martes, septiembre 28, 2010

Una huelga general para recuperar la confianza del movimiento obrero


La del 29 de setiembre de 2010 será la séptima huelga general convocada en el estado español desde la Transición hasta nuestros días. Tal vez la que tuvo mayor repercusión fue la del 14 de diciembre del 88 tanto por la participación de los trabajadores como por las consecuencias que tuvo así como por el antes y después que marcó en las relaciones entre los sindicatos y el gobierno del PSOE. La del 29 de setiembre trata de emular la de entonces pero las circunstancias, evidentemente, no son las mismas.

Huelgas generales en España

-5 de abril del 78. UGT y CCOO se suman a una convocatoria europea de la CES (Confederación Europea de Sindicatos) para protestar contra el paro. Tan solo fue de 1 hora y entonces el país era gobernado por Adolfo Suárez, de la UCD.
-20 de junio del 85. CCOO convoca una huelga general contra la Ley de Pensiones, aprobada por el gobierno socialista de Felipe González, que aumentaba el tiempo de 2 a 8 años para el cálculo de las pensiones de jubilación.
-14 de diciembre del 88. Los sindicatos CCOO y UGT convocan, de nuevo contra el gobierno de González, para la retirada del Plan de Empleo Juvenil y contra la política económica. El Ejecutivo tuvo que dar marcha atrás a las medidas y se produjo el llamado “giro social”.
-28 de mayo del 92. UGT y CCOO exigen la retirada del Decreto, también realizado por el gobierno socialista de González, que recortaba las prestaciones por desempleo y el proyecto de Ley de Huelga, reclamando la reindustrialización de España. La huelga general fue de media jornada.
-27 de enero del 94. Nueva huelga general, de nuevo contra un gobierno socialista liderado por González, contra la Reforma Laboral, los recortes en las conquistas sociales y la reforma del mercado de trabajo.
-20 de junio de 2002. CCOO y UGT convocan huelga general contra las medidas de reforma de la protección por desempleo y la Ley Básica de Empleo aprobada por el gobierno presidido por José María Aznar, del Partido Popular. En 2007, el Tribunal Constitucional declaró inconstitucional el Real Decreto.
Unas huelgas generales de las que, curiosamente, cinco son contra medidas tomadas por el Partido Socialista Obrero Español. Todo indica que, en España, la clase dominante utiliza preferentemente a un partido socialdemócrata para llevar a cabo los ajustes más duros contra la clase trabajadora. O lo que es lo mismo, que el PSOE no tiene reparos en plegarse a los intereses capitalistas cuando se trata de aumentar las tasas de ganancia de éstos.
Por otro lado, los motivos de las sucesivas huelgas generales, dejan vislumbrar las pérdidas paulatinas de derechos de los trabajadores desde la instauración de la democracia parlamentaria. En aquellos momentos, para muchos pre-revolucionarios, la burguesía vio peligrar sus intereses ante el avance del movimiento obrero que exigía, no solo un cambio político, sino también mejoras laborales. No tuvo otra opción que ceder con concesiones que se tradujeron en aumentos salariales, convenios colectivos favorables y derechos laborales al alza. Tal vez, el minuto de oro del movimiento obrero español y el punto más alto alcanzado por el sindicalismo personalizado por CCOO y UGT. La Transición, y concretamente los Pactos de la Moncloa, significaron el comienzo de la domesticación del sindicalismo y el inicio de la ofensiva capitalista contra los derechos conseguidos.
Esta cantidad de huelgas generales en casi 35 años pueden dar la impresión de un sindicalismo combativo defensor de los intereses de los trabajadores, pero no es así. El sindicalismo ha ido aceptando, irreversiblemente, las medidas adoptadas por los diferentes gobiernos a la vez que entraba en la espiral de organizaciones subvencionadas, no solo por el estado sino por las propias empresas. Esto le ha llevado a una pérdida de objetivos y el desapego total entre las élites sindicales, no solo de sus propias bases, sino también de la clase trabajadora en general. Prueba de ello es la incertidumbre con la que nos acercamos al 29S.
La propia convocatoria de huelga general muestra ya unas carencias ideológicas preocupantes. La huelga, históricamente utilizada por el movimiento obrero como herramienta contra los abusos de la patronal (los gobiernos capitalistas, en palabras de Marx, no son sino los Consejos de Administración de la clase dominante), y para contraponer en la mesa de negociación la fuerza del trabajo a la fuerza del capital, es usada en este caso como protesta ante las medidas tomadas con mucha antelación. Pierde todo su carácter combativo, hace dudar a la clase trabajadora y no parece mas que justificar la supervivencia del propio sindicalismo.
Además, ante el aluvión de medidas que pretenden hacer pagar la crisis a los trabajadores, la convocatoria de huelga centra su objetivo en la Reforma Laboral, ya aprobada, y ante la que las direcciones sindicales estaban dispuestas a ceder mucho en la negociación: aceptaban las Agencias de colocación con ánimo de lucro, la negociación por convenio de la entrada de las ETT’s en sectores hasta ahora vedados, usar el FOGASA para bonificar el despido con causa… Sin embargo, patronal y gobierno les exigían demasiado. Y esta reforma era inaceptable porque daba en la línea de flotación de los propios sindicatos: precarizaba a los trabajadores con contratos fijos (que constituyen el pilar de su afiliación) y dejaba en papel mojado la negociación colectiva.
La realidad sindical es que estas organizaciones se han ido configurando como instrumentos para la conciliación con la patronal, no en herramientas para la lucha de clases. Así, la propia huelga se plantea para volver a la mesa de negociación e, incluso, para que se “repartan equitativamente” los costes de la crisis.
La Reforma Laboral es una de las agresiones que los trabajadores hemos sufrido en el último año. Reforma que, por no repetir su articulado, prefiero resumir con un ejemplo. La multinacional UPS anunció a finales del año pasado un ERE para la plantilla de la sede de Vallekas, expediente no admitido por improcedente por el gobierno regional de Madrid; pasados los tres meses que marca la ley, volvió a presentar un segundo ERE que volvió a ser rechazado, en este caso por el Ministerio de Trabajo; pasados los tres meses legales, volvió a presentar un tercer ERE que, en este caso, fue retirado por la propia empresa ante la inminencia en la aprobación de la Reforma Laboral. En el mes de setiembre, 18 trabajadores habían recibido la carta de despido acogiéndose a la nueva norma. ¿Qué significa, entonces, la Reforma Laboral? Ni mas ni menos que, ahora, las empresas pueden despedir a trabajadores con menores costos y con causas que antes la ley no permitía. ¿Es la nueva ley un avance o un retroceso para los trabajadores?
Pero hay mas. A principios de año se anunció la Reforma de las Pensiones que aumentaba a 20 años el periodo de cálculo del sueldo de jubilación, los 67 años como nueva edad legal de jubilación (antes eran los 65 años) o la eliminación del derecho a la pensión de viudedad para pasar a ser una prestación sustitutoria. Para lidiar la crisis económica se ha recortado el gasto público en 50.000 millones de euros hasta 2013 con medidas que van desde los recortes en las políticas sociales a la bajada en un 5% en el sueldo de los funcionarios. En el mes de julio se aumentó el IVA en 2 puntos, impuesto que es pagado por los consumidores, mientras el aumento de impuestos a las rentas mas altas sigue demorándose. A la hora de escribir estas líneas vuelve a anunciarse ese aumento pero mas parece una maniobra de distracción en vísperas del 29S. La crisis financiera del año pasado tuvo una respuesta por parte del gobierno de 143.000 millones de euros de ayuda a los bancos mientras que las prestaciones por desempleo en 2009 han supuesto 30.000 millones de euros…
Hay razones para convocar una huelga general, pero también las había a principios de año. Y, a pesar de los desatinos de las dirigencias sindicales, los trabajadores tenemos motivos para secundar la huelga general del 29S porque son muchas las agresiones y muchas las pérdidas que hemos sufrido en los últimos treinta años. Pero, sobre todo, porque parece ser ya la hora de despertar del letargo al que hemos sido sometidos por nuestros propios representantes en las mesas de negociación.
¿Qué qué pasará el día 29? Una incógnita… y la guerra de cifras volverá a ser la clave de la jornada del 30. Pero hay que tener en cuenta un dato fundamental a la hora de calcular el seguimiento de la huelga: la mayoría de los trabajadores españoles no tienen derecho a huelga. No la tienen los 5 millones de parados, no la tienen la mayoría de los millones de trabajadores autónomos para los que trabajar o no trabajar ese día significa llegar o no llegar a fin de mes, no la tienen los millones de trabajadores en precario para quienes secundar la huelga puede suponer el despido inmediato, no la tienen la mayoría de trabajadores inmigrantes ni aquellos trabajadores que deberán cumplir los casi siempre abusivos servicios mínimos…
Pero la clave del éxito de esta gran movilización no va a ser el 29S sino la continuidad que el movimiento obrero le dé a partir de esa fecha hasta conseguir que el ejecutivo de marcha atrás en su medidas. La participación, no cabe duda, es importantísima pero no debe ser sino el principio de más movilizaciones y de la recuperación de la confianza del movimiento obrero.

Miguel Arróniz

lunes, septiembre 27, 2010

Imperialismo y barbarie imperialista


El imperialismo, su carácter, medios y fines, han ido cambiando según la época y el lugar. Históricamente, el imperialismo occidental ha ido adoptando las modalidades tributaria, mercantil, industrial, financiera y, en el período contemporáneo, una forma única de construcción del imperio “brutalmente militarista”. Dentro de cada “período”, “coexisten” con el modo dominante elementos de pasadas y futuras formas de dominación y explotación imperialista. Por ejemplo, en los antiguos imperios griego y romano, los privilegios comerciales se complementaban con la extracción de pagos tributarios. El imperialismo mercantil se vio precedido y acompañado inicialmente por el saqueo de las riquezas y la extracción de impuestos, en ocasiones referido como “acumulación primitiva”, donde el poder político y militar diezmaba a las poblaciones locales y extraía la riqueza, transfiriéndola obligatoriamente a las capitales imperiales. Cuando el ascendiente comercial imperial se consolidó, empezó a aparecer cada vez más, como co-participante, el capital industrial, que se vio apoyado por las políticas estatales imperiales de manufacturación de productos que acabaron con los fabricantes nacionales locales consiguiendo controlar esos mercados locales. El imperialismo impulsó la industria moderna, combinó producción y comercio, ambos complementados y apoyados por el capital financiero y sus instrumentos auxiliares: los seguros, el transporte y otras fuentes de “ingresos invisibles”.
Bajo las presiones de los movimientos nacionalistas y antiimperialistas socialistas, los imperios coloniales estructurados tuvieron que dar paso a nuevos regímenes nacionalistas. Algunos de ellos reestructuraron sus economías, diversificando sus sistemas productivos y socios comerciales. En algunos casos impusieron barreras protectoras para promover la industrialización. El imperialismo basado en la industria se opuso primero a estos regímenes nacionalistas, colaborando con los sátrapas locales para deponer a los dirigentes nacionalistas que se orientaban hacia la industria. Su objetivo era conservar o restaurar la “división colonial del trabajo”, la producción de base que se intercambiaba por productos terminados. Sin embargo, en la tercera parte del siglo XX, la construcción del imperio industrial empezó un proceso de adaptación “saltando sobre las barreras tarifarias”, invirtiendo en formas elementales de “producción” y en el trabajo intensivo en productos de consumo. Los fabricantes imperiales contrataron plantas de ensamblaje organizadas alrededor de productos ligeros de consumo (textiles, zapatos, productos electrónicos).
Sin embargo, esos cambios básicos en las estructuras políticas, sociales y económicas, tanto del imperio como de los antiguos países coloniales, llevaron por caminos imperiales divergentes a la construcción del imperio, lo que motivó actuaciones opuestas de desarrollo en ambas regiones.
El capital financiero anglo-estadounidense consiguió aventajar al industrial, invirtiendo en tecnología altamente especulativa, biotecnología, sector inmobiliario e instrumentos financieros. Los constructores del imperio japonés y alemán decidieron modernizar las industrias de exportación para asegurarse los mercados exteriores. Como consecuencia, se aumentaron las cuotas de mercado, especialmente entre los países emergentes en la industria, como los del Sur de Europa, Asia y Latinoamérica. Algunos antiguos países coloniales y semicoloniales evolucionaron también hacia formas más elevadas de producción industrial, desarrollando industrias de alta tecnología, produciendo capital e intermediarios, así como productos de consumo, desafiando la hegemonía imperial de Occidente alrededor suyo.
En los primeros años de la década de 1990 se produjo un cambio básico en la naturaleza del poder imperial. Esto llevó a una profunda divergencia entre las políticas imperialistas pasadas y presentes y entre los regímenes expansionistas establecidos y los emergentes.

Pasado y presente del imperialismo económico

La construcción del imperio moderno de base industrial (IMI) se lleva a cabo asegurando las materias primas, explotando mano de obra barata y aumentando las cuotas de mercado. Esto se ha logrado en colaboración con gobernantes maleables, ofreciéndoles reconocimiento político y ayuda económica en términos que superaban a los de sus competidores imperiales. Esa es la senda seguida por China. El IMI se abstiene de cualquier intento de obtener posesiones territoriales, ya sea en forma de bases militares o de posiciones ocupantes “consultivas” en el núcleo de instituciones del aparato coercitivo. En su lugar, el IMI trata de maximizar el control a través de inversiones que consigan la propiedad directa o “asociación” con el estado y/o funcionarios privados en sectores económicos estratégicos. El IMI utiliza incentivos económicos en forma de subvenciones y préstamos concesionarios a bajo interés. Ofrece construir proyectos de infraestructuras de ferrocarriles, aeropuertos, puertos y autopistas a gran escala y largo plazo. Estos proyectos tienen el doble objetivo de facilitar la extracción de la riqueza y abrir mercados a las exportaciones. El IMI mejora también las redes de transporte para los productores locales a fin de conseguir aliados políticos. Es decir, que los IMI de China y la India dependen en gran medida del poder del mercado para ampliar o eliminar competidores. Su estrategia se basa en crear “dependencias económicas” para conseguir beneficios económicos a largo plazo.
En contraste, la barbarie imperial se desarrolla a partir de una fase anterior de imperialismo económico que combinó el uso inicial de la violencia para asegurar los privilegios económicos seguida del control económico sobre los recursos lucrativos.
Históricamente, el imperialismo económico (IE) recurrió a la intervención militar para derrocar a los regímenes antiimperialistas y asegurarse clientes políticos colaboradores. Posteriormente, el IE estableció bases militares frecuentemente y formó y envió misiones de asesoramiento para reprimir los movimientos de resistencia y asegurar una oficialía militar local receptiva al poder imperial. El objetivo era asegurar los recursos económicos y una dócil fuerza laboral dócil para maximizar las rentabilidades económicas.
Es decir, en esta vía “tradicional” de la construcción del imperio económico, el ejército quedaba subordinado a la necesidad de maximizar la explotación económica. La potencia imperial trataba de preservar el aparato estatal post-colonial y el equipo profesional, utilizándolos para el nuevo orden económico imperial. El IE busca preservar a las elites para mantener la ley y el orden como cimientos básicos de la reestructuración de la economía. El objetivo era asegurar una serie de políticas que se adaptaran a las necesidades económicas de las corporaciones y bancos privados del sistema imperial. La táctica principal de las instituciones imperiales era designar profesionales educados en Occidente para que diseñaran políticas que maximizaran las ganancias privadas. Esas políticas incluían la privatización de todos los sectores económicos estratégicos; la demolición de todas las medidas protectoras (“mercados iniciales”) que favorecían a los productores locales; la implantación de impuestos regresivos sobre los consumidores locales, trabajadores y empresas mientras reducían o eliminaban los impuestos y controles sobre las firmas imperiales; la eliminación de legislación laboral protectora y la ilegalización de las organizaciones independientes de clase.
En su apogeo, el imperialismo económico occidental llevó a la transferencia masiva de beneficios, intereses, royalties y riquezas espurias de las elites nativas de los países post-coloniales a los centros imperiales. En la medida en que el imperialismo post-colonial se adaptaba, los trabajadores, agricultores y empleados locales eran quienes soportaban los costes de administrar todas estas dependencias imperiales.
Aunque el imperialismo económico histórico y el contemporáneo tienen muchas similitudes, se aprecian varias diferencias importantes. Por ejemplo, tenemos el caso de China, el modelo principal de imperialismo económico contemporáneo, que no ha establecido sus “puestos de avanzada” mediante golpes o intervenciones militares, de ahí que no posea “bases militares” ni una casta militarista poderosa compitiendo con su clase empresarial a la hora de moldear la política exterior. A diferencia, el imperialismo económico occidental contenía las semillas para la aparición de una poderosa casta militarista capaz, en determinadas circunstancias, de afirmar su supremacía moldeando las políticas y prioridades de la construcción del imperio.
Esto es exactamente lo que se ha transpirado en los últimos veinte años, especialmente con respecto a la construcción del imperio estadounidense.

El surgimiento y consolidación de la barbarie imperial

El doble proceso de intervención militar y explotación económica que caracterizó al imperialismo occidental tradicional fue evolucionando gradualmente hacia una variante del imperialismo dominante intensamente militarizada. Los intereses económicos, tanto en términos de costes económicos, beneficios y cuotas de mercado global, fueron sacrificados en aras a la dominación militar.
La desaparición de la URSS y la reducción de Rusia al estatus de estado roto, debilitaron a los estados que eran sus aliados, “abriéndoles” a la penetración económica occidental, haciéndoles vulnerables al ataque militar occidental.
El Presidente Bush (padre) percibió la desaparición de la URSS como una “oportunidad histórica” para imponer unilateralmente un mundo unipolar. Según esta nueva doctrina, EEUU reinaría de forma suprema a nivel global y regional. Las proyecciones del poder militar estadounidense operarían ahora sin ningún estorbo de disuasión nuclear alguna. Sin embargo, Bush (padre) estaba profundamente incrustado en la industria petrolera estadounidense. Por tanto, trató de alcanzar un equilibrio entre la supremacía militar y la expansión económica. De ahí que la primera guerra de Iraq de 1990-91 provocara la destrucción militar el ejército de Sadam Husein, aunque sin ocupar todo el país ni destruir la sociedad civil, la infraestructura económica ni las refinerías de petróleo. Bush (padre) representó un difícil equilibrio entre dos series de intereses poderosos: por una parte, las corporaciones petrolíferas ansiosas de acceder a los campos petrolíferos de propiedad estatal y, por otra, la configuración militarista del poderoso poder sionista dentro y fuera de su régimen. El resultado fue una política imperial que perseguía debilitar a Sadam identificándole como amenaza para los estados clientelistas estadounidenses del Golfo, aunque sin derrocarle del poder. El hecho de que siguiera en su cargo y continuara apoyando la lucha palestina contra la ocupación colonial del estado judío irritó muchísimo a Israel y a sus agentes sionistas en Estados Unidos.
Con la elección de William Clinton, el “equilibrio” entre el imperialismo económico y militar cambió de forma espectacular a favor del segundo. Bajo Clinton, se nombró a varios fervientes sionistas para muchos de los puestos estratégicos de política exterior de su Administración. Esto aseguró el bombardeo continuo e inmisericorde de Iraq que destrozó su infraestructura. Este brutal giro se vio complementado con un boicot económico para destruir la economía del país y no sólo “debilitar” a Sadam. De igual importancia es que el régimen de Clinton adoptó completamente y promovió el ascendiente del capital financiero nombrando a bien conocidos elementos de Wall Street (Rubin, Summers, Greenspan y demás) para puestos clave, debilitando el poder relativo de las industrias petroleras y del gas como fuerzas motrices de la política exterior. Clinton puso en movimiento a los “agentes” políticos de un imperialismo altamente militarizado, totalmente comprometido con la destrucción de un país en aras a su dominación…
El ascenso de Bush (hijo) amplió y profundizó el papel del personal sionista-militarista en el gobierno. Las explosiones inducidas que derrumbaron las torres del World Trade Center en Nueva York sirvieron como pretexto para precipitar el lanzamiento de la barbarie imperial y auguraron el eclipse del imperialismo económico.
Mientras la construcción del imperio estadounidense se convertía en militarismo, China aceleraba su giro hacia el imperialismo económico. Su política exterior se encaminó a asegurar las materias primas a través del comercio, las inversiones directas y las empresas mixtas. Fue ganando influencia mediante fuertes inversiones en las infraestructuras, una especie de imperialismo del desarrollo, estimulando el propio crecimiento y el del país “anfitrión”. En este nuevo contexto histórico de competición global entre un mercado emergente, dirigido por un imperio, y un atávico estado militarista imperial, el primero obtuvo inmensos beneficios económicos sin coste administrativo o militar prácticamente alguno, mientras que el segundo vaciaba su tesoro para asegurar efímeras conquistas militares.
La conversión del imperialismo económico en militarista fue en gran medida la consecuencia de la omnipresente y “profunda” influencia de políticos de credo sionista. Los políticos sionistas combinaron habilidades técnicas modernas con lealtades tribales primitivas. Su singular búsqueda del dominio de Israel en Oriente Medio les llevó a orquestar una serie de guerras, operaciones clandestinas y boicots económicos que han paralizado la economía estadounidense, debilitando las bases económicas de la construcción imperial.
La deriva militarista de la construcción del imperio en el actual contexto global post-colonial fomentó inevitablemente las invasiones destructivas de estados-nación relativamente estables y funcionales, con fuertes lealtades nacionales. Destructivas guerras convirtieron la ocupación colonial en conflictos prolongados con movimientos de resistencia vinculados a la población general. De ahí que la lógica y práctica del imperialismo militarista llevara directamente a la barbarie y adaptación generalizada y a largo plazo del modelo israelí de terrorismo colonial contra toda una población. Esto no fue una mera coincidencia. Los fervientes defensores sionistas de Israel en Washington habían “bebido profundamente” en la fosa séptica de las prácticas totalitarias israelíes, incluyendo el terrorismo masivo, las demoliciones de casas, el saqueo de la tierra, los equipos de asesinas fuerzas especiales en el exterior, los arrestos masivos sistemáticos y las torturas. Estas y otras prácticas brutales, condenadas por las organizaciones de derechos humanos del mundo entero (incluidas las existentes en Israel), se convirtieron en prácticas rutinarias de la barbarie imperialista estadounidense.

Los medios y objetivos de la barbarie imperialista

El principio organizador de la barbarie imperialista es el concepto de guerra total. Total en el sentido de que 1) se aplican todas las armas de destrucción masiva; 2) toda la sociedad se convierte en objetivo; 3) se desmantelan, completamente, los aparatos civil y militar del estado y se reemplazan por funcionarios coloniales, mercenarios y sátrapas corruptos y sin escrúpulos. Se ataca a toda la clase moderna profesional por constituir una expresión del estado nacional moderno y se la reemplaza con bandas y clanes retrógrados de carácter étnico-religioso, bien dispuestos a los sobornos y a compartir cuotas del botín. Se pulverizan todas las organizaciones existentes de la sociedad civil y se las reemplaza con compinches del saqueo vinculados con el régimen colonial. Se desarticula la economía entera mientras se bombardean las infraestructuras elementales como las referidas al agua, electricidad, gas, carreteras y sistemas de saneamiento, junto con las fábricas, las oficinas, los lugares del patrimonio cultural, los campos cultivados y los mercados.
El argumento israelí de objetivos de “uso doble” sirve a los políticos militaristas como justificación para la destrucción de las bases de una civilización moderna. Desempleo masivo, desplazamientos de población y retorno a los intercambios primitivos característicos de las sociedades pre-modernas son los rasgos que definen la “estructura social”. Las condiciones sanitarias y educativas se deterioran y en algunos casos hasta desaparecen. La población se ve acosada por enfermedades que tendrían curación y las deformidades en los recién nacidos, como consecuencia del uso del uranio empobrecido, son las armas principales de la barbarie imperialista.
En resumen, el ascendiente del imperialismo brutal produce el eclipse de la explotación económica. El imperio agota su tesoro buscando la conquista, la destrucción y la ocupación. Incluso son “otros” los que explotan la economía residual: los comerciantes y fabricantes de estados colindantes no beligerantes. En el caso de Iraq y Afganistán, eso va referido a Irán, Turquía, China y la India.
El evanescente objetivo del imperialismo brutal es el control militar total, basado en la prevención de cualquier renacimiento económico y social que pudiera llevar a una recuperación del antiimperialismo laico enraizado en una república moderna. El objetivo de asegurar una colonia gobernada por compinches, sátrapas y señores de la guerra de carácter étnico-religioso –que proporcionan bases militares y permiso para intervenir- es fundamental en toda la concepción de la construcción del imperio de carácter militar. La eliminación de la memoria histórica de un estado-nación moderno, laico e independiente y de su correspondiente patrimonio nacional resulta de singular importancia para el imperio de la barbarie. Esa tarea se le asigna a los prostitutos académicos y publicistas afines que van y vienen entre Tel Aviv, el Pentágono, las universidades de la Ivy League y las fábricas de propaganda para Oriente Medio en Washington.

Consecuencias y perspectivas

De forma muy clara, la barbarie imperial (como sistema social) es el enemigo más retrógrado y destructivo de la vida civilizada moderna. A diferencia del imperialismo económico, no explota el trabajo y los recursos, destruye los medios de producción, asesina trabajadores, agricultores y socava la vida moderna.
El imperialismo económico es claramente más beneficioso para las corporaciones privadas pero también coloca potencialmente las bases para su transformación. Sus inversiones llevan a la creación de unas clases trabajadora y media capaces de asumir el control en los momentos culminantes de la economía a través de la lucha nacionalista o socialista. En cambio, el descontento de la población asolada y el pillaje de las economías bajo la barbarie imperial han provocado la aparición de movimientos de masas pre-modernos étnico-religiosos, con prácticas retrógradas (terrorismo de masas, violencia sectaria, etc.). La suya es una ideología adecuada para un estado teocrático.
El imperialismo económico, con su “división colonial del trabajo”, extracción de materias primas y exportación de productos terminados, llevará inevitablemente a nuevos movimientos nacionalistas y quizá, posteriormente, socialistas. Aunque el IE destruye a los productores locales y desplaza, mediante las exportaciones industriales baratas, a miles de trabajadores de la industria, hace que aparezcan una serie de movimientos. China puede tratar de evitar esto a través de los “transplantes de plantas”. En contraste, el imperialismo brutal no es sostenible porque lleva a guerras prolongadas que drenan el tesoro imperial e hieren y matan a miles de soldados estadounidenses cada año. La población interna no puede aceptar inacabables guerras imposibles de ganar.
Los “objetivos” de la conquista militar y del gobierno sátrapa son ilusorios. Una clase política estable, “arraigada”, capaz de gobernar mediante consentimiento tácito o manifiesto es incompatible con los supervisores coloniales. Los objetivos militares “extranjeros”, impuestos a los políticos imperiales mediante la influyente presencia de sionistas en los puestos clave, han asestado un golpe fortísima en contra de la búsqueda de oportunidades de las multinacionales estadounidenses mediante políticas de sanciones. El recurso a la barbarie, impulsado arriba y abajo por los altos gastos militares y por los poderosos agentes de una potencia extranjera, tiene poderosos efectos en perjuicio de la economía estadounidense.
Es mucho más probable que los países que buscan inversión extranjera acepten empresas mixtas con exportadores económicos de capital que arriesgarse a atraer a EEUU con todo su ejército y sus clandestinas fuerzas especiales y otros muchos equipajes violentos.
Actualmente, el panorama global se muestra sombrío para el futuro del imperialismo militarista. En Latinoamérica, África y especialmente en Asia, China ha desplazado a EEUU como principal socio comercial en Brasil, Sudáfrica y el Sureste Asiático. Mientras, EEUU se revuelca en guerras ideológicas imposibles de ganar en países marginales como Somalia, Yemen y Afganistán. EEUU organiza un golpe en la diminuta Honduras, mientras China firma empresas mixtas por miles de millones de dólares en proyectos alrededor del acero y del petróleo en Brasil y Venezuela y de producción de grano en Argentina. EEUU se especializa en apoyar estados rotos como Méjico y Colombia, mientras China invierte fuertemente en industrias extractivas en Angola, Nigeria, Sudáfrica e Irán. La relación simbiótica con Israel convierte a EEUU en el aliado ciego de la barbarie totalitaria y de inacabables guerras coloniales. En contraste, China profundiza sus vínculos con las dinámicas economías de Corea del Sur, Japón, Vietnam, Brasil y las riquezas petrolíferas de Rusia y las materias primas de África.

James Petras

El Partido Socialista Unido de Venezuela gana las elecciones legislativas

Una nueva victoria

Con una histórica participación del 66,45%, el Partido Socialista Unido de Venezuela, en alianza con el Partido Comunista de Venezuela, PCV, vence en las elecciones legislativas venezolanas.
PSUV-PCV consigue 95 diputados, de los 165 que estaban en juego. La oposición, agrupada en la Mesa de la Unidad Democrática, MUD, obtiene 59 diputados, Patria Para Todos, PPT, 2 diputados y 3 diputados para los movimientos indígenas . Faltarían, 7 diputados por adjudicar, después del primer boletín del Consejo Nacional Electoral, CNE.
La oposición venezolana, con la llamada Mesa de la Unidad Democrática, MUD, consolida su crecida de votos, evita que el PSUV-PCV consiga los dos tercios que necesitaba para gobernar con comodidad, evita así la mayoría calificada y se posiciona políticamente con vistas a las elecciones presidenciales del 2012. Su mayor número de votos los consigue en las grandes ciudades y gana con claridad en 4 de los 24 estados nacionales, aunque pierde el Distrito Capital.
El PPT esperaba conformarse como un nuevo actor político con el objetivo de desmarcarse de la polarización ideológica, recogiendo los votos de los llamados “ni-ni”. Sin embargo, sólo obtiene 2 diputados. Ni siquiera logró un diputado, de los 9 en disputa, en el estado Lara, donde el gobernador electo por el PSUV, Henry Falcón, abandonó el partido para integrar las filas del PPT.
¿Y el chavismo? algunos analistas pronosticaban un resultado ajustado que pudiera poner en aprietos el proyecto bolivariano. Después de 11 años de gobierno, el desgaste propio de años en el poder, la presión mediática, graves errores de gestión, ineficiencia, falta de planificación, improvisación, corrupción, graves problemas de inseguridad, cortes de luz por crisis eléctrica, las divisiones internas (entre ellas, la salida del PPT del bloque de chavista), en medio de la mayor crisis económica internacional de las últimas décadas, recesión económica, devaluación de la moneda y una alta inflación, la alianza chavista ha conseguido sobrevivir y volver a derrotar a la oposición.
Es difícil que la oposición encuentre una coyuntura tan favorable, habiendo gozado de todo el apoyo de los medios de comunicación privados comerciales, más de 600 emisoras de radios, más de 40 cadenas de televisión, con alrededor del 75% de la propaganda electoral y con financiación internacional a través de organizaciones como la norteamericana USAID.
Esta derrota, les obliga a replantear la estrategia para el 2012 y hace temer que tomen caminos no “democráticos” en un contexto internacional donde las reservas mundiales de petróleo empiezan a escasear.
Venezuela posee una de los mayores reservas mundiales de petróleo y de gas natural. Está previsto que para este año se eleven las reservas de crudo hasta los 314 mil millones de barriles, superando a Arabia Saudí y convirtiendo a Venezuela en el país con mayores reservas de crudo del mundo. Además, envía a China alrededor de 500.000 barriles diarios de petróleo y en los próximos años está previsto que superare el millón de barriles diarios, la cantidad que actualmente Venezuela exporta a Estados Unidos.
Por tanto, Como afirma Aram Aharonian “La Revolución Bolivariana es hoy el obstáculo real para los planes expansionistas e injerencistas de Washington, que incluyen transformar el Golfo de México, América Central y el norte de América del Sur en el nuevo Medio Oriente.”
Y los grandes derrotados de estas decisivas elecciones legislativas son los medios de comunicación. A pesar de la inmensa campaña internacional en contra del presidente Chávez, el apoyo al proceso bolivariano permanece intacto. En 11 años como Presidente, el “dictador” venezolano ha superado la presión mediática, la presión económica, la presión política, un golpe de estado, ha dado salud y educación para todos, ha disminuido la pobreza a la mitad y ha ganado 14 elecciones de 15 convocatorias.

Rafael Rico Ríos
Rebelión

domingo, septiembre 26, 2010

Cien años de Miguel Hernández


En octubre se cumplirán 100 años del nacimiento del poeta español Miguel Hernández, quien cantó como pocos a su tierra, sus paisajes, al amor, la vida pastoril. Pero también supo cantar sobre la miseria en la que vivía su pueblo, sobre la injusticia secular de su país y sobre la necesidad de la revolución. Cuando la guerra civil española estalló y los militares golpistas se enfrentaron con las armas contra el bando popular, Miguel se enroló voluntariamente en el Quinto Regimiento, órgano de combate del Partido Comunista. Allí estaba ahora el poeta, vuelto soldado: cavando trincheras, con un fusil al hombro. Por Revista La Llamarada.

Por ANRed - L (redaccion@anred.org)

En el año del centenario del poeta y combatiente, se multiplican los homenajes. Pero, ¿quién fue Miguel Hernández? ¿Qué impulsos alentaban sus versos?
Este año se cumple el 100º aniversario del nacimiento del poeta español Miguel Hernández. Múltiples homenajes se disputarán la escena, y en cada uno de ellos, lo que estará en pugna será qué se elige recordar de este escritor; qué se decide exaltar, y qué callar. Esquivando lecturas y biografías de Hernández que pasan por su recuerdo acrítico y su recitación descafeinada, puede encontrarse publicado un amplio abanico de literatura sobre él, que va desde visiones de derecha -que aclaman y sobredimensionan su origen católico a la par que lamentan su “desvío” hacia la poesía social y la militancia comunista- y versiones progresistas que reconocen su praxis política, pero la tiñen de un aire pintoresco o de una nostalgia cómoda, y no plantean una necesaria actualización ni reconocen su vigencia. En medio de todo ello, la voz y la letra de Miguel Hernández que, como decía él mismo, desde debajo de la tierra y con gritos, con voces de alondra, o zumo de clavel intentan abrirse paso junto con la verdad histórica y la justicia poética.

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Miguel Hernández nació en 1910, en Orihuela, un municipio español de algunos miles de habitantes en la provincia de Alicante. Los biógrafos del poeta coinciden en caracterizar a su pueblo natal como un espacio dominado por la Iglesia Católica, donde el aire medieval se respiraba en pleno siglo XX, y donde había más sotanas que olivares. Miguel nació en ese contexto local, en la casa de un modesto vendedor de cabras. Desde niño conocería el pastoreo y el trabajo en la huerta: a los doce años, aproximadamente, su padre, un campesino severo y tosco que siempre se opondría a la vocación artística de su hijo, lo quitó de la escuela para que trabajara, pese al ofrecimiento de los jesuitas de becarlo. Su juventud fue, como era casi inevitable en su tierra natal, monitoreada por sacerdotes y personajes de derecha. Pero pronto se sacudiría de encima el lastre oscurantista que el catolicismo ibérico le había ceñido.

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Miguel Hernández cantó como pocos a su tierra, sus paisajes, al amor, la vida pastoril. Pero también supo cantar sobre la miseria en la que vivía su pueblo, sobre la injusticia secular de su España, y sobre la necesidad de la revolución. En sus viajes de juventud conoció Madrid, y allí trabó amistad con Neruda y con González Tuñón, entre otros; ambos de decisiva influencia para su viraje ideológico. Su evolución intelectual y estética no sólo repercutió en la literatura. Cuando la Guerra Civil Española estalló, y los militares golpistas se enfrentaron con las armas contra el bando popular, Miguel se enroló voluntariamente en el Quinto Regimiento, órgano de combate emblemático del Partido Comunista español. Para entonces, poco quedaba de su pasado católico. “Me libré de los templos: sonreídme,/ donde me consumía con tristeza de lámpara”, había escrito allá por 1935 en un poema de ruptura. Allí estaba ahora el poeta, vuelto soldado: cavando trincheras, con un fusil al hombro.

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Durante la guerra, Hernández publicó dos poemarios: su inmortal e ineludible Viento del pueblo (escrito desde fines de 1936, con los primeros impulsos de la batalla) y su más reflexivo e intimista El hombre acecha (escrito durante 1938). En septiembre de 1937, el poeta viaja por cerca de un mes a la Unión Soviética, donde participa de diversas actividades políticas y culturales. Ante la posibilidad de prolongar allí su estadía, se decide por volver prontamente a pelear entre los suyos y correr su suerte: en noviembre se halla junto al ejército republicano de la toma de Teruel. Ése también era Miguel Hernández: el que pudiendo encargarse de aspectos ligados a la diplomacia y el arte, optaba por volver a los frentes de batalla. Ése era; tan poco parecido al que es leído muchas veces mediante algunos versos desgajados de su vida y del resto de su obra que, concebida como totalidad, fue mucho más que renglones para enamorados, excelsas versificaciones y una rima y un metro bien medidos.

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"Es preciso matar para seguir viviendo", decía el poeta en su "Canción del esposo soldado". Versos que, escritos en guerra, no camuflan el odio al enemigo, ni buscan eludir definiciones. Versos que parecerían emparentados con otra frase, perteneciente a un combatiente unas décadas posterior, que hablaba del necesario odio para derrotar a un enemigo que es brutal. ¿Citarán estos versos quienes homenajeen a este poeta universal? ¿Hablarán de su comunismo inclaudicable, aún en prisión y bajo pena de muerte? ¿Qué opinarán de este escritor aquellos artistas e intelectuales que se embanderan hoy con el mal menor, el pragmatismo, la prosternación ante los tiempos que corren? ¿Qué dirán los que guardaron en el placard o debajo de la alfombra insignias y retratos hábilmente sustituidos por discursos políticamente correctos, posibilismos, puestos ministeriales y aumentos en las ventas de sus libros o discos? Como conjuro contra los homenajes de mercado a este verdadero poeta revolucionario, baste recordar su final. Ya culminada la guerra, con la derrota republicana, Miguel es apresado. Se lo juzga y condena a pena de muerte. La sanción fue mantenida en suspenso durante meses, y luego de tan tortuosa espera fue conmutada por una prisión superior a su edad: 32 años de cárcel. Cabe destacar la actitud de Miguel Hernández durante todo el proceso. Pese a haber sido golpeado, y haber sufrido como los otros presos políticos condiciones durísimas de encarcelamiento, no se doblega. Al ser interrogado, reconoce sus ideales antifascistas y revolucionarios, y nunca se desdice de su obra. Estando pendiente la pena capital, el poeta es visitado en la cárcel por Rafael Sánchez Mazas y otros intelectuales falangistas. Esta visita tiene una oscura finalidad: los emisarios del régimen vienen prometer a Miguel Hernández su indulto y liberación si él pasa, como otros ya lo habían hecho, a colaborar con el bando de Franco. Los enviados del poder le comunican al poeta el precio de su vida: la traición. El poeta expulsa a los visitantes de su celda, ofendido por tan ruin ofrecimiento.

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Miguel Hernández murió un 28 de marzo de 1942, luego de haber transitado durante más de dos años por una media docena de cárceles, y de no haber recibido la más mínima atención humanitaria ni médica. Tenía 31 años. Era otra víctima del franquismo gobernante, que por medio de sus escuadras falangistas había fusilado años atrás a Federico García Lorca. En el caso de Hernández, el fascismo español había procurado una muerte con más sigilo: a la bestialidad escandalosa de un pelotón, la había reemplazado por la falta de asistencia. En prisión, pésimamente alimentado y sin medicina alguna, el poeta había agonizado durante meses por una tuberculosis. Sus correspondencias finales atestiguan cómo le realizaban escasas curaciones en un drenaje en sus pulmones utilizando trapos sucios; cómo convivía diariamente junto a ratas y alimañas.

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A 100 años de su nacimiento, su obra, plena de actualidad y vigor, espera ser visitada de nuevo por las presentes generaciones. Esto se torna indispensable, especialmente en esa España en la que ningún criminal del franquismo fue siquiera juzgado, y en este presente donde tan imperioso se hace que soplen otra vez los vientos del pueblo. De nuevo, y esta vez, más fuerte.

Vencer o Morir. Hasta la Victoria Siempre

Trascendentes elecciones parlamentarias en Venezuela


"El pueblo legislador", próximo desafío de la Revolución Bolivariana

Este domingo se vota en Venezuela el recambio completo de la Asamblea Nacional, órgano unicameral que ejerce el poder legislativo desde la Constitución parida en 1999. Las elecciones servirán para actualizar la correlación de fuerzas entre los dos bloques políticos antagónicos: El PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela), acompañado por el PCV (Partido Comunista de Venezuela), frente a la opositora Mesa de Unidad, integrada por una veintena de partidos de derecha. Pero sobre todo, los comicios significarán una nueva prueba a la salud y al porvenir de la Revolución Bolivariana, que para la ocasión incorpora a su batería de ensayos la propuesta de “El Pueblo Legislador”.
Unos 18 millones de venezolanas y venezolanos integran el padrón electoral que podrá elegir a los 165 diputados y diputadas a la Asamblea Nacional, incluidos los tres representantes indígenas. Además se elegirán los 12 diputados y diputadas al Parlamento Latinoamericano (único país que lo hace por voto directo).
La votación va a determinar qué porcentaje recuperará la oposición en el parlamento, teniendo en cuenta que en las anteriores legislativas decidieron no presentarse, en un patético y fallido intento de boicot. Ahora vuelven a apostar por la vía democrática con una coalición agarrada con alfileres, prácticamente sin figuras relevantes y sin mostrar un proyecto unificado, con una única propuesta en común: “salir de Chávez”.
Sus puntos de apoyo son la maquinaria mediática privada nacional e internacional -que renovó en los últimos meses sus descaradas campañas antichavistas- y el patrocinio político y financiero de las corporaciones transnacionales e incluso del Departamento de Estado de Estados Unidos, como lo denunciara la investigadora Eva Golinger ante la Fiscalía General.
La derecha venezolana tampoco se esmeró demasiado en maquillar sus plataformas políticas. Algunas muestras de los ideales y valores que promueve se reflejan en iniciativas como la de Gustavo Rojas, candidato por Primero Justicia, que para financiar su campaña decidió rifar una operación de aumento de senos; o como Richard Blanco, de Alianza Bravo Pueblo, que utilizó a jóvenes semidesnudas, al estilo de las garotas del carnaval brasileño, para promocionar su campaña.
La apuesta del PSUV mostró a un Chávez poniéndose la campaña al hombro y recorriendo todo el país con maratónicas y multitudinarias caravanas. El partido gobernante presenta entre sus candidatos a varios de sus dirigentes de primera línea, algunos de los cuales acarrean cierto desprestigio. Pero también postula a un buen porcentaje de referentes de la juventud bolivariana, aquella que se forjó y se formó políticamente en el proceso; el caso más emblemático es el de Andreína Tarazón, de apenas 22 años, proveniente del movimiento estudiantil y bautizada por Chávez como “la hija de la revolución”.
También integran la lista de candidatos del PSUV algunos militantes de organizaciones de base, como Orlando Zambrano, vocero del Frente Nacional Campesino Ezequiel Zamora, postulado en el Estado de Apure. Lo que podría aportarle una bocanada de aire fresco a una Asamblea todavía impregnada de vicios y lógicas burguesas.

El Pueblo Legislador

Pero además de buscar la mayoría absoluta en el parlamento, el chavismo tiene un segundo reto, algo más complejo. En sintonía con la premisa general de transitar de una democracia representativa a una protagónica, la próxima Asamblea Nacional tendrá el desafío de intensificar las vías de participación del pueblo organizado, de darle vida a la propuesta de “El Pueblo Legislador”.
¿De qué se trata? En pocas palabras, de transformar el parlamentarismo actual por uno construido y ejercido desde las instancias del poder popular. De que cada diputado/a participe en instancias de funcionamiento regular, en el circuito donde fue elegido/a, junto a voceros y voceras del poder popular: allí debería informar sobre la gestión de la Asamblea Nacional, promover el debate, recibir propuestas de anteproyectos de leyes y someter a consideración las decisiones que se discutirán en la Asamblea Nacional.
De comenzar a materializarse este concepto de “pueblo legislador”, se daría un paso importante en la profundización del proceso en su larga transición al socialismo. Claro, con diputados y diputados revolucionarios, el camino será más sencillo.

prensadefrente.org

1917: la primera huelga general


La historia de nuestro movimiento obrera ha seguido una trayectoria quebrada. Emergió en los tiempos de la Primera República, creando un auténtico “pánico” social” en las clases pudientes ya alarmadas por la advertencia de la Comuna de Paris de 1871…Reapareció con la llamada “Semana Trágica” como respuesta a la utilización del pueblo como “carne de cañón” en aras de una guerra cuya finalidad no era otra que el expolio colonial. La huelga general de agosto de 1917 jugó un papel capital, marcó un antes y un después en la historia “perdida” de la clase trabajadora española que hasta entonces no había jugado todavía un papel central. Ahora lo dejó de tener cuando, después de contribuir de manera determinante en el final de la dictadura, fue sometido en aras de una “estabilidad democrática” que ha acabado cercenando todos y cada uno de las mejoras y derechos logrados en las luchas…
Tal como ha sido analizada por diversos historiadores, la crisis de 1917, fue claramente un punto de confluencia de las tensiones largamente acumuladas en la sociedad española. Su culminación en la huelga general revolucionaria de agosto del mismo año, significó un viraje fundamental, tanto en lo que concierne a las instituciones burguesas como para el propio movimiento obrero. Sucintamente, podemos describir la situación que vivía el país de esta manera: la pérdida del imperio colonial español en 1898 (Cuba, Puerto Rico, Filipinas), la guerra con la resistencia marroquí ya había provocado la Semana Trágica de Barcelona, se debatía…Crisis económica galopante, malestar social, expresado por innumerables huelgas a lo largo de toda la geografía nacional, movimientos insurreccionales contra la guerra y las masacres que ésta significaba para el pueblo, ineptitud del poder monárquico y del sistema de partidos “turnantes” (liberales y conservadores), descomposición del Ejército, auge de los nacionalismo periféricos, etc.
Este periodo vendrá marcado por el estallido de la Primera Guerra Mundial, lo que no hace más que acelerar todos los elementos contenidos de la crisis llevándola a su explosión social, a su crisis política e institucional y a un claro enfrentamiento de clases que modificará totalmente el panorama político del país, abriendo una nueva época, la del protagonismo del movimiento obrero y su paso en las transformaciones so-revolucionarias. Aunque la huelga del 1917 se .generalizó a todo el Estado, fue en Cataluña (y, particularmente, Barcelona), donde el movimiento tuvo más profundidad y más repercusión en los años ulteriores, hasta el punto que la patronal y el gobierno tendrán que combatirlo con la puesta en práctica de los métodos fascistas que se están poniendo al día en países como Italia (Mussolini) y Hungría (Horty).
Si la guerra y la “neutralidad” del Gobierno español conllevaron un cierto “boom” económico y “despegue” industrial, debido a los inmensos pedidos Qué procedían, tanto de los países beligerantes como de aquellos que habían sido desatendidos por los mismos, a causa de la guerra, fue la burguesía catalana (y también la vasca) la que mayores beneficios sacó de ella, amasando ingentes fortunas. Pero así como la guerra significó un aumento extraordinario de la producción, la relativa elevación de los salarios se vio contenida —y reducido el poder de compra —por la vertiginosa subida de precios. Todo ellos en el marco de una economía atrasada, predominantemente agraria, sin, prácticamente, modernización del aparato industrial, y de un poder de la oligarquía de terratenientes y financieros (madrileña, sobre todo) que mentaba perdurar y mantenerse, defendiendo sus privilegios “contra viento y marea”, mientras que la situación de las clases trabajadoras se hacía cada vez más miserable.
Toda la crisis contenida estallará en diferentes niveles: en el Ejército, a través de la constitución de las Juntas de Defensa (1 de junio), movimiento que no buscaba más que reivindicar tos intereses de la casta miliar y “purificar” el funcionamiento del Ejército, y qué marcará el protagonismo militar (tan presente en los años que sigue, de hecho no ha cesado todavía); en la burguesía industrial, que creyó llegado el momento de dar fin a la monarquía y ponerse “a la hora europea”, encamado esto en Asamblea de Parlamentarios que tuvo lugar en Barcelona el 5 de julio, donde la burguesía catalana, a través de Cambó, jugó un papel decisivo, pero seriándose atrás en su intento fallido de “revolución burguesa” al ver que el movimiento obrero la desbordaba y prefiriendo, una vez más asociarse a Madrid, a la Monarquía, al centralismo, y participando en la represión de la huelga..
La derecha lo tiene claro: se trata de evitar una revolución proletaria (la Revolución Rusa está muy presente en la cabeza de estos burgueses “bien pensantes”. Pero la voz la tiene el movimiento obrero, que rompiendo amarras con los partidos burgueses, afianzándose cada vez más en los sindicatos (UGT y CNT), tomará por vez primera, la iniciativa revolucionaria independientemente de estos partidos, y sé lanzó a la lucha, no sólo para mejorar su situación, sino como parte de la construcción de sus instrumentos propios de clase para acabar con el régimen monárquico y abrir la vía de la revolución proletaria.
Entonces tienen lugar unas movilizaciones que sé desarrollaban, y estallaban, por casi todo el país, —unos convocados por los sindicatos y otros espontáneos—, así como la deterioración del clima político de la situación económica, y la represión, llevaron a la UGT y a la CNT a firmar un pacto, convocando a la huelga general revolucionaria indefinida (27.de marzo de 1917), a pesar de las reticencias del PSOE y del perjuicio “apoliticista” de la CNT. Será el 10 de agosto cuando se inicia la huelga de ferroviarios en la red del Norte, generalizándose. El 13 estalló en todo el país y se mantuvo durante cinco días, siendo salvajemente reprimida, después de enfrentamientos callejeros y levantamientos de barricadas en Barcelona y otras ciudades catalanas, como Sabadell, donde fue proclamada la República. La Asamblea de Parlamentarios denunció la huelga desentendiéndose de la misma y condenándola (Cambó firmó el famoso telegrama enviado a todos los periódicos madrileños).
Al final, la huelga fracasó en sus objetivos. La pregunta es ¿por qué? En primer lugar por la juventud e inexperiencia del movimiento obrero, la falta de coordinación y dirección unificada (desconexión entre la UGT y la CNT), y de perspectivas políticas claras. Raro no sólo por ello. También influyó la no participación del campesinado' que, Sin embargo, se lanzarla a la lucha poco después (1918). Por otra parta, la represión del Ejército (inesperada para los dirigentes sindicales que creían en un comportamiento «a la rusa») así como el desentendimiento de los partidos republicanos y de la burguesía catalana, desempeñaron, también un papel fundamental, ya que a este “ensayo de revolución obrera” (Araquistain), los trabajadores acudieron solos.
Pero contemplada como un prólogo, la perspectiva era otra. Lo fundamental de todo eran las lecciones. Se imponía rememorar los hechos, analizar las causas, criticar tos errores, sino comprender que, a pesar de su fracaso, la huelga general de agosto 1917, demostró al movimiento lo que era capaz de hacer. Rompió con años y años de dependencia del movimiento obrero de los partidos burgueses; que se lanzó, con mil iniciativas provenientes de la base, al “asalto del cielo” y que su acción modificó todas las coordenadas políticas, económicas y sociales existentes dando al traste con la Restauración. Pero ante todo, inauguró la época de la organización independiente de la clase obrera y de su protagonismo político, a través de los avatares y traiciones que posteriormente hubo de soportar y sufrir, conduciendo a la Comuna de Asturias, en 1934 y a la revolución de 1936, decapitada en mayo de 1937 por la traición de reformismo del estalinismo, antesala del golpe final del Estado fascista.
Se puede decir que -entre otras cosas- la victoria del franquismo cerró un ciclo abierto en 1917, y del cual quedan aún muchas conclusiones por sacar en el largo caminó de la clase obrera y de los trabajadores para la construcción de sus organismos propios, a todos los niveles, con los que Imponer su emancipación.
Y es que la huelga general de agosto de 1917 fue también una revolución mesocrática de un ejército colonial, que" —una vez perdidas las últimas colonias— buscaba una “reinserción” política protagonista «n la vida del país, un reajuste de su función; una revolución- burguesa, con una burguesía a tientas entre su papel histórico, su debilidad económica y política y su pavoroso temor a ser desbordada por la clase trabajadora y a jugar el papel de “caballo de Troya” de las fuerzas sociales antagónicas; amén de una revolución proletaria, sin instrumentos políticos revolucionarios, sin programa, atrapada entre el reformismo y el sindicalismo de clase naciente, sin estrategia ni dirección, pero con una clase obrera dispuesta a salir del plano reivindicativo para intervenir en lo político, modificando las relaciones de fuerzas, a través de la primera huelga general revolucionaria a nivel de todo el Estado.
Agosto de 1917 no fue soto una oportunidad histórica no aprovechada, ni una derrota social, sino una experiencia de la cual, todos los protagonistas sacaron conclusiones, expresándolo en .su comportamiento posterior (bandas patronales de pistoleros -que asesinaban a los trabajadores; golpe de estado de Primo de Rivera; insurrecciones campesinas, la República...).
Para la clase obrera catalana y la pequeña burguesía pobre, urbana y campesina hay una evidencia necesaria. Su nacionalismo no tenía nada qué ver con el de Cambó y Prat de la Riba, con el de la “Lligueta”; mientras que los primeros lo asumían como una lucha contra la opresión sufrida por el pueblo catalán, y como un aspecto indisociable dé la luchas de clases por su emancipación, para la burguesía catalana, el nacionalismo era —y es— la exclusiva defensa de su tasa de beneficio, siempre dispuestos a ponerse al servicio del centralismo para reprimir cualquier movimiento que, en su propia “casa” los ponga en entredicho. Tal como ocurrió en agosto de 1917.
Otra conclusión que dejó la huelga del agosto de 1917 para la clase obrera fue la siguiente: la espontaneidad de un movimiento no basta para asegurar su triunfo. La unidad de todos los trabajadores, el programa y los instrumentos políticos idóneos son indispensables. Los futuros acontecimientos así lo demostrarían trágicamente una -vez más. Más parecida a la revolución de 1905 que a la de octubre de 1917 en Rusia, la huelga general de agosto del 17, también fue en parte una “repetición general”, inesperada para la burguesía. Anunciaba el fin de una época y el inicio de un ciclo de luchas sociales que tendrían como protagonista el moderno proletariado industrial.
Ahora también estamos al final de una época. El final del siglo XX “cerró” la fase histórica iniciada por la revolución rusa de Octubre de 1917 que “planteó” la cuestión del socialismo, y que puso al orden del día una nueva alternativa que unía el movimiento obrero con todos los movimientos insumisos, y sobre todo con la liberación de los pueblos del yugo colonial. Una de las consecuencias de este periodo fueron las importantes reformas parciales contenidas en lo que se llamó el “Estado del Bienestar”, el mismo al que están enterrando estos días. Se abre un nuevo periodo en el que las diferencias socales en cada, y las diferencias entre los países ricos y los países sometidos, se está haciendo cada vez mayor. En este nuevo contexto hay que situar las grandes luchas que se están dando en Grecia y en Francia con la emergencia de un nuevo movimiento obrero muy diferente al tradicional…
Se inicia una nueva época histórica en la que el 29-S también tiene mucho de antes y después. Sobre todo de después de que hasta los sindicatos más dependientes del Estado, se han visto obligado a abrir una caja que se habían resistido hasta ahora a abrir....Por esa puerta entraran muchas más clase obrera que la imaginada por los aparatos sindicales reformistas sin reformas.

Pepe Gutiérrez-Álvarez en Kaos en la Red

Chile, una sociedad con problemas históricos pendientes


Mucho antes que el torbellino mercantil-consumista-enajenador-mediático de la celebración del “Bicentenario de la Independencia Nacional” avasallara las vidas cotidianas de las y los ciudadanos chilenos impidiendo con ello una mínima reflexión ciudadana sobre lo que se esta realmente conmemorando, tuve la ocasión de escribir un opúsculo reflexivo sobre la cuestión que hoy nos atosiga y nos asfixia: el mentado segundo centenario.
En efecto, en octubre del año 2004 la Universidad ARCIS organizó el Foro Panel: Segundo Centenario: ¿Qué República? en el cual participaron el sociólogo Felipe Portales y el autor de estas líneas. En dicha ocasión expuse la idea de que Chile arrastra desde su conformación como sociedad emancipada del Imperio Español, un conjunto de problemas sociales, económicos, políticos y culturales de larga duración que dada su importancia y profundidad se han transformado en megaproblemas, sin haber logrado aun una adecuada resolución a lo largo de estos 200 años. Transcurridos seis años de aquella oportunidad, la relevancia de esos problemas históricos hoy en día se manifiestan con toda su intensidad y conflictividad social y política. Lo que no impide, por cierto, la celebración ni tiende a opacar la conmemoración oficial como ciudadana del Segundo Centenario. En este artículo voy a exponer sucintamente los cuatro problemas destacados en el Foro, pues como he dicho siguen siendo problemas sin una adecuada resolución y que requieren de parte de la sociedad chilena y de su gente una pronta solución. O, por lo menos, que sirvan para la reflexión. Aunque esto último no deja de ser una volátil ilusión. Veamos entonces cuales son esos problemas: A.- Pobreza y Desigualdad En materia social, el principal problema que afecta a la República de Chile desde su constitución en el siglo XIX es la combinación entre desigualdad social y pobreza. Tengamos presente que para el Primer Centenario (1910) Chile era una de las sociedades latinoamericanas más desiguales y pobres de la región. Aproximadamente el 70% de los ciudadanos nacionales vivían en condiciones de pobreza o en extrema pobreza. Si bien, actualmente, las condiciones materiales no son las mismas de aquellos años, la pobreza no ha dejado de ser un problema social y político. Basta recordar las recientes estadísticas sobre el particular. De acuerdo a los últimos datos oficiales proporcionados por el gobierno señalan que en la actualidad la pobreza afecta a un 15,1% de la población nacional. Aunque otros estudios no oficiales y alternativos elevan dicho porcentaje sobre el 50%. Lo cierto es que desde una perspectiva de larga duración, la pobreza entendida como carencia de medios materiales: vivienda, alimentación, vestuario, educación, salud, salarios, etcétera para una adecuada y digna existencia humana ha afectado a porcentajes importantes de ciudadanos nacionales.
Obviamente, la pobreza es dinámica y debe ser analizada en relación a los contextos históricos en que se desarrolla: la pobreza decimonónica, no es igual que la pobreza de la modernización industrial sustitutiva como esta, tampoco, es igual a la pobreza de la modernización neoliberal actual. Pero, a pesar de todo, los pobres, como dice Serrat, “siguen y siguen llegando”. La pobreza ha sido acompañada en la sociedad chilena a lo largo de estos 200 años de vida independiente por la desigualdad. Chile siempre ha sido una sociedad desigual desde el momento mismo de constituirse como tal. La violenta conquista española en el siglo XVI sobre los pueblos originarios que ocupaban en el actual territorio nacional dio lugar a la conformación de una sociedad ordenada en la desigualdad política, económica, social y cultural que se ha mantenido hasta el día de hoy. Por esa misma condición la sociedad chilena ha sido una sociedad en permanente conflicto. En donde la violencia ha sido el mecanismo habitual para resolver múltiples conflictos que provoca la permanente y persistente desigualdad. Actualmente, la desigualdad es uno de los problemas ampliamente reconocidos por los diversos actores sociales y políticos. No obstante, poco o nada se hace para hacerla desaparecer o disminuirla. Todo lo contrario tal como lo ha demostrado el economista Hugo Fazio, en la sociedad chilena puede modificarse la estructura de la propiedad pero no el mapa de extrema riqueza. Para provocar un efecto directo en dicho mapa, habría que terminar con la fuente principal de la desigualdad que no es otra que la alta concentración patrimonial y de la riqueza en poco más del 10% de la población nacional. Cabe señalar que desde la época colonial la sociedad chilena la riqueza ha sido atesorada por una pequeña y poderosa elite que no supera dicho porcentaje. Actualmente, menos 10 grupos económicos son los verdaderos dueños de Chile. La alta concentración de la riqueza implica una profunda desigualdad económica y social. Situación que ha visto profundamente agravada por el modelo económico neoliberal instalado por la dictadura militar (1973-1990) y desarrollado, ampliado y profundizado por los Gobiernos de la Concertación Partidos por la Democracia (1990-2010).
La desigualdad neoliberal se expresa de múltiples formas, por esa razón, la sociedad chilena de acuerdo al índice Gini, el indicador más aceptado a nivel mundial, para medir dicho problema, indica que Chile posee un Gini de 0.5649, solo comparable con algunas tristes realidades como Nigeria y Bangladesh. Para contextualizar un poco, África al sur del Sahara tiene Gini 0.4695, América Latina y Caribe 0.4931, Asia Oriental y el Pacífico 0.3809, Asia del Sur 0.3188, Europa del Este 0.2894, Medio Oriente y África del Norte 0.3803, los países industrializados o en vías de desarrollo con altos ingresos 0.3375. Vale decir, Chile posee una de las peores distribuciones del mundo. Un mega-problema que no tiene actualmente atisbos de solución. Seguirá pendiente. B.- Modelo de Desarrollo Económico En materia económica, la sociedad chilena, no ha logrado dar con el modelo económico que le permita desarrollarse en manera sustentable y equitativa en el tiempo. A grosso modo, tres han sido los modelos de desarrollo económicos implementados en el país a lo largo de estos dos siglos de vida independiente, a saber: en el siglo XIX, el modelo primario exportador (crecimiento hacia fuera, como lo denominara Aníbal Pinto); en el siglo XX, 1930-1975, la industrialización sustitutiva de importaciones, ISI, (crecimiento hacia adentro); y desde 1975 hasta el día de hoy, el modelo económico neoliberal (crecimiento hacia fuera, nuevamente). Los tres modelos han sido concebidos con la expectativa de lograr que la sociedad chilena alcance su desarrollo económico y como es sabido, ninguno ha logrado dicha meta. Sus éxitos han sido relativos y coyunturales. En cierta forma los tres han fracasado. Por esa razón, el desarrollo económico sigue siendo una problemática pendiente. C. La discriminación Racial y Social con los pueblos originarios En materia cultural, Chile mantiene serios y profundos problemas. Tal vez, el más importante y relevante de todos sea la marcada tendencia entre las y los chilenos a negar la diversidad cultural y étnica, sobre la cual se constituye la sociedad nacional. La profunda internalización cultural y social en la población nacional de la tradicional tesis levantada por las élites dirigentes a cargo de la construcción de la República durante el siglo XIX, de que “Chile es un país de blancos...y donde lo indígena es sólo reconocible al ojo del experto”, tiende a negar la existencia cultural de los pueblos originarios. Todo indica que las y los chilenos independientemente de sus condiciones socioculturales son reacios a aceptar la diversidad cultural. La segregación, la exclusión y la discriminación han sido las formas históricas practicadas en la sociedad nacional al momento de enfrentar la diversidad y la pluralidad cultural. El actual conflicto mapuche deja manifiesto en toda su intensidad este profundo e histórico problema. D.- La Eterna Construcción de la Democracia En materia política, el principal problema no resuelto desde el siglo XIX, que por su carácter, importancia y duración constituye un mega-problema o una mega-tendencia histórica es la errática construcción de un régimen político democrático o una clara república democrática. Hacer la historia de ella es hacer, también, la historia del autoritarismo nacional. En efecto, en el Chile actual como en el Chile del Centenario la democracia es todavía una cuestión pendiente; parafraseando, al economista Aníbal Pinto, podríamos decir que: Chile constituye “un caso de democracia frustrada”.
Por esa razón, he sostenido en diversos trabajos que la democracia, no sólo como régimen político, sino, también, como sociedad democrática o estado democrático es, actualmente, un tema pendiente, una cuestión política no resuelta. Estos son los cuatro mega-problemas que tiene la sociedad chilena. Constituyen, en mi opinión, la carta de navegación que las y los ciudadanos nacionales deberemos asumir y darle solución en los próximos años. Ellos deben constituir la plataforma del proyecto histórico político alternativo no sólo al gobierno de la derecha neoliberal, del fallido proyecto concertacionista sino de lo que ha sido la sociedad chilena durante estos 200 años, una sociedad profundamente: desigual, racista y antidemocrática. Para tal efecto, debemos refundar una república democrática radical.

Juan Carlos Gómez Leyton, Director PROSPAL, Universidad ARCIS.

Mono Jojoy: una vida intensa por la Revolución


El júbilo de la industria mediática española celebrando la muerte de Jorge Briceño es comprensible. El Estado español es el segundo mayor inversor extranjero en Colombia después de los Estados Unidos. Telefónica, Repsol, Endesa, Banco Santander Central Hispano, BBVA, Unión Fenosa, Cepsa, tienen un peso determinante en la economía de la antigua colonia tras las privatizaciones implementadas en la década de ochenta y noventa. Los gobiernos españoles llevan décadas armando al Estado para aniquilar la resistencia popular.
Los inquilinos de la Moncloa coinciden en esto como en tantas otras cosas. Felipe González, Aznar y Zapatero tienen abastecido todo tipo de ayuda militar a un régimen que lleva más de medio siglo convirtiendo Colombia en una inmensa fosa común. En los dos últimos años, tras un teórico “parón” en 2003, las exportaciones de la industria de la muerte española a Colombia se incrementó más de 700%.
ES lógico pués que el grupo Prisa y Planeta defiendan sus suculentos intereses y negocios ocultando la naturaleza narco-terrorista del régimen oligárquico colombiano, presentando a la insurgencia guerrillera como un anacronismo terrorista que substituyó su horizonte político emancipador por el negocio del narcotráfico.
Las compañías españolas pretenden incrementar sus fabulosas tasas de beneficio aumentando la explotación de la población colombiana y el saqueo de sus recursos naturales. Cuentan con la colaboración de las élites locales que no dudan en masacrar a su pueblo empleando los más despreciables métodos de terrorismo de estado que puedan ser imaginados.
Actualmente en Colombia son más de 4 millones el número de campesinos expulsados de sus tierras por la violencia paramilitar y militar promovida por el ejército regular y las fuerzas policiales formadas en la doctrina de la seguridad nacional de la tristemente célebre Escuela de las Américas, hoy transformada en Instituto de Cooperación para la Seguridad Hemisférica. Una violencia vinculada a los suculentos negocios del narcotráfico ligados, promovidos y amparados directamente por el aparato estatal. Decenas de miles de personas desaparecidas en ejecuciones extrajudiciales, brutales torturas, mutilaciones y masacres, convierten en una odiosa comparación con las tristemente célebres dictaduras del cono sur latinoamericano, en una broma.
Álvaro Uribe, el antecedente del recién elegido Santos, está fichado como narcotraficante desde 1991. Aparece como el nº 82 en un documento desclasificado confeccionado por la CIA. Su meteórica carrera política fué promovida por el capo del cártel de Medellín Pablo Escobar.
Todos los gobiernos colombianos, sin excepción, que ocuparon la Casa de Nariño en las últimas décadas, están directa o indirectamente involucrados en el narcotráfico, paramilitarismo, y redes mafiosas. Sus presidentes son culpables de delitos de lesa humanidad. Colombia tiene el triste record de matar más de la mitad de los sindicalistas del mundo. Quinientos sólo en los ocho años de uribismo. No existe la menor posibilidad de defender posiciones que contraríen los intereses de los dueños del País.
En Colombia las elecciones son una farsa. Sólo participa el 30% de la población, condicionada por las amenazas y las intimidaciones. Votan hasta los muertos y son elegidos diputados y senadores los señores de la guerra y la misma aristocracia política que gobierna el País como una hacienda desde que el santanderismo traicionó el proyecto emancipador de Simón Bolívar.

Permanecen las causas del conflicto

La extrema pobreza y miseria que padece más de la mitad de la población y la exclusión política de las inmensas mayorías del campo y la ciudad son las causas del largo conflicto interno que vive desde que en abril de 1948 fué asesinado el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, que encabezaba un gigantesco movimiento popular que sólo procuraba desplazar el bipartidismo para alcanzar la democratización real da Colombia.
Su muerte está considerada como una de las primeras intervenciones “preventivas” de la recién criada CIA, marcando así otro de los factores determinantes del conflicto: la intervención yanqui que progresivamente se fué alargando hasta la actualidad. Miles de soldados norteamericanos participan en el combate contra la insurgencia empleando el más moderno y sofisticado armamento. Los EUA inyectan decenas de miles de millones de dólares para sustentar y alimentar la guerra. Sin su intervención, probablemente hoy la oligarquía ya estaría exiliada en Miami.
La frustracción popular ante la represión brutal a que fué sometido el gaitanismo generó las condiciones para que las autodefensas campesinas evolucionasen ideológicamente dando lugar a la creación de las FARC y del ELN entre 1964 y 1965.
La Colombia de hoy es uno de los epicentros de la lucha de clases y antiimperialista a nivel mundial. En la confrontación que tiene lugar en sus montañas y ciudades se está decidiendo el futuro da América Latina y del Caribe. La emancipación de las mayorías sociales o su sometimiento a los dictames de Washington y de las multinacionales del capitalismo europeo. La integración bolivariana o la imposición de un renovado neocolonialismo. La consolidación de los gobiernos antiimperialistas como el venezolano o la vuelta al neoliberalismo salvaje impuesto en las últimas décadas del siglo XX.
La derrota militar de la insurgencia colombiana es el factor determinante para que los EUA consigan imponer su reconquista. De ahí que nada de lo que acontezca en ese hermoso país sea indiferente.
Contrariamente a las mentiras de los media, las FARC-EP no están derrotadas, no se descompusieron tras la muerte en 2008 de tres destacados dirigentes. El asesinato de Raúl Reyes en el Ecuador, de Iván Rios y la muerte de Manuel en fatídico marzo de ese año obviamente fueron un revés, pero ninguno de los pronósticos fué acertado. Los relevos en su dirección, la reestructuración de los frentes y los cambios en las formas de operar dieron como resultado en 2009 un incremento de 30% de las bajas entre las fuerzas militares y policiales en relación al año anterior. Más de 2.000 efectivos de las fuerzas de la oligarquía son abatidas o heridas anualmente.
Las fuerzas revolucionarias recuperaron la iniciativa militar, recuperan terreno y la mantienen también en la esfera estrictamente política mediante un intenso trabajo de masas por medio del Partido Comunista Colombiano Clandestino y el Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia. Las grandes movilizaciones de julio para conmemorar el bicentenario de la Independencia así lo confirman.
Pero, normalmente, la dictadura mediática mundial oculta o maquilla esta realidad. Comparemos los números de los partes de guerra con las bajas producidas en Irak o en Afganistám por las fuerzas imperialistas y podremos sacar conclusiones sobre la dimensión del conflicto y su realidad. Más de 40% del País continua bajo el control de la insurgencia que acertadamente firmó un acuerdo de colaboración y cese de hostilidades con el ELN.

Las mentiras mediáticas

No podemos dejarnos arrastrar por la propaganda de un régimen ilegal e ilegítimo. La euforia del presidente Juan Manuel Santos y de su camarilla de generales tras el anuncio de la muerte del Mono Jojoy carece de fundamento. Ellos son perfectamente conscientes de eso. El innegable revés militar y básicamente simbólico que genera el asesinato de Jorge Briceño hace parte de las características de una guerra revolucionaria como la que hoy continua sin cesar en las selvas, montañas y ciudades colombianas, entre un partido comunista en armas y las fuerzas regulares e irregulares de una oligarquía sanguinaria dirigida por el Pentágono. Jorge Briceño sabía perfectamente que, tal como afirmó el Che, “en una Revolución se triunfa o se muere si es verdadera”.
También era consciente de que en Colombia no hay posibilidades reales de emplear otros métodos de lucha salvo el armado para un proyecto genuinamente de izquierda revolucionaria. La dramática experiencia de la Unión Patriótica hace veinte años constata la ferocidad de una oligarquía dispuesta a todo para evitar perder sus privilegios.
Las causas que detonaron y alimentan el conflicto no sólo continúan vigentes. En la actualidad, se refuerza con la intervención directa de los norteamericanos mediante el Plan Colombia y la instalación de ocho bases militares estratégicamente situadas que pretenden doblegar la insurgencia e iniciar la reconquista del hemisferio, siguiendo la estela iniciada con la reactivación de la IV Flota, el golpe de estado de 2009 en Honduras y la concentración de enormes contingentes militares en Costa Rica.
Jorge Briceño no contemplaba la rendición. Con contundencia, pero también con educación, respondía en enero de este año a la oferta de abandono de las armas por parte del hoy defenestrado general Padilla, en ese momento comandante en jefe del ejército burgués.
“En las FARC no tenemos alma de traidores, sí de patriotas y de revolucionarios. 

Venimos luchando y continuaremos a hacerlo, con valor, entrega y sacrificio para derrocar este régimen podrido de las oligarquías y construir otra orden social, o por alcanzar acuerdos que ayuden a construir una patria donde quepamos todos. 

Jamás hemos proclamado el principio de la guerra por la guerra, ni asumido esta lucha como algo personal, ya que nuestros objetivos son los de conseguir cambios profundos en la estructura social de Colombia, que por fin tengan en cuenta los intereses de las mayorías nacionales y de los sectores populares y que conduzcan al desmantelamiento de actual régimen político criminal, oligárquico, corrupto, excluyente e injusto, como está consignado en nuestra Plataforma Bolivariana por la Nueva Colombia. 

Con la honestidad que corresponde a nuestro compromiso con el cambio social y la lealtad que debemos a nuestro pueblo, le aseguramos que no vamos a desistir, tras más de 40 años de lucha, ni aceptar una falsa paz”.
Contrariamente a las mentiras del régimen y de los medios de comunicación el Mono Jojoy murió tal como vivió toda su vida: en su puesto de combate. Falleció como consecuencia de una confrontación asimétrica que, aunque dificulte que en la actualidad el conflicto se incline del lado de las fuerzas revolucionarias, fracasó a la hora de alcanzar la inmediata victoria soñada por Washington hace diez años, cuando Bill Clinton en el 2000 impone el Plan Colombia tras minar el proceso de negociación política del Caguán, dando lugar a que Uribe implementase su sanguinaria política de seguridad democrática.
El Comandante Jorge Briceño murió como un revolucionario comunista: luchando contra una desigual maquinaria de guerra que tuvo que emplear treinta aviones y un número similar de helicópteros y casi mil unidades de élite para hacerlo caer y matarlo tras horas de combate. Bombas norteamericanas, tecnología norteamericana, asesores norteamericanos y, algún día lo sabremos: pilotos y comandos yanquis tendrían participado en esta desigual batalla.
La bajeza moral de los señores de la guerra revestidos de estado de derecho no dudaron en presentar el cuerpo del camarada como un trofeo de guerra. Hay múltiples antecedentes de esta brutal e impúdica práctica capitalista. En Galiza ya lo hizo el fascismo con el guerrillero berciano Manuel Girom en 1951. La CIA con el Che en 1967 en Bolivia. El fujimorismo con Néstor Cerpa Cartolini en 1997 en el Perú.
Pero todo lo que se va filtrando de la operación desmiente la propaganda del régimen. Como es posible que alguien acusado de dirigir buena parte de las redes del negocio del narcotráfico viviese sin lujos ni ostentaciones, sin las más mínimas comodidades entre la dureza de las condiciones de la vida guerrillera, en la más absoluta austeridad de la selva, con dificultades para tratar su delicada salud, resentida a consecuencia de la diabetes?
Podrán cantar victoria, podrán continuar creyendo en sus propias mentiras, pero la sangre del Mono Jojoy y del resto de camaradas masacrados en La Macarena, en el Meta, en el corazón de esa Colombia que tanto amaron, no será en vano. Nuevas mujeres y hombre ya están ocupando sus puestos.
Las mayorías excluidas de Colombia saben que de poco sirve llorar por su perdida, que es hora de continuar la lucha pues la victoria sólo será posible combatiendo sin tregua.

Comandante Jorge Briceño, hasta la victoria siempre!

Galiza, 24 de septiembre de 2010

·Carlos Morais, secretario general de Primeira Linha y forma parte de la Presidencia Colectiva del Movimiento Continental Bolivariano (MCB).

Pronunciamiento de las FARC, con motivo de los acontecimientos en las selvas del sur de Colombia


El pueblo de Colombia y el mundo observan el triunfalismo macabro y la euforia guerrerista de la clase gobernante colombiana, hecho perfectamente reflejado en la prensa amarillista del régimen, que acuciosa ha desplegado ediciones especiales, no para lamentar la violencia y clamar por la paz, como demandan los colombianos, sino para cantar una falsa y victoriosa aniquilación de la insurgencia.
Voceros de gobierno y analistas de bolsillo nutren la pretensión que por medio siglo ha amamantado la clase terrateniente y corrompida que gobierna: exterminar por la vía militar a la rebelión insurgente.
Cuán lejos están de la realidad que representan las FARC-EP en Colombia, y su símbolo revolucionario de resistencia, guías que hoy se propagan incluso más allá de la América Latina.
Sabemos que los ejecutores de la guerra del régimen, ni por un minuto piensan que sus bombas de racimo pueden alcanzar a sus soldados y policías que permanecen como nuestros prisioneros de guerra en la selva. Nada les detiene de lanzar sus bombardeos feroces, inclusive asesinar a mansalva a sus propios hombres que dignamente han defendido sus políticas.
Esta es la personalidad violenta y excluyente del régimen que enfrentamos, y que pese a los avatares de la confrontación, seguiremos enfrentando mientras tengamos, como hasta hoy, el respaldo popular de las gentes humildes y negadas que engrandecen la resistencia guerrillera. Ahí está el secreto que nos proyecta al futuro tanto en las selvas como en las ciudades de Colombia.
Mientras haya injusticia, desplazados y desterrados, acaparamiento de la tierra y la riqueza, bandas de narcotraficantes y paramilitares cogobernando, impunidad, corrupción, pobreza extrema, falta de garantías para participar políticamente por la vía pacífica y democrática, y mientras haya pérdida de soberanía y saqueo de nuestros recursos naturales, ahí seguirán apareciendo sin cesar los semilleros genuinos para la existencia de las FARC-EP.
No obstante seguimos reclamando una oportunidad para la paz, no para la rendición como obstinada y estúpidamente lo piensa el régimen. Lo que reclamamos ya lo comunicó con meridiana claridad nuestro comandante Alfonso Cano: el único camino es la solución política y pacífica para el conflicto social y armado interno, y en ella somos y seremos factor determinante, las demás estrategias solo contribuyen a prolongar el espiral de la guerra.
Finalmente queremos corroborar que no nos alegra la muerte de nuestro adversario. Jamás la revista y la emisora Resistencia, órganos informativos de las FARC-EP, han celebrado muerte alguna.
Por el contrario, asumimos con disciplina el pensamiento Fariano y los lineamientos del Estado Mayor y el Secretariado Nacional, que claramente y desde siempre han lamentado la violencia, y en cambio hemos defendido y propuesto el dialogo y la paz. Acaso no fue esa la inspiración de la exterminada Unión Patriótica ¿y no son los mismos lineamientos democráticos, pluralistas y pacifistas del Movimiento Bolivariano por la Nueva Colombia?
Convocamos a la comunidad nacional e internacional a que no se deje engañar fácilmente con los cantos de sirena que han proclamado el presidente J. M. Santos desde Nueva York y sus esbirros desde los periódicos y micrófonos de Colombia.
No es por la vía de la exterminación del contrario que Colombia encontrará la paz y la reconciliación. En su momento el Secretariado habrá de comunicar la realidad de los hechos sucedidos en las selvas del sur de Colombia, por lo mismo no agregamos nada sobre estos acontecimientos. Entretanto, nos cubre el honor y la gloria de seguir luchando y resistiendo hasta alcanzar una Nueva Colombia, en paz con justicia y democracia.

sábado, septiembre 25, 2010

Si yo fuera venezolano


Mañana es un día importante para Venezuela. Están anunciadas las elecciones para escoger a 165 miembros del Parlamento, y alrededor del importante evento se libra una histórica batalla.
Pero a la vez, las noticias sobre el estado del tiempo son desfavorables. Fuertes lluvias están azotando a la tierra que fue la cuna de El Libertador.
Las lluvias excesivas afectan a los pobres más que a nadie. Son los que tienen las viviendas más modestas, viven en los barrios más olvidados históricamente, con difícil acceso, calles malas y menos tránsito. Cuando las aguas invaden sus hogares, todo lo pierden. Ellos no disponen de las viviendas cómodas y seguras de los ricos, sus amplias avenidas y abundantes medios de transporte.
No se trata de una elección presidencial. En las exclusivamente parlamentarias, la población se moviliza poco y suele restarle importancia.
Por lo general, donde el imperialismo domina y la oligarquía oportunista recibe una parte jugosa de los bienes y servicios nacionales, las masas no tienen nada que ganar o perder y, al imperio, no le preocupa un bledo las elecciones. En los Estados Unidos, ni siquiera las elecciones presidenciales movilizan más del 50% de los que tienen derecho a votar.
¿Por qué en cambio, sus enormes recursos mediáticos se vuelcan esta vez contra Venezuela y la someten a un implacable bombardeo de mentiras y calumnias contra el Gobierno Revolucionario Bolivariano?
No intentaré amontonar argumentos para persuadir a un pueblo valiente y digno como el de Venezuela. He visto las movilizaciones populares y el fervor de millones de personas, especialmente de la gente más humilde y combativa, que ha tenido el privilegio de vivir una etapa nueva en la historia de su país, y ha devuelto al pueblo los fabulosos recursos de Venezuela. Ya su Patria no es una nación de analfabetos, donde millones de hombres, mujeres y niños sobrevivían en la extrema pobreza.
No les hablaré de una experiencia que Cuba vivió, de la cual hablan 50 años de resistencia heroica frente al bloqueo y los repugnantes crímenes del Gobierno de Estados Unidos.
Les digo simplemente lo que haría si fuera venezolano.
Me enfrentaría a las lluvias, y no permitiría que el imperio sacara de ellas provecho alguno; lucharía junto a vecinos y familiares para proteger a personas y bienes, pero no dejaría de ir a votar como un deber sagrado: a la hora que sea, antes de que llueva, cuando llueva, o después que llueva, mientras haya un colegio abierto.
Estas elecciones tienen una importancia enorme y el imperio lo sabe: quiere restarle fuerza a la Revolución, limitar su capacidad de lucha, privarla de las dos terceras partes de la Asamblea Nacional para facilitar sus planes contrarrevolucionarios, incrementar su vil campaña mediática y continuar rodeando a Venezuela de bases militares, cercándola cada vez más con las letales armas del narcotráfico internacional y la violencia.
Si existen errores, no renunciaría jamás a la oportunidad que la Revolución ofrece de rectificar y vencer obstáculos.
Si yo fuera venezolano, aún bajo rayos y centellas, lucharía hasta lo imposible para convertir el 26 de septiembre en una gran victoria.

Fidel Castro Ruz
Septiembre 25 de 2010
2 y 17 p.m.

Venezuela: para avanzar en Revolución


Profundizar la Revolución

Muchas veces se plantea este propósito de profundizar la revolución. También se dice radicalizar la revolución. Con esta expresión se deduce que no se ha realizado la revolución porque el planteamiento y desarrollo de un cambio revolucionario significa que el cambio es profundo, tan profundo que llega a la raíz y por ello es radical. Muchos proclaman la profundización de la revolución blandiendo un lenguaje y un tono amenazador, como una especie de castigo.
No como una necesidad que implica alcanzar metas y objetivos de corto y mediano plazo en una estrategia para el desarrollo de un proyecto socio-político, sino más bien como una medida punitiva o de conveniencia que depende de la buena o mala voluntad de quien detenta el poder. Lo hacen como una amenaza para causar mal, saciar la ira o una sed de venganza. Hemos visto al Presidente Chávez utilizar esta concepción errónea de abordar la consolidación de los cambios que se han iniciado y creemos que debe rectificar.

La política de las Tres R

En varias oportunidades he insistido en lo acertado de la política de las tres R: Revisión, rectificación y reimpulso. Es una formulación metodológica y política con seriedad científica que haría mucho bien para reorientar y fortalecer este proceso de cambios. Sin embargo, no se aplica. No se quiere aplicar y no se permite aplicar. Los intereses constituidos en este proceso; en imitación, identidad y evolución con muchos intereses constituidos en el período previo (la llamada cuarta república); impiden que desde el gobierno y las instituciones se haga lo debido para una evaluación seria y severa de lo que se ha hecho, de cómo y con quién y de los resultados y tendencias de tales actuaciones. En eso consiste la revisión: Hacer una evaluación sistemática, con el método de las ciencias sociales y políticas, aplicado sistemática y coherentemente, sobre lo que existía, lo que se propuso, los recursos y medios aplicados, lo que se hizo y su resultado. Tal revisión debe hacerse en colectivo con la participación de los distintos sectores involucrados. Debe hacerse sin temores ni falsificaciones para que se pueda reformular la política, el programa y el plan, surgiendo las rectificaciones necesarias, capaces de acercarnos efectivamente al objetivo, con el más racional uso de los recursos y, sobre todo, con el menor costo social, que es la manera de llamar al sufrimiento humano. Es una ecuación difícil de poner en práctica, pero justamente de eso se trata cuando se ejerce la dirección política del Estado, cuando se administran los recursos públicos, cuando se orienta culturalmente a la sociedad. De esa rectificación surge el reimpulso de la revolución, mientras que cuando se omite la revisión o esta se hace falsamente, por ineptitud o para salvaguardar intereses particulares constituidos, y en consecuencia no se propone la rectificación adecuada ni con los cambios de métodos, acciones y personas apropiadas; lo que se produce es un estancamiento del proceso e inmediatamente un retroceso. He allí la clave de interpretación de lo que ocurre actualmente.

Jinetes del apocalipsis

Es por ello que las medidas presentadas como profundización de la revolución no la hacen avanzar, más bien parecen medidas dirigidas a satisfacer un capricho, un odio, una venganza, conduciendo a la creación de un caos. La improvisación, la corrupción y la concentración excesiva de las decisiones, como tres de los jinetes del apocalipsis, parecen responsables de la desarticulación del aparato productivo sin que este se vea sustituido por una creciente industrialización alternativa. Del empobrecimiento general de la sociedad en términos reales, aunque se gaste mucho en programas sociales basados principalmente en la importación y en una relación de consumo clientelar. De la disminución de la productividad y de la producción. Del aumento de la inseguridad, la inflación, el desempleo y la corrupción. Con ello se dispara también el descontento, la desconfianza, la confusión y la desesperanza, y sobre estos se monta la contrarrevolución. Es una dinámica que se basa en el voluntarismo, la concentración de las decisiones, los intereses particulares de los grupos que detentan el control de los mecanismos de gobierno y especialmente el control de la ejecución del presupuesto.

La corrupción fuente principal de acumulación.

En Venezuela tenemos un altísimo ingreso en divisas que va directamente al erario público, porque el petróleo es de la nación y esto hace que, sin actividad productiva distinta, desde el control del Estado pueda controlarse una masa de dólares que alimenta las vertientes de la acumulación para la formación de oligarquías umbilicalmente asociadas al gobierno. Esa oligarquía que se forma en cada gobierno, no obstante sus diferencias y situación de competencia, se asocia inmediatamente entre sí por las leyes de funcionamiento del capitalismo y por su necesaria dependencia del capital transnacional. La acumulación capitalista no puede disociarse del capitalismo que es su caldo de cultivo, así se autodenomine socialista o comunista. No es un problema de autodenominación, sino de origen y destino común, de estirpe, de su vínculo con el sistema de apropiación de la riqueza. De allí la importancia del combate implacable a la corrupción, es un problema de sobrevivencia de la revolución y si no hay decisión de combatirla, sencillamente, quienes gobiernan dejan de ser revolucionarios. Desde hace mucho sabemos que los deseos no bastan; nunca han bastado, sólo los fanáticos y los ignorantes creen que los deseos son suficientes. Tienen que tomarse medidas que respondan a las realidades y que aseguren de modo preciso y directo la solución del problema en una dimensión de tanto bienestar como el que se ha tenido y como el que se espera por las expectativas generadas. De lo contrario es un fracaso y el proyecto de cambio de sociedad, la propuesta del socialismo, sufre un revés histórico, práctico y lo que es peor, también teórico.

Nota: El martes 28/09/2010 es la Audiencia de Apelación en el juicio por las utilidades líquidas no pagadas a los trabajadores de SIDOR, allí se demostrará una vez más que los trabajadores tienen razón. Esperamos que el Tribunal no se haga cómplice del fraude y ordene que se devuelva a los trabajadores lo que se les quitó.

Edwin Sambrano Vidal (especial para ARGENPRESS.info)