martes, mayo 28, 2013

¿Médicos cubanos en Brasil?



El Consejo Federal de Medicina (CFM) está indignado ante el anuncio de la presidenta Dilma de que el gobierno traerá seis mil médicos de Cuba y otros tantos de Portugal y de España, para trabajar en municipios carentes de profesionales de la salud.
También en Portugal y en España hay, como en cualquier país, médicos de nivel técnico aceptable. España tiene el 7° mejor sistema de salud del mundo y Portugal el 12°. En tierras lusitanas el 10% de los médicos son extranjeros, incluyendo cubanos, incorporados desde el 2009. Sometidos a exámenes, la mayoría obtuvo la aprobación, lo que llevó al gobierno portugués a renovar su estadía en el 2012.
Nadie se opone a que el CFM someta a los médicos cubanos a un examen (Reválida), igual que se hace con los brasileños, muchos de ellos formados en facultades privadas que funcionan como auténticas máquinas de hacer dinero.
El CFM reclama por la supuesta convalidación automática de los diplomas de los médicos cubanos. En ningún momento ha sido eso lo que ha defendido el gobierno. El ministro de Salud, señor Padilha, dejó claro que pretende seguir criterios de igualdad y de responsabilidad profesional.
La opinión del CFM importa menos que la de los habitantes del interior y de las periferias de nuestro país, que tanto necesitan de atención médica. Según estudios del mismo CFM, en conjunto con el Consejo Regional de Medicina de São Paulo, sobre la “demografía médica en el Brasil”, demuestran que en 2011 el Brasil disponía de 1.8 médicos por cada mil habitantes. Tendríamos que esperar hasta 2021 para que dicho índice llegue a 2.51/1000. Y según los cálculos sólo en el 2050 tendremos 4.3/1000. Mientras que en Cuba hay 6.4 médicos por mil habitantes. Y en Argentina, en 2005, contaban con más de 3/1000, índice que el Brasil alcanzará hasta el año 2031. De los 372 mil médicos registrados en el Brasil en el 2011, 209 mil se concentraban en las regiones sur y sudeste, y poco más de 15 mil en la región norte.
El gobierno federal está empeñado en mejorar esa distribución de profesionales de la salud a través del Provab (Programa de Valorización del Profesional de Atención Básica), ofreciendo un salario inicial de US$ tres mil y puntos para mejorar en su carrera, para incentivarlos a prestar sus servicios de atención primaria a la población de 1.407 municipios de todo el país. Ya se han inscrito más de 4 mil médicos en este plan.
El senador Cristovam Buarque propone que los médicos formados en universidades públicas, pagados con su, o mi, o nuestro dinero, trabajen dos años en áreas carentes de servicio a fin de que sus hojas profesionales sean reconocidas.
Si la medicina cubana es de mala calidad, ¿cómo se explica que la salud en la isla esté, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), con índices mucho mejores que la del Brasil e incluso se pueda comparar con la de los EE.UU.?
El Brasil, antes de reclamar por medidas que beneficiarán al pueblo más pobre, debiera mirarse en el espejo. Según la lista de la OMS (datos de 2011), el mejor sistema del mundo en cuanto a salud es el de Francia. Los EE.UU. ocupan el lugar 37; y Cuba el 39. El Brasil está en el puesto ¡125!
Si no vienen médicos cubanos ¿qué se le diría al pueblo carente de salud de nuestras periferias y del interior? ¿Qué soporte los dolores? ¿Qué muera de enfermedades fácilmente tratables? ¿Qué le pida a Dios el milagro de la sanación?
Cuba es especialista en medicina preventiva y exporta médicos a 70 países. Gracias a esa solidaridad, la población de Haití vio aminorado su sufrimiento causado por el terremoto de 2010, en tanto que el Brasil envió militares. Cuba envió médicos entrenados para actuar en condiciones precarias y en situaciones de emergencia. Un médico cubano no vendrá al Brasil para ofrecer resonancia magnética o tratar con medicina nuclear, sino a combatir parásitos y malaria, diarrea y deshidratación, reduciendo la mortalidad infantil y materna, aplicando vacunas, enseñando medidas preventivas, así como normas de higiene.
La prestigiosa revista New England Journal of Medicine, en su edición del 24 de enero de este año, elogió la medicina cubana, que ha alcanzado las cuotas más altas de vacunación del mundo, “porque el sistema no fue proyectado para que el consumidor escogiera o para iniciativas individuales”. En otras palabras, no es el mercado el que manda sino el derecho del ciudadano.
¿Por qué el CFM nunca ha reclamado por el excelente servicio prestado a nuestro país por la Pastoral de la Niñez, a pesar de que ella dispone de pocos recursos e improvise la formación de madres que atienden a la niñez? La respuesta es sencilla: es bueno para una medicina cada vez más mercantilizada, volcada más al lucro que a la salud, contar con el trabajo altruista de la Pastoral de la Niñez. El temor es encarar la competencia de médicos extranjeros.
Dios quiera que un día el Brasil pueda exponer en sus ciudades este lema que vi en una calle de La Habana: “Cada año mueren 80 mil niños en el mundo por enfermedades fácilmente tratables. Ninguno de ellos era cubano”.

Frei Betto
Cubadebate

Ecos de una tradición



Las desafortunadas declaraciones del notable semiólogo y novelista italiano Umberto Eco, en ocasión de su reciente nombramiento como doctor Honoris Causa por la Universidad de Burgos, cuando proclamó su convicción de que los estudios universitarios deben estar reservados a una elite y de que “el exceso de alumnos entorpece la actividad académica”, son particularmente sintomáticas de un modo en que vastos sectores de la intelectualidad europea de estos días vienen enfrentando, en base a su repliegue sobre sus creencias más tradicionales y más naturalizadas, la fuerte crisis económica, social y espiritual que atraviesa el Viejo Mundo. Y que los lleva a suponer que si la plata no alcanza es porque el Estado reparte más bienestar que el que es prudente, que si las empresas quiebran es porque los trabajadores ganan más de la cuenta y que si el ajuste no funciona es porque todavía no es lo suficientemente duro. No representa un modo diferente de pensar el que lleva a Eco a sostener que las universidades funcionarían mejor si tuvieran menos estudiantes, como en los buenos viejos tiempos, y a postular que por lo tanto habría que regular el número de esos estudiantes para garantizar que sea acotado. Como los salarios en las teorías de los economistas del ajuste estructural, como los beneficios sociales en las decisiones de los administradores neoliberales del Estado en crisis, los estudiantes universitarios son, en el razonamiento de Eco, una variable cuyo valor podría adecuarse, a través de prudentes medidas restrictivas, para mantener las formas conocidas del equilibrio de las cosas.
Hay otra posibilidad, que consiste en no suponer a los estudiantes universitarios las causas del problema del presunto “deterioro del nivel”, ni los objetos posibles de ninguna operación de achicamiento cuantitativo de ese tipo, sino, al revés, los sujetos de un deseo, de una posibilidad y –subrayo esto con fuerza– de un derecho a los estudios superiores que tienen que poder ver satisfecho en las universidades en las que buscan ejercerlo. Esa otra posibilidad, esa otra vía, es la que viene intentando recorrer el sistema de universidades públicas de nuestro país, en un contexto signado por tres rasgos principales. Uno, un clima general de expansión de derechos, de recuperación de la idea misma de “derecho” como una categoría de primer orden en nuestras discusiones públicas, políticas y académicas, y de recuperación, también, de la centralidad y las funciones del Estado como garante y condición del ejercicio de esos derechos que hoy aparecen en el centro de nuestras preocupaciones. Dos, la muy recientemente establecida obligatoriedad de los estudios secundarios, que en la medida en que empiece a hacer sentir su efecto hará que muchos jóvenes más empiecen, continúen y terminen sus estudios secundarios y puedan vislumbrar la posibilidad de los universitarios como un destino posible para sus vidas. Sólo cuando la educación secundaria es una obligación puede la educación universitaria ser pensada como un derecho. Y tres, el enorme crecimiento de la cantidad de universidades públicas, gratuitas y de alto nivel en todo el territorio del país, que nos permite afirmar casi sin exageración que hoy no hay ningún joven argentino en edad y condiciones de cursar la universidad que no tenga una a un rato razonable de viaje de la casa, y que por lo tanto vuelve mucho más efectivo, material y concreto un derecho a la educación superior que, en otras condiciones, no pasaría de ser meramente nominal, formal o abstracto.
Esta representación de los estudios universitarios como un derecho va siendo una saludable tendencia, más allá de la Argentina, en toda América latina, y vino a plasmarse hace ahora cinco años en la importantísima declaración final de la Conferencia Regional de Educación Superior reunida en Cartagena de Indias (2008), que establece que los estudios superiores son un bien público y social, un derecho humano universal y una responsabilidad de los Estados. Nunca se insistirá lo suficiente en lo revolucionaria que es esta declaración, que viene a modificar radicalmente el modo de pensarse la función misma de una institución ya casi milenaria y que a lo largo de su extensa historia ha venido haciendo en todas partes, en lo fundamental, una sola cosa: formar elites. Elites clericales, elites gubernamentales, elites profesionales. La universidad fue siempre una máquina de formar elites (y esto no fue seriamente contestado ni en el por tantas razones recuperable ’18 cordobés ni en el también muy celebrable ’68 parisiense), y es sólo ahora, ahora y en esta específica parte del mundo que en estos años está produciendo transformaciones tan interesantes, que podemos empezar a representárnosla de otra manera: como una institución encargada de garantizar el ejercicio efectivo y exitoso de un derecho. De un derecho humano, de un derecho universal: de un derecho ciudadano. Estar dispuestos a hacer de nuestras universidades algo tan distinto de lo que fueron durante tanto tiempo implica estar dispuestos a revisar una gran cantidad de cosas: de prácticas, de tradiciones, de rutinas, de representaciones, de prejuicios.
Entre estos prejuicios, el que expresa Eco en la declaración que pudo leerse en estos días en los periódicos de todo el mundo está particularmente extendido y constituye un obstáculo especialmente serio a cualquier posibilidad efectiva de democratización de nuestras universidades: se trata del prejuicio de imaginar que la calidad de la enseñanza y de los aprendizajes entra en necesaria tensión, o incluso en contradicción, con la cantidad de los estudiantes. Que las universidades buenas, como las recuerda o las imagina o las quiere Eco, son necesariamente universidades para pocos. Es éste un antojo perfectamente ideológico y profundamente antidemocrático. En efecto, si empezamos por establecer y por convencernos de que estudiar en la universidad no es un lujo ni una prerrogativa de unos pocos, sino un derecho universal, pierde sentido incluso la simple idea de que una universidad que, o bien no deja entrar a todos, o bien deja en el camino de las carreras que propone a un porcentaje alto de los estudiantes que las empezaron, pueda ser caracterizada como una buena. “Para pocos, pero buena.” No: una universidad que produce un pequeño puñado de egresados de excelencia no es una universidad de excelencia, y ni siquiera una buena universidad, sino una universidad mala, y la única universidad buena que puede concebirse es una universidad que logre ser buena para todos. Y que para ser efectivamente buena para todos se empeñe con todo su esfuerzo y todas sus capacidades en la tarea de garantizar que todos puedan aprender, y aprendan.
De ahí la enorme importancia que tiene la función de la enseñanza (muchas veces subordinada, en las propias representaciones de los docentes y de los demás actores del juego universitario, a otras, a la que diversos incentivos sistémicos, no tan antiguos, pero sí muy penetrantes, han llevado y llevan, con demasiada frecuencia, a suponer más meritorias o más nobles) en nuestras universidades públicas. Que tienen que enseñar, que enseñar muy bien y que enseñar a todos, y que tienen que lograr que todos (que por supuesto son todos los estudiantes que tenemos, no los que querríamos tener ni los que suponemos, váyase a saber por qué, que nos merecemos: para el caso, también nosotros somos los profesores que nuestros estudiantes tienen, no los que querrían tener ni los que merecen) aprendan y avancen y progresen en sus estudios, y logren terminarlos. Si de veras estamos convencidos de que la educación universitaria es un derecho humano, un derecho ciudadano, un derecho universal, nunca más podemos suponer que un bochazo en un examen, un estudiante que se queda afuera o que se nos “cae” es una verificación de la calidad de nuestras enseñanzas. Si de veras estamos convencidos de que la educación universitaria es un derecho, nunca más podemos suponer que un estudiante que, por culpa de que no hemos sido capaces de enseñarle, deja las aulas y se vuelve, frustrado, derrotado, a su casa, es una verificación de alguna ley sociológica más o menos inefable y destinada a cumplirse inexorablemente. Eco se equivoca, o mejor: expresa una idea sobre la universidad elitista, retrógrada y atrasada. Una universidad de calidad sólo lo es realmente si es una universidad de calidad para todos.
Dicho lo cual me apuro a indicar que, simétricamente, una universidad para todos sólo lo es efectivamente si es una universidad de la más alta calidad. Y que el peor favor que podríamos hacerle a la causa de una democratización de los estudios superiores es conceder al prejuicio falso y reaccionario de la contraposición entre calidad y cantidad y ampliar nuestra base de estudiantes sin una muy alta exigencia y autoexigencia en torno del nivel de la enseñanza que les impartimos. Semejante idea no sólo sería torpe: sería cómplice de reforzar los prejuicios que la universidad pública hoy tiene la tarea fundamental de combatir, y sería (del peor modo: pretendiendo no ser) absolutamente antidemocrática. Eco se equivoca, pero su equivocación debe servirnos, porque es la íntima equivocación que anima, sin siempre salir a la luz con tanta claridad, una parte importante de la vida de nuestras instituciones. Que tienen que seguir revisándose, como de hecho lo vienen haciendo en estos años (esta disposición al autoexamen es por cierto un gesto propiamente universitario), para poder actuar, contra ese error de Eco y de sí mismas, en la dirección que les señala un pensamiento menos perezoso, menos resignado, más dispuesto a asumir con plena convicción las consecuencias de un principio nuevo, radicalmente nuevo, en la historia de una institución tan vieja: el principio de que ese estudiante que está sentado ante nosotros en el aula es el sujeto de un derecho que nosotros tenemos el desafío y la obligación de arreglárnoslas para garantizar.

Eduardo Rinesi

lunes, mayo 27, 2013

José Carlos Mariátegui entre nosotros



Hubo quienes, desde posiciones supuestamente más radicales y más intransigentes, creyeron ver en el viaje de los jóvenes editores de “La Razón” una suerte de fuga, una manera elegante de eludir responsabilidades, un modo de soslayar definiciones ante el régimen de Leguía, duro y agresivo. Se equivocaron, sin duda, pero nunca tuvieron la hidalguía de reconocerlo.
Cuando el 17 de marzo de 1923 Mariátegui retornó del viejo continente, también fueron pocos los que le dieron la bienvenida.
Aún subsistía en torno a él, un clima de tenue desconfianza basada en el prejuicio y la maledicencia.
Aunque áspero admitirlo, esta actitud persistió en el tiempo y se manifestó de diversos modos.
Uno de ellos, fue el intento de expresar descontento cuando el 15 de junio de ese año, inició su ciclo de charlas referidas a la crisis mundial en las Universidades Populares González Prada.
José Carlos Mariátegui, considerado hoy una de las figuras más descollantes del pensamiento peruano en el siglo XX, tuvo una vida difícil, no solo porque estuvo acosado por la represión política y una severa dolencia física que finalmente lo condujo a la tumba, sino también porque sufrió desde un inicio el mal sabor de la mezquindad y la envidia que lo rodeó constantemente como una manera de frustrar su capacidad creadora y su aporte a la vida nacional.
Porque eso es así, resulta muy importante estudiar a Mariátegui no solamente a partir de la lectura de sus escritos más trascendentes, sino también en todas las facetas de su existencia.
Es decir, agotar su vida y su obra para entender mejor la naturaleza de su mensaje y comprender más cabalmente el sentido de su aporte. No obstante, no basta estudiarlo.
Hay que imitar su ejemplo y sentir la lucha de nuestro pueblo como propia, enarbolando sus mismos ideales, y banderas.
En ese espíritu es que alentamos la realización de este evento, que nace con la idea de conocer el periodo más rico en la formación intelectual, académica y política de José Carlos Mariategui.
¿Qué fue lo que ocurrió en el alma de este hombre entre octubre de 1919 y marzo de 1923. Alfredo Mathews, uno de sus más brillantes discípulos, prematuramente desparecido, nos lo dice de una manera discutible, pero franca:
“En 1919, viajó José Carlos Mariategui a Europa. Era un joven aficionado a aventuras, cultivador de la literatura decadente, novelista fracasado, actor de sonados líos periodísticos, vinculado más por afanes sentimentales que por sólidos motivos ideológicos, a los movimientos obreros y a las inquietudes estudiantiles que se produjeron en las vísperas de su viaje. En 1923, estuvo de vuelta, convertido en un estudioso, en un vigoroso polemista, en un marxista , en un revolucionario”
Para explicarse este proceso de cambio tan significativo, el propio Mathews acude a dos experiencias fundamentales: la aparición del proletariado peruano y la ola revolucionaria que había apreciado en Europa y que dejó como estela la Revolución Bolchevique en la vieja Rusia de los Zares.
Y fue ciertamente en Europa donde Mariátegui tomó conciencia de ambos elementos. “El itinerario de Europa -lo dijo él mismo- había sido para nosotros el del mejor y más tremendo descubrimiento de América”
Como veremos en el desarrollo del Simposio que hoy instalamos, en el viejo continente Mariátegui tuvo muchísimas vivencias.
Pudo conocer de manera directa el escenario de post guerra, con todas sus tragedias humanas y sociales, la profundidad de la crisis capitalista de entonces, el proceso de formación de los partidos comunistas y obreros, el vigoroso ascenso de los pueblos en lucha, la influencia creciente de la Revolución Rusa, la figura de Lenin, el papel rector de la intelectualidad en tiempos en los que en el firmamento del mundo asomaban personalidades tan destacadas como Henri Barbusse, Romain Rolland, Máximo Gorki, Antonio Gramsci, Piero Gobetti; el surgimiento del fascismo y sus más bárbaras expresiones.
En apenas 41 meses, Mariategui tuvo ante sus ojos fenómenos excepcionales que marcaron el tronco fundamental del siglo XX y afirmaron un derrotero nuevo para el mundo.
Su mérito fue el saber aquilatar estas experiencias, extraer de ellas las lecciones más profundas.
Hemos denominado nuestro evento como “Volvió para quedarse…” Y es que su viaje por Europa fue el único que pudo hacer el Amauta.
Cuando retornó en marzo de 1923 apenas si alcanzó a dictar sus Conferencias en las Universidades Populares, asumir la dirección de “Claridad”, escribir lo que sería poco después su primer libro: “La escena contemporánea”. Luego, cayó víctima del mal que lo dejaría postrado y del que se recuperaría sólo parcialmente.
Los últimos cinco años de vida -“los años cumbres”, se les denominara- fueron intensos y productivos. De ellos emergió la experiencia viva de su itinerario en el viejo continente.
Por eso también fue atacado. Le dijeron “europeísta” ”extranjerizante”, “copista de modelos foráneos”.
Para enfrentar esa campaña él enarboló una de sus más recordadas expresiones: “El socialismo en el Perú no será calco ni copia, sino creación heroica”. Lo dijo en el editorial del número 17 de “Amauta”, al deslindar definitivamente con el “reformismo” y afirmar para él, una ruta revolucionaria sin retorno.
¡Hagamos honor a esa ruta!

Gustavo Espinoza

Palabras pronunciadas en el acto inaugural del Simposio MARIATEGUI VOLVIO PARA QUEDARSE, en el auditorio José Faustino Sánchez Carrión, del Congreso de la República, el jueves 23 de mayo, en su condición de Presidente de la Asociación Amigos de Mariátegui.

Elecciones presidenciales en Chile: Táctica y estrategia



1. El uso de una, de otra o de combinadas formas de lucha bajo la dictadura del capital y sus relaciones de clase y de poder, durante toda su historia, está determinado por la lucha de clases. Independientemente de los deseos o ideología de un sujeto individual, de un grupo de interés, o de una clase social en particular, sea parte de la hegemonía o de los hegemonizados.
2. La totalidad de un modo de producción y reproducción de la vida consiste en el conjunto de las relaciones sociales que caracterizan una manera histórica de existencia, de asociación, de continuidad y ruptura entre humanidad y naturaleza, en un momento dado. Esas relaciones sociales se desenvuelven a través del conflicto. Allí concursan variables multidimensionales, de las cuales unas son más relevantes que otras. No es lo mismo una guerra mundial que la formación de un sindicato. No es lo mismo el cambio climático que la quiebra de un banco en la India. Sin embargo, en cada uno de esos fenómenos se manifiesta el movimiento contradictorio e irreductible de la lucha de clases.
3. Entonces, la totalidad es un movimiento dialéctico que en la actualidad se resume como la fase de un capitalismo mundializado y maduro, donde predomina el imperialismo financiero y especulativo, la deuda, el despojo, la explotación intensificada del trabajo humano. La contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y sus relaciones sociales, o entre la apropiación privada del excedente que sólo produce socialmente el trabajo humano, es clara para quien quiera ver. Únicamente a la conciencia y conducción de la minoría gran propietaria le cabe oscurecer, a través de mediaciones alienantes, la cualidad histórica y finita del modo de producción capitalista y fomentar la falsa naturalidad de la sociedad de clases. Esa conciencia de los que mandan y dominan provisionalmente se vale no sólo de los altos mandos militares y la propiedad de la industria armamentista. Para producir el consenso ampliado de sus intereses y, en consecuencia, un tipo de gobernabilidad inestable, debe controlar y controla los contenidos y maneras de los medios de comunicación de masas, la producción de un sentido común determinista y fatal, y el disciplinamiento operativo en los ámbitos del consumo, educativos, laborales, recreativos y represivos. Asimismo, cuenta con la complicidad de la alta oficialidad religiosa y con la industria de intelectuales orgánicos que, tanto institucional como informalmente, fabrica los relatos mistificados para fortalecer el presente orden de las cosas y su normalización.
Ese oscurecimiento está destinado a la sociedad en general, incluida la minoría dominante, y para los dominados en particular.
Los pocos gozan de las granjerías que les posibilitan la mala vida y el permiso de los muchos. Sus políticas tanto de fondo como de utilería teatral son la dictadura del capital y la democracia representativa, aparente y funcional.
Sin embargo, la cuestión no es ‘dar vuelta la tortilla’ por un puro asunto de justicia social milenaria. Ahora mismo las clases explotadas y expoliadas, las grandes mayorías, contienen en su desenvolvimiento conflictivo las potencias objetivas para superar la sociedad de clases. Esto es, pueden conciente e históricamente precipitar su disolución como humanidad subordinada, cuando enfrenten el término del modo de producción capitalista.
4. Para transformar la vida y demoler el viejo orden es imprescindible la comprensión conciente de la realidad concreta y contradictoria del capitalismo y su presente fase por parte de las formaciones políticas revolucionarias –es decir, de aquellos conjuntos de personas anticapitalistas y armadas poli-éticamente de vocación de poder- capaces de formular no sólo un proyecto de sociedad nueva desde y entre los de abajo (y cuyas pistas están en las propias fracturas tecnónicas y sin remedio de la sociedad actual), sino también una estrategia y las tácticas adecuadas según el movimiento real del capitalismo y a la parte que en él le toca a la mayoría malviviente. Si bien las formas determinantes de la emancipación son todavía nacionales o regionales, su contenido, hoy más que ayer, permanece condicionado por las relaciones de fuerzas internacionales. El sistema mundo nunca fue antes tan total.
5. La minoría dominante que ofrece contenido, sentido y horizonte al Estado de Chile es un complejo de facciones de clase dependiente de los imperialismos centrales, y sobre todo del norteamericano. La burguesía chilena nunca fue revolucionaria. Siempre ha sido rentista y transnacionalizada. Su breve período cuasi industrializador y sustitutivo de importaciones dentro del caduco paradigma desarrollista de mediados del siglo pasado, no pasó de ser una coyuntura presionada por la segunda guerra mundial y la existencia de la Unión Soviética. En efecto, las políticas imperialistas de la Alianza para el Progreso (administración Kennedy) para Chile y América Latina sólo tuvieron por objeto aminorar las formas más explícitas de la lucha de clases y reprimir el ‘peligro comunista’ proveniente del ejemplo de la Revolución Cubana. Sin embargo, y premeditadamente, los conocimientos científicos y técnicos estratégicos siempre fueron monopolizados por la burguesía imperialista. Su fin también era ‘poner al día’ a Chile para su mejor explotación de acuerdo a los requerimientos del capital en la división internacional del trabajo. Esto es, para que el territorio chileno –al igual que todo el denominado ‘tercer mundo’- funcionara como proveedor de recursos naturales y trabajo barato para los Estados planetarios hegemónicos.
Pero Chile no sólo es cobre, litio, celulosa, harina de pescado, unos cuantos salmones y dos botellas de vino. Para el Estado corporativo estadounidense es la cuna experimental y paradigma de la vanguardia ultraliberal, plataforma de financiarización y negocios asociados para la región, y es un bien simbólico por la derrota de la Unidad Popular en 1973 y la imposición temprana del orden monetarista del liberalismo más rabioso.
6. Cuando se afirma que los pueblos y los trabajadores, que el conjunto de las fuerzas sociales que en Chile, conciente o inconcientemente, con su acción social se enfrentan a la dictadura del capital no tienen más remedio que emplear todas los medios y formas disponibles según la situación concreta de la lucha de clases, es preciso diferenciar aquellas formas estratégicas de las contingentes. Los instrumentos políticos que expresan los intereses de las grandes mayorías, lejos del eclecticismo y la conciliación de clases, están condenados a elaborar tácticas complementarias y flexibles, y que nunca pierdan de vista hacerse de todo el poder. No de una fracción, sino de todo el poder. No existe otra condición posible para el ejercicio pleno de la democracia radical, la superación del capitalismo y la socialización de todos los ámbitos de la vida.
Ahora bien, lo estratégico en materia de promoción de una mayoría crítica creciente, práctica y teóricamente, se encuentra hoy en la acción directa de los movimientos sociales con miras a la creación de otro momento de la lucha de clases: el poder popular.
En este marco, la participación del anticapitalismo en el momento electoral organizado por la democracia burguesa, no fortalece al sistema por sí mismo, en tanto el o los instrumentos políticos del pueblo nunca dejen de subordinarse a la estrategia arriba descrita. Se trata de participar en un momento, y no de hipotecar, canjear o clientelizar al movimiento social y político del pueblo por una simple campaña electoral.
En consecuencia, la campaña lectoral se emplea como táctica circunstancial con el fin de amplificar los contenidos provenientes del propio pueblo en lucha en un espacio que todavía ofrece la democracia restringida, tutelada, burguesa, etc., en Chile por razones explicables en otro borrador. Es imposible negar que las elecciones en el país dan tiempo y visibilidad en los medios de comunicación masivos a quienes participan en ellas. Y quien refute el impacto agitador, político, constructor de opinión, etc., de los grandes medios de masas, tendrá que estudiar sus efectos sobre la realidad desde la Alemania nazi hasta el imperialismo contemporáneo. Como botones de muestra frescos: el objetivo imperialista (norteamericano, israelí, de parte de Europa) de hacerse de los recursos petroleros de Medio Oriente fue capaz, mediáticamente, de convertir la invasión a Afganistán en ‘una lucha contra el terrorismo’; la destrucción de Libia en ‘evitar una masacre de civiles’; la ocupación de Iraq en ‘la búsqueda de armas de destrucción masiva’; y los recientes acontecimientos en Siria en ‘la lucha contra una tiranía que asesina pacifistas’. Cada una de estas ‘nobles’ justificaciones ha sido probada en su falsedad por comisiones de la ONU, organismos de DDHH y el periodismo independiente.
De no participar crítica e instrumentalmente en la contingencia electoral de 2013, sólo quedan tres alternativas para el anticapitalismo: lanzar una ofensiva político-militar del pueblo revolucionario; llamar a anular el voto como protesta antisistémica; o dejar hacer.
La primera no resiste análisis; la segunda probará, una vez más, que anular en Chile es ineficaz políticamente; que llamar a la abstención, oportunista; y dejar hacer, cómodo. No participar hoy significa la pérdida de oportunidades de acceso a la comunicación masiva desde los intereses del pueblo y a través de medios todavía ‘veraces’ para gruesas franjas sociales y donde los medios populares aún no llegan (más por falta de recursos y tecnología, y persecución política, que por sus probados talentos y creatividad). Siempre considerando que el uso político popular de la TV, la radio, los periódicos, las web de los que mandan tiene como finalidad sustantiva potenciar al movimiento social y sus luchas. En fin. No es un asunto moral, principista, o una conspiración para distraer políticamente a los de abajo. Simplemente es útil.
Ante las elecciones anteriores quien suscribe este artículo llamó a votar nulo. Pero ahora las condiciones han variado y, además, hay por quién votar-luchando. Y no se está aludiendo en ningún caso a Marcel Claude, sino a la candidatura de una luchadora fogueada y con un entorno de incuestionables militantes populares. De una candidata que desde hace mucho tiempo es dirigenta de pobres en permanente pelea contra los dueños de todo. Una que es protagonista del movimiento social anticapitalista y que siempre ‘ha puesto el cuerpo’. No se trata de una ‘aparecida’ para nadie. Y que aun con procesos judiciales por luchar, hace de su campaña un todo único con su batallar de siempre ( http://www.adital.com.br/site/noticia.asp?lang=es&cod=74509 ). Su campaña electoral es una extensión de su condición humana de luchadora social y no lo contrario.
7. Finalmente y como contribución modesta al debate anticapitalista chileno. Una Asamblea Constituyente para la construcción de una nueva Constitución, a la usanza histórica de Chile, es una reunión de abogados y especialistas de las expresiones políticas del bloque en el poder para refinar y actualizar la arquitectura legal de dominación. Lamentablemente, no sería distinto según las actuales relaciones de fuerzas en el Chile de hoy. De hecho, ni Salvador Allende ni la Unidad Popular la convocaron. Y la Constitución de 1925 consagraba la propiedad privada en todos sus niveles y salvaguardaba los intereses de la clase dominante. Fue legalizada mediante un plebiscito donde participaron 134 mil hombres de más de 21 años que supieran leer y escribir, y el quórum no alcanzó el 50 % de los pocos habilitados para sufragar. La población de Chile era de 4 millones de personas.
Una Asamblea Constituyente radicalmente democrática y una Constitución Popular es un punto de llegada, posterior a la construcción de la hegemonía política de los intereses históricos de los trabajadores y los pueblos. Porque las leyes son también hijas de la lucha de clases y de las relaciones de poder, y no al revés. Sólo cuando la dictadura militar contaba 7 años y ya imponía en los hechos la versión del capitalismo ultraliberal de Friedrich Hayek y Milton Friedman, fabricó una Constitución.
Primero es el poder y luego los cuerpos jurídicos que refrendan y legitiman las relaciones de fuerzas sociales realmente existentes en una sociedad dada. Los ejemplos recientes en América Latina no hacen más que confirmarlo.

Andrés Figueroa Cornejo

10 años: De la ilusión al desencanto

En el 2003, las y los argentinos intentábamos salir de una crisis política, económica y social tras el paso del menemismo y del delarruismo. Es decir, de una coyuntura similar a la que hoy sufre Europa en su conjunto, teniendo en cuenta los recientes estallidos sociales en Suecia.
Aparecía en escena Néstor Kirchner, de la mano de Duhalde, el gran titiritero de la política argentina, cuyos primeros pasos dieron pié a la ilusión de muchas y muchos pero también a la desconfianza del establishment y a buena parte de la derecha procesista.
En diciembre de 2004, en el editorial "¿Kirchner es igual a Menem?" (1), afirmábamos que "si bien ambos políticos son partidarios del doble discurso, con el deliberado fin de confundir a quienes tratan de oponerse y de buscar adhesiones que les permita sustentarse en el poder, las diferencias son abismales aunque ellas lleguen al mismo fín: el sustento del orden fundado por la dictadura militar de 1976" y que el extinto presidente "izó la bandera de los Derechos Humanos para diferenciarse de la rata pero resultó ser otra falacia, más allá de la reparación histórica que significó el desmantelamiento de la ESMA y su conversión en el Museo de la Memoria. Sin embargo, resulta interesante advertir que ello generó una importante adhesión a su gestión aunque, a simple vista, es claro que su verdadero compromiso está con la perpetuación del esquema neoliberal".
Bastó un año y medio para que el arrebato de la bandera histórica de la resistencia llevada por la izquierda, en eterna diáspora, se constituyera en la herramienta política fundante junto a la cooptación por diversos medios de los organismos históricos de Derechos Humanos. Sin dudas, fue el primer desencanto para muchas y muchos.
Otra herramienta fundamental, afirmábamos en aquella oportunidad, fue "la utilización del método del doble discurso para lograr sus fines políticos" y "bajo la apariencia de ser derecho y humano, viene convalidando la represión subrepticia, como en Caleta Olivia, y sigue dividiendo, con sus manejos maquiavélicos aunque delegados en los Fernández, al campo popular aprovechando la atomización de la oposición". Nada diferente a una actualidad candente, donde la represión ya se hizo explícita como ocurre en Formosa, Chaco, La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero.
Sin dudas, la ausencia de una verdadera oposición desde la izquierda, desde la praxis, permitió que el kirchnerismo se asemejara a algo izquierdoso pese al "capitalismo en serio". El trotskismo, por un lado y por otro, otras agrupaciones de izquierda facilitaron el discurso del cero a la izquierda a nivel electoral. Por aquel entonces, la implementación de un modelo neodesarrollista "maquilló" el sistema neoliberal heredado de la dictadura, mediante la Asignación Universal por Hijo, la jubilación a las amas de casa y los incrementos semestrales de las jubilaciones.
Videla no murió. Sigue más vivo que nunca, al igual que Martínez de Hoz... Sucede que los cimientos del neoliberalismo no han sido demolidos. En un claro continuismo, quedó casi intacta la Ley de Entidades Financieras y la estructura tributaria basada casi exclusivamente en el consumo, además del pago de una deuda externa, incluída la "odiosa", que sigue impidiendo tener los recursos necesarios para volcarlos a este verdadero Capitalismo de Estado.
En aras de desterrar el "anarco-capitalismo", como lo definiera Cristina Fernández de Kirchner durante la reunión del G-20, se prefirió la alianza con los grupos transnacionales como Barrick Gold, Xstrata y Monsanto. Pronto comenzaría la patria sojera, causa del exterminio de los pueblos originarios en Formosa, Chaco y Santiago del Estero, faltando el inicio de la megaminera, la cual no pudo sentar sus bases gracias a la resistencia popular en Chubut, Famatina y Tinogasta.
Pero no podemos olvidar que el Capitalismo mata, destruye y arrasa... Y las pruebas son evidentes. No es casual la escalada represiva, tal como lo denuncia el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia o los informes de CORREPI; éstos últimos, una verdadera radiografía de la represión estatal e institucional. Tampoco lo es las muertes y discapacidades producidas por las fumigaciones, como en el Barrio Ituzaingó Anexo, en la provincia de Córdoba o en el sur de la provincia de Santa Fé, sin olvidarnos de los niños correntinos que fallecieron en el Hospital Garrahan.
Si bien la muerte de Néstor Kirchner provocó un fuerte cimbronazo en el Frente para la Victoria (de los empresarios), ello pronto fue capitalizado por el kirchnerismo, a pesar del comienzo del desencanto de varios sectores populares y de la resistencia de muchos otros que no acordaron nunca con el oficialismo pero tampoco con la oposición burguesa, ligada a la clásica derecha que supimos conseguir.
Pasamos de la ilusión al desencanto en los últimos años. Si bien se avanzó con respecto al juzgamiento y condena de los genocidas, todavía no están todos en una jaula gracias a la estrategia de la fragmentación de causas y de jueces funcionales a la estrategia defensiva de los represores. Ocurre lo mismo en materia laboral, donde si bien las y los trabajadores en blanco volvieron a tener paritarias, éstas deben tener un techo según el oficialismo. Ni hablar de la ley de ART que limita el inicio de causas civiles contra las Aseguradoras y los empresarios, con el fin de acotar los costos empresariales.
Los únicos victoriosos fueron las y los empresarios, los Dueños de la Argentina... Los bancos y las transnacionales, junto con el empresariado sojero, fueron los grandes beneficiados por el neodesarrollismo llevado a cabo por el kirchnerismo en estos 10 años, gracias a la continuidad de los beneficios existentes desde hace décadas. A los únicos que persigue la AFIP, sin dudas, es a los pequeños y medianos empresarios: ¿porque no se meten con los Roggio o con los Rocca?. Tampoco se modifica el esquema del Impuesto a las Ganancias que actualmente perjudica a muchas y muchos trabajadores, pero no afecta a las transacciones financieras o bursátiles que aún siguen exentas. Ni hablar, por supuesto, de la red de empresas ad hoc creadas por los empresarios para evadir y eludir los impuestos.
La década ganada es una falacia. En realidad, está perdida para quienes todavía están sumergidos en la pobreza y en la indigencia. Bariloche, Rosario, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa siguen con sus bolsones de pobreza. Lo mismo ocurre con el conurbano bonaerense, si tenemos en cuenta lo que acontece en La Matanza y San Martín. A ellos no les llegó el "derrame" neoliberal y neodesarrollista.
Y mientras no exista una verdadera oposición de izquierda, desde el trotskismo al socialismo, en donde se conjuguen el Che, Santucho, Tosco y Massetti, tendremos más kirchnerismo. Precisamente, para terminar con el desencanto, debemos articular esfuerzos en pos de la construcción socialista que la Argentina necesita. De lo contrario, todo seguirá igual: Como dijo Discépolo: seguirá la Biblia junto al calefón...

Prof. Juan Carlos Sánchez

¿Aceptaría 44 millones de dólares por un solo día de trabajo?



Naturalmente, diría cualquiera, pero esto sólo puede ocurrir en EE.UU.: horas después de que Bill Johnson asumiera el cargo de director ejecutivo de la Duke Energy, surgida de la fusión de dos empresas abastecedoras de gas y electricidad, el flamante CEO presentó su renuncia. Sólo trabajó ocho horas y se hizo acreedor a 44 millones de dólares, es decir, 5,5 millones por hora (//thinkprogress, 6-7-12). Un buen sueldito. La suma incluye bonos, un pago por cesar en el puesto como si hubiera trabajado años, otros beneficios y hasta 30.000 dólares por gastos de mudanza y reubicación.
En el mundo de los CEO esto no causó sorpresa alguna, están acostumbrados a las remuneraciones altísimas y a los privilegios que éstas conllevan. El promedio de los salarios anuales que perciben fue de 9,6 millones en el 2011, pero se superaron en el 2012: 9,7 millones de dólares (www.cleveland.com, 22-5-13). Las empresas justifican este dispendio asegurando que necesitan los mejores talentos en el campo. Sólo que el 99 por ciento –como los bautizó el movimiento juvenil Ocupa Wall Street que nació hace casi dos años– no la pasa tan bien: el salario promedio del trabajador aumentó 1,1 por ciento en el 2010, 1,2 en el 2011 y un 1,6 por ciento este año. Aumentos incapaces de lidiar con la inflación.
La brecha entre los salarios de los unos y los otros se ensanchó aún más el año pasado, aunque se considera que el país atraviesa un período de recuperación económica. El promedio de ingresos de los CEO fue 354 veces mayor al de los trabajadores en el 2012 (www.af.org, 6-4-13). La Ley Dodd-Frank de reforma de Wall Street y de protección al consumidor, que promulgó Obama en julio de 2010 para enfrentar este problema, establece que las empresas públicas tienen la obligación de dar a conocer con exactitud la disparidad salarial entre el CEO y los trabajadores. Muchas grandes compañías cabildean para que este requisito desaparezca en el proceso de reglamentación de la ley (www.bloomberg.com, 30-4-13).
Han pasado tres años desde que el Congreso ordenó a las empresas públicas revelar la relación CEO/trabajador en materia de salarios, pero esto no se cumple: el trámite de regulación de la ley Dodd-Frank se encuentra estancado en la comisión de garantías e intercambio, un organismo federal que es blanco preferido de las tentaciones que ofrecen los cabilderos. Pero diferentes organismos independientes se encargan de destapar lo que se oculta en esta esfera.
Un reciente análisis de las estadísticas demográficas de la Oficina de Censos que el Pew Research Center llevó a cabo revela que en el período 2009/2011 los ingresos del 7 por ciento de la cúspide económica aumentaron un promedio estimado en el 28 por ciento, mientras que para el 93 por ciento restante descendieron un 4 por ciento (www.pewsocialtrends.org, 23-4-13): “Desde finales de la recesión en 2009 hasta 2011 (el último año de datos disponibles de la Oficina de Censos), los 8 millones de hogares con un ingreso neto superior a 836.033 dólares acrecieron en conjunto sus haberes en 5600 billones, mientras que los 111 millones de hogares con un ingreso neto inferior o igual a la cifra antes mencionada padecieron un descenso estimado en 6 billones de dólares”.
El importante aumento de los ingresos de la parte superior de la pirámide en las últimas décadas se debe en buena medida a que el jefe de familia es un ejecutivo o un agente en el sector financiero. Un informe del Economic Policy Institute señala que “los ejecutivos y los ocupados en el sector financiero del 1 por ciento percibieron un 58 por ciento de la expansión del ingreso y el 0,1, un 67 por ciento en el período 1979/2005” (www.epi.org, 23-1-13). Es decir, el sistema global de hoy, dominado por las finanzas, se viene alejando hace tiempo del capitalismo clásico basado en la producción. Como confesara un ex corredor de Lehman Brothers, la compañía financiera que declaró una bancarrota escandalosa en el 2008: “No hay otra industria en la que se paga tanto por hacer tan poco” (//thinkprogress.org, 6-2-13).
Es un proceso con alzas y bajas de veloz desarrollo. En los últimos 30 años el promedio de la fortuna de los 500 de Forbes aumentó a una velocidad 127 veces superior a la media del salario obrero. Como se ha indicado ya, el ingreso promedio de los 500 es 354 veces superior al del trabajador. En 1980 la proporción era de 42 (www.epl.org, 23-1-13).
Tendría, finalmente, razón el magnate Warren E. Buffet, la persona más poderosa del mundo según Times, quien declaraba hace años: “Hay guerra de clases, pero es mi clase, la clase de los ricos, la que está haciendo la guerra y estamos ganando” (www.nytimes.com, 26-11-06). La remembranza marxista de esta afirmación le suma claridad.

Juan Gelman

Las Farc y el gobierno logran un acuerdo para una "Reforma rural integral"

Anuncian transformaciones radicales en el campo

Este es el texto del acuerdo logrado por las FARC y el Gobierno sobre el tema agrario:

"Hemos llegado a un acuerdo sobre el primer punto de la Agenda contenida en el "Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera".
Acordamos denominarlo "Hacia un nuevo campo colombiano: Reforma rural integral"
En el próximo ciclo de conversaciones, presentaremos el primer informe periódico de la Mesa.
Hemos construido acuerdos sobre los siguientes temas:

• Acceso y uso de la tierra. Tierras improductivas. Formalización de la propiedad. Frontera agrícola y protección de zonas de reserva.

• Programas de desarrollo con enfoque territorial.

• Infraestructura y adecuación de tierras.

• Desarrollo social: salud, educación, vivienda, erradicación de la pobreza.

• Estímulo a la producción agropecuaria y a la economía solidaria y cooperativa. Asistencia técnica. Subsidios. Créditos. Generación de ingresos. Mercadeo. Formalización laboral.

• Políticas alimentarias y nutricionales.

Lo que hemos convenido en este acuerdo será el inicio de trasformaciones radicales de la realidad rural y agraria de Colombia con equidad y democracia. Está centrado en la gente, el pequeño productor, el acceso y distribución de tierras, la lucha contra la pobreza, el estímulo a la producción agropecuaria y la reactivación de la economía del campo.
Busca que el mayor número de habitantes del campo sin tierra o con tierra insuficiente, puedan acceder a ella, mediante la creación de un Fondo de Tierras para la Paz.
El Gobierno Nacional formalizará progresivamente, con sujeción al ordenamiento constitucional y legal, todos los predios que ocupan o poseen los campesinos en Colombia.
Se crean mecanismos para solucionar conflictos de uso y una jurisdicción agraria para la protección de los derechos de propiedad con prevalencia del bien común.
Está acompañado de planes en vivienda, agua potable, asistencia técnica, capacitación, educación, adecuación de tierras, infraestructura y recuperación de suelos.

El acuerdo busca que se reviertan los efectos del conflicto y que se restituyan las víctimas del despojo y del desplazamiento forzado.
Incluye la formación y actualización de la información rural para la actualización del respectivo catastro, buscando seguridad jurídica y mejor y más eficiente información.
Pensando en las futuras generaciones de colombianos, el acuerdo delimita la frontera agrícola, protegiendo las áreas de especial interés ambiental.
Buscando un campo con protección social, erradicar el hambre a través de un sistema de alimentación y nutrición.
Lo convenido hasta ahora forma parte de un acuerdo más amplio que esperamos lograr en los próximos meses el cual contiene seis puntos. A partir del siguiente ciclo de conversaciones que se inicia el 11 de junio, comenzaremos la discusión del segundo punto de la Agenda incluido en el "Acuerdo General" de La Habana, denominado Participación Política.
Uno de los principios que guían estas conversaciones es que "nada está acordado hasta que todo esté acordado". Esto quiere decir que los acuerdos que hemos ido construyendo, están condicionados a que lleguemos a un acuerdo sobre la totalidad de la Agenda y, también, que en la medida en que se avance en la discusión se puedan ajustar y complementar los acuerdos sobre cada uno de los sub puntos.
Queremos destacar que en estos 6 meses de conversaciones no solamente hemos discutido el tema agrario. En este lapso se dio vida al proceso de conversaciones, se convino la manera de trabajar en plenaria, comisiones o por separado y se pusieron en marcha distintos mecanismos de participación y consulta ciudadana para recibir propuestas y opiniones de ciudadanos y organizaciones sociales. Estos mecanismos y procedimientos de trabajo y participación ya están en marcha, por lo que esperamos que hacia adelante avancemos con mayor celeridad en la búsqueda de acuerdos.
Resaltamos el aporte de la Oficina de Naciones Unidas en Colombia y el Centro de Pensamiento Para la paz de la Universidad Nacional en la organización de los foros que se han realizado en Bogotá sobre los temas Agrario y de Participación Política.
También incorporamos los aportes de las mesas regionales organizadas por las Comisiones de Paz del Senado y la Cámara de Representantes de Colombia.
Agradecemos a los miles de colombianos y colombianas, y organizaciones sociales que nos han hecho llegar sus propuestas y opiniones sobre los puntos de la Agenda a través de los foros, la Página Web o los formularios que están disponibles en alcaldías y gobernaciones. Todas y cada una de estas propuestas han sido recibidas por las delegaciones en La Habana. En la Mesa de Conversaciones se acordó y puso en marcha un procedimiento para recibirlas ordenadamente, clasificarlas y tenerlas disponibles en medio electrónico.
Queremos agradecer de manera especial a Cuba y Noruega, países garantes de este proceso, por su permanente apoyo y por el ambiente de confianza que propician.
La presencia de sus representantes en La Mesa de conversaciones es factor fundamental para el desarrollo de las mismas. Igualmente agradecemos a Chile y Venezuela, países acompañantes, a quienes las delegaciones informan periódicamente sobre la marcha de los diálogos.
Estos cuatro países conforman un grupo de naciones amigas del proceso que valoramos de manera especial, al igual que agradecemos las expresiones de apoyo de otras naciones, organismos y líderes internacionales que fortalecen la confianza en el camino que estamos transitando".

“Internet es la mayor amenaza para la humanidad”

Según Julián Assange

El fundador del sitio WikiLeaks, Julian Assange, advirtió sobre la amenaza que implica Internet para la humanidad y aseguró que “es mayor que la de la Guerra Fría”, en referencia al temor a una destrucción masiva con armas nucleares.
Assange dio este miércoles una videoconferencia en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, en Montevideo, Uruguay, en la que habló sobre su nuevo libro “Criptopunks”.
Allí, el hacker australiano advirtió que “Internet es la mayor amenaza a la civilización humana que ha existido” y agregó: “Una amenaza incluso mayor que la de la Guerra Fría”, informa el portal uruguayo El Observador.
Para el fundador de WikiLeaks, la “penetración de internet en todas las vetas de la sociedad, sustituyendo al sistema de correo y telefónico y aún a las reuniones entre personas, colocó en manos de Estados Unidos y de sus socios la información de las telecomunicaciones de la mayor parte de la humanidad”.
Assange detalló que esa situación es particularmente perjudicial para América Latina, ya que, según él, las telecomunicaciones de la región “fluyen a través de Estados Unidos para llegar a Europa y Asia. Y muy frecuentemente también para volver a América Latina y también para que un latinoamericano se comunique con otro”.
“Los países de América Latina están cargando el registro de sus personas, sin saberlo, en sistemas computarizados en grandes predios de servidores en California, controlados por Google, Facebook, Yahoo y otros. Directa e indirectamente son controlados por mecanismos legales e ilegales a través de los servicios de inteligencia de Estados Unidos y organizaciones cercanas”, concluyó.

domingo, mayo 26, 2013

A 5 años del crack de Wall Street, ¿lejos del sendero de la gran depresión? No lo parece…



En su último Panorama Económico global, el FMI reprodujo los pronósticos tranquilizadores que suelen caracterizarlo aún en las peores condiciones. El organismo fue uno de los primeros que en 2009 veía “brotes verdes” por todas partes, que al final en el mundo desarrollado dieron lugar a poco más que una estabilización “bonsai” o pigmea en los EE.UU. al tiempo que Europa continuó un deterioro cada vez más peligroso. Si para el resto de la economía mundial logró desacoplarse parcialmente, el resultado estuvo lejos de sus pronósticos optimistas. Ahora el FMI nos presenta nuevamente datos alentadores al menos para la perspectiva inmediata. Si bien este año el crecimiento previsto del producto mundial es de 3,25%, para el año próximo espera que crezca al 4%. Una economía ahora en tres velocidades (y ya no sólo dos) que, aunque con diversos riesgos a la vista, continua un alejamiento paulatino de los eventos catastróficos de 2008. En estas condiciones, aunque en lo inmediato las economías desarrolladas “la política debería utilizar todas las medidas prudentes para sostener una demanda anémica”, el punto crítico de la política fiscal a mediano plazo, es la “consolidación” fiscal a mediano término, aunque para algunos países (como los los EE.UU. y Gran Bretaña) pida un ritmo más lento en el mismo sendero de recortes.

EE.UU., la gran depresión y el desempeño pos Lehman

Sin embargo, resulta difícil sustentar una visión optimista, aún para el corto o mediano plazo. Aunque la situación de los EE.UU. contrasta favorablemente con la de Europa, esto habla más bien de la situación cada vez más sombría en la que se encuentra buena parte de la Unión como producto de las políticas de ajuste, y no de la fortaleza norteamericana. Así lo ponen en evidencia los pronósticos poco alentadores que están surgiendo en los últimos tiempos. J Bradford DeLong, economista neokeynesiano que hace no mucho tiempo mostraba gran confianza en las capacidades de la política fiscal y monetaria para sacar a la economía norteamericana del sendero de la depresión, ajustó en las últimas semanas las perspectivas que había trazado anteriormente. Hasta el momento, venía llamando a la crisis iniciada en 2007 Depresión Menor, señalando así su menor envergadura respecto de la Gran Depresión de los años ’30. Pero para Delong esta definición ya no se ajusta a la dinámica que está atravesando la economía norteamericana. Según sus estimaciones, “es casi seguro que las pérdidas [que para el autor totalizarán nada menos que el 60% del PIB de un año] no habrán finalizado para 2017”. Su conclusión es que debe dejar de llamar a la crisis que estamos atravesando “Depresión Menor”: “Sí, su forma es distinta a la de la Gran Depresión pero, hasta ahora por lo menos, no hay motivo para clasificarlo en un nivel inferior en la jerarquía de desastres macreconómicos”.

Tiempos muy austeros

Salir de lo más profundo del pozo no es lo mismo que recuperar dinámica. Las iniciativas desplegadas a lo largo de toda la geografía global ante el crack de 2008 permitieron realizar una contención de daños. Pero por la persistencia de los efectos de los quebrantos privados sobre las economías más ricas, no ocurrió nada parecido a una recuperación vigorosa y sostenida. Los elementos de contención devinieron a su tiempo en eslabones débiles, especialmente en la Unión Europea, y llegó el tiempo de los ajustes fiscales. También en los EE.UU.: la Administración de Barack Obama afronta un déficit muy elevado, pero ha llevado a cabo el mayor ajuste en 30 años: desde el 10% del PIB en 2011 hasta el 8,5% de 2013, y la previsión es que acabe en el 6,5% en 2014. Sin embargo, sería erróneo creer que sólo allí y en los EE.UU. se están produciendo ajustes profundos. En contra de lo que parece, las políticas de contracción fiscal se están dando en casi todo el mundo. El estudio “The Age of Austerity: A review of public expenditures and adjustment measures in 181 countries” estiman que en 2013 119 países ajustarán sus cuentas, y 131 lo harán en 2014. Es decir que las medidas de austeridad afectan hoy a 5.800 millones de personas y afectarán a 6.300 millones en 2015 (el 90% de la población mundial). Las medidas de contracción fiscal más generalizadas han sido la disminución de salarios públicos (en 74 países de bajo ingreso y en 23 de alto), reducción o eliminación de subsidios (en 78 países de bajo ingreso y 22 de alto), incremento de impuestos al consumo (63 de bajo ingreso y 31 de alto), reforma de las pensiones y de los sistema de salud (en 47 de bajo ingreso y 39 de alto), reformas diversas en los sistema de protección social orientadas a limitar su alcance (en 55 países de bajo ingreso y 25 de alto), y flexibilización del mercado de trabajo (según el FMI en 32 países pero según la OIT en 40 países).
En los últimos días ha caído en descrédito un estudio que se transformó rápidamente en un clásico, “Growth in a Time of Debt” de Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart (RR de acá en más), publicado en 2009. El mismo “probaba” que un nivel de deuda excesivo se transformaba en un lastre para el crecimiento económico. Para los países que mantenían niveles de deuda superiores al 90% del PIB durante cinco años o más, su crecimiento medio rondaba el -0,1%. Si bien desde el mismo momento de su publicación fue blanco de varias críticas (entre ellas la de una inversión de la causalidad entre crecimiento y deuda), pero la piedra del escándalo fue el descubrimiento de que, sencillamente, los resultados de RR eran el resultado de datos incorrectos. Fue el descubrimiento que hicieron Herndon, Ash & Pollin, según detallan en “Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogoff”. Analizando las hojas de cálculo usadas por los autores en su libro, comprobaron que los resultados principales surgían de simples errores de cálculo y transcripción. Uno de los más importantes fue la exclusión de lapsos de crecimiento de países (como Nueva Zelanda) con un ratio deuda/pib mayor al 90%.
Sin duda, estos descubrimientos arrastrarán al descrédito a la dupla RR y su trabajo. Sin embargo, no es de prever que eso vaya a torcer significativamente el rumbo de las políticas. La decisión de mantener las cuentas públicas ajustadas responde a presiones muy poderosas, no sólo por parte de instituciones multilaterales, sino especialmente de los grandes bancos y tenedores de títulos de deuda, pero sobre todo a la necesidad de avanzar medidas más de fondo para descargar la crisis sobre los trabajadores y los sectores populares buscando una salida mediante el ajuste.
Esta “era de austeridad” augura la persistencia de un crecimiento anémico. De todos modos, es un error culpar de la persistencia de la crisis a las medidas de recorte del gasto, como hacen distintas vertientes keynesianas, para quienes la iniciativa fiscal tiene capacidad de dar algo más que un alivio momentáneo. Contrario a lo que pregonan estas corrientes, aunque un recorte significativo del gasto en un contexto depresivo puede agravar los problemas, de esto no se deduce que un plan de gasto más ofensivo alcanza para encarar una salida de la crisis. Las “fallas tecnónicas” que recorren a una economía mundial descalabrada por el crack de 2008 no se pueden subsanar a fuerza de gasto público, como si este pudiera sobreponerse a las contradicciones sistémicas.

Un bombeo monetario cada vez menos enérgico

Ante las constricciones de la política fiscal, se expande cada vez más la experimentación con políticas monetarias en una escala sin precedentes en la historia del capitalismo. EE.UU. sigue a toda marcha con su QE3. Japón fue el último en sumarse a esta línea aventurera, en la expectativa de salir definitivamente de las tendencias deflacionarias que aquejan su economía hace décadas. Como señala un artículo reciente, “toneladas de dinero inyectadas en la economía a base de compra de bonos, préstamos baratos y unos tipos de interés por los suelos para reanimar el crédito, el consumo, la actividad. El nivel de estímulos no tiene precedentes, pero los riesgos tampoco”. Como señala otro autor, “desde 2011, poco más o menos, los costes de la flexibilización cuantitativa han comenzado a superar a sus beneficios, sometidos a una disminución de su rendimiento. La flexibilización cuantitativa ha creado una inflación en el precio de los alimentos que es muy perjudicial para los dos mil millones de personas que viven con menos de dos dólares al día […] El aumento del precio del petróleo ha sido muy negativo para la economía estadounidense; la caída del consumo estadounidense en 2011 se debió al aumento del precio de los alimentos y el petróleo”. El ingreso de nuevos países por esta senda de expansión monetaria en la que los EE.UU. fue pionero, podría agravar los problemas. Otro analista plantea sombríamente que “la élite financiera global se ha encontrado ante el dilema: o llevar el mundo por la vía deflacionista-depresiva con la plena bancarrota del sistema financiero, o por el no menos peligroso camino de la hiperinflación con el resultado confiscatorio análogo”. La pérdida de efectividad se hace visible en el hecho de que una escala en aumento de flexibilización cuantitativa produce un resultado cada vez más débil en el terreno del crecimiento, y cada vez mayor en el de los precios.
Que se sumen nuevos países al batallón de los que intentarán la alquimia monetaria, augura que, bajo el rótulo de la “batalla del crecimiento”, se desarrolle en realidad una guerra de monedas, hace años anunciada aunque pospuesta. Una “coordinación” de las principales economías (desarrolladas y “emergentes”) impulsando en simultáneo políticas monetarias ultra-expansivas, podría multiplicar la inestabilidad monetaria y financiera, alimentando aún más burbujas en todo el planeta, y golpeando de coletazo a los países que vienen basando su crecimiento en altos precios de commodities en dólares. Pero además, hace cada vez más difícil que la respuesta coordinada se siga imponiendo por sobre las numerosas líneas de disputa entre los principales imperialismos, y de ellos con varias potencias emergentes. Como señala este estudio, si en el último año se buscó mostrar que la respuesta a la crisis era más integración, con numerosos acuerdos de liberalización del comercio entre distintas regiones del planeta, estos han entrado rápidamente en un estado de empantanamiento.

Los peores fantasmas

Aunque ya varias veces el coro de optimistas (con acompañamiento de algunos “críticos inmanentes”) anunció que “esta vez es diferente”, que el aprendizaje respecto del pasado de crisis alcanzaría para desplegar iniciativas para salir de la crisis y evitar un sendero traumático como el de la Gran Depresión, estamos viendo exactamente lo contrario. En una situación por el momento sin catástrofes pero tampoco de recuperación sólida, con un crecimiento global descomponíendose en tres velocidades, los márgenes para las iniciativas coordinadas se estrechan. Y, ante la dureza de los ataques del capital, en una geografía cada vez más extendida los trabajadores buscan resistir a los ataques, una inesperada “vuelta de la lucha de clases”.
Este sistema ha mostrado, y vuelve a mostrar en la crisis histórica actual, una gran capacidad de “destrucción” que sólo en las mentes de los apologistas de este sistema de explotación puede seguir presentándose como “creativa”. Para los trabajadores de todo el mundo, es urgente mostrar su creatividad en desarrollar una alternativa. Lejos de un paulatino alivio de la situación, los principales choques (“crisis, guerras y revoluciones” como diría Lenin) están ante nosotros. Para eso debemos prepararnos los revolucionarios.

Esteban Mercatante

La masacre de Dacca y la rebelión de las obreras textiles



1. Masacre en las vísperas

Ese 24 de abril, algunas obreras sentían que las paredes crujían. A pesar del ruido de las overlocks podían escucharlo. A pesar del polvo podían ver las grietas. Pero no las dejaron ir. Una de ellas escapó, quizás dos, pero 4000 siguieron cosiendo, poniendo las brillantes etiquetas, embolsando. Hasta que el estampido aplacó las overlocks y barrió el polvo de las salas, acalló el murmullo de las obreras para convertir todo en silencio y escombros. Después, los gritos. Miles de gritos. De dolor, de socorro, de furia. Los que lograban salir buscaban a sus familiares, a sus amigos. Ese 24 de abril, uno de los edificios que aloja decenas de talleres textiles en Dacca, la capital de Bangladesh, se vino abajo, arrastrando máquinas y cuerpos. En la víspera del 1º de Mayo, ya contaron 405 víctimas fatales. Pero saben que cuando terminen de levantar los bloques serán muchos más. Este 1º de Mayo, como pocas veces, el capitalismo volverá a mostrar que es capaz de ofrendar las vidas obreras que hagan falta, para sobrevivirse.

2. Made in Bangladesh

En la “sastrería de Occidente” manda la dictadura del capital. No son sólo capataces bengalíes los que ponen las reglas. Las ordenan por teléfono los gerentes de las grandes marcas europeas y norteamericanas. Zara, Levi’s, Lee, Calvin Klein, Tommy Hilfiger, Walmart, Carrefour, Nike, Ralph Lauren, Primark. La deslocalización de la industria textil y de la moda pegó un salto en las últimas décadas. Las conquistas que, a pesar del neoliberalismo, tenía el movimiento obrero de los países centrales, llevaba a los capitalistas a tercerizar la producción en fábricas de los países asiáticos y centroamericanos. Bangladesh es el paraíso para los popes de la moda. El Manchester del siglo XXI. Tres millones y medio de trabajadores pasan sus días en sus plantas textiles, 12, 14 horas por día. Las telas y confecciones que producen se exportan por 5 mil millones de dólares, pero ellos cobran 32 dólares mensuales. Peor: por la inflación, el salario real cayó entre un 30% en los últimos tres años. En Dacca, un 53% de las empresas no paga las horas extras y un 15 % no pagan los salarios a tiempo. Si van a terminar doblados, extenuados, muertos de hambre, de esfuerzo, de escombros, ¿para qué mantenerlos? se preguntan algunos patrones. Por eso la tragedia de las vísperas del 1º de mayo se suma a la del 24 de noviembre del año pasado, hasta alcanzar los 900 muertos en la industria textil en los últimos 10 años.

3. Policía industrial

El gobierno tiene sólo 18 inspectores para controlar las condiciones de trabajo de las 100 mil plantas y talleres que funcionan alrededor de Dacca, pero creó una “policía industrial” para ayudar a los empresarios a disciplinar a quienes se rebelan contra tanta opresión. De las 5 mil fábricas textiles de Bangladesh, en sólo 15 hay organización sindical. Las grandes marcas hablan de “responsabilidad social empresaria” en los canales de la metrópoli, mientras salen a cazar quien quiera organizarse en las calles y fábricas de Dacca. El activista Aminul Islam fue encarcelado y torturado durante 30 días a pedido de empresarios proveedores de Carrefour y WalMart. A los pocos días de ser liberado, Islam apareció muerto con signos de tortura. Pero no hace falta ser arrestado para estar enjaulado. La mayoría de los que quisieron escapar del derrumbe se encontraron con puertas cerradas, candados y rejas. ¿Sólo Bangladesh tiene una policía industrial, o en realidad todo el capitalismo necesita de sus perros guardianes, dentro y fuera de las empresas, para perpetuar la explotación?

4. Las manos de Farida

Las manos de Farida están atadas. Cosen, descosen, vuelven a coser. Las manos de Farida están cansadas. Pasan las telas, pasan las horas. Las manos de Farida están vacías. No tienen pan, no tienen dinero. Las manos de Farida están rotas. Doloridas, endurecidas, encallecidas, abatidas. Las manos de Farida están caídas. Después del derrumbe, su madre no puede levantarlas. ¿Quién las levanta, quién las hace puño, piedra, bandera? ¿Quién las despierta, las alivia, las llena de odio? ¿Quién las convierte en fuerza demoledora, vengadora, hasta que las fábricas sean nuestras, de todos?

5. Costureras

El 90% de las víctimas de la industria textil (y hoy de sus escombros) son mujeres. Llegadas desde las zonas rurales, les cambian las picas por las overlocks, pero sigue siendo de sol a sol. Y más: después vienen las “tareas del hogar”. Según estudios sanitarios, el 68% de las mujeres bengalíes sufre de debilidad y fatiga constante. El segundo gran problema de salud son las úlceras gástricas por los bajos ingresos y los hábitos alimenticios irregulares (¿a quién le toca comer hoy?). Le siguen los dolores en el pecho, la espalda, la vista y articulaciones, todo derivado de las condiciones de trabajo. El acoso sexual está “regulado”: lo imponen los capataces y la policía industrial. Las infecciones urinarias corren como una plaga: si no las dejan irse cuando se está por derrumbar el edificio, ¿por qué las van a dejar interrumpir su trabajo para ir al baño? La “sastrería de Occidente” no ha aceptado poner guarderías para los hijos de las obreras. Ni salones con juguetes, ni maestras que hacen mimos, ni galletas dulces para comer tirados en colchonetas. Si no soportan el hambre, pueden entrar a trabajar en las mismas fábricas que sus madres.

6. Manos pequeñas, sueldos pequeños

Shanta tiene 9 años. Reparte su tiempo entre la escuela y la fábrica de válvulas. Entre la tabla del 2 y el golpe de las máquinas. Esos golpes le robaron un pedazo de dedo y le deformaron otro. Pero otros compañeritos se llevaron peor parte. En Bangladesh, 13 millones de niños y niñas trabajan. Textiles, servicio doméstico, metales, ladrilleras y minas. Muchas de ellas terminan en las “casas para solteros” de India. En el edificio derrumbado el 20 de abril había niños. Cobran mucho menos que (lo menos) que cobran los adultos. El último eslabón de la cadena de la esclavitud asalariada. 10 dólares por mes, sin máscaras, sin guantes, sin comida. Sin lápices, sin juguetes, sin sonrisas. Hasta que la noche traiga el sonido de la sirena de la fábrica. Periodista: ¿Y cuando juegas? Ruman (obrero metalúrgico, 11 años): Salgo a jugar cuando se va la luz en la fábrica. En ese momento salimos todos a la calle a jugar a la pelota. Periodista: Los domingos no trabajas en la fábrica, ¿Qué haces? Ruman: Duermo. Duermo mucho. Casi siempre estoy cansado [*].

7. Ropa sucia

Zara, Levi’s, Lee, Calvin Klein, Tommy Hilfiger, Walmart, Carrefour, Nike, Ralph Lauren. La joven entra al Corte inglés, la principal tienda de España. Las luces la encandilan, las escaleras la deslizan por pisos y entrepisos, la llevan entre ofertas y maniquíes, la meten en una tienda luego en otra, la entregan a los vendedores que la giran y cautivan con talles y colores, que le eligen la camisa blanca y la vuelven a girar, que le dicen está-hecha-para-vos. La camisa-hecha-para-ella tiene una mancha de sangre en el cuello. Le traen otra, pero desgarrada, como si una mano se hubiera aferra a ella antes del abismo. Le traen otra, empapada, mojada, enteramente sudada, como si alguien hubiese cocido 12, 14, 16 horas envuelta en ella. Otra más, pero con las mangas quemadas, escaldadas, puede sentir el calor al tocarlas. Disculpe señorita, hoy no tuvo suerte, no tenemos camisas-hecha-para-vos. Era tarde, la joven ya había guardado su tarjeta de descuentos y corría por el pasillo, alejándose de las luces y los maniquíes. Las costureras de Bangladesh, como espíritus vengadores, recorren las tiendas de la vieja Europa. Cuando escuchen la última súplica de los capitalistas de la moda y ardan las marquesinas, que no digan que no les avisaron.

8. Grito

Afiche de convocatoria a la marcha tras la masacre de noviembre de 2012, con 124 víctimas fatales

“Me encerraron
Me quemaron viva
No quiero más conferencias de prensa
Porque la fábrica es una cárcel
No acepto trabajar encerrada”.

9. En nombre de las generaciones masacradas y esclavizadas

La ofensiva burguesa de las últimas décadas extendió el capitalismo a áreas más vastas del planeta. Miles de millones de campesinos hoy trabajan (y mueren) en las fábricas de China, India, Bangladesh. También extendió, a su manera, a la clase que lo sepultará. ¿O merece otro final este sistema criminal? Cuando todavía los rescatistas escuchaban murmullos debajo de la montaña de telas y ladrillos, la furia se desató. Los obreros que escaparon y los familiares de los muertos recorrieron las calles, golpearon las puertas de los talleres, enfrentaron a la policía. Los gritos no fueron solo de dolor. El odio contra los capitalistas asesinos, de Dacca y de Madrid, aturdió la zona industrial. Como aquellas obreras que, luego de la masacre de la fábrica Cotton de Nueva York, recorrieron las calles año tras año para reivindicar a sus mártires, y para exigir derechos, jornada laboral de 8 horas, permisos de maternidad y lactancia, a organizarse en un sindicato. Las mujeres bengalíes fueron parte de la “primavera árabe”, cuando enfrentando al gobierno y los clérigos islamitas, marcharon en abril de 2011 para reclamar más derechos. Son las mismas que, para escapar a la policía industrial y enfrentar la discriminación de algunos funcionarios sindicales, se organizan en los barrios obreros de Ashulia. Hoy tapan las lágrimas con un grito de furia. “Tanto el odio como la voluntad de sacrificio se alimentan de la imagen de los antecesores esclavizados”. (Walter Benjamin)

10. Bangladesh está cerca

¿Quién dijo que Bangladesh es otra época, otro mundo? ¿Quién dice que no son las mismas empresas, los mismos modos de producción, el mismo capital que acá y allá convierte al trabajador en una bestia de carga? Que lo exprime, la descarta, lo mata. ¿Quién dice que aquí se impuso la vieja bandera del 1º de Mayo y los mártires de Chicago, de las 8 horas de trabajo, las 8 de descanso y las 8 de ocio? ¿Y que no hay talleres textiles que exprimen a nativos y sobre todo inmigrantes, incluso hasta la muerte? ¿Y que no hay grandes marcas que tercerizan, y gobiernos que garantizan esa explotación? A pesar de las conquistas de nuestra clase, Bangladesh no puede estar lejos para nosotros/as. Como dijo George Engel, uno de los mártires de Chicago y el 1º de Mayo ante el tribunal que lo condenaba. “Comprendí que para el obrero no hay diferencia entre Nueva York, Filadelfia o Chicago, así como no la hay entre Alemania y esta república tan ponderada… Entonces entré en la Asociación Internacional de Trabajadores. Los miembros de esta asociación están convencidos de que sólo por la fuerza podrán emanciparse los trabajadores, de acuerdo con lo que la Historia enseña. En ella podemos aprender que sólo por la fuerza fue abolida la esclavitud…” Sólo un partido mundial de la revolución terminará con las masacres capitalistas y su ropa sucia.

Lucho Aguilar

[*] En www.vanguardia.com.

La apuesta de Stalin por el estado de Israel



La conmemoración de Al Naqba, la expulsión de gran parte de la población palestina tras la creación del estado de Israel, ha vuelto a constituir una jornada sangrienta que recuerda casi un siglo de violencia permanente. Desde finales de los años 50, la firme alianza de Israel con Estados Unidos, y la de la URSS con algunos regímenes árabes, un resultado lógico de la guerra fría, ocultó que si el neonato estado sionista pudo superar las agónicas circunstancias de su aparición fue en buena medida gracias al apoyo de la Unión Soviética y no tanto a la ayuda norteamericana. Este fue el contenido central de una exposición celebrada en el Museo Militar de Chequia, resumida en un artículo titulado El año en que Stalin salvó a Israel, publicado por Xavier Lacosta en Historia 16, nº 372 (2007), pp. 80-97. En otro de sus frecuentes errores estratégicos, el dictador soviético menospreció el contenido nacionalista y racista del sionismo para fijarse tan sólo en el vigor de sus organizaciones socialistas. Decidió apostar con fuerza por la implantación del estado judío creyendo que sería posible encontrar en él un aliado contra las monarquías árabes conservadoras, vinculadas hasta entonces a la Gran Bretaña.
Una gran parte de los primeros judíos emigrados a la 'Tierra Prometida' procedían del este de Europa, de comunidades que habían sido objeto de las sevicias de fanáticos eslavófilos ultraconservadores excitados por la policia, o por los sectores más reaccionarios de los viejos imperios zarista o austrohúngaro. No resulta extraño, pues, que el primer sionismo se impregnara de visiones y proyectos colectivos basados en socialismos de diverso estilo, ideología más popular que el liberalismo entre los revolucionarios que luchaban contra el germanismo centroeuropeo o la autocracia rusa.
Esta ideología socialista resultó, por otro lado, funcional cuando se iniciaron las adquisiciones de tierras y otras propiedades gracias a los fondos aportados por ricos donantes judíos occidentales, como el banquero Edmon Rothschild. Que estos benefactores representaran el capitalismo en su más acabada expresión no suponia un problema para el socialismo sionista. Lo realmente útil es que las nuevas explotaciones se forjaban en régimen de cooperativa (los famosos kibbutz). Esto permitía prestar apoyo humano y económico a la instalación de emigrantes que desconocían absolutamente todo sobre Palestina, y a quienes faltaban también de conocimientos previos sobre la tierra o el trabajo artesano. De lo que no carecían era de una formación intelectual europea y de soporte económico externo.
La propiedad colectiva de los medios de producción, la más antigua aspiración del marxismo, se hacía así realidad, al tiempo que permitía excluir una contratación laboral de tipo capitalista, reservando todos los puestos de trabajo exclusivamente a los emigrantes judíos miembros de la comunidad de propietarios, e impedía la salida de esas propiedades a un mercado libre que hubiera podido volver a ponerlas en manos de la población nativa árabe, cristiana o musulmana. Es un mito que antes de la llegada de los emigrantes judíos nada hubiera prosperado en la futura tierra de Israel. Bien al contrario, Xavier Lacosta remarca que los primeros disturbios antisionistas estallaron en Haifa, el principal centro económico de Palestina, donde los árabes empezaban a desarrollar negocios de carácter privado (indudablemente capitalista), agudizando la contradicción con las formas económicas adoptadas por los judíos.
Éstos crearon poderosas organizaciones políticas y sindicales, como el Paole Sion, antecedente del partido Laborista, o la Histraduth, su central sindical, al tiempo sionistas y pretendidamente de izquierdas. Los árabes quedaron excluídos de tales organizaciones, y también de los beneficios económicos y sociales que generaba la actividad económica de los inmigrantes judíos. Los centenares de miles de recién llegados que fueron instalándose tras la I Guerra Mundial se integraron en estas agrupaciones y en sus equivalentes defensivos, como la Hagana. El cuerpo de choque de los kibbutzim, el Palmach, encuadraba muchos militantes que se consideraban abiertamente marxistas-leninistas. Otros grupos más claramente derechistas o cuasi fascistas, como el Likud o el Grupo Stern, siempre fueron minoritarios en esta etapa.
Cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó en 1947 la partición de Palestina y la creación del Estado de Israel, lo hizo tras un emocionante discurso de Andrei Gromyko, embajador soviético ante el organismo, que justificó en todos sus aspectos la argumentación sionista sobre los derechos históricos a instalarse en el antiguo territorio bíblico, añadiendo a ello los méritos adquiridos por el pueblo judío tras haber sufrido el Holocausto a manos de los nazis (que no tenían relación alguna con Palestina, por otro lado).
Semejante toma de posición se debía al fracaso de las políticas anticoloniales estalinistas, que no habían conseguido atraer ningún sector social importante hacia los minúsculos partidos comunistas árabes. En la comunidad judía de Palestina había más marxistas que en todos los estados vecinos juntos, y los judíos estaban perfectamente dispuestos a aceptar una ayuda que necesitaban desesperadamente y que se les ofrecía a cambio de una vaga simpatía ideológica. Por el contrario, Estados Unidos no decantó su postura hasta el último momento. El Departamento de Estado norteamericano era contrario al reconocimiento del nuevo Israel y sólo el miedo de Harry Truman a perder el voto judío en las elecciones de 1948 inclinó la balanza hacia el sionismo. Gran Bretaña, ligada por sus problemas de orden público en Palestina y por su influencia en Oriente Medio, se limitó a abstenerse en la votación. Fue también la URSS, por delante de Estados Unidos, el primer país que reconoció internacionalmente a Israel y solicitó un intercambio de embajadores.
Pero el nuevo estatus internacional debía ser sostenido sobre el terreno por la fuerza de las armas, y pocos eran los que apostaban por la supervivencia de unos colonos que, aunque entrenados por asesores británicos durante la II Guerra Mundial, debían hacer frente a sus vecinos musulmanes y cristianos y a los ejércitos de cinco estados árabes.
Es en este aspecto estrictamente militar donde la ayuda de Stalin cobra, para el autor, toda su decisiva importancia. Mientras Estados Unidos decretaba un embargo de armas a los dos bandos contendientes, a través del recién instaurado régimen comunista de Checoslovaquia y de una Yugoslavia que aún no había roto con la URSS, los soviéticos proporcionaron al nuevo ejército israelí 50.000 fusiles checos, 6.000 metralletas, 90 millones de cartuchos y, lo más relevante, 81 aparatos de combate, haciéndose cargo del entrenamiento de los pilotos y la formación de los equipos de mantenimiento en tierra, lo que permitió obtener una superioridad aérea clave en el conflicto. Todo ello mediante cobro, con un coste de 40.000 dolares por avión y 10.000 por cada piloto. Pero esto no suponía ningún problema para el gobierno de Tel Aviv, que habían recibido más de 50 millones de dólares en donaciones tan sólo desde Estados Unidos. "Un avión Constellation volaba diariamente entre Checoslovaquia e Israel bajo bandera panameña para transportar pertrechos y personal en un verdadero puente aéreo conocido como Operación Balak". El destino oficial de las armas era Etiopía, pero ninguna de ellas llegó al continente africano.
Como la primera remesa de aviones no demostró una gran fiabilidad, se consiguió enviar, ya durante la primera tregua en los combates, una segunda tanda formada por Spitfire sobrantes de la Guerra Mundial, que fueron transportados, esta vez directamente, por pilotos judíos y mercenarios contratados, desde Checoslovaquia hasta Israel.
Gran Bretaña apostó durante el primer conflicto por la victoria de los árabes, por sus intereses globales en la zona, y por su amargura frente a la presión migratoria y el terrorismo sionista que habían ensangrentado los últimos años de su Mandato en Palestina. Resulta significativo de la superioridad alcanzada por la nueva aviación israelí que "horas antes del armisticio de 1949, el 7 de enero, un oscuro incidente en la frontera egipcia del Neguev entre israelíes y británicos se resolvió con el derribo de cinco aviones ingleses con base en Egipto y la muerte de dos de sus pilotos por parte de cazas judíos."
Es bien conocido el resultado de esta apuesta de Stalin por el nuevo estado. Las primeras elecciones en Israel dejaron en abierta minoría al Partido Comunista de Israel, que admitía también miembros árabes y había colaborado activamente en las negociaciones con la URSS y Checoslovaquia, mientras que obtenía la victoria el claramente sionista y mucho más prooccidental Mapai. Esto supuso el cese de la ayuda militar checa. El desplante del minúsculo Israel a la gran potencia soviética inflamó la furia de Stalin. Mientras 750.000 palestinos eran expulsados violentamente de sus hogares, en la URSS se desató la caza al espía proisraelí, incluída la paranoica persecución de los médicos judíos del Kremlim. "A Israel también le interesaba ocultar el alcance de la ayuda recibida para no aparecer ante el mundo como superior a sus vecinos, sino como víctima de ellos a los que derrotaba (...) en un alarde de ingenio, valor, audacia y superioridad moral: jugaba la baza de la imagen bíblica del David sionista contra el Goliat arabe que, con las cifras sobre la mesa, era justo al revés." Y todo, gracias a la repetidamente probada perspicacia estratégica del dictador georgiano.

Ismael Almazán
envueltosenhistoria

http://www.slideshare.net/endefensadeisrael/cuando-stalin-salvo-a-israel-528779

Aniversario de la fundación del Estado de Israel. 65 años de genocidio y opresión



A 65 años de la fundación del Estado de Israel y su contrapartida en la Nakba palestina, la realidad demuestra que en nuestra época las demandas democráticas de los pueblos oprimidos, como el derecho a la autodeterminación nacional, son irresolubles en los marcos del capitalismo. Las consecuencias trágicas de la creación del Estado judío persisten en más de 5 millones de palestinos que viven en campos de refugiados sin derecho de retorno a sus tierras originarias, 1,6 millones concentrados en la Franja de Gaza, un gueto a cielo abierto bloqueado por aire, mar y tierra desde 2007. Otros 2,5 millones en Cisjordania que sufren la hostilidad de 500.000 colonos judíos armados hasta los dientes, en tanto 2 millones de “árabes israelíes” residentes en el estado judío son discriminados como ciudadanos de segunda categoría. Según los organismos de DD.HH. hay 4.804 presos palestinos, de los cuales 270 son pibes menores de 15 años y 21 son diputados electos de Fatah y Hamas. Desde 1967 más de 1 millón de palestinos dejaron su huella en las mazmorras israelíes.

Limpieza étnica

En 1898, Teodoro Herzl, el fundador del sionismo, señalaba en su libro El Estado judío que Palestina era “una tierra sin pueblo” destinada a “un pueblo sin tierra”, el leit motiv que alentaba la colonización judía en Medio Oriente. Pero esa región estaba habitada hacía siglos por una rica sociedad multiétnica, predominantemente árabe, que convivía pacíficamente con una minoría turcomana, armenia, griega, drusa, beduina, circasiana y judía. Después de la Primera Guerra Mundial, y tras el ocaso del Imperio Otomano, Inglaterra ocupó su lugar (repartiendo Medio Oriente con Francia en el acuerdo de Sykes-Picott) e instauró un régimen de protectorado con un ejército de 10.000 hombres para mantener a raya a los movimientos nacionalistas árabes. Con esa finalidad dio su visto bueno a la emigración de judíos ashkenazis que pusieron en pie las primeras colonias sionistas. En la huelga general de 1930 el ejército británico armó a los movimientos sionistas para reprimir las movilizaciones radicalizadas del movimiento nacional palestino. Fue un salto cualitativo para constituir la Haganá, la principal milicia terrorista que desde 1920 azotaba a los campesinos palestinos para apropiarse de sus tierras. Curiosamente, sus dos desprendimientos revelan el reverso más siniestro del sionismo. El Irgún fue la milicia creada por el influjo de Vladimir Jabotinsky, el “primer ciudadano fascista” reconocido por el mismo Mussolini, a pesar de las leyes raciales. El Leji, más conocida como la banda de Abraham Stern, se destacaba porque reclamaba “una alianza con los nazis para terminar con el imperialismo británico”. Evidentemente, todo el empeño de los sionistas era la “desarabización” de Palestina, dando la espalda a los judíos perseguidos por la bestia nazi. Por eso la llamada “Shoa” constituye una apropiación ilegítima del genocidio judío, usurpando la memoria de 6 millones de judíos asesinados.
Irónicamente, a fines de 1947 EE.UU. e Inglaterra, los mismos que se negaron a abrir sus fronteras a los judíos que buscaban refugio, junto a la burocracia stalinista de la URSS, llamaron a la partición de Palestina, otorgando el 52% del territorio a los judíos que formaban menos del 30% de la población. Las masas palestinas rechazaron masivamente el ultimatum. Pero la tensión terminó de romper los lazos de solidaridad entre árabes y judíos, y en mayo de 1948 abrió paso a las milicias sionistas con el Plan Dalet, un plan de limpieza étnica que arrasó 531 aldeas y 11 barrios urbanos, expulsando cerca de 1 millón de palestinos al exilio y confiscando todos sus bienes. Así, el genocidio palestino fue la base sobre la cual se edificó el Estado de Israel, un estado racista y colonialista desde su propia génesis, en expansión permanente y que hoy ocupa el 80% de la Palestina histórica.

La continuidad de 1948

En 1967, tras la Guerra de los Seis Días, la colonización pegó un nuevo salto. Las tropas israelíes ocuparon Jerusalén oriental, Cisjordania, Gaza, los Altos del Golán y la península del Sinaí (más tarde devuelta a Egipto a partir de los acuerdos de paz de Camp David). EE.UU. financió la colonización de Cisjordania enriqueciendo a la burguesía ashkenazí a partir de la explotación de la mano de obra barata palestina, desprovista de todo tipo de derechos.
Al no lograr doblegar la resistencia palestina, en 1993 EE.UU., el Estado de Israel y Yasser Arafat, líder histórico de Fatah y la OLP, promovieron los Acuerdos de Oslo, a partir de la propuesta de dos estados, un fraude que negaba las demandas democráticas más sentidas, como el derecho de retorno de los refugiados y el establecimiento de la ciudad capital en Jerusalén oriental. La cooptación de Fatah sobre la creación de la Autoridad Palestina, dio lugar al desarrollo de Hamas, el partido islámico que apareció en escena en 1987 durante la primera Intifada, financiado por el Estado de Israel para licuar el nacionalismo laico de Fatah, aunque más tarde enfrentó el colaboracionismo de la Autoridad Palestina ante el evidente fracaso de Oslo. Hoy Hamas administra los destinos de Gaza bajo el padrinazgo de las petromonarquías de Qatar y Arabia Saudita y la Hermandad Musulmana de Egipto, haciendo silencio sobre el reciente ataque israelí a Siria.
Los nuevos vientos de la Primavera Arabe y el creciente desprestigio del Estado sionista tras su derrota en la guerra de Líbano de 2006 abren una nueva situación para la lucha del pueblo palestino y sus reclamos históricos.
Responsable de 6 guerras regionales, cientos de operativos militares y miles de asesinatos selectivos, el Estado de Israel corrobora que es un estado gendarme en guerra permanente con los pueblos árabes, en función de los intereses del imperialismo y las burguesía árabes reaccionarias. Su vigencia es incompatible con el derecho de autodeterminación del pueblo palestino y las legítimas aspiraciones de paz entre árabes y judíos.

Miguel Raider

¿Puede triunfar el fascismo en Venezuela?



Es común en Venezuela oír a los representantes políticos del capitalismo acusar al gobierno bolivariano de fascista, y ello es como el cuento del ladrón que para despistar a sus perseguidores grita “¡al ladrón, al ladrón!”. ¿Por qué decimos esto?, porque el fascismo no es sino el rostro más sanguinario y cruel del capitalismo, al que recurre la burguesía cuando, en una situación de crisis revolucionaria, ve que puede perder el poder a manos de los trabajadores (caso de Alemania e Italia en el siglo pasado) o cuando ya ha perdido dicho poder y no puede recuperarlo por los medios que le da su propia legalidad burguesa, como son las elecciones, (caso Venezuela). “La burguesía decadente es incapaz de mantenerse en el poder con los métodos y medios creados por ella misma (el Estado parlamentario). Necesita el fascismo como instrumento de autodefensa, al menos en los momentos más críticos” (1), decía el gran revolucionario marxista que fue León Trotsky y, en ese sentido, agregaba: “El fascismo es sola­mente un garrote en manos del capital financiero”. Para llevar adelante esta tarea represora y volver a colocar en su sitio a los explotados que osaron alzarse contra su dominio, la burguesía, una clase social numéricamente pequeña, debe apoyarse en la pequeña burguesía, a la cual “pone en pie, moviliza y arma” para lanzarla en contra de la clase obrera, utilizando para ello a organizaciones políticas que defienden sus intereses. En Italia fue el partido Nacional Fascista, en Alemania el partido Nacionalsocialista Obrero Alemán. En la Venezuela actual, donde en los 14 años que se ha prolongado la revolución la burguesía ha intentado infructuosamente por todos los medios recuperar el poder político, existe un partido que ha demostrado tener todas las condiciones necesarias para, llegado el momento, aplicar estos métodos. Nos referimos a Primero Justicia, un partido con dirigentes como Leopoldo López y Henrique Capriles Radonski, burgueses con un pasado relacionado con organizaciones neonazis como la secta TFP, que ha logrado en los últimos tiempos crecer e incrementar su influencia en forma importante dentro de la pequeña burguesía e, inclusive, de sectores proletarios atrasados a los cuales ha llegado con su discurso demagógico para movilizarlos en contra de la revolución.

¿Por qué sectores importantes de las masas apoyan a los fascistas?

El ya mencionado León Trotsky decía, en referencia al auge creciente del movimiento nazi en Alemania en los años 30 del siglo pasado, que “el fascismo, en tanto que movimiento de masas, es el partido de la desesperanza contrarrevolucionaria”. Y decía esto porque, como él mismo explicaba, dicho crecimiento del nacionalsocialismo estaba relacionado, básicamente, con la pérdida de la esperanza en la revolución por parte de capas cada vez más importantes de la pequeña burguesía que, a su vez, arrastraron tras de sí, en su desesperación, a sectores también considerables del proletariado. El movimiento de estas capas sociales hacia el bando fascista se dio en medio de una fuerte crisis social y de la incapacidad demostrada por parte de los partidos de la clase obrera de impulsar la revolución hacia la victoria.
Como planteara el propio Trotsky, en una situación revolucionaria la clase media sólo se va a entusiasmar con la revolución y a seguir al proletariado si ve que éste actúa con determinación y firmeza en contra del enemigo común, la burguesía, y se convierte en una alternativa real de poder. “… bajo las condiciones de desintegración capitalista y el atolladero de la situación económica, la pequeña burguesía procura, intenta y se esfuerza por liberarse de las ataduras de los antiguos amos y dirigentes de la sociedad [los capitalistas]. Es totalmente capaz de unir su destino al del proletariado. Para eso sólo se necesita una cosa: la pequeña burguesía debe adquirir confianza en la capacidad del proletariado de llevar a la sociedad por un nuevo camino. El proletariado sólo puede inspirar esa confianza por su fortaleza, por la firmeza de sus acciones, por una hábil ofensiva contra el enemigo, por el éxito de su política revolucionaria. Pero ¡ay si el partido revolucionario no está a la altura de la situación!... La pequeña burguesía podría resignarse temporalmente a privaciones crecientes si a través de su experiencia llega a la convicción de que el proletariado está en condiciones de llevarla por un nuevo camino. Pero si el partido revolucionario, a pesar de que la lucha de clases se acentúa incesantemente, se muestra una y otra vez incapaz de unificar a la clase obrera tras él, si vacila, se vuelve confuso, se contradice, entonces la pequeña burguesía pierde la paciencia y empieza a considerar a los obreros revolucionarios como los responsables de su propia miseria. Todos los partidos burgueses, incluida la socialdemocracia, piensan en ello. Cuando la crisis social asume una agudeza intolerable, aparece en escena un determinado partido con el objetivo declarado de agitar a la pequeña burguesía hacia un blanco de ira, y de dirigir su odio y su desesperación contra el proletariado. En Alemania, esta función histórica la realiza el nacionalsocialismo, amplia corriente cuya ideología está formada por todos los tufos pútridos de la sociedad burguesa en descomposición” (1).
Esta situación no sólo se dio en Alemania, previamente también había ocurrido en Italia, cuna del fascismo, cuando, en medio de una profunda crisis capitalista, y con todas las condiciones objetivas a su favor, el partido Socialista, por sus políticas reformistas, no fue capaz de ponerse al frente de la revolución y tomar el poder, con lo cual generó la desesperanza y la confusión en las filas de los trabajadores que lo apoyaban, cediéndole la iniciativa en la lucha de clases a los fascistas de Mussolini, que sí llegarían al poder después de aplastar a sangre y fuego a la clase obrera italiana. “La responsabilidad política fundamental del crecimiento del fascismo recae, por supuesto en los hombros de la socialdemocracia [reformistas]… La pequeña burguesía puede seguir a los obreros sólo si ve en él al nuevo señor. La socialdemocracia enseña al obrero a ser un lacayo. La pequeña burguesía no seguirá a un lacayo. La política del reformismo priva al proletariado de la posibilidad de dirigir a las masas plebeyas de la pequeña burguesía y, por tanto, convierte a esta última en carne de cañón para el fascismo” (1).
Las últimas elecciones presidenciales del 14 de abril en Venezuela dejaron, entre tantas cosas, algo por demás evidente: que las fuerzas de la contrarrevolución, encabezadas por el partido Primero Justicia, lograron arrebatarle en 6 meses más de 600.000 votos a la revolución, alcanzando una peligrosa situación de emparejamiento cuantitativo con ésta última. Las causas generadoras de esta realidad no hay que buscarlas muy lejos sino, como se explicaba antes, en la desesperanza en que están cayendo amplios sectores de las masas con respecto a la revolución, la cual, luego de 14 años, no ha sido capaz de solucionar problemas crónicos del capitalismo como la inseguridad, la inflación, la escasez, etc., etc. Con su terquedad en mantener el sistema capitalista y apuntalar al Estado burgués, la burocracia bolivariana ha quedado entrampada en sus políticas reformistas que no le permiten avanzar y sólo profundizan los problemas existentes que alejan de la revolución a una parte del pueblo.

¿Cómo detener al fascismo y reconquistar a las masas que ahora lo apoyan?

Sin haber triunfado en las elecciones, el hecho de haber obtenido un buen resultado electoral le bastó a lacontrarrevolución para dejar rápidamente a un lado su perfil “democrático” y mostrar su rostro fascista, igual que en abril de 2002 y noviembre de 2007, y avisar lo que estaría dispuesta a realizar para aplastar a los trabajadores y a la revolución en caso de acceder al gobierno. Esto es muy peligroso y es algo que no debe ser subestimado por los revolucionarios, recordar sino Chile 1973. Afortunadamente, la situación aún es reversible. Por un lado, la contrarrevolución, más allá de este éxito relativo y circunstancial en las elecciones, carga con una gran losa sobre su espalda y es el hecho que el sistema que defiende y promociona, el capitalismo, se hunde en todo el mundo sumido en la más profunda crisis de su historia. Por otro, la clase obrera venezolana, el objetivo a derrotar para ellos, a pesar de los golpes que ha venido recibiendo por parte de burgueses y burócratas, no ha sido derrotada y posee una fuerza considerable. El fascismo no se combate con amor, como ha afirmado recientemente la ex ministra Mari Pili Hernández, ése es un grave error, el fascismo se detiene en la calle con la movilización de la clase obrera y el pueblo. Pero mejor que esto, la forma más eficaz y definitiva para acabar con el peligro del fascismo y, al mismo tiempo, recuperar la esperanza en la revolución de esa porción de las masas que últimamente ha apoyado a los representantes de la burguesía, es acabando de una buena vez con el sistema capitalista, expropiando a la burguesía y eliminando las relaciones de producción capitalistas, desmontando al Estado burgués y reemplazándolo por un Estado obrero ahora, no dentro de cien años, planificando la economía socializada en beneficio de todo el pueblo, estableciendo el monopolio estatal del comercio exterior, entre otras medidas. En definitiva, que los trabajadores tomen el poder y lleven la revolución hasta el final. Esto es absolutamente posible realizarlo en este momento ya que las fuerzas de la revolución continúan siendo superiores a las de la contrarrevolución, de lo contrario, si se mantiene el actual programa reformista, entonces, sí la posibilidad de un triunfo fascista podría convertirse en una terrible realidad.

Notas:
La lucha contra el fascismo, León Trotsky, FFE, Madrid 2004

Gabriel de los Santos