Quienes no advierten la función política de los insultos y provocaciones de Javier Milei y aseguran que el discurso de ayer ante una Asamblea Legislativa manipulada, otra vez, por la cadena nacional, careció de planteos y propuestas políticas, confunden y se confunden de cabo a rabo. Las provocaciones en serie contra sus adversarios políticos y el discurso mismo forman una unidad política. Milei no inició ayer una campaña electoral, sino todo lo contrario – usó el mínimo de palabras necesarias para advertir que no admitirá una derrota electoral y que tiene preparado un arsenal de medidas para condicionar su desarrollo e incluso sus resultados. Milei sigue las huellas de Trump y Bolsonaro, que intentaron sendos golpes de estado para desconocer el pronunciamiento del electorado. Al igual que Trump, que está cayendo en picada en los sondeos de opinión, Milei anunció, en cuatro oportunidades, la intención de (textual) “rediseñar la arquitectura institucional” - por cincuenta años. Es de público conocimiento que se propone derogar las PASO, pero lo es menos su propósito de reformar la Constitución nacional para eliminar la representación proporcional. En el caso de Trump, por ejemplo, figura el objetivo de restringir el derecho al voto (que les sería quitado a la primera generación de ciudadanos descendientes de inmigrantes). Los insultos y provocaciones contra los adversarios encajan en este ‘diseño’, porque convierten a la alternancia gubernamental en un caso de subversión contra el estado de cosas deseado. Los “chorros”, los “parásitos” y los “piqueteros” deberían perder el derecho a ser elegidos. La Corte Suprema, por caso, ya ha prohibido a Cristina Kirchner “asumir cargos políticos”. La naturaleza anti-democrática de esta sentencia salta de inmediato a los ojos, porque pone al Código Penal por encima de la propia Constitución, la cual prevé el juicio político en las distintas ramas del gobierno, pero de ningún modo la proscripción. Milei hubiera cometido una torpeza irreparable si hubiera anunciado, como reclaman sus críticos, proyectos políticos concretos en este sentido, que por su propia naturaleza deben ser sorpresivos y enteramente preparados y armados, para ser votados con carácter de emergencia. Los aplausos, gritos y slogan que acompañaron el discurso de ayer son propios de barras bravas y de un escenario fascista. Entre los aplaudidores más embravecidos se encontraba el embajador norteamericano en Buenos Aires, Peter Lamelas, quien no necesitó traducción alguna.
El ‘rediseño de la arquitectura institucional’ y los proyectos que apunten a cercenar derechos democráticos, requieren, sin embargo, más que un apoyo legislativo, que está sujeto a enormes ‘cambios de favores’, como lo demostró la compra de votos para conseguir el apoyo a la reforma laboral (en puntos que nada tienen que ver con el trabajo sino con los impuestos a las patronales y a la coparticipación federal). Por eso Milei dedicó una parte sustancial del discurso (el cual, sin embargo, omitió cuestiones importantísimas), al reforzamiento presupuestario y político a las Fuerzas Armadas. El ajuste del Tesoro no alcanza al rearme militar, que lleva gastado un monto de dinero récord, sin contar con la deuda contraída para financiarlo. Aunque todo esto tiene que ver con el alineamiento de la Argentina liberticida con la guerra imperialista de Trump y Netanyahu, el otro lado de la misma moneda es la re-militarización de la política nacional. A diferencia de lo que ocurre en circunstancias legislativas similares en Estados Unidos, el personal militar invitado a la Asamblea aplaudió el discurso de Milei. CFK había intentado crear un ‘ejército nacional’ bajo la batuta de César Milani, Milei se propone lo mismo que la dama de ‘la tobillera’, bajo las órdenes del Pentágono. El edificio de cinco puntas en Washington que albergó a quienes dirigieron el golpe militar de marzo de 1976, vuelve por sus fueros con Milei – el individuo que ayer ‘no presentó propuestas’. De acuerdo a La Política Online, Milei se apresta a anunciar, en el 50 aniversario del golpe, el indulto a los genocidas que se encuentran presos y a quienes aun están bajo proceso judicial.
Milei no solamente aseguró que continuará con la re-militarización de la política, como lo muestra la presencia ejecutiva de jefes militares en actividad en el ministerio de Defensa. También aludió claramente al escenario geopolítico militar del Atlántico sur, para señalar su disposición de convertirlo en un área de dominación, no ya de la OTAN, sino del Comando Sur del Pentágono y de la IV Flota de Estados Unidos. Milei ha embarcado a Argentina en una guerra imperialista mundial al servicio del imperialismo norteamericano, en medio de aplausos furiosos de su claque. En medio del asalto militar contra Irán, ha convertido a Argentina en un partícipe militante de la guerra. No vaciló en vociferar “América para los americanos”, traicionando el slogan del liberalismo histórico de Argentina (que Milei venera) – “América para la humanidad’, en rechazo a la Doctrina Monroe. Milei fue más lejos aun cuando diseñó su política económica, pues reivindicó que Argentina se convierta en productora de minerales tradicionales y minerales críticos para las cadenas de producción que ‘trabajan para Occidente’. Un país con centrales de datos para las empresas de la Inteligencia Artificial, que son un departamento del Pentágono, como Trump acaba de exigirle a la empresa Anthropic. El discurso de la carencia de anuncios ha vomitado un programa de sometimiento nacional y de guerra imperialista sin paralelo.
Además de todo esto, el discurso volvió a mostrar que Milei es un mitómano, o sea un mentiroso compulsivo. Por ejemplo, cuando dijo que el salario real creció en dólares, "descontando", aclaró, "a la inflación” – una frase con más mentiras que palabras. El salario de todas las categorías ha caído y sigue cayendo, en cuanto a su poder adquisitivo, que es lo que importa; si ha crecido en dólares, respecto a 2023, ello no es más que debido a la manipulación de la cotización del dólar frente al peso. El salario real en dólares sólo se aplica a un asalariado de Estados Unidos.
Un mitómano guionado
El populismo y el proteccionismo, en Argentina, es una creación de los liberales y libertarios de Argentina, como los Pinedo, los Huergo y los Prebisch, que cerraron la importación, en la década del 30 del siglo pasado, en respuesta al derrumbe de las exportaciones consecuentes al estallido de la crisis mundial. Los Bunge y Born y los Dreyfus desarrollaron una industria nativa para vender en el mercado interno lo que no podían ya vender en el mercado internacional. Subsidiaron el comercio de carnes, con la creación de la CAP, y de cereales, con la Junta de Granos. Las dos ‘estrellas’ de Argentina perdieron su lugar privilegiado en el mercado mundial hasta la década de los 90, del siglo anterior, cuando fueron reemplazados por la soja y el maíz, y por un mercado ‘anti-liberal’ como el de la República Popular China. La renta agraria se fue al subsuelo y dejó de ser lucrativa para la inversión. Fue entonces que el liberalismo y el liberticidismo se hicieron ‘aperturistas’ y salieron del ostracismo ideológico. Los tatarabuelos y abuelos políticos de Milei fueron neutralistas en las dos guerras mundiales pasadas, al igual que Perón, para defender el mercado inglés de productos del agro. La soja ha ingresado en un período de retroceso, como resultado de la sobreproducción; la crisis del comercio exterior procura ser superada por los combustibles y la minería, los dos con grandes excedentes, aunque ahora con demanda por el rearme militar internacional. La crisis financiera mundial anuncia su retorno, aunque la de 2007/8 nunca fue superada, como lo prueba el enorme endeudamiento internacional. La consigna del ajuste ya no tiene fronteras. Milei mezcla la mitomanía con una ignorancia intelectual que no tiene rivales. Sus mentiras responden a intereses de clases, que han sido sublimados por un psicología enferma.
Tampoco es cierto que el acuerdo de Mercosur-UE o el que se piensa firmar con Estados Unidos sean de libre comercio. Ambos tienen cláusulas arancelarias inamovibles o que se modifican con el tiempo o aquellas con tope de acceso a ambos mercados. En el caso de Estados Unidos, Milei abre las fronteras económicas de Argentina a cambio de casi nada, porque se encuentran excluidos el acero y el aluminio, que pesan en ese comercio. Milei ofrece privilegios a las inversiones norteamericanas, lo cual viola otros acuerdos internacionales e incorpora a Argentina a la guerra comercial. Los acuerdos de libre comercio, que extienden a otras naciones las cláusulas más favorables, no existen más. La Organización Mundial de Comercio ha desaparecido. Trump gravó a todo el mundo con un arancel del 10 por ciento. Lo que tienen estos acuerdos que no tienen nada de libre comercio, es que refuerzan el ajuste contra los trabajadores, con el pretexto de defender la capacidad de competencia de las patronales de cada país. En definitiva, Milei es claramente un vende humo y un mitómano.
Es mentira que la mega devaluación de diciembre de 2023 hubiera restaurado el equilibrio fiscal; por el contrario, aumentó la deuda en dólares del Tesoro en un 60 por ciento y la tasa de interés de la deuda en pesos en proporciones similares. Se mejoró el saldo fiscal primario debido a que esa devaluación fue acompañada por el congelamiento de las jubilaciones, o sea el activo de los trabajadores retirados. O sea que se violó y confiscó la propiedad privada de los pasivos, lo contrario de lo que dice Milei. Es como si un banco no devuelve los depósitos o viola el acuerdo con los ahorristas. El capitalismo es el régimen histórico de la confiscación; por eso es regulada por leyes y sentencias judiciales. La contrarreforma laboral establece que las indemnizaciones por despido no son pagadas por las patronales, sino deducidas de sus aportes contractuales con Anses.
La desocupación ha crecido en el llamado empleo formal, mientras ha crecido la contratación en el informal. El deterioro de la calidad del empleo es brutal; las estadísticas de suspensiones no están incorporadas a la cantidad de empleo. La mayor parte del empleo registrado es, en realidad, trabajo en negro, porque la mayor parte del salario está compuesta por rubros no remunerativos. La miseria social ha crecido soberanamente, por el ajuste a la calidad de vida de los trabajadores. Los alquileres han subido fuera de toda proporción, pero no están ponderados correctamente en el índice de inflación. Milei no presentó ninguna evidencia de que hayan bajado en los nuevos contratos, ni que ha ocurrido con las expensa, que sube con el aumento de los servicios. Suben además en términos de dólar. De otro lado, el ajuste de los alquileres se hace en plazos más cortos que el ajuste de los salarios.
Al final de cuentas, ¡Milei no sabe sumar!
Jorge Altamira
02/03/2026

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