viernes, julio 03, 2026

La caída de la recaudación y el ajuste infinito


Junio volvió a cerrar a la baja y pone de manifiesto que estamos ante una transferencia de recursos para los capitalistas.

 La nueva caída de la recaudación tributaria en junio volvió a poner en evidencia una realidad que el gobierno de Javier Milei pretende ocultar detrás del relato del “equilibrio fiscal”. Lejos de ser consecuencia de un supuesto exceso de gasto en jubilaciones, salud, educación o salarios estatales, el derrumbe de los ingresos del Estado refleja el hundimiento de la actividad económica, la pérdida del poder adquisitivo de los trabajadores y una política deliberada de beneficios fiscales para los grandes capitalistas. 
 Los ingresos tributarios alcanzaron los $20,02 billones en junio, con un aumento nominal del 23,7% respecto al mismo mes del año pasado. Una vez descontada la inflación, la recaudación registró una caída real del 7,4%, borrando la tenue recuperación observada en mayo y retomando una tendencia de deterioro que domina desde hace más de un año. En el acumulado del primer semestre, la recaudación nacional ya exhibe una caída real del 5,3%. 
 Los datos muestran con claridad dónde está el verdadero problema fiscal. El IVA, principal impuesto del actual sistema regresivo y un termómetro directo del consumo popular, cayó un 4% en términos reales. Cuando las familias compran menos alimentos, ropa, medicamentos o electrodomésticos, el Estado recauda menos. El desplome del consumo es el resultado directo de salarios, jubilaciones y programas sociales pulverizados por el ajuste, mientras el desempleo y la precarización avanzan sobre amplios sectores de la población. 
 La misma tendencia se verifica en los aportes y contribuciones a la seguridad social, que retrocedieron un 2,9% en términos reales. No se trata de un fenómeno contable sino de la consecuencia de la caída del empleo registrado y del deterioro del salario. Cada puesto de trabajo destruido, cada convenio flexibilizado y cada salario licuado implican menos recursos para financiar el sistema previsional. Sin embargo, el gobierno utiliza luego ese mismo desfinanciamiento para justificar nuevos ataques contra los jubilados.
 Esta realidad desmiente uno de los principales argumentos oficiales: el déficit o las dificultades fiscales no tienen su origen en los haberes previsionales, en el presupuesto universitario, en los hospitales públicos o en las partidas destinadas a la educación. Por el contrario, es la política económica de recesión permanente la que destruye la base misma de la recaudación. Una economía paralizada recauda menos, aun cuando el ajuste sobre la población trabajadora sea cada vez más brutal.
 Mientras los trabajadores soportan tarifazos, despidos, techos salariales y licuación de ingresos, el gobierno profundiza un gigantesco régimen de privilegios para el gran capital. El Rigi y su ampliación mediante el llamado “Súper RIGI” garantizan exenciones impositivas, beneficios aduaneros, estabilidad fiscal durante décadas y facilidades cambiarias para las grandes multinacionales, consolidando un esquema donde los recursos de la población se transfieren directamente a un reducido grupo de capitalistas. 
 A esto se le suma la reducción de las retenciones a las exportaciones agropecuarias, que explica buena parte del derrumbe de los derechos de exportación, cuya recaudación se desplomó un 45,9% en términos interanuales. Mientras se ajustan jubilaciones, hospitales y escuelas en nombre del equilibrio fiscal, el Estado resigna miles de millones de pesos para favorecer la rentabilidad de los grandes exportadores y del agronegocio.
 El resultado es una contradicción insalvable para el propio programa económico de Milei. El gobierno intenta compensar con un ajuste social sin precedentes los recursos que deja de percibir mediante exenciones, rebajas impositivas y beneficios extraordinarios para las patronales, en un proceso de transferencia de recursos desde los trabajadores a las patronales. Pero la recesión que ese mismo programa provoca termina erosionando también la recaudación proveniente del consumo, del empleo y de la producción, agravando el problema que dice combatir. 
 La caída de la recaudación confirma que el ajuste no constituye una solución sino un factor de profundización de la crisis. Mientras se preservan las ganancias del capital financiero, de las multinacionales y de los grandes exportadores, se descarga todo el peso de la crisis sobre trabajadores y jubilados. La verdadera salida pasa por invertir esa ecuación: terminar con los privilegios fiscales del gran capital, gravar las grandes fortunas y colocar los recursos del país al servicio de las necesidades sociales y de los trabajadores, y no de los negocios de un puñado de capitalistas. 

 Marcelo Mache

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