viernes, junio 27, 2008

Para matar al hombre que era un pueblo


Centenario del natalicio de Salvador Allende

Luis Hernández Serrano • La Habana

Cuando nació en Chile el niño al que nombraron Salvador, su abuelo paterno, Ramón Allende Padín, ya tenía historia de hombre luchador y recto en su conducta de todos los días, y su padre, Salvador Allende Castro, abogado, andaba en cuestiones de leyes, velando porque se cumplieran como la Constitución trazaba.
Cuentan que su nana, Zoila Rosa Ovalle, "mamá Rosa", como el muchacho la llamaba, no solo supo diagnosticarle hombría y coraje tempranos, sino que vivió hasta que llegó a verle presidente.
El pequeño Salvador inició sus estudios en la Sección Preparatoria del Liceo de Tacna y tras ocho años en esa localidad, sus padres se mudaron con él para Iquique, en 1918. Después se trasladaron para Valdivia, continuó estudios en el Liceo de esa ciudad y en 1921 regresó al Valparaíso que tanto quería, donde siguió estudiando en el Liceo Eduardo de la Barra.
El orien remoto de Salvador Allende es vasco. Sus antepasados llegaron a Chile en el siglo XVII.
Llevaba en la sangre su sentido del deber patriótico y una buena dosis de la ética de los honrados, los buenos y los que prefieren el bien colectivo, a los egoísmos individuales.
De muchacho se desenvolvió en un hogar holgado económicamente, pero nunca tuvo a menos profesar amistad a los más humildes de los barrios chilenos de entonces, al punto de que se cuentan entre sus grandes amigos a Juan Demarchi, viejo zapatero que influyó mucho en sus principios éticos y en su acercamiento leal a las personas de pueblo pobre.
El adolescente Salvador concluyó los estudios secundarios en 1924 y durante algunos años vivió con su tía paterna Anita, para después llevar una vida residencial inestable, de pensión en pensión, para poder sobrevivir.
En 1929 el joven Allende dio sus primeros pasos políticos serios, en el grupo denominado Avance, época en que sufrió mucho al ver morir a su padre, afectado irreversiblemente de diabetes. Y en 1933 fue uno de los fundadores del Partido Socialista de Chile, tras haber acumulado cierta experiencia como dirigente estudiantil.
Dentro del Partido fue jefe de núcleo en el propio año 1933, responsable de sección en 1934 y secretario del comité regional de Valparaíso en los años 1937-39. Por ese camino llegó a ser Diputado parlamentario y como tal participó decisivamente en la aprobación de leyes de beneficio popular.

II

Salvador Allende, a las 8 de la mañana del martes 11 de septiembre de 1973, telefonea a su esposa Hortensia Bussi Soto para decirle que la situación es muy grave y que la Marina se ha sublevado. "Resistiré en el Palacio. No intentes venir." Es la última vez que hablan.
Lo llaman desde Buenos Aires y responde: "Sí, se han alzado… no… no todo el mundo ha sido desleal. Muchos amigos están conmigo".
El más importante líder de masas del siglo XX en Chile, se niega a ser uno de los presidentes derrocados por golpes militares en América Latina que huyen en avión o en barco hacia Europa o a EE.UU. Por eso afirma: "Ese no es mi caso: a mí me sacarán muerto del Palacio".
"Estar aquí, en La Moneda, tiene un sentido político muy claro. Es tremendo que después de todo esto el Presidente de Chile termine huyendo como una rata, muerto en una calle o vejado como un cobarde", declara por radio al pueblo.
Con casco de guerra y el fusil AK-47 que Fidel Castro le regalara, ha dejado de ser "el compañero Presidente", para convertirse en el aguerrido "Comandante Allende".
La Junta Militar golpista le conmina a rendirse y a renunciar a su cargo y le ofrece un avión para que, con su familia, abandone el país. "Como generales traidores que son, no conocen a un hombre de honor", les dice indignado.
Allende pasa en su temprana juventud el servicio militar en el Regimiento Coraceros de Viña del Mar, y egresa como oficial de Reserva de la Unidad de Caballería del Ejército.
Su bisabuelo ha sido combatiente por la independencia junto al patriota Manuel Rodríguez (1786-1818), colaborador del general San Martín en la Argentina y jefe del célebre Escuadrón Húsares de Santiago de Chile. Su abuelo Ramón Allende Padín organiza los servicios médicos del ejército chileno durante la Guerra del Pacífico.

III

De Salvador Allende Castro y Laura Gossens, nace el 26 de junio de 1908, en Valparaíso. Estudia la primaria en Arica y en Iquique, y la enseñanza media en su ciudad natal.
En 1926 ingresa en la Escuela de Medicina de la Universidad de Chile, donde sobresale como líder. Después es elegido diputado por Valparaíso a los 22 años y en varios períodos senador, hasta ser presidente del Parlamento.
En 1932 se suma a las luchas políticas callejeras y está en prisión cuando muere su padre. Le dan una hora para concurrir al velorio y allí declara: "Desde este momento consagraré mi vida a la lucha social".
Es uno de los fundadores más destacados del Partido Socialista de Chile y de simple militante llega a ser su secretario general.
En 1951 presenta el programa de nacionalización del cobre y es candidato a la primera magistratura en las elecciones generales de 1952, 1958 y 1964 por los partidos de izquierda. No obstante, las tres derrotas sucesivas, persevera y triunfa el 4 de septiembre de 1970.

IV

A las 9:15 a.m. disparan las primeras cargas contra el Palacio, y más de 200 infantes avanzan por las calles Morandé y Teatinos hacia La Moneda, tirando contra el despacho del Presidente.
A los que no tienen armas, aunque quieren quedarse, Salvador los libera y les pide que se vayan y se salven para seguir la lucha. Solo quedan con él los médicos, los integrantes de su guardia personal y algunos amigos.
Allende ordena tirarles y dispara él mismo contra los atacantes, que retroceden con numerosas bajas. Los golpistas introducen los tanques, apoyados por la infantería.
A las 12 del día comienza un intenso bombardeo aéreo. El enemigo ataca con aviones, artillería, tanques e infantería. El golpe es total. La Moneda cae a terrones. Es un laberinto de pasillos y sótanos que se han tornado un infierno irrespirable de polvo y pólvora.
Allende combate encarnizadamente y no se desalienta un solo instante. Un hombre de moral y de coraje a toda prueba está escribiendo como ha prometido, su nueva historia de valor y de ética. El Palacio comienza a arder por el ala izquierda, y las llamas se propagan hacia la Sala de los Edecanes y el Salón Rojo. Entonces Salvador realiza una de sus mayores proezas: se arrastra bajo la metralla hasta su gabinete, toma una bazuca, dispara a un tanque de la calle Morandé y lo pone fuera de combate con un impacto directo.
Va a la planta baja con varios combatientes y repele personalmente el intento de los fascistas de entrar al Palacio por la puerta privada.
Pasadas la 1:30 p.m., los golpistas toman la planta baja y a las dos ocupan un ángulo de la planta alta.
Allende está junto a otros compañeros en una esquina del Salón Rojo y, al avanzar hacia el enemigo, recibe un balazo en el estómago, pero sigue disparando y un segundo impacto lo derriba.
Los miembros de su guardia personal contraatacan y rechazan de nuevo a los fascistas. "¡El Tata está herido!", grita con gran dolor uno de ellos. Y en un gesto de insólita dignidad toman el cuerpo inerte de Allende, le colocan su banda de presidente, lo envuelven en una bandera chilena y combaten 120 minutos más contra los traidores. Solo a las 4 p.m. se apaga heroicamente la última resistencia contra el brutal asedio del enemigo fascista, que ha durado siete horas.

V

El golpe trae a Chile casi un siglo de retroceso para las conquistas políticas, sociales y culturales. Ya en 1964 la CIA apoya a los Partidos Demócrata Cristiano y Radical y frustra la victoria de Allende. El 15 de septiembre de 1970 Richard Nixon pide al director de la CIA, Richard Helms, iniciar operaciones secretas en Chile para la sedición. Se cortan los créditos y se paraliza la inversión extranjera. El Presidente yanqui asegura: "La economía debe chillar".
Según la investigación de un Comité Especial del Senado de EE.UU., la CIA actúa encubiertamente en las elecciones presidenciales de 1964 y 1970 y logra en 1973 el derrocamiento y la muerte del Presidente chileno. Solo de 1964 a 1970 gasta en eso unos dos millones de dólares y en definitiva da mucho más dinero a los transportistas en huelga, a otros huelguistas durante 1971-1973 y a grupos del sector privado que los apoyan.

VI

Tras apagarse la última resistencia de los compañeros leales a Allende, varios soldados y bomberos retiran de La Moneda el cadáver del Presidente, dentro de un nylon negro, al atardecer del 11 de septiembre.
A las 11 de la mañana Tencha, la esposa del presidente mártir, con el chofer, Carlos Tello, se refugia en la casa del economista Felipe Herrera, amigo de la familia de Allende.
Al otro día, el comandante Roberto Sánchez, edecán aéreo, le sugiere que vaya al Hospital Militar, pero no la dejan entrar. Un general se le acerca y le dice que acuda al Grupo 7 de la Fuerza Aérea, pues el cadáver de su esposo va a ser enterrado.
Le niegan escolta, pero llega, sube al avión y están allí el citado comandante, la diputada y hermana del Presidente (Laura Allende) y dos sobrinos. Los registran buscando armas y lo único que Tencha ve es el féretro cubierto con una manta.
En la base aérea de Quintero, el cadáver del Presidente es colocado en un furgón rodeado de marinos. Pide verlo. Alcanza incluso a levantar la manta, pero solo aprecia un vidrio y un cuerpo cubierto con una sábana.
Hasta 17 años después no se puede comprobar si los restos son los de Salvador Allende. Al anochecer del 14 de agosto de 1990 se exhuman y el doctor Arturo Jirón, ex médico personal del Presidente, los reconoce.
El traslado de la osamenta desde la tumba de la familia Grove-Allende en el cementerio Santa Inés, en Viña del Mar (Lote No.180-182, Cuartel 2), hacia un mausoleo en el cementerio general de Santiago de Chile, es tarea del abogado Jorge Donoso Pacheco.
Toda la exhumación es en secreto. La autoriza el director del servicio de solidaridad de Viña del Mar-Quillota, doctor Agustín Ascorra Oses, por su Resolución 1626. Ese día Donoso lo comunica al alcalde de Viña, Juan Luis Trejo y al director del cementerio.
Están presentes el ministro secretario general del gobierno Enrique Correas Ríos; el doctor Arturo Jirón; Donoso, Javier Luis Egaña y camarógrafos de una empresa privada contratada por la periodista Ximena Casarejos.
Lo inédito del suceso se rompe por la audacia del diario Fortín, el 17 de agosto. El alcalde de Viña del Mar lo dice al senador Jorge Lavandero y al director de este diario, Wladimir (Wladimir) Aguilera.
El 4 de septiembre de 1990, sin honores militares, se efectúa el entierro definitivo del Presidente heroico. En la Catedral, el jefe de la ceremonia, Javier Luis Egaña, tiene que hacer prodigios de improvisación para hablar en plena dictadura pinochetista del Presidente constitucional traicionado.

*Publicado en CubaAhora

Salvador a salvo


Pedro de la Hoz • La Habana

No faltan flores vivas en el mausoleo donde reposan los restos mortales de Salvador Allende, en la necrópolis de Santiago de Chile. El pasado diciembre estuve allí y me animó la certeza de que en cualquier momento el compañero Presidente, junto a sus vecinos, Víctor Jara en su tumba mínima, Miguel Enríquez en su nicho de humilde presencia, y los tantos y tantos cadáveres con nombres de padres y madres de familia y hermanos e hijos, un día se iban a levantar para emprender nuevamente la obra de renovación humana que el imperialismo y sus aliados fascistas quisieron borrar el fatídico 11 de septiembre de 1973.
A cien años de su nacimiento, Salvador Allende está a salvo. La lealtad y el compromiso que llevó hasta las últimas consecuencias concitan el respeto universal, comenzando por los suyos. En Chile pronunciar su nombre, aún en quienes no profesan los ideales socialistas, genera una profunda reverencia.
Él forma parte del acervo cultural que recoge una generación nacida tras el retorno de los militares a los cuarteles y la instauración de una democracia de tintes neoliberales. Él acompaña a los estudiantes que se rebelan contra los recortes financieros a los programas de enseñanza, a los obreros que exigen mejores condiciones de vida, a las mujeres que reivindican respeto, a los mismos soldados –conocí a varios- que se avergüenzan de las práctica de horror de sus antecesores.
Él canta junto a Violeta un gracias a la vida que lo toma en cuenta como alimento imprescindible.
Entre cubanos es fruto y semilla. Nadie olvida su profundo respeto y enorme admiración por Fidel y la Revolución Cubana, su entrañable solidaridad.
La gente de mi generación guarda en el recuerdo su paso por la Isla ya Presidente, el abrazo multitudinario que recibió, como tampoco el que reciprocó a Fidel a lo largo de Chile cuando el Comandante visitó el país austral.
De modo más íntimo, están sus palabras en la Bodeguita del Medio y el billete que entregó al inefable Martínez para saldar una vieja deuda en el lugar. Está su amistad con Portocarrero y Milián, a quienes distinguió como artistas de su preferencia.
De modo que Salvador se halla a salvo en las grandes y pequeñas historias, como si a cien años volviera a nacer.

Las revoluciones de 1848: el esperado preludio de la revolución proletaria

Rob Sewell

"Un espectro se cierne sobre Europa: el espectro del comunismo", estas son las palabras escritas por Marx y Engels en el primer párrafo de El Manifiesto Comunista. "Contra este espectro se han conjurado en santa jauría todas las potencias de la vieja Europa, el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes". Proféticamente, el día de la publicación en Londres de El Manifiesto Comunista, Europa resplandecía con la revolución.
El rey Luis Felipe de Francia abdicó inmediatamente. Guizot, el primer ministro francés, fue destituido y el príncipe Matternich de Austria caía semanas después. Marx y Engels esperaban que la revolución sería algo así como el "esperado preludio de la revolución proletaria". Rápidamente, dieron la bienvenida a la revolución que estalló primero en Francia el 24 de febrero de 1848.
"El año 1848 está resultando bien", escribía Engels. "Con esta gloriosa revolución, el proletariado francés se ha situado de nuevo a la cabeza del movimiento europeo. ¡Honor a los trabajadores de París!
"Nuestra época, la época de la democracia, se está resquebrajando. Las llamas de las Tullerías y el Palacio Real son el amanecer del proletariado. En todas partes el dominio de la burguesía se viene abajo o se rompe en piezas". (Revolución en París. Federico Engels. En la edición inglesa).
Después de un período prolongado de reacción tras la derrota de las revoluciones de 1830, las masas revolucionarias de París, con armas y banderas rojas en la mano, tomaron las calles, construyeron barricadas, echaron a la monarquía y obligaron al gobierno provisional a declarar la república. El trabajador Guibert irrumpió en la Cámara blandiendo una pistola, interrumpió abruptamente el debate con las siguientes palabras: "No más debates, nosotros somos los amos".
Fueron los trabajadores y la clase media baja los que impulsaron la revolución. La burguesía, que finalmente ganó con la revolución, no esperaba ni quería este resultado. "Queríamos saltar peldaño a peldaño", dijo alguien, "pero nos obligaron a saltar todo un tramo de escaleras".
Sobre todo, la burguesía temía a la clase obrera, que planteaba sus propias reivindicaciones de clase independientes: derecho al trabajo, salario mínimo, reducción de la jornada laboral, pensiones para los incapacitados, creación de empresas, educación universal obligatoria, sufragio universal, impuestos progresivos y otras reivindicaciones de la clase obrera. La clase obrera no confiaba en los diputados burgueses que sólo querían un acomodo junto a la monarquía. Como resultado de esta situación, en los muros de París se podían ver carteles revolucionarios apelando a las masas: "¡Mantened vuestras armas!"
La nueva administración republicana burguesa tuvo que incluir a dos socialistas en el gobierno, uno de ellos fue Luois Blanc, un dirigente obrero muy popular. Su papel, sin embargo, fue el de conciliador de clase, luchando por mantener al movimiento revolucionario dentro de los límites legales aceptables. Bajo la presión de las masas radicales, se introdujeron algunas reformas, incluida la creación de talleres estatales, en realidad, una ayuda escasa para los desempleados.
Las elecciones a la asamblea constituyente se celebraron a finales de abril y los partidos burgueses consiguieron muchos votos, en gran parte, debido al apoyo del campesinado conservador que formaba el 84 por ciento del electorado. El nuevo gobierno no consiguió solucionar el sufrimiento de las masas e intentó socavar la revolución atacando a los dirigentes obreros, particularmente a Blanqui y Cabet, por ser "comunistas". La confianza en el gobierno burgués se desvaneció. Cada vez era más obvio que la creciente frustración preparaba un nuevo enfrentamiento. El anuncio del gobierno de cerrar los talleres estatales de París fue la gota que colmó el vaso. "La revolución de febrero planteó el problema de la propiedad y el trabajo", afirmaba el revolucionario Paul-Louis Deflotte. "Este problema debe ser resuelto".
Sin embargo, el gobierno tenía sus propios planes para enseñar a los trabajadores una lección, les envió a la escuela del general Cavaignac, después de que había masacrado a la población de Argel, era un fiel servidor de la contrarrevolución.
El 21 de junio se aprobó un decreto mediante el cual se abolían los talleres nacionales. Ese día, los trabajadores de París de nuevo se levantaron y construyeron barricadas por toda la capital. Ondeaban banderas con las inscripciones: "¡Pan o muerte!" y "¡Trabajo o muerte!" Era una insurrección de trabajadores despojada de la atmósfera carnavalesca de la revolución de febrero. "La insurrección va en aumento, convirtiéndose en la revolución más grande jamás ocurrida", escribía Marx, "convirtiéndose en una revolución del proletariado contra la burguesía".
La lucha fue feroz. La contrarrevolución burguesa no daba tregua. Disparaban a los trabajadores como si fueran bestias salvajes. "La burguesía, plenamente consciente de lo que estaba haciendo, llevó a cabo una guerra de exterminio contra ellos". Después Marx cita a un capitán de la guardia republicana que describe los acontecimientos del 23 y 24 junio. "El cañón respondió y hasta las nueve, las ventanas y los muros quedaron destrozados por las ráfagas de artillería. El fuego era terrible. La sangre brotaba a borbotones mientras al mismo tiempo se producía una estruendosa tormenta. Hasta donde llegaba la vista, los adoquines estaban rojos por la sangre... El número de muertos es enorme y el de heridos aún mucho mayor". (Ibíd.,)
Los trabajadores, por otro lado, lucharon cuatro días enteros con un coraje sin igual. "El coraje con el que han luchado los trabajadores es verdaderamente maravilloso", escribía Marx. Durante tres días enteros, de 30.000 a 40.000 trabajadores fueron capaces de resistir frente a 80.000 soldados y 100.000 hombres de la guardia nacional, contra las metrallas, los obuses, los cohetes incendiarios y las gloriosas experiencias bélicas de los generales que no dudaron en utilizar los métodos empleados en Argelia. Ellos han sido aplastados y en gran parte masacrados. Su muerte no será acordada con el honor que fue conferido a los muertos del julio y febrero. La historia, sin embargo, asignará un lugar totalmente diferente a ellos, los mártires de la primera batalla decisiva del proletariado". (Ibíd.,)
Después de casi una semana de batallas y combates callejeros, todo el poder del estado fue utilizado para ahogar en sangre el movimiento. Se pusieron en el orden del día los disparos y la tortura. Unos 15.000 murieron asesinados o resultaron heridos, durante y después de la insurrección. La clase dominante se vengó del movimiento independiente de los trabajadores franceses. La reivindicación de los trabajadores "contenía una amenaza al orden existente en la sociedad, los trabajadores que lo plantearon aún estaban armados; por lo tanto, el desarme de los trabajadores fue la primera orden de la burguesía, que estaba al timón del Estado". (Engels).
Las revoluciones de 1848 en esencia fueron democrático burguesas en cuanto a las tareas que intentaban resolver. Su aspecto fundamental fue la destrucción de las viejas estructuras feudales y la creación del estado nacional independiente. Mientras que Marx y Engels esperaban que esta revolución burguesa sería el preludio inmediato de la revolución proletaria, dada la debilidad de la Liga Comunista no tuvieron otra alternativa que formar en Alemana el ala proletaria del movimiento democrático. Su objetivo era destruir el absolutismo y unir a los estados atrasados en una república democrática. Esto sólo se podría conseguir por medios revolucionarios. El periódico diario Neue Rheinische Zeitung, editado por Marx, era el órgano de la revolución democrática pero, como escribía Engels, de una "democracia que en todas partes insistía en cada punto el carácter específico proletario". El periódico, que tuvo un amplio apoyo, se convirtió en el verdadero punto de encuentro del proletariado militante, el centro dirigente de la Liga Comunista.
No sólo Marx y Engels lucharon por la independencia nacional de las nacionalidades oprimidas, sino que además defendieron una postura verdaderamente internacionalista. Había otras naciones oprimidas por los reaccionarios estados alemanes, como los polacos en Prusia, los italianos, los checos y otros en Austria, además del zarismo ruso. En este momento el zarismo era la fuerza más contrarrevolucionaria de Europa, de la misma manera que hoy lo es el imperialismo norteamericano.
Marx y Engels criticaron enérgicamente la cobardía de los dirigentes burgueses incapaces de apoyar las luchas de las naciones oprimidas como eran los polacos, checos, húngaros e italianos contra el despotismo prusiano y austriaco. La dirección de la revolución recaerá sobre la clase obrera. "... no los burgueses alemanes cobardes sino os trabajadores alemanes, ellos se levantarán y pondrán fin a toda la suciedad, la confusión oficial del imperio alemán y con una revolución radical restaurarán el honor de Alemania", explicaba Engels. "Alemania se liberará en la medida que libere a las naciones vecinas".
La revolución estalló en Alemania el 18 de marzo con la luchas en cada ciudad y barricadas en Berlín y Viena. La población ganó una serie de derechos democráticos pero el control pasó a manos de la gran burguesía, que rápidamente traicionó la lucha.
A partir de estas experiencias, Marx y Engels sacaron la idea de la revolución permanente. La burguesía tenía más miedo a la clase obrera que al despotismo feudal. Cada vez jugaba un papel más contrarrevolucionario. Eran incapaces de conseguir una verdadera unificación nacional, como demostró la historia. Marx y Engels depositaron su confianza en la clase obrera. Ellos creían que una revolución democrático-burguesa triunfante, bajo la dirección de los trabajadores, se convertiría en el prólogo de la revolución proletaria y la transformación de Europa. "Antes de que la reacción pueda ser destruida en Italia y Alemania, debe ser derrotada en Francia", explicaba Engels. "Una república social democrática primero se debe proclamar en Francia y el proletariado francés primero debe subyugar a su burguesía antes de que sea concebible una victoria duradera de la burguesía en Italia, Alemania, Polonia, Hungría y otros países". (Ibíd.,) Marx estaba de acuerdo: "Los húngaros no serán libres, como tampoco los polacos, ni los italianos, en la medida que el trabajo siga siendo esclavo".
La derrota de las revoluciones de 1848 eliminó cualquier amenaza de revolución proletaria. Las fuerzas del capitalismo aún estaban madurando. Se tardó otros 23 años antes de que la gloriosa Comuna de París (el primer Estado obrero de la historia) pusiera de nuevo la revolución proletaria en el orden del día del continente europeo.

¿Un tercer Manuel Marulanda Velez?

María Isabel

Los medios de comunicación manejan las emociones de los hombres de mil formas, pero no así las razones ni la capacidad para hacerse preguntas y encontrar respuestas; éste es el juego más difícil, duro y doloroso de resolver pero el más apasionante , satisfactorio y merecido al que tiene derecho nuetras especie humana.
Muchos hombres como Manuel han nacido y suman en sí diferentes fuerzas y experiencias que constituyen con el pasar del tiempo mayorías incontenibles e inevitables y razón de ser de los excluidos.
El primer Manuel: dirigente comunista, nacido en 1903 en Colombia, municipio de la Ceja, albañil, ingresa en el partido comunista en 1930 formando parte del regional de Antioquia, junto con María Cano y algunos dirigentes de la zona bananera, en el marco de la lucha contra la explotación de la empresa United Fruit Company que ya desde 1920 se robaba una de nuestras principales riquezas: el banano. En 1934 es elegido por votación como el primer edil comunista de la ciudad de Medellín. Se toma la tribuna descalzo, como iban en esa época las gentes de pueblo, para denunciar las injusticias del gobierno de Olaya Herrera. Es trasladado a Bogotá y se afilia al sindicato de la construcción donde rápidamente obtiene la dirección; posteriormente ocupa el cargo de secretario general de trabajadores de Cundinamarca y muere después de una larga lucha de 15 años formando el sindicalismo colombiano. La salud de Manuel se vio siempre fuertemente afectada no solo por el trabajo en tan penosas condiciones sino por las injusticias que tuvo que sufrir en la cárcel en tiempos del sanguinario Laureano Gómez. Su sepelio fue multitudinario y el dolor de su desaparición compartido por todos los revolucionarios de la época. Pedro Antonio Marín toma su nombre como homenaje póstumo a su memoria.
Pedro Antonio Marín nace en 1930 en la provincia de Génova, Quindío, hijo de campesinos liberales de la región del Valle y Antioquia. En su adolescencia tuvo que salir de casa a trabajar a causa de las carencias económicas de su familia y ejerció oficios varios: vendedor de carne, panadero, mandadero, tendero y albañil, trabajos en los que conoció las diferentes formas de sobre-explotación a tan corta edad. Seguidor de las ideas liberales por tradición familiar, se identificó con el pensamiento de Jorge Eliécer Gaitán, cuyo asesinato desembocó en una ola de violencia y represión sin precedentes que obligó a los campesinos a organizarse para defenderse de la represión sanguinaria de los conservadores terratenientes y del ejercito que los protegía, que no dudaba en recurrir al corte de franela o corte de cuello degollando y usufructuando las tierras abandonadas como consecuencia de esta violencia terrorífica. Así aparecieron las primeras milicias de los llamados despectivamente “chusmeros” por su condición de pobres y rebeldes.
Posteriormente Pedro Antonio Marín recibe la influencia de los ideales comunistas y se alza en armas, toma el territorio de Marquetalia y lo declara república independiente. El gobierno decide bombardear el territorio, momento a partir del cual se crea un estado mayor central bajo la dirección del propio Marulanda y otros miembros del Partido Comunista. En su primera conferencia en 1965, este grupo crea las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) con aproximadamente 250 hombres en armas.
La sexta conferencia celebrada en 1978 es importante porque se cuentan ya con mas de 1000 hombres en armas y con unos estatutos y normas político- militares claras a nivel nacional, con proyectos regionales elaborados por un secretariado colegiado..
En 1980, en el marco de la octava conferencia, se lanza un plan estratégico llamado Campaña Bolivariana por una Nueva Colombia, el cual revela una nueva forma de operar y una nueva táctica de guerra irregular, combinando todas las formas de lucha con el propósito final de tomar el poder. Desde el punto de vista militar se convierte en un ejercito ofensivo cuyas estrategias no son ya puramente defensivas sino que buscan tomar la iniciativa frente al enemigo. Se agregan las iniciales FARC – EP (Ejercito del Pueblo).
En 1984 se firma con el gobierno de Belisario Betancur un cese bilateral y un alto el fuego llamado “tregua” y que da inicio a los diálogos de paz. Entre 1984 y 1986 Nace la Unión Patriótica, fuerza política de izquierda que muy rápidamente cuenta con el apoyo de las grandes masas, pero que también muy rápidamente y en unos pocos años es duramente golpeada y casi exterminada. La UP logra en 1986 elegir 14 congresistas,18 diputados, 335 concejales en 187 consejos populares. Frente a este éxito, el Estado recrudece la guerra sucia, siendo asesinados dos candidatos presidenciales y produciendo una larga y terrible lista de más de 5.000 asesinados, desplazados, desaparecidos, heridos y perseguidos.
En 1987 se rompe la tregua como consecuencia de lo que se considera una traición por parte del gobierno . Se crea la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar y se intensifican los operativos militares.
En 1990 muere el comandante Jacobo Arenas de muerte natural. Ese mismo año, durante el gobierno de Cesar Gaviria, es atacada la “casa verde” o zona de acuerdos mediante la operación Centauro II.
En 1991, frente a la ofensiva militar de la guerrilla y durante la campaña "comandante Jacobo Arenas estamos cumpliendo", el gobierno se ve obligado a promover los diálogos de paz en Caracas, Venezuela, y Tlaxcala, México, que posteriormente fracasan por la intransigencia del gobierno.
En 1993 se realiza la Octava Conferencia Nacional de Guerrilleros, en la que se reafirma la necesidad de la lucha armada, se propone la plataforma para un gobierno de reconstrucción nacional y se ratifica a Manuel Marulanda como comandante en jefe de las FARC-EP.
En 1.999 se realizan los diálogos de paz con el gobierno de Andrés Pastrana en la zona de san Vicente del Caguan, con la participación de la comunidad en audiencias públicas que sirven para denunciar los estragos del neoliberalismo y las políticas del estado.
En el 2.001 se lanza la campaña del intercambio humanitario y son entregados unilateralmente por las Farc-Ep 304 prisioneros.
En 2.002 el gobierno de Pastrana rompe los diálogos e incumple de nuevo los acuerdos mediante la operación Tanatos contra la zona de desmilitarización y los acuerdos pactados.
En 2.004 se lanza la ofensiva "plan patriota" y dentro del marco de la política de Seguridad Democrática del gobierno de Uribe Vélez se emprende una nueva ofensiva para exterminar militarmente a la guerrilla y se cierran las posibilidades de dialogo.
En 2.005 el comandante Manuel hace una declaración donde anuncia que no es posible derrotar a la guerrilla militarmente y que ésta seguirá cualificándose como una guerrilla de nuevo tiempo acudiendo a diferentes estrategias. Anuncia que lo fundamental para terminar con la confrontación armada es abrir un cauce democrático para la participación que permita al pueblo ejercer presión sobre sus gobernantes a fon de buscar salidas políticas y resolver el conflicto interno, derivado de multitud de causas sociales, sin la injerencia de potencias extranjeras.
En 2.007 toda tentativa de dialogo y liberación de secuestrados es bloqueada por la intervención militar del gobierno de Uribe y el apoyo de la administración Bush, que usan no solo el poder de manipulación de los medios de comunicación a su favor sino que legitiman oscuras fuerzas paramilitares en defensa de una clase dirigente desprestigiada y vinculada al narcotráfico, Se extradita a Simon Trinidad y Sonia, se desencadena el bombardeo del ejército colombiano en territorio Ecuatoriano y es asesinado el comandante Raúl Reyes.
En 2.008 muere Manuel pero vive y se multiplica en las siguientes palabras que él mismo había escrito:
"Si nos sacan de la orilla del río, cruzamos hacia la otra orilla del río;
si nos sacan de la montaña escapamos a la otra montaña; si nos sacan de la región atravesamos el río,
Atravesamos la montaña y buscamos otra región.
Pero el principio fue cambiando y entonces ya decíamos si nos sacan de la orilla del río, los estaremos esperando en la otra orilla, si nos sacan de la montaña, los estaremos esperando en la otra montaña, si nos sacan de una región, en otra región les estaremos esperando.
Pero el principio se fue haciendo más claro hasta decantarse en una idea precisa: ya no solo los estaremos esperando en la otra orilla del río, ya no solo los estaremos esperaremos en la otra montaña, ya no sólo los estaremos esperando en la otra región.
Ahora volveremos a buscarlos en la orilla del río de donde un día nos sacaron, volveremos a buscarlos en la montaña donde un día nos hicieron salir a la huyenda, volveremos a buscarlos en la región a donde un día nos hicieron correr.

M.M

Surgirán nuevos Manueles porque cuando las dificultades surgen, cuando la exclusión se fomenta, el tamaño de los problemas aumenta, el ser imperfecto y plagado de peligros agudiza la capacidad para discernir y va dando saltos de tipo cuantitativo – cualitativo: acude a la razón. La razón ve, estructura, forma, arma nociones, clasifica , abstrae, forma categorías normas, principios, distingue entre el bien y el mal y el cerebro se expande, crece, se agilizan los procesos bioquímicos, la fuerza de la creatividad aparece, el conocimiento se amplia y el asenso de la especie irrumpe inevitablemente superior. Son las situaciones extremas las que permiten cambios: hombres sometidos a situaciones extremas no se anula entre sí, se perfeccionan, corrigen errores. La experiencia de la vida que aportan como legado sigue creciendo, se reestructura, los errores se depuran e inevitablemente, junto con modelos y principios de vida que deben ser superiores, se arma y se consolida un nuevo ser, un ser humano mayor que en cualquier parte de una selva inerme o de un país, o de un continente, nace, surge, crece y se reproduce, ciclo inevitablemente natural y muy difícil de ocultar, aunque aparentemente los enemigos de la razón crean que pueden hacerlo.

"Y NO SE PUEDEN EXPLICAR POR QUE CADA QUE APARECE LLEVA A SU LADO MAS GENTE

MANUEL MARULANDA VELEZ" estribillo.

De Marquetalia al Plan Colombia


La guerra permanente en Colombia. Ni un instante de paz
Allende La Paz
ANNCOL

Colombia es un país que siempre, desde la primera independencia hasta ahora, ha estado en guerra. Guerras adelantadas por los sectores pudientes, ahora llamados los ‘ricos’, es decir, la oligarquía, acolitados por el imperio estadounidense, pero que mienten sobre la ‘democracia’ y sus reales intereses al realizar las guerras.
En el siglo XIX debemos recordar la Guerra de la Patria Boba; la Guerra Civil de 1831; la Guerra de los Supremos o de los Conventos 1840; la Guerra Civil de 1851; la Guerra Civil de 1854. La Guerra contra Melo; la Guerra Civil de 1860 – 1862; la Guerra Civil de 1876-1877; la Guerra Civil de 1885; la Guerra Civil de 1895; la Guerra de los Mil Días.
Nueve guerras entre sectores de los ‘ricos’, llámense federalistas, centralistas, liberales o conservadores, que para los efectos son los mismos. Son esos sectores los que adelantan la guerra, lo que un investigador colombiano llama los ‘hacedores de la guerra’, y a ella llevan a los sectores populares como carne de cañón. Es de señalar que en la Guerra de los Mil Días es notoria la presencia de niños combatientes , a ojos vistas de los ricos liberales y conservadores que adelantaron la guerra, lo cual no era ‘mal visto’ por los sectores en el poder y quienes se lo disputaban.
Colombia inició el Siglo XX en medio de la Guerra de los Mil Días, que duró entre 1899 y 1902. Esta guerra, que se puede enmarcar dentro de las demás guerras civiles del siglo XIX colombiano se agravó cuando la dirigencia liberal ordenó a sus casi vencidos ejércitos no rendirse y refugiarse en la guerra de guerrillas , según nos dice Wikipedia.
Lo cual demuestra que los sectores oligárquicos recurren a la ‘ guerra de guerrillas ’ cuando las condiciones así lo ameritan, al igual que en la guerra utiliza todas las fuerzas disponibles, incluso niños , si es necesario o imprescindible. Sin embargo, hoy cuando es el pueblo el que desarrolla la guerra de guerrillas, entonces es un ‘pecado capital’ que viola todo su ‘ordenamiento jurídico internacional’ que siempre ha sido elaborado por los ‘vencedores’ y nunca por los vencidos de una confrontación.
Es más, todo el ordenamiento jurídico ha sido elaborado después de adelantadas las guerras y cometidas todas las atrocidades que en ella cometen las fuerzas militares, o sea, primero cometen las atrocidades –bombas atómicas, NAPALM, agente naranja, bombas inteligentes, bombas racimo, minas antipersonales, masacres, desapariciones, asesinatos selectivos, etc, etc.- y después, a posteriori , viene la legislación internacional, la cual sirve para regular un poco los subsiguientes conflictos, pero cuando necesitan volver a cometer las mismas o peores atrocidades vuelven y violan el mismo ordenamiento jurídico que ellos elaboraron. Ello nos hace recordar aquella máxima de Bertolt Bretch: “ Los demócratas burgueses condenan con énfasis los métodos bárbaros de sus vecinos, y sus acusaciones impresionan tanto a sus auditorios que éstos olvidan que tales métodos se practican también en sus propios países ”.
Así igualmente los sectores poderosos de Colombia han recurrido en ‘hacer la guerra’ para defender sus intereses mezquinos y para ello ha sido capaz de vender su alma al Diablo. Y en la justificación de su egoísta proceder están las ‘amenazas’ o los ‘males’ que como dice Ken Knabb en ‘el placer de la revolución’, “ Si la gente se repliega invariablemente en los males menores, todo lo que los gobernantes tienen que hacer en cualquier situación en que su poder se vea amenazado es conjurarlo con la amenaza de algún mal mayor ”.

De Marquetalia al Plan Colombia

Aún cuando se ha escrito mucho sobre Marquetalia es poco lo que algunos pueblos recuerdan de la épica de Manuel Marulanda, a pesar de los miles de miles de cuartillas emborronadas por los llamados ‘violentólogos’. En nuestro rescate viene un libro del escritor y periodista colombiano Hernando Calvo Ospina, ‘Colombia, Laboratorio de embrujos. Democracia y Terrorismo de Estado’ , que nos lleva con su prosa magnífica y amena por los caminos de la historia colombiana. Unos caminos llenos de sangre inocente.
Los antecedentes del ataque a Marquetalia están claramente descritos en dicho libro, que vienen desde mucho antes del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán y se remontan a la masacre de las bananeras y la “ Ley Heroica ”, que obligó a algunos trabajadores de las plantaciones ante el asesinato a mansalva de los obreros a conformar una “ especie de guerrilla y quemaron plantaciones, sabotearon el servicio telegráfico y cortaron las carrileras de la empresa. La zona estuvo militarizada casi un año ” (pág 39), y reseña clarividentemente las palabras de J. E, Gaitán: “ Dolorosamente sabemos que en este país el gobierno tiene para los colombianos la metralla homicida, y una temblorosa rodilla en tierra ante el oro americano ”.
Es de resaltar que entre esos antecedentes estuvo naturalmente el asesinato de Gaitán, la guerra fría, la llamada ‘Violencia’ y el azuzamiento de la guerra por parte de la iglesia católica, las guerrillas de los llanos y su posterior traición por la cúpula del partido liberal, las bandas paramilitares y los ‘pájaros’, el general Rojas Pinilla y su deposición por las cúpulas liberal y conservadora unidas, y posteriormente el asesinato de los guerrilleros que se acogieron a la propuesta de paz engañosa de Rojas y la formación de bandas de ‘bandoleros’, y como figura cimera de la exclusión de los pobres del poder, el Frente Nacional (pacto entre los partidos liberal y conservador para repartirse cada 4 años el poder, con burocracia repartida milimétricamente).
Los cimientos del ‘ enemigo interno’ en Colombia se encuentran en la ‘Ley Heroica’ , promulgada en octubre de 1928, la cual tenía una definición claramente antipopular, de persecución de la protesta social y las ‘ideas socialistas’, todo con el apoyo de la iglesia católica confesional y reaccionaria. Cuando en 1962 llega el general gringo William Yarbourough con sus ‘recomendaciones’ ya los militares y policías colombianos tenían adelantado y recorrido un largo trayecto aplicando el más rastrero anticomunismo y tras de él la mayor antidemocracia disfrazada de ‘democracia’ que continúa con la aplicación de las recomendaciones de Kennedy de su Alianza para el Progreso y la Acción Cívico Militar (ACM).
La ACM fue inscrita en el Plan LASO (Latin American Security Operation), junto con las operaciones psicológicas, Plan dirigido desde el Comando Sur, y en ese mismo 1962 viajan a Colombia a perfeccionar este macabro Plan, con la selección por parte de USAmérica de “ personal civil y militar colombiano para entrenarlos clandestinamente en operaciones de resistencia …” para la lucha antisubversiva.
Se inicia en mayo de 1964 la Operación Marquetalia, a pesar que el general Álvaro Ruiz Novoa dijo pocos días antes en la asamblea de la SAC (Sociedad de Agricultores de Colombia): “ En Colombia existe un estadio de injusticia en la posesión de la tierra y esta situación es la responsable de la pobreza y el atraso del país… ”. Demostrando en la práctica que una cosa es el discurso y otra los hechos.
La Operación Marquetalia fue previamente ‘cocinada’ a través de la prensa oligárquica, especialmente el diario El Tiempo, y el apoyo de la iglesia católica, para justificar la agresión contra 48 campesinos (46 hombres y 2 mujeres!), la cual contó con la total participación militar de los Estados Unidos con utilización de bombas NAPALM y guerra bacteriológica con utilización de la ‘peste negra’, 16 mil soldados y la aviación. Me pregunto: ¿Cuánto costó la Operación Marquetalia?
Inicia la Operación Marquetalia los reveses políticos y militares para los militares y para la ‘clase política’ oligárquica colombiana toda vez que en ocasiones anteriores, en toda la historia colombiana, el pueblo siempre resultaba masacrado y perdedor en las luchas emprendidas por una Colombia mejor, en paz y con justicia social ya que era engañado y manipulado por las oligarquías liberal y conservadora. Desde ese momento, si bien el régimen atacaba y asesinaba las masas populares, recibía por parte de la insurgencia armada golpes que encajaba no muy bien y lo obligaban a decir la famosa frase que hemos escuchado de todos los presidentes a partir del conservador Guillermo León Valencia.
El presidente Guillermo León Valencia inicia un amplio rosario de presidentes repitiendo, como una letanía, sus deseos oníricos: “ Mucho antes de que termine mi gobierno el país estará totalmente pacificado. Esta es una decisión que no vamos a quebrantar por ningún motivo ”, magistralmente reseñada por Hernando Calvo, al igual que los esfuerzos de los militares: “ La Operación Marquetalia fue una acción, auténtica, planeada, diseñada con mucha anticipación […]” pero “al poco tiempo y en vista de las tremendas dificultades del terreno fue creciendo y creciendo el número de bajas del ejército ” (pág. 97), esfuerzos que comenzaron a chocar con la organización popular en armas.
Según nos consigna Hernando Calvo en su libro “ la principal prueba del desastre político y militar del gobierno y su ejército fue la realización de una Asamblea General de Guerrilleros, justamente en el día oficial de celebración de la Independencia, el 20 de julio de 1964 ”. Pero el nacimiento de las FARC como tales fue “ el 27 de mayo de 1964, en el combate de La Suiza, [en donde] surgen las FARC como respuesta a la violencia del Estado. El 27 se produjo el primer combate, en un sitio llamado La Suiza, a mano derecha de Gaitania, un poco más abajo del filo de los Socorreños, sobre la margen que seguía el camino de los indígenas y al otro lado, estaban los colonos de Marquetalia. El ejército se desplegó aplicando nuevas técnicas para tomar el filo arriba de La Suiza, filo de donde dirigieron cuidadosamente el avance. En ese combate se recogieron los tres primeros fusiles ... ”, diría años después Manuel Marulanda.
En ese nacimiento de fuego y muerte, son las tres primeras bajas que les provoca un contingente de campesinos revolucionarios a las experimentadas tropas del régimen colombiano, entrenadas por militares de Estados Unidos y fogueadas en la guerra de Corea. Militares expertos en el arte de la guerra son vencidos por campesinos cuyo arte es la siembra de la tierra, y así han seguido hasta hoy día. Militares expertos en el oficio de matar -y a eso van-, resultan muertos por campesinos que defienden sus vidas. Unos luchan por sembrar la muerte, mientras los otros por sembrar la vida. Y la lucha será sin contemplaciones, sin cuartel, sin descanso. Es la lucha de lo viejo contra lo nuevo. Es una lucha de clases sin tregua.
Nacían las FARC y así como no hace mucho tiempo la organización armada informaba de la realización de su 9ª Conferencia Nacional de Guerrilleros, ésta y aquella fueron realizadas en plenas operaciones militares y sin el conocimiento del enemigo. La realización de estas conferencias guerrilleras marcan un hito histórico y demuestran palpablemente que la organización guerrillera de las FARC continúa adelante con sus planes político-militares. En la primera eran problemas organizacionales de supervivencia como guerrillas los que apremiaban, en su 9ª Conferencia Nacional son de otro tenor las urgencias guerrilleras, pero siempre entre una y otra, por paradójico que parezca, está palpable la propuesta de las FARC de la solución política al conflicto social y armado que sufre Colombia por cuenta de la oligarquía parásita y por el imperio estadounidense, quien mantiene su injerencia nefasta en nuestro país.
Porque siempre desde su nacimiento las FARC han buscado una vía diferente a la armada para dirimir las diferencias entre los colombianos. Pero siempre ha encontrado la agresión y el asesinato a mansalva. Ante sus deseos de paz encuentra la insania de la guerra desatadas por la oligarquía y el imperio yanki.
Han pasado 17 períodos presidenciales. Han pasado incontables cúpulas de las fuerzas militares colombianas. Todos han soñado con ‘ acabar con las FARC’ . Todos han estado, según su particular modo de ver la realidad, en “ el principio del fin de las FARC ”, mas todos pasan, todos terminan sus períodos, algunos mueren, y las FARC están ahí, vencedoras, revolucionarias, diciéndole al mundo que es imprescindible la solución política al conflicto social y armado, que necesitan su concurso.
Planes vienen, planes van. Y en la base de esos planes la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN), encayada contra el deseo y querer de los colombianos. DSN que es la línea conductora de la injerencia militar de Estados Unidos. Guillermo León Valencia tuvo su Plan LASO , Julio César Turbay Ayala tuvo su Estatuto de Seguridad , César Gaviria Trujillo tuvo su Plan de Guerra Integral , Andrés Pastrana su Plan Colombia , Álvaro Uribe Vélez (2 períodos), su Plan Patriota y Plan Consolidación –con ‘seguridad democrática’-, continuidad del Plan Colombia.
Cada presidente inicia su cuatrienio con una sentencia: “ Es el Plan más ambicioso de toda la historia de Colombia para combatir la subversión ”. Y siempre con esta frase reveladora muestran quién es el director de orquesta que está detrás: “ Nunca antes Estados Unidos se había metido de manera tan directa en la guerra contrainsurgente en el país ”. Y a cada presidente las FARC les ha lanzado su propuesta de diálogos para una solución política al conflicto social y armado colombiano. Ninguno de ellos ha querido realmente la paz. Sólo la guerra. Una guerra permanente. Y nuestro pueblo ha demostrado que no lo arredran las dificultades.
En diferentes artículos en el pasado hemos abordado el Plan Colombia. Artículos que hemos recopilado en un libro virtual publicado por ANNCOL, Argenpress y la Agencia Bolivariana de Prensa. En ese libro, de acceso y descargue gratuito, está todo lo concerniente al Plan Colombia, que lógicamente seguirá siendo objeto de tratamiento en futuros análisis. Quiero recordarles solamente a los lectores que en los 44 años de planes militares pro-gringos, es muchísima la sangre inocente derramada y muchísimo el dolor causado. La lucha de las FARC que ha enfrentado estos planes es altamente valorada por los revolucionarios de Colombia y el mundo. Y desde la civilidad seguimos desarrollando la combinación de todas las formas de lucha de masas que la realidad ha evidenciado es la táctica adecuada y correcta a aplicar según la realidad colombiana.

Separatismo y construcción imperial en el siglo XXI

James Petras

Traducido para Rebelión por S. Seguí

Introducción: El contexto histórico
A lo largo de la moderna historia imperial, divide y vencerás ha sido la divisa esencial que ha permitido que países europeos relativamente pequeños y pobres de recursos conquistasen naciones mucho mayores en tamaño y población, y más ricas en recursos naturales. Se dice que para cada funcionario británico destacado en la India, había cincuenta sijs, gurkas, musulmanes e hindúes en el ejército colonial británico.
La conquista europea de África y Asia la dirigieron oficiales blancos y la lucharon soldados negros, cobrizos y amarillos, para que el capital blanco pudiera explotar a sus trabajadores y a los de color. Las diferencias regionales, étnicas, religiosas, sectarias, tribales, comunitarias y otras, fueron politizadas y explotadas de modo que permitieron a los ejércitos imperiales la conquista de pueblos guerreros. En décadas recientes, los constructores del imperio de estadounidense se han convertido en los grandes promotores de la estrategia de divide y vencerás en el mundo entero. En los años 70, la CIA dejó de promover las dudosas virtudes del capitalismo y la democracia, y pasó a alinearse, financiándolas y dirigiéndolas, con las elites religiosas, étnicas y regionales que se oponían a los regímenes nacionales independientes u hostiles a la construcción imperial estadounidense en todo el mundo.
La clave de la construcción imperial por vía militar de Estados Unidos descansa en dos principios: la invasión militar directa y el fomento de movimientos separatistas que puedan llevar a la confrontación militar.
La construcción imperial en el siglo XXI nos muestra la práctica ampliada de ambos principios en Iraq, Afganistán, Irán, Líbano, China (Tíbet), Bolivia, Ecuador, Venezuela, Somalia, Sudán, Birmania y Palestina. Es decir, en cualquier país en el que EE UU no puedan instalar un gobierno satélite estable recurrirá a la financiación y el fomento de organizaciones y líderes separatistas que utilizan pretextos étnicos, religiosos y regionales.
Fiel a los principios tradicionales de la construcción imperial, Washington solamente apoya a los separatistas en los países que se niegan a someterse a su dominación imperial, mientras que se opone a los separatistas que ofrecen resistencia al imperio y a sus aliados. Es decir, los ideólogos imperiales no son ni hipócritas ni utilizan un doble rasero (como con frecuencia afirman sus críticos de izquierda), sino que mantienen públicamente el principio de preferencia imperial a la hora de evaluar los movimientos separatistas y concederles o negarles su apoyo. En cambio, muchos críticos del imperio aparentemente progresistas hacen declaraciones universales a favor del derecho de autodeterminación e incluso lo aplican a los grupos separatistas más rancios y reaccionarios patrocinados por el imperio, con resultados catastróficos. A las naciones independientes y sus gentes, cuando se oponen a grupos separatistas apoyados por EE UU, se las bombardea hasta la destrucción y se les coloca el sambenito de criminales de guerra. A los que se oponen a los separatistas y viven en el nuevo Estado se los asesina o se los fuerza al exilio. Los pueblos liberados sufren la tiranía y el empobrecimiento inducido por los separatistas apoyados por Estados Unidos, y muchos se ven obligados a emigrar a otros países para su supervivencia económica.
Ninguno, o casi, de los críticos progresistas de la URSS que apoyaban la separación de sus repúblicas ha mostrado en ningún momento ningún remordimiento y menos aún ninguna reflexión autocrítica, incluso frente a las catástrofes socioeconómicas y políticas en los estados secesionistas que duran ya décadas. Sin embargo, estos mismos progresistas siguen hoy predicando los grandes principios morales a aquellos que los cuestionan y rechazan algunos movimientos separatistas porque provienen y sobrepasan los esfuerzos para ampliar el imperio de EE UU.
En estas últimas décadas, el éxito de Washington en la cooptación de los llamados liberales progresistas en apoyo a los movimientos separatistas listos para ser satélites imperiales ha sido notable y las consecuencias para los derechos humanos, nefastas.
La mayor parte de los progresistas europeos y estadounidenses apoyaron a los grupos que siguen:
1. fundamentalistas bosnios apoyados por EE UU, neofascistas croatas y terroristas albano-kosovares, con el resultado de limpiezas étnicas y la conversión de sus Estados antes soberanos en bases militares de EE UU, gobiernos satélites y desastres económicos, destruyendo totalmente el estado de bienestar multinacional yugoslavo;
2. fundamentalistas islámicos afganos, apoyados por EE UU, que provocaron la destrucción de un régimen político afgano laico y reformista, promotor de la igualdad de la mujer y de importantes campañas anti feudales en las que participaron hombres y mujeres, de una reforma agraria general y de amplios programas sanitarios y educativos. Como resultado de los éxitos militares tribales EE UU-islámicos, millones de personas resultaron muertas, desplazadas y desposeídas, y los jefes militares tribales medievales, anticomunistas fanáticos, destruyeron la unidad del país.
3. La invasión de Iraq por EE UU, que destruyó el estado moderno, laico, nacionalista y de avanzado sistema socioeconómico de ese país. Durante la ocupación, el apoyo de EE UU a movimientos religiosos y tribales, clanes y movimientos separatistas étnicos ha conducido a la expulsión de más del 90% de su clase científica y profesional moderna y de la matanza de más de 1.000.000 de iraquíes… todo ello en nombre de la sustitución de un régimen represivo y, sobre todo, de la destrucción de un Estado opuesto a la opresión israelí de Palestina.
Es evidente que la intervención militar de EE UU promueve el separatismo como medio para el establecimiento de una base regional de apoyo. El separatismo facilita la creación de gobiernos títere minoritarios y tiene por función contrarrestar a países vecinos opuestos a las depredaciones del imperio. En el caso de Iraq, el separatismo kurdo apoyado por EE UU precedió a la campaña de aislamiento de un adversario, y de creación de coaliciones internacionales para presionar y debilitar al Gobierno central. Washington resalta las atrocidades de estos regímenes como casos de Derechos Humanos para alimentar campañas globales de propaganda. Más recientemente, se ha hecho evidente en las protestas teocráticas tibetanas financiadas por EE UU contra China.
Los separatistas reciben ayuda en tanto que potenciales tropas de choque terroristas para atacar sectores económicos estratégicos y proporcionar la información, real o fabricada, como en el caso de Irán entre los kurdos y otros grupos de minoría étnica.

¿Por qué el separatismo?

Los constructores del imperio no siempre recurren a los grupos separatistas, especialmente cuando tienen satélites a escala nacional que controlan el Estado. Es sólo cuando su poder se limita a algunos grupos concentrados territorial o étnicamente cuando sus servicios secretos recurren a los movimientos separatistas y los promueven. Estados Unidos apoya el movimiento separatista a lo largo de un proceso gradual, comenzando por la exigencia de una mayor autonomía y descentralización, y mediante movimientos tácticos destinados a adquirir una base de poder político local, acumular recursos económicos, reprimir grupos anti separatistas y minorías étnicas o religiosas políticas locales vinculadas al Gobierno central (como la represión de las comunidades cristianas en Iraq septentrional, reprimidas por los separatistas kurdos por sus lazos con el partido Baaz, o los Roma de Kosovo, expulsados y asesinados por los albano-kosovares a causa de su apoyo al sistema federal yugoslavo). La tentativa de usurpar por la fuerza los recursos nacionales y la sustitución de los aliados locales del Gobierno central da lugar a confrontaciones y a conflictos con el poder legítimo del Gobierno central. Es al llegar a este punto cuando el apoyo (imperial) exterior es crucial para la movilización de los medios de comunicación de masas para denunciar la represión de movimientos nacionales pacíficos simplemente ejerciendo su derecho a la autodeterminación. Una vez que la máquina imperial de propaganda de los medios de comunicación de masas toca la noble retórica de la autodeterminación y la autonomía, la descentralización y el autogobierno, la gran mayoría de las ONG financiadas por EE UU y Europa se suman al coro y atacan los esfuerzos del Gobierno por mantener un estado-nación unificado estable. En nombre de la diversidad y de un Estado multiétnico, las ONG de obediencia occidental proporcionan un soporte ideológico a los pro imperialistas. Cuando los separatistas tienen éxito, y llegan a asesinar y realizar limpiezas de las minorías étnicas y religiosas ligadas al gobierno central anterior, las ONG guardan un estruendoso silencio o incluso justifican con complicidad las masacres como una reacción excesiva a la represión previa. La máquina propagandística de Occidente llega a celebrar la expulsión por parte del Estado separatista de centenares de miles de personas, como fue el caso con los serbios y Roma de Kosovo y de la región croata de Krajina con titulares como "Los serbios huyen a la carrera: les está merecido”, acompañados de fotos en las que tropas de la OTAN supervisan el traslado de familias indigentes desde sus pueblos y ciudades ancestrales a campos escuálidos en una bombardeada Serbia. Al mismo tiempo, los políticos occidentales musitan beaterías sobre las matanzas de civiles serbios por el KLA, como por ejemplo cuando el anterior ministro de Asuntos Exteriores alemán, Joschka Fischer (de Los Verdes) se lamentó del siguiente modo: "Comprendo el dolor que sienten ustedes (los del KLA), pero no deberían lanzar granadas a niños (serbios) en edad escolar."
El paso de la autonomía en un estado federal a un estado independiente se fundamenta en la ayuda canalizada y administrada por el Estado imperial a la región autónoma, consolidando con ello su existencia de facto como un estado independiente. Esto ha ocurrido claramente la evolución desde 1991 hasta hoy del Kurdistán de Iraq Septentrional, en un principio no fly zone (zona de prohibición de vuelos) y ahora región autónoma.
El mismo principio de autodeterminación exigido por EE UU y sus satélites separatistas se le niega a otras minorías del mismo territorio. En cambio, los medios de comunicación de propaganda de EE UU hacen referencia a ellos como agentes o caballos de Troya del Gobierno central.
Consolidado por la ayuda exterior imperial, y las relaciones empresariales con las empresas transnacionales de EE UU y la UE, apoyados por fuerzas paramilitares y cuasi militares locales de policía (así como por cuadrillas criminales organizadas), el régimen autónomo declara su independencia, y es reconocido poco después por sus patrones imperiales. Tras de la independencia, el régimen separatista ofrece concesiones territoriales e instalaciones para la construcción de bases militares de EE UU. El patrón imperial goza de privilegios de inversión, lo que compromete seriamente la soberanía nacional.
El ejército de ONG locales e internacionales raramente formula alguna objeción a este proceso de incorporación al Imperio de la entidad independiente, ni siquiera cuando el propio pueblo liberado se opone. En la mayoría de los casos el grado de gobernanza local y libertad de acción del régimen independiente es menor que cuando era una región autónoma o federal en el estado nacionalista unificado previo.
No es raro que los regímenes separatistas formen parte de movimientos irredentistas vinculados a contrapartes en otros estados. Cuando los movimientos irredentistas transnacionales desafían a los estados vecinos que son también objetivos de los constructores de imperio estadounidenses, pasan a ostentar la función de plataformas de lanzamiento de ataques militares de baja intensidad y de actividades terroristas de las fuerzas especiales.
Por ejemplo, casi todas las organizaciones separatistas kurdas tienen elaborado un mapa del Gran Kurdistán que cubre un tercio de la zona sudeste de Turquía, el Iraq Septentrional, una cuarta parte de Irán, partes de Siria y cualquier otro lugar donde puedan encontrar un enclave kurdo. Los comandos estadounidenses operan al lado de los separatistas kurdos y aterrorizan poblaciones iraníes en nombre de la autodeterminación, y grupos kurdos con fuerte apoyo militar de EE UU han ocupado y gobiernan Iraq septentrional y proporcionan tropas mercenarias peshmerga para masacrar a la población árabe-iraquí en ciudades y pueblos que se oponen a la ocupación de EE UU, en las regiones centrales, occidentales y meridionales. Estos grupos han iniciado el desplazamiento forzado de no kurdos (árabes, cristianos caldeos, turcomanos, etc.) del llamado Kurdistán iraquí y han procedido a la incautación de sus hogares, negocios y explotaciones agrícolas. Los separatistas kurdos apoyados por EE UU han creado conflictos con el Gobierno turco vecino, pues Washington intenta retener a sus satélites kurdos para su utilización en Iraq, Irán y Siria sin por ello enemistarse con su cliente estratégico de la OTAN: Turquía. Sin embargo los activistas separatistas turco-kurdos del PKK han alabado a EE UU por lo que califican de colonialismo progresista en el desmantelamiento efectivo de Iraq y la formación de los fundamentos de un Estado kurdo.
La decisión de EE UU de colaborar con el ejército turco, o de tolerar por lo menos sus ataques militares contra ciertas zonas ocupadas por los separatistas kurdos del PKK con sede en Iraq forma parte de su política global de dar prioridad a las alianzas imperiales estratégicas y sus aliados por encima y contra cualquier movimiento separatista que los amenace. Por lo tanto, mientras que EE UU apoya a los separatistas kosovares contra Serbia, se opone a los separatistas de Abjasia que luchan contra su gobierno satélite de la República de Georgia. Mientras que EE UU apoyó a los separatistas chechenos contra el gobierno de Moscú, se opone a los separatistas vascos y catalanes en su lucha contra el aliado de la OTAN de Washington, España. A la vez que Washington ha financiado con largueza a los separatistas bolivianos dirigidos por los oligarcas de Santa Cruz contra el gobierno central en La Paz, apoya la represión del gobierno chileno ante las demandas de los indígenas mapuche de sus derechos a la tierra y los recursos de la zona meridional y central de Chile.
Es evidente que autodeterminación e independencia no son principios universales que definan la política exterior de EE UU, ni nunca lo han sido, como testimonian las guerras de EE UU contra las naciones indias, los esclavistas secesionistas sureños y las invasiones recurrentes de Estados latinoamericanos, asiáticos y africanos independientes. Lo que rige en la política de EE UU es la cuestión de si un movimiento separatista, sus líderes y programa fomentan o no la construcción del imperio. Sin embargo, pocas veces plantean los llamados progresistas, izquierdistas o antiimperialistas la pregunta inversa: ¿debilita el movimiento separatista o de independencia el imperio y consolida las fuerzas antiimperialistas, o no? Si aceptamos que el problema determinante es la derrota de la máquina de matar millones de personas llamada imperialismo estadounidense, entonces es legítimo evaluar y apoyar determinados movimientos independentistas, así como rechazar otros. No hay nada hipócrita o incómodo en el aumento de más altos principios en tomar estas decisiones políticas. Es sabido que Hitler justificó la invasión de Checoslovaquia en defensa de los separatistas de los Sudetes, igual que una serie de presidentes estadounidenses han justificado la división de Iraq en nombre de la defensa de los kurdos, o los suníes o los chiíes, o cualesquiera que sean los líderes tribales que se presten a la construcción imperial de EE UU. Lo que define la política antiimperialista no son los principios abstractos sobre autodeterminación sino la concreción de a quién se refiere el prefijo auto de la palabra autodeterminación, qué fuerzas políticas ligadas a qué configuración de poder internacional están haciendo qué demandas política y con qué propósitos políticos. Como en Bolivia hoy, en que una oligarquía racista de derechas dueña del sector de la agroexportación, se está haciendo con el control de la región rica más fértil y rica en recursos energéticos, que contiene el 75% de los recursos naturales del país, en nombre de la autodeterminación y de la autonomía, a la vez que expulsa y violenta a indígenas empobrecidos. Cabe preguntarse sobre qué base puede el movimiento izquierdista o antiimperialista oponerse a ello, si no es porque el contenido de clase, raza y nacional de esta demanda es antitético a un principio más importante: la soberanía popular basada en los principios democráticos de regla de mayoría e igualdad de acceso a la riqueza pública.

Separatismo en América Latina: Bolivia, Venezuela y Ecuador

Estos últimos años los candidatos apoyados por EE UU han ganado y perdido elecciones nacionales en América Latina. Es evidente que EE UU ha retenido la hegemonía sobre las elites gobernantes en México, Colombia, Centroamérica, Perú, Chile, Uruguay y algunos de los Estados insulares del Caribe. En los estados en donde el electorado ha apoyado a opositores a la dominación de EE UU, como Venezuela, Ecuador, Bolivia y Nicaragua, la influencia de Washington descansa en funcionarios regionales, provinciales y locales elegidos. Es prematuro afirmar, como declara el Council for Foreign Relations (Consejo de Relaciones Internacionales) que la hegemonía estadounidense en América Latina sea cosa del pasado. Uno solamente tiene que leer los documentos económicos y políticos que fundamentan los crecientes lazos económicos y militares entre Washington y el régimen Calderón en México, los regímenes de García en Perú, Bachelet en Chile y Uribe en Colombia para darse cuenta de que la hegemonía de EE UU aún prevalece en regiones importantes de América Latina. Si miramos más allá del nivel gubernamental nacional, incluso en Estados en los que no haya hegemonía estadounidense, la influencia de EE UU aún es un factor poderoso que forma el comportamiento político de actividades empresariales de derecha potentes, elites políticas financieros y regionales en Venezuela, Ecuador, Bolivia y Argentina. A finales de mayo de 2008, los movimientos regionalistas apoyados por EE UU estaban en la ofensiva, estableciendo un régimen secesionista de facto en Santa Cruz en Bolivia. En Argentina, la élite del negocio de la agroexportación ha organizado un cierre patronal a escala nacional que afecta a la producción y la distribución, apoyado por las grandes confederaciones industriales, financieras y comerciales, contra un impuesto a la exportación promovido por el gobierno de centro-izquierda de Cristina Kirchner. En Colombia, EE UU están negociando con el presidente paramilitar Álvaro Uribe sobre el emplazamiento de una base militar en la frontera con el estado venezolano de Zulia, de gran riqueza petrolera, que da la casualidad que está regido por el único gobernador opuesto a Chávez en el poder, un promotor decidido de la autonomía o la secesión. En Ecuador, el alcalde de Guayaquil, apoyado por los medios de comunicación de derechas y los desacreditados partidos políticos tradicionales, ha propuesto la autonomía respecto del Gobierno central del presidente Rafael Correa. El proceso de desmembración nacional impulsado por el imperio es muy desigual a causa de los diversos grados de las relaciones políticas de poder entre el Gobierno central y los secesionistas regionales. Los secesionistas bolivianos de derecha son los que más han avanzado, habiendo llegado a organizar y ganar un referéndum y declarándose una unidad de gobierno independiente con el poder de recaudar impuestos, formular la política económica exterior y crear su propia fuerza de policía.
El éxito del Santa Cruz secesionista es debido a la incapacidad política y a la total incompetencia del régimen de Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera, que promovió la autonomía para las muchas naciones indias empobrecidas (o indianismo) y terminó sentando las bases para que los oligarcas racistas blancos aprovechen la oportunidad de establecer su propia base separatista de poder. A medida que los separatistas conseguían el control de la población local, procedieron a intimidar a los indios y sindicalistas partidarios del gobierno de Evo Morales, sabotearon violentamente la Asamblea Constitucional y rechazaron la Constitución, mientras conseguían constantes concesiones del débil y conciliatorio gobierno central de Morales. Mientras los separatistas liquidaban la Constitución y utilizaban su control de los medios principales de producción y exportación para incorporar otras provincias, formando un arco geográfico de seis provincias, y la influencia en otras dos en su esfuerzo por degradar al Gobierno nacional. El régimen indianista de Morales-García Linera, compuesto en gran parte de mestizos ex empleados de ONG financiadas en el extranjero, nunca utilizó su poder y el monopolio constitucional formal de la fuerza legítima para hacer cumplir el orden constitucional y para declarar fuera de la ley y para llevar ante los jueces las violaciones por parte de los secesionistas de la integridad nacional y su rechazo del orden democrático.
Morales nunca movilizó el país, ni a la mayoría de las organizaciones populares de la sociedad civil, ni siquiera recurrió al ejército para derrotar a los secesionistas. En cambio continuó con sus impotentes súplicas de diálogo y compromiso, con el que sus concesiones al autogobierno de la oligarquía solamente reforzaron el impulso de ésta hacia el poder regional. Como estudio de caso de gobernanza fallida, frente a una amenaza separatista reaccionaria para la nación, el gobierno de Morales-García Linera representa un fracaso lamentable a la hora de defender la soberanía popular y la integridad de la nación.
Las lecciones bolivianas de gobernanza fallida deben servir de sombrío recordatorio a Chávez en Venezuela y Correa en Ecuador: a menos que actúen con toda la fuerza de la Constitución para frenar los embrionarios movimientos separatistas antes de que consigan una base de poder, se enfrentarán también a la desintegración de sus países. La amenaza más grande está en Venezuela, en donde los militares estadounidenses y colombianos han construido bases en la frontera limítrofe con el estado venezolano de Zulia, infiltrando comandos y fuerzas paramilitares en la provincia. La toma de esta provincia rica en petróleo la consideran una cabeza de puente para privar al Estado venezolano de sus ingresos vitales provenientes del petróleo y desestabilizar al Gobierno central.
Después de varios años de existencia de un movimiento separatista apoyado y financiado por Washington en Bolivia, algunos académicos y expertos progresistas han tomado nota y han publicado comentarios críticos. Lamentablemente, estos artículos carecen de cualquier contexto explicativo, y ofrecen poca comprensión de cómo el separatismo latinoamericano encaja en la estrategia a largo plazo y de gran envergadura de construcción del imperio estadounidense durante el pasado cuarto de siglo.
Hoy, los movimientos separatistas promovidos por EE UU en América Latina están activos en por lo menos tres países. En Bolivia, las provincias de la media luna (Santa Cruz, Beni, Pando y Tarija) han convocado con éxito referéndums provinciales de autonomía, que es aquí el término utilizado para secesión. El 4 de mayo de 2008 los separatistas de Santa Cruz tuvieron éxito: con una participación de casi el 50% del censo de votantes, consiguieron el 80% de votos favorables. El 15 de mayo, la élite político-empresarial anunció la formación de ministerios de comercio exterior y seguridad interna, asumiendo así los poderes efectivos de un estado secesionista. El Gobierno de EE UU, dirigido por el embajador Goldberg, proporcionó apoyo financiero y político a las organizaciones cívicas secesionistas de derecha, por mediación de sus programas de ayuda de 125 millones de dólares que gestiona AID (US Agency for International Development), sus decenas de millones del programa contra la droga, y a través de las ONG favorables a la secesión financiadas por medio de su organismo NED (National Endowment for Democracy.) En las reuniones de la Organización de Estados Americanos y otras reuniones regionales, EE UU se negó a condenar los movimientos separatistas.
A causa de la completa incompetencia y falta de liderazgo político nacional del presidente Evo Morales y su vicepresidente Álvaro García Linera, el Estado boliviano se está atomizando en una serie de cantones autónomos, pues ya otros Gobiernos provinciales intentan usurpar el poder político y hacerse cargo de sus recursos económicos. Desde el principio, el régimen Morales-García Linera firmó una serie de pactos políticos, adoptó políticas y aprobó concesiones a las elites oligárquicas de Santa Cruz, que permitió que reconstruyeran efectivamente su base política natural de poder, sabotearan una asamblea constitucional elegida y socavaran efectivamente la autoridad del Gobierno central. El éxito de la derecha se ha producido en menos de dos años y medio, lo que es especialmente sorprendente si se tiene en cuenta que en 2005, el país vivió una sublevación popular importante que sustituyó a un Presidente de derecha, cuando millones de trabajadores, mineros, campesinos e indios se apoderaron de las calles. Es un tributo al absoluto desgobierno de Morales y García Linera que el país haya pasado tan rápida y decisivamente desde un estado de poder popular insurreccional a un país fragmentado y dividido, en el que una élite agroexportadora separatista se ha hecho con el control del 80% de los recursos productivos del país, mientras el Gobierno central elegido protesta débilmente.
El éxito de la clase dirigente regional secesionista boliviana ha dado alas a movimientos similares de autonomía en Ecuador y Venezuela, dirigidos por el alcalde de Guayaquil (Ecuador) y el gobernador de Zulia (Venezuela). Es decir, el fracaso político del gobierno de Morales y García Linera en Bolivia, apoyado por Estados Unidos, ha llevado al gobierno de este país a asociarse con oligarcas en Ecuador y Venezuela para repetir la experiencia de Santa Cruz en un proceso de separatismo antirrevolucionario permanente.

El separatismo y la ex URSS
La derrota del comunismo en la URSS tuvo poco que ver con lo que el ex asesor de seguridad nacional estadounidense Zbigniew Brzezinski calificó como “bancarrota del sistema debido a la carrera armamentística”. Hasta el final, las condiciones de vida eran relativamente estables y los programas de bienestar siguieron funcionando casi a niveles óptimos, y los programas científicos y culturales recibían una parte sustancial del gasto público. Las élites gobernantes posteriores al sistema comunista no respondían a la propaganda estadounidense sobre las virtudes del libre mercado y la democracia, como pretendieron los presidentes Ronald Reagan, George Bush padre y Bill Clinton: lo prueba de manera evidente el sistema político y económico que impusieron al tomar el poder, y que ni fue democrático ni basado en mercados competitivos. Los nuevos gobiernos de base étnica se asemejaron a monarquías despóticas, depredadoras y nepotistas que regalaron –privatizaron– a un puñado de oligarcas y monopolios extranjeros la riqueza pública acumulada durante los 70 años anteriores de trabajo colectivo e inversión.
La principal fuerza ideológica impulsora de las políticas separatistas es la política de identidad étnica, fomentada y financiada por los organismos de inteligencia y propaganda de EE UU. La política de identidad étnica, que reemplazó el comunismo, está basada en vínculos verticales entre la élite y las masas. Las nuevas elites gobiernan por medio de un nepotismo de tipo clánico-familia-religioso-mafioso, financiado e impulsado con el pillaje y la privatización de la riqueza pública creados bajo el comunismo. Al llegar al poder, las nuevas elites políticas privatizaron la riqueza pública transformándola en riqueza familiar y se convirtieron, ellos y sus cómplices, en una clase gobernante oligárquica. En la mayoría de los casos, los vínculos étnicos entre las elites y los sujetos se disolvieron ante el deterioro de las condiciones de vida, las desigualdades profundas de clase, las elecciones amañadas y la represión del Estado.
En todos los ex estados de la URSS, la única reivindicación de las nuevas clases dirigentes en materia de legitimidad social se basa en la pertenencia a una identidad étnica común. Han desempolvado símbolos medievales y monárquicos del pasado lejano, sacando del armario monarcas absolutistas, parásitas jerarquías religiosas, señores de la guerra precapitalistas, emperadores sangrientos y banderas nacionales de los días del feudalismo terrateniente para forjar una historia y una identidad comunes con las masas recién liberadas. El repetido recurso a pasados símbolos reaccionarios es enteramente apropiado: las actuales políticas despotismo, pillaje y culto a la personalidad guardan resonancias de pasados guerreros históricos, y señores y prácticas feudales.
A medida que los nuevos déspotas post URSS han perdido su lustre étnico como consecuencia de la decepción pública con el pillaje depredador nacional y extranjero de la riqueza nacional, han recurrido al uso sistemático de la fuerza.
El éxito mayor de la estrategia de estadounidense de promover el separatismo fue la destrucción de la URSS, no la promoción de democracias capitalistas independientes viables. Washington logró la exacerbación de conflictos étnicos entre los rusos y las restantes nacionalidades, animando a algunos jefes comunistas locales a separarse de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y a formar estados independientes en los que los nuevos gobernantes pudieran compartir el botín del tesoro local con sus nuevos socios occidentales. Los esfuerzos de desestabilización realizados por EE UU en los países comunistas, especialmente después de la década de 1970 no compitieron en mejores condiciones de vida, mayor crecimiento industrial o programas de bienestar más generosos. En cambio, la propaganda occidental se centró en la solidaridad étnica, un tema que socava la solidaridad de clase y la lealtad al estado y a la ideología comunistas, y consolidó a unas élites pro occidentales, especialmente entre intelectuales públicos y jefes comunistas convertidos en salvadores nacionalistas.
El punto clave de la estrategia occidental era sobre todo la desintegración de la URSS por medio de movimientos separatistas, aunque éstos estuvieran formados por fanáticos fundamentalistas religiosos, políticos gangsteriles, economistas liberales formados en Occidente o jefes militares ambiciosos y con aspiraciones. Lo único que importaba era que enarbolaran la bandera separatista de la autodeterminación. Más tarde, en el período post soviético, las nuevas élites procapitalistas fueron elevadas a la categoría de miembros de la OTAN y estados satélites.
Las políticas de Washington en el periodo post separatista siguieron un proceso en dos etapas: en la primera fase, predominó el apoyo no diferenciado a cualquiera que abogara por la desintegración de la URSS; en la segunda fase, EE UU intentó promocionar a la facción más favorable a la OTAN y a los liberales de mercado, por ejemplo en las llamadas revoluciones de colores en Georgia y Ucrania. El separatismo se consideró como paso preliminar hacia una etapa avanzada de subordinación al imperio estadounidense. La noción de estados independientes es virtualmente inexistente para constructores de este imperio. En el mejor de los casos existe como etapa transitoria de una constelación de poder a un nuevo imperio dirigido por EE UU.
En el período posterior a la desintegración de la URSS, las tentativas de Washington de reclutar nuevas elites pro capitalistas y crear estados satélites tuvieron un relativo éxito. Algunos países abrieron sus economías a una explotación no regulada, especialmente de sus recursos energéticos. Otros, ofrecieron emplazamientos para bases militares. En muchos casos, los gobernantes locales intentaron negociar con los poderes mundiales a la vez que aumentaban su propia fortuna por medio del pillaje.
Ninguna de las repúblicas ex soviéticas llegó a desarrollar un Estado democrático independiente que permitiese recuperar los niveles de vida que su pueblo poseía en los tiempos soviéticos. Algunos gobernantes convirtieron sus países en dictaduras teocráticas, en las que los notables religiosos y el dictador se apoyaban mutuamente. Ninguna de ellas mantuvo la red de seguridad social o los sistemas educativos de alta calidad de la era soviética. Todos los regímenes post soviéticos magnificaron las desigualdades sociales y multiplicaron el número de empresas de características mafiosas. Los delitos violentos crecieron geométricamente, fomentando la inseguridad cada vez mayor del ciudadano.
El éxito del separatismo inducido por EE UU creó, en la mayoría de los casos, oportunidades enormes para el pillaje occidental y asiático de materias primas, especialmente los recursos petrolíferos. La experiencia de los nuevos estados independientes fue, en el mejor de los casos, una ilusión transitoria, a medida que la élite gobernante pasó directamente a la esfera de influencia occidental o se convirtió en una mera tapadera de la subordinación estructural profunda a los circuitos de exportación de materias primas y financieros dominados por Occidente.
Tras la desintegración de la URSS, los estados occidentales se aliaron con las repúblicas que más se ajustaban a sus intereses. En algunos casos firmaron acuerdos con sus gobernantes para establecer bases militares, llenando para ello los bolsillos del dictador de turno mediante préstamos. En otros casos, se aseguraron un acceso privilegiado a los recursos económicos por medio de empresas mixtas. En otros, simplemente ignoraron a los estados de menos recursos y los dejaron caer en la miseria y el despotismo.

Separatismo: Europa del Este, Balcanes y los países bálticos
El aspecto más destacado de la desintegración del bloque soviético fue la rapidez y minuciosidad con que los países pasaron del Pacto de Varsovia a la OTAN, y del dominio político soviético al control económico de EE UU y la UE en casi todos sus sectores económicos importantes. El paso de una a otra forma de subordinación política, económica y militar a otra resalta la naturaleza transitoria de la independencia política, la superficialidad de su significado operativo y la hipocresía espectacular de la nueva élite gobernante que denunciaba alegremente la dominación soviética mientras entregaba la mayor parte de los sectores económicos al capital occidental y una parte de su territorio a la OTAN para que construyera sus bases, mientras que al mismo tiempo facilitaba fuerzas militares mercenarias para luchar contra en las guerras imperiales estadounidenses en un grado mucho mayor a cualquier otro registrado durante el periodo soviético.
El separatismo en estos ámbitos era una ideología para debilitar a la coalición hegemónica adversaria, tanto mejor cuanto más incorporase a sus miembros a una coalición más virulenta y agresiva de construcción de imperio.

Yugoslavia y Kosovo: separatismo forzado
La exitosa desintegración de la URSS y de la alianza del Pacto de Varsovia animó a EE UU y la UE a destruir Yugoslavia, el último país independiente fuera del control de éstos en Europa Occidental. La demolición de Yugoslavia la inició Alemania tras su anexión y demolición de la economía de Alemania Oriental. Poco después se extendió a las repúblicas de Eslovenia y Croacia. EE UU, un recién llegado relativo a la división de los Balcanes, se centró en Bosnia, Macedonia y Kosovo. Mientras que Alemania se extendía por la conquista económica, EE UU, fiel a su misión militarista, recurría a la guerra en alianza con los reconocidos gángsters terroristas albano-kosovares del paramilitar Kosovo Liberation Army (KLA) o Ejército de Liberación de Kosovo. Bajo el liderazgo del sionista francés Bernard Kouchner, las fuerzas de la OTAN facilitaron la purga étnica, el asesinato y la desaparición de decenas de miles de serbios, Roma y disidentes albano-kosovares no separatistas.
La destrucción de Yugoslavia es completa: la restante y fracturada República de Serbia estaba ya a merced ahora de EE UU y sus aliados europeos. Para 2008 había resultado elegida una coalición apoyada por la UE y EE UU, y favorable a la OTAN, y habían desaparecido los últimos restos de Yugoslavia y su herencia histórica de socialismo autogestionario.
Consecuencias del separatismo en la URSS, Europa Oriental y los Balcanes
En todas las regiones en donde triunfó el separatismo patrocinado y financiado por EE UU, las condiciones de vida se derrumbaron, se produjo un pillaje masivo de los recursos públicos en nombre de la privatización, y se alcanzaron niveles sin precedentes de corrupción política. Una cifra en torno a un tercio de la población huyó a Europa Occidental y América del Norte huyendo del hambre, la inseguridad personal –delincuencia–, el desempleo y un futuro dudoso.
Políticamente, el gangsterismo y el número extraordinario de asesinatos condujeron a los empresarios que desarrollaban actividades legítimas a pagar sumas exorbitantes de extorsión, a medida que una nueva clase de delincuentes reconvertidos en empresarios se hacía cargo de la economía y firmaba dudosos acuerdos de inversión y empresas mixtas con empresas transnacionales de la UE, EE UU y Asia.
Los países ex soviéticos ricos en recursos energéticos de Asia central y meridional pasaron a ser gobernados por dictadores opulentos que acumularon fortunas de miles de millones de dólares en el curso de la demolición de las normas igualitarias, la sanidad generalizada y las instituciones científicas y culturales preexistentes. Las instituciones religiosas adquirieron el poder por encima de las asociaciones científicas y profesionales, y contra éstas, invirtiendo los progresos educativos de los setenta años anteriores. La lógica del separatismo se extendió desde las repúblicas a los niveles subnacionales, en un proceso en el que los señores de la guerra y jefes étnicos rivalizaban en la creación de su propia entidad autónoma, con el resultado de guerras sangrientas, nuevos episodios de limpiezas étnicas y nuevas huídas de refugiados de las zonas en conflicto.
Las promesas hechas por EE UU sobre los beneficios que iba a aportar el separatismo no se cumplieron mínimamente. En el mejor de los casos la pequeña élite gobernante y sus socios cosecharon una riqueza enorme, el poder y el privilegio a expensas de la gran mayoría. Cualesquiera que fueran las satisfacciones simbólicas iniciales, que la población de clases bajas puede haber experimentado durante su efímera independencia, la nueva bandera y el poder religioso restaurado fueron siendo erosionados por la paralizante pobreza y las luchas internas violentas por el poder que perturbaron sus vidas. La verdad del asunto es que millones de personas huyeron de sus estados recién independientes, y prefirieron convertirse en refugiados y ciudadanos de segunda clase en países extranjeros.

Conclusión

La falacia mayor de los supuestos liberales y las ONG progresistas en su defensa de la autonomía, la descentralización y la autodeterminación consiste en que estos abstractos conceptos evitan la pregunta histórica fundamental y la pregunta política de fondo: ¿a qué clases, raza o bloque político se está transfiriendo el poder? Durante más de un siglo, en EE UU, la bandera que enarbolaban los terratenientes sureños de derecha racistas, que gobernaban por la fuerza y el terror sobre la mayoría de negros pobres era la de los derechos de los Estados, es decir la supremacía la ley y el orden locales sobre la autoridad del Gobierno federal y de la Constitución nacional. La lucha entre los derechos federales y los de los estados fue una lucha entre una oligarquía sudista reaccionaria y una coalición urbana septentrional progresista formada por trabajadores y clase media.
Hay una necesidad fundamental de desmitificar la noción de autonomía, examinando las clases que la exigen, las consecuencias de la descentralización del poder en términos de distribución de éste, de la riqueza y del poder popular y los benefactores externos de un cambio del Estado nacional a las élites de poder locales y regionales.
Del mismo modo, la irreflexiva manera con que algunos libertarios abrazan cada demanda de autodeterminación ha conducido a algunos de los crímenes más atroces de los siglos XX y XXI. En muchos casos los movimientos separatistas han fomentado o han sido produjo de guerras imperialistas sangrientas, como fue el caso tras a las nazis, las invasiones estadounidenses de Iraq y Afganistán y la salvaje invasión israelí del Líbano y a la desintegración de Palestina.
Para aclarar el sentido de términos como autonomía, descentralización y autodeterminación, y conseguir que estas descentralizaciones del poder se muevan en la dirección histórica progresista, es esencial plantear algunas cuestiones previas: ¿Estos cambios políticos propician el poder y el control de la mayoría de los trabajadores y campesinos sobre los medios de la producción? ¿Llevan a un mayor poder popular en el Estado y en los procesos electorales o consolidan a satélites demagogos defensores de los intereses del imperio, en que la desintegración de un estado establecido lleva a la incorporación de los fragmentos étnicos en un imperio vicioso y destructivo?

jueves, junio 26, 2008

Un salto en las politicas anti- inmigrantes


Giro a la derecha del mapa político europeo

Alejandra Ríos

El pasado 18 de junio, el Parlamento Europeo votó la llamada “Ley de retorno”, que muchos ya renombraron como “Directiva de la vergüenza”. Esta ley, aprobada por los ministros de interior de los 27 estados miembros, profundiza la política de ataque contra los inmigrantes que ya venían aplicando los gobiernos de la UE, y entraría en vigor dentro de dos años. Esta nueva normativa permite la detención de inmigrantes ‘sin papeles’ por un período máximo de 6 a 18 meses, en caso de que el inmigrante detenido se niegue a cooperar o cuando demoren los trámites de averiguación de identidad. Por otra parte, los expulsados no podrán volver a la UE por un período de cinco años; y uno de los puntos más polémicos que ha catalogado a esta ley como la “Directiva de la vergüenza” establece que los menores no acompañados podrán ser entregados a tutores que no sean familiares directos.
Esta nueva ofensiva contra los inmigrantes es parte de una política xenófoba que llevan adelante desde hace años los Estados imperialistas de la UE, que desde hace tiempo implementan la detención de inmigrantes indocumentados en verdaderos campos de concentración.
En un marco de desaceleración económica europea donde lo que prevalece es una desigualdad entre las economías más fuertes como la alemana y los países del sector mediterráneo, los trabajadores inmigrantes en estos últimos son los que sufren un mayor ataque xenófobo. En España, donde la previsión del desempleo es del 11% para 2008, la burguesía utiliza a los trabajadores inmigrantes sin papeles, es decir el sector más explotado y vulnerable, como chivo expiatorio para desviar a los verdaderos responsables de la crisis, haciendo que, por una parte los trabajadores inmigrantes sean las primeras víctimas al perder su empleo a la vez que se los acusa de ser los responsables del aumento de desempleo bajo el argumento xenófobo de que los inmigrantes vienen a robar el trabajo de los nativos.
Según estimaciones de la Comisión Europea, hay ocho millones de trabajadores inmigrantes indocumentados viviendo en los 27 países que componen el bloque europeo, que realizan los peores trabajos y están sometidos a la precariedad y la arbitrariedad patronal por su frágil situación. Quienes no tienen la ‘suerte’ de convertirse en mano de obra casi esclava, sin derechos laborales o sindicales, permanecen detenidos en concidiones aberrantes, en los Centros de Internamiento de Extranjeros ubicados a lo largo de todo el continente, donde los abusos racistas y los malos tratos están a la orden del día. Esta directiva, que viola los más mínimos derechos democráticos, fue votada sin ninguna enmienda en el Parlamento Europeo por una abrumadora mayoría: 369 votos a favor, 197 en contra y 106 abstenciones y contó con el voto de 34 diputados europeos ‘socialistas’, incluidos los del PSOE. Como es evidente, eurodiputados de todos los colores se unen con el fin de encontrar un “marco común” europeo ya que en algunos países no existe un cupo mínimo de ingreso de inmigrantes. Sólo votaron en contra los diputados del PS francés, la Izquierda Europea y los verdes.
Gran Bretaña e Irlanda, a pesar de ser miembros de la UE, no están obligadas a aplicar esta nueva legislación, porque no se han adherido al “Acuerdo de Schegen” que regula los flujos migratorios dentro de la Unión y fortalece el control de la inmigración externa en el Reino Unido, el avance xenófobo se expresa a través de la ley antiterrorista que le permite a la policía detener por un plazo de hasta 42 días (antes eran 28 días) sin cargo a cualquier personal que se considere “sospechoso de terrorismo” y que por lo general son inmigrantes provenientes del mundo musulmán.
Al otro lado del atlántico, la directiva generó la protesta de los presidentes Evo Morales, Hugo Chávez y Correa, quienes además de criticar el trato hacia la población de origen latinoamericano ven peligrar la entrada de ingresos a su país que se manifiesta tanto en en inversiones extranjeras como en concepto de remesas.

“Neoliberales” y”social liberales” unidos contra los inmigrantes...

Como no podía ser de otra manera, el presidente Sarkozy tenía prisa en que se votara esta directvia ya que se apresta a asumir la presidencia rotativa de la UE el próximo 1 de julio y su plan es prohibir en la UE las regularizaciones masivas de trabajadores indocumentados, fortalecer el control fronterizo y sólo permitir el ingreso de inmigrantes a través de la firma de contratos de empleo en los países de origen. Pero nada tiene que envidiarle el PSOE en España, que en la campaña electoral criticó la “mano dura” del Partido Popular y propuso una política más tolerante hacia la inmigración, pero que ahora no sólo votó la nueva directiva, sino que además propuso aumentar el mínimo de días de detención -de 40 a 60. En la España de Zapatero funcionan actualmente 6 centros de detención en los que se apilan inmigrantes que esperan la deportación. El mismo Zapatero, además, explicó que están encaminadas las negociaciones con Sarkozy sobre el llamado “contrato de integración” que, entre otras medidas, obligaría a los inmigrantes a aprender la lengua del país de destino así como a respetar sus valores. El socialista Zapatero agregó que “bajo presidencia francesa llegaremos a un texto de consenso donde se contemplen los aspectos sustanciales que cada uno defendemos”.
El gobierno de Silvio Berlusconi y la Liga Norte en Italia constituye la expresión extrema de esta política racista, y está impulsando una reforma legal que convierte la inmigración ilegal en delito punible con hasta cuatro años de cárcel y, además, ha ordenado “evacuar y expulsar” a los gitanos y ha autorizado que 2.500 militares patrullen junto a la policía para combatir la inseguridad.
Estas políticas de los gobiernos alienta el racismo y los actos aberrantes de violencia contra los inmigrantes en la población, como muestran los pogroms contra los “roms” en Italia y más recientemente el incendio intencional de un centro de detención de inmigrantes indocumentados. Las burocracias de los sindicatos tienen una importante cuota de responsabilidad porque se niegan a defender a los trabajadores inmigrantes, colaborando de hecho en profundizar la fractura entre la clase obrera nativa y los inmigrantes. Esta política contribuyó a abonar el terreno para ‘naturalizar’ el hecho de que los trabajadores inmigrantes sean vistos como causantes de la crisis y de hecho blanco de ataques racistas. En el caso de Francia, donde la CGT viene impulsando una lucha de un sector de los trabajadores ‘sans papiers’, pero detrás de una estrategia de presión y que deja afuera a miles de trabajadores indocumentados que no tienen contratos de trabajo. Frente a tal situación muchos de ellos, junto al sector del servicio doméstico, han ocupado contra la CGT la Bourse de Travail).

...y tambien contra los trabajadores europeos

Los ministros de trabajo de la UE votaron el pasado 10 de junio una directiva por medio de la cual se acepta la ampliación de la actual semana laboral de 48 horas a 60 y 65 horas, de promedio en un plazo de 3 meses. Esta directiva antiobrera, que aún queda por ser discutida a nivel del Parlamento europeo para su aprobación, está a tono con la ofensiva lanzada en otros terrenos, como por ejemplo la privatización de la educación con la Ley Bolonia, y la “ley de retorno” contra los inmigrantes.
Aunque la Confederación de Sindicatos Europeos (CES) calificó de “inaceptable” esta nueva legislación laboral, los sindicatos no han lanzado ninguna lucha seria para combatirla. Es que las burocracias sindicales europeas son parte del “pacto social” con el cual mantienen sometidos a los trabajadores, por eso a pesar de algunas débiles quejas no han hecho nada para tirar abajo esta legislación. La extensión de la semana laboral representa un retroceso y la pérdida de una conquista histórica, conseguida con años de duras luchas de la clase obrera.
La división de la clase obrera, alentada por los prejuicios racistas que difunden partidos y gobiernos patronales, favorece la ofensiva capitalista, debilitando sus filas y su capacidad de resistencia. Ante estos ataques lanzados por los gobiernos de la UE (sean de derecha o “social liberales”), es necesaria la más amplia unidad de todos los trabajadores inmigrantes y nativos que debe empezar por la defensa de los trabajadores inmigrantes frente a los ataques xenófobos y la regularización con iguales derechos y salarios de todos los sin papeles, como parte indispensable de la lucha del movimiento obrero europeo en defensa de sus conquistas históricas.