sábado, junio 25, 2011

No es Grecia. Es el capitalismo, ¡estúpido!


Los medios, las consultoras, los economistas, los bancos de inversión, los presidentes de los bancos centrales, los ministros de hacienda, los gobernantes no hacen otra cosa que hablar de “la crisis griega”. Ante tanta vocinglería mal intencionada es oportuno parafrasear aquella frase de campaña de Bill Clinton para decir e insistir que la crisis es del capitalismo, no de Grecia. Que este país es uno de los eslabones más débiles de la cadena imperialista y que es a causa de ello que por allí hacen eclosión las contradicciones que lo están carcomiendo irremisiblemente.
La alarma de los capitalistas, justificada sin dudas, es que el derrumbe de Grecia puede arrastrar a otros países como España, Irlanda, Portugal y comprometer muy seriamente la estabilidad económica y política de las principales potencias de la Unión Europea.
Según informa la prensa financiera internacional, representativa de los intereses de la “comunidad de negocios” (léase: los gigantescos oligopolios que controlan la economía mundial) la resistencia popular a las brutales medidas de austeridad propuestas por el ex presidente de la Internacional Socialista y actual primer ministro griego, Georgios Andreas Papandreu, amenazan con arrojar por la borda todos los estériles esfuerzos hasta ahora realizados para paliar la crisis.
La zozobra cunde en el patronato ante las dificultades con que tropieza Atenas para imponer las brutales políticas exigidas por sus supuestos salvadores. Con toda razón y justicia los trabajadores no quieren hacerse cargo de una crisis provocada por los tahúres de las finanzas, y la amenaza de un enorme estallido social, que podría reverberar por toda Europa, tiene paralizada a las dirigencias griega y europea.
La inyección de fondos otorgada por el Banco Central Europeo, el FMI y los principales países de la zona euro no han hecho sino agravar la crisis y fomentar los movimientos especulativos del capital financiero. El resultado más visible ha sido acrecentar la exposición de los bancos europeos ante lo que ya aparece como un inevitable default griego. Las conocidas recetas del FMI, el BM y el Banco Central Europeo: reducción de sueldos y jubilaciones, despidos masivos de empleados públicos, remate de empresas estatales y desregulación de los mercados para atraer inversiones han surtido los mismos efectos padecidos por varios países de América Latina, notablemente la Argentina.
Parecería que el curso de los acontecimientos en Grecia se encamina hacia un estrepitoso derrumbe como el que conocieran los argentinos en diciembre del 2001. Dejando de lado algunas obvias diferencias hay demasiadas semejanzas que abonan este pronóstico. El proyecto económico es el mismo, el neoliberalismo y sus políticas de shock ; los actores principales son los mismos: el FMI y los perros guardianes del imperialismo a escala global; los ganadores son los mismos: el capital concentrado y muy especialmente la banca y las finanzas; los perdedores son también los mismos: los asalariados, los trabajadores y los sectores populares; y la resistencia social a esas políticas tiene la misma fuerza que supo tener en la Argentina. Es difícil imaginar un soft landing, un aterrizaje suave, de esta crisis. Lo previsible y lo más probable es precisamente lo contrario, tal como ocurrió en el país sudamericano.
Claro que a diferencia de la crisis argentina, la griega está destinada a tener un impacto global incomparablemente mayor. Por eso el mundo de los negocios contempla con horror el posible “contagio” de la crisis y sus devastadores efectos entre los países del capitalismo metropolitano. Se estima que la deuda pública griega asciende a 486.000 millones de dólares y que representa un 165 % del PIB de ese país. Pero tal cosa ocurre en una región, la “eurozona” en donde el endeudamiento ya asciende al 120 % del PIB de los países del euro, con casos como Alemania con un 143 %, Francia, 188 % y Gran Bretaña con el 398 %. No debe olvidarse, además, que la deuda pública de Estados Unidos ya asciende al cien por ciento de su PBI. En una palabra: el corazón del capitalismo global está gravemente enfermo. Por contraposición la deuda pública china en relación a su gigantesco PBI es de apenas el 7 %, la de Corea del Sur 25 % y la de Vietnam 34 %. Hay un momento en que la economía, que siempre es política, se transforma en matemática y los números cantan. Y la melodía que entonan dicen que aquellos países están al borde de un abismo y que su situación es insostenible.
La deuda griega -exitosamente disimulada en su gestación y desarrollo gracias a colusión criminal de intereses entre el gobierno conservador griego de Kostas Karamanlis y el banco de inversión favorito de la Casa Blanca, Goldman Sachs- fue financiada por muchos bancos, principalmente en Alemania y, en menor medida, Francia. Ahora son acreedores de papeles de una deuda que la calificadora de riesgo Standard & Poor's (S&P) calificó con la peor nota del mundo: CCC, es decir, tienen acreencias sobre un deudor insolvente y que no tiene condiciones de pagar. En igual o peor posición se encuentra el ultraneoliberal Banco Central Europeo, razón por la cual un default griego tendría consecuencias cataclísmicas para este verdadero ministro de finanzas de la Unión Europea, situado al margen de cualquier control democrático.
Las pérdidas que originaría la bancarrota griega no sólo comprometería a los bancos expuestos sino también a los países en problemas, como España, Irlanda, Italia y Portugal, que tendrían que afrontar el pago de intereses mucho más elevados que los actuales para equilibrar sus deterioradas finanzas. No hace falta mucho esfuerzo para imaginar lo que sucedería si se produjese, como se teme, una cesación unilateral de pagos griega, cuyo primer impacto daría en la línea de flotación de la locomotora europea, Alemania.
Los problemas de la crisis griega (y europea) son de origen estructural. No se deben a errores o a percances inesperados sino que expresan la clase de resultados previsibles y esperables cuando la especulación y el parasitismo rentístico asumen el puesto de comando del proceso de acumulación de capital. Por algo en el fragor de la Gran Depresión de los años treintas John Maynard Keynes recomendaba, en su célebre Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero, practicar la eutanasia del rentista como condición indispensable para garantizar el crecimiento económico y reducir las fluctuaciones cíclicas endémicas en el capitalismo. Su consejo fue desoído y hoy son aquellos sectores los que detentan la hegemonía capitalista, con las consecuencias por todos conocidas. Comentando sobre esta crisis el Istvan Meszaros decía hace pocos días que “una crisis estructural requiere soluciones estructurales”, algo que quienes están administrando la crisis rechazan terminantemente. Pretenden curar a un enfermo en gravísimo estado con aspirinas.
Es el capitalismo el que está en crisis y para salir de ella se torna imprescindible salir del capitalismo, superar cuanto antes un sistema perverso que conduce a la humanidad al holocausto en medio de enormes sufrimientos y una depredación medioambiental sin precedentes. Por eso la mal llamada "crisis griega" no es tal; es, en cambio, el síntoma más agudo de la crisis general del capitalismo, esa que los medios de comunicación de la burguesía y el imperialismo aseguran desde hace tres años que ya está en vías de superación, pese a que las cosas están cada vez peor. El pueblo griego, con su firme resistencia, demuestra estar dispuesto a acabar con un sistema que ya es inviable no en el largo sino en el mediano plazo. Habrá que acompañarlo en su lucha y organizar la solidaridad internacional para tratar de evitar la feroz represión de que es objeto, método predilecto del capital para solucionar los problemas que crea su desorbitada voracidad. Tal vez Grecia, que hace más de dos mil quinientos años inventó la filosofía, la democracia, el teatro, la tragedia y tantas otras cosas, pueda volver sobre sus fueros e inventar la revolución anticapitalista del siglo veintiuno. La humanidad le estaría profundamente agradecida.

Atilio Borón

viernes, junio 24, 2011

Socialismo racional. Marxismo, ciencia y seudociencia


Galileo y Newton no sólo dieron a la física una estructura matemática precisa, coherente y operativa, sino que sentaron las bases de un método científico que sigue siendo la más poderosa herramienta del conocimiento. Con su consigna fundacional ("Hay que medir todo lo que es medible y hacer medible lo que no lo es") y su aforismo leonardiano ("El libro del universo está escrito en el lenguaje de las matemáticas"), se puede decir que Galileo inaugura la ciencia moderna. Y con su ley de la gravitación universal, Newton pone orden en la naturaleza. Desde que Buda y Tales de Mileto, cada uno a su manera, dieron la espalda a los dioses para buscar las respuestas (y las preguntas) en la realidad misma, la mente humana no había dado un salto tan grande y, en apariencia, tan definitivo.
Pero a principios del siglo pasado Einstein formuló la teoría de la relatividad, que afirma que el espacio y el tiempo no son realidades absolutas y separadas, que hay un límite infranqueable para la velocidad, que la materia y la energía no son esencialmente distintas… Y en su momento se dijo que la relatividad suponía el fin de la física newtoniana, el derrumbamiento de su majestuoso edificio conceptual. Pero en realidad lo que hizo Einstein fue (alguien lo expresó con esta feliz metonimia) "tragarse vivo a Newton”. En efecto, la relatividad no invalida la física tradicional: sencillamente, y nunca mejor dicho, la relativiza, la integra en un esquema más amplio. De hecho, en la mayoría de los casos seguimos utilizando la vieja física de siempre, que solo deja de ser válida a nivel subatómico o a velocidades próximas a la de la luz.
Decir que Marx y Engels son los Galileo y Newton de la socioeconomía puede parecer exagerado o gratuito, pero las similitudes no son pocas ni irrelevantes. Y tal vez el aspecto más instructivo de este paralelismo sea el de la falsa periclitación de ambos sistemas. La física newtoniana no ha sido refutada, sino tan solo desposeída de su apariencia de formulación completa y definitiva de las leyes de la naturaleza, y con el marxismo ha ocurrido otro tanto, pese a los cacareos de "nuevos filósofos", posmodernos, relativistas culturales y pensadores débiles.
A pesar de los excesos y defectos del llamado "socialismo real", a pesar de los propios errores de Marx y sus continuadores, el marxismo sigue siendo el gran paradigma socioeconómico, ético y político de nuestro tiempo. Solo que no puede pretender ser la explicación total y última de los fenómenos sociales. No puede autoproclamarse "científico" en el sentido fuerte del término, y menos aún arrogarse la facultad de predecir el futuro. Profetizar la inexorable autodestrucción del capitalismo y el seguro advenimiento del "paraíso comunista", son errores de bulto que el marxismo ha pagado muy caros, residuos de religiosidad vergonzante que podrían hacernos temer que Marx fuera menos lúcido o menos honrado de lo que pretenden sus hagiógrafos. Pero, en cualquier caso, ello no resta ni un ápice de validez al materialismo dialéctico, del mismo modo que la física no se resiente del hecho de que Galileo fuera un tramposo y Newton un neurótico.
Retomando una reflexión ética milenaria cuyos ancestros más ilustres son Buda y Lao Tse, Sócrates y Epicuro (como es bien sabido, Marx centró su tesis doctoral en la comparación de los sistemas atómicos de Demócrito y Epicuro), el marxismo propugna, básicamente, una revolución moral. A la vieja moral cristiano-burguesa adoptada (y adaptada) por el capitalismo, basada en la sumisión, la esperanza en otra vida y la aceptación de la jerarquía social, el marxismo opone una nueva moral basada en la solidaridad, la resistencia, el cuestionamiento de lo establecido, la confianza en las propias fuerzas, la decisión de cambiar la sociedad. Y del mismo modo que Galileo vio en la experimentación sistemática y reflexiva el método por excelencia, la llave maestra de la ciencia, Marx vio en el binomio teoría-praxis la clave de una nueva filosofía cansada de limitarse a explicar el mundo y decidida a transformarlo.
Vivimos en una sociedad basada en la explotación del hombre por el hombre. Analicemos las relaciones de intercambio que la configuran y perpetúan, con objeto de sustituirlas por otras relaciones que pongan fin a la explotación, que realicen y fomenten la solidaridad. Ese es, en última instancia, el proyecto del marxismo. Y no ha perdido ni un ápice de vigencia.
De qué manera o maneras llevar adelante ese proyecto en un mundo en el que el imperialismo (fase superior del capitalismo) parece más fuerte y más dispuesto que nunca a demoler todos los obstáculos que encuentre en su camino: ese es el problema de la izquierda. Y si el viejo marxismo dogmático es un callejón sin salida, una trampa para nostálgicos de lo absoluto, dar la espalda a sus logros y sus propuestas es, sencillamente, un suicidio moral y político. La solución, aunque todavía no la tengamos clara (como no tenemos clara la futura evolución de la física, que aún dista mucho de explicarlo todo), pasa necesariamente por tragarse vivo a Marx.
Hasta aquí mi artículo Tragarse vivo a Marx (Gara, 2004), del que pensaba extraer algunos fragmentos, pero que he acabado reproduciendo entero para ilustrar los excesos de cierto tipo de discurso. Excesos que, por aquello de la paja en el ojo ajeno, solemos detectar con más facilidad en los demás, pero en los que me temo que casi todos los marxistas incurrimos a veces.
En su reciente artículo Muerte y renacimiento de la ciencia de Marx (Kaos en la Red, 13-6-2011), con cuyas consideraciones generales estoy básicamente de acuerdo (aunque no tanto con algunas opiniones políticas concretas), Heinz Dieterich y, sobre todo, algunos de los lectores que comentan su texto se dejan llevar en ocasiones, como yo mismo en mi artículo de 2004, por una peligrosa tendencia cientifista de la que el marxismo adolece desde siempre. Afirmaciones como “La ciencia de Marx y Engels en Occidente está truncada desde la muerte de Lenin, quien desarrolló los últimos grandes paradigmas científicos de la transición postcapitalista”, o “Es comparable la situación de la ciencia de Marx/Engels a una ciencia física que se hubiera quedado en Newton, sin las posteriores evoluciones de Einstein, Planck, Heisenberg, Gell-Mann et al.”, cuyo sentido general suscribo, utilizan un lenguaje fuertemente connotado y establecen paralelismos que podrían resultar equívocos, y a mí, al menos, me han servido como un espejo en el que contemplar mis propios excesos y simplificaciones. Hay metáforas que ocultan más de lo que revelan, y comparar el marxismo con la física (como también hago yo en Tragarse vivo a Marx), si se subrayan las semejanzas sin señalar las diferencias, puede tener un efecto más mistificador que esclarecedor. Yo podría defenderme de mis propias acusaciones alegando que en TVM digo de forma explícita que el marxismo no puede autoproclamarse científico, y Dieterich podría alegar en su defensa argumentos parecidos; pero ambos (y no somos los únicos) utilizamos a menudo expresiones y símiles que, fuera de contexto, pueden reforzar la difundida e ingenua idea de que el marxismo es una ciencia en el sentido fuerte del término.
Para desmarcarse de H. G. Wells, Verne solía decir: “Yo utilizo la ciencia, él inventa”, y lo mismo podrían haber dicho Marx y Engels para desmarcarse de los socialistas utópicos. Pero una cosa es utilizar la ciencia y otra hacer ciencia. Las de Verne solo son “novelas científicas” en un sentido amplio -más literario que literal- de la expresión, y lo mismo cabe decir del iluminador análisis socioeconómico marxista. El autodenominado “socialismo científico” lo es por vocación y metodología, pero no se ha concretado en un modelo operativo y contrastable que permita hablar con propiedad de “paradigma científico”. Y cuando lo pretende, se convierte en una seudociencia (como el psicoanálisis, el otro gran relato totalizador del siglo XX) y brinda a sus detractores argumentos difícilmente rebatibles. Por eso creo que sería más adecuado -o cuando menos más prudente- hablar de “socialismo racional”. Que no es poco.

Carlo Frabetti

jueves, junio 23, 2011

España: Manifestaciones masivas de los "indignados" – Crece el llamamiento a favor de una huelga general


Superando todas las expectativas, cientos de miles de personas salieron una vez más a las calles de las ciudades y pueblos de toda España el 19 de junio, en las manifestaciones más grandes habidas hasta la fecha desde que el movimiento se inició el 15 de mayo. Lo que comenzó como una expresión de ira general contra los políticos y banqueros, y el intento de hacer que la clase trabajadora pagase por la crisis económica, se ha convertido en un movimiento de masas que es cada vez más abiertamente político y orientado a la clase obrera.
MadridLa razón inmediata de las manifestaciones del 19J fue oponerse al Pacto del Euro, pero las marchas se convirtieron en un clamor masivo contra las medidas de austeridad impuestas por el Gobierno de Zapatero y los diferentes gobiernos regionales de la derecha.
En Madrid, los organizadores estimaron la asistencia de 160.000 personas, que se manifestaron en seis columnas diferentes desde distintos barrios de Madrid y de algunas de las ciudades obreras periféricas que rodean la capital española. Así, dos mil marcharon desde las 9 de la mañana 15 km desde la ciudad de Leganés. Pequeños grupos procedentes de los barrios comenzaron a converger entre sí como afluentes del río principal que fluía hacia el Congreso de los Diputados. Decenas de miles más fueron directamente al Congreso donde fueron recibidos por una masiva presencia policial que les impedía acercarse al mismo. El ambiente era de euforia y de alegría, pero al mismo tiempo expresaba la ira que se había ido acumulando durante mucho tiempo y que no podía encontrar ninguna expresión hasta que estalló este movimiento.
Expresando la creciente madurez y la claridad política del movimiento, la marcha terminó con la lectura de una declaración a favor de una huelga general que fue recibida con gritos de "¡Viva la Lucha de la Clase Obrera!".
En Barcelona, los organizadores estimaron la asistencia de 250.000 personas que marcharon detrás de una pancarta con un lema claro: "Las calles son nuestras - no pagaremos por su crisis".
El miércoles 15 de junio, el movimiento en Barcelona había tratado de bloquear el Parlamento catalán para evitar la aprobación de la llamada "Ley Ómnibus", que da plenos poderes al gobierno nacionalista de derecha de Convergencia i Unió (CiU) para poner en práctica recortes masivos de austeridad. Miles de personas se habían reunido desde la noche anterior y formaron barreras humanas en un intento de impedir el ingreso de los miembros del Parlamento catalán. A pesar de la clara naturaleza pacífica de este movimiento, los medios de comunicación y todos los partidos políticos utilizaron el hecho de que un pequeño número actuó de forma violenta para tratar de retratar al conjunto del movimiento como obra de un grupo extremista. El diario catalán de derecha La Vanguardia comparó las acciones de los manifestantes ¡con el intento de golpe militar de febrero de 1981 en España! El Parlamento aprobó una declaración unánime en defensa de la "democracia" y de rechazo a la "violencia" de una "minoría no representativa".
Sin embargo, conforme transcurría el día, se advirtió que en las secuencias de videos aparecían una serie de policías de civil que se habían infiltrado en la protesta y que fueron acusados por los manifestantes de haber iniciado los incidentes violentos que la policía utilizó como excusa para desatar una represión brutal. (Ver Youtube: ¿quiénes son los violentos? Subt castellano de xartigas). Después de haber sido identificados, los infiltrados policiales fueron finalmente escoltados fuera de la manifestación bajo la protección de sus colegas uniformados. Este es un truco habitual usado por la policía en todas partes, pero no suelen ser sorprendido en el acto de una manera tan evidente como ésta.
Este fue el segundo intento del gobierno nacionalista catalán de derechas de CiU de atacar y aplastar el movimiento con métodos represivos. La primera vez fue cuando intentaron desmantelar el campamento de los “Indignados” en la céntrica Plaza de Catalunya ante la celebración de la victoria del FC Barcelona en la Liga de Campeones. Habían calculado que sería fácil sacar a los cientos de personas que quedaban en el campamento después de un par de semanas, pero fracasaron totalmente, ya que miles de personas más salieron en su defensa, rodearon a la policía y la obligaron a salir de forma humillante. La brutal represión policial contra el movimiento pacífico, transmitida en vivo por televisión, tuvo el efecto de galvanizar la opinión pública a favor de los manifestantes.
Las provocaciones de la policía el 15 de junio y la campaña unánime de los políticos y los medios de comunicación contra la supuesta "violencia" del movimiento tenían el claro objetivo de reducir la simpatía del movimiento entre la opinión pública (una encuesta de opinión a principios de junio mostró que un 81% de la población sentía simpatía por el movimiento). Una vez más, fracasaron. La gente pudo ver que la reacción de los medios de comunicación y de todos los partidos políticos de comparar el movimiento con los partidarios del terrorismo, estaba completamente fuera de proporción, incluso la violencia real que había tenido lugar por parte de una minoría (escupir a los políticos, arrojarles pintura, e insultarlos verbalmente).
Después de todo, se trataba de miembros del parlamento que van a votar recortes masivos en la educación, la salud, despidos de trabajadores del sector público, etc. Como comentaron algunos en el movimiento: esta es la verdadera violencia. La posición de los dirigentes del opositor Partido Socialista Catalán fue, si cabe, aún peor que la de la gobernante CiU, al criticar a la policía por haber sido demasiado indulgente con los manifestantes. Los diputados de la izquierda moderada ICV llegaron al extremo de ¡felicitar a la policía por haber hecho posible la celebración de la sesión del Parlamento catalán! Esta fue la sesión parlamentaria que aprobó recortes masivos de austeridad en una votación conjunta de CiU y del derechista Partido Popular ¡No es una sorpresa que para mucha gente del movimiento todos los partidos sean lo mismo! Uno de los lemas más populares del movimiento lo dice claramente: "Que no nos representan". De hecho, los partidos de izquierda deberían haberse unido a la gente fuera del Parlamento y movilizado con todas sus fuerzas, de modo que no habrían participado miles en la protesta, sino cientos de miles de personas. Para mérito suyo, el pequeño Partido Comunista catalán (PSUC) se pronunció a favor de los manifestantes y contra la criminalización del movimiento.
En la manifestación de Barcelona de ayer también salieron columnas de los diferentes barrios y ciudades obreras que rodean la capital catalana, algunos saliendo tan pronto como a las 15 horas, y luego convergiendo en la avenida Vía Layetana, que estuvo llena de gente por lo menos hasta las 20.30. Al igual que en Madrid, hubo consignas a favor de una huelga general y cuando la manifestación pasó por delante de la sede de los sindicatos éstos fueron tratados con una mezcla de consignas y abucheos. Recordemos que después de la huelga general del 29 de septiembre del año pasado, los dos principales sindicatos, CCOO y UGT, terminaron firmando la reforma de las pensiones con el gobierno del Partido Socialista de Zapatero.
Manifestaciones similares tuvieron lugar en todo el país, incluso en Galicia, con 8.000 en Vigo, 10.000 en Santiago de Compostela, 6.000 en La Coruña y 500 en Lugo; en Zaragoza, con más de 20.000; en el País Vasco, con 20.000 en Bilbao; en Andalucía, con 25.000 en Málaga, 20.000 en Granada, 50.000 en Sevilla, 2.000 en Jerez, y otras; 80.000 en Valencia capital y 15.000 en Alicante; 3.500 en León, 10.000 en Las Palmas en las Islas Canarias, 5.000 en Valladolid, 40.000 en Gijón en una manifestación que reunió a personas de toda Asturias; 7.000 en Santander, Cantabria; 8.000 en Logroño, La Rioja; 15.000 en Palma de Mallorca; en Cataluña también hubo miles de personas en Gerona, Lleida, Tarragona, Reus, etc, y una larga lista de otras manifestaciones que aún no han sido informadas.
Está claro que las protestas masivas de Grecia y toda la discusión del rescate griego está en las mentes de millones de personas en España. "Los mercados han reaccionado muy nerviosos", como fue señalado por los medios de comunicación burgueses, a la perspectiva de impago de Grecia, y esto ha tenido un impacto en España, donde incluso se habla de que el gobierno se verá obligado a convocar a elecciones anticipadas en el otoño si se agrava la crisis económica.
En las últimas semanas, las exigencias de los empresarios y del gobierno del Partido Socialista a favor de una contrarreforma de la legislación laboral que tiene como objetivo la destrucción de la negociación colectiva de los trabajadores, ha demostrado ser demasiado, incluso para los dirigentes sindicales de CCOO y UGT . Éstos han abandonado las negociaciones con gobierno y empresarios y ahora convocaron a una jornada de lucha el 22 de junio. Los dirigentes sindicales están masivamente desacreditados a los ojos de sus propios afiliados y de los trabajadores en general. Este movimiento los ha tomado por sorpresa y los está sacudiendo.
Una serie de organismos sindicales (en particular CCOO de la Comunidad de Madrid) se han pronunciado abiertamente a favor del movimiento 15 de Mayo y pidieron a sus miembros que participaran en las manifestaciones de ayer, así como hicieron un llamamiento amistoso al movimiento del 15-M para que participe en las manifestaciones sindicales del 22 de junio.
Una de las características más llamativas de la situación que se ha desarrollado en España es el gran vacío de la izquierda. El programa que están defendiendo todos los partidos de izquierda y los dirigentes de los sindicatos está muy lejos del programa socialista radical que requiere la situación objetiva. Esto explica tanto por qué este movimiento ha surgido en gran medida de una manera espontánea y también las muchas ideas confusas que han prevalecido en él.
Sin embargo, las necesidades de la situación objetiva, determinadas por la profunda crisis del capitalismo español, tienen una forma de afirmarse a sí mismas y empujan a las masas a la izquierda. Los intentos de una pequeña minoría de elementos "apolíticos" intransigentes o anti-política en el movimiento (algunos de ellos de derecha, disfrazados de apolíticos) para limitarlo a un llamamiento inocuo a favor de una reforma electoral y contra la corrupción en la política puede encontrar eco en unos pocos cientos en un campamento o en una asamblea, pero cuando cientos de miles salen a las calles la situación cambia, las demandas se vuelven cada vez más claramente anticapitalistas y se reafirman los métodos de lucha de la clase obrera (en este caso, el llamamiento a una huelga general).
Las acciones del movimiento en la última semana también han cambiado, centrándose más en impedir físicamente los desalojos y embargos, con lo que las demandas sociales y económicas están saliendo a la luz. En el proceso de estas luchas, quedará cada vez más claro que no es esta o aquella reforma lo que se requiere. Las masas, por su propia experiencia de vida, están en el proceso de descubrir que es todo el sistema podrido el que falla. Lo que a los trabajadores y a la juventud en las calles les parecen exigencias razonables, son incompatibles con el sistema capitalista. Esto quiere decir que esta lucha va en una trayectoria que sólo puede llevar, en un determinado momento, a sacar conclusiones muy radicales y revolucionarias. Y lo que estamos viendo en España, a raíz de los acontecimientos ocurridos en Grecia, es el comienzo de una revolución en toda Europa.

Jorge Martin

Educación y política


El movimiento estudiantil ha movilizado a más de cien mil personas y ha paralizado más de cuatrocientos colegios y sedes universitarias en las principales ciudades de Chile. Aunque los medios de comunicación tienden a minimizar estas protestas y junto al gobierno intentan desvirtuar su sentido como meros actos de vandalismo, lo cierto es que estamos ante un hecho político de gran envergadura.
Es evidente que el Ministerio de Educación ha mostrado una profunda ineptitud, precisamente, política para manejar tan delicado asunto. En cualquier democracia sana esto significa la dimisión inmediata del encargado de un ministerio muy sensible para la comunidad nacional. La permanencia del actual ministro de educación, cuya figura se ha tornado tan controversial, solo profundiza la actual crisis, y en consecuencia debe dejar su cargo.
Hasta el momento, las autoridades de gobierno parecen más dispuestas a ignorar el alcance de las protestas estudiantiles, considerándolas un mero hecho policial más que un fenómeno político de primer orden. Por su parte, los partidos opositores, tan desprestigiados como el oficialismo, no poseen la capacidad para encauzar las demandas estudiantiles. Se insiste en soluciones institucionales mediante conciliábulos cupulares de resultado incierto y escasa eficacia política. En suma, se está escribiendo un guión absurdo en que los únicos excluidos son los miles de estudiantes apoyados por académicos y no pocos apoderados.
Si escuchamos con atención el mensaje, los estudiantes chilenos están poniendo en cuestión toda la superstición neoliberal que ha sostenido el negocio de la educación durante décadas en nuestro país. Los estudiantes ponen el dedo en la llaga de un tinglado institucional arcaico que se fraguó durante la dictadura militar. Es evidente que los cambios que se reclaman no pueden ser satisfechos en el marco jurídico actual. Concebir una educación gratuita para todos los chilenos instala en el horizonte una revisión total de todo el actual andamiaje constitucional que ha sido legitimado por todos los gobiernos desde que fuera promulgado por Augusto Pinochet.
Desde este punto de vista, las movilizaciones estudiantiles, entendidas como parte de un sentir ciudadano, bien pudieran ser el primer síntoma de una descomposición mayor del llamado “modelo chileno”; basado en un liberalismo económico a ultranza y en un sistema político cristalizado en la constitución de los ochenta. La trama de intereses económicos y políticos tejidos en torno al ordenamiento que nos rige hace difícil pensar en un cambio de esta magnitud. Sin embargo, como bien saben los estudiosos de la política, un pueblo movilizado, incluso más allá de los partidos y conglomerados institucionalizados, puede modificar las cosas de manera muy rápida. Por estos días, los estudiantes chilenos han transformado esta fría estación del año en un “invierno caliente” que, paradojalmente, viene a descontaminar un poco la atmósfera política del país.

Álvaro Cuadra

Las guerras: ¿Nuestro destino?


"Tomamos las armas para abrir paso
a un mundo en el que ya no sean
necesarios los ejércitos".

Subcomandante Marcos

"Si quieres la paz prepárate para la guerra", decían los romanos del imperio. No se equivocaron. El fenómeno de la guerra es tan viejo como la humanidad, y según van las cosas nada indica que esté por terminarse en lo inmediato. La paz, parece, es aún una buena aspiración... pero debe seguir esperando.
En la actualidad, si bien ha terminado la Guerra Fría -escenario monstruoso que sentó las bases para una posible y real eliminación de la especie humana en su conjunto en cuestión de pocas horas- continúan en curso cantidad de procesos bélicos, suficientes para producir muerte, destrucción y dolor en millones de personas en todo el mundo: Irak, Libia, Afganistán, Chechenia, Congo, Uganda, Nepal, País Vasco, Colombia, Ruanda, Cachemira, Irlanda del Norte, Burundi, Sudan, Angola, Argelia, el conflicto israelí-palestino, Birmania, Liberia, Somalia, Etiopía, India, Macedonia, Sri Lanka, Nigeria, Sierra Leona, Kurdistán, Chiapas, la guerra contra el narcotráfico en todo México y su posible extensión a Centroamérica, por mencionar los más conocidos. Próximamente quizá también ¿Irán, Corea del Norte, Venezuela? La lista pareciera no tener fin.
¿Por qué la guerra? ¿Es posible evitarla? Esta pregunta viene acompañando al ser humano desde sus orígenes, con lo que se ve que el problema es particularmente arduo y no existe una solución definitiva. Alguien dijo mordazmente que su destino está marcado por la violencia, pues lo primero que hizo el primer humano al bajar de los árboles fue, nada más y nada menos, que producir una piedra afilada: ¡un arma! De ahí a los misiles intercontinentales con ojiva nuclear múltiple pareciera seguirse siempre el mismo hilo conductor. ¿Será realmente nuestro destino?
Se podría pensar que esta recurrencia casi perpetua es connatural a nuestra especie, es genética. De hecho, el ser humano es el único espécimen animal que hace la guerra; ningún animal, por sanguinario que sea, tiene un comportamiento similar. Los grandes depredadores matan para comer, continua y vorazmente…, pero no declaran guerras. Como toda conducta humana, también la violencia -y la guerra en tanto su expresión más descarnada- pasan por el filtro de lo social, del proceso simbólico. La guerra no llena ninguna necesidad fisiológica: no se ataca a un enemigo para comérselo. En su dinámica hay otras causas, otras búsquedas en juego. Se vincula con el poder, que es siempre una construcción social; quizá la más humana de todas las construcciones. Ningún animal hace la guerra a partir del poder; nosotros sí.
A partir de esto, se ha dicho entonces que si la guerra es una "creación" humana, si su génesis anida en las "mentes", perfectamente se podría evitar. En esta línea, para pensar en la posible evitabilidad de la guerra y de la violencia cruel y gratuita, puede partirse de las conclusiones a que llegaron varios científicos sociales y Premios Nobel de la Paz congregados en Sevilla (España) en 1989 para analizar con todo el rigor del caso qué había de verdad y de mentira en relación a la violencia. El Manifiesto de Sevilla que redactaron afirma que la paz es posible, dado que la guerra no es una fatalidad biológica. La guerra es una invención social. "Se puede inventar la paz, porque si nuestros antepasados inventaron la guerra, nosotros podemos inventar la paz".
Si esto es cierto, si todos lo tenemos claro, ¿por qué el fenómeno no decae, sino que, por el contrario, aumenta? ¿Por qué sigue en ascenso la inversión en armamentos a nivel global? (más de un billón de dólares anuales), -armas que, indefectiblemente, son usadas en contra de otros humanos, y por tanto continuamente renovadas, mejoradas, ampliadas-. ¿Por qué, pese a que en muchísimos países en estas últimas décadas han aumentado la información, la participación ciudadana en la toma de decisiones, la cultura democrática, se decide con valentía intelectual acerca de temas candentes como la eutanasia, el aborto o los matrimonios homosexuales, por qué pese a todo ese avance civilizatorio las posibilidades reales de desaparición de las guerras se ven como algo tan quimérico? Hay en todo esto una relación paradójica: de liberarse toda la energía de las armas atómicas acumuladas hoy día sobre la faz del planeta, se generaría una explosión tan monumental que su onda expansiva llegaría a la órbita de Plutón. ¡Proeza técnica!, sin dudas. Pero ello no impide que el hambre siga siendo la primera causa de muerte de la humanidad. Pareciera más importante hacer la guerra que la paz.
Aunque vivimos el fin de un período especialmente bélico como fue la llamada "Guerra Fría" (una virtual Tercera Guerra Mundial), la virulencia del actual marco guerrerista es infinitamente mayor a aquél. Es mayor, fundamentalmente, porque el mundo está unipolarmente conducido por una potencia militar hegemónica que, con una supremacía hoy por hoy abrumadora, marca el ritmo e impone la guerra. Resultado de esto es una proliferación de armas como nunca se había visto anteriormente en la historia; y obviamente, su utilización. Es importante mencionar que aproximadamente un cuarto de la economía estadounidense está directa o indirectamente ligado al negocio de la guerra, es decir: al negocio de la muerte.
Si bien es cierto que la humanidad ha pasado el peor momento respecto al holocausto termonuclear a cuyo borde vivió por varias décadas, la paz hoy está infinitamente lejos de avizorarse. Nuevas y más maquiavélicas formas de violencia se van imponiendo. La guerra, la muerte, la tortura pasaron a ser "juego de niños", literalmente. Cualquier menor de edad, en cualquier parte del mundo, se ve sometido a un bombardeo mediático tan fenomenal que lo prepara para aceptar con la mayor naturalidad la cultura de la guerra y de la muerte. Sus juegos, cada vez más, se basan en esos pilares. Los íconos de la post modernidad chorrean sangre, y pasó a ser un juego en cualquier "inocente" pantalla la decapitación de alguien, su desmembramiento, el bombardeo de ciudades completas, el triunfador "bueno" que aniquila "malos" de cualquier calaña. La cultura de la militarización lo invade todo. Parece que la máxima latina sigue más que vigente: la paz se consigue con preparativos bélicos. Dicho sea de paso, la industria armamentista es el renglón más redituable a escala planetaria: unos 35.000 dólares por segundo, más que el petróleo, las comunicaciones o las drogas ilícitas.
Si fuera cierto que las guerras se mantienen porque, en definitiva, son un buen negocio para algunos, esto debería llevarnos a preguntar: ¿es acaso esa la esencia de lo humano? ¿La primera piedra afilada del Homo habilis de dos millones y medio de años atrás, un arma, es nuestro ineluctable destino? La pulsión de autodestrucción que invocaba Freud en su "mitología" conceptual para entender la dinámica humana, el Thanatos, no parece tan descabellada.
Retomando entonces el esperanzado y optimista Manifiesto de Sevilla: ¿es cierto que la guerra puede desaparecer? Si no es un destino ineluctable de nuestra especie, si la clave es preparar y educar a la gente para la paz, ¿por qué cada vez hay más guerras pese a los supuestos esfuerzos por construir un mundo libre de este cáncer?
Es curioso: nunca antes en la historia se habían destinado tantos esfuerzos a educar para la paz, para la no-violencia; nunca antes se había legislado tan profusamente acerca de todos los aspectos vinculados a la muerte y la agresividad. Nunca antes se había intentado poner fin a los tormentos de la guerra, la violación sexual, la tortura como lo que vemos actualmente, con tratados y convenciones por doquier. Pero tampoco nunca antes se habían visto tantas guerras, tan violentas, crueles y brutales. La actual tecnología militar nos hace ver las hachas, las flechas o las bombardas como inocentes juegos de niños, no sólo por el poder letal de las actuales armas de destrucción masiva, sino por la criminalidad de la doctrina bélica en juego: golpear poblaciones civiles, desaparición forzada de personas, concepto de guerra sucia, grupos élites preparados como "máquinas de matar", y como un ingrediente descomunalmente importante: guerra psicológica.
Crecen los esfuerzos por la paz, pero también crecen las guerras. Lo cual lleva a pensar si crecen realmente esos esfuerzos, si están bien direccionados, o si quizá hay que plantear la cuestión en otros términos. Las guerras, en definitiva, se hacen a partir del ejercicio de poderes, y la defensa a muerte de la propiedad es el eje común que los aglutina. Todo indica que vale más la defensa de la propiedad privada que la de una vida humana. La esperanza que queda es que si se cambian las relaciones en torno a la propiedad, podría cambiar también la civilización basada en la guerra. La cita del Subcomandante Marcos del epígrafe va en esa línea.
Para conseguir la paz (lo cual suena bastante grande por cierto, ampuloso incluso): ¿alcanza "educar para la paz"? ¿Se pueden cambiar las crudamente reales relaciones de poder apelando a una transformación moral? ¿Cómo conseguir efectivamente reducir la violencia, reinventar la solidaridad y liberar la generosidad, tal como piden las declaraciones de Naciones Unidas? Obviamente están planteados ahí enormes desafíos: está claro que no hay un destino genético en juego que nos lleva a la guerra como nuestro sino inexorable. Hay grupos humanos actuales, en pleno siglo XXI, aún en la fase neolítica de desarrollo, nómades sin agricultura ni ganadería, recolectores y cazadores primarios, sin concepto de propiedad privada, que no hacen la guerra. ¿Podremos llegar a imitarlos pese a toda la parafernalia técnica que desarrollamos?
Quizá la educación no termina de transformar la realidad. Un persona con mucha educación formal -con todos los post grados universitarios que se quiera- no es necesariamente un agente de cambio; por el contrario, puede ser de lo más conservador, y por tanto defender a muerte el actual orden de cosas justificando la guerra ("A veces la guerra está justificada para conseguir la paz", dijo el educado afrodescendiente Obama, presidente de la principal potencia bélica del mundo cuando recibió el Nobel de la Paz). Una transformación implica básicamente cambios en las relaciones de poder. Y esto último nos lleva -círculo vicioso- a un cambio que se resiste a ser operado si no es desde una acción violenta, como han sido hasta ahora todos los cambios en las relaciones de poder habidos en la historia. "La violencia es la partera de la historia", dedujo Marx, analizando con otros términos la máxima latina. Si hay cambios posibles entonces, ¿más guerra todavía? La Revolución Francesa, paradigma primero de nuestra actual sociedad planetaria democrática y ¿civilizada?, triunfó cortando la cabeza de los monarcas.
Hoy, desde las ciencias sociales de los poderes que marcan el ritmo global (la historia la escriben los que ganan, no olvidar), se habla insistentemente de resolución pacífica de conflictos; acción violenta y lucha armada quedaron en la historia como un pecado del que no hay que hablar, que cayeron junto con el muro de Berlín, y la línea en juego actualmente nos lleva a desarrollar una educación para la convivencia armónica. Lo curioso, lo fatal y tristemente curioso es que pese al Decenio para la Paz que fija la Organización de Naciones Unidas, estamos cada vez más inundados de guerras. Y todavía no empezaron todas las que están en lista de espera de la actual administración de Washington. Claro que… quien juega con fuego se puede terminar quemando.
Con el "pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad" que la situación requiere, como reclamaba Gramsci, creamos firmemente y hagamos lo imposible para que ese supuesto destino ineluctable no se termine concretando.

Marcelo Colussi

La guerra permanente del imperialismo yanqui


La guerra tiene como objetivo imponer la voluntad al enemigo. Para ello, es necesario desarmar al enemigo. ¿Como desarmar al enemigo?; una de las más conocidas es la acción militar pero existen muchas formas y propósitos para desarmar al enemigo.
En los conflictos entre los humanos intervienen dos elementos diferentes: el sentimiento hostil y la intención hostil. La guerra es un acto de violencia donde las emociones están necesariamente involucradas entre ellas, donde no hay límite a la manifestación de esta violencia. Cada adversario impone su ley al otro; esto sucede en lo recíproco y llega a las últimas consecuencias. Es el choque de dos fuerzas vivas, no existe la no resistencia absoluta.
La guerra no se lleva a cabo a un ente abstracto aun cuando se refiera a la incapacidad de respuesta o resistencia, o sea voluntad, por ello no consiste en un golpe sin duración; de ahí que el resultado de la guerra nunca es absoluta. Entonces aparece el objetivo político.
¿Cual es el objetivo político de mantener a la América Latina sometida? El objetivo político de mantener a la América Latina sometida, son sus recursos naturales. Para los norteamericanos, en el siglo XIX la América Latina, era el límite de su expansión, como lo hemos visto a través del proceso: la ocupación de la Florida, Texas y la California. Luego a ultramar como Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Nicaragua, etc.
Al inicio del siglo XX el objetivo de su expansión fue Panamá, Nicaragua y porque no, todo Centro América. Sin lugar a dudas en la formación, elaboración, sistematización y aplicación del imperialismo hacia América Latina, como su patio trasero de recursos naturales. Inicialmente con un potencial de recursos propios, hasta la Segunda Guerra Mundial, que solamente importaba el 20% para su existencia. De ahí en adelante su existencia ha ido con mayor necesidad de dependencias de recursos naturales; a los inicios del siglo XXI, su dependencia es casi del 80%, en recursos para su propia existencia.
Bajo este concepto de guerra contra América Latina en especial, que en ningún momento la acción de la guerra duerme o se suspende, no sólo está la acción militar, lo más reciente las siete bases militares Norteamérica en Colombia. La intensidad es del estado de vigilancia a la agresión? Por ello nos corresponde rechazar el estado de indeferencia de las masas, al cual distraen con numerosas cortinas de humo y de múltiples formas que hacen que algunos esperen desde su balcón que pase el féretro de nuestro enemigo principal, nos referimos al imperialismo yanqui. El equilibrio no existe en la guerra.
En el ataque y defensa, debemos estar en conocimiento a quién se tiene como dominador, por ello la guerra es un instrumento político, una realización de numerosos medios La diversidad de los medios utilizados por la naturaleza de la guerra, debemos cargar las emociones, pasiones de los futuros combatientes, lo cual no se puede solo cargar a una sola emoción agitativa. Para la ofensiva y defensiva, tenemos conocimiento que el neoliberalismo está en crisis, el imperio con una deuda que bordea el trillón de dólares, el desempleo galopante, con su política fascista de perseguir a los migrantes latinos en especial, su lenguaje sigue siendo la guerra militar, el terror, en un intento desesperado de perpetuar su dominación del capital sobre la humanidad. Por ello, la solidaridad internacionalista, sigue siendo vital camino de los pueblos para vencer al imperialismo y la guerra. En las actuales circunstancias de esperanza nos queda reorganizarnos.
No podemos dejar de estar en la lucha, contra el sometimiento imperial del capitalismo, estamos por la soberanía nacional, sabemos que hay una obstinada resistencia del imperialismo, estamos contra el sometimiento económico, político y de toda índole. Por ello denunciamos la “ayuda dirigida a una capa de intelectuales que piensan a lo norteamericano”, ejemplo los egresados de ESAN, IPAE, centros docentes para el moldeamiento ideológico antinacional y de sometimiento. La utilización de la ayuda en la formación de cuadros para la maquinación de políticos y diplomáticos en países beneficiarios. Así como también rechazamos la utilización de la labor de zapa, en los estados nacionales en la lucha por la liberación nacional.
La idea de la iniciativa privada capitalista y del sistema político y económico. Para ello las becas por lo general son sobornos a algunos funcionarios del aparato estatal, en este grupo operaron los Cuerpos de Paz, que siempre estuvieron a órdenes del Departamento de Estado, dejando sus ahijados para el futuro, más directamente enganchados con la CIA.
La Universidad de Stanford, concede becas sólo a estudiantes que tienen experiencia de trabajo social entre los alumnos. Además las becas se extienden solamente a los estudiantes de sociología, economía, arte, literatura, pedagogía. Asisten a cursos relacionados a la ideología y la política del capitalismo, “la ayuda norteamericana a los países en desarrollo, la política exterior norteamericana y los métodos de propaganda.” Al regreso, son utilizados en organismos de propaganda norteamericana, en centros docentes como ESAN, IPAE. A otros lo introducen en los organismos de gobierno o crean partidos políticos en beneficio del imperio norteamericano.
Los norteamericanos se empeñan de introducir a sus agentes nativos en el ámbito universitario, no solo controlando la docencia en las universidades nacionales, formando núcleos de ONGs. En caso contrario aperturando universidades particulares, que posteriormente desembarcaran en las nacionales.
Las universidades particulares con muchos de sus docentes, apuntalaron la candidatura de un personaje, que tiene la nacionalidad norteamericana, para obtener dicha nacionalidad, debe renunciarse a la latinoamericana, que por poco no fue la que tuvo que dirimir en la segunda vuelta del proceso electoral peruano ¿ Que papel hubiera tenido la embajada norteamericana? La respuesta es clara y concisa. También al alumnado lo seducen a través de sobornos, dirigentes sin programas ni objetivos para que no haya discusión, diálogo, sólo personas con influencia económica. También lo hacen a través de los organismos de inteligencia nacionales, que por lo general controlan. Si aperturán diálogo o programas se les acusa de terrorismo. Para ello se les soborna con pago, becas, trabajo, para estar informando a organismos de represión. En estos de las ONGs, también están la europeas, que tienen algunas hasta el 2% de su presupuesto nacional, “para la ayuda de los países del tercer mundo”. No son ajenos a los resultados electorales en el exterior.
Los sindicatos norteamericanos controlados por el aparato gubernamental del Estado en especial de la CIA norteamericana, no duermen, captan a las voluntades enfermas del movimiento de los trabajadores, en diferentes países, tienen sus lugares de adoctrinamiento, gozan de beneficios de altos sobornos, ahora con viajes descarados a la metrópoli imperial. Es para confundir a la masa laboral tanto en su táctica y estrategia. Demostrando que el imperialismo no existe o que la ayuda existe, que la lucha de clases ya terminó o es un mero cuento. Nos referimos a la Confederación Internacional del Sindicalismo Libre CIOSL, que hoy lucen algunos sindicatos nacionales, engañados con una falsa orientación promovidos por los eternos dirigentes que no tienen representación de base, corruptos, entreguistas de la soberanía nacional y de la independencia de la clase trabajadora, las cúpulas de lo que hoy son puro cascarón, llámese CTP, CGTP.
Utiliza ampliamente a la iglesia católica, religiosos corruptos, también están en sus planes de expansionismo. Aquí en el Perú actúan con los Oblatos, San Columbanos, curas norteamericanos, canadienses, australianos, irlandeses, españoles Las escuelas de Fe y Alegría. Están a cargo de cientos de parroquias. Todos reciben salarios del Estado, le llaman “Asignación Personal”, 52 obispos reciben sueldos de ministro de Estado y el Cardenal Sueldo de Primer Ministro de Estado
No podemos dejar de omitir a los mormones, los adventistas, los Testigos de Jehová, a propósito leer Despertar del mes de Abril de 2011 .“Deje de ser violento”- donde justifican y ensalzan a un asesino de CIA norteamericana, con cargo de alto rango en la iglesia, revista con una tirada media de 40 millones, etc. Siempre con la intención de mantener la dirigencia norteamericana en el mundo.
Los medios de comunicación de masas, los periódicos, revistas, en especial las que viven de la publicidad de las transnacionales. Pero la más dañina y corrupta es la TV, porque nos trasmite en el interior de nuestras casas, todo momento la violencia, la falsa vida del norteamericano, solo nos transmite de la elite, pero de la vida del trabajador y sus peripecias jamás. Ahí tenemos el ejemplo de los delincuentes, cómo se venden al poder de turno y cómo se disputan un inmundo canal.
Por supuesto, no pueden dejar de lado sus guardianes con poder fuego, los garantes del sistema, los que dicen ser la fuerza tutelar, nos referimos a las FFAA y FFPP. Recordemos los golpes militares del 1954, en Guatemala contra el Coronel Jacobo Arbenz, que quiso poner orden a la Fruit Company, y pretendió hacer la Reforma Agraria. En Brasil en 1964, contra Goulart. En Bolivia en 1971, contra el General Juan José Torres. En Chile en 1973, contra Salvador Allende. En Perú, en 1975 contra Juan Velazco Alvarado. En Argentina a cada rato pero la más sangrienta la de Videla. Hay infinidad de ejemplos, pero en todos gozan de impunidad a pesar del genocidio cometido, torturas, asesinatos a la ciudadanía. Cuando son detectados se “exilian”, cuando no pueden escapar, se internan en una clínica privada, si son sentenciados tienen cárcel dorada, nunca degradados.
En el caso del expresidente Alberto Fujimori, no es militar ni policía, pero de nacionalidad por determinar, tiene sentencia de 25 años, por crímenes de lesa humanidad y otros, goza de cárcel dorada de más de una hectárea conocida como DIROES, de ahí ha dirigido la campaña electoral de su hija Keiko, que ha perdido. Se cuecen mil conjeturas para su posible indulto presidencial de parte del actual presidente en ejercicio: Alan García.
La historia latinoamericana puede repetirse cuando el imperialismo norteamericano lo decida. Para ello tienen sus agentes dentro el organismo militar policial y todo el aparato estatal. Nosotros anhelamos y exigimos respeto al pueblo y a nuestra soberanía. Para ello debemos reorganizarnos a la brevedad.

Humberto Ramírez Arroyo

miércoles, junio 22, 2011

Está en marcha una contrarrevolución silenciosa en Europa


Grecia va por el tercer plan en el lapso de un año y vio como su deuda y su déficit han ido creciendo al ritmo del empobrecimiento de la población. El mismo destino le espera a Irlanda, Portugal y España.
Se encuentra a la espera de ser aprobado en el Parlamento Europeo un paquete de seis propuestas legislativas para una nueva política económica de la Unión Europea. Mientras tanto, los gobiernos europeos suscribieron en marzo un "pacto del euro."
¿De qué se trata? La nueva gobernanza europea intenta colocar bajo mayor vigilancia los presupuestos nacionales para reforzar las sanciones contra los estados con déficit excesivo y limitar el crecimiento de los gastos públicos. Una medida -que ya ha sido tomada- completa el dispositivo: el "semestre europeo", que se pretende presentar al Consejo y a la Comisión de presupuestos de los estados antes inclusive de haber sido discutidos por los parlamentos nacionales. El pacto para el euro, siguiendo la propuesta Merkel-Sarkozy de establecer un pacto de competitividad, tiene por objetivo, claramente, aumentar la flexibilidad del trabajo, para evitar aumentos de salarios y reducir los gastos de protección social.
Estas medidas son tomadas en nombre de un argumento de aparente sentido común. Los Estados no pueden pedir ayuda a la Unión si no hay reglas. Pero, en ausencia de un debate democrático sobre las políticas económicas a adoptar, las actuales medidas acaban por debilitar los parlamentos nacionales en beneficio de los Ministerios de Finanzas y de la tecno-estructura europea.
¿Y de que ayuda se trata? Los montos prestados por la Unión son obtenidos en los mercados a intereses relativamente bajos y prestados a los Estados que están en dificultades a tasas de intereses cho más elevadas. Es el pueblo que paga el precio más alto con la implementación de planes de austeridad drástica, arruinando cualquier hipótesis de recuperación económica. Prueba de ello es el ejemplo patético de Grecia, ahora en su tercer plan en el espacio de un año, que vio como su deuda y su déficit han ido creciendo al ritmo del empobrecimiento de la población.
Mientras tanto, los bancos pueden continuar refinanciándose junto al Banco Central Europeo (BCE) con tasas ridículas, y a prestar a los estados con intereses mucho más altos. Así, en febrero, las tasas a dos años para Grecia pasaron del 25%. No son las personas que reciben ayuda, son los bancos y los bancos europeos, en particular!
El mismo destino aguarda ahora a Irlanda, Portugal y España. Pero todos los países europeos reciben el mismo tratamiento. Los gobiernos, el BCE, la Comisión y el Fondo Monetario Internacional (FMI) usan la purga social como los médicos de Molière usaban la sangría. En una Europa de economías totalmente integradas, donde los clientes de unos son los proveedores de los otros, tales medidas llevan a una lógica recesiva y, por lo tanto, a una reducción de las ingresos fiscales que van a alimentar todavía más el déficit. Socialmente desastrosas, son económicamente absurdas.
Pero, nos dicen que no había otra opción. Es preciso "asegurar los mercados.” Reconocemos aquí el argumento final, el famoso "Tina", que fue, en su tiempo, utilizado por Margaret Thatcher: "There is no alternative." En verdad no hay alternativa, si continuamos sometiéndonos a los mercados financieros. Este es el punto cardinal y el punto de partida de cualquier política. Para la votación del Parlamento Europeo marcada para junio, esperamos que los partidos de la izquierda europea se nieguen claramente a votar propuestas con consecuencias dramáticas para la población.
Es posible – y hoy indispensable – una verdadera ruptura: esta va a consistir no en "tranquilizar a los mercados", sino en organizar su desmantelamiento sistemático, comenzando por retirarles el primer instrumento de chantaje: la posibilidad de especular con las deudas públicas. Antes de la crisis, el origen de la deuda estaba en la caída del ingreso monetario debida a los beneficios fiscales otorgados a las familias más ricas y a las empresas. En el momento de la crisis financiera, los Estados fueron forzados a inyectar cantidades masivas de liquidez en la economía para evitar que el sistema bancario entrase en colapso y que la recesión se transformase en depresión. La explosión de los déficits tiene, por lo tanto, sus raíces en el comportamiento de los operadores financieros que son la causa de la crisis.
Las deudas públicas son, en gran parte, ilegítimas y, por lo tanto, una auditoria pública de la deuda permitirá decidir lo que será reembolsado o excluido. El BCE deberá poder, bajo supervisión democrática europea, financiar los déficits públicos coyunturales.
Una reforma fiscal amplia, tanto a nivel nacional como europeo, permitirá encontrar espacio de maniobra a la acción pública. Tales medidas requieren, por lo tanto, voluntad política para romper con el dominio de los mercados financieros sobre la vida económica y social. Esta voluntad política, de momento, no existe. Será preciso imponerla. El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, habló de una "revolución silenciosa" a propósito de las medidas tomadas por la Unión Europea. Preferimos hablar de contra-revolución, pero, mientras que Durão Barroso se alegra, nosotros solo podemos lamentar el casi silencio, especialmente de Francia, sobre estas cuestiones que son, no obstante, capitales. Como gritan los manifestantes de la Puerta del Sol: "No es una crisis, es un atraco". Estas políticas ponen a la Unión Europea contra la pared: es el momento de inventar otra cosa.

(*) Thomas Coutrot, co-presidente de Attac França; Pierre Khalfa co-presidente de fundación Copérnico; Verveine Angeli, sindicalista; Daniel Rallet, sindicalista. Publicado en el diario francés Libération, el 7 de Junio de 2011.
N. de T.: Gobernanza. Según la DRAE, el uso más reciente de este término es “ f. Arte o manera de gobernar que se propone como objetivo el logro de un desarrollo económico, social e institucional duradero, promoviendo un sano equilibrio entre el Estado, la sociedad civil y el mercado de la economía” La palabra gobernancia, que es utilizada a veces como sinónimo en castellano, muy posiblemente como consecuencia de intentar traducir directamente del inglés, no aparece en el DRAE.

Diana Cordero

martes, junio 21, 2011

Che Guevara en la ONU.

¿Comienza una revolución anticapitalista?


En un pasaje memorable del Manifiesto Comunista Marx y Engels sostienen que con su ascenso la burguesía desgarró sin piedad el velo ideológico que impedía que hombres y mujeres percibieran la verdadera naturaleza de sus relaciones sociales “para no dejar subsistir otro vínculo que el frío interés, el ‘pago al contado’”. El capitalismo, decían, “ha ahogado el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta … En una palabra, en lugar de la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas ha establecido una explotación abierta, descarada, directa y brutal.” Y culminan esa sentencia diciendo que en ese mundo construido por la burguesía “todo lo sólido se disuelve en el aire; todo lo sagrado es profanado y los hombres, al fin, se ven forzados a enfrentarse, sobriamente, con sus condiciones reales de existencia y sus relaciones recíprocas.”
Varias consideraciones son pertinentes con respecto a estas palabras. En primer lugar para expresar la admiración que todavía hoy despierta esa extraordinaria capacidad de los fundadores del materialismo histórico para retratar, en unos pocos trazos, las profundas consecuencias que el ascenso de la burguesía tuvo sobre los hombres y mujeres de aquel tiempo. Segundo, para decir que el propio Marx revisaría aquella tesis cuando en el primer capítulo de su obra cumbre, El Capital, sentara los lineamientos generales de su teoría del fetichismo de la mercancía. Revisión que no significaba una corrección en lo tocante al tránsito histórico del feudalismo al capitalismo pero sí acerca del carácter abierto y transparente de la explotación en el seno de la sociedad capitalista. En la nueva formulación de Marx la explotación se invisibiliza, queda oculta bajo los pliegues del mercado y disimulada por la falsa equidad de la compraventa de la fuerza de trabajo. En esa ficción el obrero desprovisto de una conciencia socialista que lo inicie en los secretos de la plusvalía puede inclusive llegar engañosamente a congratularse por la “buena” remuneración recibida de su patrono.
Tercero, y principalmente a esto queremos referirnos, para decir que si de la vida política se trata las palabras aquellas del Manifiesto tienen una fuerza profética incomparable. La nueva crisis general del capitalismo ha sumergido las ilusiones fomentadas por los mentores y beneficiarios de la democracia liberal “en las aguas heladas del cálculo egoísta.” Como decía una de las pancartas enarboladas en la Plaza del Sol de Madrid “esto no es una crisis, es una estafa”. Y de la mano de ese doloroso descubrimiento iba otro: la estafa no sólo se ejecutaba en gran escala en el terreno económico. No menor era el fraude montado en el ámbito político al haber inducido al grueso de la población a creer que la sórdida e inescrupulosa plutocracia bajo cuya férula se desenvolvían sus vidas era una democracia. Por eso las quejas y reclamos exigiendo una “democracia real ya”, una “democracia verdadera” que reemplace a la pseudo-democracia cuyo interés excluyente es la preservación de la riqueza de los ricos y el poderío de los poderosos.
La crisis tuvo el efecto de concierciar a los pueblos del mundo desarrollado de que tanto ellos como nosotros en el Sur global somos víctimas de un sistema que, habiéndose despojado de los ropajes que ayer disimulaban su verdadera naturaleza, somete a unos y otros a “una explotación abierta, descarada, directa y brutal.” Y que lo que llaman democracia es en realidad la dictadura de la oligarquía financiera, que como lo recordaba el Che en la Conferencia de Punta del Este, es incompatible con la democracia.
Es en este cuadro cuando “todo lo sólido se disuelve en el aire” y el grito desesperado de la mujer retratada días atrás en el magnífico relato de Pedregal Casanova revela el dramatismo de la crisis: “una mujer joven (en el vagón de un tren de cercanías de Madrid) que un momento antes habría pasado desapercibida, puesta en pie, dejó escuchar entre lloros sus palabras: - ¡Les ruego... les ruego... que me ayuden! Soy... maestra... nunca imaginé que me podía ver en la calle. Me quedé sin trabajo... Me echaron del trabajo -declaró quedamente- me despidieron -levantó un poco el tono- cerraron varias aulas, y aquí, estoy aquí -sollozaba apretándose las manos una con otra- estoy sola con mis dos niños… Antes que dormir con mis dos hijos otra vez en un cajero he decidido pedir ayuda.” 1 Esta heroína (y víctima) anónima, surmergida violentamente en las aguas heladas de la “racionalidad costo-beneficio del capitalismo” representa con su grito a los centenares de millones que con sus padecimientos hacen posible la opulencia de los plutócratas que dominan bajo su disfraz “democrático.”
Días atrás el Financial Times de Londres hizo público un informe sobre las remuneraciones que, en este contexto de crisis, percibían los máximos ejecutivos de las más grandes empresas. La nota decía que “en lo que respecta a los banqueros la era de la contención (salarial) ha terminado.” En 2010, mientras el mundo continuaba su caída libre hacia el desempleo de masas, las ejecuciones hipotecarias y el empobrecimiento generalizado de la población, la “retribución media de los máximos responsables de los 15 mayores bancos europeos y estadounidenses aumentó un 36%, hasta (alcanzar una media anual de) 9,7 millones de dólares.” El pelotón de los bribones lo encabeza el presidente del JP Morgan Chase, Jamie Dimon, que mientras millones de estadounidenses se quedan sin empleo, ven ejecutadas sus casas y recortados (cuando no expropiados) sus haberes jubilatorios se embolsó 20,7 millones de dólares, casi dos millones de dólares al mes; le sigue un tal John Stumpf, presidente de Wells Fargo, con 17,5 millones de dólares Otro de los integrantes de esa banda, Lloyd Blankfein, presidente de Goldman Sachs, hombre pío si los hay, dijo una vez que los banqueros hacían ‘el trabajo de dios’. Por su celo sagrado percibió 14,1 millones de dólares. En el estado español, conmovido hasta sus cimientos por la oleada de manifestaciones de los “indignados”, el presidente del BBVA, Francisco González, se conforma con ganar unos 8.000.000 de dólares al año mientras que su colega del Banco Santander, el más importante de España, fue más ambicioso y calmó su ansiedad al ver recompensados sus esfuerzos en pro de sus ahorradores con trece millones de dólares.2 Ni hablemos, por supuesto, de las ganancias embolsadas por su jefe, el dueño del Banco Santander, don Emilio Botín-Sanz de Sautuola y García de los Ríos, Marqués consorte de O'Shea, según rezan las historias de vida más conocidas, quien, previsor el hombre, tuvo la precaución de depositar los ahorros de toda una vida de trabajo y sacrificios en esos tenebrosos santuarios del delito que son los bancos suizos. Podríamos seguir enumerando contrastes de este tipo a lo largo de muchas páginas, pero sería ocioso. Con mayor o menor detalle todos saben de los tremendos contrastes que presenta el capitalismo en su crisis actual, cuando la opulencia y el acelerado enriquecimiento de los ricos conviven con el empobrecimiento de las grandes mayorías sociales.
Ante esta situación cabe preguntarse por el destino de estas orgullosas y arrogantes pseudo-democracias, violentamente desmitificadas y "desfetichizadas" al calor de la crisis. También sobre los Estados que desnudaron su verdadera esencia, convertidos, al decir del viejo Hegel, en “sociedades civiles disfrazadas de Estado”, es decir, en aparatos institucionales que en lugar de ser las esferas de la justicia y la ética universales descendieron al infierno del egoísmo universal y de la primacía de los intereses privados por encima del beneficio público. La deslegitimación de las pseudo-democracias del capitalismo avanzado es una muy buena noticia, porque se pone fin a una mentira que ni siquiera era piadosa sino infame, puesta al servicio del fortalecimiento de las oligarquías y de la opresión de los pueblos.
Dados estos antecedentes no está de más preguntarse sobre lo que realmente está ocurriendo en Europa, en el norte de África y en Medio Oriente: ¿son revueltas populares, llamadas a extinguirse con el paso de los días, o son algo más, revoluciones? Nunca es fácil decir cuándo comienza una revolución. Lenin dijo una vez que eso ocurre cuando los de abajo no quieren y los de arriba no pueden seguir viviendo como antes. Lo que sí sabemos es que las revoluciones son procesos y no actos; procesos que tienen un comienzo que, en principio, no parece afectar a los fundamentos del orden social. Protestas aisladas, revueltas contra el precio de los alimentos, contra los “excesos de malos gobernantes”, contra la desocupación o el súbito empeoramiento de las condiciones de vida, cuestiones todas que no cuestionan los cimientos de la sociedad. Se cuenta que María Antonieta, esposa de Luis XVI de Francia, anotó en su diario la noche del 14 de Julio de 1789: “nada de importancia, salvo un disturbio en una panadería frente a la Bastilla”. Y en la Rusia zarista, el sacerdote ortodoxo Georgi Gapón, que había organizado una asociación para evangelizar a los obreros, encabezó una manifestación pacífica, crucifijo en ristre, en San Petersburgo para entregar un petitorio al zar. La respuesta fue la feroz matanza que desencadenaría la revolución de 1905, preludio necesario de la de Octubre de 1917. Tal como lo hemos examinado con detalle en otra parte, la dialéctica de la historia: la lucha de clases y el enfrentamiento con el imperialismo, suele convertir protestas y demandas en principio asimilables por el sistema en fragorosos procesos revolucionarios.3
¿Será esto lo que está gestándose en estos días? Difícil decirlo, pero hay signos inequívocos de que los poderosos dispositivos desmovilizadores y conformistas del fetichismo de la mercancía y de la pseudo-democracia han dejado de funcionar. El capitalismo y la democracia liberal son una gigantesca estafa, y esa convicción se ha hecho dolorosamente carne en los pueblos de España, Grecia, Islandia, y comienza a diseminarse por otras regiones del mundo desarrollado, además del Norte de África y Medio Oriente. Esa certidumbre ya la teníamos en América Latina, pero ahora cobra nuevos bríos porque ya no se puede decir que las protestas de esta parte del mundo -la primera en rebelarse contra la tiranía del capital en su fase actual- eran producto de nuestro atraso o de la desmesurada codicia de nuestras clases dominantes; ahora es casi todo el mundo capitalista el que está en rebeldía porque allí también se está aplicando la venenosa medicina del FMI, el BM y el Banco Central Europeo. Es demasiado pronto para saber si estas protestas tendrán la virtud de desencadenar la revolución anticapitalista que la humanidad necesita imperiosamente para sobrevivir. Pero por lo menos sabemos que de ahora en más la historia será distinta: que los condenados de la tierra no quieren seguir viviendo como antes y que los ricos comienzan a percibir que no podrán seguir dominando como antes. Son condiciones necesarias -si bien no suficientes- para una revolución, lo cual no es poca cosa. Más temprano que tarde la historia dará a conocer su veredicto.

Notas

1 Cf. Ramón Pedregal Casanova, “El Capitalismo real”, en Rebelión, 19 de Junio de 2006. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=130733
2 http://www.publico.es/dinero/382231/los-mayores-banqueros-del-mundo-se-suben-el-sueldo-un-36
3 “Rosa Luxemburgo y la crítica al reformismo socialdemócrata”, estudio introductorio a la nueva edición de ¿Reforma Social o Revolución?, de Rosa Luxemburgo (Buenos Aires: Ediciones Luxemburg, 2010)

Atilio A. Boron

Canción de los Partisanos.

lunes, junio 20, 2011

Las trabajadoras y trabajadores toman Madrid desde sus barrios y pueblos


Hacía muchos años que no se veía algo parecido en Madrid. Trabajadores de todas las edades y profesiones salían a las calles de sus barrios y pueblos para ir, todos juntos, hacia el Congreso de los Diputados, lugar donde se toman las decisiones que posteriormente afectan a todos, y donde adquieren fuerza de ley los recortes en materia laboral y social que están sufriendo las clases populares.
Desde primeras horas de la mañana comenzaron a moverse las 7 columnas principales, desde Plaza de Castilla (norte), Parque de Sta. María (Hortaleza y Corredor del Henares), Moratalaz, Villa de Vallecas (este), Getafe y Villaverde (sur-este), Leganés y Carabanchel (sur-oeste) y templo de Debod (oeste). A estas columnas se les fueron uniendo otras muchas iniciadas en multitud de barrios también periféricos.
Muchas vecinas y vecinos de estos barrios, por cuyas calles no es habitual ver el paso de manifestantes, contemplaban con cierto asombro la marea humana que les animaba a unirse. Y la emoción era más que evidente en los momentos que confluían las diversas marchas de miles y miles de personas.
El carácter trabajador que han tenido las marchas se ha expresado tanto en la composición principal de los manifestantes, salidos de sus pueblos y barrios periféricos, como por los lemas coreados mayoritariamente, entre los que destacan: “Lo llaman democracia y no lo es”; “que no nos representan”; “Viva la lucha de la clase obrera”; “el pueblo unido jamás será vencido”; “esta crisis no la pagamos”; “no hay pan para tanto chorizo”; “hace falta ya una huelga general”.
La convocatoria de las marchas y su organización correspondió a unas asambleas de trabajadores que se fueron constituyendo por barrios y pueblos al calor de esta crisis, como reacción a las agresiones a los derechos laborales y sociales, y frente a las prácticas de unos sindicatos, hoy mayoritarios, que han abandonado la lucha como método de conquistar derechos, para firmar pactos que los recortan.
Dichas asambleas, con un funcionamiento horizontal, comenzaron a coordinarse tras la huelga general del 29 de septiembre, y allá por el mes de febrero comenzaron a estudiar la posibilidad de realizar estas marchas.
En aquellos primeros meses de año, las perspectivas de participación no eran las de ahora, y a pesar de todo en el mes de marzo se decide la realización de las mismas en la fecha del 19 de junio, convencidos que lo único que se podía perder era la dignidad en caso de no intentarlo. El 27 de mayo se presentaron las comunicaciones ante la Delegación del Gobierno y el 10 de junio quedaba por escrito la toma en consideración por parte de este organismo. El lema general elegido fue “Contra la crisis y el capital”, y como lemas complementarios los siguientes:

NO A LOS RECORTES LABORALES, DE PENSIONES NI SOCIALES

CONTRA EL PARO, LUCHA OBRERA

ABAJO LOS PRECIOS, ARRIBA LOS SALARIOS

SUBIDA DE IMPUESTOS A LOS QUE MÁS GANAN

EN DEFENSA DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS, NO A LA PRIVATIZACIÓN DE SANIDAD, EDUCACIÓN, CAJAS DE AHORRO Y OTROS

SIN IMPORTAR EL LUGAR DE ORIGEN, VIVA LA UNIDAD DE LA CLASE OBRERA

Merece la pena resaltar que la elaboración del comunicado leído al finalizar las marchas fue elaborado de forma sencilla y unitaria por parte de las asambleas, cuya composición ideológica es muy variada, mostrando que la unidad frente a las agresiones es posible además de necesaria (puede consultarse en http://marchasanticrisis.wordpress.com/ )
Las asambleas populares de barrios y pueblos surgidas al calor de las movilizaciones del 15M, fueron conociendo la convocatoria de las marchas y sus contenidos, y, de una manera casi unánime, decidieron apoyarlas en cada zona, y sin duda alguna este apoyo ha contribuido a que el éxito de las marchas fuese mayor.
Por otro lado, las diferentes expresiones organizativas del llamado movimiento 15M decidieron convocar manifestaciones el mismo 19 de junio en otras ciudades del Estado, para protestar contra el pacto del euro y dar continuidad a las movilizaciones una vez levantadas las acampadas.
Tanto antes como después de la celebración de las marchas, los grandes medios de comunicación han tratado de ocultar el origen y contenidos de una movilización que parece no gustar a los poderes económicos que sustentan dichos medios. Y algunas organizaciones y portavoces del 15M parecen haberse sentido cómodos con esta imagen, pues no se conocen declaraciones que hayan tratado de aclarar esta situación, y en cambio se han oído otras que se arrogaban la autoría sin más de unas movilización cuya responsabilidad correspondía a otras asambleas.
Pero la realidad es tozuda, y las decenas o centenares de miles de personas que han estado llenando las calles de un Madrid “tomado” por los trabajadores, han vuelto a casa con el convencimiento de que la lucha es el único camino, y que los trabajadores no podemos contemplar pasivos los recortes que se realizan con el único objetivo de que los que más tienen, más ganen todavía. Las multitudinarias columnas desde todos los puntos cardinales de Madrid, han mostrado que es posible resistir y avanzar, porque la fuerza de los trabajadores es inmensa.
Los poderes económicos pueden tratar de falsear la realidad, o incluso esconder la cabeza bajo tierra; pero ese es su problema. Y también lo tienen complicado los sindicatos mayoritarios, cuya práctica de pactos a la baja está siendo cada vez más cuestionada, hasta el extremo de que ya sólo se limitan a la movilización de sus delegados sindicales, alejados cada vez más de su base social trabajadora. Y esto es lo que se está viendo, lo que se verá en los próximos días (el miércoles 22 sin ir más lejos) porque ya va quedando atrás ese viejo axioma que atenazaba las movilizaciones en Madrid, que con ellos no era posible (porque no querían convocar luchas), pero sin ellos tampoco (por la baja capacidad de convocatoria del sindicalismo alternativo.
Estamos viviendo una situación de cambio de ciclo histórico, que está modificando no sólo el tablero de la lucha social, sino también las fichas y su capacidad de movimiento. No desaprovechemos la oportunidad que estamos construyendo desde diferentes trincheras.

Pedro Casas, integrante de la Asamblea de Trabajadores y Trabajadoras de Carabanchel.

Salvador Allende y Hugo Chávez: semejanzas y diferencias en el camino nacional al Socialismo

He conocido y asesorado a tres presidentes de izquierda, entre ellos el presidente Papandreou (Grecia, 1981-1985), el presidente Salvador Allende de Chile (1970-1973) y el presidente Hugo Chávez.
Tanto Allende como Chávez comparten muchos objetivos estratégicos, y entre sus políticas están aquellas que favorecen a la clase trabajadora, al campesinado y a los pobres de las ciudades: en Chile se acentuó en las villamiserias; en Caracas, en los cerros. También ejecutan programas de recuperación del control nacional sobre sectores estratégicos de la economía, así como de redistribución de la tierra (reforma agraria) y del gasto presupuestario a favor de los programas sociales contra la pobreza. Sus políticas son de marcada tendencia antiimperialista. En términos históricos y sociológicos, ambos creen en los procesos electorales constitucionales, en el pluripartidismo, en una economía mixta y de sindicatos independientes, en el empresariado y en las asociaciones civiles.
A pesar de las convergencias y semejanzas que existen entre Allende y Chávez, hay también marcadas diferencias políticas, que se deben a los distintos caminos que tomó cada uno. Chávez, por una parte, puso en marcha un cambio político antes de emprender una profunda transformación estructural socioeconómica, para crear así un marco político y constitucional sólido, mientras que Allende aceptó el sistema político que existía y procedió a implementar cambios socioeconómicos radicales. Como consecuencia, Allende tuvo que enfrentar constantes bloqueos políticos y obstáculos institucionales que limitaron su capacidad para llevar a cabo el pleno potencial de los cambios estructurales. Por el contrario, las reformas políticas de Chávez se deben a que éste encontró puntos en común entre las instituciones políticas y el cambio socioeconómico, lo que le permitió reducir al mínimo la política obstructiva de la oposición.
El gobierno de Allende duró menos de tres años, mientras que Chávez ha gobernado por casi una década y todavía goza de mucha popularidad. El golpe militar en Chile, en septiembre de 1973, destruyó el gobierno de la Unidad Popular y la dictadura militar se mantuvo por quince años (hasta 1989). En Venezuela, el golpe de Estado (11-12 de abril de
2002) duró apenas 48 horas, tras sufrir la derrota y restituir a Chávez en el poder. La razón por la cual el golpe triunfó en Chile y fracasó en Venezuela se debió al hecho de que Chávez había construido una base substancial de militares leales, a la vez que había diseñado una alianza estratégica entre las masas populares y militares, mientras que Allende confió en el denominado «profesionalismo militar».
Tanto Allende como Chávez se enfrentaron a «cierres patronales» que promovieron las clases capitalistas con la intención de paralizar la economía, fomentar el descontento y derrocar al gobierno. En ambos países, la masa trabajadora, los técnicos y algunos gerentes intervinieron para apoyar a sus respectivos gobiernos. Sin embargo, mientras Allende devolvió la mayoría de las fábricas a sus dueños capitalistas, Chávez despidió a 15.000 gerentes y supervisores, que dirigieron el cierre empresarial y los sustituyó por trabajadores leales. De igual forma, mientras Allende le permitió a los generales de derecha hacer una limpieza de los militares leales en la víspera del golpe, Chávez expulsó y encarceló a los oficiales militares después del fallido golpe.
En otras palabras, Chávez es un político realista que comprendió mejor que Allende los límites de la democracia burguesa, a la vez que estuvo dispuesto a hacer uso de las prerrogativas del poder Ejecutivo para defender las reglas de la democracia popular en contra de la oligarquía interna y de los enemigos imperialistas externos.
Para Chávez, el proceso de transición revolucionario democrático y socialista está basado tanto en el poder popular como institucional, estructurado a través de las organizaciones de masas. Para Allende, el cambio socialista se produciría por medio de las instituciones establecidas: restó importancia al papel de las instituciones del poder popular, creó una constante tensión entre los partidos políticos y los consejos comunitarios.
Chávez y Allende son adversarios del imperialismo de los Estados Unidos, así como de sus guerras (Vietnam, 1960-1970; Irak y Afganistán, en la actualidad). No obstante, la política exterior del presidente venezolano es mucho más de avanzada: promueve la integración de América Latina con la creación del ALBA, el Banco del Sur, el comercio bilateral, así como la compra de armas a China, Rusia, Irán, Brasil y Argentina. Allende, por su parte, dirigió su atención hacia el Pacto Andino, al Movimiento de los Países No Alineados y al establecimiento de relaciones con los países europeos socialdemócratas como Suecia y
Alemania. Como resultado, Chávez, a diferencia de Allende, quien hizo esfuerzos constantes en conciliar con los Estados Unidos, ha tenido más éxito en cuanto a saber aislar y derrotar en términos diplomáticos a Washington.
La paradoja política radica en que el gobierno de Allende, que se basó esencialmente en su autoidentificación con los partidos marxistas y con los sindicatos, nunca alcanzó la hegemonía sobre la mayoría de las masas (en especial, el grupo de mujeres pobres) mientras que el presidente Chávez ha logrado establecer mayorías chavistas en doce elecciones y referendos locales y nacionales.
Durante su permanencia en el poder, el presidente Allende representó el momento histórico que le tocó vivir –una clara alternativa socialista y democrática para los regímenes controlados por Estados Unidos. En la actualidad, el establecimiento de fábricas en manos de los trabajadores, los consejos populares en las barriadas y el poder popular que se formó durante el gobierno de Allende sirven como puntos de referencia significativos para la actual transición hacia el socialismo que vive Venezuela. Sin embargo, el presidente Chávez ha ido más lejos y ha profundizado más en algunas áreas de la transformación social: ha creado las milicias populares, ha descentralizado el gasto presupuestario, destinándolo a los consejos comunales. A la vez, ha organizado un partido socialista de masas unificado, con el fin de evitar los conflictos entre diversos partidos que existieron durante el gobierno de Allende.

Conclusión

Mientras existen continuidades históricas relevantes entre el socialismo democrático de Allende y el socialismo del siglo XXI de Chávez, ambos se han convertido en hitos importantes en la construcción de un camino hacia la liberación nacional. Chávez ve con mucha más claridad que Allende la imperativa necesidad de crear una estructura de masas para el poder popular, al margen del ámbito parlamentario estrictamente electoral. Allende idealizó las instituciones democráticas burguesas de Chile. Les atribuyó un carácter sin sentido de clases sociales. Chávez combinó las normas democráticas de la política electoral con la necesidad de construir organizaciones independientes del poder de clases. La historia ha demostrado, al menos por ahora, que el realismo de Chávez ha sido, a diferencia del idealismo de Allende, mucho más efectivo en cuanto a saber ganar y mantenerse en el poder.

JAMES PETRAS

Las revoluciones árabes

Mark Zuckerberg, el creador de Facebook (el antipático protagonista de la película La red social), señalaba en un encuentro en París en mayo de 2011 lo siguiente: “Las revoluciones árabes recientes no han existido gracias a Facebook. Se han producido porque la gente de allí se ha hecho con las riendas de su destino, aunque Internet ha ayudado, claro está”. Quien bien pudiera apuntarse el éxito de las revueltas sociales árabes da en el clavo: “Pensar eso sería arrogante e irreal”. Las redes sociales han posibilitado lo que la represión de los regímenes árabes impedía: articular fuera de las desarboladas estructuras políticas tradicionales las perennes reivindicaciones colectivas. También se ha afirmado que las revoluciones árabes han sido alentadas por Al-Yazira, arrojando con ello una duda sobre su espontaneidad y objetivos. Ciertamente Qatar, cuya familia real es propietaria de la cadena, rentabiliza políticamente su capacidad mediática, también en relación con las protestas ciudadanas árabes (por ejemplo, albergando la primera cumbre internacional sobre el conflicto en Libia en abril de 2011), pero ello no cuestiona su radicalidad germinal y su genuino carácter.
Si el vehículo de propagación de las revueltas en los países árabes puede sorprender (la modernidad inimaginable en un mundo que imaginamos paralizado y arcaico), su desencadenante es muy significativo, aparentemente antitético al recurso utilizado: la inmolación de Tariq Tayyib Mohammed Bouazizi, un joven tunecino, vendedor ambulante de la localidad costera de Sidi Bouaziz, a quien la policía había humillado y golpeado tras confiscarle su carricoche de vendedor ambulante. ¿Qué hay tras esta extrema acción? No el ideario regresivo de los suicidas islamistas, sino la expresión inerme de toda la impotencia y la desesperación de este mundo. Este es el combustible de las revueltas árabes y, como yesca acumulada, fácil de inflamarse. Como Zuckerberg, sin duda el joven Bouazizi afirmaría que su ejemplo tuvo la simple virtualidad de prender una mecha ya tendida hacia la explosión árabe, el más inesperado y esperanzador acontecimiento de la primera década del siglo XXI.
Así ha sido. Desde entonces, el gesto simbólico del indignado Bouazizi ha desencadenado revueltas en la gran mayoría de los países árabes, tanto en el Magreb como en el Maxreq, e incluso en alguna petromonarquía del Golfo. Las revueltas árabes se han llevado por delante ya a dos dictadores —Ben Ali primero y Mubarak después— y quizás ya a un tercero, Ali Abdalah Saleh, presidente de Yemen, quien en estos momentos se encuentra en Arabia Saudí. Siempre pacíficas, tras su inicial triunfo en Túnez y Egipto, en otros países han derivado en abierto conflicto armado o están siendo reprimidas con un gradiente de violencia que va desde la moderada de Marruecos a la sangrienta de Siria. En Bahréin y en Libia han motivado intervenciones armadas exteriores que, interesadas en ambos casos, expresan la complejidad y el carácter impredecible que pueden tomar los acontecimientos. También ha habido convocatorias y manifestaciones en Gaza y en Cisjordania, que —en esto sí se ponen de acuerdo— han sido reprimidas con igual brutalidad por Hamas y por la Autoridad Palestina, respectivamente. La reconciliación de ambas facciones palestinas en El Cairo se debe al cambio interno que la revuelta de la Plaza Tahrir ha producido en Egipto, pero también a la creciente indignación de la población palestina, cautiva por partida doble.
La arabista Luz Gómez García lo ha recordado con acierto: nos sorprenden estos hechos porque desconocemos la realidad árabe, de la que tan solo nos llega el sórdido reflejo de sus gobernantes. Las poblaciones árabes se movilizaron masivamente contra la invasión de Iraq en 2003, y la rapidez, el dinamismo, la profundidad y el aguante de las revueltas árabes solo pueden entenderse porque se han producido en sociedades mucho más articuladas y politizadas de lo que imaginamos. Ello es particularmente cierto respecto a las dos primeras, la tunecina y la egipcia, en las que sectores sindicales y asociaciones civiles fueron las que pudieron anclar en la calle las convocatorias lanzadas por redes sociales virtuales. Son estos sectores sindicales y sociales los que en ambos países están procurando articular políticamente el movimiento de cara a las elecciones prometidas por los gobiernos transicionales establecidos.
No cabe especular sobre si las revueltas árabes están alentadas desde el exterior, como todos los regímenes amenazados afirman que ocurre. Es falso: las revueltas son genuinas. Otra cuestión es que la injerencia de actores locales o externos logre manipularlas y desvirtuarlas. De nuevo, como en casi todos los momentos críticos de la Historia de la región, la clave está en lo que ocurra en Egipto, si en este país, gozne geográfico, humano y político del Mundo Árabe, prevalece o no la revolución. El motor de las revueltas árabes es el hartazgo colectivo ante regímenes que, ya sin matiz político alguno que pueda distinguirlos, han hecho de los países que gobiernan su cortijo privado, y de sus ciudadanos, súbditos sin derecho alguno. Si las reivindicaciones de todas las revueltas árabes son sencillas, directas e idénticas, la naturaleza de los regímenes que pretenden derrocar pacíficamente también es única: el poso inmundo de décadas de impunidad y corrupción. Todos los regímenes árabes o son monarquías formales o se han convertido en republicas hereditarias. Corrupción, cinismo y represión son el trípode sobre el que se sustentan; la cuarta pata, claro está, es la tolerancia del Occidente, pero también de China y de Rusia, que se aprestan a sacar provecho de las revueltas y de la caída o pervivencia de sus dictadores. Condenable es que la OTAN intervenga en Libia para mantener su control sobre un territorio y unos recursos que Gadafi ya puso a sus pies tiempo atrás (Libia es el país que ha acogido más vuelos secretos de la CIA); pero ello ni le quita un ápice de legitimidad a una revuelta iniciada por un plante de abogados ante una cárcel de Trípoli, ni le otorga a Gadafi un ápice de legitimidad, como algunos (incluido, lamentablemente, Fidel Castro) han pretendido apreciar. Como Gadafi, Al-Asad recurre (también lo hicieron Ben Ali y Mubarak) al guiño fácil ante Occidente: “somos un baluarte frente a Al-Qaeda” —afirma— o, alternativamente, “con nuestra caída, el caos”. Lo cierto es que el régimen sirio asesina sin pudor a sus ciudadanos ante la pasividad inquieta de los gobiernos de Europa y EEUU, que siempre han comprendido —junto con Israel— la funcionalidad regional de la dinastía Al-Asad desde 1970: controlar, a beneficio de todos ellos, manu militari si es preciso (recuérdese la ocupación militar de Líbano en 1976 bajo paraguas de la Liga Árabe y con respaldo occidental), al movimiento nacionalista árabe (y palestino). Pero lo más sorprende es que, si la intervención en Libia ha motivado manifestaciones de protesta en nuestro país, la muerte de más de un millar de ciudadanos sirios a manos de los francotiradores, los tanques y los helicópteros del régimen no haya activado nuestra solidaridad. No hay regímenes árabes progresistas.
El cinismo del régimen sirio (y de algún apologeta local despistado) es ofensivo: contraponer su supuesto laicismo a la fragmentación sectaria, justificando el mantenimiento de la dictadura oligárquica que representa frente a la reivindicación de democracia real que su pueblo reclama. Nos es casual que la ocupación de Iraq haya traído la implosión sectaria, que en Egipto detone la violencia entre coptos y musulmanes, que Yemen se precipite en una guerra tribal, que se advierta sobre la ruptura confesional en Siria, que en Marruecos Al-Qaeda dé la réplica al movimiento con el atentado de Marraquech. La alternativa no es el sometimiento neocolonial o la dictadura nativa. Más allá de la caída de los regímenes árabes, lo que está en juego es la propia identidad árabe, que emerge integradora y plural, que quiere articular modernidad y esencia, democracia y soberanía. Triunfen o fracasen, las movilizaciones ciudadanas de 2011 de Marruecos a Iraq nos han ofrecido una imagen inédita —la real, la posible— de estas sociedades y de sus más dinámicos sectores.
Las revoluciones árabes se están produciendo tras dos décadas en las que se ha procurado identificar a la resistencia árabe con Al-Qaeda o el confesionalismo político. Pero sus protagonistas son jóvenes formados, mujeres, profesionales en paro y trabajadores fabriles, que tienen nuestras mismas aspiraciones, no seguidores de Bin Laden o de algún ayatolá. “Democracia real”, “Democracia participativa”, “Fin a la corrupción”, “Fin al enriquecimiento especulativo”, “Derechos sociales”: ¿es que acaso no nos suenan estos lemas? Efectivamente, son los escuchados en las plazas Tahrir de cualquier ciudad árabe y son también los del movimiento 15-M. “Indignación”: ¿no es también éste nuestro propio sentimiento? “Nuestra lucha se entrelaza y terminará por alcanzar un objetivo común: un mundo mejor, más justo y pacífico”, concluye el mensaje enviado por los jóvenes revolucionarios tunecinos a los acampados del 15-M. Que así sea.

Carlos Varea