El Indec informó la inflación correspondiente al mes de febrero, con un aumento mensual del 2,9% y una suba interanual del 33,1%, consolidando una tendencia alcista innegable que se extiende durante los últimos nueve meses, y que promete agravarse hacia adelante de la mano de la guerra en Medio Oriente. Es decir que todavía falta lo peor, tras los saltos en los precios del petróleo y los alimentos, que pagamos a precio internacional porque se producen para exportar, y los tarifazos sistemáticos sobre salarios e ingresos cada vez más diluidos.
El informe oficial de la inflación estaca las subas en rubros significativos, como el de los alimentos con un 3,3% y especialmente el costo de vivienda servicios un 6,8%, que encarecen parte significativa e ineludible de los consumos de la población trabajadora. Esto cuando arrecian los despidos, los cierres de lugares de trabajo y las paritarias con techo.
El gobierno de Javier Milei, que usó la pretendida baja de la inflación y supuesto control de precios como principal argumento de su campaña electoral, ha demostrado su total fracaso en la materia, incluso con una economía con el consumo anclado y derrumbado, donde los precios suben a pesar de que la demanda de bienes y servicios cae estrepitosamente.
Los aumentos en los alimentos y fundamentalmente en la carne se explican por las medidas oficiales tendientes a incentivar el negocio de los exportadores, favoreciendo la equiparación de los precios internos con los internacionales, lo que viene redundando en un desplazamiento de estos consumos por alimentos con menor valor nutricional.
Esto se extiende también a la influencia de los cereales, cuyo valor internacional asciende por el conflicto en Medio Oriente, y con el agro especulando con nuevas devaluaciones, acaparando la producción y exportando la mayor parte de la cosecha con precios que suben y que impactan en toda la cadena de valor local, tanto de producción directa de alimentos como en la alimentación del ganado y la suba del precio final de este. La cosecha de trigo es récord, pero se hunde el consumo de pan en Argentina.
En materia de tarifas el gobierno viene desenvolviendo una política de aumentos indiscriminados, que se combina con un esquema altamente dolarizado y sensible a las fluctuaciones del mercado internacional y al precio internacional del petróleo y el gas. Esto último amenaza con una situación catastrófica respecto al gas para el ´próximo invierno, donde e gobierno ya preveía fuertes aumentos y tarifazos de la mano de su corrimiento de la importación de GNL, para privatizarlo y trasladarle la factura a los usuarios, ahora en un contexto de escalada de los precios internacionales.
Cabe añadir que la escalada belicista que Javier Milei apoya con toda verborragia es la que está contribuyendo con la suba de los pecios y su impacto en toda la cadena de valor, con la suba del petróleo y los combustibles y el traslado a la logística local y finalmente a los bienes y servicios.
En el mientras tanto, lo único que no sube son los salarios, como resultado de la política gubernamental de deprimir los ingresos de los trabajadores, con techos paritarios y la contribución de la burocracia sindical entreguista para licuar los salarios, y con “aumentos” que condenan a los jubilados a la eterna indigencia y el ajuste y los recortes de los ingresos populares.
La gravedad de esta situación repercute en que, según una encuesta de la UCA, 6 de cada 10 trabajadores asalariados se saltea comidas durante su jornada laboral por motivos económicos, dando cuenta del deterioro social y económico al que nos está llevando este gobierno y sus políticas de ajuste.
La política económica nacional está centrada en la especulación financiera y en la bicicleta financiera del ministro Luis “Toto” Caputo, un esquema recesivo con tasas de interés elevadísimas que incluso vuelven impagable el endeudamiento de las familias trabajadoras, como se ve en que no para de crecer el índice de incobrabilidad y moras en las deudas.
El gobierno de Milei está haciendo estragos en la economía de los trabajadores, con un cóctel explosivo de recesión e inflación, y con una reforma laboral que viene a deteriorar aún más las condiciones de vida de los trabajadores. No podemos aguantar más esta situación. Necesitamos ofrecer una respuesta colectiva para derrotar a este gobierno del hambre y el ajuste y abrir paso a las reivindicaciones obreras y populares.
Marcelo Mache

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