Blog marxista destinado a la lucha por una nueva sociedad fraterna y solidaria, sin ningún tipo de opresión social o nacional. Integrante del Colectivo Avanzar por la Unidad del Pueblo de Argentina.
domingo, diciembre 04, 2011
Saludo de las FARC-EP a la reunión del CELAC.
Señoras y Señores
PRESIDENTES DE LA REPÚBLICA Y PRIMEROS MINISTROS
Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños CELAC
Caracas.
Apreciadas Señoras y Señores:
La trascendental reunión que ustedes celebran, con el propósito de dar formal nacimiento a la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños, se constituye en un importante acontecimiento.
Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo, FARC-EP, los saludamos, expresando nuestro deseo de que este emprendimiento se convierta en el punto de partida de un esfuerzo que encamine a las naciones latinoamericanas y caribeñas por la ruta de la unidad teniendo en cuenta los aspectos fundamentales de la concepción bolivariana.
Graves contingencias amenazan hoy por hoy no sólo el futuro de nuestro continente adolorido sino a todo el planeta, a la especie humana en su conjunto. La Tierra nos reclama acciones urgentes para frenar el desastre ambiental, soplan vientos de guerra nuclear, la economía mundial trastabilla y viejos intereses, en su exclusivo beneficio, imponen a los pueblos la carga de salvarla. Nunca como ahora se requiere el protagonismo decisivo de toda esa humanidad silenciada.
He aquí el significativo sentido de la unidad latinoamericana y caribeña, emprender el camino hacia el nuevo mundo que nos vetaron siempre el viejo continente y el imperio norteamericano.
Aprovechamos para expresar nuestra honda preocupación por la paz en Colombia, que es la paz del continente.
El rasgo característico de su persistente clase dirigente ha sido una extraña y atávica inclinación a solucionar los conflictos económicos y sociales por la vía de las imposiciones violentas. Ninguna de las largas y crueles dictaduras que en un pasado azotaron distintas naciones en este continente, cuenta en su haber con el aterrador número de víctimas de todo orden, producidas por el régimen colombiano tan solo en las últimas dos décadas.
Ello explica las dimensiones del actual conflicto armado interno, cuya conclusión parece prorrogarse indefinidamente en el tiempo. La paz nunca será fruto de rendiciones humillantes que contribuyan a atornillar aún más en el poder a los responsables de esta tragedia nacional, jamás cambiaremos los alzados el algo que permita que todo continúe igual.
Un diálogo con plenas garantías, de cara al país, al continente y al mundo, con participación popular, que modele una recomposición institucional y política, y que abra las compuertas a profundas reformas democráticas, es la fórmula que repetidamente hemos planteado las FARC y que aspiramos se haga realidad muy pronto.
Recientes acontecimientos, contrarios a los guiños entre bambalinas, revelan la nula inclinación del Establecimiento a considerar nuestra postura. En su lugar, insisten en su pérfida acusación de narcotraficantes y terroristas, pretexto que les asegura el incondicional apoyo de los Estados Unidos, revertido además en una creciente injerencia militar y política, muy conveniente a los intereses estratégicos de dominación continental y mundial de esa potencia.
En palabras del presidente Santos si no nos rendimos nos espera la cárcel o la tumba. Su oferta de recompensas en millones de dólares por la cabeza de los mandos guerrilleros, remoza los usos de las Coronas europeas contra los indígenas y esclavos negros rebeldes. No creemos osado pensar que en estos nuevos tiempos que nacen en América Latina y el Caribe, sus pueblos celebrarían como una gran victoria la conquista de una solución política en Colombia.
Nuestro abrazo patriótico y bolivariano para este verdadero Nuevo Mundo que grita basta y se echa a andar sin que ya nadie pueda detener su marcha de gigante.
Secretariado del Estado Mayor Central de las FARC-EP
Montañas de Colombia, 1 de diciembre de 2011
¡Marx tenía razón!
La crisis del capitalismo va acompañada por una crisis del pensamiento burgués: la filosofía, la economía, la moral… Todo está en un estado de efervescencia. En lugar del anterior optimismo que manifestaba confiadamente que el capitalismo había solucionado todos sus problemas, hay un estado de ánimo que todo lo impregna de tristeza.
No hace mucho tiempo, Gordon Brown proclamó confiadamente "el fin del ciclo de auge y recesión". Después de la crisis de 2008 se vio obligado a comerse sus palabras.
El último episodio de la crisis del euro muestra que la burguesía no tiene idea de cómo resolver los problemas de Grecia e Italia, que a su vez, amenazan el futuro de la moneda común europea, e incluso de la propia UE. Este es un catalizador potencial de un nuevo colapso a escala mundial, que será aún más profundo que la crisis de 2008.
La crisis actual se supone que no tenía que haber sucedido. Hasta hace poco la mayoría de los economistas burgueses creían que el mercado, si se le dejaba solo, era capaz de resolver todos los problemas, equilibrando por arte de magia la oferta y la demanda (la "hipótesis del mercado eficiente"), de modo que nunca podría darse una repetición del crack de 1929 y de la Gran Depresión.
La predicción de Marx de una crisis de sobreproducción había sido relegada al basurero de la historia. Aquellos que todavía se adherían a la visión de Marx de que el sistema capitalista estaba desgarrado por contradicciones insolubles y de que contenía dentro de sí las semillas de su propia destrucción eran considerados como simples excéntricos. ¿Acaso la caída de la Unión Soviética no había demostrado finalmente el fracaso del comunismo? ¿No había terminado la historia con el triunfo del capitalismo como el único sistema socio-económico posible?
Eso fue entonces. Pero en el espacio de 20 años (un período no muy largo en los anales de la sociedad humana) la rueda de la historia ha dado un giro de 180 grados. Y ahora los antiguos críticos de Marx y el marxismo están entonando una melodía muy diferente. De repente, las teorías económicas de Carlos Marx se están tomando muy en serio. El Capital es ahora un best seller en Alemania. Un número creciente de economistas está estudiando detenidamente sus páginas, con la esperanza de encontrar una explicación a lo que ha ido mal.
Crisis de la economía burguesa
La razón de esta extraña conversión no es difícil de entender. Todas las teorías de los economistas burgueses oficiales han sido falsificadas por la marcha de los acontecimientos. Los economistas fueron incapaces de predecir ninguno de los grandes acontecimientos económicos de los últimos treinta años. No predijeron la recesión actual (de hecho, negaron su posibilidad), pero tampoco predijeron el auge febril que la precedió.
La teoría económica burguesa ha sido puesta a prueba y ha fracasado. Ninguna persona seria la toma en serio. No es de extrañar que algunas empresas grandes tengan que consultar astrólogos profesionales antes de decidir dónde invertir su dinero. Éstos, probablemente, sean más útiles que los economistas universitarios y, de todas maneras, el grado de éxito de sus predicciones no sería peor.
En julio de 2009, tras el comienzo de la recesión, la revista The Economist realizó un seminario en Londres para discutir la siguiente cuestión: ¿Qué aqueja a la economía? Esto puso de manifiesto que para un número cada vez mayor de economistas la teoría convencional no tiene ninguna relevancia. El ganador del Premio Nobel, Paul Krugman, admitió que "los últimos 30 años de desarrollo de la teoría macroeconómica ha sido, en el mejor de los casos, espectacularmente inútil o, peor, directamente perjudicial".
Esta opinión es un epitafio adecuado para las teorías de la economía burguesa. Nada de lo que ha sucedido desde entonces nos da ninguna razón para dudar de ella. La crisis griega que ahora amenaza con arrastrar al conjunto de Europa, hundir al euro e incluso romper la Unión Europea ha servido para subrayar la total incapacidad de los economistas y de los políticos para ofrecer una solución.
En realidad no tienen ninguna salida. Hagan lo que hagan estará mal. Incluso si (como es muy probable) deciden invertir más dinero en Grecia, los mercados volverán su atención a otros países: Irlanda, Portugal, España, Italia, Bélgica, e incluso Francia. Angela Merkel retuerce en vano las manos y se queja de las "irresponsables" agencias de crédito. Este es el funcionamiento del "libre mercado" que todos aceptan. No se puede aceptar la economía de mercado y luego quejarse de las consecuencias inevitables.
Cuatro años después de la primera crisis, el mundo va de cabeza a un nuevo colapso y no hay nada que puede impedirlo. Millones de personas van a sufrir las consecuencias. El desempleo se disparará a niveles no vistos desde la década de 1930. Los niveles de vida caerán en picado. Y el resultado inevitable será una intensificación de la lucha de clases en todas partes.
Naciones enteras en bancarrota
La primera fase de la crisis que comenzó en el año 2008 se caracterizó por el impago de los grandes bancos. Todo el sistema bancario de los EE.UU. y del resto del mundo se salvó sólo por la inyección masiva de miles de millones de dólares y euros por parte de los Estados. Pero la pregunta que debe hacerse es: ¿Qué queda de la vieja idea de que el libre mercado, si se le deja solo, va a resolver todos los problemas? ¿Qué queda de la vieja idea de que el Estado no debe interferir en el funcionamiento de la economía?
La inyección masiva de dinero público no resolvió nada. La crisis no ha sido resuelta.
Simplemente se ha desplazado a los Estados. Todo lo que ha ocurrido es que, en lugar de un déficit masivo de los bancos, tenemos un enorme agujero negro en las finanzas públicas. ¿Y quién va a pagar por esto? No los banqueros adinerados que, habiendo presidido la destrucción del orden financiero mundial, se han embolsado con calma el dinero público y ahora se están concediendo a sí mismos fastuosas bonificaciones de dinero.
¡No! Los déficits de los que los economistas y los políticos se quejan tan amargamente deben ser pagados por los sectores más pobres e indefensos de la sociedad. De repente no hay dinero para los ancianos, los enfermos, los desempleados…, pero siempre hay de sobra para los banqueros. Esto significa un régimen de austeridad permanente. Pero esto sólo genera nuevas contradicciones. Con la reducción de la demanda, se reduce aún más el mercado, y por lo tanto se agrava la crisis de sobreproducción.
Ahora los economistas están prediciendo un nuevo colapso, con divisas y gobiernos cayendo y amenazando el tejido mismo del sistema financiero mundial. Y a pesar de lo que dicen los políticos sobre la necesidad de reducir el déficit, las deudas han alcanzado un nivel que no se puede pagar. Grecia ofrece un ejemplo gráfico de este hecho. El futuro que se avecina es de una crisis aún más profunda, una caída de los niveles de vida, ajustes dolorosos y un creciente empobrecimiento de la mayoría. Esta es una receta acabada para la agitación y la lucha de clases a un nivel aún más alto. Se trata de una crisis sistémica del capitalismo a escala mundial.
Dudas
Ahora que los acontecimientos han hecho bajar a tierra por lo menos a algunos pensadores burgueses, estamos viendo todo tipo de artículos que a regañadientes reconocen que, después de todo, Marx tenía razón. Tomemos como ejemplo un reciente artículo de John Gray en la revista de noticias de la BBC, con el título: Un punto de vista: La revolución del capitalismo,BBC News, 4 de septiembre de 2011. En él dice:
"Como un efecto colateral de la crisis financiera, cada vez más gente está empezando a pensar que Carlos Marx tenía razón. El gran filósofo, economista y revolucionario alemán del siglo XIX creía que el capitalismo era radicalmente inestable. Tenía una tendencia intrínseca a producir cada vez más grandes auges y recesiones, y a el largo plazo estaba destinado a destruirse a sí mismo".
Ahora bien, esto es algo que gente como John Gray en el pasado lo hubiera ridiculizado. Ahora, sin embargo, se ven obligados a tratarlo en serio. Así que el Sr. Gray ahora acepta lo que se está volviendo cada vez más evidente: que el capitalismo contiene en sí las semillas de su propia destrucción; que es un sistema anárquico y caótico caracterizado por crisis periódicas que echa a la gente del trabajo y provoca inestabilidad social y política.
El Manifiesto Comunista es el libro más relevante que se puede leer hoy en día. Es realmente extraordinario pensar que un libro escrito hace más de 150 años pueda presentar una imagen del mundo del siglo XXI tan vívida y objetiva. Gray ahora reconoce que fue sorprendentemente clarividente:
"En aquel momento nada parecía más sólido que la sociedad en cuyos márgenes vivía Marx. Un siglo y medio después nos encontramos en el mundo que él previó, en donde la vida de cada persona es experimental y provisional, y la ruina súbita puede ocurrir en cualquier momento".
Aunque niega que el socialismo sea la alternativa lógica al capitalismo decadente, Grey se ve obligado a admitir que Marx comprendió el funcionamiento de la economía capitalista mucho mejor que la burguesía y sus "expertos" economistas:
"Más profundamente, Marx comprendió que el capitalismo destruye a su propia base social –el estilo de vida de la clase media–. La terminología marxista de burguesía y proletariado tiene un tono arcaico".
"Sin embargo, cuando argumentó que el capitalismo hundiría a la clase media en un tipo de existencia precaria como la de los trabajadores de su tiempo, Marx previó un cambio en nuestra forma de vivir que sólo ahora estamos luchando para hacer frente".
Condena devastadora
Hay un sentimiento creciente entre todos los sectores de la sociedad de que nuestras vidas están dominadas por fuerzas que se escapan a nuestro control. La sociedad es presa de un corrosivo sentimiento de miedo e incertidumbre, como lo admite Gray:
"Pero tenemos muy poco control efectivo sobre nuestras vidas, y la incertidumbre en que nos toca vivir está siendo agravada por políticas diseñadas para hacer frente a la crisis financiera. Unas tasas de interés de cero, junto con el aumento de precios significa que usted está consiguiendo un rendimiento negativo de su dinero y, conforme avanza el tiempo, su capital se está erosionando".
La situación de muchos jóvenes es aún peor. La crisis del capitalismo produce sus efectos más terribles entre los jóvenes. El desempleo entre los jóvenes está aumentando en todas partes. Esta es la razón de las protestas estudiantiles y motines en Gran Bretaña, del movimiento de los indignados en España, de las ocupaciones de las escuelas de Grecia y también de los levantamientos en Túnez y Egipto, donde alrededor del 75% de los jóvenes están desempleados.
Toda una generación de jóvenes está siendo sacrificada en el altar de los beneficios. Muchos que buscaban la salvación en una educación superior han encontrado esta avenida bloqueada. En Gran Bretaña, donde la educación superior era gratis, ahora los jóvenes a fin de adquirir una educación tendrán que incurrir en deudas.
En el otro extremo de la escala de la edad, trabajadores cercanos a la jubilación descubren que deben trabajar más tiempo y pagar más para obtener pensiones más bajas, que condenarán a muchos a la pobreza en la vejez. Para jóvenes y adultos por igual, la perspectiva a la que se enfrentan hoy en día es una vida de inseguridad.
Toda la vieja hipocresía burguesa sobre los valores de la moral y la familia ha sido desenmascarada. La epidemia de desempleo, de falta de vivienda, de aplastante deuda y la desigualdad social extrema que ha convertido a toda una generación en parias ha socavado la familia y ha creado una pesadilla de pobreza sistémica, desesperanza, degradación y desesperación. Una vez más, en palabras de Gray:
"Para muchos, las mujeres y los pobres por ejemplo, estos valores victorianos pueden ser muy sofocantes en sus efectos. Pero el hecho más importante es que el libre mercado funciona para socavar las virtudes que mantienen la vida burguesa".
"Cuando los ahorros están desvaneciéndose, ser ahorrativo puede ser el camino a la ruina. Es la persona que toma prestado y no tiene miedo a declararse en quiebra la que sobrevive y prospera. (…)
"En una sociedad que está siendo continuamente transformada por las fuerzas del mercado, los valores tradicionales son disfuncionales y cualquier persona que trata de seguirlos se arriesga a terminar mal".
El argumento que tanto gusta a los sociólogos burgueses de que la clase obrera ha dejado de existir se ha caído por su propio peso. En el último período, capas importantes de la población activa que antes se consideraban a sí mismos como clase media se han proletarizado. Profesores, funcionarios, empleados de banca, etc. han sido empujados a las filas de la clase obrera y del movimiento obrero, donde se han vuelto en algunos casos los sectores más militantes.
Gray admite que los viejos argumentos de que "todo el mundo puede prosperar" y "todos somos clase media" han sido falsificados por los acontecimientos. Él dice:
"De hecho, en Gran Bretaña, los EE.UU. y muchos otros países desarrollados en los últimos 20 o 30 años, ha estado sucediendo lo contrario. La seguridad en el trabajo no existe, los oficios y profesiones del pasado han desaparecido en gran medida y carreras de toda la vida son apenas recuerdos".
"Si la gente tiene alguna riqueza, ésta está en sus casas, pero los precios de las casas no siempre aumentan. Cuando obtener crédito es difícil como pasa ahora, pueden estar estancados durante años. Una minoría decreciente tendrá una pensión con la que podrá vivir cómodamente, y no muchos tienen ahorros significativos".
"Cada vez más gente vive día a día, con poca idea de lo que el futuro puede depararle. La gente de clase media solía pensar que su vida se desarrollaba en una progresión ordenada. Pero ya no es posible mirar la vida como una sucesión de etapas en las que cada una es un paso adelante respecto a la anterior".
"En el proceso de destrucción creativa, la posibilidad de escalar ha sido eliminada y para un número creciente de gente una existencia como clase media ya no es siquiera una aspiración".
Estas palabras representan una condena devastadora del sistema capitalista. Muestran también que las reservas sociales de la reacción se han reducido considerablemente, porque un gran sector de los trabajadores de cuello blanco se acerca a la clase obrera tradicional. En las recientes movilizaciones de masas en España y, en particular, en Grecia, estas capas se encontraban en la primera línea de la lucha de clases.
Marx y el “mercado"
Marx predijo que el desarrollo del capitalismo conduciría inexorablemente a la concentración del capital, una inmensa acumulación de riqueza por un lado, y una acumulación igual de pobreza, miseria y trabajo insoportable en el otro extremo del espectro social. Durante décadas, esta idea fue desechada por los economistas burgueses y los sociólogos universitarios que insistieron en que la sociedad se estaba volviendo cada vez más igualitaria y que todo el mundo se estaba convirtiendo en clase media. Ahora todas estas ilusiones se han disipado.
Businessweek recientemente publicó un artículo con el título Marx y el mercado y advirtió que Marx podría haber tenido razón en algunas cosas, pero en realidad estaba equivocado y era peligroso. Expresa su preocupación porque "el pesimista y combativo filósofo parece encontrar adeptos en cada nueva generación".
Y continúa:
"Incluso se podría decir que el Barbudo nunca ha tenido mejor aspecto. La actual crisis financiera mundial ha dado lugar a un nuevo contingente de insólitos admiradores. En 2009 el periódico oficial del Vaticano, L'Osservatore Romano, publicó un artículo elogiando el diagnóstico de Marx sobre la desigualdad de ingresos, lo cual es un gran reconocimiento, considerando que Marx declaró que la religión es ‘el opio del pueblo’. En Shanghái, el centro archicapitalista de la supuesta comunista China, en 2010 el público se agolpó para ver un musical basado en El Capital, la obra más famosa de Marx. En Japón, El Capital ha salido en una versión cómic".
Y añade:
"El que Marx esté en boga debería verse natural en un momento en que los bancos europeos están al borde del colapso y en que los niveles de pobreza en los EE.UU. han alcanzado niveles nunca vistos en casi dos décadas".
“A pesar de que Marx estaba equivocado acerca de muchas cosas, y de que su influencia fue muy perniciosa en lugares como la URSS y China, hay áreas de sus (voluminosos) escritos que son increíblemente perceptivos. Uno de los argumentos más importantes de Marx era que el capitalismo era intrínsecamente inestable. Uno sólo tiene que mirar a los titulares de Europa –la cual está siendo perseguida por el fantasma de una posible moratoria griega, un desastre bancario y el colapso de la zona del euro como moneda única– para ver que tenía razón.
Marx diagnosticó la inestabilidad del capitalismo en un momento en que sus contemporáneos y predecesores, tales como Adam Smith y John Stuart Mill, estaban mayormente cautivados por su capacidad para satisfacer las necesidades humanas".
George Magnus
Hasta aquí Businessweek. Ahora vamos a leer lo que George Magnus, analista económico del banco UBS, escribió recientemente en un artículo con el título intrigante: Demos a Carlos Marx la oportunidad de salvar la economía mundial.
Con sede en Suiza, UBS es uno de los pilares del mundo financiero, con oficinas en más de 50 países y más de 2 billones de dólares americanos en activos. Sin embargo, en un ensayo deBloomberg View, publicado el 28 de agosto, Magnus escribió que "la economía global de hoy tiene algún parecido asombroso a lo que Marx había previsto". En su artículo empieza describiendo a los responsables políticos como "tratando de entender el aluvión de pánico financiero, las protestas y otros males que afligen al mundo" y sugiere que haríamos bien en estudiar la obra de "un economista muerto hace mucho tiempo, Carlos Marx":
"Consideremos, por ejemplo, la predicción de Marx de cómo se manifestaría el conflicto inherente entre el capital y el trabajo. Tal y como escribió en El Capital, la búsqueda de beneficios y productividad de las empresas, naturalmente, les lleva a necesitar cada vez menos trabajadores, creando un ‘ejército industrial de reserva’ de pobres y desempleados: ‘Por tanto, la acumulación de riqueza en un polo representa, al mismo tiempo, la acumulación de la miseria en el otro polo’".
Y continúa:
"El proceso que él [Marx] describe es visible en todo el mundo desarrollado, particularmente en los EE.UU. Los esfuerzos de las empresas para reducir costos y evitar la contratación han aumentado las ganancias corporativas de EE.UU. como porcentaje de la producción económica total al más alto nivel en más de seis décadas, mientras que la tasa de desempleo se sitúa en el 9,1 por ciento y los salarios reales están estancados.
"Mientras tanto, según algunos cálculos, la desigualdad de ingresos de EE.UU. está cerca de su nivel más alto desde la década de 1920. Antes de 2008, la disparidad en los ingresos estaba disimulada tras factores tales como el crédito fácil, que permitió a los hogares pobres disfrutar de un estilo de vida más próspero. Ahora el problema está saliendo con toda su crudeza".
Magnus cita con aprobación el Prólogo a la Contribución a la Crítica de la Economía Política(1859) de Marx:
"Al llegar a una fase determinada de desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o, lo que no es más que la expresión jurídica de esto, con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se han desenvuelto hasta allí".
Magnus dice que estas líneas tienen una especial relevancia en la situación actual:
"La cita anterior refleja la importante idea de conflicto o turbulencia cuando ocurren eventos que conducen a desafíos al poder, autoridad y legitimidad del orden político y económico existente. Durante los últimos meses, hemos visto una serie de tales desafíos en la zona del euro, en los EE.UU., e incluso, en forma embrionaria, en China. El nerviosismo reciente en los mercados financieros y el aumento de las primas de riesgo no sólo reflejan un aumento de la ansiedad sobre el deterioro de la salud de la economía global, sino también el agotamiento de la confianza de que las élites políticas son capaces de hacer frente a la situación".
Magnus reconoce que la crisis actual es una crisis de sobreproducción, a pesar de que confunde esto con la noción keynesiana de subconsumo –una idea completamente diferente (y falsa) –.
"Marx también señaló la paradoja de la sobreproducción y el bajo consumo: la gente, cuanto más se quede relegada a la pobreza, menos capaz será de consumir todos los bienes y servicios que las empresas producen. Cuando una empresa reduce los costos para aumentar los ingresos, es inteligente, pero cuando lo hacen todos, socavan la formación de los ingresos y la demanda efectiva de los cuales dependen para ingresos y beneficios.
"Este problema también es evidente en el mundo desarrollado de hoy. Tenemos una capacidad sustancial para producir, pero en los estratos de ingresos medianos y bajos, nos encontramos con una inseguridad financiera generalizada y bajas tasas de consumo. El resultado es visible en los EE.UU., donde la construcción de nuevas viviendas y las ventas de automóviles siguen siendo alrededor del 75% y 30% por debajo de sus puntos más altos en 2006, respectivamente.
"Como decía Marx en El Capital: ‘La razón última de todas las crisis reales sigue siendo la pobreza y el consumo restringido de las masas’".
Naturalmente, Magnus aboga por soluciones keynesianas para la crisis: si tan solo los capitalistas (o el Estado) dieran un poco más dinero a los trabajadores, si tan solo aliviaran la carga de la deuda de los hogares, si tan solo reestructuraran la deuda hipotecaria, si tan solo hubiera alguna condonación de la deuda, si tan solo los bancos prestaran más dinero a las pequeñas empresas, si tan solo los gobiernos y bancos centrales gastaran dinero en programas de infraestructura, si tan solo los acreedores europeos fueran más buenos con los griegos… entonces todo estaría bien.
Si tan sólo, si tan sólo… Si los cerdos tuvieran alas… ¡Volarían! ¡Y estos economistas acusan a los marxistas de ser utópicos! Todo lo que el Sr. Magnus está pidiendo es que los capitalistas se comporten menos como capitalistas y más bien como San Francisco de Asís. Es como pedirle a un tigre carnívoro que coma ensalada en lugar de carne. Sabemos cómo el tigre reaccionaría ante esta agradable propuesta. Y también sabemos cómo los banqueros y capitalistas reaccionarían. Huelga decir que esta estupidez keynesiana no tiene absolutamente nada en común con las ideas de Carlos Marx.
Como señala Magnus, Marx predijo que las empresas necesitarían menos trabajadores a medida que mejorara la productividad, creando así un "ejército industrial de reserva" de los desempleados, cuya existencia mantendría la presión a la baja sobre los salarios de los empleados.
Como el artículo anteriormente citado de la revista Businessweek ha señalado:
"Es difícil argumentar contra eso en estos días, dado que la tasa de desempleo en los EE.UU. sigue siendo más de un 9 por ciento. El 13 de septiembre, la Oficina del Censo de los EE.UU. dio a conocer datos que muestran que el ingreso medio, ajustado a la inflación, cayó entre 1973 y 2010 para los hombres a partir de 15 años y a tiempo completo. La condición de los trabajadores de cuello azul en los EE.UU. está aún muy lejos de los salarios de subsistencia y de la ‘acumulación de la miseria’ que Marx previó. Pero las cosas no están tan brillantes en los Estados Unidos tampoco".
Nouriel Roubini
El 11 de agosto The Wall Street Journal publicó una entrevista con el conocido economista Dr. Nouriel Roubini, conocido por sus colegas economistas como el "Dr. Agorero" por su predicción de la crisis financiera de 2008. Hay un video de esta entrevista extraordinaria, que merece ser estudiada cuidadosamente, ya que muestra el pensamiento de los estrategas del Capital más perspicaces.
Roubini es totalmente escéptico acerca de la capacidad de los gobiernos y bancos centrales para evitar un nuevo colapso económico, y mucho menos de salir de la recesión actual. Él no cree que un nuevo brote de flexibilización cuantitativa, tasas de interés más bajas, o cualquiera de las otras medidas propuestas, vayan a suponer ninguna diferencia: "Si la gente no quiere pedir prestado", se pregunta, "¿para qué va a servir bajar las tasas de interés?"
Argumenta que la cadena de crédito se ha roto, y que el capitalismo ha entrado en un círculo vicioso en el que el exceso de capacidad (sobreproducción), la caída de la demanda de los consumidores, los altos niveles de deuda… todo genera una falta de confianza en los inversionistas que a su vez se reflejará en fuertes caídas en la Bolsa de valores, caída de precios de los activos y un colapso en la economía real.
Llega a la conclusión de que la economía de mercado no puede evitar una recesión, porque "no hay suficiente demanda final". También relaciona esta falta de demanda a un largo período en que el capital ha exprimido a la mano de obra, y la proporción de los beneficios ha aumentado a expensas de los salarios. Destaca la intensificación de la explotación, los salarios reales estancados o en descenso, y los niveles sin precedentes de la desigualdad como un elemento central para el estado turbulento de la economía en el mundo.
Al igual que todos los demás economistas, Roubini no tiene solución real a la crisis actual, a excepción de más inyecciones monetarias de los bancos centrales para evitar otra crisis. Sin embargo, admitió con franqueza que la política monetaria por sí sola no será suficiente, y que las empresas y los gobiernos no están ayudando.
Europa y los Estados Unidos están llevando a cabo programas de austeridad para tratar de arreglar su endeudada economía, cuando deberían estar introduciendo un mayor estímulo monetario, dijo. Sus conclusiones no podrían ser más pesimistas: "Carlos Marx tenía razón, en algún momento el capitalismo podría destruirse a sí mismo", dijo Roubini. "Pensábamos que los mercados funcionaban. No están funcionando". (El énfasis es mío).
Al recortar los salarios, han recortado el mercado, reducido la demanda final y causado una sobreproducción (exceso de capacidad) a escala mundial: "No se pueden seguir desplazando los ingresos de los trabajadores a los capitalistas, sin provocar un exceso de capacidad y una falta de demanda total. Y eso es lo que está pasando", indicó el economista.
Roubini predijo que hay más de un 50% de posibilidades de que todo el mundo se sumerja en otra recesión global y los próximos dos o tres meses revelarán la dirección de la economía: "Estamos a velocidad de punto muerto en este momento, y no sabemos si vamos a ir arriba o abajo ", dijo.
Roubini dice que está convirtiendo su dinero en metálico, apostando principalmente en bonos del Tesoro de los EE.UU. "Ahora no es el momento para los activos de riesgo", dijo. El entrevistador del Wall Street Journal, a este punto totalmente alarmado, preguntó a Roubini si pensaba que la caída del capitalismo era inminente. Éste respondió: "No estamos ahí todavía", pero dejó claro que él pensaba que estábamos de camino hacia una "segunda edición de la Gran Depresión".
¿Estaba equivocado Marx acerca de la revolución?
Contrariamente a la imagen reconfortante que se solía presentar del sistema capitalista ofreciendo un futuro seguro y próspero para todos, vemos la realidad de un mundo en el que millones de personas sufren de la pobreza y el hambre, mientras que los súper ricos se enriquecen cada día más. Volvamos el artículo de John Gray:
"Una pequeña minoría ha acumulado una enorme riqueza pero incluso eso tiene una cualidad evanescente, casi fantasmal. En la época victoriana los verdaderamente ricos podían permitirse relajarse, siempre y cuando fueran conservadores en la forma en que invertían su dinero. Cuando a los héroes de las novelas de Dickens por fin les llega su herencia, no hacen nada el resto de su vida.
"Hoy no hay un paraíso de la seguridad. Los giros del mercado son tales que nadie puede saber qué va a tener valor, incluso unos pocos años por delante".
"Este estado de agitación perpetua es la revolución permanente del capitalismo y creo que va a estar con nosotros en cualquier futuro que sea realísticamente imaginable. Sólo hemos recorrido una parte del camino de una crisis financiera que pondrá muchas más cosas patas arriba".
¿Qué conclusión saca Gray de todo esto? Sólo esto: que el capitalismo está destruyendose a sí mismo:
"El capitalismo ha conducido a una revolución, pero no a la que Marx esperaba. El apasionado pensador alemán odiaba la vida burguesa y miraba hacia el comunismo para destruirlo. Tal y como él predijo, el mundo burgués ha sido destruido".
Pero luego añade: "No fue el comunismo quien lo hizo. Es el capitalismo el que ha matado a la burguesía". Esta es una conclusión de lo más peculiar. La burguesía no ha sido "matada" en absoluto, por usar la terminología melodramática de Gray. Está muy viva. Tiene en sus manos la tierra, los bancos y las grandes corporaciones. Toma todas las decisiones fundamentales que afectan a la vida y el destino de millones de personas en el planeta.
Gente como Gray se ve obligada a admitir lo que no se puede negar. Sí, el sistema capitalista está en crisis. Todo el mundo sabe esto. Pero, ¿cuál es el antídoto a la crisis? Si el capitalismo es un sistema anárquico y caótico que desemboca inevitablemente en situaciones de crisis, entonces hay que concluir que con el fin de eliminar las crisis, es necesario abolir el sistema capitalista. Si dices "A", también se debe decir "B", "C" y "D", pero esto es lo que los economistas burgueses se niegan a hacer.
Lo que Gray y gente como él no pueden aceptar es que la crisis del capitalismo puede y va a terminar en la revolución socialista:
"Marx dio la bienvenida a la autodestrucción del capitalismo. Estaba seguro de que se produciría una revolución popular que instauraría un sistema comunista que sería más productivo y mucho más humano. Marx estaba equivocado sobre el comunismo. Donde fue proféticamente correcto fue en su comprensión de la revolución del capitalismo. No es sólo la inestabilidad endémica del capitalismo lo que él entendió, aunque en este sentido era mucho más perspicaz que la mayoría de los economistas de su época y la nuestra".
Pero ¡espere un minuto, señor Gray! ¿De verdad se imagina que una crisis que está arrojando el mundo al caos, que condena a millones de personas al desempleo, la pobreza y la desesperación, que le roba a la juventud su futuro y destruye la salud, la vivienda, la educación y la cultura… que todo esto puede ocurrir sin que se produzca una crisis social y política? ¿No puede ver que la crisis del capitalismo está preparando las condiciones para la revolución en todas partes?
Esto ya no es una propuesta teórica. Es un hecho. Si tomamos sólo los últimos doce meses, ¿qué vemos? Los movimientos revolucionarios se han producido en un país tras otro: Túnez, Egipto, Grecia, España… Incluso en los Estados Unidos tenemos el movimiento "Okupa Wall Street" y antes que éste tuvimos las protestas masivas de Wisconsin.
Estos dramáticos acontecimientos son una clara expresión del hecho de que la crisis del capitalismo está produciendo una reacción masiva a escala mundial, y de que un número creciente de personas están empezando a sacar conclusiones revolucionarias. Esto fue resumido por Michael Moore en el programa de TV BBC Newsnight, cuando llegó a decir que "hay que acabar con el capitalismo".
"Las naciones occidentales están ahora maduras para la revolución"
Esto es reconocido al menos por algunos de los estrategas del Capital, como Andreas Whittam Smith, un periodista financiero y fundador de The Independent. El jueves 20 de octubre, escribió un artículo con el título: Las naciones occidentales están ahora maduras para la revolución, donde dice:
"Si va a haber un estallido revolucionario, uno no recibe mucho aviso. Escribiendo de las revoluciones europeas de 1848, por ejemplo, un historiador [Peter N Staerns] señaló recientemente: ‘A principios de 1848 nadie creía que la revolución fuera inminente’. Ahora la razón por la que he vuelto a 1848 se debe a que esta fecha se repite continuamente en mi cabeza según se extiende la oleada de protesta contra el capitalismo contemporáneo por todo el mundo.
"Ni París en 1968, ni tampoco 1917 a 1921 cuando, en el caos que siguió a la Primera Guerra Mundial, se estableció el dominio de los trabajadores temporalmente en algunas ciudades alemanas. En lugar de eso, he dirigido mi atención a 1848, cuando gran parte de Europa continental salió a la calle en lo que se hizo llamar la Primavera de las Naciones, o la Primavera de los Pueblos o el Año de la Revolución".
Whittam Smith, quien admite que estaría "horrorizado ante la perspectiva de la revolución o nada que se le parezca", sin embargo, cree que hay "una buena razón por la que debemos tener miedo": el intolerable abismo que se ha abierto entre ricos y pobres. Cita la consigna de "Okupa Wall Street": "Lo único que todos tenemos en común es que somos el 99 por ciento que no tolerará más la codicia y la corrupción del uno por ciento" y continúa:
"Durante los últimos 25 años, el abismo entre los ingresos de los ricos y los pobres se ha ido profundizando. La disparidad que comenzó a desarrollarse en los EE.UU. y el Reino Unido a finales de la década de 1970 se ha ido extendiendo. Un estudio de la OCDE publicado en mayo mostró que países como Dinamarca, Alemania y Suecia, que tradicionalmente han tenido una baja desigualdad, ya no se escapan".
"El resultado es que en el Occidente industrializado el ingreso promedio del 10 por cien más rico de la población es de aproximadamente nueve veces mayor que el del 10 por ciento más pobre. Esa es una diferencia enorme. Y si la comparación se hace entre, por ejemplo, la paga de los directores de las grandes empresas en comparación con la de su personal, la diferencia es asombrosa. En muchos casos, los directores ganan 200 veces más que sus trabajadores peor remunerados. En algún momento, esta diferencia excesiva va a causar problemas. ¿Ha llegado ese momento?"
Para volver de nuevo a 1848.
En otro relato, el profesor Stearns escribió que la mayoría de las revoluciones de 1848 estallaron sin orden ni concierto. "Normalmente, solía haber un período breve y confuso de reivindicaciones y manifestaciones, durante el cual la incertidumbre del gobierno contribuyó a prolongar la tensión".
Hay un claro paralelismo entre esto y lo que vemos ahora. Que el movimiento de protesta actual es confuso en sus objetivos es evidente. Pero refleja un estado de ánimo general de ira que se está acumulando bajo la superficie y que tarde o temprano tiene que encontrar una salida. Unaencuesta de la revista Time mostró algunos resultados interesantes:
"EE.UU.: 54% tiene una opinión favorable del movimiento "Okupa Wall Street", el 79% cree que la diferencia entre ricos y pobres ha crecido demasiado, el 71% cree que los altos directivos de las instituciones financieras deben ser llevados a juicio, el 68% piensa que los ricos deberían pagar más impuestos, sólo el 27% tiene una opinión favorable del movimiento Tea Party (33% desfavorable)".
Por supuesto, es demasiado pronto para hablar de una revolución en los EE.UU.. Pero está claro que la crisis del capitalismo está produciendo un creciente ambiente de crítica entre amplias capas de la población. Hay un fermento y un cuestionamiento del capitalismo que no existía antes. Se puede decir que estos movimientos de masas carecen de un programa claro, y eso es ciertamente el caso. Pero son sin duda movimientos anticapitalistas, y tarde o temprano, en un país u otro, la cuestión del derrocamiento revolucionario del capitalismo se va a plantear.
¿No hay alternativa?
Los economistas burgueses son tan miopes y estrechos de miras que se aferran al anticuado sistema capitalista, incluso cuando se ven obligados a admitir que está en un estado terminalmente enfermizo y condenado al colapso. Imaginar que la raza humana es incapaz de descubrir una alternativa viable a este sistema podrido, corrupto y degenerado es francamente una afrenta a la humanidad.
¿Es realmente cierto que no hay alternativa al capitalismo? No, no es cierto. La alternativa es un sistema basado en la producción para las necesidades de la mayoría y no el beneficio de unos pocos; un sistema que reemplaza el caos y la anarquía con la planificación armoniosa, que sustituye al dominio de una minoría de parásitos ricos con el dominio de la mayoría que produce toda la riqueza de la sociedad. El nombre de esta alternativa es el socialismo.
Uno puede discutir acerca de palabras, pero el nombre de este sistema es el socialismo –no la caricatura burocrática y totalitaria que existía en la Rusia estalinista, sino una verdadera democracia basada en la propiedad, control y gestión de las fuerzas productivas por la clase obrera–. ¿Es esta idea realmente tan difícil de entender? ¿Es realmente utópico sugerir que la raza humana puede apoderarse de su propio destino y gestionar la sociedad sobre la base de un plan democrático de producción?
La necesidad de una economía socialista planificada no es un invento de Marx o de cualquier otro pensador. Fluye de la necesidad objetiva. La posibilidad del socialismo mundial se deriva de las condiciones actuales del capitalismo mismo. Todo lo que se necesita es que la clase obrera, que constituye la mayoría de la sociedad, se haga cargo del funcionamiento de la sociedad, expropie los bancos y grandes monopolios y movilice al colosal potencial productivo no utilizado para resolver los problemas de la sociedad.
En su Contribución a la Crítica de la Economía Política, Marx escribió lo siguiente:
"Ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen todas las fuerzas productivas que caben dentro de ella, y jamás aparecen nuevas y más elevadas relaciones de producción antes de que las condiciones materiales para su existencia hayan madurado dentro de la propia sociedad antigua. Por eso, la humanidad se propone siempre únicamente los objetivos que puede alcanzar, porque, mirando mejor, se encontrará siempre que estos objetivos sólo surgen cuando ya se dan o, por lo menos, se están gestando, las condiciones materiales para su realización".
Las soluciones a los problemas a los que nos enfrentamos ya existen. Durante los últimos 200 años, el capitalismo ha creado una fuerza productiva colosal. Pero es incapaz de utilizar este potencial al máximo. La crisis actual es sólo una manifestación del hecho de que la industria, la ciencia y la tecnología han crecido hasta el punto en que no se pueden contener en los estrechos límites de la propiedad privada y el Estado nacional.
Hace veinte años, Francis Fukuyama habló del fin de la historia. Pero la historia no ha terminado. De hecho, la verdadera historia de nuestra especie sólo se iniciará cuando se ponga fin a la esclavitud de la sociedad de clases y comencemos a establecer el control sobre nuestras vidas y destinos. Esto es lo que el socialismo realmente es: el salto de la humanidad desde el reino de la necesidad al reino de la libertad.
La crisis actual no es más que una manifestación de la rebelión de las fuerzas productivas contra estas limitaciones sofocantes. Una vez que la industria, la agricultura, la ciencia y la tecnología sean liberadas de las restricciones sofocantes del capitalismo, las fuerzas productivas serían capaces de satisfacer inmediatamente todas las necesidades humanas sin ninguna dificultad.
Por primera vez en la historia, la humanidad estaría libre para desarrollar todo su potencial. Una reducción general del tiempo de trabajo constituiría la base material para una auténtica revolución cultural. La cultura, el arte, la música, la literatura y la ciencia se elevarían a alturas inimaginables.
Alan Woods
Debacle electoral del PSOE: las consecuencias de defender un programa pro capitalista
Ahora, preparar las fuerzas para responder al PP en la calle
La jornada electoral del 20 de noviembre ha supuesto una derrota sin paliativos del PSOE. La socialdemocracia en el Estado español ha cedido en todos los aspectos decisivos a las pretensiones de los grandes capitalistas, aplicando de forma clara y decidida la política y medidas dictadas por ellos, y las consecuencias han sido demoledoras: 4,3 millones de votos menos y 59 diputados perdidos, en los que han sido los peores resultados del Partido Socialista desde las primeras elecciones de la era “democrática” en 1977.
La debacle socialdemócrata asfalta la mayoría parlamentaria del PP
El PP ha logrado la mayoría absoluta en el parlamento, aumentando el margen que consiguió la derecha en las elecciones del año 2000. Sin embargo, a pesar de los 186 diputados (32 más que en 2008) y de haber sacado al PSOE 3,6 millones de votos, una vez más ha quedado patente el techo del PP. El aspecto central no ha sido, ni mucho menos, que se haya producido un corrimiento decisivo del voto hacia el PP. Estos resultados electorales los ha obtenido la derecha habiendo incrementado en poco más de 500.000 sus votos. Incluso en zonas como Madrid o el País Valencià, que la derecha pone siempre como ejemplo de solvencia y los considera como sus bastiones, ha perdido 29.116 y 27.328 sufragios respectivamente respecto a las generales de 2008.
El PP ha mantenido movilizada a su base social (la pequeña burguesía del campo y gran parte de la ciudad), a la que hay que sumar a sectores minoritarios de la clase obrera, políticamente atrasados, muy golpeados por la crisis y que han aceptado como buena moneda la demagogia del PP.
En las zonas donde la caída del voto socialista ha sido más acusada, la subida del PP no se acerca, ni de lejos a lo perdido por el PSOE. En Andalucía, por ejemplo, donde el PSOE ha perdido más de 750.000 votos, el PP ha avanzado algo más de 250.000. Los millones de votos perdidos por la socialdemocracia han ido a parar mayoritariamente a la abstención, a Izquierda Unida, algo al PP y, algo, sobre todo en Madrid, al derechista partido de Rosa Díez (UPyD), que con su demagogia “democrática” y en particular con su posición reaccionaria y nacionalista española, acerca de la cuestión nacional, ha arrastrado a una parte de los desencantados con el PSOE, también debido a la nefasta política sobre esta cuestión llevada a cabo por la socialdemocracia.
La clave de la victoria del PP ha estado, sin ningún género de dudas, en la debacle del PSOE. Las elecciones las ha perdido la socialdemocracia y su política de defender con todas sus consecuencias el sistema capitalista como el único posible y por tanto aplicar las medidas que la economía de mercado exige. Los llamados graneros tradicionales del PSOE, que han contribuido decisivamente a victorias electorales anteriores, especialmente las de las dos últimas legislaturas, han experimentado un hundimiento histórico. En Cataluña los resultados han sido catastróficos: el PSC ha perdido 11 diputados, 18,75 puntos porcentuales y más de 800.000 votos; tan sólo en Barcelona, la pérdida de votos socialistas supera el medio millón. En Euskadi han sido 5 diputados y 16,6 puntos menos, con una perdida de 167.000 votos, a los que sumar el descenso de 45.000 votos, un escaño y un 12% en Navarra. En Andalucía, a pesar de los análisis que intentan suavizar la caída, el PSOE ha reducido su apoyo en 11 diputados, 9 puntos porcentuales y 750.000 votos, el peor resultado en 32 años, con un PP que le saca cerca de 400.000 votos. El PSOE también ha incrementado su caída en Extremadura, dónde obtiene un magro 37%, pierde 1 escaño y reduce su apoyo en 120.000 votos. Y no menos espectacular es el varapalo que el PSOE recibe en Madrid, dónde pierde más de 500.000 votos, 13 puntos porcentuales, quedando en un raquítico 26,48%, y reduce en 5 los escaños obtenidos.
En la noche electoral, un deprimido Rubalcaba se presentó ante los medios de comunicación y unos centenares de militantes asumiendo sólo el desastre. En su intervención señaló que continuaría defendiendo las “conquistas sociales” y que había solicitado un congreso “ordinario” al secretario general del partido, Rodríguez Zapatero. La soledad del candidato, en esas horas amargas, era una pintura tétrica de la debacle electoral. Pero al día siguiente, el todavía Presidente del Gobierno en funciones, volvía a reafirmarse en la política adoptada en estos años, en las medidas de ajustes y ataques contra los derechos de la mayoría, proponiendo toda su colaboración al Partido Popular para asumir las medidas impuestas desde la UE y el BCE. Ninguna rectificación, ninguna disculpa, ningún gesto después de la derrota hacia una parte muy significativa de su propia base social, que en esta ocasión les ha dado la espalda con contundencia. Por este camino, está asegurado que el desastre continuará.
La explicación que los dirigentes del PSOE han balbuceado para justificar esta monumental debacle en la reunión de urgencia mantenida por la Ejecutiva Federal, no puede ser más pobre: “hemos sido víctimas de la mayor crisis económica de la historia de España”. Una cortina de humo para ocultar sus responsabilidades. Sí, es cierto que estamos en medio de la depresión más aguda del sistema capitalista en sesenta años, pero el PSOE ha abandonado cualquier alternativa socialista, ha renunciado a aplicar medidas a favor de la mayoría de la población y se ha plegado a los intereses de los grandes poderes económicos ante los que ha capitulado abiertamente. El Gobierno socialista ha actuado con contundencia contra la clase obrera, la juventud y los sectores desfavorecidos de la sociedad, recortando el salario a los trabajadores públicos, aumentando la edad de jubilación de los 65 años a los 67, introduciendo en la constitución la obligatoriedad de garantizar en primer lugar el pago de los intereses de la deuda pública, aplicando reformas laborales que profundizan en la precariedad y en la indefensión de los trabajadores, aplaudiendo las medidas de recortes aplicadas por gobiernos autonómicos de la derecha (PP, CIU, el partido de Álvarez Cascos) salidos de las elecciones del 22 de mayo, además de haber dejado prácticamente a su suerte a los cinco millones de obreros que se encuentran en paro, o las cientos de miles de familias que están siendo desahuciadas por no poder hacer frente al pago de sus estratosféricas hipotecas.
Mientras ha estado llamando a los trabajadores a apretarse el cinturón, a hacer sacrificios y a ser comprensivos “con los esfuerzos necesarios” por la gravedad de la crisis, frente a los capitalistas el Gobierno de Zapatero ha derrochado generosidad, comprensión y sobre todo recursos del Estado. Miles de millones de euros de dinero público han ido a parar a las arcas de los grandes bancos y empresarios, además de haberles servido en bandeja a la clase obrera, cómo ya hemos explicado, para que puedan exprimirla sin ningún tipo de obstáculo.
En la campaña electoral del PSOE, el discurso empleado por Rubalcaba ha rescatado parte de la fraseología típica de la socialdemocracia, como la defensa de los servicios públicos y la oposición a los recortes sociales. Lamentablemente para las pretensiones del hasta hace bien poco hombre fuerte del Gobierno, que ha aplicado sin pestañear los recortes en los terrenos en los que ahora decía que se iba a oponer, sus afirmaciones han carecido de la más mínima credibilidad. Es más, mientras de palabra defendía el mantenimiento del gasto social, en los hechos Rubalcaba fue el encargado de convencer al grupo parlamentario socialista de la necesidad de apoyar la aprobación de la reforma constitucional el pasado mes de septiembre.
Cuando la crisis del sistema capitalista se acerca peligrosamente al punto de transformarse en una profunda depresión, más inevitable es esta disyuntiva: o con los trabajadores (la mayoría de la sociedad) defendiendo sus intereses y derechos o con los capitalistas defendiendo su privilegios. La elección tomada por la dirección del PSOE y el Gobierno Socialista, no ha dado lugar a dudas: se han convertido, en los hechos, en guardianes de los intereses y privilegios de los ricos. Y los esfuerzos por parte de Rubalcaba de aparentar otra cosa han fracasado miserablemente Estas son las claves del hundimiento electoral del PSOE en las elecciones del 20-N.
IU aumenta notablemente su representación y sus votos
Una parte muy importante del voto de castigo por la izquierda hacia la política del PSOE ha sido recogido por Izquierda Unida, que ha incrementado sus votos en más de 700.000 respecto a 2008 y ha pasado de 2 diputados a 11. La recuperación de escaños en Sevilla, Málaga, Valencia, Zaragoza y Asturias, y los tres obtenidos en Barcelona (en coalición con IC) y en Madrid, no reflejan el apoyo real a IU, cuya representación parlamentaria se ve mermada muy negativamente por una ley electoral antidemocrática. En cualquier caso, estos resultados suponen un cambio fundamental respecto a la anterior legislatura en la que IU consiguió una representación prácticamente testimonial.
El voto recibido por IU se ha nutrido de trabajadores que en anteriores comicios dieron su apoyo al PSOE, y de jóvenes que sin duda han tenido una presencia muy activa en las grandes movilizaciones que se han sucedido desde el 15 de mayo. Unos resultados que muestran claramente el enorme potencial de Izquierda Unida para transformarse no sólo en un referente electoral, sino en el aglutinante político de una potente oposición de izquierdas a la política del PP, a condición de que lleve hasta sus últimas consecuencias la idea que Cayo Lara y otros dirigentes han señalado: ser la voz de la calle, de los parados, de la juventud precaria, de los estudiantes, del conjunto de la clase obrera sometida al cerco de una ofensiva empresarial brutal. Y esa tarea es la esencial, convertir Izquierda Unida en una organización de lucha, de movilización, que no dude en dar la batalla al PP utilizando todos sus medios. Es necesario que IU desafíe el juego del parlamentarismo burgués, dotándose de un programa auténticamente revolucionario que rompa decisivamente con el capitalismo, que defienda la necesidad de expropiar a los banqueros y capitalistas para así construir una sociedad socialista. También concentrando la parte principal de su actividad en la lucha cotidiana en la calle, en las fábricas, fortaleciéndose de esta forma dentro de los sindicatos y promoviendo un sindicalismo de clase, combativo y democrático hasta conseguir que CCOO y UGT abandonen la política de pactos, paz social y concesiones a la patronal.
La actividad parlamentaria debe ser un complemento de estas tareas que son las decisivas: utilizar la tribuna para defender el programa revolucionario y denunciar ante las masas de la clase obrera la farsa del parlamentarismo burgués, revelando ante ellas continuamente los miles de hilos y mecanismos a través de los cuales los capitalistas dominan las instituciones de la democracia burguesa. De esta forma IU se consolidará electoralmente y lo más importante, verá incrementado notablemente su número de afiliados y sus raíces dentro del movimiento obrero.
La izquierda abertzale obtiene unos resultados históricos
A pesar de los intentos patéticos de la prensa capitalista por minimizar el resultado de Amaiur con titulares como “Holgada mayoría nacionalista de PNV y Amaiur en Euskadi” (El País 21-11-11), la irrupción de la Izquierda Abertzale en las elecciones del 20N ha supuesto todo un terremoto político que reafirma los resultados de Bildu, su plataforma electoral en las elecciones municipales y autonómicas del 22 de mayo pasado con la que obtuvo un triunfo sonado.
La perspectiva de la lucha política sin el lastre de las acciones de ETA, ha calado entre decenas de miles de trabajadores y jóvenes de Euskal Herria que han visto en Amaiur el referente al que orientarse para luchar contra las consecuencias de la crisis capitalista y por el reconocimiento de sus derechos democrático-nacionales. Con 7 diputados (seis en la CAV y uno en Navarra), 284.000 votos en la CAV y 49.000 en Navarra y un porcentaje de 24,12% y del 14,86% respectivamente, la marca de la Izquierda Abertzale duplica en la CAV el número de diputados del PP, y obtiene dos más que el PSE y uno más que el PNV. Los resultados también reflejan un corrimiento del voto obrero de izquierdas hacia Amaiur en Vizcaya y Vitoria, y el hecho de que en Guipúzcoa barran mientras el PSE se desploma es también significativo de este proceso.
En Euskadi, como hemos señalado anteriormente, el PSE-PSOE está pagando las consecuencias de la política de recortes y contrarreformas del gobierno central, a la que se suma la alianza con el PP con la que se sostienen en la presidencia del Gobierno vasco. En este contexto de esperanza por haberse abierto una nueva etapa en la lucha política en Euskal Herria, de políticas nefastas del PSOE en todos los campos, y de grandes movilizaciones obreras impulsadas por la mayoría sindical vasca han hecho posible que Amaiur haya concentrado el voto de castigo por la izquierda. La Izquierda Abertzale tiene una tarea decisiva por delante: no necesita del lastre de formaciones burguesas como EA, cuyo único objetivo es empujar hacia la institucionalización de este gran movimiento, ni tampoco de alianzas con la burguesía vasca (PNV), que significarían un aval para políticas antiobreras. La Izquierda Abertzale tiene todas las condiciones para convertirse en una potente fuerza a favor de la transformación social, que aglutine a una mayoría de los trabajadores y jóvenes de Euskal Herria, a condición de que no abandone el terreno de la movilización de masas y de que defienda sin complejos una política socialista de verdad, que ligue la lucha por el reconocimiento de un derecho democrático básico como es el derecho de autodeterminación con un programe de clase y revolucionario de ruptura con el sistema capitalista.
La responsabilidad de las direcciones de CCOO y UGT en la victoria del PP
Como hemos explicado más arriba, el Gobierno del PSOE, enfrentado a la crisis capitalista más importante desde el crack de 1929, optó por defender los intereses de los ricos y organizar su política con el exclusivo fin de restablecer los beneficios capitalistas a costa de la clase obrera, la juventud y los sectores más desfavorecidos de la sociedad. Cada medida antiobrera, cada recorte, cada reunión con los principales capitalistas del país en las que Zapatero tomaba puntualmente nota de las pretensiones de los ricos para llevarlas a cabo, cada concesión a los multimillonarios, ha ido fortaleciendo el desencanto, la desilusión y abonando el terreno para la histórica debacle del Partido Socialista.
Como complemento a esta política nefasta del PSOE se ha situado la estrategia defendida por los actuales dirigentes de CCOO y la UGT. Desde que la crisis se instaló, millones de familias obreras han experimentado un gran sufrimiento. Más de cinco millones de desempleados, más de un millón y medio de hogares con todos sus miembros en paro, más de dos millones de parados que carecen de cualquier subsidio. A esto se añade la desesperanza de una generación joven que sufre tasas de paro cercanas al 50% y la lacra de la precariedad y los salarios miserables. Miles de pequeñas empresas han cerrado, y en las medianas y grandes se han aplicados planes de ajuste y EREs, además de reducciones salariales. La tarea de las grandes centrales sindicales era obvia: convertirse en un muro de contención de este vendaval, oponiendo la movilización más contundente para defender derechos, salarios y puestos de trabajo. Pero la lógica de los dirigentes sindicales ha sido exactamente la contraria: enfundados en su traje de “hombres de Estado” han hecho de la paz social su axioma, ofreciendo su colaboración a la patronal y el gobierno para intentar “suavizar” los ataques. El resultado esta a la vista de todos. Lejos de contener las ansias de los empresarios, de parar los pies al gobierno, les han envalentonado asfaltando el camino para una ofensiva contra la clase obrera que lejos de remitir se endurecerá.
Cuando el gobierno de Zapatero aprobó los primeros recortes en mayo de 2010 y la presión en la base en los sindicatos y en las fábricas se hizo más fuerte, los dirigentes convocaron la huelga general del 29 de septiembre de 2010. A pesar del discurso de los dirigentes, “la huelga es una putada” en palabras de Toxo, el apoyo a la movilización fue masivo entre la clase obrera industrial y las manifestaciones en las cales superaron todas las expectativas con la participación de más de un millón y medio de trabajadores. La huelga general del 29 de setiembre mostraba el camino a seguir, pero los dirigentes sindicales abandonaron rápidamente la perspectiva de la lucha como instrumento para frenar los ataques y tomaron de lleno el callejón sin salida de las concesiones y el pacto social.
Avalando el pacto por el que se recortaban las pensiones; firmando masivamente los EREs presentados por la patronal y los cierres de empresas o limitándose, en el mejor de los casos, a negociar las indemnizaciones; haciendo actos testimoniales contra la reforma de la constitución y mirando hacia otro lado frente a la profunda reforma laboral aprobada por el Gobierno en septiembre, los dirigentes sindicales debilitaban la respuesta de los trabajadores y contribuían también al triunfo de la derecha. En definitiva, la auténtica y profunda “contrarrevolución” que los empresarios han impuesto en las empresas, el incremento masivo del paro, el recorte de las prestaciones sociales, etc., en la medida que la respuesta de los dirigentes de CCOO y UGT, ha sido la de no darse por enterados cuando no la de avalar los ataques, han sido elementos que han contribuido significativamente a desarrollar ese clima de desencanto que ha traído consigo la victoria del PP.
Una nueva etapa en la lucha de clases
La política que aplicará el PP no hay ninguna duda de cual será, no solamente por que son el partido que representa directamente los intereses de los empresarios y por tanto defiende de forma más consecuente sus intereses, sino también por que la crisis del sistema capitalista en general, y del capitalismo español en particular, les da muy poco margen de maniobra. Los capitalistas exigen mantener e incrementar sus beneficios, los banqueros y grandes corporaciones financieras y empresariales, que son los que invierten y especulan contra la deuda soberana de los países, presionan para cobrar hasta el último euro de los intereses de los préstamos y para ello el PP atacará de forma todavía más decisiva los servicios sociales y los niveles de vida de la clase obrera y la mayoría de la población.
Los capitalistas no han dado tregua. La prueba de ello es que siguen presionando al alza los intereses de la deuda soberana española ¡Así es como han celebrado la victoria de Rajoy! No hay duda de que el PP está más que dispuesto a llevar a la práctica las exigencias de los capitalistas. Aupados por el resultado electoral, embriagados por la “legitimidad” de las urnas, la derecha se lanzará al degüello de la clase obrera, pensando en que contarán para ello con la pasividad de los sindicatos, incluso con la colaboración de la dirección del PSOE. En esta línea, ya hay dirigentes de la derecha, como la presidenta del Partido Popular de Madrid, Esperanza Aguirre, que no tardado en plantear que las “reformas” hay que llevarlas a la práctica cuanto antes y no posponerlas. Para justificar sus planes ya tienen el guión muy claro. Esperanza Aguirre ha declarado que el gobierno de Aznar dejó las arcas llenas, al contrario que el de Zapatero “que las deja vacías, sin dinero para pagar pensiones o desempleo y con un déficit tremendo que hay que pagar”. Y para dejar claro cual es la hoja de ruta del sector del PP más ligado a la CEOE ya ha marcado el paso de lo que tiene que hacer Rajoy: se necesita un gobierno “valiente, que diga la verdad y que afronte las reformas que llevamos tres años posponiendo, como la reforma laboral que nos ha hecho campeones del mundo de paro y en la que los sindicatos se han enrocado en una legislación de los tiempos del franquismo”. Ella, la campeona del nacionalismo españolista no ha dudado en echar mano de la política de CiU en Catalunya como ejemplo de lo que se tiene que hacer en el resto del país.
La perspectiva de un recrudecimiento de los ataques es clara. CiU, que ha obtenido unos resultados importantes en Catalunya, con más de un millón de votos, 16 escaños (dos más que el PSOE) y casi un 30% de apoyo, ha dado una nueva vuelta de tuerca. Con el respaldo de la pequeña burguesía y de un voto tradicional de la derecha, que se ha concentrado más en CiU que en el PP catalán, estos burgueses liderados por gente como Artur Mas y Duran Lleida, que se ha llenado la boca en campaña de insultos contra los inmigrantes y llamamientos reaccionarios, quieren movilizar el respaldo de la “gente de bien” para apuntalar recortes sociales sangrantes. El anuncio hecho por el Presidente de la Generalitat, 48 horas después de celebradas las elecciones, de nuevas reducciones salariales para los trabajadores del sector público, aumento del precio del transporte público y del agua, de las tasas universitarias, y el establecimiento de una nueva tasa sobre las recetas medicas para los usuarios de la sanidad pública, que anticipa el posible copago, son una advertencia de lo que está por venir.
El vendaval que se cierne sobre los trabajadores, sobre la juventud, los parados y los pensionistas, lo hemos visto ya en el sufrimiento que padece la mayoría de la población de Grecia, Portugal o Irlanda. Ese es el espejo en el que nos miramos. Y sólo con la lucha, con la movilización más contundente y sostenida en el tiempo, defendiendo una alternativa auténticamente socialista que no acepte la lógica impuesta por el capital, podremos derrotar estos planes que pretender hundirnos en unas condiciones de explotación semejantes a las del siglo XIX.
Los próximos meses y años van a poner a prueba, aún más si cabe, a todas las organizaciones, todas las ideas y programas. El PSOE tiene la oportunidad de hacer una auténtica revolución interna y sacar todas las conclusiones de este estrepitoso fracaso de la política socialdemócrata en la época de profundización de la crisis orgánica del capitalismo. La decisión tomada de celebrar un congreso ordinario en febrero de 2012, como si perder más de 4 millones de votos no fuera un acontecimiento que mereciera un congreso extraordinario, es completamente insuficiente. La prensa capitalista habla de que ahora se inicia la travesía del desierto para el PSOE. Esto será cierto si en lugar de dar un giro de 180· a su política y romper con su posición de guardianes del capitalismo siguen haciendo la misma política ahora en su versión de “oposición responsable”. La posibilidad de seguir el modelo de Papandreu en Grecia y optar por una política de colaboración con el PP, es decir, de “salvación nacional”, no se puede descartar. De hecho, ya hay un griterío, incluso en las filas del PP, de que hay que ayudar al PSOE a recomponerse e integrarle en los grandes pactos de Estado que serán necesarios. Una política semejante sólo profundizará el desastre en beneficio de la burguesía.
Aunque el PSOE siga en sus treces y los dirigentes sindicales no rompan con la política de pactos a corto plazo, como parece que es su intención, la clase obrera no va a permanecer de brazos cruzados, y más pronto que tarde superarán los obstáculos que se les presenten para emprender el camino de la lucha. Las movilizaciones desatadas desde el 15 de mayo que han llenado las calles con cientos de miles de manifestantes, el descrédito de las instituciones de la burguesía, y el hecho de que los trabajadores y la juventud no se van a dejar laminar pasivamente, auguran una escalada en la lucha de clases. Las elecciones no han roto con la polarización política y social, ni con el profundo descontento existente.
La derecha británica ganó holgadamente las elecciones frente al Partido Laborista hace poco tiempo, y hoy se enfrenta a la ola de movilizaciones más importantes de los últimos 25 años. La popularidad del gobierno de Cameron ha caído a niveles ridículos a los pocos meses de haberse constituido. Lo mismo se puede decir de Portugal. Incluso en Grecia, la constitución del gobierno de unidad nacional, integrando al PASOK a la derecha de Nueva Democracia y a la ultraderecha (el partido LAOS), ha sido el producto de la situación prerrevolucionaria que vive el país, y no tiene asegurado que pueda hacer descarrillar el movimiento de rebelión social que llena las calles griegas.
La mayoría absoluta de Aznar en el año 2000, en un periodo de fuerte crecimiento económico, fue el principio del fin de la etapa de gobiernos del PP. Millones de jóvenes y trabajadores salieron a la calle en defensa de la educación pública, por un trabajo digno, contra la masacre imperialista en Irak, contra el desastre del Prestige…Hoy las medidas que aplicará el PP serán más nocivas y se verá obligado a aplicarlas más rápidamente, acusando a su vez un desgaste que previsiblemente también será rápido.
Es evidente que el ritmo de la respuesta social a la derecha, con su mayoría en el parlamento estatal y en muchos parlamentos autonómicos, no se puede prever de antemano. Sin duda, entre una capa de trabajadores hay incertidumbre y pesa un cierto desánimo ¡Como podría ser de otra manera! Los obstáculos a los que se enfrenta la clase obrera son muchos, y el principal, la política de los dirigentes socialdemócratas y de los sindicatos mayoritarios. Pero la dura escuela que significará el gobierno del PP acelerará la toma de conciencia y hará que millones saquen conclusiones políticas avanzadas. La tarea de los marxistas y los sectores más conscientes de la clase obrera y la juventud es no dejarse impresionar por la campaña de propaganda de la derecha, no dejarse contagiar por el escepticismo de la burocracia sindical o de sectores de activistas desmoralizados. Hay que continuar el trabajo paciente y firme, en las fábricas, en los tajos, en los centros de estudio, en los sindicatos, impulsando la movilización, unificando a los sectores en lucha, defendiendo una política revolucionaria, socialista e internacionalista, construyendo los cuadros en el movimiento y en las organizaciones de masas. Esta es la tarea, agrupar a los sectores más decididos y dotarles de un programa marxista de cara a los grandes acontecimientos que se avecinan. Por que una cosa esta fuera de duda: el incremento de la lucha de clases en el estado español está servido.
El Militante
La economía capitalista se hunde en la depresión. “Las horas más difíciles desde la Segunda Guerra Mundial”
La frase que encabeza este artículo fue pronunciada recientemente por Angela Merkel ante el Congreso de la CDU, y no es ninguna exageración. Hay que remontarse a la catástrofe de los años treinta para encontrar un equivalente al hundimiento que sufre la economía capitalista en el momento actual. Todas las alarmas están encendidas, mientras el ambiente general entre la clase dominante es una mezcla de pavor, desconcierto, enfrentamientos internos cada vez más abiertos y una firme convicción: pasar a la ofensiva en todos los frentes para hacer pagar a la clase obrera, a los parados, a los jubilados, a la juventud, la factura de un sistema en decadencia pero que nutre sus beneficios y privilegios.
Día a día, hora a hora, las últimas noticias que se publican son peores que las anteriores. Tras un año y medio de aplicar duras políticas de “disciplina fiscal”, es decir, de poner en marcha planes de austeridad y ataques salvajes al gasto público, la situación en EEUU, y especialmente en la Unión Europea, se ha agravado de manera formidable. La supervivencia del euro y la misma viabilidad de la Unión Europea, algo que parecía inimaginable poco tiempo atrás, es materia de debate abierto no sólo en la prensa burguesa sino entre los gobiernos. Una hipótesis de infarto que se refuerza ante la posibilidad de tener que rescatar la economía española e italiana, cuya deuda pública ha superado en varias ocasiones los 500 puntos de diferencial con el bono alemán, situándose al nivel de lo que ocurrió con los títulos griegos, portugueses e irlandeses y que precipitaron la intervención económica de estos países. Pero los males no provienen sólo de esta incapacidad crónica para conseguir financiación: el sector bancario europeo necesita cientos de miles de millones de euros para capear la quita de la deuda griega (del 50%) y cubrir su exposición frente a créditos multimillonarios concedidos al sector inmobiliario que no se cobraran jamás.
La farsa de la democracia burguesa
Cuando el jueves 3 de noviembre todo estaba previsto para dar comienzo a la cumbre del G-20 en Cannes, una bomba política hizo saltar por los aires toda la escenografía acordada. El anuncio hecho por el ex primer ministro griego Papandreu a favor de convocar un referéndum sobre el último plan de ajuste, desveló el “aprecio” que sienten los gobernantes de Europa por la “democracia”. Merkel y Sarkozy, en una reacción de escándalo, abandonaron cualquier diplomacia y amenazaron con expulsar a Grecia de la zona euro si no cumplía a rajatabla con los acuerdos previos.
Obviamente Papandreu, un servicial mayordomo del gran capital griego e internacional, no pretendía rebelarse contra los dictados de sus amos. Su maniobra buscaba legitimación política para aplicar la nueva andanada de recortes, y forzar a la oposición de derechas a integrarse en un gobierno de unidad nacional. La razón de este giro abrupto no es ninguna casualidad: en Grecia se vive una auténtica crisis prerrevolucionaria, y el ambiente preinsurreccional fue un hecho en el transcurso de la gran huelga general del 19 y 20 de octubre que paralizó el país y sacó a la calle a millones de trabajadores, desempleados, y jóvenes griegos. Esta huelga histórica fue precedida por acciones como ocupaciones de edificios públicos, incluidas las sedes de ministerios y de prefecturas, la negativa a pagar las nuevas tasas y huelgas prolongadas en algunos sectores como los basureros o el personal hospitalario, entre otros. Una crisis política de tal magnitud que amenazaba la línea de flotación del capitalismo heleno, y que tuvo su colofón en la jornada del día 28 de octubre, la fiesta nacional de Grecia. Ese día los desfiles oficiales fueron suspendidos, las autoridades expulsadas de las tribunas por las masas, y las calles ocupadas por miles de manifestantes que marchaban entonando consignas y canciones revolucionarias con el puño en alto.
Esta es la verdadera razón para recurrir al cartucho del gobierno de unidad nacional, formado por ministros del PASOK, del derechista Nueva Democracia y del ultraderechista LAOS y presidido por el ex gobernador del Banco de Grecia (1994-2002), ex vicepresidente del Banco Central Europeo y miembro de la Comisión Trilateral, Lucas Papademus. La prensa y los medios de comunicación lo han presentado como un gobierno dirigido por un “tecnócrata” independiente, cuando en realidad lo que observamos en Grecia, y también en Italia, es un giro hacia métodos bonapartistas, es decir, a la supresión de los formalismos democráticos para imponer ejecutivos encabezados directamente por agentes del capital financiero que decidirán a base de decretos las medidas de choque más duras. El nuevo gobierno griego no es ningún accidente. Como en Italia, muestra la gravedad de la crisis, el calado de la descomposición de la democracia burguesa y supone una seria advertencia para la clase obrera, anticipando hasta dónde puede llegar la burguesía si la rebelión social no concluye victoriosamente con la toma del poder por parte de los trabajadores.
La situación recuerda lo escrito por Marx en Las luchas de clases en Francia: “…el incremento de la deuda pública interesaba directamente a la fracción burguesa que gobernaba y legislaba a través de las cámaras. El déficit del Estado era precisamente el verdadero objeto de sus especulaciones y la fuente principal de su enriquecimiento. Cada año, un nuevo déficit. Cada cuatro o cinco años, un nuevo empréstito. Y cada nuevo empréstito daba a la aristocracia financiera una nueva ocasión de estafar a un Estado mantenido artificialmente al borde de la bancarrota; éste no tenía más remedio que negociar con los banqueros en las condiciones más desfavorables. Cada nuevo empréstito daba una nueva ocasión para saquear al público que colocaba sus capitales en valores del Estado, mediante operaciones de Bolsa, en cuyos secretos estaban iniciados el gobierno y la mayoría de la cámara (…) En general, la inestabilidad del crédito del Estado y la posesión de los secretos de éste daban a los banqueros y a sus asociados en las Cámaras y en el trono la posibilidad de provocar oscilaciones extraordinarias y súbitas en la cotización de los valores del Estado, cuyo resultado tenía que ser siempre, necesariamente, la ruina de una masa de pequeños capitalistas y el enriquecimiento fabulosamente rápido de los grandes especuladores…”.[1] El régimen de Luis Felipe abrió las compuertas a la revolución de 1848, y el fracaso de esta, a la imposición del gobierno de Luis Napoleón Bonaparte en diciembre de 1851
El anuncio de Papandreu no fue la única mala noticia en Cannes. La crisis política y económica del régimen burgués italiano también marcó la reunión. El pantano de las finanzas italianas, cercadas por la recesión y una deuda pública de 1,8 billones de euros (120% de su PIB), ha colocado en la picota al conjunto de la economía europea y mundial. Italia no es Grecia, dicen todos los analistas. En efecto. La tercera economía de la zona euro y la octava del mundo, ha visto como su deuda superaba los 500 puntos de diferencial con el bono alemán, obligándola a pagar casi un 7% por las letras a diez años. Una situación insostenible porque no hay dinero suficiente en el BCE para “rescatar” a Italia, es decir, inyectar capital para evitar una posible suspensión de pagos; una perspectiva semejante arrastraría a la economía de toda Europa, hundiendo definitivamente a Francia y a Alemania.
La salida de Berlusconi, dictada por las presiones salvajes de sus socios europeos, el abandono de sus aliados políticos y las protestas crecientes en las calles, ha adoptado una forma muy semejante a la de Papandreu en Grecia: la formación de un gobierno “técnico” presidido por Mario Monti (ex comisario europeo), eufemismo tras el que se esconde el nombramiento de un ejecutivo compuesto por representantes directos de las grandes empresas, monopolios y bancos. Monti ha sido respaldado tanto por el Polo de la Libertad berlusconiano como por la oposición socialdemócrata-liberal del Partido Democrático, y tendrá que enfrentarse a difíciles asignaturas, como obtener rápidamente financiación para responder a vencimientos de deuda por casi 300.000 millones de euros en 2012. De ahí el anuncio inmediato de este “tecnócrata independiente” de un plan de ajuste severo, con el que pretende aumentar la edad de jubilación y recortar las pensiones, subir el IVA, reducir el empleo público, acabar con la negociación colectiva (tal como ya está ocurriendo en la FIAT), y doblegar la resistencia del movimiento obrero.
A pesar de estas maniobras políticas, tanto en Grecia como en Italia no se ha escrito ni el último ni el penúltimo capítulo. Con o sin quita, Grecia no saldrá de la recesión hasta 2020 —según el último informe del BCE—, y eso que en estos tres años de crisis su PIB ya ha registrado una caída del 20%, equivalente a la que sufrió en los dos primeros años de la Segunda Guerra Mundial. Por otra parte, y después de haber adoptado medida tras medida para hundir las condiciones de vida de la mayoría de la población, la deuda pública de Grecia crecerá hasta el 200% del PIB según las estimaciones de la UE. ¿Cómo es posible que tras el mayor recorte en el gasto social de la historia reciente de Grecia el endeudamiento crezca en esta proporción? La razón es evidente: con la disminución del poder adquisitivo de los salarios; con el crecimiento del paro a tasas del 18,4% oficial pero en realidad del 25%; con la reducción drástica de la inversión pública… los ingresos caen pero los intereses de la deuda crecen, y el Estado necesita endeudarse más para garantizar los pagos multimillonarios a los bancos europeos y retraer por tanto miles de millones de euros de la inversión. Una dinámica sin solución que alimenta la destrucción de fuerzas productivas y profundiza la depresión.
Los enfrentamientos dentro de la clase dominante aumentan
Todos los discursos demagógicos a favor de una salida común a la crisis han sido reducidos a polvo. La lucha por cada palmo del mercado mundial está determinando la actitud de las potencias económicas, agravando la perspectiva de la crisis.
El lenguaje lo dice todo. Las divisiones dentro de la UE son públicas y aumentan cada día que pasa reflejando los intereses contradictorios entre las burguesías nacionales. En la última cumbre de octubre, que decidió la quita griega del 50% y el aumento del Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) hasta el billón de euros, el presidente francés, Nicolas Sarkozy, mantuvo un duro enfrentamiento con David Cameron, primer ministro británico: “Has perdido una buena oportunidad para callarte la boca. Estamos hartos de que nos critiquen y nos digan qué tenemos que hacer. Ustedes dicen que odian el euro y que no se quieren unir a él, y ahora quieren interferir en nuestras reuniones”. Muy significativo. Pero el enfrentamiento se extiende más allá del seno de la UE, y afecta directamente a las relaciones entre la UE y EEUU, y entre los estadounidenses y China.
En los últimos meses han sido abundantes las declaraciones del presidente de EEUU Obama llamando al orden a sus colegas europeos. En un momento en que la economía estadounidense se contrae y la deuda y el déficit están en cotas históricas (15 billones de y1,5 billones dólares respectivamente), el contagio de la crisis de la deuda europea a EEUU es una amenaza muy seria y puede arrastrar a su sistema financiero a un agujero aún más profundo. Las caídas brutales de las bolsas europeas han tenido réplicas muy duras en Wall Street. Pero detrás de este discurso jesuítico, se pretende ocultar que la burguesía estadounidense se ha lanzado a la conquista del mercado internacional como no lo había hecho desde los años de la posguerra mundial.
Obama apareció en la reunión del G-20 para hacerse la foto y saludar, dar buenos consejos a Merkel y Sarkozy, pero su auténtica agenda va por otras lindes. Nada más acabar la sesión de Cannes viajo rápidamente a la cumbre de Cooperación Asía-Pacífico en Honolulu (Hawai), y allí firmó un gran Tratado de Libre Comercio con ocho países (la Alianza Transpacífica), y mandar de paso una dura amenaza a China. “EEUU es un poder del Pacífico y estamos aquí para quedarnos”, afirmó el presidente estadounidense. Amenazas que se completan con las reiteradas advertencias para que el gobierno chino aprecie el yuan y ceda ante el dólar.
En el gran juego que están librando EEUU y China por el control de esta área económica fundamental —que representa el 50% del comercio mundial y que en 2010 recibió 620.000 millones de inversión extranjera directa—, los imperialistas norteamericanos están tejiendo fuertes alianzas. Japón se muestra muy activo en la lucha contra China. “Estoy muy satisfecho por la creciente presencia de EEUU en la región y creo que Japón y EEUU deben trabajar juntos por objetivos económicos y para establecer orden y seguridad”, recordó el primer ministro japonés, Yoshihiko Noda. Una batalla por el dominio económico y geoestratégico que esta tendiendo su traducción en el gran rearme militar de los países afectados: no sólo China está construyendo armadas modernas, nuevas bases militares, aviones ultramodernos y misiles de largo alcance, la dinámica es semejante en Corea del Sur, Indonesia, India, Japón y Australia, países que están firmando acuerdos militares a mansalva con los EEUU.
Este panorama explosivo se agudiza aún más con la política de devaluaciones monetarias (con el dólar empujando hacia abajo gracias a la política de “expansiones cuantitativas”, es decir, de darle a la maquina de imprimir billetes); el incremento de aranceles y guerras comerciales encubiertas. Hechos que contradicen el guión de las primeras reuniones del G-20 en los primeros compases de la crisis, cuando Obama y los demás afirmaban haber sacado las lecciones de la historia (lease del crack de 1929). Esta estrategia del sálvese quien pueda, prueba la profundidad del pantano en que se mueve la economía mundial pero no estimulará la recuperación. Todo lo contrario.
No es extraño por tanto que la UE reciba los sabios consejos de Obama y sus asesores a pedradas. No exageramos, sí, a pedradas. Eso fue lo que ocurrió en la reunión mantenida el 16 de septiembre por los ministros de economía de la zona euro, dónde despreciaron sin rubor los “consejos” del secretario del Tesoro de Estados Unidos, Timothy Geithner para “estimular la decadente economía europea y reforzar la unidad entre la estrategia de los Gobiernos y la del Banco Central Europeo, (BCE) frente a la crisis”. La respuesta no se hizo esperar. El presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, le contesto son desdén: “los Gobiernos no ven margen de maniobra en la zona euro que pudiera permitir nuevos estímulos”. Pero Juncker fue suave en comparación a otros; la ministra de Finanzas de Austria, María Fekter, señaló en referencia a las sugerencias de Geithner: “encuentro peculiar que aunque los americanos tienen datos fundamentales peores que la zona euro nos dicen lo que tenemos que hacer y cuando nosotros les hacemos alguna sugerencia nos dicen que no inmediatamente”. Así es. Pero más allá de lo peculiar, pocas semanas después los ministros de la UE tuvieron que anunciar una ampliación del FEEF para defender a la moneda única. Obviamente, la ampliación no era para estimular el consumo, ni ayudar a las familias —tampoco ese ha sido el fin de los paquetes aprobados por Obama— sino para garantizar la solvencia de los maltrechos bancos europeos y satisfacer los beneficios del gran capital financiero especulativo.
La Unión Europea al borde del abismo
La presión sobre la burguesía alemana para que ceda en su oposición a la emisión de eurobonos, es la otra pata de las contradicciones insolubles que recorren la UE y ponen en cuestión su futuro. Muchos, sobre todo los gobiernos del sur de Europa, culpan a la intransigencia de Merkel de ser la causa del agravamiento de la crisis. Por su parte, la Presidenta y el gran capital alemán se niegan en redondo a que el BCE compre deuda pública de los países en dificultades en las cantidades astronómicas que le exigen y, mucho menos, que se emitan eurobonos que tendrían que ser respaldados por la economía más “solvente” del continente. Una estrategia que ha rechazado calificándola de “colectivización de la deuda”. Pero lo que oculta Merkel, como defensora a ultranza del capitalismo, es que el BCE ha prestado a los bancos europeos cientos de miles de millones de euros al 1%, y estos a su vez represtaban o compraban directamente bonos de deuda de los países europeos en dificultades, obteniendo rentabilidades entre el 4% y el 20%.
En definitiva, la burguesía alemana muestra su músculo y se resiste, por el momento, a financiar indefinidamente la crisis de Italia, España, Grecia, Portugal y demás. Una actitud que está provocando también fuertes encontronazos con Francia, dónde soplan vientos recesivos cada vez más fuertes: su PIB registrará una caída del 0,1% en el último trimestre y las previsiones para 2012 son de recesión plena. Incluso para Alemania las perspectivas pintan francamente mal: la comisión europea habla de un crecimiento del 0,1% y 0,2% para los dos primeros trimestres de 2012; en el caso de Gran Bretaña se espera un crecimiento del 0,1% para el último trimestre de 2011 y los dos primeros de 2012.
En Francia existe una posibilidad cada vez más real de que las agencias de calificación rebajen su deuda del nivel triple A; su diferencial con la deuda alemana ha escalado hasta los 190 puntos, hasta pagar un 3,4% por su bono a 10 años ¡Es lo que faltaba! Los problemas se extienden también a otras economías, como la belga, dónde su diferencial con el bono alemán ha subido hasta los 318 puntos a mediados de noviembre, o la austriaca, que ha alcanzado los 190 como la francesa. En el caso de Portugal, las agencias de calificación han degradado su deuda al nivel de los bonos basura. En cuanto al Estado español, tres días después de que el PP ganara las elecciones generales, los intereses de los títulos del Tesoro a cinco años han llegado al 6,168%, una cota desconocida desde que España es miembro del euro.
Incluso Alemania no se libra de la amenaza: La rentabilidad del bono alemán en el mercado secundario aumentó el pasado 23 de noviembre del 1,92% al 2,15%, la mayor subida en un día de la era euro; la razón fue que durante la subasta de bonos a 10 años, el Tesoro alemán no logró demanda suficiente para colocar los 6.000 millones que tenía como objetivo, sino solo 3.644 millones. En definitiva, la deuda pública sometida a la ofensiva de los especuladores internacionales suma ya casi el 60% de la que emite la zona euro y golpea a 12 de los 17 países del euro.
Este es el telón de fondo que explican las presiones para emitir eurobonos, que han llegado a su nivel más alto con el enfrentamiento abierto entre el Presidente de la Comisión Europea, Duraó Barroso, y Angela Merkel, en el que también ha terciado Sarkozy para intentar aflojar la posición de Alemania. Según los defensores de los eurobonos, la UE podría disponer de tanta liquidez como Estados Unidos para respaldar la deuda y, por tanto, lograría un menor coste de su financiación. La deuda de la zona euro ascendió en 2010 a 7, 8 billones (85,4% del PIB), y la de Estados Unidos a 19,2 billones de dólares (94,4% del PIB). Pero EEUU dispone de un solo gobierno y una economía unificada, cosa que no es el caso de la UE. ¿Quién respaldaría la solvencia de estos eurobonos? ¿Quién respondería por su emisión a gran escala y los financiaría, teniendo en cuenta la hecatombe económica que sufren las economías más débiles de Europa? Obviamente tendría que ser Alemania. Y ahí esta el quid de la cuestión.
La pretensión de la burguesía francesa de que el BCE se convierta en prestamista de “último recurso”, en definitiva que compre toda la deuda que sea necesaria de los países de la zona euro con problemas, ha sido rechazado vehemente por Alemania en la cumbre de Estrasburgo del 24 de noviembre. En esta ocasión, Merkel llamó a capitulo a Sarkozy y Monti y, por ahora, ha logrado imponer sus tesis: no a los eurobonos, no a la capacidad ilimitada del BCE de prestar (algo relativo, pues el BCE ya ha comprado en estos dos años 187.000 millones de euros en deuda soberana); sí a reforzar la política de austeridad fiscal en toda la zona euro a través de reformas de los tratados de la Unión que aceleren la “unión fiscal y monetaria”. Y para convencer a los dubitativos, Merkel propone el palo: aumentar las sanciones a los países que incumplan los acuerdos. En definitiva, que los presupuestos nacionales aunque sean aprobados por los Parlamentos, sean supervisados, y vetados en su caso, por Alemania como potencia de la UE (como ya ocurre en Irlanda, Portugal, Grecia e Italia). Todo ello para ser aprobado en la cumbre de la UE del 9 de diciembre. Un diseño que abre la puerta a una eurozona de dos velocidades que lejos de resolver los problemas los agravará.
La batalla continuará en los próximos meses debido al recrudecimiento de la crisis en el conjunto de la UE. Según el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF), la situación en la zona euro “ha empeorado” en el último mes hasta caer “en una nueva recesión”. El IIF prevé una contracción de la economía europea de un 1% en 2012, y para el último trimestre del año 2011 del 2%. La presión sobre Alemania se intensificará teniendo en cuenta el hecho de que la recesión también afecta de lleno a su economía. Un profundo caos que alimenta las tendencias centrifugas en la zona euro, a los sectores que abogan por la ruptura de la UE, la vuelta a las monedas nacionales, o una UE de dos velocidades. Como la postura radical de Paul Krugmann que, en un reciente escrito con el llamativo título El agujero en el cubo de Europa, afirmaba que “la amarga verdad es que cada vez da más la impresión de que el sistema del euro está condenado. Y la verdad todavía más amarga es que, dado el modo en que ese sistema se ha estado comportando, a Europa le iría mejor si se hundiese cuanto antes mejor”.
Pero una ruptura semejante sería como saltar de la sartén al fuego, una auténtica catástrofe con consecuencias semejantes a las de una guerra incruenta. En condiciones de depresión capitalista, las economías más potentes como la alemana también sufrirían un fuertísimo descalabro en caso de que el euro desapareciese; en primer lugar porque su sistema bancario esta muy comprometido con la deuda de los países en dificultades y cualquier suspensión de pagos en estos les afectaría de lleno; por no mencionar el hundimiento de las exportaciones alemanas ante un colapso del consumo en Europa si se diera la vuelta a monedas nacionales fuertemente devaluadas (no hay que olvidar que las economías del sur europeo recibieron el 69% de las exportaciones alemanas en 2010).
En cualquier caso el debate sobre el futuro de la unión monetaria está abierto en canal. La idea de una mayor integración política, para salvar el euro, arrecia con fuerza. Pero la pregunta es ¿Cómo hacerlo? ¿Como renunciar a la soberanía política de las burguesías nacionales en aras de un gobierno unificado, que sin duda estaría dirigido por la burguesía alemana? Por eso el enfrentamiento continuará, y de paso colocará a la UE más al borde del abismo.
De la depresión a la revolución
La jefa del Fondo Monetario Internacional, Cristina Lagarde, no se ha cansado en estas semanas de hacer declaraciones incendiarias: si no se toman medidas urgentes, la economía mundial corre el riesgo de hundirse en “una espiral descendente de incertidumbre e inestabilidad financiera” y tener que hacer frente a una “década perdida”. Lagarde hizo estas declaraciones en un viaje a Pekín el pasado 8 de noviembre, dónde también advirtió de los riesgos de contagio para las economías asiáticas. Los datos de la desaceleración del crecimiento en China, espoleados por el aumento de la inflación, la enorme burbuja especulativa que vive el país y los problemas derivados del importante endeudamiento de las provincias, se combinarán en los próximos meses con la caída de las exportaciones a las principales economías del planeta afectadas por el recrudecimiento de la recesión, lo que ya está produciendo el cierre de miles de fábricas y una nueva oleada de movilizaciones obreras. “Asía no es ajena a los problemas que atraviesa la eurozona”, señaló Lagarde, y aunque sus economías han mostrado una relativa fortaleza, necesitan estar “preparadas para la tormenta. Estamos todos en esto y nuestra fortuna subirá o caerá a la vez (…) Asía no es inmune. Ya sea el canal del comercio o el sector financiero el que pueda actuar como acelerador de la crisis, Asia necesita estar preparada”.
De hecho ya se está preparando. Las declaraciones iniciales de los gobernantes chinos de que podrían estar dispuestos a comprar deuda de países de la eurozona en dificultades se han convertido en buenas palabras y ningún hecho concreto. ¿Invertir en países que se encuentran hundidos en la depresión? Obviamente a China no le interesa el colapso de la economía europea, pero tampoco salvarla a costa de agravar sus dificultades. A pesar de poseer las mayores reservas de divisas de mundo —unos 3.200 millones de dólares—, los gobernantes chinos no han adoptado ningún compromiso en firme para invertir en deuda. El hecho de que ya tengan entorno a 1,2 billones de dólares en deuda estadounidense es suficiente amenaza para su economía. En este tira y afloja, parece que la posibilidad de ayuda desde los países “emergentes” es bastante dudosa. Ya lo señaló la Presidenta de Brasil, Dilma Roouseff, en la última reunión del G-20: “No tengo intención de invertir ahí. Si los europeos no van a poner más recursos ¿Por qué debo hacerlo yo?”.
Las perspectivas más optimistas de la comisión europea prevén un crecimiento para el conjunto de la UE en 2012 del 0,6%; en EEUU del 1,5%; Japón del 1,8% y China también sufrirá la desaceleración, con un incremento del 8,6%. Pero estas previsiones pueden variar fácilmente a la baja como ha ocurrido anteriormente. La situación es extremadamente negativa. Semanas después de que los ministros de economía de la zona Euro anunciaran que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) alcanzaría el billón de euros para sostener la moneda única y recapitalizar el sistema bancarios europeo, ahora reconocen que no podrán llegar a dicha cantidad y tendrán que pedir el auxilio del FMI. Como señaló Klaus Regling, responsable del FEEF, "todo es impredecible, las condiciones del mercado cambian sobre la marcha". Y puede que a mucho peor: en lo que vamos de año, la cotización de los bancos europeos ha caído un 40% y según un informe de Credit Suisse, 16 grandes bancos del continente tienen en sus balances activos inmobiliarios “potencialmente sospechosos” por valor de 386.000 millones de euros, una cifra superior que los 339.000 millones que poseen en deuda de España, Portugal, Grecia e Irlanda. Ante estas señales, los fondos de inversión estadounidenses, una fuente de financiación fundamental para los grandes bancos de Europa, ha reducido a mínimos históricos su exposición a las entidades europeas; y el FMI cree que las pérdidas potenciales por la devaluación de títulos de deuda pública ronda ya los 300.000 millones de euros.
La política actual de los gobiernos de todo el mundo están precipitando una batalla social sin precedentes en los últimos setenta años En esto también tendríamos que remontarnos a los acontecimientos de los años treinta. No es ninguna exageración. De hecho, economistas pro burgueses alertan de esta perspectiva, como Bernard Connolly que recientemente escribió en The New York Times: “La actual situación política europea acabará provocando malestar social. Y no hay que olvidar que en esos países [Grecia, Irlanda, Portugal y España] ha habido guerras civiles, dictaduras fascistas y revoluciones. Ese es el futuro si esa locura maligna de la unión monetaria prosigue”.
Pero la “locura maligna” ya ha desatado el inicio de un gran levantamiento. En Grecia la movilización revolucionaria de las masas han puesto en el orden del día la cuestión del poder. En Portugal, el movimiento de contestación social avanza con fuerza tras la última gran huelga general del pasado 24 de noviembre. En Gran Bretaña, la huelga general de los empleados del sector público, la más importante desde los años treinta, representa un serio aviso de lo que pasará en otros sectores. En Francia, Italia, veremos acontecimientos semejantes, desconocidos en muchos años. Y que decir del Estado español, dónde el presidente in pectore del gobierno Mariano Rajoy, tendrá tiempo suficiente para ver como su relativa mayoría absoluta no le salva de una enorme contestación en las calles ante los planes de ajuste que aplicará. Una perspectiva de luchas de masas, huelgas generales y radicalización política, en un plazo de tiempo no muy largo y a pesar de todas las vacilaciones de las direcciones socialdemócratas y sindicales, se dibuja en el horizonte. Y estos acontecimientos históricos darán lugar a un cambio radical en la psicología y la actitud de millones de trabajadores, jóvenes y desempleados para avanzar hacia una alternativa acabada frente a la crisis. Una alternativa que no es otra que la lucha por la transformación socialista de la sociedad, por la expropiación de la banca y los monopolios bajo el control democrático de los trabajadores.
[1] Karl Marx, Las luchas de clases en Francia, Editorial Progreso, Moscú 1973, p 211
Juan Ignacio Ramos
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