sábado, octubre 26, 2019

La Lavandería: la sátira llega a los Panama Papers



Steven Soderbergh estrenó, en medio de denuncias judiciales, una comedia negra sobre el lavado de dinero con epicentro en Panamá

Existe una tendencia en los últimos años sobre cómo se deben abordar las adaptaciones de casos reales sobre la filtración de información comprometedora de grandes instituciones o empresas. El “trabajo del investigador” es un actor más, quizás el más importante de la trama. Son los equipos periodísticos, como en la galardonada Spotlight sobre los casos de abusos de la iglesia católica, o los “arrepentidos”, como las filtraciones del FBI por parte de un programador en Snowden, y la ardua tarea de investigación, descubrimiento y obstáculos para obtenerla son la que estructura la narración hacia su clímax en el momento de dar a conocer el fruto de esta labor. El director Steven Soderbergh y el guionista Scott Z. Burns decidieron recorrer otro camino, inspirados en un estilo cercano a Relatos Salvajes de Szifrón y a la sátira anti-bélica del Dr. Strangelove de Stanley Kubrick, para contar el entramado de la filtración de evasión fiscal más importante del último tiempo.
The Laundromat (La Lavandería) está disponible desde el 18 de octubre en Netflix luego de que su estreno en el Festival de Cine de Venecia tuviera una enorme repercusión debido al intento de algunos estudios de abogados que han presentado denuncias para evitar su distribución. El largometraje articula diferentes historias que suceden en diversos lugares del mundo, unidas por la red de empresas fantasma manejadas por el buffet de abogados de Mossack – Fonseca, los principales implicados en los Panamá Papers y en las investigaciones del Lavajato. Jurgen Mossack (Gary Oldman) y Ramón Fonseca (Antonio Banderas) guían al espectador durante todo el recorrido de los tejes y manejes de la operación corrupta. En un tono satírico, le hablan al espectador en capítulos ilustrando algunos aspectos del negocio millonario, desde estafas hasta sobornos y aprietes.
Es así que la película nos cuenta diferentes historias basadas en la historia real de esta red de estafadores. Meryl Streep interpreta a una mujer que pierde a su esposo en un accidente en un barco y cuya búsqueda por lograr una compensación por parte de la empresa aseguradora la lleva a la India a encontrarse con Bondcamper, un hombre que figura como presidente de una decena de empresas fantasma de Mossack y Fonseca. El verdadero Bondcamper fue en 2011 juzgado y condenado por vender seguros falsos por más de diez años.
En el capítulo "Bribery 101" ("Sobornos-Clase Introductoria") somos presentes del envenenamiento de un empresario británico que quiso presionar demasiado a la esposa de un miembro del politburo del gobierno chino de Xi Xingping. Durante 2011, Neil Heywood fue asesinado por Gu Kailai, la esposa de Bo Xilai secretario del comité de Chongqing del Partido Comunista Chino, debido a que intentó extorsionarla con revelar información de los millones de sus cuentas offshore en las Islas Vírgenes. La filtración de los Panamá Papers agudizó la crisis de corrupción del gobierno chino que reveló que diferentes miembros del politburó e incluso el nieto de Mao Zedong poseen cuentas en paraísos fiscales a lo largo del globo.
La exageración de los casos, de los estereotipos, de la teatralidad de las actuaciones, el fuerte contraste de colores y las transiciones abruptas apuntan a reforzar visualmente una idea: lo ficticio e irreal de todo el asunto, o en palabras más vulgares, que es todo trucho.
También lo artificial y precario del sistema financiero. Lejos de la imagen de edificios imponentes, las oficinas de Mossack Fonseca son casi un call center. Trabajadores en cubículos que cobran un salario por atender llamadas referidas a las empresas offshore mientras firman títulos de propiedad en blanco para ser usados por los abogados de la firma en el trabajo de improvisación de salvar las empresas que van cayendo fruto de las más diversas circunstancias. Es así que solo basta la filtración de la información de manera anónima para que se caigan todas las sociedades como un castillo de naipes.
Los Panamá Papers son poco más de 10 millones de documentos que detallan la información financiera de más de 200.000 empresas offshore que fueron generadas a partir de la firma panameña, Mossack Fonseca, que fueron filtrados por una fuente anónima y publicada por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en 2016.
La firma producía una enorme ganancia aprovechándose de la flexibilidad de leyes financieras de los conocidos como “paraísos fiscales” para ayudar a políticos y empresarios, legales y otros no tanto, a evadir impuestos y blanquear capitales. El escándalo destapo la olla de una red internacional, salpicando a algunos de los billonarios más importantes del mundo como también a enclaves políticos de todo tipo y color.
La Lavandería no perdona la complicidad política del gobierno panameño. “A mí el presidente Varela, que me caiga un rayo si es mentira, me dijo que él había aceptado donaciones de Odebrecht porque no se podía pelear con todo el mundo” afirma el personaje de Antonio Banderas repitiendo lo que Fonseca declaró luego de que producto del proceso del Lavajato se proceda al allanamiento y detención de los abogados.
La Lavandería intenta dar una respuesta a como se generan estos paraísos fiscales. En un mercado sobre-saturado, donde las principales potencias capitalistas industriales han repartido el mundo, pocas opciones tienen aquellos países que no encuentran un diferencial industrial o de recursos. ¿Cómo obtener ingresos? Flexibilizando las leyes bancarias y dando libertades que en ningún otro lugar existen y fundamentalmente garantizando el secreto y privacidad de las operaciones financieras.
Si nosotros somos los perdedores, (se preguntan Mossack y Fonseca) ¿quiénes son los ganadores? ¿Los mansos? ¿Los niños que necesitan libros? ¿Los pobres que necesitan casas? Estados Unidos. El paraíso fiscal más grande del mundo (…) ¿Cuantas auditorias se hacen allá?” El largometraje hace eco de la denuncia de Wikileaks y juega con la idea de que, al final del día, todo el Lavajato y los Panamá Papers son parte de una operación por parte del departamento de estado norteamericano para la disputa de la obra pública en otros países.
Pero también pone de relieve la tendencia a la vuelta de las inversiones hacia los Estados Unidos. Frente al rechazo del estado norteamericano de sumarse a las nuevas leyes internacionales de divulgación de información, la “nueva suiza” se ha transformado en el lugar predilecto para el establecimiento de una red de evasión fiscal. Estos medios también levantan las recomendaciones de las conferencias de la institución financiera Rothschild.
Wyoming, Dakota del Sur o Nevada serían los nuevos destinos predilectos por los grandes pulpos financieros. La “contradicción” entre la imagen de “inquisidor fiscal” con esta situación es otra cara de la descomposición de un régimen capitalista usurero el cual necesita reciclarse en la especulación financiera para su subsistencia.
Es en este contexto que el mensaje final de la película enfrenta sus mayores límites. El monólogo final reproduce fragmentos del manifiesto del denunciante anónimo donde se critica al régimen político que se financia con aportes por parte de los mismos pulpos evasores. “Urge reformar el averiado sistema de financiamiento de las campañas de EE.UU.”. La película hace un llamado a la acción, a hacer preguntas para pugnar por mayores reformas pero evita una conclusión importante del manifiesto. “Los historiadores pueden dar cuenta fácilmente de como los problemas que involucran impuestos y desequilibrios de poder han llevado a revoluciones. Entonces, el poder militar era necesario para subyugar a los pueblos, mientras que ahora restringir el acceso a la información es igual o más efectivo, ya que el acto es a menudo invisible. Sin embargo, vivimos en una época de almacenamiento digital ilimitado y económico, de rápidas conexiones a Internet que trascienden las fronteras nacionales. No se necesita mucho para conectar los puntos: de principio a fin, desde su concepción hasta su distribución global mediática, la próxima revolución será digitalizada. O tal vez, ya comenzó.”

Santi Gonzalez

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