lunes, junio 01, 2026

Las mujeres son asesinadas mientras el estado protege a los femicidas


En las vísperas del 3J, el femicidio de Agostina Vega en Córdoba mostró obscenamente, una vez más, cómo opera la red de complicidades de todos los estamentos del estado para garantizar la impunidad de los asesinos. Unas horas antes, en Misiones, otra adolescente, Dulce María Candia, de 17 años, fue encontrada ahorcada en una obra en construcción. Según la versión policial, la buscaban “intensamente” desde el 17 de mayo. Pero nunca divulgaron su desaparición ni pidieron colaboración de los vecinos, que fueron los que la encontraron (Agencia Hoy). Este sábado, Noelia Carolina Romero (30 años) llamó al 911 desde su casa en Temperley, y dijo que su pareja la tenía de rehén. La policía fue, ella gritó que no podía salir; él dijo que estaba todo bien. La policía no entró hasta que llegó la autorización judicial. Cuando entraron, estaba muerta. 
 Agostina tenía 14 años y su madre fue a la fiscalía la misma noche que la nena no volvió. El fiscal consideró prematuro tomar la denuncia. Al día siguiente un remisero avisó que había llevado a la nena a la casa de Claudio Barrelier, El fiscal se tomó tres días para allanar la vivienda y una semana para declarar el Alerta Sofía, un protocolo de búsqueda intensiva de menores. Tampoco se apuró en detener a Barrelier, un barrabrava protegido del concejal Ricardo Moreno, líder de la 62 Organizaciones Peronistas. 
 El año pasado, Moreno defendió a Barrelier cuando secuestró e intento violar a una mujer que huyó, desnuda y con precintos en las muñecas de la misma casa donde fue muerta Agostina. Esa causa está dormida por la Justicia cordobesa. 
 Después de que apareció el cadáver de Agostina, la policía reprimió con saña la movilización de la familia y las organizaciones de mujeres que pedían la renuncia del ministro de Seguridad provincial, Juan Pablo Quinteros, un fascista clerical del partido Encuentro Vecinal, vinculado al Portal de Belén, una organización que obstruyó judicialmente el aborto legal en Córdoba. 
 Los medios y las redes siguieron el juego de la Justicia y la policía, haciendo foco en la víctima –“una nena hipersexualizada”, dijeron- y su madre -supuestamente una adicta. 
 Javier Milei predica que el femicidio vulnera la igualdad ante la ley. "Llegamos al ridículo de normalizar que en muchos países si uno mata a una mujer se llama femicidio y tiene una pena más grave que si mata a un hombre. Legalizando que la vida de la mujer vale más que la del hombre", dice el farsante. ¿De qué igualdad hablará? En todos los países del mundo hay muchos más hombres asesinados que mujeres. La diferencia radica en que a las mujeres las matan, en general, sus parejas o exparejas, y el asesinato viene acompañado de violencia sexual.
 En los últimos años se habían sumado las mafias del narcotráfico y la trata, que reclutan niñas para el narcomenudeo por la vía de la seducción, las prostituyen y las retienen bajo amenazas de matarlas a ellas o a sus familiares. 
 Las estadísticas oficiales dicen que, a contramano de lo que ocurre en todo el planeta, en la Argentina los femicidios descienden. El Registro Nacional de Femicidios de la Corte Suprema afirma que en 2025 disminuyeron sensiblemente, pasando de una muerta cada 31 horas a una muerta cada 44. Se puede decir de otra manera: en la Argentina, cada 44 horas un hombre se convierte en femicida. 
 Los observatorios de mujeres consideran que el número se mantiene estable en más o menos 260 y explican algunos factores que inciden en las diferentes estadísticas. La Corte solo registra femicidios informados como tales por las jurisdicciones judiciales. Las causas con carátula de asesinato, en consonancia con la prédica del gobierno, quedan afuera. Eso ocurrió, por ejemplo, con el femicidio (asesinato para el juez de primera instancia) de tres mujeres en una pensión de Barracas por ser lesbianas. Y va a ocurrir con el de Agostina si permanece el fiscal de la causa, Raúl Garzón, que ya tiene un prontuario en encubrir femicidas y violadores, y es el ufano castigador de las movilizaciones y protestas callejeras de Córdoba.
 Los observatorios del movimiento de mujeres dicen que el cierre de Télam los privó de la fuente de información nacional más fidedigna y que existe mucha presión en la Justicia para borrar el femicidio de las carátulas.
 La violencia contra la mujer es parte de la opresión social de un régimen de explotación en decadencia vertical. En algunos países, como Rusia, está despenalizada e incluso reglamentada: se permiten cierto número de golpizas anuales siempre que no superen una gravedad estipulada. 
 La idea de que ese mismo estado puede crear los resortes para combatirla ha sido una fuente de desmoralización para el movimiento de mujeres, que perdió su energía en la redacción de miles de protocolos y campañas de sensibilización a funcionarios que no frenaron ni sensibilizaron nada. 
 Es imperioso retomar el camino de la organización independiente de las explotadas, que enfrente al gobierno de turno y desenmascare las imposturas de un régimen social tanto en sus variantes “progresistas” como en la barbarie mileísta. 
 Es imperioso también sostener este debate dentro de la clase obrera, promover la unidad de clase e invitar a los compañeros a considerar la lucha por la emancipación de las mujeres como parte de la revolución obrera.

 Olga Cristóbal
 01/06/2026

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