sábado, enero 24, 2015

La historia de Manuel y Yira, los revolucionarios papás de Iván Cepeda



Estos dos jóvenes militantes del Partido Comunista que murieron cuando el combativo senador estaba lejos de convertirse en el líder de hoy, son su inspiración.

Nos levantábamos a las 6 de la mañana, el amanecer cubano hermoso el sol asomando y estrellando sus rayos sobre el verde campo y entre cantos de gallos y el bullicio de aves, ganado y perros: Nos preparábamos para una nueva faena de trabajo voluntario, en la siembra de caña para la cosecha de la zafra azucarera de 1967-1968.
Formábamos parte de un grupo de latinoamericanos, unos que habían sido delegados a la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, celebrada en La Habana (Cuba) del 31 de julio al 10 de agosto, y otros como yo que formábamos parte del equipo auxiliar de la presidencia del evento, que recaía en los hombros de la heroína cubana Haydee Santamaría.
La conferencia había concluido y de forma entusiasta una buena parte de los delegados se habían ofrecido a participar en ese trabajo voluntario por espacio de diez días. El trabajo voluntario era algo novedoso, había sido una idea del Che, en los primeros años del triunfo revolucionario, con el objetivo de formar lo que él llamó el hombre nuevo.
Radiante y alegre se levantaba la colombiana Yira Castro, siempre acompañada de su compañero Manuel, nos encontrábamos todos en aquel amplio comedor donde tomábamos los primeros sorbos de café, el desayuno y las primeras interrogantes sobre la guerra en Vietnam, o sobre el movimiento guerrillero en nuestra región.
Mis recuerdos de Yira Castro y Manuel Cepeda, comunistas colombianos están vinculados a aquellas jornadas de trabajo en el campo y luego tertulia política en las tardes. Ellos se encontraban en Cuba en representación de su Partido, y habían sido designados como delegados a la Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad, (OLAS) que tuvo lugar, en La Habana, Cuba del 31 de julio 10 de agosto del año 1967. Nos familiarizamos más en aquel trabajo voluntario, cuando luego de la cena se iniciaba esa gran tertulia política y cultural, bajo el amplio portal de una gran casona de madera y tejas españolas, que nos cobijaba y al que llamábamos campamento cañero, ubicado al sur del municipio de Cárdenas, provincia de Matanzas, y nos habíamos entregado a la tarea de la siembra de caña.
En aquellos debates políticos sobresalía Yira con su impetuosa personalidad, las discusiones más candentes, estaban relacionadas a la lucha armada o de masas; el genocidio que cometía Estados Unidos en Vietnam y los resultados y avance de la lucha guerrillera en nuestro continente, especialmente en Guatemala, Venezuela, Colombia, y Bolivia, en este último lugar el Ejército de Liberación Nacional (ELN) boliviano comandando por Ernesto “Che” Guevara, sus tácticas de combate le estaba asestando fuertes golpes al ejército boliviano y ya a esas alturas se conocía que era el Che quien dirigía aquel destacamento guerrillero, también se conocía que la CIA y Estados Unidos, inmediatamente de saberlo, despacharon fuerzas y medios de combate contrainsurgente, para perseguir al guerrillero argentino-cubano.
En esos encuentros intervenían los distintos compañeros, expresando sus opiniones, algunos lo manifestaban a nombre propio, otros defendían la tesis y posiciones de los Partidos que representaban, Manuel se destacaba por sus claras posiciones en torno a la combinación de la formas de lucha, que Yira secundaba, mientras otros eran exponentes del foco guerrillero o de la lucha electoral. Una forma democrática donde todos exponían y se respetaban cada una de aquellas manifestaciones que se daba en el campo revolucionario y de la izquierda latinoamericana. Era el debate de la década sesentista.
Yira me impresionó no solo por su belleza física, fiel exponente de la mujer colombiana, pero su gran encanto era la fuerza con la que exponía sus puntos de vista, sus argumentos, con unos 25 años de edad, era una joven formada políticamente y con grandes dotes de liderazgo, siempre desbordando alegría, era una soñadora y así la percibí.
Costeña de pura cepa, era hija del departamento de Sucre, donde nació en febrero de 1942, en su capital Sincelejo, proveniente de una familia comunista había ingresado a la Juventud Comunista Colombiana (JUCO) en 1958, donde se destacó por su actividad en la lucha por reivindicaciones en el campo estudiantil y juvenil, fue funcionaria de la Unión Internacional de Estudiantes en Praga, Checoslovaquia, organización que en esa época agrupaba a más de cien organizaciones estudiantiles en todo el orbe, y a millones de estudiantes, que representan a más de 80 países.
En 1960 contrae nupcias con Manuel Cepeda Vargas, quien ocupaba el cargo de Secretario General de la JUCO, y con el cual procrearon dos hijos, María e Iván, este último hoy senador de la República y combativo parlamentario del Polo Democrático Alternativo (PDA), quien se ha destacado por denunciar los vínculos y apoyos de agentes públicos a la acción criminal del narcoparamilitarismo, acusando con suficientes pruebas las relaciones del expresidente Álvaro Uribe Vélez, con estas bandas criminales.
Por cierto el debate desarrollado el pasado 17 de septiembre fue muy esclarecedor, aportando el senador Cepeda Castro numerosos argumentos sobre estos vínculos, resultado de las investigaciones desarrolladas por el congresista y su equipo en el senado. La infeliz intervención del senador uribista José Obdulio Gaviria, al acusar a Cepeda de vínculos con las FARC, porque una guerrillera, quien por cierto, forma parte de la delegación de Paz en La Habana, lleva el nombre de Yira Castro. La mezquina y baja actitud del senador uribista para defender a su jefe, al apelar a semejante recurso, lo único que demuestra es la falta de argumentos y la carencia de sentimientos humanos y ética profesional.
Por su arduo trabajo Yira Castro fue promovida de la JUCO al Partido Comunista en 1970 y en 1971 es elegida miembro del Comité Central, periodista de profesión trabaja como reportera de Voz Proletaria cuyo director era su esposo Manuel Cepeda y desarrolló un amplio trabajo en el Circulo de Periodista de Bogotá, en defensa de los periodistas, donde se desempeñaba como fiscal de la institución. Su incansable lucha por la igualdad de la mujer se vio expresada en su destacada participación como integrante de la Unión de Mujeres Demócratas de Colombia. En 1980 durante los comicios municipales es elegida Concejal por la Unión Nacional de Oposición. En ese año y durante el XIII Congreso de su Partido, es promovida a miembro suplente de su Comité Ejecutivo.
Lamentablemente una grave enfermedad la margina de toda actividad pública y fallece el 9 de julio de 1981, en recuerdo a su memoria un barrio en Calí lleva su nombre.
Yira supo ganarse en los medios de prensa colombianos un inmenso cariño, sus valores en defensa del gremio periodístico era muy reconocido, su muerte fue reseñada por toda la prensa nacional y regional sin exclusión. Ella tenía razón en su lucha porque se preservara la vida a los hombres y mujeres que desde la trinchera del periodismo dan a conocer sus ideas y cuando estas son contrarias a poderosos intereses, son víctimas de las balas, de la intolerancia y la rabia de los que se consideran los mesías de la Nación, como está sucediendo, lamentablemente hoy en Colombia.
El dolor por la pérdida de su gran amor y su compañera de lucha acompañaron siempre a Manuel Cepeda Vargas, hasta su muerte, el plan “Golpe de Gracia” denunciado entre otros por el senador comunista ante el ministro de Defensa en 1993, esa denuncia no fue tomada en cuenta y lo tuvo a él entre sus primeras víctimas, cuando balas asesinas acabaron con su vida el 9 de agosto de 1994, vida que estuvo dedicada a la defensa de los humildes y en contra de la injusticia social.
Con gran prestigio por su honradez y transparencia, Manuel despuntaba como un fuerte opositor a la corrupción y al clientelismo político en el senado de la República. El establecimiento le temía no por que usara hampones y sicarios, sino por sus ideas. Lo que mataron fueron sus ideas, encarnadas hoy en su hijo Iván, fiel expositor de esas ideas democráticas y defensoras de una sociedad más justa, incluyente y plural.
Por su esposa demostró un inmenso cariño y profundo amor, entregando su vida a la causa que unidos defendían, a ella le dedicó el libro “YIRA CASTRO: La alegría es mi bandera.” Y así era Yira, la colombiana comunista que yo conocí, grácil, dulce, firme en sus posiciones, incansable trabajadora, pero siempre con una sonrisa en los labios y una alegría que contagiaba.

Tony López
Politólogo, periodista y analista internacional cubano.

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