martes, agosto 25, 2015

¿Por qué caen las bolsas del mundo?



Las bolsas del mundo registraron ayer uno de los descensos coordinados más fuertes desde 2008. Las contradicciones de la economía china y las paradojas de la economía norteamericana. Debilidad económica e inestabilidad financiera.

Luego de muy pronunciadas caídas de los principales índices bursátiles norteamericanos durante la jornada, Wall Street cerró ayer con un descenso del 3,9% que representa su peor desplome diario en cuatro años.
En Europa las caídas también resultaron agudas. La bolsa de Atenas –en el contexto de la crisis griega-, cerraba un 10% abajo mientras la de París caía 5,35%, la de Frankfurt un 4,7%, la de Londres un 4,67% y el principal índice bursátil de España sufría su peor descenso en los últimos tres años. Por su parte la Bolsa de Tokio caía un 4,5% lo que representa su peor desplome en el año.
También sufrieron fuertes pérdidas las bolsas de América Latina. La de San Pablo tocó un mínimo desde abril de 2009 y el real volvió a devaluarse, la bolsa de Santiago de Chile sufrió su peor descenso en dos años y el peso chileno cayó a un mínimo desde agosto de 2003, la bolsa de Buenos Aires cerró un 3,19% a la baja y la de México cerró con una caída cercana al 2%. También se devaluaba el dólar frente al euro y el yen y se recuperaba la cotización de los bonos del Tesoro norteamericano, disminuyendo su rendimiento –que opera en sentido contrario a su precio- por debajo del 2%. Mientras, el precio de referencia del petróleo tanto de Estados Unidos como de Europa, cayó a su nivel más bajo en seis años.

China

Uno de los factores explicativos más categóricos del temblor se encuentra en el derrumbe de las bolsas chinas cuyos índices combinados sufrieron una caída del 8% durante el día de ayer, la más pronunciada desde el año 2007. El desplome eliminó las alzas de la bolsa en el año y su fundamento inmediato se encuentra en la negativa del gobierno chino a anunciar una serie de medidas de estímulo monetario que se esperaban luego de las caídas bursátiles de la semana pasada que acumularon un 11%.
Las múltiples caídas de la bolsa china que se vienen sucediendo desde julio, combinadas con la serie de devaluaciones impulsadas por el gobierno durante el mes de agosto, son en realidad emergentes de contradicciones profundas de la economía. Para decirlo en muy pocas palabras, expresan el choque entre un “modelo exportador” que ya no puede sostenerse y un “modelo mercadointernista” que está lejos de consolidarse.
A la misma contradicción responde la disminución del crecimiento de la economía china y los intentos de liberalizar el yuan buscando que su moneda ocupe un lugar de paridad con las principales monedas de los países imperialistas como el dólar, el euro, el yen y la libra esterlina. Pero resulta que la compleja transformación que persigue la burocracia china la obliga a que el gigante asiático deje de ser por un lado, la plaza de atracción por excelencia de capitales que resultó durante los últimos aproximados 15 años y por el otro, la fuente de demanda que contrarrestó la debilidad de la economía mundial desde la crisis de 2008.

El mundo

De modo tal que, a ciencia cierta, el pánico de los “mercados” internacionales frente a un menor crecimiento de la economía china oculta el pobre incremento del PBI de la economía mundial y en especial el estancamiento o el crecimiento débil reinante en los países centrales. Recientemente el FMI volvió a disminuir su pronóstico de crecimiento de la economía mundial para el año en curso.
Más allá de las ingentes medidas monetarias del Banco Central Europeo y la debilidad del euro que estimula las exportaciones, los débiles síntomas de recuperación de Europa se ralentizaron en el segundo trimestre del año. La crítica situación griega, por su parte, no deja de pender –amén de la traición de Tsipras y Syriza- como una espada de Damocles sobre la inestable Eurozona. Japón –a pesar de la continuidad de las medidas monetarias expansivas- no logra salir del estancamiento.
Sólo Estados Unidos muestra un crecimiento de su economía relativamente sólido por comparación con sus pares. Sin embargo la disminución de la inversión en el largo plazo como porcentaje del PBI y el estancamiento asociado de la productividad, se presentan como límites estructurales a un crecimiento verdaderamente vigoroso. Las tasas de interés en niveles históricamente bajos se muestran como condición del crecimiento aunque a la vez generan inestabilidades crecientes –que claramente se pusieron ayer de manifiesto- al tiempo que agotan los instrumentos para contener eventuales estallidos.
Esta paradoja es la que empuja el deseo de la Reserva Federal norteamericana de aumentar cuanto antes las tasas de interés. Sin embargo, su solo intento, indujo la revalorización del dólar del último período que generó una multiplicidad de consecuencias encadenadas que entrelazadas con la mayor debilidad de la economía china, abonan los factores explicativos de la actual caída de las bolsas. Entre ellas, la revaluación del dólar empeoró la situación relativa de la economía norteamericana encareciendo sus exportaciones. El FMI redujo recientemente el pronóstico de crecimiento de Estados Unidos para este año desde un 3,1% al 2,5% y muchos señalan que probablemente no supere un magro 2%. Pero la revalorización del dólar también golpeó sobre China que con su moneda atada al dólar vio empeorar la competitividad de sus exportaciones, haciéndole aún más complejo resistir los dificultosos intentos de transición de su economía. Por último, la revaluación del dólar constituye un factor central de la caída del precio de las materias primas cuyo incremento resultó un elemento clave de la recuperación de la economía mundial desde 2009.

Efectos múltiples

Así se delinean efectos múltiples. Por un lado, el solo intento de elevar las tasas de interés norteamericanas tiene efectos contractivos sobre Estados Unidos y sobre China, además deprime el precio de las materias primas e invierte el flujo de capitales desde los mal llamados “mercados emergentes” hacia Norteamérica. Estos dos últimos aspectos empeoran cualitativamente –por distintos motivos y a través de múltiples combinaciones- la situación relativa de economías como las de Brasil, Venezuela, Rusia, Chile y Argentina, entre otras.
Además China, por sus propias contradicciones –como se señaló más arriba- no puede seguir siendo el demandante mundial que fuera desde 2009 en adelante y su menor crecimiento resulta por tanto un factor recesivo para la economía mundial. Por supuesto la declinación del crecimiento chino disminuye la demanda de las materias primas especialmente de aquellas ligadas a la producción como el mineral de hierro, el cobre o el petróleo, contribuyendo a una mayor caída de su precio.
Concomitantemente, las contradicciones chinas ponen al rojo vivo las inestabilidades mundiales y amenazan confluir con las contradicciones norteamericanas. En principio es difícil que de continuar este panorama, la Reserva Federal resuelva un incremento de las tasas de interés en el curso del año. Desde Financial Times, Larry Summers se sumó a las súplicas del FMI para que no lo hagan. De todos modos, inestabilidad “financiera” y debilidad “económica” resultan evidentemente los dos condimentos infaltables de la dinámica de la economía mundial desde la caída de Lehman y cada vez parecen retroalimentarse con más saña.

Paula Bach

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