sábado, octubre 03, 2026

El gran Meaulnes, fascinación y maestría


Alain Fournier nació en La Chapelle-d'Angillon (Francia), el 3 de octubre de 1886, hace 140 años Alain Fournier. 

 Era muy joven cuando escribió una única novela que fue también una novela única. Esa condición de unicidad no está dada por que no haya otras de su género o con similares atributos. Muchas razones hacen singular una obra maestra como El gran Meaulnes. Su autor es Alain Fournier, nacido en La Chapelle-d'Angillon (Francia), el 3 de octubre de 1886, hace 140 años. 
 De no haber vivido solo 27 –perdió la vida en 1914, cerca de Verdún, en uno de los combates que dieron inicio a la Primera Guerra Mundial–, muchas otras maravillas habrían salido de su pluma. 
 Hace más de 25 años, en una encuesta aplicada a lectores franceses, en la que se medían cuáles eran los mejores libros del siglo XX, este quedaba en el puesto 6.
 En su mayoría, los galos conocen la novela por formar parte de los planes de estudio, pero no la releen, en opinión del novelista británico Julian Barnes, por temor de que la magia que embriagó al joven lector se disipe en una segunda lectura, «como si, en la edad adulta, supiéramos demasiado como para volver a caer bajo su hechizo. Pero esto sería un error. Lo que John Fowles llamó “la mejor novela de la adolescencia en la literatura europea” solo puede ser comprendida parcialmente por los adolescentes, porque aún no saben exactamente lo que van a perder al crecer». 
 Los avatares que conforman la obra, publicada apenas diez meses antes de su muerte, se desarrollan en la misma comarca donde había nacido su autor, hijo de maestros y con similar vocación, lo que le permitió entrar en contacto con la literatura y con importantes escritores, entre ellos, Paul Claudel y Paul Valéry. 
 Tenía 18 años cuando una mujer despertó sus obsesiones amorosas, y después de mucho insistir, logró una cita con ella. Pero Yvonne Quiévrecourt fue cortante y le pidió que la olvidara porque pronto se desposaría. La reencontrará años después, casada y con dos hijos. 
 La dama añorada inspirará en El gran Meaulnes a Yvonne de Galais; y aparecerá también, en el personaje de Valentine, otro de sus amores, Jeanne Bruneau, una muchacha a la que conoció mientras trabajaba como periodista, en 1910. 
 «Aún digo nuestra casa, aunque ya no nos pertenece. Nos fuimos de esa región hace 15 años y seguramente no volveremos nunca más». Con esta enunciación en torno a la vivienda que es también la escuela y que es donde vive François Seurel –el narrador–, empieza la novela, en la que, junto a muchas peripecias juveniles, escaramuzas y aventuras, se cuenta la historia de Augustin Meaulnes, quien, dispuesto a vivir no pocas situaciones espinosas, emprende la búsqueda de su amor perdido, un amor que lo ha petrificado y que necesita recuperar.
 El misterio y las ensoñaciones marcan las páginas de este libro en el que está la Francia rural de finales del siglo XIX y principios del XX, por medio no solo de las actitudes de sus personajes, sino, y con más razón, por el protagonismo que se le concede al paisaje. 
 Sin ser una novela perfecta –en ella se advierten ciertas contradicciones– es todo un clásico de la literatura juvenil contemporánea, y el libro francés más vendido en el mundo después de El principito. 
 Sin embargo, el libro que catapultó a Fournier al sitial de honor de la literatura contemporánea es mucho más que eso. Es un fresco de esas emociones que se viven mientras entramos en tránsito hacia la adultez, en que un día el mundo nos sonríe, y al siguiente, lo que se creyó firme se ha desvanecido; mientras la fortaleza interior que nos hace sentir capaces de derribar murallas, se debilita ante el temor, la desconfianza y las inseguridades propias de la edad. 
 A saber, cuáles serán los hallazgos de los que se han atrevido a regresar a sus páginas, cuando aquellos primeros estremecimientos del amor son ya un lejano recuerdo. Lectores habrá que volverán a vivir esos días de sentirse en el aire, sostenidos por la ilusión de un encuentro; otros, tal vez no se arriesguen a tanto. 
 De cualquier modo, ahí está la obra, erguida y a la espera de nuevos espectadores, plagada de una magia y una narración fascinante que no podrán nublar los nuevos tiempos. 

 Madeleine Sautié | madeleine@granma.cu
 3 de octubre de 2026 08:10:41

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