Ocurre que la clasificación a una nueva fase representa millones de dólares. Las cifras en juego son alucinantes. La FIFA ha dispuesto un reparto de 871 millones de dólares entre los participantes, casi el doble de los 440 millones repartidos en Qatar 2022. Pero al margen de esto, en los últimos mundiales se ha disparado el volumen de las publicidades y patrocinadores que acompañan a cada selección. Los jugadores de la selección argentina se han convertido en una cara repetida en publicidades de apuestas, casinos virtuales, comida rápida y salud prepaga. Un estudio, publicado a comienzos del Mundial, realizado por la reconocida Your Brand Value Sports, ha presentado el World Cup Brand Index 2026, un ranking que mide qué selecciones nacionales están generando más valor de marca durante el Mundial. En la cima del mismo se ubica el combinado albiceleste con un valor de marca estimado de 4.200 millones de dólares, el doble de la selección estadounidense por tomar un caso.
El incremento de premios repartidos entre las asociaciones responde de igual forma al incremento de ingresos generado por el alza desmesurada de las entradas y la creación del “cooling break” como espacio publicitario, que estipula obtener más de 250 millones de dólares de ganancia. El negocio, alrededor del éxito deportivo de la selección, ha tenido impacto directo: subieron los costos de reventa de las entradas para el partido de cuartos de final y las aerolíneas han anunciado viajes especiales para llevar nuevos contingentes de hinchas a Miami. Los hoteles de las cercanías del estadio estiman que podrán llenar habitaciones, al menos unos días más.
Fascismo digital
Entre los festejos de la Selección, y previo a ellos, se han colado insultos de todo tipo en las redes sociales proferidos por la tropa de Santiago Caputo. Desde el propio Caputo, pasando por el “Gordon Dan”, “Juan Doe” y el diputado provincial de LLA, Agustín Romo, los insultos ante las eliminaciones de Brasil o las reacciones de Mbappé ante el conjunto de Paraguay han sido utilizados como excusa para el brote de insultos racistas, transfóbicos y xenófobos de todo tipo. Una senadora de Paraguay, Celeste Amarilla, y la vicegobernadora de Mendoza, Hebe Casado, se sumaron a la cruzada digital. La derecha continental ha encontrado su propio nicho en el torneo.
Los liberticidas locales se han encargado de realizar o dar visibilidad (retuitear) a comentarios o mensajes de alto contenido fascista contra futbolistas, selecciones e, incluso, gobiernos como el de Lula. El “Gordo Dan” se enfrascó con el jugador francés Kylian Mbappé por sus comentarios contra la extrema derecha y su rechazo a participar de publicidades para sitios de apuesta o comida basura.
En relación al partido contra Egipto, los trolls libertarios se encargaron de destilar un odio hacia los países árabes durante todo el desarrollo del partido. En especial luego de que el director técnico de la selección africana convocara a parar el genocidio contra el pueblo palestino y celebrara la victoria ante Australia ondeando la bandera palestina.
Juan Doe, que es funcionario del gobierno y dirige la fascista Oficina de Respuesta Oficial, creada para “desmentir” a periodistas, se encargó de escupir mensajes contra el gobierno de Lula.
La tropilla libertaria, que de fútbol ha demostrado saber muy poco, se cuela entre la pasión de multitudes para destilar propaganda fascista.
Trump
El presidente estadounidense Donald Trump protagonizó uno de los mayores escándalos de los últimos años a nivel deportivo por su injerencia directa para retirarle la tarjeta roja al jugador Folarin Balogun, delantero estrella del seleccionado estadounidense, y permitirle disputar el partido de octavos de final ante Bélgica. El alevoso intervencionismo de Trump vino a reconfirmar que este Mundial fue realizado y dirigido según la voluntad del magnate, que en medio de los festejos por el 4 de julio, movilizó a directores y secretarios del gabinete para lograr el perdón del comité disciplinario de la FIFA. La llamada entre el presidente de Estados Unidos y Gianni Infantino, su par de la FIFA, fue reconocida públicamente por Trump ante los periodistas. Infantino, que había rechazado cualquier llamado de Trump, culminó por reconocer “a mi me llama gente todo el tiempo”. En un episodio de bravuconada política, Trump se explayó largamente ante la prensa demostrando su desconocimiento total sobre el reglamento y las sanciones que implican una tarjeta roja. Se definió como un “gran conocedor del deporte” e interpretó que “la jugada no fue falta”, por lo que era una “tarjeta roja ridícula”.
El episodio ha reavivado los cruces entre la UEFA y la FIFA, que denunció que Infantino “había cruzado una línea roja”. El escándalo fue tal que el expresidente Joseph Blatter, que renunció tras una investigación del FBI por presuntos arreglos para la elección de la sede para los Mundiales 2018 y 2022, denunció una profunda injerencia de la política en el fútbol. Trajo a colación la elección de Infantino como presidente de la FIFA con el aval explícito de los Estados Unidos y confirmó la subordinación del mismo al gobierno de Trump mientras la pelota siga girando en el país norteamericano. Finalmente, la selección de Bélgica aplastó al seleccionado local por 4-1 y Balogun tuvo un partido para el olvido.
El evento más importante del fútbol ha quedado preso del capital financiero y el fascismo internacional. Es lo que ha sucedido con la prohibición a los hinchas de múltiples países a ingresar al país, así como el trato especial contra la selección iraní, que fue vetada de permanecer más de 12 horas en suelo estadounidense. Los tratos hostiles hacia selecciones como Congo o Senegal acompañaron estas medidas, incluida la expulsión del mejor árbitro del continente africano del torneo vetado por su nacionalidad somalí.
Joaquín Antúnez
09/07/2026

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