La información de que el gobierno presentará una nueva propuesta a los acreedores de la deuda “con jurisdicción extranjera”, ha venido acompañada de otro dato: el rechazo anticipado de al menos dos de los tres comités de acreedores -donde revistan BlackRock, Ashmore y otros fondos- a esa propuesta que realizaría Guzmán.
La nueva oferta del gobierno añadiría, a los mayores intereses y menores descuentos de capital ya comprometidos, el reconocimiento de todos los intereses a vencer en 2020 y también el pago de cupones desde el año que viene, enterrando definitivamente la perspectiva del ´período de gracia´. El ´valor presente´ de la deuda, en esos términos, pasaría a superar el 53%, más de 10.000 millones de dólares por encima de la propuesta original de Guzmán. (El FMI juzgaba como “insustentable” cualquier oferta argentina por encima el 50%).
Sin embargo, el rechazo del grupo de acreedores que lidera BlackRock ya ha sido anticipado. Otro fondo, Ashmore, situado entre los que se catalogan como “moderados” en sus pretensiones, estaría reclamando que Argentina ´se ponga´ de inmediato con 2.500 millones de dólares.
Pero los desacuerdos tienen otras raíces. Más allá del regateo de cifras, los acreedores de la deuda contraída bajo el período macrista no están logrando la pretensión de equiparar las condiciones de emisión de sus bonos con aquellos que resultaron del “canje” de 2005-2010. Aquellos bonos -los que negociaron Kirchner-Lavagna- facilitan el inicio de pleitos contra el país en caso de default. Los bonos posteriores requieren un número mayor de adhesiones para ello. Lo que está en juego, en definitiva, no son las condiciones del “pago”, sino las del “no pago”, o sea, el horizonte de la previsible insolvencia argentina.”. La facilidad de pleitear la deuda argentina incide decisivamente en el valor de reventa de los bonos eventualmente renegociados, y que los BlackRock y compañía esperan desprenderse en el menor lapso posible. Naturalmente, si la discusión sobre la mesa es sobre cómo litigar ante un default futuro, ello coloca en el tapete la posibilidad del default inmediato. Kristalina, presidenta del FMI, ha abierto el paraguas en estos días, al señalar que con Argentina hay que “prepararse para lo peor”.
Guzmán, sin embargo, se zambulliría a la pileta sin agua, es decir, que anunciará de todos modos la propuesta probablemente fallida. Según los analistas, intentaría fracturar al frente de acreedores, ofreciendo “premios” a los bonistas que acuerden y se presenten primeros en la fila de cobros. Lo que se presenta como una estrategia audaz y hasta “académica”, no es sino otro episodio de entreguismo mayor, que consistiría en colocar a la Argentina -en bancarrota y cuarentena- ante un drenaje de divisas al contado.
Otros observadores anticipan un fracaso seguro de esta estrategia, porque los acreedores menores se encuentran atados a cerrojos legales por parte de los grandes bonistas. Pero incluso si prosperara, colocaría al gobierno ante otro escenario inviable o, tal vez, el peor de todos: cerrar un acuerdo leonino con un conjunto de bonistas, sin poder impedir, al mismo tiempo, el inicio de juicios por parte de otros y, por lo tanto, un escenario imposible en términos de financiamiento internacional.
Cuestión política
Así las cosas, un improbable arreglo de deuda, si tuviera lugar, colocaría a la Argentina ante un nuevo tutelaje colonial, que el FMI deberá refrendar más o menos rápidamente en torno a un “plan económico” (ajustador) – en medio del derrumbe industrial, social y sanitario más importante de la historia argentina. Los círculos de la burguesía -tan endeudada y quebrada como su Estado- presionan al gobierno para que arregle con los bonistas a como sea. Pero discuten también cuál será el régimen político que pueda hacerse cargo del “inminente colapso social y económico” (Longobardi dixit). La crisis en la coalición oficial, en definitiva, discurre en torno de esta cuestión crucial, aunque transite por los juzgados penales, los chanchullos de los servicios o los retenes de los controles policiales.
Es necesario denunciar el carácter inviable y entreguista de la “salida” de deuda de Guzmán-Fernández; y unir a la lucha por las urgentes reivindicaciones sociales y sanitarias el desconocimiento de la deuda y un plan económico de los trabajadores.
Marcelo Ramal
03/07/2020
Blog marxista destinado a la lucha por una nueva sociedad fraterna y solidaria, sin ningún tipo de opresión social o nacional. Integrante del Colectivo Avanzar por la Unidad del Pueblo de Argentina.
viernes, julio 03, 2020
jueves, julio 02, 2020
Una de piratas: el Reino Unido se queda con el oro venezolano

La justicia británica ha confirmado en un fallo el bloqueo del oro venezolano que se encuentra depositado en el Banco de Inglaterra, argumentando que el Reino Unido desconoce a Nicolás Maduro como presidente y reconoce en cambio al golpista Juan Guaidó. Las autoridades del Banco Central de Venezuela anunciaron que apelarán la medida.
Desde la autoproclamación de Guaidó como presidente venezolano, alrededor de 30 toneladas de oro, que equivalen a más de 1500 millones de dólares, permanecen virtualmente secuestradas en el Banco de Inglaterra, que es el principal atesorador de reservas de oro en el mundo. La medida forma parte de la amplia batería de sanciones contra Venezuela por parte del imperialismo europeo y yanqui, que incluyen el congelamiento de activos del Banco Central y de Pdvsa en el exterior, un embargo económico y un boicot a la comercialización del oro. Estas sanciones complican la importación de alimentos y medicinas por parte de Venezuela.
El reciente libro del exasesor de seguridad de Trump, John Bolton, revela que en enero de 2019, el entonces secretario de Relaciones Exteriores del Reino Unido, Jeremy Hunt, expresó su disposición a congelar los depósitos de oro venezolano para favorecer el plan golpista contra Maduro. La publicación de este libro ha desatado un torbellino político, puesto que es una confesión descarnada de los planes golpistas (incluyendo la evaluación de una invasión militar) y a la vez muestra las divisiones dentro de la administración nortemericana respecto al plan. No obstante estas divisiones, Bolton asegura que respecto al derrocamiento del gobierno no había fisuras entre republicanos y demócratas. “El apoyo en ambos lados del pasillo para [la] línea dura en Venezuela fue casi uniforme” (Telesur, 29/6).
Trump expresó recientemente su disposición a una negociación con Maduro, pero se retractó al día siguiente. Su vacilación es una expresión del fracaso de Guaidó y del último capítulo del golpismo, la Operación Gedeón, que consistió en el desembarco de mercenarios en las costas venezolanas. Las sanciones, además, son enormemente impopulares entre los venezolanos.
Lo que sí se ha agravado enormemente es la situación económica venezolana. La combinación de las sanciones y de la caída del precio del crudo ha llevado la producción petrolera a los niveles más bajos desde 1943. El salario está por el piso: el aumento de abril llevó el mínimo a 800 mil bolívares, poco más de 4 dólares, y las jubilaciones a la mitad, cuando un cartón de huevo cuesta 3 dólares (El Pitazo, 27/4).
El gobierno venezolano viene liquidando aceleradamente las reservas de oro para hacer frente a gastos corrientes y financiar importaciones. Un informe del Consejo Mundial del Oro asegura que el Banco Central de Venezuela es la institución que vendió más oro monetario en 2017 y 2018 (El País, 30/5). Todo esto explica el interés del gobierno en la repatriación de las reservas depositadas en el Reino Unido. Maduro asegura que necesita esos fondos para hacer frente a la pandemia del Covid-19.
El gobierno venezolano se ampara en las sanciones para avanzar en un ajuste contra el pueblo. Ha dispuesto un primer aumento de la gasolina, que se encuentra casi totalmente subsidiada, bajo la perspectiva de “avanzar más temprano que tarde al cobro de la gasolina al precio internacional” (BBC Mundo, 31/5). A su vez, instituyó un cupo en la entrega de la gasolina subsidiada que estará en los 120 litros por auto por mes. Simultáneamente, habilitó la venta a 50 centavos de dólar de una gasolina premium en 200 estaciones de servicio, por parte del sector privado, con lo que se rompe el monopolio estatal en el sector. Todo esto ocurre en medio de fuertes versiones de una reprivatización del sector petrolero, que explicaría los recientes cambios de funcionarios del área. Se menciona que Pdvsa podría reducir su participación en empresas mixtas y eliminar firmas como PDV Marina, Pdvsa Bolivia, Argentina y Ecuador (El Pitazo, 3/5).
El ajuste de Maduro está en la base de recientes movilizaciones obreras por el salario y en defensa de los convenios colectivos en Guayana, en las que han participado trabajadores de Sidor, Ferrominera y docentes universitarios, entre otros. También han realizado protestas por el salario los trabajadores de PDV Marina. A su vez, este jueves tenía lugar un “tuitazo” convocado por organizaciones obreras, indígenas, estudiantiles y de la izquierda, por la libertad de los presos por luchar. La convocatoria denuncia que el encarcelamiento de activistas se ha transformado en una política de Estado.
Es necesario una lucha implacable contra el golpismo y el desarrollo de una alternativa política de los trabajadores frente a la crisis.
Gustavo Montenegro
Todos comenzamos con Marta Harnecker

En una entrevista, el entonces vicepresidente boliviano Álvaro García Linera y el diputado español Pablo Iglesias intercambiaban impresiones sobre obras clásicas y sobre la iniciación política de cada uno, cuando el dirigente español sentenció: “todos comenzamos con Marta Harnecker”. La definición no solo es precisa para de los exponentes más jóvenes de la izquierda, sino para miles de personas que reivindican el marxismo y el socialismo en las últimas cuatro décadas.
No es exageración afirmar que, probablemente, Marta Harnecker sea la principal difusora del pensamiento de Marx y Lenin en América Latina para sucesivas oleadas de militantes desde la publicación de sus “Cuadernos de Educación Popular” (1971-73) [link: https://rebelion.org/rebelion-amplia-la-recopilacion-de-las-obras-completas-de-marta-harnecker-actualizado-hasta-2015/] en los años 70, seguido por “Los conceptos elementales del materialismo histórico”(1969, 1971 y 1985) [link: http://www.rebelion.org/docs/87917.pdf ]. Al mismo tiempo, su propia trayectoria militante e intelectual es ilustrativa del recorrido de la izquierda latinoamericana en la segunda mitad del siglo XX.
Nacida en Santiago de Chile en 1937, inició su militancia en la juventud católica, siendo más tarde, profundamente impactada por la Revolución Cubana, como todos sus contemporáneos. Fue guiada por Louis Althusser en Francia y a su regreso a Chile participó activamente en la construcción del gobierno de Salvador Allende, período en el que escribe los Cuadernos de Educación Popular como forma de llevar las discusiones al mayor número de trabajadores urbanos y campesinos. Con el golpe de Pinochet, se exilia en Cuba, desde donde continúa registrando, discutiendo y elaborando sobre la experiencia cubana, pero también sobre la Revolución Sandinista, la revolución en El Salvador. A partir de la década de 1990, estudiaría además las experiencias de gobiernos locales progresistas en América del Sur que comenzaban, como, por ejemplo, en los primeros mandatos del Partido de los Trabajadores en Brasil y del Frente Amplio en Uruguay, hasta finalmente asesorar y reflexionar sobre el proceso bolivariano en Venezuela.
En los años noventa, después de la caída del Muro de Berlín, una élite académica y eurocéntrica, aprovechando la ola de críticas a la experiencia soviética, criticó y condenó la obra de Harnecker como “mecanicista” y “de manual”. Ahora, precisamente al contrario de esa aristocracia intelectual, Marta era la materialización de la “intelectual orgánica”, profundamente vinculada a los movimientos políticos, a las contradicciones y cuestiones de nuestro tiempo. Y su obra, no solo tuvo la capacidad de realizar e incorporar la autocrítica del período anterior, como su producción en los años noventa –como ya lo hizo en la década anterior– tuvo la sensibilidad de identificar nuevas prácticas y formulaciones de la izquierda latinoamericana. Tanto es así que su análisis toma en cuenta tanto los campamentos del Movimiento Sin Tierra como las experiencias de poder local en toda América del Sur.
En América Latina y los desafíos de la Izquierda (2002) [link: http://www.rebelion.org/docs/95169.pdf], Harnecker identifica tres factores para la crisis de la izquierda: la crisis teórica, con el abandono del materialismo histórico dialéctico como instrumento de análisis de la realidad; en consecuencia, sin conseguir identificar las contradicciones en el análisis de la realidad, la izquierda no es capaz de entender los cambios en el mundo del trabajo y en la sociedad y, por lo tanto, es incapaz de producir un programa de transformación para este tiempo, esta es la segunda crisis; y, por fin, los instrumentos de lucha social del siglo XX se vuelven incapaces de enfrentar los desafíos de los nuevos tiempos, sea por su rigidez, sea por las dos crisis anteriores citadas.
Su última publicación en portugués Um mundo a construir (Expressão Popular, 2018) [Un mundo a construir: Nuevos caminos (2013) link http://www.rebelion.org/docs/178845.pdf] es, de cierta forma, una síntesis de las dos últimas décadas de su trabajo. En ella, Marta hace un balance de las experiencias de los gobiernos progresistas en curso en aquel momento en Sudamérica, sin sectarismo ni triunfalismo, atenta a sus avances y contradicciones. Destaca todas las formas de ejercicio popular del poder y enfatiza que no hay proceso transformador sin protagonismo popular. Una vez más, sin construir fórmulas y señalando permanentemente que cada proceso depende de la correlación de fuerzas que existe en cada país.
En la tercera parte de Un mundo a construir, Marta vuelve al tema del nuevo instrumento político, tema también presente en Ideas para la lucha (2016) [link https://rebelion.org/ideas-para-la-lucha/]. Harnecker retoma el concepto gramsciano de hegemonía, como la capacidad de una clase de transformar su visión de mundo y su interpretación de la realidad en un proyecto universal. La tarea del instrumento político es precisamente la construcción de esta nueva hegemonía. Por lo tanto, es portador de un proyecto para la sociedad, a partir de su lugar, pero presentándolo al conjunto de esa sociedad. De modo que este instrumento se produce en la lucha – o mejor, en las diversas y diferentes luchas contrahegemónicas – y debe tener capacidad de atraer hacia el proyecto y formar a su alrededor un bloque social, amplio y diverso, cuyo parámetro es justamente este nuevo proyecto de sociedad. Por ello, este instrumento debe ser dirigido de forma colectiva, y no de forma burocrática o como expresión de un pensamiento monolítico.
Por lo tanto, este nuevo proyecto, conducido por el instrumento político, es resultado de una visión de mundo, de una interpretación de la realidad contrahegemónica, pero que se traduce en una plataforma de luchas que sea capaz de alterar la correlación de fuerzas en la sociedad y de construir cambios reales en la vida de las personas. Y, por fin, pero no menos importante, su militancia debe ser hoy una expresión del porvenir que este proyecto representa, como pedagogos populares.
En realidad se trata de una ecuación compleja en la que las nuevas formas organizativas no se construirán –y nunca podrían construirse– a priori, y sí como resultado de las luchas de este tiempo que son producidas y producen una plataforma de reivindicaciones reales y concretas, capaces de transformar la realidad y cambiar la correlación de fuerzas, en la medida en que concienticen y atraigan a otras personas y sectores hacia este proyecto. No para exigir lo posible. El proyecto neoliberal afirma que lo posible es microscópico. Al contrario, recordaba y enfatizaba varias veces Marta, la política es el arte de hacer posible lo imposible.
Solamente una intelectual orgánica con participación en las luchas populares sería capaz de comprender los dilemas del movimiento político de forma tan sensible y proponer, una vez más, no fórmulas, sino caminos para la superación de su crisis teórica, programática y orgánica. Lo que significa que, aunque nos haya dejado en junio de 2019, aún leemos mucho a Marta Harnecker y muchos aún comenzarán a caminar con su ayuda.
Miguel Enrique Stédile
La moderación también lleva al hambre
Pese a lo que se dice y escribe, la situación económica de la Argentina es grave, y para peor en plena pandemia del covid-19. La crisis que se avecina será peor que la de 2001, que terminó con el estallido del “que se vayan todos” logrando, al menos, que el presidente Fernando de la Rúa huyera en un helicóptero.
Pero hay que ser claros: el estallido social –contra el gobierno neoliberal de Mauricio Macri- en la Argentina fue interrumpido por el triunfo del Frente de Todos en las elecciones primarias del 11 de agosto. Está suspendido, porque sus causas siguen vigentes.
Con un presidente, como Alberto Fernández, que se autocalifica de “moderado”, este gobierno insiste en un Frente Nacional que implica una parte mayoritaria de la clase trabajadora y los sectores populares, pero también a los grupos económicos.
Éste es un gobierno en disputa, que muchos esperaban fuera de transición. Y hay que destacar que en medio de la pandemia pudo colocar en la agenda política temas como el impuesto a la riqueza, la expropiación de la quebrada agroexportadora Vicentin y la realidad de un poder judicial complaciente con los poderosos.
El presidente, apurado a atender prioritaria –y casi exclusivamente- la pandemia y la cuarentena, formuló una frase o expresión deseos, que, quizá, lamente después: “Queremos un capitalismo en el que ganen todxs”. Difícil de asimilar.
Fernández aseguró que sus contactos con empresarios y sindicalistas apuntan a construir «un nuevo contrato social» para crear en la Argentina «un equilibrio social más justo». Dijo que con los directivos de grandes empresas «estuvimos de acuerdo en que un capitalismo que no sea más justo no es un buen capitalismo».
Pero no sorprende: es repetición del “capitalismo progresivo” de Joseph Stiglitz, línea que sigue su ministro de Economía, Martín Maximiliano Guzmán, quien encabeza las negociaciones de la deuda externa con los fondos de inversión y organismos multilaterales, y que la derecha, que prefiere a un empresario en esa cartera, lo desprecia.
La falta de autocrítica que le reprocharon tantas veces al kirchnerismo parece haber encontrado su reverso en el gabinete de Alberto Fernández.
Como un mantra flagelante, sus colaboradores más cercanos reconocen en privado que faltó énfasis en reivindicar la cuarentena a medida que se acerca el pico de infecciones con Covid-19, que debieron haber explicado mejor a la sociedad la crisis de la agroexportadora Vicentin para justificar su intervención y que tampoco estuvieron a la altura del desafío que plantea el anuncio de Latam de levantar sus operaciones y echar a casi dos mil empleados, señala Alejandro Bercovich.
Si uno de los arietes con que asfixian a los pueblos son las deudas, la negociación del gobierno no incluye quita alguna de capital: ya entregó 10.000 millones de dólares de ventaja a los acreedores, que aspiran a cobrar sus bonos a 55 y, apostando por un crecimiento de la economía nacional, vender luego a 70. Los bonistas siguen presionando, el trato no está cerrado, y aún el país puede salir más perdidoso.
Guzmán, de apenas 37 años, vivió una década en Estados Unidos Un año antes de finalizar la tesis en Brown University, fue invitado por la Sociedad Internacional de Economía para comentar públicamente una investigación del Premio Nobel Joseph Stiglitz.
Lo que la pandemia deja al descubierto
Este año, la aparición del Covid-19 dejó a la intemperie varias realidades. Será inevitable replantearse varios temas. Las esperanzas de producción de riquezas del gobierno estaban depositadas en la explotación de los yacimientos de hidrocarburos de Vaca Muerta y en poner nuevamente en funcionamiento las fábricas y ensambladoras automovilísticas, dos proyectos que la realidad del mundo hizo naufragar.
El gobierno de Alberto Fernández comenzó con una publicitada guerra contra el hambre, pero las cifras del primer semestre del año muestran un fracaso. Y todo indica que los guarismos serán aún peores en el segundo semestre. Pero, se sigue viviendo una estabilidad política, que nadie sabe cuánto durará.
Oportunamente, ese establishmentdefraudado por el gobierno neoliberal de Mauricio Macri, apostó por las diferencias que Fernández expuso durante nueve años respecto a las políticas económicas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Pero no consigue digerir la palabra “estatización”.
El gobierno jugó sus cartas a una reestructuración de la deuda externa, tema “incomible” para la población, y en pleno default sigue en el tira y afloje con bonistas, fondos buitres y el Fondo Monetario Internacional, en lugar de hacerse cargo de la consigna “primero está el pueblo” y no pagar la deuda odiosa. Ni siquiera adelantó la exigida auditoría de la misma.
Difícil quedar bien con todos. La producción de riquezas del país debiera estar íntimamente vinculado a la sobrevivencia de las personas y en mejorar la situación de millones de trabajadores, luego de los cuatro años del gobierno neoliberal de Mauricio Macri. Y ante todo, es imprescindible darle prioridad a los sistemas de salud pública.
La oposición política y los grandes empresarios no entienden de eso, y exigen –en medio de la pandemia que se agiganta- flexibilizar las medidas de distanciamiento y cuidado para satisfacer las exigencias de la economía o, mejor dicho, de sus ganancias. Negociar con ellos es mantener el statu quo neoliberal.
La cuarentena dejó a la intemperie la enorme desigualdad que vive el pueblo argentino, sobre todo en el impacto mortal de la pandemia en los barrios pobres, en las villas miseria, donde el hacinamiento y la precariedad hacen difícil o imposible imponer medidas de aislamiento o distanciamiento. En un cuartucho viven, duermen, comen familias numerosas.
Y quedó en evidencia, asimismo, la incapacidad de un Estado –desarmado durante el macrismo- de proveer de alimentos a quienes no tienen qué comer, mientras los movimientos sociales hacen lo imposible para llenar esos huecos que el Estado no sabe cómo tapar.
El gobierno puso en marcha un ingreso familiar de emergencia para nueve millones de personas, mientras sigue en la nebulosa el cobro de un impuesto extraordinario a las grandes fortunas de un país, donde once mil personas tienen patrimonios superiores a los tres millones de dólares. Son medidas transitorias, de emergencia y por ahora no asoma una reforma al inmoral reparto de riqueza que subsiste en el país.
El difícil camino
Políticamente, Alberto Fernández logró lo que le encomendó su mentora y ahora vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Unió al disperso peronismo para lograr desalojar al gobierno neoliberal y luego, desde la Casa Rosada, juntó a las diversas variantes políticas en la lucha común contra la pandemia, logrando altos índices de aprobación.
Hoy sólo parte de su equipo de gobierno cree en la recuperación económica. Y todos sabemos quién paga los platos rotos de los desatinos. Difícil recuperar un horizonte como sociedad sin operar cambios estructurales, sobre todo cuando se insiste en el camino del centro.
Si algún anuncio oficial obtuvo repercusión favorable en los sectores populares, ese fue el correspondiente a la intervención/expropiación de la firma Vicentin SAIC, que resume la historia del gran capital saqueador de la riqueza nacional, decisión tomada a las apuradas, sin estudiar en detalle el tema ni construir consensos previos.
Carente de programa conocido de largo plazo, procuró hacer de Vicentin una causa digna, enarbolando livianamente la bandera de la soberanía alimentaria, cuando tomar el tema en serio supondría al menos revisar la matriz productiva extractivista establecida desde 1996.
Un capitalismo en el que ganen todxs
La moderación, el arte de dialogar con todos y tratar de complacerlos (no para convencerlos de sus planes), sin avanzar en cambios estructurales de la sociedad, puede convertirse en escollo. Más allá de la remanida frase de que los más necesitados tendrán prioridad, la realidad muestra el crecimiento de pauperización de la sociedad y la insatisfacción de sus demandas en pro de una vida digna que, en definitiva, fueron las que lo llevaron al gobierno.
La añeja polarización persiste, se revitaliza y por momentos recupera el centro de la escena, pese a la voluntad de diálogo de las principales figuras dedicadas a gestionar. El impedimento para que se estabilicen ciertos consensos duraderos no es la ideología, sino una crisis social que atenta contracualquier pacto por razonable que parezca.
Si bien aún loa niveles de aceptación de Fernández son altos, el día que ésta disminuya del 50%, los factores de poder económico y político –la derecha- comenzarán a jugar la carta de la desestabilización. Ya trabajan arduamente, aupados por una prensa hegemónica complaciente con el poder real.
A siete meses de gestión, puede considerarse que el Caso Vicentin constituye la primera iniciativa de gobierno de un presidente que hasta la fecha ha sido un mero administrador de la cuarentena. Para bien o para mal, indudablemente la crisis abre oportunidades. Pero, ¿cómo se para el gobierno argentino ante el 1% de los más super ricos del mundo que pujan por asegurarse que el “nuevo orden” sea una versión mejorada de este horroroso mundo previo al coronavirus?
En distintos países de la región va tomando forma un momento de afirmación nacional, un cambio en el sentido de esa globalización, no por incidencia de alguna ideología, liderazgo o discurso, sino por las consecuencias de una pandemia que dejó a la intemperie el fracaso del modelo capitalista.
Por las redes circularon muchas expresiones laudatorias hacia el Presidente a propósito del proyecto de rescate estatal del consorcio agroexportador Vicentin (con una deuda de 1.350 millones de dólares, incluso con el Banco de la Nación por unos 350 millones de dólares), cuando aún se desconoce si la decisión tendrá las características que desearía el equipo del ministerio de Agricultura que lo estructuró, o supondrá otro negociado del tipo de Repsol-YPF.
El rumbo estratégico decidido frente a la situación creada por una empresa que decidió profundizar el proceso de endeudamiento y extranjerización de la economía argentina, quedó reducido como única tribuna de discusión a las posiciones de los medios hegemónicos gráficos, audiovisuales y a las opiniones vertidas en redes sociales de la derecha, tratando de imponer el imaginario colectivo de que se trata de “comunismo”.
Con la otra mano, el Ministerio de Relaciones Exteriores, anunció la baja de aranceles para importar insumos destinados a la fabricación de glifosato, ratificando la vigencia de la matriz productiva generada desde la expansión del «desierto verde» sojero, que inauguró Felipe Solá, hoy canciller y entonces ministro de Agricultura de Carlos Menem.
Desde dentro del gobernante Frente de Todos -donde convergen conservadores, moderados y progresistas-, hay sectores que reclaman una política de Estado más activa, con el control del comercio exterior para garantizar la soberanía y la estatización de las empresas energéticas y otras de servicios públicos.
Mientras, sectores sociales lanzaron un Manifiesto Hacia un gran Pacto Ecosocial y Económico donde señalan que la pandemia desnudó y agudizó las desigualdades sociales y económicas haciéndolas más insoportables que nunca.
“Esto nos impulsa a mirar el estado, los mercados, la familia, la comunidad y la naturaleza desde otra perspectiva, mientras recuperamos aquellas alternativas que hace solo unos meses parecían inviables, para encontrar una salida diferente a esta crisis, a partir de una reconfiguración integral que sea social, sanitaria, económica y ecológica y que tribute a la vida y a los pueblos”, añaden.
La pandemia postergó el reparto de cargos entre los políticos que conformaron la coalición que llevó a Alberto Fernández al poder, y que suponía un cogobierno con las organizaciones sociales. El asistencialismo no llega a todos. Hay sectores que no han sido tenidos en cuenta. Y para ellos sólo queda la calle, el reclamo. En tiempos de hambruna y miseria, puede llevar al estallido social.
Lejos de las negociaciones y enjuagues, y dado que el hambre no admite dilaciones, parece crecee la desobediencia civil desafiando al confinamiento, con marchas del sindicalismo combativo y distintos movimientos sociales.
Lo cierto es que el gran empresariado ni siquiera insinuó alguna disposición de morigerar las penas del alarmante contingente de pobres, desempleados e indigentes que crece a diario, permitiendo la difusión del temor de que en la pospandemia aumentarán la miseria y el hambre. Y, también la violencia, los saqueos y la posterior represión.
¿De qué va a vivir la mayoría del pueblo argentino en la pospandemia? Lo primero que debiera hacer el gobierno es garantizar la soberanía alimentaria, dicen desde los movimientos sociales.
Aram Aharonian. Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.
Pero hay que ser claros: el estallido social –contra el gobierno neoliberal de Mauricio Macri- en la Argentina fue interrumpido por el triunfo del Frente de Todos en las elecciones primarias del 11 de agosto. Está suspendido, porque sus causas siguen vigentes.
Con un presidente, como Alberto Fernández, que se autocalifica de “moderado”, este gobierno insiste en un Frente Nacional que implica una parte mayoritaria de la clase trabajadora y los sectores populares, pero también a los grupos económicos.
Éste es un gobierno en disputa, que muchos esperaban fuera de transición. Y hay que destacar que en medio de la pandemia pudo colocar en la agenda política temas como el impuesto a la riqueza, la expropiación de la quebrada agroexportadora Vicentin y la realidad de un poder judicial complaciente con los poderosos.
El presidente, apurado a atender prioritaria –y casi exclusivamente- la pandemia y la cuarentena, formuló una frase o expresión deseos, que, quizá, lamente después: “Queremos un capitalismo en el que ganen todxs”. Difícil de asimilar.
Fernández aseguró que sus contactos con empresarios y sindicalistas apuntan a construir «un nuevo contrato social» para crear en la Argentina «un equilibrio social más justo». Dijo que con los directivos de grandes empresas «estuvimos de acuerdo en que un capitalismo que no sea más justo no es un buen capitalismo».
Pero no sorprende: es repetición del “capitalismo progresivo” de Joseph Stiglitz, línea que sigue su ministro de Economía, Martín Maximiliano Guzmán, quien encabeza las negociaciones de la deuda externa con los fondos de inversión y organismos multilaterales, y que la derecha, que prefiere a un empresario en esa cartera, lo desprecia.
La falta de autocrítica que le reprocharon tantas veces al kirchnerismo parece haber encontrado su reverso en el gabinete de Alberto Fernández.
Como un mantra flagelante, sus colaboradores más cercanos reconocen en privado que faltó énfasis en reivindicar la cuarentena a medida que se acerca el pico de infecciones con Covid-19, que debieron haber explicado mejor a la sociedad la crisis de la agroexportadora Vicentin para justificar su intervención y que tampoco estuvieron a la altura del desafío que plantea el anuncio de Latam de levantar sus operaciones y echar a casi dos mil empleados, señala Alejandro Bercovich.
Si uno de los arietes con que asfixian a los pueblos son las deudas, la negociación del gobierno no incluye quita alguna de capital: ya entregó 10.000 millones de dólares de ventaja a los acreedores, que aspiran a cobrar sus bonos a 55 y, apostando por un crecimiento de la economía nacional, vender luego a 70. Los bonistas siguen presionando, el trato no está cerrado, y aún el país puede salir más perdidoso.
Guzmán, de apenas 37 años, vivió una década en Estados Unidos Un año antes de finalizar la tesis en Brown University, fue invitado por la Sociedad Internacional de Economía para comentar públicamente una investigación del Premio Nobel Joseph Stiglitz.
Lo que la pandemia deja al descubierto
Este año, la aparición del Covid-19 dejó a la intemperie varias realidades. Será inevitable replantearse varios temas. Las esperanzas de producción de riquezas del gobierno estaban depositadas en la explotación de los yacimientos de hidrocarburos de Vaca Muerta y en poner nuevamente en funcionamiento las fábricas y ensambladoras automovilísticas, dos proyectos que la realidad del mundo hizo naufragar.
El gobierno de Alberto Fernández comenzó con una publicitada guerra contra el hambre, pero las cifras del primer semestre del año muestran un fracaso. Y todo indica que los guarismos serán aún peores en el segundo semestre. Pero, se sigue viviendo una estabilidad política, que nadie sabe cuánto durará.
Oportunamente, ese establishmentdefraudado por el gobierno neoliberal de Mauricio Macri, apostó por las diferencias que Fernández expuso durante nueve años respecto a las políticas económicas del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. Pero no consigue digerir la palabra “estatización”.
El gobierno jugó sus cartas a una reestructuración de la deuda externa, tema “incomible” para la población, y en pleno default sigue en el tira y afloje con bonistas, fondos buitres y el Fondo Monetario Internacional, en lugar de hacerse cargo de la consigna “primero está el pueblo” y no pagar la deuda odiosa. Ni siquiera adelantó la exigida auditoría de la misma.
Difícil quedar bien con todos. La producción de riquezas del país debiera estar íntimamente vinculado a la sobrevivencia de las personas y en mejorar la situación de millones de trabajadores, luego de los cuatro años del gobierno neoliberal de Mauricio Macri. Y ante todo, es imprescindible darle prioridad a los sistemas de salud pública.
La oposición política y los grandes empresarios no entienden de eso, y exigen –en medio de la pandemia que se agiganta- flexibilizar las medidas de distanciamiento y cuidado para satisfacer las exigencias de la economía o, mejor dicho, de sus ganancias. Negociar con ellos es mantener el statu quo neoliberal.
La cuarentena dejó a la intemperie la enorme desigualdad que vive el pueblo argentino, sobre todo en el impacto mortal de la pandemia en los barrios pobres, en las villas miseria, donde el hacinamiento y la precariedad hacen difícil o imposible imponer medidas de aislamiento o distanciamiento. En un cuartucho viven, duermen, comen familias numerosas.
Y quedó en evidencia, asimismo, la incapacidad de un Estado –desarmado durante el macrismo- de proveer de alimentos a quienes no tienen qué comer, mientras los movimientos sociales hacen lo imposible para llenar esos huecos que el Estado no sabe cómo tapar.
El gobierno puso en marcha un ingreso familiar de emergencia para nueve millones de personas, mientras sigue en la nebulosa el cobro de un impuesto extraordinario a las grandes fortunas de un país, donde once mil personas tienen patrimonios superiores a los tres millones de dólares. Son medidas transitorias, de emergencia y por ahora no asoma una reforma al inmoral reparto de riqueza que subsiste en el país.
El difícil camino
Políticamente, Alberto Fernández logró lo que le encomendó su mentora y ahora vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Unió al disperso peronismo para lograr desalojar al gobierno neoliberal y luego, desde la Casa Rosada, juntó a las diversas variantes políticas en la lucha común contra la pandemia, logrando altos índices de aprobación.
Hoy sólo parte de su equipo de gobierno cree en la recuperación económica. Y todos sabemos quién paga los platos rotos de los desatinos. Difícil recuperar un horizonte como sociedad sin operar cambios estructurales, sobre todo cuando se insiste en el camino del centro.
Si algún anuncio oficial obtuvo repercusión favorable en los sectores populares, ese fue el correspondiente a la intervención/expropiación de la firma Vicentin SAIC, que resume la historia del gran capital saqueador de la riqueza nacional, decisión tomada a las apuradas, sin estudiar en detalle el tema ni construir consensos previos.
Carente de programa conocido de largo plazo, procuró hacer de Vicentin una causa digna, enarbolando livianamente la bandera de la soberanía alimentaria, cuando tomar el tema en serio supondría al menos revisar la matriz productiva extractivista establecida desde 1996.
Un capitalismo en el que ganen todxs
La moderación, el arte de dialogar con todos y tratar de complacerlos (no para convencerlos de sus planes), sin avanzar en cambios estructurales de la sociedad, puede convertirse en escollo. Más allá de la remanida frase de que los más necesitados tendrán prioridad, la realidad muestra el crecimiento de pauperización de la sociedad y la insatisfacción de sus demandas en pro de una vida digna que, en definitiva, fueron las que lo llevaron al gobierno.
La añeja polarización persiste, se revitaliza y por momentos recupera el centro de la escena, pese a la voluntad de diálogo de las principales figuras dedicadas a gestionar. El impedimento para que se estabilicen ciertos consensos duraderos no es la ideología, sino una crisis social que atenta contracualquier pacto por razonable que parezca.
Si bien aún loa niveles de aceptación de Fernández son altos, el día que ésta disminuya del 50%, los factores de poder económico y político –la derecha- comenzarán a jugar la carta de la desestabilización. Ya trabajan arduamente, aupados por una prensa hegemónica complaciente con el poder real.
A siete meses de gestión, puede considerarse que el Caso Vicentin constituye la primera iniciativa de gobierno de un presidente que hasta la fecha ha sido un mero administrador de la cuarentena. Para bien o para mal, indudablemente la crisis abre oportunidades. Pero, ¿cómo se para el gobierno argentino ante el 1% de los más super ricos del mundo que pujan por asegurarse que el “nuevo orden” sea una versión mejorada de este horroroso mundo previo al coronavirus?
En distintos países de la región va tomando forma un momento de afirmación nacional, un cambio en el sentido de esa globalización, no por incidencia de alguna ideología, liderazgo o discurso, sino por las consecuencias de una pandemia que dejó a la intemperie el fracaso del modelo capitalista.
Por las redes circularon muchas expresiones laudatorias hacia el Presidente a propósito del proyecto de rescate estatal del consorcio agroexportador Vicentin (con una deuda de 1.350 millones de dólares, incluso con el Banco de la Nación por unos 350 millones de dólares), cuando aún se desconoce si la decisión tendrá las características que desearía el equipo del ministerio de Agricultura que lo estructuró, o supondrá otro negociado del tipo de Repsol-YPF.
El rumbo estratégico decidido frente a la situación creada por una empresa que decidió profundizar el proceso de endeudamiento y extranjerización de la economía argentina, quedó reducido como única tribuna de discusión a las posiciones de los medios hegemónicos gráficos, audiovisuales y a las opiniones vertidas en redes sociales de la derecha, tratando de imponer el imaginario colectivo de que se trata de “comunismo”.
Con la otra mano, el Ministerio de Relaciones Exteriores, anunció la baja de aranceles para importar insumos destinados a la fabricación de glifosato, ratificando la vigencia de la matriz productiva generada desde la expansión del «desierto verde» sojero, que inauguró Felipe Solá, hoy canciller y entonces ministro de Agricultura de Carlos Menem.
Desde dentro del gobernante Frente de Todos -donde convergen conservadores, moderados y progresistas-, hay sectores que reclaman una política de Estado más activa, con el control del comercio exterior para garantizar la soberanía y la estatización de las empresas energéticas y otras de servicios públicos.
Mientras, sectores sociales lanzaron un Manifiesto Hacia un gran Pacto Ecosocial y Económico donde señalan que la pandemia desnudó y agudizó las desigualdades sociales y económicas haciéndolas más insoportables que nunca.
“Esto nos impulsa a mirar el estado, los mercados, la familia, la comunidad y la naturaleza desde otra perspectiva, mientras recuperamos aquellas alternativas que hace solo unos meses parecían inviables, para encontrar una salida diferente a esta crisis, a partir de una reconfiguración integral que sea social, sanitaria, económica y ecológica y que tribute a la vida y a los pueblos”, añaden.
La pandemia postergó el reparto de cargos entre los políticos que conformaron la coalición que llevó a Alberto Fernández al poder, y que suponía un cogobierno con las organizaciones sociales. El asistencialismo no llega a todos. Hay sectores que no han sido tenidos en cuenta. Y para ellos sólo queda la calle, el reclamo. En tiempos de hambruna y miseria, puede llevar al estallido social.
Lejos de las negociaciones y enjuagues, y dado que el hambre no admite dilaciones, parece crecee la desobediencia civil desafiando al confinamiento, con marchas del sindicalismo combativo y distintos movimientos sociales.
Lo cierto es que el gran empresariado ni siquiera insinuó alguna disposición de morigerar las penas del alarmante contingente de pobres, desempleados e indigentes que crece a diario, permitiendo la difusión del temor de que en la pospandemia aumentarán la miseria y el hambre. Y, también la violencia, los saqueos y la posterior represión.
¿De qué va a vivir la mayoría del pueblo argentino en la pospandemia? Lo primero que debiera hacer el gobierno es garantizar la soberanía alimentaria, dicen desde los movimientos sociales.
Aram Aharonian. Periodista y comunicólogo uruguayo. Magíster en Integración. Fundador de Telesur. Preside la Fundación para la Integración Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la) y susrysurtv.
Una rápida reapertura económica nos mandará al infierno
La gente necesita desesperadamente volver a trabajar y recuperar lo que sea posible de su vida. Pero Mike Davis sostiene que una apertura rápida de la economía dará como resultado una tragedia indescriptible para millones de personas.
Introducción de A l’encontre:
En la tarde del 26 de junio de 2020, el Washington Post publicó un artículo sobre la situación de la pandemia de COVID-19 en Estados Unidos. A continuación, lo esencial del artículo: «El jueves 25 de junio se registró un número récord de infecciones por segundo día consecutivo: más de 39.000 nuevos casos de COVID-19 en el territorio de Estados Unidos, y varios estados están restableciendo rápidamente la cuarentena. La voluntad de reactivar la actividad económica en el país se ha revelado contraproducente.»
• El viernes 26 de junio, los estados de Texas y de Florida ordenaron el cierre de los bares, unas semanas después de la reapertura, y este último estado registró casi 9.000 nuevos casos. Nuevo México suspendió la etapa siguiente de su plan de reapertura. «Me preocupa el hecho de que podamos saturar el sistema de salud, los hospitales, las unidades de cuidados intensivos», dijo el responsable de la salud del estado de Mississippi al periódico Clarion-Ledger: «No estoy hablando del otoño, sino de esta semana».
• Y en Arizona, cuyo mantra para la reapertura fue «Vuelvan más fuertes», cientos de habitantes de Phoenix hicieron fila durante horas el sábado delante de un laboratorio de análisis concebido de manera tal que los pacientes pudieran quedarse dentro del coche. El Washington Post, a través de su departamento especializado, analizó el estado para entender cómo se convirtió rápidamente en un epicentro de la crisis. «En momentos críticos, los errores cometidos por algunos altos funcionarios han reducido la confianza en los datos», dice el informe. «Y cuando más se necesitaba paciencia, ya que el estado comenzó a reabrir, pese a la persistente transmisión de la enfermedad en las distintas colectividades, un enfoque abrupto y uniforme -sin puntos de referencia transparentes ni margen de maniobra para que las zonas afectadas permanecieran confinadas- hizo creer a gran parte del público que la pandemia se había terminado».
• El asalto asimétrico del virus a las comunidades negras puede contribuir a explicar por qué el público subestimó tanto la crisis. Una nueva encuesta del Washington Post-Ipsos reveló que casi uno de cada tres estadounidenses negros conoce a alguien que murió de COVID-19, comparado con sólo el 9% de los estadounidenses blancos».
A la luz de este informe de finales de junio de 2020, estimamos útil la publicación del siguiente artículo de Mike Davis, escrito a finales de abril de 2020. (Redacción A l’encontre)
***
Al llegar, casi, al quinto mes de la pandemia, millones de familias trabajadoras sienten que han sido secuestradas y enviadas al infierno. Según fuentes oficiales, el desempleo se acerca al 30% o más. Otros 20 millones de personas caerán inevitablemente por debajo del umbral de pobreza. Una encuesta reciente de Pew reveló que el 60% de los latinos declaran haber perdido su empleo o su salario, al igual que más de la mitad de los trabajadores menores de 30 años.
Además del trabajo, millones de personas perderán todo aquello por lo que han trabajado toda su vida: sus casas, sus pensiones, su cobertura médica y sus cuentas de ahorro.
La mayoría de nosotros ya hemos vivido esa brutal sensación de derrumbe económico: la «gran recesión» de 2008-2009. En un lapso de 18 meses, la mayoría de las familias negras y latinoamericanas perdieron toda su riqueza neta, y los egresados universitarios de medios no privilegiados cayeron, aparentemente para el resto de sus vidas, en la economía de servicios con bajos salarios.
Por eso tantos millones de personas se han unido para el New Deal detrás de la bandera de Bernie Sanders. Pero la amenaza que se avecina es el empobrecimiento y el hambre en una escala nunca vista desde 1933.
La gente necesita desesperadamente volver al trabajo para salvar lo que puedan de sus vidas. Pero no por eso hay que escuchar el llamado de los manifestantes de «MAGA» (Make America Great Again, el eslogan de las tropas de Trump), esas marionetas manipuladas por los fondos de especulación y los multimillonarios dueños de los casinos. Su canto de sirena para «reabrir la economía» sólo puede acarrear una tragedia.
¿Dónde estamos ahora?
– Enviar a millones de personas a trabajar sin protección ni análisis sería, para miles de ellas, una sentencia de muerte. Treinta y cuatro millones de trabajadores tienen más de 55 años de edad; diez millones de ellos tienen más de 65 años. Millones de trabajadores sufren de diabetes, problemas respiratorios crónicos, etc., y muchos millones más tienen más de sesenta y cinco años. ¿De casa al trabajo o a la unidad de cuidados intensivos y después a la morgue.
– Se cuentan por millones nuestros «trabajadores esenciales» que se ven enfrentados a peligros intolerables debido a la falta de equipo de protección. Tendrán que pasar varias semanas antes de que los propios trabajadores de la salud tengan el equipo que necesitan. Los trabajadores de los depósitos de mercaderías, supermercados y comida rápida no tienen ninguna garantía de recibir máscaras, a menos que lo exija la ley. ¿Es una guerra? Entonces, el rechazo de Trump a utilizar las leyes existentes para conseguir que el Estado federal organice la fabricación de máscaras y respiradores es un crimen de guerra.
– En la situación actual, resulta increíble que se le proponga a la gente hacerse análisis de sangre para un certificado de regreso al trabajo si sus anticuerpos son buenos. Washington autorizó a más de cien compañías diferentes a vender kits serológicos que no habían sido probados en humanos y que no tenían el certificado de la FDA (Food and Drug Administration, Administración de Alimentos y Medicamentos). Sus resultados son un desastre y resulta imposible interpretarlos. Pueden pasar semanas antes de que los funcionarios de salud pública tengan diagnósticos fiables que puedan ser utilizados. Cuando los tengan, todavía llevará meses hacer pruebas a los empleados/as y probablemente, no haya una cantidad suficiente con presencia de anticuerpos para que las empresas cerradas puedan volver a funcionar con seguridad.
– La hipótesis más optimista prevé una vacuna para la primavera de 2021, sin que nadie tenga idea de cuánto tiempo durará la inmunidad. En la actualidad, cientos de equipos de investigadores y pequeñas empresas de biotecnología están trabajando en medicamentos para reducir el riesgo de insuficiencia respiratoria y de graves lesiones cardíacas y renales. Pero ese esfuerzo de investigación, aún siendo muy amplio, carece de coordinación y financiación por parte de Washington.
Un lockout indefinido
En esencia, estamos ante un lock-out indefinido, confrontados a una administración para la cual la destrucción del Servicio Postal de los EE.UU. (su privatización) es una prioridad mayor que la urgencia de un programa para producir test, equipos de seguridad y antivirales que permitan a los Estados Unidos volver al trabajo.
Los cómplices de Trump son monstruos como Amazon, con la que Jeff Bezos ganó 25.000 millones de dólares en dos semanas, y United Health Group, la mayor compañía de seguros de salud del mundo, cuyas ganancias crecieron en 4.100 millones de dólares en los primeros tres meses de la pandemia. Las aseguradoras médicas obtuvieron ganancias inesperadas, ya que la mayoría de sus miembros ya no pueden reservar operaciones y tampoco reciben ninguna atención vital.
Como una erupción volcánica, la bronca crece rápidamente y se asoma a la superficie en este país y necesitamos estructurarla para defender y construir nuestros sindicatos, conseguir un seguro médico para todos y expulsar a estos sinvergüenzas de sus tronos dorados.
Como hemos llegado a este punto
Para el año nuevo, brindábamos, les dábamos un beso a nuestros amigos, cantábamos una canción de un revolucionario escocés, escrita hace siglos. Y los médicos chinos informaron a sus colegas del mundo entero que el rápido aumento de casos de neumonía aguda cerca de la ciudad de Wuhan se debía a infecciones causadas por un virus anteriormente desconocido.
Una vez secuenciado, fue identificado como un «coronavirus». Hasta 2003, las investigaciones sobre esta familia de virus se habían centrado en las graves enfermedades a las que están expuestos diversos animales, como el ganado y las aves de corral. Sólo se sabía que dos de ellos podían infectar a los humanos, y como sólo habían provocado resfríos leves, los investigadores los consideraron insignificantes.
En 2003, en un hotel de un aeropuerto chino, un viajero contagió a todas las personas con las que se encontró en el hotel; una nueva epidemia viral había comenzado. En 24 horas, el virus se había extendido a otros cinco países. El Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mató a uno de cada 10 pacientes.
El agente patógeno del SRAS fue identificado como un coronavirus, que los murciélagos transmiten a pequeños y ágiles carnívoros llamados civetas (Paradoxurus hermaphroditus, NdT), muy apreciados en la cocina del sur de China. El SRAS llegó a 30 países y causó pánico a nivel internacional. Pero tenía un talón de Aquiles: sólo era contagioso en la etapa en que las personas infectadas mostraban síntomas como tos seca, fiebre y dolores musculares. Debido a que era tan fácil de reconocer, el virus del SRAS fue finalmente controlado.
Un virus similar apareció en 2012, pero esta vez, los camellos infectaron a los murciélagos. Mató a 1.000 personas, principalmente en la península Arábiga. Sin embargo, como su propagación se debió principalmente al contacto directo con los camellos, no fue considerado como causa de una posible pandemia.
El virus furtivo
Los investigadores tenían la esperanza de que el virus mortal que hoy nos ataca, un virus llamado SRAS-C0V-2, compartiera la mayor parte de sus genes con el primer SRAS y, por lo tanto, también fuera fácil de detectar debido a su correlación con los síntomas de los pacientes. Se equivocaron trágicamente.
Cuatro meses después de que comenzara a circular en la raza humana, sabemos que, a diferencia de sus predecesores, este virus vuela con las mismas alas que la gripe: las personas que lo propagan no muestran signos visibles de enfermedad. El agente patógeno actual está demostrando ser «furtivo» en proporciones que superan con creces las de la gripe y que tal vez no tienen precedentes en los anales de la microbiología. La tripulación del portaaviones Theodore Roosevelt fue contaminada. La Marina lo analizó en su casi totalidad y los doctores encontraron que el 60% de los infectados nunca habían presentado ningún síntoma visible.
Un gran número de casos no detectados sería considerado como una buena noticia siempre y cuando las infecciones produzcan una inmunidad duradera. Pero no parece ser así.
Actualmente se están utilizando decenas de análisis de sangre para detectar anticuerpos, ninguno de los cuales está certificado por la FDA, los resultados son confusos y contradictorios y por ahora es imposible establecer una autorización que garantice la presencia de anticuerpos para volver al trabajo.
La investigación más reciente – se puede encontrar en LitCovid, el sitio web del «National Institutes of Health»- sugiere que el coronavirus confiere una inmunidad muy limitada y que el virus podría llegar a ser tan perenne como la gripe. En ausencia de mutaciones significativas, es probable que la segunda y la tercera infección sean menos peligrosas para los supervivientes, pero hasta la fecha no hay pruebas de que sean menos peligrosas para las personas no infectadas en los grupos de alto riesgo. El monstruo COVID-19 nos perseguirá aún durante mucho tiempo.
Sabían que vendría
Sin embargo, la enfermedad no es la irrupción de algo completamente desconocido, un asteroide biológico. Aunque su poder de contagio no estaba previsto para un coronavirus, la pandemia es muy parecida al escenario descrito anteriormente para una epidemia de gripe aviar.
Durante casi una generación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y todos los principales gobiernos han estado planificando la forma de detectar y de reaccionar ante una pandemia de ese tipo. Desde entonces, la comprensión internacional de la necesidad de una detección a tiempo, de grandes reservas de suministros médicos de emergencia y de la disponibilidad de camas de cuidados intensivos ha sido muy clara. Lo más importante es que los miembros de la OMS han estado de acuerdo sobre la necesidad de coordinar la respuesta en conformidad con las directrices votadas por todos. Desde el principio, la contención de la pandemia tan pronto como surgió fue crucial: mediante la detección a través de pruebas generalizadas, el aislamiento de los casos sospechosos y el rastreo de los contactos. Las cuarentenas en gran escala, el cierre de ciudades, el cierre de grandes sectores de la economía, deberían haber sido medidas de último recurso, y la planificación generalizada de medidas preventivas podría haberlas hecho innecesarias.
Teniendo en cuenta estas perspectivas, después del brote de gripe aviar de 2005, el gobierno de los Estados Unidos publicó una ambiciosa «Estrategia Nacional contra la Gripe Pandémica» basada en la constatación de que el sistema de salud pública de los Estados Unidos, a todos los niveles, no estaba en absoluto preparado para una epidemia a gran escala.
La estrategia se actualizó después del temor a la gripe porcina en 2009. En 2017, una semana antes de la investidura de Trump, el equipo saliente de Obama y la nueva administración realizaron conjuntamente una simulación a gran escala para evaluar la respuesta de las agencias federales y los hospitales a tres posibles pandemias: la gripe porcina, el Ébola y el Zika.
La simulación, por supuesto, mostró la incapacidad del sistema para prevenir epidemias y por la misma razón, para aplanar las curvas a tiempo. Parte de los problemas revelados por la simulación fueron la detección y la coordinación. Otra era la insuficiencia de reservas y por último, las cadenas de suministro y los evidentes cuellos de botella, como la dependencia de unas pocas fábricas en el extranjero para la producción de equipo de protección esencial. Y por último, la incapacidad fundamental de incorporar los avances revolucionarios de la biología en la última década para construir un arsenal de nuevos antivirales y vacunas.
En otras palabras, los Estados Unidos no estaban preparados, y el gobierno lo sabía.
La catástrofe y las fichas de dominó que caen
A finales de enero de 2020, se produjeron tres acontecimientos.
– En primer lugar, aunque la OMS había distribuido rápidamente cientos de miles de equipos de prueba diseñados por científicos alemanes, el organismo internacional se vio rápidamente marginado, ya que cada nación cerró sus puertas, ignorando sus anteriores compromisos de ayuda mutua.
– En segundo lugar, tres países del este asiático, por contar con buenos arsenales médicos y sistemas de salud con financiamiento único -Corea del Sur, Singapur y Taiwán- contenían la epidemia con una mortalidad mínima y períodos moderados de distanciamiento social. Después de los desastres iniciales que permitieron que el virus lograse escapar gracias al tráfico aéreo y que forzaron el cierre de Wuhan, China se movilizó a una escala sin precedentes para sofocar rápidamente todos los brotes de Covid-19 en las afueras de Wuhan.
– En tercer lugar, nuestros Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC: Centers for Disease Control and Prevention) decidieron crear su propio kit de diagnóstico en lugar de utilizar el distribuido por la OMS. El Covid-19 contaminó las líneas de producción del CDC y los kits de prueba resultaron inutilizables.
Todo el mes de febrero fue desperdiciado, cuando todavía habría sido posible hacer pruebas y rastrear los contactos para evitar el crecimiento exponencial de la enfermedad. Esa fue la primera catástrofe.
La segunda tuvo lugar en marzo de 2020, cuando la gran cantidad de casos graves y críticos comenzó a hacerse sentir en los hospitales. Cuando empezaron a quedarse sin respiradores, sin máscaras N-95 y sin ventiladores, los hospitales recurrieron a sus estados respectivos y luego a la Reserva Estratégica Nacional (National Strategic Stockpile) del gobierno federal, que había sido concebido específicamente para una epidemia como la de Covid-19.
Pero los armarios estaban prácticamente vacíos. Las reservas se habían agotado en 2009 durante el pánico provocado por la gripe porcina y a otras crisis posteriores. La administración Trump había sido advertida regularmente y en repetidas ocasiones de su obligación legal de reponer estas existencias. Pero sus prioridades eran diferentes. La reducción del presupuesto del CDC. La liquidación del Obama Care (Affordable Care Act).
El resultado fue que millones de trabajadores en Estados Unidos tuvieron que enfrentar la enfermedad en hospitales, en residencias de ancianos, en el transporte público y en los depósitos de Amazon sin la protección necesaria cuya fabricación cuesta apenas unos centavos. Un hecho más que emblemático del incumplimiento absoluto del deber de protección de la administración Trump: El mismo día en que el Presidente encomiaba la «incomparable superioridad científica y tecnológica» de los Estados Unidos, el New York Times le dedicaba una página a instrucciones sobre «Cómo coser una máscara en casa».
Mike Davis, historiador, teórico urbanista y activista político de la izquierda estadounidense. Es autor de Ciudad de cuarzo. Arqueología del futuro en Los Ángeles (2003), Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del Tercer Mundo (2006), El coche de Buda. Breve historia del coche bomba (2007), Ciudades muertas: ecología, catástrofe y revuelta (2007), Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico (2009), Urbanismo mágico. Los latinos reinventan la ciudad norteamericana (2012). Artículo publicado en Jacobin, 27-4-2020: https://www.jacobinmag.com/
Introducción de A l’encontre:
En la tarde del 26 de junio de 2020, el Washington Post publicó un artículo sobre la situación de la pandemia de COVID-19 en Estados Unidos. A continuación, lo esencial del artículo: «El jueves 25 de junio se registró un número récord de infecciones por segundo día consecutivo: más de 39.000 nuevos casos de COVID-19 en el territorio de Estados Unidos, y varios estados están restableciendo rápidamente la cuarentena. La voluntad de reactivar la actividad económica en el país se ha revelado contraproducente.»
• El viernes 26 de junio, los estados de Texas y de Florida ordenaron el cierre de los bares, unas semanas después de la reapertura, y este último estado registró casi 9.000 nuevos casos. Nuevo México suspendió la etapa siguiente de su plan de reapertura. «Me preocupa el hecho de que podamos saturar el sistema de salud, los hospitales, las unidades de cuidados intensivos», dijo el responsable de la salud del estado de Mississippi al periódico Clarion-Ledger: «No estoy hablando del otoño, sino de esta semana».
• Y en Arizona, cuyo mantra para la reapertura fue «Vuelvan más fuertes», cientos de habitantes de Phoenix hicieron fila durante horas el sábado delante de un laboratorio de análisis concebido de manera tal que los pacientes pudieran quedarse dentro del coche. El Washington Post, a través de su departamento especializado, analizó el estado para entender cómo se convirtió rápidamente en un epicentro de la crisis. «En momentos críticos, los errores cometidos por algunos altos funcionarios han reducido la confianza en los datos», dice el informe. «Y cuando más se necesitaba paciencia, ya que el estado comenzó a reabrir, pese a la persistente transmisión de la enfermedad en las distintas colectividades, un enfoque abrupto y uniforme -sin puntos de referencia transparentes ni margen de maniobra para que las zonas afectadas permanecieran confinadas- hizo creer a gran parte del público que la pandemia se había terminado».
• El asalto asimétrico del virus a las comunidades negras puede contribuir a explicar por qué el público subestimó tanto la crisis. Una nueva encuesta del Washington Post-Ipsos reveló que casi uno de cada tres estadounidenses negros conoce a alguien que murió de COVID-19, comparado con sólo el 9% de los estadounidenses blancos».
A la luz de este informe de finales de junio de 2020, estimamos útil la publicación del siguiente artículo de Mike Davis, escrito a finales de abril de 2020. (Redacción A l’encontre)
***
Al llegar, casi, al quinto mes de la pandemia, millones de familias trabajadoras sienten que han sido secuestradas y enviadas al infierno. Según fuentes oficiales, el desempleo se acerca al 30% o más. Otros 20 millones de personas caerán inevitablemente por debajo del umbral de pobreza. Una encuesta reciente de Pew reveló que el 60% de los latinos declaran haber perdido su empleo o su salario, al igual que más de la mitad de los trabajadores menores de 30 años.
Además del trabajo, millones de personas perderán todo aquello por lo que han trabajado toda su vida: sus casas, sus pensiones, su cobertura médica y sus cuentas de ahorro.
La mayoría de nosotros ya hemos vivido esa brutal sensación de derrumbe económico: la «gran recesión» de 2008-2009. En un lapso de 18 meses, la mayoría de las familias negras y latinoamericanas perdieron toda su riqueza neta, y los egresados universitarios de medios no privilegiados cayeron, aparentemente para el resto de sus vidas, en la economía de servicios con bajos salarios.
Por eso tantos millones de personas se han unido para el New Deal detrás de la bandera de Bernie Sanders. Pero la amenaza que se avecina es el empobrecimiento y el hambre en una escala nunca vista desde 1933.
La gente necesita desesperadamente volver al trabajo para salvar lo que puedan de sus vidas. Pero no por eso hay que escuchar el llamado de los manifestantes de «MAGA» (Make America Great Again, el eslogan de las tropas de Trump), esas marionetas manipuladas por los fondos de especulación y los multimillonarios dueños de los casinos. Su canto de sirena para «reabrir la economía» sólo puede acarrear una tragedia.
¿Dónde estamos ahora?
– Enviar a millones de personas a trabajar sin protección ni análisis sería, para miles de ellas, una sentencia de muerte. Treinta y cuatro millones de trabajadores tienen más de 55 años de edad; diez millones de ellos tienen más de 65 años. Millones de trabajadores sufren de diabetes, problemas respiratorios crónicos, etc., y muchos millones más tienen más de sesenta y cinco años. ¿De casa al trabajo o a la unidad de cuidados intensivos y después a la morgue.
– Se cuentan por millones nuestros «trabajadores esenciales» que se ven enfrentados a peligros intolerables debido a la falta de equipo de protección. Tendrán que pasar varias semanas antes de que los propios trabajadores de la salud tengan el equipo que necesitan. Los trabajadores de los depósitos de mercaderías, supermercados y comida rápida no tienen ninguna garantía de recibir máscaras, a menos que lo exija la ley. ¿Es una guerra? Entonces, el rechazo de Trump a utilizar las leyes existentes para conseguir que el Estado federal organice la fabricación de máscaras y respiradores es un crimen de guerra.
– En la situación actual, resulta increíble que se le proponga a la gente hacerse análisis de sangre para un certificado de regreso al trabajo si sus anticuerpos son buenos. Washington autorizó a más de cien compañías diferentes a vender kits serológicos que no habían sido probados en humanos y que no tenían el certificado de la FDA (Food and Drug Administration, Administración de Alimentos y Medicamentos). Sus resultados son un desastre y resulta imposible interpretarlos. Pueden pasar semanas antes de que los funcionarios de salud pública tengan diagnósticos fiables que puedan ser utilizados. Cuando los tengan, todavía llevará meses hacer pruebas a los empleados/as y probablemente, no haya una cantidad suficiente con presencia de anticuerpos para que las empresas cerradas puedan volver a funcionar con seguridad.
– La hipótesis más optimista prevé una vacuna para la primavera de 2021, sin que nadie tenga idea de cuánto tiempo durará la inmunidad. En la actualidad, cientos de equipos de investigadores y pequeñas empresas de biotecnología están trabajando en medicamentos para reducir el riesgo de insuficiencia respiratoria y de graves lesiones cardíacas y renales. Pero ese esfuerzo de investigación, aún siendo muy amplio, carece de coordinación y financiación por parte de Washington.
Un lockout indefinido
En esencia, estamos ante un lock-out indefinido, confrontados a una administración para la cual la destrucción del Servicio Postal de los EE.UU. (su privatización) es una prioridad mayor que la urgencia de un programa para producir test, equipos de seguridad y antivirales que permitan a los Estados Unidos volver al trabajo.
Los cómplices de Trump son monstruos como Amazon, con la que Jeff Bezos ganó 25.000 millones de dólares en dos semanas, y United Health Group, la mayor compañía de seguros de salud del mundo, cuyas ganancias crecieron en 4.100 millones de dólares en los primeros tres meses de la pandemia. Las aseguradoras médicas obtuvieron ganancias inesperadas, ya que la mayoría de sus miembros ya no pueden reservar operaciones y tampoco reciben ninguna atención vital.
Como una erupción volcánica, la bronca crece rápidamente y se asoma a la superficie en este país y necesitamos estructurarla para defender y construir nuestros sindicatos, conseguir un seguro médico para todos y expulsar a estos sinvergüenzas de sus tronos dorados.
Como hemos llegado a este punto
Para el año nuevo, brindábamos, les dábamos un beso a nuestros amigos, cantábamos una canción de un revolucionario escocés, escrita hace siglos. Y los médicos chinos informaron a sus colegas del mundo entero que el rápido aumento de casos de neumonía aguda cerca de la ciudad de Wuhan se debía a infecciones causadas por un virus anteriormente desconocido.
Una vez secuenciado, fue identificado como un «coronavirus». Hasta 2003, las investigaciones sobre esta familia de virus se habían centrado en las graves enfermedades a las que están expuestos diversos animales, como el ganado y las aves de corral. Sólo se sabía que dos de ellos podían infectar a los humanos, y como sólo habían provocado resfríos leves, los investigadores los consideraron insignificantes.
En 2003, en un hotel de un aeropuerto chino, un viajero contagió a todas las personas con las que se encontró en el hotel; una nueva epidemia viral había comenzado. En 24 horas, el virus se había extendido a otros cinco países. El Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS) mató a uno de cada 10 pacientes.
El agente patógeno del SRAS fue identificado como un coronavirus, que los murciélagos transmiten a pequeños y ágiles carnívoros llamados civetas (Paradoxurus hermaphroditus, NdT), muy apreciados en la cocina del sur de China. El SRAS llegó a 30 países y causó pánico a nivel internacional. Pero tenía un talón de Aquiles: sólo era contagioso en la etapa en que las personas infectadas mostraban síntomas como tos seca, fiebre y dolores musculares. Debido a que era tan fácil de reconocer, el virus del SRAS fue finalmente controlado.
Un virus similar apareció en 2012, pero esta vez, los camellos infectaron a los murciélagos. Mató a 1.000 personas, principalmente en la península Arábiga. Sin embargo, como su propagación se debió principalmente al contacto directo con los camellos, no fue considerado como causa de una posible pandemia.
El virus furtivo
Los investigadores tenían la esperanza de que el virus mortal que hoy nos ataca, un virus llamado SRAS-C0V-2, compartiera la mayor parte de sus genes con el primer SRAS y, por lo tanto, también fuera fácil de detectar debido a su correlación con los síntomas de los pacientes. Se equivocaron trágicamente.
Cuatro meses después de que comenzara a circular en la raza humana, sabemos que, a diferencia de sus predecesores, este virus vuela con las mismas alas que la gripe: las personas que lo propagan no muestran signos visibles de enfermedad. El agente patógeno actual está demostrando ser «furtivo» en proporciones que superan con creces las de la gripe y que tal vez no tienen precedentes en los anales de la microbiología. La tripulación del portaaviones Theodore Roosevelt fue contaminada. La Marina lo analizó en su casi totalidad y los doctores encontraron que el 60% de los infectados nunca habían presentado ningún síntoma visible.
Un gran número de casos no detectados sería considerado como una buena noticia siempre y cuando las infecciones produzcan una inmunidad duradera. Pero no parece ser así.
Actualmente se están utilizando decenas de análisis de sangre para detectar anticuerpos, ninguno de los cuales está certificado por la FDA, los resultados son confusos y contradictorios y por ahora es imposible establecer una autorización que garantice la presencia de anticuerpos para volver al trabajo.
La investigación más reciente – se puede encontrar en LitCovid, el sitio web del «National Institutes of Health»- sugiere que el coronavirus confiere una inmunidad muy limitada y que el virus podría llegar a ser tan perenne como la gripe. En ausencia de mutaciones significativas, es probable que la segunda y la tercera infección sean menos peligrosas para los supervivientes, pero hasta la fecha no hay pruebas de que sean menos peligrosas para las personas no infectadas en los grupos de alto riesgo. El monstruo COVID-19 nos perseguirá aún durante mucho tiempo.
Sabían que vendría
Sin embargo, la enfermedad no es la irrupción de algo completamente desconocido, un asteroide biológico. Aunque su poder de contagio no estaba previsto para un coronavirus, la pandemia es muy parecida al escenario descrito anteriormente para una epidemia de gripe aviar.
Durante casi una generación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) y todos los principales gobiernos han estado planificando la forma de detectar y de reaccionar ante una pandemia de ese tipo. Desde entonces, la comprensión internacional de la necesidad de una detección a tiempo, de grandes reservas de suministros médicos de emergencia y de la disponibilidad de camas de cuidados intensivos ha sido muy clara. Lo más importante es que los miembros de la OMS han estado de acuerdo sobre la necesidad de coordinar la respuesta en conformidad con las directrices votadas por todos. Desde el principio, la contención de la pandemia tan pronto como surgió fue crucial: mediante la detección a través de pruebas generalizadas, el aislamiento de los casos sospechosos y el rastreo de los contactos. Las cuarentenas en gran escala, el cierre de ciudades, el cierre de grandes sectores de la economía, deberían haber sido medidas de último recurso, y la planificación generalizada de medidas preventivas podría haberlas hecho innecesarias.
Teniendo en cuenta estas perspectivas, después del brote de gripe aviar de 2005, el gobierno de los Estados Unidos publicó una ambiciosa «Estrategia Nacional contra la Gripe Pandémica» basada en la constatación de que el sistema de salud pública de los Estados Unidos, a todos los niveles, no estaba en absoluto preparado para una epidemia a gran escala.
La estrategia se actualizó después del temor a la gripe porcina en 2009. En 2017, una semana antes de la investidura de Trump, el equipo saliente de Obama y la nueva administración realizaron conjuntamente una simulación a gran escala para evaluar la respuesta de las agencias federales y los hospitales a tres posibles pandemias: la gripe porcina, el Ébola y el Zika.
La simulación, por supuesto, mostró la incapacidad del sistema para prevenir epidemias y por la misma razón, para aplanar las curvas a tiempo. Parte de los problemas revelados por la simulación fueron la detección y la coordinación. Otra era la insuficiencia de reservas y por último, las cadenas de suministro y los evidentes cuellos de botella, como la dependencia de unas pocas fábricas en el extranjero para la producción de equipo de protección esencial. Y por último, la incapacidad fundamental de incorporar los avances revolucionarios de la biología en la última década para construir un arsenal de nuevos antivirales y vacunas.
En otras palabras, los Estados Unidos no estaban preparados, y el gobierno lo sabía.
La catástrofe y las fichas de dominó que caen
A finales de enero de 2020, se produjeron tres acontecimientos.
– En primer lugar, aunque la OMS había distribuido rápidamente cientos de miles de equipos de prueba diseñados por científicos alemanes, el organismo internacional se vio rápidamente marginado, ya que cada nación cerró sus puertas, ignorando sus anteriores compromisos de ayuda mutua.
– En segundo lugar, tres países del este asiático, por contar con buenos arsenales médicos y sistemas de salud con financiamiento único -Corea del Sur, Singapur y Taiwán- contenían la epidemia con una mortalidad mínima y períodos moderados de distanciamiento social. Después de los desastres iniciales que permitieron que el virus lograse escapar gracias al tráfico aéreo y que forzaron el cierre de Wuhan, China se movilizó a una escala sin precedentes para sofocar rápidamente todos los brotes de Covid-19 en las afueras de Wuhan.
– En tercer lugar, nuestros Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC: Centers for Disease Control and Prevention) decidieron crear su propio kit de diagnóstico en lugar de utilizar el distribuido por la OMS. El Covid-19 contaminó las líneas de producción del CDC y los kits de prueba resultaron inutilizables.
Todo el mes de febrero fue desperdiciado, cuando todavía habría sido posible hacer pruebas y rastrear los contactos para evitar el crecimiento exponencial de la enfermedad. Esa fue la primera catástrofe.
La segunda tuvo lugar en marzo de 2020, cuando la gran cantidad de casos graves y críticos comenzó a hacerse sentir en los hospitales. Cuando empezaron a quedarse sin respiradores, sin máscaras N-95 y sin ventiladores, los hospitales recurrieron a sus estados respectivos y luego a la Reserva Estratégica Nacional (National Strategic Stockpile) del gobierno federal, que había sido concebido específicamente para una epidemia como la de Covid-19.
Pero los armarios estaban prácticamente vacíos. Las reservas se habían agotado en 2009 durante el pánico provocado por la gripe porcina y a otras crisis posteriores. La administración Trump había sido advertida regularmente y en repetidas ocasiones de su obligación legal de reponer estas existencias. Pero sus prioridades eran diferentes. La reducción del presupuesto del CDC. La liquidación del Obama Care (Affordable Care Act).
El resultado fue que millones de trabajadores en Estados Unidos tuvieron que enfrentar la enfermedad en hospitales, en residencias de ancianos, en el transporte público y en los depósitos de Amazon sin la protección necesaria cuya fabricación cuesta apenas unos centavos. Un hecho más que emblemático del incumplimiento absoluto del deber de protección de la administración Trump: El mismo día en que el Presidente encomiaba la «incomparable superioridad científica y tecnológica» de los Estados Unidos, el New York Times le dedicaba una página a instrucciones sobre «Cómo coser una máscara en casa».
Mike Davis, historiador, teórico urbanista y activista político de la izquierda estadounidense. Es autor de Ciudad de cuarzo. Arqueología del futuro en Los Ángeles (2003), Los holocaustos de la era victoriana tardía. El Niño, las hambrunas y la formación del Tercer Mundo (2006), El coche de Buda. Breve historia del coche bomba (2007), Ciudades muertas: ecología, catástrofe y revuelta (2007), Después del neoliberalismo: ciudades y caos sistémico (2009), Urbanismo mágico. Los latinos reinventan la ciudad norteamericana (2012). Artículo publicado en Jacobin, 27-4-2020: https://www.jacobinmag.com/
miércoles, julio 01, 2020
Entre un recrudecimiento del coronavirus y la amenaza de crisis bancaria

Un combo explosivo
Existe una íntima conexión entre la inyección de dinero que viene promoviendo la Reserva Federal estadounidense y el movimiento que se viene registrando en las bolsas. Ese vínculo se verifica ahora por la negativa, pues bastó que la Reserva Federal contrajese las compras de activos para que se produjera un nuevo cimbronazo y cayera un 3%. El mercado global de acciones ha perdido 1,2 billones en capitalización de mercado en el lapso de una semana
La reducción de sus tenencias de activos en 100 mil millones de dólares fue la señal para que se produjese esta caída bursátil. Los mercados están pendientes de la inyección de liquidez por parte del Banco Central norteamericano y, de un modo general, de los bancos centrales de las principales economías del mundo. Lo cual habla de la endeblez del boom bursátil que se gestó cuando arrancó el plan de estímulo dispuesto por las potencias capitalistas. En ese marco, no hay que descartar un nuevo derrumbe, que puede ser peor al que asistimos a principios de este año. Lo cierto es que la valorización accionaria de las empresas que cotizan en Bolsa no se compadece con su desempeño en la economía real, donde lo que impera es una retracción histórica en los niveles de venta, producción y consumo. El FMI acaba de corregir sus pronósticos para abajo. Dicho organismo contempla caídas de Estados Unidos cercanas al 10%. En Italia y España se calcula un 12%. Esto se extiende a los países emergentes, donde Argentina encabeza dicho pelotón. En pocos meses, la retracción de la economía superó el retroceso del PBI de doce años atrás.
Ni siquiera se salva China que, por primera vez, tendría un crecimiento que se acerca a cero. Esta vez, el gigante asiático no está en condiciones de actuar de factor contrarrestante de la recesión, como ocurrió en la crisis financiera de 2008. Hemos ingresado en una depresión, sólo comparable con la del ’29. Después de que Trump se apresurase a proclamar que el desempleo empezaba a revertirse, los índices de desocupación han vuelto a pegar un salto y ascienden a los 47 millones de personas. No olvidemos, por otra parte, que esos índices son engañosos, pues no incorporan trabajadores informales o trabajadores suspendidos cuya situación podría ser la antesala de despidos.
Límites
Todo este panorama amenaza potenciarse por los nuevos casos de coronavirus, lo que algunos comentaristas han empezado a denominar como “una segunda ola” de la pandemia. Lo concreto es que estamos en presencia de nuevos brotes en países que venían de haber salido de la fase más crítica de la pandemia y habían empezado a normalizar sus actividades. Habrá que ver los alcances, pero lo innegable es que va a afectar la actividad económica y plantea cierres, sean parciales o totales de la economía. En Estados Unidos, que es el epicentro de la pandemia, viene de producirse un número de nuevos infectados y está alcanzando los picos más altos a los que había llegado en estos meses. Esto empalma con el crecimiento explosivo en otros rincones del planeta, entre los que sobresale América Latina.
Más allá de este nuevo estremecimiento de la Bolsa, diversos analistas empiezan a encender las alarmas sobre los límites del rescate y también sobre sus riesgos.
“No se quiere ver que todo tiene un límite y que esas inyecciones de liquidez de la FED de una u otra forma las vamos a pagar y muy caro” (Estrategia de Inversión, 21/6). La emisión no puede ser ilimitada y la FED está intentando cerrar el grifo. Pero abre el flanco de un nuevo crack bursátil. Pero el remedio de dejar que la canilla siga abierta puede ser peor que la enfermedad. El riego es que se acelere una depreciación abrupta del dólar y que esto precipite el abandono de la divisa norteamericana y el refugio hacia el oro, como ha ocurrido en la historia con las grandes crisis. Ni qué hablar que esto precipitaría un descalabro de la economía y el comercio mundial, desde el momento que el dólar es el principal medio de pago y reserva de valor internacional. Preventivamente, ya hay bancos centrales en el mundo que están desprendiéndose de sus reservas en dólares y comprando oro, lo que explica, en parte, la suba de su precio en este último período. Por otra parte, una desvalorización del dólar traería aparejado un rebrote de la inflación y el aumento de las tasas de interés, lo que podría ser letal para una economía que está sometida a un endeudamiento sideral, tanto en el ámbito público como privado.
Crisis bancaria
Una de las preocupaciones que comienzan a asomar es la de una crisis bancaria. Esto corrige las primeras lecturas sobre el colapso actual y sus alcances, porque se hablaba sobre la supuesta solidez de los bancos en contraste con lo ocurrido en 2008. Como se recordará en esas circunstancias, uno de los eslabones más endebles de la cadena fueron las instituciones financieras y por eso la crisis debutó en ese sector y se llevó puesto al banco de inversión Lehman Brothers. Ahora, según diversos analistas, no ocurría eso pero la FED acaba de informar, luego de la realización de las pruebas anuales de “estrés” (solvencia) a las instituciones financieras, que “los bancos más grandes de la nación están sanos, pero… que “podrían sufrir pérdidas al estilo de 2008 si la economía languidece”. Y agrega el comentario: “una recesión económica prolongada podría afectar a los bancos más grandes del país con pérdidas de hasta 700 mil millones dólares en préstamos deteriorados”.
Consecuentemente con ello, la FED ha decidido limitar los pagos de dividendos de los grandes bancos y prohibirá las recompras de acciones en forma preventiva. La Reserva Federal descubrió que los prestamistas más grandes del país tuvieron dificultades para pilotear los efectos de la recesión sin precedentes.
Europa y Wirecard
No solo viene la tormenta desde Estados Unidos, en Europa también se están cuestionando las reaperturas por la incidencia del coronavirus y se está discutiendo limitaciones a la libre circulación en la zona euro. Pero más allá de ello, está también en la lupa el sistema financiero, cuya sustentabilidad está seriamente comprometida. Es conocido del caso de la banca italiana, una de las más endebles, con una cartera de créditos en las que un cuarto de ella es morosa o incobrable, en una economía que hace 15 años que está estancada y, ahora, sufre el flagelo de la depresión.
Pero tampoco escapa la poderosa economía alemana, cuya banca está en una situación financiera extremadamente delicada. Como por ejemplo, el emblemático Deutsche Bank, recordemos estuvo a punto del default y fue apuntalado por el Estado alemán. Un nuevo manto de incertidumbre se cierne, ahora, a partir de la las dudas sobre la confiabilidad de los informes contables y financieros de las firmas alemanas a causa de los terribles casos de falsedad y corrupción.
Un blanco principal de sospechas son las propias instituciones financieras que han estallado con el escándalo de Wirecard. Dicha compañía es una de las principales empresas financieras de Alemania. Se dedica a procesar los pagos con tarjeta de créditos (Visa, Mastercard) y los pagos en línea de cadenas de supermercados (Aldi, Lidi). Es propietaria de un banco y pasó a ser una empresa integral de servicios de cobro para sus clientes. Se trata de una empresa líder en tecnología financiera, que pasó a rivalizar con las grandes corporaciones de las finanzas mundiales. Su valuación de mercado llegó a los 28 mil millones de dólares, que se vino a pique en estos días.
Wirecard se ha sumado a potenciar la desconfianza en el marco regulatorio alemán, tras las dudas generadas por otros escándalos, como los de Volkswagen, Bayer y Deutsche Bank, todos ellos considerados “buque insignia” de la solvencia y potencia de las industrias alemanas. La adulteración de los números debe ser tomado como un termómetro de que la economía mundial se encuentra en un gran concurso de acreedores, lo que pretende ser disimulado mediante el fraude y el maquillaje contable.
Lo que se viene
Todo esto refuerza la idea que no podemos hablar de una crisis temporal. Lejos de su superación en el horizonte, marchamos a un agravamiento de las premisas de una depresión mundial. Lo peor no pasó sino que está por venir. Se abre una etapa convulsiva en la que la población trabajadora va a ser sometida a penurias inauditas, lo que, simultáneamente, oficiará de combustible del cual se nutran las tendencias a la rebelión popular. El levantamiento popular en Estados Unidos contra la violencia policial, ni más ni menos que en el corazón del capitalismo, da cuenta de esta tendencia y tiene como telón de fondo los estragos que viene provocando el efecto combinado de la pandemia y la bancarrota capitalista, que tiene a la población negra y a las minorías como principal blanco.
Los trabajadores debe tomar nota sobre la envergadura a de la crisis capitalista, sus contradicciones explosivas e insalvables, lo cual pone en el orden día la necesidad de organizar la batalla por una reorganización integral de la humanidad sobre nuevas bases sociales.
Pablo Heller
Trabajadores de la cultura en tiempos de coronavirus
Artistas y trabajadores de la cultura concentran en Plaza de Mayo contra la precarización laboral.
M.H.: Luis es parte de Músicos Organizados y el pasado viernes 12 fue parte de la presentación de un Proyecto de ley sobre la situación de artistas y trabajadores de la cultura en cuarentena. ¿Cuáles fueron los contenidos de ese Proyecto?
L.M.: Es de público conocimiento la situación que estamos atravesando los trabajadores en general y en particular los y las trabajadores de la cultura es muy delicada y apremiante, sobre todo desde el punto de vista económico. También desde el punto de vista artístico, por supuesto, porque con el aislamiento no podemos hacer conciertos ni funciones. Entonces con la lucha que venimos llevando adelante con Músicos Organizados, los compañeros y compañeras de Actuemos, audiovisuales y fotógrafos hemos elaborado este Proyecto de ley desde la banca de Romina del Plá del FIT-PO donde los puntos centrales son una compensación económica de 30.000 pesos mientras dure la emergencia sanitaria, en realidad, el proyecto habla de 6 meses, pero es un cálculo estimativo de lo que duraría esto; exención del pago del monotributo; un impuesto progresivo a las OTT que son las plataformas como Spotify, Netflix, etc.; un circuito de música y actividades online y que se paguen las deudas que adeudan los diferentes Estados a los artistas y trabajadores de la cultura que hemos estado trabajando antes de la pandemia para distintos gobiernos tanto provinciales como nacionales y el cese de los despidos y suspensiones en el área de Cultura. Esos son los puntos que abarca el Proyecto de ley.
M.H.: ¿Cuál es la situación que atraviesan los artistas y trabajadores de la cultura en esta cuarentena?
L.M.: La cuarentena puso en evidencia la enorme precarización laboral en la que nosotros veníamos desarrollando nuestra actividad. La normalidad previa a la cuarentena es la precarización laboral que ha quedado evidenciada porque hace ya 90 días que muchos de nosotros y nosotras no estamos trabajando, algunos subsistimos con otros laburos, pero la gran mayoría estamos sin ningún tipo de ingreso, entonces estamos en una situación muy delicada, tenemos compañeros que están vendiendo sus elementos de trabajo, como ser el caso de los músicos sus instrumentos, los fotógrafos sus cámaras.
Obviamente es una situación muy complicada, todos sabemos cuándo empezó la cuarentena pero nadie sabe cuándo va a terminar y cuándo nosotros efectivamente vamos a poder retomar nuestra actividad y en qué condiciones, todo presagia que las condiciones van a ser peores que las que ya teníamos que estaban muy lejos de ser las óptimas.
M.H.: Más allá de la presentación del Proyecto de ley del FIT a través de la diputada nacional Romina del Plá del PO, ¿han tenido alguna respuesta a sus reclamos?
L.M.: Hemos tenido reuniones tanto con el ministerio de Cultura de Nación como de Ciudad y en el caso de los Músicos Organizados con la secretaría de Cultura de la provincia de Buenos Aires donde hemos presentado los mismos temas que se plantean en el Proyecto de ley.
No hemos tenido ninguna respuesta, nos han recibido pero no nos han dado respuesta alguna. Los programas que han sacado tanto desde gobierno de Nación como de Ciudad distan mucho de este proyecto que planteamos y nos hemos visto en la obligación de hacer dos concentraciones con distanciamiento social, una en el ministerio de Cultura de la Ciudad y luego otra en el de Nación y el sábado 13 tuvimos una asamblea nacional de las cuatro organizaciones donde planteamos una concentración con distanciamiento social para el próximo jueves 25 a las 12:00 en Plaza de Mayo. Y estamos intentando, que así como esta fue una asamblea nacional de la que participaron artistas y trabajadores de la cultura de 10 provincias, replicarlo de la misma manera en otros lugares.
La última concentración contó también con concentraciones en Tierra del Fuego, La Plata, Bahía Blanca, en Zona Sur, así que esperamos poder replicarlo de esa manera porque no estamos teniendo ningún tipo de respuesta, no solo nosotros, sino que otras organizaciones tampoco.
Artesanos y Manualistas de la Ciudad de Buenos Aires realizaron el pasado jueves una olla popular y parchazo en el Obelisco. Afirman que llevan 100 días sin poder trabajar y sin ingresos. Advierten que las respuestas que recibieron por parte del gobierno porteño son insuficientes, por lo que han decidido salir a la calle, respetando los protocolos sanitarios, a visibilizar su situación. Entrevista a la artesana Sita Díaz
M.H.: El pasado viernes 5 de junio llevaron adelante una olla popular y una muestra de taller callejero en la Av. Martín García 346. ¿Cuál fue el motivo de esta manifestación?
S.D.: Nosotros somos permisionarios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y estamos regulados por lo que sería Ferias y Mercados. Lo que pasó fue que por obvias razones, se suspendieron las ferias pero el gobierno de la Ciudad lo único que nos trajo fue abandono.
Desde un primer momento nosotros elevamos escritos en los que retratábamos nuestra situación y la necesidad de una ayuda. En lo personal no me gusta pedirle asistencia al Estado, muchísimos de nosotros trabajamos, entonces llegar a esta situación es una medida extrema, como lo es también la cuarentena.
Después de 70 días de abandono hicimos la primera olla popular en la cual se logró que el gobierno baje cajas de alimentos. Si bien estas cajas ya las venían trabajando lo que logramos es que se bajen para todos los permisionarios y por padrón, ya que la intención de ellos era bajar una pequeña cantidad por feria solamente para los más necesitados. O sea, que después de 70 días sin trabajar, sin ninguna respuesta, con muchos compañeros que no cobraban la IFE porque habían sido rechazados, y otros que recién la estaban por cobrar, lamentablemente se demoró muchísimo la IFE y además teniendo en cuenta que 10.000 pesos para pagar un alquiler y sostener una casa es muy insuficiente.
Luego hicimos una segunda olla, en la que comprometimos al gobierno de la Ciudad a que haga una mesa de trabajo, que tuvo su primera reunión hoy (18/6), después también de que lo comprometiéramos judicialmente por una causa que tenemos desde Artesanos de Defensa al 700 que en el verano de 2019 el mismo gobierno nos dejó 5 meses sin trabajar y nos mandó dos represiones.
Hoy lo que se consiguió mínimamente es que esta caja mejore, ya que como comida venía un paquete de polenta de medio kg y una caja de puré de tomate, y una caja de 800 gramos de polvo para preparar bebida láctea a base de leche, que dice que no es sustituto de la leche.
Esta caja llega después de 80 días para alimentar a nuestras familias y no tiene ninguna nutrición válida. Otra cosa que pedimos es el subsidio habitacional que son las herramientas que tiene el gobierno de la Ciudad para los compañeros que no pueden pagar el alquiler.
M.H.: La situación actual de los artesanos y manualistas de la Ciudad es que están sin ninguna posibilidad de trabajo ¿verdad?
S.D.: Está la posibilidad de subir tus productos a las redes sociales, y podés vender un cinto en un mes. La verdad es que entendemos que no son necesidades básicas lo que vendemos, uno mismo se mide en lo que consume y trata de consumir lo básico.
Otra cosa que nos ofrece el gobierno es encarar un protocolo para poder abrir las ferias y nosotros entendemos que todas las ferias tienen distintos dibujos, no es lo mismo una feria que funciona en un parque que puede cumplir con esta cuestión de que haya gente en el parque, que una feria como la de Vuelta de Rocha en La Boca o en San Telmo, donde somos 1.300 personas aproximadamente y no hay turismo. No tiene mucho sentido y menos ahora que están retrocediendo las fases de la cuarentena, por lo cual es mucho menos probable que de abrir una feria, protocolo mediante, podamos llegar a subsistir de ella.
M.H.: Sintetizame las demandas centrales de artesanos y manualistas de la Ciudad.
S.D.: Necesitamos un bolsón alimentario digno, subsidio habitacional para los compañeros que no pueden pagar el alquiler. El subsidio habitacional tampoco es que te paguen el alquiler completamente, es una parte del monto, pero teniendo en cuenta que tenemos compañeros endeudados por no poder pagar el alquiler, porque el DNU que establece que se puede suspender el pago del alquiler no se cumple en la realidad, sino que tenemos compañeros a los que les han aumentado el alquiler, otros a los que les han pedido que desalojen las casas.
Y la otra demanda sería la tarjeta de la ciudadanía porteña que permite la compra de alimentos. Esto sería para cubrir sobre todo a los compañeros celíacos y diabéticos y también a futuro, la próxima semana, queremos empezar a plantear créditos por parte de la Ciudad para abastecer los talleres.
Hoy en día tenemos muchos compañeros que pululan por la Ciudad tratando de llevar el sustento diario pero nos vemos también en que la venta va solo para la olla y no se llega a rescatar lo que sería el costo de los productos. Así que necesitamos asistencia inmediata, la IFE se demoró muchísimo en llegar. Por eso pedimos celeridad al gobierno.
Mario Hernandez
M.H.: Luis es parte de Músicos Organizados y el pasado viernes 12 fue parte de la presentación de un Proyecto de ley sobre la situación de artistas y trabajadores de la cultura en cuarentena. ¿Cuáles fueron los contenidos de ese Proyecto?
L.M.: Es de público conocimiento la situación que estamos atravesando los trabajadores en general y en particular los y las trabajadores de la cultura es muy delicada y apremiante, sobre todo desde el punto de vista económico. También desde el punto de vista artístico, por supuesto, porque con el aislamiento no podemos hacer conciertos ni funciones. Entonces con la lucha que venimos llevando adelante con Músicos Organizados, los compañeros y compañeras de Actuemos, audiovisuales y fotógrafos hemos elaborado este Proyecto de ley desde la banca de Romina del Plá del FIT-PO donde los puntos centrales son una compensación económica de 30.000 pesos mientras dure la emergencia sanitaria, en realidad, el proyecto habla de 6 meses, pero es un cálculo estimativo de lo que duraría esto; exención del pago del monotributo; un impuesto progresivo a las OTT que son las plataformas como Spotify, Netflix, etc.; un circuito de música y actividades online y que se paguen las deudas que adeudan los diferentes Estados a los artistas y trabajadores de la cultura que hemos estado trabajando antes de la pandemia para distintos gobiernos tanto provinciales como nacionales y el cese de los despidos y suspensiones en el área de Cultura. Esos son los puntos que abarca el Proyecto de ley.
M.H.: ¿Cuál es la situación que atraviesan los artistas y trabajadores de la cultura en esta cuarentena?
L.M.: La cuarentena puso en evidencia la enorme precarización laboral en la que nosotros veníamos desarrollando nuestra actividad. La normalidad previa a la cuarentena es la precarización laboral que ha quedado evidenciada porque hace ya 90 días que muchos de nosotros y nosotras no estamos trabajando, algunos subsistimos con otros laburos, pero la gran mayoría estamos sin ningún tipo de ingreso, entonces estamos en una situación muy delicada, tenemos compañeros que están vendiendo sus elementos de trabajo, como ser el caso de los músicos sus instrumentos, los fotógrafos sus cámaras.
Obviamente es una situación muy complicada, todos sabemos cuándo empezó la cuarentena pero nadie sabe cuándo va a terminar y cuándo nosotros efectivamente vamos a poder retomar nuestra actividad y en qué condiciones, todo presagia que las condiciones van a ser peores que las que ya teníamos que estaban muy lejos de ser las óptimas.
M.H.: Más allá de la presentación del Proyecto de ley del FIT a través de la diputada nacional Romina del Plá del PO, ¿han tenido alguna respuesta a sus reclamos?
L.M.: Hemos tenido reuniones tanto con el ministerio de Cultura de Nación como de Ciudad y en el caso de los Músicos Organizados con la secretaría de Cultura de la provincia de Buenos Aires donde hemos presentado los mismos temas que se plantean en el Proyecto de ley.
No hemos tenido ninguna respuesta, nos han recibido pero no nos han dado respuesta alguna. Los programas que han sacado tanto desde gobierno de Nación como de Ciudad distan mucho de este proyecto que planteamos y nos hemos visto en la obligación de hacer dos concentraciones con distanciamiento social, una en el ministerio de Cultura de la Ciudad y luego otra en el de Nación y el sábado 13 tuvimos una asamblea nacional de las cuatro organizaciones donde planteamos una concentración con distanciamiento social para el próximo jueves 25 a las 12:00 en Plaza de Mayo. Y estamos intentando, que así como esta fue una asamblea nacional de la que participaron artistas y trabajadores de la cultura de 10 provincias, replicarlo de la misma manera en otros lugares.
La última concentración contó también con concentraciones en Tierra del Fuego, La Plata, Bahía Blanca, en Zona Sur, así que esperamos poder replicarlo de esa manera porque no estamos teniendo ningún tipo de respuesta, no solo nosotros, sino que otras organizaciones tampoco.
Artesanos y Manualistas de la Ciudad de Buenos Aires realizaron el pasado jueves una olla popular y parchazo en el Obelisco. Afirman que llevan 100 días sin poder trabajar y sin ingresos. Advierten que las respuestas que recibieron por parte del gobierno porteño son insuficientes, por lo que han decidido salir a la calle, respetando los protocolos sanitarios, a visibilizar su situación. Entrevista a la artesana Sita Díaz
M.H.: El pasado viernes 5 de junio llevaron adelante una olla popular y una muestra de taller callejero en la Av. Martín García 346. ¿Cuál fue el motivo de esta manifestación?
S.D.: Nosotros somos permisionarios del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y estamos regulados por lo que sería Ferias y Mercados. Lo que pasó fue que por obvias razones, se suspendieron las ferias pero el gobierno de la Ciudad lo único que nos trajo fue abandono.
Desde un primer momento nosotros elevamos escritos en los que retratábamos nuestra situación y la necesidad de una ayuda. En lo personal no me gusta pedirle asistencia al Estado, muchísimos de nosotros trabajamos, entonces llegar a esta situación es una medida extrema, como lo es también la cuarentena.
Después de 70 días de abandono hicimos la primera olla popular en la cual se logró que el gobierno baje cajas de alimentos. Si bien estas cajas ya las venían trabajando lo que logramos es que se bajen para todos los permisionarios y por padrón, ya que la intención de ellos era bajar una pequeña cantidad por feria solamente para los más necesitados. O sea, que después de 70 días sin trabajar, sin ninguna respuesta, con muchos compañeros que no cobraban la IFE porque habían sido rechazados, y otros que recién la estaban por cobrar, lamentablemente se demoró muchísimo la IFE y además teniendo en cuenta que 10.000 pesos para pagar un alquiler y sostener una casa es muy insuficiente.
Luego hicimos una segunda olla, en la que comprometimos al gobierno de la Ciudad a que haga una mesa de trabajo, que tuvo su primera reunión hoy (18/6), después también de que lo comprometiéramos judicialmente por una causa que tenemos desde Artesanos de Defensa al 700 que en el verano de 2019 el mismo gobierno nos dejó 5 meses sin trabajar y nos mandó dos represiones.
Hoy lo que se consiguió mínimamente es que esta caja mejore, ya que como comida venía un paquete de polenta de medio kg y una caja de puré de tomate, y una caja de 800 gramos de polvo para preparar bebida láctea a base de leche, que dice que no es sustituto de la leche.
Esta caja llega después de 80 días para alimentar a nuestras familias y no tiene ninguna nutrición válida. Otra cosa que pedimos es el subsidio habitacional que son las herramientas que tiene el gobierno de la Ciudad para los compañeros que no pueden pagar el alquiler.
M.H.: La situación actual de los artesanos y manualistas de la Ciudad es que están sin ninguna posibilidad de trabajo ¿verdad?
S.D.: Está la posibilidad de subir tus productos a las redes sociales, y podés vender un cinto en un mes. La verdad es que entendemos que no son necesidades básicas lo que vendemos, uno mismo se mide en lo que consume y trata de consumir lo básico.
Otra cosa que nos ofrece el gobierno es encarar un protocolo para poder abrir las ferias y nosotros entendemos que todas las ferias tienen distintos dibujos, no es lo mismo una feria que funciona en un parque que puede cumplir con esta cuestión de que haya gente en el parque, que una feria como la de Vuelta de Rocha en La Boca o en San Telmo, donde somos 1.300 personas aproximadamente y no hay turismo. No tiene mucho sentido y menos ahora que están retrocediendo las fases de la cuarentena, por lo cual es mucho menos probable que de abrir una feria, protocolo mediante, podamos llegar a subsistir de ella.
M.H.: Sintetizame las demandas centrales de artesanos y manualistas de la Ciudad.
S.D.: Necesitamos un bolsón alimentario digno, subsidio habitacional para los compañeros que no pueden pagar el alquiler. El subsidio habitacional tampoco es que te paguen el alquiler completamente, es una parte del monto, pero teniendo en cuenta que tenemos compañeros endeudados por no poder pagar el alquiler, porque el DNU que establece que se puede suspender el pago del alquiler no se cumple en la realidad, sino que tenemos compañeros a los que les han aumentado el alquiler, otros a los que les han pedido que desalojen las casas.
Y la otra demanda sería la tarjeta de la ciudadanía porteña que permite la compra de alimentos. Esto sería para cubrir sobre todo a los compañeros celíacos y diabéticos y también a futuro, la próxima semana, queremos empezar a plantear créditos por parte de la Ciudad para abastecer los talleres.
Hoy en día tenemos muchos compañeros que pululan por la Ciudad tratando de llevar el sustento diario pero nos vemos también en que la venta va solo para la olla y no se llega a rescatar lo que sería el costo de los productos. Así que necesitamos asistencia inmediata, la IFE se demoró muchísimo en llegar. Por eso pedimos celeridad al gobierno.
Mario Hernandez
La historia de Vicentín es la historia del gran capital
En el medio de una pandemia generada por un virus que se transmite persona a persona, y en el que se recomienda quedarse en los hogares, algunas personas decidieron salir a protestar «en defensa» de una empresa privada que le debe millones al Estado y a productores de Santa Fe y acreedores en todo el mundo. Pero ¿qué es esta empresa? ¿cuál es su historia? En esta nota recuperamos algunos testimonios para tratar de comprender por qué Vicentín representa al gran Capital en Argentina.
«No puedo entender la ‘crisis sanitaria’ si no miro el desarme de la salud pública y la mercantilización concomitante; ni el problema del endeudamiento sin el origen odioso, ilegitimo e ilegal de las acreencias asumidas en dictadura y renegociadas en los turnos constitucionales para sostener un modelo productivo de inserción mundial subordinada. Mucho menos entender el proceso actual de Vicentin como aquellos gringos de hace casi un siglo, si no lo asocio a un largo proceso de transformaciones desde los años de plomo. Ello nos remite a la complicidad en la desaparición de trabajadores, o en la estatización de la deuda privada, o en el uso del Estado para la actividad particular en el marco del agro-negocio de exportación», dice el economista Julio Gambina.
El grupo Vicentín es la primera agroexportadora de la Argentina, que facturó 118 mil millones de pesos, le paga a sus trabajadores 100 pesos la hora, y que ahora dice que tienen esta deuda de 1350 millones de dólares.
Cómo nace y crece Vicentín
Vicentín se constituye en 1929, en la época del crack financiero. En sus comienzos, y por lo menos hasta 1965, era una empresa familiar del norte de Santa Fe que tenía un almacén de ramos generales y acopio de productos agrícolas. Luego empezaron a desmotar algodón y a fabricar aceite.
De acuerdo al testimonio del diputado santafesino Carlos Del Frade, en la década del 60 recibe la primera ayuda del Estado. La dictadura de Onganía le ofrece gratuitamente tierras en el departamento Vera y tierras en General Obligado. Y allí se inicia la concentración de la producción, pudiendo producir su propio algodón en vez de comprarlo a otros productores. Además, como cuentan en Izquierda Web, para 1966 Vicentín había modernizado su proceso industrial de forma pionera, incorporando el proceso de extracción por solventes.
Empieza de esta manera, una época de expansión y diversificación. Con el apoyo de la dictadura adquieren más tierras, comienzan a producir cereales y oleaginosas en paralelo al algodón.
La dictadura de Onganía le cede a Vicentin tierras públicas, destruyendo el gran proyecto de los bajos submeridionales, lo que según Del Frade traerá consecuencias en el mediano y largo plazo como inundaciones y sequías frecuentes.
La empresa protagoniza el proceso de industrialización y modernización de la agricultura, lo que también tiene su contracara en que los chacareros pequeños y medianos comenzaron a agremiarse en las Ligas Agrarias, como también lo hicieron los trabajadores, organizándose en el sindicato de Aceiteros en 1975 y logrando un cuerpo de 14 delegados por sector.
«La sangre derramada es directamente proporcional a la concentración de riquezas en pocas manos»
El diputado santafesino Carlos Del Frade denuncia además que «Vicentín durante la dictadura con su jefe de personal generó el encarcelamiento, tortura y desaparición de 22 personas, 14 de ellos delegados de fábrica. Nunca Vicentín puso la cara por los delegados a los que secuestró y torturó».Por supuesto que la represión sistemática también desarticuló las Ligas Agrarias. La dictadura le regaló a Vicentín el puerto de aguas profundas del Río Paraná a la altura de Ricardone en 1979. Además en esos años expandió sus operaciones incorporando una molienda de soja en su complejo en 1977, y en 1979 abrió una segunda planta dedicada a la molienda de soja y girasol en la misma localidad. Empezaba allí a planificarse la exportación en manos de empresas nacionales vinculadas con el capital internacional para que entre y salga lo que esas empresas, que manejan los puertos, decidieran sin que nadie las controle. En su exposición en la Cámara Santafesina, Del Frade dice: «Vicentín es la síntesis del desarrollo del gran capital en la Argentina: siempre contó con el Estado bobo y cómplice que lo hizo grande de esa manera, que le garantizó la concentración de riquezas, que le perdonó los crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, que le perdonó la fuga de capitales y que ahora, esta nueva configuración del capitalismo contemporáneo en la Argentina entraña la timba financiera, la fuga de dinero y el manejo de los puertos».
Con la democracia siguió la acumulación
En 1982 Domingo Felipe Cavallo, presidente del Banco Central de la República Argentina, estatizó la deuda externa de Vicentín. Dentro de las 600 empresas que se beneficiaron, 2 millones de dólares fueron de Vicentín y lo pagamos todos los argentinos. En el año 2001 Vicentín fugó 135.000.000 de dólares. El Banco Nación en 2003 ya le había prestado a Vicentín, según las cuentas que la propia empresa declaró a la Comisión de Diputados de Santa Fe, 30.000.000 de dólares de crédito. Desde el 2003 al 2015 le prestaron 120.000.000 dolares más, ¿a razón de cuánto? 10.000.000 por año.
En los últimos años
Entre el 2015 y el 2019, la empresa obtuvo 150.000.000 dólares de crédito del Banco Nación. A razón de más de 30.000.000 por año. Sumado a esto, en noviembre de 2019 obtuvo 26 créditos del Banco Nación por 86.000.000 dólares.
«Corrupción, corrupción del macrismo que generó la timba financiera necesaria para que la producción del país se fuera al tacho. Lo mismo que quiso hacer la dictadura demoler la producción industrial, demoler el derecho laboral. Y eso que la dictadura hizo con las botas, esto es más profundo porque lo hicieron con los votos. Pero por eso hay que producir con mucha información con mucha precisión», expresó el diputado Del Frade.
¿Qué pasó con esos créditos? ¿Cómo es posible que la empresa se esté fundiendo?
«Los conocemos, ladrones de guante blanco no respondieron jamás, ni por los delegados presos ni torturados ni tampoco por esa plata que el Estado le puso a Vicentín», afirma Del Frade.
«Le robaron a Vicentín desde adentro, por eso cuando ven los accionistas la mayoría de las deudas son presentadas por los propios directores del grupo Vicentín. Allí está, Sergio Nardelli, 15.000.000 de pesos le pide a su propia empresa», señala Del Frade, y agrega que es importante la investigación, denunciando a Guido Sandleris como responsable del Banco Central y a Javier González Fraga por el Banco Nación. Vicentín, además, tiene causas en la justicia penal de Paraguay, donde un acreedor extranjero denunció en febrero del 2020 lavado de dinero y fuga de capitales por 200.000.000 de dólares. En 2005, constituyeron una empresa offshore en Panamá.
Los trabajadores afectados
Detrás de Vicentín hay 7.000 familias santafesinas con empleo directo, 21.000 más de forma indirecta: 28.000 familias en total. Por eso no se trata solamente de una decisión judicial sino de una decisión política que afecta a miles de familias y a la economía de Santa Fe y del país.
Desde la Federación de Aceiteros también denuncian: “Las personas que han llevado a la empresa a esta gravísima situación que pone en peligro la continuidad laboral de nuestros representados, y que han organizado y construido el entramado societario para ocultar la conformación del grupo económico, hoy han sido repuestas en la dirección de Vicentin SAIC y gozarán del tiempo suficiente para continuar con el vaciamiento de su patrimonio, en perjuicio claro de los acreedores, pero sobre todo, de las fuentes de trabajo”.
Parece atinada la reflexión del diputado santafesino cuando dice ver una continuidad entre la dictadura y la actualidad: «La sangre derramada de 30.000 compañeras y compañeros no fue solamente porque queríamos hacer la revolución socialista pues porque lo que se quería imponer era un sistema de estado que ayudara fundamentalmente a un sistema financiero y que las empresas fueran cada vez más millonarias y los trabajadores cada vez más pobres».
Mientras muchos se rasgan las vestiduras temiendo por la violación de la “propiedad privada” por parte del Estado, otros nos preguntamos ¿qué propiedad privada se defiende si con las deudas que acarrea esta empresa con el Estado ya es más estatal que privada? Y también nos preguntamos ¿por qué se cuestiona la expropiación de una empresa privada y no se ha cuestionado la expropiación de viviendas para hacer pasar autopistas en pos de la “modernización”? ¿Y por qué tampoco se cuestiona la expropiación de hecho que hacen los terratenientes de tierras que son de propiedad ancestral? Doble rasero, doble discurso, una sola moral.
Natalia S.B.
Red Eco Alternativo
«No puedo entender la ‘crisis sanitaria’ si no miro el desarme de la salud pública y la mercantilización concomitante; ni el problema del endeudamiento sin el origen odioso, ilegitimo e ilegal de las acreencias asumidas en dictadura y renegociadas en los turnos constitucionales para sostener un modelo productivo de inserción mundial subordinada. Mucho menos entender el proceso actual de Vicentin como aquellos gringos de hace casi un siglo, si no lo asocio a un largo proceso de transformaciones desde los años de plomo. Ello nos remite a la complicidad en la desaparición de trabajadores, o en la estatización de la deuda privada, o en el uso del Estado para la actividad particular en el marco del agro-negocio de exportación», dice el economista Julio Gambina.
El grupo Vicentín es la primera agroexportadora de la Argentina, que facturó 118 mil millones de pesos, le paga a sus trabajadores 100 pesos la hora, y que ahora dice que tienen esta deuda de 1350 millones de dólares.
Cómo nace y crece Vicentín
Vicentín se constituye en 1929, en la época del crack financiero. En sus comienzos, y por lo menos hasta 1965, era una empresa familiar del norte de Santa Fe que tenía un almacén de ramos generales y acopio de productos agrícolas. Luego empezaron a desmotar algodón y a fabricar aceite.
De acuerdo al testimonio del diputado santafesino Carlos Del Frade, en la década del 60 recibe la primera ayuda del Estado. La dictadura de Onganía le ofrece gratuitamente tierras en el departamento Vera y tierras en General Obligado. Y allí se inicia la concentración de la producción, pudiendo producir su propio algodón en vez de comprarlo a otros productores. Además, como cuentan en Izquierda Web, para 1966 Vicentín había modernizado su proceso industrial de forma pionera, incorporando el proceso de extracción por solventes.
Empieza de esta manera, una época de expansión y diversificación. Con el apoyo de la dictadura adquieren más tierras, comienzan a producir cereales y oleaginosas en paralelo al algodón.
La dictadura de Onganía le cede a Vicentin tierras públicas, destruyendo el gran proyecto de los bajos submeridionales, lo que según Del Frade traerá consecuencias en el mediano y largo plazo como inundaciones y sequías frecuentes.
La empresa protagoniza el proceso de industrialización y modernización de la agricultura, lo que también tiene su contracara en que los chacareros pequeños y medianos comenzaron a agremiarse en las Ligas Agrarias, como también lo hicieron los trabajadores, organizándose en el sindicato de Aceiteros en 1975 y logrando un cuerpo de 14 delegados por sector.
«La sangre derramada es directamente proporcional a la concentración de riquezas en pocas manos»
El diputado santafesino Carlos Del Frade denuncia además que «Vicentín durante la dictadura con su jefe de personal generó el encarcelamiento, tortura y desaparición de 22 personas, 14 de ellos delegados de fábrica. Nunca Vicentín puso la cara por los delegados a los que secuestró y torturó».Por supuesto que la represión sistemática también desarticuló las Ligas Agrarias. La dictadura le regaló a Vicentín el puerto de aguas profundas del Río Paraná a la altura de Ricardone en 1979. Además en esos años expandió sus operaciones incorporando una molienda de soja en su complejo en 1977, y en 1979 abrió una segunda planta dedicada a la molienda de soja y girasol en la misma localidad. Empezaba allí a planificarse la exportación en manos de empresas nacionales vinculadas con el capital internacional para que entre y salga lo que esas empresas, que manejan los puertos, decidieran sin que nadie las controle. En su exposición en la Cámara Santafesina, Del Frade dice: «Vicentín es la síntesis del desarrollo del gran capital en la Argentina: siempre contó con el Estado bobo y cómplice que lo hizo grande de esa manera, que le garantizó la concentración de riquezas, que le perdonó los crímenes de lesa humanidad durante la dictadura, que le perdonó la fuga de capitales y que ahora, esta nueva configuración del capitalismo contemporáneo en la Argentina entraña la timba financiera, la fuga de dinero y el manejo de los puertos».
Con la democracia siguió la acumulación
En 1982 Domingo Felipe Cavallo, presidente del Banco Central de la República Argentina, estatizó la deuda externa de Vicentín. Dentro de las 600 empresas que se beneficiaron, 2 millones de dólares fueron de Vicentín y lo pagamos todos los argentinos. En el año 2001 Vicentín fugó 135.000.000 de dólares. El Banco Nación en 2003 ya le había prestado a Vicentín, según las cuentas que la propia empresa declaró a la Comisión de Diputados de Santa Fe, 30.000.000 de dólares de crédito. Desde el 2003 al 2015 le prestaron 120.000.000 dolares más, ¿a razón de cuánto? 10.000.000 por año.
En los últimos años
Entre el 2015 y el 2019, la empresa obtuvo 150.000.000 dólares de crédito del Banco Nación. A razón de más de 30.000.000 por año. Sumado a esto, en noviembre de 2019 obtuvo 26 créditos del Banco Nación por 86.000.000 dólares.
«Corrupción, corrupción del macrismo que generó la timba financiera necesaria para que la producción del país se fuera al tacho. Lo mismo que quiso hacer la dictadura demoler la producción industrial, demoler el derecho laboral. Y eso que la dictadura hizo con las botas, esto es más profundo porque lo hicieron con los votos. Pero por eso hay que producir con mucha información con mucha precisión», expresó el diputado Del Frade.
¿Qué pasó con esos créditos? ¿Cómo es posible que la empresa se esté fundiendo?
«Los conocemos, ladrones de guante blanco no respondieron jamás, ni por los delegados presos ni torturados ni tampoco por esa plata que el Estado le puso a Vicentín», afirma Del Frade.
«Le robaron a Vicentín desde adentro, por eso cuando ven los accionistas la mayoría de las deudas son presentadas por los propios directores del grupo Vicentín. Allí está, Sergio Nardelli, 15.000.000 de pesos le pide a su propia empresa», señala Del Frade, y agrega que es importante la investigación, denunciando a Guido Sandleris como responsable del Banco Central y a Javier González Fraga por el Banco Nación. Vicentín, además, tiene causas en la justicia penal de Paraguay, donde un acreedor extranjero denunció en febrero del 2020 lavado de dinero y fuga de capitales por 200.000.000 de dólares. En 2005, constituyeron una empresa offshore en Panamá.
Los trabajadores afectados
Detrás de Vicentín hay 7.000 familias santafesinas con empleo directo, 21.000 más de forma indirecta: 28.000 familias en total. Por eso no se trata solamente de una decisión judicial sino de una decisión política que afecta a miles de familias y a la economía de Santa Fe y del país.
Desde la Federación de Aceiteros también denuncian: “Las personas que han llevado a la empresa a esta gravísima situación que pone en peligro la continuidad laboral de nuestros representados, y que han organizado y construido el entramado societario para ocultar la conformación del grupo económico, hoy han sido repuestas en la dirección de Vicentin SAIC y gozarán del tiempo suficiente para continuar con el vaciamiento de su patrimonio, en perjuicio claro de los acreedores, pero sobre todo, de las fuentes de trabajo”.
Parece atinada la reflexión del diputado santafesino cuando dice ver una continuidad entre la dictadura y la actualidad: «La sangre derramada de 30.000 compañeras y compañeros no fue solamente porque queríamos hacer la revolución socialista pues porque lo que se quería imponer era un sistema de estado que ayudara fundamentalmente a un sistema financiero y que las empresas fueran cada vez más millonarias y los trabajadores cada vez más pobres».
Mientras muchos se rasgan las vestiduras temiendo por la violación de la “propiedad privada” por parte del Estado, otros nos preguntamos ¿qué propiedad privada se defiende si con las deudas que acarrea esta empresa con el Estado ya es más estatal que privada? Y también nos preguntamos ¿por qué se cuestiona la expropiación de una empresa privada y no se ha cuestionado la expropiación de viviendas para hacer pasar autopistas en pos de la “modernización”? ¿Y por qué tampoco se cuestiona la expropiación de hecho que hacen los terratenientes de tierras que son de propiedad ancestral? Doble rasero, doble discurso, una sola moral.
Natalia S.B.
Red Eco Alternativo
El derrumbe económico empuja a la lucha

Los indicadores económicos -cualquiera que se tome- dan idea de una catástrofe. No se trata solo de una recesión mayor a la de 2002, sino que, tal cual lo previmos desde estas páginas, los decretos de prohibición de despidos y doble indemnización son papel mojado.
Según la Fundación Observatorio Pyme, 61 mil empresas, que emplean a unos 260 mil trabajadores, están al borde del cierre definitivo; en el primer trimestre, los empleos caídos sumaron 300.000 y esa cifra se triplicaría en el año, según la OIT: una proyección que, para algunos, es “optimista”.
Ese informe además destaca que las actividades más afectadas registran un alto nivel de trabajo de mujeres: hotelería, gastronomía, comercio y la industria manufacturera.
Los miles de cierres de empresas y despidos en masa son la característica de la etapa de depresión a la que ingresamos. Las consultoras ya coinciden en forma generalizada en que la contracción de la economía “batirá el récord histórico que había marcado el 2002”.
La actitud criminal de las patronales
Esto ocurre cuando la pandemia amenaza con salirse de control. La curva de contagios diarios crece sin parar y alcanza picos entre los trabajadores de la salud, los supermercados, los bancos, y se empiezan a multiplicar los casos en las empresas.
Coto de Lanús registra más de 50 casos; la fábrica de vidrio Cattorini, otros tantos; Mondelez obliga a trabajar a sus empleados a pesar de haber aumentado los contagios en un 300% en pocos días; los trabajadores de Felfort fueron al paro frente la negativa de la patronal a testear y aislar a los contactos estrechos. Ya registramos los paros del Sutna por un protocolo obrero de protección. La lista es larga. El denominador común es la reticencia de las patronales a otorgar las licencias por aislamiento y a testear los contactos estrechos.
Los trabajadores de la salud tienen los índices más altos de infectados. Ya se cuentan varias muertes entre el personal, muchas de ellas por trabajadores incluidos en los sectores de riesgo que no contaban con la licencia correspondiente.
El gobierno cede
Pese a esto, la presión de las patronales contra el necesario retorno a la “fase 1” de la cuarentena en el Amba logró mantener abiertas 2.600 empresas, que se suman a los rubros esenciales. El “quedate en casa” corre fundamentalmente para los sectores más vulnerables: los cuentapropistas, cooperativistas y pequeños comerciantes, que carecen de medios para protegerse y subsistir.
En lugar de reforzar la asistencia social, el Estado destina su mayor esfuerzo a rescatar a los grandes capitalistas y a evitar el default “abierto”, cediendo constantemente a las exigencias de los especuladores internacionales, que han arrancado ya 10 mil millones de dólares adicionales a la propuesta inicial del ministro Martín Guzman para la reestructuración de la deuda.
La suspensión de las paritarias en la inmensa mayoría de las actividades es otro dato relevante. En el primer trimestre del año, el salario promedio, según el Indec, fue de 28.497 pesos y el promedio per cápita, considerando la población ocupada y desocupada, fue 19.916 pesos. En otro renglón se dice que “los salarios subieron 0,2% en abril” contra una inflación del 1,5%.
La decisión de desdoblar el aguinaldo a los empleados estatales fue una señal política para que el conjunto de las patronales avanzara en fraccionarlo, incluso en varias partes. El primero en arreglar fue Carlos Acuña, de estacioneros, uno de los secretarios generales de la CGT.
Frazada corta
Estos golpes a los trabajadores están muy lejos de alcanzar a recomponer los beneficios de los capitalistas, que pugnan por mayores subsidios y un plan de salvataje en regla. Una parte sustancial del “gasto”corresponde a los intereses de la deuda. Pero, al mismo tiempo, las patronales de las actividades en funcionamiento han evadido 400 mil millones de pesos en impuestos, que ahora reciben el premio de una generosa moratoria.
Al coro de disconformes se suma la burocracia sindical de la CGT, que alerta sobre la fragilidad y el riesgo de colapso de las obras sociales y la falta de espacio “en la toma de decisiones”.
Los 3.800 millones de pesos del Fondo de Redistribución, que el Ejecutivo terminó aflojando para “pagar proveedores y compensar las caídas en sus recaudaciones”, no conformó; es un parche y la burocracia había reclamado que la asistencia saliera del Tesoro.
La mesa chica de la CGT se reunió solo para volver a postergar el consejo directivo y deslizar algunas críticas al gobierno por “cierta desorientación”. La semana próxima habrá un encuentro bilateral con la UIA para analizar los cambios en el programa de ATP (un tope más bajo, límites a empresas grandes y por regiones) que, según voceros de la central, “tendrá impacto en los salarios”. O sea que lo dan por un hecho.
El pacto anti-salarial UIA-CGT-gobierno, que habilitó suspensiones a la baja, fue solo una avanzada de la ofensiva histórica que se prepara contra los trabajadores. El Consejo Económico y Social, para elaborar “una estrategia de reconstrucción económica”, es el planteo por el que presionan las patronales y sus socios de la calle Azopardo, cada vez más alejados de las preocupaciones, necesidades y luchas de las bases que dicen representar. Pero ¿cuál será su función? Sin dudas, enchalecar al movimiento obrero en la agenda dominante que es la del FMI, asumida por todas las patronales como propia.
Ofensiva y resistencia
Los conflictos y protestas, contra la falta o incumplimiento de los protocolos de seguridad, contra los despidos, por salarios y el pago integral de los aguinaldos, empiezan a verse en distintos puntos del país; entre ellos hay que destacar dos: la jornada de lucha “internacional” de los trabajadores de App y el paro-apagón virtual de los docentes universitarios de Conadu-H, que se impuso por el impulso del clasismo (AGD-UBA, Tucumán, Luján y otras) y contra la posición de direcciones afines al gobierno, por ejemplo en Mendoza o Salta. La AGD ha convocado a todos los sindicatos de la Ciudad de Buenos Aires, formalmente opuestos a las cuotas de Larreta, a parar en conjunto el próximo 3 de julio.
La resistencia de los precarizados y el choque con las expectativas en el kirchnerismo son los “datos” más significativos de la situación actual.
Miguel Bravetti y Sebastián Rodriguez
Rusia: parada militar y fraude electoral

El desfile de la victoria.
El miércoles 24 de junio, se realizó un imponente desfile militar en la Plaza Roja de Moscú para conmemorar el 75 aniversario de la victoria del Ejército soviético sobre los nazis. Marcharon más de 15 mil soldados de todas las armas y regiones de la Federación Rusa, centenares de vehículos blindados y decenas de aviones de combate de diferentes tipos.
En realidad, la fecha en que la bandera roja fue izada en la cúpula del Reichstag en Berlín -dando fin a la resistencia nazi- fue el 9 de mayo de 1945. Y para ese día de este año estaba programado el desfile. Pero fue suspendido por el acoso de la pandemia de Covid-19.
La realización ahora, 45 días después, ¿es porque el problema del contagio ha sido superado en Rusia? De ninguna manera: se ha acrecentado como nunca. Rusia es, en la actualidad, el tercer país –por detrás de los Estados Unidos de Trump y del Brasil de Bolsonaro- en número de víctimas: hay 640 mil contagiados y más de 9000 muertos, con una aceleración en los últimos 15 días.
Un lugar en el sistema imperialista
Dos son los objetivos políticos directos del presidente ruso Vladimir Putin, al convocar a esta parada militar.
Putin desarrolló un largo discurso desde el Kremlin –acompañado con un más largo artículo de su autoría en la revista yanqui “The National Interest” que ha sido fuertemente difundido- haciendo un llamado a las potencias imperialistas a una negociación “para fortalecer la amistad, la confianza entre los pueblos y estamos abiertos al diálogo y la cooperación en los temas más esenciales de la agenda internacional, incluido el tema de la creación de un sistema de seguridad común fiable, que afronte rápidamente las necesidades del mundo cambiante actual”. Es una respuesta directa al acrecentamiento de las guerras y sanciones comerciales que está imponiendo el gobierno de Trump y a las amenazas guerreristas que se están desarrollando.
Rusia es víctima del boicot norteamericano lo que ha llevado a una falta de inversiones en un periodo de crisis y sobreproducción de hidrocarburos que han disminuido en un 40% sus ingresos. Rusia está sufriendo una campaña de Trump contra la construcción de un importante gasoducto que transportaría el fluido de su territorio a Alemania. Trump quiere castigar el intervencionismo de Putin (Ucrania, Siria, etc.) y favorecer las exportaciones de los hidrocarburos –más caros- de esquisto que producen los EEUU. Ha logrado plegar a Polonia y estados bálticos y frenar una construcción que ya ha llegado casi al 90%. Con esto no solo perjudica a Rusia, sino que mantiene en una posición más dependiente a la industria alemana.
La semana pasada las fuerzas del Tratado del Atlántico Norte (Otan) realizaron importantes maniobras con decenas de navíos y miles de militares en el Mar Báltico. Estas prácticas de guerra son un potencial peligro para San Petersburgo, la gran metrópoli rusa del Báltico. Trump ha anunciado también su propósito de trasladar las tropas norteamericanas instaladas en bases germánicas -en el marco de los acuerdos de la Otan contra el expansionismo soviético- de Alemania hacia Polonia, más cerca de las fronteras ucranianas y rusas, cosa que ha sido saludada por el derechista gobierno polaco.
Esta tensión militar tiene también sus epicentros en otras áreas mundiales. Hoy, una de las más importantes es en el Mar de China, donde la flota norteamericana viene haciendo maniobras intimidatorias mientras crecen las amenazas de todo tipo de Trump contra el gigante asiático.
El discurso de Putin fue entendido por Christian Whiton -asesor principal del Departamento de Estado durante las administraciones de Bush y Trump- como la oportunidad para abrir una negociación: “Donald Trump debería hablar con Rusia para frustrar a China”.
El boicot yanqui a Rusia hizo que Putin se recostara en una creciente relación de inversiones y comercio con China. Para Whiton: “El objetivo de la colaboración no tiene por qué ser un avance dramático, sólo una esperanza razonable de que Rusia tenga algún incentivo para permanecer neutral y no ayudar a nuestros adversarios”. Lo que Trump intentó lograr por la fuerza de sus sanciones y presiones político-militares, se propondría lograrlo ahora, a través de ‘negociaciones’, que le permitan sumar a Rusia a su presión sobre China. “Es hora de considerar –dijo Whiton- si todavía (esas sanciones) tienen sentido”.
Referéndum antidemocrático
El otro objetivo es interno y este es –en forma inmediata- el más urgente para Putin. El 1° de julio se realizara en toda Rusia un referéndum para aprobar una reforma constitucional reaccionaria. Esta abole el ateísmo en materia religiosa, retrocede en materia de derechos para los colectivos homosexuales (reconoce solo el matrimonio entre un hombre y una mujer, etc.), etc. Pero lo fundamental, es que avanza en reforzar el aparato estatal y la continuidad de Putin al frente de la presidencia. Podrá ser reelegido hasta el… ¡2036! Se trata de un reforzamiento del papel bonapartista (de arbitraje personal) de Putin. Algo parecido al voto del parlamento chino para que Xi Jinping permanezca al frente de la presidencia en forma vitalicia.
La popularidad de Putin cercana al 50% según encuestas viene en retroceso y las dificultades económicas y sociales se van multiplicando. Este referéndum no tiene nada de democrático. Se trata de votar a favor de un paquete cerrado propuesto por un parlamento controlado por Putin. Una reforma reaccionaria de una constitución que ya era reaccionaria.
La parada militar y el discurso de Putin fueron apelaciones al patriotismo para obtener un apoyo en las urnas. Intenta ser una demostración de fuerza tanto ante el capital financiero, como ante las masas crecientemente inquietas. Una reforma previsional reaccionaria significó hace un año atrás un vuelco importante del humor de las masas en su contra. Por eso figura en la reforma constitucional –como planteo decorativo, pero aparece como concesión- que se respetará el sistema previsional y se garantizará la movilidad de haberes.
Putin trata de presentarse como el único que puede negociar la asociación y penetración del capital financiero internacional en condiciones de soberanía nacional. Su planteo de incrementar las privatizaciones (fase de la restauración capitalista) es justificado en la necesidad de obtener fondos para enjugar el déficit fiscal producto de la caída de los precios del petróleo y la crisis capitalista, sin rematar el valor de esas acciones. Mentira imposible de cumplir.
La oposición, tanto liberal como de izquierda, ha sido proscripta políticamente y perseguida represivamente en sus intentos de movilización. Por supuesto que no tiene acceso a los medios de difusión. Las elecciones del 1° de julio están plagadas de elementos fraudulentos (votación por correspondencia, falta de fiscalización, etc.) y sus resultados, no cabe duda, serán fraudulentos.
Es necesario que los militantes y las corrientes que se reclaman revolucionarias en Rusia, avancen en definiciones de independencia de clase. El Partido Comunista, única oposición parlamentaria, frente a la reforma constitucional reaccionaria, votó en minoría… absteniéndose. Es funcional al continuismo bonapartismo de Putin. Y no constituye una alternativa política.
Putin critica y reivindica al mismo tiempo aspectos ‘positivos’ de Stalin.
Sectores de la oposición que se reclaman de izquierda tiene posiciones similares frente al stalinismo. Es importante que estos sectores avancen en una comprensión de que fue el stalinismo el que llevó adelante el proceso de restauración capitalista y la disolución de la URSS. En ese sentido, sería reaccionario volver atrás. Hoy, Putin, representa los intereses de la casta burocrática stalinista que viene desarrollando el proceso de restauración capitalista, en alianza con los nuevos burgueses oligárquicos surgidos en gran parte de las filas de esa burocracia. También se trata de apartarse de un frente común con la oposición liberal que usando una demagogia democratizante es agente directa del imperialismo mundial.
Llamar a votar en contra y/o boicotear el referéndum, denunciando la política antiobrera y restauracionista de Putin, es un paso elemental en el camino de forjar un nuevo reagrupamiento político independiente, socialista, de los trabajadores. Retomar la tradición del bolchevismo de Lenin y Trotsky.
Rafael Santos
La economía de la cuarentena
La información de que la “actividad económica” había caído un 26,4% en abril pasado con relación al año precedente, sirvió al arsenal de improperios que las grandes patronales descargan sobre la cuarentena, con la finalidad de obtener en tiempo rápido la llamada “reapertura de la economía”. Es de puro sentido común esperar un derrumbe de la producción, luego de una decisión de cerrar todas las actividades que no son esenciales para la subsistencia de la población, incluso se observa lo mismo en aquellos países que no han recurrido a la cuarentena, cada vez que se informa de un rebrote de la pandemia o del crecimiento de la curva de contagios.
Lo que advierten los elevados números de caída de la actividad es el coronavirus que afecta a la economía mundial desde antes de la pandemia. El confinamiento productivo ha expuesto el nivel elevado de insolvencia del capital internacional, que a la velocidad del rayo colocó a numerosas compañías en default, o sea cesación de pagos; produjo un corte en la cadena de pagos; y desató un reguero de concursos de acreedores. Esto explica la inyección de decenas de billones de dólares de los bancos centrales más importantes en los mercados financieros e incluso directamente en el comercio y en la industria, y también el gasto público financiado con mayor deuda. Son varios los países que han visto una caída relativa mayor a la de Argentina, sin haber impuesto el aislamiento preventivo por medio de decretos.
Si antes de la pandemia había un país que integraba el “grupo de riesgo” frente a un Covid-19 económico, ese era Argentina. En los tres años previos a esta crisis sanitaria, el capital internacional había convertido a Argentina en un gran “esquema Ponzi”, que consiste en pagar deudas con mayor endeudamiento, siempre más caro. Vicentin, Molino Cañuelas, Arcor, Ledesma, Garbarino y tantos más fueron desbaratados por el aprovechamiento que pretendieron sacar de esa especulación financiera. El macrismo inició la reprogramación de plazos para pagar la deuda pública, bautizada como ‘reperfilamiento’, seguido luego de un modo consecuente por los Fernández. La dicotomía economía vs. salud simplemente esconde la desesperante necesidad de un salvataje del estado al capital.
Ningún economista intentó siquiera aludir a la estafa financiera que se encuentra mezclada en el porcentaje extravagante de caída de la “actividad económica”. En efecto, la actividad financiera apenas se deslizó un 3,5 por ciento, y esto por razones todavía más extravagantes. Ocurre que, en medio del derrumbe, el negocio de las Leliq, o sea el canje de dinero de los bancos por títulos del Banco Central, ha tocado un pico – sigue la curva de la misma pandemia, pues se aproxima a los dos billones de pesos, algo como 20 a 25 mil millones de dólares. De modo que el dinero para el IFE, los ATP y los diversos subsidios del gobierno se han convertido en un negocio bancario excepcional, porque la emisión de moneda para solventarlos está financiada por el sistema bancario a una elevada tasa de interés. Lo mismo ocurre con la emisión de títulos públicos para pagar aquellos que vencen, o para canjear los que están en pesos por otros en dólares. Algo más sofisticado, con otras variantes, tiene lugar en el resto del mundo, porque el dinero del rescate es usado para especular en la Bolsa, con la expectativa de zafar en los concursos preventivos, a costa de los acreedores y los trabajadores. Una empresa en situación de quiebra, Herz, vio subir un tres mil por ciento sus acciones, a la espera de una salida positiva a su ronda de discusiones con los prestamistas. Los Fernández han financiado la cuarentena con un incremento enorme de la deuda pública con el sistema financiero, minando: uno, la solvencia del estado; dos; la capacidad de sostener con mayor amplitud las economías familiares; los recursos para una salida a la crisis tomada en su conjunto.
El alcahueterismo mediático disfraza a los rescates como una salida a la crisis, cuando en realidad la intensifica en extremo grado. La expectativa del capital no es salir de la crisis mediante rescates, sino imponiendo una reorganización económica y política de mayor sometimiento de la fuerza de trabajo. Que esta tendencia se tenga que enfrentar a una sociedad que tiene mayor consciencia ahora de la crisis de salud, de vivienda y de trabajo que cerca sus vidas, sólo convierte a ese antagonismo en más explosivo.
Una economía de subsidios, determinada por una cuarentena social de salud, representa una contradicción, en principio, con la acumulación de capital que gobierna a la sociedad actual, porque se sustenta en el flujo de fondos, que es destinado, debido a una emergencia, a la producción y el consumo esenciales. El escenario de los capitales individuales, que procuran capitalizar ganancias, pasa a ser ocupado por el estado, que se mueve con un mecanismo de ingresos y egresos. Ese flujo de fondos es nutrido por los recursos monetarios públicos, por los impuestos que paga el sector productivo ‘esencial’ y por el stock de ahorros disponibles del sector privado. En este sector ‘esencial’ debería incluirse si existiera, como demandantes de recursos, a los sectores industriales capaces de una reconversión funcional al combate al virus. Los gobiernos de turno, sin embargo, enchalecan la economía de flujos en el proceso de acumulación de capital, al que siguen reservando la financiación de la economía. Una consciencia parcial de esta contradicción la mostraron el inglés Boris Johnson cuando firmó un acuerdo de servicios con sanatorios privados a precio de coste sin lucro, o la Reserva Federal de EEUU, que condiciona su ayuda financiera a que las empresas no repartan dividendos. Los Fernández, repetimos, financian la cuarentena con Leliqs y un mayor endeudamiento del Tesoro. Una economía de flujos de fondos de parte del estado exige la estatización del sistema financiero y de la industria, y naturalmente el cese del pago de la deuda pública – con la excepción de los acreedores pequeños
Cuando se toma en cuenta esta ley económica interna que rige la cuarentena de los Fernández, es claro que el abusivo 26,6% de caída que registró la “actividad económica” de abril, es un anticipo del choque de placas tectónicas que enfrenta Argentina. En lugar de canalizar los recursos sociales acumulados para enfrentar la pandemia, lo cual implica, en última instancia, una estatización de la economía, ha despilfarrado los recursos limitados del estado, incluida la autoridad para imponer las reglamentaciones necesarias en una situación excepcional. A diferencia de 2002, no cuenta con la posibilidad de un empuje del comercio internacional. En cuanto al financiamiento internacional, su viabilidad está condicionada a una re-colonización industrial por parte del capital financiero – así como al desarrollo de la crisis mundial.
La agitación de las expropiaciones, desde los grupos económicos hasta la pequeña burguesía por la crisis de Vicentin, suena a tufillo golpista en cuanto se refiere a las intenciones políticas de los Fernández, pero no en cuanto advertencia de que las expropiaciones están colocadas en la agenda de la crisis mundial, sin ninguna duda.
Jorge Altamira
30/06/2020
Lo que advierten los elevados números de caída de la actividad es el coronavirus que afecta a la economía mundial desde antes de la pandemia. El confinamiento productivo ha expuesto el nivel elevado de insolvencia del capital internacional, que a la velocidad del rayo colocó a numerosas compañías en default, o sea cesación de pagos; produjo un corte en la cadena de pagos; y desató un reguero de concursos de acreedores. Esto explica la inyección de decenas de billones de dólares de los bancos centrales más importantes en los mercados financieros e incluso directamente en el comercio y en la industria, y también el gasto público financiado con mayor deuda. Son varios los países que han visto una caída relativa mayor a la de Argentina, sin haber impuesto el aislamiento preventivo por medio de decretos.
Si antes de la pandemia había un país que integraba el “grupo de riesgo” frente a un Covid-19 económico, ese era Argentina. En los tres años previos a esta crisis sanitaria, el capital internacional había convertido a Argentina en un gran “esquema Ponzi”, que consiste en pagar deudas con mayor endeudamiento, siempre más caro. Vicentin, Molino Cañuelas, Arcor, Ledesma, Garbarino y tantos más fueron desbaratados por el aprovechamiento que pretendieron sacar de esa especulación financiera. El macrismo inició la reprogramación de plazos para pagar la deuda pública, bautizada como ‘reperfilamiento’, seguido luego de un modo consecuente por los Fernández. La dicotomía economía vs. salud simplemente esconde la desesperante necesidad de un salvataje del estado al capital.
Ningún economista intentó siquiera aludir a la estafa financiera que se encuentra mezclada en el porcentaje extravagante de caída de la “actividad económica”. En efecto, la actividad financiera apenas se deslizó un 3,5 por ciento, y esto por razones todavía más extravagantes. Ocurre que, en medio del derrumbe, el negocio de las Leliq, o sea el canje de dinero de los bancos por títulos del Banco Central, ha tocado un pico – sigue la curva de la misma pandemia, pues se aproxima a los dos billones de pesos, algo como 20 a 25 mil millones de dólares. De modo que el dinero para el IFE, los ATP y los diversos subsidios del gobierno se han convertido en un negocio bancario excepcional, porque la emisión de moneda para solventarlos está financiada por el sistema bancario a una elevada tasa de interés. Lo mismo ocurre con la emisión de títulos públicos para pagar aquellos que vencen, o para canjear los que están en pesos por otros en dólares. Algo más sofisticado, con otras variantes, tiene lugar en el resto del mundo, porque el dinero del rescate es usado para especular en la Bolsa, con la expectativa de zafar en los concursos preventivos, a costa de los acreedores y los trabajadores. Una empresa en situación de quiebra, Herz, vio subir un tres mil por ciento sus acciones, a la espera de una salida positiva a su ronda de discusiones con los prestamistas. Los Fernández han financiado la cuarentena con un incremento enorme de la deuda pública con el sistema financiero, minando: uno, la solvencia del estado; dos; la capacidad de sostener con mayor amplitud las economías familiares; los recursos para una salida a la crisis tomada en su conjunto.
El alcahueterismo mediático disfraza a los rescates como una salida a la crisis, cuando en realidad la intensifica en extremo grado. La expectativa del capital no es salir de la crisis mediante rescates, sino imponiendo una reorganización económica y política de mayor sometimiento de la fuerza de trabajo. Que esta tendencia se tenga que enfrentar a una sociedad que tiene mayor consciencia ahora de la crisis de salud, de vivienda y de trabajo que cerca sus vidas, sólo convierte a ese antagonismo en más explosivo.
Una economía de subsidios, determinada por una cuarentena social de salud, representa una contradicción, en principio, con la acumulación de capital que gobierna a la sociedad actual, porque se sustenta en el flujo de fondos, que es destinado, debido a una emergencia, a la producción y el consumo esenciales. El escenario de los capitales individuales, que procuran capitalizar ganancias, pasa a ser ocupado por el estado, que se mueve con un mecanismo de ingresos y egresos. Ese flujo de fondos es nutrido por los recursos monetarios públicos, por los impuestos que paga el sector productivo ‘esencial’ y por el stock de ahorros disponibles del sector privado. En este sector ‘esencial’ debería incluirse si existiera, como demandantes de recursos, a los sectores industriales capaces de una reconversión funcional al combate al virus. Los gobiernos de turno, sin embargo, enchalecan la economía de flujos en el proceso de acumulación de capital, al que siguen reservando la financiación de la economía. Una consciencia parcial de esta contradicción la mostraron el inglés Boris Johnson cuando firmó un acuerdo de servicios con sanatorios privados a precio de coste sin lucro, o la Reserva Federal de EEUU, que condiciona su ayuda financiera a que las empresas no repartan dividendos. Los Fernández, repetimos, financian la cuarentena con Leliqs y un mayor endeudamiento del Tesoro. Una economía de flujos de fondos de parte del estado exige la estatización del sistema financiero y de la industria, y naturalmente el cese del pago de la deuda pública – con la excepción de los acreedores pequeños
Cuando se toma en cuenta esta ley económica interna que rige la cuarentena de los Fernández, es claro que el abusivo 26,6% de caída que registró la “actividad económica” de abril, es un anticipo del choque de placas tectónicas que enfrenta Argentina. En lugar de canalizar los recursos sociales acumulados para enfrentar la pandemia, lo cual implica, en última instancia, una estatización de la economía, ha despilfarrado los recursos limitados del estado, incluida la autoridad para imponer las reglamentaciones necesarias en una situación excepcional. A diferencia de 2002, no cuenta con la posibilidad de un empuje del comercio internacional. En cuanto al financiamiento internacional, su viabilidad está condicionada a una re-colonización industrial por parte del capital financiero – así como al desarrollo de la crisis mundial.
La agitación de las expropiaciones, desde los grupos económicos hasta la pequeña burguesía por la crisis de Vicentin, suena a tufillo golpista en cuanto se refiere a las intenciones políticas de los Fernández, pero no en cuanto advertencia de que las expropiaciones están colocadas en la agenda de la crisis mundial, sin ninguna duda.
Jorge Altamira
30/06/2020
Dirigentes del Partido Obrero adhieren a la campaña contra la censura al documental sobre Hugo Blanco en Perú

Dirigentes del Partido Obrero adhieren a la campaña contra la censura al documental sobre Hugo Blanco en Perú
Los abajo firmantes miembros de la dirección del Partido Obrero y diversos parlamentarios de la bancada del Partido Obrero-Frente de la Izquierda y los Trabajadores, repudiamos la censura y persecución ejercida en el Perú, contra el documental “Hugo Blanco G. – Rio Profundo”. El mismo ha sido reconocido y galardonado internacionalmente.
Elementos fujimoristas, grupos de ex-militares, guardias civiles y otros sectores derechistas han venido publicando comunicados en los cuales acusan a Hugo de graves delitos contra los Derechos Humanos y se indignan por el apoyo brindado por el Ministerio de Cultura a la proyección de la película.
Atacan en la figura de Hugo Blanco a una parte de la historia revolucionaria de nuestro continente. Están resentidos por el papel de Hugo Blanco en la masiva lucha por la reforma agraria en Perú, en la década del 70.
Apoyamos la campaña que viene desarrollando la hija mayor de Hugo Blanco, Carmen Blanco Valer.
Latinoamérica marcha hoy, hacia una nueva etapa de levantamientos populares contra la explotación imperialista y de las burguesías lacayas.
Pablo Heller, Vanina Biasi, Pablo Giachello, Rafael Santos, Néstor Pitrola, Romina Del Plá (diputada nacional), Gabriel Solano (legislador de la Capital Federal), Claudio del Pla (diputado provincial de Salta), Patricia Jure (legisladora de la provincia de Neuquén).
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