de los votos y una ventaja de más de 20 puntos porcentuales sobre el segundo candidato.
López Obrador se presentó como el candidato antisistema y logró sacar una ventaja amplia a su rival Ricardo Anaya, impulsado por una coalición de derecha e izquierda (PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano) y a José Antonio Meade, del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien aparece en un lejano tercer puesto.
“La información de los resultados con la que cuento me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador. Hace unos minutos hablé con él (vía telefónica) reconozco su triunfo y le expreso mi felicitación y le deseo el mayor de los éxitos por el bien de México”, expresó Anaya, desde su cuartel de campaña.
López Obrador, de 64 años, supo capitalizar el hartazgo en México por una violencia brutal y una corrupción rampante, tras el gobierno de Enrique Peña Nieto del PRI.
Además de elegir presidente, unos 89 millones de mexicanos estaban convocados para votar gobernadores, alcaldes, senadores y diputados locales y federales entre los más de 18 mil puestos en disputa. Se trata de la primera vez que se eligen tantos cargos en un solo proceso.
Las elecciones ponen fin a la campaña electoral “más sangrienta” de la historia reciente de México, con al menos 145 políticos asesinados desde septiembre (de ellos 48 eran precandidatos y candidatos), cuando se inició el proceso electoral, según la consultora Etellekt.
El movimiento de AMLO gana la Ciudad de México y otras importantes gobernaciones
Los candidatos de Morena, la coalición que lidera López Obrador, que actualmente no gobiernan ningún estado, se llevan además el triunfo de cinco de las nueve gobernaciones en disputa en esta jornada electoral.
Este triunfo modifica definitivamente el mapa político en los 32 estados que conforman México y que hasta ahora eran gobernados mayoritariamente por el PRI y el PAN.
Así Claudia Sheinbaum, de la coalición que encabeza AMLO, se convirtió este domingo en la primera mujer electa a la alcaldía de la Ciudad de México.
Erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo Gobierno
En su discurso de agradecimiento, López Obrador garantizó que su Gobierno buscará desterrar la corrupción de México.
El presidente electo afirmó que su Gobierno tendrá como misión principal “erradicar la corrupción y la impunidad”.
“La transformación consistirá, en desterrar la corrupción de nuestro país, no tendremos problemas en lograr este propósito, la corrupción no es un fenómeno cultural, sino el resultado de un régimen político en decadencia”, sostuvo López Obrador.
López Obrador aseguró que “el nuevo proyecto de nación buscará establecer una nueva democracia”, ya que “no apostamos a construir una nueva dictadura”.
El político mexicano sostuvo su intención de “pasar a la historia como un buen presidente” y “ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de toda la nación”.
Estas declaraciones las realizó desde el comando de su coalición “Juntos Haremos Historia”, conformada por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES).
Horas antes de su locución, los candidatos restantes, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez “El Bronco”, reconocieron públicamente el triunfo de López Obrador.
Rebelión
Andres Manuel López Obrador gana con amplia ventaja los comicios presidenciales celebrados hoy en México. Los números del conteo rápido de la autoridad electoral le concede un 53% de los votos y una ventaja de más de 20 puntos porcentuales sobre el segundo candidato.
López Obrador se presentó como el candidato antisistema y logró sacar una ventaja amplia a su rival Ricardo Anaya, impulsado por una coalición de derecha e izquierda (PAN, el PRD y Movimiento Ciudadano) y a José Antonio Meade, del gobernante Partido Revolucionario Institucional (PRI), quien aparece en un lejano tercer puesto.
“La información de los resultados con la que cuento me indica que la tendencia favorece a Andrés Manuel López Obrador. Hace unos minutos hablé con él (vía telefónica) reconozco su triunfo y le expreso mi felicitación y le deseo el mayor de los éxitos por el bien de México”, expresó Anaya, desde su cuartel de campaña.
López Obrador, de 64 años, supo capitalizar el hartazgo en México por una violencia brutal y una corrupción rampante, tras el gobierno de Enrique Peña Nieto del PRI.
Además de elegir presidente, unos 89 millones de mexicanos estaban convocados para votar gobernadores, alcaldes, senadores y diputados locales y federales entre los más de 18 mil puestos en disputa. Se trata de la primera vez que se eligen tantos cargos en un solo proceso.
Las elecciones ponen fin a la campaña electoral “más sangrienta” de la historia reciente de México, con al menos 145 políticos asesinados desde septiembre (de ellos 48 eran precandidatos y candidatos), cuando se inició el proceso electoral, según la consultora Etellekt.
El movimiento de AMLO gana la Ciudad de México y otras importantes gobernaciones
Los candidatos de Morena, la coalición que lidera López Obrador, que actualmente no gobiernan ningún estado, se llevan además el triunfo de cinco de las nueve gobernaciones en disputa en esta jornada electoral.
Este triunfo modifica definitivamente el mapa político en los 32 estados que conforman México y que hasta ahora eran gobernados mayoritariamente por el PRI y el PAN.
Así Claudia Sheinbaum, de la coalición que encabeza AMLO, se convirtió este domingo en la primera mujer electa a la alcaldía de la Ciudad de México.
Erradicar la corrupción y la impunidad será la misión principal del nuevo Gobierno
En su discurso de agradecimiento, López Obrador garantizó que su Gobierno buscará desterrar la corrupción de México.
El presidente electo afirmó que su Gobierno tendrá como misión principal “erradicar la corrupción y la impunidad”.
“La transformación consistirá, en desterrar la corrupción de nuestro país, no tendremos problemas en lograr este propósito, la corrupción no es un fenómeno cultural, sino el resultado de un régimen político en decadencia”, sostuvo López Obrador.
López Obrador aseguró que “el nuevo proyecto de nación buscará establecer una nueva democracia”, ya que “no apostamos a construir una nueva dictadura”.
El político mexicano sostuvo su intención de “pasar a la historia como un buen presidente” y “ayudar a construir una sociedad mejor y conseguir la dicha y la felicidad de toda la nación”.
Estas declaraciones las realizó desde el comando de su coalición “Juntos Haremos Historia”, conformada por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES).
Horas antes de su locución, los candidatos restantes, Ricardo Anaya, José Antonio Meade y Jaime Rodríguez “El Bronco”, reconocieron públicamente el triunfo de López Obrador.
Rebelión
Ajuste con corrida bancaria
La cotización del dólar se acerca a 30 pesos por cada unidad de la moneda estadounidense, lo que repercute en la suba de precios, afectando el consumo popular y el proceso de producción.
Encima nadie sabe a cuánto llegará el dólar en el corto plazo. Un ex funcionario del gobierno, Melconian, sugirió 41 pesos por dólar y otros imaginan hasta el doble para igualar la pos-convertibilidad que pasó del 1 a 1, al 4 a 1 en poco tiempo.
Si el piso era 20 unidades de pesos por cada dólar antes de la corrida cambiaria, el 4 a 1 supondría llegar a 80 pesos por dólar, como aspiración del sector beneficiado por el alza de la divisa, principalmente grandes exportadores, sectores asociados al turismo externo receptor y especuladores.
Precios, consumo, producción y empleo
El precio del dólar se traslada en buena medida a los precios del conjunto de la economía y eso se refleja en la vida cotidiana de las familias de menores ingresos y por eso el mes de junio será el de mayor inflación en el año, entre 3 y 4%, con una proyección anual superior al 30%.
La corrida cambiaria de mayo y junio provoca el ajuste en la capacidad de gasto de la población.
Hay quienes dicen que el acuerdo con el FMI traerá ajuste (dicho en futuro), y lo que ocurre (en el presente) es el ajuste más allá de políticas explícitas de recorte de gasto público o despidos de personal del Estado, caso emblemático en estas horas en TELAM.
Con la suba del dólar suben los precios y cae el consumo popular, que gasta ingresos escasos en productos de la canasta básica, especialmente alimentos y servicios públicos privatizados y con tarifas en alza.
Aun cuando señalan que se morigera la suba de tarifas, la próxima semana aumentan los combustibles y la ronda de ascenso de precios no tiene fin.
Solo el conflicto social sindical genera expectativa de recuperación de ingresos perdidos por negociaciones colectivas amañadas y con techo, que solo se mueve en tanto la protesta traspasa el interés corporativo y se asume por el conjunto de la sociedad.
Es algo a discutir respecto de la valoración social sobre la educación, el trabajo estatal o en la justicia, con un despliegue de iniciativa gubernamental deslegitimando la demanda salarial de los docentes, estatales y judiciales.
Por la suba de precios y la baja relativa de los ingresos existen señales de caída de la actividad económica que se manifiestan en datos concretos, tal como señala el INDEC.
En abril del 2018 hay una caída de la actividad económica del 0,9% respecto al mismo mes de 2017, con especial impacto en el sector primario, que hasta ahora explicaba las mejoras económicas durante el gobierno Macri.
No solo el agro, ya que la “actividad de la industria manufacturera de mayo de 2018 presenta una baja de 1,2% respecto al mismo mes del año 2017” dice el INDEC, con especial impacto en el sector químico, textil y petrolero. [1]
Todo se manifiesta en el crecimiento de la desocupación, del 9,1% hacia marzo 2018, especialmente en los principales centros urbanos y de concentración de trabajadoras y trabajadores, el Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario.
Son preocupantes los datos del crecimiento de la irregularidad en el empleo, del orden del 35% y de los ocupados y sub-ocupados demandantes de empleo, lo que generaliza problemas laborales objetivos en la mayoría de los trabajadores y trabajadoras.
El Ministerio de Trabajo informa en sus estudios laborales que “el empleo privado formal presentó una reducción de 0,2% en mayo de 2018 con respecto a abril”. [2]
Agrega que el dato “se explica por la disminución en las ramas: Industria Manufacturera (-0,2%), Construcción (-1,0%), Comercio, restaurantes y hoteles (-0,2%) y Transporte, almacenaje y comunicaciones (-0,4%). El resto de las ramas tuvieron un comportamiento positivo: Servicios financieros y a las empresas (+0,1%) y Servicios comunales, sociales y personales (+0,1%).”
Vale recordar que la recuperación económica del 2002-2007 se motivó en la expansión del sector industrial, que ahora aparece afectado en su capacidad de expansión.
Esta caída afecta principalmente a sectores de la pyme y por eso existieron anuncios oficiales en materia crediticia, intentando contener la desazón en un sector ideológicamente favorable al gobierno.
El imaginario del gobierno es erróneo
Macri accedió al gobierno con la convicción que su sola presencia al frente de la gestión significaría el desembarco de capitales externos. Por eso pretendió cerrar el conflicto con los fondos buitres. En eso lo acompañaron opositores que le disputan gobierno pero no proyecto o rumbo económico y político.
No solo no terminó con el problema con algunos “buitres” que siguen demandando al país, sino que inició un nuevo ciclo de peligroso endeudamiento público mientras los capitales externos se disponían a desembarcar.
La cruda realidad demuestra que no ingresan esos capitales externos, sino que se agiganta la fuga de capitales invertidos en el país y se aprovechan del ingreso de divisas vía préstamos o inversión especulativa para salir de la Argentina.
Eso explica la corrida cambiaria. Si las LEBAC generaron alta renta a inversores especulativos privados, ahora venden esos títulos y se resguardan en la moneda estadounidense que el gobierno generosamente ofrece.
Señalamos así, que el dólar es el resguardo de los inversores y encima, las autoridades no establecen ninguna restricción. En dos meses son cerca de 12.000 millones de dólares entregados a las cuentas de inversores especulativos, en lugar de usar reservas internacionales para una política de promoción de inversiones y empleos genuinos en todo el territorio nacional.
La situación del capitalismo mundial es inestable, con EEUU o Gran Bretaña promoviendo políticas “proteccionistas” para intervenir con beneficio en la liberalización de la economía mundial.
Desde EEUU se instala la guerra comercial y monetaria, contra Europa o China; contra sus vecinos Canadá o México y se atrinchera en la región latinoamericana con base a socios ideológicos del libre mercado mentiroso en época de transnacionalización y dominación monopolista.
El gobierno Macri no entiende como sus aliados del capitalismo desarrollado no lo apoyan más allá del discurso y clama por la llegada de capitales externos.
Los potenciales inversores le aseguran futuras radicaciones si se avanza en el ajuste y la reconversión regresiva contra derechos sociales y sindicales de la población trabajadora. Para eso se insiste en la reforma previsional y laboral.
Por eso y a toda costa se avanza con el ajuste y se ensayan procesos de liquidación de ámbitos laborales en el Estado. La tercerización continúa y se vacían de tareas al sector público. Se genera así el clima de “no trabajo” y por lo tanto, que sobra personal, legitimando los despidos. Hoy se verifica la situación en los medios públicos, visibilizados en TELAM y pronto en la TV y Radio pública.
El experimento cuesta y mucho, porque la liberalización está generando un gigantesco déficit externo. El INDEC nos dice que el saldo negativo de la cuenta corriente de la Argentina alcanzó los 9.623 millones de dólares para el primer trimestre del 2018, producto de mayores importaciones que exportaciones; más gasto de argentinos en el exterior que el ingreso de turismo (aun antes del mundial de fútbol) y remesas de utilidades al exterior.
Todo se suple con una deuda externa crecida en 19.000 millones de dólares entre enero y marzo del 2018, a lo que deben sumarse los 15.000 millones desembolsados por el FMI el pasado 22 de junio.
A no confundirse, el error de diagnóstico del gobierno supone en simultáneo el ajuste contra los sectores de menores ingresos, derivado del consenso electoral del 2015 y 2017 y que pretende recrear para el 2019.
Ya no es tan segura la continuidad, pero un cambio de gestión tampoco augura una modificación sustancial del rumbo, por lo que hace falta una discusión sustantiva sobre el país a construir
Ir más allá de la crítica al gobierno macrista
Se necesita una seria discusión sobre el sentido del voto en el país y la discusión profunda para evitar que se continúe la misma política bajo otra gestión.
La discusión es sobre quién y para que el gobierno, y con ello intentar instalar en la sociedad el tipo de orden económico, social, cultural y político que se requiere para satisfacer necesidades sociales extendidas. No es un debate electoral, sino que lo trasciende.
El descontento social se manifiesta en conflicto, recientemente los paros del 14/6 y del 25/6, que avanzan en organización del descontento, o en las protestas de Chubut y variados territorios o de sectores que demandan por sus reivindicaciones. No alcanza con ello y se requiere discutir el rumbo, que es más que recomponer ingresos.
Claro que lo primero es la disputa para resolver la cotidianeidad, pero esta no existe si no se avanza en el consenso social para otra sociedad con mayorías sociales satisfechas, lo que implica una fuerte confrontación con los beneficiados del orden capitalista.
Julio C. Gambina
Notas:
[1] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emi_06_18.pdf (consultado el 30/6/2018)
[2] http://www.trabajo.gob.ar/downloads/estadisticas/empleoregistradosectorprivado/empleoregistradosectorprivado_1805_informe.pdf (consultado el 30/06/2018)
Encima nadie sabe a cuánto llegará el dólar en el corto plazo. Un ex funcionario del gobierno, Melconian, sugirió 41 pesos por dólar y otros imaginan hasta el doble para igualar la pos-convertibilidad que pasó del 1 a 1, al 4 a 1 en poco tiempo.
Si el piso era 20 unidades de pesos por cada dólar antes de la corrida cambiaria, el 4 a 1 supondría llegar a 80 pesos por dólar, como aspiración del sector beneficiado por el alza de la divisa, principalmente grandes exportadores, sectores asociados al turismo externo receptor y especuladores.
Precios, consumo, producción y empleo
El precio del dólar se traslada en buena medida a los precios del conjunto de la economía y eso se refleja en la vida cotidiana de las familias de menores ingresos y por eso el mes de junio será el de mayor inflación en el año, entre 3 y 4%, con una proyección anual superior al 30%.
La corrida cambiaria de mayo y junio provoca el ajuste en la capacidad de gasto de la población.
Hay quienes dicen que el acuerdo con el FMI traerá ajuste (dicho en futuro), y lo que ocurre (en el presente) es el ajuste más allá de políticas explícitas de recorte de gasto público o despidos de personal del Estado, caso emblemático en estas horas en TELAM.
Con la suba del dólar suben los precios y cae el consumo popular, que gasta ingresos escasos en productos de la canasta básica, especialmente alimentos y servicios públicos privatizados y con tarifas en alza.
Aun cuando señalan que se morigera la suba de tarifas, la próxima semana aumentan los combustibles y la ronda de ascenso de precios no tiene fin.
Solo el conflicto social sindical genera expectativa de recuperación de ingresos perdidos por negociaciones colectivas amañadas y con techo, que solo se mueve en tanto la protesta traspasa el interés corporativo y se asume por el conjunto de la sociedad.
Es algo a discutir respecto de la valoración social sobre la educación, el trabajo estatal o en la justicia, con un despliegue de iniciativa gubernamental deslegitimando la demanda salarial de los docentes, estatales y judiciales.
Por la suba de precios y la baja relativa de los ingresos existen señales de caída de la actividad económica que se manifiestan en datos concretos, tal como señala el INDEC.
En abril del 2018 hay una caída de la actividad económica del 0,9% respecto al mismo mes de 2017, con especial impacto en el sector primario, que hasta ahora explicaba las mejoras económicas durante el gobierno Macri.
No solo el agro, ya que la “actividad de la industria manufacturera de mayo de 2018 presenta una baja de 1,2% respecto al mismo mes del año 2017” dice el INDEC, con especial impacto en el sector químico, textil y petrolero. [1]
Todo se manifiesta en el crecimiento de la desocupación, del 9,1% hacia marzo 2018, especialmente en los principales centros urbanos y de concentración de trabajadoras y trabajadores, el Gran Buenos Aires, Córdoba y Rosario.
Son preocupantes los datos del crecimiento de la irregularidad en el empleo, del orden del 35% y de los ocupados y sub-ocupados demandantes de empleo, lo que generaliza problemas laborales objetivos en la mayoría de los trabajadores y trabajadoras.
El Ministerio de Trabajo informa en sus estudios laborales que “el empleo privado formal presentó una reducción de 0,2% en mayo de 2018 con respecto a abril”. [2]
Agrega que el dato “se explica por la disminución en las ramas: Industria Manufacturera (-0,2%), Construcción (-1,0%), Comercio, restaurantes y hoteles (-0,2%) y Transporte, almacenaje y comunicaciones (-0,4%). El resto de las ramas tuvieron un comportamiento positivo: Servicios financieros y a las empresas (+0,1%) y Servicios comunales, sociales y personales (+0,1%).”
Vale recordar que la recuperación económica del 2002-2007 se motivó en la expansión del sector industrial, que ahora aparece afectado en su capacidad de expansión.
Esta caída afecta principalmente a sectores de la pyme y por eso existieron anuncios oficiales en materia crediticia, intentando contener la desazón en un sector ideológicamente favorable al gobierno.
El imaginario del gobierno es erróneo
Macri accedió al gobierno con la convicción que su sola presencia al frente de la gestión significaría el desembarco de capitales externos. Por eso pretendió cerrar el conflicto con los fondos buitres. En eso lo acompañaron opositores que le disputan gobierno pero no proyecto o rumbo económico y político.
No solo no terminó con el problema con algunos “buitres” que siguen demandando al país, sino que inició un nuevo ciclo de peligroso endeudamiento público mientras los capitales externos se disponían a desembarcar.
La cruda realidad demuestra que no ingresan esos capitales externos, sino que se agiganta la fuga de capitales invertidos en el país y se aprovechan del ingreso de divisas vía préstamos o inversión especulativa para salir de la Argentina.
Eso explica la corrida cambiaria. Si las LEBAC generaron alta renta a inversores especulativos privados, ahora venden esos títulos y se resguardan en la moneda estadounidense que el gobierno generosamente ofrece.
Señalamos así, que el dólar es el resguardo de los inversores y encima, las autoridades no establecen ninguna restricción. En dos meses son cerca de 12.000 millones de dólares entregados a las cuentas de inversores especulativos, en lugar de usar reservas internacionales para una política de promoción de inversiones y empleos genuinos en todo el territorio nacional.
La situación del capitalismo mundial es inestable, con EEUU o Gran Bretaña promoviendo políticas “proteccionistas” para intervenir con beneficio en la liberalización de la economía mundial.
Desde EEUU se instala la guerra comercial y monetaria, contra Europa o China; contra sus vecinos Canadá o México y se atrinchera en la región latinoamericana con base a socios ideológicos del libre mercado mentiroso en época de transnacionalización y dominación monopolista.
El gobierno Macri no entiende como sus aliados del capitalismo desarrollado no lo apoyan más allá del discurso y clama por la llegada de capitales externos.
Los potenciales inversores le aseguran futuras radicaciones si se avanza en el ajuste y la reconversión regresiva contra derechos sociales y sindicales de la población trabajadora. Para eso se insiste en la reforma previsional y laboral.
Por eso y a toda costa se avanza con el ajuste y se ensayan procesos de liquidación de ámbitos laborales en el Estado. La tercerización continúa y se vacían de tareas al sector público. Se genera así el clima de “no trabajo” y por lo tanto, que sobra personal, legitimando los despidos. Hoy se verifica la situación en los medios públicos, visibilizados en TELAM y pronto en la TV y Radio pública.
El experimento cuesta y mucho, porque la liberalización está generando un gigantesco déficit externo. El INDEC nos dice que el saldo negativo de la cuenta corriente de la Argentina alcanzó los 9.623 millones de dólares para el primer trimestre del 2018, producto de mayores importaciones que exportaciones; más gasto de argentinos en el exterior que el ingreso de turismo (aun antes del mundial de fútbol) y remesas de utilidades al exterior.
Todo se suple con una deuda externa crecida en 19.000 millones de dólares entre enero y marzo del 2018, a lo que deben sumarse los 15.000 millones desembolsados por el FMI el pasado 22 de junio.
A no confundirse, el error de diagnóstico del gobierno supone en simultáneo el ajuste contra los sectores de menores ingresos, derivado del consenso electoral del 2015 y 2017 y que pretende recrear para el 2019.
Ya no es tan segura la continuidad, pero un cambio de gestión tampoco augura una modificación sustancial del rumbo, por lo que hace falta una discusión sustantiva sobre el país a construir
Ir más allá de la crítica al gobierno macrista
Se necesita una seria discusión sobre el sentido del voto en el país y la discusión profunda para evitar que se continúe la misma política bajo otra gestión.
La discusión es sobre quién y para que el gobierno, y con ello intentar instalar en la sociedad el tipo de orden económico, social, cultural y político que se requiere para satisfacer necesidades sociales extendidas. No es un debate electoral, sino que lo trasciende.
El descontento social se manifiesta en conflicto, recientemente los paros del 14/6 y del 25/6, que avanzan en organización del descontento, o en las protestas de Chubut y variados territorios o de sectores que demandan por sus reivindicaciones. No alcanza con ello y se requiere discutir el rumbo, que es más que recomponer ingresos.
Claro que lo primero es la disputa para resolver la cotidianeidad, pero esta no existe si no se avanza en el consenso social para otra sociedad con mayorías sociales satisfechas, lo que implica una fuerte confrontación con los beneficiados del orden capitalista.
Julio C. Gambina
Notas:
[1] https://www.indec.gob.ar/uploads/informesdeprensa/emi_06_18.pdf (consultado el 30/6/2018)
[2] http://www.trabajo.gob.ar/downloads/estadisticas/empleoregistradosectorprivado/empleoregistradosectorprivado_1805_informe.pdf (consultado el 30/06/2018)
La semana negra de Macri

Cuando el discurso oficial avizoraba una mejora debido al ingreso de los dólares del FMI y la declaración de ´mercado emergente´, el gobierno ha tenido una semana negra. El proceso devaluatorio se ha profundizado dejando al dólar al borde de los $ 30, esto a pesar de las permanentes ventas realizadas por el Banco Central. A poco de asumir Luis Caputo repitió el libreto que a Sturzenegger lo llevó a perder su puesto: vendió dólares ´baratos´ a los bancos, que rápidamente hicieron ganancias enormes con el encarecimiento del tipo de cambio. La corrida se aceleró en la última jornada de la semana. Aunque el compromiso original era vender 100 millones de dólares por día, Caputo resolvió vender el viernes 450 millones sin que eso impida que se produzca un nuevo avance del dólar. La información periodística se pregunta si la intervención de Caputo cuenta con el visto bueno del FMI, debido a que en el acuerdo alcanzado el Fondo había puesto la condición de que el BCRA debía dejar flotar el tipo de cambio. De no ser así el FMI podría amenazar con bloquear los futuros desembolsos obligando al gobierno a llevar la devaluación a niveles todavía más altos.
El nuevo salto en el tipo de cambio fue de la mano de una caída de las acciones de las empresas argentinas tanto en la bolsa local como en Wall Street, y de una nueva suba del riesgo país, que volvió a los niveles del 2015. Este hecho desmiente, de paso, que la crisis se limita a una corrida cambiaria. Es que la pérdida de valor de los activos argentinos no se limita a su moneda. Bien visto, la caída de las acciones muestra que el ´mercado´ descuenta un retroceso de los beneficios empresariales, algo que contrasta con la burbuja que había elevado artificialmente las acciones de las empresas. Esta burbuja había tenido por base el endeudamiento gigantesco comandado por el macrismo y el ingreso de capitales especulativos de corto plazo. Así las cosas, la caída de las acciones no tiene como fundamento único la suba de la tasa de interés de los EEUU sino que incluye la caída de beneficios de las empresas.
El dato más demostrativo de la naturaleza de la crisis radica en que las empresas que más han caído fueron las vedettes del macrismo, en particular las acciones de las energéticas y los bancos. En relación a las primeras, se ha abierto una crisis porque el macrismo no tiene condiciones para cumplir los contratos firmados de dolarización de tarifas. Si se trasladase toda la devaluación a la tarifa, éstas debieran incrementarse en el segundo semestre en un 80%. Pero un tarifazo de este nivel, cuando los incrementos acumulados ya superan el 1.000% en dos años, es sencillamente inviable. La atenuación de los aumentos ha abierto una lucha interna entre las distintas ramas de las empresas de energía (petroleras, generadoras, transportadoras y distribuidoras) por ver quién paga la consecuencia de la crisis. Por otro lado, la posibilidad de que los aumentos no ejecutados se compensen con subsidios no es viable, pues chocaría con la reducción del déficit pactada con el FMI. En relación a los bancos, la caída de sus acciones está asociada a las últimas medidas adoptadas por el BCRA. La suba de los encajes y la reducción de la tenencia de dólares han creado una situación de mayor vulnerabilidad, que se traduce en la caída de sus acciones. Se van creando las condiciones para que la corrida cambiaria se combine con una corrida bancaria.
La suba del riesgo país, resultado de la venta de los bonos de deuda del Tesoro, es otro factor de agravamiento de la crisis, ya que bloquea aún más la posibilidad de obtener financiamiento tanto por parte del Estado como de las empresas, a no ser a tasas directamente usurarias. Este financiamiento, sin embargo, sigue siendo crucial dado que los dólares pactados con el FMI están muy lejos de cubrir las necesidades de la economía argentina. El déficit de cuenta corriente para este año se estima en 30.000 millones de dólares, a lo que debe sumarse el agujero fiscal del Estado –nacional, provincial y municipal. La suma de todos estos déficits supera con creces las cifras pactadas con el FMI; sin financiamiento, por lo tanto, Argentina menea un nuevo default.
Bien visto, la crisis de la última semana es más grave que todo lo ocurrido hasta el momento, porque se da luego de que el gobierno juegue sus cartas más importantes –el pacto con el FMI y la declaración de mercando emergente. Llegado a este punto la tendencia al default económico se conjuga con el default político. Este cuadro parece percibirlo la cúpula del propio Fondo Monetario, que ha desarrollado un activismo político redoblado para lograr un pacto político que incluya al PJ y a la burocracia sindical en un plan de salvataje del gobierno. En las últimas horas se conoció, por ejemplo, una conferencia virtual entre el FMI y la CGT y la CTA, donde los técnicos del Fondo se pronunciaron por un pacto económico y social, que incluya a los sindicatos.Durante la jornada en la que el dólar rozó los $30, los gobernadores del PJ reafirmaron su voluntad de aprobar el presupuesto del ajuste fondomonetariasta. La tentativa de un gobierno de coalición la está modelando el capital financiero internacional.
La concreción de esta variante supone una crisis de gabinete de mayor alcance, que desplace al núcleo duro del macrismo. Varios comentaristas políticos han revelado que la dupla Rodríguez Larreta-Vidal, partidaria de un mayor acuerdo con el PJ y la CGT, está enfrentada con Marcos Peña, que defiende que la camarilla más cerrada del PRO mantenga las palancas fundamentales del gobierno. Estas peleas al interior del núcleo más duro del gobierno traducen los enfrentamientos que se van procesando en la propia clase capitalista, por ver quién paga parte de la factura de la crisis.
La crisis del gobierno plantea para los trabajadores un cuadro político favorable para imponer los reclamos populares y derrotar el plan de guerra pactado con el FMI. Esto es lo que ocultan la burocracia sindical y la oposición patronal, en su afán de desmoralizar a los trabajadores y dejar pasar el ajuste.
De lo que se trata, por lo tanto, es de desarrollar el mandato dejado por el masivo paro nacional del 25 de junio. Para ello planteamos una campaña por un paro activo de 36 horas con movilización a Plaza de Mayo, como parte de un plan de lucha para derrotar la ofensiva capitalista. La movilización convocada para el 12 de julio por el plenario nacional realizado el pasado 23 de junio en Lanús se inscribe en esta perspectiva.Al mismo tiempo planteamos al FIT un plan de intervención política planteando la salida de los trabajadores a la crisis. Es la hora de pasar a la acción.
Gabriel Solano
domingo, julio 01, 2018
Revoluciones de 1848

Europa se sacudió políticamente como nunca hasta ese momento. Las revoluciones se hicieron sentir por todos los rincones. La burguesía quería su revolución y temía la del proletariado, quien todavía inmaduro, no pudo llevar adelante una acción de conjunto independiente.
Las revoluciones de 1848 fueron las más extendidas que se han dado en el continente europeo, pero al mismo tiempo las menos exitosas. Salvo el caso francés, el resto de los regímenes monárquicos volvieron al poder luego de haber sido derrotados inicialmente. Y la República Francesa se alejó lo más rápido posible de las consignas que habían dado lugar a la revolución hasta “desembocar” en un autogolpe dado por Luis Bonaparte, el sobrino de Napoleón, que iba a finalizar en la instauración del Segundo Imperio Francés. Sin embargo, a pesar de su estrepitoso fracaso, las revoluciones dejaron un gran aprendizaje para quienes pretendían ir más allá de la mera caída de las monarquías, para aquellos que como Marx y Engels se sintieron absolutamente descontentos por el rumbo y destino que llevaron adelante las clases dirigentes burguesas revolucionarias.
Contexto histórico de las revoluciones
La revolución francesa y el imperio napoleónico habían transformado sensiblemente la política en el continente europeo. El triunfo de las fuerzas reaccionarias de la Santa Alianza, en 1815, no había retrotraído las cosas a los tiempos del Ancien regime(1). Sí bien triunfadora, la alianza restauradora encabezada por el zar Alejandro I(2) y el príncipe Klemens von Metternich(3) no pudo evitar la pérdida de fuerza de los regímenes absolutistas y el consecuente ascenso de la monarquía constitucional. El poder de los monarcas comenzó a ser cada vez más formal que verdadero (aunque no en todos los casos). El liberalismo, el constitucionalismo, las libertades públicas, la proclamación de igualdad de derechos ante la ley, etc., surgidos en Francia como consecuencia del movimiento revolucionario iniciado en 1789 no habían podido ser sepultados por el Congreso de Viena(4).
Desde comienzos del siglo XIX, como un signo de época, las monarquías constitucionales se habían ido consolidando en buena parte de Europa Occidental. No solo en Gran Bretaña y Francia, sino también en Bélgica, España, Portugal y en algunos territorios alemanes se iba abandonando el régimen monárquico a secas por uno en donde el ascenso de la burguesía en el plano económico se hacía sentir cada vez más en la arena política.
Para comienzos de la década de 1840 la parte occidental de Europa se encontraba en un verdadero proceso de transición. Los avances de la ciencia y la tecnología aplicados a la producción agrícola, en particular, y a la producción de mercancías, en general, iban desgastando los cimientos del viejo modo de producción feudal.
En Gran Bretaña tuvieron lugar los avances técnicos sustanciales que de a poco iban a ir imponiéndose en el resto del continente: la máquina a vapor, el uso generalizado del carbón, la mecanización de la hilatura y el tejido, la instalación del telégrafo, el alumbrado a gas en las grandes ciudades, etc. Pero también “nacían” instituciones y sistemas financieros, que articulados con los avances técnicos y la gran propiedad privada de la tierra, iban a ir generando los comienzos de la gran producción de masas capitalista.
Los sucesos revolucionarios de 1848 tuvieron lugar en un periodo de transición entre el modo de producción capitalista y el feudal. Las monarquías constitucionales fueron un indicador político de dicha situación. Y las características y dinámicas que tuvo la “Primavera de los Pueblos”(5) en cada uno de los escenarios en los que se dio (Francia, Alemania, Italia, Hungría, Polonia, Moldavia, Valaquia, etc) tuvieron que ver con el desarrollo, estadio y relación de cada una de las clases y fracciones de clases autóctonas.
Las revoluciones
En 1947 se había acentuado la crisis económica que venía aquejando al continente europeo. El inicio del problema se manifestó en el campo, lo cual provocó una reacción en cadena. En principio un sensible descenso de la producción agrícola provocó una dramática disminución de los productos alimenticios al tiempo que se elevaba notablemente el precio de los mismos. Esto trajo apareado una constricción del consumo de las industrias textil y de la construcción, provocando el crecimiento del desempleo y la disminución de los salarios. No fue una crisis pasajera sino que afectó de manera sustancial al “joven” capitalismo industrial generando una situación de miseria de los trabajadores del campo y la ciudad.
Friedrich Engels creía que podía darse una crisis política directa entre el proletariado y la burguesía. Esperaba que la dramática situación desembocara en un enfrentamiento entre estas dos clases. En un artículo publicado en octubre de 1847, en el diario pro- republicano francés La Reforme, afirmaba que la crisis provocaría “una agitación extraordinaria entre los obreros, que ahora se veían despedidos a montones después de haber sido explotados por los industriales durante el periodo de auge comercial”(6). El autor del Anti-Dühring apostaba al levantamiento del proletariado británico, debido a que al ser Gran Bretaña el país capitalista más desarrollado entendía que la clase obrera había podido reunir, allí, las mejores condiciones organizativas y revolucionarias. Un triunfo en Inglaterra podía producir un efecto dominó en el resto de las economías europeas. Tanto Engels como Marx ponían, en las vísperas de las revoluciones de 1848, enormes esperanzas en el triunfo del movimiento obrero británico. Habían publicado en febrero de ese año el Manifiesto del Partido Comunista. En donde, además de detallar las principales características del modo de producción capitalista, ponían énfasis en destacar el rol del proletariado como el “sepulturero” de la burguesía, aunque esto no iba a terminar sucediendo en 1848. En Inglaterra, en donde el movimiento obrero estaba más desarrollado, el movimiento cartista, la lucha irlandesa de liberación nacional y el tradeunionismo estaban declinando en su intensidad cuando comenzaba 1848.
Pero en el continente la situación era diferente. En 1847 la “Campaña de los Banquetes”, en Francia, daba cuenta de una situación de extrema tensión entre el gobierno y la oposición. Desde fines de 1846 el reino había prohibido las reuniones políticas, por lo tanto comenzaron a realizarse grandes banquetes en donde los comensales pagaban importantes sumas de dinero para escuchar discursos políticos opositores. El gobierno no podía, en principio, prohibirlos porque no se trataba en lo formal de un mitin sino de una comida por la cual se pagaba. Entonces la oposición política burguesa al régimen monárquico fue surgiendo y publicitándose en los “banquetes” con Thiers(7) al “centro” y Odilon Barrot en una posición que tendía a la “izquierda”.
Pero el 22 de febrero de 1848 aconteció un suceso que iba a transformar radicalmente la situación política en Alemania. Al ser prohibido un banquete parisino se produjo una importante manifestación popular, contraria a la medida, que rápidamente se convirtió en un levantamiento que no fue reprimido por la Guardia Nacional. El 24 no había manera de poder contener lo que se había convertido en un motín antimonárquico y el rey se vio obligado a abdicar, tomando los republicanos la cámara de diputados y proclamando un gobierno provisional.
Los hechos revolucionarios franceses provocaron un efecto dominó en buena parte del continente. El 3 de marzo Lajos Kosuth, el nacionalista y liberal húngaro, lanzó un programa nacional y democrático magiar en Presburgo con el fin de sacarse de encima a los Habsburgo. El 11 del mismo mes se levantaron los liberales de Praga, mientras que dos días más tarde, el 13 de marzo, un motín en Viena provocó la huida de Metternich. En los territorios italianos (Milán, Venecia, Parma, Módena, etc.) fueron expulsados los austríacos y más abajo, al sur, el príncipe Carlos Alberto de Cerdeña decidió luchar por la independencia de la península y se le terminaron uniendo Leopoldo I de Toscana, Fernando II de Nápoles y el papa Pío IX. También en marzo, en las principales ciudades de la Confederación Alemana, estallaron levantamientos antimonárquicos con el fin de obtener derechos políticos, libertades públicas y separación de poderes. Y en regiones lejanas de los centros políticos y económicos de Europa, como los principados de Valaquia y Moldavia que habían caído en manos del zarismo luego de la guerra ruso-turca de 1828-29, se produjeron levantamientos antimonárquicos de importancia.
Rápidamente, en un “instante”, Europa había cambiado radicalmente su fisonomía política. El conservador Congreso de Viena parecía haber sido enterrado. Pero esta situación no estaba predestinada a mantenerse. Las alianzas armadas para derrocar a las monarquías rápidamente se desvanecieron y comenzaron las tensiones y conflictos. La insurrección de junio en Francia, que La Nueva Gaceta Renana definió como “la más grande revolución que haya tenido lugar jamás”, había trazado con sangre una línea divisoria entre la burguesía y el proletariado de la que la burguesía alemana no tardaría en tomar nota.
El proletariado europeo organizado no estaba del todo maduro ideológicamente. Los horizontes revolucionarios estaban puestos en conquistar la república, y con ella la representación política igualitaria. Pero solo derrocar a la monarquía y a la aristocracia financiera no implicaba un avance absoluto hacia la emancipación social.
La necesaria destrucción del capitalismo iba a ser la lección que el proletariado revolucionario aprendió como resultado del derramamiento de su propia sangre en las barricadas.
Las revoluciones dentro de la revolución
Los movimientos revolucionarios se hicieron sentir en el centro del continente europeo pero débilmente en los márgenes. Las regiones periféricas se encontraban aisladas, como en el caso de Grecia, la península ibérica o Escandinavia, o carecían directamente de una capa política revolucionaria como sucedía en buena parte de los territorios del zarismo y del imperio otomano (sin embargo el nacionalismo anti-turco era una constante en los Balcanes desde principios del siglo XIX). En los países más desarrollados, como Gran Bretaña y Bélgica, tampoco se hizo sentir el espíritu revolucionario, y esta circunstancia podría explicarse por dos cuestiones: 1) debido al rol consolidado que ocupaba la burguesía en esos países y 2) por las características que iba asumiendo el movimiento obrero organizado.
Esquemáticamente podría decirse que las revoluciones se dieron en tres escenarios diferentes: 1) Francia, 2) Alemania, Italia, Hungría y Polonia y 3) territorios marginales del zarismo como Moldavia, Valaquia, Transilvania y el sur de los Balcanes. La composición de clases y la relación entre ellas variaban sensiblemente, según el territorio, e iba a determinar las principales características de los enfrentamientos.
Si bien el campesinado era abrumadoramente superior a la clase obrera en términos numéricos, no tenía el mismo estatus en cada región. En Francia, por ejemplo, los campesinos eran legalmente libres mientras que en los territorios orientales, en donde dominaba la nobleza alemana y el zarismo, seguían siendo siervos. El desarrollo de las clases medias burguesas se había dado con mayor rapidez en la parte occidental del continente, mientras que en la oriental las clases medias poco tenían que ver con la población autóctona (eran alemanes o judíos) y eran notoriamente más escasas.
Sacando el caso francés, la “Primavera de los Pueblos” no solo disputó la estructura política y social de la sociedad, sino el derecho a existir. Los revolucionarios alemanes intentaban “construir” Alemania, los italianos Italia, los húngaros Hungría, los polacos Polonia, etc. Los deseos de autodeterminación nacional chocaban contra la negativa austrohúngara, zarista y otomana (en menor medida debido al debilitado poder del sultán en los Balcanes). Pero además iba a surgir una tensión, quizás inesperada para los movimientos revolucionarios, entre las clases dirigentes nacionales revolucionarias y aquellos pequeños pueblos, como los eslovacos, checos, croatas, eslovenos, etc, que lucharon del lado de la reacción conservadora monárquica.
Los movimientos nacionalistas (alemán, italiano y húngaro) incluían en sus proyectos de construcción de Estado-Nación a otros pueblos sin la debida “consulta”. La realidad terminó enfrentando a los revolucionarios con las masas campesinas del imperio austrohúngaro. El campesinado eslavo no fue la fuerza de choque de las reivindicaciones del nacionalismo burgués alemán o magiar, sino que debido a su condición de explotado económico y sometimiento ideológico terminó formando las filas de los ejércitos contrarrevolucionarios vencedores.
Sucedía que en buena parte de los territorios alemanes, húngaros, italianos, etc el porcentaje de los obreros y artesanos en la población era mucho menor (al este y al sur del continente decrecía aún más) y además la participación activa en los sucesos revolucionarios se había dejado sentir mucho menos que en Francia. Aquí el conflicto central se dio entre la aristocracia terrateniente y la naciente burguesía industrial y mercantil. En cambio, la revolución francesa de 1848, si bien había comenzado con la confrontación entre los viejos regímenes y las “fuerzas del progreso”, terminó siendo la lucha a muerte entre el “orden” y la revolución social”(8).
En los márgenes de surorientales de Europa (en el extremo meridional de los Balcanes y en Moldavia y Valaquia) los sucesos revolucionarios se diferenciaron radicalmente de lo ocurrido en el oeste y centro del continente. Allí la presencia de clase obrera era prácticamente nula y el dominio político y económico estaba en manos del zarismo, del imperio otomano y de las distintas noblezas feudales. En las revoluciones liberales de Moldavia y Valaquia se pretendió expulsar del poder al gobierno impuesto por el zar y abolir definitivamente los privilegios de la nobleza boyarda. En los territorios serbios se produjeron levantamientos contra los otomanos y contra los Habsburgo, enmarcados en un movimiento de liberación nacional de la nobleza serbia que venía dándose desde principios del siglo XIX.
Breve conclusión
Las revoluciones de 1848, más allá de lo arriba detallado en el caso francés, significaron los últimos intentos serios de la nobleza y la monarquía de Europa Occidental y Central por subsistir como la variable determinante de la economía y la política. La burguesía, de a poco pero a paso firme, iba construyendo una estructura política afín a las necesidades de su dinámica económica. La “Primavera de los Pueblos” abrió un intenso ciclo de construcción de Estados-Nación y fue sin dudas una afirmación de la nacionalidad, o mejor dicho, de las nacionalidades rivales.
Incluso por fuera de Europa se daba el mismo fenómeno. La construcción de naciones se iba dando en buena parte de los territorios en donde el modo de producción capitalista se iba consolidando. “Qué fue la guerra civil norteamericana sino el intento de mantener la unidad de la nación norteamericana contra el desperdigamiento? ¿Qué fue la restauración Meiji sino la aparición de una nueva y orgullosa nación en Japón?”(9). ¿Y en la Argentina? ¿Qué fue la generación del 80 y su proyecto político más que el deseo fervoroso de construir un Estado-Nación?
Los sucesos revolucionarios de 1848 deben enmarcarse en el asalto definitivo del poder político por parte de la burguesía. La revolución que los padres del marxismo habían pronosticado para Francia, y que se desplegaría por todo el continente, finalmente no se dio. A diferencia de lo que afirmaba el Manifiesto Comunista, el capitalismo todavía no había dado todo de sí. Las revoluciones de 1848 permitieron la apertura de un nuevo ciclo de expansión económica, de notable desarrollo de las fuerzas productivas que iban a llevar a la consolidación capitalista y surgimiento del imperialismo. Fue un momento de desarrollo capitalista en el que ya no era posible para la burguesía acaudillar al conjunto de la población porque esta estaba atravesada por el antagonismo de clase entre el proletariado y la burguesía.
En las postrimerías del siglo XIX y principios del XX la batalla ya no tendrá como protagonista central a la nobleza y la monarquía. Las clases antagónicas del capitalismo van a quedar solas y con la posibilidad de medir sus fuerzas. La Comuna de París en 1871 y la Revolución Rusa de 1917 van a ser dos hechos incontrastables de la afirmación anterior.
“El error de Marx y Engels en relación con los plazos históricos surgía por un lado de la subestimación de las posibilidades futuras latentes en el capitalismo, y por otro, de la sobrevaloración de la madurez revolucionaria del proletariado. La revolución de 1848 no se convirtió en una revolución socialista como había pronosticado el Manifiesto, sino que abrió para Alemania la posibilidad de un vasto ascenso capitalista en el futuro. La Comuna de Paris demostró que el proletariado no puede quitarle el poder a la burguesía sino tiene para conducirlo un partido revolucionario experimentado. Mientras tanto, el periodo de prolongada de prosperidad capitalista que siguió produjo, no la educación de la vanguardia revolucionaria, sino más bien la degeneración burguesa de la aristocracia obrera, lo que a su vez se convirtió en el principal freno de la revolución proletaria”(10).
Diego Gómez
Sociólogo
Notas:
1. La revolución francesa denominaba Ancien regime, de manera peyorativa, al modo de gobierno anterior a la revolución.
2. Zar de Rusia desde 1801 hasta su muerte en 1825. Sí bien inicialmente mantuvo una buena relación con Napoleón, rápidamente se convirtió en su principal enemigo.
3. Noble, político y diplomático austríaco. Líder de la restauración monárquica de 1815.
4.Congreso restaurador monárquico celebrado en Viena en 1815 para restablecer las fronteras luego de la derrota de Napoleón.
5. Forma de denominar a las revoluciones de 1848 porque se dieron durante la primavera europea y además significaron un “nacer” de las naciones.
6. Engels, Friedrich (1847). En “Las Revoluciones de 1848”. Fondo de Cultura Económica. México D.F.
7. Louis Adolphe Thiers pese a haber formado parte de la monarquía de julio se convirtió uno de los políticos burgueses que tuvieron como característica central el armado de una formación política opositora. Más tarde en 1871, dirigirá la gran represión contra la Comuna de París.
8. Hobsbawm, Eric (2001). “La era del capital, 1845-1875”. Crítica. Buenos Aires.
9. Ídem.
10. Trotsky, León (2017). “A noventa años del Manifiesto Comunista” en El Programa de Transición y la fundación de la IV internacional. CEIP León Trotsky, Buenos Aires.
Lenin y sus enemigos

A pesar de todo, el lugar de Vladimir Illich Ulianov, fue el de alguien que fue considerado como “el personaje más influyente del siglo XX”…
Convertido en el Supremo Hacedor una vez muerto de una nueva religión del Estado, el legado de Lenin resultaría desfigurado hasta lo indecible, por supuesto por parte de los ideólogos reaccionarios, capaces de imputarle toda clase de perversiones, pero sobre todo por el estalinismo que lo convertiría en la fuente de su legitimación para sus propios fines. A pesar de todo, el lugar de Vladimir Illich Ulianov, fue el de alguien que fue considerado como “el personaje más influyente del siglo XX”, quizás esto ayude a explicar la manifiesta voluntad por parte de restauración conservadora por ahora querer ahorcarlo tras un juicio sumario. Los títulos son muchos: autor marxista excepcional, padre del bolchevismo ruso, dirigente de la revolución de Octubre y del nuevo “Estado obrero” concebido como un prólogo a la revolución mundial, cofundador de la Internacional Comunista, jefe de Estado que se sobrepone a una guerra pavorosa, crítico de la burocracia, amargo adversario de Stalin antes de su muerte, patéticamente autocrítico al final de su existencia. Convertido en el Supremo Hacedor de una nueva religión del Estado, Lenin resultaría desfigurado hasta lo indecible, por supuesto por parte de los ideólogos reaccionarios, capaces de amputarle toda clase de perversiones, pero sobre todo por el estalinismo que lo convertiría en la fuente de su legitimación para sus propios fines.
Apreciado por los humillados y ofendidos de todo el mundo como el símbolo de una revolución que osaba vencer y plantear la cuestión del socialismo, su nombre fue evocado durante décadas como símbolo de la revolución a la que aspiraban. Después de la caída (previa descomposición) del Muro de Berlín, Lenin siguió siendo una leyenda revolucionaria respetada por los de abajo, pero abandonado por una intelligentzia que cambiaba de dioses. Desde entonces, su obra, que durante tanto tiempo compitió con la Biblia el prurito de ser el autor más traducido del mundo, ha pasado, al igual que la indigesta iconografía producida por la burocracia, a los anaqueles de los libros llenos de polvo, mientras que los ensayos y las biografías que abordan su obra con ecuanimidad son una excepción contra las que se erigen o se utilizan como pruebas de un juicio sumarísimo sobre el que, un amplio tropel de académicos, tribunalistas, editorialistas, documentales, etc.,. Todos reinciden una y otra vez para consagrarlo como antecesor de Stalin, y por la misma línea émulo de Hitler o Ceaucescu.
Quizás sea el momento de comenzar a desenmascarar esta jauría sobre la cual sobran precedentes en el pasado, no en vano el nombre de Espartaco fue maldecido hasta los tiempos de la Ilustración, pasaron al menos dos siglos para que los historiadores restituyeran el lugar histórico de Cromwell, y no hablemos de los jacobinos, de nuevos enterrados a finales del siglo XX, culpables de resultar los antecesores del Gulag. Ante tantos excesos reaccionarios, es ya el momento que revisemos este juicio con ahorcamiento, empezando por explicar brevemente quien fue y que significó más allá de mitificaciones religioso-burocráticas, o de imputaciones que se sostienen únicamente a condición de sustraer las “circunstancias” que rodearon la supervivencia de una revolución que se concibió a sí misma como “prólogo de la revolución internacional”.
Vladimir Ilich Ulianov (1870, Simbirsk-1924, Moscú) nació en una familia en la que el padre es inspector de enseñanza y la madre tiene origen germánico; su padre murió en 1886 dejando a la familia en una precaria situación económica, Por aquella época inicia su ruptura con el cristianismo, en 1887, un año después su hermano mayor Alejandro será detenido por participar en un atentado contra el Zar Alejandro IIIº, siendo ajusticiado dos meses después. Este capítulo será obviamente trascendental para la evolución de Lenin que se ahorra la trágica y frustrante experiencia de la exaltación terrorista del populismo que se inmoló tratando de conquistar las libertades acabando con las tiránicas testas coronadas, tan odiadas por toda la democracia internacional. Le llevará lejos del populismo y de la tentación de terrorismo, y tendrá ocasión de comprobar directamente la pusilanimidad del liberalismo ruso que rehúye a su familia.
Estudió en la Universidad de Kazan y logra, a pesar de las graves dificultades policíacas -estaba marcado como el hermano de Alejandro-, hacerlo también en la de San Petersburgo, En esta universidad inicia los contactos con los círculos marxistas, pero antes ya había leído con mucho interés algunos de los textos básicos del marxismo, entre ellos “El Capital”. En 1892, obtiene el grado de doctor que le autoriza a ejercer como abogado. En 1894 conoce a Nadezha Krupskaya, con la que se casará en 1897. Ella será su principal colaboradora siempre, y su vida sentimental no conoce más horizontes. Todo lo que se ha insinuado sobre sus relaciones con Inés Armand no ha podido ser comprobados todavía, aunque la hipótesis más verosímil es que se tratara de un amor “platónico”.
Desde sus primeros trabajos critica las tesis populistas, afirmando que la vía capitalista era inevitable en Rusia. “Los principales rasgos de su carácter, escribirá años más tarde Trotsky en su Lenin, ideología y formas de actuación ya quedan constituidos en el período comprendido entre sus 17 y 23 años”. Su prematura madurez sorprende a sus contemporáneos que le llaman “el viejo”. En octubre de 1893 inicia su contacto con los trabajadores junto con la Krupskaya; en 1895 escribe ¿Quiénes son los “Amigos del pueblo?, que supone una crítica marxista a las ideas políticas del populismo. Al año siguiente hace su primera incursión al extranjero y conoce algunas de las personalidades más relevantes del socialismo —Plejanov, Kautsky, Lafargue, Liebknecht—, y de vuelta es uno de los fundadores de la Liga para la liberación de la clase obrera. Acabó siendo encarcelado en 1895 y dos años más tarde deportado a la Siberia, pero a pesar de estos obstáculos, su obra teórica se desarrolla con vigor.
En esta época escribe “Las tareas de los socialdemócratas rusos2, pero sobre todo “El desarrollo del capitalismo en Rusia”. Se trataba del trabajo de investigación teórica más riguroso de su tiempo sobre las condiciones y la evolución económica de un país muy diferente a los que están en la avanzada de la revolución industrial. Con ocasión del debate sobre el revisionismo de Bernstein, Lenin no solamente interviene en contra de éste, también extiende sus reprobaciones sobre los “economicistas”, a los que describe como los “revisionistas” del movimiento socialista ruso. Movimiento que en 1898 ha creado el partido socialdemócrata ruso, el POSDR, del cual Lenin se declara miembro activo.
Tras acabar su destierro y ser detenido de nuevo, se ve obligado a emigrar. Entonces participa en la creación y en el equipo redactor de la mítica “Iskra”, el órgano periodístico de la socialdemocracia rusa, lo dirige junto con Plejanov, Alxerold, Martov, Vera Sazulith. Pronto entra en polémica con Plejanov mostrando tanto su rigor como su intransigencia, En 1902 se traslada a Londres y defiende la entrada del joven Trotsky, “La Pluma”, en la redacción de la revista. Las diferencias que les separa de los otros socialdemócratas son de momento apenas perceptibles. Sin embargo, aunque con ocasión del IIº Congreso del POSDR, el grupo de la revista aparece en un primer momento totalmente identificado, la controversia estalla en relación al grado de entrega y profesionalidad de los militantes de un partido que tiene que sobrevivir bajo la terrible Oljrana.
La polémica se centra en la cuestión de la organización: mientras que su amigo Yuri Martov, de acuerdo con la centralización tal como se entiende en el partido alemán, aboga por un partido con una base amplia, no estrictamente militante, Lenin, por el contrario, lo hace por un partido delimitado tanto orgánica como políticamente. El trasfondo del problema -que no aparecerá claramente sino con el tiempo-, es que Lenin quiere un partido para derrocar el zarismo y hacer la revolución. Desde este punto de vista, Lenin admite que mientras Martov es el girondino, el representa el jacobinismo. Al conseguir la “mayoría” (bolchevique), Lenin, y Martov la “minoría” (menchevique), se sienta las bases de una discrepancia que en 1917 aparecerá con mayor claridad. Junto con Lenin permanece en un primer momento George Plejanov y los cuadros del interior; el resto con Martov y Trotsky, menchevique inicial, tratará vanamente de crear un “puente” entre ambas.
En su momento, los asistentes al congreso creyeron que existían otros puntos tanto o más importante que el organizativo, y existió un amplio acuerdo en una serie de puntos como los referentes a la dictadura del proletariado (en apartados redactados por Plejanov), el derecho de autodeterminación de las nacionalidades, la socialización de la tierra, y que serían patrimonio común de ambas corrientes. Una ilustración de las concepciones de Lenin sobre las cuestiones de este importante Congreso se encuentra en dos libros suyos, “¿Qué hacer?” y “Un paso adelante, dos pasos atrás”. En los años siguientes, polemiza con Kautsky como con Rosa Luxemburgo, sobre la interpretación que sobre la escisión de la socialdemocracia rusa se ofrece en la Internacional Socialista. En esta, el conflicto meramente aparece como fruto de la voluntad ultracentralista que se atribuye a Lenin que, sin embargo, se define por el desarrollo de un constante debate interno. En el III Congreso del POSDR, en el ya solo participan los bolcheviques, Lenin es elegido presidente
La crisis revolucionaria de 1905 le coge en medio de un tenso debate entre ambas fracciones. En el calor de los acontecimientos, Lenin formula su teoría sobre “la dictadura democrática del proletariado y del campesinado”, que parte de la idea de que la burguesía liberal resultará un obstáculo para la revolución democrática. En medio del proceso revolucionario este conflicto se aclarará un poco más: mientras los mencheviques mantienen que hay que apoyar a la débil burguesía democrática y dudan sobre si los obreros deben de ir a la insurrección, los bolcheviques extraen otras conclusiones. De retorno a Rusia, ya pleno período de reflujo, Lenin trabaja en la clandestinidad, y defiende la reunificación entre las dos facciones en la Iª Conferencia bolchevique que se celebra en Finlandia. El asunto no quedará definitivamente resuelto hasta la víspera de la revolución de octubre, aunque desde 1912 —por lo menos—, Lenin tenía claro que dicha unificación no era posible. Es en esta época cuando se dan sus ataques más virulentos contra Trotsky que aparece como el “conciliador” capaz de atraer a los bolcheviques más reblandecidos.
Atraviesa el largo período que va desde el fin de la revolución de 1905 hasta 1917, absolutamente a contracorriente (en este punto su correspondencia con su compañera resulta muy ilustrativa). Junto con su compañera, dedica todo su esfuerzo por preservar y reforzar el partido contra todos los obstáculos -reflujo, represión, errores políticos, etc. —, que lo dejan muy aislado, pero se mantienen llevando grandes debates contra los mencheviques, contra Trotsky, contra Bogdanov y sus posiciones neokantianas y contra el grupo de “Veriod” o los “otzovistas”. Estos proponían que se retiraran los representantes socialdemócratas de la Duma. Lenin defendió por el contrario la necesidad de utilizar todas las posibilidades legales, la plataforma de la Duma y la de prensa, cuando no se podía esperar una reanimación de la lucha de clases. Interviene en la IIª Internacional como representante ruso en el Buró Socialista Internacional.
Ulteriormente, en el Congreso socialista de Copenhague defiende junto con Rosa Luxemburgo y Martov una moción de lucha contra la guerra que se ve venir. Escribe una multitud de proclamas, así como sobre la cuestión de las nacionalidades oprimidas, un tema capital bajo el zarismo “carcelero de pueblos”, sobre la que escribe: “los trabajadores con conciencia de clase no predican el separatismo, pues conocen las ventajas de los grandes estados y de la unión de grandes masas de trabajadores; sin embargo, los grandes estados sólo pueden ser democráticos con plena igualdad de derechos de las naciones. Una igualdad que supone también el derecho del separatismo”. Compara el derecho a la separación con el divorcio; toda mujer tiene derecho a divorciarse, otra cosa es que puede ser más recomendable una unión entre iguales, o sea entre naciones libres.
En el año 1912, tras la masacre del Lena, tiene lugar unos primeros pasos en una recomposición del movimiento obrero ruso, entonces Lenin se traslada desde París a Cracovia para estar más cerca de los acontecimientos. Y vuelve a anudar nuevos hilos con el interior. Pero el estallido de la guerra en Europa los desata. En un principio no creyó que los socialistas alemanes votaran a favor de los créditos de guerra, hasta el momento se había preocupado de remarcar que no tenía diferencias con Kautsky y Bebel (muerto antes del estallido); piensa que se trata de diarios amañados por la burguesía. Cuando comprende que es cierto, son muchas las cosas que cambian en sus esquemas.
A instancias suyas, los diputados bolcheviques en la Duma votaron no a los créditos y fueron detenidos, y poco tiempo después lo será Lenin por las autoridades austriacas por sus denuncias contra la guerra. Una vez liberado se traslada a Suiza y redacta sus primeras tesis sobre la guerra. En ella se dice con toda claridad que cada militante socialista debía de luchar en primer lugar contra su propio gobierno y que el mejor resultado de la guerra sería la derrota del gobierno zarista. Propone convertir “la guerra interimperialista en una guerra civil” por la revolución y la lucha por una IIIª Internacional que haga el relevo de la Socialista traicionada. Este es el esquema que defenderán los bolcheviques en Zimmerwald y en Kienthal. Por estas fechas, Lenin efectúa una rica relectura de Hegel (como es patente en sus Cuadernos sobre Hegel, que no fueron publicados hasta los años sesenta a pesar de que testimonian un “salto” en sus concepciones políticas) y escribe su obra, “El imperialismo, etapa superior del capitalismo”, en el que establece que el capitalismo del sigl0 XX es un capitalismo monopolista en cuanto su estructura interna, e imperialista en cuanto a su eficacia en la política exterior y, en relación a su significado histórico, lo juzga como un capitalismo en descomposición.
Lenin no pudo volver a Rusia cuando triunfó la revolución de febrero. Después de intentar diversas maneras, decidió volver a través de Alemania en un vagón precintado. La historia dio pie para que los reaccionarios y el sector más derechista de los partidos reformistas lo acusaran de connivencia con el gobierno alemán, todavía esta es una munición que se utiliza en la Rusia actual, sin embargo, todavía está por aparecer el primer documento que demuestre algo, y es evidente que el gobierno alemán lo habría utilizado con beneplácito después de Octubre. Su llegada a la estación de Finlandia causa conmoción: ante el estupor de propios y extraños se pronuncia por la revolución proletaria rusa como primera parte de la revolución mundial contra la guerra. Condenó a la socialdemocracia y llamó a la formación de un partido comunista (en oposición a la “socialdemocracia” que había dejado de serlo), así como al derrocamiento del gobierno provisional que los propios líderes bolcheviques —Kámenev y Stalin sobre todo— apoyaban críticamente desde “Pravda”.
Después del fracaso de la insurrección de julio —que los bolcheviques desaconsejaron pero que compartieron con las masas—, Lenin tuvo que esconderse y permanecer en el anonimato.
Este hecho, recriminado por algunos de sus partidarios, se mostró como plausible y correcto cuando dos años después la soldadesca alemana bajo el mando de un socialdemócrata (Noske) asesinaba a Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht y Leo Jogiches. Desde su escondite apremió al Comité Central a preparar la insurrección y empezó a escribir El Estado y la revolución, una primera formulación de los esquema teóricos marxistas concretados a través de los propios medios organizativos que se estaba dotando la revolución. Su peso en el partido, y en el movimiento, es cada vez más sólido, es un momento que los bolcheviques atraen a otras fracciones, a los “interradios” liderados por Trotsky, pero también a mencheviques, anarquistas, populistas, y crece cuando el resultado de la contienda no está en absoluto claro; cuando Kornilov trata de dar un golpe de Estado para limpiar el patio, Lenin llama a sostener a Kerenski, pero igual que la horca sostiene al ahorcado. Solo un gobierno revolucionario podía garantizar la derrota de las viejas castas así como el pan, la paz, la libertad para los pueblos, el control obrero….
Lenin llegó clandestinamente a Petrogrado con ocasión del IIº Congreso pan ruso de los Soviets y participó decisivamente en las sesiones del CC bolchevique ayudando a modificar la orientación del partido: llamó a tirar la “camisa vieja” de la dictadura democrática, a insertarse en las masas que estaban “a la izquierda del partido”, defendiendo la consigna de un gobierno soviético, y volvió a presionar para preparar la insurrección. En este congreso se decidió la insurrección y la toma del poder. El 25 de octubre tuvo lugar esta decisión apoyada por la mayoría de los soviets.
Fue Lenin el que proclamó el comienzo de la República Socialista y el que firmó sus dos primeros decretos el cese de la guerra y la reforma agraria. Luego vendrían la libertad para las nacionalidades oprimidas, el control obrero de la producción, etc. Se opuso a toda idea de gobierno de coalición y confió en la capacidad de las masas. Al frente del puesto de mayor responsabilidad tuvo que enfrentarse a los problemas creados con los tratados de paz de Brest-Listovk, respetando siempre las posiciones de sus adversarios políticos dentro del partido donde su voz era la más respetada, pero donde era también otra más. El 30 de agosto de 1918 fue herido por la socialrevolucionaria Temma Kaplan —que entendía que el Tratado de paz era una “traición”—, permaneciendo entre la vida y la muerte durante un tiempo, y resultando afectado en los años siguientes.
Siguió siendo el principal pilar de la nueva República durante una guerra civil provocada como una operación “contra” por 21 naciones bajo la égida franco-británica, y que se jugó a vida o a muerte. En este tiempo, la resolución de Lenin en no detenerse en ninguna consideración por encima de la revolución, causó la indignación de muchos de sus amigos, como Máximo Gorki y otros intelectuales que no creían que el socialismo permitiera sacrificar rehenes o exterminar a la familia zarista, criaturas incluidas; seguramente si hubiera sido aplastado como lo serían tantas otras tentativas revolucionarias, desde la Comuna de París hasta la centroamericanas, la historia del siglo XX habría pasado por otros sitios…
Esta terrible guerra de tres años que seguía a otra guerra de cuatro acabó atrasando las bases socioeconómicas de la revolución hasta los extremos de la supervivencia. La industria quedo reducida a su mínima expresión, la clase obrera había quedado desestructurada, buena parte del pueblo militante que había protagonizada la gesta que conmovía el mundo, había perecido, o estaba muy cansada. El Estado se convirtió en la única garantía de una república que siguió estando asediada, y sobre la cual se seguía cerniendo la amenaza de una intervención (los británicos no la abandonaron hasta 1929). En este contexto emerge el Lenin que desarrolla las bases de la Nueva Política Economía (…). En cada paso, tiene lugar un denso y complejo debate en el que toman parte tendencias y fracciones internas, ya que, después de la guerra, las demás han quedado marginadas y bajo el punto de mira de un aparato represivo que tiene ya, desde hace tiempo vida propia aunque nadie es consciente de ello. Y entre sus bastidores emergen nuevos modelos de bolcheviques. Los de la vieja guardia, y las nuevas promociones, que creen que ya es hora de institucionalizar la revolución, de acabar la apuesta, y comenzar la institucionalización de un “Estado nacional”.
Lenin tuvo también un papel de primer protagonista en fundación y desarrollo de la Internacional Comunista. Su libro más conocido sobre esta cuestión tiene un título famoso, El izquierdismo, la etapa infantil del comunismo, cuyo significado ha sido normalmente trivializado. Lenin debate —polemiza, argumenta, discute, puede utilizar adjetivos, pero jamás menosprecia ni condena a nadie— con la primera generación de comunistas, sobre todo europeos, concretamente con los izquierdistas y/o consejistas que en los dos primeros congresos han marcado una línea de ofensiva, creyendo que la conjunción entre las crisis revolucionarias y la creación improvisada de un partido a lo bolchevique, serían suficientes.
En este sentimiento generalizado coincidieron entre otros el italiano Amadeo Bordiga, responsable de la codificación de los 21 puntos para cortar el camino a los socialdemócratas, perro que acabó alejando también a sectores revolucionarios como los de origen anarquista—, George Lukács, Hermann Gorter, Antón Pannekoeck, Otto Rühle, etc. Lenin les recuerda que la revolución rusa fue el producto de unas circunstancias excepcionales, y que el partido bolchevique no se forjó de la noche a la mañana sino que requirió todo un proceso. Lenin abogaba por una política de frente único, de acumulación de fuerzas y enraizamiento, y aconsejaba que la capital de la Internacional fuese Berlín, ya que temía que pasara como con la Internacional Socialista o IIª Internacional, arruinada por el peso decisivo de la socialdemocracia alemana.
En muchos sus escritos, Lenin menosprecia el seguidismo y el culto a la personalidad. Cuando un “eserista” de izquierda comienza a exaltarlo en una sesión de los soviets, comenta, “ya empiezan otra vez con las calumnias”. . Su introducción a El Estado y la revolución, resulta perfectamente clara al respecto. Su último combate será contra Stalin y la burocracia. Sus últimos escritos resuman dolor y amargura cuando hace el balance de un proceso que rectificando entonces a Trotsky, define como “Estado obrero burocráticamente deformado”. Ya en plena agonía, el 5 de marzo de 1924 escribió dos cartas, una a Trotsky, pidiéndole que tomara a su cargo la lucha en la cuestión georgiana, otra a Stalin, amenazándolo con la ruptura de todas las relaciones personales. El 9 de marzo, murió después de sufrir un nuevo ataque. Lo dicho: tanto su Testamento como gran parte de sus últimos escritos fueron ocultados en la URSS hasta 1960.
No deja de resulta harto sintomático que tanto el estalinismo como la derecha porfíen en considerar como 2incuestionale” la existencia de una “continuidad” entre el tiempo de Lenin -durante el cual nunca dejó de haber unas libertades, un alto nivel de participación de sectores de masas y de toda clase de corrientes y tendencias, amén de un desarrollo escolar, cultural y artístico tan extenso como variado, y unos posicionamientos internacionalistas mostrados por ejemplo con ocasión de la crisis social alemana de 1923-, y el de Stalin…En rigor, es importante distinguir en el tiempo de Stalin diversas fases tal como hace Pepe Cardona en su libro “Stalin: el sepulturero de la revolución”…De lo que no hay duda es que en manos de Stalin y acólitos, el “leninismo” se convierte en una suerte de “religión de Estado” que sirve con el manejo de la historia y de las citas como refrendo a la “inefabilidad” casi Vaticana de la dirección de un partido que ya no es el de la revolución sino el del Estado.
Evidentemente, el tiempo y los granes cambios históricos no pasan en vano. Y por lo tanto, releer a Lenin significa no olvidar lo sucedido, como tampoco todas las barbaridades que se han perpetrado en su nombre. Él mismo considera que lo fundamental era ofrecer un análisis concreto de una realidad concreta. Se trataba pues de poner al día el análisis, el estudio y el conocimiento de las grandes aportaciones teóricas, a una realidad cambiante…Porque mientras que el árbol de la teoría era gris, el de la vida era verde, frase y concepto que repitió una y otra vez mientras tomaba parte en el torbellino de una revolución cuyo rasgos principal era la participación creativa de las más amplias masas, de aquella gente que le rodea como sí se tratara de un personaje anónimo en las imágenes rodadas que han quedado como se describe en obras como las “Memorias” de Dora Russell, habituada a ver los dignatarios británicos rodeados de policías y guardaespaldas.
Condenado a los infiernos por el Tribunal neoliberal, Lenin ha resurgido entre nosotros a través de diversos trabajos biográficos así como de ediciones de algunas de sus obras, cuatro de ellas en la lengua de Pompeu Fabra.
Pepe Gutiérrez-Álvarez
Hollwood y la trata de negros

Hace ya unos años, las agencias contaron que en su visita a Putin, el presidente norteamericano Bush jr., tuvo el detalle de sacarle a relucir a éste la historia del “Gulag” y todo lo demás, atribuyéndolo todo-por supuesto- al “comunismo”. El presidente ruso que se esperaba algo así, no dudó en devolverle la pelota. De alguna manera le respondió algo así como mira quién vino a hablar. Entonces le recordó al señor de la guerra del Dios del Sinaí el papel de los Estados Unidos en la trata de negros así como en el exterminio de las tribus indias. Otro más actualizado le podría haber sacado a relucir Vietnam, su papel en toda clase de golpes de estados en el mundo (a Suharto, Pinochet, etc.), pero la cosa quedó ahí. En realidad, ninguno de los dos merecía hablar de estas historias de las que, en no poca medida, habían sido beneficiarios.
Desde el lado norteamericano resulta cuanto menos curioso que una industria tan emblemática como la de Hollywood, que produjo decenas de películas contra el “comunismo” (descrito como algo propio de gente sin escrúpulos, como personajes propios del cine negro), la trata de negros apenas sí asomó por sus cámaras, aunque no faltaron apuntes y no precisamente “humanistas” como el expresado por El nacimiento de una nación (David Wark Griffith, 1915), cuyo estrenos por diversas ciudades dejó tras de sí un reguero de linchamientos animados por el Klan. Aunque la experiencia sirvió de advertencia cómo quedaría evidenciado en Lo que el viento se llevó, cuya adaptación enmendó la encendida narrativa racista de la novelista Margaret Mitchell, hubo decenas de películas en las que la esclavitud era tratada como algo natural. De hecho, no fue hasta pasada la II Guerra Mundial que se puede hablar de un cine “liberal antirracista”, sí bien los títulos que abundaban en directo el en la que hasta llegar a Amistad (EUA, 1997), de Steven Spielberg pasando por algunos unos escasos ejemplos europeos como Tamango (Francia, 1958), obra del “black liste” exiliado John Berry, y pocos más. Entre nosotros este tema quedó representado por títulos como Fray Escoba (1962), y no faltan voces (Josep Piqué) que se atreven a declarar que “nuestra colonización fue consentida”, por no hablar de otras (Fraga) que proclamó hasta el final que España no colonizó sino que “evangelizó”
En este apartado, el capítulo más importante lo ha jugado la televisión, a pesar de todos los impedimentos del poderoso “lobby” neoconservador norteamericano que, en este punto, roza unos criterios revisionistas no muy diferentes al empleado por cierta historiografía sobre el nazismo o el franquismo. Aparte de los títulos clásicos citados en los estudios mencionados, habría que añadir algunos documentales que cuentan quiénes fueron los ideólogos y factótums de las redes solidarias con los esclavos fugados.
Es el caso de la serie que en 1987 se hizo para televisión sobre el líder abolicionista Frederick Douglas, el más importante e influyente de su tiempo. Y es precisamente el medio televisivo el que mayor filmografía atesora en esta materia. Ahí está el caso de Friendly Persuasión (1975) del aplicado Joseph Sargent, una puesta en escena de los libros antiesclavistas de Jessamyn West situada históricamente en los años de la guerra civil norteamericana. Otra buena historia filmada es la de Harriet Tubman, una esclava que consiguió huir al Norte y que llegó a ser una de las voces habituales en los mítines y conferencias que realizaban los aboque más duele al espectador es el desamparo y el desprecio que los esclavistas tuvieron respecto a sus “propiedades”, punto en el que resulta magistral el personaje encarnado por James Mason en Mandingo (EUA, 1975) una de las obras más logradas sobre la cuestión.
Solomon Northup no pudo recuperar la libertad y regresar a su vida normal, hasta que se convirtió en un acérrimo abolicionista, una actividad militante que mantuvo hasta su muerte en fechas y circunstancias que no han quedado aún demasiado claras. Una de las causas que posibilitaron el rescate de Northup y de otros muchos como él, fue la ley del estado de Nueva York aprobada en 1840 por la que se podía/debía recuperar a cualquier ciudadano libre (fuera cual fuera su raza o color) que fuera secuestrado y vendido como esclavo en cualquier parte de la nación. La temática fue ya motivo de atención en Solomon Northup’s Odissey, un trabajo para la televisión pública estadounidense (la PBS) dirigido por Gordón Parks, reconocido animador de cine blaxploit en la década de los 70 del siglo pasado con el detective Shaft (Richard Roundtree), que en una de sus aventuras se enfrentó con unos tratantes de esclavos . Northup fue encarnado entonces por el excelente actor Avery Brooks (Hawk en la teleserie Spenser, detective privado y su subsiguiente spin. En A woman callea Moses (1978) del destajista Paul Wendkos, con Cicely Tyson (Mona Lisa) encarnando a Miss Tubman, en una cinta donde por cierto interviene como secundario nada menos que Orson Welles que se tenían que ganar las habichuelas en papeles muy menores.
Las historias Underground Railroad tuvieron héroes anónimos como el granjero de ascendencia holandesa protagonista de House of Dies Drear (1984) de Alian A. Goldstein que fue parte activa de ese “tren clandestino”; aunque más popular fue El viaje de August King (1985) también de la pareja interracial formada por otro granjero (Jason Patrie), y una esclava prófuga (Thandie Newton), una obra bienintencionada pero carente de fuerza dramática como es propio de John Duigan (Romero), y que aquí llegó en formato televisivo. Un formato al que hay que recurrir al tratar cuestiones con tan mala prensa como la trata de negros, y sobre la cual se han producido no pocas serie y documentales del mayor nivel de exigencia y que tendría que estar p presente en escuelas y bibliotecas públicas.
Todo este panorama comienza a cambiar radicalmente en la gran pantalla con títulos tan emblemáticos como 12 años de esclavitud, (EUA, 2014) una obra ambiciosa de Steve McQueen, el director de color de nombre similar al del protagonista de La gran evasión. El cineasta ya tenía un bagaje destacado como artista y como hombre de cine off blockbusters de Hollywood. Sus filmes Hunger (basado en la huelga de hambre real que inició un preso político) y Shame (centrado en la adicción sexual de un bróker neoyorquino), lo habían convertido en un auténtico icono del cine independiente. Con esta producción radicalmente antiesclavista, Steve aborda la cuestión con un coraje que no se veía desde Espartaco, con una franqueza que no estaba presente en Amistad (EUA, 1997), ya que Spielberg acaba adoptando el punto de vista del liberal blanco que asume puntualmente la defensa de los negros sublevados en alta mar.
En 12 años de esclavitud, Me Queen se mantiene fiel a su estilo seco, poético y duro, pero para ello ha partido de una historia verídica, la de Solomon Northup (1808-?), un negro libre nacido y residente en Saratoga Springs, en el Estado de Nueva Cork. Había sido violinista y hombre respetado en su comunidad, hasta que fue engañado, drogado y vendido como esclavo en Washington. Northup (Chiwetel Ejiofor) relataría esas penurias que duraron más de una década en un libro titulado precisamente 12 años de esclavitud, que fue publicado en 1853. La película obtuvo magníficas críticas, y de hecho ofrece un discurso que no ha perdido actualidad, especialmente desde que el mercado y las multinacionales se han erigidos en los reyes de la Creación. La trama sigue todos esos años de Northup en condiciones extremas, malos tratos y vejaciones en plantaciones de algodón de Nueva Orleans y Luisiana. Para enfatizar el drama, el director no ahorra en la cinta secuencias crudas de violencia.
Entre otras cosas, dicha trama remite al Underground Railroad, una línea clandestina de escapada de muchos esclavos del Sur hasta conseguir la libertad en el Norte. Eran caminos, casas seguras, refugios e historias de abolicionistas intrépidos que ayudaron a muchos afroamericanos a escapar en su lucha por la libertad. La mayoría alcanzaron los estados no esclavistas del Norte, pero los hubo que llegaron a Canadá o incluso hasta México. Incluso peor resulta ese paternalismo que algunos amos ejercieron sobre algunos de sus esclavos (Benedict Cumberbatch), una actitud que no dejó de resultar representativa en muchos liberales, por ejemplo aparece de manera subyacente en una película célebre Adivina quién viene a cenar esta noche ( Guess Who’s Coming to Dinner, EUA, 1967) obra del emblemático Stanley Kramer con Tracy&Hepburn y un Sydney Poitier en su apogeo.
Aunque el catálogo de atrocidades desplegado por McQueen en 12 años de esclavitud parecía imposible de superar, la historia permite dar total credibilidad a El nacimiento de una nación (USA; 2016), debut en el largometraje del también actor protagonista Nate Parker, que rebasa cualquier explicitud, aunque sin la complejidad y la trascendencia puntual de la ganadora del Oscar a la mejor película de 2013. Parker ha compuesto una película seguramente literal sobre un hecho verídico, la tentativa de revolución comandada por un esclavo en el estado de Virginia, en el año 1831, pero que se antoja pura venganza. Una revancha quizá justa, pero unidireccional, en forma de película, con un título que, además, ejerce de reverso histórico de El nacimiento de una nación (1915), aquella racista apología del Ku Klux Klan creada por el pionero del lenguaje del cine David Wark Griffith que demostró aquello que el “nacimiento” del cine “made in Hollywood” estaba ligado a otra página de inaudita barbarie. Sin embargo, todavía cabía otra vuelta a la tuerca como lo demuestran las imágenes auténticas utilizadas por Bob Peck (El joven Karl Marx), en Am Not Your Negro, que ganó el Oscar al Mejor Documental en el 2016 y que se inspira en los escritos de James Baldwin (1924-1987), marxista que hablaba con tanto rigor como con vehemencia.
Hasta el papa Francisco reconoce que detrás del racismo y la xenofobia de los Salvini, Rivera, Hernando y CIA, subsiste esa tradición esclavista para que los refugiados son “carne humana”, mera mercancía de unas mafias que ellos deben de conocer muy bien ya que forman parte de ellas.
Pepe Gutiérrez-Álvarez
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