El presidente argentino Javier Milei se reunió en la ciudad de Cali con Abelardo de la Espriella, pocas horas antes de la asunción del nuevo mandatario ultraderechista de Colombia.
A tono con sus planteos de reforzamiento del aparato represivo, el operativo para blindar al nuevo presidente colombiano incluyó el despliegue de 11 mil soldados y policías. Sin embargo, organizaciones obreras y estudiantiles se movilizaron para repudiarlo, tanto en Cali (uno de los centros del levantamiento popular de 2021), como en Bogotá y Barranquilla.
De la Espriella contó con un apoyo abierto del presidente estadounidense Donald Trump y del gobierno de Israel en el curso de la campaña electoral, en que venció por estrecho margen a Iván Cepeda, el candidato del oficialista Pacto Histórico, que denunció la injerencia de la Casa Blanca en los comicios y maniobras fraudulentas.
Las coincidencias entre de la Espriella y Milei no se restringen a la política exterior, sino que abarcan también las políticas de ajuste y represión. Durante la campaña electoral, el acaudalado abogado de paramilitares ponderó el modelo Bukele de construcción de megacárceles y planteó el despido de 700 mil trabajadores del sector público. Una motosierra cafetera.
El encuentro entre Milei y de la Espriella, del que no trascendieron mayores detalles (el gobierno argentino emitió un escueto comunicado), corona una gira derechista que llevó al presidente argentino a Brasil, Perú y Ecuador, donde avaló la candidatura presidencial de Flavio Bolsonaro, la asunción de Keiko Fujimori y se reunió con el presidente Daniel Noboa, respectivamente. En Colombia, además de la cita con "el tigre", el libertario se entrevistó con el canciller israelí, Gideon Sa'ar.
El espacio político ultraderechista que integra Milei en la región impulsa una agenda de sometimiento al imperialismo y de guerra contra las condiciones de vida de las masas. Pero los gobiernos y fuerzas "progresistas" no constituyen una verdadera alternativa, ya que se terminan adaptando a la ofensiva del magnate.
Esta situación plantea la necesidad de una lucha continental con una perspectiva de independencia de clase, para echar al imperialismo y desarrollar gobiernos de trabajadores.
Gustavo Montenegro

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